jueves, 29 de octubre de 2026

Giovanni Verga: Cartas de una novicia

Idioma original: Italiano
Título original: Storia di una capinera
Traducción: Elda Gómez Palmeiro
Año de publicación: 1870
Valoración: Está muy bien 


Giovanni Verga es uno de los autores italianos más influyentes de su país, pero por algún motivo no es muy conocido fuera de él, al menos no tanto como otros. Curioso, porque no cabe duda de que Verga es un grandísimo escritor, como queda demostrado en esta pequeña novela epistolar que es Cartas de una novicia. 

Al parecer la novela está inspirada en un episodio real de la vida del autor, que se enamoró en su juventud de una muchacha destinada a convertirse en monja. Pero está contada desde el punto de vista de la chica, una pobre novicia que le escribe regularmente a una amiga del convento durante su estancia con su familia en una aldea rural, a donde la llevan para evitar una epidemia de cólera que está asolando la ciudad. En esa estancia la protagonista vivirá en contacto con la naturaleza, conocerá la libertad y descubrirá su capacidad de amar. Después de esto, volver a la reclusión monacal le resultará muy duro, tanto que entra en una grave depresión y acaba muriendo en la enloquecedora soledad de su celda. (Aclaro que esto no es ningún spoiler: en el preámbulo de la novela, el autor explica su título, que en italiano hace referencia a un pájaro, la curruca, y nos adelanta que la protagonista muere enjaulada igual que ésa; al contrario que el pájaro de Maya Angelou, esta curruca no consigue superar la pena de una vida oprimida).

Las Cartas de una novicia son desgarradoras. Giovanni Verga consigue meterse en la mente de la joven y nos transmite vívidamente sus pensamientos, que al principio desbordan alegría, pero luego pasan a ser oscuros, dramáticos, patéticos. Aunque se considera al autor como uno de los principales exponentes de la corriente literaria italiana del verismo, esta novela es más bien romántica. Tiene puntos realistas, sobre todo en su crítica a la rígida sociedad de la Sicilia borbónica de la época, pero el apasionado despliegue de sentimientos íntimos de que hace gala la aleja de ese estilo, que se caracteriza entre otras cosas por la distancia que toma el narrador respecto a lo narrado. 
 
El libro se lee rápida y ávidamente, sobre todo los dos primeros tercios. La última parte se hace un poco pesada: la protagonista va cayendo en un abismo de desesperación que roza la locura y sus cartas se vuelven repetitivas. Con todo, en conjunto es una novela muy buena, en mi opinión.

La historia ha sido llevada al cine en varias ocasiones, la última por el polémico Franco Zefirelli. No he visto ninguna de esas películas, pero dudo que consigan alcanzar la profundidad psicológica de la obra escrita. En todo caso, con lo que se tarda en leerla, casi mejor ir directamente a la novela, que está muy bien. 
 

miércoles, 28 de octubre de 2026

Manuel Vázquez Montalbán: Los alegres muchachos de Atzavara

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1987

Valoración: Entre Recomendable y Está bien


Queda uno impresionado echando un vistazo a la larga bibliografía de Manuel Vázquez Montalbán, buena parte de ella perteneciente a la serie del detective Carvalho, pero también poesía, narrativa y un número no despreciable de ensayos. Pues bien, confieso que hasta ahora no había leído nada de autor tan popular, y me decido, más bien al azar, a probar con esta novela, ajena a su ciclo más conocido, en la que sospecho que podemos encontrar a un escritor digamos más libre, puede que más arriesgado.

Se sitúa Montalbán en 1974, un año antes de la muerte de Franco, en una muy pequeña población cercana a la costa catalana, donde un puñado de gente procedente de Barcelona ha instaurado una especie de peculiar comunidad, tras haber restaurado viejas casas rurales, algo más bien infrecuente en la época. Los nuevos veraneantes son sobre todo profesionales, intelectuales o pequeños empresarios, ciudadanos modernos de posición acomodada y hábitos liberales, que organizan saraos donde reúnen una pequeña corte de amistades, a poder ser moderadamente extravagantes, que den color y picante a las reuniones. Corre con poca mesura el alcohol, y el sexo revolotea con insistencia, casi siempre en modo amago, de cuando en cuando traspasando esa barrera.

El retrato de los personajes es fino y agudo, utilizando perspectivas múltiples. Es la pequeña burguesía catalana, acomodaticia, que prosperó con Franco y que, cuando se avistaba ya la puerta de salida de la dictadura, abrazó anhelos democráticos y un nacionalismo hasta entonces invisible, quizá larvado. Gente moderna y deseosa de exhibir su cosmopolitismo y desenvoltura de costumbres, se entregan a la diversión, el escarceo y cierto exhibicionismo. Somos modernos y desprejuiciados-desinhibidos, somos guays y competimos en ingenio, en ocurrencias o en distintos grados de osadía.

El sexo tiene importancia fundamental a todos los niveles y en diversas variantes: la homosexualidad adquiere protagonismo fundamental en la peculiar comunidad, y el autor se permite hasta una incursión en el mundo trans que, no obstante dar la impresión de postizo algo extraño, resulta notable para la época. Pero lo que realmente llama la atención es contemplar el abismo que el tratamiento que la diversidad sexual ha experimentado en estas cuatro décadas. La homosexualidad, viene a desprenderse del texto, no es simplemente una opción en la esfera de la libertad individual, sino una especie de variante del vicio, frontera con la frivolidad, propia de gentes promiscuas y personalidades frágiles, volubles y un punto insolentes. La caricatura que la literatura y sobre todo el cine nos vendió apenas se abrió un poco la censura de la época.

A veces no es fácil distinguir la opinión del autor de la de sus personajes, como en este blog hemos tenido ocasión de comprobar. Por eso no me atrevo a atribuir a Vázquez Montalbán, un tipo que tengo por progresista, ese punto de vista algo receloso y burlón que domina cuando la acción se centra en al mundo gay, digamos que al menos en parte puede ser la voz del personaje y no la del autor. Tengo mis dudas, y aun así el relato tiene en este punto un aire reaccionario que es imposible desconocer. Claro, hablamos de un libro escrito hace casi cuarenta años, y hay que asumir que la percepción de las cosas cambia con el mundo, a veces también a mejor y que, una vez más, no es procedente juzgar con criterios actuales cosas escritas en otras épocas, como en este caso no demasiado lejanas en el tiempo pero sí en lo que se refiere a algunas cuestiones.

Ciñéndonos a la novela como tal, puedo decir que resulta disfrutable, es un placer asistir a la agudeza con la que Montalbán disecciona a sus personajes, con una carga de ironía importante aunque siempre medida, y tiene golpes realmente brillantes que le sacan a uno la sonrisa, puede que incluso la carcajada. Como dibujo de colectivo de la época me parece también sobresaliente, y tal vez se le puede achacar que se quede solo en eso, un retrato de cierta generación y cierto segmento social, sin llegar a construir un hilo narrativo definido. Intuyo que no es este uno de los defectos habituales del autor, quizá en esta ocasión decidió centrarse en un aspecto concreto y descuidó un desarrollo un poco más trabajado. Pero hay veces en que todo no puede ser.

También de Manuel Vázquez Montalbán reseñado en ULAD: O César o nada, Autobiografía del general Franco, Galíndez

martes, 27 de octubre de 2026

Samantha Harvey: Orbital


Idioma original:
inglés

Título original: Orbital

Año de publicación: 2025

Traducción: Albert Fuentes

Valoración: recomendable

Orbital es, desde luego, una novela original en su estructura. Como una especie de bitácora a doce manos, la de seis astronautas que orbitan a lo largo de un día metidos en el reducido espacio de una Estación Espacial Internacional. Dos mujeres y cuatro hombres de distintos orígenes y condiciones, todos ellos reputados profesionales que se encuentran ahí a caballo entre su vocación y la función que se les ha asignado, la mayoría de perfil cientifico. Dieciséis capítulos, cada uno correspondiente a sendos recorridos completos alrededor de la Tierra que la Estación, a 25.000 km/h, traza a lo largo de veinticuatro horas, de forma continuada a lo largo de meses y años. Cada uno de los seis, si bien el protagonismo está desigualmente repartido, metidos en sus quehaceres y en sus reflexiones sobre su presencia ahí, los hogares que han dejado atrás mientras cumplen su misión, las circunstancias de cada uno, los recuerdos que acuden a sus mentes, algunos de ellos asidos a los escasos objetos personales que les ha sido permitido llevar a bordo.

Obviamente esta no es una novela de ciencia-ficción. Sus personajes son posibles y no hay un atisbo de trama que pueda sugerir conflicto, problema de convivencia, ni tan siquiera se sugiere nada que pueda parecer remotamente carnal. No existe una trama en sí salvo asistir a esa rutina, los sucesivos recorridos en que la nave atraviesa dieciséis zonas barridas por la luz solar, dieciséis zonas en sombra. A Harvey (que agradece a las agencias espaciales su transparencia informativa) se le escapa cierta trascendencia de aires new age cuando acomete la descripción de todos los itinerarios de cada una de las órbitas, y en algún párrafo la relación de países, accidentes geográficos, sitios que sobrevuelan, puede resultar algo indigesta o reiterativa. Ya sabemos que es difícil no quedarse fascinado mirando el planeta desde una ventanilla privilegiada a cuatrocientos kilómetros de altura. Ya intuímos que esos seis astronautas tienen cada uno una historia propia de brillantez y superación que los ha llevado a esa misión, elegidos (como en el clásico de Tom Wolfe) en función de su idoneidad para aquello que les ha sido encomendado. Pero demasiadas veces esa descripción de paisajes, de islas, de tifones que sobrevuelan los océanos, parece erigirse en el nudo argumental del libro. Quizás de forma premeditada, no hay por qué negarlo, las problemáticas de los habitantes de la estación, sus experiencias físicas con la gravedad, con las limitaciones del espacio reducido, con la logística propia de la situación, quedan en un segundo plano, se nos muestran como algo circunstancial y poco trascendente frente al imponente escenario, el interno y el externo, en que se desarrolla la novela.

lunes, 26 de octubre de 2026

Yevgueni Zamiatin: La inundación y otros textos

Idioma original: Ruso
Traducción: Marta Rebón
Año de publicación (del volumen): 2026
Valoración: Decididamente recomendable

La inundación y otros textos es un volumen misceláneo publicado por Automática que recopila cinco escritos de Yevgueni Zamiatin. Dichos escritos son: dos relatos, un artículo que reivindica la libertad literaria, una renuncia pública a la Unión de Escritores y una carta dirigida al mismísimo Stalin.

Para quien no lo sepa (yo mismo no tenía ni idea antes de leer este volumen), Zamiatin fue un escritor ruso que, debido a su integridad y disidencia, devino víctima de la censura y el exilio durante el régimen soviético. En la carta mandada a Stalin previamente mencionada, el autor se queja de la persecución injusta a la que es sometido, y declara que su único crimen es su «costumbre, muy incómoda, de decir no lo que en un momento dado resulta conveniente, sino lo que me parece verdad».

La carta en cuestión es admirable. Zamiatin no se achanta lo más mínimo al dirigirse a Stalin y, además de solicitar exiliarse junto a su esposa, persevera en su reivindicación de la literatura alejada de la conveniencia del poder e incluso de la pleitesía ciega «a la Revolución». Supongo que el escritor tenía ciertas garantías, ya que sabía que el dictador había velado por otros compañeros de profesión en el pasado, pero esto no resta un ápice de valentía ni dignidad a su actitud en la misiva.

Por otra parte, también me parece admirable el artículo "Tengo miedo", el cual concentra multitud de ideas en unas pocas páginas. Zamiatin defiende en él que una revolución no debe acoger a mercenarios de las letras que no creen en ella (los «avispados»), reivindica el arte «proletario» en contraposición al «cortesano», denuncia las dificultades que parecen quienes se dedican a la «literatura auténtica» (como tener que buscar un trabajo complementario) y recuerda que la literatura nunca debe ser complaciente, ni siquiera con la causa o cultura que la ve nacer.

Cito a continuación uno de los pasajes más brillantes de este "Tengo miedo", con el que estoy de acuerdo en gran medida: «la verdadera literatura solo puede existir allá donde la hacen no funcionarios diligentes y de probada lealtad, sino locos, ermitaños, herejes, soñadores, rebeldes, escépticos. Y si el escritor debe ser sensato, debe ser católicamente ortodoxo, debe ser útil hoy, no puede fustigar a todos como Swift, no puede sonreír ante todo como Anatole France, entonces no puede haber literatura de bronce, sino solo literatura de papel, de periódico: la que se lee hoy y en la que mañana se envuelve el jabón de arcilla».

Llegados a este punto, abordemos los relatos que inauguran el volumen, titulados "La caverna" y "La inundación". Ambos rozan la genialidad y evidencian la calidad como narrador de Zamiatin. A fin de cuentas, exhiben una prosa de un virtuosismo innegable y son capaces de definir escenarios, personajes, dinámicas y situaciones con apenas unas pinceladas.

Ambos son dramas intimistas, casi domésticos, cercados por un mundo helado que roza lo posapocalíptico (el primero) o atravesados por un desastre natural a gran escala (el segundo). En ambos, los protagonistas, parejas que llevan años juntos y atraviesan una dura situación (la incapacidad de denigrarse a un estado primitivo de supervivencia en el primero y la de tener hijos en el segundo), asisten a su decadencia conyugal con una entereza quebradiza. Ambos comparten un tono tráfico, sombrío y claustrofóbico.

Para terminar esta reseña de La inundación y otros textos diré que el escrito menos interesante del conjunto es, a todas luces, "Carta a la redacción" (aunque tampoco negaré que tiene su valor como documento histórico). En él, Zamiatin hace un detallado y prolijo recorrido al acoso sistemático al que el régimen soviético lo sometió tras declararlo un artista incómodo y, por tanto, conflictivo, por publicar tanto la novela Nosotros como el artículo "Tengo miedo".


También de Zamiatin en ULAD: Aquí

domingo, 25 de octubre de 2026

Alessandro Piperno: Aire de familia

Título original: Aria di famiglia

Idioma original: italiano

Traducción: Carlos Gumpert

Año de publicación: 2026

Valoración: Está bien


Aires de familia nos cuenta el lento declive existencial de un profesor universitario, escritor de éxito anclado en un prolongado periodo de sequía creativa, que es acusado por sus alumnos de transmitir comentarios misóginos durante la exposición de unos textos dedicados a Flaubert y llevado ante un comité disciplinario.

En estas circunstancias de estancamiento profesional recibe la noticia de la muerte de una antigua compañera y rememora su juventud y madurez y va confesando los errores que ha cometido en su vida. Criado por un tío millonario se ha construido a si mismo una vida tranquila y acomodada donde lo fundamental es evitar cualquier tipo de complicaciones. Eso ha hecho que sus relaciones sentimentales hayan sido breves y poco comprometidas y que se acomode en una  cátedra universitaria en la que languidece plácidamente.

Alessandro Sacerdoti, que así se llama nuestro profesor, se confiesa un tanto misántropo, pero aunque inicialmente tiene un alto concepto de si mismo las circunstancias académicas hacen que comience a cuestionarse su valía personal y profesional: "Había escrito artículos pontificando sobre cómo es la gente, sobre cómo cambian los tiempos, abusando de la primera persona del plural como un Montaigne de cuatro cuartos. Había llenado mis escritos con consideraciones sapienciales para el uso de burgueses ociosos. ¡Qué desperdicio!¡Qué arrogancia!".

Tampoco su tarea como escritor escapa al juicio despiadado del profesor: " Tenía poco más de treinta años. Habían transcurrido un puñado de meses desde la publicación de la novela que me había dado una notoriedad extemporánea, fugaz y de lo más irritante. Hoy sé que era demasiado joven para soportarlo y demasiado viejo para disfrutarlo con ligereza".

Así pues, y dada su poca querencia por las complicaciones, se deja apartar de la cátedra y se refugia en su apartamento. En ese retiro espiritual recibe la noticia de que se tiene que hacer cargo de Noah, el hijo de una prima lejana que acaba de quedar huérfano,  y su vida sufrirá un vuelco. Acostumbrado a ocuparse únicamente de si mismo, Alessandro tendrá que cambiar su modus vivendi y  aprenderá sobre la marcha a criar a un adolescente callado y esquivo. La llegada de Noah a la vida de Sacerdoti supondrá un cambio en la actitud vital de nuestro protagonista que se verá obligado a salir de su aislamiento habitual y convivir con un joven que le hará cuestionarse su papel en el mundo.

Llegados a este punto es cuando la lectura de esta agradable novela de Piperno nos comienza a dejar la tibia sensación de haber leído esta misma historia en otras ocasiones. En primer lugar, los problemas en su cátedra nos recuerdan inevitablemente a Stoner de John Williams o La mancha humana de Joseph Roth y el terremoto personal que supone la llegada de Noah nos recuerda innumerables novelas de iniciación que hayamos leído con anterioridad. En este sentido, además, es donde esta novela tiene su eslabón más débil: apenas vemos razones para creer en que esta  nueva familia reconstruida tenga algún futuro, porque los puntos de contacto entre ambos protagonistas son más bien escasos. Más allá de intentar salvar las evidentes diferencias vitales y generacionales que les separan no vemos que se produzca un acercamiento personal o sentimental entre ambos. Algunas conversaciones sobre el colegio, la tibia recepción de regalos como una raqueta, unos walkietalkies o unos playmobil o unas tardes frente al televisor viendo jugar al Tottenham no parecen elementos que puedan unir profundamente a un padre y su hijo, aunque sea adoptivo. Por eso, el inesperado giro final que remueve las vidas de los dos protagonistas nos resulta poco creíble y un tanto forzado.

La novela está bien escrita, el ritmo narrativo es adecuado, las reflexiones personales del protagonista sobre si mismo y sobre la burguesía a la que representa son irónicas y mordaces, el estilo es ágil y se lee con rapidez, pero resulta un tanto superficial. No enternece ni conmueve. Se lee con agrado, pero no deja poso.





sábado, 24 de octubre de 2026

Colaboración: Y Seiobo descendió a la Tierra, de László Krasznahorkai

Idioma original: húngaro 

Título original: Seiobo járt odalent

Traducción: Adan Kovacsics

Año de publicación: 2008 

Valoración: Muy recomendable 

 

Uno se siente tentado a abrir este libro bajo una falsa promesa: la de que Krasznahorkai ha escrito, por fin, al amparo de la belleza histórica, lejos de su habitual mundo nublado, entrópico y lleno de bajezas. Sin embargo, apenas se leen unas páginas de este libro de relatos-ensayos, la ilusión se rompe. Nos reencontramos con el mismo autor, su misma voz torrencial y su inconfundible visión del mundo. La belleza aparece, sí, pero es un destello fugaz, un segundo de luz que pronto se diluye en el gris de siempre. Al final, no hay mucha diferencia entre la angustia que sus personajes sienten frente a la majestuosidad de la Alhambra o la Acrópolis, y la que sufren en un pueblo perdido en la niebla de Hungría. 

Aparentemente, para Krasznahorkai la belleza ni siquiera salva a este mundo. A lo largo del libro, sus personajes conviven con diversas manifestaciones artísticas —la Acrópolis, la Venus de Milo o el teatro Noh—, pero no hallan consuelo en el arte. Lo irónico aquí (y a la vez escalofriante) es ver las razones de este fracaso: o no lo comprenden, o si lo comprenden les provoca náuseas, o es esquivo e indiferente, y si acaso es aprehensible, los hace odiar a los demás o exige disolver el propio ser para manifestarse plenamente. Un absoluto tormento. 

Pero a este drama existencial se suma un obstáculo mucho más simple: nuestra propia banalidad. Krasznahorkai es implacable al señalar que somos una sociedad de consumo que ha perdido la capacidad de disfrutar de lo bello. En el Louvre, fotografiamos a la Venus y nos vamos sin haberla observado, conformándonos con la postal de la tienda de regalos. En la Alhambra, consumimos la historia que venden los guías sin alzar la vista hacia los patrones infinitos del alfarje. Aunque lo divino hable en silencio, no somos lo suficientemente valientes para dejarnos tocar por él. Y es una lástima, porque a pesar del dolor de pies, del cuello cansado o del entumecimiento, la belleza se deja ver por unos segundos, como un quetzal en un bosque nuboso. Desgraciadamente, no lo miramos: queremos fotografiarlo, aunque eso signifique matarlo o matarnos. 

Si la belleza es dolorosa, esquiva o insoportable, ¿por qué nos afanamos en perseguirla? En este mundo, a simple vista, entrópico —aunque secretamente ordenado por una lógica matemática, como sugiere la numeración de los capítulos— no parece haber lugar para ella, pero su búsqueda logra, por instantes, detener el caos en el que estamos sumergidos. Al final, todo vuelve a ser igual, pero con más sudor y fatiga; un pequeño calmante que amenaza con dejarnos peor que antes. 

Afortunadamente, queda un ligero rayo de esperanza. El relato que da título al libro nos muestra un escenario diferente: la diosa Seiobo desciende a través del Noh y, con caminar pausado, viene a regalarnos melocotones de su jardín sagrado. Solo falta saber si no moriremos al probarlos. 

 Firmado: Arturo Jiménez Viveros

Otras obras de László Krasznahorkai reseñadas en ULAD: aquí

viernes, 23 de octubre de 2026

Brandon Sanderson: Curso de escritura creativa

Idioma original: inglés
Título original: Creative Writing Course
Año de publicación: 2022
Traducción: Manuel Viciano
Valoración: vacuo

He tenido que buscar una valoración que se ajustara más a mi pensamiento, porque no quería encajarle un simple repugnante solo por estar muy alejado de lo que considero que es la literatura (algo de pedantería y de guardián de la verdad contiene esta reseña, pero no lo puedo evitar, porque hacía mucho que un libro no me irritaba).

Este es un libro pura y exclusivamente pensado para la maquinaria empresarial estadounidense. No ofrece, en lo más mínimo, consejos valiosos sobre personajes, tramas, ambientación o incluso métodos de publicación (lo mencionado son respectivos capítulos del libro) porque todo está dedicado a vendértelo de dos maneras: 1) si esquematizas TODO, el libro adquiere una vertiente industrial y es más fácil escribirlo de corrido (por ejemplo: considerar las palabras que vas a escribir, los distintos arcos de personajes, cuándo meter un giro y cuándo no, el tema de enganchar al público, conocer al mismo, entre otras cosas); 2) no te salgas PARA NADA de las consideraciones del mercado editorial, porque no lograrás triunfar. Las mayúsculas son mías, pero a lo largo del todo libro prácticamente Sanderson te las grita.

Al ser un compendio de sus cursos de Youtube (se pueden encontrar completos y gratis) traducido a texto, la oralidad se nota bastante, aunque eso no es un defecto. Cada capítulo es un resumen, por así decirlo, de un vídeo bastante largo, y al medio o al final se incluyen preguntas pertinentes de algún estudiante. Debo decir que, por momentos, me parecían más interesantes estas preguntas, y también resultaba muy decepcionante que Sanderson fuera incapaz de contestarlas satisfactoriamente; cualquier cosa que lo llegue a sacar de la zona de confort lo deja sin respuestas. De hecho, se autocita constantemente, y solo sabe hablar de sus libros o de sus esquemas de personajes y sistemas de magia (la excesiva lógica de la magia, y en esto no soy nada objetivo, me provoca bastante rechazo).

Ahora bien, Sanderson es conocido por escribir fantasía. Tiene todo un universo llamado Cosmere, y varias sagas de 5-10 libros (extensos como para hacer dulce de leche de TochoWeek) interconectadas entre ellas, aunque creo que por ahora esa conexión se ha dado puntualmente. Pero que el hombre saca religiosamente uno o dos libros por año, lo hace. De eso podría aprender Rothfuss o George R.R. Martín. Claro que para eso tendrían que renunciar a toda prosa elaborada y contentarse con la funcionalidad más básica de la palabra. 

Uno de mis grandes problemas con Sanderson, más allá de su manía de tratar a los libros como guiones cinematográficos o como niveles de videojuegos, es, justamente, su prosa. Es de lo más limitado y carente de emociones que se pueda encontrar. Y lo peor es que, en este libro, habla tal cual escribe, con una racionalidad que a muchos les podrá fascinar, pero que no demuestra ningún sentido aventurero. ¿No es preocupante que, siendo escritor, cada vez que te pidan un ejemplo te cites a vos mismo, y si no es así menciones solamente películas (y no sale de Star Wars, ni siquiera hay una profundización de la saga, porque solo analiza su estructura y no lo que lo hace emocionante) o videojuegos? No te digo que conozcas al escritor más recóndito de Turkmenistán, al que le falta una mano y una pierna y escribe con el lápiz en la oreja, pero sí no dar la sensación de que en realidad no lees nada que no sea de tu gusto inmediato. 

Por otro lado, sus comentarios acerca de la publicación se reducen básicamente a: a) si no logras publicar, debes escribir lo que el mercado pide; b) si no publicas, seguro que aburres al lector; c) debes ser adictivo y rápido porque el lector te abandonará a la primera ocasión. En fin, que considera que si te sientas y largas tres libros por año, con la cantidad de palabras medidas y todo lo demás, serás un exitazo. Pero eso no ocurre tantas veces en EE.UU, que ya tiene un tinglado editorial bastante sospechoso (¿cuántos números 1 en venta tiene el New York Times?), menos en otras partes del mundo, donde publicar para los amateurs es una misión casi imposible. Es verdad que refocilarse en los impedimentos personales y/o sociales a la hora de publicar no te ayuda mucho (y creo que de lo poco interesante del libro es que Sanderson te cuenta la trastienda de los contratos editoriales y el esfuerzo para la promoción), pero tampoco es justo venderte un relato diciéndote que las cosas saldrán bien si las haces a SU manera.

En fin, que cualquier aspirante a escritor (y con esto advierto sobre todo a los de fantasía), debería alejarse de este libro y leerse, aunque sea para arrancar, algo más honesto como Mientras escribo, de Stephen King, o Zen en el arte de escribir, de Bradbury. La escritura, si bien tiene sus técnicas y trucos y los clásicos han sido estudiados hasta el hartazgo, nunca debería perder ese componente de sorpresa y originalidad, y el autor no debería encarar su tarea simplemente pulsando los botones que sabe que tiene que pulsar, como si fabricara hamburguesas.

Más de Sanderson: Elantris