miércoles, 31 de mayo de 2023

Colaboración: Bóvedas de acero, de Isaac Asimov

Idioma original: inglés

Título original: The caves of steel

Traducción: Luis G. Prado

Año de publicación: 1954

Valoración: Recomendable para fans


Isaac Asimov es probablemente uno de los escritores más prolíficos del S. XX, y su influencia en campos como la ciencia ficción o la divulgación (tanto científica como histórica) es innegable, por lo podría asustar a uno el elegir alguna de sus obras para comenzar a conocerlo (recomiendo su página de la Wikipedia para hacerse una idea de la magnitud de su obra).

Famoso por su saga de La Fundación, dividida a su vez en subsagas y novelas, esta cuenta con dos sagas precuelas llamadas respectivamente saga de los Robots y serie del Imperio Galáctico.

Bien, teniendo en cuenta que Bóvedas de acero es la primera de una serie de 17 novelas e incontables relatos cortos, considero que es una buena piedra de toque para reseñar.

Si destaca por algo dentro de la bibliografía de Asimov es por la primera aparición de Elijah Baley y R. Daneel Olivaw (¿les dice algo esa R.)?, famosos personajes que continuarán apareciendo y siendo protagonistas principales en otras de las novelas del famoso escritor; en el caso de Daneel, seguirá apareciendo durante muuuuuuuchos años.

Respecto al argumento, el detective terráqueo Elijah Baley es requerido para resolver un caso aparentemente inexplicable en uno de los mundos exteriores; son estos mundos mucho más avanzados que la Tierra, y cuyos ocupantes sufren una fobia casi obsesiva respecto a los terráqueos. Para ayudar al detective, le encomiendan la ayuda de Daneel. Huelga decir que el caso revierte gran importancia, puesto que podría condicionar en el futuro las relaciones entre la Tierra y los mundos exteriores.

No quiero entrar más en el argumento para no provocar destripes, pero debo decir, que por cuestiones de la vida leí antes su secuela El sol desnudo y, el parecido entre ambos argumentos es más que obvio. De hecho, estoy seguro que leyendo uno de los dos libros cualquiera puede predecir el final del otro. Muy mal, Isaac.

Y por si acaso no se ha notado por mis palabras, hay un detective, un caso sin resolver... ¿qué es esto? Pura novela negra, de la que tantos ejemplares nos legó el bueno de Asimov. Es por eso que recomiendo esta novela tanto a amantes de la ciencia ficción como de la buena literatura negra. A esto me refiero cuando hablo de un buen uso de la ciencia ficción: no es un género en sí mismo, es simplemente un escenario donde colocar a nuestros personajes.

Aunque imagino que una de las cosas que quería representar Asimov en esta novela era la lucha de clases, no me parece esta muy profunda. Lo que sí me ha llamado la atención, y como muestra de la gran clarividencia que tenía respecto a la tecnología, es ya la reacción instintivamente repulsiva que sienten los humanos frente a los robots más humanoides: Asimov había descubierto en los años 50 el concepto de valle inquietante, un término que, por lo que leo, no fue mencionado hasta 1970, 16 años después de esta novela.

Por lo demás, los ingredientes clásicos de Asimov: acertijos con las tres leyes de la robótica, interacción entre humanos y robots, un planeta asolado por las presuntamente maravillas del futuro, ludismo generalizado, formas de novela negra, y final feliz gracias a la gran inteligencia/suspicacia del protagonista.

En resumen, me ha parecido que para ser de Asimov es un magnífico representante de su obra, pero algo lento y demasiado parecido a su siguiente libro. Lo recomendaría por el inicio de todo, y porque en sí mismo, aunque sin ser una obra de arte, también vale la pena.

Firmado: EPS

martes, 30 de mayo de 2023

Jon McGregor. La palabra para rojo


Idioma original: inglés

Titulo original: Lean Fall Stand

Traducción: Concha Cardeñosa

Año de publicación: 2022

Valoración: está bien

Jarvis Cocker dice que esta es la obra más apasionante que ha leído en mucho tiempo. En la contratapa del libro, y en un párrafo resaltado después de otro, de otro medio, que dice que La palabra para rojo (absurda traducción al castellano del título) es una obra maestra. Del autor no sabía nada en absoluto y de hecho uno de los incentivos de esta reseña, que esto es un blog y a veces somos así de evanescentes, era especular sobre si esta podía ser la primera reseña etiquetada como escritores bermudeños. Hasta eso me ha fastidiado la reseña, que dice que este es uno de los grandes autores de la literatura inglesa.

Centrándonos en la novela, esta es la historia de un expedicionario a la Antártida que sufre uno de esos episodios trágicos (de esos que Krakauer tan bien relata en sus libros) en medio de una zona inhóspita a temperaturas bajísimas, ventisca, nieve, aparatos de localización que dejan de funcionar o se quedan sin batería, etc. Con varias líneas que avanzan de forma algo dispar: la adaptación de la esposa a una nueva realidad, diferente que la del marido que se ausentaba por meses para las expediciones, ahora Robert ha sufrido un ictus y sus capacidades, en especial la del habla, han quedado ostensiblemente mermadas. La propia de Robert como víctima de la situación, riesgo asumido por su elección vital, y la de la investigación sobre las circunstancias de los hechos, ya que otro miembro del equipo expedicionario resultó fallecido. Resulta que McGregor no acaba de resolver ninguna de esas líneas, y la novela se hace especialmente larga en su parte final acudiendo a ese desenlace que no es tal. Lo siento, pero McGregor me ha parecido un escritor bastante normalito aunque en sí no es que la trama de la novela dé para mucha especulación. Quiero decir, sabemos que es un drama humano y sabemos que es el sacrificio implícito a ciertas actividades. Sabemos de lo exigente que puede ser para las familias. Pero me ha resultado particularmente irritante el tesón de McGregor en mostrar las secuelas de la afasia, en una parte final (la de Robert acudiendo a grupos de tratamiento con otras víctimas de ese tipo de dolencias), intentando aportar diálogos entre personas en proceso de reaprendizaje del habla. No pocos quebraderos de cabeza la habrá dado a la traductora. En ese momento, y sin desdeñar el valor que ello puede aportar en lo meramente narrativo, la poca fluidez, el ritmo ya algo calmado de la novela se estanca, y esa intención demostrativa se convierte en un inconveniente, acaba teniendo, no se me malinterprete, un ligero efecto grotesco, donde Lançon en El colgajo era eficaz en la descripción de un proceso de recuperación, McGregor casi lo caricaturiza.

lunes, 29 de mayo de 2023

Pau Roca: Un día en la vida

Idioma original: Español
Año de publicación: 2023
Valoración: Entre está bien y recomendable

"Un día en la vida" es el beatlemaniaco título del debut del músico y fotógrafo (entre otras cosas) Pau Roca, guitarrista de uno de mis grupos favoritos, La Habitación Roja. 

Lo fácil y lo cómodo hubiera sido escribir una novela ambientada en el mundillo, pero Roca prefiere salirse de lo que quiza hubiera sido más tentador y sencillo y opta por un texto que es, al mismo tiempo, novela generacional y retrato de los últimos años de este país. 

Novela generacional porque "Un día en la vida" es la historia del derrumbe de un hombre de cuarenta y pocos años y me resulta muy difícil de creer que quienes estamos en esa franja de edad no nos sentamos identificados con lo que piensa o le sucede a Pablo, protagonista de la novela. Un trabajo anodino, un matrimonio tan anodino como el trabajo, una hija adolescente que pasa olímpicamente de él, la crisis de los cuarenta, etc. La vida...

Y retrato de los últimos años de este país porque Pablo y familia son un producto del lugar y de la época. Escuela concertada, ático en un PAU, carrera universitaria, mando más o menos intermedio en el sector servicios bancarios, etc. En cierta forma, un tratado sociológico (no sé si voluntario o no) sobre la clase media y la España del siglo XXI.

Dicho esto, creo que la parte "sociológica" funciona mejor que la propiamente novelesca. Roca es crítico y sarcástico, analiza con acierto estos "nuevos tiempos" y construye un personaje tan cínico y contradictorio como creíble. 

Por contra, en el lado novelesco hay varios aspectos que creo que flojean. Por un lado, hay historias y personajes que no terminan de llevar a ningún sitio (los padres de Pablo, su hermano); por otro, la segunda y tercera parte de la novela, apenas 50 páginas de las 260 del total de la novela, no aportan gran cosa. O, mejor dicho, su aportación es escasamente relevante tras el "clímax" medio surrealista del final de la primera parte. Creo que puliendo (o podando o exprimiendo) estos temas la novela sería más "redonda". 

Pese a esto, "Un día en la vida" es el interesante  debut de un tipo que ha salido de su zona de confort, lo cual es algo que no siempre sucede. Solo queda animar a Pau Roca a continuar con la escritura y, ya puestos, pedirle que se anime con las letras de "La Habitación Roja". Esa mala baba que muestra en el libro podría quedar  muy bien!

domingo, 28 de mayo de 2023

Irene Solà: Et vaig donar ulls i vas mirar les tenebres

Idioma original: catalán
Título original: Et vaig donar ulls i vas mirar les tenebres
Traducción: sin traducción al castellano de momento (próximamente en Anagrama)
Año de publicación: 2023
Valoración: recomendable

Después de la inmensa novela que es «Canto yo y la montaña baila» tenía muchas ganas y curiosidad por averiguar qué camino emprendía la autora así como ver si podía mantener el altísimo nivel alcanzado con su anterior obra. Y el resultado de tanta espera es dual, bajo mi punto de vista, lo cual me causa una altísima dificultad a la hora de reseñarla y valorarla. Vayamos a ello.

Irene Solà empieza de manera directa ubicando el inicio del relato en una escena dura, cruda, en una habitación que uno intuye muy oscura, umbría, sumida en una gran cerrazón, con un olor enrarecido, viciado, mohoso. Allí, en medio, está Bernadeta, muriéndose, luchando en cada respiración. En una silla, junto a su cama, está Margarida, quien más que hacerle compañía «sobre todo la vigilaba. Porque cuando Bernadeta se muriera, Margarida quería estar ahí. Y lo quería ver. Quería ver cómo la gracia y la salvación divinas le eran negadas por haberse mezclado tantas veces con el diablo». Y la casa, lúgubre, espera el momento. Porque «las sombras se paseaban sin pies por la casa. Cada rincón tenía una negritud propia, pesada, cavernosa y profunda. La habitación donde dormía Bernadeta era tétrica. La sala era lóbrega. Las escaleras parecían un pozo. La entrada era siniestra. La cocina era la garganta de un lobo. Sin fondo». En ese escenario de imagen prácticamente aterradora, la autora centra la historia en la casa, una historia que sucede durante un día entero en el cual trascurren siglos de penas y tragedias en una masía que asume el papel de personaje principal, desde donde evoca el resto de personajes que, de manera coral, visitan Bernadeta en sus últimos instantes de vida; es en ese lecho de muerte donde recibe la visita de las mujeres, unas mujeres que forman parte del presente pero también del pasado del pueblo, del territorio y que, de una manera u otra, a lo largo de varios siglos han tenido relación con esa misma casa. Esas diferentes mujeres tejen un mosaico coral en el que cada una de ellas cuenta su historia, un conjunto de vivencias que giran en consonancia con el territorio, el entorno y la casa. 

Irene Solà abandona parcialmente su estilo poético y su mirada caleidoscópica para centrarse en la brutalidad, hablándonos de tragedias, de familias destrozadas por la muerte de algunos de sus miembros a manos de famélicos lobos, de feroces criaturas existentes en los bosques que, más que rodear sus casas, las acechan y las cercan, ahogándolas, ciñéndose sobre ellas, en tierras pobladas por animales y por hombres brutos, salvajes, adustos, que someten a mujeres desesperanzadas y deseosas de marido, que buscan tener un hombre a su lado, cualquiera vale, «un hombre entero, que sea heredero y tenga un trozo de tierra y un trozo de techo. El demonio aceptó el trato. El alma de Joana a cambio de casarla». Un pacto con el demonio que originó, siglos atrás, toda una serie de infortunios y desgracias que aún siguen y persiguen y encierran las vidas de una estirpe de mujeres que de manera trágica establecen una relación con el destino que rodea el relato con un aurea de realismo mágico.

Así, en este libro la autora parece acercarse más al estilo de Bendicho y sus «Tierras muertas» (o en ocasiones a la Lana Bastašić y sus «Dientes de leche») que al suyo propio, más luminoso, pues el relato, aunque bien construido parece girar plenamente en torno a la tierra, los animales, la dureza y la crudeza de unas mujeres que viven en un entorno hostil es sus diferentes aspectos y facetas. Hay crueldad, hay criaturas deformes, hay niños sin pestañas, hombres a los que le falta un dedo, hay mucha brutalidad y abominación en un relato que roza lo grotesco y lo zafio y en el que abundan escenas de animales despellejados listos para ser cocinados en una cocina donde uno intuye suciedad, polvo e insalubridad en una casa cerrada y sumida en la oscuridad, una oscuridad en la que «no había hombres sin orejas, ni mujeres sin cara, ni niños hinchados llenos de excrementos, ni bebés amarillos, ni víboras, ni lobos, ni ahorcados, ni desmembrados, ni mujeres forzadas, ni apuñalados. Solo llamaradas. Solo un cielo siempre de noche. Y, de golpe, carcajadas, fulgores. Y estrellas. Y después un temporal sin fin. Llovía y llovía, y llovió tanto, que de la lluvia incansable se hicieron los mares y los ríos y los lagos. El agua era negra y avanzaba. Después se retiraba. Y el mar de abría y de la herida salía fuego. Como sangre». 

De esta manera, Irene Solà sigue dirigiendo su atenta mirada al folklore, a las narraciones orales, a las leyendas y rondallas, pero en este caso desde una mirada más lúgubre, menos jovial y alegre, agudizando su penetrantes mirada hacia un realismo mágico restringiendo a la vez el público al cual dirigirse en una narración puramente terrenal en la que el lector se encuentra buscando una trama y una continuidad argumental teniendo que sortear por el camino animales despellejados algunos, feroces otros y tierra árida que seca la boca de un lector sediento de encontrar algo de la luz, simbólica y estilística, que aportaba su anterior novela.

Y por ello mis sensaciones encontradas. Quizá sea una novela para disfrutar más del estilo, enfoque y estructura multicapa que de un argumento difícilmente perceptible. Porque uno puede reconocer la gran capacidad de la autora, su atrevimiento y su entrega, que se evidencia en la gran cantidad de bibliografía que ha utilizado (y que añade al final del libro) en aspectos referentes al territorio, a los cuentos populares, a las recetas de cocina y a logros sobre prácticas medievales de comadronas en las que se basa al hablar de partos. El trabajo es ingente y se nota, y permite constatar que Irene Solà tiene un talento inmenso y una gran capacidad para crear atmósferas y tejer a la vez un relato multicapa donde las frases fluyen y envuelven el texto. Pero puede suceder que, a la vez, uno no se sienta atraído por lo que cuenta porque a pesar que sea evidente que el estilo de la autora permanece intacto, y escribe bien, muy bien, otra cosa es que el argumento o la temática encaje en el gusto lector. Y en este aspecto el libro no lo pone fácil. Así que me cuesta hacer una valoración única del libro, pues a pesar de estar perfectamente escrito no me ha suscitado más interés que el de disfrutar de la imaginación y el talento de la autora. Que tampoco es poca cosa.

También de Irene Solà en ULAD: Canto yo y la montaña baila, Los diques

sábado, 27 de mayo de 2023

Junichirō Tanizaki: La llave

Idioma original: Japonés
Título original: 鍵
Traducción: Ana Megumi Pias Suzuki
Año de publicación: 1956
Valoración: Recomendable (imprescindible para amantes de la literatura erótica o puritanos que necesiten expandir sus horizontes)

Menudo novelón, La llave de Junichirō Tanizaki. Encasillable dentro de la maltratada literatura erótica, es, en vez de la típica ficción pensada para que la leamos con una sola mano, una dignísima muestra de que cualquier género se puede poner al servicio de los temas universales y las indagaciones en torno al ser humano. 

¿De qué trata? Una pareja japonesa que lleva veinte años casada no se entiende en la cama. Él es un profesor, diez años mayor que su esposa, miope y de complexión débil, que pese a todo tiene un nivel muy alto de libido. Ella es una mujer lujuriosa y exigente, anquilosada sin embargo por una educación tradicional, una cultura machista y un acentuado rechazo hacia el físico de su marido. 

Ambos escribirán un diario enfocado en lo sexual, en el que plasmarán sus diferencias e intereses. Ambos dejarán patente, con el secreto deseo de que el otro se asome a sus pensamientos, sus deslices accidentales o premeditados, sus sospechas y sus racionalizaciones. Ambos se embarcarán, pues, en un juego perverso tan voluptuoso como autodestructivo, plagado de fetichismos (podofilia, voyeurismo, exhibicionismo, candaulismo...), celos, dudas y supuestas infidelidades. Ambos involucrarán, cada uno a su manera, al pretendiente de su hija e incluso a esta última en sus turbios tejemanejes. 
  
Muchas son las virtudes de La llave: la estructura, hasta cierto punto epistolar, de la novela; el tratamiento estilístico del conjunto, sobrio y elegante pero sumamente expresivo; la profundidad psicológica de sus protagonistas y de sus interacciones; los temas que baraja; el simbolismo de determinadas escenas; su capacidad para condensar el erotismo japonés; el reflejo que hace de las dinámicas interpersonales de los habitantes del país nipón. 

A mi juicio, La llave no es una novela perfecta. Yo le achacaría un par de defectillos menores: que podría haber explotado más algunos fetiches, que hay personajes secundarios que apenas aportan nada a la trama y que el ritmo se resiente cuando el protagonista convalece.

Asimismo, el final de la historia no me parece muy logrado: explica cosas que, a mi juicio, era preferible dejar en la ambigüedad, simplifica excesivamente las motivaciones de Ikuko y dinamita, vistas en retrospectiva, muchas de las ideas barajadas previamente. 

Son numerosos los debates que genera La llave. Numerosos e incómodos. Y entiendo que mucha gente querría censurar la novela, pues las conclusiones que expone (sobre todo las que expone antes de su final, insisto que frustrantemente simplista) son problemáticas para ciertos sectores de la sociedad. Pero ofenderse por un trabajo de ficción, y en especial uno como este, que en ningún momento pretende romantizar sus temas espinosos, es una pataleta infantil, así que dejémonos de milongas y examinemos qué intenta enseñarnos Tanizaki:

1. Desgraciadamente, la comunicación perfectamente transparente jamás existirá entre seres humanos; ni siquiera entre dos cónyuges que lleven varias décadas juntos. Algo parecido sucederá con las relaciones de poder entre personas, que nunca serán simétricas o harmoniosas.  
2. La frontera que delimita el deseo, el placer, el adulterio y el consentimiento es, cuanto menos, difusa y fluctuante.
3. El amor y la lujuria pueden ser autodestructivos y acarrear celos, problemas de salud, corrupción moral, etc...  

En fin: podríamos usar La llave, junto a La casa de las bellas durmientes, como representante quintaesencial del erotismo japonés. Aunque a mi juicio aquella es una obra artísticamente superior, ésta, sin ser todavía un referente igualitario (lo cual es lógico, teniendo en cuenta el año y lugar de publicación), tiene un sesgo masculino menos acentuado. 

La novela disgustará, e incluso ofenderá, a más de uno, pero a mí me parece tan bella, delicada, fascinante y sugerente como perversa y retorcida. Esperemos que ni los progresistas neopuritanos ni los conservadores rancios nos impidan seguir disfrutándola en todo su oblicuo esplendor.


viernes, 26 de mayo de 2023

Dolores Redondo: Esperando al diluvio

Idioma: español

Año de publicación: 2022 

Valoración: bordeando el recomendable

No he leído ninguno de los anteriores y muy exitosos libros de Dolores Redondo (debido, más que nada, a mis reticencias hacia la "mitología" y leyendas vascas), pero resulta que ésta su última novela cuenta con un argumento que llamó mi atención: en el verano de 1983 un asesino en serie escocés, que se pensaba había ya muerto o, en todo caso, dejado de matar, es localizado por un policía, Scott Sherrington, que le persigue hasta Bilbao, nada menos, justo antes de las graves inundaciones que aquel año sufrió la capital vizcaína. Por una parte, me resultó interesante la utilización o, mejor dicho, recreación de la figura de un serial killer auténtico, que actuó en Escocia a finales de los años 60, al que llamaron John Bible (es decir, Biblia-) lo cual, reconozcámoslo -y guardando el máximo respeto a la memoria de sus víctimas, por supuesto-, es de los mejores nombres posibles para un asesino en serie. Por otro lado, me atrajo la idea de trasladar la caza de este tipo a la babilónica Bilbao de los 80, ciudad -o villa, más bien- por la que, por razones que no vienen al caso, guardo no poco afecto.

Esperando al diluvio se desarrolla, pues, entre Escocia y Bilbao -con una paradita en Francia- y, en el caso del Botxo, sobre todo en el Casco Viejo y el entorno de la ría, por entonces muy diferente a la actualidad; el trasfondo es el de los conflictos políticos de aquellos años, el terrorismo, el ambiente de la Aste Nagusia y una banda sonora con canciones de Mocedades y Nick Kershaw (interesante cóctel, sin duda). Y, claro está, la amenaza del inminente diluvio. Por ahí se mueve el policía Noah Scott Sherrington -el nombre de pila no es casual-, en una persecución contrarreloj del asesino, con la asistencia de in joven ertzaina (policía autonómico vasco, para quien nos lea desde otras latitudes), una psiquiatra y un ayudante un tanto peculiar.

De hecho, si algo sorprende en la novela es la facilidad con que se mueven tanto el policía como el asesino en un entorno que no les es familiar: resulta que, ¡oh, sorpresa!,  ambos hablan un castellano prístino (de euskera supongo que andan más flojos, pero tampoco les hace falta) y se adaptan enseguida tanto a la peculiar geografía bilbaína como a las costumbres locales (bueno, al txikiteo y a la fiesta, que a eso se adapta todo el mundo). Es esta rápida aclimatación de los protagonistas, así como el recurso a varias casualidades y corazonadas -literalmente, de hecho- en la trama lo que más "canta" en la novela, por más que se trate de una obra de ficción. tampoco sé si era necesaria la inclusión de una historia de amor que, si bien no molesta, no resulta demasiado verosímil (y tampoco parece corresponder demasiado a la idiosincrasia vasca... aunque siempre hay excepciones).

A pesar de estas objeciones, debo reconocer que nos encontramos ante un thriller policíaco bastante bien llevado, puesto que, si bien no se asienta en la investigación de la identidad del asesino, que se conoce casi desde el principio, sabe conducirnos sin perder interés a lo largo de sus 500 páginas hasta un clímax especialmente dramático. Además, y por suerte,  John Biblia se sale del arquetipo del serial killer a lo Hannibal Lecter, absolutamente frío y calculador, y su antagonista, Scott Sherrington despierta, sin duda, la empatía del lector, pues sus especiales circunstancias dotan de una creciente humanidad al policía obseso, perfeccionista y algo repelentuzco que se presenta en un principio. Pero, sobre todo, ésta es una novela que da lo que promete y promete lo que da, con honestidad y buen oficio. Lo cual, hablando de literatura y más aún (aunque no sólo) en el caso de la literatura más comercial, no es poca cosa, me parece a mí...

Más novelas de Dolores Redondo reseñadas en Un Libro Al Día: El guardián invisibleLegado en los huesosOfrenda a la tormenta

jueves, 25 de mayo de 2023

Eider Rodríguez: Material de construcción

 


Idioma original: euskera

Título original: Eraikuntzarako materiala

Traducción: Lander Garro y Eider Rodríguez

Año de publicación: 2023

Valoración: muy recomendable alto

Las comparaciones son odiosas. 

Solamente voy a decir eso. La historia de la literatura dispone de muchos ejemplos de textos sobre muertes de padres o madres. Una situación humana que puede disponer de muchos enfoques, y el tono de esos enfoques, mucha vez, define a un escritor. Porque ante la muerte de un progenitor uno puede oponer un cúmulo de sentimientos que incluirán miedo, rabia, desesperación, nostalgia, por supuesto tristeza. Uno también puede  mostrarse ridículo y expresar su rendida e incontestable admiración por encima de toda lógica, porque ningún padre puede ser perfecto aunque uno pueda verlo así. Todas las reacciones son legítimas, pero no siempre canalizarlas a través de la creación literaria tiene porqué dar lugar a una obra inapelable.

Pero yo decía que las comparaciones son odiosas. 

Material de construcción no es una elegía ni una postración rendida, ni una colección de frases inconexas de admiración pueril. Es una novela (así se define en su contratapa) que parece contener mucho material autobiográfico. Pero ante todo es una narración magnífica y madura de cómo uno asiste al declive inexorable de un ser querido. Sin lloriqueos y con una descomunal habilidad para trazar diálogos que calan en apenas un par de frases, en puras expresiones propias de personas de a pie, sin pretensión moralizante, sin humor negro gratuito, más bien con una dignísima abnegación, la mostrada por Eider, la hija, que contempla como su padre destruye a fuego lento su vida por el alcoholismo. Que asiste a sus infantiles pretextos para ausentarse y aparecer de vuelta en casa asolado por la borrachera. Con tres vértices, poderosos, pero desiguales, el padre como centro de gravedad, atendiendo el negocio familiar y aprovechando cada resquicio de su jornada laboral para ceder ante su vicio. La narradora, hija que se debate entre la disparidad de sentimientos que esa situación le provoca. La madre, cariacontecida ante la situación y protagonizando fulgurantes  destellos en esos chispazos que son los diálogos furtivos, una auténtica joya que aporta vitalidad, credibilidad, ritmo. 

Un retrato familiar que podría resultar trágico y cargado en otras manos, pero que en manos de la escritora vasca  resulta duro, con pocas concesiones, pero abrumadoramente honesto. Ni lagrimeo ni pornografía emocional a cambio de unos cuantos miles de ejemplares vendidos. Lo que decía de las comparaciones. En un mundo ideal Material de construcción sería un éxito desbordante, estaría alto en las listas, aunque fuera  para agradecer ese formidable diálogo interior de la narradora, sin aspavientos, sin desgarro ni necesidad de hurgar en el tuétano del lector, de apelar al sentimentalismo de bazar.

¿La lista de todos los  escritores que deberían aprender de este libro? Podéis añadirla en los comentarios.

Otras obras de Eider Rodríguez reseñadas en ULAD: Katu jendeaUn corazón demasiado grande


miércoles, 24 de mayo de 2023

Colaboración: La corrupción de un ángel, de Yukio Mishima

Idioma original: japonés

Título original: 天人五衰  Tennin Gosui

Traducción: Guillermo Solana Alonso

Año de publicación: 1970

Valoración: Imprescindible


Vaya por delante que siempre da pudor reseñar una obra como esta, pero me he atrevido a realizarlo porque, de las cuatro novelas que forman El mar de la fertilidad, era esta la única que no contaba con reseña en este magnífico blog, y, llámenle afán de completitud, llámenle TOC, me parecía que era algo a solucionar. Y la novela bien que lo merece.

Por si no lo sabe usted todavía, La corrupción de un ángel es la última parte de una tetralogía desarrollada por su autor a lo largo del segundo lustro de los 60 formada por las novelas Nieve de primavera, Caballos desbocados y El templo del alba.

¿Tiene sentido leerla sin haber leído las tres anteriores? Sí, puede ser, pero, a mi juicio, estaríamos dejando de lado información muy valiosa y probablemente acabaríamos con la sensación de habernos perdido algo.

Es inevitable abordar la obra de Mishima, y en concreto esta última novela de su vida, sin mencionar el elefante en la habitación: Tras enviar esta novela a su editor, Mishima, junto con dos compañeros de credo, y en protesta por la supuesta decadencia que estaba teniendo el rumbo de Japón, decide suicidarse. Perdónenme lo escueto del relato, pero no quiero que esto se convierta en un réquiem por Mishima ni tampoco obviar el momento vital por el que estaba pasando el escritor en el momento de escribir esta novela.

Bien, una vez dicho esto y quitado de encima, al lío: en esta novela Mishima nos ahorra las densas digresiones sobre religión y espiritualidad asiática que tantas páginas llenaban en El templo del alba y nos regala una lectura mucho más ligera, lo cual, qué quieren que les diga, agradezco: yo soy uno de esos lectores que no disfrutó para nada de esa parte del libro.

El magistrado (ahora abogado) Honda, ya en su senectud, vuelve a encontrar a una persona que cree es la reencarnación de Kiyoaki Matsugae, Isao Iinuma y Ying Chan (sí, también tiene los tres famosos lunares). En esta ocasión, el cuerpo anfitrión es el de un joven huérfano llamado Tōru Yasunaga, que trabaja en el puerto.

Honda, ahora viudo, en compañía de Keiko, durante una excursión se encuentran casualmente al joven en su trabajo, quedando Honda tan fuertemente impresionado por el carácter del joven que decide adoptarlo inmediatamente.

A raíz de eso, Tōru se muda a vivir con su nuevo padre, con los años gentilmente acomodado tras una fructífera carrera en el mundo del derecho, y descubre lo que es el lujo. Sin embargo, Tōru parece haber heredado lo peor de sus predecesores: la futilidad de Kiyoaki, la violencia y orgullo de Isao y la indolencia de la princesa Ying Chan. No es, bajo ningún prisma, una buena persona. Esto se revela en primer lugar en la manipulación de sus seres queridos, de la que, con clara psicopatía, se sirve para lograr sus fines, por muy crueles que estos métodos puedan llegar a ser.

Esta personalidad distante y agresiva se vuelve más acusada todavía con los años, al ingresar en la universidad y cumplir la mayoría de edad, llegando a chantajear a su padre adoptivo al pillarlo in fraganti cometiendo una tropelía que, de hacerse pública, podría arruinar la buena fama que tantas décadas de trabajo le ha costado ganar. Una muy reveladora charla con Keiko truncará sus planes y unos hechos inesperados nos llevan al final de la novela, donde Honda, ya muy deteriorado físicamente por la edad, decide realizar una última visita al templo de Gesshū para reunirse allí con Satoko (por menciones como esta es porque pienso que la novela es mucho más disfrutable si se han leído las tres anteriores).

Y en lo que respecta al estilo y al talento de Mishima, qué decir. Por paradójico que resulte, voy a citar un fragmento de otro libro (El templo del alba), por una parte porque me parece que en este párrafo se muestran elocuentemente gran parte de los vicios y virtudes de la forma de escribir de Mishima, y por otro lado porque releyendo esta crítica no quiero dejar la sensación de que considero a El templo del alba como inferior a cualquier otra parte de la tetralogía:

Ying Chan tenía la costumbre de concluir una pregunta con una inflexión ascendente a la inglesa. Sus últimas sílabas evocaban en Honda las colas violentamente retorcidas de las serpientes doradas en los extremos de los tejados de los templos tailandeses, cubiertos de rojas tejas chinas y que parecen alzarse hacia el cielo.

Cautivador, ¿verdad?

Otras obras de Yukio Mishima en ULADaquí

Firmado: EPS

martes, 23 de mayo de 2023

Christopher Buehlman: Muertos de segunda

Idioma original: Inglés
Título original: The Lesser Dead
Traducción: Óscar Mariscal
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable (sobre todo para interesados)

Muertos de segunda, de Christopher Buehlman, ganó en 2015 el Premio a la Mejor Novela de Terror de la American Library Association. Aunque yo no la elevaría a clásico vampírico instantáneo, creo que el tiempo la situará en un lugar privilegiado dentro del canon. Y es que no sólo es tan entretenida como eficaz; también se inscribe en la tradición al mismo tiempo que aporta su granito de arena. 

Su descripción de los vampiros, por ejemplo, es bastante estándar. Sin embargo, modifica algunas de las reglas que los aficionados del subgénero dábamos por sentado. A saber: resulta que los no-muertos sí se reflejan en los espejos pero salen borrosos en fotografías, y que las cruces sólo dañan a los que anteriormente creían en ellas.

De las múltiples virtudes de Muertos de segunda, destacaría la principal: tiene muy claras sus pretensiones. Quizá su parte reflexiva quede un tanto coja, pero la obra deja claro en todo momento que prima la acción, la casquería y el humor negro al fondo.

Por otro lado, la voz del narrador, aunque algo irregular, es siempre carismática y divertida. Desde el inicio nos advierte que no debemos fiarnos de todo lo que dice y confiesa que es un poco cabrón, y aun así le cogemos cariño. A eso hay que añadir el encanto del léxico que emplea, salpicado de coloquialismos y palabras propias («costrosos», «pelar», etc…).

Igualmente remarcaría que en estas páginas se despliegan escenas cojonudas. Entre las terroríficas, me encantan aquélla en la que Margaret atormenta a un Joey todavía humano, la de la incursión de éste en el castillo Belvedere o la que muestra fugazmente el verdadero aspecto de los niños.

Ah, y cómo olvidar ese final. Ciertamente, es efectista; sin embargo, recontextualiza toda la obra y juega cruelmente con nuestras expectativas, así que buen trabajo, Buehlman.

Dicho esto, la novela no es, ni de lejos, perfecta, mas advierto que unas cuantas de las cosas que consideraba defectos mientras la leía se revelaron, durante el mentado final, en tanto que decisiones estilísticas o argumentales deliberadas. Pero bueno, excusarlas o no dependerá de cada lector y lo mucho o poco que le convenza el desenlace.

En primer lugar, señalaría que la extensión de Muertos de segunda me parece exagerada. Pese a uno lee el libro sin reparar en el número de páginas, de tan adictivo que es, lo termina con la impresión de que había pasajes redundantes o que se desviaban del núcleo principal en direcciones poco interesantes. 

Asimismo, creo que tiene un elenco demasiado grande. Eso no sólo provoca que cueste recordar los nombres de todos los personajes, amén de su ubicación en la historia; también hace que muchos de ellos apenas se desarrollen, o desaparezcan abruptamente.

Por último, le reprocharía que la lógica interna que establece es a veces inconsistente, y que no saca partido a sus escenarios a nivel atmosférico ni aprovecha ciertos elementos (por ejemplo, los «nunchakus» del protagonista).

En resumen: Muertos de segunda es una novela entretenida que cumple holgadamente su cometido. Hará las delicias a los amantes de la literatura vampírica; sobre todo a aquéllos que no acudan a ella con más expectativas que pasar un buen rato y consumir saludables dosis de casquería y humor negro.

lunes, 22 de mayo de 2023

Xenia García: Kudryavka (perra de pelo rizado)

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2023
Valoración: Muy recomendable 

Pues sí, amigos, este es un libro que debería figurar en las amadas y odiadas listas de "lo mejor del año de este 2023". Porque tiene fuerza, fondo, forma, estilo, ritmo... (Joder, parezco el puto José Luis Moreno presentando a una vedette).

Ya un primer capítulo brutal, apenas dos páginas plagadas de frases breves y contundentes que resuenan como martillazos en el cerebro y con los que la autora se ventila 14-15 años, marca el tono de una novela narrada en primera y segunda persona con aterradores incisos en forma de listas, informes periciales, instrucciones, etc y protagonizada, en cuanto a personajes, por Pepa, El Hombre, El Hijo y La Niña.

El argumento podría resumirse así. Doce años después de su divorcio, muere en extrañas circunstancias el exmarido de Pepa. Cuando esta va a la casa que El Hombre compartía con El Hijo, descubre el horror y el monstruo que se escondía tras la fachada.

Pero sería injusto centrarnos en la brutalidad de lo que el texto sugiere sin mostrar de forma explícita (y de ahí, quizá, que posea aún más fuerza) porque "Kudryavka" tiene un gran potencia estilística. Al ya comentado uso de la frase breve y tajante se une una circularidad opresiva y una poética oscura (se puede extraer belleza del horror, aunque sea a través de la palabra) que hacen del fondo y la forma un todo de altísimo nivel.

Por otro lado, también sería injusto centrarnos en los terribles sucesos ya sugeridos porque creo que, en el fondo, el tema fundamental de la novela es la CULPA en sus más variadas formas: la culpa procedente de los roles y expectativas incumplidas, la culpa como forma de violencia y control en sacrosantas instituciones como el matrimonio, la Obra (con su historial a cuestas) o la familia,  la culpa (auto)impuesta, etc.

En resumen, "Kudryavka" es una visceral novela psicológica, pese a que una y otra puedan parecer contradictorias, en la que destacan por encima de todo su estructura formal, el manejo de las dos principales voces y su aterradora poética.

Solo el tiempo dirá si este muy recomendable acaba convirtiéndose en imprescindible.

domingo, 21 de mayo de 2023

Espido Freire: Donde siempre es octubre

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1999

Valoración: Recomendable

 

Puede que tenga una idea romántica, y antigua, y equivocada, de lo que debe ser un escritor, o mejor dicho de la imagen que debe transmitir un escritor: alguien quizá huidizo, más bien serio o a lo sumo irónico, encerrado en un mundo algo extraño en el que al resto de los mortales nos es difícil penetrar. Sin exagerar tanto, quizá alguien simplemente discreto y que pasa del mundanal ruido. Quizá por eso me caen más bien gordos los autores que de repente se hacen famosos y se prodigan en los medios, a veces porque los medios les requieren para conseguir una aureola cultural, a veces porque ellos mismos los buscan porque mola (y vende, claro) eso de llamar la atención. A todos se nos ocurren nombres que no voy a repetir. Seguramente por eso, porque tuvo su momento de fuerte exposición mediática, tenía yo cierta prevención hacia mi paisana Espido Freire a la que, desde mi ignorancia, lo confieso, no le veía méritos para prodigarse en prensa y TV como lo hacía. Pero claro, y con esto termino esta intro demasiado larga, uno va cumpliendo años y en algunas cosas se va haciendo más tolerante (en otras, menos).

Así que escojo esta novela de 1999 que Espido escribió con solo veinticinco años, y que además no era la primera sino la segunda, después de una Irlanda por lo visto bastante exitosa. La autora mostraba en el ámbito narrativo una productividad envidiable a finales de los 90 y principios de los 2000, que después parece que se fue espaciando y dejando más hueco a otro tipo de creaciones (libro juvenil, ensayo). Y, por lo que mí respecta, considero que su trayectoria empezó muy dignamente.

De momento, Espido hace algo que no es inusual pero para lo que, a mi modo de ver, hay que tener cierto atrevimiento: inventarse un entorno. Nos vienen a la cabeza esas localizaciones imaginarias tan famosas que todos conocemos, y ahora añadimos otra más, Oilea, una pequeña ciudad provinciana de la que solo sabemos unas pocas cosas, que está dividida en dos zonas casi impermeables (el norte de ricos, el sur de pobres, ya, algo tópico) y que tiene un casino de corte clásico, feudo también casi inexpugnable de la parte masculina de la sociedad. No conocemos nada más de sus edificios, tiendas o parques, solo que todas sus calles tienen nombres de flores, asignados de una forma bastante original. En su ausencia de descripciones físicas Oilea no es realmente tanto una localización geográfica como un escenario emotivo, un poco en la línea del Obaba de Bernardo Atxaga. Es un estado de ánimo, el reino del aburrimiento y la mezquindad de pequeños escarceos amorosos, aunque da para presentar realidades interesantes, como la de aquella mujer enamoriscada, que no vivía sino que imaginaba su vida, condenándose así a la inacción. 

Sin embargo, el pueblo es también escenario de situaciones escabrosas y otras donde domina el misterio, como la extraña casa de Feigenbaum, donde irrumpen inexplicables bandadas de mariposas, o el enigmático personaje de Loredana (seguramente el más potente del relato), aquejada de porfiria y que parece esconder algo maligno que no se sabe si está en su cuerpo, en su cabeza o en la cabeza de los demás. Estos pasajes de cierto tono gótico en los que afloran toques de realismo mágico, son quizá donde mejor se desenvuelve la autora.

Porque otra peculiaridad del libro es su formato. Es al mismo tiempo una novela fraccionaria y un libro de relatos con personajes y situaciones comunes, podemos leerlo como queramos, aunque en realidad tiene más de lo primero que de lo segundo. Aunque los breves capítulos son hasta cierto punto autoconcluyentes, forman un mosaico a través del cual se contemplan, desde distintos puntos de vista, las relaciones entre los habitantes de Oilea. Aquí vamos a disculparle a la joven Espido que nos sature un tanto con nombres extravagantes que sin duda pretenden evitar que localicemos la narración en un lugar o época determinados, pero que, más que otra cosa, contribuyen a sembrar confusión. Pero lo cierto es que son demasiados personajes, que sí, que funcionan a modo de relato coral, pero es inevitable que provoquen el despiste del lector.

Como es entendible también, pero un poco menos disculpable, que se hurte información mostrando cuadros repentinos que, uno a uno, crean una interesante atmósfera de desconcierto, pero dan lugar al apreciable riesgo de dejar al lector fuera de los hilos con los que se teje la narración. Dicho de otra forma, está claro que la autora controla muy bien las andanzas de sus personajes, sus conexiones y sus trayectorias, pero si lo expone de forma atomizada puede que quien lee solo aprecie puntos de interés aislados, se pierda ante los vacíos y los saltos y, lo que es mucho peor, acabe por desistir de buscar una lógica narrativa sólida. En cualquier caso, los capítulos están escritos casi todos ellos con una estimable técnica próxima al microrrelato, con un desarrollo generalmente atractivo y una conclusión con el grado adecuado de sorpresa.

Por mi parte he preferido pasar un poco por encima de ese conjunto algo difícil de controlar y quedarme con los chispazos de sordidez y misterio, y con el aire decadente que desprende el muestrario. Ahí sí, el libro funciona francamente bien y muestra talento y posibilidades, quizá más para una colección de relatos que para una novela, pero la sensación general es razonablemente positiva.

P.D.: Aunque con la misma imagen y también de Seix Barral, la cubierta de mi libro era bastante menos fea que la que pongo arriba. De haberme encontrado con esta es posible que no lo hubiera leído.

También de Espido Freire en ULADIrlandaMelocotones helados

sábado, 20 de mayo de 2023

Zeina Abirached: El juego de las golondrinas

 Idioma original: francés

Título original: Mourir, partir, revenir. Le jeu des hirondelles

Año de publicación: 2007

Traducción: Regina López Muñoz

Valoración: entre recomendable y está bien

Guerras, por desgracia, ha habido muchas, hay todavía y sospecho que seguirá habiendo en un futuro. Se dice (bueno, más que eso: hay realizados sesudos estudios sobre el tema) que son especialmente crueles las guerras civiles por aquello de que no hay peor cuña que la de la misma madera, y es algo que ocurre más aún cuando el frente bélico pilla de lleno en las zonas urbanas, cuyos habitantes han de arreglárselas como pueden para vivir bajo el fuego enemigo.. o incluso amigo, a veces.

Eso fue justamente lo que pasó en uno de las más demenciales conflictos de los últimos 50 años: la guerra civil que tuvo lugar en el Líbano entre 1975 y 1990, que dividió el país en infinidad de facciones políticas y religiosas, amén de diversas injerencias extranjeras. La capital, Beirut, quedó dividida entre el este y el oeste por la famosa "Línea Verde" y sus habitantes debieron desenvolver su cotidianeidad entre bombardeos y fuego de francotiradores. Pues bien, es este escenario, en 1984, en el que se desarrolla esta novela gráfica. Durante uno de esos bombardeos recíprocos, unos hermanitos -podemos suponer que la niña es una trasunta de la propia autora- quedan separados de sus padres, que habían ido a visitar a su abuela, unas calles más allá, pocas pero demasiadas para poder volver sin problemas... pero los niños no están solos, puesto que la entrada de su casa, que es el lugar más seguro del edificio, se ha convertido en el punto de reunión de los vecinos durante tan peligrosos episodios. Así, vamos conociendo a cada uno de ellos y sus historias particulares, que van conformando un mosaico de lo que era en aquel momento y había sido Beirut: Anhala, la señora que siempre había servido en casa de la familiade Farah y Ramzi y ahora está con ellos; Chukri, el "conseguidor" hijo de la portera; el señor Ernest Challita, antiguo profesor de francés que ha perdido a su hermano gemelo en la guerra; el señor Khaled, dueño de una discoteca de la que sólo pudo salvar el whisky y su esposa Linda... Todos harán compañía y entretendrán a los niños -de quienes no sabemos el nombre- contando historias durante esa noche de bombardeo, hasta que regresen sus padres, Samir y Nur.

Una noche harto complicada, debido a las circunstancias, cuyo desarrollo está narrado de forma entrañable por Zeina Abirached y dibujado con ese característico estilo suyo en blanco y negro, aparentemente sencillo, pero de un decorativismo geométrico casi art-déco, más complejo de lo que parece. Una novela gráfica, pues, interesante, elegante y entretenida, que deja un regusto agridulce, como no podía ser de otra manera, pero, al tiempo, una sensación de que, por horribles que sean las circunstancias que nos toque vivir, se puede confiar en que , junto con lo malo, también salga a ala luz lo mejor de las personas que nos rodean. No tanto los grandes alardes de heroísmo o abnegación como los pequeños gestos cotidianos que hacen más fácil la convivencia y facilitan la solidaridad, la ayuda mutua en tiempos turbulentos. En fin, confiemos en que así sea, por lo menos...

También de Zeina Abirached y reseñado en Un Libro Al Día: El piano oriental

viernes, 19 de mayo de 2023

Meryem El Mehdati: Supersaurio

Idioma original: español
Año de publicación: 2022
Valoración: se deja leer





Así empiezan los agradecimientos de Meryem El Mehdati en Supersaurio.
«El 29 de abril de 2019, Jorge de Cascante me preguntó: “Meryem, ¿has pensado alguna vez en escribir un libro?”. No nos conocíamos, solo nos seguíamos en Twitter (…)».



Esta joven y carismática autora —con experiencia previa en fanfiction y con un considerable número de seguidores en redes— recibe la oportunidad de cumplir el sueño inconfesable de cualquier escritor novel (a riesgo de la enorme presión y responsabilidad que ello conlleva). Y a pesar de eso, Meryem se arremanga y su libro Supersaurio arrasa: las redes y los principales altavoces mainstream, arden y se contagian entre sí. Yo escucho por casualidad un podcast donde la entrevistan y elogian fervorosamente su ópera prima. Y decido leerla. Termino enseguida, a pesar de sus más de trescientas páginas —los de Blackie no se ponen para menos—, lo que no significa que antes de finalizar el primer tercio mi decepción no vaya en irremediable ascenso.

Resumen resumido: Meryem, veinticinco años, licenciada y residente en un pueblo de Gran Canaria, acaba de conseguir un trabajo de becaria en la cadena de supermercados Supersaurio. El difícil encaje en un sistema empresarial deshumanizador, así como el choque generacional con sus compañeros, no hace más que intensificar su rabia y malestar hacia todos los vicios del sistema: capitalismo, machismo, clasismo, racismo, centralismo peninsular… Meryem deberá aprender a convivir con todas esas situaciones y a definirse como adulta sin la necesidad de confrontar continuamente con todo aquello que la rodea. O no.

El planteamiento es interesante y cuenta con un gran número de elementos que contribuyen a la personalidad del relato:
  • Una voz narrativa atrayente que emplea el sarcasmo para expresar con humor el enfado en el que vive inmersa la protagonista.
  • La conciencia y el pensamiento crítico presentes en el discurso.
  • Retrato generacional. Por una parte funciona como una novela de crecimiento (las dificultades de entrar en la fase adulta: primer trabajo, primer desengaño amoroso…) y por otra retrata muy bien los problemas específicos a los que se enfrenta la generación millenial, como la precariedad laboral.
  • Canarias en el foco: la crítica a un sistema de gran patio de recreo destinado únicamente a atraer turistas, en detrimento del territorio y la calidad de vida de sus ciudadanos nativos.
  • Retrato de una realidad marcada por el origen, la religión y la raza: el conflicto de ser continuamente cuestionada y percibida como alguien de ninguna parte.
  • Dinamismo y recursos alternativos: los capítulos son cortos, algunos tienen la extensión de un tweet (y podrían serlo) y otros recrean el formato del fanfiction.
Sin embargo, existen otros elementos importantes cuya ejecución contribuye en detrimento del conjunto. En términos generales: que una lectura resulte fácil o fluida no es garantía de que la narración funcione. Que unos hechos se expliquen con mucha o bastante fidelidad a como se produjeron, no es garantía de verosimilitud. La naturalidad y la oralidad narrativas no mantienen una relación directa con la espontaneidad. Los buenos textos narrativos que nos parecen sencillos, tienen detrás una estrategia imperceptible para el lector según la cual nada está ahí porque sí, porque un texto narrativo siempre debe aspirar a no ser inocente. Y más concretamente:
  • La voz que narra pierde capacidad tractora a medida que avanza: porque carece de estrategia narrativa (mantiene prácticamente el mismo tono e intensidad), porque resulta recurrente en muchos aspectos que ya han quedado claros (la guagua, los turistas, los de la península, las injusticias, etc) dilatando la narración y diluyendo la acción. Porque cae en muchos lugares comunes. Porque dice muchísimo más de lo que muestra, lo explica absolutamente todo y no deja espacio para que el lector pueda llevarse la novela a su cabeza y construir sus propias reflexiones sobre las críticas que se lanzan o sobre cómo son los personajes. Antes de acabar el primer tercio del libro, la narradora y su sentido del humor han perdido parte de su efecto; el abuso continuado del sarcasmo acaba por anestesiar al lector.
  • La trama principal es lineal y poco compleja, por lo que recae más peso sobre la voz narrativa y si esta falla, la narración se debilita. También necesita rodearse de alguna trama secundaria sólida. La única subtrama como tal sería la romántica, que resulta (aunque parezca una contradicción) inverosímil a la par que previsible. Otros intentos de subtrama, como la búsqueda de piso, es tan vaga que no llega a cumplir ese papel.
  • La construcción de los personajes es inexistente. Yolanda, por ejemplo (la némesis de la protagonista) se peina con “moño apretado” y calza “tacones de aguja”… son arquetipos muy básicos y superados. Ninguno evoluciona, ninguno muestra el menor destello de humanidad, no hay matices, o son buenos o son malos (y casi todos, malos). No se si aquí ha influido el hecho de que en fanfiction se parte de personajes que ya existen y todo el mundo reconoce y no hace falta mostrarle al lector cómo son ni cuales son sus objetivos en la historia.
  • El arco dramático de la protagonista es inconcluso. El conflicto principal de Meryem no tiene una relación directa con Supersaurio o con una mala experiencia sentimental, que son catalizadores. La protagonista se muestra como alguien muy enfadado con el mundo y lo que acaba tirando de la trama es, precisamente, averiguar si esta mujer evoluciona hacia una versión de sí misma más autoconsciente (novela de crecimiento, como decía). Pero en el relato no queda claro ningún tránsito significativo hacia ninguna parte y, muy a mi pesar, la protagonista quizá se apacigüe de puro agotamiento, pero no por eso deja de estar on fire. (Y a juzgar por los dos últimos párrafos de los agradecimientos (*), parece que la autora tampoco).
  • Falta de perspectiva. Se percibe fácilmente cuando unos hechos que se narran se han reposado el tiempo necesario o no: hacer autoficción desde un lugar (y momento) diferente al de los hechos, facilita poder separar el grano de la paja, poder reírse de ello sin rencor ni amargura y, lo más importante, dirigir la narración con unos objetivos concretos. Me viene a la cabeza esta novela donde sí se ha sabido poner a favor ese aspecto (también es Nora Ephron).
En conclusión, Supersaurio me ha parecido un hilo de Twitter muy largo que se ha trasladado al papel y que podría explicar lo mismo y resultar más efectivo con la mitad de páginas y una sencilla estrategia narrativa. Y que no se haya hecho así no es accidental, es una decisión editorial absolutamente deliberada que ha resultado en una fórmula de éxito. No lo entiendo.
Bueno, en realidad sí lo entiendo.

(*)
«Gracias a Blackie por haber confiado en mí y por haberle dado una oportunidad a una persona que creció como una niña salvaje en la esquina más oscura de Internet. Gracias también a todas las personas que en algún momento se burlaron del fanfiction. Yo tengo un libro. Ustedes, no sé.
Por último, me gustaría tomar prestadas las palabras de uno de mis coaches favoritos, Snoop Dogg: I wanna thank ME for believing in ME, I wanna thank ME for doing all this hard work

jueves, 18 de mayo de 2023

Carlos Taibo: Ecofascismo. Una introducción


Idioma original: español

Año de publicación: 2022

Valoración: fallido

Obviamente uno se suele acercar a los ensayos porque el tema tratado le resulta de algún modo atractivo. También porque el autor sea un ídolo incuestionable y pueda hablar de lo que sea impregnándolo de su personalidad, como Quim Monzó. En el caso opuesto a Carlos Taibo no lo conocía y por el escueto perfil en el libro, interpreto que se dedica exclusivamente a la docencia y a plasmar sus conocimientos en libros como éste. El título, de por sí, es prometedor. Ecofascismo: una introducción. Casi como un tocho de los de las materias en ciertas carreras de ciencias sociales, que prometía segundas y terceras partes donde lo introducido se desarrollaba. Como el término (ecofascismo) siempre me había parecido casi un oxímoron, me hice con el libro ávido de confirmar algunas sospechas que hace años me rondan, como para constatar que esos términos contradictorios (cuando en la vieja Europa los movimientos ecologistas o verdes siempre se han vinculado a la izquierda, incluso a la extrema izquierda) pudieran ser conciliados en lo teórico sin recurrir al socorrido los extremos se tocan.

O sea, salivaba pensando que el autor podía entrar en materia con ejemplos jugosos que emparentarían, aunque forzadamente, los dos conceptos. Pues vaya trastazo. El texto es denso y teórico, algo reiterativo incluso, a la hora de ejemplificar la comunión de los dos conceptos. Tanto, que incluso el más entusiasta de los lectores (excluyamos a los alumnos de Taibo) se encontrará con que los postulados se repiten y se asientan solo en la base de la reiteración, sin exponer nada concreto que demuestre que sí, que la coartada de la conservación de la naturaleza, del manejo racional de los recursos, la bandera de la sostenibilidad que tantos factores sociales (empresarios, políticos, influencers et al) se empeña en ondear, todos esos argumentos tan inequívocamente defendibles, está siendo monopolizada no en defensa de la mejor convivencia en el planeta y una búsqueda consensuada del bien común (o, ejem, global) sino en la preservación de los intereses de unos pocos, ya podemos imaginar quiénes. Taibo se escora algo hacia lo conspiranoico, pero entre la falta de casos concretos a los que echar un vistazo y su tozudez en hacer referencia a multitud de otros textos que, estén o no traducidos, acaba uno teniendo ganas de consultar, como si Taibo sea más un compilador que un autor por derecho propio. Todos esos capítulos, con sus prólogos algo recurrentes y sus párrafos extenuantes, llenos de conceptos, ya sé que esto es un ensayo y quien lo escribe una autoridad en la materia, acaban resultando largos y tediosos, con lo bien que hubiera ido que fuéramos solamente un poco concretos y hubiéramos mencionado nombres, empresas, partidos políticos como nudo de la narración.

Encima, algo que ya me ha resultado algo preocupante, una red flag que se dice ahora, cuando a caballo del momento en el tiempo en que el ensayo se escribe - la post-pandemia del Covid-19 - el autor amaga,  no una sino varias veces, coqueteando con el negacionismo o insinuando solapadamente que  los intereses de autoridades e industria farmacéutica han obrado de forma coordinada para una especie de prueba beta de sometimiento, renuncia a libertades y acatamiento de la población. 

Comparto algunos planteamientos de Taibo y creo que puedo estar de acuerdo en esa idea de una élite consciente de lo limitado de ciertos recursos y partidaria de su preservación, solo para que sean ellos quienes los monopolicen en situaciones de escasez. Pero esa conclusión está construida con demasiado argumento especulativo y sin un armazón de realidades que hagan que uno cierre este libro y apriete el puño o, ejem, se indigne. Con lo cual, al menos en este caso, la oportunidad está perdida.

miércoles, 17 de mayo de 2023

Christopher Lasch: La cultura del narcisismo

Idioma original: inglés
Título original: The Culture of Narcissism: American Life in an Age of Diminishing Expectations
Traducción: Jaime Collyer, para Capitán Swing
Año de publicación: 1979
Valoración: recomendable, con matices


En los tiempos actuales donde la cultura del yo, la explotación de la propia imagen, la superficialidad y la vacuidad están en claro aumento, uno debe tomar cierta distancia para ver de dónde surge todo este declive social. Y justo la editorial Capitán Swing debió pensar lo mismo porque este libro ha sido publicado recientemente pese a haber sido escrito a finales de los años setenta. 

De todos modos, conviene alertar al lector ya desde un inicio, por aquello de la gestión de las expectativas. Porque este libro no trata el narcisismo como lo tenemos entendido, pues en 1979 no existe internet ni las redes sociales y por tanto no hay un mundo virtual de escaparates donde mostrar, exhibir y enmascarar nuestras pretendidas y pretenciosas vidas, sino que lo que trata el libro, y uno lo intuye a medida que lee el libro y lo constata en el posfacio lo deja muy claro es en el que el propio autor indica que «la cultura del narcisismo» no fue pensado sobre la «década del yo» (…) surgió de un ensayo acerca de la familia norteamericana, ‘Heaven in a Heartless World’ (…) en el cual había llegado a la conclusión de que la importancia de la familia estaba decayendo de forma sostenida en nuestra sociedad y desde hacía más de cien años (…) ‘La cultura del narcisismo’ fue un intento de analizar esas repercusiones». Así que confirmadas las sensaciones de la lectura, y matizadas las expectativas de entrada, vayamos a lo que el libro expone.

Es difícil entender una situación actual sin echar la vista atrás, y es con ello que el autor constata que «la devaluación del pasado se ha transformado en uno de los síntomas más relevantes de la crisis cultural de la que se ocupa este libro, que a menudo se apoya en la experiencia histórica para explicar lo que está errado en nuestros esquemas actuales. En un análisis a fondo, esa negación del pasado (…) encarna la desesperación de una sociedad incapaz de enfrentar el futuro» porque «a mediados de los sesenta (…) hubo un reconocimiento creciente (…) de que la crisis personal , en la escala a que había llegado, representaba una cuestión política por derecho propio y que un análisis a fondo de la sociedad y la política contemporáneas debería explicar, entre otras cosas, la razón por la que se ha vuelto tan difícil lograr un crecimiento y un desarrollo personales; por qué vive nuestra sociedad obsesionada con el temor a madurar y envejecer; por qué las relaciones personales se han vuelto tan frágiles y precarias, y por qué la ‘vida interior’ ya no ofrece ningún refugio ante los peligros que los rodean». 

Por ello, el ensayo aborda la cultura del narcisismo desde distintos ángulos que retratan las causas de sus males:

  • El arte: el autor nos habla de «escritores confesionales» como Mailer, Philip Roth, pues «estos escritores suelen retroceder a la parodia de sí mismos, afanosos por neutralizar las críticas anticipándose a ellas. Se esfuerzan por encandilar al lector en lugar de afirmar la significación de su propia narrativa» y cita a Ibsen quien afirmaba que «la ilusión que quería crear era la de realidad» (…) «en el siglo XX, los dramaturgos de vanguardia piensan que la realidad en sí es una ilusión» (…) «los escritores modernos han revertido la fórmula de Ibsen: desean recrear en sus obras la realidad de la ilusión».
  • La tecnología como amplificador del narcisismo, y cita a Sontag al apuntar que «la proliferación de imágenes grabadas socava nuestro sentido de la realidad», mientras afirma que «las cámaras y los magnetófonos no solo transcriben la experiencia, sino que la modifican, transformando buena parte de la vida moderna en una gran cámara de resonancia o sala de espejos».
  • La publicidad, una maquinaria capitalista que «sirve no tanto para publicitar productos como para promover el consumo como estilo de vida» y que utiliza hábiles recursos pues «la propaganda no se vale de los hechos para validar un argumento, sino para ejercer presión sobre las emociones. Lo mismo vale, con todo, para la publicidad» y, de manera acertada, afirma que «la publicidad moderna (…) busca crear necesidades, no satisfacerlas; genera nuevas ansias y no mitiga las anteriores».
  • El deporte, la gran cultura de masas que ha involucionado y traicionado sus principios básicos de ocio y diversión convirtiéndolo en una competición hostil de manera que «la violencia y el fanatismo observables en los deportes modernos llevaron a algunos críticos sociales a insistir en que la actividad atlética difunde valores militaristas entre la juventud, inculca irracionalmente el orgullo local y nacional de los espectadores y opera como uno de los bastiones más fuertes del machismo».
  • La enseñanza, en alto declive cultural, pues «la sociedad moderna ha alcanzado índices sin precedentes de alfabetízalo formal, pero ha generado al mismo tiempo nuevas formas de analfabetismo. La gente resulta cada vez más incapaz de emplear el lenguaje con facilidad y precisión (…) de efectuar deducciones lógicas, de entender un texto que no sea sumamente rudimentario».
  • La educación, pues el autor afirma que «a finales de los años treinta y la década de los años cuarenta la difusión de la enseñanza progresista y de versiones degradadas de la teoría freudiana trajo consigo una reacción a favor de la ‘permisividad’. Los horarios de nutrición dieron paso a la alimentación a libre demanda; ahora todo debía adaptarse a las ‘necesidades’ del niño». De igual manera, cita a Arnold Rogow quien opina que «a los padres contemporáneos, alternativamente ‘permisivos y evasivos’ al lidiar con los jóvenes, les ‘resulta más fácil lograr la conformidad mediante el soborno que enfrentarse al torbellino emocional que implica no aceptar las exigencias del niño». 
  • La producción económica, pues debido a la socialización de la producción, «debemos considerar que la apropiación de la escuela de muchas funciones formadoras que antes acometía la familia, incluidos el entrenamiento manual, las labores domésticas, la enseñanza de la moral y los buenos modales y la educación sexual» tal y como apuntan dos líderes educacionales en 1918 al afirmar que «los cambios sociales, políticos e industriales han impuesto a la escuela responsabilidades que antes descansaban en el hogar. Hubo una época en que la escuela debía impartir, sobre todo, las bases del conocimiento; ahora está al cargo de la formación metal, física y social del niño». Así, «el niño es, como ciudadano, un activo del estado, no la propiedad de sus progenitores. Por ende, su bienestar es preocupación directa del Estado». Por ello, Lasch afirma que «el capitalismo evolucionó hacia una nueva ideología política, el liberalismo del bienestar, que absuelve a los individuos de toda responsabilidad moral y los trata como víctimas de las circunstancias sociales» pues «a medida que la nueva élite desecha la perspectiva de la nueva burguesía, no se identifica con la ética del trabajo y de la responsabilidad que conlleva la riqueza, sino con una ética del ocio, el hedonismo y la realización personal».
  • El poder político y económico, que oprimía a las mujeres pues «la tradición de la galantería enmascaraba, y hasta cierto punto mitigaba, la opresión estructural de la mujer. Los hombres monopolizaban el poder político y económico y hacían más digerible su dominio de la mujer rodeándola de un complejo ritual de deferencia y politesse».

Cabe decir, que el autor se apoya mucho (quizá en exceso) sobre teorías freudianas que ejercen sobre el ensayo un sesgo evidente al tratar sobre la modificación de roles familiares en caso de padres ausentes y en las que se proyecta y atribuye a los niños cualidades o roles correspondientes a los progenitores que se acercan en exceso a patologías que van mucho más allá del narcisismo que podríamos tener en mente. Tal es así que en su análisis sobre el narcisismo afirma que «el niño imagina que la madre ha digerido o castrado al padre y genera la fantasía grandilocuente de sustituirlo, alcanzando la fama o uniéndose a alguien que represente una modalidad caliza del éxito, para generar una reunión extática con la madre» y menciona las tesis de Heinz Kohut quien afirma que el hecho de que la madre tome consciencia de su falta de conocimiento sobre cómo educar correctamente a los hijos causó que «a medida que el niño comienza a percibir las limitaciones y la falibilidad de la madre, renuncia a la imagen de perfección materna y comienza a asumir muchas de sus funciones: a proveerse por sí mismo de cuidados y comodidades» mientras que la madre narcisista «como tiende a percibir a su hijo como una extensión de sí misma, le prodiga atenciones ‘extrañamente desligadas’ de las necesidades del niño, proveyéndolo de una serie de cuidados, aparentemente solícitos aunque en realidad muy poco cálidos».

Debo reconocer que el ensayo es denso, pues contrapone a menudo las tesis y opiniones de diferentes psicólogos provocando que la lectura requiera de cierta pausa y un supuesto bagaje o conocimiento en la materia. Por ello, en resumidas cuentas, podríamos decir que el ensayo escrito por Lasch va mucho más allá del narcisismo y trata especialmente sobre sus causas, profundamente arraigadas a la pérdida de valores, a la crisis personal y a la pérdida de la autoridad paterna provocando una gran pérdida de valores sociales, declive de la enseñanza y la cultura y una conversión (y degradación de los principios fundacionales) del deporte en un puro espectáculo alimentado y nutrido de capitalismo a través de grandes corporaciones empresariales. Tal es así que, a pesar de su inefable interés, los temas expuestos y su enfoque no siempre van ligados al narcisismo como origen o incluso consecuencia, sino de manera tangencial y cohabitante con ello y más que un análisis de un momento concreto trata el desarrollo de los conceptos ligados a la formación humana en un trazado a lo largo de varias décadas del siglo XX.

Radical en su planteamiento controvertido, Lasch es contundente en su exposición cuando afirma que «la gente se aferra a la ilusión de la juventud hasta que ya no es posible sostenerla, punto en que debe asumir su condición de inútil o hundirse en una sombra desesperación» y cita a Sheehy quien propone «que la gente se prepare para la madurez y la vejez de modo tal que pueda eliminarse la de la escena sin mucho escándalo». Quizá demasiado radical, pero un gran contrapunto de humildad ante tanto narcisismo.

martes, 16 de mayo de 2023

Colaboración: Todo modo, de Leonardo Sciascia

Idioma original: italiano

Título original: Todo modo

Traducción: Joaquín Jordá

Año de publicación: 1974

Valoración: Muy recomendable


Siempre me ha parecido un acierto y modelo a copiar por la crítica de otras ramas del saber la diferencia que se establece en enología, (disciplina a la que soy totalmente ajeno), entre lo que se le suele llamar “gusto” y “regusto”. Esto, como profano, lo entiendo como la diferencia de sensaciones que te produce algo (un “input”, se mal llamaría ahora) en el momento del consumo y en su digestión; y que conste, hablo de vinos porque de momento no me he dado a las drogas, ni tampoco quiero propugnar su uso. Por cierto, al contrario que en la comida, soy acérrimo defensor de las novelas de digestión pesada, profunda y laboriosa.

No es este el caso, puesto que es una novelita corta que se puede despachar en un par de horas a placer. Y hablo del gusto/regusto porque, a pesar de su brevedad, me ha recordado muy claramente a tres obras muy distintas entre sí (y, al menos dos de ellas, bastantes más largas), sensación que ha ido aumentando a medida que lo dejaba reposar: La montaña mágica, El nombre de la rosa, y, porqué no, Hotel Pánico, de Superlópez. Curiosamente, todas ellas, incluida la reseñada, del S. XX.

Les cuento parte del argumento y ya me dirán ustedes:

Un pintor, sin nombre revelado en toda la obra, llega como casi por casualidad a una especie de antigua ermita que actualmente funciona como hotel, pero regentada por curas, monjas y demás personajes religiosos.

Nuestro protagonista se entera de que en los próximas días se celebrarán unas jornadas de meditación a las que acudirán la flor y nata del país, desde el presidente y ministros, hasta peces gordos de la banca y la industria, por lo que decide quedarse a ver qué se cuece, cosa que consigue valiéndose de su influencia.

Dado que en ese primer día de estancia las únicas ocupantes parecen ser cinco llamativas jóvenes, nuestro protagonista (gustos hay de todo tipo) aprovecha para acercarse y conocer al padre Gaetano, sacerdote y jefe de hotel, que se convierte rápidamente en la figura central de la novela, y con el cual surge una complicidad que no sabemos hasta qué punto es real y hasta cuál imaginada por el pintor.

También con rapidez (todo tiene que ser rápido a la fuerza, es una novela realmente corta), en cuanto llegan los afamados huéspedes se producen una serie de actos que forman el argumento en sí de la novela. Y hasta aquí podemos leer sin destripar el argumento.

Tildada por la posterioridad como profética (publicada unos 4 años antes del asesinato y secuestro de Aldo Moro) y por la crítica como novela de fuerte carga social, la verdad son estos aspectos que no he detectado en ningún momento, quizá por mi inevitable distanciamiento con el régimen italiano de la época. De hecho, si cito La Montaña Mágica y El nombre de la Rosa es por la sensación de aislamiento y mundo propio que me han hecho sentir las tres.

Aunque he leído en bastantes sitios que Todo modo se podría catalogar como novela negra, no encaja para mí dentro de lo noir: No hay un Sherlock Holmes – ni, más importante, un Watson – si no contamos las deducciones que se le ocurren al propio pintor y que hace llevar al personal encargado de resolver el caso, que por alguna razón desconocida parecen tomarlas en consideración. Sí que hay, pululando a lo largo de todo el libro, algo de brumoso, pero con una niebla que más que ocultar de misterio acoge parece tener forma de existencialismo – mérito del padre Gaetano.

De hecho, lo mejor de la novela, para mí, son los parlamentos entre el pintor y el padre Gaetano, o más bien todos los momentos en los que aparece este último, verdadero eje central del libro. Aunque de inevitable tendencia religiosa, se nos muestra un personaje maquiavélico y manipulador con el que en ningún momento los lectores sabremos a qué atenernos. Mención aparte para su final, lo que para mí descarta definitivamente el género negro: simplemente, no cumple las reglas no escritas del género.

Sciascia se sirve de la oportuna amistad entre el personaje del juez instructor, compañero de la infancia del protagonista, y de la complicidad que surge entre este y el comisario para irnos dando migajas del – nulo – avance en el caso.

Con estos tres personajes centrales, acompañados de un cocinero acongojado por las circunstancias que personifica al personal laico del hotel, y un comisario con más ganas de retirarse que de solucionar el caso, cumpliendo este el papel de policía pasota y corrupto que presuntamente preponderaba en la época, Leonardo Sciascia construye una novela muy bien formada, excelentemente escrita, con numerosas citas (muchas de las cuales, vergüenza de mí, ignoro) que nos hablan de alta cultura pero aún así accesible y perfectamente disfrutable.

Lo abierto del final, que no sé si se deberá a que fue escrita para una época y un lugar muy concretos o es así por decisión artística, y las referencias críticas que no he conseguido advetir en la novela, la alejan, a mi juicio, la calificación de Imprescindible, pero con los suficientes méritos propios como para alzarse con un Muy Recomendable.

Pero ojo, me da la sensación – tan manida pero a la vez tan cierta - que es de esos libros que el no poder disfrutarlo al máximo es más culpa de (la ignorancia) del lector que del oscurantismo del autor.

PD: Y sí, no es tan divertida como Hotel Pánico, pero es que hablar de la época buena de Superlópez ya son palabras mayores...

Otras (bastantes) obras de Leonardo Sciascia en ULADaquí

Firmado: EPS