miércoles, 2 de enero de 2019

Agota Kristof: La hora gris o el último cliente. John y Joe

Idioma original: francés
Título original: L'Heure grise ou le dernier client. John et Joe
Traducción: Sergi Pàmies (edición en catalán)
Año de publicación: 1984 y 1972 (respectivamente)
Valoración: bastante recomendable

De vez en cuando, uno se da cuenta de que existen ciertas rarezas en la literatura que, por motivos que uno no alcanza a entender, no han tenido la repercusión que se merecen. Y es algo extraño cuando eso ocurre en la obra de Agota Kristof, para mí una de las voces más potentes de la literatura de finales del siglo XX y principios del XXI, y concretamente en este libro, muy desconocido en nuestra tierras (incluso diría que no está ni traducido al castellano). El libro que nos ocupa, de reducidísimo tamaño, contiene dos obras teatrales de la autora de «El gran cuaderno» (o de la trilogía «Claus y Lucas», entre otras grandes obras). Y aunque probablemente la obra teatral de la autora húngara sea poco conocida, es más que interesante y pido ya desde aquí que alguna editorial valiente se lance a editarla, pues creo que está descatalogada. Hecha la petición, vamos a la reseña de ambas obras.

La hora gris o el último cliente
En esta pequeña novela de teatro, la escritora abunda en sus relatos sobre el alma humana, sus pasiones, sus dudas, sus remordimientos. Fiel a su estilo duro y directo, en esta obra la autora nos traslada a una pequeña habitación donde una prostituta y su cliente tienen un encuentro, y sitúa la acción en el diálogo que se establece entre ambos. Así, el relato gira en torno al sentimiento de soledad, a la necesidad de afecto, pero especialmente de sentirse deseado y casi necesario, tratando de eludir la soledad, aunque sea a costa de comprar los servicios de una mujer que lo mantiene en vilo, atrapado en su dicotomía de casi odio a sí mismo por ser esclavo de esa necesidad que le lleva a volver al mismo lugar, aun sabiendo que es ficticio, irreal, forzado, falso. Y en el autoengaño de uno, ella aprovecha para dominarlo a su antojo, mientras sueña con una vida que ya no existe ni existirá, y maldice un pasado del que aún es esclava. Hay mucha soledad en este relato, a pesar de que los sueños les permitan escapar, aunque sea temporalmente, de la tragedia de sus vidas; en este ambiente desolado y triste la autora se desenvuelve a la perfección, pues domina perfectamente estos aspectos de la condición humana.

John y Joe
En esta segunda pieza teatral, un encuentro entre dos amigos conforma la base de esta pequeña obra que trata, en apariencia, sobre una situación casi cómica, pero va mucho más allá si la analizamos en profundidad. Este relato se sostiene mediante un diálogo aparentemente absurdo (un diálogo de besugos, podríamos decir), aunque en realidad, la autora se sirve de tres escenas entre los dos protagonistas para tratar sobre la justicia, la amistad y la apariencia, pero también sobre el ansia de sentirse rico. Así, hablan sobre qué hace que los ricos sean ricos, qué les lleva a ello y, en la disquisición, los protagonistas quieren sentirse como tales. De esta manera, la competitividad y el absurdo abundan en el relato, pues viene a ser un diálogo sin ningún sentido hasta que ocurre algo. A partir de ahí, la obra trata sobre la relación entre ambos amigos, y en qué se basa en el fondo una relación amistosa, pues, por una situación no buscada, ponen a prueba su relación debido a la voluntad y deseo de aparentar ser personas más potentadas. La fábula, a través de una aparente absurdidad dialéctica, trata sobre la riqueza que radica en la propia relación, y en la insignificancia de la vida cuando únicamente se posee dinero. La pobreza de los ricos, o la riqueza de los pobres, que, en este último caso, a falta de recursos para disfrutar de otros placeres, buscan a alguien con quien compartir el tiempo, encontrando en ello lo que posiblemente sea una de las mayores riquezas.

Comparativamente, el primer relato es muy superior al segundo, en riqueza narrativa, en descripción, recreación, escenificación y ritmo, aunque cabe decir que el segundo tiene la particularidad de ser el primer texto publicado por la autora, y resulta sorprendente, pues, realmente, es de un estilo totalmente diferente al resto de su obra publicada. Ahí radica el principal interés en este relato, pues, a pesar de no tener la calidad a la que estamos acostumbrados en Kristof, sí se ve en él cierta maldad y un primer análisis sobre la condición humana que, a la larga, sería el objeto central del resto de su obra, siempre oscura, pesimista, triste y melancólica, pero de un inmenso interés literario.

También de Agota Kristof en ULAD: La analfabeta, Ayer, Claus y Lucas, El gran cuaderno

2 comentarios:

Encanto dijo...

Hola, en 2018 descubrí a Agota Kristof, y tras una buena busqueda conseguí leer unos cuantos. Este que reseñas se quedo sin leer, lo voy a buscar...
Muchas gracias
http://leidovividovisto.blogspot.com/

Marc Peig dijo...

Hola, Encanto. Es una gran autora, yo la descubrí hace algunos años y he leído todo lo que he encontrado de ella en catalán o castellano, reseñando la mayoría de los que están en ulad. Me queda «No importa», pero está descatalogado. Lo buscaré en alguna biblioteca.
Saludos, y gracias por comentar la entrada.
Marc