domingo, 15 de marzo de 2026

Colaboración: Un episodio en la vida del pintor viajero, de César Aira

Idioma original: español 

Año de publicación: 2000

Valoración: Muy recomendable


El alemán Johann Moritz Rugendas puede no figurar entre los nombres de los grandes pintores del siglo XIX. Discípulo de Humboldt, fue un pintor que, en la mirada de Aira, se convierte en un eslabón perdido: posee la luz dramática de Turner y una audacia en el color y la línea que parece un Matisse avant la lettre. Por mucho tiempo se dijo que la atención que sus pinturas generaban no se debía a su técnica, sino a la belleza sin límites del paisaje americano. Aquí entra en acción César Aira, quien, aprovechando que el pintor viajero se reivindicaría en su paso por Argentina en un evento extraordinario, pone en marcha un relato histórico lleno de emociones, conciso e imprevisible.

Descendiente de pintores de batallas y víctima de la paz napoleónica, Rugendas sale de Europa e inicia una batalla interna en el Nuevo Mundo, acompañado de otro pintor: Krause. Sabe que su presente pasa por retratar los paisajes tropicales de los que Europa adolece, pero no tiene idea de su futuro. Quizá, hasta lo podría evadir desandando sus mismos pasos. Fruto de ese andar es la vasta cantidad de dibujos, los mismos que le generarían ingresos.

México y Brasil constituyen el grueso de su obra, con más de 3000 dibujos e ilustraciones (pero solo 118 totalmente terminados), aunque su fin último —ese que va más allá del dinero— estaba en Argentina: dibujar y gozar la serenidad de la luz del sur, pero deseando culposamente retratar antes un terremoto o la furia indígena de un malón. Sin embargo, el destino le dará el sobresalto que él busca de otra manera. Si Rugendas solo tenía el presente como herencia y sus manos y sus ojos como herramientas para subsistir, lo que vivirá entre San Luis y Mendoza lo dejará literalmente temblando, como a un niño recién parido. A partir de ahí, su verdadero rostro será el arte.

Desde ese momento, pasa de lo científico a lo dinámico. En comparación con sus dibujos documentales de México y Brasil, La cautiva, producto de su estancia en Argentina, sacude el alma. Es estilo, belleza y movimiento. Pero no sabemos cómo se pintó, ni cuál era el estado del pintor. Leemos a Aira —imperturbable, analítico, extrañamente divertido— y él nos revela la funcionalidad del dolor. El sufrimiento no es una tragedia aquí, sino una droga que agudiza la percepción: Rugendas deja de ser un hombre para convertirse en un ojo mecánico, alejándose de su propia humanidad. Pintor y escritor se unen aquí por lo simple y firme de su ejecución, además de la simetría de sus vidas: uno plasmó las escenas que recorrió, el otro lo revivió al leer, imaginar y complementar su correspondencia.

Libro corto, personajes profundos, imágenes poderosas. Con oraciones sencillas, lejos de lugares comunes, cautiva al describir lo imponente de los Andes, la bravía de quienes los cruzan o la vorágine de un campo de batalla. Llama la atención la identidad entre los bocetos veloces de Rugendas y la famosa "fuga hacia adelante" de Aira. Ambos rechazan la corrección: el error se integra, la deformidad se acepta. Para ambos, lo importante no es la obra terminada, sino el movimiento continuo, la invención constante del presente para no tener que mirar atrás aunque el motor sea agua de amapolas.

Pero, sobre todo, Aira nos muestra, a través de Rugendas, que los viajes sí nos cambian, pero de maneras repentinas e imprevisibles. Más que un homenaje a la perseverancia, es la constatación de una obsesión. Aira nos enseña que el arte es una forma de vampirismo: Rugendas se deja consumir a sí mismo para capturar el paisaje. Al final, no nos queda el consuelo de la aventura, sino la certeza de que la realidad es tan alucinante que solo un monstruo, o un artista drogado, con herramientas que van más allá del lápiz y pincel, puede verla tal cual es.

Firmado: Arturo Jiménez Viveros

Otras obras de César Aira reseñadas en ULADaquí


sábado, 14 de marzo de 2026

Eva Baltasar: Peces

Idioma original: catalán
Título original: Peixos
Traducción: Unai Velasco en castellano para Random House
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


En poco tiempo, Eva Baltasar se ha erigido una de las figuras clave de la nueva generación de autores catalanes que, tras su paso por la poesía, han dado un salto a la novela. Ahí, en ese privilegiado grupo, encontramos también a Irene Solà, Pol Guasch y Xavier Mas Craviotto, un grupo selecto de quienes no acostumbro a perderme ni uno de sus libros. Y, en el caso de Baltasar, tenía interés para ver su evolución, tras unos dos primeros libros magníficos («Permafrost» y «Boulder») y otros dos algo más irregulares, aunque con notables destellos de calidad especialmente en «Ocaso y fascinación» (donde además hacia un paso adelante en cuanto a atrevimiento y riesgos tomados).

En el libro que nos ocupa, la autora empieza en una suerte de juego al despiste con su propia biografía, pues la protagonista, también escritora, narra en primera persona sus sensaciones a la hora de visitar pueblos y ciudades para presentar sus libros. Así, y sin saber hasta qué punto la novela revela visos autobiográficos, la historia arranca cuando la protagonista nos cuenta cómo, deambulando entre las pequeñas calles de un pueblo, se encuentra frente a una roulotte (en lo que parece un claro guiño a su anterior novela «Boulder») donde una mujer vende pescado frito y, sin más (como si realmente hiciera falta algo más), se enamora al instante de la dependienta. Un flechazo, un enamoramiento a primera vista, un amor de aquellos que «tanto da si es el más largo o el más breve, y tanto da si trae paz o trae guerra (…) puede ser el mejor. Puede ser el peor. Puede ser un amor correspondido o un amor solitario (…) eso da igual. Este amor empieza así, con una absoluta convicción», con la tremenda, rotunda y absoluta seguridad de que «es ella»; un impulso inexorable, implacable, irrebatible, irrenunciable, de aquellos que dejan huella porque «una vez has sentido algo así es igual si acabas solo, si el enamoramiento se va o eres tú quien te apartas de él. El amor que teníais pervive, son las raíces tozudas que se han quedado sin árbol». Pero ya se sabe que el enamoramiento no es siempre certero y no siempre es correspondido, porque en ocasiones uno yerra al confiar en la intuición y nuestra protagonista es víctima de ello pues rápidamente se percata de que Victoria es una persona seca, áspera, dura. Alguien que no da concesiones, es hermética y no da pistas ni lanza señuelos. Es directa. Y contundente. Es «una mujer a la que nunca le ha hecho falta seducir a nadie» y la protagonista es plenamente consciente de ello al reconocer que «había llegado a mi vida como una horda, para tomar y poseer».

Una vez analizado el arranque del libro, vemos que, estilísticamente, es innegable que Eva Baltasar es plenamente conocedora de sus grandes habilidades al tocar aquellos puntos de nuestra sensibilidad donde nos sentimos atraídos y cautivados, pero a su vez también inquietos, volátiles, frágiles y vulnerables. Su lenguaje y ritmo narrativo le permiten colocar al lector en el mismo plano que su protagonista, en esa relación desigual de clara desventaja emocional. Para ello, utiliza también un recurso útil al dirigirse en ocasiones directamente al lector en una narración en primera persona con aires de una misiva, que lo busca y lo tienta para explicarse, pero con un tono que pide comprensión, casi expresando una disculpa o un arrepentimiento, casi clamando una absolución por el error en la decisión. Así, el lector empatiza al instante con las sensaciones que emanan de su protagonista y percibe ciertas notas de continuidad respecto al final de su anterior libro («Ocaso y fascinación») por el tono, por lo que desprende y lo que apuntaba en esas pocas páginas finales sintiendo de manera orgánica, casi epidérmica, un aire de hostilidad, de rechazo, de dominio, de una brusquedad rozando el desprecio que, en esta ocasión, proviene no solo de la pareja protagonista sino también de su propio entorno ambiental: un lugar inhóspito que, análogamente, emana esas mismas sensaciones a través de los diferentes elementos que las rodean: los animales, la vegetación, la casa, la amante. De esta manera, la autora teje un claro paralelismo entre la casa y las sensaciones que desprende y las de su propietaria Victoria: ambas transmiten inquietud, frialdad, tosquedad y una extraña sensación de inquietud, tensión y un ambiente oprimido, cerrado y opresivo (que se evidencia cuando indica que el jardín está repleto de hierba alta, hiedras… que «suben enérgicas y gigantes»); también con la aparición de un perro, grande, misterioso, siempre inquietante, con una agresividad contenida, a la espera, latente, avizor, acechante. O, también, la presencia constante de la muerte, en los peces, en los animales. En todo ello, hay cierto aspecto en el tono utilizado por Baltasar que recuerda en parte a Carlota Gurt y su libro «Sola», por la visceralidad con la que narra la pasión desatada en la que aparecen los instintos más primarios en un desborde de sentimientos y emociones que irradia de manera orgánica, visceral, física y carnal. O también de Núria Bendicho y sus «Tierra muertas», por cómo se palpa la tierra, la naturaleza en su lado más seco, cruel y atemorizante. 

Con este texto, Eva Baltasar ha escrito una historia de amor. También una historia de abandono. O una historia de soledad. O quizás una historia de necesidades. Una historia de pasión. De lujuria. Pero también de invisibilidad. De silencios. De abusos. De toxicidad. De debilidades, pero también de atrevimientos. Esta es una novela que trata de pasiones, de límites entre el amor y el desamor, entre la voluntad de poseer y la dificultad de escapar, de arrebatos y de calma (que no tranquilidad), de deseos y temores. De la vida, en sus extremos más pasionales, más impulsivos.

Dice Eva Baltasar que «el cuerpo de un escritor solo conoce una emoción, la exaltación. Y ni tan siquiera es suya, pertenece a la escritura. Llega con ella, se va con ella y deja al escritor exhausto y con el trabajo por deshacer». Y, en este punto justo, es donde el lector le ofrece una continuidad, pues esta historia es de las que se queda dentro y nos hace reflexionar sobre si, en ocasiones, las pasiones se erigen como compañeras del alma o se convierten en sus implacables verdugos.

También de Eva Baltasar en ULAD: Permagel, BoulderMamutOcaso y fascinación

viernes, 13 de marzo de 2026

Matei Visniec: El hombre que vendía comienzos de novela


Título original: Negostorul de inceputuri de roman
Año de publicación: 2025
Traducción: Corina Oproae y Evelio Miñano
Valoración: Muy recomendable

Este es un libro complejo. Sumamente original, pero complejo. Tal como señala su autor, se trata de una novela caleidoscópica, donde se intercalan sucesivas tramas que acaban confluyendo en el desenlace final.

El inicio es ciertamente atrayente y nos sitúa al borde de un thriller. Un joven escritor que ha obtenido un premio menor en un certamen literario es abordado por un curioso personaje, Guy Courtois, que representa a una sociedad secreta que lleva varios siglos vendiendo comienzos de novela a escritores, primeras frases de obras maestras de la literatura de los últimos siglos.

Y es que como se señala en el inicio del libro: "la primera frase de una novela debe contener algo de la energía de un grito inconsciente que provoca una avalancha. Debe ser la chispa que provoca una reacción en cadena...".

Nuestro escritor iniciará una relación epistolar con tan enigmático personaje y en ese intercambio descubriremos que la agencia de Courtois se atribuye la responsabilidad de inicios de novela tan célebres como "Hoy ha muerto mamá", "Llamadme Ismael", "Soy un hombre invisible" o "Alguien debía haber calumniado a Josef K., porque una mañana fue arrestado."

Con semejante carta de presentación, nuestro protagonista decide confiar en la agencia para que le proporcione un comienzo a la nueva novela que está escribiendo. Mientras tanto, se desarrolla una compleja trama donde se mezclan lo onírico y lo real, el presente y un futuro distópico, París, Nueva York y Bucarest. Visniec va  creando un enigmático mosaico en el que entran y salen personajes que solo adquieren significado pleno al final del enorme rompecabezas en el que el autor sutilmente nos va enredando. 

Humor, amor, sexo, soledad y misterio tienen cabida en unos relatos que se nos presentan como esbozos de tramas inconclusas que no parecen tener una dirección definida. A través de los indicios que nos propone Visniec debemos vislumbrar si nos encontramos ante confesiones autobiográficas o ante  sucesivos inicios de novela de nuestro escritor. Entre medias, se van deslizando jugosas reflexiones sobre literatura y sobre escritores: Mann, Hemingway, Camus, Cervantes o Ruiz Zafón, entre otros, tienen un hueco en esta novela

Matei Visniec, escritor rumano afincado en Paris, es fundamentalmente autor teatral, pero ha escrito una novela que rebosa imaginación y talento. Con mucha habilidad va dosificándonos la información suficiente para mantener en pie una historia que tiene múltiples aristas y que puede producir desconcierto si no atendemos las pequeñas píldoras que se van intercalando en los capítulos de esta evocadora novela.  Tenemos que dejarnos llevar por el experimento literario que nos propone Visniec y esperar pacientemente a que los fragmentos se ensamblen y otorguen significado al conjunto. Como recompensa, descubriremos si finalmente nuestro protagonista recibe la anhelada frase para comenzar su novela. 


jueves, 12 de marzo de 2026

Roberto Saviano: Grita

Idioma original: italiano
Título original: Gridalo
Año de publicación: 2020
Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona
Valoración: necesario

Este tipo de libros tocan, inevitablemente, mi idealismo. Valorarlo de esa manera, como necesario, es pura y exclusivamente porque me inclino hacia las obras que, de alguna forma, contengan ciertos preceptos morales (nada tan dogmático como un libro oficial, por supuesto, pero sí como para indicar un camino claro entre tanta niebla) que estén en consonancia con el espíritu de la esperanza.

Dicha esta declaración tan de los sesenta, me sumerjo en el libro. Saviano deja de lado (pero no tan de lado) las historias e investigaciones sobre la mafia y nos ofrece una colección de historias cuyo recorrido no es necesariamente cronológico y sí ocupa varias líneas históricas y filosóficas. Por ejemplo, utiliza a Carl Schmitt y su amigo/enemigo para explicar la necesidad de que alguien tome las decisiones por nosotros, que alguien señale a nuestros conocidos y a nuestros desconocidos; inventa una conversación entre dos empresarios que trabajan de generar una imagen corrupta o, cuanto menos, lo suficientemente dudosa y sin ningún tipo de escrúpulos éticos y legales, para manchar al objetivo señalado; se pone en la piel de aquellas víctimas que sufrieron, de cerca, lo que significa enfrentarse al poder, entre otros recursos literarios, todo ello aderezado de la bibliografía leída para escribir la historia, por lo que cualquiera puede acceder a las fuentes originales (el mismo Saviano nos insta a hacerlo) y sacar nuestras propias conclusiones.

Todas estas historias, que arrancan con un detonante como pregunta (¿sabes que tienes que defender tu privacidad, sabes que, cuantas más palabras conozcas, más libre serás?), entran en paralelo con un principio: qué es lo que sucede cuando alguien se atreve a gritar la verdad, a desenmascarar la prenda del emperador para revelar la desnudez abyecta, a señalar con puntos y comas lo que sucede realmente, por más que alrededor todos parezcan llevar el velo de la distorsión. Y el punto en común, y esto se entronca con el tono del libro, es un mensaje hacia un supuesto Saviano joven (colocado al inicio de libro, establece la trama y se sostiene a lo largo de las páginas, ya que el autor las va trufando de anécdotas personales), uno que hubiese agradecido todas las enseñanzas del futuro antes de embarcarse en una misión prácticamente suicida y que lo tiene huyendo de una muerte que lo persigue casi con GPS. 

Es verdad que, depende del tipo de lector, la calidez que trasmite, bordeando el paternalismo en varias ocasiones (y por eso creo que este libro funciona mejor entre los quince y los veinticinco años, como en mi caso, y aunque sea paradójico por el mismo rango etario), puede resultar cargante, como un mayor que nos advierte de los peligros y no queremos escucharlo para no agobiarnos más, porque muchas veces cuestiona lo que nos parece cómodo y otras veces deja pasar situaciones que a nosotros mismos no nos cierran por ningún lado. Quizás es una forma de decirnos que no puede hacer todo el trabajo, que nosotros no podemos ser un ente pasivo a la hora de buscar y recibir la información, pero eso ya es una posible interpretación. 

Una de las cosas que más me ha gustado es que reconoce que cae en la necesidad de educar al joven y a la vez de no tenerlas toda consigo a la hora de seguir su camino, y termina admitiendo que es lo máximo que puede hacer y que espera que sea suficiente para despertar a quien lo lea. También cuenta con un elevado ritmo literario; cada historia tiene su inicio, su nudo y desenlace, como un cuento breve o largo bien contado. Da placer (estético) leerlas y genera una desolación difícil de asimilar.

Como digo, la elección de algunas palabras (gritar, confrontar, despertar) resulta incisiva, redundante en ciertos puntos, y se hubiera agradecido no sentir al autor, todo el tiempo, con la guardia alta (aunque qué menos, siendo la persona que es), con el miedo a que la historia que narra pierda su significado, su tragedia, su horror, casi como si sostuviera el celular y nos pidiera ver un vídeo sin sacarle los ojos de encima y luego preguntándonos si captamos los mil simbolismos implícitos. Conmigo, al menos, y considerando que una colección de historias desgarradoras hacen que termine inmunizado, logró que siguiera leyendo y estremeciéndome ante los hechos, ante la crueldad manifiesta y ante ese residuo de esperanza que revienta cualquier plan.

Cada capítulo cierra con un precepto que encierra la idea de gritar. Pongo mis favoritos:
  • Grita que nunca han sido solo palabras
  • Grita que no quieres ser transformado en miliciano de ninguna guerra
  • Grita cuando veas que usan tecnicismos eruditos para ocultar la verdad
  • Grita que, para combatir, no tienes que por qué ser asceta
  • Grita que no es verdad que el mal siempre sea auténtico y el bien nunca lo sea
Bueno, se puede ver por dónde va la mano, ¿no? Es una buena forma de recordar aquellos que lucharon por levantar su voz. El mensaje es el mismo de hace mil años, simplemente se va renovando. Varios de los casos no son estrictamente famosos, lo cual le da un matiz de cercanía y verosimilitud, de compasión ante una persona cualquiera. Para cerrar la reseña, a mí, y con esto no me voy a comparar a Saviano, también me gustaría dejar una suerte de máxima, la de gritar que mañana es mejor cuando todo parezca perdido.

Más de Roberto Saviano acá

miércoles, 11 de marzo de 2026

Silvana Vogt: El fino arte de crear monstruos

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2025

Valoración: Entre Recomendable y Está bien


Aunque en la solapa del libro se define como ‘novela’, se podría decir que El fino arte de crear monstruos está en zona de transición entre novela y colección de relatos, aunque en mi opinión tiene más de lo segundo que de lo primero. Esta autora, argentina de nacimiento y afincada en Barcelona (de hecho, tiene algo publicado en catalán), presenta una serie de narraciones cortas que comparten protagonistas y guardan cierta coherencia cronológica, o esa sensación da, pero me parece difícil concluir que esto constituya una novela.

Una docena, quizá algo más, de relatos breves, episodios en la vida de Vidria, una niña que vive en la pequeña población de Morteros, que recuerda ligeramente a El Pensamiento, donde César Aira situaba una de sus últimas creaciones. Poco sabemos sobre en el entorno de Vidria, salvo que tiene un hermano quien al nacer la niña la tiró al cubo de la basura, y con el que no obstante comparte la protagonista ideas e iniciativas disparatadas. Estas ocurrencias, junto con las insólitos episodios que acontecen en el pueblo, son las que dan lugar a esos pequeños relatos que giran bajo títulos como ‘Segundo advenimiento con niña mutante’, ‘La indulgencia plenaria de las mandarinas’ o ‘El origen de la luz en la naturaleza de la máscara’

El mismo ingenio que exhiben esos fantásticos rótulos se manifiesta en la narración, donde lo inverosímil despunta en cada página sin que lleguemos a tener claro, y eso es parte de la gracia, lo que es real y lo que no. Entonces es inevitable pensar en el realismo mágico y en el desproporcionado número de secuelas que ha ido dejando a un lado y otro del Atlántico. Eso de inventarse cosas extravagantes y mezclarlas en una narración convencional parece una buena solución para darle brillo, sorprender al lector y dar sensación de dominio sobre el medio. No es exactamente lo que hace Silvana Vogt, aunque indudablemente ese camino abierto facilita el tránsito.

Esas dosis de fantasía, dispersas pero abundantes, otorgan a la narración una cierta aura, aunque a fin de cuentas se trata de episodios de la vida de aquella niña, cosas sorprendentes que casi siempre bordean la tragedia y cuyos límites con lo inverosímil son difícilmente distinguibles. Así que, visto desde otra perspectiva el libro constituye una especie de anecdotario, narrado con un tono ligeramente infantil muy logrado, con estilo a la vez fresco y elegante, algo que quizá no provoque un arrebato de placer literario pero deja la agradable sensación que proporciona lo bien hecho, lo curioso, digno y entretenido a partes iguales.


martes, 10 de marzo de 2026

Bernard Taylor: Dulce amor, dulce muerte

Idioma original: Inglés 
Título original: Sweetheart, Sweetheart
Año de publicación: 1977
Traducción: David Alcaraz Millán
Valoración: Está bien

Dulce amor, dulce muerte es una novela de terror de Bernard Taylor. Fácil de leer y competente, se antoja, eso sí, un tanto anticuada, más larga de lo necesario y mejorable en los apartados de la verosimilitud, la tensión y el miedo. Narra una historia de fantasmas bastante clásica, que si bien no resulta particularmente original, logra sorprender al lector con uno de los dos giros de tuerca que se guarda en la chistera. 

Sigue los pasos de David, un profesor inglés que reside junto a Shelagh, su pareja, en Nueva York. Un día, David tiene la premonición de que algo le ha ocurrido a su hermano gemelo, Colin. Cuando regresa a Inglaterra para aclarar las cosas descubre una terrible verdad: tanto Colin como su joven esposa, Helen, han muerto de forma repentina. Además, Helen le ha legado Gerrard’s Hill, su idílica casa de campo, por una razón que ignora. Mientras intenta desentrañar lo sucedido preguntando a la gente del pueblo sin mucho éxito y empieza a sospechar que una presencia sobrenatural permea su recién adquirida propiedad, llega Shelagh, provocando unos celos de ultratumba con fatídicas consecuencias.

A mi juicio, el mayor defecto de Dulce amor, dulce muerte es que se toma demasiado tiempo para plantear, desarrollar y resolver sus misterios. Aprecio como el que más los argumentos que se cuecen a fuego lento, pero el de la novela de Taylor no justifica ni su extensión ni la morosidad excesiva con que entrega ciertos detalles.

Tampoco me han convencido las reacciones y decisiones de determinados personajes. La manera de afrontar y responder a los acontecimientos del protagonista, por ejemplo, me parece muy poco creíble, por más que el autor se empeñe en justificarla.

La última crítica negativa que le haría a Dulce amor, dulce muerte es que la tensión y miedo que consigue evocar están algo diluidos y se resienten ocasionalmente por culpa de la falta de verosimilitud del conjunto. A mí personalmente me cuesta sentir que David es consciente del peligro que corre Shelagh cuando no hace lo imposible para mantenerla alejada de la casa, o cuando no se anima a contarle la verdad.

Llegados a este punto, puede parecer que Dulce amor, dulce muerte me ha parecido una novela algo floja. Sin embargo, debo aclarar que no es el caso. Reafirmo que es competente, y que tiene otras virtudes, como el hecho de que se lea con agrado pese a sus puntuales asperezas, que los personajes, pese a su sencillez, nos caigan simpáticos, que uno de sus dos giros de tuerca resulta sorprendente y que la manera en la que Taylor conecta el inicio de la novela con el final es sumamente eficaz.

lunes, 9 de marzo de 2026

Reseña + entrevista: El patio maldito de Ivo Andric

Idioma original: Serbio
Título original: *
Año de publicación: 2025 (*)
Traducción: Marc Casals
Valoración: Bastante recomendable

El patio maldito es el título de la novela breve que sirve de colofón (¡y de qué manera, oigan) a este volumen en el que se reúnen, además, quince relatos escritos en diferentes momentos de su vida por Ivo Andric, ganador del Nobel de Literatura del año 1961. Pese a su diferente origen temporal, los textos compilados para la ocasión por Xórdica forman un conjunto homogéneo, tanto por ambientación como por temática. Por si esto fuera poco, se observa la existencia de personajes que aparecen en varios relatos (Fray Petar, Fray Marko...) y de personajes que, con diferentes "máscaras", podríamos considerar un único personaje (Alija Dzerzelez, Mustafa Magiar, Celibi Hafiz, Karagoz...).

La citada homogeneidad del volumen procede, como digo, de la ambientación y la temática de los textos. La practica totalidad de los mismos trascurre en los años de la dominación otomana o del control austríaco sobre Bosnia. Es por tanto un pasado casi mítico el tiempo en el que trascurren unos textos que hablan de violencia y locura, de "replanteamientos vitales", de poder y arbitrariedad, de dudas, culpas y debilidades. Tiempos más o menos remotos, pero inquietudes y/o cuestiones absolutamente atemporales y universales.

Por otra parte, los protagonistas de los textos de Andric pueden dividirse en dos grandes grupos: los "turcos" y los franciscanos. Curiosa contraposición la de unos y otros y curiosa la diferente visión que tiene Andric de uno y otro grupo. Así como los "turcos" tienden a aparecer como seres mezquinos, rencorosos o violentos, la mirada sobre los franciscanos es mucho más piadosa, con momentos hasta humorísticos.

Lo que sí suele hermanar a los protagonistas de los textos de Andric es una desubicación o desarraigo casi permanente, en parte debido a esa configuración multicultural y multiétnica de un territorio agreste que es también personaje fundamental en los relatos incluidos en El patio maldito. 

No voy a entrar en detalle en cada uno de ellos, pero sí comentaré brevemente los textos que, a mi juicio, son los más destacados:

  • Muerte en la tekija de Sinan, relato sobre miedos y culpas difusas, autoflagelaciones y replanteamientos vitales tan tardíos como inútiles.
  • La sed (especie de reverso de El patio maldito, quizá?), que muestra un nuevo replanteamiento vital en una situación dramática.
  • Milagro en Olovo, quizá el relato más metafórico y ambiguo, el más sujeto a posibles interpretaciones.
  • El torso, que podría ser considerado como el texto más abiertamente político del conjunto. Una historia extraña de debilidades y venganzas protagonizada por un caudillo sanguinario y febril ("turco, cómo no!)
  • El patio maldito, desasosegante nouvelle que puede recordar a El palacio de los sueños de Kadaré. Historia dentro de la historia dentro de la historia (...) que trascurre dentro de una institución extraña y terrible gobernada por Karagoz, un personaje fascinante y contradictorio.
Resumiendo, El patio maldito ha sido, para mi, un acercamiento diferente a la obra de Andric. Hasta ahora, solo había leído su novela Un puente sobre el Drina y Goya, un breve texto sobre el aragonés. Y, si bien Un puente sobre el Drina me sigue pareciendo una maravilla absoluta, algunos de los textos incluidos en este volumen demuestran que Andric se manejaba a la perfección en formatos más breves. Así que.. ¡todos a leer a Andric!

Por si esto fuera poco, aquí os dejamos un vídeo con la charla que mantuvimos con Marc Casals, traductor de Andric, sobre este libro y otras obras balcánicas.



(*) El libro contiene textos publicados en vida de Andric a lo largo de varios años, pero la compilación como tal solo existe en esta edición