martes, 31 de marzo de 2026

Atiq Rahimi: Maldito sea Dostoievski

Idioma original: francés 
Título originalMaudit soit Dostoïevski
Año de publicación: 2011
Traducción: Elena García-Aranda
Valoración: entre recomendable y bastante recomendable

Una novela atípica, diría, no tanto por la forma o el fondo, sino por las sensaciones que deja. Rasul, el protagonista de esta historia, es un joven perdido en el mundo, profunda y voluntariamente desconectado de su familia, y cuya locura, ya incipiente en medio de las guerras civiles en Kabul, termina por estallar cuando replica el mismo asesinato que comete Raskolnikov con la casera, con el propósito de liberar a Sufia, su novia, del trabajo que realizaba bajo las órdenes de la susodicha. 

El cambio que sufre la historia es que Rasul, asustado por la presencia de otra persona, no consigue robarle nada a la anciana y huye por la ciudad. En este vagar le suceden varias situaciones: es acusado de comunista por haber estudiado en San Petersburgo y por leer a Dostoievski, conoce a un militar que comparte la línea de pensamiento de Rasul y cree que la guerra civil solo ocasionará más dolor y separación, entra a varios tugurios (en realidad, el mismo, pero las descripciones de Rahimi son muy convincentes en el manejo de la espiral lisérgica en la que se embarcan todos los personajes del antro) y sufre de diversas alucinaciones y de paranoia ante el hecho de que lo siguen persiguiendo. Además, lucha constantemente contra el casero de su departamento, que intenta echarlo por falta de pagos, de su primo, que intenta sacarlo de la apatía y llevarlo a la luz, de Sufia y de la idea que tiene de ella, ya que la adora pero no es capaz de acercarse a su familia sin sentir el peso de la relación, y otros personajes que van poniendo de relieve la violencia latente de un país y las risas punzantes de una sociedad que no puede entender cómo es que Rasul es incapaz de ponerse de un lado o del otro sin encontrarle la quinta pata del gato a todo.

La novela está muy bien construida. Tiene un buen arranque y, sobre todo, un desarrollo que justifica plenamente la apatía de Rasul, a la vez de emocionarnos cuando consigue sacudirse de su desesperación y acude a confesarse, todo para que no le hagan ni el más remoto caso, razonando que su crimen es una nimiedad a comparación de lo que está sucediendo en ese momento (una guerra civil), y que si la policía no se ha tomado el trabajo de arrestarlo por ese motivo, nadie más lo hará. Y eso causa un final ambivalente, al que un gran monólogo de Rasul, por fin juzgado (pero no por las acciones que ha cometido, sino por sus pensamientos) se contrapone con un hecho que no mencionaré, pero que termina causando una sensación de falta de impacto en el mensaje, como si el hecho de que una persona pueda dar cuenta de todo lo podrido en el ambiente no fuera suficiente para generar algún tipo de cambio. Que puede ser cierto, es verdad, pero en la medida en que vemos evolucionar magníficamente a Rasul este impacto sabe a poco. A pesar de que el primo le diga que algo cambió gracias a sus acciones, parece más un consuelo mínimo. Además de eso, las escenas divagatorias en los bares, si bien de un lirismo convincente y que ayuda a variar el ritmo de la novela, se alargan de más en algunas ocasiones; también se reiteran ciertas ideas (básicamente, la paranoia de Rasul y los diversos enfrentamientos con su primo) en la parte central del libro que desacelera la trama sin ningún propósito.

Pero, sacando eso, es una muy buena novela, con un toque de humor negro y cínico que refresca la lectura a la vez que actualiza nuestras reflexiones acerca de una obra magna como lo es Crimen y castigo y nos da a conocer una sociedad constantemente vapuleada, tanto en sus guerras como en sus pensamientos.

lunes, 30 de marzo de 2026

Georges Bernanos: Bajo el sol de Satanás

Idioma original: francés

Título original: Sous le soleil de Satan

Traducción: Concepción Pérez Pérez

Año de publicación: 1926

Valoración: Entre Recomendable y Está bien


Georges Bernanos es un autor bastante singular dentro del mundo literario del siglo XX. Su catolicismo no se limitaba a una simple profesión de fe, sino que se trasladaba con intensidad a su obra de ficción. No hay más que recordar alguno de sus libros más conocidos, como Diario de un cura rural o Diálogos de carmelitas pero, de forma aún más destacada en este aspecto, este Bajo el sol de Satanás, su primera novela. Bernanos no puede concebir lo religioso como algo tibio, sino como una experiencia saturada de dramatismo en la que el creyente, y más aún el clérigo, se sitúa en el centro de una confrontación que, más que entre el Bien y el Mal, es directamente entre Dios y Satán. Dos entidades, o quizá solo una con dos caras, sobre cuya interdependencia se ha escrito mucho y cuya pugna traslada el autor directamente al humano que ha abrazado la fe con la suficiente determinación.

En este caso la víctima de esas fuerzas enfrentadas es, como en alguna otra ocasión, un cura de aldea, poco más que un labriego, gris, sin especiales capacidades para la oratoria o el razonamiento, alguien mucho más capaz de sentir que de pensar, que difícilmente podremos decidir si es un santo, como terminan por identificarle los fieles, o si está poseído por el diablo, tal vez ambas cosas de forma alternativa o simultánea. El pobre padre Donissan siente el zarpazo de la tentación, pero no de una tentación terrenal, sino de la más profunda y definitiva: dejarse caer en brazos del demonio. Odia el pecado, intenta salvar almas, pero quizá en esa misma tarea siente que puede estar siendo manipulado. La lucha es feroz y sin tregua, e incluye el abandono personal absoluto y el intento de purificación mediante el castigo corporal.

Pero hay que abrir algo el foco para tener una perspectiva como lectores, que es lo que ahora nos interesa. Todo el terrible conflicto que vive en el interior de nuestro cura se presenta en diversos formatos, ya sean largos diálogos, narración de autor omniscente, extractos de cartas o escritos, o esas elipsis que Bernanos maneja admirablemente para dejar zonas oscuras o hacer trabajar al lector. Incluido también ese primer tercio dedicado a la joven Mouchette, que tiene el sello inconfundible del dramón decimonónico (Y por cierto, se podría hablar largo y tendido sobre el paralelismo entre este personaje femenino y el de Nueva historia de Mouchette que comentamos hace algún tiempo).

Tampoco nos engañemos: todo esto a lo largo de cerca de cuatrocientas páginas casi por entero dominadas por la tragedia interior del padre Donissan puede resultar algo excesivo si uno no está muy interesado en el asunto. Hay mucho Maligno, muchas dudas, la tentación, el destino, el alma atormentada, y poco desarrollo para tanta extensión, con lo cual la lectura se hace algo pesada, quisiéramos que se despachasen las escenas con algo más de ligereza, pero está visto que Bernanos no está en esa idea: todo lo contrario, quizá machacando al lector es como quiere transmitirle la profundidad del dolor que nos está presentando.

Hay desde luego varios momentos que rozan lo sublime: el refinamiento de Mouchette para desconcertar a sus oponentes y al lector mismo, las escenas brutales de Donissan intentando salvar almas y cuerpos sin estar seguro de quién le provee de la fuerza para hacerlo y, sobre todo, una larga y arrebatadora escena del cura perdido por los campos en la noche, donde se mezclan de forma soberbia la realidad y el sueño, la metáfora, la posesión y el misticismo, toda una obra de arte. 

No estoy seguro de que estas virtudes literarias, que se manifiestan en varios momentos, justifiquen del todo la falta de ritmo y el protagonismo aplastante de la figura del cura, cuya tragedia interior satura por completo el relato. Quizá todo dependa del interés del lector hacia este tipo de asuntos y, por qué no, hasta dónde sea capaz de disfrutar de tanta intensidad.

Otras obras de Georges Bernanos reseñadas en ULAD: Nueva historia de Mouchette


domingo, 29 de marzo de 2026

Malcolm Devlin: Y entonces desperté

Idioma original: Inglés
Título original: And Then I Woke Up
Año de publicación: 2022
Traducción: Mª Pilar San Román
Valoración: Recomendable

Y entonces desperté es una novela de terror tan sencilla como efectiva. Además de enfocar de manera refrescante los géneros del apocalipsis y los zombies, entrega un contundente mensaje, lo cual aporta profundidad y enjundia al conjunto.

Transcurre en un mundo devastado por infectados violentos. El elemento diferencial de esta historia es que dichos infectados no son zombies, sino que tienen la percepción de la realidad alterada y ven a otras personas como tal. Los protagonistas de la historia, Spence y Leila, dos infectados rehabilitados, gestionan su pasado de manera distinta. Spence siente una culpa que le impide aceptar la postiza redención que los compasivos organismos oficiales reservan para los rehabilitados. Leila, en cambio... Bueno, mejor dejo que esto lo averigüen los lectores.

Llegados a este punto, me gustaría destacar unos cuantos apartados de Y entonces desperté que me hubiera gustado que se plantearan de otro modo:

  • Si bien el mensaje de la novela la engrandece y está muy bien focalizado, es quizá algo obvio y lineal.
  • Pese a que los protagonistas están adecuadamente diferenciados y caracterizados, sería más fácil simpatizar con ellos si su personalidad y motivaciones se hubieran espesado un poco.
  • Ojalá se exploraran más las formas en las que el gobierno pretende conseguir que los infectados vayan despertando, aunque comprendo que la novela no persigue crear un mundo detallado, por lo que con esbozar unas cuantas ideas interesantes sobre esto ya es suficiente.

Sea como fuere, Y entonces desperté es una vuelta de tuerca de las historias, por lo general algo gastadas, de apocalipsis y zombies. Aunque advierto que lo que la diferencia de sus compañeras de género no es solamente su concepto original, sino que también su tono reflexivo y el hecho de priorizar la psicología de sus personajes a la acción.

La imagen de la cubierta de la edición al español de Y entonces desperté me encanta. Realizada por el artista digital Samuel Araya, plasma con absoluta maestría una escena crucial de la novela.  

sábado, 28 de marzo de 2026

Mo Yan: El suplicio del aroma de sándalo

Idioma originalChino

Título original: 檀香刑

Traducción: Blas Piñero Martínez

Año de publicación: 2014

Valoración: Muy recomendable

Esta debe de ser la cuarta o quinta novela que leo de Mo Yan, pero es la primera que leo de él en al menos diez años. Al empezar El suplicio del aroma de sándalo, recordé de inmediato por qué durante tanto tiempo lo consideré uno de mis escritores favoritos. Bastan unas cuantas páginas para que reaparezca esa sensación de estar en manos de un narrador desmesurado, cruel, burlón, excesivo, pero también profundamente dueño de su mundo.

La novela tiene todo lo que más me gusta de Mo Yan y, más importante aún, esta vez siento que esos elementos están mejor equilibrados que en otras de sus obras: lo fantástico, el folclore chino, el gore y la historia. Claro que son inevitables las comparaciones con el realismo mágico (de hecho, algunos llaman a su estilo “realismo onírico”), pero en Mo Yan siempre da la impresión de que lo insólito brota de la propia lógica del mundo rural, de la superstición, del rumor, de la imaginación popular, como si la realidad por sí sola no bastara para explicar la brutalidad de la experiencia humana.

La novela se sitúa en la China de finales de la dinastía Qing, más o menos hacia 1900, en un contexto de ocupación extranjera, corrupción local y violencia política. La presencia extranjera se siente como una fuerza humillante que reorganiza el espacio, el poder y hasta la dignidad de los sometidos. En ese clima enrarecido, con el eco de la rebelión de los bóxers y el resentimiento nacional creciendo entre la impotencia y el fanatismo, Mo Yan sitúa en el centro de la historia una ejecución particularmente atroz: el “suplicio del aroma de sándalo”.

Las llamadas “torturas chinas” forman parte aquí de una cultura del castigo ejemplar: los suplicios debían corregir, aterrorizar y entretener al mismo tiempo. El cuerpo del condenado se volvía así un escenario donde el poder, acorralado por enemigos internos y externos, seguía representando su autoridad a falta de algo más convincente. A partir de esos castigos —como el ya célebre lingchi—, Mo Yan construye una trama en la que se entrecruzan el deseo, la traición, la lealtad filial, el orgullo nacional y la brutalidad del poder.

La historia sigue sobre todo a Sun Meiniang, una mujer atrapada entre la pasión, la obediencia familiar y el caos político que la rodea. A su alrededor desfilan verdugos, funcionarios, patriotas improvisados, suegros, amantes y oportunistas, todos arrastrados hacia un desenlace en el que la muerte deja de ser un hecho para convertirse en ceremonia, espectáculo y pedagogía pública. Como suele ocurrir en Mo Yan, nadie conserva del todo la dignidad y casi nadie merece conservarla. 

Uno de los mayores aciertos del libro es precisamente la manera en que mezcla lo grotesco con lo trágico. Hay escenas de violencia extrema, descritas con una minuciosidad que por momentos parece regodearse en la herida. En Mo Yan la violencia siempre tiene algo de carnaval macabro: repugna, fascina y a ratos incluso mueve a una risa incómoda.

También me gusta cómo el folclore chino atraviesa toda la novela sin convertirse en simple decorado exótico para consumo extranjero (las notas podrían parecer excesivas para alguien que no esté interesado en el tema). Aquí hay ópera popular, supersticiones, habladurías, ritmos orales, exageraciones deliberadas, imágenes grotescas y una imaginación colectiva que transforma la historia en leyenda al mismo tiempo que la deforma. Mo Yan entiende algo fundamental: los pueblos no solo padecen la historia, también la cantan, la distorsionan, la vuelven fábula.

Volver a Mo Yan después de tanto tiempo fue reencontrarme con un escritor que sigue teniendo algo que muy pocos poseen: una voz capaz de ser brutal, cómica, obscena y lúcida al mismo tiempo.

(Conviene, sin embargo, hacer una precisión que hoy resulta casi inevitable. Mucho se ha criticado la afiliación de Mo Yan al Partido Comunista chino, así como su cercanía con posturas difíciles de defender, entre ellas su respaldo a ciertas formas de censura. Esa dimensión biográfica e ideológica incomoda, y no tendría sentido barrerla bajo la alfombra. Ahora bien, una extrapolación demasiado directa de El suplicio del aroma de sándalo a nuestro presente también corre el riesgo de simplificar la novela. Leída desde hoy, podría parecer que el libro articula un rechazo tajante al cambio cultural, a la modernización o a la presencia extranjera; pero reducirla a eso sería empobrecerla. Más que ofrecer un programa ideológico coherente, la novela dramatiza una sociedad humillada, convulsa y delirante, en la que la ocupación extranjera, la violencia imperial y el resentimiento popular producen respuestas tan comprensibles como monstruosas. Mo Yan no escribe aquí un manifiesto contra el extranjero ni una defensa transparente de la pureza cultural, sino una representación brutal de cómo el dolor histórico, el nacionalismo herido y la paranoia colectiva pueden deformar la experiencia de un pueblo. Y si algo queda claro en la novela, es que nadie sale moralmente intacto de ese proceso: ni el invasor, ni el poder local, ni tampoco quienes convierten la humillación en fervor.)

Otras obras de Mo Yan en ULAD: La república del vinoCambiosGrandes pechos, amplias caderas

viernes, 27 de marzo de 2026

2*1: Una madre trabajadora de Agnes Owens y Riesgo moral de Kate Jennings

2*1, sí. ¡Como si esto fuesen los siete días de oro de los gafapastas! Pero todo tiene su sentido. En este caso, dos son los lazos que ligan los libros hoy reseñados: su premisa (una mujer que, por motivos relacionados con la situación de sus respectivos maridos, ha de ponerse a trabajar) y su publicación en España por Muñeca Infinita. Ahora bien, no penséis que estoy va a ser una reseña comparada ni nada por el estilo; serán dos reseñas "independientes" de dos libros muy diferentes entre sí pero altamente recomendables. Empezamos.

Idioma original:
Inglés 
Titulo original: A working mother
Año de publicación:1994
Traducción: Blanca Gago
Valoración: Bastante recomendable

Apenas cuatro líneas de diálogo sirven para ponernos en situación sobre los dos personajes que protagonizarán esta novela: Betty y Adam, un matrimonio que no parece ir demasiado bien. Pero lo que parecía un drama sobre un matrimonio en descomposición resulta que, apenas 15 páginas después, se convierte en algo ligeramente diferente. Digamos que ese componente no desaparece (tristeza, soledad, alcohol, etc están presentes a lo largo de toda la novela), pero el tono del texto nos lleva al terreno de la "tragicomedia".

                                                    - Y mientras tanto, los hombres se morían
- Tú no. Ojalá te hubieras muerto
                        - Ojalá. Lo pienso cada vez que os veo a ti y a los mocosos en este vertedero 
 
Porque Una madre trabajadora es una novela oscurísima, ácida y llena de un humor negro profundamente british, en la que se juntan lo sórdido y lo patético, lo absurdo y lo triste. Tanto es así que la novela podría ser (y aquí me la juego), tanto por tono como por estructura, una sitcom británica que adaptara una obra de teatro de Tennessee Williams. O una especie de revisión oscura de Fleabag, la estupenda y recomendadísima serie protagonizada por Phoebe Waller-Bridge. 

No voy a entrar en detalles sobre el argumento porque implicaría destripar parte importante del atractivo de la novela, por lo que paso directamente a enumerar sus puntos fuertes:
  • los diálogos, con los que la autora describe situaciones y personajes, al tiempo que hace avanzar la trama. Se lleva la palma Betty, el personaje más logrado.
  • su ritmo, conseguido a través de breves escenas y de los comentados diálogos, con los que Owens se salta las "zonas de transición".
  • su capacidad de meter el dedo en la llaga desde una aparente ligereza. El amor, el sexo, las relaciones de poder, el papel de la mujer en la familia y en la sociedad, etc son otros temas que parecen en la novela.
  • el contraste entre sordidez y absurdo.
  • el final, contundente pero coherente con el desarrollo previo.
Quizá alguien pudiera decir que los personajes secundarios no están del todo bien construidos o que los saltos entre escenas son demasiado abruptos. Puede ser, pero me inclino a pensar que esto obedece más a la propia estructura de la obra que a un defecto "en sí". Optar por una novela más convencional podría dar mayor profundidad a esos personajes y mayor "continuidad" a la trama, pero creo que el texto perdería en frescura e inmediatez. Y no sé yo si compensaría, la verdad.

**********************

Idioma original: Inglés  
Titulo original: Moral hazard
Año de publicación: 2002
Traducción: Esther Cruz Santaella
Valoración: Bastante recomendable

Voy a contar mi historia de la forma más directa que pueda, de lo más directa que me lo permitan los recuerdos torcidos que todos tenemos. Toda una declaración de intenciones que se cumple a lo largo de las 186 páginas de una novela en la que "conviven" la enfermedad degenerativa del marido de la narradora y la inserción de esta en el darwiniano entorno de la banca de inversión de Wall Street. Dos temas aparentemente antitéticos, pero que en manos de Jennings engarzan de forma convincente.

¿Cómo lo hace? Pues a través de breves capítulos en los que el escenario salta de la intimidad del hogar o del centro médico a la agitación del mundo de las altas finanzas y en los que su protagonista y narradora tiene la sensación de moverse entre dos formas de demencia.

Puede dar la impresión de que dentro de Riesgo moral hay dos novelas diferentes. No diría tanto ya que ambas comparten tono y cuentan con elementos comunes que son utilizados por la autora para lograr el engarce que comentaba anteriormente. El principal nexo de unión entre ambas "partes", además de la sensación citada en el párrafo anterior, es su carácter casi iniciático. La protagonista ha de aprender a convivir con la enfermedad y con un marido que cada vez se parece menos a quien fue no hace mucho tiempo y, al mismo tiempo, ha de aprender a moverse en un mundo absolutamente desconocido para ella y del que obtendrá valiosas lecciones.

Es normal que la parte "íntima" de la novela llegue de forma más directa. Jennings opta por el patetismo en lugar del espanto para mostrar el miedo y la soledad ante la enfermedad y la muerte. Pero hay momentos de luz, de ternura y amor que no palían el dolor, pero suponen un breve respiro. Jennings consigue emocionar sin caer en la sensiblería.

Por su parte, el lado financiero de la novela resulta algo más "áspero". Me gusta el retrato que ofrece del mundo laboral, demoledor y realista al mismo tiempo, así como la evolución de la protagonista en los 6 años que permanece en el mundillo, pero todo lo relacionado con intrigas más o menos políticas y el mundo de los derivados y opciones se me hace algo cuesta arriba, la verdad.

Pese a esta última salvedad, Riesgo moral supera con nota el examen y demuestra el buen ojo del editor para rescatar textos de los que nadie (o casi nadie) había oído hablar por estos lares.

jueves, 26 de marzo de 2026

Akimitsu Takagi: El misterio de la mujer tatuada

Idioma original: japonés

Título original: 刺青殺人事件 (Shisei Satsujin Jiken)

Año de publicación: 1948

Traducción: (del inglés) Eduardo Hojman

Valoración: bastante recomendable

Hoy en día los tatuajes son algo tan extendido y aceptado en nuestra sociedad que ya se los hacen hasta los chavales de la ESO (y los de Primaria, casi por poco), amén de jóvenes y mayores de toda clase y condición. pero antaño eran algo exclusivo de oficios un tanto aventureros (marineros y soldados, por ejemplo) y, sobre todo, de gentes de mal vivir o, al menos, que rondaban los ambientes del malevaje. Lo mismo que en Occidente ocurría en Japón, a pesar del maravilloso nivel artístico alcanzado por el irezumi o tatuaje tradicional, pero que se asociaba a  quienes se dedicaban a oficios arriesgados como bomberos o trabajadores de la construcción y, por otras razones, a los célebres yakuza. Con el punto añadido del erotismo, puesto que en la tradición japonesa los tatuajes más apreciados son de grandes dimensiones, en ocasiones de cuerpo entero o casi y sólo pueden apreciarse sobre los cuerpos desnudos.

Ahora bien, si hoy en día la percepción social hacia los tatuajes, aquí y allí, ha cambiado por fuer de la moda, en 1947, al poco de acabar la II G. M. en Japón seguían viéndose como algo más bien marginal y túrbido -y, de hecho, la prohibición de dedicarse a tatuar seguía vigente por entonces -; lo interesante, por supuesto, es que esa práctica o afición, incluso pulsión, en algunos casos, conformaba un submundo muy particular, entre lo artístico, lo exquisito y lo opaco que resultaba de lo  más estimulante, desde un punto de vista narrativo. De ahí que la primera novela policiaca de Akimitsu Takagi, el considerado "Simenon japonés" (aunque creo que esto también se dice de su mentor, Edogawa Rampo), partiendo de una idea de lo más sugerente: en el asolado Tokio de la posguerra, que trataba de volver a la normalidad entre ruinas y escasez, se producen unos crímenes que parecen tener como objetivo apropiarse de la piel tatuada de las personas asesinadas. En el primero de los asesinatos se ve envuelto el joven médico Kenzo Matsushita, quien nos servirá de guía lo largo de toda la novela, pues además es hermano del comisario de la policía criminal Daiyu Matsushita y amigo de otro forense, el antiguo "Niño Genio", Kyosuke Kamizu, que viene a ser el Sherlock Holmes de esta historia (de hecho, esta novela es la primera de una serie protagonizada por él). 

Con estas premisa, sin duda se podría escribir un thriller erótico/truculento -y aquí encontramos ambos aspectos, de lo sensual al gore, pues después de todo, los autores japoneses son consumados intérpretes de ambas suertes-, así como una "novela problema", con misterio de cuarto cerrado incluido, que también se trata de eso. Pero, además y antes que los subgéneros mencionados, éste es un noir diríamos que clásico -o casi, debido a su ambientación- con femme fatale y todo... Es decir, que Takagi jugó con la combinación de estas diversas modalidades del género, lo que no resulta fácil, pero a él le salió bastante bien, con el atractivo añadido de, ya digo, sumergirnos en un mundo hermético, en una subcultura cerrada incluso para la mayoría de los japoneses de aquella época y que resulta o puede resultar de lo más estimulante y estremecedor al mismo tiempo. Todo bañado, ya digo, por un aura de sensualidad y, por momentos, con un toque onírico -quizás debido al estilo con que describe el autor ciertos elementos que aparecen en la novela, pero también a circunstancias de la trama-; digamos, por entendernos, que si se hiciera una adaptación de este libro al cine  (creo que no existe aún), el resultado podría ser algo así como una clasica película de detectives  de la Hammer, dirigida por Kurosawa y con la trama de una peli de Park Chan-wook, pero dándole un aire al Terciopelo Azul de David Lynch y a la estilizada brutalidad de Se7en o El silencio de los corderos... (perdón, quizás sean demasiadas referencias cinematográficas para la reseña de un libros).

El caso es que Takagi consiguió combinar todos estos elementos de una forma cuando menos amena y, en algún  momento, incluso fascinante. Cierto es que se le puede atribuir una cierta parsimonia narrativa, propia de la época en la que se escribió la novela y que, como historia de misterio, despista un poco que el Sherlock Holmes o Poirot de turno no aparezca hasta el último tercio del libro, pera luego resolver el misterio sin apenas despeinarse -bueno, sí que se despeina un poco, cosa insólita en él, por lo demás-; así, aunque sus deducciones no resultan forzadas, sí algo artificiosas. Dicho de otro modo: quizá el final no sea un Deus ex machina, pero sí un Kamizu ex machina... Da lo mismo: estos no son más que detalles, pequeñas objeciones a una novela, por lo demás estupenda, interesante e insólita. Ojalá esta editorial u otra siga publicando en España los libros de este escritor porque realmente creo que merecerá la pena leerlos.

Nota para quienes hayan leído la novela o para quienes no lo hayan hecho, pero no les importe arriesgarse a un spoiler que, en realidad, no lo es: Por lo visto, en el Museo de Patología Médica de la Universidad de Tokio sí que existe la colección de tatuajes que aparece en este libro, aunque no está abierta al público (por suerte, pienso yo, aunque entiendo que habrá a quien le gustaría verla). El iniciador de la misma fue, al parecer, un tal doctor Fukushi Masaichi, a quien no cuesta reconocer como el inspirador del profesor Hayakawa de la novela.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Miranda July: A cuatro patas


Idioma original: inglés

Título original: All fours

Año de publicación: 2025

Traducción: Luis Murillo Fort

Valoración: se deja leer

No descartemos que yo no me haya enterado de nada. No basta con abordar la lectura de una novela con buena actitud, en que esta se mantenga hasta un punto lo bastante alto para superar esa cuota personal (hago esos cálculos) del cuarenta y pico por ciento del volumen en que decides que ya hemos llegado demasiado lejos para abandonar ahora. Con alguna reticencia, en especial aquella que surge de los excesos críticos, aquella relacionada con algún premio literario en USA del cual pensabas que debías fiarte. Incluso espoleado por su inclusión en un lugar muy alto en una lista de esas en las que suelo creer a pies juntillas.

Incluso así, la sensación que me ha dejado A cuatro patas solo puedo describirla como una profunda decepción. En especial, porque las expectativas de ese primer tramo del libro han quedado evaporadas de forma, para mí, dramática, conforme he avanzado en su lectura y ya no digamos al finalizar la novela. Momento en que me he preguntado algo parecido a de qué ha ido esto o tanto rollo para llegar aquí.

La novela configura una especie de mosaico de piezas triangulares con un vértice en común: una artista de mediana edad (entiendo que una escultora o algo así, a lo largo de todo el libro no sabremos ni siquiera su nombre) que está casada con Harris, vinculado a la industria musical, en lo que parece una apacible vida de clase media norteamericana, junto a Sam, su hije (la inclusión a ultranza del género neutro a la hora de referirse a Sam ha llegado a ponerme nervioso, y de hecho aún no entiendo ni ese hecho ni su papel como personaje). Un día decide acogerse a un pretexto profesional para tomar el coche y cruzar el país para llegar a New York, una experiencia que desea abordar aunque nunca ha estado tanto tiempo, tres semanas, separada de su familia. En una de las primeras paradas de su trayecto conoce a Davey, un joven empleado de una empresa de alquiler de vehículos, cuya esposa Claire es decoradora y acepta un estrafalario encargo, decorar por veinte mil dólares la habitación de motel en que la protagonista se hospeda una noche, aunque nuestra protagonista decidirá permanecer ahí y detener su trayecto, convirtiendo la habitación en un lugar de encuentros furtivos llenos de deseo y pasión que nunca llegan a culminar. Se supone que ese viaje debe representar una huida, como un consuelo o un divertimento, quizás una aventura. Pero ella continua queriendo a su marido, y llegamos a saber que el parto fue una experiencia traumática, también que sus experiencias sexuales se han repartido entre los dos sexos, que tiene una amiga, Jordi, siempre dispuesta al otro lado del teléfono para que comparta sus experiencias, sus reflexiones, sus inseguridades.

Y ya está: al margen de cómo afecta a su matrimonio lo que ha supuesto esa experiencia efimera, a partir de ahí solo disponemos de una errática reflexión personal salpicada de escenas sexuales explícitas que se supone que tienen que representar en todo momento su ejercicio de la libertad personal, su actitud despreocupada hacia el sexo como ejercicio de liberación - aunque alguna escena roce lo meramente inconcebible - y una serie de prerrogativas que he sido incapaz de descodificar. Se ha obsesionado con Davey, o con el concepto de todo aquello que se prometieron postergar y nunca ha sido consumado. Y en medio de ese desquiciado embrollo, ha dinamitado su relación. 

¿Qué pretende Miranda July que hagamos con todo eso? Cierro el libro y todo se me ha escapado. Seré yo, seguro.

Más novelas de Miranda July reseñadas en ULAD: aquí