jueves, 7 de enero de 2016

Ernest Hemingway: El viejo y el mar

Idioma original: inglés
Título original: The Old Man and the Sea
Traducción: Miguel Temprano
Año de publicación: 1.952
Valoración: Imprescindible 

Lo malo de reseñar un libro muy famoso es que casi todo está dicho. Si además es bueno, se corre el riesgo de repetir alabanzas convencionales. Y si además es muy breve, no da para extendernos en detalles sobre el argumento, la estructura o cosas así. Todo son dificultades, pero me apetecía mucho comentar este libro porque me pareció extraordinario, una de esas ocasiones (pocas) en que se reúnen muchas virtudes en poquitas páginas. 

Santiago es un pescador anciano y pobre que atraviesa una muy mala racha: lleva muchísimos días sin pescar nada. Pero no se rinde. Pescar es lo que sabe hacer y sale una y otra vez al mar. Y en uno de esos intentos, que podrían parecer desesperados pero tampoco lo son, se encontrará con un pez enorme, algo que es al mismo tiempo una oportunidad (por fin una buena pesca) y una amenaza (no sobrevivir). El hombre se adentra más y más en el océano y el instinto ni siquiera le permite plantearse la rendición. En el límite de sus fuerzas, echa mano de todos los recursos que le aporta su experiencia y lo intenta una vez más, la que puede ser definitiva. Y hasta aquí llegamos.

La figura del pescador tiene un aura mítica, cargada de simbolismo, y la encontramos por todas partes, sobre todo en narraciones de intención moralizante. Si además el personaje es un viejo, parece que tendríamos todos los ingredientes para un relato melancólico, quizá incluso lacrimógeno, cargado de lugares comunes. 

Pero precisamente el valor de El viejo y el mar reside justo en lo que no tiene: no es el relato heroico de un hombre luchando contra la naturaleza salvaje; no es la epopeya de un viejo que, en el ocaso de su vida, pugna por conquistar un sueño; no es la historia de un hombre que, puesto frente a sí mismo en el límite, bucea en sus pensamientos, sus recuerdos, sus anhelos.

Huyendo de la épica, la exaltación de la experiencia o la sobreponderación del valor, Hemingway coge simplemente al anciano un día cualquiera, lo monta en el esquife y lo lanza hacia alta mar, como sin saber qué va a pasar. Y ahí nos quedamos observándolo, viendo lo que hace y escrutando lo que va pensando, detalles de su técnica, dudas sobre su éxito. Porque un hombre así, sencillo y colocado en una situación complicada, no se dedica a filosofar sobre la vida ni a rememorar un pasado que ni siquiera parece existir, se dedica a pensar en lo que tiene entre manos y cómo salir del embrollo en que se encuentra. Somos testigos de la sabia terquedad de un octogenario que hace lo que sabe o lo que puede, y no sabemos si le va a conducir al éxito o a la muerte. O quizá a ninguno de estos dos lugares. 

Es esa simplicidad, tanto del relato como del lenguaje, por completo desnudo de ornamentos, lo que hace grande a esta historia. La maestría de Hemingway reside en ser capaz de construir con tan pocos elementos una narración potente y nítida que no necesita de más aderezos. Es un pequeño episodio en la vida de un hombre, como tantos otros miles que ocurren cada día, convertido en una obra literaria. Nada más, pero suficiente para que no la podamos olvidar.

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16 comentarios:

Maria Vazquez dijo...

Un clásico y núnca me he planteado leerlo pero me han entrado ganas. Besos

Carlos Andia dijo...

Pues te lo recomiendo, no te arrepentirás. Un saludo.

Anónimo dijo...

Completamente de acuerdo con tu reseña, es una maravilla y siendo además tan breve, es un buen libro para empezar el año.....así que todos los que no lo hayan leído que se animen ....seguro que lo disfrutarán.

A. Javier dijo...


Una joya de la literatura, yo la releo de vez en cuando
por si se me pega algo.

Es de esas novelas que la terminas de leer
y decides que tu futuro es ser escritor.

Gracias por tan buenos recuerdos
saludos!!!!

Carlos Andia dijo...

Gracias a Anónimo y Javier por sus amables comentarios. Se ve que es un libro que no se olvida fácilmente.

Saludos.

El Puma dijo...

No leí El viejo y el mar. Vi hace más de 40 años la película basada en el libro, con un Spencer Tracy monumental y conmovedor. Será por ello que nunca me decidí a leerlo, porque sabía de qué trataba y cómo terminaba.

La reseña me provoca deseos de abordarlo finalmente.

Hemingway, qué pedazo de escritor!

Raul Jimenez dijo...

Leí El viejo y el mar hace unos años, y de acuerdo con la reseña, es imprescindible; la sencillez y a su vez la profundidad en la narración del sentimiento humano son notables. Recomiendo leer este libro, lo van a disfrutar.

Raul Jimenez dijo...

Leí El viejo y el mar hace unos años, y de acuerdo con la reseña, es imprescindible; la sencillez y a su vez la profundidad en la narración del sentimiento humano son notables. Recomiendo leer este libro, lo van a disfrutar.

Anónimo dijo...

A mi "El viejo y el mar" siempre me pareció uno de los últimos estertores de Hemingway antes de morir. Viéndose a sí mismo acabado y justo antes de meterse una escopeta por la boca escribe esto que podría representar su muy reducido estado creativo. Serviría además como parodia de lo que alguna vez fue, de lo que se esperó pero nunca entregó en sus mejores tiempos (una historia simplona sin más revés ni derecho que el que muestra). En todo caso, vale aclarar que para parodiarse a sí mismo, antes de eso es necesario haber escrito una montaña de escritos memorables.

Carlos Andia dijo...

Bueno, al fin veo alguna discrepancia. No sé, me agobia cuando todo el mundo coincide en una opinión, así que bienvenido sea el comentario del último Anónimo, aunque no comparta su punto de vista.

Gracias también al Puma y a Raúl. En este caso, me alegra que haya disfrutado tanto como yo, y al Puma le emplazamos a que nos lo comente cuando lo lea.

Saludos.

Hielo-9 dijo...

Perdón, como tenía la cuenta cerrada los comentarios se han quedado como anónimos. Pues sí, mi opinión sobre "El viejo y el mar" deriva de que, cuando se leen los mejores cuentos de Hemingway (Las nieves del kilimanjaro, Colinas como elefantes blancos, etc.) tanto el lenguaje como el contenido y la trama son muy diferentes. Es otro Hemingway. Un Hemyngway que observa la derrota desde una perspectiva absolutamente diferente (tal vez porque él mismo aún no se siente derrotado). En "El viejo y el mar", el gesto resulta adoctrinador más que literario. Es como si Hemingway tratara de enseñarnos algo y además, estuviera pidiendo perdón en cada línea. Nunca acabó por convencerme. Y hace poco, leyendo un artículo de Harold Bloom, éste venía a decir que "El viejo y el mar" era el cuento menos logrado de Hemingway y para argumentar lo dicho hacía referencia a que la metáfora entre su vida y el cuento resultaban extremadamente evidentes, cosa en la que concuerdo aunque a mi, lo que más me patea del cuento de marras es, a parte de su simplicidad, que no veo a Hemingway por ninguna parte...Pero, ya se sabe, pa gustos...los colores. Saludos y gracias por la entrada.

ibilkat dijo...

Vamos, amigo Hielo, que nos has hecho toda una contra reseña, espléndida por cierto. Esto mola, enriquece la opinión que nos podamos formar del libro, que de eso se trata. Así que gracias de nuevo por el comentario y un saludo.

Hielo-9 dijo...

Gracias a vosotros por responder. Saludos.

Javier dijo...

Pues siento ser la voz discordante ante tamaño consenso, pero he de decir que a mí El viejo y el mar me parece un libro totalmente prescindible. Plano y aburrido sin ningún tipo de interés. Le di otra oportunidad a Hemingway con El jardín del Edén y ni siquiera fui capaz de acabármelo. Quizás algún día le de una tercera oportunidad. Hasta entonces sigue en mi lista de autores sobrevalorados.

Anónimo dijo...

Para gustos... Un clásico. Por tanta referencia y alusión, he tenido que echarle ganas. Puedo decir que cada dos por tres miraba el número de la página para saber cuánto quedaba. Y esa no es forma de leer, le quita a la finalidad de la lectura su propia esencia...
Ahora bien, también puedo decir que, ahora mismo, acabo de leerlo, son las 4 de la mañana (insomnio) y acabo de vomitar. El estómago a mil. Y si, he llorado.
Me alegro de haberme obligado a leerlo. No sé cuánto me durará su estela, pero algo quedará seguro.
El arte de hacer grandes las cosas tan sencillas es privilegio, no derecho. GENIAL

Carlos Andia dijo...

Pues me sigo alegrando de que haya opiniones contrastadas. Gracias por el comentario, Javier, y disculpa el retraso en responderte.

Anónimo, me ha gustado mucho eso del 'arte de hacer grandes las cosas sencillas'. Ese es el gran valor de esta obra, en mi opinión. Gracias por tu aportación.