viernes, 9 de octubre de 2026

Fred Vargas: Une unique lueur (Un único fulgor)

Idioma: francés

Año de publicación: 2026

Valoración: recomendable (sobre todo para fans)

Los seguidores de Fred Vargas (vale, este seguidor que escribe aquí) llevamos recibiendo,en los últimos años, una suerte de ducha escocesa,al menos por lo que respecta a sus novelas del comisario Adamsberg: a una digamos que un tanto decepcionante, Tiempos de hielo (de acuerdo, admito que me dejé llevar por la fe vargasiana y yo mismo le puse un "muy recomendable para fans"... No lo es). le siguió otra que no estaba nada mal o así la recuerdo yo, Cuando sale la reclusa; para acabar, hace tres años, con la más rutinaria Sobre la losa. Este mismo año, por fin doña Frédérique ha publicado una nueva novela y claro, uno la aborda con una mezcla de entusiasmo y prevención, deseando volver a encontrar el original concepto de polar que le entusiasmó en El hombre de los circulos azules o Huye rápido, vete lejos, pero temiendo que se trate de nuevo de más cal que arena... (o viceversa, no sé si es mejor la cal que la arena o qué).

En esta ocasión el comisario Adamsberg deja de trotar por otros rincones del Hexágono y se queda, en principio, en París (aunque también hay viaje sorpresa y no a Nanterre, precisamente, aviso); es más, el caso que le ocupa comienza en pleno centro de la capital francesa, en una calle cercana al boulevard Saint Michel y al jardín de Luxembourg. Allí, una noche, mientras regresa a casa dando un paseo, Adamsberg se acerca un tumulto en el que intervienen sus colegas flics; se ha encontrado, en plena calle el cadáver, aparentemenete incólume, de una joven y bella mujer -lo de bella se repite mucho en la novela, porque tiene su importancia-; aunque a primera vista no lo parezca, se trata de un asesinato, del que decide hacerse cargo nuestro comisario, pues le ha parecido percibir en él quelque chose, sin saber lo que es.

Comienza así la persecución de un asesino  enamoradizo -amoureux désespérément désespéré- que lleva al equipo habitual de la Brigada Criminal del 13e -Danglard, Veyrenc, Voisenet, Retancout, Noël, etc.-, más algún añadido circunstancial, a explorar los vericuetos de la poesía de Nerval, a seguir el brillo de las estrellas  y su leyenda, y, en fin, a perseguir las gaseosas nubes que suele palear su comisario, como es habitual en él, pero quizá aún más en este caso... Curiosamente, quizá sea la novela menos extravagante de las protagonizadas por Adamsberg, más ceñida al clasicismo del polar, si se quiere ver así (teniendo en cuenta que se trata de una variante del género más tendente a la heterodoxia que el noir o el hardboiled americano, creo yo); no hay una apelación a elementos sobrenaturales  ni un excesivo recurso a las casualidades sospechosamente casuales (quien sea lector/a habitual de Fred Vargas ya sabe a qué me refiero). De hecho, se trata de una de las novelas de la saga admasberg donde la rutina del trabajo policial propiamente dicha tiene más peso. Curiosamente, eso no le resta interés a la narración, sino incluso al contrario; las reuniones en la "sala del concilio" se hacen de los más ameno e igualmente las investigaciones siguiendo alguna pista a través de la Red. Aunque claro, Adamsberg no deja de ser Adamsbergy Fred Vargas... pues Fred Vargas (los lectores/as habituales también saben lo que quiero decir).

En fin, una piedra más que recoger del camino que sube a la montaña de este peculiar detective. Y, como dice el refrán, toda piedra hace pared....


Más libros de doña Fred Vargas (todos de Adamsberg) reseñados: aquí

jueves, 8 de octubre de 2026

Andreas Hillgruber: La Segunda Guerra mundial

Idioma original: alemán

Título original: Der Zweite Weltkrieg, 1939-1945: Kriegsziele und Strategie der grossen Mächte

Traducción (versión): José Luis Gil Aristu

Año de publicación: 1982

Valoración: Muy recomendable


Dice Andreas Hillgruber en el prólogo que hay publicados unos cien mil libros en torno a la Segunda Guerra mundial y, teniendo en cuenta que esto lo dice 1982, a día de hoy el número de publicaciones debe ser ya astronómico. En consecuencia, las perspectivas desde las que observar episodio histórico tan aterrador son casi innumerables, y entre todas ellas Hillgruber escoge una especialmente sutil y quizá poco y no muy bien trabajada hasta el momento: los Objetivos de guerra y estrategia de las grandes potencias que lucen en el subtítulo. Es decir, cómo aunque pueda parecer que responden a motivaciones diversas, las decisiones clave de los contendientes estuvieron siempre alineadas con sus respectivos objetivos de poder sobre la mayor parte posible del planeta.

Empezando, claro, por Hitler, cuyos diversos delirios estaban encabezados por la obsesión de hacer de Alemania la potencia mundial que fue antes de la primera Gran Guerra, y llegar incluso mucho más allá. Algo que, dice Hillgruber, no estuvo tan lejos de conseguir, de no haber sido por el fanatismo que le llevaba a imponer el poder absoluto para la supuesta raza aria, la voluntad de extender el territorio más allá de toda medida, y la fijación por imponerse siempre por la fuerza, todo ello al mismo tiempo. Demasiada ambición y fundamentalismo demente que le llevaron a infravalorar adversarios y soñar una Alemania hegemónica en el mundo, aunque sin dejar nunca de anhelar el imposible pacto con su admirada Inglaterra.

Los ‘aliados’ por su parte, tampoco lo fueron tanto hasta que sus intereses convergieron. Los británicos intentaron mantener equilibrios mientras fue posible para no poner en riesgo su imperio, y Estados Unidos remoloneó hasta no verse directamente involucrado por la agresión japonesa. Japón, que tampoco fue socio tan fiable como pudo parecer, enfocado en sus intereses regionales aunque en términos de estrategia global conectase hasta cierto punto con el régimen nazi.

Qué decir de la Unión Soviética de Stalin, líder tan realista y perspicaz como para jugar con maestría a varias bandas, teniendo claro que tenía un enemigo con dos cabezas: la Alemania de Hitler, y las potencias capitalistas (UK y USA). Moscú fue jugando con unos y otros, sacando el mayor rédito posible de las debilidades de sus oponentes, hasta que tuvo en su propio territorio no solo la terrible maquinaria de guerra alemana sino a un invasor que pretendía su aniquilamiento total. Esto transformó su perspectiva del conflicto en una ‘guerra patriótica’ como aún hoy se sigue viendo en Rusia. Pusieron veinte millones de muertos, con mucha diferencia el mayor contingente de la masacre, y su participación fue mucho más decisiva de lo que la propaganda nos ha vendido durante décadas en Occidente.

Todo este conglomerado de fuerzas dio como resultado los famosos acuerdos de posguerra por los que el mundo, y en especial Europa, se repartió en áreas de influencia abriendo la puerta de forma inmediata a la Guerra Fría, entre otros muchos conflictos.

Naturalmente, todo esto son cuatro ideas telegráficas entre la amplia aunque compacta exposición que Hillgruber hace de asunto tan complejo. Lástima que el estilo, algo abigarrado, con frases interminables y cargadas de subordinadas, obligue a retroceder de tanto en tanto, empañando algo la claridad del texto. Aun así, sigo pensando que es un libro que merece mucho la pena, desde luego para interesados en esta parte de la Historia, y en particular para quien desee tener una perspectiva algo diferente de esa etapa.


miércoles, 7 de octubre de 2026

Paulina Tuchschneider: La soldada


Idioma original:
hebreo

Título original: Chayelet

Año de publicación: 2024

Traducción: Esther Cross

Valoración: recomendable

Única novela hasta el momento de su autora, La soldada es un texto corto, apenas cien páginas, que, a tenor de lo que figura en la semblanza de su autora, contiene poderosos elementos autobiográficos, o, como poco, una sustancial parte sustentada en experiencias personales. Se trata prácticamente de un diario en primera persona de una joven que es alistada en el servicio militar israelí que, creo suponer, no hace distingos de edad o género y es obligatorio para la gran mayoría de los ciudadanos. Nuestra narradora es joven, hija de madre soltera y apenas ha cumplido la mayoría de edad cuando es llamada a filas.

El componente psicológico es poderoso: la sensación de otredad, el desplazamiento de la personalidad de la protagonista que desemboca en una fuerte alienación, que bordea el desequilibrio mental. Cómo su mente se desplaza, sobre todo, a lo largo de prolongadas noches en vela en la que recrea una truculenta maniobra de autolesión sobre su organismo, no carente de cierta dosis de humor negro, de resignación paralela a una sensación de no acabar de comprender ni su situación ni los motivos de ésta. Su percepción siempre teñida de sorpresa y aislamiento sobre las costumbres pautadas y a veces absurda de la convivencia en el entorno militar, su relación fria y distante con sus compañeros y compañeras de filas, sin constituir de forma exacta un alegato antimilitar, sí que encajarían con un perfil psicológico parcialmente engarzado en la brecha generacional. Sus únicos conatos de diálogo, sus interacciones más definidas son las llamadas a su madre, un establecimiento de contacto con su pasado, con su sensación de hogar de la que ha sido despojada, y, como contrapesando esa ausencia de la figura paterna, su apelación al mando (este sí marcadamente masculino) para solicitar ayuda cuando su estado mental empieza a resquebrajarse. Duro sin llegar a la sordidez, este libro ejemplifica cierta actitud hacia la vida, que su protagonista acepta y gestiona sin dejar de sentir cierta perplejidad.

martes, 6 de octubre de 2026

Nicol Hochholczerová: Esta habitación imposible de comer

Idioma original: Eslovaco
Título original: Táto izba sa nedá zjesť
Año de publicación: 2021
Traducción: Mónica Sánchez Presa
Valoración: Recomendable

Esta habitación imposible de comer me llamó poderosamente la atención desde el inicio gracias a ese título tan sugerente, ese capítulo introductorio encabezado por el número cincuenta, ese primer párrafo que se cuenta entre los mejores con los que me he topado recientemente...

Y a medida que seguía leyendo, mi interés por la novela de Nicol Hochholczerová, debut literario de la autora, no disminuía. Al contrario: aumentaba al constatar que la calidad de la prosa se mantenía, al degustar un recurso narrativo brillante tras otro, al descubrir que los números que encabezan cada capítulo aluden a la edad de los protagonistas...

En fin, que terminé la novela en una tarde. Y es que Esta habitación imposible de comer, además de saber cómo despertar el interés del lector, apenas dura unas ciento cuarenta páginas; algunas de ellas, por cierto, rellenadas con una oración de dos líneas.

De modo que Esta habitación imposible de comer se lee de una sentada, pero uno lo hace con el corazón encogido, con cierta aprensión. Su núcleo, la tóxica relación amorosa y sexual entre un hombre adulto y una preadolescente, resulta muy duro; su lenguaje, aunque embellecido por algún ramalazo poético, el uso de varias metáforas y una querencia por el simbolismo, es directo y crudo; y, para colmo, su rechazo al moralismo barato y las conclusiones tranquilizadoras incomoda sobremanera.

A mi juicio, las únicas pegas que se le podría poner a Esta habitación imposible de comer es que su argumento y personajes son algo esquemáticos, y que el desarrollo de lo uno y los otros es algo lineal. Sin embargo, creo que esto no lastra al conjunto, pues nos hallamos ante una novela en la que lo que se cuenta no es tan importante como el ángulo y estilo desde los que se aborda lo que se cuenta.

Resumiendo, Esta habitación imposible de comer es una novela incisiva e incómoda, escrita con una prosa sorprendentemente eficaz y mañosa si tenemos en cuenta la juventud de la autora. Huelga decir que, tras un debut tan impresionante, seguiré la pista a todo lo que Hochholczerová escriba a continuación.

lunes, 5 de octubre de 2026

Antonio Turiel: Petrocalipsis: Crisis energética global y cómo (no) la vamos a solucionar

 Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: muy recomendable


En estos tiempo de incertidumbre energética provocada por una guerra de desarrollo y consecuencias imprevisibles, resulta extraordinariamente oportuno sumergirse en este ensayo que nos propone Antonio Turiel, investigador del CSIC.

El título del libro ya resulta esclarecedor. Turiel va realizando un análisis pormenorizado de las distintas fuentes de energía de que disponemos, del ritmo de vida que pretendemos seguir manteniendo aún a costa de acabar con los recursos del planeta y llega a la conclusión de que tarde o temprano acabaremos inmersos en una crisis energética de dimensiones globales y no vamos a hacer nada para evitarla.

El científico del CSIC comienza analizando las fuentes energéticas fósiles comenzando lógicamente por el petróleo, y nos demuestra con cifras que este combustible está llegando a su pico de producción e inevitablemente comenzará su decrecimiento. Coches, camiones, buques y aviones que interconectan la actividad humana en cualquier parte del mundo necesitan  el petróleo porque, como señala Turiel, es una sustancia energéticamente densa, capaz de mover todos estos ingenios y no hay ninguna otra energía capaz de realizar esta tarea.

Puesto que los derivados del petróleo se agotarán en un futuro no muy lejano, analiza las distintas fuentes alternativas que ya se están poniendo en marcha, es decir, las energías denominadas renovables y llega a la conclusión de que aunque puedan resolver el consumo de electricidad de los hogares, no van a solucionar el principal problema de consumo de combustible, que es el transporte de mercancías y personas a nivel mundial. Transporte que como todos ustedes saben ha aumentado de forma exponencial en los últimos años.

Turiel dedica cada capítulo del libro a analizar todas las posibles alternativas a nuestro actual sistema de consumo energético global y va desmontando todas esas teorías triunfalistas que confían en que a través de nuevas investigaciones tecnológicas podamos mitigar o resolver la crisis que se avecina: "la llegada de la producción de los combustibles fósiles a su cénit y la manifiesta incapacidad de los sistemas de generación de energía renovable por cubrir el agujero que deja tras de sí el retroceso de los combustibles fósiles van a imponernos una situación de racionamiento forzoso...está garantizado que cada año obtendremos menor cantidad y eso va a impedir que crezcamos desde prácticamente ya".

Y aquí llegamos a la tesis principal que defiende Turiel en este libro. Una crisis de crecimiento supone necesariamente una crisis del capitalismo, "hace falta adaptarnos a un entorno de decrecimiento forzado y comenzaríamos a hablar de una nueva sociedad que pueda generar empleo y bienestar sin necesidad de crecimiento".

El problema, como señala Turiel, es que este cambio social necesario e ineludible, este final del capitalismo, choca con la dinámica actual de los sistemas políticos que gobiernan nuestras sociedades: "La mayoría de los partidos políticos atacarán sin piedad lo que calificarán de meras ocurrencias, un ataque al estado del bienestar e, incluso, un atentado contra nuestros derechos más básicos. Todo eso es cierto. Y, a pesar de ello, da igual. Aunque durante algunos años aún pueda parecer que una determinada solución (basada en las energías renovables, en la nuclear, en los biocombustibles o en lo que sea) vaya a permitir mantener el sistema capitalista, no es verdad. Pasarán los años y las alternativas fracasarán. Lo harán de manera silenciosa: no se dirá que han fracasado, pero lo cierto es que no resolverán ninguno de los problemas planteados que se decía que iban a resolver".

Advierte Turiel de que no nos queda mucho tiempo porque la alternativa podría ser "acabar en un sistema ecofascista, en el que un Estado imponga a sus ciudadanos medidas coercitivas para evitar la crisis de los recursos. O bien podemos acabar en un sistema militarista y expansionista, convencido de que la solución a la crisis consiste en invadir tantos países como pueda en pos de los recursos que necesita para mantener el status quo (les suena de algo). O podemos acabar en un sistema neofeudal, en el que uno o varios señores de la guerra impongan su ley a sangre y fuego a toda la población".

Puede parecer que la visión del ensayista es mayormente negativa, pero confía en que logremos un consenso y nos encaminemos hacia soluciones esperanzadoras y compartidas, soluciones de índole social, porque es la mentalidad social la que necesita cambiar. Turiel propone: anulación de las deudas actuales, reforma radical del sistema financiero, redefinición del dinero, reforma de los estados, definición de planes de transición locales y preservación de los servicios básicos (sanidad, educación y asistencia a gente mayor y necesitada).

domingo, 4 de octubre de 2026

Penelope Lively: Moon Tiger

Idioma original: inglés
Título original: Moon Tiger
Año de publicación: 1987
Traducción: Pepa Linares
Valoración: recomendable

Esta novela, ganadora del Premio Booker, me dejó un regusto extraño, una mezcla de tristeza con ciertos prejuicios éticos (manía de lector) ante la idiotez de la narradora, para terminar cobrando una empatía macerada con un poco de lástima. Ciertamente, es un libro difícil de catalogar, tanto en su valoración como en el impacto del mismo.

Para empezar, la estructura es original. Valiéndose de la excusa de escribir una historia del mundo, y del cual Claudia, la protagonista, se ve capacitada ya que es una historiadora polémica, a la que no le importa tanto el academicismo como las emociones latentes de una guerra cualquiera, de una estadística que contenga la vida y la muerte, la narradora va enlazando gran parte del siglo XX con su historia personal. Lo curioso es que todo esto lo hace desde una cama de hospital, a las puertas de la muerte; entonces, cada capítulo empieza con alguna escena de la actualidad, luego una reflexión de Claudia que va asociando con las personas que se cruzaron en su camino, un recuerdo de alguna escena junto con alguien en específico, para trasladarnos a la escena en sí, que suele concluir con Claudia, la de años atrás, reflexionando sobre lo sucedido y, ocasionalmente, también el punto de la otra persona sobre ella, que oscila entre la exasperación, la diversión y el anhelo por su cuerpo (es una mujer muy bella) y su intelecto (extremadamente perspicaz, consciente de sí y de los demás y, por eso mismo, alienada respecto a la mayoría de las convenciones sociales).

Es así que la novela va dando saltos temporales, no siempre funcionando como una cronología a la inversa, sino más bien la reconstrucción de una vida deshojada en distintos fragmentos, como una ópera en donde el leitmotiv es circular y se repite en varios pasajes. Todas las personas cercanas a Claudia aparecen repetidamente, tanto en su plenitud física y mental como en su decadencia, y se van revelando en su completitud a medida que Claudia analiza los aspectos de cada relación. Así, Gordon, su hermano, aparece como un rival de pequeño, como un amante que no tiene parangón respecto a otros hombres en su adolescencia, como alguien que, de adulto, está subsumido por sus obligaciones y apenas alcanza a contemplar a Claudia como su compañera intelectual. O Jasper, su novio/padre de su hija/amante ocasional/relación de compañía sardónica, al cual vemos su evolución de niño rico a empresario de televisión.

Al principio, o al menos es lo que me ocurrió, se ve a Claudia como una idiota en relación a sus amistades. A la esposa de su hermano la basurea constantemente por no estar a su altura y nunca se toma en serio a nadie, quizás por una autodefensa o simplemente porque la arrogancia y la necesidad de hacer la suya la sobrepasa. A medida que la trama avanza y la contemplamos en su estancia en El Cairo como corresponsal de guerra, nos enteramos de la existencia del amor de su vida, Tom Southern, y de cómo, por esa relación, jamás pudo olvidarlo y jamás se lo contó a nadie. Es ese suceso lo que la impulsa a reflexionar sobre la historia, sobre cómo sus pensamientos acerca de un hecho histórico, de lo que vivió, difiere enormemente de los libros, de lo contado por los expertos, y de cómo en ella vive gran parte del siglo XX de una manera que ni ella logra entender, causándole rabia y luego, cuando la vejez la alcanza, resignación al comprender que el pasado está a sus pies y que depende de él para redefinirse como persona.

Aprehendida la estructura (es fácil seguirle el ritmo a pesar de los continuos saltos), lo que puedo criticar es la aparición de ciertos personajes o recursos (la carta de Tom, por ejemplo) muy al final de la novela, cuando la vida de Claudia ya está definida y no representa un cambio sustancial en la rutina, por lo que no se observa la necesidad de incluir esos capítulos (sobre todo Lazslo, el chico al que medio adopta y del cual apenas leemos unas páginas antes de que termine el libro). Lo mismo que la prosa, poética y cínica al mismo tiempo, esforzada en demasía a la hora de elaborar descripciones del paisaje. Muchas veces perdía el hilo de lo descrito porque no lograba imaginarlo; en cambio, unos pocos diálogos pintaban el paisaje exterior e interior. Pero Claudia es un muy buen personaje, expresada en todas sus aristas, y el final alcanza esa potencia lírica buscada en todo el libro. Un libro raro en tono y estructura, lo cual es bueno, porque destaca sobre los demás y llega a dejar cierto poso.

sábado, 3 de octubre de 2026

Byung-Chul Han: Sin respeto

Idioma original: alemán
Título original: Ohne Respekt
Traducción: Guillem Gómez Sesé en catalán para Edicions62 y Lara Cortés Fernández en catellano para Ediciones Paidós
Año de publicación: 2026
Valoración: recomendable


Siempre es interesante reflexionar sobre la sociedad actual, y más especialmente ahora que parece que la mayoría de lo que interesa a la gente es ella misma. Y, claro, cuando nos volvemos egoístas y apartamos la mirada de lo que ocurre alrededor nuestro, perdemos empatía, perdemos comprensión, perdemos consideración y, en consecuencia, perdemos el respeto, especialmente hacia los demás, pero incluso también hacia uno mismo. Y eso es algo que el narcisismo y la competitividad en una sociedad altamente capitalista no tiene demasiado en cuenta ni es consciente de sus posibles consecuencias.

En este ensayo del que afirmaría sin tapujos que es el filósofo más mediático de la actualidad (sin ser algo peyorativo), Byung Chul-Han trata el tema del respeto y su necesidad como uno de los pilares fundamentales sobre los cuales edificar una sociedad (y una vida). Así, parafraseando a Rawls y su obra «Una teoría de la justicia» (1971), afirma que «quien no se respeta a sí mismo, no tiene autoestima o incluso llega a odiarse, acabará menospreciando también a los otros. El respeto por uno mismo y el respeto por los demás van de la mano»; un respecto que debe construirse desde y por uno mismo y, además, «debe cumplir dos condiciones. Requiere un “firme convencimiento sobre la concepción del bien que tenemos y que nuestro proyecto de vida merece la pena de realizarse”. Por otra parte, es necesario tener “confianza en la propia capacidad, en la medida que sea posible, de llevar a término los propios propósitos”». Así, el autor destaca el respeto como elemento fundamental de la integridad como personas y el propósito vital que anhelamos conseguir.

Pero, uno de los posibles mayores impedimentos con los que nos podemos encontrar es tener que lidiar con un ambiente inerte, un terreno casi hostil a los valores y a los ideales, pues el mundo que nos rodea intenta limitar nuestra autonomía como individuos; el autor, consciente de ello, reprende directamente al sistema neocapitalista que impera actualmente en gran parte del mundo por atentar a los principios que deberían regir una sociedad, ya que «la sociedad bien ordenada no es una sociedad del rendimiento, sino una sociedad del respeto». Esta aseveración confronta radicalmente el régimen neoliberal quien «aísla las personas y las convierte en combatientes individuales» de manera que «la ‘idea del bien’ que es la noción que rige la sociedad bien ordenada, recula delante del materialismo de la propiedad». Por este motivo, «en la sociedad del rendimiento, todos se enfrentan a todos, y eso sucede en todas las capas sociales. Ya no hay solidaridad, ni tan siquiera entre los perdedores». Esta situación es algo que el tecnocapitalismo ha alimentado, nutrido y aumentado a través de las redes tecnológicas en las que todos, en mayor o menor medida, hemos caído lamentablemente, pues «en las redes sociales, la lucha por el respeto se convierte en una lucha librada por la atención. Quien no consigue recibir feedback se siente insultado y humillado; la falta de reconocimiento online de vive como un rechazo y una exclusión social» y, con ello, aumenta nuestra distancia, pero también nuestros recelos ante nuestros semejantes.

A partir de esta introducción que permite anticipar lo que tratará en el libro, Byung-Chul Han perimetra e identifica los diferentes aspectos en los que el respeto (o la falta de) inciden en la sociedad. Así, nos habla de una atención hacia los demás en lucha (perdida) con el egocentrismo que aparta la mirada al entorno que nos rodea para dirigirla hacia el propio ombligo en busca de una identidad influenciable y frágil, infravalorando una alteridad que permitiría la contraposición de ideas o razonamientos se manera que lo que podrías ser un diálogo respetuoso acaba derivando en una confrontación entre semejantes en nuestras sociedades cada vez más polarizadas. 

En este interesante ensayo, el autor menciona profusamente la figura de Kant, bastión de la ética a través de su imperativo categórico y al que muchos situamos como ejemplo de los valores vitales y se fundamenta en su ideología para sustentar la defensa de unos principios que deberían regir la conducta de cada uno para fomentar el respeto a los demás, afianzar el respeto a uno mismo y no desviarse ante las tentaciones externas que intentan quebrantar la rectitud moral hacia intereses ajenos, especialmente en una sociedad sometida al dictado de las tecnológicas, pues «la denominación algoritmo, no es represora, sino adictiva y seductora (…) por este motivo, la dominación, algo rítmica es, a la vez, pérfida y poderosa, porque estimula en nosotros una ilusión de libertad». Así, tal y como afirma el autor, «el ser humano no puede ser utilizado únicamente como medio para nadie más —ni tan siquiera para él mismo—, sino que siempre tiene que representar una finalidad. Esto es lo que conforma su dignidad (…) El imperativo categórico permite actuar de manera que “la humanidad se considere, tanto en propia persona como en cualquier otro, siempre como a un fin y nunca como a un medio”». Por ello, Han se manifiesta contra el sistema económico actual, pues se rige por un imperativo capitalista que denigra las personas atribuyéndoles un valor de mercado hasta el punto de pasar de la autodeterminación a la autoexplotación donde todo tiene un precio y, con ello, se sacrifica la identidad monitorizándola. De esta manera, el respeto es el resultado de un logro, una consecución, un valor atribuible al rendimiento, no un valor per se inherente a toda persona.

Tal y como afirma el autor, «si el arte fuera un lugar donde lo sublime se pudiera refugiar, se convertiría en un antídoto contra la cultura del consumo, pero, en el orden horizontal, la presión espectacular para nivelarlo todo también mantiene el arte en captividad, convertido en un 'Arte del like', del me gusta». Qué duda cabe que aquí, si bien somos amigos (y agradecidos) de los elogios, no está en nuestra mente el escribir para conseguir aceptación, sino más bien el intento de contrastar opiniones.  Y este es un punto que también destaca el ensayo, pues «la práctica del diálogo implica estar dispuestos a revisar nuestra opinión o incluso adoptar la del otro, sin que esto suponga una amenaza para nuestra identidad. En un debate ideal se produce una división clara entre opinión e identidad». Para ello, es necesario un ejercicio honesto de humildad y estar dispuestos al contraste de opiniones (debidamente argumentado) pues anquilosarnos en una creencia nos ata a un inmovilismo ideológico que nos impide avanzar. De igual manera, debemos tener una mirada amplia al conocimiento y a la alteridad, separando lo que somos de lo que pensamos pues, si lo atamos como a un solo tótem, corremos el riesgo de sentirnos cuestionados o creernos interpelados a cambiar la manera de ser; eso es algo que deberíamos evitar, pues «si alguien vincula su identidad a una manera de pensar o convierte los aspectos fácticos en una cuestión de identidad, está incapacitado para el debate». Somos conscientes que «no siempre conseguimos que se mantengan separadas la opinión y la identidad, porque las opiniones a menudo se anclan en nuestra auto imagen, que muchas veces no se dejan cuestionar», pero debemos luchar contra ello si queremos desprendernos de antiguos pensamientos que lastran el avance y el progreso. 

Byung-Chul Han termina este interesante ensayo afirmando, acerca de la inteligencia artificial, que «como ha pasado a menudo, el ser humano se convierte en esclavo de sus propias creaciones». Quién sabe si, al final, nos pasamos gran parte de la infancia y la adolescencia intentando aumentar nuestras capacidades intelectuales cuando lo que realmente deberíamos hacer es desarrollar y afianzar nuestros valores.