martes, 23 de enero de 2018

Ignacio Martínez de Pisón: Enterrar a los muertos

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2006
Valoración: Recomendable

Algo más sobre la Guerra civil, sí. Sopesando el ambiente, a veces me pregunto hasta cuándo seguiremos dándole vueltas al tema pero, claro, si pensamos que a día de hoy se siguen escribiendo y filmando cosas sobre las Guerras médicas, la campaña de Napoleón en Rusia o la toma de Granada, parece que tenemos para rato. Sin embargo, no es exactamente lo mismo. La Guerra civil es Historia pero también es algo relativamente reciente, todavía andan por ahí abuelos que la vivieron, pero además hay heridas que parecen siempre abiertas, porque no cicatrizan o porque no se les deja, no sé.  Quizá habría que hacer un gran ejercicio de sinceridad para admitir sin tapujos todas las atrocidades y pasar página de una vez de algo de lo que casi ninguno de los presentes fuimos responsables. Pero igual tampoco es momento para ahondar en la cuestión.

Hablando de heridas y atrocidades, muchas son conocidas y muchas también han sido manipuladas o utilizadas por intereses políticos. Ignacio Martínez de Pisón aporta en este libro algunas más para la colección, e indaga en cuestiones a las que generalmente no se les ha prestado mucha atención. Ese es justamente el principal interés de ‘Enterrar a los muertos’ (anda que se ha lucido con el título).

La atención se centra inicialmente en el escritor norteamericano John Dos Passos (Manhattan Transfer', ‘El Paralelo 42'). Como buena parte de los intelectuales de la época no oculta su simpatía por España, y su perfil izquierdista le convierte en ferviente defensor de la República. Tiene además una estrecha relación con su traductor José Robles, quien a su vez iniciada la guerra hará funciones de intérprete con los jefes militares rusos enviados en apoyo al Gobierno. Dos Passos visita España con frecuencia y colabora en un documental en defensa de la República, pero en uno de sus viajes comprueba que Robles ha desaparecido. Pronto se encuentra con un muro de silencio que al principio no comprende, pero tras pacientes investigaciones termina por encontrar la causa: Robles ha sido purgado por los servicios secretos soviéticos, como otros tantos que iremos conociendo, con la simple sospecha de no ajustarse a la ortodoxia stalinista.

El desarrollo del libro resulta algo chocante, porque parecía que estábamos ante un trabajo –quizá mínimamente novelado- sobre el caso concreto de Robles, pero enseguida conocemos su desenlace, y el misterio por tanto se deshace. No obstante, el interés no decae. La historia de Robles parece la punta de un iceberg desconocido (y perdón por la metáfora manida), a partir de la cual Martínez de Pisón sigue hurgando en ese oscuro mundo de pugnas políticas, primero al rebufo de las investigaciones de Dos Passos, luego diríamos por su cuenta.

La cuestión es, simplificando mucho, la siguiente: Rusia es la única potencia que se ha movido en favor de la República y, aunque su apoyo es bastante menos evidente que el de Alemania o Italia a Franco, tiene jefes militares muy bien colocados y con mucho poder. El stalinismo está en su apogeo, domina la Internacional, y los partidos comunistas se le pliegan sin rechistar; pero también se manifiesta en toda su crudeza el enfrentamiento con Trotski, y la obsesión por la limpieza contra los desleales (reales o supuestos) alcanza niveles de paranoia. Como resultado, España, aparte de un estupendo escaparate para la solidaridad obrera internacionalista, es también un buen banco de pruebas y una pieza del tablero que Stalin desea manejar en su provecho. Igualito que están haciendo Hitler y Mussolini. Así que, mientras los soviéticos dirigen buena parte de las operaciones militares (porque la tropa la ponen los españoles y las Brigadas Internacionales), se ocupan también de ir situando sus peones en puestos clave, intentando abanderar sin complejos la resistencia al fascismo y, claro está, cargándose a todo aquel que disienta de las directrices.

Parece que Dos Passos fue siendo cada vez más consciente de todo esto, y de ahí su progresivo alejamiento de la izquierda tradicional, lo que le cuesta un duro enfrentamiento con su antiguo amigo Hemingway y la recriminación de buen número de intelectuales, que no conocen o no quieren ver la manipulación. Pero como decía, Pisón continúa explorando la cuestión, lo hace con buen pulso aunque con cierto desorden. El drama de los Robles, privados primero de información y luego de cualquier tipo de apoyo oficial, alcanza hasta al propio hijo del traductor ajusticiado, que fue objeto de la represión hasta el punto de terminar encarcelado y finalmente exiliado en México. Aunque parezca paradójico, la limpieza de los enemigos políticos arrecia según la República va perdiendo terreno, y culmina con la aniquilación del trotskista POUM y el exterminio físico de cientos de sus militantes, empezando por su dirigente Andreu Nin. Es decir, que los que no morían en el frente, eran liquidados en la retaguardia por sus teóricos aliados.

La parte final del libro incide en otra cuestión interesante. Al hilo de la dramática lucha política que comentaba, el autor dedica unas cuantas páginas a una pequeña historia del mundo editorial de izquierdas. Es un tema al que creo que Andrés Trapiello ha dedicado una monografía, y resulta sumamente esclarecedor: algunos editores, generalmente con más voluntad que medios, llevaban años promoviendo la publicación de libros en apoyo de ideas progresistas, hasta que en los últimos años de la República experimentaron en su seno esos mismos enfrentamientos entre las distintas tendencias, lo que redundó en su empobrecimiento, dispersión y pérdida de influencia.

Bueno va, que se me ha ido un poco la mano y termino ya. El libro puede resultar extraño en su primera parte si lo tomamos como relato policiaco o de investigación; pero cuando el lector es consciente de su naturaleza –un trabajo muy documentado sobre la intrahistoria política de ese periodo- se revela como un texto sólido y muy interesante.

También de Ignacio Martínez de Pisón en ULAD: La buena reputaciónDerecho natural

lunes, 22 de enero de 2018

Celeste Ng: Pequeños fuegos por todas partes

Idioma original: inglés
Título original: Little fires everywhere
Año de publicación: 2017
Valoración: entre recomendable y está bien

Shaker Heights. El orden. La planificación. El control. La meticulosidad. La belleza calculada. La rigidez y el sometimiento a las normas de vecindad. Todo milimétricamente establecido para conseguir una comunidad perfecta o, mejor dicho, perfectamente inestable, pues se mantiene en aparente equilibrio en su punto de inflexión. O de combustión.

Al lector le bastan unas pocas páginas para verse plenamente integrado en Shaker Heights, comunidad donde viven los Richardson. Se imagina las calles llenas de coches deslumbrantes, casas con sus jardines perfectamente cuidados acorde a las normas obligatorias de la comunidad que incluso establecen la altura adecuada del césped; uno casi ve los vestidos perfectamente planchados, los peinados sin un solo cabello fuera de sitio y todo funcionando cual reloj suizo (de alta gama, por supuesto). En este escenario de idílico decorado aparece Pearl con su madre, Mia. De origen humilde, establecen una relación con la familia Richardson, a quienes les alquilan el hogar donde vivirán. La aparición de Pearl y Mia, y su carácter despreocupado y atrevido, causa un choque con las normas de la comunidad en la que se encuentran, una fricción en la línea de separación de clases. Un roce que, por constante y repetido, causa cierta irritación, molestia y malestar, hasta que un hecho casual creará una polémica que afectará a las vidas de la comunidad y encenderá el fuego que amenazará con arrasarlo todo.

De esta manera, la autora nos sitúa en una comunidad de apariencia perfecta para, posteriormente, una vez acostumbrados a su forma de vida, sembrar una pequeña semilla de discrepancia y alteración que creará un caos en la comunidad. Y es que, en un perfecto equilibrio aparentemente estable, basta con un elemento que altere ese punto de equilibrio para sacudir las creencias estáticas e inquebrantables de la sociedad y realizar, de forma forzosa, una reflexión sobre quiénes somos, en qué se basan nuestros valores y qué sostiene la convivencia. Así, en esa quietud permanente, como en un estanque en calma, es suficiente la caída de una gota para alterar, no solo la superficie y lo que se ve, sino también lo que hay debajo. Un desencadenante que, como un alud, arrastra los diferentes personajes hacia un abismo de medias verdades, misterios ocultos y juicios paralelos bajo la mirada inquisitiva de propios y extraños, cuestionando quienes somos y qué sabemos de nuestros amigos, de nuestra familia. El pasado y aquello que escondemos, el presente y aquello que ocultamos. Aquello que deseamos y queremos y lo que estamos dispuestos a hacer para mantenerlo, para protegerlo, para cuidarlo. Las suposiciones y las verdades, las dudas y las certezas, los malentendidos y las revelaciones.

La habilidad de la autora en construir los protagonistas es más que evidente, y el retrato que hace de la sociedad y los personajes principales consigue que el libro capture el interés del lector de buen inicio. Así, el arranque es realmente cautivador, pues al haber sucedido la catástrofe, atrapa al lector deseoso de saber el motivo de tal desastre. La caracterización de los personajes es perfecta, y la trama va enredándose a medida que avanza hasta que, aquello que simbolizaba un remanso de paz, se convierte en un incendio de grandes proporciones. Tal es así, que el planteamiento del libro despertó mi curiosidad completamente. Por desgracia, a pesar de un punto de partida y planteamiento más que prometedor, el interés en la trama no es constante a lo largo del libro ya que, en su parte central, se aleja temporalmente del caos familiar inicialmente planteado para iniciar un viaje al pasado de uno de los personajes; ahí la novela cambia bastante, dirigiéndola hacia un escenario más centrado en lo que supone la figura de la madre y, a partir de este punto (y especialmente en su tramo final) la novela pierde fuelle, pues parece que la autora tome la decisión de equilibrar los personajes, vislumbrándose un cierto punto de esfuerzo (algo excesivo) en darle su dosis de protagonismo a cada uno de ellos, resultando algo forzado.

Aún y así, la novela atrae la atención y atrapa al lector, aunque lo que al principio prometía ser un análisis más de tipo sociológico tiende al final a una novela de tintes melodramático familiares. Y ahí ya no me atrae tanto, pues se pierde interés (quien sabe si en aras de querer llegar a un público más amplio). El libro pierde fuerza a medida que leemos y, sobretodo, pierde credibilidad. Claro que hay mucha crítica, por supuesto que hay maldad y grandes dosis de egoísmo y falsedad al querer mostrar siempre una imagen perfecta (muy propio de la sociedad actual, cabe decir) y recurriendo al autoengaño si con ello se acepta mejor la realidad, pero los derroteros por los que se adentra el libro en su desarrollo y desenlace nos llevan a un territorio demasiado rocambolesco, forzado y con tendencias a literatura de prosa fácil e ideas superficiales. Da la sensación de que la autora quiere cubrir demasiados frentes pues, en un intento de profundizar en la crítica social, se adentra en los distintos aspectos que la conforman: la familia, la maternidad, el estatus social, la imagen personal, la inmigración, el racismo... Tener tantos alementos a tratar supone una gran dificultad si la intención es reflexionar profundamente sobre ellos.

Por todo ello, si se quiere leer el libro en clave sociológica (como creo que debería hacerse y auguro que era la intención inicial de la autora) el lector tiene que querer entrar ahí, y buscar ese mensaje, evitando caer en la tentación de quedarse en una lectura superficial, culebronesca (si se me permite) y llena de tópicos. Parece que, a juzgar por el resultado, finalmente la autora haya decidido dejar en manos del lector el análisis sobre lo expuesto y la búsqueda de la profundidad sobre lo que ella simplemente apunta. Y es arriesgado hacerlo así cuando la narrativa que ofreces lleva al lector a quedarse en el lado de la superficialidad, casi invitándole a hacerlo de esa manera. Pudiendo hacer una novela mordaz, ácida y contundente, el libro apunta, pero no se decide a disparar. Y ése es el principal punto débil. Porque es evidente e innegable que el libro engancha. El estilo de la autora de prosa fácil y recursos atractivos para atrapar al lector cumple con este propósito. Ése es el principal mérito de la autora, su capacidad para atraer al lector, aunque lamentablemente lo consiga a costa de reducir la carga profundidad del análisis. Difícil equilibrio si se quiere llegar a un amplio público sin caer en la literatura "guilty pleasure". En este caso, el libro salva el escollo por los pelos, pues a pesar de caer en muchos tópicos y en situaciones algo inverosímiles, también tiene los elementos suficientes para aquellos que quieran rascar bajo la superficie, atreviéndose a ver lo que hay debajo y darse cuenta que lo que plantea ya no es tan placentero ni tan bonito, sino una sociedad que esconde muchas carencias bajo una aparente capa de perfección.

domingo, 21 de enero de 2018

Trevor Noah: Prohibido nacer

Idioma original: inglés
Título original: Born a crime
Traducción: Javier Calvo
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable


Trevor Noah es un fenómeno mediático de primer orden desde que Jon Stewart lo designara como su sucesor al frente de The Daily Show (un famoso late-night talk en EEUU). Y no lo menciono como mero relleno introductorio, sino para que quede bien claro que cualquier cosa que se publicara a partir de aquel momento, bajo la autoría de Trevor Noah, tenía todos los números para arrasar en el mercado editorial. (Para que luego digan que Penguin Random House no apuesta por autores noveles).

Resumen resumido: las vivencias de Trevor Noah en su Sudáfrica natal durante y después del apartheid. Se trata de un periodo que se remonta antes de su ilícito nacimiento (puesto que conoceremos las andanzas de su madre, la díscola Patricia Nombuyiselo en los años previos a la concepción, también ilícita, de su primogénito), hasta que éste se emancipa del hogar familiar. 


Prohibido nacer no es alta literatura ni lo pretende, es un producto editorial con una factura muy cuidada y una buena estrategia narrativa. Se sustenta en el interés por un hecho histórico y controvertido (el apartheid), en el punto de vista en relación a los hechos (reales) y en la voz del narrador ¿Y qué tiene de especial esta voz?
  • Es la voz de una víctima.
  • Se dirige al lector con franqueza para explicar unos hechos que le han dejado una profunda marca emocional, 
  • Hace auto crítica y no cae en la auto compasión, 
  • Destila cierta inocencia (dada la corta edad del protagonista en buena parte del relato) 
  • Es ágil y fresca y ameniza la lectura por muy triste que pueda resultar lo que relata. 
Todo eso contribuye a que el lector confíe en el narrador y empatice con su situación prácticamente desde la primera línea. Más allá de eso, Trevor Noah juega también la carta de explotar su vis irónica y mordaz, no solo en el estilo si no también en la mirada; Trevor Noah es capaz de darle la vuelta a cualquiera de sus anécdotas sobre miseria, segregación o incultura:
«En todos los barrios pijos hay una familia blanca a la que se la suda todo. Ya sabéis de qué familia estoy hablando. No cortan el césped, no pintan la cerca y no arreglan el tejado. Tienen la casa hecha una porquería. Pues bien: mi madre encontró esa casa y la compró, y de esa forma consiguió meter a una familia negra en un sitio tan blanco como Highlands North».
Los arranques de capítulo suelen ser de este estilo, más parecidos a un monólogo humorístico, y te ríes y mucho; el desarrollo posterior mantiene la agilidad y el tono desenfadado sin que ello vaya en detrimento de la exposición de los hechos que, por muy tristes que sean, siempre lucen una pátina luminosa. Porque así son Trevor y su madre: dos almas positivas y peleonas, y ese espíritu impregna toda la narración. Me han gustado especialmente las reflexiones en relación a las diferentes lenguas y a las diferentes razas:
«El racismo nos enseña que el color de la piel nos distingue. Pero como el racismo es estúpido, es fácil engañarlo. Si eres racista y conoces a alguien que no tiene tu aspecto, el hecho de que no pueda hablar como tú refuerza tus prejuicios racistas. Esa persona es distinta, menos inteligente. (...). Sin embargo, si la persona que no tiene el mismo aspecto que tú habla el mismo idioma, tu cerebro se cortocircuita porque tu programa racista no incluye esas instrucciones en el código».
Antes mencioné una estrategia narrativa. El libro se estructura en tres partes que van desarrollando de un modo más o menos cronológico la infancia y juventud del protagonista. El interés por las vivencias de Trevor Noah está en su mismo origen: una madre muy negra —xhosa— y un padre muy blanco —suizo— en pleno apartheid (que nadie se me ponga nervioso que eso se explica en la contraportada). También en la contraportada se puede leer: «Mi madre me quería tanto, que tuvo que tirarme de un coche en marcha para que huyera». Lo uno y lo otro ya da para tener al lector pegado al libro un buen rato. Pero el mayor intríngulis está justo en aquello que no se cuenta o solo se menciona puntualmente, una vez en la primera parte, una vez en la segunda y al final de la tercera conocemos el desenlace. Hablo de violencia, son los únicos momentos en los que la voz del narrador se ensombrece por la incomprensión y la tristeza. Porque Trevor Noah y su madre salieron airosos de la violencia del sistema pero no les fue tan bien con la violencia doméstica. Y estas memorias son, con apartheid o sin él, un amoroso homenaje de un hijo a su madre, una mujer muy muy especial como podréis comprobar. 

Tal vez por lo mucho que se dilata innecesariamente la historia con el fin de postergar al máximo el clímax final, es por lo que a partir del último tercio tuve la sensación de que la narración perdía fuerza y ya no aportaba nada nuevo. Cuesta creer que una vida como la de Trevor Noah no dé para trescientas páginas interesantes, el lector se muere de ganas por saber cómo ese muchacho larguirucho y espabilado logra escapar de la miseria y acaba siendo el presentador de uno de los late más reputados de EEUU. Pero eso no te lo cuentan. Te quedas con que se emancipa de casa siendo muy joven y sin intención de ir a la universidad, y lo que sucede entre ese momento y su regreso para el gran final dramático (cuando él ya se ha hecho un nombre en la televisión Sudafricana) se sustrae deliberadamente y como lector te sientes estafado lo más grande; blasfemas, pataleas y maldices aún a sabiendas que igualmente comprarás esa segunda parte que ya debe estar lista y a la espera en algún cajón de madera de la buena. 

En cuanto al título, Prohibido nacer hace referencia directa al conflicto del narrador y protagonista ya que él es la consecuencia de la cópula (ilegal) entre dos miembros de dos razas distintas. Más allá de eso, sintetiza de un modo contundente la estupidez legislativa del aparato apartheid (en el libro se dan ejemplos de algunas de aquellas leyes y os aseguro que son dignas de enmarcar y colgar en el salón). El título original Born, a crime va en la misma dirección aunque resulta más emotivo y menos mordaz. 

No obstante y a pesar del molesto tufillo mercantilista, me reitero en mi recomendable (alto). Es difícil resistirse a un libro que tanto enseña como divierte y emociona.

sábado, 20 de enero de 2018

Toni Morrison: La noche de los niños

Resultado de imagen de la noche de los niños amazonIdioma original: inglés
Título original: God Help the Child
Año de publicación: 2015
Valoración: Está bien


No le hacía ninguna falta. A Toni Morrison, digo, no le hubiese hecho falta publicar esta novela. Ni siquiera escribir nada que esté, aunque sea ligeramente, por debajo de lo que ya tiene en su haber. ¿Una historia de amor? Sí, pero tan increíble, tan traído por los pelos todo. El amor pero también lo demás. Protagonistas  vulnerables en su fortaleza, o viceversa, como todos los suyos. Ambientación contemporánea para variar, nada de ecos del pasado. Un argumento que le podría haber quedado más sólido si no se multiplicasen las coincidencias. Y, sobre todo, si estas coincidencias no se refiriesen a lo innombrable. Porque se puede hablar de (casi) todo, y la clave está en ese adverbio del que, obviamente, no tengo nada que decir. Es más, si hubiese barruntado que la cuestión se abordaba aquí –y más con tanta insistencia –jamás hubiese abierto el libro.
Todo se acaba, hasta el genio de los genios. Ojo, hablo de genialidad, que no hay que confundir con el oficio, este permanece mientras se conserven las facultades intelectuales. Y oficio sigue habiendo, lógicamente. Por eso, y a pesar de tópicos como el de la belleza absoluta, de la incomprensible superficialidad, a pesar del morbo que asoma de vez en cuando, no puedo hablar mal del todo de La noche de los niños: está claro que no es lo mejor de su autora, pero hay que tener en cuenta que sus obras menores siempre estarán por encima de lo más destacable de otros.
Morrison, creadora de personalidades entrañables, nos regala a una protagonista particularmente simpática. Bride se reinventa a sí misma tras una infancia sin cariño por culpa, no de su raza, sino de la intensidad de esta. Resulta interesante observar los sinuosos caminos  que recorre la sinrazón para ejercer sobre sus víctimas el mayor de los daños posibles. Ahora resulta que la raza tiene grados. Por eso, no solo los que logran pasar desapercibidos –como ocurre en Imitación a la vida (película de 1959) o en La mancha humana de Philip Roth– también los reconocidos y reconocibles pueden avergonzarse de los otros, más oscuros que ellos. Pero la vida es tan inclemente que ¿quién podría culparles de algo así?
Bride es, además, toda una campeona. Aunque deba superar una infancia traumática y una culpa de la que no es responsable ¿cómo calificar su meteórica carrera con solo veintitrés años? ¿Cómo obtiene esa seguridad de haber llegado a la cumbre que jamás se pone en cuestión? ¿Quién es ella como personaje? Sí, está claro que se hace querer pero ¿se ha construido con la suficiente consistencia?
No sé ustedes, yo desde luego no acabo de creérmela, lo siento. Lo mismo ocurre con Booker, el otro personaje principal. Encantador, contradictorio, repleto de de matices, pero también de tópicos e incoherencias. Y es una pena, porque el resto de la nómina está muy bien desarrollado. Hasta la mítica tía Queen, a pesar de cierta idealización, sin olvidar a la desgraciada Sofía, maestra recién salida de la cárcel, ni por supuesto a la familia de Booker al completo, así como a la imperfecta –y por tanto muy creíble– madre de Bride.
Una historia de luchadores, narrada desde varios puntos de vista, tan tierna como amarga, que se lee con el mismo afecto que transmite y que nos hará plantearnos algunas cuestiones trascendentes. A quien necesite un empujón, le diré que es corta, de lectura fácil, con un final más que amable y que la emoción está asegurada si es lo que estaba buscando.


De la misma autora: Volver, La canción de Salomón, Sula, Beloved

viernes, 19 de enero de 2018

Luca D'Andrea: La sustancia del mal

Idioma original: italiano
Título original: La sostanza del male 
Año de publicación: 2016
Traducción: Xavier González Rovira
Valoración: está bien

Uno ve este libro en la estantería del hipermercado o el centro comercial (lo confieso. yo sólo compro libros en sitios así), al lado de los últimos éxitos, de los best-sellers de rigor, y algo te llama la atención... quizás la colorida portada -que tiene truco, por cierto-, quizás la (arghh) faja que compara a su autor con los más célebres escritores de thrillers... Además, está publicado por un editorial de aún cierto prestigio, que también ha descubierto a los hispanolectores otros grandes nombres del género como... Joël Dicker ¡De repente se disparan todas las alarmas, se bloquean las salidas con puertas de acero...DEFCON DOS, DEFCON DOS! Entran los agentes del Servicio Secreto beretta en mano para llevarte a un refugio seguro: "El pájaro está en el nido... Repito: el pájaro está en el nido..."

Tranqui todo el mundo, el caso es que no hace falta tanta alarma; sí, Luca D'Andrea es un escritor aún joven (o casi), europeo, que ha escrito un thriller á l'americaine, que incluso se le emparenta (aunque eso ya casi es un tópico) con monstruos como Stephen King... pero vamos, poco que ver con Joël Dicker. Gracias. Al. Cielo. En este caso, el libro que nos ocupa no deja de ser, ni pretende ser otra cosa que una novela de misterio, con su punto de originalidad, cierto es, en la ambientación: se trata de un crimen pavoroso ocurrido en las montañas del Alto Adigio o Tirol del Sur en 1985, una época de tensiones entre las comunidades germana e italiana -que le valieron a la región el apodo de "Belfast con strudel"- y que trata de desentrañar -o no, según el momento- un guionista de documentales neoyorquino que está casado con una lugareña: más que un walscher o forastero, pero menos que un nativo del pequeño pueblo donde se desarrolla la historia. Tal circunstancia se revela tanto como una ventaja como todo lo contrario, por otra parte...

Pero, un instante... un protagonista que se dedica, de una u otra manera, a la escritura...que nos cuenta en primera persona la indagación, en una pequeña comunidad, sobre un crimen cometido treinta años atrás... ¿A qué me recuerda eso? ¡Mierda, La verdad sobre el caso Har...!¡No chicos, tranquilos (ya entraban otra vez los del Servicio Secreto)... que no va por ahí la cosa, por suerte! De todos modos, aguardad un momento... ¿le suena a alguien una novela sobre un crimen en un caserío del Goiherri en la época más dura de ETA? ¿No? Pues esperad que corro al registro de la Propiedad Intelectual. Ahora vuelvo...

Bueno, ya está. ¿Por dónde iba? Ah, sí: que esto no tiene que ver con aquella novela con ínfulas que perpetró el tal Dicker. Ni siquiera se le pueden buscar referencias a literarias de campanillas, a pesar de que el prota-detective se llame Salinger -sí, amigos/as: J. Salinger, nada menos-, aparte de alguna mención a, precisamente, don Stephen King. Es más, La sustancia del mal, pese a no ser sino un entretenido thriller de misterio, repito, cuenta con algunas virtudes que, aunque sólo sea por no ser defectos, cabe destacar:

  • Utiliza ciertos recursos típicos de los best-sellers (lenguaje muy asequible, párrafos sin complicaciones, capítulos cortos) pero no da la impresión de seguir un manual de cómo escribir uno. Pese a haberlos, no abusa de los quiebros en la trama ni de los cliffhangers (que aquí son literales, por otra parte), aunque no falte el toque ternurista
  • No hace trampas con la historia: la novela es un ejemplo de whodunnit, en la que el protagonista tiene los mismos datos que el lector para resolver el crimen. 
  • Como ya he mencionado, no pretende ser otra cosa que lo que es. Eso incluye el bagage anterior  del propio autor, nacido en Bolzano, muy cerca de donde se desarrolla la acción, montañero y, también él, guionista de documentales sobre los rescates de montaña. Lo que, en otros casos, yo juzgaría como una falta de imaginación preocupante para un escritor de ficción, pero en este, creo que le da al resultado un aire de autenticidad e incluso honestidad que ayuda a que la novela se lea con agrado.
En suma, y por no enrollarme más: un thriller entretenido y sin más complicaciones, un best-seller para pasar el rato y que no de vergüenza llevarlo a cualquier sitio: al metro o a la piscina, a la playa o a la montaña... bueno, no, a la montaña , mejor que no...

jueves, 18 de enero de 2018

VV.AA.: Carne para la eternidad


Idioma original de los relatos: Inglés 
Traducción: Óscar Mariscal 
Año de publicación de la antología: 2017
Valoración de la antología: Recomendable (con matices) 

 Permitidme que hable un poco sobre Pulpture, editorial española consagrada a resucitar la literatura pulp. Carne para la eternidad es el primer contacto que tengo con un libro suyo, y menuda edición tiene. No sé si el nivel de atención al detalle que ha demostrado la editorial en esta obra será el mismo en otros productos suyos, productos de naturaleza más humilde como sus folletines. Ni siquiera sé si este acabado se mantendrá a lo largo de la Colección Almaya, colección recientemente inaugurada. Pero, al menos, en la edición de este libro se nota dedicación, cuidado y respeto. Respeto hacia el material original y respeto hacia el lector. Y en estos tiempos de praxis desdeñosas por parte de las editoriales, creo necesario remarcar este esfuerzo. Más teniendo en cuenta que Pulpture es una editorial independiente pequeña y bastante joven, lo cual vuelve más arriesgado su compromiso para con una edición tan trabajada.  

 Pero vamos al grano. Como ya he mencionado, Carne para la eternidad se enmarca dentro de la línea editorial llamada Colección Almaya. El diseño de dicha colección parece beber del de esos hermosos Valdemar de tapa dura, tanto a nivel cromático como de maquetación; dicha influencia también está plasmada en los motivos ornamentales que salpican las páginas de Carne para la eternidad. Otro aspecto a remarcar de esta pequeña joya es su estilización. Ya Lumen recurrió a alargar a las maravillosas Muertas enamoradas de Gautier, libro con obvios paralelismos temáticos con el que hoy nos reúne aquí. No sé si este parecido ha sido intencionado o no; en todo caso, creo que este formato vuelve interesante a Carne para la eternidad como objeto y, al mismo tiempo, se justifica en el concepto momia que, como veremos, en él se baraja.


 Dicho esto, pasemos al contenido en sí de Carne para la eternidad. Esta antología incluye dos relatos sobre momias. Momias egipcias que una vez fueron, y siguen siendo, mujeres jóvenes, hermosas y esbeltas (a esta estilización, decía, alude el formato del libro). La primera historia se titula “La bella durmiente de Saïs”. En realidad, más que un relato es el pasaje de una novela; pasaje que contiene los capítulos que van del XVII al XX, para ser precisos. Fue escrito el 1906 por Robert W. Chambers (autor conocido por perpetrar el sobrecogedor relato de “El rey amarillo”). “La bella durmiente de Saïs” trata sobre un rastreador de personas que ayudará a un joven cliente suyo a reencontrarse con una bella mujer que permanece dormida desde hace siglos. “Zenobia: un sueño del antiguo Egipto” coge el testigo. Es una pieza teatral de Hereward Carrington escrita en 1916 "en la que dos exploradores conocerán, tras haber revivido a una momia mediante un antiguo ritual, la trágica y oscura traición que llevó a una mujer a la tumba hace cientos de años."

 Para acabar la reseña diré que los relatos tienen un interés relativo. No son obras maestras; a la postre se parecen a muchas otras historias similares. Además, el estilo cursi que sus protagonistas emplean al hablar de sus amadas vuelve a estas historias algo empalagosas (aunque gozan de ese encanto nostálgico de todo aquello con un regusto a la época romántica). Pero. Si eres una persona a la que le interesa el tema momias, esta antología probablemente te satisfaga. Un amante del terror se sentirá, gracias a ella, como en casa; ambas historias son deliciosas rarezas del género, aunque miedo den poco o nada. Incluso a un lector menos condicionado que quiera darles una oportunidad también pueden atraerle. Y lo digo desde el vamos: si compras este libro, sólo por su edición ya habrá valido la pena hacer esta inversión. ¿He dicho ya que me encanta la cubierta? 

miércoles, 17 de enero de 2018

Esther García Llovet: Cómo dejar de escribir


Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: se deja leer

Reconozco que me acerco de vez en cuando a las novedades de Anagrama. Lo hago con la ingenuidad esperanzada del adolescente que pasea cerca del portal donde vive el objeto de su deseo, lo hago esperando el encuentro casual que vaya a más, lo hago confiando que algún día se acaben los chascos y las decepciones.

Lo hago porque Jorge Herralde estuvo al mando de una editorial que me presentó a Bolaño, a Houellebecq, a Kapuscinski y al Hornby de los mejores tiempos y a algunos Auster, a Sebald y a Richard Ford. Demasiado bagaje para olvidar y demasiado bagaje para que me retraiga de hacer sangre.

Porque luego, tiempos más recientes, se unieron a esa selecta fiesta invitados no deseados. Nothomb, Trueba, algunos ya directamente deleznables, aguafiestas que les llaman, como Pablo Rivero o, el colmo de la vacuidad y la insustancialidad, el esperpento llamado También esto pasará, colofón de la infumabilidad y, en la apuesta de la editorial por atribuirle miles de cualidades, la terrorífica conquista de la sima de lo admisible, el momento en que la duda ha manchado lo que era una enseña casi inapelable.

Cómo dejar de escribir, título que parece hacer la competencia a los clickbaits, no os va a aclarar gran cosa. Novela corta que se lee en apenas una hora (curioso tanta concisión cuando la contratapa define a la autora como una admiradora de Bolaño o Foster Wallace) y en la que suceden pocas cositas. Renfo, curioso nombre para hijo y nieto de celebridades de origen latinoamericano, a la búsqueda de un manuscrito de su padre escritor, mientras se encuentra y desencuentra con personajes a la medida de la noche madrileña y de la volatilidad de los niños bien que gustan de paseos por el lado salvaje. Claudia, novia o algo así de vaivén, amigos de no menos curiosos nombres, va por aquí, va por allá, un coche viejo, poca cosita que pasa en una novela que parece un ejercicio de estilo por cuanto no hay una frase fuera de sitio, nada malo sucede en términos literarios, se va leyendo, se nota alguna hechura de influencias, se nota cierta seguridad de ser aplaudida por los de siempre por alguna ocurrencia, que para eso el mundo literario es pequeño y entre bueyes no hay cornadas.
Sin ánimo de ofender, leo que en el último Premio Herralde (el ganado por la entretenida novela de Juan Pablo Villalobos) el jurado decidió, sin premiarla, recomendar la publicación de esta obra. Que no resulta ni ofensiva ni inofensiva. que se lee tan fácil como si fuera un relato alargado publicado en una recopilación entre unos cuantos. Un viaje de autobús entre provincias, una espera que se alarga en alguna sala por una urgencia leve.
Y ahora me pregunto si he hallado en ella una sola razón para recomendar, yo, ya no publicarla, sino meramente leerla.