martes, 5 de marzo de 2024

Anne Rice: Violín


Idioma original:
inglés
Título original: Violin
Traducción: Camila Batlles
Año de publicación: 1997
Valoración: Intensito / Pretencioso

Qué fuerte con la Rice, cómo se pone de trascendental cuando se siente con ganas. Y qué pretenciosa, que es lo peor. Si hubiera tenido la capacidad...

Violín trata sobre una mujer, Triana -no se le da bien a nuestra autora elegir nombres-, de metro y medio de altura y tronco deforme (lo dice solo una vez, no tiene relevancia en la trama), a la que se le muere su marido millonario. El segundo, por cierto: está claro que el físico nunca le ha resultado un problema para encontrar pareja, lo cual es maravilloso. Lo que no es creíble es que con esa personalidad encontrase a alguien que quisiese estar con ella, pero bueno. Estamos hablando de un personaje creado por Anne Rice.

A lo que íbamos: entonces, la buena de Triana, como fantasea con la muerte (¿porqué no se suicida, sino para de repetir que no hay belleza más sublime?) se queda con el cadáver de su marido un par de días en la casa, más o menos hasta que empieza a oler ya fuertecillo. Vienen sus vecinos, viene su familia, y Triana, una vez convertida en protagonista, foco de atención y con buen casito recibido, decide pasar de todos y centrarse en un extraño violinista que toca solo para ella (¿egocéntrica? ¡no, no!) desde el exterior de su casa.

El violinista resulta ser un fantasma – esto viene en la sinopsis del libro, no quiero hacer destripes -, antiguo alumno de Beethoven. No me queda claro porqué razón acude a Triana, a no ser que el verdadero motivo es que todo gire a su alrededor. En resumen, que, al estilo del fantasma de las navidades pasadas, la lleva a dar una vuelta por su pasado, para mostrarle su vida y su muerte. Beethoven aparece para rendirse a Triana, también, puesto que ella lo vale (aunque nunca lleguemos a saber porqué). Otro hecho importante sucederá hacia el final de la novela, donde la vida vuelve a darle a Triana (aparte, claro, de la familia, la fortuna y el protagonismo que ya tiene) otro maravilloso don, a cambio de absolutamente nada. Porque sí.

Un factor muy importante en esta novela es la música: nuestra querida Triana la vive de una forma que hace que, cuando escucha a Mozart y Beethoven (la autora no conoce a más compositores), no pueda evitar rodar por el suelo y tirarse a las paredes, embargada de la emoción -por fortuna vive sola-; el que se aburre es porque quiere. Lamentablemente, los conocimientos musicales de la autora se ciñen al segundo movimiento de la novena sinfonía de Beethoven; es incapaz de citar otra obra en todo el libro. Por cierto, queda un poquito ridículo, amen de pretencioso, intentar ir de entendida musical cuando no tiene ni claros los conceptos de armonía, figura rítmica, altura, etc: se le ve la presunción y la falta de conocimiento a leguas.

Un poco (mucho) de racismo en su versión más condescendiente con sus lacayos, lo que le da un nauseabundo sabor característico, clasismo (he leído entre 20 y 25 libros de Rice y TODOS sus protagonistas, así como secundarios, son inmensamente ricos, pero ricos de decir: “solo se movía en limusina”) y mucha profundidad trascendental (vacua) resumen esta novela. Bueno, pretendida profundidad que más bien es un charco de mala colonia derramado por el suelo de unos grandes almacenes, pero se me entiende la idea.

Añadamos que todos los personajes, tanto en Viena como en Río de Janeiro, hablan en perfecto inglés, y ya tenemos el bingo de la egolatría.

¿Porqué he leído yo esto, entonces? La razón de esta lectura, y otras, es que hay momentos de la vida en el que, por las razones que sean, como lectores, no podemos dedicarnos a libros “más difíciles”, me refiero a mamotretos colosales, profundos, o que requieran especial concentración en su lectura, así que debemos limitarnos a leer obras más “ligeras”, más superficiales. Afortunadamente, encontré muchos buenos y grandes libros, particularmente en los géneros de ciencia ficción y novela negra; no puedo decir lo mismo de Anne Rice. No puedo recomendar este libro a absolutamente nadie.

Otras obras perpetradas por Anne Rice aquí.

lunes, 4 de marzo de 2024

Charles Beaumont: Tal vez soñar

Idioma original: Inglés
Título original: Perchance to dream. Selected stories
Traducción: Óscar Mariscal
Año de publicación: 2015
Valoración: Entre recomendable y está bien

Tal vez soñar, volumen de la editorial el paseo, compila veintitrés de los mejores relatos de Charles Beaumont. Aunque dichos relatos pueden adscribirse a registros y géneros muy variados, ostentan cierta predilección por el humor, la fantasía, la ciencia ficción y el terror pulperos. 

Las cuentos más conocidos de Beaumont son, probablemente, los siete que fueron adaptados en la mítica The Twilight Zone. Algunos de ellos, como ese que da título al conjunto o "Gente guapa", se cuentan entre mis favoritos de esta colección. Sin embargo, también he apreciado otros que nada tienen que ver con la serie americana; por ejemplo "La selva" o "Dr. Silk, mago".

Quizá la mejor cualidad de Beaumont en tanto que escritor es su imaginación. Ésta le permitía desarrollar, a partir de la idea más básica o la premisa más sencilla, narraciones con trasfondos sugerentes o detalles atractivos. 

Además, Beaumont no sólo concebía ficciones entretenidas y variadas, sino que también era capaz de dotarlas, si se terciaba, de factura artística o profundidad temática, demostrando que dentro de los parámetros del pulp se pueden alcanzar impresionantes cotas de calidad. Como muestra de ello tenemos la ambiciosa escala del mundo de "La selva", la lograda sátira agazapada tras "Gente guapa" o la belleza melancólica del acabado formal de "Dr. Silk, mago".

Es verdad que la prosa de Beaumont no es ningún prodigio estilístico. Sin embargo, resulta sencilla de leer y funciona perfectamente a la hora de narrar. Tampoco los argumentos del autor son particularmente audaces o complejos, ni sus personajes memorables. Pero tanto lo uno como los otros cumplen siempre, y holgadamente, unos mínimos. Ya he hablado de historias cuyo argumento me ha cautivado; aprovecho ahora para añadir que personajes como Luther, de "Fritzchen", o el Sr. Aorta, de "Tierra gratis", ostentan caracterizaciones bastante interesantes.

Por último querría destacar el que, a mi juicio, es el punto débil de Beaumont: los finales. Y es que, pese a su eficacia, a menudo sus giros se antojan o bien previsibles o bien excesivos.

Qué más puedo decir. En el emotivo prólogo de Tal vez soñar, el escritor Ray Bradbury, íntimo amigo de Beaumont, lo alaba. Algo parecido hace el actor William Shatner en un evocador epílogo. Y yo, desde mi humilde posición como crítico literario advenedizo, sólo puedo sumarme a ambos.   

domingo, 3 de marzo de 2024

Volker Ullrich: Ocho días de mayo

Idioma original: alemán

Título original: Acht Tage Im Mai

Traducción: Teófilo de Lozoya y Juan Rabasseda Gascón

Año de publicación: 2023

Valoración: Muy recomendable


Aunque hayan pasado casi ochenta años, parece que no dejamos de descubrir nuevos horrores acerca del nazismo. Y aunque el libro que nos ocupa se limita en principio a los ocho días que siguieron a la muerte del dictador, es más que suficiente para estremecerse con episodios que darían, cada uno por sí solo, para un libro o una película de esos que le dejan a uno con mal cuerpo. Así que tras una cubierta casi tópica de la literatura de guerra (contundentes caracteres en rojo sobre fondo claro, con foto de soldados en blanco y negro) vamos a conocer esa muy breve pero apasionante etapa de la Historia reciente.

Hitler se quitó de en medio junto con Eva Braun en el bunker de Berlín el 30 de abril de 1945, cuando el Ejército Rojo se encontraba ya a las puertas de la ciudad y una buena parte del territorio del Reich estaba bajo el control de los aliados. Su voluntad de eludir responsabilidades cuando la guerra estaba ya más que perdida contribuyó a aumentar el inmenso baño de sangre. Como testamento político, por llamarlo de alguna manera, dejó nombrado un Gobierno de gestión encabezado por el almirante Dönitz, que duraría exactamente los ocho días que describe el libro.

La desaparición del Führer, que fue conocida en los días siguientes, dejó, según dice Ullrich, varios tipos de sensaciones: la fundamental, de alivio al vislumbrarse el final de la pesadilla, pero también de indiferencia entre la población alemana y, a efectos prácticos, de desorientación y desbandada entre las unidades militares todavía en activo y entre los fieles que de repente se encontraron sin alguien a quien obedecer. La consecuencia fue naturalmente un caos todavía mayor, del que fueron presa los propios mandos de la Wehrmacht, los responsables territoriales del régimen, o los grupos que custodiaban los campos de concentración o los batallones de extranjeros esclavizados. 

‘Era como si aquellos sátrapas, que habrían estado dispuestos a seguir las últimas órdenes sin rechistar, se hubieran convertido de nuevo en individuos capaces de actuar y de pensar por su cuenta’

La reflexión procede de una antigua funcionaria del Reich. Y por supuesto deportados, represaliados y en última instancia, la población civil serían una vez más las principales víctimas de la confusión.

La narración de Ullrich se basa en una multitud de documentos y testimonios, muchos de ellos de civiles, memorias o diarios de personajes relevantes o de ciudadanos anónimos, buena parte de los cuales eran inéditos hasta la fecha, según he leído. De manera que el relato, sin desconocer por supuesto los hitos militares o políticos decisivos, desciende a episodios menos conocidos, como la rendición unilateral de algunos dirigentes nazis deseosos de salvar el pellejo, el descubrimiento de la mina de sal en la que Hitler quiso esconder su colección particular de arte, o los coletazos furiosos de los últimos incondicionales ante la evidencia de la derrota.

Todo ello, claro está, envuelto en escenas espeluznantes, como el suicidio de los Goebbels, al que arrastraron a sus propios hijos, las múltiples violaciones en la zona de ocupación soviética, los suicidios en masa de Demmin, la tragedia del Cap Arcona, o las marchas de la muerte, en las que miles de personas en condiciones ya extremas fueron sacadas de los campos de exterminio y obligadas a deambular de un lugar a otro sin un destino concreto. Las atrocidades no parecen tener límite. El autor toma pie además en acontecimientos de aquellos días de mayo para seguir la pista de hechos anteriores que alimentan aún más el espanto, como la masacre de Lidice en represalia por el atentado contra Heydrich, el carnicero de Praga, o la barbarie represiva de Seyss-Inquart en la región neerlandesa donde gobernaba. 

Pero no hay que equivocarse, no es en absoluto un libro sensacionalista ni se regodea en la sangre, para nada. Con el mismo sistema, es decir, partiendo de algún hecho acaecido en esos días caóticos, se detiene también en examinar la trayectoria y vicisitudes de personajes que entonces o después formaron parte de la Historia, como Anne Frank y su familia, los futuros cancilleres Adenauer o Helmut Schmidt, el científico Von Braun o el líder comunista Walter Ulbricht. Todos ellos tuvieron su papel en esas jornadas en que se consumó el derrumbe de un Estado y un ejército que parecían en camino de dominar el mundo, y que vivieron su fin de forma tan patética y humillante. 

Nos quedan sin embargo otros aspectos quizá todavía más interesantes. La aparente abducción que la ideología y el liderazgo nazis consiguieron ejercer sobre tanta gente merecen un profundo estudio que no sé si se ha llegado a hacer. Pero lo más importante: ¿cuál fue la actitud de la mayoría del pueblo alemán durante esos más de diez años de locura, y cuando todo estaba a punto de terminar?

‘El Führer, otrora idolatrado, fue declarado persona inexistente, un demonio con figura de hombre, de cuyas diabólicas artes de seducción nadie había podido defenderse. De ese modo, la gente se eximía de tener que rendir cuentas por su propia complicidad con el nacionalsocialismo. Si alguien tenía la culpa de los crímenes era Hitler, y luego Himmler y su pandilla. La gente no había tenido nada que ver con aquello’.

O no se habían enterado porque no vieron nada. O miraron para otro lado. Una valoración muy parecida a la que hacía Kracauer y buen número de otros autores. No es fácil, desde luego, ni quizá sea demasiado justo repartir culpas desde la comodidad del teclado de un ordenador. Pero ahí queda la cuestión, planteada al final de un libro imprescindible para quien quiera conocer más de cerca el horror de un periodo cuya herencia parece asomar de nuevo por todas partes.


sábado, 2 de marzo de 2024

Jorge Icaza: Huasipungo

Idioma original:
español
Año de publicación: 1934
Valoración: recomendable como lectura, imprescindible como documento
 
Hay libros que quizás no sean lecturas agradables o particularmente placenteras; que quizás no se transformen en tu libro favorito, ese al que vuelves una y otra vez, y que regalas a todas tus amistades a la primera oportunidad; pero que sin embargo constituyen documentos imprescindibles para comprender un lugar y una época, para denunciar opresiones o injusticias a través de la ficción. Ese es el caso de Huasipungo, una obra cuya lectura puede ser ardua (por su forma y por su contenido), pero que ofrece un conmovedor e impactante testimonio de la situación de explotación inhumana en la que se encontraban los indígenas en el Ecuador de comienzos del siglo XX.

Para ofrecer este testimonio, la novela explora y entrelaza los destinos de dos hombres bien diferentes: Alfonso Pereira, el dueño de una extensa y mal gobernada plantación en el interior de Ecuador; y Andrés Chiliquinga, un indio de la hacienda de Pereira acosado por la desgracia, la miseria y la injusticia. Al comienzo de la novela, Alfonso Pereira, hostigado por su tío y por un inversor estadounidense (pero también por el embarazo no deseado de su hija) decide trasladarse a sus propiedades de Cuchitambo, para supervisar la instalación de una explotación maderera y la construcción de una moderna carretera. Vemos, así, que la situación de miseria y práctica esclavitud en la que vivían los indígenas (con sus "huasipungos", pequenas parcelas de tierra cedidas por los terratenientes, como única posesión) se ve empeorada aún más, con la imposición de nuevos trabajos, nuevas violencias, nuevas injusticias. 

La crítica de Jorge Icaza es implacable: tanto el poder económico (representado por Pereira y por el señor Chapy, con su deseo de enriquecimiento a cualquier coste), el poder político (representado por el teniente político Jacinto Quintana) o el poder religioso (en la persona de un cura avaricioso, lujurioso y sin escrúpulos), todos demuestran el mismo egoísmo, la misma deshumanidad, el mismo desprecio por los indios, a los que tratan como posesiones reemplazables y molestas. Tampoco los propios indígenas aparecen en absoluto idealizados: son seres alcoholizados, violentos con sus mujeres, negligentes con sus hijos, supersticiosos, sumisos. Es obvio que la simpatía del narrador (y del autor) están de su parte, pero eso no significa que se los eleve a la categoría del "buen salvaje".

Como decía al principio, esta puede resultar una lectura algo ardua, en primer lugar porque no se escatiman detalles en la descripción de las numerosas violencias (psicológicas, físicas y sexuales) que se ejercen sobre los indios o, en menor medida, los "cholos", o de las condiciones miserables e infrahumanas en las que viven los indígenas. (La escena en la que los indios, incluidos Andrés y su familia, consumen carne podrida de buey es paradigmática en este sentido). Por otra parte, hay un esfuerzo consciente (y progresivo a medida que avanzaban las ediciones de la obra) por representar con fidelidad el habla de los indios, que mezcla un español deformado con palabras y estructuras propias del quecha; aunque la novela incluye un útil glosario al final, puede resultar difícil comprender algunos diálogos, sobre todo al principio de la lectura.

Que el principal valor de la novela sea su carga de denuncia de una opresión inhumana, no quiere decir que carezca de virtudes o valores estéticos: las causas más justas pueden dar lugar a obras artísticas infumables, pero no es este el caso. En primer lugar, cabe destacar la inteligencia y eficacia de la estructura narrativa, que combina la alternancia de focos (entre Pereira y Andrés) anteriormente mencionada, pero también una progresión o adensamientod e los conflictos que llevan a un desenlace inevitable. También sorprende la belleza (aunque sea una belleza terrible) de ciertas páginas o ciertas descripciones de paisajes, personajes o situaciones, o la potencia de muchas escenas, como aquella en la que un indio queda atrapado en el lodo en medio de la corriente durante la construcción de la carretera. 

Por todo ello (su capacidad de denuncia, unida a su magistral composición, Huasipungo está considerada como una de las principales representantes, si no el principal, de la novela indigenista, a la que también pertenecen Los ríos profundos de José María Arguedas o El mundo es ancho y ajeno de Ciro Alegría. Se trata de un subgénero específico de Hispano-América, pero que puede relacionarse con el desarrollo del realismo social en otras latitudes o tradiciones. Así, el grito con el que acaba la novela ("¡Ñucanchic huasipungo!", "¡el huasipungo es nuestro!") trasciende su ámbito concreto, para convertirse en un grito solidario con muchos otros: el grito de los oprimidos que se rebelan contra sus opresores.

viernes, 1 de marzo de 2024

Luis Spota: Casi el paraíso

Idioma original: Español

Año de publicación: 1956

Valoración: Recomendable


Imagina esto: un aprendiz de torero se convierte, por azares del destino, en el presidente de la Comisión de Box y Lucha Libre Mexicana para luego llegar a ser el primer presidente del Consejo Mundial de Boxeo. Esta no es la vida del protagonista de esta novela, sino la de Luis Spota, una persona que hizo de todo: periodismo, radio, televisión, fotografía, cine y, lo que nos concierne, escribir libros.

Luis Spota, como sugiere su aspecto de burócrata (traje marrón, corbata con estampado cachemira y lentes de pasta), no ostenta un estilo innovador o particularmente espectacular, pero es preciso y efectivo (no sé si eso viene del periodismo o del boxeo). Era un escritor que conocía muy bien su oficio. Era más un artesano (en el buen sentido de la palabra) que un artista (en el mal sentido de la palabra). A pesar de que "Casi el paraíso" transcurre en dos líneas temporales, para nada se parece a los embrollos de Vargas Llosa. Este recurso solo se usa como pretexto para mostrarnos el pasado del protagonista.

Lo que tenemos aquí es una narración simple pero que va al grano: posterior a la salida de Lázaro Cárdenas de la presidencia de México, quien había materializado los ideales de la revolución de principios de siglo, el país fue ocupado por una burguesía nacida de las reformas revolucionarias (similar a los grandes conglomerados en EU o al zaibatsu en Japón). Una burguesía rapaz, poco ilustrada, ambiciosa, que acumuló una gran cantidad de capital al amparo del gobierno y que, como un nuevo rico rencoroso que desprecia sus orígenes, busca legitimar su riqueza adquirida sin mérito propio mediante su asociación con los intelectuales, o peor aún, con la nobleza.

Al aliarse con figuras prominentes en el ámbito cultural y aristocrático, esta burguesía busca elevar su estatus social y proyectar una imagen de refinamiento y sofisticación, así como extender sus redes de influencia y oportunidades económicas. Este fenómeno es criticado y ridiculizado por Spota, quien nos muestra un mundo donde la corrupción y el cinismo son moneda corriente (“cuando entré a la revolución odiaba a los ricos, y ya ve, Dios me castigó haciéndome uno de ellos”), donde la riqueza es perseguida a cualquier costo, sin importar a quién se deba llevar entre las patas.

Si bien "Casi el paraíso" de Luis Spota es un agudo análisis de una parte de la sociedad mexicana del siglo XX, también se pueden señalar algunos puntos negativos. Aunque la novela presenta una amplia gama de personajes, algunos de ellos pueden resultar superficiales, utilizados únicamente como contraste para los personajes principales. Además, en algunos momentos, el drama puede ser un poco denso, lo que recuerda a una telenovela mexicana. Estos puntos no necesariamente invalidan las cualidades positivas de la novela. Es sorprendente que Spota no sea tan conocido como otros escritores mexicanos, ya que, para mí, es uno de los grandes.


jueves, 29 de febrero de 2024

Marina Garcés: El tiempo de la promesa

Idioma original: catalán / castellano
Título original: El temps de la promesa / El tiempo de la promesa
Año de publicación: 2023
Valoración: muy recomendable


Debo confesar, que a mí la filosofía siempre me ha parecido una disciplina muy interesante y necesaria para no únicamente intentar entender el mundo, sino también como campo de crecimiento personal y de autoconocimiento a través de la realidad que nos envuelve. Y si a las ganas que ya tenía por conocer la obra de Marina Garcés tras haberla leído y escuchado en entrevistas a lo largo de los años, le añades que comienza el libro con una cita de Mouawad, entonces la decisión respecto a esta lectura se convierte en una apuesta muy segura.

Empieza la autora con un mensaje que traslada cierto descontento hacia la sociedad actual, afirmando que «las promesas ocupan un espacio poco importante, hoy, en las maneras cómo nos vinculamos con los otros: en el amor, en el trabajo, en la vida social y política» y remarca la importancia de las promesas, pues «prometer es una acción que se hace con la palabra y que, de la nada, hace nacer un vínculo y un compromiso capaces de atravesar el tiempo y reunir, en una sola declaración, pasado, presente y futuro. Pero ¿cómo prometer nada si ponemos el futuro en peligro? Esta es la pregunta del sentido común: sin futuro no hay promesas. Podemos darle la vuelta: ¿de qué futuro podemos disponer, si no nos atrevimos a prometer nada?». Y es que, en la sociedad de hoy en día, anclada en un presente continuo e infinito, este acto se hace arduo porque «sí que sabemos imaginar el futuro. Lo que ocurre es que no se parece en nada a lo que nos habían prometido» y, justamente por ello, el futuro queda lejos en el tiempo, pero aún más en pensamiento; el futuro, por incierto o por desalentador, queda apartado de nuestros proyectos, centrados en el aquí y ahora, en una mala concepción de una especie de mindfulness que desvía la atención desde lo importante a lo inminente. 

A partir de esta premisa inicial, la autora se abre a la revisión de las promesas a lo largo de la historia y pone en relieve que «la historia nos dice que una buena parte de la humanidad ha sido excluida de lo espacio de la promesa: quien no dispone libremente de su voluntad no puede prometer nada a nadie». En este sentido, se reafirma afirmando que «el engaño no es ceguera, sino un deseo de creer vivido desde la desigualdad». Así, la autora nos habla de la promesa, el compromiso y la responsabilidad de quién la hace pero también de quién la recibe, pues «la promesa imperativa busca un “te lo prometo como a una declaración de sumisión”», y en este sentido, apuntala su reflexión al indicar que quien promete a menudo es el poderoso (entiendo el poder como político, económico o religioso) y pone como ejemplo la religión, en la que un dios hace promesas a sus fieles mostrando su poder absoluto a la vez que torna las promesas en exigencias y obligaciones. Así, quien promete acaba siendo quien reclama en contrapartida, estableciendo así una alianza entre pueblo y Dios desigual. De igual manera, también el estado hace promesas, aunque en lugar de salvación promete protección siempre y cuando se cumplan una serie de obligaciones de manera que la promesa se convierte en una sumisión a menudo disfrazada de vínculo proteccionista. Y la autora incide en el tercer pilar, el económico, pues se sirve también de promesas lanzadas y difundidas de manera constante y repetitiva, ofreciendo ilusiones ficticias pues «el delirio de todos los que vivimos bajo el capitalismo es que, a pesar de que las cosas nos vayan mal, en algún momento pueden ir bien».

Enlazando su reflexión acerca del capitalismo y sus infinitas ansias de crecimiento, la autora relaciona el concepto de promesa con la predicción, distinguiendo claramente una de otra pues la promesa es un acto de voluntad, mientras que la predicción es el resultado de una serie de cálculos; justamente por ello, nos alerta acerca de la IA y su peligrosidad, pues sus algoritmos «predicen sin pretender explicar, contrarrestar o contraargumentar» y, como sus patrones derivan de los datos con los cuales han sido entrenados, el futuro que proyectan no deja de ser una imagen basada en datos de un pasado actualizado de manera que no queda claro si «hablan del futuro o realmente son una proyección del pasado» (algo que Grafton Tanner ya indicaba también en su ensayo «Las horas han perdido su reloj»). De manera adicional, no únicamente estas predicciones proyectan el pasado, sino que también, ocultas bajo la opacidad de las técnicas predictivas utilizadas, consiguen algo aun más peligroso, la exención de responsabilidades sobre su seguimiento pues «estas técnicas nos comunican los resultados, calman nuestra ansiedad y nos permiten delegar la decisión. Ponernos en manos de los dioses o del algoritmo, ética y políticamente, no es tan diferente. Pero cuando un general declara la guerra después de haber escuchado el oráculo, quien ha declarado la guerra, ¿él o el oráculo?». Con ello, la toma de decisiones se externaliza y por tanto la responsabilidad se difiere, oculta en algoritmos, datos y procesos que nadie entiende y que, justamente por ello, sirve como perfecto escudo de la toma de decisiones más éticamente injustificables. Ese es el paraguas que los protege de la lluvia de críticas, y de remordimientos.

Dice Marina Garcés que «las promesas hablan del futuro, pero se hacen desde un presente y nos hacen presentes. Hablan del futuro, pero invoca un comienzo y una memoria compartida (…) hacer una promesa es interrumpir el destino» porque «prometer una cosa es introducir una verdad que inventa un lugar propio en la trama de lo real: es una expectativa compartida que es cierta a pesar de no haber sucedido». Incidiendo en ello, afirma que «todo compromiso es un vínculo, de la misma manera que toda promesa refuerza el vínculo porque lo sostiene a través del tiempo. Es nuestro pasado común, porque nos proyecta a un futuro en que nos jugamos algo juntos». Esta quizá es la gran responsabilidad de quienes hacen promesas: crear un pacto que no se hace únicamente aquí y ahora, sino que se mantiene a la largo del tiempo y se renueva a cada minuto que pasa hasta su cumplimiento. En un momento en que solo existe el ahora y en el que no sabemos dónde estaremos ni quienes seremos dentro de un tiempo, hacer una promesa puede sonar como algo muy aventurado y osado, pero sin duda también se podría considerar una demostración de que nuestros valores y principios perviven a pesar de todo, y de todos.

miércoles, 28 de febrero de 2024

Stephanie Dompierre: Principiante

Idioma original: Francés
Título original: Novice
Año de publicación: 2022
Traducción: Catalina Ginard Féron
Valoración: Está bien (recomendable para interesados)

¿Conocéis la película Tucker & Dale contra el mal (2010)? Es una hilarante comedia de terror que parodia al "slasher" jugando con los clichés del género y las expecativas de su audiencia. Principiante, de Stephanie Dompierre, hace lo propio a través de la literatura.

La novela de Dompierre narra cómo unos jóvenes (el "youtuber" que prioriza un vídeo a su integridad física, la "influencer" que sobrestima su impacto en el mundo, el "gamer" viciado a los videojuegos bélicos, el pajillero adicto al porno, etc...) que acuden a un campamento de desintoxicación tecnológica acaban enfrentándose a «la Bestia», un asesino que pretende masacrarles.

Lo que más me ha gustado de Principiante son su moderadamente original premisa, sus simpáticas objeciones a la plausibilidad de los "slasher", las siniestras descripciones de las pinturas de los chalés, las divertidas escenas iniciales de «la Bestia», las muertes de ciertos personajes y los giros "over the top" que adopta en su clímax. 

Aquello que he apreciado pero me parece que no acaba de funcionar serían su sentido del humor y su crítica social. El primero porque no siempre resulta eficaz; la segunda, porque aunque sus ataques a la dependencia a la tecnología y la superficialidad de las nuevas generaciones son válidos, recurren a generalizaciones y tópicos "boomer".

En el lado estrictamente negativo de la obra se hallarían algunos fallos e inconsistencias en su lógica interna, la excesiva simplicidad de su elenco (puede que deliberada, no lo niego) y el ritmo abrupto del desenlace.

En fin: Principiante es una novela que satisfará a los amantes del género de terror que estén dispuestos a reírse de sus incoherencias. Personalmente, la he disfrutado bastante, pese a un par de altibajos. Sin embargo, creo sinceramente que el producto final hubiera mejorado notablemente de haberse empapado de una sensibilidad más actual. Y es que resulta involuntariamente cómico que una novela publicada originalmente en 2022 hable sin un ápice de ironía (o así me ha parecido a mí) de Facebook, especialmente como si fuera una red social todavía usada por una demografía joven, y en cambio apenas mencione Twitter. Al menos no referencia a las «avocado toast», aunque su énfasis en las fotos de «café latte» me lo habían hecho temer.