Título original: Peixos
Traducción: Unai Velasco en castellano para Random House
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y muy recomendable
Cada día, una nueva reseña
Nuestro escritor iniciará una relación epistolar con tan enigmático personaje y en ese intercambio descubriremos que la agencia de Courtois se atribuye la responsabilidad de inicios de novela tan célebres como "Hoy ha muerto mamá", "Llamadme Ismael", "Soy un hombre invisible" o "Alguien debía haber calumniado a Josef K., porque una mañana fue arrestado."
Con semejante carta de presentación, nuestro protagonista decide confiar en la agencia para que le proporcione un comienzo a la nueva novela que está escribiendo. Mientras tanto, se desarrolla una compleja trama donde se mezclan lo onírico y lo real, el presente y un futuro distópico, París, Nueva York y Bucarest. Visniec va creando un enigmático mosaico en el que entran y salen personajes que solo adquieren significado pleno al final del enorme rompecabezas en el que el autor sutilmente nos va enredando.
Humor, amor, sexo, soledad y misterio tienen cabida en unos relatos que se nos presentan como esbozos de tramas inconclusas que no parecen tener una dirección definida. A través de los indicios que nos propone Visniec debemos vislumbrar si nos encontramos ante confesiones autobiográficas o ante sucesivos inicios de novela de nuestro escritor. Entre medias, se van deslizando jugosas reflexiones sobre literatura y sobre escritores: Mann, Hemingway, Camus, Cervantes o Ruiz Zafón, entre otros, tienen un hueco en esta novela
Matei Visniec, escritor rumano afincado en Paris, es fundamentalmente autor teatral, pero ha escrito una novela que rebosa imaginación y talento. Con mucha habilidad va dosificándonos la información suficiente para mantener en pie una historia que tiene múltiples aristas y que puede producir desconcierto si no atendemos las pequeñas píldoras que se van intercalando en los capítulos de esta evocadora novela. Tenemos que dejarnos llevar por el experimento literario que nos propone Visniec y esperar pacientemente a que los fragmentos se ensamblen y otorguen significado al conjunto. Como recompensa, descubriremos si finalmente nuestro protagonista recibe la anhelada frase para comenzar su novela.
Año de publicación: 2025
Valoración: Entre Recomendable y Está bien
Aunque en la solapa del libro se define como ‘novela’, se podría decir que El fino arte de crear monstruos está en zona de transición entre novela y colección de relatos, aunque en mi opinión tiene más de lo segundo que de lo primero. Esta autora, argentina de nacimiento y afincada en Barcelona (de hecho, tiene algo publicado en catalán), presenta una serie de narraciones cortas que comparten protagonistas y guardan cierta coherencia cronológica, o esa sensación da, pero me parece difícil concluir que esto constituya una novela.
Una docena, quizá algo más, de relatos breves, episodios en la vida de Vidria, una niña que vive en la pequeña población de Morteros, que recuerda ligeramente a El Pensamiento, donde César Aira situaba una de sus últimas creaciones. Poco sabemos sobre en el entorno de Vidria, salvo que tiene un hermano quien al nacer la niña la tiró al cubo de la basura, y con el que no obstante comparte la protagonista ideas e iniciativas disparatadas. Estas ocurrencias, junto con las insólitos episodios que acontecen en el pueblo, son las que dan lugar a esos pequeños relatos que giran bajo títulos como ‘Segundo advenimiento con niña mutante’, ‘La indulgencia plenaria de las mandarinas’ o ‘El origen de la luz en la naturaleza de la máscara’.
El mismo ingenio que exhiben esos fantásticos rótulos se manifiesta en la narración, donde lo inverosímil despunta en cada página sin que lleguemos a tener claro, y eso es parte de la gracia, lo que es real y lo que no. Entonces es inevitable pensar en el realismo mágico y en el desproporcionado número de secuelas que ha ido dejando a un lado y otro del Atlántico. Eso de inventarse cosas extravagantes y mezclarlas en una narración convencional parece una buena solución para darle brillo, sorprender al lector y dar sensación de dominio sobre el medio. No es exactamente lo que hace Silvana Vogt, aunque indudablemente ese camino abierto facilita el tránsito.
Esas dosis de fantasía, dispersas pero abundantes, otorgan a la narración una cierta aura, aunque a fin de cuentas se trata de episodios de la vida de aquella niña, cosas sorprendentes que casi siempre bordean la tragedia y cuyos límites con lo inverosímil son difícilmente distinguibles. Así que, visto desde otra perspectiva el libro constituye una especie de anecdotario, narrado con un tono ligeramente infantil muy logrado, con estilo a la vez fresco y elegante, algo que quizá no provoque un arrebato de placer literario pero deja la agradable sensación que proporciona lo bien hecho, lo curioso, digno y entretenido a partes iguales.
El patio maldito es el título de la novela breve que sirve de colofón (¡y de qué manera, oigan) a este volumen en el que se reúnen, además, quince relatos escritos en diferentes momentos de su vida por Ivo Andric, ganador del Nobel de Literatura del año 1961. Pese a su diferente origen temporal, los textos compilados para la ocasión por Xórdica forman un conjunto homogéneo, tanto por ambientación como por temática. Por si esto fuera poco, se observa la existencia de personajes que aparecen en varios relatos (Fray Petar, Fray Marko...) y de personajes que, con diferentes "máscaras", podríamos considerar un único personaje (Alija Dzerzelez, Mustafa Magiar, Celibi Hafiz, Karagoz...).
La citada homogeneidad del volumen procede, como digo, de la ambientación y la temática de los textos. La practica totalidad de los mismos trascurre en los años de la dominación otomana o del control austríaco sobre Bosnia. Es por tanto un pasado casi mítico el tiempo en el que trascurren unos textos que hablan de violencia y locura, de "replanteamientos vitales", de poder y arbitrariedad, de dudas, culpas y debilidades. Tiempos más o menos remotos, pero inquietudes y/o cuestiones absolutamente atemporales y universales.
Por otra parte, los protagonistas de los textos de Andric pueden dividirse en dos grandes grupos: los "turcos" y los franciscanos. Curiosa contraposición la de unos y otros y curiosa la diferente visión que tiene Andric de uno y otro grupo. Así como los "turcos" tienden a aparecer como seres mezquinos, rencorosos o violentos, la mirada sobre los franciscanos es mucho más piadosa, con momentos hasta humorísticos.
Lo que sí suele hermanar a los protagonistas de los textos de Andric es una desubicación o desarraigo casi permanente, en parte debido a esa configuración multicultural y multiétnica de un territorio agreste que es también personaje fundamental en los relatos incluidos en El patio maldito.
No voy a entrar en detalle en cada uno de ellos, pero sí comentaré brevemente los textos que, a mi juicio, son los más destacados:
Título original: Changing My Mind
Año de publicación: 2025
Traducción: Jaime Zulaika
Valoración: entre recomendable y está bien
Sus muchos admiradores/as o quienes al menos estén al tanto de las novedades literarias seguramente ya lo sepan: nuestro estimado, a la par que entrañable, Julian Barnes ha publicado en el mes de febrero su último libro. Y cuando escribo "último" no quiero decir "el último hasta ahora" o "el último hasta que publique otro", sino el último de verdad, el último que va a escribir ya, según sus propias declaraciones. Bien, hay que tener en cuenta que este escritor, que ejemplifica como pocos, en mi opinión, la clásica figura del caballero literato, ya tiene ochenta años y está aquejado de una lenta pero inexorable enfermedad, con lo cual es comprensible que piense que ya ha dado lo suficiente el callo en su oficio (y a fe mía que lo ha hecho) y merece descansar sus últimos años, que ojalá sean muchos aún. Pues bien, he de deciros que este libro que ocupa la reseña de hoy no es ese último libro de Barnes -que se titula, adecuada pero tristemente, Despedidas- sino, esta vez sí, "el último que había escrito hasta ahora". Y que no se trata de una novela sino de un breve ensayo de esos que publica Anagrama y que, por lo general, resultan ser una delicia, o, al menos un refrescante aperitivo. Lo mismo ocurre, como no podía ser de otra forma, con éste de Barnes.
Que, además, en realidad no es un solo ensayo, pues se divide en cinco capítulos en gran medida independientes entre sí. Es cierto que se encuentran unidos por una idea principal, que es la de reflejar los cambios de opinión que el autor ha experimentado a lo largo de su ya extensa vida sobre ciertos temas y así encontramos pequeñas disertaciones sobre: Los recuerdos, Las palabras, La política, Los libros y La edad y el tiempo. pero resulta que el leit-motiv citado tan sólo se refleja a medias y, en algunos capítulos, prácticamente en nada, centrándose más en las reflexiones generales de Barnes sobre el tema -interesantes, en todo caso- que en cómo han ido cambiando sus ideas o percepciones sobre el mismo. Es lo que ocurre en sus mini-ensayos sobre las palabras y la edad y el tiempo; sí que explica cómo veía él estos temas de joven y cómo los ve ahora, pero sobre todo se centra en conceptos más generales -la polisemia , cómo cambia el significado de determinadas palabras o la distinta percepción del tiempo para niños y adultos- que en su sentir personal. En el caso de los recuerdos, sobre todo se explaya en cómo éstos pueden resultar engañosos e incluso a veces tomamos prestados recuerdos ajenos y lo ilustra con una serie de anécdotas y, por lo que respecta a la política, su opinión es que él no ha cambiado de opinión y se ha mantenido firme en sus convicciones centristas, pero que el espectro político se ha movido tanto a la derecha que ahora él parece estar en esa posición (aunque al final explica una serie de convicciones firmes que dice tener sobre diversos temas, en los que no ha cambiado su opinión, y yo diría que, de ser así, siempre ha sido, al menos, progresista, cuando no socialista, pero bueno, él sabrá...).
Más interesante para nosotros/as, creo (pues, después de todo, este blog se llama como se llama y se dedica a lo que se dedica) es el capítulo dedicado a los libros, en el que Barnes explica como, con el tiempo, han variado, más que sus gustos, sus apreciaciones sobre diversos escritores: algunos que admiraba en su juventud han perdido su interés porque ya no está dispuesto a aguantar su excesivo didactismo -en cómo vivir la vida, para ser concretos-, como es el caso de George Bernard Shaw y, hasta cierto punto, D. H. Lawrence. Algún otro, que apreciaba de joven e igualmente hoy en día pero no tenía por prestigioso. como Simenon, ha acabado por adquirir para él ese aura de los grandes, y no sólo como autor de entretenidas novelas policíacas. Por último, dedica varias páginas a explayarse sobre otro autor británico que siempre había detestado, E. M. Forster (ya sabéis, el de Pasaje a la India y Una habitación con vistas) pero que ha acabado por parecerle, en su madurez lectora, un gran escritor, lleno de sutileza, ingenio y hasta audacia.
Supongo que todos/as tenemos una lista parecida y no sólo de escritores o libros, sino de opiniones que hemos ido cambiando con el transcurso de los años. Sin embargo, creo que poca gente podría explicarlo con la gracia, la sencillez y la elegancia con que lo hace Julian Barnes. Que sí, ya sé que son características de su obra, ya se trate de ensayos o ficción -o incluso la generalmente malhadada autoficción-, pero en las distancias cortas como las de los miniensayos que componen este libro, estas virtudes se hacen aún más evidentes , lo que es bastante de agradecer. De hecho, aunque en realidad el tono general es más el de un señor mayor que se dedica a expresar sus opiniones sobre éste o el otro tema, más que el de un ensayista que haya reflexionado arduamente sobre los mismo y haya estructurado sus conclusiones por medio de una dialéctica expresada a través de las conocidas tesis-antitesis-síntesis, tampoco es que se dedique a divagar o contar batallitas 8bueno, igual un poco) y, sobre todo, consigue que la lectura del librito no sólo sea placentera, sino que se haga en un plis-plas. de ahí, he de aclarar, que haya etiquetado esta reseña como Zoom, que solemos dedicar a las reseñas de relatos o textos más sucintos; si bien este ensayo de Julian Barnes tiene la misma extensión de los otros libros de esta colección de Nuevos Cuadernos de Anagrama, ya digo que se hace tan ameno y ligero que parece aún más breve. Lo cual, supongo, es una virtud deseable para todo escrito.
Más libros de Julian Barnes reseñados en Un Libro Al Día: El sentido de un final, La mesa limón, Nada que temer, El ruido del tiempo, Una historia del mundo en diez capítulos y medio, El hombre de la bata roja, El perfeccionista en la cocina, Inglaterra, Inglaterra, Arthur & George, La única historia, El loro de Flaubert