lunes, 2 de abril de 2018

Verity Bargate: No, mamá, no


Idioma original: Inglés  
Título original: No mama no
Traductor: Mireia Bofill 
Año de publicación: 1978
Valoración: Bastante recomendable 

Jodie convive con su marido, David, y sus dos hijos, Matthew y Orlando. No quiere a ninguno de los tres. Ser esposa y madre la ha anulado; refugiarse en un pasado idealizado parece su única forma de evadir un presente que la asfixia. ¿O habrá otras cápsulas de escape? 

Esta viene a ser la sinopsis de la novela que hoy nos reúne aquí. Como puede apreciarse, semejante premisa tiene un potencial enorme. Y Bargate, pese a estrenarse en el campo de la narrativa con No, mamá, no, está a la altura de las circunstancias. Oh, vaya si lo está. Debo decir que este libro me ha gustado mucho, muchísimo. Últimamente estoy de suerte; en pocos meses he descubierto dos óperas primas realmente fantásticas de autores que me eran desconocidos. Primero fue Tranvía 83, ahora esta maravilla. Ojalá la racha siga por más tiempo.

En fin, que la lectura de No, mamá, no ha sido una experiencia fascinante. Sin embargo, la novela tiene un defecto que, a mi juicio, impide que esta historia alcance todavía mayor calidad que la que de por sí ostenta. 

  • Jodie no es la protagonista más adecuada. Su caracterización acaba por entorpecer algunos de los mensajes que atraviesan esta obra, hasta los contradice. Me explico: la novela explora, desde una perspectiva feminista, temas como las relaciones dependientes en las que no queda amor, la maternidad no deseada o la individualidad de la mujer que acaba siendo aniquilada por un marido. Para acompañar estos temas, pero, no tenemos a un personaje víctima de estas situaciones. O bueno, quizás Jodie sí que es víctima de las mismas, ya que las padece en cierta medida, pero en muchas ocasiones propicia o hasta exagera aquello que sufre. Además, para colmo, tiene un irritante tendencia hacia la autocompasión. Ah, y es una persona que trata a los demás como basura: se sabe "egoísta", "insolente", en muchas ocasiones, pero no hace nada por remediarlo. Y es una lástima, porque esta caracterización, repito, contradice el mensaje de la obra, o, como mínimo, le resta vigor. (Por cierto, la justificación del carácter de Jodie se nos revela al final y me parece una excusa que pretende justificar los defectos de la protagonista de forma algo tramposa) 

A continuación, destacaré aquello que más gocé de No, mamá, no

  • La redacción de la autora, aunque a veces algo naif, nunca cae en lo amateur. De hecho, Bargate tiene intuición artística: consigue plasmar ciertas ideas y situaciones de forma pasmosamente certera. En serio, hay veces en que le da el tratamiento adecuado a determinadas escenas, y uno no puede dejar de felicitarla, ya que, escrita de otra forma, la acción expresada no habría impactado del mismo modo.  
  • El argumento es interesante, y cierto giro inesperado, bien trabajado y anticipado con sutileza, lo vuelve todavía más cautivador. 
  • Podré quejarme de que Jodie no sea el personaje más apto para acompañar a los temas del libro, pero es innegable que tiene una personalidad sólida. En alguna ocasión se contradice de una manera que no parece intencionada por Bargate, pero en general está bien retratada. 
  • Los personajes secundarios de la novela desfilan con la cabeza bien alta. No es sólo que estén decentemente dibujados; también ocurre que, por nimia que sea su presencia, acaban aportando al conjunto. Por poca participación que tengan en la historia, por pocas veces que sean mencionados, lubrican la narración y potencian los temas y mensajes de la obra. 
  • Algunos capítulos de este libro son excepcionales. Incluso leyéndolos de forma autónoma funcionan; tanto su redacción como los sucesos que enmarcan les granjean el encanto sugerente y la independencia argumental de un buen relato.

Querría remarcar algo más antes de acabar esta reseña. La lectura de No, mamá, no se me atragantó un poco en el primer tercio del libro, ya que se repetían constantemente algunas palabras. Y esa no era una repetición intencionada, fruto del estilo, que también la hay; sino, más bien, una repetición cansina, que se da, aventuro, debido a la traducción. “Culpable”, por ejemplo, se ha repetido demasiado al llegar a la página 39; sólo en el capítulo IV aparece hasta en cuatro ocasiones. ¿Acaso no había sinónimos? ¿Y qué hay de “Después”? En la página 69 está cuatro veces. Pero bueno, este pequeño lastre no impide que la lectura sea por lo general fluida, y el libro, repito, es genial.  

11 comentarios:

Carlos Andia dijo...

Perdona el atrevimiento, Beatriz, pero me ha sorprendido leer los inconvenientes que le encuentras a la caracterización de la protagonista. Lógicamente no he leído el libro, pero me parece que el que describes es un personaje complejo, del que has examinado muchos de sus matices. Esa complejidad es en mi opinión un valor en sí misma, de hecho es más bien poco frecuente encontrarse personajes ricos y contradictorios como en definitiva corresponde a la condición humana.

Si te he entendido bien, parece que en este caso lo ves como un defecto en el dibujo del personaje porque distorsiona cierto mensaje que consideras que el libro quiere presentar. Y de ser así, me llama mucho la atención. En mi opinión de ninguna manera se puede reducir un personaje al estereotipo con la finalidad de colocar un mensaje. Eso (que por otra parte es tan frecuente) empobrece la narración a base de simplificar sus elementos.

Aunque también puede que te haya interpretado mal, claro. En todo caso, muy buena reseña y un descubrimiento interesante.

Oriol dijo...

Buenos días, Carlos.

Antes que nada, aclarar que la reseña es mía, no de Beatriz. Supongo que la confusión se debe al formato y presentación de la misma, que recuerda bastante al suyo. En todo caso, debo decir que es un halago que se me pueda confundir con ella, ya que le tengo un profundo respeto a su forma de escribir y a las entradas que elabora.

Dicho esto, quiero destacar que los personajes complejos y contradictorios los valoro como el que más. Mi novela favorita es "Memorias del subsuelo", y su protagonista es decididamente contradictorio. Coincido contigo en que la contradicción vuelve a un personaje más próximo, más humano. Y es también, sin duda alguna, un verdadero reto para cualquier escritor. No obstante, hay veces en que las contradicciones de un personaje no parecen planeadas, y ahí es donde se me genera una disonancia, no en la contradicción en sí. En el caso de Jodie, protagonista de "No, mamá, no", sentí esto en un par de ocasiones. Igual me equivoco, claro, pero me pareció que algunas de sus actitudes o maneras de comportarse de Jodie no cuadraban con lo que la Bergate nos había ido explicando del personaje.

En resumen: puedo disfrutar a un personaje contradictorio, pero para mí la contradicción debe tener, por paradójico que suene, algo de coherencia, debe estar en cierta manera anticipada. Si no, sería fácil escribir a este tipo de personajes, cuya caracterización podría caer en caprichosas contradicciones sin razón de ser.

En otro orden de cosas, yo también detesto la tendencia facilona de algunos escritores; ya sabes, esos que vomitan un mensaje sin ambigüedades a través de un personaje descaradamente cómplice. En “No, mamá, no” se nota que Bargate puso su empeño en que el personaje de Jodie ayudara a vehicular el mensaje, aunque nunca de forma evidente y descarada. Jodie sólo quiere ser Jodie, y “ser la esposa, la madre” (pg. 93) la anulan. Jodie es víctima de su marido y de sus hijos, en cierto modo, vale, pero tampoco es que se moleste en comunicárselo a nadie: se lo hace pagar a todos sin tratar de arreglar nada.

No sé, aquí me faltó más coherencia para con el mensaje, aunque siempre demandaría que ésta fuera expuesta de forma sutil. Porque si de verdad quieres escribir a un personaje que sufre, no lo hagas caer en el mero victimismo (y menos si ese victimismo no es siempre justificado).

En fin, no sé si me habré explicado bien. Muchas gracias por leer la reseña, comentarla y abrir un debate tan interesante. ¡Un abrazo, compañero!

Dr. Fabián dijo...

Qué verguenza, Oriol, ponerte a imitar a Beatriz.

Oriol dijo...

No te preocupes, Dr. Fabián, para la próxima ya le pediré la patente. De todos modos, espero que Beatriz haga la vista gorda por esta vez... Y que no descubra que en mi reseña de Tranvía 83 también pretendía suplantar su identidad.

Fuera bromas, gracias por pasarte por aquí y comentar con el humor que caracteriza a este blog. ¡Saludos!

Antonieta Palma dijo...

Je,je,je

Carlos Andia dijo...

Disculpa, Oriol, hubiera jurado que había visto el nombre de Beatriz. Serán demasiados días de vacaciones, o el entusiasmo por haberme librado de la cuota anual de esquí.

De tu última explicación deduzco que se trata más bien de un problema en el diseño del personaje, y no tanto de encaje en una intencionalidad global del libro como yo creí entender. De todas formas, efectivamente es un debate interesante, porque los modelos humanos a los que un personaje puede ajustarse son infinitos, incluidos los contradictorios y hasta los incoherentes (yo conozco unos cuantos).

Vamos, que al final tendré que leerme el libro, ya ves la que has liado, Oriol (porque tú sí eres Oriol, no?)

Oriol dijo...

Yo pienso, Carlos, que hay un poco de ambas cosas. De todos modos, si al final te animas a leer el libro, me encantaría saber tu opinión. Muchas gracias, de nuevo, por los comentarios. :3

Anónimo dijo...

En las redes sociales no dejan de hablar de este libro, al final habrá que leerlo. Una reseña muy completa, por cierto.

Anónimo dijo...

Estoy deseando leer este libro. Aunque leo que su autora falleció hace casi cuarenta años, creo que incluso hoy en día es rompedor hablar de la maternidad sin idealizarla, mostrándola en toda su crudeza.

Lupita dijo...

Hola a todos. No sé hasta qué punto me resulta interesante este libro, porque en la actualidad se cuestiona todo tanto, que parece que siempre hay que posicionarse de un lado o de otro.
Me parece que ahora mismo el tema de la maternidad idealizada como algo que va en contra de la naturaleza o aspiraciones de algunas mujeres ya no es tabú en la literatura. Al contrario, hay una corriente surgida tras la aparición del "club de las malas madres", centrada en la desmitificación de la maternidad, que supone casi un subgénero.
Curiosamente, las mujeres que deseamos estar con nuestros hijos todo lo posible, como una elección propia, también tenemos el cargo de conciencia (no todas) inculcado por la sociedad utilitarista, de estar tirando nuestra vida laboral o social por la borda, ya que el trabajo que se hace sin cobrar a cambio no es trabajo.
Sólo a modo de reflexión personal
.
Saludos

Oriol dijo...

Buenos días y gracias a todos por comentar. Respondo siguiendo orden cronológico.

Anónimo (I): Tienes razón, en Instagram es donde se me dio a conocer esta joyita. Es una comunidad que, en lo literario, tiene rostros más competentes que, por ejemplo, la de Booktube. Aunque hay de todo, claro.

Anónimo (II):
Ciertamente, la maternidad en este libro se desde un prisma bastante crudo. Aunque da la impresión de que esa es una maternidad selectiva. No entraré en detalles para no chafar el argumento, pero... De todos modos, me remito a lo que decía mi compañero Carlos: la protagonista es decididamente un personaje contradictorio (independientemente de que esto no siempre esté bien llevado).

Lupita: Concuerdo contigo, la maternidad no deseada ya no es un tabú literario y, de hecho, se expresa con frecuencia en textos de ficción o ensayos. Muy interesante reflexión, por cierto.