Un libro al día
Cada día, una nueva reseña
viernes, 6 de febrero de 2026
Je suis David Uclés
jueves, 5 de febrero de 2026
Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López: El Eternauta
La historia en sí arranca a finales de los años cincuenta en Vicente López, perteneciente al Gran Buenos Aires. Salvo, Favalli y un par de amigos más se encuentran jugando truco cuando de repente se corta la luz y se ve, en el exterior, una tormenta de nieve que demostrará ser mortal al instante, pues las ventanas de los vecinos se abren y la sustancia los mata con el mínimo roce. A partir de ahí surgen las preguntas lógicas: cómo llegó, quién más queda aparte del grupo, cómo pertrecharse y sobrevivir, etc. Fabrican los icónicos trajes que aíslan la piel y salen en búsqueda de recursos y personas.
miércoles, 4 de febrero de 2026
Clarice Lispector: Lazos de familia
Título original: Laços de Família
Traducción: Cristina Peri Rossi
Año de publicación: 1960
Valoración: Recomendable
La verdad es que no había oído hablar de Clarice Lispector hasta que varios de sus libros aterrizaron en ULAD, así que una vez más queda claro que aquí todos aprendemos de todos, o al menos soy yo el que aprende de todos. Casualmente cae en mis manos este Lazos de familia, que resulta ser un libro de relatos breves, lo cual no estoy seguro de que sea el medio más adecuado para testar a un escritor, pero es lo que hay. El libro se publica en 1960, cuando la autora brasileña, ucraniana de nacimiento, ya ha publicado algo de narrativa, incluyendo la que creo que es su primera y más celebrada novela, Cerca del corazón salvaje, escrita con solo veinticuatro años.
Ya puestos un poco en situación, podemos ir desgranando los distintos tipos de relatos que, con características bastante marcadas, componen el libro. Varios de ellos, colocados en la parte final, tienen un tinte muy de obra juvenil, con protagonistas adolescentes o poco menos, y un desarrollo más bien convencional. Narrados con pulcritud, son seguramente cuentos escritos años atrás que no aportan demasiado, con excepción de aquel (perdón por no recordar el título) que relata una agresión sexual, con un crescendo muy potente y una conclusión sobria que dan un resultado impecable.
Otro grupo de relatos se aproxima más a la fábula, con rasgos de humor y argumento más o menos insólito, como la historia de un perro, la más sorprendente de la mujer más pequeña del mundo, o aquella que tiene como protagonista a una gallina. Pasajes divertidos con un fondo simbólico resuelto con dignidad y eficacia.
Y quizá los cuentos más característicos, casi todos colocados al principio, son aquellos que hablan de historias cotidianas de mujeres, en tono intimista y algo brumoso, que bucean sentimientos e inseguridades que tienen que ver con el sufrimiento, el amor, la amistad o la soledad. Es escudriñar en la mente y el corazón de sus protagonistas, leer sus pensamientos y descubrir inseguridades, pequeñas envidias secretas o simplemente zonas de sombra que no conocemos pero que dejan cicatrices antiguas que no quieren ser borradas. Ocurre así en Feliz cumpleaños, uno de los relatos más brillantes, donde confluye la amargura de aquellas heridas con geniales golpes de humor.
Son finalmente narraciones que casi siempre carecen de desenlace, como trozos aleatorios de películas que se hubieran perdido: no sabemos qué hubo antes ni qué vendrá después, pero el cuadro es suficiente para transmitir emociones o definir personajes o parte de ellos. Y todo con la inconfundible seña de identidad de una prosa algo desconcertante, inexacta o improvisada, que provoca una sensación de frescura muy recomendable, a veces incluso con un punto excitante poco usual. Es en ocasiones una sintaxis forzada, en otras repeticiones o interrupciones que dan lugar a una expresión marcadamente personal a la que es difícil buscar parentescos, algo que hace de la lectura una experiencia gratificante aunque de vez en cuando, que todo hay que decirlo, peque de algún que otro exceso.
martes, 3 de febrero de 2026
Marghanita Laski: La chaise longe victoriana / La torre
lunes, 2 de febrero de 2026
Gesualdo Bufalino:El hombre invadido y otras invenciones
Título original: L'uomo invaso e altre invenzioni
Traducción: Joaquín Jordá
Año de publicación: 1986
Valoración: Está bien (con destellos excelentes)
Una de las mayores bondades de pertenecer a este blog es la necesidad de buscar (“descubrir” es una palabra que solo usan los narcisistas) nuevos autores (es decir, nuevos para mí) para mantener engrasados los engranes del cerebro.
Como se me dificulta la exploración directa en librerías, me veo obligado a navegar (¿ya nadie usa esa palabra, verdad?) por internet hasta encontrar algo que me llame la atención. Y qué mejor señuelo que un nombre que parece sacado de la comedia del arte: Bufalino.
Mi valoración de esta colección es el promedio de todos los cuentos, precisamente, a medias. Muchos cuentos parecen concebidos como un divertimento: juegos de erudición, relecturas de mitos, pequeñas trampas formales. Pero entre esos ejercicios se cuelan otros textos que me parecen geniales. De estos, destaco algunos.
- El hombre invadido. El cuento que da título al volumen funciona como una declaración de intenciones: el yo como territorio ocupado. Aquí Bufalino sugiere que la identidad está llena de agujeros: entran recuerdos ajenos, deseos que uno no pidió, obsesiones que se instalan como huéspedes.
- El retorno de Eurídice. Una reimaginación del mito. Mi favorito del libro. Aquí se notan los chispazos (desafortunadamente no un fulgor constante) de genialidad que tiene Bufalino. Esta frase es una prueba: “Se miró los pies, le dolían. Si es que puede doler el escaso aire de que están hechas las sombras.”
- Gorgias y el escriba sabeo. Un cuento que juega con la palabra como poder y como engaño: lo que se escribe no solo registra el mundo, lo fabrica; lo que se argumenta no solo convence, también deforma. El final, perfecto.
- La salida del arca. La historia de Noé y su barco suele cortarse donde conviene: como en las historias de amor, a nadie le importa lo que pase después. Pero aquí el “después” es lo esencial. Cuando el diluvio termina, la esperanza deja paso al desasosiego. El mundo salvado ya no es el mundo conocido, y la salvación trae su propia resaca moral. Sobrevivir también puede ser una forma de condena.
Este libro me dejó una impresión ambivalente. Bufalino no siempre apunta al mismo blanco. A veces se queda en el ingenio (que entretiene, sí, pero se disipa rápido); y otras veces, una sola imagen basta para justificar el cuento.
domingo, 1 de febrero de 2026
Pablo Escudero Abenza: La habitación de las niñas
Año de publicación: 2025
Valoración: Recomendable
No es que sea yo especialmente aficionado a la novela negra, pero cuando me llegó el ofrecimiento de este La habitación de las niñas no lo dudé demasiado. Al fin y al cabo, había sido galardonada con el Premio de Novela Negra Ciudad de Getafe, que el pasado 2025 alcanzó su 29ª edición, así que... AL LÍO!
El caso es que la novela me ha durado apenas un par de días y que el sabor de boca que me ha dejado su lectura es bueno.
Podemos resumir el argumento de La habitación de las niñas tal que así: Germán Calderari, secretario judicial de 29 años y vida gris, se reencuentra de golpe y porrazo con su pasado, en forma de hermana melliza metida en problemas y de sobrina de 13 años. Este reencuentro supondrá un mes de lo más disparatado, con drogas, armas, transexuales, tiroteos, persecuciones y traiciones (y no en ese orden, precisamente).
Si por algo destaca la novela de Pablo Escudero es por ritmo, diálogos y estructura. El ritmo viene determinado por la utilización de la frase breve y casi esquemática. Creo que hace bien el autor en optar por esta vía ya que, salvo que te apellides Onetti y tengas tal dominio del lenguaje que haces que la acción sea casi lo de menos, la acción ha de avanzar sin verse "entorpecida" por excesos verborreicos (sobrenarración, sobreadjetivación, etc). En cuanto a los diálogos, estos contribuyen a mantener el citado ritmo, además de resultar creíbles (quizá la voz de Gloria, a sus 13 años, resulte algo más forzada) y de mostrar una buena diferenciación de voces entre personajes. Por su parte, en lo que a estructura se refiere, esta se sirve de diversos flashbacks que explican pasado y presente de personajes y que hacen que la novela transite, aunque pueda parecer algo loquísimo, entre Stranger Things y el cine kinki de los 80.
También me parecen dignos de mención el hecho de que el autor trate de escapar de los clichés del género, aunque haya algún personaje que quizá me resulte algo caricaturesco (Kimberly, por ejemplo), y el final de la novela, un poco en consonancia con ese intento de alejamiento de los estereotipos del género. Pero tampoco es cuestión de destripar nada, ¿no?
En resumen, La habitación de las niñas es una novela que funciona. Lo primero porque entretiene, algo primordial en este tipo de textos, y lo segundo porque, sin tratar de reinventar el género negro, se acerca a los márgenes del mismo e intenta ofrecer al lector otras temáticas, otras posibilidades, otras posibles lecturas. Con eso me basta.
sábado, 31 de enero de 2026
Rita Bullwinkel: Golpe de luz
Título original: Headshot
Año de publicación: 2024
Traducción: Ce Santiago
Valoración: bastante recomendable
Ocho chicas se enfrentan unas a otras en el Trofeo de las Hijas de América que celebra la Asociación de Boxeadoras Juveniles y que tiene lugar en un cochambroso gimnasio de Reno, Nevada. Ocho jóvenes boxeadoras, lo que significa cuatro combates para decidir las semifinalistas, dos semifinales y por supuesto, la gran final -bueno, grande de no celebrarse con apenas asistentes en un, como digo, cochambroso gimnasio que responde al pomposo nombre de "El palacio del boxeo de Bob"-; siete combates en total, que son los que articulan esta novela. Es decir, la acción se circunscribe, prácticamente, a esos sietes combates, pero en la novela, claro está, se nos cuenta mucho más que las evoluciones físicas de las boxeadoras, los golpes y los puntos que van ganando -que también-: se centra sobre todo, en la personalidad y las vivencias de las ocho chicas, llegadas desde distintos rincones de EE.UU. En su personalidad o, mejor dicho, en diferentes aspectos que sumados, pueden darnos al menos un atisbo de ésta: sus anhelos, sus actitudes ante la pelea y ante la vida, su percepción de lo que las rodea, su pasado y su futuro...
Podría decirse, pues, que la novela nos ofrece una suerte de muestrario o catálogo de jóvenes protagonistas (todas lo son en esta novela), de caracteres diversos, de formas de ser femeninas... pero quizá no sea ésa la intención de su autora o, al menos, la intención principal. En el fondo, y pese a sus diferentes orígenes, aspecto, talante y habilidades pugilísticas, todas las boxeadoras quieren lo mismo: autoafirmarse y ser respetadas o, cuando menos, aceptadas, por los demás. Es decir, a lo que aspiran todas las mujeres, de cualquier edad, pero también todos los hombres -y, más aún, si cabe, las personas no binarias-, ya sean el tipo más rico del mundo o unas adolescentes que practican un deporte minoritario para las chicas en Tampa, San Diego o Dallas.
La novela, escrita con un pulso y una tensión admirables -o si lo preferís, con un eficaz punch, que te noquea después de mantenerte a raya con una serie de jabs y castigarte el hígado con un gancho corto- no llega a hacerse repetitiva, pese a su estructura recurrente porque Rita Bullwinkel pone mucho cuidado en que cada combate difiera de alguna manera del anterior, abordando en su narración aspectos diferentes o siendo más o menos detallado con la descripción técnica. Aún así, hay que decir que los primeros se leen con un interés casi febril que decae un poco en los siguientes, una vez asumida la originalidad de la narración. Y también que algún que otro combate, de ocho asaltos, se hace un pelín largo, aunque eso también contribuye a comprender la sensación de agobio e impotencia de la boxeadora que va perdiendo, supongo. En todo caso, aviso: si se comienza esta novela -que, de todos modos, se lee en poco tiempo porque consta de menos de doscientas páginas- resulta casi imposible no acabarla, creo yo; no puede uno dejarla hasta saber quién ha ganado el torneo. El premio para la vencedora puede no ser más que una copa dorada de plástico, pero también la empatía de todo aquél y aquella que lea esta obra.







