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domingo, 5 de mayo de 2024

Fernanda Melchor: Falsa liebre

Idioma original: español

Año de publicación: 2013

Valoración: recomendable

Durante una entrevista, cuestionaron a Juan Rulfo sobre cómo logró capturar con maestría las voces del campo mexicano en sus cuentos y novelas, como si hubiera grabado conversaciones de la gente de los altos de Jalisco para luego transcribirlas. Al sumergirnos en sus relatos, es posible "escuchar" las voces emergiendo de la tierra. Rulfo respondió de manera muy honesta, aunque un poco avergonzado: “Tuve que inventarles el modo de hablar y de expresarse, porque ellos no se expresan así. Cualquier persona que tratara de encontrar esos paisajes o esas personas, no las encontraría. Quise retratar los rostros de esos personajes, pero la gente es común y corriente como en todas partes. No tenían nada de especial”. En “Falsa liebre”, se cae en la misma trampa.

Con una habilidad extraordinaria, Melchor otorga voz a sus personajes de una manera que recuerda a Rulfo; parece replicar fielmente su lenguaje, en este caso, el de jóvenes marginales de una ciudad costera mexicana. Aunque desconozco los antecedentes personales de Fernanda, es posible que su niñez en ambientes similares o su labor periodística le hayan permitido acercarse a la realidad de quienes poblarían su novela. Sin embargo, sospecho que, al igual que Rulfo, todo es inventado, resultado de la gran capacidad de fabulación de Melchor. Y con esto no me refiero a que Fernanda esté dándonos una visión manipulada de la realidad, si no que ha tenido que recrear y revivir esas personas imaginándolas como ella querría que fueran, tomando como punto de partida su ubicación y su contexto.

La obra narra dos historias: la de dos chicos que recurren al robo y la prostitución para sobrevivir y la de un joven que espera anhelante el nacimiento de su hijo, al tiempo que vive una vida sin significado ni motivación mas allá de las drogas. Ambas tramas se desarrollan en un contexto de marginación, violencia, adicciones, etc., entrelazándose fatalmente, muy al estilo de “Amores perros”. Lo destacable no es tanto la trama, que aborda la miseria y violencia (temas que personalmente me tienen un poco cansado), sino el estilo de Melchor, el cual es muy fluido.

En entradas previas de este blog, al reseñar otras obras de Melchor, se ha elogiado su destreza para emplear un lenguaje que combina la crudeza y pasión del habla cotidiana con su vasta cultura literaria, y concuerdo plenamente. La voz del narrador describe con precisión los escenarios, el ambiente, las motivaciones y conflictos de sus personajes. No obstante, al llegar a los diálogos, no puedo evitar recordar esas palabras de Rulfo, “ellos no se expresan así”. Aunque la ficción concede numerosas licencias, incluyendo la libertad en el uso del lenguaje, resulta chocante cuando un joven desfavorecido, carente de educación, afectado por las drogas y sumido en la pobreza, pronuncia diálogos que bien podrían rivalizar con los de Hamlet, pero aderezados con vulgaridades y blasfemias. Esta discrepancia me saca de la ficción y, hasta cierto punto, me hace sentir ligeramente defraudado, especialmente cuando se busca una representación fiel de la realidad. Es como ver a los indigentes en las telenovelas que, aunque despeinados y cubiertos de suciedad, lucen dientes blancos y ropa perfectamente planchada.

No me malinterpreten, leer a Fernanda Melchor es un verdadero placer. Y considero que esos aspectos que personalmente me resultan desagradables se atenúan en sus obras posteriores. Tanto el libro como su autora son altamente recomendables. Sin lugar a dudas, de las mejores escritoras hispanohablantes de su generación.

Otras obras de Fernanda Melchor en ULAD: Temporada de huracanesAquí no es MiamiPáradais

sábado, 11 de octubre de 2025

Hanna Nordenhök: El país de las maravillas

 Idioma original: Sueco

Título original: Underlandet

Año de publicación: 2023

Valoración: Decepcionante

A pesar de ser un lector constante durante muchos años, fui lo suficientemente ingenuo como para caer en las trampas de la publicidad. En mi defensa, las alabanzas a la obra de Hanna Nordenhök vinieron de una escritora mexicana que respeto mucho, Fernanda Melchor: “La prosa de Hanna Nordenhök combina con singular maestría la densidad de la poesía con la atmósfera febril de un cuento gótico.”

Yo, confiado, leí El país de las maravillas.

Después habría de enterarme de que existía un pequeño conflicto de intereses: Nordenhök es también la traductora al sueco de las obras de Fernanda Melchor. No es que dude de su integridad, solo que me habría tomado sus comentarios con mayor reserva.

Antes de despotricar sobre las razones de mi decepción, les platico un poco de qué va el libro.

La novela tiene diferentes POV (como dicen los chavos): una homeless que parece niña (yo me la imagino una especie de Hasbulla) se aprovecha de esa cualidad ambigua para despertar la caridad de la gente, en particular de una familia que la acoge en su casa; un joven escritor atormentado (pff) se enamora de un colega, un talento ascendente del periodismo por sus crónicas de tragedias (aunque todo lo que escribe es inventado); y una mujer que sufre una especie trastorno psiquiátrico relacionado con el embarazo y el nacimiento de sus hijas.

Como se podrá ver, las premisas pueden parecer más o menos interesantes, aunque esta novela se vende no por la trama, sino por el estilo de Nordenhök. Y ahí, precisamente, es donde la puerca tuerce el rabo.

Tengo dos razones por las que no me gustó esta novela:

No tengo nada en contra de las llamadas “novelas corales” o “mosaicos literarios”, pero en algunos casos pareciera que se usan más como un artificio para contar diferentes historias sin necesidad de una coherencia sólida entre ellas, bajo el pretexto de que, de alguna manera, tienen algo en común. En este caso, no me pareció que hubiera cohesión entre las distintas líneas narrativas. Bien pudieron haber sido cuentos independientes presentados por separado, lo que incluso habría agradecido, porque resultaría más fácil de leer.

Uno de los supuestos fuertes de la novela, o al menos así se promociona, es el lenguaje poético de la autora (al parecer tiene formación como poeta). A mi gusto, las descripciones dan más un aire kitsch que un embellecimiento de las frases. Aunque, en defensa de la escritora, sospecho que la traducción le jugó una mala pasada. Esa necedad de algunas editoriales de usar un español neutro para expandir su mercado por España y toda Latinoamérica solo ocasiona que los textos suenen como un mal doblaje.

En resumen, El país de las maravillas intenta construir un universo fragmentario y sensorial, pero se queda atrapado entre la ambición estética y la falta de cohesión narrativa. La autora parece más interesada en el fulgor de las palabras que en lo que las palabras cuentan, y el resultado es una prosa que brilla por momentos, pero que no logra sostener su propio peso. Es una obra que podría seducir a quienes disfrutan de la experimentación formal, pero que deja fríos a los lectores que buscan una experiencia emocional o narrativa más sólida.

En conclusión, culpo de esta decepción, por un lado, a Fernanda Melchor, y por otro, a la editorial y al traductor (del cual, por respeto, omito su nombre). Me reservo una opinión definitiva sobre la obra original hasta que termine de aprender sueco.

martes, 29 de mayo de 2018

Fernanda Melchor: Temporada de huracanes


Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: bastante recomendable

Fuerte apuesta de Fernanda Melchor, esta novela. Arriesgada y audaz como pocas cosas que he leído últimamente, y en algunos momentos me he acordado de otras promesas como la ecuatoriana Mónica Ojeda, sobre todo por la curiosa encarnación en los dos libros del deseo sexual masculino desde la perspectiva femenina, que no deja de ser un recurso absolutamente legítimo, y no se me malinterprete, pero que es una figura como mínimo chocante, ya que en ambos casos esta apuesta es visceral y acaba funcionando.
Dicho lo cual, reflexionando un poco sobre el contenido de esta reseña, he estado a punto de acotar un poco la cuestión del idioma. Temporada de huracanes es una novela orgullosamente mexicana y eso en el uso del idioma es palpable a cada frase. Lo cual me parece absolutamente fantástico aunque uno pueda desorientarse en algún momento. Ese narrador de ritmo imparable (los capítulos son extensos párrafos parcos en puntuación donde los diálogos en off tienen una poderosa fuerza narrativa) no escatima en expresiones propias del español hablado en México, a las que el lector mínimamente interesado ha de adaptarse con rapidez, y que a mí me han fascinado. Qué florido y qué rico en expresiones que, sin necesidad de usar diccionario o referencias externas, son comprensibles y a la vez fascinantemente misteriosas. Una cuestión que no es superficial. El lenguaje forma parte de esta historia como lo hacen sus personajes, y no le vería el sentido a adaptarse a un standard que despojaría a la novela de parte de su encanto.
La novela: el cuerpo de La Bruja es encontrado flotando en el río cerca de La Matosa. Una mujer misteriosa desde su propio apelativo y una rápida sospecha del entorno de jóvenes que tenían diferentes relaciones con ella. El libro se despliega a partir de las relaciones entre esos jóvenes y la maraña oscura propia de las pequeñas poblaciones. La Bruja les fascinaba tanto como les repugnaba y sus relaciones van aflorando en ambientes cada vez más sórdidos e incómodos. No es tanto la resolución de un misterio sino comprobar toda la podredumbre que se esconde ahí.
Perdonad que sea tan parco en esto de la sinopsis. La novela merece la pena aunque no sea para cualquier paladar. Fernanda Melchor no se ha cortado lo más mínimo para transmitir ese ambiente insano donde la mugre prolifera. Los abusos, la impunidad criminal, las vidas paralelas, las relaciones al límite de lo legal y pasando todas las líneas rojas de lo meramente ético. Oscuro es decir poco: las influencias son visibles en los ámbitos más cercanos: Rulfo o García Márquez, pero es indudable que ese universo enrarecido también bebe de clásicos como Faulkner, Caldwell o McCullers, con personajes de dobles o triples vidas y con relaciones incómodas. Quizás la cruda parte final del libro haga demasiado hincapié en todos los encuentros sexuales, a veces con una cierta tendencia a la reiteración o al detallismo no siempre justificado. Pero se trata de un puro recurso estilístico, quiero pensar. No me ofenden a mi, desde luego, esas decenas de páginas de descripciones de actos sexuales, pero comprendo, hay que advertirlo, que haya lectores que puedan sacar de contexto una novela más cerca del terror fantástico que del hardcore y que puedan pensar que algunas de esas páginas están ahí casi como modo de provocación.
En cualquier caso, una muy notable novela que hubiera sido diferente si se hubiera escrito pensando en reacciones remilgadas. Y para mí, es bueno que haya sido tal como es.

lunes, 30 de septiembre de 2019

Fernanda Melchor: Aquí no es Miami

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: muy recomendable

Tenía un recuerdo algo difuso, que leer la reseña que escribí en su día ha refrescado, de Temporada de huracanes, brillante novela de esta escritora mexicana. Aquí no es Miami es un libro publicado con anterioridad, y no representa un cambio radical de registro, incluso podríamos hablar de una relativa línea de continuidad, especialmente en lo que concierne a la primera parte del libro, relatos más asentados en el costumbrismo e incluso con cierta aura de leyendas populares, vagamente evocadores de determinada simbología local, como tomados de tradiciones orales relativamente extemporáneas, y con fuertes vínculos geográficos. Melchor escribe mucho sobre casas abandonadas, sobre crímenes y violencia de ámbito privado y de circunstancia carnal. Podríamos decir que esa primera parte asociaría más a la autora con cierta generación de escritoras latinoamericanas jóvenes que han usado el relato o la novela corta (Enríquez, Schweblin, Ojeda, Meruane) para apelar a realidades incómodas cuando no directamente tétricas. Escritoras que hablan de sexo y de rituales macabros, de dolor y de violencia explícita.
Pero segunda y tercera parte representan una cierta ruptura con este teórico lugar común. Los hechos, que han ido enlazándose tímidamente en leves alusiones en los primeros cuentos, no cambian de escenario. Veracruz, lugar de origen de la escritora, muta, tras La casa del estero, portentoso relato central del libro, maravillosa confluencia con ecos de King, Lovecraft, Danielewsky, e incluso cierta tradición cinematográfica de terror de los últimos años 70, y se sitúa en un Veracruz actual, más de realidades que de recuerdos, más de crónica que de evocación, más de puerto internacional de llegada de contenedores que de ciudad que es un enlace de antiguas aldeas, y esa violencia íntima sale a la calle y se torna pública y televisada porque hemos leído a Don Winslow y visto Breaking Bad o Narcos y sabemos de las correrías de los grandes grupos de la droga. Y lo público y televisado ha de ser un espectáculo aunque sus víctimas sean anónimos vecinos, anónimos empleados de supermercado, anónimos oficinistas depurados por las regulaciones de empleo de la crisis. La tercera parte del libro escenifica una sociedad actual gobernada por el crimen, la corrupción y la impunidad. Sean nombres impostados, reales o aproximados, el terror sale de las casas y de las escaleras a los sótanos e irrumpe a plena luz del día, a las playas, a los centros comerciales, a casas o vehículos que están en medio de balaceras.
Pues bien, Fernanda Melchor me ha convencido, si cabe, aún más aquí. Directa, dura, con méritos literarios mucho más que notables (por ejemplo, el párrafo imparable en La vida no vale nada) y con un conocimiento muy solvente de diferentes recursos narrativos, transcribiendo diálogos como Rulfo o Vallejo, extendiéndose en lo descriptivo e inmersa en cierto juego psicológico, aportando aires de crónica policial, prácticamente todo lo hace muy bien y desde luego, autora a seguir muy de cerca.

domingo, 18 de abril de 2021

Fernanda Melchor: Páradais

Idioma original: español

Año de publicación: 2021

Valoración: Muy recomendable alto


Si se quiere hacer justicia a esta novela, la última de su autora a día de hoy, lo mejor es decir poco y sugerir mucho. Por dos motivos: porque el texto no llega a las doscientas páginas y dar demasiados detalles acabaría por dejar pistas que es mejor descubrir por nosotros mismos y porque se trata de un artefacto literario tan exacto como el mecanismo de un reloj: en cuanto se pone en marcha no hay mucho más que decir. Y lo mejor de todo es que no se nota, que aunque escritas en tercera persona parecen las reflexiones auténticas de un chico pobre, poco instruido y bastante desorientado en general. Podemos creer perfectamente -se entiende, dentro de las convenciones literarias- que es el propio Polo quien nos habla, en primer lugar, por su lenguaje, que revela su país, extracción social y hasta edad y sexo sin ningún género de dudas, pero también, y no menos importante, por esa mentalidad que en su inmadurez apuesta por el “sálvese quien pueda” de los desencantados de nacimiento, de los que observan mucho pero carecen de perspectiva, de aquellos que sin que intervenga la razón, solo a través de su propia furia –hacia su entorno e incluso hacia su persona–, comprenden que han nacido sin futuro y que por sus propios medios pueden no encontrarlo jamás.

No obstante, gracias a la magia de la literatura, su prosa es rica, compleja, descriptiva, colorista, arraigada a la tierra y llena de matices. La impresión de autenticidad se consigue gracias tanto a vulgarismos y expresiones populares como a un dominio excepcional del idioma, aunque lo aconsejable sería no fijarnos en tal cosa y dejarnos arrastrar por ese torrente de palabras. Solo diré que he creído encontrar ecos de Rulfo, García Márquez, incluso de Carpentier; en cualquier caso la huella del viejo boom latinoamericano es indiscutible.

Polo es un joven, hijo de soltera, que vive modestamente en Progreso –barriada colindante con la opulenta urbanización Páradais– en compañía de su madre y su prima. En Páradais ejerce de jardinero, recadero y en general de chico para todo. Su edad exacta, que podemos intuir más o menos, no se nos desvela –y esta es una genialidad más de la autora– hasta casi el último momento. Miseria, miedo, misoginia, ambición e inexperiencia se alían para forzar a este inolvidable personaje a una huida hacia delante que con solo imaginarla da escalofríos. Su carácter es más bien huraño y poco sociable, pero acaba manteniendo una amistad utilitaria con un chaval más joven, Franco, residente en la urbanización, al que no le falta de nada y tal vez por eso se muere de aburrimiento. Algo que a esa edad puede provocar las más delirantes fantasías. El retrato que hace de ambos es sencillamente magnífico, por eso, según avanza el argumento empezamos a barruntar cómo puede acabar tanto despropósito. Pero solo a grandes rasgos, pues Melchor dosifica perfectamente los datos, nos engaña haciéndonos creer que nos lo está contando todo y a partir de cierto momento, a intervalos, nos vamos topando con una sorpresa tras otra. Y es que unas veces hace decir a Polo verdades a medias, otras acabamos dándonos cuenta de que este no es más que un iluso y la realidad es muy diferente, lo que da lugar a que nada sea previsible del todo y la intriga se mantenga hasta el final.

La (cruda) realidad que se nos transmite funciona, por una parte, como metáfora a pequeña escala de una situación social abrumadora (ambición sin límites, pillaje, violencia sexual, crímenes en cadena, agresión a inocentes) y por otra como la puesta en escena de ese panorama tal como se vive en ciertos ambientes (desigualdad extrema, falta de perspectivas, mafias que unas veces se temen y otras se convierten en el único horizonte disponible, ajustes de cuentas). Una pieza que recuerda a cierto género cinematográfico y a la que no sobra ni falta de nada, un engranaje puesto en marcha con solvencia, que avanza sin un solo fallo gracias a la perfección de su técnica y que, a pesar de ello, se centra en lo humano tanto para caracterizar personajes como para manejar los resortes emocionales del lector. Magistral es la palabra.

 

También de Fernanda Melchor: Aquí no es Miami, Temporada de huracanes

miércoles, 16 de febrero de 2022

Lo mejor de 2021: Lo que opinan nuestros lectores

Con cierto retraso y tal como avisamos, estas son las listas que nuestros lectores han enviado indicando sus lecturas favoritas del 2021.

En riguroso orden de llegada.

Os agradecemos vuestra colaboración y, ya que estamos, nos encanta la enorme diversidad de vuestras elecciones.

Salud y cultura, amigos.

Anónimo

Ficción

Libros que merecen mejor valoración en el blog

Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino

Tres tristes tigres de Cabrera infante


Libro que me gustaría que reseñaran nada más que para ver qué valoración le dan

La mano junto al muro/El falso cuaderno de Narciso Espejo de Guillermo Meneses


Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz de Bryce Echenique


Nada que decir, apuestas seguras

Pedro Páramo y el llano en llamas de Rulfo

Ficciones de Borges

Pantaleón y las visitadoras de Vargas Llosas


Imprescindibles en el blog pero no en mi corazón

Bajo el volcán de Lowry

La insoportable levedad del ser de Kundera


No ficción

Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

Sociología y pragmatismo de Wright Mills

La distinción de Bourdieu

La selva de los símbolos de Turner


Relectura necesaria

La imaginación sociológica de Wright Mills

Outsiders de Howard Becker

La zona gris de Auyero


Libro de método que parece un fastidio pero que puede ser grato para gente de otras áreas

Los trucos del oficio de Becker

Describir el escribir de Cassany

Decir casi lo mismo de Eco


Clásicos que faltaban

La rebelión de las masas de Ortega y Gasset

Técnica y civilización de Mumford


Libros de mi país o sobre mi país que me gusta releer

Adiós al socialismo de Del Búfalo

La renta y el reclamo de Bautista Urbaneja

El Estado mágico de Coronil


Conseguidos por sorpresa

Orientalismo de Said

La invención de Irlanda de Kiberd

Comunidades imaginadas de Anderson


Gabriel Diz

Les dejo una selección de lo que he leído en 2021. Son 13 libros en total, algo más de uno por mes. Estuve un rato largo intentando dejar la lista en 12 para que fuera un libro por mes pero no lo logré:


1)Jane Eyre (Charlotte Bronte)

2)El corazón del daño (María Negroni)

3)Años luz (James Salter)

4)2666 (Roberto Bolaño)

5)Las tres vanguardias (Ricardo Piglia)

6)La virgen cabeza (Gabriela Cabezón Cámara)

7)Nuestra parte de noche (Mariana Enriquez)

8)La hermana menor (Mariana Enriquez)

9)El sueño de los héroes (Adolfo Bioy Casares)

10)Prins (Cesar Aira)

11)La sangre manda (Stephen King)

12)La llamada del Cthulhu (H.P. Lovecraft)

13)Persecución (J.C. Oates)

Carlos Ávila:

El descubrimiento del año: la escritora mexicana Fernanda Melchor. De

todas formas ha sido un año prolífico en esto con Alejandro Zambra, Óscar

Martínez, Kent Haruf o Andrea Abreu entre otros.

Relectura de clásicos: Memorias de un europeo de Stefan Zweig.

Decepciones: Serge de Yasmina Reza y No tengo tiempo. Geografías de la

precariedad de Jorge Moruno.

Autores que no me fallan: Marín Caparrós y su Ñamérica, Leila Guerriero

con Frutos extraños y Carrère con Yoga.

Buenas investigaciones y muy bien contadas: No digas nada de Patrick

Radden Keefe y Laëtitia o el fin de los hombres de Ivan Jablonka.

Una autobiografía muy potente: Trilogía de Copenhague de Tove

Ditlevsen.

Libros para reírse con ganas y desconectar: Cualquiera de los tres de relatos

de Kenneth Cook.

Lecturas que dejan mal cuerpo pero que es necesario hacer: Antisocial de

Andrew Marantz y Extrema derecha 2.0 de Steven Forti.

Propósito para 2022: Seguir y seguir leyendo cada día y atreverme con

Guerra y paz.

Pablo GP

Libros Preferidos:

- Donal Ryan: Corazón giratorio.

- Fiódor Dostoyevski: Los hermanos Karamazov.

- Donald Ray Pollock: El diablo a todas horas.

- Albert Cohen: Bella del señor.

- Elizabeth Kolbert: La sexta extinción.

- Mario Levrero: La ciudad y El lugar, de la Trilogía involuntaria (París me pareció más flojo).

Libros Destacables:

- Marlon James: Breve historia de siete asesinatos.

- Alan Parks: Enero sangriento.

- Juan Marsé: Últimas tardes con Teresa.

- Jeffrey Eugenides: Middlesex.

- Bruce Chatwin: Colina negra.

- Peter Kaldheim: El viento idiota.

Mención honrosa:

- Alan Parks: Hijos de Febrero.

- Natalia Ginzburg: El camino que va a la ciudad y otros relatos.

- D.H. Lawrence: El arco iris.

- Chriss Offutt: Kentucky seco.

- Emmanuel Carrère: Yoga

Decepciones:

- George Saunders: Lincoln en el bardo.

- Johnny Marr: ¿Cuándo es ahora? Memorias.

- William Gaddis: La carrera por el segundo lugar.

- Hubert Selby Jr: Última salida para Brooklyn.

Maqroll El Gaviero

Mis mejores lecturas del año (las dejo en 9):

- Los siete locos (Roberto Arlt)

- Limónov (Carrère)

- La mano izquierda de la oscuridad (UK LeGuin)

- Glosa (JJ Saer)

- Me llamo Rojo (Pamuk)

- Martin Eden (Jack London)

- Kokoro (Soseki)

- El idiota (Dostoievsky)

- La suerte de Omensetter (W Gass)


Si se pudiera meter poesía: mención especial a Basilio Sánchez (“He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes”) y a Alejandra Pizarnik (cualquier cosa suya).

Ángel Muñoz

El mejor,

No digas nada, Patrick Radden Keefe, minucioso, objetivo (hasta donde uno puede serlo) y muy esclarecedor, el conflicto del IRA explicado casi como si fuera un novela de acción, espectacular.

Me daba perezón pero mira…

Línea de fuego, Arturo Pérez-Reverte, guerra civil y el más famoso de los miembros de la RAE… de entrada lo último que pensaba coger, pero me parece que Arturo sabe dar ritmo a las novelas, sabe transmitir un escenario con verosimilitud, y se intenta alejar de maniqueísmos. Lo fulminé en un plis-plas (¿estará esta expresión reconocida por la RAE?)

Me arriesgué y no me decepcionó

64, Hideo Yokoyama, citando a los inmortales No me pises que llevo chanclas, “Japón, mía que está lejos Japón” Lejos física y culturalmente, y este libro me situó en una sociedad a la que me costaba entender, con una forma de narrar que se aleja de mi zona de confort, pero mereció la pena, novela redonda.

Qué necesidad tenía yo…

A ver, que es que uno es masoca, empezar una serie de libros y dejarlos… me cuesta, y pasa lo que pasa. Entre las sagas en los que mil veces pensé para qué te metes… destaco como horrorosas, Balada de serpientes y pájaros cantores, Suzanne Collins;  La sexta trampa, J.D. Baker y La hora de los hipócritas, Petros Markaris.

Decepción especial para La era de la supernova, Cixin Liu (absurda es decir poco).

Y en el apartado me importa cero lo que me cuentas, Boston. Sonata para violín sin cuerdas, Todd McEwen (recomendación de ULAD, pero yo es que no le veo la gracia) y Contemplaciones, Zadie Smith (¿dónde está la Zadie de Dientes blancos?)

Sorpresas inesperadas

Esos libros que te llegan de algún modo raro y me han dejado impactado, La verdadera vida, Adeline Dieudonne (la violencia hacia la mujer contada de una forma distinta, sin guardar nada pero sin crudezas, obra de arte); El evangelio de la anguila, Patrick Svenson (un libro sobre anguilas, y que se queda corto… no hay mas que decir), Al final siempre ganan los monstruos, Juarma (miedo me daba la expectación creada, y merece la fama que tiene).

Me hicieron reír, mucho

Antes todo esto era campo atrás, Pablo Lolaso (solo para amantes del baloncesto), Subidón, Joaquín Reyes (solo para amantes… pues eso de la muchachada)

Para pasar un buen rato, con ciencia-ficción

Proyecto Hail Mary, Andy Weir (este autor tiene un don cuando habla del espacio) El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, Becky Chambers (exquisito, no es el qué les pasa, son los personajes los que hacen esta novela)

Zoila Blanco

ATRAPA LA LLEBRE (L.Bastasic)

Y LLOVIERON PAJAROS (J.Saucier)

VERA (E. von Armin)

ELS DICS (I.Solá)

LA DRECERA (M.Martin Serra)

LAS LEALTADES (De Vigan)

LA AVERIA (F.Dürrenmatt)

ELS PROSCRITS DE SANTA FE (J, Masanès)

EL RETORN DEL CATO (M. Asensi)

TSUNAMI (A. Pijuan)

LLUM DE FEBRER (E.Strout)

L'ANY QUE VA CAURE LA ROCA (P. Coll)

LA KLARA I EL SOL (I. Kazuo)

AMARILLO (F. Romero)

EL IMPERIO DE YEGOROV (M. Moyano)

LAS GRATITUDES (De Vigan)

Sergio Borao Llop

Ante todo, gracias por las reseñas diarias.

En segundo lugar, os paso la relación de lecturas destacadas de este año que termina (tal vez -mi memoria no es tan precisa- vaya también alguna del 2020). El orden es alfabético por apellido de autor

Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie

La parábola del sembrador, de Octavia E. Butler

Noir, de Robert Coover

Todo lo que muere, de John Connolly

La casa de hojas, Mark Z. Danielewski

Solo el silencio, de R. J. Ellory

X, de Percival Everett

Vivir abajo, de Gustavo Faverón Patriau

Breve historia de siete asesinatos, de Marlon James

El gran cuaderno, de Agota Kristof

El intérprete del dolor, de Jhumpa Lahiri

Cuentos completos, de Mario Levrero

Ánima, de Wajdi Mouawad

Plop, de Rafael Pinedo

Las primas, de Aurora Venturini

Michi:

Mejor novela hispanoamericana: El día del Watusi - Francisco Casavella y Basilisco - Jon Bilbao

Mejor novela de lengua extranjera: Un mapa para un crimen - Collin Harrison y El club de los

mentirosos - Mary Karr

Mejor novela en galego: O paraíso dos inocentes - Antón Riveiro Coello 

Mejor libro de viajes: La frontera - Erika Fatland; Los sótanos del mundo - Ander Izagirre; El río de la luz - Javier Reverte 

Mejor ensayo sobre música: The Stooges: Combustión Espontánea - Jaime Gonzalo y Hotel California - Barney Hoskyns 

Mejor ensayo medioambiente: Sueños Árticos - Barry Lopez 

Mejor ensayo sobre cine: El otro Hollywood - Legs McNeil y Jennifer Osborne 

Mejor novela negra: La playa de los ahogados - Domingo Villar 

Mayor decepción: Desierto Sonoro - Valeria Luiselli y Temporada de Huracanes - Fernanda Melchor 



viernes, 16 de octubre de 2020

Mónica Ojeda: Las voladoras

 Idioma: español

Año de publicación: 2020

Valoración: sin duda, recomendable

Esperado libro de relatos (al menos para sus admiradores, entre los que me cuento), de esta joven escritora ecuatoriana en la que muchos tenemos puestos nuestras mayores esperanzas; esperanzas que ya son realidades, en verdad, como atestiguan sus libros publicados hasta la fecha. En este caso, se trata, ya digo, de un breve volumen de relatos encuadrados en lo que alguien ha dado en llamar "gótico andino". No seré yo quien lo desmienta, pese a que estas etiquetas siempre resultan algo desconcertantes, amén de reduccionistas... En fin, más discutible aún resulta lo de "gótico sureño" y bien de éxito que ha tenido el "conceto" que decía aquel...

Pero al lío: Las voladoras está compuesto por ocho relatos (me resisto a llamarlos "cuentos", pese a que alguno pueda recordar los más terribles cuentos de los hermanos Grimm, por ejemplo) de extensión variable, aunque la mayoría oscilan entre las diez y veinte páginas. Son todos relatos que podríamos adscribir al género de horror o, mejor aún, "malrollero", si me permite el término, sin que siempre esté presente el elemento fantástico o sobrenatural. En varios no es así, de hecho, y justamente es esa conciencia de que lo que sucede en ellos podría pasar en nuestra ciudad o pueblo, en la casa de al lado, en nuestro entorno más próximo, es lo que genera, tal vez, mayor desasosiego. Aunque difieren de unos a otros en cuanto a su trama y circunstancias, hay elementos comunes a todos los relatos, o casi, además de la excelencia de la prosa de esta autora, una auténtica malabarista a la hora de utilizar ciertos registros, como el uso del narrador en primera persona. Éste, por cierto, es el primero de los rasgos comunes a todo el libro: 

  • El uso de la primera persona y, en casi todos los relatos -excepto el último, en realidad-, por parte de narradoras femeninas, ya sean adolescentes o mujeres adultas. A las que les pasan cosas muy chungas, por cierto...
  • La familia y las relaciones, en general, tortuosas entre sus miembros como ámbito en el que se desarrollan las historias o que al menos las condiciona de una manera determinante. El único relato donde no sucede esto, Soroche, tiene lugar entre un grupo de amigas que se conocen desde niñas, casi como hermanas... (las hermanas auténticas y sus no menos peculiares relaciones parecen en algunos de los otros relatos, por cierto).
  • El cuerpo humano o partes de él (la cabeza, los dientes, la sangre, el oído, la lengua) y sus pegajosa materialidad, su degradación, nuestra esclavitud inevitable a sus límites. Esta presencia de lo orgánico, de la crudeza inexorable de la biología, me parece un rasgo propio, casi definitorio, de la literatura de Mónica Ojeda, hasta donde yo conozco...
  • La raigambre andina o ecuatoriana de estos relatos. Cierto es que sólo algunos de ellos, como el que da título al volumen, Las voladoras -una especie de harpías, para entendernos-, el último, El mundo de arriba y el mundo de abajo y también Cabeza voladora están inequívocamente basados en las leyendas o religión propia del país de la escritora, mientras que Terremoto hace alusión a sus características geomorfológicas; los demás podrían desarrollarse lo mismo en Ecuador que en España, Estados Unidos o, yo qué sé, Escocia... Ahora bien, Ojeda se ha preocupado de poner algunas referencias a localidades u otros lugares de Ecuador para que situemos geográficamente sus relatos.
  • En muchos casos, las protagonistas/narradoras muestran un grado mayor o menor, pero siempre evidente, de obsesión, que puede centrarse en algún suceso o elemento de su vida, presente o pasado, así como en acontecimientos que ocurran fuera de ellas pero que les afecte de forma decisiva, .
Ahora bien, que nadie entienda que por compartir estos elementos comunes, los relatos del libro están cortados por el mismo patrón o son variaciones de un mismo tema. Nada de eso; de hecho, incluso estilísticamente hay diferencias entre ellos. Desde el surrealismo lírico -o lirismo surrealista- de los citados Las voladoras, Terremoto, o El mundo de arriba... al tono más estándar, dentro de una mirada subjetiva, de Cabeza voladora y Saroche, pasando por el subjetivismo en apariencia más confuso, de Sangre coagulada y Caninos. Y destacando sobre todos ellos, en mi opinión, la contundencia, el dominio del ritmo y del crescendo narrativo de Slasher, para mí el relato más redondo de todos -quizás junto al primero, Las voladoras-, de una rotundidad implacable y una ferocidad que recuerda a la de la anterior novela de esta autora, Mandíbula. Ya digo que creo que éste es el mejor relato, aunque también Las voladoras, Sangre coagulada, Caninos o Saroche me parecen de un nivel muy notable. Los demás también resultan muy interesantes, pero tal vez no alcanzan esa redondez de que he mencionado; en alguno de ellos, por ejemplo, la adición/ revelación de elementos, que van saliendo a la luz como capas de pintura de un mueble viejo, funciona de maravilla, como es el caso de Caninos, mientras que en otros, como Cabeza voladora, el resultado parece más forzado.

Por último, tendríamos el asunto de la inserción de este libro y esta autora dentro de ese ¿movimiento? ¿Generación? ¿Boom? de escritoras latinoamericanas de lo más "cañeras" al que estamos asistiendo en este siglo XXI y de las que hemos hablado ya muchas veces en este blog, así como, por supuesto, lo han hecho los medios literarios en general... Me parece apreciar que Ojeda, una de las más jóvenes representantes de este grupo quizás informe pero evidente, es bastante consciente de quiénes son sus compañeras literarias y así, aún sin perder su personalidad propia, algunos cuentos nos remiten o recuerdan a la narrativa de otras escritoras; desde el ¿gótico argentino? de Mariana Enriquez, cuyo regusto yo encuentro presente en Cabeza voladora y El mundo de arriba... (aunque en este caso, el relato también se diría, un poco, un hijo andino del Pet Sematery de King), a la bizarría sexual de Temporada de Huracanes, de Fernanda Melchor, que encontramos en Caninos, o a la sevicia de la sociedad reflejada en Soroche, que recuerda un tanto a los relatos de una compatriota de Ojeda, María Fernanda Ampuero. Por supuesto, esto no significa que haya algún tipo de seguidismo por parte de Ojeda; al contrario, repito que ella es una de las escritoraas más destacadas de todo este conjunto. Pero es obvio que van todas en la misma dirección y es emocionante, como lector, estar asistiendo a la eclosión  de tantas autoras que están escribiendo lo mejor que se hace en español, ahora mismo. En mi humilde opinión.


Otros libros de Mónica Ojeda reseñados en Un Libro Al Día: NefandoMandíbula

sábado, 8 de marzo de 2025

Dahlia de la Cerda: Perras de reserva

Idioma original: Español

Año de publicación: 2022

Valoración: Muy recomendable

La vida es una perra, adóptenla. Bizor.

Estilo directo: sin rodeos, sin adornos y sin aparentes pretensiones literarias. ¿Esto es bueno o malo? Efectivo, sí. Es como ver un accidente grabado por alguien con su celular, en contraste con una película de Scorsese. No me refiero a la calidad ni a lo que ocurre en la pantalla, sino a la intención estética. (“Me senté en la taza del baño, oriné sobre la prueba de embarazo y esperé el minuto más largo de mi vida. Positivo”).

Los temas de los relatos son variados: una chica que aborta como si nada; un cuento de formación sobre una narco junior; las aspiraciones de una inmigrante analfabeta. La intención política es clara: feminista, anti-academicista y enfocada en la visibilización de los marginados. Sin embargo, nunca presenta a sus personajes como víctimas, sino como agentes libres, con voluntad y deseos, que deben enfrentarse al infortunio o, simplemente, a las consecuencias de sus malas decisiones.

Algunos relatos son casi minificciones, con una premisa interesante y un punchline efectivo. No obstante, al centrarse principalmente en los personajes, su desarrollo a veces se siente algo apresurado. Además, las voces de los narradores en cada cuento llegan a sonar forzadas o artificiales. Me sucede lo mismo que cuando leí Falsa liebre, de Fernanda Melchor. Se pretende simular el habla de determinado grupo, pero choca demasiado con la manera de articularse y con las ideas que expresan. El tono de la mayoría de los personajes resultaría mejor con una exposición interminable de lugares comunes, al estilo de:

“Sería hipócrita de mi parte decirte que te mereces algo mejor, si conmigo lo tuviste todo. Y, así como tú me pediste que te dejara de molestar, te voy a pedir tres favores: primero, busca la verdad entre todas las mentiras; segundo, diviértete y sé feliz; y tercero, no me vuelvas a marcar, por favor. ¿Vale? Cuídate. No, maaaames, wey, ya lloré, wey.” (1)

Además, si se leen los cuentos de corrido, da la impresión de que el impulso se agota. Al perderse el shock value de los primeros relatos, la vida de los protagonistas resulta algo anodina, y el uso del slang puede parecer repetitivo y fastidioso, sobre todo para aquellos que no estén familiarizados con él (lectores fuera de México).

A pesar de esos detalles, la mayoría de los relatos son contundentes y pueden llegar a desafiar ciertas preconcepciones que tengamos sobre los marginados de un país que, por sí mismo, está jodido.

(1) Grabación vista en Youtube de un joven terminando con su novia que, al parecer, le había sido infiel.

lunes, 19 de diciembre de 2022

Lo mejor de 2022

Un año más nos obstinamos en ir contracorriente, en llegar de los últimos para desmentir a muchos de los medios cautivos de jamones, lotes de Navidad y transferencias a cuentas cifradas en paraísos fiscales. También aclaramos que estas son nuestras lecturas durante el año, y que si se nos cuela algún libro inencontrable de hace cuatro décadas, seamos o no conscientes de ello, no nos culpéis. Es el amor a la literatura, que nos ciega con sus fogonazos.

Dicho ello:

La lista de Juan

Año de muchas y buenas lecturas, aunque quizás pocas que hayan destacado del resto. Por eso, me vais a permitir que desgrane mis mejores lecturas a base de tríos...


La lista de Koldo

Curiosamente o no, pocas novedades de 2022 en mi lista de mejores lecturas del año:


La lista de Santi

Año de muy pocas lecturas, pero algunas que me han hecho disfrutar soberanamente:


La lista de Oriol


La lista de Marc

Un año irregular en cuanto a lecturas, que no contaría entre mis mejores. Mejor en ensayo que en ficción, en líneas generales. Aún así, hay libros y autores a destacar en todos los géneros:
Propósitos para el 2022: más poesía, (aún) más ensayo y más literatura infantil


La lista de Montuenga

Lo mejor

Lo peor


La lista de Carlos

Entre medio, algunas cosas que han quedado cerca de esta lista de destacados, y otras inevitablemente prescindibles, regulares o más o menos decepcionantes. Como siempre, vaya. Veremos lo que está por venir.


La lista de Nieves J.

Destaco dos novelas: Josefine y yo (intimista) de Hans Magnus Enzensberger y El tren de la última noche (género histórico) de Dacia Maraini

La lista de Francesc Bon

Confirmando que las situaciones personales afectan a las lecturas, no recuerdo año en que haya leído tan poco y peor. Así que mis referencias del año serán pocas y al ralentí:

Tostonazo, de Santiago Lorenzo, me confirmó en los términos que esperaba, más o menos, que sigue siendo, con su estilo naïf y pasota, de los pocos escritores locales capaces de definir una carrera. No me hagáis mencionar todos los que no, por favor.

Si digo que acusé la falta de munición de alto calibre en Aniquilación, igual soy un poco injusto, pero es que venimos de cotas muy altas (ejem, casi siempre) con Houellebecq. Sigue siendo un placer y un autor único, pero, a lo mejor, se nos está ablandando. Será como el del dicho. - ¿Cree Vd. en Dios? - Cuando estoy enfermo.

Demasiado terreno conocido: reseñar a Kapuscinski, Foster Wallace, Vila-Matas o Philip Roth (otra vez) es demasiado indicativo de que la cosa no ha ido como debía.

Como, a veces, la ficción se espesa en un cerebro algo angustiado, los ensayos o crónicas de corte investigador me han resultado (aunque acusé su extensión) muy útiles: El Imperio del Dolor o Solo la verdad obraban a distintos niveles su efecto: hay que controlar los poderes, manifiestos u ocultos, que nos rodean.
Y me han dicho que no tiene sentido comentar tanto abandono. Por este año, obedezco.



miércoles, 16 de diciembre de 2020

ULAD: Lo mejor que nos dejaron leer en 2020

Hagamos como en el popular juego de mesa: a ver si conseguimos omitir ciertas palabras que van a definir el 2020. Pero primero, una escueta explicación del título de nuestra entrada. "Nos dejaron" se refiere a las circunstancias: a las generales y a las de cada uno. Porque nos afectó de formas distintas. Algunos leyeron como nunca y a otros lo que sucedía (perdón: lo que aún está sucediendo, en un presente continuo que se transforma en futuro condicional) les impedía concentrarse, les acaparaba la atención hasta situarse en un primer plano incómodo y fascinante. Pero "nos dejaron" también puede interpretarse de otra manera: cuando se han necesitado vías de escape, se ha podido ir a cortarse el pelo, pero no a ver una obra de teatro, se ha podido adquirir tabaco, pero no trastear estantes de libros en librerías o bibliotecas. Y, sin negar lo demagógico de estas afirmaciones, sí que esos hechos son representativos de la sociedad en que vivimos y de sus prioridades. La cultura, en la cola de espera. Aquí no podemos, no debemos estar de acuerdo.

 

Beatriz Garza

Libro/ autora del año: El quinto hijo de Doris Lessing

Lectura revelación: Lectura fácil de Cristina Morales

Relectura provechosa del año: El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence

Lecturas "gallina de piel" del año: El color púrpura de Alice Walker y Las malas de Camila Sosa

Lectura sanadora del año: La ciudad de los arquitectos de Llàtzer Moix

Formato revelación: "miniensayo" o "minicrónica" como Un miércoles de enero de Bob Pop, Ofendiditos de Lucía Lijtmaer y Contarlo para no olvidar de Maruja Torres y Mónica G. Prieto

Buenos propósitos para el 2021: llegar cuerda al 2022

 

Carlos Andia

Mejor novela (2x1): Siglo XXEl gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa; Siglo XXICorazón giratorio, de Donal Ryan

Microrrelato: Obras completas (y otros cuentos), de Augusto Monterroso 

Clásico: Tiempos difíciles, de Charles Dickens 

Teatro (ex-aequo): Aquí no paga nadie, de Dario Fo, y Anillos para una dama, de Antonio Gala 

Ensayo histórico-político: La estirpe del camaleón, de Julio Gil Pecharromán  

Un tocho interesante, de toda la vidaLa democracia en América, de Alexis de Tocqueville

Un monstruo ingobernable (pero una lectura que nunca se olvidará): Finnegans Wake, de James Joyce

Libro de viajesEn las antípodas, de Bill Bryson

Relectura del añoEl templo del alba, de Yukio Mishima

Diario de guerra: El abrazo de los muertos, de José de Arteche (en enlace no sale bien)

Y dejamos para el final lo más flojito:

Libro de relatos: Ninguno convincente, o sea, premio desierto

Y ni con un palo: nada de David Foenkinos (pongo el enlace de Hacia la belleza por si alguien quiere saber por qué)

 

Francesc Bon

Otro año más bien desastroso: escarbando en el baúl de los grandes clásicos del siglo, tras comprobar demasiado a menudo que las grandes novedades me siguen dando disgustos y pereza a partes iguales. Es mi culpa, seguro. Bueno, casi seguro.

Propósitos de año nuevo: encontrar algún nuevo autor de ficción que me deje patidifuso (habiéndolo buscado previamente), aunque me veo probando otra vez con la obra de Philip Roth o William Faulkner, que me han dado grandes satisfacciones, de nuevo, y a lo mejor de eso se trata

Libro del año: Falso espejo, de Jia Tolentino (sin negar lo fresco y reciente de la sensación, una autora que no desperdicia palabrería en conceptos vacíos)

Tiempo desperdiciado: segundas oportunidades a quienes no lo merecen, como el plasta de Vilas o algunos que no merecen ser mencionados (Vilas sí, por prolongar su impostura)

Me lo imaginaba más grande: Exhalación, de Ted Chiang, al que encontré sobrevalorado.

Un poco hartito: de la literatura queer et al hacinándose en un rincón, refractaria a ser evaluada objetivamente.


Juan G. B.

Ensayo del año: El infinito en un junco, de Irene Vallejo.

Mejor novela histórica de Ciencia-Ficción: Proletkult, de Wu Ming.

Novela negra de fantasmas: La apariencia de las cosas, de Elizabeth Brundage.

Latinas Power: Ladrilleros, de Selva Almada; Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor; Las voladoras, de Mónica Ojeda.

Agradables sorpresas: La voz y la espada, de Vic Echegoyen y Matèria de Bretanya de Carmelina Sánchez-Cutillas.

Cierta decepción: El olor del bosque, de Hélène Gestern.

Aún no lo tengo claro: Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez, Desierto sonoro, de Valeria Luiselli; Noche y océano, de Raquel Taranilla.

Libro que no me atreví a reseñar: Apocalipsis, de Stephen King.

Leeré en 2021: Algo de José Luís Peixoto, si encuentro una buena traducción, que es difícil...


Koldo CF

RelecturasLos pasos perdidosLa marcha Radetzky o Nieve de primavera (3 libros imprescindibles).

Autoras rescatadas, ya sea para el público en general, como Sara Gallardo y sus magníficas Eisejuaz o Enero, o para mi en particular, como Svetlana Alexievich (no la había leído hasta este 2020) y el terrible Voces de Chernóbil

Novedades del año: Un debut, el de Ce Santiago con El mar indemostrable, y una novela "autobiográfica", el Porque ya no queda tiempo de Rafa Cervera

Año balcánico: Destacan Ismail Kadaré como "autor más leído este año" y la lectura de Un puente sobre el Drina de Ivo Andric.

Decepciones:  Tan malos que no merecieron ni reseña destroyer han sido "Sueños de trenes" de Denis Johnson y "Los cuadernos de Don Rigoberto" del amigo Vargas Llosa.


Marc Peig

Libro del año: «No digas nada», de Patrick Radden Keefe.

Ensayo políticosocial del año: «Como ser antirracista», de Ibram X. Kendi.

Librodenuncia del año:  «Sin más amigos que las montañas», de Behrouz Boochani.

Grandes debuts en narrativa: Xavier Mas Craviotto por «La mort lenta» y Carlota Gurt por «Cabalgar toda la noche».

Descubrimientos del año (autores): Saša Stanišić por «Los orígenes», Eduardo Lalo por «Simone»,  Claudia Rankine por «Ciudadana» e Ignacy Karpowicz por «Sońka».

Consagraciones del año: Eva Baltasar con «Boulder» y Han Kang con «Blanco».

Experimento exitoso del año: «El càstig», de Guillem Sala.

Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Stefan Zweig, Rebecca Solnit y Per Petterson.

Propósitos para el 2021: intentar evadirme de tanta novedad y volver a los clásicos (segundo intento). También hacer reseñas más breves ;-)


Montuenga

LO +

Ficción:

·       Una joya olvidada: La vagabunda de Sidonie-Gabrielle Colette.

·       Un clásico indiscutible: El color púrpura de Alice Walker.

·       Una maravilla más en la extensa obra de una autora excepcional (y cuyo premio Nobel la humanidad se va a perder por culpa de esos suecos imprevisibles): Qué fue de los Mulvaney de Joyce Carol Oates.

·    Un clásico revisitado (y convertido en thriller por obra de un maestro del género negro): Macbeth de Jo Nesbo.

·        La mejor novela histórica leída (y publicada) este año: Ni siquiera los muertos de Juan Gómez Bárcena.

·     La mejor primera novela que he leído en muchísimo tiempo: La vida verdadera de Adeline Dieudonné. (Aunque se trate de un texto intimista se lee como si fuera un thriller).

                                                                                                                                                No Ficción:

·       El mejor ensayo filosófico leído este año, riguroso, documentado y repleto de humanidad: La mujer molesta de Rosa María Rodríguez Magda. (Y con entrevista añadida).

·     Un ensayo científico muy adecuado para reflexionar sobre cómo hemos llegado hasta aquí: El cisne negro de Nassim Nicholas Taleb. (Hay sucesos que la ciencia puede prever y al ciudadano medio ni se nos pasa por la cabeza).

·     Un texto didáctico, elemental para según quién pero muy instructivo y necesario en los tiempos que corren: Querida Ijeawele de Chimamanda Ngozi Adichie. (Aunque dedicado a las jóvenes, lo deberían leer muchos/as adultos/as).

LO –

Ficción:

·       Sin comentarios: La hija de la española de Karina Sainz Borgo

·     El testamento, poco afortunado, de un clásico indiscutible del género negro (pero a él se le perdona todo): Km 123 de Andrea Camilleri

·       Una novela que aburre a las ovejas (en mi opinión, naturalmente): El verano sin hombres de Siri Hustvedt.


Oriol Vigil

-Mejor novela: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

-Otras novelas destacables (por citar sólo unas cuantas): Personajes desesperados, de Paula Fox, Tennessee, de Luis Gusmán, El quimérico inquilino, de Roland Topor, El nombre del mundo es bosque, de Ursula K. Le Guin, Bubu de Montparnasse, de Charles-Louis Phillipe, Ethan Frome, de Edith Wharton

-Mejores antologías: La condena, de Franz Kafka, El séptimo caballo, de Leonora Carrington, Acostarse con la reina y otras delicias, de Roland Topor

-Lo mejor en no ficción: La canción de las máquinas, de Sherwood Anderson, El mercado y la globalización, de José Luis Sampedro 

-Tochazos: Sexual Personae, de Camille Paglia, Los mandarines, de Simone de Beauvoir 

-Libros decepcionantes: El lado de la sombra, de Adolfo Bioy Casares, Barbazul, de Kurt Vonnegut, The Boys, de Garth Ennis y Darick Robertson, Reinas del abismo, de varias autoras

-Autores descubiertos: Isaac Asimov, Roland Topor, Mijaíl Bulgákov, Ursula K. Le Guin

-Empacho de: Literatura decimonónica, narrativa juvenil y fatalismo

 

Santi 

Dentro de lo poco que he conseguido leer este año, por falta de tiempo y de ánimo, afortunadamente ha habido algunas grandes lecturas que me han salvado el año:

  • Panza de burro de Andrea Abreu: creo que es para mí la lectura del año, por sorprendente y rompedor, este relato canario (muy canario) del proceso de crecimiento de dos niñas;
  • Basilisco de Jon Bilbao: esta no es una sorpresa, porque Jon Bilbao es un escritor consolidado, pero esta es probablemente su mejor obra. Y ni siquiera sé en qué género se clasifica;
  • Casas vacías de Brenda Navarro: una dura aproximación a la (no) maternidad, algo tremendista pero muy poderosa también.
  • La cresta de Ilión: un acierto más de la editorial Tránsito, esta reedición o revisión de un texto de la mexicana Cristina Rivera Garza sobre la identidad, los desaparecidos, el lenguaje....
  • El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Ţîbuleac, una historia cruda y poética, otra aproximación diferente a la relación entre un hijo y su madre;
  • Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan: la madre francesa de la autoficción (el padre francés sería Carrére) ofrece un relato autobiográfico centrado en la relación de la autora con su madre

Otras lecturas interesantes (ya digo que este año no han sido muchas) incluyen géneros como la crónica (El peón de Paco Cerdá), la ciencia ficción nacional e internacional (36 de Nieves Delgado, Bionautas de Cristina Jurado o El apagón de Connie Willis, aunque esta última la dejé a medias), el cómic (Los puentes de Moscú de Zapico), y cómo no, algo de literatura portuguesa, como El retorno de Dulce Maria Cardoso o De la naturaleza de los dioses, del "inevitable" Lobo Antunes. También di mi opinión sobre el "fenómeno Sally Rooney", y me hizo especial ilusión reseñar la primera novela de una buena amiga, Penínsulas rotas de Magdalena López.

Hubo otras lecturas incompletas o que me gustaron menos, pero bastantes cosas malas ha tenido ya 2020 como para terminarlo recordando lecturas decepcionantes...