
Idioma original: francés
Título original: En presénce de Schopenhauer
Año de publicación: 2017
Traducción: Joan Riambau
Valoración: insuficiente
Insuficiente.
Porque, sí, los incondicionales del francés huraño estamos famélicos de algo que echarse al gaznate y devoraremos lo que nos echen. Chuscos de pan, migas de pan, el plato rehogado con esas migas de pan, el mantel con los restos, el suelo con lo que se cayó. Pero incluso así una editorial ávida de recibir del público lo que sea (reconocimiento y dinero, por lo general) habría de pensárselo antes que entregar lo que sea.
Insuficiente. Reprise.
Ni siquiera en este texto, primero que se traduce desde que plantara en nuestras narices la espléndida Sumisión, justo en fechas en que aconteció (y nos parece tan lejano) lo de Charlie Hebdo, ni siquiera se ve a Houellebecq cómodo. Como si ese recurrente flash-back que adereza las páginas y que se materializa en recuerdos de toma de contacto con los libros de Schopenhauer, con el ideario del filósofo mediatizara el entorno, Houellebecq escribe demasiado atenazado por la pureza conceptual. No hay lugar para el descarrío en un autor que casi siempre funciona plantando a sus personajes como componentes del mundo que analiza, esa proyección fuera del escenario (fuera del territorio) acaba encorsetando e inhibiendo al Houellebecq polémico que aquí apenas asoma, con la excepción de un par de tópicos masculinos, que no machistas, oculto tras una necesidad algo forzada de mostrarse didáctico.
Insuficiente. Argumentos de calidad-precio.
Aunque sea lo que uno se va a gastar en el último gin-tonic (el que ya sienta mal), esos 8 euros del libro están mal invertidos. Entre prefacio y extractos de Schopenhauer (aunque sean traducción propia de Houellebecq), pequeño formato del libro (o cuaderno) aquí hay apenas veinte páginas reales de texto del genio. Menos que muchos artículos de los que contiene su obra de ensayo y, lamentablemente, enormemente anclados en un aspecto metafísico que, insisto, el escritor francés emplea mejor como telón de fondo del que el lector extrae conclusiones que como extracto puro de teoría que a algunos se (nos) puede indigestar.
Insuficiente. El alumno se arrodilla ante el maestro.
Comprendo a Houellebecq en su enorme respeto hacia Schopenhauer. Aunque he de reconocer no haber leído nada del filósofo alemán. Pero veo al francés tan comedido, tan admirativo y despojado de acidez crítica, tan escorado hacia cierta reverencia incondicional, que a veces no lo reconozco
Insuficiente. El alumno se arrodilla ante el maestro.
Comprendo a Houellebecq en su enorme respeto hacia Schopenhauer. Aunque he de reconocer no haber leído nada del filósofo alemán. Pero veo al francés tan comedido, tan admirativo y despojado de acidez crítica, tan escorado hacia cierta reverencia incondicional, que a veces no lo reconozco
Insuficiente. Ficción, queremos ficción.
Eso. Con la vida resuelta como debe estar, aunque con 60 años en plena madurez personal, siempre existe el riesgo de que se le vaya la pinza y, en vez de desaparecer, haga algo como dejar de publicar o apuntarse a algún gimnasio. Por lo cual se lo imploro, en mi nombre, en el de algún otro de los integrantes del blog, en el de su grupo de admiradores constantes o puntuales. Vuelve a tus personajes, a tus tramas difíciles pero posibles, a tus hipérboles que nos hielan el aliento, a tu sensación de aislamiento que puede romperse de cualquier mala manera. Por favor. Vive y escribe, Michel. Vive y escribe.





