sábado, 20 de julio de 2019

Kurt Vonnegut: Madre Noche

Idioma original: Inglés
Título original: Mother Night
Año de publicación: 1961
Valoración: Recomendable

Madre noche es la tercera novela de Kurt Vonnegut. Es la única del escritor estadounidense que carece de elementos de ciencia ficción y, pese a ello, rezuma vonneguismo. A fin de cuentas, aborda uno de los temas predilectos del autor, la Segunda Guerra Mundial. Además, está permeada por el cinismo y, sobre todo, por el humor negro.

En efecto: Madre Noche es una sátira. Una que se mofa del Régimen Nazi, de los EEUU y del comunismo soviético. Una que se burla de los supremacistas blancos y los sionistas por igual. Una que, como se puede ver, no deja títere con cabeza. Esta irreverencia es, sin duda, uno de sus mayores atractivos. Otro aspecto remarcable de Madre Noche es que se lee en un santiamén. Al fin y al cabo, esta ficción no llega a las ciento cincuenta páginas, su argumento te engancha desde el inicio y está narrada con una prosa sencilla.

Llegados a este punto, creo pertinente mencionar al protagonista y narrador de esta historia. Howard Campbell Jr. está encarcelado en la prisión internacional de Haifa, en Israel, a la espera de ser juzgado por crímenes contra la Humanidad, pues hizo de propagandista para el Régimen NaziMadre Noche es su confesión. O, más bien, su desahogo. En estas páginas, Campbell narra cómo tuvo que amoldarse a una causa, la nacionalsocialista, que no compartía. También explica cómo lo dejaron en la estacada los americanos. Porque sí, Campbell fue un agente doble que, a través de sus emisiones, enviaba mensajes cifrados a los aliados. 

Por desgracia, ya nadie es capaz de testificar a su favor. Ni siquiera él mismo resulta del todo convincente. Su tono anestesiado, el frío desapego con que relata eventos supuestamente importantes para él, su cameo en Matadero Cinco... ¿Es tan inocente como afirma? No lo sabemos. A fin de cuentas, Campbell es un narrador poco fiable. Antes de la Segunda Guerra Mundial estallara era escritor y dramaturgo. ¿Acaso no es posible que interpretando un papel acabara por mimetizarse con el mismo?

El título de esta novela viene de una cita del Fausto de Goethe que reconoce la ambigüedad del ser humano. Dice Vonnegut en una introducción: "Si hubiese nacido en Alemania, supongo que habría sido nazi, habría liquidado a judíos y gitanos y polacos, habría dejado botas sobresaliendo de montículos de nieve y me habría reconfortado con mis propias entrañas, secretamente virtuosas. Así suele suceder."

Lo que más me ha gustado de Madre Noche es:

  • Su redondez. El estilo, el tono, la voz narrativa y la estructura de la novela se adecuan perfectamente a lo que ésta quiere transmitir.   
  • Su protagonista. Howard Campbell Jr. es, sin lugar a dudas, un personaje de una complejidad fascinante, contradictorio y ambiguo. 
  • Algunos de sus secundarios, extremadamente memorables. Pienso en el reverendo Lionel Jason David Jones, doctor en Cirugía Dental y en Teología, o en Bernard B. O´Hare, ex-militar que en su momento capturó a Campbell, cuyo único afán en la actualidad es apresarlo de nuevo.
  • Sus constantes golpes de efecto o giros de tuerca. 
  • Las sentencias lapidarias que la salpican, sean sobre la patria, el amor o el Bien y el Mal. Están presentadas con humildad, pero son tremendamente sabias.

Esta es una novela, pues, de lo más recomendable. No será tan innovadora en lo formal como Matadero Cinco, pero divierte y hace reflexionar a partes iguales. ¿Qué más se le puede pedir al bueno de Vonnegut?


Otras obras de Kurt Vonnegut en ULAD: Matadero CincoUn hombre sin patria, Cuna de gato

viernes, 19 de julio de 2019

Juan Bonilla: Totalidad sexual del cosmos


Idioma: español
Año de publicación: 2019
Valoración: está bien

No creo que a la mayoría de nuestros lectores haga falta explicarles quién es Juan Bonilla, pues este escritor jerezano lleva 25 años publicando libros de todo tipo: poesía, ensayos, cuentos, novelas... (de hecho, fue una de las más destacadas "jóvenes promesas" de las letras hispanas, allá por los 90), recibiendo premios, colaborando en diversos medios... e incluso apareciendo como una suerte de icono erótico-literario en la ¿novela? Los combatientes, de Cristina3o Morales (una ya más que "joven  promesa" de este siglo XXI).

En los últimos tiempos, quizá por seguir una tendencia ya arraigada en la literatura actual, Bonilla se ha decantado por las biografías noveladas; en su caso, de poetas de las vanguardias del siglo XX (tal vez motivado porque él mismo es coleccionista de los libros de estos vanguardistas): así, escribió sobre Maiakovsky en Prohibido entrar sin pantalones y lo hace ahora sobre la mexicana Nahui Olin en esta Totalidad sexual del cosmos (título de uno de sus libros de poemas, inédito).

Poco conocida, sospecho, fuera de su país, es ta poeta-pintora-modelo y eventual musa de artistas, de nombre familiar Carmen Mondragón, resulta un personaje sin duda interesante, aunque quizás más que por su labor artística, por su vida y su papel catalizador del espíritu de una época. De una belleza sobrecogedora y supongo que con un punto exótico en México (rubia y con inmensos ojos verdes), era hija de un secretario de la guerra y millonario gracias a sus inventos armamentísticos que murió exiliado en San Sebastián. Ella, sin embargo había vuelto al México revolucionario junto a su marido, el pintor Lozano, aunque pronto acabaría viviendo con otro pintor de cierto interés, el revolucionario, vulcanólogo y filofascista (que manda narices) Dr. Atl. También tuvo relaciones con el caricaturista Matías Gayoso, con un capitán de barco gallego, fue modelo para Rivera, etc...

Es posible que a muchos y muchas les parezca machista este resumen que hago de la vida de esta artista, organizada alrededor de los hombres que pasaron por su vida. Pero ocurre que ésta su biografía también está estructurada, hasta cierto punto, en relación con estas presencias masculinas, a pesar de la voluntad emancipadora y hasta feminista -no sé si demasiado organizada- de esta mujer. Pero, ojo, tampoco es que Bonilla tenga un mirada machista o cuando menos paternalista sobre la figura de Nahui; todo lo contrario, hace lo imposible para dar valor a su obra y pensamiento. Lo que ocurre es que, me temo, no logra conseguirlo o no del todo, y por eso el libro sigue la pauta, en cierto modo de los hombres -bueno, y de su gato Menelik- que pasaron por la vida de esta mujer... hasta la tercera parte del libro, quizás la de más interés, en la que Carmen/Nahui ya ha perdido su nombre, por decirlo allí y vive una madurez y vejez en las que trata de anular el tiempo -no me refiero a una preocupación estética, sino filosófica- y plasmar de alguna forma su peculiar visión cosmogónica que, no sé si ella lo llegó a saber alguna vez, recuerda un poco al taoísmo. Se completa el libro con una narración de la investigación del estudioso Tomás Zurián -otro hombre- para recuperar la memoria de Nahui/Carmen/lo que fuera, de una relación casi vampírica, en realidad...

Ya digo que mi tocayo hace todo lo que puede para dar lustre a la vida y obra de su biografiada, otorgándole a su florida prosa un todo en ocasiones enfático, casi ditirámbico. Y no es que Bonilla no sea un escritor suficientemente dotado, al contrario (de hecho, hasta donde yo he leído de su obra, creo que se le da mejor el ensayo o el columnismo que la ficción pura; de ahí que sea buena idea  para él haber llegado a este punto intermedio que son las biografías noveladas), pero, aún así, no he logrado en todo el libro, posiblemente por mi culpa, empatizar con la protagonista. Eso, a pesar de los momentos trágicos que vivió y que son los que han impedido (no del todo), que me pasara toda la lectura acordándome de cierta canción de Ojete Calor... Lo siento, pero pese a su evidente interés, no acaba de resultarme tan fascinante el personaje como intenta hacer ver Bonilla (lo de presentarla como una alternativa icónica a la omnipresente Frida Kahlo, como al parecer hay quien pretende, me parece una idea aún más peregrina, y su relación volcánica, y perdón por la redundancia, con el Dr. Atl como el contrapunto aún más tortuoso a la de Diego Rivera con la célebre pintora cejijunta, ya ni os cuento...).

En fin, y en todo caso, tal vez yo ande errado, así que prometo que si me encuentro alguna vez con Nahui Olin en la totalidad sexual del cosmos, le pediré disculpas. Y por si más acá me encuentro alguna vez con Juan Bonilla, prometo que mi próxima reseña de uno de sus libros será más positiva. Palabrita del Niño Jesús.

Otros títulos de Juan Bonilla reseñados en Un Libro Al Día: Prohibido entrar sin pantalones

jueves, 18 de julio de 2019

Domingo Villar: El último barco


l
Idioma original: español
Año de publicación: 2019
Valoración: Muy recomendable




En este mundo nuestro, tan complejo y saturado de noticias que la desinformación no reside en la escasez sino en la abundancia y consiguiente dificultad de seleccionar y jerarquizar, enterarnos de una nueva desaparición, asesinato o cualquier tipo de acto violento se está volviendo parte del paisaje, y quizá el mayor peligro resida en la naturalidad con que acabamos asumiéndolo. El último barco es la tercera novela, tanto de su autor como de la serie protagonizada por el inspector Leo Caldas. Un tipo común y corriente –y con esto quiero decir que no imita los tics de sus predecesores en el género– que sirve (casi exclusivamente) de hilo conductor para suministrar a los lectores las pistas necesarias que le permitirán ir atando cabos, pasar de una etapa a otra hasta llegar, finalmente, a ver la luz. Claro que, estarán de acuerdo conmigo, algo más tiene que haber para que la trama que nos ocupa se diferencie, poco o mucho, de los mil y un telefilms con que nos saturan a diario los canales privados y públicos. Eso es lo que vengo a contarles, ya que para mí ha supuesto todo un descubrimiento, tanto la novela como su autor, a quien a partir de ahora seguiré la pista, sobre todo si se arriesga a explorar nuevos territorios narrativos, pues en este ha quedado demostrado que se desenvuelve como pez en el agua.
Y es que El último barco trata de la desaparición de una mujer como podría tratar de cualquier otro asunto, ya que en realidad es un canto a la vida, al lugar que nos acoge, a la naturaleza, a la vocación artesana –que no busca provecho sino disfrute en el trabajo manual lento y concienzudo– a la amistad, la aceptación del diferente y otra serie de valores que el texto simplemente transpira sin que nadie se empeñe en convencernos de nada. Todo ello narrado con la crudeza necesaria, sin ningún morbo añadido, pero también sin concesiones a ningún sentimentalismo barato o a los artificiosos finales felices.
Por razones obvias, del hecho delictivo en sí hablaré lo menos posible, pero me apresuro a aclarar que, en este caso, no se habla de violencia de género, es decir, es completamente irrelevante que la desparecida sea una mujer. No así su personalidad, que acabaremos conociendo con detalle y, como se pondrá de manifiesto a lo largo de sus setecientas páginas, será el desencadenante de lo ocurrido. Gracias a un predominio del diálogo, que nos conduce rápidamente al final a pesar de su extensión, Villar lo desmenuza para nosotros con una minuciosidad que en narrativa es siempre un peligro pues, o encandila o aburre. Eso depende de la habilidad del autor que se traduce, bien en acumular detalles irrelevantes con el fin de rellenar páginas, o bien –como en este caso– en poner al lector a su lado, mantenerle constantemente intrigado y recorrer el camino junto a él, hombro con hombro. Que vea lo que él ve, se emocione con ello, se haga las preguntas y llegue a las conclusiones que le surgirían si estuviese allí, escuchando las respuestas de los testigos, temiendo las salidas de su ayudante, dando palos de ciego, buscando nuevos caminos cuando llega a un callejón sin salida, frustrándose cuando se entromete en su trabajo el convecino ilustre al que hay que dorar la píldora. ¿Quiere esto decir que cerramos la novela conociéndolo todo al detalle? En absoluto, el autor se guarda lo que debe para que el conjunto resulte efectivo, pero consigue convencernos de que no es así y eso es lo que importa.
A todo esto, aún no les he contado que Villar es vigués y como tal lleva a Galicia en la sangre, en particular las Rías Bajas. Que la acción transcurra en terreno archiconocido es otro tanto a su favor ya que el realismo está asegurado. Y no solo geográficamente, también en cuanto a las costumbres y hasta el temperamento de sus gentes. Nos movemos entre Vigo y una parroquia de Moaña (en la península del Morrazo). De ahí que el mar y la costa se conviertan en otros tantos protagonistas. Quien no tenga la suerte de conocer esta maravillosa tierra seguramente no podrá dibujar el mapa que la representa basándose en las descripciones, pero es seguro que observará la silueta de sus pueblos desde uno y otro lado de la ría, sentirá la brisa salina y hasta notará las salpicaduras, pero sobre todo amará un poco más al gremio pesquero. los oficios artesanos y el arte, en particular esos edificios emblemáticos que desaparecieron de un día para otro por intereses inconfesables. El que sí puede dibujar, y lo hace con gran precisión, es Camilo, otro de los personajes centrales de nuestra historia. Les ruego que se fijen en él, porque está lleno de matices y no les dejará indiferentes.
O sea, si les apetece embarcarse en la resolución de un complejo puzle o, lo que es igual, en la lectura de una estupenda historia muy bien contada, no lo duden, este es el libro que se tienen que llevar de vacaciones.

miércoles, 17 de julio de 2019

Manuel Scorza: La tumba del relámpago

Idioma original: Español
Año de publicación: 1979
Valoración: Bastante recomendable

Si algo tiene de bueno esto de estar en ULAD, además del dinero, la fama, las groupies y demás, es descubrir, gracias a vuestros comentarios, a autores que por uno u otro motivo no habíamos leído. Así, en los comentarios a la reseña de “El zorro de arriba y el zorro de abajo” de José María Arguedas aparecieron dos nombres: Ciro Alegría y Manuel Scorza.

Es de Manuel Scorza y de su “La tumba del relámpago” de quien hoy vamos a hablar. Esta novela es la quinta y última entrega de su pentalogía “La guerra silenciosa” en la que se narra, aunando mito y realidad, la lucha por la tierra en el Perú. 

Es “La tumba del relámpago” una narración en varios planos, a varias voces y con técnicas que van desde el monólogo interior hasta el collage estilo “Libro de Manuel” de Cortázar, aunque siempre poniendo sobre la mesa la injusticia que sufren los campesinos e indígenas del Perú de la cordillera a manos de la “Santísima Trinidad” formada por compañías extranjeras, latifundistas locales y poder político.

Digo que es una narración en varios planos porque en ella se juntan lo mítico, lo histórico, lo político y lo social. Profecías y leyendas locales se ponen en relación con acontecimientos y personajes históricos del Perú (las revueltas de los siglos XVIII, XIX y XX, José Carlos Mariátegui…) y con los sucesos actuales derivados del problema de la tierra.

Digo que es una narración a varias voces porque, aunque el protagonista principal de la novela es el abogado Genaro Ledesma (personaje real que fue miembro destacado de la izquierda peruana entre los años 60 y 80) , los más de 60 breves capítulos que conforman la novela se van centrando en diferentes personajes que poco a poco van confluyendo e interactuando. Mención especial al propio Scorza, autor y protagonista secundario de la parte final del libro.

Y digo que es una narración con variadas técnicas que entroncan con la modernidad de la época porque dentro de la novela hay narraciones convencionales en primera y/o tercera persona, monólogos interiores, proclamas políticas, rupturas temporales, etc.

En cuanto a la trama de la novela, hemos de situarla en la revuelta campesina que tuvo lugar en Cerro de Pasco y alrededores a principios de los años 60. Comienza con lo que podría parecer una novela de formación (la llegada como profesor de Genaro Ledesma a Cerro de Pasco, pueblo minero y campesino situado a 4.300 metros de altitud, y su entrada en contacto con las comunidades locales) que no tarda en convertirse en la toma de conciencia de una realidad basada en el abuso y en las diferencias sociales. El papel del mito y su vínculo con la actualidad en esta primera parte de la novela es muy relevante, hasta el punto que los propios protagonistas de la novela parecen ser actualizaciones de ese mito.

En cambio, en la segunda parte de la novela, esa en la que la trama pasa a centrarse en el intento de recuperación de la tierra por parte de las comunidades locales, el aspecto mítico pierde un peso que es ganado por el aspecto político - social. Los intentos por parte de los líderes locales de organizar a un en ocasiones más que desunido campesinado, las desavenencias con un Partido incapaz de salirse de esquemas preconcebidos e importados de Europa, las proclamas políticas, la interpretación de textos clásicos del socialismo latinoamericano (la sombra de José Carlos Mariátegui es alargada), etc ganan en importancia pero hacen, a mi modesto entender, perder ritmo a la novela. 

De ahí la valoración. Creo que el aspecto doctrinario / ideológico de la novela pesa demasiado y hace que se resienta el lado ficcional y de denuncia de la misma (no sé si en esto tendría algo que ver la propia actividad política de Scorza quien, un año después de la publicación de la novela, llegó a presentarse como candidato a la vicepresidencia del Perú por una coalición llamada Frente Obrero, Campesino Estudiantil y Popular (FOCEP)). Parte de la agilidad y la fluidez de los primeros capítulos se pierde en aras de aspectos ideológicos que pueden resultar difíciles de seguir para lectores no familiarizados con estos temas.

Pese a lo anterior, "La tumba del relámpago" me ha parecido una buena novela y un más que interesante testimonio de procesos históricos que recorrieron América Latina en la segunda mitad del siglo XX. Tanto es así que ya está esperando su turno "Redoble por Rancas", aunque eso será ya después del verano.

martes, 16 de julio de 2019

Vicente Suárez Casañ: Conocimentos para la vida privada


Idioma original: castellano
Año de publicación: 1894
Valoración: Intragable ¿pero curioso?

En cierta ocasión consulté con el Sacro Colegio uladiano la oportunidad de reseñar un determinado libro, y uno de los purpurados dijo simplemente: ‘Es un libro, no? Pues entonces se puede reseñar’. Bien, pues esto que traigo hoy también es un libro, y además bastante voluminoso. Raro, sí, quizá hasta disparatado, pero libro.

Lo que tenemos delante es un tocho formado por cerca de mil páginas, organizadas en diez tomos de encuadernación fatigada, con la pretensión de ‘presentar a los ojos de la juventud un provechoso ejemplo de los vicios y aberraciones a que se ha entregado la humanidad, y las funestas consecuencias' que han acarreado. Añadiríamos ‘todo ello desde el punto de vista sexual’, porque no se toca ningún otro tema, como se advierte al comprobar el índice de la colección: La prostitución – Secretos del lecho conyugal - La virginidad - Onanismo conyugal -Los vicios solitarios - La pederastia - Fenómenos sexuales - Matrimonio y adulterio - El amor lesbio - Costumbres y vicios sexuales de todos los países. Claro, solo comentar acerca de los títulos daría para varias entradas del blog, así que lo dejaremos correr.  En todo caso, me atrevería a asegurar que si alguien a finales del siglo XIX abre un libro titulado Conocimientos para la vida privada, ya se imagina más o menos de qué materias va a tratar: no desde luego sobre formas de ordenar la economía doméstica, ni recetas de cocina, ni convivencia vecinal. Que también son asuntos de la vida privada pero, claro, estamos a lo que estamos.

El libro está escrito por un tal Vicente Suárez Casañ, de quien seguramente no obtendremos muchos datos en internet, pero que parece ser un autor más o menos productivo y sobre todo bastante versátil, porque aunque parece que publicó otros libros sobre temas sexuales, también firma cosas variadas, como un libro sobre medicina y otros nada menos que sobre Pi y Margall y el federalismo en España. Por terminar de centrar el tema, Suárez Casañ deja claro que el contenido del libro no es enteramente de su cosecha, sino que transcribe opiniones de eminentes eruditos en las diferentes materias (tampoco añadiré nada al respecto).

No se piense que esto es fácil, porque hay que sintetizar mucho, muchísimo. Por empezar por lo mejor, sin duda las partes más interesantes del libro son las que tienen carácter histórico: una amplia exposición sobre la prostitución, seguramente fusilada del estudio de Pierre Dufour; la escalofriante historia de Barba Azul; o el relato, muy bien contado, de la violación de Lucrecia y el consiguiente advenimiento de la República en Roma. Al margen de esto, es realmente divertido un parrafito dedicado a la ‘idiosincrasia’, entendida como singularidad extrema de la personalidad, donde se citan casos que harían las delicias de Roussel o de Borges, como  síncopes o desmayos provocados por la visión de un lirio o una remolacha, o vahídos producto del sonido de una escoba al barrer. Estas tres o cuatro cosas que cito es lo aprovechable del libro. ¿Y el resto?

Como apuntaba el índice, el resto habla exclusivamente de sexo, sin realmente centrarse en el acto sexual –que pasa como por alto, como algo natural pero de lo que no es necesario ni conveniente hablar- sino cebándose en todo aquello que se desvíe una pizca del concepto de coito dentro del matrimonio (con algunos matices que ya veremos). La cosa es muy sencilla. El Código de Derecho canónico, que supongo que seguirá aún vigente, decía muy clarito algo que ningún estudiante ha olvidado nunca: la cópula es el acto de suyo apto para la procreación. En esta definición se pueden resumir las mil páginas del tocho. Ergo, toda práctica que se aparte de este principio es condenable, y ahí van encajando los distintos capítulos que he mencionado, bien porque la procreación no sea el fin perseguido (prostitución), porque ésta es físicamente imposible (homosexualidad), porque se impide a propósito (lo que en el libro se llama onanismo, diríamos métodos contraceptivos, incluidos todos ellos), o porque solo se busca un placer sustitutivo (vicios secretos). 

En este sentido, Casañ ejerce de inquisidor frente a quien se aparte un ápice de la doctrina de la Iglesia, aunque también es cierto que a veces da la sensación de ser menos cerril de lo que el texto transmite en su conjunto. Pero en todo caso, reconoce que no es fácil hacer cumplir este principio inflexible, y lo dice abiertamente: la ley poco puede adentrarse en la vida privada (todavía no se conocían ciertas leyes norteamericanas sobre los mismos temas), y por tanto solo la moral (o sea, la religión) es capaz de disuadir de tales prácticas y conducir al individuo por el camino recto. Lo dice con convicción, sí, pero no consigue ocultar su escasa confianza en su efecto persuasivo. Así que donde la ley no llega y la moral carece de fuerza para obligar, aparece Casañ con la artillería pesada: la medicina.

Esto es lo que ocupa la mayor parte del libro, no sé, el 90%, quizá más. No olvidemos el citado principio del Derecho canónico, porque todo lo que no sea cumplirlo estrictamente no solo es moralmente reprobable sino que tiene consecuencias nefastas para la salud. Ríase usted de la vieja advertencia de que la masturbación provoca ceguera. Aquí ya encontramos todo tipo de espantos asociados a las conductas sexuales desviadas que hemos ido citando, páginas y páginas de humores, desgarros, gangrenas, infecciones, tumoraciones y calamidades incontables cuya enumeración se cierra casi siempre con el colmo de la devastación: el desprecio social, la tisis, la locura y la muerte. Por poner un ejemplo cortito sobre las personas que desarrollen ciertas prácticas (casi da igual cuáles):

'Su vida será un continuo tormento, su cuerpo se verá llagado y corrompido (…) y por fin morirán desesperadas, comidas por la gangrena o consumidas por la tisis u otras enfermedades, no menos terribles ni menos lamentables'.

La cosa es de tal magnitud que, si empieza provocando una sonrisa o gesto de incredulidad, la reiteración lo convierte en algo un poco abrumador, y termina dando algo de lástima que haya que recurrir a semejante despliegue de horrores para convencer de algo al personal. Sin olvidar que este buen señor ha escrito otro ladrillo sobre medicina, y da toda la sensación de que se cree lo que está contando. Y, por decirlo todo, lo cierto es que el bombardeo con todas estas asquerosidades pues bueno, que acaba por intimidar un poquillo al lector ante determinadas actividades. Que uno también es humano y vulnerable.

Naturalmente, no recomiendo a nadie que lea este engendro. Si acaso, como curiosidad se puede ojear alguno de los capítulos, que vienen a ser unas 80-100 páginas cada uno, y en este sentido sí que resulta instructivo: uno parece transportado al paleolítico aunque el libro tiene poco más de un siglo. Pero, lo que es peor, estas ideas han pervivido en España al menos cincuenta años más, o sea, hasta antesdeayer, y en base a ellas y otras de corte similar se ha construido una sociedad bruta, enferma y ensimismada. Afortundamente, muchos no hicieron demasiado caso y hoy en día –cierto que con otros horrores nuevos- parece que viviésemos en otro planeta.

P.S. No me resisto a un breve apunte sobre la mujer. Puede suponerse que en el panorama ideológico en que se mueve el autor, a la mujer le está reservado un papel respetable pero también secundario, reproductor y, si se me permite, un poco bobalicón. Pero quizá lo más desopilante (pero también estremecedor) es que los capítulos referidos a la virginidad y al adulterio están íntegramente centrados en la figura femenina. Se me escapa por qué ambos asuntos son tan trascendentes cuando se refieren a la mujer como irrelevantes si hablamos del varón.

lunes, 15 de julio de 2019

José Ignacio Carnero: Ama

Idioma original: español
Año de publicación: 2019
Valoración: recomendable

En los últimos años tengo una cierta relación de fidelidad con la editorial Caballo de Troya: desde que se convirtió en editorial de dirección rotativa, todos los años me leo al menos un libro, y el año pasado me los leí todos, para ver la selección de Lara Moreno como un todo. Este año, ya llevo tres de los escogidos por Luna Miguel: GameBoy de Víctor Parkas, Cambiar de idea de Aixa de la Cruz y este, Ama de José Ignacio Carnero. Y con estos tres da para establecer algunas líneas comunes que podrían (habrá que ver los que faltan) definir la selección de este año: el relato (pseudo)autobiográfico combinado con la reflexión literaria, política o social.

En este caso, José Ignacio Carnero hila dos temas que se entrecruzan en su propia biografía: por una parte, la muerte de su madre, la ama del título (en euskera, claro), mujer trabajadora que dejó Galicia para ir a ganarse la vida como chica de la limpieza para las familias pudientes de la margen derecha del Nervión. El libro cuenta, con doloroso detalle, la agonía de los últimos meses y días de la madre del autor (de forma bastante paralela a como pasaba en El comensal de Gabriela Ybarra, también publicado en Caballo de Troya), pero bucea también en los recuerdos compartidos, en las incomprensiones y silencios que pueblan casi todas las familias, en los gestos de cariño y en las memorias de infancia.

El segundo tema, que acaba por asumir un mayor protagonismo a medida que avanza la obra, es el de la movilidad geográfica y social del autor: su desarraigo y desclasamiento (podríamos decir) cuando se licencia en Derecho y se traslada a Madrid primero y a Barcelona después. En esta ciudad cosmopolita y burguesa como pocas, el hijo de la limpiadora gallega se siente como un intruso o un impostor (un poco como el Pijoaparte de Marsé, con el que el propio autor se compara irónicamente): nunca será realmente una de esas personas habituadas a pasearse por la Diagonal alta, pero tampoco es ya un proletario: disfrazado con una corbata y un traje, se codea con aquellos que contratarían a su madre para que les preparase la cena.

Creo que el gran acierto del libro es combinar dos temas con los que es fácil identificarse, uno practicamente universal y el otro, quizás, más limitado temporal y cronológicamente. El primer tema es la compleja y dolorosa relación que tejemos con nuestros padres: podemos amarlos y ser amados por ellos, pero inevitablemente llega un momento en que el cordón umbilical se rompe, se produce un alejamiento, se buscan caminos propios, y ese proceso de emancipación conlleva alguna culpa y algún dolor, que se acumula en el momento de la despedida definitiva.

El segundo gran tema, como decía relacionado con este, es el del ascenso social, que hasta hace poco (hasta que la crisis y la imposición de la precariedad como norma atascaron el ascensor social) en muchos casos también adoptaba un formato generacional: los hijos tenían, o aspiraban a tener, mejores condiciones de vida que sus padres, lo que, en algunos casos, implicaba volver a emigrar, aunque en este caso en condiciones bastante más amables. Este tipo de historias de emigración y mejora de las condiciones de vida son particularmente reconocibles, creo, en ciertos contextos históricos y geográficos (Bilbao, Madrid o Barcelona, sin ir más lejos), y creo que es un acierto de Carnero el que su experiencia individual sirva para representar las vidas de muchas otras personas o familias.

Es curiosa, por otra parte, la insistencia de José Ignacio Carnero en llamar "novela" a su obra; es posible que esto se relacione con la capacidad de la novela para abarcarlo todo, pero también con el prestigio y la visibilidad abrumadoras de la novela, casi el único género literario que parece digno de tal nombre en nuestros días. En Cambiar de idea de Aixa de la Cruz había una reflexión sobre estas cuestiones de género (en aquel caso, tanto genre como gender); en la obra de José Ignacio Carnero el género literario se da por supuesto y por descontado, lo que es una pena porque se podía haber hurgado un poco más también en esa herida (textual): qué escribimos en los momentos de duelo, y cómo hacemos para hablar del dolor sin caer en la cursilería o en el kitsch (algo que Carnero consigue evitar).


Creo que esa es una de las causas por las que coloco Cambiar de idea algo por encima de Ama, en el particular ranking de las publicaciones de Caballo de Troya de este año: su capacidad para la autoconsciencia y la reflexión sobre el propio acto de escritura, así como una mayor carga (auto)crítica. En el caso de Carnero, por otra parte, tengo la sensación de que el clímax emocional (la muerte de la madre, que me resultó conmovedora hasta casi hacerme llorar, y mira que yo no soy nada de eso) llega muy pronto en el texto, y luego cuesta volver a enganchar al mismo nivel, hasta, quizás, un capítulo muy al final que narra un viaje a la tierra natal de la madre, en Galicia. Algo más de contención en los capítulos intermedios creo que habría podido servir para conseguir una obra más redonda y que fluyese mejor de principio a fin.

No sé si seguiré leyendo el resto de las obras seleccionadas por Luna Miguel para Caballo de Troya; con tres puede ser suficiente para tener una idea, y para confirmar el buen ojo de la editora invitada de este año.

domingo, 14 de julio de 2019

Lola Mascarell: Un vaso de agua



Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable

Andaba trasteando por las páginas de una revista literaria, distraído, escéptico, como quien no quiere, cuando de repente me di de bruces con un poema, En suspensión, que me hizo tropezar en estos versos:

 Delante de nosotros, / como esta mariposa indiferente / que azul revolotea en la mañana, / va siempre nuestra duda. / Dudar es mantenerse / suspendido en el aire. / Dudar es esta casa en la intemperie / que llamamos camino.

Verán. Para uno que se sabe y se tiene por veleta, que duda sin duda hasta de su sombra, que a estas alturas todavía no sabe si abrazar al libertario o al reformista, aplaudir a Irene o a Íñigo, aparcarse en el sur del norte o, por el contrario, en el norte del sur, abstenerse en el segundo o en el tercer gin tónic, o que cuando debe dar una respuesta de lo único que tiene certeza es de que será incorrecta, o inoportuna, o inconveniente o manifiestamente mejorable, cuando uno lleva en su cabeza desde la infancia semejante guirigay, créanme, toparse con unos versos como esos resulta una bendición.

Así que se me disparó de oficio el GPoeSía que me condujo hasta Lola Mascarell (Valencia, 1979). Me encuentro con tres poemarios publicados, el más reciente Un vaso de agua, que contiene una cuarentena de poemas, breves, esenciales, despojados de ornamento, absolutamente fascinantes. Hay en ellos una mano, una voz, que habla de conseguir estar razonablemente satisfecho y a gusto con uno mismo, con nuestra condición y circunstancias y, asumiendo lo precario y frágil de los equilibrios humanos, reconocerlo, celebrarlo y compartirlo en la medida de lo posible, es decir, sin aspavientos, ni grandilocuencia, ni soberbia.

Por entre los versos de Un vaso de agua corren un puñado de ideas, de imágenes, de verbos, de entre los que selecciono tres. En primer lugar, la montaña, como origen y como destino, que se nos muestra como el horizonte azulado, una silueta al amanecer, que nos interpela –¿de qué rincón salvaje de nosotros nos habla la montaña?- y nos retrata: Un hombre está perdido / si deja que se escape / su idea de montaña. En segundo lugar, la presencia del camino que es, en efecto, el discurrir de la vida, la sinrazón del tiempo que nos lleva, el breve equilibrio de la ola o un listado infinito de cosas que ocurren desde siempre; la luz, su sencillez, el aroma del hinojo, el pentagrama que las aves escriben en el cielo, la poderosa fugacidad y sutileza de una piernas, de una espalda, arqueándose antes de dormir…

Y, en fin, agosto o, lo mismo es, el verano. El trasluz del amanecer filtrándose en las contraventanas, la plenitud de todo a medio hacer, sin prisa, en demorada rutina, los instantes vacíos en que no pasa nada, la piel iluminada por el sol / y mi brazo pasando por tu brazo. Convendrán conmigo que, por más vueltas que le demos, ¿qué podemos encontrar más sencillo, apropiado, grato, necesario, idóneo, humilde, benéfico, restaurador, universal, discreto, económico, honesto y hermoso que un vaso de agua? Además de sus poemas fijados en tinta a papel, Lola Mascarell tiene disponibles y accesibles unas cuantas narraciones breves. Cuando miro a mí alrededor y casi todo lo que veo son pantallitas táctiles de las que pende su respectivo ser humano, uno agradece estos textos en los que quizás lo que nos salva / son los raros momentos / en que no pasa nada. Donde se le encuentra todo el sentido a ocupaciones como coser, o silbar, o -añado de mi cosecha- pescar, o mecerse en un balancín… O leer. Incluso dejándose, somos levedad, acompañar por una canción de Manolo García.