lunes, 6 de abril de 2026

Joyce Carol Oates:A media luz

Idioma originalInglés

Título original: Middle Age: A Romance

Traducción: Carme Camps Monfa

Año de publicación: 2001

Valoración: Recomendable

Desde la posición privilegiada del hombre del futuro, me resulta fácil mirar con cierta condescendencia los conflictos que desgarraban a los adultos al entrar en la mediana edad a finales del siglo XX. Hoy, muchas de aquellas crisis sentimentales: los adulterios, los divorcios, la devastación doméstica, la sensación de fracaso asociada a la ruptura matrimonial; parecen menos tragedias excepcionales que estaciones previsibles dentro de la vida familiar. En una sociedad como la nuestra, donde el divorcio ha dejado de ser un estigma para convertirse casi en una etapa más del recorrido conyugal, cuesta comprender del todo la intensidad moral, social e incluso metafísica que estos hechos tuvieron para generaciones anteriores. Hasta el trauma de los hijos de padres separados, otrora presentado como una herida irreparable, parece haberse normalizado al grado de perder su antiguo carácter de catástrofe.

De ese mundo de Boomers y GenXes trata A media luz: del amor y del desgaste del amor; de hombres y mujeres que se acercan no solo a la vejez, sino también a la dolorosa conciencia de que gran parte de su vida ya ha sido decidida. Joyce Carol Oates se interna en ese territorio de matrimonios erosionados, lealtades agotadas, deseos tardíos y rencores sedimentados para retratar una sociedad puritana e hipócrita, sí, pero también profundamente vulnerable. Sus personajes, aun atrapados en códigos morales asfixiantes y en una teatralidad sentimental a veces exasperante, a pesar de comportarse por momentos como simples caricaturas del autoengaño burgués, también son seres que, aferrados a los pocos restos de felicidad que todavía creen posibles, conservan de vez en cuando un destello de bondad, una lucidez fugaz, una forma menor pero genuina de compasión.

Una de las virtudes de la novela es que Oates no se limita a exhibir las miserias de ese mundo: las comprende. No absuelve a sus criaturas, pero tampoco las condena del todo. Las observa con una mezcla muy particular de ironía, distancia clínica y piedad. En sus manos, la mediana edad no aparece como una etapa de madurez serena, sino como una zona de descomposición silenciosa. Los personajes descubren que no han llegado a ser quienes imaginaron; que el amor, lejos de redimir, suele humillar; y que el paso del tiempo no necesariamente trae sabiduría, sino más bien una forma refinada de desencanto.

En ese sentido, A media luz pertenece a una tradición muy reconocible de la novela norteamericana interesada en las fracturas de la vida privada, en el tedio de la prosperidad y en la violencia sorda que habita bajo la respetabilidad de la clase media (un libro perfecto para un club de lectura de señoras). Pero Oates aporta algo más: una sensibilidad casi cruel para registrar la humillación íntima. Sus personajes no solo sufren; se observan sufrir, se justifican, se mienten, se espían a sí mismos con un narcisismo doloroso.

También hay algo profundamente revelador en la forma en que la novela muestra el matrimonio no como culminación romántica, sino como una estructura social fatigada, una institución sostenida muchas veces por la costumbre, el miedo, la conveniencia o la incapacidad de imaginar otra vida. Leída hoy, cuando muchas de esas certezas ya han sido erosionadas, la novela adquiere incluso un interés histórico: permite asomarse a un momento en que la descomposición del ideal conyugal todavía conservaba la gravedad de un derrumbe moral. Lo que en nuestro presente puede parecer un conflicto ordinario, ahí se vive como una crisis del sentido mismo de la existencia.

Sin embargo, reducir la novela a un documento sociológico sería injusto. Su fuerza está menos en lo que dice sobre el matrimonio estadounidense de una época que en la manera en que capta un malestar persistente y difícil de erradicar: el miedo a haber desperdiciado la vida, a haber amado mal, a llegar demasiado tarde a uno mismo. Pero no se preocupen, aunque no lo crean, el libro tiene un final feliz, conmovedor, dejando atrás todo rastro de cinismo. Oates es compasiva con sus criaturas.

Otras obras de Joyce Carol Oates en ULAD aquí

domingo, 5 de abril de 2026

Parinoush Saniee: El libro de mi destino

Idioma original: Inglés
Título original: Sahme man
Año de publicación: 2004
Traducción: Gemma Rovira Ortega
Valoración: Recomendable

Ha tenido que llegar el putonazi de Trump y bombardear Teherán y han tenido que pasar unos cuantos años para que nos animemos a reseñar otro libro de una autora iraní. Lo hacemos con este El libro de mi destino, el cual tiene, con sus virtudes y sus defectos, todos los ingredientes para haberse convertido en un longseller.

Hablando de actualidad, y aunque sea en otro nivel, me vienen a la cabeza unas declaraciones de Silvia Abril en la gala de los premios Goya. Decía algo así como que ella hubiese preferido que el premio a mejor película fuese para Sorda porque le parecía una película más necesaria que Los domingos (además de alguna que otra chorrada sobre esta última). Sin menospreciar el valor testimonial, de denuncia o reivindicación que pueda tener una obra, creo, más bien, que los premios artísticos han de premiar el valor artístico de estas. De lo contrario, corremos el riesgo de que los premios se conviertan en otra cosa.

Cuento todo esto porque en el caso de El libro de mi destino hemos de diferenciar entre la valoración que merece su parte "testimonial, de denuncia o reivindicativa" y la que otorgamos a su parte "artística".  

Por el lado de "allá", diría que se trata de una obra imprescindible pues pone sobre la mesa la situación de la mujer en Irán en la segunda mitad del siglo XX (sí, por allí ya andaban jodiendo los putosnazis de los ayatolás), a través de la vida de Masumeh y de una historia de independencia y dignidad. Sometida a diferentes violencias, ya sean físicas o no, la de Masumeh es una historia demoledora en la que la intolerancia, el miedo y la culpa ocupan un lugar fundamental.

Por el lado "artístico"·, en cambio, la valoración debemos rebajarla hasta un menos entusiasta "recomendable". Y es que aunque la novela tiene evidentes virtudes, también se ve lastrada por una serie de defectos, en mi opinión, bastante evidentes.

Entre las virtudes de El libro de mi destino, cabe citar:

  • su vertiente novela de formación / iniciación. Los dos primeros tercios de la novela se centran en la Masumeh adolescente y "joven" y en cómo esta se ve afectada por una serie de condicionantes (sexuales, sociales, religiosos, políticos, etc)  que determinarán su vida. En este sentido, creo que el personaje de Masumeh y la penetración psicológica de la autora en ella son lo más destacado de la novela.
  • su aspecto sociológico / antropológico. Esta es una obra de ficción. Basada en hechos reales, sí, pero obra de ficción. Pero es innegable que se trata de un texto que nos permite conocer de primera mano una realidad demasiado extendida y, por desgracia, demasiado vigente. Al mismo tiempo, vuelve a poner sobre la mesa conflictos eternos (lo viejo y lo nuevo, lo individual y lo colectivo, etc)
  • su ritmo, sobre todo en esos dos primeros tercios de la novela, en la que esta avanza lenta pero segura.
Por el contrario, la novela se ve lastrada por ciertos defectos:
  • personajes excesivamente planos o "estereotipados". Ya he dicho que el de Masumeh me parece un  personaje magnífico, pero muchos de los secundarios de la novela más parecen "categorizaciones generales" que seres de carne y hueso. Demasiado "blanco", demasiado "negro" y poco gris.
  • cierta aceleración o dispersión en el último tercio de la novela. Lo que hasta la página 300 (más o menos) sucedía y se narraba con naturalidad y coherencia se convierte en un cúmulo de casualidades que roza lo melodramático y lo inverosímil. Como si a la autora le hubiesen entrado prisas por terminar, vaya.
  • Ligado a lo anterior, Saniee desaprovecha algunos temas que se apuntan en esa parte final del texto. Dos ejemplos: el exilio y el choque cultural que para los iraníes supone este.
Lo dicho: novela imprescindible por lo que tiene de testimonio y denuncia y novela recomendable por su valor artístico. No está nada mal, ¿no?

sábado, 4 de abril de 2026

Posy Simmonds: Cassandra Darke

Idioma original: inglés

Título original: Cassandra Darke

Año de publicación: 2018

Traducción: Regina López Muñoz

Valoración: entre recomendable y está bien

Si hay una heroína a priori improbable en cualquier tipo de narración, en este caso una novela gráfica (aunque dada la frecuente utilización por su autora, Posy Simmonds, de cajas de texto en crudo, bien podríamos hablar, en algún momento de una "novela ilustrada"), esa es , sin duda, la protagonista de esta historia, que lleva su nombre; Cassandra Darke -el apellido no me parece casual- es una septuagenaria antipática, obesa y que viste, ya que la acción se sitúa entre dos periodos navideños, un poco favorecedor atuendo invernal (*). Además de eso, reside en el muy exclusivo barrio londinense de Chelsea,  y dirigiría la galería de arte de su ex-marido sino hubiera sido clausurada, a causa de un fraude con ciertas esculturas llevado a cabo por Cassandra, lo que la ha convertido, además de una convicta, en una paria social. 

Tampoco es que todo esto parezca importarle demasiado a la buena (es un decir) de Cassandra, que a su egoísmo e incluso mezquindad une un agudo sentido de la autoprotección; de ahí que, cuando descubre cierto perturbador objeto escondido en su domicilio, que ella sospecha ha sido introducido por su sobrinastra, la un tanto dispersa Nicki -por no decir más tonta que una mata de habas-, se le disparan las alarmas aunque no entra en pánico (no del todo, al menos). A partir de ahí, las dos, Cassandra y Nicki se ven metidas en una trama criminal, con homicidio incluido, por culpa de Billy, el novio -sería más propio hablar de "rollete"- de la joven y de sus malas compañías. La veterana Cassandra se ve ejerciendo entonces de improvisada detective y no lo hace mal del todo, aunque... bueno, no voy a espoilear como acaba la historia, ya lo veréis quienes os decidáis a leerla. En cualquier caso, el personaje es de lo más interesante, tanto por sus características personales, bien distintas de las  protagonistas de las otras dos novelas gráficas con nombre de mujer realizadas por esta autora, Gemma Bovery y Tamara Drewe (de hecho, interpretadas ambas en el cine por la bella y rozagante Gemma Arterton), como por la ambigüedad moral que muestra, aunque también hay que decir que sufre cierta evolución a lo largo de la historia. Por otro lado y tampoco creo que sea algo casual, el personaje tiene la misma edad o casi, que la autora cuando publicó este libro, a los 73 años. No es difícil colegir que más de una reflexión, aprensión y actitud en general de Cassandra se corresponde con las de la propia Posy Simmonds.


Una autora que, por lo demás, despliega aquí toda su destreza narrativa -un poco embarullada a veces por los frecuentes flashbacks, aunque tampoco se llega a perder el hilo- y, sobre todo,  gráfica, que es mucha, tanto en lo que se refiere a la composición de las páginas -sin descartar insertos de conversaciones de WhatsApp o Telegram- como en el primor habitual que muestran sus dibujos, así como la cuidada ambientación, en este caso y sobre todo, de Londres, tanto de sus barrios más pijos como de otros más populares (por no decir degradados). Por no hablar del paisanaje, claro: en este libro, como de costumbre, Simmonds se muestra como una fina observadora del prójimo que le rodea, de su variedad y costumbre, casi una ornitóloga, más que entomóloga; no pretende atravesar a sus criaturas con un alfiler, sino observar con curiosidad y comprensión  como se comportan en libertad ("libertad" entre comillas, claro, pues no deja de ser su creadora y han de avanzar por donde ella quiera). No es, en todo caso una novela ésta que permita una conclusión clara, una moraleja aleccionadora, pues si bien es cierto que la protagonista una evolución a mejor persona a lo largo de sus páginas, también hay que admitir que le iba mejor cuando era un poco cabrona más egoísta. O no, todo depende de cómo se vea. En todo caso, lo que la autora nos propone es que, antes o después (o tal vez todos lo días, en pequeñas cosas) hay que elegir: o miramos sólo por nuestro interés o también por el de los demás. Cassandra Darke lo hace y no podemos decir que escoja mal...


(*) Antes de que me llaméis edadista, capacitista, gordofóbico y otras lindezas por el estilo... ¿Cuántas ficciones conocéis, incluso creadas de personas con la más acedrada sensibilidad social, protagonizadas por personajes de estas características? Pues eso, que es bastante inusual...


También de esta autora y reseñados en Un Libro al Día:  El mundillo literario, Tamara Drewe



 





viernes, 3 de abril de 2026

SOMOS DE LETRAS

Bueno: somos de cumplir la palabra y esto sería, más o menos, un resumen de lo obtenido en la entrada de nuestro último aniversario.

Por cierto, sí, para evitar desagradables problemas con personas reales, hemos vuelto a usar la IA para ilustrar nuestra entrada. Los ilustradores sobre pedido se han puesto por las nubes.

La entrada obtuvo 29 comentarios.

De ellos, 16 (el 55%) aportaron algo que pudimos homologar como una lista de acuerdo con lo que os pedíamos.

Aquí surgió nuestro primer problema: "homologar" cualquier comentario que no se ajustaba a nuestra petición (5 autores, por orden + una elección personal + un placer culpable) suponía alterar nuestra primera opción para puntuar, que hubiese sido:

Autor más presente 5 puntos, segundo más presente, 4, y así hasta otorgar al último autor, a la elección personal y al placer culpable 1 punto por cada uno. 

Eso daba un máximo de 17 puntos para una participación completa ajustada a la estructura requerida.

Pero la cosa se complicó: por diversas cuestiones, desde la incontinencia a la hora de enumerar autores hasta la mera pereza a la hora de contabilizar libros o la imposibilidad de hacerlo en bibliotecas personales desperdigadas, desordenadas, inabarcables. Así que hemos tenido que improvisar, repartir puntos de la forma más equitativa, adaptar puntuaciones, etc. Hasta el momento, más de una centena de autores nombrados, y (de momento) este es el perfil de nuestra comunidad lectora. Sr. Bezos, nuestro número de cuenta bancaria en mail separado.

Autores favoritos (puntuaciones/número de menciones): 

Stefan Zweig 19/5

Gabriel García Márquez 16/6

Paul Auster 11/4

Michel Houellebecq 11/4

Stephen King 11/4

Roberto Bolaño 10/3

Charles Bukowski 10/3

Andrea Camilleri 9/4

Haruki Murakami 9/3

John Steinbeck  9/3

Y no deja de ser curioso que los comentarios hayan sido tan heterogéneos y variados que precisamente el último (el de Traveler) es el que coincide con el mayor número de autores de los diez favoritos. ¡Traveler, eres nuestro Ohio! (de momento).

jueves, 2 de abril de 2026

Carlota Gurt: Els erms

Idioma original: catalán
Título original: Els erms
Traducción: traducción al castellano en proceso en el momento de escribir esta reseña
Año de publicación: 2026
Valoración: recomendable


Siempre he admirado de Carlota Gurt su carácter atrevido y su honestidad expositiva al hablar sobre el mundo de la literatura a través de sus incontables artículos en prensa. Y, también, su osadía al hacer el salto a la escritura después de décadas dedicada a la traducción (que no deja de ser también un tipo de trabajo como escritor). Y de ahí salieron sus cuentos (interesante primera incursión con “Cabalgar toda la noche”) y también su primera novela (“Sola”) que me sorprendió por su estilo.

En este libro, segunda novela de la autora, da la sensación de que deja algo de lado sus influencias literarias en cuanto estilo, pero sigue tratando los temas que acostumbra: las relaciones personales. Así, abandona levemente cierta crudeza expositiva, cierta tosquedad y aridez de sus anteriores obras, para pasar a una prosa más equilibrada, más accesible, más limpia, aunque sin que ello signifique que sea inferior, más bien al contrario: Gurt demuestra tener muchas tablas en el arte de narrar y es algo constatable ya desde sus primeras páginas en las que la autora consigue atraparte completamente en la historia a través de un tono desenfadado pero no desprovisto de calidad, tirando de socarronería pero a la vez de elaboradas metáforas con las que la autora demuestra poseer una gran variedad de recursos. Asimismo, el ritmo es alto, la tensión latente y la intriga mesurada. Pulso firme en la autora que parece tener claro dónde está, dónde quiere llegar y hasta dónde quiere narrar (y también qué quiere mantener oculto).

Argumentalmente, la autora nos presenta a los que serán sus dos personajes protagonistas, describiendo la relación que tienen entre ellas y situándolas en una fecha bastante emblemática (la Nochebuena) y un paraje de lo más particular: el pantano de Sau (cuya característica principal es que otrora se trataba de un pueblo que cubrieron para hacer el embalse y que, en los tiempos más secos, aun se puede observar con totalidad su iglesia que, por el contrario, se encuentra sumergida bajo el agua en tiempos lluviosos). Esta elección del escenario en el que arranca la narración no es casual, puesto que el entorno juega también un papel importante en el desarrollo de la trama, ya sea como ubicación donde trascurre parte de la historia, ya sea como también todo lo que conlleva a nivel metafórico y simbólico (lo que se muestra visible y lo que permanece oculto).

Así, los protagonistas de la historia son una pareja de adultos en su cincuentena: en primer lugar, Ramona que con su pelo negro, 1.83 de altura y elegancia natural llega al hotel del parador para pasar la Navidad. Y allí, en la entrada, topa con Faust, nuestro segundo protagonista, un hombre de elevado peso, baja estatura y que espera repantigado en un sofá de la entrada. El contraste en ambos es evidente, al menos a nivel físico, pues tal y como aprecia Faust, ella está «hecha de ángulos. Una escultura de Giacometti pintada por Picasso. No como él, que proviene salido de un cuadro de Botero. A Fausto no le gustan las mujeres de alambre». 

Establecida la premisa inicial, con un innegable gancho argumental tras el encuentro fortuito entre ambos, la historia traza dos narraciones paralelas para desgranar la vida de ambos personajes. Con ello, profundizamos en sus caracteres, sus pensamientos, sus pasados y sus inquietudes y desencantos, pero a la vez, a medida que avanza el libro, vamos despegándonos del engrudo que unía ambas historias y que contenía un innegable interés asociado por las discrepancias, las dicotomías, los márgenes del espectro a cada uno de los lados enfrentándose y encontrándose. El contraste entre ambos, tan evidente, tan preciso, servía de prometedor inicio para ver donde llevaba la historia, pero la autora lanza un salto temporal (algo abrupto en mi opinión) y establece una (des)conexión con cierto tiempo entre historias. Así, este libro es un libro que trata, más que de relaciones, de predicciones, de ilusiones, de conjeturas a partir de un encuentro fortuito y casual. Trata sobre como proyectamos en alguien a quién acabamos de conocer una idea de relación, una figura ficticia pero que, por contra (o precisamente gracias a ello) de apariencia muy real pues copa todo aquello que nos atrae y no damos la oportunidad a comprobar o rebatir. Así la autora construye ante los personajes un castillo de naipes aun dispuesto sobre un tapiz, una posibilidad infinita de ser aquello que queramos ser, aquello que buscamos. Porque en nuestra cabeza, todas las vidas imaginadas son posibles en ese momento inicial, todo lo que vivimos en ese instante no es el presente sino todos aquellos futuros que esperamos que surjan a partir de esa oportunidad. Y ese punto de partida, nos lleva a reflexiones sobre los comienzos (lo que me lleva al gran libro homónimo de Claire Marin): un momento donde existe todo, incluso lo malo, incluso lo que sí ya vemos, pero a lo que no le damos importancia porque en ese momento pensamos que probablemente quedará allí.

Por todo ello, y con todas las capas que la autora teje en este relato, se hace evidente que Carlota Gurt tiene oficio, tiene tablas a la hora de escribir; se nota y lo demuestra en la solidez de un estilo sin altibajos, con ritmo y calidad constante, manteniendo un equilibrio muy bien trabado entre alta literatura y una narrativa accesible, con el punto justo de metáforas sin excesos ni necesidad de demostrar nada. Pero, también es cierto, que la historia es muy irregular: de un arranque más que interesante, pasamos a una bifurcación en la que cuesta situarse al principio y la curiosidad despertada en cada una de las tramas se hace muy dispar lo que produce que el interés en el libro oscile de manera muy marcada entre ambas, haciendo que la irregularidad lastre la lectura y el lector se encuentre a medio camino entre el interés y la apatía, pues, a pesar de todos los temas que toca de manera tangencial (las parejas, el futuro, el trabajo, los móviles, la obsesión por el cuerpo, al sequía, los problemas de comunicación) al final parece que el argumento sea lo de menos y eso es algo, que al menos a mí, en este tipo de libros y especialmente por lo que el argumento apuntaba, sí es importante. Aún y así, este libro, con sus posibles puntos débiles, trata de manera bastante certera varios aspectos de la sociedad actual, especialmente la soledad y lo que hacemos para lidiar con ella. Y abre la puerta a creer que, a veces, es únicamente necesario un momento, un punto de enganche con una ilusión, para que nos llevemos esa relación con nosotros tanto tiempo como dejemos que nuestra imaginación nos conduzca hacia la búsqueda de una felicidad que puede que no encontremos en la realidad del día a día. 

Dice la autora que, «todo son ficciones dentro de nuestras cabezas, y el futuro también, una ficción más que nos contamos, las ficciones nos empujan adelante y nos permiten creer en lo que todavía no existe, y esta es la grandeza del ser humano», y es que, al fin y al cabo, lo que nos hace vivir y sentir son nuestros sueños e ilusiones. El resto, nos es ya conocido y no siempre ilusionante.

También de Carlota Gurt en ULAD: Cabalgar toda la nocheSolaBiografía del fuego

miércoles, 1 de abril de 2026

Bernhard Schlink: El regreso

 Idioma original: alemán

Título original: Die Heimkehr

Traducción: Rosa Pilar Blanco

Año de publicación: 2007

Valoración: Está bien

Quizás, a primera vista, no les suene a ustedes el nombre del autor de este libro. Para ponerles un poco en contexto, Schlink escribió El lector que, sin duda, muchos de ustedes conocerán, bien por el libro, bien por su exitosa adaptación cinematográfica.

Schlink es escritor y jurista y, sin duda, esta ambivalencia provoca que, en muchos casos, la justicia, la culpa y la lucha entre el bien y el mal impregnen sus novelas, que se editan con regularidad en nuestro país.

En el caso de El regreso nos encontramos con la historia de un niño que, durante unas vacaciones con sus abuelos que se dedican a revisar galeradas para editar novelas baratas, descubre el manuscrito de un texto en el que un soldado alemán, que ha estado prisionero en Rusia, vuelve a su casa después de la guerra y descubre que su mujer tiene un niño y vive con otro hombre. La historia queda grabada en el subconsciente del niño, que crece y se convierte en editor literario. En un momento de crisis vital, puesto que su matrimonio ha fracasado y su trabajo no le motiva, decide agarrarse a la vieja historia y emprende una búsqueda tanto de los protagonistas como del autor de la novela. En ese contexto descubre que los relatos de soldados que vuelven al hogar tras la guerra son un género bastante habitual en la posguerra. Nuestro protagonista nunca conoció a su padre porque murió en la guerra y comienza a encontrar excesivas semejanzas entre lo que sucede en la novela y su propia vida.

Aquí el escritor alemán traza un paralelismo entre las circunstancias de la vuelta de esos soldados a su hogar  y el dilatado regreso de Ulises a Ítaca. Pone en boca del protagonista reflexiones sobre lo que significa el regreso y el deseo de venganza de los soldados que vuelven a su hogar y encuentran que su sitio está ocupado por un intruso, y lo equipara con la venganza que comete Ulises al volver a Ítaca y matar a los pretendientes de Penélope. Siendo estas reflexiones interesantes y oportunas con lo que nos quiere transmitir el autor, suponen un freno en el desarrollo de la historia que hace que nos distanciemos de la misma.

En una búsqueda que se antoja un tanto improbable, puesto que nuestro protagonista localiza de forma un tanto inverosímil tanto documentos como personas que pudieron coexistir con el autor del libro de su infancia,  va descubriendo inquietantes detalles sobre la vida de su padre y entiende que su madre no le ha contado toda la verdad sobre la vida y la muerte de su progenitor. La historia inicia un giro sorprendente, aunque previsible, y desemboca en un  final atropellado que no hace justicia al prometedor inicio de la novela.

Schlink desarrolla una novela de intriga, bien escrita y con una prosa correcta, aunque un poco fría y demasiado analítica. Se deja leer, pero no entusiasma. El autor alemán dilata los acontecimientos en demasía, de tal manera que las continuas reflexiones filosóficas y pseudojurídicas sitúan la novela en muchas ocasiones al borde del ensayo, para al final no ser una cosa ni la otra.  Quizás con cien páginas menos hubiera conseguido concentrar lo que nos quiere transmitir, saldríamos mucho más satisfechos de esta lectura y subiríamos un escalón en la valoración de esta novela.


También en Ulad: El lector


martes, 31 de marzo de 2026

Atiq Rahimi: Maldito sea Dostoievski

Idioma original: francés 
Título originalMaudit soit Dostoïevski
Año de publicación: 2011
Traducción: Elena García-Aranda
Valoración: entre recomendable y bastante recomendable

Una novela atípica, diría, no tanto por la forma o el fondo, sino por las sensaciones que deja. Rasul, el protagonista de esta historia, es un joven perdido en el mundo, profunda y voluntariamente desconectado de su familia, y cuya locura, ya incipiente en medio de las guerras civiles en Kabul, termina por estallar cuando replica el mismo asesinato que comete Raskolnikov con la casera, con el propósito de liberar a Sufia, su novia, del trabajo que realizaba bajo las órdenes de la susodicha. 

El cambio que sufre la historia es que Rasul, asustado por la presencia de otra persona, no consigue robarle nada a la anciana y huye por la ciudad. En este vagar le suceden varias situaciones: es acusado de comunista por haber estudiado en San Petersburgo y por leer a Dostoievski, conoce a un militar que comparte la línea de pensamiento de Rasul y cree que la guerra civil solo ocasionará más dolor y separación, entra a varios tugurios (en realidad, el mismo, pero las descripciones de Rahimi son muy convincentes en el manejo de la espiral lisérgica en la que se embarcan todos los personajes del antro) y sufre de diversas alucinaciones y de paranoia ante el hecho de que lo siguen persiguiendo. Además, lucha constantemente contra el casero de su departamento, que intenta echarlo por falta de pagos, de su primo, que intenta sacarlo de la apatía y llevarlo a la luz, de Sufia y de la idea que tiene de ella, ya que la adora pero no es capaz de acercarse a su familia sin sentir el peso de la relación, y otros personajes que van poniendo de relieve la violencia latente de un país y las risas punzantes de una sociedad que no puede entender cómo es que Rasul es incapaz de ponerse de un lado o del otro sin encontrarle la quinta pata del gato a todo.

La novela está muy bien construida. Tiene un buen arranque y, sobre todo, un desarrollo que justifica plenamente la apatía de Rasul, a la vez de emocionarnos cuando consigue sacudirse de su desesperación y acude a confesarse, todo para que no le hagan ni el más remoto caso, razonando que su crimen es una nimiedad a comparación de lo que está sucediendo en ese momento (una guerra civil), y que si la policía no se ha tomado el trabajo de arrestarlo por ese motivo, nadie más lo hará. Y eso causa un final ambivalente, al que un gran monólogo de Rasul, por fin juzgado (pero no por las acciones que ha cometido, sino por sus pensamientos) se contrapone con un hecho que no mencionaré, pero que termina causando una sensación de falta de impacto en el mensaje, como si el hecho de que una persona pueda dar cuenta de todo lo podrido en el ambiente no fuera suficiente para generar algún tipo de cambio. Que puede ser cierto, es verdad, pero en la medida en que vemos evolucionar magníficamente a Rasul este impacto sabe a poco. A pesar de que el primo le diga que algo cambió gracias a sus acciones, parece más un consuelo mínimo. Además de eso, las escenas divagatorias en los bares, si bien de un lirismo convincente y que ayuda a variar el ritmo de la novela, se alargan de más en algunas ocasiones; también se reiteran ciertas ideas (básicamente, la paranoia de Rasul y los diversos enfrentamientos con su primo) en la parte central del libro que desacelera la trama sin ningún propósito.

Pero, sacando eso, es una muy buena novela, con un toque de humor negro y cínico que refresca la lectura a la vez que actualiza nuestras reflexiones acerca de una obra magna como lo es Crimen y castigo y nos da a conocer una sociedad constantemente vapuleada, tanto en sus guerras como en sus pensamientos.