Título original: Vintage Stuff
Año de publicación: 1982
Traducción: José Manuel Álvarez y Ángela Pérez
Valoración: está bien
Además de escritor de novelas desopilantes y activista antiapartheid en Sudáfrica, Tom Sharpe se dedicó profesionalmente a la enseñanza durante varios años de su vida y, como no podía ser de otra forma, las instituciones educativas británicas no escaparon a la disección inclemente y más que divertida de su mirada. desde la cuestionable formación profesional setentera en Wilt -recordemos las entrañables Mecánica tres o Carne Dos- como la no menos dudosa, aunque más prestigiosa, universidad en Zafarrancho en Cambridge y Becas flacas. No podía ser menos en el caso de una institución tan típicamente british como son los colegios privados más o menos elitistas -en el caso del que aparece en la novela, más bien menos-; en este caso el colegio que nos encontramos es el no demasiado brillante por sus resultados académicos Groxbourne, pero que tiene la ventaja de ser poco escrupuloso en la admisión de sus alumnos. Ventaja, al menos, para el infortunado señor Clyde-Browne-, exitoso abogado que tiene la desgracia -al menos, es lo que considera él, no así su esposa- de que su hijo Peregrine es un tanto... digamos peculiar: un chaval que sufre algún tipo de trastorno (hoy diríamos un TEA de nivel I o quizás II) que le hace entender cualquier frase, y no digamos ya orden, de forma estrictamente literal. Lo cual, unido a su envergadura y fortaleza física, cuando crece le convierten en un bigardo temible pero más tonto -para lo que no sean cuestiones prácticas, hay que reconocerlo- que una piedra (si habéis visto alguna peli de los Guardianes de la Galaxia, pensad en Drax el Destructor, pero con pinta de adolescente británico).
En el colegio el joven Sancho Peregrine encuentra a su Quijote, el profesor Glodstone, que viene a ser otro adolescente, pero madurito y con un ojo de cristal al que le han sorbido el seso las novelas de aventuras más populares en el Reino Unido a lo largo del siglo XX, como las de Bulldog Drummond o Biggles, de las que embebe también a Peregrine, mientras ansía vivir una aventura parecida a las de sus ídolos. La oportunidad aparecerá cuando otro profesor, Slymne, que se la tiene jurada por rivalidades personales, le tienda una trampa con la que le hace creer que la madre de otro de sus alumnos, la condesa de Montcon -el título tiene cierta guasa- precisa de su ayuda por estar en manos de unos facinerosos. Así que, ni cortos ni perezosos, hacia el castillo francés en el que reside la condesa se encaminan profesor y alumno, dispuestos a lo que sea con tal de vivir la aventura de su vida y rescatar a la dama en apuros del título en español. No hace falta haber leído muchas novelas de Tom Sharpe para adivinar que la cosa acaba como el rosario de la aurora. La trama, ante la estupefacción y la diversión del lector o lectora, se va alambicando y enredando en una serie de "catastróficas desdichas" hasta llegar al desastre final -en este caso, internacional... y no debo contar más-; es necesario decir que, como en la vida misma y a pesar de sus delirantes acciones, los personajes no acaban necesariamente de la mala manera que cabría esperar... no todos, por lo menos.
Ciertamente, no es ésta una novela exquisita y ni mucho menos "intelectual", no cabe esperar que acreciente el saber o incite a reflexionar sobre la complejidad del mundo y de las relaciones humanas (bueno, quizás un poco) en quien se decida a leerla. Pero, en cualquier caso, os lo aseguro: las risas están garantizadas.
Más títulos (demasiado pocos) de Tom Sharpe reseñados en Un Libro Al Día: Wilt, Becas flacas, Lo peor de cada casa, Los Grope, La gran pesquisa





