Año de publicación: 1987
Valoración: Entre Recomendable y Está bien
Queda uno impresionado echando un vistazo a la larga bibliografía de Manuel Vázquez Montalbán, buena parte de ella perteneciente a la serie del detective Carvalho, pero también poesía, narrativa y un número no despreciable de ensayos. Pues bien, confieso que hasta ahora no había leído nada de autor tan popular, y me decido, más bien al azar, a probar con esta novela, ajena a su ciclo más conocido, en la que sospecho que podemos encontrar a un escritor digamos más libre, puede que más arriesgado.
Se sitúa Montalbán en 1974, un año antes de la muerte de Franco, en una muy pequeña población cercana a la costa catalana, donde un puñado de gente procedente de Barcelona ha instaurado una especie de peculiar comunidad, tras haber restaurado viejas casas rurales, algo más bien infrecuente en la época. Los nuevos veraneantes son sobre todo profesionales, intelectuales o pequeños empresarios, ciudadanos modernos de posición acomodada y hábitos liberales, que organizan saraos donde reúnen una pequeña corte de amistades, a poder ser moderadamente extravagantes, que den color y picante a las reuniones. Corre con poca mesura el alcohol, y el sexo revolotea con insistencia, casi siempre en modo amago, de cuando en cuando traspasando esa barrera.
El retrato de los personajes es fino y agudo, utilizando perspectivas múltiples. Es la pequeña burguesía catalana, acomodaticia, que prosperó con Franco y que, cuando se avistaba ya la puerta de salida de la dictadura, abrazó anhelos democráticos y un nacionalismo hasta entonces invisible, quizá larvado. Gente moderna y deseosa de exhibir su cosmopolitismo y desenvoltura de costumbres, se entregan a la diversión, el escarceo y cierto exhibicionismo. Somos modernos y desprejuiciados-desinhibidos, somos guays y competimos en ingenio, en ocurrencias o en distintos grados de osadía.
El sexo tiene importancia fundamental a todos los niveles y en diversas variantes: la homosexualidad adquiere protagonismo fundamental en la peculiar comunidad, y el autor se permite hasta una incursión en el mundo trans que, no obstante dar la impresión de postizo algo extraño, resulta notable para la época. Pero lo que realmente llama la atención es contemplar el abismo que el tratamiento que la diversidad sexual ha experimentado en estas cuatro décadas. La homosexualidad, viene a desprenderse del texto, no es simplemente una opción en la esfera de la libertad individual, sino una especie de variante del vicio, frontera con la frivolidad, propia de gentes promiscuas y personalidades frágiles, volubles y un punto insolentes. La caricatura que la literatura y sobre todo el cine nos vendió apenas se abrió un poco la censura de la época.
A veces no es fácil distinguir la opinión del autor de la de sus personajes, como en este blog hemos tenido ocasión de comprobar. Por eso no me atrevo a atribuir a Vázquez Montalbán, un tipo que tengo por progresista, ese punto de vista algo receloso y burlón que domina cuando la acción se centra en al mundo gay, digamos que al menos en parte puede ser la voz del personaje y no la del autor. Tengo mis dudas, y aun así el relato tiene en este punto un aire reaccionario que es imposible desconocer. Claro, hablamos de un libro escrito hace casi cuarenta años, y hay que asumir que la percepción de las cosas cambia con el mundo, a veces también a mejor y que, una vez más, no es procedente juzgar con criterios actuales cosas escritas en otras épocas, como en este caso no demasiado lejanas en el tiempo pero sí en lo que se refiere a algunas cuestiones.
Ciñéndonos a la novela como tal, puedo decir que resulta disfrutable, es un placer asistir a la agudeza con la que Montalbán disecciona a sus personajes, con una carga de ironía importante aunque siempre medida, y tiene golpes realmente brillantes que le sacan a uno la sonrisa, puede que incluso la carcajada. Como dibujo de colectivo de la época me parece también sobresaliente, y tal vez se le puede achacar que se quede solo en eso, un retrato de cierta generación y cierto segmento social, sin llegar a construir un hilo narrativo definido. Intuyo que no es este uno de los defectos habituales del autor, quizá en esta ocasión decidió centrarse en un aspecto concreto y descuidó un desarrollo un poco más trabajado. Pero hay veces en que todo no puede ser.





