martes, 21 de diciembre de 2021

Reseña + entrevista: La España de las piscinas, de Jorge Dioni López

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2021

Valoración: Muy recomendable


Puede que usted mismo, amigo lector, se haya comprado un adosado, quizá con jardín y hasta con piscina, o al menos un piso nuevo, en una zona de desarrollo a unos kilómetros de alguna capital. Una zona de expansión de avenidas amplias y rectas, edificios de baja densidad, zonas verdes y probablemente (si es de construcción muy reciente, tal vez tenga que esperar un poco) un centro comercial. Usted mismo puede ser un pauer, y si no lo es, seguro que alguno de sus amigos sí. Son muchos miles de personas quienes han optado por esta alternativa, por alejarse del ruido de la ciudad o tal vez de los precios prohibitivos de su metro cuadrado, por acercarse a un entorno más amable y natural, seguridad para sus hijos, espacio para paseos, privacidad, mil cosas.

El neologismo pauer es de la cosecha de nuestro autor de hoy, y responde a las siglas PAU (Programa de Actuación Urbanística), mecanismo utilizado para establecer islas urbanas en la periferia de ciudades, vinculadas a ellas mediante vías de comunicación que faciliten la movilidad. Y aparte, la palabreja tiene un eco al concepto de empoderamiento que le da todo el sentido. Aquí está Jorge Dioni López para explicarnos cómo y por qué, y seguro que nuestra Beatriz tiene mucho que decir sobre el tema, que para eso es experta (no te pierdas el libro, compañera).

La proliferación de estas zonas de expansión ha sido brutal en tiempos bastante recientes, en demasiadas ocasiones relacionada con pelotazos urbanísticos conocidos por todos, y con la voracidad expansionista y recaudadora de muchos ayuntamientos. Compramos suelo barato fuera de los cascos urbanos, levantamos urbanizaciones nuevas, apetecibles sobre todo para familias jóvenes (las que puedan pagarlo), y les ofrecemos un tipo de hábitat diferente, con un formato que se parece un poco al desiderátum de las clases altas. Entre tanto, el municipio gana población (lo cual tiene también ventajas económicas), ingresa buenos dineros en licencias e impuestos, y hasta adquiere etiquetas verdes que siempre venden bien.

Todo esto está muy bien, pero nuestro autor mira un poco más allá: el planeamiento urbanístico no es neutral, y el modelo responde a unos patrones, que tal vez en algunas ocasiones son buscados deliberadamente, y en otras se asumen sin detenerse a analizarlos. El diseño, dice Jorge Dioni, genera ideología, induce con sus características a un modelo de vida concreto, y sus consecuencias no son inocuas. El abandono de la ciudad concentrada y su sustitución por la isla urbana implica homogeneidad y segregación: ahí se instalan sobre todo familias jóvenes de un cierto poder adquisitivo, una clase media diríamos relativamente acomodada, que empieza a formar un segmento que, por el nivel de recursos, excluye a otros colectivos más desfavorecidos. Las cosas funcionan en la isla cuando hay alguna uniformidad en el estilo de vida y el grado de bienestar, lo que genera en sus habitantes sensación de seguridad, uno de los valores más apreciados.

El formato implica más cosas. Normalmente se comienza por urbanizar y construir, y los servicios públicos tardan en llegar. Así, resulta obligado (y es coherente con el modelo) moverse hacia el sector privado, el colegio concertado, el seguro médico, la cuidadora para los niños. Y naturalmente, el coche. La movilidad es otro de los elementos clave, hace falta un coche, seguramente dos, para desplazarse a trabajar o a comprar (el capítulo dedicado al cochismo es quizá uno de los más brillantes), con la obvia consecuencia de miles de vehículos circulando y contaminando, y grandes franjas de asfalto que también actúan como límites físicos. A fin de cuentas, la casa es solo el lugar a donde uno se retira a descansar (la República independiente… ya saben), mejor si es con parcelita verde y no digamos con piscina. Resultado: triunfo de lo individual, espíritu de frontera, abandono de todo lo colectivo, el barrio o el comercio de proximidad. Un modelo muy americano que no obstante triunfa también en España y que, como bien ilustra el libro, tiene incluso consecuencias políticas, véase la fuerte tendencia hacia las derechas de más reciente factura que el autor describe con detalle, y de hecho está en el origen del libro.

Aproximadamente la primera mitad del texto es de carácter descriptivo. Jorge Dioni va desgranando todas estas cuestiones que he intentado sintetizar, apoyándose en múltiples ejemplos, sobre todo de Madrid, donde el formato ha tenido más éxito, pero también en otras ciudades, como Sevilla o Zaragoza. Lo hace el autor con un estilo dinámico, sin aburrir con exceso de datos, cargado de ironía pero riguroso en los planteamientos. Una lectura ágil para quedarnos con la información necesaria.

Pero el libro no se queda en el anecdotario o en reflexiones más o menos llamativas. La segunda parte adquiere un tono más intelectual, exponiendo cómo la huida de la ciudad ha pasado por distintas fases a lo largo de los siglos, por muy diferentes motivos. Son páginas muy interesantes y de un notable calado, que a veces recuerdan a autores canónicos sobre el tema, como Lewis Mumford. Si a alguien tuvo en algún momento la tentación de acusar al libro de falta de empaque, aquí encontrará motivos para rectificar.

No vamos a ocultar que el tema puede resultar algo espinoso. Mucha gente ha optado en las últimas décadas por una alternativa como la que se examina en el libro. Cada uno tiene sus motivaciones, y está claro que son perfectamente respetables. Pero también parece muy oportuno pararnos a reflexionar un poco sobre ello, por qué se elige esa opción y qué consecuencias tiene a todos los niveles.

ooOoo

Como complemento a la reseña, el autor ha tenido la amabilidad de contestar a unas preguntas con las que he pretendido ilustrar algo más algunas de las cuestiones que plantea el libro. Y gracias también a nuestro colega Koldo, que ha facilitado la conexión.

UnLibroAlDía: En primer lugar, felicitarte porque el libro me ha parecido muy interesante, bien argumentado, y aporta puntos de vista alejados de lugares comunes. He subrayado bastante cosas, pero permíteme que empiece con una frivolidad: ¿alguno de tus amigos o conocidos que han comprado casa en el tipo de viviendas que describes se ha enfadado sintiéndose aludido? Porque por ahí hay reflexiones sobre la búsqueda de aislamiento como signo de distinción social, el deseo de integrarse en un segmento social homogéneo… Vamos, que hay quien lo ha podido interpretar mal.

Jorge Dioni López: Si se ha enfadado, no me lo ha dicho. Ha venido gente a presentaciones o firmas de libros diciendo que también son Pauers y hemos hablado de nuestros problemas comunes. También algún conocido me ha confesado que vivía o pensaba vivir en uno de estos nuevos barrios y que el libro le había hecho pensar que no sólo estaba su decisión, así que se sentía menos “culpable”. Por último, los vecinos que saben que he escrito el libro o me han visto en alguna entrevista me han felicitado. 

ULAD: Creo que la idea de escribir el libro nació de un artículo tuyo sobre los comportamientos electorales en función del hábitat, con la formación en estas zonas periurbanas de cinturones naranja (Ciudadanos), posteriormente reemplazados por una fuerte presencia de la ultraderecha. Esto fue la chispa para empezar a reflexionar e investigar sobre el tema.

JDL: Sí, esa fue la chispa. En mi barrio, Ciudadanos tenía hasta un tercio del voto y sucedía lo mismo en otras zonas parecidas. Pregunté a una conocida arquitecta y me indicó algunas lecturas sobre dispersión urbana, un fenómeno que aquí está comenzando; pero que, en América, tiene una larga tradición. Tras el “suicidio” de Ciudadanos, he visto que las zonas más cercanas de las ciudades se iban a PP y las unifamiliares, a la ultraderecha.

ULAD: Al hilo de este asunto, ¿se podría decir que la izquierda, que también ha contribuido a fomentar este modelo, se ha podido pillar los dedos generando sin querer nuevos nichos de tendencias liberales o conservadoras?

JDL: En general, creo que el foco ha estado en otras cuestiones, como el tamaño de los proyectos o la corrupción. Oponerse a los desarrollos tenía un coste político, como sucedió en Seseña (Toledo), con Manuel Fuentes. Existe la idea de que quien planeta problemas es un enemigo de la inversión y dificulta el progreso, así que el boom fue algo bastante generalizado. Sólo quedó fuera el País Vasco. El tipo concreto de desarrollo urbanístico (reticular, urbanizaciones o chalets) se consideraba algo más bien técnico, como la economía. El desarrollo de calles rectas y rotondas es un modelo generalizado que se puede encontrar por toda España. 

ULAD: Desde el punto de vista del medio ambiente, en el libro subrayas algunas consecuencias del modelo de movilidad (coche privado) que implica el urbanismo disperso: consumo de combustible, más contaminación, grandes vías de comunicación… Si los compradores de estas urbanizaciones buscan un acercamiento a la naturaleza ¿no se están poniendo frente a frente una aspiración individual con el objetivo colectivo de mejora de las condiciones ambientales?

JDL: Esa oposición entre el deseo individual y los valores colectivos la tenemos en un montón de campos, pero no me parece que ese sea el foco. Como digo en el libro, el comportamiento individual no me interesa, sino lo que hay al inicio de esas decisiones: contexto económico, político o social. Si esa gente vive ahí es que hay un modelo que lo promueve y creo que eso es lo interesante. Las administraciones son las que tienen que velar por esos valores colectivos.

ULAD: Hace unos años, en la administración norteamericana de Clinton y Gore, se sembró la idea de que lo más progresista era ocupar menos suelo, y por tanto cambiar el modelo de las edge cities hacia un reagrupamiento en la ciudad a base de edificios de mayor densidad. A juzgar por lo que indicas en el libro ¿se puede dar por derrotado aquel modelo? ¿Ha triunfado definitivamente la ciudad dispersa sobre la concentrada, o es solo una moda pasajera?

JDL: No soy capaz de hacer predicciones a medio plazo. Creo que la suburbanización es parte de un repliegue más generalizado que se ve en la política. Hay más nostalgia que progreso. Ahora mismo, el sector inmobiliario es uno de los grandes objetivos de la economía financiarizada y eso crea una enorme presión sobre el precio de la vivienda en las grandes ciudades. Hoy aparece una información en El País sobre la expulsión de la gente con menos poder adquisitivo. Creo que veremos también la suburbanización de la pobreza porque este modelo siempre tiene varias caras y precisa de una táctica de tierra quemada para ir ocupando más espacio a pesar de que no crezca la población. 

ULAD: Al perderse, o al menos diluirse, el sentido de barrio, de pertenencia a un colectivo, se están cambiando elementos esenciales de la convivencia, el comercio de proximidad se sustituye por el centro comercial estandarizado y, como señalas en el libro, de forma poco visible se van imponiendo las soluciones privadas sobre lo público. Pero no tengo tan claro que sea el urbanismo el que cree ideología, quizá puede ser más bien un flujo circular donde las dos fuerzas se empujan sucesivamente.

JDL: Por supuesto y en ese flujo participan más elementos, como los medios de comunicación o el uso de las redes sociales, que han pasado de ser instrumentos de movimientos sociales a herramientas de marca personal. Todo tiene un contexto. La cuestión de que el urbanismo crea ideología no es original. Todos los libros sobre utopías buscan crear una nueva sociedad a través de la construcción de una nueva ciudad. 

ULAD: Si pensamos en el fenómeno de la gentrificación y en los precios escandalosos en las zonas privilegiadas de las ciudades ¿cuál es el futuro que espera a los centros históricos? ¿Parques temáticos para turistas con zonas exclusivas de negocios, y sectores para ricos? Es decir, ¿una dualidad cada vez más brutal entre clases sociales, una vez que la clase media ha huido al extrarradio?

JDL: Me cuesta hacer predicciones porque las cosas cambian. Existe una disneyficación de los centros históricos, explicada en libros como Si Venecia muere o First we take Manhattan. Hay una combinación de subida de precios, financiarización, turismo o, en algunas ciudades medianas, la influencia de los centros comerciales. Es algo puede revertirse, ya que la economía tiene movimientos pendulares. Sin embargo, veo más complicado que se revierta la desigualdad, ya que se basa en otras cuestiones, como los servicios privados y los impuestos reducidos, que tienen una aceptación más amplia. 

ULAD: Y dejo para el final la pregunta clave. Ya sé que no nos cabe razonablemente en esta pequeña entrevista, pero ¿cuál debería en tu opinión ser el modelo hacia el que deberíamos avanzar?

JDL: Ni idea 😊. No soy urbanista, así que no puedo hablar. Sólo tengo claras dos cosas. La primera es la importancia de la escala humana y la segunda es la necesidad de que las administraciones intervengan, aunque sea un poco, para conseguir que la vivienda sea un derecho.



lunes, 20 de diciembre de 2021

2021: No nos lo hemos leído todo, pero... (antiguamente conocido como Lo mejor del año)

Lo que ha leído Juan:


Koldo TOP 10 Leído en 2021 + 2 Relecturas

Mención de honor para la parte fotográfica de Vale un Potosí de Miquel Dewever-Plana e Isabelle Fougere. Dicho esto:
 
10. Humo de José Ovejero
9. No es un río, de Selva Almada
8. Simpatía de Rodrigo Blanco Calderón
7. Alguien camina sobre tu tumba de Mariana Enríquez
6. Caracas muerde de Héctor Torres
5. La canción de NOF4 de Raúl Quinto 
4. Contra vosotros de Mercedes Soriano
3. La última niebla / La amortajada de María Luisa Bombal
2. Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez (Juan: no te reto a duelo porque en el fondo te tengo cariño)
1. Los galgos, los galgos de Sara Gallardo

Las dos mejores relecturas del año: Caballos desbocados de Yukio Mishima y Ampliación del campo de batalla de Michel Houellebecq.
 
Actualización de última hora: La Capilla Sixtina. Relato de una obra maestra

Montuenga:

Lo mejor que he leído este año:

Ficción:


No ficción:

Y lo peor:

Ficción:

  • Novela decepcionante de autor prestigioso: Muerte de Sevilla en Madrid de Alfredo Bryce Echenique.
  • Volumen de relatos que abandoné por indigesto para la mentalidad actual: Pájaros de fuego de Anaïs Nin.
  • Texto de auto ficción más anodino: El sistema del tacto de Alejandra Costamagna.

No ficción:

  • El más flojo e inconexo (Sin género definido): Devoción de Patti Smith.
  • Un testamento vital decepcionante: Gratitud de Oliver Sacks.
  • Biografía peor documentada: La virgen roja de Fernando Arrabal.
  • Autobiografía más tópica y repetitiva: El lugar de Annie Ernaux.

Carlos Bookboard 2021:
Como siempre, y como es bien lógico, ha habido algunas cosas algo decepcionantes, pero para qué darles más publicidad. Bastante tienen con haberles hecho un hueco.


Marc Peig:


Oriol Vigil:


Beatriz Garza:


Francesc Bon:

Otro año en que defraudo hasta mis peores expectativas, leyendo poco, tarde y mal. O a lo mejor es la cosa esta del mercado, vendiendo la moto de modo tan constante y repetitivo, que me refugio en lo conocido, temeroso del fulgor que desprenden los actos promocionales y las fajas. 
Así que:
  • Libro del año - por su modestia y por su panorámico alcance casi involuntario: Anna Ajmátova, de Eduardo Jordá - o como cubrirlo todo - ficción, historia, crónica, crítica, poesía - en unas cuantas páginas. 
  • Medalla de plata, ex aequo Rafa Lahuerta Yúfera: Noruega, o cómo gestionar el aire nostálgico con elegancia y sin sonarse los mocos. Y un 10 absoluto por su enorme valentía. Y Jordi Amat: El hijo del chófer que, aparte del orgullo intrínseco de mostrarse contestatario con el statu-quo, es un inmenso ejercicio de periodismo crítico, que empezaba a parecer un oxímoron.
  • Pelotón - demasiados y demasiado dispersos, algún ensayo muy disfrutable en su momento, pero algo ligero y, por lo tanto, no siempre memorables como para fortalecer las convicciones, así que me ahorro las menciones, perdonen los afectados.
  • Rezagados - un nutrido grupo de lecturas para cubrir el expediente, que incluyen alguna tenue decepción: Revancha tampoco es la obra de madurez de Kiko Amat, El teatro de Sabbath me tuvo demasiadas páginas preguntando por Zuckerman, y sigo sin comprender como, al margen del voyeurismo social, se ensalza tanto el valor de Valle inquietante o de Mi año de descanso y relajación, que me parecieron, ambas retratos de una sociedad o de un mundo ajeno y casi elitista.
  • Descalificado por tramposo (y por pesado) - Casi que voy a tirar la toalla con Javier  Cercas, que en Independencia demuestra que está tan obstinado en usar sus libros para restregarnos sus rancias quejas ideológicas que se ha olvidado de interesar a sus lectores, gustarles o aportar algo relevante. Así que le enseño amablemente la puerta de salida. Adeu siau.
  • Propósitos para 2022: más tiempo para alternar re-lecturas (no reseñables, ay) con algo que mitigue mi encasillamiento.

Santi (que ha leído este año menos que nunca pero aun así no ha ido mal):

Tres textos autobiográficos imprescindibles:

Cuatro novelas sobre la memoria (individual o colectiva):
 
Tres libros que te reconcilian con el mundo y con la humanidad
 
Cuatro libros de terror

Un clásico que tenía pendiente: La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. LeGuin
 
Un libro que leí porque, en fin, alguien tenía que hacerlo: Feria de Ana Iris Simón

También leí pero no me animé a reseñar: Tú también vencerás, de Jose||González; Días de euforia, de Pilar Fraile; Causas naturales, de Claudia Hernández.



NOTA FINAL:
Queridos lectores: podéis enviar vuestras listas al correo del blog: unlibroaldia@gmail.com. A finales de enero publicaremos una entrada con todos vuestros correos (indicad, por favor, si se puede mencionar vuestro nombre al publicarla).

domingo, 19 de diciembre de 2021

Georges Perec & Oulipo: El viaje de invierno y sus continuaciones

Idioma original: Francés
Título original: Le voyage d´hiver & ses suites
Traducción: Eduardo Berti
Año de publicación: ¿1979, 19--, 2013, 2021?
Valoración: Recomendable, aunque algo empachoso por momentos

- ¿Queréis un poco de "paté de campagne" con una copita de C(h)ampagne, queridos'
- Oye, pues si me la pones, yo me quedo tan campagn(t)e.
-  ¿Eso qué es: un cóctel de Campari + Frizzante?
- ¡Ay, compañero, es que eres mondante, chico!

Perdonad lo patético de la introducción a la reseña, pero es que me imagino una reunión de la cuchipanda de Oulipo y no puedo dejar de pensar en situaciones tan bobas como esa: sus jueguecitos de palabras, sus potencialidades, sus "chorradas"... Esta impresión queda reforzada tras la lectura de este "El viaje de invierno y sus continuaciones" (¿o deberíamos decir ramificaciones, derivaciones, desviaciones..?) en el que, partiendo de un relato de Georges Perec, se reúnen 22 ¿textos? que podrían conformar una "potencial novela o hipernovela o novela puzzle siempre inconclusa". Vaya, algo parecido a lo que hiciera Calvino (ilustre oulipiano, por otra parte) en su "Si una noche de invierno un viajero".

El punto de partida, ya digo, es un breve, enigmático, fascinante y borgiano relato de Georges Perec que tiene como premisa el hallazgo por parte de un profesor de literatura (Vincent Degrael) de un libro escrito en 1864 por un tal Hugo Vernier y titulado ¿"El viaje de invierno"? en el que se condensa toda la obra posterior de 3-4 generaciones de poetas franceses. La posterior destrucción del supuesto único ejemplar del texto convierte al libro y a su autor en algo tan oscuro como "mítico".

A partir de ahí comienza, y no puedo dejar de meter a Borges en esto, un viaje en el tiempo y el espacio por un jardín de senderos que se bifurcan, un juego preferentemente metaliterario y autorreferencial (con lo que ello conlleva de broma "privada") que sirve, especialmente, como laboratorio para explorar temas como las apropiaciones / influencias en el arte, el papel de la casualidad (¿o de la causalidad?) en el destino de la obra, la dicotomía entre lo culto y lo popular o los límites de la lectura y la escritura.

Como suele ser habitual en este tipo de textos, dos son los principales riesgos que asume el lector: perderse entre tanta referencia y tanto "supuesto" chiste y acabar "cansado" del libro. Ambos son, en mi opinión, riesgos inevitables. Además de que es imposible conocer las tropecientas mil (autor)referencias que aparecen en el texto, buena parte de los juegos de palabras y demás pierden fuelle al traducirlos a otro idioma (pese a la gran traducción de Eduardo Berti). Si a esto le unimos ciertas reiteraciones, especialmente en la primera parte de la obra, queda perfectamente explicado lo empachoso de la valoración.

Pese a lo anterior, también he de decir que "El viaje de invierno y sus continuaciones" es un libro recomendable. Los oulipianos pueden ser cargantes con sus bromitas pero tampoco se toman demasiado en serio a sí mismos y eso es algo que se observa en muchos de los textos y que salva, en buena medida, al libro. Además, mirándolos desde cierta distancia, los textos funcionan como mecha para poner en cuestión algunos temas ya comentados que seguro son de interés para lectores habituales y aprendices de escritores.

Un montón de libros de Oulipo y alrededores reseñados AQUÍ
 

sábado, 18 de diciembre de 2021

Ana María Shua: La muerte como efecto secundario

Idioma original: Español
Año de publicación: 1997
Valoración: Recomendable

La muerte como efecto secundario es una novela de la escritora argentina Ana María Shua. Obtuvo los premios Ciudad de Buenos Aires y Sigfrido Radaelli. La editorial consonni la ha recuperado recientemente para el público español.  

Se sitúa en un futuro no tan lejano y, aunque transcurre en Buenos Aires, su escenario tiene inquietantes parecidos con la realidad de otras naciones: las tensiones intergeneracionales, el incremento de la desigualdad y la violencia, la decadencia (e ineficiencia) del Estado, los siniestros intereses agazapados tras la iniciativa privada... 

El "worldbuilding" de La muerte como efecto secundario está muy logrado. Referencia a las distopías clásicas pero, al mismo tiempo, entrega elementos originales. Por ejemplo, las Casas de Recuperación, lugar al que es obligatorio mandar a los ancianos de cierta edad.

Otras virtudes del texto: los personajes que lo transitan (exquisitamente complejos), así como las interacciones de unos con otros. De éstas, mis favoritas, por su turbiedad, vendrían a ser las que mantiene el narrador con su antigua amante y con su despótico progenitor. 

Hay que halagar a Shua, por cierto, en lo que a sostener el ritmo respecta. Y es que ha pergreñado una obra donde la reflexión marida perfectamente con una acción constante, con giros de tuerca estratégicamente situados, con párrafos hipnóticos. Pocas veces una historia con tamañas dosis de crueldad, amén de deprimentes indagaciones en torno a las relaciones familiares, el ser humano, la enfermedad, el dolor y la soledad, se me había antojado igual de corta.


También de Ana María Shua en ULAD: La sueñera, Contra el tiempo

viernes, 17 de diciembre de 2021

Flann O'Brien: La saga del sagú de Slattery

 Idioma original: inglés

Título original: Slattery's sago saga

Año de publicación: 1973 (póstuma)

Valoración: Más que recomendable (de haber mantenido el mismo nivel)


Flann O’Brien es uno de los muchos seudónimos –más bien especie de heterónimos al estilo de Pessoa– de Brian O’Nolan, un escritor y articulista admirado por Borges, Graham Greene, Joyce o Beckett, y este texto, de haber vivido él lo suficiente, habría sido una novela. Su temprana muerte lo convirtió en relato inacabado, pero lo que aporta bastó para que se publicase enseguida tal como lo había dejado su autor. Es verdad que en un principio nadie se arriesgó a independizarlo, siempre se agrupaba con otras piezas cortas suyas hasta que alguien decidió lanzarlo como obra con entidad propia, y pienso que fue un acierto.

Claro que si se animan a leerlo tienen que estar prevenidos, porque el lector de La saga del sagú tiende a enfrascarse tanto en la trama, se siente tan cómodo en la comarca irlandesa dónde tiene lugar la acción y entre esos personajes tan estrafalarios, que no repara en que apenas le quedan un par de páginas. De repente, y en pleno disfrute, tenemos que frenar en seco y nos quedamos parpadeando. ¿Ya? Pues sí, el estado de salud de una persona no entiende de proyectos. Así que tienen que estar preparados, fijarse en el grosor de lo que queda y no ilusionarse con que podrán prever el resto de la historia. A esta le faltan, probablemente, más de sus tres cuartas partes, lo que supone muchas otras escenas hilarantes y un desenlace probablemente sorpresivo que jamás podremos leer, pero eso no debe ser obstáculo para que degustemos las que han sobrevivido. Eso sí, les aseguro que no se trata de un borrador, que su contenido es tan regular, coherente y su forma tan cuidada como los de cualquier obra concluida, incluso mejor que muchas de ellas.

Lo que van a encontrar es humor absurdo, crítica social e imaginación a raudales, todo ello marca de la casa, y unos personajes tan entrañables como obsesivos. Lo mejor de todo es que las manías recurrentes no proceden de sus mentes retorcidas sino más bien de un estatus social y unas preocupaciones colectivas, llámenlos prejuicios si quieren, que determinan su forma de ver la vida, de vivirla y, en algún caso, de resolver conflictos que afectan a todos. ¿Conocen a alguien que siendo –o sintiéndose– millonario decide comprar todo el terreno cultivable de un país con el único propósito de beneficiar a otro? Naturalmente, quien se sacrificaría sería Irlanda y el gran ganador ¡oh sorpresa! nada menos que USA, que se libraría de la presencia irlandesa gracias a la complicidad (y al dinero) de un irlandés. Podemos deducir que aquí no se salva nadie, ni de un lado ni del otro. Estos y otros personajes, cuyas descacharrantes ideas y acciones nos provocarán carcajadas constantes se posicionan claramente, señalan desajustes importantes, desvelan, por una parte, una mentalidad anclada en la tradición e inamovible (cazurros los llamaríamos por aquí), por otra, una tendencia a idear proyectos delirantes derrochando cantidades desorbitadas. Adivinen, si pueden, quién es quién. Fácil ¿verdad?

Bien, pues el tono ácido no se ciñe exclusivamente a los hechos, alcanza incluso a patronímicos y topónimos. En cuanto al asunto central es, como era de prever, fundamentalmente económico. Petróleo y patatas. El primero quiere eliminar de la faz de Irlanda a las segundas y para lograrlo la gran MacPherson –escocesa, por cierto– ha concebido su demencial proyecto. ¿Empieza a apetecerles el menú? Pues esto no es más que el punto de partida.  Por desgracia, el estado de Texas no tuvo tiempo de convertirse en escenario más que de forma muy indirecta, pero O’Brien planeaba que dos tercios de la novela tuvieran lugar allí. Y hasta soñaba con que la llevase al cine nada menos que John Huston.

Otras obras del autor: Re-reseñaLa vida dura, La boca pobre, El tercer policía, En-Nadar-Dos-PájarosCrónica de Dalkey

jueves, 16 de diciembre de 2021

Matthew Pearl: El club Dante

Idioma original: inglés

Título original: The Dante Club

Año de publicación: 2004

Traducción: Vicente Villacampa

Valoración: entre recomendable y está bien

Los lectores más viejunos veteranos de nuestro blog quizá recuerden una época lejana (aunque no lo suficiente) en la que, sin duda a remolque del estupefaciente éxito del El código Da Vinci, en las mesas de novedades florecieron best-sellers, o que pretendían serlo, con tramas esotérico-criminales y que aludían a secretos relacionados con algún personaje histórico-artístico: El enigma Vivaldi, La clave Gaudí, El pintor de sombras (este último no lo nombra en el título, pero se trata de una novela que enreda a Pablo Picasso con los crímenes de Jack el Destripador... alucina pepinillos); entre estas novelas encontramos también, cómo no, la que ocupa la reseña de hoy, El club Dante, del norteamericano Matthew Pearl, al que no le debió de salir mal la cosa, porque luego repetiría la fórmula misterio+nombre de escritor famoso con La sombra de Poe y El último Dickens.

Este El club Dante, no obstante, hace alusión a un "club Dante" auténtico, el que formaron en el siglo XIX el primer traductor al inglés de la Divina Comedia ( y también de las Coplas a la muerte de su padre, por cierto), el afamado poeta Henry Wodsworth Longfellow, junto a otros escritores e intelectuales vinculados a la universidad de Harvard, como el también poeta James Russell Lowell y Oliver Wendell Holmes, muy conocidos por los profesores de literatura norteamericana de las universidades de la Ivy League... En fin, esta panda de dicharacheros letraheridos, profesores y demás, se ve envuelta en la investigación de unos atroces crímenes que tienen lugar en el Boston post-bélico de 1865, ya que el asesino parece haberse inspirado, precisamente, en los castigos que Dante Alighieri reserva en su obra para los distintos tipos de pecadores (sí, a mí el argumento me recuerda también al de cierta exitosa película dirigida por David Fincher, pero vamos a dejarlo ahí...).

La cosa se anima, además, porque de la investigación se ocupa el agente Nicholas Rey (casi como el cineasta), el primer policía negro de la ciudad, aunque en un principio no sea más que el conductor del jefe de policía Kurtz. Digo que se anima porque en el Boston de 1865, recién terminada la guerra de secesión y llena de veteranos tullidos y desempleados, la causa de los negros no es precisamente la más popular; en efecto, el racismo y la falta de apertura de todo lo que viniera del extranjero (estamos hablando de antes de las grandes migraciones europeas hacia EEUU de fines del siglo XIX y principios del XX; en aquellos días casi no había gente de origen italiano, por ejemplo) impregnan toda la historia.

He de ser justo: aunque al principio he relacionado El club Dante con el timo de la estampita que fue la célebre novela de Dan Brown, lo cierto es que no sólo está escrita con una mayor calidad literaria (tampoco era difícil), sino que el misterio criminal resulta entretenido, truculencias aparte -lo aviso para los estómagos delicados- y, lo que es más importante, gracias a esta novela se pueden aprender algunas cosas interesantes o al menos deja esa sensación: por una parte, sobre la historia estadounidense de mediados del siglo XIX; por otra, sobre Dante y su Divina Comedia (aunque ya sé que es una lectura habitual para casi todos vosotros. Igual que para mí, por supuesto). En realidad, más que con el código de marras, esta novela emparentaría en espíritu -como señaló Francisco Casavella en una crítica que le hizo en su momento- con El nombre de la rosa... salvando no pocas distancias, claro.

Em fin, que es una novela bastante entretenida y adecuada para "desengrasar" entre dos lecturas más exigentes, sin tener que sentirse por ello como un idiota ante tramas sonrojantes, presonajes planos y efectismos hueros, aun con todos lo cliffhangers y plot-twists que aconsejan los manuales de cómo escribir un best-seller. El club Dante, al menos, trata a los lectores como adultos funcionales, que no es poco...

Nota exculpatoria: En este 2021 se  han cumplido 700 años del fallecimiento de Dante Alighieri y de la finalización de su Divina Comedia. Fieles a nuestra costumbre, en Un Libro al Día no le hemos hecho ni puñetero caso a esta efeméride le rendimos ahora un homenaje, puesto que la reseña de su obra ya fue publicada hace años.

Vale, sí, que es un homenjae un poco forzado y hasta cutre, pero qué queréis...


miércoles, 15 de diciembre de 2021

Silvia Moreno-García: Gótico [mexicano]

Idioma original:
inglés
Título original: Mexican Gothic
Traductor: Alexander Páez García
Año de publicación: 2020
Valoración: recomendable, interesante

Hace poco vi una película de Netflix, Nadie sale con vida, que sin ser nada espectacular le daba algunas interesantes vueltas de tuerca al subgénero de terror de la casa maldita: a diferencia del clásico tantas veces repetido, no se trataba de una casa señorial habitada por una familia aristocrática, sino de un bloque de rooms for rent cochambroso habitado mayoritariamente por inmigrantes desesperadas en un Cleveland desolador. También hace poco había visto las dos series de Mike Flanagan, The Haunting of Bly Manor y The Haunting of Hill House, y había estado tentado de comprarme dos novelas, Carcoma de Layla Martínez y Restauración de Ave Barrera (que igual acabo comprándome en cualquier caso), y que también parecen revisitar el tópico de la casa opresora y maldita. 

En fin, que estaba en el estado mental adecuado para adentrarme en Gótico [mexicano], la exitosa novela de Silvia Moreno-García, de la que había oído hablar por Twitter y que me había llamado mucho la atención. En ella nos encontramos también una casa maldita, High Gate, el hogar de los aristocráticos Doyle, dueños de unas (ahora extintas) minas de plata situadas en medio de las montañas de un rincón de México. La protagonista, Noemí Taboada, tendrá que acudir al rescate de su prima, Catalina, recientemente casada con el primogénito de los Doyle, quien ha enviado una desesperada carta pidiendo auxilio desde la mansión. Una vez allí, más elementos clásicos del género: la oscuridad, el silencio, las reglas rígidas, los rumores y recuerdos de asesinatos, pestes e incestos pasados... Una atmósfera en la que cualquier fan del género de terror se sentirá cómodo, aunque por momentos pueda pecar de algo efectista (solo le falta en jump scare de las películas de terror hollywoodiense).

De hecho, Gótico [mexicano] se integra y se vincula con toda una tradición del terror, lo inquietante, lo oscuro, que va desde los cuentos infantiles (Blancanieves y la Bella Durmiente son mencionados varias veces en la novela) a Cumbres borrascosas (en las que también hay una dama encerrada), el relato gótico de origen decimonónico con sus castillos, criptas y mazmorras, pero también, creo, relatos clásicos como "La aída de la casa Usher" o "El papel de pared amarillo", un relato de Charlotte Perkins Gilman que me sorprendería mucho que no hubiera sido una inspiración directa para esta novela. El tema de la mujer secuestrada, forzada, encerrada, enloquecida por el aislamiento aparece de hecho como una constante tema con variaciones a lo largo de la novela, sugiriendo lecturas de género bastante interesantes, y es, por lo menos a mi ver, uno de los aspectos más intersantes y sugerentes de la novela.
 
Tenemos así muchos de los tópicos del género, reconocibles por lo tanto para el lector (o espectador, cuando hagan la adaptación televisiva ahora en curso): la casa antigua y señorial; el paraje remoto, oscuro, casi inaccesible; la familia aristocrática, disfuncional y endogámica; la virginal joven en peligro encerrada en su torre (Catalina)... pero también tenemos algunas interesantes inversiones, comenzando por la de la protagonista, Noemí, que es mucho más una Buffy Cazavampiros independiente y seductora (un rasgo en el que se insiste mucho en el texto, quizás incluso demasiado) que una Princess Peach esperando a un fontanero que la salve. Quizás caiga a veces en algún exceso de clichés, pero es en todo caso eficiente en la creación de atmósferas y en el lento desvelamiento de los conflictos.

La otra gran inversión, la más original y la que da en cierto modo sentido a la novela, tiene que ver con la geografía del relato, o incluso se podría decir, con su geopolítica. Porque el gótico clásico (el de El castillo de Otranto, Drácula o El misterio de Udolfo), pero también mucho terror fílmico contemporáneo, nace del miedo del "centro" (Inglaterra, los Estados Unidos) a las periferias, a lo salvaje, a lo que queda fuera de la civilización (la Europa católica, atrasada y fanática, en el primer caso; México, América Latina, el "Tercer Mundo" en el segundo). En cambio, en Gótico [mexicano] son los ingleses los que traen consigo el horror al Nuevo Mundo; de hecho el patriarca Doyle, al igual que el Conde Drácula en su novela homónima, hace trasladar tierra de su patria, un elemento indispensable para que ese horror pueda germinar... Se trata, como la propia autora ha mencionado, de una parábola o metáfora sobre la colonización (da igual que se trate de los españoles, de los ingleses, de los estadounidenses...) que extraen las riquezas del lugar sin importarles el efecto que ello pueda tener en la población local...

Por eso me resulta todavía más chocante que la editorial española, Minotauro, haya decidido eliminar la palabra "mexicano" del título, cuando este elemento es esencial para la comprensión de la obra; que haya traducido el texto a un español neutro que hace que la acción parezca transcurrir en Valladolid y no en un pueblo perdido de México; e incluso que, como la autora denunció en Twitter en su día, la editorial pretendiese mantener el título inglés en la traducción española, o que no pidiese a la escritora (que habla español) ningún tipo de ayuda, consejo o aclaración sobre la traducción castellana. Borrar lo mexicano de este Mexican Gothic parece querer borrar también una parte del potencial de la novela, sea en su vertiente meramente literaria y política. 

Por eso para mí Gótico siempre será Gótico mexicano, diga lo que diga la editorial. Una novela recomendable para aficionados al género, e interesante para sus estudiosos.