sábado, 3 de octubre de 2026

Byung-Chul Han: Sin respeto

Idioma original: alemán
Título original: Ohne Respekt
Traducción: Guillem Gómez Sesé en catalán para Edicions62 y Lara Cortés Fernández en catellano para Ediciones Paidós
Año de publicación: 2026
Valoración: recomendable


Siempre es interesante reflexionar sobre la sociedad actual, y más especialmente ahora que parece que la mayoría de lo que interesa a la gente es ella misma. Y, claro, cuando nos volvemos egoístas y apartamos la mirada de lo que ocurre alrededor nuestro, perdemos empatía, perdemos comprensión, perdemos consideración y, en consecuencia, perdemos el respeto, especialmente hacia los demás, pero incluso también hacia uno mismo. Y eso es algo que el narcisismo y la competitividad en una sociedad altamente capitalista no tiene demasiado en cuenta ni es consciente de sus posibles consecuencias.

En este ensayo del que afirmaría sin tapujos que es el filósofo más mediático de la actualidad (sin ser algo peyorativo), Byung Chul-Han trata el tema del respeto y su necesidad como uno de los pilares fundamentales sobre los cuales edificar una sociedad (y una vida). Así, parafraseando a Rawls y su obra «Una teoría de la justicia» (1971), afirma que «quien no se respeta a sí mismo, no tiene autoestima o incluso llega a odiarse, acabará menospreciando también a los otros. El respeto por uno mismo y el respeto por los demás van de la mano»; un respecto que debe construirse desde y por uno mismo y, además, «debe cumplir dos condiciones. Requiere un “firme convencimiento sobre la concepción del bien que tenemos y que nuestro proyecto de vida merece la pena de realizarse”. Por otra parte, es necesario tener “confianza en la propia capacidad, en la medida que sea posible, de llevar a término los propios propósitos”». Así, el autor destaca el respeto como elemento fundamental de la integridad como personas y el propósito vital que anhelamos conseguir.

Pero, uno de los posibles mayores impedimentos con los que nos podemos encontrar es tener que lidiar con un ambiente inerte, un terreno casi hostil a los valores y a los ideales, pues el mundo que nos rodea intenta limitar nuestra autonomía como individuos; el autor, consciente de ello, reprende directamente al sistema neocapitalista que impera actualmente en gran parte del mundo por atentar a los principios que deberían regir una sociedad, ya que «la sociedad bien ordenada no es una sociedad del rendimiento, sino una sociedad del respeto». Esta aseveración confronta radicalmente el régimen neoliberal quien «aísla las personas y las convierte en combatientes individuales» de manera que «la ‘idea del bien’ que es la noción que rige la sociedad bien ordenada, recula delante del materialismo de la propiedad». Por este motivo, «en la sociedad del rendimiento, todos se enfrentan a todos, y eso sucede en todas las capas sociales. Ya no hay solidaridad, ni tan siquiera entre los perdedores». Esta situación es algo que el tecnocapitalismo ha alimentado, nutrido y aumentado a través de las redes tecnológicas en las que todos, en mayor o menor medida, hemos caído lamentablemente, pues «en las redes sociales, la lucha por el respeto se convierte en una lucha librada por la atención. Quien no consigue recibir feedback se siente insultado y humillado; la falta de reconocimiento online de vive como un rechazo y una exclusión social» y, con ello, aumenta nuestra distancia, pero también nuestros recelos ante nuestros semejantes.

A partir de esta introducción que permite anticipar lo que tratará en el libro, Byung-Chul Han perimetra e identifica los diferentes aspectos en los que el respeto (o la falta de) inciden en la sociedad. Así, nos habla de una atención hacia los demás en lucha (perdida) con el egocentrismo que aparta la mirada al entorno que nos rodea para dirigirla hacia el propio ombligo en busca de una identidad influenciable y frágil, infravalorando una alteridad que permitiría la contraposición de ideas o razonamientos se manera que lo que podrías ser un diálogo respetuoso acaba derivando en una confrontación entre semejantes en nuestras sociedades cada vez más polarizadas. 

En este interesante ensayo, el autor menciona profusamente la figura de Kant, bastión de la ética a través de su imperativo categórico y al que muchos situamos como ejemplo de los valores vitales y se fundamenta en su ideología para sustentar la defensa de unos principios que deberían regir la conducta de cada uno para fomentar el respeto a los demás, afianzar el respeto a uno mismo y no desviarse ante las tentaciones externas que intentan quebrantar la rectitud moral hacia intereses ajenos, especialmente en una sociedad sometida al dictado de las tecnológicas, pues «la denominación algoritmo, no es represora, sino adictiva y seductora (…) por este motivo, la dominación, algo rítmica es, a la vez, pérfida y poderosa, porque estimula en nosotros una ilusión de libertad». Así, tal y como afirma el autor, «el ser humano no puede ser utilizado únicamente como medio para nadie más —ni tan siquiera para él mismo—, sino que siempre tiene que representar una finalidad. Esto es lo que conforma su dignidad (…) El imperativo categórico permite actuar de manera que “la humanidad se considere, tanto en propia persona como en cualquier otro, siempre como a un fin y nunca como a un medio”». Por ello, Han se manifiesta contra el sistema económico actual, pues se rige por un imperativo capitalista que denigra las personas atribuyéndoles un valor de mercado hasta el punto de pasar de la autodeterminación a la autoexplotación donde todo tiene un precio y, con ello, se sacrifica la identidad monitorizándola. De esta manera, el respeto es el resultado de un logro, una consecución, un valor atribuible al rendimiento, no un valor per se inherente a toda persona.

Tal y como afirma el autor, «si el arte fuera un lugar donde lo sublime se pudiera refugiar, se convertiría en un antídoto contra la cultura del consumo, pero, en el orden horizontal, la presión espectacular para nivelarlo todo también mantiene el arte en captividad, convertido en un 'Arte del like', del me gusta». Qué duda cabe que aquí, si bien somos amigos (y agradecidos) de los elogios, no está en nuestra mente el escribir para conseguir aceptación, sino más bien el intento de contrastar opiniones.  Y este es un punto que también destaca el ensayo, pues «la práctica del diálogo implica estar dispuestos a revisar nuestra opinión o incluso adoptar la del otro, sin que esto suponga una amenaza para nuestra identidad. En un debate ideal se produce una división clara entre opinión e identidad». Para ello, es necesario un ejercicio honesto de humildad y estar dispuestos al contraste de opiniones (debidamente argumentado) pues anquilosarnos en una creencia nos ata a un inmovilismo ideológico que nos impide avanzar. De igual manera, debemos tener una mirada amplia al conocimiento y a la alteridad, separando lo que somos de lo que pensamos pues, si lo atamos como a un solo tótem, corremos el riesgo de sentirnos cuestionados o creernos interpelados a cambiar la manera de ser; eso es algo que deberíamos evitar, pues «si alguien vincula su identidad a una manera de pensar o convierte los aspectos fácticos en una cuestión de identidad, está incapacitado para el debate». Somos conscientes que «no siempre conseguimos que se mantengan separadas la opinión y la identidad, porque las opiniones a menudo se anclan en nuestra auto imagen, que muchas veces no se dejan cuestionar», pero debemos luchar contra ello si queremos desprendernos de antiguos pensamientos que lastran el avance y el progreso. 

Byung-Chul Han termina este interesante ensayo afirmando, acerca de la inteligencia artificial, que «como ha pasado a menudo, el ser humano se convierte en esclavo de sus propias creaciones». Quién sabe si, al final, nos pasamos gran parte de la infancia y la adolescencia intentando aumentar nuestras capacidades intelectuales cuando lo que realmente deberíamos hacer es desarrollar y afianzar nuestros valores.


viernes, 2 de octubre de 2026

Fernando Pessoa / Liliana Felipe: Tabaquería

 

Idioma original: Portugués

Título original: Tabacaria

Año de publicación: 1933 / 1997

Valoración: Imprescindible / Recomendable


El poeta portugués Fernando Pessoa jugaba con su identidad y publicaba sus obras bajo distintos nombres. El que puso detrás de Tabaquería fue Álvaro de Campos, pero el nombre que hay que mencionar en esta reseña es el de Liliana Felipe, artista argentina nacionalizada mexicana. Porque lo que aquí comentaremos es no sólo el célebre poema de Pessoa, sino también la adaptación que ésta hizo de él.

Para quienes no la conozcan, Liliana Felipe es todo un personaje, una mujer que lo mismo monta un cabaret que da una charla sobre derechos humanos. En sus apariciones públicas, igual que en las letras de sus canciones, se caracteriza por no tener pelos en la lengua, pudiendo parecer incluso algo grosera. Sin embargo, en su Tabaquería muestra una cara muy diferente, de gran sensibilidad y, por momentos, casi delicada.

Tabaquería es un poema de más de cien versos, de estilo libre y presentados en una estructura abierta y sin estrofas regulares. En él, como en un monólogo interior, su autor hace un repaso de sus frustraciones, reflexiona sobre su existencia, escribe sus pensamientos sin orden ni concierto. El tono es sombrío y melancólico, casi pesimista. Pero en esta espiral dramática, la realidad irrumpe a través de un sencillo gesto cotidiano, y con eso nuestro poeta recupera el temple, terminando la poesía con una sonrisa.

Los versos de Tabaquería ofrecen imágenes inolvidables:

El Destino, conduciendo el carro de Todo

por la carretera de Nada. 

Fui al campo con grandes propósitos

y solo encontré hierbas y árboles. 

Quizás sólo hayas vivido como una lagartija a la que cortan el rabo

y solo seas un rabo moviéndose más allá de la lagartija.

Liliana Felipe nos lleva por esos versos que fluyen a borbotones con su voz y su música, y lo hace mostrando mucha empatía con el atormentado autor del poema. Sintoniza con él e interpreta el sentimiento que le sobrecogiera en cada línea, le acompaña en sus vaivenes de autodestrucción esteticista y los va traduciendo a melodías y ritmos. 

El resultado es una montaña rusa de emociones. A veces intimista, a veces bombástico, escuchar este poema musicalizado es estar con Pessoa en la habitación donde escribía de madrugada para paliar su angustia existencial, es embriagarse de su profunda saudade y sus efímeros momentos de alegría simple e inútil. Es dejarse caer en sus abismos… para finalmente levantarse y asomarse a la ventana con él y congraciarse con la vida.

Tabaquería es un poema imprescindible; la adaptación que hace de él Liliana Felipe es atrevida, original, sorprendente, sin duda recomendable.  


Otras reseñas de obras de Fernando Pessoa y sus heterónimos en ULAD: Libro del desasosiego, Quaresma, descifrador, El banquero anarquista

jueves, 1 de octubre de 2026

Guido Piccoli y Giuseppe Palumbo: Escobar. El Patrón

Idioma original: Italiano 
Título original: Escobar. El Patrón
Año de publicación: 2016 (2026 en España)
Traducción: Sandra Caula
Valoración: Recomendable

Escobar. El Patrón es la reconstrucción de los últimos tres años de una figura tan compleja, excesiva y contradictoria como la de Pablo Escobar Gaviria. ¿Otra obra sobre Escobar? Sí, esta vez en formato comic. Y no digo que en el momento de su publicación original no tuviera algo de oportunismo, pero han pasado más de diez años del estreno de la serie y ese componente o factor podemos dejarlo de lado. Además, a diferencia de lo que ocurría en la serie, el centro de la narración lo ocupa el propio Escobar, apareciendo el resto (o la mayoría) de personajes secundarios como "secuaces", militares, agentes de la DEA o jueces apenas perfilados.

El texto arranca con un flasback: en el momento en que Escobar es asesinado / ejecutado extrajudicialmente / muerto, recuerda su entrega a las autoridades colombianas en 1991 y ese será el punto de partida de una narración lineal que recreará los días de "vino y rosas" en la prisión (es un decir) de Envigado, los problemas con sus socios, las presiones de la prensa y de los estadounidenses, la fuga, etc. De ahí que la narración sea, a nivel argumental, sencilla de seguir. De todas formas, una voz externa en tercer persona contextualizará alguna de las escenas en las que el lector puede estar algo más perdido.

Siguiendo con el lado argumental, la narración avanza en dos planos: el "colombiano" y el "estadounidense". El lado colombiano, en su parte inicial, puede ser leído como una tragicomedia, si bien, a medida que avanza el texto y el cerco se estrecha, se convierte en una novela más policíaca. Por su parte, el lado estadounidense tiene algo de thriller político y, en este sentido, me da un poco de rabia que no se haya ahondado en esa vía.

En el apartado gráfico, es de apreciar la diferenciación entre las escenas de "menos acción" y de "acción". Mientras que en aquellas predominan los tonos ocres y los fondos difuminados para poner el foco en los protagonistas, en estas ganan importancia y nitidez los fondos, que se oscurecen y adensan con el fin de ofrecer una panorámica más completa del terror y del clima de violencia en el país.

Por lo tanto, y resumiendo, creo que Escobar. El Patrón es más acertada en el plano gráfico que en el argumental. Ahora bien, pese a cierto exceso melodramático y al desaprovechamiento de algunas de las vías que se abren en el texto, ese intento por ampliar el foco, el alejamiento de los clichés, el esfuerzo en las voces y su amenidad y sencillez hacen de él un libro perfectamente disfrutable. 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Akwaeke Emezi: La muerte de Vivek Oji

Idioma original: inglés

Título original: The death of Vivek Oji

Años de publicación: 2020

Traducción: Arrate Hidalgo

Valoración: recomendable

A pesar de que tengo que reconocer que no encontré nada realmente original, novedoso o deslumbrante en esta novela, el contexto de la autora y el del lector (o sea, yo) crean una interacción que me parece necesario destacar.

Demos un paso atrás. Esta es la historia de una persona que no logra encontrar su lugar en el mundo, ni qué decir en su pequeña ciudad en pleno desarrollo. Una historia contada muchas veces y de muchas maneras. Un joven que es despojado violentamente de la inocencia de la infancia e introducido al mundo adulto completamente vulnerable. Sí, ¿acaso no todos somos vulnerables a los infortunios de esta vida? Pero parece que algunos tienen peor suerte. En el caso de Vivek, esa vulnerabilidad lo conduce poco a poco hacia su inevitable muerte.

La corta vida de Vivek Oji se desarrolla en una comunidad característica de muchos territorios marcados por el colonialismo. Los habitantes se ven obligados a vivir en un futuro que ellos no construyeron y que tienen que entender al vuelo, sin más equipaje que sus tradiciones, sus creencias y su instinto de supervivencia. La religión importada convive con las creencias locales; las expectativas familiares, con nuevas formas de entender al individuo; el deber hacia la comunidad, con el deseo de vivir una vida propia.

Nigeria, un país que logró independizarse de los fish and chips apenas en 1960, atravesó pocos años después una devastadora guerra civil, seguida de golpes de Estado, largos periodos de gobiernos militares y, finalmente, el establecimiento de la actual república democrática (por cierto, de menor edad que la joven autora). Ese es, a grandes rasgos, el país en el que le tocó vivir (y morir) a Vivek Oji.

Para no arruinar el argumento de la novela, no daré más detalles sobre su muerte. No es que esto sea un thriller (desde el título sabemos perfectamente que el pobre Vivek no llegará muy lejos), pero uno de los puntos fuertes del libro es precisamente la manera en que el personaje se va revelando ante nosotros.

Volviendo a mi introducción: como ya dije, aunque no encontré nada especialmente novedoso en el argumento, me parece de suma importancia el diálogo que se produce cuando nos adentramos en culturas y tradiciones distintas de las nuestras. Emezi escribe desde Nigeria y desde una experiencia cultural que, en muchos aspectos, me resulta ajena. No necesito conocer de primera mano las costumbres igbo, ni haber crecido en la Nigeria de finales del siglo XX, para reconocer el miedo a decepcionar a la familia, el deseo de ser aceptado o la angustia de descubrir que aquello que uno es no coincide necesariamente con aquello que los demás esperan que sea. Lo particular está en dónde ocurren, quién las cuenta y desde qué lugar las escuchamos. Pude mirar un problema conocido desde un lugar que no era el mío.

martes, 29 de septiembre de 2026

Zoom: Auge. Género, juventud y extrema derecha de Alicia Valdés

 Idioma: español

Año de publicación: 2026

Valoración: está bastantante bien (sobre todo para interesados/as en el tema)

Ha comenzado un nuevo curso escolar y, al menos en España, muchos y muchas docentes, y no pocos progenitores (bueno, de éstos quizá no tantos) comprueban con preocupación cómo, un año más, parece aumentar la popularidad de las ideas de extrema derecha entre el alumnado, especialmente en el sector masculino del mismo, incluso a edades muy tempranas... Los querubines que en Primaria sólo se preocupaban de jugar al fútbol y cazar pokémons (no estoy seguro de que esta actividad se siga haciendo, pero ya me entendéis) al llegar a la Educación Secundaria semejan gremlins que han comido después de medianoche y se declaran franquistas, cuando no filonazis, racistas, machistas, homófobos y aporófobos (porque todos creen que se van a hacer ricos como influencers, minando criptomonedas o montando una estafa piramidal como el tal Lla...

-¡Bueno, ya está bien, que siempre estás igual! Deja de meterte con las ideas que no te gustan, que todas merecen un respeto y...

-No, no lo merecen. Sigo: La tendencia parece evidente e imparable, pero la politóloga Alicia Valdés se ha preguntado si realmente esto es así o nos estaremos dejando engañar por ideas preconcebidas y, sobre todo, por los contenidos que a los medios de comunicación les vienen bien para generar visitas. En este pequeño ensayo (de ahí que lo haya etiquetado como Zoom), la autora explora, en primer lugar, las fuentes de esa idea tan extendida, ya casi tópica, de que el auge actual de la extrema derecha se debe al apoyo de los adolescentes y hombres jóvenes. Asismismo, la idea, no menos extendida, de que esa querencia por las ideas ultras se debe a una reacción ante los "excesos" del feminismo -idea que se extendió hasta convertirse en un lugar común , por lo visto a raiz de un artículo de John Burn-Murdoch publicado en el Financial Times-; Valdés dedica buena parte de las 50 páginas que, una vez eliminados índices, notas, agradecimientos y morralla editorial, componen este pequeño ensayo a desmentir ambas ideas: ni todos los chicos jóvenes son filofascistas  -descarta, además, que la Z o como se diga sea "la generación más machista de la Historia"-, ni el feminismo tiene la culpa de que algunos lo sean. La culpa, por si alguien se la pregunta, es, por supuesto del capitalismo, o, mejor dicho, de la crisis del mismo, que ha propiciado una segmentación de la sociedad en grupos identitarios para hacer más eficaz aún la explotación de los individuos. Entre estos grupos, especialmente agraviados por la pérdida -aunque sea un sentimiento basado más en su percepción que en la realidad- encontramos a los hombres jóvenes, que aspiran al ideal de ser "hombres PPP" (es decir, Proveedores, Protectores y Procreadores) como lo fueron, supuestamente, sus ancestros. Pero ahora, las malvadas feminazis, los inmigrantes y la ideología woke se lo impiden a los pobriños... Esto es lo que creen ellos, no Alicia Valdés, claro. Aunque lo que sí piensa ella, es que "los partidos políticos de izquierda también son responsables del auge de la extrema derecha"... Vaya, esto es una novedad: echar la culpa a la izquierda de lo que hace la (ultra)derecha. Nunca habia oído algo semejante... Claro, que la idea se vuelve un poco (más) bochornosa cuando pone como ejemplos declaraciones y actitudes... del PSOE. No hay más preguntas, Señoría...

Ahora bien, tampoco quiero dejar la impresión de que este librito no me ha gustado, ni mucho menos. Entre los aspectos positivos que le encuentro están:

  • La honestidad intelectual de no quedarse sólo con las ideas más extendidas (y por tanto más cómodas, incluso entre el pensamiento menos mainstream), tratando de encontrar la raíz o la verdadera naturaleza del asunto. 
  • La exposición bien razonada de los argumentos de su autora (se esté o no de acuerdo con ellos), muchas veces apoyada en referencias bibliográficas de , en principio, sufidiente solvencia).
  • La aportación de soluciones a este problema (para mí lo es). Por ejemplo: "la generación de espacios donde (los jóvenes) se sientan cómodos para construir una masculinidad alternativa y deseable"; "cargarse la racionalidad capitalista" como sistema necropolítico. Y, sobre todo, la vuelta a lo comunitario.
Como aspectos que me han gustado menos, señalaría:
  • La falta de un análisis más completo, sobre todo histórico, o al menos a mí me hubiera gustado algo más de complejidad. Entiendo que en un espacio tan breve es complicado llevarlo a cabo, pero quizás se podrían haber resumido algunas ideas en las que la autora insiste una y otra vez, como la exculpación del feminismo como causa del auge de las ideas extremistas de dere has.
  • Un cierto adanismo, en el sentido que se diría que la generación joven actual son víctimas de una crisis del sistema capitalista, de valores, inmobiliaria etc. única o, en cualquier caso, más grave que  las que afectaron a generaciones anteriores, quienes, obviamente, somos los culpables de lo sucedido. 
  • El uso, tal vez algo excesivo, de un léxico y expresiones propias del periodismo, sociología, activismo, etc. de la izquierda española actual (para entendernos: el lenguaje post 15-M con el que estará familiarizado todo lector o lectora de eldiario.es, ctxt.es o elsaltodiario.com); es decir, mucha "interseccionalidad", "Sistema Mundo", "modelos de masculinidad", "identidad disidente", "espacios LGTBIQA+", "performativo", "machosfera" o "manocultura", "justicia interespecies", etc."; más el recurso frecuente, que yo creo que responde a una moda más general, a usar el adjetivo "ontológico" lo mismo para un roto que para un descosido. Entiéndaseme: no es que me moleste la utilización de esa jerga "rabiosamente actual", pero, en mi opinión, el efecto conseguido es, paradójicamente, que todo suene ya un poco viejuno (o lo sonará en breve), como cuando leemos un ensayo de hace cincuenta años que utilizaba toda la panoplia del léxico derivado del marxismo (lo que sí que me ha rayado un poco, lo reconozco, es el reiterado empleo del término "afectos" para referirse a "sentimientos"... Por ejemplo, en esta, por lo demás acertada frase que define el marco en el que se mueven las ideas de extrema derecha: "(...) un mundo dominado por el odio, el individualismo y las pautas de consumo o por visiones politicas que se aprovechan de afectos como el miedo, el resentimiento y la ira".
En suma y para ir acabando, que se hace tarde: Auge, etc. es un pequeño ensayo que plantea tanto una problemática como un diagnosis de la misma, e incluso propone unas soluciones a la emergencia entre la juventud de las ideas extremistas de derechas, neofascistas, franquistas o trumpistas, como queráis definirlas (ya sé que a alguno de nuestros lectores le parecerán razonables, mesuradas y llenas de "sentido común"). En fin, ya veremos, cuando haya elecciones en España y otros países del entorno, si el león es tan fiero como lo pintan. O la hiena, más bien, que al león se le supone un aura de nobleza...

lunes, 28 de septiembre de 2026

Javier Moreno: La belleza del accidente

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2026

Valoración: Interesante (pero con muchos reparos)


Si viene a nuestra memoria aquello de 'los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa', recordaremos que don Antonio Machado, en aquel Juan de Mairena que tuve la temeridad de criticar negativamente, recomendaba la sencillez para conseguir un lenguaje realmente poético. Seguramente Javier Moreno conoce este episodio, y aunque no parece probable que su intención fuese conseguir precisamente un lenguaje poético, sí lo es que pretende demostrar su erudición, no sé si para impresionar a sus lectores o a su editor, quizá a ambos. El caso es que el autor, conscientemente o no, hace todo lo posible para eludir la máxima de Machado, y su forma de expresarse resulta así, en demasiadas ocasiones, pomposa, pedante y casi siempre anhelante del sinónimo más oscuro para obligar al lector a agarrar el diccionario en busca de definiciones. El Quevedo de La culta latiniparla tendría también mucho que decir en este asunto.

He de reconocer que he visto casos peores, algunos de los cuales hemos reseñado aquí no hace demasiado tiempo. Cultismos innecesarios, latinajos y rebuscados recursos a la etimología griega, y múltiples citas que se manejan como argumentos de autoridad, son elementos omnipresentes en muchas páginas, que solo contribuyen a emborronar las tesis que se exponen. Si hablamos de citas, Moreno haría bien en seguir el ejemplo de ese peculiar filósofo serbio cuyos fragmentos se multiplican sin freno (a veces hasta dos o tres páginas completas) durante buena parte del libro hasta desaparecer de forma completa y abrupta: los textos de Radonic muestran el camino adecuado para expresar las ideas con claridad y sin ornamentos. 

Habiendo dejado constancia de lo que me parece un lastre fundamental, también debo decir con sinceridad que el libro contiene reflexiones interesantes. Moreno ejerce un tanto de polímata, tocando casi todos los vértices del conocimiento (filosofía, psicología, matemáticas, arte, tecnología, física, mitología…), y de toda esa proliferación, seguramente excesiva, se pueden extraer algunas ideas de cierta importancia. La más significativa, y que como tal luce en el sugerente título, es la puesta en valor del azar, lo contingente que necesariamente acompaña al ser humano y que, queramos o no, define muchas veces nuestras vidas. El mundo actual, que quiere ser gobernado por la tecnología, intenta eliminar lo erróneo y lo fortuito, y esa obsesión por el control se lleva también por delante espacios de creatividad y los necesarios márgenes para que la duda y la incertidumbre actúen como palanca de nuevas ideas, en definitiva el progreso.

Este planteamiento se desborda, y a veces se difumina, en múltiples perspectivas, que con frecuencia tienen que ver, entre otras cosas, con la fe ciega en el progreso tecnológico (otra vez la IA, ya lo siento), e incluso con una reacción que desde ciertos sectores se dirige a la recuperación de las esencias, una especie de nuevo romanticismo que, en lo político, se traduciría en el crecimiento de los integrismos y el retorno a las tradiciones (ultraderecha).

Cuestiones de fondo bien trabadas y que escapan de los análisis simplistas que ofrecen buen número de ensayos que encontramos aquí y allá. Se agradece en definitiva un nivel intelectual apreciable y la capacidad para elaborar y manejar conceptos abstractos sin despegarse del mundo real, lo que hace que el libro presente un interés apreciable. Lástima entonces que el autor no haya sido capaz de evitar los reiterados raptos de erudición y tentaciones de creatividad que habrían tenido mejor acomodo en textos de otra índole: hacen oscuro lo que de interesante tiene el libro y hasta puede provocar la huida del lector. En mi caso faltó poco para conseguirlo. 


domingo, 27 de septiembre de 2026

Kevin Powers: Los pájaros amarillos


Idioma original:
inglés

Título original: The Yellow Birds

Año de publicación: 2012

Traducción: Jesús Gómez

Valoración: recomendable

Quizás estemos llegando a cierto momento en que el género bélico resurja de alguna manera, aunque sea para mostrar cierta permeabilidad en sociedades, en momentos en que las actitudes que implican cierta violencia han dejado de ser patentemente reprobables y empezamos a otorgarles cierta justificación, algo que quizás no sea un abierto beneplácito, ya se verá, pero que ya no es un rechazo abierto. No puedo evitar referirme al obvio auge de las escuelas de boxeo, a la omnipresencia de la UFC, a una serie de detalles que nos revelan cierta inflexión en una tendencia de décadas. Lo cierto es que la sangre en un ring es algo a lo que empezamos a acostumbrarnos, de nuevo.

¿Es que esto debería asustarnos? Bueno, es una reflexión necesaria, pero lo que está claro es que, por una serie de factores, la plasmación gráfica de la violencia o su descripción, como la que contienen las páginas de Los pájaros amarillos, ya no escandaliza, ya ni siquiera parece que pueda parecernos ofensiva, por cuanto ese es un entorno que empieza a ser habitual. Ésta es una novela bélica, la historia del soldado Bartle, veintiún años y en acción en Irak en 2004, precipitadamente alistado y enviado a misiones acompañado de Murph, este de dieciocho, que queda a su cargo de cierto simbólico modo, pues ambos proceden de Virginia. La novela se situa en tres escenarios en que los capítulos van saltando: los poblados que se convierten en zonas de combate, Virginia, una vez Bartle regresa tras el incidente que marca la narración, y la fugaz presencia de una zona de tránsito en Alemania que sirve de escala para su regreso. 

Se me hace difícil considerar esta novela como un abierto alegato antibelicista, no lo es al uso de alguna otra novela aunque tampoco es exactamente una novela de acción. El componente psicológico es importante, por cuanto Bartle (que parece un alter ego de su autor, que también combatió) carga con la narración y su tono es más apático y resignado que inflamado y emocional. Quizás un adecuado reflejo de lo que representa afrontar esas situaciones a esa edad. Cierto es que el conflicto ha sido abordado ya desde ciertas perspectivas más o menos críticas - la excelente serie Generation Kill - o incluso con tonos más periodísticos como en cierta brillante novela de Álvaro Colomer, pero sorprende el tono casi monocorde de la narración de Bartle, supongo tomado de forma consciente, y que no deberíamos interpretar como una banalización, más bien como una abnegada asunción de que ciertas decisiones no tienen camino de vuelta.