viernes, 22 de septiembre de 2017

Colaboración. Margaret Atwood: Nada se acaba

Idioma original: Inglés 
Título original: Life before man 
Traductor: Miguel Temprano García 
Año de publicación: 1979
Valoración: Recomendable 

 Esta novela, finalista del Governor General’s Awards del 1979, me ha gustado. Exhala sensibilidad, sabiduría y lirismo, la prosa es ágil pero compleja, las escenas, inteligentes y conmovedoras, los personajes redondos... Nos acuna mientras nos traumatiza: la separación no sólo rompe familias, sino personas; los triángulos amorosos se expanden, tres vértices se quedan cortos; nadie logrará jamás conocerte del mismo modo que tú crees conocerte... Es innegable que este libro tiene muchos logros. Y, sin embargo, pienso que su ejecución podría haber sido más acertada. 
 Nada se acaba gira en torno a un matrimonio agonizante. La relación de los casados, Nate y Elisabeth, es cada vez más tensa; atraviesan dudas, rencores, autoengaños, infidelidades, penitencias, incoherencias. Elisabeth estuvo con varios hombres. Nate, después de tener a una amante, se enamora de Lesje, con la que empieza una aventura. 
 Los pensamientos de los tres personajes principales son fascinantes, pues son muy humanos. Empatizamos con ellos. Además, fluyen orgánicamente. En un capítulo, por ejemplo, Elisabeth banaliza el que Nate vaya a dejarla, mientras que más tarde admite que no quiere ser abandonada. O Nate, que ama a sus hijas, va a reprocharles que son lo que le ata a su mujer. Lesje se da cuenta, demasiado tarde, de que prefería la rutina de alguien a quien no quería a las incertidumbres que surgen por estar con Nate. 
 Sus conflictos tienen repercusión, y ellos lo saben, de modo que no siempre toman decisiones egoístas, como haría un protagonista de Ray Loriga. Encima, tienen el dilema de no saber qué es justo, pues no comparten la definición de esa palabra, los matices y los intereses lo relativizan todo. 
 Lo que les pasa a estos personajes es que no dejo de verlos como eso mismo; no son personas. Todo lo que dicen, piensan y sienten parece trascendente. Son muy humanos, ya lo he dicho, pero monotemáticos: tristeza, dolor, angustia, melancolía... ¿Acaso una persona no puede experimentar más cosas? ¿Por qué nunca logran nada sin sentir inmediatamente culpabilidad o arrepentimiento? Sólo podemos empatizar con la parte del espectro sentimental más emo.
 Y, ya puestos, ¿sus diálogos y acciones deben ser tan solemnes, tan descaradamente significativos? ¿No pueden respirar, tomarse un café o darse un baño, sin que eso sea tan imprescindible, tan memorable? Son personajes, no personas, porque no hay nada de banal en ellos, nada de cotidiano. 
 Creo que la autora podría habernos hecho padecer más por ellos si no nos hubiera anestesiado con más de 400 páginas de lo mismo, de vulnerabilidad, de sufrimiento, y si hubiera puesto un marcado contraste entre esos momentos oscuros y algunos más felices.  
 La mayoría de secundarios desfilan con la cabeza bien alta. Cada uno de ellos es relevante para el argumento, y muchos son meticulosamente caracterizados. Muriel, la tía de Elisabeth, es mi favorita: está definida desde el principio y aún y así es imprevisible.
 Acabaré diciendo que es la primera novela de Atwood que leo y que, pese a lo que he señalado, me ha despertado el apetito. No voy a esperar mucho antes de hincarle el diente a otra de sus obras, pero no voy a mentir: cruzaré los dedos para que haya algo más de alegría e intrascendencia en sus personajes, además de variedad en el tono global del libro. Mis exigencias se deben a que no veo a ésta escritora, pese a no haber tenido más que una toma de contacto con ella, como puro entretenimiento (al fin y al cabo es candidata al Premio Nobel, y eso sigue significando algo, ¿o quizás ya no?), y por eso me gustaría disfrutarla en su plena potencia. Aunque claro, tampoco es que un mindundi como yo esté necesariamente en lo correcto... 

Firmado: Oriol Vigil

7 comentarios:

Beatriz Garza dijo...

Hola, Oriol. Gracias por tu reseña.

Tengo pendiente leer a Margaret Atwood pero creo que no será este libro. Me parece muy interesante (y muy de lo que me gusta leer a mí) el planteamiento, el estilo y los personajes pero lo que comentas de que todos los pensamientos son trascendentales me resulta poco realista y poco apetecible. Sobretodo a lo largo de 400 páginas. (Vivan las novelas de no más de 250 pg).
Un saludo.

Beatriz

Jose Angel Suarez dijo...

Espero que sea mejor que el Cuento de la criada, que en mi humilde opinión, es una novela excesivamente sobrevalorada.

Anónimo dijo...

Hola, Beatriz. Primero que nada, gracias a ti por responder.
No puedo poner la mano en el fuego por nada de Atwood, ya que, como digo en la reseña, este era mi primer libro de la autora. Ahora mismo he leído Oryx y Coraje. Tampoco me ha parecido más que recomendable (como si eso fuera poco), pero la verdad es que a la pobre Margaret le he puesto unas expectativas muy altas.
Sin embargo, hay algunos de sus libros, como El cuento de la criada que parecen tener bastante buena acogida (aunque a José Ángel no parece entusiasmarme demasiado; gracias por contestar a ti también).

Oriol.

Juan G. B. dijo...

Hola a todos:
Como yo hice la reseña de 'El cuento de la criada', me permito intervenir... Yo creo que es un libro que, al margen de sus valores literarios intrínsecos (narrativamente, la primers mitad de la novelanovelarece soberbis y brutal, aunque quizás no se resuelva de una maneta redonda), lo que ha ocurrido con él es que se han conjuntado una serie de circunstancias: desde por supuesto la serie de televisión al triunfo de Trump, pasando por el auge, no exento de tiras y aflojas, de la última ola feminista... Todo ello hace wue se haya convertido en un "libro del momento" (aunque sea de 1986) por lo que es posible que haya quien se sienta defraudado tras las altas expectativas...
Y lo dejo ya...un saludo...

Gabriel Diz dijo...

Coincido en que es una novela sobrevalorada, por lo menos en este blog. El cierre que le da Atwood es absolutamente anti climático.

Saludos

Interlunio dijo...

Buenas a todos. Reconozco que no soy objetivo a la hora de valorar la calidad literaria de Atwood, ya que le tengo admiración por su activismo, tanto con Amnistía Internacional como por su compromiso medioambiental. También tuve la sensación de que el cuento de la criada acababa de una manera que pareciera que la escritora pusiera más empeño en entregarlo a la editorial que en darle un desenlace acorde a todo lo que prometían sus tres primeras cuartas partes. De todas formas, coincido con Juan que hoy puede ser una novela que desilusione. Pero sobra decir que la desilusión responde más a nosotros mismos que a la peopuesta de la escritora. Creo que parte de lo valiosa que es, está ligado a que la obra tiene más de 30 años y, por lo tanto se adelanta a su tiempo en muchos aspectos. Obviamente, tenemos más problemas de superpoblación que de infertilidad, pero una cosa no anula a la otra y también es cierto que nuestra relación con los pesticidas y los problemas de infertilidad a causa de ellos son algunos de los estudios más "guardados en un cajón" de nuestro siglo.
Pienso, que esa fue la única guinda del pastel que le faltó a la escritora para dar ese desenlace que subrayaria todo lo que el libro pretende denunciar: Que la infertilidad estaba en el esperma.
Más allá de eso, y opinando que como "biblia" feminista y obra literaria "el cuaderno dorado" es infinitamente superior, yo también opino que el cuento de la criada es muy recomendable.

El Puma dijo...

La reseña de Juan sobre "El cuento de la criada" me indujo a ver la serie. Y debo decir que es maravillosa. Como teleadicto que soy, confieso que poquísimas veces he sentido el dolor y la angustia que esta serie transmite. Principalmente a través de su increíble protagonista (Elizabeth Moss en la piel de Offred) y la cruel, sádica y generosa Aunt Lydia (una tremenda actriz llamada Ann Dowd).

Tengo el libro en mi Kindle, aguardando su turno. No opinaré sobre él, entonces.