viernes, 28 de abril de 2017

Antonio Orejudo: Los Cinco y yo

Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: más que recomendable

Vuelve (y ya era hora) Antonio Orejudo con una novela que comienza contando su niñez en los últimos años del franquismo, cuando las turbas de chiquillos del baby-boom español invadían calles y colegios y la aún inexistente M-30 delimitaba (o no lo hacía, en realidad) el perímetro a partir del cual Madrid se diluía.

Vaya por delante que yo no soy de esa generación, la de Orejudo, sino de una posterior, aunque también he conocido las aulas abarrotadas, los partidos de fútbol en descampados y los interminables viajes por carretera nacional en plena canícula... pero, en principio, la fibra nostálgica que me podría tocar la novela (o el conocido "efecto Cuéntame"; quienes nos lean desde fuera de España y no sepan de que hablo no saben la suerte que tienen) la tengo más al fondo, a la derecha... Ni siquiera me reconozco en el rasgo que según el escritor, define a su generación: el disfrute de las aventuras de Los Cinco, de Enid Blyton; en mi época, éramos más (al menos, yo) de Los Tres Investigadores. 

Pero hay que reconocer que Orejudo es un narrador hábil y ameno, de forma que logra hacernos seguir con interés esta mezcla de remembranza y bildungsroman que retrata a esa generación que llegó a la adolescencia, con todo lo que eso implica, al tiempo que Franco la espichaba -conste que es la expresión que aparece en el libro-, para luego dejar a buena parte de sus integrantes tirados en la cuneta de la droga. Ahora bien, cuando uno ya le está cogiendo gusto a la historia y cariño a sus personajes, al doblar un recodo de la narración se encuentra metido, casi sin darse cuenta, en...¡un momento, no puede ser... una novela del execrable "género" de la (glups) AUTOFICCIÓN! ¡No, hombre, no, señor Orejudo Utrilla! ¡Se lo perdoné en Un momento de descanso, porque, después de todo, te partías de risa la caja, pero otra vez no, por el amor de Dios! Y, por si fuera poco, aquí hace usted combo con su colega Rafael Reig... por si queríamos arroz, dos tazas.

Claro que... pensándolo bien, es cierto que el protagonista-narrador se llama Antonio -Toni o Toñito, más bien- y que es profesor de universidad en Almería, pero algunos indicios no acaban de casar con el auténtico autor del libro... Lo mismo sucede con Reig, que aquí, por ejemplo, ha escrito una novela sobre los Cinco titulada After Five... Vale, ya lo pillo: lo que hace Orejudo no es introducirse él mismo en su ficción, como estamos acostumbrados a encontrar últimamente con excesiva frecuencia (y con ánimo egocéntrico/holgazán por parte del escritor que lo perpetra, añado), sino basarse en él y en su amigo Reig para crear unos personajes que se les pueden parecer -o no- más o menos, pero no son ellos en absoluto, de igual modo que hacía lo propio con las luminarias de la generación del 27 en su primera y divertidísima novela o con los rebeldes anabaptistas y teólogos protestantes del siglo XVI en Reconstrucción. ¿Se trata entonces de autoficción o no? Me mojo: yo creo que no... o, en todo caso, sería (eso espero) una irónicamente falsa autoficción. Así pues, aceptamos barco como animal acuático... con un alivio infinito.

Falsa autoficción que se entremezcla, además, con la falsa ficción a secas, que supone la novela After Five, con la vida de los Cinco una vez superada la adolescencia -de los Cuatro, en realidad, pues el quinto miembro era un perro y por tanto, de trayectoria vital más limitada- e incluso con los desvaríos de los fans y antifans literarios (que quien dice de Enid Blyton , dice de Joyce o Kafka). De aderezo, los entresijos del postcapitalismo industrial, financiero y hasta cultural, todo mezclado en una ensalada metaliteraria de la que , curiosamente, el lector, o este lector (y pido perdón si esto se considera por alguien como un spoiler o como se diga) sale con la sensación de haber vuelto a la casilla de salida, que, a pesar de las subidas, bajadas, tirabuzones y fuerza centrífuga que nos hayan aplicado una montaña rusa no deja de ser un circuito cerrado, y lo mismo esta novela: comenzábamos con la infancia y acabamos con esa misma infancia reflejada en la madurez, gracias a ese espejo que puede ser la ficción, cuyos límites no siempre están bien fijados, ni siquiera por la literatura. Entre medias, sucede todo eso de lo que habla la novela -aun con tal ligereza que no siempre nos damos cuenta de ello-: crecer, madurar, vivir...


Otros libros de Antonio Orejudo reseñados en Un Libro AL Día: Fabulosas narraciones por historiasVentajas de viajar en trenReconstrucciónUn momento de descanso

jueves, 27 de abril de 2017

Philipp Meyer: El valle del óxido

Idioma original: inglés
Título original: American rust
Año de publicación: 2009
Valoración: recomendable

En esta primera novela de Philipp Meyer, ganadora de "Los Ángeles Times Book Prize" en el año de su publicación, el autor nos sitúa en Buell (norte de Pensilvania), localidad poco atractiva a causa del declive económico en plena era postindustrial. Sus habitantes, acostumbrados a la riqueza proveniente de las perforaciones petrolíferas en sus tierras, se ven afectados por la crisis que ha llegado al territorio provocando una pérdida de su capacidad económica. La situación les ha obligado a abandonar la ciudad. Quedarse significa perder.

Así, el escenario queda claro en un inicio: hablamos de perdedores, de seres fracasados, de personas que su falta de valentía (o de recursos) les ancla a una tierra sin potencial donde el futuro no respeta a aquellos que deciden quedarse, donde la salvación está en la huida. En este contexto nos encontramos con Isaac English y Billy Poe, dos jóvenes en edad adolescente, con una aparente y prometedora carrera profesional (el primero por su inteligencia y el segundo por su talento en el deporte) que, por causas diferentes, se han quedado en el pueblo viendo como un futuro próspero empieza a quedar bastante lejos. Dispuesto a ponerle remedio, Isaac se propone realizar un cambio en su vida pero su torpeza y mala suerte confluyen en un suceso que cambiará sus planes  de forma drástica. No os contaré más detalle de la historia (que por otra parte ya está expuesta en la solapa del libro).

Visto el argumento, es indudable que empezamos a vislumbrar rasgos característicos en las novelas de Philipp Meyer: un inicio potente, trepidante, con un hecho que marca el inicio del libro y sirve de punto de partida de la historia. Esto ocurre en las dos obras publicadas hasta la fecha y, a tenor del resultado conseguido, duda que esto vaya a cambiar y, es más, deseo que no lo haga. Así, nos encontramos al principio con el factor desencadenante del relato mientras, en paralelo, el autor nos va incluyendo pinceladas del pasado de los personajes. Y es que en las novelas de Meyer, y especialmente en ésta, el peso del libro recae en ellos; el pasado se va reconstruyendo a lo largo de la novela pero la potencia está en el presente, en las acciones que protagonizan sus personajes y en cómo evolucionan a partir de ellas. Ayuda, en cuanto a carga de profundidad emocional, la utilización de reflexiones internas de los personajes que explotan el conflicto interno que tienen en la toma de las decisiones clave y nos ayudan a aproximarnos a ellos, a conocerlos, a entrar en su estado de ánimo y humanizarlos. Aquí la trama no es lo más importante sino que es la base sobre la que se nos ofrece una visión de aquellos seres que abandonan sus caminos, quedando anclados en una zona sin futuro, sin expectativas, sin potencial de crecimiento ni esperanzas de mejorar sus paupérrimas vidas.

En estructura, capítulos alternados entre los diferentes personajes hacen amena la lectura de una historia no muy compleja pero sí potente. Y es que en este caso, la historia se agranda profundizando en familiares de los dos protagonistas, y crece en horizontal hacia personas vinculadas con ellos. De esta manera, y para mi es el punto débil de la novela, el desarrollo de la historia en relación al hecho que la desencadena pasa en un segundo plano a medida que avanzamos en la lectura de forma que sigue la acción trazada pero el peso pasa a recaer en los personajes, en sus vidas, y como los hechos los marcan. Se echa de menos algo más de profundidad en el desarrollo de la trama que, además, cae de forma demasiado prematura cuando el autor decide que ya va siendo hora de ponerle un final.

Sensaciones encontradas al terminar la lectura ya que positivamente vemos detalles de lo que el autor nos ofrece (y ofrecerá, más aún, en «El hijo») que es mucho: Meyer es bueno en la construcción de los personajes, llenándolos de matices y complejidad; es bueno en ritmo narrativo y en construcción de la historia. Probablemente, la parte menos buena en este libro está en un final algo abrupto, consecuencia de tener que finalizar una historia donde el foco se ha puesto excesivamente en las vidas de los personajes, quitando peso a la evolución del caso en sí. Algo más de dedicación a la investigación hubiera dotado de mayor redondez a una novela que, siendo la primera del autor, es un gran inicio en la vida literaria de Meyer.

También de Philipp Meyer en ULAD: El hijo

miércoles, 26 de abril de 2017

Zoom: El brazo marchito, de Thomas Hardy

Idioma original: Inglés
Título original: The withered arm
Traducción: Zulema Couso
Ilustraciones: Júlia Sardà
Año de publicación: 1888
Valoración: Bastante recomendable

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De: Un libro al día <unlibroaldia@gmail.com>
A: Tim Burton <melancolicochicoostra@gmail.com>
Asunto: El brazo marchito, de Thomas Hardy

Estimado Tim:

Soy fan tuyo, pero fan de los de poster en su habitación, desde hace muchos años. De hecho, hubo una época en la que intenté peinarme como tú, pero me fue imposible. Pero ese es otro tema. Como te decía, soy fan tuyo desde la época de Vincent y Frankenweenie, aunque he de reconocer que mis favoritas son Eduardo Manostijeras, Ed Wood y Sleepy Hollow y que tu última etapa …

Bueno, no me enrollo más y paso a contarte el motivo del mail. El caso es que, en España, se han puesto de moda últimamente los libros ilustrados y eso es algo que nos gusta. Por un lado, porque cumplen una interesante función divulgativa, ya que permiten acceder a autores clásicos con los que, por el motivo que sea, puede dar pereza ponerse. Por otro, porque son libros breves, "finitos", de esos que no ocupan hueco en la maleta, ideales para leer en un viaje en tren o en avión. Y por último, porque esas ilustraciones que los acompañan nos traen gratos recuerdos, como si uno volviera a leer tebeos de la infancia o algo así.

Te contamos todo esto porque uno de esos pequeños libros ilustrados es “El brazo marchito”, del inglés Thomas Hardy. Fue publicado en 1888 en la revista Blackwood´s Edimburg Magazine y en el libro “Cuentos de Wessex” y se trata de un cuento gótico de manual, fatalista, pesimista y oscuro, de esos que seguro que te encantan. 

Verás. Se sitúa en la Inglaterra rural, mediado el siglo XIX. Tenemos a Rhoda Brook, una mujer ya de cierta edad que trabaja en la granja del señor Lodge. Años atrás, ambos mantuvieron un turbio affaire y Rhoda quedó embarazada. Ante el abandono por parte de Lodge, Rhoda acaba convirtiéndose en una mujer despechada que, para más inri, debe asistir a la llegada de la joven y hermosa Gertrude, recién casada con Lodge.

Rhoda, mujer oscura y resignada, casi bruja, desencadena accidentalmente la tragedia. Y Gertrude, heroína trágica, trata de luchar contra ese mal desconocido que la ataca. Desgraciadamente para ella, el peso de las convenciones sociales influye de manera fundamental en sus decisiones, las cuales precipitan el desenlace de los hechos.

Son las dos protagonistas mujeres antagónicas, aunque ninguna de ella pueda luchar (y vencer) contra un entorno marcado por extraños sucesos, sueños, creencias populares y supersticiones que las arrastrarán a un destino regido por fuerzas superiores e incontrolables. Una visión del mundo que, al parecer, está presente en toda la obra de Thomas Hardy.

¿Qué, mola o no? Además, he pensado hasta en los posibles protagonistas de la peli. Para interpretar al granjero Lodge había pensado en alguien nuevo: ¡JOHNNY DEEP! (flipante, eh?). Para interpretar a Rhoda había pensado en …¡HELENA BONHAM CARTER (I´m so in love with her)! y para el papel de Gertrude en… ¡AMY ADAMS!

En fin, que ya nos contarás qué te parecen el libro y la idea de la película. Por nuestra parte, estamos dispuestos a ir los siete (ojo, no nos confundas con los de la serie Ana y los siete, que no somos esos) a tu mansión de Hollywood un par de semanas y ver más en detalle este tema.

Un fuerte abrazo

martes, 25 de abril de 2017

Mónica Ojeda: Nefando

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

El panorama de la literatura en español está generando una situación que empieza a resultar desagradable. Por los motivos que sean, el conjunto de la opinión parece incapaz de evitar una constante polarización, y ello se traduce en que nadie puede irrumpir de manera discreta sin estar expuesto a un juicio visceral, a esa especie de ruleta rusa que consiste en ser apoyado o rechazado en función de ciertas opiniones de peso que se enmarcan, que alguien me confirme que no es así, en redes de intercambios de favores de las cuales solo sale perjudicado el lector, al que se le niegan opiniones intermedias y matizadas. No moderadas, que eso es como el cava tibio, sino aquello que los anglófilos llamarían mixed. Y Nefando es un libro que, particularmente, encuentro injusto valorar en esa escala tan simplista que solo conoce obras maestras o rollos infumables. Nefando es una buena novela que revela que la autora es capaz de hacerlo mejor en un futuro no demasiado lejano.
Ese mejor no tiene un tono detractor. Nefando, en su afán de golpear al lector, se disgrega en algún punto hacia demasiados lugares a la vez, como queriendo cerrar todos los conductos de salida, y es innegable que sus partes más brillantes cuentan con aspectos perturbadores, y que es una novela que no tendría sentido en una sola línea, pero Mónica Ojeda ha apostado por combinarlas.
Seis jóvenes de distintos orígenes coinciden en un piso de estudiantes en Barcelona. Tres de ellos son hermanos. Otro de ellos, un joven mexicano que se autolesiona con fruición. Y el creador de un juego alojado en la deep-web. Los tres hermanos arrastran un terrible pasado de abusos. Está claro que la pólvora de ese ambiente ha estallado. La narración pasa por los testimonios de cada uno de los ocupantes de la casa. En pasado, y una de las  voces dice haber respondido a los policías. Diversos narradores, saltando en el tiempo, párrafo presentando nombre, fecha, ubicación: la deuda con el Bolaño de la segunda parte de Los detectives salvajes es clara, y aún se rendirá otro homenaje. La fría relación de abusos pederastas, dos incómodas páginas, es un guiño a La parte de los crímenes de 2666.
Nefando hubiera sido mejor enfocada en una sola de sus historias. Resulta interesante pero desprende cierta sensación de urgencia, de premura por abarcar situaciones potencialmente incómodas para el lector, como si la perturbación fuera uno de sus objetivos preferentes. Lo cual es loable, aunque algo visto en estos tiempos.

lunes, 24 de abril de 2017

Octavio Paz: Apariencia desnuda

Idioma original: español
Año de publicación: 1.973
Valoración: Recomendable (aunque con un poquillo de paciencia)

Decididamente, en este blog tenemos un problema con la poesía. Octavio Paz, Nobel de Literatura en 1.990, es universalmente conocido como poeta, por encima de otros géneros que también ha cultivado. Pues bueno, las dos reseñas anteriores sobre el autor mexicano fueron ‘El laberinto de la soledad’ y ‘Traducción: literatura y literalidad’ (ver enlaces abajo) , es decir, dos ensayos. Y como a la tercera va la vencida, esta nueva reseña será también sobre un ensayo, este ‘Apariencia desnuda’ que, como indica su subtítulo, se dedica a estudiar la obra de Marcel Duchamp, artista plástico en sentido amplio.

Duchamp fue uno de los artistas más sobresalientes de las primeras décadas del siglo XX, un tipo inquieto, agitador y decidido a explorar los límites del arte. En el volcánico mundo cultural de la época, Duchamp era el perejil de todas las salsas: va picoteando por Dadá, el fauvismo, el cubismo y el surrealismo, sin terminar de pertenecer del todo a estos movimientos, de los que absorbe cosas y a los que aporta otras; se mueve en el ámbito de los marchantes y las galerías, explora la óptica mediante inventos propios, y transita entre las artes plásticas y la literatura, entre lo visual y lo verbal. Bueno, y se dedica durante años al ajedrez (donde no parece que llegara a brillar demasiado).

Octavio Paz –por lo demás, ensayista prolífico y apasionado del arte- no se anda por las ramas presentándonos la figura del creador francés: despacha cuatro generalidades en unas pocas líneas y se mete de lleno a la tarea de desentrañar unas pocas de sus obras más representativas. Como aperitivo, hace un análisis somero del ‘Desnudo bajando una escalera’, pintura de ecos cubistas en la que se intenta fijar el movimiento desde una perspectiva algo inusual, y los famosos ready-mades, objetos corrientes que se presentan sin transformación como obras artísticas, en actitud desmitificadora y en clara rebeldía contra las ideas establecidas.

Pero a donde de verdad quiere ir a parar don Octavio es a dos de las obras más singulares de Duchamp: la llamada Gran Vidrio (‘Novia desnudada por sus solteros, incluso…’, ésta de aquí al lado) y la instalación conocida como el Ensamblaje (‘Dados 1º La Cascada 2º El Gas del Alumbrado’). El análisis de Paz es pormenorizado hasta el último detalle, exhaustivo, absoluto. Ni siquiera voy a intentar reproducir o sintetizar las ideas que plantea a lo largo de unas 180 páginas (como el 90% del libro) en torno a dos únicas obras. Se puede suponer la inmensa gama de hipótesis y razonamientos que despliega el autor, siempre apoyados en fuentes históricas, mitológicas o filosóficas, no sé, desde el mito de Diana y Acteón hasta la poesía provenzal de la Edad Media, o los distintos significados de la diosa Kali.

Como me resultan más atrayentes las claves generales del arte de Duchamp que la comprensión de aspectos concretos de su obra, me parece especialmente interesante el análisis sobre la interacción entre lo plástico y lo verbal. Duchamp no representa imágenes, sino relaciones, ideas y signos; o más bien las propone. La obra se convierte así en una especie de lenguaje cifrado, siempre empapado de ironía y en el que ninguna interpretación es necesariamente correcta o errónea. Octavio Paz señala la influencia de Raymond Roussel, tanto en Marcel como en algunos otros de su círculo (Picabia, Man Ray), no sólo en su peculiar método creativo, sino también en la utilización ¿casual? ¿cínica? ¿cachonda? del lenguaje. Y, modestamente, yo añadiría que algo de las disparatadas instalaciones de ‘Impresiones de África’ o 'Locus Solus' también ronda entre las obras de Duchamp.

Partiendo de las dos cajas de apuntes y documentos que el artista francés reunió en torno a las obras indicadas, Octavio Paz despliega los amplísimos planteamientos, de alcance a veces mareante, que he señalado antes. Parece ser que el propio Duchamp llegó a leer al menos parte del trabajo de Paz, y vino a decir que de todo lo que se decía en él, no sabía absolutamente nada. Pero tampoco nos fiemos. Parece ser que esta actitud de aparente indiferencia era típica de Marcel y, aunque puede que el autor mexicano se quedase un poquillo cortado ante la afirmación, seguro que Duchamp escondía menos de lo que decía. Pero, claro, el enigma de la obra inacabada y aún no desentrañada no podía echarse a perder por un ensayo brillante.

No voy a ocultar que el libro es sumamente denso y no da respiro, ninguna concesión al lector no interesado (muy interesado) en la materia. Pero si alguna vez quieren ustedes saber cuántas cosas inteligentes se pueden decir sobre algunas de las obras plásticas más crípticas de los últimos cien años, no tienen más que echarle algo de paciencia y leerlo con calma.


domingo, 23 de abril de 2017

Margaret Atwood: El cuento de la criada

Idioma original: inglés
Título original: The Handmaid's Tale
Año de publicación: 1985
Traducción: Elsa Mateo Blanco
Valoración: muy recomendable

Si consultan ustedes cualquier otra reseña de este libro (¡pero no lo hagan! ¡Sólo ULAD ofrece garantía y satisfacción máximas!), se encontrarán, seguramente, con que esta novela se alinea junto a otras dos famosas y espeluznantes distopías, y sin desmerecer nada de ellas: 1984, de Orwell y Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Sí, lo sé, parecen las dos novelas más obvias a la hora de comparar otra de este tipo "distópico-pesadillesco", pero, por esta vez, nuestra "competencia" tiene toda la razón: El cuento de la criada no sólo se encuadra a la perfección junto a las otras dos sino que además, insisto, no les va a la zaga ni en su carácter ominoso ni, por supuesto, en calidad literaria. Con la peculiaridad de que en ésta, la indignidad inherente a la sociedad alternativa creada por Margaret Atwood la sufren,  casi en exclusiva, las mujeres, y dentro de este género, sobre todo un grupo de ellas: las llamadas "criadas".

Me explico: en la novela, tras un golpe de Estado una facción de fanáticos y misóginos -más "bíblicos", seguidores del Antiguo Testamento, que propiamente cristianos, aclaro- han tomado el poder en Estados Unidos o al menos una parte de éstos (¡cómo si fuera posible que los fanáticos religiosos y los misóginos llegaran al poder en EEUU, ¿verdad?!), estableciendo una sociedad rígidamente estratificada y jerarquizada, en la que los hombres ostentan el poder -al menos en apariencia- y las mujeres quedan divididas en varios sub-grupos, según su posición y "función social": las Esposas -de los mandamases, pues los ciudadanos corrientes y molientes disponen de una variante conocida como Econoesposas (sic)-, las Marthas, que son las criadas propiamente dichas, y estas llamadas Criadas quienes, a pesar de tal apelativo y de que cumplen alguna tareas doméstica -ir a la compra-, se encargan en realidad de otra bien distinta: concebir y gestar a los hijos de los mandatarios. Porque resulta que en ese mundo "pasado-futuro", la contaminación, la radiación nuclear o lo que sea -o todo junto- han provocado que la esterilidad sea la norma casi general entre el género humano (sí, lo sé, esto recuerda a otra distopía, Hijos de hombres... sólo que la de Atwood es anterior a la novela de P. D. James...), por lo que la clase dirigente de esa sociedad, conocida como república de Gilead, recurre a las mujeres aún fértiles, que deben copular con los hombres a los que son asignadas hasta quedar embarazadas. Estas "gestadoras" no son propiamente amanes ni concubinas; en realidad, todo este arreglo es casi asexual (excepto el momento del acto en sí, claro), y son consideradas poco menos que cosas, meros vientres alojadores de óvulos. Viven en una casi reclusión muy reglamentada y vigilada, son obligadas a llevar ropajes amplios de color rojo con unas tocas que les impiden la visión general (imagen, por cierto, que se ha convertido en un icono feminista, creo, al menos en Norteamérica)y por no tener, no tienen derecho ni a conservar su nombre anterior, sino que se les llama por el del hombre al que han sido asignadas (vamos, como si existiese algún lugar en el mundo donde las mujeres careciesen de derechos y tuviesen que ir completamente tapadas... ¡qué imaginación la de la autora!). Y todo, bajo el miedo de acabar convertidas en No Mujeres, aquéllas que no casan en ninguna de las categorías anteriores y que al parecer son enviadas a un lugar desolado... o algo peor aún (en realidad, también hay otra clase de mujeres, pero no he de adelantar acontecimientos...).

Claro, que  lo mismo que el musgo se agarra a la más estrecha grieta de un muro de hormigón o un rastrojo puede crecer en medio de un campo de soja transgénica, la disidencia y la resiliencia (como se dice ahora) de las personas es capaz de encontrar un hueco donde anidar y prosperar. El "factor humano", que diría Graham Greene (por no hablar de la corrupción y la disipación, algo también de lo más humano y que incluso podría considerase como una forma de disidencia...). En este caso, encarnado en la protagonista, Defred -es decir "de Fred", que nos ofrece una lección no sólo de como aguantar en las peores circunstancias, las más humillantes y desesperanzadoras, sino además, una reivindicación de la ficción y la palabra -es decir, a la literatura-, como elemento de resistencia. Palabra escrita que, huelga decirlo, le está vedada a las Criadas y, de hecho, a todas las mujeres.

La novela, por supuesto, puede (y debe, quizás) ser leída en clave feminista; de hecho, Atwood se cuidó mucho de que todas las vicisitudes , por no decir perrerías,  que se les hace pasar a las Criadas, las hubiesen sufrido en algún momento y lugar reales, otras mujeres. Pero también es una crítica descarnada de cualquier régimen totalitario, ya sea teocrático (no olvidemos cuando se publicó, a los pocos años de la revolución islámica en Irán), socialista, paramilitar o todo junto... No obstante (y aquí me meto en terrenos movedizos, por desconocidos para mí), también se puede deducir de algún momento concreto, y del tono general de la novela, una crítica hacia algunas corrientes feministas que sacralizan en extremo el rol maternal de las mujeres. En fin, doctores o doctoras tiene la Iglesia para decidir si tengo razón; lo que importa, en todo caso, es que nos hayamos ante una grandísima novela, una narración magníficamente escrita, de dentro afuera y de fuera hacia dentro, y dosificada con sabiduría; capaz de angustiarnos como pocas -sobre todo durante el primer tercio del libro- a poca empatía que sintamos hacia su protagonista, una historia que nos es posible que deje indiferente a nadie y cuyo recuerdo, sin duda, será imborrable para cualquier amante de la literatura, sea mujer u hombre. Porque aquí nos encontramos con literatura de alto octaneje; con una obra que, si no resulta imprescindible, bordea ese calificativo. Y muy de cerca...



Otros libros de Margaret Atwood reseñados en Un Libro Al Día: Oryx y CrakeÉrase una vez, El asesino ciego, Doña OráculoPor último, el corazón

sábado, 22 de abril de 2017

Arthur Conan Doyle: Cuentos de terror

Idioma original: inglés
Título original: Tales of the Unease
Valoración: Recomendable
Año de publicación: como relatos sueltos, en fechas diversas entre 1883 y 1922
Valoración: recomendable

Arthur Conan Doyle es, para la mayor parte de los mortales, sinónimo de Sherlock Holmes: son los relatos sobre su detective excéntrico y brillante los que le han asegurado la fama póstuma. Sin embargo, Conan Doyle era un hombre de muchos intereses y habilidades, y su producción es amplia y variada: poesía de guerra, relatos policiacos, novelas históricas, panfletos, ensayos... Además de todo esto era también, como muchos de sus contemporáneos (incluida la propia reina Victoria de Inglaterra), aficionado al ocultismo y al espiritismo, temas a los que dedicó una buena docena de obras de mayor o menor enjundia. Así que no sorprende que también escribiera una serie de relatos de terror, publicados en diversas revistas a lo largo de casi cuarenta años, y que Penguin ha recopilado, al menos parcialmente, con el título de Tales of Unease (algo así como "cuentos que causan inquietud").

Para el lector de los relatos policiacos de Conan Doyle, y también para el lector habitual de relatos de terror, esta colección contiene algunas sorpresas agradables. Así, por ejemplo, tenemos el relato "El lote 249", que es uno de los primeros, si no el primero, en el que aparece una momia revivida como elemento terrorífico; "La mano marrón", que es un clásico cuento de fantasmas con un título un pelín racista; "El horror de las alturas", que recuerda un poco a Lovecraft aunque sin llegar a desarrollar toda su mitología, o "El terror de la sima de Blue John", que bien podría haber inspirado las películas de la serie The descent.

Algunas de estas historias recurren a trucos bien conocidos del género, como el manuscrito encontrado o el juego de espejos entre terror y locura, y no todos se leen con igual placer (algunas de estas historias, hoy, en el siglo XXI, suenan ya muy sabidas), pero en otras, como en "El fiasco de Los Amigos" hay un sentido del humor irónico que recuerda a los relatos de terror de Ambrose Bierce.

Sin embargo, mis cuentos favoritos de la colección no son precisamente los sobrenaturales, sino aquellos en los que la inquietud proviene de la propia crueldad humana: de los trucos, engaños y torturas que somos capaces de producirnos los unos a los otros por ambición, envidia, celos o avaricia. A este grupo pertenecen "La nueva catacumba" (que quizás es demasiado obvio en su final); "El gato de Brasil", con un ambiente de locura opresiva casi digna de Poe; o mi favorito, "El caso de Lady Sannox", un cuento con un final retorcido que hace que nos preguntemos qué tenía dentro de la cabeza el bueno de Conan Doyle.

En conjunto, esta colección de relatos de terror no desmerece en absoluto a otras colecciones semejantes de autores más asentados en el género. Es cierto que la relevancia mundial de Sherlock Holmes ha eclipsado el resto de la obra de Conan Doyle, y hasta cierto punto es justo, ya que consiguió crear uno de los personajes más icónicos de la literatura universal, de esos que son reconocibles solo con ver su silueta. Pero merece la pena darle una oportunidad a sus otros libros. A veces uno se lleva sorpresas agradables.