sábado, 30 de mayo de 2026

Carlos Portela y Keko: Contrition

Idioma: español

Año de publicación: 2023

Valoración: recomendable

Tela marinera con esta novela gráfica que nos proponen el guionista Carlos Portela y el dibujante Keko, pues es de esas obras que resultan incómodas las mires por donde las mires y plantean espinosas preguntas de difícil respuesta... para quien quiera hacérselas, claro. Porque este cómic también puede leerse como un thriller policiaco -y periodístico, en este caso- sin más, bastante bien llevado e intrigante por fuer de un par de plot twist que incitan a seguir leyéndolo. Por incómodo que pueda resultar hacerlo.

Me explico y ya veréis cómo me entendéis mejor: la acción se desarrolla en  una pequeña comunidad del condado de Palm Beach, en Florida, que tiene la característica de reunir allí a un alto número de delincuentes sexuales, en buena medida pederastas. Y no, no se trata de Mar-o-Lago, como podría deducirse, sino de otra situado en la parte pobre del condado (que la tiene, aunque parezca insólito), en el municipio de Nahokee. Allí, en un antiguo asentamiento de trabajadores del algodón, un reverendo adventista creó una comunidad para que los ex-convictos de este tipo de delitos pudieran residir cumpliendo la ley de ese estado que les impide vivir a menos de mil pies de un colegio, guardería, parque infantil o patio de recreo de niños. Se creó así Contrition Village, que puede ser visto como un lugar donde encontrar la paz para esos individuos, pero también como una cárcel al aire libre donde deben cumplir una segunda condena, de por vida... (*)

En uno de los bungalows que componen esa pequeña comunidad se produce, en 2008, un incendio que acaba con la vida del ciberpedófilo (por lo visto, sí que existe este término, no me despellejéis) Chistian Nowak. Aunque todo parece indicar un accidente, algunas cosas no cuadran -o cuadran demasiado- y la periodista Marcia Harris, del The Palm Beach Sun no cejará hasta descubrir lo que ha pasado realmente... pese a que todo el mundo, desde el director del periódico a su pareja y, por supuesto, la oficina del sheriff,  le piden que lo deje. Tan sólo contará con la ayuda ocasional de la detective Sonia Aldir, de la unidad de seguimiento de delincuentes sexuales de Palm Beach (formando una pareja que recuerda un poco y salvando las distancias, a la del obsesivo dibujante Graysmith y el detective Toschi en la magnífica película Zodiac). 

La historia, por tanto, puede leerse como propia del género negro, con su carga de intriga y turbiedad. A ello contribuye, en gran medida, además del estupendo guión de Portela, las ilustraciones de Keko, con su trazo vigoroso en blanco y negro, matizado de forma muy interesante por el uso de la fototransferencia para los fondos. En la mayoría de los casos los personajes pueden parecer algo estáticos, pues, más que una historia llena de acción, aquí la tensión se sustenta en los diálogos y los silencios; para ello se ajusta a la perfección la estética de Keko. Ya digo que no es un thriller trepidante, sino más bien un noir contenido pero no exento de momentos de violencia, ya sea evidente, física, o latente.

Por otro lado, y como he mencionado al principio, lo más impactante e inquietante de esta novela gráfica son las preguntas que suscita. Aunque también toca temas como el acoso escolar, la marginalidad en EE.UU. o la dificultad de las mujeres para desarrollar una carrera profesional, lo central en esta historia es todo lo relativo a los delincuentes sexuales. ¿Qué hacer con ellos, aparte de perseguirles y castigarles? ¿Deben perder sus derechos las personas que ya han cumplido su condena legal? ¿Y entre esos derechos debe contarse incluso dónde pueden o no vivir? ¿Hasta qué punto merecen el perdón y la reintegración en la sociedad? ¿Son más graves los delitos sexuales que los de otro tipo o es la sensibilidad contemporánea la que nos hace verlo así (en un momento dado, por ejemplo, Marcia plantea que un delincuente de este tipo no puede vivir donde le plazca, pero que un asesino sí podría hacerlo)? ¿Somos hipócritas por querer tener a pedófilos y violadores lo más alejados posible de nuestras comunidades o lo somos por, precisamente, no querer asumir que este tipo de personajes han salido de nuestra propia sociedad... en la que, no lo olvidemos, hay ocultos (o no tan ocultos, en algún caso) más como ellos? En fin, preguntas hay muchas y repuestas, al menos en el libro, sólo alguna. 

Nota casi final: casualmente, coincidió mi lectura de esta novela gráfica con el visionado de la película franco-iraní Un simple accidente, que, si bien, obviamente, trata de otra situación y otro contexto muy diferente, tiene algunas concomitancias con el cómic. No diré cuáles para no hacer ningún espoiler, pero si veis ambas, espero que estéis de acuerdo conmigo.

(*) Y no es un lugar inventado, sino que existe realmente, con el nombre de Miracle Village, en el municipio de Pahokee, que no Nahokee, aunque sí en el condado de Palm Beach... Es decir, que por poco estos ex-convictos no tienen de vecino a Donald Trump... lo que supondría una doble condena y ni siquiera esta gente se merece eso.

También de Keko en Un Libro Al Dia: Yo, asesinoEl perdón y la furia

viernes, 29 de mayo de 2026

Manuel Vilas: Nosotros


Idioma original:
español
Año de publicación: 2023
Valoración: incomprensible

Premio Nadal 2023. Quizás este sea el momento, el punto de inflexión respecto a Manuel Vilas (@granvilas en Twitter: la única virtud que le falta es la modestia).

Porque el escritor aragonés no tiene la culpa de que, allá por 2019, y seguro que gracias a los consejos de referentes culturales como Kiko Matamoros, algunos críticos con pocas ganas de complicarse la vida abrazaran llorosos sus novelas y las convirtieran en iconos literarios teñidos de verdad, duras confesiones de varón ibérico desesperado por lo que los avatares de la vida le iban procurando.

Tampoco, del todo, de aprovechar ese tirón, el de Ordesa, de plegarse, previo cobro de anticipos, a las solicitudes de sus editores y completar páginas y más páginas de talante parecido: lamentos y lamentos de lo jodida que es la vida porque los ascendentes fallecen/las parejas se separan y otras tantas cosas que parece que solo a Vilas le pasan. O solo a Vilas le pasan, escribe sobre ellas, y convence a algún incauto de que eso puede interesar y constituir una obra.

Si eso gusta a la gente, si eso hace que algún booktuber caiga rendido a sus pies e incluso comparta escenarios promocionales, quia, Manuel Vilas solamente crea y crea y escribe y ya las ventas es algo que sus asesores (financieros, mayormente) le explican.

De lo que sí tiene la culpa es de escribir mierdas como esta Nosotros. Una novela que igual sería soportable si se ciñera a su estrambótica historia; Irene, cincuenta años, viuda reciente con una sustancial fortuna heredada que le permitirá embarcarse en una vida algo disoluta en la que sublimará el recuerdo de Marce, su marido, a través de los encuentros sexuales aleatorios que su existencia le va interponiendo. En esos momentos de clímax, Irene ve a Marce en una especie de escalera simbólica de ascenso a no sé dónde. Realmente, una trama muy flojita, marcada por un neomachismo recalcitrante y casi básicamente dependiente de que esos encuentros sean con ciertos hombres o ciertas mujeres en contextos más casuales - sobre todo se los va encontrando, no demasiado original, en hoteles y restaurantes. Ahí vemos que Irene se fija mucho en los relojes que lleva la gente, algo menos en los coches, también en los perfumes, hay toda una panoplia de productos de cierta alta gama que le fascina. Y un soneto de Quevedo. 
Lejos de quedarse ahí, Vilas incursiona en la historia, sobre todo, soltando la vena poética que, dicen, pero tres oportunidades son demasiadas y como que voy a pasar, es su mejor baza. Aquí cualquier continuidad narrativa queda cortada por los devaneos poéticos del autor, que es incapaz de estarse quieto en una perspectiva narrativa contenida y objetiva. No hay párrafo que no quede destrozado por esas ínfulas constantes de sacar punta de forma grandilocuente a todo, y los juegos de palabras son marca de la casa y eso es, siempre, malo. Pesado, pretencioso, vacío, e insustancial. Rozando lo autoparódico. Y la parte final de la novela: tan horripilante y sacada del sombrero como para mostrar al lector (mira de qué soy capaz, toma giro!) algo que yo no atino a comprender. Ganas me dan de destrozar el final en esta reseña, pero, vamos, es primavera, yo voy a respetar al lector más que este autor.

Por cierto, ahora tiene una cosa nueva, Islandia, que parece ser que versa sobre una separación (¿la suya?).
Ni con un palo.

Otras obras perpetradas por Vilas y reseñadas por ULAD, aquí

jueves, 28 de mayo de 2026

Knut Hamsun: Por senderos que la maleza oculta

Idioma original: noruego
Título original: Paa gjengrodde stier
Traducción: Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo, para Nórdica
Año de publicación: 1949
Valoración: está bien


Sin querer entrar en el famoso y manido debate sobre si conviene separar autor y obra, en este caso es un tema inevitable puesto que el propio autor nos invita a ello en esta obra autobiográfica (y que sirve como colofón a su etapa literaria) en la que narra los últimos años de su vida, época durante la cual fue investigado por un delito de traición a la patria tras mostrar afinidad o simpatía hacia Hitler y el nazismo.

De esta manera, este relato autobiográfico empieza situándonos en el 26 de mayo de 1945, en Nørholm, cuando la policía acude al hogar de Hamsun para anunciarle un arresto domiciliario de treinta días, a los que sigue un ingreso a un hospital compuesto de un par de edificios (uno de los cuales es una pequeña casa en lo alto de un cerro) donde deberá hospedarse hasta el día de su juicio. Allí el autor pasa los días, sin demasiada distracción, afirmando que «leo, holgazaneo y hago solitarios». Sin embargo, al cabo de poco tiempo lo trasladan a Landvik, una residencia de ancianos, un cambio que no le desagrada y que confiesa que se trata de «un lugar ideal para mí. Puedo darme largos paseos sin que me digan nada de límites de la ciudad; aquí como, duermo y leo. También escribo un poco, pero no quiero mencionarlo para no irritar a nadie» (haciendo gala de su ácido sentido del humor, pues justamente estaba siendo investigado por sus escritos). A pesar de ello, no se encuentra plenamente a gusto, pues a diferencia de los ancianos que «solicitaron libremente el ingreso como el lugar más apropiado para pasar sus últimos días; yo, en cambio, he venido aquí con la ayuda de la policía, y estoy ingresado a la fuerza».

Con ello, este libro (indudablemente un texto menor dentro de la obra de Hamsun) muestra un autor en sus horas más bajas, en el último tramo de su vida cerca de los noventa años, una etapa que ya vive con cierto pesar y hastío, por su confinamiento, pero también por su estado físico, como muestra al afirmar que «estoy harto de mí mismo, no siento ningún deseo, ningún interés, ningún placer». Una rutina vital que contamina su obra, pues Hamsun admite sin reparo la nimiedad de los hechos que relata, justificándolo al afirmar que «todos los presos tienen que escribir sobre los dichosos sucesos de todos los días y esperar su sentencia, es lo único que tienen que hacer (…) por temor a lo que pudiera sucederme si escribiera sobre otra cosa»; un retiro vital y anímico envuelto de su día a día anodino, en el que «ahora lo que discutimos es el número de escalones de las escaleras, quién puede subirlas o bajarlas sin bastón, quién puede subirlas o bajarlas de dos en dos». Tampoco le acompaña su deteriorado estado físico para combatir tal hartazgo y aburrimiento, pues le afecta no únicamente en lo tocante a la sordera sino también a sus acuciantes problemas de vista. 

A pesar del tono bajo que utiliza en este texto, el autor nos deja pinceladas de su marcada personalidad, demostrando de nuevo el agrio sentido del humor que transmite en sus obras, y un fuerte carácter que demuestra en este caso por su indocilidad al sospechar que la intención del fiscal es que se considere demente y por tanto no responsable de sus actos, a lo que él combate y se reafirma en su responsabilidad porque confía en que el tiempo le dará la razón en su absolución. Así, considera que el aplazamiento de su juicio es un intento de especular con su vejez para evitar que se lleve a término, pues cree firmemente que saldrá ileso a pesar de que recela de la opinión de la gente y admite que «me vienen muy bien poder estará a solas conmigo mismo y no tener que preguntar una y otra vez qué me dice la gente».

Es innegable que el interés de este relato radica principalmente en conocer la etapa final del autor y en cómo pasa esos últimos años de su vida en una situación rutinaria, anodina y en evidente declive, esperando la sentencia del juicio que, a su modo de ver, debe absolverle. Y, con ello, probablemente la parte más interesante de esta obra es su tramo final en la que el autor transcribe su alegato de defensa basada en que las aproximaciones hacia el régimen de Hitler tenían como propósito conseguir situar a Noruega «en un lugar destacado de esa sociedad germánica mundial que se estaba fraguando». Así, según su opinión, su único propósito era conseguir un país mejor, aunque admite a su pesar que su actitud «no me llevó a nada bueno (…) me llevó a que ante los ojos y corazones de todo el mundo yo estaba traicionando a esa Noruega que quería elevar». Si eso es cierto o no, si ese era realmente su principal motivo e intención, cada cuál juzgará. Pero aquí hemos venido a valorar su obra y, en este caso, aunque no sea su mejor texto, sí sirve para conocer los últimos años de un autor que nos ha dejado obras encomiables como «Hambre» que quedarán para siempre en la historia de la gran literatura.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Colaboración: Estación final, de Hugo Coya

Idioma original: español

Año de publicación: 2021

Valoración: muy recomendable


El interés por la Segunda Guerra Mundial suele nacer de la magnitud global del conflicto, pero para un lector peruano el atractivo fundamental de Estación Final reside en la conexión directa y a menudo ignorada de nuestro país con este episodio. Hugo Coya logra articular una narrativa que vincula la gran historia universal con vivencias humanas cercanas, rescatando del olvido trayectorias que, de otro modo, habrían quedado sepultadas por el tiempo. El libro no se limita a exponer datos, sino que reconstruye la identidad de ciudadanos que, bajo circunstancias extremas, tomaron decisiones que alteraron el curso de sus vidas y las de quienes los rodearon. 

La lectura se caracteriza por una agilidad notable. El estilo de Coya es directo, claro y carente de artificios innecesarios, lo que permite que el relato avance de forma envolvente sin perderse en tecnicismos históricos que podrían alejar al lector no especializado. Esta fluidez facilita una inmersión profunda en los hechos, manteniendo una continuidad narrativa que empuja a avanzar capítulo tras capítulo casi sin esfuerzo. Sin embargo, es importante precisar que esa rapidez no disminuye en absoluto el peso emocional de la obra. Al contrario, la economía de palabras de Coya parece potenciar la fuerza de los eventos descritos. 

Pasajes específicos, como los dedicados a la vida y el destino de Magdalena Truel, están tratados con una sensibilidad que logra transmitir tanto la fragilidad como el coraje de su figura sin recurrir a la exageración dramática. Truel se presenta como una mujer real, alejada de los arquetipos de heroísmo inalcanzable, lo que permite una conexión más honesta con su sacrificio. Uno de los momentos más logrados y conmovedores del libro es, sin duda, el relato de su entierro. Coya describe la escena con una sobriedad que acentúa la sensación de vacío, invitando a una reflexión necesaria sobre los sueños y luchas que se truncan en contextos bélicos imposibles. 

El autor logra un equilibrio complejo entre el rigor de la investigación y la carga humana, presentando una historia que se percibe viva en lugar de una simple cronología estática de hechos pasados. El relato elude deliberadamente la glorificación de la guerra, manteniendo una postura sobria y honesta. No hay una búsqueda de gloria épica ni de heroísmo innecesario; lo que el lector encuentra es la cruda realidad del miedo, el sacrificio y las pérdidas constantes. Esta autenticidad es, quizás, el mayor valor del libro, ya que obliga a confrontar la guerra desde un lugar de respeto y verdad histórica. 

Como punto a considerar dentro de este análisis, la misma celeridad de la prosa —que hace al libro tan accesible— podría generar en ciertos lectores la sensación de que algunos episodios o personajes secundarios merecían una mayor profundidad analítica o descriptiva. No obstante, este matiz no resta valor al conjunto de la obra, pues esa misma brevedad es la que garantiza que historias tan vitales lleguen a un público amplio y diverso. 

Estación Final deja un balance necesario de reflexión, tristeza y admiración por las vidas retratadas. Aunque es una lectura que se consume rápidamente debido a su ritmo adictivo, la fuerza de escenas como las de Magdalena Truel garantiza que el contenido permanezca en la memoria mucho tiempo después de cerrar el libro. Es una propuesta sólida y necesaria para quienes busquen un enfoque humano, significativo y profundamente conectado con la perspectiva peruana sobre la Segunda Guerra Mundial.

Firmado: Johan Burga

martes, 26 de mayo de 2026

Rui Couceiro: Baioa sin fecha de muerte

 Idioma original: portugués

Título original: Baioa sem data para morrer

Traducción: Antonio Jiménez Morato

Año de publicación: 2025

Valoración: muy recomendable


Joaquim Baioa es un anciano que vive en Gorda-e-Feia, un pequeño pueblo del Alentejo portugués. Baioa dedica su tiempo y sus fuerzas a restaurar las casas abandonadas del pueblo con la esperanza de que sus antiguos propietarios decidan volver a habitarlas y así evitar el lento desmoronamiento que lleva consigo el éxodo rural: "Baioa se negaba a ver morir el pueblo. No aceptaba las paredes desconchadas, los cristales rotos, tampoco los tejados caídos o las aceras invadidas por la maleza. Ya era suficiente la despoblación".

Una de las casas restauradas pertenece a la familia de nuestro protagonista, un joven profesor que trabaja en Lisboa y que está atravesando una etapa de estancamiento vital. Cansado de un trabajo que no le motiva y superado por las exigencias de la modernidad, decide aceptar la invitación que les envía Baioa y viaja al pueblo buscando el equilibrio emocional que echa en falta.

Al llegar al pueblo quedará atrapado por el ritmo de vida que encuentra: "Al cabo de pocos días, con la mañana mostrándose aún despejada, me di cuenta de que allí mi corazón latía en paz. Me sentía a gusto en el silencio y no buscaba el ruido ni las palabras de los demás. Me encontraba en estado de calma y no me desagradaba. En aquella tierra de almas abandonadas, la única ansiedad que sentía era el entusiasmo constante por lo aparentemente poco pero claramente tanto que sucedía allí en todo momento". 

Nuestro joven profesor irá conociendo a una entrañable galería de habitantes del pueblo, que Rui Couceiro retrata con enorme empatía, y se convertirá en la mano derecha de Baioa, con el que se dedicará a encalar paredes, reparar tejados y restaurar puertas y ventanas. 

En capítulos cortos, nuestro protagonista va narrando en primera persona sus sensaciones al integrarse en el nuevo hogar, sus experiencias pasadas y sus incertidumbres futuras. En torno a él, los ancianos con los que coincide en la taberna. Baioa, Ze Patifé, Tía Zulmira o Adelino Reis, entre muchos otros, van dejando su impronta en nuestro protagonista: "Sólo más tarde me di cuenta de que, en la llanura y en la colina, como seguramente en otras geografías olvidadas, las personas que quedaban habían aceptado la condena de quedarse y rendirse a los dictados de la naturaleza, por no tener otra alternativa, o por ser incapaces de vivir de otra manera".

Nuestro profesor se va involucrando cada vez más en la vida de los paisanos, pero esa cercanía se acabará convirtiendo en un motivo para la desazón. Baioa decide compartir con él la carga de un secreto que le corroe y que le obliga a luchar contra el tiempo, un secreto que tiene que ver con el destino final de los habitantes del pueblo. Entre los papeles encontrados por Baioa en la casa abandonada del doctor Bártolo, un científico vecino del pueblo, ya fallecido, figura un curioso estudio en el que se atreve a poner fecha al fallecimiento de los aldeanos. Figura la fecha de todos, excepto la de Baioa, que no tiene fecha de muerte. Cuando en Gorda-e-Feia la muerte comienza a tomar las calles y van falleciendo los aldeanos en la fecha prevista en el estudio de Bártolo, la paz que anhelaba el profesor se convierte en un tiempo de duelo.

Couceiro ha escrito una novela poética y evocadora, repleta de personajes memorables y cargada de imaginación. Nos presenta el antagonismo entre la vida urbana y la vida rural y el choque entre dos generaciones: la más joven llena de vitalidad y optimismo, y la mayor, sin fecha de muerte. Quizás se le pueda reprochar que alarga en exceso algunos capítulos y que dilata la resolución de otros, pero el resultado final es un bonito y emotivo relato de un pueblo en lucha  contra la soledad, el desarraigo y el abandono.

lunes, 25 de mayo de 2026

David Lynch: Lynch por Lynch

Idioma original: inglés
Título original: Lynch on Lynch
Año de publicación: 1997 (con reedición en 2005)
Traducción: Elena Arguedas González
Valoración: bastante recomendable

Siendo Lynch mi director favorito y causante de que mi vida cambiara de rumbo debido a la maravilla que es Twin Peaks, no podía evitar tener algún libro de (aunque Atrapa el pez dorado me pareció cualquier cosa menos un libro decente) o sobre Lynch, y estas entrevistas, género predilecto para saciar la curiosidad por la mente de un genio creativo, sirven como un acicate bastante positivo a la hora de adentrarse en este loco de peinado raro y películas aún más extrañas.

Lo primero, cabe aclarar, es que el libro no lo escribió Lynch, a pesar de que te lo pongan más grande que una casa en la portada. Realmente es Chris Rodley el que se encargó de entrevistarlo y de hacer el recorrido correspondiente por los inicios de su vida y la parada en cada película (se lo puede permitir porque son únicamente diez más la serie de Twin Peaks, aunque, si algo bueno tiene este libro, es que también cubre gran cantidad de cortometrajes, anuncios bizarros y pinturas, lo que da una panorámica completa de su esencia y no únicamente de la carrera cinematográfica). 

Pero Lynch, como todo artista mayúsculo, tiene la personalidad arrolladora que le permite adueñarse de cada respuesta y de no contestar nunca de forma genérica, no importa que sea la pregunta más común. En sus respuestas se revela su forma de ser, la de un hombre en perpetuo estado de asombro e inocencia, casi como un niño, y uno no puede dejar de sonreír ante las tonterías que dice o lo que le parece importante, a la vez que le genera una sensación de ternura y nostalgia por darnos cuenta de que percibe más de lo que nosotros vemos, porque siempre está predispuesto a hacerlo.

Así, a lo largo de los capítulos, asistiremos a la filmación de cada película, casi nunca hablando de aspectos técnicos, sino más bien de cómo surgieron las ideas y qué dificultades encontró Lynch a la hora de aplicarlas. Todo esto aderezado con algún que otro comentario sobre la necesidad de mantener el misterio de las películas, la radicalización de la violencia en el mundo (Lynch, aunque a veces conteste de forma ingenua, y en esto me hace recordar mucho a Brian Wilson, conoce perfectamente, en cada etapa de su carrera, su entorno inmediato e internacional. Los artistas son canalizadores instantáneos de lo social), la necesidad de creer en cierto camino ético, de mantener la inocencia, entre otras cosas. Las entrevistas no son excelsas: Chris Rodley es apenas un medio para que Lynch se exprese (ni siquiera parece haber una conexión especial entre ellos, o algún indicio de que se conocen de hace mucho), pero no rebusca demasiado ni lo provoca, y las contadas ocasiones son justamente en temas que Lynch no puede ceder por mera cuestión de principios. Pero es un libro bastante ameno, y es imposible no terminar queriéndolo como a un viejo amigo al que lo ves y te decís ¿pero cómo hizo para que le saliera todo bien con esta actitud?

Un último apunte: el libro originalmente terminaba con el estreno de Lost Highway, y la reedición abarca hasta Mulholland Drive. Queda como duda si existe la actualización de Inland Empire (mi ejemplar está todo subrayado por el dueño anterior), y, en el caso de que la hubiera, cómo carajos serían las respuestas de Lynch para justificar semejante obra desconcertante.


Más de (o sobre) Lynch en: Atrapa el pez doradoDavid Lynch

domingo, 24 de mayo de 2026

Víctor Amat: Psicología punk

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2022

Valoración: Está bien


Empezamos mal, con una segunda persona del singular que interpela al lector. No me gusta, ni siquiera aunque se utilizase como recurso literario, esa familiaridad para tratar a alguien que tiene tu libro en sus manos, lo que para ti, autor, debería ser motivo suficiente para mantener cierta distancia que no incluye tutearle ni compartir confidencias. Tampoco me agrada ese colegueo con el que se da la impresión de estar dirigiéndose a un adolescente, aderezado con un supuesto lenguaje de calle que con frecuencia recurre a los flipar, chungo, monguer o cagarla. Claro que Victor Amat (pone Victor sin tilde, y yo se lo respeto) hace uso de este instrumental para buscar a) cercanía al lector, como alguien que te habla acodado en la barra del bar, y b) cierta aura transgresora que se corresponde con eso de la psicología punk, que viene a ser una marca de la casa que le gusta pasear por el mundo.

Bueno, que tampoco se me enfade este señor, que fue boxeador profesional, lo cual le otorga un plus de respetabilidad además, también es verdad, de aportar una nota diferencial, que tampoco es frecuente encontrarse reunidas en una misma persona las figuras de psicólogo, boxeador y divulgador. 

Yendo por fin al grano podemos decir que el libro se inscribe en el subgénero, todavía poco concurrido aunque creciente, de los libros de autoayuda que abominan de los libros de autoayuda. Ya topé con otro hace tiempo, aunque el tono de aquel era más gamberro y digamos menos profesional. Porque la idea que subyace en todo el libro de Amat es despreciar lo que llama pensamiento naif, el buenismo positivo de Mr. Wonderful y los mensajes optimistas y/o escapistas que inundan las redes, y centrarse en algo quizá menos reconfortante pero psicológicamente más sano: no podemos hacerlo todo bien aunque lo deseemos al máximo y pongamos todas nuestra fuerzas al servicio de nuestros sueños, tenemos que ser capaces de asumir nuestras limitaciones, llevar con dignidad el fracaso y aceptar los golpes que inevitablemente nos van a ir cayendo.

Es algo que me recuerda a la reflexión de un conocido escritor que en una entrevista dijo algo así como que el mundo es un lugar peligroso. Se refería desde luego a asuntos bastante diferentes, pero apunta en una dirección similar. La vida se compone de momentos buenos y malos, de gente que ayuda y mucha otra que te zancadillea con mala intención o incluso sin ella, de sucesos, algunos inevitables, que nos van a reventar las ilusiones y la estabilidad, y hay que aprender a encajar y tomarnos nuestro tiempo para digerirlo. Es posiblemente una perogrullada, pero es quizá algo que cuesta admitir, sobre todo a la vista de tanta basura con la que nos acosan, a veces solo para obtener visitas o likes, otras para convertirnos en consumidores felices que no dejen de gastar.

Insisto en que en general no me agrada el tono del texto, pero hay que reconocer que resulta eficaz para transmitir el mensaje y también, por qué no decirlo, que hay algunos momentos en que lo clava exponiendo problemas relacionales sobre los que nunca antes había leído, y atina muy bien por ejemplo desmontando algunas tonterías sobre el supuesto entorno laboral idílico de ciertas tecnológicas. Tengo la sensación de que el acento transgresor va siendo más marcado según nos acercamos al final, lo que transmite frescura y sinceridad, de manera que el libro, sin llegar a tener demasiada envergadura ni a desprenderse del todo, no sé si a su pesar, de la etiqueta de libro de autoayuda, parece un trabajo honesto del que a lo mejor puede uno obtener algún provecho.

P.D: Acabo de darme cuenta de lo horrible que queda esa cubierta con lo de 9,95, lo siento... pero no voy a ponerme a buscar otra.