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jueves, 17 de octubre de 2024

Iván Humanes: Teoría del Gran Infierno

Idioma original: Español
Año de publicación: 2024
Valoración: Entre recomendable y está bien

Teoría del Gran Infierno es una antología del catalán Iván Humanes. Compila unos ochenta microrrelatos de entre una y dos páginas de extensión, además de un "Prefacio" y un "Posfacio".

A los microrrelatos de Humanes los hermana una querencia por lo macabro, lo extraño, lo siniestro, lo terrorífico y lo cáustico. De ellos me quedo con la potencia ocasional de su imaginería y, sobre todo, con el humor negro que destilan.

Sus registros son variados: historias de género con desenlaces efectistas, piezas atmosféricas e incluso ejercicios metaliterarios (como los de la página 87).

Muchos de estos  microrrelatos son autoconclusivos. Otros, en cambio, pertenecen a un argumento mayor, iniciado en el antes mencionado "Prefacio"; éste nos presenta a un aquelarre de viejas que escriben, practican brujería y viven en un faro (que parece ser una especie de residencia).

Este argumento mayor me ha dejado un sabor agridulce. Y es que, aunque arranca con fuerza y sirve para aglutinar (algo tramposamente, todo hay que decirlo) el conjunto, va perdiendo fuelle a medida que se desarrolla. A eso hay que añadirle que, para mi gusto, desaprovecha a sus personajes (sobre todo a la narradora y a Albert), sus toques lovecraftianos y su planteamiento metaliterario. Sea como fuere, hay que reconocerle algunas ideas brillantes, como por ejemplo la expuesta en el microrrelato 56.

Los microrrelatos autoconclusivos cuyo argumento no está ligado directamente con la historia de las viejas me han gustado bastante más. Sobre todo aquellos que no dependen de la eficacia de un giro final, sino que desarrollan un concepto o premisa sugerentes con solvencia. Pienso, por ejemplo, en los número 30, 40, 55 y 68.

En suma, Teoría del Gran Infierno es una antología resultona. Contiene una docena de microrrelatos sobresalientes y exhibe una «unidad total» algo tramposa pero consistente. Ha sido editada con mimo por Pez de Plata, que la engalana con una cubierta y contracubierta texturizadas y un puñado de ilustraciones y fotografías interiores.

viernes, 28 de junio de 2024

Barbara Molinard: Zozobra

Idioma original: Francés
Título original: Viens
Traducción: Vanesa García Cazorla
Año de publicación: 1969
Valoración: Entre recomendable y está bien

Barbara Molinard destruía casi todo aquello que escribía. Marguerite Duras, amiga suya, así lo explica en el prefacio de Zozobra, la única antología publicada por la autora.
 
El volumen, editado en español por Sexto Piso, consta de doce relatos, un conjunto de microrelatos y una entrevista que Duras le hace a Molinard. También incluye reproducciones monocromas de algunas pinturas abstractas de Molinard, a mi juicio bastante insípidas.

Mucho más interesantes que dichas pinturas son los doce relatos de Molinard aquí compilados. Escritos con una prosa funcional aunque un tanto plana, configuran exitosamente un microcosmos subjetivo lleno de angustia, congoja y desesperación atravesado por múltiples simbolismos, empañado por un tono onírico y gobernado por la lógica de los sueños.

A grandes rasgos, podemos separar los relatos de Molinard en dos categorías, aunque ambas se solapan de vez en cuando (como sucede en "El taxi"). 

En los de la primera categoría predomina el retrato psicológico de un personaje femenino; por ejemplo, "El avión de Santa Rosa", "La jaula" o "La felicidad". De éstos, mi favorito es "La jaula", cuyo registro por lo general realista se ve irrumpido abruptamente por un elemento fatídico casi sobrenatural; narra la existencia de una joven cuya felicidad se ve eclipsada cuando por fin encuentra el amor por culpa de la tétrica visión de una boa.

En la segunda categoría encontramos relatos metafóricos de clara vocación abstracta. Aunque el mensaje que transmiten es cuanto menos tenue, son muy sugerentes. En ellos, un protagonista masculino deambula por un espacio indefinido con algún objetivo vago a realizar (este sería el caso de "La mano cortada" o "La cita") o se halla estancado en un lugar a merced de caprichos externos (como sucede en "Los apartamentos del padre" o "Estoy solo y es de noche").

El protagonista de "Los apartamentos del padre" encapsula cómo se sienten los personajes principales de los relatos de esta segunda categoría. En la página 87 confiesa que «El sentido de este trabajo y de mi vida aquí a veces se me escapa y, si pensara mucho en ello, enloquecería al final.» En la 88, siente que «era el juguete de algún oscuro misterio.» Y en la 89, que «me había embarcado en una aventura absurda que escpaba a mi entendimiento.»

La mayoría de los relatos me han gustado. Incluso aquéllos que flojean en determinados apartados ("La mano cortada", por ejemplo, carece de foco) tienen aspectos reivindicables. Y los mejores, como el antes mencionado "La jaula", el inquietante "La cita" o el pesadillesco "Los apartamentos del padre", me parecen sumamente logrados.

Zozobra es, pues, una antología recomendable. Si bien el universo literario de Molinard no es tan complejo y memorable como el de Franz Kafka, ni tan creativo y plástico como el de Leonora Carrington, seducirá a los amantes de ambos autores. A mí me ha recordado también al exhibido por ciertas ficciones de Mario Levrero, lo cual habla positivamente del nivel de Molinard.

domingo, 18 de febrero de 2024

Santi Pérez Isasi: El edificio

Idioma: español

Año de publicación: 2023

Valoración: fatal Más que recomendable 

Vayamos por partes...

Qué no es El edificio:

-El edificio no es un ensayo de Robert Venturi sobre arquitectura postmoderna.

-El edificio no es un informe técnico más memoria de calidades presentada para la construcción de la Torre Willis (antes Sears) de Chicago, durante un tiempo el rascacielos más alto del mundo.

-El edificio no es un capítulo del libro Territorios improbables, de Pedro Torrijos (aunque bien podría serlo).

-El edificio no es un recopilatorio de las mejores historietas de 13, Rue del Percebe (aunque también podría serlo).

-El edificio no es el guión de un capítulo de Aquí no hay quien viva o La que se avecina.

-El edificio no es una parte del Génesis en la que Yahvé se carga (otra vez) a un montón de gente por medio de un diluvio y por sus cojones morenos.

-El edificio no es un plagio de La residencia de los dioses, pero ambientado en Babilonia o el Antiguo Egipto, en vez de en la Galia dominada (o casi) por los romanos.

-El edificio no es un análisis semiótico-literario de La vida instrucciones de uso, de Georges Perec.

-El edificio no es una fábula distópica que sirva de respuesta a alguna pregunta que nos podamos hacer (o quizá sí).

-El edificio no es una fábula distópica que nos plantee alguna pregunta que podamos responder (o quizás también).

Qué sí es El edificio:

-Así pues, El edificio es una distopía que, si bien no plantea preguntas ni proporciona respuestas, resulta estremecedoramente plausible y hasta probable.

-El edificio es una colección de microrrelatos que, ¡oh, sorpresa!, todos juntos conforman un macrorrelato al que incluso podemos llamar novela... (Venga, sí, llamémoslo novela)

-No sólo novela: El edificio es además una novela de ciencia-ficción. Más de ficción  que de ciencia, tampoco os voy a engañar... Pero de la buena.

-El edificio es una metáfora del capitalismo, de la sociedad occidental metida en su (nuestra) torre de marfil, de cualquier civilización que en el mundo ha sido o será y que está condenada a la entropía hasta su desaparición.

(Claro que el capítulo 27 explica: "El edificio tampoco es un símbolo ni una metáfora; reducirlo a un símbolo o una metáfora sería como decir que no existe , y el edificio, si algo hace, es existir"... Pero eso es algo que, después de todo, dice el autor y qué va a saber él de este libro).

-El edificio es, por tanto, un drama apocalíptico que representa y resume toda la entropía a la que está abocada nuestra época.

-El edificio es, también, una comedia apocalíptica que representa y resume toda la entropía a la que está abocada nuestra época.

-El edificio es una novela condenadamente divertida, a pesar de haber sido escrita por todo un Excelentísimo e Ilustrísimo señor profesor de Literatura de la Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa (si en castellano suena serio e importante, imaginaos en portugués).

-El edificio es un libro muy bien escrito porque, bueno, en algo se tiene que notar que su autor es todo un Excelentísimo e Ilustrísimo etc., además de traductor al español de José Luís Peixoto y Hélia Correia y padre fundador, amén de reseñista master & commander del mejor blog de reseñas literarias que existe, ha existido o existirá jamás. Amén.

-El edificio es un libro delgadito (150 capítulos a una página por capítulo) que se lee en un santiamén; es decir, que por una inversión mínima en tiempo y dinero, no sólo pasaréis un rato estupendo, sino que podréis darles en tós los morros a esos amigos hipsters gafapastas y culturetas que siempre andan presumiendo de leer a escritores ex-yugoslavos raros o argentinos conocidos en su casa a la hora de comer. Pues con El edificio lo van a flipar...

-El edificio es el libro en el que se va a comentar la fama y el prestigio como escritor de Santi Pérez Isasi y que, sin duda, en un futuro quizá no muy lejano le llevar a ganar el Premio Nobel de Literatura, arrebatándoselo a veteranos farsantes como el Murakami malo o el nefasto Houellebecq, en su última oportunidad de conseguirlo. Aprovechad para leerlo ahora y partipad desde el principio en su leyenda.

Sobre la valoración: os puedo prometer y prometo (qué viejuno suena eso) que no se debe a que el autor del libro sea el padre fundador de este blog, pagador de nuestros suculentos emolumentos y un tirano que nos azota con su cinturón si no cumplimos cada uno de sus absurdos caprichos muñidor de nuestros sueños y esperanzas, además de ser un tío bien majete... es que el libro está muy bien, de verdad.


Otros libros de Santi Pérez Isasi reseñados (magníficamente, que todo hay que decirlo) en Un Libro Al Día: Ilustre Ruritania Ilustrada, Imposibles impensables

sábado, 5 de agosto de 2023

Nuria Mendoza: Un pájaro bajo la cama

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2023

Valoración: Recomendable

Hay palabras como empatía, bondad y comprensión que parecen ser vilipendiadas en literatura. Vaya, que nos llaman más la atención los cínicos, los atormentados o los hijos de puta de más variado pelaje que las buenas personas, no?

Digo esto porque Un pájaro bajo la cama es un libro delicado y tierno, con un tono y una mirada que muestran que ahí dentro hay buena gente.

Bien, Nuria Mendoza es médico y trabaja, a su vez, como intérprete médico en Nueva York. Pero ni la ciudad ni el sistema sanitario estadounidense son los protagonistas del libro. Son importantes, cómo no, pero son solo el contexto de las historias con núcleo real (y transformadas en ficción por las palabras) que nos muestra la autora. 

Trabajar con las palabras (y con los gestos), en la literatura y en la vida, pero sin olvidar que detrás de las palabras y los gestos hay personas en una situación de desprotección o de "inferioridad" frente a la maquinaria del sistema. Y ahí se hace fundamental empatizar, acompañar, comprender y no juzgar, aunque eso suponga situar al intérprete frente al espejo de su propia vida. Es en ese terreno donde se mueve Nuria Mendoza y lo hace con gran empatía; ella es testigo y no juez, es acompañante más que mera trabajadora.

Palabras y voces procedentes de distintos lugares de América Latina, con sus modismos y su historia personal a cuestas, que pueden constituir una pequeña radiografía de la región.

Hay que decir, por ir terminando, que los textos de Un pájaro bajo la cama no son, al menos en su mayoría, los clásicos relatos con planteamiento, nudo y desenlace. Son más bien anécdotas, imágenes, confesiones, curiosidades que se mueven entre el drama y la comedia, entre la confidencia y el enredo, pero siempre con mucha delicadeza y ternura por parte de la autora.

viernes, 19 de agosto de 2022

VV.AA.: Arquitecturas inquietantes

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Recomendable (especialmente para interesados)

Arquitecturas inquietantes compila quince ficciones. Quince ficciones que han sido escritas en español por autores de distintos países. Quince ficciones que se relacionan con varios registros terroríficos y giran en torno al concepto de la casa encantada. Quince ficciones que, en conjunto, exhiben un nivel literario altísimo. 

Por un lado tenemos aquellas que dejan un regusto clásico. Asimismo, hay aportaciones más originales (por ejemplo, "Calamidad doméstica", mi favorita con diferencia).

Abordémoslas una a una:

  • "Un flamante apartamento", de José Luis Velasco. Tiene una prosa cuidada y detallista. Desgraciadamente, su voz narrativa es inverosímil.
  • "La casa inútil", de Thomas Harris. Cumple, pero he detectado alguna incoherencia en su lógica interna.
  • "Una noche de invierno es una casa", de Cecilia Eudave. Lograda metáfora sobre la descomposición de una pareja.
  • "En la ruta", de Gustavo Nielsen. La forma en que transmite su premisa, así como la atmósfera malrollera y las imágenes perturbadoras que convoca, se me antojan muy interesantes. 
  • "La casa embrujada", de Fernando Iwasaki. Típico microrrelato del autor, con su ineludible giro de tuerca final.
  • "La casa feliz", de José María Merino. Elegante, aunque insípido, ejercicio de extrañeza.
  • "La lepra de las casas", de Ana María Shua. Prueba de que se puede comunicar muchísimo con unas pocas líneas.     
  • "Habitante", de Patricia Esteban Erlés. Breve pero intenso. Su estructura circular insinúa connotaciones espeluznantes.
  • "La casa muerta", de Alina Gadea. Hermosamente triste a su fascinante manera.
  • "Calamidad doméstica", de Solange Rodríguez PappeSu temática y enfoque rehuyen lo convencional.
  • "La Maga", de Elia Barceló. Historia canónica donde las haya, competente aunque tendente a la sobreexplicación. 
  • "La casa de Adela", de Mariana Enriquez. Tan sencilla y eficaz como una buena leyenda urbana. Destacaría, sobre todo, su conseguido escenario principal.
  • "La casa vacía", de David Roas. Tributo respetuoso a la figura y obra de H. P. Lovecraft con un planteamiento y desenlace excesivamente lineales.  
  • "La maldición de la casa Arteaga", de Yoselin Goncalves. Contenida e introspectiva reflexión en torno a la pobreza, la familia y el desarraigo. 
  • "Casa volada", de Gemma Solsona Asensio. Homenaje a la magistral "Casa tomada" de Julio Cortázar.

Resumiendo: Arquitecturas inquietantes saciará a los interesados. Sólo por sus piezas más destacables ya vale la pena leerla; y es que "Una noche de invierno es una casa", "En la ruta" y "Calamidad doméstica" son, en mi humilde opinión, notables contribuciones al subgénero aquí barajado. 

viernes, 1 de julio de 2022

Agota Kristof: ¿Dónde estás, Mathias?

Idioma original: francés
Título original: Où Es tu Mathias?
Traducción: Rubén Martín Giráldez, para Alpha Decay
Año de publicación: 2005 (textos de 1978 y principios años 90)
Valoración: muy recomendable


Hay autores que marcan de manera evidente la vida de un lector, y hay autores marcados de manera trágica por su propia vida. Agota Kristof, a quien considero una de las escritoras que mejor saben transmitir la tragedia vital, es un claro ejemplo de ello pues la huida de su país natal siendo niña (y que la autora describe y narra en su propia autobiografía «La analfabeta») marcó su vida pero también su estilo literario, un estilo marcado por la nostalgia, la ausencia y una terrible tristeza. 

En esta cortísima obra de apenas cincuenta páginas que incluye un relato corto («¿Dónde estás, Mathias?») y una pequeña pieza teatral («Line, el tiempo»), la autora muestra toda su calidad y los aspectos nucleares de su obra, pues es en ese hastío, en esa tristeza donde uno encuentra el estilo de Kristof, quien transmite de manera clara su visión nihilista en el siguiente diálogo de «¿Dónde estás, Mathias?», hablando de alguien que se hizo mayor que:

«tiene que atravesar la vida.
—¿La vida? ¿Por qué? Yo la atravesé y no encontré nada.
—Pero es que no hay nada que encontrar»

Así, en este relato que abre el libro, la autora nos presenta a Sandor, un niño triste y prácticamente abandonado, que ansía tener a alguien a su lado, incluso aunque sea alguien que no lo quiera porque «le habría encantado ser un niño mártir. Pero no lo era. Su padre nunca le pegaba (…) Le habría gustado que le dieran una bofetada. Para chillar. Para armar escándalo». Porque se encuentra solo, porque su mundo es un gran vacío en el que «los gallos siempre cantan demasiado temprano», donde los días son el infinito viviendo en una eterna repetición, aburrida e insulsa, que se constata al leer que «Sandor se sentó en la cama, bostezó. Y de repente recordó que su madre estaba muerta”. De esta manera, en las apenas veinte páginas del relato encontramos Kristof en su plenitud: protagonizado por un niño, pesimista, alicaído, en cierta manera cruel. La devastación y soledad emocional inunda un relato donde la crudeza toma forma de sueño y realidad, donde el abandono físico y emocional cobran fuerza y nos dirigen a un vacío en el que los encontramos solos y perdidos y únicamente nuestros sueños nos parecen acompañar en la caída al abismo irremediable que supone nuestra vida, una vida a la que hay que atravesar aun sabiendo que lo habrá nada al otro lado y puede que incluso tampoco en el camino.

El segundo relato del libro («Line, el tiempo») consta de una pequeña pieza teatral donde Kristof incide en la infancia, una infancia tremendamente madura y pesimista, de espíritu nihilista y devastadora. A ojos de Kristof, los niños que transitan por sus obras son terriblemente maduros, una madurez que les hace percibir una realidad de la que únicamente por la edad que tienen les es ajena, pero a la que observan con tristeza y pesar sabiendo que llegará un día en que será su presente, y la desolación ocupará sus trágicas vidas sin alicientes ni anhelos. Hay una nostalgia infinita en sus cortas vidas, mirando un futuro con aspecto de pasado que la autora, de manera clara y certera afirma en boca de su protagonista que «no has vuelto por mí. Has vuelto para encontrar la atmósfera de antaño, tu juventud, tus sueños, tus ilusiones».

Por todo ello, a pesar de su corta extensión, este libro es altamente recomendable, pues aporta al lector los principales elementos de la obra de Kristof y su inconfundible estilo marcado por una biografía que impregna sus relatos de tristeza, nostalgia, la búsqueda de un hogar que parece huir de sus protagonistas, empeñado en hallar un lugar en el que reposar sus almas cansadas, desgastadas y apesadumbradas. La desilusión y el pesar envuelve su obra a la vez que nos muestra que el camino vital nos lleva, una y otra vez, a un lugar donde nuestra mirada parece perderse en busca de un horizonte sin percatarnos que, por muy lejos que llegue la mirada, seguimos estando en el mismo sitio.

martes, 19 de abril de 2022

Alejandro Barrón: Inventario de máquinas inútiles

Idioma original:
 Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Entre recomendable y está bien

Inventario de máquinas inútiles es una antología del mexicano Alejandro Barrón. Compila más de cincuenta microrrelatos de entre un párrafo y dos páginas de extensión. 

A dichos microrrelatos los hermana una querencia por lo macabro, lo extraño, lo siniestro y lo terrorífico. Sus registros son la mar de variados. Tenemos las clásicas historias de género con desenlaces efectistas, pero también humoradas varias, ejercicios metaliterarios, propuestas interactivas e incluso algún que otro aforismo.

Hay en este volumen cuentos brillantes; pienso en el inquietante "¿Afortunados?", el inclasificable "Tratado sobre las moscas" o el díptico conformado por "Teoría de los desaparecidos" y "Teoría de los reaparecidos". Sin embargo, a la gran mayoría de piezas, aunque no estén exentas de calidad, les falta desarrollar su premisa o amoldarse a una fórmula menos genérica.

En suma, Inventario de máquinas inútiles es una recopilación notable que contiene una docena de microrrelatos sobresalientes. Y, aunque los restantes adolecen de planteamientos, formatos o ejecuciones deficientes, no dejan mal sabor de boca.

Por cierto, recomiendo a quien se disponga a leerlos que lo haga a sorbitos espaciados; el exceso conlleva cierto empacho, y la acumulación de impresiones similares puede antojarse reiterativa.

Dejad que cierre esta reseña con uno de mis textos favoritos: «El horror es un bicho que habita en la mirada sin brillo de las personas que amamos.» Genial, ¿verdad?

sábado, 28 de agosto de 2021

VV.AA.: Aquelarre de cuentos

Idioma original:
Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable


Aquelarre de cuentos es una antología que compila diecisiete ficciones. Diecisiete ficciones que han sido escritas en español por autoras de trece países distintos. Diecisiete ficciones que se relacionan con el terror moderno en sus más variados registros. Diecisiete ficciones que exploran cuestiones vinculadas con lo femenino (el salto a la adultez, el deseo, la maternidad, el encierro o la misoginia, entre otras). Diecisiete ficciones que, en conjunto, exhiben un nivel literario altísimo. Abordémoslas:

"El grito", de Mariana Torres, es un microrrelato de corte surrealista que funde la plasticidad de sus imágenes con su vocación metafórica. 

"La Hostería", de Mariana Enríquez, junta la represión sexual con los fantasmas provocados por la última dictadura argentina. 

"Susana", de Gabriela Arciniegas, retoma el motivo introducido en "El grito" (motivo que recuperará, a su vez, "En paz"). 

"Cantata", de Adriana Díaz Enciso, es una pieza sumamente inquietante que destaca por su opacidad conceptual y su lograda atmósfera. 

"Luto", de María Fernanda Ampuero, se lee con el corazón encogido, pues rebosa crueldad y violencia. Abstenerse estómagos delicados. 

"Los seis pies del gato", de Carmen Boullosa, trata sobre la maldad cotidiana y los ecos que ésta provoca.

"Matadora", de Solange Rodríguez Pappe, se disgrega en muchas direcciones para, finalmente, culminar en un potente clímax.

"Los maullidos", de Gemma Solsona Asensio, se narra a modo de crónica y denuncia de forma indirecta la opresión que sufrieron muchas niñas y jóvenes huérfanas durante el franquismo al ser internadas en las instituciones llamadas «centros para señoritas».

"La enana en el tren" y "En la silla de ruedas", de Ana María Shua, son dos ejercicios de surrealismo en formato breve.

"Las pisadas del hambre", de Ana María Fuster Lavín, es una historia de vampiros que logra rehuir lo convencional y tiene buenos momentos, aunque su acabado y estructura no me acaban de convencer.

"En paz", de Claudia Salazar Jiménez, resulta entretenido y alberga saludables dosis de humor negro.

"Cosita", de María del Carmen Pérez Cuadra, es tan perturbador como absurdo (conste que esto último lo digo como un halago).

"Afrodita", de Alicia Fenieux, presenta un detallado escenario distópico. Reflexiona acerca de la sexualización de las menores de edad y la delgada línea que separa el ocio voluntario de la presión de grupo. 

"María", de Alexandra Pagán Vélez, es muy lineal en su escueto planteamiento, pero alberga descripciones bastante asquerosas que harán las delicias de aquéllos a los que este tipo de cosas nos interesan. 

"La joya", de Daína Chaviano, parece salido de la pluma de un Edogawa Rampo occidentalizado y nos obsequia con un desenlace propio de uno de esos hentai directos a DVD de los noventa.  

"El Ojo", de Liliana Colanzi, recuerda sobremanera a Carrie, pues contiene una turbia dinámica entre una madre y su hija, fanatismo religioso y puritanismo trasnochado. 

En resumen, Aquelarre de cuentos es un volumen agradecidamente ecléctico. La calidad promedio de los componentes del mismo es, cuanto menos, elevada. ¡Así da gusto participar en una misa negra!   

lunes, 9 de agosto de 2021

Lorel Manzano: Los quebrantahuesos

Idioma original: Español
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable (o algo más)

Los quebrantahuesos, de la mejicana Lorel Manzano, es una propuesta sumamente interesante que derrocha calidad literaria, originalidad y autenticidad. En 2014, año de su publicación, ganó merecidamente el Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí Amparo Dávila.

Empecemos destacando que la obra podría calificarse de ciclo cuentístico. A semejante formato añádele otro rasgo atípico: ocho cuentos de cierta extensión son argamasados gracias a siete microrrelatos. Huelga decir que todas estas ficciones se encuentran interconectadas.

La prosa de Manzano es tan áspera como los personajes y escenarios que retrata, y los temas que la autora maneja gravitan siempre en torno a la pobreza, la crueldad, la violencia y la muerte.

Para ir terminando, quiero insistir en que todos los textos compilados en Los quebrantahuesos me han parecido extraordinarios. Si le pongo alguna pega a un par de ellos (el que abre el volumen y el que le da título al mismo) es porque, o bien palidecen en comparación con el resto, o bien porque yo no he logrado apreciarlos del todo en mi primera lectura.

miércoles, 4 de agosto de 2021

Alicia Schrödinger: Quiénes son y qué sienten las plantas carnívoras

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2020

Valoración: Se deja leer


Pero también podría valorarse como Decepcionante, o al menos Flojo, si esa categoría existiese en nuestro baremo. Lo de Decepcionante, básicamente porque es un concepto que viene en línea recta de la comparación con unas expectativas previas, justificadas o no, y las mías venían determinadas por varios elementos favorables:

  • Por supuesto, el título, fascinante, bellísimo, enigmático, sugerente, con un punto provocativo, un lejano eco a Baudelaire. Buf, lo que hace un buen título
  • El personaje de la autora, primeriza en literatura, por lo visto procedente de la ciencia y, claro, con ese apellido que de inmediato nos hace pensar en el creador de la famosa paradoja del gato. De ahí no podía venir nada sin al menos un cierto grado de interés
  • Mejor aún: prólogo de Menchu Gutiérrez, la autora de mi admiradísimo La niebla, tres veces, garantía de que aquí hay algo bueno.

Bueno, y hasta la cubierta es bonita, es verdad. Dentro, más de cuarenta microrrelatos que, como ya he comentado aquí alguna vez, es un formato que me parece arriesgado, que puede arrojar un resultado brillante pero también lleva encima el riesgo de resultar inane. Hummm.

Por empezar por alguna parte hay que decir que el repertorio de materias tiene toda la amplitud de las cuatro decenas de relatos, desde un amor a primera vista hasta un ritual de harakiri, un misterioso libro de sabiduría de un pueblo perdido, las reflexiones de un teléfono (sic) o, claro está, los sentimientos de esas plantas carnívoras que lucen en el título. No cabe más dispersión de temas, lo que habla bien de la creatividad de la autora, al menos para imaginar cosas casi siempre un poco disparatadas.

El estilo es casi tan flexible como la temática: preferentemente limpio, con alguna tendencia al preciosismo, pero procurando adaptarse a lo que se cuenta, adquiere suaves tintes a veces  arcaizantes, otras veces románticos o lejanamente científicos. Pero lo que domina por completo es el humor, ese humor infrarrojo que reza en el subtítulo (un concepto que tampoco entiendo bien) y que impregna cada uno de los relatos, en ocasiones a través de cierto tono irónico, y las más articulando el argumento hacia algo parecido a la fábula o directamente hacia el absurdo. 

Todo esto, visto así, variedad de temas, habilidad para manejar una prosa eficaz y buenas dosis de humor, tendría bastante buena pinta, pero cuando se empiezan a pasar páginas algo ocurre, y el libro, un relato tras otro, se nos va desmoronando. Y es que el mundo del microrrelato se parece bastante a caminar sobre una cuerda: o sea hace muy bien, casi perfecto, o la aventura acaba de mala manera. Ya lo hemos comentado en alguna ocasión, se trabaja sobre muy poco espacio (en el caso de este libro, tres o cuatro páginas como mucho) y todo debe estar medido y dosificado con exactitud para que funcione: un argumento que atrape desde la primera línea, un desarrollo que no pierda vigor y conduzca hacia el final deseado, un desenlace poderoso, no necesariamente pirotécnico, que cierre el círculo narrativo. Una narración comprimida, o un simple pasaje, que deje al lector estupefacto, o inmerso en una atmósfera de que la no desea salir, o aturdido por una experiencia especial.

Esto es algo que en mi opinión muy pocos consiguen, casi siempre el especial talento de Monterroso, con frecuencia genios como Borges o Cortázar cuando se internan en este campo, y de vez en cuando, esporádicamente, algunos otros autores cuando consiguen dar con la tecla. Pero salvo esos casos contados (e insisto en que es una opinión muy personal, que habrá quien corra a rebatir) el microrrelato se convierte en algo de poca sustancia, un sucedáneo para quien no alcanza a edificar una narración más compleja ni domina los secretos de la poesía, un contenedor de ocurrencias más o menos afortunadas, expresadas con mayor o menor habilidad.

Exactamente es lo que le ocurre al libro de Schrödinger, que muestra imaginación, sí, también cierta habilidad para narrar, y esa saludable corriente de humor que recorre las páginas. Pero todo eso no parece suficiente para seducir al lector, para emocionar o sorprender más allá del chiste más o menos inteligente. Hasta me parece detectar tibieza en los elogios que, como no podía ser de otra manera, le dedica Menchu Gutiérrez en el prólogo y que se repiten, como es también inevitable, en contracubierta y citas publicitarias de la editorial. Lógicamente, algunos de los cuentos tienen un nivel algo mayor, pero en general se quedan en algo bienintencionado, pulcro y amable, tal vez con una chispa de crítica asomando de vez en cuando, pero claramente insuficiente para valorar el conjunto de forma más generosa.

Quizá el momento más interesante del libro lo encontramos cuando la autora se libra del difícil corsé que marca el formato y se extiende algo más en Cuatro momentos cruciales en la vida de una mujer. Con algo más de desarrollo y un bien manejado juego de puntos de vista, parece sugerir que Schrödinger podría dar más de sí apuntando a algo más grande. Podría ser interesante ver hasta dónde llegaría, pero a mí me costará un poco darle la oportunidad.

miércoles, 29 de julio de 2020

Fernando Iwasaki: Ajuar funerario

Idioma original: español
Año de publicación: 2004
Valoración: entre recomendable y está bien

El género del relato, en su versión más minimalista (quizá habría que hablar de un "microgénero") ha tenido y tiene conspicuos representantes en lengua castellana, como Augusto Monterroso, Ana María Shua o Santi Pérez Isasi. También, y de forma pertinaz, el peruano, aunque afincado en Sevilla, Fernando Iwasaki, que nos ofrece en este volumen titulado Ajuar funerario -se refiere, por los visto, a la costumbre que existe en Perú de ornar a los difuntos para el funeral con alhajas... que luego se retiran, claro-, nada menos que cien microrrelatos de carácter terrorífico o que tienen que ver, de una forma u otra, con la muerte. 

Cierto es que son cuentos mínimos, la mayoría de los cuales no llega a una página y algunos no pasan de unas pocas líneas, pero, caramba... ¡son cien! Cien ideas que hay que desarrollar, cien historias apenas germinadas que hay que cuidar para llegar a convertir en una pequeña plantita, en un retoño que trasplantar a un suelo más espacioso o consumir así mismo, en ensalada... La mayoría , aunque no todos, de estos microcuentos tienen como tema la muerte, en su versión de dar miedito, claro está; encontramos así los clásicos (aunque en algún caso con una vuelta de tuerca) temas de fantasmas -Abuelita está en el cielo, Antigüedades, Aullidos, La OuijaAire de familia-; la variante de casas encantadas -La casa embrujada, Hay que bendecir la casa, Cosas que se mueven solas-, así como los no menos clásicos vampiros, hombres lobos y otros tipos de monstruos, más o menos novedosos o exóticos: El extremo, Réquiem por el ave madrugadora, Resaca, Multiculturalidad...

Encontramos también otras tipologías de microrrelatos que varían un poco el imaginario terrorífico clásico: por una parte, muchos cuentos con niños de protagonistas, un recurso siempre efectivo para dar canguelo al personal, como todos sabemos -La cueva, Los ángeles dormidos, El deseo, El cachorro, El balberito, Vamos al colegio-; las monjas también son figuras que a Iwasaki le resultan especialmente siniestras, vete a saber por qué (bueno, no es difícil de comprender): Las reliquias, Las manos de la fundadora, De incorruptis, Dulces de convento... Y, por la razón que sea, la conducción de automóviles, sobre todo de noche, también es un elemento que aparece a menudo en los cuentos: W. C., El pasajero , con un especial hincapié en la célebre figura de la "chica autoestopista", que merece hasta tres cuentos, con sus variantes sobre el tema. Se puede hacer también un apartado muy divertido con reescrituras de personajes clásicos: Peter Pan, en el relato que lleva su nombre; El apócrifo Frankenstein, mezclando a éste con la leyenda judía del Golem y con Jesucristo; Caperucita  Roja en Caperucita Reloaded, claro, y el Ratoncito Pérez en el muy regocijante Del "Bestiario del cementerio" de Fray Antonio Fuente La Peña... Por último y enlazando con éste último microrrelato, un apartado que sin duda satisfará a los lectores de Un Libro al Día: aquellos minicuentos que tienen relación, precisamente, con libros, en algún caso tan notorios como la propia Biblia: Del apócrifo evangelio de San Pedro (IV, 1-3), Del "Diccionario Infernal" del padre Plancy o el que lleva por título El bibliófilo. Aunque no sólo de libracos vive el hombre (y la mujer, por supuesto): el mundo digital está presente en A mail in the life y El dominio (www.infierno.com, en este caso)...

En suma, se trata de una recopilación de microcuentos notable, con más de una docena (pongamos un 15%) que me han parecido excelentes y, de los restantes, digamos que la mitad están bastante bien, mientras que el resto parte de ideas interesantes, pero su plasmación no siempre resulta satisfactoria. Pero, en fin, que en un libro con cien relatos, más de un 60% de ellos (y ya sé que está feo andar con porcentajes con estas cosas de la literatura, pero es que en este caso me lo han puesto a huevo) resulten, cuando menos, apreciables, sorprendentes y hasta divertidos, cuando no excelentes, me parece que está muy requetebién... Eso sí, recomiendo a quien se disponga a leerlos que no lo haga de un sola vez, sino poco a poco, dos o tres relatos de vez en cuando; de otra forma, el exceso puede llegar a un cierto empacho, además de que, cuando la lecturase encuentra con uno de los mejores cuentos, los siguientes palidecen, de forma inevitable, por comparación y la impresión final quizás quede un tanto decepcionada, o al menos, resulte más tibia de lo que merece este libro.

Para finalizar la reseña, y con permiso, espero, de su autor y de todos vosotros, reproduzco aquí uno de los cuentos más cortitos de este Ajuar funerario, pero también uno de los que más me han gustado:

Como en el fondo soy un romántico, no me importó que el pobre novio pasara toda la noche en la morgue con el cadáver de su chica. Al día siguiente lo encontramos en la camilla, desangrado y desnudo, muerto de amor. La novia todavía no aparece.

viernes, 28 de febrero de 2020

Augusto Monterroso: Obras completas (y otros cuentos)


Idioma original: castellano
Año de publicación: 1959
Valoración: Seguramente imprescindible

La coña de Monterroso parece empezar por el mismo título, toda vez que Obras completas (y otros cuentos) es justamente su primera obra publicada. Al final, la broma no es tan evidente, porque este es también el título de uno de los relatos que se incluyen en la compilación, pero dice mucho acerca de lo que encontraremos en el libro: el equívoco, el juego de las apariencias, los significados múltiples, la ironía. Estamos ante un autor sumamente inteligente, y eso es muy buena noticia para el lector.

Monterroso es reconocido como el paradigma de las fórmulas más compactas de la narrativa: el microrrelato, la fábula, el aforismo. Algo de ello hay en este libro, ya lo comentaré, pero en su mayoría son relatos breves que no se salen de las pautas habituales de extensión o desarrollo argumental. En general, se puede decir que la prosa de Monterroso enamora desde las primeras líneas por su sencillez, casi dulzura, y por la ironía que empapa el texto entero. El sarcasmo y la chispa intelectual hacen aflorar la risa en no pocos momentos, pero el humor no es en absoluto gratuito, está al servicio de cada una de las pequeñas historias, y adquiere distintos tonos para subrayar a veces la perplejidad ante el absurdo, elevar la acidez de la sátira, o denunciar la incomprensión, según los casos.

La variedad de temas aumenta el atractivo del libro. Tenemos cuentos de aire borgiano, como Sinfonía concluida, en la que se descubre la parte que faltaba de la Inacabada de Schubert, o El centenario, sobre los vaivenes de la fortuna de un gigante sueco, relatos en que la frontera de lo inverosímil queda borrada al incorporar un cierto tono erudito. En algunas ocasiones se desnuda la incapacidad para asumir la cultura indígena (espléndido El eclipse), o para entender la música (El concierto), mientras se deja un pequeño rastro, extremadamente sutil, de crítica a lo que podríamos llamar los poderosos, ya sea el occidental prepotente o el general absorto en su esfera de poder. O la Primera dama, desconcertada en su papel, que no sabe encajar bien con las que considera sus obligaciones humanitarias. Centroamérica es sin duda un vivero inagotable de dictadores de todo pelaje que don Augusto sin duda conocía de primera mano pero, al menos en este volumen, no es el sátrapa el fustigado sino su entorno inmediato, con el que disfruta desplegando su fina pero implacable ironía.

Con frecuencia tenemos personajes en apuros, que en varias ocasiones quedan al descubierto en el curso de algún evento público, como ocurre en los dos relatos que acabo de citar. Esta situación se lleva al límite del disparate en No quiero engañarlos que, aunque es quizá el más divertido de todos los cuentos, no deja de tener mucho contenido en diversas capas. En el estreno de una película, director, guionista y varios actores dirigen unas palabras al público, y entre ellos interviene la mujer del productor, aunque ella apenas ha tenido alguna participación en el rodaje. Su intervención se alarga (ríanse de Almodóvar en la entrega de los Oscar), y la cosa se pone más embarazosa a cada minuto. Pese a lo cómico de la situación, no es posible dejar de sentir una corriente de simpatía y desazón por una mujer consciente de no pintar nada, no ya en la película sino en la vida misma.

Sobre ese terreno de la frustración, también vestida de humor, se asientan los dos relatos que se centran en la creación literaria, Leopoldo (sus trabajos) y el que da título al volumen. Las musas no siempre acuden cuando se les espera, el escritor se queda seco y la hoja, en blanco. Incluso se plantea la condición misma de escritor, hasta dónde es real o un mero proyecto (una apariencia, una convicción). Pero los personajes de Monterroso tampoco se rinden fácilmente, y buscan la forma de rellenar ese vacío sin dejar que decaiga su aura artística: el escritor es escritor aunque no escriba nada, y su actividad creativa consiste entonces en anotar fantásticas ideas que desarrollará más adelante, o en prepararse indefinidamente para el gran momento de empezar a crear. La lucha estéril, el nadador contra corriente, el autoengaño (la ensoñación) son imágenes que afloran aquí y allá, provocando la sonrisa y un punto de… sí, lo digo, de ternura.

Naturalmente encontramos pequeños altibajos en el conjunto pero el nivel es casi siempre espléndido, se lee con gusto y despierta interés a cada línea, se ríe uno con frecuencia, se disfruta de la agudeza de la prosa y del ritmo irreprochable, y quizá por todo ello es sencillo empatizar con cada uno de los personajes, hombres y mujeres contradictorios, bienintencionados, valientes, ridículos. Humanos hasta bordear el esperpento, quizá como cualquiera de nosotros.

Y claro, también está el famoso microrrelato del Dinosaurio. Posiblemente otra genialidad.

Otras obras de Augusto Monterroso en ULAD: Movimiento perpetuo

lunes, 6 de enero de 2020

Inés Bortagaray: Prontos, listos, ya

Idioma original: Español
Año de publicación: Ahora lo explico
Valoración: Entre recomendable y está bien

Este libro supone el "desembarco" en España de la uruguaya Inés Bortagaray. Es, además, un doble desembarco ya que incluye la nouvelle "Prontos, listos, ya", publicada en Uruguay en el año 2006, y la colección de microrrelatos "Ahora tendré que matarte", publicada allá por 2001 por la editorial uruguaya Cauce dentro de la colección los Flexes Terpines, dirigida por Don Mario Levrero. Explicado todo el embrollo de fechas, editoriales y demás, nos centramos en los dos breves libros que se reúnen en este volumen de la editorial sevillana Triskel.

El primero de ellos, "Prontos, listos, ya", es un hermoso texto con el que viajamos junto a (y nunca mejor dicho) una niña de 10 años, su padre, su madre y sus tres hermanos. El texto es un continuo monólogo interior y el mismo se mueve entre el interior y el exterior del núcleo familiar. Así, los pensamientos de la protagonista van de las relaciones familiares a los sueños, recuerdos o a las simples miradas sobre el paisaje, pasando por las simples "incidencias" que ocurren en el trayecto. Más allá del inevitable eco a viajes de infancia que traerá a quienes tengan más de 40 años (no hay Nintendos, Tablets, sillitas portabebés, alzadores, etc) y de la propia belleza del mismo, creo que lo más destacable del texto es su credibilidad. La voz que Bortagaray otorga a la narradora es una voz plenamente infantil y el texto es, por tanto, fragmentario. Los pensamientos se suceden y saltan de un tema a otro, pero siempre entre la inocencia y la extrañeza; inocencia que se observa, por ejemplo, en los párrafos en los que enumera su postre favorito, su helado favorito, etc y extrañeza en la visión del mundo adulto, con momentos de lo más divertido (aunque no siempre - me da miedo lo que lastima aunque uno no haya hecho nada malo - ), o en el descubrimiento de que lo bueno dura poco.

Por su parte, "Ahora tendré que matarte" es definido por la autora como una colección de impresiones sobre un mundo mutante y una edad mutante. Yo lo definiría como un álbum de 57 fotografías de infancia visto muchos años después. 57 microrrelatos que son más estampas, postales o fogonazos que historias en sí y en los que se abordan temas propiamente "infantiles", como miedos nocturnos, extrañas apariciones, y otros más "maduros" como la primera menstruación, la necesidad de reconocimiento, el miedo / atracción por la muerte o la violencia, etc. En cuanto al estilo, el empleo de la frase breve es predominante. Da la sensación de avanzar un poco "a machetazos", de forma más brusca o menos pulida que en "Prontos, listos, ya". Esto, unido al propio carácter del libro, hace de "Ahora tendré que matarte" un texto algo irregular.

Y de todo esto la valoración, mezcla de un está bien referido a las maneras que se apuntan en "Ahora tendré que matarte" y un recomendable (o algo más) para el buen "Prontos, listos, ya", un texto que por sí solo merece mucho la pena.

viernes, 19 de abril de 2019

VV.AA. Ojos de aguja

Idioma original: varios
Año de publicación: 2000
Valoración: Recomendable (sobre todo para fans del género)

El microrrelato, ya saben, una página o dos, incluso menos, de narración comprimida al máximo, apenas un flash, un impacto. Algo que hay que saber hacer muy bien para que no quede en una simple ocurrencia. Podríamos discutir sobre si es un subgénero, o sobre dónde ubicarlo, hay quien lo considera un formato de segunda división, propicio para quien no es capaz de construir algo de mayor empaque, o para verter una idea aislada que a alguien le parece redonda y autosuficiente. A mí me parece algo quizá más próximo a la poesía que al relato breve, una especie de Twitter donde los límites de la extensión lo son todo: no hay espacio para desarrollar casi nada, sólo debe contener lo imprescindible, y todo ello. 

Ojos de aguja es una recopilación elaborada por José Díaz, y desde luego maestros del género no le faltan, no sé si en el ámbito del microrrelato, pero desde luego sí en el mundo de la literatura en general: Cocteau, Bioy Casares, Kafka, Rubén Darío, Oscar Wilde, Benedetti, Max Aub, y así un montonazo de nombres de esos que impresionan, incluyendo por supuesto a Monterroso, Cortázar y Borges, que se suponen más habituales en este campo, además de otros muchos, menos conocidos. Mayoría absoluta de autores españoles y latinoamericanos. Y claro, hay de todo.

Como tampoco voy a dedicar más espacio de lo que ocupan los propios relatos, dejaré solo unas pinceladas sobre algunos que me han llamado más la atención:
- La preciosa moralina de los hermanos Grimm en El pobre campesino, en el cielo
- El humor negro de García Márquez en la historia de un fusilamiento (sin título)
- La sutileza de un par de relatos de Bioy Casares y Monterroso
- La imaginación de Jose María Merino (Ecosistema) y Ángel Guache (Las apariencias del pintor)
- El experimento interactivo de Luis Britto (Subraye las palabras adecuadas)
- Los relatos que versan sobre estatuas de Juan Eduardo Zúñiga o de Oscar Wilde

Y así podríamos seguir un buen rato, porque tenemos más de cien pequeñas obras (no sé cuántas, porque no hay un índice) visitando el mundo de la fábula, la metáfora, la imagen mínima transformada en historia, el aroma oriental, el juego de palabras o el poder de la página en blanco. Todo lo cual constituye un compendio que recomiendo claramente a los amantes del género, y del que se desprende alguna reflexión sobre esta forma de expresión literaria.

En general, el microrrelato viene a ser una forma literaria sintética en la que prima sobre todo el ingenio, y que en un buen número de casos, seguramente una amplia mayoría, tiene un desarrollo lineal que podríamos llamar tramposo, que lleva al lector por un terreno más o menos convencional hasta que le descoloca mediante un quiebro, el elemento sorpresa que sobreviene muy cerca del final. Es con frecuencia un golpe irónico o una última línea, muchas veces metafórica, que sorprende al lector atacando por donde menos lo espera, alterando de repente la perspectiva o simplemente redondeando con una frase brillante, que parece constituir el objetivo, la esencia misma de lo que se pretendía contar. Por eso, aparte de a la poesía, como decía antes, el formato me recuerda muchas veces a un chiste, dicho sea con el debido respeto a los creadores. 

Aunque no soy lector habitual de microrrelatos, creo que el libro que estoy comentando es un muestrario bastante amplio y entiendo que también de un nivel apreciable como para considerarlo significativo, y aun encontrando textos muy estimables, algunos realmente brillantes, otros divertidos y casi todos sorprendentes, me queda la sensación de que pocos autores escapan de ese esquema al que me refería. Son magníficos los relatos de Borges, de Italo Calvino, de Onetti o de Rubén Dario, por no extenderme más, pero apenas unos pocos se salen de la fórmula y exploran otros terrenos, el Luis Britto que citaba antes, Ana María Shua y quizá alguno de los varios que tiene Cortázar. En este sentido puede que me haya quedado una pequeña decepción. 

Y, como poco menos que profano en el género, me planteo si será que la recopilación en concreto puede haber pecado de conservadora dejando fuera ejemplos más arriesgados, o si a lo mejor estaba esperando cosas que sencillamente no existen.

sábado, 6 de octubre de 2018

Karlos Linazasoro: Versus

Idioma original: Euskera
Título original: Versus
Traducción: Karlos Linazasoro
Año de publicación: 2013 (eusk) - 2018 (cast)
Valoración: Recomendable

Los náufragos y las islas desiertas son una de las figuras más recurrentes en la historia de la literatura (y del cine). Personajes como Ulises, Robinson Crusoe o el capitán Grant y títulos como “Relato de un náufrago”, “Dos años de vacaciones” o “Los náufragos del Batavia”, por poner solo algunos ejemplos, han dado lugar a lo que podríamos considerar un sub-género en el que caben desde la epopeya hasta la novela “filosófica”, pasando por la novela de aventuras pura y dura.

Versus es un nombre más a añadir a la lista de náufragos literarios. De él conocemos solo algunos datos o pistas, tal vez falsas: que naufragó más o menos en la década de los 80 (aunque Versus no recuerde cuanto tiempo lleva en su isla), que tiene unos sesenta y pico años (es decir, unos 48), que es políglota, culto, amante de las paradojas y un tanto ciclotímico.

De la isla solo sabemos que está completamente desierta, que mide 10 metros de largo por cinco de ancho y que en su centro hay una palmera de más de cuatro metros de altura.

Otros datos, más o menos importantes (allá cada cual), que tenemos de Versus: que en su juventud fue cleptómano, que hubo momentos en la isla en los que se masturbaba un tanto compulsivamente, que cuando consiga escapar de la isla escribirá una novela, etc.

De los párrafos anteriores habréis podido deducir que lo que diferencia a Versus de otros famosos náufragos es que en él no encontramos rasgo alguno de heroísmo. Versus es, más bien, un náufrago tragicómico, un náufrago cotidiano, un hombre que intenta alcanzar la felicidad (dentro de lo posible), rebajar la nostalgia, calmar la ansiedad…

Todo esto lo conocemos a través de los 99 microrrelatos que componen el libro. 99 textos que se alejan un tanto de algunos estereotipos del género (giros inesperados, finales sorprendentes, etc). 99 historias en los que se combinan recuerdos, sueños, hechos del día a día, estampas periodísticas y manuales de supervivencia, que giran alrededor de temas como la incomunicación, la soledad, la nostalgia y la esperanza (Versus atado al yugo de la soledad, Versus y sus dudas, Versus y sus recuerdos, Versus y sus delirios) y que fluctúan entre la poesía y el absurdo. Porque el tono general de Versus está marcado por la metáfora, por la imagen y por la poética de la soledad, lo que no es óbice para que Linazaroso juegue con situaciones cotidianas que, observadas con detenimiento, rayan el surrealismo. 

En resumen un libro curioso, diferente, un artefacto literario juguetón y desmitificador que de manera un tanto peculiar vuelve a poner al lector ante las grandes preguntas que ya se formularon aquellos que partieron de Ítaca hace unos cuantos siglos.

sábado, 21 de julio de 2018

Edmundo Paz Soldán: Desencuentros (2x1)

Idioma original: Español
Año de publicación: 2018 (1990 y 1994)
Valoración: Recomendable

Hay autores (y no daremos nombres) a los que se acusa de escribir siempre el mismo libro. Desde luego, esta no es una acusación que se pueda verter sobre el boliviano Edmundo Paz Soldán. A lo largo de estos casi 30 años ha publicado libros de todos los colores: relatos breves e hiperbreves, novela política, ciencia – ficción , distopía, etc., lo que da idea de que nos encontramos ante un tipo inquieto y camaleónico.

Buena muestra de esas inquietudes y de esas múltiples vertientes del cochabambino es este "Desencuentros", libro que, pese a ser publicado en España en este 2018 por la editorial madrileña Páginas de Espuma, reúne  “Las máscaras de la nada” y “Desapariciones”, los dos primeros libros de relatos publicados por Paz Soldán allá por 1990 y 1994. En él (o en ellos, uno no sabe muy bien), encontramos ni más ni menos que... ¡104 relatos (68+36)! Obviamente, no es para menos con 104 relatos, el libro peca de cierta irregularidad. Mantener el nivel a lo largo de todos ellos es prácticamente imposible. Por eso conviene quedarse con el tono y la sensación general, con el “nivel medio”.

He de decir que me ha gustado más “Las máscaras de la nada”  que “Desapariciones”. Me parece que los 68 relatos que lo componen son más homogéneos, que el conjunto está mejor trenzado. Tres son los temas centrales de estos relatos: la violencia (o la muerte), la familia (especial hincapié en la pareja) y la literatura, en general. Se trata de muy breves, entre un solo párrafo y un par de páginas, construidos en su mayor parte en base a contraposiciones entre situaciones cotidianas y personajes patéticos. La tensión entre ambos elementos acaba, por lo general, resolviéndose en finales que oscilan entre la sorpresa y el absurdo.

En cuanto a “Desapariciones”, se trata de un libro bastante más ecléctico en el que los relatos ganan en extensión, alcanzando en ocasiones las 4 o 5 páginas. Pese a que se repiten algunos de los temas y mencionados, en esta ocasión ganan peso relatos que versan sobre el paso del tiempo y relatos que incluyen una cierta crítica social. Por otra parte, los relatos de “Desapariciones” pierden inmediatez y frescura respecto a los de “Las máscaras de la nada”, tan breves y tan basados en la imagen puntual. En cambio, ganan peso los personajes, seres solitarios y desubicados situados frente al espejo de las paradojas y el absurdo de la vida, con sus miserias, inseguridades y mediocridades.

Me gustaría destacar, por último, varios aspectos de este "Desencuentros". En primer lugar, se trata dos libros escritos y publicados cuando Paz Soldán apenas contaba con unos 20 - 25 años, pero dan la impresión de haber sido escritos por una persona mucho más mayor, con un recorrido vital más amplio, lo que da buena cuenta, a mi entender, de la capacidad de observación del autor. Por otra parte, me gusta la sensación general de pesimismo que transmiten los relatos, gracias a ese humor, a medio camino entre la ironía, el absurdo y el humor negro, que los recorre. Y, por último y sobre todo, me quedo con la capacidad de Paz Soldán de construir relatos que ofrecen a los lectores muchas más preguntas que respuestas. Como ocurre en casi toda su obra, por cierto!.

No quiero acabar esta reseña sin recomendar, una vez más, que os acerquéis a la obra de Paz Soldán, uno de los mas interesantes e inquietos autores que podemos leer hoy en día en lengua castellana. Para ello puede ser una buena opción este "Desencuentros", tanto por la propia calidad de los relatos como por las pequeñas pistas que da acerca de su posterior evolución.

Otras obras de Paz Soldán en ULAD: Billie RuthLas visionesLos días de la pestePalacio Quemado

lunes, 5 de febrero de 2018

Ror Wolf: Hombres varios

Idioma original: alemán
Título original: Mehrere Männer
Traductor: José Aníbal Campos
Año de publicación: 1987
Valoración: Muy recomendable

Por este blog han pasado ya algunos de los más conocidos maestros del microrrelato, sobre todo latinoamericano como Augusto Monterroso (¡todos en pie!) o Ana María Shua, también algunos autores menos conocidos como Gonzalo Ostagain o incluso antologías como Mar de pirañas (aunque alguna otra publicada en España en los últimos años se nos ha escapado). A todos estos nombres se añade ahora un escritor y artista peculiar y muy poco conocido, al menos en España (donde este es el primer libro que se traduce, si no estoy confundido), pero al que, a juzgar por estos Hombres varios, convendría seguir de cerca.

¿Y qué es Hombres varios? Pues un libro de microrrelatos. O de meta-microrrelatos; o de anti-microrrelatos, no sé. Son pequeñas historias (la más larga no llega a las dos páginas, y la mayoría no llega a las diez líneas) que juegan constantemente con nuestras expectativas sobre la creación de mundos ficticios, sobre lo que es una narración, sobre lo que constituye una historia digna de ser contada; de hecho, muchos de sus relatos concluyen afirmando que "esto no interesa", "esta historia no vale la pena contarla" o . Como son historias tan cortas, puedo permitirme copiar una para dar una idea:

Un hombre al que en otras circunstancias no valdría la pena mencionar, salió una mañana -y lo menciono aquí solo al margen- por una puerta. Todo lo que esperamos ahora es un disparo, un golpe, una caída. En realidad, no es pedir demasiado.

Y ya: no hace falta más para abrir un mundo de posibilidades (y negarlas todas, al mismo tiempo).

Las historias (algo menos de cien) que componen el libro juegan con la indefinición; todas están protagonizadas por "un hombre" (o varios), que algunas veces adquiere un nombre propio y muchas otras no; a veces suceden en ciudades reales  (sobre todo alemanas), y a veces en un vacío espacial y metafísico; en algunos casos hay propiamente una historia (mínima, trivial y sin embargo sorprendente), otras veces no pasan de un apunte o de un quiebro conceptual. La alternancia entre todas estas variables y el humor (auto)irónico de Wolf es lo que hace que la lectura resulte una aventura.

Otro ejemplo, en este caso de un microrrelato más "tradicional":
Un hombre oyó que algo goteaba en su habitación, buscó un cubo y lo colocó debajo de la gotera, pero el cubo tenía un hueco, así que lo puso dentro de una jofaina, pero como la jofaina tenía un hueco tuvo que colocarla en una tina, que tamién tenía un hueco, por lo que puso la tina en una bañera. Entonces se dio cuenta de quetambién la bañera tenía un hueco, pero ya el hombre no supo qué hacer, y arrojó la bañera con la tina con la jofaina con el cubo con el hueco al mar frente a su casa. A partir de entonces pudo sentirse tranquilo y no oyó nunca más aquel goteo.

Creo que, en el fondo, Ror Wolf está jugando con la propia idea de narración, y con el modo en que nuestra mente reconstruye lo que las palabras transmiten. Cuando comenzamos a leer un relato, instantaneamente captamos (o intentamos captar) los elementos principales del mundo ficcional que se nos presenta: quién hace qué, cuándo, dónde, cuáles son las reglas que rigen ese mundo (¿son las mismas reglas del mundo "real" o se permite lo sobrenatural, lo fantasioso o lo futurista?), cuál es el conflicto central que se pretende desarrollar. Con sus "hombres" innominados, sus espacios vacíos o irreales, sus historias que dejan de serlo después de unas pocas frases o sus invocaciones explícitas del lector, Wolf subvierte cada una de esas categorías y nos hace conscientes de mecanismos que habitualmente funcionan de forma automática.

Cito solo otro ejemplo más, que si sigo citando al final voy a copiar el libro entero:

Hace poco, un alpinista -hombre oriundo de Goch- arrojó a un barranco un hueso de ternero mordisqueado. El hueso golpeó en la frente a otro hombre que estaba merendando en aquel momento. Aquel fue el comienzo de todo. Al final solo quedan palabras en las que se trasluce el escaso valor de la vida humana. Eso basta. Todo lo demás sería mentira.
Hombres varios está publicado en ContraEscritura, una pequeña editorial independiente con un catálogo reducido pero muy cuidado, que trabaja con seriedad pero con sentido del humor. Este libro, por ejemplo, tiene los números de página escritos al revés (¿decisión de Ror Wolf o de los editores?), y concluye con la siguiente nota: "cuando este libro acabó de imprimirse en septiembre de 2017 seguíamos sin saber cuándo se domesticó a la última vaca salvaje".

viernes, 2 de febrero de 2018

Sylvia Molloy: Desarticulaciones

Año de publicación: 2010
Valoración: Recomendable

¿Qué hacer cuando un ser querido es diagnosticado de Alzheimer? ¿Qué hacer con esos recuerdos intransferibles (la infancia, la imagen de padres, amigos o hermanos, un marido o una esposa muertos hace 20 años) que van cayendo en una densa niebla de olvido de la que jamás saldrán? ¿Qué hacer cuando la ruina es evidente e inevitable? ¿Qué hacer para seguir adelante?

Sylvia Molloy, en la dedicatoria de este "Desarticulaciones", nos da la opción por ella elegida: 

" Tengo que escribir estos textos mientras ella está viva, mientras no haya muerte o clausura, para tratar de entender este estar / no estar de una persona que se desarticula ante mis ojos". 

Ella es ML, amiga de la autora, y ML padece Alzheimer. Y lo que podría haber sido un ejercicio lacrimógeno y sentimentaloide se convierte, en manos de la argentina Sylvia Molloy, en una tentativa de salvación de los restos de un naufragio seguro. Molloy se agarra a pequeñas tablas apenas inasibles, ya sean una sonrisa de reconocimiento, un recuerdo, una anécdota o una conversación prácticamente olvidada, que no hacen sino retrasar lo inevitable.

El libro, de apenas 80 páginas, se estructura en breves textos que podrían leerse como microrrelatos o como apuntes de un diario y que no son otra cosa que escenas cotidianas- bien del presente, bien del pasado- que sirven a Molloy para tratar de rescatar algo del agujero negro del olvido y para plantearse interesantes reflexiones acerca de la memoria, la identidad, el lenguaje y su función, la relación pasado / presente, la amistad o la soledad, las cuales llevarán a la autora a comprobar que la desarticulación de ML acarrea también la desaparición de una parte importante de uno mismo.

Se trata de un texto duro, doloroso y bello, que recoge, sin caer en la sensiblería, el progresivo deterioro de ML y los recuerdos, dudas y cuestionamientos que todo ello suscita a su alrededor. En el lado negativo, su brevedad, en el sentido de que me hubiera gustado una mayor profundización en alguna de las reflexiones planteadas, y una leve sensación de frialdad en ciertos momentos. Pese a esto último y al tema y a su dureza, se trata de un texto recomendable y "disfrutable".

También de Sylvia Molloy en ULAD: Varia imaginaciónVivir entre lenguas

viernes, 26 de febrero de 2016

Colaboración: Mar de pirañas de varios autores.

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: Imprescindible

"Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado 'El dinosaurio'.
-Ah, es una delicia –me respondió- ya estoy leyéndolo". 
José de la Colina (tampoco están mal los giros de Pablo Urbanyi o Marcelo Báez) le da una vuelta de tuerca al mítico lagarto. ¿Hasta qué punto el micro, a fin de cuentas un velocirraptor, ha evolucionado? ¿Qué meteoritos ha tenido que sortear para salvar el pellejo?

Ya sólo –permítanme esta tilde díscola- por el prólogo de Fernando Valls, que responde a muchas de estas cuestiones, merece la pena hacerse con esta antología de microrrelatos: Fernando (no dejéis de pasar por su blog La nave de los locos) conoce perfectamente el paño y nos monta una estantería con las joyas del género. De esa cuidada biblioteca y de la red se nutre Mar de pirañas.

El volumen es un auténtico festín, una sucesión de de bocados minimalistas que dejan agradablemente insatisfecho al lector. Cada texto es un plato que se devora rápido, una copa de un caldo exquisito que se bebe con avidez pero que necesita un tiempo en boca para pillarle el retrogusto: conviene, tras cada historia mínima de Castán, después de cada genialidad de Olgoso, de Greciet, de Prieto Barba, de Muñoz Rengel, de Sánchez Quiles… releer de nuevo la página, detenerse en los recovecos de sus párrafos y cerrar después el volumen para paladearlo durante unos minutos o macerarlo durante una tarde.

Y es que estas "Nuevas voces" –éste es el subtítulo de la colección- son dignas herederas de Javier Tomeo, de Luis Mateo Díez, de Merino, de Millás, de Monzó, de Mrozek o de Örkény. La mayor parte de ellos son sencillamente brillantes.

Quizá –por buscarle algún pero- servidor hubiera escogido otras pirañas de Iwasaki (hay verdaderas maravillas en Ajuar funerario) y hubiera colgado el "Aviso" de María José Barrios. Servidor, tal vez equivocadamente, hubiera añadido a este inventario algún texto de M. José Martín de la Hoz (“Vendo agendas pequeñas para gente de pocos amigos”).

Nada, felizmente, es perfecto. Lo importante es que el dinosaurio está vivo; más vivo que nunca. Se lo debemos, aparte de a sus autores, a la Nube y a editoriales alternativas y entusiastas como Impedimenta, Páginas de espuma, Lengua de trapo o Menoscuarto que apuestan por la orfebrería literaria pues creen que se debe leer también a sorbos. Pueden, pues, despertarse tranquilos.
"Terminemos, o como diría Ana María Shua, "huyamos, los cazadores de letras están aq…"

En fin.

Firmado: Aster Navas

domingo, 10 de enero de 2016

Félix Fénéon: Novelas en tres líneas

Idioma original: francés
Título original: Nouvelles en trois lignes
Año de publicación: 1906, en el diario Le Matin. 1948, como libro.
Traducción: Lluís Maria Todó
Valoración: muy recomendable

Empezaré la reseña por lo más obvio: ni microrrelatos, ni "poetweets", ni haikai 3.0, ni gambas fritas... ninguna modernez que se le ocurra al último hipster literario de turno resulta original: todo eso ya lo hacía, más de un siglo atrás -110 años, para ser exacto- el señor Félix Fénéon, ilustre y ubicuo animador de los ambientes pictóricos y literarios franceses de finales del siglo XIX, crítico de arte, descubridor de nuevos talentos, editor de revistas de vanguardia, funcionario ejemplar en el Ministerio de Guerra, anarquista furibundo, acusado incluso -aunque absuelto- de un atentado con bomba contra un restaurante frecuentado por senadores de la República. Periodista y galerista después de perder su puesto en el ministerio; durante el año 1906 se encargará de la columna de hechos diversos del periódico liberal Le Matin, donde plasmará, a partir de los sucesos por lo general luctuosos, acaecidos por todo el territorio francés y aun en las colonias, sus excepcionales Novelas en tres líneas, a razón de veinte diarias.

De todos modos, ¿realmente podemos hablar de "novelas", en este caso? Es obvio que se juega con el doble significado en francés del término nouvelles : en principio, significa noticias, novedades, pero también relatos cortos (más que "novelas" propiamente dichas). Por otra parte, a estas alturas del siglo XXI, ya con todo el XX toreado, sabemos bien que no es necesario que una novela respete la disposición clásica de planteamiento-nudo-desenlace (más epílogo, si se tercia), para ser considerada como tal. Lo que no significa que algunos relatos no respeten a la perfección ese esquema básico:

El señor O. Calestroupat conoció en la Cámara de los Diputados a una señora poco esquiva. Velada galante seguida de triste despertar: le habían birlado once mil doscientos cincuenta francos.

En otras muchas ocasiones, sin embargo, Fénéon sigue tácticas más astutas; por ejemplo, inicia la noticia/relato, con algún elemento más desconcertante, ya sea por desusado o banal, para acabar rematando la faena con lo que debería, en puridad, suponer la idea central de la noticia:

Apenas acababa de aspirar su rapé cuando A. Chevrel estornudó y cayendo del carro de heno que le traía de Pervechéres, expiró.

Por no hablar de cuando la evidente sorna obliga a repensar la historia que se acaba de leer, por breve que sea:

Como las dedicaba a aporrear el  piano, la policía de Brest juzgó no electorales las sesiones del bardo Artigues, candidato. Infracción.

El mundo que retrata Fénéon en sus nouvelles no resulta, sin embargo, demasiado amable, o no siempre; todo lo contrario... Debido a la materia prima periodística de la que se nutren, nos ofrecen una visión ominosa de la sociedad francesa de aquel 1906, plagada de homicidios, accidentes, suicidios, riñas, robos, atentados, huelgas, disturbios, epidemias y desastres naturales. Una realidad violenta, brutal a veces, que no encaja, quizá con la imagen plácida que a menudo nos hacemos del pasado.

Una loca de Puéchabon (Hérault), la señora Bautiol, despertó a sus suegros a mazazos.

Unos bebedores  en Houilles, se estaban pasando de mano en mano una pistola que creían descargada. Lagrange apretó el gatillo. No volvió a levantarse.

Ávidos de indulgencia, unos ladrones han desvalijado una tienda de objetos de piedad y peregrinación  de  Clichy-sous-Bois.

También, por suerte, hay lugar para las fiestas populares, los eventos destacados, los homenajes a figuras prominentes, siquiera a nivel local; momentos de respiro que nos parecen ahora de una ingenuidad que probablemente no era tal...

Delante de quince mil ciudadanos de Nîmes, seis toros destriparion a siete modestas yeguas y fueron estoqueados por Conejito y Bombita Chico.

El reglamento del alcalde de Angers sobre procesiones prohíbe en la calle los estandartes sindicales, los cantos no litúrgicos y los bastones.

La ironía, la retranca incluso, están presentes en todo momento, hasta en aquellas nouvelles que dan cuenta de hechos más trágicos; muy especialmente en las que glosan el asueto y otros actos edificantes para la sociedad bienpensante de la época:

Pánico entre las amazonas. El tiovivo de cerdos Legrand, en la plaza de las fiestas de Clichy, ha ardido a las seis de la tarde. Destrozos: dieciocho mil francos.

A igual modestia, distinta paga: la Reina de la virtud de Les-Granges-le-Roi, doscientos cincuenta francos; la de Magny-en-Vexin, trescientos; quinientos para la de Argenteuil.

Mil novecientos concursantes de "La Caña de Niort" estaban pescando ayer en el río Sèvre, y mil quinientos curiosos animaban a los peces a que picasen.

En última instancia, lo que más destaca de estas pequeñas  joyas escritas por Fénéon no es su originalidad, su habilidad técnica o su audacia narrativa -que iba a más según pasaban los días y los meses, y se ve que que aumentaba su soltura y confianza-, sino la humanidad de que hace gala. Quizás un tanto socarrona, ya digo, pero que no deja de ser compasiva incluso con los autores de las mayores atrocidades -no digamos ya con sus víctimas-, perfectamente sabedor de que en cualquier momento cualquiera de sus contemporáneos, cualquier conocido suyo o cualquier probo ciudadano que pasara por la calle podría convertirse en protagonista de alguna de estas nouvelles. Empezando por el mismo, claro. O por nosotros, si a eso vamos...

Demasiado jóvenes y ya madres, las señoritas Meuzaret, vecina de Saint-Barthélémy (Sena y Marne) y Garnier, vecina de Chassagne (Saona y Loira) han matado a sus respectivos hijos.

No me resisto, no sin antes recomendar encarecidamente este libro a todo el mundo -a quién no lo haya leído, para que lo haga; y a quien lo haya hecho, para que lo relea y vuelva a disfrutar de todas sus pequeñas maravillas-, a copiar una más de estas "novelas en tres líneas", que sin duda hará las delicias de más de uno de nuestros lectores. Nada nuevo bajo el sol, como se suele decir...

En Le Boulou (Pirineos Orientales) unos suboficiales españoles han insultado a un turista francés culpable de este grafiti: ¡Viva Cataluña!

También hay, claro está, muchas noticias de cargos políticos corruptos, pero ya no voy a poner ninguna: ¡son demasiadas y no tengo sitio para todas!