Un libro al día
Cada día, una nueva reseña
sábado, 24 de enero de 2026
H. Leyvik: En las kátorgas del zar
viernes, 23 de enero de 2026
Wu Ming: Ovni 78
Título original: Ufo 78
Año de publicación: 2022
Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona
Valoración: muy recomendable
Italia, años 70; es decir, años de terrorismo (rojo y negro), drogas, comunas más o menos jipis, rock espacial/psicodélico, noticias sensacionalistas, supuestos avistamientos de ovnis... Elementos todos que pertenecen al zeitgeist de la época pero que resultan difíciles de encuadrar en la misma narración, quizás... Pues bien, los Wu Ming lo han conseguido -quiénes, si no- en esta su última novela hasta la fecha (de hace ya tres años, pero publicada en 2025 en España.
La acción se desarrolla en Roma, en Turín y en la comarca toscana de la Lunigiana, en el año 1978 (¡sorpresa!), en el que hubo más avistamientos de ovnis que nunca en Italia, aunque sea más recordado por otro suceso: el secuestro y posterior asesinato de Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas, algo que encontramos como transfondo de la acción de la novela. De hecho, está arranca, tras un prefacio en el que se nos cuenta otra desaparición misteriosa, unos años antes, cuando cuando se va a celebrar en Roma un congreso de ufología, justo el día en que secuestran al político democristiano. Allí acuden los aguerridos turineses del Grupo de Investigadores Ufólogos y Clipólogos Asociados de Turín -GIUCAT-, acompañados de una de las protagonistas del esta historia, la antropóloga Milena Cravero, que está estudiando a los aficionados a esta actividad. También otro de los protagonistas, el escritor de libros sobre los ovnis Martín Zanka, cuyo hijo Vincenzo, ex-heroinómano, vive en una comuna llamada Tanur, en un pueblo de la Lunigiana donde se encuentra también el misterioso monte Quarzerone, un lugar lleno de leyendas y avistamientos extraños y donde, unos años antes, se han producido unas desapariciones que obsesionan al subinspector Gheppio, de la Guardia Forestal, el último de los personaje principales. Lo que no quiere decir que el resto no tenga importancia, porque en esta historia todos tienen su momento y se les da la misma importancia, desde el ufófilo y germanófilo Jimmy Fruzzeti o su abuela, la "bruja" Jole, al ex-fascista Pardo o el veterano de guerra Capoferri... ¡Si hasta aparece, si bien sólo de pasada, el gran Franco Battiato! Y ya me diréis si un libro que recuerde y reivindique a Franco puede ser malo... (bueno, vale, me abstendré de hacer el chiste).
Por otra parte, es esta una novela que va mutando: lo que comienza como un relato sobre alienígenas, posibles abducciones e investigaciones al respecto, adquiere un tono de crónica política y sociológica para acabar como una suerte de noir rural (o de giallo, en este caso), pero sin perder tampoco los elementos anteriores. Es también la instantánea de un momento de cambio, un punto de inflexión en ese año en el que la izquierda italiana comenzó (o comenzó a ser palmario) su declive, representado en el desencanto del comunista Zanka (no olvidemos que el tema común de las novelas de este colectivo es, justamente, cómo se fueron torciendo los impulsos revolucionarios en los diferentes momentos históricos en los que habían o parecía que iban a triunfar).
Estamos también ante una metáfora (o quizá ni siquiera lo sea, de tan obvia) de cómo en la Italia de la Guerra Fría y, particularmente, de los "años de plomo", se distraía la atención de la población con unos hechos, mientras lo que estaba sucediendo era otra cosa. No sólo con los ovnis y la "fantaciencia" (como se dice en Italia), sino incluso con la actividad armada de ciertos grupos... En todo caso, es posible también, como se menciona en el libro, que esa gran ola de avistamientos de ovnis que tuvo lugar ese año tuviera mucho que ver con el cansancio de la ciudadanía ante una realidad social y política que les había dejado exhausta a la sociedad italiana, necesitada de una ilusión escapista o, más aún, de que vinieran unos seres extraordinarios que se los llevaran de allí a otro mundo donde no hubiera heroína, bombas, corrupción y latrocinio por doquier. Otra cosa es cuánto hubiera aguantado un italiano en un planeta donde, por ejemplo, hiciesen la carbonara con nata en vez de con huevo o le pusieran salsa boloñesa a los espaguetis... Ya os digo yo que se vuelve corriendo y rezongando contra esos barbari.
Más novelas de Wu Ming reseñadas en Un Libro Al Día: Manituana, El Ejército de los Sonámbulos, Proletkult. Y de Luther Blisset: Q
jueves, 22 de enero de 2026
Julia Bell; Atención radical
Idioma original: inglés
miércoles, 21 de enero de 2026
Siri Hustvedt: Una súplica para Eros
Título original: A Plea for Eros
Traducción: Aurora Echeverría, para Circe
Año de publicación: 2006
Valoración: está bien
martes, 20 de enero de 2026
Colaboración: Las buenas noches, de Isaac Rosa
Año de publicación: 2025
Valoración: Muy recomendable
Isaac Rosa tiene un radar. Siempre da en el clavo del zeitgeist español. En 2008, cuando empezaba a notarse la emigración y el miedo al otro se colaba en la vida cotidiana, publicó El país del miedo. En Feliz final habló de las relaciones líquidas, del amor vaporoso y de las rupturas cada vez más frecuentes. Y tras la pandemia, cuando por primera vez todo el mundo entendió que el fin del mundo podía llegar en cualquier momento, apareció Lugar seguro. Así que, ahora, no sorprende que escriba sobre el insomnio: nadie duerme bien.
La novela comienza con unas primeras páginas que piden ser leídas en voz alta, recitadas casi como una salmodia.
'No podemos dormir. Cada noche retrasamos la hora de acostarnos, cada noche nos vamos antes a la cama, cada noche lo hacemos a la misma hora y no: no podemos dormir. Tardamos en coger el sueño, lo logramos enseguida para despertarnos poco después, nos sorprende la alarma nada más cerrar los ojos. Nos sentimos llenos de energía y por eso no podemos dormir, nos sentimos agotadas y por eso no podemos dormir'.
A partir de ahí, Rosa urde una trama minúscula —dos insomnes sin nombre que se encuentran por casualidad y descubren que, juntos, sí pueden dormir— para hablar de las causas del insomnio. Y es donde siempre acierta: el problema no es individual, es colectivo. Por muchos remedios caseros, muchas pastillas o mucha higiene del sueño… el problema está ahí fuera. No es que algo funcione mal en nosotros; es que el sistema (trabajo, familia, hipoteca, estrés…) nos aplasta y nos impide dormir.
Pero Las buenas noches no es un panfleto: es una novela y muy bien escrita.
Aunque lo habitual en una reseña sea hablar del contenido, aquí conviene insistir en que la literatura es, ante todo, forma y estilo. Diría que lo mejor de Rosa. Su estilo recuerda por momentos al último Javier Marías: frases largas, a veces de una página entera, en la que una idea se repite con variaciones, hasta llegar a un punto muy diferente. Un ejemplo (no pongo la frase íntegra):
'Yo en realidad no duermo nunca bien, dijiste, no duermo en los hoteles pero tampoco en casa, me acuesto muy tarde, espero a que me venza el sueño para no quedarme dando vueltas en la cama, y si lo consigo me despierto pocas horas después y ya no duermo más; he probado de todo, rutinas fijas, alejarme de pantallas dos horas antes, cenar poco, cenar lechuga, no cenar, hacer relajaciones, respiraciones profundas, deporte, nada de deporte horas antes, mierdas homeopáticas, y hasta ahora he evitado medicarme',
Rosa alterna la narración más convencional -la historia de esos dos desconocidos que duermen juntos- con un diario del sueño (o del no dormir), recomendado por el médico de cabecera al protagonista. Como es habitual en su obra, es en esos desvíos donde aprovecha para pensar: qué significa dormir, qué significa no hacerlo y por qué demonios no dormimos bien (o por qué duermen bien quienes sí duermen bien).
Algunos pasajes son directamente brillantes. La parte de la factura online, por ejemplo, es buenísima: me he reído a carcajadas. Rosa consigue que se te escape una sonrisa… y acto seguido te la corta. Porque lo que aparece debajo de la broma es el reconocimiento incómodo: estamos jodidos.
Quizá por eso Las buenas noches no ha tenido la repercusión que merece. Tal vez porque se aleja de la lectura sencilla de muchas novelas de moda (no citaré cuáles), o porque señala la causa profunda de nuestro malestar: el capitalismo, el trabajo, el maldito siglo XXI.
Firmado: Raul Gay
También de Isaac Rosa reseñado en ULAD: La mano invisible
lunes, 19 de enero de 2026
Albert Cohen: Bella del señor
¿Cómo afrontar los monumentos? ¿Cómo afrontar una lectura que crece y crece con cada mes que transcurre? ¿Cómo dar cuenta de todo lo que contiene una novela que es la expresión misma de cierta forma de ver el mundo, del romanticismo más exacerbado, cínico, lleno de humor negro y a la vez conmovedor sobre dos personas que, en papel, son irredimibles y sin nada que nos pueda llegar a empatizar?
Vuelvo a la carga con Albert Cohen. Ya lo había avisado en la reseña de Solal: primero leí este libro, el tercero de una supuesta tetralogía. Digo supuesta porque, a pesar de que comparten personajes y temáticas, visto lo visto dudo que haya una historia que continúe lineal. A falta de leer los otros dos, Comeclavos y Los Esforzados, me da la sensación de funcionar como Minimosca, tomando elementos e historias anteriores y reformulándolos a su antojo a pesar de lo ya establecido.
La novela es inmensa, colosal, inabarcable. Suma cum laude en el tratado del amor más cursi y del hastío ante la vida, de lo que sucede cuando nada te define salvo el aburrimiento por la humanidad, también es una denuncia ante la inoperancia de las instituciones políticas, sobre todo de aquellas que luchan, con "denuedo", por la paz mundial. Y colosal es no solo por los temas, que a fin de cuentas son universales, sino también por sus recursos literarios. Podemos encontrar monólogos sin puntos ni comas y extensivos por treinta o cuarenta páginas, un manejo del tiempo elástico, con diálogos circulares que repiten la noción sin llegar a un punto definido, solo para hacer patente la humillación de un personaje, una prosa entre cínica, entrometida y onírica para representar las inseguridades y arrogancias de los personajes, sobre todo de esa construcción suprema de la ironía que es Solal de los Solales, personaje maravilloso donde los haya. Si en Solal se nos revela como un imberbe que ya produce un efecto inverosímil en las mujeres. acá es un consumado galán que no tiene problemas en jugar con ellas de forma retorcida, con discursos que son mini pontificios de psicología inversa de la seducción. Apabullante ese capítulo donde conquista a Ariane, que está prometida con uno de sus empleados, relatándole las experiencias con las mujeres, burlándose de todas ellas e imitándolas en sus reacciones de acuerdo a lo que él dice, manifestándose harto por ese comportamiento y asegurando, con falsa timidez, que sabe que ella no es igual (a pesar de que Cohen, varias veces, ya nos ha mostrado que Ariane es de todo menos una persona valiosa en su corazón).
Si uno supera el inicio desconcertante, es decir, los primeros cuatro capítulos (que incluye una escena donde nunca se termina de saber lo que ocurre y un monólogo de Ariane sin ningún tipo de consideración hacia los puntos y coma que casi me hace abandonar el libro), y llega a la escena donde se nos presenta la vida diaria de Adrien Deume, prometido de Ariane y funcionario de la Sociedad de las Naciones, en su faceta de patético, lamebotas y ambicioso sin una pizca de vida interior, la novela despega y se presenta como un crisol de hipocresías del ambiente burocrático/político y a la vez del burgués, más preocupado por el qué dirán y las influencias de los poderosos que por sus cualidades morales. Cohen despliega toda su genialidad para mostrarnos, mediante frases filosas y escenas hilarantes, la frivolidad de un atrezzo cuyo supuesto objetivo primordial es trabajar por la paz mundial y cultivarse en el camino hacia el progreso. Podemos ver a Adrien (ridiculizado constantemente como Didi) insultando en secreto a Solal, su jefe, y a la vez rogando por un poco de atención que le permita presumir ante sus iguales del favoritismo que le otorga la alta jerarquía. Podemos verlo en una vomitiva escena donde intenta convencer a su esposa de que se deje ver más junto a él, y todos, salvo él, sabemos que Ariane no tiene ni el más mínimo respeto por su esposo y mucho menos lo ve como alguien digno de amor.
Pero esto es recién el inicio. Cuando empecé la lectura, en su momento pensaba que la historia trataría de Adrien y Ariane y de sus problemas para encajar con la burguesía y de cómo resolver su relación. Y eso es apenas el primer tercio del libro. Luego de una escena larguísima en donde esperamos, junto a Adrien, la llegada de Solal para cenar, sin que este se presente nunca, y viendo cómo Adrien inventa justificaciones a cada hora y luego hasta perdonándolo por no haber asistido, la novela toma otro cariz. Hay un evento, una fiesta que brinda Solal en su mansión, y Adrien y Ariane asisten. En un momento, Ariane se queda a solas con el galán irredento. Y es cuando se da ese discurso maravilloso que cité hace un par de párrafos. Y es entonces que el lector está perdido, entregado al juego de Cohen, reconociéndose en los problemas de Solal para encontrar una mujer que lo quiera y a la vez asqueado por la manipulación evidente y por que Ariane, que se jacta de no querer a nadie, termine cayendo en esa treta. A partir de ahí el foco es para ellos dos, qué es lo que pasa cuando el mayor objetivo se cumple, cuando los sueños más delirantes de tu niñez se ven cumplidos, cuando la persona que aparece todos los días a tu lado es la representación de ese ideal, para lo bueno y para lo malo.
No he mencionado otro grupo de personajes importantísimos: Los Esforzados, con Saltiel, el tío de Solal, como líder de cabecilla. Presentados en Solal, no haré desarrollo de ellos, ya que en esta novela aparecen más como un contrapunto cómico que como una parte esencial de la trama. Pero fungen como un ente colectivo, donde cada uno lleva su rol con una dignidad exasperante y a la vez de una conveniencia que te hace soltar un par de risas. Cómo olvidar la escena donde se esconden y tratan de ver qué hace Solal con Ariane, si se atreve a seducir a la esposa de uno de sus funcionarios y cómo afectará en ello a la reputación del susodicho y a la reputación judía en general.
Porque ese es otro elemento importante en la obra de Cohen. Si bien existe una crítica feroz hacia ciertas personalidades del ámbito judío y de los estereotipos que a veces encarnan con placer, la novela transcurre en tiempos de entreguerras, y a lo largo de la trama, la mención de Hitler y el avance de todo lo que representa se hacen eco solapadamente a través de los protagonistas y de distintas maneras. Para Adrien es un suceso que le permitirá desempeñar un mejor trabajo y que, paradójicamente, es lo que permite el incipiente adulterio de su esposa, para Ariane una simple distracción que lo aleja de su verdadero amor (para entonces simbolizado en la figura de Solal), y para este último, una preocupación permanente que le hace atestiguar la desidia de la humanidad frente a una fuerza imparable que amenaza con llevarlo puesto. Y su reacción es la de esconderse, la de pensar que no le tocará a él, que le tocará a cualquier otro y que eso bastará para que la furia no lo toque. Eso desemboca, junto con la revelación de su aventura con la esposa de un funcionario, en una huida permanente de su trabajo como Subsecretario de la Sociedad de las Naciones y de su propia persona, escondiéndose con Ariane en varios hoteles y planificando su rutina todos los días con tal de no enfrentar lo que debe enfrentar.
Cohen da acá el golpe maestro. En las últimas dos partes, cuando el foco se centra en la relación de Solal y Ariane, y uno cree, ingenuamente, que son perfectos el uno para el otro (para Ariane por el deseo cumplido de una frivolidad eterna mediante un príncipe azul que le cumple todos los caprichos, para Solal por la belleza sin parangón y la potencia sexual que es Ariane) y que, retorcida y con todos los adjetivos que se puedan encontrar, encontrarán la redención, se muestra que el proyecto de mantener de mantener un amor cursi, adolescente, de renovar la sensación del primer enamoramiento todos los días y de enfrentar con terror cualquier rato de aburrimiento, de desgana, de odio hacia el otro, incluso del mínimo pensamiento de pasar un segundo a solas, es agotador, tanto para el personaje como para el lector. A Solal le ha ocurrido lo mismo que con las demás mujeres, a Ariane, la capa de su príncipe azul se le empieza a desteñir en una mezcla de gris y negro. En cada página leemos expresiones supremas del amor, de la ansiedad, de los celos, de la ira, del amor de nuevo. Vemos, de a poco, ideas cada vez más ridículas por parte de los dos, todo con el fin de mantener una sensación que hace mucho ha muerto. Se compran una casa, se proponen apodos todo el tiempo, hacen el amor cada vez que sus cuerpos se lo permiten pero de una forma mecánica, se amenazan con dejarse, inundan la casa con los llantos, todo esto mientras el mundo se incendia y la marea de la perdición llega hacia ellos. Cada uno consume al otro. La verdadera tragedia, parece decirnos Cohen, es aquel amor que cumple todo lo que pensabas que deseabas pero que nunca termina por satisfacerte, pues cada deseo y acto muere en su concepción.
Es imposible dar cuenta del efecto de una novela como esta. Revela zonas oscuras que uno no quiere pensar que las tiene, o que en algún momento ha pensado que las tiene, y a la vez, en pocos momentos, proporciona un momento de júbilo, un segundo de alegría tan puro como el de un niño, ya sea por la brillantez de un discurso como por las expresiones poéticas sobre el amor, un amor que no es el adecuado, es cierto, pero quién no se ha visto envuelto en uno de esos y ha pensado que se desintegraba en ese influjo. He olvidado muchas cosas (todas las escenas oníricas de Solal, los monólogos de la sirvienta de Adrien y otras cosas), pero meses después el recuerdo de una obra gigantesca, capaz de cambiar tus puntos de vista, de detectar aquello que quizás es intuitivo para todos y que nadie puede poner en palabras, crece y echa raíces en mi mente. Y aunque una de las etiquetas sea muy recomendable alto (porque ciertos monólogos, ciertos trucos, como representar la corrupción de una pareja, horadan el entusiasmo lector y provocan las ganas de tirarlo a la calle), el libro es inolvidable, una tempestad de la naturaleza que te deja temblando y anonadado ante la capacidad de la ficción para descubrirte y renovarte.
Más del inconmensurable Albert Cohen: Solal




