sábado, 7 de noviembre de 2026

Nerea Pallares: Punto de araña

Idioma original: gallego
Año de publicación: 2026
Valoración: decepcionante

No tengo ni idea de cuándo se publicará esta reseña. Cuando he leído esta novela, ópera prima de su autora, me acompañaba cierta sensación, sutilmente abrumadora, de que era la novela que había que leer, cosa que me ha extrañado pues siempre he concebido Libros del Asteroide (muchos Asteroides leídos últimamente) como una editorial poco invasiva en los aspectos promocionales, como entendiendo que sus publicaciones, sus reconocibles portadas, ya hablan un poco por sí mismas. Curioso que en este caso haya detectado una cierta endogamia: las citas en la contraportada pertenecen a su propio universo. Mohín de ligera desaprobación.

Con qué me he encontrado: pues con una novela de gótico galaico, con ciertas tonalidades de realismo mágico y un decidido mensaje subliminal que podríamos homologar como feminista algo radical, pero que no ha llegado a explotar de forma decidida, o que si lo ha hecho, entre tanta elipsis, capítulos que parecen cánticos amenazadores, y cambios súbitos (algunos parecen de siglos) de tiempo y escenario, se me han acabado escapando y, he de ser sincero con quienes aquí nos leen, las últimas veinte páginas, aquellas que han de cerrar y resolver la novela, aquellas que han de reproducir cierto escenario tras los hechos, se me han hecho eternas, rozando una sensación de lo absurdo/lo previsible de la cual debo advertir al lector.

Pallares, cuya narrativa ya había sido descrita por Oriol como malrollera, intercala pasajes en gallego de Fisterra (hubiera agradecido alguna nota al pie con la traducción) y cierta tonalidad verde, húmeda, se inserta en lo que parece apelar a mitología local y secular, en una historia claramente alegórica, cortada en dos partes sustancialmente desiguales (destejer, tejer) sobre un pueblo en la Costa da Morte, Camariñas, al que llega Ari, encargada entre otras cosas, de actuar como guía turística introductoria. La típica aldea gallega de pescadores en que los hombres han de buscarse la vida incluso a costa (incidente de María, falso nudo central de la narración) de la seguridad de aquellos a quienes deben cuidar. Las mujeres asienten y acatan, y es casi más de lo que debería apuntar ya que, interpreto, la fuerza de la narración, rellena de jerga pesquera y de constantes metáforas, consiste en esa especie de progresión del descontento, de asunción del desequilibrio de los papeles, esa ebullición del hartazgo que inclina al colectivo femenino (prácticamente el único en que se distinguen nombres y relaciones) frente al monolítico bloque de hombres que se hacen a la mar, que afrontan futuros inciertos en lo físico y en lo psicológico. Creo que a Pallares se le ha ido un poco la mano en ese desequilibrio, en esa narrativa tan marcada en la dicotomía: hombres que actúan como masa que solo actúa por intereses concretos, mujeres que asumen una especie de destino común que en un momento dado optan por cambiar. 

También de Narea Pallares en ULAD: aquí

viernes, 6 de noviembre de 2026

Alberto Manzano: Leonard Cohen. La biografía

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2010

Valoración: Se deja leer (pero solo para muy fans)


Parece ser que Alberto Manzano, además de traductor, era amigo de Leonard Cohen, y su principal biógrafo al menos en lengua castellana, no por nada ha escrito varios libros sobre el poeta y cantante canadiense. Esa relación, más o menos estrecha, va a determinar en gran medida el contenido de esta biografía.

Por ponernos en contexto, supongo que casi todo el mundo conoce, poco o mucho, a Leonard Cohen, nacido en Montreal de familia judía cuyas convicciones religiosas pesaron sobre él de forma considerable en distintas etapas. Inicialmente poeta, se animó a introducirse en el mundo de la música, aunque nunca dejó la creación puramente literaria. En su discografía evolucionó desde cierto intimismo hasta formas bastante más comerciales que le dieron una notoriedad creciente que llegó a lo más alto sobre los años 90 del siglo pasado, siempre aportando cosas interesantes: letras innegociables de marcado matiz poético, a veces profundo, apertura a influencias diversas en el plano musical (jazz, country), la fascinación por Lorca o las enseñanzas de maestros del zen o el budismo, y naturalmente la herencia judaica.

Desde el punto de vista personal, además de su permanente búsqueda/huida de sí mismo, llama la atención la larga lista de parejas femeninas que acumula a lo largo de su vida, un catálogo que para sí lo quisieran muchas estrellas del rock. Cohen es insaciable, se suceden las relaciones, estables y/o esporádicas, y por momentos parece inmerso en ese terreno movedizo, puede que angustioso, entre sexo y misticismo que encontramos en algunos otros artistas, pongamos Georges Bataille.

A cierta distancia se podría pensar en Cohen como un espíritu esencialmente libre, un tipo que flota unos metros por encima de nuestras cabezas, entre el incienso del gurú Roshi y la sabiduría del Talmud, y solo desciende a ras de tierra, aunque lo hace con frecuencia, para follar. Y ante esa imagen, desde luego excesivamente sardónica, Manzano calla, consiente, simplemente describe, porque observa siempre desde lejos y anota de forma notarial las idas y venidas del poeta-músico sin atreverse con nada que pueda parecer incómodo. 

Es una biografía oficialista y acrítica en la que no entra, porque el autor no sabe o porque no quiere, en la personalidad de Cohen, ni se molesta al parecer en indagar a su alrededor. Solo se escucha la voz del héroe, sus opiniones y citas, en un continuo de páginas y más páginas llenas de poemas, fragmentos e interminables digresiones del artista, que parece gustarse en algo que suena a incontinencia verbal. Manzano le hace espacio, quizá la mitad del libro, tal vez más, de manera que lo que era biografía se convierte en una especie de portfolio o antología, casi en su totalidad ausente de análisis, como si se tratase de un trabajo de encargo.

Curiosamente, las únicas páginas donde se deja ver algo de alma aparecen cuando el autor, de repente, arranca a hablar en primera persona sobre algunos momentos de su experiencia personal con Cohen. Apenas unos pocos retazos de humanidad y cercanía que a duras penas explican su posición y dan al texto un pequeño soplo de subjetividad más sana.

De manera que, tras este intento fallido, no me queda más opción que centrarme en aquellas viejas canciones que hablaban de las obsesiones y elucubraciones de aquel gran Leonard Cohen, el de So long, Marianne, The Partisan, Dance me to the End of Love, Suzanne, Who by fire o la maravillosa Take This Waltz.

También reseñados en ULAD otros libros de Leonard Cohen (Libro del anhelo) o sobre él (Cohen por Cohen, de Jeff Burger)

jueves, 5 de noviembre de 2026

Jon Bilbao: Esta es tu casa

Idioma original: Español
Año de publicación: 2025
Valoración: Entre recomendable y está bien

Es de sobras conocido que Jon Bilbao es un narrador solvente, capaz de complementar un estilo técnicamente irreprochable con ideas potentes. Esta es tu casa es una buena prueba de ello.

Son nueve los relatos que esta colección compila. Su temática, más bien variada, otorga al conjunto cierto eclecticismo. Sin embargo, hay algún que otro elemento aglutinador. Un rasgo en común que comparten la mayoría de relatos, por ejemplo, es que se sitúan en (o mencionan esporádicamente) Ribadesella, lugar de nacimiento de Bilbao. Asimismo, en prácticamente todos ellos aparece el propio autor, ya sea a modo de protagonista ("Explotación"), antagonista ("Viven muchas personas ahí dentro", "Un fin de semana largo") o secundario ("Recordatorio", "Primera noche").

Sólo le pondría un par de pegas al volumen. La primera es su irregularidad (joyas como "Lo que sucedió en la cueva" o "Viven muchas personas ahí dentro" conviven con relatos menos logrados). La segunda, que la prosa taquigráfica y la atención al detalle de Bilbao, aunque efectivas por lo general, en ocasiones robotizan demasiado a los personajes o dilatan innecesariamente las escenas.

Llegados a este punto, abordemos uno a uno los relatos de Esta es tu casa:

"Lo que sucedió en la cueva" inaugura el volumen de manera magistral. Enésimo relato ambientado en la guerra civil española, se siente fresco, su tono (asfixiante, amargo y cruel) funciona a la perfección y con gran acierto deja bastantes cosas a la imaginación del lector. 

"Explotación" baja el nivel, pues es un relato de corte autobiográfico algo insípido e indefinido. Aunque admito que tamiza la realidad correctamente, a la manera de John Fante, no logra concretar un objetivo al ficcionarla.

"Variación sobre un viaje en coche por Big Sur" remonta ostensiblemente. Si bien es cierto que no he acabado de entender la conexión entre las dos historias que el relato superpone, asumo que esto probablemente se deba a mis limitaciones como lector, en vez de a insuficiencias intrínsecas del texto. 

"Viven muchas personas ahí dentro" es una muy digna aportación a esa literatura de casas encantadas que prioriza la sutileza y los escalofríos a los efectismos baratos. Relato con un atractivo sustrato extraño y un par de escenas siniestras hábilmente descritas, tiene el mérito de enfocarse en el protagonista y en cómo una situación decididamente sobrenatural le afecta. Un escritor menos ingenioso que Bilbao se hubiera limitado a explorar ésta, restándole su misterio en el proceso, en vez de envolver un drama humano con eventos inexplicables.

"Recordatorio" hace un retrato psicológico oblicuo de su protagonista, permitiendo que sea el lector el que recabe información y rellene los huecos. Es un relato poco memorable, aunque endiabladamente entretenido, eficiente e intenso que por momentos recuerda a Patricia Highsmith.

"Experiencia no física" desconcierta un poco, pero en el buen sentido. Los tramos de los investigadores paranormales estudiando una cueva se combinan con la descripción de los fenómenos que terminarán por poseerlos. No me ha entusiasmado y he encontrado un poco impostado el lenguaje de los párrafos en cursiva, pero es evidente que sabe atar satisfactoriamente todos sus elementos.

"Un fin de semana largo" es Bilbao en todo su esplendor. Tensión doméstica, un elemento fantástico que bien puedo estar sólo en la cabeza de un personaje y satisfactorias dosis de autoficción componen este logrado relato.

"Conversación en un gallinero" me ha parecido pesado y ampuloso. Persevera en la autoficción, pero en vez de abordarla con la naturalidad y sencillez de "Explotación" o la discreción de "Un fin de semana largo", lo hace de una manera que roza lo pretencioso. A fin de cuentas, reflexiona en torno a ella, el papel de su narrador, la mezcla entre memoria e imaginación que ineludiblemente conlleva, con una seriedad alienante para el lector. Los artificiosos diálogos y pensamientos de los personajes no ayudan a mejorar la impresión global que deja este relato.

"Primera noche" es una historia de fantasmas atípica, que si bien leída de forma autónoma puede parecer una mera curiosidad, gana relieve para quienes nos hemos familiarizado con la casa, hijos y pareja de Bilbao a lo largo de estos relatos. En cualquier caso, como cierre del volumen queda bastante resultona.


También de Jon Bilbao en ULAD: Aquí

miércoles, 4 de noviembre de 2026

Philippe Claudel: El crepúsculo

 Título original: Crépuscule

Idioma original: francés

Traducción: Juan Manuel Salmerón

Año de publicación: 2025

Valoración: muy recomendable


Hace relativamente poco reseñé por estos lares la novela Bajo el árbol de los Toraya, y les indicaba que, pese a que me gusta la forma de escribir de Claudel, esta novela no me había acabado de convencer, quizás porque se salía de los cauces habituales por los que discurren las novelas del escritor francés. Parece que el propio escritor tampoco quedó demasiado convencido y en esta nueva novela vuelve a transitar por los senderos que  mejor conoce: el alma de las colectividades humanas.

Un crimen, el asesinato de un sacerdote en un lugar indeterminado en el espacio y el tiempo, alejado de la capital del imperio -presumiblemente una aldea de Croacia o Macedonia-, sirve a Claudel para poner en marcha una historia con aires de novela policiaca que servirá al escritor francés para desenmascarar una vez más los intrincados resortes que mueven a los seres humanos a convertirse en seres estúpidos e irracionales.

En la aldea en que sucede el asesinato, "aquel lugar en el culo del mundo, en el que nunca pasaba nada nuevo ni imprevisto, en el que los días se sucedían iguales, y donde el invierno se disponía a cubrir animales, hombres y casas y dejarlos anquilosados", conviven en pacífica armonía desde hace siglos cristianos y musulmanes. El crimen altera momentáneamente la paz del lugar, pero todos esperan que las aguas vuelvan a la normalidad y confían en que la policía, encarnada por el capitán Nurio, un hombre de dudosa moralidad y su ayudante Baraj, un gigantón con pocas luces, resuelva el crimen.

Nurio comienza a investigar con parsimonia el asesinato, pero el imán Guedj le advierte contra una previsible alteración del frágil equilibrio entre las dos comunidades que conviven en la aldea: "Los hombres son criaturas débiles, que nada son sin Dios, y cuando el pastor de Dios desaparece, cuando ese pastor ha muerto asesinado, los impulsos malvados de los hombres son como bestias errantes que poco a poco retornan a la vida salvaje y despedazan lo que ayer temían. Capitán, temo que la muerte del pobre cura Pernieg, que Alá el grande lo reciba en su seno, turbe la paz del pueblo, si no se descubre pronto al culpable".

Efectivamente Nurio que, espera un ascenso con la resolución del caso, apenas tiene que resolver insignificantes trifulcas entre los aldeanos, pero comienza a verse inmediatamente sobrepasado por los acontecimientos, "Tuvo la sensación de que cualquier detalle llevaría el caso, del que había esperado disfrutar, a una dimensión en que ni la verdad, ni sus deducciones, ni la identidad real del culpable, ni el mismo tendrían la menor relevancia, y aun sintiendo todo esto no veía la menor manera de oponerse al curso impetuoso de los acontecimientos".

Sus conversaciones con los gobernantes locales y los comunicados que recibe de sus superiores en la capital le hacen comprender que no podrá mantener el orden en la aldea. Los odios de los aldeanos, alentados por las autoridades civiles y eclesiásticas, desencadenarán una creciente sensación de enfrentamiento y la persecución de los musulmanes: "Sería difícil explicarlo racionalmente, pero la atmósfera cambió. Los niños caminaban más deprisa por las aceras y más madres iban a recogerlas a la salida de la escuela, cuando por norma volvían solos. Las casas se cerraban antes. Los hombres caminaban con actitud desafiante y la mano metida en el bolsillo, y, cuando volvían a casa encerraban con llave a su familia, con cara arisca, como animales acosados. Hubo quien engrasó la escopeta o el rifle, y quien se acostó con una maza, un atizador o un cuchillo de cocina junto al orinal".

Nurio está desconcertado y comprende, demasiado tarde, que es una pieza insignificante en el tablero del imperio y que no podrá parar la ola de violencia que está por llegar. El delegado le aclara la situación: "Así no vamos a ninguna parte y dudo que pueda usted aclarar la muerte del cura, una muerte que no sabe usted bien lo útil que nos ha sido, a fin de cuentas, porque es la causa principal de todo lo ocurrido después. Se encuentra usted ahora en una ciudad limpia, una ciudad pura, que se ha librado de la escoria, que es un precioso laboratorio de lo que se prepara en el imperio".

Claudel escribe con tono de fábula un claro alegato contra la intolerancia y los odios irracionales que llevan a condenar a los diferentes. Es un excelente narrador.  Utiliza una prosa clara y concisa, con unas descripciones sutiles y poéticas y dota a la novela de  un ritmo en constante crecimiento que nos atrapa y no nos suelta hasta su conmovedor final. Totalmente recomendable.

Otras novelas de Claudel en ULAD: Bajo el árbol de los Toraya, El informe de Brodeck, La nieta del señor Linh, Almas grises

martes, 3 de noviembre de 2026

Agustín De Luca: El gesto final

Idioma original: español
Año de publicación: 2026
Valoración: entre se deja leer y está bien

Un hombre, Gonzalo Rojas, arroja a una mujer, Lucía Cruz, a las vías de un subte; a primera vista, no hay nada que lo motive a hacerlo: no existe relación entre ellos, las cámaras no captan su conversación, solo algunos gestos a los que no se les otorga mucha relevancia luego del inevitable suceder mediático. Pero un juez, Andrés Olavarría, obsesionado con esa trama, con el accionar aparentemente azaroso del culpable, que en ningún momento niega su autoría, se dedica a investigar, por fuera de sus funciones, los motivos de ese crimen, arrastrando, con ello, a su esposa casi en proceso de divorcio, a su hijo, a su suegro, eminencia judicial y bastante sorete con su yerno, y a él mismo y su trabajo.

Visto el primer párrafo, me ha salido una sinopsis bastante exacta y hasta con un tono aséptico. Creo, también, que empezar de esa manera muestra el poco entusiasmo que me despertó la novela. Desarrollemos un poquito más.

En principio, una novela policial. Quizás la variación que la hace destacar es que sabemos desde el inicio el culpable, por lo que el autor debe sostener el interés buscando la vertiente psicológica del asunto y eliminando las escenas trepidantes de rigor. En principio, nada que objetar. Se agradece la intención de dotar de profundidad a unos personajes de género que, en manos de otro, serían ideas diseñadas para la función de la trama. Pero el problema, o mejor dicho los problemas, es que la escritura es demasiada formulaica, preocupada más por cumplir con la estructura y preceptos del policial, amén de recubrir las frases de una indolencia exasperante. Esto no es tanto la culpa de De Luca sino más bien de una influencia común a muchas novelas actuales: narrador en primera persona, aquejado por una angustia más o menos común (disfunción familiar, problemas con la bebida, drogas, un trauma), cuya narración es apática, sin una sola floritura estilística o tonal (ni siquiera un exabrupto o una contemplación de la naturaleza) y que tampoco desarrolla del todo sus creencias (se identifica como un retribucionista moderado, pero sacando un par de diálogos, casi no piensa en eso); todo está dedicado a la trama y no hay siquiera una mínima elaboración del lenguaje. Lo más grave es que las consecuencias, que se repiten a lo largo del libro, apenas afectan a los personajes, todos enfermos de esa indolencia mencionada, como si dijeran "y bueno, así son las cosas". Se echa en falta una mirada personal del mundo, no solo una transcripción de la realidad.

Para hacer esto y aun así mantener el interés, la historia debe contar con unos personajes interesantes y diálogos y escenas potentes. Pero el autor vuelve a caer en errores típicos de la narración: conversaciones que te explican lo que los personajes ya saben (e incluso la manera de alcanzar el clímax es fácil, sin realmente una labor detectivesca por parte del protagonista), pensamientos reiterativos (y no de una manera circular, sino la recuperación de información por miedo al olvido del lector), resoluciones de tramas vistas en mil libros, en fin, lo que se puede achacar a más de la mitad de la literatura. Se puede decir que está bien escrito, que parece haberse aprendido a la perfección el libreto de un taller de escritura, que la construcción del giro va escalando, que las subtramas familiares y románticas (pongámoslo entre comillas, porque la subtrama del hijo queda en nada y la romántica tampoco avanza) potencian y desarrollan al protagonista, pero no hay nada que salga del carril, nada que permita entrever una imaginación portentosa, nada que nos haga siquiera arquear una ceja. De lo poco que rescato es que no se preocupa tanto por explicar conceptos del derecho, y menos mal, porque hubiera sido enfangar la novela de manera injustificable. Por otro lado, quizás siento una influencia muy marcada respecto al lenguaje cinematográfico. Me daba la sensación, muchas veces, de que sus referencias eran películas más que libros (de hecho se citan puras películas en el libro), sobre todo de El Secreto de sus ojos (es decir, la estructura de la versión cinematográfica, no de la obra original), lo que empobrece la lectura.

Cierto es que en un policial sorprender es más complicado, pero justamente, si se elimina la intriga del culpable, uno espera un examen psicológico, no digo dostoievskiano, pero sí que revele varias capas de complejidad. Es una novela que se lee en busca de un entretenimiento rápido, sin que despierte algún tipo de pasión. Hay veces en las que tu pericia sobre ciertos campos de conocimiento no basta para construir una historia. Salir de la zona de confort, de las reglas de un género, también es necesario, aunque más no sea para ejecutar de manera impecable una trama de estas características.

lunes, 2 de noviembre de 2026

F. Scott Fitzgerald: El Crack-Up

Idioma original: inglés
Título original: The Crack-Up
Traducción: Albert Pijuan en catalán para Angle Editorial y Mariano Antolín Rato para Capitán Swing
Año de publicación: 1945
Valoración: muy recomendable


Hay ciertas verdades irrefutables. Y considerar a Francis Scott Fitzgerald uno de los grandes representantes de «Los felices años veinte» es una de ellas. Porque más allá de que guste su estilo o no, más allá de la admiración que provoque (o repulsión) el modelo de vida estadounidense de hace un siglo, la verdad es que varios autores supieron captar ese momento y plasmarlo en sus obras. Y, entre ellos, despunta F. Scott Fitzgerald a quien la revista Esquire destacó como el máximo representante de «La Era del Jazz» (o los “roaring twenties”), ese momento en la historia de los Estados Unidos de América en la que, una vez concluida la Primera Guerra Mundial, su dominio y esplendor empezaban a despuntar. Una época de excesos, de orgullo patrio, de efervescencia, del auge del capitalismo y del enriquecimiento y hedonismo en una sociedad que por primera vez se siente potente, orgullosa, crecida, exultante y con una ambición que la llevaba a dilatar la juventud nadando entre alcohol y fiestas, de borracheras alcohólicas y económicas que, de una manera u otra, parecía anticipar lo que vendría: el "Crac del 29".

Esta recopilación de relatos lo componen nueve escritos del autor entre los que se encuentran su tres textos publicados en la revista Esquire escritos pasada la década de los años veinte y que fueron la semilla que empujaron al autor a desnudarse al público ante la nueva realidad; en ellos, se evidenciaba el contraste en el cambio de década tras el «Crac del 29», pues el tono y el estado de ánimo en el que escribió esos artículos mostraba la caída de un sistema que deslumbró a gran parte del mundo. Este recopilatorio incluye, entre otros, esos tres artículos autobiográficos en los que el autor de desnudaba a ojos del público exponiendo sus debilidades, fracasos y decepciones y que, por ello, causaron un impacto por la constatación del declive de un mundo que había dejado de existir. Entre los textos más destacables de este recopilatorio se encuentran aquellos que hacen referencia a la ciudad en los años de bonanza, en la década mágica. Es allí donde Fitzgerald nos retorna a Gatsby, al resplandor de la época donde todo parecía posible y donde los únicos límites que se ponían a la vida eran los marcados por el reloj que acechaba el fin de la noche, con sus fiestas y sus lujos, con sus excesos y su fulgor. El resto de los escritos son a nivel más personal y autobiográfico (un traslado, el insomnio a raíz de un mosquito o del incesante bullicio mental por las preocupaciones o antiguas amistades ya olvidadas). Así que, por la gran variedad de textos y temáticas, centraré la reseña en los que considero mejores.

En el primero de los textos («Ecos de la Era del Jazz», escrito en 1931), y uno de los mejores de esta antología, el autor nos pone en antecedentes sobre la Era del Jazz, de la que habla afirmando que «aquella década, que no encontraba el momento de morir de vieja en la cama y que se lanzó acrobáticamente al vacío el octubre de 1929, comenzó, más o menos, con los alborotos del 1 de mayo de 1919 en Cleveland». El autor afirma, con cierta mirada nostálgica, que «fue una época de milagros, una época artística, una época de excesos y una época llena de sátira»; una época donde el alcohol era escaso por la instauración de la Ley Seca y debían recurrir a bares clandestinos, pero eso no impedía que la gente saliera a disfrutar de la vida y el momento. Aun así, visto unos años después, el autor constata que «la Era del Jazz vivió una juventud desenfadada y una adultez intoxicada», aunque no se lamenta en absoluto de lo vivido, pues bajo el prisma de esas edades donde todo despunta y deslumbra el recuerdo permanece vivo, pues «ahora todo nos parece tan romántico y de color rosa, a nosotros, los que entonces éramos jóvenes, porque nunca más volveremos a sentir con tanta intensidad, todo aquello que teníamos alrededor». Aun y así, cabe decir, que en bastantes de estos textos, se vislumbra cierto tono de pérdida, de lamento, como en «Mi ciudad perdida» (escrito en 1932) donde el autor muestra cierto aire de pesar, de desolación, cuando se marcha de Manhattan con un lamento, con un sentimiento casi lapidario, afirmando sin rubor, pero con pesar, que «así que me despido de mi ciudad perdida. Vista desde el ferry, con la primera luz del alba, y no murmura ninguna historia de éxito fabuloso ni de juventud eterna».

Más allá de los textos más orientados a la Era del Jazz, también el autor lanza interesantes reflexiones sobre la confición humana y el espíritu crítico, como en «Romperse» (escrito en 1936) donde afirma que «la prueba de una inteligencia de primer orden se encuentra en la capacidad de sostener simultáneamente dos ideas opuestas y aún y así continuar funcionando. Todo el mundo debería entender, por ejemplo, que no hay esperanza y, a la vez, tener la determinación posible para cambiar las cosas». Así, el autor hace una férrea defensa de la mirada crítica, no únicamente hacia la sociedad sino también hacia uno mismo, mientras apenas reconoce opciones de futuro sobre un mundo que ha sucumbido pero que, a pesar de ello, merece la pena seguir intentando mejorarlo; avanzar y luchar por un cambio de rumbo. Asimismo, el autor también se desnuda al hablar de la época posterior a su éxito, en la que se aisló hasta el punto de no querer verse con nadie ni mantener ningún contacto; es posible que la fama le pasara cierta factura, pero no se arrepiente de ella sino al contrario, valora el legado que deja como autor, pues «parecía un asunto tan romántico ser un hombre de letras de éxito: nunca serías tan famoso como una estrella de cine, pero la fama conseguida podía perdurar más».

En su vertiente más introspectiva y con mirada más pesimista el autor afirma en «Manipulad con cuidado» (escrito en 1936) que «el estado natural del adulto consciente es una infelicidad cualificada. También pienso que, en un adulto, el deseo de ser mejor que lo que eres, aquel ‘esfuerzo constante’ (…), al fin y al cabo, solo añade más infelicidad a la que ya se tiene por el fin de la juventud y las esperanzas». Es curioso que casi cien años más tarde se reproduzca la misma situación: la esperanza de ser, día sí y día también, “la mejor versión de uno mismo”, con su carga emocional, con su presión añadida, con unas expectativas que, en cierta medida pueden suponer un estímulo, pero que en exceso pueden llevarnos a la decepción. 

Quizá de la misma manera que los excesos de la Era del Jazz la llevaron a una crisis, el autor intenta ponernos también en alerta ante los augurios de nuevas eras que parecen resplandecer bajo luces, espejos y moderneces, pero que en el fondo, cuando la realidad explota cual burbuja, las estrellas se apagan y los ánimos decaen como esas notas finales de una canción que suena ya débil, cuando la fiesta ha terminado, el murmullo de la gente se desvanece y solo quedan las bebidas abandonadas a medio consumir y los escombros que nadie quiere barrer. Esos momentos finales en los que ya solo queda apagar la luz y cerrar la puerta al pasado, a lo que fue, pero también a lo que pudo haber sido.

domingo, 1 de noviembre de 2026

Wu Ming-yi: La bicicleta robada

Idioma original: Chino

Título original: 單車失竊記

Traducción: Amelia Pérez Domínguez

Año de publicación: 2015

Valoración: Muy recomendable

Cuando viajo a otra ciudad, suelo hacer dos cosas (además de las típicas actividades de turista) con la intención de conocer un poco mejor el lugar: salir a correr por sus calles y leer a un escritor local. Menciono esto último porque este es un blog de literatura, pero lo primero también tiene una relación bastante directa con la historia del libro que nos ocupa.

Hace unos meses hice un viaje corto a Taiwán, específicamente a Taipéi. Antes de viajar, hice una búsqueda bastante superficial en Google para encontrar algún escritor taiwanés que pudiera acompañarme durante mi estancia. Wu Ming-yi aparecía constantemente entre los primeros nombres de las listas, así que, sin investigar demasiado, decidí darle una oportunidad a La bicicleta robada.

La novela cuenta la historia de Cheng, un escritor que se embarca en una aventura casi quijotesca con la esperanza de averiguar qué ocurrió con su padre, quien desapareció muchos años atrás. La única pista, si es que puede llamarse así, es que su bicicleta también desapareció. En otras circunstancias, uno podría haber supuesto que el padre se fue por cigarros. Sin embargo, en un país como Taiwán, cuya historia durante buena parte del siglo XX estuvo marcada por la ocupación japonesa, la guerra, la represión política y las desapariciones, la ausencia inexplicable de una persona ofrece posibilidades bastante más inquietantes para la imaginación.

Así comienza una búsqueda que nos conduce por los caminos secundarios de la memoria, de Cheng y de todos aquellos con los que se cruza: veteranos de guerra, coleccionistas de bicicletas, artesanas que usan cadáveres de mariposas como óleo, encargados de zoológicos, etc.

Todas esas historias, que tienen en común la mancha imborrable de la guerra y la violencia, además de sostenerse por sí solas, contribuyen a enriquecer la visión global de ese colorido territorio resguardado por la memoria de Chiang Kai-shek.

Como sugiere el título de la novela, y retomando mi introducción, las bicicletas son un tema recurrente. De ser un artículo de lujo, pasando por su uso como vehículo de guerra, hasta convertirse en el medio de transporte preferido de la clase trabajadora, hoy se han vuelto, en esa pequeña isla, objetos de colección. Durante mis recorridos a pie por las calles de Taipéi, pude comprobar que las bicicletas han cedido buena parte de su lugar a sus parientes motorizadas. Las calles están atestadas de motos y motonetas que, desde mi punto de vista, no tienen ni de lejos el encanto del viejo velocípedo. ¡Qué tiempos aquellos!