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jueves, 25 de junio de 2020

Selva Almada: Ladrilleros

Idioma: español
Año de publicación: 2013
Valoración: más que recomendable

De la magnífica generación de estupendas escritoras latinoamericanas (y, en este caso, argentinas) que este siglo XXI nos está brindando nos faltaba por reseñar en este blog alguna representante más como Selva Almada, autora, entre otros libros, de este Ladrilleros, novela corta e intensa que merece más atención que la que el hype del momento o la promoción editorial le pueden haber proporcionado.

Ladrilleros es una historia sobre la enemistad entre dos hombres, que se extiende a sus familias, en un pueblo del interior profundo de Argentina -novela, pues, y como es lógico, plagada de argentinismos y, más aún, de argot popular, aunque aviso que "ladrilleros" no es una palabra que signifique otra cosa que lo que parece: los protagonistas y rivales se dedican justamente a hacer ladrillos-; historia sobre una venganza aplazada y, sobre todo, sobre la paternidad y filiación, sobre como los pecados de los padres se transmiten a los hijos, que los purgan cometiendo los suyos propios. Novela sobre las formas de convertirse en hombre y sobre las obligaciones (supuestas) que conlleva tal condición. Sobre la rivalidad y la amistad y sobre el hambre de otros cuerpos para medirse con ellos en la pelea o en el sexo. Porque sí, sexo también hay a borbotones, a chorro, en esta novela, de una manera voraz y sin rodeos (aprovecho para comentar que las escritoras suelen contar esos momentos febriles mejor que los hombres, creo yo).

Sexo, violencia, lucha por convertirse en el macho alfa de la manada... elementos eternos que lo mismo sirven para explicar la berrea de los ciervos que un culebrón televisivo o la mayor parte de la Biblia (si me apuráis, toda)... Sólo que aquí combinados de una manera diferente (aunque recuerde de alguna forma, y salvando las distancias, a Crónica de una muerte anunciada), con una aparente modestia, quizás, porque habla de las cuitas de las clases trabajadoras y empleando un lenguaje popular. Pero ambiciosa al mismo tiempo porque con materiales tan humildes como el barro con que se hacen los ladrillos, Almada consigue construir una novela potente y expresiva, de gran calidad literaria y estructura narrativa de una complejidad apreciable. Eso sí, que nadie piense que va a aprender aquí a fabricar ladrillos, que tampoco es eso...

miércoles, 16 de diciembre de 2020

ULAD: Lo mejor que nos dejaron leer en 2020

Hagamos como en el popular juego de mesa: a ver si conseguimos omitir ciertas palabras que van a definir el 2020. Pero primero, una escueta explicación del título de nuestra entrada. "Nos dejaron" se refiere a las circunstancias: a las generales y a las de cada uno. Porque nos afectó de formas distintas. Algunos leyeron como nunca y a otros lo que sucedía (perdón: lo que aún está sucediendo, en un presente continuo que se transforma en futuro condicional) les impedía concentrarse, les acaparaba la atención hasta situarse en un primer plano incómodo y fascinante. Pero "nos dejaron" también puede interpretarse de otra manera: cuando se han necesitado vías de escape, se ha podido ir a cortarse el pelo, pero no a ver una obra de teatro, se ha podido adquirir tabaco, pero no trastear estantes de libros en librerías o bibliotecas. Y, sin negar lo demagógico de estas afirmaciones, sí que esos hechos son representativos de la sociedad en que vivimos y de sus prioridades. La cultura, en la cola de espera. Aquí no podemos, no debemos estar de acuerdo.

 

Beatriz Garza

Libro/ autora del año: El quinto hijo de Doris Lessing

Lectura revelación: Lectura fácil de Cristina Morales

Relectura provechosa del año: El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence

Lecturas "gallina de piel" del año: El color púrpura de Alice Walker y Las malas de Camila Sosa

Lectura sanadora del año: La ciudad de los arquitectos de Llàtzer Moix

Formato revelación: "miniensayo" o "minicrónica" como Un miércoles de enero de Bob Pop, Ofendiditos de Lucía Lijtmaer y Contarlo para no olvidar de Maruja Torres y Mónica G. Prieto

Buenos propósitos para el 2021: llegar cuerda al 2022

 

Carlos Andia

Mejor novela (2x1): Siglo XXEl gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa; Siglo XXICorazón giratorio, de Donal Ryan

Microrrelato: Obras completas (y otros cuentos), de Augusto Monterroso 

Clásico: Tiempos difíciles, de Charles Dickens 

Teatro (ex-aequo): Aquí no paga nadie, de Dario Fo, y Anillos para una dama, de Antonio Gala 

Ensayo histórico-político: La estirpe del camaleón, de Julio Gil Pecharromán  

Un tocho interesante, de toda la vidaLa democracia en América, de Alexis de Tocqueville

Un monstruo ingobernable (pero una lectura que nunca se olvidará): Finnegans Wake, de James Joyce

Libro de viajesEn las antípodas, de Bill Bryson

Relectura del añoEl templo del alba, de Yukio Mishima

Diario de guerra: El abrazo de los muertos, de José de Arteche (en enlace no sale bien)

Y dejamos para el final lo más flojito:

Libro de relatos: Ninguno convincente, o sea, premio desierto

Y ni con un palo: nada de David Foenkinos (pongo el enlace de Hacia la belleza por si alguien quiere saber por qué)

 

Francesc Bon

Otro año más bien desastroso: escarbando en el baúl de los grandes clásicos del siglo, tras comprobar demasiado a menudo que las grandes novedades me siguen dando disgustos y pereza a partes iguales. Es mi culpa, seguro. Bueno, casi seguro.

Propósitos de año nuevo: encontrar algún nuevo autor de ficción que me deje patidifuso (habiéndolo buscado previamente), aunque me veo probando otra vez con la obra de Philip Roth o William Faulkner, que me han dado grandes satisfacciones, de nuevo, y a lo mejor de eso se trata

Libro del año: Falso espejo, de Jia Tolentino (sin negar lo fresco y reciente de la sensación, una autora que no desperdicia palabrería en conceptos vacíos)

Tiempo desperdiciado: segundas oportunidades a quienes no lo merecen, como el plasta de Vilas o algunos que no merecen ser mencionados (Vilas sí, por prolongar su impostura)

Me lo imaginaba más grande: Exhalación, de Ted Chiang, al que encontré sobrevalorado.

Un poco hartito: de la literatura queer et al hacinándose en un rincón, refractaria a ser evaluada objetivamente.


Juan G. B.

Ensayo del año: El infinito en un junco, de Irene Vallejo.

Mejor novela histórica de Ciencia-Ficción: Proletkult, de Wu Ming.

Novela negra de fantasmas: La apariencia de las cosas, de Elizabeth Brundage.

Latinas Power: Ladrilleros, de Selva Almada; Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor; Las voladoras, de Mónica Ojeda.

Agradables sorpresas: La voz y la espada, de Vic Echegoyen y Matèria de Bretanya de Carmelina Sánchez-Cutillas.

Cierta decepción: El olor del bosque, de Hélène Gestern.

Aún no lo tengo claro: Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez, Desierto sonoro, de Valeria Luiselli; Noche y océano, de Raquel Taranilla.

Libro que no me atreví a reseñar: Apocalipsis, de Stephen King.

Leeré en 2021: Algo de José Luís Peixoto, si encuentro una buena traducción, que es difícil...


Koldo CF

RelecturasLos pasos perdidosLa marcha Radetzky o Nieve de primavera (3 libros imprescindibles).

Autoras rescatadas, ya sea para el público en general, como Sara Gallardo y sus magníficas Eisejuaz o Enero, o para mi en particular, como Svetlana Alexievich (no la había leído hasta este 2020) y el terrible Voces de Chernóbil

Novedades del año: Un debut, el de Ce Santiago con El mar indemostrable, y una novela "autobiográfica", el Porque ya no queda tiempo de Rafa Cervera

Año balcánico: Destacan Ismail Kadaré como "autor más leído este año" y la lectura de Un puente sobre el Drina de Ivo Andric.

Decepciones:  Tan malos que no merecieron ni reseña destroyer han sido "Sueños de trenes" de Denis Johnson y "Los cuadernos de Don Rigoberto" del amigo Vargas Llosa.


Marc Peig

Libro del año: «No digas nada», de Patrick Radden Keefe.

Ensayo políticosocial del año: «Como ser antirracista», de Ibram X. Kendi.

Librodenuncia del año:  «Sin más amigos que las montañas», de Behrouz Boochani.

Grandes debuts en narrativa: Xavier Mas Craviotto por «La mort lenta» y Carlota Gurt por «Cabalgar toda la noche».

Descubrimientos del año (autores): Saša Stanišić por «Los orígenes», Eduardo Lalo por «Simone»,  Claudia Rankine por «Ciudadana» e Ignacy Karpowicz por «Sońka».

Consagraciones del año: Eva Baltasar con «Boulder» y Han Kang con «Blanco».

Experimento exitoso del año: «El càstig», de Guillem Sala.

Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Stefan Zweig, Rebecca Solnit y Per Petterson.

Propósitos para el 2021: intentar evadirme de tanta novedad y volver a los clásicos (segundo intento). También hacer reseñas más breves ;-)


Montuenga

LO +

Ficción:

·       Una joya olvidada: La vagabunda de Sidonie-Gabrielle Colette.

·       Un clásico indiscutible: El color púrpura de Alice Walker.

·       Una maravilla más en la extensa obra de una autora excepcional (y cuyo premio Nobel la humanidad se va a perder por culpa de esos suecos imprevisibles): Qué fue de los Mulvaney de Joyce Carol Oates.

·    Un clásico revisitado (y convertido en thriller por obra de un maestro del género negro): Macbeth de Jo Nesbo.

·        La mejor novela histórica leída (y publicada) este año: Ni siquiera los muertos de Juan Gómez Bárcena.

·     La mejor primera novela que he leído en muchísimo tiempo: La vida verdadera de Adeline Dieudonné. (Aunque se trate de un texto intimista se lee como si fuera un thriller).

                                                                                                                                                No Ficción:

·       El mejor ensayo filosófico leído este año, riguroso, documentado y repleto de humanidad: La mujer molesta de Rosa María Rodríguez Magda. (Y con entrevista añadida).

·     Un ensayo científico muy adecuado para reflexionar sobre cómo hemos llegado hasta aquí: El cisne negro de Nassim Nicholas Taleb. (Hay sucesos que la ciencia puede prever y al ciudadano medio ni se nos pasa por la cabeza).

·     Un texto didáctico, elemental para según quién pero muy instructivo y necesario en los tiempos que corren: Querida Ijeawele de Chimamanda Ngozi Adichie. (Aunque dedicado a las jóvenes, lo deberían leer muchos/as adultos/as).

LO –

Ficción:

·       Sin comentarios: La hija de la española de Karina Sainz Borgo

·     El testamento, poco afortunado, de un clásico indiscutible del género negro (pero a él se le perdona todo): Km 123 de Andrea Camilleri

·       Una novela que aburre a las ovejas (en mi opinión, naturalmente): El verano sin hombres de Siri Hustvedt.


Oriol Vigil

-Mejor novela: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

-Otras novelas destacables (por citar sólo unas cuantas): Personajes desesperados, de Paula Fox, Tennessee, de Luis Gusmán, El quimérico inquilino, de Roland Topor, El nombre del mundo es bosque, de Ursula K. Le Guin, Bubu de Montparnasse, de Charles-Louis Phillipe, Ethan Frome, de Edith Wharton

-Mejores antologías: La condena, de Franz Kafka, El séptimo caballo, de Leonora Carrington, Acostarse con la reina y otras delicias, de Roland Topor

-Lo mejor en no ficción: La canción de las máquinas, de Sherwood Anderson, El mercado y la globalización, de José Luis Sampedro 

-Tochazos: Sexual Personae, de Camille Paglia, Los mandarines, de Simone de Beauvoir 

-Libros decepcionantes: El lado de la sombra, de Adolfo Bioy Casares, Barbazul, de Kurt Vonnegut, The Boys, de Garth Ennis y Darick Robertson, Reinas del abismo, de varias autoras

-Autores descubiertos: Isaac Asimov, Roland Topor, Mijaíl Bulgákov, Ursula K. Le Guin

-Empacho de: Literatura decimonónica, narrativa juvenil y fatalismo

 

Santi 

Dentro de lo poco que he conseguido leer este año, por falta de tiempo y de ánimo, afortunadamente ha habido algunas grandes lecturas que me han salvado el año:

  • Panza de burro de Andrea Abreu: creo que es para mí la lectura del año, por sorprendente y rompedor, este relato canario (muy canario) del proceso de crecimiento de dos niñas;
  • Basilisco de Jon Bilbao: esta no es una sorpresa, porque Jon Bilbao es un escritor consolidado, pero esta es probablemente su mejor obra. Y ni siquiera sé en qué género se clasifica;
  • Casas vacías de Brenda Navarro: una dura aproximación a la (no) maternidad, algo tremendista pero muy poderosa también.
  • La cresta de Ilión: un acierto más de la editorial Tránsito, esta reedición o revisión de un texto de la mexicana Cristina Rivera Garza sobre la identidad, los desaparecidos, el lenguaje....
  • El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Ţîbuleac, una historia cruda y poética, otra aproximación diferente a la relación entre un hijo y su madre;
  • Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan: la madre francesa de la autoficción (el padre francés sería Carrére) ofrece un relato autobiográfico centrado en la relación de la autora con su madre

Otras lecturas interesantes (ya digo que este año no han sido muchas) incluyen géneros como la crónica (El peón de Paco Cerdá), la ciencia ficción nacional e internacional (36 de Nieves Delgado, Bionautas de Cristina Jurado o El apagón de Connie Willis, aunque esta última la dejé a medias), el cómic (Los puentes de Moscú de Zapico), y cómo no, algo de literatura portuguesa, como El retorno de Dulce Maria Cardoso o De la naturaleza de los dioses, del "inevitable" Lobo Antunes. También di mi opinión sobre el "fenómeno Sally Rooney", y me hizo especial ilusión reseñar la primera novela de una buena amiga, Penínsulas rotas de Magdalena López.

Hubo otras lecturas incompletas o que me gustaron menos, pero bastantes cosas malas ha tenido ya 2020 como para terminarlo recordando lecturas decepcionantes...

 


domingo, 15 de enero de 2023

Selva Almada: Chicas muertas

Idioma: español

Año de publicación: 2015

Valoración: sin duda, recomendable

Este libro no es fácil de leer. Y no porque esté mal escrito o su estilo resulte demasiado farragos -todo lo contrario, en realidad-, sino porque de lo que trata resulta demasiado doloroso y cercano, pese a que se remonte a acontecimientos que tuvieron lugar en Argentina hace 40 años. Pero tanto en Argentina como en España o en cualquier otro país sucesos como los que nos cuenta este libro aparecen con mayor o menor frecuencia en los medios de comunicación y, además, por suerte, nuestra sociedad, salvo algunos desalmados que encima hacen alarde de ello, parece más  concienciada sobre este problema ahora que en los años a los que se remonta el libro de Almada. Lo que no significa, por desgracia, que el problema haya desaparecido o siquiera reducido, como es obvio...

Selva Almada parte aquí de un recuerdo de su adolescencia, allá por lo 80 del siglo XX, el asesinato en su propia cama, mientras dormía, de Andrea Danne, una joven de un pueblo cercano al suyo, en la provincia de Entre Ríos, para hacer un escalofriante recorrido por los feminicidios ocurridos en Argentina tanto en aquellos años como aún hoy en día. Sobre todo se centra este libro, a medio camino de la denuncia social, el relato periodístico o de no ficción y las memorias personales (aunque no creo que quepa hablar aquí de autoficción o "literatura del yo", salvo en algún momento puntual) , en el asesinato de Andrea y también en los de otras dos chicas, ocurridos asimismo en esos años 80  y en localidades pequeñas del interior argentino -de Entre Ríos y el Chaco- e igualmente sin resolver: de Sarita Mundín y de la jovencísima -tan sólo quince años- María Luisa Quevedo.

La aurora estudia los expedientes y la prensa de la época, recoge las declaraciones deposibles testigos,se entrevista con familiares de las víctimas, visita algunos de los lugares donde sucedieron los hechos e incluso consulta a una vidente-tarotista sobre las chicas muertas. No llega a ninguna conclusión sobre la identidad de los culpables de esas muertes -aunque sí se habla de ciertos sospechosos-; lo que predomina en el libro,  más que la intriga de una investigación  detectivesca, es un tono de tristeza y compasión por las víctimas, de denuncia serena de todos los crímenes de este tipo que han sucedido desde entonces y todavía hoy. Porque, además de recordar y revisar los casos de estas tres chicas, Almada va desgranándonos la lista de lo acaecido a muchas otras, secuestradas, violadas, asesinadas... no ya por desconocidos, sino también por novios, amantes o maridos. Una pléyade de de víctimas cuyo número no parece reducirse con el tiempo.

Un libro éste de, desgraciadamente,  no ficción, que, como digo, tampoco puede calificarse de "literatura del yo", pese a qué la autora también nos refiera incidentes que le sucedieron a ella o a mujeres cercanas y que pudieron acabar en tragedia,  puesto que aquí su "yo" personal se diluye en un "nosotras", colectivo y femenino,  en el que todas las mujeres son potenciales víctimas del machismo imperante y su destino, tan sólo una cuestión de suerte, no la consecuencia de lo que hagan, hayan hecho o dejado de hacer...

Un libro, repito, doloroso y triste.


Otros libros de Selva Almada reseñados en este blog: Ladrilleros, No es un río

miércoles, 28 de julio de 2021

Selva Almada: No es un río

 Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: Muy recomendable


Cuando en una comunidad cualquiera un elemento es su centro vital indiscutible, las costumbres, pensamientos y acciones de sus habitantes giran a su alrededor sin ni siquiera darse cuenta. Puede tratarse de un factor natural (el clima que determina las cosechas, la montaña que defiende y cobija, el mar,,,) o artificial (una fábrica o una mina generadoras de riqueza y tragedia a partes iguales). En No es un río, (“…no es un río, es este río. He pasado más tiempo con él que con nadie”) Selva Almada consigue convertir algo tan aparentemente inerte en protagonista absoluto del relato. Y lo hace uniendo una prosa colmada de poesía a un contenido despiadado, un escenario semi-salvaje, un ritmo taciturno, una cronología fracturada y un argumento que gira en torno a la violencia soterrada, la miseria, la frustración y la muerte prematura y banal, sin ningún atisbo de heroísmo. El tiempo pasa, la población envejece, se renueva, madura y todo continúa igual que antes. La misma pobreza, la inercia del que carece de horizontes, la impotencia para cambiar lo que se percibe como inevitable dentro de un entorno tan bello como impasible y que no pertenece a todos por igual, pues de un lado están los habitantes de la isla, para ellos un tesoro que les pertenece por derecho, por otro, los forasteros, que aparecen por allí de vez en cuando y priorizan sus caprichos al respeto por la naturaleza. No es fácil transmitir todo eso hablando del día a día, simplemente con la fuerza de los localismos, la cadencia de la prosa, la descripción del terreno y el traslado de actitudes cotidianas a cargo de un elenco tan elemental como épico. Sin embargo, su lectura resulta desasosegante, necesitamos saber más, ni siquiera el desenlace consigue satisfacernos del todo, nos gustaría saltar a través de las páginas y descubrir ese río, del que conocemos lo esencial y que ya sentimos como nuestro.

Ecos de otras épocas pasados por el tamiz de hoy día nos señalan de qué fuentes ha bebido la autora. No hace falta citar nombres: todos los grandes del boom, clásicos universales de todos los tiempos y, por supuesto, el gran elenco contemporáneo ha sido leído, asimilado, unido a sus propias vivencias e incorporado a la personalidad literaria de Almada, personalidad intransferible cuya genealogía es más que evidente. Fuera de los libros, el paisaje y las costumbres de su tierra natal junto a la concienzuda observación de las costumbres constituyen su materia prima. Esto ha sido así desde su primera publicación y se ha mantenido hasta ahora. Su estilo está depurado al máximo, cada pieza se escoge cuidadosamente y se ubica en su lugar exacto. Las escenas contienen más silencios que palabras, paralelamente, el texto está repleto de espacios en blanco. Parcas conversaciones centradas en lo esencial e inmediato, pues así se comunican Eusebio, Tilo, Enero, el Negro y los demás. Los tres últimos salen a pescar un día cualquiera y, mediante flash backs, comprendemos que Tilo es hijo del primero, el amigo del alma que el río arrebató demasiado pronto. Ese vínculo entre varones –los tres del principio y los tres resultantes tras recomponerse el grupo una vez el hijo adulto sustituye al padre fallecido– está en el origen de un argumento que cierra lo que la autora denomina “Trilogía de los varones”. Un mundo, el de la masculinidad, con sus códigos, valores y hábitos, muy diferente del conocido por ella, que le llevó a indagar sobre determinadas actitudes, tanto en su ámbito propio (crueldad, sentido del honor, venganza) como en relación con las mujeres (protección, seducción, necesidad de estar al mando) y que, de alguna forma, proceden de pactos universales no escritos.

“Esa noche iban a ir al baile con Enero y con Eusebio, como siempre. Si le daba el gusto a la chica y tenían ese hijo, los amigos, la noche, la pesca, todo se iba a terminar.”

No podía faltar el elemento mágico. Aparece cuando lo que ocurre carece de sentido y hace falta entenderlo, aunque la explicación se aparte de la lógica. Entre las respuestas que se buscan están esas muertes tempranas, un absurdo que merece la pena indagar con los materiales que se tienen a mano: fantasía, credulidad o demencia. Ilusiones sin fundamento, sesiones esotéricas, visiones, sueños, recuerdos, pero también la realidad más prosaica, son los materiales que Almada utiliza para manifestar una sensibilidad poco común.

Otras obras de la autora: Ladrilleros