miércoles, 5 de agosto de 2026

Jakob Wassermann: Golowin

Idioma original: alemán
Título original: Golowin
Traducción: Miriam Dauster en castellano para Navona
Año de publicación: 1920
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


En ese inacabable (aunque placentero propósito) de ponerse al día con los clásicos, en esta ocasión le toca el turno a Jakob Wassermann, autor alemán de finales del siglo XIX, idealista comprometido con la idea de la justicia y al que en ocasiones se compara con Dostoyevski.

En esta breve novela, el autor centra el relato en su protagonista principal, María von Krüdener, una dama de alta sociedad que, después de no tener noticias de su marido después de cinco meses de su partida, decide viajar desde Tula a Cáucaso con sus cuatro hijos y una sirvienta con el propósito de llegar a Kislawodks donde espera encontrar noticias de su marido Alexander que había huido a Persia tras estallar la Revolución Rusa; un personaje firme y noble, alguien que «cuando él alzaba un puñado de tierra sopesaba y examinaba todo su país bajo el cielo y con su gente encima (…) que cuando se disponía a hablar con sus campesinos para dictar justicia lo hacía desde la máxima responsabilidad, como si su sentencia fuera a quedar grabada para toda la eternidad».

Resumido de esta manera el argumento de la novela, bastan unas pocas páginas para evidenciar en el estilo del autor los aires de la literatura clásica a través de su ritmo, el ambiente aristocrático en el que se desenvuelve la obra, la marcada diferencia de clases entre los personajes y la manera de dirigirse unos a otros; detalles que uno puede encontrar en otros grandes autores como Zweig o Schnitzler. Así, el entorno en el que se desarrolla la novela forma parte y constituye un personaje más, siendo un elemento crucial para entender comportamientos y reacciones sin ser en ningún caso forzado, superfluo o innecesario. 

De esta manera, la novela narra las vicisitudes de María en su viaje al encuentro de su marido, una travesía que la lleva a albergarse de manera temporal en un hotel donde se encuentra y coincide con gente de diferentes clases sociales e intenciones (especuladores, ladrones, estafadores o burgueses) que se hospedan en esa morada al aguardo de acontecimientos y de un desenlace que les permita volver a su hogar en una larga e incómoda espera que viven de desigual manera: los hay temerosos, otros nerviosos, pero también los que matan el tiempo a base de fiestas y excesos. Una casa llena de «hombres y mujeres a los que se les había robado su patria» y que alberga el trajín de las idas y venidas de mensajeros, de soldados corriendo junto a las ventanas con los ecos de la guerra resonando, la incertidumbre, la soledad, pero a su vez la compañía de semejantes. 

El estilo de Wassermann destaca por el aplomo de su prosa, su robustez, el aura de serenidad a la hora de exponer sus pensamientos, algo que se evidencia en el gran personaje que construye en María y las conversaciones que tiene con una princesa en torno a la vida, el amor, las debilidades y los sacrificios, así como con la aparición de Golowin, otro personaje singular y altamente cautivador que la enfrenta a dilemas y contradicciones. Así, sin dictar sentencia pero sin titubear, la contundencia con la que Wassermann exhibe sus creencias y valores es de lo más destacable de un libro que establece en esos principios los pilares sobre los que sustentar esta obra. Por ello, más que el argumento, pesa la calidez y la firmeza de los valores y la ubicua presencia de María que se torna en unos de esos personajes carismáticos que inundan todo el relato. Una figura omnipresente y primordial de la que se impregna no únicamente en el lector sino los propios personajes que se encuentran y conversan con ella, como cuando uno, dirigiéndose a ella, le dice «¿qué clase de fuerza alberga usted? ¿Y de dónde procede? (…) ¿qué clase de mujer es usted? ¿Qué es lo que la hace tan especial?». Esa misma sensación es la que llega al lector, una protagonista majestuosa e imponente, con una fuerza interior que la ensalza y la engrandece.

En esta escala de valores que transmite Wassermann a través de sus personajes, el mensaje que deja la novela es contundente y una declaración de valores mantenidos por encima de todo, porque es «mejor sucumbir los dos juntos y de forma honesta, que una muerte lenta durante treinta años de malentendidos y heridas silenciadas». Así, con la sinceridad y la honestidad por encima de todo, esta novela se lee con gran interés por la fuerza de lo que emana, así como por el impecable retrato de sus personajes principales, cuya presencia permanece tiempo después de haber finalizado la lectura.

También de Jakob Wassermann en ULAD: El caso Maurizius, Caspar Hauser

martes, 4 de agosto de 2026

Israel Yehoshua Singer: Yoshe Kalb, el pecador

Idioma original: Yiddish
Título original: Yoshe Kalb
Año de publicación: 1932
Traducción: Rhoda Henelde y Jacob Abecasis
Valoración: Muy recomendable alto

¡Qué magnífica novela y qué desapercibida ha pasado, tanto para la crítica literaria profesional como para la amateur! Claro que el bueno de Israel, allá donde esté, debe estar ya acostumbrado a eso del ostracismo y a "vivir" a la sombra de su hermano Isaac Bashevis Singer, Nobel de Literatura, e incluso de su hermana Esther Kreitman Singer. Pero dejemos a un lado las odiosas comparaciones y hablemos del libro.

Ambientada en las comunidades jasídicas de la Galitzia austrohúngara y la Polonia rusa de fines del XIX, y estructurada en tres libros, Yoshe Kalb, el pecador es una novela sobre el pecado y la culpa y sobre cómo la intolerancia y el fanatismo son capaces de destruir al individuo.

Singer, nacido en 1893 en Bilgoraj (Polonia "austríaca"), y su familia pertenecían a una de esas comunidades. Por tanto, es evidente que el texto tiene algo de "ajuste de cuentas" con el pasado ya que este mundo aparece retratado como un mundo asfixiante e inclemente para con el diferente, un mundo en el que la contradicción entre teoría y praxis pone al descubierto las más bajas pasiones humanas.

Por otro lado, pese a esa crítica evidente, se observa en la novela que Singer mantiene una actitud respetuosa hacia la cultura hebraica, las creencias, costumbres y ritos de la comunidad. Esto se puede comprobar la descripción de ritos, ambientes y tradiciones. Mención de honor en este sentido al estupendo inicio del capítulo 11, en el que se muestra en todo su esplendor un territorio multiétnico y multicultural.

Otros aspectos dignos de mención en la novela, además de los ya citados, son:

  • La presentación de personajes, situaciones y relaciones de los primeros capítulos. Singer se toma su tiempo en construirlos, pero no deja cabos sueltos, tramas sin cerrar o personajes sin su papel en ellas.
  • La evolución del personaje de Najum / Yoshe Kalb, hombre santo o místico que verá cómo su vida cambia tras un matrimonio "arreglado" y un encuentro casual.
  • Su lectura política (ojo que la novela fue escrita en 1932, año en que los nazis ganaron las elecciones al Parlamento y en pleno estalinismo). Creo que son datos para nada casuales.
  • Su universalidad y vigencia. ¿Una novela sobre un comunidad jasídica en el ultimo rincón de Europa puede ser universal y estar vigente casi 100 años después? Obviamente. Aquello de pintar tu aldea para pintar el mundo, ¿no?
En resumen, una novela realmente estupenda de un autor que en la actualidad forma parte del catálogo de Xordica y de Acantilado, dos editoriales a las que hay que agradecer la recuperación de todos estos autores en yiddish, testigos y narradores de un mundo y una Europa desaparecidos. 

lunes, 3 de agosto de 2026

Marina Tena Tena: Una casa sobre tus huesos

Idioma original: Español
Año de publicación: 2023
Valoración: Se deja leer < Está bien

Una casa sobre tus huesos, de Marina Tena Tena, ganó el I Premio Lestat organizado por la editorial Dimensiones Ocultas. Es una novela corta de terror que, a la manera de Angela Carter, adapta el cuento gótico de Barbazul. La protagoniza una niña perversa que recuerda vagamente a la Merricat Blackwood de Shirley Jackson. 

Si bien empieza fuerte y tiene intuiciones narrativas reivindicables (por ejemplo, su atmósfera o su leimotiv de las mentiras), se dilata en exceso, la adorna un toque poético no siempre bien integrado, entrega respuestas algo anticlimáticas y queda a la sombra de la literatura a la que homenajea. 

Narra la historia de Marga, una huérfana de madre que vive aislada del mundo con su padre en una casa protegida por altos muros de piedra y rodeada por un frondoso bosque. Marga tiene dos cosas terminantemente prohibidas: traspasar los muros que envuelven su casa y entrar en la habitación roja.

Ya he dicho que Una casa sobre tus huesos tiene varias virtudes: su inicio es muy potente, su atmósfera está bastante lograda y su prosa exhibe destellos líricos. A eso hay que añadir que tiene un par de escenas genuinamente impactantes. No obstante, creo que la novela desperdicia algunas de sus ideas, se antoja reiterativa a partir de su segunda mitad y se cierra sin mucha fuerza.

Sea como fuere, pese a sus defectillos y limitaciones resulta, gracias a su brevedad y modestas pretensiones, una lectura entretenida. Yo personalmente le seguiré la pista a su autora, muy prolífica pese a su juventud, cuyas premisas suelen por lo general llamarme la atención.

domingo, 2 de agosto de 2026

Philip Kerr: Trilogía berlinesa

Idioma original: inglés

Título original: Berlin Noir

Años de publicación: Violetas de marzo1989; Pálido criminal, 1990; Réquiem alemán, 1991

Traducción: Isabel Merino

Valoración: muy recomendable

Hace ya unos cuántos años (cómo pasa el tiempo...) reseñé en este blog incomparable Praga mortal, una novela de la serie del detective alemán Bernie Gunther, escrita por el malogrado autor escocés Philip Kerr. No obstante, me quedó clavada la espinita de no haber empezado por reseñar la primera de la serie, y ni siquera alguna de las primeras, de la trilogía conocida como Berlín noir o Trilogía berlinesa  pero hete aquí que llegó a mis manos, de forma un tanto azarosa, un volumen que reúne estas tres primeras novelas de Gunther, escritas en las últimas décadas del siglo pasado  y me pareció una buena oportunidad para su relectura y reseña. Hay que explicar, de todos modos, que unos años después, en 2006, Kerr retomó la serie hasta completar el número de catorce novelas, ambientadas tanto en la época de dominio nazi como en la pre- y post-, es decir, entre los años 20 y finales de los 50 del siglo XX. No necesariamente en orden cronológico y tampoco se desarrollan todas en Berlín, sino que el bueno de Bernie -es un decir- se mueve también por otras ciudades del ámbito germánico, como Múnich, Viena o, ya lo he mencionado, Praga, como en territorios más lejanos: Grecia, Cuba o Argentina.

En ese ambiente turbio, por no decir otra cosa, que caracteriza a la época del nazismo (ya sé que muchos lo echan de menos, hoy en día), se desenvuelve, pues, el duro Bernie Gunther, ex-policía berlinés que une al cinismo y desencanto típicos (y tópicos) de los detectives privados del hardboiled americano, el sarcasmo y la rapidez mental que se dicen propios de los nativos de la capital alemana. Claro que ya se sabe que ese cinismo sarcástico suele ser una coraza defensiva para proteger un corazoncito de lo más sentimental (otro tópico) y lo mismo ocurre en el caso de Gunther; puede que se trate de un tipo duro y que trabaje en ocasiones para los jerarcas nazis -lo que no significa que le gusten... más bien, todo lo contrario-, pero en el fondo no deja de ser un buen tío que, en ocasiones, se arriesga por hacer lo correcto o, al menos, no convertirse en un canalla... no del todo.

Estas novelas, si bien se trata, ante todo, de narraciones propias del género negro, también resultan interesantes, sin duda, por su ambientación y cuidado detallismo histórico. Así, el título de la primera de las que componen esta trilogía, Violetas de marzo, hace referencia a los alemanes que se apuntaron al NSDP tras el triunfo de este partido, llamados así por los nazis "pata negra" (quiero decir, "para aria") que habían estado junto a Hitler desde el primer momento. La acción  tiene lugar en 1936, cuando el régimen aún está afianzándose en el poder, aunque ya está más que claro el rumbo criminal que va a tomar, pero trata de darle al mundo una imagen "presentable" por medio de los JJ.OO. de ese año. En ese ambiente aún algo ambiguo, Bernie Gunther, especializado en la búsqueda de personas, es contratado por el industrial del acero Hermann Six para investigar la desaparición y posible asesinato de su hija y su yerno, así como para localizar un collar de diamantes robado. En su pesquisa Günther se verá mezclado con ciertos asuntos de la oligarquía nazi y deberá moverse tanto entre esas espinosas compañías como en el ambiente del crimen organizado berlinés o el campo de concentración de Dachau. Como ocurre con otras novelas de la serie (al menos las que yo he leído), encontramos descripciones pormenorizadas tanto de escenas de carácter sexual como de momentos de violencia extrema, aunque, en buena medida, lo que prevalece en la narración, como digo, es la cuidada recreación de aquella época y lugar, tan determinantes en la Historia contemporánea de Europa y del mundo.

En la segunda novela, Pálido criminal, ambientada dos años más tarde, Bernie Günther es requerido por el ínclito Reinhard Heydrich, jefe del SD -que ya aparece en la primera y, sobre todo, será un personaje central en Praga mortal- para descubrir a un asesino en serie que está matando mujeres en Berlín, puesto que Gunther ya resolvió un caso similar en sus tiempos de policía. Para ello, deberá reintegrarse en la Kripo o Policía criminal y trabajar con su  antiguo compañero y ahora bien situado en el escalafón nazi, Arthur Nebe (éste también es un personaje real). La idea, en principio y aunque parezca contradictoria, es tratar de evitar las represalias, inoportunas en ese momento, contra los judíos, a quienes se echa la culpa de los crímenes, pero la cosa se enredará cuando Gunther comience a encontrar la implicación de dirigentes de las SS, sección Cuarto Milenio... quiero decir los más aficionados al esoterismo -para lo que deberá incluso visitar el célebre castillo de Wewelsburg, donde se juntaban para sus francachelas ocultistas-; dicho de otra forma, se verá metido en medio de una lucha por el poder dentro de la elite del III Reich.

La tercera de las novelas, Réquiem alemán, quizá la menos compacta narrativamente, a priori, de las tres, se sitúa en 1947, en plena y dura posguerra, primero en el Berlín ocupado por las cuatro potencias vencedoras, Un Bernie infelizmente casado se ve obligado a buscarse la vida tras pasar una temporada en un campo de prisioneros soviético, hasta que recibe el encargo, precisamente de un coronel soviético de MVD (anterior NKVD), de ayudar a exonerar a Emil Becker, antiguo compañero suyo en la policía, estraperlista y acusado de haber matado a un oficial estadounidense en Viena. Bernie se desplaza hasta la bella capital austríaca (sí, lo sé, la trama recuerda a cierta famosa película y subsiguiente novela, a la que, de hecho, hay una referencia en esta otra) para verse envuelto en una trama de espionaje, dentro de los primeros capítulos de la Guerra Fría y la caza de criminales de guerra como el jefe de la Gestapo Heinrich Müller. Es una novela, como he querido decir antes, menos absorbente que las otras dos, o quizás sería mejor decir menos atrayente, por más compleja o más inasible, dada la naturaleza de su argumento.

Como sea, en conjunto estas novelas, así como las que escribió Kerr posteriormente, son una muestra excelente del noir contemporáneo más duro, que lo mismo pueden agradar a los y las lectoras de este género como del histórico. Además, se puede decir que han creado casi un subgénero o al menos escuela: el de las narraciones policíaco-detectivescas durante la II Guerra Mundial en las que el investigador pertenece al bando perdedor (perdedor... de momento, porque cualquier día nos reescriben la Historia desde el poder "nostálgico" que parece en alza en este siglo XXI), como es el caso de las escritas por la italiana Ben Pastor o el español Ignacio del Valle (y seguro que existen más ejemplos). Las de Kerr, en todo caso, están escritas con un rigor y buen oficio ejemplares, sin detenerse en florituras pero sin hacer tampoco concesiones facilonas al lector que busque un best-seller sin  más complicación. Cierto que las escenas de sexo le salían quizás un poco perretevertianas, pero, además de que tienen un aire algo socarrón, a Kerr -o a Gunther, ya que todas las novelas están contadas en primera persona- se lo perdonamos... Por lo demás, es imposible no tomarle afecto a este detective paradigmático que debe navegar siempre, entre las aguas más procelosas que imaginarse pueda. Quien las lea no dejará de disfrutar de sus a/desventuras y de la prosa de un escritor que merece no ser olvidado.

Nota final: Por su "tochez", este libro podría haber entrado perfectamente en la última Tochoweek, pero al tratarse de un volumen compuesto por tres novelas independientes, por más que compartan el mismo protagonista, me pareció que incluirlo podría haber sido hacer un poco de "trampa". Quien quiera, que tome esta reseña de hoy como una especie de coda al al Tochoweek VI, pues... (o no, claro; eso, al gusto de cada cual).


También del añorado Philip Kerr en Un Libro Al Día: Praga mortal

sábado, 1 de agosto de 2026

Marvin Harris: Vacas, cerdos, guerras y brujas

Idioma original: inglés

Título original: Cows, Pigs, Wars and Witches. The Riddles of Culture.

Año de publicación: 1974

Traducción: Juan Oliver Sánchez Fernández

Valoración: Recomendable


No tengo del todo claro dónde está la frontera entre el antropólogo y el historiador, probablemente son disciplinas que se solapan sin que sea fácil distinguir el límite. El norteamericano Marvin Harris es un antropólogo que tuvo cierta relevancia en los años 70 y 80 del siglo pasado y que, por lo que se ve en este libro y probablemente en el resto de sus obras, circula libremente entre ambas disciplinas, con una perspectiva bastante peculiar que se ha denominado materialismo cultural. Aunque con el foco bastante distante del materialismo histórico propio del marxismo, la idea guarda un parentesco lejano aunque intuitivamente familiar, como queda enseguida de manifiesto en el libro.

La vaca es sagrada en la India, y el cerdo un animal inmundo para judíos y musulmanes, aunque venerado en no sé tribus de Nueva Guinea. Estas ideas que, aunque conocidas, nos resultan bastante extrañas, tienen su origen en las necesidades materiales y las condiciones de vida de cada uno de los entornos. La vaca, aunque esté escuálida, mientras tiene vida proporciona leche y al menos en teoría es capaz de engendrar animales de tiro, vitales en explotaciones sin acceso a la tecnología. El cerdo es incapaz de regular correctamente su temperatura, y por eso se desenvuelve mal en el secarral del Medio Oriente. Por la razón contraria el problema no existe en Nueva Guinea, donde el cochino se reproduce en abundancia, es fuente inagotable de proteínas y es sabiamente utilizado para periodificar los usos de los bosques.

Estos condicionantes, tan pegados a la realidad material, son de tal importancia para la supervivencia del grupo que los usos y costumbres los han sacralizado o convertido en tabúes a lo largo de milenios. Es la base de ese materialismo cultural que defiende Harris y observamos desde las primeras páginas: las ideas no surgen de la nada ni de visiones espirituales, sino que nacen en base a las necesidades del grupo, para irse revistiendo poco a poco con un aura mágica o religiosa dejando su origen perdido en el tiempo

Esta proposición, tan nítida en los dos casos que acabo de comentar, se va desarrollando también en otras direcciones con características quizá algo menos evidentes: la célebre belicosidad de los yanomamo (alivio de la presión demográfica), la ceremonia del potlacht (necesidad de prestigio social), o las varias culturas que incorporan la expectativa de un advenimiento de riqueza material (lo que llama el cargo) o la llegada de un mesías liberador. Se diría que la idea básica del materialismo cultural va resultando más difícil de apreciar según se van analizando los casos, hasta resultar realmente confusa cuando se detiene en la persecución de la brujería en la Europa de la Edad Media.

La verdad es que los postulados de Harris resultan más que razonables, y muy interesante el análisis, que recuerda a ratos a los famosos trabajos de Malinowski en las islas Trobriand sobre grupos étnicos especialmente aislados (aunque el trabajo de campo parece ser casi siempre ajeno). Pero se queda uno con la sensación de que falta algo. Seguramente es verdad que todas estas manifestaciones culturales han tenido un origen material remoto, pero resulta difícil, incluso quizá incómodo, excluir de forma tan radical aspectos tan humanos relacionados con la imaginación o la espiritualidad, como la ideología, la religión o la mitología. Convicciones y valores que modestamente creo que están en la esencia misma de las personas, seguramente también mediatizadas por el entorno, la supervivencia o las experiencias, pero que pienso que tienen una consistencia propia.

Parece que Harris no lo ve así, y entonces aporta ese peculiar punto de vista, en mi opinión algo determinista y quizá también empobrecedor, que vertebra todo el texto, como decía antes en ocasiones de forma más nítida y en otras más velada. Desconozco el recorrido posterior que haya podido tener esta teoría, seguramente habrá tenido sus seguidores y detractores, con sus consiguientes polémicas doctrinales. Toda aportación novedosa en el mundo del conocimiento las ha tenido y casi todas han dejado cierta huella, aunque ninguna ha sido aceptada por entero y sin discusión. Y a lo mejor esto mismo contradice en alguna medida lo que defiende el autor.


viernes, 31 de julio de 2026

Amanda Petrusich: Pink Moon

Idioma original: inglés
Año de publicación: 2007
Traducción: Patricia Valero
Valoración: bastante recomendable

Los grandes discos (incluso aquellos ignorados largamente en el momento de su publicación) suelen tener grandes historias detrás. Grandes, por eso, no significa que estas historias deban gustarnos. Pink Moon, disco del que Amanda Petrusich nos habla aquí, es una colección de canciones que apenas llegaba a la media hora, publicadas sin arreglo alguno tras su grabación, solo unas escasas notas de piano acompañaban la voz de Nick Drake y su guitarra interpretada a su particular manera. Su nula repercusión (como la de los dos elepés que le precedieron) agudizó los problemas mentales de su autor, que puso fin a su existencia y se incorporó al (por entonces) incipiente club de los veintiséis.
Con lo cual este libro no es un disco que profundice excesivamente en los mecanismos creativos que acabaron entregándonos esta parca colección de canciones folk cortas y casi esquemáticas. Si acaso, habla de la situación particular del músico, aislado voluntariamente, con una comunicación casi nula con su entorno, viviendo en casa de sus padres y consumiendo drogas, manteniendo una pose introvertida, no tímida ni arisca, simplemente alienado y profundamente deprimido ante su fracaso artístico, algo que en muchos casos lleva a otras situaciones (dejar la música, por ejemplo, como más de un triunfador debería haber hecho) pero que para Drake constituyó un obstáculo insuperable. Entonces este libro no se limita a ese ejercicio de investigación e indagación, es más bien un testimonio, completado con muchos otros, póstumos a la fuerza, que hablan de su influencia, de su descubrimiento tardío, de cómo de injusta es la industria, que convierte en la promoción, en el ruido que se sea capaz de hacer alrededor de un disco, en un elemento capital para que éste sea apreciado.
El libro dedica un extenso capítulo al hecho que catapultó el posterior ensalzamiento del músico inglés, cuando un equipo de creativos eligió la canción que le da título para protagonizar un anuncio de VolksWagen, cuestión que fiue autorizada por la hermana de Drake y que comportó cierta polémica. Aunque no solo en la música, también en la literatura (que se lo pregunten a Kennedy Toole) y, seguramente ahora más que nunca por los efectos de la globalización, se producen estos fenómenos, a los que siempre llegamos demasiado tarde.
Al margen de conocer el disco o el músico, un excelente texto que nos hace reflexionar sobre nuestra sociedad y los problemas de salud mental, uno más de los males de nuestro tiempo.

jueves, 30 de julio de 2026

Robert Perisic: El último artefacto socialista

 Idioma original: croata

Traducción: Luisa Fernanda Garrido y Tibomir Pistelec

Año de publicación: 2025

Valoración: recomendable


Resulta muy difícil llegar a comprender la realidad social que emergió de la antigua Yugoslavia después del colapso del comunismo y de la devastadora guerra que la asoló en la década de los 90 del siglo pasado. En ese mundo derruido, donde sus habitantes luchan por sobrevivir y mantener la dignidad que una vez tuvieron, sitúa Perisic esta novela social que pretende constituirse en una radiografía de una sociedad que lucha por resurgir de sus cenizas.

Oleg y Nikola, dos buscavidas como tantos otros que pululan por ese mundo en ruinas intentando sacar rédito de las desgracias ajenas, llegan a un pueblo del interior de Croacia con el proyecto de volver a poner en marcha una antigua factoría abandonada para fabricar unas turbinas obsoletas para las que tienen comprador: un dictador norteafricano apodado el coronel, presumiblemente Gadaffi, que les ha hecho una oferta millonaria.

Los habitantes de la población, acostumbrados a una economía de supervivencia y arrumbados por una sociedad y un régimen que les ignora, ven en la reapertura de la fábrica una oportunidad de recuperar la dignidad pérdida y de volver a poner en valor sus obsoletas habilidades laborales. Los dos socios capitalistas intentan capitalizar la nueva empresa proponiendo a los lugareños un modelo de autogestión, inspirado en el pasado socialista del país, que los trabajadores conocen bien porque era el modelo al que estaban acostumbrados antes del derrumbe del socialismo: "Teníamos mercado mientras no había mercado...Ya saben en el socialismo. Luego, cuando llegó el mercado, nosotros dejamos de tener mercado". Capitaneados por el ingeniero Sobotka e ilusionados por la tarea que les proponen ponen manos a la obra y fabrican este último artefacto socialista, las turbinas, aunque están curtidos en el desengaño y desconfían de las intenciones reales de Oleg y Nikola.

En este proceso de puesta en marcha de la antigua fábrica, Perisic aprovecha para presentarnos a una extensa galería de personajes que forman parte del proyecto. Todos son supervivientes de un tiempo y de un país que ya no existe cuya personificación es el bar donde se reúnen, El lago azul, donde todavía siguen pinchando música de los 80, quizás para intentar mantener la ilusión de un tiempo pasado en que fueron felices.

En este universo cerrado, el escritor croata contrasta los dos modelos, el socialista y el capitalista, y deja claro que los habitantes de N., el pueblo croata donde transcurre la novela, quedaron atrapados en tierra de nadie. Las familias se rompieron, las casas se derrumbaron, las ilusiones se desvanecieron y el futuro es una entelequia: "El hombre viviría de forma muy distinta si conociera el futuro. Sobre todo si supiera que no hay futuro".

Las ilusiones iniciales empiezan a ceder ante los múltiples problemas que van surgiendo: las viejas máquinas no funcionan, los recambios no llegan, los salarios no se pagan, los conflictos laborales arrecian y los plazos de entrega no se cumplen. El proyecto empieza a descontrolarse y la llegada de la nueva prosperidad capitalista reabre viejas rencillas y provoca enconados y sangrientos enfrentamientos. Afortunadamente, un inesperado final abrirá una puerta a la esperanza para los habitantes de N.

Perisic realiza un afilado análisis social desde una perspectiva cercana al reportaje periodístico. Retrata un modo de vida obsoleto, pero sobre todo hace un canto a la dignidad humana y al deseo que tiene todo ser humano de que su vida tenga un sentido. Ese es el diagnóstico final de uno de los ingenieros: "No sé si es pasión. Más bien diría que es el deseo de que no todo sea un absurdo. Todo lo sucedido. Si hubiéramos parado el trabajo, habríamos experimentado un sentimiento de inconclusión: hasta el absurdo cobra sentido si está acabado, cuando se ha concluido conscientemente. Hemos vuelto a ser conscientes de nosotros mismos. Y por eso quisimos teminar la turbina".