domingo, 5 de abril de 2026

Parinoush Saniee: El libro de mi destino

Idioma original: Inglés
Título original: Sahme man
Año de publicación: 2004
Traducción: Gemma Rovira Ortega
Valoración: Recomendable

Ha tenido que llegar el putonazi de Trump y bombardear Teherán y han tenido que pasar unos cuantos años para que nos animemos a reseñar otro libro de una autora iraní. Lo hacemos con este El libro de mi destino, el cual tiene, con sus virtudes y sus defectos, todos los ingredientes para haberse convertido en un longseller.

Hablando de actualidad, y aunque sea en otro nivel, me vienen a la cabeza unas declaraciones de Silvia Abril en la gala de los premios Goya. Decía algo así como que ella hubiese preferido que el premio a mejor película fuese para Sorda porque le parecía una película más necesaria que Los domingos (además de alguna que otra chorrada sobre esta última). Sin menospreciar el valor testimonial, de denuncia o reivindicación que pueda tener una obra, creo, más bien, que los premios artísticos han de premiar el valor artístico de estas. De lo contrario, corremos el riesgo de que los premios se conviertan en otra cosa.

Cuento todo esto porque en el caso de El libro de mi destino hemos de diferenciar entre la valoración que merece su parte "testimonial, de denuncia o reivindicativa" y la que otorgamos a su parte "artística".  

Por el lado de "allá", diría que se trata de una obra imprescindible pues pone sobre la mesa la situación de la mujer en Irán en la segunda mitad del siglo XX (sí, por allí ya andaban jodiendo los putosnazis de los ayatolás), a través de la vida de Masumeh y de una historia de independencia y dignidad. Sometida a diferentes violencias, ya sean físicas o no, la de Masumeh es una historia demoledora en la que la intolerancia, el miedo y la culpa ocupan un lugar fundamental.

Por el lado "artístico"·, en cambio, la valoración debemos rebajarla hasta un menos entusiasta "recomendable". Y es que aunque la novela tiene evidentes virtudes, también se ve lastrada por una serie de defectos, en mi opinión, bastante evidentes.

Entre las virtudes de El libro de mi destino, cabe citar:

  • su vertiente novela de formación / iniciación. Los dos primeros tercios de la novela se centran en la Masumeh adolescente y "joven" y en cómo esta se ve afectada por una serie de condicionantes (sexuales, sociales, religiosos, políticos, etc)  que determinarán su vida. En este sentido, creo que el personaje de Masumeh y la penetración psicológica de la autora en ella son lo más destacado de la novela.
  • su aspecto sociológico / antropológico. Esta es una obra de ficción. Basada en hechos reales, sí, pero obra de ficción. Pero es innegable que se trata de un texto que nos permite conocer de primera mano una realidad demasiado extendida y, por desgracia, demasiado vigente. Al mismo tiempo, vuelve a poner sobre la mesa conflictos eternos (lo viejo y lo nuevo, lo individual y lo colectivo, etc)
  • su ritmo, sobre todo en esos dos primeros tercios de la novela, en la que esta avanza lenta pero segura.
Por el contrario, la novela se ve lastrada por ciertos defectos:
  • personajes excesivamente planos o "estereotipados". Ya he dicho que el de Masumeh me parece un  personaje magnífico, pero muchos de los secundarios de la novela más parecen "categorizaciones generales" que seres de carne y hueso. Demasiado "blanco", demasiado "negro" y poco gris.
  • cierta aceleración o dispersión en el último tercio de la novela. Lo que hasta la página 300 (más o menos) sucedía y se narraba con naturalidad y coherencia se convierte en un cúmulo de casualidades que roza lo melodramático y lo inverosímil. Como si a la autora le hubiesen entrado prisas por terminar, vaya.
  • Ligado a lo anterior, Saniee desaprovecha algunos temas que se apuntan en esa parte final del texto. Dos ejemplos: el exilio y el choque cultural que para los iraníes supone este.
Lo dicho: novela imprescindible por lo que tiene de testimonio y denuncia y novela recomendable por su valor artístico. No está nada mal, ¿no?

sábado, 4 de abril de 2026

Posy Simmonds: Cassandra Darke

Idioma original: inglés

Título original: Cassandra Darke

Año de publicación: 2018

Traducción: Regina López Muñoz

Valoración: entre recomendable y está bien

Si hay una heroína a priori improbable en cualquier tipo de narración, en este caso una novela gráfica (aunque dada la frecuente utilización por su autora, Posy Simmonds, de cajas de texto en crudo, bien podríamos hablar, en algún momento de una "novela ilustrada"), esa es , sin duda, la protagonista de esta historia, que lleva su nombre; Cassandra Darke -el apellido no me parece casual- es una septuagenaria antipática, obesa y que viste, ya que la acción se sitúa entre dos periodos navideños, un poco favorecedor atuendo invernal (*). Además de eso, reside en el muy exclusivo barrio londinense de Chelsea,  y dirigiría la galería de arte de su ex-marido sino hubiera sido clausurada, a causa de un fraude con ciertas esculturas llevado a cabo por Cassandra, lo que la ha convertido, además de una convicta, en una paria social. 

Tampoco es que todo esto parezca importarle demasiado a la buena (es un decir) de Cassandra, que a su egoísmo e incluso mezquindad une un agudo sentido de la autoprotección; de ahí que, cuando descubre cierto perturbador objeto escondido en su domicilio, que ella sospecha ha sido introducido por su sobrinastra, la un tanto dispersa Nicki -por no decir más tonta que una mata de habas-, se le disparan las alarmas aunque no entra en pánico (no del todo, al menos). A partir de ahí, las dos, Cassandra y Nicki se ven metidas en una trama criminal, con homicidio incluido, por culpa de Billy, el novio -sería más propio hablar de "rollete"- de la joven y de sus malas compañías. La veterana Cassandra se ve ejerciendo entonces de improvisada detective y no lo hace mal del todo, aunque... bueno, no voy a espoilear como acaba la historia, ya lo veréis quienes os decidáis a leerla. En cualquier caso, el personaje es de lo más interesante, tanto por sus características personales, bien distintas de las  protagonistas de las otras dos novelas gráficas con nombre de mujer realizadas por esta autora, Gemma Bovery y Tamara Drewe (de hecho, interpretadas ambas en el cine por la bella y rozagante Gemma Arterton), como por la ambigüedad moral que muestra, aunque también hay que decir que sufre cierta evolución a lo largo de la historia. Por otro lado y tampoco creo que sea algo casual, el personaje tiene la misma edad o casi, que la autora cuando publicó este libro, a los 73 años. No es difícil colegir que más de una reflexión, aprensión y actitud en general de Cassandra se corresponde con las de la propia Posy Simmonds.


Una autora que, por lo demás, despliega aquí toda su destreza narrativa -un poco embarullada a veces por los frecuentes flashbacks, aunque tampoco se llega a perder el hilo- y, sobre todo,  gráfica, que es mucha, tanto en lo que se refiere a la composición de las páginas -sin descartar insertos de conversaciones de WhatsApp o Telegram- como en el primor habitual que muestran sus dibujos, así como la cuidada ambientación, en este caso y sobre todo, de Londres, tanto de sus barrios más pijos como de otros más populares (por no decir degradados). Por no hablar del paisanaje, claro: en este libro, como de costumbre, Simmonds se muestra como una fina observadora del prójimo que le rodea, de su variedad y costumbre, casi una ornitóloga, más que entomóloga; no pretende atravesar a sus criaturas con un alfiler, sino observar con curiosidad y comprensión  como se comportan en libertad ("libertad" entre comillas, claro, pues no deja de ser su creadora y han de avanzar por donde ella quiera). No es, en todo caso una novela ésta que permita una conclusión clara, una moraleja aleccionadora, pues si bien es cierto que la protagonista una evolución a mejor persona a lo largo de sus páginas, también hay que admitir que le iba mejor cuando era un poco cabrona más egoísta. O no, todo depende de cómo se vea. En todo caso, lo que la autora nos propone es que, antes o después (o tal vez todos lo días, en pequeñas cosas) hay que elegir: o miramos sólo por nuestro interés o también por el de los demás. Cassandra Darke lo hace y no podemos decir que escoja mal...


(*) Antes de que me llaméis edadista, capacitista, gordofóbico y otras lindezas por el estilo... ¿Cuántas ficciones conocéis, incluso creadas de personas con la más acedrada sensibilidad social, protagonizadas por personajes de estas características? Pues eso, que es bastante inusual...


También de esta autora y reseñados en Un Libro al Día:  El mundillo literario, Tamara Drewe



 





viernes, 3 de abril de 2026

SOMOS DE LETRAS

Bueno: somos de cumplir la palabra y esto sería, más o menos, un resumen de lo obtenido en la entrada de nuestro último aniversario.

Por cierto, sí, para evitar desagradables problemas con personas reales, hemos vuelto a usar la IA para ilustrar nuestra entrada. Los ilustradores sobre pedido se han puesto por las nubes.

La entrada obtuvo 29 comentarios.

De ellos, 16 (el 55%) aportaron algo que pudimos homologar como una lista de acuerdo con lo que os pedíamos.

Aquí surgió nuestro primer problema: "homologar" cualquier comentario que no se ajustaba a nuestra petición (5 autores, por orden + una elección personal + un placer culpable) suponía alterar nuestra primera opción para puntuar, que hubiese sido:

Autor más presente 5 puntos, segundo más presente, 4, y así hasta otorgar al último autor, a la elección personal y al placer culpable 1 punto por cada uno. 

Eso daba un máximo de 17 puntos para una participación completa ajustada a la estructura requerida.

Pero la cosa se complicó: por diversas cuestiones, desde la incontinencia a la hora de enumerar autores hasta la mera pereza a la hora de contabilizar libros o la imposibilidad de hacerlo en bibliotecas personales desperdigadas, desordenadas, inabarcables. Así que hemos tenido que improvisar, repartir puntos de la forma más equitativa, adaptar puntuaciones, etc. Hasta el momento, más de una centena de autores nombrados, y (de momento) este es el perfil de nuestra comunidad lectora. Sr. Bezos, nuestro número de cuenta bancaria en mail separado.

Autores favoritos (puntuaciones/número de menciones): 

Stefan Zweig 19/5

Gabriel García Márquez 16/6

Paul Auster 11/4

Michel Houellebecq 11/4

Stephen King 11/4

Roberto Bolaño 10/3

Charles Bukowski 10/3

Andrea Camilleri 9/4

Haruki Murakami 9/3

John Steinbeck  9/3

Y no deja de ser curioso que los comentarios hayan sido tan heterogéneos y variados que precisamente el último (el de Traveler) es el que coincide con el mayor número de autores de los diez favoritos. ¡Traveler, eres nuestro Ohio! (de momento).

jueves, 2 de abril de 2026

Carlota Gurt: Els erms

Idioma original: catalán
Título original: Els erms
Traducción: traducción al castellano en proceso en el momento de escribir esta reseña
Año de publicación: 2026
Valoración: recomendable


Siempre he admirado de Carlota Gurt su carácter atrevido y su honestidad expositiva al hablar sobre el mundo de la literatura a través de sus incontables artículos en prensa. Y, también, su osadía al hacer el salto a la escritura después de décadas dedicada a la traducción (que no deja de ser también un tipo de trabajo como escritor). Y de ahí salieron sus cuentos (interesante primera incursión con “Cabalgar toda la noche”) y también su primera novela (“Sola”) que me sorprendió por su estilo.

En este libro, segunda novela de la autora, da la sensación de que deja algo de lado sus influencias literarias en cuanto estilo, pero sigue tratando los temas que acostumbra: las relaciones personales. Así, abandona levemente cierta crudeza expositiva, cierta tosquedad y aridez de sus anteriores obras, para pasar a una prosa más equilibrada, más accesible, más limpia, aunque sin que ello signifique que sea inferior, más bien al contrario: Gurt demuestra tener muchas tablas en el arte de narrar y es algo constatable ya desde sus primeras páginas en las que la autora consigue atraparte completamente en la historia a través de un tono desenfadado pero no desprovisto de calidad, tirando de socarronería pero a la vez de elaboradas metáforas con las que la autora demuestra poseer una gran variedad de recursos. Asimismo, el ritmo es alto, la tensión latente y la intriga mesurada. Pulso firme en la autora que parece tener claro dónde está, dónde quiere llegar y hasta dónde quiere narrar (y también qué quiere mantener oculto).

Argumentalmente, la autora nos presenta a los que serán sus dos personajes protagonistas, describiendo la relación que tienen entre ellas y situándolas en una fecha bastante emblemática (la Nochebuena) y un paraje de lo más particular: el pantano de Sau (cuya característica principal es que otrora se trataba de un pueblo que cubrieron para hacer el embalse y que, en los tiempos más secos, aun se puede observar con totalidad su iglesia que, por el contrario, se encuentra sumergida bajo el agua en tiempos lluviosos). Esta elección del escenario en el que arranca la narración no es casual, puesto que el entorno juega también un papel importante en el desarrollo de la trama, ya sea como ubicación donde trascurre parte de la historia, ya sea como también todo lo que conlleva a nivel metafórico y simbólico (lo que se muestra visible y lo que permanece oculto).

Así, los protagonistas de la historia son una pareja de adultos en su cincuentena: en primer lugar, Ramona que con su pelo negro, 1.83 de altura y elegancia natural llega al hotel del parador para pasar la Navidad. Y allí, en la entrada, topa con Faust, nuestro segundo protagonista, un hombre de elevado peso, baja estatura y que espera repantigado en un sofá de la entrada. El contraste en ambos es evidente, al menos a nivel físico, pues tal y como aprecia Faust, ella está «hecha de ángulos. Una escultura de Giacometti pintada por Picasso. No como él, que proviene salido de un cuadro de Botero. A Fausto no le gustan las mujeres de alambre». 

Establecida la premisa inicial, con un innegable gancho argumental tras el encuentro fortuito entre ambos, la historia traza dos narraciones paralelas para desgranar la vida de ambos personajes. Con ello, profundizamos en sus caracteres, sus pensamientos, sus pasados y sus inquietudes y desencantos, pero a la vez, a medida que avanza el libro, vamos despegándonos del engrudo que unía ambas historias y que contenía un innegable interés asociado por las discrepancias, las dicotomías, los márgenes del espectro a cada uno de los lados enfrentándose y encontrándose. El contraste entre ambos, tan evidente, tan preciso, servía de prometedor inicio para ver donde llevaba la historia, pero la autora lanza un salto temporal (algo abrupto en mi opinión) y establece una (des)conexión con cierto tiempo entre historias. Así, este libro es un libro que trata, más que de relaciones, de predicciones, de ilusiones, de conjeturas a partir de un encuentro fortuito y casual. Trata sobre como proyectamos en alguien a quién acabamos de conocer una idea de relación, una figura ficticia pero que, por contra (o precisamente gracias a ello) de apariencia muy real pues copa todo aquello que nos atrae y no damos la oportunidad a comprobar o rebatir. Así la autora construye ante los personajes un castillo de naipes aun dispuesto sobre un tapiz, una posibilidad infinita de ser aquello que queramos ser, aquello que buscamos. Porque en nuestra cabeza, todas las vidas imaginadas son posibles en ese momento inicial, todo lo que vivimos en ese instante no es el presente sino todos aquellos futuros que esperamos que surjan a partir de esa oportunidad. Y ese punto de partida, nos lleva a reflexiones sobre los comienzos (lo que me lleva al gran libro homónimo de Claire Marin): un momento donde existe todo, incluso lo malo, incluso lo que sí ya vemos, pero a lo que no le damos importancia porque en ese momento pensamos que probablemente quedará allí.

Por todo ello, y con todas las capas que la autora teje en este relato, se hace evidente que Carlota Gurt tiene oficio, tiene tablas a la hora de escribir; se nota y lo demuestra en la solidez de un estilo sin altibajos, con ritmo y calidad constante, manteniendo un equilibrio muy bien trabado entre alta literatura y una narrativa accesible, con el punto justo de metáforas sin excesos ni necesidad de demostrar nada. Pero, también es cierto, que la historia es muy irregular: de un arranque más que interesante, pasamos a una bifurcación en la que cuesta situarse al principio y la curiosidad despertada en cada una de las tramas se hace muy dispar lo que produce que el interés en el libro oscile de manera muy marcada entre ambas, haciendo que la irregularidad lastre la lectura y el lector se encuentre a medio camino entre el interés y la apatía, pues, a pesar de todos los temas que toca de manera tangencial (las parejas, el futuro, el trabajo, los móviles, la obsesión por el cuerpo, al sequía, los problemas de comunicación) al final parece que el argumento sea lo de menos y eso es algo, que al menos a mí, en este tipo de libros y especialmente por lo que el argumento apuntaba, sí es importante. Aún y así, este libro, con sus posibles puntos débiles, trata de manera bastante certera varios aspectos de la sociedad actual, especialmente la soledad y lo que hacemos para lidiar con ella. Y abre la puerta a creer que, a veces, es únicamente necesario un momento, un punto de enganche con una ilusión, para que nos llevemos esa relación con nosotros tanto tiempo como dejemos que nuestra imaginación nos conduzca hacia la búsqueda de una felicidad que puede que no encontremos en la realidad del día a día. 

Dice la autora que, «todo son ficciones dentro de nuestras cabezas, y el futuro también, una ficción más que nos contamos, las ficciones nos empujan adelante y nos permiten creer en lo que todavía no existe, y esta es la grandeza del ser humano», y es que, al fin y al cabo, lo que nos hace vivir y sentir son nuestros sueños e ilusiones. El resto, nos es ya conocido y no siempre ilusionante.

También de Carlota Gurt en ULAD: Cabalgar toda la nocheSolaBiografía del fuego

miércoles, 1 de abril de 2026

Bernhard Schlink: El regreso

 Idioma original: alemán

Título original: Die Heimkehr

Traducción: Rosa Pilar Blanco

Año de publicación: 2007

Valoración: Está bien

Quizás, a primera vista, no les suene a ustedes el nombre del autor de este libro. Para ponerles un poco en contexto, Schlink escribió El lector que, sin duda, muchos de ustedes conocerán, bien por el libro, bien por su exitosa adaptación cinematográfica.

Schlink es escritor y jurista y, sin duda, esta ambivalencia provoca que, en muchos casos, la justicia, la culpa y la lucha entre el bien y el mal impregnen sus novelas, que se editan con regularidad en nuestro país.

En el caso de El regreso nos encontramos con la historia de un niño que, durante unas vacaciones con sus abuelos que se dedican a revisar galeradas para editar novelas baratas, descubre el manuscrito de un texto en el que un soldado alemán, que ha estado prisionero en Rusia, vuelve a su casa después de la guerra y descubre que su mujer tiene un niño y vive con otro hombre. La historia queda grabada en el subconsciente del niño, que crece y se convierte en editor literario. En un momento de crisis vital, puesto que su matrimonio ha fracasado y su trabajo no le motiva, decide agarrarse a la vieja historia y emprende una búsqueda tanto de los protagonistas como del autor de la novela. En ese contexto descubre que los relatos de soldados que vuelven al hogar tras la guerra son un género bastante habitual en la posguerra. Nuestro protagonista nunca conoció a su padre porque murió en la guerra y comienza a encontrar excesivas semejanzas entre lo que sucede en la novela y su propia vida.

Aquí el escritor alemán traza un paralelismo entre las circunstancias de la vuelta de esos soldados a su hogar  y el dilatado regreso de Ulises a Ítaca. Pone en boca del protagonista reflexiones sobre lo que significa el regreso y el deseo de venganza de los soldados que vuelven a su hogar y encuentran que su sitio está ocupado por un intruso, y lo equipara con la venganza que comete Ulises al volver a Ítaca y matar a los pretendientes de Penélope. Siendo estas reflexiones interesantes y oportunas con lo que nos quiere transmitir el autor, suponen un freno en el desarrollo de la historia que hace que nos distanciemos de la misma.

En una búsqueda que se antoja un tanto improbable, puesto que nuestro protagonista localiza de forma un tanto inverosímil tanto documentos como personas que pudieron coexistir con el autor del libro de su infancia,  va descubriendo inquietantes detalles sobre la vida de su padre y entiende que su madre no le ha contado toda la verdad sobre la vida y la muerte de su progenitor. La historia inicia un giro sorprendente, aunque previsible, y desemboca en un  final atropellado que no hace justicia al prometedor inicio de la novela.

Schlink desarrolla una novela de intriga, bien escrita y con una prosa correcta, aunque un poco fría y demasiado analítica. Se deja leer, pero no entusiasma. El autor alemán dilata los acontecimientos en demasía, de tal manera que las continuas reflexiones filosóficas y pseudojurídicas sitúan la novela en muchas ocasiones al borde del ensayo, para al final no ser una cosa ni la otra.  Quizás con cien páginas menos hubiera conseguido concentrar lo que nos quiere transmitir, saldríamos mucho más satisfechos de esta lectura y subiríamos un escalón en la valoración de esta novela.


También en Ulad: El lector


martes, 31 de marzo de 2026

Atiq Rahimi: Maldito sea Dostoievski

Idioma original: francés 
Título originalMaudit soit Dostoïevski
Año de publicación: 2011
Traducción: Elena García-Aranda
Valoración: entre recomendable y bastante recomendable

Una novela atípica, diría, no tanto por la forma o el fondo, sino por las sensaciones que deja. Rasul, el protagonista de esta historia, es un joven perdido en el mundo, profunda y voluntariamente desconectado de su familia, y cuya locura, ya incipiente en medio de las guerras civiles en Kabul, termina por estallar cuando replica el mismo asesinato que comete Raskolnikov con la casera, con el propósito de liberar a Sufia, su novia, del trabajo que realizaba bajo las órdenes de la susodicha. 

El cambio que sufre la historia es que Rasul, asustado por la presencia de otra persona, no consigue robarle nada a la anciana y huye por la ciudad. En este vagar le suceden varias situaciones: es acusado de comunista por haber estudiado en San Petersburgo y por leer a Dostoievski, conoce a un militar que comparte la línea de pensamiento de Rasul y cree que la guerra civil solo ocasionará más dolor y separación, entra a varios tugurios (en realidad, el mismo, pero las descripciones de Rahimi son muy convincentes en el manejo de la espiral lisérgica en la que se embarcan todos los personajes del antro) y sufre de diversas alucinaciones y de paranoia ante el hecho de que lo siguen persiguiendo. Además, lucha constantemente contra el casero de su departamento, que intenta echarlo por falta de pagos, de su primo, que intenta sacarlo de la apatía y llevarlo a la luz, de Sufia y de la idea que tiene de ella, ya que la adora pero no es capaz de acercarse a su familia sin sentir el peso de la relación, y otros personajes que van poniendo de relieve la violencia latente de un país y las risas punzantes de una sociedad que no puede entender cómo es que Rasul es incapaz de ponerse de un lado o del otro sin encontrarle la quinta pata del gato a todo.

La novela está muy bien construida. Tiene un buen arranque y, sobre todo, un desarrollo que justifica plenamente la apatía de Rasul, a la vez de emocionarnos cuando consigue sacudirse de su desesperación y acude a confesarse, todo para que no le hagan ni el más remoto caso, razonando que su crimen es una nimiedad a comparación de lo que está sucediendo en ese momento (una guerra civil), y que si la policía no se ha tomado el trabajo de arrestarlo por ese motivo, nadie más lo hará. Y eso causa un final ambivalente, al que un gran monólogo de Rasul, por fin juzgado (pero no por las acciones que ha cometido, sino por sus pensamientos) se contrapone con un hecho que no mencionaré, pero que termina causando una sensación de falta de impacto en el mensaje, como si el hecho de que una persona pueda dar cuenta de todo lo podrido en el ambiente no fuera suficiente para generar algún tipo de cambio. Que puede ser cierto, es verdad, pero en la medida en que vemos evolucionar magníficamente a Rasul este impacto sabe a poco. A pesar de que el primo le diga que algo cambió gracias a sus acciones, parece más un consuelo mínimo. Además de eso, las escenas divagatorias en los bares, si bien de un lirismo convincente y que ayuda a variar el ritmo de la novela, se alargan de más en algunas ocasiones; también se reiteran ciertas ideas (básicamente, la paranoia de Rasul y los diversos enfrentamientos con su primo) en la parte central del libro que desacelera la trama sin ningún propósito.

Pero, sacando eso, es una muy buena novela, con un toque de humor negro y cínico que refresca la lectura a la vez que actualiza nuestras reflexiones acerca de una obra magna como lo es Crimen y castigo y nos da a conocer una sociedad constantemente vapuleada, tanto en sus guerras como en sus pensamientos.

lunes, 30 de marzo de 2026

Georges Bernanos: Bajo el sol de Satanás

Idioma original: francés

Título original: Sous le soleil de Satan

Traducción: Concepción Pérez Pérez

Año de publicación: 1926

Valoración: Entre Recomendable y Está bien


Georges Bernanos es un autor bastante singular dentro del mundo literario del siglo XX. Su catolicismo no se limitaba a una simple profesión de fe, sino que se trasladaba con intensidad a su obra de ficción. No hay más que recordar alguno de sus libros más conocidos, como Diario de un cura rural o Diálogos de carmelitas pero, de forma aún más destacada en este aspecto, este Bajo el sol de Satanás, su primera novela. Bernanos no puede concebir lo religioso como algo tibio, sino como una experiencia saturada de dramatismo en la que el creyente, y más aún el clérigo, se sitúa en el centro de una confrontación que, más que entre el Bien y el Mal, es directamente entre Dios y Satán. Dos entidades, o quizá solo una con dos caras, sobre cuya interdependencia se ha escrito mucho y cuya pugna traslada el autor directamente al humano que ha abrazado la fe con la suficiente determinación.

En este caso la víctima de esas fuerzas enfrentadas es, como en alguna otra ocasión, un cura de aldea, poco más que un labriego, gris, sin especiales capacidades para la oratoria o el razonamiento, alguien mucho más capaz de sentir que de pensar, que difícilmente podremos decidir si es un santo, como terminan por identificarle los fieles, o si está poseído por el diablo, tal vez ambas cosas de forma alternativa o simultánea. El pobre padre Donissan siente el zarpazo de la tentación, pero no de una tentación terrenal, sino de la más profunda y definitiva: dejarse caer en brazos del demonio. Odia el pecado, intenta salvar almas, pero quizá en esa misma tarea siente que puede estar siendo manipulado. La lucha es feroz y sin tregua, e incluye el abandono personal absoluto y el intento de purificación mediante el castigo corporal.

Pero hay que abrir algo el foco para tener una perspectiva como lectores, que es lo que ahora nos interesa. Todo el terrible conflicto que vive en el interior de nuestro cura se presenta en diversos formatos, ya sean largos diálogos, narración de autor omniscente, extractos de cartas o escritos, o esas elipsis que Bernanos maneja admirablemente para dejar zonas oscuras o hacer trabajar al lector. Incluido también ese primer tercio dedicado a la joven Mouchette, que tiene el sello inconfundible del dramón decimonónico (Y por cierto, se podría hablar largo y tendido sobre el paralelismo entre este personaje femenino y el de Nueva historia de Mouchette que comentamos hace algún tiempo).

Tampoco nos engañemos: todo esto a lo largo de cerca de cuatrocientas páginas casi por entero dominadas por la tragedia interior del padre Donissan puede resultar algo excesivo si uno no está muy interesado en el asunto. Hay mucho Maligno, muchas dudas, la tentación, el destino, el alma atormentada, y poco desarrollo para tanta extensión, con lo cual la lectura se hace algo pesada, quisiéramos que se despachasen las escenas con algo más de ligereza, pero está visto que Bernanos no está en esa idea: todo lo contrario, quizá machacando al lector es como quiere transmitirle la profundidad del dolor que nos está presentando.

Hay desde luego varios momentos que rozan lo sublime: el refinamiento de Mouchette para desconcertar a sus oponentes y al lector mismo, las escenas brutales de Donissan intentando salvar almas y cuerpos sin estar seguro de quién le provee de la fuerza para hacerlo y, sobre todo, una larga y arrebatadora escena del cura perdido por los campos en la noche, donde se mezclan de forma soberbia la realidad y el sueño, la metáfora, la posesión y el misticismo, toda una obra de arte. 

No estoy seguro de que estas virtudes literarias, que se manifiestan en varios momentos, justifiquen del todo la falta de ritmo y el protagonismo aplastante de la figura del cura, cuya tragedia interior satura por completo el relato. Quizá todo dependa del interés del lector hacia este tipo de asuntos y, por qué no, hasta dónde sea capaz de disfrutar de tanta intensidad.

Otras obras de Georges Bernanos reseñadas en ULAD: Nueva historia de Mouchette