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miércoles, 28 de octubre de 2026

Manuel Vázquez Montalbán: Los alegres muchachos de Atzavara

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1987

Valoración: Entre Recomendable y Está bien


Queda uno impresionado echando un vistazo a la larga bibliografía de Manuel Vázquez Montalbán, buena parte de ella perteneciente a la serie del detective Carvalho, pero también poesía, narrativa y un número no despreciable de ensayos. Pues bien, confieso que hasta ahora no había leído nada de autor tan popular, y me decido, más bien al azar, a probar con esta novela, ajena a su ciclo más conocido, en la que sospecho que podemos encontrar a un escritor digamos más libre, puede que más arriesgado.

Se sitúa Montalbán en 1974, un año antes de la muerte de Franco, en una muy pequeña población cercana a la costa catalana, donde un puñado de gente procedente de Barcelona ha instaurado una especie de peculiar comunidad, tras haber restaurado viejas casas rurales, algo más bien infrecuente en la época. Los nuevos veraneantes son sobre todo profesionales, intelectuales o pequeños empresarios, ciudadanos modernos de posición acomodada y hábitos liberales, que organizan saraos donde reúnen una pequeña corte de amistades, a poder ser moderadamente extravagantes, que den color y picante a las reuniones. Corre con poca mesura el alcohol, y el sexo revolotea con insistencia, casi siempre en modo amago, de cuando en cuando traspasando esa barrera.

El retrato de los personajes es fino y agudo, utilizando perspectivas múltiples. Es la pequeña burguesía catalana, acomodaticia, que prosperó con Franco y que, cuando se avistaba ya la puerta de salida de la dictadura, abrazó anhelos democráticos y un nacionalismo hasta entonces invisible, quizá larvado. Gente moderna y deseosa de exhibir su cosmopolitismo y desenvoltura de costumbres, se entregan a la diversión, el escarceo y cierto exhibicionismo. Somos modernos y desprejuiciados-desinhibidos, somos guays y competimos en ingenio, en ocurrencias o en distintos grados de osadía.

El sexo tiene importancia fundamental a todos los niveles y en diversas variantes: la homosexualidad adquiere protagonismo fundamental en la peculiar comunidad, y el autor se permite hasta una incursión en el mundo trans que, no obstante dar la impresión de postizo algo extraño, resulta notable para la época. Pero lo que realmente llama la atención es contemplar el abismo que el tratamiento que la diversidad sexual ha experimentado en estas cuatro décadas. La homosexualidad, viene a desprenderse del texto, no es simplemente una opción en la esfera de la libertad individual, sino una especie de variante del vicio, frontera con la frivolidad, propia de gentes promiscuas y personalidades frágiles, volubles y un punto insolentes. La caricatura que la literatura y sobre todo el cine nos vendió apenas se abrió un poco la censura de la época.

A veces no es fácil distinguir la opinión del autor de la de sus personajes, como en este blog hemos tenido ocasión de comprobar. Por eso no me atrevo a atribuir a Vázquez Montalbán, un tipo que tengo por progresista, ese punto de vista algo receloso y burlón que domina cuando la acción se centra en al mundo gay, digamos que al menos en parte puede ser la voz del personaje y no la del autor. Tengo mis dudas, y aun así el relato tiene en este punto un aire reaccionario que es imposible desconocer. Claro, hablamos de un libro escrito hace casi cuarenta años, y hay que asumir que la percepción de las cosas cambia con el mundo, a veces también a mejor y que, una vez más, no es procedente juzgar con criterios actuales cosas escritas en otras épocas, como en este caso no demasiado lejanas en el tiempo pero sí en lo que se refiere a algunas cuestiones.

Ciñéndonos a la novela como tal, puedo decir que resulta disfrutable, es un placer asistir a la agudeza con la que Montalbán disecciona a sus personajes, con una carga de ironía importante aunque siempre medida, y tiene golpes realmente brillantes que le sacan a uno la sonrisa, puede que incluso la carcajada. Como dibujo de colectivo de la época me parece también sobresaliente, y tal vez se le puede achacar que se quede solo en eso, un retrato de cierta generación y cierto segmento social, sin llegar a construir un hilo narrativo definido. Intuyo que no es este uno de los defectos habituales del autor, quizá en esta ocasión decidió centrarse en un aspecto concreto y descuidó un desarrollo un poco más trabajado. Pero hay veces en que todo no puede ser.

También de Manuel Vázquez Montalbán reseñado en ULAD: O César o nada, Autobiografía del general Franco, Galíndez

miércoles, 21 de octubre de 2026

Pablo Escudero Abenza: La culpa de todo la tiene Gordon Lish

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2026
Valoración: Recomendable

Tenemos nueva editorial en el mundillo. Se hace llamar Luz de fondo y este La culpa de todo la tiene Gordon Lish es su primera referencia, lo que no deje de ser una apuesta arriesgada tanto por tratarse de un libro de relatos como por tratarse de un autor no excesivamente conocido. Ojalá la apuesta funcione porque el relato es un género que me encanta y, por encima de todo, porque los relatos de Pablo Escudero Abenza tienen un buen nivel medio.

Diez son los textos que componen este volumen de contundente título que podríamos insertar en la tradición minimalista norteamericana (y no solo por la referencia a Gordon Lish o por las citas de McCullers, Smiley, Michaels o Moore). Así, mientras a nivel argumental los relatos de Escudero Abenza retratan, en ocasiones de forma tragicómica, los fracasos y desengaños de tipos de mediana edad y clase media, a nivel estilístico los textos se caracterizan por la ausencia de florituras lingüísticas y por la importancia que en ellos tiene lo "no dicho". Porque... la realidad está llena de cosas que no llevan a ninguna parte, de hilos sueltos y de botones que no encajan en el ojal correspondiente.

Ya digo que, en general, el conjunto me parece coherente tanto a nivel interno como externo. Solo hay dos relatos que, al menos aparentemente, chirrían un poco: La verdadera (y posiblemente triste) historia de la infancia de Peter Parker, por extensión y tono, y La culpa de todo la tiene Gordon Lish, relato en que la voz narradora es la de una chica de unos 25 años. Ahora bien, este último puede ser leído como el reverso de los demás relatos y, leído de esa forma, su integración en el conjunto parece justificada.

Curiosamente, además, es uno de mis tres relatos preferidos y o es por su sordidez y su carácter más directos. Los otros dos serían Apaches, relato que supone una vuelta al pasado, a cómo se forman las tradiciones y recuerdos y que tiene el que probablemente sea el final más potente de todos, y El pequeño topo..., texto que cierra el volumen, que condensa perfectamente el tono y las obsesiones del mismo y que nos deja un final magnífico

Konec significa FIN en checo. Hace décadas que las películas y los relatos no terminan con un fin claro. (...). No hay un Konec al final del camino. Solo cascotes, polvo, sueños, risas.

Por terminar, haciendo un símil musical, La culpa de todo la tiene Gordon Lish sería un buen álbum del que yo tengo mis canciones favoritas pero al que le falta un gran single. Eso sí, como álbum funciona y nos descubre a un Pablo Escudero Abenza que se maneja a la perfección en el formato breve.

También de Pablo Escudero Abenza en ULAD: La habitación de las niñas

sábado, 17 de octubre de 2026

Santiago Lorenzo: Contenta

Idioma original: español
Año de publicación: 2026
Valoración: bastante recomendable

Los detractores dirán (no importa, lo dicen también de Houellebecq, que es uno de los mejores escritores vivos, si no el mejor) que Santiago Lorenzo lleva muchos años escribiendo el mismo libro. Incluso hay quien dirá que Contenta, aunque su portada apueste por un gris anodino frente a los tonos verdosos, cierra una trilogía que podríamos adjetivar como rural o algo así. Son ya seis novelas, en lapsos más o menos pausados, que comparten, además de la cuidada edición de Blackie Books, aspectos notables. Las seis publicadas tras la crisis de las sub prime, las seis con protagonistas que difícilmente calificaríamos de triunfadores, las seis rebañadas en el peculiar estilo narrativo de Lorenzo, una mezcla eficaz y novedosa que puede chapotear por igual en el chascarrillo, en el neoanacronismo, en una socarronería con medio pie hundido en la tragedia, siempre apunto de ser levantado, siempre arrastrando algo de barro.

Si bien Contenta nos depara un primer golpe de efecto allá por el capítulo cuarto, un golpe que la convierte indudablemente en una novela más política y más social que algunas de sus precedentes. Que no voy a desvelar aquí, por supuesto. Pero que supone un cambio de registro, aunque sea puntual, y que me hace pensar que Lorenzo no quiere quedarse en un rincón casi Pynchoniano de escritor de tramas extrañas, nombres estrambóticos y guiños indescifrables. Que está tejiendo un mundo, un universo que combina giros vitales a los que el mundo actual empuja, casi siempre en contra de nuestra voluntad.

Cecilia es una joven que se ha formado en algo que está en crisis: la producción audiovisual ya no es una garantía de forrarse. Su padre ha fallecido y ella no puede seguir pagando el alquiler del piso donde vive. Toca reinventarse, entrada la treintena, pues no le ha tocado esa lotería de la herencia. Sus quince minutos de fama parecen evaporarse cuando recibe un estrambótico encargo, hacer un reportaje sobre un pequeño pueblo que resulta ser de todo menos algo reportable. Acaba viviendo allí, a base de encadenar pequeñas tareas que, junto a la cesión de una exigua vivienda propiedad del ayuntamiento, le permitirán establecerse, seguir precariamente adelante y empezar a relacionarse con el entorno, un entorno que contradice sus primeras reticencias, que se muestra algo más acogedor de lo que preveía, pero aun así, con sus pequeños trucos escondidos.

Lo dicho: Lorenzo muestra personalidad, insiste en ella, se desmarca con tozudez de adscripción a movimiento alguno, actúa como un francotirador - de perdigones, eso sí - y continua creando un universo que, lejos de ser repetitivo e intercambiable, es rico y muestra nuevas facetas e incluso algún firme compromiso.

Previamente reseñado de Lorenzo en ULAD: aquí

domingo, 11 de octubre de 2026

3*1 en "no ficción": El arte de viajar sin moverse del sitio de Hilario J. Rodríguez, Regreso a Viena. Diario de 1946 de Hilda Spiel y La frase infinita de Aldo Gargani

Idioma original: Español
Año de publicación: 2026
Valoración: Bastante recomendable

Hace unos días comentaba con mi pareja que esto de viajar se nos está yendo de la manos, que todo parece una competición por ver quién ha visitado más países, quién ha ido a un destino más "exótico", quién tiene más likes en sus redes, etc. Todo para terminar comprando en las mismas franquicias de mierda, comiendo en las mimas cadenas de comida rápida, etc. ¿Dónde quedó, entonces, eso de viajar para perdernos, para iluminarnos o perfeccionarnos, para cuestionar certezas o experimentar con las dudas? Algo de eso se habla en este El arte de viajar sin moverse del sitio, breve y sorprendente ensayo de Hilario J. Rodríguez en el que el autor huye de lo "académico" para, como las guías Petit Planete, ofrecer un ensayo abierto, poroso y flexible, con intersecciones a veces descabelladas y notas al pie (¿o acaso debería decir desvíos o senderos que se bifurcan?) que podrían ser otros textos, otros libros, otros viajes.

Y así el autor habla del viaje y de viajar, pero como un ir más allá en el que caben muchos viajes diferentes: viajes imaginarios, viajes forzosos (emigración), viajes "inútiles" (¡que viva siempre hacer cosas "inútiles"!), viajes vegetales. 

Podría decir también que el viaje que propone Hilario J. Rodríguez es un "circuito cultural" con parada y fonda en la literatura (Borges, Piglia, Sebald, Schalansky, Herzog...), el cine (Herzog, Kurosawa...), la arquitectura (Speer y compañía), etc. Al fin y al cabo, el viaje y el arte en sus diferentes formas no son otra cosa que mirar, especular e interpretar símbolos.

Pero lo que sí tengo seguro es que El arte de viajar sin moverse del sitio es un elogio de la imaginación y de la cultura como motores de la vida, un recorrido construido a partir de referencias y asociaciones que, lejos de resultar un ejercicio de pedantería, se insertan a la perfección en esa ampliación del conocimiento que debería suponer cualquier buen viaje.

También de Hilario J. Rodríguez en ULAD: Construyendo Babel

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Título original: Rückkehr nach Wien. Tagebuch 1946 
Idioma original: Alemán
Año de publicación: 2026
Traducción: Pilar Mantilla
Valoración: Bastante recomendable

Pasamos de viajar sin moverse del sitio a viajar para volver al lugar en el que uno nació y que hubo de abandonar por razones políticas. El retorno y lo que eso supone para el retornado (todo lo que Nolan podría haber explorado en su versión de La Odisea y no quiso / supo / pudo hacer) son la base del diario de Hilde Spiel, periodista austríaca exiliada en Londres y que regresa en 1946 a la Viena ocupada por los vencedores.

Por lo tanto, el viaje como regreso a los lugares y personas de la infancia, adolescencia y juventud, pero también a los cambios operados en ambos y en la persona que retorna por los años de nazismo y guerra. Estos dos elementos son inseparables de la mirada con la que Spiel contempla la ciudad y hacen que el texto transite de lo íntimo a lo político, de los "pequeños seres" a los "grandes nombres".

Esa transversalidad es uno de los puntos fuertes del texto. Otros serían la indagación de Spiel sobre la identidad del retornado o el cuestionamiento de los procesos políticos en esos primeros momentos de transición. 

Ochenta años han pasado del retorno de Spiel a Viena y un poco más del final de la Segunda Guerra Mundial. Leamos a Spiel (pero también a Primo Levi o a tantos otros), leamos estos testimonios del horror y el terror. Nunca es tarde, de verdad.

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Título original: L'arte de esistere contro i fatti 
Idioma original: Italiano
Año de publicación: 1990
Traducción: Pilar González Rodríguez
Valoración: Recomendable para interesados

De la mano de Spiel y de la Austria de posguerra llegamos a Bernhard, a Bachmann y a este ensayo publicado por Ediciones del Subsuelo. Bernhard y Bachmann son dos de los escritores austríacos más importantes de la segunda mitad del siglo XX (aquel nació en 1931 y esta en 1926). Además, Bernhard y Spiel se escribían y para muestra una carta de 1971 en la que aquel habla de Wittgenstein. ¿Qué, no os parece suficiente? 

Sea como fuere, el caso es que La frase infinita sí que es un ensayo "académico". Al fin y al cabo su autor fue profesor de Estética e Historia de la Filosofía en la Universidad de Pisa. Y así como El arte de viajar sin moverse del sitio tomaba desvíos y caminos aparentemente alejados del centro del texto, el de Gargani se expande, digamos, en vertical y hacia abajo, como un taladro que penetrara en la escritura de Bernhard y Bachmann.

Es, por tanto, un texto denso y complejo en el que las referencias ineludibles son Wittgenstein y Musil, en el que ética y estética se conjugan para elevar la utopía del lenguaje sobre un mundo en ruinas, en el que muestra cómo, partiendo de actitudes y premisas diferentes, ambos autores comparten la idea de la imposibilidad de comunicar, del pensamiento narrado como ejercicio crítico. 

De lo anterior podéis deducir que La frase infinita es un texto "árido" que, además, cae en ciertas reiteraciones. Eso sí, quien se interese en (y guste de) la literatura de dos gigantes como Thomas Bernhard y/o Ingeborg Bachmann lo encontrará recomendable, claro que sí.

lunes, 5 de octubre de 2026

Antonio Turiel: Petrocalipsis: Crisis energética global y cómo (no) la vamos a solucionar

 Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: muy recomendable


En estos tiempo de incertidumbre energética provocada por una guerra de desarrollo y consecuencias imprevisibles, resulta extraordinariamente oportuno sumergirse en este ensayo que nos propone Antonio Turiel, investigador del CSIC.

El título del libro ya resulta esclarecedor. Turiel va realizando un análisis pormenorizado de las distintas fuentes de energía de que disponemos, del ritmo de vida que pretendemos seguir manteniendo aún a costa de acabar con los recursos del planeta y llega a la conclusión de que tarde o temprano acabaremos inmersos en una crisis energética de dimensiones globales y no vamos a hacer nada para evitarla.

El científico del CSIC comienza analizando las fuentes energéticas fósiles comenzando lógicamente por el petróleo, y nos demuestra con cifras que este combustible está llegando a su pico de producción e inevitablemente comenzará su decrecimiento. Coches, camiones, buques y aviones que interconectan la actividad humana en cualquier parte del mundo necesitan  el petróleo porque, como señala Turiel, es una sustancia energéticamente densa, capaz de mover todos estos ingenios y no hay ninguna otra energía capaz de realizar esta tarea.

Puesto que los derivados del petróleo se agotarán en un futuro no muy lejano, analiza las distintas fuentes alternativas que ya se están poniendo en marcha, es decir, las energías denominadas renovables y llega a la conclusión de que aunque puedan resolver el consumo de electricidad de los hogares, no van a solucionar el principal problema de consumo de combustible, que es el transporte de mercancías y personas a nivel mundial. Transporte que como todos ustedes saben ha aumentado de forma exponencial en los últimos años.

Turiel dedica cada capítulo del libro a analizar todas las posibles alternativas a nuestro actual sistema de consumo energético global y va desmontando todas esas teorías triunfalistas que confían en que a través de nuevas investigaciones tecnológicas podamos mitigar o resolver la crisis que se avecina: "la llegada de la producción de los combustibles fósiles a su cénit y la manifiesta incapacidad de los sistemas de generación de energía renovable por cubrir el agujero que deja tras de sí el retroceso de los combustibles fósiles van a imponernos una situación de racionamiento forzoso...está garantizado que cada año obtendremos menor cantidad y eso va a impedir que crezcamos desde prácticamente ya".

Y aquí llegamos a la tesis principal que defiende Turiel en este libro. Una crisis de crecimiento supone necesariamente una crisis del capitalismo, "hace falta adaptarnos a un entorno de decrecimiento forzado y comenzaríamos a hablar de una nueva sociedad que pueda generar empleo y bienestar sin necesidad de crecimiento".

El problema, como señala Turiel, es que este cambio social necesario e ineludible, este final del capitalismo, choca con la dinámica actual de los sistemas políticos que gobiernan nuestras sociedades: "La mayoría de los partidos políticos atacarán sin piedad lo que calificarán de meras ocurrencias, un ataque al estado del bienestar e, incluso, un atentado contra nuestros derechos más básicos. Todo eso es cierto. Y, a pesar de ello, da igual. Aunque durante algunos años aún pueda parecer que una determinada solución (basada en las energías renovables, en la nuclear, en los biocombustibles o en lo que sea) vaya a permitir mantener el sistema capitalista, no es verdad. Pasarán los años y las alternativas fracasarán. Lo harán de manera silenciosa: no se dirá que han fracasado, pero lo cierto es que no resolverán ninguno de los problemas planteados que se decía que iban a resolver".

Advierte Turiel de que no nos queda mucho tiempo porque la alternativa podría ser "acabar en un sistema ecofascista, en el que un Estado imponga a sus ciudadanos medidas coercitivas para evitar la crisis de los recursos. O bien podemos acabar en un sistema militarista y expansionista, convencido de que la solución a la crisis consiste en invadir tantos países como pueda en pos de los recursos que necesita para mantener el status quo (les suena de algo). O podemos acabar en un sistema neofeudal, en el que uno o varios señores de la guerra impongan su ley a sangre y fuego a toda la población".

Puede parecer que la visión del ensayista es mayormente negativa, pero confía en que logremos un consenso y nos encaminemos hacia soluciones esperanzadoras y compartidas, soluciones de índole social, porque es la mentalidad social la que necesita cambiar. Turiel propone: anulación de las deudas actuales, reforma radical del sistema financiero, redefinición del dinero, reforma de los estados, definición de planes de transición locales y preservación de los servicios básicos (sanidad, educación y asistencia a gente mayor y necesitada).

martes, 29 de septiembre de 2026

Zoom: Auge. Género, juventud y extrema derecha de Alicia Valdés

 Idioma: español

Año de publicación: 2026

Valoración: está bastantante bien (sobre todo para interesados/as en el tema)

Ha comenzado un nuevo curso escolar y, al menos en España, muchos y muchas docentes, y no pocos progenitores (bueno, de éstos quizá no tantos) comprueban con preocupación cómo, un año más, parece aumentar la popularidad de las ideas de extrema derecha entre el alumnado, especialmente en el sector masculino del mismo, incluso a edades muy tempranas... Los querubines que en Primaria sólo se preocupaban de jugar al fútbol y cazar pokémons (no estoy seguro de que esta actividad se siga haciendo, pero ya me entendéis) al llegar a la Educación Secundaria semejan gremlins que han comido después de medianoche y se declaran franquistas, cuando no filonazis, racistas, machistas, homófobos y aporófobos (porque todos creen que se van a hacer ricos como influencers, minando criptomonedas o montando una estafa piramidal como el tal Lla...

-¡Bueno, ya está bien, que siempre estás igual! Deja de meterte con las ideas que no te gustan, que todas merecen un respeto y...

-No, no lo merecen. Sigo: La tendencia parece evidente e imparable, pero la politóloga Alicia Valdés se ha preguntado si realmente esto es así o nos estaremos dejando engañar por ideas preconcebidas y, sobre todo, por los contenidos que a los medios de comunicación les vienen bien para generar visitas. En este pequeño ensayo (de ahí que lo haya etiquetado como Zoom), la autora explora, en primer lugar, las fuentes de esa idea tan extendida, ya casi tópica, de que el auge actual de la extrema derecha se debe al apoyo de los adolescentes y hombres jóvenes. Asismismo, la idea, no menos extendida, de que esa querencia por las ideas ultras se debe a una reacción ante los "excesos" del feminismo -idea que se extendió hasta convertirse en un lugar común , por lo visto a raiz de un artículo de John Burn-Murdoch publicado en el Financial Times-; Valdés dedica buena parte de las 50 páginas que, una vez eliminados índices, notas, agradecimientos y morralla editorial, componen este pequeño ensayo a desmentir ambas ideas: ni todos los chicos jóvenes son filofascistas  -descarta, además, que la Z o como se diga sea "la generación más machista de la Historia"-, ni el feminismo tiene la culpa de que algunos lo sean. La culpa, por si alguien se la pregunta, es, por supuesto del capitalismo, o, mejor dicho, de la crisis del mismo, que ha propiciado una segmentación de la sociedad en grupos identitarios para hacer más eficaz aún la explotación de los individuos. Entre estos grupos, especialmente agraviados por la pérdida -aunque sea un sentimiento basado más en su percepción que en la realidad- encontramos a los hombres jóvenes, que aspiran al ideal de ser "hombres PPP" (es decir, Proveedores, Protectores y Procreadores) como lo fueron, supuestamente, sus ancestros. Pero ahora, las malvadas feminazis, los inmigrantes y la ideología woke se lo impiden a los pobriños... Esto es lo que creen ellos, no Alicia Valdés, claro. Aunque lo que sí piensa ella, es que "los partidos políticos de izquierda también son responsables del auge de la extrema derecha"... Vaya, esto es una novedad: echar la culpa a la izquierda de lo que hace la (ultra)derecha. Nunca habia oído algo semejante... Claro, que la idea se vuelve un poco (más) bochornosa cuando pone como ejemplos declaraciones y actitudes... del PSOE. No hay más preguntas, Señoría...

Ahora bien, tampoco quiero dejar la impresión de que este librito no me ha gustado, ni mucho menos. Entre los aspectos positivos que le encuentro están:

  • La honestidad intelectual de no quedarse sólo con las ideas más extendidas (y por tanto más cómodas, incluso entre el pensamiento menos mainstream), tratando de encontrar la raíz o la verdadera naturaleza del asunto. 
  • La exposición bien razonada de los argumentos de su autora (se esté o no de acuerdo con ellos), muchas veces apoyada en referencias bibliográficas de , en principio, sufidiente solvencia).
  • La aportación de soluciones a este problema (para mí lo es). Por ejemplo: "la generación de espacios donde (los jóvenes) se sientan cómodos para construir una masculinidad alternativa y deseable"; "cargarse la racionalidad capitalista" como sistema necropolítico. Y, sobre todo, la vuelta a lo comunitario.
Como aspectos que me han gustado menos, señalaría:
  • La falta de un análisis más completo, sobre todo histórico, o al menos a mí me hubiera gustado algo más de complejidad. Entiendo que en un espacio tan breve es complicado llevarlo a cabo, pero quizás se podrían haber resumido algunas ideas en las que la autora insiste una y otra vez, como la exculpación del feminismo como causa del auge de las ideas extremistas de dere has.
  • Un cierto adanismo, en el sentido que se diría que la generación joven actual son víctimas de una crisis del sistema capitalista, de valores, inmobiliaria etc. única o, en cualquier caso, más grave que  las que afectaron a generaciones anteriores, quienes, obviamente, somos los culpables de lo sucedido. 
  • El uso, tal vez algo excesivo, de un léxico y expresiones propias del periodismo, sociología, activismo, etc. de la izquierda española actual (para entendernos: el lenguaje post 15-M con el que estará familiarizado todo lector o lectora de eldiario.es, ctxt.es o elsaltodiario.com); es decir, mucha "interseccionalidad", "Sistema Mundo", "modelos de masculinidad", "identidad disidente", "espacios LGTBIQA+", "performativo", "machosfera" o "manocultura", "justicia interespecies", etc."; más el recurso frecuente, que yo creo que responde a una moda más general, a usar el adjetivo "ontológico" lo mismo para un roto que para un descosido. Entiéndaseme: no es que me moleste la utilización de esa jerga "rabiosamente actual", pero, en mi opinión, el efecto conseguido es, paradójicamente, que todo suene ya un poco viejuno (o lo sonará en breve), como cuando leemos un ensayo de hace cincuenta años que utilizaba toda la panoplia del léxico derivado del marxismo (lo que sí que me ha rayado un poco, lo reconozco, es el reiterado empleo del término "afectos" para referirse a "sentimientos"... Por ejemplo, en esta, por lo demás acertada frase que define el marco en el que se mueven las ideas de extrema derecha: "(...) un mundo dominado por el odio, el individualismo y las pautas de consumo o por visiones politicas que se aprovechan de afectos como el miedo, el resentimiento y la ira".
En suma y para ir acabando, que se hace tarde: Auge, etc. es un pequeño ensayo que plantea tanto una problemática como un diagnosis de la misma, e incluso propone unas soluciones a la emergencia entre la juventud de las ideas extremistas de derechas, neofascistas, franquistas o trumpistas, como queráis definirlas (ya sé que a alguno de nuestros lectores le parecerán razonables, mesuradas y llenas de "sentido común"). En fin, ya veremos, cuando haya elecciones en España y otros países del entorno, si el león es tan fiero como lo pintan. O la hiena, más bien, que al león se le supone un aura de nobleza...

lunes, 28 de septiembre de 2026

Javier Moreno: La belleza del accidente

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2026

Valoración: Interesante (pero con muchos reparos)


Si viene a nuestra memoria aquello de 'los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa', recordaremos que don Antonio Machado, en aquel Juan de Mairena que tuve la temeridad de criticar negativamente, recomendaba la sencillez para conseguir un lenguaje realmente poético. Seguramente Javier Moreno conoce este episodio, y aunque no parece probable que su intención fuese conseguir precisamente un lenguaje poético, sí lo es que pretende demostrar su erudición, no sé si para impresionar a sus lectores o a su editor, quizá a ambos. El caso es que el autor, conscientemente o no, hace todo lo posible para eludir la máxima de Machado, y su forma de expresarse resulta así, en demasiadas ocasiones, pomposa, pedante y casi siempre anhelante del sinónimo más oscuro para obligar al lector a agarrar el diccionario en busca de definiciones. El Quevedo de La culta latiniparla tendría también mucho que decir en este asunto.

He de reconocer que he visto casos peores, algunos de los cuales hemos reseñado aquí no hace demasiado tiempo. Cultismos innecesarios, latinajos y rebuscados recursos a la etimología griega, y múltiples citas que se manejan como argumentos de autoridad, son elementos omnipresentes en muchas páginas, que solo contribuyen a emborronar las tesis que se exponen. Si hablamos de citas, Moreno haría bien en seguir el ejemplo de ese peculiar filósofo serbio cuyos fragmentos se multiplican sin freno (a veces hasta dos o tres páginas completas) durante buena parte del libro hasta desaparecer de forma completa y abrupta: los textos de Radonic muestran el camino adecuado para expresar las ideas con claridad y sin ornamentos. 

Habiendo dejado constancia de lo que me parece un lastre fundamental, también debo decir con sinceridad que el libro contiene reflexiones interesantes. Moreno ejerce un tanto de polímata, tocando casi todos los vértices del conocimiento (filosofía, psicología, matemáticas, arte, tecnología, física, mitología…), y de toda esa proliferación, seguramente excesiva, se pueden extraer algunas ideas de cierta importancia. La más significativa, y que como tal luce en el sugerente título, es la puesta en valor del azar, lo contingente que necesariamente acompaña al ser humano y que, queramos o no, define muchas veces nuestras vidas. El mundo actual, que quiere ser gobernado por la tecnología, intenta eliminar lo erróneo y lo fortuito, y esa obsesión por el control se lleva también por delante espacios de creatividad y los necesarios márgenes para que la duda y la incertidumbre actúen como palanca de nuevas ideas, en definitiva el progreso.

Este planteamiento se desborda, y a veces se difumina, en múltiples perspectivas, que con frecuencia tienen que ver, entre otras cosas, con la fe ciega en el progreso tecnológico (otra vez la IA, ya lo siento), e incluso con una reacción que desde ciertos sectores se dirige a la recuperación de las esencias, una especie de nuevo romanticismo que, en lo político, se traduciría en el crecimiento de los integrismos y el retorno a las tradiciones (ultraderecha).

Cuestiones de fondo bien trabadas y que escapan de los análisis simplistas que ofrecen buen número de ensayos que encontramos aquí y allá. Se agradece en definitiva un nivel intelectual apreciable y la capacidad para elaborar y manejar conceptos abstractos sin despegarse del mundo real, lo que hace que el libro presente un interés apreciable. Lástima entonces que el autor no haya sido capaz de evitar los reiterados raptos de erudición y tentaciones de creatividad que habrían tenido mejor acomodo en textos de otra índole: hacen oscuro lo que de interesante tiene el libro y hasta puede provocar la huida del lector. En mi caso faltó poco para conseguirlo. 


viernes, 25 de septiembre de 2026

Isaac Rosa: Feliz final

 Idioma original: español

Año de publicación: 2018

Valoración: muy recomendable


Todo en esta novela de Isaac Rosa está al revés. Desde el título que introduce un giro al que no estamos acostumbrados, hasta la propia ordenación de la novela que comienza por un epílogo y finaliza con un prólogo. Desde luego, no es una decisión improvisada, puesto que  el escritor sevillano decide romper el orden cronológico y nos presenta a una pareja en el momento de demolición absoluta de su relación sentimental y avanza hacia atrás finalizando con un prólogo en que nos descubre cómo se conocieron y enamoraron.

Comienza la novela con una primera frase que constituye una declaración de intenciones de la pareja protagonista: "Nosotros íbamos a envejecer juntos". Con esta frase inicial en pasado, ya sabemos que ese objetivo común no se va a cumplir. Lo que sigue es una radiografía desoladora de los entresijos de una relación que se ha derrumbado  por la situación de incertidumbre personal y laboral con la que tienen que lidiar nuestros protagonistas y a la que no son capaces de sobrevivir.

Nuestros protagonistas son dos urbanitas (periodista y profesora de mediana edad), cuya relación se ha desmoronado. Isaac Rosa va dando alternativamente la voz a uno y otro y nos van descubriendo los motivos que les llevaron a romper ese proyecto común. 

Los primeros capítulos son durísimos. Desde el rencor y el resentimiento que conlleva el final de una convivencia, ambos protagonistas van disparando dardos que apuntan a la línea de flotación de su relación y reconocen que, muy probablemente, todo se empezó a romper por la dificultad de lidiar con el día a día, por una obsesión por la gestión: "En casa debíamos gestionar horarios, tareas domésticas, menús diarios, ingresos y gastos. ¿ Por qué no escribes un libro de autoayuda? Aprende a gestionar tu vida en diez pasos. Gestiona tus sentimientos para alcanzar tus objetivos. Estoy harta de gestionar. Llevamos años gestionando y mira donde hemos acabado".

Hacia la mitad del libro, descubrimos que las dudas, las inseguridades y  las pequeñas traiciones alentadas por la aparición de terceras personas fueron minando la vida en común de nuestros protagonistas. En este punto, Rosa realiza un análisis demoledor de los mil y un vericuetos por los que se desliza la convivencia diaria de una pareja y comprendemos la cantidad ingente de elementos externos que van minando la relación amorosa: la rutina diaria, la precariedad laboral, la responsabilidad de los hijos les lleva a "un desarmarse lánguido, hecho de silencios, aburrimiento existencial y miradas graves. Años de discutir nos habían provisto de un arsenal de agravios, frases hechas, réplicas redondas, maniobras retóricas, emboscadas, zancadillas burdas, estocadas de admirable fineza, vías de escape y sofisterías varias".

La última parte recoge la fase de enamoramiento de Ángela y Antonio, nuestros protagonistas, pero sabiendo como sabemos cúal va a ser el desenlace de la historia la sensación de tristeza es absoluta: "Queríamos saberlo todo, queríamos contarlo todo...Esa pulsión comunicadora de los enamorados que no pueden dejar de hablar, que necesitan enlazarse para contarse con más fuerza. Repasábamos nuestras vidas previas, todo ese tiempo anterior en el que estábamos en el mundo sin sabernos y ya todo nos empujaba a encontrarnos". 

Hemos llegado al prólogo, que en el caso de esta novela es su final. Llegamos exhaustos, con una tensión emocional altísima, sobrecogidos por la ruina de una relación amorosa que sus protagonistas creyeron eterna y que nos desarma porque entendemos las causas de ese fracaso.

Con un lenguaje minucioso y pausado, Isaac Rosa realiza un análisis de una gran complejidad psicológica, disecciona con gran habilidad las emociones humanas y realiza un retrato generacional que enmarca dentro de una crisis más amplia, que es la de la demolición de las convenciones sobre las relaciones amorosas.

Es un libro muy recomendable, pero es una lectura que nos lleva al límite.

Otros libros de Isaac Rosa en Ulad: Las buenas noches, La mano invisible.

viernes, 18 de septiembre de 2026

Eduardo Jordá: Número cero

Idioma original: español

Año de publicación: 2026

Valoración: muy recomendable

Cuando Jordá noveló la vida de Anna Ajmátova, ya me pareció una injusticia que la modesta editorial en que publicó la obra no dispusiera de la capacidad de repercusión o promoción que el libro merecía. 

Pero Libros del Asteroide (supongo que por el empujón que le han faciltado ciertos éxitos) ya es otra cosa, y sus inconfundibles lomos y portadas empiezan a poblar librerías y bibliotecas, ya hace unos lustros, y con sus lógicos (y algunos ya comentados) altibajos, empieza a erigirse en una poderosa alternativa a los grandes grupos fagocitadores de aventuras editoras. 

O sea, supongo que Número cero no parte con esa desventaja, o parte con esa cierta ventaja. Añadamos que, por supuesto, Bob Dylan es una figura notoriamente más conocida que la poetisa rusa. Que el tiempo y el hábitat en que desarrolla su carrera ha sido más proclive a divulgación y transparencia. Aunque debo reconocer formar parte del colectivo que arqueó la ceja cuando recibió el Nobel de Literatura, está claro que su trayectoria musical, su influencia, su empecinamiento por continuar grabando y tocando música lo sitúa en un universo aparte. Historia viva, se dice. Como tal, y como se reconoce en las páginas de este libro, son centenares los libros que se han escrito sobre él. 

Aun así, Jordá logra entregarnos un texto único, que funciona en varios planos. Primero, el meramente biográfico, en el que Jordá renuncia a la típica semblanza informativa, cosa que se agradece, no es cuestión de acaparar páginas para lo que es casi del dominio público. Pero es que incluso esa elección, la de un puñado de aspectos de su existencia, algunas anécdotas en detrimento de otras más conocidas, tiene algo de literario, mucho de creativo. Jordá interviene de forma decisiva ahí, deja su huella como autor. Luego tenemos pasajes que se escoran hacia la crónica, en los que el autor comparte experiencias personales de vivencias relacionadas con sus indagaciones sobre el personaje, o no, porque ya en ese punto aventuramos que nos encontramos ante algo que, pese a la aparente humildad de su formato y extensión, registra una ambición subyacente, la de ese Jordá que se bifurca en narrador, cronista, poeta, admirador, incluso crítico musical (o literario, visto lo del Nobel). Y ese plano asoma con poder en capítulos brillantes que trascienden hablar del músico, su existencia y su obra. Jordá se desata e impregna de personalidad esas elecciones de este u otro texto del músico,  de esta u otra circunstancia de su existencia, de esta u otra faceta de la personalidad de Dylan. 

Hay donde elegir, pero esta es una "biografía" creativa, subliminal, contemporánea, valiosa, marcadamente lúcida y que pone de manifiesto, de forma simultánea, no solamente la importancia de Dylan como referente sonoro, intelectual y cultural, sino la de Jordá para sintetizar una existencia tan notable y prolongada a base de magistrales pinceladas.

Obra (o traducciones) de Eduardo Jordá en ULAD aquí

lunes, 14 de septiembre de 2026

Gonzalo Núñez: Los retratos desparejados

Idioma original: Español
Año de publicación: 2025
Valoración: Recomendable

Así, cuando alguien ve un cuadro o lee un libro es el tiempo el verdadero tema, pero este es tan astuto que hace creer al lector o al espectador que solo es una historia de amor o de guerra o el retrato de un hombre que ya pasó por este mundo.

Pues sí, queridos, creo que esta frase extraída de la página 72 de la novela podría ser una buena aproximación a esta porque, aunque Los retratos desparejados parece una texto sobre relaciones de pareja en pleno siglo XXI, lo que Gonzalo Núñez nos ofrece en su segunda novela es una historia / tratado sobre el amor y el desamor (eso es innegable), sobre el peso del pasado y de la culpa, sobre lo que fue y no se vio o sobre lo que se vio y no fue, sobre palabras no dichas, sobre palabras supuestas, sobre el tiempo, el puto paso del tiempo.

Todo lo anterior con el arte como telón de fondo. Son los retratos desparejados (dípticos de parejas o matrimonios pintados por autores flamencos allá por el siglo XV y que por diversas causas y azares fueron separados) que dan título al libro la imagen perfecta de la separación y de la ruptura, así como el punto en el que confluirán pasado y presente del narrador y protagonista.

Esta presencia del arte permite al autor introducir digresiones sobre el mundillo. El problema está en que, si bien resultan interesantes y darían para un ensayo de lo más entretenido, personalmente me sacan un poco de la trama principal, esa centrada en la psicología del amor, en cómo vemos o creemos que nos vemos (y ven). Y mira que me jode porque la indagación sobre el amor y el desamor y sus alrededores tiene ritmo, es profunda, casi obsesiva y retrata a la perfección estos tiempos líquidos que nos ha tocado vivir y la parte más "ensayística" le da un puntito intelectual que a gafapastas y curiosos (ejem, aquí hay uno) disfrutamos.

En cualquier caso, Los retratos desparejados no deja de ser una buena novela en la que hay un fuerte componente generacional (recomendada especialmente para nacidos en los 70 - 80) y en la que las influencias van de Javier Marías a Milan Kundera, pasando por un Houellebecq relajadito. La influencia de Marías se aprecia ya desde la primera frase, muy al estilo de Mañana en la batalla piensa en mi o Corazón tan blanco, pero también en el manejo del lenguaje y los saltos temporales; la de Kundera en las reflexiones sobre el propio "hecho amoroso", un poco en la onda de La insoportable levedad del ser  (a veces me parece ver por las páginas de Gonzalo Núñez a Teresa y Tomas); la de Houellebecq relajadito en ese retrato de nuestro tiempo, aunque sea menos oscuro y pesimista que el del francés. ¡Palabras mayores, eh!

En fin, como decían en Con faldas y a lo loco... Nadie es perfecto. Esta novela tampoco. Eso sí, es de lo más recomendable.

martes, 8 de septiembre de 2026

Alejandro Sawa: La mujer de todo el mundo

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1885

Valoración: Recomendable 


La literatura y la música tienen cosas en común, seguramente bastantes, pero quizá la más significativa puede ser que transmiten sensaciones. Esta capacidad es en mi opinión un valor, no el más importante pero sí destacado a la hora de apreciar una obra literaria, y desde este punto de vista la novela que escribió Alejandro Sawa con apenas veintitrés años muestra un potencial nada desdeñable.

Aunque en principio pueda parecer otra cosa, la historia gira en torno a la condesa del Zarzal, mujer de atractivo irresistible que reúne todo el catálogo de maldades que quepa imaginar: sirviéndose sin medida de su físico y sus artimañas de seducción, la condesa enloquece, manipula, exprime y consume por completo a todos los que le rodean, siempre con objetivos egoístas y detestables y, lo que es peor, disfruta en el proceso tanto como con el resultado de sus maquinaciones. Es el perfecto demonio femenino, síntesis y paradigma de la maldad en un cuerpo inigualable.

Como vemos, todo en este personaje es sumamente exagerado, sin matices ni oscilaciones, radical y extremo como solo puede serlo un relato juvenil, tan ingenuo en el planteamiento como escabroso a la hora de descender con cierto deleite a los detalles. Hay momentos en que ese Sawa de veintitrés años parece deseoso de protagonizar su propio libro, de ser él mismo uno de esos personajes que doblan la rodilla ante el poder devastador de esa mujer, como confesando su sumisión a ese mundo hiperbólico de placeres y emociones extremas, ansioso de vivir tales situaciones aun con la certeza de que con ello se buscará la ruina. Aunque a decir verdad no parece que la vida del autor fuese exactamente por ese camino de excesos, digamos como un Modigliani literario, de manera que todo parece quedar confinado en el terreno de la ficción.

Pero, volviendo al principio, las sensaciones son intensas, y aunque el argumento tenga en realidad bastante de folletín, prevalece el fuego que su malvada protagonista desata en su entorno, hasta atrapar al lector como podría hacerlo un relato de terror: no nos agrada lo que vemos pero queremos seguir dentro de esa historia, de manera que el lector caería en la misma tentación que atribuíamos al autor, aunque a salvo de posibles daños.

Otra cosa es que técnicamente la narración no resulte muy académica. La prosa, aunque florida y vehemente, es a veces bastante incorrecta (aun habiendo registrado cierto pulido previo según se revela en el prólogo), con algunas incongruencias en la sintaxis, frases que quedan en el aire y hasta ciertos errores léxicos. La misma estructura narrativa parece cuestionable, apuntando a direcciones que quedan abandonadas o acumulando escenas sin una conexión convincente. Todo es explosivo, casi improvisado con voluntad de incendiar o de mostrar un incendio interior, que tanto da, y en ese sentido, con todas sus imperfecciones el libro resulta convincente y transmite con eficacia lo que quiere. 

A veces conviene quizá bajar un poco la guardia y no ponernos tan exquisitos. De esta forma podremos apreciar un libro como este, que a pesar de sus deficiencias rezuma frescura y honestidad, y esos son valores que tampoco conviene despreciar.

P.S: Sobre Alejandro Sawa como escritor y personaje de su época tenemos información interesante en las otras reseñas sobre el autor que ponemos aquí debajo.

También de Alejandro Sawa reseñado en ULAD: Criadero de curas, Noche, Declaración de un vencido


lunes, 7 de septiembre de 2026

Valeria Luiselli: Principio, medio, fin

 Idioma original: español

Año de publicación: 2026

Valoración: imprescindible


Este libro es una maravilla. A partir de ahí, vamos a ver si consigo transmitirles el sentido de tan elevada valoración. Nos encontramos con un libro original, valiente, excelentemente narrado y exquisitamente cerrado. Y es que su autora, la escritora mexicana Valeria Luiselli, derrocha talento y nos presenta una obra enormemente ambiciosa que se sitúa a medio camino entre la novela, el ensayo y la autoficción, y tocando géneros tan diversos sale airosa de todos ellos.

La obra comienza con la llegada de una madre y su hija a Sicilia. La madre está escribiendo una novela, se acaba de divorciar y está buscando reorientar su vida. La hija es una adolescente que cuestiona, porque está en edad para ello, muchas de las decisiones de su progenitora. Asistiremos a lo largo de la novela a un continuo proceso de crecimiento personal, tanto de la madre como de su hija, que iremos comprobando a través de los  diálogos que sostienen. Porque como señala la protagonista, en este momento de su vida se encuentra en el medio: " Me queda claro lo que ocurre en el medio, a la mitad de las cosas: si la vida es una especie de arco y una está parada más o menos a la mitad por ahí de los cuarenta años, parada, pues, en su ápice, lo que se observa es, de un lado, a los hijos entrando a la vida, empezando su camino, y del otro lado del arco, a los padres, en su camino hacia fuera, retirándose. La mitad, entonces, es ese lugar difícil desde el que se observa como la vida se encuentra con la muerte, cómo la llegada se anuda con la partida. La mitad es el lugar donde el principio y el final se entrelazan de manera terrible e irremediable".

La idea del viaje a Sicilia no es casual. La bisabuela de la familia era siciliana y en un momento dado abandonó la isla buscando mejorar su vida. En esa huida se llevó consigo un mosaico robado de la Villa de Casale, donde trabajaba en las excavaciones,  que representa la cabeza de Proteo, un dios griego capaz de cambiar de forma y predecir el futuro, que dará pie a la autora para introducir en la trama una serie de elementos mitológicos y de cultura clásica.

La madre y la hija consideran que  el mosaico debe regresar al lugar al que pertenece y viajan por la isla para devolverlo. La inquietante presencia del Etna, de las tormentas, de los vientos que dan nombre a cada uno de los cuatro capítulos en que se divide el libro y los incendios que asolan la isla acompañarán a nuestras protagonistas que van transmitiendo por internet a su abuela, que vive en México, tanto su periplo por la isla como los avances en la novela de la madre. Estos correos a la abuela sirven a la escritora mexicana para realizar un ejercicio metaliterario, en el que se nos desvelan las relaciones entre la escritura y la vida: "Una novela sobre una madre y su hija, una hija y su madre, viajando a lo largo de alguna orilla hacia otro marco temporal. Una novela a la mitad, en el medio de la novela, a medio camino de las cosas. ¿O no es una novela sino un ensayo? Tal vez la mitad no quepa en la arquitectura apretada de las novelas, en el corsé de la trama. Tal vez la mitad, la parte de en medio, sea más afín al espíritu holgado, deambulante del ensayo. Tal vez tenga que ser un ensayo hasta que pueda volver a ser una novela. Un ensayo con un principio, un medio y un fin".

Luiselli va construyendo un mosaico en que, más allá del viaje de las protagonistas, se van relacionando las vidas de las cuatro generaciones representadas por la bisabuela, la abuela, la madre y la hija. La memoria y la maternidad son, sin duda, los ejes de la novela: "Pensamos que lo que les damos a nuestra hijas es algo así como una estafeta en una carrera de relevos. Les pasamos lo que tenemos para que ellas continúen su camino solas, pero con más herramientas, y tal vez gracias a eso puedan tener mejores vidas, tomar mejores decisiones".

Efectivamente, la hija tomará ese relevo y se convertirá en protagonista final de la novela en un giro inesperado que demuestra el enorme talento como narradora de Luiselli. Así escribe la hija a su abuela: "Yo sé que Mamá no te ha mandado nada todavía. No te ha mandado nada porque no ha terminado, es muy lenta. Escribió la primera parte y luego la parte de en medio, pero dejó toda la parte final vacía. Y ya no va a tener tiempo para escribirla. O tal vez nunca va a poder escribir el final, tal vez le da miedo o le da flojera o simplemente no sabe cómo es el final". Aquí debería citarles el maravilloso párrafo final del libro, tal como lo escribe la hija, pero sería un spoiler inexcusable. 

Al final del libro, a modo de epílogo, se incluye un anexo con 32 polaroids que recogen el itinerario de nuestras protagonistas  y un QR que contiene un archivo de sonidos recogidos en la isla.

Esta es mi mejor lectura del año. Una novela escrita con elegancia y naturalidad, con unos diálogos deliciosos y sugerentes entre las protagonistas, con referencias continuas a temas literarios y filosóficos, con reflexiones precisas sobre la vida, la memoria y el paso del tiempo  y con el telón de fondo de la maravillosa Sicilia. Imprescindible.

También de Valeria Luiselli en ULAD: Los ingrávidos, Los niños perdidos, Desierto sonoro

martes, 1 de septiembre de 2026

Reseña Bipolar. Fernando Bonete: La hija del Fénix


Idioma original:
español

Año de publicación: 2026

Valoración: rancio

Si no conociera a Fernando Bonete...

Hubiera leído La hija del Fénix hasta la página 45 o 50, y abandonado entonces, ya algo desganado porque lo de la novela histórica no es lo mío, ni siquiera me habría dado la curiosidad como para interesarme sobre el enlace entre los dos pinturas que preceden al texto, cosa que ya, más o menos, la sinopsis se hubiera encargado de desvelar. Seguramente, tras una mirada bastante fugaz a la semblanza del actor, hubiera pensado otro más que se va a dedicar a la novela histórica. En cualquier caso, como son libros que suelen estar confinados a las mesas de las librerías de Planeta o de grandes superficies, difícil que me cruzara con este género y que coincidiera  encima el autor. Chao pescao.

Pero conozco a Fernando Bonete...

Que, claro, ha publicado esta novela, y en Espasa (subsidiaria de Planeta con firmas como Risto Mejide en su nómina) porque en su vida paralela como bookstagramer, o cómo narices querráis llamar a eso, alcanza ya cerca de setecientos mil (o 700 K) seguidores, muchos de ellos, meros curiosos, claro. Pero alguno seguirá sus recomendaciones a pies juntillas, y acumulando cientos de comentarios en sus posts (alguno de ellos, por lo de diversificar, hablando, lo juro, de los cinco mejores pasodobles, o las cinco películas más tristes) y elevado, con contratos publicitarios de por medio, las cursillas son mías, a la cima de la divulgación cultural conseguida, eso sí, por sus méritos, muchas veces con la burda estrategia de esconder la portada del libro hasta el final del reel, y a ser incluso saludado por los monarcas españoles, en una de esas extrañas y protocolarias recepciones. Desprende una imagen de yerno perfecto y dedica esta, su primera novela, a su familia, cómo no, no hay sitio alguno a referencias perniciosas. 

Claro que algún escéptico dirá que es que le tengo (o le tenemos, aquí somos asamblearios, argh, incluso en eso) envidia. Bueno, nosotros enseñamos la portada de buenas a primeras, y la valoración va pronto, no hay suspense que administrar, pues tanto no nos obsesionan ni los seguidores ni las visitas. Puede que pienses, Fernando, si nos lees, pero esto es una conjetura, qué pringaos que no monetizan, pero nos gusta la independencia (aclaro, la del blog) y no tener que rendir cuentas.

Bueno, centrémonos: lo del libro. Diría ya, a costa de mi última expresión: rendir cuentas ante el Altísimo. Porque la característica principal de La hija del Fénix es el rigor con el que Bonete* afronta el lenguaje, recargadísimo de toda clase de expresiones arcaicas, especialmente, justificado, en las especulaciones de diálogos o correspondencia, pero, injustificado, cuando, en varios momentos, el narrador aclara relatar desde un periodo más cercano a la actualidad y no al del siglo XVII en que se desarrollan los hechos. Esa es una primera y sustancial barrera, ya no las eternísimas últimas treinta o cuarenta, sino todas y cada una de las trescientas ochenta páginas del libro, que sufren de ese lenguaje impostado e incómodo, que seguramente el autor ha documentado, y al que no ayuda para nada su gusto por las frases eternas, su tendencia a barroquizar no solo lenguaje, sino construcción. Y creo que en el subgénero elegido para su puesta de largo, que es la novela histórica con aires eventuales de folletín, la legibilidad debería ser una premisa. 

Y no: esta biografía de una hija ilegítima de Lope de Vega que se confinó, por tal condición, en un convento y se dedicó a escribir, quedando mucha de su obra reducida a cenizas, mientras Lope de Vega seguía saltando de cama en cama (a pesar de su sacerdocio) y mendigando a la nobleza madrileña dinero, o favores, para poder mantener a su familia - a la suya y a todas las que eran obra de su inmensa tarea de fecundación - como novela resulta ser una mera exhibición bastante onanista. En algún momento Bonete pretende intercalar algún mensaje ligeramente reivindicativo, pero el encarcaramiento de su prosa lastra de forma absoluta cualquier tímida intención, oculta entre tanto ornamento, tanta ampulosidad, es tal la necesidad de mostrar lo mucho que ha investigado, que ha trabajado, que se ha documentado, que la novela se desmorona donde estas novelas deberían remontar: cautivando al lector, empujando a seguir.

En fin: Fernando Bonete ha elegido (a tenor de su bagaje lector entiendo que pudo manejar otras opciones) lo que es provechoso económicamente: ser un nuevo Pérez Reverte. Dice, en algún momento, que para atreverse a escribir se ha de haber leído mucho (Markson dijo que mil quinientos libros leídos por uno escrito: echad cuentas). Venderá unos miles, por supuesto. Su figura seguramente crezca, e incluso algún incauto le procure rendidas alabanzas, pues hay que encontrar salvadores de la literatura y nos conformamos con poco. Sus siguientes pasos puede que sean recomendar los estantes en que - tan ordenaditos - guarda sus libros, o quizás aconsejar el tono del estampado de sofá o de cortinas que mejor combinen con ellos. 

Una broma muy privada sería decir que es el Emilio Aragón de los prescriptores, si bien esto ya poca gente va a pillarlo. Pero es que es justo eso.

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 * No me quedaré con las ganas de parafrasear a Jarvis Cocker y decir I am not Fernando Bonete though I have the same initials.

lunes, 24 de agosto de 2026

Ignacio Peyró: El español que enamoró al mundo


Id
ioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: muy recomendable

Primero, hagamos las debidas presentaciones. Julio Iglesias me repugna. Absolutamente. Desde su música, canción romántica reducida a susurros para ensoñaciones eróticas light, hasta sus influencias (quién puede perdonar a sus hordas de émulos, empezando por el nauseabundo Bertín Osborne) y ya no digamos su desacomplejada pose ideológica y su ostentosa existencia, sin perjuicio de su machismo recalcitrante, demostrable más allá de suposiciones recientes.

¿Y qué narices hago yo leyendo algo que se podría validar como una biografía suya?

Bueno, he de decir que lo primero que seduce del texto de Ignacio Peyró es cómo el autor establece distancias, de manera tan sutil como constante, esos contrapuntos, esas notas a pie de página, ese sarcasmo que recorre el texto, una ironía postmoderna de un autor que ya entiende que sabemos muchas de las cosas que va a explicar, que está tratando con un material que forma parte ya no del dominio público sino del imaginario generacional más básico, y que sabe que el lector no le perdonará que los elogios se extiendan más allá de lo que nos resulta confortable. Entonces, descontemos que hablará de su perseverancia para obtener un éxito global, descomunal, de sus hazañas de alcoba, excesivas, descontroladas, de sus esposas y novias, de sus líos con representantes que buscarán - esperando lo que haga falta - venganza. Aunque resulte que a su entorno, a todos aquellos que le catapultaron al éxito, rara vez se les recuerda por sus caras, si acaso por sus nombres, eran aquellos que estaban al lado o detrás, mientras él se ponía al frente e interpretaba (va, cantaba) sus omnipresentes éxitos, o, por ejecutar una reducción casi cacofónica, follaba y se forraba.

Obviamente los mejores tramos del libro son aquellos que acumulan nombres y pequeños detalles desconocidos que configuran su personalidad, que relatan su periodo glorioso, digamos hasta los años 90, no voy a revelar detalles, pues son esos párrafos, que Peyró escribe brillantemente desde una óptica ligeramente crítica, eso sí, sin especulaciones de caracter morboso que acercarían este texto a lo sensacionalista, pero dejando algunas piedras en el camino, algunas socavadas perlas que, sin tildar directamente a la estrella de mezquino, de avaricioso, sí que corroboran que este texto no pretende obtener su beneplácito en modo alguno, tanto menos cuando desmiente algunos aspectos que han sido convenientemente pulidos para dulcificar la historia del cantante. En consecuencia, ese tramo final, cuando Iglesias, ya con cierta edad, ha dejado de aparecer en público con frecuencia, y todo lo que se sabe de él es a través de la gestión administrativa de su fortuna, añadiendo que, con la estabilidad de su matrimonio, su vida sexual/sentimental ha abandonado el ritmo agotador de sus años dorados.

Gracias a Peyró, entonces, que ha renunciado a ejecutar una biografía al uso y tampoco ha sucumbido a la especulación.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Laura G. de Rivera: Esclavos del algoritmo

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2025

Valoración: Está bien


Comentarios previos: supongo que es notorio que en este blog no nos gusta la IA, al menos en lo que pueda tocar a la literatura, la creatividad o la opinión, ni tan siquiera en funciones de acompañamiento o corrección. Personalmente no la he utilizado nunca, al menos de forma consciente, ni pienso hacerlo si puedo evitarlo. La segunda puntualización sería que ni siquiera distingo bien lo que es la IA de los algoritmos que gobiernan, entre otras muchas cosas, el funcionamiento de la mayoría de aplicaciones que utilizamos. Quiero entender que son dos cosas estrechamente relacionadas, pero ni siquiera la lectura de este libro me ha servido para clarificar conceptos. 

Este es básicamente un libro de denuncia, como deja bien claro su título y subtítulo (‘Manual de resistencia’, ejem), es decir, ante un fenómeno-descubrimiento-herramienta rabiosamente actual, la periodista autora levanta la mano para alertar sobre sus peligros, sus sesgos, atropellos que implica, negocios multimillonarios que sustenta. La IA (y/o el algoritmo) no son cosas inocuas, dice Laura G. de Rivera, son instrumentos concebidos en primer lugar como un gran negocio del que se benefician los tecnoligarcas que todos conocemos y algunos que no, se nutre de los datos que nos han robado (y siguen robando) de todas nuestras comunicaciones privadas, muestra sesgos peligrosos hacia la radicalización política (vende siempre lo más llamativo), impulsa sin recato al consumo y la dependencia tecnológica, explota materias primas de países pobres además de a sus propios trabajadores, deriva en prácticas de videovigilancia masiva en perjuicio de la privacidad, consume enormes cantidades de recursos que agravan el cambio climático… y no sé cuántos horrores más.

Repito desde mi desconocimiento de ese mundo que no sé si todo esto es atribuible exactamente a la IA o a esos misteriosos algoritmos, pero tanto da. Hablamos de esa tecnología que tiene sorbido el seso a la gente con sus maquinitas cada vez más caras y sofisticadas, y de aplicaciones progresivamente más oscuras que escapan a nuestra comprensión hasta que alguien denuncia todo este tinglado. Muchos de estos denunciantes, investigadores, expertos en diversas materias, periodistas como la propia autora, y personajes como el famoso Edward Snowden siembran de citas más o menos apocalípticas el libro entero avisando de los peligros, denunciando el fabuloso negocio, llamando a esa resistencia que, la verdad, no tiene muchos visos de hacerse efectiva en una sociedad en la que somos 

'Increíblemente lerdos a la hora de dejarnos embaucar por todo lo que huele a modernidad y moda'

Cierto, desde luego, cuando deglutimos una y otra vez anuncios según los cuales sin una aplicación adecuada (y conexión, datos) no es posible viajar, ni elegir un restaurante, estar conectado equivale a estar vivo y hay quien es ya incapaz de escribir un simple correo sin consultar a Chat GPT. Incluso hay quien se sirve de estas tecnologías para hablar de literatura, hay que ver.

Siempre está bien que haya quien levante estas banderas, que para captar la atención deben mostrar radicalidad y cierto grado de intransigencia. ¿Qué sería del mundo actual si hace medio siglo no hubieran nacido movimientos ecologistas y antinucleares mostrando los espantos de un planeta asfixiado por la voracidad de la industria contaminante y el crecimiento a cualquier precio? Otra cosa es que uno, ya al tanto de lo denunciable, para obtener información espere algo un poco más equidistante (ya, suena muy mal), unos datos con menor carga que nos permitan valorar mejor las ventajas e inconvenientes de lo que se nos ofrece. Además de lo que el libro pone encima de la mesa quisiera conocer, humilde profano, a qué utilidades se está abriendo la puerta en materia, qué se yo, de medicina, industria, investigación. Cosas en las que esos inventos, en algunos aspectos tan dañinos, pudieran servir para mejorar de verdad la vida de la gente.

Tiene su mérito reunir tantos datos sobre los peligros de la tecnología y sus efectos indeseados, pero por ese mismo camino sería perfectamente posible (y a buen seguro se habrá hecho ya) denunciar el daño provocado por otras tantas realidades económicas que tienen también su lado oscuro, la moda, el turismo masivo, las distintas fuentes de energía, el negocio del fútbol, las grandes infraestructuras, el propio internet sin ir más lejos. ¿Nos negamos en redondo a todo ello, o más bien necesitaríamos conocerlo en todas sus perspectivas para poder valorarlo adecuadamente?


domingo, 9 de agosto de 2026

Sara Mesa: Oposición

 Idioma original: español

Fecha de publicación: 2025

Valoración: Recomendable


Sara Mesa es una escritora que no deja indiferente. Es un tema recurrente que en muchos medios, incluido este blog, cada nueva publicación de la escritora madrileña se convierta en el centro de enconados debates entre los que la consideran una de las más originales voces de la literatura española contemporánea y quienes la consideran un bluff, una escritora con un éxito sobredimensionado con respecto a la calidad de su obra.

¿Qué territorio piso yo? Pues me quedo un poco en tierra de nadie. Me gusta su forma de escribir y los dilemas morales que suelen encerrar la mayoría de sus novelas, pero considero que, en algunas ocasiones, no consigue cerrar bien el desarrollo de sus libros. Voy a mojarme y les diré que Cicatriz, me parece una excelente novela: original, atrevida y sugerentemente perversa.

Después de esta, espero que consideren breve introducción, vamos con la novela que ocupa esta reseña. Debo advertirles previamente que si no tienen el menor interés en saber como se desarrolla la jornada laboral de un funcionario de administración general, este libro no es para ustedes. Porque eso es lo que nos presenta Sara Mesa en su última novela, el rutinario desarrollo de la jornada laboral de una funcionaria interina durante meses en un puesto de trabajo cuyas funciones y atribuciones no están nada claras. Alrededor de esta funcionaria, Sara, se despliega una entrañable galería de funcionarios (Beni, el Monago, Teresa, Echevarría, el enigmático jefe de negociado dos...) que intentarán transmitir a Sara su fe en la necesidad de la existencia de la administración: "Los trámites son como los ladrillos de una casa se colocan uno sobre otro con lentitud y con cuidado: visto desde fuera, puede resultar un trabajo mecánico y tedioso, pero es la única garantía de solidez".

En este sentido, Oposición puede recordarles lejanamente a El castillo de Kafka. Si en aquella novela el agrimensor K se presentaba a un puesto de trabajo para el que nadie parecía haberle convocado y se veía envuelto en una  interminable serie de encuentros con funcionarios que ignoraban el objeto de su estancia en el lugar, en esta novela, Sara, nuestra protagonista, se pasa semanas enteras acudiendo a un puesto de trabajo sin que nadie sepa aclararle las funciones que debe realizar. No obstante lo anterior, aquí se acaban los parecidos, mientras la novela de Kafka destila un profundo e inquietante aroma de pesadilla, repleto de monólogos, diálogos y situaciones surrealistas de un alto nivel intelectual que la convierten en una obra maestra, Oposición no pretende llegar a tan intrincado nivel de análisis psicológico,  simplemente nos presenta la rutina diaria de un variopinto grupo de funcionarios que forman un complejo entramado laboral perfectamente reconocible que funciona según sus propias reglas.

La escritora madrileña aprovecha su propia experiencia personal como funcionaria para describirnos un universo caótico y jerarquizado, donde si el trabajo no existe se inventa. Eso es lo que le ocurre a nuestra protagonista. Después de meses vagando por los pasillos se le encomienda que se haga cargo de tramitar las reclamaciones de los ciudadanos a través de una nueva aplicación que se llama Réplica. Sara acoge esta tarea con entusiasmo porque entiende que por fin va a realizar una tarea útil. El problema es que la herramienta es un fracaso, apenas se reciben reclamaciones,  y Sara se hunde en el más profundo desconsuelo: "Cuando empecé a abandonar mis funciones y a redactar los informes de cualquier modo, solo para acabar cuanto antes, sin prestar atención a la exactitud de los datos, ni a la precisión del lenguaje, ni a los formatos tipográficos, ni a las incongruencias, ni a nada, hice un descubrimiento terrible: nadie apreciaba las diferencias".

Sara decide salir de esa situación de estancamiento y realizará un último intento subversivo de rebeldía, poniendo en circulación una serie de documentos a través de la  aplicación que gestiona, que pondrán a prueba la solidez del edificio burocrático que la rodea y su propia carrera laboral, puesto que Beni ha convencido a Sara para que se integre en la administración y prepare unas oposiciones.  

Nuestra protagonista ha provocado un cataclismo funcionarial de enormes dimensiones, del que no sabe si se derivarán consecuencias disciplinarias, pero no le importa: "Tengo miedo a pasarme la vida atrapada en un edificio como ese. A que la monotonía se convierta en costumbre y después en necesidad". Precisamente, la incoación del expediente disciplinario y la comparecencia de nuestra protagonista ante el órgano instructor es uno de los momentos más divertidos de la novela.

Y la novela acaba como comienza, con nuestra protagonista sumida en un mar de dudas y enfrentada al dilema de presentarse a una oposición para integrarse en un mundo al que no tiene claro si quiere pertenecer.

Es esta una novela para leer con calma.  Sara Mesa intenta transmitirnos las inquietudes de nuestra protagonista narrando la historia con un ritmo lento y sosegado, haciendo que nos fijemos en los pequeños detalles de su vida laboral. Parece que no ocurre nada y es que , efectivamente, durante muchas jornadas no ocurre nada. Al menos nada relevante. Crea  una novela con un ambiente hasta cierto punto opresivo, claustrofóbico, que se desarrolla casi exclusivamente en la oficina, y nos presenta a nuestra protagonista como una luchadora contra la apatía de una organización que la sobrepasa. Quizás la descripción  del día a día funcionarial se acaba convirtiendo en una pequeña rémora para el desarrollo de la historia. La escritora madrileña apenas introduce giros en su desarrollo y, en algunos momentos, la historia nos puede resultar aburrida y hasta tediosa, pero quizás ese es el ambiente que nos quiere transmitir Sara Mesa, puesto que lo conoce de primera mano. Si es así, evidentemente, lo ha conseguido.

Otras novelas de Sara Mesa en Ulad: Mala letra, Un incendio invisible, Cara de pan, Cuatro por cuatro, Cicatriz, Un amor

sábado, 25 de julio de 2026

Reseña + Entrevista: Entre las hojas escondido de David Muñoz Mateos

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2026

Valoración: Está muy bien

Hoy nos acercamos a la España vaciada. Y lo hacemos de la mano de David Muñoz Mateos, quien nos lleva a su Zamora natal (más concretamente a la Sierra de la Culebra, ya en la frontera con Portugal) para contarnos la biografía de Samuel, niño feral* convertido en lobo solitario que contempla desde lejos, y casi con recelo, a la manada.  

Esta vendría a ser la sinopsis de la novela, pero toda sinopsis tiende a ser reduccionista y el caso de Entre las hojas escondido no es ninguna excepción. De hecho, creo que la novela de Muñoz Mateos es una historia de marginación y abandono, sí, pero también una historia de utopías abandonadas,  un acercamiento al misterio de lo desconocido o un intento de entender las contradicciones propias y ajenas.

Rescato de los anteriores párrafos "propias y ajenas" y "frontera":

  • "Propias y ajenas" porque en este texto está Samuel Carvalho, protagonista absoluto, pero también un narrador que tiene mucho del propio autor y que se acerca, pasados los años, a un Samuel que despierta en él fascinación, compasión, envidia e incomprensión. Ese acercamiento permitirá al narrador descubrirse a sí mismo y efectuar una interesante (re)lectura del pasado.
  • "Frontera" porque Samuel y el narrador juegan en un terreno entre la civilización y la barbarie, "frontera" porque Muñoz Mateos se mueve entre la biografía, la novela, el ensayo o el reportaje periodístico y "frontera" porque la narración oscila entre un pasado y un presente no del todo claros. Ahora me explico.
Dicho esto, creo que las principales virtudes del texto radican en:
  • El trabajo con el personaje de Samuel y, en especial, con su lenguaje. Partiendo de la base de que me parece acertado dar voz a este tipo de personajes, se corre el riesgo de que esa voz no sea "creíble" o que sea demasiado similar a la de cualquier otro personaje. En este caso, Samuel tiene un importante desorden sintáctico, una gramática nerviosa y torrencial y ausencia total de orden cronológico (o digamos que vive en un eterno presente). Estos tres elementos hacen de él un personaje confuso y contradictorio, un ser que se mueve en el tiempo y el espacio como si las leyes (las espaciotemporales y las restantes) no fuesen con él.
  • La hibridación genérica. Entre las hojas escondido es una novela, indudablemente. Pero tiene una vertiente ensayística que va desde lo histórico (breve recorrido por la historia de los niños ferales) hasta lo pedagógico que engarza perfectamente con la ficción, al tiempo que la oxigena.
  • La utilización de diversas dualidades para articular la novela (campo / ciudad, Samuel / narrador,  padres del narrador o Aurora y Julián / cazadores) y de ciertas simbologías para ahondar en esas dualidades.
  • Su lado sensorial. La acción transcurre, fundamentalmente, en la Sierra y eso se hace notar. Sirva un ejemplo: "...primero entre arbustos de apariencia geológica a la luz de la luna y, poco después, casi a tientas, sobre el manto de acículas que alfombraba un pinar tupido, aspirando en el aire helado el olor de la resina y de la tierra húmeda".
El único "pero" que le puedo poner a la novela es una subtrama que parece abrirse al comienzo de la misma (el origen de(l abandono de) Samuel) y que parece quedar en nada. Creo intuir los motivos de su inclusión y su abierto final, pero no sé su inserción en el conjunto de la novela está plenamente justificada.

Poca cosa en comparación con todas las virtudes que tiene un texto que podríamos ubicar entre el Walden de Thoreau y Las leyes de la caza de Pilar Fraile. Aunque, pasados los días, me parece ver en la novela ecos de Delibes. Ya sabéis, aquello de lo humano en el paisaje (de Castilla, además), los personajes, mirada... No sé, igual mejor que lo leáis y nos contéis, ¿no?  

Eso sí, escuchad antes lo que nos cuenta David sobre la novela.  



* Niño feral o "niño salvaje" hace referencia a niños que han vivido fuera de la sociedad durante un largo período de su infancia. Se incluyen en esta desde personas que no hayan tenido el más mínimo contacto humano durante años a niños que hayan sido confinados.

lunes, 20 de julio de 2026

Antonio Monegal: La sombra del padre

 Idioma original: español

Año de publicación: 2026

Valoración: recomendable


La premisa de este libro es el hallazgo por parte del autor de una caja de madera perteneciente a su padre en la que encuentra fotografías, cartas, postales, poemas y recortes antiguos. Dado que el padre falleció cuando Antonio Monegal tenía ocho años los recuerdos que atesora de su progenitor son muy vagos e imprecisos y, por ello, emprende una reconstrucción casi detectivesca de la vida de su padre a través de los indicios que encuentra en la caja.

Monegal es consciente de que la historia que le puedan contar los documentos encontrados es fragmentaria e incompleta, porque también desconoce porque su padre decidió guardar esos objetos y no otros, pero aún así decide emprender la tarea de reelaborar su historia: "La caja me da pistas. Intento reconstruir una secuencia. No todos los datos son relevantes. De hecho la irrelevancia domina en lo que desentierro, si por relevancia entendemos aquello que da sentido al recorrido de una vida. La mayor parte de la existencia de la gente corriente está hecha de fragmentos deslavazados y, con suerte, algunos destellos de plenitud". 

Para intentar completar el sentido de los fragmentos que va encontrando, Monegal tendrá que recurrir a archivos y registros oficiales, puesto que, como reconoce, hasta ahora no había sentido la necesidad de reescribir la historia de su padre, ya que convivió muy poco con él, y ahora es demasiado tarde para preguntar a los que le conocieron en algún momento de su vida, porque la mayoría han muerto.

La vida del padre de Monegal dista mucho de ser la historia de un hombre corriente. A pesar de las innumerables lagunas que encuentra en su investigación sabemos que fue recluta en Marruecos, que escribió poemas y conoció a Lorca al inicio de la guerra civil, que durante la guerra  fue monitor de gimnasia y natación en Portugal y que posteriormente emigró a Canarias y se dedicó a exportar plátanos. Finalmente recala en Barcelona donde contrae matrimonio y decide sentar la cabeza. A pesar de los huecos que va encontrando, el autor va dibujando un retrato de su padre, aunque como reconoce no sale muy favorecido y quizás algunos detalles merecerían quedar en la oscuridad.

El escritor catalán sintió, en algún momento, la tentación de ficcionalizar la vida de su padre y convertirla en un relato más novelesco, pero pensaba que estaría pisando terreno resbaladizo y todo sonaría demasiado falso. Al fin y al cabo, como reconoce más adelante: "El no fue nadie. No se distinguió en ninguna gesta memorable. No ha pasado a anales ni leyendas. Su historia es la de la gente corriente, los destinados al olvido". 

Monegal, ensayista y catedrático de Literatura, compone un relato contenido, pausado y sincero. Efectivamente, este relato no es ni una crónica histórica, ni una biografía. El autor construye una especie de ensayo novelado sobre el tiempo y las relaciones familiares, sobre el recuerdo y la nostalgia, sobre la paternidad como forma de conocerse y completarse: "No quiero irme de mi tiempo sin explorar aquellos detalles olvidados, lo que dejé que se esfumara, lo que esquivé y desatendí por culpa del agobio de vivir".

No intenta convertir a su padre en un ser modélico, ni en un memorable personaje de ficción. A lo sumo pretende, ya que no tuvo una figura paterna como referente que sus hijos le conozcan mejor que él a su padre "y no tengan la misma tentación que yo de fisgar en el pasado de su progenitor".