miércoles, 20 de agosto de 2014

James Franco: Palo alto

Idioma original: inglés
Título original: Palo Alto
Año de publicación: 2010
Valoración: recomendable

Palo Alto es una ciudad situada en el condado de Santa Clara (California). También es la ciudad en la que nació y se crió James Franco (actor, guionista, director y productor de cine, pintor, músico y escritor; ahí es nada) y el lugar en el que ha decidido ambientar su segundo libro (el primero fue una novela titulada Actors Anonymous).

Palo Alto es, en teoría, una colección de relatos, pero también se podría considerar una novela, pues todas las narraciones comparten los mismos personajes y el conjunto resultante es algo más complejo y completo que un simple grupo de historias reunidas en torno a un tema común.

Los protagonistas de esta obra son un grupo de adolescentes que, básicamente, están tan alienados y tan aburridos de sus vidas que el único escape que encuentran a su rutina diaria es emborracharse, drogarse y practicar sexo (o intentarlo) con todo lo que se mueva. Lo que Franco nos ofrece, así, en este libro, es un retrato descarnado y terriblemente triste de la juventud contemporánea, para la que valores e intereses brillan por su ausencia.

A pesar de los prejuicios que pueda despertar la figura de Franco como escritor (sí, yo también tenía mis reparos cuando me hice con el libro, lo reconozco), Palo Alto es una obra más que correcta, bien escrita e interesante, cuyo tono insensible y anestesiado refleja a la perfección las personalidades de sus protagonistas y el mensaje que el autor quiere enviar.

La única pega que le encuentro es que, en ocasiones, las voces de los personajes son tan parecidas que se confunden. Como los relatos están escritos en primera persona, a veces el lector no sabe cuál de los personajes está contando cada historia en cuestión hasta que no dice su nombre o cierto detalle que lo caracterice. Por lo demás, éste es un libro que bien merece la pena ser leído, aunque después de hacerlo nos llevemos las manos a la cabeza y nos preguntemos en qué manos vamos a dejar este mundo. Porque si son los protagonistas de Palo Alto los que tienen que sacarnos adelante, vamos mal. Muy mal.

martes, 19 de agosto de 2014

Leonardo Sciascia: Una historia sencilla

Idioma original: italiano
Título original: Una storia semplice
Traductor: Carlos Manzano
Valoración: Muy recomendable

Ésta es la última novela (y el último libro) que escribió uno de los grandes de la literatura italiana, Leonardo Sciascia, precisamente entre sus sesiones médicas, cuando ya la enfermedad que padecía le conducía hacia un final inevitable. Se publicó justo antes de su muerte, en 1989.

La historia, de corte policial, en realidad no tiene nada de sencilla, como ya podíamos imaginar: un ex-diplomático siciliano, residente en el extranjero, vuelve un día  a la casa de campo familiar y encuentra algo que no debería estar allí, un famoso cuadro robado años atrás (Sciascia se inspiró en el caso real de una famosa tela de Caravaggio desaparecida en 1969 de un oratorio de Palermo). El hombre llama a la policía, pero cuando un sargento acude al día siguiente, lo que halla en la casa es el cadáver del ex-diplomático, aparentemente suicidado. A partir de la pista que le da un profesor, viejo amigo del finado, el sargento de policía sigue investigando una trama que se va complicando por momentos, a medida que transcurre la novela (y eso que el libro consta de poco más que 70 páginas), hasta llegar al sorprendente final. o quizás sea el final, precisamente, lo que tiene poco de sorprendente, menos aún en un lugar y una época (la Sicilia de los años 80) en donde cualquier cosa parecía posible, incluyendo las actividades criminales de personas poco sospechosas de ellas. 

La sencillez de es ta historia viene marcada, eso sí, por la limpieza y concisión del estilo, admirables. Lo que no impide que el autor demuestre en cada momento su erudición y la distinción característica de su prosa, como sabrá cualquiera que haya leído sus libros. En esta novela, en todo caso, hay alguna diferencia con respecto a otras que escribió en los 60, como El día de la lechuza y A cada cual lo suyo: si en éstas su función principal era la denuncia, aunque fuese una denuncia amarga e incluso desesperanzada, en Una historia sencilla, bajo el evidente escepticismo queda lugar para la esperanza, al menos la que supone la figura del sargento Lagandara. Una esperanza que también, en ese momento y lugar, en Sicilia, era absolutamente necesaria,  por más que recibiese duros golpes no mucho después (uno de ellos, sin duda,  la desaparición del propio Sciascia). 

En suma, una novelita concentrada y deliciosa, magníficamente escrita. Y un buen modo, para quien no lo conozca, de comenzara frecuentar a un autor imprescindible. Y para quien no guste demasiado de las historias de mafiosos y demás, tranquilos: la palabra Mafia no aparece ni una sola vez en todo el libro. No hace falta.

También de Leonardo Sciascia en Un Libro Al Día: Muerte del inquisidorPuertas abiertasActas relativas a la muerte de Raymond Roussel

lunes, 18 de agosto de 2014

Colaboración: Diez negritos de Agatha Christie


Idioma original: Inglés.
Título original: Ten Little Niggers
Año de publicación: 1939
Valoración: Está bien (mis disculpas a los adictos).

Ocho personas desconocidas entre sí son invitadas a pasar unos días en una minúscula isla privada, en la que hay un bonito caserón, dos sirvientes (que completan la decena de negritos) y una enorme roca que semeja la cabeza de un gigantesco indígena africano. Después de la cena, la voz procedente de una grabación los va culpando uno a uno de haber cometido un crimen que en el pasado quedó sin castigo. A renglón seguido, los invitados asisten atónitos a la muerte inexplicable del primero de los acusados. ¿Hay alguna novela que pueda sobrevivir a este poderoso inicio?

Les confesaré mi problema fundamental con Diez negritos, la narración de misterio más leída de la historia: ese principio tan avasallador, magistralmente planteado, incluyendo la exposición sucinta de cada personaje, integrándolo a la acción (la forma de presentarlos, todos ellos en movimiento hacia su destino, es un truco maestro para capturar la atención) debería tener mucho más recorrido que el de un problema aritmético, por muy ingeniosa que sea la solución. Agatha Christie mueve con elogiable carpintería narrativa los tipos y las situaciones, pero en definitiva –con algún matiz importante- confecciona un crucigrama de misterio, uno más, siendo así que en ese arranque se escondía el germen de una historia de terror puro.

De los libros de Dame Agatha que he leído, éste es el más arriesgado, el menos pudoroso…, y sin embargo sigue siendo demasiado pudoroso, literariamente hablando. Pónganse en el lugar de los invitados, que ven desaparecer a sus compañeros de mesa al compás de una macabra canción de cuna. ¿Ustedes se preocuparían por organizar el desayuno a falta de los criados? ¿Se retirarían a descansar a sus habitaciones individuales al final de un día cuyo balance se eleva a tres fiambres? ¿Prepararían el té? Y, como cuestión mayor, ¿pasarían el tiempo divagando sobre quién o qué provoca tal pandemia mortuoria en vez de concentrarse en, simplemente, salvar el pellejo? Comprendo lo que todo esto tiene de juego, y aún así, echo de menos una buena dosis de transgresión. El lector debería removerse en su sofá no por la inquietud que provoca el desafío algorítmico en los invitados, sino por lo que éstos –y el mismo lector- puedan descubrir acerca de sí mismos.

Esa es la razón por la que lo mejor de Diez negritos –al margen del formidable arranque- está en la parte final, cuando la autora se ha deshecho con precisión criminal de los personajes que le sobraban y puede concentrarse en los que le interesan. Aquí, el pudor se abandona felizmente para rozar y casi alcanzar la línea del horror.

La traducción de Orestes Llorens parece ser la única en español. A pesar de que en la prosa de Agatha Christie no suelen aparecer escollos semánticos, encuentro desconcertante toparme –aunque sea muy ocasionalmente- con términos como “chinchorrerías” o “cuchufletas”. En cambio “anfractuosidades” me pareció muy hermoso, pero confieso que tuve que consultar su significado en el diccionario. A pesar de todo, la versión posee ese aire anticuado propio para leer a Agatha Christie, imprescindible para escandalizarse porque unos educados huéspedes condenados a muerte se vean en la atroz obligación de comer su almuerzo directamente de la lata.

Firmado: Talibán

domingo, 17 de agosto de 2014

Donna Tartt: El jilguero

Idioma original: inglés
Título original: The goldfinch
Año de publicación: 2014
Traducción: Aurora Echevarría
Valoración: Muy recomendable

Voy a exponerme a sacrificar las pocas posibilidades de persistencia en el tiempo que pueda tener esta reseña. Voy a dejar que parezca no la reseña de un clásico convenientemente macerada por el tiempo y la perspectiva, sino la reseña precipitada de alguien entusiasmado por que unos cuantos rezagados lo incluyan en la maleta de las vacaciones. Voy a hablar del preciso momento en que decido leer este libro, en pleno verano y a la vista de los montones de lugares en los que el libro es recomendado como una de las cinco o de las diez lecturas imprescindibles de la temporada, de forma tan unánime que casi me repele. Pero, de repente, noto que muchos de los que aparentemente la leen y la alaban ni acaban de dar una opinión ni dan el paso. ¿Qué ocurre? ¿A qué tanto misterio? A ver si tenemos miedo de caer en algunos de los tres arquetipos ante un best seller... (1. El borreguil sísíquémaravilla, 2. El snob menudamierdanosestáncolocando, 3. El político estábienperonotanto ). 

Entonces miro hacia todos los lados, me encomiendo a San Tongoy, y digo, "esta es la mía".

Como Jonathan Franzen, Donna Tartt es de esos escritores que espacian sus publicaciones de manera descorazonadora para sus seguidores. A década por novela, cosa que en este acelerado mundo da para casi el completo olvido, cosa que encaja a la perfección con aquello tan arriesgado de generar expectativas. Diez páginas al mes, quince como mucho, un ritmo que dista mucho de ser endiablado. Sobre esto hablaré algo más adelante.

Es normal, entonces, sentir cierto escepticismo.
Lo que no es nada normal es que el primer párrafo de una novela aporte tanta información como decenas de páginas de novelitas de medio pelo.
Sabemos que el protagonista es varón, sabemos que es huérfano, sabemos que está en Holanda en un hotel, cerca de Navidad, sabemos que consulta periódicos locales que hablan de un suceso que le afecta pero no sabemos por qué.
Y resulta que, tras ese primer párrafo, El jilguero se despliega a lo largo de más de 1.100 páginas (con un generoso espacio entre líneas, eso sí, y, ya que estamos, de unas 800 en las versiones publicadas en lengua inglesa) cada una de las cuales está bastante justificada. Volviendo a mi arrebato de sinceridad, no cualquier libro consigue que, a lo largo del día, me encuentre pendiente de regresar a sus páginas para ver qué es lo siguiente que sucede. Con una especie de necesidad rayana con lo físico, que servidor de ustedes hacía bastante que no sentía. Y es que la historia de esos diez años en la vida de un hombre, desde los 13 en que sobrevive a un atentado en un museo (en el que fallece su madre) hasta los 23, en que se encuentra en medio de un lío bastanre considerable, resulta tan fascinante y su lectura tan estimulante y adictiva. Su nombre es Theo Decker: lo que sucede en medio de ese momento de caos marca su vida. Su vida al lado de una familia de acogida, la súbita reaparición de su padre, que le arrastra a una espiral de descontrol en Las Vegas. Una nueva desgracia, un intento de readaptación a algo parecido a la normalidad, y de ahí al progresivo merodeo de todos los que, de un modo u otro, han accedido al secreto que arrastra, al relacionado con aquello que pasó en la sala del museo, tras el atentado. Y sus personajes, casi siempre destilando sombras y misterio.
A este libro su fama y su repercusión le han acarreado, seguro, muchas alabanzas, muchos de esos análisis largos y exhaustivos buscando en él desde lo obvio hasta lo intrincado. Lógicamente, cualquier obra importante de un escritor americano que no publicó desde el 2002 es analizada en muchas claves, desde la coartada del 11-S hasta los conflictos en Afganistán e Irak hasta la cuestión desatada por el asunto de Lehman Brothers. Factores que aquí están presentes, pero no con un carácter dominante. Quizás sea más obvia su relación con el tema del coleccionismo de muebles antiguos o hasta la cuestión del difícil mercado para las obras de arte únicas y la dificultad de su trasiego. O la reflexión más obvia puede que sea que cuando algo es realmente único en el mundo el concepto de invalorable se gira cruelmente en contra de uno.
¿Y qué aleja El jilguero de ser imprescindible? Aunque todos tengan por seguro que estará entre los cinco mejores libros del año para muchos. Pues adolece de cierta falta de coherencia, muestra mucho esa condición de obra concebida, madurada y ejecutada en distintas épocas y, paradójicamente, resulta más brillante cuando es más alocada y tiene sus puntos más débiles justo cuando la prosa es más delicada, lo cual incluye un tramo final que, sin ser decepcionante ni incoherente, tiene regusto a tramo de deceleración, resulta como un final que ha querido huir de todas las obviedades posibles (desde las catástrofes absolutas hasta las situaciones más oníricas) sin acabar de conseguirlo.
Y ya acabo. Había algo que me incomodaba: suelo calificar un libro cuando he alcanzado los dos tercios de su extensión: sólo una resolución brillantísima o desastrosa suelen modificar mi valoración. Andaba, ya dije, con un imprescindible,  pero, saben, uno tiene que abstraerse de lo que otros dicen, de la sombra del hype, incluso de la poderosa tendencia a calificar de forma rotunda (alineándose con toda una Michiko Kakutani) una obra tan reciente y tan renombrada. Pese a eso, El jilguero no alcanza a ser una lectura imprescindible. No le falta demasiado, justo lo suficiente. ¡Ah! Detalle que casi me dejo, Premio Pulitzer de este mismo año.

sábado, 16 de agosto de 2014

Jon Bilbao: Física familiar

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: recomendable

Cuando oímos el término "familia", lo primero que solemos hacer es pensar directamente en la nuestra, en nuestros padres, hermanos, abuelos y tíos y primos y gente que consideramos familiares aunque no exista consanguinidad alguna. Si bien todas las familias son diferentes, también es cierto que todas tienen varias cosas en común, como los roces, rencillas y sentimientos contradictorios (y, en muchos casos, inquietantes) que tan a menudo afloran, aun cuando se supone que no deberían.

Jon Bilbao se ha encargado de explorar esos sentimientos contradictorios y las curiosas relaciones que se establecen dentro del núcleo familiar en su nueva colección de relatos, Física familiar. En su último libro, el autor nos presenta a un hombre que es atacado por un perro –experiencia que le cambia la vida para siempre–, a dos parejas que se viven unas vacaciones fuera de lo normal, a un reciente viudo que empieza a sospechar –y temer– las construcciones de Lego de su hijo, a dos hermanas que compiten hasta límites insospechados por el amor del mismo hombre... amén de otros personajes que nos aportan una nueva visión de lo que la palabra "familia" significa.

Bilbao construye situaciones que, por lo cotidiano y por lo inhabitual que contienen, así como por el gran acierto con el que se han construido los personajes y lo verosímil de sus reacciones, consiguen al momento conectar con el lector, así como envolverlo en el ambiente incómodo al que el escritor quiere llevarlo.

Física familiar está dividido en tres partes: la primera es una reedición del primer libro de relatos de Bilbao; la segunda, una compilación de narraciones aparecidas en diversas antologías y revistas; y la tercera, finalmente, la componen tres relatos inéditos. Así, esta obra es perfecta tanto para aquellos que están familiarizados (nunca mejor dicho) con la obra del autor y que deseen acceder a aquellos escritos quizá no demasiado fáciles de encontrar, como para quien desee comenzar a conocer el trabajo de uno de los escritores españoles más interesantes de la actualidad.

También de Jon Bilbao: Shakespeare y la ballena blanca, Como una historia de terror La banda de los corazones sucios.

viernes, 15 de agosto de 2014

Gonzalo Garrido: Las flores de Baudelaire

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2012
Valoración: Está bien

En Las flores de Baudelaire pasa esto: en el Bilbao de 1917 una pobre niñita con retraso mental es asesinada de forma salvaje en su casa. Se da la circunstancia de que la cría es hija de un rico industrial de origen alemán con un lado más que oscuro, y casi sin quererlo ni beberlo, Alfredo Maldonado, fotógrafo de profesión pero detective privado por vocación, se verá inmerso en la investigación del caso, en el que se darán cita un buen puñado de personajes algo siniestros y serán revelados ciertos secretos del pasado, indispensables para saber por qué la pobre cría acabó así.

A grandes rasgos, éste es el asunto.

Dos cosas me atrajeron inmediatamente de esta novela en cuanto empecé a oír hablar de ella. La primera, que está ambientada en la Noble Villa de Bilbao, ciudad donde se puede decir que resido desde hace bastantes años y que me conozco como la palma de mi mano maltesa. La segunda, y sin ir demasiado lejos, su título, que hace alusión a uno de los libros más alucinantes e indescriptibles que he tenido el honor de leer, Las flores del mal de Charles Baudelaire. Y eso que hablamos de poesía, género que apenas ocupa lugar en mis horas consagradas a la lectura. 

Pero en Las flores de Baudelaire, primera novela del bilbaíno Gonzalo Garrido, hay poca poesía. Diré desde ya que se trata de una novela negra de manual. No por nada, Garrido es autor de un blog de crítica literaria, y bueno, aunque no sea una consecuencia natural de dedicarse a semejante actividad, no creo que sea descabellado afirmar que las aptitudes literarias de una persona acostumbrada a leer y analizar todo tipo de libros y a intercambiar opiniones e impresiones sobre estos, pueden verse gratamente recompensadas si a la hora de escribir no se olvidan las buenas lecciones aprendidas.

Por eso, en su primera novela, Garrido hace un buen trabajo. Aunque eso sí, el aroma a déjà-un millón de veces- vu no lo pierde en ningún momento, y aunque se trate de una historia en la que los personajes se presentan y se mueven a merced de una trama, de la resolución de un asesinato en este caso, creo que se hubieran merecido un poco más de trabajo, más matices, más información, más diálogo..., qué sé yo: más chica. Por ejemplo, nos cuentan que la mujer de Maldonado prácticamente sueña con verle muerto y que sus tres hijas están de su parte, y ahí queda la cosa... Tampoco sabemos mucho de su amante, una Marilyn desdibujada e insulsa que casi ni aparece, ni de la exquisita señorita, madre de la muerta, que despierta un amor más platónico que nada al prota. Por no hablar de sus caricaturescos ayudantes o el típico poli (malas)pulgoso que por ahí también circulan. 

En fin, que la historia está bien escrita, se lee con interés desde el primer momento, invita a ser leída a un ritmo más bien ligero (sus capítulos cortos tienen la longitud idónea para lo que pretende), y bueno, su desenlace, sin ser el final de Lost o, en su extremo, el de un clásico Disney, es bastante satisfactorio. Pero el temita final que da explicación a todo el tinglado me parece demasiado turbio como para despacharlo así, rapidito y como colofón final. Que vamos, al conjunto final le falta esa garra, ese encanto, esa mala uva, ese tufo, que podría haber convertido la novela en una pieza pequeña pero potente, oscura en su esencia pese a la pulcritud de su forma. 

Veremos si en sus siguientes trabajos Garrido se desmelena un poco y dejar un poco de lado esa tensión y preocupación por recibir buenas críticas que muchas veces resta naturalidad y salvajismo a los escritores. 



jueves, 14 de agosto de 2014

César Aira: Los fantasmas

Idioma original: español
Año de publicación: 1990
Valoración: muy recomendable

A pesar de mi promesa de no volver a leer a César Aira en una temporada, para no saturarme de su estilo personalísimo, no he podido evitarlo y he vuelto a caer con esta, Los fantasmas, y menos mal que la cosa ha salido bien, porque podía haber sido mi última oportunidad con César Aira (o la última oportunidad de César Aira conmigo, según cómo se mire...). Así que Los fantasmas me ha gustado bastante, quizás porque es una de las novelas más "contenidas" de un autor que cuando se desboca, se desboca de verdad, a veces incluso en perjuicio de una buena obra (como le pasaba, creo, en Las noches de Flores).

Los fantasmas se sitúa en un universo relativamente cerrado, aunque densamente poblado. Se trata de un bloque de apartamentos en construcción, en el día en el que supuestamente debería ser entregado a sus propietarios (un 31 de diciembre), aunque en realidad todavía no está terminado. En este bloque vienen a coincidir tres grupos de personajes: los futuros dueños de los apartamentos, que van a visitar sus propiedades para planear reformas, mobiliarios, decoraciones; los obreros que están construyendo el edificio, junto con el portero que ya ha sido precariamente alojado en uno de los pisos; y un tercer grupo, el de los fantasmas, que son seres incorpóreos e ingrávidos sobre los cuales nunca se da demasiada información.

El narrador de la historia va saltando de un grupo de personajes a otro, creando una visión coral y multifocal sobre la vida conjunta del edificio. Sin embargo, a partir de la mitad del texto aproximadamente la mirada se centra, ahora sí, definitivamente, en la familia del portero chileno, y en el modo en que preparan la celebración de Nochevieja. Las relaciones entre ellos y el resto del mundo, su carácter de emigrantes y el aprendizaje de una de sus hijas adolescentes son algunos de los hilos que construyen la trama a partir de entonces.

Los fantasmas, a pesar de su título, no es una novela de terror, y solo de una forma muy particular es una novela fantástica. Los fantasmas del título no son seres aterradores, sino más bien molestos. Algunos personajes pueden verlos e incluso interactuar con ellos (usándolos como enfriadores para el vino o jugando con sus pollas como si fueran mangueras, en fin, cosas de Aira). Aunque tienen la costumbre de reírse a carcajadas de todo lo que ocurre, al final descubrimos que los fantasmas también saben ponerse serios; y casi es mejor que no lo hubiéramos descubierto.

De una forma no demasiado sencilla de definir, creo que esta novela habla de nuestra relación con el espacio urbano: de hecho, el centro exacto de la novela está formado por una interesante, aunque algo caótica, reflexión sobre lo construido frente a lo no-construido, en nuestra cultura y en otras. Podría ser solo un juego más de Aira para despistar al lector, pero creo  que no, creo que ahí hay algo; y creo que alguien más inteligente que yo podría sacarle de ahí un sentido a esta novela, e incluso una explicación, que a mí se me escapa, a la existencia y al significado de los fantasmas.