Mostrando las entradas para la consulta Charlotte Brontë ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Charlotte Brontë ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de febrero de 2012

Libros para San Valentín: Shirley de Charlotte Brontë

Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1849
Valoración: Recomendable

En estas fechas tan señaladas (a pocos días de San Valentín), me llena de orgullo y satisfacción reseñar una novela romántica pero de calidad, nada de ñoñeces que animen a los lectores a poner candaditos en puentes italianos, ni best-sellers de medio pelo que narren romances descacharrantes entre niñas raras y muertos vivientes y/o licántropos.

No. No hablamos de nada de eso. Les aseguro que Shirley, una de las cuatro grandes novelas que escribió la mayor de las Brontë, no decepcionará a los lectores exigentes que busquen disfrutar de un buen libro romántico pero sin empalagar y que, por supuesto, no frunzan el morro al escuchar eso de "literatura decimonónica". Porque sí, vale, Shirley es una novela de amor decimonónica, pero para nada puede ser tildada de tostón machista y predecible: no se merece en absoluto estos descalificativos que suelen acompañar a las de su clase.

Narra una historia de amor pero también de amistad y rivalidad entre dos mujeres: Caroline Helstone, una joven rubia, introvertida, delicada y bondadosa, y la Shirley (Shirley Keeldar) que da título al libro, morena, enérgica y un tipo de fémina muy avanzado para su época gracias a su espíritu independiente y sus ideas progresistas. El objeto de deseo de ambas es el joven y atractivo Robert Moore, primo de Caroline, que por culpa de los tiempos combulsos en los que discurre la trama, ve peligrar la próspera marcha de su fábrica textil y teme una revuelta de sus trabajadores. Y aunque en un primer momento parezca que Caroline es la mujer de sus sueños, la arrolladora Shirley lo revolucionará todo. Pero también andará por allí Louis, el reservado hermano de Robert, para añadir áún más emoción al artefacto...

Y de folletín, nada. Las reflexiones personales que atesora, la entrañable amistad que cultivan sus dos mujeres protagonistas (condenadas a odiarse), el suave feminismo que destila, la digna punzada social que da, los hombres aparentemente de hierro pero íntimamente sentimentales que presenta, y el suave giro que da la historia de enamoramientos que le capitanea, hacen de Shirley un libro de alta calidad literaria y sólida textura humanista.

Curiosidades: al parecer, la dulce Caroline Helstone de Charlotte Brontë estaba inspirada en su hermana pequeña Anne, y la indomable Shirley era una recreación de la mediana, Emily, de haber tenido ésta mejor salud y prosperidad. Mientras escribía este libro, Charlotte vio morir a las dos, víctimas de la tisis.

También dicen que a partir de la novela, el nombre de Shirley, hasta entonces cosa de hombres, comenzaron a ponérselo a las mujeres.

Vamos, que amor pastelón no es lo que encontrarán en las páginas de este buen libro.

También de Charlotte Brontë: Jane Eyre

sábado, 11 de julio de 2009

Charlotte Brontë: Jane Eyre.

Idioma original: inglés.
Título original: Jane Eyre: an autobiography.
Año de publicación: 1847.
Valoración: Muy recomendable.

Leer esta novela es, ante todo, profundizar en la psicología de su protagonista.

Jane es una muchacha inteligente, seria y desdichada que, a pesar de todas las dificultades con que se encuentra a lo largo de su vida, consigue mantenerse firme en sus valores de honestidad, amor y lealtad, y alcanzar así una felicidad para la que no parecía en modo alguno predestinada.

Después de una infancia muy dura (tras perder a sus padres, queda a cargo de una tía cruel y es enviada después a un orfanato), al cumplir los 18 años consigue trabajo como institutriz a través de un anuncio.
Su vida en Thornfield Hall, donde se ocupa de la educación de una niña, Adele Varens, está llena de intensos altibajos debido a su relación con Mr. Rochester, dueño de la mansión y tutor de la pequeña.
Mordaz y sarcástico, establece con Jane una relación compleja en la que se entremezcla una profunda atracción con el orgullo de ambos, oscuros miedos y un secreto inconfesable que sólo se desvelará hacia el final de la obra.

Como no es cuestión de destrozarle a nadie el desenlace de esta historia (cuyo argumento es mucho más complejo de lo que, en un principio, cabe esperar), me limitaré a recomendarles su lectura, que garantiza varias horas de buena literatura.

Tras ellas, de forma inevitable, el lector se siente profundamente identificado con el personaje protagonista. Es como si uno se acostumbrara a ver el mundo a través de sus ojos, a comprenderlo a partir de sus pensamientos.

Jane Eyre es una gran novela, con todas las características de su época, pero algunas peculiaridades que en algún momento la hicieron, incluso, controvertida. Yo diría que lo "escandaloso" de esta obra fue que presentaba a una mujer fuerte, sincera, que se enfrentaba en soledad a muchas situaciones difíciles y actuaba ante ellas con libertad y osadía.

Un clásico que, sin duda, merece la pena conocer.

También de Charlotte Brontë en ULAD: Shirley

lunes, 12 de noviembre de 2018

Malditas cubiertas: «Marianela» de Benito Pérez Galdós

En muchas de las reseñas de ULAD se valoran puntualmente las cubiertas de las obras por cuestiones concretas, pero hay casos en los que reflexionar en torno a este asunto puede extenderse tanto como la propia reseña.

Por otra parte, cuando contemplamos la cubierta de un libro (nos parezca más o menos llamativa o bonita) esperamos que nos transmita algo de lo que vamos a encontrarnos en las páginas siguientes, ya sea una sensación, un lugar, un personaje, la atmósfera… y esa información bien conjugada con el título (otro gran temazo, damas y caballeros) influye mucho en el hecho de que ese libro sea finalmente abierto o no. Luego están las predilecciones personales: unos prefieren una imagen literal, otros se decantan por algo más simbólico o sensitivo, pero lo que desde luego no gusta es una cubierta que no tiene ABSOLUTAMENTE NADA QUE VER —ni por negación— con el contenido de la obra que precede.

Y por todo lo dicho, me llena de orgullo y satisfacción (¡je!) inaugurar esta serie sobre CUBIERTAS.

Marianela se publicó por primera vez en 1.878 y se considera un clásico de nuestra literatura, lo cual es motivo suficiente para que haya sido editada hasta la extenuación en diferentes momentos y bajo diferentes parámetros de mercado (no es lo mismo una edición escolar que una para un coleccionable de clásicos que una conmemorativa). No obstante, en mi ardua peregrinación me he encontrado tal variedad de cubiertas que me he visto obligada a su clasificación por estadios, partiendo de las que me parecen menos acertadas hasta llegar a aquellas en las que finalmente se percibe que sus creadores SÍ conocían esta obra de Galdós y a su entrañable protagonista, la Nela.

ESTADIO 1: WTF
Porque la contemplación de estos cuatro rostros femeninos con esos estilismos tan de su época (la que sea en cada caso) me sugiere cualquier cosa menos a la Nela que, de tan sencilla y montaraz, no llevaba ni zapatos. Y qué me sugiere, de izquierda a derecha:
  1. Biografía de María Antonieta.
  2. Lucy (natural de Nueva Jersey) mandó hacerse esta bonita fotografía para que su prometido Billy, alistado en la Guerra del Pacífico, la llevara siempre consigo y no la olvidara.
  3. Poetisa maldita que vivió —aunque muy poco— inmersa en la bohemia parisina de finales del siglo XIX.
  4. Una de las niñas de El sí de las niñas de Leandro Fernández de Moratín, le dijo «sí» a Jack Nicholson y hete aquí la terrible consecuencia.
ESTADIO 2: LA QUE SA LIAO 
Porque seguro que en el seno de todas las editoriales se cometen errores y, por qué no, se edita una novela con una cubierta que pertenece claramente a otra:
  1. Salomé de Oscar Wilde.
  2. La gitanilla de Juan Ramón Jiménez. Tiene a su favor ese aire de marginalidad del personaje de Galdós, pero hasta vista de perfil ya se percibe en esta gitanilla bastante más carácter del que se puede esperar de la dulce Nela.
  3. Jane Eyre de Charlotte Brontë o Agnes Grey de Anne Brontë o cualquier sensible dama envuelta en serias tribulaciones que amenazan su salud moral y física.
  4. Un hombre que camina en la oscuridad de un territorio inhóspito bajo la atenta mirada de una mujer fantasmal. Cumbres Borrascosas (y con esto ya cumplimos la cuota Brontë hasta el año que viene).
ESTADIO 3: PASTORCILLAS
A alguien se le ocurrió que tal vez la Nela fuera algo así como una virginal pastorcilla y eso desenterró todos los clichés del ideario ñoño. Valoremos al menos el conocimiento de que la historia transcurre en un entorno rural, que es un elemento determinante en Marianela. Así que nos vamos acercando:
  1. Pastorcilla full equip (canesú, flores en el pelo, etc) de las fábulas de Esopo y Lafontaine.
  2. Pastorcilla de pesebre en momento adoración del niño Jesús.
  3. Pastorcilla/doncella/ninfa de pintura renacentista.
  4. Primerísimo plano de pastorcilla (obsérvese qué serenidad y qué cutis, propio de la vida idílica de la que se pasa el día a la intemperie cuidando del ganado).
  5. Pastorcilla asilvestrada. Es menuda, prácticamente una niña, y está como engullida por la vegetación. Se acerca a la figura de la Nela algo más que las anteriores aunque el entorno parezca la verde Irlanda y no una población minera del norte de España.
ESTADIO 4: SI NON E VERO E BEN TROVATO
Y es que quien ha leído Marianela (o la reseña) sabe que se trata de un personaje de difícil catalogación, al que Galdós siquiera describe físicamente, y que pretender retratarla y captar además su mundo interior es meterse tontamente en un fenomenal aprieto. Por ello las cubiertas que desde mi punto de vista más se ajustan al espíritu de la novela, o bien se valen de una ilustración intencionada de la protagonista o bien buscan otro posible leitmotiv:
  1. Pablo y su lazarillo Marianela, una estampa característica de la novela en la que se percibe que Pablo está pero no ve y que Marianela ve pero no acaba de estar.
  2. Una niña/adolescente rodeada de oscuridad (simboliza la falta de cultura y de horizontes) que vive con un tormento interior (quizá demasiado a juzgar por su expresión pero me parece más acertado que la vacua serenidad de pastorcilla).
  3. La pequeña que se arropa con semblante triste transmite muy bien la soledad y la vulnerabilidad del personaje de Galdós (aunque estoy segura de que la pobre Nela nunca tuvo esos mofletes).
  4. El territorio agreste de la zona minera en el que transcurre la historia y que es casi un personaje más de la novela.
  5. Una flor silvestre arrancada y abandonada. A mi parecer, el modo más simbólico, emotivo e inteligente de captar la singularidad y el conflicto de la protagonista.
De todas maneras (y más allá de mis muy científicas elucubraciones) en asuntos así prima la sensibilidad de cada lector, a la que no deberíamos desoír porque, si bien se dice que no se debe juzgar al libro por la cubierta, no se ha dicho nada sobre juzgar a la cubierta por el libro.

miércoles, 2 de enero de 2013

Anne Brontë: Agnes Grey

Título original: Agnes Grey
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1847
Valoración: Recomendable

Las hermanas Brontë ya son viejas conocidas en este blog. Por aquí hemos reseñado Cumbres borrascosas, de Emily, la mediana, y Jane Eyre y Shirley, de Charlotte, la mayor.
En esta ocasión traigo una de las dos novelas que publicó Anne, la pequeña y menos conocida de las tres famosas hermanas escritoras de Yorkshire.

Lo bueno de las Brontë es que cuando uno coge uno de sus libros, ya sabe con qué va a encontrarse. Por eso, yo creo que es difícil que decepcionen. Es más, a mí varias veces me han sorprendido gratamente, porque no hay que olvidar que se trata de un grupo de escritoras autodidactas de mediados del siglo diecinueve que no se obsesionaron con buscar marido y criar hijos y que publicaron a base de tesón.

En Agnes Grey, los tintes autobiográficos son evidentes. Anne, al igual que sus hermanas, abandonó su cálido y protector hogar durante una temporada para trabajar de institutriz, la única salida laboral que tenían muchachas en su misma situación: jóvenes de clase media-baja pero con una educación y una amalgama de conocimientos (música, dibujo, idiomas...) notable.

A la joven Anne, al igual que a sus hermanas, su experiencia  como institutriz le pareció espantosa por culpa de sus jefes, familias adineradas compuestas por miembros estirados, mezquinos e hipócritas. Los críos de estas gentes solían ser unos maleducados y consentidos que podían llegar a ser realmente crueles por culpa de una educación exenta de valores sólidos y el convencimiento profundo de que eran superiores al resto de los mortales. Así, basta con saber un poco de la vida de las Brontë, de Anne, sobre todo, para comprender que Agnes Grey, la heroína de la novela, es un trasunto de la escritora.

Agnes es la hija pequeña de un pastor anglicano que se arruina por culpa de un negocio fallido y que en contra de la opinión de sus padres decide ponerse a trabajar de institutriz para ayudar a su familia. Pero la joven no sabe con qué va a encontrarse... Si la primera familia que la contrata, los Bloomfield, se caracteriza por su epatente falta de humanidad y su carácter soberbio y mezquino, la segunda, los Murray, un poco mejor, destaca por tener dos hijas adolescentes inversamente proporcionales a la virtuosa y disciplinada Agnes. Aún así, la joven institutriz tratará de hacer lo mejor que pueda su trabajo, sobre todo con la bella y vanidosa Rosalie, que acostumbrada a que todos los hombres suspiren por ella, no llevará muy bien que uno de los varones de su entorno entable cierta amistad con su criada...

Y en fin, ésta es la trama. Lleva claramente el sello de las Brontë, pero me han sorprendido su fuerte carga moralizante y su amplio abanico de citas y reflexiones religiosas.

George Moore, novelista irlandés, dijo de esta novela que es la narrativa en prosa más perfecta de las obras literarias inglesas.



martes, 29 de diciembre de 2020

Moderna de Pueblo: Coñodramas. La fuga de las secundarias

Idioma original: español
Año de publicación: 2020
Valoración: muy recomendable









(1) En 1837 una joven dama victoriana le escribió al famoso poeta del momento al que admiraba. En su carta se atrevía a adjuntarle, no con poca vergüenza, algunos de los versos que ella misma había escrito. No tardó en recibir una respuesta: 
«La literatura no es asunto de mujeres, y no debería serlo nunca. Cuanto más ocupada esté con sus propios deberes, menos placer obtendrá de ella, ya sea como perfeccionamiento o como ocio. No ha sido usted llamada a estos deberes, y cuando lo sea, tendrá menos ansias de celebridad. No buscará la emoción en la imaginación, pues ya traerán demasiada las vicisitudes de esta vida y las angustias de las que no ha de esperar quedar exenta, sea cual fuere su estado.» 
Esto le decía —con todo su cuajo inglés— el poeta Robert Southey a una jovencísima Charlotte Brontë. Afortunadamente para todos nosotros, ella no le hizo puñetero caso y, casi doscientos años después, la literatura universal se sigue nutriendo del universo Brontë mientras que de la existencia de un tal señor Southey muchos se acabarán de enterar ahora mismo. 

(2) Según datos recientes, en nuestro país más del 60% de los estudiantes de Bellas Artes son mujeres pero, sin embargo, tan solo el 17% de la obra que se expone en las galerías está firmada por mujeres.
 
(3) Bonus track sobre superheroínas (a pie de página), para los que lleguen al final del post con una sana curiosidad y no con una úlcera. 

¿Y todo esto qué tiene que ver con Coñodramas? Pues en realidad, lo tiene que ver TODO, porque esta novela gráfica trata de superheroínas —de las mundanas y de las otras—, porque habla de cómo las mujeres creadoras tienen que enfrentarse a más obstáculos que los hombres para que su obra llegue al público (y más si su obra habla de «cosas de chicas») y porque Coñodramas está arrasando muy a pesar de lo que opinen los Southeys 2.0

Resumen resumido: una ilustradora trabaja junto a su pareja en su próxima novela gráfica, Coñodramas, protagonizada por unas heroínas muy poco convencionales y con superpoderes aún menos normativos: sobrepeso, vello axilar super desarrollado y un fuerte olor corporal. Paralelamente, la ilustradora y sus amigas se enfrentan a diferentes obstáculos en todos los ámbitos vitales por el simple hecho de ser mujeres. 

Raquel Córcoles (AKA Moderna de Pueblo) nos presenta una apuesta muy interesante, refrescante y reveladora que no juega a la guerra de sexos, sino que está apuntalando dos principios básicos: en primer lugar, que lo personal es político y en segundo lugar, que todas las civilizaciones de nuestra historia se han nutrido durante siglos casi exclusivamente de las experiencias masculinas, y mientras no se le de visibilidad a la experiencia femenina no podremos formarnos una mirada universal sobre el mundo. 

Desde un punto de vista puramente narrativo, es una propuesta ambiciosa que lo da todo en cada una de sus páginas:
  • Un entramado bastante sofisticado en el que todas las tramas tienen un desarrollo propio al tiempo que se entrecruzan y reflejan mutuamente como en los espejitos de un caleidoscopio. No dejas de encontrarte perlas como Ríos de tinta y sangre, una pequeña novela gráfica dentro de otra novela gráfica.
  • Gran cantidad de recursos narrativos que se ponen en juego para sacar el máximo brillo a cada mensaje o escena. Un ejemplo muy divertido es cómo se explica el miedo a la soltería de una de las protagonistas mediante el tránsito por una casa del terror. 
  • La imaginación y el juego de metáforas visuales siempre cargadas de retranca. El cierre de la subtrama de las hormonas es graciosísimo y muy ocurrente.
  • Los detalles y el colorido, prácticamente no hay páginas sobre fondo blanco y el color en cada caso se emplea para dar mayor o menor intensidad, para resaltar más o menos a los personajes, para proponer un flash-back, etc. Al final todo es vivaz y luminoso como el tono de la narración. 
  • Los diálogos resultan naturales (incluso dentro del histrionismo de muchos momentos) y mordaces, capaces de llevarnos a la reflexión sobre algunas cuestiones. 
En Coñodramas se conceptualizan con ironía muchas situaciones injustas o absurdas que a base de repetirse acaban totalmente normalizadas: love bombing, efecto hermandad, síndrome de la invitada desconocida, la sobrina, la pitufina, el músico y la fan… pero Y REPITO no se trata de guerra de sexos. Si se emplea la exageración o la reducción al absurdo es para resaltar lo tóxicas que son, pero en esas situaciones hay de todo y también mucha autocrítica y autoparodia: el baby mobbing, el coño machista, la autora respetada, el cerebro dividido. Se normalizan los temas como la menstruación, el ciclo o las hormonas, y también se tocan cuestiones que afectan a los hombres: ¿vivir profesionalmente a la sombra de mi pareja me hace menos hombre?. También se pone sobre la mesa que dentro del colectivo «mujeres» hay muchas realidades y la importancia de reconocerlas todas. Y por encima de todo: sororidad, sororidad, sororidad. Y empatía.

Así que la próxima vez alguien se sienta tentado de arrugar la nariz ante una novela, película, opinión, artículo, ensayo, etc… por el simple hecho de que su autora o protagonista es una mujer, que piense que no solo está perjudicando a las mujeres, si no que se está autoimponiendo, y sin ningún motivo razonable, una miopía severa. O como decía mi adorada profesora de literatura de primaria, la implacable Teresa Sevillano: 
«A usted lo que le pasa es que le da igual ser un zoquete» 
Feliz 2021

(3) Cuando se estrenó Capitana Marvel en 2019, quedó patente el alcance total y absoluto de su megapower (lo que Carol Danvers lograba proyectando la energía que emana de su cuerpo tenía unos efectos nunca vistos). Menudo conflicto de intereses para los señores de Marvel que querían aprovechar como fuera el filón del #MeToo y la cuarta ola feminista con esta super-heroínA empoderada y poderosa sin precedentes (y más chula que un ocho) pero que cuando se incorporase al elenco de Endgame (ya era un secreto a voces) iba a hacer que a su lado Hulk, Iron Man, Thor y el Capitán América parecieran cuatro mequetrefes en una fiesta de pijamas. ¿Qué dijeron los Southeys 2.0 en RRSS al ver amenazada la hegemonía (o virilidad) de sus ídolos? (léase con el tono de alguien que está escocido en lo más hondo de su ser): Uy, pues si tan poderosa es ¿por qué no vence ella sola a Thanos? ¿por qué deja que muera tanta gente sin hacer nada si es tan justa e invencible?. 
Los señores de Marvel, que serán muchas cosas pero desde luego no son tontos, pusieron a trabajar a sus guionistas para resolver este conflicto de intereses que podía poner en peligro la lealtad de su público más añejo (o rancio). Y de ahí la conversación entre el Capitán América (CA) y la Capitana Marvel (CM) al principio de Endgame, que yo voy a transcribir a mi antojo porque el 2020 ya se acaba y ¿qué más puede salir mal?: 
CA: Los chicos y yo hemos estado hablando y como pareces bastante eficiente en esto de la lucha contra el mal, queremos ofrecerte que te unas a nosotros un tiempo. A ver qué tal. (Estamos acabados y acojonados, y nuestra única posibilidad de derrotar a Thanos es tenerte en nuestro bando) 
CM: Uy, ahora mismo me viene fatal. (Me paso yo vuestra aprobación por todo el Arco de Trajano) 
CA: Un poquito de responsabilidad, Capitana Marvel, que aquí va a morir mucha gente y si no nos ayudas pesará sobre tu conciencia. (No me obligues a rogarte que voy a quedar como un marica) 
CM: Yo comprendo que para vosotros defender la Tierra sea prioritario pero es que yo tengo bajo mi jurisprudencia varias galaxias enteras con centenares de planetas como el vuestro que también debo proteger. Pero prometo estar alerta. (No me lloréis con vuestras mierdas que bastante lío tengo yo y no me quejo. Ya me iré pasando, si eso.) 
Y de este modo (1) los señores de Marvel salvaguardaron la dignidad del Capitán América, Hulk, Iron Man y Thor (2) el entusiasmo suscitado por la figura de Capitana Marvel no se vio perjudicado y, lo más importante, (3) los Southeys 2.0 durmieron tranquilos una noche más, abrazados a sus muñequitos coleccionables de resina. 

miércoles, 6 de octubre de 2010

Grandes villanos literarios: Heathcliff en Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë

Idioma original: inglés
Título original: Wuthering Heights
Fecha de publicación: 1847
Valoración: Muy recomendable

El villano que protagoniza mi reseña dedicada a los malos malotes de la literatura no es otro que el legendario Heathcliff, el inolvidable galán vengativo de la famosa novela Cumbres Borrascosas, un huérfano de orígenes inciertos acogido por los bien situados Earnshaw, que se come al resto de los personajes.

Cumbres Borrascosas fue la única novela de Emily Brontë, la mediana y más misteriosa de esas tres hermanas escritoras de Yorkshire a las que les costaba horrores armonizar los dos mundos en los que vivían: el interior y el exterior. Sucedía que las tres mujeres, hijas de un severo pastor protestante viudo, y hermanas de un bala perdida llamado Branwell, fueron desde bien pequeñas aficionadas a resguardarse de la húmeda y triste realidad de su entorno a través de los libros y la escritura. Ellas mismas se crearon sus propios seres y mundos imaginarios, y los plasmaron en decenas de cuadernillos en blanco, soportes que más tarde serían sustituídos por cuidadas ediciones bien acogidas por público y crítica. Pero sus vidas personales no fueron tocadas por la fortuna: todas murieron jóvenes y Charlotte, la única que se casó, lo hizo embarazada.

Emily, como se ha dicho, la más solitaria y peculiar de las tres, con Cumbres Borrascosas armó una buena. Los personajes del libro, que viven en unas tierras tan húmedas, oscuras y solitarias como el páramo que las Brontë habitaban, sucumben sin reparos a las violentas pasiones que les agitan, las cuales incluyen amores clandestinos, relaciones incestuosas, venganzas retorcidas, bofetadas y empujones. Y en la época, un libro así era poco menos que un poemario en honor a Belcebú. Sin embargo, los años han hecho que esta intensa novela haya sido reconocida como un magistral atrevimiento de la señorita Emily, y algo mucho más meritorio que las obras más formales y contenidas de sus hermanas.

Y bueno, ¿argumentamos un poco? En esta trama decimonónica encontramos un amor salvaje y prohibido entre el asilvestrado y maltratado Heathcliff y la caprichosa y hermosísima hija de sus padres adoptivos, Catherine, la cual, finalmente, escogerá para casarse a un vecino lechuguino. La elección de la joven desata la furia de un ya de por sí enfadado con el mundo Heathcliff, y tras duros y trágicos eventos, el muchacho desaparece unos cuantos años para volver transformado en un adinerado hombre dispuesto a ejecutar su venganza: aunque sea, contra los descendientes de los que le hicieron tanto daño...

Por todo esto he escogido a Heathcliff como mi villano predilecto: porque posee una dualidad impecablemente mostrada. Y ello constituye un gran mérito por parte de Emily Brontë, escritora que en ningún momento juzga a sus criaturas borrascosas y nos enseña cómo cierto contexto provoca que un huerfanito asustadizo y primario acabe transformándose en un enamorado entregado primero, en un millonario hecho a sí mismo y deseoso de vendetta después.

La obra ha sido llevada al cine en varias ocasiones. Ninguna versión de las que he visto me ha gustado especialmente. Se habla de una nueva, con Natalie Portman como Catherine.

PD: el gato Isidoro, en su versión anglosajona, se llama Heathcliff...

sábado, 5 de julio de 2014

Jane Austen: La abadía de Northanger

Idioma original: inglés
Título original: Northanger Abbey
Fecha de publicación: 1816
Valoración: Muy recomendable

La abadía de Northanger fue el regalo que en mi pasado cumpleaños me hizo una buena amiga que conoce bien mis gustos, presentada en una agradable y bonita edición de bolsillo de la editorial Alianza con traducción de Miguel Ángel Pérez Pérez que invita a su lectura. 

Lo primero que llama la atención de esta novela de principios del siglo XIX es su autora, esa Jane Austen que no necesita presentación y que me consta que despierta tantas fobias como filias, hasta el punto de que hay personas que rechazan sistemáticamente comenzar a leer cualquier de sus obras temiendo encontrarse con avispadas heroínas de ojos brillantes y cutis pálidos envueltas en ambiguas relaciones con galanes esquivos que acaban siendo perfectos y fieles enamorados. Si hasta Charlotte Brontë, una de las famosas hermanas escritoras casi coetáneas de la Austen, criticó suavemente a la autora diciendo algo así como que escribía bien y con gracia pero con cierto aire a rancio y poco realista, demasiado idealista y happy end. Por no hablar de ese comentario de tan mal gusto que vertió Mark Twain sobre la pobre Jane, diciendo que había que sacarla de la tumba y volver a matarla golpeándola con uno de sus propios huesos...En fin. 

A lo que voy... Aunque yo misma prefiera novelas decimonónicas algo más amargas y con personajes más retorcidos que los que pintó Jane Austen, no puedo por menos de reivindicar las virtudes de la autora inglesa, a la que en muchas ocasiones creo que se infravalora. Por que sí, vale, puede que como dijo una compañera de instituto, casi siempre, "al final, todos se casan bien". Pero resulta que entre las páginas de esta mujer que tuvo una vida de soltera apacible y que podía escribir incluso rodeada de tropecientos sobrinos revoltosos, hay mucho más que cursilería y folletín. Hay ironía, hay brillantes análisis humanos (sobre todo, de mujeres deseosas de salirse con la suya), y hay temas que a día de hoy, siguen quitando el sueño al común de los mortales: frustraciones amorosas, desprecio de las altas esferas hacia los que están por debajo en la escala social, ganas de medrar, consciencia de las limitaciones y peculiaridades de uno mismo, etc, etc...

La abadía de Northanger, sin ir más lejos, parece que lo único que va a hacer es narrar en unas trescientas páginas una historieta para quinceañeras. Su protagonista es Catherine Morland, una joven inglesa bonita y obsesionada con las novelas góticas, que acude a pasar una temporada a otra ciudad, Bath, con unos parientes. Allí conoce a los trepas hermanos Thorpe, chico y chica, y a los misteriosos hermanos Tinley, chico y chica también. Del Tinley chico se enamorará casi al instante y tras algunos desengaños con los Thorpe, será invitada unos días a la colosal mansión de los Tinley, la abadía que da nombre al libro. Allí tendrá que lidiar con el temible patriarca de la familia, que pasará de halagarla a cogerle cierta tirria, y descubrirá que años atrás, la madre de los Tinley murió en lo que ella cree extrañas circunstancias. ¡Tachán! La función está servida. 

Pero resulta que la cosa da un poco más de sí, y eso porque, como he dicho antes, Jane Austen es más de lo que parece. Es mordaz sin perder la elegancia, es maliciosa, y no escatima en duros juicios a la hora de dejarnos claro lo falsa y manipuladora que puede llegar a ser la señorita Thorpe con tal de cazar a un buen partido, de lo tonta e ingenua que en ocasiones es Catherine hasta que finalmente espabila, o del mal que puede hacer un padre autoritario y avaricioso en un entorno en el que nadie le planta cara. 

Por todo esto, pido, una vez más, que no se tengan prejuicios "austinianos" con este libro. Hay párrafos enteros que merecerían ser transcritos íntegramente aquí pero que por falta de espacio no creo que sea adecuado. 

Porque hay cosas que nunca cambian, por muchos siglos que pasen, aunque se viva en mitad de la campiña inglesa o rodeado de tráfico y cemento. 

También de Jane Austen en ULAD: Orgullo y prejuicioMansfield Park

jueves, 11 de octubre de 2012

Jane Austen: Orgullo y prejuicio

Título original: Pride and Prejudice
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1813
Valoración: Recomendable

"Es reconocida como verdad absoluta aquélla que afirma que un hombre soltero dueño de una gran fortuna ha de sentir algún día la necesidad de casarse...". Toma ya... Así empieza una de las novelas decimonónicas inglesas más célebres de la historia de la literatura y que, aunque parezca mentira, aún no ha sido reseñada en ULAD.

No creo que haga falta presentar a la audiencia a la autora, la celebérrima Jane Austen, que incluso cuenta con una película de hace unos pocos años mostrando el que se dice que fue un decisivo episodio de su vida: su renuncia al amor del único hombre al que quiso por temas ajenos a los sentimientos. Porque Jane Austen se quedó soltera (y hablamos de la primera mitad del siglo XIX, lo cual lo convertía en una lacra social bastante insoportable), y escribió casi toda su obra en cuadernitos en los que trabajaba incluso rodeada de familiares. Algo meritorio, ¿no? Pero eso no ha impedido que la autora haya sido duramente criticada por otros famosos escritores como Mark Twain, que soltó una violenta barbaridad sobre que iba de sacar a la Austen de la tumba y volver a matarla golpeándola con uno de sus huesos o algo así... Y creo que a Charlotte Brontë tampoco le gustaba mucho el estilo de su paisana, pese a que ambas tuvieran bastante en común.

También es probable que muchos de los que nos leen sepan de qué va Orgullo y prejuicio gracias a la bonita película que se hizo en 2005, con la siempre cotizada Keira Knightly como protagonista, o a cierta serie de televisión inglesa que quizás hayan tenido la oportunidad de ver.

Pero como aquí estamos para hablar de libros, vayamos un poquito más allá de lo audiovisual...

Lo primero de todo, decir que yo leí Orgullo y prejuicio en su idioma original, y he de reconocer que me pareció mucho menos difícil de lo que pensaba y que casi no tuve que tirar del diccionario. Su tono y su lenguaje tienen todos los ingredientes imprescindibles de una novela de alta carga romántica (hay muchos personajes guapos a rabiar, vestidos con gran gusto y muy educados; viviendas preciosas; paisajes ajardinados o salvajemente borrascosos; ciertas tragedias del pasado no aclaradas del todo que vuelven a aflorar en el presente, etc.), sí... Pero también posee una picajosa ironía que impregna muchos diálogos, especialmente cuando la protagonista se tiene que defender de maestros y maestras del dudoso arte de lanzar darditos verbales al prójimo sin perder los buenos modales.

La historia que cuenta es la siguiente: los Bennet son una familia inglesa formada por un matrimonio ya maduro con cinco hijas jóvenes que vive en una zona campestre cerca de Londres. Discurren los últimos coletazos del siglo XVIII y mamá Bennet ve peligrar la moderadamente desahogada posición de la familia ya que es inevitable que a la muerte de papá Bennet la mayor parte de sus pertenencias vayan a parar a manos de un primo clérigo suyo, el señor Collins. Todo, por culpa de una peculiar figura jurídica de la época. Por eso, la señora Bennet está obesionada con casar con hombres ricos a sus hijas, y la mujer cree que se le aparece la Virgen cuando por la zona recalan los ricos Charles Bingley y su amigo Fitzwilliam Darcy. El primero, prácticamente será obligado a enamorarse de la bella y dulce hermana mayor, Jane, mientras que el segundo iniciará una extraña, atractiva e irregular relación de amor/odio con la segunda hermana, la rebelde e inteligente Elizabeth, la heroína de la obra, una inconformista jovencita que me recuerda mucho a la Jo March de Mujercitas.

Así que la novela narra, principalmente, la historia de amor/no amor de Elizabeth y el señor Darcy, que en un primer momento rechaza a Lizzy por no considerarla lo suficientemente bella y por tener una familia poco ejemplar. Pero poco a poco, el galán irá cayendo rendido ante sus encantos... Por su parte, Elizabeth abandonará progresivamente la imagen de soberbio y de ricachón que tiene del reservado Darcy. Y de por medio tendremos falsos enamoramientos, fugas, matrimonios secretos, rechazos, mentiras y desenmascarados...

Yo me lo pasé muy bien leyéndola.

Casi como para disuadirme, me habían advertido de que se trataba de una comedia romántica que acababa bien, que todos se casaban con quien querían y comían perdices para siempre, pero esto no me frenó a la hora de leerla, de la misma manera que uno puede leer con placer Drácula de Bram Stoker sabiendo más o menos cómo acabará el buen conde transilvano.

Por todo ello, la lectura de esta famosa novela de Jane Austen me dejó muy buen sabor de boca: no me esperaba muchísimo más de lo que obtuve. Y la recomiendo. Para su época, y teniendo en cuenta la dama que la escribió, está muy bien.

También en ULAD de Jane Austen: Mansfield ParkLa abadía de Northanger

lunes, 27 de abril de 2020

Jean Rhys: Ancho mar de los Sargazos

Idioma original: inglés
Título original: Wide Sargasso Sea
Año de publicación: 1966
Traducción: Andrés Bosch
Valoración: más que recomendable

De pocas novelas habré oído o leído más elogios a lo largo de mi vida lectora (para empezar, o acabar, en el Diccionario de literatura para esnobs) que de ésta de la escritora británico-antillana Jean Rhys, publicada casi 30 años después de haber estado por un tiempo en el "candelabro" literario, en la época anterior a la II Guerra Mundial. Ancho mar... supuso, pues, el redescubrimiento de esta autora nacida en Dominica y que se considera una de las primeras "novelas caribeñas"... al menos de las escritas en inglés, claro. Porque el Caribe, sus islas y sus gentes son en gran medida la médula, la columna vertebral en la que se sustenta esta obra. 

Novela que, sin embargo, nace, curiosamente, como una "precuela", spin-off o incluso fan-fiction de otra muy anterior y que, en principio, no relacionaríamos con el calor y la sensualidad tropical: se trata de la célebre Jane Eyre, de Charlotte Brontë, en la que aparece un personaje casi diríamos que fantasmal: la primera esposa del señor Rochester, Bertha -o Antoinette, en el libro de Rhys-, a la que tienen recluida por su locura. Jean Rhys se propuso pergeñar cómo habría sido la vida anterior dee sta mujer, hija de un hacendado esclavista de Jamaica y de una hermosa heredera de Martinica, antes y durante el comienzo de su matrimonio con Rochester; qué fue, si es que hubo algo, lo que le condenó a su estado de demencia.

Dividida en tres parte, la novela está narrada en primera persona, aunque la primera y tercera partes,más ciortaas, lo sean por Antoinette -Cosway antes de su matrimonio- y la segunda, por su marido Edward Rochester. En mi opinión, la primera parte es la mejor de todas, incluso extraordinaria por momentos: narra la infancia y adolescencia de Antoinette, en medio de una pobreza creciente de su familia debido a la muerte de su padre y a la emancipación de los esclavos británicos en 1833, pobreza que dura hasta que su madre vuelve a cassarse con un adinerado inglés de apellido Mason.

En al segunda parte se relatan los primeros meses de matrimonio de Antoinette y Rochesteer, una vez establecidos -aunque parece más bien una larga luna de miel- en una finca familiar de otra isla, sin especificar -tal vez la Dominica natal de Rhys-; las desavenencias entre los recién casados, así como la aparente insania de Antoinette (no olvidemos que esta aprte está contada desde el punto de vista del marido) son cada vez mayores, influidos sin duda por el entorno, que se nos presnta de una sensualidad extrema, atrayente pero también maligna... y que contrasta de forma brutal con la frialdad en la que se desarrolla la tercera parte, ya en Inglaterra, prisionera Antoinette/Bertha en su propia casa -la de su marido, en realidad-; es decir, la situación que ya conocemos de Jane Eyre, con la primera señora Rochester devenida casi un fantasma que mora en el desván.

Porque en esto reside, aparte de en su calidad literaria, lo más interesante de la novela: que la señora Rochester, Bertha Mason/Antoinette Cosway representa el mayor ejemplo de ese arquetipo de la literatura inglesa del XIX que se conoce como "la loca del ático (o del desván)", ya analizada por Sandra Gilbert y Susan Gubar en un célebre ensayo feminista de los años 70, con ese mismo título. "La loca del desván" no sólo sería un personaje recurrente de cierto tipo de narrativa de esa época, sino que representarñía, simbólicamente, todo lo que la sociedad victoriana reprimía en las mujeres. las que se salían del papel de esposa, madre y feligresa ejemplar eran consideradas excéntricas, histéricas, perturbadas...locas, en una palabra (auqnue estos personajes también servirían como catarsis para que sus creadoras pudieran explayarse con ellas, atribuyéndoles todos esos caracteres  y comportamientos mal vistos socialmente). Lo que resulta incluso fascinante de esta novela de Jean Rhys es que además le da voz y protagonismo a este "arquetipo", que deja de ser así un fantasma, una presencia amenazadora de la narración; para la infeliz Antoinette, la amenaza son los demás...