Título original: Ghost Stories
Traducción: Jordi Martín Lloret en catalán para Grup62 y Aurora Echevarría Pérez en castellano para Seix Barral
Año de publicación: 2026
Valoración: muy recomendable para fans
En el círculo uladiano, bien es sabida mi devoción por Siri Hustvedt, una autora a la que admiro por su inmenso talento literario pero también por su interminable curiosidad por múltiples temas que van desde el arte a la ciencia. Es por ello por lo que me lanzo a leer cualquier ensayo que publique, pues su capacidad para analizar y cuestionarse esferas tan dispares siempre tiene un punto de interés para alguien que comparte las mismas inquietudes. Desgraciadamente, no siempre uno encuentra lo que busca o lo que espera en ellos.
El libro abre con el que, para mí, es el mejor de los ensayos que se incluyen en esta obra y que justamente da título al libro. En «En lontananza», Hustvedt nos habla del concepto de «en lontananza» como el lugar entre el aquí y el allí y, a partir de aquí, Hustvedt abre su reflexión y nos narra el impacto que tiene en nosotros los sitios en los que ya no estamos o a los que estamos a punto de llegar, afirmando que «esos espacios mentales cartografían nuestra vida interior con más precisión que cualquier mapa “real”». La autora enlaza con ello su propia experiencia y la de su familia, y nos narra sus orígenes, a caballo entre Noruega y Estados Unidos, hablándonos de igual manera de su lengua y sus raíces y el impacto que las experiencias causan en nuestras vidas, pues los «lugares que hemos dejado atrás a menudo se tornan emocionalmente simplificados… pulsan una única cuerda de dolor o de placer, lo que quiere decir que nunca son lo que en otro tiempo fueron». Abriendo el abanico reflexivo, Hustvedt extiende su disquisición al campo literario, haciendo un símil con la literatura, pues «el lugar de lectura es una especie de m en mundo en lontananza, un sitio que no está ni aquí ni allí, sino que se compone de retazos de experiencia en todos los sentidos, tanto reales como ficticios».
Ya en el resto de los ensayos, más dirigidos al arte que a la reflexión vital, la autora se centra en la mayoría de ellos en el análisis literario de obras que le entusiasmaron así como de obras de arte que por su impacto o por su enfoque le marcaron. Así, nos habla de Vermeer y su cuadro «Joven dama con collar de perlas», pero también sobre Chardin, Claesz, Cézanne, Matisse y sus cuadros que presentan las naturalezas muertas. Ya en el campo literario, la autora hace una profunda disquisición sobre «El gran Gatsby» de F. Scott Fitzgerald y profesa su admiración por él afirmando que «Fitzgerald supera a cualquier otro escritor que yo conozca en captar la achispada atmósfera de las fiestas». Este análisis sobre la gran obra de Fitzgerald es muy interesante, si bien, de igual manera que me sucedió con Gornick y su «Cuentas pendientes» o también con la propia Hustvedt y su más reciente libro «Madres, padres y demás» estos ensayos incluidos en el libro que hacen referencia a una obra en concreto suscitan interés únicamente en el caso en el que el lector también la haya leído pues de lo contrario no puede contrastarse o enriquecer la propia experiencia lectora de quien lee el ensayo con su lectura previa.
También la autora toca otros aspectos interesantes sobre la vida, como en «Una súplica para Eros», donde nos habla sobre el erotismo, la seducción, las relaciones amorosas y el deseo o su pérdida afirmando que «una combinación de biología, historia personal y caldo cultural de idees es lo que crea la atracción. El amante fantasía siempre está revoloteando detrás o delante del amante real, y necesitamos a ambos. El problema reside en que la alianza de los dos es algo imprevisible. Eros, al fin y al cabo, era un travieso amorcillo armado de arco y flechas, una criatura de sorpresas que se deleitaba en alcanzar a los que menos se lo esperaban».
Ya en su tramo final, y volviendo a un tema que Hustvedt trata en varios de sus libros, la autora habla de la memoria y los recuerdos, afirmando que «Los recuerdos son fragmentos de uno mismo —la misteriosa mescolanza del pasado con el presente (…) El recuerdo debe ser movimiento, suministrando así una concatenación eficaz entre un instante de la vida y el siguiente. Debe ser repetición, pero repetición con diferencia». Una repetición que nos lleva a ser quienes somos pues, en gran parte, somos aquello que recordamos y, a veces, esos recuerdos van ligados a nuestra experiencia lectora pues, como afirma Hustvedt, «cuando recuerdo libros, no recuerdo las palabras sobre la página. Recuerdo lo que vi y oí del mismo modo que recuerdo el mundo real». Y es que, para muchos de nosotros, el mundo real también se encuentra en los libros, en todos ellos.
También de Siri Hustvedt en ULAD: El hechizo de Lily Dahl, La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres, El verano sin hombres, La mujer temblorosa o la historia de mis nervios, Los espejismos de la certeza, Madres, padres y demás, Recuerdos del futuro, Una súplica para Eros, Historias de fantasmas

Idioma original: inglés
Idioma original: inglésAquellos que seguís el blog desde hace algún tiempo, sabréis de mi absoluta admiración por Siri Hustvedt, pues no es únicamente una autora realmente polifacética que se maneja igual de bien en ensayo que en narrativa, sino que es una autora con grandes inquietudes culturales, científicas y filosóficas. Así, su obra mezcla e integra diferentes conceptos relacionados con el arte y la psique, realizando a partir de ellos profundas reflexiones acerca de la condición humana.
En este conjunto de veinte ensayos de distinta extensión, la autora estadounidense trata aspectos relacionados con las relaciones entre padres e hijos, la memoria y los recuerdos, pero también el arte y la literatura. Así, esta obra complementa y es una extensión de sus ensayos previos como «La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres», «La mujer temblorosa o la historia de mis nervios» o «Los espejismos de la certeza» y es algo que tiene todo el sentido pues toda la obra de Hustvedt está interrelacionada, pues los conceptos que la atañen se ven reflejados en sus distintas obras en mayor o menor grado.
Hustvedt abre el primer ensayo hablándonos de sus orígenes, de su hogar, de sus abuelos, de sus recuerdos de la infancia. Una infancia rodeada de pobreza, aunque sin ser consciente de ello, y también de felicidad con sus tres hermanas y sus primos en la granja de sus abuelos entre campos, tractores y hierba. En este primer ensayo nos interpela como lectores y evoca nuestras emociones al afirmar que «todos adquirimos los sentimientos de los demás, especialmente de aquellos que amamos, e imaginamos que lo que no hemos visto ni tocado también nos pertenece a través de un vínculo imaginario» porque «todos, en un grado u otro, estamos hechos de lo que denominamos ‘memoria’». Y esta reflexión evocando la figura de sus padres y abuelos continua en otros de los ensayos incluidos en el libro, al hablarnos también de los difuntos y los rituales funerarios existentes de las diferentes culturas.
Más allá de aquellos ensayos más enfocados a la introspección, y fiel al feminismo que ha defendido durante toda su vida, el libro contiene ensayos más críticos, más denunciativos sobre la maternidad y los roles patriarcales, afirmando sin tapujos que «la maternidad ha estado y continúa estando ahogada dentro de tantas absurdidades sentimentales, con tantas normas punitivas sobre cómo hay que actuar y qué se debe sentir que hoy en día es como una camisa de fuerza cultural». Y Hustvedt aprovecha estas reflexiones para alabar la figura de su madre, gran aficionada a la lectura y muy de izquierdas, que pasó nueve días en la cárcel tras protestar contra la ocupación nazi en su pueblo en plena guerra mundial. Una mujer con alta resiliencia contra las adversidades de la vida. Una mujer de quién la propia autora afirma que «conocí y amé apasionadamente (…) mi amor fue depurado por la intensa admiración que sentía por ella y por la profunda amistad que tuve con ella a lo largo del tiempo». Y, en esa denuncia sobre el patriarcado y el machismo existente, la autora nos habla sobre los mentores y su importancia a la hora de explotar el talento y aprender, a pesar de que la sociedad a menudo nos otorga mentores inexistentes, que expone en su propia experiencia al afirmar que «una singularidad de mi historia personal es que des de la distancia me asignaron un mentor que no es, no era y no lo ha sido nunca: mi marido» (y esto es algo que cualquier lector que haya leído las obras de ambos autores podrán confirmar) afirmando, sabiamente, que en estos casos «el enaltecimiento y el reconocimiento de la autoridad de una mujer a menudo es interpretado como la denigración y la supresión del hombre y su autoridad». E, incidiendo en el tema, nos habla también sobre la misoginia, y su relación con el arte y la pintura, pues «cuesta mucho más detectar la misoginia en aquello que no está presente: en la absencia de nacimientos en el canon de la pintura occidental, en la placenta desaparecida…» porque de esta manera «el sueño griego del nacimiento masculino persiste: no es la madre la que da a luz a lo que denominamos su hijo: ella únicamente cuida la semilla que han sembrado dentro de ella».
En ensayos menos interesantes (según mi modesta opinión) nos habla sobre límites y fronteras, sobre Trump y la pandemia a raíz del COVID, y también dedica ensayos a la figura de Simbad y a Lousie Bourgeois y su atrevimiento, su desparpajo y también las interpretaciones psicoanalíticas de su arte. Asimismo, nos habla de Jane Austen y su libro «Persuasión», así como de «Cumbres borrascosas», de Emily Brontë. Estos ensayos plenamente dedicados a una obra literaria o artística no suscitan excesivo interés a menos que uno conozca la obra, pues trata de ella en profundidad (incluso revelando el argumento con detalle). Este hecho es algo que ya me ocurrió con «Cuentas pendientes» de Vivian Gornick y creo que su lectura está únicamente dedicado a quienes tengan especial interés en su análisis de tales obras a pesar de que cada uno extrae sus propias conclusiones pues el libro «es como un virus: el texto está muerto hasta que es animado por el cuerpo de un anfitrión». Por ello, estos capítulos aportan un punto de irregularidad al libro que lastran en parte su lectura, aunque también es cierto que al ser ensayos independientes el lector puede simplemente optar por saltárselos porque incluso sin ellos el libro merece holgadamente su lectura.
Por fortuna, Hustvedt recupera el pulso y nos ofrece sus mejores análisis cuando nos habla de literatura y narrativa, como cuando separa la autora de la narradora afirmando que «yo puedo ser la autora de la historia, pero no soy su narradora. En este caso, no hay una persona real que cuenta la historia. Yo, la autora, sin duda estoy alienada de mí misma». Así, nos habla de la importancia de la narración pues «nos explicamos historias a nosotros mismos para darnos un sentido» y, por ello, «la verdad que busco como escritora de ficción no es un registro documental del pasado. Busco la verdad emocional. Los personajes tienen que comportarse, hablar y pensar a lo largo de su vida de una manera que tengan en mi un eco de verdad. Esta verdad no tiene nada que ver con la naturaleza de los hechos expuestos». La autora defiende la literatura que nos remueve, que nos impacta, porque tal y como afirma «no me interesa el arte que no me cuesta nada entender. Solo me interesa el arte que me hace reflexionar un cierto tiempo», porque entiende la lectura como «una manera de autoexpandirnos» y, por ello, «cuando la literatura es meramente una distracción, no te puede cambiar de cara al futuro. No te puede sacar del marco conceptual y las pautas aprendidas de la vida mientras la vives». De esta manera, «leer novelas significa que estás dispuesto a sumergirte en las realidades complejas de los demás. Significa que tienes curiosidad y voluntad para participar en una suerte de pluralismo», porque «leer ficción comporta una pérdida del yo en manos del otro, un ceder y dejarse ir. A un narcisista virulento, esta pérdida del yo le resulta imposible. Lo que cuenta es ver el propio yo reflejado infinitamente en las caras admiradas de la esposa, el amigo o la multitud. No hay diálogo en esta sala de espejos».
La autora nos habla también de la memoria, algo que ha hecho repetidas veces en sus libros, y apunta que «la novela y otras formas de literatura son fruto de la memoria, y la memoria en sí está sujeta a cambios imaginativos»; esto es algo demostrado científicamente pues se ha constatado que «los pacientes que sufren daños bilaterales en el hipocampo, una parte del cerebro asociada a la memoria autobiográfica y también a la navegación, no únicamente tienen dificultades para recordar… sino que también les cuesta imaginar». De igual manera, Hustvedt expone casos de personas (condenas incluso por asesinato) han afirmado recordar cosas que nunca han sucedido, por presión policial o presión social constatando así que «hay pruebas empíricas sólidas que confirman que la memoria de cada persona puede ser manipulada por presión social».
Por todo ello, este recopilatorio de ensayos nos ofrece una buena oportunidad para reflexionar sobre el arte en sí mismo, pero también sobre cómo nos construye y nos forma como personas estableciendo una relación única, inigualable y exclusiva entre una obra y cada uno de sus lectores, pues la manera como nos impacta y nos sacude depende de la obra pero también de la propia vida (y no únicamente «lectora») de cada uno de nosotros destacando, por encima de todo, la necesidad de la empatía para poder conectar con ella. Tal y como afirma Hustvedt, «la empatía es un estado de ánimo compartido» y únicamente a través de una conexión emocional con la obra podemos llegar a comprender todo su sentido. De esta manera, se trata de un libro que, pese a su irregularidad a causa de su amplitud temática, es recomendable siempre y cuando sepamos manejar las expectativas porque, en palabras de la propia autora «la expectativa a menudo es una forma de prejuicio (…) y a veces distorsiona aquello que tenemos delante de nuestros ojos». Así pues, lanzaos a leer a Hustvedt sabiendo, a ciencia cierta, que a cada uno de vosotros os entusiasmará por cosas diferentes.