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miércoles, 9 de abril de 2025

Bruno Schulz: Madurar hacia la infancia

Idioma original de los textos: Polaco
Año de publicación de este volumen: 2025
Traducción: Elzbieta Bortkiewicz
Valoración: Muy recomendable

Madurar hacia la infancia es un volumen editado por Siruela. Compila varios textos de Bruno Schulz, así como un buen puñado de su obra gráfica. 

Entre los textos tenemos dos novelas autobiográficas (aunque en el prólogo de este volumen se las tilda de «libros de relatos», yo las consideraría novelas o, como mucho, ciclos cuentísticos): "Las tiendas de color canela" y "Sanatorio bajo la clepsidra". Ambas se cuentan entre lo mejor que tiene por ofrecernos Schulz. Las sigue "El cometa", un relato bellísimo, y material variado que incluye desde reseñas, entrevistas y posfacios hasta artículos sobre política.

Puesto que resulta difícil reseñar un libro tan ecléctico en su conjunto, diré para empezar que demuestra la versatibilidad, imaginación e inteligencia de Schulz, que evidencia por qué se considera al autor un máximo exponente de la prosa poética y que permite al lector adentrarse en un universo (no sólo literario, también gráfico; no sólo narrativo, también de corte ensayístico) único y personal.

Aunque todos los textos compilados en Madurar hacia la infancia me han parecido de una calidad indiscutible en cualquiera de sus apartados, admito que mi predilección estética me ha hecho disfrutar sobre todo aquéllos que se adscriben en la narrativa, pues permiten que el apabullante manejo del lenguaje de Schulz, así como su maravillosa imaginación, brillen con inusitada fuerza. También me han atraído sobremanera los temas barajados en ellos por el autor, que van desde las relaciones familiares (tema en el que predomina la figura entre patética y siniestra del padre, y que a su manera incluye al servicio doméstico) hasta el erotismo o el trazado de una ciudad cambiante y onírica.

No hay más que mirar cualquiera de los pasajes que componen, por ejemplo, "Las tiendas de color canela", para convencerse de ello de la calidad y lirismo de la prosa de Schulz. En el primer capítulo ya nos recibe una descripción de una plasticidad y sensibilidad inigualables que dice así: «Tras hacer la limpieza, Adela hizo aparecer la sombra sobre las habitaciones cerrando las cortinas de hilo. Entonces, los colores bajaban una octava y el cuarto se oscurecía sumido en la claridad del abismo marítimo, reflejado opacamente en los espejos verdes, y todo el color del día respiraba entre las cortinas, que ondeaban ligeramente en los sueños del mediodía.» (pg. 46)

En otro párrafo magistral engarzado en esta misma obra, localizado abriendo una página al azar, hallamos lo siguiente: «El cielo barrido por los vientos, amplio y argénteo, estaba labrado por líneas de fuerzas, tan tensadas que parecían romperse, por surcos severos, como venas petrificadas de estaño y plomo.» (pg. 131-132)

No puedo dejar de mencionar el posfacio que Schulz dedica a El proceso de Franz Kafka, donde alaba la abstracción con que la novela aborda «la intromisión de la ley en la vida del hombre»: «Kafka encontró en el idioma humano una especie de corporeidad adecuada, una clase de material sustituto para esos asuntos inalcanzables e inexpresables en el cual construye y teje hasta los detalles más menudos la estructura del asunto.» (pg. 458)

A este posfacio de Schulz le debemos otra exquisita reflexión sobre la literatura de Kafka: «Los libros de Kafka no constituyen ninguna imagen alegórica, clase o exégesis de la doctrina, son una realidad poética autónoma, redonda, cerrada por todos los lados, justificada en sí y en reposo. (...) la obra vive una vida poética propia, polivalente, insondable y no agotada por ningunas interpretaciones.» (pg. 459)
 
Los dibujos de Schulz que cierran Madurar hacia la infancia me parecen tan prodigiosos como sus textos. Hay cierta reminiscencia de mi admirado Alfred Kubin en su factura; también ecos al erotismo prohibido presente en las niñas de Balthus, o a la sexualidad sadomasoquista de ciertos bosquejos de George Grosz.

lunes, 25 de septiembre de 2023

María Virginia Estenssoro: El occiso

Idioma original: Español
Año de publicación: 1937
Valoración: Está muy bien

Llevaba tiempo detrás de este libro. La constante reivindicación del mismo y de su autora por parte de Liliana Colanzi y Edmundo Paz Soldán, dos de los escritores bolivianos actuales con más proyección internacional, hacía que El occiso estuviera marcado con una cruz desde hace tiempo.

Afortunadamente, la pequeña editorial Espinas se ha lanzado a publicar en España esta pequeña joya, oscura y hermosa, de apenas 70 páginas y compuesta de tres textos en los que la muerte, los amores "clandestinos" y el aborto ocupan el lugar central. 

Publicado originalmente en Bolivia en el año 1937, El occiso no fue demasiado bien recibido por los círculos biempensantes de la época. Pero no debemos centrarnos en su supuesto carácter  "provocador" o "polémico" ya que el texto posee un alto valor literario que se eleva por encima del contexto sociopolítico del momento en que fue escrito.

Abre el volumen el texto que da título al mismo. El occiso es un poema en prosa en el que se narra la descomposición de un cadáver. Si por algo destaca este primer relato, es por la perfecta combinación de fondo y forma. Sus tres capítulos se corresponden con tres etapas en el proceso de putrefacción. En el primero de ellos, el pánico, el espanto y el miedo de una mente en ebullición frente a un cuerpo en descomposición se presentan bajo la forma de frases (versos) brevísimas, acompañamiento perfecto a la angustia de la que el occiso es consciente; en el segundo la situación cambia y la forma se adapta a ella, la frase se alarga y se vuelve más narrativa hasta dar paso al precioso capítulo final. Es el texto más poético de los tres, el que posee mayor potencia visual y el que colocaría a Estenssoro en el podium del terror gótico.

Continuamos con El cascote, texto que cuenta la interminable espera del amante muerto. Se trata de un relato plagado de presencias y espectros que se sitúa entre la "visión", la evocación y el recuerdo de un amor más fuerte que la muerte. 

Y estar ahora el uno hecho trizas, esqueleto descarnado, con los huesos en astillas, estar frío, estar muerto, estar helado, y poder amarlo ahora, como siempre, como nunca.

Cierra el libro El hijo que nunca fue, el más breve de los tres relatos. El título deja poco a la imaginación, pero no importa. Más allá del tema del aborto y el estigma que el mismo supone para su protagonista, el texto destaca por su construcción en base a varias contraposiciones (voz infantil - voz adulta, hijo nacido - hijo no nacido, vida - muerte) y por un cambio de voz final que deja con la piel de gallina. 

Creo que con todo lo anterior podéis haceros una idea de dónde situar a María Virginia Estenssoro. En cualquier caso, si queréis algún nombre con quien relacionarla, aquí dejo estos tres: María Luisa Bombal y su La amortajada, el Conde de Lautreaumont / Maldoror y Mircea Cartarescu (quizá añadiría a Alejandra Pizarnik, pero hace demasiado que leí algo suyo y aquí el recuerdo es más vago). Porque la escritura de Estenssoro es oscura, es onírica (pero profundamente humana) y es, sobre todo, terriblemente bella y poética. Porque este libro es una crucifixión y un INRI.

lunes, 7 de marzo de 2022

Reseña + Entrevista: Ruidos humanos de Carlos Pitillas Salvá

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Recomendable

Ruidos humanos es una antología que compila doce relatos. Doce relatos en los que se aprecia una querencia por lo oscuro, inquietante y extraño. 

Algo que valoro de estos cuentos es que, pese a las afinidades que los hermanan, son muy distintos los unos de los otros. Al fin y al cabo, exhiben tonos, registros y temáticas la mar de variados.

Me han gustado todos, pero querría destacar los que me parecieron más logrados. Aviso, eso sí, de que en una relectura podría decantarme por favoritos diferentes, porque la calidad general es tan uniforme que cuesta tener predilecciones individuales.

  • "Beber por fin de los charcos" inaugura esta colección y desde el vamos deja claro que hemos venido aquí a retozar en el barro de la miseria y la crueldad. ¡Contad conmigo! 
  • "La cosecha" emplea elementos fantásticos para reflexionar sobre el paso de la infancia al mundo adulto, los cambios que acarrea la pubertad y las desigualdades sociales. 
  • "Hilera de umbrales descendentes" es un magistral ejercicio de suspense, tensión y misterio cuyo cierre te deja con el culo torcido. 

Por ponerle alguna pega a las historias de Ruidos humanos, diría que a veces son excesivamente opacas y que su prosa poética no siempre funciona para comunicar ciertas cosas. Aunque debo recalcar que este par de defectillos son tan discretos, por puntuales e imperceptibles, que lejos están de lastrar al conjunto. 

En definitiva: Carlos Pitillas Salvá, psicólogo que hasta ahora sólo había publicado libros de no ficción, es un escritor a tener en cuenta. Su obra narrativa, tan personal y madura como imaginativa, hará las delicias de los amantes de la literatura siniestra e incómoda. También servirá para recordarnos una vez más que el terror es un género para nada reñido con la factura artística y el manejo de temas profundos.


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Carlos ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: Buenas, Carlos. Creo que los libros que has publicado ya dan una idea al respecto, pero te lo pregunto de todos modos: ¿qué clase de intereses literarios tienes?

C.P.S.: Me interesa cualquier tipo de literatura inquietante. Este es un término que me convence porque apunta hacia ese componente de extrañamiento y desviación que tienen algunas obras, pero que no es necesariamente fantástico. Por ejemplo, muchos de los relatos de Raymond Carver son literatura inquietante, a pesar de ser realistas. Lo mismo pasa con la literatura de Tobias Wolff o con algunos relatos de Hemigway. Creo que Julio Cortázar (que sí se movió en el territorio fantástico) fue una de mis primeras ventanas a esa literatura en que lo cotidiano se ve atravesado por algo "otro", una anomalía que revela aspectos no reconocidos de nuestra experiencia. Hay una serie de autores, muy diferentes, que para mí comparten algo de todo esto. Una lista incompleta de estas voces podría incluir a J.G. Ballard, Toni Morrison, Carmen María Machado, Anna Starobinets, Jon Bilbao, Mariana Enríquez, Nadia Bulkin, Shirley Jackson, Ryu Murakami o David Vann.  

ULAD: ¿Has notado diferencias al saltar de la no ficción a la narrativa?

C.P.S.: Sí, para mí son escenarios muy diferentes de escritura. Mi relación con el ensayo es siempre más fácil, porque me dedico a impartir clases. Casi todos los días estoy delante de alumnos a los que debo trasladar una información compleja en un formato accesible. Ese trabajo de síntesis y articulación se mueve con muchísima naturalidad hacia el ensayo, lo que hace que los "protocolos" de este género me pillen más cerca que los de la ficción. Escribir ficción, en mi caso, se parece mucho más a un parto prolongado (y a veces un poco más sanguinolento de lo que me gustaría).  

ULAD: Tengo la impresión de que, de un tiempo a esta parte, el género de terror coquetea con mayor frecuencia con lo "weird", lo insólito y lo extraño. Tú mismo recurres a esta clase de recursos. ¿Qué efectos crees que transmiten?  

C.P.S.: Estoy de acuerdo contigo, y creo que ese coqueteo del que hablas es una estupenda noticia, porque conecta al género con uno de los que probablemente fueron sus objetivos originales: sacar a luz los complejos, las heridas, los monstruos que se esconden tras el velo de racionalidad y de orden con el que vivimos cotidianamente. En el siglo XIX, en plena época de entusiasmo ilustrado, el terror vino a decirnos que el sueño de la razón tiene un envés monstruoso. Esa es una tesis que exploré hace poco en su ensayo coescrito junto con Ismael Martínez Biurrun; en dicho texto, investigamos la relación del fantasma y de otros monstruos del cine de terror contemporáneo con los traumas que no hemos sido capaces de procesar o las partes de nuestra identidad que reprimimos. Creo que el terror, lo insólito y lo extraño se encuentran y establecen una relación muy orgánica cuando coinciden en este proyecto de desvelamiento.

ULAD: El estilo de los relatos de Ruidos humanos es, cuanto menos, peculiar. ¿Bebe de fuentes concretas o surge espontáneamente?

C.P.S.: Creo que procede de las mismas fuentes de las me viene el interés por lo inquietante en la literatura. Los autores que he mencionado antes tienen todos una gran capacidad para escribir de una forma en la que se manifiesta eso que Mark Fisher describió, si no recuerdo mal, como "la ausencia de algo que debería estar ahí, o la presencia de algo que no debería estar ahí". El lenguaje, en esta literatura, va más allá de lo denotativo para encarnar esa extrañeza o esas desviaciones y, por eso, casi siempre es un lenguaje ligeramente "anómalo". No estoy seguro de haber logrado algo así con Ruidos humanos, pero sí tengo claro que me interesa ese fenómeno a través del cual la forma de contar algo es una herramienta para generar significado. 

ULAD: Me ha encantado cómo enfocas a los protagonistas de tus historias; ni los glorificas ni los demonizas. ¿Quizá tu visión del ser humano tiene algo que ver en el asunto? 

C.P.S.: Creo que sí, aunque nunca había pensado en esto. Los personajes tienden a dibujarse solos cuando escribo la historia, que es lo que suele exigirme un mayor esfuerzo consciente. Creo que muchos personajes de Ruidos humanos están tocados por alguna experiencia traumática, por alguna pérdida o alguna forma de desamparo, y eso es algo que se hace evidente en los cuentos. Bajo esa luz, supongo, incluso los personajes más indeseables tienen su herida y son víctimas de algo. Me alegra mucho que hayas tenido esta sensación al leer el libro. 

ULAD: ¿A día de hoy estás trabajando en otros proyectos? En caso afirmativo, ¿puedes darme detalles?

C.P.S.: Llevo algunos meses redactando trozos de un ensayo sobre psicoanálisis, y juntando piezas sueltas de un relato que me está quedando más largo de lo habitual. Pero aún es pronto para decir algo más concreto sobre cada uno de estos atisbos de proyecto.

jueves, 18 de marzo de 2021

rupi kaur: todo lo que necesito existe ya en mí

Idioma original:
Inglés
Título original: home body
Traducción (al catalán): Bel Olid
Año de publicación: 2020
Valoración: Prescindible

Rupi Kaur nació en Panyab, India. Siendo muy joven migró a Canadá. Empezó a difundir sus textos en las redes sociales (primero en "Tumblr" y luego en "Instagram"). Después autopublicó dos de sus poemarios; dado el éxito que éstos obtuvieron, las editoriales no tardaron en acercársele. En total lleva vendidos diez millones de ejemplares, que se han traducido a la friolera de cuarenta idiomas. Hay quien dice que es la voz de su generación. 

No os voy a engañar: a mí, la fama de Kaur me olía a chamusquina. Sospechaba que era una de esas escritoras cuya literatura resuena en gente que no ha leído demasiado, o que no tiene un criterio exigente, o que sólo pide que la conmuevan. Sospechaba, también, que la producción de Kaur sería comercial, ligera, digerible, efectista, emocionalmente manipuladora, enquistada en modas efímeras y sobrevaloradísima. Pero quería comprobar si estaba equivocado, si los prejuicios me cegaban, si estaba dejando pasar la oportunidad de conocer a una autora clave del siglo XXI. Quería, en suma, opinar con fundamento.

De modo que me hice con el tercer poemario de Kaur, home body (incomprensiblemente trasladado al español como todo lo que necesito existe ya en mí). Y mucho me temo que, una vez más, tendré que vestir de purista pese al rechazo que ello me provoca, nadar a contracorriente, cuestionar a la opinión de la mayoría, contradecir al aluvión mediático, cabrearme ante los parabienes gremiales. Alguien tenía que decir que el emperador va desnudo.

Al fin y al cabo, esta obra me ha parecido simplona, reiterativa y vacua; está llena de lugares comunes buenistas, cursilería y madurez impostada; coquetea con la autoayuda más infame; receta unos consejos inoperantes e incluso tóxicos; se disfraza de feminista pero solamente ofrece diagnósticos de género de brocha gorda; pretende alzar una voz crítica (casi mesiática) contra la misoginia, el racismo y el capitalismo, pero desconoce que cualquiera de sus proclamas ya han sido dichas antes y mucho mejor; y, para colmo, ni siquiera se puede disfrutar formalmente, porque tanto los versos como la prosa poética que compila exhiben una calidad inexistente. A la postre, home body recuerda a la libreta de una adolescente que nace como un ejercicio de arte terapéutico pero que termina por revestirse de ínfulas cuando el contenido de la misma obtiene una inmerecida popularidad.

Fijémonos en los dos poemas que más me han gustado: el de la página diez y el de la setenta y dos. No digo que sean extraordinarios, pero sin lugar a dudas son de lo mejorcito que aporta este volumen. Aun así, podrían pulirse, y mucho. Su métrica es, cuanto menos, deficiente; su subtexto se revela en la frase final, privando al lector de su intervención hermenéutica. Saber que ambos son los mejores fragmentos de una antología de casi doscientas páginas resulta descorazonador.

En el apartado formal, home body se caracteriza por emplear únicamente minúsculas y por, excepto en dos ocasiones, no puntuar. ¡Qué derroche de originalidad, cuánto rupturismo! Este proceder se antoja artificioso, pues carece de justificación. Según tengo entendido, es el estilo de Kaur, y supongo que puede llegar a impresionar a personas poco curtidas con el lenguaje. 

Asimismo, los temas manejados en home body no entregan ningún enfoque novedoso. De hecho, se presentan como enriquecidos por el entre comillas fotogénico bagaje de la autora (su cualidad de mujer inmigrante de procedencia humilde, así como su pasado de víctima de violación y abuso), pero no hay unicidad en su tratamiento; ni siquiera frescura, pues lo que Kaur cree que se le ocurre en un arrebato de inspiración no es más que algo que lleva años en el imaginario de nuestra especie. Lo que yo conozco como sonrojantes verdades de Perogrullo, vamos.

Por ejemplo, sus reflexiones en torno al feminismo son sumamente genéricas. Además, se vinculan con el sexismo, el identitarismo y el colectivismo más trasnochados. Que si los hombres tienen miedo de que las mujeres les sobrepasen, que si nosotras debemos hacer piña, que si el amor romántico hetero es prescindible... Ya no hablemos de lo previsibles que son sus comentarios sobre la ansiedad y la perfección, o lo ingenuas que son sus ideas para construir un mundo mejor y quererse a uno mismo.

Pero todavía no he explicado de qué trata home body. Pues bien, este poemario se divide en cuatro partes. Casi todas emplean el mismo registro desinspirado y cansino, y giran una y otra vez en círculos concéntricos. En consecuencia, la estructura del libro se siente repetitiva y, sus componentes, clónicos, aunque admito que hacia el final se aprecia un tenue progreso. Por ahí afirman que esto se debe a que Kaur narra su viaje emocional de la inseguridad y la depresión hacia la aceptación y el amor propio. Puede que así sea, y de ahí provenga la sensación de progreso antes sugerida. En todo caso, el conjunto se antoja, insisto, repetitivo, amén de cursi y edulcorado. 

Llegados a este punto, estaría bien señalar que Kaur es una de esas escritoras que dibujan (o artistas visuales que escriben, como prefiráis). Por tanto, muchos de sus textos van acompañados de unas ilustraciones monocromas, hechas solamente a base de líneas torpes. Una chiquillada cuya ejecución no tiene mucha gracia (por no tener, no tiene ni siquiera el encanto de lo genuinamente "naif"), ni evoca nada interesante ni visual ni conceptualmente hablando. De nuevo, Kaur se muestra derivativa, aunque no tengo claro de hasta qué punto es consciente de que un corazón llorando es un recurso trilladísimo.

En fin. Abrumado ante el paupérrimo nivel de esta obra, decidí darle el beneficio de la duda a la autora y leerla en su idioma original. Quizá la traducción que yo tenía entre manos no le hacía justicia. ¡Sorpresa, tanto su prosa como sus versos son igual de lamentables en inglés! Y lo que es peor: buscando cosillas, he visto que Kaur llegó a jugar con el formato híbrido y la composición, dando lugar a resultados un pelín más satisfactorios que en home body. Pues no sé, ya podría habérselo currado un poquito también esta vez para alcanzar unos mínimos de nuevo.

Resumiendo: este poemario se deja leer. Te lo ventilas en una tarde, más que indignar le deja a uno perplejo, y se olvida enseguida. Da un poco de rabia, eso sí, que se haya gastado papel para imprimirlo. Asimismo, irrita vagamente el saber que hay miles de personas que creen que es buena literatura, y que lo consumirán entusiastamente y lo reseñarán como si se tratara de la segunda venida de Cristo. Si esto es todo lo que tiene que decir la voz de una generación, estamos apañados. Si alguien tan abierto como yo tiene que mimetizarse con un purista dogmático para denunciar ciertos productos editoriales, la hemos cagado.  

sábado, 21 de septiembre de 2019

Yasunari Kawabata: Una grulla en la taza de té

Idioma original: Japonés
Título original: Senbazuru 
Traductor: Luis Salvador
Año de publicación: 1952
Valoración: Recomendable

Senbazuru (千羽鶴) es la quinta novela de Yasunari Kawabata. Reúne todos los elementos que caracterizan el buen hacer del Premio Nobel de Literatura japonés: prosa delicada, un uso exquisito del lenguaje, atención al detalle, un tono poético que lo empapa todo, descripciones atmosféricas y personajes dibujados con una densidad psicológica considerable. Así pues, pese a su brevedad, esta obra es literatura de alto voltaje.

Además de por su evidente calidad narrativa, al lector occidental puede interesarle este libro en tanto que puerta de acceso a las costumbres niponas. Sin ir más lejos, indaga en las complejas sutilezas de uno de los ritos más misteriosos del país del sol naciente, la ceremonia del té.

Y, ya que hablamos de la ceremonia del té, destaquemos la importancia que ésta tiene a lo largo de Senbazuru. Kawabata se sirve de ella como paralelismo de la vida. Igual que los objetos empleados en este rito pasan de generación en generación, también lo hacen el amor, el deseo y la culpa de las personas. Fatalismo en estado puro, sí señor.

En resumidas cuentas, esta historia me ha fascinado. Creo que tiene, eso sí, algunos problemillas:

  • Quizás el apartado más débil de la novela sean los personajes femeninos. Kawabata retrata a las mujeres que la pueblan desde una perspectiva bastante misógina; a veces las infantiliza usando diminutivos, otras las objetiviza convirtiéndolas en un arquetipo llano. Evidentemente, comprendo que el lugar y la época en que fue escrita Senbazuru influyó en este aspecto, pero debo advertir que, en este sentido, el libro no ha envejecido muy bien. 
  • Tampoco me acaba de convencer Chikako. Cuando Kawabata nos la presenta, resulta fascinante. Es una suerte de antagonista ambigua, que me recuerda a la temible Cathy Ames de Al este del Edén. Desgraciadamente, Kawabata, igual que le sucediera a John Steinbeck con su hija ficticia favorita, es incapaz de cerrar el arco de este personaje como se merece.  
  • El final de Senbazuru se estanca. Aunque su clímax es muy potente, las páginas que llevan a él se me hicieron demasiado lentas y carentes de acción. A esto súmale que, como ya he dicho, el autor no logra encontrar una forma digna de cerrar el conflicto de Chikako. 

En fin. Senbazuru es una novela con una innegable vocación estética y una bellísima muestra de la sensibilidad oriental. Quizás el énfasis que he puesto en el carácter marcadamente nipón de esta obra ahuyente a algunos lectores potenciales. Sin embargo, sabed que este libro presenta una historia de tintes universalistas, a los que ninguna barrera cultural puede opacar. De modo que lo recomiendo a todo aquel al que no se le atragante la narrativa pausada.

Por último, dejad que hable de esta edición de Círculo de Lectores que he leído. Fue publicada en 1969 y se titula Una grulla en la taza de té. Tiene errores ortográficos, fallos de puntuación y emplea una deficiente traducción de Luis Salvador que, sospecho, no fue directa del japonés. A la labor de Salvador puede reprochársele una predilección por las oraciones interminables y el uso de un léxico arcaizante. Actualmente, esta novela se reedita bajo su título original, Mil grullas. Según tengo entendido, esta nueva edición es más aconsejable.


También de Yasunari Kawabata en Unlibroaldía: La casa de las bellas durmientesLo bello y lo tristeLa bailarina de Izu

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Javier Ramos: El señor Gro y la hija de la viuda Stern

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Recomendable

Cada vez corremos menos riesgos a la hora de elegir nuestras lecturas, solo nos lanzamos con autores o editoriales que —a nuestro entender— son un valor seguro, y qué estrepitosas decepciones nos llevamos con algunos de esos valores seguros. Y a pesar de ello nos continuamos resistiendo a salir de nuestra zona de confort. Pero no soy quién para dar lecciones; en algo más de un año que llevo colaborando en ULAD esta solo es la segunda obra de autor desconocido que reseño y porque tiene el aval de un premio literario (cosa que ya tampoco es garantía de nada).

El Señor Gro y la hija de la viuda Stern ganó la edición del 2017 del Premio Internacional de Narrativa «Novelas Ejemplares». Se trata de una novela corta con setenta páginas rebosantes de una prosa poética, original y envolvente. 

Resumen resumido: el anciano Gro lee un libro en un banco de la plaza, todos los días el mismo libro durante años. La gente del pueblo siente curiosidad y recela, y mandan a la pequeña hija de la viuda Stern para que le sonsaque qué lectura es esa que lo mantiene tan absorto.

Esta es una de esas novelas en las que prima la atmósfera sensitiva por delante de la trama, la experiencia lectora tiene más que ver con llegar a un estado mental concreto que con la historia en sí, y por ello es difícil captar su esencia con un resumen. Porque El señor Gro y la hija de la viuda Stern conduce al lector a la esfera de las fábulas y los sueños —un poco en la línea de El Principito— para tratar cuestiones que no se pueden abarcar desde la razón o el realismo. 

¿Y qué cuestiones son esas? Pues aunque cada lector lo percibirá en función de su bagaje emocional y sus experiencias vitales, hay dos temas que toman especial relevancia: por una parte, el duelo como proceso que cada cual gestiona como buenamente puede y que tiende a aislar al individuo de su entorno y su realidad, que suele ir acompañado de culpa o tristeza o ambas, y que necesita un tiempo más o menos largo hasta que finalmente se resuelve. Por otra parte, la penalización por ser diferente, el hecho de no encajar y sufrir el aislamiento, incluso el exilio, en manos de un entorno social viciado, pequeño y endogámico. El retrato que se hace en la novela de ese pueblo o masa social, sumido en la incultura y la desidia, está muy conseguido:
«El día de la boda, se cogían de la mano como para vadear un riachuelo. La viuda Stern se dejaba felicitar por sus vecinas, que tenían en la boca un bombón pegajoso e inagotable que venía a decir, que venía a callar: ¿qué va a darle tu hija al tonto del pequeño del pescador? ¿qué va a darle tu hija, blanca como la vemos, al tonto del pequeño del pescador, si estamos hartas de verla con la falda arremangada y el culo de ese tonto entre sus piernas detrás de la tapia de la conservera? (…)»
Los hechos, palabras y pensamientos de los personajes se entrecruzan con la voz del narrador en tercera persona, sin por ello entorpecer la lectura y logrando una gran cercanía. Porque el estilo es el verdadero eje vertebrador de la obra. Las imágenes y metáforas resultan tan personales y originales que crean un mundo propio entre el narrador y el lector. No resulta sencillo elegir una sola cita puesto que las setenta páginas de la obra son una continua cita que invoca a la lectura: 
«Es muy sensato lo que dices, Gro, dijo la hija de la viuda Stern. Cincuenta años, mis pechos se me han hundido en la blusa y mi pelo es corto y es feo, y el señor Gro me llama muchacha con su voz trabajosa. Es bonito ver cómo un viejo busca una palabra y la encuentra y la dice. Se ve la palabra muy nítidamente rehuyéndole y se ve cómo suavemente la coge entre sus labios (como con las manos se saca un pájaro del nido y se le impulsa), y después la dice.»
Así que recomendable por lo personal y expresivo de la apuesta (diría que no es un tipo de obra que abunde en el mercado por lo que aún debería ser más celebrado su reconocimiento mediante premio y publicación), y porque ofrece una lectura pausada que invita a degustar cada palabra y percibir las sensaciones que produce. Una buena oportunidad para leer porque sí y no para ver qué pasa.

domingo, 12 de julio de 2015

Ana María Matute: Los niños tontos

Resultado de imagen de los niños tontosIdioma original: español
Año de publicación: 1956
Valoración: Muy recomendable



Despista un poco manejar una edición reciente de este título. ¿Un volumen de relatos con formato infantil? ¿Cuentos para adultos cuyos protagonistas son niños? ¿Portadas que indican un concepto y su contrario? En realidad, es prosa poética en estado puro. No existe acción ni progresión de la trama: se trata de escenas estáticas, meros cuadros que muestran trozos de una realidad repulsiva o grotesca mediante un lenguaje y una cadencia bellísimos. Por eso, más que un conjunto de micro relatos, lo considero un poemario muy particular, repleto de simbolismo e imágenes sugerentes, aunque no exento de crudeza avivada por la identidad de sus protagonistas.

La niña Ana María lo miraba todo con extrañeza, no sabía si ella era la rara o lo eran los otros.  Perseguida por preguntas para las que no encontraba respuesta e inquieta por su diferencia con el resto tuvo que buscar un escondite y refugiarse en él de por vida. El lugar que encontró es la escritura, naturalmente, y el tamiz que filtra y transforma todo nació en su etapa infantil e indica el proceso que la condujo hasta ella misma.  

Puede que la combinación de opuestos sea el recurso fundamental de esta obra. Simplicidad de lenguaje y concepto reflejan el claroscuro de un mundo siniestro contemplado con los ojos de la infancia, los pensamientos más inocentes se ahogan en esa brutalidad ambiental. No son tontos los niños sino absurdo su entorno, pues cualquier lógica no contaminada, al estrellarse contra la evidencia, precisa de interpretaciones enrevesadas que la orienten.

No sé quién es más tonto, si el niño que cree poder ser amigo del demonio o los adultos que le inculcan esas ideas. Y ¿qué decir del que se para ante un escaparate repleto de dulces que nadie consume mientras él los contempla hambriento a través del cristal? ¿o ese hijo jorobado de un cómico de quien su padre se avergüenza y mantiene escondido? La faceta más onírica de la autora aparece también de vez en cuando. Hay un niño que es diferente a todos porque es una imagen de escayola; otro que se interna en el mar para rodearse de belleza por primera vez en su vida; o el mudo, ignorado entre tantos hermanos, que se puede confundir con un muñeco, o serlo incluso, pues en esas condiciones casi da lo mismo.

Hay algunos especialmente dolorosos, como el de la niña que no estaba en ninguna parte porque hacía mucho que había dejado de serlo. O ese hijo de cazador, cuyo destino terrible se manifiesta con un siniestro encanto:

“El niño cazó todas las estrellas de la noche, las alondras blancas, las liebres azules, las palomas verdes, las hojas doradas y el viento puntiagudo. Cazó el miedo, el frío y la oscuridad. Cuando le bajaron en la aurora, la madre vio que al rocío de la madrugada vuelto rojo como vino, salpicaba las rodillas blancas del tonto niño cazador.”

De la misma autora: Fiesta al Noroeste, Olvidado rey Gudú, Primera memoria, La torre vigíaOlvidado rey Gudú (contrarreseña)

lunes, 30 de marzo de 2015

Menchu Gutiérrez: araña, cisne, caballo

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable... creo

Menchu Gutiérrez me confunde, como la noche a Dinio (que no se diga que en este blog no citamos a los clásicos). Quiero decir que no termino de decidir si lo que ella hace, la opción estética y estilística fortísima por la que ha optado, me parece un modelo que hay que seguir o una herejía que hay que condenar. Lo que tengo claro es que, aceptando el principio de lo que se propone hacer con sus textos (y lo que se propone es algo muy original en el panorama narrativo actual), Menchu Gutiérrez lo consigue con creces, y es por lo tanto una escritora muy interesante.

He llegado a ver araña, cisne, caballo calificado com una novela; no lo es, salvo que partamos del principio de que novela es cualquier cosa a la que se le pone el rótulo de novela. Me parece más ajustada otra definición que se le ha dado: bestiario, aunque este género también se le queda corto. Yo diría que araña, cisne, caballo es un volumen de textos de prosa poética, más o menos narrativos, que tratan sobre la humanidad de los animales, la animalidad de los humanos, la animalidad de los animales, etc. Son casi ejercicios de estilo en los que la relación entre lo humano y lo animal sirve como punto de partida para un conjunto de textos, por lo demás, muy levemente relacionados entre sí.

Hay desde luego fragmentos magníficos, algunos más próximos al relato y otros al retrato. Pasan por delante de nosotros leones, cabras, vacas, anguilas, escorpiones... animales domésticos, animales de circo, animales disecados, animales mitológicos... Y en contrapunto con ellos, hombres y mujeres innominados o designados por letras que sienten por ellos (por los animales) una atracción o repulsión profundas y simbólicas. Y la araña, la araña del título, que prácticamente abre y cierra el volumen, sirviendo como metáfora de la nebulosa y ambigua forma en la que el mundo y la "gran cadena del ser" conecta todas las cosas -y animales, y hombres-.

Pero hay que hablar del estilo, porque el estilo es, en este caso, un elemento central al libro. Ya en La niebla, tres veces, que leí gracias a la colaboración de un lector, se aprecia el preciosismo con el que Menchu Gutiérrez construye sus textos, cargados de metáforas, antítesis, adjetivos sorprendentes y una constante tendencia a pasar de lo concreto a lo abstracto, como si abriera fisuras en la realidad física para encontrar otra realidad metafísica que está ahí al lado, bajo una fina corteza que puede rascarse con una uña.

Menchu Gutiérrez es (vuelvo a decirlo) una escritora única -hasta donde yo conozco- en esta opción estilística tan depurada, al menos entre los escritores españoles actuales. Quiero decir que si Menchu Gutiérrez no existiera, habría que inventarla. Lo que no sé, lo que no termino de tener claro, es si es este el tipo de literatura que más me gusta: si la preocupación por lograr la frase perfecta y el giro poético sorprendente son una forma de penetrar más profundamente en la realidad, o una forma de alejarse de la realidad poniendo el lenguaje como barrera. (Hace poco un poeta bilbaíno, Aitor Bergara Ramos, escribía un poema que contenía este verso: "El lenguaje es el dedo que señala la luna").

Eso sí, creo que todos los escritores españoles, jóvenes o no, deberían leer a Menchu Gutiérrez y empaparse de su propuesta literaria, aunque sea para rechazarla y decidir que no quieren escribir así. Pero para que sepan (o mejor dicho, recuerden), que se puede escribir así.

También de Menchu Gutiérrez en ULAD: La niebla, tres vecesLa ventana inolvidable

viernes, 20 de abril de 2012

Lara López: Óxido


Idioma original: español
Año de publicación: 2004
Valoración: recomendable

¿Qué ocurre cuando una relación llega a su fin? Hay diferentes maneras de enfrentarse a ello: llorando, odiando a tu expareja hasta el infinito, haciendo un viaje, ahogando las penas en alcohol... Pero también hay quien acepta lo ocurrido y reflexiona sobre ello. La protagonista de este libro es una de esas personas.

Esta mujer (que no sabemos si es la autora) quiere saber qué ha ido mal en su relación, en qué momento las cosas empezaron a torcerse y por qué no se dio cuenta de ello antes de que fuera demasiado tarde. Y, para ello, observa viejas fotografías y ordena los pensamientos y recuerdos que evocan, intentando así darle un sentido a todo lo que le ha ocurrido.

A través de más de setenta textos cortos en los que presenta un sinfín de situaciones diarias, aparentemente intrascendetes, Lara López expresa su (des)amor, su soledad... pero, sobre todo, su deseo de comprender y de seguir hacia adelante, de aprender de lo ocurrido y de, pasado el tiempo de luto, no volver la vista atrás.

A pesar de tratar el tema de la ruptura, tan dado al sentimentalismo, la autora no cae en la trampa de la comodidad y se aleja de expresiones manidas, escribiendo un texto sincero, directo e inteligente, una pequeña joya que disfrutar al tiempo que, quizá, aprendemos un poco más sobre el amor y sobre nosotros mismos.

domingo, 25 de diciembre de 2011

W. H. Auden: Un poema no escrito (Dichtung und Wahrheit)


Idioma original: inglés
Título original: Dichtung und Wahrheit (An Unwriten Poem)
Año de publicación: 1960
Valoración: Muy recomendable


No sabía muy bien cómo empezar esta reseña, así que lo haré poniéndonos en antecedentes. Auden tomó la parte alemana de su título de la autobiografía de Goethe, Dichtung und Wahrheit (Poesía y verdad) y la incluyó entre la primera y segunda parte de su libro de poemas Homage to Clio (1960).

Como nos dice Javier Marías en la nota previa, este "poema" es un intento de explicar lo que verdaderamente quieren decir las palabras "Yo te amo", así como una reflexión sobre la imposibilidad de escribir poemas de amor. Entrecomillo la palabra poema porque, al final, lo que tenemos en nuestras manos es una colección de cincuenta aforismos en los que Auden intenta descubrir si hay alguna manera de combinar la amplitud y abstracción de los sentimientos con la finitud de las palabras, y no llega nunca a escribir ese poema de amor que en todo momento tiene presente.

Aunque se puede fácilmente suponer la conclusión a la que llega Auden, os recomiendo sinceramente que os hagáis con este libro, pues el camino que recorre el poeta es sin duda impresionante. Lleno de sentimiento (que no de sensiblería), sincero, lírico y en todo momento con los pies en el suelo, sin enredarse en digresiones imposibles, es una obra perfecta para cualquier amante de la literatura. Y, por supuesto, de la poesía.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Réjean Ducharme: El valle de los avasallados


Título original: L'avalée des avalés
Idioma original: francés
Año de publicación: 1967
Valoración: No procede

Pues nada menos que "la novela que inspiró a Jean-Claude Lauzon en su obra maestra Léolo". Eso dice la portada.

Léolo es, con diferencia, mi película favorita. La primera vez que oí hablar de ella fue en el colegio, cuando el profesor de música, un tipo pequeño con tremendo bigotazo, llegó una tarde a clase traumatizado por la película que había visto el día anterior. Yo era pequeño, pero oír al tipo ese hablar indignado de que la monstruosidad cinematográfica aquella trataba sobre las masturbaciones y las cagadas de un niño pequeño hizo que memorizara el título de por vida. Cosas de la cabeza.

La segunda vez, ya en la Universidad, me habló de ella Sergio Oiarzabal, buen amigo y extraordinario poeta, desaparecido el año pasado, del que ya hemos reseñado en este blog alguno de sus libros. Nada más mencionarla, el título y el recuerdo de mi profesor vinieron de golpe a mi cabeza, y esa misma noche pude, por fin, después de tantas masturbaciones y cagadas, verla. Desde entonces, no he parado. De verla, tampoco.

Como este es un blog de crítica de libros, no voy a contaros la peli. Pero podéis imaginaros mi sorpresa y mi emoción cuando descubrí, en una librería, "la novela que inspiró a Jean-Claude Lauzon en su obra maestra Léolo".

Desgraciadamente, no he podido pasar de la página 90.

- ¿Acaso la novela era rematadamente mala?
- No, al menos no lo creo. Tiene buena pinta.
- ¿Acaso el autor es un personaje repugnante y eso te ha obligado a dejar de leer?
- No. Al contrario: el autor es un tipo misterioso, con varias novelas, guiones de cine, canciones, esculturas y collages. No concede entrevistas. Además, es de Québec, lo que le da un punto curioso: no conocía ningún autor quebequés.

Por lo que dice la contraportada, la novela trata de una "niña prodigio, disertadora, políglota, actriz, intérprete de diversos instrumentos, bailarina, experta en montar y desmontar armas de un solo vistazo. Desgraciada, lúcida, destinada al suicidio o dispuesta a envejecer...". Rozamos el record guiness de calificativos en una contra. Sigue diciendo: "De su mano y de la de su autor, atravesaremos el libro de las maravillas, saltando del relato oral a la fábula, del ars lírica al ars dramaticae y la retórica, del Libro de las Crónicas y de Ester al Calígula de Camus, pasando por los clásicos y la mitología, leyendas y hazañas de todos los tiempos y toda clase de cuentos, finamente sazonado con guiños y referencias a Céline, Descartes, La Fontaine, Flaubert, Proust y Poe, entre otros". JODER. ¿ENTRE OTROS? Pero, ¿es que acaso queda alguno, algún autor, algún género literario, algo, que no "atravesemos de su mano y de la del autor"? ¿Hacen pruebas de doping a las gentes que escriben las contraportadas?

Sí: ya me pareció, cuando leí el texto precedente, que alguien se había pasado con el diccionario de sinónimos. Pero lo achaqué a la pura emoción de editar "la novela que inspiró a Jean-Claude Lauzon en su obra maestra Léolo" (¿a que ya empieza a chirriar?).

Y para no ponerme más en evidencia por reseñar un libro que NO he sido capaz de leer, terminaré explicandoos la razón de esta renuncia: porque la edición es un puñetero desastre. Un desastre mayúsculo. ¡Un tsunami en la imprenta! ¡El apocalipsis bibliográfico! ¡El Doctor Hyde de Guttemberg! ¡Gadafi revisando galeradas! ¡La desintegración del Libro! ¡Quiero la verdad! ¡Tú no puedes encajar la verdad! ¡¿Ordenó usted el código rojo?!

Solo para que os hagáis a la idea: tomemos la solapa.
Línea 2: "Réjean Ducharme, (1941,Saint-Felix-de-Valois,"
Falta un espacio después de la coma.
Línea 6: "autor que, además de nue-ve novelas y cuatro"
¿"Nue-ve"?
Línea 17: "General, que le fue en-tregado en Canadá por"
¿"En-tregado"?
Línea 25: "separado, han sido: _____Prix Cánada-Belgique,"
Se les ha ido la mano con el doble espacio (el subrayado es cosa mía, para distinguirlo).

A lo largo del texto, además, escriben Montreal y Montréal indistintamente.

¡¡¡¡Y todo esto solo en la solapa!!!!!!

Os podéis imaginar lo que pasa en el libro, donde hay, podríamos decir, muchas más palabras y párrafos: erratas monumentales, dobles espacios, falta de espacios, tipografías confusas, líneas huérfanas, líneas viudas, líneas suegras, notas al pie a distintas alturas según la página, números de página mal alineados, falta de coherencia total en el uso de guiones, espacios, comillas..., páginas cuya última línea termina mucho antes de donde debería, o mucho después...

Una fiesta, vamos.

Entiendo que es cosa mía. Que a mucha gente semejante cantidad de erratas no le supone ningún problema, pero en mi caso la distracción continua y la mala leche creciente me impiden disfrutar de la lectura, porque algo dentro de mí pasa a un "estado de alerta" que me va separando del texto y me centra exclusivamente en el libro. Y cuando me pasa esto ya no leo, solo miro. Y me tropiezo. Y me vuelvo a tropezar. Y llega un punto en el que me alejo del libro antes de que acabemos mal.

Todo esto venía a que si alguien se lo lee, que me cuente qué tal, de qué va, esas cosas.

martes, 15 de febrero de 2011

Antonin Artaud: Van Gogh, el suicidado por la sociedad

Idioma original: francés
Título original: Van Gogh, le suicidé de la société
Año de publicación: 1947
Valoración: Imprescindible

Reviso mi biblioteca y veo que no son muchos los autores de los que, por distintos motivos y en distintas etapas, a lo largo de mi vida he querido acumular toda su obra. Neruda, Alberti, Borges, Cioran, Camus, Hernández... y Artaud. Aunque de este último, por su extensa y extrañamente dispersa obra publicada en español, nunca sé si me faltan libros.

El que reseño ahora tiene apenas 50 páginas. Dice André Breton:
Antonin Artaud, poco antes de morir, pudo realizar la obra hiperlúcida, la obra maestra indiscutible que es su "Van Gogh". El grito de Artaud -como el de Edvard Münch- surge de las "cavernas del ser". La juventud reconocerá para siempre como suya esta oriflama calcinada.
Pocos libros me han impresionado como este. El largo y complejo ensayo introductorio de Aldo Pellegrini en la espléndida edición de Argonauta, "Antonin Artaud, el enemigo de la sociedad", aporta destellos y revelaciones fundamentales para comprender la personalidad, la poética y la filosofía de un creador inclasificable, maldito reconocido, enfermo y enfermizo, inagotable, teatrero, metahumano, brutal. Dice Aldo Pellegrini:
La obra de Artaud, por encima de toda otra apreciación, debe considerarse inspiradora de una nueva conciencia de la rebelión, afirmada en los valores más hondos del hombre, en oposición a una sociedad esencialmente antihumana. La atracción apasionada que ejerce sobre determinados seres se debe a que constituye la más potente y luminosa forma de disconformismo que haya dado la palabra.
En 50 páginas, Artaud disecciona la obra de Van Gogh, "luminoso" como él, revolucionando la mera crítica de arte hasta un ensayo poético estruendoso, avasallador. Pocas veces dos espíritus se han acercado tanto, a pesar del tiempo y la distancia que los separa, como en este libro. Artaud coge a Van Gogh de la mano y ambos se elevan sobre las palabras, sobre los colores, sobre la lengua, en un baile sin máscaras que los define y los hace inmortales. La obra de Van Gogh se completa con estas páginas. La de Artaud, adquiere sentido en los amarillos solares del pintor.

No se puede reseñar este libro salvo con el libro mismo. Acercaos a él con miedo y vértigo, porque no podría jamás dejaros indiferente, paralelas en su agónico fin como fueron las vidas de sus dos protagonistas. Dice Artaud, en él:
¿Acaso era un loco Van Gogh?
Que quien alguna vez supo contemplar un rostro humano contemple el autorretrato de Van Gogh, me refiero a aquel del sombrero blando.
Pintado por el Van Gogh extralúcido, esa cara de carnicero pelirrojo que nos inspecciona y vigila; que nos escruta con mirada torva.
No conozco a un solo psiquiatra capaz de escrutar un rostro humano con una fuerza tan aplastante, disecando su incuestiobale psicología como con un estilete.
(...)
Mejor que cualquier psiquiatra del mundo, el gran Van Gogh situó así su enfermedad.
Todavía es el día, debo confesar, después de haberlo leído y revisado cientos de veces, en que este libro, con solo tomarlo entre las manos, me hace temblar como un manual de hechicería, como una palabra mágica. Porque, entre otras cosas, tiene el poder de revivir, al posar los ojos sobre él, la memoria de dos hombres irrepetibles: a mi lado Artaud, a mi lado Van Gogh, durante los milenios que tardan en leerse estas 50 páginas.

También de Artaud: Heliogábalo o el anarquista coronado.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Emiliano Monge: Morirse de memoria


Idioma original: español
Año de publicación: 2010
Valoración: Recomendable

Un hombre se despierta y se pregunta a sí mismo: "Qué soñé que he despertado preguntándome quién soy". A partir de ese momento, recuerdos y evocaciones (y olvidos) inundan sin piedad y sin aparente conexión entre ellos las mentes del protagonista y del lector, construyendo una realidad en la que ninguno de los dos se siente cómodo y en la que hay que avanzar a tientas, prestando atención al más leve detalle y esperando una señal que nos lleve a la luz. Lo cual, desgraciadamente, no es fácil. Porque este hombre que se desconoce a sí mismo, que tira de su memoria para intentar comprender quién es, es incapaz de entender el significado de sus recuerdos o de distinguir si lo que cree recordar es un testimonio fidedigno o una interpretación de lo vivido, o si, aún peor, es una mera invención creada por él mismo para ocultar una realidad que le disgusta. Quizá, para conocer al protagonista, habría que tener en cuenta lo que calla; todas esas imágenes que seguramente le vienen a la mente y no relata, ocupado como está describiendo un ¿ordenado? caos de reminiscencias en las que la narrativa paulatinamente va dejando paso a la prosa poética, a medida que hechos y personajes desfilan por las páginas, abriendo caminos y dejando multitud de cabos sueltos que en ningún momento llegan a atarse. De la mano del protagonista, nos planteamos quiénes -qué- y, sobre todo, por qué somos: ¿estamos hechos de recuerdos? ¿De deseos? ¿De sueños? ¿Qué es exactamente lo que vivimos y por qué lo vivimos de la forma en que creemos vivirlo? Quizá es el deseo de encontrar una conclusión y la conciencia de saber que no va a llegar nunca lo que nos impulsa a seguir leyendo. O quizá es el lenguaje, pues Monge parece recrearse en una libertad de forma que atormenta y fascina a partes iguales, que bien puede tomarse como ejemplo de todo lo que pueden dar de sí un puñado de palabras.