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viernes, 14 de noviembre de 2025

Jon Fosse: Vaim

Idioma original: nynorsk (neonoruego)
Título original: Vaim
Traducción: Meritxell Salvany en catalán para Galàxia Gutenerg y Cristina Gómez-Baggethun en castellano para Random House
Año de publicación: 2025
Valoración: muy recomendable


Empieza el relato con uno de los ya habituales monólogos interiores de Fosse, en el que el narrador (de nombre Jatgeir) nos cuenta en primera persona su viaje a la droguería de Bjørgvin en búsqueda de un carrete de hilo negro y una aguja para coser un botón que se le había caído, pues sabe que en la de su ciudad es posible que no encuentre lo que busca. Pero, para su sorpresa y desgracia, se encuentra pagando un precio a su entender desorbitado y ello le lleva a cuestionarse el porqué de esos viajes en barca a Bjørvin con el único fin de ir a la droguería, por qué sigue yendo ahí únicamente para ese propósito y, en su intento de entender el motivo, se da cuenta de que las respuestas se hallan en su interior, en los recuerdos de su juventud, cuando hacía esos viajes frecuentando las tabernas con «la esperanza de encontrar alguien con quien compartir de la vida» reconociendo a la postre que «quizá, aquella historia de tener que ir a comprar hilo y aguja sea como sea, solo debía ser una excusa que me había urdido para poder coger la barca y venir hasta Bjørvin ahora que habían llegado las vacaciones de verano y no tenía que trabajar». Pero ese viaje le conduce también a otra isla vecina, Sartor, que le transporta en un viaje también mental en el que rememora sus recuerdos de adolescencia y con ello un antiguo amor por una joven, nunca expresado de manera directa, un enamoramiento guardado para sí mismo en una suerte de idolatría y admiración por alguien a quien apenas conocía, porque «a ella no le había hablado nunca, de sus sentimientos, solo faltaría, que yo no hubiera osado confesar nada parecido a una mujer jamas de la vida».

Con esta premisa, vemos que en esta corta novela y que conforma la primera parte de una trilogía, Fosse vuelve a los terrenos que ya conocemos de su obra: el monólogo interior, constante, que fluye con una suave transición entre memoria, reflexiones y diálogos, con un estilo que destaca por una gran ausencia de signos de puntuación que separen los registros y con ello, de forma mezclada pero puramente nítida, los recuerdos del protagonista se mezclan con alucinaciones y espejismos en las que la realidad se confunde con la fantasía, en un claro ejercicio de intento de restituir aquello perdido incluso sin haber existido, un esfuerzo por recuperar más que una realidad una sensación, un deseo, en un acto de clara nostalgia hacia un presente que hubiera sido de otro modo si un gesto, un pequeño acto del pasado hubiera sucedido o lo hubiera provocado con un paso nunca dado; un constante lamento y resquemor que le corroe y le persigue desde años ha. Y, cuando uno está ya inmerso en la vida de Jatgeir, arranca el segundo capítulo con un cambio de narrador, aunque sigue con el mismo estilo de voces interiores, dudas entre lo vivido y lo imaginado, etc. Esta segunda parte nos da una visión diferente y ampliada de la historia contada en la primera, y es interesante pues sigue el estilo de Fosse de monólogos internos, aunque en este caso la imagen que nos transmite es la de un segundo observador. Ya la tercera parte es mucho más compleja y juega al despiste de manera continua esgrimiendo un texto en el que la confusión y los alternados momentos temporales pueblan el relato hasta llegar a un punto en el que no está claro quién habla ni el orden de las cosas pero uno están tan enfrascado en la lectura y los paralelismos y ángulos de visión que la historia se disfruta y nos mantiene atados a ella.

Estilísticamente, es innegable que el estilo de Fosse con el monólogo continuo te recoge y te envuelve, arrastrándote en esos continuos diálogos internos que te llevan a interiorizarlos casi como propios, consiguiendo que el lector se contagie y empatice de manera inexorable dejando que el texto lo lleve donde el autor pretende, hábilmente, con el fin de hacerlo testimonio a la vez que también protagonista de sus infortunios porque siempre en los relatos de Fosse aparece el pasado con forma de espectro, mezclando sueños y realidades empujado por el deseo de cambiar infructuosamente aquello que ya es permanente y sin opción de vuelta atrás. En esas alucinaciones Fosse intenta que sus protagonistas encuentren el momento de ajustar cuentas con su pasado, aunque siempre lo hacen desde un estado próximo a la desesperación, a la incredulidad y al desasosiego.

Con este texto, Fosse ha tejido una obra coral, caleidoscópica en la que los personajes son protagonistas de manera parcial, como vehículo para transmitir aquello que el autor pretende: la necesidad de restituir el pasado, de reencontrarse a uno mismo, con la sensación siempre evidente que la búsqueda se convierte en una súplica, un lamento por lo perdido, por lo nunca tenido pero siempre ansiado. Y, a pesar de que el argumento no es novedoso en sí, la manera de narrar de Fosse y lo que transmite despierta unas grandes ansias de leer la publicación de las dos partes que faltan para poder así ampliar un poco más el espectro coral que Fosse ha tejido magistralmente en esta última obra.

domingo, 1 de septiembre de 2024

Liu Cixin: El problema de los tres cuerpos

Idioma original: chino

Título original: 三体 (Sān tǐ)

Traducción: Javier Altayó Finestres

Año de publicación: 2008

Valoración: recomendable (muy recomendable para los amantes de la ciencia ficción)

Abordo 'El problema de los tres cuerpos' sin ser un gran aficionado a la ciencia ficción, principalmente porque encuentro que muchas veces el género se desliza demasiado hacia la fantasía pura, perdiendo ese anclaje en la realidad que aprecio en este género. Sin embargo, el libro de Liu Cixin es una propuesta que merece atención, incluso para quienes compartan mi escepticismo hacia este tipo de historias.

La misantropía de una importante astrofísica china, la lleva traicionar a su raza (la humana), enviando una señal al espacio, a la espera de que una civilización super avanzada tecnológicamente conquiste el planeta tierra y extermine a la despreciable humanidad (sí, ya sé, nada de otro mundo). 

Este es un libro claramente dirigido a los amantes de la ciencia ficción dura, esa que se nutre de datos científicos y teorías físicas complejas (ojo, dentro de su propio mundo). Liu Cixin se asegura de inundar al lector con información rigurosa, lo que, si bien es un atractivo para los interesados en el tema, puede resultar algo abrumador para aquellos que no. En este sentido, la lectura exige una concentración sostenida y cierta paciencia para procesar la gran cantidad de conceptos que se presentan.

Uno de los elementos más llamativos de la trama es el juego de realidad virtual en el que los personajes se adentran, una especie de simulación que, en un principio, parece ser un núcleo narrativo central. Sin embargo, a medida que la historia avanza, este juego pierde relevancia y, lamentablemente, se diluye en la trama, dejando la sensación de que un recurso tan interesante podría haberse aprovechado más, especialmente considerando que en las secuelas queda prácticamente olvidado.

Otro aspecto que merece mención es la forma en que Liu Cixin integra el trasfondo histórico de la revolución cultural china. Aunque esta parte inicial del libro proporciona el contexto necesario para entender el desencadenante de la trama, ocupa una porción considerable de la historia, lo que puede dar la impresión de que la novela tarda en arrancar. Para algunos lectores, esta inmersión en la historia china puede ser fascinante, pero para otros, puede resultar un obstáculo para adentrarse en lo que realmente esperan: la ciencia ficción.

Además, algunas tramas paralelas no llegan a cerrarse de manera satisfactoria, dejando cabos sueltos que pueden frustrar a los lectores que buscan una resolución más completa.

A pesar de estos puntos, me parece que El problema de los tres cuerpos es una lectura recomendada, especialmente para aquellos que disfrutan de la ciencia ficción más fundamentada. Liu Cixin nos ofrece una perspectiva única dentro del género, aportando no solo un relato intrigante sino también una reflexión sobre la naturaleza de la ciencia, la humanidad y el universo. Aunque tiene sus altibajos, es una obra que vale la pena explorar. 

Lo que tengo que reconocer sin reparo, es que Cixin sabe mantenerte pegado al libro. Me chuté los tres en pocos días.


jueves, 12 de agosto de 2021

Ludovic Debeurme: Trilogía Epiphania

Idioma original: francés

Título original: Epiphania

Años de publicación: 2017 (#1 y 2) y 2019 (#3)

Traducción: Jorge García Valcárcel

Valoración: recomendable

Sobre un planeta Tierra agotado por los desmanes ecológicos que causamos los seres humanos caen tres mereoritos que provocan un desastroso tsunami. Cuando se retiran las aguas, cientos o miles de bultos empiezan a surgir del suelo en jardines, parques o bosques... pero no se trata de setas o champiñones, sino de nuños que van creciendo en la tierra -a la manera de amanece que no es poco, apra entendernos-, aunque cuando se consigue sacar alos primeros con vida, se comprueba que no son exactamente humanos, sino que comparten algunas características físicas con diversos animales: morros de cerdo, hocicos de perro, trompas, pezuñas de cabra, cuernos... Son los llamados "mixbodies"-aunque luego ellos preferirán el nombre de "epiphanians"-, que son internados en campos para su estudio y control, excepto los más afortunados, que son adoptados por familias que tratan de integrarlos en la vida humana normal. Éste es el caso del pequeño Koji, adoptado por el músico David, pero pese a haber sido criado rodeado de amor, al llegar a la adolescencia -mucho antes que en sus coetáneos humanos- y ante el rachazo de la sociedad en general, el joven Koji siente crecer una ira en su interior, un odio hacia las personas que acaba por conducirle hacia un camino sin retorno.

No voy a contar más de la trama de esta trilogía fantástica del francés Ludovic Debeurme -con ayuda de fanny Michaëlis en las dos primeras partes-; señalar tan sólo que quien haya visto la serie de Netflix Sweet Tooth habrá advertido ciertas concomitancias... no digamos ya con los cómics de los X-Men de Marvel, de quienes los de Debeurme son claramente deudores. Aunque en éstos tanto la crudeza como el traqnsfondo ecologista son bastante mayores y también un tono digamos "lisérgico"; sobre todo en el terecer volumen de la trilogía, en el que parece que al bueno de Debeurme se le fue del todo la olla despliega todo su universo imaginativo , en un alarde de dibujo y color de lo más notable.

Cierto es que el mensaje ecologista que recorre toda la historia -los tres libros, pero sobre todo el tercero- se hace un poco repetitivo, aunque también se pueden extraer otros temas importantes de estos cómics, como son el miedo al diferente o el recelo ante los inmigrantes o simplemente los cambios que se producen en nuestra sociedad. pero, sin duda, es el daño que los humanos le causamos a nuestro planeta (nuestro en el sentido de que vivimos en él, no que nos pertenezca) el tema que articula toda la historia y sobre el que su autor, a través de la fantasía, pretende que reflexionemos. No sé si ésta será la manera más adecuada para hacerlo, pero al menos  estos libros serán un goce visual para quien los lea. Quizás no representen una epifanía planetaria, pero, para alguien, tal vez sí estética.


lunes, 24 de mayo de 2021

Neel Doff: Días de hambre y miseria

Idioma original: Francés
Título original: Jours de famine et de détresse 
Año de publicación: 1911
Traducción: Javier Vela
Valoración: Recomendable

Días de hambre y miseria es una novela corta. La escribió la neerlandesa Neel Doof en francés, su lengua de expresión literaria. Narra la vida de una familia proletaria a finales del siglo XIX, e inicia una trilogía de visos autobiográficos protagonizada por Keetje Oldema.

La mentada Keetje tiene, al inicio de esta entrega, nueve años. Cuando volvemos la última página ha cumplido ya los diecinueve. Para entonces ha sufrido en sus propias carnes las consecuencias de la pobreza extrema, el hambre, el cansancio, la falta de higiene, la enfermedad y la precariedad laboral, amén de vejaciones de toda clase.

Su testimonio, relatado en primera persona, es muy crudo, pero en ningún momento trata de manipular emocionalmente al lector con sentimentalismo barato o victimización. Y, para colmo, tanto la prosa como la estructura narrativa del mismo contribuyen a darle una pátina de verosimilitud, volviéndolo así todavía más devastador.

Entre las múltiples virtudes de esta obra, destacaría las siguientes:

  • La contención y economía de medios con que está escrita. 
  • Su sutileza a la hora de caracterizar a los personajes y evidenciar su desarrollo (o degradación).
  • La eficacia y expresividad con que relata determinadas escenas. 
  • Su atención al detalle.
  • Aborda múltiples temas vinculados con la pobreza y las dinámicas familiares.
  • Algunas de sus reflexiones, ya circunvalen el existencialismo o la crítica social.

Resumiendo: Días de hambre y miseria (finalista del premio Goncourt de 1911, por cierto) supone todo un descubrimiento. De su autora, injustamente ninguneada en nuestro idioma, sólo se había traducido la secuela de esta primera novela, de próxima aparición en la editorial Firmamento.

domingo, 19 de mayo de 2019

Kent Haruf: Bendición

Idioma original: inglés
Título original: Benediction
Traducción: Cruz Rodríguez Juiz (ed. en castellano) / Marta Pera Cucurell (ed. en catalán)
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien

En este último volumen de la «trilogía de la llanura», iniciada por «Canción de la llanura» a la que sigue «Al final de la tarde», visitamos de nuevo Holt a manos de Kent Haruf, ese condado ficticio ubicado en Colorado, que el autor conoce perfectamente, pues recrea un pasaje ya vivido por él, en su propia infancia, en su propia vida. Esa familiaridad que conoce y contagia, que desgrana y muestra con sus claroscuros, pero siempre con una mirada tierna, con una complicidad que evita cargar plenamente las tintas sobre sus personajes, mostrándolos entrañables, a la vez que imperfectos y altamente reales.

El estilo de Haruf es inconfundible, de manera que justo al empezar «Bendición», y tras haber leído los dos primeros volúmenes de la trilogía, uno toma conciencia del impacto del conjunto de la obra en el lector; se reconoce de manera inexorable la repercusión de un autor cuando sus libros dejan huella, cuando nos depositan una serie de imágenes, un poso donde recuperar los recuerdos de agradables lecturas. Este impacto se hace evidente cuando ya en las primeras páginas nos vuelven todas las sensaciones que dejamos aparcadas al terminar la lectura del segundo volumen. Es abrir el libro y casi poder oler esos aromas a tierras conreadas, a rancho y naturaleza, al remanso de paz que proporcionan las pequeñas poblaciones de una Norteamérica profunda que avanza a un ritmo calmado, centrando la mirada en sus habitantes y dejando que el horizonte de sus vidas lo delimiten las llanuras.

El libro empieza de manera parecida a los demás de la trilogía, con la presentación paulatina de los personajes, a los que la narración de Haruf, lenta y pausada, va dando forma, consiguiendo que la imagen de los diferentes protagonistas se vaya formando en nuestras cabezas. Sin embargo, hay algo diferente en este último libro, pues parece como si algunos de los personajes no tengan el carisma de los anteriores libros, o al menos no el suficiente para soportar el peso de la narración. Parece como si el autor ya hubiera exprimido todo el jugo, y haya secado parte de su capacidad imaginativa. Cuesta encontrar un personaje al que engancharse, cuesta dar con una Victoria Roubideaux o en unos hermanos McPheron con los que identificarse, o al menos empatizar con ellos, comprenderlos, compartir sus sentimientos, pues los protagonistas principales de este tercer son un controvertido reverendo y un hombre de avanzada edad que se acerca a los últimos días de su vida y, lamentablemente, no tienen el magnetismo de los personajes de anteriores volúmenes.  Además, hay muchos personajes de edad avanzada, y ese envejecimiento también se nota a nivel narrativo, falta ímpetu e intuyo cierto acomodamiento en la narración. Cabe decir, que este libro fue escrito por el autor poco antes de su última novela «Nosotros en la noche», escrita al final de los días del autor, y estilísticamente se le acerca bastante, incluso más que a los otros dos libros de la trilogía. La mirada que pone Haruf sobre los personajes es la de alguien ya mayor, que ve como los días se apagan mientras baja el sol por el horizonte de Holt, y es una mirada triste y melancólica, centrada principalmente en personajes de edad avanzada. Su voz suena a un final, no únicamente de la trilogía sino también de una vida, es una mirada al pasado, hacia la vida que expira, y es una mirada altamente triste, por lo que narra, pero también por el tono. Se entrevé en las líneas de cada página que el ritmo decae, que la historia se diluye, que se nos va de las manos. El autor mantiene el control, pero la sensación que nos deja es de un eterno e irremediable final, de la historia, y de la vida.

Que «Bendición», escrita en 2013, esté mucho más cerca cronológicamente de «Nosotros en la noche» (2015) que de «Al final de la tarde» (2004), segundo libro de la trilogía, es algo que se hace palpable habiendo leído su obra, pues los temas tratados, el ritmo y el enfoque, acercan más al autor a esta última obra que a las anteriores. Además, en este tercer libro no aparecen personajes de los libros precedentes, con lo cual rompe también la continuidad narrativa, cosa que no sucedía en el segundo libro. Por ello, da la sensación que, estando cerca el fin de sus días, el autor quisiera poner en el mismo marco anímico su propio estado con el de su obra, y formar también el mismo parte de ella. Holt podría ser su casa, él podría ser Dad, o alguno de los hermanos McPheron. Y esta historia podría ser también la suya.

A pesar de estos aspectos menos logrados, comparativamente, respecto a los otros dos volúmenes, se trata de un libro que se lee con agrado. Kent Haruf sabe escribir, eso es indudable, y este libro cierra la trama de manera coherente con su planteamiento. Es el final de la trilogía, el final de un camino, porque con este libro termina la historia. Las luces se apagan en el condado de Holt, la vida se apaga con ellas mientras vemos que las vidas de nuevos personajes seguirán, en un nuevo comienzo, un nuevo despertar, y el sol amaneciendo de nuevo en el ya añorado paisaje de tierras, campos y calma de la llanura. Porque el mensaje es claro, hay que disfrutar de los pequeños detalles de la vida, de «la preciosa vida ordinaria», como afirmaría el predicador Lyle. Amén.

martes, 19 de marzo de 2019

Mario Levrero: Trilogía involuntaria

A Mario Levrero no le gustaba que hubiera intermediarios entre su trabajo y los lectores. Y aquí estoy yo, escribiendo sobre la Trilogía involuntaria. Pero bueno, tomad esta reseña como un mero reflejo de mi experiencia personal (¡faltaría más!), y no como la única aproximación posible a estas novelas. O mejor: leedlas a ellas antes que a mí. En cuanto a ti, Mario, perdóname; sólo quiero compartir mi admiración por este fascinante retablo con el que te diste a conocer. 

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La Trilogía involuntaria está compuesta por La ciudad (1966), El lugar (1969) y París (1970), las primeras novelas de Mario Levrero. Novelas que gravitan alrededor del individuo, de su percepción del mundo y, sobre todo, de su percepción de sí mismo. Es por ello que, pese a los elementos aparentemente fantásticos que las engalanan, no hay que encajonarlas en ese género. Si acaso, estaríamos hablando de «realismo introspectivo». Y es que, a la postre, el escritor no inventa nuevos mundos; más bien, filtra la realidad a través de sus personajes. Los cuales son poco fiables, por otra parte. 

Todos los protagonistas de estas ficciones son varones innominados que narran su historia en primera persona. Historia que, por cierto, es un viaje. Uno que deja en pañales a la literatura de autoayuda. En Levrero no encontrarás el componente edulcorante que tanto predomina en ese tipo de productos. El viaje en el que se embarcan los protagonistas no les cambiará, y menos todavía para bien; la anagnórisis ansiada jamás llega a cristalizar. Además, dicho viaje es siempre una frustrante imposición, no una oportunidad. 

Estos narradores están de paso en un sitio que les es ajeno, en el que se sienten asfixiados, desamparados y alineados. A eso hay que sumarle que, para la visión posmoderna de Levrero, el mundo es algo incierto, y el individuo carece de referentes estables a los que asirse para abordarlo. Para colmo, las tres novelas cierran con un final abierto, normalmente negativo. De hecho, sólo La ciudad finaliza con una nota vagamente positiva, o, al menos, optimista, pero en ningún momento da por sentado que nada se vaya a solucionar. En otras palabras: cada uno de los tres viajes que propone esta trilogía es una odisea de pesadilla. O sea, que si la lees, prepárate para experimentar desasosiego

Porque desasosiego es lo que te va a reportar esta lectura, créeme. Y no se marchará en unos días, te lo aseguro. Estas novelas son, ya lo he adelantado, una especie de pesadilla. Una pesadilla vigil con su hermetismo intrínseco, y a su vez, con su coherencia interna. Para mí, lo más fascinante de Levrero es que no se abandona a la asociación de ideas arbitrarias o inconexas. En los libros del escritor existe una coherencia interna, a menudo difícil de aprehender, de atisbar siquiera (como viene siendo el caso de París), pero presente a fin de cuentas, como en un sueño febril.

Un elemento recurrente en esta trilogía son los espacios. No digo que sea el elemento aglutinador, porque creo que la relación que existe entre estas novelas va más allá de que aparezcan en ellas espacios vagos y abstractos. Pero bueno, éstos siguen teniendo un interés primordial. No es para menos: la portentosa imaginación de Levrero le granjea un hueco en la tradición de arquitectos soñadores de la talla de Piranesi o Calvino.

Personalmente, sugiero el siguiente orden de lectura: empezad por La ciudad El lugar, ambas novelas que tienen mucho en común tanto en forma como en fondo, y pasad luego a París, sensiblemente distinta de sus predecesoras.

Ah, que no os engañe mi entusiasta reseña, ni la valoración extremadamente positiva que le doy a esta trilogía. No pienso que estas piezas de Levrero estén libres de defectos. Sin embargo, creo que éstos palidecen frente a los aciertos. Y, la verdad, la mayoría son bastante insignificantes, como el uso caprichoso de ciertos recursos tipográficos, o alguna voz puntual que no acaba de cuajar. Lo dicho: una lectura muy recomendable de un autor al que hay que descubrir.


Idioma original: Español
Año de publicación: 1970
Valoración: Recomendable

La ciudad sienta la tónica general de la trilogía: el protagonista perdido en un sitio extraño, asediado por una sensación de pérdida, desamparo, incomprensión, y hasta de amenaza latente; la atmósfera extraña de tintes surrealistas; el subtexto kafkiano...

A mi juicio, lo mejor de esta novela es la originalidad de su planteamiento. Es algo lenta, sobre todo en su primera mitad, y tiene detalles que no me acaban de convencer. Pero vale la pena en su conjunto, y sólo como umbral de la Trilogía involuntaria ya habría que leerla sí o sí.

Idioma original: Español
Año de publicación: 1982
Valoración: Casi imprescindible

En este libro hallamos las descripciones arquitectónicas más ambiciosas. También hay un manejo del misterio muy trabajado. Éste no pretende ser desentrañado en ningún momento. Llegados a cierto punto, de hecho, se acaba desistiendo a buscar un sentido, una lógica, para focalizarse en el mensaje.

Decididamente, mi pieza favorita de esta maravillosa trilogía. Si alguien no fuera a leerla íntegramente, que al menos le de una oportunidad a El lugar.

Idioma original: Español
Año de publicación: 1980
Valoración: Muy recomendable

París es, probablemente, la pieza más compleja de la trilogía. En primer lugar, porque la prosa alterna constantemente dos tiempos verbales, pasado y presente. También, porque en ella se solapan la vigilia y el sueño, los cuales conviven como dos realidades igual de tangibles. Y, sobre todo, porque los simbolismos que la recorren son más crípticos aún que en sus predecesoras. Asimismo, es un bloque monolítico de texto que no está dividido en varios capítulos que permitan al lector descansar, al contrario que La ciudad y El lugar.

Pero creedme cuando os digo que el esfuerzo de leer esta obra es recompensado con creces. No en vano, esta es la novela de la Trilogía involuntaria con las imágenes más poderosas y el lenguaje más rico. De igual forma, es aquélla en la que aflora libremente el gusto de Levrero por la serie B, guiño que sin duda apreciarán los mitómanos del autor.


También de Mario Levrero en ULAD: La Banda del CiempiésDejen todo en mis manos

jueves, 14 de febrero de 2019

Liliana Bodoc: Los días del venado (La saga de los confines I)

Idioma original: Español
Año de publicación: 2000
Valoración: Me lo he pasado en grande

Me salgo en esta ocasión de mi zona de confort y, haciendo caso a recientes comentarios de algunos seguidores de ULAD, me lanzo con una novela fantástica dirigida, al menos en la biblioteca de mi barrio, al público juvenil. Digo que salgo de mi zona de confort porque no es el fantástico un género que a priori me llame; de hecho, no he leído ni visto"El señor de los anillos", "Juego de tronos" o "Harry Potter". Prefiero, puesto a buscar "géneros menores", las películas de terror de serie B.

Me dejo de rollos y me centro en "Los días del venado", primero de los tres tomos que componen "La saga de los confines" de la argentina Liliana Bodoc. Resalto lo de "la argentina Liliana Bodoc" porque creo que tiene su importancia, tanto para el enfoque como para el desarrollo de la novela. "Los días del venado" transcurre en un lugar y un tiempo que bien podrían ser América del Sur y la época de la "conquista de América" y su argumento podría resumirse, de forma extremadamente resumida, en la eterna lucha entre el Bien y el Mal.

Profecías, augurios, señales del cielo y de la naturaleza y extraños indicios anuncian la llegada de algo desconocido, de una confusa amenaza difícil de interpretar. Esto obliga a los personajes a un viaje casi iniciático, a través de territorios desconocidos, para llegar a una reunión en la que líderes de las diversas tribus buscarán la forma de hacer frente a la citada amenaza. Toda esta parte ocupa dos tercios de la novela, debido sobre todo a que Bodoc opta por ir presentando poco a poco los personajes y territorios que protagonizarán la acción. La novela, quizá por esta elección de la autora, comienza con cierta "lentitud", pero la narración cobra un ritmo vertiginoso a medida que la tensión aumenta, los hechos se aceleran y la lucha se desata, de forma encarnizada, en el tercio final.

Quisiera destacar, además de lo ya comentado del ritmo de la novela, un par de aspectos de "Los días del venado" que me han sorprendido gratamente. Por un lado, Bodoc se sale de los cánones del género (al menos, de los estereotipos que uno tiene en mente al hablar de novela fantástica), y aunque obviamente encontramos magos, batallas, profecías, épica, etc., se observa un importante esfuerzo en la construcción de personajes y ambientes y una cuidada prosa, ágil y poética al mismo tiempo. Por otro, y teniendo en cuenta que se trata de una novela orientada al público juvenil, pone sobre la mesa valores que conviene no olvidar, como el respeto a la Naturaleza, la relación de los seres humanos con el entorno, la importancia del grupo, etc.

En definitiva, confieso que me lo he pasado en grande leyendo este libro, tanto es así que me voy a animar con los dos que completan la saga. Espero que sean tan entretenidos y estén tan bien escritos como este.

P.S.: Gracias por la recomendación, de verdad

domingo, 30 de diciembre de 2018

Colaboración. Virginie Despentes: Vernon Subutex 3

Idioma original: Francés
Título original: Vernon Subutex 3
Año de publicación: 2018
Traducción: Noemí Sobregues
Valoración: Decepcionante

La trilogía Vernon Subutex, de Virginie Despentes, no es una trilogía, a pesar de la contradicción que esa frase encierra. Es, en realidad, un único libro que ha sido dividido en tres partes por, me aventuro a decir, criterios no literarios, sino (probablemente) comerciales. Pero en fin, dado que reseñé la segunda parte, cuya primera parte fue reseñada en su día por Francesc Bon, he creído conveniente hacer una no tan pequeña crítica de la tercera parte, así que vamos allá.

Si en algo estoy de acuerdo con las distintas reseñas que he encontrado sobre este libro es en que es la novela más floja de las tres, y teniendo en cuenta que ninguna de las anteriores me pareció gran cosa, me temo que eso no deja mucho lugar al optimismo. Y si en algo estoy en desacuerdo, es en que es una gran novela, y algún día habrá que hablar de lo que cuesta encontrar una crítica literaria negativa en la prensa "oficial", a diferencia de lo que ocurre con el cine, donde los críticos parecen tener mayor libertad (entren en Rotten Tomatoes y echen un ojo, por ejemplo). Quizá tenga que ver con el potencial de una y otra industria, o la estrecha relación entre las cabeceras de prensa y las grandes editoriales, pero no lo sé. Algún día.

Pasando a la novela, les hago un pequeño resumen introductorio. Vernon Subutex es un tipo entrado en años, expropietario de una tienda de discos que tuvo que cerrar, desahuciado figurada y literalmente, que a lo largo de los volúmenes anteriores ha ido juntado a su alrededor a toda una amplia caterva de personas/personajes de toda clase y condición que viven en plan comuna (cuya descripción a modo de recordatorio para el lector que vienen del anterior volumen inaugura el libro), erigiéndose en una especie de gurú-DJ gracias a mezclas electrónicas semi-hipnóticas. Hay alguna trama secundaria, pero no se crean que a pesar de las novecientas y pico páginas, hay mucho más. 

Por desgracia, Despentes arrastra muchos de los problemas que ya presentaba en el anterior volumen, incluyendo alguno más. 

Para empezar, en la mayor parte del libro, Despentes no muestra, sino que cuenta. Cualquiera que haya ojeado alguna vez un manual de escritura sabe que este es uno de los principales aspectos a cuidar. Es mejor decirle al lector que fulanito le ha escupido a un negro que decirle que fulanito es un racista o que opina que hay demasiada inmigración. Evidentemente, hay que alcanzar un equilibrio (o los libros se harían eternos y llenos de irrelevancias), pero Despentes no se acerca ni de lejos. En una abrumadora mayoría de situaciones, la autora nos dice qué piensa o cómo se siente este o aquella, lo cual hace que la narración carezca de toda fuerza.

Otro problema es el de los personajes. Con veintidós personajes en la trilogía, es difícil, yo diría que imposible, darle una voz auténtica a cada uno, pero Despentes lo consigue en muy pocos casos, y por aspectos más vinculados a la situación vital o aspecto que a la personalidad. En general, muchos de ellos aparecen como entidades intercambiables, y es prácticamente imposible decir si fulanito piensa esto o aquello, más que en ocasiones muy puntuales. Una consecuencia (o una causa) es que Despentes sigue hablando a través de ellos, sin que exista en muchos casos ("siempre" es una palabra muy grande) una mínima membrana entre la entidad ficcional y la autora. Casi siempre que aparece una opinión sobre feminismo, política, la burguesía, el proletariado, la inmigración, etc. (y toca todos los palos y desde muchos puntos de vista), tienes la certeza casi absoluta de que es algo que ella (y no el personaje) está diciendo. De hecho, hay segmentos del libro que podrían ser presentados como un ensayo, y no desentonarían lo más mínimo. En otras palabras, no hay el menor atisbo de subtexto en toda la obra; está todo a la luz, tan obvio como en una entrevista con la autora, y eso resulta decepcionante.

Decía en la anterior reseña que el ritmo de la narración es lento, y en este volumen esa velocidad es aun menor. Casi me atrevo a afirmar que hasta las últimas 100 páginas apenas sucede nada de relevancia, y los capítulos de las anteriores páginas se basan en buena parte en descripciones (a veces desde la tercera persona, a veces desde la primera) de las vidas y opiniones de los personajes. Una de las causas es quizá la enorme escasez de diálogo directo en el texto. En general, aparece como diálogo indirecto y tampoco muy abundante (y a veces, puntuado de manera harto extraña, más que experimental). Todo esto es difícil separarlo de los puntos anteriores (y es probable que se note mi incapacidad para aislar unos problemas de otros). Las opiniones se cuentan, no se muestran, y casi siempre al lector le da igual de quién esté hablando, porque gran parte de la información es estéril para la narración. Menganita puede ser una feminista de tomo y lomo, pero si ya desde el principio es claro que eso no tiene ningún impacto en la trama, que ni siquiera genera una subtrama, es difícil ver su utilidad y prestarle atención. Dicho de otra forma, sabes que hay un personaje que es una feminista, porque Despentes quiere hablar del papel del feminismo en la época actual, pero que se llame Marie o Stephania u Olga acaba siendo irrelevante.

Al igual que en el volumen anterior, acabé este libro pidiendo la hora, y la impresión que me llevé es que no era el único. Durante muchas hojas, tuve la sensación de que Despentes estaba aburrida, cansada, pero sentía la obligación de desarrollar mínimamente el montón de individuos que había metido en la trilogía y acabar de una vez por todas. Hay más cosas que señalar, como la abundancia de referencias musicales o lo forzado que parece el atentado de la sala Bataclan o la muerte de Bowie (que incomprensiblemente es uno de los hechos que se mencionan en la contraportada como reclamo), pero esta reseña ya ha quedado demasiado larga. 

Resumiendo, Despentes ha escrito tres novelas inseparables (las tramas no son independientes) con las que ha pretendido radiografiar la sociedad francesa (y occidental, en su mayor parte) actual, pero fracasa en su mayor parte al intentar hacerlo a través de una obra de ficción. La narración carece de fuerza incluso en las escenas que teóricamente se prestan más a ello, mostrando en algunos casos carencias importantes para crear la emoción necesaria en el lector, no sé si fruto del cansancio o de las capacidades de la autora. Tengo la impresión de que haber optado por un formato de ensayo habría sido un enfoque más sincero y (quizá) de mayor calidad, en el que Despentes podría haber desplegado los recursos de análisis sociológico y el conocimiento que sin duda posee (los conocimientos al menos), pero qué duda cabe que habría sido mucho menos rentable para todos.

Firmado: MBt

sábado, 8 de diciembre de 2018

Eduardo Mendoza: El rey recibe

Idioma: español
Año de publicación: 2018
Valoración: está bien

Cada vez que Eduardo Mendoza saca un nuevo libro sus muchos admiradores -o al menos este admirador que ahora escribe- sentimos una sensación ambivalente, me parece: por una parte, de regocijo y hasta alborozo; por otra, cierta inquietud por si esta nueva obra suya estará a la altura de algunas de las precedentes o deberemos considerarla como una obra menor. No me refiero a la consabida distinción entre "novelas serias" y "cómicas", porque alguna de éstas últimas son de una altísima calidad literaria y además, en todas, incluso en las más conspicuas, el toque o incluso el modo de narrar humorístico está presente.

Lo que pasa es que, para qué engañarnos, don Eduardo tiene ya una edad y, lo mismo que ocurre con otros escritores que han sido señeros en sus años más jóvenes, llega un momento en el que, sin perder dotes en el oficio (a veces sí), sus libros ya son más rutinarios e incluso mediocres, lejos de la excelencia de sus obras consideradas como cumbres. Me temo que puede ser el caso (aunque sólo hasta cierto punto) de Mendoza, que en los últimos años ha publicado libros notables, como Riña de gatos, y otros más rutinarios, pese a su carácter algo gamberroide, como las últimas entregas de su "detective loco"... Hay que ver, pues, a qué categoría pertenece este El rey recibe (*).

Por de pronto, se trata de una novela un tanto peculiar; como respuesta, quizás a la ola de autoficción que nos asedia, Mendoza propone aquí una variante nueva: escribir una suerte de memorias sobre sus años mozos, que transcurrieron, durante los 70 y parte de los 80 en Nueva York -previo paso por Londres-, y que constituirán, esperemos, una trilogía llamada Las tres leyes del movimiento, pero protagonizadas no por él, sino por un alter ego del escritor, el joven barcelonés Rufo Batalla, que tras entrar de casualidad en el mundo del periodismo y dirigir una revista de cotilleo, se traslada a una ciudad de Nueva York en franco declive para trabajar en la oficina de la Cámara de Comercio española. Antes, Rufo ha entrado en relación con unos curiosos personajes: el príncipe Tukuulo (sic), aspirante al trono de la por entonces soviética Livonia y su esposa, Queen Isabella. Además, y siguiendo más o menos, el periplo vital del autor -es de suponer- el protagonista se va encontrando con los más variopintos tipos humanos: desde músicos y artistas vanguardistas o un profesor de filosofía alemán gay, a un abogado de la Mafia o un exaltado falangista, entre otros... Todos ellos le cuentan su particular visión del mundo que Rufo, aún sin compartir, tampoco cuestiona demasiado y pondera con ecuanimidad, pues se trata de un personaje un tanto amorfo en cuanto a su personalidad, aunque no del todo acomodaticio, pues él mismo no se siente satisfecho de su abulia. Otra cosa es que consiga superarla. 

En cierto modo, pues, se podría considerar a esta como una "novela de formación", si no fuera porque, de momento -habrá que esperar al final de la trilogía-, Rufo Batalla no parece más formado al final que al principio del libro (para entendernos, la ilustración de Robert Crumb de la cubierta le viene al pelo). Tampoco es que el argumento dé para mucho: el protagonista parece discurrir de aquí para allá más movido por la casualidad o quizás por los recuerdos aleatorios de Mendoza que por una trama bien estructurada. No es óbice, sin embargo para que la corrección estilística que caracteriza a este escritor sea intachable y la lectura de la novela se haga fácil e incluso amena, gracias además a la bonhomía de su autor y su característico sesgo humorístico. Lo malo es que, creo, el olvido de la misma puede resultar igual de fácil.

(*) Sobre el título de la novela, Mendoza ha contado la anécdota de que en una recepción o algo parecido le comentó a Su Majestad Felipe VI cual era el título del libro que estaba escribiendo, a lo que nuestro bienamado monarca preguntó: "El rey recibe, ¿pero recibe... qué?"
¡Ay, estos Borbones, siempre tan desinteresados...!

Muchos más libros de Eduardo Mendoza reseñados aquí.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Jason Lutes: Trilogía Berlín


Idioma original: inglés
Títulos originales: Berlin, City of Stones; Berlín, City of Smoke; Berlín, City of Light
Años de publicación: 2001; 2008; 2018
Traducción: Kike Benlloch (libro 1) ; Óscar Palmer (libros 2 y 3)
Valoración: Muy recomendable

Hace ya 23 años, al parecer, que Jason Lutes comenzó el proyecto que ha culminado este 2018 con la publicación de su tercera y última parte: la trilogía de novelas gráficas sobre la ciudad de Berlín durante la llamada República de Weimar, ese interludio democrático, pero de lo más convulso, que vivió Alemania entre el final de la I Guerra Mundial, hace justo ahora un siglo, y el ascenso al poder de los nazis. Una época que comenzó con una revolución truncada y que conoció una gran inestabilidad política, crisis económicas (la producida por la guerra y la del crack del 29), paro, enfrentamientos constantes entre los pujantes comunistas y los cada vez más presentes nacionalsocialistas... en fin, todo un cuadro muy poco alentador, aunque en esa época Berlín también vivió unos años de efervescencia cultural y, por qué no decirlo, fiestera... Al menos para quien aún contaba con posibles.

Todo este ambiente lo refleja Lutes de forma magistral. Para ello, utiliza el consabido modelo de novela coral, al modo de Manhattan Transfer (para el lector hispano, quizás nos resulte más cercana La colmena)**, aunque articulada sobre todo a través de dos personajes: el veterano periodista Kurt Severing y Martha Müller, una joven de Colonia que acude a Berlín para estudiar en la escuela de arte. Alrededor de ellos vemos aparecer otros personajes variopintos, que van conformando el panorama caleidoscópico que componía la ciudad entre el otoño de 1928 y el 1 de mayo de 1929, que es el periodo que abarca el primer volumen de la trilogía: Berlín, Ciudad de piedras. Así, conocemos a estudiantes de arte, modelos y cabareteras; periodistas, judíos y comunistas... Los nazis, aunque ya tienen bastante presencia en las ciudad, de momento resultan casi anecdóticos en la narración.

El primer libro acaba, ya digo, con la manifestación del Primero de mayo de 1929, en la que la policía berlinesa causó la muerte de al menos 33 manifestantes. A partir de ahí, y hasta el verano del año siguiente, se desarrolla el segundo libro, Berlín, Ciudad de humo, cuyo hilo conductor no son sólo las vidas de Kurt y Martha, sino también de los Cocoa Kids, un conjunto musical de negros norteamericanos que tocan el novedoso jazz (para Alemania en aquellos años). El abanico social reflejado en el libro se abre y, además de los comunistas y los nazis, cuyos enfrentamientos son cada vez más frecuentes y violentos, conocemos el Berlín de los mendigos y las prostitutas, pero también el de los intelectuales o la alta burguesía -representada a través de la amiga de Kurt, Margharete-, así como sus fiestas desenfrenadas y los clubes clandestinos de lesbianas o los ocultos encuentros entre gays. Aparecen aquí, además, personajes reales como Josephine Baker o los históricos nazis Horst Wessel y Goebbels. En las elecciones al Reichstag de agosto de 1930, el NSDAP ya consigue 107 representantes.


Son los nazis, precisamente, quienes protagonizan, en gran medida, el tercer libro: Berlín, Ciudad de luz; de hecho, el propio Hitler aparece de vez en cuando como guest star... Pero es la lucha entre comunistas y nacionalsocialistas, cada vez más enconada,  por el control de las calles, la que centra este volumen, representada en gran medida por la división de la familia Braun, cuyas desventuras vamos conociendo desde el primer volumen. la ciudad y el país, que además han sufrido un nuevo revés con la crisis bursátil del 29, parecen estar conteniendo el aliento ante la inminente subida de Hitler al poder y el previsible fin de los años de relativa tolerancia y libertad que ha vivido Berlín.


Si bien los tres volúmenes forman un todo, en mi opinión es el segundo de ellos el más logrado, tanto en el aspecto narrativo y documental como a nivel gráfico y visual: los trazos de Lutes se ven más sueltos y seguros que en el primero, y también hay una mayor sofisticación en la composición de las viñetas. Además de esto, desde luego no puedo finalizar esta reseña sin destacar el magnífico trabajo de reconstrucción icónica que ha hecho el autor sobre una ciudad contra la que, como ya sabemos, se ensañó con no poco denuedo la Historia del siglo XX. El resultado es un retrato espléndido y minucioso de esta ciudad en una época apasionante, así como una declaración de amor hacia la misma. Una lectura, por otra parte, de lo más aconsejable en estos tiempos en el que por el horizonte asoman nubes de tormenta que ya creíamos que habrían pasado (esperemos, que, al menos en esto, Marx tuviera razón y si la historia se repite, sea sobre todo en forma de farsa...).

* He puesto tan sólo la cubierta del primer volumen porque las tres son prácticamente iguales:  no cambian más que el título y el color del lomo.
** También, claro está, es inevitable la referencia a Berlin Alexanderplatz, de Alfred Döblin, novela la que  hay un guiño en esta trilogía y que merece, algún día, una reseña en Un Libro Al Día, por supuesto...

viernes, 11 de mayo de 2018

James Herbert: Las ratas

Idioma original: Inglés  
Título original: The rats
Traductora: Lupe Tellechea del Puerto 
Año de publicación: 1974
Valoración: Está bien 

James Herbert hizo la competencia al mismísimo Stephen King en lo que a ventas se refiere. Y con su primera novela, Las ratas. Empezó a escribirla a los 28 años. La presentó a seis editoriales, hasta que una de ellas se decidió a publicarla. El libro cosechó un éxito tremendo, y su autor lo convertiría en la primera parte de una trilogía.

Además de popularidad entre los lectores, Las ratas despertó admiración dentro del sector literario. Aunque está plagada de una violencia explícita bastante habitual en la literatura de terror de la época, introdujo una novedad: zambullir a un protagonista normal en una situación tan espeluznante como verosímil. Esta aura de realidad sedujo a muchísimos escritores de género, los cuales acabarían por implementarla en sus historias. Pienso en autores como el ya mencionado Stephen King o Dean R. Koontz

Dicho esto, vamos al argumento del libro: Londres se ve infestado por una nueva especie de ratas. Estas ratas son más grandes y oscuras que las que se pueden ver en los muelles, no parecen tener miedo de las personas y se alimentan de carne humana. Encima, hay un brillo malicioso en su mirada. Como lo oís, ¡estas alimañas hacen que los roedores de El pozo y el péndulo parezcan unos adorables cachorritos!

El caso es que Harris, un profesor de arte, acabará luchando contra tan temible plaga. Y si os presento a Harris es  porque, aunque estamos ante una novela coral, es el protagonista indiscutible de la misma. No es un personaje demasiado profundo, pero es fácil cogerle cariño. De hecho, James Herbert se empeña en que simpaticemos con él. A veces, volviéndolo una fantasía de poder; en otras ocasiones, sometiéndole a escenas tan moñas como innecesarias con su novia. Ardides estos literariamente chapuceros, si se me permite. En todo caso, pero, los trucos del escritor funcionan, y sufrimos por Harris cada vez que su vida peligra; si, además, se la está jugando por una causa noble, ya ni te digo.

Como aspecto negativo de este libro mencionaría el intento frustrado de James Herbert por conceder algo de profundidad al texto. Parece que el autor está a punto de emplear a las ratas como metáfora con la que reflexionar sobre la Humanidad (devastada aquí por la Segunda Guerra Mundial) y su implacable deseo de sobrevivir. A la postre, pero, jamás se llega a insistir en esta deriva. Ni en esta, ni en ninguna otra, en verdad. Y es una lástima, porque se hubiera podido aportar a la obra un mensaje poderoso, y dotarla de mayor interés literario. Aunque, ahora que lo pienso, quizás mejor que la cosa quede de este modo, así, sencilla. Autores de terror como Dean R. Koontz, por ejemplo, acaban volviendo risibles y pretenciosas a sus historias al meterles con calzador algo de sociología de manual, o al decir a través de ellas algún tópico de una simpleza sonrojante. Así pues, lo que en otro tipo de literatura sería un problema, aquí no es para tanto. ¿Que no hay un mensaje? ¡Da igual, yo sólo vengo a entretenerme, y con mucha honra!

Y es que, al final, Las ratas es lo que es: una novela disfrutable. Ni más, ni menos. Tiene personajes que, sin ser para nada interesantes, logran que empatices con ellos. Asimismo, nos granjea alguna que otra escena memorable (el asalto de los roedores a la escuela es increíble, y la "batalla final", ya ni te cuento). Garantizado: un pasatiempo estupendo, que, para colmo, sentó escuela en su momento. ¿Se puede pedir más para una tarde soleada? 

Por cierto, antes de acabar, no querría dejar pasar la oportunidad de felicitar a La Biblioteca de Carfax, editorial independiente que apunta maneras, por rescatar a esta obra. Sin duda, le va que ni pintado a su catálogo, volcado en la difusión del terror a nivel patrio. Hasta ahora, esta tarea quedaba relegada mayoritariamente a la legendaria Valdemar, y es una gozada contemplar como tantas jóvenes promesas -La Biblioteca de Carfax, Dilatando Mentes, Cerbero...- han venido a echar una mano. ¡Seguid así! Por último, volviendo a Las ratas, también querría destacar que la ilustración de la cubierta, de Rafael Martín Coronel, es maravillosa. ¡Y el diseño de la colección me encanta!

viernes, 30 de diciembre de 2016

Carl Frode Tiller: Cerco

Idioma original: noruego
Título original: Innsirkling
Traducción: Cristina Gómez-Baggethun
Año de publicación: 2007
Valoración: recomendable

En los últimos tiempos se viene asociando la literatura nórdica con el género policíaco. Pero afortunadamente, la irrupción en poco tiempo de gran variedad de autores de novela negra que han expandido su obra fuera de su país, también ha permitido que se conozcan otros autores pertenecientes a esos lares de estilo muy alejado de la literatura negra. Este sería el caso, por poner ejemplos, de Knausgaard, Per Peterson o más recientemente Carl Frode Tiller que nos llega traducido al castellano de la mano de la editorial Sajalín.

En este primer volumen de la trilogía del mismo nombre ("Insirkling" en su versión original), Carl Frode Tiller nos propone una novela coral. De tal manera, nos encontramos con David, protagonista central aunque ausente de la historia y una serie de personajes que formaron parte de su pasado. La sinopsis se resume con pocas palabras: debido a la pérdida de memoria de David, el médico que le trata pide a sus allegados que le escriban cartas recordando quién era, para ver si a través de estos recuerdos David puede recuperar la memoria para saber quién es y cuál fue su pasado.

De este modo, el propio título de la novela ya apunta a lo que será su objetivo: Cerco hace referencia a la delimitación de la personalidad de David, se establece un círculo alrededor de él como perímetro dentro del cual se cerca su personalidad. Estableciendo estos límites, la aportación de los recuerdos de su amigo de la infancia Jon, su padrastro Arvid y su primer amor Silje conformarán, al menos en este primer volumen, los puntos de vista a partir de los cuales recuperar la memoria de David. Así, el libro parte de un personaje central al que nos aproximamos desde estos 3 diferentes puntos de vista y es a partir de los recuerdos de tres personas clave en su adolescencia como vamos recomponiendo la vida y figura de David, sus inquietudes, temores, amores y preocupaciones para llegar a descubrir su personalidad al completo, teniendo en cuenta que no todas las versiones tienen por qué coincidir de manera exacta ya que cada uno percibe las cosas de distinta forma. 

Sin embargo, esta novela abarca más que conocer quien es David, y es aquí donde se encuentra la pluralidad y la riqueza de este libro ya que para completar el paisaje sociológico del mundo formado por ellos, se narran también el presente de las vidas de los tres personajes. Así, no solo conoceremos a David a través de lo que nos cuentan los personajes que formaron parte de su pasado, sino también conoceremos la historia de cada uno de ellos puesto que el autor intercala la vida en presente de los diferentes personajes con las cartas que envían a David. De este modo, alternando presente y pasado, vemos para cada personaje dos narraciones con el mismo peso para cada uno de ellas. Esta variedad de personajes enrique el texto ya que la retrospectiva y revisión del personaje de David es común a los tres pero el presente es independiente e inconexo con el resto ya que no interaccionan entre ellos. Este hecho permite abrir el abanico de temas tratados.

Con todos estos elementos sería fácil elaborar una historia complicada donde perder el hilo de la narración, ya que en novelas corales puede resultar complejo evitar marear al lector entre tanto personaje, tiempo narrativo, etc., pero en este caso el autor salva hábilmente este escollo marcando claramente tres partes en el libro en tres grandes bloques, uno para cada uno de los personajes.  De esta forma se tratan secuencialmente los tres personajes facilitando su lectura y comprensión y convirtiéndola en muy amena al utilizar además un vocabulario sencillo. 

De esta forma, la novela no pretende ser un rompecabezas sino un análisis de como la forma de ser una persona es rica en matices, compleja y a la vez percibida de forma diferente según el punto de vista de cada una de las personas con las que se interactúa. Con esta idea, la cuestión que queda siempre en el aire es ¿quien somos en realidad? ¿Puede alguien afirmar que nos conoce completamente? Este es el elemento nuclear de la novela: tratar de conocer la vida de una persona mediante los que la rodean. Es con este propósito con el cuál se construye esta novela, tratar sobre las relaciones entre familiares, amigos, parejas, y como en todas estas relaciones aparecen dudas, momentos de culpabilidad, emociones, tristezas, muerte, falsedades y el resto de aspectos que conforman nuestro día a día. Estos temas, digamos que recurrentes en la literatura más introspectiva, son tratados en este libro de forma que cada personaje trata únicamente alguno de estos asuntos de forma que, si los tomamos en conjunto, se tratan todos los elementos que forman parte de la vida.

Cabe decir, que el autor no deja mucho espacio a alegrías o positivismo, la mayoría del libro es desesperanzador aunque en ningún caso se trata de un libro triste por lo que no llega a impactarte de forma contundente ni te remueve la consciencia. El lector sobrevive a su lectura sin que le deje secuelas.

Con resultado desigual entre las diferentes partes y personajes, me quedo con las que hablan de David (en retrospectiva) y la historia del padrastro Arvid. En cualquier caso, esta obra de Tiller despierta el interés por los diferentes puntos de vista de los personajes y tiene un final que te atrapa, dejándote con ganas de continuar con la trilogía. Esperemos que no tarden en publicarla. Estaremos pendientes.

jueves, 28 de abril de 2016

Reprise: TochoWeek #8. Francisco Casavella: El día del Watusi

Idioma original: español
Año de publicación: 2002, 2009 para esta edición con correcciones
Valoración: bastante recomendable

La Primera Aclaración Preliminar: cuando propuse a los amos de todo esto lo de montar la TochoWeek, uno de mis objetivos era encontrar un pretexto para dejar de aplazar la lectura de esta novela. Cuestión que se agudizó con su reedición. No soporto ser tomado por oportunista.
La Segunda Aclaración Preliminar: esta edición que veis (la foto es de la deterioriada copia que ha pasado algún lustro que otro en mi estantería esperando su turno) ilustrando esta reseña es la de Destino. La que he leído, que es casi inencontrable. Ahí la tenéis, en Amazon a 400 euros. Yisus. Anagrama, supongo que por influencia de Silvia Sesé (anteriormente en Destino), la ha reeditado, añadiéndole prólogos y epílogos de algunos rendidos escritores barceloneses, y contribuye a engrandecer el mito de esta novela, en realidad una trilogía, casi 1200 intimidadoras páginas que son descritas (no unánimemente, la novela se llevó algún que otro palo en su día) como la Gran Novela de Barcelona, o de la Transición, o de lo que sea. Títulos que, alguno de ellos, ya habían sido otorgados a novelas de Mendoza o de Marsé. Pero (y perdonad la frivolidad, que creo que Casavella hubiera entendido) el hombre va y se nos muere. En 2008, 45 años y la flor de la vida. Muere un hombre y nace un mito. Qué gran titular, verdad. Y El día del Watusi se yergue como obra cumbre y las cosas toman ese cariz épico en el que hasta las notas disonantes son agradecidas como excepciones a la regla que es, ahora sí, la unanimidad. Y entonces qué tentador resulta dejarse llevar por ese escenario y mostrarse magnánimo, entusiasta. Así lo ponemos sencillo a quienes nos pueden hacer capturas de pantalla y recriminarnos nuestras concesiones , y nosotros nos defenderemos con nuestras excusas más socorridas. Que es más fácil encontrar cagarrutas, que de eso hay a patadas. O que los muertos no pueden defenderse y ese mínimo de elegancia lo tenemos, aunque quede tan poco moderno hacer alarde. En fin, tan lícito es hacer que la gente se aleje de malos libros como intentar que se acerque a los buenos. 

A El día del Watusi puede que le sobren páginas. Pero no me preguntéis cuántas ni dónde. Porque puede que os diga cada día una cosa. Porque puede ser una (o tres) novela(s) imperfecta(s). O un artefacto donde la forma (presentada en la guisa de una escritura perfecta, depurada, impecable detrás de un perfume acanallado) puede que en momentos eclipse (hasta devore) un fondo que, a veces, no muchas, parece un pretexto, como un soporte cuyo única finalidad es que se le cuelguen ornamentos. 
La historia detrás de esta Trilogía, empaquetada de forma espartana, parte del asesinato de Julia, joven hija de Celso, líder de la delincuencia local de un barrio barcelonés, Las Casitas, situado en Montjuïc, fea y roma montaña que se asoma al puerto, montaña que albergaba hace lustros un parque de atracciones que cerró y que aún alberga barrios curiosos. En la otra montaña emblemática de Barcelona, en ese Tibidabo que acabó dando nombre a alguna turbia compañía, allí encontramos en 1995 a Fernando Atienza, antihéroe y superviviente de mil batallas que recibe, de rostro anónimo, un peculiar encargo. Redactar un informe, sobre un tal Neyra, para un empresario que se encuentra encarcelado, por unos millones especulados, por algún malentendido de corruptelas, ya se sabe. Allá arriba, con la excelente vista de la ciudad a los pies, cualquiera aceptaría cualquier cosa. A cambio de dinero, aún más. Y Atienza empieza su relato, que abarcará tres novelas, aludiendo a aquel lejano día, 15 de agosto de 1971, en que recorrió la ciudad junto a Pepito El Yeyé para advertir al Watusi, celebridad local, de que se le culpaba de la muerte de Julia. Adolescentes de barriada cuyo sentido del deber surge de extraños códigos de honor, y un día que marca su existencia. Un día que arrastrará como motivo recurrente en las tres novelas, aunque solamente constituye el centro de la primera. La segunda, unos años después, nos muestra a Fernando en medio de las intrigas políticas que se sucedieron en los años inmediatos a la muerte de Franco, trabajando como chico para todo para un banco, metiéndose casi sin querer en la formación de una estrafalaria formación política promovida a toda prisa por una serie de prohombres apurados ante la posibilidad de que el establecimiento de las instituciones "democráticas" los aleje de sus prebendas. Todo el recorrido, casi 1.200 páginas, relato de Atienza, con sus historias con las mujeres, casi siempre envueltas de talante trágico, con su consistente paquete de personajes y escenas memorables, en las que su evocación del día del Watusi regresa y toma el poder, como un misterio desentrañable y como un hecho que es a la vez agujero negro y faro que ilumina. Cerca del final (unas nada desdeñables cien páginas finales) Casavella se nos enreda en una maraña de digresiones que, poco a poco y, no siempre con la coherencia exigible a un arquitecto de tramas, van resolviendo los enigmas. Os recuerdo: la forma aquí se impone, y aunque El día del Watusi no pueda ser tildado de ejercicio esteticista, sí que es, y creo que esto representa un gran colofón a la TochoWeek, un caso emblemático de novela de gran extensión: irregular, ambiciosa, difícil y exigente con el lector. Como obra de culto que se precie, dispondrá de admiradores rendidos y de detractores desde el escepticismo o incluso desde la heterodoxia. Yo prefiero confesar haberme quedado en un tibio medio camino, y que la posibilidad de una relectura ahora mismo me asusta  sobremanera, así que lo dejo ahí, en ese bastante recomendable, que es una opinión tanto producto del promedio entre sus picos y sus valles como de pura justicia literaria. Que, a estas alturas, aquí, vamos a creer poder administrar. Sin esperar a que nos den permiso.

También de Francisco Casavella en ULAD: Elevación, elegancia y entusiasmo

domingo, 23 de agosto de 2015

Óscar Esquivias: Viene la noche

Idioma: castellano
Año de publicación: 2007
Valoración: muy recomendable

Tercera entrega de la trilogía "dantesca" sobre la Guerra Civil española escrita por Óscar Esquivias y... ¡sorpresa!: nuevo cambio de registro, e incluso de personajes -casi- y de escenario. Si Inquietud en el Paraíso constituía una reconstrucción histórica ejemplar -aunque la novela sea bastante más que eso- y La ciudad del Gran Rey era una fantasía distópica que actuaba como metáfora (perdón por tanta esdrújula), en Viene la noche la acción se desarrolla en el tiempo presente -es decir, cuando se escribió la novela, en 2006- y no en el  Burgos real ni el "alternativo", sino en Madrid. Cambian también los personajes: desaparecen -no del todo- Rodrigo Gorostiza, el relojero Bayona, el comandante Paisán... y la historia se centra en la vida de un anciano, el burgalés Benjamín Tobes, vecino del madrileño barrio de Tetuán, cuyas calles recorre a diario; también nos hablan de su familia, sus amigos, su afición por la lectura... si bien el protagonismo lo comparte, aunque sea a modo de contrapunto, con su hijo jaime, que también tiene sus propias y peculiares circunstancias matrimoniales y familiares.

Novela de aparente corte costumbrista que supone un retrato de la España actual -de la que era en 2006, en realidad-, con sus calles repletas de inmigrantes (sería curioso comprobar hasta que punto pueden haber cambiado -o no- las cosas en pocos años, convirtiendo esta novela casi en un testimonio histórico), y el transfondo de los atentados del 11 de marzo de 2004 como eco de lo que supusieron la Guerra Civil y sus consecuencias. También, para quien guste de los recursos y guiños "letraheridos" hay algún momento metaliterario elegantemente trazado. Por no hablar del divertido grupo de los poetas jacobinos de la letra impresa liderados por Garcilaso Morris... 

Pero Viene la noche es sobre todo una novela sobre la devastación que puede suponer la vejez sobre los seres humanos; sobre sus capacidades, sus percepciones y su entorno... sobre lo que han sido o han creído sertoda la vida. Y eso, aunque nos resistamos a su avance con uñas y dientes -como hace Benjamín Tobes-; antes o después, la noche llega.

La vejez, pues, como uno de los círculos del Infierno, más allá del cual sólo resta otro más, el de la muerte.


miércoles, 19 de agosto de 2015

Óscar Esquivias: La ciudad del Gran Rey

Idioma: castellano
Año de publicación: 2006
Valoración:  recomendable

Segunda entrega de la trilogía "dantesca" escrita por Óscar Esquivias y, en contra de lo que pudiera esperar el lector, cambio casi total de registro. Si Inquietud en el Paraíso estaba narrada partiendo de la ortodoxia de la novela histórica "convencional" -aunque superándola-, aquí nos encontramos un relato de corte fantástico, que se desarrolla en un escenario distópico, en una relidad alternativa correspondiente, aparentemente, al Purgatorio. Una distopía que resulta ser, en principio, similar a la ciudad de Burgos donde se desarrollaba la primera entrega de la trilogía... aunque sólo en apariencia: se trata de un "Burgos" azotado por una enigmática guerra, cuyas calles cambian de trazado por las noches, poblado por misteriosos -y peligrosos- habitantes, cuyos cielos son surcados por ermitaños voladores, una ciudad de tiempo cambiante, donde los ángeles custodian los sagrarios de las iglesias en ruinas, donde la única moneda en circulación son los dientes humanos... Una ciudad en la que tratan de desenvolverse -y ocultarse- los supervivientes de la expedición de don Cosme Herrera, con el comandante Paisán al frente. Un mundo distópico que nos remite, inevitablemente, a Las ciudades invisibles de Calvino, aunque también a las pesadillas opresivas de Kafka, al universo surrealista... O, en cuanto a las artes plásticas, a las pinturas de El Bosco, los grabados de Escher o incluso las creaciones de Chagall.

Además de una imagen del Purgatorio, la ciudad del Gran Rey es también, obviamente, una metáfora de la España inmersa en la Guerra Civil -y ésta, a su vez, del Purgatorio y viceversa-; de igual forma, el ominoso Gran Rey puede ser un trasunto del mismo Dios.... o del Diablo (o del propio Franco, por qué no...). Entreveradas en la narración principal encontramos además pequeñas estampas cotidianas de la ciudad, relatos corots de un costumbrismo surrealista que enriquecen la novela y nos ofrecen un panorama más amplio y profundo de ese Purgatorio que quizás no sea sino el reflejo enel espejo de nuestra propia realidad.

Una novela ésta distinta a lo acostumbrado, sin duda, y que por eso mismo no dejará indiferente a nadie. Que además constituye una muestra de lo que es capaz de escribir este autor de probada inventiva y exquisita factura literaria.


Otros libros de Óscar Esquivias en Un Libro al Día: Andarás perdido por el mundoJerjes conquista el mar, Viene la nocheInquietud en el Paraíso

viernes, 14 de agosto de 2015

Óscar Esquivias: Inquietud en el Paraíso

Idioma: castellano
Año de publicación: 2005
Valoración: Muy recomendable... como poco

El tópico dice que la literatura -y aún más el cine- española está saturada de obras que tratan sobre la Guerra Civil y sus consecuencias. No sé lo que tiene eso de cierto, pero de lo que sí estoy seguro es de que entre toda esa supuesta abundancia de novelas, pocas o ninguna habrá que se parezca a la trilogía escrita por el burgalés Óscar Esquivias. Por otro lado, esta trilogía, bastante sui géneris, no sólo trata del tema de la guerra: también está inspirada en la Divina Comedia de Dante Alighieri; para empezar, esta primera entrega (denominarla como simple "parte" de la trilogía no sería correcto, pues se trata de tres novelas en casi todo autónomas unas de otras) se dedica al Paraíso, o a lo que podría considerarse como un ambiente paradisíaco -entiéndase en un sentido irónico-, desde el punto de vista de la nostalgia provinciana española: el de la situación justamente anterior a la sublevación militar de Julio del 36, que dio comienzo a la guerra.

La novela nos relata el transcurrir de aquellos primeros días de verano, en la ciudad de Burgos, en los que los burgueses -y burgaleses- paseaban, los proletarios recelaban y los militares conspiraban para subvertir el orden constitucional establecido (resulta significativa la elección de esta ciudad castellana como escenario de la novela, puesto que, aunque la razón principal se debe, sin duda, a que se trata de la localidad natal del autor, no olvidemos que también fue la elegida por Franco para establecer su Estado Mayor y por tanto,resulta de lo más emblemática). en esa capital soñolienta por la modorra veraniega se cruzan personajes de ficción, como el seminarista Rodrigo Gorostiza, el relojero socialista Julián Bayona o el comandante Paisán, con otros reales como fueron los generales Mola y Dávila, inteligencias grises de la sublevación militar o el músico Antonio José, asesinado tras producirse la misma. Entre todos ellos, también un visionario, el penitenciario de la Catedral, don Cosme Herrera, que tiene la extravagante idea de que el Purgatorio escrito por Dante no es, a diferencia del Infierno y el Paraíso, ni literatura ni teología, sino un detallado libro de viajes, crónica del que realizó el propio Dante a tal ilocalizado lugar. y lo que es más, que existe una puerta o vórtice para acceder a él dentro de la catedral de Burgos, junto a la tumba del arcediano Villegas, por lo que él mismo pretende viajar a esa dimensión a través de ella, liderando una expedición cívico-militar.

Irónica, nostálgica, alternativa, incisiva... No se trata, desde luego, de lo que se conoce en modo estricto, como una "novela histórica". Tampoco, claro está, de una de fantasía. En realidad es una novela que trasciende cualquier género y en gran medida eso se debe a lo estupendamente que está escrita: la prosa, trabajada con maestría, resulta de una exquisita claridad y contribuye no poco a que la lectura de esta novela -que ya digo va más allá de la ortodoxia de la novela histórica al uso- sea una delicia. Posiblemente nos encontremos ante una muestra de la mejor ficción que se ha escrito en España en lo que va de siglo XXI. Mucho más que recomendable para todo el mundo.


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