viernes, 24 de enero de 2020

Adolfo Bioy Casares: El lado de la sombra

Idioma original: Español
Año de publicación: 1991
Valoración: Está bien

Harto irregular, esta antología. En registros, en géneros y en calidad. Sobre todo en calidad. Curioso, teniendo en cuenta que los diez relatos compilados en ella fueron escritos, seleccionados y ordenados por el mismísimo Adolfo Bioy Casares. 

Posiblemente sea injusto con El lado de la sombra. Quizás el libro me ha sabido a poco porque mis expectativas eran altísimas; supongo que el saber que los textos aquí reunidos venían firmados por Casares es lo que ha hecho que me decepcionaran.

Del conjunto, los mejores son "El lado de la sombra" y "Los afanes". No en balde, Casares los sitúa estratégicamente: inauguran y cierran respectivamente el volumen. Ambas piezas, autónomas, abordan de forma complementaria los temas tratados en la magistral novela La invención de Morel

"La obra" y "Carta sobre Emilia" son cuentos que están bien escritos y gozan de un trasfondo relativamente interesante. Aunque, insisto, se quedan frustrantemente cortos para el genio de Casares.

También destacaría "El calamar opta por su tinta" y "Un viaje o El mago inmortal", diabluras humorísticas que, gracias a su humildad, funcionan perfectamente. "Un león en el bosque de Palermo" intenta seguir la misma tónica, pero la falta de mala leche y la solemnidad de su final hacen naufragar a esta historia.

"Cavar un foso" cumple como narración criminal sin demasiadas ínfulas. "Paradigma" y "Cuervo y paloma del doctor Sebastián Darrés", por su parte, parecen borradores a cuyo argumento hay que dar un par de vueltas.

Lo dicho: estamos frente a una antología irregular. Una que, repito, cuesta creer que haya salido de la pluma de Casares. No la recomiendo entera. Si acaso, leed "El lado de la sombra" y "Los afanes" aquellos que, como yo, amasteis La invención de Morel. Los demás relatos son totalmente prescindibles, por mediocres y poco memorables. Creedme cuando os digo que no tardarán en desvanecerse en vuestra memoria.  


Otras obras de Adolfo Bioy Casares en ULAD: Aquí

jueves, 23 de enero de 2020

Jean Cocteau: Thomas el impostor


Idioma original: Francés
Título original: Thomas l´imposteur
Traducción: Montserrat Morales Peco
Año de publicación: 1923
Valoración: Entre recomendable y Está bien

Jean Cocteau podía haber formado parte de la nómina de aquellos autores olvidados que después de diez años, casi once, todavía no habían tenido un hueco en ULAD, algunos de los cuales rescatamos hace algún tiempo. Habiendo desarrollado su creatividad en esa fascinante bomba artística que era el París de las primeras décadas del siglo XX, quizá Cocteau ha quedado relegado a un segundo plano, aunque fue en su momento uno de los dinamizadores de aquella maravillosa fauna, con una amplia y fructífera relación con personajes como Cendrars, Picasso, Diáguilev o Modigliani. Como otros creadores, su actividad se multiplicaba en distintas áreas, desde la poesía al cine, el teatro, el ballet o la pintura, constituyendo la narrativa una porción más bien escasa en el conjunto.

Aunque bastante próximo a las vanguardias, parece ser que su relación con Raymond Radiguet pesó en su literatura –más bien en su narrativa- hasta escorarla hacia el realismo y dejarse guiar por un peculiar método, que consistía en inspirarse en alguna obra relevante para desarrollar una especie de variante libre, reinterpretación o como quiera definirse.

Thomas el impostor es una obra relativamente temprana cuya acción se desarrolla durante la I Guerra mundial. Cocteau estuvo en la guerra como voluntario, y la novela integra sin lugar a dudas muchas imágenes y sensaciones procedentes de esa experiencia. Clémence de Bormes es una atractiva aristócrata de carácter impulsivo, a la que gusta nadar contra corriente. Cuando todo el mundo abandona París ante la amenaza alemana, ella decide quedarse para organizar un convoy para el socorro de los heridos. Guillaume Thomas es un jovenzuelo con ganas de aventura que decide tomar parte en la guerra, para lo cual echa mano de la simulación o se vale de un equívoco para alegar parentesco con un famoso general. Habiendo entrado en contacto con madame de Bormes, el descaro y la naturalidad del muchacho (junto con su supuesto pedigrí castrense) servirán para salvar obstáculos y abrir puertas a la iniciativa humanitaria de la princesa. Tenemos así al tándem protagonista, que se completará con Henriette, la hija adolescente de Clémence y la malvada pero eficiente madame Valiche.

Thomas es una figura singular, que por cierto no me parece que cuadre nada bien con el malote que fuma en la cubierta del libro. Para él la guerra es un pretexto, como podría serlo cualquier otro, para probar la intensidad de la vida. No persigue honores ni beneficio, interviene como en un juego de rol, creando su propio personaje y dejando que le conduzca con el rumbo aleatorio de una situación crítica. Aunque Cocteau, invocando el ‘método Radiguet’, afirma haberse basado en la parte inicial de La cartuja de Parma, en mi opinión Thomas tiene también rasgos del Julien Sorel de Rojo y negro. Y claramente, como decía antes, lleva encima mucho de la experiencia del propio Cocteau: las escenas descarnadas de la guerra de trincheras, los heridos y mutilados, las apretadas líneas del frente y la cercanía del enemigo en los puestos de escucha.

Madame de Bormes comparte con él el deseo de actuar, de hacerse presente e intervenir en la crudeza del momento, pasando por encima del papel convencional de una mujer de la nobleza. El atractivo del joven tampoco pasa desapercibido, y el cuadro se vuelve complejo con la presencia de la aún más inmadura Henriette. Pero salvo los arrebatos adolescentes de esta última, todo se desenvuelve de forma sutil, como desde una media distancia que impide que la historia caiga en el folletín o en las pasiones que, también con un cierto parentesco con esta novela, se desataban en El diablo en el cuerpo del inevitable Radiguet.

El dibujo de los personajes es certero, como hecho a contraluz, se definen más desde su entorno que por su propio dibujo. Y este extraño efecto lo consigue Cocteau a través de su peculiar prosa de frase corta, más próxima a la poesía y seguramente deficiente desde el punto de vista narrativo. Demasiada información que se da por supuesta, una exposición fragmentaria, a impulsos, que quizá de forma involuntaria se aleja por momentos del realismo que se tomaba por bandera. Un camino bastante particular para redondear un relato que finalmente resulta bastante convincente.

miércoles, 22 de enero de 2020

Agota Kristof: La hora gris y otras obras

Idioma original: francés
Título original: L'heure grise et autres pièces
Traducción: José Ovejero
Año de publicación: 1998
Valoración: recomendable

Que afirme con rotundidad que Agota Kristof es una de mis autoras favoritas, creo que es algo que no debe sorprender al lector asiduo del blog, pues he(mos) reseñado todo lo que se había publicado hasta la fecha de la escritora húngara: biografía, cuentos, novela… Pero faltaba el teatro, no traducido hasta ahora al español (aunque sí hice un avance de un par de obras traducidas al catalán, «John y Joe» y «La última hora»). Y es una gran noticia, que debemos agradecer enormemente a la editorial Sitara, que una editorial se haya lanzado a la aventura de publicar las obras de teatro de Kristof, pues son de gran interés y permitirán al lector conocer con más profundidad a una autora de la que, básicamente, se conoce su principal obra: la trilogía de «Claus y Lucas».

En este volumen se incluyen cuatro de las obras de la autora. Además de las ya mencionadas (y reseñadas) «John y Joe» (1972) y «La última hora» (1975), se incluyen «La llave del ascensor» (1977) y «Pasa una rata» (1972), muy diferentes entre ellas en cuanto al argumento y la temática que abordan:

La llave del ascensor
Esta breve pieza teatral, la narración se inicia con el relato de la historia de una mujer que, alojada en una torre, contempla eternamente la llanura esperando la vuelta del joven amado. Esta historia es narrada por la protagonista del relato, una mujer encerrada en una habitación. Desde allí sólo divisa la llanura que se vislumbra desde las alturas de la casa en la que vive, aislada del resto del mundo y de cualquier población o vivienda. Su día a día consiste, principalmente, en esperar la vuelta del marido una vez termine su jornada laboral.

Sin explicar más del argumento, pues destriparía el desarrollo de la historia, está pieza trata sobre la ilusión y el deseo, sobre la correspondencia amorosa y la interpretación de la misma, sobre el dominio y el sometimiento de las voluntades y lo que hacemos por amor, o por autoengaño.

Y es una interesante metáfora acerca de que, muchas veces, aquello de lo nos quejamos o criticamos ha sido provocado, en gran parte, por nosotros mismos, aunque siempre es más fácil culpar a los demás de las desgracias de uno.

Pasa una rata
En esta pieza teatral, Kristof establece un juego de espejos en dos escenarios donde transcurre la acción de manera alterna. Manteniéndose fiel al teatro con pocos personajes y simplicidad escénica, la fuerza de la obra reside en la carga ideológica que transmite, aunque cabe destacar la interesante puesta en escena que plantea y el baile de personajes que aparecen.

En este caso, y sin entrar en detalles sobre lo que acontece, la obra transmite la dificultad de luchar por los ideales y como estos se conservan a lo largo del tiempo. Es interesante también ver la dualidad e los papeles entre ambos escenarios y el desarrollo final de la acción, pues como en toda obra de Kristof, deja lugar a interesantes planteamientos sobre quiénes somos y la importancia que damos a nuestros valores e ideales.

Si tenemos en cuenta la calidad de ambas piezas, así como también las dos obras ya reseñadas anteriormente, este libro es interesante por lo que plantea en cada una de sus obras,  pues tratan sobre la condición humana y platean profundas cuestiones morales que nos interpelan y provocan que nos autocuestionemos, así como ponen de manifiesto relieve que la soledad está muy cerca de nosotros, que las personas somos seres solitarios que, de una forma u otra, debemos buscar nuestro propio camino en una vida nada fácil, por las circunstancias, o por nuestra condición humana. Esta es la principal fuerza de la obra de Kristof, someternos a nuestras inquietudes y dudas internas, y reflexionar, a partir de ella, sobre nosotros mismos.

martes, 21 de enero de 2020

Irene Vallejo: El infinito en un junco

Idioma: español
Año de publicación: 2019
Valoración: bastante recomendable

Hete aquí el ensayo del momento o al menos eso dicen y al menos en España. Que además, ¡oh albricias!, no trata de política ni de pseudohistoria, sino, por una vez, de algo mucho más interesante y que nos gusta especialmente a los que elaboramos y leemos este blog: los libros. O la Historia de los libros, para ser más exacto, centrada en este caso en su aparición en la antiguedad grecorromana. Libros, bibliotecas, escritores... de todo esto va el ensayo y no podemos sino felicitarnos por ello.

Porque el libro, ante todo, es una delicia. La autora, que no deja de trasmitir en todo momento su entusiasmo por los temas que trata, hace un repaso a la aparición no sólo de los libros, sino de la escritura y de la literatura escrita -también se ocupa de la oralidad, sobre todo en el caso de los aedos griegos-; de la búsqueda de los soportes más adecuados para ello y su conseravación, de la aparición de las bibliotecas y sobre todo, de los lectores, una estirpe que ella reinvidica con orgullo y a la que pertenece, y nosotros también. Una nueva clase de gente que posibilitó, por ejemplo, la trasmisión y el contagio de las ideas filosóficas y de la cultura griega a lo largo del vasto mundo helenístico, romano y hasta nuestros días.

Aunque no sólo se ocupa de lectores y lectoras, claro: también de los escritores, comenzando por el gran y quizás inexistente Homero -aunque también recuerda que la primera persona de quien se tiene constancia de su autoría de un texto fue una mujer: Enheduanna, sacerdotisa y princesa acadia-, y la poetisa Safo de Lesbos (se detiene también en las figurasa de otrasa mujeres notables de la Antiguedaad, aunque no fueran escritoras, sensu stricto, como Aspasia e Hipatia). De los guardianes de todas sus palabras: los y las -en este caso, con especial cariño a ellas- bibliotecarias, con una respetuosa atención a Calímaco de Cirene, el bibliotecario de Alejandría que en el siglo III a. C. estableció un sistema clasificatorio que se ha mantenido,en lo esencial, hasta nuestra época. Vallejo nos habla también de libreros,tanto en Grecia -itinerantes- como en Roma, de coleccionistas de alta y no tan alta alcurnia, de los lectores, ya fueran gentes humildes que acudían a las bibliotecas públicas de Atenas o Roma, ya esclavos bien educados que leían papiros en voz alta para sus patricios amos. Y de los primeros críticos literarios, como Quintiliano, antecesor incluso, de los reseñistas blogueros, es de suponer...

Este ensayo, pues, es una elegía de esta actividad tan placentera y novedossa -los primeros sistemas de escritura apenas tienen 3000 años- que ha cambiado el mundo, convirtiendose en la herramienta más eficaz de transmisión cultural que ha imaginado la Humanidad... Nos explica cómo han ido cambiando los soportes, de las tablillas de barro mesopotámicas a los pairos egipcios, los pergaminos griegos, o los primeros libros tal y como los conocemos ahora, inventados por los romanos -los códices-... hasta los soportes digitales actuales. Nos cuenta asimismo las cuitas de los escritores para poder dedicarse a su vocacion, no siempre demasiado bien vista -aunque también los huvo de gran éxito y fama, como Tito Livio, Horacio o Virgilio-, desde Aristófanes a Marcial u Ovidio, exiliado por su escandalosa obra -para el emperador Augusto-; también, de paso, la autora ejemplifica los puntos que trata con historias de otros escritores de distintas épocas, así como otros libros más modernos: desde, cómo no, El nombre de la rosa a Fahrenheit 451, pasando por el siempre recomendable Goethe en Dachau. De igual manera, utiliza películas y otras referencias culturales e históricas, así como su propia experiencia para hacer más comprensible el tema principal del ensayo, que es el de la invención de los libros en el mundo antiguo, como reza el subtítulo del mismo. Es decir, adopta una técnica habitual en este tipo de ensayos divulgativos, aunque hay que decir que lo hace con más soltura y naturalidad que otros, en los que esta técnica resulta algo forzada. Tampoco es que este sea un libro a lo Tom Holland (no me refiero a Spiderman), por si alguien piensa en compararles... (parece que la autora ha tenido más como referencia El reino, de Carrère, por lo que ha comentado en entrevistas).

En suma, un libro más que recomendable, de agradable y en muchas ocasiones absorbente lectura, escrito con agilidad y elegancia -amén de una gran erudición-, que nos hace sentir, como lectores, formar parte de una tradición o una genealogía que aúna a los mercaderes fenicios y escribas egipcios, a los maestros filósofos griegos y los poetas romanos; a los mercaderes y copistas, a los lectores de toda clase y condición, empezando por aquellos que preservaron, a veces en su memoria, los textos que otros desde el poder pretendían destruir. Una tradición, sin embargo más reciente de lo que podríamos pensar y que aún tienen mucho futuro por delante (y por nosotros, que no quede). Ojalá Irene Vallejo nos siga deleitando con más episodios de esta nuestra historia como amantes de los libros (al menos, que nos narre la resiliente época medieval y la apasionante aparición del libro impreso). 

lunes, 20 de enero de 2020

Mauro Libertella: Laberintos en línea recta


Idioma original: español

Año de publicación: 2019
Valoración: bastante recomendable

Pero, ¿cómo se nos puede atribuir de forma algo reiterativa el haber tomado manía a ciertos géneros, hoy muy en boga, relacionados con la autoficción y lo autobiográfico?
Si fuera así, ni me hubiera acercado a un libro que lo proclama a las claras desde su contratapa. Un libro que recoge tres textos, tres novelas cortas basadas en experiencias vitales del autor, supongo, convenientemente aderezadas con la necesidad de aportación de esa ambigüedad imaginativa, vamos a definirla así por hoy, consistente en ir dejando al lector siempre con la duda de si lo que lee es experiencia real o creación pura y dura o, cosa que resulta ser siempre cierta, una combinación difusa de ambas.
Y Mauro Libertella, escritor nacido en México pero criado en Argentina, integrante de algunas de esas sempiternas listas de escritores jóvenes a los que seguir, lo hace bien. Lo hace muy bien y solo el escepticismo inherente al género, que entiendo se está extendiendo por culpa de ciertos autores que abusan y franquean excesos por diversos flancos (el escatológico, el sentimentaloide, el solipsista, hay donde elegir) me impide entusiasmarme más y contagiar al lector.
Qué narices. Libertella consigue que sus reflexiones íntimas nos interesen. Consigue que esas tres historias de hombres en la veintena, supongo que el mismo hombre o parecido, que se enfrentan a las situaciones inherentes a cierta madurez, nos generen cercanía o expectativa, y sustenta esa atención en base a lo que debería requerirse a cualquier juntaletras: prosa dinámica, estilo claro y directo, ausencia de voluntad pirotécnica consistente en generar trascendencia de cualquier acto banal. Y sería fácil situarse en el otro extremo, el de banalizar lo trascendente, casi sería más moderno y todo desprender actitud punk y decir que todo es una tontería y que la vida consiste en tirar para adelante. Pero Libertella asistiendo a la decadencia física de su padre, una decadencia temprana y precipitada por cruel enfermedad, reuniéndose con los amigos que van y vienen de su vida universitaria, con los consabidos dilemas existenciales y el tanteo con la vida real que se cierne cual tormenta en el horizonte, o relatando sus experiencias en pareja, la evolución de sus relaciones con las mujeres, está tan alejado de lo frívolo como de esa pretendida espiritualidad generacional que contamina el género y lo toca de muerte. 
Obvia influencia de Bolaño en ese tono de sarcasmo contenido, de humor oscuro pero alejado de desesperación, el tono del libro es acertado y desde luego muy influido por esa corriente actual de tono naturalista, donde el escritor desciende del pedestal de creador y se acerca al público, lo convierte en su cómplice y no en el paño de su lloriqueo. Vamos a seguir a este hombre.

domingo, 19 de enero de 2020

Daphne du Maurier: Bésame otra vez, forastero

Idioma original de los relatos: Inglés
Título original de los relatos: Kiss Me Again, Stranger / The Little Photographer / The Apple Tree
Traductor: Juan G. de Luaces  
Año de publicación de este volumen: 2005
Valoración: Está bien

Bésame otra vez, forastero recopila tres relatos de Daphne du Maurier publicados originalmente en 1952 junto a "Los pájaros", la ficción más conocida de la autora. Tres relatos que, pese a lo sencillos que son, no están mal. A fin de cuentas, entregan al lector lo que prometen: suspense, crimen, fantasías paranoicas y una pizca de erotismo.

El primero da título a la antología. Trata sobre una aposentadora de cine potencialmente fatal. A continuación tenemos "El joven fotógrafo", para mí la historia menos interesante de todas, ya que es muy cliché tanto en forma como en fondo. En ella, du Maurier narra la relación adúltera que una bella marquesa mantiene con el fotógrafo del pueblo en el que está veraneando. Asesinato mediante, por supuesto. Como veis, este cuento podría haberlo escrito Patricia Highsmith. Finalmente nos encontramos con "El manzano", mi texto favorito. De tintes fantásticos, cuenta cómo un viudo empieza a vincular un lúgubre árbol del jardín con su fallecida esposa. Yo habría enfatizado de un modo distinto el paralelismo entre el manzano y la difunta, al menos en un determinado pasaje, pero en general la conexión está bastante lograda. 

Así pues, estos son relatos con premisas potentes (aunque humildes) y un desarrollo digno. La prosa de du Maurier, intuyo que debido a la traducción, no deslumbra, pero tampoco deja que desear. Y la manera que la autora tiene de planear por encima de los personajes es cuanto menos curiosa. En su lugar, escritores como la ya mencionada Higsmith hubieran escapado de la fría neutralidad para en cierto modo demonizar a las mujeres letales que aparecen en estas páginas. En cambio, du Maurier deja a un lado los juicios de valor y se limita a relatar los actos que éstas llevan a cabo con frío desapego. Algo estremecedor, si te paras a pensarlo.


También de Daphne du Maurier en ULAD: Mi prima Rachel

sábado, 18 de enero de 2020

Pablo Katchadjian: Qué hacer

Idioma original: Español
Año de publicación: 2019
Valoración: Bastante recomendable

Estamos Alberto y yo en una sala en la que hay tres bolsas de tela. También hay tres montones de papeles en los que figuran una serie de escenarios (una universidad inglesa, un barco, una trinchera, un parque, una cantina...), una serie de personajes (un pobre de espíritu, una vieja, ochocientos bebedores, un alumno de dos metros y medio de alto..) y unos números del cinco al diez (también podrían ser del siete al once o del seis al diez pero son del cinco al diez), respectivamente.

El juego consiste en introducir cada montón de papeles en una bolsa para posteriormente extraer uno de la bolsa de números y, en función del número obtenido, extraer idéntico número de papeles  de las bolsas de personajes y escenarios. En base a estos personajes y escenarios, deberemos construir un relato de una extensión no superior a dos páginas. Posteriormente, repetiremos la operación en 49 ocasiones.

Tranquilos, no me he vuelto loco. Básicamente, en eso consiste este "Qué hacer" del argentino Pablo Katchadjian.

Como podéis imaginar, en este libro no hay historia, no hay conflicto, sino una serie de variaciones que parten de apenas un puñado de elementos. Es, más bien, un continuo juego lleno de imaginación que trae a la mente a Jorge Luis Borges y a sus sueños, sus espejos y sus caminos que se bifurcan.

He de confesar que la impresión de las primeras páginas es un tanto desconcertante. Pero la escritura de Katchadjian tiene algo que atrapa y uno poco a poco se impregna de esa mezcla de humor, surrealismo y absurdo. Al mismo tiempo, uno descubre que lo que en un principio parece un simple juego de palabras es además un juego filosófico y metaliterario. Porque "Qué hacer" admite varias lecturas. Una: las elecciones, los caminos que se abren y conducen a algo que de tomar otro camino seria ¿algo diferente?, ¿parecido?, ¿diferenteparecido?. Dos: el mundo como creación nuestra ante algo previamente presentado (¿o todo lo contrario?) Tres: las posibilidades del lenguaje. Cuatro y siguientes a gusto del consumidor, supongo.

Resumiendo, "Qué hacer" es un libro de lo más curioso con el que comienza la publicación en España de la obra de Katchadjian, un autor con un universo de lo más personal y recomendable. Estaremos atentos.