lunes, 24 de junio de 2019

Vernon Lee: Vanitas

Idioma original: Inglés
Título original: Vanitas: Polite Stories
Traductor: José Luis Piquero  
Año de publicación: 1882
Valoración: Recomendable 

Vernon Lee es el pseudónimo con el que eligió publicar la escritora y crítica de arte Violet Paget (1856-1935). De la obra narrativa de Paget destacan sus novelas y cuentos de corte sobrenatural. También empleó, pero, otros registros con igual maestría. Los tres relatos que componen Vanitas, más próximos al naturalismo de Gustave Flaubert que a las quimeras de la literatura fantástica, son una muestra de ello.

En efecto, las historias de este volumen tienen mucho de Flaubert: un estilo preciosista, una prosa rebosante, heroínas que se sienten asfixiadas por culpa de su entorno y la clase social a la que pertenecen... Estos relatos también despiertan reminiscencias a Henry James (mencionado en dos de ellos), en lo que a densidad psicológica de los personajes se refiere.

En "Lady Tal", un novelista ayuda a una mujer que lo fascina a pulir su manuscrito. Durante las semanas que pasarán el uno junto a la otra, su compleja relación se va desarrollando hasta culminar en un desenlace inesperado. Por otro lado, "Una mujer de mundo" gira en torno a un alfarero socialista que conoce a una joven aristócrata que, según parece, rechaza la fastuosa existencia de sus familiares y allegados. ¿Por qué, pues, acaba casándose con un hombre rico y vulgar?

Como quizás pueda apreciarse, estas historias guardan bastantes similitudes. En primer lugar, parten de una premisa similar: un hombre observa a una mujer relativamente excéntrica. Esta fórmula cambia ligeramente en el cuento que cierra la antología. Uso el término cuento, por cierto, de manera deliberada, pues "La leyenda de madame Krasinska" tiene un toque a fábula del que las anteriores narraciones carecían. Además, esta propuesta presenta una miríada de tonos y aproximaciones formales de lo más sugestivas, alejada de la factura más convencional de sus predecesoras. 

No voy a negar que a la prosa de Paget la salpica algún que otro detalle superfluo. De todos modos, éstos quedan, por lo general, satisfactoriamente integrados en el texto, pues persiguen el efecto estético o la pincelada satírica. La afectación de algunos diálogos o personajes, asimismo, debe ser aceptada. Paget se sirve de ella para retratar el frívolo microcosmos en el que transcurren estos relatos. Encima, compensa sobradamente lo relamido de esos pasajes con reflexiones de calado intelectual.

Tres relatos, en definitiva, extraordinariamente escritos. Lejos están de reivindicar a las clases pudientes, pero sí que les reconocen una complejidad que a menudo se les despoja. Especialmente inciden en la perspectiva femenina del asunto, dado que Paget fue, ante todo, una mujer rebelde y contestataria.  

domingo, 23 de junio de 2019

Elena Poniatowska: Tinísima


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 1992
Valoración: Muy recomendable

Iniciado como un encargo para un guión cinematográfico, la mexicana Elena Poniatskowa (París, 1932) mantuvo durante diez años el borrador de Tinísima entrando y saliendo del cajón. Quiere esto decir que durante una década convivió con Tina Modotti; se documentó y leyó todo lo que caía en sus manos, entrevistó a fuentes primarias que la conocieron, la trataron, la amaron (por ejemplo, el que acabó como senador italiano, Vittorio Vidali) y fabuló con sus sentimientos, sus motivaciones, sus afanes, talentos y reveses. De Tina Modotti (Udine, Italia, 1896, fallecida en México DF a los 46 años) nos queda la memoria de una vida convulsa y agitada, cosida con delicadeza y fanatismo, con generosidad y militancia, que arrancó prometedora para finalmente apagarse derrotada entre la renuncia, el silencio y el olvido.

Tinísima es un novelón, casi setecientas páginas, torrencial y meticuloso, visceral y emocionante. También algo irregular; lógicamente la tensión dramática, el frenesí narrativo, tiene altibajos. Por ejemplo, la primera parte digamos mexicana me ha parecido bastante más interesante y bella que su segunda mitad, europea y española, más oscura y tenebrosa. La novela arranca con una Tina soñadora y atrevida que abandona su incipiente carrera como modelo y actriz de Hollywood para dejarse llevar desde la incipiente y vacua bohemia de California al exótico y excitante México post revolucionario como ayudante del fotógrafo Eduard Weston. Allí empezará a experimentar y desarrollar su propio proyecto vital y artístico; la sensibilidad de su mirada, el empeño en amar a quien decida, la capacidad de vivir con sus propias normas y valores; de posar desnuda, de cambiar de pareja, de relacionarse con la gente más humilde de tú a tú, de ser autosuficiente y de llegar libremente más allá de los límites, las convenciones o las imposiciones.

Aquí hay páginas excelentes, bellas y trepidantes, en las que la escritura de Elena Poniatowska es sensorial, carnal y poderosa, convirtiendo la lectura en un ejercicio a flor de piel, como cuando describe el amor entre Tina y el cubano –comunista y exiliado- Julio Antonio Mella: “Grita ¡Julio!, el vaivén de las olas en su cuerpo, el rostro en lágrimas, su cuerpo en cada ola; Julio desaparece en la mole oscura que curva su dorso y se desploma; la resaca lo hará visible, ella lo rescatará por los cabellos cubiertos de arena  y espuma; aplicará su boca a los sus labios rotos, respirará en su pecho copos de sal hasta ver las sábanas otra vez levantadas a su lado, Julio recuperado”, Fue este el punto de inflexión en la vida de Tina Modotti, el asesinato de Julio Antonio Mella andando de su brazo por las calles de DF. La prensa se le echó encima, los círculos comunistas en los que se movía respondieron con tibieza (Mella exhibía criterio propio, actitud herética para la ortodoxia del Partido) y sólo la generosa y apasionada defensa de Diego Rivera le devolvió la libertad, aunque al precio de ser expulsada del país. De esos años, sus fotografías y las que a ella le hicieron nos revelan tanto lo que observó como la manera en que decidió ver lo que le rodeaba y las páginas de Tinísima están impregnadas decididamente de esa luz, de esa atmósfera, de ese pálpito.

En el Berlín previo a los nazis, Tina Modotti, desiste de la máquina de fotografiar para implicarse por completo en la maquinaria comunista; de allí pasa a Moscú, donde se integra en el Socorro Rojo Internacional y ejerce como agente en misiones por Europa. El arrojo que le permitió trascender límites se reconvierte en profesionalidad revolucionaria; las órdenes se ejecutan, las consignas y los líderes, ahí está Stalin, jamás se cuestionan. Aún así, la paranoia y el cretinismo soviético la empujan a poner tierra por medio y establecerse en España, donde adopta el nombre de María, primero para intentar paliar la represión por el estallido de octubre del 34, al poco el de la Guerra Civil. Tina Modotti la pasará cuidando, curando, alimentando a heridos y refugiados, ayudando a crear el Hospital Obrero de Madrid, intentando paliar el sufrimiento de la población en al huída de Málaga a Almería, alentando a las Brigadas Internacionales… La derrota de la República española la llevará a Francia, Estados Unidos, de nuevo México.

Elena Poniatowska describe la transformación de Tina, el tránsito de aquella mujer magnética y deseable, sabedora que portaba el maravilloso y extraordinario don del arte hacia el de una persona esquiva e intransigente, acre, opaca, depresiva, que despreció a Diego Rivera por la simpatía del pintor hacia Trotsky. Aquí también la escritura de Elena Poniatowska se enreda por momentos, a mi parecer, en largas enumeraciones de apellidos, párrafos íntegros de testimonios y algunos errores de bulto, como asegurar que las Brigadas Internacionales tuvieron que abandonar España por órdenes de las Naciones Unidas…

Otros deslices quizás, sean la mera reproducción de una creencia sin confirmar, como cuando el personaje de Tina Modotti asegura que Matilde Landa falleció en Granada. La que también fuera incansable militante comunista y con la que Tina Modotti trabajó coco con codo durante la guerra española, en realidad se mató al tirarse al vacio en la prisión de mujeres de can Sales, en Palma, incapaz de seguir soportando la presión por el chantaje al que catequistas, monjas y carceleros le sometieron con el fin de que aceptase ser públicamente bautizada. Una historiadora lo definió como el espectáculo de la humillación. Hoy esa prisión es una biblioteca pública; de una balda en su sótano he tomado prestado el ejemplar de Tínisima con el que Elena Poniatowska quiso que no se perdiera, que no perdiéramos, la memoria de Tina Modotti.

 
 



















 Otras reseñas de Elena Poniatowska en Un libro al día: Leonora, Querido Diego, te abraza Quiela







sábado, 22 de junio de 2019

Reseña + entrevista: Lago negro de tus ojos, de Guillem López


Idioma: español
Año de publicación: 2019
Valoración: de lo más recomendable

Hermoso título el de la última novela -corta, no llega a las 130 páginas- de Guillem López, uno de los más destacados autores que hay por estos lares del género de la ciencia-ficci... un momento, creo que no no voy bien así. Reseteo...

Hermoso título el de la última novela de Guillem López, uno de los más destacados autores por estos lares de los géneros fantástico y de terro... No, no, tampoco lo acabo de ver... perdón. Con permiso, vuelvo a empezar,,,,

Hermoso título el de la última novela de Guillem López, un escritor contemporáneo que no duda en emplear los recursos metafóricos y metaliterarios necesarios para... Uf... mirad, lo siento, pero esto no funciona. Mejor comienzo de nuevo, de cero.

Lago negro de tus ojos, novela de hermoso título -eso es innegable- es todo lo que he comentado (o tratado de) anteriormente: una novela de género fantástico que utiliza el trampolín del ci-fi para lanzarse de cabeza hacia el terror -de "horror cósmico", la ha definido en alguna ocasión su autor, seguramente con algo de sorna, pese a que sí, lo es...- y que utiliza los recursos metaficcionales convenientes con excelente soltura, dado que no entorpecen la narración ni sirven como un reclamo exhibicionista que acabe eclipsando la historia en sí, sino todo lo contrario.

Historia compleja, por cierto, pero contada tendiendo a cierto "minimalismo", con los medios justos: un puñado de personajes localizados en un pequeño pueblo y a los largo de unos pocos días. el pueblo es valenciano -podría ser cualquiera cercano a la Albufera- y es al que vuelve Carla Babiloni, una periodista que se ha criado allí y debe escribir un reportaje sobre su situación tras el llamado Incidente: la aparición en el lugar de una laguna oval de aguas negras -no es la única que ha surgido en el mundo, pero sí la más grande- que parece ser un portal de algún tipo a otros universos u otras dimensiones y que atrae tanto a rebaños incesantes de turistas como a miríadas de insectos que infectan la localidad, magnetizados por la cercanía de la laguna. Insectos, fuerzas militares internacionales, sectas milenaristas... todos estos elementos se van trenzando en la novela junto con el pasado de carla, con las razones por las que no había vuelto a su pueblo hasta entonces, para construir una trama cada vez más inquietante en medio de un ambiente ya de por sí opresivo, casi pútrido...

El narrador del relato es Bernat, un antiguo novio de Carla que ha permanecido en el pueblo y trabaja en la fructífera actividad de exterminar plagas. Además, Bernat se dedica a dibujar todo lo que sucede, ya lo vea por sí mismo o lo intuya, en viñetas... Aunque quizás lo que ocurre sea que sucede sólo lo que Bernat dibuja. O no ha sucedido nada de lo que cuenta y todo está, tan sólo, en sus dibujos, quién sabe...

No quiero comentar más del argumento porque precisamente una cualidad de esta novela, sin duda gracias a su escueta extensión -aunque sólo en parte, porque también podría padecer una prosa anestesiante y no es el caso- es su carácter inmediato, casi esencial, que no deja espacio para la divagación... ni para la distracción del lector. De hecho, en verdad tampoco hubiera sufrido mucho menoscabo esta inmediatez si la novela se alargase un poco más; no porque a la trama le falten elementos -bien al contrario-, sino para dotarle de algo de "esponjamiento" a la narración. Pero no era esa la intención del autor, que ha optado -con un buen resultado, ya digo- por ese "esencialismo", donde además no todo se explica y tampoco hace falta... Quizás podríamos preguntarle al propio Guillem López a qué se debe esta elección...

-A diferencia de tu anterior novela, El último sueño, que se desarrollaba en un mundo fantástico completamente desarrollado (lo que los escritores llamáis worldbuilding), Lago negro de tus ojos transcurre en un entorno mucho más cercano, un pequeño pueblo valenciano, y con apenas un puñado de personajes. También es una novela bastante más corta. ¿Este cambio a un cierto "minimalismo" es consciente y buscado o el resultado de una escritura más rápida, menos controlada?

-Bueno, worldbuilding siempre ha habido. Antes se llamaba crear escenarios. La primera diferencia entre localizar un relato en un mundo fantástico y el nuestro es que el nuestro ya es plausible de partida, mientras que en un mundo fantástico hay que trabajar absolutamente todos los aspectos.En mi caso, el escenario, pese a que no es real, es realista. los poblados al sur de valencia.La aparición de lagunas que son portales a otra parte del Sistema Solar es el elemento fantástico que irrumpe en el escenario.
Respecto a la longitud del libro, quería escribir una novela corta, probar si podía manejarme en esas distancias. y ha sido más complicado de lo que parece, porque una novela corta requiere unos tiempos muy diferentes a lo que estaba acostumbrado. El minimalismo en el estilo es sólo una fase más en mi eterno aprendizaje. lo que estoy escribiendo ahora mismo también explora otras posibilidades. Escribir es un juego, un descubrirse, y en eso estoy.

-Se puede decir que Lago negro... tiene un aire a lo Stephen King, al menos en el planteamiento inicial, pero también hay elementos narrativos que recuerdan a Lo que más me gusta son los monstruos y referencias a Poe y Lovecraft. Tu anterior novela se podría encuadrar en el New Weird, con el aporte vintage de los Gangs de N.Y. de Herbert Ashbury, mientras que Arañas de Marte, en cambio, denota una impronta "philipkadickiana" (si existe ese adjetivo). ¿Toda esa variedad de referencias es también el resultado de una exploración consciente y planificada, o más bien a dejar aflorar toda una serie de lecturas y de autores de forma espontánea?

-Ah, sí. Hay mucho King y Lovecraft, pero también los hermanos Cohen y David Lynch. Hace algún tiempo que le doy vueltas a eso: los campos de arroz de Valencia , la costa y la huerta, son mi Maine , mi pequeño Providence lleno de luces y sombras. utilizar mi escenario cercano era una necesidad. respecto a las referencias, como dije, me gusta cambiar. Entre un libro y otro pasa aproximadamente uno o dos años. yo he cambiado, el mundo a cambiado. ¿Por que´no deberían cambiar mis libros? Creo que es un poco lo que esperan mis lectores, cosas diferentes, algo nuevo. nos pasa a todos, a mí también. Somos adictos a las emociones fuertes y al placer inmediato. Queremos estímulos, queremos sorprendernos. Lo nuevo envejece muy rápido. encadenamos hype tras hype, como un Trazán yonki que atraviesa la jungla de bits y tuits. Yo sólo soy el que toca el tam-tam en este rollo tan esquizofrénico que nos hemos montado.

-Tanto esta novela como El último sueño tienen un trasfondo político importante; en este caso, sobre la opacidad de la información y las medidas al margen de la ciudadanía que toman los gobiernos y los organismos supranacionales. ¿Consideras, como es habitual oír últimamente, que toda literatura debe ser política y que incluso la ausencia de la misma en la literatura denota un posicionamiento político, de alguna manera?

-Toda expresión artística es política porque lo personal es político. el que diga que en sus libros no hay política es idiota o, simplemente, malvado.La obra proviene del autor, con sus prejuicios, sesgos, concepción del mundo y moral. No es tan difícil de comprender. Hay gente que me ataca porque incluyo política en mis libros o porque tengo una postura política en redes.Son los mismos que luego se meten entre pecho y espalda un grimdark que, básicamente, perpetua un sistema social basado en la violencia. O solo conciben el futuro como una distopía, que es la expresión más fatalista del liberalismo y cuyo mensaje básicamente se reduce a que la sociedad está condenada, el nosotros ha fracasado y sólo queda el yo. No sé si es que nos hemos vuelto todos gilipollas, pero me parece alucinante que nadie, ya no denuncie, sino por lo menos sea consciente de que el mensaje predominante que transmite la mayor parte de ficción contemporánea es, básicamente, propaganda.

-Hoy en día existe una compartimentación muy acentuada en literatura, no solamente entre los diferentes géneros (y dentro de cada género), sino incluso con respecto a niveles de lectura (o de lectores), edades, ideologías, etc... Pocos géneros han conseguido convertirse en transversales en toda esta compartimentación del público y el mercado, quizás tan sólo el género negro, policiaco, noir... ¿Podría ocurrir lo mismo con el género fantástico o la ciencia-ficción? ¿Sería deseable que ocurriese?

-Me parece mucho más interesante conseguir lectores transversales que un género transversal. Quiero decir, lectores que puedan moverse entre géneros. yo soy un lector transversal porque me muevo entre géneros, pero sé que pertenezco a una minoría y que la tendencia es contraria: mayor segmentación del mercado, especialización editorial, un producto para cada tipo de lector. las normas del juego nos lo ponen cada vez más fácil, parece que somos libres para elegir y que eso nos hará más felices, pero en realidad estamos encerrados en una cárcel de algoritmos, con un horizonte demasiado cercano. Es una mala copia de la sociedad contemporánea: unos pocos libros que venden millones y millones de libros que venden un centenar de ejemplares.

-En este libro hay un componente metaficcional, por medio de las viñetas que dibuja Bernat, que incluso puede hacernos plantearnos la interpretación final de la novela. Algo parecido ocurría en Arañas de Marte, con la novela pulp que leía la protagonista... ¿Este interés por la metaficción te convierte, en cierto modo, en un escritor postmoderno? Y lo que es más importante: ¿vas a demandar al blog por haber insinuado que lo seas?

-No me ofendo, en serio, no imports. Es el tiempo que nos ha tocado sufrir. Lo seremos durante mucho tiempo, todo lo que dure esta lenta muerte del postmodernismo. Es como decir que todos somos cristianos. Lo somos. Llevará generaciones deshacernos de la cosmovisión cristiana. Está bien que alguien se proclame ateo. Otra cosa es que pretenda hacernos creer que el mundo que ha puesto frente a él el cristianismo durante quince siglos y su posición en él ha cambiado de la noche a la mañana. El capitalismo tsmbién nos perseguirá durante mucho tiempo. Está condenado. Tarde o temprano desaparecerá, pero nosotros ya estaremos muertos.
Respecto a la metaficción, es una constante en mis libros. Todos juegan de alguna forma con el concepto de realidad y ficción, verdad y mentira. Es algo que me interesa, una especie de retruécano, porque expongo esa débil frontera entre realidad y ficción desde una mentira. Básicamente, toda la literatura es ficción. En Challenger, esa trampa se exponía desde el principio, con una nota en que se advertía que algunos personajes y sittuaciones habían eistido realmente. Y eso es un punto de partida que define nuestra sociedad actual. Es una mentira, pero puedes creer en ella si quieres. Más omenos como las paparruchas y bulos de la extrema derecha, sabes que son mentira, pero es tu mentira, tuya y de nadie más. Y si mucha gente cree en una mentira, ¿quién va a llevarles la contraria? ¿La realidad? ¿La ciencia? Todo eso hace tiempo que dejó de tener interés. Ya no importan los hechos, sólo importa el dinero y todo lo que puedas comprar con él. Es la decadencia final de un pensamiento y una cosmovisión que agoniza.

-Tanto Lago negro... como Arañas de Marte se desarrollan en entornos qye te son cercanos, pueblos de los alrededores de Valencia, la costa alicantina, etc... Aparte de lo interesante y hasta loable de esta decisión, ¿está entonces en tu ánimo convertir a la Comunidad Valenciana en un nuevo Maine (literariamente hablando, se entiende)? ¿Qué escenarios te parecerían adecuados para, por ejemplo, una distopía apocalíptica: la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el aeropuerto de Castellón, la plaza del Ayuntamiento de Valencia un día de mascletà...?

-Ah, sí. Como dije antes, voy a darle más importancia a los escenarios cercanos en mi obra. Quiero hacer algo Cyberpunk en València y también en el universo lovecraftiano de Lago negro de tus ojos. Así que mis próximos trabajos irán en esa línea. Ni de coña voy a hacer una distopía apocalíptica, por principios y porque no se acerca ni de lejos a la prospectiva que tengo en mente. Me interesan más las posibilidades y los cambios a nivel estructural que se producirán en la sociedad las próximas décadas, en parte debidos a los avances tecnológicos, pero también al agitamiento del sistema financiero global.

Pues estaremos atentos a las próximas propuestas de Guillem López (al menos quien firma esta reseña). Sin olvidar agradecerle antes, por supuesto, la amabilidad y paciencia que ha tenido a la hora de responder a estas preguntas: mil gracias y hasta pronto.

Otros títulos de este autor reseñados en Un Libro Al Día: El último sueño

viernes, 21 de junio de 2019

Cormac McCarthy: Todos los hermosos caballos

Idioma original: inglés
Título original: All the Pretty Horses
Año de publicación: 1992
Traducción: Pilar Giralt
Valoración: recomendable

Sacrilegio: Cormac McCarthy figura, reiteradamente y con creciente relevancia a medida que a algunos de sus competidores les da por morirse, en las quinielas de los premios Nobel de Literatura, año tras año.Y a mí sus novelas, esta es la cuarta que leo y la primera que reseño aquí, no me parecen tan brillantes como por ejemplo, las de Philip Roth, sin llegar a sentirme decepcionado o plantearme abandonos. Hace tiempo que, en esos propósitos de enmienda a los que la tozudez le lleva a uno, me hice con su Trilogía de la frontera en una bonita y práctica caja. Cerca de mil páginas que se abren con Todos los hermosos caballos, novela de espantoso título que fue llevada al cine en uno de los primeros papeles de Penélope Cruz dentro de su carrera estadounidense. Quiero decir: igual en inglés tiene una sonoridad diferente, pero en español la traducción literal del título resulta una expresión que suena bastante cursi. Y desde luego, cursi no es un apelativo que encaje a la hora de describir la obra de McCarthy. Más que nada por la crudeza habitual de sus floridas descripciones, tan aplicable a los áridos paisajes que transitan los protagonistas de sus novelas como al despiece detallado y minucioso de cualquier sangriento acto criminal. Los personajes de McCarthy, los que he conocido en estas novelas por lo menos, siempre suelen estar polarizados por la presencia de una bondad o una maldad absoluta manifestada (sea un juez, un asesino, un padre obsesionado con llevar adelante a su hijo), y personajes de contrapeso que aportan matices a esa polaridad, ergo, aquellos a los que las circunstancias les hacen desviarse de su cauce natural.
Todos los hermosos caballos cuenta con John Grady, joven que no llega a la veintena, edad, fechas que cuadran con la propia trayectoria vital del autor (del que poco se sabe, pero se sabe más que de Pynchon), joven que, en la frontera México-USA de 1949, fecha que cuadra en lo concerniente a la presencia de ciertas referencias técnicas, pero que podría ser 60 años antes y no notaríamos gran diferencia, decide montar su caballo y, acompañado de su amigo Lacey Rawlins, aventurarse, muy adecuada la palabra, y recorrer el camino que les lleve a México con la intención de buscarse la vida y acabar trabajando en un rancho para cuidar, claro, caballos. En ese recorrido se encontrarán con Jimmy Blevins, este ya un mocoso de apenas trece años, personaje que les provoca una mezcla de lástima y desconfianza, al que se unen en su recorrido y que alterará sustancialmente el devenir de sus planes. Sobre todas las circunstancias que envuelven a los tres jóvenes, a sus respectivas monturas, las familias de las que proceden y los hechos que marcan sus decisiones de cruzar la frontera en el sentido inverso en que suele hacerlo, McCarthy mantiene un inquietante y seductor silencio narrativo.
Una vez en México tras diversas andanzas relacionadas con lo incierto del camino, las precarias condiciones y, claro, esto es una novela, sus interacciones con quienes encuentran a su paso, Grady cometerá esa inexorable equivocación cuando uno se rige por los designios del corazón, cuando Alejandra, hermosa hija del terrateniente, cae prendida en un romance desigual e imposible y esa relación enturbia lo que iba a ser una plácida o incluso estimulante estancia como cuidadores y domadores de caballos. Ahí surge una tía de incierto pasado que, queriendo impedir que su sobrina cometa sus supuestos errores, obra de forma sibilina.
Cuestión que activa el modo "culebrón".
La novela es desigual. Los personajes están plasmados con trazo firme y con el fascinante misterio que los envuelve en cuanto a lo ético o lo fatal (en el sentido del destino) de sus actos. La violencia y la arbitrariedad del poderoso, la impunidad, flota de manera insana ante lo que podríamos pensar que son los actos instintivos y limpios de jóvenes en busca de su futuro (huyendo de no sabemos qué), pero no sé, empiezo a matizar mi opinión, si necesitamos tanto envoltorio para lo que puede ser una aventura de amigos en el que uno se enamora de la persona equivocada.
Breve paréntesis. Llegué a enviarle un Whatsapp (sí: en este blog somos así de MODERNOS) a Koldo describiendo este libro como "glorioso".
Pero en algún punto, acercándome al final, empecé a pensar si todo esto no está un poco sobrevalorado. Si esta novela no es una novela del Oeste (sin indios) aderezada de ricas descripciones, de detallados pasajes de especies vegetales de todo tipo (que aturdieron a la traductora hasta precipitarla dos veces hacia el síndrome Basterrechea*), de expresiones en español de México, que proliferan a medida que los jóvenes se integran en el rancho, de, claro, toda clase de pasajes sobre la crianza equina que justifican el título pero que aturden al lector profano pues, y añádase lo del título, uno acaba pensando a quién aprecia más Grady, o sea, no un cúmulo tal que invalide los aspectos positivos de la novela (el fulgor juvenil capaz de sobreponerse a la adversidad y la injusticia mientras sus efectos lo hacen madurar, por ejemplo), pero que sí matizan algo esa casi unánime genuflexión previa a cualquier obra de su autor. O sea, bien, pero con la duda de si esta historia no es una historia universal recubierta de hojarasca estilística.

Cuestión que quizás leer la siguiente pieza de la trilogía me ayude a responder.

* Célebre proceso de traducción que empuja a optar por la expresión perlarse la frente de sudor.


jueves, 20 de junio de 2019

Gabriel García Márquez: La mala hora


Idioma original: castellano
Año de publicación: 1962
Valoración: Recomendable

Si después de muchos años sin volver a un autor, en unas pocas líneas iniciales ya hemos identificado su estilo, ahí hay algo mágico, quizá lo que define a un genio. Es lo que ocurre con Gabo, de inmediato estamos sumergidos en su atmósfera, sin lugar a dudas nos enganchamos a su tono y su ritmo, y sabemos que nos deleitará con su frase breve pero llena de sensualidad, su adjetivación precisa y la peculiar frialdad con la que multiplica el efecto de lo insólito o lo descarnado.

La mala hora es una obra todavía temprana, aunque emparedada nada menos que entre El coronel no tiene quien le escriba y Cien años de soledad, casi nada. Parece bastante claro que es lo que podríamos llamar una obra menor, y quizá un puente entre el realismo sobre el que todavía transita y los peculiares ingredientes del realismo mágico que no tardarían en aparecer para constituirse en un sello definitorio, casi tópico, del autor.

La narración se desarrolla en un pueblo colombiano sin nombre y en una época que, aunque tampoco se define, se puede muy bien identificar con el periodo conocido como ‘la Violencia’, años de guerras civiles no declaradas, a mediados del siglo pasado, y más concretamente después de la dictadura de Rojas Pinilla, finalizada no mucho antes de publicarse el libro. En ese entorno tan del gusto de García Márquez nos enteramos, siempre de forma indirecta, de que acaba de terminar una época de represión y violencia que ha dejado profundas cicatrices, y el alcalde, claramente vinculado con la etapa anterior, intenta demostrar que se ha pasado página y que el futuro se escribirá en paz y en libertad. Las cosas no serán sin embargo tan fáciles, los rencores son todavía ardientes y pocos se creen la reconversión de los antiguos represores. En definitiva, el clima de enfrentamiento sigue latente, y la extraña aparición de unos pasquines aireando infidelidades y vergüenzas privadas de los vecinos enrarece aún más el ambiente y hace que broten las primeras chispas.

Estamos en una novela coral, un amplio y a veces algo confuso muestrario de personajes que constituye la radiografía del pueblo: algunos que no han abjurado de su militancia, otros a quienes ocupa sobre todo su vida familiar (y a veces diríamos parafamiliar), los que siguen impertérritos su rutina, y los que apenas pueden hacer otra cosa que sobrevivir, como los desplazados por unas inundaciones. Todos ellos pivotando en torno al alcalde (cargo que no sé si es exactamente equiparable al español), un militar reciclado que muestra dificultades para adaptarse a los nuevos tiempos que él mismo intenta vender, y con el hilo conductor del padre Ángel, el dibujo soberbio de un cura rematadamente pobre, con voluntad de apaciguar pero con las ideas claras. Unos personajes más interesantes que otros, pero todos llenos de matices, definidos con pocos trazos, exactamente los necesarios y solo ellos, a veces un rasgo físico, una actitud, una manera de moverse.

El retrato muestra las heridas de la represión y el recuerdo bien fresco de las operaciones nocturnas, el terror, los paseíllos y los disparos, pero también otros aspectos interesantes que aparecen a remolque de una dictadura. Por ejemplo, la corrupción, que antes o después se termina instalando en los distintos niveles del poder, al cobijo de la impunidad. O la convicción, que arraiga en algunos funcionarios, de que hay que sacar provecho de una situación que a buen seguro será transitoria y en algún momento se volverá en contra. Una relación dictadura-corrupción que, aunque en una perspectiva algo diferente, curiosamente también aflora en El siglo de las luces de Alejo Carpentier, publicada el mismo año.

Sí es cierto que el relato da la impresión de atascarse, de girar una y otra vez sin avanzar, y esta falta de desarrollo empobrece un poco el conjunto. Es como algo a medio hacer, o construido sin una idea previa, algo que pudo haber sido bien un cuento (pero en ese caso recortando elementos que le restan agilidad), o bien una obra de mayor extensión (de haberse acertado a dar continuidad al argumento), para terminar quedándose un poco en tierra de nadie. Un relato que además Gabo no quiso cerrar con un final preciso, aunque claramente lo sugiere o, mejor dicho, deja la puerta abierta a una nueva fase que el lector debe construir a partir de lo narrado. Eso sí, no sin antes habernos dejado un último párrafo absolutamente genial que no debo comentar y menos reproducir porque sería robarle al posible lector una de las joyas más brillantes de este libro desigual.

Porque joyas tiene muchas. Si la historia se nos queda algo coja, la lectura, frase a frase, es una delicia, nunca una palabra de más, a cada paso un elemento inesperado, la definición exacta y esos adjetivos audaces que a veces desembocan en la sinestesia o en algún sutil juego de significados. Hay otros grandes autores que manejan estos recursos con solvencia, pero en mi opinión García Márquez lo hace con una cualidad que le hace inigualable: la naturalidad. Si pudiéramos preguntarle, seguramente nos diría que detrás de su prosa hay mucho más currelo del que parece, pero para el lector la sensación es de que todo es fruto del talento y solo de él, que las palabras fluyen de la única forma posible, que no hay tachaduras, dudas ni rectificaciones. Es lo que me parece más admirable del libro, y esto lo podemos disfrutar aunque en otros aspectos resulte algo menos satisfactorio.

Otras obras de Gabriel García Márquez en ULAD: aquí

miércoles, 19 de junio de 2019

Joseph T. Sheridan Le Fanu: Carmilla

Idioma original: Inglés
Título Original: Carmilla
Traducción: José Luis Piquero
Año de publicación: 1872
Valoración: Imprescindible para interesados, recomendable para el resto

Antes de entrar en materia, tengo que mencionar tres factores que condicionan la valoración de este libro. El primero es que me encantan las películas de la Hammer (Peter Cushing, Christopher Lee y compañía), el Drácula clásico de Bela Lugosi, etc, así que muy mal se tiene que dar para que un libro de este tipo no me guste. El segundo es que estamos ante una obra de culto, hasta el punto de ser considerada por los expertos como la primera novela (¿cuento largo?) vampírica, lo que nos permite tener cierta manga ancha con los defectos de la novela. Y el tercero y último, estrechamente relacionado con el anterior, es que es una historia tantas veces vista y leída a estas alturas que no hay "factor sorpresa". Eso sí, no debemos olvidar que la novela ¡tiene casi 150 años!.

Así que creo que lo más justo es ese "imprescindible para interesados, recomendable para el resto". Porque la novela tiene su lado positivo y su lado no tan positivo. A su favor juega, sobre todo, la recreación de una atmósfera tenebrosa que contribuye de manera fundamental a la construcción de una entretenidísima historia de terror y misterio a partes iguales, relacionada, no improbablemente, con algunos de los más profundos arcanos de nuestra existencia dual y sus estados intermedios. De hecho, es tan grande la influencia de "Carmilla" en todo el cine y literatura vampírica posterior que cualquier lector con un mínimo bagaje en la materia reconocerá múltiples elementos: la joven huérfana e inocente criada por un aya, el castillo pintoresco y solitario situado en una colina boscosa, el ama de llaves, el misterioso carruaje negro, la joven (el joven en posteriores adaptaciones) de belleza arrebatadora pero más rara que un perro verde, las muertes que se suceden sin motivo aparente, el doctor, etc. El lado menos positivo de la novela lo constituye su final, no tanto por carecer de ese "factor sorpresa" del que hablaba sino por su brusquedad. Se trata de un final que llega "muy de repente", rompiendo de forma casi violenta con todo el desarrollo anterior de la trama. 

Independientemente de esto, quisiera destacar otros dos aspectos clave de la "Carmilla". Uno sería su alta carga homosexual, cosa que sorprende tratándose de 1872. Obviamente, no hay escenas sexuales explícitas, pero la relación amistad / amor / odio entre Laura y Carmilla tiene unas connotaciones sexuales que Le Fanu no se molestó en ocultar, sobre todo en un personaje tan ambiguo y dual como el de Carmilla. El segundo sería su aspecto onírico. Sueños, visiones y alucinaciones acechan a Laura y a Carmilla y hacer crecer el halo de misterio y terror. Y es que los sueños atraviesan los sólidos muros de piedra, iluminan cuartos oscuros y oscurecen los claros, y entran y salen como les place y se ríen de las cerraduras. Vaya, que si ciertos psiquiatras vieneses aficionados a la cocaína no leyeron está novela para inspirarse en sus teorías, poco le faltó.

En resumen, este "Carmilla" supone la reedición en tapa dura, letra bien hermosa y nueva traducción de un clásico que todo aficionado al misterio y al terror debe leer. Y si no lo ha hecho, que empiece cuanto antes, no vaya a ser que una de estas noches veraniegas entre un murciélago por su ventana y ...

martes, 18 de junio de 2019

Irene Solà: Canto yo y la montaña baila

Idioma original: catalán
Título original: Canto jo i la muntanya balla
Traducción: Concha Cardeñoso
Año de publicación: 2019
Valoración: muy recomendable

De un tiempo a esta parte, ha ido aumentando el recelo sobre los premios literarios, pues en ocasiones la calidad de la obra premiada no parece merecedora de tal reconocimiento. No sería el caso del libro que nos ocupa, pues «Canto yo y la montaña baila» atesora la calidad suficiente para haber ganado el “Premi Llibres Anagrama 2019” y es un reconocimiento justo a una autora que, pese a su juventud, tiene un talento narrativo innegable. Y sí, sorprende la juventud de esta autora si nos fijamos en la calidad literaria y la manera en enfocar la obra, pues su alta complejidad narrativa y variedad de estilos son propias de alguien que sabe perfectamente en qué consiste el arte de narrar e Irene Solà, a sus veintiocho años, lo demuestra en cada párrafo.

En esta novela coral, que trata sobre la vida, la naturaleza y el pasado, testigo de historias y fábulas, cuentos y leyendas, la voz que trasciende no es la voz únicamente de una persona, de una sola narradora, es la voz de la tierra, de los elementos, de los animales y de las personas, también; una voz terrenal y por ello, auténtica, genuina, pues repartiendo la narración entre los distintos elementos que conforman un mundo rural, térreo, la autora describe las sensaciones de una manera pura, natural y con una espontaneidad que no la aleja ni un instante de una calidad estilística excepcional. Se nota su experiencia literaria tras su paso por la poesía, se percibe en cada palabra elegida de manera precisa, pero sin forzar el lenguaje, sin tensar demasiado el vocabulario, encontrando el punto justo para dotar la narración de una alta calidad sin mostrar impostura o exceso.

Para cubrir toda esta amalgama de temas, y hacerlo sorteando un riesgo evidente de caer por el precipicio de la desmesura, la autora vuela por la narración con un ritmo narrativo alegre y atrevido, evidenciando que se divierte con las palabras y con los personajes, disfrutando con un juego literario que transmite de manera coherente y perfectamente hilvanada, desplegando un diorama de elementos que conforman una escritura muy completa. Así, la narración salta de un personaje a otro, y asistimos a un baile de voces que relatan una historia plural con la montaña como elemento nuclear. Arriesgando en cada párrafo, Irene Solà no da un paso en falso, en cada salto de personaje para cambiar la voz, siempre acierta y pisa tierra firme, una tierra que rezuma la historia de un pasado aún latente y abarca toda la narración, dotándola de una coherencia perfectamente armonizada. Bien es cierto que existe algún capítulo algo irregular en interés por la propia la historia narrada, pero no afecta al conjunto de una obra que tiene una primera mitad del libro realmente excepcional, de una calidad y exquisitez remarcables, y también un tramo final bellísimo, con esa mirada sensible y delicada, que acerca nuestros pensamientos a la tierra, al paisaje, donde pertenecen, donde serán recordados.

De esta manera, la autora utiliza cada una de esas voces, ya tenga forma de persona, de animal, de elemento meteorológico o de la propia naturaleza, para narrar una historia que nos habla de las personas en un entorno rural, en esos limitados espacios de los pequeños pueblos que, con sus historias, reales o ficticias, sus cuentos y fábulas, sus mitos y leyendas, conviven con la propia montaña y sus elementos. Y con todo ello, teje una historia redonda, perfectamente estructurada, entrelazando un conjunto de relatos relacionados entre sí, sobre historias de personas vinculadas al entorno, relatos con alta dosis de realidad, pero también envueltos de fantasía, mitológicos, de un pasado que la tierra recuerda y arrastra a través del tiempo a través de sus animales y sus paisajes, que todo lo ven y todo lo recuerdan. Recuerdos como el de la Guerra Civil, y el paso de los republicanos hacia Francia buscando el exilio, con sus muertos desaparecidos en las tierras que los acogen, como acogen también las armas y metralla que quedan repartidas por esas montañas, como esperando a ser descubiertas para recordar las personas que ya no están; y los animales que lo observan, y el cielo omnipresente con los truenos que apuntan y marcan el destino de algunas familias que siguen ahí, y ahí seguirán. Porque hay dolor en la historia, el dolor por la muerte que irrumpe de golpe, de imprevisto, y cambia la vida de sus allegados, unas vidas pequeñas en apariencia, sin grandes aspiraciones; una muerte que llega y fuerza a mantener la vida, o a sobrevivir y luchar por los que siguen, por los vivos. Y está también el dolor de la añoranza, al recordar los sueños de juventud, que el amor ciega y oculta al paso del tiempo, cambiando la cara por una más tierna, más dulce, pero menos radiante, en tiempos difíciles y matrimonios jóvenes que no han visto el mundo con los ojos de la experiencia, y maduran de manera inexorable mirando a lo lejos qué fueron de esos deseos que quedaron atrás en la mente de los jóvenes.

A pesar de ese dolor que existe y se recuerda, la novela no es triste, sino al contrario. El tono que la autora transmite en la narración es alegre, jovial en algún caso y totalmente desenfadado, libre de ataduras, ambicioso y de trasfondo dulce y vivo. De estilo delicado, preciso y bello, la prosa de la autora fluye perfectamente entre escenas rurales que tratan de la vida y del entorno, un entorno que observa las peculiaridades de sus habitantes e influye imponiéndose a veces en sus humildes vidas. Un relato donde la fantasía también está presente, en los recuerdos, en la naturaleza, en los paisajes. De esta manera, mezclando historias y leyendas, nos habla de la tierra, de la tierra que recuerda, de las historias que han ido sucediendo en ella, porque la tierra nunca olvida, nunca muere, siempre estará, porque no tiene principio ni final.

La novela que ha escrito Irene Solà es el retrato de un paisaje donde los elementos naturales abrazan y acogen las vidas de sus habitantes, vidas dispares y en ocasiones desafortunadas, pero que la narración de la autora las protege y envuelve de una belleza que hace que no podamos evitar contemplarlas con detalle y aplaudirla por este homenaje que ha hecho a los cuentos, a las rondallas, a la magia que envuelve a las historias que se transmiten de generación en generación, a la mitología y a la fantasía. En definitiva, a la literatura en sus diferentes vertientes que, de una forma u otra, se transmite con el paso del tiempo. Un auténtico regalo a quienes creemos en la pervivencia de las historias, un regalo a todos nosotros.