Título original: Trofee
Traducción: Maria Rosich en catalán para Empúries y Gonzalo Fernández Gómez en castellano para Seix Barral
Año de publicación: 2020
Valoración: recomendable
Cada día, una nueva reseña
Año de publicación: 2026
Valoración: muy recomendable
Juan Gómez Bárcena es uno de los mejores novelistas de la narrativa española actual. Es un autor que apuesta por el riesgo y la creatividad a la hora de abordar sus propuestas. Según él mismo confiesa, de otra manera caería en el aburrimiento. Por eso no es de extrañar que en Lo demás es aire nos entregara una novela coral sobre los habitantes de un pueblo en Cantabria, en Mapa de soledades nos sorprendiera con un ensayo sobre los distintos grados de soledad del hombre contemporáneo y en Abril o nunca vuelva a cambiar de registro y nos ofrezca una lúcida reflexión sobre la paternidad, la culpa y el tiempo.
Daniel es un hombre divorciado que abandona su trabajo como abogado en Madrid y emprende una huida que le lleva a trabajar como instructor de buceo en Benidorm, que es la ciudad donde veraneaba en su infancia. Sus únicos vínculos con su vida anterior son las anheladas visitas de su hija Teresa y su relación con un amigo que dirige un restaurante en la ciudad levantina. Esa rutina se verá interrumpida por un inesperado accidente que trastocará su visión de la vida y, sobre todo, del tiempo.
Daniel intentará por todos los medios recuperar un periodo de su vida en el que supone que era feliz y para ello se planteará si existe la posibilidad de volver atrás en el tiempo y cambiar las decisiones que le han arrojado al vacío vital en que se encuentra. Esa posibilidad de viajar al pasado podría convertirse en un elemento para redimirse de la culpa. Sin embargo, llega a un callejón sin salida: "La memoria nos juega esa clase de trampas. Quiere convencernos de que hubo un tiempo en que fuimos felices, pero también lo bastante idiotas como para no darnos cuenta. No es así, claro. Si en efecto no nos dábamos cuenta es por la sencilla razón de que no éramos felices en absoluto".
A pesar de esas reflexiones, nuestro protagonista decide buscar una solución a la situación de desamparo en que se encuentra y bucea en internet donde muchos usuarios declaran poseer la llave para viajar al pasado. Uno de ellos asegura que la clave está en olvidar, pero advierte: "Nada hay tan difícil como olvidar. Quiero decir olvidar de verdad. La buena noticia es que a todo se aprende. El olvido, también se enseña. Yo seré vuestro maestro y vosotros los alumnos que aprenderán y olvidarán lo que han aprendido".
Quizás precisamente esa insistencia de Bárcena en presentarnos distintos foros y usuarios de internet pueda ralentizar un tanto el avance de la novela, pero también nos muestra que Daniel ha renunciado a sus ilusiones y busca refugio en las redes sociales. Nuestro protagonista arrincona sus relaciones personales y sentimentales y se sumerge en los videojuegos y los chats. Las estaciones se suceden unas a otras y Daniel se hunde en una melancolía perpetua. Con gran habilidad el escritor cántabro nos ofrece un detallado retrato psicológico de los personajes, especialmente de nuestro protagonista al que sitúa al borde del colapso: "Cuando un hombre parece vacío existen dos opciones. Una: creer que está efectivamente vacío. Que las cosas son lo que parecen. La segunda posibilidad es creer que tras ese vacío se cifra algún secreto, una vida demasiado compleja para ser resumida en unas cuantas frases".
En este sentido, la presencia de Benidorm se convierte en una elección fundamental por parte de Bárcena, porque Daniel se desenvuelve en un entorno en el que la superficialidad y la provisionalidad de la forma de vivir en esa ciudad contribuyen a aumentar la soledad autoimpuesta de nuestro protagonista: "en Benidorm la gente se mueve tan deprisa que ni siquiera tienen tiempo de mirarlo". El escritor cántabro utiliza potentes imágenes visuales para sumergirnos en la zozobra interior de Daniel y comprenderemos su necesidad imperiosa de volver una y otra vez a la Cala de los Amarillos donde su vida quedó truncada.
Abril o nunca está narrado con la prosa precisa y sosegada a la que nos tiene acostumbrados Bárcena. El texto se desarrolla con elegancia y naturalidad y quizás con mayor emotividad que otras novelas del autor. Logra transmitirnos sin caer en dramatismos exagerados la lucha desesperada de un ser humano por sobrevivir al dolor. Es una invitación a reflexionar sobre la paternidad, la repercusión de nuestras pequeñas decisiones cotidianas, la importancia de los vínculos afectivos y ¿la inevitabilidad del paso del tiempo?
Tambíen de Juan Gómez Bárcena en Ulad: El cielo de Lima, Kanada, Ni siquiera los muertos.Título original: Die Wahlverwandtschaften
Traducción: José María Valverde
Año de publicación: 1809
Valoración: Entre Recomendable y Está bien
Como es sabido, Goethe colaboró decisivamente en el nacimiento del movimiento romántico Sturm und Drang, y aportó a esta corriente literaria obras fundamentales como Las desventuras del joven Werther. Ciertamente, más adelante iría tomando caminos algo diferentes, pero si hiciésemos abstracción del intervalo de los más de treinta años transcurridos, se podría pensar que con Las afinidades electivas el gran autor alemán quiso someter a prueba al romanticismo con un test de estrés definitivo.
De manera que, como si se tratase de un reality televisivo, coloca a una admirable pareja disfrutando de su castillo y sus tierras, y les introduce dos visitantes: el capitán, viejo amigo del marido, y una jovencita algo ensimismada que está bajo la protección de la esposa. Para qué queremos más, solo hay que esperar que salte la chispa por algún lado, o por varios a la vez. La vida del acomodado matrimonio va haciendo hueco a sus nuevos invitados, y las cosas se van moviendo, al principio de forma casi imperceptible, para ir cogiendo velocidad poco a poco, igual que en la naturaleza, explica Goethe por boca de sus personajes, los seres, incluso los objetos inanimados, muestran tendencia a unirse o repelerse con otros en función de fuerzas observables aunque no conocidas.
Estamos ante una especie de novela de tesis en torno al amor, y Goethe explora las distintas actitudes de sus personajes, la templanza de unos frente a la inmadurez y la emotividad desbocada de otros, el sturm y el drang se manifiestan con fuerza frente a la prudencia que podríamos definir como burguesa. Son perspectivas completamente diferentes ante las que el autor no toma partido pero, conscientemente o no, los personajes transmiten sensaciones dispares que llegan al lector: el arrebato amoroso que en su momento se puso en valor ahora se ve cómo desemboca en el capricho y la volubilidad que poco falta para que deriven en la pérdida de dignidad y el ridículo.
La reflexión resulta interesante y bien desarrollada una vez que concluimos la lectura, pero ¿qué ocurre mientras pasamos las páginas? Pues que se suceden las parrafadas, largas explicaciones en un lenguaje con frecuencia afectado, y en definitiva un desarrollo lento y poco atractivo que transmite cierto aburrimiento hasta una parte final confusa y algo atropellada, en la que Goethe parece haber querido recuperar el tono de la tragedia romántica de años atrás. Me atrevería a decir que, desde el punto de vista narrativo, la obra tiene algunas deficiencias serias, como la aparición de personajes ajenos a la trama, que son unos cuantos y no aportan casi nada, y los varios estancamientos en torno al paisaje y pequeñas anécdotas poco relevantes.
El ritmo es irregular y le falta quizá precisión y vigor, que solo aparecen en ocasiones puntuales, lo cual puede ser hasta cierto punto fruto de la época, pero a nivel lector creo que todo esto pesa bastante hasta que uno es capaz de verlo con una cierta perspectiva. Otra cosa es que según los entendidos (hay un largo prólogo en el que se extienden sobre estos pormenores) la obra contiene buen número de guiños y mensajes semiocultos, incluidas alusiones oblicuas a los rosacruces y ciertos elementos esotéricos, que tal vez añaden interpretaciones quizá más ricas y de mayor interés para quien sea capaz de detectarlas. Por mi parte, entusiasta lector del Werther en mis años juveniles, como creo que corresponde, y del Fausto algo más adelante, me quedaré con estas dos obras geniales y dejaré Las afinidades electivas como una más en la colección, de la que no dejo de extraer algunas cosas interesantes, pero que queda lejos de aquellas experiencias anteriores.
Sobre la representación de género en nuestras reseñas en ULAD
Introducción
En un post reciente, en una reseña firmada a mi nombre, una seguidora (el comentario era anónimo, pero dejaba claro que provenía de una mujer) nos hizo una observación que no me pasó desapercibida. Señalaba que en ULAD tenemos un claro sesgo hacia la reseña de autores hombres.
Lo primero que quiero decir es que, al menos de mi parte, si esto es cierto, no ha sido algo premeditado. Por supuesto, eso no constituye ni excusa ni justificación. La ignorancia de un problema no hace que este desaparezca. Sin embargo, y aquí entra el mea culpa, sin señalamientos como este, sin autocrítica, los problemas simplemente no se resuelven.
También es cierto que el equipo de ULAD está compuesto, en su gran mayoría, por hombres (aunque contamos con una colaboradora, cuya participación reciente ha sido limitada por cuestiones de agenda), con una edad media de cuarenta y tantos años. Desde ese punto de partida, cualquier crítica a nuestro trabajo no solo es válida, sino necesaria. Esto no va de enredarse en discusiones estériles ni ejercicios de retórica; va de tomarse en serio las preguntas incómodas.
A partir de ese comentario, decidí revisar nuestros propios datos. Analicé cerca de 600 reseñas (perdonen que no haya ido más atrás, pero tenemos reseñas acumuladas a lo largo de más de 15 años de vida del blog) y comparé la proporción de autores reseñados con la del mercado editorial en general. Lo que sigue no pretende ser un estudio exhaustivo, pero sí un primer intento, honesto y fundamentado, de entender qué está pasando.
Metodología
Se analizaron un total de 595 reseñas publicadas en ULAD. Para cada una de ellas se identificó el sexo del autor o autora reseñada, clasificando los casos en dos categorías: hombre y mujer (en el blog se han reseñado también autores no binarios, lo cual será tema de un futuro post).
La distribución observada fue la siguiente:
• Autores hombres: 340
• Autoras mujeres: 255
Esto corresponde a una proporción de:
57.1 % hombres 𝑣𝑠 42.9 % mujeres
Para evaluar si esta distribución refleja un sesgo propio del blog o es consistente con el sistema editorial, se compararon estos datos con referencias externas:
1. Producción editorial en España (ISBN, datos recientes).
2. Creación literaria en español.
3. Circuito de traducciones al español.
Se realizaron pruebas estadísticas (test binomial) para evaluar si las diferencias entre la proporción observada y las proporciones de referencia eran significativas (p<0.05). Asimismo, se estimó un intervalo de confianza del 95% para la proporción observada.
Resultados
La proporción de autores hombres en ULAD fue de 57.1%, con un intervalo de confianza del 95% de aproximadamente (53.1%, 61.1%).
Al comparar estos resultados con distintos escenarios:
ULAD, en efecto, reseña una proporción significativamente más grande de hombres que de mujeres. Sin embargo, reseña menos hombres (una proporción menor de hombres) que el promedio del sistema editorial, especialmente en comparación con el ámbito de las traducciones.
Discusión
Aquí viene la parte incómoda, y la importante.
El análisis sugiere que no estamos amplificando el sesgo del mercado editorial. De hecho, en cierto sentido, estamos tirando en la dirección opuesta: reseñamos proporcionalmente más mujeres que lo que el sistema produce.
Y sin embargo, esto no es tranquilizador. Al contrario.
Porque si el problema no está (o no está principalmente) en nuestras decisiones individuales, entonces está en algo más profundo: en el sistema editorial mismo. En qué se publica, qué circula, qué se traduce, qué se promociona y, en última instancia, qué llega a nuestras manos como lectores.
Eso, me parece, es más grave.
Sería cómodo concluir aquí: “no es culpa nuestra”. Pero esa no es una conclusión suficiente, ni mucho menos satisfactoria. El hecho de que el sesgo sea sistémico no nos exime de responsabilidad; más bien nos coloca en una posición desde la cual podemos decidir qué hacer.
Porque aunque no controlemos el mercado editorial, sí controlamos (al menos en parte) nuestras lecturas, nuestras elecciones y, por tanto, nuestras reseñas.
Conclusión (y toma de postura)
Este análisis no pretende cerrar la discusión, sino abrirla.
Los datos sugieren que ULAD no presenta un sesgo de género mayor que el del sistema editorial en el que se inserta. Incluso podría decirse que lo corrige ligeramente. Pero eso no basta.
Por mi parte (y hablo aquí a título personal) creo que hay margen, y también responsabilidad, para hacer algo más.
Desde mi pequeña trinchera, puedo:
1. Leer y reseñar a más autoras.
2. Dar visibilidad a escritoras emergentes o independientes.
3. Cuestionar mis propios hábitos de lectura.
4. Y, sobre todo, ampliar las voces que forman parte del proyecto.
En ese sentido, me parece la oportunidad ideal para hacer un llamado abierto:
Si eres lectora y te interesa colaborar con ULAD, puedes empezar enviando tus reseñas a:
colaboraciones.unlibroaldia@gmail.com
Y, si hay afinidad y consenso, por qué no, sumarte como parte del equipo.
Nada nos alegraría más que contar con una mayor diversidad de voces en nuestras reseñas, voces que nos ayuden a ver lo que ahora no vemos, a detectar nuestros puntos ciegos y, en última instancia, a hacer un mejor trabajo.
Año de publicación: 2022
Valoración: muy recomendable
Confieso haber renunciado de forma algo ostensible a participar en la ya algo lejana semana dedicada a las Madres de libro. Diría, incluso, haber hecho algo análogo al troleo cuando publiqué, de forma posterior y hace más de un año, mi algo escéptica reseña de cierto libro de Rachel Cusk.
Hay que tener cuidado a la hora de definirse.
Qué sería más impopular que desmarcarse de forma patente de un colectivo como ése, colectivo, curioso, al que la emergente ideología ultra no sabe dónde ubicar: ¿defendemos a las mujeres que son madres con algún argumento rancio y lacrimoso, o ejecutando una pirueta imposible, lo hacemos desde un feminismo frío y calculador que sitúa a la mujer individuo por delante de ese rol reproductivo que la naturaleza le ha designado?
Todo esto daría para una intrincada, prolongada y seguramente estéril discusión que acabaría con la clásica disyuntiva. No estamos para eso.
De Begoña Gómez Urzaiz hay que leerlo todo: supongo que me perdonará que le otorgue el apelativo de culo inquieto, pero no veo otra manera de definir su compromiso por tomar referencias clásicas y combinarlas con lo más nuevo, sus guiños pop o incluso levemente indies frente a una visión urbana y algo middle-class que puede exaltar a los muy pusilánimes, pero sin dejar de lado perspectivas más radicales, aunque sea meramente por ese efecto de capilaridad derivado de un eclecticismo y una amplitud de miras, cosa que parece tan fácil de describir como difícil de ejercer en este mundo de algoritmos y motores de búsqueda que te planta ante las narices aquello que te cuadra y reconforta.
Aquí, la periodista catalana nos ofrece una serie de artículos, la mayoría sobre celebridades de distintos campos culturales, mujeres que tomaron decisiones difíciles - de esas que te ponen a los pies de los caballos -en relación con su maternidad. El título ya desvela algo sobre aquello a que nos enfrentamos. Habla de Maria Montessori, de Mercè Rodoreda, de Muriel Spark o de Joni Mitchell. También de personajes literarios que han protagonizado circunstancias similares en obras de ficción. Siempre ante el escándalo de sociedades que definen roles y no aceptan salidas de esos roles, sea cuál sea su justificación, sea vivir vidas poco convencionales o sacrificarse por otra finalidad, por su talento, por su profesión. Gómez Urzaiz intercala en esos artículos alguna experiencia personal, alguna reflexión, en una confesión de cómo afronta una mujer joven la conciliación de su profesión y ese esquema preconcebido que le depara la sociedad, ese colectivo monolítico tan presto a juzgar y evaluar. Lo hace con un estilo fresco, rico, culto y desinhibido, lo hace con una actitud abierta, personal y constructiva, igual que aborda las situaciones de los personajes de sus artículos, sin perderse en juicios de valor, sin escatimar información, sin dejar de ser en ningún momento la escritora traviesa y perspicaz que es.
Gómez Urzaiz coordinó un libro que reseñamos aquí