lunes, 28 de julio de 2014

Angel Wagenstein: El Pentateuco de Isaac

Idioma original: búlgaro

Título original: Петокнижие Исааково
Año de publicación: 1998
Traducción: Liliana Tabákova
Valoración: muy recomendable

Que uno de los rasgos fundamentales de un libro que trata, entre otros, el tema del Holocausto, sea un humor ácido y crítico, al borde de la carcajada en ciertos momentos, nos deja bien claro que no estamos ante un autor cualquiera. Perteneciente a una trilogía de obras de parecida temática, El Pentateuco de Isaac sigue la vida de Isaac Jakob Blumenfeld, judío residente en Galitzia (antiguo imperio Austrohúngaro). Personaje característico que contempla su vida con sorna mientras ve como su nacionalidad va cambiando en función de los avatares de los diversos conflictos que atraviesa la revuelta Europa de la primera mitad del siglo XX.
Wagenstein publicó esta novela con setenta años cumplidos. Algo de su propia experiencia personal trasluce aquí. Por lo que se deduce de su biografía. Pero la historia de Blumenfeld es un recorrido por una Europa gris y turbia, una especie de espiral descendente a la que las fechas nos abocan: sabemos que llegará 1939, esperamos que llegue 1945. Las andanzas de Blumenfeld y su amigo y familiar el rabino Bendavid nos fascinan paulatinamente. Como muchos seres en esas épocas, no hicieron nada más que existir y estar en lugares equivocados (expuestos a los azares de todas las injusticias posibles, desde todos los lados posibles).
Entonces, alguien podría pensar que aquí no hay nada de nuevo. Que esta es más literatura del Holocausto y vamos a encontrar más descripciones de la infinita crueldad del Tercer Reich. No. Wagenstein usa muy a menudo el recurso del humor, de la ironía, del chiste o la anécdota que muestra la capacidad de relativizarlo todo, o, en definitiva, cómo contempla un ser humano las desgracias que se le suceden a su entorno, a su familia, cuando estas siempre parecen, falsamente, incapaces de empeorar. Y Wagenstein echa mano de un lirismo sobrio y eficaz: no hay recreo aquí en la desgracia, no hay saña, hay una ilusión teñida de tristeza y hay una curiosa resignación hacia esas horribles muecas del destino. Y, por supuesto, en medio de todo ello, una feroz crítica al totalitarismo, al imperialismo del tipo que sea, a la obsesión por las grandes naciones. No feroz por ser directa: feroz por esa magnífica capilaridad de la cual el autor es capaz. Y si toda la novela es magnífica, he de decir que la aceleración de su parte final, de esos últimos dos libros que constituyen el Pentateuco, son ejemplares. Allí vemos a Blumenfeld, tras sus cambios de nombres, de nacionalidades, superviviente a su pesar, agarrado a los restos de dignidad que han dejado de él, contemplando lo que ha dejado tras de sí, y pensando si no tiene derecho a ejercer alguna drástica decisión libre. Una figura que recordará todo aquel que lea este libro.
Otra demostración del espectacular promedio de la gente de Libros del Asteroide, a la que nunca se podrá acusar de falta de osadía en la selección de su catálogo. Siempre apostando por lo desconocido aquí. No os canséis nunca, chavales.

domingo, 27 de julio de 2014

Fernando Luis Chivite: Insomnio

Idioma original: español 
Año de publicación: 2006
Valoración: Está bien                  







Una obra que, como la mayoría de los productos híbridos, postmodernos, y por tanto esencialmente ambiguos, a medio terminar, elaborados con la técnica del puzle, al navegar más bien a la deriva, empieza a mejorar más allá de sus dos terceras partes. Esto se debe, creo yo, a que entonces el escritor cuenta ya con  recorrido suficiente para haber tomado conciencia de lo que está contando.

El probable alter-ego de Chivite muestra sus pensamientos sin necesidad de revestirlos de ficción y por tanto vengan o no a cuento, en un estado de reflexión permanente, una especie de euforia mental debido, al parecer, a que no duerme nunca. Pero tanta afirmación tajante, frase lapidaria, tanto sentido oculto, tanto hermetismo deliberado o profundidad filosófica aparente resultan más superficiales e intrascendentes de lo que se quiere dar a entender.

En el centro de ese universo, algo acartonado, el protagonista-narrador observa y narra de forma un tanto deslavazada y eso, dentro de un formato como este, elaborado a base de fragmentos, desorienta bastante al lector. Se nos explica que dicho personaje principal está casado, pero su mujer bien podría ser una compañera de trabajo o la esposa de un amigo porque dentro de la novela, y al margen de explicaciones, no se vive esta relación. Lo mismo ocurre con el resto de personajes. Cuando aparecen de nuevo no conseguimos recordarlos porque, por una parte son todos prácticamente idénticos y, por otra, no han conseguido dejar huella ninguna. Sin contar con que no llegamos a conocerlos por sus actos pues se les adjetiva en lugar de dejarlos actuar y porque su relación con el autor o su carácter se expresan mediante definiciones y tenemos que conformarnos con una enumeración de antecedentes. No existe, pues, un verdadero argumento.

Por supuesto algo así puede hacerse, la ficción admite todo tipo de procedimientos, pero hace falta saber manejarlos. Para ello, quizá deberían haberse inventado otros recursos, como poner relatos, ideas o caracterizaciones en boca de algún otro personaje, siempre de acuerdo con el carácter que se le ha atribuido, o bien inventar un artefacto tan mágico como los de Rayuela, Cien años de soledad o Los detectives salvajes, en cuyos contextos las alteraciones de la norma han conseguido convertirse en virtudes literarias.

Hablando de virtudes, destaco la corrección y fluidez de la prosa, la originalidad de su estructura, la exactitud de los términos usados, la incuestionable particularidad de sus recursos y el interés de algunos pensamientos:

“Somos criaturas pusilánimes: nos asusta la soledad, nos asusta el futuro, nos asusta todo. Y buscamos garantías. De modo que a partir de cierta edad preferimos el sensato matrimonio al loco amor. Eso nos otorga quizás un aire interesado y vagamente escéptico, pero nos protege del viento gélido del abismo. Además hay que tener mucho cuidado con lo que uno espera después de los cuarenta…"

sábado, 26 de julio de 2014

Rachel Joyce: Perfecto

Título original: Perfect
Idioma original: inglés
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

En 1972, Byron tiene once años y es uno de los pocos niños de su escuela que puede presumir de tener una madre perfecta: es guapa, amable, lista, buena cocinera, tiene la casa siempre limpia y ordenada, su jardín es la envidia de los vecinos y siempre cuida de que sus hijos y su marido acudan tan perfectos como ella al colegio y al trabajo, respectivamente. Pero toda esa perfección empieza a desmoronarse cuando, de camino al colegio, su madre atropella accidentalmente a una niña. Será entonces Byron, con ayuda de su amigo James, quien idee un plan para salvarla de la crisis a la que irremediablemente parece estar abocada.

En la actualidad, Jim acaba de ser contratado en una cafetería para limpiar mesas. Es uno de los pocos trabajos que puede desempeñar, a pesar de que es un hombre adulto, porque ha pasado la mayor parte de su vida recibiendo tratamiento en varias instituciones mentales. Aunque parece que su vida empieza a ponerse en orden gracias a la rutina laboral, aún tiene que vencer los rituales que siempre han gobernado su vida y que aún hoy llenan sus noches.

Así comienza Perfect, la segunda novela de la escritora inglesa Rachel Joyce, quien ya se ganó el favor de la crítica y el público con El insólito peregrinaje de Harold Fry. En esta ocasión y de la mano de Byron y Jim, la autora nos ofrece una historia más oscura y ambiciosa que la del buen Harold de su debut, en la que sus personajes tienen que intentar salir adelante en un mundo que, debido a un pequeño error, parece haber cambiado de forma irremediable y ya no los acepta.

Como ya ocurría en su primera novela, Joyce regala al lector momentos humorísticos que aligeran la tensión que parece no desaparecer nunca y que en esta ocasión resultan más que agradecidos, debido al ambiente trágico imperante. Perfect es, también, una historia más verosímil que su antecesora (y que conste que esto no lo digo como una crítica) y por ello menos amable y más implacable con sus personajes, algo que Joyce aprovecha para, además, hacer una sutil pero efectiva crítica social.Una recomendable lectura, en resumen, que no decepciona y que mantiene vivo nuestro interés de la primera a la última página.



También de Rachel Joyce: El insólito peregrinaje de Harold Fry.

viernes, 25 de julio de 2014

David Torres: Punto de fisión

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2011
Valoración: recomendable

Esta novela de David Torres fue galardonada con un premio literario en el 2011. Lo comento antes que nada porque, si bien un premio no es garantía de la calidad de un libro (como supongo que todo el mundo sabe a estas alturas), tampoco lo es de todo lo contrario. Y, en este caso, se trata de una novela que, sin que resulte ser memorable, sí que es notable y muy entretenida, por lo que nadie debería dejar de leerla por prejuicios contra los libros "premiados". Ni leerla por todo lo contrario, por supuesto.

En realidad, no es solo una novela, sino cuatro, porque son cuatro las historias que van desenrollando su ovillo en el libro, al principio de manera independiente unas de otras, para luego irse enredando, inevitablemente, hasta la traca final. La premisa en común de todas las historias (excepto en una, quizás) es la del humor: así, nos encontramos con una banda de chiquillos ucranianos que se cuelan en el área afectada por la radiación de Chernobyl, para recuperar los recuerdos de los evacuados; con un editor hipocondríaco, llamado Matas, que pierde su potencia sexual al tiempo que su salud, su trabajo y su casa, de forma que se ve obligado a buscar refugio junto a un amigo suyo, tullido y crítico de películas pornográficas; con el joven Leonardo Zubiri, que a partir de sufrir el impacto de un rayo, se dedica a la literatura, perpetrando relatos híbridos (entre Franco y Frankenstein, por ejemplo), publicados con gran éxito por una editorial fantasma; y con el inspector Rodríguez, un policía aficionado a la poesía, que persigue a un grupo de terroristas madrileños, el PICHY (Partido Independentista Chulapo, ¿Y?), ocultos tras caretas de Lenin. Y en medio de todo el quilombo, la búsqueda del  manuscrito de una novela, titulada, precisamente, Punto de Fisión. La mayor parte de la acción tiene lugar, por tanto, en un Madrid contemporáneo, pero ligeramente dislocado, que recuerda un poco (excepto en el toque naútico), al de Todo está perdonado, de Rafael Reig.

Las diferentes subtramas van enredándose unas con otras con precisión de relojería, demostrando el buen oficio de David Torres; más aún cuanto que introduce, sin estridencias ni forzamiento alguno, elementos que podríamos llamar "metaliterarios", que se integran perfectamente en la trama general. La única pega que se le puede poner es que, para tratarse de una novela con vocación humorística ya desde el primer momento, resulta que la historia que se acerca más a la excelencia literaria es, precisamente, la menos humorística de todas, mientras que la que tiene un toque más paródico e incluso una tendencia al esperpento, como es la del grupo terrorista cheli, resulta ser a la postre la que peor funciona, hasta el punto de que incluso lastra en algo el resultado final.

Aún así, ésta es una novela estupenda y divertida, que no creo decepcione a nadie que se entregue a su lectura. A no ser claro, que sea un lector de ésos que se toman muy en serio las cosas que leen. Y eso que, como dijo Lenin (?) y nos recuerda David Torres: "El humor es una cosa muy seria". Y tanto que lo es.

jueves, 24 de julio de 2014

Roberto Saviano: CeroCeroCero

Idioma original: italiano
Título original: ZeroZeroZero
Año de publicación: 2014
Traducción: Mario Costa García
Valoración: recomendable

Al igual que le pasó a Salman Rushdie, la condición de escritor perseguido de Roberto Saviano predispone inevitablemente sobre su obra. Sobre la presión y las circunstancias en que la escribe y sobre su actitud hacia los temas que elige. De perdidos al río, supongo, si se es perseguido por lo de Gomorra, qué más da añadir al negocio en masa del tráfico de cocaína. ¿Es Saviano un mártir vocacional, es como esos serial-killers que, en el fondo, desean ser detenidos? Veis, esta ya es una reflexión implanteable en otros escritores. Producto del trato por el que Feltrinelli va a hacerse con las riendas de Anagrama, es la prestigiosa editorial independiente quien se encarga de publicar la traducción al español de estas 500 páginas de ensayo ante las que el lector salivará. Cómo no. Si novelas como El poder del perro fantasean con el poder del narcotráfico con excitantes resultados, qué nos deparará Saviano, de vuelta de todo y que ya reconoce que su vida es un infierno y que seguramente escribir y escribir y escribir sea su única válvula de escape. Seguramente la parte más brillante de este libro es ese último capítulo en el que Saviano se sincera en lo referente a su situación personal, reflexiona sobre el laberinto sin salida en el que se encuentra y se autoinmola: "Me he convertido en un monstruo."
El tema aquí es la cocaína y cómo las organizaciones criminales (o abiertamente criminales: el libro arroja muchas dudas sobre el comportamiento del poder frente a un negocio tan jugoso y rentable) gestionan todos los aspectos de su proceso de comercialización: desde las devastadas economías agrícolas que usan la hoja de coca como único cultivo que garantiza la subsistencia hasta el entramado financiero que permite que sus pingües beneficios acaben integrándose en el flujo económico convencional. Con varios centros geográficos delimitados: México, Colombia, Italia, Rusia, y con un abrumador volumen de información, mucha de la cual nos hace acudir a la red. Sí, existió Kiki Camarena, sí, existe Natalia París. Eso sí, echo de menos algo más de remojón con nombres de la actualidad, algo más de valentía para afrontar todas esas leyendas que vinculan altos mandatarios politicos y empresariales con el crimen organizado. Pues la denuncia es constante pero es una denuncia que no acaba de concretarse, es una mano levantada constantemente sin llegar a desplomarse. Es un poco una bravata. Por bien contado y bien estructurado que esté, lo que esperamos aquí no acaba de producirse, y mucha de esa información ya la conocemos o la intuimos. Lo que hace Saviano en CeroCeroCero es recopilarla, ordenarla, darle un sentido, y dejar algunos cabos sueltos, por eso. Quizás ya tenga suficientes enemigos.
Ocurre con Saviano que sus libros pueden acabar convirtiéndose en una especie de subgénero. Como el cine de Michael Moore, por ejemplo. Que se conviertan, cosa que ya empieza a ocurrir en CeroCeroCero, en frías secuencias, en relaciones de hechos delictivos, de vínculos, de crímenes, de métodos de tortura. En resumen, de torrentes de información que cumplen su cometido, sí, el de concienciarnos a todos del arraigo y el peligro de las organizaciones criminales, y de su presencia en el día a día de nuestras sociedades. Pero lo hacen, ya, con el piloto automático puesto. Consciente de ejercer esa función por la que ha acabado sacrificando tanto en lo personal, lo cual puede fascinarnos y hasta estimular nuestra imaginación (cómo debe ser la vida de este hombre, que debe hasta ocultar los nombres de sus colaboradores, con tal de evitar que sus poderosos enemigos den con él y le apliquen el castigo ejemplar), pero que en lo literario ha empezado, ya, a transitar un poco por el camino de la reiteración.

También de Roberto Saviano en UnLibroAlDía: La belleza y el infierno, Gomorra

miércoles, 23 de julio de 2014

Toti Martínez de Lezea: La flor de la argoma

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2008
Valoración: está bien

La vitoriana Toti Martínez de Lezea ha cultivado con especial dedicación la narrativa histórica, con un buen puñado de novelas ambientadas en el País Vasco en diversos momentos de su Historia. En esta ocasión, la trama se desarrolla durante la tercera guerra carlista, en un barrio de la villa guipuzcoana de Oñati, y gira en torno a la rivalidad entre los dos hermanos Urrondo (en realidad, los hermanos son cuatro, pero los dos pequeños son poco más que comparsas o elementos para hacer avanzar la narración), que se quedan huérfanos a temprana edad y se hacen cargo del caserío familiar, aunque, conforme a la tradición foral vasca, el heredero y propietario es solamente el mayor, Bittor, mientras que el segundo, Eladio, acaba reclutado y haciendo carrera en el ejército liberal (después llamado "alfonsino"). Como contrapunto a esta dualidad de los personajes masculinos, también hay otra pareja femenina, las hermanas (solo de padre) Iturralde, una de las cuales, además, también es huérfana y es tutelada por un abogado de la Villa. 

Tanto huérfano, amén de niños robados, avaricia campesina y amores imposibles (y algo retorcidos, pues se realizan por persona interpuesta), remiten al ambiente de ciertas novelas decimonónicas, casi a un "dickensianismo a la vasca". Aunque, por supuesto, hay otra novela que se viene a la mente, de manera inevitable, pues comparte con ésta época y ambientación. me refiero a la maravillosa Zalacaín el aventurero, donde aparece un arquetipo de un joven aventurero y carismático difícilmente superable. Pienso que doña Toti, consciente de ello, no ha tratado de superar al Martín Zalacaín de Baroja y con inteligencia ha asumido parte de sus características para modelar a los hermanos Urrondo, desdoblando al personaje barojiano: el individualista feroz y huraño que es Bittor (que también recuerda al viejo Tellagorri), y el más sociable y extrovertido, pero no menos individualista, Eladio. Tal vez ésta sea también una manera de reflejar la, según dicen algunos, dualidad del "alma vasca" (sea ésta lo que sea): una idiosincrasia más apegada al terruño, junto a otra que ansía las aventuras y el trotamundeo; una mirada puesta en la montaña, mientras otra se vuelve hacia la mar... (hay otro guiño, quizás casual, que recuerda también a la novela de Baroja: cada vez que Bittor necesita alejarse de su barrio de Araotz, se refugia junto a un pastor en las conocidas campas de Urbia... y Urbia era el nombre del  imaginario pueblo de origen de Zalacaín).

Por otro lado, el desdoblamiento de los protagonistas, tanto masculinos como femeninos, le permite a la autora explorar, aunque sea más de forma sugerida que explícita, sobre la multiplicidad de destinos de sus personajes: por ejemplo, es el puro azar el que puede llevar a una joven a llevar la vida rural de una casera o la urbana y más distinguida, de una señorita de la Villa.

En cuanto a la ambientación histórica, parece perfectamente lograda y documentada, y, sobre todo, se agradece la falta de maniqueísmo: ni todos los vascos son presentados como carlistas, ni a éstos sólo como una suerte de "proto-nacionalistas", defensores de la identidad autóctona vasca frente a los foráneos liberales. Quienes, a su vez, tampoco aparecen como los modernizadores y liberadores de la sociedad que ellos pretendían ser, sino, sobre todo,  como los propiciadores del cambio de una oligarquía por otra.

En suma, un drama histórico-rural bien escrito, que puede agradar especialmente a los lectores que gusten de culebrones familiares y pasiones incandescentes, con su dosis de sexo y todo (pero también muchos curas por medio, que, después de todo, hablamos del País Vasco en el XIX). También a los aficionados a la novela de ambientación histórica bien narrada y resuelta.

Por cierto, la argoma (o tojo), para quien no la conozca, es un arbusto espinoso que se utilizaba en los caseríos vascos para elaborar la cama del ganado y como forraje. Y que, entre sus pinchos, da unas pequeñas flores amarillas, muy bonitas... Una buena metáfora del amor, supongo. Y también de muchas otras cosas.



También de Toti Martínez de Lezea en Un Libro Al Día: El señor de la guerra.

martes, 22 de julio de 2014

Alejandro Cao de Benós: Alma roja, sangre azul

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: algún punto intermedio entre lo hilarantemente enternecedor y lo delirantemente alucinado

Por exagerados y estrambóticos que sean los acontecimientos que se describen respecto a Corea del Norte, uno tiende a pensar que cuando el río suena, agua lleva. Reconociendo que sí, la insaciable hambre del capitalismo y el imperialismo económico necesita mercados, necesita proclamación de que lo que no está en su ámbito de dominio es diabólico, o casi.
Entonces quedarse fascinado por la figura de Alejandro Cao de Benós, único extranjero nombrado representante especial de este país, es algo inevitable. Ya veremos si es una fascinación por horror o por curiosidad o por admiración. Ya veremos si lo que el autor nos explique será lo mismo que defiende impertérrito en los debates televisivos en que interviene, o nos aporta algún sentido de la crítica.
¿Hablará de si se aplica la pena de muerte en ese misterioso país? ¿Hablará de por qué los norcoreanos no pueden desplazarse libremente por el mundo para explicar sin cortapisas cómo es la vida allí? ¿Considerará, si lee mi reseña, que soy otro peón al servicio del imperialismo yanki, por hacerle estas preguntas usando Blogger, Windows y Google Chrome?
Para empezar, el tramo inicial del libro es muy insistente en la cuestión de los orígenes aristocráticos del autor: con unos apellidos a los que se van añadiendo des. A ver: si somos tan de izquierdas, todo eso habría que irlo desterrando, por irrelevante ¿Por qué, entonces, eso de sangre azul en el título? ¿No será que forma parte del personaje alardear de lo muy osado que es por ser comunista en un entorno en el que le hubiera sido más fácil ser un cómodo señor de derechas? Uy. Mal empezamos. Aunque igual lo contrario, aquello de renunciar a las comodidades de este infierno occidental, renegar de sus orígenes, hubiera quedado peor. Pero en fin: vayamos a lo nuestro. Porque esto es un libro. Que su editorial me ha cedido muy amablemente, lo que agradezco. Y sobre el que debo pronunciarme en varios sentidos.
Leerse: claro que se lee y rapidito y bien. Interesante, a veces. Estilo sin florituras, algo inflamado, aunque, oiga, sesgado por cierto sentido de la contención y cierto sentido del recato que, oiga, no sé si hace falta. Sí, las drogas son malas y la prostitución es mala. Pero ya llevamos un largo trecho en esto de la humanidad y ambas cosas nos han acompañado. Ojo. Sin pronunciarme, están ahí, y negar que estén en la sociedad norcoreana porque sus gobernantes han establecido un sistema que, zas, las repele, y los neutraliza. Buf. Muy osado. Y comprendo que Cao de Benós ignore por activa y por pasiva todos los rumores profusamente extendidos sobre el país. Que si disidentes ejecutados, que si ex-novias ajusticiadas, que si líderes que pasan toda la vida sin defecar. Uy! perdón por la ordinariez. Pasa por encima de todo eso, lo cual no deja de ser una oportunidad desperdiciada. En fin.
Contenido:  pues eso, que Cao de Benós cae postrado, desde adolescente, a los pies de un régimen tan hermético como el de Corea del Norte. Tanto, que soporta con estoicismo las diatribas de los debates televisivos más ultras, encaja con elegancia la ironía de Mikimoto en el programa de TV3 (en catalán) Afers exteriors o las punzantes pullas del Twitter de @norcoreano. Tanto, que no pone en duda ni por un momento ninguno de los postulados que pregona, por idílicos que parezcan. Yo, qué queréis que os diga, eso de llevar chapas con la efigie de un político. Oiga, yo llevé chapas de los Clash y de New Order. Pero ¿de un político, de un régimen personalista y paternalista, de un poder que se hereda? ¿Y no se habla de colectivos por encima de individuos?
Vamos.
Lo cual no quiere decir que no haya cierto sentido en tanta ceguera: no sé si tanto como para llenar casi 200 páginas de escritura tensa y a la defensiva. Que es lo que pasa.
Decepción, entonces, de que este libro no ahonde y se quede en una especie de ejercicio autobombográfico donde cabe desde otorgarse facultades precognitivas, triunfos profesionales sin límite cercenados voluntariamente en función de la coherencia personal, y pequeños, controlados e insignificantes conatos de auto-crítica. Tras cerrar el libro, lo que uno piense de Cao de Benós variará mucho de nuestra actitud: desde infumable pergeñador de paparruchas hasta ingenuo fanático cegado por la adulación. Si hubiera profundizado, si hubiera otorgado a su contenido un tono más objetivo, si no hubiera empleado tanta mayúscula tras la palabra líder. Si hubiera, simplemente, reconocido que en este, insisto, nuestro infierno occidental, podemos salir a la calle libremente y solitos (y mordernos los puños por no poder comprar todo lo que hay en los escaparates) y no necesitamos que una habitación de hotel esté llena de micrófonos. Si hubiera hablado claro de lo que significa eso de la mano dura. Si en algunos párrafos no pareciera un ardoroso vengador justiciero o el chivato de la clase. Si recordara haber leído la palabra libertad, o la palabra cultura, en vez de la que sí he leído: negocio. Si hubiera reconocido que yo puedo escribir esto y cualquiera en el mundo puede leerlo, pero ni una cosa ni la otra es posible en Corea del Norte.
Vamos, hombre.