viernes, 10 de julio de 2020

Bill Bryson: En las antípodas

Título original: Down Under
Idioma original: inglés 
Traducción: Esther Roig i Formosa
Año de publicación: 2000
Valoración: Recomendable alto

Puede que sea cosa mía, pero creo que los libros de viajes son un género algo menospreciado dentro del mundo de la literatura. Hacer un viaje y contarlo parece, a poco que se tenga cierta buena mano, una cosa sencilla: recopilar unos cuantos datos que puedan interesar, darle algunas pinceladas personales, un poco de humor, y ya está, ese viaje guay que te has marcado convertido en libro, tu ego satisfecho y, con un poco de suerte y una buena promoción, unos magros ingresos. Bueno, ya, está bien como idea general, igual no hace falta muchísima creatividad ni un estilo depurado pero, como todo, hay que hacerlo y hacerlo bien. Y eso no es tan fácil.

Empecemos por el escenario. Salvo que seas David Foster Wallace y hayas hecho un crucero, no valen planes burgueses, como esa Semana Santa en el combinado Viena-Praga-Budapest con dos parejas amigas, ni la semana de julio en la calita de Menorca. Para ser digno de un libro, el destino tiene que ser algo potente, África, parajes polares o tierras remotas. ¿Qué les parece Australia? Es lo que ofrece Bryson, más de trescientas páginas sobre ese inmenso país-isla-continente, extremadamente lejano de casi todo, perdido en una esquina del mundo, ignorado excepto cuando se trata de deportes o de incendios. El autor se confiesa enamorado de aquella tierra ignota, lo repite muchas veces y su entusiasmo se deja ver sin rubor y suena totalmente sincero porque tampoco oculta la crítica cuando la cree necesaria. Esa subjetividad no disimulada, además de empatizar con el lector, trasmite honestidad y transparencia, y eso es un tanto a su favor, claramente.

El lugar es descomunal en todos los sentidos: unas catorce veces mayor que España, tiene apenas la mitad de habitantes, casi todos concentrados en un área mínima del sureste. Si hablamos de kilómetros, se encuentra a unos 15.000 tanto de Estados Unidos como de Europa, y cuenta con una bárbara extensión de desiertos y tierras áridas que ocupan la gran mayoría de su superficie. Las zonas urbanas son perfectamente asimilables a cualquier país anglosajón actual, con cierta nostalgia del pasado británico y fuerte presencia de los valores ecológicos. Pero también posee con una amplia región de clima tropical al norte, carreteras solitarias que enlazan ciudades separadas por miles de kilómetros de vacío absoluto, la Gran Barrera de Coral y algunos de los animales más peligrosos de la Tierra. Es decir, ingredientes de sobra para contar muchas cosas y muy interesantes.

El viaje de Bryson es una paliza bestial de miles de horas de coche, porque solo en un par de ocasiones utiliza otros medios de transporte. Unas veces solo y otras acompañado, los trayectos se llenan de paradas en lugares muy diversos, desde pequeñas poblaciones donde visita algún museo medio olvidado, antiguos enclaves mineros de los que solo queda un motel polvoriento y una gasolinera, o un punto perdido de la costa donde pueden verse líquenes de épocas cercanas al nacimiento de la vida en el planeta. Siempre con un generoso derroche de humor, porque el libro es divertido hasta diría que en exceso, y con la campechanía del viajero experimentado que no se ahorra una agotadora etapa improvisada para conocer alguna curiosidad irrelevante, ni por supuesto unas buenas cervezas con que refrescar una jornada de coche demoledora. Los bares, ya se sabe, son en cualquier parte del mundo el mejor elemento de análisis de la sociedad, y eso ningún buen autor de libros de viajes lo ignora. En los bares pero también en tiendas, en museos o en la misma calle, Bryson (que no parece precisamente tímido, pero sí educado y también irónico) conecta con los australianos, que le tienen encandilado ya desde sus anteriores experiencias. Son gente espontánea y directa, que parece desinhibida, amante de la vida y la luz, individuos felices en un mundo aislado pero autosuficiente, esa especie de pequeño paraíso en un rincón del que pocos se acuerdan. 

Y sin embargo en esa Arcadia hay zonas de sombra que todos prefieren ignorar. Una es el origen penitenciario de los primeros pobladores británicos y otra, la más importante, los aborígenes. Sobre su historia nos ilustra el libro de forma clara y amena, pero no me voy a extender más. El problema es que los aborígenes –salvo que jueguen al rugby- son todavía hoy en día una minoría ninguneada, cuyos escasos miembros se arrastran por las ciudades o malviven en pueblos remotos, muchas veces víctimas del alcoholismo. Una situación de racismo ahogado que más que a los negros recuerda a los indios norteamericanos o los inuits canadienses, pueblos abocados a la desaparición, perdida toda su identidad cultural y sin vocación ninguna (por voluntad o por capacidad) de integrarse en la sociedad blanca dominante. Tampoco se ahorra Bryson crudeza a la hora de referirse a esas situaciones, y su entusiasmo por el país y sus habitantes se empaña con sinceridad ante un problema que los australianos parecen no querer ver porque no saben (o no quieren) resolver. Es una muestra del equilibrio que muestra el libro, dice mucho sobre la honradez del autor, y constituye tal vez el único momento en que abandona de verdad la combinación entre el humor omnipresente y la fascinación por ese enorme y sorprendente país. 

Saber transmitir la experiencia personal es seguramente la mayor virtud de un libro de viajes, y en el libro tampoco faltan datos, interesantes pero no excesivos, ocurrencias o anécdotas con que dar color al relato, con todo lo cual tenemos un libro estupendo, instructivo y entretenido, al que pocas pegas se le pueden encontrar. La principal, claro está, que nos interese este tipo de literatura y, sobre todo, aquello de lo que se habla, porque si usted no tiene ninguna intención de pasarse varios días leyendo sobre Australia, a lo mejor ha perdido unos minutos leyendo esta reseña.

jueves, 9 de julio de 2020

Roberto Bolaño: Los sinsabores del verdadero policía

Idioma: español
Año de publicación: 2011
Valoración: recomendable (sobre todo para fans)

"Para Padilla, recordaba Amalfitano, existía literatura heterosexual, homosexual y bisexual. Las novelas, generalmente, eran heterosexuales. La poesía, en cambio, era absolutamente homosexual. Dentro del inmenso océano de ésta distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Las dos corrientes mayoritarias, sin embargo, eran las de maricones y la de los maricas (...)".

De esta forma tan jacarandosa comienza Los sinsabores del verdadero policía; después el tal Padilla, alumno y amante del profesor Amalfitano, se explaya en una clasificación casi taxonómica y bastante tronchante de los poetas más famosos, según su grado de mariconez, etc. (pido disculpas por emplear este tipo de lenguaje y temo arder en el Infierno por ello, pero creedme que en este caso no se puede decir de otra forma). Padilla, que es un poco el númen malévolo -viciosillo sería más propio- de la novela, es un brillante joven barcelonés que, entre sesión de sexo y otra de poesía, se pelea con quien haga falta y escribe una novela titulada El Dios de los homosexuales. Amalfitano es un profesor de literatura chileno que recae en la Universidad de Barcelona tras un periplo por medio mundo, junto a su hija Rosa. Seducido por Padilla -nunca antes había tenido relaciones sexuales con hombres-, el escándalo de follar con ese alumno y otros provoca que le despidan (la novela se desarrolla en los años 80 del siglo XX, que eran más pacatos que los actuales, aunque quizá menos mojigatos) y encuentre como única salida un puesto en la Universidad de Santa Teresa, en Sonora, México. Desde allí inicia una relación epistolar intermitente con su ex-alumno y ex-amante, que articula buena parte de la novela.

Pero no todo es sexo homoerótico y sin freno -aunque hay bastante y sin ambages- en esta novela, que está estructurada en cinco capítulos cuyos títulos oscilan entre lo obvio y lo críptico: La caída del muro de Berlín - Amalfitano y Padilla - Rosa Amalfitano - J. M. G. Arcimboldi - Asesinos de Sonora; en ellos encontramos desde descripciones de lugares o trayectos vitales bastante peculiares a historias protagonizadas por soldados de la División Azul, por sicarios y policías mexicanos, por famosos pintores norteamericanos... Hay un capítulo entero -muy á la Perec, me atrevo a decir- dedicado a la vida, obra y circunstancias de un supuesto escritor francés, Arcimboldi, uno de cuyos libros tradujo en cierta ocasión Amalfitano. Lo acompañan reseñas de lectura del resto de sus títulos, hechas por Padilla. hay una reivindicación de ciertas poetas francesas poco ortodoxas -y esta vez reales-, como Gilberte Dallas. Hay historias de amores imposibles y la presencia de la muerte en forma de SIDA (ya digo que la novela está ambientada en los 80). En general, la sensación que deja el libro es de desesperanza, o quizás más de extrañamiento, de vacío...

Esto se debe, tal vez, a que hablamos de una novela cuyos elementos, personajes, capítulos, parecen ir dispersándose por vericuetos extraños, para luego volverse a reunir, pero dejando huecos, preguntas, desconexiones... Se trata,a demás, de una de esas novelas póstumas (es decir, publicadas póstumamente, claro) de Bolaño, aunque su recopiladora/editora asegura que la había dejado prácticamente terminada, enigmático título incluido. para rematar, y como habrán deducido desde el principio de la reseña los más azcérrimos bolañistas, e incluso algunos que no lo sean tanto, esta novela es una suerte de spin-off de otra mucho más célebre y monumental (y también publicada póstumamente): 2666. Al menos, se repiten algunos personajes como Amalfitano, su hija Rosa y el escritor Arcimboldi... Si a los lectores les resulta más o menos satisfactoria una u otra, o laas dos por igual, eso ya lo debe decidir cada cual. A mí, al menos, y pese a la sensación algo desconcertante que, como digo, deja su lectura, me ha gustado.

Más libros de y sobre Roberto Bolaño de los que estoy dispuesto a contar reseñados en ULAD: aquí

miércoles, 8 de julio de 2020

María Iordanidu: Vacaciones en el Cáucaso

Idioma original: Griego
Título original: Διακοπές στον Καύκασο
Año de publicación: 1965
Traducción: Selma Ancira
Valoración: Está muy bien

No os dejéis engañar por el título. Este no es un libro de viajes ni nada por el estilo. Es la historia (autobiográfica, aunque los personaje son casi todos inventados) de lo que en un principio iban a ser unas vacaciones y por avatares de la Historia acabó convirtiéndose en una estancia de casi 5 años (5 siglos, 5 milenios) por Rusia. Cinco años que supusieron en Constantinopla, lugar de residencia de la protagonista, el paso del medievo al siglo XX, el final de un mundo que dejó de existir para siempre. 

Digo lo que en un principio iban a ser unas vacaciones porque el origen del viaje era ese. Ana, la adolescente / joven de origen griego que protagoniza la novela (y que aparecía también en Loxandra), es invitada por su tío Aikos y su tía Claude a pasar el mes de vacaciones escolares en el Caúcaso. Pero estamos en 1914, el archiduque Francisco Fernando ha sido asesinado hace escasas semanas y el ruido de sables recorre (casi) toda Europa, desde Hendaya hasta Vladivostok.  El Cáucaso se convierte, así, en una región en ebullición. En ese contexto comienza un viaje truncado también por las no demasiado claras intenciones de la tía Claude. Ambos factores provocan que Ana pierda el contacto con sus tíos y comience un periplo de duración,en un primer momento indeterminada que la Primer Guerra Mundial, la Revolución de 1917 y la posterior Guerra Civil (los avatares de la Historia) prolongarán hasta 1919.

Debemos distinguir tres partes bien diferenciadas en la novela, ligadas quizá al proceso de maduración de su protagonista. Una de ellas correspondería a los primeros meses de Ana en Rusia, etapa en la que el total desconocimiento del idioma y la incomunicación que de ello resulta provocan situaciones a cual más confusas que dotan al relato de un tono tragicómico y de un humor de lo más sutil. En esta primera etapa,  los hechos históricos son inicialmente un eco lejano que acompaña la vida cotidiana de los protagonistas, aunque ese eco cada vez se acerque más. 

La segunda etapa la marca la integración de Ana en la vida y cultura rusas, hasta el punto de empaparse, al menos en parte, del célebre "alma rusa", pesimista y melancólica. Esto da paso a hermosas escenas de corte costumbrista que ocupan buena parte del relato. También los hechos históricos ganan peso, afectan de forma cada vez más acusada a los personajes, aunque la vida sigue abriéndose camino de forma a veces trágica, a veces cómica, a veces con algo de picaresca.

Por último, en el tramo final, que iría desde los meses previos de la Revolución de 1917 hasta el regreso, en plena guerra civil, desaparece todo atisbo de humor. Las múltiples penalidades que padece la población copan el relato, pese a que la vida sigue su curso y los personajes se aferran a los hechos más nimios (un cuadro, una sopa, un leve roce en el brazo). Quizá en esta última parte las cosas pasen demasiado "rápido", pero esto es solo una impresión mía o, tal vez, el simple deseo de que el libro no termine.

Por ir terminando, un pequeño repaso a los puntos más destacados del libro:
  • El reflejo del contraste entre historia e Historia, entre cotidianeidad y "grandes acontecimientos·, y como el peso de ambos fluctúa a lo largo de la narración.
  • La evolución del personaje de Ana, su paso de la adolescencia a la madurez.
  • Los diferentes registros que maneja Iordanidu: el humor, el drama, la crudeza de los momentos más complicados. Sorprende especialmente (por lo menos a mi) el fino humor de algunas de las escenas (¡¡¡si hasta aparece el buen soldado Svejk!!!)
  • La frescura y delicadeza. Frescura en cuanto a ritmo, pese a los putos patronímicos y a los términos rusos (excelentes notas y glosario, por cierto), y delicadeza a la hora de narrar las escenas de corte más costumbrista. 
Poco más. No sé si  habréis leído Loxandra, primera novela de Iordanidu publicada en español y magníficamente reseñada AQUÍ. Yo, desde luego, ya estoy tardando en hacerlo

También de María Iordanidu en ULAD: Loxandra

martes, 7 de julio de 2020

VV.AA.: Esterhazy

Idioma original: Alemán
Título original: Esterhazy. Eine Hasengeschichte 
Año de publicación: 1993
Traducción: Consuelo Rubio Alcover
Valoración: Está bien (recomendable para niños)

Esterhazy es una fábula infantil coescrita entre Hans Magnus Enzensberger (premio Príncipe de Asturias) e Irene Dische. Trata sobre un lebratito austriaco de alta cuna que viaja a Berlín en busca de una esposa que le proporcione una descendencia lo menos canija posible. Una vez en la capital alemana, trabajará como liebre de Pascua, hará de animal de compañía y se enamorará.

El derribo del muro de Berlín ejerce de telón de fondo en este cuento. Gracias a ello, los adultos tienen la excusa perfecta con la que instruir sobre Historia a sus retoños durante la lectura del libro. Aunque también pueden obviar la ambientación y quedarse en la interpretación más literal de Esterhazy; profundizar en lo que significa visitar una gran ciudad, tan hostil como cándidos son algunos de sus habitantes.

Debo señalar que el argumento de Esterhazy, quizás por ir dirigido a niños, se relaja un poco. Nada que insulte a la inteligencia, pero no se puede negar que hay lagunas que lo atraviesan. El reencuentro del protagonista con Mimi, por ejemplo, es muy forzado. Ni siquiera se nos explica cómo es posible que ella quedara en libertad y llegara al prado, en primer lugar. 

Las ilustraciones que complementan al relato, a cargo de Michael Sowa, son deliciosas. De factura clásica en su acabado, composición y cromatismo, entregan al espectador que las contempla una miríada de simpáticos detalles en los que perderse. Quizás criticaría, eso sí, que alguna (acompañada por un extracto del texto, por cierto), se adelante varias páginas a los acontecimientos de la narración.




También de Hans Magnus Enzensberger en ULAD: Tumulto, Hammerstein o el tesón, En el laberinto de la inteligencia

lunes, 6 de julio de 2020

Deborah Levy: Cosas que no quiero saber

Idioma original: inglés
Título original: Things I Don't Want to Know
Traducción: Cruz Rodríguez Juiz
Año de publicación: 2013
Valoración: entre recomendable y está bien

Sucede en varios escritores que, cuando llegan a ciertas edades y después de una vasta carrera literaria, se aventuran a escribir sus memorias. Este es el caso del libro que nos ocupa, donde Deborah Levy, después de tratar diferentes estilos literarios que van de la poesía a la novela, de la dramaturgia a los relatos cortos, escribió este primer volumen que forma parte de un tríptico donde explora el hecho de ser mujer, como respuesta al «Por qué escribo» de George Orwell.

En esta novela autobiográfica, Levy parte de un episodio puntual del pasado en el que subiendo unas escaleras mecánicas rompía de golpe a llorar, pues le devolvían recuerdos de un pasado que no conseguía olvidar, lugares a los que no quería volver, por dolorosos y tristes, por impactantes y aflictivos. A partir de esta anécdota, Levy nos devuelve a su pasado para hablarnos de maternidad, una maternidad casi impuesta por las expectativas de una sociedad hacia a las mujeres, una maternidad que recuerda escribiendo que «ahora que nos habíamos convertido en madres todas éramos sombras de lo que fuimos, perseguidas por las mujeres que éramos antes de tener hijos». Así describe, como los sueños e ideales que crecen en la juventud, se ven arrasados por la implacable presión de la sociedad del momento, algo que me recuerda en gran parte de Annie Ernaux y su «mujer helada».

De esta manera, con afinadas disertaciones sobre la maternidad y añadiendo fragmentos o citas de libros de Marguerite Duras, Simone de Beauvoir o Julia Kristeva, Levy analiza la sociedad en clave de la maternidad, exponiendo las condiciones en las que las mujeres afrontan ese cambio y se someten (o adaptan) a la nueva vida. Un cambio de vida adoptado, y al que la autora se adapta, con cierto recelo, intentando no ver su yo anterior discrepante de ese tipo de vida, «esa joven fiera, independiente, que nos seguía por ahí, gritando y señalando con el dedo mientras empujábamos cochecitos infantiles bajo la lluvia inglesa».

Levy, también nos habla de su niñera, Zama (a quien ella llama Maria), y de su infancia en una Johannesburgo sumergida en el apartheid y en la que su padre fue detenido en su casa por luchar por conseguir la igualdad de derechos humanos, pues, tal y como afirma Maria «si no crees en el apartheid puedes acabar en prisión. Hoy tienes que ser valiente y mañana también, igual que motones de niños que tienen que ser valientes porque también se han llevado a sus padres y sus madres». Esta parte del libro, narrando su infancia, contiene más carga emocional y menos de denuncia, rememorando los recuerdos marcados por la estricta enseñanza en la escuela, el racismo existente, y la voz de Melissa, su amiga, quien «fue la primera persona que me animó a alzar la voz», alguien de quien «sabía que sus palabras tenían que ver con decir las cosas en voz alta, admitir las cosas que deseaba, estar en el mundo y no dejarme vencer por él». Son recuerdos duros, donde la política y la ideología marcaron su visión de la vida, así como también la propia vida familiar, con un padre preso durante casi cinco años por sus ideas políticas. Una etapa difícil, que les llevó a emigrar al Reino Unido, con muy poco pesar por dejar a tras una tierra de la que no guarda buenos recuerdos, afirmando incluso que «no quiero saber nada del resto de mis recuerdos de Sudáfrica. Cuando llegué al Reino Unido, lo que quería eran recuerdos nuevos».

Así enlaza la autora con la parte final del libro, donde Levy nos habla de cuando emigró a Inglaterra a los quince años y la separación de sus padres. La sensación de temporalidad, de no integrase en un país, de echar de menos detalles cotidianos de Sudáfrica que le habían pasado desapercibidas hasta que ya no constaban en su nuevo mundo, afirmando que «echaba de menos el olor de plantas cuyos nombres no recordaba, el sonido de pájaros cuyos nombres ignoraba, el murmullo de idiomas que no sabía nombrar». Y la autora, en ese terreno perdido, en esa tierra sin nombre que ocupa el espacio central de una vida que la autora no sabe dónde ubicar geográficamente, una vida sin un lugar definido donde echar raíces, que sentencia afirmando que «yo había nacido en un país y crecía en otro, pero no sabía a cuál pertenecía».

Por todo lo expuesto, vale la pena la lectura de este libro pues, aunque a pinceladas, aporta reflexiones interesantes, valientes y que probablemente interpelan a muchos lectores, a pesar de que, lamentablemente, en su conjunto no conserve esa potencia, esa denuncia que uno esperaba al leerlo y que sí contienen las frases extraídas del libro que contiene la reseña. Y puede que la causa de esta parcial recomendación (y aunque no debería ser así, pero es algo que no puede evitarse) es que, leyéndolo, uno se acuerde de Vivian Gornick o Elizabeth Hardwick en sus libros autobiográficos (o incluso Annie Ernaux, con una narración más novelada y menos fragmentada) y entonces constante una evidente distancia en impacto y calado. Pese a ello, su lectura nos abre la posibilidad de reflexionar sobre la vida, y eso es algo que siempre es interesante.

domingo, 5 de julio de 2020

The Justified Ancients of MU MU: 2023

Idioma original: inglés
Título original: 2023. A Trilogy
Año de publicación: 2017
Traducción: Javier Calvo
Valoración: decepcionante

No sabemos lo que esta gente nos tiene preparado para el 2023. Supongo que Bill Drummond y Jimmy Cauty, componentes de los míticos KLF, y supuestos autores (o inductores) de esta novela, estarán vivos y serán conscientes de que la gran broma, su gran broma, debe ser llevada a cabo, llevan décadas advirtiéndolo.
Aunque ya os aviso que 2023, como libro, me ha parecido suficiente anticipo de la broma para no ir a estar demasiado pendiente. No solo porque el 2020 ya esté siendo un año sonado, sino porque ya no me quedan muchas ganas.
Lo quieran o no, los KLF o cualquiera de sus guisas serán recordados por un gran disco, The White Room, y por un show mercadotécnico-psicodélico que incluyó la famosa quema del millón de libras y la constatación de que, no solo por eso, se trata de un par de pirados a los que no hay por qué reír todas las gracias.
Y 2023, novela en tres partes  o tomo o ensayo firmado por los Justified Anciens of MU MU, huele desde sus primeras páginas a ejercicio de onanismo de aquel que piensa que su masa de fans lo absorbe todo y no critica nada.
Desde sus párrafos con mayor contenido esotérico hasta el (excesivo) relleno, del estilo "llenemos páginas como sea", el libro no hay por dónde cogerlo, aunque he de hacer la salvedad de que, como suelo hacer, lo he leído en todo momento sobrio y evitando mezclar medicamentos, incluso Mentos y Coca Cola Light. Pero es eso, una broma de unos tipos que, por royalties o por lo que sea, ya viven bien como para hacer lo que les sale de las narices sin atender a reacciones.
Y yo no puedo decir que esto me guste, más bien es un panfleto o como si alguien esperara (por ejemplo, la gente del sello ZTT) que las notas interiores propagandísticas y alucinadas de ciertos discos pueden tomar forma literaria. No. Y Cauty y Drummond, o quien quiera que haya sido el encargado de redactar esta novela, no dejan de hacer una especie de ejercicio constante de namedropping a costa de ir capturando la atención del lector hacia algo que, confirmo pues he tenido la paciencia de acabar el libro, no lleva más que a una especie de no-final, como si el tambor hubiera quedado suspendido en el redoble eternamente. Mezclar ese delirante mundo distópico y aderezarlo de nombres y referencias directas o veladas a toda civilización pop inmediatamente anterior y posterior no centra la novela, al contrario, contribuye a dispersarla y a convertirla en una especie de acto de exhibicionismo cultural alternativo (o no) que bebe de las fuentes pop y osa presentarse como una especie de ceremonia de inhumación o puesta en duda de esas mismas fuentes. Todo integrado en una argamasa de tramas conectadas en teoría pero confusas en la práctica.
Tanto que un amago de sinopsis incluiría un mundo distópico donde cinco grandes empresas tecnológicas han absorbido los estados y por las calles de las ciudades pululan personajes reales con nombres duplicados, ritos paganos descabellados, libros que vuelan desde los balcones, famosos que se creen designados por el Universo para a saber qué extraño propósito, desmanes todos ellos acumulados sin orden ni concierto o sin más gracia de la que supuestamente pueda tener intentar hallar orden en tamaño caos. La compota generada es tan dispersa o ampulosa que acaba queriendo absorberlo y explicarlo todo, desde los virales del Twitter (¿de verdad había que mencionar lo del vestido bicolor?) hasta el hecho de que la humanidad es esclava de sus redes de comunicaciones. Ya se sabe lo que se dice sobre quien mucho abarca.

Y ya que estamos: esto lo publicó, en 2017, Malpaso. Un libro tan, ejem, freaky, obviamente enriquece de alguna manera (ni que sea por principios) el catálogo de cualquier editorial. Pero Malpaso publicó, y sigue publicando, libros buenos y malos, libros interesantes y libros prescindibles, claro, como cualquier editorial, y siempre respetando los gustos de cualquiera. Entonces ese negocio puede ir bien o puede ir mal, y los números pueden salir así o de esta otra manera, y entiendo que a quienes apuestan, mejor digamos, arriesgan por la cultura, las cosas pueden no salirles siempre a su gusto y según lo planificado. Por eso uno, antes de huidas hacia adelante, u operaciones inexplicables financieramente, debería pensar no en quien arriesga patrimonio sino en quien necesita cobrar su trabajo para esa manía persistente en la raza humana de comer cada día y sobrevivir.
Malpaso, tus libros pueden gustarnos o no, no sería justo arrastrar a vuestros autores que nos gustan por el barro de  las consecuencias de vuestra gestión, pero, venga, id pagando ya, narices.

sábado, 4 de julio de 2020

Colaboración: La belleza del marido de Anne Carson

Idioma original: Inglés. 
Traducción: Andreu Jaume. 
Publicación: 2001. Edición española de Lumen (2003); edición actual española de Lumen (2019).  
Valoración: Está bien. Recomendable.  

El anuncio de la concesión del premio Princesa de Asturias 2020 a Anne Carson me sorprendió iniciando la lectura de La Belleza del marido. Un ensayo narrativo en 29 tangos, publicado en castellano -edición bilingüe- por Lumen.  

La obra, compuesta de poemas (tangos) y una coda final, recorre -o más bien adopta como motivo o pretexto poético- la historia de una pareja imposible, bajo la inspiración o el hechizo Beauty is Truth -Belleza es Verdad- suerte de lema de John Keats, poeta y autor de las breves sentencias que preceden cada texto.

Leí a Anne Carson por primera vez en 2015. Men in the off hours (Hombres en sus horas libres, Pre- Textos, 2007) supuso todo un descubrimiento, lo cual no es poco pasados los años, cuando la capacidad de asombro disminuye. En aquel momento llegué a pensar que había encontrado, casi por casualidad, la poeta que busqué durante mucho tiempo. Después de la pequeña decepción de Decreation (Decreación, Vaso Roto Ediciones, 2014) no eran pocas las ganas de abordar otra obra de esta autora canadiense, profesora de griego antiguo ahora afincada en Nueva York. 

Los versos de Anne Carson pueden llegar a representar, en modo casi perfecto, esa conocida fórmula que define la Poesía como Belleza + Misterio. Su conocimiento del mundo clásico abre un perfecto telón a la evocación, y una enorme capacidad de sugestión y una incuestionable sensibilidad hacen el resto, apuntalan el material preciso para escribir una obra poética tan bella como sólida. 

Sin embargo, La Belleza del marido no cumple con las expectativas, por varios motivos. Pero antes de avanzar, como casi que siento estas líneas como hollar un templo con zapatos sucios, como una especie de profanación de la obra de una de las mejores poetas del momento -premiada incluso con el T.S. Eliot de 2001- no quiero dejar de lado referir qué altamente subjetiva e incluso espiritual es la Poesía, o incluso cada lectura. Y es que en el llamado género del yo, una obra puede suscitar reacciones bien diversas. A bote pronto y sin establecer conexiones estudiadas o racionales sino meras sensaciones, los versos -o más bien lo que transmiten- tienen algo de Valéry, de Mallarmé, de Dickinson. Cito estos tres grandes poetas precisamente por aquello del elemento subjetivo, porque puede que un mismo poemario resulte grande a unos, insulso a otros. 

Pero no puedo ocultar que a veces durante la lectura de la obra he echado en falta fuerza, capacidad de transmitir y autenticidad amén de una mayor dosis de Belleza con mayúsculas en este singular poemario, que deja una sensación, hasta cierto punto, de obra si no malograda, al menos no tan brillante como podía haber sido.  

En fin, que la historia, aun secundaria en un libro de poemas, es tan idónea en principio y en potencial (un matrimonio que se desmorona; un marido inaprehensible, resbaladizo para la esposa; una sucesión de dolores y rupturas que no suponen, sin embargo, la discontinuidad de la Belleza) como por momentos impostada y, en determinados episodios, de escasa verosimilitud, y a la que falta esa convicción, esa autenticidad que viene de frente y te puede y te lleva y es lo que, a la postre, más valoro. 

Parece que Carson finge cuando juega a no hacerlo; parece que no nos encaja del todo su historia; que no convencen ni determinados excesos de indefinición ni -esta vez- esas intercaladas referencias clásicas en un contexto moderno y un tanto decadente de llamadas, cabinas, silencios infieles, de un amigo que sabe poco y que se llama Ray. Esta vez no termina de ajustarse la lágrima, la copa o la carta que descubre mi madre entre mis cosas con el pensamiento de Parménides. Algo ha fallado. Algo te dice que falta consistencia, que falta naturalidad.  

Lógicamente, Carson nos deja versos de factura y capacidad evocadora (Shall we sharpen our eyes and circle closer to the beauty of the husband / carefully, for he was on fire. / Under him the floor was on fire, / the world was on fire, / truth was on fire) pero se echan en falta más,un poco por todos lados. Los mejores poemas no llegan sino al final. Según avanzala lectura se tiene la impresión de estar leyendo algo menos veraz, menos auténtico de lo que, en teoría, podía ser. Porque el leit motiv formal de la narración, en una versión moderna y en manos de Anne Carson, puede dar lugar, sin lugar a dudas, a una obra más que notable, a un trabajo que deje menos dudas. 

Si soy sincero, no puedo decir que Carson me haya transmitido, esta vez, esa rota belleza en la percepción de mujer del engaño del marido; esa mirada que parece estar en las cosas materiales que nos rodean (un amigo que tiene un nombre y lee poco; la barra de un bar; un sobre donde asoma una carta) pero que está más allá. Esa mirada que limpia y obtiene Verdad y Belleza donde otros no ven, como un palimpsesto, como una suerte de alquimia. En esta ocasión las letras que devienen visibles lo son menos, la dosis de oro que surge tras la repetición de la fórmula no es tanta. Si soy sincero tengo que decir que la obra se queda corta y que, un poco, me ha decepcionado. Y es una pena porque tiene todos los mimbres.Y por ello bien que lo lamento.  

Autor: Fran Marín Paz

viernes, 3 de julio de 2020

Joyce Carol Oates: Qué fue de los Mulvaney

Idioma original: inglés
Título original: We Were the Mulvaneyss
Año de publicación: 1996
Valoración: Imprescindible


Es lo que se pregunta el lector cuando las cosas empiezan a complicarse y todavía tiene por delante unos centenares de páginas, ¿qué será de esta familia? Pero solo nos importará su destino una vez los hayamos conocido como si formásemos parte del clan, cuando hayamos compartido con ellos su peculiar forma de vida, hurgado en el pasado de los padres, asistido a los primeros pasos de los niños, a su crecimiento, al desarrollo de formas de ser muy diferentes. Aquella casa es como un cajón de sastre, idílico en su imperfección hasta que…
Casi desde el principio se nos advierte de algo que nos pone en guardia, después se van dejando caer detalles que apuntan siempre a lo mismo, vamos intuyendo hasta que deja de haber dudas. Eso que intuíamos está ahí, alguien nos lo está contando. Entonces todo se desborda y nada será como era antes.
La identidad del narrador es fundamental, porque es quien nos agarra del brazo, nos invita a entrar con él y logra simular esa intimidad entre lector y personajes. En un principio parece un recurso efectivo aunque no demasiado original: un miembro de la familia, el benjamín en este caso, que ejerce el papel de narrador-testigo. Pero esta es solo una faceta de un punto de vista más complejo y poco usual de lo que parece. Y es que Judd, no solo es uno más, también –y sobre todo– es periodista, sabe escribir y fabular, de ahí que utilice recuerdos y datos para completar esos fragmentos de la historia familiar que no conoce más que de oídas o que no conoce en absoluto. De modo que, además de testigo de los hechos, Judd se convierte en narrador omnisciente cada vea que conviene a su autora. Y pasa de una fórmula a otra sin que apenas nos demos cuenta. Porque quien narra lo que le pasa por la cabeza a Marianne cuando está sola en su habitación a muchos kilómetros de la granja familiar no es la novelista omnisciente sino el omnisciente hermano pequeño que reconstruye y reorganiza lo que sabe para que nos angustiemos o disfrutemos según convenga.
Como digo, he vivido un par de semanas en una granja bastante caótica, muy divertida, repleta de gente, animales y objetos, todos con personalidad propia, hasta los relojes. ¿Quieren que describa uno por uno a sus habitantes? No lo voy a hacer pero podría, porque les conozco como si hubiera pasado diecisiete años a su lado y, además, hubiese escuchado de su boca todos los antecedentes. Pero yo les ofrecería una visión muy pobre y lo que pretendo con esto es que, ustedes que me leen, se muden por un tiempo a High Point Farm. Se enfrentarán a seis personalidades tan distintas y bien definidas como las de la gente que conocen, y a pesar de saber cómo es cada uno les verán evolucionar y nunca dejarán de sorprenderles.
Los asuntos que trata un artefacto de este calibre y casi ochocientas páginas son muchos y variados, como es lógico. Pero, además de lo evidente -el análisis de las relaciones familiares- podríamos condensarlos en uno solo: la injusticia. Alrededor de él se van tejiendo los demás: la cobardía, los prejuicios, el silencio, la culpa que siente el inocente (o le hacen sentir), la difícil posición de víctima, la venganza, la desintegración familiar y personal o su superación a través del tiempo, la necesidad de aprobación social, la vergüenza.
 “¿Por qué les acusas si solo son ranas succionadas hasta la muerte por arañas de agua?”
Esto le pregunta Judd a Patrick, el segundo hermano, y se refiere a sus padres, pero todos fueron succionados por la misma fuerza, sobrehumana y totalmente fuera de control. Oates parece conocer muy bien ciertas zonas de la América profunda, donde el orgullo se convierte en patológico. Aunque esos comportamientos son universales y ahí reside su interés; el mérito consiste en detectarlo y transmitirlo con las particularidades propias del ambiente.
Qué fue de los Mulvaney es una novela minuciosa, muy del estilo de Oates. Aunque hay quien dice que cada obra suya parece escrita por un autor distinto, yo no lo veo así. Esta forma de narrar, acumulativa, crea un mundo tan completo y convincente que parece narrarlo todo –y no es así en absoluto, si se fijan, selecciona, y mucho– recuerda bastante a la muy posterior Un libro de mártires americanos, salvando todas las diferencias. También puede compararse con el Philip Rhot de Indignación o La mancha humana. (Por cierto, no sé a qué esperan los de Estocolmo, a este paso, otro Nobel que se pierde). Son tramas complejas, muy bien trabadas, con implicaciones y conexiones que nos abruman según las vamos descubriendo, y que imitan el conglomerado de causalidad y casualidad de la vida real tan fielmente que, días después de haberlo acabado, parece que lo hayamos vivido en lugar de leerlo.

Traducción: Carmen Camps Monfá 


Otras obras de la autora en Un libro al día: Aquí

jueves, 2 de julio de 2020

Raquel Taranilla: Noche y océano


Idioma: español
Año de publicación: 2020
Valoración: Recomendable... o todo lo contrario

Es ésta la novela ganadora del último y aún notorio premio Biblioteca Breve (a lo que no quito su mérito, no mucho menos. no pretendo reabrir el debate sobre los premios literarios concedidos por editoriales), que parte de un suceso ocurrido en realidad y de lo más sugerente: el robo, en el verano de 2015, de la calavera del director de cine F. W. Murnau, artífice, si ir más lejos, de la no sólo apreciada sino casi mítica película Nosferatu. Cuando la protagonista y narradora de esta novela, Beatriz Silva, profesora de Sociología del Turismo en la Universidad de Barcelona -aunque, en verdad, especialista en Gyorg Lúkacs (que es un marxista, no el de Star Wars)-lee la noticia, de inmediato piensa que el profanador y ladrón del cráneo ha sido Quirós, un documentalista amigo de la propietaria del caserón donde ella reside, y que se alojó allí uno tiempo antes, mientras preparaba una película sobre el rodaje de otra, en la Polinesia: Tabú, a la sazón la última que dirigió Murnau.

No cuento más, no tanto por no destripar el libro (algo casi imposible de hacer, en este caso) sino porque tampoco hay mucho más que contar: la trama en sí de esta novela, elementos "accesorios" Aparte (ya explicaré las comillas) y sin necesidad de resumirla no ocuparía más de dos o tres páginas, media docena como mucho... El resto, hasta las más de 400 de extensión del libro, las completa un sinfín de referencias "culturetas" (que no se me ofenda nadie, por favor): menciones incesantes a sociólogos, filósofos, economistas, literatos, pintores y, por supuesto, cineastas -en un momento dado, la misma narradora reconoce que lleva mencionados a 336 personajes, nada menos (aunque tampoco me he puesto a contarlos yo)... cuando aún quedaba bastante para el final del libro-, muchos de ellos con sus correspondientes notas explicativas -casi todas en clave irónica, menos mal-, en un delirio anotador que recuerda al DFW más desatado o a un libro que reseñó Koldo hace no mucho, Leyden Ltd. ; además de todo esto, anécdotas y sucedidos varios, desde, por ejemplo, la descripción pormenorizada e historia  del complejo alemán "Tropical Islands", a la del cuadro La Magdalena de la Lamparilla, de Georges de La Tour, o los comentarios a un libro de Gilles Lipovetsky. Pasando, cómo no, por los muchos avatares de la vida y muerte del propio Murnau, y del rodaje y posterior suerte de sus películas...

"Es la acumulación (...) aquello que garantiza que la verdad emerja; es sólo abrazando el todo como es posible asegurar el acierto. El método (...) no se anda con remilgos, sobrelleva o perdona el desatino y a cambio, en la fricción de lo infinito, convierte montañas de plomo en pepitas de oro. Según las reglas de su alquimia, es en la omisión donde estás el error (...)"

Todo este maremágnum de referencias, citas, anotaciones, etc. lo encontramos bañado, además, por un estilo vesubiano, torrencial, barroquizante y enrevesado (más que el mío, que ya es decir...), abarrotado de oraciones que se pliegan sobre sí mismas como figuras de origami, enmarcadas en párrafos interminables, en los que se saluda a los puntos y aparte como a oasis en medio del desierto. Este estilo alambicado y encantado de haberse conocido recuerda un poco bastante al de la sin par (o casi, como vemos) Marta Sanz, aunque, por suerte, resulta menos onanista y las retorcidas frases parecen buscar algún objetivo más aparte del lucimiento y rellenar páginas como sea... En efecto, lo mismo que ocurre con tanta cita pedantuela, impregna todo el escrito un espíritu no ya humorístico, sino paródico, que busca ridiculizar (o eso espero), tanto la pedantería intelectualoide contemporánea como la rigidez esclerotizada del estilo académico universitario, modelo del que, aunque diga que a su pesar, ha bebido la protagonista-narradora durante toda su vida, y se nota... Personaja que además, como resulta embarazosamente evidente en la novela, trata de distraer la atención -o fijarla, ya no sé- de las importantes carencias emocionales y sociales que padece.

"(...) Admito que voy sin rumbo, sacando temas según se me ocurren (...) Concentración, me exigirán ustedes, pero ya hace muchas páginas que he renunciado a sujetar las riendas d este relato, de modo que no voy a poder evitar que se imponga en él cierta lógica turbia, pero tan real, como la carne viva que, sobre mi esqueleto, metaboliza, metaboliza, metaboliza (...)"

Aunque, como cabe suponer, las cuitas de la protagonista no componen el único trasfondo de la  novela -repito que son más de 400 páginas con una mínima trama-: podríamos hablar también de la dicotomía entre la acción y la reflexión o la vida activa frente a la vida contemplativa; la diferencia entre la realidad y su representación o la más pedestre entre lo verdadero y lo falso. Todo esto sin olvidar, eso también, que, según declaraciones de su propia autora, Noche y océano nació antes que nada como reacción o respuesta a otra novela, Aire de Dylan, del insigne y prolífico Vila-Matas. Como yo no he leído este otro libro , no puedo aclarar gran cosa a este respecto, excepto decir que la novela de Taranilla tiene a su vez un cierto aire vilamatesco o vilamatero, quizás también a modo de parodia.

De todos modos, no es ninguna de estas circunstancias lo más destacable de la novela; en mi opinión, lo fundamental de ella es que representa una cierta radicalidad narrativa (ojo, tampoco estoy diciendo que vanguardista), al llevar al extremo una determinada forma de narrar... Si se me permite una autocita, en una reseña de hace algún tiempo yo comparaba el estilo de ese libro con el de las carrocerías autoportantes de los automóviles; en el caso del que nos ocupa hoy, creo que una metáfora más adecuada sería la de las "estructuras aeroportadas"(*): esa especie de naves, a modo de grandes tiendas de campaña, que se mantienen en pie merced al aire que circula entre sus paredes. Sólo que, en este caso, estas paredes de lona o plástico estarían compuestas por el propio estilo abarrocado de esta novela y el aire que las sostiene y da forma, por ese chorrazo de nombres propios, datos biográficos, fechas, ideas y sucedidos variopintos... (también se entiende que si te has molestado en empollarte alguna vez a Thorstein Veblen, a Lipovetsky y, por supuesto, a Lúkacs, pues qué menos que ponerlo en tu libro, cuando luego cualquier jeta te suelta sus anécdotas del Erasmus y lo llama"autoficción"). Lo que ocurre es que sin ese aporte de aire, si se apagan los generadores y ventiladores, la estructura se deshincha y no quedan sino unos plásticos tirados por tierra, poco más que unos toldos para que los campesinos los extiendan sobre cuatro palos y den sombra a las gallinas.

"Y a ustedes les ruego paciencia con mi discurso canceroso, que, por flácido, resulta de lo más actual. Vean de qué forma tan despampanante se acumulan en él los temas, que se inflan y generan ecos y nuevas remisiones, el noventa por ciento de los cuales es puro desecho (...)"

De ahí que mi valoración del libro quizás parezca ambigua o contradictoria... Pero es una novela que lo mismo puede resultar absorbente y divertida que cargante o incluso irritar al lector, por momentos; a mí, cuando menos, me ha ocurrido un poco de todo esto.

(*) Esta idea no se me ha ocurrido a mí solo, que ya sabéis que soy bastante gañán, sino que la he tomado de este estupendo hilo de twitter, sobre la Instant City de Ibiza de 1971, de la cuenta del arquitecto Pedro Torrijos (@Pedro_Torrijos). Os recomiendo que leáis todos sus hilos agrupados en  el hashtag #LaBrasaTorrijos, porque son una maravilla... y que, sospecho, habrían encantado a la protagonista de esta novela, además.

miércoles, 1 de julio de 2020

VV.AA.: Horror Dummies. Marionetas, ventrílocuos, mecanismos psicóticos

Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2015
Valoración: Está bien

Horror Dummies compila seis relatos de terror escritos por autores españoles contemporáneos. Seis relatos en los que aparecen las siniestras figuras del ventrílocuo y sus marionetas.

En general, los textos de esta antología me han gustado, pues están permeados por una agradecida crueldad y tapizados por escenas grotescas que harán las delicias de los amantes del género. Es cierto que presentan algún que otro lugar común a lo yanqui (teatros y circos ambulantes, por ejemplo), pero nada que provoque bochorno.

"Todos somos Sammy", de Luis Guallar, es una historia de regusto clásico entretenida de principio a fin. Ojalá se hubiera decantado, eso sí, por una deriva más ambigua.

"Y si es solo una vez", de Daniel P. Espinosa, tiene un toque psicológico interesante y giros de tuerca sumamente ingeniosos. Su ritmo y ambientación no acaban de funcionar; sin embargo, la narración, en su conjunto, se lee con placer.

"Coletas Tracy", de Lluís Rueda, entrega pasajes de un erotismo retorcido que sólo un depravado como yo podría disfrutar.

"Ninfas", de Patricia Muñiz, supura una nada desdeñable cantidad de mala leche. Además, debo remarcar que el escarceo de esta pieza por la ciencia ficción la dota de una identidad definida. Recomendable.

"Peña del Necio", de Jesús Gordillo, es un relato cien por cien castizo. Tiene la Guerra Civil española como telón de fondo y lo protagonizan un cura y el militar que lo escolta hasta un pueblecito recóndito. Mantiene muy bien la tensión hasta alcanzar el clímax, desgraciadamente abrupto y que, para mi gusto, desaprovecha a un personaje que tenía mucho potencial. Aún así, señalaría este texto en tanto que una de las joyitas del volumen.

"Dientes", de Jorge P. López, juega con las expectativas del lector y tiene imágenes francamente impactantes. Sencillito pero correcto.

Así pues, concluimos que Horror Dummies proporciona un entretenimiento ligero y algún que otro escalofrío de placer. Que es, a fin de cuentas, lo que se propone. Si acudimos a él sin demasiadas pretensiones, lo gozaremos sobremanera. Edita Hermenaute, perpetradora de una antología similar titulada Momias y embalsamados.

martes, 30 de junio de 2020

Rafa Cervera: Porque ya no queda tiempo

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Está muy bien

Dice Rafa Cervera en la página 263 de "Porque ya no queda tiempo" que "El poder del escritor se proyecta verdaderamente cuando alguien lee y se deja empapar por esa lluvia fina; no procede del cielo pero nos limpia, porque ayuda a entender lo que sucede a nuestro alrededor, dentro de nosotros". Pues, en este caso, su poder se ha proyectado con creces sobre mi, pese a que el contenido autoficcional de la novela - aunque también podría considerarse un conjunto de relatos de posible lectura independiente, ¿por qué no? - suscitaba en mi alguna reticencia inicial dada la relación amor-odio que mantengo con el género. 

Precisamente eso que dice Rafa Cervera en la frase anterior es clave para mi en la autoficción: que la historia trascienda de lo particular a lo general, que no sea un ejercicio de puro onanismo literario de esos que me vienen a la cabeza y hasta aquí puedo leer, que decía aquella. Y aquí no importa tanto que se trate de una vida interesante o no - no creo que haga falta explicar la diferencia entre una vida interesante mal contada y una vida "normal" bien contada - como que el autor sea capaz de convertirla, de una forma u otra, en interesante.

En el caso de "Porque ya no queda tiempo", el peligro de caer en el onanismo literario se aleja al optar su autor por narrar esta autobiografía más o menos inventada a través de terceros - porque escribir sobre ellos es hablar de uno mismo - que aparecen y desaparecen a medida en que afloran recuerdos que son fotografías de un álbum aún si completar, eslabones de una cadena, vértebras de una espina dorsal. Terceros que van desde los familiares más cercanos (madre, padre, el tío Rafa "Lugosi"...), hasta persona(je)s ligados al mundo de la música - no olvidemos que Cervera es periodista musical y sus artículos pueden leerse, por ejemplo, en El País - como Lou Reed (maestro e ídolo omnipresente), Andy Warhol, David Bowie, Robin Hitchcock, Nacho Canut, Carlos Berlanga, Pablo Sycet, etc pasando por amigos de infancia, adolescencia, juventud y madurez.

A través de estos terceros Cervera emprende un recorrido vital que va desde la ternura y melancolía de las páginas iniciales hasta una cierta angustia o amargura de los textos finales, desde la valenciana calle Palomar, en una casa que es símbolo y escenario de una infancia en la España tardofranquista, hasta la también valenciana Playa del Saler, residencia actual del autor, con interludio madrileño incluido. En cuanto a los temas que se tocan en el recorrido, algo tan universal como la amistad, el amor, el sexo, la libertad, la literatura, las relaciones familiares, la soledad, el éxito, el fracaso, el miedo a la muerte, el paso del tiempo... La puta vida, en resumidas cuentas. Y siempre la la música como telón de fondo, ya sea a través de una tienda de discos, un concierto, una entrevista, etc. Todo esto hace que se produzca esa trascendencia desde individual a lo colectivo de la que hablaba. 

Además, la estructura del libro, dividido en breves capítulos que podrían ser vistos como relatos hasta cierto punto independientes - la misma independencia que pueden tener entre sí las fotos de cualquiera de esos álbumes que tenemos por casa - contribuye a la agilidad de la lectura.

Todo lo anterior hace de "Porque ya no queda tiempo" un firme candidato a figurar en las listas de "Lo mejor de 2020" y una opción más que recomendable para el largo y cálido verano que se avecina  Y si ya de fondo suenan la Velvet, Donna Summer o David Bowie, mejor que mejor.

lunes, 29 de junio de 2020

George Saunders: Felicidades, por cierto

Idioma original: inglés
Título original: Congratulations, by the way
Traducción: Javier Calvo
Año de publicación: 2014
Valoración: recomendable (con matices)

Siendo sinceros, adelantándome a los apriorismos que puedan aparecer si uno se fija en los subtextos de la cubierta y la contra cubierta, el posible lector podría pensar «ya estamos, otro libro de superación personal, etc.» Peroooooo, aquí estamos hablando de George Saunders, el que me deleitó con la magnífica obra «Lincoln en el Bardo», alguien que tiene un currículo trufado de cuentos que tratan sobre el consumismo y su absurdidad, la cultura de masas, y todo ello escrito con un estilo envuelto de una sátira mordaz y una evidente crítica sociológica. Así que, ¿podría un autor con este perfil escribir un libro de auto superación sin contenido interesante? La respuesta es evidente.

Poniéndonos en situación, este muy breve relato nace a partir del discurso que el autor impartió en una ceremonia de graduación en la universidad de Siracusa donde da cursos de escritura creativa. La transcripción del discurso fue publicada en The New York Times y obtuvo una tal acogida entre los lectores (siendo compartido en las redes más de un millón de veces) que llevó a los editores a querer publicarlo en formato libro.

En este discurso, Saunders recurre a su sentido del humor para explicar situaciones vividas en las que pudo sentir vergüenza o de las que se podría arrepentir. Y sí, son divertidas, anécdotas que arrancan una sonrisa, que en efecto seguro que hubiera deseado evitar, pero en las que la sonrisa se detiene de golpe cuando nos explica, de entre todas las situaciones, aquellas de las que realmente se arrepiente: «aquellos momentos en los que tenía delante otro ser humano que estaba sufriendo y reaccioné... con prudencia. Con reservas. Con moderación.»

Porque en este aspecto clave se centra el discurso, en intentar, como meta vital, algo tan sencillo como «ser más amables». Pero como eso sería un mensaje muy simple, aparentemente fácil de conseguir sin esfuerzo y en el que nadie debería ponerle pegas, el autor expone también el por qué nos cuesta ser más amables. Y la verdad es que, aunque hay muchas causas que apuntan a esa dificultad en ser más amables, estas se reducen básicamente a una: el egoísmo. Un egoísmo inherente al ser humano pero que, por suerte, con la edad va disminuyendo volviéndonos menos egocéntricos y más afectuosos. Porque la edad juega a favor de ello a través de sus circunstancias, pues hay quienes tienen hijos, otros pierden seres queridos, se establecen amistades y, con todo ello, modificamos el punto central en el que ubicamos nuestro universo, no sé si para desplazarlo, pero sí para ensancharlo, para incluir en él más personas y, con ello, diluir un ego que lo podría ocupar prácticamente todo.

El autor advierte que, a pesar de lo positivo que radica en querer ser mejores en todos los ámbitos, hay que tener en cuenta que «triunfar es difícil, y la necesidad de triunfar se renueva constantemente (el éxito es como una montaña que no para de crecer mientras vosotros escaláis)». Saunders se muestra contundente sobre los riesgos de intentar conseguir el éxito, pues a menudo desplaza o pospone otros aspectos de nuestra vida sin duda más importantes. Y afirma, sin tapujos, que «en todos nosotros hay una equivocación, que en realidad es una enfermedad: el egoísmo.»

Saunders escribe, en este discurso, un alegato sin paliativos a la amabilidad, a combatir el egoísmo inherente a cada uno de nosotros ahuyentándonos de aquello que lo alimenta, y centrarnos, de manera urgente y decidida, a aquello que nos haga mejores personas, alejándonos de trivialidades, y buscando ser nuestra mejor versión en los diferentes ámbitos para, de esta manera, ser más afectuosos y amables con los que nos rodean. De ahí el recomendable de mi valoración, aunque con matices evidentes: estamos hablando de un libro de sesenta y cuatro páginas impreso a simple cara que podrían ser incluso menos (hay páginas que son únicamente un párrafo) y que, aunque se vende a precio reducido, me parece un precio excesivo por un libro tan tan corto.

A pesar de este matiz, el libro es recomendable por el mensaje que transmite, creo que cada vez más necesario en la sociedad que entre todos estamos conformando. Y sí, ya sé que pensaréis que el libro puede sonar a autoayuda o a un compendio de mensajes sacados de Mr. Wonderful, pero este libro lo escribe alguien con el talento de Saunders y en él no se piden grandes cosas ni grandes sacrificios. Se pide, «tan sólo», ser más amable. Y creo, sinceramente, que es algo que no debería ser difícil de conseguir, que el beneficio es evidente, que pocas cosas nos tendrían que suponer menos sacrificio por nuestra parte si la consecuencia de tal acción es sentirnos mejor con nosotros mismos por ayudar a los demás. Así que, viendo lo que nos aporta, individual y colectivamente, ¿por qué no intentarlo?

También de George Saunders en ULAD: Lincoln en el Bardo

domingo, 28 de junio de 2020

Paul B. Preciado: Un apartamento en Urano

Idioma original: español
Año de publicación: 2019
Valoración: recomendable

Este no es un mundo perfecto. Dista mucho de serlo, es obvio, demasiadas desigualdades, demasiados prejuicios, demasiadas injusticias. En nuestras manos está dar pequeños pasos, no para que sea perfecto, que eso, aparte de imposible, sería bastante incómodo, sino algo mejor que el del día anterior.

Un ejemplo lo tenemos aquí: me encantaría que Paul B. Preciado pudiera dedicar la mayoría de este libro,  y enfocar nuestra atención, hacia los textos más genéricos y que menos relación tienen con el tema central de esta recopilación de artículos, que es ese "cruce" al que hace referencia el subtítulo del libro, la transición de  mujer a hombre que el autor experimenta y a la que la imagen de la portada, perdonad, pero la veo algo kitsch, ayuda a recrear.

Me encantaría, pero me temo que no va a ser así por un cierto tiempo.

Así que Paul B, Preciado dedica título, subtítulo y portada a esa cuestión, que aborda en esta recopilación de artículos, desde muchos puntos de vista, desde la pura cuestión práctica (la de mostrar en las fronteras de algunos países, no todos caracterizados por amplitud de miras, su documento de identidad con su foto como mujer) hasta la más íntima e intrincada cuestión psicológica (impagable el paseo por Burgos con su madre capeando el temporal de dar explicaciones sobre su hijo) pasando por el via crucis físico que entrañan decisiones tan radicales: la ingestión de hormonas, su afectación sobre estados de ánimo, los paulatinos cambios en el organismo, etc.

Lo que ocurre, espero no ser malentendido, es que Preciado llevando ese diario de ese proceso es tenso en su escritura, solemne incluso de una manera algo inexplicable, como si la decisión de sentirse confortable con su organismo solo tuviera la faceta dde un drama y no tuviera aspecto lúdico alguno, no tuviera algún resquicio de banalización. Preciado decide afrontar el proceso físico para cambiar el género que le fue asignado  al nacer y ese proceso es duro como persona, por supuesto, pero la reacción, entre el rechazo, la curiosidad morbosa y la incomprensión, del entorno, no ayuda. Aquí Preciado documenta ese proceso incluyendo desde anécdotas hasta situaciones absurdas de índole administrativa, pero en esos fragmentos, casi siempre textos de denuncia ante el obstinamiento de la sociedad en general por plantear dicotomías que podrían resumirse en normal/fuera de lo normal, contrapesa esa obvia injusticia con tesón, con insistencia en la denuncia y con contundencia en lo absurdo de estas situaciones en un mundo, queremos creer, en progresión imparable para dejar atrás esos planteamientos, esa visión binaria.
Entonces Preciado rinde esa crónica del cruce y se adscribe de lleno en la categoría literatura queer, sub-categoría ensayo. Y a este lector que aquí os transmite sus sensaciones le da cierta rabia. Porque ese es un cinturón que confina la capacidad del autor, un hombre que ha comisariado exposiciones (que fue depurado por la presencia de una polémica estatua), que es un escritor de estilo depurado y referencias de alto calado, pero al que la figura de activista de cierto colectivo simplemente le coarta y simplifica. Sus opiniones políticas, su formación, su bagaje cultural son de una lucidez y profundidad de miras incuestionable, desde luego merecedoras de que la execrable cortina de morbo que sus elecciones íntimas y personales suscitan caiga de una vez por todas. Deseo, y mucho, leer a Preciado escribiendo y polemizando sobre cualquier cosa sin verse obligado a que cierto tema se alce con preeminencia. Creo que el mundo será mejor ese día.

sábado, 27 de junio de 2020

Yasutaka Tsutsui: Lo que vio la criada

Idioma original: japonés
Título original: 家族八景 (Kazoku hakkei)
Traducción: Jesús Carlos Álvarez Crespo
Año de publicación: 1970-71 (en castellano, 2018)
Valoración: Está bien

Hace unos días hubo aquí un pequeño debate, o más bien un cruce de comentarios, sobre la literatura japonesa. Se hablaba de dos grupos de autores bien diferenciados: los grandes, los clásicos, Mishima, Tanizaki, Kawabata, y los ‘comerciales’, que alguien identificaba con Murakami y no sé quiénes más. Con mis limitados conocimientos sobre la materia, tengo la intuición de que se podría añadir un tercer grupo, autores de los que también hemos tenido algunas muestras en el blog, tipos más jóvenes y desinhibidos, con espíritu transgresor y esas cosas. Porque, oiga, los japoneses pueden ser muy solemnes y hieráticos, pero cuando les da la venada se muestran loquísimos de verdad. Y nuestro amigo Tsutsui, con ese tan canoro apellido (tenía que decirlo), me sonaba a que escribía cosas de ciencia ficción, y se presentaba con un título algo voyeur, un subtítulo sugerente (Ocho cuentos psíquicos) y una atractiva cubierta, sí, con evidentes rasgos manga. O sea, prometedor.

La expectación aumenta cuando nos enteramos de que la protagonista, una tal Nanase, es una chica joven que trabaja como criada para no levantar sospechas sobre sus poderes telepáticos (¿por qué no levantaría sospechas siendo empleada doméstica y sí, por ejemplo, trabajando como responsable de seguridad en una planta nuclear?). Los Ocho cuentos psíquicos son efectivamente relatos independientes sobre las sucesivas experiencias laborales de Nanase, aunque el libro puede también leerse como un texto único, por lo que luego diré. Los primeros cuentos nos sitúan en familias japonesas medias que resultan bastante reconocibles para quienes estamos habituados a los animes tipo Doraemon o Shin Chan. El padre es normalmente un personaje débil, dedicado enteramente a su trabajo, con escasa personalidad y más o menos dado a ciertos vicios (alcohol y mujeres, en ese orden). La madre tiene una tipología más amplia, pero casi nunca se puede calificar de normal: o es especialmente abnegada, o retraída y pasiva hasta rayar lo enfermizo, o insegura, o apabullante y lujuriosa. Los hijos que dibuja Tsutsui, si los hay, son casi siempre caprichosos, violentos, también viciosos. Bien, una mirada crítica hacia esa pequeña burguesía urbana que esconde secretos y miserias en su confortable casita.

Es lo que encuentra Nanase captando los pensamientos mezquinos de jóvenes y adultos: desprecio, disimulo y rencores escondidos tras formas apacibles y rectas costumbres. Pero poco a poco empezamos a preguntarnos por el verdadero alcance de los poderes telepáticos de la criada. Lo que pensábamos que era un arma poderosa para montar una historia sorprendente, o tal vez disparatada, se va convirtiendo en una especie de altavoz de las conciencias, algo que no difiere mucho del autor omniscente. Vamos, que Tsutsui nos podría haber contado lo mismo con una óptica completamente tradicional, y el instrumento original que esperábamos queda así un tanto diluido.

Siguen en esa línea los sucesivos relatos, con la pobre Nanase saltando de una casa a otra sin que esa interinidad tenga nada que ver con una crítica a la precariedad laboral. No van por ahí los tiros, sino que la chica va saliendo rebotada de los hogares cuando las cosas se empiezan a poner realmente feas y la situación se vuelve explosiva. Porque cada cuento va aumentando el nivel de depravación de los empleadores: en un caso es la suciedad extrema, en otro un prejubilado adicto al sexo, o un hijo con un complejo de Edipo que no cabría en un mercancías. Según las situaciones se van volviendo más insostenibles, encontramos algo de mayor interés. El personaje de Nanase parece evolucionar lentamente y pasa de simple espectadora (a veces víctima) a utilizar sus poderes para intervenir en los embrollos familiares. Y no se crean que se corta demasiado, bien sea para salir de situaciones comprometidas, o para forzar un desenlace ante nudos imposibles de desenredar.

Es a lo que me refería al principio. Aunque originariamente los ocho relatos fuesen publicados por entregas (qué cosa tan clásica, oiga), gracias a esa ligera transformación del personaje pueden leerse sin dificultad como una única narración, sin un principio ni un final precisos, pero con una progresión más o menos definida. 

El problema son quizá esos escenarios domésticos. Hay personajes bastante interesantes y otros excesivamente simples, casi caricaturescos; pero esas tramas familiares se quedan algo pobres: la adicción al sexo, casi unánime, los reproches, la hipocresía y el miedo al qué dirán, la absoluta ausencia de empatía… son estampas que se repiten con muy pequeñas variaciones de sujetos y de intensidad, y acaban transmitiendo esa sensación de buena idea desperdiciada que demasiadas veces nos dejan los libros. Y es que lo que vio la criada fue, a lo que se ve, siempre más o menos lo mismo.

También de Yasutaka Tsutsui en ULAD: El bonsai Dabadaba

viernes, 26 de junio de 2020

Edith Nesbit: El último dragón y otros cuentos

Idioma original de los cuentos: Inglés
Traducción: Xesús Fraga
Ilustraciones: Rocío Martínez
Valoración: Está bien (recomendable para niños)

El último dragón y otros cuentos, antología de la editorial Nórdica, compila cinco historietas infantiles de la prolífica escritora inglesa Edith Nesbit (1858-1954). Cinco historietas sumamente imaginativas en las que los dragones son figuras recurrentes. Cinco historietas pobladas por animalitos la mar de coloridos. A saber: «enanos piel de foca», hipopótamos que salen de cacería o cerdos «que se comportan con un gusto exquisito» y obedecen «los carteles que advierten de no pisar el césped».

Mis textos favoritos de este volumen son "El dragón de fuego" y "Billy el rey", pero "El dragón de hielo", "Los salvadores del país" y "El último dragón" no les van a la zaga. Los protagonizan niños valientes y decididos, que a veces ejercen como príncipes o incluso como reyes. Algunos de los escenarios que cobijan las aventuras de estos niños brillan con luz propia. Pienso, en efecto, en un polo norte inédito, o en un reino rodeado por un mar de caramelo.

Estoy seguro de que estas narraciones harán las delicias de los más pequeños. Es innegable que, en determinados pasajes, pueden parecer un tanto anticuadas (a fin de cuentas, la mayoría de ellas se publicaron en 1899). Además, a veces son algo "naif"; sus personajes son planos, sus conflictos se cierran con demasiada facilidad y su tensión no siempre alcanza cotas satisfactorias. Pese a todo, debo insistir en que los niños las disfrutarán sobremanera, e incluso sacarán alguna que otra sonrisa de ternura a los adultos que las lean. 

jueves, 25 de junio de 2020

Selva Almada: Ladrilleros

Idioma: español
Año de publicación: 2013
Valoración: más que recomendable

De la magnífica generación de estupendas escritoras latinoamericanas (y, en este caso, argentinas) que este siglo XXI nos está brindando nos faltaba por reseñar en este blog alguna representante más como Selva Almada, autora, entre otros libros, de este Ladrilleros, novela corta e intensa que merece más atención que la que el hype del momento o la promoción editorial le pueden haber proporcionado.

Ladrilleros es una historia sobre la enemistad entre dos hombres, que se extiende a sus familias, en un pueblo del interior profundo de Argentina -novela, pues, y como es lógico, plagada de argentinismos y, más aún, de argot popular, aunque aviso que "ladrilleros" no es una palabra que signifique otra cosa que lo que parece: los protagonistas y rivales se dedican justamente a hacer ladrillos-; historia sobre una venganza aplazada y, sobre todo, sobre la paternidad y filiación, sobre como los pecados de los padres se transmiten a los hijos, que los purgan cometiendo los suyos propios. Novela sobre las formas de convertirse en hombre y sobre las obligaciones (supuestas) que conlleva tal condición. Sobre la rivalidad y la amistad y sobre el hambre de otros cuerpos para medirse con ellos en la pelea o en el sexo. Porque sí, sexo también hay a borbotones, a chorro, en esta novela, de una manera voraz y sin rodeos (aprovecho para comentar que las escritoras suelen contar esos momentos febriles mejor que los hombres, creo yo).

Sexo, violencia, lucha por convertirse en el macho alfa de la manada... elementos eternos que lo mismo sirven para explicar la berrea de los ciervos que un culebrón televisivo o la mayor parte de la Biblia (si me apuráis, toda)... Sólo que aquí combinados de una manera diferente (aunque recuerde de alguna forma, y salvando las distancias, a Crónica de una muerte anunciada), con una aparente modestia, quizás, porque habla de las cuitas de las clases trabajadoras y empleando un lenguaje popular. Pero ambiciosa al mismo tiempo porque con materiales tan humildes como el barro con que se hacen los ladrillos, Almada consigue construir una novela potente y expresiva, de gran calidad literaria y estructura narrativa de una complejidad apreciable. Eso sí, que nadie piense que va a aprender aquí a fabricar ladrillos, que tampoco es eso...

miércoles, 24 de junio de 2020

Danele Sarriugarte: Entrañas

Idioma original: euskera
Título original: Erraiak
Año de publicación: 2019
Traducción: Miren Iriarte
Valoración: Está bien







No podemos ir por ahí criticando lo mal que está el mercado editorial y lamentándonos de que solo se publique a las glorias de siempre y de que no haya variedad temática ni voces nuevas si luego nosotros mismos, como lectores, solo nos decantamos por esos supuestos «valores seguros». 

También es comprensible que deban existir ciertas garantías para animarnos a salir de nuestra zona de confort. Y Entrañas las tiene: éxito de público y crítica de la edición en vasco (2015) y el premio Euskadi de Plata. Si a eso le sumamos que la edición en castellano es a cargo de una de esas pequeñas editoriales (Reikiavik ediciones) con un proyecto personal y entusiasta, y un catálogo que apuesta por las historias bien contadas con independencia de los parámetros del mercado, pues ahí que voy. 

Resumen resumido: la protagonista llega a casa y encuentra la nota de despedida del que ha sido su pareja hasta ese momento. A partir de ahí inicia un proceso —intenso y calculado— de depuración emocional en el que reflexiona sobre todos aquellos factores propios y ajenos que la han conducido, no sólo al punto de ruptura, si no al mismísimo germen de la relación. 

Quien más y quien menos ha reconstruido en su cabeza (o en el papel) los hechos de una ruptura amorosa, tal como justificaba la genial Nora Ephron: «Porque si cuento la historia, domino la versión (…) Porque si cuento la historia, no me duele tanto. Porque si cuento la historia, puedo soportarla». Con esto tan solo quiero decir que la autorreflexión tras la pérdida no es algo nuevo en la literatura ni en la vida y que un argumento en el que ya sabemos de antemano que la acción no evoluciona (una pareja rompe y uno de los miembros reflexiona sobre ello), depende mucho más del CÓMO que del QUÉ para atrapar al lector. 

Entrañas explota el CÓMO mediante la voz narrativa: una narradora en primera persona que aborda su propio viaje interior con una crudeza y una desfachatez sorprendentes. La protagonista se abre en canal para superar la reciente ruptura y lo hace con una hosquedad deliberada, muy acorde con su temperamento rebelde e impulsivo pero también con honestidad, lucidez y gran capacidad de autoconocimiento: 
«A quienes fuimos diagnosticadas como chicas solo nos quedaba la posibilidad de demostrar con el mayor espanto posible el asco que nos producía aquel juego (…) porque nunca nadie había dicho ni mu sobre meter la mano en la entrepierna, y hasta que no tuvieses un novio, o, en realidad, hasta que varios novios no te tuviesen a ti y pasasen varios años, hacia los diecisiete más o menos, diría yo, nadie confesaría con voz firme que el coño podía utilizarse para algo más que para mear o para desangrarse una vez al mes» 
Esta voz cargada de ironía, desparpajo, descontento y mucha crítica social me ha recordado por momentos al canalla desorientado de Gabriel Barrios de La noche es virgen y a la reivindicativa Nati de Lectura fácil; voces muy poderosas y atractivas cuyos personajes logran seducir al lector sin despertar su empatía. La protagonista de esta novela resulta interesante, uno quiere saber más de ella, se llega a comprender en buena medida su situación pero cuesta identificarse emocionalmente con ella. Y así como en Gabriel y en Nati tal efecto era buscado, no tengo tan claro que también lo sea en este caso y eso, en mi opinión (o así ha sido en mi experiencia lectora particular), le resta empaque a la parte de crítica y de incitación a la reflexión del texto.

Es una novela que va de menos a más (el arranque contiene algún titubeo en el estilo y en alguna reflexión puntual de la protagonista) pero enseguida toma cuerpo con solidez y agilidad. La trama alterna presente con un pasado más o menos reciente, mediante capítulos no muy largos y guiando al lector con habilidad para que se sitúe ya en los primeros renglones. A ello contribuye especialmente la forma con la que se numeran los capítulos, teniendo en cuenta que «0» es el momento presente en el que la protagonista se encuentra la nota de despedida de su pareja. Al artefacto narrativo de Entrañas hay que sumarle todo un conjunto de notas al margen que puntualizan, desarrollan, aclaran y/o se regodean generando un segundo plano de lectura paralelo. 

Otro valor interesante es la capacidad evocadora en diferentes niveles: (1) la de una fase vital perfectamente reconocible en la que el inminente —y digo «inminente» porque nadie se escapa— encaje en la vida adulta genera tanta rabia, frustración y desorientación. (2) la del «momento ruptura» que todos hemos vivido alguna vez y que solo podemos explorar desde la distancia que da el paso del tiempo o por el hecho de observarlo en un tercero. (3) la de una sociedad y modo de ver el mundo de los pueblos pequeños cuyos jóvenes «salen» a estudiar y a trabajar, y viven en una particular y eterna dicotomía. (4) la del plano sensorial, es una novela en la que lo que se oye, lo que se huele, lo que se ve, lo que se toca, está muy presente y otorga una atmósfera especial a la narración. 

En resumen, Entrañas es una novela valiente que no decepciona, que se lee de una sentada y cierra de forma impecable, dejando al lector sujeto a la reflexión.

martes, 23 de junio de 2020

Slavoj Žižek: Pandemia


Idioma original: inglés
Título original: Pandemic!
Año de publicación: 2020
Traducción: Damià Alou
Valoración: interesante

Cierto dicho proclama que "Nada hay más viejo que el periódico de ayer". Sin ser tan precisos, muchas opiniones vinculadas al mundo actual inciden en la saturación informativa, en la inmediatez de los medios, en las redes sociales ya no como altavoces o megáfonos sino en elementos clave en la configuración de ese mundo global y viral (va sin segundas) que estamos creando para las generaciones venideras, mundo en el que los acontecimientos se suceden a un ritmo que obliga a las grandes mentes a pronunciarse constantemente.

Y mientras escribo esto me pregunto si Zizek no tendrá ya algo en mente sobre la cuestión de Minneapolis, la Desescalada, la Nueva Normalidad o el Primer Rebrote.

Por tanto, y con Occidente sacando pecho de forma precipitada sobre la superación de la fase más grave de la pandemia (actualización 23/6, 11:07, la OMS alerta de la rapidez de extensión de la pandemia en el continente americano) con ese mismo Occidente más pendiente de si las fases de la desescalada serán o han sido así o asá, con ese magma informativo en constante update y mutación, las opiniones de Zizek parecen ya formar parte de un período reciente pero pasado, parecen ser como el disco de Kanye West que quedaba siempre en borrador mientras las canciones no acababan de tener su versión definitiva. No quiero decir que leer esto en seis meses pierda valor, el valor sólido y fijado de la reflexión inmediata al hecho, pero es que, señores, esto de la humanidad está resultando muy complicado y el mejor sitio del mundo es mi casa hasta que no me dejan salir de ella.

Lo cual no significa que Pandemia, menudo título descriptivo, se ha matado el tío, no sea una lectura extremadamente interesante; si bien Zizek más que emitir conclusiones (cuestión que apoya el hecho de que este libro, más que apelar a bibliografía, apela a links de artículos en la red) comenta situaciones que está viviendo y les aporta una sutil perspectiva propia, fresca y audaz, quizás algo consciente de que su opinión es tenida en cuenta y dispone de la consecuente difusión y resonancia. Y no intenta dogmatizar sino mostrar sus reflexiones, poner el foco en las diversas reacciones de gobernantes, líderes, sociedades ante el espectacular suceso (no sé llamarlo de otra manera) que se ha llevado a la humanidad por delante cuando todos pensábamos que iban a ser los marcianos, un asteroide despistado o los pirados que tienen acceso al botón nuclear. Por supuesto, hay que tomarse la molestia, el pequeño receso, de leer este texto, que se publica todo lo deprisa que se puede: el café de la realidad se enfría rápidamente y nunca vamos a tener ocasión de ver tan pronto cómo fracasa y cae en el olvido todo lo que se profetiza por ahí: que si seremos más buenos, más cohesionados, con un planeta más limpio, con mayor consciencia de sociedad. Por suerte, Zizek presenta hechos y opiniones sin más sesgo que el poco menospreciable de  presentar esta y no esta otra; por suerte, se abstiene de entrar en cábalas, de dogmatizar con conclusiones solemnes, y se limita a consignar cuestiones objetivas. Pone orden en esos pensamientos y los presenta en un texto en cuya lectura es bueno y muy aconsejable invertir tiempo. Para hacerse una idea, más o menos orientarse y reflexionar, cosa que parece que ya se ha acordado unánimemente en subcontratar.

Para lo otro, para refutar y contradecir toda barbaridad que cualquiera ahora mismo se ve autorizado a expresar, ya tenemos Twitter, ¿verdad?