Idioma original: inglés
Título original: What´s with Baum
Traducción: Manuel de la Fuente Soler
Año de publicación: 2025
Valoración: se deja leer
Un libro al día
Cada día, una nueva reseña
jueves, 5 de marzo de 2026
Woody Allen: ¿Qué pasa con Baum?
miércoles, 4 de marzo de 2026
Sergio Marchi: Spinetta. Ruido de magia
Año de publicación: 2019
martes, 3 de marzo de 2026
Herbert Marcuse: El hombre unidimensional
Título original: One-dimensional man
Traducción: Antonio Elorza
Año de publicación: 1964
Valoración: Arduo, pero interesante
Allá por los años 60-70 del siglo pasado Herbert Marcuse fue un personaje venerado en el ámbito de la izquierda, donde se empezaba a ver con claridad la necesidad de una renovación, postulados con los que adaptarse a los cambios sociales y alejarse del mundo esclerotizado del stalinismo y sus continuadores. Marcuse era, o así se quiso ver, la simbiosis perfecta entre Marx y Freud, el socialismo clásico visto desde otra perspectiva.
El hombre unidimensional es uno de los primeros trabajos de este filósofo de la Escuela de Frankfurt, y su interpretación (quizá algo sesgada, seguramente muy parcial), junto con otras aportaciones de pensadores de la época, de alguna manera señaló el camino a los poderosos movimientos que iban a irrumpir a finales de los 60.
Marcuse analiza en profundidad la sociedad industrial avanzada, ese mundo en el que, aunque de manera muy embrionaria para lo que después estamos viendo, se atisbaba la irrupción masiva de las máquinas en el proceso productivo. En ese análisis encuentra cosas, como la existencia de una alienación basada en la creación de necesidades artificiales que ‘hacen la servidumbre agradable y quizá incluso imperceptible’, de manera que el individuo se muestre dócil y hasta agradecido por ese nivel de bienestar, de manera que no incomode al sistema. Sustituyamos los ejemplos de Marcuse por los nuestros, radio y Tv por redes sociales y wifi, cadena de música por experiencias de fin de semana, lavadora por air frier, y tendremos un diagnóstico certero de la situación actual en las sociedades avanzadas: satisfacción de ‘necesidades’ materiales a cambio de no cuestionarse nada.
Aquella conciencia feliz del obrero satisfecho con su maquinita impide distinguir entre lo real y lo percibido, y se pasa de ser esclavo del señor feudal a esclavo de las circunstancias objetivas del mercado, o de lo que algunos dicen que son esas circunstancias objetivas. Y el lenguaje es uno de los instrumentos más poderosos para inyectar convicciones y hacer funcionar la anestesia.
El uso del lenguaje y la importancia del pensamiento filosófico en su análisis consumen buena parte del libro que, no lo olvidemos, se mueve en el campo de la filosofía y por tanto se muestra generalmente árido y cuajado de conceptos abstractos no fáciles de digerir.
Marcuse no era un visionario, no era la suya una mirada prospectiva hacia el siglo XXI, mucho más sencillo: estaba describiendo la sociedad de su tiempo, inicios de los años 60. Lo impactante es entonces hasta qué punto los mecanismos son los mismos y la situación idéntica, tal vez exacerbada, con la diferencia de que aquellas taras que él mismo, entre otros, contribuyó a desvelar no han provocado ahora movimientos hippies, pacifistas o contestatarios, sino la búsqueda de soluciones populistas y autoritarias.
Como es habitual en el gremio de los pensadores, el autor no ofrece recetas para superar la situación, apenas ideas más o menos vagas, como la necesidad de redefinir las prioridades o de preservar el pensamiento crítico, nada demasiado novedoso o que no se haya repetido una y mil veces durante el medio siglo largo que ya ha transcurrido desde la publicación del libro. Aunque tuviese clara la necesidad de un cambio de rumbo, de una ruptura del sistema, el mismo Marcuse no parecía tener nada claro que ese hombre que ha sido ‘objeto de una dominación efectiva pueda crear por sí mismo las condiciones para la libertad’. Le deja a uno algo descolocado la sinceridad de esta duda, pero seguramente esa desconfianza es buena muestra de su clarividencia, porque con toda probabilidad el ser humano sigue siendo hoy en día tan unidimensional como el que conoció Marcuse, puede que más.
lunes, 2 de marzo de 2026
Fumiko Enchi: Máscaras femeninas
domingo, 1 de marzo de 2026
ULAD al desnudo
Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos.
Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.
Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo.
Se trata de un sencillo ejercicio que nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.
Os pedimos:
Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.
Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)
Más un placer culpable.
Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).
Alain:
Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.
Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista.
Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.
Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.
Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.
José Miguel:
En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:
- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).
- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).
- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).
- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).
- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).
- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).
Félix:
Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía
* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos
* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor
* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante
* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta
* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura
Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace
Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)
Juan G.B.:
-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).
-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.
-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.
Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.
Mi placer culpable: Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.
Francesc:
-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19
-David Foster Wallace (ídem) 18
-Michel Houellebecq (otro ídem) 11
-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10
Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así
Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.
Koldo:
Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:
- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).
-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.
-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.
-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...
Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)
Mi placer culpable: Los libros de viajes polares.
Carlos
Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:
- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán
- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan
- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo
Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.
¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.
- Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
- Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
- Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
- Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
- Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
- Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
- Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
- Stephen King (25 títulos).
- Patricia Highsmith (22 títulos).
- Clive Barker (15 títulos).
- Alberto Moravia (13 títulos).
- H. P. Lovecraft (12 títulos).
- (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
- Ramiro Pinilla
- Julio Cortázar
- Andrea Camilleri
- Stephen King
- Agatha Christie
sábado, 28 de febrero de 2026
Jennifer Johnston: ¿Cuánto falta para Babilonia?
Esta es una magnífica novela. Una magnífica novela que, como tantas otras, comienza por el final. Y es que su primer párrafo nos presenta a un oficial que, en sus últimas horas, se dedica a escribir, a rememorar el pasado, a interpretar qué le ha llevado a ese punto. Y así se rebobina hasta la primera infancia del narrador para, poco a poco, ir devanando la madeja de unos hechos y unas relaciones que nos devolverán, 200 páginas después, al punto inicial.
Resumiendo mucho, ¿Cuánto falta para Babilonia? es la historia de Alec Moore, joven de "buena familia" que crece en un ambiente de lo más decadente y que encontrará en su amistad con Jerry, hijo de campesinos, lo que no puede hallar en la mansión familiar. Este primer contrapunto entre los protagonistas se verá complementado por el que ofrecen los campos de batalla de la PGM frente a los idílicos paisajes irlandeses de la infancia y la adolescencia, ya que será en aquellos en los que transcurra la segunda mitad de la novela, esa en la que Alec y Jerry chocarán con la más cruda realidad.
Es por esto que la novela tiene varias posibles lecturas, ya sea como novela de formación (la más evidente y "principal", creo yo), como novela antibelicista, como novela existencialista (juventud frustrada, ilusiones traicionadas, paraíso perdido), como novela política (aunque solo sea como telón de fondo) o como novela "homoerótica"
Sea como fuere, varios son los aspectos a destacar en ¿Cuánto falta para Babilionia?:
- la capacidad de síntesis de la autora a la hora de construir personajes y tejer relaciones entre ellos. Apenas unos párrafos o unas escenas "escogidas" son suficientes. Ni rodeos ni páginas innecesarias. Economía de medios al servicio de la narración.
- la delicadeza con la que trata la amistad entre Alec y Jerry. Podría haber caído en la noñería o en la sensiblería porque era terreno resbaladizo, pero Johnston lo resuelve a la perfección.
- la tensión vivida en el frente, a la altura de la mejor literatura antibelicista.
- los diálogos, que favorecen el ritmo de la narración y que, pese a ser algo confusos por momentos, resultan, por lo general, creíbles.
- el final, realmente a la altura del resto del texto, tanto en fondo como en forma.
viernes, 27 de febrero de 2026
Emilio Bueso: Ahora intenta dormir
Año de publicación: entre 2010 y 2014, en revistas y compilaciones de relatos. Reunidos en este único tomo, en 2015.
Valoración: recomendable
El castellonense Emilio Bueso es uno de los nombres señeros de la literatura fantástica y de terror española actual, pero, por lo que sea (no es que leamos sólo a ex-yugoslavos raros, ni nada de eso) aún no lo habíamos reseñado en este blog. Pues vaya de aperitivo, antes de, algún día, meternos con novelas más contundentes, este libro de relatos publicado por la imprescindible editorial Valdemar en 2015 (y que cuenta, como puede verse, con una cubierta de lo más adecuada, a partir de una obra del no menos singular pintor Zdzislaw Beksinski). Este volumen, en verdad, es una recopilación de cuentos que, o bien fueron publicados anteriormente en otras antologías o revistas, o bien el autor mantenía en barbecho en su cajón de inéditos, hasta encontrarles un destino apropiado. En conjunto, se trata de dieciocho relatos de temática, ambientación y extensión variadas, que podemos agrupar de la siguiente forma (por emplear alguna):
- Recreaciones bastante singulares de los personajes y situaciones clásicos del género del terror: la bruja -Vecina-; zombies -Tras una persiana veneciana-; posesiones diabólicas, tanto en Abuela como -esta es incluso aún más original- en Dial; fantasmas -Barrer, quizás soñar y Bola de mierda-; la licantropía (de aquella manera) en De lobos y hombres y el vampirismo en la magnífica El hombre revenido.
- Las distopías climático/cataclísmicas de En falta de palabras, La próxima vez que se desate la tormenta del infinito sobre nosotros y Al garete.
- Relatos pesadillescos, es decir, a medio camino entre lo onírico y lo angustioso, en Lamphead y Del vértigo de un hospital.
- Homenajes a maestros del género; más explícitos -Innsmouth, Massachusets (no hace falta decir a quién)- o menos, en la ligottiana persecución de Me sigue desde hace rato.
- Finalmente, un mezcladillo de relatos, en los que encontramos desde el asesino controlador de Controller (¿dónde, sino?), los desconcertantes viajes en el tiempo de Cartero de medianoche o la maravillosa y terrible sinestesia de La resaca de ella.




