domingo, 17 de enero de 2016

Semana de la autobiografía #7: La muerte del padYO, YO, YO, YO de Karl Ove Náusea

Idioma original: noruego
Título original: Min Kamp
Traducción: Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo
Valoración: Se deja leer... perdón, quiero decir, se deja de leer

Un escritor noruego con pinta de rockero contándonos su vida y milagros: así a priori no suena mal. ¿Cuál será esa terrible "lucha" que da título a la muchología que se ha cascado el bueno de Knausgard (con circulito encima de la segunda a)? ¿Será la lucha contra el alcohol, la lucha contra la muerte, la lucha contra la injusticia, la lucha contra la imposibilidad del lenguaje por expresar la realidad en toda su compleja belleza? Pues no, por lo menos en mi caso ha sido la lucha contra el aburrimiento; y ha ganado el aburrimiento.

Se ha dicho que esta obra es proustiana, y está claro que es lo que el autor quería que se dijera. Solo le ha faltado incluid una escena de la magdalena (o el muffin, si se quiere actualizar la cosa) en los primeros capítulos para que el paralelismo esté completo. Solo que Proust es mucho Proust, y no es solo que nos cuenta su vida en un estilo impecable, sino que lo hace con ironía, con delicadeza, con profundidad, con gracia.

Y en el caso de Karl Ove Náusea... digoooo... Knausgard, en fin, veamos: la cosa no empieza mal, porque se nos presenta un doble plano, el del escritor que bloqueado intenta escribir una novela y ser un buen padre al mismo tiempo (esas páginas son de las mejores del libro, sinceramente, por la crudeza con la que describe el rechazo que puede llegar a sentir por sus hijos), y por otro lado el plano de las memorias adolescentes, del descubrimiento del alcohol y el sexo, de las primeras rebeldías, y por supuesto de la figura de un padre distante, exigente y poco afectuoso (y también aquí hay buenas páginas, en las que se describe el miedo y la vergüenza que provoca en el joven futuro-escritor la mera presencia del padre en la casa).

Solo que después pasan las páginas y las páginas y las páginas... (¡y este es solo el primer volumen de la serie!) y se cuenta cada detalle de la vida de un adolescente que no es demasiado distinta de la vida del 99% de los adolescentes... Aquí bebe una cerveza (¡y se emborracha!), aquí se toma un té ("Mmmmmmh", sic), aquí ensaya con unos amigos, aquí toca una teta (¡ooooooh!), y cualquier asomo de trama interesante o de conflicto se ve sepultada por una apoteosis del egocentrismo que no es solo que no me haya gustado: es que ha llegado a ponerme de muy mala hostia. Todo es yo, yo, yo, yo... ¿Y a mí qué me importa, querido Karl Ove? ¿Qué leches me importa todo esto? ¿Por qué debería dedicar mi tiempo a leerlo, me quieres explicar?

Así que, llegada la página 150 (menos de la mitad del primer volumen), decidí dejarlo. Porque hay mucho que leer en esta vida, y las pajas (mentales y físicas) de este señor no me interesan lo más mínimo. Y menos sabiendo que son seis novelas de unas trescientas y pico páginas cada una. Claro, sé que hay gente a la que le ha gustado mucho este libro, y bien por ellos, si lo han disfrutado; y también sé que habrá quien diga: "¡Pues no es nada fácil escribir un libro así!" No, no será fácil, seguro que no, yo por ejemplo no sería capaz. Pero eso no quiere decir que tenga que interesarme.

Otra cosa es que el debate que ha provocado, sobre los límites de la autoficción y el derecho a la intimidad de las personas involucradas; el debate no es nuevo ni mucho menos, pero no está del todo bien resuelto, sobre todo ahora que es tan habitual que los escritores se transformen en el tema de sus propias obras. ¿Hasta qué punto puede un autor permitirse contar intimidades (desde lo erótico a lo sentimental, pasando por lo escatológico) de personas que no han dado su consentimiento para que lo haga? ¿Y si esas personas han muerto y no pueden dar su consentimiento? La respuesta idealista es que el arte está por encima de la ley, o mejor dicho, que es un terreno distinto al regido por las leyes civiles; pero esta respuesta tan bonita no satisfará mucho a las personas cuyas infidelidades, vicios y bajezas se aireen en público...

But I digress.

En una de las últimas páginas que leí del libro, un amigo le dice al autor algo así como: "Tienes que escribir sobre algo, Karl Ove, escribe sobre algo". Eso mismo le diría yo: "escribe sobre algo, por dios, Karl Ove; sobre algo que no seas tú mismo, quiero decir..."

17 comentarios:

Nuno dijo...

Qué mordaz. Personalmente, traduzco "But I digress" como "Pero divago".
Nuño

Sandra Suárez dijo...

Creo que el mayor fracaso de un autor no es que nadie lea tu novela, sino que alguien empiece a leerla y la deje por no merecerle el esfuerzo. Si un libro pide más de lo que da, es que no vale la pena y es obligado, por respeto a uno mismo y a su tiempo, dimitir de su lectura.

Anónimo dijo...

Pero este libro no lo reseñó Francesc el otro día?

Santi dijo...

Sí, es la contrarreseña. No lo he puesto en el título porque quedaba demasiado largo...

Anónimo dijo...

Yo empecé a leerlo y tuve la misma sensación. Me acerqué a este señor a raíz de la publicación en The New Yorker de un fragmento de su libro (creo que perteneciente al segundo volumen) que me hizo algo de gracia porque me recordó a cierta experiencia mía de amor adolescente. Como relato me hizo gracia pero no creo que pudiera (de hecho, no he podido) con 6 libros 6.

THE VILLACRESPORKER dijo...

Por lo que leo es un cuarto de contrarreseña. Me gustó, igual. Pero ojo, no se enoje con lo siguiente: usted critica el "yo, yo, yo..." del autor, sin embargo en esta reseña el "a mí, a mí, a mí..." abunda bastante. Lo cual es lógico, puesto que es su reseña. Lo mismo que esta novela es autobiográfica.
Me gusta cuando hacen reseña y contrarreseña. Me gusta este blog.
Saludos!

Anónimo dijo...

Dejar de leer un libro es un fracaso de lector, no de escritor

Anónimo dijo...

Dejar de leer un libro es una cosa bien normal. No todos tenemos los mismos gustos, la misma predisposición ante una lectura.
Aunque es una reseña personal ULAD es un blog público y como tal la educación ante todo. La palabra náusea sobra en el título.
Kanausgard tiene un reconocimiento literario, de crítica y de lectores.

Santi dijo...

Muchas gracias a todos los que comentáis, tanto a los que estáis de acuerdo como a los que no lo estáis. Es normal que los libros provoquen posiciones diferentes y encontradas, más todavía un libro (o una serie de libros) como este que se convierten en un fenómeno editorial internacional.

Que conste que creo que Knausgaard no es un mal escritor; simplemente no me interesa en absoluto lo que me cuenta, y me parece el representante de una corriente de escritura egocéntrica que está muy de moda ahora mismo, y que me cansa profundamente.

Dejar de leer un libro es un derecho fundamental del lector (como dijo Pennac), y no creo que sea necesariamente un fracaso del autor, ni del lector, sino un fracaso de la relación autor-obra-lector. Cuando los tres elementos no encajan, pues nada, se coge otro libro, y aquí paz y después gloria.

También creo que hay que desacralizar la literatura, las obras y sus autores, por mucho reconocimiento literario, de crítica o de ventas que tengan.

Anónimo dijo...

El título del libro no era La muerte del padre?

El autor no era Karl Ove Knausgard?

Anónimo dijo...

No estoy de acuerdo. Y mira que como lector me cuesta algo exagerado dejar un libro. Pero es cierto que hay libros que no dicen absolutamente nada. Y nuestro tiempo aquí es tan limitado que no estamos para perderlo. La literatura no se creó para hacer pasar un mal rato a alguien ni para hacerle perder el tiempo. Hablar de fracasos.. Fracaso es comprarte el libro y ni abrirlo. Si lo intentas y no te aporta nada mejor dejarlo.

Anónimo dijo...

No volveré a leer una reseña firmada por usted. No merece la pena prestarle atención a quien se dispone a reseñar una obra que no ha terminado de leer. Uno puede dejar tantos libros como quiera sin terminar, pero escribir sobre una obra que no ha terminado, lo considero un error. La obligación del crítico es terminar la obra y luego contraponer sus valores con los que el autor le ha tratado de transmitir. Nada de eso está en esta reseña. Se dedica usted a desdeñar la labor del autor para desacreditarlo y utiliza sus malas artes llenas de malas intenciones hacia la obra, con la única excusa de "no me interesa lo más mínimo la vida de este señor". En base a eso gira toda su argumentación, dejando al descubierto su pobre quehacer y su egocentrismo. Deja de ser una reseña literaria para pasar a ser una opinión simplista de barra de bar. Desde luego, qué bajo ha caído.

Francesc Bon dijo...

Creo, Anónimo, que no hay que sacar las cosas de contexto. El abandono de una lectura y comentarlo es legítimo y válido como opinión, aunque no pueda sustentarse con los mismos argumentos de quien acaba con él. Por otra parte, no podemos seguir comprándole chocolatinas a Santi cada vez que le dais estos disgustos. Se nos va un presupuesto.

Anónimo dijo...

Hola. Yo he leído los dos primeros tomos y estoy en el tercero (La isla de la infancia). Francamente me parecen excelentes. Es cierto que se centran mucho en el propio autor pero creo que es precisamente su intención, puesto que obviamente es una autobiografía, aunque con mucho de ficción. A mi personalmente (quizá por tener mas o menos la misma edad) me ha hecho recordar muchos episodios propios que tenía olvidados y que comparto. Cuando el autor se refiere a "Mi lucha" (título de la serie), quiero entender que se refiere a su lucha diaria, con sus pequeñas y cotidianas victorias y fracasos. Yo me identifico en muchas cosas. Es cierto que las despcrpciones son minuciosas hasta el extremo, pero creo que es intencionadamente hipnotizante. El estilo me parece innovador y, en ocasiones, muy brillante. En fin, para gustos colores, que se dice. Saludos.

Ariel Serrabou dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ariel Serrabou dijo...
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Anónimo dijo...

No he leído el libro, así que no opinaré sobre él. Publicar una opinión sin haber terminado la obra resulta enteramente absurdo...
Entiendo que se pretenda dar un toque desenfadado en ciertos aspectos a ULAD, pero lo que has hecho con el encabezamiento, cagándote en el título del libro y en el nombre del autor es incomprensible.

Y yo, aunque anónimo, sí puedo opinar sobre tu reseña porque la he leído hasta el final, aunque fuese estomagante.