martes, 20 de noviembre de 2018

Manuel Gutiérrez Aragón: A los actores


Idioma original: castellano
Año de publicación: 2015
Valoración: Recomendable (‘Muy’ para cinéfilos)

Como supongo que casi todo el mundo sabe, Manuel Gutiérrez Aragón es un escritor, guionista y director de cine relativamente conocido. Sus dos vocaciones (cine y literatura) se han ido entrecruzando en el tiempo, y parece que ha sido esta última la que finalmente ha perdurado. Reconozco que a veces desconfío de esta gente del cine hablando sobre cine: es una impresión subjetiva, pero me transmiten casi siempre una sensación de endogamia próxima a lo insoportable, con sus peroratas repitiendo muchas veces la palabra ‘cine’, haciéndonos ver lo esencial que es en nuestras vidas, premiándose a sí mismos, e insistiendo en lo mucho que trabajan, no vayamos a creer que no. Pero bueno, es un asunto sobre el que se podría hablar horas.

En el caso de este libro, sin embargo, esas posibles reticencias desaparecen muy rápidamente. Estamos ante una especie de ensayo autobiográfico que se centra, obviamente, en la figura del actor, y cuya exposición corre paralela a la trayectoria profesional de Gutiérrez Aragón, desde sus primeros pasos en la Escuela de Cine hasta su última película, creo que de 2007, tras la cual anunció que se retiraba definitivamente de la dirección.

No es, como pudiera pensarse, una apología de la profesión actoral, sino un análisis, pormenorizado pero suficientemente ligero para ser asequible a cualquier lector, de la importancia del actor en las distintas facetas de la película. Por tanto, lo que puede tener de homenaje o tributo no se construye a base de loas, sino que se deduce de la lectura completa del texto. Habiendo conocido esos pormenores, es cuando apreciamos la importancia del actor, y de ahí ese tanto de reconocimiento que nos deja el viejo director.

Entre esas cuestiones técnicas, explicadas de forma diáfana y amena, nos encontramos reflexiones acerca de los primeros planos, los encuadres o los silencios, su utilidad en el lenguaje cinematográfico y cómo la figura del actor resulta determinante en cada uno de esos aspectos. De la misma forma, la posibilidad de expresar al mismo tiempo emociones contrapuestas, ‘grosera’ cuando se hace mediante trucos visuales, ‘maravillosa’ cuando es el actor quien despliega su capacidad para hacerlo. Desde un punto de vista más abstracto, el actor es también la presencia física, la carnalidad de la historia que se está contando, y representa el puente imprescindible entre la ficción y la realidad, entre la narración y el espectador. 

Aborda también Gutiérrez Aragón la disyuntiva en torno a la naturalidad en la interpretación, y se pronuncia decididamente en contra, ilustrándolo con una de las muchas anécdotas que jalonan el libro, quizá la más divertida: Fernando Fernán Gómez y Ángela Molina están rodando la secuencia de una cena y, a iniciativa de él (como para llevarle la contraria), se filma con vino auténtico y no con un sucedáneo. Al cabo de unas cuantas repeticiones, los dos están borrachos, que es justo lo que debía ocurrir en la escena. Pero al director cántabro no le gusta el resultado: los actores no deben estar borrachos, sino hacer como que lo están.

Con una prosa limpia, sencilla pero elegante, reflexiona el autor sobre otras cuestiones menos técnicas y de mayor profundidad. Por poner otro ejemplo, la crítica a los productores de series de televisión, proclives a imponer patrones inamovibles que no permiten evolucionar a los personajes, con vistas, claro está, a que el espectador pueda identificarlos sin despistarse durante los capítulos que sea necesario. Por cierto, que el autor del libro rodó también una serie televisiva (El Quijote de Miguel de Cervantes, 1991), que también aporta algunas anécdotas curiosas, como las dificultades para el casting del protagonista, o la reelaboración completa del guión inicialmente escrito por (y pagado a) Camilo José Cela.

Y así, con ese puntito de narcisismo propio de la autobiografía, aunque muy tenue y por ello disculpable, se desarrolla este texto, al que quizá cuesta un poco coger la frecuencia al principio, pero que pronto se revela como una lectura agradable, seria pero con la dosis justa de simpatía, profesional y no apologética (ni corporativista), que desde luego interesará más a los cinéfilos, pero que no dudo en considerar recomendable para cualquier lector.

P.S: Y ya ven que me he abstenido de hacer comentarios sobre la cubierta.

lunes, 19 de noviembre de 2018

W.G. Sebald: Los anillos de Saturno

Idioma original: alemán
Título original: Die Ringe des Saturn
Año de publicación: 1995
Traducción: Georg Pitcher, Carmen Gómez García
Valoración: recomendable

Había de optar por una valoración standard, aunque sea para orientar al lector potencial. Pero la verdad es que este libro es inclasificable hasta para ser valorado. Ya debería haberlo esperado en función del motivo que suscitó mi curiosidad, al ser mencionado con profusión en una de las partes de la Trilogía de la Guerra, de Agustín Fernández Mallo, otra lectura que será tratada aquí y que, perdonad que me avance un poquito, también es difícil de valorar sin tomas de perspectiva.
Para empezar, el propio título del libro ya es una pura evocación, este libro no habla para nada de planetas. Este libro es una caminata mental bajo el pretexto de una caminata física. El itinerario del narrador por el condado de Suffolk sirve de pretexto para una serie casi aleatoria de evocaciones sobre acontecimientos de la historia europea. Sorprende que se parta de una zona de la costa británica. Sebald dedicó una de sus obras a los duros bombardeos a los que la RAF sometió a Alemania en ciertas fases de la Segunda Guerra Mundial y choca leer a Sebald en el país desde el cual los aviones partían. Pero Los anillos de Saturno tiene esas cosas, desprende esa extraña fascinación de la obra que tiene más vocación creativa que narrativa.
Ayudan, por ejemplo, esas imágenes que los libros de Sebald acostumbran a incluir. Imágenes en blanco y negro, aspecto supongo obligado por cuestiones editoriales, que, ayudadas por ese grano grueso y cierta condición algo amateur, obran un efecto de cierta fascinación sobre el lector. Acentúan cierto misterio y aportan una sensación a la vez cercana e irreal, como de estar asistiendo a una historia de aires decadentes, más que un itinerario una especie de crónica que certifica el desmoronamiento de la utopía europea. Una Europa que tras el brexit y con la implantación de las extremas derechas en las bambalinas del poder hace aguas por todas partes, y Sebald habla de eso, de ese polvo en suspensión con apariencia de algo sólido, y desmigaja historias sobre los lugares que recorre, historias que siempre retrotraen a esplendores del pasado, pequeñas piezas que conforman la estructura de este libro extraño, a veces algo anodino (cuando pone en marcha la pura narración histórica de hechos del pasado relacionados con los lugares que visita, algún lector se sentirá como en una página particularmente florida y bien redactada de la Wikipedia) a veces simplemente tomado por cierta nostalgia decadente, por la convicción que se vuelve más poderosa a medida que las páginas avanzan, de que lo de la Europa unida (y eso que este libro es anterior al impacto sobre el concepto que supuso el Brexit) está abocado a ser una patraña o un interés de los mercados o una mera respuesta al poderío unificado e unificador de la apisonadora USA (y eso que este libro es anterior al asalto al poder de Trump y todo lo que pueda acontecer a posteriori).
Sebald parece lo que es: un caminante lento en su  reflexión y rápido en la ejecución, un observador que consigue con lucidez, sentido común, y aguda visión, mostrar la decadencia de unos tiempos como el albor de los que les suceden. A pesar de ese tono gris, pausado y oscuro, Los anillos de Saturno, texto brillante que no saciará todos los paladares (me reconozco ahí en medio, incapaz de mostrar un excesivo entusiasmo a la vez que de encontrarlo un solo defecto), pero que, lectores curiosos atentos, no solo debe leerse, sino incluso consultarse de vez en cuando.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Noelia Lorenzo Pino: Corazones negros


Idioma: español
Año de publicación: 2018
Valoración: entre recomendable y está bien


Ya los hemos visto de todos los colores: verde de la Guardia Civil y azul de la Policía Nacional, de la la Gendarmerie o del NYPD. Negro carabinieri o del departamento de policía de Los Ángeles. Marrón o kaki de montones de sheriffs de EEUU; fosfi y azul marino de los bobbies británicos. Y del color que sea que lleven los polis suecos, rusos, japoneses o mongoles. Por no hablar del despliegue multicolor de los cientos de detectives privados, abogados, periodistas y hasta asesinos que protagonizan las cientos, las miles de novelas negras o policíacas que en el mundo se han escrito, se escriben o se escribirán...

Pues ahora le toca el turno al rojo encendido de la Ertzaintza vasca, policía pinturera donde las haya... vale, ya sé que ahora no van siempre de rojo -y que la policía Foral de Navarra, en cambio, sí- y que tampoco es esta la primera novela protagonizada por tan proteico cuerpo policial, pero ya nos entendemos... (y no me hagáis reescribir el prólogo, concho, con lo bien que me había quedado). En este libro, lo es por los miembros de la Unidad de Investigación Criminal de la comisaria de Oiartzun Eider Chasserau y Jon Ander Macua. Tampoco es la primera novela  en la que podemos encontrar a la pareja de Eider y Jon, aunque sí la más reciente: la escritora irundarra Noelia Lorenzo ya ha publicado otras dos, y además, otra con diferentes protagonistas.

En Corazones negros, esta pareja de policías se ve metida de hoz y coz en una trama criminal y de corrupción policial que se desarrolla a lo largo de varios escenarios de Euskadi: desde las calles de Irún, Donostia y Bilbao a lugares tan típicos con el consabido caserío vasco o bares de txikiteros... Pero tranquilos los posibles lectores de otras latitudes: tampoco es que el color local empalague esta novela; en realidad, los acontecimientos que se narran bien podrían suceder, por desgracia, en cualquier otro lugar del mundo, sobre todo en los países más ricos, ya que el tema de fondo de esta historia es la explotación sexual de mujeres, provenientes en muchos casos de los países más pobres. Algo recurrente no sólo en las noticias de sucesos, sino en la vida que sucede a nuestro alrededor, a poco que nos fijemos.

La novela, a la que hay que aplaudir una trama impecable y una ambientación de los más verosímil, sin estridencias hardboiled, se beneficia de una gran virtud, aunque en ocasiones también puede ser un cierto lastre: la naturalidad. Naturalidad en la composición de los personajes, que son no solamente creíbles, sino reconocibles; en los diálogos, para nada impostados y, sobre todo, naturalidad en el estilo literario, que es ante todo eficaz y eficiente, sin detenerse apenas en florituras o extravagancias. Eso permite a la novela avanzar con una agilidad envidiable y que, por consiguiente, su lectura sea de lo más fluida y absorbente.

He escrito que puede ser un lastre porque la naturalidad y la verosimilitud son virtudes a la hora de escribir una novela de este tipo, por supuesto, pero para que esta sea memorable, creo que conviene combinarlas con un toque, mayor o menor, de todo lo contrario: la originalidad, la exageración o incluso la extravagancia. Quizás sea eso lo único que le falta a esta escritora: ser un poco más ausarta, más atrevida a la hora de transgredir las normas del género. Porque oficio, ya ha demostrado de sobra que lo tiene.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Jakob Wassermann: El caso Maurizius

Resultado de imagen de el caso maurizius amazonIdioma original: alemán
Título original: Der Fall Maurizius
Año de publicación: 1928
Valoración: Imprescindible


Aquí termina el caso Maurizius, pero no la historia de Etzel Andergast”. Con esta frase –que como ven no desvela absolutamente nada– cierra Wassermann una trama de casi seiscientas páginas, meticulosamente construida, con el propósito (que cumplió con creces) de dejar la puerta abierta a entrega/s posterior/es. Porque, efectivamente, la obra tiene una segunda parte (Etzel Andergast, 1931) y hasta una tercera (Joseph Kerkhovens dritte Existenz o La tercera existencia de Joseph Kerkhoven, 1934) que, por desgracia y si no me equivoco, solo se tradujeron en Argentina hace más de seis décadas.

Quien la haya leído y disfrutado hasta el final entenderá mi decepción –que espero no dure mucho tiempo– pues la personalidad de este adolescente, hijo del fiscal general de estado, es tan compleja como seductora y, desde luego, extremadamente precoz para la mentalidad actual, aunque por la forma en que se abordan los hechos parece que no para la de hace un siglo. Pero no nos hagamos ilusiones, en esa segunda parte, ni se le concede tanto protagonismo como parece sugerir el título ni la personalidad adulta de Etzel resulta tan idealista y encantadora como era de esperar. Más bien todo lo contrario.

Jakob Wassermann –no confundir con August von Wassermann, médico alemán contemporáneo suyo que puso nombre a una prueba para detectar anticuerpos en la sangre– escribió una treintena de obras, principalmente novelas, aunque llega a abordar todos los géneros. Esta y CasparHauser fueron, probablemente, las más populares por entonces. El caso Maurizius, además de  reflejar las profundas y diversas crisis que sufrió Europa en la primera mitad del siglo XX, plantea interrogantes decisivos y nunca resueltos hasta ahora. Creo que no es tan conocido en España como, por ejemplo, Joseph Roth, Thomas Mann o Robert Musil, no obstante, se trata de uno más entre esos excepcionales escritores centroeuropeos y figuras representativas de su época.

Antes hablaba del hijo del fiscal. Él es quien pone en marcha una de las dos historias que se entrecruzan. Maurizius, en cambio, constituye el eje central de ambas. El fiscal Andergast también juega un papel determinante en las dos, pero si alguien guarda todas las cartas en la mano, aunque por motivos estratégicos se le ignore durante muchas páginas, es el autodenominado Waremme, un personaje que recuerda bastante al Arnheim de El hombre sin atributos, aunque mucho más retorcido y malvado. También él es un diletante, aprendiz de todo y maestro de nada, con un prestigio adquirido a base de cháchara, que vive de triunfar en los salones y cuyas ideas políticas parecen adelantar el totalitarismo que triunfaría en Alemania unos años más tarde. Representa al Goliat que, con más intuición que astucia y gracias a sus debilidades emocionales, acabará siendo vencido por el David de la novela encarnado por el omnipresente Etzel.

Son muchos los motivos que convierten en excepcional esta obra. El principal, que se trata de un fresco del primer cuarto del siglo XX, con sus contradicciones, inquietudes, mentalidad y forma de abordar los problemas. Sin olvidar el acertado diseño de caracteres desde el primero hasta el último: a todos los conoceremos por sus actos y, en algunos casos, también por larguísimos parlamentos que, supongo, desanimarán a más de uno. Aunque quizá lo más meritorio consista en convertir una novela de ideas, al estilo de La montaña mágica, en un artefacto intrigante capaz de volver loco de impaciencia al lector mientras el novelista, por boca de sus personajes, filosofa durante páginas y páginas. Y es que el desencadenante de todo es un asesinato nada menos. Wassermann pasa revista a un célebre error judicial presentándonos, por un lado al presunto culpable, por otro a alguien que dieciocho años más tarde revisará de nuevo los hechos con la pretensión de averiguar la verdad que se oculta tras las apariencias. Para lograrlo, deberá emprender un viaje iniciático en el que –en memorables páginas casi costumbristas– lo veremos mezclarse con un vulgo del que apenas tenía noticia y renegar del padre con todo lo que representa sin dejar de añorar a la madre que perdió. Como ven, un argumento complejo que no se puede resumir en unos cuantos párrafos.  

De principio a fin, abarcándolo todo y de forma más o menos explícita, subyacen las dudas sobre la objetividad de la justicia. ¿Nos suena esto de algo?. Hasta el que se creía infalible empieza a cuestionar la idea: “¿Porqué no lo dijo en su momento? (…) Tal vez era consciente de que la verdad solo era verdad para él, pero no para mí, no para nosotros, hasta que él estuvo dispuesto a expresarla casi en contra de su voluntad. Pero ¿y si la verdad fuese tan solo el resultado del paso del tiempo?” Con más razón los que llevan toda la vida entre presos: “¿Qué quiere decir con justicia? Esa palabra es como un pez, se te escurre de las manos cuando quieres agarrarla”.

Han transcurrido noventa años y las circunstancias son muy distintas. No sé en otros países, pero por fortuna aquí en España el poder judicial funciona como un reloj en perfecto estado. No se aprecia rastro de irregularidades, arbitrariedad, discriminación o clientelismo. Estamos encantados, por supuesto.

Traducción: Carmen de Miguel y Jorge Seca


También de Jacob Wassermann: Caspar Hauser

viernes, 16 de noviembre de 2018

Premiados con el NOVEL de ULAD, primer puesto: Mircea Cartarescu: Nimic

Idioma original: rumano
Idioma de la edición: Edición bilingüe rumano/catalán.
Título original: Nimic. Poeme
Traducción: Xavier Montoliu Pauli
Año de publicación: 2010
Valoración: muy recomendable

En esta recopilación de poesías del autor rumano, ganador del premio Novel de ULAD 2018 según votación de lectores y reseñistas, Cărtărescu destaca por hacer poesía de las pequeñas cosas, buscando el encanto de la cotidianidad, la belleza en esos pequeños detalles que abundan en la vida de cada uno, si se tienen los ojos preparados y receptivos para verlos. De igual manera que Williams Carlos Williams (por poner un ejemplo conocido, más aun después de la película Paterson), el autor rumano se centra en lo particular, en lo aparentemente común, para destacarlo y darle su justo valor, siempre bajo su mirada, interpretando y observando la vida bajo el prisma de su experiencia, sus miedos y sus deseos, realzando la realidad cotidiana con un estilo accesible para todos los lectores, aunque sin apartarse ni un milímetro de la alta calidad propia del autor.

Así, con esta intención, la poesía de Cărtărescu no está adornada en exceso de florituras, incluso diría que, a pesar de ser poesía, su estilo es incluso más accesible que su prosa, menos arriesgada, más sencilla en apariencia; tal es así, que encontramos a menudo referencias a marcas de ropa, de coches, o incluso centra un poema en torno a un amor imposible hacia Natalie Wood; también aparecen frecuentes referencias a la música, muy presente en la obra cuando menciona a The Beatles o a The Dire Straits, incluyendo en partes de sus poemas fragmentos de canciones, nutriéndolos de sus letras directamente en inglés. Así, acercando la poesía también al lector no acostumbrado a este estilo literario, el autor sabe crear el ambiente para sorprender con su poesía libre, trazando un esbozo de realidades escondidas tras los hábitos de la cotidianidad. Por eso su poesía es bella, pues no requiere de un esfuerzo para entenderla; en ella nos podemos sentir identificados y nos llega de manera natural, casi sin pretenderlo.

Además de lo expuesto, y ya entrando en profundidad y si se conoce la obra del autor, este libro se disfruta también a otro nivel, pues además de la belleza de sus poemas, uno goza enormemente viendo en él los rasgos del Cărtărescu que vendría después, pues ya asoman en sus poemas las tendencias hacia lo onírico y su interés por la anatomía, aspectos muy propios del autor. Así, vemos esos rasgos en algunos versos de sus poemas al decir «sol de invierno, aire limpio, nubes sin sistema nervioso» (siempre esas notas de anatomía, como canal a través del cual penetrar en los sentidos, como un camino que nos conduce a nuestro interior), en un fragmento que podemos encontrar en el poema «Sol de invierno». También aparecen los habituales insectos, como cuando dice «bajo el radiador, un gran escarabajo negro mueve la pata y una antena, como yace de espaldas, medio liquidado» (en «Me parece que vivo la vida») o también en «todo es romper el capullo, convirtiéndose en mariposa» en «Hacia el Mihai Viteazul», en una cita a Thomas Mann.

Viniendo del autor rumano, y como no puede ser de otro modo en él, las poesías giran, a menudo, en torno al amor y al desamor, y el autor nos las narra desde esos pequeños espacios en los que vive, y a los que nos tiene acostumbrados tras la lectura de Solenoide o Cegador. La tristeza que destila el estilo de Cărtărescu asoma en sus poemas, afirmando «Triste (porque ya no creo más en el amor, en la poesía…)» en «Hacia el Mihai Viteazul» o cuando afirma «enloquezco de tristeza, no hay nadie en mi vida» en «Hojas verdes, luces de tránsito»; y la habitual soledad que transmite la literatura del autor, al escribir «tanta soledad feliz me has dado, Dios mío», en el poema «Cuando nieva, cuando nieva y nieva...»), esa soledad que transmite encerrado en su diminuto hogar y, siempre, dirigiendo su poética mirada hacia las ventanas de su piso, esas ventanas a un mundo del que intenta atisbar su significado, buscando una salida, afirmando que «por la ventana veo otros bloques encogidos y mojados» (en «Estoy tan triste») o también «En la cortina de la ventana un rectángulo dorado — nada más que el sol al crepúsculo. Miro hacia fuera: el sol quema por encima de unos bloques…» (en «Impresión») o «he pegado la frente al cristal, como en la adolescencia, he mirado todo lo que podía ver desde aquí» (en «De repente el otoño»).

Así, desde esas ventanas, con sus vistas a Bucarest, entre la nostalgia y la esperanza, y cierta añoranza a una ciudad que le antoja triste, decadente, abatida, afirmando que «estoy desproveído del amor, de enamoramiento en las espléndida suciedad de la ciudad» (en «Tristeza idimenticable»), pero nunca olvidando su amada Bucarest, siempre presente en su obra, en una clara declaración de nostalgia al mencionar «agosto sobre Bucarest como la mantequilla sobre el pan, como el hombre encima de la mujer», en «Tristeza idimenticable».

En resumidas cuentas, un libro más que recomendable para los numerosos seguidores del autor rumano, pues en él verán muchos rasgos característicos de la obra del autor que potenciaría y sobre los que profundizaría en sus novelas posteriores; no en vano, fue después de los poemas incluidos en esta recopilación que el autor se volcaría definitivamente a la novela y a la prosa, con la publicación de Nostalgia en 1993, manteniendo en sus relatos prosísticos el tono poético que siempre le ha acompañado. Pero no se trata únicamente de un libro para los numerosos fans de Cărtărescu, sino también para aquellos que desconozcan la obra del autor, pues el libro también es recomendable por la calidad propia de su literatura, por la búsqueda y exploración de la proximidad de lo narrado, por la cercanía emocional que despiertan sus versos, y por la profundidad escondida bajo un manto de aparente sencillez. Un acierto de la pequeña editorial Lleonard Muntaner Editor que espero que tenga traducción al castellano algún día, pues los fans de Cărtărescu, y la literatura en general, se lo merecen.

También de Mircea Cărtărescu en ULADEl ojo castaño de nuestro amorSolenoideEl LevanteLas bellas extranjeras¿Por qué nos gustan las mujeres?LuluNostalgiaEl ruletista, El ala izquierda. Cegador I

jueves, 15 de noviembre de 2018

Agustín Pery: Moscas



Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Está bien



Mallorca es como Sicilia sin muertos. Es una expresión que ha tenido arraigo en la prensa palmesana para referirse a la política y a la economía -al poder, en definitiva-. Hace un par de años sirvió de título a una novela del escritor al que se le atribuye la sentencia, Guillem Frontera, de la que hay disponible versión en castellano, protagonizada por un muy reconocible presidente del Gobierno autónomo (y no, no ese que le ha venido a la cabeza y que está entre rejas por lo mismo que el cuñado de Felipe VI). Damos por supuesto, entonces, que la mafia en Sicilia es poderosa y elimina a quien le molesta y que en Mallorca ni siquiera precisa ensuciarse. Probablemente, las cosas sean mucho más complejas, complicadas y confusas, pero si algo tiene el periodismo –y los periodistas- es prisa. Un buen titular e historias sencillas y directas, con una idea clara y que se entienda. Sicilia sin muertos. O, a lo sumo, con dos o tres cadáveres, como es el caso de Moscas.

Moscas se inicia con la aparición del cadáver de Antonio Basquida, una mosca cojonera leemos, redactor de El Día, envidiado por sus colegas –“porque se les adelantó, o porque simplemente tuvo los güevos de publicar lo que ellos jamás se atreverían a mandar a rotativa”- y temido por los poderosos locales, objetivo de su perspicaz puntería periodística. Moscas es la primera novela publicada de Agustín Pery (Cádiz, 1971) ahora director adjunto del diario madrileño ABC y entre 2007 y 2014 director del diario palmesano El Día del Mundo, surgido de la fusión de El Día –impulsado por los Barceló y los Matutes, quizás la facción más conservadora, que ya es decir, de los hoteleros baleares y el periodista Antonio Alemany, que también acabó en la cárcel por crear junto a Jaume Matas, ahora sí aparece, una trama corrupta con la que adjudicarse fondos públicos- con la edición local de El Mundo, la obra cumbre de Pedro J. Háganse cargo: un miembro de aquella redacción lo rebautizó como El Día del Fin del Mundo. Agustín Pery dio el relevo como director a Eduardo Inda y en la solapa de Moscas leemos que “destapó junto a su equipo varios de los escándalos más relevantes en la historia de Mallorca”. Bueno.

Desde luego, Agustín Pery debió conocer y tratar de primera mano, canapé y vino español, a muchos de los personajes que pululan travestidos, o no tanto, por las páginas de Moscas. La novela tiene ese ímpetu de querer ser fiel retrato de la sociedad isleña de este tiempo y por eso aparece un aguerrido aragonés delegado de la Agencia Tributaria que finalmente es desplazado con un inesperado cambio de destino, un fiscal jefe provincial de sonrisa beatífica que sobrevive a todos los cambios de gobierno con su proverbial capacidad de no mojarse ni en la ducha, o el gran capo de la noche palmesana que durante décadas ha manejado a su antojo diputados, concejales, policías o periodistas moviendo ingentes cantidades en efectivo, hoy en día en libertad. Pero, tan cierto como que los detalles otorgan verosimilitud a una ficción, aqui hacen chirriar a Moscas; uno no acaba de ver policías nacionales husmeando por los muy rurales bosques del monasterio de Lluc ni a los beltzas de la Ertzaintza repartiendo botes de humo por las calles de Pamplona.

Ese latiguillo tan manido acerca del periodismo -no dejes que la realidad estropee un buen titular- contiene una buena dosis de verdad y creo que se le puede aplicar también a esta ficción, pues la lastra y le resta parte de la capacidad de pegada que el autor pretende propinar al lector. Aún así, por su contundencia, brevedad y fiereza, Moscas se lee con facilidad e intensidad ya que ofrece una mirada necesaria y poco habitual a la parte trasera del decorado pseudo paradisiaco en el que millones de turistas se postran al sol cada verano. En su haber, desde luego, el despiadado retrato moral de la buena sociedad palmesana y como muestra, dos perlitas: “Ambos sonrieron. Se odiaban como solo se odia en Mallorca. Compartiendo confidencias, despellejando al tercero ausente, coincidiendo en cenas, asistiendo a los mismos actos y, siempre, saludándose tan efusivamente (…)”. O bien: “Jodidos isleños, pensó, son como los Borbones, solo follan entre ellos.”. Habrá excepciones, me digo, pensando en el suegro del en su día Duque empalmado, hoy también juzgado, condenado y encarcelado. El ex Duque, no el Otro.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

John Berger: La apariencia de las cosas. Ensayos y artículos escogidos

Idioma original: Inglés
Título original: Selected Essays and Articles. The look of things. 
Traducción: Pilar Vázquez
Año de publicación: 1972
Valoración: Bastante recomendable

Desde que conocí a John Berger he procurado seguirle la pista. ¡La de veces que le habré citado cuando estudiaba Bellas Artes, la de conceptos originalmente suyos que habré integrado en mi forma de pensar! Para mí, el valor de este intelectual subyace en su coherencia. Además, claro, de en su personalidad crítica y contestataria. Hable de lo que hable Berger, escriba de lo que escriba, siempre nos toparemos con su faceta más seria y comprometida.

La obra reflexiva de Berger, quien ha tocado también el teatro, la poesía y la narrativa, me apasiona especialmente. Su aproximación al arte (tanto teórica como práctica, ahora que lo pienso) es de lo más estimulante para mí. También cómo su ideología marxista percibe distintos temas es, cuanto menos, interesante de conocer. Y aviso desde el vamos: para el intelectual británico, cualquier cosa está impregnada de política, por lo que es evidente que, cuando aborde lo que sea, probablemente saque a relucir la política que esto arrastra, ya sea de forma más o menos velada.

Pasemos a La apariencia de las cosas. Esta antología de ensayos y artículos aúna veinticinco textos de Berger, escritos todos ellos durante la década de los 60. Algunos son inéditos en nuestro idioma, y otros, en cambio, ya se habían publicado con anterioridad. Están estructurados en seis grandes bloques, por lo que ya os podéis ir haciendo a la idea de lo variados que son los asuntos tratados por Berger: Le Corbusier, Walter Benjamin, Che Guevara, el comunismo, el papel del arte en la sociedad... Un servidor destacaría especialmente los textos que hablan de arte. Uno que trata sobre Paul Cézanne es decididamente maravilloso. También otro, en que se analiza el cambio histórico que ha experimentado la disciplina del retrato con el paso del tiempo. Por no olvidarnos de los viejos conocidos, esos textos que ya pude degustar en otras recopilaciones del autor, como Modos de ver Sobre el dibujo. En conclusión, recomendaría este libro a todos los que se sientan tentados a descubrir a un pensador extremadamente sugestivo, capaz de tocar gran variedad de temas y que, lo tengo clarísimo, dará mucho que hablar, más si cabe, en el futuro.