Idioma original: inglés
Título original: Narrative of the life of Frederick Douglass an American slave, written by himself
Traducción: F. G. Iglesias
Año de publicación: 1845
Valoración: Imprescindible
Estados Unidos celebra este año su 250 aniversario
como país, casi el mismo tiempo que la esclavitud fue sistema oficial en parte
de su territorio. Comenzó a principios del s. XVII en las colonias del sur y se
expandió durante el siglo siguiente, superó la declaración de independencia, y
no fue abolida hasta el fin de la Guerra de Secesión, en 1865.
En este contexto, que un esclavo fugado fuera
capaz de escribir, y se atreviera a publicar, sus experiencias y opiniones en
1845, es en sí misma una hazaña enorme. Si además la narración en cuestión
resulta ser de gran lucidez, y su estilo claro y elegante, la obra se convierte
inmediatamente en lectura obligatoria. Y esto es lo que consigue Frederick
Douglass con esta su autobiografía (que sería la primera que escribiera: luego
publicaría dos más).
Douglass aprendió a leer gracias a uno de sus
amos, que primero le enseñó las nociones básicas… y luego le prohibió seguir
aprendiendo, porque quien aprende a leer “no sirve para ser esclavo”. Esta
afirmación fue la chispa que encendió en Douglass el ansia por dejar de ser
analfabeto. Puso todo su empeño y energía en conseguirlo, con el riesgo que eso
suponía.
Porque los esclavos corrían un gran riesgo si
intentaban hacer muchas de las cosas que las personas libres dan por obvias:
aprender a leer, sí, pero también verse con su pareja, equivocarse al hacer
algo nuevo, o incluso ponerse enfermos. Por cualquiera de estos motivos (y a
veces sin motivo alguno) eran castigados duramente. Y esto encima de una rutina
de trabajos agotadores, alojamiento inhumano, comida mala y escasa, ropa
insuficiente… y mucha soledad.
Frederick Douglass describe esta existencia durísima con los detalles justos, sin recrearse en lo escabroso ni caer en el dramatismo. En el libro abundan las anécdotas de gran crueldad, pero el tono nunca es vengativo, sino testimonial: las cosas eran así.
Además de darnos a conocer de primera mano la vida de los esclavos, Douglass
nos ofrece reflexiones de gran profundidad y analiza las contradicciones de la
sociedad en la que vive. Estos pasajes me parecieron muy interesantes, sobre
todo cuando explica el efecto de la esclavitud en las personas, tanto esclavos
como esclavistas, y cuando cuestiona la religiosidad de estos últimos.
Este libro es, sin duda, imprescindible. No solo porque esté muy bien escrito, sino sobre todo porque es un testimonio directo de un sistema que trajo terribles sufrimientos a cientos de miles de personas.
Un único “pero”: al final del libro Douglass menciona de pasada a su prometida y su boda, lo cual me dejó algo perpleja por lo repentino y breve. Después estuve leyendo que esta mujer fue fundamental no solo en su fuga sino también en su posterior carrera como orador y político. Me dio un poco de pena, tanto de la mujer como de Douglass. Con todo, un libro que hay que leer.






