jueves, 31 de mayo de 2018

Almeida Garrett: Viajes por mi tierra

Idioma original: portugués
Título original: Viagens na minha terra
Traducción: Martín López-Vega
Año de publicación: 1846
Valoración: interesante

Me pregunto si alguno de los aquí (virtualmente) presentes conoce a Almeida Garret, un autor fundamental para entender la literatura, la cultura e incluso la política portuguesa del siglo XIX, pero que ha tenido bastante poca fortuna fuera de sus fronteras. Me pregunto incluso si mucha gente que ha estado en Lisboa, y que ha escalado la rua Garrett para llegar a la Brasileira y sacarse la foto con Pessoa, sabrá quién es ese Garrett que da nombre a la calle; o si quienes admiran el Teatro Dona Maria II en la plaza de Rossio sabrán que ese teatro no existiría si no fuera por Almeida Garrett, el gran promotor del rejuvenecimiento del teatro portugués...

Bueno, pues Almeida Garrett (o con su nombre completo, João Baptista da Silva Leitão de Almeida Garrett) fue un hombre del Renacimiento en pleno Romanticismo: revolucionario, escritor, político, diplomático, gestor cultural, periodista o dandy (aunque algo dado a enamorarse de adolescentes), Almeida Garrett jugó un papel esencial a la hora de promover una recuperación del teatro portugués (no solo con la teoría sin con la práctica, fundando y regulando los teatros, recuperando autores clásicos y escribiendo sus propias obras). Fue, además, poeta, autor de ensayos fundamentales como Portugal en la balanza de Europa y también de novelas como El arco de Santa Ana.

Y de estos Viajes por mi tierra que fueron un día lectura obligatoria en las escuelas, aunque ya no lo son (y quizás con buen motivo).

Los Viajes de Almeida Garrett tienen tres modelos citados en el propio texto: Xavier de Mestre y sus Viaje alrededor de mi cuarto; el Quijote y el Tristram Shandy. Con esos moldes, está claro lo que tenía que salir: más una sátira o una parodia que una historia de viajes propiamente dicha. El propio objeto de la obra (un modestísimo viaje desde Lisboa hasta el Ribatejo) ya contrasta con las grandes narraciones de viajes al Oriente, a África o a la Amazonia, por dar solo tres ejemplos clásicos. Y también la forma de contar la historia, en la que en realidad el viaje importa más bien poco, contrasta con el supuesto género de la narrativa de viajes en el que se inscribe.

Porque Almeida Garrett, siguiendo de cerca a Xavier de Mestre (a quien cita desde el epígrafe) viaja más a través de la imaginación, la digresión o el recuerdo, que propiamente con los pies. Así, el texto se convierte en un laberinto o una selva, en la que caben reflexiones sobre Camões, sobre la situación política de Portugal, sobre la política agraria del Marqués de Pombal o sobre el Quijote de Cervantes, y una multitud de guiños y reconvenciones a un lector al que se quiere al mismo tiempo atento y desconfiado, divertido y confuso por las vueltas, retrocesos y paradas que da el texto.

De hecho, quizás siguiendo esta vez a Cervantes, casi toda la segunda mitad de la obra está ocupada por una "novela intercalada": la historia de amor entre Joaninha ("la chica de los ruiseñores") y su primo Carlos, que a su vez le sirve a Almeida Garrett para contraponer el personaje de Frey Dinis (un fraile viejo y conservador) con Carlos (un joven liberal que acabará convertido en barón, o sea, en una nueva forma de fraile). Esta historia de amores, desamores e identidades ocultas tiene su punto entrañable, aunque también su punto desfasado; aunque Almeida Garrett desbarraba contra el romanticismo exaltado, lo cierto es que su sensibilidad era en sí misma romántica.

¿Por qué decía que a lo mejor ha sido bueno sacar Viajes por mi tierra del currículo de lecturas obligatorias en las escuelas? ¿Y por qué le doy un "interesante" y no un "recomendable"? Pues porque este es uno de esos libros que, con el paso de los años, se ha convertido más en un monumento que en una obra de disfrute; cabe leerlo, admirarlo, analizarlo, reírse con ciertas ocurrencias del autor, saltar unas cuantas páginas... pero no ofrece el tipo de placer que puede atrapar a lectores adolescentes, sobre todo porque para entender muchos de sus guiños se exige una cultura literaria bastante amplia. Aunque tenga su gracia y una indudable inteligencia en su estructura, su lectura a ratos se hace lenta y ardua.

En cualquier caso, Garrett merece su reconocimiento y su lugar en la memoria literaria de Portugal, y quizás algo más. No hay muchos individuos que hayan conseguido, ellos (casi) solos, levantar un teatro nacional de sus escombros. Espero que algunos de nuestros lectores, cuando suban por la rua Garrett en dirección a la Brasileira para sacarse una foto con Pessoa, se acuerden de esto, y recen una oración (laica, literaria) por el alma del bueno de Almeida Garrett.


miércoles, 30 de mayo de 2018

Sergei Dovlátov: Los nuestros

Idioma original: ruso
Título original: Nashi 
Año de publicación: 1983
Traducción: Miquel Cabal Guarro (al catalán)
Valoración: recomendable

Hay una frase de Albert Sánchez Piñol  en la contracubierta de este libro (en la edición que yo he leído), que me parece perfecta para definir la obra de Dovlátov: "Leyéndole, uno no sabe si reir o llorar, o llorar de la risa". Pues exactamente, así es. Más aún en este título, que trata sobre la familia del propio escritor; conociéndole, era de esperar que los retratos que hace de su parentela oscilen entre la ironía y la ternura, entre el humor y la nostalgia. También es cierto que tal vez estos retratos no sean sólo de sus parientes, sino que ellos hay mucho del propio autor del libro, dado lo que somos es, en buena medida, un reflejo de nuestra propia familia, de sus virtudes y carencias...

La lista de familiares comienza con sus inefables abuelos, hijo de un campesino judío de Siberia el paterno, armenio de Georgia el materno; es decir, pertenecientes a dos minorías nacionales de lo que sería la Unión Soviética, circunstancia que, sospecho, determina bastante de la visión del mundo escéptica aunque no del todo resignada  que tiene este autor. Pasamos por un repaso a su tíos y tías: el tío Roman y su mastín Golda, el tío Leopold, emigrado a Bélgica, la tía Mara, secretaria de redacción y amiga de escritores más o menos célebres -y más o menos ignominiosos-, su marido Aron, comunista fiel o disidente según creyese estar o no muriéndose (se nota un especial cariño de Dovlátov por este tío putativo, de quien parece comprender bastante bien su postura, pese a no compartirla). Trata también a sus progenitores, claro, tal vez con más detenimiento  y cariño a su madre, con la que convivió más tiempo, pues se quedó con ella cuando sus padres se divorciaron y le acompañó más adelante en su emigración -quizás mejor decir exilio- en Nueva York. Por último, dedica sendos capítulos a su mujer -o ex-mujer y luego otra vez mujer... bueno, en todo caso,  alguien con quien mantenía una relación tan ambivalente como la peculiar historia de amor (!) que los unió- y a sus hijos, Katia y Nicholas.

Mención aparte merecen otros dos personajes aún más particulares, si cabe: su inenarrable primo Boris -Bob-, un tipo que parecía destinado al triunfo... y de hecho, lo estaba, pero sólo bajo circunstancias extremas; y su extraordinaria, por lo visto, perra Glaxia, "la persona más normal de la familia" y de la que sólo se separó durante unos meses en los que se la prestó a un amigo que vivía en plena naturaleza; la expedición de Dovlátov para recuperarla entra de nuevo en ese zona del absurdo humorístico, un tanto fatalista, hacia la que suele derivar al prosa de este escritor. Y lo bien que se mueve ahí y lo que se deleita uno con ello...

Porque ésa es otra: ¿cómo es posible que un servidor, que abomino de la llamada "autoficción" y de la "literatura del Yo" como no os podéis imaginar (auqneu no hago más que encontrarme obras que se pueden adscribir a uno de estos "géneros"... y a veces hasta las leo), venero sin embargo a este escritor ruso que en sus libros no hacía otra cosa que hablar de sí mismo, de su vida y circunstancias, de su familia, como en este caso...)? Y que incluso cuando lo que escribe se puede considerar de forma más neta como ficción, se pone a sí mismo de personaje-narrador -caso de La extranjera -... Después de reflexionar sobre ello (bueno, en realidad ya reflexioné en mi última reseña de este autor; lo de ahora va a ser un descarado copy paste), ahora que ya se me acaba la reserva de dovlátovs que disfrutar, mi respuesta es que, a diferencia de tantos juntaletras, sobre todo contemporáneos que se dedican a esta literatura del Yo (y lo de juntaletras no va en relación con la donosura de su estilo: hay gente que escribe muy bien pero que no tiene nada que contar), la vida y circunstancias de Sergei Donátovich Dovlátov sí que resulta de lo más interesante, apasionante de leer, incluso. Y sobre todo, por su tono inimitable, ese tono irónico pero nunca cruel, inexorable pero comprensivo, siempre humano, al tiempo que celoso de su individualidad. 

Ya lo dijo, al parecer, su amigo Joseph Brodsky: "Lo más decisivo es su tono, que cualquier individuo de una sociedad democrática puede reconocer: el individuo que no se permite encuadrarse como víctima, quien no está obsesionado con lo que le hace diferente"... Aunque estoy aún más de acuerdo con las siguientes palabras del mismo Brodsky: "Es el único autor ruso cuyas obras serán leídas hasta el final". Que así sea.

Otros título de Serguei Dovlátov reseñados en Un Libro Al Día: La maleta, El compromiso, La zona,
Retiro, La extranjera

Nota final: no me he podido resistir a poner también esta cubierta de otra edición del libro. Puro kitsch sovietizante, pero que mola :


martes, 29 de mayo de 2018

Fernanda Melchor: Temporada de huracanes


Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: bastante recomendable

Fuerte apuesta de Fernanda Melchor, esta novela. Arriesgada y audaz como pocas cosas que he leído últimamente, y en algunos momentos me he acordado de otras promesas como la ecuatoriana Mónica Ojeda, sobre todo por la curiosa encarnación en los dos libros del deseo sexual masculino desde la perspectiva femenina, que no deja de ser un recurso absolutamente legítimo, y no se me malinterprete, pero que es una figura como mínimo chocante, ya que en ambos casos esta apuesta es visceral y acaba funcionando.
Dicho lo cual, reflexionando un poco sobre el contenido de esta reseña, he estado a punto de acotar un poco la cuestión del idioma. Temporada de huracanes es una novela orgullosamente mexicana y eso en el uso del idioma es palpable a cada frase. Lo cual me parece absolutamente fantástico aunque uno pueda desorientarse en algún momento. Ese narrador de ritmo imparable (los capítulos son extensos párrafos parcos en puntuación donde los diálogos en off tienen una poderosa fuerza narrativa) no escatima en expresiones propias del español hablado en México, a las que el lector mínimamente interesado ha de adaptarse con rapidez, y que a mí me han fascinado. Qué florido y qué rico en expresiones que, sin necesidad de usar diccionario o referencias externas, son comprensibles y a la vez fascinantemente misteriosas. Una cuestión que no es superficial. El lenguaje forma parte de esta historia como lo hacen sus personajes, y no le vería el sentido a adaptarse a un standard que despojaría a la novela de parte de su encanto.
La novela: el cuerpo de La Bruja es encontrado flotando en el río cerca de La Matosa. Una mujer misteriosa desde su propio apelativo y una rápida sospecha del entorno de jóvenes que tenían diferentes relaciones con ella. El libro se despliega a partir de las relaciones entre esos jóvenes y la maraña oscura propia de las pequeñas poblaciones. La Bruja les fascinaba tanto como les repugnaba y sus relaciones van aflorando en ambientes cada vez más sórdidos e incómodos. No es tanto la resolución de un misterio sino comprobar toda la podredumbre que se esconde ahí.
Perdonad que sea tan parco en esto de la sinopsis. La novela merece la pena aunque no sea para cualquier paladar. Fernanda Melchor no se ha cortado lo más mínimo para transmitir ese ambiente insano donde la mugre prolifera. Los abusos, la impunidad criminal, las vidas paralelas, las relaciones al límite de lo legal y pasando todas las líneas rojas de lo meramente ético. Oscuro es decir poco: las influencias son visibles en los ámbitos más cercanos: Rulfo o García Márquez, pero es indudable que ese universo enrarecido también bebe de clásicos como Faulkner, Caldwell o McCullers, con personajes de dobles o triples vidas y con relaciones incómodas. Quizás la cruda parte final del libro haga demasiado hincapié en todos los encuentros sexuales, a veces con una cierta tendencia a la reiteración o al detallismo no siempre justificado. Pero se trata de un puro recurso estilístico, quiero pensar. No me ofenden a mi, desde luego, esas decenas de páginas de descripciones de actos sexuales, pero comprendo, hay que advertirlo, que haya lectores que puedan sacar de contexto una novela más cerca del terror fantástico que del hardcore y que puedan pensar que algunas de esas páginas están ahí casi como modo de provocación.
En cualquier caso, una muy notable novela que hubiera sido diferente si se hubiera escrito pensando en reacciones remilgadas. Y para mí, es bueno que haya sido tal como es.

lunes, 28 de mayo de 2018

Natsume Sōseki: El minero

Idioma original: japonés
Título original: 鉱夫 (Kōfu)
Traducción: Yoko Ogihara y Fernando Cordobés
Año de publicación: 1908 (en castellano, 2016)
Valoración: Entre recomendable y está bien

Dicen los que saben que El minero, editada por primera vez en castellano en 2016, inicia la etapa de madurez de su autor, algunas de cuyas obras se encuentran reseñadas en los enlaces que aparecen al final. Como desconocedor absoluto de este buen señor, tendré que aceptar la aseveración. La impresión para el lector neófito que, como yo, ignora lo que hubo antes y después, resulta más bien poco definida. En una lectura digamos superficial, no parece realmente un texto propio de alguien con un recorrido amplio, sino más bien al contrario, quizá algo contado desde la perspectiva de una experiencia juvenil, real o ficcional, aderezada con elementos de crítica social más o menos cruda. Si por el contrario lo contemplamos desde el plano de la introspección personal, la narración revela más profundidad y un enfoque diferente. Así que se impone continuar la indagación.

Sostienen los entendidos que la novela tiene su origen en el relato de unos hechos que contó a Sōseki un joven desconocido, y el autor japonés la trascribió a su manera. Claro está que no podemos saber hasta qué punto Natsume fue fiel a la fuente o cuánto puso de su cosecha. La historia es bastante simple: un joven tokiota, de familia acomodada, tiene algún tipo de enredo amoroso con dos chicas y, tal vez por influencia de esos códigos de honor tan japoneses, decide poner tierra de por medio, abandona su casa y se lanza a vagar sin rumbo buscando quizá una vida nueva, respuestas a su zozobra, o cosas por el estilo. En su camino encuentra a un extraño ciudadano que le invita a trabajar en una mina con la promesa de unos buenos ingresos. Se inicia así una larga travesía por las montañas hacia la lejana explotación, un camino que tiene bastante de viaje iniciático como el de Christian Rosenkreuz, pero empapado de reflexiones sobre la propia identidad de su protagonista. La narración, en primera persona, reúne detalles del trayecto, al tiempo que el chico va rumiando sus contradicciones y, mostrando una notable madurez, deja ver que tiene mucho más claro de dónde quiere escapar que hacia dónde quiere ir.

Afirman ciertas voces que tras ese viaje –que ocupa más un tercio del libro-, cuando el joven llega por fin a la mina y descubre un entorno hostil, infrahumano, donde parecen haberse perdido por completo los valores y los trabajadores han quedado reducidos a la animalidad, Sōseki se aproxima a los grandes dramas obreros de Zola, al naturalismo del trabajo atroz en las entrañas de la tierra. Lo niega sin embargo Michiyo Kawano, autora del postfacio  que cierra el libro –y a la que por cierto fusilan sin rubor unos cuantos comentaristas. La verdad es que la descripción de las condiciones de vida de los mineros, la suciedad, el hacinamiento y sobre todo el nivel de degradación a que todo ello conduce, impulsa a pensar en una crítica social del tenor al que me refería. Pero seguramente tiene razón Kawano cuando por el contrario pone el acento en la perspectiva interior del relato. Primero el viaje y después el descubrimiento de ese mundo brutal son el vehículo para sumergirse en el alma humana, en la búsqueda de respuestas a la desorientación del protagonista, y la propia mina, descrita como un aterrador laberinto subterráneo, puede verse en sí misma como una alegoría que invita a entender el texto en ese nivel introspectivo.

Hasta aseguran algunos que todo ello se desarrolla entre ‘delicados paisajes japoneses’, o algo así. Hay que tener valor: el escenario es un entorno montañoso y abrupto que podría ser cualquier lugar del mundo. Ya sabemos que eso de los paisajes es un tópico muy útil si hablamos de Japón, pero antes de hablar convendría leerse un poquito el libro y no quedarse sólo con la cubierta. Y en fin, veo que se califica como una pequeña joya que ahora descubrimos en nuestro idioma. Pues bueno, es un recurso legítimo y bastante recurrente cuando las editoriales sacan a la luz un texto poco conocido de un autor notable (acabo de verlo con una obrita de Tolstoi recién salida del horno). Pero yo personalmente no diría tanto. Creo que es un libro curioso, más bien sencillo y que se lee con extrema facilidad. No haremos mal del todo si ponemos el foco en el factor social que indicaba antes, pero efectivamente admite una lectura algo menos obvia como búsqueda personal. Y casi seguro sabrán disfrutarlo bastante más quienes conozcan –pero de verdad, no de oídas- obras más relevantes de este mismo autor, como éstas que vienen aquí abajo.

Otras obras de Natsume Sōseki en ULAD: KokoroSoy un gato

domingo, 27 de mayo de 2018

3x1: Muertos que no son lo que parecen

En mis lecturas de los dos últimos meses ha confluido una figura muy interesante: la del muerto que no es lo que parece. Así pues, hoy os traigo tres relatos, casualmente escritos por mujeres, en los que este enigmático personaje nos sorprende. El muerto se presenta, a veces, en tanto que ingenioso plot twist; otras, en tanto que trasunto metafórico. Pero siempre tiene el mismo encanto. 

Empezamos por "La oración" (1895), de Violet Hunt. Como os comentaba en mi reseña de Damas oscuras, este es el cuento que más me gustó de todo el libro. Una mujer que acaba de perder a su marido suplica junto al cadáver del fallecido que éste le sea devuelto. Y ya sabéis lo que dicen: cuidado con lo que deseas, porque podría hacerse realidad.

Seguimos con "La señorita Mary Pask" (1925), de Edith Wharton. En este relato, un hombre decide visitar a la hermana de una amiga suya. Y ella, claro, encantada de la vida; se siente muy sola desde que su hermana se casó, ya nadie viene a verla. Aunque, pensándolo bien, es normal que nadie la visite, ¿no? Al fin y al cabo, ¿no se lloró su muerte hará cosa de un año? 

Por último nos detendremos en "La eternidad de Yasha", texto extraído de la antología Una edad difícil. En él, la autora se plantea lo siguiente: ¿cómo sería el día a día de un hombre una vez se le certifica clínicamente como muerto? ¿Qué gestiones burocráticas debería llevar a cabo, y qué obstáculos legales, laborales y sociales tendría que superar? ¿Cómo se tomarían su defunción los médicos, sus compañeros de trabajo, su pareja, la madre de ésta? ¿Cómo le sentaría la noticia al muerto en cuestión? La carga de crítica social de este relato, mezclada con una ironía retorcida y ecos a la literatura rusa del XIX, lo convierten en un auténtico deleite. Lástima que el final esté totalmente desaprovechado. 

En fin, eso es todo. ¿Conoces tú alguna historia con un muerto que no es un muerto? ¿Te has topado con alguno recientemente tras las páginas de un libro? A mí se me ocurren tres a los que que enfrenté hace ya algún tiempo: el latido persecutorio en "El corazón delator" (1843), ese hijo terrible de "La pata del mono" (1902) o el atípico álter ego que supone Paul Allen para el protagonista de American Psycho (1991). Aunque claro, ¡seguro que hay muchos más!


Bibliografía

Starobinets, Anna. Una edad difícil. Traducción de Raquel Marqués García. Madrid: Nevsky Prospects, 2012.

VV.AA. Damas oscuras. Cuentos de fantasmas de escritoras victorianas eminentes. Traducción de Alicia Frieyro, Olalla García, Sara Lekanda, Magdalena Palmer y Consuelo Rubio Alcover. Madrid: Impedimenta, 2017.

Wharton, Edith. Historias de fantasmas. Traducción de Francisco Torres Oliver. Madrid: Alianza, 2010. 

sábado, 26 de mayo de 2018

Zadie Smith: Tiempos de swing

Resultado de imagen de zadie smith tiempos de swing amazonIdioma original: inglés
Título original: Swing Time
Año de publicación: 2016
Valoración: Imprescindible




Comencé esta lectura con todas las reservas del mundo: no conocía a la escritora ni tenía idea de lo que iba a encontrarme. En los capítulos de la primera parte, noté una carga ideológica demasiado evidente, además, me parecía innecesario insistir tanto en el origen y evolución de la amistad entre las dos niñas. Pero según iba avanzando comprendí que se trataba de los personajes centrales, y cuatrocientas páginas después habían pasado tantas cosas –no me refiero al argumento sino a sensaciones mías, reflexiones, aprendizajes, simpatías, antipatías y demás– que no puedo evitar defender cada frase, episodio o recurso ni alabar el buen hacer de Zadie Smith.  
Esta novela muestra el papel que juegan pasión, vocación, azar y talento en la fisonomía que adquiere el futuro y, en particular, en el ascenso social de los más débiles. Pero también de los estrechos vínculos que se adquieren en la infancia, al margen de familia y cualquier otra convención. Trata de lo que pesan las raíces, para uno mismo y, sobre todo, en la opinión de los otros; de los dos grandes itinerarios posibles a la hora de lanzarse al mundo: dejarse llevar por los sueños o irse adaptando a las circunstancias, es decir, si la ambición siempre eleva o sirve de lastre a veces; de los condicionamientos que aún tiene el género, la raza, la extracción social etc. en una época que proclama hipócritamente la superación de los prejuicios. Del abismo que existe entre las sociedades opulentas y precarias.
Pero, ante todo y por encima de todo, Tiempos de swing es una historia, una buena historia de las que no pueden dejarte indiferente a pesar de –o gracias a– que narra la evolución de vidas bastante anodinas, anécdotas banales, comportamientos y mentalidades que podemos contemplar a diario. Y es precisamente esto, el hecho de que transcurra con tanta naturalidad, de que los acontecimientos se ensamblen como si lo que leemos fuese vida y no escritura, lo que dota de grandeza al texto, lo que le convierte en elemento vivo, vibrante, que –alternando pasado y presente– rebulle en la cabeza y te despierta, tras ese tiempo eterno de abducción absoluta que pasa a ser rico en experiencias pues se trata de un buceo en las peripecias que se narran intentando atrapar su meollo, Para ello el foco se pone en la realidad, en todas sus facetas y desde todas las ópticas posibles. Y conseguir este objetivo es algo verdaderamente meritorio si se utiliza la primera persona, más aún cuando el recurso no ha sido utilizado por Smith hasta ahora y con el que, según dice ella misma (aunque no se nota nada), no se ha sentido nada cómoda por las limitaciones que impone a la perspectiva. Sin embargo, nada es evidente ni plano ni redondo, cada cuestión encierra miles de aristas, algunas de ellas nunca desveladas.
Aunque la narradora –cuyo nombre permanece oculto– se reserva el papel protagónico, es el temperamento de Tracey –a quien no siempre vemos pero cuyo espíritu permanece latente en el lector–, su personalidad avasalladora, lo que impulsa la acción hasta el final. Dos personalidades complejas, que en realidad son bastantes más, pues durante los veinticinco años transcurridos cada una de ellas se transforma varias veces. ¿Quién de las dos resulta triunfadora? ¿Quién ha sufrido más perdidas en ese batallar constante? ¿En qué consiste esa alianza indisoluble que atraviesa tiempo, espacio, desencuentros y toda clase de avatares?
Los secundarios tampoco son desdeñables. Los padres de ambas y el papel fundamental que juegan en sus vidas, el aparatoso y quimérico mundo de esa gran estrella del rock  que sirve a la narradora para soñar que ha alcanzado el paraíso. Hawa, Lamin y Fern, cooperantes de la aldea africana que –ilusa y frívolamente– la potentada Aimee y sus secuaces tratan de sacar a flote. Aunque muy distintos unos de otros, de todos ellos puede decirse que transmiten verdad, que su presencia, en lugar de mero artificio, es la de seres que caminan libremente por las páginas. Nos veremos reflejados en cada uno de ellos pues “… podemos decir que Aimee vive en su burbuja, lo mismo que tu amiga y, ya que estamos, lo mismo que tú. Puede que sea así para todo el mundo. Solo cambia el tamaño de la burbuja, nada más. Y tal vez el grosor de la… ¿cómo lo llamáis en inglés? La piel… la película. La fina capa que envuelve la burbuja”*
Consideraría por tanto una traición, y hasta un destrozo, lanzarme a desmenuzar técnicas: estructura, localizaciones, individualidades y sus relaciones, simbología y otras estrategias narrativas. Si los mimbres no quedan a la vista mejor no desvelarlos, dejar que el entramado siga pareciendo realidad, algo realmente difícil de alcanzar y que, si a esta novela le sobra, es a fuerza de mucho trabajo y gracias a un talento natural poco común.
(*) Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino


También de Zadie Smith: NW London, Dientes blancos, Sobre la belleza

viernes, 25 de mayo de 2018

Thomas Bernhard: El sobrino de Wittgenstein

Idioma original: alemán
Título original: Wittgensteiens Neffe
Traducción: Miguel Sáenz
Año de publicación: 1982
Valoración: está bien

Confieso cierto reparo en reseñar una obra de Thomas Bernhard, por la grandeza del autor, y por la insignificancia de quién reseña este libro. Y a pesar de haber disfrutado con «» (motivo por el cual me animé a seguir indagando en la obra del autor), debo reconocer que este libro me ha dejado algo tibio, por diferentes motivos. Vamos allá.

El libro, de carácter autobiográfico, parte de un episodio de la vida del autor, en el que estuvo internado en el hospital para tratarse de la tuberculosis. En su estancia, coincide con Paul Wittgenstein (a quien hace referencia el título y sobrino del filósofo Ludwig Wittgenstein, por quién Bernhard sintió una profunda admiración), quien se halla internado en el ala de enfermos mentales. Los momentos compartidos entre Bernhard y Paul en el hospital, aunque ubicados en diferentes alas del recinto, son el origen y la semilla de este ensayo, en el que el autor utiliza como vehículo esta particular coincidencia hospitalaria para hablar sobre los temas que giraban en torno su vida.

De esta manera, Bernhard se nutre de las reflexiones originadas durante su estancia hospitalaria para trazar una serie de reflexiones acerca de la vida y la amistad. Así, a modo de ejemplo, el autor realiza un análisis acerca del funcionamiento de los hospitales, pero poniendo el foco en los pacientes internados en él y, en especial, en aquellos que son tratados por enfermedades mentales. Aquí el autor es hábil, y puede que esta parte sea una de las mejores del libro, pues nos habla de la fina línea entre enfermedad mental y genialidad; habla sobre aquellos que son considerados como locos y sus causas para, utilizando como ejemplo a su amigo Paul, analizar el caso de aquellos que se les supone una locura por motivos de un exceso de reflexión sobre el mundo, entendiendo su enfermedad como al exceso de riqueza mental que tienen los filósofos, provocando que estallen su cerebros, pues son incapaces de contener y albergar tantas ideas y reflexiones; el autor lo expone en el siguiente párrafo:

"A uno, Ludwig, lo hizo famoso su filosofía, al otro, Paul, su locura. Uno, Ludwig, fue quizá más filósofo, el otro, Paul, quizá más loco, pero posiblemente creemos que el primero, el Wittgenstein filosófico, es el filósofo, solo porque llevó al papel su filosofía y no su locura, y que el otro, Paul, era un loco porque reprimió su filosofía y no la publicó y solo exhibió su locura. (...) Uno dio publicidad a su cerebro y el otro no. Podría decirse incluso que uno publicó su cerebro y el otro practicó su cerebro."

Más allá de los aspectos relacionados con el hospital, el centro de la obra es la relación del autor con Paul, con el que compartió su pasión por la ópera y la música clásica; el análisis de la relación permite que el autor exponga, a través de sus conversaciones y sus habituales monólogos internos, sus reflexiones sobre diversos aspectos de su día a día. Así, y siempre crítico a la condición humana, Bernhard nos habla también de la capacidad y necesidad de ver más allá de lo que nos conviene, pues a menudo solo vemos aquello que se adapta a nuestras propias ideas u opiniones, estableciendo un marco donde todo encaja sin necesidad de analizarlo, evitando así cuestionar nuestras propias creencias, y asumiendo como única realidad posible la contenida en nuestro marco mental. Asimismo, estableciendo su amistad con Paul como sustento narrativo, el autor analiza y disecciona el concepto de amistad, no únicamente de la suya propia sino del concepto de amistad que la sociedad entiende. Así, con la crítica a la que nos tiene acostumbrados, denuncia las falsas amistades y la supuesta solidaridad de algunos, que la utilizan como vehículo para la satisfacción y contentamiento de uno mismo. Para Bernhard, la amistad es algo muy exclusivo, y difícil de encontrar y mantener:

"Y hoy pienso que las personas que han significado realmente algo en nuestra vida podemos contarlas con los dedos de una mano, y muy a menudo esa mano se rebela contra la perversión que consiste en creer que tenemos que recurrir a toda una mano para contar a esas personas, cuando, si somos sinceros, podríamos arreglárnoslas sin un solo dedo."

Es innegable que Bernhard escribe bien, realmente bien, pero debo admitir que, a pesar de ciertos momentos donde sí he disfrutado del libro por sus reflexiones e incluso por sus críticas ácidas a ciertos aspectos de la sociedad, me da la sensación que el autor abusa en exceso de saberse hábil en el manejo de las palabras y acaba componiendo un relato con exceso de detalle que dudo que entusiasme a los lectores a menos que: 1) sean filósofos (o que sientan un profundo interés por la filosofía), 2) sean amantes de la música clásica, 3) se sientan atraídos especialmente por la opera. Y me da también la sensación que Bernhard escribió este libro como reconocimiento a la influencia positiva que tuvo Paul en él, y de alguna forma el texto que nos ocupa le sirvió al autor para disculparse por haberse distanciado de su amigo en sus días finales y no haber estado la altura de la amistad que mantuvieron ni a la admiración que por él profesaba.

Aun así, el libro tiene sus momentos interesantes por sus críticas afiladas y su evidente sarcasmo, pero también porque la novela es un canto a la amistad verdadera, a aquella que se establece a pesar de la disconformidad en varios aspectos y contiene reflexiones interesantes (compartidas o no) sobre aspectos cotidianos, ya sea la propia amistad o el mundo literario; también es una advertencia a aquellos que abandonan la amistad a la fragilidad de su salud, pues como el propio cuerpo humano, merece todos los cuidados necesarios para que no se desvanezca sin haberla disfrutado a fondo.

También de Bernhard en ULAD: El origenEl sótano,

jueves, 24 de mayo de 2018

Rosario Ferré: Papeles de Pandora

Año de publicación: 1976
Valoración: Recomendable (alto)

Pequeños apuntes biográficos que aportarán algo de luz sobre los párrafos posteriores: Rosario Ferré (1938 – 2016) fue una de las escritoras puertorriqueñas más relevantes del siglo XX. Su origen social, la alta burguesía local (su padre fue gobernador de la isla entre 1968 y 1972, propietario de un empresa cementera, etc), marcará profundamente su obra.

El título del libro que hoy nos ocupa: Pandora es a la mitología griega lo que Eva a la cultura judeocristiana. “Curiosamente”, ambas fueron las causantes del pecado y del mal en el mundo: Eva a través de una manzana y Pandora a través de su caja. Estos “Papeles de Pandora” serían textos que vendrían no a “esparcir” el mal por el mundo, sino a denunciarlo.

El libro en sí: Se trata de un libro absolutamente heterogéneo en el que se reúnen una veintena de textos en los que hallamos relatos breves, poemas y relatos más extensos.

El fondo: Decíamos anteriormente que Rosario Ferre perteneció a una familia de la alta burguesía local, luego la conocía a las mil maravillas. Pues bien, el libro es una continua denuncia de las instituciones y valores que esa clase social representa. En particular, la denuncia del rol tradicional asignado a la mujer en la sociedad local, la contraposición entre burguesía y pueblo y la protesta por el papel representado por aquella en las relaciones semicoloniales entre la isla y los Estados Unidos  son los temas fundamentales.

La forma: Ligado a lo anterior y al afán rupturista de Ferré, los textos tratan de destrozar las formas tradicionales. Así, por ejemplo, la sintaxis y las reglas de puntuación no son “respetadas”, algunos relatos están plagados de términos coloquiales y de palabras casi onomatopéyicas (“Maquinolandera”), en otros se rompe la continuidad espacio-tiempo a través de abigarrados monólogos interiores y en alguno (el magnífico “La bella durmiente”) se observa la huella de las vanguardias de la época al incluir en él, a modo de collage, cartas, artículos de prensa, monólogos, etc. Además de esto, se trata de textos sumamente simbólicos y poéticos, lo que por momentos puede dificultar su comprensión.

Un pero: Ferré pretende (y consigue) denunciar la hipocresía, la vulgaridad y el resto de males que corroen a la burguesía puertorriqueña, pero no sé hasta qué punto consigue hacer accesible esta crítica. Con esto me recuerda un poco a Cortázar, en el sentido de que, pese a su afán rupturista, su escritura no deja de ser hasta cierto punto una escritura “elitista”.

Conclusión: “Papeles de Pandora” se trata de un interesante acercamiento a una literatura que suele pasar desapercibida por estos lares, de un libro heterogéneo en el que los textos, los cuales admiten múltiples lecturas e interpretaciones, están atravesados por la denuncia social, más encubierta en un primer momento por el simbolismo y el lenguaje poético y más clara y descarnada a medida que avanzamos. Es, pese a su complejidad, todo un descubrimiento en el que destacan relatos verdaderamente magníficos como la versión posmoderna y trágica del clásico “La bella durmiente”, el oscuro y brutal  “El collar de camándulas”,  los simbólicos y claramente emparentados con el realismo mágico “La muñeca menor” y “Amalia” o el también trágico “La bailarina”.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Colaboración. Antonio Muñoz Molina: Como la sombra que se va

Idioma original: español.
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable
De nuevo una novela de novelas de Muñoz Molina, en la que se cruzan la biografía de James Earl Ray, asesino de M.L. King, y la vida del narrador en diversos momentos de su vida: en sus inicios como novelista cuando vivía en Granada, trabajaba como funcionario en el Ayuntamiento y compartía su vida con su primera mujer y a la espera de su segundo hijo.

Coincide la narración con el germen de su primera novela de éxito “El invierno en Lisboa” en la que sin conocer físicamente la ciudad ya la había imaginado en su novela, con sus calles, sus garitos de jazz, las calles de Alfama tan parecidas al Albaicín, también con su castillo en la parte superior como la Alhambra en Granada.

La coincidencia de que el asesino de Luther King huyera desde USA y Canadá y permaneciera unos días escondido en Lisboa antes de huir de nuevo a Londres donde fue detenido, permite al narrador unir eslabones entre la Lisboa que transitó James Earl Ray y la que él había soñado, la que pudo ver por primera vez antes de finalizar su novela y la Lisboa a la que acude casi treinta años después con su mujer y en la que vive su hijo con su pareja.

Como siempre que Muñoz Molina novela un personaje, la meticulosidad de los detalles es apabullante. A través de los objetos personales del asesino, imagina no solo la atmósfera que vivía, sino los olores, los mensajes, todo aquello que nos sirva a los lectores para meternos en la piel del personaje. Y no solo en los elementos externos, la atmósfera y la contextualización sino de cómo sentía, como se vinculaba, una disección de la personalidad a través de los sentidos que el narrador puede reconocer primero a través de noticias, objetos, hechos contados autobiográficamente, sino de lo imaginado y llevado por él: un camino de afuera hacia adentro en el personaje.

También la novela ofrece retazos sobre el proceso creativo de una novela, cómo se genera la idea de escribir y cómo se va desarrollando. Y cómo quién escribe desde la cotidianidad, bebiendo, imaginando y compartiendo con aquellos que forman parte de su vida. El escritor es una persona que escribe, con sus deseos, miserias y sentimientos de su vida real que a veces se mezclan en lo que expresa a través de sus palabras escritas

Novela que integra hechos históricos con recuerdos personales del autor en una miscelánea cada vez más presente en las novelas de Muñoz Molina, donde el autor, el narrador y lo narrado se unen, se acercan y alejan siempre con la maestría de superar los espacios y el tiempo del concepto de novela total que persigue este autor.

                                                                                                                                   Autor: Juan Díaz 

martes, 22 de mayo de 2018

Friedrich Nietzsche: Así habló Zaratustra. El manga

Idioma original: japonés
tulo original: Manga de dokuhu, Zaratustra kaku katahiri
Año de publicación: 2008
Traducción: Maite Madinabeitia 
Valoración: delirante

¿Cómo? ¿Nietzsche? ¿Manga? Pues sí, amigos: el manga. Porque resulta que hay una colección, "la otra h", de la editorial Herder (Herder, nada menos...), dedicada a publicar versiones manga de grandes obras de la literatura y, sobre todo, de la filosofía occidental, desde La Divina Comedia a Los hermanos Karamazov, de Homero a Kafka, de Rousseau a Marx y Engels (pasando, cómo no, por...ejem,  En busca del tiempo perdido ). La idea inicial, supongo, era interesar a los jóvenes japoneses -aunque hoy en día, también del resto del mundo-, en las grandes obras obras del pensamiento a través de un medio que les resultara familiar y atractivo. Perfecto, claro, nada que objetar.

Ahora bien, cuando se trata de obras filosóficas, debido a su propia naturaleza especulativa, se ve que la opción ha sido novelizarlas de alguna forma, para hacer más digeribles los conceptos -en este caso, toda esa mandanga del superhombre y el eterno retorno-; este manga nos traslada, pues, a una ciudad alemana del siglo XIX, donde un pastor protestante tiene dos hijos: Zaratustra, un cabroncete bastante macarrilla y Álex, buen chaval, manso y obediente, pero que vive angustiado por la sospecha de ser adoptado, además de por el bullying constante al que le somete el puñetero de su hermano. Como personajes femeninos, nos encontramos, por un  lado, a la santa y paciente madre  de ambos y por otro, también a una misteriosa y bella mujer, Salomé, que aparece en momentos clave de la historia para burlarse de Zara y deduzco que, de paso, provocar ese punto de acicate erótico para la muchachada otaku que todo manga shōnen debe tener... (wikipedia, amigos, si no, de qué carajo voy a saber yo qué es todo eso).


No voy a extenderme con detalle sobre la trama de la historia -poco que ver con el Zaratustra original, aviso-, pero diré que a lo largo de sus páginas esta nave se va escorando hacia el puro delirio: comienza como una especie de anime de la Nippon Animation (Heidi y todo eso), pasa por un culebrón de época de las sobremesas de TVE, vira hacia La naranja mecánica o una peli de Haneke, para acabar encallando en un refrito de Paulo Coelho pasado por Borges... Y por Nietszche, lógicamente, que era de lo que se trataba. De hecho, qué queréis que os diga (y pido perdón  a quienes nos lean desde allende los mares si no entienden de qué hablo): leyendo este manga no he podido dejar de pensar en Joaquín Reyes disfrazado del filósofo alemán, bigotón en ristre, y sentenciando con su acento albaceteño: "¡Así habló Zaratustra! ¡Zaratuuustraaa!" Pues esa imagen es menos delirante que este manga, creedme (aunque aún peor es la obra original del amigo Federico; eso sí que no se lo puede leer ni Dios... menos mal que para entonces ya había muerto, el pobre).

Bueno, ahora, a por El capital, que también promete...


Dado que no se especifica quiénes son los perpetradores finales de este manga, aquí están otras obras del amigo Friedrich Nietzsche reseñadas en Un Libro Al Día: El Anticristo

lunes, 21 de mayo de 2018

¿Cómo que no hay Nobel? ULAD convoca Premio NOVEL

¿Mi cara de pachocha? El disgusto que me han dado
Buenas: ayer compramos un precioso cerdito de arcilla. 0,75 € que nos costó. Le iremos poniendo las monedicas que nos sobran del café, las incordiantes esas de color cobrizo que aún tenemos que mirar con detenimiento para saber de cuánto son. Igual en octubre ya hemos llegado a los dos euros. Oigan, y si no hemos llegado, voy yo con mi poderío y completo hasta esa cantidad. Dos eurazos. Claro, en ULAD no inventamos la dinamita y no tenemos esa carga del descubrimiento mal aplicado en nuestra conciencia. Nuestra conciencia está tranquila y blanquita como las ovejitas de los anuncios de suavizante. O porque pongamos algún librito a parir se nos va a poder comparar con esos sátrapas de la Academia Nobel que, incapaces de subirse la bragueta y apechugar con las consecuencias van y dejan al cosmos literario sin referencia. Nos lo deberíamos haber temido con lo de Dylan. Esta gente no está por lo que tiene que estar. Se nos distraen y ya veis. Poetas egipcios, rápsodas nicaragüenses, narcisistas madrileños, héroes casuales de los jazz-bar japoneses, no desesperéis. Nosotros ya compensamos. Nosotros somos un ente con un historial impecable y llegaremos ahí. 
ULAD convoca unos premios que por poco no tienen nombre, nuestros branding coaches estaban en ello pero el presupuesto no daba para mucho así que de logos hipertrabajados y plafones para el photo-call va a haber que despedirse. Pero por algo se empieza.
Bien sencillo: tres escritores que estén entre los vivos en el momento que esta convocatoria se publique. Que tengan una carrera más o menos consolidada y que no hayan sido premiados antes con ese tal premio Nobel, ése que ahora va a quedar en el olvido. Los motivos para el premio ni  falta que hace. Ya improvisaremos. "Por su aportación en forma de voz fresca dando sentido a la amalgama social de los tiempos modernos". Qué chupi. O "su rutilante estilo y la perdurabilidad de los personajes creados nos permiten hablar de una figura capital". Je. Si no encontramos la frase, ya encontraremos el escritor.
E-mail a nuestro sempiterno correo (unlibroaldia@gmail.com). En el asunto debe constar PREMIOS NOVEL. Tres nombres. Tres puntos para el primero, dos para el segundo, uno para el tercero. Una breve explicación, un par de líneas, justificando cada elección. Entonces se monta una de esas hojitas Excel que nos sobreexcitan, añadimos los votos de los diez colaboradores (serán secretos y se revelarán solamente cuando el veredicto se publique, que sabemos lo muy influencers que somos y lo pesada que es esa carga), y aquel de los votantes que más se acerque al resultado real resultará premiado con un lote de libros suficiente para quebrar la balda más resistente. O sea, tres. Intentaremos que uno sea gordo.
El método de valoración: sumar los puntos obtenidos por cada votante de acuerdo con el resultado final.

  • Un punto por cada coincidencia en la inclusión.
  • Un punto adicional por cada uno que coincida en la posición.
  • Si hay empate, duelo a florete. Bueno, algo inventaremos. Somos muy de inventar.
Y para el escritor o escritora (ya los veo ahí corroídos por los nervios cuando, el 8 de octubre, fecha capicúa, 8-10-18, se proclame el vencedor) que resulte elegido con ese inconmensurable honor, pues igual le cae un Tweet de proclamación y todo, y a partir de ahí a relajarse, a disfrutar la fama, firmar autógrafos, mesas en Sant Jordi, y a fundirse la pasta: su vida quedará solucionada en lo económico y perpetuamente vinculada a ULAD  en lo personal. La Historia empieza a escribirse así, no os quepa duda.

domingo, 20 de mayo de 2018

Peter Carey: La verdadera historia de la banda de Kelly


Idioma original: inglés
Título original: True History of the Kelly gang 
Año de publicación: 2001
Traducción: Enrique de Hériz
Valoración: recomendable

Señoras señores, les aclaro. Que no tiene que ver historia novelada con novela histórica. Que lo segundo es una de las lacras de la literatura y lo primero es algo que escasea y que está a distancia y vale la pena. Que no es lo del azul grisáceo y el gris azulado. Que no. Que cuando Carey (otro del que habré de leer más) toma la voz de Jed Kelly y emplea ese vocabulario básico, ese tono rasposo, esa carencia de signos de puntuación a la que puede costar algo acostumbrarse,  no lo hace con la intención del lucimiento que lastra a los pesados que emplean cinco años en documentarse para entregar un tocho que tarda cinco años en leerse mientras nos deleitan con las historias de la pedrería que cubría el manto de armiño de un rey del siglo XI. No, no y no. Carey se integra y se mimetiza con el personaje y su único devaneo con el rigor per se es esa curiosa división del libro en legajos como para dar la apariencia de alguien hallando un tesoro literario enterrado en algún baúl que se ha salvado de la basura, y revelándolo. Es la máxima licencia visible porque desde las primeras páginas nos va a trincar de la pechera y nos va  a arrastrar por los áridos lodos del Salvaje Oeste australiano, donde no hay apaches sino irlandeses, donde no hay búfalos sino canguros, pero al margen de esos detalles casi de atrezzo todo lo demás es puro western y pura historia de bandoleros de gatillo fácil, de duras historias personales de esas que acaban con la gente proclamando que la cabra tira al monte.

En un monólogo agotador y falto de puntuación por exigencias del guion, vamos pasando uno por uno por los hitos de la vida de Jed Kelly, histórico bandolero y asaltante y atracador de diligencias de la Australia más inhóspita. Tipo al que la vida le ha negado casi todo en su niñez. Un padre encarcelado, una madre desorientada y sojuzgada por todos los hombres que, incluyendo a su marido, la han vejado y humillado hasta el punto de ser una mera huésped de hijo tras otro, de hermanos y hermanas. Una espiral de resultados previsibles donde será asistimos a la maduración a golpes de Sed Kelly, líder la banda que ha ido aprendiendo de otros bandoleros (algunos de ellos emparejados por esa madre que es el centro de gravedad al que el protagonista siempre regresa, tiñendo la historia de tonalidades edípicas), las diversas fechorías- robo de caballos, asalto de carros, atraco de bancos- por las cuales se erigirá en un icono local, alguien que sale en la prensa y de cuyas andanzas se habla.

Problema que limita este libro: casi 500 páginas son muchas para una historia tan claramente previsible (se ve que el tal Kelly es una especie de leyenda en Australia, y que Carey noveló su vida, supongo basándose en documentación, pero esta claro que permitiéndose licencias creativas), y en mi experiencia lectora ya me he encontrado bastantes ejemplos de villanos que lo han sido como consecuencia de la injusticia o incluso de la arbitrariedad de que quienes tienen que impartir justicia se inventen los delitos con los que puedan incriminarles (esto me suena mucho hoy en día). Héroes que han acabado sin otro remedio que ser villanos los hay en obras de Bunker, de Tolstoi, de Cercas, de Von Kleist, y ya no digamos si aún vamos más atrás en el tiempo. De hecho, La verdadera historia de la banda de Kelly tiene un poderoso aroma homérico. Y no digo, porque al final me inclino por recomendar esta novela, que la historia no sea potente y que Carey no sea solvente en su papel de narrador. Tan solvente como que en algún momento parece que estemos oyendo a esa estricta primera persona. Pero tanta reiteración disipa el entusiasmo inicial, y allá por la página 400 uno ya pide la hora al árbitro, porque, perdonad la broma, el partido ya sabemos cómo va a acabar.

sábado, 19 de mayo de 2018

Verity Bargate: Con la misma moneda

Idioma original: Inglés  
Título original: Tit for Tat 
Traductor: Íñigo F. Lomana
Año de publicación: 1981
Valoración: Entre recomendable y está bien

Esta es la última de las tres novelas que escribió Verity Bargate. Aunque no me ha gustado tanto como No, mamá, no, hay que reconocer que la supera en varios aspectos. Para empezar, está más pulida a nivel formal. Además, su protagonista sí que encaja perfectamente con el mensaje global de la obra.

Por otro lado, puestos a comparar ambos textos, debo decir que la trama de Con la misma moneda es inferior. Sobre todo, porque toma menos riesgos. En un par de ocasiones, incluso, peca de ser previsible, algo que era impensable en No, mamá, no. Recuerdo que, en esa novela, Bargate nos arrojaba algo que un escritor menos hábil hubiera convertido en una subtrama romántica. Eso, pero, hubiera sido caer en lo fácil, y la autora rehuyó esa dirección. Por fortuna. En cambio, en Con la misma moneda nos encontramos con un argumento más convencional y previsible. 

De todos modos, la de Con la misma moneda sigue siendo una gran historia. Sadie Thompson es nuestra protagonista. Tiene once años cuando la conocemos, y durante las 230 páginas de esta obrita la vemos crecer. La acompañamos durante su primera regla, la muerte de su madre, su pérdida de la virginidad... Y otros sucesos que no puedo desvelar, pues no os quiero destripar el argumento. En efecto, ya lo habréis adivinado: Con la misma moneda es una novela de formación, una que llega a conclusiones más bien amargas.  

Sadie está retratada con tino. Su tapiz psicológico es el más pormenorizado de todos los que aparecen en la novela. A su vez, el resto de personajes no se quedan a la zaga. Tim, el hombre del que se enamora, y Chris, vieja amiga de su madre, que acabará ejerciendo el rol de tutora, son también magistralmente definidos. Sus dispares personalidades, además, ejercen de contrapunto con respecto a la protagonista, a la vez que granjean diversidad a la narración.

Otro punto a destacar de Con la misma moneda son los mensajes que gravitan alrededor de la trama: las dificultades y "la culpa" de ser mujer,  la sororidad, el amor... Quizás el tema cuyo tratamiento menos me ha gustado es la sororidad. Aunque está mejor llevada que en No, mamá, no, sigue siendo idealizada de forma algo ingenua, a ratos hasta argumentalmente tramposa. En cambio, Bargate ha bordado el amor: retrata su naturaleza bicéfala a la perfección. Por un lado, tenemos la cara luminosa del mismo; por otro, toda la oscuridad que acarrea. Exquisito.

En conclusión, pues, decir que estamos ante un libro conmovedor, repleto de virtudes y cuyos puntuales defectos no lo lastran en absoluto. Y para terminar querría felicitar a Alba Editorial. Mientras que en No, mamá, no aprecié algunos errores achacables a la traducción, Con la misma moneda no los tiene, y he considerado pertinente remarcarlo.


También de Verity Bargate en Unlibroaldía: No, mamá, no

viernes, 18 de mayo de 2018

"Los antepasados" de Mary Ann Clark Bremer: Misterio + Reseña

Idioma original: inglés
Título original: Notebook III - The Ancestors
Traductor: Hugo Bachelli
Año de publicación: ???
Valoración: recomendable


EL MISTERIO

Compro este libro en uno de mis viajes a Bilbao, porque es cortito y porque parece interesante. Lo leo unos meses después; me gusta, aunque con algunos altibajos (de los que hablaré luego). Empiezo a pensar en la reseña para ULAD, busco información sobre la autora en Google, y no encuentro nada. Y cuando digo nada, digo absolutamente nada. La única información que existe sobre esta autora es la que ofrece la propia editorial Periférica.

Mary Ann Clark Bremer no tiene página en ninguna Wikipedia. En páginas como WorldCat, Google Books o Amazon los únicos resultados relevantes que aparecen son los referentes a las ediciones españolas de sus obras, en Periférica. Hago diferentes búsquedas, con comillas, sin comillas, solo los apellidos, busco el supuesto título original, con comillas, sin comillas, con números romanos y arábigos. Nada.

Ante este vacío absoluto de información en los tiempos de la sobreinformación, es fácil pensar que estamos ante un nuevo caso "Elena Ferrante", o por decirlo con más propiedad, ante un nuevo "Ossian", que está intentando hacer pasar por traducciones obras en realidad originales. No soy el primero en pesarlo: Hilaro J. Rodríguez en un artículo en El Cuaderno ya apunta esa posibilidad. Tendría gracia si fuera así, y desde luego habría que elogiar la capacidad creativa de quien ha inventado una escritora judía-americana de mediados del siglo XX y una obra autobiográfica cada vez más extensa.

Sin embargo, desde la editorial Periférica me confirman, por email, que Mary Ann Clark Bremer es real; que lo que dice la solapa del libro es verdad: que se trata de una escritora "secreta", que en vida publicó bajo diversos seudónimos, y cuya obra autobiográfica inédita, organizada en forma de diarios o cuadernos, llegó a las manos de los editores de Periférica de forma casi accidental. Tanto la autora como los herederos son muy pudorosos en relación con estas obras, que hablan de aspectos íntimos y familiares, de ahí que solo se pueda publicar una pequeña parte del legado de la escritora. De ser así, el misterio no sería tan misterioso, aunque sí es una pena que una escritora de una sensibilidad indudable haya pasado tan desapercibida.


LA RESEÑA

Periférica ha ido publicando las novelas cortas (entre 60 y 90 páginas cada una) de Mary Ann Bremer (Una biblioteca de verano, Cuando acabe el invierno, El librero de París y la princesa rusa y Una pasión parecida al miedo), reunidas posteriormente en el volumen Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos. Los antepasados, como explicaba en el párrafo anterior, es uno de los "cuadernos" de memorias o diarios de la escritora, que en este caso se dedica a sus antecedentes familiares, con especial atención a las mujeres que la precedieron (y en este sentido, el masculino genérico del título, "antepasados", resulta algo traidor).

A pesar de su brevedad, creo que la obra puede dividirse en tres partes: en la primera (secciones "Cantar" y "Josephine y las lamentaciones"), la escritora se remonta a la historia de sus bisabuelos, Ann y "el Ruso", y de su tía abuela Josephine, sensible, sufragista y suicida. Estas secciones, en las que se cuenta en capítulos brevísimos y con una delicadeza maravillosa la historia de unas personas cubiertas de preguntas quizás sin respuesta, son las mejores del libro, en mi opinión.

La segunda parte, ocupada por las secciones "Declaración de sentimientos", "Musicalische Sterbens-Gedancken" y "Polifonía (Eclesiastés)", cambian el foco, que pasa a centrarse en la propia escritora durante su estancia en Suiza: sus rutinas y entretenimientos, las cartas intercambiadas con familiares de Estados Unidos, su dolor por la pérdida de su esposo Saul, sus reflexiones sobre la vida y la muerte... El diálogo con los antepasados (las antepasadas) no está completamente ausente, pero es mucho más marginal que en la primera parte, y por eso también esta segunda parte me ha interesado menos.

La tercera parte, más breve, titulada como el libro, "Los antepasados", recupera los personajes del principio (el bisabuelo Ruso, la bisabuela Ann, Josephine...), e intenta explicar alguno de los misterios que habían quedado abiertos. Cierra así, de forma circular, muchos de los temas abiertos al inicio. Siendo mucho más breve, esta sección es un cierre perfecto para el libro.

Esta obrita tan corta (78 páginas, unas cuantas de ellas ocupadas por títulos de sección) es una lectura perfecta para una tarde de descanso, para un viaje no demasiado largo, para llevar encima y leer en el metro, a tragos cortos. La prosa de Mary Ann Clark Bremer es poética y sencilla, muy influida por las lecturas de la Biblia (en este caso, el Cantar de los Cantares y el Eclesiastés), sensible sin ser melodramática. La parte intermedia del libro, que entraría en el género tan traído y llevado de la "narrativa del yo", me ha interesado algo menos, me ha parecido menos original, pero en cambio la primera y la tercera partes me han atrapado y encantado.

Creo que habrá que seguir atentos a Periférica, a ver qué otras joyas consiguen sacar del baúl de los herederos de Clark Bremer. Y si algún día descubrimos que era mentira, que Clark Bremer no existe, o que en realidad es un señor gordo y barbudo de Motilla del Palancar, en el fondo no pasará nada, porque lo que hayamos disfrutado leyendo sus obras no nos lo quita nadie.

jueves, 17 de mayo de 2018

Han Kang: Actos humanos

Idioma original: coreano
Título original: 소년이 온다
Traducción: Sunme Yoon (castellano), Alba Cunill (catalán)
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

Parecía difícil que Han Kang pudiera sorprender de nuevo, tras su irrupción a la esfera literaria en castellano con «La vegetariana», gran obra con la que se dio a conocer en estos lares. Pero creo poder afirmar, sin que el ímpetu y la emoción experimentados tras la lectura del libro alteren mi juicio, que «Actos humanos» incluso lo supera en calidad y emoción. Y es que cuando una historia tiene como origen una serie de hechos sucedidos en la realidad y, aunque de manera indirecta, estos afectaron la vida de la escritora, es cuando las emociones narradas fluyen de manera natural, sin filtros ni adulteraciones, desde las entrañas hasta el texto final.

Así, basándose en los hechos que sucedieron en mayo de 1980 en la Universidad Chonnam de Gwangju (ciudad natal de la autora), el libro escrito por Han Kang es un libro en recuerdo de aquellas personas que, de manera directa o indirecta, fueron afectadas por la masacre causada por el ejército, ante las protestas estudiantiles contra la dictadura de Chun Doo-hwan. Pero no se trata de un tratado histórico ni de un ensayo político, o al menos no en primer plano. Han Kang se trasladó a Seúl poco tiempo antes de aquellos hechos, por lo que este libro está escrito desde la tristeza, desde la pena de quién ve desde la distancia lo que ocurrió con sus antiguos amigos, conocidos y conciudadanos. Con este propósito, el libro que nos ocupa trata sobre las personas más que sobre los hechos, trata sobre la humanidad, los sentimientos, la pena y el dolor, la tristeza y la añoranza, la fuerza y el optimismo, los anhelos y el espíritu vital, la libertad y la opresión, el pesar y la incomprensión, la incredulidad y la desesperanza. Y la violencia, física o emocional.

Estructurada en siete capítulos en apariencia independientes, la autora narra la historia desde diferentes perspectivas, diferentes ángulos con un punto central como núcleo de la historia. Situando como centro la masacre ocurrida, la autora despliega un abanico emocional abriendo un espectro de sentimientos hacia diferentes caminos, focalizando las distintas sensaciones en cada uno de los personajes. La variedad, riqueza y pluralidad de sentimientos que alberga y transmite la autora hace que necesite canalizarlos a través de diferentes personajes, para así copar y alcanzar todo el espectro emocional que la historia ofrece. Han Kang nos habla de esperanza tras la añoranza, de remordimientos tras la solitud, del alma que, en su disociación y cual proyección astral, lucha por seguir pegada a un cuerpo como única vía posible para permanecer aferrada a una vida que se ha ido, que lucha por mantenerse viva a través de los recuerdos, cada vez más difusos y vagos. Cada una de estas emociones es encarnada por los distintos personajes, de manera que entre todos ellos se conforma el paisaje emocional que reside como poso tras la violencia de una masacre, y poniendo como foco principal el de las víctimas en sus dos vertientes: las víctimas que murieron, pero también aquellas personas que sobrevivieron con todo el pesar de su inacción ante la violencia y el abuso; y también, de manera latente, el recuerdo que reside en ellas, que actúa como una losa a la que van atados quienes pretenden seguir adelante:

"La gente de la calle tenía la cara desencajada, como si llevara una cicatriz invisible"

De esta manera, uno de los logros de la autora es la facilidad que tiene en hilvanar una historia narrada, pensada y sentida a través de distintas voces; y no hablo únicamente de un cambio en el protagonista narrador, sino incluso del estilo, del tono, de la voz utilizada; la amplitud de registros de la autora la ubica ante un complejo reto narrativo del que sale profusamente victoriosa. Han Kang necesita entrar en el dolor tan profundamente para hablar de él que no le basta una sola voz y una sola experiencia para alcanzar la magnitud de la desolación y es por ello que teje una historia de distintos personajes entrelazados, ofreciendo un análisis caleidoscópico y plural que sirve para explorar de manera holística todas las aristas que hieren los sentimientos de las personas hasta crear una serie de cicatrices con las que sobrellevar la vida hasta que llega la muerte.

De igual modo, y fiel al estilo que demostró en «La vegetariana», Han Kang demuestra su habilidad al hablar del cuerpo y desde el cuerpo, transmitiendo las emociones a partir de él. La visceralidad con la que sus palabras forman un texto de marcada corporalidad, hace que sea el propio cuerpo quien hable pues sabe cómo proyectar a través de él las emociones que del mismo emanan. Su narrativa parece escrita y dirigida por sus sensaciones corporales, desde lo más profundo de su ser; no proviene de su cerebro sino de sus mismas entrañas y, partiendo del cuerpo como centro de todo, es a partir de él donde se construye todo el relato.

Este es un libro escrito por alguien que sobrevivió a una masacre desde la distancia, sin poder evitar sentir cierta carga de consciencia por no haber estado allí junto a sus compañeros. La narración es trágica por la culpa autoinflingida, por la búsqueda de un perdón que solo pueden darlo quienes ya no están, y un intento permanente de autoconvencerse de que las cosas no hubieran podido suceder de otra manera, pues eran inevitables; una vida marcada por la necesidad personal del perdón, de insistir en convencerse que otro futuro no era posible, como si a fuerza de repetirlo pudiéramos establecer la paz con los que ya lo están, y con nosotros mismos.

También de Han Kang en ULAD: La vegetariana

miércoles, 16 de mayo de 2018

Fight Combo: La semilla de la bruja, de Margaret Atwood vs. La tempestad de William Shakespeare

Idioma original: inglés
Título original: The Tempest
Año de publicación:1611 (1ª representación)
Traducción/adaptación: José Hierro
Valoración: casi imprescindible






Idioma original: inglés
Título original: Hag-Seed
Año de publicación: 2016
Traducción: Miguel Temprano García
Valoración: más que recomendable

Vayamos por orden: para celebrar el 400 aniversario de la muerte de William Shakespeare, la editorial Hogarths (nada que ver con Hogwarts, potterheads, no os emocionéis) encargó a unos cuantos escritores bastante conocidos -Jo Nesbø, Gillian Flynn, Tracy Chevalier...- una serie de novelas basadas en sus obras; la autora más destacada de este grupo es, sin duda, la canadiense Margaret Atwood, que escribió La semilla de la bruja a partir de la comedia (!), un tanto hermética, La tempestad.

En segundo lugar, he de confesar que si el título de esta reseña doble induce a error, ha sido de manera premeditada por mi parte (algo tengo que hacer para conseguir que me leáis, concho, que yo no tengo followers ni haters ni nada, como mis compañeros...): aquí no hay ninguna lucha a muerte en Bangkok, ni esto se parece a una secuela de Freedy vs Jason o Alien vs. Predator, sólo que con caretas de Mrs. Atwood y del Inmortal Bardo de Stratford (me encanta esta expresión tan cursi). En realidad, lo que establecen obra de teatro y novela, o sus dos autores, si se prefiere, sería más bien un baile, un tango en el que el movimiento de uno está determinado por el  movimiento del otro bailarín. Cierto que la obra de Shakespeare es cuatro siglos anterior, por lo que sería quien marcara la parte dominante del tango, la que llevaría a su pareja, aunque sus movimientos tendrían un menor sentido sin ésta. Porque si es evidente que la novela de Atwood no podría existir sin La tempestad, lo cierto es que la novela sirve para explicar la obra, la complementa y aporta muchas claves de interpretación para aquellos que no somos, ni de lejos, expertos en Shakespeare.

Sigamos guardando un orden: La tempestad se considera una de las comedias de William Shakespeare, más que nada porque la cosa no acaba en un baño de sangre, hay algún que otro amorío y algún pequeño lío argumental. De acuerdo; pero en cualquier caso, es una comedia más bien amarga, con un aire siniestro y poco festivo, pese a algún momento de humor chocarrero, a cargo de los borrachos Trículo y Esteban y el monstruo Calibán. Éste, que en un primer momento seguramente no pasaba de verse como un personaje chusco y risible, con el tiempo se ha convertido en el más interesante e incluso central de la obra. Calibán es hijo de la bruja Sycorax, único habitante de un islote al que llegan Próspero, duque de Milán y su hija Miranda, cuando son traicionados Antonio, hermano de Próspero, y Alonso, rey de Nápoles, y abandonados en un bote en alta mar. Próspero, gracias a su dominio de la magia, consigue que Calibán le obedezca y, lo que es más importante, también Ariel, espíritu del aire, quien provoca una falsa tempestad cuando se enteran que el barco que lleva a sus antiguos enemigos se acerca. Desembarcados éstos en la isla y también Fernando, príncipe de Napóles, Próspero urde su venganza, largamente esperada...

El tema más evidente de la obra es, como se ve, la venganza. Venganza que parece justa, frente a tanta ambición y traición (no es de extrañar que El conde de Montecristo también rumiara la suya aprisionado en una isla); ahora bien, también podrían vengarse Ariel y Calibán del propio Póspero -y de hecho, al menos uno de ellos lo intenta-, ya que los ha reducido a meros criados y esclavos de sus caprichos, igual que él y su hija Miranda son esclavos del destino, que les ha recluido en un islote perdido; y reclusos de las artimañas de Próspero y Ariel son el resto de personajes... ninguno en la obra, en verdad, puede actuar de acuerdo a su libre  voluntad, constreñidos todos de una u otra manera. El tema subyacente, sería, pues, el de la libertad o la falta de ella, más bien... Claro que, ¿libertad de quién? Porque si hay algún personaje sojuzgado y humillado, ese es Calibán -en quién interpretaciones posteriores han querido ver una metáfora de los pueblos nativos americanos y africanos dominados y masacrados por Europa-, el único además que pretende revertir el orden establecido por medio de la violencia, aunque sea a costa de dejarse dominar por otro amo aún más fantoche -habría que ver por cuanto tiempo-, en una suerte de planteamiento prerrevolucionario. El contrapunto -también el complemento- a esta rabia subversiva lo pondría el viejo consejero Gonzalo, a quien le placería establecer en el islote una sociedad ideal, una utopía donde todo fuera armonía y buen rollito.


Si es Calibán el auténtico protagonista  de La tempestad, con más razón habría de serlo de la novela de Margaret Atwood, habida cuenta, además, que se titula justamente La semilla de la bruja... Pues no: el protagonismo se lo lleva aquí un alter ego de Próspero, el director teatral Felix Phillips, traicionado y apartado de su puesto como director de un festival de teatro en una localidad canadiense y que acaba recalando en un programa de alfabetización mediante la literatura para los presos del correccional Fletcher, lo que él aprovecha para montar con ellos una obra de Shakespeare cada año. Hasta que, por fin, llega el momento de interpretar La tempestad. 

Atwood centra toda su narración  en su Próspero/Felix y sus muy penosas circunstancias, con la sutileza psicológica y la perspicacia para observar los detalles que caracterizan a esta autora. Los demás personajes quedan -a excepción, quizás, de la actriz que interpreta a Miranda- reducidos a una serie de bosquejos rápidos aunque suficientemente característicos... Desopilante, por lo demás, resulta el reparto de presos que actúan en la obra, desde el vaina hasta Ocho Manos, pasando por Piernas o Lápiz Chueco... una panda, en todo caso, a la que se le coge cariño y a la que la autora trata con sumo respeto, porque si bien el humor está presente en buena parte de la novela, es un humor suave y socarrón, en ningún caso hiriente ni con los personajes más ruines (bueno, casi).

Entonces, ¿por qué se titula la novela La semilla de la bruja, en una clara referencia a nuestro ínclito Calibán? De hecho, durante toda la novela casi no se hace énfasis en este personaje... En realidad , lo que propone Atwood es que Calibán forma parte de la propia naturaleza de Próspero (de su Próspero/Felix, pero, por extensión, de todos nosotros): si Ariel se podría identificar con la parte luminosa, creativa y espiritual de la naturaleza humana, con el neocórtex más desarrollado, si se quiere, Calibán sería nuestro lado oscuro, vengativo aunque también insumiso, el cerebro reptiliano que todos tenemos ahí, más o menos escondido, hasta que, por algún motivo,  toma el control de todo nuestro ser.

En fin, una novela que tal vez no será considerada entre de las mejores obras de Margaret Atwood, pero que sin duda resulta de lo más recomendable para leer. Y a Shakespeare, claro... ; )


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