sábado, 14 de enero de 2012

Valeria Luiselli: Los ingrávidos

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2011
Valoración: Se deja leer

Definitivamente, tengo un problema con los jóvenes escritores en lengua castellana y sus maneras literarias. Y por esto, para no aburrir a los lectores de ULAD con reseñas dedicadas a despotricar sobre novelas escritas por jóvenes escritores en lengua castellana, me he impuesto a mí mismo una suerte de dieta literaria: durante una temporada sólo voy a leer "clásicos", y con esto me refiero a libros que tengan, al menos, cuarenta años de vida y una osamenta estándar (a saber: introducción, nudo y desenlace bien definidos y conformados), que estén tejidos con un lenguaje cuidado pero no pedante, que no adolezcan de omisiones que empobrezcan la asimilación de la historia, y que presenten un plantel de personajes bien definidos, armados y coherentes. No sé si me explico...


Y bueno, después de esta mini-chapa que algunos acusarán de reaccionaria, vamos con el libro de hoy, obra de la joven (1983) mexicana Valeria Luiselli.

A ver, la novela de Luiselli no está mal escrita, todo lo contrario. La chica tiene un estilo que denota que se trata de una gran lectora y una persona muy sensible que presta atención a detalles que el común de los mortales pasará por alto, y que adora perderse en fantasías e hipotéticos sobre lo que pudo ser y no fue y elucubrar sobre los límites dentro de los cuales un escritor puede experimentar con elementos básicos de la novela (tiempo, narrador, realidad/fantasía) sin perderse por el camino. Pero lo siento, su libro no me ha gustado en absoluto y me ha costado leerlo pese a que sea una novela corta.

De todos modos, casi todas las críticas que he leído sobre esta novela son muy positivas, por eso creo que el problema es mío...

¿La trama? Pues la novela está compuesta por dos voces. Una, la de una joven editora mexicana, casada y con dos hijos, que cuenta sus años de trabajo en Nueva York cuando (ya empieza la locurilla) ve al fantasma del poeta Gilberto Owen en el metro. La otra, la del propio Owen, ya moribundo, recordando su vida en la Gran Manzana (finales de los años 20, en el barrio de Harlem) cuando tenía como compañeros de fatigas a figuras como Lorca o Louis Zukofski.

Y eso, que las dos voces se van superponiendo y complementando y sabemos cosas de la editora mexicana (en su pasado reciente tuvo una gran vida sexual, amigos raritos, mucha bohemia) y de Owen, pero no, bueno, no sé, no... Creo que la cosa no funciona. En primer lugar, porque no me creo ni a la editora ni a Owen; en segundo lugar, porque los personajes secundarios aparecen y desaparecen sin cobrar forma jamás (sabemos que son calvos o que se llaman Dakota y se parecen a Edith Piaf, pero ¿qué? ¿Qué se les pasa por la cabeza? ¿Qué pasado, afciciones, familia tienen...?); y en tercer lugar, la trama, una trama narrada a base de párrafos en los que las dos voces se van pasando la pelota, está llevada de tal forma que marea y aburre... Bueno, más bien, me marea y me aburre a mí.

Y como yo soy el que escribe esta reseña, no me queda más remedio que confesarlo: no me ha gustado este libro que tanto ha gustado a tanta gente importante (incrédulos, consulten Internet).

Y acabo poniendo un link a un blog cuya presentación podría haberla escrito yo mismo si hubiera sabido encontrar las palabras adecuadas: http://literaturabasura21.blogspot.com/

Ahora, a por los clásicos...

4 comentarios:

J. Julian Soria dijo...

Y según veo han transcurrido dos años de ésta crítica. No sabía nada hasta hace unos días de esta escritora y precisamente me emocionó la crítica que hacen de esta novela... Será que ya somos dos los que no sabemos entender el sentido o el sin sentido del escrito? Voy en la mitad de la novela y probablemente no la termine; se me hace más pesada que sostener en la mano un libro de 1500 págs (si bien he leido varios con una cantidad aproximada). Por cierto: probablemente no sé leer pues hasta ahora no he encontrado en el escrito al narrador masculino, solo he leido un presente, un pasado y la idea que la narradora se hace de Owen. O sea, hasta el momento sólo he identificado una narradora... si estoy equivocado probablemente debería dejar de leer y escribir... y dedicarme a hacer y vender empanadas.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo totalmente contigo, novela tediosa y prescindible.
Nunca dejó un libro por la mitad, pero este ya no lo aguanto... Es una pena, en verdad tenía muchas expectativas.

Prince W. Cantodea © dijo...

Me sucede mucho también con los nuevos "escritores" una buena crítica, quizá un premio, pero su obra realmente muy debajo de las expectativas... ¿Será que quieren inflar autores con falsas expectativas para aumentar sus ventas? ¿O realmente somos unos incultos amantes de los clásicos?

Quien sabe. Creo que no voy a leerla. Me desalientan más las críticas.

Valeska S. dijo...

Creo que definitivamente el problema es tuyo. Por lo que escribes aquí, creo que estás buscando los elementos clásicos de la narrativa en una novela que no los tiene y que, por cierto, no pretende tenerlos. Su 'gracia' es precisamente lo que no te ha gustado: la difuminación de las voces, la fragmentariedad, la presencia de personajes en el fondo que no determinan para nada la historia -y su función es precisamente esa, aparecer como espectros en el fondo para dar cuenta de la configuración de un espacio que se mueve en la indeterminación y la incertidumbre. Si tu decisión es volver a los clásicos, pues entonces humildemente te recomiendo quedarte en los clásicos, porque la literatura está buscando precisamente estos elementos en la actualidad. Las voces jóvenes ya no apelan a la indagación profunda en todos los personajes, sino que buscan que el lector complete incluso más que antes esos vacíos que en esta novela son más evidentes que en otras.