viernes, 30 de junio de 2017

Pedro Mairal: La uruguaya


Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: muy recomendable

Apenas 180 páginas y resulta que la impronta de esta novela de Pedro Mairal es profunda. Mérito íntegro del argentino, sobre el que habrá que investigar en profundidad. Porque no es fácil conseguir este nivel. En lo estilístico, inapelable, grandioso, con una consciencia de que se aborda una novela no muy extensa y que no es cuestión de desperdiciar nada, con lo que todo está en el sitio perfecto. Y en lo que concierne a la historia, porque esa esencia de la concisión y de la concentración se extiende. Ya hablé de autoficción cuando reseñé a Juan Pedro Villalobos. Mairal no se queda corto, y aunque renuncie a ponerle su nombre al protagonista, sí es un escritor argentino el protagonista y sí va a publicar un texto por el que un editor español le ha pagado un dinero.
En esa Argentina donde la transacción en divisa es tan poco ventajosa, Lucas Pereyra ha de cruzar hacia Uruguay para hacer efectivo un mejor cambio de unos dólares USA. Eso le va a permitir vivir mejor una temporada, le asegura una etapa de tranquilidad económica que le permita escribir mejor.
Pero no es ése el único motivo de su viaje. Esas horas en Uruguay van a permitirle encontrarse con La uruguaya, mujer que conoció en una estancia anterior y a la que cree haber seducido. Así que Lucas consumará dos infidelidades. La patriótica, saltándose las restricciones cambiarias, y la conyugal, traicionando a su esposa y madre de su hijo.
Y qué tiene esta novela que lo que ocurre en esas horas va a arrastrarnos hasta impresionarnos. Primero, he de insistir, esa prosa que es puro goce y que me recuerda (a eso ayudan esos escenarios fluviales y cierta aura surrealista en los hechos y en los desenlaces) a ese portento que hay que reivindicar llamado Juan José Saer. Segundo, que la excusa del jugueteo infiel sirve para sumir al lector en un proceso de reflexión más allá de esa situación epidérmica. La huida, dice Lelia Guerriero, hacia adelante, hacia ninguna parte, diría yo. Pues Pereyra no debería tener queja de su vida de hombre de mediana edad que puede vivir de su talento, y va y la caga. Sí, esa es la palabra adecuada: cagarla. Quién le manda complicarse una vida que no es la de un millonario, pero al menos es plácida. ¿Las ganas de aventura? ¿La crisis de los cuarenta? ¿Verse abrumado ante su paternidad? ¿Considerarse, como escritor de relativo renombre que acude a un congreso, una especie de rock-star literaria?
La uruguaya, asequible tamaño y cuidada edición de Asteroide, me ha transmitido cierta sensación de cercanía y de relativa asequibilidad para amplio espectro de lectores. Y hacía tiempo que no tenía tan claro que una segunda lectura será una opción muy agradable para el futuro.

jueves, 29 de junio de 2017

Edmundo Paz Soldán: Los días de la peste

Año de publicación: 2017
Valoración: Muy recomendable

Ya hemos reseñado en este blog dos libros de relatos de Edmundo Paz Soldán: "Billie Ruth" y "Las Visiones"; aquel con una valoración de “muy recomendable”, este con un “bastante recomendable”. Es momento, por tanto, de leer una novela de Edmundo Paz Soldán y de comprobar si las expectativas creadas por los relatos se confirman en historias de mayor extensión.

Pues bien, hay que decir que “Los días de la peste” es un muy buen libro, una novela ambiciosa con una buena historia detrás y con el ya característico estilo del boliviano. 

Es esta novela una metáfora de la sociedad de nuestro tiempo en general y, posiblemente, de la latinoamericana en particular. Una sociedad reproducida a pequeña escala en la prisión de La Casona (no creo que sea casualidad que el autor sitúe el escenario de la novela en el espacio cerrado y opresivo de una cárcel), situada en una remota región de un país del que desconocemos su nombre, pero que bien podría ser la Bolivia natal del autor. La prisión como microcosmos, con sus personajes (guardias, presos, mandamases, familiares de todos ellos) enredados en una maraña de relaciones de poder, económicas, sexuales, sociales, etc. La prisión como reflejo de una sociedad violenta, corrupta, miserable, supersticiosa y llena de desigualdades. La prisión, en la que se declara una epidemia de peste al mismo tiempo que tiene lugar una crisis política que removerá sus cimientos, como escenario y como protagonista.

Son los propios personajes, más de treinta, que pueblan el intramuros de la prisión los que hacen avanzar la historia. Cada uno aporta su visión, por momentos lúcida, por momentos alucinada. Para dar voz a todos los personajes que pueblan la novela, Paz Soldán hace uso indistintamente de la primera y de la tercera persona, lo que, en mi opinión, favorece a la fluidez del relato.

Esta fluidez es uno de los aspectos más destacables de la novela. El constante cambio de voces y puntos de vista, así como su brevedad, y el empleo de frases cortas y expresiones coloquiales hacen que el relato sea sumamente ágil.

También resulta digna de mención la recreación que hace el autor del ambiente asfixiante, opresivo, sucio y violento de la prisión. El lector siente el agobio y el encierro, los hace suyos, termina teniendo la impresión de ser uno más dentro de los muros de La Casona.

Por último, me gustaría hablar del final de la novela. Dar un final a una historia por la que pasan tantos y tan variopintos personajes no parece tarea fácil, pero  Paz Soldán lo resuelve con solvencia, en un final coherente con el resto de la historia.

En definitiva, una muy buena novela que entronca, a su manera, con la mejor tradición latinoamericana (inevitable mencionar “La ciudad y los perros”) de un autor con una sólida obra ya a sus espaldas. ¡Y lo que le queda!

También de Paz Soldán en ULAD: Billie RuthLas visiones

miércoles, 28 de junio de 2017

Olivier Bourdeaut: Esperando a mister Bojangles

Idioma original: francés
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Título original: En attendant Bojangles
Año de publicación: 2016
Valoración: Está bien


Estamos más que acostumbrados a las constantes estratagemas publicitarias que convierten cada nueva publicación en el acontecimiento del año y a cada autor novel en el gran descubrimiento mundial. Desconfiamos, claro está, pero si queremos saber lo que se cuece en el panorama editorial no hay más remedio que dejarse seducir de vez en cuando por alguno de estos cantos de sirena.
La aparición de Olivier Bourdeaut se ha acogido calurosamente en Francia, o eso parece, si tenemos en cuenta que por esta, su primera novela, ya ha recibido cuatro premios. Tal como yo lo veo, la suerte todavía no está echada: el futuro literario que le espera puede ser tan brillante como opaco, depende de cómo evolucione a partir de un debut como este.
Esperando a mister Bojangles es una novela corta –que adopta las pautas del género, tanto en extensión como en un menor desarrollo de argumento y personajes– narrada con naturalidad, sin complejidades estilísticas tal como corresponde al niño que tiene a su cargo la mayor parte de la acción (tan solo unas pocas notas dispersas se atribuyen a un narrador adulto) que progresa ágilmente sin que decaiga el interés, provocando una sonrisa constante que se va apagando a medida que nos vamos haciendo cargo de la verdadera situación familiar. Dicho esto, casi puedo asegurarles que no van a aburrirse pero tampoco esperen encontrar grandes sorpresas.
Aunque se puede disfrutar a cualquier edad, la considero apropiada para un público muy joven, no solo por el mensaje que contiene, también porque a la economía narrativa que mencionaba se añade una ingenuidad y un optimismo que para nada son connaturales a esta clase de novela. Recordemos La metamorfosis o El baile entre una montaña de títulos. Lo que Bourdeaut nos presenta es un mundo sin doblez, del que se elimina cualquier elemento escabroso, poco fotogénico, crítico, excesivamente complejo etc. En él la evasión de impuestos, la locura, la vida en una institución hospitalaria, el secuestro simulado o la persecución policial, por citar alguna de las cuestiones que plantea, se tratan casi como una broma. La vida es aquí un juego de rol, una sucesión de diabluras sin apenas consecuencias o casi inapreciables.
No obstante, si el texto completo hubiese mantenido ese tono me parece una opción perfectamente legítima, quizá, eso sí, con más vuelo, más fantasía, una imaginación todavía más desbordada. Si vamos a hacer locuras hagámoslas con todas las consecuencias. Pero el autor intenta contrapesar esta faceta añadiéndole un reverso en forma de aportaciones paternas. Asistimos, pues, -con muy poco convencimiento en mi caso– a la visión sensata de las cosas. Es verdad que esas notas escritas en cursiva añaden algo de verosimilitud –nada más que la justa, pues tampoco se apartan tanto de la óptica del niño– a todo ese maremágnum, pero creo que no hacía ninguna falta. Tal como ha quedado, la historia es demasiado fantástica, además de carecer de referentes temporales y ambientales, para aceptarla como realista; y demasiado razonable, a la vez que poco simbólica, para que entre en los cánones de la fábula moderna. Esa visión de la vida tan idealista y utópica como desquiciada no hubiese necesitado contención. O bien se podría haber optado por inclinar la balanza hacia el lado convencional esbozado en esos párrafos intrusos. Intrusos y bastante inverosímiles, pues de un personaje que interpela a su esposa cada vez con un nombre distinto, aparte de un sinfín de comportamientos que ya descubrirán ustedes, se espera todo menos cordura.
Ese intento por abarcarlo todo -causado probablemente por la inexperiencia– lastra el resultado de forma que, desde un punto de vista estrictamente literario, la valoración no puede ser alta. Pero, como en el mundo de la ficción hay lugar para casi todo, la recomendaría a todo aquel que busque un relato cuyo asunto le suscite interés, bien narrado, emotivo, entretenido –y hasta simpático durante un buen trecho– que se pueda finiquitar en un par de días y deje un buen recuerdo aunque un poco agridulce.

martes, 27 de junio de 2017

Kirmen Uribe: La hora de despertarnos juntos

Idioma original: euskera
Título original: Elkarrekin esnatzeko ordua
Traducción: José María Isasi
Año de publicación: 2016
Valoración: decepcionante

Una muy mala señal en relación con esta tercera novela de Kirmen Uribe: me ha costado horrores terminármela; de hecho, si no llega a ser de Kirmen-Uribe-el-autor-de-Bilbao-New York-Bilbao, muy probablemente la habría abandonado por la mitad. Pero siempre he defendido a este autor frente a los ataques de algunos de sus críticos (que son críticos por razones literarias, y a veces por razones extraliterarias), y me sentía casi obligado a seguir leyendo hasta el final, como que por lealtad.

La hora de despertarnos juntos repite algunos elementos de las anteriores novelas, Bilbao-New York-Bilbao y Mussche (Lo que mueve el mundo). Por ejemplo, la técnica de dejar (entre)ver el proceso de investigación y escritura, aunque lo haga de forma mucho más esporádica que en la primera, así como la mezcla de lo individual y familiar con lo histórico y colectivo, hacen pensar en Bilbao-New York-Bilbao. Por su parte, el tema (la historia de una familia de exiliados vascos, desde la Guerra Civil hasta la Transición) y su tratamiento lineal y cronológico recuerdan más a Mussche, y esto no es precisamente una buena noticia.

El gran problema de esta obra es, en mi opinión, que el material recopilado se ha comido a la novela. (Algo parecido le pasaba a El sueño del celta de Vargas Llosa). Kirmen Uribe ha reunido una cantidad ingente de información sobre Txomin Letamendi, músico que estuvo vinculado con el Gobierno Vasco en el exilio y con el espionaje vasco; sobre su mujer, Karmele Urresti, exiliada en Venezuela durante el Franquismo; sobre Manu Sota, intelectual y propagandista del Gobierno Vasco; o incluso sobre el lendakari Aguirre, al que idealiza excesivamente en varios momentos.

Pero para crear una buena novela no es suficiente con tener mucha información: hay que transformar esa información en una trama, en una obra artística, con personajes complejos con los que el lector pueda identificarse, y una estructura narrativa que ayude a articular tantas fechas, nombres y eventos. Sin todo esto, lo que termina saliendo es una reconstrucción histórica, aparentemente más trabajosa que inspirada, a la que no se puede negar cierto mérito como tal reconstrucción histórica pero que como lectura o creación artística deja bastante que desear. Dado el largo arco temporal de la novela (1927-1979) y la gran cantidad de personajes que pasan por ella, por momentos la sensación es de confusión y empacho de datos.

Y luego está el problema del famoso "buenismo" de Kirmen Uribe: su deseo de mostrar a las personas como bondadosas y guiadas por el corazón, o su deliberada interpretación de los hechos históricos a través de los sentimientos y no de la ideología; una interpretación bienintencionada, pero que se queda corta en muchas ocasiones, como cuando se plantea la bondad o maldad (en términos éticos y políticos) de los primeros asesinatos de ETA, una cuestión peliaguda que Kirmen Uribe despacha con una serie de preguntas abiertas y un párrafo lleno de buenos deseos para el futuro. 

Este mismo "buenismo", algo blando o naïf, afecta también a sus historias de amor, que a veces parecen escritas por un monaguillo. Lo más a lo que llegan los amantes de las novelas de Kirmen es a besarse tiernamente, agarrarse por la cintura, bailar y tener hijos. Todo lo que pasa en medio, queda fuera de la visión del lector. Habrá quien encuentre esta sentimentalidad delicada y entrañable; a mí me parece un poco ñoña o, como diría mi abuela, un poco txotxola. No digo que tenga que escribir las 50 sombras de Kirmen, pero un poco más de mala leche y de espíritu rompedor se agradecería.

En fin, strike two para Kirmen Uribe, que después del home run de Bilbao-New York-Bilbao sigue sin dar con la tecla para alcanzar de nuevo ese nivel. Sus críticos dirán aquello de "sonó la flauta", pero yo, personalmente, todavía le tengo fe. Eso sí, no prometo acabarme la próxima novela si se me hace tan cuesta arriba como esta.

lunes, 26 de junio de 2017

Toni Morrison: Volver

Idioma original: inglés
Título original: Home
Año de publicación: 2012
Valoración: está bien

La novela empieza de forma trepidante. La autora nos presenta de entrada, en medio de la acción, al protagonista principal, Frank Money, narrándonos su huida del manicomio donde se encontraba encerrado por causas que desconoce y que no logra recordar. Rápidamente la autora nos pone en contexto, y nos explica que hace un año que Frank ha vuelto de la guerra de Corea y que su participación en ella le ha causado no pocos traumas; las visiones y recuerdos de cadáveres y mutilaciones le siguen persiguiendo de forma habitual, y convierten su día a día en una prueba de superación, si quiere conservar la cordura. Pocas cosas tiene claras; por una parte, los recuerdos de la relación que tuvo con Lily ("alguien que conseguía borrar temporalmente esos malos recuerdos") y, por otra, la necesidad de conseguir encontrar a Cee, su hermana. La recepción de una nota donde le informan que la vida de su hermana corre peligro le insta a huir y le apremia a encontrar la casa donde vive, para sacarla de ahí. Pero la vida no es fácil para Frank; sus traumas de la guerra y el recuerdo constante de ser el único de sus amigos que han salido de ella con vida, le marcan de forma ineludible. El pasado está siempre presente, le ata psicológicamente y le devuelve a la guerra.

A partir de esa premisa, la autora retrocede en la historia para contarnos el pasado de la familia en Georgia, especialmente el de su hermana, y la difícil vida que tuvo que soportar al lado primero de sus padres, para luego pasar a vivir con un chico que la abandona a su suerte y finalmente, después de varios trabajos con un sueldo escaso, conseguir entrar en una casa para ayudar a un médico en su trato con los pacientes.

La narración se produce en dos momentos temporales diferentes, hábilmente mezclados y alternados de forma que otorgan continuidad a la historia, y es a través de esas miradas retrospectivas como vemos cómo se ha llegado a la situación actual, cómo los hechos del pasado han marcado una trayectoria con un destino a lugares no deseados, no solo físicamente sino también mentalmente, donde cada día es peor que el anterior. Hablamos de Frank y sus constantes traumas; hablamos de Cee y de cómo la prisa por abandonar ese hogar poco acogedor la llevan a buscar refugio en manos de un chico de intenciones poco claras o elogiables; hablamos de unos padres ausentes, de unos abuelos con una relación desigual, donde la indiferencia de él permitía la dureza de ella en la educación de los pequeños Frank y Cee, educados bajo las más estricta rigidez.

Narrativamente, hay cierto abuso de los monólogos interiores de Frank y sus traumas con el pasado. Se consigue el objetivo de entrar en el personaje por reiteración, aunque se percibe cierto exceso en el uso del recurso al tratarse de un libro corto; de todos modos, es comprensible la reiteración teniendo en cuenta que la necesidad de superar los recuerdos y pensamientos que le persiguen son el núcleo de esta novela que trata sobre la supervivencia, las ganas de conseguir seguir adelante y la lucha por defender a los tuyos.

Con un estilo directo, sencillo y de frases cortas, la autora nos habla de la lucha, especialmente la librada por las mujeres en un entorno hostil, poco amable para el desarrollo de sus capacidades. Nos habla de racismo en la sociedad y de familias rotas, con mentalidades que rozan la tiranía, nos habla de sentirnos protegidos y de la capacidad de combatir. También de redención, de encontrar nuestro propio lugar, y de estar al lado de las personas que sienten estima por nosotros. Habla, en fin, de la vida no siempre fácil, de las consecuencias de las decisiones tomadas, y de que en la lucha por conseguir nuestros objetivos está la propia victoria.

También de Toni Morrison en ULAD: Beloved, La canción de Salomón, Sula


domingo, 25 de junio de 2017

Alison Bechdel: Fun Home

Idioma original: inglés
Título original: Fun Home
Año de publicación: 2006
Traducción: Rocío de la Maya
Valoración: Muy recomendable

El apellido de la autora de este libro, Alison Bechdel, quizás sea célebre, sobre todo, por dar nombre al recurrente "test de Bechdel", por el que se determina si una película (o novela o serie de TV...) logra evitar la brecha de género y que apareció en una tira cómica escrita y dibujada por ella, allá por el lejano 1985 (*). Pero también es más que conocida como una de las historietistas que más han aportado para que el cómic, en su variante como "novela gráfica" haya conseguido el reconocimiento e incluso la equiparación con la literatura más convencional y destinada al público lector adulto.

Hace ahora  ya tres años que nuestra compañera Izas reseñó otra obra de Bechdel, ¿Eres mi madre?, en la que la autora indagaba, al parecer con una gran influencia del psicoanálisis, sobre su relación con su madre. En esa reseña Izas recordaba que había una novela gráfica anterior de Bechdel, que consideraba de mayor calidad aún (yo no puedo comparar, pero me fío aojos ciegos) en la que lo que exploraba era la figura de su padre, un tipo de lo más impenetrable, laberíntico y obsesivo; profesor de inglés, funerario, restaurador compulsivo de un pasado idealizado, homosexual oculto y posible suicida. Se trata, claro está. de este libro, Fun Home (que tras habérmelo encontrado mencionado últimamente en diversos lugares, me decidí por fin a leer).

Que nadie se llame a engaño: el título no hace referencia, o sólo de forma irónica, a que en el hogar de los Bechdel se lo pasaran pipa; en realidad, era la manera como llamaban al negocio familiar, una funeraria en un pequeño pueblo de Pennsylvania. Teniendo en cuenta que casa de los Bechdel , de estilo gótico carpintero (sí, ESE gótico...) estaba cuidadosamente restaurada y decorada por Bechdel padre hasta en los más nimios detalles victorianos, no es de extrañar que la pequeña Alice se sintiera dentro de un episodio de La familia Adams. En verdad, parece claro que lo de fun tiene un significado irónico, en este caso: los personajes del libro apenas sonríen  y sólo al final del mismo se les ve más relajados e incluso alguno suelta una carcajada que otra (de ahí, supongo, el epígrafe que sigue: Una familia tragicómica)

Debido al carácter autobiográfico de esta novela gráfica, que, de hecho, abarca desde la primera infancia hasta los años universitarios de la autora, es ella misma la narradora en primera persona, aunque la obra se centra sobre todo en la figura del padre , por más que algunos capítulos estén más dedicados a la madre o la propia Alison (entrañable , para mí, es el que dedica al trastorno obsesivo compulsivo que padeció a los diez u once años, y con lo que no puedo sino identificarme). También hay un paralelismo obvio entre las vivencias de la hija y el padre, puesto que la progresiva asunción que hace ella de su homosexualidad a lo largo de su adolescencia coincide con el descubrimiento por su parte de la homosexualidad de él, que en cambio no la acepta - o a medias- y trata de ocultarla; motivo que, según Bechdel hija, pudo ser la causa -o no- del suicidio -o no suicidio- de Bechdel padre. hay que decir que, de todos modos, el retrato del padre experimenta también una evolución a mejor, pues el irascible cuasi-psicópata de los primeros capítulos acaba presentándose como un a víctima de sus propios secretos y represiones, como un individuo sensible y vulnerable que -y esto es extensible a toda la familia-, sin duda merecía mejor suerte.

Muy interesante resulta el paralelismo que se hace entre la situación del padre -que no en vano también es profesor de inglés- y determinadas obras y figuras literarias. primero, Scott Fitzgerald, el escritor predilecto del padre; luego, Oscar Wilde y su La importancia de llamarse Ernesto (al parecer, una obra que debe interpretarse en clave criptogay) y, sobre todo, la  novela favorita de Bechdel padre, Ulises, a partir de la cual se establecen analogías entre la relación paterno-filial Bloom/Stephen -o Ulises/Telémaco- y la de los Bechdel. Aunque también la autora hace referencia a otra famosa pareja de padre e hijo, Dédalo e Ícaro. La novela resulta, ciertamente, de una complejidad y profundidad más que notables, con una riqueza de análisis excesiva para explicarla aquí de manera pormenorizada  y, desde luego, que acabaría con los prejuicios "intelectuales" que cualquiera pueda tener hacia los cómics o novelas gráficas. Por su parte, el aspecto gráfico de la misma es de lo más detallista y resuelve a la perfección cualquiera de las situaciones narrativas que plantea el guión (cierto es también que han salido de la misma mano). En definitiva, un libro intenso y absorbente -también , en ocasiones, algo deprimente-, y desde luego, de lo más recomendable.

Como colofón a esta reseña, mencionar que a partir de esta novela gráfica (y me maravillo al pensar cómo habrán podido hacerlo) se estrenó en 2013 un musical con el mismo nombre y que en 2015 llegó a ganar un premio Tony. Ahora mismo aún sigue de gira por Estados Unidos, hasta el próximo mes de agosto, por si alguien tiene mucho interés en verlo...

(*) Como curiosidad, hay que decir que este libro de bechdel sí que pasa el test de Bechdel, aunque, en mi opinión, un tanto por los pelos...




También de Alison Bechdel reseñado en Un Libro Al Día: ¿Eres mi madre?

sábado, 24 de junio de 2017

Jorge Carrión: Barcelona. Libro de los pasajes


Idioma original: español

Año de publicación: 2017
Valoración: bastante recomendable (mucho si vives en Barcelona)

Pues vaya: me sale por casualidad que esta reseña se publica el día de Sant Joan y se me ocurre que, después de Sant Jordi, se trata de una fecha particularmente adecuada. Sant Joan es ese día festivo en Catalunya, el solsticio de verano y la gente empezando a mitigar el calor y haciendo eso tan catártico de quemar cosas en hogueras. Cosas que quieren dejar atrás. Y me di cuenta tarde de que el libro muestra un sello del Ajuntament de Barcelona, hoy mismo presidido accidentalmente por un ciudadano de origen argentino. Cuestión, la del sello oficial, que puede confundir. Hablamos de este libro aquí como literatura porque así es. No es un catálogo promocional de la ciudad o de partes de la ciudad. Esto último, con más fotos, y con un texto más neutro, ya hubiera habido más que de sobra para lograrlo. 
Pero Carrión es un escritor bregado y aprovecha la coartada para llevar el libro a su terreno, y la crónica o el ensayo o la mezcla en distintas proporciones de ambos es el territorio donde mejor se mueve.
Así que Barcelona. Libro de los pasajes empieza con el pretexto de un proyecto parecido de Walter Benjamin (hablar de los pasajes, esas anomalías urbanas esparcidas por doquier con los motivos más estrambóticos) y pronto encontramos al autor discurriendo por distintos caminos. La historia de Barcelona es una recurrente, nos vamos siglos atrás en búsqueda tanto de la situación que configuró la creación del espacio como del entorno que acompañaba esos hechos. 
Y también saldremos de la ciudad, cómo no, el texto, aunque sigue esa estructura del recorrido por barrios (hay pasajes elegantes y pasajes inhóspitos o casi disfuncionales) y las fotos, tomadas por el mismo escritor, nos van refiriendo a alguno familiar, (pero, en mi caso, saldría disparado a ver algunos de ellos, a situarme en ellos y respirar esa sensación), el texto va expandiéndose en referencias históricas y literarias locales y universales y se da cuenta uno de que Carrión, pillo leído él, se ha apropiado en el buen sentido de la idea inicial y la ha reconducido obteniendo un texto culto, ameno, abierto y, aclaremos, para nada deudor de que el libro sea una publicación con un aire de interés público. Así que no sólo personajes barceloneses afloran en la narración. Está Miró y está Josep Pla o Sert, pero hay espacio para Joe Gould, el héroe neoyorquino, para Baudelaire y para Benjamin. No nos dejemos engañar ni tan solo por el título. Esta es una obra ambiciosa, que abarca muchos más límites que estrechas calles cortas que salpican el mapa urbano de una ciudad costera europea. Esto es casi una reflexión sobre el hombre que siente curiosidad e indaga allí donde pasos, físicos o virtuales, le transportan.

viernes, 23 de junio de 2017

Ernest William Hornung: La cámara diabólica

Idioma original: Inglés
Título original: The camera fiend
Traducición: Susana Prieto Mori
Año de publicación: 1911
Valoración: Está bien

Ernest William Hornung fue un prolífico escritor inglés conocido, fundamentalmente, por dos de sus personajes, A.J. Rafflles y Bunny Manders, ligeramente inspirados en los celebérrimos Sherlock Holmes y Watson. Da la casualidad, además, de que Hornung estaba casado con una hermana de Arthur Conan Doyle. Pero tampoco vamos a hablar más de sir Arthur, ni de Watson y Holmes. Bastante tendría el pobre Hornung con aguantarle a su cuñado en los eventos familiares, ¿no?

Mejor hablemos de "La cámara diabólica", una novela negra con ligeros toques de ciencia-ficción. En ella, un informal y optimista, aunque algo despistado, Tony "Pocket" Upton se ve obligado a pasar la noche en las peligrosas calles de Londres. Para su desgracia, se ve involucrado en un asesinato del que todo parece indicar que es culpable.

A partir de ese momento, la novela se desarrolla en dos direcciones. Por un lado, un extraño doctor, gran aficionado a la fotografía y a las ciencias ocultas, "salva" a Upton y le oculta en su casa. Por otro, la familia de Upton, con la colaboración de un detective de extrañas maneras, emprende su búsqueda.

Tenemos, por tanto, un joven un tanto alocado, extraños doctores con bizarras pretensiones, hermosas jóvenes, detectives de métodos dudosos y una familia bien que trata de encontrar a su descarriado vástago.

Todo ello conforma un puzzle que Hornung consigue formar poco a poco, encajando las piezas con precisión y ofreciendo un libro tan británico como el Big Ben o el Palacio de Buckingham. Además, la novela tiene ritmo, se nota el oficio del autor y el desarrollo de la trama es coherente con el desenlace. En cambio, y de ahí en parte la valoración, me da la impresión de que los más de 100 años transcurridos desde su publicación no juegan precisamente a su favor. Pese a todo, creo que se trata de una buena opción para estos días de calor que se avecinan (en algunos sitios ya los sufrimos desde hace días), en los que lecturas ligeras como esta pueden ser interesantes.

jueves, 22 de junio de 2017

Hisham Matar: El regreso



Idioma original: Inglés

Título original: The return

Año de publicación: 2016

Traducción: Javier Guerrero

Valoración: Recomendable

              
Nacido en Nueva York en 1970, educado entre El Cairo, Suiza y Gran Bretaña –donde acabó licenciándose como arquitecto y residiendo- Hisham Matar podría pasar como prototipo del exiliado mundano, desenvuelto. Que no del refugiado, puesto que su familia disponía de patrimonio suficiente como para pagar internados helvéticos. Escritor en inglés -reconoce que le cuesta hablar en público en su lengua materna, el árabe- en los libros de Hisham Matar está siempre la presencia de la figura del padre arrebatado, desaparecido, deseado y, posiblemente, idealizado. 

En sus dos novelas anteriores -Solo en el mundo e Historia de una desaparición- concebidas como ficción aderezada de recuerdos y vivencias personales, la narración surgía desde el punto de vista del niño que va conformando su existencia con el enorme vacío causado por la falta –ocasional o definitiva- de la figura paterna. Y, aunque la ficción no era estrictamente autobiográfica, sí que se nutría de la propia experiencia del autor. Su padre, Jaballa Matar, fue secuestrado en El Cairo en 1990 por la policía egipcia y entregado al régimen de Gadafi, que lo recluyó en la prisión de Abu Salim, de la que ya nunca salió. En El regreso el cambio de registro es total y Hisham Matar nos relata su vuelta a Libia en marzo de 2012 (“Ahí estaba la tierra. Oxidada y amarilla. Del color de la piel recién curada.”), después de 33 años de ausencia, tras la caída del dictador y antes de que el enfrentamiento sectario entre milicias desgarrase de nuevo al país abocándolo al caos, la violencia y la ley del más fuerte.

Así que en El regreso confluyen el relato de los preparativos, la llegada y el reencuentro con la familia y los lugares sentidos como propios –Ajdabiya, Bengasi, Trípoli-, a la luz mediterránea que acoge, ampara y reconforta. O, por así decirlo, la esfera de la objetividad personal, con toda la carga emocional y psicológica que conforma la propia personalidad del autor: la ansiedad por encontrar respuestas, por llenar vacíos, por saldar cuentas. Y es quizás en esta simbiosis donde el relato pierde pegada, se ahoga en una excesiva contención y se echa en falta un clímax, pues toda esta sustancia humana y vital, colectiva y política, que podría dejar noqueado al lector, pierde parte de su enorme carga potencial de impacto entre regresiones, flash backs y párrafos para contextualizar.

Aunque, por supuesto, el relato tiene el interés de descubrirnos lugares y personas cuyo tratamiento por los medios de comunicación resulta bastante superficial y, sobre todo, nos acerca a la tesitura de los exiliados, siempre divididos entre el aquí y el allí, el ahora y el antes, lo que hay y lo que se perdió, lo deseable y lo posible. Hay también algún momento tenso, escalofriante, como el que Hisham Matar dedica a su trato –conversación, llamadas, mensajes…- con Seif el Islam, al que se tenía por el hijo más moderado del sanguinario déspota. Uno de esos personajes -todopoderoso, cínico, fanfarrón- de los que uno no querría tener jamás la necesidad de esperar algo. El regerso ha obtenido el premio Pulitzer 2017 en su categoría de “Biografía o Autobiografía”.

miércoles, 21 de junio de 2017

Libros sobre la pérdida de un ser querido

No es fácil tratar un tema tan doloroso como la muerte de un ser querido: un padre, una madre, una hija o un hijo, un compañero o compañera, un amigo. Hace falta una honestidad profunda y una gran capacidad de contención para adentrarse en el dolor absoluto de la pérdida sin recurrir al cliché ni al melodrama, para no falsear o embellecer los sentimientos o los recuerdos, o hacerlo lo menos posible. En esos momentos de dolor y de soledad, la escritura puede convertirse en una forma de curación o exorcismo, de rememoración gozosa o trágica, de perdón o de venganza. En esta entrada se recogen algunas obras (solo algunas, naturalmente) que se han esforzado por alcanzar ese límite casi absoluto que es escribir desde el desgarramiento por la pérdida.

La muerte del padre provoca, en muchos escritores, una reflexión sobre la propia vida, sobre la relación con el pasado y con el futuro, con la muerte y con la inmortalidad. Efectivamente, en este tema es inevitable recordar un clásico de las letras españolas: las "Coplas a la muerte de su padre" de Jorge Manrique: un poema en el que el elogio al padre se combina con una estoica reflexión sobre la fugacidad de la vida y la vanidad de nuestras ambiciones.

Ya en épocas más cercanas, y en prosa, autores como Karl Ove Knausgard (del que ya sabéis lo que pienso), Héctor Abad Faciolince en El olvido que seremos o Paul Auster, en La invención de la soledad, han reflexionado sobre la orfandad y sus vacíos a través de una profunda y dolorosa indagación en la memoria. En El comensal de Gabriela Ybarra o También esto pasará, de Milena Busquets, por su parte, es la muerte de la madre la que espolea el proceso de rememoración y escritura, aunque en el primer caso esta muerte se combina con otra: el secuestro y asesinato del abuelo de la escritora por parte de ETA. También se trata el tema en Te me moriste de José Luis Peixoto: un breve texto en que el autor se despide de su padre con un tono poético que por momentos puede resultar demasiado recargado.

Un caso diferente es el de Nana, de Chuck Palahniuk, una novela de terror escrita como consecuencia del brutal asesinato del padre del escritor y su nueva pareja a manos del ex-marido de esta. Mientras discurría el juicio y se decidía si se aplicaba la pena de muerte al asesino, quizás a modo de exorcismo o de venganza, Palahniuk escribió esta obra, en la que quien muere no es un padre, sino niños, muchos niños, como consecuencia de una canción de cuna contenido en un libro diabólico.

Si es difícil afrontar la muerte de los padres, la de un hijo es, dicen, una de las peores experiencias que la vida puede reservar; transformar esa experiencia en belleza, aunque sea una belleza oscura, es por lo tanto una labor admirable. Esto es lo que consigue, sin duda, Francisco Umbral en Mortal y rosa, un libro complejo y que consigue transmitir el dolor contenido a través de una prosa poética y muy personal.

Con un tono menos poético, pero con igual honestidad y contención, narró Sergio del Molino la enfermedad y muerte de su hijo en La hora violeta, un libro duro pero sin patetismo en el que acompañamos paso a paso el infructuoso tratamiento del pequeño. Isabel Allende, por su parte, adoptó la forma de la novela autobiográfica para exorcizar la pérdida de su hija en Paula, en coma irreversible a causa de la porfiria; la carta confesional a la hija se mezcla en este caso con los acontecimientos políticos del momento, y con la actualidad de la vida de la escritora.

Quizás uno de los libros más cerebrales y al mismo tiempo más conmovedores sobre el duelo sea Una pena en observación, de C.S. Lewis (el autor de las Crónicas de Narnia): tras el fallecimiento de su esposa, la también escritora Joy Gresham, Lewis realiza una disección de sus recuerdos, sus sentimientos y sus creencias, con una sinceridad que por momentos raya en la crueldad consigo mismo, al mismo tiempo que busca un Dios que dé consuelo o explicación al dolor. También son imprescindibles, por su hondura y su honestidad, las obras de dos escritoras estadounidenses, autoras de sendas obras sobre la muerte del marido: en fechas bastante próximas, Joan Didion publicó El año del pensamiento mágico y Joyce Carol Oates sus Memorias de una viuda, dos libros con un tema común, el duelo por el marido, y dos estilos bastante diversos: más clínica y exhaustiva Oates, más concisa Didion.

La lista no pretende, no puede pretender ser exhaustiva; los comentarios están abiertos para que añadáis otros títulos de duelo y superación de la pérdida. Pero la entrada no podría acabar sin recordar el gran poema de luto por la muerte de un amigo: la "Elegía a Ramón Sijé" de Miguel Hernández:

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
.
Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
.
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento. 
 [...]
A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero,:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero. 

martes, 20 de junio de 2017

Fernando Arrabal: La torre herida por el rayo

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1.982
Valoración: Se deja leer

Pues sí, aunque parezca mentira, en ULAD todavía quedan huecos, algunos vacíos inexplicables, como no haber reseñado nada de Fernando Arrabal en más de ocho años. Puede que sea simple casualidad, o que el autor genere algún tipo de aversión que nos quite las ganas de leerle (a mí me ocurre a veces, no diré con quién o quiénes). Porque, bueno, Arrabal es un autor sumamente prolífico y relativamente aclamado –más fuera que dentro de España, es cierto-, quizá más conocido por su obra dramática, y ha tocado prácticamente todos los palos en materia literaria, incluso algunos en otras artes. Pero también es cierto que se ha creado un personaje (o caricatura) que desde luego es claramente reconocible, pero que también puede suscitar rechazo. La nómina de artistas-histriones es muy amplia y variada, pero las performances de don Fernando en los medios de comunicación, aunque poco frecuentes, son de las realmente sonoras e inolvidables.

‘La torre herida por el rayo’ es quizá una de las más conocidas obras de Arrabal en el campo de la narrativa, quizá por haber coincidido con su etapa de mayor exposición pública, o tal vez por haber ganado el premio Nadal. La verdad es que la novela tiene inicialmente muy buena pinta, pivotando en torno a una partida de ajedrez entre dos grandes maestros, en los que se centrará la totalidad del relato. Elías Tarsis es un andorrano intelectualmente superdotado con una trayectoria vital del todo errática, que discurre por los ambientes de prostíbulos en Barcelona, el noviciado en los jesuitas de Valencia, o trabajos de fresador (tornero, o algo así) en diversos lugares de España y Francia. Su única continuidad son las partidas de ajedrez por correspondencia, y una peculiar espiritualidad que a veces le conduce hacia la mística religiosa y otras hacia el desenfreno sexual, ese binomio que tanto le gusta a Arrabal. Frente al tablero, Tarsis es el talento innato y la intuición, por encima de todo.

Al otro lado está Marc Amary, un científico suizo que en poco tiempo realiza una asombrosa inmersión en el mundo de los grupúsculos marxistas más marginales. Si Tarsis parece dar continuos tumbos en todas direcciones, Amary se diría programado para orientar su inmensa inteligencia hacia el activismo izquierdista más extremo y radical. En la partida decisiva, el suizo es objetividad, análisis y precisión, un ‘robot’, como inmediatamente queda definido. De esta forma se va desarrollando el relato, desgranando cada una de las jugadas de la partida decisiva –ilustradas en plan pasatiempo de periódico-, que nos sirven de pie para ir escudriñando en la peculiar vida de los jugadores.

El planteamiento resulta sugerente, pero más pronto que tarde el interés empieza a decaer, porque las historias resultan más bien endebles. Los dos personajes se comen por completo el relato, y el puntito original empieza a diluirse en una sucesión de situaciones extravagantes, por donde emerge el particular universo del autor, con los restos del surrealismo y el Grupo Pánico al fondo. La disidencia política (también marca de la casa), la religiosidad y el sexo, todo ello llevado a extremos delirantes, forma una especie de terremoto de búsqueda/desorientación que va marcando la trayectoria de los dos personajes, una absolutamente lineal, la otra por completo azarosa.

La cuestión es que, claro está, esto es una novela, y como tal se sostiene muy difícilmente sólo con estos ingredientes. Para colmo, Arrabal parece incapaz de mantenerse dentro de un tono uniforme, y se desliza a intervalos pero con mucha frecuencia hacia una especie de lenguaje coloquial que no se justifica, algo entre una jerga gamberra y los latiguillos arcaizantes de las ‘Acacias’, pero todo seguidito y sin pausa. No me resisto a dejar el ejemplo:

‘Al cabo de dos años, con más dinero que un indiano, de sopetón, paró el carro, colocó su potosí para que le luciera el pelo… y ¡a vivir de las rentas! Aquel tesoro escupía doblones por todas partes; Amary sólo tenía que dejar correr la moneda como si fuera tesoro de duende’.

Inconsistencia de las historias y esa prosa a ratos muy cuestionable forman un conjunto que nos deja una sensación un tanto enojosa, bordeando la decepción. No obstante, sería injusto quedarnos sólo con estas carencias. Hay también algunos momentos memorables, como el rapto de locura mística que ataca a la antigua novia de Tarsis, y una parte final muy bien resuelta, en la que Arrabal consigue tejer el argumento de forma convincente, con sorpresa final incluida. Gracias a ello se salva en mi opinión el libro. El resultado final dista mucho de ser redondo, parece una buena idea poco desarrollada, que se ha quedado en sólo unos pequeños brotes de buena literatura pero que, con todo, abandonamos con un aroma no del todo desagradable.

lunes, 19 de junio de 2017

Kevin Birmingham: El libro más peligroso


Idioma original: inglés
Título original: The Most Dangerous Book
Año de publicación: 2016
Traducción: Óscar Palmer
Valoración: obscenamente muy recomendable

Este es uno de esos libros que hace que quienes comentamos sobre literatura nos vengamos algo arriba. Una conjunción de factores demasiado tentadora. Un estudio literario sobre una obra cumbre de la literatura (un clásico contemporáneo) que combina elementos diferentes, todos ellos atractivos a priori. Buena escritura, temática con aromas épicos, sentido del suspense, ritmo adecuado en lo narrativo combinado con la oportuna puesta en contexto de todo el entorno que rodeó la publicación de la obra en cuestión. Que es Ulises de James Joyce. La clase de libro cuya reseña, gracias, Juan, uno espera que un blog como el nuestro (conocido en ciertos círculos como blogcillo barato) incluya orgulloso integrando algo parecido a un fondo de armario en lo que a contenidos concierne. La clase de libro a la que tanta y tanta gente ha intentado meterle mano, saliendo escaldada en muchos casos de su difícil lectura y comprensión.
Y en función de lo leído en esta inclasificable obra, más de uno puede preguntarse si el mito que rodea a Ulises, que no es la única obra difícil y extensa de la literatura universal ni mucho menos, hubiera sido tan enorme de no mediar todo lo que El libro más peligroso describe. O, que viene a ser lo mismo, si esta obra no fue una de esas demostraciones fehacientes de que "lo importante es que hablen de uno, aunque sea mal".
Lo que se describe aquí queda en una atractiva confluencia que por momentos me ha recordado aquel magnífico ensayo/biografía sobre Salinger que reseñé aquí, guardando las debidas distancias, pues puede ser que Birmingham se centre algo más en el proceso de un libro en particular, sin ahondar tanto en detalles biográficos. Aunque todo lo que se escribe aquí sobre la vida de James Joyce viene a cuento. Su curiosa historia de amor con su esposa Nora Barnacle. Sus problemas de salud, concretamente los derivados de las enfermedades venéreas (frecuentaba prostíbulos) y los que afectaban a su visión, condicionando la escritura de la obra, un proyecto personal que todas las circunstancias convierten en obsesión.
Y, por supuesto, el centro del libro, la colosal lucha que supuso para él conseguir que Ulises fuera publicado tal como lo concibió, lucha que se hizo titánica a raíz de los sucesivos avances de sus capítulos en revistas cuyas publicaciones iban acompañadas de escándalos, de acusaciones por obscenidad de los respectivos capitostes atrincherados en las rancias y puritanas instituciones de la época, más pendientes de una descripción demasiado minuciosa del deseo sexual que de algo que hoy nos parece tan obvio como permitir que las mujeres votaran. Las maniobras, tanto para evitar su publicación como para conseguirla, convierten esta lectura en un cierto juego de suspense del cual, aunque conocemos el final; no deja de sorprendernos el encono de uno y otro bando. Joyce contó con la ayuda de importantes factores, aunque hubo de recurrir a ciertos entresijos que hoy nos dejan pasmados, apelar a editores, libreros, incluso tuvo que sufrir el veto de ciertos talleres de imprenta que no querían verse relacionados con lo que se consideraba una obra obscena y escandalosa. Cuesta creer que así estuvieran las cosas apenas hace un siglo y que hoy aún haya zonas de nuestro planeta en las que la moral inculcada por la religión y la pura religión coarten de tal manera la libertad de expresión, tanto a nivel personal como en lo que se refiere al proceso de creación artístico. Cuesta creer también que en ese momento algo como la literatura movilizara a la sociedad de la época, cuando a la de la nuestra parece que solo la movilicen pocas cosas, y prefiero no pararme a pensar cuáles.

domingo, 18 de junio de 2017

Adam Haslett: Imagina que no estoy

Idioma original: inglés
Título original: Imagine me gone
Año de publicación: 2016
Valoración: muy recomendable

Autor poco prolífico con únicamente tres obras en su haber, Adam Haslett alcanzó rápidamente el estrellato cuando su primera obra, consistente en una recopilación de cuentos, fue finalista al National Book Award y al Premio Pulitzer. No son pocos logros, como carta de presentación.

El libro objeto de esta reseña, último publicado de este autor hasta la fecha, se centra en el retrato de una familia bastante disfuncional. Estructurada en tres momentos diferentes (separados por tres grandes capítulos) y narrada por los distintos miembros de la familia, el autor nos teje una obra coral en torno a la familia y a la compleja relación entre sus distintos miembros.

El autor es realmente hábil en la forma de contar la historia. Narrada en primera persona por los distintos personajes que forman parte de la familia, en ningún momento uno pierde el foco sobre la historia. Así, nos retrata perfectamente cada uno de ellos, llenándolos de los suficientes matices para que los comprendamos, sin dejar ninguno de lado y logrando que empaticemos con todos ellos. El autor nos va introduciendo diestramente a los personajes, oyéndolos con sus propias voces, a través de sus propias reflexiones internas, lo que nos facilita que empaticemos con ellos y los comprendamos. A la vez, sabe mantener el interés, rodeando la historia, ya desde el inicio, de un aura de misterio que nos mantiene atrapados desde justo el principio de la historia, en un viaje realizado por la familia, donde ya percibimos que algo se cuece bajo la superficie, creando un clima de tensión que sirve para marcar las líneas maestras que dan indicios sobre la personalidad de cada miembro.

A partir de ahí, sembradas ya las primeras semillas de lo que puede venir, el autor da un salto temporal y nos sitúa de pleno en la historia, detallando la compleja personalidad de sus personajes. Así, nos encontramos con John, padre fracasado, al que todo parece irle mal y se regodea en su propia miseria, demorando enfrentarse a su bajo estado de ánimo; Margaret, su mujer, tratando por todos los medios de sostener una familia, a pesar de que parece que es la única a la que le importa. Y los hijos: un Michael sabelotodo y avanzado a su edad, que nos divierte con sus análisis y conclusiones y con exceso de verborrea incontrolable, compulsivos enamoramientos y con claras tendencias hacia la obsesión (obsesión compartida a partes iguales entre la música y sus tormentosas relaciones amorosas), lo que le lleva a una adicción a los ansiolíticos; Celia, con su profesión de terapeuta y su afición por el atletismo, que comparte su vida al lado de un atractivo escritor de teatro en horas bajas, en un matrimonio ya en declive; y finalmente Alec, el pequeño de la familia, que utiliza esta condición para salirse con la suya desde pequeño («entendió las reglas desde el punto de vista de quién podía romperlas») y al que le gusta buscar relaciones esporádicas con chicos a los que apenas conoce.

El ritmo de la narración es alto, casi contagiándonos de la verborrea de Michael, que es quien conforma el eje central de la historia. La debilidad de su carácter, la necesidad que tiene de atención y la inestabilidad psicológica heredada del padre, son los puntos comunes de la historia narrada y el núcleo central desde donde, de forma casi magnética, centra y atrae al resto de elementos de la familia.

Hasta ahora he hablado de los personajes, pero no de lo que ocurre. Porque la historia y lo que sucede es lo que mantiene al lector atrapado, el querer saber a donde lleva, el querer descubrir qué hay detrás de todo, el querer averiguar cómo afrontan los personajes la historia que el autor, hábilmente, va desengranando.

En un estilo que nos recuerda al Franzen de «Las correcciones» pero también a Foster Wallace por su rapidez (y cierta dispersión) narrativa, el retrato que nos hace Haslett de la familia media americana es hilarante a ratos, a la vez que enternecedor. Pero esto es si hablamos únicamente de la superficie porque, bajo ese manto de sarcasmo y ciertos episodios que rozan la parodia, habita una historia conmovedora, triste en algunos momentos; si conseguimos rascar la superficie, vemos que más allá de una aparente comicidad nos cuenta una historia de tristeza, de limitaciones, de inseguridades, pero también de unión familiar, de superación, de estima y de sacrificios.

La novela y el poso que nos deja Adam Haslett en esta novela son de los que calan hondo, de los que hacen que nos acordemos días después de acabar el libro. De los que logran que nos enternezcamos con cada uno de los personajes y les cojamos cariño. De los que consiguen que, echando la vista atrás, no olvidemos especialmente esas cien últimas páginas que se leen de un tirón, donde todo encaja y donde todo queda asentado. Es ahí, especialmente, donde el autor nos ofrece el máximo de su calidad, donde queda evidente la valía literaria de su autor y lo que pretendía con esta obra: un canto a la familia, un canto al sacrificio, un canto al esfuerzo y una defensa de la tolerancia a los defectos de cada uno; un aura de ternura que envuelve la familia, formada por pequeñas pinceladas de imperfecciones; un canto a la soledad compartida, a la proximidad emocional en la distancia y a la comprensión de las diferencias. Una obra que nos lleva a reflexionar sobre la responsabilidad, la dedicación a los demás y dar aquello que necesitan de nosotros, aunque sea a costa de dejar de lado nuestra propia vida.

También de Adam Haslett en ULADUnion Atlantic

sábado, 17 de junio de 2017

Alessandro Marzo Magno: Los primeros editores

Idioma original: Italiano
Título original: L'alba dei libri: quando Venezia ha fatto leggere il mondo
Año de publicación: 2016
Traducción: Marilena de Chiara
Valoración: Imprescindible, especialemente para bibliófilos

He tenido la gran suerte de visitar dos veces Venecia; la primera, en un viaje casi iniciático mediada la década de los 90; la segunda, en el año 2007. Sé que habrá una tercera. Estoy completamente seguro. Y sé que una parada obligatoria tendrá lugar en la Biblioteca Marciana, situada en plena Plaza de San Marcos y depositaria de una de las mayores colecciones de manuscritos e incunables del mundo. 

¿Y a qué se debe que en esta biblioteca se encuentren algunos de los mayores tesoros de la historia del libro? Pues a que, tal y como nos cuenta Alessandro Marzio Magno, Venecia fue la capital mundial del libro a finales del siglo XV y en la primera mitad del siglo XVI, hasta el punto de que en la Dominante se imprimían en esa época la mitad de los libros que se imprimían en Europa.

Sí, Gutenberg inventó la imprenta de tipos móviles apenas 60 años antes en Alemania, pero la "capitalidad editorial" se traslado rápidamente a Venecia. Los motivos son, en buena medida, económicos. En el siglo XV la República Serenísima era toda una potencia económica. Sus territorios llegaban a las actuales Croacia, Bosnia, Grecia, Chipre o Albania y sus intercambios comerciales y culturales con Oriente eran importantísimos. Además, ofrecía a artistas y artesanos grandes oportunidades y el grado de libertad del que se disfrutaba era muy superior al de otros lugares de Europa, mucho más influidos por la religión. Esto provocó que llegaran a la República de Venecia tanto artistas y artesanos de todo lugar y condición como numerosos grupos de minorías influyentes expulsadas de otros lugares de Europa, tales como griegos, judíos o armenios. 

En este ambiente se desarrolló una potente industria editorial, impulsada fundamentalmente por emigrantes centroeuropeos. A la Dominante acudieron y en la Dominante crecieron editores, impresores, tipógrafos o correctores que desarrollaron una actividad febril. Estos, junto a escritores, humanistas, investigadores, papas, obispos, reyes, dogos y, sobre todo, LIBROS son los protagonistas de esta obra.

Descubriremos la vida y obra de múltiples personajes, como Aldo Manuzio, también llamado el Miguel Ángel de los libros. Manuzio, que marcó un antes y un después en la historia de la edición, fue, por ejemplo, quien inventó el libro de bolsillo, quien creó la letra cursiva o quien imprimió los primeros best sellers. Conoceremos la historia de los Scotto, de Andrea d'Asola, de Pietro Aretino y de un sinfín de personajes de lo más varopinto.

También descubriremos, y esta es la parte que más me ha gustado, que fue en Venecia donde se imprimió el primer Corán, el primer Talmud, el primer libro en griego,el primer libro en armenio, el primer libro "pornográfico", etc. Mención aparte merece el descubrimiento de ese primer Corán, descubierto en 1987 en un convento veneciano.

En fin, un libro documentadísimo (30 o 40 páginas de notas y bibliografía dan fe de ello), pero escrito de forma tremendamente amena, ideal para bibliófilos, de esos que te llevan a "perder" horas y horas en Internet buscando nombres, libros, imágenes, que te hace desear volver a Venecia (eso sí, llevaré el libro en la mano como si de una guía turística se tratara). Un libro que es, sobre todo, un canto de amor al libro.

viernes, 16 de junio de 2017

Gonzalo Torné: Años felices

Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable

Meditabundo y algo desconcertado me ha dejado esta novela, aunque no, por una vez, debido a la valoración que me merece, sino por las cambiantes impresiones que me ha ido causando la lectura de la misma. 

Me explico: el primer capítulo del libro, que abarca más de un tercio de toda su extensión me ha parecido, si no magnífico, más que notable; desde luego, interesante y sugestivo. En esta parte se nos presenta a los personajes y el meollo del argumento: en el Nueva York de los años 60, cuatro amigos, que conforman un grupo heterogéneo (y yo diría que improbable), conocen a un joven inmigrante catalán, al que por sus cualidades apodan de inmediato como "el príncipe". Se trata de Alfred Montsalvatge, vástago de la burguesía barcelonesa que ha huido a América para alejarse de su familia y su país y, sobre todo, para convertirse en poeta. Su presencia altera y condiciona las dinámicas establecidas entre los componentes del grupo, formado por el heredero de una fortuna wasp, dos hermosas hermanas de clase media -tirando a baja- y un chico judío de Queens, con veleidades místicas, aunque no judaicas, precisamente... 

Ya digo que esta primera parte la compone una narración no perfecta, pero sí bastante sugerente; en ella están, creo yo, los mejores pasajes de la novela y también los más divertidos, sobre todo los que se refieren a la muy "rothiana" familia de Kevin -quien dice Queens, dice Newark- o el toque Fitgerald que acompaña las vicisitudes del un tanto insoportable Harry. Estas influencias ya se han expuesto en otras críticas que han elogiado el libro, pero casi no se ha mencionado una que me parece evidente. ¿Nueva York? ¿Un heredero llamado Harry Osborn? ¿Una adorable joven pelirroja? ¿Una especie de superhéroe social que parece ocultar un misterio en su vida? Vamos... si sólo falta un cameo de Stan Lee... Y todo esto no lo he puesto en broma; la primera parte bien podría inspirar -o inspirarse en- las vicisitudes del pobre Peter Parker, con entrañables amigos susceptibles de convertirse en enemigos y seductoras amigas siempre a punto de convertirse en algo más que amigas... o dejar de serlo.

No quiero "espoilearle" la novela a nadie (perdón por el palabro), pero diré que, en mi opinión, a partir de aquí pierde bastante de su estado de gracia y se precipita a un previsible recuento del desencanto generacional (da igual de qué generación; de todas), con las consabidas pequeñas o grandes mezquindades, matrimonios, traiciones (las peores, las que se hacen a uno mismo), envidias y deslealtades. Vamos, lo de esperar en cualquier bildungsroman que en vez de la niñez, tome como punto de partida esos "años felices" de la primera juventud en el que aún nos podemos creer capaces de cualquier cosa, empezando por preservar la propia nobleza de espíritu. También he de decir que, tras esta pequeña decepción que me supuso el giro hacia senderos que me parecen  más trillados, los últimos dos capítulos -olvidé señalar que no todos los capítulos del libro tienen la misma extensión- representaron una sorpresa agradable, pues nos ofrecen un epílogo -en realidad, se puede considerar que dos diferentes, ya sean alternativos o complementarios-, que reconduce la narración y ayuda a cerrar el libro quizás no con el entusiasmo del principio, pero al menos con una moderada satisfacción.

(Quiero mencionar que también hay quien ha visto en esta historia una metáfora política sobre la Transición española... no seré yo quien niegue esa interpretación, pero tampoco me atrevo a ratificarla).

Esta estructura argumental un tanto elíptica, enlaza además con la manera de escribir de Torné, con un estilo elegante pero que tiende a lo indirecto, lo alambicado, incluso, aunque en esta su tercera novela ya no sea tan necesario como en la primera que publicó releer algún párrafo para enterarse bien de lo que pretende contar; en este libro el autor ha conseguido, salvo en algún momento, mantener a raya esta tendencia suya, sin dejarse arrastrar por ese retorcimiento narrativo. Hubiera sido deseable que también se hubiese mantenido alerta sobre la costumbre de acabar con oraciones interrogativas los muchos párrafos en los que nos desvela las reflexiones de los personajes; ese tono dubitativo no hace que se sienta más simpatía por ellos, sino incluso todo lo contrario... 

Aún así, quizás sea la de Torné una de las prosas más distinguidas y, por la evolución que parece llevar, prometedoras del panorama literario actual en español. Ello hace que no dude en recomendar la lectura de Años felices, aunque sólo fuera para saber si otros lectores experimentan los mismos cambios de impresión que yo. Y no sólo por eso, claro, pues la novela guarda otras muchas virtudes, imprevistas delicias que sin duda pueden encandilar a más de un lector. Compruebe usted mismo, cada uno de ustedes, si es el caso.