martes, 22 de septiembre de 2026

Frederick Douglass: Vida de Frederick Douglass, un esclavo americano

Idioma original: inglés

Título original: Narrative of the life of Frederick Douglass an American slave, written by himself

Traducción: F. G. Iglesias

Año de publicación: 1845

Valoración: Imprescindible


Estados Unidos celebra este año su 250 aniversario como país, casi el mismo tiempo que la esclavitud fue sistema oficial en parte de su territorio. Comenzó a principios del s. XVII en las colonias del sur y se expandió durante el siglo siguiente, superó la declaración de independencia, y no fue abolida hasta el fin de la Guerra de Secesión, en 1865. 

En este contexto, que un esclavo fugado fuera capaz de escribir, y se atreviera a publicar, sus experiencias y opiniones en 1845, es en sí misma una hazaña enorme. Si además la narración en cuestión resulta ser de gran lucidez, y su estilo claro y elegante, la obra se convierte inmediatamente en lectura obligatoria. Y esto es lo que consigue Frederick Douglass con esta su autobiografía (que sería la primera que escribiera: luego publicaría dos más). 

Douglass aprendió a leer gracias a uno de sus amos, que primero le enseñó las nociones básicas… y luego le prohibió seguir aprendiendo, porque quien aprende a leer “no sirve para ser esclavo”. Esta afirmación fue la chispa que encendió en Douglass el ansia por dejar de ser analfabeto. Puso todo su empeño y energía en conseguirlo, con el riesgo que eso suponía. 

Porque los esclavos corrían un gran riesgo si intentaban hacer muchas de las cosas que las personas libres dan por obvias: aprender a leer, sí, pero también verse con su pareja, equivocarse al hacer algo nuevo, o incluso ponerse enfermos. Por cualquiera de estos motivos (y a veces sin motivo alguno) eran castigados duramente. Y esto encima de una rutina de trabajos agotadores, alojamiento inhumano, comida mala y escasa, ropa insuficiente… y mucha soledad. 

Frederick Douglass describe esta existencia durísima con los detalles justos, sin recrearse en lo escabroso ni caer en el dramatismo. En el libro abundan las anécdotas de gran crueldad, pero el tono nunca es vengativo, sino testimonial: las cosas eran así. 

Además de darnos a conocer de primera mano la vida de los esclavos, Douglass nos ofrece reflexiones de gran profundidad y analiza las contradicciones de la sociedad en la que vive. Estos pasajes me parecieron muy interesantes, sobre todo cuando explica el efecto de la esclavitud en las personas, tanto esclavos como esclavistas, y cuando cuestiona la religiosidad de estos últimos. 

Este libro es, sin duda, imprescindible. No solo porque esté muy bien escrito, sino sobre todo porque es un testimonio directo de un sistema que trajo terribles sufrimientos a cientos de miles de personas. 

Un único “pero”: al final del libro Douglass menciona de pasada a su prometida y su boda, lo cual me dejó algo perpleja por lo repentino y breve. Después estuve leyendo que esta mujer fue fundamental no solo en su fuga sino también en su posterior carrera como orador y político. Me dio un poco de pena, tanto de la mujer como de Douglass. Con todo, un libro que hay que leer. 


lunes, 21 de septiembre de 2026

Daša Drndić: EEG

Idioma original: Croata
Título original: EEG
Año de publicación: 2016
Traducción: Juan Cristóbal Díaz
Valoración: Muy recomendable (con matices)

Aclaremos la valoración. Personalmente, creo que EGG es un texto magnífico, pero soy plenamente consciente que un lector menos flipado con exyugoslavos raros (Cortázar diría, de forma desafortunada, un lector-hembra) calificará esa valoración como exagerada.

Porque este es un texto exigente y extraño, tan alejado de la novela "decimonónica" como cercano a corrientes, técnicas y autores ligados a la modernidad formal y estilística (si la buena de Drndić leyera esta frase, lo mismo volvía a morirse del susto). O en palabras del propio Andreas Ban, quien tiene mucho de la propia Drndic, este no es libro para quienes buscan una forma "sólida" de formas "regulares" y contornos "armoniosos", conformada por una cascada de palabras "hilvanadas", cuyos personajes se dibujan "matizados", (...), todo ello además en un estilo "pulido",...

O dicho en palabras de este reseñista, EEG es una ¿novela? documental y fragmentaria (¿acaso existe la totalidad?), el larguísimo y solo aparentemente deslavazado monólogo interior de Andreas Ban, "cioraniano" suicida fallido, psicólogo jubilado y extranjero en su propia tierra. En ese monólogo que nos trae a la cabeza a Bernhard, y también al Thomas F. de Askildsen, Ban tratará de ordenar las migajas de la Historia y nos llevará a diferentes épocas y lugares, a historias reales y ficticias que se entretejen y se extienden como redes capilares (porque la Historia nos asalta a cada paso) y que son protagonizadas, mayoritariamente, por los olvidados por la Historia.

Todo ello, ya digo, utilizando elementos de la modernidad: inserción de multitud de citas y referencias (editores del mundo, leed a Drndić para posibles futuras publicaciones), de fotografías, de listas de represaliados (y esto es de justicia. ¿Por qué, en muchas ocasiones, conocemos el nombre de los asesinos y no el de los asesinados), de reproducciones de interrogatorios, etc. Lo anterior liga a Drndić con Modiano o con Bolaño, pero especialmente con Sebald, por la relación de esas herramientas con la construcción de la memoria y la identidad individual y colectiva. Eso sí, lo que en Sebald es niebla y melancolía (o cierta forma de melancolía) en Drndić es oscuridad, rabia y mala hostia.

En cuanto a posibles "defectos" del texto, alguien podría decir que no es necesaria tanta lista, tanto dato. Es posible, pero me parece una forma legítima y acertada de mostrar el horror. La frialdad de una lista o de unos datos puede resultar tanto o más escalofriante que una explicación detallada de los horrores del campo de concentración. 

También alguien podría decir que algunas de las historias o personajes que encontramos en EEG aportan bien poco a la ¿novela?. Pero ya decía por ahí que esta es una novela fragmentaria en la que las asociaciones, a veces, son tenues. Y es muy probable que estas se nos puedan, en ocasiones, escapar.

Resumiendo: EEG me parece un libro impactante por su forma de mostrar el horror del siglo XX, un texto que lleva en su interior una fría y extraña poética y que supone un llamado a no olvidar. Aunque eso de recordar para no cometer los mismos errores suene a deseo imposible. Ya nos hemos empeñado en demostrarlo.

También de Daša Drndić  en ULAD: Leica Format

domingo, 20 de septiembre de 2026

Warren Ellis & Raúlo Cáceres: El Capitán Swing y los piratas eléctricos de la Isla Cenicienta

Idioma original: inglés

Título original: Captain Swing and the Electrical Pirates of Cindery Island

Año de publicación: 2010

Traducción: Rosa Martí

Valoración: está bien

Fiel a mi querencia por los títulos largos e incluso enrevesados, vamos hoy con un cómic que podría dar nombre a un grupo de rock progresivo/psicodélico, ya sea andaluz o australiano... Tiene un cierto regusto bibliófilo, además, porque a más de uno o una de nuestros lectores/as le sonará, sin duda, lo de Capitán Swing, que da nombre a una estupenda editorial española, que por lo general publica ensayos políticos y sociológicos. Pero es que, precisamente, esta editorial toma su nombre del personaje que firmaba las reivindicaciones de la revuelta campesina que tuvo lugar en el sur de Inglaterra en la década de 1830... y que es también uno de los protagonistas de este libro. Con una diferencia: la revuelta real tuvo una carácter que podríamos considerar "ludita", es decir, se debió al perjuicio que la introducción de maquinaria agrícola prodijo entre los asalariados del campo; sin embargo, el Capitán Swing del cómic es, ante todo, un "filósofo natural" e inventor, que considera que la tecnología puesta al servicio del pueblo llano liberará a éste de su servidumbre con respecto a las clases dominantes.

Pero empecemos por el principio: en el Londres de 1830, se han producido algunos horrendos asesinatos de 'bobbies', los policías del cuerpo públicorecién creado y competidor, por tanto  de los llamados Corredores de la calle Bow, al servicio de los magistrados del juzgado. Una noche el agente Charlie Gravel descubre a un peculiar, por no decir estrambótico, y sospechoso personaje, que bien pordría ser el famoso Jack el Saltarín. El tipo, a pesar de la intervención de Brock, uno de esos Corredores, consigue huir en un barco volador y ahí comienza la aventura del bobby, que en una noche posterior consigue subir a dicho barco y entrar en contacto con los "piratas eléctricos", comoo el malhumorado Hobbes o la hermosa y temible Polly... No voy a contar más, claro, que el cómic, pese a estar dividido en cuatro libro -supongo que fue publicado originalmente por entregas- tampoco es demasiado extenso y si me paso de frenada, no es que haga spoilers, es que os acabo hablando del ISBN y el código de barras de la contratapa...


Esta limitada extensión (quizás debida a razones comerciales, más que narrativas, no sé) constituye, en mi opinión, uno de los dos problemas principales de este cómic (en este caso, me resisto un poco a llamarlo "novela gráfica"); yo creo que le hubiera venido bien un poco ma´s de aire para dejar respirar la historia, que resulta un tanto constreñida y poder desarrollar mejor algunos aspectos de la misma, como la relación entre Polly y el policía o las características de la comunidad utópico-industrial-piratesca creada en la llamada Isla Cenicienta (que está en Essex, no en el Caribe o el Índico. Otro problema que le veo a la historieta, esta vez de orden gráfico es que, como buena parte de la acción, por no decir casi todo, se desarrolla de noche, la oscuridad inherente y el barroquismo de la composición hacen que, en ocasiones, resulte difícil distinguir lo que ocurre en las viñetas. Por lo de más, junto a este regusto barroco, el estilo del dibujo del cordobés Raúlo Cáceres (de la Córdoba de España, especifico, no de Argentina), muy trabajado, se encuentra a medio camino entre el del ya desaparecido Richard Corben el del undertgroun setentero y las calcografías del siglo XIX _de las que, por otro lado, hay una buena muestra ilustrando las reflexiones del Capitán Swing-; lástima, ya digo, que el grafismo se vea un tanto deslucido a veces por el color o la falta del mismo.

Entre las virtudes más destacables del libro están, sin duda,  su capacidad para combinar de forma imaginativa y convincente varios elementos más o menos misteriosos de la época -incluyo la electricidad, ya que por entonces Faraday esba llevando a cabo sus experimentos sobre electromagnetismo- para configurar una interesante ucronía. En el apartado gráfico o artístico la historia está ilustrada con una estética steampunk (aunque sería más propio hablar de electropunk, en realidad), que suele atribuirse más a la época victoriana que a esta otra, previa.Es una peno, ya digo, que la oscuridad reinante en la mayoría de las viñetas impida disfrutar mejor de ella.

sábado, 19 de septiembre de 2026

Pierre Boncenne: El paraguas de Simon Leys

Idioma original: francés

Título original: Le parapluie de Simon Leys

Traducción: José Ramón Monreal

Año de publicación: 2015

Valoración: Está bien


Hablamos en ocasiones de la fluidez de los géneros literarios, que a fin de cuentas no son más que convenciones para clasificar de alguna manera los textos, que siempre es conveniente organizar las cosas aunque solo sea para colocarlas en una biblioteca pública (y aun en ese caso no siempre están donde deben). En el caso del libro de Pierre Boncenne he terminado por etiquetarlo como ensayo biográfico, aunque en esa parcela se podría colocar solamente una parte del texto, quizá la central, pero escapa de ella en distintas direcciones de manera que cada uno puede elegir la que más le convenga. Los textos promocionales ponen el acento en lo histórico-político, que es lo más vistoso, y reconozco que fue lo que me atrajo del libro. Pero vayamos por partes.

Parece ser que el autor tenía una estrecha relación con el sinólogo belga Simon Leys quien, instalado en Hong Kong, escribió en los años 70 del pasado siglo varios libros criticando el régimen chino de Mao, en particular la Revolución Cultural. En una época en la que buena parte de la izquierda europea, aun con un conocimiento muy relativo del tema, quedó fascinada con la experiencia china, los libros de Leys cayeron realmente mal en este ámbito, singularmente entre la intelectualidad francesa. Como las discusiones políticas eran florecientes y apasionadas, y Leys era polemista pata negra, se multiplicaron los encontronazos en prensa, conferencias y declaraciones. 

Relata todo esto Boncenne desde una perspectiva que resulta algo extraña: no aporta ningún dato sobre el fondo (insisto, el régimen de Mao), sino que describe con minuciosidad los enfrentamientos, siempre defendiendo la postura de Leys y ridiculizando la de sus oponentes. El libro tiene así el aspecto de un panegírico bastante encendido, pero más incluso hace pensar en esas gentes de partido que sin detenerse siquiera en los argumentos con que defender una posición, se limitan a ensalzar las opiniones de su líder y, con mayor entusiasmo aún, a defenestrar las de sus adversarios.

No me gusta desde luego el planteamiento, empobrecedor además de reiterativo, aunque tengo que reconocer que la exposición es muy correcta desde el punto de vista formal, incluyendo un tono moderadamente sarcástico que conecta muy bien con la acidez que por lo visto exhibía el propio Simon Leys, a la vista de las numerosas citas, en mi opinión excesivas, que lucen en el libro. 

De manera que, por lo que a este texto se refiere, no tenemos acceso a datos concretos sobre el asunto troncal de la polémica sino solo a un cruce de opiniones que parece bastante estéril, en el que el autor toma partido, y de qué manera, sin que acertemos a conocer del todo basado en qué, al margen de la amistad o la admiración. Todas estas polémicas serían mucho más interesantes si en vez de centrarse en la destreza con que cada uno apuñala al contrario, se nos mostrasen informaciones fidedignas en base a las que pudiéramos juzgar. No es desde luego la intención de Boncenne, de manera que nos deja un poco en los márgenes del asunto que habíamos venido a conocer, aunque reconociendo que el libro resulta correcto. Pero solo eso, correcto.


viernes, 18 de septiembre de 2026

Eduardo Jordá: Número cero

Idioma original: español

Año de publicación: 2026

Valoración: muy recomendable

Cuando Jordá noveló la vida de Anna Ajmátova, ya me pareció una injusticia que la modesta editorial en que publicó la obra no dispusiera de la capacidad de repercusión o promoción que el libro merecía. 

Pero Libros del Asteroide (supongo que por el empujón que le han faciltado ciertos éxitos) ya es otra cosa, y sus inconfundibles lomos y portadas empiezan a poblar librerías y bibliotecas, ya hace unos lustros, y con sus lógicos (y algunos ya comentados) altibajos, empieza a erigirse en una poderosa alternativa a los grandes grupos fagocitadores de aventuras editoras. 

O sea, supongo que Número cero no parte con esa desventaja, o parte con esa cierta ventaja. Añadamos que, por supuesto, Bob Dylan es una figura notoriamente más conocida que la poetisa rusa. Que el tiempo y el hábitat en que desarrolla su carrera ha sido más proclive a divulgación y transparencia. Aunque debo reconocer formar parte del colectivo que arqueó la ceja cuando recibió el Nobel de Literatura, está claro que su trayectoria musical, su influencia, su empecinamiento por continuar grabando y tocando música lo sitúa en un universo aparte. Historia viva, se dice. Como tal, y como se reconoce en las páginas de este libro, son centenares los libros que se han escrito sobre él. 

Aun así, Jordá logra entregarnos un texto único, que funciona en varios planos. Primero, el meramente biográfico, en el que Jordá renuncia a la típica semblanza informativa, cosa que se agradece, no es cuestión de acaparar páginas para lo que es casi del dominio público. Pero es que incluso esa elección, la de un puñado de aspectos de su existencia, algunas anécdotas en detrimento de otras más conocidas, tiene algo de literario, mucho de creativo. Jordá interviene de forma decisiva ahí, deja su huella como autor. Luego tenemos pasajes que se escoran hacia la crónica, en los que el autor comparte experiencias personales de vivencias relacionadas con sus indagaciones sobre el personaje, o no, porque ya en ese punto aventuramos que nos encontramos ante algo que, pese a la aparente humildad de su formato y extensión, registra una ambición subyacente, la de ese Jordá que se bifurca en narrador, cronista, poeta, admirador, incluso crítico musical (o literario, visto lo del Nobel). Y ese plano asoma con poder en capítulos brillantes que trascienden hablar del músico, su existencia y su obra. Jordá se desata e impregna de personalidad esas elecciones de este u otro texto del músico,  de esta u otra circunstancia de su existencia, de esta u otra faceta de la personalidad de Dylan. 

Hay donde elegir, pero esta es una "biografía" creativa, subliminal, contemporánea, valiosa, marcadamente lúcida y que pone de manifiesto, de forma simultánea, no solamente la importancia de Dylan como referente sonoro, intelectual y cultural, sino la de Jordá para sintetizar una existencia tan notable y prolongada a base de magistrales pinceladas.

Obra (o traducciones) de Eduardo Jordá en ULAD aquí

jueves, 17 de septiembre de 2026

Alexander Pechmann: La biblioteca de los siete mares

 Título original: Die bibliothek der sieben meere

Idioma original: alemán

Traducción: Alejandro Pantoja Lindemann

Año de publicación: 2026

Valoración: Está bien


Alexander Pechmann comienza este entretenido ensayo sobre la literatura relacionada con el mar contándonos como surgió la fascinación, tanto en él como en su familia, por los temas relacionados con la literatura marítima. Al parecer dentro de la extensa biblioteca familiar, tiene un lugar de honor un amarillento volumen  titulado "Tom Cringle´s Log" de Michael Scott que perteneció a su tatarabuelo, marino que llegó al título de contralmirante, que al parecer llevaba el libro en sus innumerables viajes marítimos.

Así pues, esa querencia familiar acaba llevando a Pechman a realizar un erudito ensayo en el que nos invita a realizar un recorrido por los siete mares de la literatura, llamando nuestra atención sobre innumerables autores y obras que tienen el mar como protagonista. Advierte a pesar de todo de que esta biblioteca es "una institución efímera que no aspira a la totalidad ni a la validez eterna. El foco de atención se centra en autores y obras en lengua inglesa del siglo XIX y principios del XX, ya que fueron y siguen siendo definitorios del estilo para todo el género".

A la hora de abordar el ensayo, el autor alemán confiesa que podía haber optado por un recorrido cronológico o dividiendo los capítulos por la nacionalidad de sus autores, pero "la única organización que me parece lógica y que ofrece una buena visión global de la literatura de los mares es la de círculos temáticos. Los círculos pretenden evocar esas ondas que crean los guijarros cuando se lanzan al agua; se extienden en todas direcciones, a veces se superponen y acaban desapareciendo como todo nombra, historia o categoría". 

De esta manera nos encontramos con una división en siete capítulos que hace referencia a los siete mares del título del libro: el mar de los mitos, el mar de lo desconocido, el mar de las aventuras, el mar del trabajo, el mar de la calamidad, el mar del miedo y el mar de la pasión. Esa división temática sirve a Pechman para hablarnos de travesías míticas, piratas, motines, tesoros, contrabandistas, monstruos marinos, fantasmas o historias de amor que tienen el mar como fondo.

En cada uno de esos capítulos Pechmann nos va relacionando escritores y títulos de literatura marítima relacionado con cada uno de los temas que aborda. Son innumerables, y lógicamente figuran todos aquellos que podamos imaginar si recordamos nuestras lecturas ambientadas en el mar: Homero, Melville, Conrad, Stevenson, Hemingway, Defoe, Verne, pero también menciona muchos otros menos conocidos, y tanto de unos como otros realiza un exhaustivo análisis de sus obras más emblemáticas relacionadas con los océanos. A menudo, conecta unos libros o autores con otros y nos descubre como algunos están relacionados o emparentados entre sí.

Pechmann realiza un análisis pormenorizado y exhaustivo, nos habla de autores y obras con conocimiento y erudición, pero utiliza un lenguaje conciso y directo, a menudo salpicado de anécdotas personales y familiares y la lectura es amena y enriquecedora. Es cierto que en algunos casos, especialmente cuando se refiere a textos o autores poco conocidos, se puede llegar a producir cierta desconexión con el lector que se puede sentir sobrepasado con tanta información. Nos corresponde a nosotros decidir si nos dejamos llevar por las historias que nos cuenta y nos sumergimos en estas historias marítimas o preferimos quedarnos en la orilla.



miércoles, 16 de septiembre de 2026

Olaf Stapledon: La última y la primera humanidad

Idioma originalinglés
Título original: Last and First Men
Año de publicación: 1930
Traducción: Jordi Arbonés
Valoración: bastante recomendable (pero no para todos los gustos)

Ya en Hacedor de estrellas había utilizado la etiqueta "no para todos los gustos", lo cual muestra un adelanto de cómo sería leer esta novela, similar en tema, ambición y tono a aquella tan filosófica, excepcional en su estética del asombro y la inocencia y, para qué negarlo, árida hasta la extenuación. Otra etiqueta podría ser "en pequeñas dosis", pero como la he leído de corrido y manejado sus conceptos de una forma más asequible (en escalas es mucho más humilde, ¡solo la humanidad!), creo que vale la pena hacer el intento.

Es esta un recorrido entero sobre la especie humana. Nosotros aparecíamos brevemente en Hacedor de estrellas, apenas nombrando nuestra extinción en Neptuno. Acá se traza (de forma quizás muy morosa al principio y luego acelerando vertiginosamente milenios) la historia completa, desde nuestros inicios como Primera Humanidad (en la cual todavía nos encontramos) hasta la Decimoctava Humanidad (unos mil quinientos millones de años después y ya en Neptuno). Stapledon utiliza el recurso de mensaje del futuro enviado al pasado, elemento que se explicará casi al final de la novela (bastante abstracta y original la utilización, pero cargada de una imaginería difícil de asimilar), como una forma de "poseer" al autor y conminarlo a escribir lo que le relatará.

No quiero repetirme en el argumento: básicamente trata de nuestro proceder como especie a lo largo de dos mil millones de años. La Primera Humanidad, por ejemplo, y luego de guerrear repetidamente entre Europa, EE.UU y China, se reúne bajo un Estado Mundial que fracasa estrepitosamente por la obsesión hacia el principio del Motor (en el sentido de movimiento, no de motor de auto), representado en el despilfarro de energías naturales y agotando los recursos del planeta (¡plena actualidad!) y de la cual unos habitantes de la Patagonia serán el reducto último y las raíces de las que surgirá la Segunda Humanidad, que no es mejor que la Primera. Y así más o menos en cada transición hacia otra Humanidad. Stapledon menciona las características físicas y culturales de cada una, la evolución de ambas a lo largo de millares de años, los auges y decadencias de las mismas (y, algo que me sorprendió para bien, la marcada importancia de las relaciones sexuales en cada una de ellas. Para ser de 1930 es de todo menos pacato). Algunas Humanidades, como la Tercera y la Quinta son el summum de nuestra especie, dedicadas a la religión del amor y al abandono del egoísmo natural en pos de una comunidad mundial, pero con la individualidad por bandera. Otras son un desastre, como la Cuarta, unos cerebros artificiales incapaces de entender el disfrute de sus creadores, la Tercera, y por ende resentidos hasta el hartazgo, y un par más en donde directamente somos pájaros, ratas o babuinos más preocupados por nuestros instintos primales que en el conocimiento y la intuición para mejorar.

Es, entonces, una novela circular. El narrador, con una mezcla de sorpresa, desgana y lleno de compasión hacia el resto de las Humanidades, deshoja cada una con precisión de científico e incluso reconociendo lo desesperanzador de su relato, ya que pareciera que nuestro destino natural es fracasar y arruinar sociedad tras sociedad. En algún punto menciona que el sufrimiento, puesto en una balanza, es mucho mayor que nuestras alegrías. Pero Stapledon, marcado con una fuerte impronta humanista (pleno período de entreguerras, por un lado, y no tan desconocedor de lo que se venía) y a pesar de que en la novela nos extingamos, considera que ha sido un placer formar parte del género humano. 

Por ello, y por más que la novela arranque lentísimo con la Primera y termine siendo una abstracción muy potente con la Decimoctava, en la que cuesta entender la sociedad del momento (aunque sea un efecto buscado por el narrador), y lo adictivo esté en ese medio (más o menos lo que pasaba con Hacedor de estrellas: lo interesante está en la expansión de la Humanidad, y lo árido al principio, cuando todavía nos vemos limitado por una historia muy reconocible, y al final, en el que nos cuesta situarnos) comprendido por la Tercera y la Décima Humanidad, cuna de lo mejor y lo peor de nuestras acciones, nos vemos involucrados , esperanzados y desesperanzados por nuestra historia, nuestra causa, nuestras cuestiones existencialistas: ¿por qué hacemos lo que hacemos?, ¿por qué estamos acá?, ¿es el universo algo con sentido o puro y fortuito azar? Uno termina siendo partícipe de lo que ocurre en la novela, termina creyendo que, desde su individualidad y en una trama de dos mil millones de años, importa lo que hagamos, por más que el narrador desempolve la trama histórica en suspiros como "y luego de millares de años consiguieron lo que buscaban", dejando de lado las iguales vidas en cantidad que se habrán vivido en ese período y la cantidad de miserias efectuadas, pero, y eso es lo más importante, también alegría y gozo por existir. Entonces, y para ir cerrando la reseña, nada mejor que citar a Stapledon, con su visión excesivamente romántica e ilusa para unos, necesaria y veraz para otros: "Está muy bien haber sido hombre".

Más de Olaf Stapledon: Hacedor de estrellas