domingo, 21 de abril de 2019

Nikos Kazantzakis: Cristo de nuevo crucificado


Idioma original: Griego
Título original: Ο Χριστός Ξανασταυρώνεται
Año de publicación: 1950
Traducción: Selma Ancira
Valoración: Está bien

Nikos Kazantzakis fue un escritor obsesionado y tenaz. Su empeño era que su escritura influyese, empujase y transformara a sus coetáneos y especialmente a sus compatriotas, los griegos de la primera mitad del siglo XX. Así que buena parte de sus novelas desprenden un afán evidente de servir de espejo, de reflejar la realidad social y moral a la vez que pretenden alentar la toma de conciencia individual para empujar a la acción colectiva. Desde luego, la figura de Nikos Kazantzakis (Heraclion, Creta, 1883 / Friburgo de Brisgovia, Alemania, 1957) se mantiene muy viva en la sociedad griega actual, aunque quizás sus anhelos e ideales de fraternidad, ambición humanística y pureza espiritual no parezcan disfrutar de tanta consideración.

Concebida después de su libro más recordado, Zorba el Griego, Kazantzakis redactó Cristo de nuevo crucificado entre 1948 y 1949, ya instalado en Antibes, en la Provenza francesa, y la novela se publicó primeramente en Suecia y después en Holanda. Una vez derrotada la Alemania nazi en la II Guerra Mundial -y por tanto expulsada también de Grecia, donde dejó un rastro especialmente cruento- los griegos se enzarzaron a su vez en una demoledora Guerra Civil y según explica su esposa Eleni en sus memorias El disidente, Nikos Kazantzakis dudaba en cómo implicarse pues “no sabía que proponer a ese pueblo que ama y que una clase corrompida y rapaz va de nuevo a explotar sin decoro”. Enfebrecido y con un raro proceso de hinchamiento del labio y el rostro, episodio que también le acontece al protagonista de la novela, esas fueron las circunstancias que acompañaron a Nikos Kazantzakis en la redacción de la novela, que tiene mucho de fábula ejemplarizante.

Cristo de nuevo crucificado está ambientada en 1922 en una aldea griega de la Anatolia otomana, poco antes en términos históricos del desenlace de la enésima guerra entre griegos y turcos que acabó en la diáspora de millón y medio de griegos que durante siglos habían tenido su hogar en el Asia Menor. Sin embargo, la novela no recoge este encontronazo, o apenas lo hace como un runrún de fondo. Kazantzakis pone el foco no en el enfrentamiento entre unos y otros si no en el conflicto interno que estalla dentro de la propia comunidad helena y cristiana. La trama echa a andar cuando cuatro jóvenes vecinos del pueblo son escogidos como de costumbre para las representaciones de Pascua. Movidos por idealismo o por la pureza de sus creencias, deciden transformar su elección en acicate para exigirse un mayor nivel de cumplimiento de su fe religiosa. Por supuesto, el conflicto con las rutina social, con el devenir cotidiano de la comunidad y con los intereses de los más poderosos de la aldea –el poder político y el económico, aunque también claro está el religioso- estalla de inmediato, que una cosa es predicar y otra muy distinta dar trigo, como todos sabemos. La llegada de un grupo de refugiados –tan griegos y cristianos como ellos- desalojados de su comunidad y en un estado material deplorable, radicalizará las posiciones y el enfrentamiento. Y se hace inevitable mientras van cayendo estas páginas pensar en los refugiados sirios que –casi cien años después- han vuelto a verse obligados a huir por estos mismos caminos. 

Así que en la aldea de Likóvrisi vuelven a verse las caras y a medir sus fuerzas dos maneras de ver el cristianismo y, por extensión, la vida. Una, sustentada en cuatro pilares sagrados; la fe, la patria, el honor y el patrimonio. Otra, que se identifica con un Cristo pobre y perseguido, que llama a las puertas y no encuentra quien le abra. Un Cristo descalzo que mira los cuerpos hambrientos, las almas oprimidas y alza su voz clamando justicia. Obviamente, a la cúpula de la Iglesia Ortodoxa Griega no le complació en absoluto la novela, y la publicación poco después de La última tentación de Cristo le deparó a Nikos Kazantzakis la excomunión de por vida. Por cierto, al igual que Martin Scorsese llevó al cine en 1988 La última tentación…, también hay versión cinematográfica de Cristo de nuevo crucificado, dirigida por Jules Dassin en 1957 con Melina Mercuri en el reparto y rebautizada como El que debe morir



La novela, reeditada recientemente en castellano con traducción de la mexicana Selma Ancira, que es garantía de rigor y pulcritud, adolece para mi gusto de aristas, de profundidad, de veracidad en definitiva, pues los personajes y sus posicionamientos se me antojan demasiado previsibles y maniqueos, a veces cayendo incluso en la caricaturización. Quizás el autor buscaba en su momento calar en los lectores más sencillos y seguramente lo consiguió, aunque este tono de fábula moralista hace que la historia no haya envejecido demasiado bien; desde luego, la displicencia con la que Kazantzakis trata (o maltrata) a las mujeres tampoco ayuda. Al final queda esa manera tan personal y persistente en el autor de describir y ahondar en el desgarro espiritual y metafísico por entender qué hacemos aquí y cómo deberíamos comportarnos: “pero el cielo le pareció muy alto esa noche, muy alejado del hombre, mudo, indiferente, ni amigo ni enemigo, y se aterró”. Nikos Kazantzakis sigue reposando hoy en una humilde tumba en uno de los bastiones de la muralla que rodea Heraclion, la capital de Creta, en la que se puede leer este epitafio: "No espero nada, no temo nada. Soy libre”. 

Otros libros de Nikos Kazantzakis (también transcrito como Nicos Casandsakis) en Un libro al día: Zorba el Griego, El capitán Mijalis

sábado, 20 de abril de 2019

Vera Brosgol: El fantasma de Anya

Idioma original: inglés
Título original: Anya's Ghost
Año de publicación: 2011
Traducción: Arnau París Rousset
Valoración: entre recomendable (para jóvenes) y está bien (para los demás)

¿Cómo estamos, muchachada? ¿Cómo van los estudios? Bueno, no hace falta que estéis todo el día empollando, pero tampoco va a ser todo guateques, jugar al tenis de mesa y pasearos en mobylette, ¿no, chavales? Dejad algún ratillo para cultivar la mente, y echad un vistazo a las recomendaciones que hacemos en Un Libro AL Día aptas para el público juvenil: novelas de aventuras, historias de Los cinco, clásicos adaptados al lenguaje de los tiempos... ¡Toda una oferta de ocio y ameno conocimiento que vosotras y vosotros, guayabitas y pollastres, no podéis rechazar!

Bueno, vale, lo sé... así no vamos a conseguir que la juventú se interese por la lectura o siquiera por darse una vuelta por el blog, a ver si les llama la atención algo. Es cierto que quienes lo hacemos estamos ya, como diría campechanamente el rey emérito, cerca del pasar por el taller (no todos, empero), unos por nuestra avanzada edad y los más por causa de la mala vida que han llevado, pero aún así, algo podremos hacer para que la chavalada no pase todo el tiempo jugando al Fortnite, cotilleando por Instagram u oyendo K-Pop en el smartphone, digo yo... Pues por ejemplo, se me ocurre, mostrándoles que hay libros como este El fantasma de Anya, una novela gráfica para jóvenes, por no decir un cómic de los de toda la vida... (a no ser que reservemos el término para los superhéroes en cualquiera de sus modalidades... que tampoco).

Para empezar, casi todos los personajes de la historia, salvo dos o tres bastante secundarios, son adolescentes, con la problemática, la forma de relacionarse y hasta de ver las cosas de los adolescentes. La protagonista, Anya, es una chica norteamericana de origen ruso -y apellido complicadísimo- que estudia en una escuela privada de medio pelo, donde no se siente para nada integrada: tan sólo mantiene una cierta amistad con otra chica no demasiado popular, Shioban, mientras que le gusta -cómo no-, el apuesto capitán del equipo de baloncesto, Sean, que a su vez sale con la perfectísima Elizabeth... vamos, todo un drama digno de una serie de Disney. El caso es que un día, mientras, atravesando un parque camino de su casa, divaga acerca de sus acuciantes problemas -entre los que ocupa un lugar no menor la relación con su propio cuerpo-, Anya pierde el pie y cae en un profundo agujero, una sima, en el fondo de la cual encuentra, intacto desde 90 años atrás, un esqueleto.

Esto, lógicamente, le daría miedito a cualquiera, pero más aún porque el esqueleto lleva aparejado un fantasma, el de una chica de su misma edad llamada Emily, con quien Anya, pese a sus reticencias iniciales (comprensibles, hay que decir), comienza una relación de amistad ventajosa para ambas. Bueno, no contaré más; sólo que cuando la cosa comienza a ponerse un poco pastelona, la historia, por suerte, da un giro hacia el "territorio King" (y ahora no me refiero, claro está, ni al campechano ni al Preparao, sino al auténtico Rey del Terror), lo que permite que la narración no se estanque e incluso le concede visos más interesantes que la temática puramente teen. Es decir, que aunque me parece una novela gráfica o cómic especialmente aconsejable para los adelescentes, es perfectamente disfrutable por adultos o por jóvenes que tengan inquietudes culturales más allá de los productos ad hoc que parecen destinados para ellos. Ayuda también, hay que decirlo, la excelente factura gráfica del libro. Vamos, que Vera Brosgol dibuja y compone sus viñetas de maravilla.

Así que ya sabéis, chavalada: si alguna de vosotras o vosotros cae en este inconmensurable blog, aunque sea buscando un resumen de un libro para fusilarlo en un trabajo de Lengua (que ya sabemos que El Rincón del Vago está muy visto), acordaos de echarle un vistazo a libros como éste, que igual os gusta y todo... Que hasta del Fortnite, se acaba cansando uno, ya lo veréis.


viernes, 19 de abril de 2019

VV.AA. Ojos de aguja

Idioma original: varios
Año de publicación: 2000
Valoración: Recomendable (sobre todo para fans del género)

El microrrelato, ya saben, una página o dos, incluso menos, de narración comprimida al máximo, apenas un flash, un impacto. Algo que hay que saber hacer muy bien para que no quede en una simple ocurrencia. Podríamos discutir sobre si es un subgénero, o sobre dónde ubicarlo, hay quien lo considera un formato de segunda división, propicio para quien no es capaz de construir algo de mayor empaque, o para verter una idea aislada que a alguien le parece redonda y autosuficiente. A mí me parece algo quizá más próximo a la poesía que al relato breve, una especie de Twitter donde los límites de la extensión lo son todo: no hay espacio para desarrollar casi nada, sólo debe contener lo imprescindible, y todo ello. 

Ojos de aguja es una recopilación elaborada por José Díaz, y desde luego maestros del género no le faltan, no sé si en el ámbito del microrrelato, pero desde luego sí en el mundo de la literatura en general: Cocteau, Bioy Casares, Kafka, Rubén Darío, Oscar Wilde, Benedetti, Max Aub, y así un montonazo de nombres de esos que impresionan, incluyendo por supuesto a Monterroso, Cortázar y Borges, que se suponen más habituales en este campo, además de otros muchos, menos conocidos. Mayoría absoluta de autores españoles y latinoamericanos. Y claro, hay de todo.

Como tampoco voy a dedicar más espacio de lo que ocupan los propios relatos, dejaré solo unas pinceladas sobre algunos que me han llamado más la atención:
- La preciosa moralina de los hermanos Grimm en El pobre campesino, en el cielo
- El humor negro de García Márquez en la historia de un fusilamiento (sin título)
- La sutileza de un par de relatos de Bioy Casares y Monterroso
- La imaginación de Jose María Merino (Ecosistema) y Ángel Guache (Las apariencias del pintor)
- El experimento interactivo de Luis Britto (Subraye las palabras adecuadas)
- Los relatos que versan sobre estatuas de Juan Eduardo Zúñiga o de Oscar Wilde

Y así podríamos seguir un buen rato, porque tenemos más de cien pequeñas obras (no sé cuántas, porque no hay un índice) visitando el mundo de la fábula, la metáfora, la imagen mínima transformada en historia, el aroma oriental, el juego de palabras o el poder de la página en blanco. Todo lo cual constituye un compendio que recomiendo claramente a los amantes del género, y del que se desprende alguna reflexión sobre esta forma de expresión literaria.

En general, el microrrelato viene a ser una forma literaria sintética en la que prima sobre todo el ingenio, y que en un buen número de casos, seguramente una amplia mayoría, tiene un desarrollo lineal que podríamos llamar tramposo, que lleva al lector por un terreno más o menos convencional hasta que le descoloca mediante un quiebro, el elemento sorpresa que sobreviene muy cerca del final. Es con frecuencia un golpe irónico o una última línea, muchas veces metafórica, que sorprende al lector atacando por donde menos lo espera, alterando de repente la perspectiva o simplemente redondeando con una frase brillante, que parece constituir el objetivo, la esencia misma de lo que se pretendía contar. Por eso, aparte de a la poesía, como decía antes, el formato me recuerda muchas veces a un chiste, dicho sea con el debido respeto a los creadores. 

Aunque no soy lector habitual de microrrelatos, creo que el libro que estoy comentando es un muestrario bastante amplio y entiendo que también de un nivel apreciable como para considerarlo significativo, y aun encontrando textos muy estimables, algunos realmente brillantes, otros divertidos y casi todos sorprendentes, me queda la sensación de que pocos autores escapan de ese esquema al que me refería. Son magníficos los relatos de Borges, de Italo Calvino, de Onetti o de Rubén Dario, por no extenderme más, pero apenas unos pocos se salen de la fórmula y exploran otros terrenos, el Luis Britto que citaba antes, Ana María Shua y quizá alguno de los varios que tiene Cortázar. En este sentido puede que me haya quedado una pequeña decepción. 

Y, como poco menos que profano en el género, me planteo si será que la recopilación en concreto puede haber pecado de conservadora dejando fuera ejemplos más arriesgados, o si a lo mejor estaba esperando cosas que sencillamente no existen.

jueves, 18 de abril de 2019

Susan Sontag: Ante el dolor de los demás

Idioma original: inglés
Título original: Regarding the Pain of Others
Traducción: Aurelio Major
Año de publicación: 2013
Valoración: bastante recomendable

En este ensayo, la polifacética escritora Susan Sontag, se centra en analizar cómo la fotografía y las imágenes son tratadas para mostrar una realidad (o supuesta realidad) y los efectos que tal visionado crean en quienes las observan.

Empezando en clave retrospectiva, Sontag hace un recorrido a lo largo de la historia para analizar la importancia de la fotografía en el registro de lo sucedido en las guerras, y la importancia que tiene la fotografía por su valor histórico, pero también para evidenciar la intencionalidad que se esconde tras la toma de las instantáneas. De esta manera, destaca y reafirma el poder de la fotografía al unir dos atributos contradictorios en apariencia, pues, aunque su objetividad es inherente, también tiene siempre un determinado punto de vista. Así la fotografía es, a la vez, «registro objetivo y testimonio personal, transcripción o copia fiel de un momento efectivo de la realidad e interpretación de esa realidad.» Esto es algo que ya vimos también en el libro «El uso de la foto», de Annie Ernaux y Marc Marie, donde se trata esta dualidad entre la objetividad y la subjetividad que subyace en su interpretación.

El recorrido histórico que traza el libro sirve como marco comparativo respecto al uso de la fotografía, pues este varía a lo largo de la historia. Así, nos explica como en la Guerra de Crimea de mediados siglo XIX ya existía una manipulación de las imágenes trasladando algún cuerpo caído durante la Guerra a un sitio en concreto más fotogénico, para aumentar el impacto o al menos su “belleza” artística y, ahondando en este aspecto, pone también como ejemplo fotografías más recientes, como la famosa foto de Doisneau de la joven pareja que se besa cerca del Hôtel de Ville en Paris en el 1950, o la famosa foto del levantamiento de la bandera estadounidense en Iwo Jima el 23 de febrero de 1945, ambas reconstrucciones o montajes, como también lo fue la de los soldados rusos enarbolando la bandera roja sobre el Reichstag en Berlín el 2 de mayo de 1945.

Dejando de lado estas recreaciones o alteración de realidades, la autora también habla del poder de la fotografía como elemento nutriente de información, pero también de impacto, y pone como ejemplo el año 1945 cuando el poder de las fotografías en Dachau, Bergen-Belsen, Buchenwald o Hiroshima y Nagasaki, superaron en la definición de realidades abominables al propio peso de las narraciones complejas. En este aspecto, es indudable el uso de la fotografía con fines periodísticos o como medio de soporte para describir y mostrar lo que sucede en diferentes partes del mundo. La autora destaca el punto de inflexión que supuso en este aspecto la Guerra Civil española, pues la considera la primera guerra «atestiguada en sentido moderno: por un cuerpo de fotógrafos profesionales en la línea de las acciones militares y los pueblos bombardeados. La primera atestiguada por las cámaras de TV fue la de Vietnam, que introdujo la tele intimidad de la muerte y la destrucción en el frente interno». Con la Guerra de Vietnam y su seguimiento televisivo, todo cambió y ya no era posible manipular tan fácilmente la realidad que se exponía ante el objetivo de una cámara pues ya no eran los únicos testigos de la guerra, había competencia, había menos posibilidad de alterar la realidad mostrada y, sobretodo, hacerla creíble.

Lamentablemente, en ocasiones el libro algo repetitivo, pues analiza diferentes guerras para reforzar el mensaje y, puede que, en ocasiones, especialmente en la primera mitad del libro, esta reiteración de casos e ideas se hace algo excesiva. Afortunadamente, superada la mitad del libro, entramos en lo que considero la parte más interesante, pues Sontag da un paso más en la dirección de analizar la alteración de la realidad a través de las fotografías y llega a afirmar que «Nuevas exigencias de presentan a la realidad en la era de las cámaras. La realidad tal cual quizá no sea lo bastante temible y por lo tanto hace falta intensificarla; o reconstruirla de un modo más convincente». Pero claro, hacerlo en guerras, dar testimonio visual de ellas, podría desmotivar a las tropas o a la población que las envía, y aparece la censura y, con ella, también la manipulación, como la retransmisión en imágenes de tecnoguerra por parte de EE.UU. en la Guerra del Golfo para mostrar una absoluta superioridad militar. Y ahí entra en el fondo de la cuestión, pues lo que puede mostrarse (o lo que no debería mostrarse) y cómo se muestra es un tema que difícilmente tenga un consenso, y es causa de grandes discusiones. Y con la censura y la manipulación, la autora entra de lleno en la percepción personal, nuestro umbral de conmoción, y aquello que hace que sintamos de una determinada manera cuando somos testigos oculares de ciertas realidades. Por ello, afirma Sontag que «cuanto más remoto o exótico el lugar, tanto más estamos expuestos a ver frontal y plenamente a los muertos y moribundos». Interesante y acertada afirmación, pues si nos fijamos en los medios periodísticos, parece que la lejanía física a las desgracias existentes en el mundo va de la mano de la lejanía emocional hacia ellas, como si por el hecho de estar lejos fueran menos graves, como si tuvieran que impactarnos menos, como si no las sintiéramos como propias, siendo ajenas a nuestras realidad y vidas. Aún y siendo, también, vidas.

Sontag platea también interesantes cuestiones como si la conmoción tiene plazo limitado, si es posible habituarse al horror de una imágenes determinadas si las vemos repetidamente; nos habla sobre cómo la reiteración y la sobrexposición de imágenes violentas afectan disminuyendo nuestras sensibilidad hacia quienes son objeto de ella, afirmando incluso que sintiendo simpatía con las víctimas, sentimos que no somos cómplices de las causas del sufrimiento: «nuestra simpatía proclama nuestra inocencia así como nuestra ineficacia». Por tanto, es necesario transformar la simpatía hacia los otros acosados para convertirla en una reflexión sobre cómo nuestros privilegios están ubicados en el mismo mapa que su sufrimiento.

Llegamos a un necesario punto de equilibrio, pues si bien las imágenes de conflictos y catástrofes son necesarias para que tomemos consciencia y sepamos lo ocurre, una sobreexposición aumenta nuestra insensibilidad hacia estos temas. Gran parte de culpa de la superabundancia es la televisión, donde los espectadores necesitan ser estimulados constantemente y el contenido no deja de ser uno de los estimulantes. El resultado de todo ello es el escenario actual, donde para crear consciencia en los espectadores es precisa la diaria retransmisión de retratos de las secuencias sobre un particular conflicto. Y, aun así, olvidamos rápidamente un conflicto cuando aparece uno nuevo.

En definitiva, un libro recomendable para tomar consciencia de que toda realidad es alterada cuando no somos testigos directos de ella, y que no únicamente su exposición (buscada o espontánea) nos causa un impacto emocional, sino también la frecuencia a la que estamos expuestos a estas situaciones. No podemos impermeabilizarnos ante las desgracias, debemos ser testigos y conscientes de su existencia, pero tampoco podemos estar constantemente expuestos a ellas, pues estaremos tentados a caer en la indiferencia. Reto complejo, cabe decir, y más en un mundo cada vez más mediatizado, con intereses que escapan a nuestro conocimiento. Por todo esto se trata de un libro interesante, pues nos pone en alerta. Y tomar consciencia siempre es positivo.

También de Susan Sontag en ULAD: Bajo el signo de Saturno

miércoles, 17 de abril de 2019

Aixa de la Cruz: Cambiar de idea

Idioma original: español
Año de publicación: 2019  
Valoración: Muy recomendable

Contexto. Librazo. Hace ya algunos años que la editorial Caballo de Troya adoptó un original sistema rotatorio: cada año, un editor o editora invitados escogen los libros que se publicarán ese año. Y cada año, al menos uno de los libros ha resultado un bombazo, en crítica, ventas o ambas cosas: El comensal de Gabriela Ybarra; El estado natural de las cosas de Alejandro Morellón; La hija del comunista de Aroa Moreno... Este año, sin desmerecer a Game Boy de Víctor Parkas, una interesante colección de ensayos y relatos en torno a la(s) masculinidad(es), el bombazo parece haber llegado con la segunda de las obras escogidas: Cambiar de idea, de Aixa de la Cruz, un texto híbrido, potente y oportuno (no me gusta el adjetivo "necesario", porque realmente necesarias hay pocas cosas) que ya ha sido calificado de "generacional", aunque creo que es algo más y mayor que eso.


Urgencia. En varias entrevistas (y en el propio libro, también) ha contado Aixa de la Cruz cómo se escribió el texto de Cambiar de idea: como una especie de catarsis inmediatamente después de acabar la tesis doctoral. Una impulso violento - o quizás la necesidad de llenar el vacío que deja una tesis - la llevó a escribir páginas y páginas con una urgencia y una honestidad desacostumbradas. Aunque desde esa primera versión hasta la finalmente publicada ha habido, obviamente, un trabajo de pulido y revisión, esa urgencia todavía se nota en el texto, que se lee con el ritmo acelerado del punk o de las primeras películas de Guy Ritchie. A ello contribuye, también, el que con menos de treinta años la autora haya vivido ya material que cabría en tres o cuatro vidas de otras biografías más "convencionales". En todo caso, que sea una obra urgente y honesta no quiere decir, claro, que sea completamente verídico lo que cuenta; ni lo sabemos, ni debería ser lo más importante de nuestra lectura. De hecho, el fantasma de la (auto)ficción planea sobre el texto de forma explícita, quizás porque, siendo rigurosos, no hay ejercicio de memoria que no sea también un ejercicio de ficción.


Identidad. Máscaras. En un determinado momento Aixa de la Cruz reniega de su anterior novela, La línea del frente, con la cual dice no sentirse ya identificada. Esto tiene su lógica, si partimos de que Cambiar de idea nace de un deseo de autoconocimiento, en que las máscaras interpuestas incomodan. Pero al mismo tiempo no deja de ser paradójico, en mi opinión, porque el tema, e incluso la estructura, de ambas obras, tiene bastante en común: la búsqueda, a través de la reconstrucción de la memoria del pasado, de una identidad más auténtica y coherente. Si en La línea del frente esta búsqueda se hacía a través del reencuentro con un ex-novio, en Cambiar de idea no hay nadie más que Aixa de la Cruz: ella, la del presente, que se enfrente a Aixa de la Cruz, la del pasado, a sus propias contradicciones y errores, intentando huir de la autocompasión en el proceso (y cuando cae en ella, ahí está "Iván" para sacudírsela). Desvelándose, en el sentido de quitar velos que impidan ver, y quizás también en el de perder el sueño.


Memoria. Culpa. Cuerpo. Cambiar de idea es un libro difícil de clasificar: memoria, ensayo, autoensayo, autoficción, ficción. Con todos estos calificativos se han referido a él. Etiquetas aparte, es un ejercicio de memoria (auto)psicoanalítico, porque en el centro de la búsqueda se sitúa la culpa. Una culpa primigenia, que puede tener que ver con la compleja relación de la autora con la madre (¡la culpa es siempre de las madres!), con la ausencia de su padre o con otros episodios traumáticos más o menos reprimidos de su infancia, adolescencia, primera juventud. La confrontación de estas culpas tiene su catarsis, quizás porque la Aixa de la Cruz novelista también tiene algo que decir sobre la ordenación de la biografía de la Aixa de la Cruz memorialista; y esta catarsis está muy relacionada con el descubrimiento de que la memoria no es solo narración: también es cuerpo. Y no solo el cuerpo propio: también la empatía con el dolor del cuerpo ajeno. Quizás este uno de los retos y logros del libro: la inscripción, siempre difícil, del cuerpo en el texto literario, a través del dolor, de la cicatriz, de la herida, del sexo. Del sexo femenino, claro.


Feminismo. Cambiar de idea no es una obra sobre feminismo, del mismo modo que La línea del frente no es una novela sobre ETA. Dicho esto, el feminismo ocupa un lugar muy relevante en las búsquedas y los descubrimientos de Aixa de la Cruz; porque el proceso de autoconocimiento y de reconstrucción le lleva, en primer lugar, a reconocerse como mujer, y luego como mujer feminista, como mujer en un cuerpo de mujer, como mujer bisexual. Le lleva "del yo al nosotros", como nos hacían repetir cuando estudiábamos la poesía de Blas de Otero, o en este caso "del yo al nosotras". Es ese encuentro con la teoría feminista, que ocupa el último tramo del libro - el más cercano al ensayo - el que obra la catarsis necesaria y definitiva, no para que Aixa de la Cruz resuelva todas sus contradicciones, sino para que las acepte como una riqueza, una fortaleza, una realidad inevitable y fructífera.


Año de escritoras. Por mucho que los babelios al final de año nos digan que los mejores libros son los de MaríasCercasVilaMatasMuñozMolinaMendoza, quien lea la producción literaria española de este año con menos anteojeras comprobará que es un año (o un curso, si empezamos a contar desde septiembre) dominado por las autoras: Sara Mesa, Cristina Morales, Aixa de la Cruz, Edurne Portela, María Sánchez, Elvira Navarro... Voces que no pertenecen necesariamente a una misma generación ni forman un grupo homogéneo, pero que se imponen y sacuden un panorama literario que lo venía necesitando. No se trata de modas, se trata de abrir las ventanas y ventilar. Y eso es lo que hace también (con su memoria, con su narrativa, con su trayectoria) Aixa de la Cruz en Cambiar de idea: abrirlo todo, dejarlo todo al aire. Y que respire. 

martes, 16 de abril de 2019

Ósip Mandelstam: Gozo y misterio de la poesía

Idioma original: Ruso
Título original: O poezii
Traducción: Víctor Andresco
Año de publicación: 1928
Valoración: Más que recomendable para interesados

Tras la reciente lectura de "Contra toda esperanza", magnífico libro de memorias escrito por Nadiezhda Mandelstam, se hacía necesaria la lectura y reseña (a modo de pequeño y humilde homenaje) de alguna obra del propio Ósip Mandelstam. Pero optamos, antes de adentrarnos en su poesía, por conocer algo más acerca de su pensamiento, así que hoy traemos a ULAD este compendio de ensayos, manifiestos, prosas y reflexiones varias, escritas entre 1910 y 1923, que tienen como núcleo la palabra y la cultura.

Antes de entrar en más detalle, conviene aclarar que se trata de textos a los que es aconsejable acercarse con un mínimo conocimiento acerca de la vida y obra del autor. En mi caso, la lectura previa de "Contra toda esperanza" ha sido de gran ayuda, aunque estoy seguro que personas con mayores conocimientos sobre el tema le extraerán más "jugo".

Decía anteriormente que "palabra y cultura" se sitúan en el centro de los textos que componen este volumen. Alrededor de estos dos grandes ejes giran diversos temas:
  • la poesía (en general), "un arado que reviente el tiempo de tal forma que las capas más profundas, su humus, quedan en la superficie" o "un gran vacío abierto a la ausencia de una multitud de signos, señales e indicaciones sobreentendidas que por sí solos hacen del texto algo comprensible y sujeto a una norma" .
  • la literatura, o más bien, novelística frente a lírica. Uno de los textos más interesantes de "Gozo y misterio..." es "El fin de la novela", en el que analiza la evolución de la novela entendida como "trama + psicología" y su declive, en el cual se produce el traslado de la tensión desde el individuo a la motivación social.
  • la construcción de su propia poética, dentro de la corriente acmeísta, frente al simbolismo y futurismo. Con su forma de entender la poesía (la vida), Mandelstam trata de situar en el centro al hombre y no a lo inanimado (simbolismo) sin necesidad de adaptar mecánicamente la lengua a las necesidades de la vida (futurismo). Y es que para el todo se resume en una poesía viva de la palabra-objeto.
  • historia, progreso, ciencia y literatura. En este aspecto, destaca el texto en el que reniega de la teoría del progreso en la literatura al afirmar (acertadamente, creo yo) que no hay una "mejoría" en la literatura, sino simplemente alteraciones y sustituciones en las que hay, al mismo tiempo, ganancias y pérdidas.
  • Rusia, en su más amplio sentido: lengua, cultura, literatura, etc. Aquí Mandelstam pone sobre la mesa el aspecto helenístico de la cultura rusa y sus relaciones e influencias con Oriente y Occidente.
  • la cultura europea (y rusa) de los últimos siglos. A través de breves semblanzas de diversos autores (Bolk, Chadaaev, Francois Villon y Chenier), Mandelstam analiza la evolución de la cultura y la poesía europea entre los siglos XV y XIX.
En fin, podéis imaginar que no se trata de un libro "fácil" y no lo es, pero sí que es un libro más que interesante por varios motivos:
  • el contexto histórico. Nada descubrimos si decimos que las primeras décadas del siglo XX fueron de lo más convulsas en el terreno cultural y político. Conocer de primera mano las reflexiones al respecto (lo político, lo cultural y la interacción entre ambos) de uno de los poetas en lengua rusa más relevantes del momento posee, por sí solo, un valor indudable.
  • el acercamiento a los territorios que atraviesa el artista en su proceso de creación. Personalmente, siempre me ha llamado la atención conocer qué puede mover al artista a enfocar su obra de una determinada manera y esto es algo que Mandelstam deja bien a las claras en estos textos 
  • el recorrido que realiza Mandelstam por los motivos, lugares y espacios que, en su opinión, han traído a la cultura hasta el punto en que nos encontramos.
Y, por encima de todo, algo que tanto "Contra toda esperanza" y "Gozo y misterio de la poesía" consiguen: que a uno le entren las ganas de adentrarse en la poesía del propio Mandelstam, de Ajmatova o de Gumiliev. Coming soon!!

lunes, 15 de abril de 2019

Mónica Ojeda: Mandíbula

Idioma: español
Año de publicación: 2018
Valoración: más que recomendable (bajo propia responsabilidad)



No leáis este libro.

Padres de hijas adolescentes, de hijas prepúberes o de niñas pequeñas que pronto llegarán a esa edad: no leáis este libro si no queréis vislumbrar lo que pueden hacer vuestras hijas cuando no las veis, cuando se reúnen con sus amigas y juegan a dejarse atraer por el abismo.

Madres de hijas adolescentes, prepúberes o de niñas pequeñas que pronto llegarán a esa edad (o de mujeres jóvenes que ya la han pasado): no leáis este libro si no queréis conocer los secretos a voces de vuestras hijas, sus terrosos deseos y el ansia por devoraros o dejarse devorar por vosotras. No lo leáis si no queréis recordar como fuisteis.

Hijas adolescentes: no leáis este libro si no queréis confirmar lo que ya sabéis, que vuestras madres son -pueden ser- como cocodrilos que protegen a sus crías dentro de sus mandíbulas, pero también las pueden devorar en cualquier momento; que vuestras amigas pueden ser tus cómplices, tus amantes, pero también quienes propicien vuestra ruina, os desmenucen con sus dientes aún inmaculados.

Maestras, docentes: no leáis el libro si no queréis intuir lo que se fragua entre susurros a vuestras espaldas, las risitas que vosotros creéis de burla y pueden ser presagio de conjuras más oscuras, de peligrosas fascinaciones.

Alumnas: no leáis el libro para no saber que vuestras maestras, las profesoras y profesores que pensáis ridículos, débiles, pueden ocultar turbiedades inesperadas, peligros que duermen en el fondo de un manglar.

Devotos y devotas de cualquier culto religioso: no leáis el libro si no queréis que os sea revelado que cualquier creencia no es sino una ficción inventada por un delirio, que la médula de cualquier religión es el miedo y que el miedo se esconde incluso en los lugares más insospechados y banales.

Aficionados a la literatura, al terror: no leáis este libro si no queréis que vuestras certezas acerca del género se vean trastocados, que lo que os parecía frívolo, desdeñable, simple entretenimiento de chiquillas, puede ser más pavoroso que cualquier otra narración, que el verdadero terror anida ante todo en la consciencia de la rareza de uno mismo, en el propio cuerpo que reconocemos como extraño y que por eso las adolescentes, prepúberes, niñas que llegarán pronto a esa edad, están siempre en el filo de la navaja, en el borde del abismo que las atrae, sin remedio.

Escritores, autores que tratáis de abriros paso en la marisma que es la literatura actual, sobre todo si escribís en español, sobre todo si aún se os puede considerar "jóvenes": no leáis este libro si no os veis capaces de llegar a su altura, a la tensión que es capaz de crear y mantener, a la soltura con los diferentes registros en que está escrita la novela, a la fascinación de contemplar cómo se crea un mundo cerrado, asfixiante y enfermizo, pero adictivo como el veneno de las serpientes, como la crueldad de los creyentes en dioses ignotos... O si os atrevéis, leedlo. Leed y temblad.


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