lunes, 23 de febrero de 2026

Andréi Platónov: Moscú feliz

Idioma original: ruso
Título originalСчастливая Москва
Año de publicación: ¿1991?
TraducciónAlejandro Ariel González
Valoración: ¿está bien?

Mis intenciones eran buenas: ¿un libro que surge por la imagen de una protagonista fumando mientras cae en paracaídas y es una alegoría del supuesto paraíso de la URSS? Con esa premisa tenía que leerla. Lamentablemente se queda en eso, en un buen arranque que empalidece debido a la incoherencia de los personajes y las consecuciones de escenas sin ritmo ni sentido.

Con esto podría acabar la reseña, pero vamos a explayarnos un poco más. La novela es una obra inconclusa; su autor nunca la vio publicada (siempre tenía problemas con la censura por presentar, según su amigo Gorki, la realidad bajo un manto farsesco y delirante), y probablemente, si le hubieran permitido publicarla sin riesgo de que lo mandaran a matar, la hubiese corregido como se debía. Pero, tal como está, la novela muestra baches argumentales, picos y valles narrativos en pocas páginas.

Por ejemplo, la vida de Moscú Chestnova (su apellido significa honrada, honesta, que es lo que termina siendo en una sociedad donde todos calculan sus beneficios o naufragan en el encasillamiento (o sea, no difiere de la actual)): al principio es una niña que asiste a la Revolución de 1917, que se aterroriza ante los eventos, y luego pasa a ser una paracaidista que bate récords mientras destina su vida a contribuir a la grandeza de la patria, conservando siempre su personalidad indómita y su alegría irredenta que seduce a cualquiera que se atreva a hablarle. Uno pensaría que la novela tratará sobre su vida, pero pronto nos encontramos siguiendo las peripecias de otros personajes que se vuelven arquetipos o estereotipos de los comportamientos, no lo dudo, de la sociedad en ese momento (el ingeniero cuyo trabajo es la creación de la perfecta balanza, y del cual deduce una metáfora acerca de la justicia y el equilibro de todo el pueblo, es el ejemplo ideal). La cosa es que, aun siendo una parodia de esas actitudes, los personajes no terminan por trascender en ese plano insulso que los caracteriza. Quizás la aparición de Moscú los trastorna (todos buscan poseerla, y la misma Moscú irá degradándose en el deseo humano), pero queda en nada. Quizás Platónov quería representar eso, cómo el engranaje burocrático no construye ningún atisbo de felicidad, sino que solo la libertad individual (en el sentido de hacer siempre lo que le dicta la consciencia propia) puede perturbar la anemia o la mediocridad en la que todos se ven involucrados.

En el camino, Moscú se esfuerza por complacer a los demás, pero a todos los abandona a causa de ese deseo de controlarla, y atestiguando que, incluso aunque lo lograsen, la tristeza inherente de los personajes no se elimina. El problema es que la trama de Moscú cierra convirtiéndose en la compañera de un mendigo-violinista con deudas estatales y siempre impagas y que no tiene dónde caerse muerto, exceptuando su alojamiento en una de esas construcciones residenciales. Se podría metaforizar la abnegación de Moscú por el mendigo como una forma de preocuparse por el oprimido, el inválido, el desahuciado, etc., a la vez de la ironía de reclamarle que se comporte como un verdadero ciudadano del pueblo cuando está física y mentalmente incapacitado, pero no se termina de cerrar la idea, y las tramas argumentales (de Moscú, el mendigo, el ingeniero que se quiere casar con ella) fenecen en hilachas.

Es injusto ser duro cuando es una obra inacabada; en varias páginas da muestra del potencial perdido. Muy probablemente esta novela, con sus debidas correcciones y una conclusión, hubiera terminado siendo una brillante parodia del régimen estalinista, la contemplación de una maquinaria que despersonalizaba al ser humano y solo dejaba resquicios a las pequeñas historias, donde más valía una mano amable que el espionaje y la paranoia para sobrevivir, pero pierde fuelle a medida que avanza la trama y se queda en una hilera de escenas, potentes de forma individual e insuficientes en el contexto general. 

Más de Platónov: La zanja




domingo, 22 de febrero de 2026

Thomas Bernhard: Trastorno

Idioma original: alemán

Título original: Verstörung

Traducción: Miguel Sáenz

Año de publicación: 1967

Valoración: Recomendable


Dentro de la obra narrativa de Thomas Bernhard Trastorno (1967) va en segunda posición, es decir, es su segunda novela, publicada ocho años antes de Corrección (1975), la única que conozco aparte de esta. Entre ambas publicó La calera (1970). No son datos que llamen la atención o que puedan interesar mucho al lector, ni es mi costumbre largar este muestrario de títulos y fechas, pero hay algo disonante en esta secuencia, ya verán.

Y es que Trastorno, aunque tiene una cierta unidad argumental, desde el punto vista estilístico muestra una ruptura fuera de lo común a la que no encuentro demasiada lógica. De forma que en el aspecto formal tenemos algo así como dos novelas independientes:

1. Personajes de la Austria profunda

Con un formato perfectamente convencional, Bernhard cuenta el periplo de un médico rural que, acompañado de su hijo, visita a diversos pacientes en la región austriaca de Estiria, repleta de bosques, montañas y valles profundos. El judío Bloch, la señora Ebenhöh, el industrial que vive con su hermanastra aislado del mundo, el hijo contrahecho de los guardeses del castillo, los Fochler con su molino incrustado en un barranco y con gran número de pájaros exóticos en una jaula. Es una ‘población básicamente enferma, propensa a la violencia y el desvarío, […] gentes del campo que degeneran en la brutalidad, […] un paisaje de profundos valles sin sol, pequeñas ciudades y abúlicos pueblos y mercados’. No es de extrañar que Bernhard no despertase precisamente la simpatía de buen número de compatriotas con semejantes opiniones.

Por momentos recuerda retratos inclementes de mundos rurales de otras tierras, pero aquí no se trata de personajes primitivos como los de las aldeas gallegas de Valle Inclán, o brumosos, intemporales y casi metafísicos como los de la Región de Juan Benet. No arrastran, que sepamos, traumas antiguos o extrañas taras, son individuos simplemente sometidos por ese entorno hostil y embrutecedor que los trastorna y deshumaniza generación tras generación, a la vez que les ata para siempre a esa tierra, naturaleza pura, maravillosa y aterradora al mismo tiempo.

La narración es poderosa, fluida, y diríamos perfectamente homologable, como si un artista abstracto decidiese demostrar que también sabe hacer pintura figurativa, y lo hace espléndidamente. Pero Bernhard, de repente, toma otro rumbo.

2. Saurau

El último paciente de la ronda es el príncipe Saurau, que habita con sus hermanas e hijas en el castillo que se yergue en lo alto del barranco. Necesita de un nuevo administrador para sus tierras, y Bernhard, que le concede la voz única en prácticamente todo lo que resta del libro, dedica once páginas a describir cómo un hombre se postulaba al puesto y fue finalmente rechazado, una simple entrevista de trabajo. La desproporción sugiere cierto desequilibrio en el protagonista-narrador, y promete por tanto sensaciones intensas. Saurau puede además resultar un personaje fascinante, solitario y sumido en inquietudes intelectuales, que lanza su disertación de forma fragmentada y en todas direcciones, la naturaleza del hombre, la posible traición de su hijo, la interacción con la naturaleza, el espíritu del castillo o la enfermedad moral de los pueblerinos, sus empleados, o de Austria entera. 

Ese torrente incontenible, el interminable monólogo del príncipe, hace inmediatamente pensar en el Roithamer de Corrección, y por eso esta segunda parte del libro es como un puente hacia la posterior novela de Bernhard. Se diría que el autor ha descubierto repentinamente otra forma de contar las cosas, abandona el convencionalismo anterior y se lanza sin freno por el nuevo camino. De ahí que surja la duda sobre esa novela intermedia que de momento no conozco.

Pero lo cierto es que al larguísimo speech no le veo la profundidad y la coherencia que, dentro de formato tan complejo, mostraba en Corrección. La perorata del príncipe es una sucesión de comentarios muy breves y con escasas conexiones, que bien podría ser simplemente el discurso de un demente, con poco que aportar al resto de la narración. Lo cual demuestra que el descubrimiento de una herramienta narrativa, por valiosa que pueda ser, no garantiza por sí misma un resultado brillante, algo que solo se consigue cuando se carga con el material y en la forma adecuados. Con todo, el libro no deja de ser estimable, con ese punto extraño que resulta atrayente siempre que estemos prevenidos: la lectura de Bernhard es estimulante, pero (afortunadamente) nunca sale gratis.


Otras obras de Thomas Bernhard reseñadas en ULAD: aquí

sábado, 21 de febrero de 2026

3x1: Colectivo juan de madre presenta nº1 y nº2 + Entrevista

Quienes me conocen saben que Colectivo juan de madre presenta es una de mis editoriales de cabecera. Cuando la descubrí, allá por el 2001, me fascinó la calidad de su presentación, la unicidad de su catálogo y el amor por la literatura que emanaba.

Desde entonces he seguido con interés la evolución de este proyecto. He lamentado el (desgraciadamente comprensible) paso de las tiradas limitadas y los buenos materiales a la impresión y distribución con Amazon. He abrazado su transición del bizarro con algo de casquería y escatología al splatterpunk más salvaje. También he asistido a sus informales presentaciones, intimado con sus enigmáticos fundadores y publicado una novela bajo su amparo.

Hoy traigo una reseña de sus dos primeras publicaciones: Los abigarrados mundos de Takeshi García-Ashirogi, de (por supuesto) Takeshi García-Ashirogi, y Arcanos del antiguo estado, de O.L.G.A. Equis. 

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Idioma original: Español
Año de publicación: 2019
Valoración: Delirante

Una reliquia única. Esto es Los abigarrados mundos de Takeshi García-Ashirogi, el primer libro que una de mis editoriales fetiche, Colectivo juan de madre presenta, publicó. Un libro de tirada limitada, del que yo poseo uno de los pocos ejemplares que llegaron a circular. 

Un objeto precioso. El continente de Los abigarrados mundos de Takeshi García-Ashirogi es espléndido. Sobre todo destacaría los materiales que componen el libro, y el hecho de que esté profusamente ilustrado. Se nota que pertenece a la época en que la casa, emborrachada de ilusión, ambición y buen hacer, apostaba por todo lo alto, quizá a expensas del beneficio económico razonable, y no imprimía y distribuía su catálogo, como ahora, a través de Amazon.

Las surrealistas ilustraciones. Son un auténtico deleite visual a todo color y engalanan la cubierta, las sobrecubiertas y el interior de Los abigarrados mundos de Takeshi García-Ashirogi. El artista Riot Über Alles emula en ellas la técnica del collage al recortar y superponer imágenes digitales. También distorsiona y modifica a su antojo el material de base, e imprime unas transparencias y texturas al conjunto, de una manera que el oficio analógico jamás permitiría.

El hilarante prólogo. Escrito por Riot Über Alles, es profundamente metarreferencial, contextualiza (de una forma deliberadamente engañosa) la obra y nos saca varias sonrisas gracias a su empleo del humor y la hipérbole. 

Una antología delirante. Los abigarrados mundos de Takeshi García-Ashirogi agrupa siete relatos breves, formal y temáticamente variados, que giran en torno a conceptos de lo más extravagantes. Arranca con fuerza gracias al contundente y retorcido "La antigua sinceridad", en el que una actriz y guionista porno compra una máquina del tiempo. "El ataque de los belenes vivientes", que muestra una suerte de parque temático religioso siendo atacado por yihadistas, resulta competente y divertido, aunque no alcanza el nivel de su predecesor. "El hombre utópico" llega a buen puerto pese a tomarse un pelín más en serio e incluso logra conmover con una historia de un hijo que va desapareciendo (literalmente) tras la muerte de su madre. "La dentadura postiza de Alicia Crisálida no poseía colmillos", una bizarrada en la que una licántropa frugívora y activista derroca una empresa, concatena una idea seductoramente alocada tras otra. "Esther, nuestra inmaculada genocida", disfrutona ocurrencia de humor negro que leí por primera vez en la antología Valores Familiares, muestra a una joven jaredí que se somete ante un proceso de gestación subrogada con irónico desenlace. "Los irreconciliables hermanos Spencer" aplica ingredientes reminiscentes al rebuscadamente entrañable Edogawa Rampo a una trama detectivesca (por lo demás algo previsible), en la que un detective persigue a un asesino en serie que arrebata a sus víctimas los órganos que el cuerpo humano tiene repetidos. "De por qué me hice Lutier", una especie de fábula que trenza tres tragedias, cierra el volumen con una nota melancólica.

Un autor imposible. Debemos Los abigarrados mundos de Takeshi García-Ashirogi a un anciano, hijo de padre hispano y madre japonesa, que vive en Estados Unidos y que asegura haber escrito más de siete mil obras. Si éstas son tan buenas como los relatos compilados en esta antología, o los de ese genial pastiche titulado El sheriff Goodman contra Pinhead y otras espeluznantes aventuras en el lejano oeste, esperemos que se sigan publicando, a ser posible con tanto mimo y dedicación como lo hizo Colectivo juan de madre presenta.



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Idioma original: Español
Año de publicación: 2019
Valoración: Delirante y totalmente inclasificable

Arcanos del antiguo estado es una de esas colecciones de relatos a las que el adjetivo heterogéneo le queda corto. Y es que la gamberrada inclasificable (porque no hay mejor forma de referirse a esta antología) de O.L.G.A. Equis agrupa siete relatos, muy variados en factura, temática e intenciones, cuya prosa, surrealismo (o quizá bizarro) y humor dota de cierta unidad.

Abordémoslos uno a uno. "Nunca sabes ni cuándo ni cómo" es una joya, quintaesencia del bizarro más hilarantemente absurdo, sensualmente escatológico e imprevisiblemente profundo. Digo que este relato es imprevisiblemente profundo porque la historia de amor entre un joven y una fosa común sirve a O.L.G.A. Equis para explorar cuestiones tan elevadas como la paternidad, el madurar, el enamorarse, el matrimonio y las pantanosas relaciones (literalmente) entre cónyuges. Otras virtudes que le encuentro son la pasmosa facilidad con la que concatena ideas, imágenes, personajes, escenarios y dinámicas increíblemente creativas y cómo se apuntala en un mundo apenas esbozado, pero a todas luces presente.

"Un pijama estampado de accidente de tráfico en autopista" demuestra que O.L.G.A. Equis puede sacar jugo de cualquier concepto, por aparentemente pequeño en escala y ambición que sea. Y es que este relato, en el que el narrador abre un regalo, inicia con una curiosa tesis sociológica y estalla súbitamente hasta derrumbar todo a su alrededor (literalmente).

"Extracto —98—" es un imaginativo ejercicio con el que O.L.G.A. Equis parece mofarse del revisionismo ocioso y de quienes sobrepiensan una obra de arte y hacen malabares intelectuales y retóricos para acomodarla a sus propios sesgos y convicciones ideológicas. La transcripción de una reunión entre personas de lo más dispares que creen haber hallado mensajes cifrados en las obras de Cánovas del Castillo evidencia que, si quieres, puedes ver (literalmente).

"Botas de cuero encerado" es sorprendentemente conmovedor, pues narra la tensión entre una madre y su hijo, quien lleva años atormentado por cosas que le ha oído decir a sus espaldas. Este relato, de vocación abiertamente metafórica, se cierra sin entregar una respuesta clara ni al protagonista ni al lector, aunque dejando claro que en su interior anida una verdad esquiva y profunda, por cuya revelación hay que excavar como quien desprende capas y capas de desecho de unas botas (literalmente). La finura de su prosa, su atención al detalle, la plausibilidad del protagonista y el enigmático significado del conjunto me hacen creer que, si bien no es mi favorito del conjunto, es el mejor objetivamente hablando. 

"Pensar / decir / hacer" va de menos a más hasta convertirse en una de las cimas narrativas del volumen. Lo que en un inicio parece un relato sobre los problemas de comunicación de una pareja deviene en la entrañablemente tragicómica comunión de dos almas. Un desempleado deambula por la ciudad tras discutir con su pareja y no tarda en comprender que no sólo ella no lo entiende, sino que ni siquiera un joven semidesnudo conspiranoico lo hace, pero los dos harán un esfuerzo por conectar y traban una curiosa amistad, tan unilateral como recíproca.

"En todo es todo" es un monólogo de alguien que cree (literalmente) en todo, incluso en lo contrario de ese todo. Con él, O.L.G.A. Equis exhibe nuevamente cómo puede exprimir los conceptos más sencillos, y expandirlos en todas las direcciones, tanto las intuitivas como las refrescantemente inéditas.

"El hombre y los roqueros" es lo más parecido a entender qué es el ciclo de la vida para O.L.G.A. Equis. A fin de cuentas, el relato trata sobre un protagonista que es vendido por su padrastro a un grupo de roqueros, quienes llevan al secuestrado a un garaje y no hacen nada con él salvo contemplarlo (literalmente) durante días, luego, ya convertido en hombre, es liberado, y, finalmente, es linchado en un parque por un grupo de padres que lo acusan de pedófilo. Esta extravagante oda a la inacción es una crítica a la multitud incapaz de aceptar a quien la practica, y me ha deslumbrado por dos párrafos que describen a la madre y padrastro del protagonista y parecen sacados de un Alejandro Sawa trasnochado.

En definitiva, Arcanos del antiguo estado es una miscelánea tan desconcertante como cautivadora. Puede que no sea para todo el mundo. Sin embargo, a raritos, iconoclastas y desprejuiciados como un servidor, les fascinará. Incluso puede resultar atractiva para lectores más serios, dada la calidad de la prosa de O.L.G.A. Equis y la dignidad apabullante que permea esta gamberrada.

Ah, Arcanos del antiguo estado viene engalanada con unas magníficas ilustraciones de Riot Über Alles, en las que rostros deformados, desfigurados y fragmentados nos recuerdan que los textos que acompañan son, a la postre, una especie de reflejo distorsionado nuestro.


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Tras prender fuego a la cueva donde moran los editores de Colectivo juan de madre presenta y obligarles a salir reptando al exterior, he aprovechado para hacerles unas preguntas, que han respondido con suma amabilidad y bajo su propio riesgo:

ULAD: ¿Cuándo fundasteis Colectivo juan de madre presenta? ¿Con qué propósito?

R: La formamos un mediodía a principios de 2019, creo recordar, durante un vermut-picoteo en mi casa, subiditos de etanol. Y no "fundamos" nada propiamente hablando, porque de lo que se habló fue, en un principio, la gestión de una —¡una!— publicación literaria ilustrada que pedía ver la luz a través de un canal autogestionado y con un 100% de control sobre los contenidos y la ejecución editorial: hablo del nº1 de la colección, Los abigarrados mundos de Takeshi García-Ashirogui

D: Sí, creo que fue tal cual así. Aunque creo recordar que muy pronto nos vinimos arriba y consideramos la posibilidad de aprovechar el impulso para montar una micro-editorial a nuestra manera. Esto es, un sitio en el que acoger los proyectos más locos, bizarros, splatterpunks, sin necesidad de habilidades literarias canónicas, con mucho cuidado por las relaciones entre editorxs y autorxs, y mucho amor por la "baja" cultura.

ULAD: ¿Podéis explicar brevemente de dónde proviene el nombre de la editorial?

D: Creo que quisimos aprovechar que la “marca” Colectivo juan de madre ya tenía cierto recorrido en el underground literario, y hacer una especie de Alfred Hitchcock Presenta, pero del punk.  

ULAD: ¿Cómo definiríais la literatura que tan insensatamente esparcís por las calles?

R: Marginal. Honesta. Improbable. Divertida. Libre de pretensiones. Oscura. Antiacadémica por defecto. De género. Chocante. No necesariamente innovadora, pero sí fresca.

ULAD: ¿Qué habéis aprendido gracias a este proyecto? ¿La experiencia ha sido estimulante de alguna manera inesperada? ¿Ha acarreado también algún que otro bajón?

R: Para mí, ha sido y sigue siendo un chute de aire fresco que me mantiene activo no solo como agitador cultural, sino también como escritor e ilustrador: todo han sido alegrías y aportaciones positivas, a excepción de lo de Fundición Adecco, una anécdota aislada por lo negativa y desagradable que resultó.

D: Ah, sí, los Adecco… Resulta que sacamos un libro firmado por un tal Fundición Adecco que, de manera azarosa, llegó a manos de un trabajador de la empresa Adecco original, y se conoce que no les hizo gracia el chiste y nos amenazaron con tirarnos toda su caballería legal si no retirábamos el libro. Valientes matones están hechos… Pero, por o demás, como dice Riot, todo han sido alegrías.

ULAD: Colectivo juan de madre presenta ha ido mutando con el tiempo. En primer lugar, ha virado de la literatura bizarra con humor negro, toques escatológicos y dosis de sangre al splatterpunk desacomplejado. Asimismo, sus autores, aun manteniendo la tradición del pseudónimo, ya no están ocultos tras varias capas de enmascaramiento. Por no hablar del cambio que supuso a nivel logístico la impresión y distribución por Amazon, o la integración en la editorial hermana Pathosformel. ¿Qué podéis decir de esta evolución?

R: Lo de la evolución hacia el splatterpunk ha sido, en buena parte, lo que nos ha ido sucediendo según nos adentrábamos en nuestra posición de editores (por llamarnos de algún modo): nuestros gustos personales como lectorxs, lo que hemos ido conociendo y compartiendo con otrxs editorxs amigxs, lo que nos ha ido rodeando al paso ha sido el splatterpunk, el gore y otras formas de terror extremo, pero yo creo que nunca hemos abandonado la senda del bizarro. A mí personalmente me sigue interesando, y a título personal mis obras dentro de la editorial nunca han dejado de tener una parte muy importante de bizarro y rarunez galopante. Por no hablar del humor negro, ingrediente indispensable tanto en Colectivo juan de madre presenta como en la vida misma. 

Lo de Amazon, por otra parte, es una decisión práctica: nuestra anterior manera de hacer las cosas se tornó económicamente insostenible. No me hace demasiada gracia trabajar con Satanás himself, pero quiero pensar que nos estamos aprovechando del medio para nuestro propio beneficio y el de la distribución de un tipo de literatura sin apenas visibilidad en el mercado estándar.

D: Y unirnos con Pathosformel resultó de lo más sencillo y natural. Somos colegas, estábamos interesados en las mismas movidas, a la práctica, ya colaborábamos en mil cosas. Tan solo era hacerlo oficial, como esa pareja que pasa por vicaría tras vivir veinte años juntos. Joder, y fue un orgullo pasar a ser una colección de Pathosformel… la editorial que publica a Edward Lee!!!!
 
ULAD: Algunas de mis historias favoritas de tiempos recientes las habéis publicado vosotros. Le tengo mucho cariño a Batido de gato o Polipiel, novelas tan irregulares como geniales. También me volaron la cabeza varios relatos de vuestras antologías: "Nunca sabes ni cuándo ni cómo" y "Pensar / decir / hacer", de  Arcanos del antiguo estado, o "Un apartamento en tu colon", de La 4Chan Generation. ¿Vosotros tenéis obras predilectas dentro de vuestro propio catálogo?

D: Estoy de acuerdo con lo de Batido de gato, me flipa. Y destacaré dos más (aunque todas me flipen, sino no las habríamos publicado, claro) por motivos concretos: Oler hierro por ser la última hasta la fecha y contener una de las escenas de violencia más bestia que he leído nunca, y Tres ritos cenobitas, porque no tuvo casi repercusión y me parece un artefacto poético y filosófico brutal.

R: Difícil de decir! A mí me gusta todo lo que publicamos, cada pieza a su manera. Sé que la respuesta suena un poco complaciente y templada, pero es la verdad! Mira, lo que sí te puedo decir es que, a nivel de portadista e ilustrador, con los volúmenes que me lo he gozado a lo grande son Los abigarrados mundos de Takeshi García-Ashirogui y El amor edípico contra la lujuria sadomasona. También me lo pasé muy bien ilustrando la portada de Tres Ritos Cenobitas, debido a mi devoción de fanboy a la mitología de Clive Barker.

ULAD: ¿Podéis recomendar otras editoriales, obras o autores a lectores raritos, iconoclastas y desprejuiciados que sintonicen con vuestra literatura y se queden con ganas de más?

D: En primer lugar querría destacar a Orciny Press, que abrió el camino. Después ahí están los de Dimensiones Ocultas, sus libros me parecen super bonitos. En Colombia, Ediciones Vestigio sacan cosas de la leche. Y no nos olvidemos de la Biblioteca de Carfax, lujazo de catálogo. Y, así, como debilidad personal, está Satori Ficción, que sacan marcianadas japos que siempre valen la pena.   

viernes, 20 de febrero de 2026

Reseña + entrevista: La vida interrumpida de Pedro Plaza Salvati

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2025

Valoración: Está muy bien

Una vez más, el viaje. Y una vez más, el caminar. Caminar en la línea de un Walter Benjamin o de un Robert Walser (cargados, eso sí, de teléfono móvil para fotografiar y tomar notas) por una ciudad a la que se retorna, teóricamente por unos días pero finalmente, y debido al COVID-19, por algo más de un año.

El caminante esta vez se llama Pedro Plaza Salvati y la ciudad a la que regresa es una Caracas pandémica, distópica, tormentosa y opresiva, aunque también pueda llegar a ser, por momentos, surrealista y entrañable. 

El resultado de todo esto es la crónica de meses de observación y escritura, de un regreso inesperado, de los paseos o vagabundeos por la "nueva ciudad" que es la ciudad, al tiempo que el autor la (re)descubre, se redescubre y revive el pasado. Crónica, sí, aunque el autor se sirva de herramientas propias del cuento, de la novela o del ensayo y aunque, de hecho, los textos puedan funcionar como piezas separadas y ser leídos de diversas formas por el lector.

Es Plaza Salvati un caminante que encuentra más que busca, que observa, registra y continua caminando, y de ahí que los citados (re)descubrimientos se realicen a través de las cosas más pequeñas, cosas tan nimias como unos papeles arrojados a la basura, los libros con la firma de su anterior propietario, unos paseos por el parque, la vuelta al solar de la casa de sus abuelos, etc. 

Son esa mirada y esos puntos en los que el autor fija la atención los que hacen de La vida interrumpida una joya de lo pequeño. Porque a veces no es necesario poner el foco en los grandes temas o en los grandes acontecimientos históricos, sino que es lo aparentemente trivial lo que explica el mundo y sus cambios. Así, a través de esas imágenes o de esos sucesos, Plaza Salvati traza una crónica de la Caracas que fue, de la Caracas que es y de su propio pasado y presente. 

Ya puestos a elegir entre las 8 crónicas (+3 introducciones / epílogos), me gustaría citar algunas de ellas:

  • Salvar la bomba, con ecos de La autopista del Sur de Cortázar, texto en el que se pone claramente de manifiesto la paradójica situación de Venezuela, su nuevo orden social y su degradación, no sin un punto tragicómico.
  • El también cortazariano en el título Ciudad tomada, con el que se narran las diversas metamorfosis del país y del chavismo.
  • Un milagro literario. texto con el que cualquier bibliófilo se sentirá identificado.
  • Atención a la víctima y La pelea y el pasado, dos de los textos más emocionantes del conjunto por lo que tienen de entrelazamiento entre historia personal y familiar e "Historia".
Pero dejemos que sea el propio Pedro Plaza Salvati, quien nos cuente más acerca de estas crónicas pandémicas. ¡Muchas gracias, Pedro!



jueves, 19 de febrero de 2026

Ana Penyas: En vela

 Idioma: español

Año de publicación: 2025

Valoración: bastante bien

Hace no mucho, supimos  o al menos este vuestro servidor, gracias a la reseña que el amigo Raúl Gay tuvo a bien enviarnos, que el último libro de Isaac RosaLas buenas noches, trata del insomnio galopante que al parecer, aflige a buena parte de la sociedad española actual. Lo mismo, supongo, que en otras partes del mundo occidental, pues tal era ya el trasfondo de la novela distópica de Karen Russell Donantes de sueños). Y no es que nos hayamos vuelto locos consumiendo café sin parar, sea "de especialidad" o de marca blanca, sino que las preocupaciones, el estrés, el ritmo que nos exige la vida urbana contemporánea (¿quién dijo capitalismo? No, hombre no, eso no tiene nada que ver) o incluso el influjo maligno de las pantallas a las que estamos enganchados/as (un consejo: intentad usar el móvil o el ordenador lo menos posible... salvo para leer este blog, claro) tiene la consecuencia de que mucha gente no es capaz de entablar el sueño ni leyendo algún tochaco de... (poned aquí al autor o autora al quien le tengáis más tirria).

Este es el contexto en el que se desarrolla el último cómic o novela gráfica de la valenciana Ana Penyas, que articula una narración alrededor de ocho personajes y ocho noches en las que les vamos conociendo y enterándonos de las razones por las que no consiguen dormir; desde Juan, trabajador en una empresa de venta on line y agobiado por las exigencias del trabajo y de la vida que, supuestamente, habría de llevar un joven triunfador, a la abogada Luisa, preocupada por sus cuitas familiares; también Irene y Aurora, jóvenes que tratan de ser independientes y desenvolverse en la gran ciudad, inmigrantes como el rider Carlos o Kalina, madre que se encuentra al borde de la miseria. O los sin techo José y Hassan, que ya se encuentran metidos de lleno en ella. Todas personas a las que, por algún motivo, la vida les ha pasado o les está pasando por encima... lo que no significa que sean los culpables, como sin duda considerarían los "gurú bros" que tratan de estafar a los chavales con sus cursos motivacionales en las redes. La mirada de Penyas, en cambio, es no sólo comprensiva, sino profundamente humanista, llegando a la conclusión de que, si el insomnio es un síntoma de algo, el problema no tiene tanto una solución individual como colectivo y lo debemos tratar de arreglar todos y todas juntos/as.

Por lo que ser refiere al apartado gráfico, esta ilustradora utiliza, como en obras anteriores, una hábil  combinación de la fototransferencia y dibujo tradicional, si bien es cierto que tendiendo, más que al naturalismo, hacia un cierto feísmo que podríamos calificar casi de expresionista, pese a que los personajes , en general, mantienen actitudes poco activas e incluso átonas, propias de quien trata de conciliar el sueño o está agotado por no conseguirlo. La composición de las viñetas, los encuadres y puntos de vista de las mismas y la estructura narrativa muestran, por otra parte, gran variedad y complejidad -gran detalle el de usar los formatos alargados propios de los teléfonos móviles, por ejemplo-, sin abrumar, no obstante a quien se decida a disfrutar de esta novela gráfica. Al contrario, cuando se llega a las últimas páginas y al final, no dirá si feliz o no, pero sí que satisfactorio, en cierto modo, de estas historias cruzadas, uno se da cuenta de que le ha sabido a poco, y que ha leído el libro con expectación creciente, pese a que lo que se nos cuenta en él sea, en cierto modo, la antítesis de un thriller, aunque sí denote un cierto suspense... 



También de esta autora (+ entrevista): Todo bajo el sol

miércoles, 18 de febrero de 2026

Katie Kitamura: Audición


Idioma original: inglés

Título original: Audition
Año de publicación: 2025
Traducción: Ismael Attrache
Valoración: entre recomendable y está bien

Ya sé que es un ejercicio algo futil lo de diseccionar las intenciones de los autores para cada novela. Bueno, si nos damos un paseo por las mesas de las grandes librerías de los centros de las ciudades, queda claro en muchos casos, haced vosotros los cálculos, que estas intenciones se resumirían en un inquietante asaltar vuestros bolsillos. 
Por suerte, se entiende que los que aquí escribimos hemos de separar grano de paja y bregar con todos aquellos que pretenden decirnos algo. Mi experiencia con este Audición, por eso, me ha expuesto a una dificultad extra que pocas veces se presenta: casi imposible explicar la intención de la novela, apenas (el redactor de la sinopsis de la contratapa lo ha conseguido) uno sea demasiado explícito sobre la situación que se describe en los dos bloques del libro, ya incluso si fuéramos detallistas sobre la situación de los dos personajes de la escena inicial, una mujer cerca de la cincuentena, un joven de apenas veinticinco, una mesa en un restaurante en Manhattan, apenas un desarrollo mínimo que los resitúe en la segunda parte de la novela, la trama se revelaría y la mera lectura quedaría condicionada.

Entonces, ante semejante cortapisa que este humilde reseñista se ve invcapaz de superar, me centro en las intenciones. Exponer, supongo, cierta condición de salud mental que puede sobrevenir en cualquier momento de la vida de las personas, incluso a edades muy tempranas. Eso supongo. Que, aunque tu contexto sea un mundo culto, elegante, con cierta holgura económica, con todo ese entramado que los eruditos deben llamar factores psico-sociales o alguna cosa parecida, tales privilegiadas circunstancias no te eximan de ese riesgo. Que los que te rodean han de bregar con ello y disponer de cariño y paciencia infinitos. Sí, sobre ello trata este libro, aunque el lector se vea obligado a comprender las elipsis y a enfrentarse a un recorrido extraño, a una ruptura algo desconcertante.


martes, 17 de febrero de 2026

Claire Marin: Los comienzos

Idioma original: francés
Título original: Les débuts
Traducción: Álex Gibert en castellano, para Anagrama
Año de publicación: 2023
Valoración: muy recomendable


Encaro esta reseña con cierta presión, pues el libro que nos ocupa trata, justamente, sobre la importancia de los comienzos. Y para la autora, qué mejor motivo que arrancar con la que probablemente pueda ser una de las mejores historias que comienzan: la de la vida de una hija. Este es el detonante, esplendoroso e inmenso, que lo cambia todo y que ocupa las primeras tres páginas de un capítulo inicial que concluye, porque también los finales importan, con una gran sentencia: «se dice a veces que las historias se escriben para saber cómo acaban. Tal vez se escriban también para saber cómo empiezan».

A partir de esta entrada la autora analiza y desgrana los diferentes comienzos con los que nos encontramos en una vida, lo que significan y lo que aportan, lo que permiten y lo que excluyen, las puertas que se abren, pero también las que se cierran con cada elección tomada, porque «los comienzos tienen su carga de incertidumbre y de suspense: mientras los dados ruedan por la mesa, en cámara lenta, todo es posible». Y esa es la magia, el atractivo de los comienzos, una ventana abierta a la que uno se asoma para sentir esos aires de cambio, de descubrimientos, de revelaciones y sorpresas que uno a veces teme, pero también ansía que lleguen con cierta premura, pues «la impaciencia de los comienzos es esa ansiedad de novedad o renovación, es la esperanza de redescubrirse, de volver a sorprenderse» porque «abrazar los comienzos ‘nos expone de nuevo a la intensidad de la verdadera vida’ (…) de ahí que no dejemos de buscar la novedad», con una impaciencia que en realidad « es la espera de una novedad por venir».

De igual modo, y eludiendo la paradoja, cada comienzo proviene de un sitio, un lugar, anterior, casi olvidado; porque muchas veces ese comienzo es, en realidad, la continuación de algo ya vivido, en parte, porque «lo que nos atrae también, más que cualquier otra cosa tal vez, es (…) volver a vivir experiencias pasadas, reconstruirlas desde una nueva modalidad de la conciencia que no se vea paralizada por el acontecimiento, sino que disfrute de él. Nos gustaría revivir lo que nos absorbió por completo y se nos escapó, porque su intensidad nos pilló por sorpresa». Así, hay cierto componente de nostalgia en la búsqueda de la novedad, quizás para reencontrar, pero quizás también para reparar, porque «toda trayectoria se desvía siempre en bifurcaciones imaginarias, se aparta de esa otra vida posible que rechazamos en su momento y en la que podríamos haber sido más felices».

Y, a pesar de ese interés genuino, impetuoso y casi imparable de la búsqueda de la novedad, es interesante constatar que, a pesar de que añoramos nuevos inicios, nuevos comienzos, una vez ocurren tenemos una extremada urgencia o apremio para instaurarlos como algo que ya forma parte de nuestra vida. Ya la autora apuntala esta tesis afirmando que «¿qué es lo que esperamos tan febrilmente al comenzar? El momento del dominio, cuando se imponga por fin la fuerza del hábito» aunque confiesa a su vez que «lo que yo ansío es esa rara sensación de novedad radical que producen las emociones fuertes, las deflagraciones interiores. Lo que quiero no es una nueva historia de amor o un paisaje desconocido, sino un flechazo, un deslumbramiento».

También la autora expone, de manera acertada, que «hay actos que están sometido a la lógica del instante, que están hechos para iniciarse, no para perdurar (…) a veces basta con un comienzo: la historia se estropearía si se estancara en la duración». Hay historias que son bellas porque son cortas, porque nacen de una explosión de sentimientos y su intensidad radica en que sabemos que serán finitas en poco tiempo, que su corto tiempo de caducidad nos invita a disfrutarlas con la máxima intensidad, mientras duren, mientras existan, porque «esas relaciones ‘sin un mañana’ nacen para ser solo comienzos». Así, «podríamos sentirnos tentados de vivir tan solo los comienzos, las primeras veces, con las emociones fuertes que nos producen», aún y sabiendo que puede que no los experimentemos de nuevo, porque «los comienzos grandiosos no tienen repetición posible; cualquier duplicado acaba en desengaño y el mundo entero se convierte en una copia lamentable, torpe y gris. Hemos tocado ya lo absoluto y eso es algo de lo que lo hay forma de recuperarse. El comienzo es ya el final, es todo lo que la vida podría dar de sí». Quizá por ello hay personas que encadenan comienzos sin dejar tiempo a los finales, a las despedidas, a los cierres, en un intento de dar continuidad a esa sensación pensada para ser efímera, volátil, irrepetible.

Para terminar la reseña de este magnífico y precioso ensayo, me acojo a lo que expone Claire Marin cuando afirma que «un libro no se empieza a leer de cualquier manera. El ritual del comienzo comprime el mundo en torno a ese nuevo centro de gravedad para hacerlo más intenso, para estar más presente en él» porque de todos los placeres destacaría el comienzo de cada libro nuevo, con esa ilusión y esperanza contenida, buscando reafirmar lo que la autora indica al decir que «de la ficción seguimos exigiendo que nos turbe, queremos dejarnos llevar y sorprender por algo que aún no hemos leído, visto u oído». Y creo que todos los que nos encontramos aquí lo suscribiríamos a pies juntillas.