Título original: Mindhunter. Inside the FBI elite serial crimen unit
Año de publicación: 1995
Traducción: Ana Guelbenzu
Valoración: bastante recomendable
Se supone que, de la pareja de investigadores del FBI que, a finales de los 70, comenzaron a llevar a cabo entrevistas a los presos más violentos de EE.UU., sobre todo asesinos masivos y en serie, y que desarrollaron el trazado de perfiles de autores de crímenes, John Douglas -igual que Holden Ford- era el más egocéntrico y deseoso de atención de los dos. Por tanto, comencé la lectura del libro con cierta prevención... Y es cierto que se trata, en buena medida, de una autobiografía y, sobre todo, un recorrido por la carrera profesional del señor Douglas -con fotos al final del libro, por si fuera poco- ; los primeros capítulos, por ejemplo, se dedican, de una manera innecesariamente exhaustiva, a contarnos su infancia y juventud, su poco fructífero -al menos, en lo académico- paso por la universidad y su más aprovechado servicio en las Fuerzas Aéreas (en las que no vio un avión ni mucho menos un combate ni en pintura). Pero el caso es que, ya sea por la simpatía del autor o por el buen hacer del otro coautor, para cuando nos metemos en la harina criminal, Douglas ha conseguido caer bastante bien al lector (al menos en mi caso) y a partoir de ahí ya todo es remar a favor de corriente.
Su paso como agente de calle en Milwaukee tiene cierto interés (es curioso pensar, además, que pudo cruzarse alguna vez por la calle con un jovencito Jeffrey Dahmer), pero es cuando pasó a la célebre Unidad de Ciencias del Comportamiento de Quantico cuando el libro toma vuelo y asistimos, aunque de forma más directa, a lo que los espectadores de la serie ya conocemos de sobra: las entrevistas a Ed Kemper, Charlie Manson, Jeff Brudos, Richard Speck, Berkowitz y demás star system del "serialkillismo"... Puede resultar muy interesante, por cierto, para los fans de la serie, comprobar cómo determinadas escenas o giros de guión ya están presentes en el libro, aunque en ocasiones de una forma diferente o con otros protagonistas. Pero pronto Douglas -bueno, y Olshaker- se pasa al tema que realmente le interesa: cómo se pueden utilizar todo el estudio que hicieron del comportamiento de estos criminales y el desarrollo del análisis de perfiles para la identificación y captura de otros asesinos, a ser posible antes de que hagan más daño. Los autores nos muestran un montón de ejemplos, empezando por un terrible suceso que también aparece en la serie: el asesinato de decenas de niños negros en Atlanta a comienzos de los años 80; pero también encontramos muchos otros casos, de una variada tipología, desde violadores y destripadores a envenenadores de fármacos, secuestradores, acosadores de políticos, etc. Toda una fiesta del crimen, vaya... Hay que decir, en honor de Douglas, que en el último capítulo reconoce que sus métodos no son infalibles y que, por desgracia, no siempre se consigue atrapar a los psychokillers más peligrosos. Como ejemplo, pone dos casos en los que trabajó, sin éxito: el del llamado asesino de Green River y el de BTK, en el Medio Oeste. aunque debo hacer ver, sin embargo, que cuando Douglas y Olshaker publicaron este libro, estos dos asesinos (de lo peorcito que ha habido en el panorama de los serial killers, si cabe hacer una clasificación) aún no habían sido atrapados, pero unos años más tarde, por suerte, sí que lo fueron. Es obligado señalar que, pese a la fama de estrellita que se le suele atribuir a Douglas (aparecía de vez en cuando en la tele y fue asesor de películas como El silencio de los corderos), da la impresión de ser un tipo con los pies en la tierra sobre el crimen, ni "buenista" -ha visto demasiado para confiar en la bondad humana-, ni tampoco partidario de la mano dura sin más. Más bien considera que muchos criminales no habrían llegado a serlo si hubieran crecido en un entorno familiar estable y feliz, si hubiera un sistema adecuado de servicios sociales para poder detectar los problemas y encauzarlos adecuadamente, y si muchos hombres (que son la inmensísima mayoría de los criminales de este tipo) no viviesen inmersos en un estado de frustración y en un complejo de inferioridad permanente, de tal forma que sus anhelos de control y poder están en la raíz de tantas violaciones y asesinatos.
Porque, incluso para un señoro heteropatriarcal, etc. como soy yo, el testimonio de este otro más que señoro (pues cuenta ya con más de 80 años) no deja de resultarle, al fin y al cabo, como una especie de parte de guerra contra las mujeres. Quitando, por ejemplo, el ya mencionado asesinato de niños de Atlanta y algún que otro caso en el que se dio muerte a varones, aunque como "daños colaterales", si se me permite tan desalmada expresión, la sensación que deja el libro es la de ser una crónica de un feminicidio más sistemático de lo que parece, llevado a cabo por los miembros más extremistas (el "brazo armado", por decirlo así) de una sociedad profundamente misógina. Niñas, mujeres adultas, ancianas, estudiantes, prostitutas... Da igual la tipología de las víctimas, ya sea según la edad o "factor de riesgo" (este concepto es un tanto escurridizo, pero es innegable que una trabajadora sexual tiene más posibilidades de ser atacada que, por ejemplo, una maestra de escuela); el mundo parece decidido a meter a sus mujeres en cintura y para hacerlo suelta de vez en cuando a sus "perros locos" (figuradamente, quiero decir, pues Douglas no piensa que la mayoría de estos asesinos estén locos, en un sentido legal del término).
Visto para sentencia (es un decir) Mindhunter, vamos ahora con otro libro escrito por la pareja profesional de Douglas, Robert Ressler, esta vez junto al escritor Tom Shachtman:
Idioma original: inglés
Título original: I Have Lived in the Monster-
Año de publicación: 1998
Traducción: María Faidella
Valoración: entre recomendable (para interesados) y está bien
Para ser riguroso, debería haber leído El que lucha con monstruos, libro de Robert K. Ressler (el Bill de la serie, para entendernos), en el que explica todo este proceso de investigaación, las entrevistas con asesinos, etc. Es decir, el equivalente al libro de Douglas... así que, por no repetir exactamente lo mismo y tener una visión complementaria del asunto, me decanté por este Dentro del monstruo, en el que Ressler -también junto a otro escritor digamos "profesional"- nos cuenta su carrera como consultor privado, una vez jubilado del FBI (bueno, por no repetir los temas y porque éste es el libro suyo que encontré, no os voy a engañar). Por cierto que, año igual que el otro libro reseñado, éste éste cuenta al final con una serie de fotos ilustrativas, alguna de las cuales bien se podrían -o incluso debería- haber ahorrado.
He de decir que este libro es un tanto más desorganizado que el de Douglas y Olshajker (aunque repito que la comparación adecuada debería ser con El que lucha con monstruos-; en principio, en él Ressler hace un repaso a los casos más señeros en los que ha intervenido, de una forma u otra, desde que dejó el FBI, tanto en EE.UU. como en Europa, Japón y Sudáfrica. No todos esto casos, en realidad, se refieren a lo que conocemos como "asesinos en serie" (término acuñado por el propio Ressler, si bien parece que recogiendo la idea de un investigador alemán del periodo de entreguerras), sino que nos habla también de casos de parricidio, los atentados con gas sarín en el metro de Tokio, algún homicidio imprudente bastante lescandaloso, etc. Aunque la parte mollar del libro sí que está dedicada a los serial killers, tanto con una historia o relación de los mismos antes de que la Unidad de Ciencias del Comportamiento se pusiera a estudiarlos como con dos entrevistas de lo más llamativas, a los más que célebres John Wayne Gacy, el "Payaso Asesino" -que, curiosamente, había vivido en el mismo vecindario que Ressler durante su infancia y juventud- y el apuesto galán que aparece en la cubierta del libro, el llamado "Carnicero de Milwaukee", Jeffrey Dahmer, uno de los asesinos en serie que más atención ha recibido en los ultimos tiempos, inspirador de novelas, series de televivión y cómics. precisamente la inclusión de estas entrevistass a dos asesinos cuyas víctimas eran varones jóvenes y también que se nos cuente otros casos similares, como el del asesino de hombres gays de Kensington o el de adolescentes negros en Ciudad del Cabo ace que, con este libro la sensación de estar leyendo la crónica de un feminicidio no sea tan intensa como con el otro (en este último caso, además, parece que nos encontremos ante una especie de "metasesino", que se guía por las indicaciones que encuentra, justamente, en otros libros de Ressler).
En general el libro de Ressler y Shatchman no parece tan bien organizado, cronológica y temáticamente, como el de Douglas y Olshaker (repito que quizás el equivalentew será más bien su otro libro, anteriormente citado); si bien denota una mayor profundidad en el análisis psicológico, el conjunto da una sensación más de un cúmulo de "batallitas" contadas por un señor jubilado -batallitas sobre investigaciones criminales y asesinos en serie, claro, que no es que se dedicara a contemplar obras-, preocupado, sobre todo, por dejar bien limpio su nombre en el tema de sus actividades como consultor. A este respecto, es muy puntilloso, por ejemplo, al exolicar su actuación en el caso del asesinato de una joven madre en el parque de Wimbledon Common, en Londres, en el que una añagaza del periódico sensacionalista The Sun le puso en un situación incómoda. pero, sobre todo, busca responder a las críticas que, por lo visto, le hacían algunos de sus antiguos compañeros del FBI, porque sus servicios de experto a veces eran requeridos por las defensas de los presuntos asesinos -es el caso, por ejemplo, de lo ocurrido con Dahmer, aunque en ese caso, lo que trataba de probar la defensa no era su inoncia, sino que el tipo estaba totalmente cucú bananas enajenado a la hora de cometer sus crímenes-; de ahí que en un momento determinado afirme que "los celos profesionales son duraderos y no es fácil erradicarlos". Por si no quedaba claro lo que habia escrito unas páginas antes: "Algunos antiguos colegas míos del FBI han hecho circular que he ido en busca de trabajos como 'testigo experto' (...)". Cosa que él se preocupa mucho de desmentir una y otra vez.
Si se refierea de esta forma a su ex-compi John Douglas es difícil de decir, puesto que en todo el libro Ressler sólo lo menciona en una ocasión. Douglas, en cambio, sí que habla varias veces de Ressler, aunque como si se tratara de un colega más de la Unidad, como también menciona a muchos otros -Roy Hazelwood, Park Dietz, etc.-, no tanto como el compañero de tantas horas de viaje a lo largo y ancho de EE.UU. y, sobre todo, el que se había metido con él en pequeñas salas de un montón de prisiones a entrevistar a los asesinos más temibles que se conocían por entonces (quiero decir, fuera de los que podían encontrarse en el gobierno y las Fuerzas Armadas de su país). En algún momento difiere de la opinión de Ressler con respecto a la salud mental de Jeffrey Dahmer y menciona, como quien no quiere la cosa, cierto juicio de asesinato en Seattleen el que los dos iban a declarar, en lados opuestos del proceso penal y, por lo que sea, Ressler decició no hacerlo...
Por otro lado, en El que lucha con monstruos (aunque repito que no lo he leído) al parecer Ressler contradice en algunos detalles la versión de Douglas de a quién se le ocurrió qué en sus entrevistas con diversos serial killers... En fin, digamos que, sin que se expliciten sus diferencias y tampoco ninguno le falte al respeto al otro, parece claro que, a partir de un determinado momento no había lo que se dice el mejor de los rollos entre ambos. Lo que no sé es que pudieron pensar sobre los personajes de la serie que inspiraron sus figuras: bueno, perdón, en realidad, sí sabemos lo que pensó Robert Ressler: nada en absoluto, porque falleció en 2013, antes de que se rodase dicha serie. En cuanto a John Douglas, lo único que he podido encontrar es que no le parecía mal (aunque quien la haya visto seguramente encontrará al personaje de Holden Ford brillante, pero también bastante más cargante que el de Bill Tench... es decir, Ressler). Pero Douglas tiene ya 80 años y probablemente y más aún después de loq ue ha visto, se encuentra ya por encima de las vanidades del mundo (no se puede decir lo mismo de todos los señoros norteamericanos de su generacíón... y que cada cual piense en quien quiera).
(1) Para los "muy cafeteros": sabed que, si bien parece que la serie no tendrá continuación como tal, de vez en cuando si que salen rumores de que David Fincher podría dirigir una o varias películas-secuelas de la misma... Crucemos los dedos, a ver si es cierto.
(1 bis) Para los "muy pero que muy cafeteros" le podéis echar un ojo, si no lo habéis hecho ya, a otra serie de Netflix, la muy cinéfila a la par que repugnante Monstruo: la historia de Ed Gein, sobre este célebre asesino -entre otras cosas-, y en concreto, al final de la misma (el chivatazo hay que agradecérselo a Oriol, por cierto).






