lunes, 9 de marzo de 2026

Reseña + entrevista: El patio maldito de Ivo Andric

Idioma original: Serbio
Título original: *
Año de publicación: 2025 (*)
Traducción: Marc Casals
Valoración: Bastante recomendable

El patio maldito es el título de la novela breve que sirve de colofón (¡y de qué manera, oigan) a este volumen en el que se reúnen, además, quince relatos escritos en diferentes momentos de su vida por Ivo Andric, ganador del Nobel de Literatura del año 1961. Pese a su diferente origen temporal, los textos compilados para la ocasión por Xórdica forman un conjunto homogéneo, tanto por ambientación como por temática. Por si esto fuera poco, se observa la existencia de personajes que aparecen en varios relatos (Fray Petar, Fray Marko...) y de personajes que, con diferentes "máscaras", podríamos considerar un único personaje (Alija Dzerzelez, Mustafa Magiar, Celibi Hafiz, Karagoz...).

La citada homogeneidad del volumen procede, como digo, de la ambientación y la temática de los textos. La practica totalidad de los mismos trascurre en los años de la dominación otomana o del control austríaco sobre Bosnia. Es por tanto un pasado casi mítico el tiempo en el que trascurren unos textos que hablan de violencia y locura, de "replanteamientos vitales", de poder y arbitrariedad, de dudas, culpas y debilidades. Tiempos más o menos remotos, pero inquietudes y/o cuestiones absolutamente atemporales y universales.

Por otra parte, los protagonistas de los textos de Andric pueden dividirse en dos grandes grupos: los "turcos" y los franciscanos. Curiosa contraposición la de unos y otros y curiosa la diferente visión que tiene Andric de uno y otro grupo. Así como los "turcos" tienden a aparecer como seres mezquinos, rencorosos o violentos, la mirada sobre los franciscanos es mucho más piadosa, con momentos hasta humorísticos.

Lo que sí suele hermanar a los protagonistas de los textos de Andric es una desubicación o desarraigo casi permanente, en parte debido a esa configuración multicultural y multiétnica de un territorio agreste que es también personaje fundamental en los relatos incluidos en El patio maldito. 

No voy a entrar en detalle en cada uno de ellos, pero sí comentaré brevemente los textos que, a mi juicio, son los más destacados:

  • Muerte en la tekija de Sinan, relato sobre miedos y culpas difusas, autoflagelaciones y replanteamientos vitales tan tardíos como inútiles.
  • La sed (especie de reverso de El patio maldito, quizá?), que muestra un nuevo replanteamiento vital en una situación dramática.
  • Milagro en Olovo, quizá el relato más metafórico y ambiguo, el más sujeto a posibles interpretaciones.
  • El torso, que podría ser considerado como el texto más abiertamente político del conjunto. Una historia extraña de debilidades y venganzas protagonizada por un caudillo sanguinario y febril ("turco, cómo no!)
  • El patio maldito, desasosegante nouvelle que puede recordar a El palacio de los sueños de Kadaré. Historia dentro de la historia dentro de la historia (...) que trascurre dentro de una institución extraña y terrible gobernada por Karagoz, un personaje fascinante y contradictorio.
Resumiendo, El patio maldito ha sido, para mi, un acercamiento diferente a la obra de Andric. Hasta ahora, solo había leído su novela Un puente sobre el Drina y Goya, un breve texto sobre el aragonés. Y, si bien Un puente sobre el Drina me sigue pareciendo una maravilla absoluta, algunos de los textos incluidos en este volumen demuestran que Andric se manejaba a la perfección en formatos más breves. Así que.. ¡todos a leer a Andric!

Por si esto fuera poco, aquí os dejamos un vídeo con la charla que mantuvimos con Marc Casals, traductor de Andric, sobre este libro y otras obras balcánicas.



(*) El libro contiene textos publicados en vida de Andric a lo largo de varios años, pero la compilación como tal solo existe en esta edición

domingo, 8 de marzo de 2026

Zoom: Mis cambios de opinión de Julian Barnes

Idioma original: inglés

Título original: Changing My Mind

Año de publicación: 2025

Traducción: Jaime Zulaika

Valoración: entre recomendable y está bien

Sus muchos admiradores/as o quienes al menos estén al tanto de las novedades literarias seguramente ya lo sepan: nuestro estimado, a la par que entrañable, Julian Barnes ha publicado en el mes de febrero su último libro. Y cuando escribo "último" no quiero decir "el último hasta ahora" o "el último hasta que publique otro", sino el último de verdad, el último que va a escribir ya, según sus propias declaraciones. Bien, hay que tener en cuenta que este escritor, que ejemplifica como pocos, en mi opinión, la clásica figura del caballero literato, ya tiene ochenta años y está aquejado de una lenta pero inexorable enfermedad, con lo cual es comprensible que piense que ya ha dado lo suficiente el callo en su oficio (y a fe mía que lo ha hecho) y merece descansar sus últimos años, que ojalá sean muchos aún. Pues bien, he de deciros que este libro que ocupa la reseña de hoy no es ese último libro de Barnes -que se titula, adecuada pero tristemente, Despedidas- sino, esta vez sí, "el último que había escrito hasta ahora". Y que no se trata de una novela sino de un breve ensayo de esos que publica Anagrama y que, por lo general, resultan ser una delicia, o, al menos un refrescante aperitivo. Lo mismo ocurre, como no podía ser de otra forma, con éste de Barnes.

Que, además, en realidad no es un solo ensayo, pues se divide en cinco capítulos en gran medida independientes entre sí. Es cierto que se encuentran unidos por una idea principal, que es la de reflejar los cambios de opinión que el autor ha experimentado a lo largo de su ya extensa vida sobre ciertos temas y así encontramos pequeñas disertaciones sobre: Los recuerdos, Las palabras, La política, Los libros y La edad y el tiempo. pero resulta que el leit-motiv citado tan sólo se refleja a medias y, en algunos capítulos, prácticamente en nada, centrándose más en las reflexiones generales de Barnes sobre el tema -interesantes, en todo caso- que en cómo han ido cambiando sus ideas o percepciones sobre el mismo. Es lo que ocurre en sus mini-ensayos sobre las palabras y la edad y el tiempo; sí que explica cómo veía él estos temas de joven y cómo los ve ahora, pero sobre todo se centra en conceptos más generales -la polisemia , cómo cambia el significado de determinadas palabras o la distinta percepción del tiempo para niños y adultos- que en su sentir personal. En el caso de los recuerdos, sobre todo se explaya en cómo éstos pueden resultar engañosos e incluso a veces tomamos prestados recuerdos ajenos y lo ilustra con una serie de anécdotas y, por lo que respecta a la política, su opinión es que él no ha cambiado de opinión y se ha mantenido firme en sus convicciones centristas, pero que el espectro político se ha movido tanto a la derecha que ahora él parece estar en esa posición (aunque al final explica una serie de convicciones firmes que dice tener sobre diversos temas, en los que no ha cambiado su opinión,  y yo diría que, de ser así, siempre ha sido, al menos, progresista, cuando no socialista, pero bueno, él sabrá...).

Más interesante para nosotros/as, creo (pues, después de todo, este blog se llama como se llama y se dedica a lo que se dedica) es el capítulo dedicado a los libros, en el que Barnes explica como, con el tiempo, han variado, más que sus gustos, sus apreciaciones sobre diversos escritores: algunos que admiraba en su juventud han perdido su interés porque ya no está dispuesto a aguantar su excesivo didactismo -en cómo vivir la vida, para ser concretos-, como es el caso de George Bernard Shaw y, hasta cierto punto, D. H. Lawrence. Algún otro, que apreciaba de joven e igualmente hoy en día pero no tenía por prestigioso. como Simenon, ha acabado por adquirir para él ese aura de los grandes, y no sólo como autor de entretenidas novelas policíacas. Por último, dedica varias páginas a explayarse sobre otro autor británico que siempre había detestado, E. M. Forster (ya sabéis, el de Pasaje a la India y Una habitación con vistas) pero que ha acabado por parecerle, en su madurez lectora,  un gran escritor, lleno de sutileza, ingenio y hasta audacia.

Supongo que todos/as tenemos una lista parecida y no sólo de escritores o libros, sino de opiniones que hemos ido cambiando con el transcurso de los años. Sin embargo, creo que poca gente podría explicarlo con la gracia, la sencillez y la elegancia con que lo hace Julian Barnes. Que sí, ya sé que son características de su obra, ya se trate de ensayos o ficción -o incluso la generalmente malhadada autoficción-, pero en las distancias cortas como las de los miniensayos que componen este libro, estas virtudes se hacen aún más evidentes , lo que es bastante de agradecer. De hecho, aunque en realidad el tono general es más el de un señor mayor que se dedica a expresar sus opiniones sobre éste o el otro tema, más que el de un ensayista que haya reflexionado arduamente sobre los mismo y haya estructurado sus conclusiones por medio de una dialéctica expresada a través de las conocidas tesis-antitesis-síntesis, tampoco es que se dedique a divagar o contar batallitas 8bueno, igual un poco) y, sobre todo, consigue que la lectura del librito no sólo sea placentera, sino que se haga en un plis-plas. de ahí, he de aclarar, que haya etiquetado esta reseña como Zoom, que solemos dedicar a las reseñas de relatos o textos más sucintos; si bien este ensayo de Julian Barnes tiene la misma extensión de los otros libros de esta colección de Nuevos Cuadernos de Anagrama, ya digo que se hace tan ameno y ligero que parece aún más breve. Lo cual, supongo, es una virtud deseable para todo escrito.

Más libros de Julian Barnes reseñados en Un Libro Al Día: El sentido de un finalLa mesa limón, Nada que temerEl ruido del tiempoUna historia del mundo en diez capítulos y medioEl hombre de la bata rojaEl perfeccionista en la cocinaInglaterra, InglaterraArthur & GeorgeLa única historiaEl loro de Flaubert

sábado, 7 de marzo de 2026

Jayne County: Man enough to be a woman

Idioma original: inglés

El título original no ha sido traducido.

Año de publicación: 1995 con epílogo de 2020

Traducción: Ibon Errazkin y Tito Pintado

Valoración: bastante recomendable

¿Cómo afrontar la lectura de un libro así cuando se cuenta con la mayor de las reticencias hacia esa impuesta etiqueta de la literatura LGTBI?

Aunque esta sea una reticencia que parte de la alergia al etiquetado, y añadiría que ese rosa chicle algo matizado de la portada tampoco es que sea una vacuna contra los prejuicios. Lo cual no hace más, igual, que emperorarlo todo, pero ¿no estábamos en contra de esas asociaciones cromáticas tan ostensamente anacrónicas? de hecho, esta no es ni siquiera una lectura fácil ni, en muchos momentos, agradable. Lo advierto, es (y así debemos considerar a su autora que, por cierto, glups, no tiene reparos ni oposición a ser llamada indistintamente por su género y nombre de nacimiento o aquellos que eligió a posteriori) un libro lenguaraz, obsceno, explícito, escatológico, provocador, cruel, dispar, en su enfoque de sentimientos íntimos y sensaciones físicas, con una especie narrativa intermitente que a veces parece responder a los obvios lapsos de la memoria provocados por los narcóticos. Qué mejor reflejo de una existencia dislocada que un libro así. 

Y desde luego que su lectura no debe ser abordada desde una óptica literaria. El de County es un testimonio que atraviesa medio siglo (a la edición original de 1995 se añade aquí un epílogo de aires bucólicos y melancólicos, con County, pasada la setentena, viviendo plácidamente en la casa heredada de sus padres, dedicada a pintar) y que empieza con la consabida apelación a su niñez y a sus incipientes escarceos sexuales, tras lo cual asume su condición y atraviesa una juventud marcada por la inestabilidad emocional y una acusada promiscuidad, con el trasfondo de la época. Porque County lideraba una banda de punk rock justo en la época de explosión del género, con todo el tránsito de personajes (un must para su lectura ) desde el colectivo artístico que rodeaba a Andy Warhol - no hace falta citarlos, están todos - con sus películas, sus obras teatrales, sus conflictos, hasta el colectivo transexual o travestido o como queráis (y os permitan) llamarlo que es, a la vez el centro de la vida de County y el polo atrayente de esa comunidad artística cuya premisa pasaba por romper con todo desde la desinhibición y la provocación. En esos pasajes descriptivos de los espectáculos provocadores que jalonaban un día a día muy lejos ya de todo convención. Y claro, las víctimas. Porque apenas hay capítulos del libro donde no haya muertes por ese peligroso estilo de vida, un círculo retroalimentado por adicciones, marginación, precariedad, condiciones mentales causa o consecuencia de ese cóctel, y County las explica, pero sigue adelante inapelablemente, con sus vaivenes con agentes, musicales, productores y compañías, con sus poco aconsejables compañías de vida y de cama.

De eso voy a quejarme siempre: de que etiquetar este libro como dirigido a un círculo determinado (asegurando comprensión y entendimiento) solo hace que alejar al lector promedio de este fascinante, y a la postre casi entrañable, paseo por el lado salvaje.


viernes, 6 de marzo de 2026

Ali Smith: Gliff

Idioma original: inglés
Título original: Gliff
Traducción: Dolors Udina en catalán para Raig Verd y Magdalena Palmer en castellano para Nórdica
Año de publicación: 2024
Valoración: está bien


Llegué a la literatura de Ali Smith con mucho interés; su cuarteto estacional me parecía muy interesante y el resultado de sus lecturas fue altamente satisfactorio. Lamentablemente, lo que ha venido después no ha terminado de encajarme, pues en ocasiones encuentro que le falta redondez y, en otras, creo que peca por exceso de simbología o alegorías. Este libro lo ubicaría en este último caso.

Tal y como nos tiene acostumbrados la autora escocesa, el libro arranca fuerte y directo, con un inicio prometedor que sitúa a la familia protagonista del texto en su propia casa, sorprendiéndose al encontrar que los límites de su hogar han sido marcados en su exterior. Su sorpresa llega acompañada de indignación, pues «alguien había pintado una línea roja en el suelo alrededor de nuestra casa», algo que les causa extrañeza a la vez que incomodidad y la autora es hábil transmitiendo al lector esa misma sensación que nos llega acompañada de un presagio que denota un clima enrarecido, tenso e inquietante; además, la situación no parece tener fácil solución porque, por añadidura, su madre se halla en una suerte de residencia por lo que no puede ayudarles a gestionar esta angustiante situación.

Una vez establecida la premisa y sin entrar a desgranar el argumento, vemos rápidamente que en esta novela Ali Smith sigue incidiendo en sus temas habituales: la IA, el uso de móviles y pantallas, la pérdida de valores de la sociedad o la amenaza constante de una especie de totalitarismo que amenaza las vidas de sus protagonistas. De esta manera, orquestando el argumento en torno a estos temas ya recurrentes en la obra de la autora, Ali Smith se vuelve más críptica que nunca, y teje una trama argumental centrada en una familia de hermanos que se encuentran inmersos en una sociedad totalitaria que les expropia las casas sin ni siquiera saber cuándo, ni por qué, ni tan solo por quien. Así, ellos (y otras personas en situaciones parecidas) luchan contra el sistema, un orden rígido y totalitario que coarta las libertades de la gente a todos los niveles, incluso restringiendo la libertad de pensamiento y eliminando cualquier iniciativa popular o civil que pretenda cambiar las cosas, forzándoles a perpetuar el discurso establecido «porque cambiar lo que estaban haciendo quería decir que no ganarían tanto dinero». 

Así, en esta novela de cariz marcadamente distópico, las autoridades dictaminan y clasifican, organizan y separan, establecen y segregan, para facilitar su control, para simplificar su gobierno, para someter a sus ciudadanos. Este aspecto es claramente descrito por la autora cuando afirma que «toda la gente que vive aquí, incluyendo los niños asilvestrados, en aquel momento eran no-verificables. Lo eran, esencialmente, por culpa de las palabras. Una persona había estado no-verificada por decir en voz alta que una guerra era una guerra cuando no estaba permitido nombrarla guerra. Otra persona se había visto declarada no-verificable para escribir en línea que el asesinato de mucha gente por parte de otra gente era un genocidio (…) otra había estado no-verificada para hablar en una protesta sobre el derecho de las personas a protestar». Así, el estado ordena, clasifica y discrimina. Y aparta. Y excluye.

De esta manera, y a pesar de que el enfoque es interesante pues trata los temas habituales de la autora en pro a la denuncia contra la restricción de libertades y a la lucha contra la discriminación en un amplio espectro, y a pesar también de que uno esté ya acostumbrado a que las novelas de Ali Smith tengan un punto críptico que causa que el mundo donde se desarrollan sus personajes sea nebuloso y algo irreal, en este caso considero que la autora lo lleva excesivamente al extremo porque, a diferencia de sus anteriores libros donde el argumento estaba trazado (ni que fuera grosso modo) para tratar, a partir de él, una serie de temas en los que su afilada prosa discurría fácilmente lanzando dardos a diestro y siniestro, aquí va demasiado por vía libre, sin un hilo conductor que sostenga sus denuncias e incomodidades sociales o políticas y sin una gran profundización en sus personajes que permita una ya no identificación, pero al menos sí una empatía.

Por todo ello, y a pesar de que leer a Ali Smith siempre es un reto a la vez que una ventana abierta desde la que unas políticas autoritarias pretenden entrar en nuestras vidas, en este caso no he disfrutado como esperaba con su lectura por un argumento excesivamente fragmentado que únicamente en su tramo final consigue alinear. En cualquier caso, y a pesar de ello, uno puede siempre sacar algo de provecho en esta autora, aunque en ocasiones tenga que surfear en un texto un tanto precipitado y anárquico.

jueves, 5 de marzo de 2026

Woody Allen: ¿Qué pasa con Baum?

Idioma original: inglés
Título original: What´s with Baum
Traducción: Manuel de la Fuente Soler
Año de publicación: 2025     
Valoración: se deja leer


Como pueden ver ustedes en la portada, ¿Qué pasa con baum? se nos anuncia como una novela de Woody Allen. Y ese es el problema de este libro, un problema de concepto. Lo que tenemos delante, por mucho que se esfuercen en transmitirnos desde la editorial, no es una novela, es mas bien un guion convertido en libro. 
Como muchos de ustedes sabrán, dada su edad, es poco probable que el señor Allen ocupe sus energías en rodar una nueva película y en lugar de eso ha dirigido su talento a entregarnos una novela. No es su primer libro, ha publicado algunos  con anterioridad que tienen un tinte más autobiográfico, A propósito de nada, o se enmarcan dentro del género del ensayo, por ejemplo, Sin plumas o ¿Cómo acabar de una vez con la cultura?
En esta ocasión Allen nos relata las peripecias de un escritor  de mediana edad, Asher Baum, inmerso en una profunda crisis existencial. Sus libros no se venden, su tercer matrimonio se tambalea y su hijastro, también escritor, disfruta de un éxito comercial que Baum cree inmerecido. Como en muchas películas de Allen, nuestro protagonista es un hombre maduro, judío, cultureta, aficionado a los museos, conciertos o salas de cine, especialmente si proyectan una película de Bergman,  y amante de los restaurantes recogidos y bohemios de Manhattan. ¿Les recuerda a alguien?
Pues bien, todo lo que le sucede a nuestro protagonista se desarrolla en una serie de viñetas a las que sólo falta colocar en la parte superior Interior-día o Exterior-noche, cual si se tratara de una escaleta cinematográfica. Los personajes resultan un poco planos, faltos de profundidad, apenas hay lugar para las reflexiones y cuando éstas se producen Allen recurre a un desdoblamiento de personalidad de nuestro protagonista al que el resto de personajes sorprenden, a menudo, hablando consigo mismo.  Todo son diálogos, réplicas y contrarréplicas que se acercan más a una película que a una novela. En un giro inesperado del guion, perdón de la novela, nuestro escritor recibe una confidencia que intenta utilizar en contra de su hijastro, que provoca un terremoto personal y familiar de dimensiones colosales.
Allen es una persona muy inteligente y el sarcasmo y la ironía se deslizan a lo largo del libro. Son rasgos que hemos visto en sus películas y que no faltan aquí, pero el resultado final es muy desigual y nos da la impresión de haber visto estos personajes y estas situaciones muchas veces.
En resumen, si ustedes anhelan poder disfrutar de una nueva película de Woody Allen, háganse unas palomitas, túmbense en su sofá favorito y en poco más de lo que dura una película habrán leído esta "novela" de Woody Allen.





miércoles, 4 de marzo de 2026

Sergio Marchi: Spinetta. Ruido de magia

 Idioma original: español

Año de publicación: 2019

Valoración: imprescindible para fans

Primero, una sentencia: Spinetta está en la primera liga de la música. Lo único que impide su reconocimiento es que el inglés sea el idioma "oficial" para el rock (tampoco es una queja, solo una constatación), pero, más allá de eso, y en términos musicales, líricos e incluso humanos juega en una dimensión superior a la mayoría.

Mencionado esto, también señalaré otro punto: no concuerdo, en general, con las opiniones de quien escribe este libro. Peca de elitista muchas veces (para el que lo haya leído, su obra El rock perdido es una buena muestra) y sus argumentos suelen fundamentarse en un prestigio tipo "lo que digo está bien porque me crucé con Charly un día y me dio la mano". Es decir, la autoproclamación por la cercanía con la primera plana del rock argentino es una jugada bastante discutible. Y qué decir de sus biografías: luego de esta, las siguientes han sido cortísimas para lo que merecería el sujeto o el grupo analizado (Cerati, por ejemplo), lo que me hace sospechar cierta pereza intelectual. 

Pero en esta, junto con la de Charly García (que tiene un formato distinto al ser un participante de su vida y por lo tanto menos despersonalizado), es donde aúna con mayor fortuna las características de una buena biografía: no solo el resumen de la vida y obra de Spinetta, sino la capacidad de trasmitir la potencia benéfica de su música y personalidad, sin resultar en una hagiografía, canalizando los malos momentos del artista y sus fallos de carácter. Sospecho que es más por la figura tratada que por el autor en sí, pues sería un crimen hacer un mal trabajo acerca de este gran músico.

Arranca con una especie de prólogo donde va situando a Spinetta en distintos puntos claves de su historia: cómo conoce al amor de su vida, la proximidad de la paternidad y su encuentro con John McLaughlin (uno de sus referentes), entre otros. De ahí hace el retroceso y cuenta su vida, la llegada de sus abuelos a Argentina, el gusto de su padre por los tangos, cómo el pequeño Spinetta crece influenciado por la musicalidad de su hogar, el encuentro con sus compañeros de Almendra (una de las bandas fundacionales del rock argentino) y más hechos históricos para quien conozca un poco de nuestra música. A partir de cierto punto, cada capítulo se dedica a la grabación del respectivo álbum (¡y son bastantes!) y la historia alrededor de ellos. Para la historia queda el incendio del colectivo y todos los equipos en el período de Téster de violencia, la furia por la situación socio-económica en la etapa de Los Socios del Desierto, la experimentación de todos los géneros, principalmente del jazz, a partir de la década de los 80s, por mencionar unos pocos ejemplos. También nos enseña su etapa de reviente, cuando siente la necesidad de endurecer su sensibilidad extrema ante el mundo y lo único que se le ocurre es irse a París sin un peso partido al medio. Todo eso nos enseña un ser polifacético, capaz de componer todos los días, incluso cuando nadie sabe de dónde saca tiempo para hacerlo, y a la vez de tener detalles generosos con todos los que lo rodean. ¿Cuántos artistas vendieron su auto para pagarle a sus músicos porque la discográfica se negaba a sacar el disco?

No puedo ser objetivo con Spinetta, lo reconozco. Es una debilidad personal muy profunda. Cuando leí este libro algunas cosas me impactaron y dolieron: la infidelidad a su esposa, sus celos y los arranques de ira cuando algo no le salía. Pero este libro lo releí incontables veces, casi me lo sé de memoria, y es imposible dar cuenta del agradecimiento de todos los que trabajaron y convivieron con él en su corta vida (morirse a los 62, con todo lo que tenía para dar todavía, es una tragedia; creo firmemente que nada volvió a ser lo mismo por acá luego de su muerte); gracias a eso, me reconcilié con los aspectos negativos (que, en comparativa con otros músicos, son muy mínimos, pero, e incluyéndome, los fans de Spinetta solemos ser más papistas que el Papa).

Me fui de tema. Marchi escribe una biografía bastante contenida en sus opiniones (sorprendente, por otro lado) e incluso se deja ganar por el arrebato de la persona que analiza y, en algunos puntos, se le escapa una prosa imitativa de Spinetta. El último capítulo es una muestra de eso, y no puedo evitar emocionarme cada vez que lo leo. Están prácticamente todos los datos que uno como fan (y Spinetta odiaba el término, lo consideraba como un ente cuadrado, pero la palabra permanece y uno, aunque conoce las contradicciones, sigue siendo fan) conoce, otros bastantes desconocidos (ese encuentro con Videla luego de comprar bizcochitos es aterrador) y muchas de las canciones de cada álbum tienen su respectivo comentario. Hasta incluye el álbum en inglés que hizo. Poco más se puede pedir.

Mi recomendación es, entonces, que lo lean, que lo conozcan. Para el fan de Spinetta, muchas cosas ya las sabe, pero se reafirman acá; para el iniciado, es una ocasión inmejorable de sumergirse en su obra más allá de las canciones y líneas famosas; para el que no lo ha escuchado nombrar, es una invitación a (re)descubrir un ser humano inmenso, dotado de un talento extraordinario y de una bondad que, a día de hoy, apabulla. No puedo hacerle justicia con mis palabras. Sé que a Spinetta mismo le hubiese desagrado toda esta alabanza (y uno le puede reprochar esa excesiva humildad que para algunos detractores pasa como falsa modestia), pero es de las pocas personas que predicó lo que cantó, que te sana con su música, que te convence de que no todo está perdido, que modela un camino estético y moral a seguir, de que, justamente como dice él, mañana es mejor.

Dejo, como aperitivo, una canción cortita y hermosísima:



martes, 3 de marzo de 2026

Herbert Marcuse: El hombre unidimensional

Idioma original: inglés

Título original: One-dimensional man

Traducción: Antonio Elorza

Año de publicación: 1964

Valoración: Arduo, pero interesante


Allá por los años 60-70 del siglo pasado Herbert Marcuse fue un personaje venerado en el ámbito de la izquierda, donde se empezaba a ver con claridad la necesidad de una renovación, postulados con los que adaptarse a los cambios sociales y alejarse del mundo esclerotizado del stalinismo y sus continuadores. Marcuse era, o así se quiso ver, la simbiosis perfecta entre Marx y Freud, el socialismo clásico visto desde otra perspectiva.

El hombre unidimensional es uno de los primeros trabajos de este filósofo de la Escuela de Frankfurt, y su interpretación (quizá algo sesgada, seguramente muy parcial), junto con otras aportaciones de pensadores de la época, de alguna manera señaló el camino a los poderosos movimientos que iban a irrumpir a finales de los 60.

Marcuse analiza en profundidad la sociedad industrial avanzada, ese mundo en el que, aunque de manera muy embrionaria para lo que después estamos viendo, se atisbaba la irrupción masiva de las máquinas en el proceso productivo. En ese análisis encuentra cosas, como la existencia de una alienación basada en la creación de necesidades artificiales que ‘hacen la servidumbre agradable y quizá incluso imperceptible’, de manera que el individuo se muestre dócil y hasta  agradecido por ese nivel de bienestar, de manera que no incomode al sistema. Sustituyamos los ejemplos de Marcuse por los nuestros, radio y Tv por redes sociales y wifi, cadena de música por experiencias de fin de semana, lavadora por air frier, y tendremos un diagnóstico certero de la situación actual en las sociedades avanzadas: satisfacción de ‘necesidades’ materiales a cambio de no cuestionarse nada. 

Aquella conciencia feliz del obrero satisfecho con su maquinita impide distinguir entre lo real y lo percibido, y se pasa de ser esclavo del señor feudal a esclavo de las circunstancias objetivas del mercado, o de lo que algunos dicen que son esas circunstancias objetivas. Y el lenguaje es uno de los instrumentos más poderosos para inyectar convicciones y hacer funcionar la anestesia.

El uso del lenguaje y la importancia del pensamiento filosófico en su análisis consumen buena parte del libro que, no lo olvidemos, se mueve en el campo de la filosofía y por tanto se muestra generalmente árido y cuajado de conceptos abstractos no fáciles de digerir.

Marcuse no era un visionario, no era la suya una mirada prospectiva hacia el siglo XXI, mucho más sencillo: estaba describiendo la sociedad de su tiempo, inicios de los años 60. Lo impactante es entonces hasta qué punto los mecanismos son los mismos y la situación idéntica, tal vez exacerbada, con la diferencia de que aquellas taras que él mismo, entre otros, contribuyó a desvelar no han provocado ahora movimientos hippies, pacifistas o contestatarios, sino la búsqueda de soluciones populistas y autoritarias.

Como es habitual en el gremio de los pensadores, el autor no ofrece recetas para superar la situación, apenas ideas más o menos vagas, como la necesidad de redefinir las prioridades o de preservar el pensamiento crítico, nada demasiado novedoso o que no se haya repetido una y mil veces durante el medio siglo largo que ya ha transcurrido desde la publicación del libro. Aunque tuviese clara la necesidad de un cambio de rumbo, de una ruptura del sistema, el mismo Marcuse no parecía tener nada claro que ese hombre que ha sido ‘objeto de una dominación efectiva pueda crear por sí mismo las condiciones para la libertad’. Le deja a uno algo descolocado la sinceridad de esta duda, pero seguramente esa desconfianza es buena muestra de su clarividencia, porque con toda probabilidad el ser humano sigue siendo hoy en día tan unidimensional como el que conoció Marcuse, puede que más.