domingo, 16 de junio de 2024

José Antonio Garriga Vela: Cruce de vías

Idioma original: Español

Año de publicación: 2024

Valoración: Está muy bien 

Resulta complicado hacer la reseña de un libro en el que se reúnen 104 textos seleccionados de entre los aproximadamente 1500 que constituyeron la columna semanal Cruce de vías, publicada por José Antonio Garriga Vela en el malagueño diario Sur.

Son textos que abarcan casi 30 años y que podrían constituir una autobiografía fragmentaria a través de las rutas de la memoria y del deseo. Y digo fragmentaria porque tal y como indica el autor en El último viaje: "la vida queda reducida a esos instantes de felicidad que pasan ante nosotros bellos y luminosos como las ofrendas del río sagrado".

Ordenado, más o menos, según un criterio temático, Cruce de vías comienza en el territorio de la infancia. Hay textos que se acercan a la poesía en prosa y otros que bordean lo puramente narrativo, entradas que van del intimismo al costumbrismo, pero normalmente con una melancolía que no se convierte en ñoña nostalgia autocomplaciente. Afortunadamente.

Pero la infancia termina y las rutas que uno dibuja con sus dedos en los mapas (las fronteras han cambiado tanto, mis cosas ya no te pertenecen y todos estos viejos libros ya no se acuerdan de cómo nos conocimos que dice la canción de La Habitación Roja) se convierten en sitios más o menos reales, en ciudades en las coexisten vida y la muerte, en lugares en los que la vida se repite con diferentes caras y paisajes, en sitios poblados de fantasmas y presencias que dicen tanto de quiénes somos como de quiénes fuimos.

Soledad, esperanza, amor y deseo, la literatura y los viajes, el paso del tiempo (¡cómo obviarlo!) son los grandes temas que atraviesan los textos. Pero si bien hay una cierta uniformidad en lo temático, no se puede decir lo mismo de la parte formal. Así, vamos de la literatura de viajes a la poesía, del ocurrente microrrelato a la estampa viajera, de lo casi ensayístico al terror gótico, haciendo gala de una mirada imaginativa y tierna al mismo tiempo.

Quizá porque todo se reduzca, a fin de cuentas, a volver con la imaginación y el recuerdo a aquellos lugares en los que uno fue feliz.

Un único consejo para quien piense leer Cruce de vías: recomiendo ir poco a poco, leer 4 textos hoy, 3 mañana, 5 pasados unos días, etc. Empecé leyendo el libro "del tirón" y tenía la sensación de que los textos se devoraban entre sí. Mejor dejarles espacio y tiempo, que tomen aire, cojan altura y caigan cuando tengan que caer. ¿Me explico?

sábado, 15 de junio de 2024

Alberto Moravia: Cuentos romanos

Idioma original: Italiano 
Título original: Racconti romani
Traducción (al catalán): Anna Casassas
Año de publicación: 1954
Valoración: Entre recomendable y está bien

Aprecio muchísimo a Alberto Moravia. Y eso que, mientras que sus novelas Los indiferentes, El conformista o La campesina me entusiasmaron, escarceos posteriores en El hombre que miraLa mujer leopardoAgostino o El tedio me dejaron un regusto agridulce. 

Ahora llevaba bastante tiempo sin leer nada del escritor italiano. Y qué mejor oportunidad para darle otro sorbito a su ficción que con algunos de sus Cuentos romanos, traducidos al catalán por Comanegra. Aunque en su momento ya había devorado dos antologías en español que compilaban un buen puñado de estos cuentos, apenas recuerdo nada de ellos, más allá de que, pese a gustarme, me parecieron un tanto pedantes, densos y serios.

Nada pedantes, densos ni serios son, en cambio, los cuentos seleccionados por Comanegra; al contrario, los considero asequibles, entretenidos y amenos. Y me pregunto si eso se debe a que estos en concreto evocan a Natalia Ginzburg (registro coloquial, prosa sencilla, premisas humildes, intenciones modestas...) o a la desenfadada traducción de Anna Casassas.

En fin, hablemos de los Cuentos romanos de Comanegra. Todos son sumamente breves, de como mucho diez páginas de extensión. Todos transcurren, obviamente, en Roma, salvo "La vida al camp", que va de un joven que abandona temporalmente la capital italiana. Todos los protagonizan hombres que, asimismo, son de clase baja y casi siempre actúan como los narradores en primera persona de la historia.

Los protagonistas de estos Cuentos romanos no son particularmente memorables, pero tanto su voz como su manera de pensar están perfectamente delineadas. Además, el autor les otorga en cada cuento un arco de personaje, básico pero arco de personaje a fin de cuentas, a realizar (o a fracasar realizando, como sucede en "El pensador", "La ruïna de la humanitat" y "Mira'm i no em toquis").

El sentido del humor de estos cuentos es delicioso. Engañosamente amable, en el fondo es bastante negro pero nunca cae en lo cínico. Algo que me hizo esbozar una sonrisa, por ejemplo, es que en "No dic que no", durante dos discusiones conyugales (la primera en plena noche de bodas sobre el número de asistentes a la ceremonia, y la segunda más entrada el matrimonio sobre la cantidad de hijos que tiene un camarero), ambos contendientes tuvieran, técnicamente, razón.

Me han seducido algunas de las meditaciones que cuelan estos cuentos. Nunca subestiman a los temas en torno a los cuales giran, pero se presentan con humildad. Aquí tenéis una de ellas: «Suposo que la cara de cambrer és la cara que agrada als clients, que no cal que tinguin cara de clients perquè ells no han d'agradar a ningú, mentre que els cambrers, si volen continuar fent de cambrers, han de tenir justament cara de cambrers.» (pág. 54) Otra: «L'únic que tenia alguna cosa a dir era jo, justament perquè, a diferència d'ells, a mi els negocis m'anaven malament i això em feia reflexionar, i la reflexió, si bé no omple la panxa, en canvi omple el cervell.» (pág. 75)

Otra cosa de estos Cuentos romanos que destacaría es mi reencuentro con la maestría de Moravia para las descripciones. Sobre todo las físicas de los personajes, cuyo aspecto e indumentaria el autor perfila siempre con trazos contundentes, precisos y expresivos, pero también las de la naturaleza o los paisajes. Una de estas últimas que me ha cautivado es la de Roma vista de noche desde una terraza, pues la ciudad se transforma en «un pastís negre cremat, amb tot de clivelles de llum, i cada clivella era un carrer.» (pág. 110)

Mi cuento favorito del conjunto es, de lejos, "El terror de Roma". Sin alejarse del costumbrismo tragicómico que caracteriza al resto, recuerda poderosamente al realismo sucio de John Fante.

Resumiendo: los Cuentos romanos seleccionados por Comanegra son tan básicos como efectivos. A sus modestas intenciones los eleva el oficio de Moravia, un acabado de lo más meritorio y un pulso narrativo envidiable. Los recomiendo sobre todo a personas que amen la sencillez (que no simplicidad) de autores como Natalia Ginzburg y gusten de un humor negro a la par que amable.

Por último querría dar una opinión muy personal: el catalán no me parece una lengua con un repertorio léxico adecuado para escribir o traducir textos groseros. En los Cuentos romanos de Comanegra hay algunas escenas en las que los personajes usan insultos, pero éstos son casi siempre, al menos a mi juicio, bastante ridículos; pienso, por ejemplo, en esos proferidos en la página 177 («animal», «desgraciat», «mitjamerda», «canalla», «malparit», «pendulari», «pocavergonya», «tarambana» y «enze»).


También de Alberto Moravia en ULAD: Aquí

viernes, 14 de junio de 2024

Juan Goytisolo: Campos de Níjar

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1960

Valoración: Recomendable

Juan Goytisolo es uno de esos grandes maestros de mediados del siglo pasado, un miembro del pequeño ramillete de autores (no voy a citar a nadie más para que no me critiquen) que todos los amantes de la literatura deberíamos conocer a fondo. En realidad tengo que confesar que tampoco conozco más allá de algunos de los títulos más representativos de su obra narrativa, carencia imperdonable que intento empezar a corregir, un poco al azar, con este su primer libro de viajes, escrito cuando Goytisolo todavía no se había desprendido del todo de sus inicios realistas y más bien poco arriesgados.

El viaje tiene bastante poco de épico y mucho más de exploración. El autor, que andará por los veintimuchos años, más de lo que parece lucir el muchachito de la cubierta, parece que conoce previamente algo del terreno, y busca una inmersión total. Recordemos, estamos en la España de finales de los 50 del siglo pasado, todavía lastrada por una década de autarquía y en su mayor parte sin desprenderse de los harapos de siglos de pobreza, atraso e incultura, en especial en las zonas rurales más profundas. Y el escenario es quizá uno de los más extremos que el viajero pudiera buscar: la comarca al Este de Almería, a veces hacia el interior (Níjar), y otras mirando a la costa (Cabo de Gata, Rodalquilar, Agua Amarga, Carboneras). Entre medias, campos desolados, minúsculos poblados, carreteras o caminos desiertos, paisajes africanos, vegetación enana o inexistente bajo un sol abrasador.

Algunos o muchos de estos lugares son ahora pequeños pueblos con encanto o destinos turísticos con chalets apetecibles, urbanizados y cosmopolitas aunque relativamente tranquilos. Pero setenta años atrás apenas aparecía de cuando en cuando un turista francés algo extravagante, y el cierre de algunas minas había dejado despoblación y paupérrimas aldeas donde el objetivo era la pura supervivencia. Se diría que Goytisolo, a quien por venir de Barcelona los vecinos miran como a un extraterrestre, busca sin embargo el alma de la comarca, y la va encontrando en esas gentes que se asoman a las puertas, los niños medio desnudos que le rodean, o los paisanos que le dan conversación en la taberna. 

Se desplaza en autobús, en la caja de un camión o en un carro tirado por un burro, se aloja en las pocas fondas que encuentra, y deja hablar a los lugareños, el joven camionero, el señorón dueño de un pueblo entero (un personaje muy de Berlanga), la pareja de civiles, el viejo que vende frutas de la chumbera. Vamos, lo que define al viajero y le diferencia del turista, dejarse llevar, cero comodidades, ver y escuchar, ir registrando lo que le rodea sin filtros, en estado natural.

A diferencia de otros libros de viajes, no hay atisbo de humor, seguramente porque tampoco se encuentra ocasión, y tampoco de ensalzamiento artificial. Como mucho, se puede decir que Goytisolo, además de dejar constancia casi notarial de lo que ve, realiza sobre su relato un cierto ejercicio de estilo, dejando que su prosa se enriquezca con un léxico quizá excesivamente prolijo (guadapero, serillo, cenacho, algaida o jábega son algunos términos encontrados en una página al azar). Pero tampoco es justo criticarle demasiado por ello. Es un autor joven, todavía dominado por el realismo, que parece buscar un camino para progresar en su técnica. Afortunadamente encontraría más adelante ese rumbo, bastante diferente de este. 

Con todo, deja algunas reflexiones interesantes que trascienden al paisaje o a sus habitantes. El autor cree encontrar la clave de una tierra que debería resistir la tentación de sentirse tarjeta postal o pieza de museo:

'Por eso me gusta Almería. Porque no tiene Giralda ni Alhambra. Porque no intenta cubrirse con ropajes ni adornos. Porque es una tierra desnuda y verdadera'.

Algo que seguramente hubiera firmado Carlos Cano, que retrataba esas tierras en un precioso pasodoble. Los tiempos han cambiado mucho, pero no estaría de más darle una vuelta a la idea, no ya en Andalucía, en cualquier otro lugar. 

Otras obras de Juan Goytisolo reseñadas en ULADSeñas de identidadDon Julián / Juan sin TierraLas virtudes del pájaro solitario


jueves, 13 de junio de 2024

Juan Villoro: Materia dispuesta

Idioma original: Español

Año de publicación: 1996

Valoración: Entre está bien y recomendable

Publicada originalmente en 1996 y reeditada en 2022 por Almadía, Materia dispuesta es la segunda novela del prolífico Juan Villoro. Y si bien podríamos definirla, a grandes rasgos, como una novela de formación con ecos de La conjura de los necios, un análisis algo menos superficial nos llevaría a concluir que esta sería una definición, cuanto menos, incompleta.

Novela de formación: componente obvio e innegable, sí. Los siete capítulos que componen el libro recorren 28 años de la vida de Mauricio Guardiola, separados por dos temblores que sacuden la Ciudad de México (entre finales de los 50 y los primeros 80). Destaca en este sentido el recurso a la primera persona en los 3 primeros capítulos (voz infantil), a la tercera persona de los 3 últimos (voz adulta) y a la mezcla de ambas en el capítulo central que supone el paso de la infancia / adolescencia del protagonista.

Con ecos de La conjura de los necios. Lo grotesco, lo extraño y lo extravagante como parte fundamental de la gran tragicomedia de la vida. Desde la primera imagen, la de Mauricio Guardiola niño viendo a su padre follar con una de sus múltiples amantes, todo en la vida del Guardiola hijo girará en torno a círculos en los que no acaba de entrar.

Definición, cuanto menos, incompleta. Porque la novela habla también de diversas desubicaciones y búsquedas de una identidad y un sentido de pertenencia, de política, de ascenso social, de éxito y fracaso, etc, Y para ello es clave el personaje de Roberto, padre y antítesis de Mauricio. No es el único recurso a la contraposición del que se sirve Villoro: la doble vida de Roberto, la ubicación en los márgenes del barrio en que ambos residen, la ambigua sexualidad de Mauricio frente a lo "puro macho" de Roberto, el hermano "hiperactivo" frente al Mauricio contemplativo, la figura de la madre, etc. 

Todas estas figuras, además, dibujan un cuadro de la ciudad de México y de la sociedad mexicana de la época. Quizá aquí resida la principal "dificultad" para un lector no mexicano, en la incapacidad de aprehender las diversas referencias a la mexicanidad. Las líneas generales se captan (el machismo, la corrupción, el nepotismo, etc) pero me quedo con la sensación de que alguien más (dis)puesto en la materia le sacaría más jugo a la novela.

Un montón de libros de Juan Villoro en ULAD: AQUÍ

miércoles, 12 de junio de 2024

Gaito Gazdánov: El espectro de Aleksandr Wolf

Idioma original: Ruso
Título original: Призрак Александра Вольфа
Traducción (al catalán): María García Barris
Año de publicación: 1947-48, por entregas
Valoración: Entre recomendable y está bien

El espectro de Aleksandr Wolf es literatura de calidad. A fin de cuentas, hace gala de una premisa potente, cierta querencia simbólica, una prosa muy fina, un retrato psicológico sumamente complejo y una exploración temática de escala ambiciosa y alcance universal. Desgraciadamente, la novela del escritor ruso Gaito Gazdánov se desinfla en algunos apartados, cuya falta de redondez debilita al conjunto.

Pero no nos adelantemos y abordemos el argumento de El espectro de Aleksandr Wolf. La trama arranca con un hombre sorprendido por el cuento de una antología. En dicho cuento se relata con total exactitud, desde la perspectiva de la víctima, cómo él mismo disparó, siendo soldado, a un enemigo. Es en este momento que nuestro protagonista descubre que no asesinó al desconocido a quien abatió de joven en defensa propia e inicia una búsqueda para encontrarlo.

Aprovechando este acontecimiento como detonante, Gazdánov despliega no sólo una trama vagamente policial en la que un periodista intenta encontrar a un elusivo autor. También describe una relación amorosa entre el narrador y una misteriosa mujer rusa, o entrega las reflexiones existenciales en torno al destino y la culpa de alguien cuyo pasado lo ha convertido en una persona contradictoria e insatisfecha. 

A mi juicio, lo mejor de El espectro de Aleksandr Wolf es su elegante estilo, ágil y ameno a la par que concienzudo y denso. Asimismo, me ha impactado la profundidad de las ideas barajadas por Gazdánov, cuya intensidad y enfoque evocan a Fiódor Dostoievski.

El argumento es quizá el apartado más débil del conjunto. Porque si bien insisto en que la premisa de El espectro de Aleksandr Wolf es original y funciona a la perfección como detonante de una historia sugerente, la novela de Gazdánov se estira en exceso, pierde el norte durante varias páginas e introduce personajes (pienso en Pierrot, que no aparece hasta el clímax) de forma algo tramposa. Tampoco me convencen sus digresiones en torno al boxeo y el hampa, ambos elementos que, dada su modesta relevancia, no ameritan los párrafos que se invierten en ellos. Por último, señalaría que el trágico final de la obra resulta, creo yo, menos inesperado de lo que el escritor anticipó, amén de apresurado.

Resumiendo: aunque El espectro de Aleksandr Wolf es una obra imperfecta, rezuma calidad. Conviene leerla por la brillantez de su acabado, la solvencia de la caracterización de su protagonista y su capacidad para conmover y hacernos reflexionar.

martes, 11 de junio de 2024

Tamara Tenenbaum: Todas nuestras maldiciones se cumplieron


Idioma original:
español
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable

Espero, aunque la realidad se empeña en decepcionar de forma constante esa esperanza, que una de las enseñanzas que tengan clara las generaciones posteriores a la mía tenga que ver con la conveniencia de mantener las creencias religiosas (quien las tenga) dentro del ámbito de la privacidad y el desarrollo de la propia existencia. Porque, aún sabiendo de donde venimos, insistimos (peor aún, lo hacen muchos de nuestros gobernantes) en contaminar con el fanatismo religioso una parte demasiado relevante de nuestro devenir, de nuestras decisiones, quizás a algunos les resulte exagerada esta reflexión, pero basta ver cuáles han sido los conflictos más relevantes en los últimos cincuenta años para ver que el integrismo religioso es el germen tras ellos. 

Tamara Tenenbaum es una joven argentina cuyo padre falleció en al atentado que en 1994 Hezbollah, seguramente dirigida por el gobierno iraní, ejecutó contra la AMIA, una asociación de amistad argentino-israelí que fue objeto de un atentado en el que fue una de las ochenta y cinco víctimas mortales. Esa cuestión es un tema recurrente en el libro por cuanto se rememora esa ausencia e incluso hechos capitales son consecuencia de esa tragedia. La autora va a convertirse en propietaria de un apartamento para cuya adquisición fue importante el cobro de la indemnización por el atentado. Aunque no acabo de percibir que toda la novela tenga esa cuestión como foco central. 

De hecho, la narración pasaría por ser un texto directo, reflexivo, con un lenguaje exento de prejuicios y alejado del recato propio de pudor, sin reparos. Desde Cartarescu no recordaba un párrafo inicial mencionando a los piojos. El valor fundamental aquí es ese testimonio generacional, esa voluntad de ruptura ejercida sin rencor ni acritud, pero sin un ápice de arrepentimiento, sin intención alguna de excusarse por sus actos. Tampoco creo que haya que interpretar el texto en términos de reivindicación de género, y eso es algo muy apreciable, porque la clave de este libro, breve, sin una apertura y un colofón muy definidos, es su naturalidad, aunque a veces podamos pensar (ese título) que nos asomemos al precipicio, Tenenbaum siempre es clara y franca.


También de Tamara Tenenbaum en ULAD: El fin del amor

lunes, 10 de junio de 2024

Phillip Lopate: Segundo matrimonio

Idioma original: inglés

Título original: Eleanor, o The Second Marriage

Traducción: Miguel Temprano García

Año de publicación: 2008

Valoración: Decepcionante


Es inevitable, vuelvo otra vez a los títulos. Porque, siendo sincero, Segundo matrimonio suena como para salir corriendo y no parar, de rancio y aburrido. Pero bueno, también Bergman hizo alguna película bajo rótulos parecidos y no resultó del todo mal, que para eso era Bergman. En principio parece claro que Phillip Lopate va a explorar terrenos parecidos, así que, tratándose de un librito muy breve, tampoco vamos a perder mucho.

Efectivamente, tenemos a una pareja formada por Frank y Eleanor, que viven su segunda experiencia marital, no tengo claro si la segunda de los dos o solo de él. Tienen varios hijos ya algo creciditos y el aspecto de gente acomodada. Tras recibir la visita de uno de estos chicos, organizan una cena con amigos que tiene un carácter transgeneracional un poco sorprendente: no sé si en Estados Unidos es normal montar cenas de adultos a las que también acuden los hijos, pero me da que por aquí no es muy frecuente. El evento se resuelve con el diseño del menú (siempre responsabilidad de la mujer, hay que ver la sociedad norteamericana), las esperadas charlas insulsas, algún escarceo fugaz, y una sesión de cine que, precedida de comentarios algo pedantes, desemboca en una película de Chaplin (hum, hum). Un postre que se me antoja solo para cinéfilos o para gentes muy cultivadas. O así.

Pero lo realmente relevante, lo que forma el núcleo del relato es la pareja, el matrimonio en sí. El amor y el desamor, las infidelidades, la conexión, el respeto, la independencia, transigir y hasta dónde. Es decir, todo lo que conforma la convivencia y una relación que se prolonga en tiempo, que son cosas que, ya se sabe, no son fáciles. Uno se siente de determinada manera, otro no soporta algunas cosas, igual hay algunas que hay que aceptar y otras que no, la comunicación no siempre es como debería y a veces tampoco es bueno hablarlo todo, las percepciones cambian y los deseos dejan de ser compartidos, o tal vez no. Nada nuevo, porque ciertamente hay situaciones que son universales y lo han sido a lo largo de los siglos.

¿Cuál es el problema entonces? Pues que para llevar estos temas a un libro no basta con plantear escenarios que puedan tener algún interés, hay que llevar al papel algo diferente que haga de la lectura una experiencia que esté al menos algo por encima de la charla de café o el telefilm de sobremesa. Y es imposible negar que Segundo matrimonio naufraga en toda regla: no solo no aporta en absoluto nada nuevo, sino que es además un tostón cuya única virtud es su brevedad. Por el contexto podría ser una obra de teatro, eso sí, mortalmente aburrida y sin chispa, con personajes acartonados incapaces de suscitar interés o emoción, o podría ser una película moderadamente melodramática que acompañase una siesta involuntaria de sofá de fin de semana.

Irrelevante, somnífero y con un ligero tono pretencioso, toda una joya. No tengo la menor idea de por qué llegó esto a aparecer en mi lista de lecturas, pero desde luego créanme que he tenido ocurrencias bastante más atinadas.