jueves, 15 de octubre de 2026

Jesús Torbado: En el día de hoy

Idioma: español

Año de publicación: 1976

Valoración: recomendable

Cuenta la leyenda (y si non é vero, é ben trovato), que José Manuel Lara Sr., fundador de la Editorial y luego Grupo Planeta, que tenía fama de ser más listo que el hambre, encargó al escritor leonés Jesús Torbado esta novela, que debía esperar a ser publicada al fallecimiento del Generalísimo Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios, Salvador de la Patria, Centinela de Occidente, el que Sube las Cuestas que es un Contento,  etc. (ahora enseguida entenderéis por qué), con la idea de otorgarle el famoso premio Planeta (sí, amigos/as, el premio Planeta a veces ha sido amañado, aunque os parezca algo  inconcebible) y vender ejemplare como churros. El problema fue que el susodicho premio se otorga cada año la noche el 15 de octubre, festividad de Sta. Teresa y, por tanto, onomástica de la esposa de don José Manuel, pero el Generalísimo etc. falleció el 20 de noviembre de 1975, por más que para octubre ya estaba más p'allá que p'acá... Por lo tanto, hubo que esperar un año para poder concederle el Premio a esta novela, en 1976 (es decir, hace exactamente 50 años, que parece que fue ayer... bueno, no) y que, eso sí, ciertamente se vendió como churros en una feria de pueblo...

Pero, ¿por qué había que esperar a que Franco pasara a mejor vida (bueno, en su caso, mejor, tampoco)? Pues, motivos comerciales aparte, porque el argumento de la novela no dejaba de ser un tanto arriesgado, incluso en los últimos estertores del tardofranquismo: En el día de hoy noveliza una sugerente ucronía (que ha sido utilizada en otras narraciones, aunque posteriores a ésta, como El coleccionista de sellos de César Mallorquí, que parte de la misma premisa, si bien su desarrollo luego deriva hacia lo fantástico): en 1939 el ejército republicano español da un vuelco al devenir de la Guerra Civil -el Punto de Jonbar, en este caso, sería que Francia permite el transporte de armas por la frontera, justo a tiempo para que el desenlace de la Batalla del Ebro sea distinto al que fue en realidad- y derrota al llamado Ejército Nacional, franquista o faccioso, como gustéis... De ahí el título de la novela, que imita al último parte de guerra emitido por Franco, pero, en este caso, por el Presidente Manuel Azaña. 
Huelga decir que Madrid -que no París- era una fiesta... Y así comienza la novela, con el desfile de la victoria, al que asiste Ernest Hemingway, reportero de guerra y uno de los protagonistas de la novela, junto a su fotógrafo Alejo Rubio y la hermana de éste, Sim, así como Aniceto, el amante de la mujer. De la manos de estos personajes asistimos a sus encuentros con otros muchos, reales o ficticios y se nos va así componiendo el cuadro de aquella supuesta República triunfante sobre  los sublevados. El contrapunto lo dan los facciosos en el exilio, empezando por Franco, que se ha refugiado en La Habana de Batista -Serrano Suñer, por ejemplo, ha huido a Italia-, pero que se ve impelido a retornar a Europa para ver si puede volver a recomenzar la guerra con la ayuda de sus compinches nazis y fascistas -aquí aparece, como guest star, el propio Führer-, mientras en España, los exiguos vencedores tratan de recomponerse, consciente de que su libertad puede durar lo que tarde en deflagrar un conflicto mundial. En el bando franquista, sin embargo, hay una deriva, en está novela, hacía un tono melancólico (no digo nostálgico, cuidado) y el propio Franco se nos presenta como un personaje, si no trágico, al menos sí resignado ante el fatum.

La novela, son duda, agradará a los amantes de las ucronías, así como a los aficionados a estudiar ese desgarrón en la Historia de España (otro más), que supuso la Guerra Civil (bueno, a los que gustan de sacar a pasear las banderas del pollo o la Cruz de Borgoña igual no les agrada tanto...). Por ponerle algún pero, quizá sea un poco densa en cuanto a las referencias a personajes y acontecimientos que hoy, cincuenta años después de haber sido publicada -y, sobre todo, casi noventa años más tarde de la época en que está ambientada- ya sólo dominan, o casi, los historiadores especializados en el tema. No obstante, tanto por su proposición como por su estilo, lleno de diálogos y sin demasiadas florituras -recuerda un poco al de Baroja o, por la cantidad y descripción de los personajes que aparecen, a La colmena de Cela... De hecho, en cierto modo es también una Colmena alternativa- es una novela que se lee con su interés y soltura, un premio Planeta más que digno, sobre todo teniendo encuenta a lo que conceden el adelanto premio hoy en día. Detractores de Hemingway, sin embargo, mejor abstenerse...

miércoles, 14 de octubre de 2026

Iván Turgueniev: Rudin

Título original: Rudin

Idioma original: ruso

Traducción: Jesús García Gabaldón

Valoración: muy recomendable


Rudin es la primera novela del escritor ruso Iván Turgueniev. A pesar de ello, esta obra ya presenta muchas de las características que harán de Turgueniev uno de los mejores escritores de la literatura rusa: prosa elegante y precisa, musicalidad en las formas, meticulosidad en la descripción de los personajes y minucioso análisis de una sociedad rusa en proceso de transformación.

Precisamente este último aspecto es el que destaca en esta obra primeriza del escritor ruso. Los representantes de una indolente clase terrateniente rusa se dan cita en la casa de verano de la viuda Daria Mijailovna Lasunkaya. En un ambiente de plácidas conversaciones y reuniones intrascendentes en que van transcurriendo rutinariamente los días irrumpe un invitado, Dimitri Rudin, un joven sin oficio conocido, que hechiza con su presencia y elocuencia a todos los invitados de la aristócrata. 

Por contraposición a la inmovilista sociedad que representan Daria Mijailovna y sus invitados, Rudin supone una entrada de aire fresco que viene a remover la conciencia de unos personajes para  quienes cualquier cambio en la sociedad rusa está vedado: "No seré yo quien defienda la civilización. No necesita mi defensa. Quería decir que todos esos ataques a los sistemas, a los juicios generales, resultan especialmente irritantes porque junto con los sistemas, la gente niega todo el conocimiento; la ciencia y la fe en ella significan fe en uno mismo, en sus propias fuerzas. Y la gente necesita esa fe: no puede vivir sólo de impresiones y hace mal al temer al pensamiento y no tener fe en él. El escepticismo siempre se distinguió por su esterilidad e impotencia".

La elegancia y la vehemencia con que Rudin defiende sus ideas encandilan en un principio a todos los participantes en las veladas de la casa de campo, pero alguno de sus contertulios comienzan a comprender su verdadero carácter. Nuestro protagonista enamorará a la joven hija de la aristócrata, pero alguno de los invitados sospecha de sus intenciones: "Lo cierto es que las palabras de Rudin se quedan en eso, en palabras, y nunca se convierten en hechos; y mientras tanto, esas mismas palabras pueden llevar a la ruina a un corazón joven".

Efectivamente, Rudin  va levantando falsas expectativas en quienes le escuchan, pero finalmente no es capaz de tomar decisiones sobre su propia vida ni sobre la vida de los demás. Representa una generación  que, desde un punto idealista, critica el orden social en que lleva siglos anclada Rusia, pero no es capaz de dar un paso adelante y llevar a la práctica ese cambio que propugna. Como señala uno de sus amigos que le conoce desde su juventud: "él había leído bastante, pero leía libros de filosofía, y su cabeza estaba organizada de tal manera que de lo que leía inmediatamente extraía el sentido general, llegaba hasta la raíz de las cosas y desde allí irradiaba en todas las direcciones los lúcidos y justos hilos del pensamiento, descubriendo perspectivas espirituales... Nos sentíamos como si fuéramos depositarios de la eterna verdad, como si fuéramos sus instrumentos, llamados a realizar algo grande. ¿No le resulta ridículo todo esto?".

Esa falta de iniciativa, incluso desde el punto de vista de las relaciones sentimentales, hará que Rudin, que  ha estado invitado en la casa de la aristócrata, tenga que escapar de  forma vergonzosa de la casa de su anfitriona y llevar una vida errática sobre la que nuestro protagonista arroja, muchos años más tarde, un juicio demoledor: "Sí, la Naturaleza me concedió muchos dones; sin embargo, moriré sin haber realizado nada digno de mis fuerzas, sin dejar tras de mí ninguna huella benéfica. Toda mi riqueza caerá en balde y no veré los frutos de mis semillas...Terminaré sacrificándome por algo absurdo, en lo que ni siquiera crea...".

En resumidas cuentas, bajo la apariencia de una novela sentimental se desarrolla una elaborada trama en la que Turgueniev realiza un análisis exhaustivo  de una sociedad en lucha entre la tradición y la modernidad. Critica la superficialidad y falta de compromiso de los terratenientes rusos y la contrapone al idealismo y la búsqueda de la belleza del personaje de Rudin. Todo ello recurriendo a una estructura narrativa extraordinariamente rica en la que a pesar de presentarnos a los personajes prácticamente en un único entorno, la casa de la aristócrata, como si de una obra de teatro se tratara, recurre a técnicas más complejas cuando lo requiere: al monólogo interior, cuando nos presenta la psicología de los numerosos  personajes de la obra o al flashback, cuando nos retrotrae a la juventud de nuestro protagonista.

Una novela conmovedora, exigente y de una belleza incuestionable.






martes, 13 de octubre de 2026

Jeff Burger: Cohen por Cohen. Entrevistas y encuentros con Leonard Cohen

Idioma original: inglés
Título original: Leonard Cohen on Leonard Cohen
Año de publicación: 2014
Traducción: Martín Abadía
Valoración: imprescindible para fans

Lo mejor de los libros sobre música y/o músicos es cuando el objeto de interés tiene una personalidad y una imaginería exclusiva; ya sabés de quién está hablando el libro apenas lees una frase del músico analizado. Eso sucede con muy pocos, y Cohen es uno de ellos.

Volviendo a mi género favorito dentro de este tipo de libros, el de las entrevistas, este es un libro plagado de ellas. Se intercalan con semblanzas de Cohen, extractos de otras entrevistas sobre algún tema puntual (donde encontraremos varias joyas) o comentarios de los entrevistadores años después de que se efectuó la misma, pero en su mayoría son preguntas (por suerte no estúpidas u obvias como la mayoría, aunque en un libro de esta extensión, casi 700 páginas, es imposible no encontrar alguna repetición, sobre todo en relación a dos o tres temas puntuales: la sexualidad, la religión y la depresión) y respuestas, que oscilan entre la respuesta más cortante y de la que no sabemos si tomar en serio o no, a verdaderos monólogos de pura clase coheniana, llenas de sabiduría y humor. De hecho, para ser catalogado como "El príncipe de la desesperación", y aunque ciertamente en algunas entrevistas se atisba una gran angustia, todo está rebozado con toneladas de humor elegante e irónico, lo que hace todo el asunto más llevadero, ya que en varias ocasiones la solemnidad tiene una fuerte impronta. Jeff Burger, que realmente es un compilador y editor de las amplias entrevistas que sostuvo Cohen en los cincuenta años de carrera musical, hace un gran trabajo al presentarnos, cronológicamente y con breves apuntes a cada una de ellas, las entrevistas que puedan aportar al personaje analizado, no importa si es un dato mínimo o entrevistas en las que se habla de todo.

Por decir ejemplos, podemos encontrar una extensa conversación de cincuenta páginas donde se exploran a fondo las raíces judías de Cohen, y se nota el entusiasmo, tanto del entrevistador como del entrevistado, en los descubrimientos que van haciendo, lo que evita esa capa de vergüenza ajena cuando se habla de algo tan íntimo como la familia. En otra, encontramos el análisis de la composición lírica/musical del artista, lo que se agradece ya que no es un tema que se suela tratar en este género (es más fácil irse por el chisme...); en general, y como mencioné, las entrevistas se vertebran en esos puntos claves, y cada uno de ello evoluciona de acuerdo a la década en la que nos encontremos (Jeff Burguer lo divide en cuatro partes: 60s y 70s, 80s, 90s, y el nuevo milenio); mientras más avanzamos a la actualidad, más nos encontramos con un Cohen vulnerable, dispuesto a profundizar en lo que le sucede, casi siempre con la seguridad que el entrevistador lo va a escuchar impasible para luego saltar con otra pregunta programada, pero de igual forma necesitado de expresarse. La depresión, sobre todo, es un factor en esta vida colmada de experiencias, y causa principal de decisiones tan rocambolescas como aliarse con Phil Spector o irse a un monasterio por siete años. Pero Cohen no hace una montaña de eso, y aunque a veces, en las dos primeras décadas, puede pasar como un pedante o como un jocoso con mal gusto, luego se toma a sí mismo a la chacota, y uno no puede evitar intuir que bajo esa personalidad, que Cohen mismo reconoce como "la portada que leen todos", hay una profunda angustia y creatividad motoras.

En conclusión, para los fans de Cohen este es un grandísimo libro, plagado de frases que incitan a subrayarlas y a releerlas varias veces hasta asimilarlas. Pocos artistas hay con una personalidad apabullante y una sabiduría que obliga al lector/oyente a prestarle atención, porque sus versos y su voz son pepitas de oro entre la mediocridad imperante.

Más de Leonard Cohen: Libro del anhelo

lunes, 12 de octubre de 2026

Jon Fosse: Hotel Vaim

Idioma original: nynorsk
Título original: Vaim Hotel
Traducción: Meritzell Savany en catalán para Galàxia Gutenberg y Cristina Gómez-baggethun en castellano para Random House
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


De los muchos aspectos que destacaría de la literatura de Fosse, su principal característica es la gran capacidad del autor para mantener la atención en una prosa basada en su mayor parte en el monólogo interno. Y, en este segundo volumen de una suerte de trilogía cuyo nexo principal es Vaim, el pequeño pueblo donde trascurre la historia, el autor se atreve en dar un paso más en su estilo y se adentra a un terreno situado entre el misterio y el onirismo.
 
Con este propósito, Fosse empieza el relato a partir del solitario viaje en coche de un hombre cargado únicamente con un par de maletas quien va conduciendo sin ningún destino en mente hasta que, casi de golpe, se encuentra con la necesidad de parar para descansar. Encontrándose en paraje desconocido, descubre un hotel en el que poder reposar antes de proseguir su viaje y decide alojarse, por casualidad o por azar, en el hotel de Vaim sin saber tan siquiera hasta cuando se prolongará su estancia. Pero, una vez allí, el desconcierto toma protagonismo y sorprende al visitante, pues la recepcionista del hotel parece reconocerlo e incluso se alegra de verlo, aunque él desconoce el porqué. Bien es cierto que el protagonista fue medianamente famoso años atrás, pero esa no parece ser la causa de tal recepción provista de una cordialidad aparentemente extrema. A partir de este enigmático (a la vez que cautivador) inicio, Jon Fosse despliega su talento bifurcándolo en dos vertientes, pues establece una suerte de monólogo interno que va alternando con charlas entre el protagonista y Brita, la recepcionista del hotel, y que podría parecer un diálogo de besugos por la absurdez aparente en su contenido, pero que deja entrever en su trasfondo el alma dos seres que se encuentran solos en esta vida y que, por un motivo u otro, necesitan encontrarse.

De esta manera, el autor enlaza esta segunda novela de la trilogía con su predecesora, situando el Hotel Vain justo delante de la droguería que copaba el protagonismo en el primer volumen; así, Fosse establece una relación entre ambos textos y también, en cierto modo, entre sus personajes aunque no de manera muy clara, tal y como el protagonista constata y admite al afirmar que «empezaba a tener la sensación de que en esa habitación que había cogido en el Hotel Vain me quedaría bastante tiempo, que alguna cosa me lo decía». Así, el autor despierta la curiosidad en el lector, de igual manera a lo que le sucede a su protagonista y es a partir de ahí que Fosse empieza a tejer una serie de paralelismos entre ambas novelas, en la que los personajes aparecen y desaparecen o incluso se confunden, estableciendo de esta manera una novela de espejos en los que nos protagonistas se ven a ellos mismos desde diferentes perspectivas y ángulos como sucede, por poner un ejemplo, cuando expone que el protagonista ve una barca en el muelle de nombre Eline y vislumbra alguien cerca que tiene su misma edad y que incluso le parece que lo conoce porque hay en él algo que le resulta familiar de igual manera que ciertos aldeanos parecen reconocerlo, aunque no saben muy bien el porqué.

Estableciendo el principal escenario del relato en el hotel, allí el protagonista es víctima y testigo de situaciones curiosas y enigmáticas, con objetos personales suyos que aparecen y desparecen o también en encuentros cercanos al surrealismo entre él y el misterioso personaje de Brita, siempre en medio de las confusiones y tretas que enloquecen y enfadan al protagonista pues continuamente le hacen dudar de su propio raciocinio y le someten al límite de la cordura. Estilísticamente, el estilo de Fosse se deja entrever en los diálogos que se establecen entre personajes y que, en esta ocasión, tienen una cadencia y una tendencia a la repetición de frases que me llevan recuerdos a Haruki Murakami en esos encuentros entre personajes misteriosos que más que un contraste de opiniones se asemejan más la dilatación de una conversación con uno mismo, como si al decir la frase se escuchara el eco interno que permite al que la ha pronunciado reflexionar y apuntalar lo que acaba de decir. Por ello, hay cierto aire de misterio lynchiano en esta novela que la hacen algo diferente a las anteriores, pues existe en el relato una atmósfera en el que parece que se está cociendo algo, rozando lo onírico, pero no desde un punto de vista que augura un peligro sino más parecido a una calma tensa, algo que se hace evidente cuando el protagonista, analizando la situación en la que se encuentra, infiere que «pensé después, que el Hotel Vaim, el Café Vaim y la Droguería de Vaim eran tres establecimientos bien peculiares, y si me gustaba o no que fueran tan peculiares, pues todavía no lo había decidido, y es que era prácticamente como si, tanto en un lugar como en el otro, hubiera algo irreal» a la vez que encuentra algo atrayente en ese hotel, pues el protagonista constata y admite que «empezaba a tener la sensación de que en esa habitación que había cogido en el Hotel Vain me quedaría bastante tiempo, que alguna cosa me lo decía».

Con este enigmático texto, Jon Fosse nos vuelve a cautivar con una novela que expone nuestros miedos y recelos ante una realidad que quizás no es tan clara como nos parece y en la que los personajes que aparecen y desaparecen juegan con el protagonista de igual modo que el autor hace con el lector, distrayendo y desviando la atención hacia esos puntos en los que hacernos dudar de lo que vemos, de los demás e incluso de nosotros mismos y nuestras percepciones sobre lo que nos rodea.

domingo, 11 de octubre de 2026

3*1 en "no ficción": El arte de viajar sin moverse del sitio de Hilario J. Rodríguez, Regreso a Viena. Diario de 1946 de Hilda Spiel y La frase infinita de Aldo Gargani

Idioma original: Español
Año de publicación: 2026
Valoración: Bastante recomendable

Hace unos días comentaba con mi pareja que esto de viajar se nos está yendo de la manos, que todo parece una competición por ver quién ha visitado más países, quién ha ido a un destino más "exótico", quién tiene más likes en sus redes, etc. Todo para terminar comprando en las mismas franquicias de mierda, comiendo en las mimas cadenas de comida rápida, etc. ¿Dónde quedó, entonces, eso de viajar para perdernos, para iluminarnos o perfeccionarnos, para cuestionar certezas o experimentar con las dudas? Algo de eso se habla en este El arte de viajar sin moverse del sitio, breve y sorprendente ensayo de Hilario J. Rodríguez en el que el autor huye de lo "académico" para, como las guías Petit Planete, ofrecer un ensayo abierto, poroso y flexible, con intersecciones a veces descabelladas y notas al pie (¿o acaso debería decir desvíos o senderos que se bifurcan?) que podrían ser otros textos, otros libros, otros viajes.

Y así el autor habla del viaje y de viajar, pero como un ir más allá en el que caben muchos viajes diferentes: viajes imaginarios, viajes forzosos (emigración), viajes "inútiles" (¡que viva siempre hacer cosas "inútiles"!), viajes vegetales. 

Podría decir también que el viaje que propone Hilario J. Rodríguez es un "circuito cultural" con parada y fonda en la literatura (Borges, Piglia, Sebald, Schalansky, Herzog...), el cine (Herzog, Kurosawa...), la arquitectura (Speer y compañía), etc. Al fin y al cabo, el viaje y el arte en sus diferentes formas no son otra cosa que mirar, especular e interpretar símbolos.

Pero lo que sí tengo seguro es que El arte de viajar sin moverse del sitio es un elogio de la imaginación y de la cultura como motores de la vida, un recorrido construido a partir de referencias y asociaciones que, lejos de resultar un ejercicio de pedantería, se insertan a la perfección en esa ampliación del conocimiento que debería suponer cualquier buen viaje.

También de Hilario J. Rodríguez en ULAD: Construyendo Babel

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Título original: Rückkehr nach Wien. Tagebuch 1946 
Idioma original: Alemán
Año de publicación: 2026
Traducción: Pilar Mantilla
Valoración: Bastante recomendable

Pasamos de viajar sin moverse del sitio a viajar para volver al lugar en el que uno nació y que hubo de abandonar por razones políticas. El retorno y lo que eso supone para el retornado (todo lo que Nolan podría haber explorado en su versión de La Odisea y no quiso / supo / pudo hacer) son la base del diario de Hilde Spiel, periodista austríaca exiliada en Londres y que regresa en 1946 a la Viena ocupada por los vencedores.

Por lo tanto, el viaje como regreso a los lugares y personas de la infancia, adolescencia y juventud, pero también a los cambios operados en ambos y en la persona que retorna por los años de nazismo y guerra. Estos dos elementos son inseparables de la mirada con la que Spiel contempla la ciudad y hacen que el texto transite de lo íntimo a lo político, de los "pequeños seres" a los "grandes nombres".

Esa transversalidad es uno de los puntos fuertes del texto. Otros serían la indagación de Spiel sobre la identidad del retornado o el cuestionamiento de los procesos políticos en esos primeros momentos de transición. 

Ochenta años han pasado del retorno de Spiel a Viena y un poco más del final de la Segunda Guerra Mundial. Leamos a Spiel (pero también a Primo Levi o a tantos otros), leamos estos testimonios del horror y el terror. Nunca es tarde, de verdad.

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Título original: L'arte de esistere contro i fatti 
Idioma original: Italiano
Año de publicación: 1990
Traducción: Pilar González Rodríguez
Valoración: Recomendable para interesados

De la mano de Spiel y de la Austria de posguerra llegamos a Bernhard, a Bachmann y a este ensayo publicado por Ediciones del Subsuelo. Bernhard y Bachmann son dos de los escritores austríacos más importantes de la segunda mitad del siglo XX (aquel nació en 1931 y esta en 1926). Además, Bernhard y Spiel se escribían y para muestra una carta de 1971 en la que aquel habla de Wittgenstein. ¿Qué, no os parece suficiente? 

Sea como fuere, el caso es que La frase infinita sí que es un ensayo "académico". Al fin y al cabo su autor fue profesor de Estética e Historia de la Filosofía en la Universidad de Pisa. Y así como El arte de viajar sin moverse del sitio tomaba desvíos y caminos aparentemente alejados del centro del texto, el de Gargani se expande, digamos, en vertical y hacia abajo, como un taladro que penetrara en la escritura de Bernhard y Bachmann.

Es, por tanto, un texto denso y complejo en el que las referencias ineludibles son Wittgenstein y Musil, en el que ética y estética se conjugan para elevar la utopía del lenguaje sobre un mundo en ruinas, en el que muestra cómo, partiendo de actitudes y premisas diferentes, ambos autores comparten la idea de la imposibilidad de comunicar, del pensamiento narrado como ejercicio crítico. 

De lo anterior podéis deducir que La frase infinita es un texto "árido" que, además, cae en ciertas reiteraciones. Eso sí, quien se interese en (y guste de) la literatura de dos gigantes como Thomas Bernhard y/o Ingeborg Bachmann lo encontrará recomendable, claro que sí.

sábado, 10 de octubre de 2026

Eileen Chang: Incienso y otros cuentos

Idioma original: Chino

Traducción al castellano: Anne-Hélène Suárez

Año de publicación: 1943-44

Valoración: Está bien


La escritora china Zhang Ai-ling, más conocida por la versión anglosajona de su nombre, Eileen Chang, nació a principios del s. XX en el seno de una familia aristocrática de Shanghái, una ciudad portuaria que por aquella época era de las más modernas de Asia, y en la que el imperialismo británico y las concesiones extranjeras provocaban grandes desigualdades. Chang recibió una educación cosmopolita y bilingüe, pero tuvo una infancia difícil, con un padre violento y adicto al opio. Además le tocó vivir la Segunda Guerra Mundial, y después la revolución comunista, con lo que decidió marcharse. Fue primero a Hong Kong y más tarde a los Estados Unidos, donde pasaría el resto de su vida.

Empezó a escribir estando aún en China, durante la ocupación japonesa, y sus cuentos destilan decadencia, melancolía y pesimismo. Sabiendo en qué contexto pasaron sus primeras décadas de vida, no es de extrañar.

Las historias de Chang hablan de la dificultad de comunicarse y amar en medio de presiones sociales y diferencias de clase. Son historias tristes, sin final feliz. Los ambientes son elegantes, igual que el lenguaje de la autora, pero sus personajes son desdichados, y no tienen expectativas de dejar de serlo. El tono es siempre tenso y desasosegante. Algunos episodios son de una violencia apabullante.

Los relatos están presentados por un narrador que rompe lo que se conoce como “cuarta pared”: nos invita a “escucharle” mientras quema unos granos de incienso, o mientras prepara un té. Los cuentos durarían lo mismo que estas actividades. Este formato nos hace adentrarnos en el mundo de Chang, que convierte así sus historias en confidencias. Pese a esto, no dejan de resultar ajenas. A mí en todo caso me resultó difícil identificarme con el sufrimiento de los personajes de estos cuentos. Quizás sea porque la autora, aunque los trate con compasión, mantiene la distancia. O quizás se deba a mi lejanía de su cultura, porque los sentimientos que describe son sin duda universales, pero la perspectiva no lo es: es una perspectiva extraña, exótica en esencia (y no en forma, como pueda ser a veces la perspectiva que intentan dar los escritores occidentales a sus novelas de ambientación oriental). En este sentido, leer a Chang es una experiencia enriquecedora, aunque a mí me pareciera emocionalmente estéril.

El sabor que dejan estos relatos es amargo. Están muy bien escritos y su lectura es interesante, pero ¡qué desconsuelo!  


Otro libro de Eileen Chang reseñado por ULAD: Un amor que destruye ciudades. 

viernes, 9 de octubre de 2026

Fred Vargas: Une unique lueur (Un único fulgor)

Idioma: francés

Año de publicación: 2026

Valoración: recomendable (sobre todo para fans)

Los seguidores de Fred Vargas (vale, este seguidor que escribe aquí) llevamos recibiendo,en los últimos años, una suerte de ducha escocesa,al menos por lo que respecta a sus novelas del comisario Adamsberg: a una digamos que un tanto decepcionante, Tiempos de hielo (de acuerdo, admito que me dejé llevar por la fe vargasiana y yo mismo le puse un "muy recomendable para fans"... No lo es). le siguió otra que no estaba nada mal o así la recuerdo yo, Cuando sale la reclusa; para acabar, hace tres años, con la más rutinaria Sobre la losa. Este mismo año, por fin doña Frédérique ha publicado una nueva novela y claro, uno la aborda con una mezcla de entusiasmo y prevención, deseando volver a encontrar el original concepto de polar que le entusiasmó en El hombre de los circulos azules o Huye rápido, vete lejos, pero temiendo que se trate de nuevo de más cal que arena... (o viceversa, no sé si es mejor la cal que la arena o qué).

En esta ocasión el comisario Adamsberg deja de trotar por otros rincones del Hexágono y se queda, en principio, en París (aunque también hay viaje sorpresa y no a Nanterre, precisamente, aviso); es más, el caso que le ocupa comienza en pleno centro de la capital francesa, en una calle cercana al boulevard Saint Michel y al jardín de Luxembourg. Allí, una noche, mientras regresa a casa dando un paseo, Adamsberg se acerca un tumulto en el que intervienen sus colegas flics; se ha encontrado, en plena calle el cadáver, aparentemenete incólume, de una joven y bella mujer -lo de bella se repite mucho en la novela, porque tiene su importancia-; aunque a primera vista no lo parezca, se trata de un asesinato, del que decide hacerse cargo nuestro comisario, pues le ha parecido percibir en él quelque chose, sin saber lo que es.

Comienza así la persecución de un asesino  enamoradizo -amoureux désespérément désespéré- que lleva al equipo habitual de la Brigada Criminal del 13e -Danglard, Veyrenc, Voisenet, Retancout, Noël, etc.-, más algún añadido circunstancial, a explorar los vericuetos de la poesía de Nerval, a seguir el brillo de las estrellas  y su leyenda, y, en fin, a perseguir las gaseosas nubes que suele palear su comisario, como es habitual en él, pero quizá aún más en este caso... Curiosamente, quizá sea la novela menos extravagante de las protagonizadas por Adamsberg, más ceñida al clasicismo del polar, si se quiere ver así (teniendo en cuenta que se trata de una variante del género más tendente a la heterodoxia que el noir o el hardboiled americano, creo yo); no hay una apelación a elementos sobrenaturales  ni un excesivo recurso a las casualidades sospechosamente casuales (quien sea lector/a habitual de Fred Vargas ya sabe a qué me refiero). De hecho, se trata de una de las novelas de la saga admasberg donde la rutina del trabajo policial propiamente dicha tiene más peso. Curiosamente, eso no le resta interés a la narración, sino incluso al contrario; las reuniones en la "sala del concilio" se hacen de los más ameno e igualmente las investigaciones siguiendo alguna pista a través de la Red. Aunque claro, Adamsberg no deja de ser Adamsbergy Fred Vargas... pues Fred Vargas (los lectores/as habituales también saben lo que quiero decir).

En fin, una piedra más que recoger del camino que sube a la montaña de este peculiar detective. Y, como dice el refrán, toda piedra hace pared....


Más libros de doña Fred Vargas (todos de Adamsberg) reseñados: aquí