domingo, 1 de marzo de 2026

ULAD al desnudo

Sí: le hemos pedido a cierta IA que nos generara una imagen con un pastel de cumpleaños. Hoy cumplimos diecisiete años de existencia efímera e insistencia estéril. Que leáis, cojones.

Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos. 

Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.

Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo. 

Se trata de un sencillo ejercicio que  nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.

Os pedimos:

Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.

Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)

Más un placer culpable.

Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).

Alain:

Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.

Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista. 

Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.

Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.

Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.

José Miguel:

En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:

- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).

- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).

- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).

- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).

- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).

- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).

 Félix:

Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía 

* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos 

* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor

* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante 

* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta 

* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura 

Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace 

Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)

 Juan G.B.:

-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).

-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.

-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.

Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.

Mi placer culpable:  Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.

 Francesc:

-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19

-David Foster Wallace (ídem) 18

-Michel Houellebecq (otro ídem) 11

-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10

Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así

Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.

 Koldo:

Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:

- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).

-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.

-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.

-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...

Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)

Mi placer culpable:  Los libros de viajes polares. 

 Carlos

Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:

- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán

- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan

- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo

Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.

¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.

Marc:

Bueno, pues creo que mi lista no sorprenderá a nadie, pero ahí voy:
  • Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
  • Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
  • Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
  • Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
  • Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
  • Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
  • Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
Oriol:

Aunque siempre he sido un fetichista del libro físico, durante años prioricé la lectura de documentos sacados de bibliotecas públicas a la compra de ejemplares propios (ya sean de primera o segunda mano). En cualquier caso, ahora que mi colección literaria va tomando forma, puedo decir que:

Los autores más sobrerrepresentados son:
  • Stephen King (25 títulos).
  • Patricia Highsmith (22 títulos).
  • Clive Barker (15 títulos).
  • Alberto Moravia (13 títulos).
  • H. P. Lovecraft (12 títulos).
  • (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
Mención honorífica: El año pasado habría dicho que lamentaba no tener en mi biblioteca personal mi novela favorita, la magistral Memorias del subsuelo de Fiódor M. Dostoievski, pero como me la regalaron el Sant Jordi pasado, voy a lamentar el no tener más libros de tapa dura de la editorial Valdemar.

Placer culpable (por llamarlo de algún modo, ya que me parece bastante estúpido avergonzarse de según qué gustos, por más que muchas personas, presuntamente serias, no sean capaces de entenderlos): "Baja" literatura ("pulp" y bolsilibros, géneros "menores" como el terror, el policíaco, el "western", etc...) y literatura sórdida (ya sea por oscura, perversa, decadente, fetichista o todo lo anterior a la vez).  
 
Santi:
Como tengo mi biblioteca dividida entre Bilbao y Lisboa, entre libros físicos y digitales, no voy a conseguir dar números exactos, y tampoco voy a poder comprobar mis recuerdos o impresiones; en todo caso, así de memoria, diría que estos son los autores de los que tengo más libros:
  • Ramiro Pinilla
  • Julio Cortázar 
  • Andrea Camilleri 
  • Stephen King 
  • Agatha Christie
La mención honorífica es para Terry Pratchett, un autor del que he leído un buen montón de libros, pero de quien poseo muy pocos, porque mi práctica es leer sus novelas mientras viajo, y "liberarlas" cuando las termino.
 
Placeres culpables no tengo muchos, porque asumo sin culpa todos mis placeres lectores, aunque de vez en cuando me doy el gusto de comprar una novela policiaca baratucha y llena de clichés para descansar las neuronas.

En fin:
 
Es muy posible que, si los autores más mencionados no encajan en nuestro alcance habitual (difícil, con más de seis mil reseñas, pero vaaamos) nos decidamos a prestar atención a alguno de ellos. Pero no prometemos nada.

sábado, 28 de febrero de 2026

Jennifer Johnston: ¿Cuánto falta para Babilonia?

Idioma original: Inglés
Título original: How many miles to Babylon?
Año de publicación: 1974
Traducción: Lucía Barahona Lorenzo
Valoración: Muy recomendable

Esta es una magnífica novela. Una magnífica novela que, como tantas otras, comienza por el final. Y es que su primer párrafo nos presenta a un oficial que, en sus últimas horas, se dedica a escribir, a rememorar el pasado, a interpretar qué le ha llevado a ese punto. Y así se rebobina hasta la primera infancia del narrador para, poco a poco, ir devanando la madeja de unos hechos y unas relaciones que nos devolverán, 200 páginas después, al punto inicial.

Resumiendo mucho, ¿Cuánto falta para Babilonia? es la historia de Alec Moore, joven de "buena familia" que crece en un ambiente de lo más decadente y que encontrará en su amistad con Jerry, hijo de campesinos, lo que no puede hallar en la mansión familiar. Este primer contrapunto entre los protagonistas se verá complementado por el que ofrecen los campos de batalla de la PGM frente a los idílicos paisajes irlandeses de la infancia y la adolescencia, ya que será en aquellos en los que transcurra la segunda mitad de la novela, esa en la que Alec y Jerry chocarán con la más cruda realidad. 

Es por esto que la novela tiene varias posibles lecturas, ya sea como novela de formación (la más evidente y "principal", creo yo), como novela antibelicista, como novela existencialista (juventud frustrada, ilusiones traicionadas, paraíso perdido), como novela política (aunque solo sea como telón de fondo) o como novela "homoerótica"

Sea como fuere, varios son los aspectos a destacar en ¿Cuánto falta para Babilionia?:

  • la capacidad de síntesis de la autora a la hora de construir personajes y tejer relaciones entre ellos. Apenas unos párrafos o unas escenas "escogidas" son suficientes. Ni rodeos ni páginas innecesarias. Economía de medios al servicio de la narración.
  • la delicadeza con la que trata la amistad entre Alec y Jerry. Podría haber caído en la noñería o en la sensiblería porque era terreno resbaladizo, pero Johnston lo resuelve a la perfección. 
  • la tensión vivida en el frente, a la altura de la mejor literatura antibelicista.
  • los diálogos, que favorecen el ritmo de la narración y que, pese a ser algo confusos por momentos, resultan, por lo general, creíbles.
  • el final, realmente a la altura del resto del texto, tanto en fondo como en forma.
Lo dicho. Estupenda novela la de esta autora irlandesa de la que yo no tenía noticia. Si también era vuestro caso, no la dejéis pasar. Merece mucho la pena. 

viernes, 27 de febrero de 2026

Emilio Bueso: Ahora intenta dormir

Idioma: español

Año de publicación: entre 2010 y 2014, en revistas y compilaciones de relatos. Reunidos en este único tomo, en 2015.

Valoración: recomendable 

El castellonense Emilio Bueso es uno de los nombres señeros de la literatura fantástica y de terror española actual, pero, por lo que sea (no es que leamos sólo a ex-yugoslavos raros, ni nada de eso) aún no lo habíamos reseñado en este blog. Pues vaya de aperitivo, antes de, algún día, meternos con novelas más contundentes, este libro de relatos publicado por la imprescindible editorial Valdemar en 2015 (y que cuenta, como puede verse, con una cubierta de lo más adecuada, a partir de una obra del no menos singular pintor Zdzislaw Beksinski). Este volumen, en verdad, es una recopilación de cuentos que, o bien fueron publicados anteriormente en otras antologías o revistas, o bien el autor mantenía en barbecho en su cajón de inéditos, hasta encontrarles un destino apropiado. En conjunto, se trata de dieciocho relatos de temática, ambientación y extensión variadas, que podemos agrupar de la siguiente forma (por emplear alguna):  

  • Recreaciones bastante singulares de los personajes y situaciones clásicos del género del terror: la bruja -Vecina-; zombies -Tras una persiana veneciana-; posesiones diabólicas, tanto en Abuela  como -esta es incluso aún más original- en Dial; fantasmas -Barrer, quizás soñar y Bola de mierda-; la licantropía (de aquella manera) en De lobos y hombres y el vampirismo en la magnífica El hombre revenido.
  • Las distopías climático/cataclísmicas de En falta de palabras, La próxima vez que se desate la tormenta del infinito sobre nosotros y Al garete.
  • Relatos pesadillescos, es decir, a medio camino entre lo onírico y lo angustioso, en Lamphead y Del vértigo de un hospital.
  • Homenajes a maestros del género; más explícitos -Innsmouth, Massachusets (no hace falta decir a quién)- o menos, en la ligottiana persecución de Me sigue desde hace rato.
  • Finalmente, un mezcladillo de relatos, en los que encontramos desde el asesino controlador de Controller (¿dónde, sino?), los desconcertantes viajes en el tiempo de Cartero de medianoche o la maravillosa y terrible sinestesia de La resaca de ella.
¿Ya he mencionado los dieciocho o me he dejado alguno? Como se ve, estamos ante un buen surtido de galle... de relatos que abordan diferentes temas y formas de afrontar el género del terror. En general, no obstante, podemos determinar ciertas características comunes, que conformarían el estilo de Bueso (a falta, por mi parte, claro está, de leer alguna de sus novelas, para confirmarlo):    

- Una reconfiguración de los tropos típicos del géneros. No es que no estén presentes, pero se nos cuentan de otra manera.
- Maestría en la creación de ambientes, de escenarios y situaciones en los que es fácil sumergirse y suspender la incredulidad (en algunos casos más que en otros, también es verdad) por parte del lector. Y variaditos, geográficamente: desde un parking subterráneo de Castellón a una granja de Corea del Norte, del Corn Belt norteamericano a un pueblo de la Italia decimonónica. De la costa de Nueva Inglaterra a un cuartel militar en Ceuta, pasando por Groenlandia...  
- El dominio del lenguaje, no sólo como forjador del hilo narrativo, sino de auténtico catalizador de la energía, ya sea ésta maligna, angustiosa, desesperada o ciega. Una forma de contar que no te deja retroceder ni descansar un instante, al margen del resultado final, más convincente o menos, de la historia.

Por último, ¿cuales son los mejores relatos de esta compilación (puesto que quizás eso sea lo que más os intereses a algunos de vosotros/as)? Pues en mi opinión, y por elegir sólo media docena de ellos, sin duda la apocalíptica historia de vampiros de El hombre revenido; la no menos intensa posesión demoníaca (o así) en Abuela; la distopía a lo Waterworld de Al garete; la original fábula de ¿brujería? que nos propone Vecina; la procesión de "caminantes" de Tras una persiana veneciana  y, por supuesto, la bella y hermosa historia de amor que encontramos en La resaca de ella. Aunque no sólo estos, claro: también podríamos hablar de la original recreación del mito faústico que cuenta Dial o de Bola de mierda, una historia de fantasmas enraizada en la Guerra Civil (eso siempre da mucho juego, como bien sabemos en este blog). Da igual, queda comprobado que, en cualquier caso, Emilio Bueso es un escritor que cualquier aficionado/a a la literatura, sea de género o no, debería tener en cuenta. Eso sí, quedáis sobre aviso: luego no intentéis dormir...                                                                                                                                                                                                                                                                                                         

jueves, 26 de febrero de 2026

Pilar Adón: Las iras


Idioma original:
español

Año de publicación: 2025

Valoración: muy recomendable

Gloriosa portada, por cierto. Galaxia Gutenberg empieza a desarrollar una poderosa imagen como editorial y su maquetación ya es distintiva, su presentación como objeto constituye una especie de marca previa de mimo y calidad e, incluso para los que no tenemos nada de fetichistas (aunque estemos firmemente aferrados al papel como soporte) la tentación de este algo frívolo comentario sobre la edición resulta difícil de resistir. 

Eso por sí solo, obvio, no da para una valoración. Pero es que con Las iras me he encontrado con algo que cuesta explicar. Tenemos una veintena de relatos cortos: nada parecido a una secuencia, a un nudo argumental que manifieste avance o relación entre ellos, más bien una serie de detalles parecen manifestar justo lo contrario, alguna dispersión. Nombres en inglés, alguna referencia que puede situarlos en tiempos recientes, en una curiosa combinación con un ámbito más bien rural, algún elemento recurrente: jardines, pozos, una residencia es mencionada varias veces. Y perros, perros de curiosos nombres, que acompañan a protagonistas: mujeres más bien jóvenes, relaciones de parentesco poco definidas (más de una vez se alude a no-hermanas), todo ello a lo largo de cientco cincuenta páginas que transitan de forma incómoda, con un lirismo casi anacrónico . que enlazaría estos cuentos con una narrativa de tiempos pretéritos, de escenarios crudos, con una tenue sordidez que parece cernirse sobre el lector de una manera casi imperceptible. Y sin llegar a encuadrarse ni en un género ni en una trama al uso, cada frase, cada párrafo aportan a una sensación indefinible, cohesionada, casi irreal.


miércoles, 25 de febrero de 2026

Ta-Nehisi Coates: El mensaje

Idioma original: inglés
Título original: The Message
Traducción: Paula Zumalacárregui en castellano para Capitán Swing
Año de publicación: 2024
Valoración: entre está bien y recomendable


Autor poco prolífico en cuanto a libros publicados, Ta-Nehisi Coates desfrunce su talento en diversas disciplinas: escritor de narrativa, autor de ensayos, guionista en cómics de Marvel, así como también artículos periodísticos. Tal despliegue le ofrece un campo de batalla envidiable para difundir las ideas sobre las que giran sus diferentes obras en torno al activismo social, cultural y especialmente político, centrado en gran parte a la lucha contra el racismo y el supremacismo.

En este ensayo, el autor comienza con un capítulo dedicado al periodismo, con una aseveración que denota su intención y su ideología y que engloba a los escritores afroamericanos: «cuando se vive como nosotros, entre personas cuya humanidad está siempre en entredicho, hasta los detalles más nimios —sobre todo, los detalles más nimios— adquieren carácter político. Para vosotros, no puede haber distancia entre la escritura y la política».

En esta obra, con pocos capítulos y de temática entrelazada, Coates nos habla en primer lugar de sus orígenes familiares, con un padre que «tenía una modesta y heterogénea colección de arte revolucionario», y una madre que «baila de maravilla. Adora la música (…) tiene también una habilidad innata para las manualidades». Unos padres que, por su activismo (su padre era miembro de los Black Panthers), le contagian un espíritu reivindicativo, de lucha y superación, que el autor apuntala al afirmar que «creo que, si mi padre tratara de describir las fuerzas que han configurado su vida, se fijaría primero en sus propias acciones: sus méritos, sus errores. Pero si ampliara la abertura hasta abarcar el mundo que lo rodeaba, vería que a algunas personas sus méritos les hacían ganar más y los errores les costaban menos».  

Superado este primer capítulo donde Coates nos sitúa en cuanto a sus orígenes y raíces, el ensayo cobra forma y se vehicula a través de tres viajes del autor a lugares en conflicto (Dakar, Carolina del Sur y Palestina) que le sirven para exponer y denunciar diferentes situaciones en los que la desigualdad se pone de manifiesto. Así, en el primero de ellos, el autor expone un hecho clave en la cultura afroamericana, el esclavismo, y lo relaciona con sus orígenes africanos esgrimiendo que «la necesidad de una justificación específica para expoliar a unos seres humanos determinados es tan vieja como la propia ‘raza’ de hecho, es precisamente por lo que se inventó la raza. Para justificar la explotación de los africanos, era necesario escindirlos de la humanidad y arrojarlos a los escalafones inferiores». Con ello, Coates nos habla sobre la problemática que tuvieron los descubridores de la cultura egipcia por los rasgos africanos que tenían los egipcios así que, para justificarlo, llegaron a la conclusión que los rasgos negros correspondían a los esclavos. Así mismo, el autor aprovecha para desvelar el origen de su nombre “Ta-Nehisi”, la denominación del reino de Nubia en egipcio antiguo, que en ocasiones se traduce como "la tierra de los negros" reafirmando así su postulado mientras se cuestiona a su vez si «debiese decir que esa idea de Dakar como punto de origen de los afroestadounidenses es, en sí misma, una historia, una invención. Esa invención es de carácter colectivo, un origen imaginado y soñado para llenar el vacío de unas personas a las que les dijeron que venían de la nada y que, por lo tanto, no habían hecho nada ni eran nada. Gorea y su supuesta ‘puerta sin retorno’ satisfacen esa necesidad: una Lavinia perfecta para el agujero de nuestra historia». Así, afirma con pesar que «las personas negras, aquí y allá, somos víctimas de Occidente (…) conocemos la belleza de esta casa: sus escalones de caliza, su revestimiento de madera, sus baños de mármol. Pero, más aún, sabemos que la casa está encantada, que hay sangre en los ladrillos y fantasmas en el desván». En su segundo capítulo, el autor se centra en los Estados Unidos de América y su educación recibida en Baltimore, así como sus clases en la universidad de Nueva York y Howard y la herencia académica que quería dejar a sus estudiantes de creación literaria, un peso y una responsabilidad de la que es consciente pues, tal y como afirma, «el peligro que entrañamos los escritores y escritoras no es simplemente que podamos convencer a sus hijos de un dogma diferente, sino de que tengan el poder de formar sus propios dogmas». Con ello, el autor aprovecha para hacer hincapié en sus propios libros (con los que tiene un sentimiento casi paternal) y explica lo que siente por ellos  y las impresiones que le causan destacando, entre otros, ‘Entre el mundo y yo’ (del que afirma que «es el superdotado o, más bien, ese cuyos dones se traducen con mayor facilidad al resto del mundo»). Ya en su último capítulo, el autor visita Palestina y nos habla en primer lugar de la Shoá para enlazarlo con la segregación entre judíos y palestinos (de los que afirma que son tratados en Israel como ciudadanos de Segunda). Así, Coates establece un paralelismo entre los EE. UU. De Jim Crow y el actual Israel de Netanyahu por la opresión que estos ejercen a los sectores de población que viven bajo el dominio del estado, afirmando que «los palestinos que viven en Israel tienen una esperanza de vida más baja, son más pobres y viven en vecindarios más violentos (…) En Israel, ciertas comunidades tienen permiso para discriminar de manera legal a los ciudadanos palestinos mediante el establecimiento de ‘comités de admisión’».

En este ensayo de Coates, el autor pone de manifiesto las desigualdades estructurales que hay en el mundo, en un recorrido a lo largo de tres viajes puntuales, y escribe un conjunto de artículos ensayísticos con un claro ánimo de denuncia, pero, a pesar de su evidente relación a través de un eje ideológico, el encaje no acaba de cuajar y los diferentes capítulos son desiguales en interés y claridad expositiva. Aún y así, siempre es bueno leer a Coates porque si activismo es una manera de mantener vivo el grito contra los poderes opresores y la desigualdad que ejercen y explotan.

Ya para terminar, afirma Coates que «escribir y reescribir es el intento de comunicar no solo una verdad, sino el éxtasis de una verdad. No basta con convencer al lector de mi argumentación: quiero que experimente el mismo disfrute que siento yo en mi soledad». Y qué duda cabe que eso es algo parecido a lo que intentamos transmitir los autores de este blog en nuestras reseñas: contagiar a los lectores de lo que nos aportan los libros que nos impactan.

También de Ta-Nehisi Coates en ULAD: Entre el mundo y yo

martes, 24 de febrero de 2026

Montse Sánchez Alonso: El hielo de los suyos

                                                        

Idioma original: español     
Año de publicación: 2024   
Valoración: Muy recomendable

Este libro está basado en una historia real. Una historia de supervivencia y adaptación a un medio hostil, el Ártico,  protagonizada por una mujer que tendrá que hacer frente a unas circunstancias naturales extremas.

Estamos en 1921 y se está preparando una pequeña expedición para viajar a las islas Wrangell, al sudeste de Alaska, a fin de reclamar este territorio para la corona británica. Como apoyo a los expedicionarios, se contratan los servicios de una nativa iñupiat, Ada Blackjack, con la idea de que cocine y cosa la ropa de los cuatro hombres con los que viajará.

Ada acepta la propuesta porque necesita el dinero para tratar a su hijo enfermo y porque piensa que habrá más iñupiat en la expedición. Desgraciadamente, los nativos rehúsan partir hacia un territorio inhóspito y salvaje y Ada comprende, demasiado tarde, que no contará con ayuda para las tareas que tiene encomendadas.

En este punto, al describir los preparativos para el viaje, la escritora madrileña denuncia los excesos del colonialismo que, ya en aquella época, expulsaba a los nativos de su territorio y arruinaba el ecosistema con el que estos convivían en armonía: "Antes el asentamiento iñupiat se extendía por gran parte de Main Street, pero desde que los colonos y sus familias se establecieron en Nome, las casas vegetales fueron desplazadas a los alrededores de la mina y en su lugar se levantaron las de hierro y madera. El barro sobre el que se asentaban los wigwam fue tapado con el alquitrán, y la bandera británica ondeó delante de cada una de las casas sustituyendo a las pieles de foca".

Enseguida vamos a observar cómo las condiciones en que se desarrolla la aventura son durísimas y adivinamos que los hombres no tienen la formación adecuada para sobrevivir en un entorno tan extremo. El barco en que viajan rodea icebergs y placas de hielo y, tras una agitada travesía, los deja en el extremo del archipiélago, donde existen unas cabañas construidas en anteriores expediciones. El barco de transporte promete volver a por nuestros protagonistas cuando se retiren los hielos en la siguiente primavera. Sin embargo, ya en ese momento el propio Ártico habla, y les advierte:

"Lo escucho en las bocas de los hombres, desde sus barcos. Desde ese navío que se me aproxima. No soy la tierra jovial que dicen que soy esos que se me acercan: un verano benévolo, toneladas de madera, de oro y de carne, depósito de pieles. Yo no soy de nadie. No tengo dueño. ..Soy una tierra de cadáveres hermosos: anegada de hombres y huesos". 

Nuestros exploradores, que esperan encontrar riquezas en forma de oro o pieles de animales en la isla, vivirán una batalla tenaz por la supervivencia. Según va avanzando el invierno, las horas de luz se reducen, los termómetros registran temperaturas bajo cero y la caza que, esperaban abundante en forma de osos y focas, escasea.  Sólo Ada, acostumbrada a la vida en Alaska, comprenderá desde un primer momento que la misión que tienen encomendada está abocada al fracaso y será capaz de adaptarse con tenacidad  al medio. La locura, el hambre, las enfermedades y la soledad acechan sin tregua a los expedicionarios.

Montse Sánchez que, según confiesa, nunca ha estado por aquellas tierras, logra transmitirnos con una prosa de gran hondura poética tanto las excepcionales cualidades de nuestra protagonista para adaptarse a un medio tan adverso como la belleza y la grandeza de la naturaleza, que se convierte en la otra protagonista de la novela. 

El Ártico toma la palabra de nuevo y concluye la historia:

"Ha llegado el fin del hielo. Han vuelto a habitarme la tierra, los animales....Después de la matanza, el ballenero se aleja de la isla atiborrada la cubierta de aletas dorsales. Es un grito de hombres la cubierta, de aullidos, de tiros al aire. Entonan canciones antiguas sus lenguas, pero la mujer con cabeza de oso calla en la popa y me mira todo el cuerpo alrededor con la criatura atigrada al hombro. Su silencio es el del hielo cuando yace a la deriva y se pierde al otro lado del horizonte".

                                                                       

                                                                                         



lunes, 23 de febrero de 2026

Andréi Platónov: Moscú feliz

Idioma original: ruso
Título originalСчастливая Москва
Año de publicación: ¿1991?
TraducciónAlejandro Ariel González
Valoración: ¿está bien?

Mis intenciones eran buenas: ¿un libro que surge por la imagen de una protagonista fumando mientras cae en paracaídas y es una alegoría del supuesto paraíso de la URSS? Con esa premisa tenía que leerla. Lamentablemente se queda en eso, en un buen arranque que empalidece debido a la incoherencia de los personajes y las consecuciones de escenas sin ritmo ni sentido.

Con esto podría acabar la reseña, pero vamos a explayarnos un poco más. La novela es una obra inconclusa; su autor nunca la vio publicada (siempre tenía problemas con la censura por presentar, según su amigo Gorki, la realidad bajo un manto farsesco y delirante), y probablemente, si le hubieran permitido publicarla sin riesgo de que lo mandaran a matar, la hubiese corregido como se debía. Pero, tal como está, la novela muestra baches argumentales, picos y valles narrativos en pocas páginas.

Por ejemplo, la vida de Moscú Chestnova (su apellido significa honrada, honesta, que es lo que termina siendo en una sociedad donde todos calculan sus beneficios o naufragan en el encasillamiento (o sea, no difiere de la actual)): al principio es una niña que asiste a la Revolución de 1917, que se aterroriza ante los eventos, y luego pasa a ser una paracaidista que bate récords mientras destina su vida a contribuir a la grandeza de la patria, conservando siempre su personalidad indómita y su alegría irredenta que seduce a cualquiera que se atreva a hablarle. Uno pensaría que la novela tratará sobre su vida, pero pronto nos encontramos siguiendo las peripecias de otros personajes que se vuelven arquetipos o estereotipos de los comportamientos, no lo dudo, de la sociedad en ese momento (el ingeniero cuyo trabajo es la creación de la perfecta balanza, y del cual deduce una metáfora acerca de la justicia y el equilibro de todo el pueblo, es el ejemplo ideal). La cosa es que, aun siendo una parodia de esas actitudes, los personajes no terminan por trascender en ese plano insulso que los caracteriza. Quizás la aparición de Moscú los trastorna (todos buscan poseerla, y la misma Moscú irá degradándose en el deseo humano), pero queda en nada. Quizás Platónov quería representar eso, cómo el engranaje burocrático no construye ningún atisbo de felicidad, sino que solo la libertad individual (en el sentido de hacer siempre lo que le dicta la consciencia propia) puede perturbar la anemia o la mediocridad en la que todos se ven involucrados.

En el camino, Moscú se esfuerza por complacer a los demás, pero a todos los abandona a causa de ese deseo de controlarla, y atestiguando que, incluso aunque lo lograsen, la tristeza inherente de los personajes no se elimina. El problema es que la trama de Moscú cierra convirtiéndose en la compañera de un mendigo-violinista con deudas estatales y siempre impagas y que no tiene dónde caerse muerto, exceptuando su alojamiento en una de esas construcciones residenciales. Se podría metaforizar la abnegación de Moscú por el mendigo como una forma de preocuparse por el oprimido, el inválido, el desahuciado, etc., a la vez de la ironía de reclamarle que se comporte como un verdadero ciudadano del pueblo cuando está física y mentalmente incapacitado, pero no se termina de cerrar la idea, y las tramas argumentales (de Moscú, el mendigo, el ingeniero que se quiere casar con ella) fenecen en hilachas.

Es injusto ser duro cuando es una obra inacabada; en varias páginas da muestra del potencial perdido. Muy probablemente esta novela, con sus debidas correcciones y una conclusión, hubiera terminado siendo una brillante parodia del régimen estalinista, la contemplación de una maquinaria que despersonalizaba al ser humano y solo dejaba resquicios a las pequeñas historias, donde más valía una mano amable que el espionaje y la paranoia para sobrevivir, pero pierde fuelle a medida que avanza la trama y se queda en una hilera de escenas, potentes de forma individual e insuficientes en el contexto general. 

Más de Platónov: La zanja