lunes, 1 de marzo de 2021

Leer en 2021

 

Olvidemos, por un momento, la circunstancia que acapara la atención del planeta desde hace aproximadamente un año. O intentémoslo, vamos. Simplemente porque pensemos que estamos en un paréntesis tras el cual el mundo (quizás un mundo más temeroso ante lo que no conoce) continuará casi igual. En este mes de marzo ULAD se incursa en ese difícil decimotercer año y lo hace sin aparentes acontecimientos que amenacen nuestra cotidiana labor. Leemos, escribimos sobre lo que leemos, comentáis, se abren cuadros de diálogo de contenido dispar, volvemos a empezar. Todo normal. Nos llama la atención un comentario quejándose - de manera cordial y educada - de que cierta semana temática - la del ensayo - vaya a continuar hasta ser eso, una semana, como si quien firma el comentario esté reivindicando un regreso a otro género, especulo, quizás un género más ligero o más puro como la ficción en alguna de sus modalidades o más estético o más lúdico. Pero esa queja impacta a quien esto escribe y hace entrar cierto apetito por la polémica. 

¿Son los géneros alejados de la creación literaria unos intrusos? Exigimos al escritor no solo un estilo depurado, una escritura agradable, un desarrollo intelectual coherente, un sentido moral aceptable, etc. no nos contentamos con ello, también  debe ser creativo, imaginativo, innovador... En todo caso no ha de limitarse a explicar las cosas con una tonalidad personal, ha de hacer algo más que nos impacte y que nos haga salir del entorno físico lector. Ha de movernos hacia territorios inexplorados y de eso, parece ser, no creemos que todos los géneros sean capaces.

El caso es que, merced a la extraordinaria amplitud de la oferta de ocio existente, la literatura se ve obligada a dar respuesta a todas ellas. El mundo lector, el mundo lector fiel como nos gustaría concebirlo, se contrae y se quiebra y padece bajas constantemente, sobre todo por la asequibilidad y la inmediatez de las pantallas. Podemos lamentarnos o podemos plantar cara, podemos estar discutiendo, teorizando o polemizando y algunos enarbolarán la bandera de la pureza como preservación de las esencias. Aquí podemos pensar si los géneros creativos o puramente estéticos son patrimonio de esos preservadores, si pertenecen a una élite que puede degustarlos por placer, si los géneros más escorados hacia el ejercicio intelectual son patrimonio de ciertas minorías (asociadas con el pensamiento progresista por su esencia basada en reivindicar y ejercer el pensamiento crítico), si la literatura ha de ceñirse a gustar a quien solo quiera eso o si ha de ser una locomotora que estimule (y por tanto perturbe de un modo u otro) al lector, y está claro, porque parece ser que cada vez más gente escribe y es leída en uno u otro soporte - incluido internet, incluidos los blogs - y que estamos abocados al mestizaje absoluto: autoficción, crónicas noveladas, ensayos, novelas autobiográficas, textos en tierra de nadie que juegan (o juguetean) con el lector. Periodistas que publican novelas y novelistas que ostentan columnas en medios de máxima difusión, todos, como dijo Herralde, compitiendo por hacerse con el tiempo libre del público. Sagas de best-sellers que parecen guiones extendidos para series en streaming, poetas mediocres declamando slogans para tazas de desayuno, editoriales ávidas de presentar novedades y atraernos con sus fajas endogámicas. Leer en 2021. 

¿Más fácil que nunca, o más difícil que nunca?


domingo, 28 de febrero de 2021

José Ovejero: Humo

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Muy recomendable

Una imagen inicial (o quizá dos): una mujer que sale de una cabaña y se encuentra frente a ella un enjambre de abejas que más parece una bandada de estorninos (un niño mirando por la ventana).

Una mujer de quien no conocemos su pasado, un niño que apareció de la nada, una gata y una cabaña situada en un bosque fuera del tiempo. Una naturaleza que podría parecer "edénica" pero que es tan ciega, brutal, incomprensible y sin sentido como la vida humana. 

Un presente desalentador, un pasado desvaído y un futuro incierto que no evitan la "permanente huida hacia adelante", ya sea por iniciativa propia o por inercia, que no impiden la creación de unos lazos basados en la ternura o en el cariño.

Imágenes, situaciones, lugares y personajes que confieren a la novela un cierto aire teatral (no sé, me puedo imaginar la novela representada sobre un escenario) y que le otorgan varias posibles lecturas: una, la distópico - apocalíptica, y aquí puede venir a la cabeza "La carretera" de Cormac McCarthy; otra, la alegórica, y aquí me viene "El niño que robó el caballo de Atila" de Iván Repila; otra más, la política (si es que la novela de Iván no lo es, ojo), con su empoderamiento femenino, etc.

Más allá de estas posibles lecturas, "Humo" nos habla de la (in)comunicación, de la fragilidad humana y de su fortaleza para hacer frente a un entorno hostil y tratar de salir adelante, de sexo y violencia, de amor y ternura. Además, y creo que ahí reside el principal valor de la novela, lo hace con una prosa tremendamente sensorial en la que la naturaleza marca los diferentes tiempos y en la que se conjugan con acierto ritmo y belleza: ritmo en la cadencia de las frases, cortantes, evocadoras o sugerentes según lo requiera la situación, y belleza en las descripciones del entorno, en el viaje al interior de su protagonista y narradora.

Resumiendo, una novela breve pero densa y contundente tanto en el fondo como en la forma, 140 páginas de letra "apretada" en la que el autor indaga, como tantas veces se ha hecho ya en las diferentes "narrativas del encierro", en lo más profundo de la condición humana, 140 páginas que me da la sensación de que tendrán un largo recorrido. O eso espero, vaya.

También de José Ovejero en ULAD: La ética de la crueldad y Escritores delincuentes

sábado, 27 de febrero de 2021

Clarice Lispector: Agua viva

Idioma original: portugués
Título original: Água viva
Traducción: Elena Losada
Año de publicación: 1973
Valoración: muy recomendable

Hay autores que, por motivos que se me escapan, no caen cerca de los círculos en los que nos movemos habitualmente para encontrar libros que nos llamen la atención y que no se queden únicamente en eso, sino que consigan que, una vez terminada su lectura, acabemos maldiciéndonos por no haber sido capaces de percatarnos de su existencia. Pero nunca es tarde si queda tiempo para remediarlo. Y aquí estamos leyendo a Clarice Lispector pues, gracias a que hace poco se cumplió el centenario de su nacimiento, se vuelve a hablar de ella. Algo que nunca debió dejar de hacerse.

En este breve e intenso libro de únicamente cien páginas, que me sugirieron como puerta de entrada a la obra de la autora, se nos presenta ella misma delante de un cuaderno, liso, blanco, virgen y, con ello, abierto a las infinitas posibilidades que ofrece aquello que aún no ha empezado, afirmando que «tengo un poco de miedo: miedo de entregarme, porque el próximo instante es lo desconocido. ¿El próximo instante está hecho por mí? ¿O se hace solo?». Porque una de sus obsesiones con este libro es la búsqueda incesante del presente continuo, del momento, porque «estoy intentando captar la cuarta dimensión del instante-ya, que de tan fugitivo ya no existe porque se ha convertido en un nuevo instante-ya que tampoco existe». Lispector constata, con pesar, que es tarea imposible, pues «quiero capturar el presente que, por su propia naturaleza, me está prohibido; el presente se me escapa, la actualidad huye, la actualidad soy yo siempre en presente».

De esta manera, el libro es una suerte de reflexiones y pensamientos que huyen de cualquier canon preestablecido, que huyen incluso de la propia literatura, porque ya la autora reconoce, de manera franca y honesta, que «esto no es un libro porque no se escribe así». Y, en ese viaje hacia el interior de sí misma, en esa introspección infinita e inacabable, se permite abrir una única salida al exterior de ella misma, dirigiéndose al posible lector que bien podría ser su antiguo amor, su ser querido, a quien interpela y escribe, con tristeza y añoranza, que «un día dijiste que me amabas. Finjo creerlo y he vivido, de ayer a hoy, en un amor alegre. Pero recordarse con nostalgia es como despedirse otra vez». Y se confiesa ante el libro como ante ella misma, porque «quiero escribirte como quien aprende. Fotografío cada instante. Profundizo en las palabras como si pintase, más que un objeto, su sombra». Y, en ese trayecto hacia la búsqueda de la verdad de su propia existencia la autora se sabe voluntariosa pero infructífera, al dudar de ella misma, pues «he profundizado en mí pero no creo en mí porque mi pensamiento es inventado».

La prosa de Lispector tiene una musicalidad poética envidiable, las palabras no únicamente fluyen, sobrevuelan el texto esperando a ser absorbidas, impregnando al lector. Como un canto al infinito, da la sensación de que la autora no pretende convencernos de nada, es consciente de que la potencia de sus palabras logrará tal efecto sin esfuerzo (aparente) por su parte. Lanza palabras como lanza ideas, dejando a merced del lector su comprensión y acierto en el disparo. Porque «escribir es la manera de quien usa la palabra como un cebo».

Ya la autora apunta, con falsa modestia pero tremenda intencionalidad su deseo, o inevitable atracción, en la indagación al encuentro de ella misma, pues «quiero poner en palabras pero sin descripción la existencia de la gruta que pinté hace algún tiempo, y no sé cómo». Una gruta donde ella reside y desde la cual vuelve la mirada hacia dentro de sí misma, para averiguar, para encontrar y encontrarse, afirmando, de manera aciaga, que «debo por fatal y trágico destino conocer tan sólo y experimentar tan sólo los ecos de mí, porque no capto el mí propiamente dicho». Así, nos escribe desde el agujero en el que habitan todas las dudas y sombras, afirmando que «procuro distraerme del miedo. Pero ya hace mucho que pararon los golpes reales, estoy sintiendo el incesante redoblar en mí. Del que tengo que liberarme. Pero no lo consigo, el otro lado de mí me llama. Los pasos que oigo son los míos».

Y, en ese pesar que sobrevuela sus palabras, la permanente búsqueda del presente para no afrontar un futuro certero, inapelable, inevitable, el de la muerte, siempre presente y acechante, resignándose a reconocer que «voy a morir; siento esa tensión como la de un arco a punto de disparar la flecha». A pesar de que la vida tampoco es fácil, porque «vivir es tan incómodo. Todo aprieta, el cuerpo exige, el espíritu no para, vivir parece tener sueño y no poder dormir, vivir es incómodo» y, a pesar de ello, la constatación de que la única salida es la alegría. «Estoy alegre en este instante porque me niego a ser vencida, y entonces amo. Como respuesta (…) mi propia muerte y la de los que amamos tiene que ser alegre, no sé todavía cómo, pero tiene que serlo». Y, a pesar de que «estoy preparada para el silencio grande de la muerte», tiene claro que «quiero morir con vida».

Lispector nos ofrece en esta obra compleja una reflexión profunda y constante, a la vez que fragmentada, sobre la vida, la muerte, la existencia, el tiempo, el deseo, el destino, el futuro y el pasado como elementos inseparables y eternamente ligados bajo ciclos temporales que son uno mismo. Con una prosa de estilo poético y atmósfera abstracta, incide en la representación de la vida en su propio cuerpo, sometiéndolo a base de preguntas sin respuestas, a base de inquietudes no subsanadas, a base de incertezas y pensamientos que rozan la desmesura en un exceso que la arrastra a la casi obsesión. 

«Agua viva» es una novela (por decirlo de alguna manera) compleja y torrencial, donde la autora lanza de manera continua reflexiones sin mostrar en ello un descontrol narrativo, o al menos no superior al que se acumula en su cabeza y en el que nos hace partícipes, quien sabe si para poder poner en palabras sus pensamientos y ordenar así ciertas nociones y conceptos sobre la irracionalidad de la vida. Y se nos muestra honesta y franca, reconociéndolo al afirmar que «te escribo porque no me entiendo», y acierta al escribir que lo que hace en este libro es improvisar, «improviso como en el jazz se improvisa la música, jazz furioso, improviso en el escenario». Lispector es consciente en todo momento de su aparente caos, reconociendo sin excusas que «no es un mensaje de ideas lo que transmito y sí una instintiva voluptuosidad de lo que está escondido en la naturaleza y que adivino. Y ésta es una fiesta de palabras». Sin duda lo es.

También de Clarice Lispector en ULAD: Felicidad clandestina, La pasión según G. H.

viernes, 26 de febrero de 2021

Borja Goyenechea: El francés y otros relatos

 

Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: bastante recomendable

Aunque sea personalmente reacio a prejuzgar en función de circunstancias particulares de los autores, he de reconocer que leer a Borja Goyenechea (21 años, improbable miembro de una Generación Z literaria, como más adelante explico) tras leer a un Don DeLillo (seis décadas les separan) publicando- onerosamente, eso sí - al ralentí, me resulta una experiencia curiosa. Aunque sea por los planteamientos de partida, y ya no fuerzo más la comparación pues no se trata de eso: Goyenechea no tiene miedo a iniciar sus relatos con bloques de texto de cierto espesor conceptual, resulta curioso en estos tiempos donde el uso del skip amenaza cualquier manifestación artística el joven autor se atreva con párrafos de entrada que podrían asustar al lector poco bregado. 

Por si el incierto presente del mundo literario no fuera suficiente, publicar una primera obra en plena pandemia e iniciarla con un cuento - un excelente cuento - que refiere al virus y lo coloca en el centro sin apenas preámbulos, requiere de un autor joven mostrar personalidad, y Goyenechea no se queda ahí. Aunque muestre altibajos, los propios del escritor que, por edad y curiosidad propia, especulo, genera obra casi a medida que engulle la de otros y la deja transpirar en sus escritos. Me apuntan Mairal, pero diría que Cortázar también y, presumo, pero puedo equivocarme, que algo de Saer y algo de Borges o Bolaño, claro, el realismo mágico, por supuesto, y algún préstamo de esa corriente de escritoras de las que ya hablamos aquí, jóvenes escritoras en español escoradas sin miedo hacia relatos de terror, de suspense, de carnalidad desacomplejada.

Los personajes de Goyenechea son centrales, casi siempre lo que les ocurre es periférico en sus relatos. Son personajes que sufren y que muestran ese sufrimiento en su diálogo interior, otra seña de identidad, algo que puede que trabe o dificulte el avance en lo narrativo pues no hay aquí ligereza ni frivolidad, hay párrafos con contenido valioso en cada arranque. Sufren porque han tomado decisiones radicales que pueden acarrearles trágicas consecuencias. Son soldados que se refugian en cuevas o seres que huyen o tipos a los que no les llega el dinero para tomar agua, para comprar un ataúd. Ese padecimiento lleva a ciertos grados de desesperación. El libro mantiene una unidad en ese sentido y cada lector hallará su cuento favorito e identificará esas influencias lógicas, personalmente creo que lectores y autores constituyen mundos separados como para que yo, en tanto que perteneciente a los primeros, le dé un consejo al autor cara a futuras obras, que tiene la pinta de haberlas y creo que de mayor enjundia. Le he visto decisión, buen trato del lenguaje, capacidad de describir la paleta psicológica (de hecho la única referencia literaria directa es a Kafka), le he visto la obvia intención del debutante en demostrar versatilidad, puede que con algún disculpable exceso de rigidez, pero en general El francés y otros relatos es un alentador ejercicio que conjuga ambición y maneras, que compensa esa soledad del escritor de fondo (estudiante peruano en Madrid, dice la solapa) con la convicción de quien confía en lo que escribe. No le colguéis etiquetas porque, entre la maraña de juntaletras situacionistas que anega la edición independiente - o directamente la autoedición para allegados y amiguetes, le veo una luz propia que él, creo, sabrá pulir y definir.

jueves, 25 de febrero de 2021

Colaboración. Evgueni Zamiatin: Nosotros


Idioma original: ruso 

Título original: Мы

Traducción: Alejandro Ariel González. 

Publicación: 1924 (escrita entre 1919 y 1921). Edición española de Hermida Editores, 2016. 201 páginas. 

Valoración: obra maestra para interesados / muy recomendable para el resto.  

Si las semblanzas de ULAD exigieran título más allá del de la obra reseñada, nuestra primera tarea del día sería fácil: “Nosotros: la primera distopía.” 

Hoy nos guía un propósito bello: contribuir modestamente a reivindicar la figura de Evgueni Zamiatin y a darles, a él y en especial a su mejor obra, el lugar que a ambos corresponde. 

Ciertamente ULAD ya reparó en la novela, en una brillante reseña de Koldo CF de 19 febrero de 2018, comparativa con la célebre “1984.” Tres años después y a pesar seguramente de una mayor accesibilidad, “Nosotros” sigue siendo relativamente desconocida, como si el inamovible cupo de este tipo de novelas para el común de los lectores estuviera compuesto, en exclusiva, por “1984”, “Un mundo feliz” y, quizás en menor medida, “Fahrenheit 451.”   

ULAD me permite dedicar esta semblanza en exclusiva a “Nosotros”, sin “competencia,” como modesto premio individual no compartido, es decir, con todo el protagonismo. Bien lo merece.   

No estamos ante una obra de fácil lectura, si bien no es extensa. El tamaño de la letra y la buena edición de Hermida Editores ayudan a leer la obra con gusto (o mejor con menor dificultad) porque parece claro que Zamiatin apuesta intencionadamente por la complejidad descriptiva con un doble fin: marcar la distancia temporal y cultural entre narrador y lector, y ahondar en los estados psicológicos del protagonista. Con notoria recurrencia los guiones entrecortan las frases, o estas finalizan con puntos suspensivos que sustituyen  pensamientos inacabados, lo que exige al lector un esfuerzo suplementario para seguir la trama. De este modo, las frases parecen contener recurrentes anacolutos y muchas veces parecen no seguir, en apariencia, un hilo lógico. 

No se desanimen. Léanla despacio o léanla dos veces. Quien suscribe estas líneas optó por lo segundo. Al final de la primera lectura me pareció una novela de referencia, pero nada especial. Al concluir la segunda he llegado a pensar que “Nosotros” es una obra maestra.   

Vayamos someramente a la trama. D-503 es un ingeniero-matemático -como Zamiatin- primer constructor de la nave “Integral”, que vive en plena armonía consigo mismo después de la Guerra de los doscientos años y cuya pluma, “habituada a los números, no es capaz de crear una melodía de asonancias y rimas.” 

En el Estado Unido que surgió tras la guerra hay un Muro Verde de vidrio adonde alcanzan los límites de la civilización, Torres Acumuladoras que dosifican la lluvia, un cielo de homogéneo azul y rostros, que son números, “no ensombrecidos por la locura del pensamiento” cuyas actividades diarias fija una Tabla de Horas. Los números se levantan, visten y trabajan “como uno solo”, habitan traslúcidas viviendas individuales y sus rasgos fisiológicos, podemos intuir, se parecen cada vez más, lo que contribuye a anular la envidia y, con ello, a generar felicidad. A D-503 le ha tocado leer y oír “cosas increíbles sobre aquellos tiempos en los que los hombres vivían aún en libertad, es decir, en un estado salvaje y desorganizado.” En la nueva civilización los Guardianes vigilan las costumbres y el Bienhechor ejerce el poder supremo en pos de la felicidad de todos, entre ellos la de D-503, el poeta R-13, O-90, I-330 y otros. Del argumento no les diré más.  

De “Nosotros” sorprende por igual cuánto ha sido orillada y cuánto prefigura. Orwell bebe claramente de Zamiatin. El británico parece que fue honesto y lo admitió, y es que la sombra del plagio planea sobre “1984”, o como mínimo la de una deuda excesiva, por distintos que sean los estilos narrativos de cada autor. Quizás no tanto lo fue Huxley, seguramente menos influenciado pero tal vez también menos sincero. 

Cercenaríamos el análisis de la obra si eludiéramos su lectura política. Se retratan los regímenes totalitarios, con semblanzas que adelantan desgraciadas escenas de la Alemania de los años 30 y 40 o incluso la figura de Mussolini. No obstante, Zamiatin tenía la fuente de inspiración bien cerca, en la guerra civil que dio lugar al régimen soviético, al que inicialmente apoyó y del que se distanció antes incluso del acceso de Stalin al poder. La crítica a lo que sería este régimen puede considerarse, bien mirada, incluso feroz o al menos inadmisible para éste (incluida la negación de cualquier revolución como definitiva) de ahí que la obra fuera silenciada en la U.R.S.S. 

Pero considerarla política sería reducirla significativamente. La intelectualidad del trabajo sobrepasa con creces la crítica a una organización social de tiempo y lugar concretos. No piensen tampoco que estamos ante abstrusas y obsoletas reflexiones futuristas, o frente a notas políticas burdamente disfrazadas de novela. “Nosotros” plantea cuestiones de Religión, Filosofía, Psicología, Ciencia, Progreso y, en suma, destino y condición humana.

Les aseguro que más allá de las cuadernas, trancaniles, cadenas de montaje y soldaduras hay trama y hay luchas. De ahí, en parte, la extraña belleza que cruza la novela y, en particular, a varios personajes, cuyas motivaciones, intuyo, son más complejas de lo que pudiera parecer. Pero puedo estar equivocado: lean y saquen Uds. sus propias conclusiones.  

No es poco lo que la obra anticipa. Quizás ningún libro me ha traído flashes de tantas obras o incluso películas posteriores, por las ideas o imágenes más o menos fugaces que contiene. Por su parte, las referencias al Antiguo Testamento en comparación con la nueva “religión” (“de nuevo somos sencillos e inocentes como Adán y Eva”) no dejan de tener profundidad y originalidad. En suma, sin resultar cargante, la novela es intelectualmente sabrosa.  

Por último, es difícil ponderar el valor de la obra si ya han pasado por nuestras manos otras similares que se llevaron la difusión y la gloria, y tampoco podremos sentir el impacto que su lectura nos hubiera causado de haber sido la primera, de modo que tendremos que imaginarlo. Pero los méritos deben ir, en gran medida, en función del orden cronológico. Así que si Ud. tiene pendientes también esas obras que hemos citado más arriba… pues no lo dude: léalas todas, pero empiece por “Nosotros.”  


Firmado: Fran Marín Paz   


miércoles, 24 de febrero de 2021

Reseña a cuatro manos: El consentimiento de Vanessa Springora


Idioma original: Francés
Título original: Le consentement
Traducción: Noemí Sobregués
Año de publicación: 2020
Valoración: Recomendable / Imprescindible



Oh, la France! Oh, Paris! Saint Germain des Prés, la Rive Gauche, el Barrio Latino, la bohemia, la burguesía, (también sus bobo, claro), los croissants y los brioches, mayo del 68, prohibido prohibir, los enfant terribles, ¡épater le bourgeois!, etc, etc. Oh, la France! Oh, Paris!

Pero hablemos del lado oscuro de París o, al menos, de ese París de los años 80 en el que algunos intelectuales eran capaces de firmar manifiestos que, con la excusa de la liberación sexual y de acabar con la moral judeocristiana (blablabla), pedían la liberación de artistas acusados de pedofilia, ese París en el que los artistas parecen gozar de una impunidad que podría (o tal vez no) parecer impensable para cualquier otro colectivo. Porque ese es el contexto en el que hay que situar esta obra autobiográfica.

Resumen resumido: Vanessa Springora narra la relación de abuso que tuvo comienzo cuando apenas tenía 14 años, a manos del reputado escritor Gabriel Matzneff, que tenía nada menos que 50. (Es importante remarcar ese tuvo comienzo porque el abuso se prolonga durante años, más allá del fin de su relación, tal como explicaremos más adelante).

En los brevísimos capítulos de los dos primeros tercios de la novela, Springora desmenuza la cronología familiar y los motivos que pudieron provocar que cayera en las redes de Matzneff, los mecanismos utilizados por este para someter en cuerpo y alma a Vanessa (manipulación, control psicológico, desposesión del yo), la complacencia o indiferencia de los familiares y del entorno cultural, etc. Esta parte de la novela nos pone perfectamente en la piel de la víctima, desmontando todos los mantras y las falacias alrededor de «la libre elección». Comprendemos la situación de vulnerabilidad de esta niña de catorce años inmersa, además, en un total desarraigo familiar.

Todo esto se narra desde la posición actual de Springora, desde sus casi 50 años actuales, ya que en el momento en el que suceden los hechos ella cree estar en una relación entre iguales y no en una historia de depredación (vamos, un síndrome de Estocolmo de libro que se podría resumir en ese "creímos que nos hacía existir, cuando en realidad nos utilizaba"). En ese sentido es muy interesante lo que ella misma explica en esta entrevista sobre el largo y doloroso proceso de búsqueda que ha tenido que superar para hallar finalmente el lugar y la voz adecuadas desde los que poder narrar lo sucedido.

En el último tercio, por su parte, se narran los efectos que lo ocurrido causan en la vida adulta de Springora: depresión, rabia, ansiedad, culpa, incapacidad de asumir su papel de víctima y la final toma de conciencia y decisión de sacar a la luz y denunciar los hechos. Para ello han tenido que pasar más de 30 años.

Koldo dice Recomendable porque: El consentimiento es un texto muy duro, y quizá por eso necesario. En este sentido, emparenta con las novelas de Delphine de Vigan, aunque creo que no llega al nivel de esta última.  Mientras que a su favor está el proceso de análisis (errores propios incluidos) y reconstrucción, la denuncia de la hipocresía del mundillo literario o la toma de conciencia de la realidad de los hechos, juega en su contra la propia estructura de la novela, construida en base a breves imágenes o escenas que podrían haber tenido un mayor desarrollo y una mayor carga, lo que no es obstáculo para que estemos ante un texto al que debemos prestar la atención que merece, aunque solo sea para todo esto no vuelva a suceder.

Beatriz dice Imprescincible porque: El consentimiento desvela con total rigor y legitimidad una realidad más extendida y aceptada de lo que queremos creer. Porque desmonta el mito de la Lolita lúbrica y manipuladora que conduce hacia la perdición al pobre hombre maduro enamorado (eso es lo que Matzneff transmite en su obra, no solo sobre Vanessa si no sobre el resto de sus amantes, todos niños y niñas). Y porque más allá de su valor testimonial y de denuncia, a mí me parece un libro muy bien escrito en el que la contención en el estilo y en el detalle es una apuesta estética que redunda en la crudeza de los hechos y pone en valor la voz de la mujer de 50 años que habla a través de la niña de 14.

En conclusión, Gabriel Matzneff no solo desposeyó a Vanessa de su cuerpo y de su infancia, si no que con la publicación de sus fotos, sus cartas y sus vivencias íntimas durante los años posteriores a su ruptura, le privó de tener una vida propia ya que todo el mundo solo veía a la Vanessa que él inmortalizó en sus libros. Vanessa explica que por ese motivo pasó muchos años odiando los libros pero, sin embargo ha sido precisamente un libro el que ha logrado devolverle su identidad y obligar a su abusador a retirar toda su obra y a retirarse él mismo de la vida pública en la que, ahora sí y por fin, es visto como lo que es: un depredador.


Beatriz Garza y Koldo FC

martes, 23 de febrero de 2021

Dino Buzzati: La famosa invasión de los osos en Sicilia

Idioma original: Italiano 
Título original: La famosa invasione degli orsi in Sicilia
Año de publicación: 1958
Traducción: Juan Antonio Méndez
Valoración: Está bien (recomendable para niños)

La famosa invasión de los osos en Sicilia es un clásico de la literatura infantil. Derrocha imaginación y entrega un mensaje cuyas lecturas no se agotan al trasladarlo a nuestros tiempos. 

Relata cómo el rey de los osos, Leoncio, moviliza a su pueblo para dejar las montañas y conquistar Sicilia. Después de superar duros obstáculos y recuperar a su hijo, que había sido secuestrado por los humanos, el monarca comprenderá que la corrupción de su gente es inevitable si permanecen por más tiempo en la capital italiana.    

Llegados a este punto, dejad que resalte las virtudes de La famosa invasión...:

  • Es sumamente entretenida.
  • Nos obsequia con diversas reflexiones.
  • Su narrador se permite algún apunte la mar de entrañable.
  • Su argumento, aunque episódico y deshilvanado, va concatenando sin dar tregua escenas graciosas, conmovedoras o trágicas. 
  • Su colorido "worldbuilding" compensa su (deliberada) falta de consistencia con ideas extravagantes.  
  • La caracterización del mago De Ambrosiis es satisfactoriamente compleja.

Ah, no os penséis que sólo los pequeños podrán gozar de esta novelita. Su autor, Dino Buzzati también nos guiña el ojo a nosotros, los adultos, al combinar aventuras e introspección, ingenuidad con madurez, en estas páginas. Y al tocar, aunque sea de forma un tanto caricaturesca y atenuando sus consecuencias, temas como la maldad, la violencia, la muerte o la pobreza. 

En cuanto a los defectos que le he visto a La famosa invasión..., destacaría los siguientes:

  • Su maniqueísmo.
  • Por momentos cae en lo ejemplarizante.
  • Hay personajes que acuden a la historia de forma repentina, cumplen su papel y luego desaparecen permanentemente. En el caso del "worldbuilding" no me molesta esta aleatoriedad, pero sí lo hace cuando provoca omisiones imperdonables (¿qué sucede con el Gran Duque?) o se emplea para resolver la trama fácilmente (¡qué convenientes resultan las sospechas de Jazmín!).

La edición de La famosa invasión... que yo he leído se la debemos a Gallonero. Solamente le pondría una pega: la letra es demasiado chiquitita. Por lo demás, presenta una maquetación excelente, nos obsequia con un prólogo y un epílogo de un rigor analítico impresionante e incluye los dibujos con que Buzzati acompañó originalmente al texto. 

Y para ir terminando, dejad que os diga que una película de animación del talentoso Lorenzo Mattotti adapta La famosa invasión... Todavía no la he visto, pero tiene muy buena pinta.



También de Dino Buzzati en ULAD: El desierto de los tártaros