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miércoles, 7 de enero de 2026

Guillaume Martin-Guyonnet: La gente que sueña

Idioma original:
Francés
Título original: Les gens qui rêvent
Año de publicación: 2024
Traducción: Marcos Pereda
Valoración: Recomendable

Guillaume Martin-Guyonnet (Guillaume Martin, a secas, para los aficionados y "Guillom Martán" para Carlos de Andrés) es un bicho raro. En un submundo como el de los deportistas de élite, asociado al lujo, la banalidad, la ostentación, los tatuajes chungos y los peinados de dudoso gusto, que un ciclista profesional con una sólida carrera, buenas victorias y hasta un top 10 en la general del Tour sea filósofo de formación (tesis sobre Nietzsche incluida) es, cuanto menos, curioso. Que, además, tenga ya tres libros publicados dice mucho acerca de sus inquietudes, creo yo.

Este La gente que sueña que hoy reseñamos es el último de los textos publicados por Martin y el más cercano a la ficción pura, si bien sin escapar del todo de lo autobiográfico y de lo filosófico / ensayístico. Así, el texto navega entre la autoficción, la novela familiar, la novela histórica y el ensayo gracias a los tres personajes principales (el propio Guillaume Martin, su padre y Guy Lefevre, erudito del siglo XVI) y un lugar (La Boderie) que funciona como primer nexo entre ellos.

Tres personajes que se sitúan en momentos históricos más o menos convulsos (las guerras entre católicos y protestantes en la Francia de fines del XVI, el final de la bonanza económica europea de la etapa de posguerra o los meses de COVID-19) y que muestran cómo, pese a la distancia temporal y de orígenes sociales, hay una serie de situaciones o temas que los emparentan: la extrañeza, la sensación de "incompletitud", la búsqueda, los cuestionamientos, la capacidad de soñar, inventar o dejarse llevar. No importa que seas ciclista profesional el pleno siglo XXI, un erudito del siglo XVI que se mueve entre la fe y la imposibilidad de amar o un chaval normando que llega a París en los años 50. O sí importa, porque no es lo mismo una cosa que otra, pero si vamos a la raíz...

Son estas situaciones y estos temas los que permiten que la narración salte de un tema a otro, de un tiempo a otro, de un lugar a otro y que esta fluya adoptando formas variadas. También permiten a Martin, narrador autoconsciente, desviarse del camino y entregarse a digresiones filosóficas acerca del deporte de competición, del resentimiento por el contraste entre la altura de los ideales y la banalidad de la realidad, de las pasiones y el libre albedrío o de la felicidad y a referencias tales como Platón, Stendhal, Goethe, Endo o ¡El show de Truman!, entre otras.

Y aunque estas digresiones interrumpan el desarrollo de la trama novelesca, sobre todo en el caso de la interesantísima historia de Guy Lefevre y su asistente Martin, en general están bien integradas en el texto y no resultan ni reiterativas ni pedantes. Me quedan, eso sí, las ganas de leer a Martin en un texto 100% ficción. Creo que tiene la capacidad de manejarse bien en ese terreno. Lo mismo cuando deje el ciclismo profesional. ¡Quién sabe!

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Reseña + entrevista: Everest 1924. El enigma de Irvine y Mallory de Sebastián Álvaro

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Yo con estos libros me lo paso en grande

Pues sí, gentes, a mi estos libros que hablan de aventuras inconcebibles desde la óptica de nuestros tiempos, de aventureros de la edad dorada de la exploración como Scott, Shackleton, Nansen, Irvine o Mallory, me encantan. En ellos se juntan la atracción por lugares remotos y apenas explorados (la nostalgia del hielo, que dijo Shackleton), el afán de superación y conocimiento, la tragedia y el heroísmo de unos personajes singulares, mucho más cercanos a lo que podrían ser hombres del Renacimiento o a caballeros románticos que a los deportistas de élite de la actualidad.

Pero más allá de lugares y personajes, hay varias cosas que pido a este tipo de libros: por ejemplo, una cierta voluntad de estilo, la inserción de las historias particulares en el trascurso de la Historia, una voluntad más "didáctica" que técnica, etc. Y algo de todo esto hay en este "Everest 1924". Veamos.

Quien ya conozca a Sebastián Álvaro de su época como director de "Al filo de lo imposible" (para mi, uno de los mejores programas de TV en la historia de este país), de haberle escuchado en la cadena SER o en Onda Cero o de haberle leído en el diario As, sabrá que se trata de un tipo que, pese a sus amplísimos conocimientos en la materia, posee un estilo próximo a lo divulgativo y una mirada profundamente humanista. Todo esto se traduce en un texto bien escrito, ameno, didáctico y alejado de detalles técnicos que podrían alejar a cierto tipo de público.

El carácter divulgativo del libro se observa, fundamentalmente, en la extensa presentación del contexto político, sociológico y cultural en el que surgen y tienen lugar las grandes exploraciones de finales del XIX y principios del XX, especialmente en Asia central. Quizá este aspecto geopolítico (rivalidad Imperio Ruso - Imperio Británico, Ilustración, Romanticismo, desastre de la PGM...) sea, para mi, la parte más interesante del texto y me han dejado con ganas de acercarme a nuevos libros y profundizar en el tema. 

El carácter humanista del texto tiene una doble vertiente: por un lado, la inserción de Irvine, Mallory y compañía en ese contexto sociocultural; por otro, el relato de las experiencias personales del equipo de "Al filo" en territorios legendarios como el Himalaya, el Karakorum, el desierto de Taklamakan o el cañón del Yarlung Tsanpó. Una y otra sirven para entender las razones, profundamente humanas, de este tipo de viajes y para unir pasado y presente de la historia de la exploración y el alpinismo. 

Así, solo la parte final del texto se refiere íntegramente a la expedición de 1924, situada entre en enigma y la leyenda. En ella, sin salir del terreno de la hipótesis y partiendo de datos objetivos y experiencias personales, Álvaro reconstruye y plantea posibles escenarios acerca del intento de ascensión de aquel trágico 8 de junio de 1924. Pero, nada se esclarece, todo queda en el terreno de la suposición y de la incógnita y tal vez sea mejor así porque a estas alturas quizá no importe tanto si Mallory e Irvine alcanzaron o no la cima del mundo como sus motivaciones. En ese sentido, el libro de Sebastián Álvaro da en el clavo.

P.S.: Un último apunte, esta vez sobre el libro como "objeto". La edición de Desnivel es realmente magnífica. Además del diseño de los libros, que me encanta, y del papel de altísima calidad, "Everest 1924" incluye gran cantidad de material gráfico que seguro hará las delicias de los interesados en la materia.

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A continuación reproducimos un pequeño cuestionario que el autor ha contestado amablemente (¡GRACIAS!):

P.: Han pasado casi 100 años desde aquel 8 de junio de 1924. ¿Qué hace que las figuras de Mallory e Irvine conserven ese halo fascinante en la actualidad?

R.: Aquella generación de exploradores británicos fue única e irrepetible. Fue la encargada de rellenar los últimos espacios en blanco de los mapas y poner en marcha la conquista de los extremos del planeta: los polos y las altas cumbres del Himalaya. Desde luego hubo muchos más de otras nacionalidades, pero a finales del siglo XIX y principios del XX, la pujanza del imperio británico va a propiciar una serie de aventuras y exploraciones que cambiarían el mundo rellenando los últimos espacios en blanco del planeta. Desde entonces más de doscientas personas han desaparecido en el Everest pero ninguna reúne el atractivo de aquellos hombres. Formaban parte de los últimos exploradores románticos. Eran aventureros completos: escritores, alpinistas, militares, espías, músicos, cartógrafos, cirujanos…Además tenían una capacidad de sacrificio y de hacer frente a la adversidad que hoy en día no podemos ni siquiera imaginar. Pertenecen a una época irrepetible, cuando exploración, aventura y alpinismo iban entrelazados.

P.: ¿Realmente “importa” hoy en día que Irvine y Mallory llegaran a la cumbre del Everest?

R.: Bajo el punto de vista histórico sería muy importante, pues pondría en cuestión todo el relato histórico de los años cincuenta. Y bajo el punto de vista sentimental creo que se debe un reconocimiento a esta generación de alpinistas británicos.

P.: Dentro del trabajo de documentación previa a la escritura del texto estaría todo lo relativo a sus experiencias personales en la etapa de “Al filo”. ¿Qué siente uno al echar la vista atrás y volver a leer sus diarios (si es que existen) o rememorar esos viajes?

R.: He llevado diarios de cada uno de mis viajes y la verdad es que han sido y son fuente de todos los libros que escribo. Y cada vez que los releo llego a la conclusión de que soy un afortunado por haber sobrevivido y por haber tenido una vida tan rica en experiencias y emociones.

P.: Además de lo anterior, el trabajo de documentación / investigación acerca del contexto social, político y cultural de la época, expediciones, etc ha de haber sido ingente. De todo el material al que ha podido acceder, ¿cuál es el que más le ha impresionado?

R.: El principal trabajo de documentación han sido sus libros y diarios. Especialmente me ha vuelto a conmover el libro del capitán John Noel en el que no sólo relata la expedición y sus trabajos de filmación en 1922 y 1924, sino que además es una visión sumamente avanzada de lo que ocurriría en el Everest en el futuro. En otro plano, la reconstrucción del vestuario y la filmación con mis compañeros recreando algunas de aquellas secuencias, como la llegada al collado del Pang La, fue realmente emocionante.

P.: Personalmente, una de las cosas más me llama la atención es que los tiempos de ascensión de Mallory e Irvine (o de Somervell y Odell) fueran similares a los empleados por alpinistas actuales. ¿Cómo le explicaría esas escasas diferencias a alguien que no ha leído el libro?

R.: No hay nada que explicar, simplemente que eran unos grandes alpinistas, muy fuertes que estaban dispuestos a hacer prácticamente cualquier cosa por subir a la cima del Everest. La visión supremacista actual sobre aquellos alpinistas es errónea y debida a una corriente de opinión que no tiene sentido ni está basada en los hechos tal y como sucedieron.

P.: Insistiendo un poco en la comparativa entre la edad dorada de la exploración y la actualidad, ¿se ha perdido el espíritu de aquella época o las motivaciones continúan siendo, en el fondo, similares?

R.: Aquel espíritu de exploración y aventura sin duda se ha perdido. En buena medida porque aquel tiempo ya pasado es irrepetible, pero al fin y al cabo la visión romántica del alpinismo y la aventura es un componente ideológico y sospecho que los alpinistas actuales tampoco leen mucho. Esa es la explicación de algunas de las cosas que ocurren en el Himalaya con las expediciones comerciales o el fenómeno de Nirmal Purja y el helidopping, entre otros muchos. Nada de eso tiene que ver con el alpinismo clásico.

P.: ¿Qué personaje de la edad dorada representa mejor el espíritu de aquella época y qué deportista / aventurero… de la actualidad reencarna en mayor medida ese espíritu?

R.: Quizás George Mallory, Geoffrey Young, Howard Somervell, pudieran representar ese periodo dorado. Fuera de los británicos quizás Luis de Saboya, el Duque de los Abruzos, representa mejor ese espíritu aventurero. Todos ellos no se sentirían deportistas sino aventureros. De hecho cuando Hillary y Tenzing suben al Everest, un periodista pregunta a Eric Shipton qué le parece aquella expedición comparada con las de Mallory, y Shipton responde: “Eso solo es deporte”… Lo que demuestra lo claro que tenían aquellos alpinistas entre deporte y aventura.

Y de los alpinistas modernos me quedaría con Walter Bonatti, que es el gran representante del alpinismo moderno.

P.: ¿En qué expedición de las “clásicas” de la edad dorada le hubiese gustado participar?

R.: En la de Mallory de 1924, en la de Kurt Diemberger de 1957 al Chogolisa y en la de 1958 de Walter Bonatti al Gasherbrum IV.

P.: ¿Es posible que la próxima “gran era de la exploración” tenga lugar fuera de nuestro planeta o nos quedan lugares por descubrir / conocer en mayor profundidad?

R.: De momento quedan muchas montañas por escalar en la Tierra, así que me sigo quedando todos los veranos por el Karakórum. Y puesto a explorar nuestro sistema solar me quedaría con el cráter Olimpo de Marte, que tiene casi doce kilómetros de altitud.

P.: Por último, y de cara a posibles futuras lecturas, ¿qué libros nos puede recomendar?

R.: Cita con la Cumbre de Juanjo San Sebastián. Tocando el vacío de Joe Simpson. K2, Nudo Infinito de Kurt Diemberger, El Sentimiento de la Montaña, con Eduardo Martínez de Pisón… Hay una excelente literatura de Montaña. Y además recomendaría algunos libros de poetas como Robert Browning, Alfred Tennyson, Mary Shelley… En fin hay que leer mucho y bueno.

martes, 27 de abril de 2021

Joyce Carol Oates: Del boxeo

Idioma original: inglés

Título original: On boxing

Traducción: José Arconada

Año de publicación: 1987

Valoración: Muy interesante


Si digo que mi primer Murakami fue De qué hablo cuando hablo de correr (o sea, nada de novela), y que mi primer –y único- Octavio Paz no fue un poemario sino un ensayo sobre arte (Apariencia desnuda), sorprenderá menos que mi primer Oates haya sido un libro sobre boxeo. Por lo visto, Joyce Carol Oates, con una buena lista de títulos reseñados en este blog (ver abajo), heredó de su padre la afición por el boxeo, algo bastante infrecuente en una chica, y parece que la ha mantenido incluso más allá de la publicación de este libro (1987) porque, por lo que he visto, hay alusiones a este deporte en algunas de sus muchas novelas.

Siempre que se habla del boxeo (algo a lo que he llamado deporte, pero entiendo que haya quien no trague con ello) surgen posiciones más o menos airadas, calificándolo de brutalidad, salvajada, apología del machismo, y cosas así. Creo que hoy en día hay realmente muy pocos aficionados, la mayoría entusiastas, eso sí, pero es algo que, salvo en círculos muy reducidos, parece llamado a la irrelevancia social si no a su extinción. Por eso creo que este es un libro muy oportuno, quizá no tanto para reivindicar eso que se llamó el noble arte, pero sí para encontrarle otras perspectivas más allá de tópicos y simplificaciones.

No encontraremos aquí ni una palabra de técnica boxística, algo que seguramente a casi nadie interesa ya, aunque estoy seguro que la autora conoce con detalle. Tampoco nada, o casi, en torno a la leyenda negra, o mejor diríamos la realidad negra de ese backstage siniestro que todos tenemos más o menos interiorizado: corrupción, promotores de avaricia insaciable, manejos de los bajos fondos, dopaje, tongos. A la autora no parecen interesarle estas cuestiones, que deja de lado por demasiado conocidas o voluntariamente ignoradas. Se adentra sin embargo en otros aspectos más complejos y mucho más interesantes.

Al margen de que hablemos o no de un deporte (que doña Joyce más bien parece concluir que no), lo deslinda claramente de otras disciplinas que de alguna manera recrean las emociones de los juegos infantiles. Aquí no existe esa evocación lúdica sino el reflejo de un impulso homicida primario, una forma de lucha por la supervivencia que no solo se manifiesta en los púgiles sino que se extiende al público que vocifera alentando el castigo. El boxeo es también un ritual con sus formalidades litúrgicas (el desprenderse del batín, el ring con sus doce cuerdas, los saludos, el lanzamiento de la toalla) y una recreación de la pugna por el dominio de la manada. En este sentido, es incontestable su carga sexista, por mucho que en tiempos recientes haya quien corriese a reivindicar el boxeo femenino.

Se detiene también Oates en algo bien conocido, como es la baja extracción social de los boxeadores, al menos desde principios del siglo XX. Es casi un tópico pensar en el púgil de barrio desfavorecido, un chaval (en EE.UU. casi siempre de etnias marginadas) quizá enredado en la delincuencia, con una familia desestructurada, que busca salir del pozo a la vez que descarga su ira en el cuadrilátero. Pero lo analiza la autora, como casi todo en el libro, desde una perspectiva bastante diferente y mucho más profunda: la rabia del joven castigado por la vida puede ser lo que le empuja a pelear, pero la furia es un desperdicio de energía, poco aconsejable para un buen boxeador si no se canaliza correctamente mediante la técnica y la estrategia. El boxeo viene así a ser la formulación civilizada de esa violencia latente (o no tan latente), su sometimiento a reglas y a la autoridad superior de un árbitro. No es por tanto una metáfora de la vida, como tantas veces podemos escuchar. Es algo distinto de cualquier otra actividad, que aglutina aspectos de muchas de ellas y tiene sus propios parámetros.

Pero no solo se extiende Oates en los aspectos sociológicos o antropológicos de tan singular actividad. Con numerosos testimonios de protagonistas y referencias a combates clásicos, profundiza por ejemplo en la capacidad de sufrimiento, la facultad de encajar sin ser vencido como arma fundamental para esperar el momento preciso de un ataque definitivo. Y en relación con el sufrimiento, no podía faltar una profunda reflexión en torno a la muerte como posible desenlace, no teórico, sino dramáticamente real. Cualquier aficionado al boxeo, por mucho entusiasmo que lleve consigo, tiene siempre un momento de duda al plantearse que uno de los contendientes puede perder la vida. Es lo que sitúa al boxeo siempre alrededor del límite de lo civilizado, de lo humanamente admisible, a veces ligeramente dentro y otras clamorosamente fuera, y la autora tampoco deja de cuestionarse con crudeza este dilema.

Se podrá decir que todo esto es filosofar sobre algo muy obvio, que no merece la pena darle tantas vueltas y buscarle tanto contenido a una cosa tan bestia, que esto es una animalada y que debería estar prohibido y chispún. Bien, es una opinión respetable, pero si uno no está en un planteamiento tan irreductible, tiene alguna curiosidad por lo que ocurre entre esas doce cuerdas y por cómo se puede reflexionar sobre ello con mucho sentido y expresarlo con rigor e inteligencia, el libro me parece una opción muy válida. 

Otras obras de Joyce Carol Oates en ULAD (tranquilos, ninguna sobre boxeo): aquí

martes, 8 de diciembre de 2020

Donnie Eichar: Dead mountain (La montaña muerta. Los sucesos del Paso Diátlov. La historia que nunca se reveló)

Idioma original: Inglés
Título original: Dead Mountain: the untold true story of the Dyatlov Pass incident
Traducción: Rosa Fernández-Arroyo
Año de publicación: 2013 (2020 en España)
Valoración: A mi es que este tipo de historias me gustan    

Pues sí, ¿qué queréis que os diga? A mi estas historias de viajes, expediciones polares, alpinismo, etc. siempre me han llamado mucho la atención. Si, además, le añadimos unas dosis de Unión Soviética, misterio y conspiranoia, ya soy incapaz de sujetarme. Imagino que en esto algo tendrán que ver dos de los programas / series que más devoré en mi (tardo)adolescencia: "Al filo de lo imposible" y "Expediente X". Pero dejo ya de andarme por las ramas!

Bien, estamos en la Unión Soviética, año 1959. Nueve jóvenes (unos veintipocos años), 7 chicos y 2 chicas miembros del grupo de montaña de su centro de estudios y liderados por Igor Diátlov, desaparecen en el lúgubre paisaje invernal del Norte de los Urales. Pasados unos días, los equipos de búsqueda encuentran la tienda (intacta en su interior y con una serie de cortes en el exterior) en la que pernoctaban, descubren los cadáveres a medio vestir de algunos de los muchachos en un radio de 1,5 kilómetros... La investigación y autopsia posteriores no aclaran demasiado las cosas: algunos de los cadáveres presentan brutales lesiones, sus ropas tienen elevadas dosis de radiación y el fiscal que lleva el caso lo cierra diciendo que los jóvenes fueron "víctimas de una poderosa fuerza descomunal". Si a todo lo anterior le añadimos la actitud de los funcionarios locales y regionales para con las familias de los fallecidos, tenemos campo abierto para teorías conspiranoicas de todo tipo acerca de las circunstancias que llevaron a los montañeros a abandonar la tienda en plena noche, mal vestidos y con una temperaturas de -20ºC.

El libro del que hoy nos ocupamos trata, por tanto, de esclarecer los hechos. Para ello, el autor se basa en fragmentos de los diarios de los fallecidos, en registros oficiales, en entrevistas con familiares, en el testimonio del único superviviente de la tragedia (gracias a unos "benditos" dolores de espalda), en la colaboración de personas interesadas en los sucesos del Paso Diátlov y en sus propias pesquisas sobre el terreno. Así, se intercalan los capítulos en los que se reconstruyen los días de la expedición, de las tareas de búsqueda e investigaciones posteriores con capítulos en los que el autor viaja a Rusia con el fin de realizar el mismo recorrido que en 1959 hicieron los nueve fallecidos.

Esta estructura dota a la narración de gran agilidad y ritmo y permite que el libro tenga varias "capas". Por una parte, puede ser leído como una novela de "misterio / aventuras" (esta es la lectura más obvia); por otra, el texto posee una parte "sociológica" que no debemos desdeñar. Y aquí hay dos Rusias diferentes y contradictorias (ay, el célebre alma rusa). De un lado está la URSS del deshielo, esa en la que apenas han trascurrido 5-6 años desde la muerte de Stalin y 3 desde el XX Congreso del PCUS, esa en la que conviven una ligera apertura y campos de trabajo cuya existencia es desconocida por la mayor parte de la población, jóvenes que tratan de abrirse a "nuevos mundos" pero que no deja de estar ligados al pasado más reciente de su país; del otro, la Rusia del siglo XXI, excesiva y desigual hasta el punto de que puede hacer llegar a añorar o recordar con afecto la época soviética.

Es, por tanto, esta doble lectura del texto y las posibilidades que de las mismas nacen lo que le otorga mayor valor al libro de Donnie Eichar. Porque no importa tanto el desvelamiento o no de la verdad como la forma de llegar a ella. Al fin y al cabo, ya sabéis que THE TRUTH IS OUT THERE.

P.S. Una pequeña nota acerca de la estupenda edición de libro: Acompaña al texto, y nos traslada a los escenarios en que transcurren los hechos, un buen número de fotografías, mapas, dibujos, etc. tanto de la propia expedición del grupo liderado por Igor Diátlov como de las posteriores tareas de búsqueda.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Manuel Alcántara: La edad de oro del boxeo

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: Está bien

Olvídense, por favor, de la horrenda cubierta. Dejemos de lado también el confuso y erróneo título. Y, a ser posible, intentemos soslayar, al menos durante unos minutos, el debate sobre si el boxeo es un deporte, su brutalidad y todas esas cosas. Sólo pido unos minutos para valorar estrictamente el contenido del libro, y luego ya habrá tiempo para lo demás.

Manuel Alcántara es un viejo periodista (creo que le han caído ya los 90) y también poeta, que acumula unos cuantos premios en ambas actividades. Como se puede suponer, a estas alturas el hombre ha recorrido todas las cabeceras de la prensa española, desde las épocas más densas del franquismo hasta la actualidad, donde escribe una columna diaria para el grupo Vocento (El Correo y unos cuantos más). Aunque le echo un vistazo de vez en cuando, tengo que confesar que no me gusta cómo escribe este señor, con ese humor un poco txotxolo (me ofrezco a definir el concepto si es menester) y esa afición a recrearse con continuos juegos de palabras, línea tras línea. Por lo demás, algunas de sus aficiones de siempre calcan el estereotipo masculino de unas décadas atrás: fútbol, toros y, por supuesto, boxeo.

La afición por el ’noble arte’ (venga, estupor y rechinar de dientes) le viene a Alcántara desde su infancia en Málaga, cuando contemplaba desde la ventana entrenamientos y peleas de púgiles aficionados, y ocupó después durante años buena parte de su actividad periodística. Es justamente este trabajo como cronista el que constituye la parte fundamental del libro: quince artículos de Alcántara relatando otros tantos combates (no ‘asaltos’, como dice el título) de una época brillante del boxeo en España, aproximadamente de mediados de los 60 a finales de los 70. Por si a alguno le suena y no ofende que los cite, por ahí circulan Legrá, Carrasco, Durán, Urtain o Evangelista, entre otros.

Si antes decía que no me gusta el estilo de don Manuel en su columna, me ocurre lo contrario con sus crónicas boxísticas. Son relatos ágiles, breves, construidos con los medios de la época, a partir de unas notas y a veces dictados por teléfono, que sintetizan de maravilla los combates y su entorno. A pesar de su brevedad -dos o tres páginas cada uno- Alcántara tiene la capacidad de transmitir la intensidad de los momentos más relevantes, sin abusar de la épica y usando con moderación de figuras retóricas, sólo lo imprescindible para dar altura al texto. Parece que estuviéramos viendo esos lances, a veces dramáticos, en blanco y negro, con el análisis certero de un tipo que indudablemente sabe un montón, pero se cuida de no apabullar con tecnicismos ni adornar en exceso sus crónicas. Aunque, eso sí, cuando recurre al ornamento lo hace con figuras bien medidas y a veces realmente afortunadas: 

‘Hay un silencio casi táctil, un silencio absorto, como el que se produciría si cesara de repente una catarata’. 

La lectura de los artículos de Alcántara es también un recorrido esclarecedor por la amplia etapa que abarcan. Detrás de cada línea se deja ver el respeto y la admiración hacia estos tipos que salen a partirse la cara, siempre gente de extracción humilde y que sueña con un éxito que pocas veces llega a algo más que la gloria efímera de unos cuantos combates ganados. Pero también se transparentan algunas de las miserias de ese mundo, esa trastienda que después de tantas películas tenemos todos tan interiorizada. Se descuelga Alcántara con una crítica feroz, indisimulada, a los combates decididos por puntos siempre a favor del púgil ‘de casa’, a veces con absoluta desvergüenza. Y ojo porque, en lo que se refiere a los artículos incluidos en el libro, el primer zasca, sereno pero nítido y demoledor, se proyecta contra una victoria de Pedro Carrasco en Madrid. Oiga, que no es nada corriente semejante sinceridad antipatriotera, y menos en 1971.

La objetividad de las crónicas no impide que en los textos quede huella del lado emocional del autor, y la combinación de las dos perspectivas es una de sus cualidades más notables. Como buen aficionado, Alcántara vibra con los lances, pero también se estremece ante combates especialmente brutales, se enfurece frente a peleas indignamente desiguales montadas sólo para hacer negocio, o se rebela frente a la indiferencia hacia los viejos campeones. Y sobre todo, no tiene empacho en cuestionarse el propio deporte, que es a veces ‘un disparate desde el punto de vista racional’. Manolo tiene clara la línea roja: tras recibir un buen repaso, el japonés Wajima va camino del hospital, y Alcántara jura que, si muere, será su última crónica de boxeo. Salvado Wajima, cumplirá la promesa un par de años después, cuando fallece en el ring el almeriense Juan Rubio Melero.

No pretendo convencer a nadie. Si a usted el boxeo le resulta aborrecible, nada positivo sacará de este libro. Si por el contrario le gusta, o al menos le es indiferente, pues bueno, es una pequeña colección de artículos muy bien escritos, que describen un deporte, una época y a un autor con personalidad. Ustedes mismos.

P.S.: Al final he puesto a Manuel Alcántara como autor del libro, aunque en realidad lo es sólo de las crónicas que he comentado. La recopilación es de los periodistas Teodoro León Gross y Agustín Rivera, que firman una pequeña introducción a cada texto y una entrevista al propio Alcántara (en la que el hombre, la verdad, desbarra un poquito). Cierra el libro un epílogo de José Luis Garci que, aparte de la firma de alguien más o menos popular, aporta poco o nada a la materia, se permite algunos comentarios que me parecen bastante irrespetuosos hacia Alcántara, y se adorna con una exhibición de erudición innecesaria y gratuita.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Andrés Iniesta: La jugada de mi vida. Memorias

Idioma original: Español
Año de publicación: 2016
Valoración: Intragable

Aclaración previa: Aunque me temía lo peor del libro, he tratado de leerlo sin tener en cuenta mis prejuicios. Y creo que lo he hecho. Así que la reseña, guste o no, es objetiva en la medida de lo posible.

Dicho esto, quisiera aclarar también que, aunque en la cubierta del libro se indica que el autor es el propio Andrés Iniesta con la colaboración de Ramón Besa y Marcos López, resulta que el 55% del libro está escrito en tercera persona (cosa extraña cuando son tus propias memorias), el 5% en primera persona y el 40% restante son testimonios de terceras personas. Por tanto, dejémoslo en que el libro está escrito por Ramón Besa y Marcos López a partir de lo que les haya contado Andrés Iniesta y el resto de personas entrevistadas para la ocasión. Para que la gente no se lleve a engaños.

Centrándonos ya en el texto, podemos separarlo en dos bloques:

El primero nos cuenta la vida y milagros de Andrés Iniesta, desde que empezó a dar sus primeras patadas al balón en Fuentealbilla hasta la actualidad, cubriendo tanto la vida profesional como la vida personal de Iniesta: su llegada a la Masía, su debut en el primer equipo, las Copas de Europa, su matrimonio, etc.

La segunda parte, como si se tratase de un "Testimonios" de sus paisanos de "La hora Chanante", recoge las opiniones de ex-compañeros y compañeros, entrenadores, masajistas, etc sobre el protagonista del libro.

Hasta aquí, todo parece normal. Podrá gustar más o menos, podrá el personaje interesar o no, pero no hay nada raro.

El problema del libro no está en el "qué", sino en el "cómo".

Porque el texto es más que previsible y tiene un tono hagiográfico que repele. Mensajes tipo "A Andrés le ha costado mucho llegar a donde ha llegado, Andrés es el compañero perfecto, el chico perfecto, el amigo que todos quieren tener, el yerno ideal, etc" están por todas partes. ¡Solo falta que desde el libro se pida la beatificación de Iniesta! O mejor, ¡su canonización! No sé, a mí me hubiera gustado un testimonio (con nombre falso y voz distorsionada, claro) que dijera algo así como: "Yo jugué con Iniesta en el infantil B. Era un cabrón. Nunca me pasaba el balón porque yo era más alto, más guapo y sacaba mejores notas que el".

Porque el texto es repetitivo hasta el hartazgo. Páginas y más páginas en las que, con pequeñísimas variaciones, se repiten los mismos halagos a sus cualidades como futbolista (he terminado de su cambio de ritmo hasta el gorro) y como persona. El libro tiene 300 páginas, pero no pasaría nada si se quedaran en 200 o menos. 

Porque está trufado de tópicos, de "buenismo", de "cuñadismo" y de sentimentalismo de garrafón. Frases del tipo "con trabajo se consigue todo"o "si te esfuerzas, lograrás lo que te propongas" a cascoporro. Sin pudor.

No sigo. Ya es suficiente. Solo os dejo unas frases que aparecen en el libro para que os hagáis una idea:
"Yo sigo siendo yo. Y que Andrés sea como es nos ayuda a los dos porque nuestro mundo es nuestro. Solo nuestro". Me recuerda sospechosamente a Mariano Rajoy diciendo aquello de "es el vecino el que elige al alcalde..."
"Aparece un sobre en la cocina, en el baño o en la cama. "Para mami", así es como me llama (yo, a el, "papi")..." . ¡Tomad sobredosis de almíbar! 
"Era Mimosín. Le cogías cariño desde el primer momento". ¿Mimosín? ¿Mimosín? Da vergüenza ajena, ¿no?
Después de estas perlas, habréis podido ver que no estamos ante el libro perdido de Proust ni ante el Knausgard manchego ni nada por el estilo. Más bien estamos ante un libro que, apropiándome de un término usado por Juan Soto Ivars en una reseña sobre lo último de Ildefonso Falcones, está destinado a "domingueros de la literatura". Y si son adictos al edulcorante y a la moralina, mejor.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Colaboración: Open de André Agassi

Idioma original: inglés
Título original: Open
Año de publicación: 2009
Valoración: se deja leer

Vibrante como pocos. Inconmesurable. Hipnotizante. Maravillosamente escrito. Con estas aseveraciones de, entre otros, Rosa Montero, Juan José Millás o Alberto Espinosa deberíamos encontrarnos ante el libro del año como mínimo, cuando no del lustro o del siglo. Pues, lo siento, pero no. Open no es el libro del año. Un libro entretenido y a ratos incluso conmovedor, pero no mucho más. Porque conmovedor resulta que un ser humano que ha alcanzado el cielo con la práctica de un deporte tan exigente como el tenis confiese que lo odia con todas sus fuerzas, y que lo ha odiado desde el momento en que su padre, autoritario y egoísta, le obliga a practicarlo contra su voluntad. Despúes de ocho grand slams, mas de mil partidos jugados y veinte años como profesional, maltrecho física y emocionalmente, Agassi nos confiesa que sería feliz en cualquier sitio excepto en una pista de tenis. Y lo más patético es que para dejar el mundo del tenis atrás se casa con una tenista, Steffi Graf. Menos mal que por lo que parece no han querido que sus hijos se dedicarán también a la raqueta.

Dicho esto, Open no es una obra maestra de la literatura en inglés. El estilo es ágil y desprovisto de artificios, pero narrativamente no ofrece mucho más. No es un libro maravillosamente escrito como figura en la solapa. Como mucho es una lectura amena, pero lo es justo en la medida en que Agassi nos presenta su historia más íntima. Conocemos a su familia y le vemos crecer pegado a una raqueta de tenis. Contemplamos sus conflictos internos, el delicado equilibrio emocional de un adolescente navegando en un mundo de adultos para el que no está preparado. Más tarde asistimos a la lenta deriva de su primer matrimonio con la actriz Brooke Shields y la torpe aproximación posterior a Steffi Graf, pero la idea que sobrevuela el libro es la búsqueda desesperada de identidad de un deportista desorientado que busca refugio en una segunda familia: entrenadores, preparadores físicos, consejeros, que sustituya a la que nunca tuvo.

Agassi es, o al menos parece, sincero. Nos habla de sus triunfos y de sus fracasos y no intenta disculparlos. A veces puede resultar un poco frívolo, pero casi siempre se nos muestra como una persona insegura y vulnerable. Y es esa faceta humana del tenista la que sostiene buena parte del libro. El resto, que no es poco, son épicas descripciones de enfrentamientos con tenistas coetáneos como Sampras, Becker, Chang o Courier, por nombrar los más conocidos, que pueden interesar al aficionado al tenis, pero que son demasiado prolijas para el lector convencional. Confieso que he saltado páginas y páginas esperando que acabara de detallar como remontó o finalmente perdió tal o cual partido, dónde come sus hamburguesas preferidas o cómo se entrena subiendo y bajando cuestas alrededor de la casa de su amigo y preparador Gil en el desierto de Las Vegas. Porque Agassi creció y vive en Las Vegas, está casado con Steffi Graf y tiene dos hijos. Por si a alguien le interesa saberlo.

Firmado: José Miguel Martínez Camino

También de J.R. Moehringer en ULAD: El bar de las grandes esperanzas, El campeón ha vuelto

miércoles, 3 de abril de 2013

Juan Villoro: Dios es redondo

Idioma original: español
Año de publicación: 2006
Valoración: recomendable

¿Es Juan Villoro mejor ensayista que novelista?
Siempre nos vamos a encontrar con disyuntivas. Que si ficción o ensayo, que si tragedia o comedia, que si estilo libre o academicismo, que si clasicismo o salvaje contemporaneidad. Que si formato largo o corto. Que si barroquismo o seca concisión. Parece que todo consista en dos opciones que se presentan, en una geometría fractal que encuentra una nueva opción a cada paso, y que así se genere la caótica diversidad que es el Universo. 
Me quedé con un sabor agridulce cuando zanjé con un tibio está bien la última novela de Juan Villoro, Arrecife. Me decepcionó su confusa y extenuante no-estructura, poco amiga del lector, y me resultaron demasiado vistos muchos de sus escenarios y personajes. Novela de excesos. Había que probar con otra cosa, y esta apuesta segura me ha salido bien. Poco mérito el mío: ensayos sobre fútbol de un escritor afincado en Barcelona y barcelonista confeso. Anterior, eso sí, a la explosión de Guardiola y Messi. Qué hubiera escrito Villoro hoy, 13 de Marzo, cuando redacto esta reseña.
Y en este territorio, aunque quizás deberíamos empezar con los guiños y llamarle cancha, es donde Villoro parece hallarse en su hábitat propicio. Aquí no hay trama a desarrollar, que le atenace con sus necesidades caníbales (la sorpresa, el giro, los caracteres de los personajes), sino hechos a relatar y valorar que, como aficionado que es Villoro, se benefician de ese bonus intrínseco que es la suerte de escribir sobre lo que a uno le apasiona. No digo que a Villoro no le guste escribir ficción: digo algo diferente; es que la necesidad de la ficción le coarta, y el fútbol como tema literario (caso no tan aislado como parecería) le suelta, le desinhibe, y le otorga una libertad que no he visto que disfruten sus tramas en ficción.
En este sentido, este libro publicado en 2006 es casi enciclopédico; tanto que, al final, hay una relación alfabética de personajes nombrados, acaparada lógicamente por personajes del deporte, pero que incluye maestros de la literatura. De hecho, tras un prólogo llamado "calentamiento", Villoro nombra a Kapuscinski en la primera frase del libro. Otra apuesta segura.
Claro que pueden ponerse pegas: Villoro muestra rápidamente sus colores y eso sabemos que a veces supone un posicionamiento: la neutralidad rara vez existe en fútbol. Quizás esos siete años desde la publicación del libro pesan en términos de actualidad de sus premisas. O quizás los seguidores ya conozcamos algunas de esas historias. Queda claro que casi 300 páginas sobre fútbol pueden asustar a los profanos.
¿Sobre la pregunta inicial? No puedo pronunciarme, aún puede que lo mejor de este escritor mexicano esté por venir. Los ensayos de Dios es redondo, como aficionado a ambas cosas (libros y fútbol... y música y cine y series...) que soy, me parecen certeros, interesantes, chispeantes. Mucho mejores en su explicación de las pasiones que el intento de Hornby en Fever pitch y mucho más honestos que los samplers literarios que a veces se pergeñan para vender libros, y donar ganancias, en Navidad o, en Catalunya, en Sant Jordi. Opiniones de un aficionado que profundiza sin pretensiones dogmáticas ni sesgadas, valiosas palabras que pueden adaptarse a otros contextos y, en el fondo, un válido estudio, en su conjunto, del motivo por el que muchos reservamos sitio en el sofá y cerveza fresquita para cierta noche determinada de la semana.

También de Juan Villoro en Unlibroaldía: Arrecife, ¿Hay vida en la Tierra?, El testigo