jueves, 23 de febrero de 2017

Gonçalo M. Tavares: Un viaje a la India

Idioma original: portugués
Título original: Uma viagem à Índia
Año de publicación: 2010
Valoración: recomendable

"¡Otra vez tú! ¡Dos días seguidos!" Pues sí, con permiso de mis compañeros de blog, y contando con la paciencia de los lectores, aquí vuelvo a la carga otra vez, y otra vez con un libro de la literatura portuguesa. Y lo hago por un motivo: porque este Viaje a la India de Gonzalo M. Tavares es, de una forma creo que bastante clara y deliberada, una actualización posmoderna y autoirónica de Os Lusíadas de Camões. Así que tenía sentido comentar los dos libros seguiditos, uno bien cerca del otro.

¿Y qué es lo que relaciona las dos obras? Pues para empezar, el género: los dos son poemas épicos, escritos en Cantos y divididos en estrofas numeradas (aunque Tavares, claro, no escribe en octavas como Camões, sino en estrofas de extensión variable y verso libre). En segundo lugar, el tema: un viaje desde Lisboa a la India; aunque aquí comienzan ya las diferencias, porque si Os Lusíadas cuenta el viaje de Vasco de Gama rodeando el continente africano con sus naves, el protagonista de Un viaje a la India, Bloom, que huye de Lisboa perseguido por la sombra de un doble crimen, llega hasta Asia por un camino más cómodo y civilizado: en avión, pasando por Londres y París.

Hay también otros elementos que hacen pensar que Gonzalo Tavares tiene muy presente la obra de Camões (como no podía ser de otra forma, como escritor portugués que es): las peripecias iniciales de Bloom en Londres, perseguido por varios matones, y su buena acogida en París, recuerdan a episodios semejantes de Os Lusíadas, en que Vasco de Gama y su tropa tienen que huir de Mozambique y Mombaça, antes de ser bien acogidos por el rey de Melinde. Y los episodios finales, ya a la vuelta del viaje, en que Bloom se distrae con unas prostitutas parisinas, recuerda una vez más al famoso capítulo de la Isla de los Amores que aparece al final del poema camoniano.

Naturalmente, hay entre las dos obras diferencias más profundas que un simple cambio de itinerario. La más importante es que Os Lusíadas es, muy deliberadamente, una epopeya nacional, mientras que Un viaje a la India es a la vez individual ("no vamos a contar la historia de un pueblo", dice literalmente un verso) y cosmopolita: el protagonista, aunque lisboeta, se llama Bloom (como el protagonista del Ulises, claro), y los pasajes sobre la historia de Portugal y sus héroes han sido sustituidos en la nueva obra por reflexiones de los personajes sobre la vida, la muerte, el amor o las mujeres. (Sí, Un viaje a la India es una obra con un cierto tono machista, o por lo menos macho: la mirada masculina es la única que tiene acceso al texto, y las mujeres que aparecen son casi siempre objetos de deseo y no sujetos de acción).

La otra gran diferencia entre Un viaje a la India y Los Lusiadas es el tono: declamatorio y épico en la obra de Camões (como correspondía a su espíritu y a su época); posmoderna, autoconsciente y levemente irónica en la de Tavares, que hace que la lectura sea sorprendente, llena de pequeñas trampas y giros lingüísticos, poéticos y narrativos. Tanto Bloom (que es al mismo tiempo un aventurero, un proscrito y un viajero diletante) como el narrador, que por momentos asoma la cabecita entre los versos, como otros personajes secundarios, aprovechan las oportunidades que se les ofrecen para bromear con el lector, con otros personajes o con la propia trama.

Y sin embargo, se habría agradecido que hubiera todavía más ironía y parodia (como por ejemplo en otro poema épico contemporáneo, Levante de Cartarescu), porque el Viaje a la India mezcla fragmentos en los que se ve un distanciamiento humorístico del narrador o los personajes, con otros en los que se imparte una cierta sabiduría new age (estamos en la India, al fin y al cabo) que llega a resultar algo cargante en su grandilocuencia. Quizás la búsqueda de grandes frases o versos (esos que luego aparecen citados en montajes con amaneceres en facebook) le haya podido a Tavares, que en cambio cuando se toma menos en serio, resulta mucho más simpático.

Dice la faja que rodea el libro (en Portugal por lo menos) que "algún día se escribirán tesis doctorales sobre los versos de Un viaje a la India". No tengo ninguna duda sobre ello, porque el poema es original, muy posmoderno, atractivo y divertido por momentos, y crea juegos interesantes con la tradición literaria anterior. El problema que le veo, quizás el mayor, es que por momentos Gonzalo M. Tavares parece estar pensando ya en las tesis doctorales que se escribirán sobre su obra, posando para la fotografía, por decirlo así. Y aunque es un gran escritor (uno de los mayores de la literatura portuguesa actual), está mal que se lo crea demasiado.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Luis de Camões: Los lusíadas

Idioma original: portugués
Título original: Os Lusíadas
Año de publicación: 1572
Valoración: Ufff

Es difícil enfrentarse ingenuamente, con la inocencia del lector que lee únicamente por placer, a obras que tienen el peso histórico y canónico de Os Lusíadas, de Camões, y más cuando se vive en Portugal, un país en el que todos los niños están, al menos en teoría, obligados a leer esta obra con 14 o 15 años. En la figura de Camões (o como se solía escribir en español, Camoens) se siente todo el peso de la historia y la crítica literaria: desde que fue exaltado por los románticos europeos como gran poeta de la nacionalidad hasta hoy, son miles las páginas escritas (sobre todo, pero no solo, por portugueses) alabando la inventiva del escritor, su estilo, su originalidad, su fuerza poética, su elocuencia.

Y se comprende perfectamente que esto sea así, en cierto modo. Os Lusíadas es, más que ninguna otra que yo conozca, una epopeya "nacional", o sea, de exaltación de la patria y su glorioso destino. El argumento central, que, eso sí, contiene muchos desvíos, narra el viaje de Vasco de Gama desde Lisboa hasta la India, dentro de las campañas de Descubrimientos de los portugueses en Asia. Este viaje se ve entorpecido por la oposición de Baco y ayudado por Venus (en una mezcla de mitología clásica y exaltación cristiana que puede resultar chocante, pero que es muy de su época). Entre los peligros que encuentran a su paso se incluyen las traiciones de los pérfidos musulmanes (Os Lusiadas sería una obra muy del gusto de Trump, si supiese leer), monstruos mitológicos como Adamastor, titán que habita el Cabo de las Tormentas, o las propias tempestades marinas, provocadas (o no) por los dioses. Afortunadamente para los marineros de Vasco de Gama, su llegada a la India tiene premio doble, porque a su regreso son empujados por Venus hasta la Isla de los Amores, donde tienen ocasión de reposar en brazos de bellísimas ninfas.

No seré yo quien ponga en duda la maestría estilística y versificadora de Camões, no solo por escribir un poema de diez cantos en octavas perfectas, sino sobre todo porque la obra tiene fragmentos, sin duda, que dan para leer y releer y disfrutar y analizar cada una de las palabras escogidas, cómo fueron escogidas y colocadas en el poema, y los efectos que se consiguen con ellas. Algunos episodios, como el de Adamastor o el de la Isla de los Amores (que es el más picante de todos, claro), o también algunos pasajes en que la épica deja paso a la lírica, se destacan sobre el conjunto y han sido justamente ensalzadas por la crítica y retomados por la cultura portuguesa posterior.

Y sin embargo, sin embargo... la lectura íntegra y seguida de Os Lusíadas no es, me temo, una experiencia placentera, no ya para un niño de doce o trece años, sino ni siquiera para un lector adulto medio, especialmente uno que no sea portugués. Una parte importante de su contenido (los cantos III y IV, y también el VIII) está dedicado a contar la historia de Portugal, desde su fundación mítica hasta los tiempos de Camões, y a presentar a algunos de sus héroes nacionales, como Viriato, Afonso Henriques o Egas Moniz. Los pasajes en que los dioses discuten sobre el destino de los héroes tampoco son lo más atractivo del poema, por decirlo finamente. Quiero decir que hace falta una sensibilidad poética muy afinada, un patriotismo portugués muy exaltado y/o un gusto muy depurado por los clásicos para que Os Lusíadas no se haga pesado hasta el punto de sentir la tentación de abandonarlo.

En resumen, lo que quiero decir (y de ahí la valoración tan peculiar que le he puesto) es que en esta obra existe una distancia enorme entre el valor filológico de la obra, e incluso su valor estético como monumento de la lengua portuguesa, y el placer que esta obra puede proporcionar actualmente a un lector no académico. No es, desde luego, una lectura adecuada para principiantes, salvo que sea dada en pequeñas dosis y con mucha ayuda. Y me pregunto hasta qué punto muchas de las personas que alaban esta obra como siendo una maravilla del arte literario realmente la han leído, la han entendido y han disfrutado con ella, o si simplemente repiten lo que se les dijo que tenían que decir (algo que, por otra parte, cabe preguntarse de la mayor parte de los grandes clásicos).

Y creo que con esto, he perdido cualquier posibilidad de conseguir algún día la nacionalidad portuguesa.

martes, 21 de febrero de 2017

Kingsley Amis: Cuentos completos

Idioma original: inglés
Título original: Complete Stories
Años de publicación: 2011 (como libro)
Traducción: Raquel Vicedo 
Valoración: está bien

Me temo que para muchos lectores, al menos para los no británicos, el señor Kingsley Amis, de sonarles, no pase de ser el padre de la estrella del rock'n'roll de la literatura inglesa Martin Amis (un indicio algo chusco de lo que escribo: en la entrada de la wikipedia en español correspondiente a Kingsley Amis aparecía hasta hace poco una foto... de su hijo). Confieso que también para mí era apenas poco más que eso. Y sin embargo, el bueno de Sir Kingsley se había ganado su puesto en la historia de las letras inglesas desde los años 50, como representante del movimiento conocido como los Young Angry Men, los "jóvenes airados" que protestaban contra el orden establecido en la sociedad y la literatura británicas (aunque después se volviese menos airado o incluso airado con los que se decían airados. pero eso suele pasar...). Dispuesto a enterarme de primera mano de su valía literaria, me decidía leer, en vez de alguna de sus muchas novelas, este volumen -por lo demás grueso, aunque sólo cuente con veinticuatro relatos en él- de sus Cuentos completos.

Ordenados éstos cronológicamente, según parece, encontramos aquí un poco de todo: los tres primeros se desarrollan en el mismo ambiente, el batallón del Real Cuerpo de Señales en el que sirvió Amis durante la II G. M., y casi los mismos personajes... incluso se podría componer el núcleo de una novela con ellos. Después vienen otros tres, quizás de los mejores relatos de la recopilación (Sangre en las venas, Toda la sangre que hay en mí, Querida ilusión), en los que prima la ironía y el desengaño hacia diferentes aspectos de lo que se parece constituir una cierta visión amable del mundo: el paternalismo "progre" hacia los desfavorecidos, la automitificación del pasado juvenil o el ensalzamiento papanatas de obras literarias de calidad dudosa (supongo yo que estos relatos deben corresponder a la época en la que el autor se estaba distanciando de su pasado de comunista acérrimo y deslizándose hacia una derecha desengañada).

A continuación el volumen nos ofrece otros cuentos que corresponden, en líneas generales, con relatos de ciencia-ficción, otro de los géneros que Kingsley Amis cultivó. Ahora bien, si el primero de ellos Algo extraño, que se desarrolla, en principio, en una remota estación espacial, podría ser considerado como de "ciencia-ficción clásica" (recuerda en algún momento al Solaris de Lem, los siguientes cuatro pertenecen directamente al género del cachondeo: se refieren a unos científicos que inventan una máquina del tiempo y la aprovechan para enterarse de qué va a ocurrir en el futuro con una de sus aficiones preferidas: las bebidas alcohólicas y espirituosas (ésta, la del bebercio, parece que también era una de las actividades favoritas de Amis, que incluso escribió varios libros sobre el tema). El duodécimo cuento también tiene una impronta ci-fi, pero al mismo tiempo entra dentro de otra categoría, la de los relatos "metaliterarios"; se titula Hemingway en el espacio y, como parece bastante evidente, se trata de una parodia de uno de los cuentos africanos del autor norteamericano, pero que se desarrolla en una cacería espacial. Bastante divertido.

Casi todo el resto de los relatos tiene también ese carácter "metaliterario "o "metahistórico". Encontramos desde un Dr. Watson que se dedica a resolver un misterio por su cuenta -y a su peculiar manera- o las aventuras de un agente literario secuestrado por razones misteriosas. E incluso un "metacuento", ¿Quién o qué era?, que se basa en una novela fantástica del propio Amis, El hombre verde. La sección "metahistórica" se ve representada por un relato en modo guionizado sobre la famosa carga de la Brigada Ligera en Balaclava y una ucronía sobre el comienzo -y en cierto modo , el fin- de la II Guerra Mundial, bastante conseguida. Aún así, el interés de todos estos cuentos, pese a estar escritos con la eficacia y pulcritud propias de este autor, es bastante relativo, al menos para el lector no anglófono y sin demasiados conocimientos sobre la historia y literatura británicas... Por ejemplo: ¿realmente es tan intrigante El secreto del Señor Barrett, sobre el padre de la poetisa Elizabeth Browning (y suegro de Robert, por tanto)? Pues para mí no, la verdad (aunque sólo soy un inculto dago...).

Entre este segundo bloque que constituye la mitad de los cuentos, también hay entreverados, cuatro relatos que no tienen este carácter "meta-lo que sea": La casa del promontorio y Boris y el coronel, del género de espionaje  (parece que Amis estuvo involucrado, de una forma u otra, con la creación de las novelas de James Bond), aunque resueltas de forma harto diferente. La vida de Mason resulta ser un sugerente cuento onírico. Y, por último, Un tirón del hilo -tal vez el relato más ambicioso de todos- versa, a partir de la figura de un pastor anglicano que descubre que tiene un hermano gemelo, sobre el libre albedrío, la fe religiosa e incluso el espejismo que puede suponer -o no- la convicción en un destino humano.

Por acabar ya: un libro de relatos escritos con gran corrección, ironía y hasta brillantez en algunas ocasiones, pero a los que, en su mayoría, les falta ese toque, esa vuelta de tuerca (y no me refiero a la consabida sorpresa final o algo parecido), que convierten un cuento interesante en uno bueno o uno bueno en excelente. También es cierto que Kingsley Amis, según reconoce él mismo en el epílogo, destacaba más como novelista que como cuentista: la de la novela era su "distancia".  En fin, pues habrá que leer alguna, a ver qué tal...

lunes, 20 de febrero de 2017

Siegfried Lenz: Lección de alemán

Idioma original: alemán
Título original: Deutschstunde
Año de publicación: 1968
Valoración: está bien


Cuando uno empieza un libro de 500 páginas y ya en su inicio ve que el autor dedica media página en explicar cómo se dan la mano unos a otros en una reunión cualquiera, ve claramente que terminar el libro no será una tarea fácil. Aún así, la fama que precedía al libro y las buenas críticas oídas alentaban los deseos de leerlo y, además, predisponían a que gustara.

La novela se inicia con Siggi Jepsen, un joven internado en un centro correccional para jóvenes inadaptados al que le ponen como deberes una redacción sobre «Las alegrías del deber». El joven se vuelca con la tarea encomendada y no sólo cumple con el propósito de realizarla sino que pone especial esmero en hacerla, y en hacerla bien, cumpliendo así con el título de la propia redacción. El relato que el protagonista desarrolla sirve como pretexto para narrar una historia acontecida años atrás cuando su padre, policía local, recibe el encargo de notificar a un pintor vecino y amigo de la familia la prohibición de pintar basada en la supuesta peligrosidad de las ideas que podría plasmar sobre lienzo. A partir de ahí, el libro nos cuenta las estratagemas empleadas por el artista para seguir ejerciendo su oficio a pesar del veto, el empeño del policía en que se cumpla el decreto y la posición incómoda del joven Siggi al encontrarse en medio de un conflicto entre su padre y la amistad que tiene con el pintor. Esta situación causa múltiples tiranteces a lo largo de la historia que son explicadas desde el punto de vista del joven. Asimismo, se añade a este conflicto la aparición de un personaje del entorno familiar buscado por la policía por traición y fuga al que se intenta ocultar para evitar su captura. Éste es el escenario planteado por el autor, en resumidas cuentas.

De esta manera, se nos expone el argumento nuclear que el libro pretende tratar: el deber. Y lo hace a partir de tres puntos de vista: la prohibición al pintor, la necesidad de cumplir con sus obligaciones del padre y la posición intermedia del hijo a quien el padre le pide que haga de delator mientras el pintor le pide que le guarde las obras para evitar que sean destruidas. Con este planteamiento el autor nos relata una metáfora sobre lo sucedido en la época del dominio nazi. ¿Hasta qué punto debemos cuestionar la corrección de las acciones si ejecutarlas es lo que se espera de nosotros? ¿Debe prevalecer el cumplimiento de nuestras obligaciones cuando son más que cuestionables? ¿Debemos realizar aquello a lo que estamos obligados sin reparar en si es lo adecuado? El desarrollo de «las alegrías del deber» planea sobre toda la historia narrada al cuestionar si debemos ejecutar las tareas que se esperan de nosotros únicamente por sernos encomendadas, sin realizar un análisis, sin cuestionar la idoneidad sobre si llevarlas a cabo es nuestro deber. Ésta es la idea que planea a lo largo de la historia y sobre la cuál gira toda la narración. Así, el libro es un ejemplo de la censura, el miedo, las estratagemas y las fricciones entre libertades y prohibiciones.

En cuanto al estilo de la narración, cabe decir que no es fácil entrar en la lectura de este libro. Altamente descriptivo, con un desarrollo muy lento con párrafos donde la acción no avanza y donde el propio autor se dedica, no sólo a describir, sino también a hacer evidente que nos está detallando la acción. A medida que uno progresa en la lectura, tiene la sensación de irse apartando de la misma, perdiendo implicación. Esta sensación se mantiene durante gran parte del libro y, desgraciadamente, uno tiene que esperar hasta llegar a su último tercio para que finalmente la narración coja algo de impulso. Y es que hasta llegar a este punto, más allá de una historia con un buen planteamiento y trama, hay mucho texto, mucha descripción pero realmente poca acción, pasando por muchas páginas de idas y venidas y cierta reiteración en la idea principal. Afortunadamente, al llegar a la última parte, el libro aumenta su interés y mejora considerablemente.

La cuestión final, como lectores, más allá de la moralidad de lo planteado, es si el libro cumple con su cometido. Mi respuesta es que a medias. Para mí no es necesaria tanta prosa para tratar una idea simple en exposición pero compleja en justificación. Demasiado texto, excesiva descripción y desmesura en elementos sobrante para hacernos partícipes de tal planteamiento. Probablemente, alguien coetáneo al autor como, por ejemplo, Thomas Bernhard lo hubiera resuelto mejor y sin tanta palabrería. Aun así, es un libro que nos plantea un conflicto interesante y que, más allá de su ritmo lento, está escrito con gran habilidad utilizando una prosa que permite que su lectura sea fluida y del agrado de quienes busquen un libro bien escrito sin necesidad de que tenga un alto ritmo de narración.

domingo, 19 de febrero de 2017

Jorge Riechmann: Peces fuera del agua

Idioma original: español
Año de publicación: 2.016
Valoración: Se deja leer (pero hay que ser un poco generoso)


Alguna vez habrá que escribir una metaentrada sobre cómo y por qué elegimos los libros que leemos (hasta es posible que ya lo hayamos hecho, pero la verdad, no me he molestado en indagar). En el caso particular, este libro estaba bien situado en un expositor donde suelen colocar títulos recientes e interesantes. Me fío bastante de ese expositor en concreto, me decidí a echarle un vistazo y, en efecto, lo que vi me resultó atractivo. Parecía un libro atípico: un señor que yo no conocía en absoluto escribía cosas en cortos párrafos separados por encabezamientos (no encabezados) en negrita y en minúsculas, en un vistazo muy rápido se veían comentarios acerca de la sociedad actual, el capitalismo, el medio ambiente. Tenía pinta de transgresor, de diferente.

Y la verdad es que esa impresión de la primera ojeada responde bastante a lo que uno se encuentra cuando lee, ya en casita y con más o menos tranquilidad, ‘Peces fuera del agua’. Nada más empezar nos encontramos con unas cuantas páginas con citas de intelectuales, activistas, eruditos, blogueros y articulistas sobre cosas muy actuales, algunas de cierto calado filosófico o sociológico, otras son más bien ocurrencias, reinterpretaciones, también algunos datos objetivos sobre nuestra civilización, un poco de todo.

Terminan las citas pero el esquema general continúa. Ahora es el propio Riechmann el que va tocando asuntos diversos, la mayor parte de las veces apoyado en textos o reflexiones de otros autores, algunos célebres (no sé, desde Tucídides o Max Weber, hasta Terry Eagleton o Lewis Mumford, a quien tendremos en ULAD dentro de poco), y otros perfectamente desconocidos para los que somos ajenos al mundillo del pensamiento. Las referencias son amplísimas, a veces de otros libros, revistas, mails privados, artículos de prensa, blogs, de todo. A veces parece que estemos leyendo un híbrido entre diario y libro de citas: hoy leo un libro y comento un párrafo, mañana es un correo que me manda un colega, otro día lanzo una idea que se me ocurre.

Bueno, y ¿de qué habla ‘Peces fuera del agua’? Pues, dado el formato, como digo, de casi todo lo divino y o humano. Si tomamos como idea principal del libro la que más se repite, diríamos que anuncia nada menos que el fin de la civilización, el ‘ecocidio’ y el genocidio que tendrán lugar en la segunda mitad del siglo XXI (‘el siglo de la Gran Prueba’), el colapso de la sociedad industrial, el agotamiento final de las fuentes de energía, todo ello causado por el ‘tanatocapitalismo’ global digital financiarizado -por resumir un poco. Esta línea de pensamiento se repite cada pocas páginas, a veces más enfocado desde el punto de vista ecológico, otras desde una perspectiva más política (Riechmann tampoco se corta definiéndose como anticapitalista, ecosocialista, ecofeminista y animalista). Ilustro la cuestión con un ejemplo que también se repite varias veces: cuenta el autor que –se supone que conceptualmente- el Titanic ya estaba hundido antes incluso de avistar el iceberg, y lo mismo nos pasa a nosotros: la catástrofe es ya inevitable, pero aun así debemos luchar por minimizar los daños en lo posible. Mucho, eh?

Alrededor de esta negra visión se arremolinan mil y un reflexiones sobre temas más o menos conexos: la degradación de la democracia, la tecnociencia, datos acerca de la destrucción de la naturaleza, la desigualdad, el consumismo. Vamos, que no rezuma optimismo la lectura, lo cual tiene bastante lógica si tenemos en cuenta que don Jorge considera al ser humano un ‘simio averiado’ –concepto también reiterado en unas cuantas ocasiones. En un tercer círculo encontramos a su vez reflexiones sobre temas digamos más habituales en el ámbito de la filosofía y el pensamiento: la razón, el autoengaño, el poder de la lucha… En esta zona, Riechmann se muestra más pausado, aunque sin abandonar una cierta acidez irónica que, a fuerza de impregnar todo el texto, acaba resultando un poco cansina.

Y la verdad es que entre esta acumulación de fragmentos de pensamiento y pequeñas explosiones pasadas por el tamiz del ingenio hay algunas cosas que no dejan de tener su interés, y hasta algunos pasajes brillantes (el valor de la poesía, o un divertido párrafo en el que reúne a Sade, Nietzsche y Rimbaud). Aunque también hallamos algunos comentarios que merecen calificarse directamente de majaderías. 

El problema es que las casi 350 páginas se convierten en un muestrario más o menos aleatorio de erudición –y que se note- mezclada con ocurrencias, aforismos y apuntes, un paisaje ideológico abierto y bastante deprimente que nunca termina de constituir un cuerpo teórico coherente. Seguramente, uno es demasiado clásico como para saber apreciar el valor de esta pléyade de sentencias dispersas, pero me da la impresión de que el libro, pese a recurrir a montones de argumentos de autoridad, acaba pareciendo una interminable sucesión de tuits: y con ese formato, pese a que entre ellos encontremos algunas ideas valiosas, el conjunto termina siendo perfectamente prescindible.


sábado, 18 de febrero de 2017

E.L. Doctorow: Cómo todo acabó y volvió a empezar

Idioma original: Inglés
Título original: Welcome to Hard Times
Traducción: Antoni Pigrau
Año de publicación: 1960
Valoración: Muy recomendable

¿Cómo es posible que haya estado tantos años sin haber leído nada de E.L. Doctorow? Me entran ganas de ceñirme un cilicio al cuerpo y no quitármelo hasta que lea su obra completa. Pero tampoco seamos tan dramáticos. Somos jóvenes y tiempo habrá de volver a leer a Doctorow.

Todo esto viene al caso porque este "Cómo todo acabó y volvió a empezar" (por cierto, imperdonable no haber respetado el título original) ha sido mi primer libro del estadounidense y he de admitir que ha sido todo un descubrimiento, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de la primera novela del autor, escrita con menos de 30 años.

Pero, ¿a qué viene tanto entusiasmo?

Se trata de una novela del Oeste, ambientada en los primeros tiempos de la colonización, que rompe con los tópicos del género, sobre todo con los que desde el cine nos han hecho llegar y que forman parte de nuestro imaginario colectivo. Aquí no hay indios de pacotilla ni valientes vaqueros ni heroicos pioneros. Lo que hay son un puñado de personajes bien construidos que, con sus contradicciones, resultan sumamente creíbles.

Se trata, además, de una novela ágil, entretenida y de fácil lectura. Y, pese a esta fácil lectura, es una novela en la que la poética del desierto, de los espacios abiertos, está muy presente. Uno, por un lado, siente la inmensidad de la llanura, el frío, el polvo. Por otro lado, también percibe el miedo, la soledad, la angustia de los protagonistas.

Vale, y ¿de qué trata la novela?

Trata de la caída, auge y caída de Hard Times, una pequeña población en medio de la nada. Pero, sobre todo, de la cobardía, de la esperanza, de la carga del pasado y de la búsqueda de una posible redención.

Pero eso es casi lo de menos porque, como casi siempre, lo que importa no es tanto el qué sino el cómo. Y, en este caso, cómo nos cuenta Doctorow la historia de Hard Times y de sus habitantes es una maravilla.

También de E.L. Doctorow en ULAD: Homer y Langley, Billy Bathgate, Todo el tiempo del mundo

viernes, 17 de febrero de 2017

Chimamanda Ngozi Adichie: Todos deberíamos ser feministas

Idioma original: inglés
Título original: We Should All Be Feminists
Año de publicación: 2015
Traducción: Javier Calvo
Valoración: muy recomendable

Disculpadme. Cincuenta páginas que se leen en media hora también son un libro. O vamos a hablar de promedios, 300 páginas o así, y si aplicáramos proporciones la TochoWeek hubiera sido TochoMonth, con una semana por reseña y al amigo Koldo CF su aventura con Proust le hubiera reportado un mes de omnipresencia aquí.

Debo decir, además, que no suelo estar muy de acuerdo con los inventos editoriales consistentes en el aprovechamiento de obras de escritores de éxito. Por ejemplo, no comprendo el revuelo de Esto es agua de David Foster Wallace, un texto que si destaca por algo dentro de la obra del autor es por su sencillez y asequibilidad (ergo: no es representativo).

Pero debo saltarme un poco estos prejuicios con Todos deberíamos ser feministas. Primero, porque Ngozi Adichie, solamente 39 años cuando escribo esto, aún no es una escritora absolutamente consagrada. Empieza a sonar con mucha insistencia hace un par de años y la gente de Mondadori empieza a recuperar sus escritos, pero es, de momento, una autora que empieza a ser difundida. Segundo, porque el texto que nos ocupa cuenta con su beneplácito; más aún, es una adaptación de un discurso en una de esas charlas TED que tanto movilizan a la gente de ciertos ámbitos (intelectualidad alternativa, ejem). Y tercero, porque desde el título hasta las intenciones, y provocadores de polémicas varias desde los comentarios anónimos vayan preparando los trastos de matar, no pueden ser más certeros y sus intenciones más inapelablemente loables. Ngozi Adichie adopta un tono coloquial, directo, una exposición muy poco dada a lo científico o a lo intrincado, y desgrana ejemplos de sus vicisitudes como mujer y escritora en una sociedad, la de Nigeria, su país de origen, cargada de preconcepciones y tradiciones de arraigo sexista, pero también en la de Estados Unidos, su país de adopción. Detallar las amenas anécdotas que sazonan el texto sería sencillo. Todas ellas de una cotidianidad pasmosa, pero también de un calado en el lector que deja huella. Puede que se trate de un texto menor y puede que se trate de una anécdota dentro de una obra más panorámica y ambiciosa, pero merece la pena su lectura, un análisis de su mensaje, y su posterior interiorización y asimilación. Aunque sea para que nos demos cuenta de que hay mucho camino por recorrer. 

Y ahora, presentada la autora, vamos a responder por fin, la llamada desde mis estantes de pendientes que, hace un par de años, lleva haciéndome Americanah.