lunes, 28 de septiembre de 2026

Javier Moreno: La belleza del accidente

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2026

Valoración: Interesante (pero con muchos reparos)


Si viene a nuestra memoria aquello de 'los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa', recordaremos que don Antonio Machado, en aquel Juan de Mairena que tuve la temeridad de criticar negativamente, recomendaba la sencillez para conseguir un lenguaje realmente poético. Seguramente Javier Moreno conoce este episodio, y aunque no parece probable que su intención fuese conseguir precisamente un lenguaje poético, sí lo es que pretende demostrar su erudición, no sé si para impresionar a sus lectores o a su editor, quizá a ambos. El caso es que el autor, conscientemente o no, hace todo lo posible para eludir la máxima de Machado, y su forma de expresarse resulta así, en demasiadas ocasiones, pomposa, pedante y casi siempre anhelante del sinónimo más oscuro para obligar al lector a agarrar el diccionario en busca de definiciones. El Quevedo de La culta latiniparla tendría también mucho que decir en este asunto.

He de reconocer que he visto casos peores, algunos de los cuales hemos reseñado aquí no hace demasiado tiempo. Cultismos innecesarios, latinajos y rebuscados recursos a la etimología griega, y múltiples citas que se manejan como argumentos de autoridad, son elementos omnipresentes en muchas páginas, que solo contribuyen a emborronar las tesis que se exponen. Si hablamos de citas, Moreno haría bien en seguir el ejemplo de ese peculiar filósofo serbio cuyos fragmentos se multiplican sin freno (a veces hasta dos o tres páginas completas) durante buena parte del libro hasta desaparecer de forma completa y abrupta: los textos de Radonic muestran el camino adecuado para expresar las ideas con claridad y sin ornamentos. 

Habiendo dejado constancia de lo que me parece un lastre fundamental, también debo decir con sinceridad que el libro contiene reflexiones interesantes. Moreno ejerce un tanto de polímata, tocando casi todos los vértices del conocimiento (filosofía, psicología, matemáticas, arte, tecnología, física, mitología…), y de toda esa proliferación, seguramente excesiva, se pueden extraer algunas ideas de cierta importancia. La más significativa, y que como tal luce en el sugerente título, es la puesta en valor del azar, lo contingente que necesariamente acompaña al ser humano y que, queramos o no, define muchas veces nuestras vidas. El mundo actual, que quiere ser gobernado por la tecnología, intenta eliminar lo erróneo y lo fortuito, y esa obsesión por el control se lleva también por delante espacios de creatividad y los necesarios márgenes para que la duda y la incertidumbre actúen como palanca de nuevas ideas, en definitiva el progreso.

Este planteamiento se desborda, y a veces se difumina, en múltiples perspectivas, que con frecuencia tienen que ver, entre otras cosas, con la fe ciega en el progreso tecnológico (otra vez la IA, ya lo siento), e incluso con una reacción que desde ciertos sectores se dirige a la recuperación de las esencias, una especie de nuevo romanticismo que, en lo político, se traduciría en el crecimiento de los integrismos y el retorno a las tradiciones (ultraderecha).

Cuestiones de fondo bien trabadas y que escapan de los análisis simplistas que ofrecen buen número de ensayos que encontramos aquí y allá. Se agradece en definitiva un nivel intelectual apreciable y la capacidad para elaborar y manejar conceptos abstractos sin despegarse del mundo real, lo que hace que el libro presente un interés apreciable. Lástima entonces que el autor no haya sido capaz de evitar los reiterados raptos de erudición y tentaciones de creatividad que habrían tenido mejor acomodo en textos de otra índole: hacen oscuro lo que de interesante tiene el libro y hasta puede provocar la huida del lector. En mi caso faltó poco para conseguirlo. 


domingo, 27 de septiembre de 2026

Kevin Powers: Los pájaros amarillos


Idioma original:
inglés

Título original: The Yellow Birds

Año de publicación: 2012

Traducción: Jesús Gómez

Valoración: recomendable

Quizás estemos llegando a cierto momento en que el género bélico resurja de alguna manera, aunque sea para mostrar cierta permeabilidad en sociedades, en momentos en que las actitudes que implican cierta violencia han dejado de ser patentemente reprobables y empezamos a otorgarles cierta justificación, algo que quizás no sea un abierto beneplácito, ya se verá, pero que ya no es un rechazo abierto. No puedo evitar referirme al obvio auge de las escuelas de boxeo, a la omnipresencia de la UFC, a una serie de detalles que nos revelan cierta inflexión en una tendencia de décadas. Lo cierto es que la sangre en un ring es algo a lo que empezamos a acostumbrarnos, de nuevo.

¿Es que esto debería asustarnos? Bueno, es una reflexión necesaria, pero lo que está claro es que, por una serie de factores, la plasmación gráfica de la violencia o su descripción, como la que contienen las páginas de Los pájaros amarillos, ya no escandaliza, ya ni siquiera parece que pueda parecernos ofensiva, por cuanto ese es un entorno que empieza a ser habitual. Ésta es una novela bélica, la historia del soldado Bartle, veintiún años y en acción en Irak en 2004, precipitadamente alistado y enviado a misiones acompañado de Murph, este de dieciocho, que queda a su cargo de cierto simbólico modo, pues ambos proceden de Virginia. La novela se situa en tres escenarios en que los capítulos van saltando: los poblados que se convierten en zonas de combate, Virginia, una vez Bartle regresa tras el incidente que marca la narración, y la fugaz presencia de una zona de tránsito en Alemania que sirve de escala para su regreso. 

Se me hace difícil considerar esta novela como un abierto alegato antibelicista, no lo es al uso de alguna otra novela aunque tampoco es exactamente una novela de acción. El componente psicológico es importante, por cuanto Bartle (que parece un alter ego de su autor, que también combatió) carga con la narración y su tono es más apático y resignado que inflamado y emocional. Quizás un adecuado reflejo de lo que representa afrontar esas situaciones a esa edad. Cierto es que el conflicto ha sido abordado ya desde ciertas perspectivas más o menos críticas - la excelente serie Generation Kill - o incluso con tonos más periodísticos como en cierta brillante novela de Álvaro Colomer, pero sorprende el tono casi monocorde de la narración de Bartle, supongo tomado de forma consciente, y que no deberíamos interpretar como una banalización, más bien como una abnegada asunción de que ciertas decisiones no tienen camino de vuelta.

sábado, 26 de septiembre de 2026

Charles Ferdinand Ramuz: El reinado del mal

Idioma original: Francés
Título original: Le Règne de l'esprit malin
Año de publicación: 1917
Traducción: José Luis Piquero
Valoración: Entre recomendable (si no esperas una historia de terror al uso) y está bien

Un hombre que dice llamarse Branchu se presenta en un pueblo de montaña suizo. Su talante tranquilo, educado, generoso y trabajador le gana la simpatía de los habitantes del lugar, quienes le permiten instalarse allí como zapatero. Cuando desgracias de todo tipo empiezan a acaecer sobre la comunidad, sólo hay una persona que las achaca al recién llegado.

Esta es la sugerente premisa de El reinado del mal, una novela de apenas ciento noventa páginas de Charles Ferdinand Ramuz que guarda bastantes similitudes con la otra del autor que he leído, titulada El Gran Miedo en la montaña. Y es que ambas se sitúan en escenarios parecidos, muestran el deterioro de una comunidad otrora feliz y próspera y hacen gala de escenas que enrarecen lo cotidiano.

Esta capacidad de enrarecer lo cotidiano, de abordarlo desde el prisma oblicuo de lo extraño, es de hecho uno de los aspectos que más admiro de la pluma de Ramuz. Y aunque dicha capacidad no prevalece tanto en El reinado del mal como en El Gran Miedo en la montaña, también está presente. La segunda parte del tercer capítulo de la novela, por ejemplo, presenta dos escenas magníficas en las que el extrañamiento se apodera del tono, la atmósfera, el paisaje y los personajes.

Asimismo, valoro la autenticidad con que Ramuz describe en El reinado del mal las dinámicas de los habitantes del pueblo (el hermetismo de su gente ante desconocidos, el orgullo por el entorno natural, la vida sencilla de los campesinos...).

Por otro lado, debo destacar la prosa de El reinado del mal. Es una de esas prosas que, además de rebosar calidad, hechizan al lector gracias a la elección de un narrador de implicación  imprecisa con los hechos, a las decenas de reflexiones que va soltando y a los venazos poéticos que la salpican.

Por poner alguna pega a El reinado del mal, diré que, si bien su inicio me pareció extremadamente prometedor, su nudo y desenlace no me impresionaron tanto (quizá porque abandonan esa ambigüedad que Ramuz ha demostrado saber ejecutar tan bien, y que yo tanto admiro, y se decantan por una moralina más obvia). A esto hay que añadir un par de imperfecciones menores de la novela: que se olvida de parte de su elenco (el cura desaparece abruptamente, por ejemplo) y que el mensaje último se siente algo injusto y arbitrario (desconozco si esto viene impuesto por su trasfondo religioso).

Por cierto, otra interpretación que se puede hacer de El reinado del mal, aparte de la más obvia de carácter cristiano, es la de una advertencia profética al auge del fascismo en la segunda década del siglo XX, y en cómo una personalidad imponente (en este caso, ni siquiera vinculada al hiperliderazgo carismático) puede corromper a prácticamente una sociedad entera.

Sea como fuere, El reinado del mal es una novela que, gracias a su premisa y prosa, absorbe completamente al lector. Si bien no logra alcanzar las cotas de extrañeza de El Gran Miedo en la montaña (por desgracia, ese no fue su propósito en ningún momento), ostenta otros de los méritos habituales de Ramuz, como la prosa expresiva y la autenticidad a la hora de plasmar las dinámicas de pueblo.

Por cierto, la traducción al español de El reinado del mal para Hermida Editores, que debemos a José Luis Piquero, es muy correcta (cosa que no puede decirse de la de El Gran Miedo en la montaña de Montesinos). De ella me ha sorprendido algún que otro laísmo y que sea compañera de trinchera de los que mantenemos la tilde a la palabra sólo.

Ah, El reinado del mal fue adaptada al cine por Max Haufler en 1938.


También de Charles Ferdinand Ramuz en ULAD: Aquí

viernes, 25 de septiembre de 2026

Isaac Rosa: Feliz final

 Idioma original: español

Año de publicación: 2018

Valoración: muy recomendable


Todo en esta novela de Isaac Rosa está al revés. Desde el título que introduce un giro al que no estamos acostumbrados, hasta la propia ordenación de la novela que comienza por un epílogo y finaliza con un prólogo. Desde luego, no es una decisión improvisada, puesto que  el escritor sevillano decide romper el orden cronológico y nos presenta a una pareja en el momento de demolición absoluta de su relación sentimental y avanza hacia atrás finalizando con un prólogo en que nos descubre cómo se conocieron y enamoraron.

Comienza la novela con una primera frase que constituye una declaración de intenciones de la pareja protagonista: "Nosotros íbamos a envejecer juntos". Con esta frase inicial en pasado, ya sabemos que ese objetivo común no se va a cumplir. Lo que sigue es una radiografía desoladora de los entresijos de una relación que se ha derrumbado  por la situación de incertidumbre personal y laboral con la que tienen que lidiar nuestros protagonistas y a la que no son capaces de sobrevivir.

Nuestros protagonistas son dos urbanitas (periodista y profesora de mediana edad), cuya relación se ha desmoronado. Isaac Rosa va dando alternativamente la voz a uno y otro y nos van descubriendo los motivos que les llevaron a romper ese proyecto común. 

Los primeros capítulos son durísimos. Desde el rencor y el resentimiento que conlleva el final de una convivencia, ambos protagonistas van disparando dardos que apuntan a la línea de flotación de su relación y reconocen que, muy probablemente, todo se empezó a romper por la dificultad de lidiar con el día a día, por una obsesión por la gestión: "En casa debíamos gestionar horarios, tareas domésticas, menús diarios, ingresos y gastos. ¿ Por qué no escribes un libro de autoayuda? Aprende a gestionar tu vida en diez pasos. Gestiona tus sentimientos para alcanzar tus objetivos. Estoy harta de gestionar. Llevamos años gestionando y mira donde hemos acabado".

Hacia la mitad del libro, descubrimos que las dudas, las inseguridades y  las pequeñas traiciones alentadas por la aparición de terceras personas fueron minando la vida en común de nuestros protagonistas. En este punto, Rosa realiza un análisis demoledor de los mil y un vericuetos por los que se desliza la convivencia diaria de una pareja y comprendemos la cantidad ingente de elementos externos que van minando la relación amorosa: la rutina diaria, la precariedad laboral, la responsabilidad de los hijos les lleva a "un desarmarse lánguido, hecho de silencios, aburrimiento existencial y miradas graves. Años de discutir nos habían provisto de un arsenal de agravios, frases hechas, réplicas redondas, maniobras retóricas, emboscadas, zancadillas burdas, estocadas de admirable fineza, vías de escape y sofisterías varias".

La última parte recoge la fase de enamoramiento de Ángela y Antonio, nuestros protagonistas, pero sabiendo como sabemos cúal va a ser el desenlace de la historia la sensación de tristeza es absoluta: "Queríamos saberlo todo, queríamos contarlo todo...Esa pulsión comunicadora de los enamorados que no pueden dejar de hablar, que necesitan enlazarse para contarse con más fuerza. Repasábamos nuestras vidas previas, todo ese tiempo anterior en el que estábamos en el mundo sin sabernos y ya todo nos empujaba a encontrarnos". 

Hemos llegado al prólogo, que en el caso de esta novela es su final. Llegamos exhaustos, con una tensión emocional altísima, sobrecogidos por la ruina de una relación amorosa que sus protagonistas creyeron eterna y que nos desarma porque entendemos las causas de ese fracaso.

Con un lenguaje minucioso y pausado, Isaac Rosa realiza un análisis de una gran complejidad psicológica, disecciona con gran habilidad las emociones humanas y realiza un retrato generacional que enmarca dentro de una crisis más amplia, que es la de la demolición de las convenciones sobre las relaciones amorosas.

Es un libro muy recomendable, pero es una lectura que nos lleva al límite.

Otros libros de Isaac Rosa en Ulad: Las buenas noches, La mano invisible.

jueves, 24 de septiembre de 2026

2x1: Paul McCartney: la biografía y George Harrison. Beatle a su pesar, de Philip Norman

Idioma original: inglés 
Título original: Paul McCartney: The Biography
Año de publicación: 2017
Traducción: Eduardo Hojman
Valoración: está bien (para interesados)

En realidad no reseñaría mucho más de Los Beatles, habida cuenta que todo lo que se ha dicho y escrito es de sobra conocido por el mundo o, al menos, por los interesados. Me parece, por ejemplo, que el libro de Geoff Emerick es uno de los mejores ejemplos de lo que debe ser una autobiografía y a la vez un análisis racional y/o emocional de lo que te apasiona. Mi análisis va más encaminado por el lado del autor de las dos obras reseñadas. Al detectar cierto patrón curioso, me pareció que debía advertir de cierto carácter tendiente a la autojustificación, de corrección política (no por el contenido, ojo, sino por su relación con los integrantes de esta banda) y a la idolatría por la idolatría.

Arranca contando una anécdota del autor con Los Beatles, cuando ya la fama los apabullaba, pero la seguridad no era tan urgente como para no dejar pasar a un periodista random sin preguntarle por sus credenciales y termina con otra anécdota con Paul McCartney durante uno de sus recitales, en donde le cuenta que estuvo investigando su vida durante años (lo cual, a mi parecer, es algo alarmante que te lo suelten así de una, por más que te hayas escrito vía mail). Entre medio, relata toda la historia del cantante, desde su infancia hasta su último matrimonio (quizás el único punto positivo de este libro es que cubre períodos que muchos otros ni se ocupan de tratar, como considerando que la carrera de McCartney acabó con Los Beatles). 

Ahora bien, más allá de esta sinopsis, que es lo mínimo que debe tener cualquier biografía, el problema no radica tanto en lo que cuenta, sino en cómo. Por ejemplo, y aunque no soy partidario de ocultar las polémicas de los artistas (pero tampoco de hacer cizaña por ello), ¿era necesario ocupar capítulos y capítulos acerca del divorcio con Heather Mills? Si bien me reveló algo que desconocía, ya que la investigación es exhaustiva (cubre hasta los juicios), hubiese preferido que me relatara, de esa manera, los discos que grababa, algún comentario para cada canción, algún detalle musical que pusiera de manifiesto el genio, y no frases sucintas sobre discos enteros, como si no valieran la pena. McCartney tiene mucho relleno, pero si estás haciendo una biografía, qué menos que respetar cada época. 

Pero en general el libro se centra excesivamente en cosas que no son tan interesantes. Sí, en 1980 habrá sido un escándalo que lo arrestaran en Japón por posesión de marihuana, pero no sé si funciona dedicarle tanto espacio y tratarlo como algo traumático cuando ni el propio McCartney lo ve así. A veces da la sensación de que Norman está desesperado por desentrañar la figura del cantante. En algún momento dice que, aun uno de los máximos exponentes de la figura pública, en realidad no se sabe mucho de él. Mi punto es, entonces, que una biografía debería exponer más los hechos, quizás aderezados con reflexiones pertinentes, pero no dejar que el personalismo del autor manche cada página, porque lo único que sugiere es que, en realidad, no termina de entender la figura con la que trata y que solo escribe el libro para los trapos sucios y provocar conatos de escándalos. Quizás lo más emotivo del libro, cuando Norman se olvida de él mismo y se limita a contar lo que pasó, es la muerte de Linda McCartney por un cáncer, recalcando sus buenas obras y lo mucho que contribuyó al vegetarianismo y otras vertientes, amén de demostrar que era un pilar fundamental en la vida de su esposo.

Idioma original: inglés
Título original: George Harrison. The Reluctant Beatle
Año de publicación: 2023
Traducción: Cillero & de Motta
Valoración: injusto

Veamos. Si en una biografía de Paul McCartney te disculpas con el propio músico por ciertos comentarios despectivos que hiciste en una biografía general de Los Beatles (y lo tenés que hacer muy mal para que un músico te recuerde por lo que escribiste, pero si escribís que Lennon era 3/4 de la banda, qué querés que te diga...), y luego en esa biografía criticás de manera solapada a uno de sus compañeros de banda, para luego, en la biografía del mismo, disculparte con la esposa e hijo del fallecido por unas opiniones de muy mal gusto en la necrológica que le hiciste, ¿qué tengo que pensar yo de tu valor como periodista, de tu capacidad para tener la lengua floja? Y esto no es un ataque por atacar, más allá de que la figura de Harrison me interese más que la de McCartney, es que son conexiones textuales que uno puede hacer en base a las palabras de Philip Norman. Para mí es venderme un caballo con dientes podridos.

Y este pensamiento se cumple apenas uno ve la extensión de ambas biografías: menos de la mitad para esta. No es que la extensión represente algo necesariamente, pero luego de leerla uno se da cuenta de que a Norman no le interesaba tanto Harrison, y punto. Uno puede decir que debe reducir información a riesgo de repetirse en el período beatlesco, pero viendo que la de McCartney es larguísima, tengo que suponer que la de Lennon, la primera que hizo, debe de ser igual o más larga (revisé este dato luego de escribir esto, y en Anagrama son 840 páginas). 

Realiza el mismo recorrido que la de McCartney: infancia, Beatles, separación, carrera solista, infidelidades, divorcios y enamoramiento de Olivia Arias, su interés cinematográfico (lo mejor del libro, en donde revela un Harrison no tan conocido, y mucho más dotado de sentido de humor que lo que se suele mostrar), el ataque en su propia casa por parte de un desquiciado y su muerte por un cáncer. Pero, si en la de McCartney Norman al menos se esforzaba por dedicar páginas y páginas sobre algún hecho que le interesara, acá todo se escribe de manera más escueta. Lo único que le merece la pena, como música, es All Thing Must Pass, y el resto de los discos se comentan muy por arriba; ni hablar de profundizar en las canciones ni en el mensaje de Harrison, por más contradictorio que haya sido su actitud en vida. Mejor insistir en la sexualidad galopante de Harrison, que no dejaba pasar ni una ocasión de ponerla a prueba, o en el fanatismo con su mansión pero a la vez el desinterés por todo lo terrenal. A uno le puede divertir o le puede causar indignación el morbo de enterarse de la vida privada, o quizás puede reubicar a sus figuras en el panteón de acuerdo a lo que se va enterando, pero tanto foco en el cotilleo, o mejor dicho, de analizar los hechos bajo una perspectiva más de prensa rosa que de periodismo serio, termina por hastiar. Hasta el ataque sufrido y su posterior muerte están tratados, no digo con ligereza, pero sí con desgana. 

Norman dice que la familia no le otorgó tantos permisos, documentos y entrevistas con el entorno de George Harrison como la de McCartney, pero eso ya no es culpa del lector, que tiene que tragarse una biografía muy resumida y que no termina por exponer nada transformador acerca del personaje, sino del propio Norman, que tira la piedra y esconde la mano. En definitiva, ambos libros se pueden resumir en: "lo que dice Pepito de Juan habla más de Pepito que de Juan".

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Clarice Lispector: Aprendizaje o El libro de los placeres

Idioma original: portugués
Título original: Uma aprendizagem ou O livro dos prazeres
Traducción: Josep Domènech Ponsatí en catalán para Club Editor, Cristina Sáenz de Tejada y Juan García Gayo encastellano para Siruela
Año de publicación: 1969
Valoración: muy recomendable


Es recomendable, y casi prescriptivo, volver de vez en cuando a Clarice Lispector. Porque conviene salir de la narrativa estructurada y atreverse a profundizar de nuevo en esos autores que te acercan al remolino reflexivo que te arrastra hacia la introspección, hacia el análisis de uno mismo, a la exploración de la condición humana y hacerlo sin temor a ser devorado por cierto aire de fatalismo que, por fortuna, la autora hábilmente combate y contrasta con un estilo muy elaborado, preciso y, hasta cierto punto, seductor.

En este relato, que por extensión podríamos ubicar dentro del género de la nouvelle, la autora brasileña nos lleva a esos paisajes ya conocidos de la introspección, de una mirada hacia el mundo interior y exterior que ejerce con cierto temor y recelo, con desconfianza, por miedo a lo que pueda encontrar en ese viaje pues, tal y como admite, «al fin y al cabo, vivir sólo era acercarse un poco más a la muerte».

Argumentalmente, la autora nos sitúa de manera clara y céntrica en Lóri, la protagonista principal del relato, una joven introspectiva, que teme el silencio porque la cuestiona mientras la observa, porque «el silencio te juzga, como he esperado en vano ser juzgada por Dios. Surgen las justificaciones, trágicas justificaciones forjadas, humildes excusas hasta la indignidad (…) solo estamos hechos para el silencio pequeño, no para el silencio astral». Pero, en ese estado de incomodidad vital, conoce a Ulises, profesor de filosofía, alguien mayor que ella, con más experiencia en los asuntos del amor y de la vida. Este motivo hace que dude de la relación y de sí misma, por su inexperiencia, por una desigual situación vital que la hace vivir en una marcada dicotomía, ya que teme que la relación avance a la vez que la inquieta también su fin pues, «Ulises, entrando cada vez más plenamente en su vida, hacía que se sintiera protegida por él y tuviera miedo a perder esta protección». De esta manera, ella solo tiene ojos para Ulises, la única persona que, mirándola a ella «sabía ver la belleza disimulada y tan recóndita que un ser normal y corriente no era capaz de ver», alguien que «apareció casualmente en su vida. Él, que se había interesado por Lóri, solo por deseo, ahora parecía ver hasta qué punto era inalcanzable. Y aún más: ni tan solo inalcanzable para él, sino para ella misma y para el mundo. Ella vivía con una opresión en el pecho: la vida» y justamente esa opresión la convierte en alguien inabordable, inaccesible para Ulises, pero también para ella misma, quizá por miedo a encontrar lo que alberga en su interior, quizá por miedo a creer que no es merecedora del amor, quizá porque la habitan demonios internos que no hay silencio que la calmen ni compañero que los apacigüe; quizá, en el fondo, no hay amante que merezca. Y Ulises lo sabe, hasta el punto de confesarle que «esperaré, aunque sean años que tú también tengas cuerpo y alma para amar. Todavía somos jóvenes, podemos perder un poco de tiempo sin perder la vida entera» porque es plenamente consciente de que ella, antes que nada «necesitaba conocerse a sí misma, antes necesitaba conocer el mundo». Por todo ello, esas dudas la ponen en un brete porque ¿qué le ocurriría si finalmente se viera capaz, si fuera apta para la felicidad, si se la mereciera y fuera capaz de sujetarla y mantenerla y, a la vez, disfrutarla? ¿Sería capaz de asumirlo? Y, si lo hiciera, ¿lo haría de forma nítida, sin recelos ni temores o la albergaría de nueva esa sensación de vacío, de una expectativa perpetua de temporalidad, de desconfianza por no ser digna de tal regalo? ¿Podría así redimirse de su falta de capacidad para el amor hacia los otros, pero también hacia sí misma?

En este breve texto, la autora se desenvuelve perfectamente en aquello que domina: la narración basada en la duda vital y las relaciones amorosas, la desconfianza hacia el mundo que nos rodea pero también hacia uno mismo, la incomodidad ante la perpetua disyuntiva que nos expone continuamente a elegir un camino, día a día, a tomar decisiones para las que nunca nos sentimos preparados; Lispector, de manera precisa y con una prosa brillante, canaliza todos estos temores en Lóri, una mujer que aguanta la espera para que nunca finalice, para que nunca tenga que comprobar si esta ha valido la pena y así puede mantenerlo todo en vilo: a Ulises, a su vida, al desenlace de una pasión que no llega nunca a explotar. Porque ella «siempre se frena un poco, como si frenara las riendas de un caballo que podría galopar y llevársela Dios sabe dónde». Es este temor constante y esa desconfianza hacia uno mismo donde Lispector sabe desplegar su calidad narrativa, su prosa ácida pero envuelta de belleza, su estilo incomparable.

Tal y como afirma la autora, «hemos construido catedrales y nos hemos quedado fuera, porque tenemos miedo de que las catedrales que hemos construido sean trampas. No nos hemos entregado nosotros mismos, porque esto sería el principio de una vida larga, y nos da miedo (…) no hemos utilizado la palabra amor, para no tener que reconocer su contextura, de odio, de amor, de celos y de tantos otros contradictorios». Con ello, Lispector nos lleva a ese estado en el que la vida nos somete a un análisis sobre qué somos, qué nos falta y, especialmente, qué estamos preparados para asumir y en qué cuantía, sin temor a que desborde y nos arrastre como un alud de intensas emociones porque «es verdad que la tragedia de vivir existe, y que la sentimos. Pero eso no impide que tengamos una profunda aproximación a la alegría con esta misma vida». Así que debemos aceptar el reto, atrevernos a encontrar esa felicidad y derrotar con ella la tragedia que nos acecha en cada decisión tomada.

martes, 22 de septiembre de 2026

Frederick Douglass: Vida de Frederick Douglass, un esclavo americano

Idioma original: inglés

Título original: Narrative of the life of Frederick Douglass an American slave, written by himself

Traducción: F. G. Iglesias

Año de publicación: 1845

Valoración: Imprescindible


Estados Unidos celebra este año su 250 aniversario como país, casi el mismo tiempo que la esclavitud fue sistema oficial en parte de su territorio. Comenzó a principios del s. XVII en las colonias del sur y se expandió durante el siglo siguiente, superó la declaración de independencia, y no fue abolida hasta el fin de la Guerra de Secesión, en 1865. 

En este contexto, que un esclavo fugado fuera capaz de escribir, y se atreviera a publicar, sus experiencias y opiniones en 1845, es en sí misma una hazaña enorme. Si además la narración en cuestión resulta ser de gran lucidez, y su estilo claro y elegante, la obra se convierte inmediatamente en lectura obligatoria. Y esto es lo que consigue Frederick Douglass con esta su autobiografía (que sería la primera que escribiera: luego publicaría dos más). 

Douglass aprendió a leer gracias a uno de sus amos, que primero le enseñó las nociones básicas… y luego le prohibió seguir aprendiendo, porque quien aprende a leer “no sirve para ser esclavo”. Esta afirmación fue la chispa que encendió en Douglass el ansia por dejar de ser analfabeto. Puso todo su empeño y energía en conseguirlo, con el riesgo que eso suponía. 

Porque los esclavos corrían un gran riesgo si intentaban hacer muchas de las cosas que las personas libres dan por obvias: aprender a leer, sí, pero también verse con su pareja, equivocarse al hacer algo nuevo, o incluso ponerse enfermos. Por cualquiera de estos motivos (y a veces sin motivo alguno) eran castigados duramente. Y esto encima de una rutina de trabajos agotadores, alojamiento inhumano, comida mala y escasa, ropa insuficiente… y mucha soledad. 

Frederick Douglass describe esta existencia durísima con los detalles justos, sin recrearse en lo escabroso ni caer en el dramatismo. En el libro abundan las anécdotas de gran crueldad, pero el tono nunca es vengativo, sino testimonial: las cosas eran así. 

Además de darnos a conocer de primera mano la vida de los esclavos, Douglass nos ofrece reflexiones de gran profundidad y analiza las contradicciones de la sociedad en la que vive. Estos pasajes me parecieron muy interesantes, sobre todo cuando explica el efecto de la esclavitud en las personas, tanto esclavos como esclavistas, y cuando cuestiona la religiosidad de estos últimos. 

Este libro es, sin duda, imprescindible. No solo porque esté muy bien escrito, sino sobre todo porque es un testimonio directo de un sistema que trajo terribles sufrimientos a cientos de miles de personas. 

Un único “pero”: al final del libro Douglass menciona de pasada a su prometida y su boda, lo cual me dejó algo perpleja por lo repentino y breve. Después estuve leyendo que esta mujer fue fundamental no solo en su fuga sino también en su posterior carrera como orador y político. Me dio un poco de pena, tanto de la mujer como de Douglass. Con todo, un libro que hay que leer.