viernes, 8 de septiembre de 2017

Reseña + entrevista: "Mejor la ausencia" de Edurne Portela

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: Muy recomendable

Edurne Portela apareció en el panorama editorial hace un año, con su ensayo El eco de los disparos, sobre las representaciones literarias y fílmicas del “conflicto vasco”. Ahora vuelve con una novela, Mejor la ausencia, que retrata la vida de una chica de la margen izquierda de la ría de Bilbao (en la que se sitúan las fábricas, las ciudades obreras, las minas) en su paso de la infancia a la adolescencia y a la madurez en el seno de una familia cargada de tensiones, culpas y silencios.

Esta es una novela marcada por la violencia, no solo del terrorismo, sino también de la conflictividad social de los años 80 (años de la reconversión industrial, con niveles de desempleo que llegaron al 30% en algunas zonas), de la epidemia de heroína que diezmó a toda una generación, o también la violencia machista ejercida dentro y fuera del hogar. Es por lo tanto una novela oscura, casi naturalista en su acumulación de desgracias (violencia doméstica, drogodependencia, alcoholismo, torturas, exilios, violaciones, pérdidas), que contrasta tanto con el relato idílico del nacionalismo vasco, como con la visión dominante de los años 80 como años de libertad, creatividad, aperturismo, “la movida madrileña” y Pedro Almodóvar, la europeización galopante.

Por eso, lo que narra Mejor la ausencia quizás resulte novedoso para algunos lectores, pero resultará muy reconocible para quien haya vivido en el País Vasco (o mejor, en Vizcaya) en los años 80: algunos de mis recuerdos infantiles están ligados a las sirenas de las fábricas, y a los enfrentamientos entre la policía y los trabajadores de los astilleros abocados al cierre. Estas otras violencias también forman parte de la historia y de la memoria reciente de Euskadi, que no se resume ni se agota en el llamado “conflicto vasco” (aunque este también está muy presente en la novela, de una forma poliédrica y no binaria o maniquea).

Edurne Portela ha optado por estilo seco y con pocas concesiones al preciosismo o al humor, pero muy efectivo en la transmisión de la dureza de la trama. Quizás uno de los aspectos más conseguidos sea la evolución de la sensibilidad (y la voz) de la narradora, desde las primeras páginas, en que tiene apenas cinco años, pasando por la áspera irritación de la adolescencia, hasta la edad adulta, en 2009, momento de volver la mirada hacia el pasado para intentar darle sentido.

Esta última sección, la que muestra el regreso de la protagonista a su casa, es quizás la que me resulta más problemática. Creo que la idea es introducir, precisamente, el momento de construcción de la memoria traumática desde la madurez, pero este tema no se desarrolla lo suficiente en mi opinión; y el recurso de volver atrás para reconstruir determinados episodios que habían quedado incompletos en la primera parte me parece confusa narrativamente.

En todo caso, esto no disminuye el valor de una novela más que recomendable, dura pero cargada de interés literario, histórico o político. Si El eco de los disparos es un ensayo que nos ayuda a reflexionar sobre el modo en que el "conflicto vasco" está siendo representado en distintos productos culturales, Mejor la ausencia es en cambio un producto cultural que nos recuerda que la historia del País Vasco no se reduce a ETA y al nacionalismo; que hubo muchas otras tramas y vivencias que compusieron un periodo duro de nuestro pasado, que esta novela contribuye a recuperar, en toda su complejidad y dolor.
 

Entrevista a Edurne Portela


Creo que mucha gente va a leer esta novela como un complemento o continuación de 'El eco de los disparos', o sea, como una novela sobre ETA. ¿Esta lectura es correcta, o puede ser reductora? ¿Las dos obras se compusieron al mismo tiempo, o secuencialmente?


Empecé a escribir Mejor la ausencia después de terminar El eco de los disparos, en agosto de 2015. Lo recuerdo perfectamente porque comencé a hacerlo sin saber todavía si iba encontrar un editor para El eco. Pero al finalizar el ensayo me di cuenta de que la pregunta principal que me había guiado a escribirlo no estaba agotada y esa pregunta era qué significa convivir, entendiéndola, con una herencia de violencia. Es decir, cómo la violencia (ya sea política, estructural o íntima/familiar) marca nuestra forma de concebir el mundo en el que vivimos, nuestra relación con él. En El eco lo exploro de forma muy específica en el contexto de la violencia que hemos vivido en Euskadi. En Mejor la ausencia hay una continuación de esta exploración, pero también una ampliación temática. La violencia que se explora en esta novela no es sólo la del "conflicto", sino también la del desarraigo, la droga, el maltrato en el seno de la familia, el machismo. En ese sentido, Mejor la ausencia no es una novela sobre ETA o no por lo menos exclusivamente.
 
Me imagino que eres consciente de que se va a comparar tu novela con 'Patria', que habrá quien diga que te has inspirado en ella o, peor todavía, que estás intentando aprovecharte del tirón de Fernando Aramburu. ¿Crees que por causa del éxito de 'Patria' se nos viene encima una oleada de novelas sobre el conflicto vasco? ¿Y eso, sería bueno o malo?

Como decía, empecé a escribir esta novela por lo menos un año antes de que Patria saliera a la luz. Para cuando leí el libro de Aramburu, mi novela estaba casi acabada. Creo que sería una tontería decir que está inspirada en ella porque no tienen nada que ver, ni en concepción literaria ni en el tratamiento de los temas. Y lo de aprovecharme del tirón... ¡si fuera tan fácil!

Patria ha marcado un antes y un después en la ficción sobre el tema y a partir de ahora será inevitable que todo lo que escribamos se compare. Si viene una oleada de novelas sobre el tema creo que no se debe tanto al fenómeno Patria (aunque seguro que le salen un montón de imitadores) sino a la necesidad que tenemos de entender y elaborar nuestro pasado reciente. Este mismo septiembre salgo yo, pero también sale Aixa de la Cruz y Juan Bas, que yo sepa. Y la traducción de Atertu arte itxaron de Katixa Agirre también se va a publicar ahora en castellano como Los turistas desganados. Y yo creo que esto es muy buena señal. Igual nos pasa como con las novelas de la guerra civil, que al final podemos acabar hasta el moño de malas novelas, o de novelas de héroes y villanos, pero esa producción también ha dado obras excelentes que nos han ayudado a entender ese periodo traumático de nuestra historia.

'Mejor la ausencia' es una novela de la memoria. ¿Hasta qué punto la construcción de esta memoria sirve para darle un sentido a la vida individual y a la historia colectiva?

La memoria, ya sea en su forma testimonial o en su elaboración a través de la imaginación en ficción, creo que es fundamental como herramienta para comprender nuestro pasado. Pero ojo, no se puede sustituir memoria por historia. La labor de los historiadores es fundamental y creo que a veces no les valoramos lo suficiente. Pero también es cierto (y esto ya es un tópico, pero creo que está bien recordarlo) que la ficción puede llegar allá donde la historia no puede: el terreno de lo íntimo, de los afectos, de esas zonas ambiguas y tremendamente humanas en las que también se gestan la historia y sus tragedias, la política y sus violencias. Entonces, las novelas que se nutren de la memoria o que indagan en el pasado individual y social, si consiguen indagar en ese sustrato afectivo y representarlo para el lector o lectora, aportan algo muy valioso al conocimiento de la historia.
 
¿Cuánto hay, en 'Mejor la ausencia', de deseo de completar la historia narrativa reciente del País Vasco con una serie de temas (el paro, la droga, el rock...) que están casi ausentes de la mayor parte de sus representaciones? El hecho de que sea una novela urbana, centrada en la periferia de Bilbao, te sitúa de alguna forma como contrapunto de Ramiro Pinilla, desde la orilla opuesta de la Ría: como cronista de una historia algo diferente de la oficial… 

Muy buena pregunta, aunque no sé si sabré contestarla. A ver, cuando me pongo a escribir esta novela no soy consciente de estar completando nada, no nace de una carencia, sino de un deseo de indagación. Tampoco pensé en ser el contrapunto de Ramiro Pinilla (sería de una arrogancia tremenda por mi parte).  Pero ahora que lo dices, sí es cierto que no tenemos mucha ficción centrada en esta geografía o en esos años. Pero el caso es que con esta novela yo partí de una serie de afectos, memorias, impresiones relacionados con lo que significaba vivir esos años en este contexto. Los hechos o la problemática histórica era por supuesto importante, pero no era lo que dictaba el texto. Es decir, no buscaba elaborar una tesis histórica a partir de mis personajes, sino dejarles vivir naturalmente en él. Si el resultado es, como dices, una historia diferente a la oficial o alternativa, pues me alegra mucho, pero es un resultado que no busqué conscientemente.

¿Por qué una novela tan oscura?

Pues ahí sí que sé es difícil darte una respuesta. Te diría que se lo preguntaras a mi psicoanalista, pero ya no tengo uno. Bueno, hablando en serio, además de la oscuridad que pueda haber dentro de una, creo que esos años que nos tocaron vivir son muy opacos, muy oscuros, años que, como dices tú antes, apenas hemos elaborado ni a través de nuestras memorias ni de nuestra imaginación. Creo que según los personajes fueron tomando cuerpo y vida, toda esa oscuridad, esos silencios, se apropiaron de la narración. Y tal vez, al estar contado desde la perspectiva de Amaia, un personaje que vive en la oscuridad, también en su edad adulta, nunca llegamos a salir de ahí. O sólo en breves momentos.
 
Como decía antes, quizás mi mayor problema con la novela sea la última sección, la que sucede en 2009 y se titula “el regreso”. ¿Por qué introdujiste esta segunda parte, más breve, en la novela? ¿Qué función tiene? ¿Por qué no la desarrollaste más?

Aquí retomo mi respuesta anterior. Como decía, toda la novela está narrada desde el punto de vista de Amaia. Desde pequeña, ella intenta entender el mundo que le rodea. Ese mundo se va ensanchando según va creciendo, pero gravita siempre entorno a su padre: su presencia y su ausencia. No quiero destripar la novela, entonces tengo que limitar un poco la respuesta. Pero piensa en eso en relación a la segunda parte. Ella, por una serie de circunstancias, regresa a "casa" y es entonces cuando ese proceso de intentar entender se reactiva, y se hace a través de la escritura, que para ella es una forma de conocimiento. A esa edad y con lo que ha vivido, Amaia intenta reconstruir todos esos pedazos del pasado, que son a veces intuiciones, a veces datos deslavazados, a veces memorias dudosas. Y el final, del que no vamos a hablar aquí, interrumpe ese proceso. Amaia va dando sentido, construyendo su propia narrativa, en esta segunda parte y a mí me parece que ese proceso de reconstrucción aporta toda una serie de matices sobre el pasado importantes. Y, bueno, quería dejarla crecer y ver en qué se había convertido como una mujer de 35 años.

Si no desarrollé más esta parte es porque pensé que con la elaboración que hago era suficiente. Hice una buena criba de secciones que me parecían que si bien eran importante para mí, para entender a Amaia, al lector o lectora no le iban a aportar mucho más. Igual te resulta frustrante que algunas cuestiones del pasado de Amaia y su familia no se aclaren, o estén confusas. Pero es que Amaia no logró nunca saber nada más. Y ella manda.
 
Por otra parte, esta segunda sección deja un mensaje bastante desasosegante: si tomamos a la familia de Amaia como una alegoría o metáfora de la sociedad vasca, la conclusión parece ser que la comunicación, la comprensión o la reconciliación son imposibles, sobre todo en un contexto traumático.

Aquí no estoy de acuerdo contigo. De nuevo, no queremos arruinar la lectura a nuestros lectores y lectoras, pero creo que la mayoría de los personajes de la familia sí establecen una comunicación, entre algunos sí hay reconciliación. ¿Amaia? Bueno, es que Amaia es una chica muy especial que ha vivido mucho. Y hay reconciliaciones que son no sólo imposibles, también indeseables.

Dicho esto, tampoco sé si la familia de Amaia se puede entender como alegoría o metáfora de la sociedad vasca. En parte sí, porque son personajes inscritos en la historia vasca de los últimos 40 años, pero por otra parte, ni ellos representan a toda la sociedad ni todo lo que les ocurre tiene que ver con el conflicto vasco (la desintegración social debido al paro o la heroína en los 80, por ejemplo, se da en otros lugares de España). Además, hay otras cuestiones que marcan a los personajes, como la violencia familiar (contra la mujer, los niños), en la que entran otro tipo de consideraciones cuando hablamos de términos como "reconciliación".

Por último, tengo curiosidad por saber si escogiste el estilo (frases cortas, uso de coloquialismos, sobre todo en los diálogos, pocos preciosismos...) de forma consciente para que correspondiese con el contenido o con la voz del personaje, o si simplemente es la forma de escribir con la que te sientes más cómoda...

Claro, toda la obra es la voz de Amaia y toda la narración se sustenta en ella. No sé si estarás de acuerdo conmigo, pero Amaia es una chica capaz de mucha ternura, vulnerable también, pero al mismo tiempo puede ser dura, incluso violenta. Su voz es ella y, por eso dirá tacos o será seca, aunque también su voz puede destacar el cariño o sus pensamientos desvelar su ternura. La segunda parte es cierto que Amaia comienza con unas reflexiones más pausadas, pero el retorno a "casa" supone también una vuelta al pasado y, con ello, a un estado similar a aquél de la primera parte.


4 comentarios:

Interlunio dijo...

Interesante la reseña y muy interesante la entrevista.
En la reseña, pensaba en Pinilla y encontré grato leer su nombre más tarde. Creo que al decir: "algunos lectores encontraran novedoso..." ya justificas el muy recomendable que das arriba.
Terminando, decir que leeré el libro gracias a la entrevista. Desde mi torpe percepción, encuentro a ambos, entrevistador y entrevistado, justos en lo que les corresponde; el primero dando vuelo a las aspiraciones de la novela, ya sea porque encontró su lectura necesaria o porque pretende ayudar a la escritora apuntando aspectos que le generen más lectores, y el segundo dando grandes y sinceras respuestas que tienen que venir desde la humildad. En fin, que me gustó más leerla a ella que leerte a ti, Santi. Pero esto es un halago para los dos.

Santi dijo...

Pues me parece perfecto que te haya gustado más leerle a ella que a mí; si en una entrevista el protagonista es el entrevistador, mal vamos :)

En relación con Pinilla, naturalmente no hay que exagerar las semejanzas: Pinilla tiene, sobre todo en sus primeras obras, un espíritu épico faulkneriano que no es en absoluto la estética de esta novela. Pero en lo de hacer la crónica de la Bizkaia industrial, uno desde cada lado de la ría, sí que tienen alguna semejanza.

Marc Peig dijo...

Gran reseña, Santi, y muy buena entrevista. Es un gran logro haber podido incluir la entrevista, pues complementa perfectamente (y extensamente) los temas en torno a los cuales gira el libro.
Saludos
Marc

Gabriel Diz dijo...

Buena reseña Santi y mejor entrevista. El conflicto del país vasco es algo lejano para mí pero siempre está bueno encontrar semejanzas con algunas regiones industriales de Argentina que también fueron devastadas.

Saludos