domingo, 29 de marzo de 2026

Malcolm Devlin: Y entonces desperté

Idioma original: Inglés
Título original: And Then I Woke Up
Año de publicación: 2022
Traducción: Mª Pilar San Román
Valoración: Recomendable

Y entonces desperté es una novela de terror tan sencilla como efectiva. Además de enfocar de manera refrescante los géneros del apocalipsis y los zombies, entrega un contundente mensaje, lo cual aporta profundidad y enjundia al conjunto.

Transcurre en un mundo devastado por infectados violentos. El elemento diferencial de esta historia es que dichos infectados no son zombies, sino que tienen la percepción de la realidad alterada y ven a otras personas como tal. Los protagonistas de la historia, Spence y Leila, dos infectados rehabilitados, gestionan su pasado de manera distinta. Spence siente una culpa que le impide aceptar la postiza redención que los compasivos organismos oficiales reservan para los rehabilitados. Leila, en cambio... Bueno, mejor dejo que esto lo averigüen los lectores.

Llegados a este punto, me gustaría destacar unos cuantos apartados de Y entonces desperté que me hubiera gustado que se plantearan de otro modo:

  • Si bien el mensaje de la novela la engrandece y está muy bien focalizado, es quizá algo obvio y lineal.
  • Pese a que los protagonistas están adecuadamente diferenciados y caracterizados, sería más fácil simpatizar con ellos si su personalidad y motivaciones se hubieran espesado un poco.
  • Ojalá se explorara más las formas en las que el gobierno pretende conseguir que los infectados vayan despertando, aunque comprendo que la novela no persigue crear un mundo detallado, por lo que con esbozar unas cuantas ideas interesantes sobre esto ya es suficiente.

Sea como fuere, Y entonces desperté es una interesante vuelta de tuerca de las historias, por lo general algo gastadas, de apocalipsis y zombies. Aunque advierto que, lo que la diferencia de sus compañeras de género no es solamente su concepto original, sino que también su tono reflexivo y el hecho de priorizar la psicología de sus personajes a la acción.

La imagen de la cubierta de la edición al español de Y entonces desperté me parece encanta. Realizada por el artista digital Samuel Araya, plasma con absoluta maestría una escena crucial.  

sábado, 28 de marzo de 2026

Mo Yan: El suplicio del aroma de sándalo

Idioma originalChino

Título original: 檀香刑

Traducción: Blas Piñero Martínez

Año de publicación: 2014

Valoración: Muy recomendable

Esta debe de ser la cuarta o quinta novela que leo de Mo Yan, pero es la primera que leo de él en al menos diez años. Al empezar El suplicio del aroma de sándalo, recordé de inmediato por qué durante tanto tiempo lo consideré uno de mis escritores favoritos. Bastan unas cuantas páginas para que reaparezca esa sensación de estar en manos de un narrador desmesurado, cruel, burlón, excesivo, pero también profundamente dueño de su mundo.

La novela tiene todo lo que más me gusta de Mo Yan y, más importante aún, esta vez siento que esos elementos están mejor equilibrados que en otras de sus obras: lo fantástico, el folclore chino, el gore y la historia. Claro que son inevitables las comparaciones con el realismo mágico (de hecho, algunos llaman a su estilo “realismo onírico”), pero en Mo Yan siempre da la impresión de que lo insólito brota de la propia lógica del mundo rural, de la superstición, del rumor, de la imaginación popular, como si la realidad por sí sola no bastara para explicar la brutalidad de la experiencia humana.

La novela se sitúa en la China de finales de la dinastía Qing, más o menos hacia 1900, en un contexto de ocupación extranjera, corrupción local y violencia política. La presencia extranjera se siente como una fuerza humillante que reorganiza el espacio, el poder y hasta la dignidad de los sometidos. En ese clima enrarecido, con el eco de la rebelión de los bóxers y el resentimiento nacional creciendo entre la impotencia y el fanatismo, Mo Yan sitúa en el centro de la historia una ejecución particularmente atroz: el “suplicio del aroma de sándalo”.

Las llamadas “torturas chinas” forman parte aquí de una cultura del castigo ejemplar: los suplicios debían corregir, aterrorizar y entretener al mismo tiempo. El cuerpo del condenado se volvía así un escenario donde el poder, acorralado por enemigos internos y externos, seguía representando su autoridad a falta de algo más convincente. A partir de esos castigos —como el ya célebre lingchi—, Mo Yan construye una trama en la que se entrecruzan el deseo, la traición, la lealtad filial, el orgullo nacional y la brutalidad del poder.

La historia sigue sobre todo a Sun Meiniang, una mujer atrapada entre la pasión, la obediencia familiar y el caos político que la rodea. A su alrededor desfilan verdugos, funcionarios, patriotas improvisados, suegros, amantes y oportunistas, todos arrastrados hacia un desenlace en el que la muerte deja de ser un hecho para convertirse en ceremonia, espectáculo y pedagogía pública. Como suele ocurrir en Mo Yan, nadie conserva del todo la dignidad y casi nadie merece conservarla. 

Uno de los mayores aciertos del libro es precisamente la manera en que mezcla lo grotesco con lo trágico. Hay escenas de violencia extrema, descritas con una minuciosidad que por momentos parece regodearse en la herida. En Mo Yan la violencia siempre tiene algo de carnaval macabro: repugna, fascina y a ratos incluso mueve a una risa incómoda.

También me gusta cómo el folclore chino atraviesa toda la novela sin convertirse en simple decorado exótico para consumo extranjero (las notas podrían parecer excesivas para alguien que no esté interesado en el tema). Aquí hay ópera popular, supersticiones, habladurías, ritmos orales, exageraciones deliberadas, imágenes grotescas y una imaginación colectiva que transforma la historia en leyenda al mismo tiempo que la deforma. Mo Yan entiende algo fundamental: los pueblos no solo padecen la historia, también la cantan, la distorsionan, la vuelven fábula.

Volver a Mo Yan después de tanto tiempo fue reencontrarme con un escritor que sigue teniendo algo que muy pocos poseen: una voz capaz de ser brutal, cómica, obscena y lúcida al mismo tiempo.

(Conviene, sin embargo, hacer una precisión que hoy resulta casi inevitable. Mucho se ha criticado la afiliación de Mo Yan al Partido Comunista chino, así como su cercanía con posturas difíciles de defender, entre ellas su respaldo a ciertas formas de censura. Esa dimensión biográfica e ideológica incomoda, y no tendría sentido barrerla bajo la alfombra. Ahora bien, una extrapolación demasiado directa de El suplicio del aroma de sándalo a nuestro presente también corre el riesgo de simplificar la novela. Leída desde hoy, podría parecer que el libro articula un rechazo tajante al cambio cultural, a la modernización o a la presencia extranjera; pero reducirla a eso sería empobrecerla. Más que ofrecer un programa ideológico coherente, la novela dramatiza una sociedad humillada, convulsa y delirante, en la que la ocupación extranjera, la violencia imperial y el resentimiento popular producen respuestas tan comprensibles como monstruosas. Mo Yan no escribe aquí un manifiesto contra el extranjero ni una defensa transparente de la pureza cultural, sino una representación brutal de cómo el dolor histórico, el nacionalismo herido y la paranoia colectiva pueden deformar la experiencia de un pueblo. Y si algo queda claro en la novela, es que nadie sale moralmente intacto de ese proceso: ni el invasor, ni el poder local, ni tampoco quienes convierten la humillación en fervor.)

Otras obras de Mo Yan en ULAD: La república del vinoCambiosGrandes pechos, amplias caderas

viernes, 27 de marzo de 2026

2*1: Una madre trabajadora de Agnes Owens y Riesgo moral de Kate Jennings

2*1, sí. ¡Como si esto fuesen los siete días de oro de los gafapastas! Pero todo tiene su sentido. En este caso, dos son los lazos que ligan los libros hoy reseñados: su premisa (una mujer que, por motivos relacionados con la situación de sus respectivos maridos, ha de ponerse a trabajar) y su publicación en España por Muñeca Infinita. Ahora bien, no penséis que estoy va a ser una reseña comparada ni nada por el estilo; serán dos reseñas "independientes" de dos libros muy diferentes entre sí pero altamente recomendables. Empezamos.

Idioma original:
Inglés 
Titulo original: A working mother
Año de publicación:1994
Traducción: Blanca Gago
Valoración: Bastante recomendable

Apenas cuatro líneas de diálogo sirven para ponernos en situación sobre los dos personajes que protagonizarán esta novela: Betty y Adam, un matrimonio que no parece ir demasiado bien. Pero lo que parecía un drama sobre un matrimonio en descomposición resulta que, apenas 15 páginas después, se convierte en algo ligeramente diferente. Digamos que ese componente no desaparece (tristeza, soledad, alcohol, etc están presentes a lo largo de toda la novela), pero el tono del texto nos lleva al terreno de la "tragicomedia".

                                                    - Y mientras tanto, los hombres se morían
- Tú no. Ojalá te hubieras muerto
                        - Ojalá. Lo pienso cada vez que os veo a ti y a los mocosos en este vertedero 
 
Porque Una madre trabajadora es una novela oscurísima, ácida y llena de un humor negro profundamente british, en la que se juntan lo sórdido y lo patético, lo absurdo y lo triste. Tanto es así que la novela podría ser (y aquí me la juego), tanto por tono como por estructura, una sitcom británica que adaptara una obra de teatro de Tennessee Williams. O una especie de revisión oscura de Fleabag, la estupenda y recomendadísima serie protagonizada por Phoebe Waller-Bridge. 

No voy a entrar en detalles sobre el argumento porque implicaría destripar parte importante del atractivo de la novela, por lo que paso directamente a enumerar sus puntos fuertes:
  • los diálogos, con los que la autora describe situaciones y personajes, al tiempo que hace avanzar la trama. Se lleva la palma Betty, el personaje más logrado.
  • su ritmo, conseguido a través de breves escenas y de los comentados diálogos, con los que Owens se salta las "zonas de transición".
  • su capacidad de meter el dedo en la llaga desde una aparente ligereza. El amor, el sexo, las relaciones de poder, el papel de la mujer en la familia y en la sociedad, etc son otros temas que parecen en la novela.
  • el contraste entre sordidez y absurdo.
  • el final, contundente pero coherente con el desarrollo previo.
Quizá alguien pudiera decir que los personajes secundarios no están del todo bien construidos o que los saltos entre escenas son demasiado abruptos. Puede ser, pero me inclino a pensar que esto obedece más a la propia estructura de la obra que a un defecto "en sí". Optar por una novela más convencional podría dar mayor profundidad a esos personajes y mayor "continuidad" a la trama, pero creo que el texto perdería en frescura e inmediatez. Y no sé yo si compensaría, la verdad.

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Idioma original: Inglés  
Titulo original: Moral hazard
Año de publicación: 2002
Traducción: Esther Cruz Santaella
Valoración: Bastante recomendable

Voy a contar mi historia de la forma más directa que pueda, de lo más directa que me lo permitan los recuerdos torcidos que todos tenemos. Toda una declaración de intenciones que se cumple a lo largo de las 186 páginas de una novela en la que "conviven" la enfermedad degenerativa del marido de la narradora y la inserción de esta en el darwiniano entorno de la banca de inversión de Wall Street. Dos temas aparentemente antitéticos, pero que en manos de Jennings engarzan de forma convincente.

¿Cómo lo hace? Pues a través de breves capítulos en los que el escenario salta de la intimidad del hogar o del centro médico a la agitación del mundo de las altas finanzas y en los que su protagonista y narradora tiene la sensación de moverse entre dos formas de demencia.

Puede dar la impresión de que dentro de Riesgo moral hay dos novelas diferentes. No diría tanto ya que ambas comparten tono y cuentan con elementos comunes que son utilizados por la autora para lograr el engarce que comentaba anteriormente. El principal nexo de unión entre ambas "partes", además de la sensación citada en el párrafo anterior, es su carácter casi iniciático. La protagonista ha de aprender a convivir con la enfermedad y con un marido que cada vez se parece menos a quien fue no hace mucho tiempo y, al mismo tiempo, ha de aprender a moverse en un mundo absolutamente desconocido para ella y del que obtendrá valiosas lecciones.

Es normal que la parte "íntima" de la novela llegue de forma más directa. Jennings opta por el patetismo en lugar del espanto para mostrar el miedo y la soledad ante la enfermedad y la muerte. Pero hay momentos de luz, de ternura y amor que no palían el dolor, pero suponen un breve respiro. Jennings consigue emocionar sin caer en la sensiblería.

Por su parte, el lado financiero de la novela resulta algo más "áspero". Me gusta el retrato que ofrece del mundo laboral, demoledor y realista al mismo tiempo, así como la evolución de la protagonista en los 6 años que permanece en el mundillo, pero todo lo relacionado con intrigas más o menos políticas y el mundo de los derivados y opciones se me hace algo cuesta arriba, la verdad.

Pese a esta última salvedad, Riesgo moral supera con nota el examen y demuestra el buen ojo del editor para rescatar textos de los que nadie (o casi nadie) había oído hablar por estos lares.

jueves, 26 de marzo de 2026

Akimitsu Takagi: El misterio de la mujer tatuada

Idioma original: japonés

Título original: 刺青殺人事件 (Shisei Satsujin Jiken)

Año de publicación: 1948

Traducción: (del inglés) Eduardo Hojman

Valoración: bastante recomendable

Hoy en día los tatuajes son algo tan extendido y aceptado en nuestra sociedad que ya se los hacen hasta los chavales de la ESO (y los de Primaria, casi por poco), amén de jóvenes y mayores de toda clase y condición. pero antaño eran algo exclusivo de oficios un tanto aventureros (marineros y soldados, por ejemplo) y, sobre todo, de gentes de mal vivir o, al menos, que rondaban los ambientes del malevaje. Lo mismo que en Occidente ocurría en Japón, a pesar del maravilloso nivel artístico alcanzado por el irezumi o tatuaje tradicional, pero que se asociaba a  quienes se dedicaban a oficios arriesgados como bomberos o trabajadores de la construcción y, por otras razones, a los célebres yakuza. Con el punto añadido del erotismo, puesto que en la tradición japonesa los tatuajes más apreciados son de grandes dimensiones, en ocasiones de cuerpo entero o casi y sólo pueden apreciarse sobre los cuerpos desnudos.

Ahora bien, si hoy en día la percepción social hacia los tatuajes, aquí y allí, ha cambiado por fuer de la moda, en 1947, al poco de acabar la II G. M. en Japón seguían viéndose como algo más bien marginal y túrbido -y, de hecho, la prohibición de dedicarse a tatuar seguía vigente por entonces -; lo interesante, por supuesto, es que esa práctica o afición, incluso pulsión, en algunos casos, conformaba un submundo muy particular, entre lo artístico, lo exquisito y lo opaco que resultaba de lo  más estimulante, desde un punto de vista narrativo. De ahí que la primera novela policiaca de Akimitsu Takagi, el considerado "Simenon japonés" (aunque creo que esto también se dice de su mentor, Edogawa Rampo), partiendo de una idea de lo más sugerente: en el asolado Tokio de la posguerra, que trataba de volver a la normalidad entre ruinas y escasez, se producen unos crímenes que parecen tener como objetivo apropiarse de la piel tatuada de las personas asesinadas. En el primero de los asesinatos se ve envuelto el joven médico Kenzo Matsushita, quien nos servirá de guía lo largo de toda la novela, pues además es hermano del comisario de la policía criminal Daiyu Matsushita y amigo de otro forense, el antiguo "Niño Genio", Kyosuke Kamizu, que viene a ser el Sherlock Holmes de esta historia (de hecho, esta novela es la primera de una serie protagonizada por él). 

Con estas premisa, sin duda se podría escribir un thriller erótico/truculento -y aquí encontramos ambos aspectos, de lo sensual al gore, pues después de todo, los autores japoneses son consumados intérpretes de ambas suertes-, así como una "novela problema", con misterio de cuarto cerrado incluido, que también se trata de eso. Pero, además y antes que los subgéneros mencionados, éste es un noir diríamos que clásico -o casi, debido a su ambientación- con femme fatale y todo... Es decir, que Takagi jugó con la combinación de estas diversas modalidades del género, lo que no resulta fácil, pero a él le salió bastante bien, con el atractivo añadido de, ya digo, sumergirnos en un mundo hermético, en una subcultura cerrada incluso para la mayoría de los japoneses de aquella época y que resulta o puede resultar de lo más estimulante y estremecedor al mismo tiempo. Todo bañado, ya digo, por un aura de sensualidad y, por momentos, con un toque onírico -quizás debido al estilo con que describe el autor ciertos elementos que aparecen en la novela, pero también a circunstancias de la trama-; digamos, por entendernos, que si se hiciera una adaptación de este libro al cine  (creo que no existe aún), el resultado podría ser algo así como una clasica película de detectives  de la Hammer, dirigida por Kurosawa y con la trama de una peli de Park Chan-wook, pero dándole un aire al Terciopelo Azul de David Lynch y a la estilizada brutalidad de Se7en o El silencio de los corderos... (perdón, quizás sean demasiadas referencias cinematográficas para la reseña de un libros).

El caso es que Takagi consiguió combinar todos estos elementos de una forma cuando menos amena y, en algún  momento, incluso fascinante. Cierto es que se le puede atribuir una cierta parsimonia narrativa, propia de la época en la que se escribió la novela y que, como historia de misterio, despista un poco que el Sherlock Holmes o Poirot de turno no aparezca hasta el último tercio del libro, pera luego resolver el misterio sin apenas despeinarse -bueno, sí que se despeina un poco, cosa insólita en él, por lo demás-; así, aunque sus deducciones no resultan forzadas, sí algo artificiosas. Dicho de otro modo: quizá el final no sea un Deus ex machina, pero sí un Kamizu ex machina... Da lo mismo: estos no son más que detalles, pequeñas objeciones a una novela, por lo demás estupenda, interesante e insólita. Ojalá esta editorial u otra siga publicando en España los libros de este escritor porque realmente creo que merecerá la pena leerlos.

Nota para quienes hayan leído la novela o para quienes no lo hayan hecho, pero no les importe arriesgarse a un spoiler que, en realidad, no lo es: Por lo visto, en el Museo de Patología Médica de la Universidad de Tokio sí que existe la colección de tatuajes que aparece en este libro, aunque no está abierta al público (por suerte, pienso yo, aunque entiendo que habrá a quien le gustaría verla). El iniciador de la misma fue, al parecer, un tal doctor Fukushi Masaichi, a quien no cuesta reconocer como el inspirador del profesor Hayakawa de la novela.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Miranda July: A cuatro patas


Idioma original: inglés

Título original: All fours

Año de publicación: 2025

Traducción: Luis Murillo Fort

Valoración: se deja leer

No descartemos que yo no me haya enterado de nada. No basta con abordar la lectura de una novela con buena actitud, en que esta se mantenga hasta un punto lo bastante alto para superar esa cuota personal (hago esos cálculos) del cuarenta y pico por ciento del volumen en que decides que ya hemos llegado demasiado lejos para abandonar ahora. Con alguna reticencia, en especial aquella que surge de los excesos críticos, aquella relacionada con algún premio literario en USA del cual pensabas que debías fiarte. Incluso espoleado por su inclusión en un lugar muy alto en una lista de esas en las que suelo creer a pies juntillas.

Incluso así, la sensación que me ha dejado A cuatro patas solo puedo describirla como una profunda decepción. En especial, porque las expectativas de ese primer tramo del libro han quedado evaporadas de forma, para mí, dramática, conforme he avanzado en su lectura y ya no digamos al finalizar la novela. Momento en que me he preguntado algo parecido a de qué ha ido esto o tanto rollo para llegar aquí.

La novela configura una especie de mosaico de piezas triangulares con un vértice en común: una artista de mediana edad (entiendo que una escultora o algo así, a lo largo de todo el libro no sabremos ni siquiera su nombre) que está casada con Harris, vinculado a la industria musical, en lo que parece una apacible vida de clase media norteamericana, junto a Sam, su hije (la inclusión a ultranza del género neutro a la hora de referirse a Sam ha llegado a ponerme nervioso, y de hecho aún no entiendo ni ese hecho ni su papel como personaje). Un día decide acogerse a un pretexto profesional para tomar el coche y cruzar el país para llegar a New York, una experiencia que desea abordar aunque nunca ha estado tanto tiempo, tres semanas, separada de su familia. En una de las primeras paradas de su trayecto conoce a Davey, un joven empleado de una empresa de alquiler de vehículos, cuya esposa Claire es decoradora y acepta un estrafalario encargo, decorar por veinte mil dólares la habitación de motel en que la protagonista se hospeda una noche, aunque nuestra protagonista decidirá permanecer ahí y detener su trayecto, convirtiendo la habitación en un lugar de encuentros furtivos llenos de deseo y pasión que nunca llegan a culminar. Se supone que ese viaje debe representar una huida, como un consuelo o un divertimento, quizás una aventura. Pero ella continua queriendo a su marido, y llegamos a saber que el parto fue una experiencia traumática, también que sus experiencias sexuales se han repartido entre los dos sexos, que tiene una amiga, Jordi, siempre dispuesta al otro lado del teléfono para que comparta sus experiencias, sus reflexiones, sus inseguridades.

Y ya está: al margen de cómo afecta a su matrimonio lo que ha supuesto esa experiencia efimera, a partir de ahí solo disponemos de una errática reflexión personal salpicada de escenas sexuales explícitas que se supone que tienen que representar en todo momento su ejercicio de la libertad personal, su actitud despreocupada hacia el sexo como ejercicio de liberación - aunque alguna escena roce lo meramente inconcebible - y una serie de prerrogativas que he sido incapaz de descodificar. Se ha obsesionado con Davey, o con el concepto de todo aquello que se prometieron postergar y nunca ha sido consumado. Y en medio de ese desquiciado embrollo, ha dinamitado su relación. 

¿Qué pretende Miranda July que hagamos con todo eso? Cierro el libro y todo se me ha escapado. Seré yo, seguro.

Más novelas de Miranda July reseñadas en ULAD: aquí


martes, 24 de marzo de 2026

Josep Pla: La calle estrecha

Idioma original: catalán
Título original: El carrer estret
Año de publicación: 1951
Valoración: está bien


A veces, em medio de la vorágine prolífica de novedades que inundan librerías, redes sociales y medios de comunicación, hay que saber tomar un respiro. Y volver a los clásicos. Y, entre ellos, uno de los que tenía pendientes era Josep Pla, autor referente de la literatura catalana y uno de sus más importantes representantes en el siglo XX.

El autor, hábil cronista de la sociedad y dotado de una fina ironía, empieza con una rotunda declaración de principios artísticos en este texto a caballo entre novela y crónica social, y que el propio autor reafirma al declarar que «el hecho de que el público crea que les novelas deban tener un argumento no significa que la vida tenga uno. Esta necesidad del público es la que demuestra que la vida transportada el plano literario es una segregación informe, caótica, de imágenes. La fatiga que produce este desbarajuste incesante e incomprensible es el que hace desear una ordenación y una coherencia, a pesar de que sea artificial y totalmente inverosímil». Así, el autor ya deja claro lo que nos encontraremos (y también lo que no) en este texto y establece su intencionalidad y propósito a la hora de escribir este libro.

Fiel a su estilo característico basado en el retrato de la sociedad catalana de su época, Josep Pla despliega sus recursos literarios consistentes en la simplicidad, accesibilidad y claridad, para mirar y narrar la sociedad con un punto de ironía, pues su prosa destaca por la aparente sencillez de un lenguaje que, si bien denota que es de otra época, consigue que fluya de manera natural para desarrollar un argumento que es en sí de una diáfana llaneza: un señor de mediana edad se traslada a vivir a una pequeña localidad para ejercer como veterinario del pueblo tras la defunción de su antiguo encargado. Para ello, se establece en primer lugar en una pequeña posada, pero tras hablar con la viuda del veterinario decide instalarse en un piso situado en una calle pequeña del pueblo. A partir de esta sencilla premisa, el protagonista (narrador en primera persona) nos relata su día a día, sus conversaciones con la gente del pueblo y sus reflexiones sobre los aspectos cotidianos. 

Con un lenguaje sencillo y afable, como si fuera nuestro abuelo el que nos contara la vida de tiempos pasados, el autor nos traslada el día a día de un pueblo y lo hace con mucha cercanía y altas dosis de cotidianidad en una lectura que se hace entrañable, amena y próxima, mientras a su vez hace un retrato de las clases sociales existentes: burguesía, payeses, clase obrera. Así, el libro refleja las costumbres de los pequeños pueblos y su día a día, ocupando el tiempo con sus habladurías, sus pequeños intereses, chismorreos y pequeños acontecimientos. La vida que refleja es la propia de esas pequeñas aldeas, donde el peso del relato recae más en los pequeños detalles del día a día y las conversaciones que suscitan que no en una historia de peso que sostenga la narración. A su vez, y a través de estas pequeñas situaciones cotidianas, el autor también refleja las costumbres propias de la época como, por ejemplo, el hecho de que se espere que las mujeres encuentren marido y formen una familia, algo que se evidencia cuando, ante una mujer joven, uno de los personajes» le comenta que «te conviene (…) es buen chico. Tiene un oficio. Es trabajador». Por contra, aquellas mujeres solteras parecen incomodar al resto del pueblo que las ve no sé si como una amenaza o como un elemento ajeno a la sociedad.

Así, con un ritmo pausado, contemplativo (aunque quizás demasiado rutinario), Josep Pla se entretiene en la vida de las personas, en sus movimientos, en sus idas y venidas en los que se percibe ese elemento de secreto y de misterio de los pequeños pueblos que se nutre de suspicacias y recelos,  algo que uno consigue ocultar con el más simulado interés en las grandes ciudades (porque la propia densidad humana hace que los misterios que arrastran las personas sean invisibles), pero que en los pueblos donde el mundo se conoce es más difícil pues las noticias reales (o especialmente las imaginadas) que uno tiene de la otra gente son abundantes, innumerables y causa que en la vida en un pueblo uno tenga la sensación de sentirse observado, de sentir que existen siempre unos ojos que nos miran diluyendo así la vida privada y generando una atmósfera que para algunos es motivo de distracción mientras para otras es de asfixia especialmente para los recién llegados, algo que el protagonista constata «cuando uno cae en un pueblo en una de estas reuniones formadas por vivos. La forastería queda muy remarcada. El forastero tiene un aire de intruso en los primeros días es aceptado porque la novedad que implica su presencia distrae» porque «no hay ningún ser humano no hay nada que esté totalmente desprovisto de interés el teatro del mundo tan basto y diverso, tan matizado y sorprendente que sacar un rato cada día la cabeza por la ventana constituye un inagotable divertimento».

Con todo ello, y a pesar de que no se trata del tipo de literatura que acostumbro a leer y no es de las que encajaría dentro de mis preferencias (de ahí la valoración), sí que destaco de esta lectura la ironía que despierta Josep Pla a la hora de retratar los diferentes personajes que pueden existir en un pueblo pequeño, pues el autor afina su crítica cuando la dirige a ciertos aspectos a la sociedad, ya sea los chismosos, los que van de sabios, los ricos, los que tienen aspiraciones. El actor es hábil en la crítica y tiene momentos realmente ácidos y punzantes cuando dirige su mirada a estos personajes en un texto que va de menos a más de manera análoga a lo que le sucede a su protagonista, y es que uno al leerlo tiene sensación de que primero tiene que tomar el pulso al pueblo y después, una vez ya entra en conocimiento de las diferentes circunstancias y situaciones, puede empezar a ver los matices de cada uno de los personajes. Por ello, la lectura se disfruta realmente cuando ya el lector se ha puesto en situación y puede ver con los ojos del mismo protagonista las diferentes tipologías de ciudadanos y sus puntos fuertes y, especialmente, los débiles.

También de Josep Pla en ULAD: Viaje en autobúsUn viaje frustrado / Contrabando

lunes, 23 de marzo de 2026

Luis E. Iñigo Fernández: Historia de los perdedores

 Idioma original: español

Año de publicación: 2022

Valoración: recomendable


El fundamento de este libro gira alrededor de una frase de George Orwell que se cita en el prólogo: "la historia la escriben los vencedores". Como señala el autor, este comportamiento es parte de la naturaleza humana y el resultado siempre nos ha llevado de una u otra manera al mismo punto: la injusticia.

El profesor Iñigo Fernández se propone, humildemente, "reparar esa injusticia, dando voz a quienes se han visto privados de ella, llevando a los lectores una visión equilibrada de su pasado y reconociendo su aportación, en ocasiones ingente, al acervo colectivo de la humanidad. Con ello seremos todos -vencedores y vencidos- quienes saldremos ganando, pues olvidarlos a ellos es olvidar también una parte de nosotros mismos".

Para conseguir ese objetivo el autor divide el libro en veinte capítulos, cada uno de ellos dedicado a un colectivo que ha sufrido el maltrato de la historia, y ordena su análisis de una forma cronológica. Comienza con los primeros perdedores, los neandertales, y concluye con los últimos, las víctimas de la globalización. Entre medias desfilan esclavos romanos, cátaros, templarios, obreros, judíos, mujeres, homosexuales o ancianos, entre otros. Todos ellos encuentran hueco en la investigación de Iñigo Fernández que nos demuestra que el papel de estos colectivos, cuya relevancia se ha minusvalorado o ignorado en la historia oficial, forma parte activa del progreso de la humanidad.

Es un libro bien estructurado, riguroso en su enfoque y de amena lectura. Quizás al tratar un tema tan complejo y estudiar tantos colectivos y periodos nos pueda resultar algo superficial en algún caso, pero el enfoque es el de un libro de consulta y en el epílogo disponemos de abundante bibliografía recomendada para ampliar el estudio de aquellos capítulos que nos interesen.

Después de leer este libro deberíamos ser capaces de reconocer esas injusticias y hacer todo lo posible para no volver a cometerlas. Desgraciadamente los telediarios nos muestran lo contrario y nuevos colectivos  se siguen sumando a la triste historia de los perdedores. Y eso, como señala Iñigo Fernández, solo puede traer aparejado: "ansiedad, envidia, rabia y desconfianza en las instituciones".

Como decía Ruiz de Santayana "quienes no pueden recordar su historia están condenados a repetirla". Pues en esas estamos, repitiendo lo peor de nuestra historia. No parece que hayamos aprendido mucho de nuestros errores.