sábado, 31 de octubre de 2020

Biblio-necrophiliac Quiz 2020: The Year of The (Tiny) Beast

¡Por fin ha llegado Samaín, amiguites! Esperamos que paséis una buena Noche de de Jalogüín (o mejor aún, mala). Como cada año desde que nuestra especie tiene memoria, llega el momento del año en que se diluyen las fronteras entre el mundo de los vivos y el de los muertos, bla, bla, bla... y para celebrarlo, en Un Libro Al Día abrimos las puertas de nuestro Arkham particular para dejar salir por una vez la insania, la sagrada locura que... eeh, vale, de acuerdo,  que éstos me dejan hacer el gamba un rato, a cambio de que no les de la brasa el resto del año.

En fin, a lo que íbamos: como lo de este 2020, para qué nos vamos a engañar, es insuperable como performance de terror y además a un servidor ya se le acaban los recursos, después de una primera edición del Biblio-necrophiliac Quiz dedicada a las tumbas de escritores/as y una segunda que trataba de las maneras curiosas de morir que tuvieron algunos de ellos y ellas... el Biblio-necrophiliac Quiz de este año va dedicado a las truculencias que adornaron las vidas de nuestros queridos (aunque en algún caso, no tanto) juntaletras. Truculencias variaditas, aviso, que no estamos para elegir... ¿Preparado todo el mundo? Are you ready to rock? Pues arreando, que es gerundio...

1- La literaria es una actividad que a veces atrae a personajes turbios, como fue el caso del austriaco Jack Unterwegen, quien, tras asesinar a una mujer en 1974, se dedicó a escribir poemas y obras de teatro en la cárcel, hasta que un grupo de intelectuales (como la luego Nobel Elfriede Jelinek) pidió y consiguió su excarcelación en 1990. Una vez en libertad, Unterwegen desarrolló una notoria carrera como:

A- Tertuliano en programas de televisión.
B- Periodista acompañante de la policía de Los Ángeles.
C- Asesino en serie de prostitutas.
D- Todo lo anterior, a la vez.


2- Otro convicto y condenado a muerte, además, fue José Giovanni, gangster de Pigalle condenado por matar a tres personas durante unos atracos en 1945 y encerrado en la parisina prisión de La Santé, de donde trató de fugarse. Esta aventura la relató luego en una novela que fue llevada al cine por Jacques Becker en la magnífica La evasión (en la que aparece el propio Giovanni). Una vez en libertad, Giovanni llevó a cabo una exitosa carrera como escritor, guionista y director de cine; pero, ¿por qué motivo le fue conmutada la pena de muerte a este ex-hampón?

A- Por entregar a unos antiguos compinches y colaboracionistas de los nazis, que planeaban un atentado contra el general De Gaulle.
B- Por limpiar las playas francesas de minas alemanas.
C- Ocuparse a perpetuidad del mantenimiento de la Torre Eiffel (capa de minio más otra de pintura gris plomo y vuelta a empezar...).
D- Alistarse en la Legión Extranjera y caer herido en la batalla de Dien Bien Phu.


3- Claro que si hablamos de literatos franceses que tuvieron problemillas con la justicia, es  posible que quien se lleve la palma sea el poeta del siglo XV François Villon, que llegó a escribir La balada de los ahorcados, en 1463, mientras esperaba a ser ejecutado en la horca, precisamente. No llegó a serlo, pues le fue conmutada esta pena por la de destierro de París, pero ¿sabéis como murió este singular poeta?

A- Mientras yacía con una dama en su lecho, asesinado por el marido celoso (celoso porque Villon antes lo había seducido a él).
B- Arrojado al mar por unos piratas bretones a los que se había unido y luego tratado de engañar en el reparto del botín.
C- Reventado por la coz de un caballo percherón que trataba de robar de una granja de Picardía.
D- Ni puñetera idea, la verdad...


4- Aunque seguramente el escritor homicida más célebre sea el inefable William S. Burroughs, que en 1951 mató de un disparo a su mujer, Joan Vollmer, mientras trataba de imitar a Guillermo Tell, durante una fiesta que se les fue de las manos (o quizás era muy aburrida y querían animarla) en Ciudad de México. Esta historia es muy conocida, pero, ¿podríais decirnos qué arma utilizó Burroughs para tal "hazaña"?
A- Un revólver Smith & Wesson M1917 de calibre .45 ACP.
B- Una pistola Star 380, fabricada en Eibar por Bonifacio Echeverría S.A.
C- Un fusil de cerrojo Paravicini-Carcano modelo 91-38, fabricado en Terni (Italia).
D- Una pluma estilográfica-pistola, de 9mm., adquirida en Tijuana y de fabricación artesanal.


5- La malograda Joan Vollmer, años antes, había sido compañera de piso en Nueva York de Edie Parker, esposa a su vez de uno de los amigachos beatniks de Burroughs, que se casó con ella a cambio de que sus padres pagaran la fianza de 2500 dólares para sacarlo de la cárcel, pues había sido detenido como cómplice en el asesinato de David Kammerer. ¿Quién era esta joya de yerno (que por cierto, llegó a escribir un libro sobre el crimen con William S. Burroughs, aunque no se publicó)?

A- Jack Kerouac.
B- Neal Cassady.
C- Allen Ginsberg.
D- Lucien Carr.


6- Cambiemos de tercio. Una de las historias más truculentas de la literatura puede ser la que protagonizó el pintor y poeta prerrafaelita Dante Gabriel Rosetti, quien, transido de dolor por la prematura muerte de su joven esposa, enterró junto a ella sus poemas... hasta que, unos años más tarde, decidió recuperarlos, para lo cual hubo que exhumar el cadáver. Se dice, se comenta, se rumorea (aunque posiblemente fuera una mentira del agente del escritor) que el cuerpo de la joven no sólo estaba incorrupto, sino sonrosado y su cabellera había crecido... La historia, además, se ha relacionado con unos supuestos casos de vampirismo que tuvieron lugar en ese cementerio, sobre todo en los años 70 del pasado siglo (y que culminaron con una insólita disputa entre cazadores de vampiros). ¿De qué famoso cementerio estamos hablando?

A- Cementerio de Montparnasse, en París.
B- Cementerio de Highgate, en Londres.
C- Isla de San Michele, en Venecia.
D- Cementerio Acatólico (o Inglés) de Roma.



7- Tampoco es que éste fuese el único vínculo que el bueno de Dante Gabriel tuvo con el tema vampírico, pues guardaba un parentesco muy cercano, vía materna, con uno de los autores pioneros de este género:

A- Johann Wolfgang von Goethe
B- John William Polidori
C- Bram Stoker
D- Joseph Sheridan Le Fanu


8- Para acabar con este asunto: ¿Qué eximio escritor español afirma haber sido mordido en cierta ocasión por un vampiro... un murciélago hematófago, en realidad, y como efecto de la draculina (se llama así, no os riáis) que contiene su saliva, ahora él  goza de una fluidez mayor de la sangre y es alérgico al ajo?

A- Arturo Pérez-Reverte.
B- Fernando Sánchez-Dragó.
C- Alberto Vázquez-Figueroa.
D- Enrique Vila-Matas.


9- Vayamos ahora con la creadora de otro de los personajes inmortales (nunca mejor dicho) de la literatura de terror (?): Mary Wollstonecraft Shelley, casada, como es sabido, con el poeta Percy Shelley, que murió en un  un naufragio en el Mediterráneo. Su cuerpo, rescatado en la costa del Lazio, fue incinerado por disposición de su amigo Byron, excepto su corazón, entregado a su viuda Mary. ¿Qué hizo ésta con tan simbólico recuerdo?

A- Se lo comió a bocaos, crudo y sin salpimentar, siquiera...
B- Lo guardó, envuelto en seda, en un cajón de su escritorio, de donde lo sacaba para acariciarlo de tanto en cuando.                                           
C- Lo implantó en un cadáver de un mozo de taberna que hizo robar en el cementerio de Kentish Town, donde se había trasladado y trató de hacerlo revivir a base de corrientes eléctricas.
D- Lo enterró junto a la tumba de su madre, lugar de entrañable emoción y recuerdo para ella.


10- Por seguir con nuestra siempre apreciada Mary W. Shelley: es sabido que su segundo nombre se debe al apellido de su madre, Mary Wollstonecraft, notoria escritora feminista, fallecida tras dar a luz a su hija. Para la pequeña Mary la tumba de su madre, en el cementerio de St. Pancras Old Church, se convirtió en un lugar muy especial, llegando a aprender a escribir resiguiendo las letras de la lápida, por ejemplo... Ahora bien, ¿qué otra actividad menos confesable (aunque contada por ella misma) llevó a cabo sobre la tumba?

A- Misas negras con Percy Shelley, Byron, Polidori y su hermanastra Claire Clairmont.
B- Sesiones de espiritismo con Shelley, Byron y Polidori
C- Un mítin político con Shelley y Byron en favor de la independencia de Grecia, para los obreros que construían  la cercana estación de tren y que solían almorzar en el jardín del churchyard.
D- Perder la virginidad. Sólo con Shelley.


Y ahora por fin, la bola extra; una pregunta facilita, para quien quiera realizar un "pleno al once", que entre tanto coronavirus y tanto Trump y otros bichejos no estamos para estrujarnos mucho las meninges: 
11- ¿Qué celebérrimo escritor en lengua inglesa no perteneció (repito: NO perteneció) a la prestigiosa sociedad de flipaos estudiosos de los fenómenos paranormales The Ghost Club, fundada en el Trinity College de la Universidad de Cambridge en 1862?

A- Charles Dickens
B- Arthur Conan Doyle
C- William Butler Yeats
D- John Ronald Reuel Tolkien



Soluciones: 1- D ; 2- B ; 3- D ; 4- B ; 5- A ; 6- B ; 7- B ; 8- C ; 9- B ; 10- D ; 11- D

Valoración de los resultados: 
  • Entre 0 y 3 aciertos: ¿Qué hacéis aquí, parvenus, hipsters o lo que seáis? Idos con vuestros coches eléctricos a salvar las ballenas del Amazonas o lo que sea que hagáis para el postureo de IG y dejadnos las frikadas a los que no tenemos otra cosa en la vida...
  • Entre 4 y 7 aciertos: Humm... tiene un pase, pero seguro que la mayoría las habéis acertado de pura chiripa y no os habéis puesto con el Quiz más que para matar el tiempo mientras fingís tranbajar en vuestros informes u hojas de cálculo o lo que sea por lo que alguien os paga un sueldo. Procrastinadores... el Décimo Círculo del Infierno os aguarda.
  • Entre 8 y 10 aciertos: Esto está mejor; ahí demostrando que sois unos frikis solitarios, impopulares, solitarios y antisociales que se dedican a memorizar datos macabros sobre gente que ya está muerta... ¡Bienvenidos al club!
  • 11 aciertos: Bueno, no os lo creáis mucho, que la undécima era facilita, ¿que no? Pero vale, está muy bien. Tampoco sé qué os puede quedar después de esto... ¿la autoinmolación? Pensadlo; es una opción.


Nota: La ilustración del Carro del Ankou, servidor de la Muerte, al comienzoio de la entrada, me he permitido tomársela prestada al ilustrador Didier Graffet, algunos de cuyos otros trabajos podéis ver: aquí

viernes, 30 de octubre de 2020

Behrouz Boochani: Sin más amigos que las montañas

Idioma original: persa/inglés
Título original: No Friend But the Mountains
Traducción: Josefina Caball (ed. en catalán) y Juan-Francisco Silvente (ed. en castellano)
Año de publicación: 2018
Valoración: muy recomendable


Hay libros que merecen una atención especial; por el tema tratado, por el enfoque o por la manera en la que están escritos. Pero los hay que, además, tienen un mérito adicional: ser escritos desde la clandestinidad. Y si esa clandestinidad es debida a que el autor fue recluido en una prisión de detención de inmigrantes y tuvo que escribir el libro a escondidas de los vigilantes, el solo ejercicio de escribirlo ya supone un mérito incuestionable. Y lo es más aún, si el resultado es un texto de gran calidad literaria y poética belleza.

Con el propósito de narrar su experiencia y denunciar la situación en la que él y otros tantos refugiados se encontraban, el escritor y periodista kurdo Behrouz Boochani escribió este relato desde la prisión de Manus para explicar lo que sucedía, enviando a un amigo miles de mensajes, vídeos y correos de manera clandestina, desafiando, de esta manera, al Gobierno australiano que evitaba, de todas las maneras posibles, que se conociera lo que sucedía con los refugiados. Boochani pasó seis años en Manus, prisionero de las políticas sobre refugiados y, con este libro, narra no únicamente su estancia en la prisión, sino también su huida de Indonesia (lugar al que llegó huyendo de su Kurdistán natal justo el día en que las fuerzas del orden islámico irrumpieron en la redacción donde trabajaba en defensa de la cultura y política kurda) hasta llegar a tierras australianas; lo que en un inicio parecía ser una huida del infierno para alcanzar la salvación, en realidad supuso todo lo contrario.

El libro empieza con un ritmo trepidante, con el ambiente cargado y tenso existente dentro de los camiones que les debían llevar a la costa tailandesa donde encontrarían una embarcación para huir hacia tierras australianas. Un trayecto, en manos de los contrabandistas, que el autor recuerda afirmando que «miramos arriba, hacia el cielo de color de la angustia intensa». Así, con ese estilo poético, limpio, nítido y terriblemente humano, el autor kurdo describe con belleza, pero con miedo y congoja, ese traslado inicial desde Kendari (donde estuvo tres meses oculto de las autoridades que buscaban refugiados para deportarlos a su país) hasta la costa donde se encontraba la embarcación que debía llevarles a Australia. Esa primera parte del libro, ese primer tercio, es estilísticamente poético y bello a la vez que desgarrador, pues nos sitúa en esa barca de camino a Australia, una embarcación en pésimas condiciones que sufre una avería al poco de empezar. Pero dar marcha atrás no es una opción; no es una renuncia, es la vuelta a un infierno al que no se puede volver. Y Boochani nos ubica mentalmente en esa embarcación, en ese sufrimiento que combate con espíritu de supervivencia en una lucha en el que el estado de ánimo está en juego, y con él, la vida; una vida que cada vez parece más tenue, más débil, y aunque abandonarse es morir, el propio autor ve cercana la muerte llegando a afirmar que «nuestro destino es la muerte y no tengo ninguna otra opción que aceptarla y abrazarla». 

El estilo poético de Boochani se muestra no únicamente en los múltiples fragmentos de poesía intercalados en el libro de manera orgánica que no altera ni un ápice la narración ni quiebra un ritmo narrativo constante, sino también en esa prosa de gran belleza, que no enmascarara sino resalta un dolor que crece e inunda cada uno de los poros del lector, a la velocidad en que el agua lo hace en esa barca de calamitoso estado en el que ha subido su cuerpo, sus esperanzas y su vida. Una barca en medio de la nada, sujeta a un temporal en el que «las olas acometen los cuerpos magullados de los condenados. //La vida va y viene. // La muerte va y viene, una y otra vez».

La dureza rebosa en esos primeros capítulos en los que narra la dificultad de la huida, la travesía en el mar en medio de llantos, violencia, recelos, peligros, desespero y el hambre y la sed de un mar que quiere acabar con ellos. Y una barca que hace aguas, y se rompe como se rompen los corazones de sus pasajeros, a la deriva en una vida de incierto destino. Y el hambre, una sensación narrada de manera perfecta al afirmar que «soy un esqueleto cubierto de capas de piel quemada». Una huida de su tierra, inevitable, incuestionable, que el autor reconoce al afirmar que «nunca tuve el coraje de volver a la dura vida anterior. Nunca tuve el coraje de volver al punto de partida. Tenía la sensación de que no había camino de retorno. Estaba condenado a cruzar el océano, a pesar de que para ello tuviera que renunciar a la vida. (…) Mi pasado era un infierno. Hui de un infierno en vida». Un abismo ante sus ojos que no contemplan la renuncia, sintiéndose «como un soldado atrapado en el dilema de cruzar un campo de minas o ser prisionero de guerra. Hay que elegir».

Y ya cuando finalmente llega a Australia, a la Isla de Christmas, cuando el paraíso asoma tras un viaje que casi acaba con él, es retenido junto con otros refugiados, vigilados por guardias y encerrados un mes esperando al avión que los llevará a todos a Manus, en Papúa Nueva Guinea. Y el traslado hacia el avión, esposados, con las miradas furtivas de periodistas sensacionalistas ávidos por mostrar la peor de las situaciones, el rostro más perjudicado, más castigado. La incomprensión, la estupefacción, el asombro y la incerteza de un futuro que parecía confortable, placentero se torna oscuro, desafiante, descorazonador que hiela los ánimos de Boochani, y lo llena de dudas y vacía de respuestas al cuestionarse «¿Cómo es posible que yo, que buscaba asilo en Australia, ahora esté exiliado en un lugar del cual no sé nada? ¿Y me obligarán a vivir aquí sin ofrecerme ninguna otra opción? Es evidente que nos han hecho rehenes. Somos rehenes, nos utilizan de ejemplo para infundir miedo a los demás, para asustar la gente que quiere venir a Australia».

Por lo expuesto y teniendo en cuenta que el autor escribió este libro desde la clandestinidad, hay que entender esta obra no únicamente como un libro de superación, sino también como una denuncia, como acto de rebeldía o de disidencia por sí mismo, un relato en el que la crítica se encuentra en cada una de las situaciones de injusticia que narra y en la denuncia de la violencia estructural del sistema que somete a los prisioneros a un ambiente opresivo, relegando su existencia a un espacio físico y emocional cada vez más pequeño hasta fragmentar su identidad, romper su estado de ánimo y conseguir que aumente la desconfianza hacia los otros y se aíslen cada vez más, quedándose solos, hundidos y aniquilados. Un preso que queda a merced de su propia mente, encerrado en ella pues «el reino de la mente es en sí mismo una prisión» y la soledad y la rutina en un acto de revisión de la vida no siempre deseado, pues tal y como afirma Boochani «el preso es cautivo de la historia de su propia vida». La soledad, siempre presente, pues «en este espacio, no hay consuelo, solo la expresión de hermandad reflejada en la cara de otro preso», una hermandad que solo lo es en apariencia, pues «el prisionero no tiene la capacidad de compadecerse del preso que tiene cerca y añadir el dolor de ese hombre al suyo propio. Esta es la realidad de la prisión».

Boochani profundiza en el día a día en una prisión en unas pésimas e infrahumanas condiciones, con celdas construidas en un túnel sin apenas ventilación, con un espacio hiperreducido, con mínimas condiciones higiénicas y un calor sofocante. Mosquitos, cortes de agua y de electricidad que inutilizan los baños y que causan desconcierto y nervios cuando «el hedor es tan fuerte que te avergüenzas de formar parte de la especie humana». Boochani es diáfano al exponer las condiciones poco higiénicas e insalubres en las que se encuentran, con lavabos donde la orina siempre inunda el suelo hasta los tobillos en «prisiones diseñadas para generar hostilidad y animadversión» y la deshumanización de las personas pues «a menudo, el preso se ve obligado a hacer equilibrios en la frontera que separa el ser humano de la bestia». Boochani también narra el sistema de orden aleatorio según el cual hay días que dan más o menos bebida, fría o templada, lo que hace que los presos acaben intentando descifrar una lógica imposible que más que solucionarles el enigma les someten a un estrés mental, «una lógica demencial que recluye la mente del preso, una forma extremadamente opresiva de gobierno que el preso interioriza» y contra lo que deben luchar «tratando de no caer en el abismo, tratando de no caer en la locura». Así, haciéndolos pasar hambre, se impone un mecanismo de control mental que causa que los presos se vean inmersos en una espiral de incertidumbre y obsesión en descifrar su lógica, pues «cuando un individuo se encuentra en una situación en la que es difícil creer que tantas cosas son de cierta manera, esta situación se convierte en la causa del sufrimiento».

Esa parte central del libro es dura, durísima, claustrofóbica y opresiva, pero tras ese desolador retrato de la vida diaria en la prisión, y ya en su tramo final, Boochani recupera ese tono poético, esa aura de trascendente lindura para narrar su pasado, en medio de las montañas, en medio de guerras, en medio de la nada, excepto de la vida. El estilo de extrema belleza vuelve a brillar en esas frases cargadas de sentimiento, de pasado, con olor a tierra y naturaleza, pero también a polvo de las bombas que irrumpían en su día a día igual que ahora lo hacen con sus recuerdos.

Boochani ha escrito un relato de denuncia, pero también un libro donde la poesía y el deseo de libertad se entremezcla de manera orgánica con la denuncia, donde la prosa brilla entre unas estrellas que, a veces, son su única conexión con un mundo que se le antoja lejano, pero que no renuncia a él. Y ese espíritu, esa actitud, se transmite en este libro que supone una crítica sin paliativos a un sistema opresor, pero que es a la vez un canto a la vida con la mejor cara y forma posible: la de las palabras, que el autor profesa sin paliativos al afirmar que «he llegado a comprender bien la situación: las únicas personas que pueden soportar y sobrevivir a todo el sufrimiento que inflige la prisión son los que ejercen la creatividad». Él es un claro testigo de ello, y su vida y la del propio libro son ejemplo de que, a pesar de las adversidades, hay que creer en la posibilidad de que un día los sueños encontrarán una salida.

jueves, 29 de octubre de 2020

Kazuo Umezz: La casa de los insectos

Idioma original de los relatos: Japonés
Traducción: Marc Bernabé
Año de publicación de este volumen: 2020
Valoración: Está bien 

Satori edita La casa de los insectos, un volumen que compila siete relatos del mangaka Kazuo Umezz publicados originalmente entre 1968 y 1973. En algunos predomina el horror ("La casa de los insectos", "La cabeza"); en otros, lo psicológico ("Ojos", "Escalera de caracol") o el drama ("La vela", "Vínculos", "El fin del verano"). Casi todos son inquietantes o directamente perturbadores, y por lo general narran el descenso a la locura de unos personajes hasta entonces apoltronados en la cotidianidad.

Mi pieza favorita es "La cabeza", la cual recuerda sobremanera a las ficciones de Edgar Allan Poe. Describe la obsesión que embarga a un hombre tras asesinar a su esposa. 

Quizás lastran a estas historias la tosca narración (tanto visual como textual), amén de un apartado gráfico irregular; tampoco me convencen algunos de sus giros de tuerca finales. De todos modos, las recomiendo encarecidamente a los amantes del manga adulto, dispuestos a reconocer en estas joyitas menores al precursor de grandes autores de terror como, por ejemplo, el extraordinario Junji Ito.

miércoles, 28 de octubre de 2020

Colaboración. Luis Landero: El balcón en invierno

Idioma original: español

Año de publicación: 2014

Valoración: recomendable

Seamos honestos: El balcón en invierno, de Luis Landero, no es recomendable para todos los públicos. Debería lucir una visible advertencia en la portada que anunciara: No apto para los heridos del tiempo. No apto, sobre todo, para nostálgicos. ¿Qué resultado podría salir de algo que nace del desesperado intento por salvar la vida del abismo del tiempo, que es lo mismo que decir la insondable sima del olvido? Solo puro dolor ofensivamente mezclado de felicidad.

O sea, El balcón en invierno, de Luís Landero.

Para aquellos que ya hayan sentido el zarpazo del paso del tiempo, esta peligrosa lectura no les será una experiencia superficial de esas que pueden sobrellevarse con facilidad. No me refiero solamente a personas mayores: acaso tenga tan solo dieciséis años aquel pobre desgraciado que de repente, por obra de una implacable intuición que le habrá de condenar, se haya dado cuenta de que, REALMENTE, lo que se va, se va para siempre. Esto son palabras. Son solo palabras. La realidad a la que se refieren se escapa a las palabras. Es demasiado para una cabeza humana. Al fin y al cabo, tal vez sea sabio, y por ende más seguro, acercarnos al tiempo de este modo, mediante las palabras, que amortiguan, que se quedan cortas, que no por vía del propio cuerpo. Hacerlo, sin duda, sería devastador.

Pues bien, Landero, pese a interponer la distancia de las palabras mediando entre la realidad y nosotros, logra devastarnos. Y es por eso que, de nuevo, no recomiendo en absoluto esta lectura. Su desesperado intento por asir lo que irremisiblemente habrá de irse inspira ternura y terror, porque su intento es el nuestro. Estamos en las mismas, Landero, maldito seas.

El autor, en apenas 250 páginas, se abisma con una honestidad total, a corazón abierto, en su pasado y el de su familia. Le guía el simple y milagroso método de la palabra oral bien combinada con la escucha activa. Landero emplea lo que a lo largo de su vida ha escuchado deboca de sus mayores. No hace uso de fuentes bibliográficas para aludir a lugares o antiguos aperos de labranza; desde la tambaleante atalaya de su memoria, le basta para reconstruir el pasado de una familia de labradores originarios de Extremadura, luego emigrados a Madrid, y que se erige, por supuesto, como la familia de todos. Por eso es francamente difícil no identificarse, no ser rasgado por estas páginas, y por eso, digo, no lo recomiendo en absoluto a aquellos que prefieran la anestesia antes que la lucidez.

Como tampoco le recomendaría a nadie sensible que cometiera la osadía de abrir este libro, porque de hacerlo sentiría, y a veces sentir, ya no digamos sentir demasiado, se lleva mal con la vida cotidiana. Es perfectamente comprensible: no se puede vivir el día a día siendo consciente de que te vas a morir, de que esa muerte será un punto y final tan rotundo como no se ha puesto nunca un punto y final en libro ninguno. Hablamos del punto final total y definitivo, un punto final inconcebible desde la vida, como un agujero negro, que con terrible indiferencia todo lo traga y no deja salir nada.

El acercamiento de Landero al tema del pasado (que en realidad es el único tema, porque todo terminará siendo pasado, pero sobre todo esto; lo que aún ha de pasar, que es más que lo que ya ha pasado, se convertirá en pretérito), es de una valentía que a ratos parece sobrehumana.

Por eso se lo agradecemos y compadecemos al autor, por haberse sacrificado él en hacer ese arriesgado ejercicio, que bien puede acabar con uno: el atrevimiento de mirar a la cara a lo que no tiene cara, a la realidad misma, que a la mayoría lleva a enloquecer de tristeza, a ser arrasado por el dolor del tiempo: a enloquecer de historia.

No quiero imaginar cómo debe de haber sido el proceso de escritura de este libro. ¿Una suerte de despiadado autoanálisis sin paliativos? ¿Sabía Landero lo que implicaba escribir algo así?¿Sobrevivió, o el Landero que conocemos ahora es solo un buen imitador, y el valiente Landero que escribió El balcón en invierno pereció, como pareciera que debería hacerlo cualquiera que intentase semejante empresa suicida no apta para humanos, sino más propia de dioses? Y es que ya lo decía Nacho Vegas: el tiempo no se puede detener. Lo siento, Landero. Pero lo sabías, claro, y aun así lo intentaste. Es algo encomiable, desde luego, pero no para todos los públicos. Tal vez en esto, en verdad, consista el más grande de los heroísmos, en intentar algo sabiendo que no lo lograremos. Es imposible, vistas así las cosas, no recordar al punto una cruel definición de Bolaño sobre la literatura: subir al ring sabiendo que vas a perder. Todo intento será en vano, pero todo intento debe intentarse. Escribir algo que escapa a las palabras: un fracaso anunciado. Y así la vida se vive sabiendo que moriremos. No creo que haya muchos otros libros que admitan un paralelismo tan fiel y doloroso con la vida que el presente: El balcón en invierno, la anti lectura ligera de verano.


Guillem Borrero

martes, 27 de octubre de 2020

Marc Behm: La doncella de hielo

 Idioma original: inglés

Título original: The Ice Maiden

Año de publicación: 1983

Traducción: Jorge de Lorbar

Valoración: recomendable y divertida

He de reconocer que en los últimos tiempos me he aficionado sobremanera a la divertida serie de FX para HBO Lo que hacemos en las sombras (sí, ya sabéis, la que trata sobre unos vampiros que viven en Staten Island, basada en una peli del mismo título), quizás incluso hasta un punto que alguien podría considerar como... ejem,  obsesivo (ni confirmo ni desmiento que vaya por casa hablando como Nandor el Implacable). El caso es que esta serie televisiva y el largometraje que la originó, me han recordado a una novela, no menos divertida, que leí hace tiempo, y que me he decidido a releer y reseñar para ilustración y solaz de los seguidores de Un Libro Al Día. 

Se trata, como se puede apreciar, de La doncella de hielo, del peculiar escritor y guionista americano (pero que acabó residiendo en Francia) Marc Behm. trata también sobre las aventuras, o desventuras, más bien, de unos vampiros contemporáneos (es decir, contemporáneos de 1983, que es cuando se publicó la novela.. .Imaginad, pues, a los personajes vestidos como una mezcla de Fame o Tootsie y Miami Vice): la bella Cora Dana y el atractivo Tony Logan que viven -o no viven- con bastantes estrecheces económicas en Nueva York. Porque no sólo de sangre vive -o no vive- el vampiro y el dinero les es necesario, como a cualquier mortal, incluso en aquella ciudad que se supone estaba viviendo su momento más bajo en aquellos años; Cora trabaja de croupier en un casino clandestino de la Mafia y no le llega para pagar el alquiler de su apartamento, mientras que Tony se dedica a tocar el piano en una bar y duerme en un garaje abandonado. Al final se plantean lo que haría cualquiera que tuviese dificultades económicas, poderes sobrenaturales y ningún sentido de la ética o la moralidad: dar un buen palo. En este caso, robar el casino ilegal donde trabaja Cora. Pero, ay, una cosa es contar con esos poderes sobrenaturlaes -convertirse en murciélago, verbi gratia- y otra saber utilizarlos; la pareja de vampiros se ve obligada entonces a recurrir al antiguo compañero de Tony -de hecho, fue quien le convirtió en chupasangre-, un viejo monstruo que proviene de la Inglaterra medieval llamado Brand y que en ese momento malvive -o no- en las alcantarillas de la Gran Manzana, cual gusano enroscado junto a su corazón.

En fin, no voy a desvelar aquí las muchas peripecias y trapisondas que sufren estas simpáticas criaturas de la noche para llevar a cabo su plan, por si alguien (como así espero) se decide a leer la novela. En todo caso, adelanto que, entre otras circunstancias divertidas -incluso despiporrantes-, hay momentos de desinhibida lubricidad, pues es bien sabido que los vampiros están más salidos que el pico de una plancha y para fornicar lo mismo le da carne que pescado, mortales o inmortales... Sólo comentaré que, según sospecho por la fecha de publicación de este libro, se trata en cierta medida de una parodia, o cuando menos de un reflejo irónico, de otra novela más famosa publicada unos años antes, Entrevista con el vampiro, de Anne Rice, libro que, hasta donde yo sé, supuso un cambio importante en este género o subgénero vampírico, además de dar lugar a una exitosa serie de novelas, una película no menos célebre y toda una pléyade de epígonos literarios, cinemátográficos y televisivos de mayor o menor interés, que reflejaban -o no reflejaban, claro- las vicisitudes cotidianas de los "no muertos", más allá del castillo de Drácula o el barco de Nosferatu. También, por lo que sé, la novela está en la línea de otras de Behm, que parece tenía cierta debilidad por las protagonistas bellas, jóvenes y despiadadas.

Como demérito, no obstante, cabe señalar que algunas expresiones sarcásticas sobre personajes de otras etnias diferentes de la anglosajona o de tendencias sexuales poco normativas quizá fueran muy chistosas hace cuarenta años, pero hoy en día nos chirrían un poco, o mucho... Cierto es que encajan más o menos en el tono jocoso de toda la novela y además, cabe suponer cierta responsabilidad a la traducción, un tanto "pedantresca" (es decir, entre pedante y pedestre), pero en fin, es lo que hay y no se puede ni se debe ocultar... Espero que quien lea la novela se quede sobre todo con la diversión, ironía y originalidad que transmite. Y si no es así, siempre le queda Lo que hacemos en las sombras, qué narices...


Otros títulos de Marc Behm reseñados en Un Libro Al Día: La mirada del observador

lunes, 26 de octubre de 2020

Miguel de Cervantes: Novelas ejemplares (I)

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1613

Valoración: Recomendable


Uy, uy, uy… Cervantes, señores, esto es caza mayor, pero muy mayor, como los elefantes de… Vamos, que uno tiene un respeto a los clásicos, y tocar ciertas teclas me da un poquito de pudor, pero bueno, que vamos con ello.

Dice el prologuista Luciano García Lorenzo que Cervantes, que ya había publicado la primera parte del Quijote unos cuantos años antes y debía tener casi a punto la segunda, consideraba que las Novelas ejemplares estaban destinadas a ser su gran obra. Una opinión bastante sorprendente si comparamos la gran obra universal con esta colección de relatos, como vamos a ver. El formato entronca con el de la novella italiana, de moda en aquellos tiempos, aunque lo que llegaba de Italia tenía un contenido más frívolo y subido de tono. Por el contrario, los relatos de Cervantes tienen una finalidad de entretenimiento más bien inocente, etiquetado con el elegantísimo término de eutropelia en alguna de las numerosas autorizaciones oficiales que acompañan al texto. Lo dice claramente el autor en el prólogo: ‘Mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos’, es decir, un pasatiempo, sí, aunque cargado de cierta moralina, lo que hoy llamaríamos políticamente correcto. No nos sorprenderán por tanto los parabienes civiles y eclesiásticos que sirven de introducción al texto.

Los seis relatos que componen este primer volumen de las Novelas tienen algunos elementos comunes, y otros diferenciales. Tres de ellos, La gitanilla, La española inglesa y El amante liberal (seguramente, la más floja de todas), se construyen en torno a una figura femenina deslumbrante: son chicas, casi niñas, que reúnen todos los atributos de belleza, inteligencia y donosura posibles, y que se desenvuelven en un entorno hostil, víctimas de raptos y de la codicia (sexual, básicamente) de los hombres. Estas mujeres excepcionales, como no podía ser de otra forma, triunfan ante las adversidades, y la victoria se manifiesta, cómo no, en magníficas bodas con pretendientes rendidos a sus encantos, y con los culpables castigados de diversas formas. Tenemos también otros ingredientes más o menos interesantes para enmarcar la acción, como el mundo de los gitanos, algunos rasgos de la sociedad inglesa (muy conciliador Cervantes, en épocas no muy propicias) y contiendas navales con el turco, esto último algo de lo que evidentemente sabía mucho el autor, y se le ve con muchas ganas de contar. Malentendidos, personalidades ocultas y vidas complicadas enriquecen los relatos, así como algunos pequeños pasajes colaterales, como el desternillante y muy quijotesco del gorrero Triguillos en La gitanilla.

Mención aparte merecen dos de los títulos más conocidos de la colección. Rinconete y Cortadillo (desalentadores diminutivos) es, como se puede intuir fácilmente, una pequeña historia de dos chavales pobres que deciden probar suerte algo más allá de la línea que marca la ley, claramente en la línea de la picaresca, tan española. Es no obstante un relato bastante sorprendente porque en vez de cebarse con el típico anecdotario de pillerías infantiles se adentra en un curioso repertorio de personajes del hampa sevillana, en un ambiente que más que criminal se podría definir como valleinclanesco, si se me permite la licencia. Lástima que don Miguel parece que no quiso continuar por el camino emprendido y el cuento termina de forma apresurada y más bien simplona.

El licenciado Vidriera arranca con un disparate genial, un destello de esa gracia que –a veces- tiene Cervantes para componer situaciones locas que atrapan al lector y hacen inolvidable ese episodio. Más adelante el relato cambia de tono, y nuestro licenciado se dedica por lo visto a recorrer mundo esparciendo comentarios y sentencias propias de un Asperger: sarcasmo y acidez caen sin recato sobre el primero que se le acerque a preguntar, formando una miscelánea con ocurrencias del propio Cervantes en relación a cualquier asunto, en especial relacionados con distintas profesiones… siempre sin ofender en exceso, que para eso el libro tiene los parabienes que tiene. La sonrisa que todo ello obtenga del lector dependerá un poco de la predisposición que tengamos ante las agudezas, pero en todo caso me parecen menos punzantes que las que podamos encontrar en Quevedo, pongo por caso.

Dejo para el final el que quizá es mi relato preferido, La fuerza de la sangre. La estructura es bastante similar al primer bloque de las doncellas maravillosas en situaciones de estrés, pero aquí las cosas son algo diferentes. El ritmo de la narración es, con diferencia, mucho más vivo, diríamos más moderno, y las situaciones bastante más duras. Sobre todo en su primera parte parecería que el autor se decide a romper con los usos de la época, escapa de los diálogos alambicados, las acciones complejas y el tono moroso del cuento clásico, y enfoca directamente sobre una realidad cruda, como si hubiese descendido de repente del mundo de la fantasía. Aunque el relato se diluye, como parece inevitable, en terrenos mucho más convencionales, esas páginas iniciales me parecen excepcionales, con un Cervantes tres siglos adelantado a su tiempo.

Y bien, la valoración en conjunto no puede ser más que Recomendable. Me parece saludable y conveniente ir un poco más allá del Quijote, y estas Novelas son una buena avanzadilla. Son entretenidas, tienen su punto arcaico pero también los atrevimientos propios del autor y ofrecen una cierta variedad temática y en menor medida estilística. Faltan algunos de los relatos más conocidos, como El coloquio de los perros y La ilustre fregona, incluidos en un segundo volumen, pero al menos en lo que a mí respecta por ahora me parece suficiente con lo leído.

Otras obras de Miguel de Cervantes en ULAD: Don Quijote de la ManchaLos trabajos de Persiles y Segismunda

 


domingo, 25 de octubre de 2020

Jordi Costa: Cómo acabar con la Contracultura

Idioma original: español

Año de publicación: 2019

Valoración: bastante recomendable

Los motivos que pueden incitarme a leer un ensayo de más de 300 páginas sobre un fenómeno que se dio por finiquitado hace más de tres décadas son tan peregrinos como recordar la discutible traducción al español del título de un libro de Woody Allen, pensar que la ironía del autor al titular su obra siempre merece cierta atención, llamad al que esto firma caprichoso o errático en sus elecciones, pero anda, poneos en el pellejo de las frecuencias y regularidades que imperan por estos lares. En apenas catorce horas esto ha de publicarse y mi opinión sobre el libro es una especie de compendio de sensaciones. 

Primero: el fenómeno de la Contracultura en España es un fenómeno que más que una enorme repercusión o incluso una secuencia proyectada hacia el presente, queda como una especie de hecho aislado, un oasis que me cuesta adjetivar (no es creativo, no es disidente, no es original), pero que, aunque no llegué a vivir (nací algo tarde para ello) en su plenitud, sí que llegué a apreciar en algo que podría denominar como onda concéntrica de efecto ya mitigado. La Contracultura, como todo movimiento de cierta repercusión en España por la época, era una mera replica adaptada de lo que podía llegar, filtrada por la censura y tamizada por el precario acceso a las fuentes originales, del movimiento homónimo originado en los Estados Unidos y abanderado por los adalides del Nuevo Periodismo, ciertos escritores difíciles de encasillar como Kerouac, Ginsbergh, Burroughs, una generación marcada por el movimiento hippy, las reacciones a la Guerra de Vietnam, el uso de los estupefacientes, ciertos ideales no poco contradictorios, etc.

Segundo: como fenómeno, hay que reconocer a los grandes nombres del movimiento su valentía por encarnar esos valores en un entorno tan hostil, duro no solo en lo social sino en lo puramente físico, ahí se jugaban encontronazos con duras leyes que hostigaban a todo aquel que se salía del repugnante entorno nacional-católico. 

Tercero: en esta enumeración de personajes y hechos relevantes que acapara las tres cuartas partes del libro, documentada y exhaustiva, es triste constatar como un movimiento contestatario, incluso rebelde en cierto sentido, ha dejado tan poco poso, un poso casi más estético que intelectual, y la gran mayoría de sus nombres de referencia han acabado inscribiéndose en los círculos más acomodaticios de la cultura a la que pretendían derrocar, cuando no han protagonizado espectaculares trayectorias ideológicas, sonrojantes en algunos casos en que personajes que se abanderaron como transgresores en su tierna juventud acaban sus días como ancianos conservadores casi de misa diaria.

Costa narra con todo lujo de detalles (algunos de ellos realmente demostrativos de que el libro es un trabajo de mucho mérito), si bien ese alejamiento temporal del movimiento puede abrumar al lector profano o a quien no tenga una primera referencia anclada en la memoria. No se limita a enumerar personajes y obras sino que adopta esa posición crítica que podríamos resumir, respecto a según qué figuras, en un casi dramático "quién te ha visto y quién te ve".

Pero, curioso, cuando podría resolver que este libro gustará tanto como a uno le interesen los movimientos culturales, este en particular, o sea seguidor irredento de alguno de sus componentes, el libro se redime, digamos que más que remontar empieza a brillar de forma fulgurante, con el testimonio de la youtuber Esty Quesada ("Soy una pringada") cuya trayectoria vital podría tener apenas una lejana analogía con el movimiento, pero cuyas declaraciones tienen un profundo componente emocional, duro, contundente. 

sábado, 24 de octubre de 2020

Charles-Louis Philippe: Bubu de Montparnasse

Idioma original: Francés
Título original: Bubu de Montparnasse
Traducción: Marianne Bloch-Robin 
                           Paula Izquierdo
Año de publicación: 1901
Valoración: Recomendable 

Bubu de Montparnasse es una novela formidable; no me extraña que para muchos entendidos sea la mejor de Charles-Louis Phillipe. En ella, el escritor francés hace gala de una prosa vigorosa. Asimismo, desprende reflexiones sumamente enjundiosas. Por ejemplo: «Primero hay que sobrevivir y luego se puede pensar en los sentimientos.» O: «los que parecen interesarse en la miseria se aprovechan de ella y después desaparecen.»

Como podéis ver, el fatalismo que supuran estas páginas es abrumador. No es para menos; el París de finales del siglo XIX es una ciudad cruel, especialmente con aquellos que no tienen dinero y buscan (o creen buscar) el amor. Semejante hábitat corrompe o embrutece a la alma más pura. En este microcosmos es prácticamente imposible que la bondad florezca. Y cuando lo hace, ese hecho apenas tiene repercusión en el gran esquema de las cosas. La amistad entre Pierre y Louis es sincera; el amor del primero por Berthe es, llegados a cierto punto, totalmente desinteresado. Pero, insisto, estos destellos de benevolencia no pueden cambiar el "statu quo" imperante.  

El argumento de Bubu de Montparnasse está al servicio de la atmósfera y, sobre todo, de las ideas de Phillipe. Ideas que, aunque reiterativas y a ratos excesivamente enfáticas, funcionan por la enérgica forma en que son comunicadas. Ideas que indagan en el papel de Dios en un universo despiadado, la miseria moral, el sufrimiento humano, la pobreza, la soledad y el deseo. 

El lector de Bubu de Montparnasse se plantea que qué sentido tiene hacer el bien. El entorno, como ya hemos adelantado, no se presta a ello; no vas a obtener recompensa externa alguna por actuar con rectitud, vamos. Tampoco vas a lograr sentirte bien contigo mismo, porque en un instante un hombre puede aplastar todo lo que has logrado durante meses. Así lo atestigua el clímax desolador que nos entrega esta obra. 

Apenas tres personajes protagonizan esta ficción: Berthe, una prostituta; su chulo, Maurice, al que apodan Bubu de Montparnasse; y Pierre, un joven de provincias que malvive en la capital francesa. En sus interacciones recae el  conflicto principal. En sus dinámicas, cargadas de fricciones y contrastes, reposa la carga emocional del texto (la cual no es, afortunadamente, melodramática). 

Además de la prosa, el tono, la ambientación, los personajes (secundarios incluidos) y las ideas, de esta novela debo destacar la genial caracterización de Maurice. Apenas unas pinceladas le bastan a Philippe para desnudar su psicología, tan despreciable como magnética. 

Existe, por cierto, una película italiana, dirigida el 1971 por Mauro Bolognini, que adapta libremente Bubu de Montparnasse.

viernes, 23 de octubre de 2020

Wu Ming: Proletkult

 

Idioma original: italiano

Título original: Proletkult

Año de publicación: 2018

Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona

Valoración: recomendable, tovarischi

Bueno, pues por fin vuelven los Wu Ming con nueva novela (es decir, publicada hace dos años en Italia), para disfrute de sus fans o, al menos, de este fan que aquí escribe. Para quien no los conozca, resumen resumido, que diría no sé quién: Wu Ming (o "sin nombre", en chino) son un colectivo de escritores italianos, provenientes algunos de otro proyecto colectivo que firmaba como Luther Blisset y que, entre otras cosas, van sacando novelas cada cierto tiempo, como la que nos ocupa y que se inserta en una cierta línea temática, pues si Manituana y El Ejército de los Sonámbulos transcurrían durante las revoluciones americana y francesa, respectivamente, en Proletkult se han atrevido con la Revolución rusa (supongo que con la idea de coincidir, más o menos, con su centenario). Claro que quien haya leído algún otro de sus libros sabrá que esta gente no se puede conformar con escribir una novelita histórica más o menos convencional; ésta de hoy se puede considerar más bien como la secuela de una de las novelas más insólitas (al menos para nuestra sucia mirada capitalista) de la ciencia-ficción: Estrella Roja, escrita en 1908 por el revolucionario (fue amigo y luego rival de Lenin para dirigir el bolchevismo), economista, pensador, médico y fundador de la Organización Cultural Proletaria o Proletkult (y todo esto, hay que decir, de forma bastante heterodoxa) Alexander Bogdánov. Novela que ya fue reseñada estupendamente en ULAD por el camarada Koldo, algo que me viene de perlas, pues os mando a leer su reseña y así me ahorro la mitad de la mía...

Bueeeno, vaaalee... otro resumen (muy) resumido: Estrella Roja cuenta el viaje de Leonid, un revolucionario ruso que es llevado por unos marcianos a su planeta, donde funciona un sistema socialista como el que pretender implantar los socialistas, y luego vuelve a la Tierra para contar a Bogdánov lo que ha aprendido. En Proletkult, la que viene desde el espacio exterior es la joven Denni, una supuesta nativa del planeta Nacun -que en Estrella Roja se había convertido en Marte, más reconocible para los lectores-, en busca de su padre, el tal Leonid Voloch; para ello, contacta con Bogdánov, que para entonces,  pues la visita de Denni se produce en 1927, cuando se va a celebrar el centenario de la Revolución de octubre, dirige un instituto científico dedicado a las transfusiones de sangre, en Moscú. Bogdánov, alejado ya de la política y aun sin creer en el origen extraterrestre de la chica, se dedica a buscar a su viejo camarada revolucionario -y alumno en las escuelas obreras de Capri y Bolonia- y en su indagación se reencuentra con otros antiguos bolcheviques, muchos de los cuales ostentan cargos de responsabilidad , pero con el riesgo de caer en desgracia en cualquier momento, pues son los tiempos en que Lenin ya ha sido momificado y Stalin aún no se ha convertido en el padrecito Iósif, pero ya ha dejado de ser Koba (aunque siempre el Temible).

La novela, por tanto, toma en algún momento un aire detectivesco, pero que nadie se engañe, no es éste el sesgo principal de la historia; lo que predomina, más bien, es un carácter reflexivo, a partir, por un lado, de los recuerdos de Bogdánov de su época revolucionaria y del exilio de los bolcheviques en Finlandia, Italia, París... y, por otra parte, de su reencuentro con los viejos camaradas. Es una reflexión, ya digo, sobre la deriva que había tomado la Revolución en esos diez años y sobre la mejor manera de llevarla a cabo; no me refiero a la toma del poder, sino asegurarse de que se produzca una revolución auténtica. Y, más concretamente, sobre el papel que la cultura debe desempeñar en ella y si es posible -o deseable- propiciar la creación de una verdadera cultura proletaria y revolucionaria.

Estas preocupaciones, por  fútiles y hasta ridículas que puedan parecer a la endurecida alma neoliberal de nuestro tiempo, para algunos revolucionarios de aquel entonces y para algún sector de la izquierda actual (me temo que de la más heterodoxa, si es que hay aún alguna ortodoxa), sí que eran asuntos trascendentales o al menos dignos de tenerse en consideración. para quién hoy pueda estar interesado, , ya sabe que aquí tiene esta novela. Todo el poder para los aliens... digo, para los soviets. Bueno, lo que sea...



Recreación de una de las escenas de la novela, en la que se produce un enfrentamiento simbólico, por medio del ajedrez, entre el materialismo y el empiriocriticismo. El primero es el que bosteza... Gorki mira a la cámara, porque el ajedrez no es lo suyo.

Otros títulos de los Wu Ming reseñados en Un Libro Al Día: ManituanaEl Ejército de los Sonámbulos y, por supuesto, Q

jueves, 22 de octubre de 2020

Patjim Statovci: Mi gato Yugoslavia

Idioma original:
Finés
Título original: Kissani Jugoslavia
Año de publicación: 2014
Traducción: Laura Pascual Antón
Valoración: Entre está bien y recomendable

Porque una imagen vale más que mil palabras, el meme que adjunto explica a la perfección el origen de esta reseña. Y es que un libro de un autor de origen kosovar que en su título lleva la palabra Yugoslavia era todo un caramelito para una mente un tanto perturbada como la mía.

Así que aquí estamos reseñando la primera novela novela de Patjim Statovci, una novela ambiciosa aunque algo irregular. En ella, Statovci maneja dos historias (que acaban confluyendo), dos lugares y tiempos diferentes para hablarnos de dos personajes marcados por una "Triple Alianza" - tiranía patriarcal, guerra y xenofobia - que condicionan una constante búsqueda de identidad y de pertenencia. 

Kosovo y Finlandia y el período 1980 - 2010 son los espacios y tiempos en los que se mueven Emina y Bekim, madre e hijo, dos seres que padecen el desarraigo y la discriminación en sus más variadas formas, ya sea por razón de sexo, orientación sexual, nacionalidad, cultura, etc y que parecen condenados a la soledad. Así, por un lado. recorremos la historia de Emina desde su matrimonio concertado con el complejo y contradictorio Bajram hasta su liberación definitiva, pasando por su huida de Kosovo y sus problemas de integración en Finlandia; por otra parte, está la historia de Bekim y su búsqueda de felicidad y sentido.

Como aspectos más destacados del libro, cabe mencionar:
  • la evolución de los dos personajes principales del relato,
  • la sensación de irrealidad de la parte "kosovar" de la novela, hasta el punto de que, por momentos, parecía estar leyendo una versión actualizada de "El cortejo nupcial helado en la nieve" de Kadaré, 
  • el reflejo de los choques culturales y generacionales, con unos padres infinitamente más apegados a la tierra de origen que a la de acogida y unos hijos que tratan de integrarse en una sociedad que no siempre les acepta, o
  • la desmitificación de la "utopía" finlandesa.
En el lado menos positivo, la introducción de un elemento "fantástico" en forma de gato parlanchín y malencarado y la utilización de este animal y de la serpiente como símbolos o metáforas no excesivamente claras (sobre todo, en el caso del gato). Creo que es un aspecto que rompe con el anterior ritmo de la narración y que no termina de encajar del todo. 

Aun así, "Mi gato Yugoslavia" es un relato más que interesante de dos generaciones y una Europa cada vez más multiétnica y multicultural, le pese a quien le pese.

miércoles, 21 de octubre de 2020

Ali Smith: Invierno

Idioma original: inglés 
Título original: Winter
Traducción: Dolors Udina (ed. en catalán)
Año de publicación: 2017
Valoración: entre recomendable y muy recomendable

El invierno, esa estación de final de año propicia para hacer balance de lo sucedido en los últimos doce meses. Es una época de revisión y, viniendo de la siempre crítica Ali Smith, el análisis no deja el paso del tiempo en un muy buen lugar (y, como se dice habitualmente, y a pesar de estar escrito en 2017, "da igual cuando leas esto"). Pero, más allá de un análisis de lo que ha sucedido en el mundo durante el año, el invierno también es un momento en el que tendemos a reunirnos con amigos o entre familiares en torno a una mesa, especialmente en Navidades. Y de ambas cosas trata este libro, y de bastantes más, porque sitúa en las relaciones familiares, pero también en las cosas que conforman nuestro mundo, los dos pilares ante los que desplegar múltiples temas en los que la protesta, la crítica y la denuncia siempre está presente, pero como un aviso, como un estímulo, más que como una queja. 

El libro empieza casi como un divertimento, con Sophia Cleves (exitosa mujer de negocios ya retirada) recién levantada, hablándole a una cabeza sin cuerpo que habita en su casa desde hace unos pocos días. Es la víspera de Navidad, un día en el que Sophia espera reunirse con su (corta) familia y esa cabeza que ejerce de interlocutora nos introduce de lleno en un relato de inicio estrambótico que solo es una pequeña muestra del eclecticismo estilístico de la autora. Estas primeras páginas son de lectura voraz, con el estilo rápido y ágil con el que la autora nos adentra en el mundo (o mundos) en el que se desplegará la novela y que muestra un espíritu rompedor con esas conversaciones con la cabeza que nos adentran a un mundo algo surrealista que me recuerda en parte a Saunders y su «Lincoln en el Bardo». 

El estilo de Ali Smith, mordaz, irónico y crítico se muestra en plena forma ya en esas primeras páginas, y es totalmente identificable desde esos primeros párrafos, a los que siguen un diálogo que Sophia mantiene con una médica oculista en las primeras páginas o también en otra escena inicial ubicada en un banco, que nos recuerdan en gran medida a su libro anterior, «Otoño», en la escena del pasaporte donde ya criticaba las absurdidades burocráticas y administrativas, también presentes en este libro. De esta manera, con un estilo narrativo versátil que se ajusta a lo que conviene en cada momento, Ali Smith tiene la habilidad de mezclar anécdotas con tramas y subtramas, presente con pasado, denuncia y acidez no exentas de preciosismo, personajes puntuales de potente personalidad que aparecen de manera breve pero intensa que irrumpen en la narración rompiendo su estructura para dejar constancia del torbellino de ideas que inundan la mente de la escritora escocesa en relación a la sociedad y al mundo en el que vivimos. 

Ali Smith utiliza este collage ecléctico, no únicamente en los temas tratados sino también en estilo para hablarnos de la sociedad, de política y costumbres, en un ejercicio de denuncia hacia aspectos que nos incumben a todos como la guerra armamentista, la moda de comprar cosas que parecen antiguas «como si pudieras comprarte una historia simulada para tu casa o para ti mismo». Esa crítica contumaz, directa, diáfana de Ali Smith es transversal a las particularidades de la condición humana; puede atacar por igual a la burocracia como al falso mundo virtual que estamos creando, alejado de una realidad física y palpable a la que cuestiona abiertamente preguntando «¿Cuál es la realidad?», si la que mostramos en las redes o la que se nos muestra ante nosotros de forma intencionada, eligiéndola o alterándola, sentenciando que «el mundo es aquello que creemos que sucede»; la autora critica también la clase política afirmando que «los que están en el poder solo se sirven a sí mismos, no tienen ni idea y no sienten ninguna responsabilidad para con la historia». Ali Smith, incesante en su propósito crítico abre otro frente de denuncia y otro espacio de reclamaciones narrando una manifestación que crece sin que nadie pueda pararla, porque cuando uno cae otro (u otros) ocuparán su sitio, hasta que sean tantos que nada pueda hacerse para pararlo; únicamente escuchar. 

Así, mezclando temas e introduciendo reflexiones y excursos provenientes de una aparente nada, esta novela trata no únicamente sobre el mundo que rodea a los pocos personajes que participan en ella y lo que les sucede, sino también sobre el tiempo, el pasado, la historia. Cabe decir, que estos fragmentos, si bien demuestran la versatilidad de la autora también rompen la línea argumental (ya de por sí fragmentada) y creo que son su punto débil si bien ofrecen una muestra de la medida en que la agitada mente de Smith rebosa desparpajo y conocimientos a partes iguales y construye una obra extensa en ambición en la que, como una obra de teatro de tintes Shakespearianos, las situaciones rocambolescas, los diálogos cruzados y las verdades vuelan como puñales dirigidos con certera puntería; Ali Smith envuelve de crítica todo el relato, a través de las múltiples formas que adopta en el momento que considera adecuado, y brilla especialmente en las conversaciones entre sus protagonistas, entre Lux y Art, entre Art y Charlotte, pero también entre ella y Sophia, porque, de nuevo y como ya sucedió en «Otoño», otro de los grandes logros de la autora es la caracterización, definición y retrato de los personajes; esa espléndida luz de Lux, que aporta brillo a una familia apagada (y desapegada), Sophia, con sus agudos análisis que sostienen sus férreas e inquebrantables opiniones, y su contrapunto, Iris, el desafío a sus verdades. Y Art, el comprendido (como muchos artistas), buscando un lugar en su propia vida hasta el punto de dejar que otros, como Charlotte, la ocupen. 

El invierno como época del año en que evaluamos el transcurso de un tiempo, más aún cuando este está tocando a su fin. De esta manera, el segundo libro del cuarteto estacional supone una revisión de una vida, que la propia autora expone al afirmar que «esto es lo que es el invierno: un ejercicio para recordar cómo endurecerte y después cómo volver flexiblemente a la vida». A pesar de la aparente inconexión entre «Otoño» e «Invierno», el enlace que los une es evidente por su estilo, por la habilidad de mezclar crítica con ironía, acidez con ternura, profundidad con juegos estilísticos y desparpajo que en ocasiones nos llevan a recordar, en Lux, a Lenore de «La escoba del sistema» del gran Foster Wallace. 

Ali Smith sobrevuela la absurdidad de nuestros tiempos para ponernos en el centro de la diana como causantes, más que como víctimas, y ha escrito un libro a partir del cual arrojar un torrente de denuncias y críticas hacia una sociedad que parece abocada a un futuro nada halagüeño. Pero esto es el invierno, una época del año donde la oscuridad y el transcurso de los meses propician un agotamiento vital. Quién sabe si con «Primavera» la luz volverá a irradiar el ánimo y ofrecerá, no ideas nuevas, sino más esperanzadoras, aunque sin dejar de lado ese espíritu de denuncia de la autora quien afirma en el libro, ante una manifestación, que «los manifestantes consideran que su objetivo es despertar a los que duermen», propósito que, sin duda alguna, comparte con esta interesante novela.

También de Ali Smith en ULAD: Otoño, La historia universalPrimavera

martes, 20 de octubre de 2020

Elizabeth Duval: Reina

Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: interesante, pero ingenuo

Declaro abiertamente que empecé a leer Reina con la mejor de las actitudes, cuestión que no negaré que pueda ser un paraguas protector: hay libros cuyo contexto parecen obligar a un pronunciamiento favorable a priori. Autora joven (creo que no mencionaba tal circunstancia desde que reseñé a Jenn Diaz, ha llovido mucho), perteneciente a ese pujante universo LGTB, notable activista y de popularidad ascendiente que se ha ganado a pulso con las más variopintas pinceladas de presencia mediática. Actualmente, estrenada la veintena, residente en París donde cursa un doble grado en esas carreras que, se dice aquí y lo considero muy triste, abocan al paro, una de ellas, claro, Filosofía.

Digamos que un escenario propicio para esperar cualquier cosa, incluyendo, por supuesto, descaro, osadía, prepotencia, contundencia, intimidad, sea en lo personal, sea en lo meramente intelectual, sea en lo estrictamente literario. Porque Reina es, primero de todo, un diario de una estudiante fuera de su ciudad natal (Alcalá de Henares), y ya sabemos, otro estereotipo, lo que es la vida de los estudiantes ubicados en las grandes ciudades europeas, cuajada de fiestas, de relaciones, de libertad de movimiento, etc. (a no ser, ejem, que se presente una pandemia). 

Todas estas cuestiones, por supuesto, posteriores al, para mí, desprendimiento necesario de la primera capa de la novela. Ya reseñando a Paul B. Preciado, al que se dedican algunas páginas de este libro, anoté la conveniente separación del proceso fisiológico de la adecuación de género como elemento temático, como manera de desnudar el hecho, despierte la lógica curiosidad a cierto lector, del núcleo literario, de la expresión artística pura del autor. Y agradezco a Duval que haya limitado la presencia de ese hecho a dos párrafos, casi gemelos, en los que enumera su toma periódica de fármacos que permiten su transición. Permiten evitar la elusión, ahuyentan a los morbosos que aquí no encontrarán carnaza, y encuentran su acomodo. Pero también, por contraste, aislan, de forma algo cruel, la falta de fuerza de algunos de los planteamientos. Reina pasa a ser, entonces, una especie de "bitácora de Erasmus", reducido a los vaivenes de una estudiante de primeros cursos de carrera en una ciudad fascinante, con sus devaneos emocionales, sus relaciones de amistad, sus escarceos sexuales resueltos, sorprendentemente, de forma algo pacata, desde luego muy poco lúbrica (para ser lectora confesa de Houellebecq), en general, demasiado cercano para mi comodidad crítica a una letanía de encuentros, diálogos y elucubraciones de aromas tardoadolescentes, que desprenden, demasiado a menudo, cierto aroma algo pretencioso, influencia segura de sus estudios en Filosofía y Literatura, con su oportuno namedropping y su lógica querencia por rematar párrafos con expresiones en francés, no siempre entendibles, no siempre necesarias.

¿Significa ello que el libro no me ha gustado? Pues no exactamente: significa que si Duval tiene la intención de que la literatura sea, digamos, su expresión artística o su ocupación principal, deberá, tiempo desde luego tiene por delante, desenfocar su obra de su mera existencia y de su experiencia propia. Dudo que tan pronto quiera encasillarse como alternativa de autoayuda a la comunidad trans. Desprenderse también de esa capa, la ligeramente narcisista por la cual se cuela esa percepción, la de que es una chica joven e intelectual que abandera un cierto activismo en el que encontrará curiosos y aduladores que van a aplaudirla por todo su envoltorio y quizás, siento decirlo así, prescindan de buscar mucha profundidad literaria.

Las veinte páginas finales, por cierto, en las que la autora se enfrasca en una suerte de ensayo de justificación/coartada de la concepción y desarrollo del libro, confirman, gracias S.P.I. por la oportuna asistencia en las sensaciones sobre la obra, que la novela no acaba de hilvanarse como tal: una mera yuxtaposición de 140 páginas de diario algo frívolo más 20 páginas de relativa (relativa: 20 años) empanada intelectual.

lunes, 19 de octubre de 2020

Hans Holbein: La danza de la Muerte

Año de publicación de este volumen: 2008
Introducción, traducción y notas: Juan Barja y Juan Calatrava
Valoración: Recomendable para interesados

Hans Holbein el Joven trabajó, entre 1525 y 1526, en una serie de grabados. Conocida en la actualidad como La danza de la muerte, se publicaría originalmente en 1538 bajo el título Les Simulachres & historiées faces de la mort.

El 2008, Abada compiló las cuarenta y una obras que la forman en un volumen que incluye, también, dos apéndices complementarios: un texto de John Ruskin y El códice del Escorial. Los encargados de la introducción, traducción (la edición es trilingüe) y notas del libro son Juan Barja y Juan Calatrava.

Huelga decir que una monografía así de rigurosa es completamente recomendable para el público interesado. Y con público interesado no me refiero, solamente, a estudiosos de la materia; los profanos que acudan a él podrán disfrutar de las magníficas habilidades de dibujo de Holbein a la par que aprender sobre el tema tratado.

domingo, 18 de octubre de 2020

Alexander R. Luria: El hombre con su mundo destrozado

Idioma original: ruso

Año de publicación: 1972

Valoración: Se deja leer (interesante)


Con este título nadie podrá ya decir que no leo libros divertidos, a que no? Pues echen un vistazo a lo que sigue: durante la Segunda Guerra mundial, creo que en la batalla de Smolensk, el soldado ruso Zasetski recibió un balazo en la cabeza. A consecuencia de ello su cerebro se vio afectado de diversas formas que luego comentaré y, tras un periplo por distintos hospitales, pasó a ser atendido por el neuropsicólogo y médico Alexander R. Luria. Este señor, que figura como autor del libro, era por lo visto toda una autoridad en esos extraños campos que estudian el cerebro humano, y publicó un montón de libros al respecto, todos relacionados con distintos tipos de afecciones y sus consecuencias sobre la actividad humana.

Luria tuvo a Zasetski como paciente durante veinticinco años y examinó con detalle las secuelas de su dolencia, lo que sin duda sirvió para profundizar en sus conocimientos sobre el funcionamiento del cerebro, y los efectos de las posibles lesiones. En este sentido, el soldado debió ser un ejemplo vivo de inestimable valor para ser estudiado, porque el pobre hombre reunía todo tipo de espantos imaginables. Algunos que nos son más o menos conocidos, como la pérdida de memoria a distintos niveles: imposibilidad de retener ideas, nombre de los familiares o del lugar donde vive, utilidad de los objetos cotidianos. Pero también incapacidad para entender preguntas sencillas, pérdida de gran parte del campo de visión y percepción disgregada de las cosas, además de terribles dolores de cabeza, vértigos y sensación de irrealidad. Zasetski ve el mundo fragmentado, distingue las partes de un objeto pero no es capaz de percibir el conjunto y no consigue ubicar las cosas en su lugar, ni siquiera su propio cuerpo: a veces siente que le ha desaparecido la mitad, otras percibe sus extremidades colocadas en formas inverosímiles o en dimensiones desproporcionadas. En ocasiones una nube de fragmentos de algo invade el espacio y hace que desaparezca lo poco que está viendo.

Luria describe la vida de Zasetski como una pesadilla permanente, y su consciencia como una interminable serie de laberintos conectados entre sí. El relato es aterrador por momentos, y las explicaciones técnicas del autor (no demasiadas, algunas con gráficos bastante rudimentarios) sobre las funciones de las distintas partes del cerebro que han resultado afectadas producen una sensación extraña, porque uno acaba pensando si todo lo que consideramos normal (formas, sonidos, relaciones espaciales), nuestras certezas sobre el mundo exterior, no serán a fin de cuentas más que el efecto estándar de un determinado funcionamiento de nuestro cerebro. Si, en definitiva, todo lo que nos rodea será realmente como creemos que es. Pero en fin, quizá no sea más que una elucubración boba bajo la influencia de una lectura perturbadora.

Decía arriba que Luria figura como autor, porque en realidad el libro es en gran parte una especie de diario escrito por el paciente, aunque el científico intercala numerosas anotaciones y, como también he indicado, algunas explicaciones sobre aspectos de la lesión de Zasetski. Resulta también llamativo que una persona con semejante combinación de dolencias cerebrales pudiera escribir algo así. Pero parece ser que este tipo de daños afectan a distintas áreas de una forma muy singular. El hombre era incapaz de leer, apenas identificaba las letras y su vista no le permitía abarcar ni siquiera una palabra entera. Pero por el contrario no había perdido la capacidad de escribir, digamos de forma automática, así que se ejercitaba de esta forma, en parte como terapia, como quien escribe en la oscuridad: no podemos ver lo que escribimos pero la mano es capaz de moverse de forma mecánica para dar forma a lo que pensamos. Así, con un enorme esfuerzo, el soldado fue llenando horas interminables durante veinticinco años hasta llenar ¡tres mil páginas de diario!, de las que afortunadamente apenas solo unas decenas han sido incorporadas al libro.

La verdad es que el carácter espeluznante de las primeras páginas del libro va quedando poco a poco algo diluido. Zasetski insiste una y otra vez sobre sus dificultades para comprender, para expresar ideas o reconocer objetos, se repite bastante, y a Luria los datos que ofrece le deben parecer muy interesantes, pero a nivel del lector profano el texto –aunque bastante breve- pierde parte de la tensión anterior (esto puede entenderse como un comentario morboso, pero es mi opinión como lector).

En todo caso, es la exposición de una experiencia devastadora, la forma en que un hombre ha visto desaparecer el mundo que conocía de un día para otro, aplastado por una realidad incomprensible y, lo que es quizá peor, perfectamente consciente de todo ello. La vida reducida a ruinas desconcertantes, un día tras otro a lo largo de años y más años. Zasetski tampoco vio mermada su capacidad para luchar contra sus nuevas limitaciones, se esforzó hasta el límite para mantener su conexión con la realidad que le había abandonado, y su diario es un testimonio contundente. Pero el daño lo llevaría consigo siempre. Esta vez fue la guerra, contra la que Luria levanta la voz al final del libro, y que tantos otros millones de víctimas de distintos tipos ha dejado a lo largo de la Historia.

P.S: Parece ser que el libro ha vuelto a ser editado en 2010 con el título de Mundo perdido y recuperado. Aun sin conocer esta última versión, y no obstante su cuestionable título, no dudo en recomendarla por encima de la que yo he leído, una edición argentina cutre de letra minúscula que no me ha puesto las cosas nada fáciles.


sábado, 17 de octubre de 2020

Miguel Delibes: El camino

Idioma original: Español
Año de publicación: 1950
Valoración: Muy recomendable alto

Se cumplen hoy 100 años del nacimiento de Don Miguel Delibes, uno de los grandes de las letras españolas del siglo XX, y en ULAD lo celebramos leyendo y reseñando "El camino", tercera novela del vallisoletano. 

Publicada en 1950, cuando Delibes contaba únicamente con 30 años, "El camino" es una novela dotada de una belleza sencilla, emparentada en cierta forma con el neorrealismo italiano y con la novela existencialista, en la que un suceso tan "nimio" como la partida de Daniel, el Mochuelo, de su valle natal a la ciudad con el fin de "progresar" es el punto de partida para una historia en la que se alternan dos tiempos y varias posibles lecturas. 

Los tiempos serían el presente constituido por la noche previa a la partida y el pasado formado por los recuerdos, imágenes y sensaciones que las historias de los vecinos de la aldea dejan en Daniel. Así, pasado y presente aparecen unidos en lo que puede y debe ser leído como novela de formación ("los grandes raramente se percatan del dolor acerbo y sutil de los pequeños", "el poder de decisión le llega a un hombre cuando ya no le hace falta para nada"...), pero también como retrato costumbrista de la España rural de la posguerra, como novela social "en ciernes" o anunciadora de las posteriores "Las ratas" o "Los santos inocentes", como novela picaresca, etc.

Más allá de estas posibles lecturas, varios son los aspectos que destacaría de la novela:

  • La elección de narrador omnisciente. No es infrecuente el uso de la primera persona en este tipo de narraciones protagonizadas por niños, pese a que el riesgo de caer en "impostura" es grande. Aquí Delibes opta por la tercera persona para la reconstrucción, desde la óptica de Daniel, de la historia del valle y de la vida del propio Daniel. Con esto consigue, al mismo tiempo, transmitir veracidad y cercanía.
  • El final de la inocencia, magníficamente dibujados a través de los sucesivos descubrimientos que, voluntariamente o no, realiza Daniel.
  • Los personajes. "El camino" es, por encima de todo, una novela de personajes (como tantas otras de Delibes, por otro lado). Y no solo Daniel, el Mochuelo, con su desasosiego cósmico, o Roque, el Moñigo, o Germán, el Tiñoso, sino que los secundarios también contribuyen a la creación de ese pequeño mundo a escala que es el valle.
  • La representación del mundo rural. El riesgo de caer en la idealización de la infancia y de su mundo es evidente, pero Delibes lo esquiva presentando un mundo rural lleno de claroscuros. Pese a que las descripciones de paisajes sí que transmiten la sensación de "Arcadia feliz", los personajes y situaciones reflejan la variedad de sentimientos, virtudes y defectos que podemos ver en cualquier persona, lugar y tiempo, lo que hace de "El camino" una novela atemporal.
  • Novela sensorial. Por todos es conocido el amor de Delibes por la naturaleza, lo que se traduce en que "El camino" sea una novela con olor a heno, a hierba recién cortada, a moñiga, etc.
  • Last but no least, el humor y la ironía. Creo que este es uno de los aspectos más sorprendentes de la novela. Y es que el comienzo de la novela no parece presagiar nada similar, pero muchos de los personajes y situaciones tienen un punto entre lo trágico, lo cómico y pícaro. Sirven de ejemplo las travesuras de los capítulos XIV y XV o las andanzas de las Guindillas, de Quino, el Manco y demás.
Ya paro. Esto se me esta yendo de las manos, pero el centenario de Miguel Delibes y un libro tan tierno y lacónico como "El camino" lo merecen. ¡Larga vida a la obra de Delibes!

Un montón de libros de Miguel Delibes reseñados AQUÍ