Una casa sobre tus huesos, de Marina Tena Tena, ganó el I Premio Lestat organizado por la editorial Dimensiones Ocultas. Es una novela corta de terror que, a la manera de Angela Carter, adapta el cuento gótico de Barbazul. La protagoniza una niña perversa que recuerda vagamente a la Merricat Blackwood de Shirley Jackson.
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lunes, 3 de agosto de 2026
Marina Tena Tena: Una casa sobre tus huesos
Una casa sobre tus huesos, de Marina Tena Tena, ganó el I Premio Lestat organizado por la editorial Dimensiones Ocultas. Es una novela corta de terror que, a la manera de Angela Carter, adapta el cuento gótico de Barbazul. La protagoniza una niña perversa que recuerda vagamente a la Merricat Blackwood de Shirley Jackson.
domingo, 2 de agosto de 2026
Philip Kerr: Trilogía berlinesa
Título original: Berlin Noir
Años de publicación: Violetas de marzo, 1989; Pálido criminal, 1990; Réquiem alemán, 1991
Traducción: Isabel Merino
Valoración: muy recomendable
Hace ya unos cuántos años (cómo pasa el tiempo...) reseñé en este blog incomparable Praga mortal, una novela de la serie del detective alemán Bernie Gunther, escrita por el malogrado autor escocés Philip Kerr. No obstante, me quedó clavada la espinita de no haber empezado por reseñar la primera de la serie, y ni siquera alguna de las primeras, de la trilogía conocida como Berlín noir o Trilogía berlinesa pero hete aquí que llegó a mis manos, de forma un tanto azarosa, un volumen que reúne estas tres primeras novelas de Gunther, escritas en las últimas décadas del siglo pasado y me pareció una buena oportunidad para su relectura y reseña. Hay que explicar, de todos modos, que unos años después, en 2006, Kerr retomó la serie hasta completar el número de catorce novelas, ambientadas tanto en la época de dominio nazi como en la pre- y post-, es decir, entre los años 20 y finales de los 50 del siglo XX. No necesariamente en orden cronológico y tampoco se desarrollan todas en Berlín, sino que el bueno de Bernie -es un decir- se mueve también por otras ciudades del ámbito germánico, como Múnich, Viena o, ya lo he mencionado, Praga, como en territorios más lejanos: Grecia, Cuba o Argentina.
En ese ambiente turbio, por no decir otra cosa, que caracteriza a la época del nazismo (ya sé que muchos lo echan de menos, hoy en día), se desenvuelve, pues, el duro Bernie Gunther, ex-policía berlinés que une al cinismo y desencanto típicos (y tópicos) de los detectives privados del hardboiled americano, el sarcasmo y la rapidez mental que se dicen propios de los nativos de la capital alemana. Claro que ya se sabe que ese cinismo sarcástico suele ser una coraza defensiva para proteger un corazoncito de lo más sentimental (otro tópico) y lo mismo ocurre en el caso de Gunther; puede que se trate de un tipo duro y que trabaje en ocasiones para los jerarcas nazis -lo que no significa que le gusten... más bien, todo lo contrario-, pero en el fondo no deja de ser un buen tío que, en ocasiones, se arriesga por hacer lo correcto o, al menos, no convertirse en un canalla... no del todo.
Estas novelas, si bien se trata, ante todo, de narraciones propias del género negro, también resultan interesantes, sin duda, por su ambientación y cuidado detallismo histórico. Así, el título de la primera de las que componen esta trilogía, Violetas de marzo, hace referencia a los alemanes que se apuntaron al NSDP tras el triunfo de este partido, llamados así por los nazis "pata negra" (quiero decir, "para aria") que habían estado junto a Hitler desde el primer momento. La acción tiene lugar en 1936, cuando el régimen aún está afianzándose en el poder, aunque ya está más que claro el rumbo criminal que va a tomar, pero trata de darle al mundo una imagen "presentable" por medio de los JJ.OO. de ese año. En ese ambiente aún algo ambiguo, Bernie Gunther, especializado en la búsqueda de personas, es contratado por el industrial del acero Hermann Six para investigar la desaparición y posible asesinato de su hija y su yerno, así como para localizar un collar de diamantes robado. En su pesquisa Günther se verá mezclado con ciertos asuntos de la oligarquía nazi y deberá moverse tanto entre esas espinosas compañías como en el ambiente del crimen organizado berlinés o el campo de concentración de Dachau. Como ocurre con otras novelas de la serie (al menos las que yo he leído), encontramos descripciones pormenorizadas tanto de escenas de carácter sexual como de momentos de violencia extrema, aunque, en buena medida, lo que prevalece en la narración, como digo, es la cuidada recreación de aquella época y lugar, tan determinantes en la Historia contemporánea de Europa y del mundo.
En la segunda novela, Pálido criminal, ambientada dos años más tarde, Bernie Günther es requerido por el ínclito Reinhard Heydrich, jefe del SD -que ya aparece en la primera y, sobre todo, será un personaje central en Praga mortal- para descubrir a un asesino en serie que está matando mujeres en Berlín, puesto que Gunther ya resolvió un caso similar en sus tiempos de policía. Para ello, deberá reintegrarse en la Kripo o Policía criminal y trabajar con su antiguo compañero y ahora bien situado en el escalafón nazi, Arthur Nebe (éste también es un personaje real). La idea, en principio y aunque parezca contradictoria, es tratar de evitar las represalias, inoportunas en ese momento, contra los judíos, a quienes se echa la culpa de los crímenes, pero la cosa se enredará cuando Gunther comience a encontrar la implicación de dirigentes de las SS, sección Cuarto Milenio... quiero decir los más aficionados al esoterismo -para lo que deberá incluso visitar el célebre castillo de Wewelsburg, donde se juntaban para sus francachelas ocultistas-; dicho de otra forma, se verá metido en medio de una lucha por el poder dentro de la elite del III Reich.
La tercera de las novelas, Réquiem alemán, quizá la menos compacta narrativamente, a priori, de las tres, se sitúa en 1947, en plena y dura posguerra, primero en el Berlín ocupado por las cuatro potencias vencedoras, Un Bernie infelizmente casado se ve obligado a buscarse la vida tras pasar una temporada en un campo de prisioneros soviético, hasta que recibe el encargo, precisamente de un coronel soviético de MVD (anterior NKVD), de ayudar a exonerar a Emil Becker, antiguo compañero suyo en la policía, estraperlista y acusado de haber matado a un oficial estadounidense en Viena. Bernie se desplaza hasta la bella capital austríaca (sí, lo sé, la trama recuerda a cierta famosa película y subsiguiente novela, a la que, de hecho, hay una referencia en esta otra) para verse envuelto en una trama de espionaje, dentro de los primeros capítulos de la Guerra Fría y la caza de criminales de guerra como el jefe de la Gestapo Heinrich Müller. Es una novela, como he querido decir antes, menos absorbente que las otras dos, o quizás sería mejor decir menos atrayente, por más compleja o más inasible, dada la naturaleza de su argumento.
Como sea, en conjunto estas novelas, así como las que escribió Kerr posteriormente, son una muestra excelente del noir contemporáneo más duro, que lo mismo pueden agradar a los y las lectoras de este género como del histórico. Además, se puede decir que han creado casi un subgénero o al menos escuela: el de las narraciones policíaco-detectivescas durante la II Guerra Mundial en las que el investigador pertenece al bando perdedor (perdedor... de momento, porque cualquier día nos reescriben la Historia desde el poder "nostálgico" que parece en alza en este siglo XXI), como es el caso de las escritas por la italiana Ben Pastor o el español Ignacio del Valle (y seguro que existen más ejemplos). Las de Kerr, en todo caso, están escritas con un rigor y buen oficio ejemplares, sin detenerse en florituras pero sin hacer tampoco concesiones facilonas al lector que busque un best-seller sin más complicación. Cierto que las escenas de sexo le salían quizás un poco perretevertianas, pero, además de que tienen un aire algo socarrón, a Kerr -o a Gunther, ya que todas las novelas están contadas en primera persona- se lo perdonamos... Por lo demás, es imposible no tomarle afecto a este detective paradigmático que debe navegar siempre, entre las aguas más procelosas que imaginarse pueda. Quien las lea no dejará de disfrutar de sus a/desventuras y de la prosa de un escritor que merece no ser olvidado.
Nota final: Por su "tochez", este libro podría haber entrado perfectamente en la última Tochoweek, pero al tratarse de un volumen compuesto por tres novelas independientes, por más que compartan el mismo protagonista, me pareció que incluirlo podría haber sido hacer un poco de "trampa". Quien quiera, que tome esta reseña de hoy como una especie de coda al al Tochoweek VI, pues... (o no, claro; eso, al gusto de cada cual).
sábado, 1 de agosto de 2026
Marvin Harris: Vacas, cerdos, guerras y brujas
Título original: Cows, Pigs, Wars and Witches. The Riddles of Culture.
Año de publicación: 1974
Traducción: Juan Oliver Sánchez Fernández
Valoración: Recomendable
No tengo del todo claro dónde está la frontera entre el antropólogo y el historiador, probablemente son disciplinas que se solapan sin que sea fácil distinguir el límite. El norteamericano Marvin Harris es un antropólogo que tuvo cierta relevancia en los años 70 y 80 del siglo pasado y que, por lo que se ve en este libro y probablemente en el resto de sus obras, circula libremente entre ambas disciplinas, con una perspectiva bastante peculiar que se ha denominado materialismo cultural. Aunque con el foco bastante distante del materialismo histórico propio del marxismo, la idea guarda un parentesco lejano aunque intuitivamente familiar, como queda enseguida de manifiesto en el libro.
La vaca es sagrada en la India, y el cerdo un animal inmundo para judíos y musulmanes, aunque venerado en no sé tribus de Nueva Guinea. Estas ideas que, aunque conocidas, nos resultan bastante extrañas, tienen su origen en las necesidades materiales y las condiciones de vida de cada uno de los entornos. La vaca, aunque esté escuálida, mientras tiene vida proporciona leche y al menos en teoría es capaz de engendrar animales de tiro, vitales en explotaciones sin acceso a la tecnología. El cerdo es incapaz de regular correctamente su temperatura, y por eso se desenvuelve mal en el secarral del Medio Oriente. Por la razón contraria el problema no existe en Nueva Guinea, donde el cochino se reproduce en abundancia, es fuente inagotable de proteínas y es sabiamente utilizado para periodificar los usos de los bosques.
Estos condicionantes, tan pegados a la realidad material, son de tal importancia para la supervivencia del grupo que los usos y costumbres los han sacralizado o convertido en tabúes a lo largo de milenios. Es la base de ese materialismo cultural que defiende Harris y observamos desde las primeras páginas: las ideas no surgen de la nada ni de visiones espirituales, sino que nacen en base a las necesidades del grupo, para irse revistiendo poco a poco con un aura mágica o religiosa dejando su origen perdido en el tiempo
Esta proposición, tan nítida en los dos casos que acabo de comentar, se va desarrollando también en otras direcciones con características quizá algo menos evidentes: la célebre belicosidad de los yanomamo (alivio de la presión demográfica), la ceremonia del potlacht (necesidad de prestigio social), o las varias culturas que incorporan la expectativa de un advenimiento de riqueza material (lo que llama el cargo) o la llegada de un mesías liberador. Se diría que la idea básica del materialismo cultural va resultando más difícil de apreciar según se van analizando los casos, hasta resultar realmente confusa cuando se detiene en la persecución de la brujería en la Europa de la Edad Media.
La verdad es que los postulados de Harris resultan más que razonables, y muy interesante el análisis, que recuerda a ratos a los famosos trabajos de Malinowski en las islas Trobriand sobre grupos étnicos especialmente aislados (aunque el trabajo de campo parece ser casi siempre ajeno). Pero se queda uno con la sensación de que falta algo. Seguramente es verdad que todas estas manifestaciones culturales han tenido un origen material remoto, pero resulta difícil, incluso quizá incómodo, excluir de forma tan radical aspectos tan humanos relacionados con la imaginación o la espiritualidad, como la ideología, la religión o la mitología. Convicciones y valores que modestamente creo que están en la esencia misma de las personas, seguramente también mediatizadas por el entorno, la supervivencia o las experiencias, pero que pienso que tienen una consistencia propia.
Parece que Harris no lo ve así, y entonces aporta ese peculiar punto de vista, en mi opinión algo determinista y quizá también empobrecedor, que vertebra todo el texto, como decía antes en ocasiones de forma más nítida y en otras más velada. Desconozco el recorrido posterior que haya podido tener esta teoría, seguramente habrá tenido sus seguidores y detractores, con sus consiguientes polémicas doctrinales. Toda aportación novedosa en el mundo del conocimiento las ha tenido y casi todas han dejado cierta huella, aunque ninguna ha sido aceptada por entero y sin discusión. Y a lo mejor esto mismo contradice en alguna medida lo que defiende el autor.
viernes, 31 de julio de 2026
Amanda Petrusich: Pink Moon
jueves, 30 de julio de 2026
Robert Perisic: El último artefacto socialista
Traducción: Luisa Fernanda Garrido y Tibomir Pistelec
Año de publicación: 2025
Valoración: recomendable
Resulta muy difícil llegar a comprender la realidad social que emergió de la antigua Yugoslavia después del colapso del comunismo y de la devastadora guerra que la asoló en la década de los 90 del siglo pasado. En ese mundo derruido, donde sus habitantes luchan por sobrevivir y mantener la dignidad que una vez tuvieron, sitúa Perisic esta novela social que pretende constituirse en una radiografía de una sociedad que lucha por resurgir de sus cenizas.
Oleg y Nikola, dos buscavidas como tantos otros que pululan por ese mundo en ruinas intentando sacar rédito de las desgracias ajenas, llegan a un pueblo del interior de Croacia con el proyecto de volver a poner en marcha una antigua factoría abandonada para fabricar unas turbinas obsoletas para las que tienen comprador: un dictador norteafricano apodado el coronel, presumiblemente Gadaffi, que les ha hecho una oferta millonaria.
Los habitantes de la población, acostumbrados a una economía de supervivencia y arrumbados por una sociedad y un régimen que les ignora, ven en la reapertura de la fábrica una oportunidad de recuperar la dignidad pérdida y de volver a poner en valor sus obsoletas habilidades laborales. Los dos socios capitalistas intentan capitalizar la nueva empresa proponiendo a los lugareños un modelo de autogestión, inspirado en el pasado socialista del país, que los trabajadores conocen bien porque era el modelo al que estaban acostumbrados antes del derrumbe del socialismo: "Teníamos mercado mientras no había mercado...Ya saben en el socialismo. Luego, cuando llegó el mercado, nosotros dejamos de tener mercado". Capitaneados por el ingeniero Sobotka e ilusionados por la tarea que les proponen ponen manos a la obra y fabrican este último artefacto socialista, las turbinas, aunque están curtidos en el desengaño y desconfían de las intenciones reales de Oleg y Nikola.
En este proceso de puesta en marcha de la antigua fábrica, Perisic aprovecha para presentarnos a una extensa galería de personajes que forman parte del proyecto. Todos son supervivientes de un tiempo y de un país que ya no existe cuya personificación es el bar donde se reúnen, El lago azul, donde todavía siguen pinchando música de los 80, quizás para intentar mantener la ilusión de un tiempo pasado en que fueron felices.
En este universo cerrado, el escritor croata contrasta los dos modelos, el socialista y el capitalista, y deja claro que los habitantes de N., el pueblo croata donde transcurre la novela, quedaron atrapados en tierra de nadie. Las familias se rompieron, las casas se derrumbaron, las ilusiones se desvanecieron y el futuro es una entelequia: "El hombre viviría de forma muy distinta si conociera el futuro. Sobre todo si supiera que no hay futuro".
Las ilusiones iniciales empiezan a ceder ante los múltiples problemas que van surgiendo: las viejas máquinas no funcionan, los recambios no llegan, los salarios no se pagan, los conflictos laborales arrecian y los plazos de entrega no se cumplen. El proyecto empieza a descontrolarse y la llegada de la nueva prosperidad capitalista reabre viejas rencillas y provoca enconados y sangrientos enfrentamientos. Afortunadamente, un inesperado final abrirá una puerta a la esperanza para los habitantes de N.
Perisic realiza un afilado análisis social desde una perspectiva cercana al reportaje periodístico. Retrata un modo de vida obsoleto, pero sobre todo hace un canto a la dignidad humana y al deseo que tiene todo ser humano de que su vida tenga un sentido. Ese es el diagnóstico final de uno de los ingenieros: "No sé si es pasión. Más bien diría que es el deseo de que no todo sea un absurdo. Todo lo sucedido. Si hubiéramos parado el trabajo, habríamos experimentado un sentimiento de inconclusión: hasta el absurdo cobra sentido si está acabado, cuando se ha concluido conscientemente. Hemos vuelto a ser conscientes de nosotros mismos. Y por eso quisimos teminar la turbina".
miércoles, 29 de julio de 2026
Martín Caparrós: Horror de Buenos Aires
martes, 28 de julio de 2026
Colaboración: La balada de Iza, de Magda Szabó
Título original: Pilátus
Traducción: Mária Szijj y José Miguel González Trevejo
Año de publicación: 1963
Valoración: Recomendable
Hay que reconocer que Magda Szabó es muy buena escritora. Leí hace años La puerta, y desde entonces he recordado su nombre. De modo que cuando encontré La Balada de Iza en la tienda de segunda mano de mi biblioteca local, no lo dudé y me hice con ella.
Y de nuevo una escritura limpia, elegante pero sin florituras, sin una palabra de más. Pero esta vez más incisiva, lacerante. Y es que La Balada de Iza es una historia cruel.
Iza es una mujer joven, guapa, respetada en su profesión de médico. Vive sola desde que, ante la sorpresa de todos, su marido la dejó. Cuando su padre muere, decide traerse a su madre a vivir con ella, y como es de esperar, la convivencia de estas dos mujeres, de generaciones y entornos muy distintos, es difícil.
Como difícil es la novela que nos ocupa: difícil y durísima. Los temas que trata, los trata de frente. Con la bella prosa propia de la autora, sí, pero sin delicadeza. ¡Es increíble lo que consigue Szabó!
El tema del conflicto madre-hija es central, pero solo en la primera mitad del libro. La novela habla también de la vejez, con su soledad, la pérdida de independencia, y la dificultad de adaptarse a un mundo de cambios vertiginosos. Y también, aunque en menor medida, habla de las relaciones de pareja – a mí me parece que la autora podría haber profundizado más en este aspecto para que el retrato de sus personajes fuera más completo.
De estos personajes vamos descubriendo sus motivaciones, sus defectos; los vemos sufrir y hacerse daño sin querer, y les entendemos… pero también nos espantan sus acciones.
De todos ellos, el que es tratado con mayor dureza es el que da título a la novela – esto es, título en español, porque el título original es un lacónico “Pilatos” (ante lo cual he de decir que nunca deja de asombrarme la libertad creativa de algunos traductores). Todo lo que hace Iza es analizado sin compasión – casi diría que sin clemencia. Y si bien es cierto que el personaje resulta un poco antipático en su aparente perfección, creo que la autora se ensaña con ella, poniéndola en situaciones terribles. Quizás por eso hay quien considera que el libro es una crítica al feminismo que despuntaba cuando fue publicado, en los años 60: no hay que olvidar que Iza es una mujer independiente y moderna. Aunque quizás es todo lo contrario… Porque a medida que uno avanza en la lectura, surge la duda de si el “Pilatos” hace referencia a la propia Iza, que se lava las manos ante las situaciones que origina, o a las personas de su entorno, que no son sinceros con ella y no hacen nada para ayudarla.
La novela le deja a uno con una desazón incómoda. Yo la leí de forma compulsiva, pero no sé si sería cierto decir que la disfruté, más allá de lo puramente estilístico. Con todo, no puedo dejar de recomendar un libro que me hizo sentir tantas cosas tan diferentes.






