lunes, 22 de octubre de 2018

Semana del arte #8. Colaboración: Álvaro Enrigue: La muerte de un instalador

Idioma: español
Año de publicación: 2008
Valoración: Recomendable

Señala Juan Villoro en la solapa que cierra La Muerte de un Instalador: Enrigue transforma la vanguardia en arte funerario. Un instrumento para calibrar la era del cinismo mexicano, donde el crimen pertenece al arte de la instalación.” Hacer arte es una manera de hacer crimen. O mejor, el crimen y el arte han intercambiado estrategias y tácticas hasta hacerse inconfundibles. 
Esa confusión es el tema central de La Muerte de un instalador, donde se narran las desventuras de Sebastián Vaca, un aprendiz de artista que tiene la desventura de encontrar a Aristóteles Brumell-Villaseñor, coleccionista y millonario, embaucador y esteta. Como el título de la novela indica, Brumell marcará el inicio y el fin de la obra y de la vida de Vaca. Más aún, los caprichos del coleccionista harán que Vaca se cuestione el sentido de su obra y de su realidad, que se pierda en una experiencia de degradación sin límites, y que finalmente dé su vida por la causa de la vanguardia.Las desventuras de Vaca, su sufrimiento, se convertirán, entonces, en la producción artística de Brumell, en un pasatiempo pasajero cuya única función es la de contribuir a la diversión de una élite social disfrazada de vanguardia.
Un colega de Nueva York suele decir que tenemos el mundo del arte que nos merecemos. La novela de Enrigue es fiel reflejo de ello. La novela empieza y acaba sin que podamos empatizar con ninguno de sus personajes. Detrás de todas las aspiraciones y aspiraciones de artistas, galeristas, curadores, adivinamos intereses puramente materiales. En este sistema, toda transgresión aparece formatada y controlada por un sistema que, como bien refleja Enrigue, ya no actúa bajo la forma de un museo que censura, sino de una vanguardia cínica, obsesionada con la producción de experiencias cada vez más extremas y macabras. Enrigue, además, piensa desde un contexto específico, el de México a inicios del siglo XXI, donde la arbitrariedad y la ubicuidad de la violencia toman prestada la espontaneidad del arte contemporáneo, donde la experimentación performativa con el cuerpo adquiere tintes macabros, y donde los más creativos no hacen arte, sino que asesinan.
La muerte de un instalador forma parte de un interés reciente por captar el trasfondo de un medio artístico que hace mucho que dejó de tener en su centro la capacidad creativa, única e inigualable, de la figura del artista. Lejos estamos aquí de genios románticos que desafiaban al sistema e imponían sus excentricidades. La novela dibuja un cuadro mucho más real y mucho más siniestro, con artistas que se debaten por conseguir un mínimo de financiación en un panorama superpoblado, con instituciones públicas que bailan al son del lado más violento del capital privado.Surge una pregunta: si hoy en día no resulta necesario visitar un museo o una galería para ver arte, sino que esa facultad creativa se resulta accesible a cualquier persona interesada en customizar su experiencia y justificar su originalidad, ¿por qué escribir sobre arte contemporáneo? Pues porque escritores como Enrigue consiguen la distancia suficiente para ser críticos y cómplices con ese sistema; porque consiguen realzar las semejanzas entre el ambiente especializado de la contemporaneidad artística y las pulsiones más siniestras de nuestro día a día; y porque además consiguen arrancarnos más de una sonrisa o, como en este caso, más de un escalofrío.
Y quizá sea este precisamente el punto en el que la novela flaquea un poco: en justicia, no podemos pedir un final feliz para La muerte de un instalador. Desde el título, el protagonista está destinado a morir, de la misma manera que su muerte está destinada a ser absurda. No se trata de eso. El problema es que los artistas de la novela acaban por no tener voz. Todos se pliegan, de una manera o de otra, a los desvaríos estéticos de Brumell. Llega a olvidar que otros mundos (del arte) son posibles. Hablar de agencia o de esperanza en un texto que reflexiona sobre la conexión entre producción cultural y la normalización de la violencia extrema en el México actual, sería pedir demasiado. Y sin embargo, uno se queda pensando si la ironía y la crítica negativa son el único y el último recurso frente a ese contexto. Sobre todo, porque varios artistas están desafiando esa conclusión desde su trabajo, ensayando, en su realidad diaria, finales alternativos. Con las voces de esos artistas, La muerte de un instalador sería una novela distinta.Pero también sería, creo, una novela más completa.

Firmado: Carlos Garrido

Otros libros de Álvaro Enrigue reseñados en ULAD: Muerte súbita

domingo, 21 de octubre de 2018

Semana del arte #7. Susanna Partsch: Klee

Idioma original: alemán
Título original: Paul Klee 1879-1940
Año de publicación: 1994
Traduccíón: Félix Treumund
Valoración: muy recomendable

Tenía mis dudas acerca de la cuestión. Si "colar" este libro como contenido de un blog literario bajo el pretexto de una semana dedicada al arte (perdonad que no vea pretexto para el uso de mayúsculas) no resultaba excesivamente forzado o, incluso, desconsiderado hacia toda esa masa de seguidores que espera algún consejo de otro tipo, quizás no tan funcional.
Dudas disipadas.
Primero, porque a pesar de la deficiente traducción  (tiempos verbales esquizoides, construcciones gramaticales forzadas, transcripciones al pie de la letra - ¡esas figuras pasivas! -, etc.), el texto que acompaña al libro es de un elevado valor, si no literario (este es un libro publicado por Taschen, y su enfoque claro es mostrar aspectos gráficos y acompañarlos de textos dignos) sí informativo, hasta un punto que lo hace muy relevante, por lo cual no puedo evitar recomendar su lectura y tenencia con ávido entusiasmo. 
Segundo, porque, además, el material gráfico que acompaña al texto es, y odio la consabida frasecita sobre los gustos, sencillamente deslumbrante. Aunque habrá quien piense que la pintura abstracta sea un mero manchar de colores y que "eso lo hace mi sobrino Álex, de tres añitos". Por favor, si ese es tu caso, puedes dejar de leer justo aquí.

Los libros sobre pintura (sobre fotografía, sobre arquitectura...) son un sucedáneo, claro. Qué más querríamos todos que tener los originales ante nuestras narices y no tener que sufragar costosos viajes a los lugares donde estos se ubican. Siempre que no se trate de piezas que alguno de esos elegidos que envían a gente con teléfonos a las subastas se haya adjudicado por una millonada para contemplarla de forma a medio camino entre fanfarrona y onanista colgada o expuesta en un salón o metida en una urna.
A cambio de eso, y por un módico precio, estos libros (normalmente, aunque no es este el caso, de gran formato, y que, por tanto, quedan la mar de chulos en mesas de centro) nos aportan ese acceso prohibitivo o muy complicado de otra manera. No podremos capturar la energía de la pincelada, no podremos ponernos en pose introspectiva durante largas horas frente a ellos, pero la experiencia ya es válida. El trabajo de Klee es, cómo no, una absoluta maravilla. En apenas una centena de páginas la obra del pintor suizo queda reflejada de forma coherente y fidedigna, y Partsch, autora a la que merece la pena nombrar, repasa su trayectoria vital desde sus titubeos vocacionales (también tocaba instrumentos musicales, y llevó un diario escrito de sus experiencia) hasta el momento en que, en un viaje a Túnez acompañado de otros pintores, decide dejar de ser un dibujante y ser un pintor. Los colores representan una epifanía para él.
Su recorrido vital, el de un artista casi siempre ignorado, en el período que abarca desde principio de siglo XX hasta el año 40, en que muere ya de vuelta a Suiza, tras haber vivido en Alemania, tenido un hijo, pertenecido a la mítica Bauhaus, y ser incluidas sus obras en las lúgubres exposiciones del arte degenerado, es casi un paso por paso del arte contemporáneo y de la situación europea que le acompañó. Y sus pinturas lo manifiestan y este libro las muestra en detalle y las comenta con la cercanía de un admirador y la perspectiva de un erudito.

E igual que suelo incluir (no siempre, reconozco, para bien) párrafos de algunos libros en mis reseñas, no creo que esta reseña estuviera completa sin mencionar y mostrar este cuadro, "Revolución del viaducto" el cual, explica el libro, fue la contestación del artista a la tendencia uniforme e unificadora de la arquitectura de las infraestructuras nazis. Arcos de puente irregulares en forma, color y tamaño que se muestran ante el observador como una réplica. No flores ni palomas ni ramitas de olivo. Una contestación clara y transparente a la imposición del poder frente a la libertad creativa. ¿Veis a Jeff Koons haciendo algo parecido? ¿Veis a algún artista mostrar un símbolo tan contundente de reacción ante el totalitarismo, jugándose el pellejo, no una multa, no una bajada en la cotización de sus obras entre los finolis adinerados que las adquieren, sino la vida?

Yo tampoco.

sábado, 20 de octubre de 2018

Semana del arte #6: Manuel Jesús Roldán: Eso no estaba en mi libro de Historia del Arte

Idioma: castellano
Año de publicación: 2017
Valoración: entre recomendable y está bien


Esto no estaba en mi libro de Historia del Arte parte de una premisa falsa, de un engaño manifiesto: ¡nadie sabe lo que había en el libro de Historia del Arte porque todos nos saltábamos las clases, que por algo era una de las "marías" del Bachillerato, a la que sólo iban los tres empollones de siempre mientras los alumnos normales nos largábamos a fumar petas al parque! ¿Ah, que no, que vosotros sí que ibais? ¿Que el arte es vuestra pasión y lo primero que hacéis cuando salís de viaje es patearos todos los museos de la localidad donde os encontréis, incluso los dedicados al mundo del Orinal, a Saleros y Pimenteros o al Almirez (existen, y quizás no muy lejos de donde vivís)? Sí, ya, me habéis convencido -guiño-guiño-codazo-... pues entonces tendréis que saber que algunas de las figuras o historias que presenta el profesor Roldán en este libro SÍ que aparecen en los libros de Historia del Arte. Al menos hoy en día y por lo menos en los manuales o monografías universitarias.

Cierto, no obstante, que muchas de estas figuras sólo son conocidas por especialistas. Así, en el primer capítulo del libro, dedicado a las mujeres artistas y que, en muchos casos, han sido ninguneadas por el canon posterior, a pesar de gozar de un gran éxito en su vida, se alternan algunas muy o bastante  conocidas (Sofonisba Anguissola,  Artemisia Gentileschi, Berthe Morisot, Camille Claudel, ¿Tamara de Lempicka?... ¡Frida Kalho, por favor, que está hasta en los souvenirs para turistas!) con otras muchísimo menos o al menos así lo eran para mí: Lavinia Fontana, la escultora Luisa Roldán o Elisabeth Vigée Lebrun, la retratista favorita de María Antonieta y de la nobleza francesa antes de que... ejem, perdieran cualquier cabeza que pudiera ser retratada.

A continuación, se nos ofrece una serie de pequeños ensayos sobre temas diversos: las "selfies de los artistas" (es decir, los autorretratos, pero hay que ser modernuki...), desde Alberto Durero a la fotógrafa Cindy Sherman, pasando por los notorios ejemplos de Rubens, Rembrandt o el inevitable, en este caso, Vincent van Gogh; otro capítulo está dedicado a los artistas que se han suicidado, desde  el escultor Torrigiano  -por "huelga de hambre"- o el arquitecto barroco Borromini al pintor Mark Rothko. Un ensayo más prolijo y quizás más interesante  (habida cuenta que las selfies hoy en día son casi una epidemia y que suicidios se dan en todas las profesiones), es el dedicado a la representación -o no representación-, a lo largo de la Historia del Arte, del sexo femenino (me refiero a las "partes pudendas", en concreto), a partir del famoso y explícito cuadro de Courbet "El origen del mundo". Son muchos los ejemplos que aquí se citan, pero yo destacaría el cuadro "El columpio", de Fragonard, donde esa parte de la anatomía femenina, justamente... no se ve.

El quinto capítulo está dedicado a las obras que han sido rechazadas por los comitentes o han provocado algún escándalo memorable (y, en casi todos los casos, ya periclitado), ya sea por lo "inadecuada" representación de escenas religiosas, como le ocurrió nada menos que a Miguel Ángel, Veronés y Caravaggio, por el empleo de técnicas vanguardistas -los cuadros impresionistas, cubistas y fauvistas-, o, directamente, por la voluntad del artista de epatar y, en algún caso, ridiculizar al mercado del arte: es el caso del readymade "La fuente", de Marcel Duchamp y no digamos de la cotizada "Mierda de artista", de Piero Manzoni (aprende, Banksy).

El siguiente capítulo del libro, Genio y figura, explora el tópico del artista como creador genial pero a merced de las más extremas pasiones; la violencia y la locura. Artistas violentos ha habido muchos (vaya, como fontaneros o labradores...), pero el autor se centra en los casos de los andaluces -como él- Martínez Montañés y Alonso Cano y de los italianos Benvenuto Cellini, Leoni y, sobre todo, el más conocido, el del volcánico Caravaggio. La locura (por dar esta denominación genérica a casos de bipolaridad, depresión, saturnismo, paranoia, etc... como antaño se decía "melancolía") estuvo presente en las vidas de artistas como Hugo van der Goes, el propio Miguel Ángel, el de nuevo inevitable van Gogh o Edvard Munch. Un caso curioso, donde es difícil distinguir el trastorno, la genialidad, la excentricidad y la autopromoción es el de Salvador Dalí, "loco" para muchas cosas que no fuera el amor al vil metal...

Otro capítulo, dedicado a los atentados que ha lo largo de la Historia han sufrido las obras de arte, se extiende desde los iconoclastas del Imperio Bizantino en el siglo VIII, a los modernos (por decir algo) talibanes y yihadistas, así como los desperfectos que suelen sufrir los grafitti de cierto valor artísticos como los del ya mencionado Banksy. Pasando por atentados sufridos por obras de Velázquez o Miguel Ángel a manos de activistas o simples chiflados (o ambas cosas). El autor se extiende bastante sobre la destrucción  de obras religiosas en España a manos de los liberales y anticlericales den los dos últimos siglos, ejemplificándolo, una vez más, en lo ocurrido en su ciudad de Sevilla. Nada que objetar, en principio, excepto cuando se centra en el arte procesional, en el que el señor Roldán es especialista, pero que a mí me resulta especialmente detestable (nada... manías mías). Más interesante aún -y sorprendente, al menos para un servidor- resulta el último ensayo, dedicado a la desnudez en las representaciones, muchas veces tapada con posterioridad,de la figura de Jesucristo; pero Roldán no sólo se limita a las ocasiones en que a Jesús se le ve -o no- el pitilín (tema harto osado, por otra parte, para un colaborador del ABC y la COPE), sino que esta representación artística le sirve para disertar sobre las variaciones de la idea del decoro en las obras de arte religioso cristiano, desde la iconografía de momentos de inevitable y mundana humanidad en la vida de la Virgen, como son los de su embarazo y parto, a aquellas imágenes de santos con una carga erótica más evidente, como San Sebastián o las santas, mártires y residentes en Cartago, Perpetua y Felicitas.

Acaba el libro con un capítulo en el que se recogen citas, ya sean reflexiones, aforismos o boutades de numerosos creadores plásticos acerca del Arte. Muy interesante, aunque un tanto redundantes. Me quedo con un par de ellas que quizás hoy en día serían más ciertas expresadas de forma inversa:
"Mientras la ciencia tranquiliza, el arte perturba." ( Georges Bracque)
"El arte es la mentira que nos permite comprender la verdad." (Pablo Picasso)
Y también esta otra de Paul Klee, que quizás -esperemos- siga siendo cierta, ahora y siempre: "El arte no reproduce lo visible, sino que hace visible lo que no siempre lo es."

Nota final: Este libro, por si no ha quedado claro después de tanto rollo por mi parte, resulta interesante y entretenido, sobre todo para quien, sintiendo ganas de profundizar en la Historia del Arte y a sus creadores, no tenga grandes conocimientos sobre el tema (no tanto, pues, aunque también, para estudiosos y aficionados más expertos). Lástima, entonces que la lectura del mismo se vea entorpecida por las frecuentes erratas, fallos en la sintaxis, repeticiones innecesarias y otros errores que, sin duda, no son culpa del autor, sino de una deficiente edición. Como siempre que ocurre algo parecido, es una pena.

viernes, 19 de octubre de 2018

Semana del arte #5: Siri Hustvedt: La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres

Idioma original: inglés
Título original: A woman looking at men looking at women
Traducción: Aurora Echevarría (edición en castellano), Ferran Ràfols (edición en catalán)
Año de publicación: 2016
Valoración: muy recomendable

Confieso albergar cierto temor a la hora de escribir esta reseña, pues Siri Hustvedt es una autora inmensa, no únicamente por la calidad de su prosa, sino también por la variedad temática de sus obras y por ser una autora por quien siento absoluta devoción. Podría intentar (sí, intentar) contar qué explica la autora en los veinte capítulos que conforman este ensayo. Pero sería una tarea ardua, complicada, probablemente indigerible y costosa para mí como reseñista y para vosotros como lectores. Porque la riqueza, profundidad y amplitud temática que Hustvedt cubre en este conjunto de ensayos es descomunal. No estamos hablando de un ensayo ligero y ágil, estamos hablando de un libro que es casi como una tesis porque, haciendo gala de sus grandes conocimientos en campos tan variados como el arte, la neurología, el feminismo, etc., la autora nutre el libro de infinitud de referencias bibliográficas, detalles, análisis y reflexiones. Pero no os asustéis, porque la capacidad narrativa de la autora hace perfectamente digerible su relato. Y pido ya disculpas de entrada por la extensión de la reseña, hay mucho a comentar.

Estructuralmente, el libro está claramente dividido en dos partes: en la primera expone el papel de la mujer en el arte, tanto ejerciendo de modelo como siendo la artista y la analiza en contraposición con el papel desempeñado por los hombres en esa misma esfera. En su segunda parte, y que queda fuera de esta reseña por extensión y por tratarse de una temática diferente al arte, habla sobre la condición humana, centrándose especialmente en la psique.

De esta manera, en la primera parte del libro, la autora se centra en el arte, como concepto, como campo de creación, pero también como representación de los sentimientos, como elemento de expresión, como vehículo para cuestionar, explorar, provocar y expandir el universo de uno mismo. Así, hay muchas referencias a pintores y artistas en este libro, pues habla de Picasso y su obra, de Elaine de Kooning y de Louise Bourgeois (en quien se basa la protagonista de su última novela «El mundo deslumbrante»), entre muchos otros. De esta manera, analiza no únicamente su obra sino también aquello que los autores pretendían representar, cuáles eran sus motivaciones y qué intentaban plasmar en sus cuadros. Haciendo un recorrido sobre algunos artistas representativos de la historia, Hustvedt habla sobre algunos cuadros de estos pintores, sobre qué les impulsaban a pintar de la manera en que lo hacían; igualmente la autora pone en valor artistas menos reconocidas por el solo hecho de ser mujeres, pues su obra tardó años en ser conocida pues los hombres tapaban sus méritos y la calidad de sus cuadros. Así comenta la irrupción de Pollock, que por su talento, pero también por ser un hombre, tapó una artista como Bourgeois, considerada una de las artistas más transformadoras del siglo XX y primera mujer artista a la que el MoMa dedicó una exposición en solitario, en el 1982 (sí, no fue hasta el 1982, habiendo abierto las puertas en 1929). Un Jackson Pollock, creador del action painting junto con su mujer Lee Krasner (quien, a diferencia de él, pasó bastante más desapercibida posiblemente por el mismo motivo). Con estos ejemplos, la autora denuncia que las artistas femeninas hayan pasado a un segundo plano en la historia del arte, pues es un mundo dirigido y dominado por hombres.

Hustvedt también habla sobre cómo interaccionamos con el arte, pues observando las mujeres que aparecen en los cuadros (en referencia a «Mujer que llora» de Picasso, o «Columbine» de Beckmann), al contemplarlas, «les doy vida. Sin un espectador, un lector, un oyente, el arte está muerto». Así, y hablando de Picasso, a ojos de la autora su costumbre de pintar un artista delante de un caballete con un pincel en la mano y una modelo desnuda es un ejemplo del vínculo del pintor con el deseo sexual.

La autora también habla de escultura, y denuncia el mercado del arte utilizando como ejemplo el desorbitante precio pagado por «Perro Globo» de Jeff Koons. Así, la autora afirma que «la experiencia del arte siempre es una relación dinámica entre el espectador y el objeto contemplado» y habla del precio de las obras como consecuencia de la percepción de las mismas en el contexto de un mundo determinado por el comprador. Y es por ello que un cuadro firmado por Rembrandt tiene un valor muy superior a si el mismo cuadro fuera firmado por un discípulo suyo, a pesar que el objeto continúa siendo el mismo (aquí no puedo dejar de pensar en la magnífica obra de teatro «Arte», de Yasmina Reeza, que versa precisamente sobre este tema).

La autora habla de lo que significa el arte, de lo que nos aporta, y afirma, de manera muy acertada, que «La experiencia del arte solo se produce en el encuentro entre el espectador y el objeto artístico. La experiencia perceptiva del arte literalmente se encarna en el espectador. No somos receptores pasivos de una realidad factual externa, sino que creamos activamente lo que vemos a través de unos patrones establecidos en el pasado, aprendidos de manera tan automática que han acabado siendo inconscientes». «Sin memoria no hay percepción», por lo que la valoración de una obra tiene un componente objetivo (técnica, material, etc.), pero siempre viene acompañada de un componente subjetivo, propio de cada uno. Y así el arte forma parte de la transferencia de uno mismo, de la necesidad de ser visto y reconocido por el otro. En este aspecto, la autora enlaza la tercera componente de la obra, del libro, donde analiza la ciencia, la condición humana, la psique, y el psicoanálisis. De esta manera, la autora en su visión holística sobre la condición humana, habla sobre psicología y las tesis de Freud y el psicoanálisis, y disgrega también en qué consiste la escritura desde el punto de vista del autor y como siente a través de sus personajes, estableciendo una relación entre ellos, el lector y el escritor. La autora abunda en este tema hablando de la ciencia de la memoria y el Denkraum de Warburg, pues la concepción e interpretación de las artes va ligada a nuestra memoria, a nuestros recuerdos, pues la obra nos evoca sensaciones ligadas a nuestras experiencias pasadas. De ahí también el interés de la autora en hablar de la parte científica del arte, de cómo funciona nuestro cerebro al contemplar las obras, de cómo reacciona ante ellas. Y así, como ejemplo de la relación y el impacto del arte en el espectador, habla de la exposición «Ocupaciones» del artista Anselm Kiefer sobre el nazismo, que tuvo una gran polémica por la repulsa que provocaba a mucha gente que iba a verla. Y es que, como indica la autora «El mejor arte no es nunca inocuo: altera las predicciones perceptivas del espectador», «lo que hace el arte es desafiar la polaridad cómoda entre blanco y negro, un modo de expresión capaz de contener contradicciones dolorosas o ambigüedades agónicas».

A pesar de estar de su estructura en dos grandes bloques, los diferentes ensayos son totalmente independientes unos de otros por lo que su lectura puede ser realizada de forma individual o sin tener en cuenta el orden en el que están publicados. Así, se trata más de un libro para consultar los diferentes temas en función del interés que de un libro que se lea de principio a fin. Hay mucho trabajo de documentación en este libro de Hustvedt y la muestra está en las más de veinticinco páginas de referencias bibliográficas, con referencias a libros de diversa índole: arte, psicología, feminismo. La autora habla también en el libro sobre otros aspectos artísticos como la danza, el cine, y lo rubrica también con pinceladas sobre feminismo, pornografía, escritura, psicología... siempre desde un enfoque académico y conceptual pero próximo al lector, que convierte este ensayo en una obra más que interesante para aquellos que estén interesados, no únicamente en el arte, sino en la condición humana.

De esta manera, y habiendo centrado la reseña especialmente en la parte dedicada al arte, podemos constatar que lo que sería un ensayo que a manos de otra escritora echaría para atrás, asustaría e intimidaría a un lector no habituado a las materias tratadas, Hustvedt nos lo transmite como si fuera algo natural, con las palabras fluyendo de manera espontánea, compartiendo con nosotros su conocimiento. Y en este aspecto reside la gran calidad del libro, porque no es solo por lo que cuenta, ni por lo que sabe, sino por cómo la hace accesible al lector. No quiero tampoco que esta reseña lleve a engaño: no es un libro para todo el mundo, pero sí es un ensayo para quién esté interesado en los distintos temas que trata, que pueden ser leídos de manera aislada por su profundidad. Porque el libro se puede, y creo que se debe, leer de manera pausada, pues hay mucha información y profundidad como para asimilarla de golpe. Mi consejo es leer los capítulos de manera individual y dejando cierto tiempo entre ellos. Porque más que un ensayo, lo que Siri nos ofrece aquí es una muestra de sus amplios conocimientos sobre una gran diversidad de materias y conviene dejar que los absorbamos en pequeñas dosis. Para mí, sin duda alguna, es un libro de referencia, el libro de cabecera donde reposa aquello que afecta a la humanidad: el arte, la ciencia, la psicología y el feminismo. Es una guía imprescindible para adentrarse en el mundo del arte y del análisis de la condición humana de la mano de una de las mejores y más completas escritoras que hay en la actualidad.

También de Siri Hustvedt en ULAD: El hechizo de Lily Dahl

jueves, 18 de octubre de 2018

Semana del arte #4: André Salmon: La apasionada vida de Modigliani

Idioma original: francés
Título original: La vie passionnée de Modigliani
Traducción: Manuel Arranz
Año de publicación: 1957 (reeditado en 2017)
Valoración: Está bien

Cuando el Consejo de Ancianos de ULAD decidió convocar esta Semana del Arte, no lo pensé: desde que se publicó por primera vez en castellano el año pasado, tenía en cartera este libro sobre Modigliani. No porque fuese especialmente fan de su obra, sino por curiosidad en torno a personaje tan peculiar, solitario y destacada víctima de dependencias varias. 

Pero, por ir al grano, resulta que el libro no es exactamente una biografía, o al menos lo que yo entiendo por biografía, es decir, el relato cronológico de lo acontecido en la vida de tal personaje. André Salmon, poeta y crítico de arte, fue por lo visto amigo del pintor italiano, y al parecer veinte años antes ya había escrito un ensayo previo al que ahora nos ocupa. No sé hasta qué punto Modigliani era protagonista de aquel trabajo, pero lo cierto es que al menos en la primera mitad de este, Amedeo aparece más bien poco. La impresión que da es que M. Salmon, en el ocaso de su vida (andaría por los setenta y tantos), decidió retomar su personaje favorito como imagen central, con la intención de elaborar un retrato mucho más amplio, con los recuerdos de toda esa época ya mítica de la bohemia parisina (primeras dos décadas del siglo XX), con centenares de artistas en ciernes viviendo casi siempre en la miseria para estar donde había que estar, en el corazón de la creatividad del planeta. 

Lo reconoce el mismo autor, cuando habla de evocar ‘los grandes días de una época sin igual como fue la de las grandes creaciones’. Siente nostalgia el viejo Salmon, y se lanza a describir con detalle cafés, boulevares y miserables estudios de Montmarte y Montparnasse, y semblanzas, a veces un poco largas, de numerosos artistas (Picasso, Derain, Soutine, Severini, entre otros muchos). Y todo ello, según reconoce, novelado en una medida que no podemos conocer, pero que en bastantes ocasiones sospechamos bastante elevada. Con todo, la sensación es la de un inmenso travelling, un recorrido en el que la cámara va viajando por la ciudad y se va encontrando aleatoriamente con diversos personajes que beben en una taberna, discuten en un café o se reúnen en una pensión. Y entre ellos, cada cierto tiempo aparece el guaperas de Modigliani. Salmon se esfuerza en hacerle protagonista, en mantenerle a la vista, pero no será hasta la segunda mitad del libro cuando acapare la mayor parte de la atención. En cualquier caso, esa dispersión inicial no carece de cierto interés. 

Centrándonos ahora en Amedeo, descubrimos a un joven que, como tantos otros, acude a Paris atraído por el magnetismo del epicentro mundial del arte. A las penalidades comunes a todos los que allí aterrizaron con una mano delante y otra detrás hay que añadir la doble desubicación de Modigliani. Por una parte, es un tipo rabiosamente individualista, de pocas palabras y ninguna afición por las actividades colectivas de la bohemia. Generalmente, aparece por los bares solo o con alguno de sus escasos amigos, dibujando sin descanso y sin convicción.

Pero además parece también voluntariamente aislado desde el punto de vista creativo: como buen italiano, Modigliani carga con una importante herencia clasicista, y no termina de encontrar el camino. Aunque admira a Picasso (estrella emergente), detesta el cubismo y su geometrización de la formas, y tampoco se deja seducir por el divisionismo que goza de cierto predicamento entre algunos compatriotas. Puede que este doble aislamiento, personal y artístico, haya dejado su huella en un obra tan personal, inconfundible e imposible de etiquetar en las corrientes de la época.

Realmente, esto son circunstancias que tampoco tenían por qué conducir a más desgracias. Pero Modigliani pronto encontró otras fuentes de sufrimiento. Su talento parecía estancado y ni siquiera se decidía a pintar (se refugiaba en el dibujo y sondeó la escultura, robando piedras de obras en construcción para poder trabajar). Y bien por esto mismo, o simplemente porque le dio por ahí, comenzó una intensa y prolongada relación con el alcohol y el hachís. Añadido a su carácter colérico, los colocones del frustrado pintor y los escándalos consiguientes fueron famosos en toda la ciudad. La interacción entre su carácter difícil, las generosas adicciones, su pobreza casi extrema y la creatividad marchita genera un conglomerado inevitablemente explosivo, pero sin que queden claras las relaciones de causa/efecto entre los distintos factores.

Y no quedan claras quizá porque la posición de Salmon resulta bien extraña. Se presenta como amigo de Modigliani, y así lo confirman testimonios de la época, pero nunca parece estar ahí en los momentos importantes. Transmite el autor la sensación de escribir de oídas, y ofrece citas larguísimas de numerosos personajes que claramente son reelaboraciones de recuerdos más que el relato fiel de las situaciones. Incluso llama enormemente la atención cómo cuenta sin rubor en una escena bastante cruda cómo corrió a esconderse mientras Amedeo maltrataba a su gran amor Jeanne Hébuterne en plena calle. O esa amistad era algo bastante relativo, o la cobardía de don André era sencillamente sonrojante.

Al margen de esto, la verdad es que esta última parte del libro ofrece un buen retrato del artista italiano, presentado con ciertas dosis de ironía. Es Salmon especialmente punzante con la primera gran amante de Modigliani, la supuesta poetisa Beatrice Hastings, aunque tampoco le duelen prendas en reconocer que fue bajo su influjo cuando la pintura de Amedeo comenzó por fin a florecer. 

Finalmente, como decía antes, el amor terminó triunfando quizá con la persona más inesperada, aquella muchachita llamada Jeanne que, no obstante su aparente insignificancia, capturó el corazón de aquel hombre ‘de belleza dramática’, atormentado y devorado por el alcohol y la droga. Y como la acción conjunta de todos estos ingredientes no dejaba margen al error, el final de Modigliani, de Jeanne y del hijo que esta llevaba encima, fue inexorablemente catastrófico.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Semana del arte #3: Tom Wolfe: La palabra pintada

Idioma original: inglés
Título original: The painted word
Año de publicación: 1975
Traducción: Diego Medina
Valoración: Interesante


Tom Wolfe tenía mucha cultura, una aguda capacidad de observación y la habilidad para abordar cualquier tema con rigor. Así que cuando el Arte Moderno se cruzó en su punto de mira, él afiló el lápiz y alumbró La palabra pintada, un ensayo crítico/humorístico cuya argumentación será más o menos acertada (los expertos opinarán) pero es, desde luego, sólida, divertida y tan cáustica como toda la obra de este autor. No en vano el subtítulo es: El arte moderno alcanza su punto de fuga.

Resumen resumido: el Arte Moderno, nacido a finales del siglo XIX con el fin de romper con toda expresión artística anterior que necesitara de una «literatura» para poder ser contemplado, acaba siendo igual de literario y dependiente de una teoría que lo sostenga hasta el punto de que la expresión artística prácticamente desaparece y tan solo queda la teoría.
«Nada de “ver sea creer”, tonto de mí: “creer es ver”, porque el Arte Moderno se ha vuelto completamente literario: las pinturas y otras obras sólo existen para ilustrar el texto»
La palabra pintada es un ensayo corto (144 páginas) que se estructura mediante un prólogo y seis capítulos, cuyos títulos ya nos dan una idea del contenido y el tono: 1.La Danza de los Bohemios / 2. No se invita al público (Nunca se le ha invitado) / 3. El todo Nueva York montado en un caballo cubista / 4. Greenberg, Rosenberg & Lo Plano / 5. Hola, Steinberg (Adiós, Greenberg) (Tú también, Rosenberg) (La alegría vuelve a Culturburgo) / 6. He aquí el paso decisivo.

Los temas concretos que se abordan a lo largo de la argumentación propuesta por Wolfe, resultan bastante polémicos porque apuntan varias cuestiones que no pueden dejarnos impasibles:
  • Que el Arte Moderno, entendido como algo vivo, ya no está en manos de los artistas si no de los críticos (y pone un ejemplo muy interesante en relación a Jackson Pollock).
  • Que el Arte Moderno está secuestrado por el poder económico y depende absolutamente de él.
  • Que el Arte Moderno pereció auto fagocitado por sus propias teorías y por llevar demasiado lejos la máxima de «el arte por el arte».
  • Que así como en literatura, música y otras disciplinas del arte, el gran público forma parte del proceso y su opinión se valora, no sucede lo mismo con las artes plásticas modernas.
Wolfe cierra con un epílogo, clímax de todo lo expuesto, donde expresa de forma más directa su opinión al respecto. Y si Wolfe pensaba todo eso el año 1975, daría cualquier cosa por saber qué opina del Arte Moderno actual. A modo de muestra:
«(…) los científicos de mediados del siglo XX procedían a partir de los descubrimientos de sus predecesores para elevarse desde ellos hasta las alturas… mientras que los artistas, por su parte, ignoraban los hallazgos legados por sus maestros desde la época de Leonardo da Vinci y, aterrorizados, los reducían o desintegraban con el disolvente universal de la Palabra»
La palabra pintada ofrece una lectura amena, divertida y muy interesante en la que se disecciona la cuestión del Arte Moderno haciendo que parezca algo sencillo cuando en realidad no lo es. Se puede leer perfectamente sin tener grandes conocimientos sobre arte pero para que la lectura sea plenamente satisfactoria requiere —o al menos ha sido así en mi caso— de una relectura más atenta ya que aparecen muchas fechas, nombres propios y acontecimientos que pueden hacer que perdamos de vista el juguetón hilo argumental que Wolfe plantea. Porque es a lo largo de ese hilo argumental (perfectamente pautado) que Wolfe desmonta, desmiembra y deslegitima todo el artefacto teórico que llevó al Arte Moderno hasta lo que conocemos ahora. Un baño de ironía corrosiva.

Y lo mejor, como en cualquier lectura a mi parecer, es la reflexión posterior que suscita. Personalmente me ha hecho pensar en un texto de Ortega y Gasset que leí hace años, titulado La deshumanización del arte, en el que se lamenta de cómo el Arte Moderno ha perdido el contacto con la gente para convertirse en algo minoritario... tal vez sea la consecuencia natural de retorcer y encorsetar las pulsiones artísticas que antes eran mejor recibidas. O no. En todo caso, me ha parecido muy plausible que alguien se atreva a bajar al Arte Moderno de su pedestal, con argumentos y con rigor. Así que si es cierto eso de que cada civilización/sociedad necesita sus propios narradores, no hay duda de que Tom Wolfe lo fue de la suya y que los ecos de muchas de sus crónicas aún resuenan con autoridad.

Ya para acabar, decir que no contento con desposeer a la pintura moderna de su halo de magia y exclusividad, Wolfe hizo lo mismo con la arquitectura moderna en otro ensayo de similares características titulado ¿Quién teme al Bauhaus feroz? del que os hablaré en otra ocasión.

martes, 16 de octubre de 2018

Semana del arte #2: Annie Ernaux / Marc Marie: El uso de la foto

Idioma original: francés
Título original: L'usage de la photo
Traducción: Lydia Vázquez Jiménez
Año de publicación: 2018
Valoración: está bien

Annie Ernaux nos tiene acostumbrados a sus relatos autobiográficos, pues así son la mayoría de sus obras (y la totalidad de las reseñadas en ULAD). En este caso, hace un ligero cambio de registro y, sin abandonar la narración autobiográfica, se adentra en el terreno de las artes visuales, incorporando la fotografía como elemento nuclear del libro.

Este libro surge tras la constatación de la necesidad que la autora, juntamente con su pareja, tenía en fotografiar la ropa extendida por el suelo tras una noche de hacer el amor pues sentía la necesidad de plasmarlo, de dejar constancia, «como si el amor no bastara, como si hiciera falta conservar su representación material». La condición única de tal experimento era no modificar el escenario, debía fotografiarse tal cual quedaba expuesto. Los dos autores, pareja en ese momento, y tras meses de seguir este ritual, sintieron que no era suficiente con captar esos instantes, sino que también debían escribir sobre esas fotos, para dar forma y recuerdo a esos momentos amorosos. De ahí surgió la idea de la escritura, como complemento a la fotografía, como otro medio para captar una escena, pues tal y como indica la autora: «Foto, escritura, en ambos casos se trataba para nosotros de conferir más realidad a momentos de goce irrepresentables y fugitivos». Así, yendo más allá, Annie Ernaux determina claramente una relación entre la fotografía y el sexo, estableciendo como nexo de unión el deseo, quedando perfectamente expuesto en el siguiente párrafo escrito por la autora, al afirmar que «el clic de la máquina es una extraña simulación del deseo, que empuja a ir más allá. Cuando soy yo la que hago la foto, la manipulación, el enfoque del zoom es una excitación particular como si tuviera un sexo masculino

Los autores también destacan el uso de la fotografía como testigo visual de su historia. Así, los pequeños detalles que contienen las fotos sirven para plasmar no solo el momento en que fueron tomadas sino el antes y el después, enlazando de esta manera pasado y futuro, reconstruyendo la historia a base de pequeños momentos (quien sabe si de ahí el término instantáneas) para trazar una historia continua.

Estructuralmente, el libro está escrito con narraciones alternadas, donde el método y la estructura siempre es el mismo: en primer lugar, se muestra la foto tomada, luego uno de los dos explica su visión y sus recuerdos a partir de ella, y luego el otro autor hace lo mismo. Capítulo a capítulo, fotografía a fotografía. De esta manera, Annie y Marc, escriben sobre la importancia de la foto como canal de recuperación de, no únicamente las experiencias vividas, sino también de los recuerdos, aunque a veces la imagen representada no guarda relación con los sentimientos que se albergan del momento en que fue tomada.

Más allá de los recuerdos que les traen la revisión y análisis de las fotos, el uso de la foto sirve también para analizar los objetos en su naturaleza más azarosa y sirve para atribuirles cualidades emocionales que van más allá del propio objeto. Así lo refleja la autora en el siguiente párrafo: «De todas las cosas abandonadas en el suelo después de hacer el amor, los zapatos son los más conmovedores. Caídos de costado, manteniéndose de pie, pero mirando direcciones opuestas, o emergiendo de un montón de ropa, pero siempre alejados el uno del otro. Su alejamiento, cuando aparece en la foto, da medida de la violencia del gesto para desembarazarse de ellos. (...) A diferencia de otras prendas de vestir convertidas en formas abstractas, los zapatos son el único elemento de la foto que conserva la forma de una parte del cuerpo. Que realiza más la presencia en ese momento. Es el accesorio más humano». El análisis que hace de los objetos como elementos vivos, en la medida en que fueron móviles, flexibles, casi como si tuvieran vida propia (o la vida que tuvieron, cuando fueron ocupados por cuerpos humanos), es interesante y sugerente.

Dejando de lado el análisis puramente de los objetos en sí, los autores utilizan las fotos realizadas para, a partir del análisis de su composición, hablar de sus vidas y sus miedos, de su pasado y su futuro, que tratan con delicadeza y el conocimiento de que todo es efímero, pues puede terminar en cualquier momento; conocedores de la caducidad de la vida, la viven buscando y creando «instantes perfectos, como pequeñas burbujas», pues «de burbuja en burbuja, la muerte acaba por abandonar la presa». Las fotos son la representación del momento vivido, y ahí se alojan también los miedos por el cáncer de mama de la autora, los temores por una guerra de Iraq innecesaria y abominable, las inquietudes de cada uno y el temor de que todo acabe. Así, el hecho de que en las fotografías no aparezcan sus cuerpos les hace pensar en la ausencia de ellos, en su muerte, «no es el rastro de nuestro paso por ahí lo que veo, sino nuestra ausencia, e incluso nuestra muerte».

El libro es interesante especialmente si se ha leído previamente alguna de las otras obras de la autora, puesto que gran parte de la narración trata sobre su vida, sus relaciones, la enfermedad de cáncer que padeció Annie Ernaux, y por tanto es de gran contenido autobiográfico. Aún y así, tiene también interés des del punto de vista del uso de la fotografía y de su utilidad, de su función, pues la vida queda encuadrada y fijada en momentos concretos a partir de las fotos tomadas, y ese es el principal motivo de hacerlas, intentar crear momentos de nuestra vida que nos permitan enlazarla a un pasado que de otra manera quedaría postergado al olvido. Así, las fotografías, sirven para guardar no únicamente el recuerdo de donde estuvimos, sino para intentar guardar en ellas los sentimientos que teníamos en ese instante, como una evidencia o prueba material de la existencia de un sentimiento puntual, tal vez fugaz, que mediante el uso de la foto pretendemos fijar de forma permanente en nuestra vida.

Tambien de Annie Ernaux en ULAD: Memoria de chica, La mujer helada, No he salido de mi noche

lunes, 15 de octubre de 2018

Semana del arte #1: Sylvia Plath: Dibujos


Idioma original: Inglés
Título original: Drawings
Traducción: Guillermo López Gallego
Año de publicación: 2014
Valoración: Está bien

Este volumen rescata la obra gráfica de Sylvia Plath, una de las mejores poetas norteamericanas del siglo XX. El encanto de Dibujos, pues, más allá del que pueda tener su cuidada edición, es el de dar visibilidad a la faceta artística de Plath; faceta oculta bajo la densa sombra que proyecta su trabajo literario. 

Dibujos recopila un total de cuarenta y cinco apuntes. La gran mayoría han sido hechos con pluma y tinta, aunque en alguno que otro se ha utilizado el lápiz. Todos estos apuntes se han tomado del natural y son completamente respetuosos, a la hora de plasmarlo, con el referente al que aluden: o bien lo retratan con fidelidad, o bien lo idealizan con gracia. Es por ello que el acabado general de estos dibujos oscila entre la minuciosidad naturalista y el preciosismo halagador. De modo que no os podéis imaginar mi desconcierto cuando la propia Plath afirma que se inspira en el primitivismo, y que persigue dicho acabado formal en sus obras. Lo cierto es que nada me parece más opuesto a la burda y arcaica tosquedad del primitivismo que estas estampas contemporáneas de motivos cotidianos, refinadas y hasta cierto punto virtuosas. Para que os hagáis una idea, Plath llegó a vender algunos de estos dibujos para ilustrar publicaciones en revistas que exigían un estilo tipo The New Yorker. Así que, ¿soy el único incapaz de establecer una relación entre ellos y el primitivismo?

Casi todos los dibujos compilados en este libro (excepto dos) son monocromos, basados en el fuerte contraste que existe entre el negro de la tinta y el color neutro del soporte. En ellos, la línea es omnipresente (la mancha, en cambio, aparece mucho menos), y define tanto el contorno de las figuras como sus volúmenes o texturas. Se nota que Plath tiene algunos problemas resolviendo la figura humana, sobre todo su anatomía; en cambio, presenta una facilidad envidiable a la hora de afrontar paisajes, objetos o animales. También se le da de maravilla el planteamiento espacial del dibujo: sus composiciones, a veces más tradicionales, en otras ocasiones más atrevidas, siempre ofrecen un atractivo diálogo entre los distintos elementos que componen sus dibujos, soporte incluido.

Se hace extraño saber que esta producción gráfica, tan bella y sosegada, acompañada por unas cartas y un diario íntimo igual de luminosos, son de Plath. Cualquiera que haya leído su lírica contrastará estas encantadoras imágenes, estos textos optimistas, con la voz áspera y amarga que impera en la poesía de la autora. Ya puestos, ¡quién iba a decir que una persona que escribe estas cartas, que dibuja así, acabaría quitándose la vida! Sucede, sin embargo, que el material recopilado en Dibujos (es decir, tanto las misivas y el diario como los propios dibujos) es previo al sufrimiento que acuchilló la biografía de su autora. Pertenece, de hecho, a uno de sus periodos vitales más pletóricos y felices: justo cuando obtuvo una beca Fulbright, se casó en secreto con Ted Hughes y visitó con él, en su idílica luna de miel, París y España.


En definitiva, Dibujos es un libro encantador. En especial para alguien como yo, que adora este tipo de propuestas. Quizás trascienda por poco la mera anécdota bibliográfica, pero creedme cuando os digo que hará las delicias al interesado. Y, ya de paso, dejadme aprovechar esta oportunidad para recomendar también las recopilaciones de dibujos de otros tres poetas: Jean Cocteau, Federico García Lorca o Günter Grass. ¡No tienen desperdicio!  

domingo, 14 de octubre de 2018

Charlotte Perkins Gilman: Matriarcadia

Idioma original: Inglés
Título original: Herland
Año de publicación: 1915
Traducción: Celia Merino Redondo
Valoración: Decepcionante

Tres jóvenes estadounidenses descubren, casi por casualidad, un país habitado exclusivamente por mujeres. Aislado durante casi dos mil años y organizado de forma autogestionaria / asamblearia, Matriarcadia es un mundo ideal, autosuficiente, una sociedad armónica de seres que rozan la perfección física y moral, centrados en la maternidad (no como experiencia individual, sino social), que no padecen enfermedades ni hambre ni delincuencia ni ninguno de los males que aquejan al mundo “civilizado”.

La llegada de los tres alegres muchachotes yankees hace surgir el previsible conflicto. El choque cultural entre los jóvenes y las habitantes de Matriarcadia y las comparaciones entre la sociedad estadounidense (cabría decir de la clase media-alta del “primer mundo) y la sociedad de Matriarcadia son inevitables.

Parece un punto de partida más que interesante, ¿verdad? Ya. Desgraciadamente, en mi opinión, es una novela fallida, al menos en lo literario. Por varios motivos. Allá vamos.

Por un lado, los tres personajes masculinos principales (el típico “seductor”, el romántico inocentón y el “término medio”, que es quien narra la historia en primera persona) son meros estereotipos sin desarrollo. Los personajes no evolucionan, son absolutamente planos. Y eso es algo que chirría, sobre todo si tenemos en cuenta que permanecen aislados en territorio “hostil” durante un buen tiempo. En cuanto a los personajes femeninos, más de lo mismo.

Por otra parte, las formas de organización de la sociedad de Matriarcadia aparecen, en su mayor parte, solo esbozadas. El ejemplo más claro es el de la economía; cuatro pinceladas no son suficientes para un tema con muchas posibilidades como sería la organización de los medios de producción en una sociedad autárquica por obligación. Solo el aspecto educativo es tratado con algo más de profundidad, aunque creo que también podría dar más de sí.

Por último, algunos aspectos clave de la novela se resuelven en apenas unas pocas líneas. Un ejemplo: el cómo pasa Matriarcadia de ser una sociedad “al uso” a ser un lugar habitado solo por mujeres y cómo llegan estas a reproducirse es algo que Gilman se ventila ¡en un par de líneas! La primera mujer de la nueva sociedad se reproduce por partenogénesis. Y las siguientes, igual. Nada más. Un poco escaso, ¿no?. Otro ejemplo: el final, que no desvelaré, resulta demasiado simple, demasiado poco trabajado y precipitado.

Añadiré, también, un par de aspectos extraliterarios. El primero es algo que me ocurre con cierta frecuencia en novelas de este tipo. Me parece ver en ellas una cierta idealización de la eugenesia y ya sabemos a lo que eso recuerda. El segundo es que la novela se olvida, a la hora de exponer la situación de la mujer en la sociedad de principios del siglo XX, de las mujeres de clases trabajadora ("media-baja", populares... Llamadlo como queráis). Es, por tanto, una visión parcial, producto supongo del propio origen social de la autora.

Pese a lo anterior, hay que reconocer que la novela cuenta con un punto de partida más que interesante, que en el momento de su publicación seguro que generó gran controversia y puso sobre la mesa la situación de la mujer de la época y que algunos de los aspectos que denuncia siguen, desgraciadamente, vigentes en cierta forma. Eso sí, literariamente me parece bastante flojita. Sinceramente, esperaba más.

sábado, 13 de octubre de 2018

Mircea Cărtărescu, Premio NOVEL ULAD 2018

COMUNICADO OFICIAL

Se informa a nuestros lectores que, tras el recuento de los votos recibidos hasta el 8 de Octubre de 2018, y computados igualmente los votos que, de forma secreta, los colaboradores de este blog han efectuado, el I Premio NOVEL ULAD correspondiente al año 2018 queda oficialmente otorgado a :




Mircea Cărtărescu

Que ha obtenido un total de 34 puntos según el sistema de votación establecido en las bases que se publicaron en la correspondiente convocatoria.
Los escritores que han ocupado el segundo y tercer lugar en esta votación, han sido, respectivamente, Philip Roth (R.I.P.), que obtuvo 28 puntos, y Margaret Atwood, que obtuvo 13 puntos. La votación ha registrado un total de 30 participantes, a los que hay añadir los votos de los colaboradores, que han votado sin opción a premio. Han sido 42 los escritores que han obtenido algún tipo de mención en las votaciones, y hasta el último momento se mantuvo la incerteza sobre el resultado final.

Nuestros lectores votantes han dicho de sus correspondientes elegidos: 

(por favor, queridas editoriales, dejad en paz estas frases en vuestras adoradas fajas.)

Mircea Cărtărescu: 

"porque es muy bueno, el nuevo enfant terrible de los Balcanes, Kafka reencarnado"
"Solenoide se constituye en un pilar del nuevo siglo. Tras 2666, se convierte en el nuevo gran eslabón del género de la novela."
"Esa mezcla de autobiografía, fantasía y onirismo me tiene atrapado. Me encanta su estilo. Mucho merito de eso también es de la traductora, Marian Ochoa de Eribe." 
"Sería una enorme sorpresa, pero creo que se lo merece. Renovador, arriesgado y excelente en todos los sentidos."
"Por la recreación de un universo interior repleto de fantasmas y reflexiones alucinatorias, reflejos de un exterior de decadencia y complejos, y explorar el alma humana en una obra que es tan onírica como realista."
"porque es uno de los escritores más en forma del panorama actual, con un universo literario propio y característico, cultivador de géneros variados, y sé que va a recibir muchos votos, y me apetece acertar la quiniela! (y además me gusta mucho, que conste)."
 "Por ser capaz de crear un universo diferente, entre lo real y lo onírico. Un descubrimiento reciente pero muy poderoso."
"a. La gran capacidad de configurar epopeyas personales y delirantes, siempre basadas en su propia identidad.
b. El delicado y elegante manejo de situaciones surrealistas."
"Porque significaría premiar la literatura de calidad y popularizar la literatura de este genio tan poco reivindicado. Su relativa juventud suma a favor, ya que el Novel daría un empujón a la carrera que le queda por delante."

Philip Roth:

"Eterno olvidado, con una extensísima carrera y con una obra de una magnitud enorme."
 "Norteamericano y blanco; suficientemente profundo y accesible para la mayoría."
"porque es el mejor escritor vivo que existe, que ha sido merecedor de todos los reconocimientos que existen, salvo el de la Academia Sueca. Y para reparar este terrible error, aquí estáis vosotros!"
"Por ser el único que, en mi opinión, sí que ha conseguido escribir “La Gran Novela Americana” (ese mantra tantas veces repetido) además de desnudar su alma, sus altas y bajas pasiones y de hacerme reír como pocos en su "Lamento"..."
"Por ser el más grande escritor norteamericano de la segunda mitad del siglo XX. Si a Nixon lo ridiculizó de manera magistral en Our Gang (La pandilla - Nuestra pandilla, según las ediciones de aquí) a saber que habría hecho con Trump..."
"aunque tarde, una obra tan profunda y extensa, con un sentido del humor tan especial, merecía ser reconocida con el máximo galardón."

Margaret Atwood:

"Munro y Alexievich deben tener una sucesora digna. Atwood, tras la muerte de Grace Paley, es una de ellas" 
"Por evidenciar el hecho de que la ideas son nuestra mejor arma contra los totalitarismos, y desinvisibilizar el control que el sociedad aun desea ejercer sobre las mujeres, haciendo de la distopia una forma de denuncia."
 "La gran señora de las distopías que te lleva a vivir, durante todo el tiempo que dura la lectura, a mundos mundo extrañísimos. Y te los crees."
 "Por escribir ciencia ficción de calidad y con humildad"
"Por su capacidad para hacer denuncia, concienciar y reivindicar derechos y luchas desde la creatividad."

De entre los votos recibidos, el premiado es Luismi, cuyo voto coincidió en orden con los dos primeros premiados, por lo cual será contactado por e-mail para hacerle llegar su reluciente y correspondiente premio.
Felicidades por su acierto y gracias a todos los participantes. 

ULAD ha cumplido todos los años que se lo ha propuesto. Los suecos no. Que no vaya a darnos ahora por fabricar muebles.

viernes, 12 de octubre de 2018

Nuruddin Farah: Nudos


Idioma original: Inglés
Título original: Knots
Año de publicación: 2007
Traducción: Eugenia Vázquez Nacarino
Valoración: Está muy bien

Cuentan que en su momento Mogadiscio resultaba una ciudad de verdad atractiva; con la suficiente cantidad de placidez, exotismo y posibilidades como para hacer de ella un destino deseado, soñado. Por que ahora, y desde hace casi treinta años, asociamos la capital de Somalia a caos, destrucción y vorágine. Esa es al menos la única percepción que nos llega a través de los informativos, cuya actividad comercial consiste como sabemos en vendernos el relato de la supuesta realidad a base de la recopilación diaria de desastres y hechos llamativos, excepcionales o desgarradores. De lugares como Mogadiscio y de Somalia, entonces, apenas nos enteramos cuando el estallido de un coche bomba deja un buen reguero de cadáveres. Pero el oriente de África es también las melodías delicadas y extrañas de Mulatu Astatke o el ritmo risueño y fascinante de Abdel Aziz El Mubarak. O las novelas de Nuruddin Farah.

Los libros de Nuruddin Farah (Baidoa, Somalia, 1945) disponibles en castellano son los que componen la trilogía Past Imperfect (Pasado Imperfecto). A saber: Links (Eslabones, 2004), Knots (Nudos, 2007) y Crossbones (Huesos cruzados, 2011), que pueden ser leídos de manera desordenada pues lo que albergan es una situación parecida –el regreso del emigrante/exiliado a Mogadiscio- protagonizado por personajes de distinta circunstancia, género y perspectiva. En cualquier caso, son viajes de regreso que el propio autor experimentó por si mismo. Nuruddin Farah realizó sus estudios universitarios en India y en Reino Unido para partir definitivamente al exilio en la década de los 70 cuando Somalia estaba sometida a la dictadura de Siad Barre y tardó más de veinte años en poder visitar de nuevo su país. Desde entonces ha residido en diversas ciudades de Europa, Norteamérica y África.

En Nudos quien regresa a Mogadiscio tras veinte años de ausencia es Cambara, quien en Canadá se ha labrado una posición personal y profesional autónoma y exitosa. O quizás no tanto, pues su único hijo ha fallecido en un accidente doméstico en casa de la amante de su marido. Así que Cambara decide regresar a Mogadiscio con el objetivo de recuperar la casa familiar que ahora está ocupada por uno de los señores de la guerra que dominan la ciudad en una estrategia que pretende por un lado, canalizar el dolor por la pérdida personal a través de una acción que le permita recuperar parte del legado que conforma su estirpe familiar y, por otra, enfrentarse a la descomposición que asola a Mogadiscio y a Somalia tejiendo una red de amistades, fidelidades e intereses con la que plantar cara a la dinámica tribal, machista y depredadora que domina la situación. Y lo que Cambara se encuentra es desde luego dolor, miseria, escasez, ruina y desesperación y ese abatimiento, paralizante y, a la vez, colérico, que domina a los mascadores de qat, la potente planta psicoestimulante cuyo uso parece haberse masificado en los últimos años entre la mitad masculina de la población.

Pero Cambara también encuentra personas con las que compartir sus objetivos, cómplices con los que intentar revertir la situación, afines con los que planear un futuro más luminoso, más amable, más esperanzador, personas con las que construir una convivencia basada en los valores y los afectos y no en las identidades primarias, religiosas o tribales. Y aquí quizás surge a mi entender uno de los reparos que se le puede hacer a la narración; ¿cómo es posible este inmenso ejercicio de convivencia colectiva sin que asome ni por un momento el sentido del humor? Por eso, en algunas páginas la sensación de excesiva formalidad en el tono de la narración me ha parecido que le resta cercanía, veracidad, a esta novela que, en definitiva, deja buen sabor de boca, pues resulta un relato interesante, profundo y revelador.

jueves, 11 de octubre de 2018

Ioan T. Morar: Negro y rojo

Idioma original: rumano
Título original: Negru și Roșu
Año de publicación: 2013
Traducción: Joaquín Garrigós
Valoración: recomendable

A riesgo de que la literatura sobre la Segunda Guerra Mundial se considere a todos los efectos como un tema oficialmente agotado, he de decir que Negro y rojo me parece un libro relativamente original en su planteamiento sobre el tema. Entendámonos: no se trata de nada aparatoso,  no hay cambios de perspectiva ni experimentos proclives a herir susceptibilidades, pero sí hay un elemento que (y esto no tiene ningún deje recriminatorio) no siempre ha disfrutado del plano que merece, que es que el holocausto tuvo también a la etnia gitana como objetivo cruel e implacable, que su planificación y ejecución no contó con la repercusión merecida, y que sus circunstancias tienen entidad por sí mismas y no deberían considerarse únicamente como un “apéndice” o un “complemento” que añade cifras espeluznantes a otras que ya lo son.  
Negro y rojo novela la vida de un militar, Georgian Nicolau, que llega a cambiar su nombre para borrar su rastro de raza gitana. Lo hace porque el color de su piel y de sus ojos ayudan a que su raza no se manifieste y lo hace porque manifestar la verdad planteará un obstáculo insalvable al desarrollo de su carrera militar. Esa decisión pasará de ser un acto estímulo de cierta ambición a un acto producto del instinto de supervivencia, pero Georgian no solo efectúa un giro en ese sentido. Como si se tratara de un progresivo desencanto, Georgian lo pondrá todo en duda y esa duda se consolidarà de forma implacable. La primera y la tercera parte de la novela se llaman igual: La traición. Georgian se dará cuenta de que una cosa es pretender progresar en la sociedad y otra muy diferente, camino que  no tomarà, que ese progreso pase por encima de la desgracia y los cadáveres de sus semejantes más cercanos.
Telón de fondo, el obvio. La colaboración del gobierno rumano con los nazis, la masacre de Odessa, la deportación a Transnistria, todos los hechos reales los sitúa perfectamente el autor y coloca ahí a Nicolau, en esa difícil situación, nudo de la novela, de ser un represor y un cómplice en la represión y el exterminio de sus semejantes. Situación que derivará, cuestión muy visible desde las primeras páginas, en un conflicto moral que Nicolau habrá de resolver, rodeado de amigos que son enemigos y entorno que puede acabar siendo delator.
Puede que esta novela acuse cierto tono folletinesco y que ese personaje de ética y rectitud puesta en tela de juicio por propia voluntad resulte excesivamente estereotipado en ese equívoco saco del servidor incondicional a la sociedad y a la autoridad, hasta que se da cuenta que ésta se ha carcomido y ha dado la espalda a la justicia y a la propia condición humana. En este sentido, Negro y rojo puede resultar excesivamente tópica. Pero a veces el contenido de las  novelas ha de prevalecer. Más repercusión y más sensación de deja vu tuvo “La luz que no puedes  ver” y Morar no ha tenido ni el Booker ni la promoción propia: al contrario, esta novela es traducida (con cierto aire algo anacrónico) y publicada por una pequeña editorial lejos del ruido mediático del mundo indie literario, con lo que, dentro de los parámetros del género y consciente de la enorme sombra que Cartarescu proyecta sobre la literatura rumana, no puedo dejar de recomendar echarle un vistazo.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Colaboración. Martín Kohan: Ciencias morales

Idioma original: español
Año de publicación: 2007
Valoración: Se deja leer

El título en el lomo del libro, entrevisto en el anaquel, me atrajo de inmediato. Ciencias morales. Tenía reminiscencias de antiguo tratado inquisitorial, un halo misterioso y pseudo-medieval. No conocía al autor, Martín Kohan, ni había leído nada de él antes. Pero el texto de la contraportada me acabó de convencer para llevármelo a casa: la novela se ambienta en un instituto de élite para estudiantes en el Buenos Aires de los estertores de la dictadura, en 1982. Como adoro las historias de adolescentes recluidos en instituciones educativas, desde Las tribulaciones del estudiante Törless de Musil al Jakob von Gunten de Walser, pensé que iba a disfrutar. La promesa de goce duró solo unas pocas páginas.
En un efecto buscado por Kohan, apenas hay emoción en la escueta trama y en los personajes medio autómatas que la pueblan. La gran alegoría que supuestamente es, o al menos pretende ser, del estado represor e hiper-vigilado de Videla resulta aceptable. Pero cuando se crea una alegoría, la alegoría debe ser interesante y atractiva para el intérprete en los dos planos:en el literal y en el metafórico. Y, en este caso, el literal deviene aburrido, lento y monótono. Y aporta poco al lector: bastaría con escribir “a los argentinos se nos tenía controlados hasta en los esfínteres” para sintetizar las 218 páginas del libro.
Y no menciono los esfínteres por eufemismo o con un doble sentido: la escatología tiene un papel destacado en esta obra.María Teresa, la joven preceptora contratada para vigilar a los adolescentes del centro,pasa gran parte de la novela encerrada en uno de los cubículos del lavabo de chicos, vigilando orines y excitándose con su propio deseo de orinar, a la espera de descubrir infractores —chicos que fumen en el aseo— para denunciarlos ante el jefe de preceptores.
De la protagonista desconocemos sus motivaciones íntimas o sus opiniones, pero se nos describen pormenorizadamente sus acciones más nimias. Las largas esperas en los mingitorios se hacen eternas, para ella y para el lector. Si la intención del autor era que sintiésemos la asfixia paralizante que provoca un estado represor, lo consigue con éxito. También que, en la parte central del libro, deseemos pasar las páginas con celeridad.
María Teresa, la preceptora fiel a las estrictas normas del colegio,en todo momento parece boba, que no pasa nada, también los bobos protagonizan novelas, pero ya cuando el jefe abusa de ella resulta de una estulticia difícil de asimilar. En clave alegórica, imaginamos que los argentinos de Videla eran también unos pobres memos que se dejaban “violar” sistemáticamente por el régimen. Y debe de ser así porque el resto de personajes de Kohan van por la misma línea: la madre de María Teresa está tan boba como ella; el hermano militar, que luchará en la Guerra de las Malvinas, nunca llega a desarrollarse como personaje; los alumnos del centro, lo mismo, cuando parece que van a trascender del cartón piedra, no lo hacen. Algún crítico apuntó como loable en Ciencias morales la enorme profundidad psicológica…
Cuando de una trama sosa te “obligan” a interpretar profundidades metafísicas porque, de lo contrario, tienes un problema —no has sido capaz de comprender nada de nada— no sé qué pensar. O, mejor dicho, mi pensamiento se mueve en una dicotomía que tiene algo de circuito cerrado: “o soy muy tonta para no apreciar la calidad de esto, o va y resulta que esto no es tan excelso como me lo venden”. Acabas por aceptar que si la protagonista es boba, tú más por seguir enganchada al libro. Y todo porque, al final, tienes una curiosidad insana por comprobar hasta qué punto puede llegar el autor en su ejercicio descriptivo.
Porque, eso sí, como ejercicio descriptivo en la estela de la nouvelle vague, este texto no tiene mácula: regodeo en un tiempo moroso o incluso detenido, precisión exhaustiva a nivel léxico, lenguaje aséptico de tipo notarial, con un extra de detalles prescindibles que lastran el avance de una acción mínima. Los adeptos a este estilo literario tienen en Ciencias morales un apetitoso bocado, sin duda. Absténganse los que prefieren otro tipo de menús literarios.

Firmado: Purificació Mascarell



martes, 9 de octubre de 2018

Andrea Camilleri: La moneda de Akragas

Idioma original: italiano
Título original: La moneta di Akragas
Año de publicación: 2012
Traducción: Teresa Clavel
Valoración: entre recomendable y está bien

Llevaba ya uno demasiado tiempo (va para dos años) sin reseñar ningún libro del maestro Camilleri y perder esa costumbre, lo siento, pero no puede ser... Así que, he aquí la reseña, para todos ustedes, damas y caballeros,  de su último libro publicado... en España. Sí, porque La moneda de Akragas ya fue publicada en Italia hace seis años (cuando don Andrea contaba, a la sazón, con 87 añazos, que no está mal...Aunque cabe suponer, no obstante, que el libro o siquiera el borrador del mismo, fuese escrita varios años antes).

Es ésta una novela corta o relato largo, a elegir, de carácter policíaco-rural y que se desarrolla, cómo no,  en la habitual y camilleriana Vigàta -esto es, su Porto Empedocle natal- en 1909. El macguffin de la narración es una monedita de oro, de las últimas acuñadas por los griegos de Akragas -eso es, Agrigento-, antes de ser conquistada y arrasada por los cartaginenses en el 406 a. C., y que sirvieron para pagar a los mercenarios de defendían la ciudad. Una de estas monedas es encontrada por un jornalero y a partir de ahí se desencadenan los acontecimientos trágicos de rigor que... bueno, tampoco vamos a destripar del todo la historia, como si fuera una anchoa.Sólo comentar que el "detective", en este caso, es el médico Gilardino, que además de ejercer su oficio, resulta ser un apasionado numismático (aunque, pensándolo bien, tal vez la historia detectivesca el macguffin de una novela sobre una moneda de oro).

Hay que reconocer que la novelita no pasa de ser una lectura ligera y agradable, perfecta para disfrutar de una tarde con un libro, sin más complicación. Falta, por desgracia, ese tono críticamente ácido, cuando no descarnado, que caracteriza a muchos libros de este autor... incluso se echa de menos un poco más de mordacidad. pero eso sí, la novela está escrita con una corrección y hasta un primor que resulta muy de agradecer (de hecho, en el epílogo Camilleri explica por qué esta historia le resulta personalmente querida). En conclusión: camilleristas del mundo, no es necesario que leáis este libro, pero sí que os lo recomiendo. A los demás también, claro...; )


Reseñas de libros de Andrea Camilleri a cascoporro: aquí , ¡en Un Libro Al Día, por supuesto!

lunes, 8 de octubre de 2018

David Keenan: Memorial Device

Idioma original: Inglés
Título original: This is Memorial Device
Año de publicación: 2018
Traducción: Juan Sebastián Cárdenas
Valoración: Entre recomendable y está bien


Perdón: antes de todo he de recordaros que hoy es el último día para votar a nuestro reputado y poco dotado Premio NOVEL de Literatura. Ya que los de la Academia este año han optado por perseguir otros placeres.

La entrada explicativa, aquí.

Memorial Device es el nombre de un grupo musical inexistente. Es la excusa para que David Keenan, periodista musical en medios especializados, organice este experimento que gira alrededor de la juventud britànica de finales de los 70 y los 80, era dominada en lo musical por las diferentes ondas expansivas del punk: la new wave y el after-punk.
De acuerdo con el contenido del libro, estas ondas parecen incluso ser incompatibles entre sí. Como si una consistiera en una dulcificación y domesticamiento y la otra en una profundización de sus postulados y una corriente de convicción. Memorial Device, el grupo, forma parte de esta segunda corriente y, si hubiera de atribuirle una equivalencia en la vida real, diría que grupos como Throbbing Gristle son una evidente referencia, con sus líderes sumidos en existencias extrañas y proclives a los excesos, con los acontecimientos que van perfilando el grupo en su concepción extrema y radical, con un cierto aire bizzare y una cierta propensión a situarse en los aledaños de la tragedia.
Memorial Device, la novela, queda configurada como una serie de testimonios acerca de los diferentes componentes y su entorno. Toma un cierto tono coral, y esos testimonios empiezan a aportar pistas que definen el escenario. Egos, celos, relaciones turbias, decisiones extremas, y el trasfondo de un movimiento musical que altera unos esquemas, pero que estos muestran resiliencia. La escena musical queda retratada dentro de lo que es Airdrie, un pueblo escocés que la narración muestra como un lugar gris y anodino donde surge un movimiento entre poca expectativas y trabajos mal pagados. Ser un artista y comportarse como un artista es una alternativa a la abulia y los miembros del grupo toman nota de ello. El grupo se convierte en una pequeña leyenda alejada de los canales comerciales, y esos personajes que entran y salen en la narración tan pronto son sus miembros como personas que han tenido algo que ver con ellos. Hay un desfile de parejas, de personajes, si no marginales sí a escasas decisiones (drogarse, salir huyendo) de la marginalidad, aunque a la vez se perciba esa extraña solidaridad propia de las pequeñas comunidades donde todo el mundo se conoce, y aunque la historia se sitúe en un Reino Unido ya acostumbrado a que la industria musical sea uno de sus productos exportables y la música (aunque sea a costa de alargar la beatlemania "illo tempore") una de sus enseñas de identidad.
No es un libro sobre música aunque sí sobre músicos como creadores y por tanto enfrentados, incluso a ese nivel y en ese círculo restringido de repercusión, a sus egos, a los de los demás, a las flaquezas del ser humano. La novela muestra esa especie de microcosmos local donde hay músicos y hay conciertos y hay admiradores y todo está vinculado, pero que en el fondo es visto por sus protagonistas como una opción para escapar de ahí. La ambientación es buena, la sensación de los testimonios y de la evolución, real, no hay pega, quizás, simplemente, es que este tipo de historias, asumido el entorno social, el carácter normalmente neurótico de los creadores, los vaivenes del talento y la repercusión de la fama y esas cosas,  no suelen dar para más.

domingo, 7 de octubre de 2018

Maya Angelou: Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado

Idioma original: inglés
Título original: I know why the caged bird sings
Traducción: Carlos Manzano
Año de publicación: 1969
Valoración: está bien

«Éramos criadas, granjeros, mozos y lavanderas y cualquier aspiración a algo superior era ridícula y presuntuosa».

Este pequeño párrafo extraído del libro, nos da una clara muestra de lo que nos ofrece la autora en «Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado», primer volumen de su biografía (compuesta por un total de siete volúmenes). En este libro, la escritora y activista estadounidense nos narra los primeros años de su vida hasta que tenía la edad de dieciséis años, describiendo unos primeros años de vida llenos de dureza, temor, miedo y desamparo.

De esta manera, la autora sitúa la narración, ya desde un inicio, en su infancia en el pueblo de Stamps (Arkansas), donde vivía con su hermano Bailey, su abuela Yaya y su tío Willie. Los padres, ausentes, se encontraban en California desde donde los enviaron, a ella con tres años y a su hermano Bailey con cuatro, a vivir con su abuela. Así, en ese hogar formado por la abuela y el tío, crecieron Maya y su hermano; la autora rememora esos años y el ambiente en ese entorno, para hacer un retrato de la sociedad del pueblo, con las diferencias raciales propias de la época y de la zona sureña, con las estrictas normas de comportamiento y un dominio de la religión en todas las casas, que marcaba, dirigía y decidía cual era la conducta apropiada.

En una sociedad tan cerrada, por la rigidez religiosa y por la segregación racial existente, Maya creció en medio del respeto (y también temor) a la educación recibida en casa, pero también por el miedo infundido por una religión interpretada de manera estricta por la sociedad. Estamos hablando del sur de Estados Unidos, en los años treinta, y en un pequeño pueblo donde todos se conocen. No hay lugar para la libertad, o para el atrevimiento. Con la ausencia de la madre, la admiración profesada a la Yaya es innegable: su tenacidad, su capacidad de trabajar (pues era de las pocas negras que tenía un establecimiento), su rectitud y temperamento; esas cualidades hacían que la suya fuera una de las pocas familias negras que no necesitaba asistencia durante la gran depresión. El retrato familiar que nos ofrece la autora es el de una familia desestructurada, pero sin excesivos problemas económicos. Así, con los padres ausentes, la figura de la abuela es el eje central de su educación y formación como persona, junto con el cariño profesado a su hermano Bailey.

Sin querer explicar con detalle lo que ocurre en el libro, a pesar de ser algo que puede ser conocido pues estamos delante de una biografía, sí cabe indicar que la tierna edad de Maya contiene algunos episodios traumáticos que la marcaron profundamente. En esos episodios es difícil no apartar la mirada por su dureza, pues no únicamente se trata de lo que le sucedió, sino también como esos hechos la marcaron profundamente a nivel emocional, incidiendo también en su manera de ver el mundo, y un afloramiento de grandes sentimientos de culpabilidad y remordimiento, en un desequilibrio y distorsión sobre la justicia y la responsabilidad.

Mi valoración de esta primera parte de su autobiografía, a nivel global, es de sensaciones encontradas tras la lectura de este libro. No hay duda de que la autora escribe bien, y es capaz de tejer un buen relato, consistente, íntimo y descriptivo sobre la sociedad en la que tuvo lugar su infancia. En este aspecto el libro cumple con su cometido, pues la ambientación del libro es realmente buena, y retrata una sociedad con profundas convicciones religiosas, que marcan gran parte de los actos realizados por los ciudadanos creyentes, así como por el abuso y atrocidades de los que los niños eran víctimas en aquella época: hablamos desde abusos cometidos mediante castigos físicos por alguna maldad o travesura hecha, hasta el abuso sexual cometido sobre niños. La autora es valiente y audaz, pues incorpora estos episodios en la historia de manera adecuada, gradualmente, de manera homogénea. Igualmente, el retrato de la época y la sociedad, así como los roles dentro del clan familiar es otro de los puntos fuertes, pues están bien definidos y hay momentos realmente interesantes. Lamentablemente el libro no acaba de enganchar y le falta continuidad y capacidad de atraer la atención y el interés de manera continua y prolongada, pues le falta ritmo, le faltan intensidad narrativa, y cierto punto de familiaridad en los personajes que permita una conexión entre lector y libro más natural e intensa. El estilo de la autora, directo, seco, no otorga matices a los diferentes personajes, de manera que no se acaban de formar los rasgos de su personalidad a ojos del lector y eso genera cierto punto de desconexión en la lectura, al no conseguir atraparte ni engancharte a la historia.

Por eso, a pesar del retrato y la vida narrada por parte de la autora, el libro no tiene un atractivo claro, más allá del retrato social o para quien esté interesado en la vida de la autora. Algo largo y lento, a mis ojos, el estilo lastra en parte un relato que, por contenido y carga, hubiera podido ser más intenso e interesante. Más aún si tenemos en cuenta que este libro es solo el primero de siete, con lo que la recomendación de esta autobiografía sería para quienes tengan un profundo interés en conocer con mucho detalle la vida de la autora. Afortunadamente, el libro va claramente de menos a más ya que, a excepción de algún momento puntual, la primera parte transcurre sin demasiado interés. Mejora algo en su segunda parte, cuando Maya llega a la edad preadolescente y la autora abre la mirada hacia otros temas, como por ejemplo cuando oye, en boca de los políticos, que el futuro profesional de los negros queda relegado al deporte mientras que el de los blancos a la ciencia o las leyes. En esta parte el libro mejora pues se ensancha el análisis sociológico y se abre fuera de la familia, nutriendo el libro de una mayor carga histórica y dejando algo de lado la narración más puramente autobiográfica o centrada en su propia vida.

En cualquier caso, hay ciertos episodios donde el libro sí es interesante y te invita a seguir con la lectura, pues el retrato que hace de la sociedad es lo suficientemente rico como para formarse una idea de la realidad existente en esa época. Y siempre es interesante conocer la historia para evitar repetirla cuando contiene trazos de abusos, racismo y atrocidades.