lunes, 24 de junio de 2019

Vernon Lee: Vanitas

Idioma original: Inglés
Título original: Vanitas: Polite Stories
Traductor: José Luis Piquero  
Año de publicación: 1882
Valoración: Recomendable 

Vernon Lee es el pseudónimo con el que eligió publicar la escritora y crítica de arte Violet Paget (1856-1935). De la obra narrativa de Paget destacan sus novelas y cuentos de corte sobrenatural. También empleó, pero, otros registros con igual maestría. Los tres relatos que componen Vanitas, más próximos al naturalismo de Gustave Flaubert que a las quimeras de la literatura fantástica, son una muestra de ello.

En efecto, las historias de este volumen tienen mucho de Flaubert: un estilo preciosista, una prosa rebosante, heroínas que se sienten asfixiadas por culpa de su entorno y la clase social a la que pertenecen... Estos relatos también despiertan reminiscencias a Henry James (mencionado en dos de ellos), en lo que a densidad psicológica de los personajes se refiere.

En "Lady Tal", un novelista ayuda a una mujer que lo fascina a pulir su manuscrito. Durante las semanas que pasarán el uno junto a la otra, su compleja relación se va desarrollando hasta culminar en un desenlace inesperado. Por otro lado, "Una mujer de mundo" gira en torno a un alfarero socialista que conoce a una joven aristócrata que, según parece, rechaza la fastuosa existencia de sus familiares y allegados. ¿Por qué, pues, acaba casándose con un hombre rico y vulgar?

Como quizás pueda apreciarse, estas historias guardan bastantes similitudes. En primer lugar, parten de una premisa similar: un hombre observa a una mujer relativamente excéntrica. Esta fórmula cambia ligeramente en el cuento que cierra la antología. Uso el término cuento, por cierto, de manera deliberada, pues "La leyenda de madame Krasinska" tiene un toque a fábula del que las anteriores narraciones carecían. Además, esta propuesta presenta una miríada de tonos y aproximaciones formales de lo más sugestivas, alejada de la factura más convencional de sus predecesoras. 

No voy a negar que a la prosa de Paget la salpica algún que otro detalle superfluo. De todos modos, éstos quedan, por lo general, satisfactoriamente integrados en el texto, pues persiguen el efecto estético o la pincelada satírica. La afectación de algunos diálogos o personajes, asimismo, debe ser aceptada. Paget se sirve de ella para retratar el frívolo microcosmos en el que transcurren estos relatos. Encima, compensa sobradamente lo relamido de esos pasajes con reflexiones de calado intelectual.

Tres relatos, en definitiva, extraordinariamente escritos. Lejos están de reivindicar a las clases pudientes, pero sí que les reconocen una complejidad que a menudo se les despoja. Especialmente inciden en la perspectiva femenina del asunto, dado que Paget fue, ante todo, una mujer rebelde y contestataria.  

domingo, 23 de junio de 2019

Elena Poniatowska: Tinísima


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 1992
Valoración: Muy recomendable

Iniciado como un encargo para un guión cinematográfico, la mexicana Elena Poniatskowa (París, 1932) mantuvo durante diez años el borrador de Tinísima entrando y saliendo del cajón. Quiere esto decir que durante una década convivió con Tina Modotti; se documentó y leyó todo lo que caía en sus manos, entrevistó a fuentes primarias que la conocieron, la trataron, la amaron (por ejemplo, el que acabó como senador italiano, Vittorio Vidali) y fabuló con sus sentimientos, sus motivaciones, sus afanes, talentos y reveses. De Tina Modotti (Udine, Italia, 1896, fallecida en México DF a los 46 años) nos queda la memoria de una vida convulsa y agitada, cosida con delicadeza y fanatismo, con generosidad y militancia, que arrancó prometedora para finalmente apagarse derrotada entre la renuncia, el silencio y el olvido.

Tinísima es un novelón, casi setecientas páginas, torrencial y meticuloso, visceral y emocionante. También algo irregular; lógicamente la tensión dramática, el frenesí narrativo, tiene altibajos. Por ejemplo, la primera parte digamos mexicana me ha parecido bastante más interesante y bella que su segunda mitad, europea y española, más oscura y tenebrosa. La novela arranca con una Tina soñadora y atrevida que abandona su incipiente carrera como modelo y actriz de Hollywood para dejarse llevar desde la incipiente y vacua bohemia de California al exótico y excitante México post revolucionario como ayudante del fotógrafo Eduard Weston. Allí empezará a experimentar y desarrollar su propio proyecto vital y artístico; la sensibilidad de su mirada, el empeño en amar a quien decida, la capacidad de vivir con sus propias normas y valores; de posar desnuda, de cambiar de pareja, de relacionarse con la gente más humilde de tú a tú, de ser autosuficiente y de llegar libremente más allá de los límites, las convenciones o las imposiciones.

Aquí hay páginas excelentes, bellas y trepidantes, en las que la escritura de Elena Poniatowska es sensorial, carnal y poderosa, convirtiendo la lectura en un ejercicio a flor de piel, como cuando describe el amor entre Tina y el cubano –comunista y exiliado- Julio Antonio Mella: “Grita ¡Julio!, el vaivén de las olas en su cuerpo, el rostro en lágrimas, su cuerpo en cada ola; Julio desaparece en la mole oscura que curva su dorso y se desploma; la resaca lo hará visible, ella lo rescatará por los cabellos cubiertos de arena  y espuma; aplicará su boca a los sus labios rotos, respirará en su pecho copos de sal hasta ver las sábanas otra vez levantadas a su lado, Julio recuperado”, Fue este el punto de inflexión en la vida de Tina Modotti, el asesinato de Julio Antonio Mella andando de su brazo por las calles de DF. La prensa se le echó encima, los círculos comunistas en los que se movía respondieron con tibieza (Mella exhibía criterio propio, actitud herética para la ortodoxia del Partido) y sólo la generosa y apasionada defensa de Diego Rivera le devolvió la libertad, aunque al precio de ser expulsada del país. De esos años, sus fotografías y las que a ella le hicieron nos revelan tanto lo que observó como la manera en que decidió ver lo que le rodeaba y las páginas de Tinísima están impregnadas decididamente de esa luz, de esa atmósfera, de ese pálpito.

En el Berlín previo a los nazis, Tina Modotti, desiste de la máquina de fotografiar para implicarse por completo en la maquinaria comunista; de allí pasa a Moscú, donde se integra en el Socorro Rojo Internacional y ejerce como agente en misiones por Europa. El arrojo que le permitió trascender límites se reconvierte en profesionalidad revolucionaria; las órdenes se ejecutan, las consignas y los líderes, ahí está Stalin, jamás se cuestionan. Aún así, la paranoia y el cretinismo soviético la empujan a poner tierra por medio y establecerse en España, donde adopta el nombre de María, primero para intentar paliar la represión por el estallido de octubre del 34, al poco el de la Guerra Civil. Tina Modotti la pasará cuidando, curando, alimentando a heridos y refugiados, ayudando a crear el Hospital Obrero de Madrid, intentando paliar el sufrimiento de la población en al huída de Málaga a Almería, alentando a las Brigadas Internacionales… La derrota de la República española la llevará a Francia, Estados Unidos, de nuevo México.

Elena Poniatowska describe la transformación de Tina, el tránsito de aquella mujer magnética y deseable, sabedora que portaba el maravilloso y extraordinario don del arte hacia el de una persona esquiva e intransigente, acre, opaca, depresiva, que despreció a Diego Rivera por la simpatía del pintor hacia Trotsky. Aquí también la escritura de Elena Poniatowska se enreda por momentos, a mi parecer, en largas enumeraciones de apellidos, párrafos íntegros de testimonios y algunos errores de bulto, como asegurar que las Brigadas Internacionales tuvieron que abandonar España por órdenes de las Naciones Unidas…

Otros deslices quizás, sean la mera reproducción de una creencia sin confirmar, como cuando el personaje de Tina Modotti asegura que Matilde Landa falleció en Granada. La que también fuera incansable militante comunista y con la que Tina Modotti trabajó coco con codo durante la guerra española, en realidad se mató al tirarse al vacio en la prisión de mujeres de can Sales, en Palma, incapaz de seguir soportando la presión por el chantaje al que catequistas, monjas y carceleros le sometieron con el fin de que aceptase ser públicamente bautizada. Una historiadora lo definió como el espectáculo de la humillación. Hoy esa prisión es una biblioteca pública; de una balda en su sótano he tomado prestado el ejemplar de Tínisima con el que Elena Poniatowska quiso que no se perdiera, que no perdiéramos, la memoria de Tina Modotti.

 
 



















 Otras reseñas de Elena Poniatowska en Un libro al día: Leonora, Querido Diego, te abraza Quiela







sábado, 22 de junio de 2019

Reseña + entrevista: Lago negro de tus ojos, de Guillem López


Idioma: español
Año de publicación: 2019
Valoración: de lo más recomendable

Hermoso título el de la última novela -corta, no llega a las 130 páginas- de Guillem López, uno de los más destacados autores que hay por estos lares del género de la ciencia-ficci... un momento, creo que no no voy bien así. Reseteo...

Hermoso título el de la última novela de Guillem López, uno de los más destacados autores por estos lares de los géneros fantástico y de terro... No, no, tampoco lo acabo de ver... perdón. Con permiso, vuelvo a empezar,,,,

Hermoso título el de la última novela de Guillem López, un escritor contemporáneo que no duda en emplear los recursos metafóricos y metaliterarios necesarios para... Uf... mirad, lo siento, pero esto no funciona. Mejor comienzo de nuevo, de cero.

Lago negro de tus ojos, novela de hermoso título -eso es innegable- es todo lo que he comentado (o tratado de) anteriormente: una novela de género fantástico que utiliza el trampolín del ci-fi para lanzarse de cabeza hacia el terror -de "horror cósmico", la ha definido en alguna ocasión su autor, seguramente con algo de sorna, pese a que sí, lo es...- y que utiliza los recursos metaficcionales convenientes con excelente soltura, dado que no entorpecen la narración ni sirven como un reclamo exhibicionista que acabe eclipsando la historia en sí, sino todo lo contrario.

Historia compleja, por cierto, pero contada tendiendo a cierto "minimalismo", con los medios justos: un puñado de personajes localizados en un pequeño pueblo y a los largo de unos pocos días. el pueblo es valenciano -podría ser cualquiera cercano a la Albufera- y es al que vuelve Carla Babiloni, una periodista que se ha criado allí y debe escribir un reportaje sobre su situación tras el llamado Incidente: la aparición en el lugar de una laguna oval de aguas negras -no es la única que ha surgido en el mundo, pero sí la más grande- que parece ser un portal de algún tipo a otros universos u otras dimensiones y que atrae tanto a rebaños incesantes de turistas como a miríadas de insectos que infectan la localidad, magnetizados por la cercanía de la laguna. Insectos, fuerzas militares internacionales, sectas milenaristas... todos estos elementos se van trenzando en la novela junto con el pasado de carla, con las razones por las que no había vuelto a su pueblo hasta entonces, para construir una trama cada vez más inquietante en medio de un ambiente ya de por sí opresivo, casi pútrido...

El narrador del relato es Bernat, un antiguo novio de Carla que ha permanecido en el pueblo y trabaja en la fructífera actividad de exterminar plagas. Además, Bernat se dedica a dibujar todo lo que sucede, ya lo vea por sí mismo o lo intuya, en viñetas... Aunque quizás lo que ocurre sea que sucede sólo lo que Bernat dibuja. O no ha sucedido nada de lo que cuenta y todo está, tan sólo, en sus dibujos, quién sabe...

No quiero comentar más del argumento porque precisamente una cualidad de esta novela, sin duda gracias a su escueta extensión -aunque sólo en parte, porque también podría padecer una prosa anestesiante y no es el caso- es su carácter inmediato, casi esencial, que no deja espacio para la divagación... ni para la distracción del lector. De hecho, en verdad tampoco hubiera sufrido mucho menoscabo esta inmediatez si la novela se alargase un poco más; no porque a la trama le falten elementos -bien al contrario-, sino para dotarle de algo de "esponjamiento" a la narración. Pero no era esa la intención del autor, que ha optado -con un buen resultado, ya digo- por ese "esencialismo", donde además no todo se explica y tampoco hace falta... Quizás podríamos preguntarle al propio Guillem López a qué se debe esta elección...

-A diferencia de tu anterior novela, El último sueño, que se desarrollaba en un mundo fantástico completamente desarrollado (lo que los escritores llamáis worldbuilding), Lago negro de tus ojos transcurre en un entorno mucho más cercano, un pequeño pueblo valenciano, y con apenas un puñado de personajes. También es una novela bastante más corta. ¿Este cambio a un cierto "minimalismo" es consciente y buscado o el resultado de una escritura más rápida, menos controlada?

-Bueno, worldbuilding siempre ha habido. Antes se llamaba crear escenarios. La primera diferencia entre localizar un relato en un mundo fantástico y el nuestro es que el nuestro ya es plausible de partida, mientras que en un mundo fantástico hay que trabajar absolutamente todos los aspectos.En mi caso, el escenario, pese a que no es real, es realista. los poblados al sur de valencia.La aparición de lagunas que son portales a otra parte del Sistema Solar es el elemento fantástico que irrumpe en el escenario.
Respecto a la longitud del libro, quería escribir una novela corta, probar si podía manejarme en esas distancias. y ha sido más complicado de lo que parece, porque una novela corta requiere unos tiempos muy diferentes a lo que estaba acostumbrado. El minimalismo en el estilo es sólo una fase más en mi eterno aprendizaje. lo que estoy escribiendo ahora mismo también explora otras posibilidades. Escribir es un juego, un descubrirse, y en eso estoy.

-Se puede decir que Lago negro... tiene un aire a lo Stephen King, al menos en el planteamiento inicial, pero también hay elementos narrativos que recuerdan a Lo que más me gusta son los monstruos y referencias a Poe y Lovecraft. Tu anterior novela se podría encuadrar en el New Weird, con el aporte vintage de los Gangs de N.Y. de Herbert Ashbury, mientras que Arañas de Marte, en cambio, denota una impronta "philipkadickiana" (si existe ese adjetivo). ¿Toda esa variedad de referencias es también el resultado de una exploración consciente y planificada, o más bien a dejar aflorar toda una serie de lecturas y de autores de forma espontánea?

-Ah, sí. Hay mucho King y Lovecraft, pero también los hermanos Cohen y David Lynch. Hace algún tiempo que le doy vueltas a eso: los campos de arroz de Valencia , la costa y la huerta, son mi Maine , mi pequeño Providence lleno de luces y sombras. utilizar mi escenario cercano era una necesidad. respecto a las referencias, como dije, me gusta cambiar. Entre un libro y otro pasa aproximadamente uno o dos años. yo he cambiado, el mundo a cambiado. ¿Por que´no deberían cambiar mis libros? Creo que es un poco lo que esperan mis lectores, cosas diferentes, algo nuevo. nos pasa a todos, a mí también. Somos adictos a las emociones fuertes y al placer inmediato. Queremos estímulos, queremos sorprendernos. Lo nuevo envejece muy rápido. encadenamos hype tras hype, como un Trazán yonki que atraviesa la jungla de bits y tuits. Yo sólo soy el que toca el tam-tam en este rollo tan esquizofrénico que nos hemos montado.

-Tanto esta novela como El último sueño tienen un trasfondo político importante; en este caso, sobre la opacidad de la información y las medidas al margen de la ciudadanía que toman los gobiernos y los organismos supranacionales. ¿Consideras, como es habitual oír últimamente, que toda literatura debe ser política y que incluso la ausencia de la misma en la literatura denota un posicionamiento político, de alguna manera?

-Toda expresión artística es política porque lo personal es político. el que diga que en sus libros no hay política es idiota o, simplemente, malvado.La obra proviene del autor, con sus prejuicios, sesgos, concepción del mundo y moral. No es tan difícil de comprender. Hay gente que me ataca porque incluyo política en mis libros o porque tengo una postura política en redes.Son los mismos que luego se meten entre pecho y espalda un grimdark que, básicamente, perpetua un sistema social basado en la violencia. O solo conciben el futuro como una distopía, que es la expresión más fatalista del liberalismo y cuyo mensaje básicamente se reduce a que la sociedad está condenada, el nosotros ha fracasado y sólo queda el yo. No sé si es que nos hemos vuelto todos gilipollas, pero me parece alucinante que nadie, ya no denuncie, sino por lo menos sea consciente de que el mensaje predominante que transmite la mayor parte de ficción contemporánea es, básicamente, propaganda.

-Hoy en día existe una compartimentación muy acentuada en literatura, no solamente entre los diferentes géneros (y dentro de cada género), sino incluso con respecto a niveles de lectura (o de lectores), edades, ideologías, etc... Pocos géneros han conseguido convertirse en transversales en toda esta compartimentación del público y el mercado, quizás tan sólo el género negro, policiaco, noir... ¿Podría ocurrir lo mismo con el género fantástico o la ciencia-ficción? ¿Sería deseable que ocurriese?

-Me parece mucho más interesante conseguir lectores transversales que un género transversal. Quiero decir, lectores que puedan moverse entre géneros. yo soy un lector transversal porque me muevo entre géneros, pero sé que pertenezco a una minoría y que la tendencia es contraria: mayor segmentación del mercado, especialización editorial, un producto para cada tipo de lector. las normas del juego nos lo ponen cada vez más fácil, parece que somos libres para elegir y que eso nos hará más felices, pero en realidad estamos encerrados en una cárcel de algoritmos, con un horizonte demasiado cercano. Es una mala copia de la sociedad contemporánea: unos pocos libros que venden millones y millones de libros que venden un centenar de ejemplares.

-En este libro hay un componente metaficcional, por medio de las viñetas que dibuja Bernat, que incluso puede hacernos plantearnos la interpretación final de la novela. Algo parecido ocurría en Arañas de Marte, con la novela pulp que leía la protagonista... ¿Este interés por la metaficción te convierte, en cierto modo, en un escritor postmoderno? Y lo que es más importante: ¿vas a demandar al blog por haber insinuado que lo seas?

-No me ofendo, en serio, no imports. Es el tiempo que nos ha tocado sufrir. Lo seremos durante mucho tiempo, todo lo que dure esta lenta muerte del postmodernismo. Es como decir que todos somos cristianos. Lo somos. Llevará generaciones deshacernos de la cosmovisión cristiana. Está bien que alguien se proclame ateo. Otra cosa es que pretenda hacernos creer que el mundo que ha puesto frente a él el cristianismo durante quince siglos y su posición en él ha cambiado de la noche a la mañana. El capitalismo tsmbién nos perseguirá durante mucho tiempo. Está condenado. Tarde o temprano desaparecerá, pero nosotros ya estaremos muertos.
Respecto a la metaficción, es una constante en mis libros. Todos juegan de alguna forma con el concepto de realidad y ficción, verdad y mentira. Es algo que me interesa, una especie de retruécano, porque expongo esa débil frontera entre realidad y ficción desde una mentira. Básicamente, toda la literatura es ficción. En Challenger, esa trampa se exponía desde el principio, con una nota en que se advertía que algunos personajes y sittuaciones habían eistido realmente. Y eso es un punto de partida que define nuestra sociedad actual. Es una mentira, pero puedes creer en ella si quieres. Más omenos como las paparruchas y bulos de la extrema derecha, sabes que son mentira, pero es tu mentira, tuya y de nadie más. Y si mucha gente cree en una mentira, ¿quién va a llevarles la contraria? ¿La realidad? ¿La ciencia? Todo eso hace tiempo que dejó de tener interés. Ya no importan los hechos, sólo importa el dinero y todo lo que puedas comprar con él. Es la decadencia final de un pensamiento y una cosmovisión que agoniza.

-Tanto Lago negro... como Arañas de Marte se desarrollan en entornos qye te son cercanos, pueblos de los alrededores de Valencia, la costa alicantina, etc... Aparte de lo interesante y hasta loable de esta decisión, ¿está entonces en tu ánimo convertir a la Comunidad Valenciana en un nuevo Maine (literariamente hablando, se entiende)? ¿Qué escenarios te parecerían adecuados para, por ejemplo, una distopía apocalíptica: la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el aeropuerto de Castellón, la plaza del Ayuntamiento de Valencia un día de mascletà...?

-Ah, sí. Como dije antes, voy a darle más importancia a los escenarios cercanos en mi obra. Quiero hacer algo Cyberpunk en València y también en el universo lovecraftiano de Lago negro de tus ojos. Así que mis próximos trabajos irán en esa línea. Ni de coña voy a hacer una distopía apocalíptica, por principios y porque no se acerca ni de lejos a la prospectiva que tengo en mente. Me interesan más las posibilidades y los cambios a nivel estructural que se producirán en la sociedad las próximas décadas, en parte debidos a los avances tecnológicos, pero también al agitamiento del sistema financiero global.

Pues estaremos atentos a las próximas propuestas de Guillem López (al menos quien firma esta reseña). Sin olvidar agradecerle antes, por supuesto, la amabilidad y paciencia que ha tenido a la hora de responder a estas preguntas: mil gracias y hasta pronto.

Otros títulos de este autor reseñados en Un Libro Al Día: El último sueño

viernes, 21 de junio de 2019

Cormac McCarthy: Todos los hermosos caballos

Idioma original: inglés
Título original: All the Pretty Horses
Año de publicación: 1992
Traducción: Pilar Giralt
Valoración: recomendable

Sacrilegio: Cormac McCarthy figura, reiteradamente y con creciente relevancia a medida que a algunos de sus competidores les da por morirse, en las quinielas de los premios Nobel de Literatura, año tras año.Y a mí sus novelas, esta es la cuarta que leo y la primera que reseño aquí, no me parecen tan brillantes como por ejemplo, las de Philip Roth, sin llegar a sentirme decepcionado o plantearme abandonos. Hace tiempo que, en esos propósitos de enmienda a los que la tozudez le lleva a uno, me hice con su Trilogía de la frontera en una bonita y práctica caja. Cerca de mil páginas que se abren con Todos los hermosos caballos, novela de espantoso título que fue llevada al cine en uno de los primeros papeles de Penélope Cruz dentro de su carrera estadounidense. Quiero decir: igual en inglés tiene una sonoridad diferente, pero en español la traducción literal del título resulta una expresión que suena bastante cursi. Y desde luego, cursi no es un apelativo que encaje a la hora de describir la obra de McCarthy. Más que nada por la crudeza habitual de sus floridas descripciones, tan aplicable a los áridos paisajes que transitan los protagonistas de sus novelas como al despiece detallado y minucioso de cualquier sangriento acto criminal. Los personajes de McCarthy, los que he conocido en estas novelas por lo menos, siempre suelen estar polarizados por la presencia de una bondad o una maldad absoluta manifestada (sea un juez, un asesino, un padre obsesionado con llevar adelante a su hijo), y personajes de contrapeso que aportan matices a esa polaridad, ergo, aquellos a los que las circunstancias les hacen desviarse de su cauce natural.
Todos los hermosos caballos cuenta con John Grady, joven que no llega a la veintena, edad, fechas que cuadran con la propia trayectoria vital del autor (del que poco se sabe, pero se sabe más que de Pynchon), joven que, en la frontera México-USA de 1949, fecha que cuadra en lo concerniente a la presencia de ciertas referencias técnicas, pero que podría ser 60 años antes y no notaríamos gran diferencia, decide montar su caballo y, acompañado de su amigo Lacey Rawlins, aventurarse, muy adecuada la palabra, y recorrer el camino que les lleve a México con la intención de buscarse la vida y acabar trabajando en un rancho para cuidar, claro, caballos. En ese recorrido se encontrarán con Jimmy Blevins, este ya un mocoso de apenas trece años, personaje que les provoca una mezcla de lástima y desconfianza, al que se unen en su recorrido y que alterará sustancialmente el devenir de sus planes. Sobre todas las circunstancias que envuelven a los tres jóvenes, a sus respectivas monturas, las familias de las que proceden y los hechos que marcan sus decisiones de cruzar la frontera en el sentido inverso en que suele hacerlo, McCarthy mantiene un inquietante y seductor silencio narrativo.
Una vez en México tras diversas andanzas relacionadas con lo incierto del camino, las precarias condiciones y, claro, esto es una novela, sus interacciones con quienes encuentran a su paso, Grady cometerá esa inexorable equivocación cuando uno se rige por los designios del corazón, cuando Alejandra, hermosa hija del terrateniente, cae prendida en un romance desigual e imposible y esa relación enturbia lo que iba a ser una plácida o incluso estimulante estancia como cuidadores y domadores de caballos. Ahí surge una tía de incierto pasado que, queriendo impedir que su sobrina cometa sus supuestos errores, obra de forma sibilina.
Cuestión que activa el modo "culebrón".
La novela es desigual. Los personajes están plasmados con trazo firme y con el fascinante misterio que los envuelve en cuanto a lo ético o lo fatal (en el sentido del destino) de sus actos. La violencia y la arbitrariedad del poderoso, la impunidad, flota de manera insana ante lo que podríamos pensar que son los actos instintivos y limpios de jóvenes en busca de su futuro (huyendo de no sabemos qué), pero no sé, empiezo a matizar mi opinión, si necesitamos tanto envoltorio para lo que puede ser una aventura de amigos en el que uno se enamora de la persona equivocada.
Breve paréntesis. Llegué a enviarle un Whatsapp (sí: en este blog somos así de MODERNOS) a Koldo describiendo este libro como "glorioso".
Pero en algún punto, acercándome al final, empecé a pensar si todo esto no está un poco sobrevalorado. Si esta novela no es una novela del Oeste (sin indios) aderezada de ricas descripciones, de detallados pasajes de especies vegetales de todo tipo (que aturdieron a la traductora hasta precipitarla dos veces hacia el síndrome Basterrechea*), de expresiones en español de México, que proliferan a medida que los jóvenes se integran en el rancho, de, claro, toda clase de pasajes sobre la crianza equina que justifican el título pero que aturden al lector profano pues, y añádase lo del título, uno acaba pensando a quién aprecia más Grady, o sea, no un cúmulo tal que invalide los aspectos positivos de la novela (el fulgor juvenil capaz de sobreponerse a la adversidad y la injusticia mientras sus efectos lo hacen madurar, por ejemplo), pero que sí matizan algo esa casi unánime genuflexión previa a cualquier obra de su autor. O sea, bien, pero con la duda de si esta historia no es una historia universal recubierta de hojarasca estilística.

Cuestión que quizás leer la siguiente pieza de la trilogía me ayude a responder.

* Célebre proceso de traducción que empuja a optar por la expresión perlarse la frente de sudor.


jueves, 20 de junio de 2019

Gabriel García Márquez: La mala hora


Idioma original: castellano
Año de publicación: 1962
Valoración: Recomendable

Si después de muchos años sin volver a un autor, en unas pocas líneas iniciales ya hemos identificado su estilo, ahí hay algo mágico, quizá lo que define a un genio. Es lo que ocurre con Gabo, de inmediato estamos sumergidos en su atmósfera, sin lugar a dudas nos enganchamos a su tono y su ritmo, y sabemos que nos deleitará con su frase breve pero llena de sensualidad, su adjetivación precisa y la peculiar frialdad con la que multiplica el efecto de lo insólito o lo descarnado.

La mala hora es una obra todavía temprana, aunque emparedada nada menos que entre El coronel no tiene quien le escriba y Cien años de soledad, casi nada. Parece bastante claro que es lo que podríamos llamar una obra menor, y quizá un puente entre el realismo sobre el que todavía transita y los peculiares ingredientes del realismo mágico que no tardarían en aparecer para constituirse en un sello definitorio, casi tópico, del autor.

La narración se desarrolla en un pueblo colombiano sin nombre y en una época que, aunque tampoco se define, se puede muy bien identificar con el periodo conocido como ‘la Violencia’, años de guerras civiles no declaradas, a mediados del siglo pasado, y más concretamente después de la dictadura de Rojas Pinilla, finalizada no mucho antes de publicarse el libro. En ese entorno tan del gusto de García Márquez nos enteramos, siempre de forma indirecta, de que acaba de terminar una época de represión y violencia que ha dejado profundas cicatrices, y el alcalde, claramente vinculado con la etapa anterior, intenta demostrar que se ha pasado página y que el futuro se escribirá en paz y en libertad. Las cosas no serán sin embargo tan fáciles, los rencores son todavía ardientes y pocos se creen la reconversión de los antiguos represores. En definitiva, el clima de enfrentamiento sigue latente, y la extraña aparición de unos pasquines aireando infidelidades y vergüenzas privadas de los vecinos enrarece aún más el ambiente y hace que broten las primeras chispas.

Estamos en una novela coral, un amplio y a veces algo confuso muestrario de personajes que constituye la radiografía del pueblo: algunos que no han abjurado de su militancia, otros a quienes ocupa sobre todo su vida familiar (y a veces diríamos parafamiliar), los que siguen impertérritos su rutina, y los que apenas pueden hacer otra cosa que sobrevivir, como los desplazados por unas inundaciones. Todos ellos pivotando en torno al alcalde (cargo que no sé si es exactamente equiparable al español), un militar reciclado que muestra dificultades para adaptarse a los nuevos tiempos que él mismo intenta vender, y con el hilo conductor del padre Ángel, el dibujo soberbio de un cura rematadamente pobre, con voluntad de apaciguar pero con las ideas claras. Unos personajes más interesantes que otros, pero todos llenos de matices, definidos con pocos trazos, exactamente los necesarios y solo ellos, a veces un rasgo físico, una actitud, una manera de moverse.

El retrato muestra las heridas de la represión y el recuerdo bien fresco de las operaciones nocturnas, el terror, los paseíllos y los disparos, pero también otros aspectos interesantes que aparecen a remolque de una dictadura. Por ejemplo, la corrupción, que antes o después se termina instalando en los distintos niveles del poder, al cobijo de la impunidad. O la convicción, que arraiga en algunos funcionarios, de que hay que sacar provecho de una situación que a buen seguro será transitoria y en algún momento se volverá en contra. Una relación dictadura-corrupción que, aunque en una perspectiva algo diferente, curiosamente también aflora en El siglo de las luces de Alejo Carpentier, publicada el mismo año.

Sí es cierto que el relato da la impresión de atascarse, de girar una y otra vez sin avanzar, y esta falta de desarrollo empobrece un poco el conjunto. Es como algo a medio hacer, o construido sin una idea previa, algo que pudo haber sido bien un cuento (pero en ese caso recortando elementos que le restan agilidad), o bien una obra de mayor extensión (de haberse acertado a dar continuidad al argumento), para terminar quedándose un poco en tierra de nadie. Un relato que además Gabo no quiso cerrar con un final preciso, aunque claramente lo sugiere o, mejor dicho, deja la puerta abierta a una nueva fase que el lector debe construir a partir de lo narrado. Eso sí, no sin antes habernos dejado un último párrafo absolutamente genial que no debo comentar y menos reproducir porque sería robarle al posible lector una de las joyas más brillantes de este libro desigual.

Porque joyas tiene muchas. Si la historia se nos queda algo coja, la lectura, frase a frase, es una delicia, nunca una palabra de más, a cada paso un elemento inesperado, la definición exacta y esos adjetivos audaces que a veces desembocan en la sinestesia o en algún sutil juego de significados. Hay otros grandes autores que manejan estos recursos con solvencia, pero en mi opinión García Márquez lo hace con una cualidad que le hace inigualable: la naturalidad. Si pudiéramos preguntarle, seguramente nos diría que detrás de su prosa hay mucho más currelo del que parece, pero para el lector la sensación es de que todo es fruto del talento y solo de él, que las palabras fluyen de la única forma posible, que no hay tachaduras, dudas ni rectificaciones. Es lo que me parece más admirable del libro, y esto lo podemos disfrutar aunque en otros aspectos resulte algo menos satisfactorio.

Otras obras de Gabriel García Márquez en ULAD: aquí

miércoles, 19 de junio de 2019

Joseph T. Sheridan Le Fanu: Carmilla

Idioma original: Inglés
Título Original: Carmilla
Traducción: José Luis Piquero
Año de publicación: 1872
Valoración: Imprescindible para interesados, recomendable para el resto

Antes de entrar en materia, tengo que mencionar tres factores que condicionan la valoración de este libro. El primero es que me encantan las películas de la Hammer (Peter Cushing, Christopher Lee y compañía), el Drácula clásico de Bela Lugosi, etc, así que muy mal se tiene que dar para que un libro de este tipo no me guste. El segundo es que estamos ante una obra de culto, hasta el punto de ser considerada por los expertos como la primera novela (¿cuento largo?) vampírica, lo que nos permite tener cierta manga ancha con los defectos de la novela. Y el tercero y último, estrechamente relacionado con el anterior, es que es una historia tantas veces vista y leída a estas alturas que no hay "factor sorpresa". Eso sí, no debemos olvidar que la novela ¡tiene casi 150 años!.

Así que creo que lo más justo es ese "imprescindible para interesados, recomendable para el resto". Porque la novela tiene su lado positivo y su lado no tan positivo. A su favor juega, sobre todo, la recreación de una atmósfera tenebrosa que contribuye de manera fundamental a la construcción de una entretenidísima historia de terror y misterio a partes iguales, relacionada, no improbablemente, con algunos de los más profundos arcanos de nuestra existencia dual y sus estados intermedios. De hecho, es tan grande la influencia de "Carmilla" en todo el cine y literatura vampírica posterior que cualquier lector con un mínimo bagaje en la materia reconocerá múltiples elementos: la joven huérfana e inocente criada por un aya, el castillo pintoresco y solitario situado en una colina boscosa, el ama de llaves, el misterioso carruaje negro, la joven (el joven en posteriores adaptaciones) de belleza arrebatadora pero más rara que un perro verde, las muertes que se suceden sin motivo aparente, el doctor, etc. El lado menos positivo de la novela lo constituye su final, no tanto por carecer de ese "factor sorpresa" del que hablaba sino por su brusquedad. Se trata de un final que llega "muy de repente", rompiendo de forma casi violenta con todo el desarrollo anterior de la trama. 

Independientemente de esto, quisiera destacar otros dos aspectos clave de la "Carmilla". Uno sería su alta carga homosexual, cosa que sorprende tratándose de 1872. Obviamente, no hay escenas sexuales explícitas, pero la relación amistad / amor / odio entre Laura y Carmilla tiene unas connotaciones sexuales que Le Fanu no se molestó en ocultar, sobre todo en un personaje tan ambiguo y dual como el de Carmilla. El segundo sería su aspecto onírico. Sueños, visiones y alucinaciones acechan a Laura y a Carmilla y hacer crecer el halo de misterio y terror. Y es que los sueños atraviesan los sólidos muros de piedra, iluminan cuartos oscuros y oscurecen los claros, y entran y salen como les place y se ríen de las cerraduras. Vaya, que si ciertos psiquiatras vieneses aficionados a la cocaína no leyeron está novela para inspirarse en sus teorías, poco le faltó.

En resumen, este "Carmilla" supone la reedición en tapa dura, letra bien hermosa y nueva traducción de un clásico que todo aficionado al misterio y al terror debe leer. Y si no lo ha hecho, que empiece cuanto antes, no vaya a ser que una de estas noches veraniegas entre un murciélago por su ventana y ...

martes, 18 de junio de 2019

Irene Solà: Canto yo y la montaña baila

Idioma original: catalán
Título original: Canto jo i la muntanya balla
Traducción: Concha Cardeñoso
Año de publicación: 2019
Valoración: muy recomendable

De un tiempo a esta parte, ha ido aumentando el recelo sobre los premios literarios, pues en ocasiones la calidad de la obra premiada no parece merecedora de tal reconocimiento. No sería el caso del libro que nos ocupa, pues «Canto yo y la montaña baila» atesora la calidad suficiente para haber ganado el “Premi Llibres Anagrama 2019” y es un reconocimiento justo a una autora que, pese a su juventud, tiene un talento narrativo innegable. Y sí, sorprende la juventud de esta autora si nos fijamos en la calidad literaria y la manera en enfocar la obra, pues su alta complejidad narrativa y variedad de estilos son propias de alguien que sabe perfectamente en qué consiste el arte de narrar e Irene Solà, a sus veintiocho años, lo demuestra en cada párrafo.

En esta novela coral, que trata sobre la vida, la naturaleza y el pasado, testigo de historias y fábulas, cuentos y leyendas, la voz que trasciende no es la voz únicamente de una persona, de una sola narradora, es la voz de la tierra, de los elementos, de los animales y de las personas, también; una voz terrenal y por ello, auténtica, genuina, pues repartiendo la narración entre los distintos elementos que conforman un mundo rural, térreo, la autora describe las sensaciones de una manera pura, natural y con una espontaneidad que no la aleja ni un instante de una calidad estilística excepcional. Se nota su experiencia literaria tras su paso por la poesía, se percibe en cada palabra elegida de manera precisa, pero sin forzar el lenguaje, sin tensar demasiado el vocabulario, encontrando el punto justo para dotar la narración de una alta calidad sin mostrar impostura o exceso.

Para cubrir toda esta amalgama de temas, y hacerlo sorteando un riesgo evidente de caer por el precipicio de la desmesura, la autora vuela por la narración con un ritmo narrativo alegre y atrevido, evidenciando que se divierte con las palabras y con los personajes, disfrutando con un juego literario que transmite de manera coherente y perfectamente hilvanada, desplegando un diorama de elementos que conforman una escritura muy completa. Así, la narración salta de un personaje a otro, y asistimos a un baile de voces que relatan una historia plural con la montaña como elemento nuclear. Arriesgando en cada párrafo, Irene Solà no da un paso en falso, en cada salto de personaje para cambiar la voz, siempre acierta y pisa tierra firme, una tierra que rezuma la historia de un pasado aún latente y abarca toda la narración, dotándola de una coherencia perfectamente armonizada. Bien es cierto que existe algún capítulo algo irregular en interés por la propia la historia narrada, pero no afecta al conjunto de una obra que tiene una primera mitad del libro realmente excepcional, de una calidad y exquisitez remarcables, y también un tramo final bellísimo, con esa mirada sensible y delicada, que acerca nuestros pensamientos a la tierra, al paisaje, donde pertenecen, donde serán recordados.

De esta manera, la autora utiliza cada una de esas voces, ya tenga forma de persona, de animal, de elemento meteorológico o de la propia naturaleza, para narrar una historia que nos habla de las personas en un entorno rural, en esos limitados espacios de los pequeños pueblos que, con sus historias, reales o ficticias, sus cuentos y fábulas, sus mitos y leyendas, conviven con la propia montaña y sus elementos. Y con todo ello, teje una historia redonda, perfectamente estructurada, entrelazando un conjunto de relatos relacionados entre sí, sobre historias de personas vinculadas al entorno, relatos con alta dosis de realidad, pero también envueltos de fantasía, mitológicos, de un pasado que la tierra recuerda y arrastra a través del tiempo a través de sus animales y sus paisajes, que todo lo ven y todo lo recuerdan. Recuerdos como el de la Guerra Civil, y el paso de los republicanos hacia Francia buscando el exilio, con sus muertos desaparecidos en las tierras que los acogen, como acogen también las armas y metralla que quedan repartidas por esas montañas, como esperando a ser descubiertas para recordar las personas que ya no están; y los animales que lo observan, y el cielo omnipresente con los truenos que apuntan y marcan el destino de algunas familias que siguen ahí, y ahí seguirán. Porque hay dolor en la historia, el dolor por la muerte que irrumpe de golpe, de imprevisto, y cambia la vida de sus allegados, unas vidas pequeñas en apariencia, sin grandes aspiraciones; una muerte que llega y fuerza a mantener la vida, o a sobrevivir y luchar por los que siguen, por los vivos. Y está también el dolor de la añoranza, al recordar los sueños de juventud, que el amor ciega y oculta al paso del tiempo, cambiando la cara por una más tierna, más dulce, pero menos radiante, en tiempos difíciles y matrimonios jóvenes que no han visto el mundo con los ojos de la experiencia, y maduran de manera inexorable mirando a lo lejos qué fueron de esos deseos que quedaron atrás en la mente de los jóvenes.

A pesar de ese dolor que existe y se recuerda, la novela no es triste, sino al contrario. El tono que la autora transmite en la narración es alegre, jovial en algún caso y totalmente desenfadado, libre de ataduras, ambicioso y de trasfondo dulce y vivo. De estilo delicado, preciso y bello, la prosa de la autora fluye perfectamente entre escenas rurales que tratan de la vida y del entorno, un entorno que observa las peculiaridades de sus habitantes e influye imponiéndose a veces en sus humildes vidas. Un relato donde la fantasía también está presente, en los recuerdos, en la naturaleza, en los paisajes. De esta manera, mezclando historias y leyendas, nos habla de la tierra, de la tierra que recuerda, de las historias que han ido sucediendo en ella, porque la tierra nunca olvida, nunca muere, siempre estará, porque no tiene principio ni final.

La novela que ha escrito Irene Solà es el retrato de un paisaje donde los elementos naturales abrazan y acogen las vidas de sus habitantes, vidas dispares y en ocasiones desafortunadas, pero que la narración de la autora las protege y envuelve de una belleza que hace que no podamos evitar contemplarlas con detalle y aplaudirla por este homenaje que ha hecho a los cuentos, a las rondallas, a la magia que envuelve a las historias que se transmiten de generación en generación, a la mitología y a la fantasía. En definitiva, a la literatura en sus diferentes vertientes que, de una forma u otra, se transmite con el paso del tiempo. Un auténtico regalo a quienes creemos en la pervivencia de las historias, un regalo a todos nosotros.

lunes, 17 de junio de 2019

Robert Aickman: Las casas de los rusos

Idioma original de los relatos: Inglés
Título original de los relatos: The Unsettled Dust (1968) / The Houses of the Russians (1968) / No stronger than a flower (1968) / Growing Boys (1977) / Ravissante (1968) / The Stains (1985)
Traductores: Arturo Peral Santamaría
                             Irene Maseda Martín
Año de publicación de la antología: 2016
Valoración: Recomendable

Las casas de los rusos es una antología compuesta por seis historias extrañas colindantes con el horror y el misterio. En ellas hay un elemento sobrenatural desdibujado, atmósferas angustiosas, tensión que se acumula, pero que no estalla catárticamente, temas y mensajes sugeridos, nunca explicitados, y finales abiertos. Están escritas con oficio y, sobre todo, son originales. No en balde, Aickman incorpora en los relatos de este libro su inequívoco sello, incluso en aquellos con un regusto más clásico.

"La tolvanera" es un cuento de aparecidos regado con interesantes reflexiones sobre la propiedad. Gira en torno a Clamber Court, casa que pertenecía a dos hermanas aristócratas venidas a menos y que ha sido adquirida recientemente por la Fundación. Un empleado de este organismo convivirá una temporada con las dos hermanas y descubrirá en el proceso los terribles secretos que el polvo y los años no han conseguido borrar.

También hay fantasmas en "Las casas de los rusos". Un agente inmobiliario se encuentra de viaje de negocios en Finlandia. Durante uno de sus paseos, se topa con las residencias de unos cristianos ortodoxos rusos, que en su momento albergaron escenas terribles. Relato bastante convencional, aunque su atmósfera está muy conseguida y es curioso leerlo como una fábula anticomunista, como se nos propone en esta reseña.

En "No más resistente que una flor", una mujer casada se somete a un tratamiento de belleza. El cambio que experimenta es tal que incluso su marido, en parte incitador del mismo, la empieza a percibir con extrañeza. La idea que sustenta este cuento es muy buena, aunque su ejecución flaquee en algunos puntos. Veinte páginas que se podrían haber reducido a dieciocho, porque algunas situaciones se repiten excesivamente, pero que en ningún momento pierden intensidad. Encuentro particularmente enriquecedor el subtexto de liberación femenina de que hace gala esta historia.

"En edad de crecimiento" es una parodia sobre la paternidad que difícilmente puedo asociar con la pluma de Aickman. Cuesta imaginar a un escritor tan refinado pariendo una ficción como esta, a todas luces pretendidamente ridícula. Pero bueno, como no se toma en serio a sí misma en ningún momento, es altamente disfrutable. Personajes, escenarios y descripciones caricaturescas, un tono entre absurdo y onírico. Dentro de su planteamiento y sus intenciones cumple con lo que promete, pero insisto en que se me hizo raro ver este desparpajo en una pieza de Aickman.

"Ravissante" es, para mí, el mejor cuento de todo el volumen. Dividido en dos partes, podríamos decir que la primera, aunque complementaria a su manera, tampoco aporta mucho. Sin embargo, la segunda es excelente. La ambigüedad de Aickman brilla en su máximo esplendor en esas páginas. Un joven visita a la viuda de un pintor belga. Allí sucede de todo, pero, al mismo tiempo, es complicado dilucidar qué ha ocurrido. ¿Una posesión fantasmal, un aquelarre, un mero despliegue de fetichismos varios? Otros autores habrían resuelto este argumento con fórmulas más efectistas, pero Aickman no necesita echar mano a esa clase de artimañas para estremecer al lector.  

"Las manchas" fue premiado en 1981 con el British Fantasy Award. Narra la historia de Stephen, un funcionario de mediana edad que ha enviudado recientemente. Durante su estancia en la campiña inglesa conoce a Nell, una enigmática joven de la que cae perdidamente enamorado. Relato que, a mi gusto, ha sido alargado más de la cuenta, pero que alberga momentos brillantes.

Se nos dice en "Las manchas" que «En estos tiempos, la gente siempre espera respuestas claras, ya sean correctas o incorrectas.» Aviso: a aquellos lectores que le exijan respuestas claras a un texto, Las casas de los rusos les va a decepcionar. Los que sean capaces de disfrutar de la literatura hermética, en cambio, van a gozar mucho con el trabajo de Aickman.

Por último, querría detenerme en la edición de esta antología. La labor de traducción es impecable (recuerdo que puntualmente había un exceso de locuciones conjuntivas, pero poco más) y la selección de relatos, aunque carece de unidad, se va sucediendo con cierta armonía escalonada. Además, no es complicado entrever ciertas temáticas comunes a lo largo y ancho de Las casas de los rusos: el conflicto entre la modernidad y la tradición, lo urbano y lo rural, el materialismo y lo espiritual... En fin: no me queda otra, pues, que dar las gracias a Atalanta por estar recuperando a un autor casi virgen en nuestro idioma.


También de Robert Aickman en Unlibroaldía: Cuentos de lo extraño 

domingo, 16 de junio de 2019

Guy de Maupassant: Bel Ami

Bel Ami (los Mejores Clásicos) (ebook) - Maupassant Guy DeIdioma original: francés
Título original: Bel-Ami
Año de publicación: 1885
Valoración: Imprescindible



También lo podriamos calificar como atrapante. Sirviéndose de Duroy –un personaje tan paradigmático que su nombre podría servir de apodo a toda una especie de individuos como un quijote, un donjuán o similares–, Maupassant muestra algunas palancas que han movido el mundo en cualquier época, en particular la ambición movida por la envidia. Si a esto le añadimos una total falta de escrúpulos y unas pocas toneladas de suerte tendremos un Bel Ami de pura raza, un hombre surgido de la nada y elevado al Olimpo por pura casualidad, o casi.
Le rodea toda una galería de personajes igual de convincentes –desde los situados en primer plano hasta los reducidos a un simple esbozo– y un tejido social muy bien dibujado en constante evolución y movimiento. Nuestro protagonista aterriza de repente en un medio que no conoce, pero tiene buenos maestros, sobre todo ellas. La que mejor parada sale es Madeleine, un modelo de mujer talentosa, a quien la sociedad impide ejercer cualquier profesión y tiene que hacerlo en la sombra, a través de un marido mediocre, que es quien pone el nombre y cosecha los éxitos. Está realidad, que debía darse con cierta frecuencia y que nos ha llegado a través de la historia, está expuesta, primero tímidamente a base de insinuaciones, después con toda claridad. Charles sabe aprovechar esas facultades de su mujer y, no conforme con ello, engaña, seduce, abusa y violenta a toda la que se pone en su camino. Un punto de vista que, al tener en cuenta las trabas de todo tipo que encontraban las mujeres de la época, me ha parecido muy moderno. Pero si, en pleno siglo XIX ¡hasta se nos muestra un combate femenino de esgrima!
En su tiempo, Bel Ami generó bastante polémica, ya que su repaso de la situación política durante la Tercera República contiene una gran carga crítica. A hechos históricos concretos (colonialismo en África, corrupción, especulación financiera), a las componendas entre política y prensa, a la hipocresía habitual en determinados ambientes y a algunas convenciones que considera absurdas. Refleja también convicciones propias, como la irrelevancia de la religión, inquietudes, como la idea de muerte, y muestra un gran apego a la naturaleza, que describe como si la estuviese pintando. Ocasionalmente, incluso encontramos rasgos esperpénticos:

“A veces se veía una mano gigantesca que alzaba un tenedor semejante a una horca hacia una boca que se abría como el gaznate de un monstruo, cuando alguien, girándose un poco, presentaba su perfil a la llama amarilla y trémula.”

El argumento no da tregua al lector, pasamos de una situación a otra, cada vez más interesados e intrigados pues el embrollo que se va tejiendo nos mantiene alerta  y va incrementando la tensión hasta la última página. Una novela de corte clásico que se lee fácilmente y consigue enganchar al lector desde el principio. Además, está perfectamente construida, lo que narra continúa vigente a pesar del tiempo transcurrido, rebosa sabiduría y sarcasmo, y encontraremos muchos resortes de la política y el periodismo que pueden explicar nuestro presente.

Traducción: Esther Benitez


Otras obras de Guy de Maupassant: Bola de sebo, El Horla, Cuentos fantásticos



sábado, 15 de junio de 2019

Santiago Posteguillo: Yo, Julia

Idioma: español
Año de publicación: 2018
Valoración: está bastante bien

Vamos con una novela histórica del exitoso Santiago Posteguillo (escritor que se ha especializado en la Antigua Roma, pese a ser profesor de literatura inglesa del siglo XIX) que narra los acontecimientos de la guerra civil -guerra entre mandamases por el poder, más bien- que se produjo tras el asesinato del muy pirado e infame emperador Cómodo en el año 193 D.C., llegando a haber, al año siguiente, hasta cuatro emperadores en liza... y alguno más después.Lo que caracteriza y distingue de otras a esta novela, por su parte, es que está protagonizada  no por uno de estos emperadores o aspirante a serlo, sino por la esposa del que finalmente se llevaría el gato al agua, Septimio Severo. la muy inteligente, hermosa y seductora Julia Domna, el cerebro rector, según se cuenta aquí, de las pretensiones y el ulterior éxito de su marido. de hecho, no parece casual que el título nos remita a una de las grandes novelas sobre la Antigua Roma y, sobre todo, sobre la consecución del poder imperial, Yo, Claudio, de Robert Graves...

Por otro lado, esta novela (no hace falta sino echarle un vistazo a la cubierta para saberlo) es además la vigente ganadora, de cuerpo presente, del celebérrimo Premio Planeta. "¡Anatema! ¡herejía! ¡Apocalipsis!"... tal fue la reacción de mis compañeros de blog cuando les comenté que quería reseñar un premio Planeta... "¡PENITENZIAGITE!", me gritaban mientras azotaban mi s espaldas desnudas con manojos de esparto seco y me sujetaban para marcarme al fuego con... Bueno, vale, miento como un bellaco: no me dijeron nada (ya me han dejado por imposible), pero lo cierto es que en este blog no somos demasiado "planeteros", por no decir nada... por lo que a mí respecta, no habré leído más de cuatro novelas galardonadas con este prestigioso premio. No comento para justificar esta reseña (tampoco sería necesario... espero) ante nuestros seguidores más exquisitos, sino para explicar que no puedo valorar esta novela con respecto a otras premiadas ni situarla en una evolución que pueden haber sufrido las mismas, a mejor o a peor, a lo largo de los años. Como novela histórica e independiente de cualquier otra consideración, me parece más que correcta, pues narra con claridad los hechos que trata y delinea perfectamente tanto a los personajes como el ambiente y circunstancias de la época, sin caer en el excesivo didactismo que, en ocasiones, lastra las obras de este género- al final del libro, de todos modos, hay un glosario y un apartado con mapas de lo más útil para orientarse en su lectura-; la prosa de la novela, sin ser en absoluto descuidada -todo lo contrario-, sí que busca ante todo la eficacia y aún la eficiencia narrativa: exceptuando algún que otro momento, no busquemos aquí lirismos ni descripciones embellecedoras o diálogos superfluos. La historia avanza como una cohorte en formación de testudo contra los expectantes bárbaros (esos seríamos los lectores).

En principio, puede decirse que el libro cumple con su propósito: además de ilustrarnos sobre una época apasionante, por convulsa, del Imperio Romano, busca reivindicar la figura de Julia Domna, posiblemente una de las mujeres más importantes y poderosas de la Historia de Roma y aún de la Antigüedad, muñidora no ya de un emperador, sino de la dinastía de los Severos. Posteguillo nos recalca una y otra vez la gran inteligencia, a la altura de su ambición, de esta emperatriz de origen sirio y no dudo de que fuera así, aunque el libro también deja clarinete que si su marido consiguió la púrpura imperial fue en gran medida por la fuerza de las legiones bajo su mando, por más que la tuviera a ella de consejera. Tampoco resulta fácil acabar de simpatizar, al menos desde nuestro siglo XXI, con la pareja imperial, cuya ambición y falta de escrúpulos no se distinguían demasiado de las de sus rivales; es evidente que después del chiflado de Cómodo cualquier gobernante hubiera sido mejor, pero un emperador romano -y emperatriz- no dejaba de ser un autócrata, más aún si lo era tan sólo, como este es el caso, gracias al Ejército.

Aún así, la impresión que deja esta novela es positiva; supongo que para los especialistas en la época habrá detalles e interpretaciones discutibles, pero para el público lector, en general, me parece una novela entretenida, sin duda muy digna y que además deja una sensación que agrada a muchos lectores, la de que se ha aprendido algo con su lectura. Que no es poco...


Otras novelas de Santiago Posteguillo reseñadas en Un Libro Al Día: Africanus, el hijo del cónsul

viernes, 14 de junio de 2019

Reseña a cuatro manos: Formas de estar lejos de Edurne Portela

Idioma original: español
Año de publicación: 2019
Valoración: Recomendable

 Publicar una primera novela que ha sido un éxito de crítica y público puede ser un arma de doble filo. Por un lado, puede facilitar la publicación de novelas venideras; por otro, la presión por estar a la altura, por querer “evolucionar” como escritor, puede hacer que el autor se enfrente a riesgos casi contrarios: si escribe una novela muy parecida, le dirán que se copia a sí misma; si hace algo completamente diferente, puede perder a los lectores de la primera novela y que le digan que se ha alejado de su estilo.

No ha sido el caso, en nuestra opinión, de Edurne Portela. Formas de estar lejos supone la confirmación de Portela como una autora a tener muy en cuenta, y consigue huir de los dos peligros que mencionábamos, ya que aunque el tema es diferente a Mejor la ausencia, mantiene algunas de las constantes preocupaciones de su autora, tanto en su ficción como en sus ensayos o columnas: la violencia y sus efectos en las personas y en las sociedades, la memoria (traumática) de esta violencia y la forma en que puede ser narrada. De hecho, casi se podría considerar esta obra como una segunda parte (con personajes diferentes) de Mejor la ausencia, en el sentido de que Alicia, la protagonista comparte con la autora, y con la Amaia de la primera novela, algunas características vitales y políticas: como si Portela estuviera ficcionalizando diferentes etapas de su propia trayectoria.

En esta ocasión, Edurne Portela traslada la acción a los Estados Unidos, en el contexto de un campus de una universidad del interior del país, y se centra en la violencia de género dentro de un entorno que al principio parece ideal (pareja de clase media, jóvenes, licenciados universitarios, etc). El comienzo de la novela no da lugar a engaño: encontramos Alicia dentro de un armario, muerta de miedo y completamente devastada. Desde ahí, Portela construye la relación entre Alicia y Matty y su progresivo deterioro, apenas perceptible pero imparable.
No podría decir cuándo empezó todo. Cuando mi vida comenzó a torcerse y esa que fui dejó de existir y se convirtió en una mujer que se encerraba a llorar en un armario. Y todo lo que vino después.
Que el foco principal de la novela sea la violencia de género no excluye la presencia en la novela de otras formas de violencia: la violencia física, psicológica, política o racial en el ámbito familiar, académico, laboral, etc. Muchas de estas violencias aparecen en forma de capítulos casi independientes como relatos, historias secundarias que podrían dar lugar a un mayor desarrollo pero que sirven para mostrar destellos de otras realidades traumáticas. Así, por ejemplo, la escena de la entrada en la clínica abortista (una escena que desgraciadamente no tiene nada de ficticia), o los casos de acoso (sexual y de otros tipos) que se describen en los campus universitarios.

Dos son, para nosotros, las principales virtudes de la novela. La primera sería el propio personaje de Alicia y su evolución, su paulatino desgaste físico y psicológico que se manifiesta a través de la paralización, los miedos, las disculpas, la asunción de culpas que no son suyas, etc., una evolución que recuerda a la de la pequeña (y luego ya no tan pequeña) Amaia de Mejor la ausencia.

La segunda sería la capacidad de Portela para decirlo todo sin necesidad de explicarlo, insinuando o mostrando lo justo; de hecho, en alguna entrevista la escritora ha explicado que rechaza incluir escenas de violencia gratuita que puedan servir para satisfacer cierto morbo del lector. La parte negativa de esta decisión es que la segunda parte de la novela resulta muy elíptica, y el desenlace peca de cierta precipitación; parece que se nos ha escamoteado una parte de la historia, y que la trama principal, y alguna de las tramas secundarias, se cierran de forma precipitada... 

A estas alturas parece claro que Formas de estar lejos ha conseguido satisfacer a los lectores que ya conocían a Edurne Portela por sus obras anteriores, y probablemente incluso ampliar su base de seguidores y seguidoras. Con un estilo crudo y realista, las dos novelas muestran las diversas violencias que conviven en nuestras sociedades (la estadounidense, la vasca, la española), tanto a un nivel privado como público, tanto íntimo como político. Cabe esperar que esta investigación -literaria, en este caso- se prolongue en las siguientes obras de la autora.

También de Edurne Portela en ULAD: Mejor la ausencia y El eco de los disparos

Firmado: Koldo CF y Santi

jueves, 13 de junio de 2019

Rafael García Maldonado: Benet. La ambición y el estilo

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Fiasco

Cuando vi en una librería que alguien había escrito un libro sobre Juan Benet, me faltó tiempo para ir a comprarlo. Entiéndase bien, me interesa Benet, he leído algunas de sus obras (no todas) y siempre me ha parecido fascinante, un autor que se atrevió a romper moldes, a aportar cosas nuevas a la literatura en castellano, alguien que tuvo el valor de exigir mucho del lector y quizá de proponer un cambio de paradigma en la novela. Y además, un nombre que parece olvidado, o mejor dicho, recluido a perpetuidad en un muy pequeño círculo de estudiosos, entusiastas y algún que otro humilde lector como yo mismo. Vamos, que se ajusta como un guante al concepto de autor de culto. Bueno, pues si alguien venía a rescatar a Benet de las tinieblas, ya tenía mi apoyo (casi) incondicional. 

En realidad, este no es un libro sobre Juan Benet, sino en torno a Juan Benet. Tampoco es exactamente una biografía, sino una mezcla entre biografía, autobiografía y digamos crítica literaria. Está muy bien salirse de la pauta y explorar estos terrenos mixtos, y esto, aplicado sobre un autor y su obra, permitiría por ejemplo entrar en el campo de la experiencia lectora, relacionar la vida del escritor con su producción literaria y situar esta última en el panorama de la época, quizá reflexionar sobre todo ello de forma transversal. Pero todo esto habría que hacerlo muy bien, dominando la vertiente biográfica y la artística, y limitando la perspectiva personal a lo que realmente fuese pertinente. Nada o casi nada de ello se consigue en este caso, así que podría terminar tirando de epifonema (¡Mi gozo en un pozo!, por ejemplo), pero en un blog serio como este conviene argumentar un poco más.

Como biografía, el libro hace aguas por todas partes. Datos inconsistentes, en su mayor parte irrelevantes y muchos repetidos hasta la saciedad (ya, ya sabemos que Benet era ingeniero y solo escribía en sus ratos libres, no hace falta insistir en ello una y otra vez). O don Rafael no ha investigado mucho (esa sensación da), o hay poco que contar sobre el escritor madrileño (que también puede ser). Pero aun admitiendo que se puedan tomar ciertas licencias para completar una biografía, no puede ser que el biógrafo utilice continuamente expresiones del tipo imagino, seguramente, es fácil pensar que o cosas similares. Es decir, que la falta de datos ciertos se rellene con suposiciones. Por otra parte, aunque no creo que haya que mostrar adulación hacia el biografiado, tampoco se debe caer en excesiva familiaridad o rozar la falta de respeto, como hace el autor (también reiteradamente) al aludir a la afición del Benet al whisky, o al referirse a él (casi todas las veces) como JB, en lo que me cuesta creer que no haya alguna intención de broma fácil y de escaso gusto. Pero bueno, como la verdad es que la vida privada de nuestro personaje tampoco me interesa nada, no me afecta demasiado todo este cúmulo de desatinos. Pero es que hay más.

Como decía antes, los apuntes biográficos de Benet se entrecruzan con los propios del autor, a quien ya podríamos llamar RGM. Aunque no deja de ser algo infrecuente, bien está hasta cierto punto apoyar la exposición con una perspectiva personal. Pero, oiga, hasta cierto punto. Porque lo que hace RGM es colarnos unos cuantos datos autobiográficos que no vienen a cuento, abundantes referencias a los libros que parece que ha escrito y, en definitiva, construir un insólito paralelismo entre Benet y él, sus vidas y sus respectivas trayectorias literarias. Es decir, una especie de autobiografía especular que se podría calificar de temeraria de no ser objetivamente tan cursi.

No contento con lo anterior, RGM se prodiga –una y otra vez, porque aquí todo se repite sin cesar- en una crítica al panorama narrativo general. Viene a decir que casi todo lo que se escribió antes y después de Benet es muy malo. Lo anterior, al menos en España, por haberse sometido al realismo social y al costumbrismo, así, sin matizar nada e ignorando a casi todos los autores que sí se salieron claramente de esas corrientes. Y lo posterior, por la pobreza y la vacuidad de tantos otros que se limitan a contar historias vulgares y escriben de cualquier manera, con el único objetivo de la fama y el éxito. Hasta puedo estar de acuerdo con parte de esta opinión, pero siempre que se argumente de forma un poquito seria, y no mediante continuas apelaciones a conceptos tan vacíos y pueriles como estilo elevado o noble, o alta literatura. Que sí, que don RGM admira mucho a Benet pero, la verdad, creo que le hace un flaco favor ponderándole de esta forma ridícula.

Algo mejor se defiende Rafael al tratar sobre las distintas obras de Benet. Los comentarios se circunscriben más bien a lo que podríamos llamar argumento, y muy poco a cuestiones técnicas o a su ubicación en la trayectoria literaria de Benet, pero en general están bastante bien desarrollados (bueno, salvo cuando nos casca ¡dos páginas enteras de texto original! para ilustrar lo bien que describe Benet su mítica comarca de Región). Se apoya Maldonado sobre todo en análisis de Sobejano y Guelbenzu, así como en algún otro comentarista, y no me voy a arriesgar a suponer hasta dónde llega ese 'apoyo'. Pero en fin, que el resultado es bastante bueno, diríamos llamativamente bueno.

Con todo, este híbrido no funciona en absoluto. No funciona porque cada una de sus perspectivas resultan individualmente fallidas (exceptuemos con generosidad  la última a la que me refería), y porque además la aleación resulta desequilibrada e insustancial. Si la biografía de Benet no da para mucho, que me parece lo normal, debiera haberse profundizado mucho más en su obra y, por ejemplo en su entorno literario, al que apenas se hacen unas alusiones anecdóticas. Si tanto interesa el estilo de nuestro escritor, en vez de quedarse en superficialidades, lo procedente sería haberlo analizado con seriedad (y no hubiera ido mal echar un vistazo a los artículos de Ricardo Gullón, a quien RGM parece desconocer en absoluto). Y, tratándose de un autor difícil como Benet, la experiencia lectora a la que me refería al principio, expuesta con sinceridad y sentido crítico, hubiera podido resultar mucho más interesante que ese pretencioso paralelismo que nos quiere vender Rafael.

Lo mejor de todo es sin duda la elegante presentación del volumen de Ediciones del Viento, aunque –ya puestos a destruir- también hay que decir que debiera afinar un poco más con algunas erratas e incongruencias sintácticas no corregidas. Y al final de la lectura termino por preguntarme si, pese a todas las calamidades, el simple hecho de que en una librería se vea un tomo bien presentado sobre Juan Benet no servirá al menos para que los lectores sepan que existió un escritor llamado así, que todavía suscita la admiración de algunos, y a lo mejor para que ese lector se decida a intentar conocerlo un poco. Con eso habremos dado por bueno lo pagado por el libro y el esfuerzo de terminarlo. 

Pese a todo, benetianos del mundo, no desesperéis, encontraremos algo mejor.

miércoles, 12 de junio de 2019

Tennessee Williams: Una gata sobre el tejado de zinc

Idioma original: inglés
Título original: Cat on a hot tin roof
Año de publicación: 1947
Traducción: Amado Diéguez
Valoración: Imprescindible

Todavía me sorprende que una obra escrita a mediados del siglo pasado sea capaz de exponer con tanta franqueza y verosimilitud cuestiones que a día de hoy —en estos tiempos de buenismo, corrección y postureo— solo se prodigan bajo el velo de la superficialidad y el tabú. Y es que la frustración sexual o la homosexualidad no son cuestiones sobre las que conviene reflexionar demasiado que, a lo mejor, acaba una con un póster de Lady Gaga en la pared del dormitorio. 

Afortunadamente para nosotros, Tennessee Williams no tenía problema en retratar a sus criaturas en toda su desoladora miseria y, gracias a eso, hoy podemos disfrutar de unas historias de gran calado e intensidad sostenidas por personajes cargados de humanidad. 

Resumen resumido: Brick y Margaret están alojados en la mansión familiar de Brick con motivo del cumpleaños de su padre. La casa, en medio de una inmensa plantación algodonera, se convierte en una jaula para el joven matrimonio en crisis, donde también confluyen una serie de secretos y traiciones a punto de estallar a causa de la enfermedad terminal que padece el patriarca. Sin embargo, Maggie está dispuesta a pelear —como una gata— para sacar a Brick de la apatía en la que el alcohol lo tiene sumido y conseguir que afronte sus responsabilidades como marido y como hijo. 

Una gata sobre el tejado de zinc ganó el premio Pulitzer de Drama en 1955, es una de las obras más conocidas de Tennessee Williams y, por lo visto, también su preferida. El dato me resulta de lo más interesante teniendo en cuenta el esfuerzo titánico que hace el autor para transmitir con verosimilitud y emoción los conflictos de sus personajes; me refiero a la cantidad y concreción de las indicaciones que siembra por todo el texto para garantizar que los personajes no pierdan el rumbo en escena. Porque si Una gata sobre el tejado de zinc fuera una novela en lugar de una obra de teatro, sin duda dispondría de más recursos para facilitar toda esa información de lo no dicho. Y por eso creo que Tennessee Williams valora especialmente esta obra, porque era muy consciente del reto que se había puesto a sí mismo y logró superarlo con éxito. 

Sobre la dificultad para expresar los conflictos de los personajes reitero, como ya dije en Un tranvía llamado Deseo, la universalidad de los conflictos que Tennessee Williams explora en sus obras. Solo que en el caso de Una gata sobre el tejado de zinc no vamos a presenciar a dónde conducen dichos conflictos (como sucede con Blanche y Stanley) si no cómo se gestaron, sin que por ello se deba llegar a ningún tipo de solución reveladora, tal como expone el propio autor en una de sus meticulosas acotaciones: 
«(…) El pájaro que espero atrapar con la red de esta obra no es la solución al problema psicológico de un hombre. Intento atrapar la verdadera naturaleza de la experiencia en un grupo de personas, ese intercambio turbio, tembloroso, evanescente —¡tan fieramente cargado!— de los seres humanos en la tormenta de una crisis corriente. En una obra hay que dejar cierto misterio y no revelar a los personajes por entero, de igual modo que, en la vida, las personas no se revelan por entero y reservan cierto margen de misterio incluso para sí mismas. Esto no exime al dramaturgo de su deber de observar e investigar tan clara y profundamente como legítimamente pueda, pero sí debería evitar que se quedara en esas conclusiones “fáciles”, en esas definiciones simples que hacen que una obra no sea más que una obra y no una trampa para atrapar la verdad de la naturaleza humana.» 
Por todo lo dicho, los papeles principales, de Maggie y Brick, exigen un ejercicio de contención sublime e imagino que deben ser todo un regalo y un reto para cualquier actriz o actor, al tiempo que un grandísimo quebradero de cabeza. 

El título, Una gata sobre el tejado de zinc está bastante logrado y además queda totalmente justificado a lo largo del texto de la obra: porque Maggie de soltera era conocida como Maggie la gata, porque Maggie se halla en la encrucijada de abrasarse en el tejado (permanecer allí donde se siente infelizmente privilegiada) o saltar del tejado (sin sentir nada y sin privilegios), y porque, dejémonos de hipocresías, Maggie está que arde y Brick la ignora como a un pez de colores. 

Por otra parte, las adaptaciones teatrales son más que numerosas mientras que, en lo que se refiere al cine, tan solo conozco una adaptación, aunque mítica, con Elizabeth Taylor y Paul Newman. Pero por muy buena que sea la película ¿por qué no leer primero la obra?

martes, 11 de junio de 2019

Magius: El método Gemini


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable

Decía Leonardo Sciascia que la mafia es “una asociación criminal con fines de lucro ilícito que se interpone parasitariamente y con medios violentos entre la propiedad y el trabajo, entre la producción y el consumo, entre el ciudadano y el Estado”. De este asunto, el escritor siciliano sabía bastante, al igual que el napolitano Roberto Saviano, que advierte que el cine de Coppola o de Scorsese han ofrecido un relato edulcorado, abrillantado, de este tipo de criminales. ¿Qué empuja al cerebro de un dibujante murciano a meterse en el empeño de querer contar de manera fidedigna la trayectoria de un mafioso neoyokino de siglo pasado? Misterio. Por supuesto desconozco la explicación, pero desde luego reconozco que El método Gemini me ha sorprendido y me ha fascinado.

De acuerdo que el islote de Manhathan y sus aledaños sea quizás el milímetro cuadrado más mitificado del mapamundi y que sus calles, sus edificios, sus barrios, las escaleras, andenes y el plano del metro, sus avenidas, puentes y muelles formen parte de la tarjeta gráfica que llevamos incorporada. Pero que alguien que jamás ha puesto allí los pies le dedique un cómic a esas calles y a los tipos que las infestan y lo haga de manera pulcra, mordaz, veraz y atractiva a mí me resulta definitivamente meritorio. Es así en el caso de Magius, el nombre que Diego Corbalán (Murcia, 1981) tomó prestado del monje miniaturista del siglo X para firmar sus ilustraciones y cómics, género en el que se inició a través de fanzines de black metal a los que siguieron álbumes como Murcia, una corrosiva y desternillante visión de la séptima ciudad más poblada de España en la que el autor insistía en su predilección por diseccionar sociedades y grupos cerrados, secretos, sus formas y rituales y su manera de alcanzar y gestionar el poder y el dominio por la fuerza.

Con estos antecedentes, supongo que poner en el punto de mira el barrio de Canarsie, en Brooklyn, y la vida de Roy Albert deMeo (1942 / 1983) ya puede ser considerado más fácil de entender. El tipo en cuestión, para la ocasión rebautizado como Mickey DioGuardi, tuvo una exitosa trayectoria criminal; en sus inicios trabajó como banquero y a su olfato para invertir en nuevas posibilidades de negocio agregó una genuina falta de escrúpulos así como grandes dosis de crueldad y ambición para labrarse un venturoso porvenir que le llevo a ser captado y promovido por las estructuras mafioso/criminales que dominaban algunos de los sectores más lucrativos de Nueva York. El tipo en cuestión hizo carrera con la sede central de su organización radicada en un bar de su barrio, el Gemini Lounge, dedicada a todo tipo de trapicheos y delitos, como el robo, desguace y exportación de automóviles de lujo, muy en la línea que explicaba Leonardo Scaiscia. Allí puso en marcha y desarrolló hasta la excelencia el que fue conocido como método Gemini, una discreta y eficiente manera de asesinar y hacer desaparecer cadáveres, se calcula que al menos un par de centenares, gracias al aprendizaje en su adolescencia del oficio de carnicero y de la técnica para descuartizar animales.

Pero El método Gemini no cae en el error que señalaba Roberto Saviano porque transmite una sensación pegajosa e incómoda de vísceralidad, de violencia cruda y sistemática, de oportunismo sin escrúpulos y obsesión por el dominio, del lucro por sometimiento y de la ramplonería del poder, de la ostentación de la bestialidad y del orgullo por vínculo de sumisión, de lo miserable de las jerarquías autoritarias y el brillo de la ostentación hortera. Lo hace a través de un dibujo pulcro y depurado pero, especialmente, a través de la opción por los colores primarios –rojo, azul, amarillo- que confieren al relato una atmósfera algo así como delirante, alucinada. Como contrapunto, los diálogos, directos y punzantes, y el desarrollo cerrado de escenas como secuencias narrativas, van aportando matices, detalles, contexto, que dotan a la narración de ritmo, elocuencia e interés. A mí, que tampoco he puesto jamás los pies ni en la Gran Manzana ni aledaños, la novela de Genius me lo ha hecho pasar en grande.