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domingo, 2 de agosto de 2026

Philip Kerr: Trilogía berlinesa

Idioma original: inglés

Título original: Berlin Noir

Años de publicación: Violetas de marzo1989; Pálido criminal, 1990; Réquiem alemán, 1991

Traducción: Isabel Merino

Valoración: muy recomendable

Hace ya unos cuántos años (cómo pasa el tiempo...) reseñé en este blog incomparable Praga mortal, una novela de la serie del detective alemán Bernie Gunther, escrita por el malogrado autor escocés Philip Kerr. No obstante, me quedó clavada la espinita de no haber empezado por reseñar la primera de la serie, y ni siquera alguna de las primeras, de la trilogía conocida como Berlín noir o Trilogía berlinesa  pero hete aquí que llegó a mis manos, de forma un tanto azarosa, un volumen que reúne estas tres primeras novelas de Gunther, escritas en las últimas décadas del siglo pasado  y me pareció una buena oportunidad para su relectura y reseña. Hay que explicar, de todos modos, que unos años después, en 2006, Kerr retomó la serie hasta completar el número de catorce novelas, ambientadas tanto en la época de dominio nazi como en la pre- y post-, es decir, entre los años 20 y finales de los 50 del siglo XX. No necesariamente en orden cronológico y tampoco se desarrollan todas en Berlín, sino que el bueno de Bernie -es un decir- se mueve también por otras ciudades del ámbito germánico, como Múnich, Viena o, ya lo he mencionado, Praga, como en territorios más lejanos: Grecia, Cuba o Argentina.

En ese ambiente turbio, por no decir otra cosa, que caracteriza a la época del nazismo (ya sé que muchos lo echan de menos, hoy en día), se desenvuelve, pues, el duro Bernie Gunther, ex-policía berlinés que une al cinismo y desencanto típicos (y tópicos) de los detectives privados del hardboiled americano, el sarcasmo y la rapidez mental que se dicen propios de los nativos de la capital alemana. Claro que ya se sabe que ese cinismo sarcástico suele ser una coraza defensiva para proteger un corazoncito de lo más sentimental (otro tópico) y lo mismo ocurre en el caso de Gunther; puede que se trate de un tipo duro y que trabaje en ocasiones para los jerarcas nazis -lo que no significa que le gusten... más bien, todo lo contrario-, pero en el fondo no deja de ser un buen tío que, en ocasiones, se arriesga por hacer lo correcto o, al menos, no convertirse en un canalla... no del todo.

Estas novelas, si bien se trata, ante todo, de narraciones propias del género negro, también resultan interesantes, sin duda, por su ambientación y cuidado detallismo histórico. Así, el título de la primera de las que componen esta trilogía, Violetas de marzo, hace referencia a los alemanes que se apuntaron al NSDP tras el triunfo de este partido, llamados así por los nazis "pata negra" (quiero decir, "para aria") que habían estado junto a Hitler desde el primer momento. La acción  tiene lugar en 1936, cuando el régimen aún está afianzándose en el poder, aunque ya está más que claro el rumbo criminal que va a tomar, pero trata de darle al mundo una imagen "presentable" por medio de los JJ.OO. de ese año. En ese ambiente aún algo ambiguo, Bernie Gunther, especializado en la búsqueda de personas, es contratado por el industrial del acero Hermann Six para investigar la desaparición y posible asesinato de su hija y su yerno, así como para localizar un collar de diamantes robado. En su pesquisa Günther se verá mezclado con ciertos asuntos de la oligarquía nazi y deberá moverse tanto entre esas espinosas compañías como en el ambiente del crimen organizado berlinés o el campo de concentración de Dachau. Como ocurre con otras novelas de la serie (al menos las que yo he leído), encontramos descripciones pormenorizadas tanto de escenas de carácter sexual como de momentos de violencia extrema, aunque, en buena medida, lo que prevalece en la narración, como digo, es la cuidada recreación de aquella época y lugar, tan determinantes en la Historia contemporánea de Europa y del mundo.

En la segunda novela, Pálido criminal, ambientada dos años más tarde, Bernie Günther es requerido por el ínclito Reinhard Heydrich, jefe del SD -que ya aparece en la primera y, sobre todo, será un personaje central en Praga mortal- para descubrir a un asesino en serie que está matando mujeres en Berlín, puesto que Gunther ya resolvió un caso similar en sus tiempos de policía. Para ello, deberá reintegrarse en la Kripo o Policía criminal y trabajar con su  antiguo compañero y ahora bien situado en el escalafón nazi, Arthur Nebe (éste también es un personaje real). La idea, en principio y aunque parezca contradictoria, es tratar de evitar las represalias, inoportunas en ese momento, contra los judíos, a quienes se echa la culpa de los crímenes, pero la cosa se enredará cuando Gunther comience a encontrar la implicación de dirigentes de las SS, sección Cuarto Milenio... quiero decir los más aficionados al esoterismo -para lo que deberá incluso visitar el célebre castillo de Wewelsburg, donde se juntaban para sus francachelas ocultistas-; dicho de otra forma, se verá metido en medio de una lucha por el poder dentro de la elite del III Reich.

La tercera de las novelas, Réquiem alemán, quizá la menos compacta narrativamente, a priori, de las tres, se sitúa en 1947, en plena y dura posguerra, primero en el Berlín ocupado por las cuatro potencias vencedoras, Un Bernie infelizmente casado se ve obligado a buscarse la vida tras pasar una temporada en un campo de prisioneros soviético, hasta que recibe el encargo, precisamente de un coronel soviético de MVD (anterior NKVD), de ayudar a exonerar a Emil Becker, antiguo compañero suyo en la policía, estraperlista y acusado de haber matado a un oficial estadounidense en Viena. Bernie se desplaza hasta la bella capital austríaca (sí, lo sé, la trama recuerda a cierta famosa película y subsiguiente novela, a la que, de hecho, hay una referencia en esta otra) para verse envuelto en una trama de espionaje, dentro de los primeros capítulos de la Guerra Fría y la caza de criminales de guerra como el jefe de la Gestapo Heinrich Müller. Es una novela, como he querido decir antes, menos absorbente que las otras dos, o quizás sería mejor decir menos atrayente, por más compleja o más inasible, dada la naturaleza de su argumento.

Como sea, en conjunto estas novelas, así como las que escribió Kerr posteriormente, son una muestra excelente del noir contemporáneo más duro, que lo mismo pueden agradar a los y las lectoras de este género como del histórico. Además, se puede decir que han creado casi un subgénero o al menos escuela: el de las narraciones policíaco-detectivescas durante la II Guerra Mundial en las que el investigador pertenece al bando perdedor (perdedor... de momento, porque cualquier día nos reescriben la Historia desde el poder "nostálgico" que parece en alza en este siglo XXI), como es el caso de las escritas por la italiana Ben Pastor o el español Ignacio del Valle (y seguro que existen más ejemplos). Las de Kerr, en todo caso, están escritas con un rigor y buen oficio ejemplares, sin detenerse en florituras pero sin hacer tampoco concesiones facilonas al lector que busque un best-seller sin  más complicación. Cierto que las escenas de sexo le salían quizás un poco perretevertianas, pero, además de que tienen un aire algo socarrón, a Kerr -o a Gunther, ya que todas las novelas están contadas en primera persona- se lo perdonamos... Por lo demás, es imposible no tomarle afecto a este detective paradigmático que debe navegar siempre, entre las aguas más procelosas que imaginarse pueda. Quien las lea no dejará de disfrutar de sus a/desventuras y de la prosa de un escritor que merece no ser olvidado.

Nota final: Por su "tochez", este libro podría haber entrado perfectamente en la última Tochoweek, pero al tratarse de un volumen compuesto por tres novelas independientes, por más que compartan el mismo protagonista, me pareció que incluirlo podría haber sido hacer un poco de "trampa". Quien quiera, que tome esta reseña de hoy como una especie de coda al al Tochoweek VI, pues... (o no, claro; eso, al gusto de cada cual).


También del añorado Philip Kerr en Un Libro Al Día: Praga mortal

jueves, 23 de julio de 2026

Andrea Genovart: Consumir preferentemente


Idioma original:
catalán

Título original: Consum preferent

Año de publicación: 2023

Valoración: muy recomendable

Alba Giraldo Doménech (la combinación de apellidos de origen castellano y catalán no es nada gratuito, me parece, para empezar), protagonista absoluta de la novela, vomitando pedazos de salmón ahumado, que ha  engullido de forma compulsiva, y que su cuerpo no ha tolerado, como una especie de metáfora de la falta de adaptación a un teórico pequeño lujo que se ha permitido para cenar. Una imagen potente, conforme esa modesta inversión (8,75 €) se va a ir por el inodoro tras dejar un poso agrio, de placer efímero que revierte en arrepentimiento, en culpabilidad, en sensación de desamparo, una metáfora de desencanto de generación Z que puede, a primeras, resultar algo familiar para el lector de hoy.

Uy; ya tenemos otro testimonio en persona interpuesta, otra también agria queja que acabará haciendo aflorar las consabidas reivindicaciones generacionales sobre la falta de oportunidades, lo precario de todo, lo caro de todo, lo injusto de todo, lo desigual de todo, la presión de la gran ciudad como puzzle en el que no encajas, ay qué digo, como Tetris en el que los bloques caen pero no para alinearse sino para aplastarte, no, como árido paisaje en el que las multitudes - en las calles, en el transporte público, en pisos de pequeña superficie con espacios compartidos - solo hacen que exacerbar esa angustia, esa soledad, esa percepción de ser únicos entre un océano de borregos que acuden (con suerte) a un puesto de trabajo alimenticio por el que hay que dar las gracias varias veces al día. Mientras se observa como otros (con más suerte) te adelantan por los dos flancos, casi seguro de que si cambias de carril para ir más rápido ése pasará a ser el carril más lento. Por no hablar (2023) de la IA, esa que (2026) ya pronto generará sus prompts en función de tus consultas anteriores y arrinconará a tu cerebro con sus predicciones y sabrá qué te apetecerá consumir y cómo te sentará y (last but not least) si puedes permitírtelo.

Pues no. Genovart (que trabaja para algunas editoriales, pero publica su primera novela en Anagrama) dinamita esas preconcepciones con una novela muy bien planificada y con ciertos hallazgos estilísticos que le aportan una cierta musicalidad, como un mantra que (he leído su original en catalán) ha traído algun quebradero de cabeza en su traducción al castellano. Texto en catalán, contrapuntos extraidos del rico refranero castellano, seguramente herencia de los orígenes del personaje, seguramente testigo subliminal de la absoluta impureza del menguante catalán callejero de Barcelona, aquel que interactúa con la inmigración, con los ascendentes de procedencias peninsulares, con los expat, con los Erasmus, con los compañeros de piso, de trabajo, de borrachera asequible con latas de cerveza del paki, y que, desde los primeros párrafos, intercala esos refranes con total naturalidad y desparpajo, con una sensación desinhibida de que el bilingüismo es un hecho que hay que asumir, incluso porque los pasajes (menos) en inglés siempre surgen de referentes universales como letras de clásicos pop. 

Y lo que le acontece a Alba sí que podemos encajarlo en cierto estereotipo: trabajos precarios insuficientes para acometer un proyecto vital ajustado a ciertos patrones - ahorro, apareamiento, estabilidad, rutina que no por ser rutina deja de ser anhelada, un techo en el que refugiarse a dormitar o follar o ver una serie o leer algo, esas cosas tan nimias para muy poca gente, tan difícil para la mayoría a pesar de la formación, a pesar de la firmeza de una voluntad que se resiste a esperar la benevolencia de la fortuna, que alarga la mano para asir algo que ineludiblemente se aleja. Detrás de eso, el monólogo que se extiende por las ciento ochenta páginas, salpicado muy ocasionalmente de diálogos siempre esquemáticos, siempre revestidos de cierto aire casual que explica cómo todo va por dentro, cómo Alba anhela una situación en que pueda resolver ese montón de inseguridades - trabajos que no cuajan, pseudonoviazgos que no se consolidan, amistades siempre al borde de la ruptura por nimiedades, una peca o mancha en su rostro que acapara puntualmente la atención, sobre todo en sus chispeantes conversaciones con su madre. Una escapada veraniega al pueblo, falso punto y aparte en que tiene que ordenar sus ideas y desurbanizarse.

A Genovart habrá que seguirla de cerca: aventuro que futuras obras representen cambios de registro y que sabrá esquivar con eficacia cualquier cosa parecida a convertirse en cronista de la generación Z. También que su trayectoria vital y artística se capilarizará en sus textos sin acapararlos y monopolizarlos. Impresión o hipótesis a la que llego a la vista de la habilidad con que ha convertido Consumir preferentemente en un sutil alegato que piensa localmente y actúa globalmente. Frase de la que ya me arrepiento, pero con algo hay que cerrar la reseña.

sábado, 11 de julio de 2026

Anna Starobinets: El vado de los zorros

Idioma original: ruso
Título originalЛисья заводь
Año de publicación: 2025
TraducciónViktoria Leftérova y Enrique Maldonado
Valoración: placentero

Tenía tiempo de no leer una historia que contara simplemente una historia, con sus personajes, sus acciones, sus dramas, y aderezado con una imaginación portentosa, sin que sea evidente que confluye en la narración la biografía de la autora, con un ritmo rapidísimo, escenas potentes, diálogos y más diálogos, en fin, todo aquello que nos hace disfrutar de un libro como si fuéramos nenes otra vez. Setecientas páginas que ni se notan.

En algún lado leí que la trama obedecía más a la lógica de una serie de TV, y en un punto tiene razón, para lo bueno y para lo malo. Incluso diría que también sigue ciertos preceptos de un videojuego de mundo abierto, con sus misiones a lo recadero.

La historia comienza con Maxim Cronin siendo hipnotizado por el coronel Gleb Aristóv. En un primer momento no sabemos por qué ocurre lo que ocurre, por qué la hipnosis y por qué a la escena la contemplan Yelena, la esposa de Cronin, y Jünger, el hermanastro de ella; lo único que sacamos en claro, además de la época ambientada, 1945, es que Cronin es poco menos que un personaje excepcional, poseedor de todos los trucos por su formación circense, además de ciertos poderes mentalistas (que se dan a entender más que explicar; toda la novela transcurre en un ambiente entre fantástico y desconcertante, como si en cualquier momento se desataran los sellos del apocalipsis).

Cronin acaba en un campo de trabajo destinado a las minas de uranio. Allí, junto con dos ladrones/pandilleros que serán, de manera recurrente, importantes para la trama, se escapa y pasa, a través de unos contactos chinos, a Manchuria. Mata a un capitán de la inteligencia y se hace pasar por él cuando llega a Lisi Brody, un pueblito entre campechano y maldito. Todo esto para conseguir imformación sobre el paradero de Yelena.

No cuento más porque la novela realmente es compleja y ambiciosa. A la pérdida de la memoria de Cronin, o más bien dicho, a la imposibilidad momentánea de acceder a sus recuerdos por culpa de Áristóv, se le suman los escuadrones de guerra biológica que se desarrollaban en Japón, la mitología manchuriana, con la transformación de personajes en raposas de tres colas, cada una de ellas con sus poderes distintivos, la culpa. el recuerdo de los muertos (de una forma literal: Cronin charla con todos sus muertos), la infiltración en los sueños, el delirio de un nazi para conquistar el mundo (seguramente lo más flojo de la novela), un elixir de la inmortalidad, un ejército de terracota que duerme en el tronco de un árbol, oro maldito, un asesino milenario que ya no tiene alma, un maestro chino que ha sido y será cualquier cosa que quiera ser, entre otras. Se hace difícil resumirlo en pocas palabras. Solo diré que es un placer leerla. Es una historia bien contada y con toneladas de alegría por el acto de escribir.

Por otro lado, también tengo algunas críticas: como buena serie de TV (en sus tropos, no en sus bondades) toma ciertos deus ex machina, sobre todo al final, que a uno lo dejan pensando ¿tanto lío para esto? También los diálogos a veces pecan de explicativos, como si la autora tuviera miedo de que nos olvidáramos lo que hacen las raposas, por citar un ejemplo. Se respetan muchas convenciones de un pueblito misterioso: las amas de casa temerosas, los ancianos sabios, los vagos que no saben qué hacer de su vida. Ciertos desarrollos de personajes parecen prometer más y terminan en nada, e incluso el objetivo central de Cronin se diluye a mitad de la historia y sus preocupaciones pasan a ser otras (la ocupación del capitán al que asesina y la estadía en Lisi Brody, que parece breve, ocupan todo el libro, y esa decisión parece escrita más sobre la marcha que un punto fijo de la trama). En fin, que a cambio de obtener una lectura muy disfrutable, como un río que discurre sin baches, también uno tiene que lidiar con argumentos discutibles, decisiones apresuradas, incluso un ligero alargamiento de la historia sin ton ni son. Básicamente lo que uno le puede reprochar a una serie de televisión más que a un libro per se, y es por eso que, aun poniéndole una valoración muy positiva, no puedo dejar de lamentar cierta falta de ambición narrativa (no solo en lo formal, que también; hasta no pasar las primeras cien páginas a uno se le atraganta ese tono entre lo pretencioso, lleno de sentencias, y lo poético que suena así solo por una forzada elección de palabras), la sensación de que, a pesar de tener un crisol de personajes, pocos quedan del todo definidos, sacando a Cronin, y, sobre todo, el exceso de tramas abiertas (en las últimas partes se seguían abriendo más hilos, y hablamos de una novela de setecientas páginas) que terminan por cerrarse de una manera apresurada. 

Más allá de eso, recomiendo altamente la lectura. Para todo aquel que quiera volver a sentirse un nene, un adolescente leyendo con fruición, con cierta calidad narrativa y una historia que toca todos los puntos, como los clásicos rusos, este es su libro, si saben perdonarles ciertas características que pertenecen más a lo audiovisual que a lo literario.

También de Anna Starobinets acá

viernes, 10 de julio de 2026

Colaboración: Abejas grises, de Andréi Kurkov

Idioma original: Ruso

Título original: Серые пчёлы

Traducción: Esther Cruz Santaella

Año de publicación: 2018

Valoración: Muy recomendable (alto?)


Hacía tiempo que una novela no me dejaba ese sabor de buena literatura, esa sensación certera de estar leyendo algo sólido, de calidad inapelable. Las Abejas grises del ucraniano Andréi Kurkov lo han conseguido.

El libro narra la historia de Serguei, un hombre de mediana edad, solitario y taciturno, que decide quedarse en su pueblo de la cuenca del Donetsk pese a los enfrentamientos con Rusia tras el llamado Euromaidán. Bueno, decir que “decide quedarse” quizás sea excesivo: se queda como por inercia, porque desde que su mujer se marchó llevándose a su hija con ella, Serguei tiene poca motivación para tomar decisiones tan grandes. Además, aunque casi todos los vecinos han abandonado el lugar, quedan algunas personas que le hacen el día a día más llevadero. Y luego están sus abejas: Serguei es apicultor, y sus abejas valen mucho para él, no solo porque le supongan una fuente de ingresos, sino también porque, a su manera le hacen compañía. 

A pesar de la precaria situación de la zona, Serguei tiene una vida relativamente apacible. Sin embargo, cuando llega el verano y es el momento de que sus abejas vuelen libres, la realidad del conflicto militar le lleva a tomar la decisión, ahora sí de forma plenamente consciente, de irse a otra región menos peligrosa. Primero pasa un tiempo en otro pueblo ucraniano, y luego va a Crimea, a visitar a un amigo apicultor. Con el fin de la temporada, Serguei regresa a su pueblo, donde espera retomar su simple cotidianeidad. 

Con este argumento podría pensarse que la novela está construida como una especie de road-trip, pero no es así: la primera mitad del libro transcurre en el pueblo de Serguei, e incluso cuando comienza su viaje, la atención no está puesta en los traslados. Podría pensarse también que es un libro de guerra, un libro político, pero tampoco es exactamente eso: la guerra está presente, por supuesto, mas solo como un marco circunstancial. De lo que habla esta novela es de la vida humana en sí misma, de lo difícil y absurda que es.

La historia está contada en tercera persona y desde el punto de vista del protagonista, al que, poco a poco, sin artificios, vamos conociendo a través de sus acciones y, sobre todo, de sus reflexiones. Por eso, aunque en la novela pasen muchas cosas, la sensación de acción es relativamente pequeña, el libro parece casi lento. Y sin embargo le atrapa a uno desde el principio. Porque ver el mundo con la mirada sencilla y sin pretensiones de Serguei es un ejercicio existencialista tan sincero que resulta fascinante. Sin sentimentalismo ni afectación, uno disfrutaría de él en cualquier contexto. Pero si además el contexto en cuestión es un conflicto bélico, las reflexiones de nuestro protagonista cobran una profundidad más allá de lo meramente anecdótico: nos ponen de frente a situaciones universales. Porque la guerra, desgraciadamente, es universal. Y la decencia, afortunadamente, también lo es. 

Abejas grises deja un poso de melancolía optimista maravilloso. Esta es mi primera reseña en este blog y no me atrevo a darle la clasificación mayor de imprescindible. Lo dejo en un muy recomendable, ¡pero es un muy recomendable como una casa! 

Firmado: Yaiza P.


miércoles, 8 de julio de 2026

António Lobo Antunes: El orden natural de las cosas

Idioma original: portugués 
Título original: A ordem natural das coisas
Traductor: Mario Merlino  
Año de publicación: 1992
Valoración: Muy recomendable
 
Este año murió, antes de tener la oportunidad de ganar un Premio Nobel que habría sido muy merecido, António Lobo Antunes, el otro gran escritor portugués de finales del siglo XX y principios del siglo XXI (creo que no hace falta decir cuál es el uno). Deja una obra inmensa, compuesta fundamentalmente por un corpus de novelas, prácticamente a un ritmo de una por año desde mediados de los años 80, que crean un panorama y un diagnóstico (al fin y al cabo, Lobo Antunes era médico) del Portugal anterior y posterior a la Revolución de los Claveles de 1974. 
 
A este propósito responde precisamente El orden natural de las cosas (1992), que junto con el Tratado de las pasiones del alma (1990) y La muerte de Carlos Gardel (1994) compone lo que se ha llamado la trilogía o ciclo de Lisboa. En efecto, la compleja y ramificada narrativa de esta novela nos presenta las vidas de un conjunto de personajes, desde mediados del siglo XX, en pleno Estado Novo (el régimen autocrático dirigido durante décadas por Salazar) hasta poco después de la llegada de la democracia. 
 
No será fácil para el lector conseguir entender exactamente quiénes son estos personajes; las cosas en las novelas de Lobo Antunes casi nunca son fáciles. Serán necesarias probablemente dos lecturas del texto, o un bloc de notas y un bolígrafo, para conseguir reconstruir el árbol genealógico de la obra - porque, como en otras novelas de Lobo Antunes, en el centro de la trama se encuentra una familia, los Valadas, un conjunto de "vencidos por la vida": el padre, que representa la figura patriarcal tan típica de la obra loboantunesiana, y sus hijos, Jorge (militar acusado de conspirar contra el Estado Novo y encarcelado y torturado por ello); Fernando, el "estúpido" de la familia; o Julieta, la hija loca encerrada en casa que respondería al tópico de la madwoman in the attic (a pesar de lo cual se queda embarazada del hijo de la costurera). A ellos se unen las tías Maria Teresa y Anita; la familia de Iolanda, una chiquilla diabética que se empareja con el sobrino bastardo de los Valadas, varias décadas mayor que ella, o también un misterioso escritor sin nombre que contrata a una especie de detective privado, ex-agente de la PIDE (la policía política del salazarismo) y actualmente formador de hipnotistas, para que encuentre, por motivos no demasiado claros, precisamente a este sobrino.
 
Solo este breve resumen ya podrá dar idea de la complejidad de la novela; ¡pero no se vayan todavía, aún hay más! (Si has entendido esta referencia, es hora de que te compres unas gafas de cerca). Porque esta novela, como también muchas otras del autor, es una obra polifónica; de hecho, cada uno de los cinco "libros" que la componen está narrada por no una sino dos voces diferentes, que el lector deberá identificar por su cuenta y riesgo - diez narradores en total. Y no solo eso: como es también marca de la casa para Lobo Antunes, cada una de estas voces está a su vez traspasada por otras voces: las de las personas con las que los narradores interactúan o dialogan, y también las voces que provienen de la memoria, a veces traumática, a veces consoladora, y muchas veces convertida en estribillo obsesivo. La memoria, y sobre todo la memoria de la infancia, es siempre un fantasma recurrente en la vida de los personajes, como un refugio al que querrían volver y no pueden. (En este sentido, Sobre los ríos que van sería la cristalización máxima de este eterno retorno a la infancia de un Lobo Antunes ya crepuscular).
 
La novela presenta, por lo tanto, desordenada y retrospectivamente, la vida de varias generaciones de una familia (o dos, si incluimos a la familia de Iolanda), atravesada por la historia reciente de Portugal: la guerra colonial, la descolonización, la represión del régimen salazarista, la revolución o la llegada de la democracia; pero a diferencia de otros textos, en esta novela la historia es apenas un trasfondo y no un núcleo, y cabría decir que su lugar lo ocupa el espacio: la ciudad de Lisboa. Es de hecho una novela extremadamente cartográfica, en la que abundan los topónimos y los espacios simbólicos; pero con raras excepciones, no se tratará de los espacios "turísticos" de Lisboa, sino de espacios periféricos (la "Estrada do Tojal", en la Benfica tan querida por Lobo Antunes pero ya cerca de los límites de la ciudad, o la proletaria Alcántara) o degradados (como el eje Rua Madalena - Martim Moniz - Rua Benformoso - Almirante Reis, con sus tascas y sus pensiones, sus restaurantes y su prostitución). Se trata por lo tanto de una Lisboa en la que estos "vencidos por la vida" encajan y transportan sus respectivas soledades entrelazadas; y en la que diversas violencias, dirigidas en muchos casos contra los más vulnerables (migrantes, prostitutas, enfermos mentales o físicos...) son retratadas en toda su crudeza.
 
Probablemente una novela con estos elementos sería demasiado pesada y agobiante como para ser soportable, o por lo menos disfrutable, si Lobo Antunes no tuviese la inteligencia y/o la sensibilidad de incluir también elementos que la aligeran. Así, por ejemplo, la brutalidad de la violencia y la crudeza de lo fisiológico se combinan con un ocasional lirismo, sobre todo en la presentación de relaciones amorosas; por ejemplo, el primer libro contiene el largo monólogo del sobrino que, inconsolablemente enamorado de Iolanda y consciente de la diferencia de edad y de sentimientos, habla con ella en un tono que mezcla lo nostálgico con lo poético y con lo rijoso. La novela tampoco carece de humor, un humor cruel a veces pero también absurdo, exagerado, bizarro, próximo del esperpento cuando, por ejemplo, el padre de Iolanda agujerea una cañería e inunda Alcántara de excrementos; o cuando su hermana, que tiene unos descomunales piedras en los riñoes, recibe reprimendas y desprecios de los médicos que la tratan por empezar curarse, porque estaban deseando que se muriese para estudiarla como caso clínico. El inconfundible estilo del autor ("nadie escribe como yo", solía decir, y tenía razón) también contribuye para elevar el texto más allá de cualquier tentación puramente naturalista.
 
El orden natural de las cosas (título que aparece referido dos veces en el texto, y que parece referirse a la sumisión de los personajes al destino a la realidad social, sin capacidad o voluntad de oponerse a ellos) es por lo tanto una novela de extrema complejidad; exige paciencia y concentración. Pero, como pasa con casi todas las novelas de este autor y de este tipo, ofrece también enormes recompensas a quien se anime a adentrarse en ella: el lector encontrará frases y capítulos magistrales, brutales, deliciosos; un universo complejo y sugerente, y una demostración de técnica narrativa y de poder imaginativo. En este año en que Lobo Antunes nos ha dejado, leerlo es la mejor manera de homenajearlo.
 
Otras obras de Lobo Antunes en Un Libro Al Día 

martes, 7 de julio de 2026

Hugo Wilcken: LOW

Idioma original: inglés

Año de publicación: 2020

Traducción: Patricia Valero

Valoración: muy recomendable

¿Puede ya no un músico, sino un mero disco, ser objeto de un libro entero? Y aún así, dejar al lector esperando más, deseando que esas ciento cincuenta páginas fueran, no sé, el doble, que abarcaran más aspectos de la concepción del disco, de la grabación, de las tomas, de este u otro detalle que se decidió conservar aunque pareciera un error, del otro que se renunció a mejorar tras eternas tomas, porque hasta el perfeccionismo - y las horas invertidas en caros estudios de grabación, y las largas sesiones - tiene un límite.

 Y aún declarándome lo más alejado a la mitomanía que los tiempos habituales pueden tolerar, he de reconocer que, tras leer unas cuantas biografías de Bowie (alguna de ellas no reseñada aquí, los jefazos me advirtieron muy seriamente), todavía acudía compulsivamente a las menciones de lo que llamamos la Trilogía de Berlín, de la cual Low, objeto de este libro, es primera pieza y elemento absolutamente necesario en la comprensión estética y sonora de la evolución de la concepción sonora, desde que se publicó. Cualquiera interesado debería oir este disco y esforzarse en comprender el entorno de su producción, no solo sus resultados, y Hugo Wilcken se zambulle en unas cuantas biografías de Bowie (muchas de ellas publicadas en vida y centradas en su poderoso periodo de creatividad que acaba allá por los primeros ochenta) y extrae información. Aporta al libro un cierto pulso narrativo, casi novelesco. 

Bowie en la cresta de la ola tras haber asaltado el mercado americano con otro de sus disfraces creativos. En plena crisis personal a muchos niveles: su matrimonio con Angie (ésa Angie) hace aguas, está completamente enganchado a la cocaína, que condiciona su exhaustivo y caprichoso ritmo de trabajo. Siente curiosidad que se expande en todas direcciones: pintura, literatura, ocultismo. Está al día de todas las corrientes musicales, aunque sea para tomar de cada una lo que mejor apuntale su carrera. Se planta en Berlín acompañado de Iggy Pop, que es prácticamente su reverso estético, aunque este con lo que tiene problemas es con la heroína, reúne a algunos de sus secuaces habituales, como Brian Eno y a algunos que no lo son, graba un disco con una primera cara alterada de canciones cortas de ásperos y extraños ritmos funk y una segunda en la que congela el tiempo, como esos vídeos en las redes donde la gente lanza agua hirviendo a un aire a decenas de grados bajo cero, y esas cuatro canciones, apenas veinte minutos de música instrumental, abstracta, una mezcla de angustia y experimentación, conciben el sonido que, en segundo plano o en primero, debidamente insuflado de ritmos o asi, desnudo, marcará más de una generación. Todo ese proceso, desde que el sonido del disco es anticipado en grabaciones anteriores y hasta que el disco empieza a ser digerido por público y crítica. Claro que se puede despachar un disco en una docena de líneas y un par de etiquetas. Pero este disco no es Low. Todo lo que se pueda escribir sobre él sabrá a poco.

domingo, 5 de julio de 2026

Tochoweek VI #7 Ted Simon: Los viajes de Júpiter

Idioma original: Inglés 
Título original: Jupiter's travels
Año de publicación: 1979
Traducción: Teresa García y Ángel Sanz
Valoración: Muy recomendable 

Cuatro años, cuarenta y tantos países y un porrón de kilómetros a lomos de una Triumph que ahora se conserva en el Museo Británico del Transporte (Coventry) son los ingredientes de este clásico moderno de la literatura de viajes. De hecho, la edición que yo he leído es la 9ª (y hablamos de año 2021), así que os podéis hacer una idea.

Volamos hasta el año 1973, justo en los días en que comienza la Guerra de Yom Kipur. Son años en los que la moto, gracias a películas como Easy RiderLos ángeles del infierno La gran evasión (Steve McQueen llevaba, por cierto, otra Triumph), se ha convertido en un símbolo de libertad (no la de las cañitas, amiguis) y en los que las ansias de evasión, la mística de los espacios abiertos o la pura curiosidad llevan a una generación a liarse la manta a la cabeza y tirar millas. 

Algo de todo eso hay, aunque yo creo que el principal motivo es la simple curiosidad por conocer(se), en un viaje que nos traslada a un mundo muy diferente del actual, al menos en lo que a la velocidad se refiere. Hablamos de un mundo más "lento", y eso es fundamental. De hecho, este viaje no podría ser el mismo en 2026 y ese es uno de sus múltiples atractivos, el de hacernos viajar también en el tiempo.

Otros aspectos destacables de Los viajes de Júpiter son:
  • su carácter multidisciplinar. Diría que no es algo buscado por Ted Simon, pero tantos lugares y tanto tiempo dan pie a que el libro pueda funcionar también como fotoperiodismo (magníficas las fotos que acompañan al texto), como crónica (por ejemplo, sobre los cambios y contrastes en la Libia de Gadafi, sobre la era del petróleo y la tecnología o sobre las diferencias entre los jóvenes de Fortaleza y los campesinos de Iguatú), como novela "chusca" de Graham Greene (esos problemas en Brasil...) o como versión motera de Lost in Translation en la sobreabundancia material y de estímulos en L.A.
  • la innegable voluntad poético / literaria presente en muchas de las descripciones,
  • el continuo replanteamiento del sentido y el significado del viaje y, SOBRE TODO,
  • la mirada del autor sobre la multitud de "historias mínimas" de las que es testigo durante el viaje. Hay mil ejemplos (Arthur y Ruth Thompson, últimos granjeros blancos en Kenia, el Padre Walsh en Fortaleza, Bob y Annie, los camioneros australianos que esperan que baje el nivel del río...). No son historias "acabadas", pero poseen el encanto de las cosas apenas vistas por la ventana, de las imágenes que entran en tu vida y poco después desaparecen como fantasmas del pasado. 
En lado menos positivo, cabe mencionar la vertiente filosófico-introspectiva, quizá algo reiterativa, y el desaprovechamiento de algunos tramos del viaje que pasan con demasiada fugacidad. Hablo, en particular, de todo el recorrido por Centroamérica o el tramo entre Afganistán y Turquía.

En cualquier caso, la condición de "clásico moderno" de Los viajes de Júpiter está más que justificada. Solo queda que os subáis como podáis a la moto de Ted Simon y atraveséis con él desiertos, selvas, montañas y, sobre todo, vidas ajenas.

miércoles, 1 de julio de 2026

Tochoweek VI #3: Dino Buzzati Sesenta relatos

 Título original: Sessanta raconti

Idioma original: italiano

Traducción: Mercedes Corral

Año de publicación: 2007

Valoración: muy recomendable


Como muchos de ustedes sabrán, Dino Buzzati es el autor de esa maravillosa novela de corte existencialista titulada El desierto de los tártaros. Pues bien, la obra de Buzatti, que en nuestro país había pasado desapercibida hasta tiempos muy recientes, incluye, aparte de novelas, un extenso número de cuentos que, en su gran mayoría, se encuentran reunidos en la obra que reseñamos hoy.

Sesenta relatos fue recopilado por el propio autor en 1958 y supone un compendio de su producción como cuentista. Lógicamente, en un volumen tan amplio la calidad y la temática de los cuentos es muy variada y los resultados finales muy irregulares. En términos generales, podríamos señalar dos líneas argumentales básicas: el extrañamiento de la realidad y el temor ante lo imprevisible de la existencia humana.

Son cuentos en los que cabe todo -gotas de surrealismo, terror gótico, situaciones kafkianas, diálogos metafísicos- , pero que suelen comenzar con un hecho cotidiano, con unos personajes y entornos perfectamente reconocibles,  que acaban envueltos a través de sucesos fantásticos o misteriosos en situaciones que escapan a su control. Lo sobrenatural y lo onírico se imponen a los personajes, que acaban sumidos en situaciones de desamparo donde muchas veces un suceso fuera de su alcance acaba dominando sus vidas. La temática y las ambientaciones de estos cuentos es enormemente variada, pero de alguna manera tienen un carácter eminentemente filosófico y existencial. 

No pretendamos que Buzzati nos proporcione un final cerrado a cada uno de estos relatos. Precisamente la carga simbólica que les envuelve lleva a un final abierto que invita al lector a sacar sus propias conclusiones.  La enigmática mirada del personaje de la portada ya nos está lanzando un aviso.

En este sentido, resulta extraordinariamente complejo recomendar unos cuentos sobre otros. Es verdad que en un volumen tan extenso, algunos cuentos tienen un desarrollo extraño e incluso infantil, se me ocurren El fin del mundo, Los ratones o El platillo se posó. Pero otros son realmente memorables, tanto por la temática como por su desarrollo: el absurdo kafkiano de la inconmesurable Siete plantas, el terror de Y sin embargo  llaman a la puerta,  el sentimiento de culpa en El derrumbe de la Baliverna, viajeros condenados a vagar eternamente como Los siete mensajeros o el enigma sobrenatural de El perro que ha visto a Dios. 

En fin, debemos dejarnos sumergir en el misterio que nos proponen los cuentos de Buzzati. Conviene realizar la lectura de manera reposada y pararnos a pensar en lo que ha sucedido y lo que nos quiere transmitir el escritor italiano en cada cuento. Son relatos con un estilo eminentemente poético, con una escritura elegante y rítmica, y con una excelente traducción por parte de Mercedes Corral que hace de su lectura una experiencia sumamente placentera. 

Otras reseñas de Buzzati en Ulad: La famosa invasión de los osos en Sicilia, El desierto de los tártarosPoema en viñetas de Dino Buzzati.

domingo, 28 de junio de 2026

Paula Melchor: Un conjuro

Idioma original: 
español
Año de publicación: 2025
Valoración: Muy recomedable
 
Hace unos meses conté por aquí lo mucho que me había gustado Amor y pan de Paula Melchor; así, cuando salió Un conjuro me lo compré inmediatamente, y lo leí en cuanto tuve oportunidad - hace ya un tiempo; para lo que no he conseguido encontrar tiempo ha sido para escribir esta reseña. 
 
Naturalmente, después de un gran primer libro como es Amor y pan (o como Panza de burro de Andrea Abreu, que también ha anunciado nuevo libro, ¡yay!) se cierne sobre los/as autores/as un dilema: repetir la fórmula que funcionó en el primer libro, con el peligro de que resulte redundante, y normalmente inferior; o intentar algo completamente diferente, con el riesgo de que no funcione, y también de decepcionar a los lectores que vienen buscando algo parecido al primer libro. Este dilema ha paralizado a grandes escritores, convirtiéndolos en one hit wonders... Me atrevería a decir que, en esta disyuntiva, Paula Melchor ha conseguido salir más que airosa: Un conjuro es sin duda un libro de Paula Melchor (tiene su sensibilidad, sus referentes, su vocabulario), pero al mismo tiempo es un libro diferente un proyecto literario y poético con personalidad propia y coherente. 
 
Lo que añade Un conjuro en relación con Amor y pan es un impulso narrativo que, aunque no estaba completamente ausente del primer libro, gana aquí una nueva dimensión; se trata de una narrativa mítica, cosmogónica, cuyos orígenes pueden rastrearse de hecho hasta Hildegarda de Bingen o Teresa de Jesús (sí, realmente parece que estamos en una época de retorno de lo místico, nos guste o no), o más allá hasta el Cantar de los cantares, al que pertenece uno de los epígrafes del libro. El conjuro narra el nacimiento de una muchacha (una Eva o Lilith originaria, anterior al resto de la humanidad), su amor con un cervatillo, que después se extravía; su convivencia con los "hombres malos", y su reunión final con el cervattillo reaparecido; por el camino conocerá otros hombres, cantará sobre "el amor y el pan" para las multitudes, transformada en juglarilla, y conocerá el amor y el desamor, el dolor y la belleza.
 
Tal como Amor y panUn conjuro está atravesado por la sensibilidad de Paula Melchor, delicada, juguetona, inteligente, con una poética de claridad deliberada, y muy ligada a las imágenes de la naturaleza (ríos y piedras, castañas y flores, salamandras, cervatillos y liebres). Así, en uno de los primeros poemas del libro se lee:
Al principio todo era luz, pero estaba sola.
Todo era hermoso, pero estaba
sola.

Nací la primera, de entre las piedras
de un río donde mucho
mucho tiempo después
jugarían los niños.

Al principio no eché en falta el amor
porque no lo conocía
Aunque el libro trate de diversos temas más allá del amor (también Amor y pan lo hacía, por cierto), es innegable que este es un tema central y recurrente, ya sea a través del símbolo místico del cervatillo (puro San Juan de la Cruz), a través de otros "hombres malos" o "chicos guapos"; un amor que puede ser liberador ("tu amor me hace querer hablar / con nuevos dialectos de la tierra") y que es también el propio origen de la escritura ("quería / sobre todas las cosas / ser amada"). El amor es también uno (aunque no el único) de los significados del título:
El conjuro original fue siempre
nuestro nombre en labios de otros:
en la oscuridad de los caminos
alguien nos llama por primera vez
.  
Estoy seguro de que hay lectores y críticos que prefieren poéticas más densas y herméticas, e incluso sospecho que habrá quien compare a Paula Melchor con "poetas instagrammers" de calidad dudosa; de lo no cabe duda, en todo caso, es de que se trata, en este caso, de una poética deliberada y autorreflexiva, una decisión consciente por la transparencia estilística que no implica banalidad ni obviedad; una sencillez que ocasionalmente llega a lo fonético ("estripar") o a lo onomatopéico ("PUM", "cataclán"), y más frecuentemente a lo léxico y a lo morfosintácico, con esos diminutivos tan característicos de la autora. El propio texto problematiza esta cuestión cuando imagina voces entre el público de la juglarilla que la criican ("decir el amor sin adornos, / qué vulgaridad / qué / vulgaridad), o cuando, en ese mismo poema, se pregunta "...si quizás / pueden las flores blancas / crecer en cuevas hondas". 
 
Por otra parte, la combinación de los poemas con textos en prosa sirve, creo, a una doble función: rellenar los espacios blancos de la narrativa de la "juglarilla", y también permitir un nuevo nivel de reflexión o comentario sobre la acción o sobre la propia poesía, superando los posibles límites o restricciones del verso. Así, por ejemplo, en otro momento metapoético se cuestiona:
Sentí que todo lo que decía era redundante y absurdo. ¿Para qué decirlo entonces?, les preguntaba a mis gatos y a los caracoles. ¿Para qué decirlo entonces?, le preguntaba a mis amorcitos muy queridos. ¿Para qué decirlo entonces?, me preguntaba a mí misma cada vez que sentía ganas de cantar.

Aunque Un conjuro no me haya producido la sorpresa y, por ello, el deslumbramiento de Un amor, es probable que este sea un aún mejor libro de poesía: más complejo, más maduro, sin que ello suponga perder la frescura, y elevado, creo, porque el misteroso poder del mito y de la fábula. 

viernes, 26 de junio de 2026

Darko Cvijetic: El rascacielos rojo

Título original: Schindlerov lift 
Idioma original: Croata
Traducción: Patricia Pizarroso y Marc Casals
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable

Save Kovačevića 15, Prijedor 79000, Bosnia y Herzegovina. Esta es la dirección del rascacielos rojo, bloque construido en el año 1975, bloque en el que reside el propio autor de la novela y bloque a través del cual se cuentan los últimos 50 años de Yugoslavia / Posyugoslavia.

Eso de contar la vida a través de lo que va sucediendo en un bloque de viviendas es una idea muy perecquiana. ¡Tomar como punto de partida un espacio cerrado para, a partir de ahí, contar la historia de un lugar y un tiempo es algo que ya hizo Perec en La vida instrucciones de uso! Y no solo la idea, también a nivel estructural hay semejanzas con la obra de Perec ya que El rascacielos rojo se estructura en breves capítulos con los que se rompe la linealidad, que comparten personajes que irán apareciendo y desapareciendo, etc. Ahora bien, pese a estas semejanzas y a esa idea de puzzle que las une, la del francés es una obra más ficcional y lúdica que la de Cvijetic, mucho más anclada a una realidad terrible.

Porque lo que en 1975 fue un bloque de vanguardia construido para, en su mayoría, trabajadores  con independencia de su origen "étnico" se convirtió en una perfecta metáfora de lo que sería después una región en la que la convivencia se convirtió en un arma mortal. Y en este sentido, hay dos imágenes centrales en el texto: un muñeco de cartón de Tito que se va pudriendo en un jardín y un muñeco de nieve cipotudo.

Así, encontramos relatos (o capítulos, porque en realidad El rascacielos rojo es una novela formada por 32 relatos interconectados + algún bonus track) que hablan de esos tiempos iniciales que los más viejos aún recuerdan (una gran terraza en la azotea y unas vistas de la ciudad que incluso los aviadores habrían soñado con tener) y que son puestos, de diversas formas, en contraposición con tiempos más recientes. Hablamos de finales de los 70 y primeros 80, años que, si bien parecían idílicos, fueron el catalizador sangriento de lo que vendría después. 

Y lo que vino después fue una sucesión de desgracias, de muertes y venganzas en las ni una sola persona sintió vergüenza ni agachó la cabeza. Ni uno Nadie. Todos y cada uno. Un desierto. Y los textos hablan de vecinos matando a vecinos, de madres que se junta para paliar la soledad, de sueños rotos, finales trágicos, transiciones no del todo modélicas, etc. Hasta el punto de que hoy el pueblo vertical está cada vez más vacío, y solo queda la bilis tras la eclosión de tanta maldad.

Por suerte para el lector, dentro de todo este dolor y esta tragedia hay espacio para el humor. Personajes grotescos y excesivos en su bondad y en su maldad dan lugar a situaciones grotescas y excesivas, un poco al estilo de las primeras películas de los hermanos Coen. Negro negrísimo, sí, pero humor al fin y al cabo. Solo eso nos salva.

martes, 23 de junio de 2026

Colaboración: Madona con abrigo de piel, de Sabahattin Ali

Idioma original: turco

Título original: Kürk Mantolu Madonna

Traducción: Rafael Carpintero Ortega

Año de publicación: 1943

Valoración: muy recomendable


Uno de esos ejemplos de novela corta casi perfecta (en línea con otras obras como Las batallas en el desierto, quizá sin llegar a su riqueza formal), de pocos personajes muy bien construidos y definidos con varias capas de complejidad que nos conducen a través de su tragedia personal a observar el drama colectivo del mundo abocado a la fractura en el que habitan. 

Es un tanto paradójico el éxito reciente entre la gente joven, de esta novela de un autor turco un tanto olvidado en comparación con otros compatriotas más prolíficos y galardonados como Orhan Pamuk. Por un lado, es una gran noticia que se lea con tal avidez la última novela de Ali 80 años después de su asesinato, pero a la vez me pregunto cuánto de este éxito se debe únicamente a la trágica historia de amor y a su simpleza superficial. Sin querer entrar mucho en juicios de valor me alegro profundamente de que esta novela llegara a mis manos y celebro su éxito como una manera de traer a la actualidad la figura de Ali, que vivió en sus carnes el desmantelamiento del Imperio Otomano y la creación de la nación turca. Como personaje de su tiempo Ali sufrió censuras, encarcelamiento y finalmente asesinato por ser punta de lanza de la libertad de expresión en un momento de fervores nacionalistas. Todo este contexto no es baladí, pues si bien su obra más conocida es esta “historia de amor corta”, entre las capas de esta pieza se intuyen todas estas vicisitudes y ahí la paradoja de que se vuelva un best-seller en base a su romance de anhelos trágicos y su sugerente título y se ignore todo lo demás.

¿Pero qué nos cuenta esta Madona con abrigo de piel? Sin ahondar mucho en la trama, la novela funciona a dos niveles, siendo el corazón de esta la historia vital de Raif Efendi, a la que el lector llega a modo de diario encontrado por el narrador; compañero de oficina del protagonista en el tiempo actual de la novela. Es a través de este diario que se conoce la infatuación de nuestro protagonista Raif con una obra de arte y posteriormente con su autora cuando vivía en el Berlín de entre guerras. 

El motor narrativo es la soledad de Raif en este Berlín, a la vez castigado por la posguerra, pero simultáneamente símbolo de lo elevado, lo europeo y del escapismo y libertad de los que carece en el restrictivo hogar familiar en Turquía. Raif es un personaje eminentemente solitario, que no encaja en su realidad social, que encuentra una vía de escape en la gran urbe, donde nadie lo conoce y donde además conecta con Maria, otra alma en pena, que comprende su soledad. Pero en una Europa fracturada llena de fronteras y almas en pena, encontrar a tu igual si bien es un júbilo pasajero, está abocado al desastre. Raif y Maria quieren escapar de las convenciones de su mundo, ansían una libertad que aún no está lista para ellos pues nacieron en el momento y lugar equivocados, pero aún así decidieron intentarlo y es en el fracaso de donde radica la belleza y el dolor de este relato.  A su vez el narrador en el primer nivel narrativo nos trae un precioso alegato a comprender y mirar al otro como un igual, a reconocer su mundo interior y a ofrecer una amistad pura sin juzgar.

En conclusión, lo más magistral de la obra de Ali, es trasladar al lector esa sensación de impotencia de los personajes ante los cambios que estaban fermentado en la Europa de los años 20 y 30. Aun así, siendo cierto que el contexto político juega un papel, es casi un bloqueo existencial el que les impide decidir sus destinos, pues a pesar de los muros invisibles que crea la Historia a su alrededor, algo detiene sus acciones, un pesimismo intangible, una desesperanza. Es esta indagación en la resignación vital donde la prosa sencilla y directa de Ali consigue emocionarme. Cuando los sueños se pierden queda el estoicismo y la soledad, la vida interior y las páginas de un diario donde esconderse uno mismo del mundo, una cárcel privada ante la incomprensión.

Firmado: Alberto Ibáñez


sábado, 13 de junio de 2026

Sahar Delijani: A la sombra del árbol violeta

 Título original: Children of the jacaranda tree

Idioma original: inglés

Traducción: Rita da Costa

Año de publicación: 2014

Valoración: muy recomendable


El árbol violeta es un jacarandá que protege de un sol abrasador a un grupo de niños que juegan en el jardín de la casa de sus abuelos en Teherán. Estamos en 1983 y alrededor de estos niños, que conviven con sus abuelos y sus tías, se está desarrollando una brutal represión por parte del régimen teocrático del ayatolá Jomeini. Los fundamentalistas religiosos se han arrogado el triunfo sobre el depuesto sha de Persia y han comenzado a encarcelar o aniquilar a todos aquellos grupos que participaron en el derrumbe del antiguo régimen, pero que no comulgan con el rumbo autoritario que está tomando el país. La vida en la cárcel es durísima "la oración formaba parte del adiestramiento de los reclusos. Los habían trasladado allí con el objetivo de convertirlos en hombres temerosos de Dios. Pero, en este mundo de violencia y locura Dios no era lo que mas temía Amir".

En este contexto, nace en la prisión de Evin, Neda, alter ego de la autora, cuyos padres están encarcelados por pertenecer a grupos izquierdistas y distribuir panfletos contra el régimen. La crónica de las durísimas condiciones en que viene al mundo Neda dan inicio a un relato casi autobiográfico de la historia de la familia de la autora, relato que puede extrapolarse al de muchas familias iraníes que vieron como miles de vidas quedaron truncadas por la inmisericorde persecución llevada a cabo por la Guardia Revolucionaria.

La autora iraní no se centra, no obstante, en contarnos o describirnos los aspectos más sórdidos de la represión ejercida por el régimen. No pretende hacer un alegato político contra el régimen de los ayatolas. Opta por centrarse en describirnos la lucha de las familias por salir adelante amparándose casi exclusivamente en sus propios medios. Miles de padres y madres son encarcelados y en muchos casos asesinados y son los familiares los que se hacen cargo de los niños que quedan desamparados o huérfanos. Es un estado policial en el que la policía del régimen irrumpe en las casas " buscando documentos, cartas, panfletos, poemas, libros prohibidos. Se fueron con las manos llenas, llevándose consigo incontables trozos de vida".

Delijani utiliza un lenguaje muy poético. Describe con calidez y cercanía las escenas cotidianas de la vida familiar. Las casas y sus patios se convierten en un refugio contra la violencia soterrada que invade la vida diaria. En una de esas casas transcurre la vida de Omid, Sara y Forugh, algunos de esos niños que crecen sin sus padres, rodeados y protegidos por sus familiares, especialmente por las mujeres de la familia, que abanderan la lucha de un pueblo perseguido. La autora iraní va introduciendo saltos temporales en el relato y va alternando las entrañables vivencias en la casa del jacarandá con la dureza y crueldad de la vida en la cárcel.

Entre racionamientos, apagones y la interminable guerra con Irak se va desarrollando la vida de una generación que queda estancada por la larga sombra del régimen de Jomeini. Algunos padres consiguen volver a casa después de años de interrogatorios y torturas y otros son asesinados, especialmente en el periodo inmediatamente anterior al final de la guerra con Irak en 1988.

Dejando a un lado la violenta década de los ochenta, Delijani da un salto en el tiempo y nos traslada al final de la primera década de los 2000. Los niños han crecido, se han adaptado a sobrevivir con el régimen o han emigrado fuera de Irán. Es el momento de tomar el testigo de la generación de sus padres y deciden ser protagonistas de su destino y pasan a la acción. Se promueven unas elecciones y una sombra de esperanza recorre los corazones de la población iraní, pero se topan con un engaño:    " Lo que pasó antes de las elecciones fue que sencillamente nos engañaron con un simulacro de apertura y nosotros lo creímos. Lo que querían era que saliéramos a la calle para identificarnos y saber cuantos éramos. No era más que una trampa. En cuanto salimos de nuestra casa con nuestras camisas y pañuelos verdes y nos pusimos a agitar pancartas, fue fácil aplastarnos".

Las elecciones de 2009 fueron un fraude y Mahmud Ahjmadineyad salió reelegido. La violencia  del régimen de los ayatolás volvió a manifestarse con toda su crudeza y una nueva generación de iraníes fue silenciada.

Casi veinte años después, los iraníes han seguido manifestándose contra el régimen, siguen siendo encarcelados o asesinados y actualmente se ven envueltos en una guerra que no han buscado y que puede suponer una excusa para sufrir más represión. Por encima de la violencia sistemática del régimen están la dignidad y el orgullo de una población que quiere marchar hacia la democracia tras décadas de lucha. Los protagonistas no pierden la esperanza de que haya una salida a tanta ignominia. Como señala Neda a su prometido: " Algún día te llevaré a ver el jacarandá. A lo mejor ya estamos de camino".

martes, 9 de junio de 2026

Jennifer Johnston: Las luces azules

Idioma original: Ingles
Título original: The Christmas Tree
Traducción: Lucia Barahona Lorenzo
Año de publicación: 1982
Valoración: Muy recomendable

Descubrí a Jennifer Johnston hace unos meses con la lectura del estupendo ¿Cuánto falta para Babilonia? Bien, la lectura de Las luces azules (¡muchas gracias, automáticos!) confirma la entrada de la irlandesa en la selecta  categoría "autores de los que leería todo lo que cayera en mis manos".

Porque esta novela vuelve a poner de manifiesto la enorme calidad literaria de la autora y su sensibilidad para afrontar temas delicados en los que el riesgo de caer en lo artificial, lo ñoño o lo lacrimógeno es muy alto.

En esta ocasión, Johnston narra (¿o debería decir recrea? pues la recreación es todo lo que nos queda) la historia de Constance, mujer de cuarenta y pocos años, madre de una hija de corta edad y recientemente diagnosticada con una enfermedad terminal. 

Y esa narración toma la forma de vaivén entre pasado y presente, entre los recuerdos que se desbordan, las alucinaciones provocadas por la enfermedad y el miedo y el dolor que crecen día a día.

Pero Constance es una mujer que hace bandera de la libertad y de la independencia, tanto en vida como frente a la muerte, y que huye de la autocompasión, por lo que el tono del texto es conmovedor, por supuesto, pero también irónico.

No me quiero enrollar demasiado así que así a enumerar las que, para mi, son las principales virtudes de la novela:

  • Su apertura a diversos temas, tan atemporales y universales como las vidas no vividas o la identidad y la libertad personal. 
  • La construcción de los conflictos de la novela en base a pares antitéticos (Constance / Bibi, Padre / Madre, Jacob / Bill...).
  • Los diálogos, que diría son la especialidad de la casa y que son fundamentales en el desarrollo del texto.
  • La relación Constance - Bridie, no demasiado "extensa" en la novela, pero sumamente relevante y coherente con los planteamientos de esta.
En definitiva, una novela de una (aparente y) apabullante sencillez, pero escrita con un tono y una sensibilidad que la elevan muy por encima de lo que una premisa no excesivamente original podía hacernos pensar. Un gran novela, ¡qué carajo!

También de Jennifer Johnston en ULAD: ¿Cuánto falta para Babilonia?

domingo, 7 de junio de 2026

Ioana Maria Stăncescu: Primero llega el silencio

Idioma original: rumano
Título original: Tăcerea vine prima
Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Año de publicación: 2024
Valoración: muy recomendable


Es cierto que a menudo se habla del exceso de publicación literaria, pues se publica mucho más de lo que podemos leer y también me atrevo a decir que más de lo que tendría que publicarse. Pero este exceso también permite que se busque literatura más allá de la archiconocida cultura anglosajona o hispana. Y cuando se busca, y más si lo hacen editoriales con un exquisito catálogo, se encuentra. Y esos nos lleva a Rumanía y su literatura visceral, marcada a menudo por un estilo directo, crudo, extremadamente realista con el objetivo de dirigirse directamente a las emociones.

En esta novela de Ioana Maria Stăncescu, la autora nos sitúa en la piel de Dora, una mujer que tiene una hija, Flavia, con la que vive en un sitio ruidoso, algo lúgubre e inhóspito. La relación entre ambas no es particularmente buena, a pesar de que ella hace esfuerzos con su hija, aunque más bien se trata de una propuesta de buenas intenciones que de una realidad manifiesta, pues a menudo sus conversaciones acaban en discusión y lucha. Así, en este entorno femenino la protagonista admite las condiciones físicas, pero también anímicas con las que lidian como pueden, admitiendo que «vivimos en una casa pequeña. Yo, Flavia y el miedo. No tenemos hombres. Todos se han ido. Uno a uno, nos hemos despojado de ellos como si fuera ropa de invierno en plena canícula. Nos hemos librado de ellos. Nosotras, las mujeres de nuestra familia». Y este hecho es algo que parece que se transmite de generación en generación, a través de relaciones colmadas de tiranteces, con los hombres, pero también entre mujeres pues vemos como Dora y su madre tampoco acaban de encajar a pesar de que hablan a menudo desde que esta ha envejecido pero, aún y así, no se llevan bien, se pelean siempre, pues su madre es alguien a quien «no se le pasa por la cabeza pedir disculpas, prefiere enfadarse. Las palabras son frías, hilos de cuchillo puestos directamente sobre la piel para que no se hinche». Con ello, vemos la realidad de la vida de Dora, solitaria, encerrada, casi opresiva, a pesar de que ella siempre tiene una mirada abierta, envuelta de esperanza e ilusión, hacia un mundo exterior que se le antoja lejos, pero por el que sueña y suspira, al que accede desde las redes sociales pues le dan esperanza a un futuro luminoso porque, a diferencia de su monótona y aciaga vida, «en Facebook es siempre verano y la gente parece estar en la playa, con la mirada clavada en la infinita extensión de agua. Y el agua está tranquila, no hay olas». 

Es fácil percibir, ya en las primeras páginas, el tono de la autora, el estilo triste y afligido, casi rozando la desdicha, pero a su vez tiene un punto poético que hace que, al menos superficialmente, todo sea soportable, llevadero, aunque si uno se mete en la piel de los personajes siente una tristeza absoluta hasta el punto de intuir el abismo que atañe sus vidas. Por ello, en ciertos aspectos, recuerda bastante a Tatiana Țîbuleac o también Magdalena Blažević por saber encajar un estilo poético con un duro trasfondo de decadencia en el que las mujeres siempre salen mal paradas; en este texto hay poca luz en el relato y mucha soledad porque la distancia que ella sentía hacia su madre cuando era pequeña la replica ahora con su hija, una hija a la que quiere, pero que a la vez teme y a la que no sabe cómo tratar a causa de la herencia cultural y educativa trasmitida a través de generaciones de mujeres que la protagonista constata al afirmar que «el invierno en que murió (…) mi abuela Victoria le dejó su voz a mi madre. Es nuestra manera, la de las mujeres, de vivir eternamente. Los hombres dejan su apellido». Tampoco la relación con los hombres le es buen ejemplo pues asevera sin rencor que «cuando pienso en mis padres, primero llega el silencio».

A nivel estructural, la autora alterna episodios del presente con recuerdos de su juventud, como el de su antiguo amor Mircea, con quien salía en una relación desigual, una relación en la que ella estaba siempre a expensas de sus sentimientos, de sus deseos, de sus voluntades, que sabiamente describe al decir que «nadie de alrededor sospechaba que estábamos saliendo. A veces, tampoco él parecía recordarlo». Así, mientras lucha con unos recuerdos que la apartan de la esperanza, que la desproveen de todo futuro, busca el amor en Toma, alguien que ha conocido por Facebook, alguien con quien fantasea que una vida mejor es posible y que los posibles defectos que pueda tener sean fácilmente perdonables, alguien a quién incluso se atreve a enviarle «un corazón, un corazón rojo, un corazón de verdad, de eso es que saben de memoria cuánto duelen las rupturas». Pero su pasado es un lastre que le impide avanzar sin resquemores o recelos, hay tanto pasado a arrastrar que su futuro en pareja se augura lejos, como una quimera solo accesible tras travesar centenas de metros de tierra áspera, seca y llena de hierbajos que rozan las piernas dejando aún más cicatrices. Por ello, la relación a distancia con Toma avanza muy lentamente, pues quiere ralentizar el momento crucial en el que se sepa si es de verdad o una fantasía; una demora buscada, pausada adrede, con una ilusión frenada por el pesimismo que se sostiene como una losa sobre si cabeza como si un letrero de alerta estuviera siempre a punto de encenderse y echarlo todo a perder. Pero mientras esto no suceda hay esperanza, pues «una cosa está clara: mientras no sucede nada, puede suceder todo, y eso es verdaderamente maravilloso» porque, en el fondo, ella sigue soñando en que un día todo cambiará y encontrará un hombre que sea «como esas rayas que dejan los aviones en el cielo, como el ruido de las olas en las que se esconde el verano, como el olor a tierra fresca y a resina que anuncia el bosque. Un hombre como una promesa de que las cosas buenas están por suceder».

Por todo ello, Stăncescu ha escrito un libro triste, melancólico, con un personaje complejo, envuelto de una nostalgia por reescribir la historia y resarcir un pasado que le ha dejado poso, y lo hace estructurando el relato de manera que presente y pasado se alternan, intentando que confluyan, que se encuentren a través de las pocas cosas que la ilusionan de un presente que alarga y alarga, casi congelándolas en el tiempo para eternizarlas y pararlas hasta que lleguen justo hasta el momento previo al desenlace y allí se encuentren con las heridas del pasado, para sanarlas, para limar esas cicatrices hechas por tantas desilusiones y decepciones, por tantas discusiones mal terminadas, por tantas decisiones mal tomadas, por tantas aristas que esperan que el recuerdo las roce para levantar de nuevas ampollas que hieran y lastimen. Así, el estilo poético de la autora no pretende eludir el dolor, sino embellecer el clavo con el que fija cada uno de los mensajes amargos que la protagonista sufre por parte de su madre, de su pasado, de su hija o de cualquiera que se le aproxime. Lo único que la puede salvar no es la fantasía de una relación incipiente, sino la ilusión de que no sea otro desengaño. Y entre mensaje y mensaje en las redes, entre esperanza y consuelo, la vida pasa. Pero esta vez sin heridas, esta vez con algo que la deje soñar. Y tanto da si ese "algo" es una realidad o un clavo más al que agarrarse, mientras ello sirva para no sucumbir de nuevo al pozo de la desesperanza.

sábado, 6 de junio de 2026

Llucia Ramis: Un metro cuadrado

Idioma original: español

Año de publicación: 2026

Valoración: muy recomendable

Es un poco inevitable que, vista la eficacia de su escritura, siempre le solicite en algún punto a Llucia Ramis que vaya un poco más allá y aborde directamente una obra íntegra de ficción. No porque lo que escriba en otros registros no sea satisfactorio, más bien por esa manía (personal, pero creo que no seré el único) de ver cómo ciertos escritores abordan el proceso creativo, una vez que en la obra que publican relacionada con sus vivencias, con su día a día, ya vemos que se maneja de forma brillante y solvente. Aunque quizás la alternativa fuera ese enorme páramo últimamente muy concurrido de la autoficción. Igual me callo, ¿no?

En Un metro cuadrado Llucia Ramis nos ofrece una mezcla entre ensayo en base a experiencias propias y diario de existencia alrededor de sus peripecias como inquilina de diversos pisos en varios barrios de Barcelona, encabezando cada capítulo con la ubicación de cada vivienda, algunos datos del edificio en que se emplazaba, y el alquiler que en cada periodo tuvo que abonar (y una ligera referencia de cómo sus ingresos derivados de su profesión no crecían al mismo ritmo que ese alquiler). Desde que, dado que en la isla de Mallorca no podía cursar la carrera de Periodismo, tuvo que llegar como una estudiante veinteañera (un piso en Sarrià perteneciente a unos familiares) hasta que, después de un periplo que incluyó París, Buenos Aires e incluso esporádicos regresos a Baleares, acaba hipotecándose en la compra de un pequeño piso en Barcelona. Estancias de diversas duraciones, en ocasiones conviviendo con amigas, compañeras de estudios, a veces con su pareja. Ramis intercala sus reflexiones, siempre en torno al concepto de casa como punto necesario de referencia para el ser humano, o eso dicen las leyes que debería ser así. También añade una bitácora intermitente de las relaciones de pareja que le acompañaron en cada momento.

Leer Un metro cuadrado es, sí, enormemente satisfactorio. Aunque también es, conforme la cercanía a sus circunstancias es mayor, proclive a cierto desasosiego. Por qué resulta todo tan caro, por qué una persona con un cierto peso en la escena literaria local se encuentra en tantos momentos en una precariedad forzada por la avaricia de los arrendadores, por la tacañería de sus empleadores, por la cosa esa del mercado. Veo, en la minuciosa bibliografía que Ramis nos aporta, al menos tres lecturas coincidentes que tratan, de forma frontal, estas mismas cuestiones: Pacheco, Amat y Dioni, entre otros, están desplegando una especie de ecosistema de denuncia de esas situaciones que Ramis expone aquí, y resulta espeluznante, porque la cosa va a más, ver que se genera tanta literatura (y buena, y certera) a costa de algo que debería ser pasto de prensa, pasto de debate parlamentario, pasto de promesas electorales de aquellas (...) que se cumplen. Pero, como demasiadas veces pasa, luego surgen las razones de alto rango que neutralizan la denuncia, que anestesian la rabia con la que esta se formula, que mitigan y relativizan, con lo que aquello que debería ser un aullido de protesta acaba siendo una tímida queja desde un rincón, una queja que aunque tenga una forma colectiva y coral, queda solapada y replicada con los inapelables argumentos que conocemos de sobras, muchos de ellos, dejad que me repita, incluyendo la palabra mercado. 

Reseñado de Ramis en ULAD: aquí

viernes, 5 de junio de 2026

Zülfü Livaneli:La casa de Leyla

 Idioma original: turco

Título original: Leyla´nin Evi

Traducción: Carlos Ortega Sánchez

Año de publicación:2026

Valoración: muy recomendable


"A la mayoría de la gente le gusta el Bósforo en verano, pero yo estoy enamorado de sus inviernos. Cuando nieva, suelo contemplar las corrientes color turquesa, la nieve blanca sobre las coloridas barcas amarradas a la orilla y las gaviotas revoloteando en busca de comida".

De esta manera tan colorida y musical comienza la novela del escritor turco Zülfü Livaneli, que nos invitará a sumergirnos en una emotiva historia de nostalgia y desamparo que se desarrolla a orillas del Bósforo, que se convertirá, indirectamente, en un elemento necesario de la trama.

Nuestra protagonista es una anciana, Leyla, nieta del Bajá Abdullah Avni, el bosnio, que es desahuciada de la casa que habita en un jardín de una de las preciosas residencias que  los nobles turcos construían como signo de poder a orillas del Bósforo. Esta casa, que fue residencia familiar durante varias generaciones, ha sufrido el mismo proceso especulativo que otras muchas mansiones y ha sido comprada por un empresario de la nueva clase económica emergente que dirige los destinos del país.

Afortunadamente, Leyla es acogida por el hijo de un antiguo jardinero y tendrá que acostumbrarse a vivir en un modesto piso de una zona céntrica y cosmopolita de Estambul y acomodar su vida a las nuevas circunstancias. No le resultará fácil a la anciana, que ha vivido toda su vida en la casa familiar y apenas ha tenido contacto con el mundo exterior. Todo un mundo de oropeles y lujos llega a su final.

Con estas premisas, Livaneli va construyendo una novela de contrastes a través de una serie de historias suspendidas entre una Estambul moderna y occidental y la ciudad del Imperio otomano tardío. El choque entre la tradición que representa Leyla y la modernidad que representa la joven pareja que la acoge.

Leyla va rememorando su pasado y a través de esos recuerdos nos sumergimos en la apasionante historia de Turquía. La saga familiar arranca con la expansión del imperio otómano por el este europeo, convive con la revolución de Ataturk y se desploma definitivamente durante el actual gobierno de Erdogan. Si apasionantes resultan las vivencias familiares que nos transmite Leyla, no menos atrayente es el fresco histórico de la historia de Estambul, y por extensión de Turquía, que nos dibuja Livaneli.

El escritor turco nos entrega una historia donde la delicadeza formal y la musicalidad de las descripciones envuelven al lector. Construye una emotiva novela donde los recuerdos y la nostalgia se convierten en el hilo conductor de una trama muy bien hilvanada que nos mantiene atrapados hasta su conmovedor final.

A través de una prosa intimista y contenida nos invita a presenciar la lenta transformación de un modo de vida condenado a desaparecer en el que sólo el Bósforo permanece como testigo inmutable: "Un día en el que el Bósforo se había cubierto de una niebla tan espesa que no se veía a un palmo, se había detenido en ese mismo muelle y contempló como los enormes barcos se deslizaban en medio de aquella blancura absoluta. Parecían flotar en el aire, mientras las sirenas en la niebla sonaban como lamentos dolorosos. Entre la blancura, un puñado de barcas de pescadores daba la  sensación de estar suspendido en el aire, luchando por regresar a la costa. En aquel momento, la orilla opuesta también había desaparecido, como si ambas orillas se hubiesen fundido".




miércoles, 3 de junio de 2026

Antonio Di Benedetto: Absurdos

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1978

Valoración: Muy recomendable


La de Antonio Di Benedetto me temo que es, lamentablemente, una batalla perdida en este blog. A pesar de mi perseverancia en ensalzar su talento, o casi nadie lo ha leído o, aún peor, los pocos que sí lo hayan hecho quizá no se adhieren a mis entusiasmos y prudentemente guardan silencio. Pero para ellos. Por mi parte, no por completista sino por deseo de disfrutar una vez más, descubro este nuevo título, que se adentra en el mundo del relato corto.

El volumen recoge narraciones de extensión irregular y origen diverso, algunas antiguas y ya publicadas por separado, otras más recientes. Encontramos a un Di Benedetto diferente del que ya conocemos de aquella extraordinaria trilogía que en realidad no es trilogía, aunque con trazas evidentes del talento que exhibía en sus obras mayores. Se podría decir que en estos textos conocemos mejor al autor, observamos cómo experimenta, busca caminos o simplemente se explaya libre de encorsetamientos, quizá hasta se permite licencias que no admitiría construyendo una novela.

Como es lógico en cualquier compilación de relatos, hay diversidad de escenarios, de técnicas y por supuesto de nivel, aunque muy poco o casi nada puede calificarse como prescindible. Ese presente férreo que tan bien maneja el autor es casi innegociable, aunque en alguna ocasión decide explorar otras posibilidades, hay una sorprendente presencia de animales en buena parte de los cuentos hasta bordear la fábula en un par de ocasiones, y se muestra con frecuencia el impacto de situaciones extremas, con frecuencia localizadas en las amplias y semidesérticas llanuras interiores argentinas que otros autores han trabajado también. Variedad de argumentos y de registros, pero siempre con un sello de calidad indiscutible.

Es impecable El juicio de Dios, una obra maestra de la tensión narrativa, desasosegante y muy visual, casi cinematográfica. Caballo en el salitral, otro de los relatos más longevos y conocidos, es una historia tan sencilla como impregnada de dramatismo, con una carga solo comparable a Pez, el texto más brutal, en el que el dolor y la impotencia llegan al lector por el camino de la pura casualidad, la mala suerte que no conviene ignorar y que tantas veces marca las vidas. El tono policial que tanto gusta a Di Benedetto y que ya asomaba en Los suicidas aparece también en el más intimista Cínico y ceniza, o en el espléndido Los reyunos. Aballay, otro de los más conocidos y llevado al cine, presenta la extraña penitencia de un hombre perseguido por la culpa y, muy lejos de ese terreno, Ítalo en Italia cierra el libro con el delicioso relato de un pequeño incidente veraniego.

Para los que les preocupen mucho estas cosas, habrá que reconocer que, frente a lo que parece exigir un relato corto, el cierre de algunas narraciones puede resultar algo previsible, o que los títulos son manifiestamente mejorables. Pero qué quieren que les diga, el despliegue de imaginación, la amplitud de repertorio y la modulación de los diferentes registros me parecen de un nivel excepcional, y dejan sin efecto cualquier pequeña debilidad. Es un Di Benedetto que, sin perder algunas de sus señas más personales, se muestra algo diferente, quizá más asequible que en textos de mayor extensión, a veces más arriesgado, pero siempre dejando claro un talentazo que en este caso le coloca, en mi opinión, al nivel de los mejores maestros del relato corto, y pongan ustedes ahí los nombre que más les gusten. Nadie sin ese genio sería capaz de decir de esta forma que la jauría de perros se quedó sin alimento:

'Mordiendo el aire quedaron los dientudos'

Háganse un favor y, en este mi cuarto intento, descubran a este autor fascinante.

Otras obras de Antonio Di Benedetto reseñadas en ULADLos suicidasZamaEl silenciero