martes, 27 de enero de 2015

Dave Eggers: El círculo

Idioma: inglés
Título original: The Circle
Año de publicación: 2013
Traducción: Javier Calvo
Valoración: recomendable (pero puede que el tiempo la convierta en imprescindible)

¿Ciencia ficción? ¿Cómo que ciencia ficción? Vamos, no jodamos. Pero si el Eggers que yo había leido yo hasta ahora, ese Zeitoun de conato de denuncia política era lo más alejado (si descontamos Waterworld) de la ciencia ficción que yo puedo concebir.
Y esa corporación que se nos presenta de inmediato, ¿Google? ¿Apple? ¿Microsoft? ¿El Santander en Boadilla? ¿Mango en Palau? ¿Amway? ¿Una mezcla de todas? Ya comprendo: la clásica novela distópica donde todo parece perfecto en una comunidad/empresa/sociedad hasta que, como en una película sobre un libro de Stephen King(no recuerdo cómo se llamaba), la gente se daba cuenta de que, bajo la apariencia de manzanas maravillosas, al morderlas solamente había gusanos y podredumbre.
Y Mae, protagonista, queda deslumbrada ante todo de lo que es capaz la empresa a la que su amiga Annie le ha ayudado a incorporarse. Gente joven, buen rollo, estética y pensamiento libre, entorno de máximo rendimiento. Nada a que poner pegas. Cualquier necesidad del empleado cubierta por El círculo con tal de que éste esté cómodo y eso desarrolle su mejor prestación profesional. Cincuenta páginas y, como lector bregado en esas tramas, uno piensa cuándo va a empezar a joderse todo. Cuándo vamos a descubrir el pastel.
Lo cual, aunque lógico y disculpable, puede que sea el pequeño gran pero de esta novela. Ya ha habido unos cuantos antes ahí, y ese esquema nos es familiar. La propia solapa ya nos habla de "comparaciones inevitables". Lo cual también nos advierte de que en El círculo el fondo puede que esté por encima de las formas. La narración de Eggers es vertiginosa, el libro se devora, sin floritura alguna, a toda velocidad como para dar esa sensación de intensidad que abruma y fascina a partes iguales a la protagonista, literalmente absorbida por la corporación a la que se ha integrado, rodeada de monitores, obligaciones laborales y sociales, sin un segundo de resquicio a nada que no sea productivo, post-productivo o para-productivo. El círculo es la antítesis del dolce far niente. Todos podemos imaginar perfectamente lo que es eso  ni siquiera imaginarlo sino describir muchas situaciones reales. O no hemos tildado de anacoreta, ermitaño o rarito al conocido que haya renunciado a las redes sociales o a la presencia en Internet. Mae Holland puede parecernos una caricatura, fagocitada por un mortífero cóctel de trabajo, ideas, pantallas, exposición, sobreexposición, información y retroalimentación de esta información, nubes, experiencias, estadísticas, ránkings y toda clase de experiencias agotadoras, tanto físicas como virtuales.
Eggers narra de primera, y sabe distribuir y dosificar los golpes de efecto, aunque El círculo se beneficiaría de un recorte de páginas que la dejase en lo que sería una idónea novela de cyber-suspense con coartada a medio camino entre la reivindicación del individualismo y la denuncia del monopolio encubierto al que parecemos estar encaminándonos. También despejaría la utilidad de algunos personajes, y quizás todos saldríamos ganando, pues ciertos remansos generan impaciencia por conocer su desenlace.
Si la novela de Eggers es capaz de trascender su condición de acto literario de ficción y pasa a ser una referencia adicional a todas las que muchos tenéis en mente, si el tiempo le hace ese regalo, no lo sé, realmente es temprano. Como entretenimiento y puesta en escena, a Eggers aún le falta algo que no soy capaz de definir, pero que tiene algo que ver con un concepto más elevado de la osadía. Pues la visión crítica de esa sociedad, perfectamente empaquetada, carece de un complemento idóneo, como sería el planteamiento de una alternativa o, ya que el autor se ha metido en harina (pues el propio Eggers es muy activo en la web), una pose más belicosa. Más de cuatrocientas páginas hubieran dado para ello.

De Dave Eggers en UnLibroAlDía: Zeitoun

lunes, 26 de enero de 2015

Juan Carlos Márquez: Los últimos

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable para el público en general, muy recomendable para amantes del género.

Qué cabrón, Juan Carlos Márquez: ha escrito un libro que me habría gustado escribir a mí. Ya he dicho otras veces que el género post-apocalíptico me gusta, e incluso le dediqué una entrada monotemática hace unos años; pero es que además la forma de contar la historia (fragmentaria, elíptica, sintética) es probablemente la que yo habría elegido si algún día me hubiera puesto a escribir un libro de este género.

En realidad, Los últimos es al mismo tiempo una novela post-apocalíptica -en su primera parte- y una novela de ciencia-ficción espacial algo más clásica -en la segunda-, y por lo tanto sus referentes pueden buscarse en estos dos géneros: en las historias de "último hombre sobre la tierra", en particular aquellas que incluyen vampiros-zombis-infectados (por ejemplo, Soy leyenda y sus numerosas adaptaciones cinematográficas o 28 días después y sus secuelas), pero también las novelas y películas de exploración espacial, en particular las Crónicas marcianas de Bradbury. Es difícil decir si la relación que establece Márquez con estos textos es de homenaje o parodia en algunos casos, pero sea como sea el lector podrá reconocer muchos de sus tópicos fácilmente.

El argumento puede deducirse del género: un misterioso resplandor (como si fuera una bomba atómica de alcance planetario) mata a la práctica totalidad de la especie humana, y del resto de las especies, de hecho. Los pocos supervivientes intentan organizarse y sobrevivir con la ayuda de las autoridades, pero pronto deben enfrentarse a un nuevo enemigo además de la contaminación y la falta de comida y agua: la transformación de algunos de sus semejantes en bestias, seres de músculos hipertrofiados, uñas afiladas y mente de animal carnívoro. Un pequeño grupo, los protagonistas, consiguen escapar de su ciudad y llegar a Cabo Cañaveral (vía Disney World) para emprender un viaje de huida hasta Marte, donde transcurre la segunda parte de la novela.

Pero lo que distingue a esta novela no es su argumento (que es muy semejante, como se ve, al de muchas otras obras post-apocalípticas recientes) sino su técnica narrativa: la novela está compuesta por fragmentos breves, de una a tres páginas cada uno. A veces entre un fragmento y otro hay saltos temporales importantes; a veces un fragmento termina con un cliffhanger que no se resuelve inmediatamente en el siguiente; otras veces un fragmento comienza con una información que se da por supuesta pero que el lector no ha recibido hasta entonces.

El resultado es una novela muy ágil, de lectura rapidísima (una tarde o noche llega), y un lector que por una parte acepte llenar los abundantes huecos que deja el texto, y que por otra parte acepte también algunos giros algo más inverosímiles de la trama, como la facilidad con la que realizan el viaje a Marte y con que se adaptan a la vida en un nuevo planeta, o la rapidez con la que el ejército desarrolla y distribuye tuneladoras, bombas de oxígeno y pastillas de vitaminas para la población en medio del caos.

La mayor pega que le pongo al libro es su final, bastante abrupto y bastante poco conclusivo. Da la impresión (también al final de la primera parte) de que el autor, llegado un punto, dijo: "hasta aquí", no porque se hubieran acabado las posibilidades del material sino porque, bueno, porque le dio la gana. Como lector, me quedan muchas preguntas y también ganas de ver desarrollados en unos cuantos fragmentos más los conflictos que se han ido creando en las páginas anteriores.

Pero en fin, la novela que tenemos es la que tenemos, y, sí, me habría gustado poder escribirla yo.

domingo, 25 de enero de 2015

Nicholas Pileggi: Casino

Idioma original: inglés
Título original: Casino. Love and Honor in Las Vegas
Año de publicación: 1995
Traductores: Carme Geronés y Carlos Urritz
Valoración: recomendable


El escritor italo-americano Nicholas Pileggi es el autor de dos libros en los que se basó otro ilustre italo-americano, Martin Scorsese, para realizar dos de sus mejores películas. Una de ellos es The Wiseguys, sobre la vida del gángster Henry Hill, que dio lugar a la película Uno de los nuestros (en castellano). La otra es este Casino, en la que está basada la película del mismo título, aunque en este caso -y a diferencia del anterior- se cambiaron los nombres de los personajes reales que aparecen en el libro (supongo que por motivos legales). Así, Frank Rosenthal se convirtió en Sam Rothstein; su esposa Geri, en Ginger; el mafioso Tony Spilotro en Nicky Santoro, o el director Glick en Green, etc... (por lo demás, la película resulta bastante fiel al libro).

La historia, pues, es ya bastante conocida: estamos en Las Vegas -paradigma de la cultura postmoderna- en los años 70. La Mafia de Chicago (el célebre Outfit) y el medio Oeste se ha hecho con el control de varios casinos, inyectándoles el dinero del sindicato de transporte, que ellos controlan. Al frente -no de forma oficial, claro- del famoso Stardust colocan al jugador profesional "El Zurdo" Rosenthal, para que incremente sus ganancias (ganancias que luego, en buena parte, la propia Mafia sustrae para evitar al fisco y a los dueños nominales del casino). Y para "proteger", en principio, las actividades de Rosenthal, envían a Las Vegas a uno de sus hombres, el imprevisible y sanguinario Tony Spilotro. El lío está servido; Spilotro, lejos de cumplir estrictamente las órdenes de sus jefes, comienza a desarrollar sus propias actividades delictivas, por su cuenta, formando para ello una banda de extorsionadores, atracadores y asesinos. Con lo que se convierte más en un problema añadido -y gordo, dado cómo se acostumbraban a dirimir las diferencias de opinión en esos ambientes- para Rosenthal. Por si fuera poco, la hermosa mujer de éste, Geri -una antigua "buscavidas"- acaba liándose con Spilotro (dejando aparte que la propia esposa del mafioso, Nancy, también es guapa y de armas tomar). Aderecemos el plato con una buena dosis de crímenes, problemas legales y financieros, drogas, pistolas y sexo... El resultado es como contemplar el avance de una llama por una mecha que llega hasta un polvorín: es evidente lo que va a pasar y los propios protagonistas lo sabían. Pero nadie, por lo visto, podía dejar de mirar esa mecha... y soplar para avivar el fuego, cuando parecía que iba a apagarse.

El libro (novela-reportaje habría que llamarlo) está espléndidamente escrito, a base, en buena medida, de entrevistas con los propios personajes. Los que sobrevivieron a aquellos años, obviamente, porque más de uno acabó criando malvas o, en este caso, maíz... Constituye, además de un documentado muestrario de los métodos del hampa -algo que siempre resulta entretenido-, una fascinante crónica de la inmolación, del impulso centrífugo destructor que parece inherente al ser humano, allá donde se encuentre y cualesquiera que sean las condiciones en las que se desenvuelve, que ya pueden representar la plasmación de sus -de nuestras- vidas soñadas. Porque eso no las eximirá de acabar pulverizadas entre nuestras manos; Adán y Eva no mordieron la manzana por curiosidad o por desobediencia a su Creador, sino porque algo en su interior les impulsaba a destruir el Edén en el que estaban encerrados. Y lo mismo hicieron los protagonistas de Casino (aunque, en este caso, se tratase del Edén de lo gángsters, claro ). Como concluye Frank Cullotta, el secuaz de Tony Spilotro:

                  "Todo tenía que ir como una seda. Cada cosa estaba en su lugar.
                  Teníamos el Paraíso en la Tierra pero lo mandamos todo al infierno".

Casino es el Génesis, versión Las Vegas.



sábado, 24 de enero de 2015

Paco Roca: Los surcos del azar

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: Muy recomendable

Con algo de preocupación, me he dado cuenta de que en los últimos meses he reseñado en este benemérito blog varios libros pertenecientes a lo que hemos dado en llamar "literatura bélica". He escrito "preocupación" porque tal vez haya alguien que me pueda atribuir, a raíz de tal circunstancia, una ánimo militarista o belicista, y, desde luego, nada más lejos de mi intención (de hecho, creo que es algo que he dejado claro en las propias reseñas de las que hablo).

Ahora bien, como suele decirse, la falta de contradicciones es dogmatismo y yo, después de todo, fui un niño criado viendo en la tele los grandes clásicos del cine de guerra y jugando a las batallas con unos diminutos soldaditos que vendían en sobres, en los kioscos de mi infancia (tranquilos todos: el momento Yo también fui a EGB acaba aquí). Así que ruego que me perdonen mi particular momento "artúrico" (por Pérez-Reverte, no por el rey de la Tabla Redonda) y me permitan contarles que, en mi imaginario particular, yo también tengo unos héroes a los que admiro. Y no son otros que aquellos republicanos españoles que, después de haber estado combatiendo durante tres años contra el fascismo/franquismo en la guerra de España y tras pasar, en muchos casos por los campos de trabajo franceses -quien dice "trabajo", dice "concentración"-, acabaron combatiendo contra el Eje y liberando al resto de Europa del fascismo/nazismo. Aunque luego no pudieron -ni les dejaron- hacer lo mismo con su propio país.

Muchos lo hicieron encuadrados en el maquis y la Resistencia francesa, liberando departamentos enteros y ciudades de cierta importancia. Otros, alistados en los ejércitos soviético -comunistas- o norteamericano -no pocos nacionalistas vascos, por ejemplo-...  y sin olvidar nunca a los asesinados en los campos de exterminio nazis, por supuesto.  Pero en un lugar de honor de mi "mitomanía" personal están los que lucharon encuadrados en la división del general Leclerc, en la compañía del capitán Dronne, conocida como "la Nueve" y compuesta casi en su totalidad por estos republicanos españoles (donde había comunistas, socialistas y anarquistas): después de pegar tiros por el Norte de África y Normandía, fueron los primeros en entrar en el París liberado. E incluso, más tarde, en llegar al llamado "nido del Águila" de Hitler en Berchtesgaden.

En recuerdo de estos combatientes, el magnífico autor de cómics valenciano Paco Roca ha escrito y dibujado este Los surcos del azar (título tomado de un hermoso verso de Antonio Machado, a quien también se homenajea en esta historia. He puesto "autor de cómics" porque no estoy muy ducho en la reseña de este género (de hecho, me he metido en el territorio de mi compañera Izas, aquien pido disculpas desde aquí) y no sé qué parámetros hay que tener en cuenta para poder hablar de "novela gráfica", como se dice últimamente. En todo caso, creo que si algún cómic merece considerarse como tal, sin duda es éste. A destacar en el aspecto gráfico, en mi opinión, aparte del hermoso trazo abocetado de Roca, el montaje -en la mejor tradición de la narración visual- de las escenas de acción, a veces utilizando el recurso a la elipsis pero sin perder efectividad por ello; muy al contrario...

Por lo demás, el argumento que sostiene la historia no parece demasiado original: un guionista valenciano llamado Paco -qué cosas- localiza en una pequeña ciudad francesa a un antiguo combatiente de "la Nueve", un anciano bastante huraño que, sin embargo , acaba por relatarle sus recuerdos de la guerra... Sí, lo sé: yo también he leído Soldados de Salamina. Y, por suerte, Paco Roca nos ahorra todo el rollo autoficcional (aparte del personaje del guionista, claro) y tampoco se dedica a elaborar una mixtificación de una figura histórico-literaria controvertida... En esta novela gráfica, de todas formas, aparte del protagonista Miguel, del anarquista Fábregas o de la "camarada" Estrella, también se retrata a personajes reales, como los generales De Gaulle y Leclerc, el capitán Dronne o el burrianero Amado Granell, el primer soldado aliado que llegó al Hôtel de Ville parisino.

Pero que nadie piense que nos hayamos ante una suerte de "hagiografía republicana" o una apología del combatiente virtuoso: Roca no se amilana a la hora de tocar temas espinosos -también en los ejércitos aliados- como son el racismo, las tensiones ideológicas o incluso las ejecuciones, en pleno combate, de prisioneros enemigos... Cierto es que estos aspectos no suponen el aspecto primordial de la novela, pero ahí están y yo le aplaudo por ello.

En suma, una novela gráfica magnífica de uno de los mejores dibujantes de la actualidad. Y una obra que rescata, al menos para el gran público, una parte de lo que no deja de ser nuestra propia historia y que merece la pena conocer y recordar.

viernes, 23 de enero de 2015

Juan Carlos Méndez Guédez: Los maletines

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: está bien

Es sorprendente lo poco que conocemos de literatura venezolana. Sin ir más lejos, en este blog, que ya se acerca a sus seis años de reseñas diarias, solo un libro de un autor venezolano: Las lanzas coloradas de Arturo Uslar Pietri (que, por cierto, es un novelón). Después de eso, nada. Si comparamos con sus vecinos colombianos, muy bien representados -y no solo por García Márquez-, la cosa resulta doblemente llamativa.

Esta novela viene a paliar mínimamente esta desigualdad, porque es la obra de un escritor venezolano, y también porque se propone, sin dar demasiados nombres propios, describir el ambiente de corrupción, violencia y clientelismo político de la Venezuela chavista, adoptando para ello el ropaje del thriller de espías con un toque internacional.

El protagonista de la novela es Donizzetti, un hombre de nombre singular, divorciado, padre de un hijo y padrastro de una hija, que finge trabajar en una agencia de noticias pero que realmente se dedica a sacar de Venezuela maletines llenos de no se sabe qué, hacia diversos destinos internacionales. Cuando en una de sus misiones las cosas no salen como deberían, a Donizzetti empiezan a acosarlo desde todos los ángulos, y deberá encontrar la forma de huir, aunque sea hacia delante.

Probablemente lo más conseguido de la novela sea el trasfondo histórico venezolano: un sistema que premia la lealtad al régimen y la sumisión absoluta, pero que no tiene problemas en usar toda la violencia disponible cuando las cosas se tuercen. Algunos episodios históricos, como el asesinato con una bomba del fiscal Danilo Anderson, traslucen en la trama aunque sin convertirse nunca en el centro. El retrato de la Venezuela del siglo XXI es por lo tanto el de un país empobrecido, violento, en el que los posibles ideales políticos que llevaron a la revolución bolivariana han dado paso a los intereses particulares y de la casta militar.

El problema, como lector (e independientemente de la postura de cada uno sobre el chavismo) es que el ropaje de thriller en que se viste la novela no termina de atrapar. No le falta ritmo, evidentemente, pero es demasiado detallado y demasiado confuso por momentos, y le haría falta un personaje carismático con el que el lector pudiera realmente simpatizar. Ni Donizzetti (a medio camino entre el perdedor y el héroe épico) ni su amigo Manuel (antiguo amigo gay que decide ayudarle en su intento de huida hacia delante) son lo bastante atractivos, y a pesar de algunos episodios emocionantes, la novela se hace excesivamente larga.

Un recurso que el autor usa con inteligencia, pero que podía haberse desarrollado más, es equiparar la estructura del texto con la de la famosa pelea "Rumble in the Jungle", en la que Ali derrotó a Foreman. Esta es una buena idea, pero aparece relativamente tarde en el texto y nunca llega a alcanzar un desarrollo más amplio.

jueves, 22 de enero de 2015

H. P. Lovecraft: El caso de Charles Dexter Ward

Idioma: inglés
Título original: The case of Charles Dexter Ward
Año de publicación:
Traducción: Miguel Temprano García
Valoración: recomendable

Hace muchos años, me dediqué a reunir una extensa colección de libros de Lovecraft. Importante: ya sabemos que a veces reunir es diferente que leer. No contento con ello, y por esa especie de extendida obsesión que nos da a algunos por indagar hacia adelante y hacia atrás aquello que nos fascina, añadí a mis adquisiciones algunos de los libros de los autores como August Derleth o Arthur Machen. La cosa remitió y, normal cuando uno se aleja del centro del círculo en que se suscitó el interés, la obsesión se desvaneció y, a estas alturas, dudo que vuelva.
Lo curioso fue lo que lo disparó todo: la mención a los mitos de Cthulhu en el título de la cara B de un single (Groenlandia) de los Zombies, entrañable combo raro-pop de la movida capitaneado por el desaparecido Bernardo Bonezzi. Ya ha llovido.
Si la influencia de Lovecraft calara de nuevo en mí, puede que ahora mirara intrigado si mi apellido y el de Bonezzi no manifiestan algún vínculo enterrado en la noche de los tiempos. Diría esta frase y soltaría una carcajada de esas que hacen estremecer a los vecinos hasta el espinazo y me pondría a mezclar productos químicos (orgánicos o no) hasta conseguir una pócima inmunda y pestilente que aseguraría la presencia de los bomberos ante las puertas de mi piso en no menos de treinta minutos.
Perdonadme: pero leer a Lovecraft tiene eso, ese punto de fascinación, pero, perdonarán los incondicionales, ese otro punto de tierna admiración por la pátina de ingenuidad que desprenden hoy sus obras. No puedo especular si también cuando se publicaron. Admirado por personajes tan diametralmente opuestos como Michel Houellebecq, Stephen King o Roberto Bolaño, e indudable poderosa influencia en la narrativa reciente de terror (La casa de hojas es un escandaloso ejemplo), Lovecraft consiguió eso tan meritorio y recurrente de la creación de un universo propio.
Y El caso de Charles Dexter Ward es un ejemplo paradigmático. Están muchos de los resortes de ese universo: personajes oscuros, misteriosos, esquivos, seres también misteriosos de especies no identificables. Cementerios, experimentos, ruidos, tenebrosas cavidades en las que nada bueno puede ser encontrado. Una historia, la de Dexter Ward, de un joven que, fascinado por el misterio que rodea la omisión de un antepasado en sus círculos familiares,y que abandona sus estudios para ir tras las huellas de esa omisión, descubriendo que un ocultista, Joseph  Curwen, formaba parte de sus ancestros, y que su trayectoria vital está repleta de circunstancias y hechos inexplicables. Relacionados con desapariciones de personas, con ritos e invocaciones por medio de pregarias del Necronomicón, con oscuras casas de las que surgen gritos, luces y olores que horrorizan a quienes los perciben. En la búsqueda de esas raíces, enloquece. Y lo dejo ahí. En Lovecraft, el camino (ese perfecto desarrollo de la investigación, ese dejar siempre al lector pendiente de qué o quién es lo que horroriza y enloquece y transforma a quién se cruza en su camino) es importante. Pero también el desenlace. Un desenlace, lo siento, incondicionales, que decepciona, un poquito, por su simpleza y obviedad. Como una especie de duelo en el OK Corral. 
Traducción brillante, dado el elevado nivel literario del texto, siempre tenso, contenido y elegante.

miércoles, 21 de enero de 2015

Pedro Ugarte: El país del dinero

Idioma: castellano
Año de publicación: 2012
Valoración: recomendable

El escritor bilbaíno Pedro Ugarte ha ido construyendo una sólida carrera literaria cimentada en una serie de novelas y, sobre todo, en el relato corto, formato que ha cultivado con singular fortuna. Y además, lo que me parece especialmente meritorio: lo ha hecho sin recurrir -al menos de forma evidente- a lo que conocemos como "literatura de género", que tan socorrida resulta para muchos escritores (me refiero a la novela negra, el género fantástico o el histórico...). Las historias de Ugarte, en cambio, se suelen ambientar en el tiempo presente y en una ciudad fácilmente reconocible como su Bilbao natal. Y suelen dedicarse a retratar y a veces desenredar, la madeja viscosa que sirve para tejer las relaciones personales, las familiares o las interclasistas, cuyos nudos y tortuosidades oscilan entre lo brutal y lo leve; lo obvio y lo tan sutil que resultan en ocasiones inapreciables para los propios individuos envueltos en la maraña.

Así es el escenario en el que se desarrolla ésta su hasta ahora última novela, el mismo que pueden reconocer los lectores de otras obras anteriores de Ugarte, como Los cuerpos de las nadadoras o Pactos secretos. Sin embargo, la historia que nos cuenta El país del dinero no sólo transcurre en una ciudad vasca dividida en dos -y no sólo geográficamente- por una ría que llega hasta el mar. También, y sobre todo, se desarrolla en el país que menciona el título y que se superpone a todos los demás: aquél por el que el dinero no sólo campa a sus anchas, sino que constituye la medida de todas las cosas, la savia vital de todo organismo, el lubricante universal y, ante todo, lo que determina la valía de un individuo o su clan en la urdimbre social que les rodea. El dinero como sustituto -y  tenor de una metáfora- de la patria, la religión , de la identidad... de cualquier valor o principio que parezca trascender a los demás,

Es el país al que aspira pertenecer Jorge, el protagonista y narrador de la historia: el último vástago de una familia de posibles venida a menos, que se ha criado junto a los cachorros de la oligarquía local, pero sabedor de que no disfruta de los privilegios -en algún momento, diríase que superpoderes- que otorga el dinero. Sólo consigue emprender el asalto a ese esplendoroso país merced a la ya casi lejana burbuja inmobiliaria (de la que se hace un retrato exacto y descarnado, con todos sus pormenores, pasteleos y corruptelas), junto a su amigo Simón, éste sí que super-pijo invulnerable y fatuo como él solo... El trío de personajes principales los completa Sharon, la hermosa e inaccesible hija de un barrio obrero que trata de huir de su entorno escalando el desnivel económico y social. Precisamente esta circunstancia y el que Jorge sea, hasta cierto punto, un desclasado, le permiten a Ugarte atribuirle una serie de observaciones, casi costumbristas pero también analíticas, sobre las diferentes clases sociales, sus entramados e interrelaciones, etc... observaciones que sustentan y enriquecen en buena medida  todo el transcurso de la novela.

(De todos modos, que nadie se llame a engaño y espere encontrar en esta novela un panfleto "perroflaútico-marxista-bolivariano"... o algo similar, por más que algunas reflexiones del protagonista podrían parecerlo. Sospecho que no eran ésas las intenciones del autor).

Ese "país del dinero", en cualquier caso, se nos presenta poblado por habitantes que guardan algún tipo de deformidad, no física pero sí moral... unos monstruos incapaces de empatizar con sus semejantes, a los que sólo consideran cuando están mediatizados por las relaciones económicas (casi feudo-vasalláticas, en algún caso) que se establecen entre ellos. Simón López de Chávarri aparece como un tipo absolutamente insoportable, desde cualquier punto de vista -incluso el suyo propio- y Sharon, como la enésima encarnación de la mujer fatal, gélida y manipuladora... (el único personaje, aunque no principal, que, pese a todo, parece conservar algo de su humanidad es Nuestro Hombre, el corrupto alcalde de una localidad de la Margen izquierda). Aunque quizás el más monstruoso de todos sea el propio narrador, Jorge, tan obsesionado por pertenecer al país del dinero y dominar las dinámicas que se establecen en él que es incapaz de reconocer en los defectos de sus acompañantes los signos inequívocos de la debilidad y el sufrimiento. Tal es su ceguera que quizás -sólo quizás- su curación únicamente pueda lograrse a través del amor y de la renuncia a su incapacitante egocentrismo.

Vaya, pensándolo bien, creo que el tema del que trata esta novela no es el dinero: es la redención.