martes, 12 de enero de 2016

Semana de la autobiografía #2: Los diarios de Emilio Renzi de Ricardo Piglia

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: Recomendable para todos; muy recomendable para escritores; imprescindible para fans de Piglia

Habrá quien piense que estoy haciendo trampa reseñando unos diarios en la semana de la autobiografía, sobre todo cuando el nombre del autor, Ricardo Piglia, y el del protagonista, Emili Renzi, son diferentes. Pero hay que tener en cuenta dos cosas: la primera es que esto no son realmente unos diarios, sino una reelaboración revisada, con cincuenta años de distancia, de unos cuadernos escritos en la juventud del autor; y la segunda es que el nombre completo de Ricardo Piglia es Ricardo Emilio Piglia Renzi, así que la distancia entre autor y personaje es, en fin, la misma que en cualquier obra autobiográfica: la que hay entre el sujeto que habla y el objeto de que habla.

Que conste que empecé esta obra con algunos recelos. No soy aficionado a leer memorias, autobiografías o confesiones, y menos todavía de textos privados que se hacen públicos en la vejez o tras la muerte del escritor (ya me despaché a gusto sobre el tema en esta entrada). Además, Babelia había elegido este libro como mejor libro del año y, en fin, serán prejuicios míos, pero eso para mí es casi un punto negativo. Y las primeras páginas estaban confirmando mis prejuicios, porque notaba en ellas un tono pedante y egocéntrico (muy de Piglia, me parece) que no me estaba gustando nada... Pero luego estos diarios que no son un diario me engancharon, y me hicieron reconciliarme con la obra, con el autor y quién sabe si también con el género.

Este primer volumen de los Diarios de Emili Renzi cubre los "años de formación" del escritor (1957-1967). Vemos en estos años a un escritor algo inmaduro, titubeante y pobre pero decidido a triunfar y convertirse en escritor ("en diez años seré el mejor escritor de Argentina", reconoce haber dicho en un momento dado), y que mientras tanto vive de dar clases en la Universidad de La Plata, de traducciones, ediciones y antologías, o de la generosidad de amigos y familiares. Junto con las relaciones amorosas de juventud (varias y variadas), es la literatura el tema que ocupa más espacio en los diarios; no solo vamos siguiendo lo que Piglia (perdón, Renzi) escribe, sino también lo que lee: el autor demuestra en estas páginas ser un lector y un crítico atento, intuitivo y muy consciente de la técnica y sus posibilidades.

Pero lo que más me ha gustado de este libro es, precisamente, que no es un diario íntimo, sino una producción literaria creada a partir de un diario, y con consciencia de que es un texto para ser releído más adelante, por el propio autor, primero, y después por el público. Y aunque al final Piglia (o Renzi, tanto da) diga estar "transcribiendo mis diarios", en realidad está haciendo mucho más que ellos: selecciona (por ejemplo, solo se incluyen los cuadernos relativos a su vida en Argentina), incluye textos ajenos a los diarios (relatos, reflexiones, fragmentos) y sobre todo se relee a sí mismo, reafirmándose, o por lo menos eso dice, en el que fue cuando comenzaba y no era todavía "el mejor escritor de Argentina".

En la cabecera de esta reseña he incluido tres valoraciones diferentes: los fans de Piglia, sus estudiosos y seguidores, adorarán estos diarios, que les acercarán al autor en proceso de construcción; a los que quieren leer por el puro placer de hacerlo, a lo mejor les resulta algo pesada tanta reflexión sobre el estilo, los narradores o los tiempos verbales; en cambio, los escritores tienen aquí mucho material que aprender. Para empezar, sobre la determinación que hace falta para llegar a ser escritor: Piglia sacrifica lo que hace falta, pasa hambre, malvive, da sablazos si hace falta, con tal de poder leer y escribir; y también sobre la forma de leer y aprender de otros escritores, con atención al detalle, a las variaciones técnicas, pero también con un criterio y una estética propios. (De García Márquez, por ejemplo, dice que tiene una prosa "demagógica").

No sé si me compraré el resto de los Diarios cuando salgan (está prevista una trilogía): a lo mejor son más de lo mismo, y terminan por aburrir. Lo que sí sé es que, si volviera a leer este primer volumen, bolígrafo en mano, encontraría mucha frase para subrayar y mucha idea para reflexionar, sobre Piglia, sobre las mujeres, sobre la literatura, sobre la vida.