jueves, 19 de noviembre de 2015

Juan Villoro: El testigo

Idioma original: español
Año de publicación: 2004
Valoración: Muy recomendable

Hay novelas breves que se proponen contar una historia sencilla, y pueden ser muy buenas o muy malas; y hay novelas ambiciosas, que se proponen construir un panorama de un país o una época, y también pueden ser muy buenas, o muy malas, pero siempre habrá que reconocerles por lo menos el valor de intentarlo. El testigo pertenece a esta segunda categoría: la de las novelas que necesitan años de escritura, y que a través de la historia de un conjunto de personajes se propone mostrarnos todo un país, en este caso México.

El protagonista de El testigo es Julio Valdivieso, un profesor universitario mexicano emigrado a Francia y casado con una italiana, que decide regresar a México para ocuparse del centro de estudios sobre Ramón López Velarde, uno de los "poetas nacionales mexicanos" (y que existió realmente, por cierto). Lo que pasa es que nada más llegar a México la historia se complica, y Julio se ve envuelto en la filmación de una telenovela sobre la revolución cristera, en un intento de canonizar a López Velarde y en una trama de intrigas entre la policía y los narcos; y por si eso fuera poco, también tiene que lidiar con los recuerdos del pasado que vuelven a perseguirlo: Nieves, la mujer de la que se enamoró perdidamente; Olga, la chilena a la que admiraba en la distancia (aunque todo el mundo pensase que se la tiraba); sus antiguos compañeros de "taller literario", como el Vikingo, Félix Rovirosa.

Es difícil decir que Julio Valdivieso sea un héroe. Ni en su vida sentimental, ni en la académica, ni en la política se destaca por una actitud firme y honesta; es más bien el testigo que indica el título, alguien que está ahí en segundo plano, en una discreta mediocridad, para observar y servir de testimonio. Y de hecho sus andanzas por la sociedad mexicana, del campo a la ciudad, de las altas cumbres a los bajos fondos nos sirven para ver la corrupción y la violencia que imperan en el país a todos los niveles. De hecho, este afán panorámico y transversal provoca en la novela algunas transiciones bruscas, pasando por ejemplo de Julio apaleado por la policía y abandonado a su suerte en un arrabal, a Julio alternando con el embajador italiano en México y con un escritor de éxito, en una escena claramente caricaturesca.

Como decía al principio, El testigo es una novela de una gran ambición, por lo complejo de sus múltiples tramas, por la variedad de personajes y ambientes, por la ambigüedad que afecta a casi todos los personajes, cuyas intenciones y fidelidades nunca están completamente claras. El estilo de Villoro, a veces algo preciosista, alterna aciertos brillantes con algún exceso de barroquismo; no todas las páginas ni todos los capítulos son igualmente brillantes. Pero en conjunto se puede decir que Villoro sale bien parado de la empresa que se había propuesto, y compone un cuadro en el que no falta el humor, la crítica social, el amor, la literatura... No solo es una novela ambiciosa, sino que es una buena novela ambiciosa. Doble mérito.

4 comentarios:

Gerardo Z dijo...

Ramón López Velarde es considerado en México como el poeta nacional y su poema "Suave Patria" es una bella alabanza al país.
No me imagino que en una novela española se hablase de Antonio Machado y en una crítica sobe la obra entre paréntesis se hiciese constar que realmente existió este poeta.
Saludos.

Santi dijo...

Hola, Gerardo! Pues sí, probablemente tienes razón, pero confieso que yo mismo no conocía a López Velarde, y tuve que comprobar si era una figura real o ficticia. Es incultura mía, por supuesto, pero si la duda me asaltó a mí, pensé que también otros lectores del blog pudieran tenerla... De ahí la aclaración.

Francesc Bon dijo...

Me pasa con Villoro que lo veo más brillante en ensayo que en ficción, donde lo veo algo forzado, como atenazado por sus expectativas.

Santi dijo...

Pues no sé qué decirte, EL testigo es una novela muy compleja y bien construida, con muchos hilos y personajes secundarios que Villoro consigue mantener en acción al mismo tiempo. A lo mejor le falta una trama más clara (a veces cuesta identificar cuál es, de hecho, la línea principal de la novela, lo que probablemente está hecho a proósito), y un desenlace que deje mejor sabor de boca.

Donde sí creo que Villoro es preso de sus expectativas es en el estilo: a veces parece que intenta escribir citas para un calendario más que frases para una novela. Y que conste que muchas veces acierta, y realmente escribe frases originales, ingeniosas, hermosas; pero muchas otras se le ve demasiado el esfuerzo por escribir bonito, en mi opinión (y lo mismo le pasaba en las crónicas de ¿Hay vida en la tierra?, por cierto).