miércoles, 30 de septiembre de 2020

Arturo Úslar Pietri: Un retrato en la geografía

Idioma original: Español
Idioma original: Español
Año de publicación: 1962
Valoración: Recomendable

Creo haber hablado en varias ocasiones de autores latinoamericanos que han sido "sobrepasados" por el fenómeno del boom. Uno de esos autores es el venezolano Arturo Úslar Pietri, bastante olvidado por estos lares pese a ser el autor, por ejemplo, de la magnífica "Las lanzas coloradas".

Publicada originalmente en 1962, mismo año en el que se publicaron, entre otras, Rayuela y Bomarzo, "Un retrato en la geografía" es la primera parte de lo que iba a ser una trilogía (El laberinto de Fortuna) y quedó finalmente reducido a un binomio que en breve completaremos con la reseña de "Estación de máscaras".

Aunque las primeras páginas de la novela pueden dar la impresión de estar ante una "novela sobre dictadores", debido a que en ellas encontramos a un general opositor encarcelado y una más o menos extensa enumeración de las diferentes revueltas, pronunciamientos, etc que dominaron la política venezolana de finales del XIX (principios del XX, del XXI...), "Un retrato en la geografía" se aleja rápidamente de la figura del caudillo de turno y se acerca a un retrato en tres dimensiones (política, económica y sentimental) de la clase media-alta venezolana. Aquí hay que mencionar que el propio Úslar procedía de una de esas familias de "alta alcurnia" y que a lo largo de su vida ostentó diversos cargos políticos de alta responsabilidad, por lo que cabe deducir que sabía de lo que hablaba.

Así, "Un retrato en la geografía", protagonizada por los miembros de la familia Collado y ambientada en torno a los convulsos años 1935-1938, en los últimos momentos de la dictadura de Gómez y en los meses posteriores a la muerte del tirano, ofrece varias lecturas no excluyentes entre sí:

- Como novela de formación, siendo Álvaro Collado, segundo hijo de la familia, su principal protagonista. 

- Como crítica político-social, fundamentalmente en la poco desarrollada parte económica. 

- Como "ensayo" sobre la "venezolaneidad" (perdón por la palabra), sobre cómo cada uno de los personajes lo ve, lo siente, lo interpreta y en función de ello actúa. 

Puestos a elegir, me quedo con la parte "formativa" de la novela, en la cual aparecen bien engarzados los dos aspectos, político y sentimental, que determinan la personalidad del protagonista y, sobre todo, con la parte "ensayística". Esta última me parece la más interesante, tanto por mostrarnos un país complejo, contradictorio y excesivo - desde luego, más complicado de lo que las noticias que llegan a Europa pueden sugerir - como por ofrecernos la posibilidad de acercarnos a su situación actual, aunque se trate de un texto de hace casi 60 años y de hechos ocurridos hace 85. Quizá las motivaciones no han cambiado tanto, pese a que puedan vestirse con otros ropajes; quizá de aquellos polvos, estos lodos.

"Se podría escribir una especie de novela surrealista sobre el petróleo en Venezuela"

"Para gobernarlo hay que tener mucho de cacique indio, como tenía Gómez, pero también mucho de técnico para poder llevar adelante la solución de los problemas reales" 

"Esa angustia por saber lo que somos es posiblemente hispanoamericana, pero esa exaltada manía de grandeza, esa esperanza en las soluciones mágicas, que está en el fondo de todos nosotros, es indudablemente nuestra"

"Los venezolanos no tenemos memoria y la experiencia no nos sirve absolutamente de nada..."

"Soportamos al caudillo sin pestañear, pero al hombre de pensamiento no le damos tregua"

En el lado menos positivo, y aunque parece que pueda entrar en contradicción con lo anterior, el escaso desarrollo de la parte económica, absorbida por la vertiente más política. Y es una pena porque los trapicheos a cuenta de una concesión petrolera (gracias, por otra parte, a la inestabilidad política) prometían mucho pero acaban, en cierto modo, arrinconados y pendientes de cierre. Una lástima, ya os digo, porque creo que si Úslar hubiese conseguido rematar esa parte de la trama, la novela sería aun mejor. Aunque igual convenga esperar a "Estación de máscaras" y ahí todo cobre sentido. Ya veremos.

También de Úslar Pietri en ULAD: Las lanzas coloradas y La isla de Róbinson

martes, 29 de septiembre de 2020

Raúl Sánchez Alegría: TRAS

Idioma: español 
Año de publicación: 2019
Valoración: Está muy bien

Permitidme una pequeña explicación sobre las razones de publicar esta reseña: yo no soy un lector asiduo de poesía y mucho menos estoy al tanto de los intríngulis de ese mundo dentro del mundillo literario. Pero hace pocos días se produjo una noticia que transcendió los límites de la que podemos llamr "sociedad poética": se había concedido un notorio premio de esta modalidad a un poeta no ya sólo de los llamados "carpeteros" (quizás sería más propio llamarlos, hoy en día, "instagrameros" o "youtuberos"...), sino que, además, existían sospechas de que ni siquiera era una persona real, sino eso que se conoce como "bot"; algo que se apresuró a desmentir la editorial convocante del premio, en un gesto insólito en la ya de por sí bastante curiosa trayectoria de los premios literarios en España (como aún más jocoso remate, uno de los miembros del jurado, que es otro poeta "carpetero", además de cantautor, creo, rompió la omertà acostumbrada en estos casos con un comunicado en el que explicaba que él no había votado por el supuesto poeta-bot, cuyos versos no le parecían de la calidad suficiente. Cachondeo generalizado en las redes sociales, claro).

Yo también me reí mucho con esta historia tan chusca, en la que se unía el consabido tongo que se presupone en muchos de estos premios con el bajo nivel literario de mucha de la poesía que parece estar triunfando en los últimos tiempos, sobre todo entre la muchachada... Ahora bien, después de reirme un rato pensé en cómo se sentirían todos esos y esas poetas que siguen tomándose en serio su labor, componiendo sus versos con la misma autoexigencia y, sobre todo, honestidad; acudiendo a recitales casi clandestinos; organizándose en grupos y revistas literarias; financiándose ellos mismos, muchas veces, la publicación de su obra; sin esperar, ni pensar siquiera, en hacerse célebre con sus poemas, y no digamos ya ganar dinero, porque la poesía es un género con el que resulta imposible (al menos hasta la aparición de los "instagrameros")... Pensé en esos poetas, por lo general desconocidos fuera de su ámbito local o incluso más íntimo aún, y en que no era justo que su quehacer y su obra quedara asociada para el público lector (y más aún, el no lector) con los tejemanejes y pasteleos de la industria editorial y los poetas de relumbrón, ya sean auténticos o no...

En reconocimiento a todos, ellos y ellas, reseño hoy el último libro, hasta la fecha, del poeta vasco en lengua castellana Raúl Sánchez Alegría, uno de esos "luchadores de la carretera" (si se me permite la expresión "madmaxiana") que ya tiene varios títulos en su haber, aunque, ya digo, se mueve dentro de los círculos poéticos más tradicionales y no en las redes sociales o, no digamos, ya en el relumbrón... Este TRAS -un volumen finito, como suele ocurrir con los libros de poesía- está dividido a su vez en cuatro partes, tituladas, respectivamente: LA VIDA, LA MUERTE, EL AMOR y ¿LA FAMA? Estas cuatro partes funcionan como una suerte de rueda o de ciclo natural -más teniendo en cuenta el carácter catártico de su anterior Neko no kokoro, por si alguien lo conoce-: la vida lleva a la muerte, que sólo es redimida o superada por el amor -no por casualidad, la sección más extensa del libro-; en cuanto a la ¿fama? , no hay que interpretar ésta como la fama de las celebrities (o los poetas instagramers), sino como la huella, el legado de nuestros actos que dejamos en el mundo.

Por lo demás, los versos de este poeta, descendientes en su forma libre de algunas vanguardias de comienzos del XX, también están emparentados con la llamada "poesía de la experiencia": incluso sus poemas más embebidos de un lirismo estético mantienen un vínculo con la realidad, con la experiencia de vida del autor y casi  deal lector  cualquiera de nosotros... Sin olvidar los repentinos latigazos de rabia que sacuden de vez en cuando al lector de estos versos. Aunque también lo hacen la ironía, el sarcasmo e incluso, por suerte, un humor más socarrón y tierno, lo que siempre es de agradecer...

Es el casoo, justamente, del último poema del libro, titulado Borrones, y con el que despido la reseña:

                                                    Amigable borrón:

                                                    ser
                                                    que a palabra no llegaste,
                                                    idea
                                                    que nació muerta,
                                                    la sensatez detuvo
                                                    tu "debe ser",
                                                    la gravedad te impulsó
                                                    a estrellarte.

                                                    Amable y discreto borrón,
                                                    -tachón que no fuiste,
                                                    quizá sí arrepentimiento,
                                                    accidente, descuido, ira,
                                                    temblor inefable-:

                                                    no me tengas en cuenta
                                                    hoy,
                                                    no me afees la insolencia
                                                    de nombrarte.

                                                    Pues,
                                                    ¿quién en su expediente
                                                    no te tiene?,
                                                    ¿quién no quisiera hacer
                                                    cuenta nueva
                                                    y olvidarte?


lunes, 28 de septiembre de 2020

Manuel Rojas: Hijo de ladrón

Idioma original: español

Año de publicación: 1951

Valoración: muy recomendable alto

Aparte de las groupies literarias, los clubs de fans, y recibir lindezas por usar el idioma materno con cierta frecuencia, una ventaja absoluta de colaborar un blog es la interacción con el lector. Ventaja que se torna placer cuando de ello surgen recomendaciones como ésta de hoy. Ni idea de la existencia de Manuel Rojas hasta un reciente comentario, que (¡ayuda!) ahora no logro localizar, me puso sobre la pista de este libro. Pues bien, gracias. Hijo de ladrón es una extraordinaria novela, de esas que rompen esquemas, de esas que, conforme uno lee, reconoce, al margen de trama y de contexto social, una intención contundente del autor por encontrar recursos narrativos no explorados. Y esos son la clase de detalles que convierten a las novelas en clásicos, que les otorgan una valoración casi fuera de los parámetros habituales. Sin necesidad de grandes aspavientos, sin acudir a lo escandaloso. 
1951. Se me hace muy difícil ubicar influencias del autor, aunque aventuraría que algo recoge del gótico sureño, algo de Dickens y algo del existencialismo y de las grandes corrientes literarias francesas, también unas pizcas de autores peninsulares como Pérez Galdós, si bien diría que no podemos hablar en sentido estricto de influencia del naturalismo, ciertas ricas descripciones me indican que no dio del toldo la espalda a ese movimiento. Pero empecemos: Manuel Rojas es un narrador de absoluta maestría en el aspecto estilístico. No hay palabra ni párrafo fuera de sitio, no hay hojarasca y todo tiene sentido. La desgraciada historia de Aniceto Hevia, hijo de ladrón, desde esa escena inicial, punto gravitatorio de la historia, cuando sale del vagón de tren en el que ha viajado como polizón, y a medida que, en cuatro partes, ésta se dilata y se contrae en una especie de pliegue temporal casi proustiano, a veces veinte páginas de reflexiones, el tiempo paralizado, se combinan con saltos que dejan tras de sí enormes socavones de trama, completamente deliberados, que el lector rellenará, claro, esta es una novela que interactúa (¡1951!, repito) y el lector sabe que no hay motivo alguno de explicitarse. Aniceto ha perdido a su madre y su padre ha sido encarcelado, esta vez por algo gordo y para mucho tiempo. Él y sus tres hermanos van a tener que seguir adelante cada uno por sus lado, y todos son unos críos. El futuro no es nada halagüeño. Esta trama, escueta, trazada apenas y puesta en una especie de desorden que cobra sentido a cada frase, es apenas un punto de partida. Quizás hablar de novela psicológica al uso de otros clásicos (como El túnel) sea limitar en exceso. Pero desde luego para stream of  consciousness el que Rojas se marca aquí, con capítulos que son pura orfebrería literaria, con Aniceto asumiendo su futuro, su incierta existencia a expensas de los caprichos del poder y las autoridades (policía y jueces arbitrarios al frente), sus extraños acompañantes de andanzas a su lado, su precaria forma de vida. La novela admite tantas lecturas y muestra tantas facetas, siempre envuelta en ese halo a veces tan hosco y desesperado, a veces tan realista y melancólico, que me voy a resistir a explayarme más y voy acabar aquí. Tal como hice a expensas de quien aquí la recomendó: leed la novela, situadla en su contexto (alguna que otra década antes de tantas y tantas corrientes que pusieron la literatura patas arriba) y disfrutad del trayecto.

domingo, 27 de septiembre de 2020

Fernando Pessoa: El mendigo y otros cuentos

 

Idioma original: portugués

Traducción: Roser Vilagrassa 

Año de publicación: 2012 (en castellano, 2019)

Valoración: Se deja leer 


Reconozco que tengo una idea muy limitada acerca de la obra de Fernando Pessoa, aunque tengo entendido que la mayor parte fue publicada después de su muerte. Así que, a la vista de este librito publicado por Acantilado el año pasado, me arriesgaré a decir que me parece por encima de todo un trabajo de bibliógrafo, el rescate de textos perdidos con los que satisfacer a completistas y estudiosos. Un trabajo, eso sí, muy bien hecho y editado con pulcritud, con la firma de Ana Maria Freitas, también responsable de otros volúmenes de Pessoa publicados por la misma editorial. Como es natural, Freitas debe ser experta en este autor sobre parte de cuya obra nos ilustra en el prólogo, explicando el conocido uso que Pessoa hace de los heterónimos, la conexión entre distintos textos y parte de la labor investigadora que dio lugar al libro del que hablamos hoy. Se trata en su mayor parte, nos cuenta Freitas, de esbozos, fragmentos o relatos inconclusos que tienen en común poco más que el aspecto exterior de un material narrativo y una extensión casi siempre escasa. Alguno de ellos fue escrito en el reverso de varios sobres, una cosa bien romántica y muy literaria, desde luego.

Hay que agradecer también a la editora y prologuista que nos ponga en antecedentes sobre algunas singularidades de los relatos. Se refiere a varios de ellos como ‘cuentos estáticos’, es decir, en los que no hay acción alguna, sino una corriente de reflexiones de diversa índole que un personaje (normalmente un individuo solitario más o menos misterioso: el mendigo, un ermitaño, un borracho) comunica a otro sin solución de continuidad. Gracias a la advertencia el shock del pobre lector queda un poquito atenuado, porque justamente son los tres o cuatro ‘relatos’ iniciales los que más decididamente muestran este formato. Aparece ese hombre peculiar y en dos líneas ya está lanzando su perorata sobre la vida y la muerte, la existencia, los placeres… pido disculpas porque sinceramente no me he detenido mucho en los detalles, pero las disertaciones suenan alguna vez a Coelho (con perdón), unas cuantas más a Cioran, y en ocasiones tienen un cierto tinte esotérico que se explica por algunas aficiones del poeta portugués. Vamos, que serán textos muy interesantes para quienes deseen profundizar en el pensamiento de Pessoa, pero seguramente para nadie más. Así que no sé cuál es el criterio para haber colocado los cuentos en ese orden, pero parece hecho a propósito para que el lector abandone cuanto antes.

Porque un poco más adelante las cosas mejoran hasta cierto punto. La afición de Pessoa hacia el ocultismo y cosas de esas se deja ver en El peregrino, el relato más largo y más elaborado, aunque también está inconcluso. Si bien nuevamente se inicia con la aparición de un misterioso hombre de negro, aquí sí que encontramos desarrollo, aunque también muy peculiar. El cuento tiene un indudable aroma a Las bodas alquímicas de Andreade por lo que es también un viaje iniciático; pero puede verse igualmente como una larga parábola en la que se van desgranando las virtudes que deben adornar al ser humano, y que el protagonista va encontrando en las sucesivas mujeres de las que se va enamorando. Una vez más el contenido responde con claridad a las reflexiones filosóficas de Pessoa, pero resulta mucho más gratificante para el lector. Incluso cuando se interrumpe la narración y se completa con unas notas rápidas sobre su posible continuación el texto adquiere una mayor agilidad que hace más fácil la comprensión del conjunto.

Lamento no tener el libro a mano (y no tener costumbre de tomar notas), porque hay algunos relatos más que tienen cierto interés. Uno es el titulado Maridos, en que la voz la tiene una mujer que se ha cargado al suyo, y hace un alegato muy pasional durante su juicio. Es una mujer asqueada de su vida de esposa hasta el fondo de su existencia, y es el suyo un muy duro discurso que podría definirse como feminista avant la lettre, una pieza rompedora que, lejos de quedarse en la superficie de hechos cotidianos, escarba en el derrumbe de toda una vida de una forma realmente sorprendente. Lo que podría parecer la otra cara de la moneda es el titulado (creo) El papagayo, donde se confiesa un hombre cuya personalidad va quedando borrada de forma inexorable por su pareja, otro ejemplo de esas existencias consumidas por las circunstancias, por una elección errónea o por el destino mismo.

Otros cuentos son apenas inicios truncados, asomos de historias sin continuidad, que hacen pensar hasta qué punto Pessoa pudo haberles dado desarrollo y convertirlas en historias más o menos poderosas. Nos quedamos con las ganas de saberlo, pero es lo que tienen este tipo de ediciones de material inédito o disperso, que al erudito le resultarán apasionantes, pero al lector estándar, aun cuando pueda encontrar destellos de verdadero interés, le dejan un tanto descolocado. 

Otras obras de Fernando Pessoa en ULAD: Libro del desasosiegoQuaresma, descifradorEl banquero anarquista



sábado, 26 de septiembre de 2020

Reseña + Entrevista: La mujer molesta, de Rosa María Rodríguez Magda

Idioma original: español
Año de publicación: 2019
Valoración: Muy recomendable



Las mujeres siempre hemos sido molestas para las sociedades tradicionales, en la vida pública, en la cultura, incluso en la familia; una misoginia ancestral nos acompaña, también de forma más sibilina en la actualidad, por nuestra actitud persistente de seguir reclamando derechos, de hacernos visibles.” Desde el comienzo, este exhaustivo trabajo deja claro cuál es su asunto y su enfoque. Siguiendo su ejemplo, me apresuro a presentar a su autora Rosa María Rodríguez Magda. Filósofa de formación, feminista por sensibilidad, analista del pensamiento contemporáneo, gestora cultural y crítica literaria, cuenta con una extensa obra ensayística iniciada a mediados de los años 80. En 2008, obtuvo el Premio Internacional Jovellanos por su ensayo Inexistente Al Andalus.

La autora comienza realizando un rápido recorrido por las sucesivas visiones del género humano, y de la mujer en particular, que han predominado en cada momento histórico. Por encima de jerarquías al uso, tanto el pensamiento griego clásico como el cristianismo enfatizaron la dignidad intrínseca del hombre, su igualdad de derechos, pero es la filosofía ilustrada quien otorga tanta visibilidad a esta idea que, a partir de entonces, resulta difícil no tenerla en cuenta en cualquier estudio sociopolítico serio. Sin embargo, y mirando más atentamente, este estatus protagónico atañe exclusivamente al varón blanco adulto. La mujer queda pues, en el imaginario colectivo y en la voluntad de los gobernantes, como un ente secundario, mero apéndice del cabeza de familia bajo cuya tutela vive y a quien debe servir y obedecer. A partir de Freud, la noción de identidad –ligada indisolublemente al sexo- se sitúa en el centro del debate, sin que esto suponga el abandono del androcentrismo imperante.

De ahí que sea el feminismo de la época quien asuma la tarea de rebatir un argumentario tan injustamente asimétrico. El discurso de Simone de Beavoir en su obra El segundo sexo contiene elementos todavía vigentes ya que, al constatar que son las pautas culturales transmitidas de una generación a otra las que condicionan a los individuos de ambos sexos, está aludiendo con otras palabras a lo que conocemos como género hoy día. El feminismo posterior recoge la idea de que es la forma en que hombres y mujeres hemos sido moldeados socialmente, y no la biología, lo que determina las conductas, (o las determinaba en esa época, porque algo hemos avanzado desde entonces) e insiste en que no hay nada de natural en esta subordinación histórica, en esta asunción de roles (dominante/sumisa) que hasta cierto momento se había considerado inevitable. La conclusión obvia es que la libertad de la mujer pasa por eliminar el género, considerado como trampa ideológica que la ha oprimido y condicionado en cualquier época y lugar.

Abundando en esta postura, y mediante el estudio de la intersexualidad (o hermafroditismo humano), autores como John Money van más allá y recogiendo la idea de los roles aprendidos distinguen entre sexo biológico e identidad de género –que según afirman se construye en torno a los dos años–. Sus teorías culminarán con la fundación en 1965 de la Gender Identity Clinic, primera clínica dedicada a modificar el sexo de sus pacientes, cuyo ejemplo dará lugar a otras muchas.

 

“…se parte de la discutible y asombrosa tesis de que es más fácil modificar el cuerpo que intentar una adecuación psicológica. Esta idea, que tiene mucho de delirio médico-quirúrgico, de síndrome de doctor Frankenstein, va a tener bastante éxito, pues por un lado es atractiva como reto profesional para la clase médica, resulta económicamente muy rentable y ofrece al paciente la ilusión de resolver de manera definitiva sus conflictos psicológicos.

Por estas y otras razones, y a pesar de que los experimentos de Money acabaron en fracaso debido a prácticas poco ortodoxas, a partir de entonces la transexualidad ha sido respaldada en muchos países por legisladores y académicos. La autora resalta el aspecto reaccionario de una práctica que, en lugar de abolir estereotipos, los refuerza, haciendo coincidir el aspecto físico con unas conductas que deberían ser libremente elegidas por cada individuo y no condicionadas por éste. Estudios posteriores han ido profundizando y analizando las repercusiones de las diversas formas de entender el binomio sexo/género.

El feminismo de la igualdad defiende la necesidad de liberarse de imposiciones de género y asumir la igualdad de derechos sin importar el sexo con el que se haya nacido. Para ello, por una parte, construye sus fundamentos teóricos: aparece la noción de patriarcado, como estructura que condiciona la relaciones de poder, y por otra reivindica transformaciones sociales y legislativas que liberarán a la mujer de servidumbres tanto biológicas como históricas. En cambio, el feminismo de la diferencia se apoya en lo biológico para reclamar la vuelta a una feminidad esencial cuyos valores defiende.

Partiendo de la transexualidad, solo hay que dar un paso para desembocar en la teoría queer. Sus defensores consideran que sexo y género son imposiciones externas y pretenden derribar radicalmente el binarismo, huir de divisiones de sexo y género para construir libremente  una realidad más fluida a partir de decisiones personales. Aunque eso no invalida –afirma Rodríguez Magda– que, a pesar de los condicionantes, el sexo sea una realidad previa a todo lo demás. La conclusión es obvia: tanta diversidad e indiferencia hacia lo biológico acaba invisibilizando e ignorando a las mujeres como sujetos del feminismo y como integrantes de una humanidad cuyos teóricos posmodernos han logrado dar una vuelta de tuerca para que la opresión, en lugar de eliminarse, y con la excusa de la equiparación de identidades, se ejerza de otra forma.

La transexualidad y el transgenerismo -siempre según la autora– son fenómenos consustanciales a una época en la que se produce un cambio de paradigma y que podríamos llamar transmodernidad. Asumimos lo transnacional, transcultural, transgénico… incluso transhumano, con la pretensión de superar todas las limitaciones, hasta las propias de nuestra especie. La forma de percibirnos ha cambiado tanto que andamos rozando la utopía. Por eso no es extraño que exista también un transfeminismo que intenta abarcarlo todo: diferencias de sexo, raza, clase etc. No obstante:

“… está claro que nuestras reivindicaciones como mujeres deben, aun cuando se coincida en algunos puntos, gestionarse con una estrategia propia, y no ser incluidas como una más de la diversidad sexual, cosa que empieza a ser común en el etiquetado de los departamentos de la administración o académicos y en la inercia burocrática.” “La desigualdad histórica entre hombres y mujeres no es una más de las diversidades electivas, sino la diversidad estructural en la que se ha asentado la sociedad”.

 En este contexto la palabra patriarcado ha quedado obsoleta, las mujeres ya no están bajo la tutela del padre pero sí en inferioridad de condiciones respecto a sus coetáneos, por tanto fatriarcado sería el término adecuado para definir la situación actual. Se trataría de un “pacto entre varones” que conlleva rivalidad, violencia y exclusión (del otro sexo). Ante todo, hay que mostrar virilidad –poder, dominación– y eso se aprende desde la infancia. Las mujeres han socializado de forma opuesta, no solo a los varones sino a  transexuales y transgénero, que al reivindicar su condición de mujer combaten con más empeño las opiniones del feminismo actual que las del fratiarcado hegemónico. También suelen coincidir con las tesis neoliberales en la defensa de negocios tan lucrativos como el porno, la prostitución o los vientres de alquiler. Cuando el deseo se confunde con los derechos acaban perdiendo los de siempre. El deconstructivismo está llegando a unos extremos que rozan la caricatura, lo peor del asunto es que todo esto se ha traducido en leyes que operan ya en muchos países y que asimilan a las mujeres a una identidad entre otras muchas. Pero ser mujer no es una identidad asumida ni asignada, sino uno de los dos sexos en que se divide nuestra especie.

Todo esto por cumplir el deseo ¿de quién?, no nuestro sino conformado por una sociedad androcéntrica, fratriarcal y sexista. La estética femenina está pensada para la mirada del macho y la masculina para adecuarse al arquetipo viril.”


El giro ha sido tan completo que hemos recorrido 360ª y es un hecho que los estereotipos están más vigentes que nunca.

 

ENTREVISTA:




·        ¿Qué contestaría a quienes afirman que las mujeres han conseguido todo lo que pretendían, incluso que tienen privilegios? 

¿De verdad? Que miren la inferior proporción de mujeres en los puestos directivos de grandes empresas, universidades, academias, premios nacionales de cultura, literarios…, la brecha salarial, los datos de violencia machista, la situación de las mujeres prostituidas, su cosificación humillante en la pornografía…, y eso solo en el llamado primer mundo, si miramos en el resto del segundo y tercero: abortos selectivos de niñas, matrimonios infantiles, mutilación genital, limitación de derechos, feminicidios…  ¿Sigo?

 ·        En pocas palabras, ¿por qué el porno, la prostitución y los vientres de alquiler denigran a las mujeres?

Utilizan el cuerpo de la mujer como algo que puede ser objetualizado, vendido, fragmentado, humillado, usado para el placer o el deseo de otro.

 ·        ¿Cree que ahora mismo coexisten dos opresiones hacia las mujeres, la tradicional y la posmoderna? ¿Si es así, podrían neutralizarse de algún modo?

Coexisten muchas opresiones, todas aquellas que legitiman la desigualdad entre los sexos, o cierran los ojos ante ella, pero lo más preocupante es que a las opresiones tradicionales, apoyadas en posturas ultraconservadoras o religiosas fundamentalistas, se suman ahora sectores de izquierdas y liberales que pretenden defender como empoderamiento lo que no es sino degradación de la dignidad de las mujeres, es el caso ya citado  de la prostitución o vientres de alquiler. Únicamente un análisis crítico puede deshacer tales falacias, y desvelar los intereses de los lobbies que los promueven.

 ·        ¿Cómo podría perjudicar a las mujeres la teoría queer y su aplicación legislativa? ¿Qué sugeriría al legislador?

La teoría queer niega que las mujeres sean el sujeto del feminismo y considera que no sólo el género sino también el sexo es un constructo cultural, y por lo tanto elegible y modificable, ello desdibuja la situación de las mujeres, las mujeres pasan de ser un sexo reconocible a convertirse en una identidad elegible entre otras, invisibiliza las opresiones que sufren en función de su sexo, y pone en peligro los logros en su protección. Una legislación que postule nociones como “identidad de género”, “género sentido” o “autodeterminación del sexo” se hace cómplice de este borrado de las mujeres. Sugeriría al legislador un esfuerzo de imaginación  para promover leyes que protegieran exigentemente los derechos de las minorías sexuales: gais, lesbianas, transexuales… sin necesidad de cambiar el modelo de la diferencia sexual macho/hembra biológicamente incontestable en todas las especies o importar conceptos no científicos.

 ·  ¿Por qué la transexualidad y el transgenerismo no tienen los mismos efectos sociales?

Las personas transexuales sufren disforia de género – ahora incongruencia de género- que buscan superar transformando su cuerpo por medio de tratamientos hormonales y quirúrgicos. Su derecho al cambio de nombre y sexo registral y a los tratamientos médicos están recogidos ya en la legislación española. Una persona transgénero  reivindica el ser reconocida con el género que elija: masculino, femenino, no binario…, sin necesidad de transformar su cuerpo y poder modificar su sexo registral sin ninguna otra justificación que su simple voluntad.

·  ¿Le parece que la transexualidad siempre es beneficiosa para quien decide dar el paso?

Una persona que siente incongruencia de género sufre psicológica y socialmente. Debe tener la posibilidad de ser acompañada psicológica y medicamente y de que se la preserve de cualquier discriminación social. Dicho esto, si es adulta, deberá ponderar los pros y los contras de los tratamientos hormonales y quirúrgicos.

 ·        En relación con el transexualismo infantil, ¿qué pautas habría que adoptar?

En primer lugar no adelantar el diagnóstico. Un niño/a que no se ajusta a los estereotipos sexuales quizás solo es un niño/a inteligente, crítico y sensible al que debemos respetar su singularidad sin catalogarlo como “trans” y  pensar que ha nacido en un cuerpo equivocado. Esto refuerza los estereotipos sexistas, es regresivo.  Una sociedad libre de los mandatos del género sería aquella en la que, por ejemplo, un niño vestido de princesa no se conceptuara como una niña en un cuerpo de niño, sino como un niño vestido de princesa. Es la sociedad la que debe cambiar no medicalizar a niños sanos para que se ajusten a los roles sexistas tradicionales.

viernes, 25 de septiembre de 2020

Eduardo Lalo: Los países invisibles

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: entre recomendable y muy recomendable

«El mundo ya no es el mismo porque ya no es diferente».

Con esta potente primera frase, arranca este libro de Eduardo Lalo en el que nos habla de la invisibilidad, de aquello que queda fuera de lo conocido, de lo imperante, de lo que rige el mundo. Una invisibilidad que viene de la mano de la globalización y su uniformización, a nivel urbanístico, pero también cultural. Una globalización voraz y sin escrúpulos.

Con esa prosa finísima, precisa y delicada que caracteriza al escritor puertorriqueño nacido en Cuba, Lalo estructura este libro en tres capítulos claramente diferenciados, pero relacionados entre ellos, en esa idea global recogida en el concepto de invisibilidad. Y parte, como elemento indiscutible de la invisibilidad, la globalización, un movimiento arrollador e imparable que diluye culturas, que uniformiza detalles, una globalización que queda patente al viajar; Lalo lo expone de manera elocuente al afirmar que «el viaje empieza a ser imposible (…) el contenido del mundo, la posibilidad de ver “algo” queda rezagada. Acaso solo quede ver a los países invisibles».

Lalo es consciente de ello, como portorriqueño y, por tanto, ciudadano de un país invisible y analiza el avance, que no progreso, de un mundo que parece mirar sólo hacia adelante, abordando la invisibilidad de los lugares, de esos países invisibles, poniendo como ejemplo Venecia que‪ «ha muerto (…) al hacerse hipervisible. Hay tantos ojos en la ciudad, que la mirada se hace imposible» y que «tanto el exceso, como la falta de mirada y discurso, crean la condición invisible». «El mundo avanza hacia la exclusión del acto de mirar», avanza de manera inexorable hacia confirmación de sus ideas más que hacia el análisis o la observación. ‬‬

Esa globalización, esa universalidad, afecta a los países y, por extensión, a sus culturas, en claro peligro de extinción a manos de intereses de los grandes países que imponen la suya y que el autor expone afirmando, sabiamente, que «los dueños del gran capital componen una suerte de nacionalidad universal, en la que las diferencias culturales y lingüísticas cuentan poco». Para luchar contra ello, hay que tener una actitud activa, una toma de consciencia de la situación y una reflexión que impida que esa invisibilidad se lleve por delante aquello que nos diferencia y, por tanto, nos enriquece.

Lalo ha escrito, en esta primera parte, un libro de viajes, físicos, pero también mentales, en los que recorre algunas grandes ciudades y observa sus cambios, las contempla a través de la invisibilidad a la que la globalización las ha empujado, de cambios que hacen que «la población se piense desde un lugar que más tiene que ver con Otros Grandes que consigo misma». Una invisibilidad que no sólo afecta a las ciudades a nivel arquitectónico, sino también a nivel cultural. Y critica a su vez la falsa seguridad y acomodamiento de las grandes sociedades, extendiendo la crítica a su cultura. Así, Lalo critica fuertemente la poca ambición de la literatura española del siglo xx, que vive de su esplendoroso pasado que contribuye a crear «un ámbito que se ilusiona con bastarse a sí mismo».

Y, hablando de España (país que conoce bien, pues vivió en él y en él nació su padre) también apunta a la invisibilidad de Valencia, oculta tras la potencia de Madrid o Barcelona, quienes «tienen la capacidad de hablar en nombre de los que no representan, pueden convertir un elemento local en una parte de la cultura de España, Europa o incluso del mundo, mientras que Valencia, y tantas otras ciudades como ella, aparentemente sólo pueden permitirse ser versiones de los gestos de otros. Existe también una geopolítica de la ceguera».

De esta manera, el viaje que emprende Lalo en este libro es un viaje a una tierra y un tiempo que añora, un viaje con la mirada puesta en un pasado que apenas se asoma por las ventanas acristaladlas de la deslumbrante fugacidad de una globalización mal entendida y peor interpretada. Los restos de una ciudad antes con vida reposan ahora en medio de una modernidad que borra su pasado y entierra los recuerdos. Sin importarle. Lalo construye así una obra a medio camino entre memorias y reflexión, entre añoranza y tristeza, y la reivindicación siempre necesaria de quien ha visto con sus ojos cómo desaparece una ciudad bajo los edificios que se alzan majestuosos sobre las ruinas de quien no las echa en falta, sino simplemente las echa.

Ya en el segundo capítulo de este libro, o segunda parte, Lalo nos habla de la sociedad y su cultura, y expone que la cultura dominante en Estados Unidos es «la cultura blanca, europea, etc. Todos los demás (afroamericanos, hispanos, asiáticos) tendrán para siempre el adjetivo identitario atado a sus esfuerzos». Y nos habla de la Odisea y la Ilíada, de Ulises y el viaje como experiencia, no por su vivencia en el mundo sino por «su capacidad de escapar de él: no el viaje, sino la travesía y sus peligros hasta la liberación final». Hablando de la sociedad, Lalo también critica la estigmatización de la sociedad rural «que queda como un estigma en la memoria de tantos pueblos» para concluir, acertadamente, que «una sociedad que ha sido modernizada en apenas una generación, se convierte en un espacio paranoico que teme perder todo lo que tenga un motor. Así se construye un nuevo estado natural que se define por la separación extrema de la tierra».

Finalmente, en el tercer y último capítulo del libro, Lalo nos narra el experimento que quiso llevar a cabo: dejar de comprar libros, salir de las novedades, leer lo pendiente y, si cabe, releer. Siendo consciente de la dificultad para llevarlo a cabo, sabiendo además que «existe la posibilidad además de abandonar el mundo de la literatura porque éste también es el mundo. Esto lo descubro con dolor, pero también con alivio, aun si sé que probablemente esta paz no solamente nunca podrá ser mía, sino que, de tenerla a mano, la rechazaría». Una autocensura en comprar libros que le abre un espacio, para explorar, para evaluar, para «entender, reflexionando sobre el mundo desde cierto lugar y deseo, exhibiéndome en la vitrina de este texto».

Lalo viaja a través de esos libros almacenados y en algún caso olvidados en su biblioteca, y recorre ese viaje hablando de diferentes autores orientales que invitan a la reflexión de otros tiempos y también de los nuestros, claro reflejo de un pasado que se parece más a nuestros días de lo que aceptamos creer. Reivindicando la literatura como parte de uno mismo, como espacio de reflexión, porque «‪el pensamiento es un acto de supervivencia: le permite a ciertos hombres y mujeres vivir hacia dentro en un mundo en el que apenas pueden encontrarse». ‬‬‬‬‬

En mi opinión, este tramo final es el menos logrado, entrando en reflexiones filosóficas vinculando esa invisibilidad del autor y las letras a textos que el autor lee al escribir las últimas líneas del libro. Así, entra en exceso en disquisiciones sobre la literatura y la invisibilidad, pero ubicando el marco mental en Ulises, en Sísifo, En Diógenes, pero también en obras de Cioran, Kertész, Kapuscinsky o Sloterdijk. Demasiado denso y filosófico, excesivo, el autor intercala textos para que sustenten sus reflexiones, que gira y extiende en torno a ellos.

En resumidas cuentas, un libro recomendable, pues la prosa de Lalo y sus reflexiones siempre merecen una lectura, ya que además de disfrutar con su estilo delicado nos invita a cuestionarnos los efectos de la globalización y qué significa y nos aporta la cultura y, especialmente, la literatura, afirmando en su caso que su «despropósito inevitable» ha sido «escribir desde el lado oscuro de la geografía, que quizá significa estar aún más lejos que en el lado oscuro de la vida». Es posible que sea así, pero a pesar de esa oscuridad de la lejanía, de la invisibilidad desde la que parte, sus textos arrojan una luz que puede que lo aparten de su propósito, pero no del nuestro: dar visibilidad a los buenos libros, porque, tal y como dice Lalo citando a Piglia, «el crítico es aquel que encuentra su vida en el interior de los textos que lee». Creo que gran parte de los que aquí estamos podríamos subscribir esta afirmación. Y este libro es un claro ejemplo de ello.

También de Eduardo Lalo en ULAD: Simone

jueves, 24 de septiembre de 2020

Arthur Conan Doyle: La tragedia del Korosko

Idioma original: Inglés
Título original: A Desert Drama. Being The Tragedy Of The Korosko
Año de publicación: 1897, por entregas
Traducción: E. F. S. Alonso
Valoración: Entre recomendable y está bien




Un grupo de turistas es secuestrado por guerreros árabes durante una excursión por el desierto de Libia. De esta sencilla premisa se sirve Arthur Conan Doyle para escribir La tragedia del Korosko, una novela de aventuras narrada a modo de crónica periodística.

De ella destacaría:

  • Su brevedad. Se lee, literalmente, en una sentada. 
  • Su empaque. Aunque originalmente fue publicada por entregas, su nivel de planificación es muy alto. 
  • Su prosa, concisa y elegante. 
  • Su bien estructurada y adictiva trama.
  • Su mezcla de drama, acción y romance. 
  • Su inmersiva ambientación. Doyle es capaz de sumergirnos en el escenario, hacer que sintamos el asfixiante calor del sol o el frío de las noches, consigue que veamos los bellos colores que presenta el paisaje. 
  • Sus heterogéneos protagonistas. Los pasajeros del Korosko no son excesivamente memorables (a excepción, quizás, de Miss Adams), pero te caen simpático, están bien caracterizados, tienen interacciones interesantes e incluso experimentan cierto desarrollo a lo largo del relato. 
  • Sus audaces contrastes. Estas páginas superponen Occidente con Oriente, lo moderno con lo atávico, la civilización con la barbarie, la dignidad con la mezquindad, la paz con la violencia, la fe armoniosa con el fanatismo más agresivo... 

Por otro lado, querría señalar aquellos aspectos en que la novela no acaba de funcionar, pues no ha envejecido demasiado bien:

  • La atraviesan varios prejuicios raciales y religiosos, amén de sesgos ideológicos, propios de la época y el contexto en que fue concebida. Al inicio de la narración, tenía la impresión de que Doyle iba a parodiar las actitudes colonialistas y evangelizadoras de los países cristianos. Sin embargo, se va posicionando subrepticiamente (o eso me ha parecido a mí) a favor de la ocupación militar británica de Egipto, o de la preponderancia del Cristianismo por encima del Islam. 

Tampoco me convencen algunas de las decisiones argumentales que toma Doyle:

  • Su manejo de la tensión es, visto en retrospectiva, un tanto artificial. Hay alguna que otra muerte en el grupo protagonista, cierto, y sus integrantes sufren lo suyo, pero el desenlace positivo da la impresión de que el autor velaba extradiegéticamente por su seguridad en todo momento. 
  • Me parecen poco verosímiles las reacciones que los turistas tienen, dada su situación. Salvo alguna rencilla aislada, hacen piña, hasta podría decirse que se muestran altruistas y heroicos. Personalmente, no creo en la bondad humana, y menos todavía en que ésta aflore en situaciones límite. 
  • A esto sumamos que los únicos personajes buenos del relato son exclusivamente blancos (al guía de la excursión o algún aliado sorpresa se les retrata como gente que, si actúan con rectitud, es por interés y conveniencia) y queda clara la parcialidad de Doyle.
  • Los antagonistas de su historia son villanos irredimibles. Les podría haber humanizado un poco para que el conflicto no fuera tan maniqueo.
  • El tonillo ejemplarizante que da al texto es, a mi juicio, un desatino.  

En todo caso, es innegable que La tragedia del Korosko es una novela muy entretenida. La recomiendo encarecidamente, pese a sus defectillos. Defectillos que, admitámoslo, en su mayoría se detectan por culpa de nuestra perspectiva histórica, y que estoy seguro que sus lectores decimonónicos apenas percibieron. 

Ah, el propio Doyle convirtió La tragedia del Korosko en una obra de teatro. Además, existen un par de adaptaciones cinematográficas: una película muda de 1923 y otra, esta vez sonora, de 1932.


También de Arthur Conan Doyle en ULAD: Las aventuras de Sherlock HolmesCuentos de terror

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Sarah Moss: Muro fantasma

Idioma original: inglés
Título original: Ghost Wall
Año de publicación: 2018
Traducción: Vanesa García Cazorla
Valoración: entre recomendable y está bien

Ha despertado no poco interés, últimamente, la publicación en castellano (en catalán ya lo estaba) de esta novela corta de la escritora británica Sarah Moss, en parte por la originalidad de su argumento -además de por su calidad literaria, se entiende-, pero también, supongo, porque se la emparenta con obras de otras autoras hoy en día muy apreciadas, como son Shirley Jackson y Margaret Atwood y también con el ya clásico William Golding (1). Asimismo, la novela ha llamado la atención porque se la relaciona con algunas circunstancias de la política reciente que enseguida comentaré... La premisa de la que parte, no obstante, está relacionada con el pasado, de hace dos mil años: Silvie, la protagonista y narradora, es una adolescente que participa, junto con sus padres, en un campamento en el norte de Inglaterra, organizado por un profesor de arqueología para recrear el modo de vida de los antiguos britanos de la zona, antes de ser invadidos por los romanos. El padre de Silvie, aunque conductor de autobús sin formación académica, es un entusiasta estudioso de aquella época, que él identifica como la última en la que se desarrolló una cultura británica "auténtica", además de ser un controlador obsesivo, que insiste en llevar a cabo la recreación con el máximo rigor posible. La cosa, como cualquiera puede imaginar, no pinta que vaya a acabar bien...

La novela cumple a la perfección el dicho de "lo bueno, si breve, dos veces bueno": se lee de un tirón, debido a su corta extensión -menos de 140 páginas-, pero también, o sobre todo, gracias a la agilidad que su autora ha sabido imprimirle a la narración; el único escollo para ello, que es la necesidad de informar a los lectores que no las  conozcan de las circunstancias, cultura y condiciones de vida de aquellos lejanos pueblos celtas, Sarah Moss lo sabe sortear de una forma hábil e incluso incorporando esas explicaciones a la propia dinámica de la narración, por lo que no sólo no se hacen en absoluto pesadas, sino que sospecho que muchos lectores se sentirán doblemente satisfechos de la lectura de esta novela,  al dejarles la sensación de haber aprendido cosas que no sabían, lo que siempre es gratificante. Hay un incremento, además, de la tensión a lo largo de toda la narración, aunque muy gradual, hasta llegar a un clímax, y eso siempre resulta muy efectivo en estas novelas cortas, sobre todo cuando existe algún toque siniestro en la trama, lo que, ya adelanto, es el caso... aunque tampoco es que podamos hablar de un thriller, ni mucho menos. Otro recurso que Moss maneja con maestría es el de la aguzada sensorialidad que transmite la narradora- protagonista: los olores, las texturas, las sensaciones térmicas, los cambios de luz, accidentes nimios del terreno... la descripción de todo eso hace que la recreación de una época prehistórica gane en verosimilitud, además de alejar más a la protagonista de la realidad del mundo contemporáneo.

Lo que más habrá llamado la atención, quizás a quien haya tenido noticias de esta novela a través de otras reseñas o incluso entrevistas a su autora, es que se suele aludir en ellas a que es una historia sobre los excesos de los nacionalismos y el peligro de idealizar el pasado. También porque Moss escribió la historia en plena resaca de la campaña de Trump, con su famoso muro, y, sobre todo, del referéndum del Brexit (y es cierto que el "muro fantasma" al que hace alusión el título y que no explicaré en qué consiste para no "spoilear", se puede considerar como una metáfora bastante acertada de este Brexit). Ahora bien, aunque esto es lo que parece motivar a Bill, el padre de Silvie, en mi opinión es más que nada un flipado de los que hay tantos en el mundo, que le ha dado por ahí como podía ser terraplanista o seguidor de El Libro de Urantia... Más preocupante me parece, además, esa idealización o interpretación del pasado de acuerdo con nuestros prejuicios actuales -o de hace 30 años, que es cuando está ambientada la novela- por parte del profesor de Arqueología, que al fin y al cabo es quien debe ofrecer esa interpretación a la sociedad (un saludo desde aquí a los historiadores y profesores de Historia que tratan de explicar infructuosamente que la llamada Reconquista no fue una guerra continua contra el moro invasor a lo largo de 800 años, que los carlistas no eran nacionalistas vascos o catalanes, sino más españoles que el chocolate con churros o que los vikingos no llevaban cuernos en los cascos y se dedicaban  a comerciar tanto o más que a saquear).

Pienso que el tema central de la novela es más bien la dominación y el control: dominación de unas personas sobre otras, de un género sobre otro (y sí, amigos, he de desvelar que, aunque no se nombre así, ésta es, sin duda, una novela sobre el HETEROPATRIARCADO... Ya podéis soltar los perros, que he escrito la palabra maldita), dominación de una parte de la sociedad sobre otra o sobre alguno de sus miembros, que se toma como chivo expiatorio... y, sobre todo, dominación dentro de una familia, del marido sobre la esposa, de los padres sobre los hijos -hija, en este caso-; sin duda, lo que más miedo da de todo el libro... Porque cuando leáis que alguien afirme que ésta es una novela de terror, es porque lo es (2).

(1) Pese a que no la he leído (aún), por su sinopsis parece que también puede tener bastante que ver con ésta la primera novela de la propia Sarah Moss, Tierra fría (2009), que además es otra de esas novelas anticipatorias sobre un virus que causa una pandemia mundial...

(2 - Nota de las 19:00 horas) Llevo pensando todo el día por qué no me he atrevido a explicar lo más obvio: que ésta es una novela feminista. La única razón es que al ser hombre, me da bastante reparo ponerme a decidir lo que es o no es feminismo, puesto que considero que ni yo, ni ningún otro varón somos los más adecuados para hacerlo. Pero vamos, que si alguien quiere tomarlo como una  mera indicación creo que sí, es una novela feminista.

martes, 22 de septiembre de 2020

Lee Child: Mañana no estás

Idioma original:
Inglés
Título original: Gone tomorrow
Año de publicación: 2009
Traducción: Aldo Giacometti
Valoración: Placer culpable

Placer culpable, sí. Y no pongáis esa cara, joder. Que sí, que mucho Bergman, mucho Pasolini, mucha Agnes Varda, pero seguro que os lo pasáis en grande viendo "La jungla de cristal", "Viernes 13" o toda la saga de Sharknado (no hace falta que confieses, Juan). Pues esto es lo mismo: ¡no todo va a ser Proust o Cartarescu, no todo va a ser literatura que haya de perdurar por los siglos de los siglos!

Y es que este "Mañana no estás" que llega a España de la mano de dos editoriales argentinas con un catálogo de lo más interesante (Blatt & Ríos y Eterna Cadencia) ha sido, según la contraportada del libro, "número 1 en ventas en Estados Unidos e Inglaterra", tiene estética de best-seller y viene recomendado, entre otros, por Stephen King, Ken Follett o Patricia Cornwell. Por si esto fuese poco, y para que os hagáis una idea de la magnitud del fenómeno, el original de este libro tiene...¡88.000 valoraciones y 4.000 reseñas en Goodreads! 

Pues bien, fuera prejuicios, fuera ideas preconcebidas. Resultado: un libro adictivo, un relato vertiginoso en el que apenas hay pausas o zonas "puente" y en el que se mezclan geopolítica, secretos militares, mentiras, filtraciones, sospechas, pistas falsas, acción, etc. Todo ello protagonizado por el antiguo policía militar Jack Reacher, una bestia parda de unos 115 kilos de peso, un tipo descreído, sarcástico, psicólogo amateur y más chulo que un 8, que se ve envuelto en una trama con ramificaciones de lo más variadas que van desde un candidato a Senado de los Estados Unidos hasta la invasión soviética de Afganistán.

Estructurada en 84 capítulos de unas cinco o seis páginas de extensión, la novela podemos dividirla en dos partes: la primera de ellas podríamos calificarla como más "analítica" ya que la observación, el análisis psicológico y los procesos deductivos marcan los avances y retrocesos de Reacher; la segunda, en cambio, sería más "peliculera" ya que la narración pasa a estar dominada por peleas, huidas, disparos y encontronazos dejan sus buenos regueros de sangre. (Ojo que no son partes estrictamente separadas, sino que hablo del tono general). Ya puestos a elegir, me quedo con la primera parte. Me interesa más el cómo o el porqué de lo ocurrido que lo que eso desencadena, aunque he de reconocer que he disfrutado como un gorrino de las escenas de acción. 

Por terminar, destacaría el manejo de la información y los tiempos por parte del autor, su capacidad para jugar con el lector y mantener la tensión hasta el final, aunque sepamos de antemano que los malos acabarán perdiendo (¿o quizá no del todo?). En el lado negativo, algún que otro pequeño e inevitable cliché del género y una cierta sensación de uniformidad en muchos de los personajes. Vale que la inmensa mayoría son policías, militares o ex-militares, pero todos ellos hablan "demasiado parecido". Pese a lo anterior, ya digo que me lo he pasado bomba  con las idas y venidas de Reacher por la calles, avenidas y túneles de un NY post-11S, con toda su carga de trauma y paranoia.

Y ahora, me pongo las gafas de pasta y empiezo con toda la filmografía de Antonioni.

lunes, 21 de septiembre de 2020

Llàtzer Moix: La ciudad de los arquitectos

Idioma original: español
Año de publicación: 1994
Valoración: interesante





Los Juegos Olímpicos del 92 fueron para la ciudad de Barcelona el detonante de una reforma urbanística todavía hoy sin precedentes por su singularidad, efectividad y velocidad. En ese proceso se forjó una nueva conciencia urbanística que es vigente en la práctica profesional actual, así como la figura del arquitecto urbanista como elemento clave ante las grandes operaciones de transformación urbana y, consecuentemente, en la toma de las grandes decisiones que se toman en las cotas de poder. 

Como barcelonesa que soy, además de urbanista profesional y vocacional, esta lectura me ha resultado muy especial ya que ha provocado en mí algo que con el desgaste de los años, del oficio y del trato con ciertos especímenes pensaba que jamás volvería a sentir hacia mi profesión o hacia mi gremio: orgullo. Ya me arrepiento de haberlo dicho pero una tiene un corazoncito peleón que a veces puede más que un más que justificado cinismo

Resumen resumido: Crónica periodística desde los primeros albores posibilistas a principio de los 80, con los contactos entre el alcalde Narcís Serra y el presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, pasando por el fichaje del arquitecto Oriol Bohigas al frente del gran proyecto de trasformación urbana, los avatares de dicho proyecto y su ejecución y la culminación con la celebración de los Juegos y su posterior resaca. 

Esta crónica se finalizó en 1993 y se publicó en 1994 en medio de una gran expectación dentro del gremio. Para su elaboración, el autor había realizado multitud de entrevistas a buena parte de los arquitectos implicados y algunos de ellos accedieron a aportar su testimonio con la condición de no ser nombrados. Llàtzer Moix realiza un perfil muy certero de esa gran familia procedente en gran parte de la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona (ETSAB) que participó en primera línea del gran proyecto olímpico. Han pasado más de veinticinco años y hoy podría escribirse un segundo tomo sobre el "qué pasó después".

La crónica ilustra muy bien el origen de las camarillas en el seno de la ETSAB y desarrolla los acontecimientos que llevaron al «destierro» de figuras tan relevantes dentro de la profesión como Rafael Moneo o Ricardo Bofill. Más allá del cotilleo, esa información ayuda a comprender los posteriores acontecimientos en el reparto del pastel así como algunas declaraciones polémicas que surgieron en su momento. El autor también procura aportar diferentes testimonios para que los conflictos y los acontecimientos que explica puedan verse desde diferentes ópticas y en toda su complejidad. Sucede con algunas de las obras más polémicas, como la torre la Telefónica por Santiago Calatrava, que tiene todo un capítulo para ella sola en el que se relata gran cantidad de vicisitudes técnicas, administrativas, económicas e incluso emocionales. 

No falta el sutil toque humorístico en la narración que, más allá de aportar cierto tono irónico en algunos pasajes, ya se nutre de lo cómico del material original, como la contratación de un gestor para "apretar" a los despachos a cerrar los proyectos en terminio y presupuesto. Los métodos tajantes empleados por dicho gestor le valieron el apodo de Terminator entre el colectivo de arquitectos. Tampoco es capricho del autor que en la narración cobren tanto protagonismo los egos. No es un cliché en absoluto y las situaciones que se relatan hablan por sí mismas.

He disfrutado especialmente con el relato sobre la Ronda de Dalt, que al ser una infraestructura y no una edificación, pasó algo inadvertida para los profanos pero que aún hoy se considera todo un ejemplo de buen trabajo en equipo entre arquitectos e ingenieros de caminos. Una demostración de que sí se puede y de que el urbanismo es necesariamente pluridisciplinar.

Así que interesante para cualquiera que quiera acercarse a ese momento tan fulgurante de nuestra historia con la única contra indicación que los lectores ajenos al gremio tal vez acaben un poco empachados de tanto nombre propio.

domingo, 20 de septiembre de 2020

Gonzalo Torrente Ballester: Los cuadernos de un vate vago

 
Idioma original: castellano
Año de publicación: 1982
Valoración: Está bien

Hasta ahora había leído libros de muy diferente origen y formato; pero no recuerdo haber conocido un texto procedente de grabaciones de voz en un magnetófono (puede que haya quien no sepa lo que es un magnetófono, pero para eso está la Wikipedia). Es justo lo que son estas reflexiones de don Gonzalo, registradas desde 1961 hasta 1972, para las más antiguas de las cuales (supongo que luego se iría modernizando) utilizó un Geloso, ingenio italiano bien bonito, uno de cuyo modelos aún hoy tengo el honor de poseer en mi casa (foto de por ahí abajo).

Por lo visto, al autor de Los gozos y las sombras y La saga/fuga de J.B. le hizo gracia la aparición de semejante aparato, y decidió entretenerse con él y de paso sacarle alguna utilidad. Por lo que se deduce del libro, Torrente utilizó las grabaciones sobre todo como apoyo a su trabajo literario, pero el formato hace que resulte inevitable una segunda función, seguramente no buscada, como diván de psicólogo. Son las dos vertientes que conviven en el texto, y que paso a exponer brevemente.

El periodo que abarcan las cintas es quizá el menos productivo en la trayectoria del autor. Buena parte de sus reflexiones están registradas durante sus largas estancias en Estados Unidos, donde ejerce como profesor de Universidad, y el hombre siente su creatividad atascada. Parece ser que no es muy amigo de tomar notas, y todo fluye en su cabeza, van y vienen ideas sobre sus personajes, la forma de encajarlos en el argumento y los distintos rumbos que este puede adoptar. Algunas le cuadran con lo previsto, otras le obligan a rehacer el trabajo o le hacen cambiar de dirección, y bastantes de ellas simplemente se le olvidan. Este hombre no parece ser el escritor profesional que se impone un horario para sentarse frente a la hoja en blanco y obligarse a trabajar. O sea que viene a ser una especie de anti-Murakami, ese metódico caballero a quien solo parece faltar un software de control laboral para fichar al inicio y al final de su jornada. Nada estajanovista, Torrente es un hombre normal, que siente la necesidad de escribir pero a quien muchas veces le puede la desgana y la pereza (de ahí el adjetivo del título). 

En esta época, aparte de otras obras menores, se encuentra pergeñando lo que luego sería La saga/fuga –iniciada con materiales de Campana y piedra, que creo que no llegó a publicarse como tal-, y ahí estaba precisamente mi principal foco de atención. Me interesaba saber cómo este autor tan poco dado a la fantasía y la experimentación se decidió por explorar caminos tan diferentes en esta obra. Pues en fin, curiosidad insatisfecha, porque en las reflexiones de Los cuadernos… no hay una sola pista sobre el tema, como si don Gonzalo no estuviese haciendo nada demasiado diferente de lo anterior y posterior. Así que desde este punto de vista –muy particular, lo reconozco- el libro decepciona las expectativas; no así si nos contentamos con escudriñar un poco en el proceso creativo, cómo se van fraguando las tramas o cómo percibe el autor el crecimiento de su obra, cómo los personajes van cobrando vida, enriqueciéndose o incorporando nuevos caracteres que a lo mejor cambian su fisionomía y exigen un replanteamiento del relato.

El otro aspecto que encierra el texto es indudablemente el personal. Como apuntaba antes, la confesión personal no es para nada el objetivo con que el autor gallego emplea el magnetófono, pero es imposible que no se filtre en horas y horas de grabaciones, muchas de ellas realizadas lejos de su tierra y su familia. Las cuitas de Torrente Ballester se van colando en los mensajes poco a poco, y en ocasiones adquieren un tinte bastante sombrío. Estamos ante el escritor que pasa por problemas económicos (o sea, un modelo bastante corriente), ya mayorcito (sobre los sesenta o poco menos), que siente el cansancio de las largas temporadas solo en Nueva York, va notando su salud poco a poco más deteriorada y se siente con frecuencia bloqueado en su trabajo y hasta se diría que aburrido. El hombre hace cálculos  sobre el tiempo que le falta para cobrar unos trienios y sobre las fechas en que ha de entregar su material para recibir algo del editor. Reflexiones propias de cualquier currante, pero que, no sé por qué, muchas veces no asociamos a un escritor.

Así que, bueno, es el típico libro para muy interesados en a) el proceso creativo, b) el autor en concreto, o c) lo que pasa por la cabeza de un tipo normal que se dedica a la literatura. Porque eso es lo que transparenta en el fondo de estas peculiares grabaciones: un señor mayor que, al mismo tiempo que se inventa historias y personajes, piensa con preocupación en cómo quedará su familia cuando él falte, echa de menos su casa y su país, y tiene que dedicarse a cosas que no le satisfacen del todo para ir tirando. Como usted y como yo. El oropel de los homenajes y el dinerillo de los premios vendría unos años después, pero él no lo sabía. 


Otras obras de Gonzalo Torrente Ballester en ULAD: La saga/fuga de J.B.La muerte del decanoFilomeno, a mi pesar