viernes, 29 de septiembre de 2017

Reseña + Entrevista: Palacio Quemado, de Edmundo Paz Soldán

Año de publicación: 2007
Valoración: Bastante recomendable

Uno de mis descubrimientos literarios de los últimos tiempos ha sido el boliviano Edmundo Paz Soldán. Pese a que lleva publicando desde los años 90, ha sido en 2016 y 2017 cuando he tenido la oportunidad (y la suerte) de conocer su obra a través de los recientemente publicados "Las visiones" y "Los días de la peste". Y tanto me han gustado que me he lanzado a buscar obras anteriores.

Es así como he llegado a este "Palacio Quemado", obra publicada allá por el año 2007, que si bien en primera instancia puede parecer una obra absolutamente diferente de las dos ya citadas, tras su lectura observamos que guarda algunos puntos en común.

Entre las diferencias, la más clara es meramente formal. En "Palacio Quemado" nos encontramos con una novela mucho más convencional que en "Los días de la peste". Mientras en esta última la trama se narra "en tiempo real" a través de múltiples personajes con voces perfectamente diferenciadas, en aquella el narrador es único y la narración, lineal con importantes flashbacks, se produce algunos años después de los hechos. Por otra parte, mientras "Las visiones" y "Los días de la peste" podrían englobarse dentro del género distópico (con algunas reservas, eso sí), "Palacio Quemado" es, al mismo tiempo, novela histórica e intriga política.

"Palacio Quemado" está ambientada en el mandato de Sánchez de Lozada y en las protestas, lideradas por Evo Morales, que acabaron con la renuncia del presidente. Es la historia de Oscar, un hombre de unos 35 años que trabaja como "escribidor" de discursos para el presidente Canedo (trasunto aquí del ex-presidente boliviano Sánchez de Lozada). Es Oscar un tipo sin ideología, un escritor que no cree en lo que escribe, sino en escribir acerca de lo que otros creen. Es, por otra parte, hijo de un ex-ministro, lo que sirve a Paz Soldán para desarrollar paralelamente la historia personal de Oscar y la historia reciente de Bolivia, ambas marcadas por hechos un tanto turbios.

En cuanto a los puntos en común con los libros más recientes de Paz Soldán, destacaría que, en el fondo, "Palacio Quemado" también gira, fundamentalmente, en torno al poder y a la violencia, ejercitados ambos tanto en un plano individual como colectivo. Además, Paz Soldán sitúa a los personajes de los tres libros en situaciones o escenarios "límite", en los que se pueden apreciar las fortalezas y debilidades del ser humano.

En resumen, se trata de una novela más que recomendable, especialmente para interesados en política latinoamericana, creíble, con buenos diálogos y personajes y tramas bien construidas y desarrolladas,. Eso sí, es menos arriesgada, y por esto quizá más accesible al "gran público", que sus obras más recientes.

También de Paz Soldán en ULAD: Billie RuthLas visionesLos días de la peste

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Después de cuatro reseñas, ya era hora de hacer una pequeña entrevista a Edmundo Paz Soldán, quien muy amablemente se ha prestado a responder a nuestras impertinentes preguntas. Aquí os las dejamos:

ULAD: Llama la atención en "Palacio Quemado" la visión desesperanzada de la política boliviana ("reino de la coyuntura", "los políticos le hacen más mal que bien al país", etc) y del propio país (corrupción, abismo entre la minoría blanca en el poder y el resto de la población, etc). ¿Han cambiado las cosas en el tiempo transcurrido desde la publicación de la novela? ¿Hay esperanza para Bolivia?



EPS: Palacio Quemado quería retratar un momento clave en la historia contemporánea del país, el del fin del modelo neoliberal a principios de la década pasada, con la sugerencia de la pronta llegada del neopopulismo. Las fuerzas en pugna no atinaban a encontrar una salida, y se hablaba de un "empate catastrófico". La falta de salida política también provocaba una indefinición en cuanto a nuestro destino como país, y tenía muchos antecedentes en la historia de Bolivia. Las cosas han cambiado mucho, se han sentado las bases para un Estado más incluyente, aunque problemas como la corrupción y la falta de independencia de la justicia parecen ser estructurales; el modelo neoliberal también se las ha ingeniado para subsistir a través de otra retórica. En todo caso, creo que, con todos nuestros problemas, estamos mejor que hace quince años, y hay esperanza.

ULAD: Una de las frases más potentes del libro es la que dice "el diccionario es un osario de palabras vacías". No sé si mi interpretación es errónea o no, pero daría la impresión de que el lenguaje es algo neutro per se. ¿Lo es en realidad?

EPS: No, no lo es. Pero es la perspectiva del narrador, que es alguien que vive de escribir discursos para los políticos de turno, y siente que ese lenguaje que el usa para construir discursos ha sido abaratado con tanto lugar común. Los políticos lo han vaciado de sentido, una cosa parece significar otra completamente opuesta, hasta que al final todo vale.

ULAD: En el libro se dice de Oscar que es "un escritor que no cree en lo que escribe, sino en escribir acerca de lo que otros creen". ¿Es posible hacer (buena) literatura sin algo de fe en ella?

EPS: No creo que se pueda. En América Latina la escritura ha estado muy relacionada con el poder, en el siglo XIX y hasta las primeras décadas del siglo XX los letrados participaban en la escritura de las Constituciones nacionales, redactaban las leyes de un partido, incluso se presentaban a cargos públicos. Había una jerarquía administrativa relacionada con el poder que daba la escritura. Muchos escritores encontraron acomodo ahí, alquilando su pluma. El campo cultural era muy precario como para acogerlos. Oscar es un descendiente de esos letrados. Podemos idealizar la escritura como un instrumento de liberación, pero lo cierto es que muchos no han sido suficientemente críticos con el poder y se han dejado cooptar por este.

ULAD: Tanto en "Palacio Quemado" como en "Las visiones" y "Los días de la peste" la violencia y el poder (también el sexo y las creencias "religiosas", en menor medida) determinan las acciones y el destino de los personajes. ¿Son la violencia y el poder tan determinantes en nuestras vidas? ¿Hay alguna forma de rebelarse frente a ellas?

EPS: La violencia y el poder son muy determinantes, pero claro que hay formas de rebelarse contra ellas. Lo que ocurre es que estos libros se enfocan en momentos específicos de crisis institucional, a nivel regional (Los días de la peste), a nivel de la nación-Estado (Palacio Quemado), y a nivel de un conflicto colonial, imperial (Las visiones). En esos momentos es difícil sustraerse a la conexión entre violencia y poder. El poder estatal está en nuestro día a día, tiende a camuflarse para funcionar mejor, pero apenas lo pones en entredicho busca reafirmarse. Nos queda romper esa lógica a través de su cuestionamiento continuo.

ULAD: Comparando las tres obras citadas, "Las visiones" y "Los días de la peste" me parecen novelas más arriesgadas que "Palacio quemado", tanto por el uso de lenguaje como por la técnica narrativa y el tratamiento de los temas. Personalmente, me parecen novelas más completas. ¿Seguirás por los caminos transitados en estos últimos libros? ¿Nos puedes adelantar algo?

EPS: Estoy escribiendo una novela corta con un solo punto de vista, sobre un psiquiatra que da apoyo psicológico a los voluntarios de un experimento con sustancias lisérgicas. Está ambientada en la frontera entre Bolivia y Brasil. Recupero temas de libros anteriores, pero en otro contexto.

ULAD: Por último, en España da la impresión de que la literatura boliviana es la hermana pobre de la literatura latinoamericana. De hecho, eres el único autor boliviano que hemos reseñado en el blog (tras 3200 reseñas), aunque he de decir que tengo pendiente de reseñar libros de Liliana Colanzi y de Maximiliano Barrientos. ¿Qué autores o libros nos recomiendas para seguir adentrándonos en la literatura boliviana?

EPS: Solo por pensar en autores que podrías encontrar ahora mismo en una librería española, te recomendaría a Magela Baudoin (La composición de la sal, Navona), Rodrigo Hasbún (Los afectos, Random), Christian Vera (El profesor de literatura, Caballo de Troya) y Giovanna Rivero (98 segundos sin sombra, Caballo de Troya).

1 comentario:

Interlunio dijo...

Gracias por la reseña y la entrevista, Koldo. Hago un paquete con todo eso y te digo: Gracias por el interés.
Disculpen por lo que viene, mis comentarios nunca son breves. Ahora se acerca el 12 de octubre, y la gente de allá y aquí tiende a reivindicar y traer al recuerdo el 1492, muchos recriminando, muchos en una eterna pose victimista que no le hace bien a nadie. En fin. Yo, respetandolo todo, suelo lamentar más el rechazo a los lazos entre la Latinoamérica y España de hoy, que los hechos ineludibles de hace cinco siglos atrás. Básicamente porque llevo media vida en cada continente y media cota de sangre de cada uno de ellos en el cuerpo. Y, aunque sé que aquí muchas veces no gusta escucharlo, nos parecemos muchísimo como la historia dicta, tanto en virtudes como en defectos y, por ende, considero un aprendizaje importantisimo para uno leer sobre el otro.
Por suerte, ULAD es uno de esos micromundos considerados, valientes y sabios dentro de otro mundo mucho más ignorante y mezquino. Eso es de agradecerles a todos ustedes.

No conozco al autor, pero creo que Los días de la peste será un buen comienzo con él.

Si me permites, respondiendo a la última cuestión que le haces y, aunque no sea conocedor de muchos bolivianos. Yo te recomendaría "Los muertos están cada día más indóciles" de Fernando Medina Ferrada, de fuerte contenido político e histórico también, aunque situado a mitad del siglo pasado.
Y sin duda, más experimental y actual: "El exilio voluntario" de Claudio Ferrufino Coqueugniot, obra muy importante para mi, donde su título habla por sí solo.

Un saludo.