jueves, 17 de octubre de 2019

Edogawa Rampo: El Lagarto Negro

Idioma original: Japonés
Título original: Kurotokage (黒蜥蜴)
Traducción: Lourdes Porta
Año de publicación: 1934, por entregas
Valoración: Se deja leer

El Lagarto Negro es la novela más emblemática de Edogawa Rampo. Originalmente fue publicada por entregas, de modo que muchos de sus capítulos empiezan con un resumen de lo sucedido previamente o acaban en un angustioso "cliffhanger". Evidentemente, esta naturaleza folletinesca resta empaque a la historia, provoca reiteraciones innecesarias y promueve omisiones sonadísimas. Pese a todo, la obra funciona en tanto que entretenimiento "kitsch".

Su argumento es simple: el detective Kogorô Akechi tendrá que enfrentarse, en una batalla sin parangón, a madame Midorikawa, una peligrosa criminal. Estas páginas nos ofrecen el robo de un diamante, damiselas en apuros y un museo del terror. ¿Qué más podemos pedir los fans de la literatura "pulp"? Para nosotros, es imposible no encariñarse con El Lagarto Negro; su ingenuidad y sus extravagancias resultan francamente conmovedoras.

Estos son, a mi juicio, los aspectos positivos del relato: 

  • Se lee de un tirón. 
  • No se toma en serio a sí mismo. 
  • Su acabado "naif". 
  • Sus toques de género negro.
  • Las bizarradas "eroguro" que asoman de tanto en tanto.
  • Las referencias a la cultura oriental. 
  • Los cuatro primeros capítulos y la escena de la persecución.
  • El final, aunque es un tanto gratuito y pretencioso.  

Por otro lado, es innegable que esta ficción está repleta de defectos: 

  • Tiene errores de continuidad a punta pala. Por ejemplo: llegados a cierto punto, el narrador deja de referirse a madame Midorikawa como «el Ángel Negro». Así, de golpe. Y, ya que hablamos de apodos, Akechi comienza a llamar a su adversaria «Lagarto Negro», pese a no tener ninguna razón para hacerlo.
  • Hay que suspender la incredulidad para tragarse algunas cosas. El detective comete varias torpezas absurdas, teniendo en cuenta que es un veterano experimentado; madame Midorikawa no se siente tan amenazante como debería; ambos personajes se disfrazan igual de rápido que Mortadelo; en una sola noche, un joven delincuente aprende a actuar como si fuera un erudito... ¿Sigo?
  • Sus golpes de efecto se antojan rocambolescos cuando no directamente inverosímiles. Para colmo, la mayoría no son satisfactorios, pues Rampo nunca da pistas que permitan al lector atento predecirlos.
  • Hay bastante acción a lo largo del relato, pero ésta pierde intensidad por culpa de un manejo infantil de la tensión y múltiples conveniencias. 
  • Desaprovecha ocasiones en las que podría haber dado profundidad a los personajes. Por ejemplo, el sentimiento de culpabilidad que atormenta a Jun’ichi Amamiya, uno de los secuaces de madame Midorikawa, nunca se trae a coalición tras la presentación del personaje. La mismísima Lagarto Negro padece una «curiosa enfermedad» (exhibicionismo), y este hecho apenas tiene peso narrativo. ¿Y qué hay de la supuesta admiración mutua que sienten Akechi y su rival, apenas insinuada?  
  • Es evidente que Rampo añade párrafos adicionales, especialmente después de un diálogo, con tal de prolongar los escuetos capítulos que componen este libro. 
  • Usa términos ridículos como «malhechor», «esbirros» o «trifulca».

La novela cuenta con adaptaciones en varios formatos: a la televisión, al manga, a teatro y al cine. De sus dos versiones a la gran pantalla, la más memorable es la que dirigió Kinji Fukasaku y guionizó Yukio Mishima. Este film se toma algunas licencias (aunque, por lo general, respeta la esencia y argumento del material original), por lo que funciona como complemento del mismo. De visionado imprescindible para los que nos encanta la "serie B" genuina.        


También de Edogawa Rampo en ULAD: La bestia ciega

miércoles, 16 de octubre de 2019

Daryl Gregory: La extraordinaria familia Telemacus

Idioma original: inglés
Título original: Spoonbenders
Año de publicación: 2017
Traducción: Carles Andreu
Valoración: entre recomendable y está bien

Supongo que muchos de los lean esta reseña (al menos quien tenga o haya tenido niños pequeños en los últimos años) conocerá a Los Increíbles, la familia de superhéroes de dibujos animados de Pixar. Quien sea un pelín más cinéfilo seguro que ha visto la estupenda y no menos divertida película de Wes Anderson Los Tenenbaums. Una familia de genios. Y no digamos ya clásicos del cine como Uno de los nuestros (me vale Los Soprano, si preferís las series de televisión); también alguna escena inicial de...ejem, Los cazafantasmas... De acuerdo, admito que en este caso no os ofrezco las elaboradas listas de referencias bibibliográficas a que os tenemos acostumbrados, fruto de largas horas de investigación en bibliotecas universitarias, pero pensad que la más evidente ni siquiera es cinematográfica: los más viejos del lugar seguro que se acuerdan de Uri Geller, el tipo aquel que pretendía doblar cucharas a través de las ondas herzianas; de ahí viene, supongo, el título original de la novela, amén que la cita con que se abre es del amigo Geller...

En fin, el caso es que a una combinación de todo esto y alguna cosilla más es a lo que recuerda La extraordinaria familia Telemacus, entretenida y simpática novela que se desarrolla en el verano de 1995, cuando el abuelo Teddy Telemacus trata de ocuparse -bueno, más o menos- de sus un tanto desastrosos, pese a sus asombrosos poderes, hijos: Buddy, silencioso hombretón que puede ver el futuro... al menos hasta el 4 de septiembre de ese año; Frankie con supuestas habilidades telequinésicas e Irene, detector de mentiras humano, imposible de engañar. También el hijo de ésta, Matty, un muchacho que a sus 14 años descubre que puede realizar viajes astrales, pero sólo cuando experimenta una excitación sexual, por lo general a cuenta de su primastra Malice. Semejante capacidad parece haberla heredado de su fallecida abuela Maureen, númen tutelar de la familia y que fuera una vidente de tan increíble talento  que durante la Guerra Fría se convirtió en la mejor espía para el gobierno de los EEUU, a través del programa Star Gate (esto parece que existió de verdad). En realidad, el único que no tiene poderes extrasensoriales es el abuelo Teddy, que, en cambio, ha sido siempre un elegante ilusionista, fullero y timador. Y con cierta delicada relación con la mafia de Chicago, donde viven todos,  y que, junto a la ya mencionada agencia gubernamental, suponen las otras patas que sostienen la trama de esta novela de Daryl Gregory (hasta ahora, por lo que sé, escritor sobre todo de ciencia-ficción).

Ya digo que la novela no está nada mal: entretenida, bien escrita, tiene personajes a los que se coge cariño y algún momento jocoso que otro... Sin duda hace pasar un buen rato, pero, ahora bien, que nadie espere una indagación profunda sobre la condición humana (superficial, igual sí) ni una obra literaria de estética exquisita. Ni falta que le hace, claro, ni esa sería la intención de su autor. Pero, eso sí, es un libro que cumple con lo que parece prometer en un principio: originalidad, diversión y deja un buen regusto. Por ponerle algún pero, la narración está dirigida en gran medida hacia un desenlace coral en plan fin de fiesta, lo que le otorga a buena parte del libro un aire de preámbulo que se puede hacer un poco largo. Aparte de eso, es una novela para disfrutar leyéndola mientras dura... Aunque luego, a otra cosa, me temo.

martes, 15 de octubre de 2019

Annie Ernaux: Los años

Idioma original: francés
Título original: Les Années
Traducción: Lydia Vázquez Jiménez (ed. en castellano) / Valèria Gaillard (ed. en catalán)
Año de publicación: 2008
Valoración: muy recomendable

«Todas las imágenes desaparecerán.»

Así empieza la novela de Annie Ernaux, y ya apunta de entrada hacia donde irá el libro, cuál es su propósito. Porque a esa frase le sigue un conjunto de imágenes, de recuerdos, que la autora narra siendo plenamente consciente que un día dejará de recordar, desparecerán, y se sumarán a las múltiples imágenes que nuestra memoria descarta y aleja de nuestra consciencia en un ejercicio de dudoso propósito.

Annie Ernaux acostumbra a basar su obra en su propia biografía y, fiel a su estilo, parte de momentos puntuales para dirigir la narración hacia un sitio u otro, hacia la adolescencia como en «Memoria de chica», hacia la madurez como en «La mujer helada» o hacia la enfermedad de su madre y cómo le afectó, como en «No he salido de mi noche». En este caso, hace algo diferente, y deja en parte de lado su parte más crítica para analizar su vida y la de la sociedad europea desde los años cuarenta hasta prácticamente nuestros días.

De esta manera, en orden cronológico, Annie Ernaux nos traslada de inicio a su infancia, en la década de los 40, una época donde la Segunda Guerra Mundial ocupaba el día a día, y nos recuerda sus años de escuela, aprendiendo el idioma a través de las reglas de la gramática del buen francés, un francés distinto al de casa donde había «la lengua original, la que no obligaba a reflexionar sobre las palabras». La autora brilla en el retrato de un pasado añorado, aunque difícil y, trasladándonos a esa época post Segunda Guerra Mundial, de penurias económicas y rigidez escolar, nos devuelve a la calidez de un hogar, de una infancia que aprovecha cada día sabiendo que el futuro está aún lejos, pero siendo consciente de los cambios que se acercaban. Desde su niñez contemplaba, finalizada la guerra, los avances de la sociedad y la cercanía de un progreso que prometía llevar a sus vidas el bienestar, la salud de los niños, casa luminosas y calles iluminadas. Un futuro que tenía forma de plástico, de fórmica, de antibióticos e indemnizaciones de la seguridad social.

La autora también nos recuerda la adolescencia, envuelta de un aura de sexo y deseo que la mentalidad de la sociedad constreñía y culpaba, el cambio físico y social existente que suponía para los jóvenes realizar el servicio militar, el paso del niño al hombre a ojos de uno mismo y de una mentalidad de costuras estrechas y rígidas como los uniformes que portaban. Y la juventud, con la sociedad que marca su horizonte, anclado por la alianza de un futuro matrimonio impuesto por la manera de pensar de una época que valora la virginidad y la castidad por encima de las libertades: «ni la inteligencia, ni los estudios, ni la belleza, nada contaba tanto como la reputación sexual de una chica, es decir, su valor en el mercado del matrimonio». Son párrafos que nos recuerdan inexorablemente a «La mujer helada», pero también a la experiencia narrada en «Memoria de chica».

Y en la madurez, la plena conciencia de verse realizada como mujer, de saber que el mundo está en las propias manos y que aquello que venga en forma de invento o progreso será mejor para sus vidas, unas vidas que avanzan rápidamente hacia un futuro altamente cambiante y prometedor, de tecnología y avances, de cambios sociales y apertura, de derechos y libertades; un momento en su existencia donde «nos sentíamos libres, no pedíamos nada a nadie» y expresa la ilusión que sentían al afirmar «el futuro parecía radiante, las tareas pesadas y sucias las harían los robots, todos los individuos tendrían acceso a la cultura y el saber». Una madurez, también familiar y afectiva, que viene de la mano de una familia, que la llena de emociones y sentimiento a la vez que de dudas sobre sí misma, pues se ha desviado de sus objetivos anteriores, con un creciente «miedo de instalarse en esta vida tranquila y confortable, haber vivido sin haberse percatado de ello». Y la añoranza a unos tiempos ya pasados, plagados de ilusiones y sueños, que chocan frontalmente con ese futuro que viene lleno de cosas materiales e innecesarias, de manera que «el pasado y el futuro, en definitiva, se han invertido, es el pasado, no el futuro, que ahora es objeto de deseo».

Como no puede ser de otra manera, la autora francesa también hace un alto en el camino para destacar el cambio que supuso el año 1968 en la sociedad, rompiendo todas las cotillas que ataban una sociedad al corpiño de estrictas normas sociales y leyes. La apertura del mundo, de las universidades y las tertulias, de los teatros y la cultura ofreciendo así el bien más preciado: la accesibilidad a las ideas. «Pensar, hablar, escribir, trabajar, existir de otra manera: sentíamos que no teníamos nada a perder si lo probábamos todo. 1968 era el primer año del mundo.»

Y ya en los 80, que dejó atrás muchas cosas del pasado, ya no se hablaba del antes, sino que se vivía el ahora, un ahora donde la religión había «dejado de atemorizar el imaginario de los adolescentes prepúberes, ya no se regulaban los intercambios sexuales y el vientre de las mujeres había salido de su control». Y el final de la década de la década, con la revolución de Tiananmén, la caída del muro de Berlín con la llegada del mundo del este a sus vidas, la difusión cada vez más de la enfermedad del sida, y la invasión de las tropas de Hussein a Kuwait, que prologaban una guerra, concepto que quedaba ya muy lejos en la memoria de la gente.

En sus recuerdos más cercanos a nuestros días, la autora destaca también el cambio de milenio, saltando de año con gran recelo por un efecto 2000 que no fue tal, pero que nos empujó a un mundo tecnológico que aceleró nuestras vidas, teniendo todo el mundo a nuestro alcance, consiguiendo alcanzar «el gran deseo de potencia e impunidad. Evolucionábamos en la realidad de un mundo sin objetos ni sujetos. Internet operaba la brillante transformación del mundo en discurso». Y con ello, la supresión de la paciencia, la rotura del tiempo entre privación y obtención, queriéndolo todo al instante, consumiendo información de manera voraz. «Con las técnicas digitales agotábamos la realidad».

Por todo lo expuesto, «Los años» se trata de una muy interesante obra que cuenta, de manera plenamente subjetiva, como la población asumió los cambios y el paso del tiempo, con los temores ante los cambios y la esperanza de un futuro que, en ocasiones se auguraba prometedor y, en otros casos, decepcionante o incluso aterrador. Menos contundente que en otras novelas, menos crítica hacia su vida o hacia la sociedad, el retrato que hace Ernaux tiene la belleza de la nostalgia del que ve su pasado como parte de uno mismo, como una época donde uno aguardaba con ilusión lo que el futuro cambiaría de sus vidas. Pero también la reflexión de quien, al ver el mundo que tenemos, siente cierta desolación por no estar a la altura de aquello que cobijábamos cuando soñábamos con él. La mirada que Annie Ernaux realiza sobre tantas décadas arroja una sensación de que hemos caído de manera inocente a las tentaciones que venían disfrazadas de progreso. Y nos hemos quedado en una época que no dejará demasiados recuerdos, aunque sí imágenes, hechos y tecnología que, como nosotros mismos, acabará siendo obsoleta al paso de los años.

PS: La edición que he leído es en catalán, por lo que es posible que la citas que he incluido no se ajusten a la edición en castellano

También de Annie Ernaux en ULAD: La mujer heladaMemoria de chicaEl uso de la foto, No he salido de mi noche

lunes, 14 de octubre de 2019

Kaouther Adimi: El reverso de los demás

Idioma original: francés
Título original: L'envers des autres
Año de publicación: 2011
Valoración: Está bien



Soledad, incomunicación, amor no correspondido, tradición, vidas marchitas, sumisión de unas mujeres, rebeldía de otras, parejas fracasadas, dolor, esperanza en el futuro, futuros inciertos. Es mucho lo que sugiere esta primera novela de la escritora argelina Kaouther Adimi (1986), que a pesar de tener una obra corta ya ha recibido algún premio. Aparecen nuevos valores que aportan perspectivas diferentes, nos llegan obras de países que solían editarse poco en España… Alentador. O eso parece. Pero vamos a mirarlo despacio.
En primer lugar, detecto información esencial, detalles sin los que la novela pierde su sentido más profundo, rasgos, insisto, en ningún modo insignificantes que solo conocemos al leer la contraportada. Esto es un defecto serio, de bulto, para el que no sirve la excusa de que se trata de una primera novela. Porque un producto puede haberse realizado con mayor o menor pericia, pero tiene que estar perfectamente acabado antes de ofrecérselo al público.
El reverso de los demás consta de once breves capítulos, cada uno a cargo de un personaje –excepto dos, que repiten–, cada uno de ellos, más que aportar datos a un relato común, expresa su visión del mundo desde su cascarón particular. A veces, como de pasada, se refieren a los demás personajes, pero lo que vemos carece de movimiento, más bien se compone de una serie de cuadros estáticos, sin demasiada conexión entre sí, que componen otro más amplio y repleto de lagunas. Individuos que, a pesar de autorretratarse, no llegamos a conocer demasiado: los rasgos que intentan definirlos son tan irrelevantes que se desvanecen; si no fuese por la edad y el sexo algunos serían perfectamente intercambiables entre sí. No busquemos, pues, personalidades bien construidas porque no existen, y el fresco social que parece esbozarse a partir de mentalidades y conductas también se  queda a medio camino.
El último monólogo aclara un poco el borroso panorama. Y el epílogo pretende añadir un elemento sorpresa, pero resulta bastante artificial.
Con este material, la autora tenía dos posibilidades. Mantener estas páginas como presentación de la novela y desarrollar a continuación el argumento, o bien completar cada fragmento a modo de relato más o menos independiente hasta componer un mosaico que reflejara la realidad en su conjunto.
A pesar de todo, tengo la impresión de que Adimi tenía realmente algo que contar, incluso verdadera necesidad de contarlo, y voluntad de hacerlo muy bien. Tampoco me parece que peque de falta de talento: las escenas están bien desarrolladas, la descripción del ambiente es atinada, encontramos una forma de enfocar muy personal, la primera aproximación a los personajes promete, los diálogos son creíbles, resulta agradable de leer.  Entonces, ¿qué ha impulsado a la autora a publicar un texto de solo noventa páginas en tamaño pequeño y letra grande con aspecto de inacabado? En mi opinión, el argumento hubiera dado para mucho. Además, hacía falta espacio para explicar bien la relación entre los personajes, tanto el parentesco que los une como los conflictos que les separan. Pienso que bajo el formato de novela corta se nos ofrece un producto que es solo un esbozo de algo más voluminoso y complejo; que hubiese merecido la pena esperar el tiempo necesario para que la autora lograse situarse en su espacio novelístico y desarrollar todo lo que queda latente: carácter de los personajes, ambiente familiar, de barrio y más allá quizás. Insinuar no está mal, pero antes debe haber historia. Si lo que leemos no llega más allá de la mera insinuación, la ficción que esperábamos se queda en balbuceo.   
Y es que, no lo olvidemos, el talento natural necesita un caldo de cultivo en el que desarrollarse. Los genios que todos admiramos nunca estuvieron solos, editores y amigos han aconsejado, pulido, rechazado, exigido y ejercido de amables tiranos hasta llevarlos a la extenuación. Es gente a la que no se le ha pasado ni una porque sus mentores confiaron ciegamente en ellos. Unos rectificaron su trayectoria gracias al consejo de su editor (el nobel Naipaul), se dedicaron exclusivamente a escribir siguiendo el consejo de su agente (Vargas Llosa) o tuvieron en sus amigos a los mejores y más duros lectores previos (Flaubert). Esta es una de las claves del asunto: las mujeres que despuntan tampoco lo pueden dar todo a la primera, también necesitan ser orientadas mientras encuentran su camino y pulen sus técnicas, que se confíe en que pasarán de simples promesas a profesionales de mérito. Mejor aún, en la mayoría de los casos, esos genios contaban con una pareja abnegada que resolvía las incidencias del día a día (Nabokov, Vargas Llosa). Las mujeres no solo carecen de esa ventaja, la mayoría de las veces son ellas quienes, además de a la escritura, se tienen que dedicar a la intendencia del hogar. O quedarse solas, y no sé que es peor. Me pregunto si se les exige lo mismo o, por el contrario, se les trata con condescendencia, sobre todo ahora, que los libros escritos por mujeres parecen haberse puesto de moda. Me pregunto si no entra en juego en muchos casos cierta inseguridad, cierto complejo de usurpadoras (el término no es mío) en un mundillo que hasta ahora había sido patrimonio del varón, al menos –y salvo excepciones– en sus cotas más altas. Es más, me pregunto si no se rechazarán algunas obras por considerarse demasiado serias, demasiado ubicadas en un territorio que no parece corresponder a las mujeres.
Y me hago todas esas preguntas porque hoy es el Día de las Escritoras. Valgan estas palabras de homenaje a todas ellas, a esas escritoras consagradas porque consiguieron elevarse por encima de las circunstancias y a las que, a pesar de su talento, tuvieron que conformarse con una obra más o menos mediocre porque el doble rasero no tuvo piedad con ellas.

También de Kaouther Adimi en ULAD: Nuestras riquezas

domingo, 13 de octubre de 2019

Guillermo Cabrera Infante: Tres tristes tigres

Idioma original: cubano
Año de publicación: 1967
Valoración: Decepcionante

Lástima no haber leído en su momento esta novela, porque hubiera podido integrarse con toda naturalidad en aquella semana que titulamos Ciudades de libro, ya saben, sobre libros en los que el protagonista era propiamente una ciudad. En este caso hablamos de La Habana, que viene a ser el personaje central de esta primera novela de Guillermo Cabrera Infante. Concretamente, La Habana pre-castrista y su ambiente nocturno, en los que se desenvuelve… No, no vamos bien.

Antes de nada hay que advertir que TTT (como le gustaba denominar a su propio autor) es una novela de cierto corte experimental. Que efectivamente pivota en torno a la noche habanera y algunos de sus personajes (algunos), y que puntualmente incorpora el habla propia del lugar –el mismo autor dice que está escrito en cubano, lo que le hemos respetado aunque sea bastante menos evidente de lo que uno puede esperarse. Pero que contiene también elementos de total ruptura con una narración lineal, algunas audacias estilísticas, el humor y los juegos de palabras que evocan rápidamente a Joyce… No, tampoco.

Realmente, Tres tristes tigres son varios libros en uno. La atmósfera de los bares y clubs es desde luego lo primero que encuentra el lector. Es el mundo desinhibido de la ciudad por la que se mueven tres amigos en busca de diversión y aventuras sexuales. El dibujo es convincente, ayuda el lenguaje, que a veces (no siempre) se desliza hacia lo coloquial, y tenemos la sensación de que va tomando forma cierto argumento. Se observa alguna propensión a asumir riesgos, pero siempre pertinentes y bajo control. Este primer llamémosle bloque –con capítulos titulados siempre Ella cantaba boleros- se corresponde más o menos con una obrita, o parte de ella, que el mismo Cabrera dice haber escrito antes, y que incorporó luego a TTT.

Pero no tardamos mucho en encontrar cosas diferentes. De repente, y sin venir a cuento, nos cuela don Guillermo una sucesión de textos en los que supuestamente parodia la forma en que otros escritores cubanos (Nicolás Guillén, Lezama Lima, Carpentier y unos cuantos más) relatarían el asesinato de Trotsky. Viene a ser un remedo de los Ejercicios de estilo de Queneau, pero mucho, muchísimo más largo, algo cuya intencionalidad política es tan clara como su falta de gracia y, peor todavía, su incongruencia con la narración anterior. Pero no se relaja nuestro asombro porque de inmediato Cabrera se introduce de lleno en un eterno juego de palabras, páginas y más páginas de incesantes trucos y humoradas, aderezadas con innumerables referencias cultistas, a otros libros, películas y personajes, párrafos y medias conversaciones en inglés y francés, que hacen de la lectura un ejercicio heroico. Uno es especialmente paciente con la creatividad de los autores y hasta admira la capacidad para retorcer las formas pero, queridos amigos, siempre que este tipo de despliegues tenga algún sentido narrativo. En este caso –y esto es lo peor de todo- este empacho de erudición y malabarismos no conduce absolutamente a NADA.

Con todo esto, me queda la intensa sensación de que este libro no es más que un enorme refrito.  Tomamos un relato inicial con buenas hechuras, que apunta cosas interesantes aunque se diluya en el vacío, le añadimos un tochete de parodias escritas en un rapto de inspiración y que no interesan lo más mínimo, y luego dejamos volar el espíritu burlón, el chiste y la esgrima estilística para llenar algún centenar más de páginas. Ya tenemos un volumen de un grosor respetable, de esos que impresionan a cierto tipo de críticos. Pero no se ve voluntad integradora, no hay coherencia ni –al menos en este texto- solidez con que construir algo que se parezca a una novela. Cabrera cita varias veces a Joyce, y hasta creo que se proclama admirador. Pero no basta, ni mucho menos, con apuntarse al carro de la broma y la dispersión: se justifican si están al servicio de una columna vertebral, de una idea en la que encajan el tiempo narrativo, el objeto y el lenguaje. Si no es así, son simples juegos florales, un pasatiempo un poco bobo para quien esté dispuesto a reírle la gracia.

No puedo dejar de admitir que detrás de este edificio tan amorfo parece haber cierta finura, talento para narrar y para sorprender con algunos giros interesantes y arriesgados. Lo vemos sobre todo en la última parte del libro (no llegará a cien páginas), cuando el autor parece retomar la historia inicial hacia la que lanza algunos cabos, como para justificar el relleno y cerrar el libro de alguna forma digna. Pero ni mucho menos es suficiente. Incluso ese entorno de los jóvenes en la noche cubana –lo más atractivo del libro- acaba por sumergirnos en el hastío de no ver más que unos intelectuales plastificados demostrando su ingenio frente a muchachas incultas que no se enteran de nada y, estas sí, hablan todo el rato en cubano.

También de Guillermo Cabrera Infante en ULAD: Puro humo

sábado, 12 de octubre de 2019

Reseña + Entrevista: The Night, de Rodrigo Blanco Calderón

Idioma original: Español
Año de publicación: 2016
Valoración: Muy recomendable

You're the bedtime story
The one that keeps the curtains closed
And I hope you're waiting for me
Cause I can't make it on my own
I can't make it on my own
(Morphine - The Night)


La polémica que rodeó la concesión del Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa (Edición 2018) a la primera novela de Rodrigo Blanco Calderón obliga a un reseteo mental antes de comenzar su lectura. Fuera prejuicios, fuera ideas preconcebidas, que sea la novela la que se defienda por sí misma.

Una vez concluida su lectura, he de decir que “The Night” es una muy buena novela, compleja y ambiciosa, que va mucho más allá de lo que señalaban las iniciales crónicas sobre la concesión del premio, centradas demasiado en el fondo (la situación política y social de Venezuela) y obviando de una forma difícil de entender la forma.

Podríamos, en una primera aproximación, definir la novela como una obra acerca de cómo adaptarse a la violencia y la oscuridad, real y metafórica, en un país al borde del derrumbe (la noche era un espejismo pero había que saber atravesarlo). Por tanto, es obvio que la situación venezolana es clave en la novela, no solo como telón de fondo sino como un personaje más de la misma. Así, los seres que encontramos en las páginas de "The Night" no pueden escapar de esa sensación a medio camino entre lo grotesco y la pesadilla que recorre la ciudad. Pero lo que da mayor valor a la novela es la forma elegida por el autor para presentárnosla. Digo esto porque, aunque inicialmente la aparición de varios cadáveres de mujeres con evidentes signos de violencia en una Caracas de pesadilla podría llevarnos a pensar en un thriller de denuncia social al uso, en “The Night” Rodrigo Blanco se aleja del “panfleto facilón” y nos ofrece una novela “matrioshka” con mucho de juego intertextual en la que se aúnan el género policial, psicológico, político e histórico (aquí podríamos poner todas las comillas del mundo).

Con la presencia permanente de la violencia en sus más variadas formas, iremos descubriendo historias de personajes reales y ficticios que conducirán a nuevas historias, recorreremos los caminos - revoluciones, cárcel, destierro, viaje de aprendizaje y desencanto a Europa incluidos -  seguidos por destacados miembros de la izquierda venezolana desde 1950 hasta la actualidad y tendremos la sensación de perdernos en un laberinto plagado de referencias literarias, en un territorio en el que las zonas oscuras de los personajes oprimen tanto como la oscuridad de Caracas, en unos textos en el que más importantes que las respuestas son los diferentes caminos explorados y los intentos casi desesperados de poner en orden las imágenes.

En este sentido, “The Night” recuerda de manera clara al Bolaño de “Los detectives salvajes” en sus personajes escritores o aspirantes a escritores en una búsqueda casi desquiciada y en su repaso a la reciente historia latinoamericana, a “2666” en la enumeración de los horrendos crímenes cometidos en Caracas, a “La pesquisa” de Saer, al Pierre Menard de Borges o a ciertos planteamientos macedonianos (tengo demasiado reciente la lectura del Museo de la Novela de Eterna).

En resumen, no sé si “The Night” será la mejor de las novelas presentadas a concurso, pero sí sé que es una muy buena novela que trae al primer plano a las letras venezolanas, unas de las grandes olvidadas del continente.

También de Rodrigo Blanco Calderón en ULAD: Los terneros

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Adjuntamos, a continuación, una pequeña entrevista a Rodrigo Blanco Calderón, al que agradecemos su amabilidad por prestarse al "interrogatorio".

ULAD: “Tu necesidad de escribir es, ante todo, terapéutica. Se diría que quieres escribir para olvidar o para comprender y lo más probable es que así lo hagas”. ¿Para qué escribe, en general y en el caso de esta novela, Rodrigo Blanco Calderón?

RBC: Los motivos de la escritura suelen ser misteriosos y también decepcionantes. En mi caso, la respuesta es muy endogámica: escribo porque necesito leer un libro que solo está en mi cabeza. Escribo para sacarme determinadas historias de mi cabeza. Lo irónico es que después de concluir el libro, la motivación para leerlo se ha perdido o ha cambiado. Es imposible leerlo del todo como si fuera de otro.

ULAD: ¿Es la literatura un acto de amor no correspondido?

RBC: O a destiempo, que viene a ser lo mismo.

ULAD: ¿Crear no es nunca compatible con la indiferencia?

RBC: Lo veo bastante difícil. La creación es compatible con la obsesión y también con la distracción. Y con la inconsciencia, incluso. Pero la indiferencia no aprecia las formas, no retiene ningún contenido. A menos que se tome a sí misma como objeto, pero entonces la indiferencia se vuelve atención.

ULAD: “El realismo mágico le puso colorete, alas y vestidos a la miseria”. Yo añadiría que, pese a poner en el mapa a la literatura latinoamericana, también tuvo como aspecto negativo el de relegar a muchos autores que quedaron fuera del “canon” y que hoy están casi olvidados. ¿Compartes esa visión?

RBC: En parte, pues esa desatención por los otros autores que quedaron fuera de la órbita del Boom (la mayoría, pues como dijo Ángel Rama, el «boom» fue un selecto club con solo cuatro integrantes fijos –Vargas Llosa, García Márquez, Fuentes y Cortázar– y un invitado cambiante –a veces Donoso, a veces Puig, etc–) es una cuenta que habría que adjuntarle a la crítica y a la prensa que no atendió la amplitud de todo lo que sucedía en la literatura latinoamericana de entonces. 

ULAD: E insistiendo en esos “olvidados”, da la impresión de que la literatura venezolana es una de las olvidadas dentro de la literatura latinoamericana. Un ejemplo, que creo que puede ser extrapolable al mundo “real”: en el blog llevamos hasta ahora 132 libros de autores argentinos, 38 de autores colombianos, 37 de autores chilenos, 18 de autores uruguayos y solo 8 de autores venezolanos. ¿A qué puede deberse? ¿Qué autores venezolanos actuales nos puedes recomendar?

RBC: La literatura venezolana estuvo prácticamente ausente del debate internacional durante los años del Boom y también en las décadas posteriores. Eso no quiere decir que esa literatura no existiera ni que no valiera la pena ser conocida, solo que una serie de circunstancias determinaron que sucediera así. Por ejemplo, las políticas culturales y editoriales del periodo democrático (1958- 1998) hicieron de Venezuela un gran anfitrión de la literatura latinoamericana. Desde la creación del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos (en cuya primera edición, realizada en Caracas en julio de 1967, se conocieron en persona García Márquez y Vargas Llosa), pasando por las publicaciones de autores extranjeros en la editorial del estado, Monte Ávila Editores, hasta la organización de diversos congresos de literatura. Sin embargo, no supimos ser unos promotores de nuestra literatura fuera de Venezuela. La circunstancia dramática que ha vivido el país en los últimos 20 años, que ha provocado el mayor éxodo masivo en la historia de América Latina, ha tenido como consecuencia que los escritores venezolanos se hayan visto obligados a hacerse un espacio en el mercado internacional. Apoyándose, todo hay que decirlo, en la atención que nuestra tragedia ha despertado en el mundo entero. Hay muchos autores venezolanos que leer. Enumero algunos al azar de la memoria: Victoria de Stefano, Oscar Marcano, Elisa Lerner, Salvador Fleján, Enza García, Rubi Guerra, Ana Teresa Torres, Juan Carlos Méndez Guédez, Gisela Kozak, Alberto Barrera Tyszka, Juan Carlos Chirinos, Karina Sainz Borgo, Eduardo Sánchez Rugeles, Yolanda Pantin, Héctor Torres, Laura Cracco, Fedosy Santaella, Miguel Gomes, Roberto Martínez Bachrich…se me están quedando muchos en el tintero. El punto es que hay una tradición rica y fuerte buscando sus lectores.

ULAD: "Borges decía que la historia universal no era sino la diversa entonación de diferentes metáforas” ¿Qué metáfora definiría la Venezuela actual?

RBC: Pienso en un plato de sopa pero lleno hasta el borde con petróleo.

ULAD: “Un poder como este, que produce risa y sin embargo te mata, es más corrosivo que un poder serio, de esos que provocan terror con la sola presencia de sus líderes o de sus símbolos”. ¿Puede haber parte del problema que desde Europa (o al menos desde España) se haya visto a Chávez / Maduro como algo caricaturesco (su chándal, su gorra, su “Aló Presidente”, etc)?

RBC: Por supuesto. Es que son personajes caricaturescos. Chávez y Maduro han encarnado a conciencia la figura del típico dictador de república bananera. Son unos payasos, pero unos payasos asesinos. El chavismo es una versión caribeña de IT.

ULAD: “Hay veces en las que queramos o no, lo mejor es adormecerse, no pensar mucho y dejar que los que saben hagan su trabajo”. ¿Resignación, dejadez o mero instinto de supervivencia?

RBC: ¿Quién dice eso? ¿Uno de mis personajes? En todo caso, hay que tener en cuenta el contexto original de las frases. Al discurso ficcional le gusta aparentar ser irremediable, pero la realidad nos muestra que muy pocas cosas son irremediables. Y todos sabemos cuáles son.

ULAD: Termino por el principio: “Al principio fue un largo, inesperado, apagón de cinco horas”. ¿Volverá la luz a Caracas?

RBC: Sí. Y volverá a irse también. Las luces de la razón, en América Latina, fluctúan como el servicio eléctrico.

ULAD: P.S.: Viviste en París, lo que se nota en alguno de los cuentos de “Los terneros” y en algunas partes de “The Night”. Viviendo ahora en Málaga, ¿habrá libro “malagueño”?

RBC: Seguramente. Para mí es algo natural incorporar los lugares que visito o los lugares donde he vivido en mis historias.

viernes, 11 de octubre de 2019

Gabriel García Márquez: Relato de un naúfrago

Idioma original: español
Año de publicación: 1970
Valoración: muy recomendable

Una entre mis muchas carencias como lector es no haberme especializado aún en ninguna de las figuras del "Boom". Puede que se trate de una mera lejanía generacional, sí, será sobre todo eso el hecho de que no haya vivido en primera persona ese fenómeno literario en espectacular eclosión hace ya unas cuantas décadas. Lejanía generacional, que no física. García Márquez firma en Barcelona, 1970 (supongo que en su famoso piso en el barrio de Sarrià) el brillante, por revelador y por muchas cosas, prólogo a este curioso relato, menos de 150 páginas, puede que parezca una obra menor, claro. Pero menos tenía El coronel no tiene quien le escriba y menudo portento de novela. Aún así, quizás haya de considerarse una obra de excepción, al margen de la florida imaginación del fallecido autor colombiano, tratándose, la explicación en el prólogo representa todo un "entrante" en calidad literaria, de una obra que había sido previamente publicada en prensa, de hecho, de una especie de resumen de esos artículos, constituida, celebridad obliga, en una obra redonda en lo literario pero más enmarcada en lo que podríamos definir como escenificación de un eventual diario de a bordo, basado en hechos reales y fruto de las diversas entrevistas mantuvo con el protagonista.

Porque el título, curiosamente apoyado por un florido párrafo, el horror de aquellos que temen el spoiler que subtitula de forma contundente y que, él solito, ya representa una declaración política, un sutil y poderoso puñetazo al poder público.

Porque el naúfrago es un marino, Luis Alejandro Velasco, un militar tripulante de una embarcación de guerra, un destructor, que, en una rutinaria misión y bajo diversas irregularidades, da un bandazo en el mar y pierde a varios de sus tripulantes, todos ellos miembros de la Marina de Guerra de Colombia, todos ellos menos Velasco fallecidos, Velasco entonces único superviviente, naúfrago, héroe de aquellos que merece distinciones, oropel, reconocimiento y placas colgadas por doquier con políticos y gobernantes prestos a tirar de las correspondientes cortinillas.
Pero Colombia era una dictadura entonces con un férreo control de medios de comunicación y opinión pública. Y si todo es política, hasta el acto más nimio, qué puede ser un episodio de heroicidad en manos de un escritor haciendo de periodista. A García Márquez le fue imposible atajar la repercusión de este escrito, que traspasó la barrera del relato de aventuras para convertirse en sus lecturas directas, y en las indirectas más aún, en un alegato que las autoridades se aprestaron en silenciar (otra vez conviene leer el texto subtítulo de la portada, apenas cuarenta palabras que representan no solo la mejor sinopsis producto del mismo autor, sino la precisa descripción de lo sucedido sin un ápice de añadido, pero así son las cosas, la realidad desnuda duele).
La narración carga también en lo psicológico, como si resonancias de Melville y Kafka se asomaran a la balsa, como si el mar y las especies que la habitan fueran criaturas de Lovecraft. Velasco en el agua diez días preso de esperanza y liberado por alucinaciones, las aletas de los tiburones, la evocación de los compañeros fallecidos, el leve tono de fantasía aportado por el convencimiento de que esa aventura representará el fin de su recorrido vital, la recepción cuando es rescatado en un pequeño pueblo costero alejado de las cuitas de la centralidad política de las naciones. Como simple relato, ya sería una crónica muy notable, sencilla y sincera. Si empezamos a añadirle capas, podríamos llenar párrafos y párrafos. Literatura peligrosa.

jueves, 10 de octubre de 2019

Andrés Villena Oliver: Las redes de poder en España


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2019
Valoración: Está muy bien

El Poder. Los Poderosos. Quizá sea uno de los asuntos más fascinantes para quienes sienten la curiosidad, o la necesidad, de mirar y comprender cómo son y funcionan las comunidades, humanas o no. ¿Cómo se consigue? ¿Y cómo se mantiene, se preserva, se expande, se impone? ¿Es el Poder intrínseca, necesariamente, violento, coercitivo, cruel? 

Bueno, sin necesidad de ponerse tan estupendo, el periodista Andrés Villena Oliver (Elche, Comunidad Valenciana, 1980), doctor en Sociología por la Universidad de Málaga, se ha dedicado a hacer inventario de los ministros y altos cargos de los últimos gobiernos de España –Rodríguez Zapatero, Rajoy, Sánchez- y su conclusión puede que no sea muy sorprendente, pero si tozudamente reveladora. La inmensa mayoría de los cuadros gubernamentales –tanto los del gran partido de la derecha como los del gran partido de la izquierda, los únicos que en las últimas décadas han formado gobiernos- surgen de unos graneros selectos, bastante cerrados y opacos, como son el conjunto de cuerpos de élite de la Administración del Estado. 

Se caracterizan precisamente por un fuerte espíritu corporativo que controla los puestos más importantes del aparato estatal, desde donde condicionan las políticas públicas y las decisiones gubernamentales, de manera compleja, discreta y sistemática. Y donde se organizan en confederaciones de cuerpos que pelean entre si por colonizar los diferentes ministerios y espacios de poder. Para el autor, creer que se puede gobernar el Estado sin conocer a sus funcionarios más característicos significa no haberse enterado de nada. Cogida al vuelo la respuesta de hace unos días en televisión del político de izquierdas que no ha podido gestar un gobierno de coalición, posiblemente estas sean las personas que garantizan que la sociedad española duerma tranquila. Exclusivamente ellas, por lo visto.

No se trata tan solo de las llamadas puertas giratorias, esa facilidad pasmosa de algunos para transustanciarse a la velocidad de la luz desde el servicio público a la cúpula de las grandes empresas -en formato ida y vuelta- para aterrizar con el culo siempre en las mejores poltronas sino del ecosistema que estos privilegiados ejemplares habitan de forma permanente y natural. Formados en las mejores facultades, becados para pulir currículum entre la nata universitaria anglosajona, entrenados y cuidados concienzudamente para opositar con garantías, son diplomáticos, inspectores de Hacienda, catedráticos universitarios, técnicos comerciales y economistas del Estado –conocidos como tecos, especialmente reclutados por el Partido Socialista-, o abogados del Estado, especialmente estimados en el Partido Popular. Son los cuerpos de élite de la Administración del Estado en España, que ya durante la dictadura y especialmente a partir del Plan de Estabilización de 1959, fueron la mejor manera de acceder, en un sistema con los partidos políticos proscritos, a la actividad pública. En cierta medida, una copia del sistema francés, aunque sin un cauce formal como el de la ENA, la Escuela Nacional de Administración. Aunque sí con una elevada presencia de apellidos con pedigrí aristocrático, que les confiere aires de nobleza del Estado. Y donde, por supuesto, el consenso neoliberal es aplastantemente dominante y los pilares teóricos de la economía neoclásica permanecen incuestionables.

En Las redes de poder en España se incluyen una serie de cuadros gráficos que permiten visualizar muy claramente los vínculos –parentesco, clan, linaje, origen, negocio, gremio, estudios, fundaciones, cátedras…- que mantienen este puñado de preclaros y abnegados patriotas. Los que cuidan del país desde los salones del poder y eventualmente salen a los balcones de palacio para saludar a la masa y recordarnos que continúan entregados sin desvelo en la ardua tarea de gobernarnos. A nosotros, domeñada plebe de ignorantes, sumisos y conformados. Así que libros como Las redes de poder en España, con sus 260 páginas de periodismo vigoroso, reposado y elaborado puede que cuentan una historia que ya nos sospechábamos y no acabe de sorprender pero viene muy bien para recordarnos, nombre y apellidos, a quién tenemos encima.

miércoles, 9 de octubre de 2019

Tirant, basado en el Tirant lo Blanch de Joanot Martorell

Idioma: valenciano (o catalán)
Fecha de publicación: 1490 (2015 en el caso de esta adaptación)
Valoración: qué os voy a decir, xiquets i xiquetes... imprescindible como el chorizo en la paella (*)

Hoy, 9 de Octubre, dado que es la fecha en la que se celebra la entrada triunfal del rey don Jaime el Conquistador en la ciudad de Valencia (allá por 1238) y, de paso, su descubrimiento de la horchata, parece un día de lo más apropiado (**) para reseñar uno de los clasicorros, si no el clásico por excelencia, de las letras valencianas y, por ende, catalanas, además de universales: el Tirant lo Blanch o Los cinco libros del esforzado e invencible caballero Tirante el Blanco, de Joanot Martorell. Xé, què bo!

Vale, de acuerdo, antes de que alguien se me ponga tiquismiquis: este libro, no es el Tirant original ni completo; se trata de una adaptación y condensación hecha por el escritor Víctor Labrado en 2011. Vago que es uno, sí... pero vaya, si os parece me voy a pasar media vida leyendo los 587 capítulos del original, en valenciano del siglo XV, para hacer una reseñita, claro... y que conste que sí que he leído más de un capítulo de ésos (son cortitos, también hay que decirlo). En concreto, en este libro se han adaptado desde el capítulo CXV, cuando el emperador de Constantinopla pide ayuda militar al rey de Sicilia, hasta el CCXCIX, en el que Tirant abandona la ciudad en una galera rumbo a Berbería, desengañado tras un malentendido con la princesa Carmesina, que es su crush (bueno, algo más, que él bien que quería tema con ella). Por otro lado, y antes de seguir, algo sobre el título: por supuesto que este libro está traducido al castellano hace la tira  (de hecho, es célebre que se trata de uno de los que el cura y el barbero salvan del fuego, cuando queman la biblioteca que enloqueció a Alonso Quijano), pero convendremos en que, lo mismo que La plaça del Diamant se debe decir así, en catalán, como bien señaló Francesc en su reseña, Tirant lo Blanch (o Blanc) suena mejor, dónde va a parar, que Tirante el Blanco, que parece uno de los complementos que utiliza Pedrojota para hacerse el interesante (no de los que usa en la intimidad, no seáis malévolos). Pues eso.

Como ya digo, en esta edición resumida -de hermosas cubierta y contracubierta, por cierto, del, como es habitual, exquisito Fernando Vicente- se saltan todo el comienzo de la novela de Martorell: cómo Tirant, de la casa de Bretaña -entiéndase la Grande, no la otra- llega a convertirse en caballero y sus andanzas guerreando por diversos lugares del Mediterráneo. El libro comienza directamente, pues, cuando el rey de Sicilia envía a Tirant, acompañado de parientes y otros caballeros, en ayuda del emperador de Constantinopla, acosado por las tropas del Sultán y del Gran Turco. Tirant, nombrado Capitán Mayor del ejército imperial, se dedicará a combatirles haciendo gala de su valor y astucia, y también a su rival el Duque de Macedonia. Pero no son las hazañas bélicas lo más significativo de la novela, sino que donde está el tomate (al menos en esta adaptación es en las aventuras de tipo erótico-amoroso: nuestro buen Tirant se prenda de la princesa Camesina y trata de conquistar sus encantos con ayuda -en ocasiones de lo más proactiva- de la doncella Plaerdemivida. No es que a la princesa el gentil caballero le resultase indiferente -todo lo contrario-, pero como joven consciente de su posición mantenía cierta cautela , la cual Tirant trataba de quebrar con métodos y triquiñuelas que hoy no dudaríamos de calificar como acoso por no decir intento de violación... pero en fin, en aquellos tiempos tampoco se podían pedir peras al olmo: todo era de mucha picardía y mucha risa.

Porque, eso sí, nada de amor cortés y demás zarandajas medievales: aquí las manos van al pan y los amantes al catre o adonde se tercie (***). Y no sólo Tirant, sino también sus compadres, como su primo Diafebus o su escudero Hipólito, que le requiebra a la mismísima emperatriz, ya madurita pero de buen ver, según parece... Algo parecido puede decirse de los personajes femeninos, también proclives a satisfacer sus apetitos carnales; así, la pérfida viuda reposada se encapricha del bello Tirant y le tiende un engaño para que éste abandone su interés por la princesa y, en cambio le colme a ella de sus atenciones (no me negaréis que estoy siendo fino... más que en el libro, de hecho). A consecuencia de este engaño es por lo que el héroe abandona Constantinopla en una galera, para nunca más volver... ¿O sí?

Pues sí: después de nuevas aventuras en otros países -aventuras erotizantes, también- vuelve Tirant a Constantinopla y se reúne con Carmesina. ¿Triunfará por fin el amor? ¿Se casarán y serán felices y comerán perdices (y fartons, sobre todo) hasta el fin de sus días? Pues habrá que leerse el original entero, tetes... aunque sea en castellano, que está traducido desde 1511. ¿Merece la pena? Pues seguro que sí... si al mismo Cervantes y, según parece, a Vargas Llosa les flipó tanto, ¿cómo no os va a gustar a nosotros, egregios lectores de Un Libro Al Día, que tenéis un gusto mucho más sibarita y una sabiduría literaria más acerada que la de esos meros juntaletras? Venga, todo el mundo a leerlo... y cuando vayáis por el capítulo DLXXX o por ahí, me lo contáis ; )


(*) Es broma, valencianos; no me tiréis de lo alto del Micalet ni me obliguéis a escuchar los grandes éxitos de Camilo Sesto, per l'amor de Déu!

(**) Además es el día en que se celebra Sant Donís, patrón de los enamorados en Valencia, por lo que resulta también de lo más propio, como ya se ve.

(***) Como decía el cura de aquel lugar de la Mancha, etc...: "Digoos verdad, señor compadre, que, por su estilo, es éste el mejor libro del mundo: aquí comen los caballeros, y duermen y mueren en las camas (...)" Y lo que no es dormir, añado yo...

Aquí también sale guapete

martes, 8 de octubre de 2019

ULAD inaugura el premio ¡NOOOO! BEL

Estimados señores de la Academia. Dejen ya de jugar. Que si el año pasado no dan su premio por unos asuntillos de tema sexual. Que somos muy coherentes y no hay premios que dar, castigados todos a la cama sin postre.

Respuesta contundente: ULAD crea el NOVEL

Y ahora, este año, todo olvidado, pero el palmarés no puede quedar vacío. El tiempo, que todo lo borra y, como si hubiéramos saltado una casilla, y ahora DOS Nobel. Para recuperar la media. 
Oigan: esto es trampa. Y les va perfecto: pueden premiar a pares, contentando y compensando, a equidistantes no les va a ganar nadie: un hombre y una mujer, un novelista y un poeta, un representante de la literatura occidental y otro de las periféricas, uno blanco y uno de color, un escritor consolidado y uno casi debutante. O pueden premiar a un pianista y a un guitarrista. Ejem. O mejor, a ciertos dos escritores españoles muy machotes y muy amigos. Qué comodona les ha quedado la jugada. Pueden optar por un escritor comercial y otro artístico. 
La de escritorzuelos que estarán ilusionados porque este año hay dos premios y eso dobla sus posibilidades. Cuánta ilusión en cuántos despachos llenos de papelotes o presididos inmaculadamente por una máquina de escribir, por un PC, esperando pacientes a la prensa dispuesta a fotografiar el RINCÓN DONDE CREA EL GENIO. 
POR DOS.

Respuesta aún más contundente: ULAD crea el ¡NOOOO!BEL

Porque ULAD es un blog cohesionado e integrado por 10 personas de conducta recta e intachable, 10 seres humanos a los que poco hay que reprochar salvo el tamaño de las baldas de sus estantes. Olvidemos la pequeña escisión de la rama catalana y el asunto que acabo con la fusión entre MAS ULAD y MENOS ULAD. Estamos unidos, estamos fuertes, miramos adelante.

Y este es nuestro premio: nuestros colaboradores explican quién NO debería ganar el Nobel, quién ni de coña debe alzarse con el honor, con el prestigio, CON LA PASTA, porque no nos gusta nada lo que hace, porque no aguantamos lo que escribe, por pura envidia. Motivos no nos faltan. Adelante.


AMÉLIE NOTHOMB, por Francesc Bon


Lo mío con la escritora belga es para llorar. Para reverdecer, o quizás rectificar sensaciones, leo Barba Azul, novela de hace unos años (pone la sinopsis, vigésimoprimera, desde entonces ha publicado 7 más, incluyendo una titulada Riquete el del Copete), y casi sollozo (habrá reseña, qué diantres). Pero con tamaña producción, su condición de escritora de pequeño país, los precedentes de Modiano, de Jelinek... tengo algo de miedo de que los señores de la Academia la tengan en cuenta. Una autora que emplea las portadas de sus libros para enseñar sus poses-con-sombrero acompañadas de expresión vivaracha, casi siempre la misma. Que pinta a sus personajes con trazos gruesos de simplicidad o fragilidad casi paródicos. Que suelta puntualmente sus cien pagínitas de volatilidad tiznada de trascendencia de suplemento dominicial. Que ensucia el catálogo de Anagrama de manera incomprensible, año tras otro. La palabra es REPUGNANCIA. Ni se les ocurra.


PAULO COELHO, por Carlos Andia

La gente es idiota. O no, peor, se ha quedado sin referentes. Ya no cuela la recompensa de la vida eterna, ni los ideales de justicia o de una sociedad nueva. Nos han convencido de que no hay más que sálvese quien pueda, de que el sistema no se va a mover por mucho que gritemos o recemos. Y aquí aparece él, Coelho, irrigando el planeta con sus frases redondas, sugiriendo que hay una Dimensión Diferente donde un Espíritu Recto conecta con el Alma de las Cosas y finalmente la Armonía Universal se instala en nuestras vidas. Igual no hay Cielo para los justos ni paraíso socialista, pero si tu hijo está enfermo, o te echan del trabajo, o piensas que tu vida es una mierda, Coelho tiene la frase perfecta para reconducirte al Equilibrio.
En su día tuve la mala sombra de reseñar aquí el único libro de este individuo que ha disfrutado del honor (inmerecido, sin duda) de una entrada en el blog. Me arrepiento. Ya sé que vende mucho, que grupos editoriales le pagan bien por escribir en suplementos, pero me da pena. Siento que haya gente que se deje embelesar por tantas sandeces. Y solo me queda un consuelo: en el fondo, este tipo es inofensivo, es una droga cutre, no muy cara, que a él le hace rico y a los demás, a lo sumo, nos provoca un sarpullido.


J. K. ROWLING, por Oriol Vigil

Esta autora es mundialmente conocida por haber escrito la heptalogía protagonizada por Harry Potter. Y sí, sé que J. K. Rowling ha publicado otras cosas. Sin ir más lejos, ha hecho sus pinitos en novela negra o ficción adulta. Pero mucho me temo que en eso no la reivindica ni Dios.
Ya puestos, tampoco entiendo que se reivindique a Harry Potter como si de una obra maestra de literatura juvenil se tratara. Claramente, esta exitosa saga va de mal en peor (aunque hay que reconocer que sus dos primeras entregas funcionan a su manera): un worldbuiling y un sistema de magia inverosímiles, mensajes poco intuitivos, continuidad cada vez más contradictoria...
Pero claro, piensa Rowling, a la gente le gusta Harry Potter, y todo lo demás es un fracaso, así que hay que exprimirle, a él y a su universo. Sacarle el dinero a los potterheads a base de libros "complementarios" más próximos al merchandising que a genuinos productos literarios. Aprobar como canon una pieza teatral que parece más bien un vulgar fanfiction.
Por si lo dicho no fuera suficiente para cuestionar la calidad como narradora de Rowling, la tía va y desempeña un flagrante ejercicio de intrusismo al escribir, sin tener ni p*ta idea de cómo hacerlo, varios guiones cinematográficos (relacionados con el mundo de Harry Potter, of course).
Y una última cosa: ¿esta mujer no ha oído hablar de la muerte del autor? En Twitter no deja de ampliar innecesariamente el universo de Harry Potter (también suelta rancias diatribas políticas, pero eso dejamos que lo critiquen otros blogs). ¡LO QUE NO HAS ESCRITO EN LAS NOVELAS, PELÍCULAS, ETC, LO DEJAS A LA IMAGINACIÓN DE TUS LECTORES, PESADA!


KARL OVE KNAUSGARD, por Koldo CF

Porque estoy hasta las narices de esa literatura del yo que no es otra cosa que un continuo mirarse al ombligo, porque el interés que puede tener (para mí) este tipo de literatura procede bien de una "nueva estética narrativa". bien de una vida "excepcional" o bien de una proyección de lo individual hacia lo colectivo y creo que no se da ninguno de los tres casos, porque me aburre soberanamente, porque la potencia ambición sin control no sirve de nada, porque tienes los santos cojones de ponerle el título de "Mi lucha" a las 21222851 páginas de la historia de tu vida (¿"Mi lucha" llevar a tu hija a un cumpleaños, "Mi lucha" hacerte pajas, "Mi lucha" emborracharte en la adolescencia?), porque no te hacen falta ni el premio ni la pasta (joder, que eres KOK, un noruego de dos metros, con pinta de estrella del rock y más atractivo que un plato de jamón ibérico acompañado de una botella de Dom Perignon) y porque si no le dieron el Nobel a Thomas Berhard... ¿cómo te lo van a dar a ti, alma de cántaro?

P.S.: También un poco por tocarle las narices a Marc, la verdad.


CUALQUIER MIEMBRO O MIEMBRA DE LA RAE, por Juan G. B.


Es obvio que candidatos/as para no merecer jamás de los jamases este premio sobran; mis compañeros han nombrado a varios (yo añadiría al franchute ése con pinta de clochard), pero, ante la imposibilidad de decidirme por nadie, me vais a permitir que haga un disparo por elevación: no se lo daría a ningún o ninguna baranda de los que calientan el sillón en la Real Academia Española de la Lengua. Mis razones (tengo más):

  1. Porque aún me dura la vergüenza ajena de cuando se lo dieron a Cela. Además del espectáculo de él y su mujer bailando el vals, por la caterva de lameculos que salieron hasta de debajo de las piedras.
  2. Porque todos sabemos que los literatos (incluyo en esto a periodistos) que entran en tan venerable institución lo hacen por puro postureo, para figurar y disimular su mediocridad como autores. No me refiero a filólogos y lingüistas: fijo que José Antonio Pascual, director del Nuevo Diccionario Histórico del Español, curra más en un solo día que todos los CebrianesGoytisolosGimferreresMolinasAnsones en los muchos años que lleven allí.
  3. Que todos los escritores miembros de la Academia son un poco peñazo, para que nos vamos a engañar (sí, incluso PérezZzz-Reverte, que se supone escribe novelas de aventuras y acción): Soledad PuértolazZzz, Javier MaríazZzz, Felix de AzZzúa, Luis Mateo DíezZzz... El único con un poco de chispilla era Álvaro Pombo, pero desde que ya no da mítines de UPyD ha decaído bastante (a ver si le dejan en esta ¿nueva? campaña).
  4. Que mola pensar en la envidia que corroerá a todos éstos cuando se crucen en los pasillos con Vargas Llosa (quien, y dolerá más o menos, pero hay que reconocerlo, sí había hecho méritos para que le concedieran el Nobel). Y encima tendrán que ofrecerle la mejor de sus sonrisas, pues no sólo es uno de los suyos: es el puto macho alfa de la manada.

E.L. JAMES, por Beatriz Garza


Alfred Nobel dejó por escrito en su testamento que el Premio Nobel de Literatura se le entregara «a quien hubiera producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal». Y se fue al otro mundo convencido de que tales directrices eran suficientes para diferenciar la LITERATURA del resto de mierdas varias que se publican a diario, se venden como rosquillas, se adaptan al cine y conducen a autores hasta los primeros puestos de la lista Forbes; como sucede con E.L. James. Pero no voy a argumentar por qué E.L. James no se merece el Nobel, si no por qué sí se merece el NOOO-Bel y es que, señoras y señores, lo que ha conseguido esta mujer es digno de llevarse un premio:
  • Ha conseguido que sus Cincuenta sombras III y III se convierta en la obra erótica de referencia. ¡Qué importa que D.H. Lawrence escribiera El amante de Lady Chatterley hace casi cien años! Ella ha sabido empezar de cero para buscar la esencia del erotismo y he aquí los resultados: cero esencia, cero erotismo y cero literatura.
  • Ha logrado rellenar (y rentabilizar) centenares de páginas con personajes absolutamente planos e inverosímiles, conflictos facilones y poco desarrollados y una voz narrativa menos convincente que las audiodescripciones de las películas para personas invidentes.
  • Ha situado la, hasta hace no mucho relegada, literatura erótica en la primera línea de los estantes de las grandes librerías, junto a las memorias de Belén Esteban y el libro de recetas del chef de moda. Oh, pues en tal caso muchas gracias, señora E.L. James.
Y es que para que E.L. James mereciera el Nobel de Literatura tendría que vivir más de cien vidas y en todas ellas dedicarse a cualquier cosa menos a escribir.


JAVIER MARÍAS, por Santi

Sí, sé que me arriesgo más que muchos de mis compañeros, porque mi candidato al ¡Nooooo! Bel tiene opciones de ganar el Nobel, el de verdad. Por lo menos, eso dicen todos los años todas las encuestas. Y la verdad, creo que sería un error y una oportunidad desaprovechada. Mi opinión sobre Marías ya la expliqué en esta otra entrada, así que no me voy a repetir. Solo añadiré que darle el Nobel a Marías ahora, que se ha convertido en un representante de lo antiguo y lo establecido (tanto en literatura como en varios ámbitos sociales y políticos, en particular en relación con el feminismo) sería darle en el siglo XXI un premio a un escritor que sigue anclado en el siglo XX. Si en su momento Marías pudo ser innovador y rompedor en el contexto de la literatura española, ahora en cambio es un peso muerto: más de lo mismo, sin riesgo ni ruptura. El Nobel no puede premiar eso.


JOHN BANVILLE, por Montuenga

Al paso que va, no me extrañaría que el escritor irlandés John Banville –desdoblado en Benjamín Black cuando escribe novela negra– aparezca cualquier año de estos en la lista de candidatos. Por ello, y sin negar sus evidentes méritos –reconocidos  con importantes galardones, entre ellos el Príncipe de Asturias 2014– he creído oportuno incluirlo en la lista uladiana de No-Candidatos al premio.
Comienzo por su prosa que, a juzgar por la traducción al castellano, es correcta, agradable, cuidada y lo primero que suele destacarse. Se reconoce además su sobriedad. Sin embargo, sus personajes suelen estar desdibujados, abusa de las coincidencias y sus descripciones tienen una extensión desproporcionada. Intuyo un carácter laborioso que construye sus tramas con dedicación y pule incansablemente sus escritos, pero ese afán perfeccionista acartona un poco (o un mucho) sus historias, de tal manera que a algunos nos resulta imposible conectar emocionalmente con ellas. Sospecho que su autor, absorto en los aspectos técnicos, evita implicarse a fondo. Pero, como bien saben, el primer requisito de un relato, de cualquier relato que se precie, es interesar al lector, y somos unos cuantos los que nos quedamos más bien fríos leyéndole, tanto en su faceta de novelista serio como en la otra, más lúdica a priori. Yo, la verdad, tampoco encuentro tanta diferencia entre las dos.

Hablando claro, Banville no solo me aburre: ni siquiera soy capaz de recordar ni uno solo de sus argumentos; a mi entender les falta consistencia, por eso al poco tiempo se desvanecen en el aire. Sin embargo, admiradores tiene, eso no se puede negar. Sus motivos tendrán, digo yo.

lunes, 7 de octubre de 2019

Stephen King: Buick 8, un coche perverso


Idioma original: Inglés
Título original: From a Buick 8
Traductor: Jofre Homedes Beutnagel 
Año de publicación: 2002
Valoración: Se deja leer

La policía de Pensilvania tiene que hacerse cargo de un Buick Roadmaster, pues su conductor ha desaparecido. En la comisaría donde está guardado el vehículo no tardarán en darse cuenta de que hay algo raro en él. Algo muy, muy raro. 

Estamos frente a una novela con una premisa intrigante. No obstante, al contrario de lo que pudiera parecer, su lectura nunca se vuelve adictiva. Tampoco pesada, entendámonos. La prosa de Stephen King derrocha ligereza y el argumento de Buick 8, un coche perverso despierta curiosidad. Pero es innegable que a este libro le sobran páginas, abunda en anécdotas o descripciones que no aportan nada y tiene una estructura repetitiva. Encima, no me convencen ni su final ni los temas que maneja.

Buick 8, un coche perverso intenta ser un homenaje a H. P. Lovecraft, pero fracasa en el intento porque no ha entendido al escritor de Providence. Es una novela sobre la fascinación por lo desconocido, sobre cosas que están más allá de nuestra comprensión. Pero, como digo, Buick 8, un coche perverso no ha entendido a Lovecraft. Al contrario que en la mayoría de las ficciones del de Providence, aquí se planta cara a lo incognoscible. Y, en cierto modo, se sale triunfante. Por eso decía que el final de esta historia no me acaba de convencer.

Menos lovecraftiano aún es que se desvele en exceso el misterio de qué es el coche. Para ser una novela sobre lo desconocido, Buick 8, un coche perverso ofrece demasiadas respuestas. Respuestas que deberían haberse dejado a la interpretación del lector. Por ejemplo: ¿era necesario que Ned Wilcox elucubrara sobre la desaparición del conductor del Buick? ¿King tenía que confirmar el destino de Brian Lippy a través de lo que ve Sandy Dearborn? ¡Venga ya!

Otros temas se barajan en estas páginas, además de la interacción humana con lo desconocido. Temas como el duelo y la aceptación de la pérdida, la hermandad que existe entre personas sin lazos de sangre, los avatares del destino, la otredad o el tránsito de la adolescencia a la madurez. Desgraciadamente, ninguna de estas ideas llega a espesarse. 

Resumiendo, este libro no me ha gustado. Sin embargo, tiene aspectos positivos que querría destacar:

  • La amenidad con que está relatado. 
  • El humor que empapa algunos de sus pasajes.
  • Sus personajes, moderadamente complejos y con los que no es difícil empatizar. 
  • El maldito Buick y todo el misterio que le rodea. 
  • Las descripciones de las criaturas que el maletero del coche vomita. En especial, las que aluden a la «cosa-murciélago». 
  • La labor de documentación que King ha tenido que hacer para escribir esta novela. No sólo la ha situado en un estado alejado de su amada Maine; también ha tenido que familiarizarse con la profesión de los troopers. 
  • Los que conozcan al dedillo el multi-verso de King podrán ir localizando aquí y allá guiños y referencias a otras de sus ficciones.

A mi juicio, esto es lo malo de Buick 8, un coche perverso

  • Su final. 
  • Su estructura repetitiva. 
  • Su incompetencia a la hora de homenajear a Lovecraft.
  • Varias de las decisiones tomadas por los personajes están bastante cogidas por los pelos.
  • Diversas escenas se alargan más de la cuenta. Para colmo, a veces son relatadas estérilmente desde múltiples puntos de vista.
  • Me sobran anécdotas sobre los troopers. Es cierto que éstas dan verosimilitud a lo que se nos está narrando, y hasta ayudan a caracterizar a determinados personajes, pero hay demasiadas y, por lo general, se sienten como digresiones innecesarias.
  • Después de todas las menciones que se hacen en estas páginas a los amish, uno esperaría que King los vinculara con la historia. Pero no, esto nunca llega a suceder más que de forma superficial. 
  • En cuanto a la edición de RBA de From a Buick 8, querría destacar que, aunque la traducción de Jofre Homedes Beutnagel es funcional, se siente poco pulida en algunos tramos. 

Para ir terminando con esta reseña, diría que Buick 8, un coche perverso es una novela con buenas ideas mal ejecutadas. No es el mayor bodrio escrito por King, pero no me extraña que haya fans que la comparen con la infumable Cell. Así pues, manteneos alejados de este voraz maletero. Al menos, todos aquellos que no seáis unos incondicionales del escritor de Maine. He dicho.


Más títulos de Stephen King reseñados en ULAD: Aquí

domingo, 6 de octubre de 2019

Manuel Mujica Lainez: El unicornio

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1965
Valoración: Muy recomendable, casi imprescindible

Amigo Koldo:

En primer lugar, agradecerte que me hayas cedido esta entrada, precisamente tú que has hecho un exhaustivo y muy meritorio trabajo reseñando buena parte de la obra de este autor, que sin duda se cuenta entre nuestros favoritos (tuyo y también mío). Por cierto, no sé si alguna vez te has planteado por qué a este lado del Atlántico nos empeñamos en hacer volar la acentuación y sus tildes, convirtiendo a Mujica en un esdrújulo y mucho más euskérico Mújica. Vamos, igualito que insistimos en hacer Sábato a Sabato, por ejemplo. Pero en fin.

Qué curioso, esta bien nutrida novela (casi 400 páginas de letra más bien apretada) es, de punta a cabo, un largo y hermosísimo cuento de hadas, lo que desde luego casa muy bien con la época que retrata, a caballo entre la Alta y la Baja Edad Media. No solo un cuento de hadas, sino relatado además por un hada, protagonista tangencial y narradora implicada en la escena. Un hada, esta Melusina de Lusignan, con rasgos deliciosamente humanos, debilitada en sus poderes y dolorida porque su carácter enamoradizo se ve perjudicado por su forma inmaterial.

Espero que (cuando lo hayas leído, no sé si ya) coincidas conmigo en que el relato de Melusina en torno al encuentro con sus descendientes, el viejo caballero Ozil y el bello Aiol, acompañados por su extravagante cortejo, es como una inmersión en las aguas de la Laguna Azul de Grindavík: en cuanto el cuerpo se acostumbra a la temperatura y densidad del líquido, ya nada nos hará emerger del él, como no sea para añorar con más fuerza volver a su seno. Disculpa el lirismo excesivo, pero no puedo evitar que una prosa poderosa deje durante un tiempo impregnada la mía propia (luego se me pasa, no temas). 

Es que, tío, la prosa de Mujica es abrumadora, de una riqueza con pocos parentescos, de una belleza aplastante. Es como el reverso de la escritura quirúrgica de Di Benedetto: el barroquismo lo llena todo, como una primavera explosiva de léxico florido, oraciones subordinadas enroscadas unas en otras, desbordante en el detalle y en sus ramificaciones. Pero oye, lo principal, eficaz para contar la historia.

Acuérdate, o en su caso, toma nota: Melusina, tras ponernos en antecedentes sobre su origen, encuentra fortuitamente a los modernos Lusignan, y con ellos recorre las tierras interiores de Francia, conviven con el buen ermitaño Brandán, provocan (sin quererlo) la catástrofe en sus anfitriones de Castel-Rousillon, asisten a justas y torneos… Y entretanto tenemos noticia de los ecos de las Cruzadas y del ‘Rey leproso’, la vida en los castillos de los señores principales y las nuevas costumbres que se van introduciendo en esta etapa y que los viajeros (y el hada a la que ignoran pero que les acompaña) descubren a través de ciertos castellanos y, sobre todo, de sus esposas. A veces el relato se desliza hacia los libros de caballerías y evocamos pasajes del ciclo artúrico, y otras es la magia y el elemento fantástico el que predomina, creando con todo ello lo que podríamos llamar el ambiente medieval perfecto, con sus correspondientes dosis de magia, honor, violencia, espiritualidad, o grosería, según el momento.

Esto del ambiente medieval me lleva sin remedio a recordar otra obra, mucho más voluminosa que esta y bastante conocida en España, que no voy a citar por simple respeto, aunque ya fue reseñada (y contrarreseñada por mí) en este blog. El contraste es brutal, porque todo lo que en aquella resultaba fallido (estilo, personajes, aventuras, atmósfera) en El unicornio es exitoso, y casi da algo de lástima la comparación.

Bueno, y por no callarme nada, también confieso que tengo la sensación de que a nuestro admirado autor se le va un poco la mano. Como sabes, Mujica era un tipo de una erudición bárbara, en especial en el campo de la Historia, y todo el relato está impregnado de referencias a personajes y hechos reales. La parte final de la novela se desarrolla durante las Cruzadas (creo que es la Tercera) y por lo que poco que sé creo que sigue fielmente sus distintos episodios. Algunos de ellos están narrados de forma especialmente brillante (hace bastante que lo he leído por última vez y de ahí que no recuerde nombres ni lugares en concreto, ya los descubrirás si todavía no lo has hecho) y en general la lectura se hace interesante y no pierde la fina exuberancia que adorna todo el libro. Pero sí me parece que tal vez le pesa demasiado el escrúpulo de no transgredir los hechos históricos (o el deseo de exhibir sus conocimientos? ejem) y la ficción queda un poco arrinconada.

Tampoco me hagas demasiado caso. Ya sabes que siempre tengo que ponerle alguna gotita amarga incluso al libro más admirable. Y este lo es en mi opinión, uno de los libros que forman el muy pequeño grupo al que le doy el raro privilegio de la relectura, en definitiva, de esos que no se olvidan.

Ahora solo espero que no me montes una contrarreseña. Pero estoy casi seguro de que no.

Otras obras de Manuel Mujica Lainez en ULAD: Aquí