domingo, 24 de junio de 2018

Federico García Lorca: La casa de Bernarda Alba

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1945
aloración: Imprescindible



El 5 de junio se cumplieron 120 años del nacimiento de uno de nuestros grandes dramaturgos y poetas: Federico García Lorca. Y como en ULAD teníamos previstas las reseñas de algunas de sus obras más relevantes, hemos decidido publicarlas correlativamente a modo de mini-monográfico. Así que abróchense los cinturones que tanto hoy como mañana nos adentramos en la visión lorquiana del fenómeno andaluz (*). 

La casa de Bernarda Alba es la última obra que nos dejó este maravilloso autor y también la que hubiera podido iniciar una nueva etapa de madurez y depuración lírica de no haber sido fusilado —por sus ideas— durante la Guerra Civil Española. La obra, cuyo subtítulo es «Drama de mujeres en los pueblos de España», es todo un ejercicio de estilo sobre el retrato certero de la sociedad rural del sur. 

Resumen resumido: Bernarda Alba y sus cinco hijas regresan del funeral del padre tras el que la matriarca impone un encierro de luto riguroso de ocho años. La petición de la mano de la hija mayor —la ya ajada Angustias— por parte del joven y atractivo Pepe el Romano actuará como un revulsivo en los anhelos y emociones reprimidas de las cinco jóvenes mujeres. 

Basándome en mi experiencia como lectora, puedo asegurar que pocas veces ochenta míseras páginas alcanzan tantísima intensidad. Un estilo sin ornamentos y un conflicto universal perfectamente definido hacen que la tensión vaya in crescendo sin dar apenas tregua. Lorca tiene el control absoluto de la narración sin dejar nada al azar; todos los elementos, absolutamente todos, contribuyen a esa tensión:

  • La atmósfera; el encierro físico y todos los elementos que lo acompañan simbolizan y enfatizan la cerrazón emocional y psicológica. 
  • La simbología a partir de metáforas, detalles, contrastes, recordatorios… como la presencia continua de los colores blanco y el negro sugiriendo una pugna invisible y subyacente (paredes blancas, mantillas negras, caballo blanco, abanico negro o el vestido verde de la joven Adela —¿brote verde?— que deberá ser teñido de negro para el luto). 
  • Los diálogos y comentarios, lacónicos, secos… no hay disertaciones ni monólogos, solo acción pura y dura. 
  • El papel que desempeña Pepe el Romano, que —en lo que me parece un grandísimo acierto— no aparece físicamente en escena. El hecho de su sola existencia actúa como el revulsivo inevitable. 

Lorca era un hombre sensible, cultivado y de mente abierta, por lo que esa mirada cruda y despiadada sobre una realidad que conoce bien no es gratuita sino que es una mirada de denuncia hacia una sociedad machista —en la que, irónicamente, las primeras machistas son las propias mujeres—, así como hacia la cerrazón mental y la hipocresía generalizada. En relación a esto último, Lorca encuadra muy bien y desde el principio el conflicto de la obra: el individuo contra la sociedad; y utiliza ese conflicto para evidenciar cómo las comunidades pequeñas, cerradas y endogámicas aprisionan la libertad de los individuos bajo la feroz mirada de una colectividad que juzga sin compasión a falta de otros esparcimientos. Todos son víctimas del sistema viciado y enfermizo al que contribuyen y ello se refleja continuamente en la obra. Uno de tantos ejemplos es la conversación fortuita, que tiene Bernarda con una criada cuando esta le dice que su madre (la senil María Josefa) se ha escapado de su habitación y está rondando por el patio: 
Bernarda: Ve con ella y ten cuidado que no se acerque al pozo.
Criada: No tengas miedo que se tire.
Bernarda: No es por eso… pero desde aquel sitio las vecinas pueden verla desde su ventana.
En esta obra coral los personajes pivotan en un sistema solar regido por Bernarda Alba. Ella está en todas partes incluso cuando no está en escena, personifica la casa y el ahogo que sienten todos los que viven en ella  (el título, que bien podría haber sido Bernarda Alba o Las hijas de Bernarda Alba, sin embargo incluye la casa como elemento imprescindible de la acción, como si fuera un reino). Bernarda ejerce un control absoluto sobre sus hijas y lo justifica como el modo de protegerlas de lo que hay ahí afuera pero en realidad es la excusa para que su nombre no resulte manchado. Sin embargo, Bernarda no tiene reparos en mal hablar de cualquiera porque se considera superior a los demás y esa soberbia será su perdición. Por más minuciosa y astuta que sea, la ceguera de su arrogancia no le permitirá darse cuenta de que la sola existencia de un Pepe el Romano puede convertir su casa en una olla a presión a punto de estallar.

Con qué pocos elementos Lorca pone ante nuestros ojos a esta madre-bestia que no muestra ninguna debilidad ni se pierde en matices (blanco o negro): 

  • Mediante la relación con sus hijas, basada en la dominación y el miedo: «Magdalena, no llores; si quieres llorar te metes debajo de la cama. ¿Me has oído?» 
  • Mediante la relación con su madre, María Josefa. Una mujer con un temperamento muy distinto y que no queda claro si ha enloquecido por la edad o por las privaciones a las que ha sido sometida. De los reproches de María Josefa deducimos que Bernarda ha tenido ese temperamento desde la cuna, por lo que no es consecuencia de ninguna vivencia traumática que sirva para establecer un mínimo vínculo de empatía con el lector. Bernarda nunca ha sido joven. 
  • La relación con la Poncia, el ama de llaves, tal vez la más compleja y que más margen de interpretación ha dado. La Poncia aporta la visión sensata que el lector necesita escuchar aunque su lealtad hacia Bernarda no esté demasiado clara. Ella es la única que puede decirle según qué cosas a la matriarca aunque tenga que pagarlo escuchando sus agrias réplicas. 
  • Los gestos y expresiones de Bernarda no hacen más que redundar en su dureza y en sus valores: (Refiriéndose a una de sus hijas) «Esa sale a sus tías; blandas y untuosas y que ponían ojos de carnero al piropo de cualquier barberillo (…)» 

Pero si el conflicto general es el individuo contra la sociedad, el conflicto particular al que se enfrenta Bernarda es el encarnado por Pepe el Romano, que simboliza la liberación física y sexual. Este conflicto adquiere una dimensión casi abstracta, la pugna entre dos fuerzas opuestas (blanco y negro) entre las que se encuentran las cinco hijas que pasan a convertirse en simples daños colaterales. 

Ya para acabar, y con el permiso de los clásicos, si Shakespeare ha sido un magnífico constructor de arquetipos contemporáneos: los amantes (Romeo y Julieta), el loco (Hamlet), el celoso (Othelo)… para el caso de la matriarca, en el sentido más universal y extremo, Bernarda Alba no hay más que una. 


(*) Algunos consideran Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba como una «trilogía trágica» y otros defienden que la trilogía no llegó a completarse y que La casa de Bernarda Alba forma parte de un ejercicio independiente al que Lorca ya insistió en calificar de drama. Los defensores de esta última postura añaden que las tres obras ilustran lo que se denomina el fenómeno andaluz, una sensibilidad autóctona que no se da con la misma intensidad en otra parte del mundo occidental.

Otras obras de Federico García Lorca en ULAD: Poeta en Nueva YorkRomancero gitano

sábado, 23 de junio de 2018

Enrique Vila-Matas: El viento ligero en Parma


Idioma original: español
Año de publicación: 2008
Valoración: muy recomendable

Sábado del verano Occidental. Vayamos rapidito que hay que ir a la playa. Reseña breve y a volar.
Porque qué más puedo decir. Con excepciones señaladas (Bartleby y Compañía me pareció algo proclive a la espesura y Lejos de Veracruz excesivamente evanescente) todo lo que he leído de Vila-Matas me ha parecido excelente. Si fuera un poquito menos tímido y le diera por meterse en vericuetos socio-políticos ríete tú de Javier Marías. Bueno, y si escribiese para ese panfleto socialfakedemócrata llamado El País. Pero no lo hace, puede que lo haya hecho alguna vez y no voy a mirarlo (hay que ir a la playa), Vila-Matas dosifica su presencia en los medios y siempre que está presente lo hace con pretextos relacionados con lo literario.
Cómo se mueve el tío en ese contexto. Sí, argumentos no le faltarán a quienes se hastían de sus devaneos yoístas y de su manera de aparecer de una forma u otra en todos sus escritos. Pero si va a hacerlo como lo hizo en su  Dietario voluble o como lo hace en este compendio de artículos que hasta ayer yo ni conocía y resulta que Sexto Piso publicó hace una década, ahí estaré para leerle y empaparme de su prosa impoluta, de su enorme respeto a la gramática, de su legibilidad, de su conocimiento canónico de escritor tras escritor uno tras de otro, de su persistente tono irónico elegantemente oculto en cada frase y sobre todo en las autoreferentes. Aquí hay una veintena larga de pruebas con muy pocos resquicios. Quizás algún concepto en un artículo o una anécdota o una cita que vuelve a aparecer unas páginas más allá que puede ser unos años porque hay artículos aquí de distintas épocas y el hombre ha sido prolífico. De hecho uno de ellos es una curiosa retrospectiva que Vila-Matas hace su propia obra y que resulta ser tan estimulante del apetito. En ciertos artículos se entrega a disquisiciones sobre el proceso creativo relacionadas con algunas de sus obras. Siempre de forma amena, con una erudición natura y nada engreída. En otros recrea su cosmos de amistades literarias y sus viajes en distintas fases del proceso de inspiración (algunos en su búsqueda, otros supongo que disfrutando de sus merecidos royalties) y visita Mérida en Venezuela - fascinante pasaje de aires mannianos para alcanzar un hotel situado en los Andes, visita Parma, claro, pasea por Barcelona y habla de las aceras de la Diagonal, visita Lisboa - descomunal panegírico el le que dedica entre líneas - y menciona a autores favoritos y de su entorno (los mezcla al gusto) como Pérec, Gobrowitz, Pessoa, Villoro, Fresán, Cercas...y claro, cómo no iba a seducirme a mí... a Roberto Bolaño le dedica un par de artículos que algunos tildarán, obvio, de parciales y hasta de corporativistas, pero ahí están, generando frases para fajines y para ilustrar coloquios y demostrando a quien quiera la apuesta segura que es Vila-Matas a la hora de disfrutar de un escritor de tomo y lomo. 
Leo un día de estos El viaje vertical y lo juro que ya no reseño nada más aquí de él. 
(A partir de ese momento, seguiré leyéndole por puro placer, como deberíais hacer vosotros.)

viernes, 22 de junio de 2018

Miguel Ángel Hernández: El dolor de los demás

Idioma original: Español
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable

En la Nochebuena del año 1995, el mejor amigo de Miguel Ángel Hernández mató a su hermana y se tiró por un barranco.

Este es el impactante comienzo de este libro y es, también, el punto de partida de un viaje de vuelta, el de Miguel Ángel Hernández, a unos años y a unos lugares que fueron escenario temporal y físico de la tragedia. Regresa Hernández a sus dieciocho años y regresa a esa huerta murciana de la que siempre quiso escapar, a ese lugar que, pese a su caracter semimítico y casi idealizado en ocasiones, encerraba un mundo pequeño, viejo, cerrado y claustrofóbico, un mundo de sexualidades reprimidas y llenas de pecado, remordimiento y culpa. 

Aunque por el párrafo anterior y por las primeras páginas del libro lo pueda parecer, este no es un libro del "yo-mi-me-conmigo". El autor, al más puro estilo de Emmanuel Carrère en “El adversario” (influencia admitida por parte de Hernández en las mismas páginas de “El dolor de los demás”), intercala lo personal con el objeto de la narración, aunando autobiografía, metaliteratura, pelín de ensayo y algo crónica casi periodística, pero él no es el protagonista principal del relato. Puede parecerlo en un primer momento, pero, a medida que avanza la narración, el centro se traslada del yo al ellos (o al nosotros, si queréis). Partiendo de unos hechos y unos recuerdos muy concretos que dan lugar al proceso de escritura de la novela, Hernández consigue salir del “circulo del yo” llevando el peso de la historia al daño y las heridas que se van reabriendo, tanto en él como en el resto de seres que pasan por el libro, a la par que avanza en la escritura de la novela.

Esa es una de las principales virtudes del libro: la capacidad del autor de no mirarse al ombligo y ser capaz de “descentrar”  la historia, de reescribirla y llevarla por caminos en los que lo principal viene a ser el paso del tiempo, la memoria y las dudas y preguntas que estos suscitan, tales como “¿Soy otra persona?”, “¿Soy el mismo?”, “¿Podemos recordar con cariño a quien ha cometido el peor de los crímenes?”, "¿Es legítimo hacerlo después de haber comprendido la parte del otro?” o “¿Es posible llevar flores a la tumba de un asesino?”. 

También me gustaría destacar el ritmo de la narración, que apenas decae en las casi trescientas páginas de las que consta la novela, gracias tanto a la propia estructura del libro como al lenguaje utilizado por el autor, y las más que interesantes reflexiones que el autor va intercalando sobre el lenguaje y la función de la escritura y la literatura.

Por último, y esto es algo que me suele pasar con la literatura en general, me resultan mucho más interesantes los libros capaces de convocar a los demonios que los que pretenden exorcizarlos. Este es uno de esos libros. Hacedme caso!

También de Miguel Ángel Hernández en ULAD: Intento de escapada

jueves, 21 de junio de 2018

Rutu Modan: Jamilti y otras historias

Idioma original: inglés 
Título original: Jamilti and Other Stories 
Año de publicación: entre 1998 y 2007 
Traducción: Lorenzo F. Díaz y Eulàlia Sariola 
Valoración: recomendable

No quisiera ser yo, precisamente, quien ahondase en la idea tópica y espero que ya casi desterrada de considerar el género de la historieta o lo que se conoce como "novela gráfica"  como algo de menor categoría que el de la narrativa tradicional en prosa (o verso, qué caramba). Pero es que leyendo este libro de la israelí Rutu Modan no he podido dejar de pensar que si se tratase de un libro de relatos "clásico", perfectamente se podría alinear junto a los de ....... (poner en la línea de puntos el nombre del cuentista favorito de cada cual... claro, siempre que no sea de Chéjov o alguien así). Se trata, en efecto de un volumen que contiene una serie de historias cortas, publicadas casi todas, entre 1998 y el 2007, por Actus Independt Comics, un colectivo alternativo editorial  y de dibujantes de cómics al que pertenece esta autora.

El libro está compuesto, ya digo, de siete historias, de variada temática argumental, aunque tienen en común, de forma más evidente o velada, la presencia de la familia como marco en el que se desarrollan -en menor medida, sin embargo, la última, Su mayor fan-; o, mejor dicho, el desencuentro o el encontronazo, con esa familia que condiciona el devenir de los personajes. En el relato que da título al libro, Jamilti y en El rey de las rosas, es la familia que aún no ha sido formada, de la que se podrían guardar las mejores esperanzas y que sin embargo ya auguran las peores decepciones antes de formarse. Cierto es que en El rey de las rosas la delirante historia oculta un poco también otra lectura más feminista de la misma. El primer relato, por su parte, supone una inmersión en la dura realidad de la zona, con el conflicto con los palestinos siempre presente.

El mismo transfondo bélico, en cierto modo, está presente en Vuelta a casa, que se desarrolla en un kibbutz junto a la playa, en el que un avión despierta la esperanza de un padre de volver a ver a su hijo. Los demás relatos, sin embargo, podrían estar ambientados csi en cualquier sitio del mundo; de hecho, El rey de las rosas lo está en la Europa de comienzos del siglo XX y el último del libro, Su mayor fan, en Sheffield, aunque cierto es que la "juidicidad" y sus variantes tiene mucho que ver con el desarrollo -especialmente irónico, hay que decir- de la historia. Las tres restantes, sin embargo, inciden más directamente en ese ambiente familiar que he mencionado, y más en concreto en las relaciones materno (y algo paterno)-filiales: las estupendas Bloqueo de energía y Lo pasado, que se desarrolla en un hotel de veraneo, y la sarcástica y hasta tronchante El asesino de las bragas, que va... pues de eso, de la caza de un asesino en serie que coloca ropa interior en la cabeza de sus víctimas.

En cuanto al estilo gráfico, el dibujo de Modan se caracteriza por una aparente sencillez, utilizando sobre todo líneas  curvas y formas redondeadas que le dan un toque expresionista, e incluso haciendo gala de un cierto feísmo, en algún momento. No obstante, también hay algún ejemplo de dibujo mucho más cuidado -o de apariencia de serlo-, en Su mayor fan (similar al de uno de los cómics más conocidos de esta autora, La cena con la reina), con un estilo que casi se aproxima a la clásica "línea clara" y que nos permite ver sin lugar a dudas que el trazo descuidado de otras ocasiones es una elección estética y hasta un recurso narrativo, más que una carencia.


miércoles, 20 de junio de 2018

Wajdi Mouawad: Bosques (La sangre de las promesas)

Idioma original: francés
Título original: Forêts
Traducción: Eladio de Pablo (edición en castellano), Cristina Genebat (edición en catalán)
Año de publicación: 2006
Valoración: bastante recomendable

En esta obra teatral, tercer volumen que compone «La sangre de las promesas», Wajdi Mouawad sigue haciendo hincapié en los orígenes, las raíces familiares, el pasado y la tragedia. Y es que la búsqueda de la identidad es un tema nuclear en las obras de Mouawad que componen esta tetralogía.

De forma similar a «Litoral» o «Incendios» (obras anteriores a la que ahora nos ocupa), el autor va directo al grano en su inicio, partiendo de un hecho clave para, a partir de ahí, desgranar una compleja historia familiar, recorriendo la vida de sus miembros pertenecientes a diferentes generaciones. En la que probablemente sea la obra más ambiciosa de Mouawad, principalmente por su compleja estructura, el autor nos presenta un relato donde la acción se va alternando entre varios momentos temporales para recorrer una genealogía de evolución algo truculenta, como no puede ser de otra manera hablando de Mouawad.

Así pues, la obra empieza con la celebración de una fiesta en la que Aimée (protagonista central del libro) aprovecha para anunciar a su círculo de amigos que está embarazada. En medio de la celebración, Aimée sufre un ataque epiléptico durante el cual recrea situaciones y menciona nombres que nadie de los presentes conoce y que pertenecen a momentos muy anteriores a su propia vida. Ya en la consulta del doctor, se analiza la causa de sus ataques y obtienen un diagnóstico nada común de su enfermedad que será el desencadenante de la historia. Y ya no os cuento más para no dar más detalles sobre su argumento.

Con este planteamiento, Mouawad teje una historia de tragedias, de crueldades, de tristeza y soledad, de sentimientos apasionados hasta rozar la locura y la obsesión, no únicamente en lo tocante a los aspectos sentimentales sino también en lo referente a la concepción de la vida y la sociología. Asimismo, el autor se sirve de la presencia de múltiples personajes de diferentes momentos históricos para hacernos testigos de las épocas más relevantes de la historia de Europa del siglo XX. Así, la historia transcurre por la primera guerra mundial, la ocupación nazi, la caída del muro de Berlín... de manera que la narración permite al autor hacernos partícipes de una serie de hechos históricos, ofreciendo un canal al autor para mostrar aquello que las personas albergan en su fuero interno, en su yo más íntimo (y despiadado a veces), llevándolas al extremo hasta encontrar el núcleo de lo que conforma la psicología humana.

Estructuralmente, hay cierto aspecto que, a mi entender, no hace que esta obra sea completamente redonda: se plantean demasiadas alternancias temporales, con sus respectivos protagonistas, que provocan algo de confusión al lector a pesar del intento de su autor en repetir varias veces, durante la narración, la línea sucesoria. Siendo así, no sería una mala idea para quién lea la obra anotar los personajes clave y echar mano de vez en cuanto a esas anotaciones, para poder encajar la historia y asegurar su comprensión y coherencia. Aparte de este aspecto, consecuencia de una obra tan ambiciosa, el relato consigue mantener al lector completamente atrapado, especialmente superada la primera mitad, con una historia que coge impulso con la fuerza con la que el autor nos tiene acostumbrados. Es a partir de ahí cuando aparecen los personajes más potentes, más oscuros y sórdidos, más cercanos a esa parte inhumana que también habita en las personas. Es en estos paisajes casi claustrofóbicos del bosque donde Mouawad nos permite ver su visión más trágica de la humanidad, formada por una sociedad donde las intenciones no siempre son tan nobles como parecen, donde los mundos, cuando son cerrados, limitan las posibilidades de conseguir algo mejor.

Tristeza, dolor, pesar, abandono, miedo, impacto, son algunos de los grandes temas que encontramos en esta obra teatral, llena de tragedia, pero también de amor a la familia, de amistad y perdón, de tolerancia y reconciliación ... todos estos elementos son tratados por el autor elaborando una obra que te mantiene atrapado hasta el final, un texto en la que Mouwad te ofrece una mano tendida para que lo acompañes en la historia, mientras te agarra el corazón con la otra para que no la sueltes. Extremadamente sensible y profundo en sus obras, Mouawad siempre causa impacto al tratar la tragedia existente en la condición humana, pero, a la vez, acostumbra a dejar un espacio, a veces pequeño pero siempre presente, a la esperanza.

También de Mouawad en ULAD: Ánima, Litoral, Incendios

martes, 19 de junio de 2018

Joan Lindsay: Picnic en Hanging Rock

Idioma original: Inglés 
Título original: Picnic at Hanging Rock 
Traductor: Pilar Adón 
Año de publicación: 1967
Valoración: Imprescindible

Las alumnas del colegio femenino Appleyard están de picnic el día de San Valentín de 1900 en Hanging Rock, una formación rocosa situada al sur de Australia. Esta bucólica estampa se resquebraja cuando desaparecen tres de las chicas y una de las profesoras que las acompañaba. Todo intento de búsqueda es infructuoso, y las pocas pistas que los investigadores tienen sólo consiguen ensanchar todavía más el misterio que rodea al caso.

Con esta premisa, Joan Lindsay elabora una novela que confundió a todos sus lectores por igual. ¿Acaso los eventos retratados en estas páginas sucedieron realmente? Podría ser: a fin de cuentas, el propio texto se autodefine como una “crónica” del Misterio del Colegio. Por otro lado, ¿qué sucedió con las desaparecidas? ¿Se extraviaron? ¿Las secuestraron o asesinaron? ¿Quizás hubo agentes sobrenaturales implicados en el asunto? Todas estas dudas son comprensibles, dada la naturaleza ambigua del libro al que nos enfrentamos. Incluso la propia autora se dedicó a marear la perdiz; en las entrevistas que concedía nunca respondía con claridad, probablemente encantada con el desconcierto ocasionado.

Personalmente, me ha fascinado esta ambigüedad que las páginas de Picnic en Hanging Rock supuran. Aunque el misterio que rebosa la novela no es nada complaciente, está dosificado con tanta inteligencia que su cualidad inaprensible jamás supone un problema. Lindsay no se recrea en dicho misterio, simplemente lo deja intuir e inmediatamente después se pone a hablar de cómo cambia la vida a varios personajes. Sobre todo, la de Sara, amiga de una de las estudiantes desaparecidas, la de Mike, un aristócrata de procedencia británica, y la de la directora del colegio Appleyard; pero ya iremos a eso. En definitiva, el enigma inescrutable de Picnic en Hanging Rock, así como el final abierto de la historiano frustran al lector, porque lejos están de ser el enfoque principal del libro. Al fin y al cabo, no nos hallamos ante una novela de misterio, si no ante un libro sobre el misterio. Es por eso que, por tentador que sea, en ningún momento debemos enmarcar esta novela gótica dentro del género de terror. Al menos, dentro del terror al uso. Y es que Picnic en Hanging Rock es más desasosegante que terrorífica. 

La exploración de lo desconocido y sus consecuencias en los seres humanos no es, sin embargo, el único interés del libro. Picnic en Hanging Rock también nos propone interpretaciones sobre otros temas. Por ejemplo, la convivencia de binarios antagónicos, plasmada en la diferencia que existe entre el colegio femenino Appleyard y la naturaleza. Desarrollemos un poco más esta lectura. Appleyard y su directora representan la disciplina, el orden y el raciocinio, mientras que Hanging Rock simboliza lo anárquico e imprevisible. En otras palabras, el caos absoluto. No en balde, el tiempo pierde su cualidad reguladora en la formación rocosa, y, como ya hemos adelantado, hay personas que cambian drásticamente por culpa de la influencia de ese lugar.

Ahora quedémonos un momento en el cambio que Hanging Rock (o, más bien dicho, la desaparición que allí sucede) impone a dos de los protagonistas de la novela. Podríamos empezar hablando de la transformación que sufre la directora. Su compostura se ve puesta a prueba tras el fatídico San Valentín, al ser acosada constantemente por los medios de comunicación, los familiares de las desaparecidas o sus propios trabajadores. Así, esa mujer comedida se va tornando en un ser nervioso que acaba por caer en el alcoholismo. Las desapariciones también sirven de catalizador para Mike, un joven que estaba en Hanging Rock al mismo tiempo que transcurría el picnic. A lo largo de esta historia lo veremos madurar como persona, de un modo oscuro e irreparable. Repito: el caos.

Como se habrá podido entrever, este es un relato sugestivo y evocador. Sexualidad, madurez, civilización... Estos son solamente algunos de los temas a los que nos remite. Me detengo aquí porque no me veo capacitado para seguir analizando las capas y capas que envuelven este texto; con tal de despertar todavía más vuestra curiosidad, me limitaré a añadir que en él también se puede entrever una meditación sobre la independencia de Australia y la lucha de clases. De modo que por trasfondo que no quede. 

Por cierto, la parte formal de Picnic en Hanging Rock no se queda a la zaga con respecto al contenido. La prosa de la que hace gala Lindsay es excelente. Elegante y sofisticada, aunque sencilla. Ágil, pero nunca superficial. Además, la narración está regada de frases lapidarias y un humor irónico y refinado que se usa puntualmente para hacer algo de crítica social. Una auténtica delicia, vamos.

Y sobre la editorial que recupera esta obra de culto, Impedimenta, decir que nos ha entregado un producto con el intachable acabado al que nos tiene acostumbrados. Una cubierta espectacular y motivos ornamentales a color, compuestos por graciosas volutas, son dos de las muchas sorpresas que nos deparan estas páginas. Por si fuera poco, la editorial ha tenido el buen tino de omitir una versión de Picnic en Hanging Rock con un final del todo decepcionante. Porque sí, hay una versión de esta obra que la acercaba al thriller paranormal. No sé qué sobre el "dream time" de los aborígenes, un fenómeno espacio-temporal que detiene las agujas del reloj y difumina la realidad. O sea, un completo despropósito, si lo comparas con este otro resultado, en que nadie es capaz de ofrecer una explicación remotamente convincente al Misterio del Colegio... Ni falta que hace. 

Dice Miguel Cane, en una magnífica “Introducción”, que hay dos tipos de lector potencial para Picnic en Hanging Rock: “el que sabe dónde se adentra” y el “inocente que llega a  este paraje sin imaginar las consecuencias”. Yo pertenecía al segundo tipo. Bueno, miento. En realidad, algo sabía de esta extraña obra antes de empezar a leerla. Había oído que era una novela de culto, que la historia entremezclaba la realidad y la ficción, que su adaptación cinematográfica había sido un tremendo éxito (como lo será, probablemente, la serie, estrenada este mismo mes en España). O sea, que ya sabía algunas cosas sobre Picnic en Hanging Rock.

Pero creedme cuando os digo que esta información apenas te sirve una vez empiezas a ascender por la empinada ladera de Hanging Rock. La mochila pesa, y debes despojarte de ella. Además, total, para qué la necesitas: no te aporta nada. A tu alrededor, todo es distinto a lo que podías esperar. Nada podría, ni podrá, prevenirte de lo que tiene que suceder. Debes experimentarlo por ti mismo.  

Y dejad que os dé un aviso: este libro es de los que dejan una huella indeleble en el lector. Ya nunca se podrá acudir virgen a esta obra, que te marca como si de un tatuaje se tratara. Para bien (en cada reelectura, uno puede buscar nuevas interpretaciones de forma más consicente) y para mal (se pierde el factor sorpresa, tan agradecido). ¡Así que todos a leer Picnic en Hanging Rock ya mismo! Prometido: depara todo tipo de placeres a los lectores más exquisitos.   

lunes, 18 de junio de 2018

Julián Rodríguez: Novelas (2001-2015)

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: entre recomendable y muy recomendable

Julián Rodríguez tiene fama, por lo menos entre algunos lectores, de joya escondida. No es un autor conocido por el gran público, por no tener no tiene ni página de Wikipedia, pero sí tiene lectores fieles y admiradores devotos. Es, además, el editor de Periférica, que nos ha dado unas cuantas sorpresas en los últimos años (la última, reseñada aquí, los diarios de la misteriosa Mary Ann Clark Bremer). Lo cierto es que como escritor su obra es bastante reducida: los poemas y relatos reunidos en Antecedentes (2010), los volúmenes autobiográficos Unas vacaciones baratas en la miseria de los demás (2004) y Cultivos (2008), y las cinco novelas que se incluyen en este volumen: Lo improbable, La sombra y la penumbra, Ninguna necesidad, Santos que yo te pinte y Las formas que buscan el cristal.

Aunque, claro, hay que hacer una matización: cuando Julián Rodríguez habla de "novelas" lo hace en el sentido clásico, el de nouvelle o novella, igual que en las Novelas ejemplares de Cervantes. Cada una de las "novelas" ocupa unas ochenta páginas, algunas de ellas menos todavía, y casi todas tienen argumentos relativamente simples, casi insignificante. En Lo improbable se nos presentan las aventuras, fundamentalmente amorosas, de un conjunto de jóvenes que se cruzan y entrecruzan por Europa; La sombra y la penumbra cuenta tres historias que transcurren en la tensión entre lo urbano y lo rural; en Ninguna necesidad el protagonista viaja a Portugal para reflexionar sobre la muerte de un ser qerido (y para huir de ella); Santos que yo te pinte es un largo monólogo de amor y desamor; por último, Las formas que buscan el cristal es otro monólogo interior que transcurre por diversos territorios y temas, pero sobre todo por Tierra del Fuego y Ushuaia.

La verdad es que lo que las novelas cuentan no es, no parece ser, lo más importante; lo más importante es cómo lo cuentan. "La reescritura es para mí tan importante como la escritura", dice el autor en el prólogo, y ese cuidado por el detalle de la prosa se nota en un estilo impresionista o minimalista, a veces elíptico y otras alambicado. No cabe duda de que Julián Rodríguez mima sus textos como piezas de orfebrería (y a veces incluye en ella joyas ajenas: poemas, cartas, textos de otras manos que integra en su discurso). Copio a continuación, a modo de ejemplo, un capítulo de Lo improbable:

GANSOS
Parejas de gansos salvajes del Canadá. De eso le hablaba a Teresa. Si uno de ellos moría, el otro ya no podía vivir. Se volvía loco. Volaba sin rumbo, a la desesperada. Para encontrar la muerte. Todo lo que tengo por compañía son las dos mitades de mi corazón, recordó.
Gansos de cabeza y cuello blancos. Nacidos de la nieve. En muchos cuentos populares de Alaska son los hijos del primer dios. Los llaman "emperadores". Pero sobre su cabeza no volaban los hijos del dios. Eran golondrinas. Golondrinas que construían sus nidos bajo las tejas de la catedral.

No todas las novelas me han parecido igual de logradas; algunas me resultan demasiado esotéricas y oscuras (en particular Santos que yo te pinte o Las formas que buscan el cristal); en cambio, aquellas que son más propiamente narrativas, como Lo improbable, Ninguna necesidad o La sombra y la penunbra (en ese orden de preferencia) me han parecido más que notables, por su combinación de relato e impresión poética, de introspección y collage. Y creo que la longitud de estas "novelas cortas" resulta ideal, porque un estilo tan detallista es difícil de sostener durante demasiadas páginas, sin cansar al lector (y al autor, probablemente).

Algo que me ha gustado menos es el hecho de que el autor insista en explicarse en forma de notas, prólogos o epílogos, en que no solo apunta las fuentes de los textos, o los agradecimientos debidos, sino también, a veces, apunta a interpretaciones o lecturas. Personalmente creo que el autor debe hablar a través de sus textos; y que una vez entregados los textos al lector, debe dejarlo hacer, sin intentar tutelarlo en el proceso de lectura. Pero bueno, esto es solo una opinión. Como todo lo demás, en el fondo.