miércoles, 3 de junio de 2026

Antonio Di Benedetto: Absurdos

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1978

Valoración: Muy recomendable


La de Antonio Di Benedetto me temo que es, lamentablemente, una batalla perdida en este blog. A pesar de mi perseverancia en ensalzar su talento, o casi nadie lo ha leído o, aún peor, los pocos que sí lo hayan hecho quizá no se adhieren a mis entusiasmos y prudentemente guardan silencio. Pero para ellos. Por mi parte, no por completista sino por deseo de disfrutar una vez más, descubro este nuevo título, que se adentra en el mundo del relato corto.

El volumen recoge narraciones de extensión irregular y origen diverso, algunas antiguas y ya publicadas por separado, otras más recientes. Encontramos a un Di Benedetto diferente del que ya conocemos de aquella extraordinaria trilogía que en realidad no es trilogía, aunque con trazas evidentes del talento que exhibía en sus obras mayores. Se podría decir que en estos textos conocemos mejor al autor, observamos cómo experimenta, busca caminos o simplemente se explaya libre de encorsetamientos, quizá hasta se permite licencias que no admitiría construyendo una novela.

Como es lógico en cualquier compilación de relatos, hay diversidad de escenarios, de técnicas y por supuesto de nivel, aunque muy poco o casi nada puede calificarse como prescindible. Ese presente férreo que tan bien maneja el autor es casi innegociable, aunque en alguna ocasión decide explorar otras posibilidades, hay una sorprendente presencia de animales en buena parte de los cuentos hasta bordear la fábula en un par de ocasiones, y se muestra con frecuencia el impacto de situaciones extremas, con frecuencia localizadas en las amplias y semidesérticas llanuras interiores argentinas que otros autores han trabajado también. Variedad de argumentos y de registros, pero siempre con un sello de calidad indiscutible.

Es impecable El juicio de Dios, una obra maestra de la tensión narrativa, desasosegante y muy visual, casi cinematográfica. Caballo en el salitral, otro de los relatos más longevos y conocidos, es una historia tan sencilla como impregnada de dramatismo, con una carga solo comparable a Pez, el texto más brutal, en el que el dolor y la impotencia llegan al lector por el camino de la pura casualidad, la mala suerte que no conviene ignorar y que tantas veces marca las vidas. El tono policial que tanto gusta a Di Benedetto y que ya asomaba en Los suicidas aparece también en el más intimista Cínico y ceniza, o en el espléndido Los reyunos. Aballay, otro de los más conocidos y llevado al cine, presenta la extraña penitencia de un hombre perseguido por la culpa y, muy lejos de ese terreno, Ítalo en Italia cierra el libro con el delicioso relato de un pequeño incidente veraniego.

Para los que les preocupen mucho estas cosas, habrá que reconocer que, frente a lo que parece exigir un relato corto, el cierre de algunas narraciones puede resultar algo previsible, o que los títulos son manifiestamente mejorables. Pero qué quieren que les diga, el despliegue de imaginación, la amplitud de repertorio y la modulación de los diferentes registros me parecen de un nivel excepcional, y dejan sin efecto cualquier pequeña debilidad. Es un Di Benedetto que, sin perder algunas de sus señas más personales, se muestra algo diferente, quizá más asequible que en textos de mayor extensión, a veces más arriesgado, pero siempre dejando claro un talentazo que en este caso le coloca, en mi opinión, al nivel de los mejores maestros del relato corto, y pongan ustedes ahí los nombre que más les gusten. Nadie sin ese genio sería capaz de decir de esta forma que la jauría de perros se quedó sin alimento:

'Mordiendo el aire quedaron los dientudos'

Háganse un favor y, en este mi cuarto intento, descubran a este autor fascinante.

Otras obras de Antonio Di Benedetto reseñadas en ULADLos suicidasZamaEl silenciero


martes, 2 de junio de 2026

Pearl S. Buck: Un corazón orgulloso

Idioma original: Inglés
Título original: This Proud Hert
Traducción: Carmen Francí
Año de publicación: 1938
Valoración: Muy recomendable

Un corazón orgulloso lo escribió Pearl S. Buck, la primera Premio Nobel de Literatura estadounidense, y se publicó el mismo año en que la autora recibió el prestigioso galardón de la Academia Sueca. Me ha parecido un novelón, cuya exquisita factura y conmovedor fondo deleitarán incluso al lector más exigente. 

Narra la historia de Susan, una mujer alegre, bella y habilidosa, dotada particularmente para la escultura. Buck nos presenta a Susan de joven y luego nos cuenta cómo se relaciona con su familia, sus amistades y su marido, cómo trata de encajar con los demás y conocerse a sí misma, cómo tiene dos hijos, aprende su oficio, supera un duelo, se muda a otro país, se casa por segunda vez, halla un propósito y elabora sus propias obras.

Admito que las primeras cincuenta páginas de Un corazón orgulloso no me estaban convenciendo demasiado. Y es que, pese a que la novela está magníficamente redactada, tiene un elenco portentosamente trazado y explora temas de lo más estimulantes, al inicio me costó conectar con su protagonista. A fin de cuentas, Susan me parecía un personaje excesivamente perfecto.

Afortunadamente, Buck elude hábilmente la tentación de volver a Susan una "Mary Sue". Junto a sus numerosas virtudes y talentos, nos muestra también su vulnerabilidad (caracterizada por su miedo a ser percibida diferente o a no ser capaz de hacer todo lo que desea) o cómo otros personajes la cuestionan y confrontan. Así pues, a medida que la protagonista de Un corazón orgulloso va cobrando cuerpo resulta más sencillo empatizar con ella y, ya en el primer tercio de la obra, no sólo se ha ganado nuestro cariño, sino que nos ha convencido de que su grandeza es legítima.

Resumiendo, Un corazón orgulloso me ha encantado. La elegancia de su prosa, su capacidad para comunicar mucha información con imágenes y gestos (Michael arrancando el tirador de la puerta al abrirla, Susan cambiando el vestido de marta que le han regalado por una vieja bata azul, etc...), sus críticas al machismo de la época, su exploración de las ventajas e inconvenientes que conlleva ser esposa y madre, y la autenticidad de sus diálogos y reflexiones en torno al arte me han seducido. 

Asimismo, su elenco me ha parecido extraordinariamente tratado, ya que la novela otorga relevancia y profundidad a todos sus personajes (incluso a los secundarios más discretos, como la abnegada y servicial Jane), a la par que traza sinergias fascinantes entre ellos (mi favorita es, sin duda, la que mantienen Susan y su hermana Mary).

Para ir terminando, si tuviera que ponerle alguna pega a Un corazón orgulloso sería que reitera en demasía ciertas ideas (que Susan se siente distinta, que Mark se considera indigno de ella, etc...), aunque reconozco que jamás llega a hacerlo machaconamente, ni insultando la capacidad de retención del lector.

De modo que leed Un corazón orgulloso y permitid que su historia os atrape y que Susan crezca en vosotros. Buck ha conseguido escribir un personaje que roza la perfección pero aun así resulta verosímil y se gana nuestra simpatía, cosa que es a todas luces admirable. 

lunes, 1 de junio de 2026

Cristina Rivera Garza: Nadie me verá llorar

Idioma original: Español

Año de publicación: 1999

Valoración: Muy recomendable

Nadie me verá llorar, de Cristina Rivera Garza, es una novela intensa, fragmentaria y profundamente inquietante sobre la memoria, la locura y las formas en que una sociedad decide quién merece ser escuchado y quién debe ser encerrado. A través de la relación entre Matilda Burgos, interna del manicomio de La Castañeda, y Joaquín Buitrago, fotógrafo marcado por sus propias ruinas, Rivera Garza reconstruye un México lleno de violencia, deseo, enfermedad y exclusión. La novela no avanza como una narración convencional, sino como un expediente roto, una serie de imágenes, voces y documentos que intentan rescatar del olvido una vida marcada por la explotación y la rebeldía. Su mayor fuerza está en la manera en que convierte la historia clínica en literatura y la marginalidad en una forma de resistencia. No es una novela fácil ni complaciente, pero sí una obra poderosa, de enorme ambición estética y política, que confirma a Cristina Rivera Garza como una de las voces más importantes de la literatura mexicana contemporánea.

Ahhh, ¿qué dijeron? Esta mierda la escribió una IA. ¡Ni madres! Ahora sí, ahí les va la de hacer hijos:

Si yo fuera uno de esos conservadores rancios, quizá la época en la que me habría gustado vivir habría sido la última década del Porfiriato, antes de que estallara la Revolución mexicana. Mi posición acomodada me habría permitido vivir en los barrios ricos del Valle de México, entre edificios de arquitectura colonial intercalados con relucientes construcciones art nouveau. Si se me hubiese antojado ir de vacaciones al campo, habría podido tomar el nuevo ferrocarril a Querétaro; o, si hubiese tenido ganas de playita, viajar a Veracruz o Manzanillo. Mejor aún: a los jóvenes revolucionarios, incluso desde una mirada condescendiente, los habría considerado poco más que bohemios románticos. Y claro, habría podido despreciar a todos los indios, mugrosos, putas, obreros, etcétera, etcétera. ¡Ah, qué añoranza del paraíso porfirista!

En ese mundo se sitúa Nadie me verá llorar, donde, como bien nos cuenta la IA, Joaquín, un joven fotógrafo, vive sus tribulaciones en busca del ideal femenino, el cual se esconde entre hospitales, manicomios y vecindades.

Como bien se intuye por el escenario, esta es una novela muy mexicana (IYKYK). Me parece que tiene influencias de Fuentes, Castellanos, Pacheco, entre otros. Usa un narrador en tercera persona, pero casi pegándole a la segunda: por momentos se siente que el narrador nos interpela, que el protagonista se usa de pretexto para que podamos recorrer esa vecindades Aurescas, los barrios marginales sin pavimentar y llenos de teporochos, y las residencias vetustas ambientadas con notas de piano. Uno puede sentir los aires de cambio: los estudiantes hablando de anarquismo, las banderas rojas y negras, los periódicos independientes y el ideal de arte a ultranza, que es lo que obsesiona al protagonista. Claro, todo esto de la mano de la mujer fatal mexicana de principios de siglo XX, a medio camino entre el convento y el prostíbulo.

Además, tiene un intermedio muy interesante sobre los antepasados de Modesta (no Matilda), indígena de Papantla, Veracruz. Se nos habla de su historia y microhistoria posterior a la independencia de México. En particular, me encantó el cultivo de la vainilla. ¿Sabían que es una orquídea?

A veces su estructura puede sentirse fragmentaria o distante. Sin embargo, eso es parte de su encanto: podemos decir que es una reconstrucción incompleta de una vida y de una época, un México que se moderniza mientras sigue siendo profundamente injusto. Es una novela exigente. Quizá lo más interesante de Nadie me verá llorar es que Rivera Garza logra retratar una época sin caer en la nostalgia ni en el folclorismo, construyendo una historia íntima y llena de humanidad, con sus luces y sombras.

Otras obras de Cristina Rivera Garza en ULAD: El invencible verano de LilianaLa cresta de Ilión

domingo, 31 de mayo de 2026

Rosario López: Cosas inútiles que te contaría

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2026

Valoración: Bastante recomendable

Ya se lo he dicho a Rosario, aunque sea vía WhatsApp: "De los tres libros que has publicado hasta ahora, este es mi preferido". Es el momento de decirlo en  "voz alta".

Y es que, sin desmerecer para nada a sus novelas, creo que Rosario se maneja mejor en la distancias "cortas", en textos breves de no ficción, como los que ha ido publicando por ejemplo en Archiletras, o en estos relatos que tienen mucho de autobiográfico. Es en esas distancias donde saca mayor partido de la vena poética que corre por sus letras, donde mejor aflora esa mirada que pone el foco en lo pequeño, en lo casi invisible.

Ese es el material del que están hechos los textos de Cosas inútiles que te contaría: lo cotidiano, lo aparentemente intrascendente, los silencios, los huecos que hay que ir llenando. Con ellos, y sirviéndose de variadas voces, como el monólogo interior o el género epistolar, construye historias de soledades, ausencias, abandonos, culpas y deseos insatisfechos, pero también de intentos de reconstrucción. Son, por tanto, relatos duros en los que se cuelan (o, al menos, tratan de colarse) la ternura y la esperanza. 

Pero más allá del tema, creo que el principal mérito de los mismos reside en el tono y la mirada, en la importancia otorgada a lo no dicho o lo apenas insinuado, en la búsqueda de la palabra precisa sin caer en el "exceso de frases lapidarias" que creo que se observaba en sus novelas.

Otro aspecto a destacar es la propia edición del libro. Una imagen de cubierta muy acorde con lo que encontraremos en los textos y una serie de fotografías desenfocadas que encajan a la perfección con el estado de ánimo de las protagonistas hacen de este volumen algo sumamente agradable a la vista.

En resumen, ochos relatos que tienen mucho de las Vidas cruzadas de Carver en lo estructural y que comparten enfoque y tratamiento del lenguaje con el Alcaravea de Irene Reyes Noguerol, ocho textos que demuestran que Rosario López ha vuelto para quedarse definitivamente.

También de Rosario López en ULAD: Todas las lluvias y Los besos secos

sábado, 30 de mayo de 2026

Carlos Portela y Keko: Contrition

Idioma: español

Año de publicación: 2023

Valoración: recomendable

Tela marinera con esta novela gráfica que nos proponen el guionista Carlos Portela y el dibujante Keko, pues es de esas obras que resultan incómodas las mires por donde las mires y plantean espinosas preguntas de difícil respuesta... para quien quiera hacérselas, claro. Porque este cómic también puede leerse como un thriller policiaco -y periodístico, en este caso- sin más, bastante bien llevado e intrigante por fuer de un par de plot twist que incitan a seguir leyéndolo. Por incómodo que pueda resultar hacerlo.

Me explico y ya veréis cómo me entendéis mejor: la acción se desarrolla en  una pequeña comunidad del condado de Palm Beach, en Florida, que tiene la característica de reunir allí a un alto número de delincuentes sexuales, en buena medida pederastas. Y no, no se trata de Mar-o-Lago, como podría deducirse, sino de otra situado en la parte pobre del condado (que la tiene, aunque parezca insólito), en el municipio de Nahokee. Allí, en un antiguo asentamiento de trabajadores del algodón, un reverendo adventista creó una comunidad para que los ex-convictos de este tipo de delitos pudieran residir cumpliendo la ley de ese estado que les impide vivir a menos de mil pies de un colegio, guardería, parque infantil o patio de recreo de niños. Se creó así Contrition Village, que puede ser visto como un lugar donde encontrar la paz para esos individuos, pero también como una cárcel al aire libre donde deben cumplir una segunda condena, de por vida... (*)

En uno de los bungalows que componen esa pequeña comunidad se produce, en 2008, un incendio que acaba con la vida del ciberpedófilo (por lo visto, sí que existe este término, no me despellejéis) Christian Nowak. Aunque todo parece indicar un accidente, algunas cosas no cuadran -o cuadran demasiado- y la periodista Marcia Harris, del The Palm Beach Sun no cejará hasta descubrir lo que ha pasado realmente... pese a que todo el mundo, desde el director del periódico a su pareja y, por supuesto, la oficina del sheriff,  le piden que lo deje. Tan sólo contará con la ayuda ocasional de la detective Sonia Aldir, de la unidad de seguimiento de delincuentes sexuales de Palm Beach (formando una pareja que recuerda un poco y salvando las distancias, a la del obsesivo dibujante Graysmith y el detective Toschi en la magnífica película Zodiac). 

La historia, por tanto, puede leerse como propia del género negro, con su carga de intriga y turbiedad. A ello contribuye, en gran medida, además del estupendo guión de Portela, las ilustraciones de Keko, con su trazo vigoroso en blanco y negro, matizado de forma muy interesante por el uso de la fototransferencia para los fondos. En la mayoría de los casos los personajes pueden parecer algo estáticos, pues, más que una historia llena de acción, aquí la tensión se sustenta en los diálogos y los silencios; para ello se ajusta a la perfección la estética de Keko. Ya digo que no es un thriller trepidante, sino más bien un noir contenido pero no exento de momentos de violencia, ya sea evidente, física, o latente.

Por otro lado, y como he mencionado al principio, lo más impactante e inquietante de esta novela gráfica son las preguntas que suscita. Aunque también toca temas como el acoso escolar, la marginalidad en EE.UU. o la dificultad de las mujeres para desarrollar una carrera profesional, lo central en esta historia es todo lo relativo a los delincuentes sexuales. ¿Qué hacer con ellos, aparte de perseguirles y castigarles? ¿Deben perder sus derechos las personas que ya han cumplido su condena legal? ¿Y entre esos derechos debe contarse incluso dónde pueden o no vivir? ¿Hasta qué punto merecen el perdón y la reintegración en la sociedad? ¿Son más graves los delitos sexuales que los de otro tipo o es la sensibilidad contemporánea la que nos hace verlo así (en un momento dado, por ejemplo, Marcia plantea que un delincuente de este tipo no puede vivir donde le plazca, pero que un asesino sí podría hacerlo)? ¿Somos hipócritas por querer tener a pedófilos y violadores lo más alejados posible de nuestras comunidades o lo somos por, precisamente, no querer asumir que este tipo de personajes han salido de nuestra propia sociedad... en la que, no lo olvidemos, hay ocultos (o no tan ocultos, en algún caso) más como ellos? En fin, preguntas hay muchas y repuestas, al menos en el libro, sólo alguna. 

Nota casi final: casualmente, coincidió mi lectura de esta novela gráfica con el visionado de la película franco-iraní Un simple accidente, que, si bien, obviamente, trata de otra situación y otro contexto muy diferente, tiene algunas concomitancias con el cómic. No diré cuáles para no hacer ningún espoiler, pero si veis ambas, espero que estéis de acuerdo conmigo.

(*) Y no es un lugar inventado, sino que existe realmente, con el nombre de Miracle Village, en el municipio de Pahokee, que no Nahokee, aunque sí en el condado de Palm Beach... Es decir, que por poco estos ex-convictos no tienen de vecino a Donald Trump... lo que supondría una doble condena y ni siquiera esta gente se merece eso.

También de Keko en Un Libro Al Dia: Yo, asesinoEl perdón y la furia

viernes, 29 de mayo de 2026

Manuel Vilas: Nosotros


Idioma original:
español
Año de publicación: 2023
Valoración: incomprensible

Premio Nadal 2023. Quizás este sea el momento, el punto de inflexión respecto a Manuel Vilas (@granvilas en Twitter: la única virtud que le falta es la modestia).

Porque el escritor aragonés no tiene la culpa de que, allá por 2019, y seguro que gracias a los consejos de referentes culturales como Kiko Matamoros, algunos críticos con pocas ganas de complicarse la vida abrazaran llorosos sus novelas y las convirtieran en iconos literarios teñidos de verdad, duras confesiones de varón ibérico desesperado por lo que los avatares de la vida le iban procurando.

Tampoco, del todo, de aprovechar ese tirón, el de Ordesa, de plegarse, previo cobro de anticipos, a las solicitudes de sus editores y completar páginas y más páginas de talante parecido: lamentos y lamentos de lo jodida que es la vida porque los ascendentes fallecen/las parejas se separan y otras tantas cosas que parece que solo a Vilas le pasan. O solo a Vilas le pasan, escribe sobre ellas, y convence a algún incauto de que eso puede interesar y constituir una obra.

Si eso gusta a la gente, si eso hace que algún booktuber caiga rendido a sus pies e incluso comparta escenarios promocionales, quia, Manuel Vilas solamente crea y crea y escribe y ya las ventas es algo que sus asesores (financieros, mayormente) le explican.

De lo que sí tiene la culpa es de escribir mierdas como esta Nosotros. Una novela que igual sería soportable si se ciñera a su estrambótica historia; Irene, cincuenta años, viuda reciente con una sustancial fortuna heredada que le permitirá embarcarse en una vida algo disoluta en la que sublimará el recuerdo de Marce, su marido, a través de los encuentros sexuales aleatorios que su existencia le va interponiendo. En esos momentos de clímax, Irene ve a Marce en una especie de escalera simbólica de ascenso a no sé dónde. Realmente, una trama muy flojita, marcada por un neomachismo recalcitrante y casi básicamente dependiente de que esos encuentros sean con ciertos hombres o ciertas mujeres en contextos más casuales - sobre todo se los va encontrando, no demasiado original, en hoteles y restaurantes. Ahí vemos que Irene se fija mucho en los relojes que lleva la gente, algo menos en los coches, también en los perfumes, hay toda una panoplia de productos de cierta alta gama que le fascina. Y un soneto de Quevedo. 
Lejos de quedarse ahí, Vilas incursiona en la historia, sobre todo, soltando la vena poética que, dicen, pero tres oportunidades son demasiadas y como que voy a pasar, es su mejor baza. Aquí cualquier continuidad narrativa queda cortada por los devaneos poéticos del autor, que es incapaz de estarse quieto en una perspectiva narrativa contenida y objetiva. No hay párrafo que no quede destrozado por esas ínfulas constantes de sacar punta de forma grandilocuente a todo, y los juegos de palabras son marca de la casa y eso es, siempre, malo. Pesado, pretencioso, vacío, e insustancial. Rozando lo autoparódico. Y la parte final de la novela: tan horripilante y sacada del sombrero como para mostrar al lector (mira de qué soy capaz, toma giro!) algo que yo no atino a comprender. Ganas me dan de destrozar el final en esta reseña, pero, vamos, es primavera, yo voy a respetar al lector más que este autor.

Por cierto, ahora tiene una cosa nueva, Islandia, que parece ser que versa sobre una separación (¿la suya?).
Ni con un palo.

Otras obras perpetradas por Vilas y reseñadas por ULAD, aquí

jueves, 28 de mayo de 2026

Knut Hamsun: Por senderos que la maleza oculta

Idioma original: noruego
Título original: Paa gjengrodde stier
Traducción: Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo, para Nórdica
Año de publicación: 1949
Valoración: está bien


Sin querer entrar en el famoso y manido debate sobre si conviene separar autor y obra, en este caso es un tema inevitable puesto que el propio autor nos invita a ello en esta obra autobiográfica (y que sirve como colofón a su etapa literaria) en la que narra los últimos años de su vida, época durante la cual fue investigado por un delito de traición a la patria tras mostrar afinidad o simpatía hacia Hitler y el nazismo.

De esta manera, este relato autobiográfico empieza situándonos en el 26 de mayo de 1945, en Nørholm, cuando la policía acude al hogar de Hamsun para anunciarle un arresto domiciliario de treinta días, a los que sigue un ingreso a un hospital compuesto de un par de edificios (uno de los cuales es una pequeña casa en lo alto de un cerro) donde deberá hospedarse hasta el día de su juicio. Allí el autor pasa los días, sin demasiada distracción, afirmando que «leo, holgazaneo y hago solitarios». Sin embargo, al cabo de poco tiempo lo trasladan a Landvik, una residencia de ancianos, un cambio que no le desagrada y que confiesa que se trata de «un lugar ideal para mí. Puedo darme largos paseos sin que me digan nada de límites de la ciudad; aquí como, duermo y leo. También escribo un poco, pero no quiero mencionarlo para no irritar a nadie» (haciendo gala de su ácido sentido del humor, pues justamente estaba siendo investigado por sus escritos). A pesar de ello, no se encuentra plenamente a gusto, pues a diferencia de los ancianos que «solicitaron libremente el ingreso como el lugar más apropiado para pasar sus últimos días; yo, en cambio, he venido aquí con la ayuda de la policía, y estoy ingresado a la fuerza».

Con ello, este libro (indudablemente un texto menor dentro de la obra de Hamsun) muestra un autor en sus horas más bajas, en el último tramo de su vida cerca de los noventa años, una etapa que ya vive con cierto pesar y hastío, por su confinamiento, pero también por su estado físico, como muestra al afirmar que «estoy harto de mí mismo, no siento ningún deseo, ningún interés, ningún placer». Una rutina vital que contamina su obra, pues Hamsun admite sin reparo la nimiedad de los hechos que relata, justificándolo al afirmar que «todos los presos tienen que escribir sobre los dichosos sucesos de todos los días y esperar su sentencia, es lo único que tienen que hacer (…) por temor a lo que pudiera sucederme si escribiera sobre otra cosa»; un retiro vital y anímico envuelto de su día a día anodino, en el que «ahora lo que discutimos es el número de escalones de las escaleras, quién puede subirlas o bajarlas sin bastón, quién puede subirlas o bajarlas de dos en dos». Tampoco le acompaña su deteriorado estado físico para combatir tal hartazgo y aburrimiento, pues le afecta no únicamente en lo tocante a la sordera sino también a sus acuciantes problemas de vista. 

A pesar del tono bajo que utiliza en este texto, el autor nos deja pinceladas de su marcada personalidad, demostrando de nuevo el agrio sentido del humor que transmite en sus obras, y un fuerte carácter que demuestra en este caso por su indocilidad al sospechar que la intención del fiscal es que se considere demente y por tanto no responsable de sus actos, a lo que él combate y se reafirma en su responsabilidad porque confía en que el tiempo le dará la razón en su absolución. Así, considera que el aplazamiento de su juicio es un intento de especular con su vejez para evitar que se lleve a término, pues cree firmemente que saldrá ileso a pesar de que recela de la opinión de la gente y admite que «me vienen muy bien poder estará a solas conmigo mismo y no tener que preguntar una y otra vez qué me dice la gente».

Es innegable que el interés de este relato radica principalmente en conocer la etapa final del autor y en cómo pasa esos últimos años de su vida en una situación rutinaria, anodina y en evidente declive, esperando la sentencia del juicio que, a su modo de ver, debe absolverle. Y, con ello, probablemente la parte más interesante de esta obra es su tramo final en la que el autor transcribe su alegato de defensa basada en que las aproximaciones hacia el régimen de Hitler tenían como propósito conseguir situar a Noruega «en un lugar destacado de esa sociedad germánica mundial que se estaba fraguando». Así, según su opinión, su único propósito era conseguir un país mejor, aunque admite a su pesar que su actitud «no me llevó a nada bueno (…) me llevó a que ante los ojos y corazones de todo el mundo yo estaba traicionando a esa Noruega que quería elevar». Si eso es cierto o no, si ese era realmente su principal motivo e intención, cada cuál juzgará. Pero aquí hemos venido a valorar su obra y, en este caso, aunque no sea su mejor texto, sí sirve para conocer los últimos años de un autor que nos ha dejado obras encomiables como «Hambre» que quedarán para siempre en la historia de la gran literatura.