lunes, 2 de noviembre de 2026

F. Scott Fitzgerald: El Crack-Up

Idioma original: inglés
Título original: The Crack-Up
Traducción: Albert Pijuan en catalán para Angle Editorial y Mariano Antolín Rato para Capitán Swing
Año de publicación: 1945
Valoración: muy recomendable


Hay ciertas verdades irrefutables. Y considerar a Francis Scott Fitzgerald uno de los grandes representantes de «Los felices años veinte» es una de ellas. Porque más allá de que guste su estilo o no, más allá de la admiración que provoque (o repulsión) el modelo de vida estadounidense de hace un siglo, la verdad es que varios autores supieron captar ese momento y plasmarlo en sus obras. Y, entre ellos, despunta F. Scott Fitzgerald a quien la revista Esquire destacó como el máximo representante de «La Era del Jazz» (o los “roaring twenties”), ese momento en la historia de los Estados Unidos de América en la que, una vez concluida la Primera Guerra Mundial, su dominio y esplendor empezaban a despuntar. Una época de excesos, de orgullo patrio, de efervescencia, del auge del capitalismo y del enriquecimiento y hedonismo en una sociedad que por primera vez se siente potente, orgullosa, crecida, exultante y con una ambición que la llevaba a dilatar la juventud nadando entre alcohol y fiestas, de borracheras alcohólicas y económicas que, de una manera u otra, parecía anticipar lo que vendría: el "Crac del 29".

Esta recopilación de relatos lo componen nueve escritos del autor entre los que se encuentran su tres textos publicados en la revista Esquire escritos pasada la década de los años veinte y que fueron la semilla que empujaron al autor a desnudarse al público ante la nueva realidad; en ellos, se evidenciaba el contraste en el cambio de década tras el «Crac del 29», pues el tono y el estado de ánimo en el que escribió esos artículos mostraba la caída de un sistema que deslumbró a gran parte del mundo. Este recopilatorio incluye, entre otros, esos tres artículos autobiográficos en los que el autor de desnudaba a ojos del público exponiendo sus debilidades, fracasos y decepciones y que, por ello, causaron un impacto por la constatación del declive de un mundo que había dejado de existir. Entre los textos más destacables de este recopilatorio se encuentran aquellos que hacen referencia a la ciudad en los años de bonanza, en la década mágica. Es allí donde Fitzgerald nos retorna a Gatsby, al resplandor de la época donde todo parecía posible y donde los únicos límites que se ponían a la vida eran los marcados por el reloj que acechaba el fin de la noche, con sus fiestas y sus lujos, con sus excesos y su fulgor. El resto de los escritos son a nivel más personal y autobiográfico (un traslado, el insomnio a raíz de un mosquito o del incesante bullicio mental por las preocupaciones o antiguas amistades ya olvidadas). Así que, por la gran variedad de textos y temáticas, centraré la reseña en los que considero mejores.

En el primero de los textos («Ecos de la Era del Jazz», escrito en 1931), y uno de los mejores de esta antología, el autor nos pone en antecedentes sobre la Era del Jazz, de la que habla afirmando que «aquella década, que no encontraba el momento de morir de vieja en la cama y que se lanzó acrobáticamente al vacío el octubre de 1929, comenzó, más o menos, con los alborotos del 1 de mayo de 1919 en Cleveland». El autor afirma, con cierta mirada nostálgica, que «fue una época de milagros, una época artística, una época de excesos y una época llena de sátira»; una época donde el alcohol era escaso por la instauración de la Ley Seca y debían recurrir a bares clandestinos, pero eso no impedía que la gente saliera a disfrutar de la vida y el momento. Aun así, visto unos años después, el autor constata que «la Era del Jazz vivió una juventud desenfadada y una adultez intoxicada», aunque no se lamenta en absoluto de lo vivido, pues bajo el prisma de esas edades donde todo despunta y deslumbra el recuerdo permanece vivo, pues «ahora todo nos parece tan romántico y de color rosa, a nosotros, los que entonces éramos jóvenes, porque nunca más volveremos a sentir con tanta intensidad, todo aquello que teníamos alrededor». Aun y así, cabe decir, que en bastantes de estos textos, se vislumbra cierto tono de pérdida, de lamento, como en «Mi ciudad perdida» (escrito en 1932) donde el autor muestra cierto aire de pesar, de desolación, cuando se marcha de Manhattan con un lamento, con un sentimiento casi lapidario, afirmando sin rubor, pero con pesar, que «así que me despido de mi ciudad perdida. Vista desde el ferry, con la primera luz del alba, y no murmura ninguna historia de éxito fabuloso ni de juventud eterna».

Más allá de los textos más orientados a la Era del Jazz, también el autor lanza interesantes reflexiones sobre la confición humana y el espíritu crítico, como en «Romperse» (escrito en 1936) donde afirma que «la prueba de una inteligencia de primer orden se encuentra en la capacidad de sostener simultáneamente dos ideas opuestas y aún y así continuar funcionando. Todo el mundo debería entender, por ejemplo, que no hay esperanza y, a la vez, tener la determinación posible para cambiar las cosas». Así, el autor hace una férrea defensa de la mirada crítica, no únicamente hacia la sociedad sino también hacia uno mismo, mientras apenas reconoce opciones de futuro sobre un mundo que ha sucumbido pero que, a pesar de ello, merece la pena seguir intentando mejorarlo; avanzar y luchar por un cambio de rumbo. Asimismo, el autor también se desnuda al hablar de la época posterior a su éxito, en la que se aisló hasta el punto de no querer verse con nadie ni mantener ningún contacto; es posible que la fama le pasara cierta factura, pero no se arrepiente de ella sino al contrario, valora el legado que deja como autor, pues «parecía un asunto tan romántico ser un hombre de letras de éxito: nunca serías tan famoso como una estrella de cine, pero la fama conseguida podía perdurar más».

En su vertiente más introspectiva y con mirada más pesimista el autor afirma en «Manipulad con cuidado» (escrito en 1936) que «el estado natural del adulto consciente es una infelicidad cualificada. También pienso que, en un adulto, el deseo de ser mejor que lo que eres, aquel ‘esfuerzo constante’ (…), al fin y al cabo, solo añade más infelicidad a la que ya se tiene por el fin de la juventud y las esperanzas». Es curioso que casi cien años más tarde se reproduzca la misma situación: la esperanza de ser, día sí y día también, “la mejor versión de uno mismo”, con su carga emocional, con su presión añadida, con unas expectativas que, en cierta medida pueden suponer un estímulo, pero que en exceso pueden llevarnos a la decepción. 

Quizá de la misma manera que los excesos de la Era del Jazz la llevaron a una crisis, el autor intenta ponernos también en alerta ante los augurios de nuevas eras que parecen resplandecer bajo luces, espejos y moderneces, pero que en el fondo, cuando la realidad explota cual burbuja, las estrellas se apagan y los ánimos decaen como esas notas finales de una canción que suena ya débil, cuando la fiesta ha terminado, el murmullo de la gente se desvanece y solo quedan las bebidas abandonadas a medio consumir y los escombros que nadie quiere barrer. Esos momentos finales en los que ya solo queda apagar la luz y cerrar la puerta al pasado, a lo que fue, pero también a lo que pudo haber sido.

domingo, 1 de noviembre de 2026

Wu Ming-yi: La bicicleta robada

Idioma original: Chino

Título original: 單車失竊記

Traducción: Amelia Pérez Domínguez

Año de publicación: 2015

Valoración: Muy recomendable

Cuando viajo a otra ciudad, suelo hacer dos cosas (además de las típicas actividades de turista) con la intención de conocer un poco mejor el lugar: salir a correr por sus calles y leer a un escritor local. Menciono esto último porque este es un blog de literatura, pero lo primero también tiene una relación bastante directa con la historia del libro que nos ocupa.

Hace unos meses hice un viaje corto a Taiwán, específicamente a Taipéi. Antes de viajar, hice una búsqueda bastante superficial en Google para encontrar algún escritor taiwanés que pudiera acompañarme durante mi estancia. Wu Ming-yi aparecía constantemente entre los primeros nombres de las listas, así que, sin investigar demasiado, decidí darle una oportunidad a La bicicleta robada.

La novela cuenta la historia de Cheng, un escritor que se embarca en una aventura casi quijotesca con la esperanza de averiguar qué ocurrió con su padre, quien desapareció muchos años atrás. La única pista, si es que puede llamarse así, es que su bicicleta también desapareció. En otras circunstancias, uno podría haber supuesto que el padre se fue por cigarros. Sin embargo, en un país como Taiwán, cuya historia durante buena parte del siglo XX estuvo marcada por la ocupación japonesa, la guerra, la represión política y las desapariciones, la ausencia inexplicable de una persona ofrece posibilidades bastante más inquietantes para la imaginación.

Así comienza una búsqueda que nos conduce por los caminos secundarios de la memoria, de Cheng y de todos aquellos con los que se cruza: veteranos de guerra, coleccionistas de bicicletas, artesanas que usan cadáveres de mariposas como óleo, encargados de zoológicos, etc.

Todas esas historias, que tienen en común la mancha imborrable de la guerra y la violencia, además de sostenerse por sí solas, contribuyen a enriquecer la visión global de ese colorido territorio resguardado por la memoria de Chiang Kai-shek.

Como sugiere el título de la novela, y retomando mi introducción, las bicicletas son un tema recurrente. De ser un artículo de lujo, pasando por su uso como vehículo de guerra, hasta convertirse en el medio de transporte preferido de la clase trabajadora, hoy se han vuelto, en esa pequeña isla, objetos de colección. Durante mis recorridos a pie por las calles de Taipéi, pude comprobar que las bicicletas han cedido buena parte de su lugar a sus parientes motorizadas. Las calles están atestadas de motos y motonetas que, desde mi punto de vista, no tienen ni de lejos el encanto del viejo velocípedo. ¡Qué tiempos aquellos! 

sábado, 31 de octubre de 2026

Biblio-Necrophiliac Quiz 2026: Sic transit gloria mundi

Como la pelagra o las purgaciones, vuelve un año más, en tan señalada fecha, el Biblio-Necrophiliac Quiz, el examen ameno juego que busca entretener y, de paso, ayudarnos a conocer cuán bibliófilos y, sobre todo, necrófilos somos (bueno, ejem, ya me entendéis: en el buen sentido del término... si es que lo hay). En esta ocasión nos acogemos a la aquiescencia, a la mirada siempre benévola, por no decir bonachona, del señor que tenemos aquí al lado, ornado con un libro tentacular (¿quizás el Necronomicón, quizás un recetario de gastronomía gallega?), el Padre del Horror Cósmico, el Ermitaño de Providence, el Escritor Cuyos Derechos Caducaron Hace La Tira y Por Eso Se Puede Vender Merchandising Sin Pagar Ni Un Euro... ¡H.P., bendícenos en esta aventura del saber que vamos a iniciar de inmediato e inspíranos para obtener un resultado digno del letraherido más friki! Sector fantasía y terror, en este caso, así que doblemente frikis...
Invocando, pues, a Cthulhu y atándonos bien los machos, vamos allá... Preparados... listos...¡Ya!

1- Comencemos, pues, por el mismísimo señor Ermitaño, contra el mundo, contra la vida, etc. En fin, contra el mundo o no, ¿qué es lo que pone (no necesariamente en inglés) en la lápida de su "no-tumba" (porque, en realidad, sus restos descansan en el cercano panteón familiar), que tantos de sus fans visitan enfervorizados?

a) La Muerte es sólo el comienzo. Volveré.
b) Yo soy Providence.
c) Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fhtagn.
d) ¿Qué está haciendo aquí ese negro? ¡Que lo echen ahora mismo!

2- Amiguete por correspondencia de Lovecraft era el no menos incel huraño Robert E. Howard, creador de Conan el Cimerio, de Red Sonya y de Solomon Kane, entre otros personajes. Howard, a quien Lovecraft apelaba "Two-guns Bob" (se entiende que porque llevaba dos pistolas... o quizá sólo una, como "Corky" Corcoran), se suicidó a los treinta años disparándose, precisamente,  con un Colt calibre 38 cuando su madre entró en coma irreversible en 1938. Ahora bien, ¿dónde efectuó Howard ese último acto autolesivo?

a) En la habitación del hospital donde agonizaba su madre.
b) En el porche de la casa familiar de Cross Plains (Texas), después de pimplarse una botella de Jack Daniels.
c) En el asiento delantero de su Chevrolet sedan del 31.
d) Ante la tumba que había reservado para su progenitora y que, unos días después, les acogería a ambos.

3- Otro escritor que tuvo cierta relación con Lovecraft, si bien indirecta, fue el británico William Hope Hogdson, cultivador del concepto de "horror cósmico" antes que el de Providence, en quien influyó (además, tuvo una célebre confrontación con el escapista Harry Houdini, de quien Lovecraft fue "negro literario"... bueno, en su caso negro, no; mejor ghost writer). Hogdson, después de una vida digamos que versátil, pues fue marinero en su juventud, culturista y dueño de un gimnasio, para acabar escribiendo relatos de horror, murió en 1918 de una forma no menos peculiar, aunque no tanto teniendo en cuenta la época de la que hablamos.

a) Falleció por culpa del primer brote de la gripe española que llegó a Europa.
b) Le hizo fosfatina un obús en la batalla de Ypres, en Bélgica.
c) Se ahogó en el Atlántico norte, por culpa de un torpedo alemán, mientras servía como suboficial en la Armada británica.
d) Le atropelló, mientras se encontraba de permiso en París, un taxi Renault de 8CV,  sin duda uno de los que habían llevado a las tropas francesas a la batalla del Marne, cuatro años antes.

4- Por acabar ya de hablar de escritores "lovecraftianos", el autor de novelas y relatos de horror y ciencia-ficción Robert Bloch falleció en Los Ángeles en 1994 y fue enterrado en el célebre cementerio Westwood Village Memorial Park, donde descansan también los restos de multitud de actores y actrices, cantantes y directores de cine. Pero, además, se encuentra allí otro escritor de los mismos géneros que Bloch, con lo que es de esperar que sus espíritus mantendrán alguna que otra charla cuando salgan a pasear de noche. Se trata de... 

b) Peter Straub

5- De entre todas las muertes de escritores de este género quizá la más misteriosa sea la de, nada menos, Edgar Allan Poe, fallecido el 7 de octubre de 1849 en hospital de la Universidad Washington, en Baltimore, tras haber sido recogido en la calle, frente a una taberna,  cuatro días antes, delirando y vestido con unas ropas que no eran las suyas y tal vez (este punto no está claro) en un grave estado de intoxicación. Él mismo no pudo aclarar la causa de encontrarse en este estado, por lo que han surgido multitud de teorías, entre ellas la siguiente: 


a) Trabó amistad con un marinero que había traído de Sudamérica una botella con ayahuasca y Poe se la bebió pensando que era absenta.
b) Murió a causa de la maldición que le había lanzado un hechicero melanesio, molesto por la visión que el escritor daba de su pueblo en Las aventuras de Arthur Gordon Pym.
c) Puesto que apareció un día de elecciones a sheriff, fue víctima del cooping, práctica electoral estadounidense que consistía en agarrar a un pobre diablo por la calle, emborracharlo o drogarlo y luego, vestido con diferentes atuendos, hacerle votar en distintos colegios electorales.
d) Caminaba tan tranquilo el infeliz Poe cuando vio un cuervo abalanzarse sobre él. Sobresaltado, retrocedió, con tan mala suerte que se tropezó con un gato negro que pasaba por detrás y en su trastabillar fue a caer a un pozo. Cuando consiguió salir de allí, magullado y aturdido, encaminó sus pasos, sin saber lo que hacía hacía el cercano Zoo de Baltimore, donde, no sé sabe cómo, acabó junto a la jaula de un orangután de Borneo, que sacó sus enormes y peludos razos a través de los barrotes y golpeó contra ellos la cabeza del escritor, que ya se quedó turulato del todo.

6- Remitiéndonos a otra autora clásica del género, hablemos de Ann Radcliffe, pionera de la literatura gótica (la original), en el siglo XVIII. Aparte de su obra, su influencia en multitud de autores posteriores (entre ellos, el propio Poe) y de su sepultura en la londinense iglesia de St, George, ¿por qué otro motivo se recuerda hoy en día a esta dama del terror?

a) Porque su fantasma se aparece cada 7 de febrero, aniversario de su muerte, se da una vuelta por Hannover Square, donde se encuentra la iglesia citada, y se vuelve otra vez para dentro.
b) Porque cada año se celebra una representación teatral basada en su novela Los misterios de Udolfo en el castillo italiano del mismo nombre, donde han actuado grandes nombres de la escena y la cinematografía británica.
c) Porque Jane Austen la plagió descaradamente en su novela La abadía de Northanger, lo que motivó una demanda judicial por parte de los herederos de Ann Radcliffe que se prolongó hasta el fallecimiento de Austen y más allá.
d) Porque es el personaje protagonista de la muy divertida novela del folletinista francés Paul Féval La ciudad vampira, cuyo título ya lo dice todo.

7- Hablando de vampiros y demandas sobre derechos de autor, sabido es que a la muerte de Bram Stoker, su viuda Florence se dedicó a perseguir con ahínco a todo aquel que utilizara la obra de su marido de forma ilícita (es decir, Drácula, pues no sé si alguien se aprovechó de La guarida del gusano blanco, por ejemplo), lo cual casi tuvo como resultado la pérdida para la posteridad de la película Nosferatu de F. W. Murnau. ¿Qué represalia sufrió este director, a posteriori, quizá por cuenta de algún fan del Drácula original (o de un locatis sin más, vete a saber...)?

a) Alguien robó su cráneo de su tumba en el cementerio de Stahnsdorf, cerca de Berlín, y aún no ha sido recuperado.
b) A los dos dias de ser enterrado, alguien abrió el féretro, le clavó una estaca en el corazón y le cortó los pies, como se solía hacer con los vampiros (aunque no la cabeza, puesto que, precisamente, Murnau murió decapitado en un accidente de coche).
c) Alguien le esperó a la salida del estreno de Nosferatu y le arrojó un frasco con ácido a la cara, de tal manera que, en vez de darle a Murnau, acertó en el rostro del actor Max Schreck, ya bastante feo de por sí.
d) Durante la "Noche de los Cristales Rotos" los nazis quemaron la fábrica de su familia, los Plumpe (tal era su verdadero apellido), en Bielefeld, pues tenían a Murnau por judío (no lo era) y homosexual (eso sí).



8- Otro escritor "gótico", el inglés Matthew Lewis, autor de la novela El monje, falleció en 1818, en pleno Océano Atlántico, cuando regresaba de visitar sus posesiones heredadas en la isla de Jamaica. Muy bien (o muy mal)... pero, ¿cuál fue la causa de su muerte?

a) La maldición que le echó la malhadada Annie Palmer, "La Bruja Blanca de Rose Hall", en Montego Bay, despechada porque Lewis no quiso hacerle su amante.
b) El asalto a su barco de los piratas fantasmas de la ciudad sumergida de Port Royal (igual esto os suena de alguna película), que solían asustar así a los navegantes,en plan de broma, pero que a Lewis le provocaron un ataque al corazón.
c) Un huracán de fuerza 4 ó 5 (según la escala de Saffir-Simpson) que desarboló el barco, con tan mala fortuna que la cofa del trinquete fue a caer sobre el infortunado Matthew Lewis, con fatales consecuencias.
d) Nada tan espectacular: la fiebre amarilla que contrajo en la isla.

9- Un cierto número de escritoras, también algunas cultivadoras o vinculadas al género de terror, se han quitado la vida, desgraciadamente... Sin embargo, ¿cuál de estas cuatro señoras literatas no se suicidó (o, en todo caso, a cámara lenta), pese a haber muerto a la demasiado temprana edad de 48 años? (Amigues millenials que sonreís: ya veréis cómo pronto llegáis a esa edad y también os parecerá temprana):

a) Shirley Jackson


10- El escritor (entre muchas otras cosas) Koizumi Yokumo, autor de la recopilación  de historias de fantasmas Kwaidan: Relatos y estudios de cosas extrañas está enterrado en el cementerio de Zōshigaya de Tokio, ciudad donde falleció tras una vida muy alejada de lo convencional. Ahora bien, ¿ cual era el verdadero nombre y origen de este autor?

a) Joseph Aloysius Monk, autor británico nacido en la India.
b) Guillaume (antes Guglielmo) Roma-Termini, francés de origen italiano.
c) Patrick Lafcadio Hearn, greco-irlandés afincado en EE.UU.
d) Antoine van der Brugge-La Galére, canadiense de Québec de origen belga.



PLENO AL ONCE:

11- Si habéis llegado hasta aquí y con algún convencimiento, además, de haber acertado las respuestas anteriores, tal vez os atreváis con una última pregunta que redondee vuestro resultado. Así pues, ahí va: "escritores fantasma" ha habido y hay muchos (quizás ahora, con la IA, haya bajado su número), pero también escritores que, tras su fallecimiento, se han convertido en fantasmas. ¿Quién de los siguientes se dice, se cuenta, se rumorea, que su espíritu se aparece de vez en cuando en el lugar de su muerte o su sepultura?

d) Todos ellos, además de Poe, Dickens, Virginia Woolf...









 RESPUESTAS CORRECTAS:

1- B; 2- C; 3- B; 4- D; 5- C; 6- D; 7- A; 8- D; 9- A; 10- C; 11- D; 

-Entre 0 y 3 aciertos: Bueno, mejor deja esto de la biblionecrofilia y sé feliz. Disfrázate de Donald Trump o de Milei y sal a pedir caramelos, que te irá mejor...
-Entre 4 y 7 aciertos: Bastante bien, aunque tú y yo sabemos que has acertado la mitad de chiripa, ¿a que sí? Para ponerte al día, este fin de semana te vas a leer los cuentos de El umbral de la noche de Stephen King y luego ya hablaremos.
-Entre 8 y 10 aciertos: Muy bien, eres un necrofílico/a excelente (perdón, biblionecrofílico... en que estaría yo pensando). Supongo que tendrás la casa decorada con fotos de tumbas pintorescas, carteles de películas de slasher, funkos de Drácula, Freddy Kruger, Díaz Ayuso... y demás chorradas parafernalia de terror. Pues sí que le vas a dejar buena herencia a tus hijos, la verdad....
-11 aciertos: La misma recomendación que en todos los Biblio-Necrophiliac Quiz: vete al psiquiatra, por favor. Cuanto antes...


viernes, 30 de octubre de 2026

2*1: Buen chico de Neil McRobert y La madriguera de Melanie Cheng

Analizamos hoy las dos últimas novedades de Muñeca Infinita, dos novelas que parten de una premisa más o menos similar, pero que tienen desarrollos opuestos. Y es que ambos libros parten de una pérdida (en forma de muerte o desaparición) para adentrarse en géneros, estilos y miradas diferentes. Así, Buen chico, del británico Neil McRobert toma una vía aparentemente más ligada al género fantástico o al terror, mientras que La madriguera, de la australiana Melanie Cheng, toma un camino mucho más intimista y psicológico. Eso sí, ambos con resultados satisfactorios.

Idioma original: Inglés 
Título original: Good boy
Año de publicación: 2025
Traducción: Ignacio Gómez Calvo
Valoración: Bastante recomendable

En el caso de Buen chico, la novela arranca con la desaparición de un niño de 10-12 años y la imagen de un hombre cavando una tumba en ese mismo lugar. Esto puede hacer creer que estamos ante una novela de misterio, sensación que podría acrecentarse (y llevarnos incluso al terreno del terror) si dijéramos que ese lugar esta ligado a persistentes rumores sobre desapariciones misteriosas y extraños encuentros con seres de leyenda. Pero la novela no va, o al menos no va solo, de esto.

De hecho, podríamos decir que el texto no habla tanto del mal como de hacer el bien o de vidas dedicadas a prevenir el mal, de empatía y solidaridad, del destino, de encrucijadas en el camino de la vida, de prejuicios y habladurías. En este sentido, y aunque han pasado un montón de años desde que vi la película, Buen chico me recuerda a un Big fish oscuro y con un trasfondo político, por aquello de de hacer frente a lo terrible desde la empatía y la solidaridad.

Sea como fuere, Neil Mc Robert logra ensamblar las dos caras que tiene la novela, la terrorífico-fantástica y la tierna-conmovedora, sin que el conjunto salte por los aires. La atmósfera y la ambientación de cuento casi gótico nos llevan a clásicos del género, mientras que los diálogos entre los dos protagonistas y las historias insertas en las confesiones de uno de ellos mantiene la tensión y emocionan al mismo tiempo.

Pasados unos días de la lectura de la novela y de la escritura de los primeros párrafos de la reseña, me viene a la cabeza la idea de una posible adaptación al cine o a la TV de Buen chico. Su estructura (una conversación en plena noche entre Jim y Margie con varios viajes al pasado), unida al potencial visual del lado fantástico y al potencial emocional de la vida de Jim, bien daría para una buena película o serie. No sé si alguien se lo habrá planteado, la verdad.


Idioma original:
Inglés
Título original: The burrow
Año de publicación: 2025
Traducción: Vanesa García Cazorla
Valoración: Recomendable

Por su parte, el lugar central de La madriguera es ocupado por la muerte de Ruby, la hija de 6 meses de Amy y Jin. Han pasado 4 años desde el trágico accidente que causó el fallecimiento de la pequeña de dos hermanas, pero las heridas siguen abiertas, el "agujero" sigue sin taparse y la culpa y los reproches siguen supurando.

Dos elementos extraños que aparecen en pleno contexto del aislamiento derivado de la pandemia romperán esa burbuja en Amy, Jin y Lucie siguen aislados, en la que semejan astronautas solos girando en el espacio, moscas que se golpean sin parar contra el cristal: un conejo y Pauline, madre de Amy. Serán estos tres elementos, en mayor o menor medida, quienes hagan que se rompa el estancamiento (¿o debería decir encantamiento?), que comience una reconstrucción nada sencilla.

Es, por tanto, una novela introspectiva en la que el aspecto psicológico y relacional es clave. Las relaciones entre los 5, incluyendo al conejo, son los hilos sobre los que se construye una novela que, a nivel estructural, se divide en breves capítulos en los que el narrador (siempre en tercera persona) pone el foco en uno de los protagonistas. En este sentido, creo que los principales aspectos a destacar de La madriguera se vinculan a esas relaciones. Serían, especialmente, la rama femenina de la familia y las relaciones de amor, odio, culpa y reproches que se establecen entre ellas y la contención de la que hace gala la autora a la hora de establecer esas relaciones.

En el lado menos positivo, creo que el personaje masculino (Jin) es algo más plano que el resto, que no está tan a la altura de las mujeres de la novela. Además, me hubiese gustado algo más de riesgo en lo formal, que la autora arriesgara con la primera persona.

En cualquier caso, con sus diferencias y semejanza, con sus virtudes y "debilidades", Buen chico y La madriguera son dos novelas recomendables y disfrutables. 

jueves, 29 de octubre de 2026

Giovanni Verga: Cartas de una novicia

Idioma original: Italiano
Título original: Storia di una capinera
Traducción: Elda Gómez Palmeiro
Año de publicación: 1870
Valoración: Está muy bien 


Giovanni Verga es uno de los autores italianos más influyentes de su país, pero por algún motivo no es muy conocido fuera de él, al menos no tanto como otros. Curioso, porque no cabe duda de que Verga es un grandísimo escritor, como queda demostrado en esta pequeña novela epistolar que es Cartas de una novicia. 

Al parecer la novela está inspirada en un episodio real de la vida del autor, que se enamoró en su juventud de una muchacha destinada a convertirse en monja. Pero está contada desde el punto de vista de la chica, una pobre novicia que le escribe regularmente a una amiga del convento durante su estancia con su familia en una aldea rural, a donde la llevan para evitar una epidemia de cólera que está asolando la ciudad. En esa estancia la protagonista vivirá en contacto con la naturaleza, conocerá la libertad y descubrirá su capacidad de amar. Después de esto, volver a la reclusión monacal le resultará muy duro, tanto que entra en una grave depresión y acaba muriendo en la enloquecedora soledad de su celda. (Aclaro que esto no es ningún spoiler: en el preámbulo de la novela, el autor explica su título, que en italiano hace referencia a un pájaro, la curruca, y nos adelanta que la protagonista muere enjaulada igual que ésa; al contrario que el pájaro de Maya Angelou, esta curruca no consigue superar la pena de una vida oprimida).

Las Cartas de una novicia son desgarradoras. Giovanni Verga consigue meterse en la mente de la joven y nos transmite vívidamente sus pensamientos, que al principio desbordan alegría, pero luego pasan a ser oscuros, dramáticos, patéticos. Aunque se considera al autor como uno de los principales exponentes de la corriente literaria italiana del verismo, esta novela es más bien romántica. Tiene puntos realistas, sobre todo en su crítica a la rígida sociedad de la Sicilia borbónica de la época, pero el apasionado despliegue de sentimientos íntimos de que hace gala la aleja de ese estilo, que se caracteriza entre otras cosas por la distancia que toma el narrador respecto a lo narrado. 
 
El libro se lee rápida y ávidamente, sobre todo los dos primeros tercios. La última parte se hace un poco pesada: la protagonista va cayendo en un abismo de desesperación que roza la locura y sus cartas se vuelven repetitivas. Con todo, en conjunto es una novela muy buena, en mi opinión.

La historia ha sido llevada al cine en varias ocasiones, la última por el polémico Franco Zefirelli. No he visto ninguna de esas películas, pero dudo que consigan alcanzar la profundidad psicológica de la obra escrita. En todo caso, con lo que se tarda en leerla, casi mejor ir directamente a la novela, que está muy bien. 
 

miércoles, 28 de octubre de 2026

Manuel Vázquez Montalbán: Los alegres muchachos de Atzavara

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1987

Valoración: Entre Recomendable y Está bien


Queda uno impresionado echando un vistazo a la larga bibliografía de Manuel Vázquez Montalbán, buena parte de ella perteneciente a la serie del detective Carvalho, pero también poesía, narrativa y un número no despreciable de ensayos. Pues bien, confieso que hasta ahora no había leído nada de autor tan popular, y me decido, más bien al azar, a probar con esta novela, ajena a su ciclo más conocido, en la que sospecho que podemos encontrar a un escritor digamos más libre, puede que más arriesgado.

Se sitúa Montalbán en 1974, un año antes de la muerte de Franco, en una muy pequeña población cercana a la costa catalana, donde un puñado de gente procedente de Barcelona ha instaurado una especie de peculiar comunidad, tras haber restaurado viejas casas rurales, algo más bien infrecuente en la época. Los nuevos veraneantes son sobre todo profesionales, intelectuales o pequeños empresarios, ciudadanos modernos de posición acomodada y hábitos liberales, que organizan saraos donde reúnen una pequeña corte de amistades, a poder ser moderadamente extravagantes, que den color y picante a las reuniones. Corre con poca mesura el alcohol, y el sexo revolotea con insistencia, casi siempre en modo amago, de cuando en cuando traspasando esa barrera.

El retrato de los personajes es fino y agudo, utilizando perspectivas múltiples. Es la pequeña burguesía catalana, acomodaticia, que prosperó con Franco y que, cuando se avistaba ya la puerta de salida de la dictadura, abrazó anhelos democráticos y un nacionalismo hasta entonces invisible, quizá larvado. Gente moderna y deseosa de exhibir su cosmopolitismo y desenvoltura de costumbres, se entregan a la diversión, el escarceo y cierto exhibicionismo. Somos modernos y desprejuiciados-desinhibidos, somos guays y competimos en ingenio, en ocurrencias o en distintos grados de osadía.

El sexo tiene importancia fundamental a todos los niveles y en diversas variantes: la homosexualidad adquiere protagonismo fundamental en la peculiar comunidad, y el autor se permite hasta una incursión en el mundo trans que, no obstante dar la impresión de postizo algo extraño, resulta notable para la época. Pero lo que realmente llama la atención es contemplar el abismo que el tratamiento que la diversidad sexual ha experimentado en estas cuatro décadas. La homosexualidad, viene a desprenderse del texto, no es simplemente una opción en la esfera de la libertad individual, sino una especie de variante del vicio, frontera con la frivolidad, propia de gentes promiscuas y personalidades frágiles, volubles y un punto insolentes. La caricatura que la literatura y sobre todo el cine nos vendió apenas se abrió un poco la censura de la época.

A veces no es fácil distinguir la opinión del autor de la de sus personajes, como en este blog hemos tenido ocasión de comprobar. Por eso no me atrevo a atribuir a Vázquez Montalbán, un tipo que tengo por progresista, ese punto de vista algo receloso y burlón que domina cuando la acción se centra en al mundo gay, digamos que al menos en parte puede ser la voz del personaje y no la del autor. Tengo mis dudas, y aun así el relato tiene en este punto un aire reaccionario que es imposible desconocer. Claro, hablamos de un libro escrito hace casi cuarenta años, y hay que asumir que la percepción de las cosas cambia con el mundo, a veces también a mejor y que, una vez más, no es procedente juzgar con criterios actuales cosas escritas en otras épocas, como en este caso no demasiado lejanas en el tiempo pero sí en lo que se refiere a algunas cuestiones.

Ciñéndonos a la novela como tal, puedo decir que resulta disfrutable, es un placer asistir a la agudeza con la que Montalbán disecciona a sus personajes, con una carga de ironía importante aunque siempre medida, y tiene golpes realmente brillantes que le sacan a uno la sonrisa, puede que incluso la carcajada. Como dibujo de colectivo de la época me parece también sobresaliente, y tal vez se le puede achacar que se quede solo en eso, un retrato de cierta generación y cierto segmento social, sin llegar a construir un hilo narrativo definido. Intuyo que no es este uno de los defectos habituales del autor, quizá en esta ocasión decidió centrarse en un aspecto concreto y descuidó un desarrollo un poco más trabajado. Pero hay veces en que todo no puede ser.

También de Manuel Vázquez Montalbán reseñado en ULAD: O César o nada, Autobiografía del general Franco, Galíndez

martes, 27 de octubre de 2026

Samantha Harvey: Orbital


Idioma original:
inglés

Título original: Orbital

Año de publicación: 2025

Traducción: Albert Fuentes

Valoración: recomendable

Orbital es, desde luego, una novela original en su estructura. Como una especie de bitácora a doce manos, la de seis astronautas que orbitan a lo largo de un día metidos en el reducido espacio de una Estación Espacial Internacional. Dos mujeres y cuatro hombres de distintos orígenes y condiciones, todos ellos reputados profesionales que se encuentran ahí a caballo entre su vocación y la función que se les ha asignado, la mayoría de perfil cientifico. Dieciséis capítulos, cada uno correspondiente a sendos recorridos completos alrededor de la Tierra que la Estación, a 25.000 km/h, traza a lo largo de veinticuatro horas, de forma continuada a lo largo de meses y años. Cada uno de los seis, si bien el protagonismo está desigualmente repartido, metidos en sus quehaceres y en sus reflexiones sobre su presencia ahí, los hogares que han dejado atrás mientras cumplen su misión, las circunstancias de cada uno, los recuerdos que acuden a sus mentes, algunos de ellos asidos a los escasos objetos personales que les ha sido permitido llevar a bordo.

Obviamente esta no es una novela de ciencia-ficción. Sus personajes son posibles y no hay un atisbo de trama que pueda sugerir conflicto, problema de convivencia, ni tan siquiera se sugiere nada que pueda parecer remotamente carnal. No existe una trama en sí salvo asistir a esa rutina, los sucesivos recorridos en que la nave atraviesa dieciséis zonas barridas por la luz solar, dieciséis zonas en sombra. A Harvey (que agradece a las agencias espaciales su transparencia informativa) se le escapa cierta trascendencia de aires new age cuando acomete la descripción de todos los itinerarios de cada una de las órbitas, y en algún párrafo la relación de países, accidentes geográficos, sitios que sobrevuelan, puede resultar algo indigesta o reiterativa. Ya sabemos que es difícil no quedarse fascinado mirando el planeta desde una ventanilla privilegiada a cuatrocientos kilómetros de altura. Ya intuímos que esos seis astronautas tienen cada uno una historia propia de brillantez y superación que los ha llevado a esa misión, elegidos (como en el clásico de Tom Wolfe) en función de su idoneidad para aquello que les ha sido encomendado. Pero demasiadas veces esa descripción de paisajes, de islas, de tifones que sobrevuelan los océanos, parece erigirse en el nudo argumental del libro. Quizás de forma premeditada, no hay por qué negarlo, las problemáticas de los habitantes de la estación, sus experiencias físicas con la gravedad, con las limitaciones del espacio reducido, con la logística propia de la situación, quedan en un segundo plano, se nos muestran como algo circunstancial y poco trascendente frente al imponente escenario, el interno y el externo, en que se desarrolla la novela.