Título original: Tăcerea vine prima
Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Año de publicación: 2024
Valoración: muy recomendable
Cada día, una nueva reseña
Idioma original: español
Año de publicación: 2026
Valoración: muy recomendable
Es un poco inevitable que, vista la eficacia de su escritura, siempre le solicite en algún punto a Llucia Ramis que vaya un poco más allá y aborde directamente una obra íntegra de ficción. No porque lo que escriba en otros registros no sea satisfactorio, más bien por esa manía (personal, pero creo que no seré el único) de ver cómo ciertos escritores abordan el proceso creativo, una vez que en la obra que publican relacionada con sus vivencias, con su día a día, ya vemos que se maneja de forma brillante y solvente. Aunque quizás la alternativa fuera ese enorme páramo últimamente muy concurrido de la autoficción. Igual me callo, ¿no?
En Un metro cuadrado Llucia Ramis nos ofrece una mezcla entre ensayo en base a experiencias propias y diario de existencia alrededor de sus peripecias como inquilina de diversos pisos en varios barrios de Barcelona, encabezando cada capítulo con la ubicación de cada vivienda, algunos datos del edificio en que se emplazaba, y el alquiler que en cada periodo tuvo que abonar (y una ligera referencia de cómo sus ingresos derivados de su profesión no crecían al mismo ritmo que ese alquiler). Desde que, dado que en la isla de Mallorca no podía cursar la carrera de Periodismo, tuvo que llegar como una estudiante veinteañera (un piso en Sarrià perteneciente a unos familiares) hasta que, después de un periplo que incluyó París, Buenos Aires e incluso esporádicos regresos a Baleares, acaba hipotecándose en la compra de un pequeño piso en Barcelona. Estancias de diversas duraciones, en ocasiones conviviendo con amigas, compañeras de estudios, a veces con su pareja. Ramis intercala sus reflexiones, siempre en torno al concepto de casa como punto necesario de referencia para el ser humano, o eso dicen las leyes que debería ser así. También añade una bitácora intermitente de las relaciones de pareja que le acompañaron en cada momento.
Leer Un metro cuadrado es, sí, enormemente satisfactorio. Aunque también es, conforme la cercanía a sus circunstancias es mayor, proclive a cierto desasosiego. Por qué resulta todo tan caro, por qué una persona con un cierto peso en la escena literaria local se encuentra en tantos momentos en una precariedad forzada por la avaricia de los arrendadores, por la tacañería de sus empleadores, por la cosa esa del mercado. Veo, en la minuciosa bibliografía que Ramis nos aporta, al menos tres lecturas coincidentes que tratan, de forma frontal, estas mismas cuestiones: Pacheco, Amat y Dioni, entre otros, están desplegando una especie de ecosistema de denuncia de esas situaciones que Ramis expone aquí, y resulta espeluznante, porque la cosa va a más, ver que se genera tanta literatura (y buena, y certera) a costa de algo que debería ser pasto de prensa, pasto de debate parlamentario, pasto de promesas electorales de aquellas (...) que se cumplen. Pero, como demasiadas veces pasa, luego surgen las razones de alto rango que neutralizan la denuncia, que anestesian la rabia con la que esta se formula, que mitigan y relativizan, con lo que aquello que debería ser un aullido de protesta acaba siendo una tímida queja desde un rincón, una queja que aunque tenga una forma colectiva y coral, queda solapada y replicada con los inapelables argumentos que conocemos de sobras, muchos de ellos, dejad que me repita, incluyendo la palabra mercado.
Reseñado de Ramis en ULAD: aquí
Título original: Leyla´nin Evi
Traducción: Carlos Ortega Sánchez
Año de publicación:2026
Valoración: muy recomendable
"A la mayoría de la gente le gusta el Bósforo en verano, pero yo estoy enamorado de sus inviernos. Cuando nieva, suelo contemplar las corrientes color turquesa, la nieve blanca sobre las coloridas barcas amarradas a la orilla y las gaviotas revoloteando en busca de comida".
De esta manera tan colorida y musical comienza la novela del escritor turco Zülfü Livaneli, que nos invitará a sumergirnos en una emotiva historia de nostalgia y desamparo que se desarrolla a orillas del Bósforo, que se convertirá, indirectamente, en un elemento necesario de la trama.
Nuestra protagonista es una anciana, Leyla, nieta del Bajá Abdullah Avni, el bosnio, que es desahuciada de la casa que habita en un jardín de una de las preciosas residencias que los nobles turcos construían como signo de poder a orillas del Bósforo. Esta casa, que fue residencia familiar durante varias generaciones, ha sufrido el mismo proceso especulativo que otras muchas mansiones y ha sido comprada por un empresario de la nueva clase económica emergente que dirige los destinos del país.
Afortunadamente, Leyla es acogida por el hijo de un antiguo jardinero y tendrá que acostumbrarse a vivir en un modesto piso de una zona céntrica y cosmopolita de Estambul y acomodar su vida a las nuevas circunstancias. No le resultará fácil a la anciana, que ha vivido toda su vida en la casa familiar y apenas ha tenido contacto con el mundo exterior. Todo un mundo de oropeles y lujos llega a su final.
Con estas premisas, Livaneli va construyendo una novela de contrastes a través de una serie de historias suspendidas entre una Estambul moderna y occidental y la ciudad del Imperio otomano tardío. El choque entre la tradición que representa Leyla y la modernidad que representa la joven pareja que la acoge.
Leyla va rememorando su pasado y a través de esos recuerdos nos sumergimos en la apasionante historia de Turquía. La saga familiar arranca con la expansión del imperio otómano por el este europeo, convive con la revolución de Ataturk y se desploma definitivamente durante el actual gobierno de Erdogan. Si apasionantes resultan las vivencias familiares que nos transmite Leyla, no menos atrayente es el fresco histórico de la historia de Estambul, y por extensión de Turquía, que nos dibuja Livaneli.
El escritor turco nos entrega una historia donde la delicadeza formal y la musicalidad de las descripciones envuelven al lector. Construye una emotiva novela donde los recuerdos y la nostalgia se convierten en el hilo conductor de una trama muy bien hilvanada que nos mantiene atrapados hasta su conmovedor final.
A través de una prosa intimista y contenida nos invita a presenciar la lenta transformación de un modo de vida condenado a desaparecer en el que sólo el Bósforo permanece como testigo inmutable: "Un día en el que el Bósforo se había cubierto de una niebla tan espesa que no se veía a un palmo, se había detenido en ese mismo muelle y contempló como los enormes barcos se deslizaban en medio de aquella blancura absoluta. Parecían flotar en el aire, mientras las sirenas en la niebla sonaban como lamentos dolorosos. Entre la blancura, un puñado de barcas de pescadores daba la sensación de estar suspendido en el aire, luchando por regresar a la costa. En aquel momento, la orilla opuesta también había desaparecido, como si ambas orillas se hubiesen fundido".
Año de publicación: 1978
Valoración: Muy recomendable
La de Antonio Di Benedetto me temo que es, lamentablemente, una batalla perdida en este blog. A pesar de mi perseverancia en ensalzar su talento, o casi nadie lo ha leído o, aún peor, los pocos que sí lo hayan hecho quizá no se adhieren a mis entusiasmos y prudentemente guardan silencio. Pero para ellos. Por mi parte, no por completista sino por deseo de disfrutar una vez más, descubro este nuevo título, que se adentra en el mundo del relato corto.
El volumen recoge narraciones de extensión irregular y origen diverso, algunas antiguas y ya publicadas por separado, otras más recientes. Encontramos a un Di Benedetto diferente del que ya conocemos de aquella extraordinaria trilogía que en realidad no es trilogía, aunque con trazas evidentes del talento que exhibía en sus obras mayores. Se podría decir que en estos textos conocemos mejor al autor, observamos cómo experimenta, busca caminos o simplemente se explaya libre de encorsetamientos, quizá hasta se permite licencias que no admitiría construyendo una novela.
Como es lógico en cualquier compilación de relatos, hay diversidad de escenarios, de técnicas y por supuesto de nivel, aunque muy poco o casi nada puede calificarse como prescindible. Ese presente férreo que tan bien maneja el autor es casi innegociable, aunque en alguna ocasión decide explorar otras posibilidades, hay una sorprendente presencia de animales en buena parte de los cuentos hasta bordear la fábula en un par de ocasiones, y se muestra con frecuencia el impacto de situaciones extremas, con frecuencia localizadas en las amplias y semidesérticas llanuras interiores argentinas que otros autores han trabajado también. Variedad de argumentos y de registros, pero siempre con un sello de calidad indiscutible.
Es impecable El juicio de Dios, una obra maestra de la tensión narrativa, desasosegante y muy visual, casi cinematográfica. Caballo en el salitral, otro de los relatos más longevos y conocidos, es una historia tan sencilla como impregnada de dramatismo, con una carga solo comparable a Pez, el texto más brutal, en el que el dolor y la impotencia llegan al lector por el camino de la pura casualidad, la mala suerte que no conviene ignorar y que tantas veces marca las vidas. El tono policial que tanto gusta a Di Benedetto y que ya asomaba en Los suicidas aparece también en el más intimista Cínico y ceniza, o en el espléndido Los reyunos. Aballay, otro de los más conocidos y llevado al cine, presenta la extraña penitencia de un hombre perseguido por la culpa y, muy lejos de ese terreno, Ítalo en Italia cierra el libro con el delicioso relato de un pequeño incidente veraniego.
Para los que les preocupen mucho estas cosas, habrá que reconocer que, frente a lo que parece exigir un relato corto, el cierre de algunas narraciones puede resultar algo previsible, o que los títulos son manifiestamente mejorables. Pero qué quieren que les diga, el despliegue de imaginación, la amplitud de repertorio y la modulación de los diferentes registros me parecen de un nivel excepcional, y dejan sin efecto cualquier pequeña debilidad. Es un Di Benedetto que, sin perder algunas de sus señas más personales, se muestra algo diferente, quizá más asequible que en textos de mayor extensión, a veces más arriesgado, pero siempre dejando claro un talentazo que en este caso le coloca, en mi opinión, al nivel de los mejores maestros del relato corto, y pongan ustedes ahí los nombre que más les gusten. Nadie sin ese genio sería capaz de decir de esta forma que la jauría de perros se quedó sin alimento:
'Mordiendo el aire quedaron los dientudos'
Háganse un favor y, en este mi cuarto intento, descubran a este autor fascinante.
Otras obras de Antonio Di Benedetto reseñadas en ULAD: Los suicidas, Zama, El silenciero
Valoración: Muy recomendable
Nadie me verá llorar, de Cristina Rivera Garza, es una novela intensa, fragmentaria y profundamente inquietante sobre la memoria, la locura y las formas en que una sociedad decide quién merece ser escuchado y quién debe ser encerrado. A través de la relación entre Matilda Burgos, interna del manicomio de La Castañeda, y Joaquín Buitrago, fotógrafo marcado por sus propias ruinas, Rivera Garza reconstruye un México lleno de violencia, deseo, enfermedad y exclusión. La novela no avanza como una narración convencional, sino como un expediente roto, una serie de imágenes, voces y documentos que intentan rescatar del olvido una vida marcada por la explotación y la rebeldía. Su mayor fuerza está en la manera en que convierte la historia clínica en literatura y la marginalidad en una forma de resistencia. No es una novela fácil ni complaciente, pero sí una obra poderosa, de enorme ambición estética y política, que confirma a Cristina Rivera Garza como una de las voces más importantes de la literatura mexicana contemporánea.
Ahhh, ¿qué dijeron? Esta mierda la escribió una IA. ¡Ni madres! Ahora sí, ahí les va la de hacer hijos: