jueves, 19 de julio de 2018

Dylan Horrocks: Sam Zabel y la pluma mágica

Idioma original: inglés
Título original: Sam Zabel and the Magic Pen 
Año de publicación: 2014 
Traducción: Óscar Palmer 
Valoración: Está bien


Ya lo dijo Winston Churchill: "La metaliteratura es el onanismo de lo literario. Puede resultar divertido, pero no sustituye a un buen ***** " Perdón por lo soez de la cita pero es que Sir Winston era así de campechano... la ginebra, ya se sabe. Pues en este caso nos encontramos, toma rizo conceptual, ante un "metacomic" (Propuesta de tesis doctoral: "La novela gráfica neozelandesa en el tercer milenio y su influencia en la hipsterización de la cultura global"), pero que nadie se asuste: lejos de tratarse de un plúmbeo ejercicio autorreferencial con un guión existencialista e ilustraciones dolorosamente angustiosas, al final este cómic sí que resulta divertido, si bien bastante banal.

El protagonista, Sam Zabel es  un dibujante de cómics de Nueva Zelanda (¡tachán, premio a la originalidad!) que atraviesa una crisis creativa y vital bastante chunga: lo que le pasa al pobriño no es un simple bloqueo de escritor, sino que tiene (atentos al concepto) ANHEDONIA, es decir, una incapacidad para disfrutar de nada, lo que se dice nada, de la vida. Toda una putad... jugarreta, vaya. Así, hasta que en un congreso conoce a Alice, una joven y entusiasta fanática de los cómics que vuelve a despertar su interés por algo -no, no hay tomate con ella, no seáis malpensados-: juntos descubren unos tebeos "mágicos", por haber sido dibujados con la pluma asismismo mágica del título (humm... ¿a qué creíais que se refería, pillines?). A partir de ese momento, Sam vive una serie de aventuras más o menos entretenidas junto con Alice y Miki, una sarcástica colegiala shosen, a través de una serie de cómics de variado género, comenzando por una vueltecita por Marte, planeta de recios varones de color rojo y Venus, origen de hermosas mujeres de piel verde...

En fin, no es que se trate éste de un cómic memorable - el propio Zabel, supongo que como alter ego de Horrocks, reconoce que no es Alan Moore-, pero el rollo meta-lo-que-sea tiene su puntillo, en este caso, y de paso hace alguna que otra reflexión sobre la naturaleza de los cómics y el papel reservado en ellos a las mujeres (*), muy a propósito con el espíritu de los tiempos, por cierto... (y nada que objetar con esos tiempos, por cierto). Claro que igual hasta se pasa un poquito de frenada; el tal Sam Zabel, como personaje, resulta ser un moñas de cuidado. Vale que sufre de la anhedonia de ésa, pero es que el muy cuitao siente angustia incluso ante sus propias fantasías sexuales -y tampoco es que le vaya el BDSM con focas bebé o algo parecido-; porque digo yo que una cosa es tratar de ser respetuoso, igualitario y empático  con las mujeres (eso es BIEN) y otra sentirte un miserable por imaginarte a tu propia esposa con un escotazo, por ejemplo (perdón por el spoiler, pero vosotros diréis...). De hecho, en un determinado momento de este cómic incluso surge esta pregunta: ¿Tenemos alguna responsabilidad moral por nuestras fantasías? "Vamos, no me jo... robes", fue lo que pensé yo. Hasta que recordé que en este momento le estamos volviendo a dar vueltas a Lolita (cierto que quizás no sea el ejemplo más adecuado...) o hay un consenso generalizado de que muchas películas de hace 20 ó 30 años no se podrían rodar hoy en día. Pues igual la pregunta sí que es pertinente, al fin y al cabo. O igual lo procedente es por qué carajo tenemos que hacernos esta pregunta, yo qué sé...

(*)En el caso específico del manga, conviene echar un ojo a la última y estupenda reseña firmada por nuestro compañero Oriol sobre el libro Eroguro...

miércoles, 18 de julio de 2018

Slavoj Žižek: Problemas en el paraíso

Idioma original: inglés
Título original: Trouble in Paradise. From the End of History to the End of Capitalism
Traducción: Damià Alou
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable

No tengo muy claro si don Francis Fukuyama registró adecuadamente sus derechos de autor sobre el  concepto de ‘fin de la Historia’ pero si lo hizo debe ser hoy un hombre rico, porque no hay artículo, tertulia o ensayo de carácter político, sociológico o histórico en el que no se cite alguna vez. Con lo cual, al final nos acabamos convenciendo de que estamos viviendo el fin de algo, o tal vez ya el principio de otra cosa. Finkielkraut lo había apuntado por el lado cultural unos años antes, y Baudrillard le puso de inmediato el tono ácido, pero todo hacía pensar en la terminación de un ciclo, situación en la que se conoce mejor lo que parece destinado a quedar borrado que lo que se va a escribir en adelante (y cómo).

Slavoj Žižek es uno de los pensadores más conocidos que circulan por ahí en los últimos años. Filósofo, psicoanalista y no sé qué cosas más, su (relativa) popularidad proviene, claro está, de su exposición en los medios a través de artículos y entrevistas, entre ellas una muy reciente cuyo enlace dejo aquí. Pero la fama le llega principalmente porque le encanta meterse en todos los charcos. Obviamente, Žižek no escribe artículos sobre el superego o las contradicciones entre Lenin y Stalin sobre el derecho de autodeterminación, y mucho menos le preguntan por ello en las entrevistas. Sus tomas de posición giran en torno al feminismo, el islamismo radical, los vientres de alquiler o la inmigración, y ahí es donde disfruta escandalizando con alguna frase hiriente, o provocando con su barroquismo intelectual.

Porque si algo tiene el autor esloveno es afición por la actualidad, para interpretarla o buscar en ella ocasión para la reflexión o la digresión, según. De manera que, en ese contexto de fin de la Historia que decía antes, Problemas en el paraíso se situaría precisamente en el arranque de la nueva etapa que todavía no tenemos bien definida. Aunque el título se remite a una vieja comedia norteamericana, Žižek lo adopta con destreza para plantear las grietas que se observan en ese inicio de siglo que parecía abrir la etapa del bienestar y la estabilidad definitivas, con el comunismo bien enterrado y el capitalismo triunfante en todos los frentes.

La modernización se ha extendido sin freno por este mundo globalizado, y aquellas culturas que no dispusieron de un periodo de adaptación, bien lo han asumido de la forma más salvaje (Corea del Sur es el ejemplo que toma Žižek), o han desplegado un escudo protector igual de radical (el fundamentalismo islámico, al que alude en varias ocasiones). Pero ese nuevo paraíso va dejando sus cadáveres por el camino: legiones de desempleados y excluidos del sistema, regiones enteras del planeta descolgadas del proceso, y el virus del individualismo empapando la vida política y social desde todos los frentes. El ciudadano se convierte en ‘su propio capitalista’, que debe gestionar (y pagar, a veces endeudándose) las necesidades de educación o sanidad que el Estado ya no quiere atender, al tiempo que es impelido a un examen de conciencia en torno a los valores que se alzan en el horizonte: ecología (¿reciclo lo suficiente?), corrección política (¿cómo trato al desigual?), solidaridad (¿coopero con causas justas?). Traslación de lo colectivo a lo particular en todas las esferas, que conduce a desviar el foco de cuestiones globales trascendentes, y en fin a desactivar o recanalizar los movimientos emancipadores que surgen.

A estos les dedica Žižek una segunda parte de sus reflexiones. La clave está en primer lugar en distinguir con claridad quiénes de verdad avanzan para poner en entredicho el sistema, y con ello no perdernos en luchas secundarias. Y en segundo lugar, cómo continuar esos movimientos que se han caracterizado por su espontaneidad, una vez agotado el entusiasmo inicial. Insiste el autor en varios momentos en la necesidad de liderazgos que encaucen y dirijan todo ese potencial ‘emancipador’ (se diría que rehuye el término ‘revolucionario’), con lo que entronca con el clásico principio comunista del centralismo democrático, que sin duda conoce en profundidad –aunque cuesta ver que lo distinga con suficiente nitidez de los populismos, en los que ese liderazgo decisivo es consustancial, y a los que apenas presta atención.

Bueno, todo esto parece bastante sencillo y espero que más o menos coherente, pero extraer este hilo del texto que nos ocupa no es tarea tan fácil. Lo de Žižek no es un discurso lineal ni un razonamiento teórico estructurado, sino más bien un cóctel de muchos ingredientes que hay que ir diferenciando y encajando en su sitio. Como es habitual en el autor, se arremolinan múltiples referencias a películas que se supone ilustran sus reflexiones (una docena de páginas sobre una de las de Batman, ufff), chistes, digresiones de corte psicoanalítico (omnipresente Lacan), infinidad de comentarios sobre todo tipo de acontecimientos actuales (Ucrania, la ‘primavera árabe’, Grecia, el fin del apartheid), y sobre todo, afirmaciones provocadoras, paradojas y polémicas con otros pensadores, donde se ve que Žižek goza de verdad. Si a todo esto le añadimos la querencia por retorcer los argumentos hasta hacerlos irreconocibles (retórica vs. acción, por ejemplo), y la oscilación entre momentos de altura intelectual inalcanzable y otros de sencillez sorprendente (interpretación de Piketty), la sensación que transmite es de vorágine, de ruido y hasta de cierta improvisación.

La tarea del lector es seguramente completar lo que el autor no hizo: dejar reposar todo ese caudal, filtrarlo y ordenarlo para obtener sus conclusiones. Si conseguimos hacerlo así veremos que Žižek nos ha dejado sobre todo una especie de surtido de KPIs, puntos sobre los que poner la lupa, elementos sobre los que reflexionar o motivos para ver las cosas con una perspectiva distinta a la que nos quieren presentar como única.

Otras obras de Žižek en ULAD: El frágil absolutoEn defensa de la intoleranciaArte, ideología y capitalismoSobre la violencia

martes, 17 de julio de 2018

Burhan Sönmez: Istanbul Istanbul

Idioma original: turco
Título original: İstanbul İstanbul
Traducción: Pelin Doğan y Miquel Saumell (edición en catalán)
Año de publicación: 2015
Valoración: bastante recomendable

Sorprendentemente, y a pesar del prolífico mercado editorial donde cada día se publican nuevos títulos, esta novela no ha sido editada aún en castellano. Por suerte, la pequeña pero certera Edicions del Periscopi descubrió al autor y, realmente, ha sido todo un hallazgo. Entiendo que esta obra no tardará a llegar al castellano, pues creo que la editorial Minúscula tiene los derechos. No puede ser de otra manera, pues ha estado traducida a más de treinta lenguas y es sorprendente que aún no lo esté en castellano. Tocará tener algo de paciencia.

La sinopsis del libro es realmente breve: a partir de la reclusión de cuatro personajes en una prisión, el autor teje una historia en la que se mezclan las pequeñas historias cotidianas, anécdotas de la vida de los presos que no dejan de ser las de los habitantes de Estambul, y donde en cada una de ellas se nota el peso de la historia de una ciudad milenaria, que se debate en una eterna lucha entre su pasado y el presente, entre la belleza y cierta decadencia. El autor expone claramente su dualidad y la amplitud y profundidad de la misma en uno de los párrafos:

«Estambul es inmensa, decía, hay toda otra vida detrás de cada pared y otra pared detrás de cada vida. Al igual que un pozo, Estambul es honda y estrecha. Algunos se embriagan de su profundidad, otros se sienten atrapados por su estrechez.»

Así, y de la misma manera que Estambul puede ser una ciudad profunda, el desarrollo del libro lo es en horizontal, en el sentido que la historia no avanza hacia delante sino hacia los lados, hacia las vidas de los reclusos, hacia las vivencias de su gente. Es a través de ellos, que conocemos historias sobre la ciudad, historias sobre ellos, cuentos de su infancia y su vida; por medio de esas pequeñas historias, el autor nos transmite la profundidad del impacto que la ciudad causa en sus habitantes y es, a través de estas pequeñas historias, que la ciudad se forma, crece y cobra vida. Una vida compartida por cada uno de sus habitantes, un conjunto de granos de arena que dibujan el relieve de la ciudad que los acoge.

Estambul está presente en todo el libro, no en sentido descriptivo o detallando de lugares concretos, sino en un sentido casi simbólico, pues habla de su historia, de su pasado; la ciudad está presente en tanto en ella vive la gente que habla de ella, y que la admira, a pesar de hacerlo con cierto aire de melancolía, propia del embelesamiento hacia un pasado del cual parece alejarse.

El autor, a través de los cuentos que los reclusos se cuentan, nos habla de la condición humana, de plasmar sus deseos de grandeza, de cambio, de crecimiento a través de la ciudad, una ciudad que es el escenario, el laboratorio, el resultado de sus ansias de crecer; nos transmite la voluntad de no contentarse con una realidad que se le antoja insuficiente, nimia a los ojos de quien se siente creador, pues «los humanos son los únicos seres que no tienen suficiente con ellos mismos (...) Un pájaro solo es un pájaro, se reproduce y vuela. Un árbol solo reverdece y da frutos. Los humanos son diferentes, aprendieron a soñar. No pueden estar satisfechos con lo que ya existe. (...) Allí donde los humanos no forman parte de la naturaleza, son sus escultores.»

A través de esos pequeños relatos contados por los protagonistas, en el pequeño espacio de su diminuta celda, el autor nos transmite su imagen de Estambul, y nos muestra una ciudad en toda su inmensidad, una inmensidad no solo en superficie, sino también en profundidad, observándola y analizando el impacto en cada uno de aquellos ciudadanos que ven las múltiples caras de una ciudad que, en ocasiones es preciosa y eterna, y en otras es oscura y triste; esa dualidad existente y presente en todo el relato, que causa que sus habitantes quedan embelesados al mirar los cuadros que representan partes de la ciudad mientras que bajo la mirada de esos mismos ojos les causa pena y pesar cuando la ven en realidad. Así el autor transmite la dualidad de una ciudad que puede ser preciosa, y puede causar tristeza por cierta decadencia que asoma tras la realidad brindada por una comparación con su pasado. Así lo expone el autor al afirmar que «pensaban que la Estambul real era una ciudad del pasado. Esta ciudad cansada había vivido una vida plena en el pasado, había tenido un sultán glorioso, pero ahora era presa del sueño. Puede que nunca llegue a despertarse de aquel sueño tan profundo.»

Recluidos en su celda, la única ventana al mundo que les permite seguir mirando más allá de las cuatro minúsculas paredes que los encierran, antes de que un nuevo interrogatorio se los lleve, uno por uno, para someterlos a las palizas de sus celadores, son las historias que se narran unos a otros para soportar cada momento de su reclusión. Solo tienen, para protegerse de la realidad y hacer soportable la espera, esos cuentos que se narran unos a otros y, en esa mirada a la solidaridad, el autor nos brinda un canto a la tradición de los cuentos narrados de manera oral, transmitidos de persona a persona, de generación en generación, construyendo un relato cambiante que teje una realidad dinámica sobre la ciudad que los inspira y sobre la vida de las personas. La mirada de Sönmez tiene un aire melancólico, de nostalgia, como cuando uno de los protagonistas afirma que «reprende esta ciudad que se ha construido a base de cálculos en lugar de sueños». Los sueños que sus protagonistas transmiten a una ciudad viva, de futuro incierto que, con su mirada nostálgica hacia el pasado, sueña con ser de nuevo una ciudad que contenga la bella imagen que muchos aún tienen de ella.

lunes, 16 de julio de 2018

VV.AA.: Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa

Idioma original: Español
Año de publicación: 2018
Valoración: Recomendable

Llevo unos meses consumiendo literatura sórdida, como algunos de mis compañeros, preocupados por mi saludo mental y la deriva cada vez más bizarra de mis aportaciones a este humilde blog, han tenido a bien de destacar. Bueno, que sepáis que estoy bien; este viaje no me ha pasado factura. O eso pienso. En fin, que hoy os vengo a hablar sobre el que ha sido el broche de oro con el que he cerrado esta etapa de lecturas extrañas: Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa (volumen que, de ahora en adelante, llamaré Eroguro... a secas).

Pero, antes de profundizar más en la reseña, ¿qué es el "eroguro"? El palabro designa a un subgénero japonés que explora todo aquello que aúna lo erótico, lo grotesco y lo absurdo. Y sí, en esta ambigua definición caben multitud de manifestaciones. Porque si bien el "eroguro" tuvo unos inicios muy literarios, fue expandiéndose a otras disciplinas artísticas, como, por ejemplo, el cine, la ilustración o el manga.

Pero centrémonos. Eroguro... está editado por Jesús Palacios, pensador cultural al que tengo muy visto (en el buen sentido, quiero decir) gracias a su participación constante con la editorial Valdemar. El libro contiene textos del mismo Palacios, así como colaboraciones de Daniel Aguilar, Rubén Lardín, Iria Barro Vale y Germán Menéndez Flórez. También tres relatos nipones "eroguro". Y algunas ilustraciones realizadas en exclusiva para esta publicación, salidas de la mano de autores españoles. Éstas son un detalle simpático, pero lejos están de alcanzar las cotas extremas de aquello que preceden; afortunadamente, están colocadas al inicio del volumen, por lo que no desentonan demasiado.

Pues nada, ¿qué más decir de Eroguro...? Los artículos coordinados por Palacios, prolijjamente documentados, son, en general, interesantes. Quizás a alguno le haría falta abordar con algo más de profundidad el tema que trata, pero la ambición de este ensayo no es más que dar a conocer al "eroguro" en el ámbito nacional, por lo que no podemos reprochar con severidad el tratamiento superficial de algunas de sus partes. Por otro lado, los relatos japoneses que incluye Eroguro... son de agradecer, y acaban decantando a esta lectura hacia el platillo de lo agradable. Además del de lo morboso, por supuesto. Últimamente, parece que esto no puede faltar en mis lecturas. 

domingo, 15 de julio de 2018

Toine Heijmans:En el mar

Idioma original: Holandés
Título original: Op Zee
Año de publicación: 2011
Valoración: Se deja leer


En el mar describe un viaje en velero que comenzó en el puerto de Harlingen (Países Bajos), continuó bordeando las costas de Inglaterra, el mar del Norte, el Atlántico… Donald planea esa travesía como única forma de librarse del tedio  que le produce su vida de oficinista, las críticas, las traiciones. Ya en la costa danesa, recoge a su hija de siete años y juntos regresan a Holanda. Dice la contraportada: “Alejados del mundo, el viaje se anuncia idílico, y entre padre e hija surge una complicidad que nunca antes habían conocido”. Pero en un punto concreto el tiempo comienza a empeorar, surgen complicaciones increíbles y el viaje se convierte en francamente insoportable. Lo malo del asunto es que nada de esto es verdad, aunque forma parte de la narración, más tarde descubriremos que Heijmans nos estaba engañando.
Contra lo que pueda parecer dadas las pistas previas, aquí no hay lirismo, ni esmeradas descripciones, ni diálogos interesantes y muy poca profundidad psicológica. En un primer momento, nos da la impresión de estar ante un manual de supervivencia. Las frases son cortas y simples, lo que ocurre durante el recorrido, así como la relación paterno-filial, roza la banalidad y solo un fuego de artificio, completamente injustificado, consigue alejarnos del mortal aburrimiento. Pero al menos así nos vamos inquietando por momentos, comprendemos que algo anda mal y no sabemos qué puede ser, el discurso se vuelve cada vez más absurdo y las reacciones más incoherentes, tanto que empezamos a dudar de lo que se nos cuenta. Finalmente, se nos brinda un punto de vista paralelo y la línea narrativa se bifurca.
Por fortuna, el texto apenas ocupa centenar y medio de páginas con bastantes espacios en blanco, pero podría reducirse a un relato de quince o veinte para que el efecto que, se supone, debería producir en nosotros se efectúe con la contundencia deseada. Hacer trampas al lector puede ser legítimo si la verosimilitud no resulta dañada, si los trucos consiguen un efecto sorpresa, si eso contribuye a mantener la intriga, aumenta la complejidad narrativa o efectos similares. Nunca cuando el argumento es una falacia de principio a fin y el descubrimiento de lo que se esconde detrás reduce toda la trama a cenizas. En mi opinión, es un caso de tensión narrativa mal manejada, pues las explicaciones, que –solo- aparecen en las últimas páginas, están creando otro relato, completamente distinto del que hemos leído y que promete ser mucho más rico e interesante pero bastante más difícil de elaborar. Y, según parece, algunos escritores no están dispuestos a complicarse la vida. Por cierto, esta novela me ha recordado a otra que reseñé hace unos meses, y mis reproches de entonces iban por el mismo camino.
No debo desvelar nada más, solo añado que en todo ello subyace la constatación de una necesidad vital: mantener la propia mente en perfecto estado de equilibrio. De ahí que en obviedades como “Quien deja de pensar con lucidez queda a merced del mar” y otras similares se encuentre la metáfora que puede aplicarse a cualquier situación y, aunque en un principio nos pasen desapercibidas, acaban convirtiéndose en el eje de todo el asunto. 

sábado, 14 de julio de 2018

Vicent Chilet: Maradona en Humahuaca

Idioma original: español
Título completo: Maradona en Humahuaca y otros goles con historia
Año de publicación: 2018
Valoración: recomendable

Mañana acaba el Mundial, con una final que nadie había previsto (no, no vayáis de listos ahora: ¿Croacia-Francia, en serio?). Así que, para celebrarlo, hoy quiero hablaros de un libro sobre fútbol.

Aunque no, eso no es exactamente verdad. De lo que realmente quiero hablar es de la editorial que publica este libro sobre fútbol, porque cuando nace una nueva editorial, y más si es una editorial con una propuesta original como esta, vale la pena darles la bienvenida al mundo y desearles suerte. En este caso, la editorial se llama La Caja Books y su formato es diferente a todo lo que existe en el panorama literario en España: como su nombre indica, lo que producen son cajas, cajas dedicadas a un tema específico y que contiene tres libros sobre ese mismo tema. Por ahora ya han publicado dos: "La caja de la Nostalgia" (que incluye obras de Iván Repila, de Lucas Martín y de Cornier/Castellano/Meimaridis), y "La caja del fútbol", con libros de Galder Reguera, Enrique Carretero y Vicent Chilet.

Y es de este último libro, ahora sí, que quiero hablaros. Maradona en Humahuaca (y otros goles con historia), del periodista valenciano Vicent Chilet, especializado en periodismo deportivo y uno de los fundadores de la conocida revista Panenka. Como el título (y subtítulo) indican, este libro está compuesto por breves capítulos, cada uno de ellos dedicado a un gol significativo, histórico, o simplemente con un protagonista que al autor le parece suficientemente interesante. Cuidado, no se trata de una lista de "los goles más importantes de la historia del fútbol"; si alguien espera eso, se llevará un buen chasco, porque muchos de los goles que se narran no tuvieron, a efectos prácticos, una gran importancia.

¿Cuál es, entonces, la forma de seleccionar los goles? Pues por su carga emotiva, simbólica o ideológica: los goles que Maradona marcó (supuestamente) en un partido que (supuestamente) la selección de Argentina perdió contra un pequeño equipo de provincias en la preparación para el Mundial de México 1986, o los que marcó en un partido benéfico en un barrio periférico de Nápoles; el gol de Platini en la fatídica final de Heysel, o el que decidió el partido entre la RDA y la RFA, el gol que decidió el "maracanazo" o el famoso "gol de Nayim" desde el centro del campo...

En otros casos lo que importa no es tanto el gol como su autor: futbolistas comprometidos con las luchas sociales y políticas, leales a sus clubs de siempre o atrapados por el momento histórico en que vivieron: Árpád Weisz, Lucarelli, Gattuso, Matthew Le Tissier, Justin Fashanu, Panenka... Hay también capítulos en los que el fútbol se convierte en máscara o contrapeso a sucesos terribles, como en el famoso partido jugado en las trincheras en la Segunda Guerra Mundial, o el primer partido jugado en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, después de que sirviera de cárcel para "disidentes" durante la dictadura de Pinochet... Hacia el final del libro se nota quizás una cierta deriva localista: son varias las historias relacionadas con el Valencia C.F. o el Levante U.D.; por ejemplo, la única historia relacionada con el fútbol femenino se refiere a un partido que enfrenta a estos dos clubs, y nada en contra de ellos, claro, pero parece una selección un poco arbitraria.

Se trata, en fin, de pequeñas historias, de apenas cinco o seis páginas cada una, en las que se intenta ampliar el foco desde las cuatro rayas del terreno de fútbol, para mostrar la significación que este juego y sus participantes pueden tener en otros ámbitos de la vida: en las luchas políticas, en las injusticias sociales, en el devenir de la historia. En algunos casos da la impresión de que se le podría haber sacado más jugo a la anécdota, y en otros el gol acaba siendo una excusa para expresar admiración por determinado jugador (no por su destreza futbolística sino por otros asuntos). Pero, en su conjunto, este es un libro con el que se disfruta, se ríe, se aprende y se reflexiona, lo que no es poco. Claro, como pasaba con Hijos del fútbol, lo disfrutarán más los que sean aficionados a este deporte, pero aun así, creo que puede ser un libro para un público más amplio, al que le guste particularmente la historia y la política.

A la espera de que se conozcan los contenidos de las siguientes cajas ya anunciadas ("La Caja de la Bicicleta", "La Caja de Las Rebeldes", "La Caja de la Utopía" y "La Caja de los Dictadores"), vamos a disfrutar de estas de la Nostalgia y del Fútbol, y mañana, pues que gane CroacEL MEJOR.

viernes, 13 de julio de 2018

David Morrell: Primera Sangre

Idioma original: inglés
Título original: First blood
Año de publicación: 1972
Traducción: Carmen Vergara
Valoración: Recomendable

Primera sangre se publicó en 1972, fue traducida a 26 idiomas y se convirtió en lectura obligatoria en muchos institutos de los EEUU. Cuando tras diez años de idas y venidas con los derechos cinematográficos se estrenó finalmente la película (quién no ha oído hablar de Rambo: Acorralado y todas sus secuelas), la novela fue apartada de la esfera educativa y, de algún modo, también de la literaria. El estigma de «film de acción y violencia injustificada» que sobrevuela a la saga cinematográfica, contribuyó al vergonzoso olvido de esta obra notable. 

Resumen resumido: Rambo, un joven excombatiente de la guerra de Vietnam, vaga sin rumbo por las afueras de una población cuando es interceptado por su representante de la ley, el sargento Teasle. A partir de ese momento se forja entre ambos un vínculo maldito; la tensión creciente desencadenará una escalada de muertes y persecución que alcanzará dimensiones impensables.

David Morrell alumbró Primera sangre con el objetivo de «escribir una novela en la que la Guerra de Vietnam se trasladara literalmente a América» y que, por tanto, reprodujera la polarización o división que esa guerra había generado en el sentir de los ciudadanos estadounidenses. Para ello optó por cimentar su trama en la pugna entre dos perfiles antagónicos y, consecuentemente, con los planteamientos de una novela psicológica. A partir de ahí, David Morrell construye una novela con muchísima acción donde el conflicto se palpa desde las primeras páginas. Primera sangre va al grano, tanto con su estrategia narrativa como con su estilo claro y directo. Los capítulos son cortos y alternan el punto de vista entre Rambo y Teasle de manera que el lector acaba comprendiendo ambas posturas e implicándose en la acción como si la viviera en primera persona. No hay más que leer el primer párrafo:
«Se llamaba Rambo y parecía ser un muchacho cualquiera que se había detenido junto al surtidor de una estación de servicio en los suburbios de Madison, Kentucky. Tenía una barba larga y tupida, el pelo le cubría las orejas y caía muy por debajo del cuello; estaba haciendo auto-stop a un automóvil que se había acercado al surtidor. Al verlo allí, descansando el peso del cuerpo sobre una cadera, con una botella de gaseosa en una mano y el saco de dormir enrollado en el suelo junto a sus botas, resultaba difícil imaginar que el martes, el día siguiente, estaría buscándole casi toda la policía del condado de Basalt. Y con más razón, nadie hubiera podido suponer que para el jueves estaría escapándose de la Guardia Nacional de Kentucky, de la policía de seis condados y de un buen número de civiles amantes de las armas de fuego. Pero al verle andrajoso y cubierto de tierra en la estación de servicio, inmóvil junto a un surtidor, tampoco era posible adivinar qué clase de muchacho era Rambo y qué sería lo que iba a desencadenar los próximos acontecimientos»
La psicología de los dos protagonistas, sus experiencias militares previas y el momento personal que vive cada uno están perfectamente calculados para que su encuentro funcione como una auténtica bomba de relojería: 
  • Rambo: Boina Verde, condecorado con la Medalla del Honor en la Guerra de Vietnam. Logró escapar del enemigo tras ser capturado y torturado. Está socialmente desarraigado y padece un desorden de estrés post-traumático.
  • Teasle: Héroe de la Guerra de Corea, condecorado con la Cruz por Servicio Distinguido (justo la que sigue a la Medalla del Honor). Lleva años ostentando con cierto confort la máxima autoridad en la población de Madison (Kentucky) y está pasando por una crisis matrimonial.
El conflicto Rambo-Teasle es la encarnación del conflicto anarquía-autoridad y, a su vez, la representación de las dos posturas imperantes entre la población americana en relación a la Guerra de Vietnam. El duelo entre ambos personajes, mezcla lo psicológico con la estrategia militar. El aumento de tensión les obliga a replantearse cada uno sus propios valores y creencias al tiempo que se estudian mutuamente:
«Pero él (Rambo) no estaba interesado en ellos, sino en el otro hombre, en el que caminaba de un lado a otro, golpeándose el muslo con la mano. Teasle. Era imposible confundir ese cuerpo de talle corto, pecho saliente y su cabeza que sacudía a uno y otro lado como un gallo de pelea. Por supuesto. Como un gallo. Eso es lo que eres, Teasle. Un gallo»
Por tanto, recomendable porque trata con verosimilitud e inteligencia la cuestión de los combatientes que regresan trastornados de una guerra y descubren que la sociedad por la que han luchado, los ignora y los aparta. Porque es un retrato duro y certero que no cae en el dramatismo ni en la moralina y, sin embargo, logra que el lector empatice con los personajes. Porque el final, en su forma y en su fondo, me ha parecido memorable.

La imagen del encabezado de la reseña ya sugiere que la vida editorial de Primera Sangre ha sido errática y variopinta y, por supuesto, la edición en castellano está actualmente descatalogada, por lo que me las he visto y deseado para dar con un ejemplar en una biblioteca pública. Lo que no me esperaba yo era encontrarme con semejante virguería:


Y es que la editorial Bruguera sacó a finales de los setenta, la colección de pulps «Club del misterio», formada por un buen repertorio de títulos policíacos, intriga, etc… El ejemplar resulta curioso e incluso entrañable pero tengo que decir que la maquetación dificulta bastante la lectura.

En cuanto al título, diría que el original First Blood es muy acertado, incluso hay un momento en la película (versión original) en la que alguien le recrimina a Rambo algo así como «Fíjate la que has liado» y él se justifica respondiendo «They did first blood» que viene a ser «Han empezado ellos». No soy una experta en lengua inglesa ni en expresiones bélicas pero tengo la sensación de que la traducción literal al castellano, Primera sangre, resulta menos efectiva. Y de Acorralado mejor ni hablamos.

Ya para acabar, decir que David Morrell participó en todos los guiones de la saga de Rambo a pesar de que la productora se pasó el espíritu de la novela por el arco del triunfo e hizo lo que quiso con el final; pero tal vez sea la participación de Morrell lo que haya hecho de Rambo: Acorralado una película más que solvente, con un guion efectivo y de buena factura que ya quisieran muchas otras producciones con más presupuesto y pretensiones. 

Pero, como siempre, es mejor la novela.