sábado, 6 de febrero de 2016

Albert Pla: España de mierda

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: se deja leer

Si este libro se vende, será por dos motivos: porque lo firma Albert Pla que como cantante (y actor ocasional) tiene una legión de seguidores fieles; y por el título, escogido para provocar, y que hará que algunos lo compren por afán antiespañolista, y otros por puro morbo, para ver "qué dicen de nosotros estos catalanes". De hecho, si este libro no lo firmase Albert Pla, probablemente ni siquiera se habría publicado, con la de libros mejores que este que se escriben ahora mismo en España (lo que no quiere decir que no se publiquen también cosas peores que este libro. Yo ya me entiendo).

Pero bueno, si obviamos el autor y el título, ¿qué tenemos? Una comedia. Una comedia itinerante y algo tontorrona. Una comedia canalla, podríamos decir, usando el título de la novela de Iván Repila con la que tiene algunas similitudes (pero la novela de Iván Repila está mucho mejor escrita que esta).

La novela empieza como un road trip musical: Raúl, un cantante uruguayo recién llegado a España, se reúne con su agente en Santiago de Compostela, y ahí empieza una gira que le debería llevar a León, a Salamanca, a Madrid, a Bilbao, a Barcelona... Lo que pasa es que pronto empiezan a pasar cosas raras que dificultan el viaje: su coche es aplastado por una manada de peregrinos que avanzan como zombis hacia Santiago; un atentado terrorista pone a León en estado de sitio; un misterioso virus mata solo a los hablantes de catalán (bueno, y de valenciano, y de mallorquín...), etc.

Desde luego, imaginación no le falta a Albert Pla, que mete en la novela tanto a personajes históricos, como Leonardo Da Vinci (un genio tiránico y egoísta que se cargó a casi toda la familia de los antepasados de Raúl con sus experimentos); a personajes actuales de la música y la cultura española como Tamariz, Calamaro o Quimi Portet, o personajes fantasiosos como una raza de extraterrestres que se se se lleva las pirámides de Egipto. Hay bastantes críticas a los políticos corruptos (incluidos los altos cargos universitarios, que al fin y al cabo tienen más de políticos que de profesores), pero no es una crítica que haga demasiada sangre, vista la cantidad y calidad del material corrupto que produce España anualmente.

Lo que este libro no es (y eso hay que agradecerlo) es una acumulación de tópicos sobre España y los españoles al estilo de Ocho apellidos vascos (los andaluces son vagos, los vascos son brutos y comilones, los gallegos no saben si van o vienen, etc.). Y tampoco, a pesar de su título, es un libro que ataque a España, más allá de algunas críticas bastante obvias y de sentido común, así que a los que busquen el morbo antiespañolista que parece prometer su título les va a dejar bastante fríos. Es, en realidad, una novela alocada y ligera, con un hilo conductor muy tenue que sirve básicamente para que Albert Pla dé rienda suelta a sus locuras e incluya cualquier historia que se le pasa por la cabeza (algo así como Airbag, una película en la que por cierto también aparecía Albert Pla).

Tiene puntos graciosos (como el que al cantante uruguayo todo le parezca "muy grande", desde la catedral de Santiago a las playas de Valencia), o la escena de la actuación de Tamariz, en la que acaba habiendo más gente metiéndose rayas en el baño que viendo el espectáculo del mago. Pero incluso como novela cómica se le podría pedir más, en cantidad y en acidez. Se deja leer, sí, pero sospecho que solo los que ya eran fans de Albert Pla antes de leerla la disfrutarán realmente.

viernes, 5 de febrero de 2016

Clara Usón: Valor

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: muy recomendable

Recuerdo y me condiciona una afirmación de Stephen Vizinczey en lo concerniente a la necesidad de conocer toda la obra de un autor como paso previo antes de aventurarse a escribir una sola reseña sobre cualquiera de sus libros. Cuántos que escribimos sobre libros estaríamos calladitos, y ya no sé decir si el mundo se perdería o se ahorraría algunas barbaries que han quedado escritas para la posteridad. Más cuando existen conceptos como la evolución o la madurez o la pérdida de inspiración, por no hablar de cómo condiciona esos conceptos la voracidad de editores exigiendo cumplir plazos. 
Conceptos con los que es difícil bregar, y estoy seguro que Clara Usón algo de esto tenía en mente cuando Valor era su siguiente novela tras la muy brillante La chica del Este.Y lo primero que diría es que Usón demuestra valentía, porque, y perdonen los aficionados a la novela histórica (obvio mencionar que no lo soy, en absoluto) podría haber elegido el camino fácil de ahondar en más episodios del conflicto balcánico, y vivir cómodamente de las rentas de ser una cronista de aquella época. Para nada lo ha hecho, y la primera consecuencia la notamos apenas unas decenas de páginas inmersos en Valor. Frente a una estructura clásica, Clara Usón apuesta de forma decidida por desorientar al lector, cuando se lanza a una narración definida en cuatro escenarios, relacionados por parejas, y, lejos de ayudar al lector dividiendo por capítulos, salta del uno al otro sin orden ni concierto. Sea en la misma página, en el mismo párrafo, a veces en la misma frase. No es una cuestión de prestar atención para no perder detalle, simplemente cada línea va avanzando, y todas avanzan en algún momento, y nos da la sensación que a la vez.
Tenemos el episodio de la revuelta de Jaca, con Fermín Galán (cuyo fusilamiento inaugura macondianamente la novela) al frente de un levantamiento republicano previo a la Guerra Civil, aplastado con contundencia. Tenemos a Luis Duch, civil de buena familia de Jaca que presta apoyo al golpe, desde la comodidad económica de ser hijo único de familia bienestante. Y en la proximidad de nuestros días tenemos a Mati Oliván, directiva de sucursal de caja de ahorros levantina metida en lo de colocar preferentes, atribulada a tres bandas, por una amiga antigua compañera que se ha entregado a otro nivel de engaños: la cosa ésa del budismo, lo ayurvédico, el reiki y otras historias para sacar cuartos a incautos, por Paco, un marido infiel que retrata las corruptelas de la construcción y las contratas, y por Mar, adolescente rebelde y desorientada, niña de quince años que insulta a Justin Bieber por Twitter a la par que tiene un póster suyo en la habitación, niña enganchada al smartphone en vez de estudiar o hacer los deberes, paradigma de esos niños de la llave a los que nos condena la sociedad hipercompetitiva. La primera parte del libro, esas casi 200 páginas aceleradas, caóticas a conciencia, combinación de estilos, diálogos, alguna licencia extemporánea que puede que asuste a según quién, es una brillante antesala. No estamos ante La chica del Este 2. 
Pero hete aquí que la segunda parte nos lleva a los Balcanes. No a los de los 90. Dura narración de la cruel depuración perpetrada, en nombre de la religión, por los ustachas croatas, con la connivencia de media Europa, liada en la II Guerra Mundial, donde el protagonista es un sacerdote fundamentalista en medio de una severa crisis de personalidad. Porque es gay y está allí, en un campo de concentración croata contribuyendo a la aniquilación de serbios, judíos, gitanos, gays. O se convierten al catolicismo, y a veces ni eso sirve, o los aniquilan. Terrible, escalofriante narración despojada de cualquier prejuicio donde se palpa la tragedia en cada página y donde el sacerdote se muestra cruel, caprichoso, con una especie de sensibilidad hipócrita de superviviente a costa de lo que sea. Difícil de digerir, pero el palo que la Usón le sacude a la religión es tan sutil como formidable.
Y la tercera parte, brillante, casi irónica, donde un gigoló aficionado es subcontratado por Mati en una especie de capricho de mujer madura entregada a la decadencia. No debería seguir escribiendo, pero lo resuelve todo y lo cuadra con brillantez. Apuesta por la conmoción antes que por la emoción, y eso tiene un resultado magnífico.

Una vez más, Usón me recuerda en su minuciosidad y precisión a Cercas, pero sin recurrir a la insistencia que a veces condiciona al escritor extremeño. Tampoco interviene en primera persona y aquí lo metaliterario queda eclipsado por lo meticuloso de la contextualización. Los detalles no son capitales, pero son importantes. Poco más puedo decir. Dos libros leídos, dos estupendos libros .

jueves, 4 de febrero de 2016

Semana de la autobiografía (bis): Mi último suspiro de Luis Buñuel

Idioma original: francés
Título original: Mon dernier soupir
Traducción: Ana María de la Fuente
Año de publicación: 1982
Valoración: Muy recomendable

Pues sí, este es un libro que podría perfectamente haber entrado en la semana de la autobiografía (que está visto que se nos quedó corta), pero como entonces no me dio tiempo, pues lo reseño ahora, total, quién se va a dar cuenta.

Ya sabéis (los que lo sabéis) que no soy lector asiduo de autobiografías, memorias, diarios y cosas del género, pero mi amiga Leyre, que sí lo es (lectora asidua de este tipo de obras, digo) me regaló Mi último suspiro estas navidades pasadas, porque le había encantado. Y como en general me fío del criterio de Leyre (aunque no le guste Faulkner), pues me decidí a darle una oportunidad con la mente abierta.

Cuando llevaba aproximadamente cien páginas, iba pensando cómo decirle a Leyre que en fin, que bien, pero no. Porque esas cien páginas hablan de la infancia de Buñuel como hijo de una familia bien de Zaragoza, y la verdad, no tiene demasiado de particular. Incluso el apartado dedicado a la Residencia de Estudiantes, que yo anticipaba con mucha curiosidad, resulta un poco anodino, y mucho menos ácido de lo que esperaba, teniendo en cuenta la imagen pendenciera y algo bruta que tenemos de Buñuel (y que, la verdad, no creo que se aleje demasiado de la realidad).

Lo que pasa es que justo en la página 98 del libro (año 1925 en la vida real) Buñuel se muda a París, y a partir de ahí el libro me enganchó y las siguientes doscientas páginas las devoré prácticamente en una noche. Porque la vida de Buñuel fue realmente apasionante: en el París de los años 20 coincidió y se hizo amigo y cómplice de toda la élite surrealista (Breton, Aragon, Éluard, Max Ernst...); viajó también al Hollywood de los grandes estudios, donde conoció, en diferentes momentos de su vida, a mitos como Fritz Lang, Chaplin, Hitchcock, vivió la guerra civil en primera fila, en un Madrid republicano pero dividido, y después el exilio en Francia, Estados Unidos y finalmente México...

Quizá los párrafos más hermosos del libro se los dedica Buñuel a Lorca, pero no al Lorca poeta o dramaturgo, sino a la persona; creo que merece la pena copiar uno de ellos aquí.
De todos los seres vivos que he conocido, Federico es el primero. No hablo de su teatro ni de su poesía, hablo de él. La obra maestra era él. Me parece, incluso, difícil encontrar a alguien semejante. Ya se pusiera al piano para interpretar a Chopin, ya improvisara una pantomima o una breve escena teatral, era irresistible. Podía leer cualquier cosa, y la belleza brotaba siempre de sus labios. Tenía pasión, alegría, juventud. Era como una llama. Cuando lo conocí, en la Residencia de Estudiantes, yo era un atleta provinciano bastante rudo. Por la fuerza de nuestra amistad, él me transformó, me hizo conocer otro mundo. Le debo más de cuanto podría expresar.

De Dalí, en cambio, no tiene tantas cosas buenas que decir. Habla, claro, de la colaboración entre ambos para crear Un chien andalou, pero el Dalí posterior, sobre todo después de conocer a Gala, se nos presenta como un ser egocéntrico, engreído, apovechado, traicionero, infantil, ridículo. Una frase suya en un texto de autoglorificación fue el causante, por ejemplo, de que Buñuel perdiera su trabajo en el MoMA después de la guerra.

Como era de esperar, el cine ocupa un lugar importante en estas memorias, así que los que estén familiarizados con la filmografía de Buñuel podrán seguirla prácticamente año a año; pero los comentarios del realizador no son críticos o cinematográficos, sino más bien impresiones, anécdotas, emociones asociadas al rodaje o a las proyecciones de las películas. El escándalo lo acompañó durante casi toda su carrera (desde Un chien andalou y La edad de oro, hasta Los olvidados o Viridiana), un escándalo que Buñuel no rehuía sino que asumía como consecuencia de su propia libertad creativa y moral.

Cuando se termina el libro, no nos quedamos con una imagen idealizada de Buñuel: cuando tiene que ser "políticamente incorrecto" lo es (como cuando dice que le gustaría volar el Guernica de Picasso o cuando niega valor a las películas de Charlot), varias veces insiste en su carácter algo difícil, en sus maneras bruscas y sus manías inalterables. Lo que sí se tiene es una visión más humana, más poliédrica de su personalidad. Sus películas son geniales, y deben ser vistas por sí mismas independientemente de la simpatía o antipatía que nos pueda producir su creador; pero después de leer las largas confesiones del hombre que las creó, me parece que pueden verse con algo más de comprensión y hasta ternura.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Alejandro Zambra: No leer. Crónicas y ensayos sobre literatura


Idioma original: español
Año de publicación: 2010
Valoración: Está bien


Ante el hecho literario muchos siguen dando prioridad al argumento cuando, en realidad, es irrelevante, un material o conjunto de materiales al alcance de cualquiera. Las virtudes de un texto radican en su elaboración, en la peculiar forma que adquiere una vez ha pasado por el tamiz del artista. Un autor a quien se encargó una biografía de Shakespeare concluyó que el dramaturgo había escrito la mejor biografía posible consistente en el conjunto de su obra. Este párrafo del artículo Cómo estar callado en alemán me parece una descripción de la literatura tan expresiva como exacta.

El volumen recoge cuarenta y siete artículos –la mayoría muy breves– agrupados en tres secciones, que fueron publicados con anterioridad en diversos medios chilenos y españoles. El gran acierto editorial: prescindir de la cronología al ordenarlos dando prioridad a la temática. El título, No leer, se ha tomado de la improbable crítica a un ensayo de Pierre Bayard, Cómo hablar de los libros que no se han leído, reseñado en este blog hace tiempo. Digo “improbable” pues Zambra confiesa que no puede opinar sobre él porque nunca ha llegado a leerlo. Se observa un afán por asombrar, incluso por escandalizar, a sus lectores, jactándose a menudo de que jamás leerá a tal autor o tal obra, sabiendo como sabe a priori si le va a gustar o no. A mí, la verdad, tanta arrogancia me supera, y lo digo porque yo sí he leído No leer.

Tampoco ayuda que gran parte de los autores mencionados en la primera parte me resulten muy lejanos. No han llegado aquí o no han llegado a mí en cualquier caso. Pero aunque los hubiera leído no podría cotejar nuestras respectivas opiniones por la sencilla razón de que el autor no ofrece las suyas, la mayor parte de las veces se pierde en divagaciones sin llegar a ninguna conclusión. Aunque de vez en cuando da de lleno en la diana, como cuando afirma: “muchos poetas olvidan que escribir un verso es bastante más complejo que sumar palabras a la lista de compras”. O cuando, en Un libro vacío, se refiere a esos escritores que no tienen nada que decir (aunque crean anticipar los gustos del público o se sientan representantes de una generación) pero se molestan por las críticas negativas o la ausencia de ventas.

Finalmente, he tenido que reconciliarme con Zambra. Porque, ya en la segunda mitad y hablando de Coetzee, observa que este se convierte en escritor cuando olvida su intento de cosmopolitismo y comprende que tiene que hablar de Sudáfrica. Porque asegura que a Onetti hace falta leerlo con calma y así convertirse en su cómplice. Porque, en su análisis de El oficio de vivir de Pavese, prescinde de la parte autobiográfica y se interesa por el examen que hace el autor de su obra. Porque a Natalia Ginzburg la considera un “testigo de su tiempo” y “una escritora deslumbrante”. Porque considera a Bolaño el producto resultante de un Borges y un Kafka. Porque capta a la perfección esa actitud de espera y de radical soledad con la que Dino Buzzati nos representa a todos. Porque se interna en las penumbras de Tanizaki aunque lamente que lo que llega hasta nosotros se haya vertido del inglés.


Del mismo autor: La vida privada de los árboles, Formas de volver a casa, Mis documentos

martes, 2 de febrero de 2016

Muriel Spark: La plenitud de la señorita Brodie

Idioma original: inglés
Título original: The Prime of Miss Jean Brodie
Año de publicación: 1961
Traducción: Silvia Barbero
Valoración: Muy recomendable

Me resulta algo difícil evaluar esta novela, de cara a una reseña; la razón no es su falta de calidad literaria, precisamente (bien al contrario: si hay algo de lo que no cabe duda alguna es de que rebosa calidad)... lo que ocurre es que se trata de una novela que sugiere múltiples interpretaciones a su lectura, está repleta de matices; y eso, pese a no ser demasiado larga y avanzar con pasmosa fluidez y naturalidad... algo que no sorprenderá a quien ya conozca algo de la obra de Muriel Spark, supongo.

Empezemos por el principio: la señorita Brodie del título es una maestra de primaria en la Escuela Marcia Blaine para niñas, en el Edimburgo de los años 30. Ha escogido a media docena de alumnas a su cargo para que puedan aprovechar su "época de plenitud" -tiene alrededor de cuarenta años-, educándolas según sus personales métodos y criterios, que consisten, básicamente, en hablarles mucho de ella misma, de sus gustos, intereses y opiniones. El objetivo, según dice, es conseguir convertirlas en "la créme de la créme" (o lo que sea que supone tal cosa). La novela nos cuenta la trayectoria de este grupo de niñas desde que tienen diez años hasta que dejan la escuela, e incluso sus diversos devenires en la edad adulta. Y, por supuesto, lo que le ocurre a la señorita Jean Brodie, sus amoríos, las intrigas en que se ve envuelta, etc...

La novela, una de las primeras de Spark, toca temas que acabarán siendo frecuentes en toda su obra narrativa: el papel de la mujer en la sociedad, la expresión de su individualidad, las relaciones que se establecen dentro de un grupo de personas -y, más aún, entre los roles que se adjudican a los miembros de ese grupo-, la inquietud religiosa, el libre albedrío (aunque aquí no se exprese con tal término)... porque Spark, como otros escritores británicos convertidos al catolicismo, parece realmente interesada por las posibilidades del libre albedrío, en este caso frente al rígido determinismo presbiteriano de origen calvinista. En este sentido, se diría que la señorita Brodie actúa como una suerte de divinidad que dicta sus arbitrarias normas, y las niñas del grupo, las fueles que deben decidir si obedecer o no. Pero también sería una divinidad que las señala como sus elegidas y, al mismo tiempo, les anima a obviar las normas ajenas a ella. Una divinidad transgresora, pues, centro de -casi- un culto para iniciadas.

Cabe suponer que la novela también tiene bastante de autobiográfica; cuando menos, se desarrolla en la época y el lugar de la infancia y juventud de su autora. Uno no puede dejar de preguntarse, además, cuánto de ella hay en los claroscuros del personaje de Jean Brodie, o si quizás lo escribiera para exorcizar alguna inclinación de su personalidad, quién sabe... Lo mismo se puede decir sobre el personaje de Sandy, la alumna que comparte protagonismo -e incluso en algún momento resulta más protagonista que su maestra- con la señorita Brodie, por delante de sus cinco compañeras.

No quiero dejar de mencionar la magnífica técnica literaria de Spark, que supo construir una novela a base de saltos temporales y visiones subjetivas sin que en ningún momento la narración resulte forzada ni artificial. Y bañado todo con una ironía a veces sutil, pero tan corrosiva, o más, que la sátira más descarnada. Una auténtica exquisitez.

Más libros de Muriel Spark reseñados en Un Libro al Día: Memento MoriLos solterosEl asiento del conductorLa abadesa de Crewe

lunes, 1 de febrero de 2016

Richard Ford: Rock Springs

Idioma original: inglés
Titulo original: Rock Springs
Año de publicación: 1987
Traducción: Jesús Zulaika
Valoración: recomendable

Hace mucho tiempo que los relatos dejaron de ser cuentos. Unos cuantos, inevitable mencionar a Carver, dignificaron ese género aparentemente menor hasta elevarlo a las alturas de cualquier otra manifestación literaria. Al relato se le puede echar las culpas de ser poco ambicioso, de ser demasiado ambicioso, de ser escueto, de no dejar desarrollar todo el potencial de una historia limitándola a unas decenas de páginas. Y el relato puede ser tildado, cuando se empaqueta para ponerlo en un anaquel, de ser disperso y variado o de ser homogéneo y cohesionado. Ya a estas alturas el que esto escribe no suele tener demasiadas preconcepciones. Oí hablar muy bien de esta colección de relatos de Ford y ya había probado con De mujeres y hombres. Y he de decir que, aunque los separen casi tres décadas, me gusta mucho más que Ford se decida por el largo recorrido y por explorar en profundidad los entresijos de la mente humana, concretamente (esta parece ser su especialidad) la del anónimo ciudadano americano integrado en una sociedad que es muy hostil demasiado a menudo.
Rock Springs son una decena de relatos ambientados en el estado de Montana. Great Falls y Rock Springs son dos pequeñas ciudades donde estos relatos se desarrollan, y es tal la cohesión que uno tiene cierta impresión carveriana de estar asomado a distintas ventanas de un edificio espiando la vida de sus protagonistas. Una vida muy lejana de ser idílica, porque el tono dominante es el engaño, la traición, el abatimiento y la resignación ante un panorama que, sin ser funesto, deja mucho que desear, La América que Ford dibuja, con una prosa directa y que ahorra tanto misticismo y trascendencia como florituras, es la de esos bosques y esas montañas y esos valles surcados por ríos de aguas gélidas, carreteras inhóspitas que conectan regiones que una vez fueron florecientes, indios de diversas tribus adaptados a ser otros americanos más, entre la legión de perdedores a distintas escalas que intentan seguir adelante, pero de cuyos intentos Ford levanta testimonio de que van a ser en vano. Poco resquicio para la esperanza en estas historias de adulterio, de abandono del hogar, de tipos que piensan que han ligado y son víctimas de patéticos robos, de décadas de vida tiradas a la basura por embarazos no deseados, por mala toma de decisiones, por amistades poco aconsejables, en general, mortífera espina dorsal que convierte Rock Springs en unitario canto a la desesperanza, por la constatación de que el entorno pesa, los orígenes pesan, el pasado pesa, y de nada de eso se habla cuando se menciona el Gran Sueño Americano.
Algunos años más tarde, otros como Pollock o Pancake tomarían testigo de esa desesperación y la llevarían a un extremo más violento.
Unas décadas más tarde, Ford le aportaría épica y escribiría Canadá.

domingo, 31 de enero de 2016

Virginia Woolf: Flush

Idioma original: inglés
Título original: Flush: A Biography
Traducción: Rafael Vázquez Zamora
Año de publicación: 1913
Valoración: recomendable

¿Virginia Woolf escribiendo la biografía de un perro, y adoptando el punto de vista de un perro? ¿En serio? No, a ver, ¿estamos hablando de Virginia Woolf, la escritora del grupo de Bloomsbury, la autora de Mrs. Dalloway, de Las olas, de Al faro...? ¿La misma capaz de escribir con el estilo más lírico las historias más trágicas, de jugar con la lengua inglesa en frases imposiblemente delicadas y complejas? ¿Nicole Kidman en Las horas con una nariz postiza? ¿Una habitación propia? ¿Esa Virginia Woolf?

Pues sí, esa, porque además de todo lo demás, Virginia Woolf también tenía un sentido del humor irónico y juguetón, que se manifiesta sobre todo en esa maravilla que es Orlando, y también en esta biografía de Flush que, en realidad, es una biografía parcial de Elizabeth Barrett (más tarde, Elizabeth Barrett Browning), y que es también una sátira divertida de las convenciones sociales y las presunciones de pureza de la aristocracia inglesa.

El libro sigue la vida entera de Flush, un spaniel de pura raza, criado en una granja cerca de Reading, y ofrecido como regalo a la poetisa Elizabeth Barrett, con quien estableció una relación de complicidad y afecto que duró hasta el final de su vida (de la del perro). Así, Flush tuvo la oportunidad de ser testigo directo de los encuentros entre Elizabeth Barrett y Robert Browning, de sus largos intercambios epistolares y también de sus viajes entre Italia y Londres, y del nacimiento de su único hijo.

A través de los ojos de Flush, tenemos acceso a la vida de la poetisa, primero recluida en casa por una misteriosa enfermedad y un padre tiránico (modelo, por lo tanto, de la escritora reprimida por su entorno), y después progresivamente más libre y más alegre, gracias a su huida del hogar familiar con Rober Browning. Conocemos también a Browning, el poeta y también el marido, aunque con un perfil algo más desdibujado e incompleto. Y conocemos la clasista y encorsetada sociedad londinense de la época, en la que hasta los perros tienen castas y hay quien vive solo con los rescates que cobran por secuestrarlos. (El contraste con Italia, donde todos los perros son mestizos y las casas están libres de decoraciones exageradas, es evidente).

Flush es un curioso juego literario: es una reconstucción biográfica basada en documentos reales (los poemas y las cartas de Elizabeth Barrett), pero también es, claro, una obra de ficción, en la que vemos la realidad a través de los ojos (y los oídos y las narices) de un perro. Al estilo cuidado de siempre de Woolf (aunque menos lírico en este caso, como corresponde a un tema más ligero) se añade su ironía que deja caer alfilerazos con diferentes destinatarios a lo largo del texto. No es, me parece, la mejor Virginia Woolf (quizás deba entenderse como un "descanso de la guerrera" después de haber terminado dos años antes Las olas), pero sin duda que se encuentra en ella el ingenio, la perspicacia y la originalidad creativa de su autora.