Título original: 單車失竊記
Traducción: Amelia Pérez Domínguez
Año de publicación: 2015
Valoración: Muy recomendable
Cada día, una nueva reseña
Título original: 單車失竊記
Traducción: Amelia Pérez Domínguez
Año de publicación: 2015
Valoración: Muy recomendable
Analizamos hoy las dos últimas novedades de Muñeca Infinita, dos novelas que parten de una premisa más o menos similar, pero que tienen desarrollos opuestos. Y es que ambos libros parten de una pérdida (en forma de muerte o desaparición) para adentrarse en géneros, estilos y miradas diferentes. Así, Buen chico, del británico Neil McRobert toma una vía aparentemente más ligada al género fantástico o al terror, mientras que La madriguera, de la australiana Melanie Cheng, toma un camino mucho más intimista y psicológico. Eso sí, ambos con resultados satisfactorios.
Idioma original: InglésGiovanni Verga es uno de los autores italianos más influyentes de su país, pero por algún motivo no es muy conocido fuera de él, al menos no tanto como otros. Curioso, porque no cabe duda de que Verga es un grandísimo escritor, como queda demostrado en esta pequeña novela epistolar que es Cartas de una novicia.
Al parecer la novela está inspirada en un episodio real de la vida del autor, que se enamoró en su juventud de una muchacha destinada a convertirse en monja. Pero está contada desde el punto de vista de la chica, una pobre novicia que le escribe regularmente a una amiga del convento durante su estancia con su familia en una aldea rural, a donde la llevan para evitar una epidemia de cólera que está asolando la ciudad. En esa estancia la protagonista vivirá en contacto con la naturaleza, conocerá la libertad y descubrirá su capacidad de amar. Después de esto, volver a la reclusión monacal le resultará muy duro, tanto que entra en una grave depresión y acaba muriendo en la enloquecedora soledad de su celda. (Aclaro que esto no es ningún spoiler: en el preámbulo de la novela, el autor explica su título, que en italiano hace referencia a un pájaro, la curruca, y nos adelanta que la protagonista muere enjaulada igual que ésa; al contrario que el pájaro de Maya Angelou, esta curruca no consigue superar la pena de una vida oprimida).
Las Cartas de una novicia son desgarradoras. Giovanni Verga consigue meterse en la mente de la joven y nos transmite vívidamente sus pensamientos, que al principio desbordan alegría, pero luego pasan a ser oscuros, dramáticos, patéticos. Aunque se considera al autor como uno de los principales exponentes de la corriente literaria italiana del verismo, esta novela es más bien romántica. Tiene puntos realistas, sobre todo en su crítica a la rígida sociedad de la Sicilia borbónica de la época, pero el apasionado despliegue de sentimientos íntimos de que hace gala la aleja de ese estilo, que se caracteriza entre otras cosas por la distancia que toma el narrador respecto a lo narrado.
El libro se lee rápida y ávidamente, sobre todo los dos primeros tercios. La última parte se hace un poco pesada: la protagonista va cayendo en un abismo de desesperación que roza la locura y sus cartas se vuelven repetitivas. Con todo, en conjunto es una novela muy buena, en mi opinión.
La historia ha sido llevada al cine en varias ocasiones, la última por el polémico Franco Zefirelli. No he visto ninguna de esas películas, pero dudo que consigan alcanzar la profundidad psicológica de la obra escrita. En todo caso, con lo que se tarda en leerla, casi mejor ir directamente a la novela, que está muy bien.
Año de publicación: 1987
Valoración: Entre Recomendable y Está bien
Queda uno impresionado echando un vistazo a la larga bibliografía de Manuel Vázquez Montalbán, buena parte de ella perteneciente a la serie del detective Carvalho, pero también poesía, narrativa y un número no despreciable de ensayos. Pues bien, confieso que hasta ahora no había leído nada de autor tan popular, y me decido, más bien al azar, a probar con esta novela, ajena a su ciclo más conocido, en la que sospecho que podemos encontrar a un escritor digamos más libre, puede que más arriesgado.
Se sitúa Montalbán en 1974, un año antes de la muerte de Franco, en una muy pequeña población cercana a la costa catalana, donde un puñado de gente procedente de Barcelona ha instaurado una especie de peculiar comunidad, tras haber restaurado viejas casas rurales, algo más bien infrecuente en la época. Los nuevos veraneantes son sobre todo profesionales, intelectuales o pequeños empresarios, ciudadanos modernos de posición acomodada y hábitos liberales, que organizan saraos donde reúnen una pequeña corte de amistades, a poder ser moderadamente extravagantes, que den color y picante a las reuniones. Corre con poca mesura el alcohol, y el sexo revolotea con insistencia, casi siempre en modo amago, de cuando en cuando traspasando esa barrera.
El retrato de los personajes es fino y agudo, utilizando perspectivas múltiples. Es la pequeña burguesía catalana, acomodaticia, que prosperó con Franco y que, cuando se avistaba ya la puerta de salida de la dictadura, abrazó anhelos democráticos y un nacionalismo hasta entonces invisible, quizá larvado. Gente moderna y deseosa de exhibir su cosmopolitismo y desenvoltura de costumbres, se entregan a la diversión, el escarceo y cierto exhibicionismo. Somos modernos y desprejuiciados-desinhibidos, somos guays y competimos en ingenio, en ocurrencias o en distintos grados de osadía.
El sexo tiene importancia fundamental a todos los niveles y en diversas variantes: la homosexualidad adquiere protagonismo fundamental en la peculiar comunidad, y el autor se permite hasta una incursión en el mundo trans que, no obstante dar la impresión de postizo algo extraño, resulta notable para la época. Pero lo que realmente llama la atención es contemplar el abismo que el tratamiento que la diversidad sexual ha experimentado en estas cuatro décadas. La homosexualidad, viene a desprenderse del texto, no es simplemente una opción en la esfera de la libertad individual, sino una especie de variante del vicio, frontera con la frivolidad, propia de gentes promiscuas y personalidades frágiles, volubles y un punto insolentes. La caricatura que la literatura y sobre todo el cine nos vendió apenas se abrió un poco la censura de la época.
A veces no es fácil distinguir la opinión del autor de la de sus personajes, como en este blog hemos tenido ocasión de comprobar. Por eso no me atrevo a atribuir a Vázquez Montalbán, un tipo que tengo por progresista, ese punto de vista algo receloso y burlón que domina cuando la acción se centra en al mundo gay, digamos que al menos en parte puede ser la voz del personaje y no la del autor. Tengo mis dudas, y aun así el relato tiene en este punto un aire reaccionario que es imposible desconocer. Claro, hablamos de un libro escrito hace casi cuarenta años, y hay que asumir que la percepción de las cosas cambia con el mundo, a veces también a mejor y que, una vez más, no es procedente juzgar con criterios actuales cosas escritas en otras épocas, como en este caso no demasiado lejanas en el tiempo pero sí en lo que se refiere a algunas cuestiones.
Ciñéndonos a la novela como tal, puedo decir que resulta disfrutable, es un placer asistir a la agudeza con la que Montalbán disecciona a sus personajes, con una carga de ironía importante aunque siempre medida, y tiene golpes realmente brillantes que le sacan a uno la sonrisa, puede que incluso la carcajada. Como dibujo de colectivo de la época me parece también sobresaliente, y tal vez se le puede achacar que se quede solo en eso, un retrato de cierta generación y cierto segmento social, sin llegar a construir un hilo narrativo definido. Intuyo que no es este uno de los defectos habituales del autor, quizá en esta ocasión decidió centrarse en un aspecto concreto y descuidó un desarrollo un poco más trabajado. Pero hay veces en que todo no puede ser.
Título original: Orbital
Año de publicación: 2025
Traducción: Albert Fuentes
Valoración: recomendable
Orbital es, desde luego, una novela original en su estructura. Como una especie de bitácora a doce manos, la de seis astronautas que orbitan a lo largo de un día metidos en el reducido espacio de una Estación Espacial Internacional. Dos mujeres y cuatro hombres de distintos orígenes y condiciones, todos ellos reputados profesionales que se encuentran ahí a caballo entre su vocación y la función que se les ha asignado, la mayoría de perfil cientifico. Dieciséis capítulos, cada uno correspondiente a sendos recorridos completos alrededor de la Tierra que la Estación, a 25.000 km/h, traza a lo largo de veinticuatro horas, de forma continuada a lo largo de meses y años. Cada uno de los seis, si bien el protagonismo está desigualmente repartido, metidos en sus quehaceres y en sus reflexiones sobre su presencia ahí, los hogares que han dejado atrás mientras cumplen su misión, las circunstancias de cada uno, los recuerdos que acuden a sus mentes, algunos de ellos asidos a los escasos objetos personales que les ha sido permitido llevar a bordo.
Obviamente esta no es una novela de ciencia-ficción. Sus personajes son posibles y no hay un atisbo de trama que pueda sugerir conflicto, problema de convivencia, ni tan siquiera se sugiere nada que pueda parecer remotamente carnal. No existe una trama en sí salvo asistir a esa rutina, los sucesivos recorridos en que la nave atraviesa dieciséis zonas barridas por la luz solar, dieciséis zonas en sombra. A Harvey (que agradece a las agencias espaciales su transparencia informativa) se le escapa cierta trascendencia de aires new age cuando acomete la descripción de todos los itinerarios de cada una de las órbitas, y en algún párrafo la relación de países, accidentes geográficos, sitios que sobrevuelan, puede resultar algo indigesta o reiterativa. Ya sabemos que es difícil no quedarse fascinado mirando el planeta desde una ventanilla privilegiada a cuatrocientos kilómetros de altura. Ya intuímos que esos seis astronautas tienen cada uno una historia propia de brillantez y superación que los ha llevado a esa misión, elegidos (como en el clásico de Tom Wolfe) en función de su idoneidad para aquello que les ha sido encomendado. Pero demasiadas veces esa descripción de paisajes, de islas, de tifones que sobrevuelan los océanos, parece erigirse en el nudo argumental del libro. Quizás de forma premeditada, no hay por qué negarlo, las problemáticas de los habitantes de la estación, sus experiencias físicas con la gravedad, con las limitaciones del espacio reducido, con la logística propia de la situación, quedan en un segundo plano, se nos muestran como algo circunstancial y poco trascendente frente al imponente escenario, el interno y el externo, en que se desarrolla la novela.