martes, 3 de marzo de 2026

Herbert Marcuse: El hombre unidimensional

Idioma original: inglés

Título original: One-dimensional man

Traducción: Antonio Elorza

Año de publicación: 1964

Valoración: Arduo, pero interesante


Allá por los años 60-70 del siglo pasado Herbert Marcuse fue un personaje venerado en el ámbito de la izquierda, donde se empezaba a ver con claridad la necesidad de una renovación, postulados con los que adaptarse a los cambios sociales y alejarse del mundo esclerotizado del stalinismo y sus continuadores. Marcuse era, o así se quiso ver, la simbiosis perfecta entre Marx y Freud, el socialismo clásico visto desde otra perspectiva.

El hombre unidimensional es uno de los primeros trabajos de este filósofo de la Escuela de Frankfurt, y su interpretación (quizá algo sesgada, seguramente muy parcial), junto con otras aportaciones de pensadores de la época, de alguna manera señaló el camino a los poderosos movimientos que iban a irrumpir a finales de los 60.

Marcuse analiza en profundidad la sociedad industrial avanzada, ese mundo en el que, aunque de manera muy embrionaria para lo que después estamos viendo, se atisbaba la irrupción masiva de las máquinas en el proceso productivo. En ese análisis encuentra cosas, como la existencia de una alienación basada en la creación de necesidades artificiales que ‘hacen la servidumbre agradable y quizá incluso imperceptible’, de manera que el individuo se muestre dócil y hasta  agradecido por ese nivel de bienestar, de manera que no incomode al sistema. Sustituyamos los ejemplos de Marcuse por los nuestros, radio y Tv por redes sociales y wifi, cadena de música por experiencias de fin de semana, lavadora por air frier, y tendremos un diagnóstico certero de la situación actual en las sociedades avanzadas: satisfacción de ‘necesidades’ materiales a cambio de no cuestionarse nada. 

Aquella conciencia feliz del obrero satisfecho con su maquinita impide distinguir entre lo real y lo percibido, y se pasa de ser esclavo del señor feudal a esclavo de las circunstancias objetivas del mercado, o de lo que algunos dicen que son esas circunstancias objetivas. Y el lenguaje es uno de los instrumentos más poderosos para inyectar convicciones y hacer funcionar la anestesia.

El uso del lenguaje y la importancia del pensamiento filosófico en su análisis consumen buena parte del libro que, no lo olvidemos, se mueve en el campo de la filosofía y por tanto se muestra generalmente árido y cuajado de conceptos abstractos no fáciles de digerir.

Marcuse no era un visionario, no era la suya una mirada prospectiva hacia el siglo XXI, mucho más sencillo: estaba describiendo la sociedad de su tiempo, inicios de los años 60. Lo impactante es entonces hasta qué punto los mecanismos son los mismos y la situación idéntica, tal vez exacerbada, con la diferencia de que aquellas taras que él mismo, entre otros, contribuyó a desvelar no han provocado ahora movimientos hippies, pacifistas o contestatarios, sino la búsqueda de soluciones populistas y autoritarias.

Como es habitual en el gremio de los pensadores, el autor no ofrece recetas para superar la situación, apenas ideas más o menos vagas, como la necesidad de redefinir las prioridades o de preservar el pensamiento crítico, nada demasiado novedoso o que no se haya repetido una y mil veces durante el medio siglo largo que ya ha transcurrido desde la publicación del libro. Aunque tuviese clara la necesidad de un cambio de rumbo, de una ruptura del sistema, el mismo Marcuse no parecía tener nada claro que ese hombre que ha sido ‘objeto de una dominación efectiva pueda crear por sí mismo las condiciones para la libertad’. Le deja a uno algo descolocado la sinceridad de esta duda, pero seguramente esa desconfianza es buena muestra de su clarividencia, porque con toda probabilidad el ser humano sigue siendo hoy en día tan unidimensional como el que conoció Marcuse, puede que más. 


lunes, 2 de marzo de 2026

Fumiko Enchi: Máscaras femeninas

Idioma original: Japonés
Título original: Onna men
Traducción: Matías Chiappe Ippolito
Año de publicación: 1958
Valoración: Entre recomendable y está bien

Algo que me fascina de la literatura japonesa es lo mucho que comprende el alma humana, así como la forma, sutil y elegante (a la par que vigorosa y sórdida), con que es capaz de comunicarlo. Máscaras femeninas ejemplifica ambas cualidades a la perfección ya que, en la novela corta de Fumiko Enchi, narrada con un estilo sobrio y lánguido pero poético, las relaciones entre un puñado de personajes se diseccionan hasta dejar al descubierto sus contradicciones y mezquinandes.

La premisa de Máscaras femeninas es simple. Tras la muerte de su hijo en un accidente, Mieko permanece al lado de la joven y bella viuda, Yasuko. Ambas mujeres desarrollan una relación ambigua. Eso confunde a Ibuki y Mikame, dos amigos (el primero casado, el otro un adinerado donjuán) atraídos por Yasuko, quienes empezarán a sospechar, mientras compiten mutuamente por ganar el favor de su deseada, que Mieko la influye con algún oscuro propósito.

Ya he adelantado que las relaciones entre estos personajes (y alguno más que, si bien no alcanza el mismo protagonismo, también aporta al conjunto) son el núcleo de Máscaras femeninas. Así pues, el argumento de la novela corta va deviniendo una historia de deseo, manipulación, rivalidad, secretos, crueldad y venganza.

Por otro lado, tanto el teatro Nō y sus máscaras como el espiritismo van cobrando relevancia en Máscaras femeninas, a modo de leimotiv y canalizador temático. Esto dota a la obra de un acabado muy artístico, y de una vocación abstracta de lo más sugerente.

La única pega que pondría a Máscaras femeninas es probablemente culpa mía en tanto que lector, y no suya en tanto que texto literario. Sin embargo, no negaré que la novela corta de Enchi me ha hecho volver su última página con la impresión de que he sido incapaz de apreciar del todo su significado último.   

domingo, 1 de marzo de 2026

ULAD al desnudo

Sí: le hemos pedido a cierta IA que nos generara una imagen con un pastel de cumpleaños. Hoy cumplimos diecisiete años de existencia efímera e insistencia estéril. Que leáis, cojones.

Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos. 

Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.

Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo. 

Se trata de un sencillo ejercicio que  nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.

Os pedimos:

Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.

Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)

Más un placer culpable.

Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).

Alain:

Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.

Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista. 

Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.

Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.

Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.

José Miguel:

En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:

- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).

- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).

- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).

- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).

- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).

- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).

 Félix:

Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía 

* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos 

* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor

* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante 

* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta 

* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura 

Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace 

Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)

 Juan G.B.:

-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).

-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.

-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.

Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.

Mi placer culpable:  Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.

 Francesc:

-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19

-David Foster Wallace (ídem) 18

-Michel Houellebecq (otro ídem) 11

-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10

Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así

Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.

 Koldo:

Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:

- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).

-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.

-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.

-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...

Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)

Mi placer culpable:  Los libros de viajes polares. 

 Carlos

Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:

- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán

- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan

- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo

Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.

¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.

Marc:

Bueno, pues creo que mi lista no sorprenderá a nadie, pero ahí voy:
  • Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
  • Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
  • Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
  • Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
  • Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
  • Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
  • Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
Oriol:

Aunque siempre he sido un fetichista del libro físico, durante años prioricé la lectura de documentos sacados de bibliotecas públicas a la compra de ejemplares propios (ya sean de primera o segunda mano). En cualquier caso, ahora que mi colección literaria va tomando forma, puedo decir que:

Los autores más sobrerrepresentados son:
  • Stephen King (25 títulos).
  • Patricia Highsmith (22 títulos).
  • Clive Barker (15 títulos).
  • Alberto Moravia (13 títulos).
  • H. P. Lovecraft (12 títulos).
  • (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
Mención honorífica: El año pasado habría dicho que lamentaba no tener en mi biblioteca personal mi novela favorita, la magistral Memorias del subsuelo de Fiódor M. Dostoievski, pero como me la regalaron hace poco, voy a sentir el no tener más libros de tapa dura de la editorial Valdemar.

Placer culpable (por llamarlo de algún modo, ya que me parece bastante estúpido avergonzarse de según qué gustos, por más que muchas personas, presuntamente serias, no sean capaces de entenderlos): "Baja" literatura ("pulp" y bolsilibros, géneros "menores" como el terror, el policíaco, el "western", etc...) y literatura sórdida (ya sea por oscura, perversa, decadente, fetichista o todo lo anterior a la vez).  
 
Santi:
Como tengo mi biblioteca dividida entre Bilbao y Lisboa, entre libros físicos y digitales, no voy a conseguir dar números exactos, y tampoco voy a poder comprobar mis recuerdos o impresiones; en todo caso, así de memoria, diría que estos son los autores de los que tengo más libros:
  • Ramiro Pinilla
  • Julio Cortázar 
  • Andrea Camilleri 
  • Stephen King 
  • Agatha Christie
La mención honorífica es para Terry Pratchett, un autor del que he leído un buen montón de libros, pero de quien poseo muy pocos, porque mi práctica es leer sus novelas mientras viajo, y "liberarlas" cuando las termino.
 
Placeres culpables no tengo muchos, porque asumo sin culpa todos mis placeres lectores, aunque de vez en cuando me doy el gusto de comprar una novela policiaca baratucha y llena de clichés para descansar las neuronas.

En fin:
 
Es muy posible que, si los autores más mencionados no encajan en nuestro alcance habitual (difícil, con más de seis mil reseñas, pero vaaamos) nos decidamos a prestar atención a alguno de ellos. Pero no prometemos nada.

sábado, 28 de febrero de 2026

Jennifer Johnston: ¿Cuánto falta para Babilonia?

Idioma original: Inglés
Título original: How many miles to Babylon?
Año de publicación: 1974
Traducción: Lucía Barahona Lorenzo
Valoración: Muy recomendable

Esta es una magnífica novela. Una magnífica novela que, como tantas otras, comienza por el final. Y es que su primer párrafo nos presenta a un oficial que, en sus últimas horas, se dedica a escribir, a rememorar el pasado, a interpretar qué le ha llevado a ese punto. Y así se rebobina hasta la primera infancia del narrador para, poco a poco, ir devanando la madeja de unos hechos y unas relaciones que nos devolverán, 200 páginas después, al punto inicial.

Resumiendo mucho, ¿Cuánto falta para Babilonia? es la historia de Alec Moore, joven de "buena familia" que crece en un ambiente de lo más decadente y que encontrará en su amistad con Jerry, hijo de campesinos, lo que no puede hallar en la mansión familiar. Este primer contrapunto entre los protagonistas se verá complementado por el que ofrecen los campos de batalla de la PGM frente a los idílicos paisajes irlandeses de la infancia y la adolescencia, ya que será en aquellos en los que transcurra la segunda mitad de la novela, esa en la que Alec y Jerry chocarán con la más cruda realidad. 

Es por esto que la novela tiene varias posibles lecturas, ya sea como novela de formación (la más evidente y "principal", creo yo), como novela antibelicista, como novela existencialista (juventud frustrada, ilusiones traicionadas, paraíso perdido), como novela política (aunque solo sea como telón de fondo) o como novela "homoerótica"

Sea como fuere, varios son los aspectos a destacar en ¿Cuánto falta para Babilionia?:

  • la capacidad de síntesis de la autora a la hora de construir personajes y tejer relaciones entre ellos. Apenas unos párrafos o unas escenas "escogidas" son suficientes. Ni rodeos ni páginas innecesarias. Economía de medios al servicio de la narración.
  • la delicadeza con la que trata la amistad entre Alec y Jerry. Podría haber caído en la noñería o en la sensiblería porque era terreno resbaladizo, pero Johnston lo resuelve a la perfección. 
  • la tensión vivida en el frente, a la altura de la mejor literatura antibelicista.
  • los diálogos, que favorecen el ritmo de la narración y que, pese a ser algo confusos por momentos, resultan, por lo general, creíbles.
  • el final, realmente a la altura del resto del texto, tanto en fondo como en forma.
Lo dicho. Estupenda novela la de esta autora irlandesa de la que yo no tenía noticia. Si también era vuestro caso, no la dejéis pasar. Merece mucho la pena. 

viernes, 27 de febrero de 2026

Emilio Bueso: Ahora intenta dormir

Idioma: español

Año de publicación: entre 2010 y 2014, en revistas y compilaciones de relatos. Reunidos en este único tomo, en 2015.

Valoración: recomendable 

El castellonense Emilio Bueso es uno de los nombres señeros de la literatura fantástica y de terror española actual, pero, por lo que sea (no es que leamos sólo a ex-yugoslavos raros, ni nada de eso) aún no lo habíamos reseñado en este blog. Pues vaya de aperitivo, antes de, algún día, meternos con novelas más contundentes, este libro de relatos publicado por la imprescindible editorial Valdemar en 2015 (y que cuenta, como puede verse, con una cubierta de lo más adecuada, a partir de una obra del no menos singular pintor Zdzislaw Beksinski). Este volumen, en verdad, es una recopilación de cuentos que, o bien fueron publicados anteriormente en otras antologías o revistas, o bien el autor mantenía en barbecho en su cajón de inéditos, hasta encontrarles un destino apropiado. En conjunto, se trata de dieciocho relatos de temática, ambientación y extensión variadas, que podemos agrupar de la siguiente forma (por emplear alguna):  

  • Recreaciones bastante singulares de los personajes y situaciones clásicos del género del terror: la bruja -Vecina-; zombies -Tras una persiana veneciana-; posesiones diabólicas, tanto en Abuela  como -esta es incluso aún más original- en Dial; fantasmas -Barrer, quizás soñar y Bola de mierda-; la licantropía (de aquella manera) en De lobos y hombres y el vampirismo en la magnífica El hombre revenido.
  • Las distopías climático/cataclísmicas de En falta de palabras, La próxima vez que se desate la tormenta del infinito sobre nosotros y Al garete.
  • Relatos pesadillescos, es decir, a medio camino entre lo onírico y lo angustioso, en Lamphead y Del vértigo de un hospital.
  • Homenajes a maestros del género; más explícitos -Innsmouth, Massachusets (no hace falta decir a quién)- o menos, en la ligottiana persecución de Me sigue desde hace rato.
  • Finalmente, un mezcladillo de relatos, en los que encontramos desde el asesino controlador de Controller (¿dónde, sino?), los desconcertantes viajes en el tiempo de Cartero de medianoche o la maravillosa y terrible sinestesia de La resaca de ella.
¿Ya he mencionado los dieciocho o me he dejado alguno? Como se ve, estamos ante un buen surtido de galle... de relatos que abordan diferentes temas y formas de afrontar el género del terror. En general, no obstante, podemos determinar ciertas características comunes, que conformarían el estilo de Bueso (a falta, por mi parte, claro está, de leer alguna de sus novelas, para confirmarlo):    

- Una reconfiguración de los tropos típicos del géneros. No es que no estén presentes, pero se nos cuentan de otra manera.
- Maestría en la creación de ambientes, de escenarios y situaciones en los que es fácil sumergirse y suspender la incredulidad (en algunos casos más que en otros, también es verdad) por parte del lector. Y variaditos, geográficamente: desde un parking subterráneo de Castellón a una granja de Corea del Norte, del Corn Belt norteamericano a un pueblo de la Italia decimonónica. De la costa de Nueva Inglaterra a un cuartel militar en Ceuta, pasando por Groenlandia...  
- El dominio del lenguaje, no sólo como forjador del hilo narrativo, sino de auténtico catalizador de la energía, ya sea ésta maligna, angustiosa, desesperada o ciega. Una forma de contar que no te deja retroceder ni descansar un instante, al margen del resultado final, más convincente o menos, de la historia.

Por último, ¿cuales son los mejores relatos de esta compilación (puesto que quizás eso sea lo que más os intereses a algunos de vosotros/as)? Pues en mi opinión, y por elegir sólo media docena de ellos, sin duda la apocalíptica historia de vampiros de El hombre revenido; la no menos intensa posesión demoníaca (o así) en Abuela; la distopía a lo Waterworld de Al garete; la original fábula de ¿brujería? que nos propone Vecina; la procesión de "caminantes" de Tras una persiana veneciana  y, por supuesto, la bella y hermosa historia de amor que encontramos en La resaca de ella. Aunque no sólo estos, claro: también podríamos hablar de la original recreación del mito faústico que cuenta Dial o de Bola de mierda, una historia de fantasmas enraizada en la Guerra Civil (eso siempre da mucho juego, como bien sabemos en este blog). Da igual, queda comprobado que, en cualquier caso, Emilio Bueso es un escritor que cualquier aficionado/a a la literatura, sea de género o no, debería tener en cuenta. Eso sí, quedáis sobre aviso: luego no intentéis dormir...                                                                                                                                                                                                                                                                                                         

jueves, 26 de febrero de 2026

Pilar Adón: Las iras


Idioma original:
español

Año de publicación: 2025

Valoración: muy recomendable

Gloriosa portada, por cierto. Galaxia Gutenberg empieza a desarrollar una poderosa imagen como editorial y su maquetación ya es distintiva, su presentación como objeto constituye una especie de marca previa de mimo y calidad e, incluso para los que no tenemos nada de fetichistas (aunque estemos firmemente aferrados al papel como soporte) la tentación de este algo frívolo comentario sobre la edición resulta difícil de resistir. 

Eso por sí solo, obvio, no da para una valoración. Pero es que con Las iras me he encontrado con algo que cuesta explicar. Tenemos una veintena de relatos cortos: nada parecido a una secuencia, a un nudo argumental que manifieste avance o relación entre ellos, más bien una serie de detalles parecen manifestar justo lo contrario, alguna dispersión. Nombres en inglés, alguna referencia que puede situarlos en tiempos recientes, en una curiosa combinación con un ámbito más bien rural, algún elemento recurrente: jardines, pozos, una residencia es mencionada varias veces. Y perros, perros de curiosos nombres, que acompañan a protagonistas: mujeres más bien jóvenes, relaciones de parentesco poco definidas (más de una vez se alude a no-hermanas), todo ello a lo largo de cientco cincuenta páginas que transitan de forma incómoda, con un lirismo casi anacrónico . que enlazaría estos cuentos con una narrativa de tiempos pretéritos, de escenarios crudos, con una tenue sordidez que parece cernirse sobre el lector de una manera casi imperceptible. Y sin llegar a encuadrarse ni en un género ni en una trama al uso, cada frase, cada párrafo aportan a una sensación indefinible, cohesionada, casi irreal.


miércoles, 25 de febrero de 2026

Ta-Nehisi Coates: El mensaje

Idioma original: inglés
Título original: The Message
Traducción: Paula Zumalacárregui en castellano para Capitán Swing
Año de publicación: 2024
Valoración: entre está bien y recomendable


Autor poco prolífico en cuanto a libros publicados, Ta-Nehisi Coates desfrunce su talento en diversas disciplinas: escritor de narrativa, autor de ensayos, guionista en cómics de Marvel, así como también artículos periodísticos. Tal despliegue le ofrece un campo de batalla envidiable para difundir las ideas sobre las que giran sus diferentes obras en torno al activismo social, cultural y especialmente político, centrado en gran parte a la lucha contra el racismo y el supremacismo.

En este ensayo, el autor comienza con un capítulo dedicado al periodismo, con una aseveración que denota su intención y su ideología y que engloba a los escritores afroamericanos: «cuando se vive como nosotros, entre personas cuya humanidad está siempre en entredicho, hasta los detalles más nimios —sobre todo, los detalles más nimios— adquieren carácter político. Para vosotros, no puede haber distancia entre la escritura y la política».

En esta obra, con pocos capítulos y de temática entrelazada, Coates nos habla en primer lugar de sus orígenes familiares, con un padre que «tenía una modesta y heterogénea colección de arte revolucionario», y una madre que «baila de maravilla. Adora la música (…) tiene también una habilidad innata para las manualidades». Unos padres que, por su activismo (su padre era miembro de los Black Panthers), le contagian un espíritu reivindicativo, de lucha y superación, que el autor apuntala al afirmar que «creo que, si mi padre tratara de describir las fuerzas que han configurado su vida, se fijaría primero en sus propias acciones: sus méritos, sus errores. Pero si ampliara la abertura hasta abarcar el mundo que lo rodeaba, vería que a algunas personas sus méritos les hacían ganar más y los errores les costaban menos».  

Superado este primer capítulo donde Coates nos sitúa en cuanto a sus orígenes y raíces, el ensayo cobra forma y se vehicula a través de tres viajes del autor a lugares en conflicto (Dakar, Carolina del Sur y Palestina) que le sirven para exponer y denunciar diferentes situaciones en los que la desigualdad se pone de manifiesto. Así, en el primero de ellos, el autor expone un hecho clave en la cultura afroamericana, el esclavismo, y lo relaciona con sus orígenes africanos esgrimiendo que «la necesidad de una justificación específica para expoliar a unos seres humanos determinados es tan vieja como la propia ‘raza’ de hecho, es precisamente por lo que se inventó la raza. Para justificar la explotación de los africanos, era necesario escindirlos de la humanidad y arrojarlos a los escalafones inferiores». Con ello, Coates nos habla sobre la problemática que tuvieron los descubridores de la cultura egipcia por los rasgos africanos que tenían los egipcios así que, para justificarlo, llegaron a la conclusión que los rasgos negros correspondían a los esclavos. Así mismo, el autor aprovecha para desvelar el origen de su nombre “Ta-Nehisi”, la denominación del reino de Nubia en egipcio antiguo, que en ocasiones se traduce como "la tierra de los negros" reafirmando así su postulado mientras se cuestiona a su vez si «debiese decir que esa idea de Dakar como punto de origen de los afroestadounidenses es, en sí misma, una historia, una invención. Esa invención es de carácter colectivo, un origen imaginado y soñado para llenar el vacío de unas personas a las que les dijeron que venían de la nada y que, por lo tanto, no habían hecho nada ni eran nada. Gorea y su supuesta ‘puerta sin retorno’ satisfacen esa necesidad: una Lavinia perfecta para el agujero de nuestra historia». Así, afirma con pesar que «las personas negras, aquí y allá, somos víctimas de Occidente (…) conocemos la belleza de esta casa: sus escalones de caliza, su revestimiento de madera, sus baños de mármol. Pero, más aún, sabemos que la casa está encantada, que hay sangre en los ladrillos y fantasmas en el desván». En su segundo capítulo, el autor se centra en los Estados Unidos de América y su educación recibida en Baltimore, así como sus clases en la universidad de Nueva York y Howard y la herencia académica que quería dejar a sus estudiantes de creación literaria, un peso y una responsabilidad de la que es consciente pues, tal y como afirma, «el peligro que entrañamos los escritores y escritoras no es simplemente que podamos convencer a sus hijos de un dogma diferente, sino de que tengan el poder de formar sus propios dogmas». Con ello, el autor aprovecha para hacer hincapié en sus propios libros (con los que tiene un sentimiento casi paternal) y explica lo que siente por ellos  y las impresiones que le causan destacando, entre otros, ‘Entre el mundo y yo’ (del que afirma que «es el superdotado o, más bien, ese cuyos dones se traducen con mayor facilidad al resto del mundo»). Ya en su último capítulo, el autor visita Palestina y nos habla en primer lugar de la Shoá para enlazarlo con la segregación entre judíos y palestinos (de los que afirma que son tratados en Israel como ciudadanos de Segunda). Así, Coates establece un paralelismo entre los EE. UU. De Jim Crow y el actual Israel de Netanyahu por la opresión que estos ejercen a los sectores de población que viven bajo el dominio del estado, afirmando que «los palestinos que viven en Israel tienen una esperanza de vida más baja, son más pobres y viven en vecindarios más violentos (…) En Israel, ciertas comunidades tienen permiso para discriminar de manera legal a los ciudadanos palestinos mediante el establecimiento de ‘comités de admisión’».

En este ensayo de Coates, el autor pone de manifiesto las desigualdades estructurales que hay en el mundo, en un recorrido a lo largo de tres viajes puntuales, y escribe un conjunto de artículos ensayísticos con un claro ánimo de denuncia, pero, a pesar de su evidente relación a través de un eje ideológico, el encaje no acaba de cuajar y los diferentes capítulos son desiguales en interés y claridad expositiva. Aún y así, siempre es bueno leer a Coates porque si activismo es una manera de mantener vivo el grito contra los poderes opresores y la desigualdad que ejercen y explotan.

Ya para terminar, afirma Coates que «escribir y reescribir es el intento de comunicar no solo una verdad, sino el éxtasis de una verdad. No basta con convencer al lector de mi argumentación: quiero que experimente el mismo disfrute que siento yo en mi soledad». Y qué duda cabe que eso es algo parecido a lo que intentamos transmitir los autores de este blog en nuestras reseñas: contagiar a los lectores de lo que nos aportan los libros que nos impactan.

También de Ta-Nehisi Coates en ULAD: Entre el mundo y yo