jueves, 16 de abril de 2026

Ismaíl Kadaré: Frías flores de marzo

Idioma original: albanés

Título original: Lulet e ftohta të marsit

Traducción: Ramón Sánchez Lizarralde

Año de publicación: 2000

Valoración: Muy recomendable


Cuando por los motivos que sean desaparece un régimen autocrático que ha durado cuarenta años se producen a nivel social reacciones dispares no fáciles de prever. No estamos hablando de España, sino de Albania, ese pequeño país donde arraigan costumbres ancestrales que se mezclan con múltiples influencias culturales y religiosas. Si el régimen se caracterizaba por el aislacionismo, el culto a la personalidad y el hermetismo más radical, la puerta que se abre deja correr vientos que incorporan, en desorden y entremezclados, ideas y valores de un pasado que parece remoto y un futuro que no es fácil de entender.

El relato sitúa ese momento, o más bien algún tiempo posterior, en una pequeña población rural del norte montañoso, donde Mark, un pintor de poco éxito, mantiene una relación con su modelo femenina. Aunque el nuevo tiempo no parece impedir que cada cual continúe con sus rutinas, es inevitable que surjan brechas, a veces sucesos, otras solamente rumores, que disparen la perplejidad en gentes acostumbradas a un sistema donde todo funciona aparentemente sin sobresaltos. El pintor sería ese ciudadano medio, centrado en su trabajo y sus amores, que tiene dificultades para entender a dónde lleva el nuevo rumbo.

Puede que el asalto a un Banco, al parecer inimaginable en el régimen comunista, o la costumbre femenina de depilarse ciertas partes del cuerpo, sean signos de la modernidad que llega de Europa junto a unos misteriosos funcionarios de la OSCE. Pero al mismo tiempo parecen resucitar, y de forma muy tangible, antiguos códigos como el Kanun, el pago de las ofensas con la sangre, brutales sentencias cuyos orígenes hay que ir a buscar a la Edad Media, tal vez más lejos aún. Aires occidentales irrumpen por tanto al mismo tiempo que los arcanos arraigados en las más viejas tradiciones del país, quizá por ello se rumorea que los nuevos dirigentes realizan visitas secretas a un misterioso archivo del Estado oculto en las montañas.

Pero lo más atrayente de todo esto no es que esté narrado con elegancia y precisión, que también, sino que mantiene en todo momento la figura del pintor como espectador, en general descreído pero también estupefacto ante las novedades, sin llegar a ser capaz de coger postura. Es por tanto un relato con un corazón intimista, que personaliza en un hombre corriente la desubicación y la duda. Esa vida provinciana que seguramente quiere mantener inalterable, centrada en sus pinturas y su amante, no puede sin embargo quedar ajena a los acontecimientos y a la pérdida de certezas.

La narración gana todavía brillo con la inserción, a modo de contrapunto, de algunas fascinantes historias que entroncan con viejas leyendas locales (la mujer obligada a casarse con una serpiente) o griegas (el robo de la inmortalidad), relatos espléndidamente desarrollados y que mueven a la reflexión sobre ese país que, sin saberlo siquiera, ha pasado de la estabilidad plomiza y asfixiante de un régimen opaco y hermético a la convulsión de verse ante un horizonte desconocido en el que se desatan fuerzas que escapan a todo control: las que irrumpen desde la modernidad de los vecinos europeos y las que brotan de las mismas montañas, de lo más profundo de un pasado no tan olvidado.

Un relato en el que se combinan con maestría los efectos de todos estos vientos con la perspectiva del individuo acostumbrado a su mundo estrecho, el bienestar inconsciente de quien está acostumbrado a cuidar solamente su propia vida, sus rutinas y sus pequeños placeres. No es fácil montar un relato equilibrado e inteligente con estos ingredientes, y doy fe de que Kadaré lo consigue con nota muy alta.

Unas cuantas obras de Ismaíl Kadaré reseñadas en ULADaquí

miércoles, 15 de abril de 2026

Mark Alan Miller: El tañido

Idioma original: Inglés
Título original: D
Traducción: Óscar Mariscal
Año de publicación: 19
Valoración: Está bien

El tañido es un volumen que incluye una novela corta y tres relatos. Los cuatro textos, escritos por Mark Alan Miller, pertenecen al terror; los dos primeros, de hecho, se adscriben en la mitología de Hellraiser, famosa franquicia del género originada por Clive Barker.

Empecemos hablando de novela corta que da título al conjunto. Escrita por Mark Alan Miller a partir de una idea original de Barker, se sitúa entre dos obras de éste: como secuela del relato "El corazón condenado" y como antesala de la novela Los evangelios escarlata

Llegados a este punto, debo aclarar que El tañido se apega más al canon cinematográfico de Hellraiser que al literario, pues Kirsty, su protagonista, es, al igual que su contraparte fílmica, hija de Larry Cotton (llamado Rory en "El corazón condenado"), en vez de su amiga, como sucedía en el relato de Barker.

El tañido transcurre treinta años después de los eventos narrados en "El corazón condenado". Kirsty, la única superviviente de la tragedia de la calle Lodovico, lleva desde entonces huyendo del infierno y los cenobitas. Sin embargo, su reencuentro con el temible Pinhead parece inevitable.

Quizá mi mayor queja con esta novela corta es que promete un banquete a los fans de Hellraiser pero luego apenas desarrolla nada de lo que presenta. Apenas da unas pinceladas sobre la vida de fugitiva de Kirsty, ni nos explica cómo ha aprendido a defenderse, si bien precariamente, de los poderes que la acechan. Tampoco indaga en las motivaciones de los pocos personajes secundarios que recorren el texto; las de madame Rembert y Walter, por ejemplo, me resultaron demasiado confusas.

El tañido le pondría tres pegas más. Primero, que el one-liner que le dedica Kirsty a Walter no encaja con su carácter. Segundo, que Pinhead se siente menos misterioso e imponente de lo que debería, por ser demasiado emocional, por recurrir a los puños, al igual que hacía en Los evangelios escarlata, y por ser combatido físicamente. Y por último, y esto aplica también a los tres textos de Alan Miller restantes compilados en este volumen, por tener una prosa que, si bien es funcional, tiende a poner más párrafos de los necesarios, a la manera de ciertos bestsellers.

El tañido lo sigue "Preparando el nido", relato algo sencillo pero decente que se puede leer como una historia autoconclusiva pero que tiene conexión con el texto al que sucede. En él, una mujer que ha sido embestida por un camión descubre que se ha convertido en una puerta a otro mundo, y nosotros como lectores sabemos que está gestando a la hija de Pinhead.

El siguiente relato, "Un garito diferente", mantiene el tono fantástico del conjunto, pero elude el terror y se decanta por el humor. Aunque me ha parecido un pelín más largo de lo estrictamente necesario, es disfrutable si acudes a él con las expectativas adecuadas. Su protagonista, hastiado con la gente y el trabajo, se cree desde siempre destinado a algo grande, y el encuentro con un mundo de criaturas extrañas puede ser el inicio de su nueva vida. Lamentablemente, la juerga nocturna que se corre con un centauro y un cíborg no termina siendo la divertida aventura que esperaba.

Cierra el volumen el relato que más me ha gustado, titulado "Lo que el cuerpo expulsa". Si bien no me parece particularmente original o solvente, agradezco la modesta frescura de su premisa y el giro de tuerca que se guarda en la chistera. Sigue los pasos de un hombre que debe saciar su apetito sobrenatural por la sangre menstrual durante una noche movidita.

Resumiendo, El tañido es una antología disfrutable. Sin embargo, aunque gustará a los fans del terror en general, y a los del universo de Hellraiser en particular, si acuden a ella con las expectativas adecuadas, mentiría si dijera que no se queda corta en algunos aspectos.

martes, 14 de abril de 2026

Sara Gallardo: Pantalones azules

Idioma original: Español 
Año de publicación: 1963
Valoración: Bastante recomendable 

Leí por vez primera Pantalones azules en plena pandemia, en una vieja edición de Editorial Sudamericana (por cierto, esa edición está ahora en muy buenas y "saragallardistas" manos) y eso, queramos o no, condiciona la lectura. Porque no es lo mismo leer un libro en una situación tan anómala como aquella y en una edición de letra apretada y de páginas amarilleadas por el paso del tiempo que hacerlo con la calma de la "normalidad" y en una nueva edición, cortesía de Fiordo.

El caso es que en su momento Pantalones azules me pareció una novela muy menor de Sara Gallardo y sensiblemente inferior a Enero o Eisejuaz (y eso que aún no había leído Los galgos, los galgos). Tras esta segunda lectura, creo que más atenta y acertada, he de decir que la distancia que puede separar Pantalones azules de las citadas novelas no es tan grande y que posee, por sí sola, virtudes más que suficientes como para considerarla altamente recomendable.

Es evidente que Pantalones azules no tiene la potencia visual ni el riesgo estilístico de  Enero / Eisejuaz. De hecho, diría que está emparentada, y en cierto modo prefigura, la monumental Los galgos, los galgos. Se trata, así, de una novela más "convencional" en lo formal, de un texto que tiene como aparente núcleo argumental el triángulo amoroso formado por Alejandro, Elisa e Irma. Pero reducir esta novela a una lectura "amorosa" o "romántica" sería un error, y de los gordos, ya que esa capa superficial encierra otros temas y otras lecturas que son los realmente importantes. Entre los temas estarían la lucha entre realidad y deseo, la culpa, la vergüenza o el arrepentimiento, el peso de la educación y de los orígenes familiares, etc; entre las otras posibles lecturas, la más clara es la novela de iniciación, la novela "existencialista" (soy un cretino, dice varias veces Alejandro a lo largo de la novela) o la novela política, si bien en mucho menor medida. Lo que sí me queda claro es que Alejandro es una especie de Julián (protagonista de Los galgos, los galgos) en versión juvenil y que los temas citados en el párrafo anterior serán revisitados y profundizados por la autora en esta última novela.

En cualquier caso, ya digo que la novela posee virtudes más que suficientes para considerarla altamente recomendable. Entre estas cabe citar la profundidad psicológica del personaje de Alejandro (atormentado frente a ese mundo de Irma, ajeno, desagradable y antitético respecto al de Elisa, pero que no puede dejar de atraerle), la importancia de los diálogos y la capacidad de la autora para, a través de estos, definir personajes y situaciones, sin olvidarnos de la calidad poética de la prosa.

Quizá se echa en falta mayor desarrollo de alguna subtrama (ese grupo del padre Behety tan arltiano...) o una mayor indagación en la relación, apenas insinuada, de Alejandro con sus padres. A pesar de esto, Pantalones azules es una buena novela y una buena opción tanto para iniciarse como para profundizar en la obra de una autora imprescindible.

También de Sara Gallardo en ULAD: La rosa en el vientoEisejuazEnero y Los galgos, los galgos

lunes, 13 de abril de 2026

Thomas Olde Heuvelt: Oráculo

Idioma original: neerlandés

Título original: Orakel

Año de publicación: 2021

Traducción: al inglés, Moshe Gilula; del inglés al español, Ana Isabel Sánchez

Valoración: entre recomendable y está bien

Última novela, hasta la fecha, del autor de la estupenda y terrorífica HEX que no sólo resulta tener un transfondo de lo más holandés posible (y sí, en este caso digo holandés más que neerlandés), sino que ya  comienza echando mano de un par de clichés: un par de adolescentes que, al dirigirse a clase en bicicleta, encuentran un sorprendente hallazgo en un campo de tulipanes -bueno, vale, como es casi invierno, de bulbos de tulipanes, pero lo mismo da-; sólo faltan un par de molinos de viento y una oronda y rubia campesina con zuecos... El hallazgo de los chicos tampoco es una nadería, sino nada menos que un navío desaparecido trescientos años atrás y que vuelve a aparecer ahí tirado en medio de un campo. Y qué tiene la bastante inquietante característica de que todos aquellos que entra por su escotilla de proa no vuelve a salir... Desaparecen, además, mientras suena la fantasmal campana de a bordo. El barco, cómo no, se llama el Oráculo - y la finca donde aparece, por cierto, tiene el premonitorio nombre de El Fin de Todo Hombre-; con este  sugerente comienzo, cabe esperar, sin duda, una historia de terror de las de poner los pelos como escarpias, ¿no?

Pues no. O, mejor dicho, sí pero no... Porque, si bien nos encontramos, sin duda, ante una novela de terror fantástico -o viceversa-, Oráculo no se queda en eso, puesto que muta por momentos hacia un thriller "de espías", cuando del hallazgo se hace cargo una opaca sección de los servicios secretos neerlandeses llamada Noviembre-6; a una novela juvenil, ya que el principal protagonista es Luca, uno de los chicos que encuentra el barco, de trece años e incluso, en cierto modo, se trata de una secuela de HEX, lo que no quiere decir continuación, porque el otro protagonista más destacado de la historia -dentro, eso sí, de un montón de personajes- es nada menos que Robert Grim, que les sonará a quines hayan leído la primera novela de Heuvelt (la primera traducida al castellano, al menos). Tranquis quienes no lo hayan hecho, porque no es para nada necesario (aunque sí conveniente) para seguir ésta. 

El terror que nos ofrece la novela también cambia a lo largo de la historia, pues si en un principio, cuando se producen las inexplicables desapariciones, podríamos hablar incluso de un "terror metafísico" (con todas las comillas del mundo, por favor), para luego encontrar otro más epidérmico y, por último, casi un "horror cósmico" lovecraftiano, combinado, además, con un atavismo bastante sorprendente.... En fin, que quizás por esta ensalada de terrores cambiantes me da la impresión que la novela puede no ser del agrado total de los devotos del género más puro... o quizá se deba más bien a lo que he mencionado que tiene el libro de thriller de espías e incluso de acción y que puede despistar un poco al personal terroadicto más recalcitrante. Puede que me equivoque y espero que así sea, en todo caso. De lo que sí estoy seguro es que esta novela puede agradar también y mucho, a los seguidores del género fantástico (no necesariamente terrorífico, quiero decir) y también a un público de gusto más general, por qué no.

Un último apunte: en mi reseña de HEX comentaba que en esa novela había pocos personajes femeninos (aparte de la bruja alrededor de quien gira la historia, claro) y aún menos encontrábamos en ECO, en todo caso, en lo que yo llegué a leer. No ocurre lo mismo en Oráculo, en donde encontramos una paridad entre personajes masculinos y femeninos, con bastante protagonismo de algunas de éstas, además. Otra cosa es si estos personajes femeninos están mejor o peor tratados o responden a ciertos tópicos, como le he oído comentar a cierta youtuber, pero bueno, parece que Thomas Olde Heuvelt está más atento a este detalle. Claro que igual su siguiente novela se desarrolla en un monasterio de monjes cartujos y me tengo que callar...


También de Thomas Olde Heuvelt en Un Libro al Día: HEX

domingo, 12 de abril de 2026

David Toop: Océano de sonido

Idioma original: inglés

Título original: Ocean of Sound

Año de publicación: 1995

Traducción: Tadeo Lima

Valoración: recomendable (pero indigesto para no iniciados)

Vaya, con los motores de búsqueda. Al intentar obtener la foto de portada que es potestativo añadir a cada una de nuestras puntuales reseñas, veo que una de las clasificaciones de Oceáno de sonido es "antropología". 

Pretexto más que oportuno para negar ante el gran  jurado que esta sea otra reseña sobre música o músicos, aunque tampoco voy a haceros comulgar con ruedas de molino. Su autor, David Toop, no se conforma con ser, él mismo,  músico. 

También es una de las más reputadas firmas de la crítica musical, con intervenciones en varios medios aunque la que me ha resultado siempre más notable es su colaboración con la veterana revista The Wire, impertérrita biblia de la música más experimental y arriesgada (reto a cualquiera que crea saber algo de música a investigar si conoce a más de un par de sus designaciones de los cincuenta discos del año, cualquiera de ellos) a la par que, glups, elitista e incluso tan obstinada en descubrir oscuros artistas y grabaciones recónditas que, no pocas veces, condena a sus lectores a imaginar, más que a disfrutar, los discos comentados. 

Pero hubo un tiempo, allá por las últimas décadas del siglo XX, en que una corriente relativamente popular coincidió con la vanguardia. Y Toop se encontró en la cresta de la ola allí y seguro que fue muy excitante esa coincidencia, pero este no se trata de un libro celebratorio y condescendiente, sino más bien de un exhaustivo - en su medida - ensayo sobre uno de los aspectos más oscuros pero influyentes de la historia de la música: el sonido ambient, y sus ramificaciones. Aquí aparece el aspecto antropológico y algunos aspectos de este libro pueden hacernos pensar si el autor no se ha tomado el tema demasiado en serio y una cuestión puramente sonora ha pasado a disponer de tanto alcance. Porque podemos empezar hablando de Debussy, pues una de las premisas del libro pasa por usar las tecnologías de grabación, registro y edición sonora como un elemento casi central en el proceso compositivo, y acabar hablando de conciertos de cigarras en los árboles de algún paraje remoto, pues aquí también se escribe mucho sobre grabaciones de campo, sonidos generados tanto por la naturaleza como por la tecnología - y han pasado treinta años desde su publicación -, y Toop demuestra disponer de un amplio ángulo cultural pues, lejos de ceñirse a lo puramente sonoro aquí hay también mucha especulación de otros ámbitos culturales. Toop nombra a Pynchon, a Joseph Conrad, a David Lynch, y ese discurrir no suena forzado sino natural. Aunque se mencione a oscuros músicos de culto como LaMonte Young, Terry Riley o Brian Eno, el recorrido de este libro, con el pretexto de analizar esos entornos sonoros que pueden, a primeras, no parecernos exactamente musicales en el sentido que solemos interpretar, resulta fascinante, interesante y paradójicamente exótico.

sábado, 11 de abril de 2026

Cory Doctorow: Mierdificación

Idioma original: inglés
Título original: Enshittification: Why Everything Suddenly Got Worse and What to Do About It
Traducción: Enrique Maldonado Roldán, en castellano para Capitán Swing
Año de publicación: 2025
Valoración: recomendable


En estos tiempos convulsos donde los temores acerca de los peligros de la IA están a la orden del día, conviene recordar que nuestros recelos no provienen tanto de la tecnología en sí sino de sus posibles usos. Y, lo sucedido con las plataformas más comunes (que, con la rapidez a la que todo avanza, podríamos considerarlas ya casi de “antiguas”) nos tendría que servir para reflexionar que detrás de cualquier tecnología hay una(s) empresa(s) cuyos intereses a menudo distan mucho de ser los del bien común. Y aquí es donde el analista experto en tecnologías Cory Doctorow, después de llevar un cuarto de siglo de activismo en defensa de Internet y también de ejercer como observador de las Naciones Unidas, se encontró con una situación inaudita en lo que refiere al estado de las plataformas lo que le llevó, en el 2022, a acuñar «un término para describir el repentino desmoronamiento de las plataformas en todas partes: enshiffitication», es decir, “mierdificación” o, lo que es lo mismo, el empeoramiento de las aplicaciones de forma intencionada. Parece un propósito curioso y contraproducente, pero no lo es tanto si lo analizamos en profundidad. Y esto es justamente lo que ha hecho el autor.

El autor describe la mierdificación como «un análisis que explica tres cosas: la forma en la que se deteriora un servicio en línea, cómo avanza esa degeneración y el contagio que está provocando que todo empeore de forma simultánea». Por ello, nos encontramos en un momento que el autor describe que «esta era, el Mierdoceno, es el resultado de decisiones concretas, de carácter legislativo, adoptadas por individuos concretos» en beneficio propio (y a perjuicio de los demás). Con esta premisa principal, Doctorow empieza hablando del negocio de las plataformas («un sistema que conecta ‘clientes comerciales’ con ‘usuarios finales’») y apunta que la idea inicial de eliminar los intermediarios en Internet acabó creando una ola de fusiones de adquisiciones que ha consolidado la red en cinco páginas web gigantes y eso se replicó en muchos otros ámbitos. Así, reconoce las buenas expectativas de la propuesta inicial pues «internet podría desintermediar el mundo, permitir las relaciones de persona a persona y relegar a los intermediarios a la mera posición de ayudar a los compradores y a los vendedores, en lugar de explotarlos. Pero no ha sido así».

A partir de ahí, el autor analiza los principales casos en los que este empeoramiento ha sido más evidente, y va directo contra las grandes plataformas (Facebook, Google, Uber, Amazon, Twitter) exponiendo cómo sus fortalezas iniciales fueron utilizadas para empeorar el servicio para los usuarios a la vez que engrandecían sus arcas. Así, afirma «son muchas las formas en las que los negocios digitales pueden retener a sus usuarios, pero en el caso de las redes sociales no tienen siquiera que esforzarse. La mayor parte de los negocios en línea disfruta de altos ‘efectos de red’. Este es el término que utilizan los economistas para definir un producto o un servicio, cuyo valor aumenta conforme atrae a más usuarios» y eso es lo que explota Facebook, quien además de los efectos de red se benefició de otra característica: el coste de cambio. Y una vez que consideró que tenía retenida una masa crítica de usuarios en la plataforma, llegó el momento de la segunda fase: la fase comercial. 

También Amazon explotó otra característica de las grandes plataformas: el “volante de inercia” instaurando un monopolio con el que explota no únicamente a sus usuarios ofreciéndoles en primer lugar de los resultados de las búsquedas productos de inferior calidad, sino que a su vez exprime a sus proveedores de manera que cuando estos suben sus precios en Amazon se les obliga a hacer lo mismo en cualquier otro lugar, incluso las tiendas de su propiedad en las que hacen venta directa y no solamente esto, sino que «Amazon ingresa 38.000 millones de dólares al año cobrando a los vendedores por el posicionamiento de sus productos».

Tampoco Apple se libra del análisis detallado de Doctorow, pues a pesar de que ensalza sus ventajas (seguridad, ausencia de anuncios, etc.), a su vez, en la otra cara de la moneda, se evidencia su gran logro conseguido a través de su “jardín vallado”: la gran dificultad en dejar la plataforma ya que todo aquello que creas o compras están atados a la plataforma. De esta manera, a pesar de que en apariencia el propósito era noble, se constata que «Apple no trataba bien a sus clientes porque los quisiera. Los trataba bien para atraerlos a su jardín vallado, que resultó ser una cárcel». Y, una vez encerrados en él, la empresa (como hacen tantas otras) procedió a explotar a sus proveedores, cobrando 0.3$ de cada dólar que ingresan las aplicaciones que operan bajo sus dispositivos.

Tampoco se libra Twitter, claro, una plataforma que al «deshacerse de los moderadores hizo que, al instante, Twitter empeorara de forma permanente y significativa tanto para sus usuarios como para los anunciantes». Así, bajo la dirección de Musk, Twitter aceleró la curva de la mierdificación que ha llegado a la paradoja con sus marcas azules de verificación, pues priorizan las publicaciones de los usuarios que han pagado mientras no se somete a vigilancia a quienes compran marcas azules para dotar de verosimilitud a sus fraudes. 

También, claro esto, en esta gran lista se une Google, que «es tal vez el ejemplo ideal de cómo la falta de disciplina en materia de competencia conduce a la mierdificación» y lo demuestra con su plan para incrementar búsquedas tras el cambio en su cúpula directiva cuando dejó de estar formada por expertos técnicos para pasar a ser dominada por ejecutivos comerciales. En ese momento, Google entró de lleno en la espiral de mierdificación cuando se «diseñó un plan para incrementar el número de búsquedas que hacemos (cuantas más búsquedas, más anuncios puede mostrarte Google y más dinero se consigue)». Así, el plan se basa en que, si el resultado de las búsquedas que ofrece Google es peor, se fuerza a que los usuarios tengan que realizar más búsquedas y, con ello, nos podrán mostrar más anuncios incrementando así sus beneficios. De esta manera, una herramienta ideada para facilitar la búsqueda de información se transforma en un fangar en el que hay que hundirse y rebuscar mientras ellos se enriquecen con un producto deteriorado de forma expresa.

El libro también expone los monopolios de IBM y Microsoft, con el beneplácito del gobierno estadounidense o la práctica cada vez más común de ofrecer funcionalidades adicionales que antes se compraban con un solo pago mientras que ahora los fabricantes lo mensualizan a través de suscripciones. Este es otro ejemplo de mierdificación ya que te mantienen cautivo una serie de pagos que debe realizar de manera periódica y cuyo precio puede modificar a conveniencia. Por ello, el autor concluye que «la mierdificación es el juego de desplazar el valor de los usuarios finales y los clientes comerciales hacia los accionistas» y esta «sucede cuando combinas la banalidad del mal con un aparato conectado a internet y una legislación que criminaliza hacer con el dispositivo cualquier cosa que al fabricante no le guste».

De todos modos, parece que no todo está perdido (aún) pues ya en su parte final Doctorow establece cuatro ejes, desde los cuales volver a la situación deseada: 1) competencia, 2) regulación, 3) interoperabilidad y 4) poder de los trabajadores tecnológicos. Con ello, el autor pretende volver a disponer de «un Internet nuevo y bueno (…) un Internet que combina la ética tecnológica de autodeterminación que tenía el antiguo Internet bueno y querido con la simplicidad y los mecanismos engrasados del Internet: cero que permitieron a nuestras amistades, sin conocimientos técnicos específicos, disfrutar de sus posibilidades».

Por todo lo expuesto, el ensayo es muy interesante en su parte conceptual, aunque en ocasiones se enreda con excesivo detalle sobre leyes. Así, los principales puntos débiles del ensayo son un tono, en parte, excesivamente desenfadado por parte del autor (utilizado en múltiples guiños y palabras que rozan la camaradería y que podrían restarle rigor científico), así como un exceso de páginas dedicadas a leyes y normas que hacen que la lectura se convierta de lo que era un inicio, es decir, un análisis y denuncia de cómo ha involucionado el mundo de las aplicaciones de Internet, a convertirse en un tratado sobre las leyes que lo han permitido. Por ello a pesar del altísimo interés que despierta en su arranque, acababa medio emborronado en una gran cantidad de páginas sobre leyes patentes y otro tipo de información que, a menos que uno sea un experto en la materia o altamente interesado en ella, no aporta suficiente interés en la lectura.

De todos modos, dejando de lado estos aspectos de tono y excesivo detalle, la lactura es recomendable y se hace evidente que el autor es un experto en la materia a través de su análisis perfectamente definido, argumentado y con detalles más que suficientes para que nos pongamos todos las manos en la cabeza y nos planteemos seriamente hasta donde estamos dispuestos a aguantar y cuál es el precio de nuestra dependencia. Es importante averiguarlo porque está claro que esas empresas sí lo saben, demasiado, y lo más triste es que lo hacen sin que nos demos cuenta o que hayan conseguido que no nos importe.

También de Cory Doctorow en ULAD: Walkaway, Radicalizado

viernes, 10 de abril de 2026

Fulgencio Argüelles: El desván de las musas dormidas

Idioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: Muy recomendable

Resulta desconcertante la poca visibilidad que tiene Fulgencio Argüelles dentro de la narrativa española contemporánea. El escritor asturiano entrega unas novelas de una musicalidad asombrosa. Son textos dotados de un estilo eminentemente poético, minuciosos en las descripciones, precisos en la utilización del lenguaje y ricos en metáforas. Sin embargo, sus libros permanecen en la esfera de unos cuantos incondicionales que le seguimos desde maravillas como El palacio azul de los ingenieros belgas o Noches de luna rota.

El desván de las musas dormidas transita por el territorio de la autoficcion. Nos relata, en primera persona, la infancia y adolescencia de un niño en un pueblo de la comarca minera asturiana en la década de los años sesenta del siglo pasado. En las vivencias de este niño se cruzan las vidas de familiares, amigos e innumerables vecinos del pueblo que forman un microcosmos que Argüelles nos transmite de forma entrañable. Ninguno de los personajes que desfilan por la historia tienen nombre, ni siquiera nuestro protagonista, se les describe por sus profesiones, pero  tienen conciencia de pertenecer a una colectividad en la que todos se conocen y se respetan a pesar, en muchos casos, de sus insalvables distancias ideológicas.

Dentro de ese entramado la figura del padre se erige en una referencia vital para nuestro protagonista. Hombre culto, aquejado de frecuentes dolores de cabeza que derivan en ataques de epilepsia, arrastra una existencia anodina en un entorno que le resulta ajeno. En su juventud fue un estudiante brillante, obtuvo treinta y dos matrículas de honor como descubre secretamente nuestro protagonista, pero parece resignado a trabajar limpiando carbón y ocasionalmente compite con el maestro del pueblo e imparte clases particulares en el desván de la casa familiar.

El padre intenta huir de ese destino gris participando o impulsando  todas las actividades culturales o  recreativas que se celebran en el pueblo. Sin embargo, el niño advierte señales de alarma en esa actitud: "Su luz era inútil en un mundo demasiado oscuro. Su voz clamaba sin éxito en el desierto. Había equivocado su destino y su brillo era un grito de socorro, un suspiro de culpa, y se fue volviendo pálido poco a poco hasta apagarse. Sus musas se habían quedado dormidas en el desván".

Nuestro protagonista abandonará el pueblo para estudiar en un internado y asistimos  al lento derrumbe del universo que le cobijaba. Lejos quedan aquellos tiempos en que "los  desvanes eran enormes y las infancias duraban una eternidad". De alguna manera está reviviendo las circunstancias en las que su padre reordenó su historia personal y luchará denodadamente por no seguir su misma dirección. El miedo, la soledad y el vértigo ante el inexorable paso del tiempo le desconciertan :  "Casi nada era lo que parecía, y demasiadas cosas ocurrían para mantenerlas en secreto, y algunas palabras tomaron significados nuevos sin abandonar los que ya tenían, y comenzaron a llegarme ideas diferentes sobre el futuro, y entendí por fin aquel refrán que tanto había repetido mi abuela, cada cosa son dos cosas" 

Argüelles nos entrega un relato evocador, donde la añoranza y los recuerdos se convierten en los verdaderos protagonistas de la historia. Construye lo que él denomina una "literatura de la tierra" y nos invita a asomarnos a ese mundo que nos retrata con una belleza deslumbrante. Es literatura de altísima calidad y, desgraciadamente, no tiene el reconocimiento que se merece.