martes, 31 de diciembre de 2019

Manuel Puig: Boquitas pintadas

Idioma original: Español
Año de publicación: 1972
Valoración: Muy recomendable

He de confesar que hasta llegar a “Boquitas pintadas” no había leído nada de Manuel Puig. Bueno, ni había leído ni me había interesado lo más mínimo por su obra. Grave, gravísimo error el mío porque “Boquitas pintadas” es una magnífica novela. Desde luego, si el nivel medio de su obra es este, estoy seguro de que Manuel Puig será uno de mis autores de cabecera.

Centrándome en "Boquitas pintadas", creo que  el principal mérito de la novela radica en el perfecto engranaje entre fondo y forma (pese a su brutal contraste) y en la capacidad del autor para aunar en el texto cultura popular y vanguardia "literaria".

El fondo de la novela es un dramón de tomo y lomo, digno de las primeras películas de Pedro Almodóvar (a medida que avanzaba en la lectura de la novela, más me venían a la cabeza “Mujeres al borde de un ataque de nervios” o “Tacones lejanos”, aunque salvando las distancias en lo que a clases sociales se refiere): triángulos amorosos, deseo, sexo, embarazos, enfermedades, abusos, miseria, muerte, venganza, etc. Pero lo que este argumento aparentemente trivial esconde no es otra cosa que una profunda exploración de los mecanismos del deseo y el sexo y una crítica de la condena que los roles impuestos por la condición social o el género suponen.

La forma está determinada por la combinación de elementos ligados a la cultura de masas y de técnicas narrativas  experimentales. La cultura de masas aparece en las referencias cinematográficas, musicales y radiofónicas que inundan la novela. Las técnicas narrativas experimentales de las que Puig hace uso convierten a “Boquitas pintadas” en un collage alejado de la narrativa “convencional”. Puig combina cartas, diarios, diálogos, monólogos interiores, partes médicos, atestados policiales y breves fragmentos en los que la voz es otorgada a un narrador en tercera persona que marca, a través de enumeraciones, frías descripciones, datos objetivos, horarios, etc, una tremenda distancia con los hechos que narra.

Pero ya digo que es la combinación entre ambos aspectos lo que permite que la novela funcione. La fragmentación de la narración, el hábil manejo y dosificación de la información y la lenta pero minuciosa (re)construcción de la vida y psicología de los personajes hacen que las páginas de la novela pasen a toda velocidad. Ahí está la clave; en extender los límites, en romper las fronteras y en conseguir que el texto cumpla a la perfección su función artística y lúdica.

También en ULAD de Manuel Puig: El beso de la mujer araña

lunes, 30 de diciembre de 2019

Varios autores: ALTAÏR magazine. Contar(nos) el mundo


Idioma original: español
Año de publicación: 2019
Valoración: muy recomendable

Dejadme que empiece primero por dejar paso a mi reprimida vena fetichista. Este libro es un objeto precioso. Con su tapa dura, su maquetación, lleno a reventar de ilustraciones y detalles gráficos de todo tipo, que revelan el mimo empleado en su confección. Con ese olor a tinta que tanto nos gusta a algunos, con una primorosa presentación pendiente de cada detalle. Ya la gente de Altaïr hizo que me saltara hace tiempo una norma (con su número sobre el desierto de Sonora), pero aquí me lo han puesto más sencillo aún: aunque ponga magazine hablamos de un libro, de 200 páginas en gran formato, y como su portada proclama recoge 32 miradas sobre la cultura y el viaje. Y estas 32 miradas incluyen a Martín Caparrós, a Jorge Carrión, Leila Guerriero, Jon Lee Anderson, Ander Izagirre o Rodrigo Fresán. Poca broma, entonces, y tened la completa seguridad de que no solo tenéis en las manos algo objetivamente bello, sino el resultado de un planteamiento muy serio y muy respetuoso, no solo con el concepto de la revista, la crónica, sino con su resultado en términos literarios. 
Y aquí hay textos de mucho valor. Crónicas en el término canónico del término, ejercicios más despojados de una estructura clásica. Con el pretexto del viaje, con la presencia del escritor en entornos que en principio le son ajenos, aquí nos encontraremos interesantes aportaciones con mayor o menor aporte visual, más extensas y bordeando la ficción algunas, otras puros textos de denuncia sobre situaciones particulares y, aunque se haya escapado algún texto algo escorado hacia la modalidad "perfil de destino de vacaciones", en la mayoría de los casos los autores van más allá del puro detalle de andanzas en viaje, indagan, informan, detallan, toman ese papel tan fascinante del ojo objetivo que muestra las cosas para que cada lector adopte su visión subjetiva.
Aquí se habla del Irán de la decidida apertura, de Irlanda, del Perú amazónico, de Tenerife, de las duras condiciones de extracción del azufre en Indonesia, de Venecia, de las reservas indias en Estados Unidos, de Alaska, y diría yo que es una lectura particularmente apropiada para aquellas personas que recortarían un reportaje interesante pero se olvidan y acaban tirando la revista. Echo de menos a autores que encajarían perfectamente aquí como Juan Villoro, Álvaro Colomer o Valeria Luiselli, pero el nivel es desde luego muy notable, esto, queridos lectores, es un libro con todas las de la ley, una obra consistente, cohesionada, tan homogénea en el fondo como heterogenea en la fonda, un disfrute lector y visual de mucho valor, y os recomiendo, si os interesa, que le echéis un vistazo, si lo tenéis en las manos no os vais a poder resistir.
Porque encima queda la mar de bien sobre la mesa de centro.

domingo, 29 de diciembre de 2019

Henrik Ibsen: Los pilares de la sociedad

Idioma original: noruego
Título original: Samfundets Støtter
Traducción: Cristina Gómez-Baggethun
Año de publicación: 1877
Valoración: recomendable

Considerado uno de los grandes dramaturgos que ha dado la literatura, no únicamente noruega, la obra de Ibsen destaca por el cuestionamiento y debate que suscita respecto a los valores tradicionales de su época. Y bien es cierto que se conoce al autor principalmente por otras obras publicadas como Un enemigo del pueblo, Casa de muñecas o El pato silvestre, pero sería un error dejar de lado el resto de sus obras, pues su calidad bien vale una lectura, pausada, como demanda el teatro.

En esta obra teatral, el autor noruego sitúa toda la acción en una casa de gente acomodada e influyente, donde se desarrollan y entretejen dos principales hilos argumentales inicialmente desvinculados entre ellos: por una parte, está la controvertida construcción de una nueva línea de ferrocarril, que se encuentra proceso de discusión pues no está claro que favorezca a toda la región sino únicamente a unos pocos, a pesar de lo que sus acaudalados defensores afirman. Esta sería la parte política de la obra. Por otra parte, se narra una historia de chismorreos y tensiones amorosas entre miembros de la alta sociedad, que arrastran decisiones tomadas en el pasado y que no están del todo subsanadas. Y, por si fuera poco, la visita inesperada de alguien conocido que causó tiranteces en el pasado en la familia (y, por extensión, en la comunidad) acaba de tensar una situación ya de por sí compleja por la necesidad que tiene el cónsul de convencer a la población de la idoneidad del ferrocarril y lo pone en un apuro justamente «ahora que necesito un clima tan favorable y sin fisuras, no sólo en la ciudad, sino también en la prensa».

Con este contexto, en esta obra, partiéndo inicilamente de estas dos premisas básicas, Ibsen refleja un dilema moral en una sociedad con diferencias de clase totalmente diferenciadas (propio de la época), desplegando un tapiz sobre el cual retratar una historia de intereses, enredos y mentiras, de afirmaciones sostenidas a lo largo del tiempo, faltando a la verdad, de apariencias y subterfugios realizados para el beneficio particular y con la mirada y mensaje puestos en la reputación, pero con los actos puestos en el propio interés. Tal es así, que el autor lo expone claramente en el siguiente diálogo:
«Capataz Aune: Lo hago para reforzar los pilares de la sociedad.
Pasante Krap: ¡Qué curioso! El cónsul opina que los está derribando.
Capataz Aune: ¡Mi sociedad no es la misma que la del cónsul, señor pasante!»

De esta manera, Ibsen analiza, de manera crítica, la élite que dirige la comunidad y que, por medio de manipulaciones y mentiras se erige como estandarte de los valores y de la rectitud y la preocupación por la sociedad. Así, los pilares morales sobre los que se edifica la sociedad, se muestran en clara estado de carcoma y debilidad. Ibsen es contundente en este aspecto, afirmando que «mira en el interior de cualquier hombre y descubrirás, como mínimo, un punto oscuro que necesite ocultar». Y es en ese análisis y en el desarrollo de la acción donde se pone de manifiesto que los grandes pilares, que deben construirse y mantenerse firmes, pulcros e impolutos para sostener una sociedad a costa incluso de uno mismo, no es sino un espejismo y un ejercicio de maquillaje que oculta los intereses reales de quien utiliza precisamente la sociedad que dice y proclama proteger, para que alimenten y engrandezcan el beneficio propio de unos particulares regidos únicamente por el valor de la avaricia y el egoísmo.

Siempre habrá una justificación que eluda una responsabilidad o una disfrace mentira, siempre habrá una causa por la que eludir la carga emocional de una decisión, siempre habrá motivos para convencerse de que uno actúa de manera correcta. La cuestión no es si se puede justificar una acción, sino ver, no a quién beneficia, sino a quien realmente perjudica. Es condición humana e Ibsen sabe perfectamente cómo denunciarlo, como poner de relieve las contradicciones inherentes en cada una de nuestras decisiones y hacernos ver que siempre hay intereses de por medio que minan y degradan nuestra sociedad, como afirma uno de sus personajes al decir que «las grandes sociedades lucen un aspecto brillante y dorado, pero ¿qué hay debajo del maquillaje? Superficialidad y podredumbre, si me permiten decirlo. Carecen de suelo moral bajo sus pies. En dos palabras, estas grandes sociedades de hoy son sepulcros blanqueados».

Y, desgraciadamente, esto es válido tanto para la sociedad de finales del siglo XIX como la de nuestros días. Es por este motivo que es bueno volver, de vez en cuando, a los clásicos y ver que puede que el mundo haya cambiado en apariencia, pero sigue siendo regido de similar manera. Lamentablemente.

También de Henrik Ibsen en ULAD: Juan Gabriel BorkmanUn enemigo del pueblo, Casa de muñecas

sábado, 28 de diciembre de 2019

ULAD: El gran salto adelante

Esta es una noticia cuya publicación lleva semanas gestándose. 
Solo tenía que encontrar el momento adecuado para que nuestros seguidores pudieran asumirla.
Todos estos días hemos intentando hallar el tono para que cierto movimiento pueda ser entendido. 
A primeros de diciembre, este blog ha empezado a desarrollar un entorno de cooperación con un importante grupo editorial. 

Grupo Planeta nos ha ofrecido la posibilidad de dar un salto en crecimiento en difusión, en alcance, incluso tratándose de un blog amateur era una oportunidad que no podiamos dejar pasar. 
Estamos convencidos de que nuestro público más fiel comprenderá la necesidad de este movimiento.
No se trata de una ruptura, más bien de una posibilidad de acceder a una plataforma de mayor alcance. 
También habéis de tener en cuenta que nuestro blog no estaba en una dinámica de progresión sino en un cierto período de estancamiento. 
Un momento clave así ha de ser aprovechado. 
Zona de confort: ese es justo el concepto: los mismos reseñistas, los comentarios elogiosos y un entorno de excesiva rutina y previsibilidad. 
A veces el golpe en la mesa hay que saber darlo.

No se trataba de tirar la toalla a estas alturas, más bien encontrar algún tipo de opción excitante.
Oportunidades como esta se presentan muy pocas, y no están los tiempos para dejar pasar trenes.
Seguramente a estas alturas ya hayais visto algún tipo de promoción sobre el caso y os haya despertado la curiosidad.

Hoy lo podemos confirmar, entonces.
A partir del 1 de Diciembre, el canal privado de TV LaSexta incluye descartes y reseñas que, por su inconcreción o baja calidad, no encuentra acomodo en nuestro blog enseña.

Reseñas de poca profundidad, apenas unas líneas sinópticas para suscitar interés por algunos libros, junto a un escueto perfil que defina el lector idóneo para un disfrute lector sencillo, cómodo y seguro.
Otra cuestión es que, lógicamente, gran proporción de los libros sean publicados por editoriales de la órbita de Planeta.
Basta con echar un vistazo a los primeros títulos reseñados y ver que muchos de esos títulos no encontrarían acomodo en nuestro exigente blog, y que hemos decidido ceder material y crear una marca blanca.
A veces uno tiene que asumir que el mundo best seller lo es por algo,
Debido a que los términos legales y de copyright pudieran incidir en la operación financiera, cuyos detalles no podemos desvelar, no podemos usar aquí un link de acceso a ese Hacendado de ULAD,  pero estaremos, allí también, un poco más escondidos (las reseñas no saldrán firmadas), ya sabréis buscarnos.
Otra vez, gracias.

viernes, 27 de diciembre de 2019

César Aira: Prins

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Recomendable alto

Ya avisé que habría más sobre el opio. O en torno a. O no sé cómo decirlo. El caso es que me voy a la novela de César Aira, a la que le tenía ganas desde que se publicó, y zas! sin haberlo sospechado, allí está en la cubierta la amapola en su inocente integridad, con su bolita característica y alguna disección de forma altamente sospechosa. Aunque también cabe decir –aquí cabe decir casi todo- que el opio es más que nada una excusa, un leitmotiv para presentar una narración descoyuntada dentro de su racionalidad. La adormidera extiende su poder y ya no sabemos qué es real y qué no. Verán.

Tenemos a un escritor de novelas góticas de gran éxito comercial, que en un momento dado decide abandonar el oficio, harto de ver su nombre asociado a lo que reconoce que es una basura. Buscando entre numerosas alternativas para su nuevo tiempo libre, se decide por el consumo de opio. Ya tenemos algunos elementos fijados para desarrollar la narración: la droga y el trasfondo de historias misteriosas de época, todo ello con tintes claramente románticos. Y tal vez reflexiones en torno a la literatura en sus distintas vertientes, el hecho de escribir qué, por qué, cómo. Todo parece bastante lógico, sí, pero, ay amigos, el señor Aira no se parece a su propio escritor de best-sellers, y a partir de esos materiales lo que se va formando es algo muy especial. 

La prosa de Aira es más bien concisa y directa, eficaz y poco amiga del adorno, y por el contrario el hilo narrativo es silvestre, crece en direcciones que parecen aleatorias formando nudos y ramas sinuosas, volviendo sobre sí mismo, atrapando al lector en puntos ciegos que más tarde descubre que no eran tales. Tiene algo de laberinto pero los tiempos son breves, uno cree que sigue una pista cierta, enseguida la pierde pero pronto también la recupera… o cree recuperarla. No tengo claro si esto es o no un juego, pero desde luego si esta construcción errática está construida con plena consciencia demuestra una enorme pericia, y mucho talento si se impulsa a golpe de intuición. No me cabe duda de que el libro tiene mucho de ambas cosas.

El mismo título es un guiño muy sutil que tiene que ver con cierto edificio a medio terminar en el que se desarrolla una escena intensa y previsible con un desenlace disparatado. La crisis inicial en torno a la creación literaria da para argumentaciones muy racionales, pero no tardando mucho encontramos contradicciones y vacíos que descolocan de nuevo al lector. El ambiente gótico de las novelas se mimetiza en la propia historia de su autor, los trucos de la literatura fácil corren el riesgo de volverse reales, y el tópico de la dama secuestrada en el castillo se superpone al amor juvenil por una mujer, que puede ser una, o quizá dos. 

Aira muestra ingenio a paladas, humor y valentía para saltarse supuestas normas sobre la narrativa, y de esta forma el libro, que parece empapar al lector en los efectos de la adormidera que preside el relato, puede leerse como la deconstrucción de aquel género heredado del romanticismo con el que arranca el relato.

Si acaso, todo este chisporroteo de creatividad puede en algún momento resultar algo gaseoso, y cabría pensar si no hubiera colocado el libro todavía mucho más alto de haberse puesto al servicio de algo de mayor empaque. Es posible que lo que estoy planteando sea una contradicción en sí mismo, quizá solo una historia con los tintes paródicos de esta pueda armarse sobre esta estructura un poco loca, libre y espontánea, que es lo que da frescura a la obra de este autor y la hace tan singular. Hay que leerlo para decidir. Puede que no lleguemos a ninguna conclusión (eso mismo sería muy airiano), pero nos reiremos a ratos y disfrutaremos seguro.

Otras obras de César Aira reseñadas en ULAD: aquí

jueves, 26 de diciembre de 2019

Boris Vian: Que se mueran los feos

Idioma original: Francés
Título original: Et on tuera tous les affreux
Traducción: T. P. Lugones*
Año de publicación: 1948**
Valoración: Se deja leer

Que se mueran los feos es un disparate. Un disparate que empieza parodiando a la novela policiaca y no tarda en convertirse en un abigarrado pastiche que combina elementos de género negro con erotismo, aventuras y ciencia ficción. Lo protagoniza Rocky, un culturista que quiere llegar virgen a los veinte años y se unirá al FBI para detener al doctor Schutz, un científico que pretende erradicar la fealdad. Menuda premisa, ¿eh?

Por si quedaba alguna duda, esta obra es tremendamente divertida. La mala escritura, señores, puede garantizar una experiencia única. ¿A qué me refiero con mala escritura, preguntaréis? Pues a que Vian escribe mal adrede. Concretamente, estas páginas nos obsequian con:

  • Un mensaje confuso de narices.
  • Un ritmo vertiginoso que impide que ninguna idea acabe de cuajar.
  • Un crescendo argumental, el cual va concatenando un exceso tras otro.
  • Personajes inverosímiles cuyas motivaciones están cogidas por los pelos. 
  • Abundantes giros de tuerca, algunos de ellos muy forzados. El del perro Noonoo hablando, por ejemplo. 
  • Escenas de sexo flagrantemente gratuitas. A destacar una en la cual dos pelirrojas clónicas mantienen relaciones lésbicas.  
  • Un sentido del humor chabacano que de tanto en tanto ofrece fogonazos metaliterarios extraordinarios. Señalaría aquí cierta nota a pie de página.
  • Una prosa ramplona salpimentada con términos ridículos como «pardiez», «crápula» o «marranas». 

En definitiva, recomiendo Que se mueran los feos a los amantes del "pulp" más lúdico y desprejuiciado. Sólo Boris Vian, quien se presentó como su traductor***, podría perpetrar semejante diablura.


*Esta es la peor traducción que he leído en mucho tiempo. De lejos. ¿O quizás el material original estaba mal redactado, y T. P. Lugones se ha limitado a respetar ese cutrismo primigenio? Probablemente nunca lo sabremos... Y ahí está la gracia. 

**Que se mueran los feos se publicó por entregas en 1948. Ese mismo año, Boris Vian corregiría y ampliaría la novela.

***La escribió bajo el pseudónimo de Vernon Sullivan, un supuesto autor afroamericano.


También de Boris Vian en ULAD: Aquí

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Víctor Hugo: Nuestra Señora de París

Idioma original: Francés
Título original: Notre-Dame de Paris
Traducción: Carlos Dampierre
Año de publicación: 1831
Valoración: Imprescindible

Dos elementos juegan totalmente en contra de "Nuestra Señora de París". Uno sería esta era vertiginosa en la que estamos inmersos y a la que la literatura no es ajena; estos días en los que lo que a primera hora de la mañana fue noticia impactante es a última hora de la tarde agua pasada, en los que centenares de  novedades aparecen y desaparecen de nuestras librerías a toda velocidad y la novela se hace más breve, más "urgente", más "moderna", más acorde a esta época de clickbait, Twitter e Instagram. El otro sería la atroz adaptación de Disney, absolutamente ajena al espíritu de la novela, que puede provocar un "efecto huida" en potenciales lectores.

Pues bien, en ocasiones (y esta es una de ellas) conviene luchar contra los elementos. Por un lado, tendremos que abstraernos de posibles prejuicios derivados del visionado de "El jorobado de Notre Dame" ya que la novela no tiene demasiado que ver con la película. "Nuestra Señora de París" es una novela total, muchísimo más completa y compleja de lo que la película puede dar a entender, en la que el elemento romántico diría que es casi secundario. Por otro lado, deberemos estar preparados para una narración lenta, morosa, detallada y con importantes (pero magníficos) interludios, sobre todo en su primera mitad.

No creo que sea necesario entrar en el argumento de la novela (o al menos en su línea principal), de sobra conocido por todos. Solamente me centraré en algunos datos generales y en los motivos de la valoración que le otorgo.

Pues bien, "Nuestra Señora de París" es una novela dividida en once libros y ambientada en el año 1482. Protagonizada por multitud de personajes de las más variadas clases sociales (desde el rey Luis XI hasta los más marginales seres de París, pasando por clérigos, nobles, burgueses, etc), la novela ofrece, más allá de la historia novelesca, un cuadro completísimo de una época y un lugar tan protagonistas como los propios personajes. Y es que París, la catedral de Nuestra Señora, el arte del siglo XV y las reflexiones y descripciones de Víctor Hugo acerca de los mismos y de su evolución hasta el siglo XIX ocupan buena parte de las páginas de la obra. En ocasiones, el autor incluso se desviará del argumento de la novela y dedicará páginas y páginas a lo que podrían considerarse tratados sobre el arte medieval (libro III), historia de la evolución urbanística de París (libro III) o historia de la arquitectura y su evolución unida a la evolución del pensamiento (libro V). Estas páginas, además de sorprendentes por inesperadas, resultan de lo más instructivas e interesantes.

Otro aspecto fundamental de la novela es su carácter oscuro, trágico y decadente. Nada más alejado de la adaptación cinematográfica de Disney que el espíritu de la novela. En este sentido, me parece observar en muchas de las escenas de la novela la influencia de la obra de Goya (quizá también se deba a mi reciente lectura del Goya de Ivo Andric). Por ejemplo, las escenas que tienen lugar en los bajos fondos de París, las ejecuciones, etc tienen un fuerte aroma "tremendista".

Más: las largas y detalladas escenas en las que Víctor Hugo, como si fuera un director de cine, combina lo que en el cine sería el plano-secuencia y el travelling para acercarnos a los diversos personajes. No sé si esto sería novedoso en su tiempo, pero me parece algo moderno y que antecede al séptimo arte.

Más: una lectura simbólico / política de la novela, en la que aparecen, por ejemplo, el mito de Frankenstein, la libertad representada por Esmeralda, la persecución y el odio a lo diferente por parte no solo del poder sino también de parte de la "masa". Hay que tener en cuenta que en el año 1830 tuvo lugar el levantamiento en armas del pueblo de París contra Carlos X, del cual es testimonio el cuadro de Delacroix "La libertad guiando al Pueblo". En este sentido (y quizá erróneamente, no lo sé), no me es difícil imaginar a Esmeralda representando a esa libertad del cuadro.

Ahondando en esta lectura, son constantes las críticas a la monarquía (representada en un Luis XI avaro y cruel), a los interesados que pululan a su alrededor, al clero (ni Claude Frollo ni el cardenal de Borbón son ejemplo de nada), a la magistratura (esos jueces sordos...), etc. No solo eso, tampoco el "pueblo" sale muy bien parado ya que aparece muy influenciado por supersticiones absurdas.

Pero, sobre todo, "Nuestra Señora de París" es una completa galería acerca de las más altas y bajas  pasiones humanas, siempre atemporales, narrada sin prisa y con todo lujo de detalles. Una novela que dentro de no mucho tiempo cumplirá 200 años pero que continúa siendo plenamente actual. A lo mejor, pese a todo, no hemos cambiado tanto como creemos, ¿no?

P.S.: El "Nuestra Señora de París" que he leído y cuya portada aparece al comienzo de la reseña corresponde a la magnífica edición ilustrada publicada por Alianza hace escasas semanas. Si aún no habéis comprado vuestro regalo de Reyes, esta es una muy buena opción. Continente y contenido merecen mucho la pena, de verdad.

También de Víctor Hugo en ULAD: Última día de un condenado a muerte

martes, 24 de diciembre de 2019

Arelis Uribe: Quiltras

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2019
Valoración: Está bien

Como ya se ha comentado en innumerables ocasiones en este blog, unas expectativas muy altas pueden llegar a desmerecer la lectura de cualquier obra. 

Quiltras, está avalada por el Premio del Ministerio de Cultura de Chile al Mejor Libro de cuentos del año 2016, así como por la trayectoria de su autora que, pese a su juventud, ha participado en numerosísimas iniciativas literarias y sociales. La publicación en su Chile natal lleva incontables ediciones y en nuestro país ya va por la segunda de la mano de la jovencísima Editorial Tránsito (que también se ha llevado buenas referencias en alguna otra entrada de este blog).

Mi caso con Quiltras ha sido entonces consecuencia tanto de esas numerosas y apabullantes expectativas como de la idea preconcebida sobre lo que iba a encontrar entre sus páginas. 

Resumen resumido: ocho adolescentes/jóvenes mujeres chilenas de clase media baja relatan situaciones vividas que las han marcado de algún modo y les han hecho tomar conciencia del papel que se espera de ellas en un mundo clasista, machista y racista. 

Consciente de que formo parte del —por lo visto— reducido grupo de lectores que no ha logrado conectar con el particular mundo de Arelis Uribe, trataré de indagar en los motivos. Mi entrada en Quiltras estuvo muy condicionada por el texto de su contraportada así como por un prólogo de Gabriela Wiener casi hipnótico: 
«Antes de que este libro llegara a España, miles de jóvenes de los barrios populares chilenos se sintieron identificadas con esta emergente subjetividad, con las historias de extrarradio de chicas mestizas, precarias, urbanas, indígenas, bisexuales, de las que Arelis es su cronista extraoficial. Allí se vieron por primera vez, allí estaban sus deseos y tormentos, todo eso que no recogió la literatura intramuros del masculino universal (…). Tampoco la del realismo sucio urbano de chicos malditos, donde ellas eran las novias, perritas, culitos, las musas flacas y perversas de sus delirios bukowskianos.» 
Y lo que me vino a la cabeza fue la marginalidad en la que viven mujeres y niñas sin hogar y/o que son explotadas de todas las maneras posibles. Sin embargo Quiltras no va de esa marginalidad, pero entonces, ¿por qué las dos únicas frases que pueden llegar sugerirlo de entre todo el texto de los ocho relatos, están estratégicamente citadas en la contraportada y en el prólogo? No sé si se trata de una simple estrategia de marketing o si forma parte de un juego mucho más sofisticado mediante el cual hacernos ver que hay muchos tipos de violencia e injusticia y que la peor es la que está tan arraigada en nuestra cotidianeidad que nos pasa desapercibida. A mí me confundió. También se me ocurre que un retrato de un sector tan específico de una sociedad con una cultura distinta a la nuestra no puede tener el mismo impacto (que no éxito) aquí que allí. «Quiltra» en Chile significa algo parecido a perra callejera y creo que aquí —o quizá solo a mí— cuesta identificar a unas perras callejeras con unas chicas que, de mejor o peor manera, tienen acceso a la universidad y a clases de pilates. Y creo que de ahí viene también parte de mi falta de empatía hacia los conflictos que se exponen y que no por ello son menores. 

Si nos centramos propiamente en las cuestiones narrativas, son ocho relatos cortos en primera persona narrados por diferentes mujeres de manera que se conforma una visión caleidoscópica con el objetivo de conformar un todo, una visión amplia de lo que significa ser una joven mujer mestiza de clase media baja en un país como Chile. Pero también podrían ser diferentes experiencias que se superponen para ilustrar todo lo que podría caber en la vida de una sola mujer. 

Se trata de relatos cortos escritos con gran habilidad, frases escuetas que destilan naturalidad y sentido que alternan con descripciones ágiles y precisas. La acción avanza sin respiro y envuelve al lector a lo largo de todo su desarrollo. Los relatos que más me han gustado, probablemente «Bestias» por la claridad en su tema y su conflicto y «El kiosco» por su fuerza evocadora. 

Así que Está Bien porque aunque no he conectado con los conflictos de esas mujeres, esa voz y mirada crudas y a la vez delicadas sobre una realidad hasta ahora relegada, resulta ser un retrato de gran valor. También porque Arelis Uribe hace gala de una prosa muy ágil y juguetona que engancha con facilidad y crea atmósferas enormemente sólidas y sugerentes, repletas de detalles que enseguida ponen al lector en situación. 

Necesitamos, sin duda, muchos más relatos así para ensanchar nuestras miras —masculinizadas, capitalizadas, occidentalizadas/caucásicas—, ejercitar la empatía y entender la diferencia como fuente de riqueza y no de temor. Solo así como sociedad podremos mirarnos al espejo sin morirnos del asco.

lunes, 23 de diciembre de 2019

John le Carré: Un hombre decente

Idioma original: inglés
Título original: Agent Running in the Field
Año de publicación: 2019
Traducción: Benito Gómez Ibáñez
Valoración: recomendable

En más de una ocasión, en los comentarios que se hacen a nuestras reseñas, hay quien nos ha señalado, con total acierto, que nunca nos habíamos ocupado de los libros del afamado escritor de novelas de espías John le Carré (David Cornwell en su casa). Pues bien, ha llegado el día de acabar con esa omisión y qué mejor que hacerlo con su última obra hasta la fecha... y que quizás sea la última que escriba, dada su avanzada edad y que el hombre se encuentra algo bastante pocho, por lo visto. Aunque claro, nunca se sabe y crucemos los dedos...

Esta última novela, Un hombre decente -traducción que no tiene mucho que ver con el título original y que condiciona la lectura, me temo, aunque no sé si para bien o para mal- también es de espías, como debe ser; aquí nos cuenta las periperipecias de Nat, un agente veterano en los asuntos rusos -él mismo es medio ruso o, al menos, cuarterón- que, a punto de quedar fuera de la Oficina, como se llama al MI6, pasa a dirigir una subestación marginal de la misma, conocida como El Refugio, desde donde vuelve a entrar en el juego. También en el juego del bádminton, del que es un aventajado practicante y que en esta novela tiene una importancia fundamental: Nat comienza a enfrentarse en su club con un joven desgarbado y más bien peculiar llamado Ed Shannon, que además de revelarse como un contrincante a su altura. resulta ser un inconformista con el rumbo que está llevando su país y el mundo, en general... Lo que no es baladí, puesto que el Brexit y los gobiernos de Trump y Putin son el telón de fondo -y algo más que eso- de la trama de espionaje de la novela.

Novela de espías, sin embargo, con aire un poco vintage, puesto que parece (o al menos así se retrata aquí) que los servicios secretos han vuelto en buena medida a los métodos "tradicionales", dada la vulnerabilidad de la tecnología digital. Novela que, además, no oculta una cierta nostalgia (en lo que se refiere al aspecto literario, se entiende) por la Guerra Fría, con aquellos agentes y topos de la KGB tan entretenidos... Novela que, pese a lo que yo mismo comenté en la reseña de Caballos lentos, sí que guarda algún parentesco con las de Mick Herron: El refugio parece una versión aligerada de la Casa de la Ciénaga y también adquieren gran importancia -incluso crucial- a las circunstancias más prosaicas y domésticas de los espías, que tienen que ve más con simples y a veces sufridos funcionarios gubernamentales que con agentes 00 con licencia para matar.

Novela de espías que, como es de suponer no sólo trata de una trama ingeniosa o unos personajes pintorescos; subyace en ella la cuestión de hasta que punto hay que gusrdar lealtad al país o la sociedad a la que perteneces, al Estado para el que trabajas (o al que pagas tus impuestos y respetas sus leyes, sin más)... y por tanto, si es ético traicionarlo cuando los derroteros que sigue van en contra de tus ideas o en contra de su propia ciudadanía, a tu entender.

Huelga decir que la historia está escrita con una soltura, un ritmo y un humor que denotan no sólo un gran talento sino sobre todo un gran oficio en estas lides. Ni siquiera el que el final (y espero no estropearle la lectura a nadie) sea un tanto abrupto y deje algunos flecos, algunos interrogantes que hacerse tras una trama de precisión suiza, devalúan el placer que supone devorar esta última (y que sea de momento) novela del maestro del género. Sin duda, recomendable.


domingo, 22 de diciembre de 2019

Olivia Laing: La ciudad solitaria


Idioma original: inglés
Título original: The Lonely City. Adventures in the Art of Being Alone
Año de publicación: 2016
Valoración: Recomendable




Son muchas las cosas que el arte no puede hacer. No puede devolver la vida a los muertos, no puede reparar las peleas entre amigos, curar el sida o detener el avance del cambio climático. A pesar de todo, tiene funciones extraordinarias, una extraña capacidad de negociación entre las personas, incluso aquellas a las que nunca hemos llegado a conocer y, sin embargo, se infiltran en la vida de otros y las enriquecen…”


La forma de acercarnos por primera vez a un libro es más importante de lo que parece porque va a condicionar nuestra relación con él durante la lectura, e incluso más allá. Antes de empezar a leer, solemos mirar la portada, quizá ojeamos la sinopsis, echamos un vistazo general, todo eso está muy bien, pero no debemos olvidar encuadrarlo en el género –o mezcla de géneros– a que pertenece. No hablo de hacer un trabajo de investigación ni de ser demasiado específicos sino de no confundir los propósitos del autor, y es lo que ocurriría si, por ejemplo, pensamos que La ciudad solitaria pertenece a un género tan de actualidad como la autoficción porque, casi seguro, acabaríamos decepcionados. Esto, aviso, no es una novela, aunque utilice la autobiografía con total libertad y eso suponga inventar lo que sea menester, sino un ensayo autobiográfico. Y, para evitar confusiones, les recuerdo que un ensayo literario es un texto didáctico que explora libremente un asunto. En este caso, la soledad es el más evidente porque, desde luego se habla constantemente de ella, y quizá fuese el propósito inicial de Laing, pero analiza con tal profundidad causas y consecuencias que acaba describiendo a la gente de esta época y a la época en sí misma, a su individualismo creciente y preocupante.
La excusa (en el ensayo puede haberla porque la voz del escritor suele estar muy presente) es un episodio, real o inventado, eso da igual: en cierto momento, Laing deja Inglaterra sin pensárselo mucho para instalarse durante algún tiempo en una Nueva York donde no tiene anclajes, experiencia de soledad que le sirve para analizar otras vidas solitarias, aunque siempre consagradas a un propósito artístico. Estos primeros episodios, cuando todavía está explorando las posibilidades de su idea, muestran auténticas rarezas, de forma que la comparación con su biografía resulta un tanto artificial. Se adivina una intransigencia injusta, incluso con su propio personaje, como si la soledad debiese avergonzar y el rechazo tuviese justificación. Pero Olivia Laing, la auténtica, no parece ser la diletante que ella misma describe. Estaba trabajando duro, documentándose y practicando una autoindagación que la condujo a conclusiones realmente valiosas. Y es que en ese punto, su enfoque de la soledad todavía se aproxima más a la patología mental que a una auténtica vocación solitaria como parte de la esencia del artista.
Incomunicación por aislamiento, silencio o incapacidad para usar el lenguaje. Tipos que se consideran bichos raros, repelen a unos y fascinan a los incondicionales que les dieron la fama. En su mayoría se trata de iconos del pop: Warhol,  Wojnarowicz, Nomi, Hujar, algún artista más ortodoxo, como Hopper, o expulsados a los márgenes y reivindicados demasiado tarde, como Darger y Valerie Solanas. A mi modo de ver, el mayor mérito de este trabajo consiste en trasladar el conflicto de la personalidad peculiar de los individuos a los despiadados hábitos de una sociedad fabricante de clones que premia la uniformidad, estigmatiza al diferente y tiende a encerrarnos en una burbuja. Esto lo veremos mejor en el último tercio, cuando la propia Laing nos descubra su lado más vulnerable y lo conecte con las miserias de la sociedad y su efecto en quienes se pensaban triunfadores y resultaron ser víctimas. El daño no siempre es proporcional a la agresión, depende de la vulnerabilidad de cada uno, pero ese ambiente descarnado y receloso de las últimas décadas del siglo pasado, cuando el pánico se unía a la homofobia  para despreciar a un colectivo que se veía desaparecer, cuando a la angustia por la pérdida se sumaba la propia enfermedad está tan bien reflejado, encuentra un eco tan exacto en la sensibilidad de la propia autora que por fuerza acaba implicando al lector. El sida es aquí el gran drama de la segunda mitad del XX, pero el XXI nos ha traído un aislamiento que ni en nuestras peores fantasías habríamos imaginado: Internet obsesiona y atrapa de forma mucho más estéril que el arte. Que Warhol se hubiese casado con su grabadora parecía en su momento una excentricidad enorme, ahora todos estamos maniatados al móvil y ni siquiera nos hemos dado cuenta.
Un texto melancólico y relativamente pesimista que va ganando en intensidad según avanza y en el que abundan los momentos poéticos, descarnados, tanto introspectivos como de análisis social (“… la soledad, el anhelo, no significan que uno ha fracasado sino sencillamente que uno está vivo”). Luego, el problema no está en nosotros sino en un mundo donde nada ni nadie parece estar en su sitio, donde todo es desmesurado, la sobreabundancia de información y el vértigo de las comunicaciones nos superan y el arte se ha convertido en una eterna pregunta que refleja nuestra perplejidad.

Traducción: Catalina Martínez Muñoz

sábado, 21 de diciembre de 2019

Álvaro Colomer: Ahora llega el silencio

Idioma original: español
Año de publicación: 2019
Valoración: se deja leer

Vaya por delante que a mí, eso de ser joven me queda ya bastante lejos. 
Incluso teniendo en cuenta esa eterna juventud de hoy en día que alguno, véase casos como Álvaro de Marichalar , exprime hasta la extenuación. Lo que tienen los tintes para el pelo y la ropa casual.
Y considerando igualmente que lo que marca la entrada en la juventud es el final de la infancia, eso de la adolescencia, abrupto paso desde Peppa Pig a Pornhub en milisegundos, y que no tengo claro qué es ser joven cuando hay patanes de 25 años a los que a uno le da escalofríos saber que hace siete años que votan, aunque, perdonen el exabrupto, hace diez que fumen, beban y follen, todo ello según las estadísticas de acceso público.

Entonces, la literatura juvenil es para mí un misterio que intento desentrañar aquí de manera esquemática:

Protagonistas de parecidas edades por el tema de que el lector potencial se sienta representado.
Peso generacional en cuando a situarse frente al mundo adulto de forma colectiva.
Lenguaje directo, sencillo, sin excesivo peso formal pues ya sabemos, los jóvenes dicen TKM por el Whatsapp y todo alarde literario resulta superfluo y distrae de lo principal.
Trama dinámica, tendencia al estereotipo plano héroe-villano, tensión sexual poco explícita, cierta pulsación algo grandilocuente, los jóvenes vivimos con intensidad, ya nos aburriremos cuando cumplamos los .... (rellénese lo que proceda).

La última novela de Álvaro Colomer, Aunque caminen por el valle de la muerte,, me pareció magnífica. Una osada crónica ligeramente barnizada de ficción sobre la batalla de Najaf. Un estupendo texto que combinaba dinamismo, un sentido narrativo intrépido, y del que traslucía un escritor valiente, no sin cierta sorna incluso al tratar de hechos dramáticos como los encuadrados en los episodios bélicos.

Lo siento, entonces, por expresarlo con tanta contundencia, pero creo que una novela juvenil ahora es un paso atrás, y cualquiera me dirá que hoy en día los escritores ya no tienen que tener carreras ni trayectorias, sino que tienen que publicar para ir viviendo.
La historia de Astrea, Néstor, León, Lobo y el Rey Muerte conserva algunas similitudes en el fondo: batallas encarnizadas en escenario urbano, una Barcelona en que todos los adultos (o sea, todos los que superan los 22 años) han fallecido por un extraño virus, dejando la ciudad a expensas de los que no alcanzan esa edad, que se han agrupado por barrios y han procedido a marcar su territorio. Todo resulta algo misterioso y hay reminiscencias de esa cultura de la distopía onda Mad Max-La carretera-Waterworld-Mecanoscrit del segon origen donde la civilización se ha reseteado y todo queda en manos de unos pocos elegidos. Así que hay hordas de desalmados que se comportan con la crueldad propia de las situaciones límite y la ciudad ya es el escenario de cruentas luchas por dominio del territorio, de los recursos. Cada grupo reacciona a su manera, y hay bandadas de niños menores, de mujeres, de malos y de buenos.

Cuesta un poco creer todo esto, pero claro, los jóvenes tragan con cualquier cosa. ¿No?

Y tan legítimo es decir que sí, que es posible que el libro cale en cierto público o algún profesor de literatura lo use como recurso a la hora de estimular a los alumnos, pues no pocas analogías pueden establecerse de ese punto de partida: un mundo donde los adultos han desaparecido y ha quedado a disposición de una generación aún no madura. Nuevos paradigmas, realidades cambiantes, la mierda de mundo contaminado e hipercompetitivo que les dejamos los adultos de hoy. Etc. Puede que sea el detonante de encendidos debates, ¿por qué no?
Pero que, incluso con una narración solvente y unos hechos esquemáticos, a mí ya no me enredan más con estas etiquetas, pues también.

viernes, 20 de diciembre de 2019

VV.AA.: La mala puta. Réquiem por la literatura española

Idioma original: Español
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable para interesados

La mala puta es un ensayo fruto de la colaboración entre dos escritores españoles. Miguel Dalmau y Román Piña Valls analizan en él, desde sus respectivas posturas, la acentuada decadencia de la literatura nacional. 

La intervención de Dalmau es la que más me ha gustado. Dalmau se contradice aquí y allá, suele generalizar y abusa de anécdotas sin rigor alguno para ilustrar su tesis, vale, pero tiene un discurso bastante meditado, amén de una prosa elocuente y adictiva. 

Por otro lado, la parte de Piña no me acaba de convencer. Piña profundiza poco en los temas que expone, y eso que intenta abarcar mucho menos que su predecesor. Además, se sustenta excesivamente en testimonios ajenos, por lo que su opinión personal acaba antojándose nebulosa. 

A esta edición de La mala puta se le puede reprochar:

  • No haber corregido diversos fallos ortotipográficos.
  • No haber unificado las decisiones estilísticas de cada uno de los autores para darle un acabado homogéneo a los textos presentados.  

En resumen, La mala puta es un ensayo recomendable para todo aquel que esté interesado en la precariedad de la literatura española contemporánea. Eso sí, abordadlo conscientes de sus sesgos y lagunas, y sobre todo teniendo en cuenta que funciona más bien como diagnóstico que como recetas eficaces con las que mejorar la situación. Tanto a Dalmau como a Piña les lastra su romanticismo, y las pocas soluciones que proponen son ingenuas o directamente utópicas.     

jueves, 19 de diciembre de 2019

Ivo Andrić: Goya


Idioma original: Serbio
Título original: Гоја y Разговор са Гојом
Traducción: Miguel Rodríguez
Año de publicación: 1928-1935
Valoración: Curioso

Con esta reseña matamos dos pájaros de un tiro: por un lado, nos unimos a las celebraciones por el bicentenario del Museo del Prado; por otro, traemos por primera vez a ULAD a Ivo Andrić, premio Nobel de Literatura en 1961 y uno de los máximos exponentes de las letras balcánicas del siglo XX (algún día reseñaré "Un puente sobre el Drina", lo prometo).


El libro que hoy reseñamos se compone de dos breves textos acerca del pintor aragonés, uno de los mayores atractivos de la pinacoteca madrileña (por cierto, además de la exposición permanente, podéis visitar hasta el 16 
de febrero de 2020 una exposición de dibujos del artista).

El primero de ellos es una biografía del pintor, escrita con motivo del centenario de la muerte de Goya y de la exposición organizada en el Museo del Prado para tal aniversario. A buen seguro, Andrić tuvo la suerte de visitar la exposición ya que por aquel entonces residía en Madrid en su condición de vicecónsul de la legación yugoslava. Aquí, la prueba (foto tomada por el reseñista. Espero se tenga en cuenta en la próxima revisión de salarios de ULAD).

Es, por tanto, un acercamiento a una vida de leyenda, con tantas luces y sombras como sus pinturas. Breves pinceladas acerca de sus diferentes momentos clave, como su estancia de juventud en Zaragoza, en la que se acerca a las clases populares y marginales, sus estancias en Madrid e Italia (oscuro episodio incluido), su retorno a Madrid y su trabajo febril en la Real Fábrica de Tapices, su nombramiento como pintor real, los primeros signos de su deriva crepuscular, su papel durante la invasión napoleónica y la influencia brutal de los desastres de la guerra en su obra y su postrero destierro y muerte, aportan una serie de datos que quizá dejen insatisfecho a quien ya conozca con cierta profundidad la biografía del aragonés pero que servirán de forma más que suficiente a quien se acerque a él por vez primera.

Más interesante me parece el segundo texto. En él, Andrić se sirve de un encuentro ficticio con un Goya ya anciano y desterrado en Burdeos para desarrollar, a través de un monólogo del pintor, un pequeño tratado acerca del propio Goya, del arte y del destino de la humanidad. Particularmente destacables me parecen las reflexiones planteadas sobre el abismo entre el arte y la sociedad y entre el tormento y el encanto dentro del propio arte, las ideas sobre la situación del artista como "fuera de la ley", como medium entre dos mundos y como creador de nuevas realidades, la teoría del retrato esbozada en sus líneas y la reinterpretación de la obra goyesca en general y de su etapa oscura en particular.

Se completa en libro (librito, más bien) con reproducciones de treinta de las obras más representativas del pintor presentadas por órden cronológico. El recorrido parte de "La novillada" (1780) y llega hasta "Saturno" (1820-1823), pasando por el retrato de Carlos IV, las aguafuertes, las majas, los fusilamientos, etc.

En fin, un libro que en lo literario cumple su función, siempre y cuando no sea uno un experto en la materia, y que en lo pictórico es una buena muestra para quienes estén lejos de Madrid. Para los que no, ¡todos al Museo!

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Patrick deWitt: Los hermanos Sisters

Idioma original: inglés
Título original: The Sisters Brothers
Año de publicación: 2011
Traducción: Mauricio Bach
Valoración: recomendable

Vamos con una del Oeste: en plena fiebre del oro, los hermanos Sisters, Charlie y Eli, forman una pareja de asesinos que trabajan para un magnate de Oregon conocido como el Comodoro. Éste les envía a California para finiquitar a un particular buscador de oro llamado Warm. En el trayecto los hermanos van encontrando a toda una serie de no menos peculiares personajes y resolviendo algunos problemas de su habitual forma expeditiva; al tiempo, vamos conociendo la personalidad de cada uno: Charlie, el mayor, es más malévolo, resolutivo y hasta sanguinario, mientras que el menor, el orondo Eli -quien, por otra parte, es el narrador de la historia-, parece más sensible, enamoradizo y tranquilo; su ambición, de hecho, es dejar la vida de malevaje y convertirse en tendero.

Resulta ésta una novela un tanto extraña, sobre todo en su primera mitad, más o menos, cuando, aparte del objetivo del viaje de los hermanos Sisters, que al principio aún parece muy lejano, no hay un hilo argumental que vaya hilvanando las diversas peripecias y encuentros, excepto el propio viaje en sí. Esta primera parte es fácil emparentarla, por tanto con otros muchos ejemplos de "novelas de viajes", desde, cómo no, Don Quijote de la Mancha a En el camino... (y empezando, claro está, por la Odisea); narraciones en las que los conocidos fortuitos, las historias que suceden o que cuentan las personas que los viajeros van encontrando en su ruta tienen un peso fundamental. Eso sí, si de Witt pretendía darle a este periplo un aire aleatorio, incluso un toque de cierta irrealidad, lo consiguió, sin duda: de hecho, (y creo que ya he utilizado estas comparaciones el alguna reseña de otro libro), la novela parece a veces haber sido escrita al dictado de los dados de un juego de rol o uno de los itinerarios posibles de una libro de aquellos de la colección Elige tu propia aventura... Sólo en su última parte cuando ya los pistoleros se acercan a su objetivo, la historia gana en unidad y coherencia. aún así, lo inusual, lo inesperado, lo accidental, juegan en todo momento  un papel importante en el desarrollo de la trama.

Eso no significa, en cualquier caso, que el libro no tenga su interés e incluso su lectura resulte absorbente en muchos momentos; todo lo contrario. De hecho, es su propio aire de extrañeza, la entre la ingenuidad y la crueldad, lo que casusa cierta fascinación, no poco desconcertante. Al final, de todas formas, lo que queda es una fábula  -la historia, pese a estar protagonizada por unos matones del Oeste norteamericano, denota también en ocasiones un regusto casi a cuento de hadas- sobre los sueños y aspiraciones, sobre el azar y la fortuna, y la falta de ella. Con una pareja de villanos protagonista a la que, pese a todo, se le toma cariño (quizá por ellos el gran Jacques Audiard, con su guionista de cabecera Thomas Bidegain, estrenaron este mismo año una película basada en la novela, y que no está nada mal. Aunque os prometo que yo también he leído el libro, que en ULAD no hacemos nunca trampas...ejem...)

martes, 17 de diciembre de 2019

Rachel Cusk: A contraluz

Idioma original: inglés
Título original: Outline
Traducción: Marta Alcaraz
Año de publicación: 2014
Valoración: entre recomendable y está bien

Hay novelas difíciles de reseñar, no por su contenido, sino porque sé de antemano que puede que la reseña no encaje con la opinión de muchos lectores, algunos de ellos de los que me fío enormemente. Y podría ser perfectamente el caso de esta novela. Pero aquí se pide honestidad y sinceridad, así que vayamos a ello.

En primer lugar, debemos ser conscientes de lo que plantea la novela: un viaje de la protagonista a Grecia que sirve de vehículo para narrar, a partir de él, un conjunto de conversaciones entre la narradora y varias personas (no demasiadas) que, fortuitamente o de manera buscada, encuentra en su camino. Y vemos de entrada que sabemos poco de la protagonista, únicamente que se encuentra en un avión, camino a Atenas. La conversación inicial con su vecino de vuelo ya apunta de manera clara hacia donde la historia se dirige, pues, a través de la historia de su interlocutor, habla sobre las relaciones sentimentales, de pareja y de padres a hijos. Así, en una conversación en apariencia distendida, la autora la usa para mostrar un estilo donde se dice más de lo que se expresa, y utilizando una voz externa para tratar estos temas.

En los diferentes capítulos que conforman la novela, la protagonista conversa con distintos personajes que, de manera natural, le cuentan su vida o episodios de ella, y es en esas charlas de tono coloquial donde la autora utiliza los personajes de intermitente presencia (en alguno caso repetida) para poner un espejo ante ella y contrastar, de esa forma, diferentes visiones de ver el mundo y, especialmente, de las relaciones. Así desfilan, no únicamente los personajes, sino especialmente los puntos de vista, que divergen entre ellos y conforman un caleidoscopio a través del cual observar la siempre compleja vida sentimental.

El tono de Cusk es distendido, pero pulcro, preciso y afilado, y deja reflexiones que continúan mucho más allá de lo que la propia conversación establece. Así, encontramos perlas como «el amor lo cura casi todo, y cuando no puede curar, borra el dolor. Tú, por ejemplo, me dijo mi vecino, ahora estás triste, pero si estuvieras enamorada, la tristeza desaparecería» o «Lo que Ryan había aprendido de todo aquello era que tus fracasos nunca dejan de regresar a tu lado, mientras que tus éxitos son algo de lo que siempre tendrás que convencerte» o «son curiosas las ganas con las que los demás te animan a hacer cosas que ellos no harían ni en sueños, ese entusiasmo con el que te guían hacia tu propia destrucción». Así, en esta mirada caleidoscópica de personajes, vemos desfilar por el diorama de la narración a personajes de personalidad muy bien definida, como una madre quien dejó de lado su profesión para dedicarse al completo a su familia y darse cuenta a la postre que una vez la pierde no le queda nada «Lo único que te queda es otorgarles a tu marido y a tu hijo una importancia tal que tu ego pueda alimentarse de ella».

Con este estilo cuidado, la prosa de Cusk nos invita a viajar con ella a Grecia, pero nos insta especialmente a viajar por las múltiples vidas que retrata, de modo distendido, casi accidental y aleatorio, y que permite a la autora abrir diferentes escenarios en torno a las relaciones humanas, a los vínculos que establecemos con amigos y familiares, a las pequeñas luchas libradas en esas relaciones que a veces terminan en derrotas. Su estilo diáfano, abierto y nítido, expone sin juzgar situaciones sobre las que reflexionar, y se sitúa ella como receptora también de esas historias que ponen, a cada uno, en un contexto dialéctico y reflexivo del que sacar, como las instantáneas de un viaje, recuerdos que nos permitan pensar en aquello que somos o fuimos.

Estilísticamente, la narración de Cusk es sobria y elegante, y a pesar de la narración en primera persona ella misma se sitúa a cierta distancia de la historia narrada que deja totalmente en manos de sus interlocutores (algunas veces ella misma prácticamente ni interviene en el diálogo). Así, su visión de las diferentes historias es cercana a la que obtiene el lector, una distancia que permite a la autora prácticamente desaparecer del relato y situar justo en ese sitio desocupado por ella al lector, quien acaba conociendo a la protagonista por contraste con sus interlocutores. De esta manera, las historias narradas por los personajes parece que vaya dirigidas prácticamente al lector, y el juicio o análisis que debería hacer la protagonista de manera explícita los deja al lector, en quien recae la reflexión sobre lo leído. Este aspecto, y las pinceladas conceptuales de los personajes es lo más destacable de un libro que, en ocasiones, puede acercarse a la monotonía o desinterés, por la ausencia de una trama que se sustenta principalmente por compartir un mismo eje sobre el que giran los diferentes temas tratados: maternidad, relaciones de pareja, aspiraciones profesionales y vida propia.

Y si os preguntáis el porqué de una valoración no tan generosa como la reseña insinúa, la respuesta está en que el libro cae en la monotonía. Porque no cabe duda que está bien narrado y la prosa de Cusk es precisa, estrictamente perfecta, sin aristas ni puntas que hieran la lectura, pero a pesar de acertadas reflexiones, pocas de las historias narradas tienen impacto por lo que cuentan y ahí radica el principal escollo del libro ya que no es el cómo está narrado (ahí Cusk sobresale y cumple perfectamente con el propósito), sino el qué, pues más allá de alguna historia donde sí tiene interés por sí sola, la lectura del libro se desliza por las páginas buscando un impacto, en modo de acertada reflexión, que justifique la historia contada. Y eso para mí no es suficiente, por más bien que esté narrada.

lunes, 16 de diciembre de 2019

ULAD adoctrina sobre el 2019: nuestros libros del año

Mirad: si este blog pretendiera ser solo leído por familiares de colaboradores ávidos de localizar ideas para regalar a la prima que lee, no nos veríamos obligados a esto. Pero hace tiempo que esto no es así. Es una verdad como un puño que la comunidad lectora global espera ver hacia dónde señalan nuestros dedos, cada año, por estas fechas. Aunque pueda darse el caso que los que aquí escribimos no acabemos de ponernos de acuerdo.

Palabra de Juan G. B. :
- Novela acojonante del año (en todos los sentidos): Mandíbula, de Mónica Ojeda.
- Novela pasmante del año: Vivir abajo de Gustavo Faverón Patriau.
- Novela chanante del año: El aliado, de Iván Repila.
- Novela gráfica más turbadora del año: Bezimena, de Nina Bunjevac
- Libro de no ficción (o sí ficción, según se mire): Thomas Quick. Cómo se hace un asesino en serie de Hannes Råstam.
- Autovivisecciones en canal: Mientras escribo, de Stephen King y Mis rincones oscuros, de James Ellroy.
- Ligeras decepciones: Traición, de Walter Mosley y La Señora Caliban, de Rachel Ingalls.
- Sorpresa agradable del año: La novela del buscador de libros, de Juan Bonilla.
- Libro que no me atreví a reseñar: Tsunami. Miradas feministas (V.V.A.A. con edición y prólogo de Marta Sanz)
- Descubrimientos del año: Mónica OjedaImogen Hermes Gowar, Gustavo Faverón.

Palabra de Koldo CF:
- No ficción (hispanoamericana): Distraídos venceremos, de Andrea Valdés
- No ficción (resto de mundo): Contra toda esperanza, de Nadiezhda Mandelstam
- Novela (hispanoamericana): El desierto y su semilla, de Jorge Baron Biza
- Novela (resto del mundo): La suerte de Omensetter, de William H. Gass
- Relatos (hispanoamericana): La furia y otros cuentos, de Silvina Ocampo
- Relatos (resto del año): Historias tardías, de Stephen Dixon
- Tocho del año: Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo
- Relectura del año: Los siete locos, de Roberto Arlt (habrá reseña en breve)
- Peor libro con diferencia: Vox, de Nicholson Baker

Palabra de Oriol Vigil:
- Mejor novela: El lugar, de Mario Levrero
- Otras novelas destacables: La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, La mujer de la arena, de Kôbô Abe, El gusano máximo de la vida misma, de Alberto Laiseca, El proceso, de Franz Kafka, Tango Satánico, de László Krasznahorkai
- Mejor antología: Bestiario, de Julio Cortázar
- Lo mejor en género negro: La promesa, de Friedrich Dürrenmatt
- Lo mejor en terror: Los sauces, de Algernon Blackwood, Uzumaki, de Junji Ito
- Mejor cómic: Vinland Saga, de Makoto Yukimura (aunque se desinfla un poco)
- Vicio literario del año: Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin (aunque también se desinfla un poco)
- Lo mejor en no ficción: La conspiración contra la especie humana, de Thomas Ligotti, El discurso vacío, de Mario Levrero, ¡Escríbelo, Kisch!, de Egon Erwin Kisch
- Libros decepcionantes: Cartero, de Charles Bukowski, Buick 8, un coche perverso, de Stephen King
- Libros aburridos: El vestido azul, de Michèle Desbordes, En el jardín del ogro, de Leila Slimani
- Autores descubiertos: Mario Levrero, Alberto Laiseca, Kôbô Abe, László Krasznahorkai
- Empacho de: Literatura nipona, fatalismo, "bildungsroman" y "pulp"

Palabra de Marc Peig:
- Libro del año: «Cárdeno adorno», de Katharina Winkler.
- Lo mejor del año (autores): Elizabeth Hardwick, Siri HustvedtIrene Solà, Tatiana Ţîbuleac
- Mejor libro de relatos del año: «No importa», de Agota Kristof
- Tochonovela del año: «Fin», de Karl Ove Knausgard
- Ensayo políticosocial del año: «Ante el dolor de los demás», de Susan Sontag, y «El ojo y la navaja», de Ingrid Guardiola
- Librodenuncia del año:  «Tú, ¡cállate!», de Laura Huerga y Blanca Busquets.
 -Autobiografía del año: «Noches insomnes», de Elizabeth Hardwick y «Los años», de Annie Ernaux
- Experimento metaliterario del año: «Novel·la», de Pol Beckmann
- Decepción del año: «Devastación», de Tom Kristensen
- Autores clásicos que ya debería haber leído y que no tardaré en ponerme a ello: Henrik Ibsen
- Autores que debo recuperar porque llevan tiempo olvidados (injustamente): Ngũgĩ wa Thiong'o, Paul Auster
- Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Olga Tokarczuk, Agota Kristof
- Propósitos para el 2020: más teatro, más ensayo e intentar evadirme de novedades y volver a los clásicos (veremos si lo consigo)

Palabra de Montuenga:
- Mejor clásico leído este año: Bel Ami, de Guy de Maupassant
- Mejor novela española: El novio del mundo, de Felipe Benitez Reyes
- Mejor novela extranjera: Los colores del incendio, de Pierre Lemaître
- Obra maestra polémica donde las haya: El desembarco, de Jean Raspail
- Mejor novela negra: El último barco, de Domingo Villar
- Relectura que nunca defrauda: La saga fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester
- Mejor western: Warlock, de Oakley Hall
- Mejor ensayo: La edad de la ira, de Pankaj Mishra.
- Distopía más esperada aunque algo fallida: Los testamentos, de Margaret Atwood.
- Peor novela con diferencia: Juego de mentiras, de Ruth Ware.

Palabra de Francesc Bon
- Propósitos para 2020: Conseguir que el tsundoku rebaje sus proporciones amenazadoras, o se fusione con el cajón de los cables. Salir de la zona de confort. Y plantear, quizás, si la próxima ya debería ser la última oportunidad para Pynchon.
- Mejor novela leída en el año: Por el regusto tras los meses, cualquiera de las tres de Zuckerman desencadenado, de Philip Roth
- Novedad tolerada: El colgajo, de Philippe Lançon, por cruda y por ver cómo nos transforma experimentar la violencia
- Me lo imaginaba más grande: Todos los hermosos caballos, de Cormac Mc Carthy
- Satisfyer literario: Walt Whitman ya no vive aquí de Eduardo Lago
- Toque de atención: a Michel Houellebecq, por los momentos autoparódicos en Serotonina

Palabra de Carlos Andia:
- Mejor novela en castellano: El silenciero, de Antonio Di Benedetto, y Prins, de César Aira (próxima reseña)
- Mejor novela en otros idiomas: Mapa de una ausencia, de Andrea Bajani, , y Vértigo, de W.G. Sebald
- Tocho anual (para no perder músculo, pero nada más): La muerte de Arturo, de Thomas Malory
- Una incursión en el microrrelato: Ojos de aguja (recopilación)
- Relectura del año: El unicornio, de Manuel Mujica Laínez
- Mejor ensayo: El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki
- Ensayo científico: El jinete pálido, de Laura Spinney
- Mejor libro de relatos: El ídolo caído, de Graham Greene
- Mejor obra de teatro (aunque tampoco había mucho donde elegir): El cementerio de automóviles, de Fernando Arrabal
- Peligro de agotamiento inminente: Enrique Vila-Matas (Esta bruma insensata, y quizá no más)
- Decepciones: varias, puede que más de lo normal, pero para qué les vamos a dar más cancha.

domingo, 15 de diciembre de 2019

Thomas De Quincey: Confesiones de un inglés comedor de opio

Idioma original: inglés
Título original: Confessions of an English Opium Eater
Traducción: Louis Loayza
Año de publicación: 1822 (un año antes, por entregas)
Valoración: Está bien 

Thomas de Quincey está estrechamente relacionado con el romanticismo inglés por la época en que vivió (entre el XVIII y el XIX), por relaciones personales (los poetas Wordsworth y Coleridge) y por determinadas atmósferas por las que se mueven sus textos (los sueños, el mundo clásico). Pero quizá el vínculo más poderoso era un cierto deseo de forzar los límites, desbordar la realidad para asomarse al misterio, lo desconocido o lo inexplorado. Todos aquellos que de una u otra forma crearon dentro de esa corriente se dejaron llevar hacia esos terrenos. La singularidad de este autor (aunque no sólo de él) es que además utilizó su propio cuerpo para experimentar cosas nuevas.

Las Confesiones son un ensayo autobiográfico, el primero de una especie de trilogía, en que De Quincey empieza, claro está, contando su infancia y primera juventud. Poseedor de un brillante intelecto, es objeto de una educación rigurosa y exigente, y destaca en sus conocimientos de griego clásico. Consigue escapar de sus tutores y vive en la indigencia en Londres, ayudado por una prostituta. Como suele ocurrir en el relato autobiográfico, no sabemos hasta dónde se ajusta a la realidad o la adorna, pero en es todo caso una narración intensa y apasionada que evoca la moda literaria del momento.

A partir de aquí hace su aparición el opio. Dice De Quincey que empieza a consumirlo para paliar unos dolores, aunque teniendo en cuenta la popularidad del mejunje en ese tiempo y en el entorno del autor, podríamos sospechar que su uso no era tan estrictamente analgésico. El caso es que de inmediato descubre sus al parecer grandes virtudes, y se lanza sin recato a una apología en toda regla. No solo resulta patente por qué el texto pudo resultar controvertido en su época, sino que para el resabiado lector del siglo XXI el entusiasmo mostrado por el autor hace pensar que de no tratarse de una obra de hace doscientos años el libro estaría en manos la de fiscalía antidroga. Por lo visto, unos años más tarde el propio autor retocó el texto para rebajar un poco el tono, publicándose una segunda edición algo menos espontánea. Para no perder de vista que hablamos de un texto literario, también hay que decir que la prosa de De Quincey, con sus largas perífrasis, me resulta algo pastosa, a veces un poco cargante en sus redundancias.

En los mismos registros se mueve también la tercera parte del librito, en la que el paraíso encontrado se ha vuelto una enorme carga, un monstruo voraz que cada vez pide más y del que De Quincey es consciente de que debe desembarazarse. Lo que era una especie de bienestar cósmico se ha apoderado del débil cuerpo de Thomas y va devorando su vitalidad. Si alguien ha visto a alguno de esos ancianos del norte de Tailandia, consumidos por toda una vida de cuelgue, entenderá de lo que hablamos: la adormidera le enreda en un estado permanente de tránsito entre el sueño y la realidad, y el escritor parece decidido a huir. Conocemos con cierto detalle los síntomas, así como el programa que De Quincey se impone para abandonar progresivamente el vicio. En estos tiempos en que tenemos tan interiorizados los problemas de la droga, los procesos de desintoxicación y las distintas terapias, resulta a la vez admirable y un poco enternecedor observar a un consumidor masivo ('confirmado y habitual, a quien preguntarle si tal día en particular había o no había tomado opio equivaldría a preguntarle si sus pulmones habían respirado'), decidido a desengancharse (y convencido de conseguirlo) por su sola fuerza de voluntad y guiado por la razón y un método sencillo e intuitivo.

Otra cosa es que lo consiguiera o no, porque él mismo reconoce la dificultad de la empresa, y confiesa que el éxito no lo fue tanto como en algún momento pudo parecer (al lector y a él mismo). Y no faltan comentaristas que aseguran que en la exposición de ese esfuerzo por escapar del opio hay algo o bastante de postureo, y que en realidad De Quincey nunca lo abandonó del todo, en parte porque su tenacidad fue algo menor de lo que dice en el libro, y quizá también condicionado, como decía antes, por un entorno en el que la amapola circulaba con generosidad.

El libro resulta desde luego original por el tema que trata, pero sobre todo por hacerlo en una época para nosotros remota, cuando los primeros estupefacientes llegan masivamente a Europa desde el Extremo Oriente. Pero para ser sincero, lo veo más bien como un documento que al margen de lo dicho tampoco creo que tenga un interés especial desde el punto de vista literario.

P.S.: Pronto seguiremos con el tema del opio, ya verán.

También de Thomas De Quincey en ULAD: Del asesinato considerado como una de las bellas artes