sábado, 24 de octubre de 2020

Charles-Louis Philippe: Bubu de Montparnasse

Idioma original: Francés
Título original: Bubu de Montparnasse
Traducción: Marianne Bloch-Robin 
                           Paula Izquierdo
Año de publicación: 1901
Valoración: Recomendable 

Bubu de Montparnasse es una novela formidable; no me extraña que para muchos entendidos sea la mejor de Charles-Louis Phillipe. En ella, el escritor francés hace gala de una prosa vigorosa. Asimismo, desprende reflexiones sumamente enjundiosas. Por ejemplo: «Primero hay que sobrevivir y luego se puede pensar en los sentimientos.» O: «los que parecen interesarse en la miseria se aprovechan de ella y después desaparecen.»

Como podéis ver, el fatalismo que supuran estas páginas es abrumador. No es para menos; el París de finales del siglo XIX es una ciudad cruel, especialmente con aquellos que no tienen dinero y buscan (o creen buscar) el amor. Semejante hábitat corrompe o embrutece a la alma más pura. En este microcosmos es prácticamente imposible que la bondad florezca. Y cuando lo hace, ese hecho apenas tiene repercusión en el gran esquema de las cosas. La amistad entre Pierre y Louis es sincera; el amor del primero por Berthe es, llegados a cierto punto, totalmente desinteresado. Pero, insisto, estos destellos de benevolencia no pueden cambiar el "statu quo" imperante.  

El argumento de Bubu de Montparnasse está al servicio de la atmósfera y, sobre todo, de las ideas de Phillipe. Ideas que, aunque reiterativas y a ratos excesivamente enfáticas, funcionan por la enérgica forma en que son comunicadas. Ideas que indagan en el papel de Dios en un universo despiadado, la miseria moral, el sufrimiento humano, la pobreza, la soledad y el deseo. 

El lector de Bubu de Montparnasse se plantea que qué sentido tiene hacer el bien. El entorno, como ya hemos adelantado, no se presta a ello; no vas a obtener recompensa externa alguna por actuar con rectitud, vamos. Tampoco vas a lograr sentirte bien contigo mismo, porque en un instante un hombre puede aplastar todo lo que has logrado durante meses. Así lo atestigua el clímax desolador que nos entrega esta obra. 

Apenas tres personajes protagonizan esta ficción: Berthe, una prostituta; su chulo, Maurice, al que apodan Bubu de Montparnasse; y Pierre, un joven de provincias que malvive en la capital francesa. En sus interacciones recae el  conflicto principal. En sus dinámicas, cargadas de fricciones y contrastes, reposa la carga emocional del texto (la cual no es, afortunadamente, melodramática). 

Además de la prosa, el tono, la ambientación, los personajes (secundarios incluidos) y las ideas, de esta novela debo destacar la genial caracterización de Maurice. Apenas unas pinceladas le bastan a Philippe para desnudar su psicología, tan despreciable como magnética. 

Existe, por cierto, una película italiana, dirigida el 1971 por Mauro Bolognini, que adapta libremente Bubu de Montparnasse.

viernes, 23 de octubre de 2020

Wu Ming: Proletkult

 

Idioma original: italiano

Título original: Proletkult

Año de publicación: 2018

Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona

Valoración: recomendable, tovarischi

Bueno, pues por fin vuelven los Wu Ming con nueva novela (es decir, publicada hace dos años en Italia), para disfrute de sus fans o, al menos, de este fan que aquí escribe. Para quien no los conozca, resumen resumido, que diría no sé quién: Wu Ming (o "sin nombre", en chino) son un colectivo de escritores italianos, provenientes algunos de otro proyecto colectivo que firmaba como Luther Blisset y que, entre otras cosas, van sacando novelas cada cierto tiempo, como la que nos ocupa y que se inserta en una cierta línea temática, pues si Manituana y El Ejército de los Sonámbulos transcurrían durante las revoluciones americana y francesa, respectivamente, en Proletkult se han atrevido con la Revolución rusa (supongo que con la idea de coincidir, más o menos, con su centenario). Claro que quien haya leído algún otro de sus libros sabrá que esta gente no se puede conformar con escribir una novelita histórica más o menos convencional; ésta de hoy se puede considerar más bien como la secuela de una de las novelas más insólitas (al menos para nuestra sucia mirada capitalista) de la ciencia-ficción: Estrella Roja, escrita en 1908 por el revolucionario (fue amigo y luego rival de Lenin para dirigir el bolchevismo), economista, pensador, médico y fundador de la Organización Cultural Proletaria o Proletkult (y todo esto, hay que decir, de forma bastante heterodoxa) Alexander Bogdánov. Novela que ya fue reseñada estupendamente en ULAD por el camarada Koldo, algo que me viene de perlas, pues os mando a leer su reseña y así me ahorro la mitad de la mía...

Bueeeno, vaaalee... otro resumen (muy) resumido: Estrella Roja cuenta el viaje de Leonid, un revolucionario ruso que es llevado por unos marcianos a su planeta, donde funciona un sistema socialista como el que pretender implantar los socialistas, y luego vuelve a la Tierra para contar a Bogdánov lo que ha aprendido. En Proletkult, la que viene desde el espacio exterior es la joven Denni, una supuesta nativa del planeta Nacun -que en Estrella Roja se había convertido en Marte, más reconocible para los lectores-, en busca de su padre, el tal Leonid Voloch; para ello, contacta con Bogdánov, que para entonces,  pues la visita de Denni se produce en 1927, cuando se va a celebrar el centenario de la Revolución de octubre, dirige un instituto científico dedicado a las transfusiones de sangre, en Moscú. Bogdánov, alejado ya de la política y aun sin creer en el origen extraterrestre de la chica, se dedica a buscar a su viejo camarada revolucionario -y alumno en las escuelas obreras de Capri y Bolonia- y en su indagación se reencuentra con otros antiguos bolcheviques, muchos de los cuales ostentan cargos de responsabilidad , pero con el riesgo de caer en desgracia en cualquier momento, pues son los tiempos en que Lenin ya ha sido momificado y Stalin aún no se ha convertido en el padrecito Iósif, pero ya ha dejado de ser Koba (aunque siempre el Temible).

La novela, por tanto, toma en algún momento un aire detectivesco, pero que nadie se engañe, no es éste el sesgo principal de la historia; lo que predomina, más bien, es un carácter reflexivo, a partir, por un lado, de los recuerdos de Bogdánov de su época revolucionaria y del exilio de los bolcheviques en Finlandia, Italia, París... y, por otra parte, de su reencuentro con los viejos camaradas. Es una reflexión, ya digo, sobre la deriva que había tomado la Revolución en esos diez años y sobre la mejor manera de llevarla a cabo; no me refiero a la toma del poder, sino asegurarse de que se produzca una revolución auténtica. Y, más concretamente, sobre el papel que la cultura debe desempeñar en ella y si es posible -o deseable- propiciar la creación de una verdadera cultura proletaria y revolucionaria.

Estas preocupaciones, por  fútiles y hasta ridículas que puedan parecer a la endurecida alma neoliberal de nuestro tiempo, para algunos revolucionarios de aquel entonces y para algún sector de la izquierda actual (me temo que de la más heterodoxa, si es que hay aún alguna ortodoxa), sí que eran asuntos trascendentales o al menos dignos de tenerse en consideración. para quién hoy pueda estar interesado, , ya sabe que aquí tiene esta novela. Todo el poder para los aliens... digo, para los soviets. Bueno, lo que sea...



Recreación de una de las escenas de la novela, en la que se produce un enfrentamiento simbólico, por medio del ajedrez, entre el materialismo y el empiriocriticismo. El primero es el que bosteza... Gorki mira a la cámara, porque el ajedrez no es lo suyo.

Otros títulos de los Wu Ming reseñados en Un Libro Al Día: ManituanaEl Ejército de los Sonámbulos y, por supuesto, Q

jueves, 22 de octubre de 2020

Patjim Statovci: Mi gato Yugoslavia

Idioma original:
Finés
Título original: Kissani Jugoslavia
Año de publicación: 2014
Traducción: Laura Pascual Antón
Valoración: Entre está bien y recomendable

Porque una imagen vale más que mil palabras, el meme que adjunto explica a la perfección el origen de esta reseña. Y es que un libro de un autor de origen kosovar que en su título lleva la palabra Yugoslavia era todo un caramelito para una mente un tanto perturbada como la mía.

Así que aquí estamos reseñando la primera novela novela de Patjim Statovci, una novela ambiciosa aunque algo irregular. En ella, Statovci maneja dos historias (que acaban confluyendo), dos lugares y tiempos diferentes para hablarnos de dos personajes marcados por una "Triple Alianza" - tiranía patriarcal, guerra y xenofobia - que condicionan una constante búsqueda de identidad y de pertenencia. 

Kosovo y Finlandia y el período 1980 - 2010 son los espacios y tiempos en los que se mueven Emina y Bekim, madre e hijo, dos seres que padecen el desarraigo y la discriminación en sus más variadas formas, ya sea por razón de sexo, orientación sexual, nacionalidad, cultura, etc y que parecen condenados a la soledad. Así, por un lado. recorremos la historia de Emina desde su matrimonio concertado con el complejo y contradictorio Bajram hasta su liberación definitiva, pasando por su huida de Kosovo y sus problemas de integración en Finlandia; por otra parte, está la historia de Bekim y su búsqueda de felicidad y sentido.

Como aspectos más destacados del libro, cabe mencionar:
  • la evolución de los dos personajes principales del relato,
  • la sensación de irrealidad de la parte "kosovar" de la novela, hasta el punto de que, por momentos, parecía estar leyendo una versión actualizada de "El cortejo nupcial helado en la nieve" de Kadaré, 
  • el reflejo de los choques culturales y generacionales, con unos padres infinitamente más apegados a la tierra de origen que a la de acogida y unos hijos que tratan de integrarse en una sociedad que no siempre les acepta, o
  • la desmitificación de la "utopía" finlandesa.
En el lado menos positivo, la introducción de un elemento "fantástico" en forma de gato parlanchín y malencarado y la utilización de este animal y de la serpiente como símbolos o metáforas no excesivamente claras (sobre todo, en el caso del gato). Creo que es un aspecto que rompe con el anterior ritmo de la narración y que no termina de encajar del todo. 

Aun así, "Mi gato Yugoslavia" es un relato más que interesante de dos generaciones y una Europa cada vez más multiétnica y multicultural, le pese a quien le pese.

miércoles, 21 de octubre de 2020

Ali Smith: Invierno

Idioma original: inglés 
Título original: Winter
Traducción: Dolors Udina (ed. en catalán)
Año de publicación: 2017
Valoración: entre recomendable y muy recomendable

El invierno, esa estación de final de año propicia para hacer balance de lo sucedido en los últimos doce meses. Es una época de revisión y, viniendo de la siempre crítica Ali Smith, el análisis no deja el paso del tiempo en un muy buen lugar (y, como se dice habitualmente, y a pesar de estar escrito en 2017, "da igual cuando leas esto"). Pero, más allá de un análisis de lo que ha sucedido en el mundo durante el año, el invierno también es un momento en el que tendemos a reunirnos con amigos o entre familiares en torno a una mesa, especialmente en Navidades. Y de ambas cosas trata este libro, y de bastantes más, porque sitúa en las relaciones familiares, pero también en las cosas que conforman nuestro mundo, los dos pilares ante los que desplegar múltiples temas en los que la protesta, la crítica y la denuncia siempre está presente, pero como un aviso, como un estímulo, más que como una queja. 

El libro empieza casi como un divertimento, con Sophia Cleves (exitosa mujer de negocios ya retirada) recién levantada, hablándole a una cabeza sin cuerpo que habita en su casa desde hace unos pocos días. Es la víspera de Navidad, un día en el que Sophia espera reunirse con su (corta) familia y esa cabeza que ejerce de interlocutora nos introduce de lleno en un relato de inicio estrambótico que solo es una pequeña muestra del eclecticismo estilístico de la autora. Estas primeras páginas son de lectura voraz, con el estilo rápido y ágil con el que la autora nos adentra en el mundo (o mundos) en el que se desplegará la novela y que muestra un espíritu rompedor con esas conversaciones con la cabeza que nos adentran a un mundo algo surrealista que me recuerda en parte a Saunders y su «Lincoln en el Bardo». 

El estilo de Ali Smith, mordaz, irónico y crítico se muestra en plena forma ya en esas primeras páginas, y es totalmente identificable desde esos primeros párrafos, a los que siguen un diálogo que Sophia mantiene con una médica oculista en las primeras páginas o también en otra escena inicial ubicada en un banco, que nos recuerdan en gran medida a su libro anterior, «Otoño», en la escena del pasaporte donde ya criticaba las absurdidades burocráticas y administrativas, también presentes en este libro. De esta manera, con un estilo narrativo versátil que se ajusta a lo que conviene en cada momento, Ali Smith tiene la habilidad de mezclar anécdotas con tramas y subtramas, presente con pasado, denuncia y acidez no exentas de preciosismo, personajes puntuales de potente personalidad que aparecen de manera breve pero intensa que irrumpen en la narración rompiendo su estructura para dejar constancia del torbellino de ideas que inundan la mente de la escritora escocesa en relación a la sociedad y al mundo en el que vivimos. 

Ali Smith utiliza este collage ecléctico, no únicamente en los temas tratados sino también en estilo para hablarnos de la sociedad, de política y costumbres, en un ejercicio de denuncia hacia aspectos que nos incumben a todos como la guerra armamentista, la moda de comprar cosas que parecen antiguas «como si pudieras comprarte una historia simulada para tu casa o para ti mismo». Esa crítica contumaz, directa, diáfana de Ali Smith es transversal a las particularidades de la condición humana; puede atacar por igual a la burocracia como al falso mundo virtual que estamos creando, alejado de una realidad física y palpable a la que cuestiona abiertamente preguntando «¿Cuál es la realidad?», si la que mostramos en las redes o la que se nos muestra ante nosotros de forma intencionada, eligiéndola o alterándola, sentenciando que «el mundo es aquello que creemos que sucede»; la autora critica también la clase política afirmando que «los que están en el poder solo se sirven a sí mismos, no tienen ni idea y no sienten ninguna responsabilidad para con la historia». Ali Smith, incesante en su propósito crítico abre otro frente de denuncia y otro espacio de reclamaciones narrando una manifestación que crece sin que nadie pueda pararla, porque cuando uno cae otro (u otros) ocuparán su sitio, hasta que sean tantos que nada pueda hacerse para pararlo; únicamente escuchar. 

Así, mezclando temas e introduciendo reflexiones y excursos provenientes de una aparente nada, esta novela trata no únicamente sobre el mundo que rodea a los pocos personajes que participan en ella y lo que les sucede, sino también sobre el tiempo, el pasado, la historia. Cabe decir, que estos fragmentos, si bien demuestran la versatilidad de la autora también rompen la línea argumental (ya de por sí fragmentada) y creo que son su punto débil si bien ofrecen una muestra de la medida en que la agitada mente de Smith rebosa desparpajo y conocimientos a partes iguales y construye una obra extensa en ambición en la que, como una obra de teatro de tintes Shakespearianos, las situaciones rocambolescas, los diálogos cruzados y las verdades vuelan como puñales dirigidos con certera puntería; Ali Smith envuelve de crítica todo el relato, a través de las múltiples formas que adopta en el momento que considera adecuado, y brilla especialmente en las conversaciones entre sus protagonistas, entre Lux y Art, entre Art y Charlotte, pero también entre ella y Sophia, porque, de nuevo y como ya sucedió en «Otoño», otro de los grandes logros de la autora es la caracterización, definición y retrato de los personajes; esa espléndida luz de Lux, que aporta brillo a una familia apagada (y desapegada), Sophia, con sus agudos análisis que sostienen sus férreas e inquebrantables opiniones, y su contrapunto, Iris, el desafío a sus verdades. Y Art, el comprendido (como muchos artistas), buscando un lugar en su propia vida hasta el punto de dejar que otros, como Charlotte, la ocupen. 

El invierno como época del año en que evaluamos el transcurso de un tiempo, más aún cuando este está tocando a su fin. De esta manera, el segundo libro del cuarteto estacional supone una revisión de una vida, que la propia autora expone al afirmar que «esto es lo que es el invierno: un ejercicio para recordar cómo endurecerte y después cómo volver flexiblemente a la vida». A pesar de la aparente inconexión entre «Otoño» e «Invierno», el enlace que los une es evidente por su estilo, por la habilidad de mezclar crítica con ironía, acidez con ternura, profundidad con juegos estilísticos y desparpajo que en ocasiones nos llevan a recordar, en Lux, a Lenore de «La escoba del sistema» del gran Foster Wallace. 

Ali Smith sobrevuela la absurdidad de nuestros tiempos para ponernos en el centro de la diana como causantes, más que como víctimas, y ha escrito un libro a partir del cual arrojar un torrente de denuncias y críticas hacia una sociedad que parece abocada a un futuro nada halagüeño. Pero esto es el invierno, una época del año donde la oscuridad y el transcurso de los meses propician un agotamiento vital. Quién sabe si con «Primavera» la luz volverá a irradiar el ánimo y ofrecerá, no ideas nuevas, sino más esperanzadoras, aunque sin dejar de lado ese espíritu de denuncia de la autora quien afirma en el libro, ante una manifestación, que «los manifestantes consideran que su objetivo es despertar a los que duermen», propósito que, sin duda alguna, comparte con esta interesante novela.

También de Ali Smith en ULAD: Otoño, La historia universal

martes, 20 de octubre de 2020

Elizabeth Duval: Reina

Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: interesante, pero ingenuo

Declaro abiertamente que empecé a leer Reina con la mejor de las actitudes, cuestión que no negaré que pueda ser un paraguas protector: hay libros cuyo contexto parecen obligar a un pronunciamiento favorable a priori. Autora joven (creo que no mencionaba tal circunstancia desde que reseñé a Jenn Diaz, ha llovido mucho), perteneciente a ese pujante universo LGTB, notable activista y de popularidad ascendiente que se ha ganado a pulso con las más variopintas pinceladas de presencia mediática. Actualmente, estrenada la veintena, residente en París donde cursa un doble grado en esas carreras que, se dice aquí y lo considero muy triste, abocan al paro, una de ellas, claro, Filosofía.

Digamos que un escenario propicio para esperar cualquier cosa, incluyendo, por supuesto, descaro, osadía, prepotencia, contundencia, intimidad, sea en lo personal, sea en lo meramente intelectual, sea en lo estrictamente literario. Porque Reina es, primero de todo, un diario de una estudiante fuera de su ciudad natal (Alcalá de Henares), y ya sabemos, otro estereotipo, lo que es la vida de los estudiantes ubicados en las grandes ciudades europeas, cuajada de fiestas, de relaciones, de libertad de movimiento, etc. (a no ser, ejem, que se presente una pandemia). 

Todas estas cuestiones, por supuesto, posteriores al, para mí, desprendimiento necesario de la primera capa de la novela. Ya reseñando a Paul B. Preciado, al que se dedican algunas páginas de este libro, anoté la conveniente separación del proceso fisiológico de la adecuación de género como elemento temático, como manera de desnudar el hecho, despierte la lógica curiosidad a cierto lector, del núcleo literario, de la expresión artística pura del autor. Y agradezco a Duval que haya limitado la presencia de ese hecho a dos párrafos, casi gemelos, en los que enumera su toma periódica de fármacos que permiten su transición. Permiten evitar la elusión, ahuyentan a los morbosos que aquí no encontrarán carnaza, y encuentran su acomodo. Pero también, por contraste, aislan, de forma algo cruel, la falta de fuerza de algunos de los planteamientos. Reina pasa a ser, entonces, una especie de "bitácora de Erasmus", reducido a los vaivenes de una estudiante de primeros cursos de carrera en una ciudad fascinante, con sus devaneos emocionales, sus relaciones de amistad, sus escarceos sexuales resueltos, sorprendentemente, de forma algo pacata, desde luego muy poco lúbrica (para ser lectora confesa de Houellebecq), en general, demasiado cercano para mi comodidad crítica a una letanía de encuentros, diálogos y elucubraciones de aromas tardoadolescentes, que desprenden, demasiado a menudo, cierto aroma algo pretencioso, influencia segura de sus estudios en Filosofía y Literatura, con su oportuno namedropping y su lógica querencia por rematar párrafos con expresiones en francés, no siempre entendibles, no siempre necesarias.

¿Significa ello que el libro no me ha gustado? Pues no exactamente: significa que si Duval tiene la intención de que la literatura sea, digamos, su expresión artística o su ocupación principal, deberá, tiempo desde luego tiene por delante, desenfocar su obra de su mera existencia y de su experiencia propia. Dudo que tan pronto quiera encasillarse como alternativa de autoayuda a la comunidad trans. Desprenderse también de esa capa, la ligeramente narcisista por la cual se cuela esa percepción, la de que es una chica joven e intelectual que abandera un cierto activismo en el que encontrará curiosos y aduladores que van a aplaudirla por todo su envoltorio y quizás, siento decirlo así, prescindan de buscar mucha profundidad literaria.

Las veinte páginas finales, por cierto, en las que la autora se enfrasca en una suerte de ensayo de justificación/coartada de la concepción y desarrollo del libro, confirman, gracias S.P.I. por la oportuna asistencia en las sensaciones sobre la obra, que la novela no acaba de hilvanarse como tal: una mera yuxtaposición de 140 páginas de diario algo frívolo más 20 páginas de relativa (relativa: 20 años) empanada intelectual.

lunes, 19 de octubre de 2020

Hans Holbein: La danza de la Muerte

Año de publicación de este volumen: 2008
Introducción, traducción y notas: Juan Barja y Juan Calatrava
Valoración: Recomendable para interesados

Hans Holbein el Joven (c. 1497-1543) trabajó, entre 1525 y 1526, en una serie de grabados. Conocida en la actualidad como La danza de la muerte, se publicaría originalmente en 1538 bajo el título Les Simulachres & historiées faces de la mort.

El 2008, Abada compiló las cuarenta y una obras que la forman en un volumen que incluye, también, dos apéndices complementarios: un texto de John Ruskin y El códice del Escorial. Los encargados de la introducción, traducción (la edición es trilingüe) y notas del libro son Juan Barja y Juan Calatrava.

Huelga decir que un trabajo así de riguroso es completamente recomendable para el público interesado. Y con público interesado no me refiero, solamente, a estudiosos de la materia; los profanos que acudan a él podrán disfrutar de las magníficas habilidades de dibujo de Holbein a la par que aprender sobre el tema tratado. 

domingo, 18 de octubre de 2020

Alexander R. Luria: El hombre con su mundo destrozado

Idioma original: ruso

Año de publicación: 1972

Valoración: Se deja leer (interesante)


Con este título nadie podrá ya decir que no leo libros divertidos, a que no? Pues echen un vistazo a lo que sigue: durante la Segunda Guerra mundial, creo que en la batalla de Smolensk, el soldado ruso Zasetski recibió un balazo en la cabeza. A consecuencia de ello su cerebro se vio afectado de diversas formas que luego comentaré y, tras un periplo por distintos hospitales, pasó a ser atendido por el neuropsicólogo y médico Alexander R. Luria. Este señor, que figura como autor del libro, era por lo visto toda una autoridad en esos extraños campos que estudian el cerebro humano, y publicó un montón de libros al respecto, todos relacionados con distintos tipos de afecciones y sus consecuencias sobre la actividad humana.

Luria tuvo a Zasetski como paciente durante veinticinco años y examinó con detalle las secuelas de su dolencia, lo que sin duda sirvió para profundizar en sus conocimientos sobre el funcionamiento del cerebro, y los efectos de las posibles lesiones. En este sentido, el soldado debió ser un ejemplo vivo de inestimable valor para ser estudiado, porque el pobre hombre reunía todo tipo de espantos imaginables. Algunos que nos son más o menos conocidos, como la pérdida de memoria a distintos niveles: imposibilidad de retener ideas, nombre de los familiares o del lugar donde vive, utilidad de los objetos cotidianos. Pero también incapacidad para entender preguntas sencillas, pérdida de gran parte del campo de visión y percepción disgregada de las cosas, además de terribles dolores de cabeza, vértigos y sensación de irrealidad. Zasetski ve el mundo fragmentado, distingue las partes de un objeto pero no es capaz de percibir el conjunto y no consigue ubicar las cosas en su lugar, ni siquiera su propio cuerpo: a veces siente que le ha desaparecido la mitad, otras percibe sus extremidades colocadas en formas inverosímiles o en dimensiones desproporcionadas. En ocasiones una nube de fragmentos de algo invade el espacio y hace que desaparezca lo poco que está viendo.

Luria describe la vida de Zasetski como una pesadilla permanente, y su consciencia como una interminable serie de laberintos conectados entre sí. El relato es aterrador por momentos, y las explicaciones técnicas del autor (no demasiadas, algunas con gráficos bastante rudimentarios) sobre las funciones de las distintas partes del cerebro que han resultado afectadas producen una sensación extraña, porque uno acaba pensando si todo lo que consideramos normal (formas, sonidos, relaciones espaciales), nuestras certezas sobre el mundo exterior, no serán a fin de cuentas más que el efecto estándar de un determinado funcionamiento de nuestro cerebro. Si, en definitiva, todo lo que nos rodea será realmente como creemos que es. Pero en fin, quizá no sea más que una elucubración boba bajo la influencia de una lectura perturbadora.

Decía arriba que Luria figura como autor, porque en realidad el libro es en gran parte una especie de diario escrito por el paciente, aunque el científico intercala numerosas anotaciones y, como también he indicado, algunas explicaciones sobre aspectos de la lesión de Zasetski. Resulta también llamativo que una persona con semejante combinación de dolencias cerebrales pudiera escribir algo así. Pero parece ser que este tipo de daños afectan a distintas áreas de una forma muy singular. El hombre era incapaz de leer, apenas identificaba las letras y su vista no le permitía abarcar ni siquiera una palabra entera. Pero por el contrario no había perdido la capacidad de escribir, digamos de forma automática, así que se ejercitaba de esta forma, en parte como terapia, como quien escribe en la oscuridad: no podemos ver lo que escribimos pero la mano es capaz de moverse de forma mecánica para dar forma a lo que pensamos. Así, con un enorme esfuerzo, el soldado fue llenando horas interminables durante veinticinco años hasta llenar ¡tres mil páginas de diario!, de las que afortunadamente apenas solo unas decenas han sido incorporadas al libro.

La verdad es que el carácter espeluznante de las primeras páginas del libro va quedando poco a poco algo diluido. Zasetski insiste una y otra vez sobre sus dificultades para comprender, para expresar ideas o reconocer objetos, se repite bastante, y a Luria los datos que ofrece le deben parecer muy interesantes, pero a nivel del lector profano el texto –aunque bastante breve- pierde parte de la tensión anterior (esto puede entenderse como un comentario morboso, pero es mi opinión como lector).

En todo caso, es la exposición de una experiencia devastadora, la forma en que un hombre ha visto desaparecer el mundo que conocía de un día para otro, aplastado por una realidad incomprensible y, lo que es quizá peor, perfectamente consciente de todo ello. La vida reducida a ruinas desconcertantes, un día tras otro a lo largo de años y más años. Zasetski tampoco vio mermada su capacidad para luchar contra sus nuevas limitaciones, se esforzó hasta el límite para mantener su conexión con la realidad que le había abandonado, y su diario es un testimonio contundente. Pero el daño lo llevaría consigo siempre. Esta vez fue la guerra, contra la que Luria levanta la voz al final del libro, y que tantos otros millones de víctimas de distintos tipos ha dejado a lo largo de la Historia.

P.S: Parece ser que el libro ha vuelto a ser editado en 2010 con el título de Mundo perdido y recuperado. Aun sin conocer esta última versión, y no obstante su cuestionable título, no dudo en recomendarla por encima de la que yo he leído, una edición argentina cutre de letra minúscula que no me ha puesto las cosas nada fáciles.


sábado, 17 de octubre de 2020

Miguel Delibes: El camino

Idioma original: Español
Año de publicación: 1950
Valoración: Muy recomendable alto

Se cumplen hoy 100 años del nacimiento de Don Miguel Delibes, uno de los grandes de las letras españolas del siglo XX, y en ULAD lo celebramos leyendo y reseñando "El camino", tercera novela del vallisoletano. 

Publicada en 1950, cuando Delibes contaba únicamente con 30 años, "El camino" es una novela dotada de una belleza sencilla, emparentada en cierta forma con el neorrealismo italiano y con la novela existencialista, en la que un suceso tan "nimio" como la partida de Daniel, el Mochuelo, de su valle natal a la ciudad con el fin de "progresar" es el punto de partida para una historia en la que se alternan dos tiempos y varias posibles lecturas. 

Los tiempos serían el presente constituido por la noche previa a la partida y el pasado formado por los recuerdos, imágenes y sensaciones que las historias de los vecinos de la aldea dejan en Daniel. Así, pasado y presente aparecen unidos en lo que puede y debe ser leído como novela de formación ("los grandes raramente se percatan del dolor acerbo y sutil de los pequeños", "el poder de decisión le llega a un hombre cuando ya no le hace falta para nada"...), pero también como retrato costumbrista de la España rural de la posguerra, como novela social "en ciernes" o anunciadora de las posteriores "Las ratas" o "Los santos inocentes", como novela picaresca, etc.

Más allá de estas posibles lecturas, varios son los aspectos que destacaría de la novela:

  • La elección de narrador omnisciente. No es infrecuente el uso de la primera persona en este tipo de narraciones protagonizadas por niños, pese a que el riesgo de caer en "impostura" es grande. Aquí Delibes opta por la tercera persona para la reconstrucción, desde la óptica de Daniel, de la historia del valle y de la vida del propio Daniel. Con esto consigue, al mismo tiempo, transmitir veracidad y cercanía.
  • El final de la inocencia, magníficamente dibujados a través de los sucesivos descubrimientos que, voluntariamente o no, realiza Daniel.
  • Los personajes. "El camino" es, por encima de todo, una novela de personajes (como tantas otras de Delibes, por otro lado). Y no solo Daniel, el Mochuelo, con su desasosiego cósmico, o Roque, el Moñigo, o Germán, el Tiñoso, sino que los secundarios también contribuyen a la creación de ese pequeño mundo a escala que es el valle.
  • La representación del mundo rural. El riesgo de caer en la idealización de la infancia y de su mundo es evidente, pero Delibes lo esquiva presentando un mundo rural lleno de claroscuros. Pese a que las descripciones de paisajes sí que transmiten la sensación de "Arcadia feliz", los personajes y situaciones reflejan la variedad de sentimientos, virtudes y defectos que podemos ver en cualquier persona, lugar y tiempo, lo que hace de "El camino" una novela atemporal.
  • Novela sensorial. Por todos es conocido el amor de Delibes por la naturaleza, lo que se traduce en que "El camino" sea una novela con olor a heno, a hierba recién cortada, a moñiga, etc.
  • Last but no least, el humor y la ironía. Creo que este es uno de los aspectos más sorprendentes de la novela. Y es que el comienzo de la novela no parece presagiar nada similar, pero muchos de los personajes y situaciones tienen un punto entre lo trágico, lo cómico y pícaro. Sirven de ejemplo las travesuras de los capítulos XIV y XV o las andanzas de las Guindillas, de Quino, el Manco y demás.
Ya paro. Esto se me esta yendo de las manos, pero el centenario de Miguel Delibes y un libro tan tierno y lacónico como "El camino" lo merecen. ¡Larga vida a la obra de Delibes!

Un montón de libros de Miguel Delibes reseñados AQUÍ

viernes, 16 de octubre de 2020

Mónica Ojeda: Las voladoras

 Idioma: español

Año de publicación: 2020

Valoración: sin duda, recomendable

Esperado libro de relatos (al menos para sus admiradores, entre los que me cuento), de esta joven escritora ecuatoriana en la que muchos tenemos puestos nuestras mayores esperanzas; esperanzas que ya son realidades, en verdad, como atestiguan sus libros publicados hasta la fecha. En este caso, se trata, ya digo, de un breve volumen de relatos encuadrados en lo que alguien ha dado en llamar "gótico andino". No seré yo quien lo desmienta, pese a que estas etiquetas siempre resultan algo desconcertantes, amén de reduccionistas... En fin, más discutible aún resulta lo de "gótico sureño" y bien de éxito que ha tenido el "conceto" que decía aquel...

Pero al lío: Las voladoras está compuesto por ocho relatos (me resisto a llamarlos "cuentos", pese a que alguno pueda recordar los más terribles cuentos de los hermanos Grimm, por ejemplo) de extensión variable, aunque la mayoría oscilan entre las diez y veinte páginas. Son todos relatos que podríamos adscribir al género de horror o, mejor aún, "malrollero", si me permite el término, sin que siempre esté presente el elemento fantástico o sobrenatural. En varios no es así, de hecho, y justamente es esa conciencia de que lo que sucede en ellos podría pasar en nuestra ciudad o pueblo, en la casa de al lado, en nuestro entorno más próximo, es lo que genera, tal vez, mayor desasosiego. Aunque difieren de unos a otros en cuanto a su trama y circunstancias, hay elementos comunes a todos los relatos, o casi, además de la excelencia de la prosa de esta autora, una auténtica malabarista a la hora de utilizar ciertos registros, como el uso del narrador en primera persona. Éste, por cierto, es el primero de los rasgos comunes a todo el libro: 

  • El uso de la primera persona y, en casi todos los relatos -excepto el último, en realidad-, por parte de narradoras femeninas, ya sean adolescentes o mujeres adultas. A las que les pasan cosas muy chungas, por cierto...
  • La familia y las relaciones, en general, tortuosas entre sus miembros como ámbito en el que se desarrollan las historias o que al menos las condiciona de una manera determinante. El único relato donde no sucede esto, Soroche, tiene lugar entre un grupo de amigas que se conocen desde niñas, casi como hermanas... (las hermanas auténticas y sus no menos peculiares relaciones parecen en algunos de los otros relatos, por cierto).
  • El cuerpo humano o partes de él (la cabeza, los dientes, la sangre, el oído, la lengua) y sus pegajosa materialidad, su degradación, nuestra esclavitud inevitable a sus límites. Esta presencia de lo orgánico, de la crudeza inexorable de la biología, me parece un rasgo propio, casi definitorio, de la literatura de Mónica Ojeda, hasta donde yo conozco...
  • La raigambre andina o ecuatoriana de estos relatos. Cierto es que sólo algunos de ellos, como el que da título al volumen, Las voladoras -una especie de harpías, para entendernos-, el último, El mundo de arriba y el mundo de abajo y también Cabeza voladora están inequívocamente basados en las leyendas o religión propia del país de la escritora, mientras que Terremoto hace alusión a sus características geomorfológicas; los demás podrían desarrollarse lo mismo en Ecuador que en España, Estados Unidos o, yo qué sé, Escocia... Ahora bien, Ojeda se ha preocupado de poner algunas referencias a localidades u otros lugares de Ecuador para que situemos geográficamente sus relatos.
  • En muchos casos, las protagonistas/narradoras muestran un grado mayor o menor, pero siempre evidente, de obsesión, que puede centrarse en algún suceso o elemento de su vida, presente o pasado, así como en acontecimientos que ocurran fuera de ellas pero que les afecte de forma decisiva, .
Ahora bien, que nadie entienda que por compartir estos elementos comunes, los relatos del libro están cortados por el mismo patrón o son variaciones de un mismo tema. Nada de eso; de hecho, incluso estilísticamente hay diferencias entre ellos. Desde el surrealismo lírico -o lirismo surrealista- de los citados Las voladoras, Terremoto, o El mundo de arriba... al tono más estándar, dentro de una mirada subjetiva, de Cabeza voladora y Saroche, pasando por el subjetivismo en apariencia más confuso, de Sangre coagulada y Caninos. Y destacando sobre todos ellos, en mi opinión, la contundencia, el dominio del ritmo y del crescendo narrativo de Slasher, para mí el relato más redondo de todos -quizás junto al primero, Las voladoras-, de una rotundidad implacable y una ferocidad que recuerda a la de la anterior novela de esta autora, Mandíbula. Ya digo que creo que éste es el mejor relato, aunque también Las voladoras, Sangre coagulada, Caninos o Saroche me parecen de un nivel muy notable. Los demás también resultan muy interesantes, pero tal vez no alcanzan esa redondez de que he mencionado; en alguno de ellos, por ejemplo, la adición/ revelación de elementos, que van saliendo a la luz como capas de pintura de un mueble viejo, funciona de maravilla, como es el caso de Caninos, mientras que en otros, como Cabeza voladora, el resultado parece más forzado.

Por último, tendríamos el asunto de la inserción de este libro y esta autora dentro de ese ¿movimiento? ¿Generación? ¿Boom? de escritoras latinoamericanas de lo más "cañeras" al que estamos asistiendo en este siglo XXI y de las que hemos hablado ya muchas veces en este blog, así como, por supuesto, lo han hecho los medios literarios en general... Me parece apreciar que Ojeda, una de las más jóvenes representantes de este grupo quizás informe pero evidente, es bastante consciente de quiénes son sus compañeras literarias y así, aún sin perder su personalidad propia, algunos cuentos nos remiten o recuerdan a la narrativa de otras escritoras; desde el ¿gótico argentino? de Mariana Enriquez, cuyo regusto yo encuentro presente en Cabeza voladora y El mundo de arriba... (aunque en este caso, el relato también se diría, un poco, un hijo andino del Pet Sematery de King), a la bizarría sexual de Temporada de Huracanes, de Fernanda Melchor, que encontramos en Caninos, o a la sevicia de la sociedad reflejada en Soroche, que recuerda un tanto a los relatos de una compatriota de Ojeda, María Fernanda Ampuero. Por supuesto, esto no significa que haya algún tipo de seguidismo por parte de Ojeda; al contrario, repito que ella es una de las escritoraas más destacadas de todo este conjunto. Pero es obvio que van todas en la misma dirección y es emocionante, como lector, estar asistiendo a la eclosión  de tantas autoras que están escribiendo lo mejor que se hace en español, ahora mismo. En mi humilde opinión.


Otros libros de Mónica Ojeda reseñados en Un Libro Al Día: NefandoMandíbula

jueves, 15 de octubre de 2020

Germán Ynze: Las tormentas no leen el pronóstico del tiempo

Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: muy recomendable

Lamento profundamente declinar, uno tras otro, los ofrecimientos que arrecian en el mail de este blog, algunos directos y con cierta gracia, otros simplemente correctos, alguno muy desorientado sobre la filosofía que nos imbuye nuestro coordinador virtual. 

Vienen a confirmarme que el mundo editorial es una olla en ebullición constante de autores que piensan que tienen  algo que contar al mundo, y que a veces darían para generar toda una teoría (que enlazaría con el culto al cuerpo, los tatuajes, los medios de transporte individuales, el creciente número de personas que transita con auriculares, la irrupción de los smartphones, etc.) sobre el neoindividualismo al que la crisis de 2008 nos empujó y la pandemia nos ha precipitado.

Pero todo ello solo puede servir de presentación para este libro: Germán Ynze, argentino en Catalunya (una comunidad extensa que empieza, y me alegro, a ser influyente) hace años que publica cuentos en su blog.  Una década, ya. Cuentos que tienen un público fiel, no numeroso, pero fiel. Apuesto a que la cuestión del número le da un poco igual. Los escritores que escriben sin tener en cuenta demasiado la reacción del lector hacen bien en no estar pendientes de eso, escriben bajo estado de arrebato porque una idea se ha fijado en la cabeza regresando a casa (porque suelen subsistir de otras cosas que la literatura, esto no es Noruega), porque algo les ha impresionado o porque reconducen los hechos de su vida y les dan forma escrita. Y algunos de estos cuentos se han reunido aquí y se han auto-publicado con las virtudes y defectos de la auto-publicación, que un poco son las unas y los otros lo mismo: libertad creativa, escaso rubor a la hora de presentarse, timidez tras el orgullo de mostrarse al mundo a través de lo que uno escribe. 

Lo de escribir, por cierto, Ynze lo hace muy bien. Resulta muy revelador que entre estos cuentos, los más notables sean los más largos, aquellos cuajados de diálogos donde los personajes afloran por encima del anonimato de aquellos más cortos, más esquemáticos, quizás más representativos, diría el autor, porque ochocientas, mil palabras, lo suelto, publico, es más directo que un cuento con sus personajes y sus contrapartidas y un cierto hilo narrativo. Si Ynze no fuera un buen autor, los cuentos largos se resentirían de esa manía perfeccionista del escritor obstinado y no: yo diría que solo cambiaría aquí alguna falla sintáctica y ortográfica y que quizás algún cuento no necesita esa frase final como un redoble, que a veces se me antoja superfluo pues el cuento ya queda bien cortado ahí, al filo del abismo. Son historias esquemáticas, que muchas veces albergan giros siniestros o trágicos, lo cual las emparenta con una obvia influencia del autor como es Cortázar. Sus escenarios son urbanos y sus protagonistas gente de a pie a la que distingue algo extraordinario. Nada de grandilocuencia, nada de mundos ajenos: hoy y aquí, tipos corrientes en su día a día. No tienen un género específico al que adscribirse, aunque haya ciertos detalles que lo acercan al terror, a un terror cotidiano propio de algunos relatos de Schweblin, de Enríquez, de Foster Wallace, no un terror central sino colindante, cercano, más de rellano de la escalera o de cruzarse por la acera.

Colchón cuenta con Hernán Casciari como veladura, como presencia de fondo, es una muestra perfecta del estilo de Ynze: calma y reposo, cotidianidad solo aparente que esconde algo trágico, cuestión que define muchos de los relatos de la colección: Cena o la inicial Angustia también se reservan sus detalles truculentos, el humor negro, asevera la sinopsis en la contratapa y es así, es un elemento común, aunque relatos como Vida I y Vida II, cierran la colección, no solo por el orden alfabético sino por una especie de justicia poética que viene a resumir esa esencia levemente sobrenatural que flota en esta notable obra: una mota de polvo y una especie de divinidad explican sobre sus existencias. Y me estoy dejando en el tintero muchos relatos aparentemente situacionistas pero que siempre abarcan algo más: Primavera, Möbius o Leda atómica tratan temas mundanos de forma que su lectura resulta atrapante y seductora, y uno cierra el libro con la impresión de que Ynze es capaz de desplegar recursos y manejarse bien en escenarios muy diversos. Escritor a seguir, queridos.

miércoles, 14 de octubre de 2020

Camille Paglia: Sexual Personae

Idioma original: Inglés
Título original: Sexual Personae
Traducción: Pilar Vázquez Álvarez
Año de publicación: 1990
Valoración: Recomendable para interesados

Sexual Personae es una obra monumental. No sólo por su envergadura (que también), sino por su ambición y alcance. En este ensayo, Camille Paglia aborda el principal conflicto de Occidente: la tensión entre lo apolíneo y lo dionisíaco. Para ello recurre a varias disciplinas: mitología grecolatina, historicismo, análisis literario, crítica de arte, religión...

Que nadie se sienta intimidado por lo que acabo de decir. Sexual Personae es una mezcla de erudición y asequibilidad, de modo que puede ser disfrutado tanto por académicos como por lectores comunes.

Algo que valoro de Paglia es que entiende que la sexualidad (una de sus principales inquietudes) no es lógica y racional. Por ello, la aborda desde los prismas neblinosos del arte y la psicología; la sublima, incluso, aunque en el proceso caiga en proclamas que la sociedad infantilizada en la que vivimos considerará polémicas.

Debo decir que Sexual Personae me ha gustado bastante más que Vamps & Tramps. Más allá del feminismo, una miscelánea que aglutina varios trabajos breves de Paglia. El discurso de la autora sigue abusando del psicoanálisis freudiano o apoyándose en exceso en arquetipos monolíticos, por ejemplo, pero al menos ves su tren de pensamiento, el cauce que sigue hasta llegar a emplear estos recursos analíticos, de modo que se antojan más convincentes.

La edición al español de Sexual Personae que yo he leído, publicada en 2020 por Deusto, tiene más de ochocientas páginas de letra chiquitita y está prolijamente ilustrada. La única pega importante que le pongo es que no sitúa las notas al pie. 


También de Camille Paglia en ULAD: Vamps & Tramps. Más allá del feminismo

martes, 13 de octubre de 2020

Davide Enia: Apuntes para un naufragio

Idioma original: italiano
Título original: Appunti per un naufragio
Traducción: Miquel Izquierdo
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable

El polifacético autor Davide Enia, dramaturgo, actor y novelista, escribió esta novela en 2017 para denunciar la inhumana situación que deben afrontar los migrantes del Mediterráneo y fue posteriormente adaptada y llevada al teatro por él mismo, lo que le supondría ganar el Ubu, el premio teatral más importante de Italia. Y no es difícil imaginar el porqué, visto el tema que trata y su enfoque.

Dice Enia, justo al principio, que Lampedusa «es una isla en la que los elementos te caen encima sin que nada te lo impida. No hay defensas». Y esa sensación de impotencia, de injusticia, de avalancha de calamidades contrapuestas a los pocos medios de los que se dispone se evidencia a lo largo de la narración de una historia compuesta de situaciones particulares y diálogos entre Davidù (protagonista del relato) y los diferentes personajes con los que entabla conversaciones para intentar comprender y entender la situación de los refugiados que llegan a las costas de la isla italiana.

El autor trata el tema de la migración partiendo de conversaciones con diferentes actores que participan de un modo u otro en el desembarco y la acogida de migrantes y lo hace situando unos pocos personajes esenciales: Davidù (protagonista narrador), su padre (un cardiólogo ya retirado, de carácter duro y reservado), Melo y Paola (que ostentan el break & breakfast donde se hospedan) y Beppe, el tío de Davidù por parte de padre quién se encuentra en momentos delicados de salud y que completa el trío familiar que compone el segundo gran pilar de la novela: las relaciones personales y familiares.

Con este propósito y entrando de lleno en la historia, la narración empieza en una conversación de Davidù con un buzo que trabaja salvando vidas; un buzo con ideología de derechas, pero que afirma que «en el mar cualquier vida es sagrada» y recuerda, mientras rompe a llorar, lo que es salvar un niño del mar y sostenerlo entre los brazos. Esas imágenes que, por desgracia, podemos reconocer fácilmente, hacen que conectemos inmediatamente con el relato y el estilo del autor, muy próximo, muy humano, muy sensible (aunque sin querer añadir más drama al inherente de la propia situación). También emotivas son las aportaciones a la historia de Paola y Melo y sus recuerdos de cuando se mudaron a vivir a Lampedusa a principios de siglo, antes de la llegada masiva de migrantes, y su reacción ante esas primeras llegadas, evidenciando la dicotomía existente ante tal situación: «Existen dos instintos, aunque uno precede al otro: protegerse o ayudar al prójimo, porque el de ayudar también es un instinto. El miedo a lo distinto, a lo que conoces, sea lo que sea, humano, animal, natural, es normal. Y si lo superas la primera vez, probablemente no se te volverá a presentar». 

El autor incide en las contradicciones de la sociedad occidental y las muestra de manera diáfana al hablar sobre la sobreocupación de los centros de identificación y expulsión y la injusticia de la situación de quienes están en ellos. Así, Enia afirma, acertadamente, que «el mundo aplaudía la primavera árabe y luego encarcelaba a sus protagonistas», y con esa proclama de denuncia narra esos primeros desembarcos después de la primavera árabe, con miles de personas llegando a Lampedusa, más incluso que la cantidad de sus propios habitantes. Y, con ello, expone la dificultad de tratar con la situación por sus opciones dicotómicas, pero no excluyentes: la ayuda humanitaria o el miedo. 

Enia escribe episodios muy duros, como el del desembarco de más de medio millar de personas en 2004 y la situación en las que se hallaban, pero también la dureza de lo que tienen que soportar, los hombres, pero especialmente las mujeres por las violaciones a las que son sometidas porque «para una mujer siempre es peor». Un duro relato de cómo avanzan en una travesía sin destino claro, muriendo poco a poco, sin comida ni agua, con un sol abrasador, porque «el Sáhara es como el Mediterráneo, lleno de huesos de los que, huyendo, intentaron atravesarlo». Abandonando cadáveres en el mar, luchando mentalmente por no olvidar sus nombres. Y los cadáveres que llegan, a veces niños, otros bebés. Sin que nadie haga nada. 

Uno de los mejores logros del libro es que el protagonista conversa con aquellos que ofrecen ayuda humanitaria, pero sin dar lecciones y deja que sean las propias historias y los propios testimonios quienes a través de las anécdotas o relatos que ofrecen sean quienes carguen con el peso del mensaje; es la propia situación la que lleva una carga moral y no es necesario ahondar en ella, pues es objetivamente claro que la situación es inhumana tratándose de personas que lo abandonan todo en lo que era «un viaje por etapas y en cada escala había que hacer otro pago. Mientras hubiera dinero se avanzaba: quien lo agotaba, era abandonado en el desierto».

A partir de esa trama de fondo, el libro también nos permite conocer la historia entre Davidù y su padre, una historia de silencios, de distancias, y también de naufragios emocionales, de una relación fría pero presente y constante, de incomunicación porque, en paralelo, el libro narra la historia de la relación entre ellos, así como la de su padre con su abuelo. Una relación basada en el silencio propio de los hombres de antaño, de pocas palabras y sentimientos y afectos escondidos. «Con la edad, uno se dice: “Cuántas cosas podría haber hablado con mi padre”».  Así, la crisis humanitaria se utiliza como escenario para narrar también la distancia y la acogida, a nivel emocional, entre su padre y su tío, entre relaciones familiares que, a veces, también necesitan de alguien que las rescate de su abandono.

Mejor cuando habla de la ayuda humanitaria y los refugiados que cuando narra la relación entre su padre y su tío o el libro que ha escrito, el relato se sirve de las conversaciones de Davidù con diferentes personas que participan en salvamento y arribos para narrar desde un punto de vista personal, emocional, anímico que supone para los que llegan, pero también para quien da su vida en ayudar en ello. Las historias contadas están llenas de vida, de muerte, de miedo, pero también de esperanza. El tono que sobrevuela el texto, en lo tocante a los refugiados, tiende a ser positivo y es posible que eso sea debido a que fue escrito en 2017, poco antes de la llegada de Salvini al poder y sus horribles decisiones políticas. 

Afirma el autor que «a pesar de todo este sufrimiento que se expone, seguimos siendo incapaces de entender lo que está sucediendo. Al final, ¿qué ha cambiado?”». Y, en parte, lamentablemente está en lo cierto. Puede que muchas de las personas que vean la imagen del niño sirio ahogado o muchas tantas otras queden impactadas en un inicio, pero también es posible que dejen esa imagen olvidada entre otras trágicas imágenes que por un momento sintieron dentro de ellos. Es posible que así sea, pero también que, al final, haya una que por un motivo u otro cale más que el resto, que haya un libro (como el que nos ocupa) que incida de manera diferente, desde otro ángulo, y logre que algo cambie y pasemos a ser testigos, no de las muertes, sino de los sueños cumplidos. 

Dice Davide Enia que «la historia de la migración serán ellos mismos quienes la cuenten, los que partieron y que, pagando un precio inimaginable, llegaron a estas playas. Se necesitarán años. Es solo una cuestión de tiempo, pero serán ellos quienes nos cuenten los itinerarios y deseos (…) Serán ellos los que nos expliquen el precio exacto de una vida en esas latitudes. (…) Serán ellos quienes nos expliquen en qué se ha convertido Europa y nos mostrarán, como un espejo, en qué nos hemos convertido nosotros». Y no podemos cerrar los ojos ante esa realidad y esperar a que la lamentable imagen que ese espejo nos devuelve desaparezca sin que nadie haga nada para cambiarla.

lunes, 12 de octubre de 2020

Reseña a cuatro manos: Las malas, de Camila Sosa Villada

Idioma original: Español
Año de publicación: 2019
Valoración: Bastante recomendable

Dice el prólogo de Juan Forn (con gran acierto, por otra parte) que «Las malas es un relato de infancia y un rito de iniciación, un cuento de hadas y de terror, un retrato de grupo, un manifiesto político, una memoria explosiva, una visita guiada a la fulgurante imaginación de su autora y una crónica distinta a todas, que viene a polinizar la literatura». 

No seremos nosotros quienes llevemos la contraria al prologuista, pero sí que haremos alguna puntualización / comentario / apostilla. Pero antes, resumen resumido: la joven Camila se une a la tropa de travestis que se prostituyen en el Parque Sarmiento, una extraña familia que orbita alrededor de la Tía Encarna. Pasado, presente y futuro se fundirán en su relato de crecimiento, en la historia de la propia Camila Sosa, escritora, dramaturga y actriz reconocida en su Argentina natal, quien concibe la escritura como un acto revolucionario: la transformación de la vergüenza, el miedo, la intolerancia, el desprecio y la incomprensión en alta prosa.

En nuestra opinión hablamos de un libro dual en varios aspectos: en él se combinan la novela de formación y la crónica, la poesía (muy vinculada al realismo mágico) y la cruda realidad, tragedia y comedia, grandeza y miseria, lo lúdico / festivo / hedonista y lo sórdido. Se trata, por otra parte, de un libro hecho de gestos que habla del machismo, del peso de la cultura, de la intolerancia, el miedo y la vergüenza. Destaca el tratamiento de la siempre peliaguda cuestión de la prostitución sobre la que la autora vuelca, a través de su propio testimonio, una serie de reflexiones que no deberían dejarnos indiferentes y que deberían incorporarse en el debate que ya se está manteniendo desde el mainstream.

Desde luego, es innegable que se trata de un texto que posee una fuerza tremenda, ya sea leído como novela de formación o como crónica. El texto abre una brecha en el muro que hasta ahora se interponía entre el lector y los hechos; es constante la sensación de que se nos está revelando una realidad horrenda y maravillosa al mismo tiempo mediante un testigo impagable, ya que si son bien pocas las mujeres trans que han sobrevivido a una vida marginal inmersa en la prostitución, aún son menos las que han conseguido hilar un relato sólido y emotivo desde una voz tan genuina y autoconsciente. 

Otra cosa es que la suma de novela de formación y crónica funcione igual de bien que cada uno de los sumandos. 

Por sí sola, la «novela de formación», esa en la que se narra la infancia y la adolescencia de Camila, la toma de conciencia de su sexualidad y las reacciones que ello provoca en su entorno, etc es terrible y magnífica, conmueve y remueve al mismo tiempo. Al final es la narración de cómo Camila se abre furiosamente paso a través del cuerpo de Cristian a pesar de tener a su familia y su entorno en contra y de la conciencia de que está dejando todo atrás para convertirse en una desheredada.

Por su parte, la «crónica», esa en la que se narran diferentes historias de los variopintos personajes que atraviesan el pasado más reciente y el presente de Camila, posee fuerza e imaginación, belleza y podredumbre a partes iguales, aunque nos da la impresión de ser algo reiterativa. La crónica se desarrolla alrededor del grupo de travestis liderado por la Tía Encarna al que Camila se une sin dudarlo; la miseria y la violencia a la que todas ellas se enfrentan diariamente en la calle contrasta salvajemente con el amor y la humanidad que las inunda de manera natural cuando se hallan en el seno de su particular familia. El retrato de su convivencia y de sus extrañas aventuras es hermoso y conmovedor a la vez que devuelve cierta esperanza hacia la bondad que supuestamente reside en el ser humano.
«Inmediatamente noté que todas estaban a sus pies y que, en caso de peligro, ella era quien se ponía delante de los golpes. Me arrebujé bajo su ala, bajo sus plumas iridiscentes. Aquella pájara multicolor nos protegía de la muerte.»
Es, en cambio, la suma de la partes lo que nos parece que no termina de cuajar. Transmite la sensación de ser algo deslavazado, desordenado, como escrito a trompicones. Esto no es óbice para que, especialmente por lo comentado en párrafos anteriores, nos encontremos ante una obra de un alto valor literario y absolutamente necesaria para dar visibilidad a realidades que tan incómodas resultan para las mentes «bien pensantes». Todos sabemos que las cosas no han sucedido hasta que no son contadas.

Beatriz Garza y Koldo CF

domingo, 11 de octubre de 2020

Elizabeth Brundage: La apariencia de las cosas

Idioma original: inglés
Título original: All Things Cease to Appear
Año de publicación: 2016
Traducción: Juan José Estrella González
Valoración: Más que recomendable

No sé quién, exactamente, decide en qué categoría clasificar o etiquetar un libro para su salida al mercado literario, si es alguien de la casa editorial, el propio escritor o escritora, su agente... o incluso un periodista o crítico, como parece ser el caso de esta novela, a cuya edición española le han plantado en su cubierta las palabras de alguien de The Wall Street Journal (tampoco sé si se le puede pedir mucha finezza a esta gente), calificándola como "thriller literario"... Sí, este concepto, aunque sé que existe, también me deja un poco epatado (hasta que uno recuerda que ahora también se utiliza el de "novela literaria", que ese ya te dejas patas p'arriba, ¿que no?). Ahora bien, ¿qué habrá de cierto en esta curiosa etiqueta? Pues en el caso de la novela que nos ocupa, en lo de thriller, algo, pero tampoco tanto: es verdad que se trata de una novela con crímenes -de hecho, comienza con uno-, pero si con thriller se refiere a una historia excitante, incluso trepidante, por ahí no va la coasa, ya lo advierto. Lo de "literario" sí que es más cierto, si se pretende con ello destacar la calidad de la prosa de Elizabeth Brundage, que es mucha, y sabe aplicarla con delicadeza en la descripción de sensaciones, sentimientos, estados de ánimo... así como de atmósferas y paisajes, que tienen no poca notoriedad en esta novela. 

La trama se desarrolla en un pequeño pueblo del estado de Nueva York, en la antigua granja lechera de los Hale, familia que debe abandonarla en 1978, debido a las deudas y a una tragedia que sucede allí. En la granja se instalan entonces George Clare, joven profesor de Historia del Arte, su esposa Catherine y su pequeña hija Franny; hasta que una tarde del invierno siguiente George vuelve a casa desde la universidad donde imparte clase para encontrarse a su esposa asesinada, aunque la niña está bien. Lo esperable, o al menos lo más habitual en una historia de este tipo, es que a partir del hallazgo del cadáver, la narración fuera siguiendo el proceso de investigación, descubrimiento de pistas, selección de sospechosos, interrogatorios, etc. Pero no: la autora lo que hace es ponernos en antecedentes sobre las familias protagonistas, los Hale y los Clare, y, con mayor detalle, sobre todo lo sucedido durante el año anterior al asesinato. Sólo después nos cuenta la investigación llevada a cabo por la policía del lugar.

En el libro encontramos pues, una novela policiaca sobre un crimen, unas crónicas familiares -también sobre las vicisitudes de otros personajes secundarios, aunque todos tienen su importancia en la historia-; una descripción de una zona rural en crisis y también de las interioridades de las universidades estadounidenses; una sembalanza psicológica -un poco a lo Highsmith, para entendernos- de un asesino psicópata (o sociópata, o ambas cosas, que uno ya no sabe...); un retrato generacional de esos que ahora llamamos "boomers", cuando aún eran jóvenes y no tenían problemas de próstata... y para terminar -aunque hay alguna cosa más, que no mencionaré- el siempre estimulante aporte de las historias de fantasmas... Tantos elementos en una sola novela podría dar como resultado un popurrí confuso y hasta ilegible, pero Brundage sabe no ya combinarlos sin que se estorben entre sí, sino incluso armonizarlos de manera que las distintas facetas de la historia se enriquezcan unas con otras. Pero, ante todo, lo que eleva la novela al nivel de la obra de los escritores/as más reconocidos de la literatura actual, como ya he mencionado, es la excelencia de la prosa de esta autora (quizá lo que hace que tanto eela como el libro no disfruten de más notoriedad sea el carácter "de género" de la novela, no sé...).

Una novela, ya digo, estupendamente escrita y de cierta originalidad en su planteamiento, aunque también aviso, impregnada de gran tristeza en casi todas sus páginas. No es una historia alegre -sobre todo para las mujeres que aparecen en ella- y da más lástima aún por el cariño que se le toma a la mayoría de los peersonajes, pero, aún así y sin duda alguna, merece la pena su lectura.

sábado, 10 de octubre de 2020

Ramón Saizarbitoria: Porque empieza cada día

Idioma original: euskera

Título original: Egunero hasten delako

Traducción: F. Eguía Careaga

Año de publicación: 1969 (en castellano, 2020)

Valoración: Está bastante bien 


Alguien debería explicar por qué (razones editoriales, supongo) hemos tardado la friolera de cincuenta años, que se dice pronto, en tener traducción al castellano de la primera novela de Ramón Saizarbitoria. Se iba a publicar el pasado mes de mayo pero, ya se sabe, hasta en eso ha tenido que intervenir el puto virus. Hay que ser sincero: el mundo no estaba pendiente de la traducción de este libro, ni (que yo sepa) se han organizado seminarios para analizar la nueva joya y celebrar el descubrimiento; pero sí que es un título que tiene cierto valor en la historia de la literatura vasca. 

Allá por el final de los 60 la narrativa en euskera era poco menos que un erial, y la aparición de esta novela fue una revelación, confirmada pocos años después con Ehun metro (Cien metros). Tal vez junto con Txillardegi, Saizarbitoria había roto con la forma tradicional de narrar en lengua vasca, había demostrado que podían contarse otras cosas (aparte de historias del terruño, la guerra o el exilio) y de otra forma (planos diversos, secuencia temporal fragmentada, en alguna medida bajo la influencia del nouveau roman, que ya llevaba unos cuantos años de rodaje). Así que con un cierto retraso, desde luego muy comprensible, respecto a la narrativa en castellano, este libro abrió la puerta a una nueva etapa, y de ahí el interés en contar con la traducción para aquellos a los que la lengua materna no nos da como para disfrutar plenamente de la lectura, aunque en este caso no sea demasiado compleja.

Y no, no es un texto complejo en absoluto. El estilo de Saizarbitoria es limpio, fluido y objetivo, como de alguien que lleva años depurando su prosa, aunque en este caso fuese su primera obra. Y es además un relato a la vez intemporal y muy pegado a su tiempo. A finales de los 60 brotaban ideas y comportamientos que ponían en jaque el orden ético dominante tras la Segunda Guerra mundial, ya se sabe: el movimiento hippie, el pacifismo, el amor libre y toda esa historia nacida en una juventud que se siente despegada del pasado reciente y mira hacia nuevas perspectivas. El 67 fue el Verano del Amor, y en mayo del 68 (justo después de terminarse nuestro libro) pues ya sabemos. El mundo asiste al nacimiento de ideas que desafían la moral tradicional, y Saizar se coloca en uno de los polos: su protagonista, Gisèle, es una joven estudiante suiza que decide tener su primera experiencia sexual, y queda embarazada. Da el paso y le sale por donde no quería.

La chica se había entregado en pleno uso de su libertad y tenía muy claro lo que quería hacer. Aquí no hablamos de amor, sino de una experiencia, algo que hoy parece sobradamente superado pero que en ese tiempo resultaba demasiado para cierta moralidad. Gisèle asume que la decisión ha sido suya y suya debe ser la solución, y así comienza un duro recorrido buscando cómo deshacerse de esa carga, con poca ayuda y bastantes reproches. Es un camino que el autor describe mayoritariamente con la objetividad (casi diríamos frialdad) propia del estilo con que trabaja, dejando que sea el lector quien se meta, si quiere, en la piel de la protagonista y pruebe a sentir por ella hasta donde sea capaz de identificarse. No hay moralina, ni antigua ni moderna, solo unos hechos que cada cual entenderá a su manera.

El contrapunto narrativo lo pone un individuo que charla sin descanso, el típico pesado que se te pega en cualquier parte (el autobús, un bar, la cola del súper) y se lanza a una perorata interminable sobre cualquier asunto. Es un personaje curioso, con un puntito depravado pero que inspira una especia de ternura. Su mirada se proyecta siempre al exterior, como si todo lo que ocurre en el mundo le interesase de veras, algo así como el reverso de Gisèle, cuyo foco es solo ella misma y su tragedia personal. Porque es ese momento lo único que desea la chica es corregir el error, es decir, interrumpir el embarazo que siente como algo monstruoso. El debate sobre el aborto toma fuerza justamente en la época en que se escribe el libro, coincidiendo con los movimientos en favor de la libertad sexual o los métodos anticonceptivos, y medio siglo después todavía estamos lejos de la unanimidad, así que queda clara la valentía de Saizarbitoria para abordarlo en esa época. Y lo hace de forma cruda, transparente, sin trucos ni emotividades desbordadas, diríamos con eficiencia: medios narrativos administrados con destreza impropia de un debutante, con equilibrio y elegancia, algo un poco en la línea de Robbe-Grillet, por ejemplo.

Iba a decir que quizá a estas alturas lo que plantea la novela lo hemos visto ya cien veces, desde diferentes perspectivas. Pero es un problema que continúa siendo cotidiano, y en ese sentido el relato no deja de resultar actual. Desde el punto de vista narrativo, puede que no sea una lectura arrebatadora, pero sí un texto muy bien resuelto, buen punto de partida para un autor que ha ido creciendo y dejándonos un buen puñado de obras muy estimables. 

P.D: Muy culto, sí, y también egocéntrico, obsesionado con su propio pasado, y por lo visto necesitado de justificarse cada vez que asoma la patita. Pero ¿a quién demonios se le ocurrió encargar el prólogo a Jon Juaristi?

Otras obras de Ramón Saizarbitoria en ULAD: Cien metrosLos pasos incontablesGuárdame bajo tierraMartutene

viernes, 9 de octubre de 2020

Juan Gómez Bárcena: Ni siquiera los muertos

Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: Bastante recomendable

 

Dice Gómez Bárcena que esta novela tiene “un mayor grado de ambición” que otras suyas, y yo pienso que es precisamente eso, la ambición, lo que le resta cualidades. Quizá si hubiese pensado menos en el resultado para concentrarse en la historia en sí misma y en lo que a él le dicta la intuición y el sentimiento habría convertido a Ni siquiera los muertos, no solo en la excelente novela que ya es, sin ninguna duda, sino en una memorable obra maestra. Recuerdo que Cervantes, presenta en su Prólogo al Quijote como una obra “… sin acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del libro, como veo que están otros libros, aunque sean fabulosos y profanos, tan llenos de sentencias de Aristóteles a Platón y de toda la caterva de filósofos…”. Detrás de esa falsa modestia se esconde una dura crítica a los escritores de su tiempo. Nuestro autor, en cambio, no abusa de las citas, lo que creo que pretende es componer una epopeya que, abarcando varios siglos registre todas las vicisitudes del ser humano. No llega a tanto, desde luego, pero nos deja un texto entretenido y profundo, una trama de aventuras que trasciende decididamente el género y cuyo único defecto en mi opinión es que le sobran unas cuantas decenas de páginas.

La acción parte de hechos comprobados. Los hijos de las tribus indias eran educados en colegios españoles, recibían cultura e instrucción en la fe verdadera y a cambio se les exigía que delataran la idolatría de sus familias. Es decir, les arrancaban física y afectivamente de su pueblo situándolos en terreno de nadie y jamás llegaban a igualar en categoría a los frailes. Bajo su apariencia servicial y desinteresada, estos representantes de la iglesia ocultaban un racismo feroz del que, por otra parte, no se escapaba ningún europeo de entonces. Para colmo de males, se levantó una epidemia de peste –documentada históricamente– que solo afectaba a los oriundos. Al principio parece que estemos leyendo la crónica de una búsqueda. Y, en efecto, el soldado español, ya retirado, Juan de Toñanes, que regentaba plácidamente un modesto negocio en compañía de su esposa india, recibe, a falta de un candidato mejor, un encargo  muy bien retribuido: buscar al indio Juan donde quiera que esté y presentarlo, vivo o muerto, ante las autoridades que operan allí en nombre del rey. Así comienza un recorrido sembrado de crueldad y miseria cuyo itinerario parece anunciar la catástrofe. Nuestro solitario viajero, en su papel de perseguidor, se dirige siempre hacia el norte, o lo que es igual, siempre adelante, mirando al futuro que nada más llegar se convierte en pasado. Un Juan que lo deja todo para buscar a otro Juan. Y yo me pregunto, ¿no serán en realidad la misma persona, o más que persona, la encarnación del ser humano que se busca a sí mismo a través del espacio y el tiempo?

Aquel niño sabio que colaboró con los frailes en su empeño de arrancar a los indios sus creencias ancestrales, incluso adiestró a otros niños y hasta traicionó a su propia familia, logró hacer su propia traducción (heterodoxa) de la Biblia y acaba convertido en un personaje mítico, en el santón que revoluciona las primitivas comunidades con su cultura y sus ideas revolucionarias. En definitiva, en un líder peligroso para los intereses de la corona española, que aunque le ha perdido la pista (a saber qué estará predicando y cómo influirá en aquellas gentes sencillas) no ignora que posee una sabiduría, un carisma y una oratoria capaz de convertirle en un nuevo apóstol. Pero según va avanzando la novela, la naturaleza de ese liderazgo se modifica sustancialmente para pasar a encarnar los grandes intereses de cada momento histórico, siempre asumiendo la figura paterna y, en consecuencia, adoptando nombres derivados de esa palabra. Por eso, en una época de mentalidad predominantemente religiosa, sería el Padre (o Padrecito para los indios), cuando las grandes empresas explotadoras de mineral entran en escena se llamaría Patrón, si lo que predominan son las revoluciones sociales, esa figura se convierte en el Compadre, y quien representa al poder en la sombra, esa mano negra que llamamos mafia, que se infiltra en las grandes decisiones y recoge ganancias suculentas, recibe el apelativo de Padrone. De esta forma, el argumento de aventuras del principio acabará aproximándose a un análisis novelado de la historia, su sentido, progreso, fallos, repeticiones y avances.

Esa conciencia histórica se materializa en párrafos que se repiten periódicamente, aunque el sentido cambia según la época, como es lógico. También se repite la lectura de la Biblia del Padre, que sirve a Juan de libro de cabecera y de medio para reflexionar sobre lo que ve. Y la Historia, en sí misma, tiene algo de circular, aunque el paisaje temporal nunca es exacto, como tampoco es igual ese paisaje que recorre el protagonista, siempre hacia el norte, pero ¿hacia el norte de qué? Pues hacia ese norte al que miran los países latinoamericanos, para anhelarlo o rechazarlo, pero que, de una forma u otra, es su referencia.

 

Nadie le pregunta adónde se dirige. Todos van a lo mismo, a los dólares, a la chamba, al jale, el buen dinero. Todos van a los Estados nidos, que a veces llaman USA, y a veces América, o con los gringos, o al norte, o incluso de ningún modo, sólo señalan el horizonte y basta. Hablan de la frontera, de llegar a la frontera, como si la frontera fuera un lugar, un destino en sí mismo y no sólo una raya que se traspasa. Allá, al otro lado, está el dinero. Está la prosperidad, está el futuro. Y todos se dirigen a ese futuro, encaramados en el techo de un vagón que viaja vacío,  en un tren que no se detiene”.


Esa búsqueda –tan obsesiva y demorada en el tiempo como la que aparece en El corazón de las tinieblas– comenzó cuando los españoles se estaban asentando en tierras americanas y desemboca precisamente en nuestros días. Llevar una empresa así a buen puerto supone para el autor adaptar el lenguaje a cada época y lugar, mencionar hechos conocidos por todos y reflejar los avances técnicos que situarán a los lectores en la coordenada temporal pertinente, todo ello sin abandonar al protagonista ni a su quimérica misión. Debo decir, y esta es una visión muy personal, que Bárcena sale airoso del intento excepto en dos ocasiones. En su primer recorrido por el desierto -libre ya de compañía- que a mi entender se alarga demasiado, y en esa deriva final donde se alude a un drama de hoy día muy ligado a un territorio (Ciudad Juarez), que está claramente desgajado del resto y merecería convertirse en el núcleo de otra obra de ficción.

 También de Juan Gómez Bárcena: Kanada, El cielo de Lima