Idioma original: valenciano
Título original: Mireia
Traducción: Purificació Mascarell
Año de publicación: 2022
Valoración: recomendable / muy recomendable
La portada de Mireia (que se mantiene, con ligeras variaciones, en el original en valenciano y en la versión castellana) sirve para introducir algunos de los temas de la novela: se trata de Lilith, el cuadro de John Collier que retrata a la mítica "primera mujer de Adán", creada con el mismo barro que él (y no a partir de su costilla, como Eva) y expulsada del Paraíso por no aceptar una posición subordinada en relación con el hombre. Esta imagen es significativa para el significado de la novela en dos sentidos: en primer lugar porque una de las protagonistas, la propia Mireia, es en varias ocasiones comparada con Lilith, por su independencia, su belleza, su carácter seductor y su sexualidad abierta... pero también porque la representación de la mujer (en la pintura, la literatura, la ciencia...) casi siempre desde el punto de vista masculino es uno de sus temas centrales, diría yo.
En el plano narrativo principal, la novela se centra en dos mujeres: Neus, la narradora, una joven pintora, y Mireia, una chica por la que Neus siente una fascinación abrumadora. La aparición de un tercer personaje, Llorenç, un hombre misterioso que encarga a Neus un retrato, y que inicia una relación (lo que las sinopsis cinematográficas denominan "un tórrido romance") con Mireia. A las tensiones existentes en este triángulo de personajes (seducción, celos, inseguridades...) se añade un tono de misterio y peligro cuando comienzan a suceder fenómenos extraños: una misteriosa música que nadie parece tocar, un hombre (¿o un fantasma del pasado?) que parece perseguir a las protagonistas...
Pero a este plano narrativo se le unen, además, otros elementos. En primer lugar, el tema de la tesis doctoral de Mireia (recurso que también usó por ejemplo Katixa Agirre en Los turistas desganados) nos lleva a conocer a Luis Simarro, psicólogo y neurólogo de Xàtiva, como las dos protagonistas (de hecho Xàtiva es el escenario imprescindible de la acción de la novela) que promovió el avance de la ciencia en España a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX; y a través de él llegamos a Charcot, psicólogo francés que desarrolló el concepto de "histeria" (influyendo, por ejemplo, en Freud) o las técnicas hipnóticas para tratarla; y a la amistad de Simarro y Sorolla, plasmada en varios cuadros y retratos del científico. La pintura, como es lógico siendo Neus la narradora, ocupa un lugar fundamental también, y muy particularmente el modo en que la pintura ha representado a las mujeres, a través de mitos, símbolos o estereotipos que van desde la vampira a la prostituta, desde Pandora hasta la Virgen María.
Mireia es un libro corto, ágil y entretenido. Quizás con una mayor extensión podría haber llegado a adensar alguna de sus muchas facetas (personalmente, como aficionado al terror, me habría gustado que la parte fantástica fuese algo más desarrollada y más oscura aún), pero en todo caso el equilibrio entre los diferentes hilos que se entretejen en el texto está bien conseguido y mantenido, y eso no es fácil teniendo en cuenta su número y diversidad. El cierre de la novela (que no desvelaré, claro) deja un cierto regusto amargo, pero añade también nuevas complejidades a los personajes y a los temas de la obra.
Es en definitiva una lectura recomendable, como poco, ya sea en su versión original en valenciano (o en catalán, según preferencias terminológicas), o en la versión castellana publicada por Dos Bigotes, en traducción de la propia autora.
ENTREVISTA
- Comienzo con una curiosidad: ¿Hay
alguna relación entre tu novela y la Mireia de Frederic
Mistral, más allá de la coincidencia de nombres?
Sí
que es curioso, porque solo tú y otra persona (un crítico musical catalán que
conocí el año pasado en los Premis Ovidi de la Música), me habéis señalado esta
conexión y preguntado lo mismo. Y no, la verdad es que no tenía en al radar ese
poema del autor francés en lengua occitana. De hecho, busqué si existía alguna
novela con el mismo título antes de apostar al 100% por él, sin pensar que
podía haberse usado para otros géneros literarios. Y sí, resulta que, en 1859,
ya alguien había titulado con ese nombre femenino, tan bello, por otro lado…
Aunque una de las razones, en mi caso, para titular Mireia a mi novela
fue su parecido fónico con un relato de femme fatale, muerte y misterio
de Edgar Allan Poe que siempre me ha fascinado: Ligeia.
- En la novela se entrelazan varias
tramas: la del presente de la narradora y de Mireia, y la vida del
psicólogo Luis Simarro, hijo del pintor Ramón Simarro (y sus
relaciones con Charcot, con Sorolla, etc.). ¿Cuál fue el primer impulso para escribir la novela: contar
la historia de Simarro, o la de Mireia, o ambas surgieron juntas?
El
primer impulso fue Simarro, porque al comenzar a leer sobre su vida me fascinó
la modernidad que representaba en una España de atraso científico y gran peso
de la religión. Podía hacer una biografía de este psiquiatra valenciano, pero
la magia de la ficción me atrae tanto que decidí armar un artefacto literario
para contar la vida y obra de Simarro a través de personajes creados por mi
imaginación, Neus, la narradora, y Mireia, la investigadora en psicología
experimental y autora de una tesis sobre Simarro: dos jóvenes del siglo XXI que
se entralazan con las jóvenes del XIX que Charcot diagnosticó de histeria. Esa
unión de líneas temáticas y temporales se fue construyendo de una manera
orgánica y también muy divertida para mí.
- En el plano del presente, la historia
se desarrolla como un relato fantástico, con una ambigüedad entre lo real o lo irreal. ¿Por qué optaste por ese
género o por esa ambigüedad?
Porque
me encanta el género fantástico, lo gótico, las historias de miedo, las
mansiones apartadas a lo Daphne du Maurier, porque crecí leyendo a E.T.A.
Hoffmann, a Guy de Maupassant, los cuentos de Emilia Pardo Bazán o las leyendas
de Bécquer, que me sabía de memoria de pequeña. Y disfruto mucho rindiéndoles
homenaje a todas las autoras y autores que me han hecho soñar. Además, ¿qué es
la literatura sino ambigüedad, en todos los sentidos? Para forzarnos a mirar
las cosas de una manera “recta”, plana, sin claroscuros, ya hay otros muchos
discursos culturales. La literatura es la reina de la dilogía, de las
interpretaciones abiertas, del juego vacilante perpetuo… Y me gusta que sea
así.
- En la novela se habla de diversas
violencias sufridas por las mujeres (a través de la idea de
"histeria" por ejemplo) y con su representación y subordinación a lo largo de la historia. El personaje de Mireia se relaciona, por ejemplo, con el mito de la femme
fatale, de Lilith, del súcubo, de la vampira... ¿Dirías que ese es
el tema central que une todas las diferentes facetas del texto?
Las
figuras vampíricas provienen de la tradición oral europea y son adaptadas
perfectamente en la literatura gótica: son seres que viven succionando la vida
a los humanos. Y ahí radica su potencia metafórica: ¿cuántos elementos
vampíricos nos rodean, nos modelan, sin darnos cuenta? En Mireia, he
querido jugar con la figura del vampiro a varios niveles que el lector va
descubriendo a medida que avanza la trama. La iconografía de la femme fatale
del XIX se relaciona directamente con la de las vampiras y simboliza el miedo
masculino a la pérdida de poder, a ser “succionados” por la fuerza femenina. Mireia
podría ser esa mujer fuerte, independiente, una vampira del siglo XXI. Pero
poco a poco descubrimos otros vampirimos más ocultos ejecutados, sin
escrúpulos, por los hombres del XIX y del presente. Y nuestra idea de lo
vampírico muta…
- La pintura ocupa un lugar muy
importante en la novela. ¿No resulta algo paradójico que la historia la
cuente alguien que dice no ser muy buena con las palabras y sí con los
pinceles?
Un aspecto que siempre me ha
fascinado de las narradoras o protagonistas de las novelas victorianas escritas
por mujeres es que son chicas jóvenes que se presentan ante los lectores
exhibiendo una gran modestia, luciendo una humildad poco acorde con su auténtica
valía. Neus nos advierte de que es una mala narradora, pero logra exponer
perfectamente todos los hilos de una historia enrevesada y compleja. Y creo que
también logra enganchar con ese hilado a los lectores, algo que, en realidad, no
es algo fácil. Así que podríamos decir que Neus opta por ser discreta y no
envanecerse de sus capacidades, aunque se le den tan bien las teclas como los
pinceles…
- Otro aspecto importante en la novela es
su localización, Xàtiva, que te resulta tan próxima y tan querida. ¿Qué
implicaba para ti situar la acción de la novela en Xátiva, y recuperar
también a personajes nacidos o fallecidos en ella?
Bueno,
ha sido un acto de reivindicación histórica y cultural de mi ciudad, pero sobre
todo, un acto literario de amor: Xàtiva es un personaje más de la novela y,
además, se presenta lejos de la imaginería tópica valenciana de “sol, playa y
fiesta”. Aquí es una ciudad sobria y misteriosa, con muchos toques góticos y
modernistas, con una densidad histórica muy decimonónica, y las aventuras de
Mireia y Neus no podían disponer de un escenario más idóneo.
- La novela se escribió y publicó
originalmente en valenciano, y ha sido después traducida al castellano por
ti misma. ¿Cómo fue ese proceso? ¿Hiciste una traducción "pura"
o reescribiste el texto a medida que lo traducías? ¿Y cómo ha sido la
recepción del libro en ambas versiones? ¿Has notado diferencias?
Intenté,
sobre todo, que fuera una traducción fiel al ritmo, al tono y a la cadencia del
original, porque estos aspectos los había cuidado mucho en valenciano y quería
mantenerlos. Al principio de mi tarea traductora, me iba resultado extraño leer
mi texto en castellano, pero cuando terminé todo el proceso la impresión fue
estupenda: la verdad es que estoy muy satisfecha con cómo suena Mireia
en castellano y, sinceramente, ambas versiones me satisfacen por igual.
Sobre
la recepción: es curioso descubrir cómo un sistema literario pequeño,
minoritario, más débil, recibe con mayor mimo e ilusión lectora un nuevo texto
en el panorama literario, que un sistema macro y ultrasaturado de novedades
como el del castellano. Y no me refiero a la prensa o los medios: en ambas
lenguas la atención ha sido excelente, ninguna queja. Me refiero a la atención
de los lectores: mucho más fiel, comprometida y duradera en valenciano y mucho
más fugaz y dispersa en castellano. Algo completamente lógico y previsible,
teniendo en cuenta la cantidad de novelas que se publican en España cada
semana… Ya me parece todo un logro haber llegado a las dos ediciones en
castellano con Dos Bigotes tras haber vendido más de tres mil ejemplares en el
original…
- Por último, quería preguntarte qué
proyectos literarios o editoriales tienes entre manos... Has editado
libros de o sobre Elena Fortún, también una antología de relatos sobre
animales... ¿Ahora mismo qué estás preparando?
Sigo, cómo no, trabajando con
nuevas ediciones para Renacimiento de Elena Fortún. Lo próximo será la
recuperación de un libro muy raro y especial dentro la producción fortuniana…
Ya veréis. Y en septiembre de este año saco un ensayo literario con Ariel en el
que he estado trabajando los dos últimos años: un recorrido a través de la
narrativa escrita por mujeres que se ha ocupado de retratar la opresión dentro
de la institución matrimonial. Un libro de alto compromiso feminista, humanista
y, por supuesto, literario, porque la selección de autoras es muy potente. Y,
por supuesto, siempre hay ideas anotadas para proyectos futuros, tanto de ficción
como de no ficción. Pero hay que encontrar el tiempo, la disposición de ánimo y
la energía física para llevarlos a cabo. Eso sí, no hay prisa alguna. Solo
ganas de pasarlo bien.