domingo, 20 de septiembre de 2020

Gonzalo Torrente Ballester: Los cuadernos de un vate vago

 
Idioma original: castellano
Año de publicación: 1982
Valoración: Está bien

Hasta ahora había leído libros de muy diferente origen y formato; pero no recuerdo haber conocido un texto procedente de grabaciones de voz en un magnetófono (puede que haya quien no sepa lo que es un magnetófono, pero para eso está la Wikipedia). Es justo lo que son estas reflexiones de don Gonzalo, registradas desde 1961 hasta 1972, para las más antiguas de las cuales (supongo que luego se iría modernizando) utilizó un Geloso, ingenio italiano bien bonito, uno de cuyo modelos aún hoy tengo el honor de poseer en mi casa (foto de por ahí abajo).

Por lo visto, al autor de Los gozos y las sombras y La saga/fuga de J.B. le hizo gracia la aparición de semejante aparato, y decidió entretenerse con él y de paso sacarle alguna utilidad. Por lo que se deduce del libro, Torrente utilizó las grabaciones sobre todo como apoyo a su trabajo literario, pero el formato hace que resulte inevitable una segunda función, seguramente no buscada, como diván de psicólogo. Son las dos vertientes que conviven en el texto, y que paso a exponer brevemente.

El periodo que abarcan las cintas es quizá el menos productivo en la trayectoria del autor. Buena parte de sus reflexiones están registradas durante sus largas estancias en Estados Unidos, donde ejerce como profesor de Universidad, y el hombre siente su creatividad atascada. Parece ser que no es muy amigo de tomar notas, y todo fluye en su cabeza, van y vienen ideas sobre sus personajes, la forma de encajarlos en el argumento y los distintos rumbos que este puede adoptar. Algunas le cuadran con lo previsto, otras le obligan a rehacer el trabajo o le hacen cambiar de dirección, y bastantes de ellas simplemente se le olvidan. Este hombre no parece ser el escritor profesional que se impone un horario para sentarse frente a la hoja en blanco y obligarse a trabajar. O sea que viene a ser una especie de anti-Murakami, ese metódico caballero a quien solo parece faltar un software de control laboral para fichar al inicio y al final de su jornada. Nada estajanovista, Torrente es un hombre normal, que siente la necesidad de escribir pero a quien muchas veces le puede la desgana y la pereza (de ahí el adjetivo del título). 

En esta época, aparte de otras obras menores, se encuentra pergeñando lo que luego sería La saga/fuga –iniciada con materiales de Campana y piedra, que creo que no llegó a publicarse como tal-, y ahí estaba precisamente mi principal foco de atención. Me interesaba saber cómo este autor tan poco dado a la fantasía y la experimentación se decidió por explorar caminos tan diferentes en esta obra. Pues en fin, curiosidad insatisfecha, porque en las reflexiones de Los cuadernos… no hay una sola pista sobre el tema, como si don Gonzalo no estuviese haciendo nada demasiado diferente de lo anterior y posterior. Así que desde este punto de vista –muy particular, lo reconozco- el libro decepciona las expectativas; no así si nos contentamos con escudriñar un poco en el proceso creativo, cómo se van fraguando las tramas o cómo percibe el autor el crecimiento de su obra, cómo los personajes van cobrando vida, enriqueciéndose o incorporando nuevos caracteres que a lo mejor cambian su fisionomía y exigen un replanteamiento del relato.

El otro aspecto que encierra el texto es indudablemente el personal. Como apuntaba antes, la confesión personal no es para nada el objetivo con que el autor gallego emplea el magnetófono, pero es imposible que no se filtre en horas y horas de grabaciones, muchas de ellas realizadas lejos de su tierra y su familia. Las cuitas de Torrente Ballester se van colando en los mensajes poco a poco, y en ocasiones adquieren un tinte bastante sombrío. Estamos ante el escritor que pasa por problemas económicos (o sea, un modelo bastante corriente), ya mayorcito (sobre los sesenta o poco menos), que siente el cansancio de las largas temporadas solo en Nueva York, va notando su salud poco a poco más deteriorada y se siente con frecuencia bloqueado en su trabajo y hasta se diría que aburrido. El hombre hace cálculos  sobre el tiempo que le falta para cobrar unos trienios y sobre las fechas en que ha de entregar su material para recibir algo del editor. Reflexiones propias de cualquier currante, pero que, no sé por qué, muchas veces no asociamos a un escritor.

Así que, bueno, es el típico libro para muy interesados en a) el proceso creativo, b) el autor en concreto, o c) lo que pasa por la cabeza de un tipo normal que se dedica a la literatura. Porque eso es lo que transparenta en el fondo de estas peculiares grabaciones: un señor mayor que, al mismo tiempo que se inventa historias y personajes, piensa con preocupación en cómo quedará su familia cuando él falte, echa de menos su casa y su país, y tiene que dedicarse a cosas que no le satisfacen del todo para ir tirando. Como usted y como yo. El oropel de los homenajes y el dinerillo de los premios vendría unos años después, pero él no lo sabía. 


Otras obras de Gonzalo Torrente Ballester en ULAD: La saga/fuga de J.B.La muerte del decanoFilomeno, a mi pesar

12 comentarios:

Lupita dijo...

Hola, Carlos:

Este tipo de libros también puede tener el interés de escudriñar una forma de vida, o de vivir el proceso creativo, que ha desaparecido, pero que aún es recordado por personas vivas.
Yo misma hice trabajos de campo con la grabadora en mano, recogiendo romances y coplas antiguas. Esa grabadora ( de tipo Sony, similar a un walkman) se ha roto hace poco y me ha dado una pena inmensa, porque aún oía en ella mis cassettes, para risa de mi familia. Me ha apetecido contarlo porque aún hay gente que hace cosas así.

En fin, que me apetece leer el libro, que Torrente es un escritor que me gusta y he leído poco, pero que, sobre todo, es por nostalgia.
Era un hombre tranquilo, afable, tradicional. Conocí a alguien de su familia, y sí, era poco dado a la fantasía.

Saludos, me voy a rebobinar mis cintas con el boli Bic.

Carlos Andia dijo...

Hola Lupita.

Torrente es un tipo que tiene algo de entrañable, quizá un poco cascarrabias y seguramente con mucho de esa retranca gallega. Un señor que da la impresión de haber sido siempre bastante mayor. Y como autor, no hace que diga que en mi opinión es uno de los grandes. Entonces el libro tiene su interés, pero también digo que se puede hacer algo repetitivo y un poco largo, porque obviamente no todo lo que cuenta es interesante, y don muchas horas de reflexiones que pueden llegar a aburrir un poco.

Pero, nada, si te animas a leerlo esperamos tu opinión.

Un saludo y gracias por tu participación.

Unknown dijo...

Reseña qué me ha llevado a imaginar aquellas series de teatro en tv..
Y no al ínclito Jorge Javier jy su sslvame omnipresente... Gracias Carlos. Ya sabeis qué en salamanca existe una estatua del autor en la cafetería novelty... Gracias de nuevo carlos Mayor Thompson

Juan G. B. dijo...

Ostras, yo ahora me imagino a Lupita en plan Mindhunter, entrevistando a psicópatas...; )
Lo de grabarse yo creo que lo hacen muchos esctritores, sobre todo de best-sellers (o de libros que aspiran a serlo) y luego le pasan las cintas a algún secretario/a que las transcribe. No sé, pero no me imagino a Ken Follett, por ejemplo, aporreando un teclado, desde hace años...

Montuenga dijo...

Yo terminé de amar a T. B. gracias a este libro. Había leído Don Juan y La saga fuga, entre otros, y solo me faltaba este libro para ser incondicional de él y de su obra.

Lo guardaba como un tesoro hasta que se lo regalé a un compañero que no dejaba de pedírmelo. Por supuesto, me lo volví a comprar. Han pasado mil años y ahí sigue.

Carlos Andia dijo...

Hola de nuevo y gracias a todos por los comentarios. Unas notas rápidas:

- Mayor, no consigo ver la relación del libro ni del autor con el teatro en televisión. Seguro que es obvio, pero no lo pillo, lo siento.
- Juan, pues yo no puedo concebir que alguien dicte un libro a una grabadora, la verdad. Otra cosa es ocurrencias, situaciones o cosas sueltas, como las que se narran aquí. Pero en fin, que no tengo ni idea de los métodos que se utilizan, solo recuerdo el de Murakami que comentaba arriba.
- Montuenga, el Don Juan es un considerable vacío que me encantaría llenar. Y por cierto, no tiene reseña.

Saludos generales!

Lupita dijo...

Hola:

Yo he conocido varios escritores con grabadora en mano, con la que tomaban notas o recogían sonidos o conversaciones de amigos. La grabadora era muy útil sobre todo para escritos de tipo académico, en los que hacer transcripciones fonéticas si fuera necesario, o recoger muestras del habla local, como el ceceo, el laísmo, las aspiraciones, etc..
Ahora esa función la ha suplido el móvil, y el cuaderno de notas del mismo para apuntar ideas.

Lo de dictar una novela, Juan, yo tampoco lo veo, pero seguro que hay quien lleva cuadernos por todas partes y notas grabadas en diversos cachivaches electrónicos. Por cierto, de mindhunter nada, pero sí que fui grabadora en mano a sesiones del parlamento, jaja.

En cuanto al método de escribir, también recuerdo haber oído a Rosa Montero hablar de que ella primero hace la estructura y luego le da forma, creo que se ayuda de alguna pizarra o similar.

Y bueno, el canon literario, los gustos personales, todo puede influir, pero, para mí, T.B. es uno de los grandes.

Saludos

Pepe M. dijo...

Una persona poco dada a la fantasía y la mayoría de sus obras rebosan de esta.

Carlos Andia dijo...

Literalmente, "autor tan poco dado a la fantasía y la experimentación". Desde luego no conozco la totalidad de las obras de Torrente pero de las que conozco, excepto La saga... me parece efectivamente un escritor "poco dado a la fantasía y la experimentación". Lo cual enlaza con el resto de mi razonamiento. Si el tuyo, Pepe M., llega a otras conclusiones, explicanoslo, porfa, pero no nos dejes con la conclusión colgando de la nada.

Un saludo.

Unknown dijo...

Carlos.. Era una comparacion de la tv del estudio 1.. Fortunata y jacinta. Con la telebasura actual... Pero no me explique bien... Perdon lo siento... Como diria.... Sm..
No volverá a ocurrir... Mayor Thompson

Pepe M. dijo...

Personalmente el primer libro que leí de Torrente fue "La isla de los jacintos cortados" y despues "Quizá nos lleve el viento al infinito". En el primero se produce un viaje en el tiempo para descubrir si Napoleón existió y la segunda es una trama entre espias de los dos bloques, donde uno de ellos puede tomar la identidad de cualquier persona a la que toque, quedando el tocado desinflado como un guiñapo.
En los dos la fantasía es lo predominante. Conocía "Los gozos y las sombras" y su realismo, por eso el leer estas dos novelas me produjeron una impresión especial.

Carlos Andia dijo...

Pues con esos dos ejemplos voy a darte parte de razón, aunque se podrían poner otros (Los gozos, Filomeno) que indican justo lo contrario. En todo caso reconozco también que cuando hablo de fantasía y experimentación me refiero más a lo segundo que a lo primero. Vaya, que en cualquier caso tengo que admitir que ha sido una expresión por lo menos confusa.

Gracias por las precisiones y un saludo.