martes, 28 de abril de 2026

Guillermo Martínez: Un crimen dialéctico

Idioma original: español
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y está bien (conociendo al autor, no tan previsible)

Página 2:
Otra vez uno de esos libros en donde Martínez va a demostrar su sapiencia matemática con el Teorema de Incompletitud de Gödel y homologar sus preceptos con las piernas de una chica, que puede ser menor (quiero decir, mucho menor) al narrador, o puede ser mayor (cuarentona o cincuentona) y que, generalmente, parte de la misma familia que la variante de chica menor y en ocasiones hasta se enamora de las dos (y tiene éxito con ambas. Hasta parece un chiste interno del autor, porque juro que en casi todos los libros siempre hay una apreciación de ese estilo); todo esto mechado con un drama que bordea lo policial clásico con lo filosófico. Sigamos leyendo, me digo (con ojos en blanco); quizás alojarse en un hostal con una señora de pasados rusos pero aún bellísima (del cual su esposo es el objetivo del narrador) y su hija veinteañera a punto de casarse (cuyo prometido tiene cierta tensión con su suegra, y no es la carnal), no signifique necesariamente nada amoroso.

Página 20:
Bueno, quizás por una vez Martínez se desvía de sus patrones y me va a entregar una historia más cercana a lo filosófico que al policial, habida cuenta que el narrador es un profesor (cómo no) que en su momento tuvo una beca en Oxford (cómo no) y formó parte de un grupo marxista cuya vinculación es eterna debido a un pacto en sus años mozos. Por ahora bien, mejor de lo que esperaba, más allá de algunas frases poco pulidas, casi escritas con cierto desgano, como enfocadas en la trama en vez de labrar las expresiones, y de que todos los personajes poseen una alta cultura (¿hace falta que si uno dice qué lindo el día, el otro, que es cualquier cosa menos un becado de Oxford, cite a Tolstoi porque sí?).

Página 40:
Ya las bases están delineadas. El narrador tiene que asesinar al anfitrión de la casa, el coronel, por conocer un secreto del candidato a presidente (trasunto de Raúl Alfonsín), un secreto bastante turbio, por lo que infiere el mismo coronel, y de yapa, por ser sospechoso de complicidad en la última dictadura argentina (a pesar de que diga que apenas vio cómo iba la mano se retirara por una cuestión de honor); a la vez, el narrador sostiene debates (graciosos, porque el otro lo basurea sutilmente) con un físico extranjero acerca de la inminente publicación de un artículo sobre cuánta capacidad de voluntad tiene realmente un individuo a la hora de reaccionar ante mecanismos programados. Parece no tener ninguna relación con la trama principal, pero en Martínez todos los datos son aprovechados posteriormente. Además, la esposa del coronel en realidad está enganchada (lo cual es un cambio agradable) con el cura del pueblo, bastante jovencito y con un discurso mucho más agresivo para los estándares de la iglesia.

Página 100:
Se pone raro. Para justificar su presencia, el narrador inventa que se encuentra ahí para observar a los nativos en sus rituales con un polvo que, en días de niebla extrema, posibilita contactar a los muertos de cada uno; justamente el narrador tiene a su padre desaparecido, y de a poco le empieza a convencer la idea de verlo para cerrar con un capítulo del pasado. Además, se ha hecho pasar por el cura para mandarle mails (¿mails a principios de los 80s en Argentina?) entre dramáticos y picantones a la esposa del coronel y así plantar la semilla de la discordia y hace prácticas de tiro con este último en lugares recónditos para afinar su puntería a la hora de matarlo. Todo esto, para el narrador, funciona como un gran tablero de ajedrez en el que cualquier cosa puede salir muy mal, y sintiéndose casi siempre como arrastrado por la fuerza del destino más que por su voluntad (de ahí, supongo, aunque me sigue pareciendo un aditivo algo innecesario, los debates).

Últimas páginas:
Lo mejor de la novela se encuentra en la trama secundaria de los nativos. Después de un viaje lisérgico, inesperado por la prosa y la situación en la carrera literaria de Martínez, el narrador presencia una escena definitoria para su vida. Pareciera que no va a aportar nada a la trama principal, pero haberse metido en semejante cambalache lo obliga a vomitar y esa es la última pieza (azarosa) para que todo termine de anudarse en una situación algo rocambolesca y por demás inverosímil, aunque justificado por la idea que recorre el libro acerca de la voluntad real. 

En definitiva, es mejor que el anterior libro de Martínez, que sí me había parecido un recalentado de sus grandes éxitos, y veo una intención de explorar otros temas, de salir de a poco del encorsetamiento en el que se encontraban sus libros, pero también detecto una escritura apurada y deslavazada, convencida ya del prestigio del autor y de que apretar algunos de sus botones comunes bastará para que el lector se quede contento. Pero Martínez es capaz de mucho más.


lunes, 27 de abril de 2026

Oriol Rodríguez/Yeray S. Iborra: Buscando a Rosalía


Idioma original:
español

Año de publicación: 2026

Valoración: recomendable

Los primeros párrafos de este libro juegan con los previsibles vericuetos que procura el ascenso a la fama. No a una fama cualquiera: a la fama global, a que los anuncios de tus discos se produzcan en olor de multitudes, con recepciones, con enormes pantallas de cuenta atrás, con la necesaria presencia de una masa de fans irredentos. Ese es el enorme salto del que Albert se queja. De una artista incipiente que invita personalmente a acudir a sus primeros conciertos y que, arropada por el mecanismo empresarial que se aferra al proceso productivo (y lucrativo), pasa a ser una imagen inalcanzable, un icono para acercarse al cual hay demasiadas barreras que franquear.

Otra cosa es que, con cuatro discos en el mercado, la tentación de escribir una biografía sobre una figura, a los 33 años, de semejante impacto global, sea demasiado poderosa, incluso ante la cruda realidad de que el mundo de la música, insaciablemente hambriento, devore a sus ídolos no tan a medida que estos crecen sino conforme algunos nuevos surgen y pugnan por desplazar a los otros de la mesa de las novedades. 

La tentación de que un texto así sea un panegírico también pesa lo suyo. Cuatro discos, diferentes, en los que ha apostado por un crisol de sonoridades, han dado ya pie a controversias en las que la envidia pesa lo suyo. O la mera crítica porque una estrella del pop no ajuste su forma de ser al canon que cada uno establece de como ha de ser. Como leo muchos (posiblemente demasiados) libros sobre música, sobre discos y sobre música, diré que Rosalía ha comprendido que intentar complacer a todo el mundo es la mejor garantía para fracasar. Y entonces se muestra, en la medida que le dejan, como un músico que expone su trabajo y lo explica lo suficiente y sin más pretensiones. Así que este libro simplemente, y quizás el no contar con un testimonio directo, se limita a recopilar y ordenar hechos sobre su carrera, lo bastante alejados de una crónica de su vida personal. que ya es bastante pasto de la prensa rosa - otro efecto colateral - como para superar la mera letanía de eventos y tomar una sana postura objetiva, sin desmerecer que sus dos autores proceden del mundo de la prensa especializada y, sin llegar a desprender un tufillo de fans, cuentan con el suficiente respaldo profesional para mantener sus apelativos alejados de la hipérbole. Quizás unos años más tarde dispongamos de textos aún más matizados, todo dependerá de futuros trabajos, de su gestión de la descomunal repercusión, de cómo la insana curiosidad sobre su vida personal sea algo con lo que pueda bregar. Seguramente habrá más libros sobre ella, pero este es honesto y, en la medida que es posible, objetivo y disfrutable.

domingo, 26 de abril de 2026

Eugène Ionesco: La cantante calva

Idioma original: francés

Título original: La cantatrice chauve

Año de publicación (estreno): 1950

Valoración: Está bien, curioso


Apenas le hemos dado espacio en este blog al ‘Teatro del absurdo’, etiqueta aplicada  desde mediados del siglo pasado a un pequeño grupo de autores que desafiaron las normas (qué cosa tan apetecible) de la construcción dramática para montar extrañas obras en las que las personas se convertían en rinocerontes o dos mendigos dialogaban sin sentido bajo un árbol. Aparte de provocar la risa, y esto no siempre, la sucesión de escenas ridículas y diálogos disparatados tenían siempre una capa más o menos oculta que el espectador estaba invitado a descubrir, por lo general reflexiones sobre la vida y sobre el ser humano, frecuentemente el problema de la comunicación, la soledad, la muerte o el destino, cosas así. Si la verdadera intención del autor era en verdad abrir la puerta a esas profundidades o solo sorprender con extravagancias es algo no tan fácil de descubrir y que además variará según el autor y según la obra.

La cantante calva fue uno de los primeros títulos en formar parte de ese pequeño contingente, y sus rasgos encajan desde luego con el modelo. Dos parejas (matrimonios) de la burguesía inglesa comparten una velada, y no parecen tener mucho que decirse. Lanzan por turnos frases a veces inconexas, o se enzarzan ligeramente en discusiones particulares sin sentido. Este tipo de conversación sirve para identificarlos enseguida como personajes ridículos, vacíos, y su limitación mueve rápidamente a la risa.

La entrada de un par de personajes más abre el abanico a nuevos diálogos, también absurdos, en los que, aunque a veces apetezca, tampoco creo que debamos intentar buscar mensajes ocultos. Es lo que llamaríamos ‘hablar por hablar’, cómo llenar minutos de una reunión aburrida emitiendo sonidos más que transmitiendo algo. 

Desde el punto de vista cómico el cuadro quizá nos despierte alguna pequeña carcajada, y en este punto habrá que reconocer que una buena puesta en escena y la gracia de unos actores inspirados pueden levantar el texto a un nivel muy superior al que obtenemos de la lectura. De manera que no me queda más remedio que reconocer que ante obras así la experiencia del teatro leído puede resultar bastante más pobre.

Si queremos profundizar un poco más, aparte de algún rasgo crítico más o menos visible (la exclusión clasista de la pobre criada, la fascinación por el uniforme, aunque sea de un bombero), lo que tenemos es claramente una representación plástica de la incomunicación, en este caso, en el seno de cierta sociedad burguesa británica, pero válida también para cualquier otro entorno. Estamos eventualmente juntos pero quizá no tenemos tanto en común, puede que el propio lenguaje sea un obstáculo para interactuar porque lo usamos mal, o puede que incluso nuestra propia naturaleza levante barreras convirtiéndonos en pequeñas islas, como sugería John Donne.

Abriendo un poco el foco sobre este teatro del absurdo en su conjunto podemos ver que en gran parte es esta la perspectiva dominante. Por eso dibujan personajes tan convencionales que se transforman en cosas extrañas, que simplemente esperan a alguien que no saben quién es o que, como en este caso, terminan gritándose frases repetidas y completamente vacías de significado.

P.S.: Esta obrita tuvo en principio uno o dos títulos diferentes, pero al parecer Ionesco lo cambió por el definitivo porque un actor pronunció mal una frase (es cerca del final) y sonó como ‘cantante calva’ lo que no lo era. Cómo les hubiera gustado a los surrealistas o a los Dadá este hecho de titular una obra con la expresión de un simple error. 

Otras obras de Eugène Ionesco reseñadas en ULADRinoceronte


sábado, 25 de abril de 2026

Colaboración: 2 x 1 Antes que nada y Bue, de Martín Caparrós

 Idioma original: español

Año de publicación: 2024 y 2025

Valoración: imprescindible para interesados


La fase de su escritura en la que se encuentra Martín Caparrós es especialmente interesante. Viene de andar tras las huellas del hambre, de diseccionar las venas abiertas de América Latina que versó Galeano, de algún esfuerzo apabullante en el campo de la novela que él considera pasó desapercibido, de darle la vuelta al género de la crónica, de intentar reportar a toro pasado la creación del mundo. Todo se le ha hecho poco: su implicación, sus posiciones sin medias tintas; su apuesta por la literatura; las cabeceras de más prestigio; los charcos más embarrados. Todo empezó un día que le dejaron firmar en un diario y algo cambió el día que leyó por vez primera a su maestro Manuel Vicent. Continúa con sus artículos y sus polémicas, levantando polvo, abriendo frentes constantemente. Gramaticales, deontológicos, épicos. Se hace preguntas y las lanza al mundo sabiendo que él el primero no puede responderlas.

Y en el último año y medio han llovido con generosidad tres volúmenes en los que el argentino va más allá, pues si alguna profundidad abisal le quedaba por estudiar era la suya propia: es la que emite ultrasonidos desde las páginas de Antes que nada, donde repasa su vida, la interior y la pública, en los jirones que no se le han quedado en la selva del periodismo a ras de suelo que le ha caracterizado. Como los otros títulos, este último es monumental y ambicioso, y seguro que le dejó insatisfecho como tantas otras veces. Aquí hay mucha tela que cortar para aspirantes, ejercientes y fans, que a fin de cuentas son los que pueden aportar notas al pie, aunque a ver quién se las apuesta a Caparrós. Por lo pronto, estas memorias se tapan bien con cubiertas oscuras, como advirtiendo de ser el libro negro del autor, que deja bien claro que sorpresas te da la vida y por supuesto, que para contarlo hay que valer, también, y mucho. El camino de las favelas de Buenos Aires a las pacíficas afueras de Madrid ha sido retorcido y sorprendente.

Antes que nada puede complementarse con artículos y entrevistas recientes, pero sobre todo con los otros dos pequeños tomos que han aparecido en estos meses, Bue y La verdadera vida de José Hernández, que son pura evocación en blanco y negro. Reversos bien camuflados de Buenos Aires y de canto al padre del Martín Fierro, Caparrós vierte en ellos no el análisis sino el aliento, y no la nostalgia sino la melancolía, como tan bien distinguiría su querido Vicent. En estos casos no es tan torrencial la escritura como la emoción, pero no perdamos ripio.

Sobre la triada asoma la firmeza de una vocación, en estos tiempos líquidos de rapidez y demora, cuanto más deprisa más despacio, de prosa deslavazada y piezas sin adscripción. No caigamos en el tópico del autor hecho género. Llamemos a las cosas por sus nombres: memorias, novela y poesía. Caparrós prescinde aquí, al menos directamente, de las crónicas que lo han destacado y que en conjunto se erigieron en monumentos: LacrónicaEl HambreEl mundo entoncesÑaméricaEl interiorLarga distancia y su secuela La guerra moderna... Periodismo que si no fundó, al menos creó escuela en una hilera de seguidores que lo practican alrededor del mundo. La crónica va y viene con las épocas. Esas piedras angulares están ahí, para quien quiera volver a ellas. En rigor, algunos podrían llamar a esos libros recopilaciones. No errarían.

No es el caso de los que nos ocupan hoy. Es vertiginoso pensar no ya que alguien pueda ser tan fértil, sino qué torrente creativo en tan poco tiempo puede dar lugar a obras apuntaladas como estas. Una en su largo aliento, otra en su justa medida, otra en la virtuosidad del verso. ¿Qué escuelas de escritura ni qué inteligencias artificiales ni qué giros argumentales? Lengua charlatana, seguridad, nada que perder pero nada que alcanzar. Entrevistas promocionales donde se denuncia la manera balzaquiana para homenajear a Balzac con los mismos libros que se promocionan. Por responsabilidad, la llamada al orden debe ser por parte de los dos: de Balzac y de Caparrós. Larga vida al escritor y lo escrito: el momento es curioso, los juegos de espejos son gratificantes y se espera que la fábrica no detenga su producción. Mientras tanto, siempre queda releer.

Firmado: César

También de Martín Caparrós reseñado en ULAD: aquí

 

viernes, 24 de abril de 2026

Federico Axat: El día de mi muerte

Idioma original: Español

Año de publicación: 2025

Valoración: Muy recomendable

Así de entrada, lo que me hizo darle la valoración de Muy recomendable a este libro fue la vuelta de tuerca que Axat le da al ya muy gastado subgénero de los viajes en el tiempo. Así que, para cualquiera que disfrute de este tipo de pajas mentales, es una lectura más que recomendable.

Lo que sigue no es exactamente un spoiler, pero, a mi parecer, mientras menos sepas, mejor. Por eso seré parco en esta reseña. Bueno, pensándolo mejor, no diré nada de la trama, porque cualquier cosa que contara sería básicamente lo mismo que ya aparece en la contraportada.

Lo que sí puedo decir, y quizá sirva para animarte a leerlo, es que la historia resulta desconcertante en el mejor sentido de la palabra. Cada capítulo obliga a detenerse y a reconsiderar cómo encaja lo que uno acaba de leer con todo lo anterior. Perdón por ser tan vago, pero realmente no puedo decir mucho más: la novela está construida casi por completo sobre la incertidumbre.

Claro que eso también hace que la relectura pierda parte de su valor. Pero incluso si solo se lee una vez, la experiencia vale la pena.

Uno de los pocos peros que le pondría al libro es que, aunque su principal atractivo radica en el interesante enfoque que propone para los saltos espacio-temporales, y cómo se desenrolla la trama, no logra evitar del todo ciertas paradojas (incoherencias) temporales. Y, cuando aparece alguna inconsistencia, recurre al truco más barato del género: las líneas temporales paralelas.

Aun así, eso puede pasarse por alto. Es un libro muy entretenido, de esos que te mantienen armando y desarmando piezas en la cabeza hasta el final. Es el tipo de historia que quedaría perfecta como serie de televisión. Me encanta ver que las historias de este género escritas en español no le piden nada a esos nórdicos (¡no les da la lengua para escribir el Quijote!).

jueves, 23 de abril de 2026

Jon Bilbao: El regreso del Hircocervo

Idioma original: Español     
Año de publicación: 2020
Valoración: Entre recomendable y está bien

En Reata, ningún animal doméstico sobrevive a la medianoche. Un veterinario que llega a este pequeño pueblo de la España profunda, supuestamente de vacaciones, acabará investigando, al igual que tantos otros antes que él, semejante fenómeno.

Esta es la premisa de El regreso del Hircocervo, novela corta del asturiano Jon Bilbao que aúna el terror rural castizo con lo lovecraftiano, siempre desde la óptica ambigüa e indefininida de lo extraño y lo insólito. Funciona a la perfección en tanto que experiencia literartia creativa, incómoda y perturbadora. Desgraciadamente no acaba de cuajar como narración al uso. 

Vamos por partes. De este texto, destacaría las siguientes virtudes: 

  • Dada su brevedad y el interés que genera se lee de una sentada.
  • Tiene un planteamiento extremadamente sugerente.
  • En su estilo taquigráfico, similar al de un guion audiovisual, se aprecia sin embargo cierta sensibilidad.
  • Sus personajes, aunque algo simples, tienen unas caracterizaciones lo suficientemente marcadas como para diferenciarse entre ellos.
  • Alberga un par de escenas impactantes, ya sea porque son muy imaginativas o porque logran teñir lo cotidiano de rareza.
  • Se guarda las explicaciones y respuestas sobre su misterio principal para sí mismo.

Por otro lado, tengo que admitir que El regreso del Hircocervo me ha parecido algo mejorable: 

  • Visto en retrospectiva, da la impresión de que le falta empaque. Parece, antes que una obra terminada, un borrador (uno muy trabajado y sumamente prometedor, todo sea dicho).
  • La mayoría de escenas que muestran los enredos sexuales del protagonista aportan poco y se antojan reiterativas.
  • Desaprovecha a algunos personajes.

En fin: El regreso del Hircocervo es una novela solvente, sugestiva y entretenida. No obstante, parece escrita en un frenesí de inspiración que se hubiera beneficiado, al menos para mi gusto, de una revisión en frío. Sea como fuere, cumple sin sobresalir, gusta sin entusiasmar e impacta sin llegar a ser memorable, y demuestra, una vez más, que Bilbao es un autor al que conviene tener en cuenta.

Ah, esta novela se la debemos a Fin de Raza, editorial (lamentablemente en hiato desde hace bastante tiempo) que apuesta por libros que combinan lo literario y lo visual y devienen bellos objetos de coleccionismo. Como muestra de esta filosofía tenemos El regreso del Hircocervo, con su calidad artesanal, su tirada de 1000 ejemplares y sus ilustraciones de Celsius Pictor.


También de Jon Bilbao en ULAD: Aquí

miércoles, 22 de abril de 2026

Vic Echegoyen: Blitz. La destrucción de Dresde

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2025 

Valoración: Está muy bien

Blitz. La destrucción de Dresde es la magnífica reconstrucción de las 24 horas que duraron los bombardeos que arrasaron la ciudad de Dresde y se llevaron por delante unas 25.000 vidas, allá por febrero de 1945, cuando apenas faltaban 3 meses para la capitulación de Alemania. Y podríamos entrar aquí en disquisiciones filosóficas acerca de la "necesidad" y la "proporcionalidad" de los bombardeos (¿acaso hay bombardeos "proporcionados"?), pero casi mejor nos centramos en el libro y en su valor como obra literaria.

Volvamos al comienzo. Magnífica y reconstrucción: reconstrucción porque Blitz. La destrucción de Dresde es una obra de ficción basada en hechos reales (o la ficcionalización de las experiencias de una serie de personajes, anónimos o no, en el antes, el durante y el después más inmediato de los bombardeos); magnífica por varias razones, vinculadas a la estructura, al ritmo, a las voces, al tono y al mensaje de la novela. 

En cuanto a la estructura, la obra tiene algo de tragedia clásica con su prólogo, tres episodios (el antes, el durante y el después) separados por interludios que llevan la acción a los cielos de Dresde y su epílogo. Con esta estructura, Echegoyen puede ahondar en la relativa normalidad, el miedo y el caos que ocupan el centro de cada uno de los episodios y puede ofrecer una pequeña evolución de los diferentes personajes que protagonizan la novela.

En lo que al ritmo y las voces se refiere, estos van da la mano. Los tres episodios ya citados se dividen, a su vez, en breves capítulos protagonizados por multitud de personajes del más variado origen, edad y condición. Esta variedad confiere al texto de un carácter coral y de un ritmo que difícilmente tendría de tratarse de una narración más "convencional". Por otra parte, se observa un importante esfuerzo en la diferenciación de las voces de los protagonistas, algo nada fácil de conseguir. 

Me queda hablar del tono y el mensaje de la novela. Aquel tiende a ser sobrio, sin florituras, "adornos" estilísticos ni efectismos. La autora tiene claro lo que desea transmitir y no necesita recrearse en escenas sangrientas para mostrar el miedo y el dolor causado por cualquier guerra. Y ese es precisamente el mensaje, el de la insensatez y el absurdo de estas.

Dicho esto, y viendo que esta es la segunda obra de Vic Echegoyen que reseñamos en el blog y viendo la valoración que hemos otorgado a ambas, ¿cómo es que esta autora sigue tan en los márgenes del mundillo editorial? Tengo mis sospechas, pero me las callo porque no quiero movidas.

También de Vic Echegoyen en ULAD: La voz y la espada

P.S.: En la misma editorial se ha publicado recientemente el recomendable Ciudades de Europa. La deriva del continente, libro de relatos ambientados en diferentes lugares que nos habla, con más melancolía que nostalgia y con una cierta amargura irónica, de estos "nuevos tiempos" que nos ha tocado vivir. Lo comento porque guarda cierta relación con Blitz, en el sentido de que, de alguna manera, habla de la "evolución de Europa" desde el final de la SGM hasta la actualidad.