domingo, 25 de febrero de 2018

Andrés Barba: República luminosa

Resultado de imagen de republica luminosaIdioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: Está (más o menos) bien




Embarcarse en una novela de estas características, quiero decir en una novela que habla de niños errantes, da un poco de reparo, en particular si has leído –aunque haga muchísimo tiempo– El señor de las moscas, de Golding y Casa de campo de Donoso. Pero mi lema es ignorar los prejuicios que se presenten, ni siquiera cuando empezaron a intuirse ciertos paralelismos –más que paralelismos, analogías bastante evidentes– me dejé llevar por el pánico. Desde un principio, el autor deja caer ciertas ideas (ubicuidad, un clima perverso nunca concretado, omnisciencia, comunicación extrasensorial y otros poderes paranormales, tendencia a delinquir), pero solo de refilón, sin mojarse, porque el personaje que habla se sitúa al margen de la cuestión central, y por tanto –salvo un único episodio de violencia explícita– se basa nada más que en presunciones. No hay nada cierto, ni hechos, ni motivos, ni siquiera individuos concretos. Todo transcurre en una nebulosa lejana y lo que percibimos son las consecuencias, más o menos indirectas, de lo que no-se-sabe-y-puede-que-no-llegue-a-conocerse-nunca-por-completo. El tono es evasivo, un poco grandilocuente, con un punto resbaladizo que no se resuelve más que en la imaginación del lector. Se trata de uno de esos textos que pueden malograrse si se revela más de la cuenta. Algo que Andrés Barba parece haber tenido muy presente (esto es irónico), ya que su gran baza consiste en guardarse la información, no en suministrarla con cuentagotas, sino en ocultarlo casi todo para desvelarlo en el último momento. Ni siquiera eso, pues al personaje narrador se le presupone una ignorancia casi absoluta, de modo que tampoco desvela gran cosa al final. Esto, cuando el punto fuerte de la novela es, precisamente, la intriga no parece que vaya a resultar muy gratificante. Para mí no lo ha sido, que conste.
Advierto que desde el principio conocemos el desenlace, y que, por si esto fuera poco, se nos recuerda a cada momento. Lo que nos falta es el por qué.
Eso del lado de allá, pero es que del lado de acá tampoco se aclara mucho. Los personajes centrales no están bien descritos, tampoco la forma de vida del pueblo, ni las relaciones entre sus habitantes; ni siquiera la familia del narrador está perfilada con detalle. Solo se habla de los niños, o más bien de las conjeturas que estos suscitan y, ocasionalmente, aparece alguna figura relevante (el alcalde, el director de un periódico local, una reportera), pero se limitan a cumplir las funciones propias de su cargo.
No obstante la trama comienza con buen pie: se adivina cierto aroma a Juan Rulfo, descripciones que recuerdan a novela latinoamericana (así, en general), una promesa de geografía exuberante, de ambiente tropical, de reivindicaciones sociales, de observaciones certeras, de aguda filosofía cotidiana. Nada de eso se cumple. Hay otros alicientes –más simples, más comerciales, más vulgares, incluso– pero no esos precisamente.
El protagonista consigue un ascenso en su trabajo y es enviado al pueblo de San Cristóbal para dirigir el departamento de Asuntos Sociales. Le acompañan su mujer, una profesora de música, y la hija de esta. Poco después, se presenta en el pueblo un grupo de chavales de procedencia desconocida que protagoniza algún hecho delictivo, entre ellos uno muy grave, y luego desaparece. Debido a su carácter de empleado público, pero también a motivos familiares, nuestro narrador se ve obligado a buscar a los niños. El clima de tensión progresiva, los momentos inquietantes aparecen filtrados por ese narrador, que solo muestra sus reacciones personales. Lo que piensan y sienten los demás así como los hechos objetivos quedan siempre en la sombra.
Asistimos, pues, a una interpretación muy parcial de los hechos que nos mantiene en tensión, aunque relativa pues poco a poco se va desinflando. La dramática escena del final, conveniente aprovechada, se hubiese convertido en un filón narrativo. Pero no en ese contexto: porque describir únicamente ese momento, además de resultar raro, hubiese descubierto más de una inconsistencia. 


Otras obras de Andrés Barba: La ceremonia del porno (en colaboración), La hermana de Katia, Las manos pequeñas

sábado, 24 de febrero de 2018

Nuccio Ordine: Clásicos para la vida


Idioma original: Italiano 
Título original: Classici per la vita  
Traductor: Jordi Bayod Brau
Año de publicación: 2016
Valoración: Entre recomendable y está bien  

Los clásicos pueden ser una respuesta a los problemas de la sociedad actual. No la única, por supuesto, pero una de lo más efectiva. Esto que es tan obvio para algunos no acaba de ser asimilado por tantos otros. Quizás la lectura de este libro lograría convencer a esas personas reticentes de la pertinencia de este enfoque. Pero vamos por partes. Clásicos para la vida lo escribe un profesor de literatura, Nuccio Ordine, que cree a pies juntillas que la escuela debe predicar la siguiente idea: los clásicos son una herramienta que nos puede enseñar a vivir. En la "Introducción" expone y desarrolla el marco teórico de esta noción, y durante el resto del libro se encarga de aplicarla y mostrar ejemplos prácticos de la misma. 

Además de esa, Ordiane tiene otras opiniones, las cuales también esgrime en su "Introducción". La práctica pedagógica, dice, debe posicionarse a favor de la proliferación de estudiantes con un saber crítico que aplicar para desarrollar un juicio autónomo. Debe obviar la dirección que sigue en la actualidad (hacia la profesionalización, hacia la digitalización). Debe apostar por una formación con docentes capacitados, alumnos estimulados por la curiosidad y la creatividad y una consciencia institucional que sea favorable a ambas figuras. Según Ordiane, todo esto es posible si se revive a los clásicos. Si se aplican. 

Ordine propone en Clásicos para la vida una serie de reflexiones de calado moral. Las extrae gracias a diversos fragmentos de clásicos que ha ido seleccionando. Su intención es mejorar al hombre y, por extensión, a la sociedad en que éste habita, gracias a ellas. Para Ordine, repito, los clásicos deberían ser tomados en cuenta para enseñar a vivir y a pensar a la gente. 

Me he demorado bastante en leer este libro, pese a su corta extensión. Eso es debido a que cada uno de los fragmentos que propone es un remanso en el que detenerse a escuchar. Primero prestas atención al autor del fragmento, luego a la interpretación de Ordine y, finalmente, a tus propias cavilaciones. Garantizado: ningún fragmento deja indiferente. Y, mucho menos, carece de eco. Todos y cada uno de los fragmentos compilados granjean una lectura, una interpretación, sobre un tema universal o de actualidad; si no me creéis, fijaos en el primero de todos, donde se nos habla de violencia contra la mujer.  

viernes, 23 de febrero de 2018

David Trueba : Tierra de campos


Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: se deja leer (resuello)

Bitácora de esta reseña (sub- título: Diálogo interior de un lector algo impaciente)

- Primeras decenas de páginas

Esto de las reseñas-interruptus...¿cuánto hace que no escribo una? o ¿con cuántas páginas se justifica el hacerla? 

- Sobre la centena, o así.

A ver; David: esto es una autobiografía encubierta, a qué sí. Tantas similitudes en circunstancias con las tuyas particulares (lo que tiene ser hermano de famoso y pareja de famosa y ahora ex-pareja de famosa, que la gente sabe cosas de su vida y eso genera pre-concepciones, generalmente para mal), tantos detalles sobre los que establecer analogía de que Dani Mosca es un trasunto tuyo conveniente maquillado para dejar con la duda.
Pero es una duda algo perversa: no es una duda como las que establecía Cercas en sus primeras novelas de éxito.*
Parece como si Trueba quisiera sentirse como una rock-star cuando la literatura (con muy pocas excepciones) ya no da para rock-stars y si no hay rock-stars no hay fans irredentas ni groupies ni fiestas de fin de gira o de post concierto, ni habitaciones de hotel arrasadas tras vaciar el mini-bar y dejarlo todo perdido de sustancias extrañas y fluidos corporales. 
Terrible dilema porque cuando ya he decidido que continuaré hasta el final, empiezo a encontrarme por el camino referencias a cascoporro sobre lo que (pienso en mi humildad asumida de que lo que sí no ha habido nunca ni habrá - sollozo - son reseñistas rock-stars) son influencias de este libro: 
  • Karl Ove Knausgard por el tono, por el detalle de arrancar con la muerte del padre, por la obsesión en escandalizar a base del infantil recurso de repetir el verbo follar muchas veces en un párrafo
  • William Faulkner, por lo del viaje junto al ataúd hacia el pueblo de origen
  • Ray Loriga, por la deriva llorica del escritor que ha pasado por un divorcio de alguien famoso**
  • Javier Pérez Andújar, por la almibarada apelación a la nostalgia presente por doquier en la primera parte (entreverada de anécdotas y recuerdos pueriles que pretenden elevar a literatura lo que es chascarrillo de bar cutre de barrio tras unas cuantas cervezas - lo de Marciano el del Ocaso es de vergüenza ajena)
  • Las buddy-movies, cuando uno se encuentra un personaje como Jairo, personaje que acaba teniendo más calado y más recorrido como chófer ecuatoriano del coche fúnebre que muchos de esos músicos que van y vienen de las formaciones que Dani lidera y abandona.
  • Un poco más y se me escapa Bernhard, porque por ahí anda una cita de él. Pero no.
  • Repito. NO. Nada más alejado de Bernhard que esto
- Pasadas las doscientas, cuando empieza la segunda parte, que llama "Cara B"***

Ya en ese momento, y aunque Trueba se las ha apañado para no bajar a las catacumbas patéticas de Blitz (Tierra de campos es mucho mejor y más digno que Blitz, cosa bastante sencilla por otra parte), y de que obviamente a esta novela o lo que sea le sobran decenas de páginas, pero la retórica loser es lo que tiene, que uno se encuentra tan a gusto refocilándose en la propia miseria, la lectura es más o menos llevadera si se tienen pocas exigencias y si se comprende que el final al que uno se va aproximando va a contener las dosis justas de moralina 2.0 que tan bien encajan con la generación del baby-boom, esa generación de movida y transición que tan bien se adapta a ser gobernado por quien sea con tal de que no les afecten a la comodidad de su presente.

- A partir de las trescientas, que ya tiene su mérito la cosa

Parte de la novela que se lanza a tumba abierta en dos tramas que convergen: el pasado más reciente con la paternidad, la separación, la teórica asunción de la madurez, a la vez que la llegada al pueblo, a unos orígenes algo ajenos que avasallan a Dani y que acaban conduciendo a un muy moderno final sin final que espero, vayamos rematando, que dejen a este libro en la novela relativamente digna y amena que es y no le dé al autor por precipitarse a una serie knausgardiana para ver cómo el músico madura y reconduce su vida y todo eso que me da pereza hasta imaginar. Porque llegar hasta la página 404 de este libro supone una dura prueba para el lector, por lo menos para mí, comprometido con leer bien y dar una opinión, pero también por pasar ya a otro libro que contenga más sustancia que esta historia narrada con tanta pulcritud como previsibilidad.

- Postfacio****

Y todo sería justo y apropiado si yo no cargara las tintas, pero resulta que entre acabar este libro y escribir esta reseña empiezo a leer otro. Este sí una biografía de músico y este sí un recorrido por experiencias propias sin necesidad de consultar a los amigos músicos (seguro que Trueba es amigo de alguna mediocridad como Sabina al que habrá pedido consejo) para que te expliquen de qué va esto.
Que es más o menos mi sensación final: no la impostura, sino la falta de autenticidad, casi absoluta.

- Fin (al fin)










*Vaya, ahora me he acordado de como Trueba destrozó  Soldados de Salamina cambiando el sexo del protagonista, en una de sus pocas experiencias cinematográficas.
**Perdón por poner a Faulkner y a Loriga en párrafos limítrofes (jamás me lo perdonaré)
***Curiosamente, como el libro de Viv Albertine que tomo a continuación de leer el de Trueba. 
****El de Albertine: ESO SÍ  es una semblanza auténtica de la vida de un músico.

jueves, 22 de febrero de 2018

Olivier Le Carrer: Atlas de los lugares malditos

Idioma original: francés
Título original: Atlas des Lieux Maudits
Año de publicación: 2013
Traducción: Carmen Artal
Valoración: interesante

A nadie le hace gracia, cuando se va de viaje (menos aún si se trata de unas vacaciones) encontrarse con contratiempos e incomodidades inesperadas. Por supuesto, hablo de circunstancias "normales", como que te pierdan la maleta en el avión, que el tiempo no acompañe o incluso que haya alguna que otra cucaracha en el hotel. Pero, ¿qué diríamos si se tratara de una invasión de miles de murciélagos, de la amenaza de cocodrilos asesinos, de invisibles peligros químicos o radioactivos o de pernoctar en un lugar maldito por el consabido cementerio indio -¡sí: existen!-... Son detallitos que no suelen aparecer en las guías de viaje habituales, pero por suerte, el bueno de Olivier Le Carrer ha recopilado unos cuantas de estas agradables localizaciones para que podamos ir un poco más avisados por el mundo, y en España ha sido publicada en la misma editorial donde también podemos encontrar el Atlas de las ciudades perdidas, el Atlas de países que nos existen o el Atlas de lugares soñados.

Por sintetizar, y aunque el autor utilice un criterio geográfico un tanto difuso, podemos agrupar todos estos "lugares malditos" en tres grandes grupos:
  1. Sitios donde las condiciones naturales son, han sido o pueden llegar a ser complicadas para la vida humana
  2. Sitios donde son los humanos quienes han convertido esos lugares en complicados para la vida en general.
  3. Sitios célebres por alguna maldición, fenómeno paranormal o  por los hechos luctuosos que allí sucedieron.
Dentro del primer grupo, encontramos una variedad apabullante de peligros que demuestra que la naturaleza no nos tiene un especial cariño. desde la llanura abisal del Atlántico donde se fraguan los huracanes, a pueblos del Sahel engullidos por la arena, cabos o islas célebres por provocar naufragios o llanuras camboyanas imposibles para la actividad humana (atención los fans de Marguerite Duras). Mi posible desastre favorito -aunque no sé si nuestros amigos canarios pensarán lo mismo-: la posibilidad de que una erupción del Cumbre Vieja provoque el derrumbe de media isla de la Palma, , con el consiguiente maremoto que arrasaría las costas de tres continentes de una tacada.

Segundo grupo, no menos estimulante (para no ir): desde un cementerio de submarinos nucleares rusos en la península de Kola al golfo de Adén y sus mundialmente célebres piratas; desde la otrora  opulenta isla de Nauru, devastada por la explotación de fosfatos a infiernos creados por la miseria, como la Cité Soleil, en Haití o la mutante Kibera, en Nairobi, el barrio/ciudad de chabolas más grande de África.

Por último, una serie de localizaciones malditas por la leyenda, el crimen o, directamente, el programa Cuarto Milenio: el último reducto de los cátaros, en Montségur (a.k.a."la sinagoga de Satán"); cierto archipiélago australianos donde unos naúfragos recrearon su versión doméstica de lo que es un genocidio, el castillo vendeano de Barba Azul; Yeun Ellez, el pantano de los condenados en Bretaña, o, por supuesto, el archifamoso Triángulo de las Bermudas o el que va camino de serlo: el Triángulo de Nevada (y no, no se refiere a los casinos y locales de strip-tease de Las Vegas). Mi favorito, en esta categoría; Aokigohara, el bosque de los suicidas, en Japón.

Ahora toca confesar que lo que he escrito en el primer párrafo de la reseña es un poco engañoso: este libro no es una guía de viajes, ni de lejos... En todo caso, es una guía de espacios narrativos, legendarios, si se quiere, de lugares soñados o escenarios de pesadilla, pero que nos proporcionan las coordenadas donde se puede desarrollar el relato, la escenografía que precisa lo literario y que, en más de una ocasión, se convierte también en protagonista de esa misma literatura. Todo ello, contado, no se me debe olvidar, con una estupenda ironía que le quita pomposidad incluso a la maldición más pavorosa.



miércoles, 21 de febrero de 2018

2x1: Los peligros de internet (El desengaño de internet y Arden las redes)

Evgeny Morozov: El desengaño de internet. Los mitos de la libertad en la red

Idioma original: inglés

Título original: The net delusion
Traductor: Eduardo G. Murillo
Año de publicación: 2011
Valoración: recomendable

Quien no conozca a Evgeny Morozov por sus artículos en innumerables medios (entre ellos El País), puede empezar a hacerse una idea siguiéndole a través de su cuenta de twitter; no son necesarios muchos twits para darse cuenta de cuál es su tema favorito, por no decir su único tema: la tecnología, y más concretamente la interpretación ideológica del uso de la tecnología. Sus blancos favoritos son los "gurús" de Silicon Valley, que prometen que si les damos todos nuestros datos, nuestras contraseñas, nuestra localización exacta y nuestras fotografías y vídeos, crearán con ellas un mundo maravilloso, democrático y vegano (en vez de, por ejemplo, vender todos esos datos a otras empresas, usarlos para fines de marketing o, dios no lo quiera, entregarlos al gobierno de turno cuando este lo pida).


Estas obsesiones están muy presentes en su primer libro, The net delusion, cuyo título traducido al español, El desengaño de internet, es algo equívoco; quizás debería haberse traducido como The God delusion, de Richard Dawkins, como El espejismo de internet. Porque la palabra delusion, y esta es una de las claves del libro, hace referencia a un autoengaño, a una ilusión o fantasía que hace ver cosas maravillosas donde no existen. En este caso, el engaño del que habla Morozov es el "ciberutopismo": la idea de que más internet equivale a más democracia; de que implantar banda ancha equivale a implantar libertad (como en el siglo XIX construir ferrocarriles significaba difundir civilización), o que cualquier problema político, social o económico puede tener una solución meramente tecnológica, independientemente del contexto (lo que Morozov llama "internetcentrismo").


Pero ojo, Morozov no es el típico "ludita" que piensa que internet es malo, que los móviles nos esclavizan o que estábamos mejor sin televisión. Su crítica se enfoca muy concretamente en el ciberutopismo, que lleva por una parte a exagerar la importancia relativa de las tecnologías en revoluciones como la Primavera Árabe o las revueltas en Irán; y por otra parte produce políticas simplistas o mal direccionadas, que obvian el hecho de que "los malos" (por decirlo así) también pueden usar una mayor implantación de internet y de las redes sociales para controlar más y mejor a sus ciudadanos.


El libro de Morozov ofrece multitud de ejemplos concretos, tanto de citas que muestran que el ciberutopismo alcanza a las más altas esferas (por ejemplo, Hillary Clinton aparece en multitud de ocasiones defendiendo que más internet equivale a más libertad), como de eventos políticos reales o posibles que cuestionan esta opinión, desde Irán a China o a los propios Estados Unidos. El mayor problema que tiene el libro es que es excesivamente prolijo, y a veces hasta repetitivo; la idea central es necesaria y está magníficamente apoyada en datos; pero el lector se cansa de leer una y otra vez la misma idea (en voz de Morozov o en voces ajenas) y de encontrar decenas de ejemplos para demostrar lo mismo, o incluso el mismo ejemplo varias veces a lo largo del libro.


En todo caso, como antídoto contra los discursos eLibertarios (que a veces esconden, consciente o inconscientemente, un capitalismo neoliberal) y frente a la idea de internet como panacea, este sigue siendo un libro necesario.


Juan Soto Ivars: Arden las redes. La postcensura y el nuevo mundo virtual

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable como diagnóstico, decepcionante como análisis


Si Morozov puede ser un autor menos conocido para quien no se mueva en ámbitos tecnológicos, Juan Soto Ivars en cambio es probable que no necesite presentación para casi nadie que tenga Twitter en España: novelista, articulista, ensayista y twitero amado y odiado por igual, Soto Ivars se ha hecho un hueco (también en la Fundeu) como opinador ácido e irreverente, que levanta tantas pasiones como ampollas. Y también Soto Ivars, como Morozov, tiene un tema obsesivo en el último año (además de Cataluña); en este caso, se trata de los linchamientos digitales.


Arden las redes trata precisamente de estos momentos, que suelen terminar por aparecer en los periódicos con esa expresión tan manida, en que una persona privada o pública hace un comentario desafortunado en las redes sociales, y el resto de internet, como jauría justiciera, se le lanza encima exigiendo justicia, o más que justicia, venganza. Soto Ivars recolecta una buena colección de casos nacionales e internacionales, algunos de ellos bastante conocidos (el caso Zapata, Vigalondo, la escritora de libros infantiles María Frisa...), algunos de los cuales tuvieron consecuencias perdurables para sus protagonistas: pérdida de empleo, ostracismo digital, multas, juicios...


Como diagnóstico, Arden las redes me parece un libro recomendable: cada vez que veamos que un "tuitstar" republica un twit con una opinión estúpida o con un insulto despreciable, deberíamos esperar primero a conocer toda la información relevante, y no solo el titular, y después recordar que detrás de esos twits hay una persona que ha cometido un error, claro, pero que seguramente no merece (ni posiblemente está preparado para asumir) el odio, el desprecio y la humillación de miles de personas gritándole con una @ junto a su nombre. Si la opinión traspasa el ámbito de lo despreciable para entrar en lo delictivo, debe ser sin duda castigado, pero no condenado a arrastrar el oprobio de por vida (e internet tiene una memoria muy cruel). También conviene recordar que la libertad de expresión es una vía de dos sentidos: si no nos gusta que censuren a los que piensan como nosotros, no debemos querer censurar a quien piensa diferente (siempre que esa opinión no se transforme en injuria, agresión o exaltación del odio).


En cambio, el libro me parece mucho más flojo si lo tomamos no como advertencia, sino como análisis. Soto Ivars basa todo su argumento en dos conceptos: "poscensura" y "guerra cultural". La "poscensura" es la coerción para no expresar opiniones, no por miedo a una censura organizada y oficial, sino a la reprobación social de tus contactos digitales; la "guerra cultural" (y el término no es de Soto Ivars sino de James Davison Hunter) se refiere a una lucha por el control del discurso cultural/político, entre, básicamente, conservadores y progresistas (o "liberales", en el sentido anglosajón, que es distinto del español).


Aunque el término "poscensura" es el que más discusión ha provocado y el que ha sido peor recibido (probablemente porque estamos ya hartos de tanto "post"), mi mayor problema se sitúa en el segundo término, que me parece tan problemático como el "choque de civilizaciones" de Huntington. En primer lugar, porque crea dos polos monolíticos donde no los hay (sobre todo en el espectro político de la izquierda, tan aficionado a luchas fratricidas); y sobre todo porque parece situar en un estatuto de igualdad al poder y al contrapoder, a la cultura y la contracultura, a la lucha por determinados derechos, y al rechazo a estos derechos; al feminismo y al antifeminismo (por ejemplo), o a quien defiende los derechos de los homosexuales y a quien los ataca.

También, y este es otro problema importande del libro de Soto Ivars, porque no diferencia de forma suficientemente clara las explosiones espontáneas de indignación (que no por espontáneas son más justificables), de aquellas que responden claramente a intereses partidistas, como en el caso de Guillermo Zapata y de los titiriteros. Tampoco distingue claramente entre quienes hablan desde una posición de hegemonía cultural (Javier Marías o Pérez Reverte, por ejemplo) y quienes lo hacen desde una posición más periférica y por lo tanto más vulnerable; dicho con otras palabras, el libro parece decir que son igual de graves y peligrosos los insultos que pueda recibir Pérez Reverte por escribir una columna machista, que los insultos machistas o racistas que pueda recibir una activista de los derechos de las mujeres negras por parte del ejército de trolls de forocoches. Ambos insultos existen, y en grandes cantidades, pero ni todos reciben el mismo trato ni todos tienen la misma visibilidad (como tampoco se paga igual, por ejemplo, insultar a una víctima de ETA que a una víctima del Franquismo o del 11-M).


Lo mejor que podría pasar es que Arden las redes nos hiciera más conscientes de que a veces en internet nos comportamos como una masa enfurecida con antorchas y tridentes, un comportamiento gregario y cobarde que fuera de internet (no digo "en la vida real", porque internet también es real) nos resultaría repugnante. Lo peor que podría pasar es que se creyese que, efectivamente, la guerra cultural lo explica todo, que todo es "poscensura" (¡caca!), y que por lo tanto no hace falta ni analizar nada más; porque en esa línea, Arden las redes se queda claramente corto.

martes, 20 de febrero de 2018

Junji Ito: Aula demoníaca


Idioma original: Japonés  
Título original: You Kwai Kyou Shitsu 
Traductor: Ana María Caro 
Año de publicación: 2015
Valoración: Está bien 

Junji Ito es un mangaka de culto que en los últimos años empieza a ser rescatado por algunas editoriales españolas. A Ito se le conoce, principalmente, por sus cómics de terror; su forma de abordar el género (como dibujante y como guionista) es particular y muy efectiva. Personalmente creo que es uno de los mayores exponentes del horror actual. Y no sólo dentro de su disciplina. Por desgracia, el talento de Ito no brilla del todo en Aula demoníaca. Esta obra está compuesta por cinco relatos, todos ellos recopilados en un tomo integral; éstos son “Aula demoníaca”, “Belleza demoníaca”, “Apartamento demoníaco”, “El novio de Chizumi” y “Entrevista con el diablo”. Las historias de estos relatos, autoconclusivos en cierto modo, se enlazan gracias a que comparten personajes y siguen una trama global. 

Los protagonistas de Aula demoníaca son Yuuma y Chizumi, dos hermanos que de pequeños perdieron a sus padres. Ambos tienen sus rarezas: él se disculpa por todo y ella acosa a personas en plena calle y les dice que quiere sorber sus sesos. Por si esto fuera poco, algo turbio tiene que estar sucediendo para que estos siniestros hermanos se vean obligados a mudarse constantemente, dejando a sus espaldas un rastro de muerte y horror. ¿Serán ciertos esos rumores que los vinculan con la adoración al diablo? ¿Qué sucedió con sus padres?

Bien, empecemos por lo bueno de esta historia. La deriva hacia el humor negro, la sátira y la crítica social está bien balanceada con el terror; gracias a ello, Aula demoníaca no se conforma con un género, sino que tomo rutas híbridas de lo más curiosas. Del apartado artístico podríamos decir que, aunque tampoco destaque demasiado, es formalmente correcto. Lástima que esta historia no haya albergado imágenes más mórbidas; al fin y al cabo, este es uno de lo puntos fuertes de Ito en lo que respecta a lo visual. Pese a todo, hay dibujos ciertamente memorables y bastante siniestros. También la narrativa mediante el uso de viñetas es audaz.

Dicho esto, examinemos los peores aspectos de esta historia. El concepto con el que Ito arranca tiene un cierto interés, aunque es más flojo de aquello a lo que nos tiene acostumbrados. Encima, dicho concepto es bastante derivativo; para los seguidores de este señor no será difícil ver las similitudes de Aula demoníaca con otras de sus obras previas. En cuanto a la historia, el autor no explora con demasiado detenimiento algunas cosas mencionadas, y otras las expande más de lo necesario, ramificándolas en direcciones insípidas. A eso hay que añadir que el argumento de este manga ostenta en ocasiones un sentido del ridículo que no parece intencionado. Y no puedo obviar el final de Aula demoníaca, quizás lo más decepcionante del manga, ya que Ito se ve obligado a cerrar la historia de forma excesivamente rebuscada.  

Así pues, no recomiendo Aula demoníaca para iniciarse con Junji Ito, ya que tiene obras mucho mejores, como Uzumaki, Black Paradox o las antologías Voces en la oscuridad. Sin embargo, a los fans de este autor (sobre todo esos con afán completista) les puede interesar. Incluso a los amantes del género de terror que busquen algo un poco gamberro se lo recomendaría. Además, debo remarcar que esta obra ha sido publicada en España por la editorial Tomodomo con un acabado de alta calidad. Una ilustración panorámica que abarca la cubierta, la sobrecubierta y las pestañas desplegables, algunas páginas a color y la ausencia de transparencias son unos cuantos de los atractivos reclamos que posee esta cuidada edición. Y es que este tipo de detalles siempre alegran, en especial a los que estamos acostumbrados a leer mangas editados de cualquier manera, con un papel paupérrimo, defectos tipográficos y manchas de tinta. De hecho, y esto ya es una opinión personal, ojalá Tomodomo tuviera las licencias de publicación de más obras de Ito: estoy seguro de que las editarían de forma más solvente que, por ejemplo, ECC Ediciones. 

lunes, 19 de febrero de 2018

Zamiatin y Orwell: Nosotros y 1984


Idioma original: Ruso (Nosotros) / Inglés (1984)
Año de publicación: 1920 (Nosotros) / 1949 (1984)
Valoración: De recomendable a muy recomendable

Vamos a hablar hoy de dos de las más famosas distopías del siglo XX, con permiso de "Un mundo feliz". "1984", uno de los libros clave de mi biografía lectora, ya tuvo su reseña en este blog, pero son tantos los puntos en común con "Nosotros" que, tras la lectura de este, se hace necesaria una "reseña comparada".

Lo primero que hemos de tener en cuenta a la hora de comparar ambas obras es que "Nosotros" fue publicada en 1920 y "1984" en 1949. Esos veintinueve años de adelanto por parte del ruso son un punto importante a favor de este último (luego veremos por qué).

Otro punto a tener en cuenta, de cara a entender ambas obras, es la experiencia personal de los dos autores. Por un lado, Zamiatin fue, al menos en un primer momento, un bolchevique convencido que tuvo la oportunidad de trabajar en una Inglaterra industrial en la que en taylorismo campaba a su anchas. Por su parte, Orwell también simpatizó con la revolución rusa, pero los tristemente célebres "Procesos de Moscú" y su experiencia en la Guerra Civil Española le llevaron a adoptar posturas claramente antiestalinistas. Veremos después esta influencia.

Para no extenderme más de la cuenta, allá va un pequeño resumen de las semejanzas y diferencias de ambas obras, excluyendo comentario alguno acerca del final de las mismas, por si alguien quiere descubrirlo por sí solo:

SEMEJANZAS:
  • Ambas obras se sitúan en mundos futuros aparentemente ideales (obvio, son distopías) y gobernados por un poder omnímodo semejante a un Dios: El Benefactor en "Nosotros" y el Gran Hermano en "1984".
  • Las sociedades representadas en ambos libros (en "Nosotros" llamada Estado Único) son estados ideales de "no libertad" y están compuestas por seres que no son más que millones de células de un único y poderoso organismo. 
  • El protagonista principal es parte más o menos importante del engranaje del poder: D-503 es el constructor-jefe de una nave que llevará las bondades del Benefactor a toda la galaxia, mientras que Winston Smith trabaja en el Ministerio de la Verdad manipulando hechos históricos por el bien del Gran Hermano.
  • El amor es la cuña por la que entran las dudas a los protagonistas principales. Gracias a la aparición de un personaje femenino (I-330 en "Nosotros" y Julia en "1984"), tanto D-503 como Winston Smith entrarán en contacto con seres apartados de esas sociedades supuestamente ideales.
  • Englobaré en este punto lugares, entidades, artilugios, etc que ponen de manifiesto un claro paralelismo entre ambas obras. En primer lugar, indicamos los que aparecen en "Nosotros" y después su equivalente en "1984": las Tablas de la Ley y la Telepantalla, los Guardianes y la Policía del Pensamiento, el otro lado del Muro Verde o la Casa Antigua y el mundo de los proles, la Sala de Operaciones y la habitación  101... Las semejanzas son enormes y la impresión de plagio planea sobre la obra de Orwell.
DIFERENCIAS:
  • Mientras que "1984" está narrada en tercera persona, "Nosotros" está narrada en primera persona a través de anotaciones que sugieren la idea de un informe o un cuaderno de bitácora. Esta estructura hace que la narración sea, en mi opinión, menos fluida que en "1984".
  • En "Nosotros" el Estado Único es una especie de nuevo paraíso, un mundo puro y feliz, ideal, racional y preciso. En "1984", aunque desde el poder se traslada una imagen semejante, el mundo no es así; se trata de una sociedad permanentemente en guerra en la que la pobreza salta a la vista. De hecho, el propio Winston Smith vive casi en la pobreza.
  • "1984" es una novela mucho más política (aún) que "Nosotros", que es más simbólica y abstracta. Además, en "Nosotros" hay un mayor componente de ciencia-ficción. 
  • En "Nosotros" se dejan ver críticas mucho más evidentes contra la religión, contra el arte socialista y contra el proceso tecnológico que lleva a formas de organización de la producción tales como el taylorismo. "1984", por contra, se centra en un plano más político.
  • Las imágenes de "1984" son más crudas e impactantes que las de "Nosotros". "1984" es más sucia. Solo recordar la habitación 101 se me ponen los pelos de punta.
CONCLUSIÓN:

Antes de nada, hay que reconocer el mérito de los precursores y, aparentemente, Zamiatin lo fue. Siempre es más difícil crear un "universo" que desarrollarlo. Digo esto porque da la impresión de que Orwell se inspiró (¿tal vez, plagió?) en "Nosotros" a la hora de escribir "1984", lo que a su vez no es óbice para admitir que también la perfeccionó. Porque creo, sinceramente, que la narración de "1984" es mucho más completa, ágil y entretenida que la de "Nosotros", la cual pierde fuelle a mitad de la novela. Por otro lado, las referencias e imágenes de "1984" me parecen me parecen más cercanas para un lector actual que las de "Nosotros", de ahí que el grado de identificación con aquella sea mayor, al menos para mi. 

En definitiva, y admitiendo los no pocos méritos del "Nosotros" de Zamiatin, me quedo con "1984", la cual seguirá siendo una de mis novelas de cabecera (ay, cuánto peso tiene la adolescencia!). Eso sí,  gracias a Zamiatin, parte de ese halo mítico de la obra de Orwell se perderá para siempre, como lágrimas en la lluvia. -)

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