martes, 7 de julio de 2026

Hugo Wilcken: LOW

Idioma original: inglés

Año de publicación: 2020

Traducción: Patricia Valero

Valoración: muy recomendable

¿Puede ya no un músico, sino un mero disco, ser objeto de un libro entero? Y aún así, dejar al lector esperando más, deseando que esas ciento cincuenta páginas fueran, no sé, el doble, que abarcaran más aspectos de la concepción del disco, de la grabación, de las tomas, de este u otro detalle que se decidió conservar aunque pareciera un error, del otro que se renunció a mejorar tras eternas tomas, porque hasta el perfeccionismo - y las horas invertidas en caros estudios de grabación, y las largas sesiones - tiene un límite.

 Y aún declarándome lo más alejado a la mitomanía que los tiempos habituales pueden tolerar, he de reconocer que, tras leer unas cuantas biografías de Bowie (alguna de ellas no reseñada aquí, los jefazos me advirtieron muy seriamente), todavía acudía compulsivamente a las menciones de lo que llamamos la Trilogía de Berlín, de la cual Low, objeto de este libro, es primera pieza y elemento absolutamente necesario en la comprensión estética y sonora de la evolución de la concepción sonora, desde que se publicó. Cualquiera interesado debería oir este disco y esforzarse en comprender el entorno de su producción, no solo sus resultados, y Hugo Wilcken se zambulle en unas cuantas biografías de Bowie (muchas de ellas publicadas en vida y centradas en su poderoso periodo de creatividad que acaba allá por los primeros ochenta) y extrae información. Aporta al libro un cierto pulso narrativo, casi novelesco. 

Bowie en la cresta de la ola tras haber asaltado el mercado americano con otro de sus disfraces creativos. En plena crisis personal a muchos niveles: su matrimonio con Angie (ésa Angie) hace aguas, está completamente enganchado a la cocaína, que condiciona su exhaustivo y caprichoso ritmo de trabajo. Siente curiosidad que se expande en todas direcciones: pintura, literatura, ocultismo. Está al día de todas las corrientes musicales, aunque sea para tomar de cada una lo que mejor apuntale su carrera. Se planta en Berlín acompañado de Iggy Pop, que es prácticamente su reverso estético, aunque este con lo que tiene problemas es con la heroína, reúne a algunos de sus secuaces habituales, como Brian Eno y a algunos que no lo son, graba un disco con una primera cara alterada de canciones cortas de ásperos y extraños ritmos funk y una segunda en la que congela el tiempo, como esos vídeos en las redes donde la gente lanza agua hirviendo a un aire a decenas de grados bajo cero, y esas cuatro canciones, apenas veinte minutos de música instrumental, abstracta, una mezcla de angustia y experimentación, conciben el sonido que, en segundo plano o en primero, debidamente insuflado de ritmos o asi, desnudo, marcará más de una generación. Todo ese proceso, desde que el sonido del disco es anticipado en grabaciones anteriores y hasta que el disco empieza a ser digerido por público y crítica. Claro que se puede despachar un disco en una docena de líneas y un par de etiquetas. Pero este disco no es Low. Todo lo que se pueda escribir sobre él sabrá a poco.

lunes, 6 de julio de 2026

Solvej Balle: El volumen del tiempo III

Idioma original: danés
Título original: Om Udregning af Rumfang, III
Traducción: Victoria Alonso en castellano y Maria Rosich en catalán, ambos en Anagrama.
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable


Empezaré la reseña indicando que esta es la tercera parte (como su nombre indica) de «El volumen del tiempo», obra con la que la autora Solvej Balle nos narra un relato en la que una mujer, Tara Selter, experimenta un salto temporal constante: siempre se levanta el dieciocho de noviembre del mismo año, con la particularidad de que ella sí recuerda lo que ha hecho durante el día y envejece de manera natural, al contrario que el resto del mundo que reinicia su existencia por la mañana al despertar. Por tanto, la reseña de este tercer volumen tiene trazas de los dos volúmenes anteriores con lo que, a partir de este punto, ¡alerta spoilers! 

Empieza el relato donde terminó el volumen anterior: Tara encuentra alguien a quien le ocurre lo mismo que a ella; también él se halla atrapado en el mismo dieciocho de noviembre. Este arranque es ya de por sí un fuerte gancho narrativo, pues junto al hecho de intentar saber qué le ocurrió a Tara, ahora vemos que en este extraño suceso no es algo en lo que esté sola. Por ello, la premisa de arranque es potente ya en la primera página, porque tal y como afirma Tara, «me resulta casi impensable: que entrara por la puerta alguien con la memoria intacta». Este hecho es algo que la sorprende, porque tal y como afirma, «caigo en la cuenta del tiempo que llevaba sin sentir esa identificación mutua, ese pequeño sobresalto en la conciencia, ese ligero cosquilleo en el cerebro al reconocer a alguien que también te reconoce a ti». Así, a la protagonista le sorprende la posibilidad de conversar con alguien ya conocido, retomar conversaciones ya iniciadas, que no todo sea empezar de nuevo una y otra vez (que triste sería la vida si no pudiéramos profundizar en nuestras relaciones, si solo tuviéramos pocas horas para completarlas) y le cuesta encajar esta situación porque «aunque algunas veces me había preguntado si sería posible arrastrar a otra persona conmigo al dieciocho de noviembre, jamás se me había pasado por la cabeza que pudiera toparme con alguien rondando por mi bucle»; alguien también incómodo con ese paréntesis temporal perpetuo que manifestaba en pequeños detalles de inconformidad pues «no le gustaba ir a cortarse el pelo porque le recordadaba el paseo del tiempo». 

Este encuentro fortuito propicia que el libro abarque temas nuevos en este tercer volumen, pues permite algo que no era factible en los dos volúmenes anteriores: la posibilidad de conversar y dialogar con otra persona sobre el suceso, salir de las reflexiones y pensamientos propios y expandir no únicamente el argumento sino también la propia situación, pues al hacerlo vemos otros puntos de vista, otras experiencias, porque Henry  «descubrió que su memoria no había retenido muchas de las cosas que había leído en el pasado (…). Ahora había empezado a pensar de nuevo. A almacenar información sin finalidad de utilizarla. A mirar su alrededor, ignorando de que le serviría todo aquello que veía. A recolectar trozos inservibles del mundo». Con ello, el libro lanza una interesante reflexión acerca de qué podemos hacer en un único día que pueda ser de utilidad de cara al futuro, cuales de nuestras tareas tienen una continuación más allá del momento en el que las ejecutamos. Así, el libro lanza una serie de cuestiones acerca de la continuidad, no únicamente de un día hacia el siguiente, sino dentro de uno mismo en lo que refiere al crecimiento y al desarrollo como persona; aquello que dejamos al futuro o aquello que consumimos en el presente, si trazamos nuestra vida con mirada larga o aquello que hacemos empieza y acaba en el mismo día, si nuestras tareas perecen al anochecer o tienen una continuidad en nosotros y a nuestros semejantes; qué dejamos que sea de utilidad al futuro, a los que vienen, a los que vendrán. Y esa reflexión supone un cambio de paradigma en Tara, pues tal y como admite, «no sé si será correcto quedar atrapada en el dieciocho de noviembre, lo que sé es que no puedo quedarme en la habitación que da al jardín y a la leñera. No sé si he sido llamada filas o enviada a alguna misión, si me han expulsado o solo he huido».

Por todo ello, la continuación del libro en este tercer volumen es interesante y, a pesar de que es cierto que uno podría pensar que debido a la corta duración de cada uno de los volúmenes hubieran podido publicarse en uno o dos de mayor extensión, a medida que vas leyendo los diferentes libros te das cuenta de que en cada uno de ellos el enfoque sobre la situación es diferente: mientras en el primero se trata de entender lo que ha sucedido y el segundo consiste en tratar de adaptarse, este tercero intenta hallar el lugar y función que la vida nos depara.

Tal y como reflexiona la protagonista, «si nos despertáramos un día en el que han quedado atrás los dieciocho de noviembre, ¿no tendríamos la responsabilidad de que el día que acabamos de abandonar fuera mejor de todos los dieciocho de noviembre posibles?» Ahí radica principalmente el mensaje que nos deja el tercer volumen: ¿qué hacemos en un día que pueda suponer un impacto al día siguiente? ¿Cómo afrontaríamos nuestra vida a nivel personal y social? Quizás obraríamos de manera diferente, quizás querríamos cambiar cosas, o quizás la comodidad o la situación nos causaría una parálisis que nos abatiría. Probablemente es una de aquellas cosas en las que nunca podremos saber cómo actuaríamos hasta que nos encontremos con ellas. Obviamente la posibilidad es muy remota, pero para eso está la ficción, para hacernos reflexionar sobre cosas que, aunque no puedan pasar, nos sitúen en un punto de proximidad mental suficiente para pensar en ello y no quedarnos anclados, también y de manera perpetua, en el mismo sitio donde nos encontramos.

También de Solvej Balle en ULAD: El volumen del tiempo I, El volumen del tiempo II

domingo, 5 de julio de 2026

Tochoweek VI #7 Ted Simon: Los viajes de Júpiter

Idioma original: Inglés 
Título original: Jupiter's travels
Año de publicación: 1979
Traducción: Teresa García y Ángel Sanz
Valoración: Muy recomendable 

Cuatro años, cuarenta y tantos países y un porrón de kilómetros a lomos de una Triumph que ahora se conserva en el Museo Británico del Transporte (Coventry) son los ingredientes de este clásico moderno de la literatura de viajes. De hecho, la edición que yo he leído es la 9ª (y hablamos de año 2021), así que os podéis hacer una idea.

Volamos hasta el año 1973, justo en los días en que comienza la Guerra de Yom Kipur. Son años en los que la moto, gracias a películas como Easy RiderLos ángeles del infierno La gran evasión (Steve McQueen llevaba, por cierto, otra Triumph), se ha convertido en un símbolo de libertad (no la de las cañitas, amiguis) y en los que las ansias de evasión, la mística de los espacios abiertos o la pura curiosidad llevan a una generación a liarse la manta a la cabeza y tirar millas. 

Algo de todo eso hay, aunque yo creo que el principal motivo es la simple curiosidad por conocer(se), en un viaje que nos traslada a un mundo muy diferente del actual, al menos en lo que a la velocidad se refiere. Hablamos de un mundo más "lento", y eso es fundamental. De hecho, este viaje no podría ser el mismo en 2026 y ese es uno de sus múltiples atractivos, el de hacernos viajar también en el tiempo.

Otros aspectos destacables de Los viajes de Júpiter son:
  • su carácter multidisciplinar. Diría que no es algo buscado por Ted Simon, pero tantos lugares y tanto tiempo dan pie a que el libro pueda funcionar también como fotoperiodismo (magníficas las fotos que acompañan al texto), como crónica (por ejemplo, sobre los cambios y contrastes en la Libia de Gadafi, sobre la era del petróleo y la tecnología o sobre las diferencias entre los jóvenes de Fortaleza y los campesinos de Iguatú), como novela "chusca" de Graham Greene (esos problemas en Brasil...) o como versión motera de Lost in Translation en la sobreabundancia material y de estímulos en L.A.
  • la innegable voluntad poético / literaria presente en muchas de las descripciones,
  • el continuo replanteamiento del sentido y el significado del viaje y, SOBRE TODO,
  • la mirada del autor sobre la multitud de "historias mínimas" de las que es testigo durante el viaje. Hay mil ejemplos (Arthur y Ruth Thompson, últimos granjeros blancos en Kenia, el Padre Walsh en Fortaleza, Bob y Annie, los camioneros australianos que esperan que baje el nivel del río...). No son historias "acabadas", pero poseen el encanto de las cosas apenas vistas por la ventana, de las imágenes que entran en tu vida y poco después desaparecen como fantasmas del pasado. 
En lado menos positivo, cabe mencionar la vertiente filosófico-introspectiva, quizá algo reiterativa, y el desaprovechamiento de algunos tramos del viaje que pasan con demasiada fugacidad. Hablo, en particular, de todo el recorrido por Centroamérica o el tramo entre Afganistán y Turquía.

En cualquier caso, la condición de "clásico moderno" de Los viajes de Júpiter está más que justificada. Solo queda que os subáis como podáis a la moto de Ted Simon y atraveséis con él desiertos, selvas, montañas y, sobre todo, vidas ajenas.

sábado, 4 de julio de 2026

Tochoweek VI #6 Elaine Vilar Madruga: La piel hembra

Idioma original: Español
Año de publicación: 2026
Valoración: Entre bastante recomendable y muy recomendable

Todas las mujeres de un pueblo aislado en lo alto de las montañas aseguran haber concebido al hijo de Dios. Esta es la premisa de La piel hembra, novela de la escritora cubana Elaine Vilar Madruga que me ha sorprendido gratamente. 

La piel hembra me ha sorprendido gratamente. En primer lugar, porque es extremadamente ambiciosa en su planteamiento: una epopeya que narra los acontecimientos vividos durante décadas por un numeroso elenco. En segundo lugar, porque combina buena factura, un fondo enjundioso, acontecimientos fascinantes, personajes memorables y reflexiones profundas.

También porque la ejecución de La piel hembra está muy lograda. Y es que la novela no sólo mantiene, de principio a fin, la calidad y el pulso narrativo, así como la atención del lector, pese a su desmesurada extensión (la friolera de 654 páginas en la magnífica edición de Barrett), sino que logra cumplir las altas expecativas que su propia ambición le ha impuesto.

Asimismo, la naturaleza híbrida de La piel hembra resulta de lo más atractiva. Aunque adscrita al realismo mágico, la novela de Vilar Madruga incorpora elementos místicos, dramáticos, psicológicos, humorísticos, bélicos y de crítica social, amén de una seductora pizca de "folk horror" a la cubana.

Otro de los muchos aspectos remarcables de La piel hembra es su mundo. Un mundo inusitadamente colorido, que mezcla la fantasía con lo cotidiano, en el que los milagros son posibles y la frontera entre los muertos y los vivos se desdibuja; un mundo en el que hay dientes deslumbrantes, cuerpos invulnerables, saliva con sabor a ron, sudor que hace brotar el verdor y pelos llenos de bocas. 

Además de por su colorido, el mundo de La piel hembra sorprende por su escala. Y es que si bien la acción de la novela parece, en un inicio, transcurrir casi exclusivamente en un único pueblo de montaña, el escenario no tarda en expandirse más allá de los límites de éste, hacia la manigua, el trillo, los maizales del olvido, el llano y sus respectivos pueblos y ciudades o la localidad vecina de La Cajusera.

Por último, destacaría que el mundo de La piel hembra se siente vivo e interconectado. A fin de cuentas, los grandes acontecimientos (por ejemplo, el estallido de una guerra de sucesión tras la muerte del presidente) alcanzan incluso la aislada cima de las montañas, y todas las acciones de los personajes tienen repercusiones y consecuencias, y a menudo se ramifican en direcciones inesperadas.

Los personajes de La piel hembra son otro punto álgido de esta novela coral. Pese a lo abundante que es el elenco, cada uno de ellos ha sido dibujado con precisión y goza de voz propia, de algún detalle singular, de algún misterio, de una caracterización compleja, de un arco narrativo que atravesar y de sinergias específicas con el resto. Asimismo, Vilar Madruga logra darle protagonismo a todos, incluso a aquellos que en un inicio parecía que no iban a tener mucho peso, como Janco Don, o aquellos que tardan casi quinientas páginas en adquirir relieve, como la Madrísima Doliente.

Otra virtud de La piel hembra es su prosa. Una prosa que combina sensibilidad, lirismo y plasticidad con potencia visual, y que está engalanada con localismos, palabras inventadas y campos semánticos propios que le otorgan una textura única.

En fin, podría seguir listando razones por las que pienso que La piel hembra es una novela extraordinaria. Sin embargo, me limitaré a añadir que resulta inevitable compararla con Cien años de soledad, otra epopeya latinoamericana coral e intergeneracional que transcurre durante varias décadas y en la que el realismo mágico convive con la cotidianidad de la miseria, la fe, el deseo, la violencia y la memoria. Dicha comparación es ciertamente odiosa, dado lo inalcanzable del clásico de Gabriel García Márquez, pero lo cierto es que la obra de Vilar Madruga tampoco sale mal parada al hacerla.


También de Elaine Vilar Madruga en ULAD: Aquí

viernes, 3 de julio de 2026

Tochoweek VI #5 Joe Abercrombie: Los diablos

Idioma original: inglés

Título original: The Devils

Año de publicación: 2025

Traducción: Manu Viciano

Valoración: sin duda, recomendable

Para quien no lo sepa y quizá le interese, el británico Joe Abercrombie es considerado el actual "rey del grimdark", que no es una desviación del black metal escandinavo (bueno, igual un poco sí), ni una práctica sexual extrema y esotérica (bueno, un poco también), sino el género de "Espada y Brujería" de toda la vida, pero en el que sus personajes se lanzan a rebozarse en las más bajas pasiones, tanto del alma como del cuerp (incluyendo aquellas funciones corporales cuya descripción o incluso mención suele evitarse en la ficción), el lenguaje poco apropiado para personas con cierta sensibilidad y, claro está, la violencia desatada y sin elipsis narrativas que valgan... Vamos, que se lo pasan pirata y más aún quién escribe tanto desafuero. En este caso, con un éxito considerable, además. A ver quién convence a Mr. Abercrombie de que deje de hacerlo...

El argumento de la novela, en todo caso, no resulta especialmente original en su planteamiento, aunque sí más en su desarrollo: en una suerte de Edad Media distópica -en la que, por ejemplo, los Santos Lugares han sido tomados por los elfos- es descubierta en las calles de la Ciudad Santa una pilluela que resulta ser la princesa Alexia, heredera del Trono Serpentino de Troya. Para que pueda desplazarse hasta allí y reclamarla, la papisa niña Benedicta la encomienda a la protección de la Capilla de la Santa Conveniencia, un heterogéneo grupo bajo el supuesto mando del bisoño hermano Díaz y que reúne a un guerrero inmortal, una aventurera impenitente, un nigromante jactancioso, un viejo barón vampiro, una elfa que puede hacerse. invisible y una vikinga licántropa. Por el camino, deberán enfrentarse a multitud de peligros, en forma sobre todo de mercenarios, engendros mutantes o poderosas hechiceras... En fin, lo normal.

Como se ve, el tropo es bastante habitual, aunque quizás más en el cine o el cómic que en la literatura: la reunión de un grupo de personajes de dudosa moralidad e incluso naturaleza, con el fin de llevar a término una misión más o menos honorable y de forma más o menos voluntaria (lo hemos visto desde en Los siete samuráis o Los siete magníficos a Los doce del patíbulo. Por no recordar La Liga de los Hombres Extraordinarios, El escuadrón suicida, etc.). La gracia consiste en juntar a personalidades diversas, que puedan chocar pero también forjar insólitas camaraderías, pese a sus diferencias y a la sevicia que se les supone a los miembros de la malhadada Capilla -y eso, por no hablar de romances no menos insólitos-; ése, sin duda, constituye uno de los puntos fuertes de la novela, las relaciones que se establecen entre los personajes y sus correspondientes dinámicas -básicamente, a base de bromas, pullas e indirectas-, aunque también, en algún momento, se pueden hacer un poco reiterativas y hasta innecesarias. El otro punto fuerte, además de la aventura en sí -bastante trepidante, por momentos- sería, como seguramente alguien haya adivinado ya, el sentido del humor, que recorre toda la narración de principio a fin y distingue sobremanera a esta novela de otras del subgénero grimdark


También, seguramente, habrá quien se haya dado cuenta a estas alturas: Los diablos resulta ser, básicamente, una versión más bien espuria de El Señor de los Anillos, sólo que aquí, en vez de tener que llevar el Anillo de Poder al Monte del Destino para destruirlo, la Compañía... es decir, la Capilla de la Santa Conveniencia ha de acompañar a una improbable princesa a conquistar el trono de un imperio. Y sus componentes son mucho más proclives al fornicio, claro (aunque a saber lo que no quiso contarnos Tolkien... que, después de todo, eso del segundo desayuno suena a que necesitaban recuperar energías por algún motivo) y a la efusión gore, más o menos justificada... La novela, en todo caso, resulta de lo más entretenida, por más que, en algún momento, un tanto previsible, También es menos oscura de lo que requieren los canones del grimdark; de hecho, los miembros y miembras del la capilla, por más que sean calificados -incluso por ellos mismos-, como "monstruos", acaban por resultar entrañables y parecen unos colegas bastante presentables, perfectos para ayudar en una mudanza o, yo qué sé, desmembrar a una partida de esbirros mutantes. El estilo, además, es bastante ágil y mundano, lleno de coloquialismos y chascarrillos que permiten que las ochocientas paginacas de que consta el tocho pasen en un santiamén (bueno, es un decir). Lectura perfecta, pues,  para disfrutar de ello en verano; huelga decir que siempre que el género sea del agrado del lector o lectora, claro.

¿La mayor pega? Que yo pensaba que era una sola novela y resulta que se trata de la primera parte de una trilogía -aunque autoconclusiva, al menos-; habrá que leerse las otras dos partes, cuando se publiquen. Tampoco es que vaya a ser un sacrificio hacerlo, en todo caso...

jueves, 2 de julio de 2026

Tochoweek VI #4 Daniel Kahneman: Pensar rápido, pensar despacio

Idioma original: inglés

Título original: : Thinking, Fast and Slow

Traducción: Joaquín Chamorro Mielcke

Año de publicación: 2011

Valoración: Imprescindible


Explica Daniel Kahneman nada más iniciarse el libro que el premio Nobel de Economía, que él recibió en 2002, es en realidad de un ámbito más amplio, un premio de las Ciencias Sociales, aunque se denomina ‘de Economía’ porque lo patrocina el Banco de Suecia. Esta curiosidad, que no sé hasta qué punto responde con exactitud a la realidad, explicaría en parte por qué le fue concedido a un psicólogo, aunque ciertamente Kahneman exploró dentro de su disciplina también en dirección a la Economía, lo que se refleja en este mismo libro.

Bajo un título de apariencia trivial el autor desarrolla algunas de las investigaciones llevadas a cabo junto con el fallecido Amos Tversky, otra figura fundamental en el mundo de la psicología cognitiva. A lo largo de sus cerca de setecientas páginas se van desgranando multitud de cuestiones acerca de los juicios y las decisiones en el ser humano, asuntos como la heurística del conocimiento, el efecto ancla, la cascada de disponibilidad, el priming, el efecto ‘lo que ves es lo que hay’, la regresión a la media, o la causalidad frente a la estadística. A Kahneman le mola poner nombre rápidamente a estos sesgos cognitivos, lo que es quizá un tic de investigador creativo, pero son conceptos que entendemos pronto y sin ninguna dificultad.

Esto es lo más llamativo del libro, la capacidad del autor para que todo lo que explica resulte atractivo, comprensible e interesante a partes iguales. Repleto de ejemplos y referencias a experimentos realizados, y con leves pizcas de humor de cuando en cuando, Kahneman consigue transmitir información, que pudo también haber seguido un rumbo más opaco y doctoral, de manera que el lector de a pie no solo capte el contenido sino que se sumerja con gusto en un terreno que enseguida resulta familiar, porque a fin de cuentas hablamos de la propia esencia del ser humano, las debilidades y sesgos que nos afectan al percibir cosas o al tomar decisiones. Especialmente interesante me parece el estudio sobre el ‘yo que experimenta’ y el ‘yo que recuerda’, o por qué las valoraciones que podemos hacer al cabo del tiempo difieren de las inmediatas.

Efectivamente, el autor se interna desde el campo de la psicología hacia materias diferentes, la estadística, el consumo, el juego, la demoscopia o los seguros, terrenos en algunos de los cuales detectamos fácilmente técnicas conocidas o intuidas en torno a trucos publicitarios (aquel viejo clásico de la 'publicidad subliminal') o al mensaje político sesgado, formas de manipulación de la opinión que tiene su raíz en los mecanismos psicológicos que explica Kahneman. 

También hay, como decía antes, una incursión destacada en el mundo de la Economía, en concreto en la toma de decisiones por parte de expertos, hacia los que el autor muestra una notoria desconfianza. En materia de inversiones o de operaciones financieras, dice, las emociones y el consiguiente desenfoque cognitivo condicionan la decisión como en cualquier otra actividad humana, y del texto se deja entrever que es mucho más fiable dejar estos asuntos en manos de sistemas lógicos o matemáticos preestablecidos que en la voluntad de un profesional. Aunque, si no estoy equivocado, la introducción de algoritmos por ejemplo en los mercados bursátiles es bastante anterior a los trabajos de Kahneman, a la vista de sus opiniones no me cabe duda de que el psicólogo israelí estará muy de acuerdo con el uso de estas herramientas.

Parece que, al menos en algunos campos, la objetividad de la máquina debe prevalecer sobre los juicios de los humanos, siempre mediatizados por las trampas o la insuficiencia de nuestra mente, tropiezos que el libro expone de forma clara y amena, limitaciones que en determinadas circunstancias pueden llevar a la decisión equivocada.

De manera que si nos interesa todo ese mundo de la percepción de lo que creemos real, sus condicionamientos y desviaciones, y la toma de decisiones en base a la información que recibimos, es un libro interesante y disfrutable a partes iguales, en los dos aspectos a un nivel muy alto.


miércoles, 1 de julio de 2026

Tochoweek VI #3: Dino Buzzati Sesenta relatos

 Título original: Sessanta raconti

Idioma original: italiano

Traducción: Mercedes Corral

Año de publicación: 2007

Valoración: muy recomendable


Como muchos de ustedes sabrán, Dino Buzzati es el autor de esa maravillosa novela de corte existencialista titulada El desierto de los tártaros. Pues bien, la obra de Buzatti, que en nuestro país había pasado desapercibida hasta tiempos muy recientes, incluye, aparte de novelas, un extenso número de cuentos que, en su gran mayoría, se encuentran reunidos en la obra que reseñamos hoy.

Sesenta relatos fue recopilado por el propio autor en 1958 y supone un compendio de su producción como cuentista. Lógicamente, en un volumen tan amplio la calidad y la temática de los cuentos es muy variada y los resultados finales muy irregulares. En términos generales, podríamos señalar dos líneas argumentales básicas: el extrañamiento de la realidad y el temor ante lo imprevisible de la existencia humana.

Son cuentos en los que cabe todo -gotas de surrealismo, terror gótico, situaciones kafkianas, diálogos metafísicos- , pero que suelen comenzar con un hecho cotidiano, con unos personajes y entornos perfectamente reconocibles,  que acaban envueltos a través de sucesos fantásticos o misteriosos en situaciones que escapan a su control. Lo sobrenatural y lo onírico se imponen a los personajes, que acaban sumidos en situaciones de desamparo donde muchas veces un suceso fuera de su alcance acaba dominando sus vidas. La temática y las ambientaciones de estos cuentos es enormemente variada, pero de alguna manera tienen un carácter eminentemente filosófico y existencial. 

No pretendamos que Buzzati nos proporcione un final cerrado a cada uno de estos relatos. Precisamente la carga simbólica que les envuelve lleva a un final abierto que invita al lector a sacar sus propias conclusiones.  La enigmática mirada del personaje de la portada ya nos está lanzando un aviso.

En este sentido, resulta extraordinariamente complejo recomendar unos cuentos sobre otros. Es verdad que en un volumen tan extenso, algunos cuentos tienen un desarrollo extraño e incluso infantil, se me ocurren El fin del mundo, Los ratones o El platillo se posó. Pero otros son realmente memorables, tanto por la temática como por su desarrollo: el absurdo kafkiano de la inconmesurable Siete plantas, el terror de Y sin embargo  llaman a la puerta,  el sentimiento de culpa en El derrumbe de la Baliverna, viajeros condenados a vagar eternamente como Los siete mensajeros o el enigma sobrenatural de El perro que ha visto a Dios. 

En fin, debemos dejarnos sumergir en el misterio que nos proponen los cuentos de Buzzati. Conviene realizar la lectura de manera reposada y pararnos a pensar en lo que ha sucedido y lo que nos quiere transmitir el escritor italiano en cada cuento. Son relatos con un estilo eminentemente poético, con una escritura elegante y rítmica, y con una excelente traducción por parte de Mercedes Corral que hace de su lectura una experiencia sumamente placentera. 

Otras reseñas de Buzzati en Ulad: La famosa invasión de los osos en Sicilia, El desierto de los tártarosPoema en viñetas de Dino Buzzati.