miércoles, 19 de agosto de 2026

Laura G. de Rivera: Esclavos del algoritmo

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2025

Valoración: Está bien


Comentarios previos: supongo que es notorio que en este blog no nos gusta la IA, al menos en lo que pueda tocar a la literatura, la creatividad o la opinión, ni tan siquiera en funciones de acompañamiento o corrección. Personalmente no la he utilizado nunca, al menos de forma consciente, ni pienso hacerlo si puedo evitarlo. La segunda puntualización sería que ni siquiera distingo bien lo que es la IA de los algoritmos que gobiernan, entre otras muchas cosas, el funcionamiento de la mayoría de aplicaciones que utilizamos. Quiero entender que son dos cosas estrechamente relacionadas, pero ni siquiera la lectura de este libro me ha servido para clarificar conceptos. 

Este es básicamente un libro de denuncia, como deja bien claro su título y subtítulo (‘Manual de resistencia’, ejem), es decir, ante un fenómeno-descubrimiento-herramienta rabiosamente actual, la periodista autora levanta la mano para alertar sobre sus peligros, sus sesgos, atropellos que implica, negocios multimillonarios que sustenta. La IA (y/o el algoritmo) no son cosas inocuas, dice Laura G. de Rivera, son instrumentos concebidos en primer lugar como un gran negocio del que se benefician los tecnoligarcas que todos conocemos y algunos que no, se nutre de los datos que nos han robado (y siguen robando) de todas nuestras comunicaciones privadas, muestra sesgos peligrosos hacia la radicalización política (vende siempre lo más llamativo), impulsa sin recato al consumo y la dependencia tecnológica, explota materias primas de países pobres además de a sus propios trabajadores, deriva en prácticas de videovigilancia masiva en perjuicio de la privacidad, consume enormes cantidades de recursos que agravan el cambio climático… y no sé cuántos horrores más.

Repito desde mi desconocimiento de ese mundo que no sé si todo esto es atribuible exactamente a la IA o a esos misteriosos algoritmos, pero tanto da. Hablamos de esa tecnología que tiene sorbido el seso a la gente con sus maquinitas cada vez más caras y sofisticadas, y de aplicaciones progresivamente más oscuras que escapan a nuestra comprensión hasta que alguien denuncia todo este tinglado. Muchos de estos denunciantes, investigadores, expertos en diversas materias, periodistas como la propia autora, y personajes como el famoso Edward Snowden siembran de citas más o menos apocalípticas el libro entero avisando de los peligros, denunciando el fabuloso negocio, llamando a esa resistencia que, la verdad, no tiene muchos visos de hacerse efectiva en una sociedad en la que somos 

'Increíblemente lerdos a la hora de dejarnos embaucar por todo lo que huele a modernidad y moda'

Cierto, desde luego, cuando deglutimos una y otra vez anuncios según los cuales sin una aplicación adecuada (y conexión, datos) no es posible viajar, ni elegir un restaurante, estar conectado equivale a estar vivo y hay quien es ya incapaz de escribir un simple correo sin consultar a Chat GPT. Incluso hay quien se sirve de estas tecnologías para hablar de literatura, hay que ver.

Siempre está bien que haya quien levante estas banderas, que para captar la atención deben mostrar radicalidad y cierto grado de intransigencia. ¿Qué sería del mundo actual si hace medio siglo no hubieran nacido movimientos ecologistas y antinucleares mostrando los espantos de un planeta asfixiado por la voracidad de la industria contaminante y el crecimiento a cualquier precio? Otra cosa es que uno, ya al tanto de lo denunciable, para obtener información espere algo un poco más equidistante (ya, suena muy mal), unos datos con menor carga que nos permitan valorar mejor las ventajas e inconvenientes de lo que se nos ofrece. Además de lo que el libro pone encima de la mesa quisiera conocer, humilde profano, a qué utilidades se está abriendo la puerta en materia, qué se yo, de medicina, industria, investigación. Cosas en las que esos inventos, en algunos aspectos tan dañinos, pudieran servir para mejorar de verdad la vida de la gente.

Tiene su mérito reunir tantos datos sobre los peligros de la tecnología y sus efectos indeseados, pero por ese mismo camino sería perfectamente posible (y a buen seguro se habrá hecho ya) denunciar el daño provocado por otras tantas realidades económicas que tienen también su lado oscuro, la moda, el turismo masivo, las distintas fuentes de energía, el negocio del fútbol, las grandes infraestructuras, el propio internet sin ir más lejos. ¿Nos negamos en redondo a todo ello, o más bien necesitaríamos conocerlo en todas sus perspectivas para poder valorarlo adecuadamente?


martes, 18 de agosto de 2026

Maryse Condé:Victoire, la madre de mi madre

 Título original: Victoire, les saveurs et les mots

Idioma original: francés

Traducción: Martha Asunción Alonso

Año de publicación: 2025

Valoración: Recomendable


La fallecida escritora antillana Maryse Condé tuvo el honor de conseguir el premio Nobel alternativo del año 2018 en una edición en la que el premio Nobel oficial no se concedió por un turbio asunto judicial.

Desde hace unos años la editorial Impedimenta ha recuperado la obra de Condé, obra que está profundamente enraizada con las vivencias de la escritora en la Antillas francesas, sobre todo con la isla de Guadalupe, de donde era originaria.

En esta ocasión, la escritora nos traslada en un ambiente, a menudo onírico, una vez más a Guadalupe para narrarnos la historia de su abuela materna, Victoire Elodie Quidal, una nativa que se convirtió en una cocinera de reconocido prestigio en su época. En un universo donde se mezclan negros, mulatos y blancos descendientes de los primeros colonizadores, Victoire supone una rareza porque su piel, como nos señala la escritora, es de una blancura australiana. 

Victoire sólo se comunica en criollo. No aprendió francés, que era el idioma oficial en el archipiélago, y quizás por ello y por un carácter retraido que le impide comunicarse sobre todo con la clase dominante francesa, lleva una vida tranquila y silenciosa. Sin embargo, Victoire encuentra un lenguaje para comunicarse con los demás: es una cocinera prodigiosa y sus platos pasan a ser alabados por la burguesía francesa que acude a las reuniones que se celebran en el domicilio del matrimonio Walberg, lugar donde reside Victoire. 

Las excelencias culinarias de Victoire y su extraño color de piel hace que sea una figura muy reconocible no sólo entre la élite blanca, sino entre los supersticiosos nativos de la isla.

Con un lenguaje muy cuidado y poético, a menudo incluyendo palabra criollas o incluso españolas, Maryse Condé nos irá narrando con mucho mimo y detalle los avatares de la azarosa vida de nuestra protagonista y, a través de su vida, iremos viendo las lentas trasformaciones del mundo colonialista en las Antillas francesas. Poco a poco los dueños blancos de las plantaciones de azúcar y café se verán obligados a ceder su dominio absoluto sobre la vida de los habitantes de las islas y una nueva generación, donde los negros son mayoría, irán accediendo a cargos de poder e irán cambiando las relaciones sociales en la isla.

Victoire no participará en esos cambios, no toma parte activa en la política, sus preocupaciones fundamentales son su ambigua relación con el matrimonio Walberg y su ilusión porque su hija Jeanne tenga la educación que ella no pudo tener y prospere en la vida. Precisamente su falta de entendimiento con su hija se convertirá en un trauma para Victoire que no consigue entender la falta de empatía que le muestra su hija prácticamente hasta el final de sus días. Jeanne no entiende, ni aprueba, la relación, eminentemente sexual, que Victoire mantiene con Boniface Walberg y la de amistad  con su esposa Anne-Marie. En definitiva, Jeanne es plenamente consciente de la relación de subordinación que su madre tiene con sus patronos blancos y, al igual que una nueva generación más educada y preparada de habitantes negros busca cambiar las obsoletas relaciones de poder en Guadalupe.

Resulta demoledor el juicio que Condé pone en labios de Victoire sobre su relación con su hija: "Sé que no eres feliz, a pesar de tu casa de dos plantas, tu diamante de compromiso, tu alianza tallada y ese joyero que Auguste no deja de abarrotar. Es por mi culpa. Sí, mi culpa y de nadie más. Lo eché todo a perder en el mismo momento en que te di el pecho. En lugar de fortaleza, mi leche te transmitió mis penas y mis miedos. Y todavía hoy sigo envenenándote la vida. Supongo que siempre lo he hecho, aunque mi intención fuera buena. Te merecerías una madre mejor".

Maryse Condé  radiografía la sociedad en la que vivió su abuela y dentro de ese  contexto hace un retrato a veces, cruel, a veces tierno, de la vida que le tocó vivir. No busca dotar de un carácter mítico a la figura de su abuela. Se trata de un relato sincero y emotivo de unas personas y una época a la que nos invita a asomarnos  y que Condé nos retrata con suma emotividad y delicadeza.

lunes, 17 de agosto de 2026

Doris Lessing: El cuaderno dorado

Idioma original: inglés
Título original: The Golden Notebook
Año de publicación: 1962
Traducción: Helena Valentí
Valoración: casi imprescindible

De esta novela se pueden decir muchas cosas y quizás todas válidas: novela psicológica, feminista, marxista, crítica también con las corrientes mencionadas, un complejo poliédrico de personajes contradictorios que hacen y deshacen página tras página, sin observar una (marcada) lógica o desarrollo en sus actos hasta recién los últimos capítulos, y eso solo con la protagonista. Para ser publicada en los años sesenta, se observa, a nivel superficial, una libertad extremada para todas las acciones y pensamientos, como si no existiera consecuencias, pero a la vez, en un nivel subterráneo, estas mismas acciones y pensamientos revelan la profunda necesidad de despojarse de las cadenas de la sociedad, sin lograrlo apenas, y hasta encontrando en esa rigidez un cierto confort para enfrentar y/o asimilar la alienación personal y social.

Pero antes de profundizar, abordemos primero el argumento de esta novela (que funciona como uno de los mejores ejemplos de novelas-dentro de-novelas): Anna Wulf, escritora de cierto renombre por Las fronteras de la guerra, que le permite un sustento relativamente cómodo con su hija Janet (nacida de una relación con un compañero comunista en la que nunca hubo amor), vive con Molly, una actriz de teatro, y su hijo Tommy, un muchacho taciturno que a lo largo de la novela probará adoptar distintas máscaras para encajar, sin que ninguna le sirva, y protagonista de casi todas las escenas incómodas (no por destapar trapos sucios, sino por su actitud volada en los diálogos, de los que nunca sabremos bien el objetivo de ellos). Molly tiene un ex-marido, Richard, que constantemente trata de reclutar a Tommy y de hacer que pruebe un poco más de vida (más que nada empresarial), alejada de la mirada hippie e izquierdista que comparten tanto Molly como su compañera Anna.

Este arranque, contenido bajo el subtítulo de Mujeres libres, es dificultoso a pesar de ser prácticamente una obra de teatro, ya que apenas hay descripción y sí puro diálogo. Lo que en principio parece tratarse de la relación entre Molly y Richard bajo las dualidades de dependencia/liberación, capitalismo/comunismo, hombre/mujer, se revela como un compendio de cinco partes repartidas a lo largo de la novela, y que en realidad funcionan como pausa y bajada a tierra de la verdadera historia: la de los cuadernos de Anna Wulf, que, al sentirse fragmentada en su personalidad y visión del mundo, dando tumbos con los hombres y nunca satisfecha con las sesiones de terapia ni las historias que inventa, divide sus pensamientos en diversos cuadernos, representados cada uno con un color: así, uno  significa la parte política, otro las posibles historias que podrían llegar a convertirse en una novela, otro la parte cotidiana de Anna, casi un diario, otro las sesiones con la terapeuta, otro con recortes de periódicos para destacar los hechos acontecidos en el resto del mundo, y que le sirven un poco para sacar la cabeza del ombligo. Estos cuadernos son largos y comprenden lo central de la novela; es lo que nos permite a Anna y por qué hace lo que hace. Acá se encuentra de todo, desde el pensamiento más abyecto (y al que seguro más de uno le sorprende que Lessing haya ido tan lejos, sin ningún tipo de tapujos y a costa de acarrearle muchas críticas) hasta las páginas más tristes y resignadas sobre la posibilidad de una revolución en una ciudad en el sur africano.

A partir de acá, cada lector puede preferir un tipo de cuaderno. A mí, el que más me sedujo, es esa invención (y trasposición de la vida de Anna) de una historia en donde una novelista se enamora de un casado, y en el transcurso de esa relación se dan reflexiones brillantes, arrolladoras, sobre el amor, sobre las reacciones de hombres y mujeres, sobre la naturaleza original o pervertida de ellas, todo esto mientras aprendemos, en la parte de Mujeres libres, lo que ocurre en realidad con Anna y cómo procesa ella el impacto de lo vivido (la relación con Molly, con Tommy, con Richard, con otros hombres en los que no puede encontrar su felicidad). Otro cuaderno interesante es donde transcribe todas las excusas que pone Anna para que no conviertan su novela exitosa en una película, mostrando que los mandatarios no entienden la novela y la quieren simplificar en una simple historia de (no) amor, que lo es, pero que es de todo menos simple. En contraposición, la parte de los sueños y la terapeuta se me hizo pesada, pero entiendo que es propio de la época en la que se escribió la novela, cuando los sueños representaban inherentemente la personalidad del escritor y sus personajes.

Es por eso que explicar el título de la novela sería incurrir en un adelanto clave de la novela; el porqué del cuaderno dorado se devela casi al final, y viene a representar el clímax de la trama; tanto Anna como sus lectores (nosotros) muestran su plenitud solo cuando se han leído y analizado cada sección del alma de Anna. Lessing nos dice que no somos ni lo uno ni lo otro, y el que quiera reducirnos a una simple etiqueta se equivoca profundamente. A medida que avanzamos, vemos a Anna cada vez más frustrada con las posiciones adoptadas de hace años, la vemos lidiar con la culpa que supone enfrentarse a lo que uno cree o creía, la vemos en la disyuntiva de elegir la soledad o la compañía, aun cuando esta compañía sea interesada o descuidada o simplemente mediocre.

¿Por qué no es un imprescindible, a pesar de que lo merecería? Porque no deja de ser una novela de ideas más que de personajes. Si bien la transformación de Anna puede transformarnos (sobre todo al final, luego de varias páginas áridas en las que parece que Lessing pierde el control de la historia), el resto de los personajes están construidos sobre cierta función y premisa para demostrarnos algo, atados a la intención de la narradora mas que a sus propias vidas, y ahí el lector puede concordar o no con la visión de Lessing sobre lo que representan esos personajes en el mundo, pero difícilmente alcancen a conmovernos. De todas formas, es un novelón, de ambición y prosa superior a casi todo lo escrito, y del cual se nota que la autora plasmó todo lo que tenía en un intento de cambiar la realidad, a pesar de que muchas veces, en el mamotreto que es el libro, se vea resignada a aceptar que no logrará hacerlo. Pero conmigo lo hizo. Y esta, entonces, es una de las lecturas del año.

Más de Doris Lessing acá

domingo, 16 de agosto de 2026

Anne Plantagenet. Desaparición inquietante de una mujer de cincuenta y seis años

 

Idioma original: francés

Título original: Disparition inquiétante d'une femme de 56 ans

Año de publicación: 2024

Traducción: Juan Vivanco

Valoración: muy recomendable

Una razón más por la que uno ha de vagar entre pasillos en las librerías o en las bibliotecas sin sentido y sin prejuicios. Encontrarme con un excelente texto como éste, que ha resultado ser una de las mejores lecturas de los últimos tiempos. Plantagenet sabe conjugar a la percepción las perspectivas para afrontar una situación muy delicada. Porque este libro habla de una persona con la que la autora demuestra una cierta afinidad, desde sus primeras páginas. 

Letizia Storti, empleada en una fábrica de medicamentos en una población francesa, mujer de origen italiano que, en su mediana edad, se encuentra en ese gris anonimato, tras haber sufrido en el pasado discriminación por la condición (inmigrante, incapacitada) de su madre. Accede a un modesto acceso de fama cuando, tras acudir a varios casting, es seleccionada para un modesto papel en una película. En ese papel representará algo muy cercano a su realidad. Será una activa integrante en unas protestas laborales, en una encarnizada lucha (en la ficción, luego la realidad le procurará algo parecido) entre empresa y trabajadores, para evitar el cierre de una fábrica. 

Es a través de ese contacto como Letizia traba cierta amistad con la autora. Que, sin ser una relación intensa o continua, va sabiendo de ella, de como su existencia tras ese leve acceso a algo parecido a un sueño personal va entrando en una espiral de desesperación, que acaban, apenas unos años tras ese papel, y tras varios intentos, con el suicidio de Letizia. 

Pero esto no se trata de recrear morbo ni de ensañarse en los hechos per se. Plantagenet traza un colosal retrato que es extrapolable en muchos sentidos. Sobre todo desde la perspectiva de la dinámica de clases: Storti es una mujer que se enfrenta por igual a una corporación y a un entorno que ha tomado una actitud de pasividad hostil cruel y matizada. Ha representado a sus compañeros en reivindicaciones sindicales porque sus principios han prevalecido sobre cualquier actitud egoísta. Ha sido silenciada e ignorada. Y su participación en la película ha representado un respiro, una ruptura con una situación que la está aniquilando lentamente. Luego, por diversas cuestiones, ha languidecido y ha sido ignorada y dejada de lado.

Magnífico retrato que, tristemente, es aplicable a muchas más personas de las que nos parece.

sábado, 15 de agosto de 2026

Colaboración: Gertrudis y Claudio, de John Updike

Idioma original: Inglés

Título original: Gertrude and Claudius

Traducción: Jordi Fibla

Año de publicación: 2000

Valoración: Está bien


Siempre tuve ganas de leer a John Updike, y por fin me he puesto a ello. Aunque no sé si he empezado por su mejor obra. ¡Y eso que la cosa prometía! Porque se trata nada menos que de la precuela de Hamlet, la celebérrima obra shakesperiana. Pero no consigue el autor que su propuesta despegue. 

(A continuación haré un resumen de la trama de la novela; si no conocen la obra de Shakespeare, aviso de que este resumen trae spoilers.)

Gertrudis y Claudio son, respectivamente, la madre del príncipe Hamlet y el hermano de su padre, y la novela que nos ocupa, como es de esperar, trata de ellos. La historia comienza con una Gertrudis muy joven a la que su padre, rey de Dinamarca, casa con un príncipe en un matrimonio claramente político. La unión es fructífera y la pareja tiene un hijo, Hamlet. Sin embargo, Gertrudis no ama a su marido. En realidad, durante buena parte del libro, Gertrudis no ama a nadie, ni siquiera a su pequeño. No obstante, su vida en el palacio de Elsinor transcurre de manera apacible, aunque monótona.   

Claudio es el cuñado de Gertrudis, y lleva una existencia opuesta: viaja constantemente por tierras lejanas, conociendo culturas exóticas, y volviendo a Dinamarca solo de vez en cuando para cumplir con sus obligaciones administrativas. En estos regresos suyos, comparte sus andanzas con la reina, que en su aislada soledad le escucha con avidez y curiosidad.

Poco a poco, como es previsible, Claudio y Gertrudis se van acercando, hasta el punto en que descubren que entre ellos hay amor. Los dos son cautelosos, conscientes de lo difícil de su situación, y no será hasta su madurez cuando se dejen llevar por sus sentimientos. A la vejez, viruelas. 

Después de un tiempo, el rey descubre que su esposa le es infiel con su hermano, lo cual lleva a que este decida asesinarle. La novela, en fin, termina con la boda de Gertrudis y Claudio, que es el punto de partida de la obra de Shakespeare. 

El libro, de poco más de 200 páginas, está estructurado en tres partes, correspondientes a distintas etapas de la vida de sus personajes. La primera se centra en el arreglo y el desarrollo del matrimonio de Gertrudis, y es bastante lenta. El ritmo cambia cuando aparece Claudio, en la segunda parte, y de repente es hasta precipitado. Y llegamos así a la tercera y última parte, que es muy corta, casi apresurada. 

En cada parte, los nombres de los protagonistas son diferentes: primero son arcaicos, luego se van modernizando, y finalmente se latinizan y coinciden con los del Hamlet de Shakespeare. Imagino que el autor pretende con esto (re)contextualizar la historia en la Escandinavia medieval, pero en mi opinión lo que consigue, aparte de parecer un poco pretencioso, es que el paso de una etapa a otra resulte poco fluido. Tampoco ayuda que el estilo narrativo sea algo ostentoso y con muchas florituras (lo que los anglosajones llaman “prosa violeta”; qué curioso el uso de colores en clasificaciones literarias, ¿no?). 

La narración, en tercera persona y por un narrador omnisciente, se ocupa sobre todo de Gertrudis y sus sentimientos: conoceremos sus dudas, sus anhelos y sus frustraciones. De otros personajes, especialmente de Claudio, conoceremos algo también; de los dos Hamlets, padre e hijo, sabremos muy poco, sorprendentemente. 

La idea de humanizar a estos personajes es interesante, pero los personajes en sí mismos no terminan de serlo: uno tiene la impresión de que son superficiales, gente rica que se aburre y se complica la vida. Pfff. A mí la novela me pareció un cruce entre El amante de Lady Chatterley y El león en invierno, pero sin alcanzar la profundidad de ninguna de las dos. 

Gertrudis y Claudio quiere ser demasiadas cosas a la vez – ejercicio académico, cuento erótico, revisión de un clásico, novela histórica – y al final no se sabe qué es. Con todo, diría que el libro vale la pena por lo curioso de la propuesta: después de leerlo, la historia contada por Shakespeare se ve con otros ojos. Por eso, está bien. Pero poco más.

Firmado: Yaiza P.


También de John Updike reseñado en ULADCorre, ConejoTerrorista

viernes, 14 de agosto de 2026

Frode Grytten: El día que Nils Vik murió

Idioma original: noruego
Título original: Den dagen Nils Vik døde
Traducción: Alexandra Pujol Skjønhaug en catalán para L'altra editorial y Mariana Windingland en castellano para Anagrama
Año de publicación: 2023
Valoración: está bien


Hablemos de los inicios de los libros y su impacto, porque este libro empieza con una frase que sintetiza lo que será la novela: «a las cinco y cuarto de la mañana, Nils Vik abrió los ojos, y el último día de su vida empezó». A partir de ahí, el autor noruego Frode Grytten despliega una breve novela consistente en cómo despedirse de la vida a través del reencuentro con la misma en forma de recuerdos y actos de ternura. De esta manera, inicia su último día, por la mañana, el momento del día en que todo empieza, aunque para él, lo único que empieza es su final.

Con esta premisa clara y diáfana, el autor nos introduce al que será el personaje principal, Nils Vik, una persona de edad avanzada que vive solo en una casa llena de recuerdos, pues han vivido en ella tres generaciones. Así, en el que será el último día de su vida, Nils deja una nota a sus hijas indicando que se va de casa y que ya no volverá. Con este propósito, se levanta con la determinación de que este sea su último día de vida. Y todas y cada una de las acciones que llevará a cabo tienen como voluntad convertir esos aparentemente nimios gestos en pequeñas despedidas de la que han constituido la cotidianeidad de su vida. Por ello, Nils coge el coche y emprende la ruta hacia el fiordo, punto de partida y fin de su existencia.

A nivel estilístico, hay ciertos tintes en la historia y el tono que hacen que Grytten me recuerde a Fosse y su obra de teatro «Soy el viento», en esa huida hacia el fiordo como último viaje, en la oscuridad de la noche, abriéndose al mar como se abre uno a la muerte. Y también las compañías en tal viaje, que van asomando en apariencia de formas fantasmales, oníricas, a medio camino entre la imaginación y una realidad que se sabe que no es posible: su entorno más íntimo acercándose a él para acompañarle, para cobijarle, para mostrarle que no está solo en esa despedida, en ese último viaje, en la transición definitiva e irreversible hacia el final de la vida. Hay muchos ecos de Fosse en ello, aunque el tono aquí es más esperanzador, más luminoso, más limpio y alentador. No encontramos en este texto un gran pesar sino un agradecimiento a la vida, a todos y cada uno de los detalles y los momentos (incluso más efímeros o ínfimos) vividos. Porque esta novela es la constatación de que la vida la forman las pequeñas cosas, esos rituales que acompañan una realidad que de otra forma olvidaríamos, esa reiteración de acciones que nos anclan a la vida y nos recuerdan de manera clara e irrefutable quienes somos y donde pertenecemos. Es así, como a través de los recuerdos de las personas que han conformado su vida y en gran parte de las personas que ha transportado con el ferry que conocemos sus particulares vivencias, vamos descubriendo la personalidad y la vida de Nils. 

A pesar del prometedor enfoque y valioso propósito, el resultado no acaba de ser el esperado pues la incesante sucesión de personajes y su corta presencia en el relato provoca que cueste entrar en ninguna historia o empatizar con cualquiera de ellos. No existe apenas relación entre ellos y la interacción con Nils que recuerda es tan corta y efímera que parecen fragmentos que aparecen de manera fugaz, pero sin dejar un claro poso. Así, el libro podría ocupar doscientes páginas o mil y nos aportaría prácticamente lo mismo porque, además, ninguna de esos personajes parece tener más peso o interés que los demás. 

Afirma el protagonista en su último trayecto que «los muertos (…) casi se han convertido en una sola criatura, un solo ser. No se mueven, pero están vivos, pertenecen al pasado, pero existen ahora y aquí» y eso es algo que no debemos olvidar, pues aquellos que han formado parte de nuestras vidas siguen presentes en nosotros, y es de justicia que les hagamos un hueco en nuestro interior y los mantengamos vivos, de vez en cuando, cuando su recuerdo ya no nos cause dolor sino una afable y cálida compañía.

jueves, 13 de agosto de 2026

2*1: Kabluna. Mi vida entre los inuits de Gontran de Poncins y La hija del gran invierno de Isabelle Autissier

Podría decir que esta reseña 2*1 obedece a la temática común de los libros (el mundo inuit), a la nacionalidad de los autores (francesa) o al hecho de compartir traductor (Íñigo Jáuregui), pero estaría faltando a la verdad. El verdadero motivo de este 2*1 tiene nombre y apellidos: Knud Rasmussen, uno de mis exploradores polares favoritos. Y ahora me explico.

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Idioma original: Francés 
Título original: Kabloona
Año de publicación: 1941
Traducción: Íñigo Jáuregui
Valoración: Recomendable

Quienes sigáis el blog desde hace tiempo y tengáis, además, buena memoria recordaréis la reseña de De la Groenlandia al Pacífico, libro en el que Knud Rasmussen narraba la Quinta Expedición Thule, un recorrido por la cultura material e intelectual de los pueblos inuit en busca de los lazos que unían a los diferentes grupos y poblaciones. 

Algo similar, a menor escala y con objetivos menos ambiciosos, es lo que hizo Gontran de Poncins en 1938. Y así, el francés convivió con diversas comunidades inuit y con los pocos occidentales que andaban por la zona, ya fuera en misión comercial o evangelizadora.

Por lo tanto, el libro de Poncins es menos exhaustivo y más accesible para el publico en general que el de Rasmussen. Obviamente, encontraremos en el algo de antropología (o etnografía, que dicen los franchutes) en la observación por parte del autor de las técnicas de caza y pesca, de las formas de organización social, económica y familiar, de las leyendas y supersticiones inuit, de su vestimenta y herramientas, etc. Pero siempre de una forma más "ligera" que la de Rasmussen, lo cual no es necesariamente malo, ojo.

De hecho, creo que son otros los aspectos más destacables del texto. En concreto, estos tres:
  1. La evolución de la mirada de Poncins. La persona que llega a la Isla del Rey Guillermo no es la misma que, 18 meses después, deja el Ártico y el inicial desprecio (salvajes, guarros, etc) por los inuit se convierte en reconocimiento y admiración por su adaptación al medio, por su simbiosis con la naturaleza, por su orgullo, por su infinita amabilidad. Importante lección para tanto eurocentrista convencido. Así, llega a escribir Cuanto más convivo con estas gentes, más siento que me transformo y adapto a su modo de vida. Ya no critico, sino acepto.
  2. Su evidente voluntad literaria, que se observa especialmente en la poética que mirada que Poncins lanza al paisaje y a sus cambios estacionales.
  3. Las fotografías y dibujos que acompañan al texto. Deliciosas aquellas, complementarias al lado antropológico del texto estas.
En resumen, buena opción para quien desee adentrarse en el mundo inuit y en los viajes polares. 

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Idioma original: Francés
Título original: La fille du grand hiver
Año de publicación: 2025
Traducción: Íñigo Jáuregui
Valoración: Recomendable

En este caso, la relación de La hija del gran invierno con Rasmussen está en que Arnarulunguaq, personaje protagonista de la novela, fue una de las dos inuit que completaron la ya citada Quinta Expedición Thule (el otro fue Miteq, primo de Arnrulunguaq).

Estamos, por tanto, ante la biografía novelada de uno de los muchísimos personajes (femeninos, normalmente) olvidados por la historia oficial y eclipsados por los grandes nombres. Ya sabéis, lo del poema de Bertlod Brecht Fragen eines lesenden Arbeiters.

Y está genial, poner sobre la mesa el nombre de todas estas mujeres. Es de justicia, por supuesto, y es algo que hay que reconocer a Autissier.

También hay que reconocer a la autora el trabajo de documentación. Uno que tiene en las estanterías unos cuantos libros de viajes polares reconoce ese trabajo, pero creo que la autora carga demasiado la novela sobre ese lado histórico / antropológico desaprovechando, en cierta forma, el potencial del personaje.

Así, aparecen en el libro los primeros contactos con los occidentales, el nacimiento de la sociedad de consumo, la aparición de las clases sociales en una sociedad semiasamblearia como la inuit, los cambios en las mentalidades, los choques, etc. El problema está en que las dudas o replanteamientos que estas situaciones pueden provocar en Arnarulunguaq son poco más que insinuados (Siente como si estuviera cruzando un inmenso vado, lejos de una orilla y todavía incapaz de avistar la otra).

Lo anterior no significa, sin embargo, un completo desaprovechamiento del personaje. Su evolución de niña a casi antropóloga / antropóloga amateur creo que está bien conseguida y, precisamente por eso, me apena lo comentado en el párrafo anterior. Quizá se deba a un excesivo respeto por el personaje, no lo sé. Pero si hacemos ficción, juguemos con la ficción, ¿no?

Aún así, ya digo que La hija del gran invierno tiene virtudes suficientes para hacer de su lectura algo agradable y disfrutable. Además, con estos calores del verano 2026 no nos vendrá nada más irnos a Thule, aunque sea en la ficción.