Título original: Departure(s)
Año de publicación: 2026
Traducción: Jaime Zulaika
Valoración: recomendable
Si alguien lo recuerda, en la reseña dedicada a Mis cambios de opinión, comentaba que ese libro no era el último que iba a publicar Julian Barnes, que a su ya respetable edad une el padecimiento de una grave, aunque cronificada enfermedad. Así pues, el último, de verdad, es éste al que dedicamos la reseña de hoy, convenientemente titulado Despedidas (aunque yo prefiero el título original, Departure(s), que en inglés tienen el sentido de "salidas" o "nuevos rumbos", que me parece más adecuado).
La trama -si es que existe alguna- de este libro (me resisto a llamarlo novela) resulta, cuando menos, bastante escurridiza: digamos que, en principio, Barnes nos cuenta la historia de amor/desamor de dos amigos suyos, en dos momentos de sus vidas separados por un intervalo de cuarenta años. Pero también encontramos una crónica del diagnóstico de la enfermedad que padece -un cáncer de la sangre, neoplasia mieloproliferativa, que no lo matará, pero le acompañará hasta su muerte-, disgresiones sobre la memoria -sobre todo de lo que se conoce como IAM: Involuntary Autobiographical Memory-, digresiones sobre la muerte, digresiones sobre la literatura -en especial la francesa, que ya se sabe que M. Barnes es un notorio francófilo-, sobre la percepción que los perros tienen de sí mismos, sobre la asimetría en las relaciones amorosas, sobre... en fin, lo que sea, porque si en algo es especialista este escritor es en lo de digredir, algo que se le da de maravilla (de hecho, algunos de sus libros, entre ellos el más célebre, El loro de Flaubert, no dejan de ser sino una digresión detrás de otra). Ningún problema, pues, excepto que, quizás, en algún momento se desdibuja un tanto los temas centrales del ibro, que vienen a ser los que ya he mencionado: el amor, la vejez, la memoria y la muerte (tiene su lógica, primero porque ya son temas tratados anteriormente por Barnes en otros títulos, pero, además, porque eas de suponer que ocupan bastante los pensamientos de cualquier persona, sea escritor o no, de ochenta años y con un cáncer "incurable, aunque tratable" ya de por vida). Con todos estos asuntos y más, de los que, en apariencia, va saltando de uno a otro sin orden ni conciertos, en realidad Barnes va tejiendo una urdimbre a base de divagaciones, reflexiones, recuerdos, hasta que el lector (este lector, al menos, que probablemente esea más obtuso que otros) se da cuenta de que todo va formando un cuadro, un tapiz que probablemente el autor ya tenía en mente desde que comenzó a escribir el libro, pero que ha preferido mostrarnos poco a poco, por medio de una conversación amistosa y ligera, entre viejos camaradas. Este tono amable y poco dramático, aun cuando se estén tratando cuestiones de la vida bastante graves, o incluso espinosas, es una especialidad de Barnes, como sabrá quien ya haya frecuentado su obra y, la verdad, se agradece que sea el elegido, de nuevo para éste su último libro.
Un segundo aspecto del libro, algo más delicado para éste vuestro servidor, es el gran e incuestionable peso que tiene en el mismo lo que podríamos denominar "el aspecto autobiográfico" (obvio eufemismo para no tener que recordar la palabra maldita: autoficc...bueno, ya sabéis). Pero, bueno, es verdad, por otr parte, que lo de la autoficcetc. no es sólo una moda a seguir para Barners, sino que toda su obra esta llena de referencias a sí mismo y sus circunstancias. Y, qué coño, es el último libro de Julian Barnes, que tiene ya ochenta años y un cácer "incurable pero tratable". Hasta yo lo puedo (y lo debo). pasar por alto, así que no problem...
En fin, como ya sabrá más de uno y una de nuestros amables lectores/as, el próximo mes de octubre este escritor recibirá el Premio Princesa de Asturias de las Letras, artefacto propagandístico de la monarquía española que, por una vez, sirve para algo (*). Quien quiera y pueda acercarse al teatro Campoamor de Oviedo tendrá la oportunidad de despedirse en persona, siquiera a distancia, de este nuestro estimado. autor. Pera para ellos y ellas, así como para el resto de nosotros, la despedida no es definitiva: nos quedan la lectura y la reslectura de todos los demás libros que ha escrito y la sensación, la ilusión, si se quiere, de estar dialognado con un amigo amable y ocurrente, al menos mientra dure esa lectura. Por eso al menos yo no me despediré aún de Julian Barnes, sino que esto será, en todo caso, un "hasta pronto". Y, sobre todo, muchas gracias por todo lo escrito: ha sido y continuará siendo, un placer.
(*) Se trata, si se quiere, de un premio de consolación aunque magro, por no haber recibido el Nobel, para el que, en mi opinión, Julian Barnes había acumulado más méritos que Ishiguro, escritor de su misma generación... Ahora, bien, el propio Barnes, cuando es requerido al respecto, suele recordar que a Ismail Kadaré tampoco se lo concedieron y eso sí que supone una injusticia...
También del ya añorado Julian Barnes en ULAD: Todos éstos







