viernes, 1 de julio de 2016

VV.AA. : Los libros en The New Yorker

Idioma original: inglés
Año de publicación: 2014
Traducción y selección: Miguel Aguayo
Valoración: recomendable

A comienzos de este año reseñé aquí un divertido volumen publicado por Libros del Asteroide en el que se recopilaban muchas viñetas publicadas por la revista The New Yorker, tratando el tema del dinero y la economía en general. Y como resulta que también hay publicada otra recopilación del mismo tipo con viñetas sobre el mundo de los libros, ¡no podíamos dejar de reseñarla en Un Libro AL Día, claro está! La recopilación está dividida en cuatro apartados, dedicados a los diferentes personajes que intervienen en la gestación y vida de los libros: uno dedicado a los autores, otro a los editores, un tercero a los lectores y el último, para los libreros. Ahora bien, las viñetas también pueden agruparse en toda una serie de situaciones prototípicas que abarcan todo el proceso de escritura, edición, comercialización y lectura de un libro, cuyos pasos se reconocen sin dificultad en diversos chistes:

- Creación: 
- Adán le dice a Eva, en el Paraíso: "No puedo dejar de pensar que hay un libro en todo esto".
- Un autor que escribe, sonriente, en su manuscrito: "¿Un escritor? Jadeó balanceando sus grávidos senos. ¡Oh, Dios, me encantan los escritores!"...
- La mujer de un escritor le dice a su marido, que está trabajando en el porche de la casa: "Tengo una idea para un cuento: Gus y Ethel viven en la orilla norte de Long Island. Él trabaja 16 horas al día escribiendo ficción. Ethel nunca sale, nunca hace nada, salvo prepararle sándwiches a Gus y al final ella se convierte en una ninfo-lesbo-puta-asesina. Toma tu sándwich".

- Envío del manuscrito:
- La mujer de un escritor, leyendo el correo: "¡Enhorabuena! Su manuscrito es el millonésimo libro de memorias que hemos recibido este año". 
- Un autor, explicando a un editor: "La historia es inventada, pero los nombres son reales, para subir las ventas".
- El autor al editor: "Todavía no tengo ni título ni tema. Sólo tengo el precio: veintitrés con noventa y cinco en tapa dura".

- Edición:
- Un editor, a un autor: "No dudo de que se necesite mucho valor para escribir este libro, pero se necesita mucho más para publicarlo".
-En una reunión editorial, el director de la empresa: "Como medida de ahorro, en nuestro catálogo de otoño hemos decidido ahorrarnos las ventas a las librerías y las correspondientes devoluciones y mandar las novedades directamente a la trituradora".
- El editor a un escritor: "Su libro es un asco: queremos publicarlo".

- Promoción: 
- En una presentación de un libro: "Habrá una tertulia informal y al final, el triste flirteo del autor con alguna fan".
- Cartel en el escaparate de un librería: "Encuentro con el autor y su ego: 7 P.M.".
- Cartel en el escaparate de una librería, ante una serie de Biblias: "Prepárese para conocer al autor".
- Una editora al escritor: "¡Buenas noticias! Tu novela está en una pila mediana, a un metro de la parte izquierda de la mesa de la secretaria del director del suplemento literario".

- Vida social:
- En una fiesta un hombre le dice a una mujer. "Soy escritor, pero gracias a Dios no uno de ésos que se deprime si no escribe cada día".
- En una fiesta, una señora le pregunta a un escritor: "Su libro me ha dado arcadas. ¿Lo ha hecho usted a propósito?"
- En una reunión de editores, una presentación de dos desconocidos: "Aquí el editor que rechazó el primer Harry Potter, aquí el editor que dejó pasar a Stephen King".

- Venta de libros: 
- Un librero, consultando el ordenador ante un cliente: "La Biblia... eso debería estar en autoayuda".
- En una gran librería el dependiente responde a una cliente. "Tenemos el calendario del libro, libretas del libro, el audiolibro, el DVD de la película basada en el libro, pero no tenemos el libro".
- Un cliente al librero: "Quiero algo que mantenga a la gente alejada de mí en el Metro".

- Lectura:
- Un hombre le explica a una visita, enseñándole una  estantería llena de libros: "Ésos son los que no he podido terminar y ésos, los que no he podido empezar".
- En la playa, un policía se dirige a un hombre que lee un libro: "Lo siento, señor, pero Dostoyevski no se considera una lectura veraniega. Tengo que pedirle que me acompañe".
- En un club de lectura, compuesto sólo por mujeres: "Bueno, en vez de hablar del libro, podemos hablar de por qué ninguna de nosotras ha tenido tiempo de leérselo".

Y, por último, el que creo que cuadra mejor con este blog:
- Una mujer hablando con un hombre. "No he leído el libro, pero he leído las reseñas. Y las he encontrado muy interesantes".

¿Los autores de las viñetas? Pues los más prolíficos son: Charles Barsotti, Leo Cullum, William Haefeli, Lee Lorenz, Robert Mankoff, Michael Maslin, Warren Miller, Bernard Schoenbaum, Danny Shanaham, David Sipress, Peter Steiner, Mick Stevens James Stevenson, Peter C. Vey, Robert Weber, Jack Ziegler... y muchos otros.

Nota: ya sé que esta reseña se sale un poco de lo habitual, pero reconozcamos que yo no podría superar nunca el ingenio de estos ilustradores y humoristas ni su capacidad de síntesis. Así que admito mi condición parásita, en este caso, pero no pido disculpas por la reseña, porque ¿un poco bien sí que lo habéis pasado leyéndola, verdad?


Otras recopilaciones de viñetas de The New Yorker: El dinero en The New Yorker



jueves, 30 de junio de 2016

Antonio Tabucchi: El ángel negro

Idioma original: italiano
Título original: L’àngelo nero
Año de publicación: 1991
Valoración: Recomendable


Aunque en España casi nunca se ha valorado lo suficiente el género relato, me parece que eso empieza a cambiar. Por fin encontramos el mérito de condensar una buena historia en un espacio limitado, de calibrar la longitud exacta que conviene a cada argumento, ejercitarse en la concisión –algo menos sencillo de lo que parece pues la verborrea es connatural al ser humano y una tentación para todo el que tiene un espacio en blanco delante–, de perfilar un argumento interesante y unos personajes convincentes con solo unos pocos rasgos y, a diferencia de lo que exige la novela, encontrar una conclusión lo más sorprendente posible.
La opinión de Tabucchi al respecto fue recogida por La Vanguardia en su reportaje de 15 de marzo de 2010 con motivo de la publicación de El tiempo envejece deprisa, un confeso homenaje a su admirado Salinger y, en concreto, a sus Nine Stories.
“Aunque he escrito muchas novelas, el cuento es un desafío, la novela es muy paciente, te espera, la puedes interrumpir, hacer un largo viaje, retomarla cuando vuelves después de unos meses, de un año, pero el cuento no, es como el soneto en poesía, es una forma cerrada”. “El cuento tiene mucho que ver con la atmósfera, que pierdes si te vas, y por eso, dejar un cuento a la mitad significa perderlo definitivamente.”
No hace falta recordar las virtudes literarias del autor, sí subrayar que este volumen tiene poco que envidiar a sus novelas. Ya desde el título, encierra una paradoja: si un ángel blanco y luminoso simboliza la bondad, ¿qué significado tiene un ángel negro?
Podría compararse a un caleidoscopio, no solo por la multitud de facetas que encierra, también por esa belleza poética inasible y ese toque de irrealidad cercano al surrealismo que el autor imprime a la mayor parte de las seis piezas que contiene. Lo metaliterario está también muy presente, en particular en esa mezcolanza de realidad y fantasía que es Voces traídas por algo, imposible decir qué, donde el protagonista –como si del propio Tabucchi se tratase– recoge al vuelo un conjunto de frases recogidas por la calle al azar y las selecciona intentando darle un sentido, una coherencia narrativa que, suponemos, piensa utilizar más tarde. Pero en un momento dado entra en acción un personaje de ultratumba, la historia da un vuelco radical y se convierte en otra cosa, mucho menos cotidiana y verdaderamente inquietante. Ese mismo personaje, Tadeus, ahora vivo aún, vuelve a aparecer en el relato siguiente, más bien de corte político, en el que se critica a las dictaduras y sus expeditivos procedimientos para callar las bocas que incomodan al poder.
Más psicológico resulta el diálogo contenido en ¿El aleteo de una mariposa en Nueva York puede provocar un tifón en Pekín? En él se muestra el gran desequilibrio entre dos fuerzas, la del mafioso que interroga y la del pobre diablo que responde, siendo obligado hábilmente a confirmar la versión que conviene al primero.
Y de vez en cuando, sin que haya podido averiguar lo que simboliza en concreto (aunque está claro que se encuentra entre lo inesperado e irreal, lo absurdo y lo claramente amenazador) aparece, sin venir a cuento, una trucha.
Nochevieja podría considerarse el más entrañable de todos; también el más incómodo desde un punto de vista ético. Los límites no se avienen a lo políticamente correcto y, por tanto, nada es lo que parece en un principio. En veintitrés episodios, refleja el mundo interior –tan realista como imaginativo, complejo y lleno de encanto–de un niño solitario e inteligente, cuya desesperación y afán por descubrir el mundo conlleva una crueldad que, puede comprenderse en cierto modo y, a pesar de ello, o por ello precisamente, resulta escalofriante.
No hablaré del esmero con que Tabucchi ha elaborado su prosa porque esto es una constante en su obra y no añadiría nada nuevo a lo dicho.

miércoles, 29 de junio de 2016

Patrick Modiano: Tres desconocidas

Título original: Des inconnues
Año de publicación: 1999
Idioma original: Francés
Traducción: Mª Teresa Gallego Urrutia
Valoración: Se deja leer

Dijo la "academia sueca" cuando otorgó el Nobel a Patrick Modiano que era el "Marcel Proust de nuestro tiempo", lo cual no deja de sorprenderme. Me lleva a plantearme una de las siguientes opciones de cara a justificar esa afirmación:

a) Que no hayan leído a Proust (lo dudo)
b) Que no hayan leído a Modiano (lo dudo)
c) Que yo haya leído a los dos y no tenga ni puñetera idea de literatura (lo más probable)
d) Todas las anteriores

Sinceramente, el único nexo que veo entre Proust y Modiano (además de ser franceses) es la importancia de la memoria en sus obras. Y punto. Y escritores contemporáneos con continuas referencias al recuerdo, a la memoria, al pasado, los hay a millones. Pero doctores tiene la iglesia y académicos la academia sueca.

¡Ya sabéis que es comparar a alguien con Proust y me llevan los demonios!

Pero vayamos al grano con estas "Tres desconocidas", obra que se compone de tres relatos de cierta extensión (unas 40 páginas cada una) protagonizados, cada uno de ellos, por tres chicas que, ya en su madurez, recuerdan episodios que tuvieron lugar al final de su adolescencia. 

Nos encontramos, nuevamente, con lugares y tipos comunes a toda la obra de Modiano. Lugares como París, sus calles y cafés, los internados. Y personajes como esos jóvenes marcados por la ausencia de figuras familiares, solitarios, desorientados, que buscan su lugar en el mundo, que buscan puntos de referencia (da igual que sea una habitación de hotel, una plaza, un café o una secta religioso-filosófica), personajes que se mueven en una perpetua bruma, que parece una mezcla de sueño y realidad.

También el estilo de la obra es el mismo al que Modiano nos tiene acostumbrados: frases cortas, personajes dibujados con apenas unas pinceladas (vamos, igual que Proust) y un cierto toque nostálgico que envuelve todo el relato.

Pero el libro no termina de engancharme. Esos episodios que se evocan deberían tener un carácter iniciático o de epifanía y no dejan de ser casi anécdotas, vagabundeos que dan la impresión de no conducir a nada. Y sí, la vida es así, pero uno espera algo más.

En cualquier caso, hay que admitir que Modiano escribe bien. O muy bien, incluso. De hecho, el libro tiene algunos momentos muy interesantes, como la imagen de los caballos atravesando París de madrugada camino al matadero, a la muerte (imagen poderosísima, para mí).

Pero este "Tres desconocidas" es, en mi modesta opinión, una obra muy menor dentro se su extensa trayectoria, en la que me atrevería a recomendaros "La trilogía de la Ocupación", su obra para mí, más recomendable. Pero eso será ya en otra reseña, si la hay. 

Otras obras de Patrick Modiano en ULAD: 

martes, 28 de junio de 2016

Ryszard Kapuscinski: Estrellas negras


Idioma original: polaco
Título original: Czarne gwiazdy
Año de publicación: 2016
Traducción: Agata Orzeszek
Valoración: muy recomendable

Cualquier día me entrego a formular una hipótesis sobre las carreras literarias y el completismo, a su evolución, a los cambios dentro de las trayectorias y a las cumbres y valles. Y ese día quizás le toque hablar un rato de Kapuscinski. Porque me aventuré en la lectura de este Estrellas negras con ciertas reticencias, sobre todo por la lectura de alguna reseña algo escéptica, y acabo convencido de que este libro guarda absoluta coherencia con el total de la mayúscula obra del periodista/cronista/escritor polaco. 
Aunque pueda notarse, por referencias temporales, que la prosa es más fresca o ingenua, menos asertiva, como si ése Kapuscinski antes de la treintena estuviera solamente intuyendo lo que sus grandes obras posteriores acabaron por afirmar con rotundidad. Estrellas negras habla de dos hombres, Kwame Nkrumah y Patrice Lumumba; dos líderes africanos que se pusieron al frente de sendos países, Ghana y Congo, para conducirlos a su independencia, líderes populistas, adjetivo vilipendiado hoy, pero toda una luz al final del túnel para esas multitudes azotadas por la miseria, el analfabetismo, la absoluta falta de oportunidades que les dejaban tras de sí los colonos, ya satisfechos de expoliación y abuso. Países que anunciaban falsas retiradas cuando lo que hacían era dejarlo todo, sobre todo en lo económico, atado y bien atado de manera que todos los recursos pudieran seguir siendo expoliados. Dos líderes que tardaron poco en ser, el uno depuesto y el otro asesinado, descabalgados del poder por los turbios intereses que uno puede suponer y con la connivencia de quien uno puede intuír.
¿Y qué hacía Kapuscinski? Ya antes de la treintena. Pues explicarlo, con detalles, con situaciones que afrontaba en el ejercicio de su amada profesión. Si explicaba todo absolutamente, imposible saberlo, pero si explicaba lo suficiente para tomar uno consciencia de la situación, no le quede duda alguna a a nadie. Las intrigas, los cambios de bando, el día a día, la confluencia de intereses, la vertiente humana. En dos partes dedicadas a cada uno de ellos, separadas por un montón de imágenes que certifican que de quién se ha leído no es de un personaje, sino de una persona de carne y hueso, en esa escenificación tan africana mostrando a un líder en medio, o frente a una multitud. 
Decidme de cuántos escritores, de ficción o no, los que sean, permiten que uno sienta que la lectura de un libro le ha servido de algo, aprendiendo, conociendo situaciones y reflexionando sobre ellas, hasta el punto de sentirse, perdonen la ñoñez, mejorado como persona. Lección de literatura, pero también de historia, de sociología, de geopolítica ¿Se puede pedir más?
Quizás, un libro donde no está todo el potencial estratosférico que Kapuscinski desarrollaría en El emperador o Ébano o El Sha. Seguro, una cota que a muchos les es imposible alcanzar, en décadas de trayectoria. Que aprendan.

lunes, 27 de junio de 2016

Bruce Chatwin: Colina Negra

Idioma original: inglés
Título original: On the Black Hill
Año de publicación: 1982
Traducción: Eduardo Goligorsky
Valoración: Imprescindible


Creo que está claro que Bruce Chatwin fue uno de los mejores escritores británicos de su generación. Y no hablamos de una cualquiera, sino de la llamada "generación Granta", nacidos en la posguerra de la II G. M., que eclosionó en los años 80: los Martin Amis, Salman Rushdie, Julian BarnesGraham SwiftHanif Kureishi y demás luminarias de las letras contemporáneas. Cierto que a Chatwin no se le encuadra, a veces, junto con esta generación de escritores, quizás porque era algo mayor, nacido durante la guerra, y además empezó a publicar en los 70 (aunque también Amis o Rushdie). Pero sospecho que la razón principal es que a Chatwin se le suele considerar como un "escritor de viajes"... incluso como EL escritor de viajes, o al menos, quien revitalizó el género en su época. Lo que no deja de ser curioso, ya que en su no demasiado larga producción literaria tan sólo hay dos libros de ese género -que, de hecho, el consideraba como "novelas de viajes", amén, eso sí, de los muchos que aparecen en sus recopilaciones de artículos. Sin embargo, escribió tres novelas, e incluso dos de ellas, bastante "estáticas", por decirlo así: los protagonistas apenas se mueven de los lugares en donde han nacido (también es verdad que la primera que escribió, la tensa y ambiciosa El virrey de Ouidah es todo lo contrario: narra la vida y andanzas de un inquieto traficante de esclavos brasileño, en dos continentes diferentes).

La acción de Colina Negra, en cambio, apenas se mueve de una granja y sus alrededores en las Blacks Hills, las montañas que trazan la frontera entre Inglaterra y Gales. En  realidad, no es una granja, sino dos -La Visión y La Roca-, puesto que, como señala la que fuera editora de Chatwin, Susannah Clapp todo en esta novela es dual: hay dos granjas, dos países -Inglaterra y Gales-, dos sendas, dos religiones, el trasfondo de dos guerras... y, sobre todo, lo que cuenta es la vida de dos hermanos, mellizos además: Lewis y Benjamin Jones, que viven juntos casi toda su vida, casi pegados como siameses o como un matrimonio indisoluble e incestuoso. Chatwin les acompaña en toda su andadura, desde antes incluso de su gestación por parte de la sensible aunque tenaz- huérfana de un reverendo y un colérico campesino galés, hasta sus últimos días, muchos, muchísimos años después. Entre medias, el devenir  de unas vidas en las que no sucede -casi- nada extraordinario... o quizás lo que ocurre es que -casi- todo lo es. Unas vidas que transcurren en un ambiente y entre unos personajes que nos resultan eviternos, alrededor de los cuales, fuera de la Colina Negra, va sucediendo eso que llamamos Historia, algo que parece no filtrarse a la granja de los hermanos Jones o a su vecina La Roca. pero cuando lo hace, es de una forma abrupta y turbadora.

Dependencia, sexualidad, aislamiento, soledad, descubrimiento, maravilla, rivalidad, serenidad... todo las experiencias que viven los gemelos las narra Chatwin con su asombrosa prosa cincelada en frío, precisa pero elusiva, capaz de evocar un recuerdo, descubrir un ambiente o relatar una existencia entera en un corto párrafo. No puedo dejar de señalar, además, que este escritor se inscribe plenamente en la "tradición" de las letras británicas de hacer un uso exhaustivo y deslumbrante de los elementos botánicos y climatológicos; una tradición observable tanto en, por supuesto, Thomas Hardy como en David Nobbs, sin ir más lejos... tradición gloriosa, en su aparente modestia, añado.

Sin duda, una novela excepcional y, me atrevo a decir, ya todo un clásico de la literatura inglesa. No esperan más para leerla, se lo aconsejo (eso sí, la portada es horrenda, lo sé; mucho más adecuada es la de la edición que yo tengo, con una hermosa foto campestre de Henri Cartier-Bresson, pero no he podido encontrarla con cierta calidad en la Red ... Sorry!)

Otros libros de Bruce Chatwin reseñados en Un Libro Al Día: UtzLos trazos de la canción

domingo, 26 de junio de 2016

Deborah Curtis: Touching from a distance

Idioma original: inglés
Título original: Touching from a distance
Traducción: Marcos Sánchez Armesto
Año de publicación: 1.995
Valoración: Está bien (Recomendable para interesados)

Subtítulo: ‘La vida de Ian Curtis y Joy Division’. Es decir, estamos ante una biografía de cantante de grupo más o menos famoso, escrita por su viuda. O sea ¿panegírico del difunto? ¿pataleta post-mortem para ponerle a caldo? ¿o simplemente un batiburrillo de chismes para sacar los últimos rendimientos al finado? Bueno, no nos pongamos tan cáusticos, que creo que no va por ahí la cosa.
 
Para ponernos en situación, Joy Division fue una banda de muy corto recorrido –apenas un par de años-, durante el cual se ganó un bien merecido prestigio, con sus atmósferas oscuras y sus ritmos obsesivos. Y, por supuesto, con la voz grave y turbadora de Ian Curtis, una voz tan singular como quizá no conoceríamos otra hasta Nick Cave. Vamos, tampoco ocultaré que es uno de mis grupos favoritos, porque si no tampoco me hubiera leído el libro. En cualquier caso, su música no era fácil, y su público se reducía a un no muy extenso círculo próximo al after-punk, aunque con el tiempo se ha convertido en eso que se llama ‘grupo de culto’. Es decir, algo parecido a lo que ocurre con Joyce: todo el mundo habla de lo bueno que es, pero no son tantos los que de verdad lo conocen.

Al grano. Una primera línea de lectura nos sitúa en lo que es propiamente la biografía del frontman del grupo. Ian Curtis era un poco arquetipo del ambiente y la época: criado en los alrededores de Manchester, pronto empezó a meterse de todo, la música era su religión, y Bowie su santo de cabecera. Pero, entre curdas y porros, empezaba a asomar la peculiar personalidad de un tipo algo siniestro, depresivo y con algunos síntomas de bipolaridad, cosillas que uno ya intuye sólo con ver algún video de sus actuaciones con Joy Division.

Desde este punto de vista, no puede decirse que el libro aporte mucho. Vemos a Ian en la formación de su primera banda, Warsaw, en las actuaciones en pubs y locales, pero no sabemos casi nada del proceso creativo o del funcionamiento interno del grupo. Lo que sí descubrimos es su obsesión por morir joven –una idea fija desde su adolescencia-, y los primeros atisbos de su epilepsia, junto a algún dato llamativo, como la convicción (no sé si también ambición) de Ian de terminar alcanzando el éxito en el mundo de la música. Pero todo se nos cuenta desde una cierta distancia, como cosas que su esposa Deborah no conoce de primera mano, sino a través de deducciones o conjeturas.

Y aquí pasamos a un segundo nivel. Aunque no creo que ningún lector tenga la intención de poner el foco en la autora, es algo que resulta inevitable: ya desde las primeras líneas, Deborah parece una chica ingenua que ha ido a parar a ese ambiente un poco por casualidad (de hecho era la ex de un amigo de Ian); se apunta a las juergas, acude a los conciertos, pero siempre y cada vez más en un segundo plano. La verdad es que al lector termina por dolerle ese proceso de marginación porque, siendo tan evidente, parece que a la autora le costase un montón ser consciente de él, incluso cuando escribe el libro, tiempo después de la desaparición de Ian.

Tampoco está nada clara la naturaleza de ese matrimonio: Deborah no parece muy enamorada de Ian, ni tampoco demasiado fascinada con su faceta artística, como podría pensarse. Es una especie de mezcla entre cierta admiración y un cariño difuso. Y el músico, que se muestra voluble y un poco manipulador, aunque a veces parece corresponderle, le va arrinconando hasta dejar a su chica casi por completo fuera de su vida.En este sentido, la historia es bastante triste. La vida de Deborah, un matrimonio feliz junto a un tipo desconcertante pero atractivo, se va al traste sin que ella parezca enterarse de lo que ocurre a su alrededor, mientras Ian (con su enfermedad, sus adicciones y su extraña personalidad), se va alejando hacia un lugar que sólo él conocía: dice Deborah que él ‘había diseñado su propio infierno y planeaba su propia caída’. Es curioso cómo empieza uno la lectura con el único interés de conocer algo más sobre el peculiar Curtis, y termina sumergido en la historia un poco deprimente de una jovenzuela ante su gran fracaso.

También hay que decir que el libro parece haber sido editado a toda prisa y de forma algo chapucera –incluso en la tipografía y la maquetación- lo que, sumado a la limitada capacidad de la autora para la narración, transmite una sensación un poco pobre. Por el contrario, tiene el valor añadido de una transcripción de las letras de todas las canciones de Joy Division, y unas cuantas más inacabadas, que ayudan a entender mejor a personaje tan especial, junto con un listado (entendemos que completo) de los conciertos del grupo y su discografía –esto último, obviamente, hasta la fecha de edición del libro.

P.D.: Aunque, como digo, la información que recibimos acerca de Joy Division no es muy amplia, sería interesante cotejarla con el libro que escribió Bernard Sumner, otro miembro de la banda y tal vez el mejor amigo de Ian, y quedó reseñado en ULAD.

sábado, 25 de junio de 2016

Marcel Proust: La prisionera (En busca del tiempo perdido V)

Título original: La prisonnière
Traducción: Consuelo Berges
Idioma original: Francés
Año de publicación: 1925
Valoración: Imprescindible

Hay un proverbio español que dice que “No hay quinto malo”. Su origen se sitúa en el mundo de los toros, más concretamente en la época en la que en las corridas de toros no existía el sorteo de los toros, sino que era el ganadero quien, teórico conocedor del previsible juego de los animales, reservaba el de mejor nota y presumible mejor comportamiento para ser lidiado en quinto lugar. (¡Gracias, Wikipedia!)

Pues bien, cualquiera diría que Proust se basó en el conocido proverbio y dejó para este quinto tomo de “En busca del tiempo perdido” su mejor toro porque lo cierto es que “La Prisionera” es una auténtica barbaridad de libro.

Esta quinta parte de “En busca del tiempo perdido” podría ser un ensayo novelado, si se me permite este "engendro", sobre los celos y el amor. 500 páginas dedicadas, prácticamente en su totalidad, a estos dos sentimientos que el propio Proust define así:
“Muchas veces los celos no son más que una inquieta necesidad de tiranía aplicada a las cosas del amor”, en la página 109.
“Sólo amamos aquello en que buscamos algo inasequible, sólo amamos lo que no poseemos”, en la página 474.

Proust disecciona, con su habitual precisión, las causas y efectos de los celos, que pueden ser pasados, presentes o futuros, en las relaciones amorosas, tanto para el que los padece (el propio narrador) como para el que es objeto de los mismos (Albertina).

Pero no se limita a analizar los celos en las relaciones amorosas y/o sexuales (Proust y Albertina, Charlus y Morel), sino también en las relaciones sociales (Verdurin y Charlus), en la amistad o incluso en la relación de sus sirvientes o criados hacia sus amos (Francisca y Proust).

La acción, esta vez, se sitúa íntegramente en París, donde nuestro “héroe” y Albertina comparten apartamento, aunque no habitación (pero sí cama), no vaya a ser que cualquiera sepa que está allí la vea y se enamore de ella, y donde los enfermizos celos del protagonista harán que éste mantenga a Albertina semiencerrada. Ya comentábamos en una reseña anterior que Albertina era el personaje más maltratado del libro, y aquí se lleva la palma.

Estos celos provocarán diferentes situaciones, reflexiones y reacciones de cada uno de los personajes del libro. Centrándonos en sus principales protagonistas, llevarán a nuestro querido narrador a un permanente estado de indecisión (la dejo – no la dejo, la quiero – no la quiero…) y a vivir en un tiovivo de sensaciones, que finalmente provocarán que sea la propia Albertina la que opte por largarse y dejar al “pobre” Proust compuesto y sin novia (por cierto, no será la única ruptura a la que asistamos en "La prisionera").

En resumen, más de 500 páginas dando vueltas y más vueltas alrededor de los celos. Esto podría ser tedioso en manos de cualquier otro autor, pero Proust lo convierte en una obra maestra.

Y, oigan, no sé si será que ya me he acostumbrado a su estilo y a su ritmo o, simplemente, que, a diferencia de los tomos anteriores, no asistimos a la interminables reuniones sociales que se hacían un tanto cuesta arriba, pero me da la impresión de que su lectura ha sido más accesible que la de tomos anteriores.

Ya solo quedan dos tomos. El fin se acerca. Y aún quedan muchas preguntas sin respuesta. La fundamental: ¿Encontraremos el tiempo perdido?

------------------------CONTINUARÁ (después de la canícula estival)---------------

Otros libros de Marcel Proust en ULAD:
Sodoma y Gomorra (En busca del tiempo perdido IV)
El mundo de Guermantes (En busca del tiempo perdido III)
A la sombra de las muchachas en flor (En busca del tiempo perdido II)
Por el camino de Swann (En busca del tiempo perdido I)