jueves, 31 de enero de 2019

Friedrich Dürrenmatt: El juez y su verdugo

Idioma original: Alemán
Título original: Der Richter und sein Henker
Año de publicación: 1950
Traductor: Juan José del Solar
Valoración: Se deja leer

El juez y su verdugo es la primera novela policial de Friedrich Dürrenmatt. En ella, el autor nos presenta al comisario Hans Bärlach, personaje al que recuperará cuando escriba La sospecha. Huelga decir que ambas historias son autoconclusivas, por lo que se pueden leer de forma autónoma. De las dos, me quedo con ésta: es sencilla en su presentación, pero en todo momento cumple con lo que promete. Las ínfulas de su continuación, en cambio, quedan en papel mojado.

Cuando digo que El juez y su verdugo cumple con lo que promete me refiero a que es un desprejuiciado pasatiempo pulp. No hay que esperar de este texto, pues, nada más que una trama repleta de golpes de efecto. Y ya. En serio, nada de buscarle un trasfondo profundo. Sí, sé que Dürrenmatt te intenta colar un discurso sobre la lucha entre el Bien y el Mal, pero ni caso. Éste es tan anacrónico para el siglo XX, además de escueto, que si le diéramos mucha importancia el libro pecaría de pretencioso.

Aunque estoy siendo algo injusto al insinuar que El juez y su verdugo es maniqueísta con su tratamiento de la lucha entre el Bien y el Mal. Para nada. Al fin y al cabo, uno de los grandes interrogantes que plantea esta pequeña ficción es el siguiente: ¿cualquier medio está justificado con tal de hacer prevalecer a la justicia? El comisario Bärlach encarna a la perfección esta problemática en cierta escena de lo más memorable. Y me callo para no chafaros nada. Sólo aprovecho para avisaros de que Bärlach, protagonista encubierto de esta novela coral, es más interesante que su insípida contraparte de La sospecha. Menos intachable desde el punto de vista ético, no sé si me explico.

A todo esto, todavía no he resumido el argumento de la novela. La cosa es tal que así: el teniente Schmied de la policía de Berna ha sido asesinado. Bärlach y el agente Tschanz serán los encargados de encontrar a su ejecutor. La investigación apuntará hacia un tal Gastmann, un hombre al que el comisario lleva intentando encarcelar casi veinte años. Esta será la última oportunidad de Bärlach, ya que padece una enfermedad estomacal que lo llevará a la tumba en meses.

Suena interesante, ¿no? Ah, pero mucho cuidado con el componente pulp del que os hablaba antes. Si no te van este tipo de cosas, El juez y su verdugo te hará levantar la ceja en más de una ocasión. Y es que, por más que quieras, no puedes tomarte en serio a esta novela. El villano principal, por ejemplo, suelta un monólogo pomposo digno de una de las películas más casposas de James Bond. Por medio tenemos a matones forzudos y una daga con forma de serpiente. Otra repercusión (no necesariamente negativa) que la identidad pulp de este relato ha tenido en él: la trama tiende hacia la acción, más que hacia la investigación.

De modo que, sin ser un libro extremadamente especial, recomiendo leer El juez y su verdugo por tener:

  • Un argumento lleno de giros y recontragiros (que diría Juan) para nada previsibles. 
  • Un mensaje simple pero más o menos conseguido sobre lo quebradiza que es la justicia.  
  • Elementos algo casposos, siempre simpáticos para los amantes de la pulp fiction como yo. 

Lástima, por otro lado, que la prosa de esta novela sea tan irregular. Sus capítulos iniciales, por ejemplo, no están muy bien escritos: diálogos poco naturales, estructuración del relato algo confusa... Y, por el contrario, más adelante hay escenas narradas con absoluta maestría. La del entierro de Schmied es cojonuda. Todavía mejor es, para mí, la que describe el asalto que el coronel Bärlach sufre en su casa. De hecho, tanto los sucesos narrados en la misma como el estilo literario de ese pasaje me recordaron al magistral relato “El corazón delator”, de Edgar Allan Poe.

Sospecho que esta fluctuación entre partes bien y mal escritas se debe a que El juez y su verdugo fue originalmente publicada por entregas. Seguramente su naturaleza de folletín también es la responsable de que el ritmo y la estructuración global de la novela sean algo irregulares. Pero sabiendo lo potente que puede ser Dürrenmatt como escritor, me fastidia que no puliera esta novela una vez iba a publicarse íntegramente. Hay subtramas, como la que explora las diferencias entre el comisario y la criminología moderna, que no aportan nada y bien podría haberse prescindido de ellas. Asimismo hay personajes, como el Dr. Lucius Lutz, a los que se intenta dar una relevancia que al final no acaban teniendo.

En definitiva, El juez y su verdugo no le llega ni a la suela de los zapatos a La promesa, novela policiaca de Dürrenmatt que, a mi juicio, consigue trascender al género en el que se adscribe. Sin embargo, es bastante más estable en su planteamiento que La sospecha. Carece de la ambición de esta última, no lo niego, pero como entretenimiento pulp cumple a la perfección.


Más de Friedrich Dürrenmatt en ULAD: El túnel, La visita de la vieja dama, La sospecha

miércoles, 30 de enero de 2019

Wajdi Mouawad: Cielos (La sangre de las promesas)

Idioma original: francés
Título original: Ciels
Traducción: Eladio de Pablo (edición en castellano), Cristina Genebat (edición en catalán)
Año de publicación: 2009
Valoración: recomendable

Bien es sabida, y ULAD es testigo de ello, la gran admiración que siento por Mouawad, pues sabe transmitir como pocos la belleza existente que se oculta tras la crueldad y maldad de muchas acciones humanas.

En esta cuarta obra, que cierra la tetralogía teatral de «La sangre de las promesas», el escritor de origen libanés pone el broche final a un conjunto de obras que, a pesar de su diversidad, sobrevuelan un punto común: la tragedia que arrastra la humanidad, de generación en generación.

Con este aspecto en mente, el autor da un salto importante hacia la moderna sociedad occidental actual y el resultado es una obra que afronta cierto riesgo estilístico, pues se desmarca en parte de aquello a lo que nos tenía acostumbrados. Así, en «Cielos», el autor nos sitúa en un lugar apartado de la sociedad, en medio de un bosque, donde un grupo de investigadores (traductores, expertos informáticos, criptógrafos, etc.) trabaja a contrarreloj para tratar de abortar un ataque terrorista. El ataque parece inminente, y el descifrador con el que cuentan se acaba de suicidar por motivos que nadie conoce. Por ello, esta célula antiterrorista francófona no está en su mejor momento pues, además de la presión por resolver el lugar y día del atentado, deben sobreponerse a la muerte de uno de sus principales investigadores. Eso les empuja a adaptarse a la nueva situación, y a la incorporación de un nuevo miembro en un equipo cerrado, poco amante de los cambios. Así, no únicamente deben descubrir el lugar del próximo atentado, sino que tendrán que librar una batalla interna y luchar contra sus propios egos, sus propias vidas en el interior del recinto y las que en paralelo transcurren lejos de ellos con sus correspondientes familias que quedan cada vez más lejanas. Con ello, asoman las dudas, aparecen los miedos, aumentan los temores de ser conscientes de su creciente soledad. Estamos en fechas cercanas a la Navidad, y la sensación de que va a producirse un atentado provoca que aumente la tensión entre los investigadores. La inminencia apremia a encontrar la solución al enigma, y los ánimos no son los mejores para combatir tamaño desafío.

Analizando esta obra dentro de la tetralogía, es posible que, tras la inmensa «Incendios» o incluso «Litoral», este texto haya quedado algo escondido o no se le haya dado la importancia que sí tiene. Podría ser debido a que, en «Cielos», el autor se aparta del habitual escenario de Oriente de las dos primeras obras para situarlo en pleno Occidente, cambiando también un paisaje pobre y desértico por un entorno plenamente tecnológico. Es cierto que en «Bosques» (tercera obra de la tetralogía) ya el autor se desmarcaba de esas tierras orientales para situar la historia en el centro de Europa, pero aquí el autor da un paso más y arriesga enormemente, pues hace chocar dos mensajes en apariencia plenamente desasociados: los orígenes y el peso del pasado con la moderna sociedad actual. Y también es posible que entre tanto mensaje cifrado que aparece en el texto, el lector pierda de vista en algún momento que la historia no trata sobre tecnología o criptografía, sino sobre el comportamiento humano; en este aspecto, también el lector debe descifrar el propio código bajo el que el autor envuelve la novela y encontrar en ella su motivación real, evitando que los enigmas tecnológicos nos aparten de los realmente importantes: los que componen el alma humana.

De esta manera, en esta obra, y a pesar de ser estilísticamente algo diferente a lo que nos tiene acostumbrados Mouawad, siguen planeando sobre ella los elementos nucleares característicos que conforman su obra: los orígenes de las personas y la tragedia que arrastran. Así queda plasmado en un par de fragmentos del texto cuando un personaje pregunta a otro: «¿Cómo quieres hacerte mayor, sino? ¿Cómo lo harás para saber quién eres y de dónde vienes si no te interesas por lo que existió antes de ti?». En este fragmento queda patente la preocupación constante del autor por la búsqueda y redención del pasado, aspecto común y central en todas sus obras teatrales. Es probable que su propia experiencia vital, emigrando a los nueve años de edad del Líbano a Canadá a causa de los conflictos civiles en su país de origen marcaran su manera de entender el mundo y la vida, y ese conflicto interior y la necesidad de encontrarse con su pasado se plasma en toda su obra.

Por todo ello, esta obra es recomendable ya que demuestra una vez más que el autor puede moverse en diferentes escenarios sin perder de vista aquello que quiere transmitir, aquello sobre lo que quiere que reflexionemos, aquello que le preocupa hasta el punto de escribir sobre ello en cada una de sus obras. Y es que Mouawad sabe emplear hábilmente el lenguaje para envolver la tragedia y el horror con un manto de belleza narrativa. La potencia de sus palabras asusta por el mensaje transmitido, pero es a través de esa belleza que consigue que nos llegue a nuestro ser más profundo, a nuestras raíces, como las raíces y orígenes que conforman cada uno de los personajes que protagonizan sus obras, sugiriendo que la maldad y el horror la arrastramos a través de la historia creada por nuestros antepasados, por tantas guerras sufridas, por tantas batallas libradas, y por todo el mal que entre todos hemos traído al mundo. Siempre habrá la esperanza que el arte, a través de su puesta en escena, nos recuerde que, al final, todo está en nuestras manos y que el destino de la humanidad no debería dejarse en manos de una tendencia cruel arrastrada durante tantos años, sino que debería recaer en la belleza y la esperanza de cambiar el rumbo de la historia y poder dejar un mundo en el que finalmente podamos sentirnos en paz, con el mundo, pero también con nosotros mismos.

También de Wajdi Mouawad en ULAD: LitoralÁnimaBosques, Incendios

martes, 29 de enero de 2019

Antón Castro: Cariñena




Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Está muy bien



Antón Castro (Arteixo, Galicia, 1959) llegó a Zaragoza a los diecinueve años atraído por la existencia de algo así como una comuna de artesanos pacifistas, un lugar algo más acogedor y adecuado a su condición de objetor de conciencia al entonces obligatorio servicio militar que la intemperie del hogar familiar. Claro está que a esa edad, la mayoría estamos a punto de lanzarnos a eso que el autor describe como la continua aventura que es la vida: “Te atrapan todas las historias, todos los personajes, todo lo que oyes o ves”, y lo hacemos sobre todo cargados de dudas, miedos y prejuicios. Con pájaros en la cabeza, aunque en este caso, pájaros como Federico García Lorca, Luís Cernuda o Garcilaso de la Vega. Pero también de una magnífica e inconsciente curiosidad que es la que empuja a lanzarse a esa corriente sobre la que no tenemos ni la más remota idea de adónde nos llevará.

Era otoño y por tanto, época de vendimia. Una oportunidad para sacarse un dinerillo sin necesidad de acreditar preparación o experiencia, en ese momento en el que casi todo tiene la condición de inédito, de primera vez. Llegar en soledad a un lugar desconocido, buscando. Al acecho de un trabajillo, de una oportunidad, puede que persiguiendo lo desconocido o quizás tras algo que dé un sentido a la existencia, o tal vez con la ambición desmedida de encontrarse a uno mismo… Todo eso está en Cariñena. Creo que a cualquiera de los que no somos de por allí, Cariñena nos sonará a vinos baratos y recios, y poco más, desde luego sin el prestigio de otros lugares asociados a la belleza, la excelencia o la quintaesencia de la elegancia. Aunque el escritor neerlandés Cees Nooteboom ubicaba en su novela En las montañas de Holanda exactamente en estos parajes y en estas carreteras la noción de paraíso y perfecta felicidad… Por cierto, en la comarca se produce mucho vino aunque también caldos magníficos.

En cualquier caso, las coordenadas de Cariñena – el lugar y este libro- pasan por la sencillez de los lugares y las personas corrientes, exentos de grandilocuencia, de simbología o trascendencia. El relato que hace Antón Castro de aquel momento tiene el tono íntimo y sosegado con el que la vida parece discurrir por esos lugares apartados, modestos y aparentemente plácidos. No se trata en absoluto de un ejercicio de nostalgia ni de contar batallitas sino de recuperar un momento del pasado y cocerlo a fuego lento con un tratamiento de lirismo ligero, de austera naturalidad. Queda entonces un relato que nos da la medida de un tiempo, aquel país que todavía se movía entre las sombras de la dictadura y el destape, entre la represión y las incontrolables ganas de fiesta, Con una colección de personajes necios o entrañables, que acaban conformando un paisaje tan particular como universal. La cantante, demasiado sensible y demasiado ausente, cuya carrera nunca despegó. El campesino letra herido enamorado hasta las trancas de una mujer que cocina para el joven desconocido. El viejo que colecciona la revista Interviú. El universitario que gusta de oírse y miente por los codos. Aquellos momentos y aquellas personas que Antón Castro a sus diecinueve años fue capturando en un cuaderno Sagitario son el fecundo sustrato de este relato, que se saborea con el mismo deleite que deparan los vinos sabrosos, honestos y elaborados con oficio.



lunes, 28 de enero de 2019

Reseña + Entrevista. Liliana Colanzi: Nuestro mundo muerto

 Idioma original: Español
Año de publicación: 2017
Valoración: Muy recomendable

Llevo un tiempo diciendo que el "relato escrito por mujer joven latinoamericana" goza de muy buena salud. En este blog encontraréis algunos ejemplos: Mariana Enríquez, Vera Giaconi, Magela Baudoin, Andrea Jeftanovic, María Fernanda Ampuero o la boliviana Liliana Colanzi.

En el caso de Colanzi y "Nuestro mundo muerto" nos encontramos con ocho contundentes relatos, de unas 15 páginas de extensión, dominados por presencias casi sobrenaturales y por amenazas exteriores, ya sean reales o ficticias, que ponen en evidencia amenazas interiores infinitamente más peligrosas.

El contexto utilizado por Colanzi para presentarnos sus historias se acerca en muchas ocasiones a la ciencia-ficción: ojos que parecen sacados de películas de serie B o de 1984, poseídos y aparecidos que se asemejan a los chicos del maíz de Stephen King, meteoritos que provocan reacciones en cadena como si de la Melancolía de Lars von Trier se tratara, exploraciones marcianas, etc. Pero estas referencias casi "pop" aparecen unidas a creencias (o supersticiones) tradicionales vinculadas a culturas andinas, creando una curiosa mezcla entre tradición y modernidad

En cualquier caso, esto no es más que el contexto, ya que lo que de verdad esconden estos decorados son problemas reales como la incomunicación, el extrañamiento, el miedo a la muerte o, como podemos leer en "La ola", la soledad infinita de un mundo desquiciado y sin propósito.

Entrando más en detalle en cada uno de los relatos, encontramos en "El ojo", "Alfredito" y "Chaco" la influencia de Silvina Ocampo en la visión desde la infancia / adolescencia de un mundo al mismo tiempo mágico, extraño y hostil. En ellos se mezclan leyenda y "realidad", alucinaciones y hechos absolutamente ciertos.

En "La Ola", uno de los mejores relatos del libro, la protagonista pasa a ser una joven a la que persigue una rara vibración, mezcla de extrañeza, abulia y tristeza. Es este un relato circular, de ida y vuelta, que nos habla de lo difícil que resulta escapar del pasado. Esta imposibilidad aparece nuevamente en "Nuestro mundo muerto", otro de los grandes relatos del libro gracias a su ambiente cerrado y opresivo. En esta ocasión, el telón de fondo es Marte, lugar al que su protagonista huye, aunque siempre esté como un satélite girando alrededor de lo perdido. También en "Cuento con pájaro" asistimos a una nueva huida imposible. Esta vez, Colanzi maneja un registro más "terrenal", más "social" incluso, ya que en el aparecen de forma más perceptible las "dos Bolivias" (la blanca y la "india").

Finalmente, y volviendo a lo ya citado acerca de las amenazas exteriores que sirven como resorte para sacar a la luz amenazas o miedos interiores, tenemos "Meteorito" y "Caníbal". En aquel, la caída de un meteoro es el detonante del oscuro y trágico final de una pareja de "perdedores"; en este, un caníbal que vaga por las calles de París y una extraña relación serán la "excusa" para hablar de la soledad y de relaciones absorbentes.

Por último, un breve comentario acerca de los finales de los relatos, ese aspecto tan crucial. Colanzi nos ofrece finales generalmente abierto, muy sujetos a la interpretación del lector, algo que va en consonancia con el desarrollo de los mismos. Se agradece ese tratar de evitar sorpresas finales y giros inesperados, la verdad. En definitiva, muy buen libro este "Nuestro mundo muerto", compuesto por ocho relatos sin desperdicio, contundentes y originales de una autora aún joven que seguro que da mucho que hablar.

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ULAD: Tres cosas me llaman especialmente la atención en "Nuestro mundo muerto". La primera, que supongo sorprende más a un lector europeo, es la mezcla de modernidad y tradición: referencias "pop" ("El ojo" me recuerda por igual a los monstruos de serie B y a 1984, "Meteorito" a "Melancolía" de Lars Von Trier, por poner un par de ejemplos) y leyendas o tradiciones "indígenas" van de la mano. Esto también creo que sucede, en mayor o menor medida, en obras de Edmundo Paz Soldán o de Maxi Barrientos. ¿Puede ser esta mezcla el reflejo de la Bolivia actual?

L.C.: Cuando escribo no estoy pensando en reflejar la Bolivia actual; la literatura siempre está desfasada con respecto de la realidad. Lo que sí me interesa es recoger elementos que están flotando en la cultura, pero a los que nadie presta mucha atención porque provienen de las tradiciones indígenas o de la cultura popular o de géneros como la ciencia ficción, que son considerados saberes menores o descartables, y ver cómo se puede construir una poética desde ese lugar. Me gusta mucho lo que dice Herta Müller: “La superstición es la poesía de los pobres”.

ULAD: La segunda es que en los relatos de "Nuestro mundo muerto" siempre parece estar presente una amenaza exterior que pone en marcha una amenaza interior más peligrosa. ¿Llevamos dentro a nuestro peor enemigo?

L.C.: Es que en muchas ocasiones aquello que vemos como una amenaza externa, en realidad se trata de un rechazo a algo que sospechamos que está dentro de nosotros. El miedo al bárbaro, por ejemplo, revela el terror hacia el animal que somos; el machismo es la negación de la potencia femenina que hay en el hombre y de la potencia masculina que hay en la mujer.

ULAD: La tercera es la sensación de un pasado que nos persigue. ¿Podemos verdaderamente escapar de el? ¿Cómo?


L.C.: El pasado al que me refiero en mis cuentos está muy presente, porque se trata de un pasado colonial que configura hasta el día de hoy la forma en que pensamos, deseamos, soñamos y nos vemos a nosotros mismos y a los demás. Nuestra tragedia es no haber encontrado la forma de desactivar ese legado.

ULAD: Además de la influencia de clásicos como Silvina Ocampo (esa visión de la infancia de mundos mágicos y extraños), creo que la presencia de ese "terror cotidiano", por llamarlo de alguna forma, te emparenta con autoras latinoamericanas recientes como Mariana Enríquez, Vera Giaconi o Andrea Jeftanovic. ¿Pura casualidad o puede haber un punto de vista generacional (o error de apreciación mío)?

L.C.: Justo estoy escribiendo algo que es una especie de homenaje a “El vestido de terciopelo”, de Silvina Ocampo. Cada época tiene su modo de canalizar sus ansiedades y horrores, y por supuesto que encuentro puntos de contacto con muchas autoras y autores de mi tiempo. “Reunión” de Vera Giaconi es un cuento hermoso y raro que muestra a la familia desde una óptica monstruosa; Andrea Jeftanovic también presenta a la familia desde un lugar peligroso y perturbador. Me interesa mucho el cruce que hace Mariana Enríquez entre el horror, la política y la cultura popular, y la manera en que ha renovado el imaginario del horror latinoamericano.


ULAD: Sabemos que te has lanzado al mundo de la edición con Dum Dum Editores. Tres preguntas relacionadas con esto: ¿No es un poco locura en los tiempos que corren? ¿Qué le lleva a tomar la decisión de publicar su obra en otras editoriales? ¿Veremos los libros de Dum Dum en España?


L.C.: Tenía la impresión de que montar una editorial era difícil, pero vivir un tiempo en Buenos Aires, donde todo el mundo tiene una editorial independiente, me convenció de que no era así. Trabajo con una diseñadora excelente y la editorial Nuevo Milenio se encarga de la distribución de los libros de Dum Dum, así que con eso tengo más de la mitad del trabajo resuelto. Y disfruto mucho de la aventura y del desafío de proponer a un autor nuevo en el medio. No me autopublico porque después de pasar mucho tiempo escribiendo mi propio libro, lo último que quiero es seguir trabajando para él, ¡lo que deseo más bien es deshacerme de él!

ULAD: Sea o no con Dum Dum, ¿tendremos en breve alguna novedad de Liliana Colanzi?

L.C.: No sé si en breve, porque soy una escritora un poco lenta, pero vengo escribiendo cuentos y espero terminar este año.

domingo, 27 de enero de 2019

Carmen María Machado: Su cuerpo y otras fiestas

Resultado de imagen de su cuerpo y otras fiestas amazonIdioma original: inglés
Título original: Her Body and Other Parties
Año de publicación: 2018
Valoración: Está bien


No falla. Si eres lector habitual, pasas cerca de una librería y tienes tiempo no puedes evitar echar un vistazo. A veces empiezas por la mesa de novedades, otras te detienes en una sección concreta. Con esa disposición, es fácil que surja el flechazo y acabes llevándote algo a casa, lo que supone un riesgo cuando no conoces al autor, por muy bien que lo vendan en la solapa y a pesar de los reconocimientos que allí se anuncien. Esto, además, no suele admitir términos medios: o descubres un tesoro o te llevas un chasco enorme. Lo que me ha pasado con esta autora, sin llegar al extremo, se parece más a lo segundo.


La estadounidense de ascendencia cubano-austriaca Carmen María Machado apenas ha comenzado su recorrido. Sus relatos han aparecido en revistas, ha sido finalista de algún premio y, aunque con mayores titubeos, muestra los rasgos de sus compañeros de generación: necesidad de autoafirmarse, empeño por sorprender a toda costa –algo que, pienso yo, resta sinceridad a las tramas– y un descaro bastante saludable. Lo malo es que suele quedarse a medio camino, se recrea en la insinuación sin llegar a mojarse, no profundiza en los asuntos que plantea ni se decanta por ninguna postura. Sus alusiones a los asesinatos machistas, relaciones de pareja entre mujeres y cierta frustración por la maternidad no llevada a cabo se quedan en meras anécdotas, nunca pasan de ser más que adornos, las cuentas de un collar un poco triste o siniestro que se cuelgan de sus historias sin ensamblarse del todo en el conjunto. Por otra parte, la colección entera se encuentra impregnada de erotismo y, como casi era de esperar, presenta una marcada tendencia a la autoficción.

Su cuerpo y otras fiestas contiene ocho relatos de extensión media, parecidas inquietudes y variedad de recursos. Especialmente perversos es el más extenso, el de estructura más original y uno de los que menos he disfrutado. Según parece es una interpretación libre de la serie de televisión Ley y orden. Se trata de un experimento posmoderno con bastantes elementos fantásticos, que muestra, a su manera y mediante párrafos aislados, la trayectoria de los dos detectives protagonistas. Pero, aunque se advierte una continuidad y un propósito –reflexionar sobre la violencia y los sentimientos que genera– no consigue dar conexión a un conjunto de retazos que acaban resultando bastante aburridos. 

El más convencional de todos, y quizá por eso e¡ más logrado al no añadir dificultades innecesarias, es el titulado La residente. Narra las incidencias ocurridas durante la estancia de la protagonista –trasunto de la autora– en una residencia para artistas. Tampoco aquí falta el elemento fantástico. En este caso, la creación de escenas, la personalidad del grupo de residentes y los sentimientos que estos generan en la narradora están llenos de verdad. Aún así, le sobran unas cuantas páginas. Con idéntica sinceridad, realismo y posibles elementos autobiográficos, Ocho bocados narra el dramático recorrido del que está descontento con su peso. De ahí que sea el más conmovedor de todos ellos y el que consigue el desenlace más original y convincente.

Muestran cierto interés los dos primeros. El punto de más es una metafórica, imaginativa y metaliteraria historia de sumisión femenina con aspecto de relato erótico que acaba de manera forzada y hasta algo inverosímil, aunque se mueva en el terreno de lo fantástico. En Inventario, a través de notas aparentemente dispersas y con un tono apocalíptico, la narradora va trazando su itinerario sexual y afectivo. Lo destaco porque narrar así, a base de retazos, no deja de tener su mérito, pero lo artificioso del procedimiento deja una impresión de frialdad que acaba distanciando al lector.

Destacaría también Las mujeres de verdad tienen cuerpo, porque demuestra una capacidad imaginativa notable y pone en juego una serie de símbolos –algo crípticos por cierto– de origen claramente surrealista.

Absolutamente prescindibles me han parecido Madres y Problemática en las fiestas. En este la autora vuelve a sus temas recurrentes con una trama sin fuerza ni coherencia. En cuanto al primero, con su errática trayectoria, un escenario más que ambiguo y sus constantes contradicciones, diría que consiste en una serie de incoherencias rematadas por un injustificado vuelco argumental.

Machado es, desde luego, una escritora que promete, y alguna de las piezas del volumen se leen con interés, pero quizá –y a pesar de sus éxitos– se haya lanzado a publicar demasiado pronto.

sábado, 26 de enero de 2019

Jaime Bayly: La noche es virgen

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1997
Valoración: Está bien/Recomendable








El año 1997 el XV Premio Herralde de Novela recaía en Jaime Bayly, un joven autor peruano muy famoso en la esfera mediática latinoamericana. Este presentador, periodista y escritor de treinta y dos años ya contaba con otras tres novelas publicadas y una de ellas, No se lo digas a nadie, estaba a punto de ser adaptada al cine. 

El motivo de empezar con algunos antecedentes no es otro que arrojar algo de luz sobre la particular mirada de este autor puesto que sus novelas suelen habitar el terreno de la auto ficción. Y es que Jaime Bayly era y es un personaje controvertido y provocador que, por poner algunos ejemplos, hace años declaró públicamente su bisexualidad, besó a Boris Izaguirre en el mítico Crónicas marcianas y continuamente juguetea (agitando el avispero) con la posibilidad de postularse a la presidencia de Perú. 

Resumen resumido: con veintitantos años, Gabriel Barrios, guapito y de familia acomodada, triunfa con su programa nocturno en la televisión pública peruana. Aparentemente lo tiene todo para ser feliz, sin embargo pasa las noches consumiendo marihuana y cocaína, y practicando sexo promiscuo. Gabriel piensa que es desgraciado porque en Lima no puede vivir su homosexualidad libremente y por ello fantasea con la idea de irse a vivir a Miami, hasta que una noche conoce a Mariano, el atractivo cantante de una banda roquera local. 

El tema principal de la novela es la búsqueda del amor (o la cruzada contra la soledad) lo que puede sonar manido o poco interesante, pero —vosotros lo sabéis, yo lo sé y Jaime Bayly también lo sabe— el interés no está en la historia si no en cómo se explica y Bayly esgrime una voz muy muy particular para relatar las andanzas de su protagonista Gabriel Barrios: busca el efecto de una oralidad deliberadamente adulterada que nos hace desconfiar continuamente del narrador; la carga irónica también es un rasgo distintivo de esta voz pesimista e inteligente que aprovecha cualquier oportunidad para dar la estocada, a lo que hay que añadir el uso de un lenguaje muy coloquial y un tono que fluctúa con habilidad entre lo taimado, lo grosero, lo crítico y lo desgarrado. Desde el punto de vista formal, se prescinde de las mayúsculas, se integra el estilo directo de los diálogos dentro de los párrafos y el protagonista igual narra en primera persona como se pasa puntualmente a la segunda para dirigirse a un tercero o al propio lector, todo dentro del mismo flujo de conciencia que recorre la novela de principio a fin. 
«(…) qué linda mi mamá, tan espiritual ella, tan desapegada de las cosas materiales porque tiene cuatro empleadas, chofer y jardinero. y cuando el papa polaco vino a lima (papa, amigo, yo no estoy contigo; papa, amigo, yo no estoy contigo), cuando el papa polaco llegó de lo más viajero y papamóvil, mi madre entró en trompo y se entusiasmó como una quinceañera con los menudos y fue a todos los mítines del polaco y cantó hasta perder la voz y fue hasta una barriada de brownies para escuchar en vivo el discurso del papa, al papa unplugged digamos (…)» 
La personalísima mirada de Bayly arrastra al lector hasta una esfera muy íntima de la relación entre Gabriel y Mariano. A pesar de que el personaje de Gabriel Barrios no cae bien —su seductora ironía no compensa el hecho de que es un fenomenal capullo frívolo e inmaduro— el desgarro y la entrega amorosa en la que está apresado funciona como un infalible resorte empático que el lector difícilmente puede eludir, pues quién no ha tenido algún malogrado amor de juventud que le haya dejado más o menos huella. 
«(…) siento su cuerpo flaquito pegadito al mío, qué rico, (…) y le busco su boquita y él se deja y le doy un beso suavecito, despacito, con mucho cuidado, y me quedo con un sabor a sangrecita en la boca y le digo en el oído ya somos hermanos de sangre. luego nos metemos a la ducha calientita y yo lo jabono con cuidado porque au, carajo, cómo duelen estas heridas, y después lo seco despacito y le digo eres tan lindo, mariano, mañana mismo te compro tu guitarra» 
Y esos momentos alcanzan una gran intensidad también porque contrastan con el resto del texto que rebosa mala baba hasta el punto que mis afirmaciones anteriores sobre Gabriel Barrios se quedan cortas ante la cantidad y variedad de comentarios racistas, clasistas, machistas o simplemente soeces que desfilan a lo largo de toda la novela: 
«(…) la vieja, con una cara de no haber tomado desayuno, de haber sufrido las punteadas de los mañosos en el micro, de no haber cagado hace tres días, de tener el coño seco-reseco, de haber tenido su último orgasmo antes del asesinato de Kennedy (y me refiero a Jack, no a Bobby), la vieja le dice a mariano ¿qué has estado haciendo?, ¿qué has estado haciendo que apestas a drogas, ah? (…)» 
Gabriel Barrios habla desde un futuro no muy lejano en el que parece que, finalmente, se ha instalado en Miami. Es una voz que, a pesar de su severa mordacidad hacia Lima la horrible, su gente y los hechos acontecidos, destila cierta nostalgia. ¿Habla un Gabriel Barrios que ha madurado lo suficiente para relativizar sus propias tribulaciones de juventud? ¿Está arrepentido de haberse ido o simplemente tampoco ha encontrado la felicidad en Miami? ¿Utiliza su relato para exorcizar y gestionar su frustración presente o es una autocrítica/sátira hacia el tipo inmaduro y malcriado que fue? Es difícil saberlo dada la naturaleza poco fiable del narrador pero, en todo caso, esta es la cuestión que presenta mayor calado en la novela y que se presta a la reflexión tras la lectura. 

La noche es virgen me ha gustado tanto como cuando la leí hace veinte años, recién publicada, aunque el recuerdo que sin embargo me quedó de ella fue el de una historia superficial contada con bastante gracia; tal vez porque la voz de Gabriel es un artificio tan complejo y poderoso que, sumado al estilo ágil y la ironía del texto, hace que las páginas vuelen en medio de esta historia tan auténtica de (des)amor. Y a veces confundimos lectura fácil con superficialidad. 

En cuanto al título, La noche es virgen resulta muy acorde con la historia que se explica. Decir que la noche es virgen me sugiere que en el ámbito de la noche puede suceder cualquier cosa inesperada o (si nos ponemos al nivel canalla de la novela) que de noche —con platita, cara bonita y un programa en la tele— puede uno hacer lo que le dé la real gana.

Sobre la portada, no hay dudas: El martirio de San Sebastián es una imagen recurrente, casi icónica, para el colectivo gay. ¿Cómo llegó San Sebastián hasta ahí? Aquí unas reflexiones al respecto.

viernes, 25 de enero de 2019

Théophile Gautier: Avatar

Idioma original: francés
Título original: Avatar
Año de publicación: 1857
Valoración: Se deja leer

Al margen de implicaciones informáticas o cinematográficas, ‘avatar’ es un término procedente del hinduismo que se refiere aproximadamente a la reencarnación o la transmigración de las almas. Algo que en versión griega sería el concepto de 'metempsicosis', sin duda tan inolvidable para los devotos de Joyce. Normalmente hablamos de la reinserción del alma, tras la muerte, en un cuerpo diferente de su anterior portador, aunque la idea hindú se refiere más bien a la encarnación de un dios (con preferencia, Vishnú) o parte de él, en un ser mortal. Así que bien titulado queda este relato de Gautier, porque algo de todo esto constituye el tronco fundamental del libro, al menos la parte más vistosa. 

Resulta que el joven Octave de Saville sufre una extraña dolencia, parece que la vida se le fuese poco a poco, nada la interesa, se aparta del mundo y se deja ir, consumiéndose incluso desde el punto de vista físico. Le examinan médicos y le prescriben tratamientos que no dan ningún resultado. El misterio resulta en principio sugestivo para el lector, aunque no tardaremos en adivinar un cuadro depresivo bastante corriente, al menos una distimia crónica. Pero parece que al entorno del enfermo le cuesta mucho dar con la respuesta, y acaban recurriendo a un médico o curandero formado en las artes espirituales de la lejana India. El doctor Cherbonneau acaba sonsacando al enfermo su triste historia, y su diagnóstico resulta claro y terminante: el joven está enamorado. Bueno, aquí se nos derrumba un poco el atractivo de esa gran incógnita, pero esto solo acaba de empezar.

La dama anhelada es una condesa lituana felizmente casada con un hombre que acumula tantas virtudes como ella misma, lo que indica que Octave lo tiene bastante crudo. Pero el esotérico doctor tiene una solución: intercambiar las almas de su paciente y el conde, de forma que Octave pueda gozar de su amada aunque sea en el cuerpo de su rival, algo que se parece un poco a lo que hizo Merlín para materializar los deseos de Uther Pendragon hacia la reina Igraine. Realizado el trueque, irán surgiendo nuevos problemas y complicaciones que por supuesto no voy a desvelar pero, al margen de aspectos meramente anecdóticos, la situación es incendiaria: el joven por fin tiene a su alcance cumplir los deseos que le consumían, pero no termina de verse cómodo en su nueva carrocería; y el pobre conde, que no tiene idea de lo que ocurre, cree enloquecer mientras ve usurpado su lugar, incluido su propio cuerpo. Los encuentros entre ambos son un tour de force entre dos personajes descoyuntados, y plantean la interesante disociación entre alma (o diríamos consciencia) y el ser físico.

De manera que tenemos un buen surtido de elementos del romanticismo al máximo de intensidad. Un amor imposible, arrebatado hasta lo mortal, personificado en la mujer perfecta; fenómenos de índole espiritual dirigidos desde la sabiduría del lejano Oriente; la primacía del sentimiento y la individualidad (aunque dislocada); y desde luego, algún tipo de tragedia que se vislumbra sin remedio. Tenemos la sensación de ambiente nocturno, carruajes que transportan a personajes atormentados, duelos por honor, misterio y peligro, amores no correspondidos o perdidos. Con estos ingredientes seguramente será posible hacer un interesante estudio sobre el perfil literario de Gautier, su creatividad o carácter (quizá) innovador, o lo bien que representa toda una época de la narrativa. Pero.

Como ocurre algunas veces, me temo que para el lector del siglo XXI, estas tramas están un poco superadas y todo esto apenas sorprende, como quizás sí lo hiciera en su época. Aun así, el relato podría sostenerse en esa atmósfera oscura con algo de ritmo y potencia narrativa… que en este caso a Gautier no le sobran precisamente. Nos aturde un poco don Téophile con interminables descripciones de la riqueza de los ropajes de la amada, los bigotes del conde o las decoraciones de las casas, esplendorosas en la mansión de las víctimas, escuetas en la residencia del impostor. Y bien están los intensos sentimientos de los personajes y la zozobra de las personalidades subvertidas, pero naufragan entre tantas páginas dedicadas al escenario y a detalles que poco importan al argumento.

Siendo generoso, admito la habilidad para introducir el elemento irónico que aporta el peculiar curandero, que más que de chamán imponente, tiene un alegre aire de pillo que hace de contrapunto al desgarro general que provoca su terapia. Y de paso, este rasgo pícaro se utiliza para redondear la historia con un giro final sorprendente y bien resuelto. 

Así que, con algunas cosas interesantes y otras mucho menos, pues eso, que tenemos un pequeño cuento, como para entretenernos un rato.

Otras obras de Téophile Gautier en ULAD: Muertas enamoradas

jueves, 24 de enero de 2019

James Ellroy: Mis rincones oscuros


Idioma original: inglés
Título original: My Dark Places
Año de publicación: 1996
Traducción: Hernán Sabaté
Valoración: Out of order

Nota previa: No sé si esta reseña puede considerarse llena de spoilers o incluso un puro spoiler toda ella, puesto que no se trata de un libro de ficción, sino de unas memorias, pero, en todo caso, yo aviso.

Sobre la valoración: pongamos que uno de ustedes, de vosotros, es un un chaval de diez años cuyos padres están divorciados. Pasas los días de cole con tu pelirroja mamá, a la que odias y amas, mientras que los fines de semana te vas con tu padre, que viene a ser un simpático haragán. un domingo, al volver a casa te encuentras con que la noche anterior tu madre ha sido asesinada, posiblemente antes violada y su cuerpo arrojado a una acera del barrio. te vas a vivir con tu padre a tiempo completo; acabáis en la miseria. Dedicas tu adolescencia a llamar la atención soltando a diestro y siniestro majaderías nazis y a leer novelas policíacas; te obsesionas con la historia criminal de tu ciudad, con los casos que recuerdan al asesinato de tu madre. Tu padre muere antes de que llegues a la mayoría de edad. Te conviertes en alcohólico y drogadicto, en ratero, en un merodeador nocturno, en un mirón; en un sin techo ocasional. Acabas en la cárcel una y otra vez. Con 28 años, tras pasar por un psiquiátrico, te desintoxicas y empiezas a trabajar de caddy. También a escribir; consigues ser un novelista de éxito. Cuando tienes 47 años vuelves a investigar el asesinato de tu madre junto con un ex-policía: exploráis todas las pistas que permanecen, buscáis a todos los posibles testigos, seguís todas las huellas. Revivís juntos casos no menos pavorosos, con otras mujeres asesinadas. Y luego escribes un libro que es una confesión y una búsqueda, un abrirse en canal y una reconciliación con tu pasado y con tu madre. Además, un espejo en el que se refleja toda la violencia contra las mujeres que anida en esta sociedad, todo el rencor y la codicia sexual y la ferocidad de los hombres contra ellas. Y veintidós años después un panoli que escribe en un blog lee el libro y, anonadado, no sabe como valorarlo.

Nota posterior: abstenerse de leer este libro todo escritor que se haya dedicado o pretenda dedicarse a la llamada autoficción, porque le puede dar un pasmo. Yo aviso.

Otras barbaridades de libros de James Ellroy, reseñadas en Un Libro Al Día: PerfidiaLa Dalia Negra

miércoles, 23 de enero de 2019

Margaret Atwood: Alias Grace

Idioma original: inglés
Título original: Alias Grace
Año de publicación: 1996
Traducción: María Antonia Menini Pagès
Valoración: Muy (muy) recomendable

Aunque el nombre de Margaret Atwood aparece cada año en las quinielas para el Nobel de Literatura, su popularidad entre el gran público ha llegado gracias a la serie El cuento de la criada, basada en su novela con el mismo título. Para los que partan de esa referencia, hay que aclarar que aunque la protagonista de Alias Grace también es una criada, no estamos en un futuro distópico, si no ante una novela basada en hechos reales, una especie de biografía novelada de adaptación libre.

Resumen resumido: Canadá, 1850. Grace Marks está a punto de cumplir veinticuatro años y lleva recluida desde los dieciséis (primero en un psiquiátrico y luego en prisión) acusada de la muerte del dueño y del ama de llaves de la casa en la que servía. Grace se ha librado de la horca porque su versión contiene demasiadas lagunas. Simon Jordan, un joven e idealista psiquiatra, le hará una serie de entrevistas con el objetivo inicial de progresar en sus investigaciones sobre el subconsciente; cuando la conozca, también tratará de demostrar su inocencia.

El caso de Grace Marks fue todo un acontecimiento que sacudió la opinión pública del momento. La juventud y la cándida belleza de Grace, combinados con el horror del crimen que se le atribuía, la convirtieron en un personaje que despertaba un enorme interés cosechando hordas tanto de defensores como detractores. Margaret Atwood elabora a través de esta historia una denuncia velada del papel de la mujer en la sociedad y del amarillismo imperante. Para ello incluye cartas y artículos que se escribieron en aquel momento y que ilustran muy bien el ambiente creado alrededor del caso.

La trama se desarrolla a través de dos narradores: uno en primera persona con la voz de la propia Grace y otro en tercera persona focalizado en el doctor Jordan. A través de estas dos voces conoceremos los acontecimientos anteriores y posteriores al momento de las entrevistas: 
  • El pasado de la protagonista en su Irlanda natal y la terrible travesía oceánica con toda su familia para llegar a Canadá en busca de un futuro mejor; las andanzas de Grace en las diferentes casas en las que trabajará como criada, hasta llegar a la mansión del señor Kinnear y el ama de llaves Nancy Montgomery, víctimas del horrible crimen. 
  • Los acontecimientos posteriores a la aparición del doctor Jordan y la resolución del caso, transcurridos veintinueve años desde que se cometió el crimen.
Ambas voces narrativas resultan impecables, están impregnadas de una fina ironía y cumplen con el cometido de facilitar al lector toda la información posible. No obstante, también tensionan la posición del lector frente a la narración: la tercera persona que focaliza en Simon Jordan es una voz fiable que tiene la capacidad de desvelar la psique de los personajes. Pero la voz de Grace, aunque nos llega con autoridad y verosimilitud, tiene una serie de matices que nos hacen dudar continuamente de ella: autocontrol, frialdad y la omisión deliberada de algunas cuestiones importantes. En consecuencia, la fiabilidad de la voz del narrador en tercera persona consigue, por contraposición, el efecto buscado de que el lector no acabe de estar totalmente cómodo con la voz en primera persona de la protagonista que adquiere la condición de narrador no fiable.

Un rasgo característico de la novela y, en general, de la voz narrativa de Margaret Atwood es la ironía que impregna toda la narración, sutil pero punzante:
«Por regla general, Simon evita el tipo de fémina lánguida y mansamente turbada, a pesar de que los médicos suelen atraer a semejantes mujeres como imanes. Pese a ello, su patrona crea una atmósfera de severa y discreta elegancia —como la de una casa de reuniones cuáquera— que también tiene su encanto; un encanto que para él es de carácter puramente estético. No se hace el amor a un edificio religioso de orden menor.»
Otro rasgo característico en Alias Grace es el peso del subtexto que da lugar a una lectura rica y llena de matices por la que hay que dejarse llevar aunque no sea del todo comprensible en un primer momento. Tal como sucede con el primer párrafo de la novela: 
«En la grava crecen peonías. Brotan entre los sueltos guijarros grises, sus capullos otean el aire como si fueran ojos de caracoles, y después se hinchan y se abren hasta convertirse en unas flores grandes de color rojo oscuro, tan brillantes y relucientes como el raso. Finalmente estallan y caen al suelo»
La potencia sugestiva de las imágenes que emplea Atwood en estas primeras líneas resultan hipnóticas sin que sepamos muy bien por qué. La autora logra extender ese poder sugestivo a lo largo de toda la narración.

También es característico en esta novela el despliegue de simbología; una serie de elementos que aparecen reiteradamente a lo largo de toda la historia y que nos dan pistas sobre el modo en que Grace percibe el mundo. Uno de ellos son las flores —las peonías y las arañuelas, en particular— que simbolizan a las mujeres y su papel en la sociedad. Y otro de esos elementos son los quilt (edredones tradicionales cosidos a base de la adición de motivos). El quilt en Alias Grace es una metáfora potentísima que nos está advirtiendo sobre el proceso de creación del «relato» de la protagonista. A lo largo de la narración de Grace Marks el lector se pregunta si la verdad existe realmente o es una construcción subjetiva, un artefacto compuesto por una serie de cuadros bien cosidos entre sí como los de un quilt

Alias Grace es una novela larga, al estilo decimonónico. Es de esas obras que merecen una lectura reposada, por más que los enigmas de la trama nos empujen a leer en diagonal. La historia, una vez finalizada, persiste durante un tiempo en la cabeza del lector como una pastilla efervescente, invitando a la reflexión. Recomiendo, una vez superado ese estadio, releer al menos el primer capítulo. 

Por mencionar alguna flaqueza, aunque la lectura resulte adictiva, tiene algún momento hacia el segundo tercio de la trama en el que decae un poco. También cabe mencionar un personaje secundario masculino que resulta algo inverosímil, casi metido con calzador. No es una cuestión menor puesto que dicho personaje resulta clave para la resolución del caso de Grace Marks. No obstante, es una sensación subjetiva y no nombro al personaje para no entorpecer la libre percepción de los que se animen a leer la novela. 

Así que muy (muy) recomendable porque, además de todo lo expuesto, no hay tantas voces narrativas de nuestro tiempo que logren resonar con esa autoridad y que desarrollen historias de tan excelente factura ni con esa capacidad para sacudir conciencias. 

En cuanto al título, Alias Grace es un acierto porque participa de la ambigüedad que rige toda la historia. En algún momento se menciona que Grace, en su huida tras conocer (¿o perpetrar?) el crimen del que se le acusa, se registra en una posada bajo el alias de Mary Whitney. Sin embargo, nos pasamos la novela poniendo no sólo en duda la inocencia de Grace si no su propia identidad.

Acabo mencionando la miniserie de seis capítulos producida por Netflix que ha tenido muy buena acogida y que tengo pendiente. Sí he comprobado que recoge con gran acierto esos elementos simbólicos que mencionaba antes, como los quilt.


Otras obras de Margaret Atwood en ULAD: La semilla de la bruja, Orys y Crake, Érase una vez, Por último, el corazón, El cuento de la criada, Un día es un día, El asesino ciego, Doña Oráculo, Nada se acaba.

ACTUALIZACIÓN: Una vez visualizada la serie, aquí dejo mis conclusiones como obra audiovisual independiente y también en relación a la novela.

martes, 22 de enero de 2019

Neil Gaiman: Coraline


Idioma original: Inglés
Título original: Coraline
Año de publicación: 2002
Traducción: Raquel Vázquez Ramil
Valoración: Recomendable (muy para jóvenes)

La literatura juvenil contemporánea apesta. Al menos, los máximos exponentes de la misma. Ya sabéis, me refiero a esas historias fan-fiction que se vuelven fenómenos editoriales de la noche a la mañana, a absurdas trilogías distópicas, a libros escritos por influencers que no han leído en su vida, a vacuos panfletos sobre el valor de la amistad... Mirad si están mal las cosas que una saga tan mediocre como Harry Potter ha sido elevada a la categoría de obra maestra. ¡Ja!

Afortunadamente, todavía se pueden encontrar joyitas en semejante panorama. Coraline vendría a ser una de ellas. Y aunque esta novela de fantasía oscura es tan maravillosa que la pueden disfrutar jóvenes y adultos por igual, cedámosla a los primeros. Al fin y al cabo, es de los pocos productos de literatura juvenil reciente que he leído que no subestima a los lectores que pertenecen a esa demografía. Además, les da algunas lecciones de lo más enriquecedoras, como que el mundo perfecto no existe, o que hay que ser valiente por asustado que estés. Ya lo digo: calidad.

La protagonista del libro es Coraline, una niña de doce años que, tras mudarse a una nueva casa, descubre un pasillo secreto que conduce a una realidad similar a la suya, aunque mucho más divertida. Allí tiene todos los juguetes que quiere y puede hacer lo que le plazca. Además, los adultos le hacen caso, y nadie se equivoca al pronunciar su nombre. No tardará en darse cuenta, pero, de que los habitantes de ese extraño microcosmos, su otra madre, su otro padre, sus otros vecinos (todos ellos con relucientes botones en lugar de ojos), quieren tentarla, al principio, a que se quede con ellos para siempre, y retenerla a la fuerza después.

¿Qué decir de la factura de esta novela? Es impecable. Gaiman narra con sobriedad y elegancia una historia sencilla pero no exenta de algún que otro simbolismo ocasional. Los elementos fantásticos y terroríficos están bien balanceados con el tono y el mensaje realista del libro. Y su protagonista es inspiracional, nada que ver con tu Mary Sue promedio, tan en boga a día de hoy: tiene defectos a los que debe sobreponerse, y no le será fácil conseguirlo.

También existe una película animada sobre Coraline, debut del prometedor estudio Laika. Se toma ciertas licencias con respecto al material original, pero captura su esencia de forma indiscutible. Otra adaptación, para mi gusto mucho menos lograda, es el cómic surgido de la colaboración entre Gaiman y P. Craig Russell.


Otros títulos de Neil Gaiman reseñados en ULAD: Aquí 

lunes, 21 de enero de 2019

Pol Beckmann: Novel·la

Idioma original: catalán
Título original: Novel·la
Año de publicación: 2018
Valoración: bastante recomendable

En la permanente y constante búsqueda de nuevos talentos, parece que el año pasado fue fructífero y complaciente con este humilde reseñista. A las ya mencionadas Eva Baltasar y Marta Orriols, una nueva y joven voz se añadió a esos autores que dan el salto al género de la narrativa: hablamos de Pol Beckmann quien, después de haber publicado una cincuentena de cuentos participando en premios literarios, se atrevió a publicar su primer libro de narrativa. E hizo bien, a tenor del resultado obtenido y las críticas cosechadas.

La novela que nos ocupa es de corta extensión y donde mi prudencia ya habitual en no adelantar lo que ocurre se extrema en este caso, pues cuanto menos se sepa del argumento, más sorpresa causará al lector. Y este es uno de los puntos fuertes del libro. Así que no seré yo quien lo estropee.

En esta novela, con un claro componente de meta literatura o meta ficción, lo primero que sorprende, ya en sus primeras páginas, es el estilo desenfadado, pero a la vez perfectamente narrado, que destila el libro. Hablaría de un estilo fresco pero esta palabra a menudo tiene connotaciones negativas por lo que hablaré mejor de desparpajo, pues no negaré que se hace evidente y palpable la juventud del autor, quien no rehúye ni esconde su edad. Y, en aras de ese atrevimiento y meta ficción, el autor escoge su propio nombre (prácticamente) y se lo otorga al protagonista de la obra, quien ejerce de protagonista absoluto, narrador, y quien, a la vez, también es escritor (e incluso parece que hasta pueda tener su misma edad). Y es la capacidad narrativa enérgica propia de esa edad la que alimenta el ritmo de la novela como si de una juventud algo alocada se tratara. Así, afloran en ella las dudas propias de la edad, un punto de inconsciencia o irresponsabilidad, pero a la vez un punto de euforia y desenfreno, atrevimiento y vitalidad; la exposición sin filtros al errático camino vital de un escritor perdido en su propia vida y en ausencia de una inspiración que le permita plasmar sobre papel lo que en su cabeza tiene forma de éxito.

En la narración, las escenas se entremezclan en la cabeza de Bekman, estableciendo un juego de muñecas rusas donde el personaje entra en una espiral de vidas ficticias o reales, personajes dentro de personajes, ideas imaginadas mezcladas con las reales o al revés, en una obra literaria donde lo onírico, lo imaginario, lo creativo, lo ficticio y lo real se entremezclan en un solo personaje. No sabemos qué es lo que hay de realidad o de verdad en ello, ni cuanto, pero la prosa y el estilo del autor nos envuelve en una lectura trepidante que vas más allá de lo que la propia historia cuenta, y nos lleva a explorar caminos donde personaje y autor, realidad y sueños, se entremezclan conformando una muy original novela que posiciona al autor como uno de los talentos a seguir muy de cerca.

De esta manera, obra y escritor, narrador y narración, sueños y realidades se entremezclan conformando una amalgama de ideas que envuelven, ocupan, habitan y crecen en la cabeza del autor y, por extensión, en la de un lector que asiste con interés al desarrollo de una historia caóticamente enrevesada. Estamos hablando de libros dentro de libros, de personajes dentro de personajes, en un ejercicio literario que va más allá de una simple historia, pues pretende estructurar, de manera coherente, la explosión de ideas que emana de la cabeza de un autor atrevido y valiente, osado y directo, espontáneo y brillante. Porque nada es lo que parece, o sí lo es, pues la vida la conforma no solo aquello que vivimos, sino también aquello que experimentamos, aunque sea únicamente en nuestra cabeza, o en la de los personajes que a su vez creamos.

De esta manera y partiendo de un triángulo amoroso, Beckmann ha escrito una novela fractal en la que plantea un juego meta ficcional en un ejercicio intelectual atrevido, pero a la vez acertado, donde realidad y ficción (y ficción dentro de la ficción) plantean un juego literario y analítico sobre la condición humana, sobre la realidad que vivimos y creamos, sobre las ilusiones y los sueños, sobre los distintos mundos en los que vivimos de manera simultánea y en el que intentamos encajar el mundo de los demás en el nuestro.

Prometedor debut el de Pol Beckman, en una novela que se disfruta por el exceso: el exceso en la historia, que uno adivina atrevida y forzada, pero que la narración valiente y desmesuradamente locuaz la convierte en un divertimento interesante. Porque es bastante irrelevante si la historia es algo inverosímil, pues dudo que un autor que pone su nombre y profesión al personaje protagonista, y encima narre en primera persona, tenga algún inconveniente en que así sea calificada. El planteamiento y juego literario en el que el autor invita al lector a participar, entrar y aventurarse, sustenta sobradamente una obra en la que la ficción muestra su mayor propósito: un ejercicio de imaginación sin límites ni cortapisas. El autor se muestra valiente y compensa su juventud con una gran calidad literaria; su osadía es su virtud, su atrevimiento es un valor y la narración cumple ampliamente con el cometido. Espero que la novela sea traducida al castellano porque se trata del debut de un talento a tener muy en cuenta, y del que deseo que su evolución esté a la altura de este prometedor debut.

domingo, 20 de enero de 2019

Manuel Mujica Lainez: Un novelista en el Museo del Prado

Idioma original: Español
Año de publicación: 1984
Valoración: Recomendable

Este es el último libro escrito por Manuel Mujica Lainez y, aunque quizá esto sea un comentario ventajista, se nota. Lo digo en el sentido de que parece faltar la ambición de las grandes obras de su juventud y madurez y, en cambio, se percibe la impresión de que se trata más de un entretenimiento, divertimento o juego. Aunque, pensándolo fríamente, quizá sea esto otro comentario ventajista, sobre todo conociendo la afición del argentino por la Historia y las Artes.

En fin. El caso es que "Un novelista en el Museo del Prado" es una colección de doce relatos inspirados en personajes y/o obras exhibidas en la pinacoteca madrileña. Personajes de Goya, Tiziano, Velázquez, El Bosco, El Greco, Durero, Watteau, Patinir, etc, cual fantasmales presencia, cobrarán vida y protagonizarán una serie de escenas de tono levemente irónico y humorístico.

Así, personajes como los pecadores de "El carro de heno", los dioses del Olimpo, el Adán y Eva de Durero (los de la portada adjunta), reyes, princesas, enanos, contrahechos, borrachos (valga la redundancia), grandes de España, etc atravesarán galerías, salas y pasillos y vivirán historias entre lo profundo y lo grotesco, pero casi siempre con un carácter alegórico.

Porque, más allá de las habituales profusas y barrocas descripciones de Mujica, con las que en ocasiones parece no querer demostrar más que su erudición, los relatos tienen un sentido "oculto". En el fondo, estos tratan sobre temas como la sempiterna lucha entre el bien y el mal ("Los dos carros"), la identidad ("El llanto y los remedios"), el amor homosexual ("La Corona", con un bello final, por cierto), la hipocresía (el divertido "Amores", con los Caballeros de El Greco rompiendo con sus estrictas normas autoimpuestas), la belleza natural (en el también divertido "Elegancia") o la muerte (en el hermosísimo relato final "El Emperador).

En resumen, pese a ser, como ya he dicho, un libro mucho menos ambicioso que las grandes obras de Mujica, "Un novelista en el Museo del Prado" es un más que digno colofón a la obra de unos de los mejores "contadores de historias" de la literatura argentina de los últimos tiempos. En los relatos que lo componen, plagados de imaginación e ironía, volvemos a encontrar sus ya conocidas señas de identidad (lenguaje rico y extremadamente cuidado, detalladas descripciones, amor por la belleza y las artes, fino humor e ironía, etc) y esto será más que suficiente para que quienes hemos disfrutado de obras como Bomarzo, El Laberinto, etc, lo encontremos perfectamente recomendable.

Unos cuantos libros de Mujica Lainez en ULAD AQUÍ

P.S.: Amigo Gabriel: en breve habrá escritores argentinos menos aristocráticos por aquí. Prometido queda!

sábado, 19 de enero de 2019

Reseña a cuatro manos. Michel Houellebecq: Serotonina


Idioma original: francés
Año de publicación: 2019
Título original: Serotonine
Traducción: Jaime Zulaika
Valoración para K: Recomendable alto
Valoración para F: Tesla Motors

Menudo carácter de mierda que tengo. Prometí y juré no reseñar demasiado repetitivamente a ciertos autores y, seré más concreto, llegué a decir que no me encargaría de ninguna eventual nueva novela de Houellebecq (entonces ni intuía que Serotonina aparecería tan de repente) pues, para empezar, he de reconocer que me temo no poder eludir mi subjetividad. Admiro a este hombre, queridos. Su valentía, su irreverencia, su excelente mal envejecer en lo físico y en lo mental. Me acompaña en mi madurez y me sirve de contrapunto para ciertas máximas: que la sociedad actual esté como está no tiene que entristecernos sino cabrearnos. Mucho.
Entonces me perdonaréis que haya tardado tan poco (unos segundos) en aceptar la propuesta de mi compañero Koldo, al que cedo la palabra.

Yo no llego a tanto, Francesc. No llego al punto de admirar a este hombre, pero sí que me parece uno de los mejores “cronistas de nuestra época”, aunque esta crónica se circunscriba casi exclusivamente a un “varón blanco heterosexual y europeo (occidental, en general) de mediana edad”.

¡Pero centrémonos en “Serotonina”! Con este libro, el bueno de Michel demuestra que está en forma. No creo que sea el mejor libro de Michel (yo me quedo con “El mapa y el territorio”), pero es una buena novela. Las dos primeras páginas de la misma nos dan idea de lo que en ella encontraremos ya que habla de “necesidad extrema”, de “momento más doloroso”, o de “si mi vida termina en la tristeza y el sufrimiento…”. Porque para mi “Serotonina”, al contrario de lo que puede leerse en muchas críticas profesionales, es una novela casi apocalíptica, tanto a nivel personal como colectivo. Es cierto que hay momentos en los que vemos a un Houellebecq “tierno” o “romántico”, como cuando alrededor de la página 80 rememora su historia con Kate, por ejemplo. Pero a mi lo que me transmite en todo momento “Serotonina” es una terrible sensación de desencanto y de derrota por aplastamiento (ojo que es tal esa sensación que no me extrañaría que esta fuese la última novela de Houellebecq) y me despierta importantes dosis de empatía con su protagonista.

La derrota ya digo que es tanto a nivel personal, con todas sus historias amorosas y profesionales condenadas por H o por B al fracaso, como a nivel colectivo, con mención de honor al amigo Aymeric. Además, la derrota es inevitable y no importa la actitud que se tome ante los hechos, ya que esta solo tiene un efecto redentor a nivel individual.

Por otra parte, “Serotonina” vuelve a confirmar esa capacidad de Houellebecq para analizar al individuo (y la sociedad) de nuestro tiempo y de ponernos frente a frente con nuestras miserias. Y es que Florent es el prototipo de personaje houellebecquiano: un contemplativo, un hombre “sin atributos”, amargado, ácido, irónico, aunque con un punto de esperanzas siempre truncadas. ¿Un retrato del hombre actual? Diría que sí, aunque me joda.

Un último apunte, también al hilo de las críticas profesionales. Estas se centran, no sé si por poner titulares impactantes o qué, en los aspectos “polémicos” y “visionarios” de Houellebecq. En cuanto a aquellos quizá habría que recordar una frase que dice el protagonista de “Serotonina” en la página 17: “Simplifico, pero hay que hacerlo porque si no, no llegamos a nada”. Son, en cualquier caso, algo accesorio producto del derrumbe. En cuanto a los aspectos visionarios, como el tema de las protestas de los agricultores franceses, quizá habría que vincularlos con una profunda capacidad de observación.

De todas formas, recomendaría olvidarse de titulares altisonantes y centrarse en lo que hay de verdad en “Serotonina”, libro altamente recomendable en cualquier caso. aunque algo inferior a otras obras del bueno de Michel. Uno echa en falta algo más de mala hostia, algo más de acidez. Quizá Michel se nos haya enamorado de verdad! Y, ahora, turno de Francesc!

Voy. Pues bien, Michel: la has hecho de nuevo. Una expectación tremebunda, una práctica unanimidad en reconocer tus cualidades como incómodo testigo de la decadencia de la sociedad occidental/liberal/capitalista/europea e incluso en predecir sus convulsiones sean relacionadas con los flujos migratorios, con las políticas agrícolas, con las protestas sociales, con las perversiones, con los actos impuros, con lo que sea. Pase lo que pase, Houellebecq lo ha atisbado, lo ha insinuado, lo ha previsto, lo ha avisado.

A pesar de eso, Houellebecq repite muchas veces la palabra "feliz" en Serotonina. Es una de las que más aparece o más se recuerda del texto.
Está bien; algunas de las otras son "polla", "coño" y "mamada".
También apela, y esa mención se recuerda particularmente en el cierre de la novela. a Dios y a Cristo, circunstancia que no recuerdo en palabras del narrador en ninguna de sus novelas. 

Fuera de estos pequeños detalles, que he capturado muy a vuelapluma (el francés sigue escribiendo de una manera que permite una lectura veloz sin una sensible pérdida de "sustancia"), he de reconocer que Serotonina es demasiado como uno esperaría de las novelas de su autor. En personajes, situaciones, reflexiones, Houellebecq sabe perfectamente qué captura a su seguidor incondicional (admito encajar en esa descripción) y aquí ha administrado esos recursos y esos golpes. O sea, que aquí hay sexo a punta-pala (más extremo, más procaz, más polémico) y toda clase de elucubraciones filo-capitalistas sobre muy diversos temas, desde especies acuáticas hasta rifles automáticos, surtidos en grandes supermercados, tipos de hummus, discos de rock o altavoces de artesanía, y mientras Florent-Claude, protagonista arquetípico en renuncia profesional, sumido en una reflexión sobre su existencia, conduce y va y viene en un algo confuso juego de situaciones con parejas, ex-parejas, etc.

Joder: se me tenía que escapar "etc".

Y esto, escribir "etc" a cuenta de esta novela, acaba siendo una pega, aunque también podría decirse que es una ventaja. Los cientos de miles de compradores de este libro puede que disfruten (ojo, comprar el libro no significa leerlo), pero creo que esta novela es algo precipitada. Cosa que no acabo de entender, cuando Houellebecq es un escritor en plena madurez creativa, que puede permitirse publicar cuando quiera, mejor dicho, que tiene el privilegio de elegir el momento adecuado para entregar sus obras. Serotonina, podéis intuir, no será recordada como su mejor novela, pero para la masa lectora no hay punto intermedio ante un autor así. Algo parecido le pasó a Franzen con PurezaAutores con cierta repercusión: estáis condenados al fiasco o a la genialidad.

Y a Serotonina, hay que admitirlo, se le aprecian defectos. Es una sucesión de escenas con demasiado regusto a conocido o reconocible. Le han llamado "Grandes éxitos" y yo le llamaría "Menú Degustación", aunque, hace poco, sostuve que, a mi entender, no le sobraban, sino que le faltaban páginas, como unas doscientas, para rellenar todos los resquicios, brechas y elipsis no siempre claras que la hacen intermitente y entrecortada, la menos fluida en lo argumental de las novelas de Houellebecq. Cierta reseña que no pude evitar leer tildaba a Houellebecq de perezoso (mandrós) y alguna frase procrastinadora de la novela ("ya hablaré de esto más adelante") parece corroborarlo.
Le faltan partes que justifiquen a otras, afecta a su ritmo narrativo, pues se abusa del salto adelante y atrás y, al final, las historias de las parejas de Florent-Claude parecen demasiado intercambiables, siempre con el 4x4 arriba y abajo, siempre con la apelación a las prestaciones sexuales y siempre con la pesadumbre intrínseca a haber dejado que esa felicidad a que hago mención se haya escapado entre los dedos y ahora se la intente generar ingiriendo una pastillita. Por supuesto, la novela dispone de no pocos momentos brillantes y de su habitual carga de profundidad, claro: tiro en la nuca al sueño de la Europa unida, estirón de orejas a París como ciudad cruel y envejecida llena de gente que vive sola, patada en los higadillos a las ínfulas industriales del estado español, diatriba al oficio médico como alargador artificial de existencias que se han vaciado de contenido.

Ahora ya, cada uno, que la lea y opine. Parece ser que no habrá otro remedio.

Un montón de reseñas de (o sobre) Houellebecq AQUÍ