sábado, 5 de octubre de 2019

Ali Smith: Otoño

Idioma original: inglés
Título original: Autumn
Traducción: Dolors Udina (ed. en catalán)
Año de publicación: 2016
Valoración: bastante recomendable

Hay novelas que se ciñen a un argumento y se desarrollan a partir de él, buscando una trama que sustente el avance de la historia. Pero hay otros casos, como el que nos ocupa, que la trama en sí no consiste en una historia que avanza de manera lineal u ordenada, sino que la historia, si es que podemos entenderla como tal, es una idea, o un conjunto de ellas, y es ese conglomerado el que conforma el argumento de la obra. Y el resultado obtenido es interesante, por todo aquello que plantea sin necesidad de describirlo, pues cada uno se encargará ya de hacerlo al leer este recomendable libro.

Estilísticamente, de entrada, sorprende el estilo esquemático, de trazo fino pero preciso, que dibuja lo justo para que interpretemos el resto de lo que hay. Como una silueta que delimita lo que el libro contiene, y deja suficiente espacio en blanco para que lo llenemos, imaginemos y adaptemos a nosotros en base a nuestra experiencia vital y lectora. Con ello, y de manera abrupta, conocemos a Daniel, en un pasaje inicial inquietante a la vez que algo extraño, pues aparece perdido en medio de una tierra que no conoce o de la que apenas sabe algo. Y vemos enseguida el porqué, pues está postrado en una cama tras el deterioro causado por su avanzada edad, y los sueños ocupan sus días y sus noches, si es que le es posible diferenciar unos de otras, pues las imágenes e ideas que le vienen a la cabeza son visiones parciales de situaciones inusuales. Y, en esa introducción, conocemos también a Elisabeth, una mujer de treinta y dos años, inquieta, que le visita a veces, para hacerle compañía, o que él se la haga a ella con su presencia porque la relación entre ambos conforma la línea sobre la que, de manera fragmentada, trascurre la historia, una narración que se ambienta en un presente a pocos días de haberse celebrado el referéndum del Brexit, y con poco, muy poco, la autora nos hace ver las contradicciones de la sociedad, la división existente y el incipiente recelo que empieza a haber entre conciudadanos, entre vecinos, y hacia quien aún no lo es, quien viene de fuera. Mientras Elisabeth, libre y vital, se ve encerrada cada vez más en un mundo que no comprende, que no entiende y se le antoja ajeno, un mundo consecuencia del resultado de una votación que divide una sociedad, que la aleja de sí misma, y que ya no sabe cómo encajar la ruptura entre la euforia de los ganadores y el temor de los vencidos, Daniel se erige como contrapunto a esta inestabilidad, pues su enfermedad es estable e irremediable, y es precisamente esta circunstancia la que le da la pausa que otros carecen, que le otorga a la novela una visión más nítida y clara sobre la vida. Daniel ofrece en este libro la libertad de quien se ve limitado físicamente, y obtiene esa libertad a través de las imágenes que proyecta en su mente, y a las que recurre para proyectarse también él mismo, en elementos que le otorgan una libertad, una movilidad y una vitalidad que se le va escurriendo de las manos.

El estilo de Ali Smith es preciso como el retrato que hace de una sociedad que no sabe dónde está, ni de lo que vendrá, que necesita buscar algún tipo de anclaje para recordar quienes somos, qué teníamos, qué conseguimos con el cambio. Así, la narración trata en gran medida sobre la identidad, la propia y la ajena, e intercala el relato en presente con escenas del pasado, para explicarnos cómo la amistad de Elisabeth con Daniel se ha ido forjando a lo largo del tiempo. Una amistad que, a pesar de la gran diferencia de edad entre ambos, crece y se consolida, echando raíces sobre la tierra en la que reposan sus similitudes, su particular manera de ver el mundo. Las conversaciones entre ambos a lo largo del tiempo compartido plantean interesantes cuestiones sobre la vida y la condición humana, sobre aquello que damos por sentado pero que podría ser cuestionado y ser visto de otra manera, si la experiencia que limita nuestra visión de la vida no estuviera restringida por los límites de una sociedad que huye de extravagancias, de pensamientos divergentes. Y la figura de Daniel se torna clave en Elisabeth, pues le abre un mundo que los adultos no suelen mostrar, y despierta en ella una manera diferente de abordar la realidad, una realidad cambiante a lo largo del tiempo y que nos habla de arte, de relaciones sentimentales, de feminismo, de memoria, de nosotros, de ellos y de cómo encajar todo ello en nuestro limitado mundo.

La novela que ha escrito Ali Smith, es un claro ejemplo de que una narración en apariencia desordenada y que aborda varios temas puede dar lugar a interesantes reflexiones que nos atañen a nuestras particulares vidas, pues «Otoño» se ejemplifica como gran metáfora de una vitalidad que se va apagando, como la analogía de un mundo que deja atrás amaneceres luminosos y vivos, y va tornando hacia el frío, la oscuridad y la decadencia, en un evidente paralelismo entre las estaciones y el ciclo vital individual y colectivo. Los días son más cortos, se apagan más temprano, las hojas caen y se marchitan, echando una mirada atrás a aquello que habían sido, y la naturaleza empieza a resguardarse de lo que se avecina, antes de poder levantarse y resurgir cuando las circunstancias sean propicias, cuando el tiempo acompañe y amanezca un horizonte de posibilidades y esperanzas que, aunque no lo parezca a los ojos de los incrédulos, van depositándose levemente a la espera de que llegue su momento.

Y esos resquicios que deja la narración fragmentada, Ali Smith los utiliza para colmarlos de ideas sobre las dudas e inquietudes latentes en la sociedad, pero también los llena de arte, de una pintura que añade las pinceladas de color necesario en  nuestras vidas, y lo hace reivindicando talentos de artistas femeninas que han quedado ocultos tras siglos de patriarcado; es todo ese amalgama de ideas, que aporta una mirada lumínica de matices calidoscópicos, que hace de este libro algo diferente, amplio y rico, como un torrente de cuestiones que se abren de manera desordenada ante nuestro mundo, un mundo que apenas comprendemos hacia donde avanza, pero que, a pesar de todo, siempre hay motivos y ocasiones para encontrar una luz en él, una luz que se filtre entre los colores cada vez más oscuros de un otoño que se acerca y penetra en nuestras vidas y que nos reta a buscar, a esperar, un próximo cambio, una nueva estación en nuestro ciclo vital. Y los lectores, observadores y partícipes de esta realidad, esperaremos que ese cambio llegue en forma de libro en la próxima novela estacional de esta interesante autora.

2 comentarios:

Paloma dijo...

Buenas tardes Marc, felicidades por las reseñas tan bonitas que hace usted. Un saludo muy afectuoso

Marc Peig dijo...

¡Muchas gracias, Paloma! Celebro que le gusten, es un placer recibir comentarios como el suyo.
Un saludo igualmente y gracias por comentar la reseña.
Marc