Título original: Ohne Respekt
Traducción: Guillem Gómez Sesé en catalán para Edicions62 y Lara Cortés Fernández en catellano para Ediciones Paidós
Año de publicación: 2026
Valoración: recomendable
Cada día, una nueva reseña
Idioma
original: Portugués
Título
original: Tabacaria
Año
de publicación: 1933 / 1997
Valoración: Imprescindible / Recomendable
El poeta portugués Fernando Pessoa jugaba con su identidad y publicaba sus obras bajo distintos nombres. El que puso detrás de Tabaquería fue Álvaro de Campos, pero el nombre que hay que mencionar en esta reseña es el de Liliana Felipe, artista argentina nacionalizada mexicana. Porque lo que aquí comentaremos es no sólo el célebre poema de Pessoa, sino también la adaptación que ésta hizo de él.
Para quienes no la conozcan, Liliana Felipe es todo un personaje, una mujer que lo mismo monta un cabaret que da una charla sobre derechos humanos. En sus apariciones públicas, igual que en las letras de sus canciones, se caracteriza por no tener pelos en la lengua, pudiendo parecer incluso algo grosera. Sin embargo, en su Tabaquería muestra una cara muy diferente, de gran sensibilidad y, por momentos, casi delicada.
Tabaquería es un poema de más de cien versos, de estilo
libre y presentados en una estructura abierta y sin estrofas regulares. En él,
como en un monólogo interior, su autor hace un repaso de sus frustraciones, reflexiona
sobre su existencia, escribe sus pensamientos sin orden ni concierto. El tono
es sombrío y melancólico, casi pesimista. Pero en esta espiral dramática, la realidad
irrumpe a través de un sencillo gesto cotidiano, y con eso nuestro poeta recupera
el temple, terminando la poesía con una sonrisa.
Los versos de Tabaquería ofrecen imágenes inolvidables:
El Destino, conduciendo el carro de
Todo
Fui al campo con grandes propósitos
Quizás sólo hayas vivido como una lagartija a la que cortan el rabo
Liliana Felipe nos lleva por esos versos que fluyen a borbotones con su voz y su música, y lo hace mostrando mucha empatía con el atormentado autor del poema. Sintoniza con él e interpreta el sentimiento que le sobrecogiera en cada línea, le acompaña en sus vaivenes de autodestrucción esteticista y los va traduciendo a melodías y ritmos.
El resultado es una montaña rusa de emociones. A veces intimista, a veces bombástico, escuchar este poema musicalizado es estar con Pessoa en la habitación donde escribía de madrugada para paliar su angustia existencial, es embriagarse de su profunda saudade y sus efímeros momentos de alegría simple e inútil. Es dejarse caer en sus abismos… para finalmente levantarse y asomarse a la ventana con él y congraciarse con la vida.
Tabaquería es un poema imprescindible; la adaptación que
hace de él Liliana Felipe es atrevida, original, sorprendente, sin duda recomendable.
Otras reseñas de obras de Fernando Pessoa y sus heterónimos en ULAD: Libro del desasosiego, Quaresma, descifrador, El banquero anarquista
Título original: The death of Vivek Oji
Años de publicación: 2020
Traducción: Arrate Hidalgo
Valoración: recomendable
Año de publicación: 2026
Valoración: está bastantante bien (sobre todo para interesados/as en el tema)
Ha comenzado un nuevo curso escolar y, al menos en España, muchos y muchas docentes, y no pocos progenitores (bueno, de éstos quizá no tantos) comprueban con preocupación cómo, un año más, parece aumentar la popularidad de las ideas de extrema derecha entre el alumnado, especialmente en el sector masculino del mismo, incluso a edades muy tempranas... Los querubines que en Primaria sólo se preocupaban de jugar al fútbol y cazar pokémons (no estoy seguro de que esta actividad se siga haciendo, pero ya me entendéis) al llegar a la Educación Secundaria semejan gremlins que han comido después de medianoche y se declaran franquistas, cuando no filonazis, racistas, machistas, homófobos y aporófobos (porque todos creen que se van a hacer ricos como influencers, minando criptomonedas o montando una estafa piramidal como el tal Lla...
-¡Bueno, ya está bien, que siempre estás igual! Deja de meterte con las ideas que no te gustan, que todas merecen un respeto y...
-No, no lo merecen. Sigo: La tendencia parece evidente e imparable, pero la politóloga Alicia Valdés se ha preguntado si realmente esto es así o nos estaremos dejando engañar por ideas preconcebidas y, sobre todo, por los contenidos que a los medios de comunicación les vienen bien para generar visitas. En este pequeño ensayo (de ahí que lo haya etiquetado como Zoom), la autora explora, en primer lugar, las fuentes de esa idea tan extendida, ya casi tópica, de que el auge actual de la extrema derecha se debe al apoyo de los adolescentes y hombres jóvenes. Asismismo, la idea, no menos extendida, de que esa querencia por las ideas ultras se debe a una reacción ante los "excesos" del feminismo -idea que se extendió hasta convertirse en un lugar común , por lo visto a raiz de un artículo de John Burn-Murdoch publicado en el Financial Times-; Valdés dedica buena parte de las 50 páginas que, una vez eliminados índices, notas, agradecimientos y morralla editorial, componen este pequeño ensayo a desmentir ambas ideas: ni todos los chicos jóvenes son filofascistas -descarta, además, que la Z o como se diga sea "la generación más machista de la Historia"-, ni el feminismo tiene la culpa de que algunos lo sean. La culpa, por si alguien se la pregunta, es, por supuesto del capitalismo, o, mejor dicho, de la crisis del mismo, que ha propiciado una segmentación de la sociedad en grupos identitarios para hacer más eficaz aún la explotación de los individuos. Entre estos grupos, especialmente agraviados por la pérdida -aunque sea un sentimiento basado más en su percepción que en la realidad- encontramos a los hombres jóvenes, que aspiran al ideal de ser "hombres PPP" (es decir, Proveedores, Protectores y Procreadores) como lo fueron, supuestamente, sus ancestros. Pero ahora, las malvadas feminazis, los inmigrantes y la ideología woke se lo impiden a los pobriños... Esto es lo que creen ellos, no Alicia Valdés, claro. Aunque lo que sí piensa ella, es que "los partidos políticos de izquierda también son responsables del auge de la extrema derecha"... Vaya, esto es una novedad: echar la culpa a la izquierda de lo que hace la (ultra)derecha. Nunca habia oído algo semejante... Claro, que la idea se vuelve un poco (más) bochornosa cuando pone como ejemplos declaraciones y actitudes... del PSOE. No hay más preguntas, Señoría...
Ahora bien, tampoco quiero dejar la impresión de que este librito no me ha gustado, ni mucho menos. Entre los aspectos positivos que le encuentro están:
Año de publicación: 2026
Valoración: Interesante (pero con muchos reparos)
Si viene a nuestra memoria aquello de 'los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa', recordaremos que don Antonio Machado, en aquel Juan de Mairena que tuve la temeridad de criticar negativamente, recomendaba la sencillez para conseguir un lenguaje realmente poético. Seguramente Javier Moreno conoce este episodio, y aunque no parece probable que su intención fuese conseguir precisamente un lenguaje poético, sí lo es que pretende demostrar su erudición, no sé si para impresionar a sus lectores o a su editor, quizá a ambos. El caso es que el autor, conscientemente o no, hace todo lo posible para eludir la máxima de Machado, y su forma de expresarse resulta así, en demasiadas ocasiones, pomposa, pedante y casi siempre anhelante del sinónimo más oscuro para obligar al lector a agarrar el diccionario en busca de definiciones. El Quevedo de La culta latiniparla tendría también mucho que decir en este asunto.
He de reconocer que he visto casos peores, algunos de los cuales hemos reseñado aquí no hace demasiado tiempo. Cultismos innecesarios, latinajos y rebuscados recursos a la etimología griega, y múltiples citas que se manejan como argumentos de autoridad, son elementos omnipresentes en muchas páginas, que solo contribuyen a emborronar las tesis que se exponen. Si hablamos de citas, Moreno haría bien en seguir el ejemplo de ese peculiar filósofo serbio cuyos fragmentos se multiplican sin freno (a veces hasta dos o tres páginas completas) durante buena parte del libro hasta desaparecer de forma completa y abrupta: los textos de Radonic muestran el camino adecuado para expresar las ideas con claridad y sin ornamentos.
Habiendo dejado constancia de lo que me parece un lastre fundamental, también debo decir con sinceridad que el libro contiene reflexiones interesantes. Moreno ejerce un tanto de polímata, tocando casi todos los vértices del conocimiento (filosofía, psicología, matemáticas, arte, tecnología, física, mitología…), y de toda esa proliferación, seguramente excesiva, se pueden extraer algunas ideas de cierta importancia. La más significativa, y que como tal luce en el sugerente título, es la puesta en valor del azar, lo contingente que necesariamente acompaña al ser humano y que, queramos o no, define muchas veces nuestras vidas. El mundo actual, que quiere ser gobernado por la tecnología, intenta eliminar lo erróneo y lo fortuito, y esa obsesión por el control se lleva también por delante espacios de creatividad y los necesarios márgenes para que la duda y la incertidumbre actúen como palanca de nuevas ideas, en definitiva el progreso.
Este planteamiento se desborda, y a veces se difumina, en múltiples perspectivas, que con frecuencia tienen que ver, entre otras cosas, con la fe ciega en el progreso tecnológico (otra vez la IA, ya lo siento), e incluso con una reacción que desde ciertos sectores se dirige a la recuperación de las esencias, una especie de nuevo romanticismo que, en lo político, se traduciría en el crecimiento de los integrismos y el retorno a las tradiciones (ultraderecha).
Cuestiones de fondo bien trabadas y que escapan de los análisis simplistas que ofrecen buen número de ensayos que encontramos aquí y allá. Se agradece en definitiva un nivel intelectual apreciable y la capacidad para elaborar y manejar conceptos abstractos sin despegarse del mundo real, lo que hace que el libro presente un interés apreciable. Lástima entonces que el autor no haya sido capaz de evitar los reiterados raptos de erudición y tentaciones de creatividad que habrían tenido mejor acomodo en textos de otra índole: hacen oscuro lo que de interesante tiene el libro y hasta puede provocar la huida del lector. En mi caso faltó poco para conseguirlo.
Título original: The Yellow Birds
Año de publicación: 2012
Traducción: Jesús Gómez
Valoración: recomendable
Quizás estemos llegando a cierto momento en que el género bélico resurja de alguna manera, aunque sea para mostrar cierta permeabilidad en sociedades, en momentos en que las actitudes que implican cierta violencia han dejado de ser patentemente reprobables y empezamos a otorgarles cierta justificación, algo que quizás no sea un abierto beneplácito, ya se verá, pero que ya no es un rechazo abierto. No puedo evitar referirme al obvio auge de las escuelas de boxeo, a la omnipresencia de la UFC, a una serie de detalles que nos revelan cierta inflexión en una tendencia de décadas. Lo cierto es que la sangre en un ring es algo a lo que empezamos a acostumbrarnos, de nuevo.
¿Es que esto debería asustarnos? Bueno, es una reflexión necesaria, pero lo que está claro es que, por una serie de factores, la plasmación gráfica de la violencia o su descripción, como la que contienen las páginas de Los pájaros amarillos, ya no escandaliza, ya ni siquiera parece que pueda parecernos ofensiva, por cuanto ese es un entorno que empieza a ser habitual. Ésta es una novela bélica, la historia del soldado Bartle, veintiún años y en acción en Irak en 2004, precipitadamente alistado y enviado a misiones acompañado de Murph, este de dieciocho, que queda a su cargo de cierto simbólico modo, pues ambos proceden de Virginia. La novela se situa en tres escenarios en que los capítulos van saltando: los poblados que se convierten en zonas de combate, Virginia, una vez Bartle regresa tras el incidente que marca la narración, y la fugaz presencia de una zona de tránsito en Alemania que sirve de escala para su regreso.
Se me hace difícil considerar esta novela como un abierto alegato antibelicista, no lo es al uso de alguna otra novela aunque tampoco es exactamente una novela de acción. El componente psicológico es importante, por cuanto Bartle (que parece un alter ego de su autor, que también combatió) carga con la narración y su tono es más apático y resignado que inflamado y emocional. Quizás un adecuado reflejo de lo que representa afrontar esas situaciones a esa edad. Cierto es que el conflicto ha sido abordado ya desde ciertas perspectivas más o menos críticas - la excelente serie Generation Kill - o incluso con tonos más periodísticos como en cierta brillante novela de Álvaro Colomer, pero sorprende el tono casi monocorde de la narración de Bartle, supongo tomado de forma consciente, y que no deberíamos interpretar como una banalización, más bien como una abnegada asunción de que ciertas decisiones no tienen camino de vuelta.