jueves, 30 de abril de 2020

Colaboración: Tierra de amor y ruinas de Oddný Eir

Idioma original: Islandés
Título original: Jarðnæði
Traducción: Fabio Teixidó
Año de publicación: 2019
Valoración: recomendable (o no)



Es una novela muy rica en temática, aunque debo advertir antes al lector de que es como pasar una tarde escuchando las batallitas del familiar más lejano que conozca. Que esto no confunda; me ha gustado, aunque sus páginas merecen ser leídas poco a poco y dejando reposar en la mente cada capítulo antes de pasar al siguiente. 

La autora, en boca de la protagonista, se nos presenta como una escritora que trata de comenzar una nueva vida investigando su identidad a través de su tierra natal y de sus raíces familiares; una conexión muy acertada. La obra fluctúa entre el diario y la novela de viajes, incluyendo algunos saltos temporales que no tienen tanto peso en el conjunto general de la obra. Quizá sean representaciones de la inspiración que necesita la propia escritora, ya que ejerce una importante labor de documentación al visitar lugares tan significativos como la tumba de los hermanos Dorothy y William Wordswoth, en Inglaterra; o las calles de París, una de las ciudades cumbre de la literatura moderna. Como menciones de autoridad no están mal, pero da la impresión de que se han metido a la fuerza, ya que no aportan mucho más al argumento en general.

La novela explora temas tan variados como inconexos entre sí: arqueología, filosofía, identidad familiar, economía o ecología, entre otros. En otras palabras, no se sabe muy bien a dónde quiere llevarnos la autora con todas esas cavilaciones. A veces, posiblemente por no conocer bien la cultura islandesa, la lectura se hace pesada, pero se pueden extraer pequeños momentos de lucidez, sobre todo relacionados con el amor por la naturaleza y la (re)conciliación de la tierra con la civilización. Estas reflexiones son uno de sus puntos fuertes; sin embargo, esta carga ecologista no es nada nuevo, ya que parece ser ya un lugar común en la literatura nórdica. Que sirva como ejemplo el nuevo género del que hizo gala Arto Paasilinna en El año de la liebre: el humor negro ecologista.

El otro tiene que ver con la intimidad que la autora crea con el lector desde lo más básico: el hogar. Aunque el trasfondo de lo que cuenta sea más profundo, la protagonista describe distintas escenas que son muy fáciles de imaginar. No requieren una búsqueda exhaustiva de vocabulario ni abordan sentimientos o puestas en escena imposibles. Representan momentos mayoritariamente cotidianos, por lo que no es difícil verse representado. Si fuera una película, sería tremendamente lenta, pero al ser un libro esa lentitud se percibe como un momento de desconexión y de pausa para disfrutar en soledad. Da tiempo a ver todo lo que sucede. 

En cuanto a los elementos literarios, la autora hace uso de su maestría al utilizar recursos como la personificación, la sinestesia y las alusiones a estímulos sensoriales en general. De hecho, se podría describir Islandia con este libro tan solo a través de estas referencias: paisajes que tienen vida propia, el fuerte olor a pescado, el sonido de los animales, etc. Precisamente los animales juegan un papel fundamental en la representación de las personas. La protagonista se refiere a sus seres más queridos mediante una “animalificación” que convierte a su amante en mochuelo, y, a su hermano, en búho. 

En definitiva, no es una novela para leer con prisa. La autora nos manda un poderoso mensaje sobre la importancia de reconciliarnos con nuestras raíces, en todos sus sentidos: la naturaleza, la patria, la familia, el hogar. Todos esos elementos que terminan conformando la identidad de cada persona. No la recomendaría a alguien que busque un libro para entretenerse. Tierra de amor y ruinas es un libro para sostener en una mano mientras en la otra se sujeta un mapa de Islandia. Puede que, cuando lo relea dentro de unos años, descubra nuevas referencias que ahora son invisibles.

Firmado: Lucía Blázquez

miércoles, 29 de abril de 2020

Joseph Sheridan Le Fanu: El pacto de sir Dominick

Idioma original de los relatos: Inglés
Título original de los relatos: Madam Crowl’s Ghost / Sir Dominick's Bargain / Schalken the Painter / Ghost Stories of the Tiled House / The familiar
Traducción: José Luis Piquero
Año de publicación del volumen: 2018
Valoración: Recomendable

Carmilla ha eclipsado el resto de la producción terrorífica de Joseph Thomas Sheridan Le Fanu (1814-1873). No obstante, hay que recordar que el escritor irlandés tiene en su haber relatos de temática sobrenatural la mar de reivindicables, además de susodicho clásico.

Por ejemplo, aquéllos que La Isla de Siltolá ha seleccionado para la antología que hoy traigo a colación, titulada El pacto de sir Dominick. De estirpe gótica pero más cercanas a la cotidianidad victoriana, estas cinco narraciones deleitarán a los amantes del terror canónico. No son particularmente profundas, pero entretienen de lo lindo y exhiben una innegable labor de artesanía. 

El cuento que da nombre a la recopilación y "Schalken, el pintor" son los que, a mi juicio, transmiten una sensación de pavor más intensa. Sus atmósferas están igual de conseguidas que las del resto de ficciones, pero su imaginería es superior en potencia visual. En cuanto a "El familiar", debo reconocer que he disfrutado su lectura; sin embargo, se alarga demasiado, no exprime con acierto la caracterización de su protagonista (el personaje más complejo, con diferencia, de todos los que aparecen en estas páginas) e introduce elementos arbitrarios al último minuto, como el búho de su prometida. Por lo que respecta a "El fantasma de la señora Crowl" e "Historias de fantasmas de la Casa de los Azulejos", señalar que, sin ser especialmente memorables, ambas piezas funcionan en tanto que pasatiempo escalofriante.


También de Joseph Sheridan Le Fanu en ULAD: Carmilla

martes, 28 de abril de 2020

Eduardo Lalo: Simone

Idioma original: español
Título original: Simone
Año de publicación: 2011
Valoración: muy recomendable

Hay novelas que pasan desapercibidas entre la gran marea de novedades que inunda el mercado continuamente y hay autores que pasan totalmente inadvertidos en los “circuitos habituales” desde donde se lanzan las promociones. Pero, por suerte, existen otros canales, otras vías a partir de las cuales informarse, y son los blogs, pero, no únicamente por parte de lo aportado por los reseñistas, sino también por los que comentáis las entradas. Y esta reseña se debe a uno de estos casos.

El relato empieza fuerte, narrando en primera persona la desolación de un ser solitario, el protagonista absoluto de la historia, alguien a quien la vida nada ya le depara ni él espera poder ofrecerle algo a ella. Pocas páginas bastan para expresar esa sensación, ese pesar, y el autor lo pone en boca de su personaje afirmando que «he sabido aguantar sin derrumbarme. Poco más he sabido hacer. Para eso sirve escribir o leer...». De esta manera el autor muestra su pesar a la vez que pone la escritura en primer plano, ocupando un lugar central en el relato también al afirmar que «ahora sé que luchar y escribir es lo mismo, haya o no algo contra lo cual hacerlo». Así, ya en las primeras páginas el autor reivindica la importancia de la literatura, el poder que tienen las palabras como vehículo, como canal a través del cual, no únicamente expresar sensaciones sino también utilizarlas como herramienta, como arma mediante la cual luchar contra el mundo, o incluso contra uno mismo. En estas potentes frases encontramos dos de los tres ejes principales sobre los que gira la historia: el derrotismo y la literatura; el tercer eje será una mujer, con el que se completa el potente triángulo sobre el cuál tejer esta magnífica obra.

Así, a través de esas palabras, nos habla del desánimo, un desánimo arraigado y vinculado a la ciudad de San Juan en Puerto Rico, su ciudad, una ciudad que es inherente a la propia obra de Eduardo Lalo, que se empapa de ella estrechamente en una simbiosis anímica (de un modo similar al que liga la escritura de Cărtărescu con Bucarest o a Sönmez con Estambul), formando el escenario en el que se desarrolla la historia; una ciudad a la que se siente arraigado, pero que se encuentra en cierta decadencia, que ya no deslumbra, que pierde magnetismo y fuerza, y que le acompaña en el desánimo que arrastra en la narración, una desazón que muestra al afirmar «levantarme, ver y oír la ciudad. Pensar que he echado a perder mi vida aquí y que ya es muy tarde. Pensar que hubiera podido ser igual en cualquier sitio, pero que no importa, que hubiera preferido cualquier otro sitio».

De esta manera, rodeado de su soledad, el protagonista ve y recuerda, contempla y atisba una sociedad de la que se siente ajeno, y desde esa distancia nutre la narración de frases de libros que lee y de conversaciones con amigos que le aportan motivos para reflexionar sobre sus días, sobre San Juan, sobre su pasado irreemplazable y su futuro casi escrito. El autor habla de las reflexiones que le inundan su pensamiento mientras observa escenas cotidianas de sus gentes y costumbres, una manera de pensar y actuar de la que se siente extraño y ajeno, como un cuerpo extraño en un mundo que le parece distante y distinto, buscando en él referencias que le vinculen sin acercarse demasiado a comportamientos que no comparte, o incluso que no entiende. Lalo parte del retrato de esas vidas casi anónimas, aunque no muy distintas de la suya, y se cuestiona, de manera elocuente y certera, que «¿Cuántos años en esta ciudad viendo cómo las historias de otros sirven para hilvanar la mía?». Así, narra su día a día en San Juan, una ciudad de la que afirma que «a ningún dueño de la ciudad, a ninguno de sus alcaldes, les importa la ciudad como a mí me ha importado, porque yo sé que no tengo salida, que nunca me podré ir de aquí. Ni el exilio me libraría de la ciudad. Sencillamente sufriría dos veces: por la ciudad y por estar lejos de ella». La potencia del estilo de Eduardo Lalo, su escritura, su pasión y admiración por ella sobrevuelan la narración añadiendo una capa de romanticismo al poder de las letras y, en esa reflexión sobre la ciudad, ambas esferas se mezclan hasta afirmar que «otros las fundan, las construyen y dominan, pero que los escritores son los que inventan las ciudades».

De esta manera, la desesperanza y la pesadumbre son una constante a lo largo del relato, en una narración en primera persona que no deja lugar a la distancia. La ciudad se hace infinita y eternamente interminable, afirmado que «Recorrí la ciudad bajo la llovizna. (…) Sobre esas cintas de pavimento había vivido la ilusión y la desesperanza, pero la edad hacía que ya todo fuera un exceso». Y, en ese estado contemplativo y apesadumbrado, el protagonista recibe una serie de mensajes que le intrigan y le turban, pues parecen apuntar directamente a sus inquietudes, unos mensajes que «era indudable que daban suficientemente en el blanco, como para que su sucesión se estuviera convirtiendo en una especie de cadena fabulosa, cuya magia estaba precisamente en que trascendía la noción habitual de la escritura y lectura de un texto». La sombra de una mujer que le persigue, enviándole anónimos de citas literarias que inducen a las de verdad, ocupando su mente de posibles y dudas, de desconfianza, miedo, temor y deseo despertando un misterio, una magia, que intriga al protagonista hasta el punto de ansiar llegar a dar con la autora de tales mensajes.

Con estas reflexiones llegamos a la mitad del libro, y a partir de aquí el libro cambia parcialmente de registro, decantándose decididamente hacia la parte sentimental, hacia la relación con la mujer misteriosa que le plantea dudas e inquietudes, arrastrando su vida y adaptándola a una existencia no compuesta únicamente por uno mismo. Una vida deseada de manera en gran parte irracional, situándola por encima de lo que la realidad aseguraba, una vida en la que «era como si supiéramos que el fin ya convivía con nosotros y que había que luchar por retardarlo». Así irrumpe el tercer eje de la historia, ese tercer eje que nos sitúa también en las contradicciones y ambigüedades de las relaciones complejas, por la situación o por voluntad, por la inseguridad hacia nosotros mismos y que proyectamos hacia los demás, o hacia la propia relación.

Pero como no hay obra perfecta, y a pesar de la profundidad emocional hábilmente narrada por Lalo que desborda talento al hablar sobre la soledad y las relaciones, lamentablemente en su tramo final se va por ciertos derroteros reivindicativos de la literatura portorriqueña y cubana que, a pesar de contener probablemente aciertos y abrir interesantes debates (que quizá merecerían ser tratados en un libro aparte o quizá un ensayo), diluyen en parte la trama principal y abren un abanico de reflexiones desligadas del desarrollo de un relato que merecía que se centrara únicamente sobre los temas con los que se inició: el de la soledad, el de las relaciones, el de la pasión e incertezas. El de la vida.

En cualquier caso, este pequeño apunte no debería empañar ni un solo momento la recomendación absoluta a la lectura del libro porque el relato que ha escrito Eduardo Lalo es de una potencia narrativa evidente y de una gran calidad literaria que deja profundas reflexiones y frases para el recuerdo y, a pesar de cierto desvío final, en el que irrumpen las ansias (justificadas) de querer reivindicar la literatura de su tierra, bien vale dedicarle una lectura en el escaso tiempo del que gozan nuestras limitadas vidas. Hay pocos autores que sepan transmitir tanto, que expresen tanta potencia en sus frases, que impregnen de tanta carga sus páginas; cuando das con ellos vale la pena decirlo y celebrarlo, y seguir explorando la totalidad de su obra para poder disfrutar de la literatura que, como el sugiere el propio autor, ocupa una parte central también de nuestra vida.

También de Eduardo Lalo en ULAD: Los países invisibles

lunes, 27 de abril de 2020

Jean Rhys: Ancho mar de los Sargazos

Idioma original: inglés
Título original: Wide Sargasso Sea
Año de publicación: 1966
Traducción: Andrés Bosch
Valoración: más que recomendable

De pocas novelas habré oído o leído más elogios a lo largo de mi vida lectora (para empezar, o acabar, en el Diccionario de literatura para esnobs) que de ésta de la escritora británico-antillana Jean Rhys, publicada casi 30 años después de haber estado por un tiempo en el "candelabro" literario, en la época anterior a la II Guerra Mundial. Ancho mar... supuso, pues, el redescubrimiento de esta autora nacida en Dominica y que se considera una de las primeras "novelas caribeñas"... al menos de las escritas en inglés, claro. Porque el Caribe, sus islas y sus gentes son en gran medida la médula, la columna vertebral en la que se sustenta esta obra. 

Novela que, sin embargo, nace, curiosamente, como una "precuela", spin-off o incluso fan-fiction de otra muy anterior y que, en principio, no relacionaríamos con el calor y la sensualidad tropical: se trata de la célebre Jane Eyre, de Charlotte Brontë, en la que aparece un personaje casi diríamos que fantasmal: la primera esposa del señor Rochester, Bertha -o Antoinette, en el libro de Rhys-, a la que tienen recluida por su locura. Jean Rhys se propuso pergeñar cómo habría sido la vida anterior dee sta mujer, hija de un hacendado esclavista de Jamaica y de una hermosa heredera de Martinica, antes y durante el comienzo de su matrimonio con Rochester; qué fue, si es que hubo algo, lo que le condenó a su estado de demencia.

Dividida en tres parte, la novela está narrada en primera persona, aunque la primera y tercera partes,más ciortaas, lo sean por Antoinette -Cosway antes de su matrimonio- y la segunda, por su marido Edward Rochester. En mi opinión, la primera parte es la mejor de todas, incluso extraordinaria por momentos: narra la infancia y adolescencia de Antoinette, en medio de una pobreza creciente de su familia debido a la muerte de su padre y a la emancipación de los esclavos británicos en 1833, pobreza que dura hasta que su madre vuelve a cassarse con un adinerado inglés de apellido Mason.

En al segunda parte se relatan los primeros meses de matrimonio de Antoinette y Rochesteer, una vez establecidos -aunque parece más bien una larga luna de miel- en una finca familiar de otra isla, sin especificar -tal vez la Dominica natal de Rhys-; las desavenencias entre los recién casados, así como la aparente insania de Antoinette (no olvidemos que esta aprte está contada desde el punto de vista del marido) son cada vez mayores, influidos sin duda por el entorno, que se nos presnta de una sensualidad extrema, atrayente pero también maligna... y que contrasta de forma brutal con la frialdad en la que se desarrolla la tercera parte, ya en Inglaterra, prisionera Antoinette/Bertha en su propia casa -la de su marido, en realidad-; es decir, la situación que ya conocemos de Jane Eyre, con la primera señora Rochester devenida casi un fantasma que mora en el desván.

Porque en esto reside, aparte de en su calidad literaria, lo más interesante de la novela: que la señora Rochester, Bertha Mason/Antoinette Cosway representa el mayor ejemplo de ese arquetipo de la literatura inglesa del XIX que se conoce como "la loca del ático (o del desván)", ya analizada por Sandra Gilbert y Susan Gubar en un célebre ensayo feminista de los años 70, con ese mismo título. "La loca del desván" no sólo sería un personaje recurrente de cierto tipo de narrativa de esa época, sino que representarñía, simbólicamente, todo lo que la sociedad victoriana reprimía en las mujeres. las que se salían del papel de esposa, madre y feligresa ejemplar eran consideradas excéntricas, histéricas, perturbadas...locas, en una palabra (auqnue estos personajes también servirían como catarsis para que sus creadoras pudieran explayarse con ellas, atribuyéndoles todos esos caracteres  y comportamientos mal vistos socialmente). Lo que resulta incluso fascinante de esta novela de Jean Rhys es que además le da voz y protagonismo a este "arquetipo", que deja de ser así un fantasma, una presencia amenazadora de la narración; para la infeliz Antoinette, la amenaza son los demás...


domingo, 26 de abril de 2020

Luis Sagasti: Leyden Ltd.

Idioma original: Español
Año de publicación: 2019
Valoración: Recomendable (y raro)

La ciudad holandesa de Leyden (además de ser muy muy bonita) es famosa por tres motivos. A saber: por ser la ciudad natal de Rembrandt, por poseer la más antigua de las Universidades holandesas y por ser sede, desde 1917, del movimiento y revista De Stijl, en los que arquitectos, pintores, etc buscaron una expresión de la estructura matemática del universo y de la armonía universal de la naturaleza. Pero quizá esto no tenga nada que ver con Leyden Ltd. (o quizá sí).

Por otra parte, Ltd. es la abreviatura inglesa para Sociedad Limitada. Ya sabéis, ese tipo de sociedad en la que la responsabilidad de los socios se limita al capital aportado. Pero quizá esto no tenga nada que ver con Leyden Ltd. (o quizá sí).

Muchos quizás, muchas dudas, muchas sospechas y muchas preguntas en este artefacto literario del bahiense Luis Sagasti. Identidades falsas, ocultas o inventadas, personajes que desaparecieron abruptamente sin dejar rastro, sociedades secretas y/o utópicas, transfiguraciones, suplantaciones de identidad, coincidencias y casualidades son la base fundamental de un continuo juego de sombras y espejos "gracias" al cual asistimos a la reconstrucción de lo que pudo ser (o tal vez no) la historia y acciones de un colectivo utópico / artístico al estilo Pussy Riot o Luther Blissett y de alguno de sus posibles (o no) componentes.

Pero más allá de lo anterior, Leyden Ltd. es un más que interesante "tratado" sobre arte, poder y política. Tratado breve y fragmentario, eso sí, ya que son apenas 105 páginas (con alguna que otra fotografía) compuestas única y exclusivamente (chúpate esa, David Foster Wallace) por notas al pie, como si Sagasti diera a entender que lo fundamental, como tantas veces, permanece oculto y que lo realmente importante es dejar rastros fidedignos para no ser hallado. Notas al pie o rastros que, por separado, pueden ser leídas como aforismos, sentencias humorísticas o críticas, catálogo de referencias musicales y curiosidades histórico-geográficas y que, en conjunto, forman una maraña que tendremos que intentar desentrañar. 

En resumidas cuentas, un libro muy curioso, casi una performance, de un autor que parece hacer del riesgo una de sus señas de identidad (ese es, también, el recuerdo que conservo de Maelstrom, leído ya hace unos años). 

sábado, 25 de abril de 2020

Junichirō Tanizaki: La madre del capitán Shigemoto

Idioma original: japonés
Título original: 重本船長のお母さん (Shigemoto senchō no okasan)
Traducción: Luisa Balseiro Fernández-Campoamor
Año de publicación: 1949
Valoración: Recomendable

Parece inevitable que si hablamos de Junichirō Tanizaki nos venga inmediatamente a la cabeza el precioso ensayo El elogio de la sombra, algo así como una condensación, sencilla y poderosa a partes iguales, de lo que, tirando de tópico, podríamos llamar el alma japonesa . Un libro tan agradable de leer como instructivo para el lector occidental. Sin embargo, Tanizaki trabajó sobre todo la novela, así que iba siendo hora de sondearlo un poco por ese camino.

Lo que nos presenta en esta ocasión es una reelaboración de un antiguo cuento medieval, al parecer ya citado en la descomunal Historia de Genji. Todo gira en torno a la dama de Ariwara, una joven de belleza inigualable, casada con el anciano Kunitsune, un octogenario de cierta posición social, algo así como un noble de segunda fila. En torno a la muchacha (cuyas virtudes físicas realmente muy pocos conocen de verdad) revolotean diversos candidatos, pero ninguno tan enamorado como su propio marido. Es el primero de los dos núcleos fundamentales del relato: la presencia de su joven esposa insufla vida en Kunitsune, que no solo conserva suficiente vigor para engendrar un hijo, sino que se aferra desesperadamente a la dama, no se cansa de contemplarla y agasajarla hasta donde le es posible. Las dos caras de la vida se reúnen en esa casa sombría, donde la joven es la luz que alimenta al viejo en su decadencia.

Pasados los años, el magnetismo reaparece en una forma diferente. Shigemoto, el hijo nacido de esa desigual relación, busca revivir el amor de su madre a la que perdió de vista siendo un niño pequeño. Apenas conserva unas imágenes borrosas de ella, pero necesita volver a sentirla, con la misma intensidad con que el anciano anhelaba su presencia. La misteriosa fuerza de la juventud, de la belleza, de una forma de vida esencial, activa de forma similar a los dos personajes, no obstante sus diferencias.

Es en realidad un relato bastante sencillo, que quizá en formato occidental hubiera ocupado un puñado de páginas, pero los registros de la literatura japonesa son, como sabemos, bastante peculiares. Quede claro que la prosa de Tanizaki es fluida y ágil, no se demora en adornos o descripciones, pero sí que profundiza mucho más de lo que podemos acostumbrar en el gesto, la sombra o la actitud, y enfoca las situaciones desde distintas perspectivas hasta sumergir al lector en la atmósfera exacta de las circunstancias, sus protagonistas y su entorno. Lo diferente del paradigma literario se aprecia muy bien en los numerosos poemas que brotan a la menor ocasión: son casi siempre apenas un par de versos, algo parecido a un aforismo, a veces una especie de mensaje cifrado… algo cuya belleza no es tan fácil captar para un lector no habituado (yo mismo, sin ir más lejos).

Pero no todo son delicadas flores del cerezo o persianas que ocultan discretamente lo que no debe ser visto. La cultura japonesa tiene esa otra cara salvaje que puede resultar incluso más chocante. En nuestra novela, el momento en que se desata la acción fundamental no es otro que una fiesta, algo que comienza con los protocolos de la más rígida etiqueta y degenera en una juerga bárbara. El sake empieza a correr a ritmo desbocado como para hacer palidecer la bacanal de los hermanos Karamazov y naturalmente termina de muy mala manera, aunque con plena eficacia narrativa, porque sirve de gozne para enlazar los dos núcleos del relato a que me refería antes, esos dos amores obsesivos:  el crepuscular del anciano Kunitsune y el filial del pobre Shigemoto.

Se diría que el gusto por el detalle o el silencio, la extrema sensibilidad de la cultura japonesa, son tan radicales como sus inmersiones en lo sórdido, porque el episodio etílico viene acompañado de otros momentos también brutales, como cierta escena que bordea la coprofagia (con una buena corriente cómica, es verdad) o las terribles imágenes de la práctica de la Contemplación de la Impureza, un rollo budista bastante duro que constituye todo un punto de inflexión en la historia.

Puede que de mis comentarios se pudiera deducir una valoración más alta que ese recomendable que pongo arriba. Lo cierto es que el relato es de gran belleza, y puede que, más que durante la lectura, se aprecie con más intensidad según lo vamos rememorando y deteniéndonos en los detalles. Pero tampoco voy a negar que presenta también algunas disfunciones, le cuesta un poco coger el rumbo, hay pasajes en que el hilo parece perderse en derivaciones innecesarias, y peca en ocasiones de redundante. Aun así, tengo claro que merece mucho la pena conocerlo.

Otras obras de Junichirō Tanizaki en ULAD: El elogio de la sombra

viernes, 24 de abril de 2020

Andréi Platónov: La zanja


Idioma original: Ruso
Título original: Kotlovan
Traductora: Marta Sánchez-Nieves
Año de publicación: 2000*
Valoración: Exigente


Algunos estudiosos consideran que La zanja es una obra maestra, la mejor que tiene en su haber el escritor ruso Andréi Platónov. Quién sabe. Lo que no se puede negar es que esta es una novela densa, de una potencia conceptual inusitada, arriesgada en la forma y plagada tanto de connotaciones filosóficas como políticas.

La editorial Armaenia la traduce por primera vez al español en una edición de lujo que, amén del texto definitivo del autor, incluye un iluminador posfacio y un interesante apéndice. Personalmente, hubiera disfrutado más esta ficción si el posfacio estuviera ubicado a modo de prólogo. Hace algún destripe de la historia (como el final), pero ayuda a contextualizarla y a apreciar el estilo que emplea, los temas que la sobrevuelan y las referencias que la enriquecen.

Lo dicho: estamos frente a una novela repleta de virtudes que, dada su exigencia, son difíciles de apreciar si no se tiene las herramientas adecuadas. Recomiendo a sus lectores que acudan primero al posfacio de Robert Chandler y Olga Meerson y luego den cuenta de este extraordinario trabajo de Platónov. Creedme: un "spoiler" es un precio justo a pagar con tal de experimentar La zanja en toda su grandeza literaria.


*En la década de 1930, Platónov cayó en desgracia con Stalin y su obra dejó de ser publicada hasta 1987. Kotlovan, por tanto, saldría a la luz el 2000, años después de haberse concebido. 

jueves, 23 de abril de 2020

AL FIN ME LIBRO DEL DIA DEL LIBRO

Puede que el título de la entrada de hoy os parezca un tanto chocante, provocador, quizá, o un simple clickbait para que nos hagan casito. Pero es que, por razones que huelga comentar, este año el Día del Libro, resulta de lo más anómalo; más aún, cabe suponer, en Barcelona, donde las tradicionales colas ante las mesas de los escritores del día de Sant Jordi son sustituidas por algunos ciudadanos que sacan a pasear al perro (varias veces al día, eso sí) o, sencillamente, la bolsa de la compra... Lo mismo ocurrirá cuando lleguen las fechas de la afamada Feria del Libro de Madrid o de las que se hacen en muchas otras ciudades. Las librerías están cerradas, sine die, en todo el país y en medio mundo, que sepamos; muchas de ellas, además, se enfrentan a un futuro complicado cuando vuelvan a abrir (si es que lo hacen y tocamos madera). Lo mismo parece esperar a muchas pequeñas editoriales, como consecuencia de una situación excepcional en la que, paradójicamente, es posible que estemos leyendo más que nunca.

No obstante, durante estas semanas de cuarentena / confinamiento / encierro (según lo lleve cada cual), ha habido por parte del sector del libro -entiéndase desde quien los escribe y los publica hasta quien los distribuye o vende- diferentes propuestas e iniciativas que, al mismo tiempo que alabanzas, también han generado críticas negativas o, en cualquier caso, cierto debate al respecto, que además, lejos de ser puramente especulativo, se revela crucial en estos momentos tan delicados: 
  • Por una parte, algunas editoriales e incluso directamente muchos escritores han ofrecido descargas gratuitas de sus libros, para solaz, se entiende, de quienes debemos quedarnos en casa. Iniciativa que fue muy aplaudida en un principio, pero que pronto despertó las objeciones de otros autores y editores que no lo han hecho y que consideran el ofrecimiento de libros gratis no sólo como una competencia desleal, sino una forma de devaluar todos los productos culturales (y perdón por emplear el término "producto" para estas cosas, pero estamos hablando de dinerito, al fin y al cabo...).
  • En segundo lugar, aunque relacionado con el punto anterior, está el de la venta de libros on line, dado que los puntos físicos de venta de libros están cerrados. Aquí las que se ven perjudicadas son las pequeñas librerías frente a las grandes cadenas comerciales (o, directamente, las propias editoriales) que, como es lógico, tienen una capacidad operativa mucho mayor. hay alguna editorial, empero, que ha ofrecido donar la parte correspondiente a la librería de la venta (un 35%) a aquella que le comprador prefiera. Claro, que también algún gran grupo editor ha tomado esta iniciativa para retorcerla de una extraña manera: el 10% del importe de las ventas se sortearán en forma de cupones de 10 € para gastarlos en librerías cuando pase el confinamiento disfrazándola de una supuesta solidaridad con las librerías que ya se ha visto que no es tal...
  • Y, enlazando con el tema del cierre de las librerías, también hay quien ha abogado por su reapertura, siquiera de forma parcial, por considerar los libros como un bien de primera necesidad. Curiosamente, o quizá no tanto, entre quienes han defendido esta idea se encuentra alguno de los escritores que más se leen -o que más venden- en España...
  • También se ha hecho evidente la gran descoordinación y falta de liderazgo, una vez más, por parte del gobierno (estatal o autonómico) que no haya tomado cartas en el asunto de manera rápida para buscar u ofrecer soluciones, dejando a cada uno a su suerte, ya sea librerías, distribuidores o editoriales. Eso ha generado que cada uno se buscase la vida, incluso estableciendo “soluciones” poco solidarias con el resto de afectados o con incluso los mensajeros (quienes ponen en peligro su salud haciendo llegar los libros al hogar de cada comprador). Por suerte, hay librerías o directamente editoriales que confían en la solidaridad y consciencia social de los aficionados a los libros que compran adelantando el importe y piden que les guarden los libros hasta que puedan ir personalmente a la librería a recogerlos cuando la situación se restablezca.
  • Y, por último, y dejando evidente lo apasionante y bonito que es el Día del Libro, ¿es positivo para el sector centrar gran parte de las ventas en un solo día (o semana)? ¿Tiene sentido que aproximadamente el 10% de las ventas de libros se concentren en tan poco tiempo, sometiendo al sector a un nivel de estrés muy grande, ya sea en editoriales para sacar libros antes de la fecha, librerías que reciben montones de novedades, lectores abrumados por tanta oferta? ¿No sería mejor, repartir los esfuerzos en diferentes momentos? ¿Tiene sentido dar al libro ese carácter de excepcionalidad en lugar de plantearlo como algo que continuamente debería estar presente y promocionado?

En esta entrada hemos intentado sintetizar el impacto que ha tenido el Covid19 en un sector tan delicado como el de la cultura; delicado por importante, pero también delicado por arrastrar desde hace tiempo una falta de inversión económica a nivel político que ha llevado, en muchos casos, a cierre de librerías. Habrá que repensar, desde las instancias gubernamentales hasta el último eslabón de la cadena, como redefinir un modelo en perpetuo estado de inestabilidad.

Nuestra propuesta hoy desde Un Libro Al Día es que vosotros dejéis vuestras opiniones en los comentarios a esta entrada y entre todos establezcamos un debate sobre los problemas y el futuro de este mundo del libro al que todos amamos. Incluso aquellos, que también los habrá, que podáis estar hasta el gorro de sesiones de firmas, casetas, mesas redondas y shows varios que se montan, otros años, en días y ferias del libro como el que NO se celebra hoy y viváis este día tan anómalo con no poco alivio. Eso sí, mientras no dejéis de leer... a ser posible, buenos libros como los que os recomendamos aquí. Y que seguiremos haciendo, por más que se empeñe cualquier virus en lo contrario... ; )


miércoles, 22 de abril de 2020

Elvira Navarro: La isla de los conejos

Idioma: español
Año de publicación: 2019
Valoración: se deja leer (aunque algunas veces se deja más que otras)

No había leído hasta ahora ningún libro escrito por Elvira Navarro y, dado que en distintas reseñas sobre los mismos (empezando por las de este magnificiente blog) he encontrado tanto elogios como dictámenes poco halagadores, debo decir que sentía cierta curiosidad sobre esta autora. Y ya se sabe que una buena forma de explorar la obra de los escritores que no conocemos puede ser algún libro de relatos, siendo en este caso, además, o eso creo, el último que ha publicado, La isla de los conejos

Tampoco creo descubrir algo nuevo si digo que los cuentos o relatos cortos disponen de una serie de procedimientos, casi fórmulas, para interesar y hasta encandilar al lector: está, por supuesto, el típico recurso a un giro o sorpresa final; también la técnica de contar una historia por medio de lo que no se menciona, más que por lo que se revela (aquello del iceberg que comentaba Hemingway). Por otra parte, hay relatos más atmosféricos o descriptivos y otros cuyo intríngulis consiste en llevar alguna idea o proposición hasta sus últimas consecuencias...  Tal es el principio que siguen muchos de los relatos de Elvira Navarro: agarrar una premisa u ocurrencia y llevarla al extremo, extrujarla hasta sacar la última gota de sus posibilidades cual limón en un exprimidor.

Aparte de ésta, los cuentos comparten otras características, comunes a casi todos ellos:
  • La mayoría están protagonizados por mujeres jóvenes -o todavía jóvenes- un tanto descentradas, ya sea por encontrarse en medio de una crisis -de pareja, pérdida de un ser querido, víctima de circunstancias anómalas- o por sentirse, sin causa evidente, bastante desubicada en la vida, así en general.
  • Casi todos los relatos, también, y pese a que sus argumentos sean de lo más variado, se desarrollan en espacios periféricos, incluso marginales o, cuando m,enos, alternativos a la "normalidad " del centro de las ciudades o de la propia sociedad: puede tratarse, directamente, de la banlieu parisina o del extrarradio de otras ciudades -Talavera, Zaragoza-, pero también terrenos baldíos, parques descuidados, barrios degradados, isletas del Guadalquivir... Y aunque asimismo hay grandes islas, como Mallorca y Lanzarote, en estos casos las historias se ambientan en una finca de la Tramuntana y en hotel de un pequeño pueblo, respectivamente. Incluso cuando la trama se desarrolla en Madrid, como ocurre en Notas para una arquitectura del infierno, se trata de espacios más bien atípicos, como una clénica psiquiátrica o una iglesia de dimensiones inasibles... (Esta querencia por lo periférico, por las geografías más bien desabridas, cuando no desoladas, parece ser que le viene de lejos a esta autora, por lo que sé de alguno de sus otros libros y, sobre todo, por su blog madridesperiferia.blogspot.com, en el que explora las facetas de estos espacios y que, por lo que he leído en una entrevista, va a servir de base para un libro que está preparando).
  • Una evidente tendencia hacia la morbosidad, entendiéndola no como lo sexualmente escabroso o la violencia friki, sino ese recrearse en lo que resulta, en principio, desagradable o enfermizo, como quien hurga con un palillo en una encía infectada -la analogía, en este caso, no es casual-; también el rebozo en lo simplemente cutre, como ocurre en los relatos Las cartas de Gerardo y Regresión.

¿A qué se debe la valoración, algo regulera, que he hecho de este libro? He de aclarar que no se refiere a todos los relatos por igual, sino que sería algo así como una "nota media": así, en esta recopilación encontramos, según mi opinión, un cuento muy bueno (o de lectura muy absorbente, al menos... aunque también he de decir que es de los más morbosos); justamente, el que da título al libro, que trata de la extravagancia de un falso inventor (!) y sus consecuencias. Después hay otros dos o tres bastante sugerentes: el ya mencionado Notas..., acerca de la obsesión de un joven por su hermano mayor; Memorial, sobre los recuerdos de una mujer que acaba de perder a su madre, y, en gran medida, La habitación de arriba, protagonizado por la cocinera de un hotel y sus sueños.

En principio, se diría que cuatro aciertos de once no está nada mal; el problema es que los otros siete relatos del libro oscilan entre los insulso y lo exasperante (aunque igual éste es el efecto buscado, que vete tú a saber...). Alguno hay, como La adivina, cuyo planteamiento resulta interesante, pero su concreción no acaba de cuajar, me parece a mí... Sin embargo,  el resto dan la impresión de tratarse de meras ideas o chispazos (de ahí lo de "ocurrencias" que he mencionado antes) que en algún momento le asaltaron a la autora y que ésta decidió desarrollar hasta el final, sin atender demasiado a su, es de presumir, sentido crítico. Y tampoco es que Elvira Navarro escriba mal, al contrario: maneja un estilo cuidado y un léxico harto rico (quizá hasta demasiado). Pero, en ocasiones, ser un buen escritor consiste también en saber lo que se debe tirar a la papelera. Aunque tal vez esa sea la parte más difícil.


Otros títulos de Elvira Navarro reseñados en Un Libro Al Día: La ciudad en inviernoLa trabajadoraLos últimos días de Adelaida García Morales

martes, 21 de abril de 2020

Louisa May Alcott: Mujercitas

Idioma original: Inglés
Título original: Little women
Traducción: Gloria Mendez
Año de publicación: 1868
Valoración: Recomendable



A Meg le gustan sus ojos (...) Brooke conseguirá hacerse rico de alguna manera, se la llevará y quedará un hueco en la casa; me destrozará el corazón y todo será de lo más desagradable. ¡Pobre de mí! ¿Por qué no habremos nacido todas hombres? ¡Entonces no tendríamos de qué preocuparnos!
(Jo March)

Si queremos leer Mujercitas más allá de los clichés cursis y facilones consolidados por algunas de las adaptaciones cinematográficas y por las mediocres etiquetas editoriales, entonces resulta imprescindible conocer el espíritu de la autora y las circunstancias que rodearon la publicación de su obra más aclamada. 

Efectivamente, que Louisa May Alcott (1832-1888) fuera feminista, abolicionista, sufragista y soltera por convicción no es algo que pase desapercibido en su novela a pesar de los muchos esfuerzos del editor por darle la pátina de «novela tonta para jovencitas» que creyó tener entre manos tras la lectura de los primeros capítulos; cuesta, por otra parte, imaginarse a ese mismo editor refiriéndose a Las aventuras de Tom Sawyer como una «novela tonta de gamberradas». En todo caso, el hombre decidió darles esos primeros capítulos a sus jóvenes —¿y tontas?— sobrinas que, tras su lectura le reclamaron imperativamente el resto de la historia. 

No obstante, la versión de Mujercitas que se acabó publicando fue objeto de recortes así como de la imposición de un final en el que la rebelde Jo acababa no solo casándose si no alabando las virtudes del matrimonio. Y es que según los cánones editoriales de la época, solo había dos desenlaces posibles en el arco dramático de una heroína: matrimonio o muerte, por lo que la feliz soltería con la que Louisa May Alcott había concluido las cuitas de su alter-ego Josephine March no tenía cabida alguna. Que la autora accediera a tales detrimentos responde únicamente a las necesidades económicas por las que atravesaba su familia y que Louisa May Alcott —al igual que Jo en la novela— antepuso al espíritu de su obra. Por tanto, su lectura debe abordarse con una atención y una sensibilidad especiales para, por una parte, poder leer entre líneas el mensaje que subyace y, por otra, no permitir que los convencionalismos de la época nos lleven a engaño. La novela tiene para todos:
«Todo iba de maravilla hasta el día de la inauguración, cuando surgieron algunas de esas pequeñas rencillas que es prácticamente imposible evitar cuando veinticinco mujeres, jóvenes y mayores, tratan de trabajar juntas a pesar de sus resentimientos y prejuicios.»
Y también:
«A Laurie, el sermón de Amy le hizo reaccionar aunque, por supuesto, no lo hubiese reconocido por nada del mundo. Los hombres rara vez lo hacen, porque cuando una mujer aconseja algo, los amos de la creación no aceptan sus instrucciones hasta estar seguros de que coinciden con lo que ellos mismos pretenden hacer.»
Resumen resumido: la vida de las cuatro hermanas March (Meg, Jo, Beth y Amy) desde que entran en la adolescencia en ausencia del padre —que se halla luchando en la Guerra de Secesión—, y bajo la amorosa tutela de su madre, hasta que cada una de ellas encuentra su camino vital y se sumerge de lleno en la vida adulta. 

Mujercitas es una bildungsroman coral en la que destaca el personaje de Jo March (alter-ego de la autora). Desde un punto de vista puramente narrativo, Mujercitas tiene una prosa intachable con un estilo ágil y poderoso que resuelve tanto la descripción lírica como el diálogo mordaz. La trama está muy bien hilada y genera interés sin caer en giros inverosímiles. Pero lo mejor de todo es la construcción de los personajes, lo rápidamente que el lector puede formarse una idea de cada uno de ellos y distinguirlos del resto y sobretodo, qué bien retratadas cada una de las hermanas, con sus virtudes, sus contradicciones y sus torpes pasos hacia la vida adulta. Otro aspecto muy destacable es el tono positivo (que no buenista) que impregna toda la narración a pesar del cúmulo de desgracias que irrumpen con la misma naturalidad que en la vida real. El modo en el que Beth acepta la posibilidad de su propia muerte me ha dado uno de los momentos literarios más bellos que recuerdo. Mujercitas no es una obra superficial ni cursi ni «para mujeres» como a menudo se ha intentado retratar, es una novela cargada de valores que hoy resultan perfectamente vigentes porque son universales. El único aspecto que resulta más anacrónico es la voz editorial de la narradora que aparece de vez en cuando para guiarnos en la lectura y la reflexión, pero eso es algo muy común en los clásicos del XIX y si no se lo reprochamos a Galdós tampoco a May Alcott.

Así que Recomendable porque es una historia muy bien escrita, una oda lúcida y amorosa al viaje hacia la edad adulta. Diría que es Imprescindible como hito en la literatura porque pone el foco en el universo femenino, demostrando que la envergadura de los conflictos internos que albergan las mujeres en el pequeño ámbito familiar y «doméstico» son igualmente trascendentes para el ser humano. Su éxito arrollador en el mercado se debió a que por primera vez las lectoras se vieron fielmente reflejadas en una historia de ficción y pudieron proyectarse en ella. Lo femenino se convirtió en universal.

Mi experiencia lectora con Mujercitas ha sido enormemente grata y reconfortante, casi balsámica. La inmersión en una historia que pone el foco en la generosidad, la resiliencia, el amor entre iguales y el perdón no cae en saco roto y mucho menos en estos momentos tan delicados e insólitos que estamos viviendo.

En cuanto a las adaptaciones cinematográficas, la única que realmente ha indagado en el espíritu de la obra original es la de Greta Gerwig en 2019 que me parece una auténtica joya narrativa y un absoluto deleite. Nos hallamos frente al insólito caso en el que la película ha logrado —con maestría, belleza e ingenio— restaurar el espíritu de la novela (que había resultado tan deteriorado por las circunstancias) así como reivindicar su merecido lugar entre los grandes clásicos. Vale la pena haber leído la novela antes de ver la película para comprender y disfrutar la maravillosa filigrana que ha entretejido Gerwig entre la obra de ficción y la vida de la autora con gran delicadeza y acierto. En tres palabras: ya estáis tardando. 

Entonces, parece que todo estupendo ¿no? Casi. 

Desgraciadamente, el título de la novela ha envejecido realmente mal porque a día de hoy la palabra mujercita aislada del clásico invita más a la huida que a la lectura. El término mujercita no responde a ninguna realidad: las «mujercitas» o «mujeres pequeñitas» sencillamente no existen ya que cualquier personita que es más joven que una mujer joven, NO ES una mujer si no una niña y todos aquellos términos o expresiones que contribuyen a infantilizar a las mujeres o a sexualizar a las niñas están totalmente fuera de lugar y resultan rancios, ñoños y casposos. Si se hubiera titulado «Young women» o «The March sisters» no estaría ni mencionándolo siquiera. 

Y sobre las cubiertas, aunque la de la cabecera resulta muy original e invita a la reflexión, no refleja en absoluto la norma general. Prometo hablar largo y tendido de ello pero eso será en otra ocasión.

lunes, 20 de abril de 2020

Margaret Oliphant: La ventana de la biblioteca

Idioma original: Inglés
Título original: The library window
Traducción: Cristina M. Caladia
Año de publicación: 1896
Valoración: Recomendable

Margaret Oliphant (1828-1897), prolífica escritora, tocó diversos géneros: biografía, literatura de viajes, reseñas, ficción... De su vertiente narrativa hay que destacar, por un lado, sus novelas de costumbrismo decimonónico, y por otro, sus cuentos sobrenaturales.

A esta última categoría pertenece La ventana de la biblioteca, una ambigua historia de fantasmas con visos psicológicos y de crítica social que relata la obsesión de una muchacha. Nuestra protagonista está convencida de que una ventana tapiada da a una habitación. Allí cree ver, incluso, a un joven entregado a tareas intelectuales. Pero, ¿acaso no es cierto que «La vista es tan engañosa como el corazón»? Si la pobre alucina o no queda a elección del lector, dada la sutileza con que se exponen los acontecimientos.

El único reproche que se le puede hacer a este texto es que se alarga más de lo que su contenido reclama. Aún así, esta sobredimensión no impide que se lea con placer. De hecho, contribuye a darle una espesura propia de los calurosos días de ocio en los que se ambienta. Y es innegable que la prosa de Oliphant es agradable y fluida, y el misterio que rodea a la ventana ciega, intrigante. Esta novelita de menos de cien páginas también es capaz de exprimir varios de los elementos presentados en su introducción que durante el desarrollo del relato amenazaban por quedar suspendidos en el aire (lady Carnbee y su diamante, por ejemplo) y de terminar por todo lo alto con un final memorable preñado de connotaciones. Que está muy bien pese a su un tanto dilatada extensión, vamos.

Asimismo, hay que destacar que la La ventana de la biblioteca no renuncia a reflexionar sobre cuestiones sociales. El encierro doméstico que sufrían las mujeres en la era victoriana, sin ir más lejos, es su subtexto evidente. La cual es, dicho sea de paso, una temática recurrente en la obra de Oliphant, igual que la confluencia del mundo tangible y otro vinculado con lo fantástico.

La hermosa edición de La ventana de la biblioteca que hoy traigo a colación es de Pulpture y fue concebida el 2020. Pero dejad que añada, como dato curioso, que Funambulista ya rescató esta obra en 2019, con una traducción distinta, en su antología Cuatro damas del misterio. Parece que el trabajo de Oliphant, hasta ahora bastante ninguneado en nuestro idioma, empieza a ser reivindicado. Ojalá no tarden en publicar más material suyo, la verdad. 

domingo, 19 de abril de 2020

Roberto Arlt: Los lanzallamas

Idioma original: Español
Año de publicación: 1931
Valoración: Muy recomendable

Dice la tercera parte del Plan General de Contabilidad español que “la memoria completa, amplía y comenta la información contenida en los otros documentos que integran las cuentas anuales”. No se me ocurre una mejor definición para “Los lanzallamas”, novela que completa, amplía y comenta la información sobre sucesos y personajes incluidos en  “Los siete locos”. De hecho, creo que la lectura previa de esta última es más que necesaria para poder comprender en su totalidad “Los lanzallamas”.

Digo que completa, amplia y comenta la información porque, pese a la innegable continuidad cronológica y temática, se observan algunos elementos de ruptura.

Así, aunque Arlt hace arrancar la novela en el punto en el que lo dejó en “Los siete locos” y continúa  con el recorrido iniciado por Erdosain y con los planes de ese gran cínico que es el Astrólogo, en “Los lanzallamas” cobran relevancia ciertos flashbacks en los que se nos ofrece información clave acerca del pasado de algunos de los personajes. Gracias a estos hechos, entenderemos mejor a esos seres que transitan entre la humillación y las lágrimas, entre la angustia y la locura, y su búsqueda de una vía de redención a través del dolor. Por otra parte, a pesar de que Erdosain continúa siendo personaje central de la novela, Arlt profundiza en esta ocasión en los personajes secundarios. 

En cuanto al género, continúa siendo fundamental el componente filosófico-existencialista de “Los siete locos” – de hecho, buena parte de “Los lanzallamas” ahonda en las causas de la angustia individual y colectiva y en las formas elegidas por los protagonistas para huir de ella a través de diversas formas de pertenencia -, pero el aspecto distópico pierde peso a medida que avanza la acción y deja paso a formas que se acercan a la novela negra, policial o de misterio.

Otro aspecto significativo es que muchas de las escenas de “Los lanzallamas” se mueven entre la picaresca y la mística, entre lo teatral y lo onírico, lo que confiere a la novela un más que interesante matiz expresionista.  Así, se observan influencias que van desde el Lazarillo de Tormes (los hermanos Espila dando vueltas por la ciudad) hasta los momentos oníricos de Cartarescu, pasando por el omnipresente Dostoyevski.

Todo lo anterior hace que “Los lanzallamas”, individualmente considerada, sea una novela más variada, completa y compleja que “Los siete locos”, lo que no es óbice, sin embargo, para que su valoración sea ligeramente inferior. Creo que le perjudican una serie de páginas en las que Arlt se explaya sobre aspectos “técnico-organizativos” de la revolución social que predica el Astrólogo. Pecan de una excesiva reiteración y ralentizan el desarrollo de la novela sin ninguna necesidad.

Pese a lo anterior, “Los lanzallamas” es por sí sola una magnífica novela (imprescindible si consideramos el conjunto “Los siete locos” + “Los lanzallamas”) de un autor que creo que en España es, por desgracia, bastante desconocido).

También de Roberto Arlt: El juguete rabiosoLos siete locos

sábado, 18 de abril de 2020

Dario Fo: Aquí no paga nadie

Idioma original: italiano
Título original: Non si paga! Non si paga!
Traducción. Carla Matteini
Año de publicación: 1974
Valoración: Bastante recomendable

Dario Fo, dramaturgo italiano y Nobel de Literatura en 1997, tiene (tenía) una virtud maravillosa: en prácticamente todas las imágenes que tenemos de él aparece sonriente. Entiéndame el lector, encontrar un rostro risueño, que transmite simpatía y ganas de vivir es algo que yo al menos aprecio mucho, así que este señor ya de entrada me caía bien.

La risa es el elemento del que se vale don Dario en este comedia en dos actos para presentar una obra que encaja bien en la etapa setentera en la que el autor se mojó, y bien mojado, ante la injusticia social, los atropellos policiales o los gobiernos dictatoriales de la época. Fo era un tipo comprometido, algo alborotador y muy activo en la promoción de talleres de teatro e iniciativas de esa índole.  Como digo, la obra encaja bien en esa trayectoria, aunque con algunos matices, porque el tono es mucho más distendido, más ligero, no obstante su carga crítica, que en otros trabajos del mismo ciclo, como la famosa Muerte accidental de un anarquista, que tal vez traigamos por aquí en un futuro. Porque el señor Fo sonreía mucho en las fotos, pero también sabía ponerse serio.

Así que nos encontramos con una comedia, un vodevil que a primera vista es tan divertido que puede parecer inofensivo, un simple entretenimiento para echar unas risas sin más pretensiones, pero que de ninguna manera abandona el componente crítico característico del autor italiano. Antonia y Giovanni, Margerita y Luigi, son dos parejas obreras que se ven inmersas en un loco enredo cuando las mujeres participan en una pequeña rebelión en un supermercado: los precios han subido tanto que se sienten estafadas y, arrastradas por la indignación y el creciente vocerío, deciden llevarse los productos por ‘la voluntad’, o directamente haciendo lo que hoy día llamaríamos un sinpa. La ocultación de lo sustraído da lugar a sucesivas complicaciones, incluida la intervención de varios cuerpos policiales, todo en clave cómica pero sin perder de vista el origen del conflicto.
Los personajes reproducen en su nivel la dialéctica de los distintos tipos de lucha frente al sistema que les impide acceder a los productos necesarios. Giovanni se opone con rotundidad a esa especie de modestísima acción directa, porque antepone su honorabilidad y las directrices del Partido (Comunista), que rechaza semejantes veleidades ácratas. Mientras, Antonia, más dispuesta o más pragmática, inventa todo tipo de artimañas para sacar provecho de lo que ha conseguido llevar a casa. La pugna entre las dos posiciones es notoria durante toda la obra y no hay duda de por cuál toma partido el autor: en realidad, el mismo Giovanni está también de acuerdo en tomarse la justicia por su mano, aunque intente mantener su imagen de ciudadano honrado. 

El libro tiene la virtud de entretener dejando que el lector se sumerja más o menos, a su antojo, en el debate que se plantea. Si decide implicarse en él, tiene elementos suficientes, porque la política de verdad no puede ser indiferente a los problemas reales a pie de calle. Si por el contrario nos apetece limitarnos al aspecto humorístico de la obra, no hay más que dejarse sorprender por los gags, los diálogos absurdos y el tono popular de la farsa. Seguro que nos sacará unas cuantas sonrisas francas como las que exhibe el propio autor, y probablemente alguna que otra carcajada. Que tampoco viene mal.

P.D. Y aun presenta otra característica interesante: al menos en mi opinión, parece una obra bastante fácil de representar, con lo que muestra claramente su vocación popular y facilita su difusión.

También de Dario Fo en ULAD: Lucrecia Borgia, la hija del Papa

viernes, 17 de abril de 2020

2x1: "Conversaciones entre amigos" y "Gente normal" de Sally Rooney

Idioma original: inglés
Tïtulo original: Conversations with friends / Normal people
Traductoras: Ana García Casadesús / Inga Pellisa Díaz
Año de publicación: 2017 / 2018
Valoración: recomendables

(Ya escribí una vez esta entrada y se perdió; esto es algo que no le importa a nadie, más que a mí que tengo que volver a escribir las cosas que ya dije, pero si no lo digo reviento).

El fenómeno Sally Rooney. Hay obras y escritores que se nos presentan no tanto como tales obras o escritores, sino como un fenómeno, lo que evidentemente va más allá de lo literario y entra en el terreno del marketing. Así se catalogó a Sally Rooney en varios artículos, individualmente o como parte de una "nueva generación de narradores irlandeses", después de su primera novela Conversaciones entre amigos y su segunda novela, Gente normal. A mí, quizás por snobismo, me suelen echar para atrás los "fenómenos literarios", pero en este caso decidí darle una oportunidad, quizás porque habiendo vivido en Irlanda este país todavía ocupa un lugar en mi corazoncito. Spoiler para quien no quiera leer toda la reseña: me parecen dos buenas novelas, sin ser tampoco la repanocha. (1)

Historias románticas. En el fondo, en su más puro esqueleto narrativo, tanto Conversaciones entre amigos como Gente normal son dos historias de (des)amor: la primera gira en torno al affaire que mantiene la protagonista y narradora, la joven estudiante y poeta Frances, con Nick, un actor atractivo y maduro (2) casado con Melissa, fotógrafa y escritora de relumbrón (3), y que anteriormente tuvo una relación con su pareja de performances, Bobbi. En Gente normal asistimos a los ires y venires de la relación entre Connell y Marianne, desde que son adolescentes y Marianne es una chica marginada de la que Connell se enamora (y se aprovecha), hasta que se trasladan a Dublin y entran en la universidad, donde las tornas se vuelven: ahora la chica popular e integrada es Marianne, mientras que Connell tiene dificultades para encontrarse en ese nuevo mundo. En los dos casos, por lo tanto, el eje central de la trama son dos relaciones tormentosas, llenas de malentendidos, silencios,

Novelas psicológicas. Más allá del argumento romántico, donde mejor funcionan, creo, tanto Conversaciones entre amigos y Gente normal es como novelas de análisis psicológico de sus protagonistas: Frances, Connel y Marianne, pero también Melissa, Nick o Bobbi, o el abanico de personajes secundarios de Gente normal. Rooney consigue crear psicologías complejas y coherentes, y al mismo tiempo mostrar su evolución a lo largo del tiempo, con el proceso de maduración o aprendizaje de sus protagonistas. Esto es particularmente evidente en Gente normal, en que Connell y Marianne, a pesar de tropezar una y otra vez con las mismas piedras, aprenden con el proceso sobre sí mismos, sobre el otro y sobre las propias relaciones humanas y románticas, lo que hace que maduren, individualmene y como posible pareja (4).

Clase media/alta aspiracional. En cambio, no creo que estas novelas sean "generacionales", como se ha intentado vender, a no ser que se tenga un concepto bastante limitado de "generación". Los protagonistas de Sally Rooney pertenecen a un determinado círculo o tipo muy específico: de clase media (alta o baja), estudiantes de Trinity College y que pertenecen, o quieren pertenecer, a una cierta élite cultural o intelectual, ya que la élite económica (la clase alta) les está vedada. Y sin embargo, es a esa clase a la que parecen admirar y querer imitar, sobre todo en el caso de Frances, cuya relación con Nick y Melissa está muy marcada por la clase social (como la está, aunque menos y en otro sentido, la de Connell y Marianne). En cierto modo, los personajes de Rooney casi podrían funcionar como metonimias de una Irlanda que, salida de una pobreza casi milenaria, gracias al Tigre Celta pudo por un momento sentirse una nación rica y pujante, hasta que la crisis de 2008 vino a acabar con unos cuantos sueños e ilusiones. (6) Pero también representa a una clase media intelectual mucho más amplia, y no solo irlandesa, que pretende sustituir el capital económico que no tiene con capital cultural; pensemos en los protagonistas de las películas de Woody Allen o del 90% del cine francés.

El sexo y el género. Sé que ambas novelas se prestan también a lecturas interesantes desde el punto de vista del género, pero me siento menos capacitado para hacerlas. Es evidente que las protagonistas femeninas de estas novelas no se adecúan a los estereotipos marcados del género (en alguna entrevista he leído a Sally Rooney afirmar que "no cree en el género", pero no creo que se refiera a que no existe la oposición social/cultural masculino-femenino, sino a que no cree en los roles establecidos). También está clara la fluidez de las experiencias sexuales de los personajes, aunque la trama principal acabe centrándose en una relación heterosexual hasta cierto punto bastante convencional (aunque sea una relación "infiel"). Así, Conversaciones entre amigos y Gente normal acaban por ser, y aquí me arriesgo quizás a enfadar a algunos fans de Rooney, objetos literarios algo conservadores, en que ni el orden económico ni el económico ni el político-social son amenazados.

Bueno, sí, ¿y? "Mucha palabra, pero ¿te han gustado las novelas o no, Santi?" Sí, me han gustado, en el sentido de que son, sin duda, buenas novelas, bien escritas, con personajes bien construidos y tramas con un desarrollo sin fisuras (aunque algo repetitivas, en ambos casos y en determinados momentos). Que se haya transformado en un fenómeno literario-editorial quizás se deba tanto a esta calidad indudable, como a un cierto rupturismo (sobre todo en el contexto irlandés) por la independencia que muestran sus personajes femeninos, en relación con asuntos como el sexo, el dinero o la religión, rupturismo que sin embargo no llega a ser revolucionario, algo que habría sido más difícil de vender, en un contexto nacional e internacional. En fin, que son buenas novelas, sin ser la repanocha (7), como decía al principio.

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Notas:
(1) ¿Será esta la primera vez que se usa la palabra "repanocha" en Un libro al día?
(2) Maduro en edad, no tanto en personalidad.
(3) ¿Será esta la primera vez que se usa la palabra "relumbrón" en Un libro al día?
(4) Digo "posible" para que no se me acuse de hacer spoiler: Connell y Marianne empiezan y terminan, se ajuntan (5) y se separan tantas veces, que el lector tendrá que esperar hasta el final de la novela para saber si acaban juntos o no. E incluso después de que acabe la novela, quién sabe...
(5) ¿Será esta la primera vez que se usa la palabra "ajuntarse" en Un libro al día?
(6) Entre 2007 y 2009 di clase en Irlanda, cuando todavía se vivía bajo los efectos de Tigre Celta (aunque ya empezaba a notarse su declive. Algunos de mis alumnos se cogían un vuelo para irse durante el fin de semana a Nueva York de compras; en esa misma época se puso de moda que los novios llegasen a su boda en helicóptero; en un tren Cork-Dublín vi cómo dos chavalas adolescentes abrían una botella de champán con fresas como quien abre una lata de coca-cola. Este tipo de detalles de "nuevo rico" eran relativamente comunes en una época en la que parecía que todo el mundo ataba perros con longanizas.
(7) ¿Será esta la segunda vez que se usa la palabra "repanocha" en Un libro al día?

jueves, 16 de abril de 2020

Ray Russell: Juicio a Satán

Idioma original: Inglés
Título original: The Case Againts Satan
Traducción: Íñigo F. Lomana
Año de publicación: 1962
Valoración: Recomendable (con matices)

El padre Sargent se enfrenta a un caso de «histeria sexual»: una muchacha de dieciséis años, «encantadora, formal y educada», ha empezado a repudiar la parroquia local y a decir obscenidades. También se desnudó frente al predecesor de Sargent e intentó estrangularlo. El obispo Crimmings piensa que está poseída (no en balde, el contacto de un crucifijo la quemó) y ordena un exorcismo. Sargent, por otro lado, titubea.

Menuda sorpresa me he llevado con Juicio a Satán, de Ray Russell. Teniendo en cuenta que esta novela inspiró El exorcista de William Peter Blatty (y, por tanto, a toda la literatura de posesiones demoníacas en general), esperaba encontrar en ella una historia de terror convencional. Sin embargo, mis expectativas han sido completamente subvertidas.

En primer lugar, porque terror hay poco en estas páginas. Esto no me molesta especialmente, ya que el exorcismo es una mera excusa a través de la cual Russell reflexiona sobre la fe y la existencia del Diablo. Además, porque la intención principal de esta obra no es asustar al lector. Si acaso, pretende entregarle un estudio de personaje. Uno que versa sobre un sacerdote y las dudas que le atormentan.

A favor de Juicio a Satán debo señalar que:

  • Tiene un mensaje bastante nítido. ¿Será cierto que, como sugirió Baudelaire, «el engaño más ingenioso del Diablo consiste en persuadirnos de que no existe»?
  • Le da un arco a su protagonista.
  • La escena en que la chica poseída intenta seducir al predecesor de Sargent es cojonuda. 
  • La prosa de Russell es amena, pero también deja entrever el vasto conocimiento del autor acerca del catolicismo, y aloja citas puntuales a Shakespeare. Lo cual, admirablemente, no empaña a la obra con una capa de pretenciosidad.  

A continuación, destaquemos los defectillos que lastran Juicio a Satán:

  • Su confrontación entre religión y ciencia está poco lograda. El conflicto debería ser bidireccional, pero los personajes (e incluso el autor entre líneas) favorecen demasiado a la primera en detrimento de la segunda. 
  • Tampoco está muy lograda la narración omnisciente que emplea. Hay pasajes en los que el punto de vista se traslada del padre de la joven poseída, el cura o el obispo, a la ama de casa de la iglesia por espacio de unos párrafos, lo cual resulta excesivamente confuso, dado que las aportaciones de ésta última son, además de escasas, meramente testimoniales. 
  • El exorcismo en su conjunto se antoja anti-climático. Aunque insisto en que esto es perdonable, pues esta ficción no pretende ser una historia de terror al uso.
  • Su giro final es extremadamente previsible, y la labor semi-detectivesca que lleva a él podría haberse pulido un poco.
  • Es innegable que no ha envejecido del todo bien. Su intención transgresora, por ejemplo. Hay cosas que se enfocan como si fueran tabúes (y en la época y contexto en que fue escrita la novela lo eran), pero se tocan apenas de puntillas, con cobardía, y por tanto no impresionarán a los lectores contemporáneos. Asimismo, es difícil creerse ciertas reacciones de los habitantes del pueblo en que transcurren los hechos, pues en la casa parroquial se oyen gritos y aún así nadie interviene de forma contundente. Los norteamericanos tienen (o tenían entonces) una fe ciega en los representantes de Dios, por lo que veo. Algo estremecedor, si te paras a pensarlo.

A la postre, Juicio a Satán es una novela influyente que ayudó a cimentar los clichés que hoy en día abundan en el subgénero de posesiones: curas que dudan, posesiones que quizás no lo son, exorcismos... Entretenida y bien escrita, cuenta con alguna reflexión memorable y desarrolla a su protagonista. Sin duda, la recomiendo a los amantes de este tipo de narrativa. Eso sí, aviso que mucho miedo no da. Quizás si eres católico te inquietará un poco. Y bueno, a los que no somos creyentes nos perturbará por plasmar involuntariamente cómo una población entera se puede paralizar ante sus representantes celestiales. Que en este caso ellos sean los buenos de la película es harina de otro costal.   

miércoles, 15 de abril de 2020

António Lobo Antunes: De la naturaleza de los dioses

Idioma original: portugués
Título original: Da natureza dos deuses
Traductor: Antonio Sáez Delgado
Año de publicación: 2015
Valoración: está bien / recomendable para fans

No soy precisamente sospechoso de tenerle manía a Lobo Antunes: he reseñado ya media docena de obras suyas en este blog, incluida mi favorita, El esplendor de Portugal, llegué a entrevistarle para El Correo de Bilbao en su propia casa, y cada año cuando hacemos apuestas al Premio Nobel su nombre figura en mi terna de favoritos (en el sentido de que quiero que gane, y de que creo que puede ganar). Así que desde el respeto y la admiración profunda creo que puedo permitirme decir esto: António, deberías escribir menos. Y con "escribir menos" me refiero a dos cosas: en primer lugar, escribir menos libros, y en segundo lugar, escribir libros más cortos.

Escribir menos libros: si buscamos la lista de publicaciones de Lobo Antunes en los últimos años, vemos que va casi a novela por año (ha fallado el 2019, curiosamente). Entiendo que por una parte hay que vivir de algo, y por otra la máquina creativa que este señor tiene en la cabeza no parece pararse nunca. Pero esa sobreabundancia de novelas, me parece, hace que escriba ya con el piloto automático puesto, o dicho en otras palabras, que siempre escriba la misma novela cambiándole algunos personajes y escenarios.

En el caso de De la naturaleza de los dioses se trata de reconstruir (o "deconstruir", según cómo se mire) la historia de una familia de la alta burguesía lisboeta, encerrada en su mansión de Cascais y dominada por la omnipresente figura del patriarca (autoritario, machista, impotente, cruel, decadente) a través de las memorias de varios personajes interrelacionados; en Para aquela que está sentada no escuro à minha espera, quien reflexionaba sobre su vida era una anciana actriz en decadencia; en Sobre los ríos que van era el propio Lobo Antunes quien, de forma más autobiográfica, se sumergía en el torbellino de sus propias memorias,fundamentalmente de su infancia y de su relación con su padre. A estos temas comunes (el retorno a la infancia vista desde la vejez, la memoria como narración, la decadencia física y mental) se une, en otras obras, el trauma aún aparentemente vivo de la guerra de Angola y la descolonización, que en De la naturaleza de los dioses solo aparece de forma más implítica y secundaria.

Escribir libros más cortos: porque estas obras están escritas con el ya inconfundible estilo loboantunesiano (¿loboantunesino?), que mezcla el stream of consciousness de uno o varios personajes (con sus asociaciones aparentemente arbitrarias, sus saltos en el tiempo y en el espacio, sus dislocaciones sintácticas y semánticas), con diálogos fragmentarios, que en realidad son también más recuerdos de diálogos pasados que diálogos en sí mismos (y que muchas veces se repiten, como leti motiv traumáticos para los personajes). También porque el mundo creativo de Lobo Antunes es un mundo terriblemente árido y cruel, particularmente con las mujeres; es desasosegante leer centenares y centenares de páginas donde solo hay desprecio y humillación y violencia y frialdad, sin ningún espacio para la ternura, el afecto, la solidaridad, el humor o la esperanza.

Y aunque esta técnica narrativa produce efectos estéticos deslumbrantes, verdaderamente únicos, es también tremendamente exigente para el lector, que recibe un bombardeo de anécdotas, detalles, frases, imágenes y escenas que debe intentar asociar, en la medida de lo posible, a los personajes, tiempos y espacios ciertos. O quizás lo que se pretende es lo contrario, que el lector se pierda en la maraña de voces, y acabe por asumir que está leyendo la memoria de una mente-colmena, que abarca todos los momentos y lugares de la historia con una sola mirada. Sea una u otra cosa lo que se espera del lector (reconstruir o deconstruir la narración), el esfuerzo es muy grande y, seamos sinceros, muchas veces improductivo, porque no todas las páginas son geniales ni todas son necesarias para dar sentido a la obra.

Ya sé que habrá quien lea esto y se lleve las manos a la cabeza: ¡leer no tiene que ser fácil! ¡Una buena novela requiere un esfuerzo del lector! Y estoy de acuerdo, en general, en que no se debe ser facilitista y recomendar solo a los Dan Browns y Pérez Revertes de la vida; pero también creo que la literatura debe existir para ser leída y disfrutada, no sufrida, y los seres humanos tenemos nuestros límites (de atención, de concentración, de memoria). El mismo efecto estético, el mismo resultado narrativo, creo, concentrando la prosa y reduciendo el número de micro-historias incluidas en el texto. Una dosis más concentrada de la misma medicina (amarga, por otra parte) se consumiría mejor, y quizás hasta fuera más efectiva.

No se trata, naturalmente, de que De la naturaleza de los dioses sea una mala novela: Lobo Antunes, diría yo, es incapaz de escribir una mala novela. Pero creo que disfrutarla de verdad, solo la disfrutarán sus fans ya incondicionales, los que estén habituados a su estilo y a su universo y no se cansen nunca de él. Para los demás, incluso para admiradores como yo, acaba siendo un ejercicio algo repetitivo de maestría estilística, brillante pero agotador.

Otras obras de Antonio Lobo Antunes en ULAD.

martes, 14 de abril de 2020

Zoom: La respiración cavernaria, de Samanta Schweblin

Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: entre recomendable y está bien

La respiración cavernaria del título de esta novela corta o relato largo es la que sufre Lola, una anciana que se siente a punto de morir pero a la que no acaba de llegarle la muerte. Y como la muerte no llega, entretanto ella se dedica a prepararse siguiendo los pasos de una lista que siempre lleva consigo:

  -Clasificarlo todo.
  -Donar lo imprescindible.
  -Embalar lo importante.
  -Concentrarse en la muerte.
  -Si él se entromete, ignorarlo.

ÉL es su marido, de quien no llegamos a saber el nombre, que es el que se ocupa del quehacer doméstico, en la casa y el jardín, así como las compras, mientras Lola se dedica sobre todo a clasificar y embalar sus enseres en unas cajas que van almacenando en el garaje. Esta rutina diaria y reiterativa se ve alterada cuando a la casa de al lado se traslada una madre con su hijo, un chico que parece hacer buenas migas con ÉL y se convierte en una nueva obsesión para Lola...

La novela o relato -más bien esto último- va avanzando en círculos, tejiendo un discurso claustrofóbico y paranoico que nos mete en la cabeza de una anciana con evidentes problemas de desmemoria, demencia... o quizás no sean tan evidentes y algo se le está ocultando a ella y a nosotros... Porque en la historia encontramos también un misterio, más de uno, en realidad, y de esta forma, va constituyéndose como una curiosa y poco convencional narración detectivesca.

Ahora bien, La respiración cavernaria es ante todo un relato sobre la vejez, qué duda cabe... pero también sobre el desmoronamiento de nuestro mundo, delpequeño mundo de cualquiera, por bien ordenado y rutinario que sea; basta una desgracia, un imprevisto, a veces un sólo elemento externo que altere en alguna medida esa burbuja de familiaridad y certidumbre. Supomgo que sí, en eso consiste hacerse viejo, en perder la seguridad sobre las cosas, el conocimiento y el control -o la ilusión de tenerlo- acerca del mundo que nos rodea, que adquiere una fragilidad revelador ay aterrdoramente especular. Eso es algo que Samanta Schweblin sabe reflejar a la perfección en esta historia, hasta el punto de que casi duele al leerla. Será porque nos podemos hacer una idea de lo que nos aguarda...



Nota: Este relato largo  o novelita está incluido en el libro de la misma autora Siete casa vacías, publicado asimismo en España por la editorial Páginas de Espuma, que, como en otros casos  (Oh gheto mi amor, de Halfon, por ejemplo), ha editado algunos relatos de forma independiente e ilustrados por diferentes artistas, en este caso, con las estupendas ilustraciones al óleo, de corte realista de la también argentina Duna Rolando

Otros títulos de Samanta Schweblin reseñados en Un Libro Al Día: Pájaros en la bocaDistancia de rescateKentukis

lunes, 13 de abril de 2020

Xavier Mas Craviotto: La mort lenta

Idioma original: catalán
Título original: La mort lenta
Traducción: sin traducción a otras lenguas
Año de publicación: 2019
Valoración: recomendable

Hay veces en que la juventud de un autor se intuye por un atrevimiento narrativo inusual, incluso algo temerario o arriesgado. En otras ocasiones, se denota la edad por los temas tratados, por un estilo desenfadado o incluso por cierta inexperiencia. Pero hay otras donde sí, a pesar de que se vislumbra la temprana edad por ciertos aspectos narrativos o incluso el contenido (pues acostumbran a transmitir historias protagonizadas por personajes también jóvenes), el relato va mucho más allá, pues trata temas de mayor calado, profundos, y que dejan cierto poso reflexivo que uno no esperaba de antemano en un autor joven de tan solo veintipocos años.

El libro que nos ocupa empieza con el epílogo, que ya de muestras del sentimiento y emoción que envuelve el relato, con una prosa limpia y emotiva, cálida, aunque no cándida, pues en su comienzo narra una escena triste y melancólica, aunque se atisba un rayo de esperanza. Porque hay calma después de la tempestad, y una luz que, aunque brille tenue y difusa, puede ser suficiente para ver el futuro o quizás un nuevo comienzo.

Con este inusual inicio partiendo del epílogo, se evidencia uno de los aspectos más destacables de la novela, uno de sus grandes aciertos, y es la narración fragmentada en capítulos que no siguen un estricto orden cronológico en su totalidad. Normalmente esto demandaría un esquema o ser un autor muy detallista fijando escenas temporales clave que faciliten al lector la ubicación de cada uno de los capítulos, pero Mas Craviotto, sabiamente, los enumera de manera correspondiente a su orden cronológico. Así, el lector incluso podría ir buscando los capítulos acorde a su numeración, cortarlos, reubicarlos y leer el libro de manera continua cronológicamente, aunque perdería parte de su encanto pues los recuerdos (narrados y vivamente sentidos por los protagonistas) no tienen por qué guardar un orden cronológico. Los recuerdos vienen cuando vienen, sin orden ni elección, y apenas los recordamos con precisión. Porque la narración no tiene por qué avanzar hacia adelante para enriquecerse, porque la novela parte de la mitad de la historia, de la mitad de la vida, porque es importante saber hacia dónde va, pero eso no tendría sentido sin saber de dónde se viene.

De esta manera, la narración fragmentada (y parcialmente desordenada, aunque solo en lo tocante a episodios del pasado), permite al lector hacer saltos que permiten conocer a los personajes y saber cómo han llegado hasta aquí en cuanto a su manera de ser. Vemos episodios del pasado que van conformando su carácter en la mente del lector que establece conexiones temporales entre los episodios vitales y va entendiendo, poco a poco, su personalidad y los hechos que marcaron su vida. Porque la vida de los dos hermanos protagonistas, Aram y Lena, no ha sido fácil: la muerte de sus padres en un accidente siendo ellos aún jóvenes les marcó profundamente a nivel individual, pero también como hermanos; una muerte que fortaleció su relación fraternal a pesar de las grandes diferencias de carácter: introspectivo él hasta el punto de aparentar un pasotismo envuelto de cierta actitud nihilista hacia la vida, extrovertida y fuerte ella, o al menos en apariencia. Y una vida por delante, aunque con la mirada vuelta hacia atrás. Y una antigua relación de uno de ellos, que vuelve para renacer, o para volver a morir.

El estilo del autor es dinámico, desenfadado y atrevido (algo propio a la edad del autor que escribió la obra con veintipocos años), pero, a pesar de ello, el lenguaje es cuidado, es delicado, es acertado, con metáforas precisas que impulsan y añaden dotas de madurez a un estilo en apariencia juvenil. El paso del autor por la poesía se nota, y eso es algo que se evidencia en las metáforas elegidas meticulosamente, dejando abiertas reflexiones que interpelan al lector y llegan de manera altamente emotiva. (Nota: de hecho, no es la primera vez que destaco el pasado ligado a la poesía en novelas reseñadas de un autor, pues parece ser un rasgo común de un conjunto de prometedores escritores catalanes como Irene Solà o Eva Baltasar. Y se nota en el estilo).

El libro es interesante pues nos habla de los deseos vitales y de la pérdida, de la solitud y la dependencia, de los instintos y los miedos, de la vida y de la muerte, la muerte que llega de golpe, pero también la muerte lenta, aquella que va ocupando los huecos de la vida que por dejadez o desatino olvidamos, abandonando una vida que se va perdiendo por el camino, un camino que sólo comprendemos asi echamos una mirada atrás al pasado, un pasado que aparece y desaparece sin orden, como reflejos momentáneos de una imagen que nunca vemos del todo completa, como fragmentos episódicos de una vida que en su sucesión de hechos queda siempre a expensas de que queden rotos por un acto fortuito o una mala decisión. Porque a pesar de que nuestra vida es un continuo, hay momentos puntuales que suponen que la vida se rompa, o que tome una deriva hacia nuestra felicidad o nuestro abismo.

El estilo del autor es simple, entendiéndose como espontáneo, empático,  que acerca al lector a la narración, pues parece que hablan de la misma forma; un estilo que permite al lector conectar con los personajes, en sus diferentes edades y este se ubica mentalmente de manera totalmente natural en Aram y Lena, y los entiende, y los comprende, pues esas escenas y la manera en la que son más que contadas, vividas, rememoran a uno los recuerdos de una infancia que siempre deja capítulos abiertos,  y que somos incapaces de cerrar por más que pensemos en ellos. Igualmente, la narración en tercera persona es un acierto, pues analiza y describe sin juzgar el punto de vista de ambos hermanos, tan diferentes, tan distantes, pero tan íntimamente ligados por una estrecha relación de la que es difícil entender uno sin comprender al otro, a pesar que el peso principal de la narración está en Aram, por ser el eje central y núcleo común de los tres personajes.

Cabe decir, de igual manera, que la narración tiene algún punto flaco, y son algunos fragmentos algo naifs y especialmente los breves anexos que se intercalan en la historia a modo de apuntes vitales para conocer mejor los personajes a través de sus gustos, sus lamentos o sus proezas. Estos apuntes rompen la narración y se acercan demasiado a un público juvenil que no se corresponde con el trasfondo de la historia. El autor sobresale mucho más cuando entendemos a los personajes a través de sus reflexiones y comportamientos, sin detallarlos tan explícitamente, tan desde una supuesta objetividad que aparta al lector del acercamiento que el resto de la narración propicia.

El libro avanza en la vida de los hermanos, principalmente Aram, y a medida que avanza, retrocede en el tiempo, hacia el momento crítico de la muerte de sus padres. Y el libro se vuelve oscuro, se vuelve triste, se vuelve incluso hostil hacia una vida echada por la borda, hablando sobre una muerte que nació tiempo atrás, una muerte lenta que va llegando, poco a poco y sin hacer ruido. Una muerte anímica, de quien ve más pasado que futuro a pesar de la corta edad. Y nos habla de ella, y de las relaciones, con las personas, pero también con la vida. Y es en esa relación y en las reflexiones que el autor hace donde explota su potencial y donde demuestra que sus veintipocos años puede que no sean tan pocos, y que hay mucha vida vivida y más aún comprendida, y que la profundidad de una narración va emparejada con la capacidad del autor en llegar más allá de lo esperado. Se nota que Mas Craviotto tiene mucho que contar y espero con ganas que el futuro le depare lo que su prometedor presente augura.