miércoles, 28 de junio de 2017

Olivier Bourdeaut: Esperando a mister Bojangles

Idioma original: francés
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Título original: En attendant Bojangles
Año de publicación: 2016
Valoración: Está bien


Estamos más que acostumbrados a las constantes estratagemas publicitarias que convierten cada nueva publicación en el acontecimiento del año y a cada autor novel en el gran descubrimiento mundial. Desconfiamos, claro está, pero si queremos saber lo que se cuece en el panorama editorial no hay más remedio que dejarse seducir de vez en cuando por alguno de estos cantos de sirena.
La aparición de Olivier Bourdeaut se ha acogido calurosamente en Francia, o eso parece, si tenemos en cuenta que por esta, su primera novela, ya ha recibido cuatro premios. Tal como yo lo veo, la suerte todavía no está echada: el futuro literario que le espera puede ser tan brillante como opaco, depende de cómo evolucione a partir de un debut como este.
Esperando a mister Bojangles es una novela corta –que adopta las pautas del género, tanto en extensión como en un menor desarrollo de argumento y personajes– narrada con naturalidad, sin complejidades estilísticas tal como corresponde al niño que tiene a su cargo la mayor parte de la acción (tan solo unas pocas notas dispersas se atribuyen a un narrador adulto) que progresa ágilmente sin que decaiga el interés, provocando una sonrisa constante que se va apagando a medida que nos vamos haciendo cargo de la verdadera situación familiar. Dicho esto, casi puedo asegurarles que no van a aburrirse pero tampoco esperen encontrar grandes sorpresas.
Aunque se puede disfrutar a cualquier edad, la considero apropiada para un público muy joven, no solo por el mensaje que contiene, también porque a la economía narrativa que mencionaba se añade una ingenuidad y un optimismo que para nada son connaturales a esta clase de novela. Recordemos La metamorfosis o El baile entre una montaña de títulos. Lo que Bourdeaut nos presenta es un mundo sin doblez, del que se elimina cualquier elemento escabroso, poco fotogénico, crítico, excesivamente complejo etc. En él la evasión de impuestos, la locura, la vida en una institución hospitalaria, el secuestro simulado o la persecución policial, por citar alguna de las cuestiones que plantea, se tratan casi como una broma. La vida es aquí un juego de rol, una sucesión de diabluras sin apenas consecuencias o casi inapreciables.
No obstante, si el texto completo hubiese mantenido ese tono me parece una opción perfectamente legítima, quizá, eso sí, con más vuelo, más fantasía, una imaginación todavía más desbordada. Si vamos a hacer locuras hagámoslas con todas las consecuencias. Pero el autor intenta contrapesar esta faceta añadiéndole un reverso en forma de aportaciones paternas. Asistimos, pues, -con muy poco convencimiento en mi caso– a la visión sensata de las cosas. Es verdad que esas notas escritas en cursiva añaden algo de verosimilitud –nada más que la justa, pues tampoco se apartan tanto de la óptica del niño– a todo ese maremágnum, pero creo que no hacía ninguna falta. Tal como ha quedado, la historia es demasiado fantástica, además de carecer de referentes temporales y ambientales, para aceptarla como realista; y demasiado razonable, a la vez que poco simbólica, para que entre en los cánones de la fábula moderna. Esa visión de la vida tan idealista y utópica como desquiciada no hubiese necesitado contención. O bien se podría haber optado por inclinar la balanza hacia el lado convencional esbozado en esos párrafos intrusos. Intrusos y bastante inverosímiles, pues de un personaje que interpela a su esposa cada vez con un nombre distinto, aparte de un sinfín de comportamientos que ya descubrirán ustedes, se espera todo menos cordura.
Ese intento por abarcarlo todo -causado probablemente por la inexperiencia– lastra el resultado de forma que, desde un punto de vista estrictamente literario, la valoración no puede ser alta. Pero, como en el mundo de la ficción hay lugar para casi todo, la recomendaría a todo aquel que busque un relato cuyo asunto le suscite interés, bien narrado, emotivo, entretenido –y hasta simpático durante un buen trecho– que se pueda finiquitar en un par de días y deje un buen recuerdo aunque un poco agridulce.

martes, 27 de junio de 2017

Kirmen Uribe: La hora de despertarnos juntos

Idioma original: euskera
Título original: Elkarrekin esnatzeko ordua
Traducción: José María Isasi
Año de publicación: 2016
Valoración: decepcionante

Una muy mala señal en relación con esta tercera novela de Kirmen Uribe: me ha costado horrores terminármela; de hecho, si no llega a ser de Kirmen-Uribe-el-autor-de-Bilbao-New York-Bilbao, muy probablemente la habría abandonado por la mitad. Pero siempre he defendido a este autor frente a los ataques de algunos de sus críticos (que son críticos por razones literarias, y a veces por razones extraliterarias), y me sentía casi obligado a seguir leyendo hasta el final, como que por lealtad.

La hora de despertarnos juntos repite algunos elementos de las anteriores novelas, Bilbao-New York-Bilbao y Mussche (Lo que mueve el mundo). Por ejemplo, la técnica de dejar (entre)ver el proceso de investigación y escritura, aunque lo haga de forma mucho más esporádica que en la primera, así como la mezcla de lo individual y familiar con lo histórico y colectivo, hacen pensar en Bilbao-New York-Bilbao. Por su parte, el tema (la historia de una familia de exiliados vascos, desde la Guerra Civil hasta la Transición) y su tratamiento lineal y cronológico recuerdan más a Mussche, y esto no es precisamente una buena noticia.

El gran problema de esta obra es, en mi opinión, que el material recopilado se ha comido a la novela. (Algo parecido le pasaba a El sueño del celta de Vargas Llosa). Kirmen Uribe ha reunido una cantidad ingente de información sobre Txomin Letamendi, músico que estuvo vinculado con el Gobierno Vasco en el exilio y con el espionaje vasco; sobre su mujer, Karmele Urresti, exiliada en Venezuela durante el Franquismo; sobre Manu Sota, intelectual y propagandista del Gobierno Vasco; o incluso sobre el lendakari Aguirre, al que idealiza excesivamente en varios momentos.

Pero para crear una buena novela no es suficiente con tener mucha información: hay que transformar esa información en una trama, en una obra artística, con personajes complejos con los que el lector pueda identificarse, y una estructura narrativa que ayude a articular tantas fechas, nombres y eventos. Sin todo esto, lo que termina saliendo es una reconstrucción histórica, aparentemente más trabajosa que inspirada, a la que no se puede negar cierto mérito como tal reconstrucción histórica pero que como lectura o creación artística deja bastante que desear. Dado el largo arco temporal de la novela (1927-1979) y la gran cantidad de personajes que pasan por ella, por momentos la sensación es de confusión y empacho de datos.

Y luego está el problema del famoso "buenismo" de Kirmen Uribe: su deseo de mostrar a las personas como bondadosas y guiadas por el corazón, o su deliberada interpretación de los hechos históricos a través de los sentimientos y no de la ideología; una interpretación bienintencionada, pero que se queda corta en muchas ocasiones, como cuando se plantea la bondad o maldad (en términos éticos y políticos) de los primeros asesinatos de ETA, una cuestión peliaguda que Kirmen Uribe despacha con una serie de preguntas abiertas y un párrafo lleno de buenos deseos para el futuro. 

Este mismo "buenismo", algo blando o naïf, afecta también a sus historias de amor, que a veces parecen escritas por un monaguillo. Lo más a lo que llegan los amantes de las novelas de Kirmen es a besarse tiernamente, agarrarse por la cintura, bailar y tener hijos. Todo lo que pasa en medio, queda fuera de la visión del lector. Habrá quien encuentre esta sentimentalidad delicada y entrañable; a mí me parece un poco ñoña o, como diría mi abuela, un poco txotxola. No digo que tenga que escribir las 50 sombras de Kirmen, pero un poco más de mala leche y de espíritu rompedor se agradecería.

En fin, strike two para Kirmen Uribe, que después del home run de Bilbao-New York-Bilbao sigue sin dar con la tecla para alcanzar de nuevo ese nivel. Sus críticos dirán aquello de "sonó la flauta", pero yo, personalmente, todavía le tengo fe. Eso sí, no prometo acabarme la próxima novela si se me hace tan cuesta arriba como esta.

lunes, 26 de junio de 2017

Toni Morrison: Volver

Idioma original: inglés
Título original: Home
Año de publicación: 2012
Valoración: está bien

La novela empieza de forma trepidante. La autora nos presenta de entrada, en medio de la acción, al protagonista principal, Frank Money, narrándonos su huida del manicomio donde se encontraba encerrado por causas que desconoce y que no logra recordar. Rápidamente la autora nos pone en contexto, y nos explica que hace un año que Frank ha vuelto de la guerra de Corea y que su participación en ella le ha causado no pocos traumas; las visiones y recuerdos de cadáveres y mutilaciones le siguen persiguiendo de forma habitual, y convierten su día a día en una prueba de superación, si quiere conservar la cordura. Pocas cosas tiene claras; por una parte, los recuerdos de la relación que tuvo con Lily ("alguien que conseguía borrar temporalmente esos malos recuerdos") y, por otra, la necesidad de conseguir encontrar a Cee, su hermana. La recepción de una nota donde le informan que la vida de su hermana corre peligro le insta a huir y le apremia a encontrar la casa donde vive, para sacarla de ahí. Pero la vida no es fácil para Frank; sus traumas de la guerra y el recuerdo constante de ser el único de sus amigos que han salido de ella con vida, le marcan de forma ineludible. El pasado está siempre presente, le ata psicológicamente y le devuelve a la guerra.

A partir de esa premisa, la autora retrocede en la historia para contarnos el pasado de la familia en Georgia, especialmente el de su hermana, y la difícil vida que tuvo que soportar al lado primero de sus padres, para luego pasar a vivir con un chico que la abandona a su suerte y finalmente, después de varios trabajos con un sueldo escaso, conseguir entrar en una casa para ayudar a un médico en su trato con los pacientes.

La narración se produce en dos momentos temporales diferentes, hábilmente mezclados y alternados de forma que otorgan continuidad a la historia, y es a través de esas miradas retrospectivas como vemos cómo se ha llegado a la situación actual, cómo los hechos del pasado han marcado una trayectoria con un destino a lugares no deseados, no solo físicamente sino también mentalmente, donde cada día es peor que el anterior. Hablamos de Frank y sus constantes traumas; hablamos de Cee y de cómo la prisa por abandonar ese hogar poco acogedor la llevan a buscar refugio en manos de un chico de intenciones poco claras o elogiables; hablamos de unos padres ausentes, de unos abuelos con una relación desigual, donde la indiferencia de él permitía la dureza de ella en la educación de los pequeños Frank y Cee, educados bajo las más estricta rigidez.

Narrativamente, hay cierto abuso de los monólogos interiores de Frank y sus traumas con el pasado. Se consigue el objetivo de entrar en el personaje por reiteración, aunque se percibe cierto exceso en el uso del recurso al tratarse de un libro corto; de todos modos, es comprensible la reiteración teniendo en cuenta que la necesidad de superar los recuerdos y pensamientos que le persiguen son el núcleo de esta novela que trata sobre la supervivencia, las ganas de conseguir seguir adelante y la lucha por defender a los tuyos.

Con un estilo directo, sencillo y de frases cortas, la autora nos habla de la lucha, especialmente la librada por las mujeres en un entorno hostil, poco amable para el desarrollo de sus capacidades. Nos habla de racismo en la sociedad y de familias rotas, con mentalidades que rozan la tiranía, nos habla de sentirnos protegidos y de la capacidad de combatir. También de redención, de encontrar nuestro propio lugar, y de estar al lado de las personas que sienten estima por nosotros. Habla, en fin, de la vida no siempre fácil, de las consecuencias de las decisiones tomadas, y de que en la lucha por conseguir nuestros objetivos está la propia victoria.

También de Toni Morrison en ULAD: Beloved, La canción de Salomón, Sula


domingo, 25 de junio de 2017

Alison Bechdel: Fun Home

Idioma original: inglés
Título original: Fun Home
Año de publicación: 2006
Traducción: Rocío de la Maya
Valoración: Muy recomendable

El apellido de la autora de este libro, Alison Bechdel, quizás sea célebre, sobre todo, por dar nombre al recurrente "test de Bechdel", por el que se determina si una película (o novela o serie de TV...) logra evitar la brecha de género y que apareció en una tira cómica escrita y dibujada por ella, allá por el lejano 1985 (*). Pero también es más que conocida como una de las historietistas que más han aportado para que el cómic, en su variante como "novela gráfica" haya conseguido el reconocimiento e incluso la equiparación con la literatura más convencional y destinada al público lector adulto.

Hace ahora  ya tres años que nuestra compañera Izas reseñó otra obra de Bechdel, ¿Eres mi madre?, en la que la autora indagaba, al parecer con una gran influencia del psicoanálisis, sobre su relación con su madre. En esa reseña Izas recordaba que había una novela gráfica anterior de Bechdel, que consideraba de mayor calidad aún (yo no puedo comparar, pero me fío aojos ciegos) en la que lo que exploraba era la figura de su padre, un tipo de lo más impenetrable, laberíntico y obsesivo; profesor de inglés, funerario, restaurador compulsivo de un pasado idealizado, homosexual oculto y posible suicida. Se trata, claro está. de este libro, Fun Home (que tras habérmelo encontrado mencionado últimamente en diversos lugares, me decidí por fin a leer).

Que nadie se llame a engaño: el título no hace referencia, o sólo de forma irónica, a que en el hogar de los Bechdel se lo pasaran pipa; en realidad, era la manera como llamaban al negocio familiar, una funeraria en un pequeño pueblo de Pennsylvania. Teniendo en cuenta que casa de los Bechdel , de estilo gótico carpintero (sí, ESE gótico...) estaba cuidadosamente restaurada y decorada por Bechdel padre hasta en los más nimios detalles victorianos, no es de extrañar que la pequeña Alice se sintiera dentro de un episodio de La familia Adams. En verdad, parece claro que lo de fun tiene un significado irónico, en este caso: los personajes del libro apenas sonríen  y sólo al final del mismo se les ve más relajados e incluso alguno suelta una carcajada que otra (de ahí, supongo, el epígrafe que sigue: Una familia tragicómica)

Debido al carácter autobiográfico de esta novela gráfica, que, de hecho, abarca desde la primera infancia hasta los años universitarios de la autora, es ella misma la narradora en primera persona, aunque la obra se centra sobre todo en la figura del padre , por más que algunos capítulos estén más dedicados a la madre o la propia Alison (entrañable , para mí, es el que dedica al trastorno obsesivo compulsivo que padeció a los diez u once años, y con lo que no puedo sino identificarme). También hay un paralelismo obvio entre las vivencias de la hija y el padre, puesto que la progresiva asunción que hace ella de su homosexualidad a lo largo de su adolescencia coincide con el descubrimiento por su parte de la homosexualidad de él, que en cambio no la acepta - o a medias- y trata de ocultarla; motivo que, según Bechdel hija, pudo ser la causa -o no- del suicidio -o no suicidio- de Bechdel padre. hay que decir que, de todos modos, el retrato del padre experimenta también una evolución a mejor, pues el irascible cuasi-psicópata de los primeros capítulos acaba presentándose como un a víctima de sus propios secretos y represiones, como un individuo sensible y vulnerable que -y esto es extensible a toda la familia-, sin duda merecía mejor suerte.

Muy interesante resulta el paralelismo que se hace entre la situación del padre -que no en vano también es profesor de inglés- y determinadas obras y figuras literarias. primero, Scott Fitzgerald, el escritor predilecto del padre; luego, Oscar Wilde y su La importancia de llamarse Ernesto (al parecer, una obra que debe interpretarse en clave criptogay) y, sobre todo, la  novela favorita de Bechdel padre, Ulises, a partir de la cual se establecen analogías entre la relación paterno-filial Bloom/Stephen -o Ulises/Telémaco- y la de los Bechdel. Aunque también la autora hace referencia a otra famosa pareja de padre e hijo, Dédalo e Ícaro. La novela resulta, ciertamente, de una complejidad y profundidad más que notables, con una riqueza de análisis excesiva para explicarla aquí de manera pormenorizada  y, desde luego, que acabaría con los prejuicios "intelectuales" que cualquiera pueda tener hacia los cómics o novelas gráficas. Por su parte, el aspecto gráfico de la misma es de lo más detallista y resuelve a la perfección cualquiera de las situaciones narrativas que plantea el guión (cierto es también que han salido de la misma mano). En definitiva, un libro intenso y absorbente -también , en ocasiones, algo deprimente-, y desde luego, de lo más recomendable.

Como colofón a esta reseña, mencionar que a partir de esta novela gráfica (y me maravillo al pensar cómo habrán podido hacerlo) se estrenó en 2013 un musical con el mismo nombre y que en 2015 llegó a ganar un premio Tony. Ahora mismo aún sigue de gira por Estados Unidos, hasta el próximo mes de agosto, por si alguien tiene mucho interés en verlo...

(*) Como curiosidad, hay que decir que este libro de bechdel sí que pasa el test de Bechdel, aunque, en mi opinión, un tanto por los pelos...




También de Alison Bechdel reseñado en Un Libro Al Día: ¿Eres mi madre?

sábado, 24 de junio de 2017

Jorge Carrión: Barcelona. Libro de los pasajes


Idioma original: español

Año de publicación: 2017
Valoración: bastante recomendable (mucho si vives en Barcelona)

Pues vaya: me sale por casualidad que esta reseña se publica el día de Sant Joan y se me ocurre que, después de Sant Jordi, se trata de una fecha particularmente adecuada. Sant Joan es ese día festivo en Catalunya, el solsticio de verano y la gente empezando a mitigar el calor y haciendo eso tan catártico de quemar cosas en hogueras. Cosas que quieren dejar atrás. Y me di cuenta tarde de que el libro muestra un sello del Ajuntament de Barcelona, hoy mismo presidido accidentalmente por un ciudadano de origen argentino. Cuestión, la del sello oficial, que puede confundir. Hablamos de este libro aquí como literatura porque así es. No es un catálogo promocional de la ciudad o de partes de la ciudad. Esto último, con más fotos, y con un texto más neutro, ya hubiera habido más que de sobra para lograrlo. 
Pero Carrión es un escritor bregado y aprovecha la coartada para llevar el libro a su terreno, y la crónica o el ensayo o la mezcla en distintas proporciones de ambos es el territorio donde mejor se mueve.
Así que Barcelona. Libro de los pasajes empieza con el pretexto de un proyecto parecido de Walter Benjamin (hablar de los pasajes, esas anomalías urbanas esparcidas por doquier con los motivos más estrambóticos) y pronto encontramos al autor discurriendo por distintos caminos. La historia de Barcelona es una recurrente, nos vamos siglos atrás en búsqueda tanto de la situación que configuró la creación del espacio como del entorno que acompañaba esos hechos. 
Y también saldremos de la ciudad, cómo no, el texto, aunque sigue esa estructura del recorrido por barrios (hay pasajes elegantes y pasajes inhóspitos o casi disfuncionales) y las fotos, tomadas por el mismo escritor, nos van refiriendo a alguno familiar, (pero, en mi caso, saldría disparado a ver algunos de ellos, a situarme en ellos y respirar esa sensación), el texto va expandiéndose en referencias históricas y literarias locales y universales y se da cuenta uno de que Carrión, pillo leído él, se ha apropiado en el buen sentido de la idea inicial y la ha reconducido obteniendo un texto culto, ameno, abierto y, aclaremos, para nada deudor de que el libro sea una publicación con un aire de interés público. Así que no sólo personajes barceloneses afloran en la narración. Está Miró y está Josep Pla o Sert, pero hay espacio para Joe Gould, el héroe neoyorquino, para Baudelaire y para Benjamin. No nos dejemos engañar ni tan solo por el título. Esta es una obra ambiciosa, que abarca muchos más límites que estrechas calles cortas que salpican el mapa urbano de una ciudad costera europea. Esto es casi una reflexión sobre el hombre que siente curiosidad e indaga allí donde pasos, físicos o virtuales, le transportan.

viernes, 23 de junio de 2017

Ernest William Hornung: La cámara diabólica

Idioma original: Inglés
Título original: The camera fiend
Traducición: Susana Prieto Mori
Año de publicación: 1911
Valoración: Está bien

Ernest William Hornung fue un prolífico escritor inglés conocido, fundamentalmente, por dos de sus personajes, A.J. Rafflles y Bunny Manders, ligeramente inspirados en los celebérrimos Sherlock Holmes y Watson. Da la casualidad, además, de que Hornung estaba casado con una hermana de Arthur Conan Doyle. Pero tampoco vamos a hablar más de sir Arthur, ni de Watson y Holmes. Bastante tendría el pobre Hornung con aguantarle a su cuñado en los eventos familiares, ¿no?

Mejor hablemos de "La cámara diabólica", una novela negra con ligeros toques de ciencia-ficción. En ella, un informal y optimista, aunque algo despistado, Tony "Pocket" Upton se ve obligado a pasar la noche en las peligrosas calles de Londres. Para su desgracia, se ve involucrado en un asesinato del que todo parece indicar que es culpable.

A partir de ese momento, la novela se desarrolla en dos direcciones. Por un lado, un extraño doctor, gran aficionado a la fotografía y a las ciencias ocultas, "salva" a Upton y le oculta en su casa. Por otro, la familia de Upton, con la colaboración de un detective de extrañas maneras, emprende su búsqueda.

Tenemos, por tanto, un joven un tanto alocado, extraños doctores con bizarras pretensiones, hermosas jóvenes, detectives de métodos dudosos y una familia bien que trata de encontrar a su descarriado vástago.

Todo ello conforma un puzzle que Hornung consigue formar poco a poco, encajando las piezas con precisión y ofreciendo un libro tan británico como el Big Ben o el Palacio de Buckingham. Además, la novela tiene ritmo, se nota el oficio del autor y el desarrollo de la trama es coherente con el desenlace. En cambio, y de ahí en parte la valoración, me da la impresión de que los más de 100 años transcurridos desde su publicación no juegan precisamente a su favor. Pese a todo, creo que se trata de una buena opción para estos días de calor que se avecinan (en algunos sitios ya los sufrimos desde hace días), en los que lecturas ligeras como esta pueden ser interesantes.

jueves, 22 de junio de 2017

Hisham Matar: El regreso



Idioma original: Inglés

Título original: The return

Año de publicación: 2016

Traducción: Javier Guerrero

Valoración: Recomendable

              
Nacido en Nueva York en 1970, educado entre El Cairo, Suiza y Gran Bretaña –donde acabó licenciándose como arquitecto y residiendo- Hisham Matar podría pasar como prototipo del exiliado mundano, desenvuelto. Que no del refugiado, puesto que su familia disponía de patrimonio suficiente como para pagar internados helvéticos. Escritor en inglés -reconoce que le cuesta hablar en público en su lengua materna, el árabe- en los libros de Hisham Matar está siempre la presencia de la figura del padre arrebatado, desaparecido, deseado y, posiblemente, idealizado. 

En sus dos novelas anteriores -Solo en el mundo e Historia de una desaparición- concebidas como ficción aderezada de recuerdos y vivencias personales, la narración surgía desde el punto de vista del niño que va conformando su existencia con el enorme vacío causado por la falta –ocasional o definitiva- de la figura paterna. Y, aunque la ficción no era estrictamente autobiográfica, sí que se nutría de la propia experiencia del autor. Su padre, Jaballa Matar, fue secuestrado en El Cairo en 1990 por la policía egipcia y entregado al régimen de Gadafi, que lo recluyó en la prisión de Abu Salim, de la que ya nunca salió. En El regreso el cambio de registro es total y Hisham Matar nos relata su vuelta a Libia en marzo de 2012 (“Ahí estaba la tierra. Oxidada y amarilla. Del color de la piel recién curada.”), después de 33 años de ausencia, tras la caída del dictador y antes de que el enfrentamiento sectario entre milicias desgarrase de nuevo al país abocándolo al caos, la violencia y la ley del más fuerte.

Así que en El regreso confluyen el relato de los preparativos, la llegada y el reencuentro con la familia y los lugares sentidos como propios –Ajdabiya, Bengasi, Trípoli-, a la luz mediterránea que acoge, ampara y reconforta. O, por así decirlo, la esfera de la objetividad personal, con toda la carga emocional y psicológica que conforma la propia personalidad del autor: la ansiedad por encontrar respuestas, por llenar vacíos, por saldar cuentas. Y es quizás en esta simbiosis donde el relato pierde pegada, se ahoga en una excesiva contención y se echa en falta un clímax, pues toda esta sustancia humana y vital, colectiva y política, que podría dejar noqueado al lector, pierde parte de su enorme carga potencial de impacto entre regresiones, flash backs y párrafos para contextualizar.

Aunque, por supuesto, el relato tiene el interés de descubrirnos lugares y personas cuyo tratamiento por los medios de comunicación resulta bastante superficial y, sobre todo, nos acerca a la tesitura de los exiliados, siempre divididos entre el aquí y el allí, el ahora y el antes, lo que hay y lo que se perdió, lo deseable y lo posible. Hay también algún momento tenso, escalofriante, como el que Hisham Matar dedica a su trato –conversación, llamadas, mensajes…- con Seif el Islam, al que se tenía por el hijo más moderado del sanguinario déspota. Uno de esos personajes -todopoderoso, cínico, fanfarrón- de los que uno no querría tener jamás la necesidad de esperar algo. El regerso ha obtenido el premio Pulitzer 2017 en su categoría de “Biografía o Autobiografía”.