Dios: soy tan poco anglófilo que ni siquiera me gustan los Beatles (ni los Stones). Así que cuando una novela de más de seiscientas páginas* es proclamada como la Gran Novela Londinense, apenas siento una cierta curiosidad. Gran Novela Londinense: o sea, ¿vamos a tener una Gran Novela para cada gentilicio? Pasaremos de la Americana a la Barcelonesa, ¿llegaremos a conocer la Gran Novela de Motilla del Palancar?**
Supongo, para empezar, que ese grandilocuente apelativo requiere que, de alguna manera, una novela sea ambiciosa, sea de amplio espectro, incorpore algún elemento que la permita convertirse en definitoria, al menos, del momento en que transcurre.
Bien, esto Caledonian Road lo cumple. Aunque haya que aportar el matiz de que vivimos en tiempos en que todo sucede muy deprisa, pero al menos nos alcanza la memoria de los grandes trazos que sitúan en contexto la obra, y de algunos, aunque nos suenen lejanos, aún no nos hemos olvidado: Covid, Brexit, Bitcoin, guerra de Ucrania, Epstein files. Sí, desde luego una buena amalgama para empezar. O'Hagan crea una novela coral cuyas piezas empiezan a encajar pronto. Obviamente hay influencias palpables, ese retrato social que muestra las desigualdades dentro de una gran ciudad de Occidente ya lo hizo Tom Wolfe en La hoguera de las vanidades, quizás algo más extremo y sin tantas interacciones como las que O'Hagan nos procura aquí.
Campbell Flynn, un escritor que ha tenido un enorme éxito con un libro sobre Vermeer, ha empezado a acumular deudas, las propias de su excesivo estilo de vida. Conectado con la clase alta británica (que sale muy mal parada, algunos diálogos protagonizados por aristócratas son delirantes, por estúpidos, por hipócritas, o directamente por surgir de un universo paralelo de despilfarro y pedantería), pero Flynn disfruta de influyentes conexiones en el who's who de la ciudad, lo que le permite trazar un extraño plan: publicará, con un torpe joven actor como cara visible que prestará su nombre, un polémico libro de autoayuda. Necesita dinero, necesita no poner su prestigio en tela de juicio, y Elizabeth, su paciente y aristocrática esposa, sin enterarse de nada de lo que ocurre a su alrededor, comprenderá su situación, aunque sea de forma transitoria. Hay muchos personajes aquí: Milo, un alumno suyo muy hábil en la darknet, le sirve de cicerone en las nuevas tecnologías. Moira Flynn, su hermana, es una diputada laborista que intenta mantener una postura ética enmedio de las tormentas que se generan por doquier. No así William Dyre, amigo de la infancia, de alguna escuela y universidad elitista, este ya pringado hasta el tuétano: relacionado con prebostes de la oligocracia rusa residente en Londres, sus tentáculos llegan hasta bien abajo y con muchas sucias raíces: tráfico de inmigrantes, cultivos de marihuana, empresas textiles que explotan sin escrúpulos, Dyre lleva una existencia que combina presencia en selectos actos y amantes jóvenes enganchadas a las drogas. También tiene un hijo, Zak, una especie de eco-yuppie que ha decidido plantar cara a la figura paterna sin renunciar a su privilegiado estilo de vida.
Seiscientas sesenta páginas de constantes cambios de escenario y de, alguna vez, difícil seguimiento de las tramas. Vamos de salones de enormes pisos repletos de caras obras de arte a estrechos apartamentos de inmigrantes polacos obligados a buscarse la vida. Quizás, en ese afán de completar el cuadro, Caledonian Road se acerque algo al registro de un best-seller, pero los retratos de los personajes son claramente literarios, sus trazos son definidos con matices y sus dudas y contradicciones no se esbozan a brochazos. Flynn parece el anti-héroe torturado e inseguro que piensa que su situación se arreglará algún día, de alguna manera. Dyre, el potentado arrogante e inmoral, pagado de sí mismo que sabe que siempre va a contar con una vía de escape. Los jóvenes que aparecen en la novela cubren todas las posibilidades, desde los desgraciados que han estado en el momento inadecuado en el escenario de un crimen o en el interior de un contenedor, hasta aquellos que parecen mantener una postura ética inquebrantable.
Caledonian Road, que toma el nombre de una de esas largas calles que atraviesan la ciudad y en la cual hay enormes desniveles sociales, es una buena novela, quizás la necesidad de O'Hagan de atender tanto personaje y dejar trazos nítidos de cada uno sea lo que justifique su extensión. A lo mejor O'Hagan necesita eso para completar su socavada denuncia de la sociedad british, en la que, aunque haya que recurrir a la traición, cuanto más alto se está en el escalafón social, más segura es la impunidad, sea por los medios que sea que esta se alcance. Es una novela intensa, a veces algo difícil en su seguimiento, pero, sin dudas, brillante e interesante.
*Umbral no escrito que la certifica como tocho
**Sin ofender: broma interna del blog que llevaría varias reseñas adicionales explicar





