jueves, 2 de julio de 2015

François Truffaut: El cine según Hitchcock

Idioma original: francés
Título original: Le Cinéma selon Hitchcock
Año de publicación: 1966 -1983
Traducción: Ramón G. Redondo
Valoración: Imprescindible para amantes del cine.
De lo más recomendable para todos los demás.

Los aficionados al cine sin duda ya conocerán este libro, casi mítico, en el que el gran director Alfred Hitchcock hizo un repaso a toda su extensa carrera -y a su modo de ver la vida, en gran medida-entrevistado por otro grande detrás de las cámaras, François Truffaut, que por entonces ya había dirigido alguno se sus títulos más memorables (Jules y Jim), pero cuyo pasado reciente era el de crítico de Cahiers du Cinéma (es más, ya había entrevistado a Hitchcock en 1955 para esa revista). La razón que inspiró a Truffaut a escribir este libro fue darse cuenta de que, mientras en Francia el director londinense era visto un gran y muy personal creador cinematográfico, en Norteamérica era considerado como poco más que un artesano eficaz, de gran éxito pero sin "sustancia"; incluso con una imagen pública superficial y frívola.

Este libro es, por tanto, una vindicación, pero en absoluto una defensa desbocada -aunque sí apasionada-de la obra del director británico. de hecho, Truffaut se planteó las entrevistas de una forma absolutamente organizada, con un guión o esquema previo: 

a/ Circunstancias que rodearon el nacimiento de cada film.
b/Elaboración y construcción del guión.
c/Los problemas particulares de la puesta en escena de cada film.
d/La estimación personal del resultado comercial y artístico de cada película.

Con este esquema,. que se va repitiendo a lo largo del libro, pero nunca cae en la monotonía de un interrogatorio -el tono general es más bien el de una conversación profunda entre dos profesionales e innovadores de su disciplina artística-, ambos van haciendo un repaso a la carrera de Hitchcock desde sus primeros trabajos como ayudante de dirección y guionista, en 1922, y luego director (la primera película que dirigió al completo fue, en 1925, un film anglo-alemán, El jardín de la alegría), hasta sus últimos trabajos (La trama, de 1976). Lógicamente, Truffaut realizó para ellos nuevas entrevistas aHitchcock, después de las primeras, que se llevaron a cabo en 1962 -durante el montaje de Los pájaros, nada menos-, alguna incluso para la televisión, y así fue testigo del extrañamiento hacia el cine de los 70 -pues no sería justo denominar a ese proceso "decadencia"- del director de Vértigo o Psicosis. Gracias a este libro podemos conocer las circunstancias que rodearon la realización de éstos y otros legendarios filmes, auténticas obras maestras del cine. Cómo evolucionaron los guiones desde la idea inicial, por qué se eligió a este o al otro actor...y sobre todo, actriz, qué problemas técnicos surgieron en los rodajes (un aspecto que quizá no interese tanto al público en general pero que a los propios Hitchcock y Truffaut les resultaba fundamental y decisivo para el resultado final de cada film)....Qué pretendía mostrar o insinuar el director en cada escena y por qué motivo la rodó así y no de otra manera... En definitiva, una auténtica disección de la obra de uno de los genios fundamentales de ese arte propio de los últimos 120 años que es el cine. Uno que, además, supo mantener su mirada peculiar y única, aun dentro de la industria del cine más comercial.

Un libro además, escrito de una forma amena y con un resultado apasionante. En realidad tampoco importa tanto si el posible lector le gusta mucho el cine o no, o si es fan de la obra de Alfred Hitchcock: el libro en sí mismo resulta delicioso y absorbente; no sólo recomendable, sino necesariamente imprescindible.



miércoles, 1 de julio de 2015

Colaboración: ¡Vivir! de Yu Hua

Idioma original: chino
Título original: Huozhe 
Año de publicación: 1992
Traducción: Anne-Helène Suárez Girard
Valoración: Imprescindible

Quien está acostumbrado a inmiscuirse en la exploración del análisis del ámbito cinematográfico acaba por saber apreciar el fondo, es decir, la teoría de la puesta en escena, la manera en el que el cineasta interpela al espectador, y el contenido, el relato que trata de contar, como un todo indisoluble. Obviamente, en el notablemente más anciano y experimentado arte literario, la manera de abarcar una novela un escritor no se queda atrás. No obstante, pocas veces se experimenta un sincronización tan grande entre forma y fondo que casen tan bien como lo hacen en la novela del chino Yu Hua ¡Vivir! (1992). El novelista, que alcanzó su popularidad haciéndose con el James Joyce Foundation Award, logró con esta obra colocarla entre las diez más influyentes de la década de los noventa en China. No es de extrañar, pues, que un cineasta tan ensimismado en la profundización de la China de provincias y la vida rural durante el siglo XX como es Zhang Yimou, sobre todo en la década en la que se escribió la novela, acabara dando vida (nunca mejor dicho) a su versión cinematográfica.

El narrador de la obra, en primera persona, se entrevista con el viejo Fugui, quien ocupa casi todas las letras de la novela para explicar a su interlocutor, y a su vez al lector, la historia de su vida. Fugui fue un señorito venido a menos por su mala cabeza, que hizo pocos esfuerzos en cultivar su intelecto en el momento en el que pudo, por lo que su narración carece de cualquier tipo de florituras: habla de una manera llana y concisa, directamente al grano y sin desprenderse de su propia subjetividad en ningún momento. No espere el lector encontrarse con adornadas palabras que contrasten con la hostilidad de la contado (véase por ejemplo la novela epistolar picaresca de 1926 Don Segundo Sombra del argentino Ricardo Güiraldes): aquí la voz de Fugui será igual de dura, abrupta y doliente como el tratado sobre las penurias humanas a la que la historia se remite.

¡Vivir! trata sobre las vivencias humanas, la lucha por la supervivencia y sus rifirrafes con la muerte y las desgracias, pero no se queda ahí. Yu Hua ofrece un retrato existencial de cómo afectaron a la población rural los cambios de un periodo muy convulso dentro del contexto de la historia de China. El relato narrado por el propio Fugui, no incide en las raíces ni en los juicios morales sobre esta más de lo que le resulta totalmente inmediato; sin embargo, el lector chino, conocedor de la historia reciente de su país, comprende fácilmente el desarrollo de los acontecimientos.

Es por eso por lo que para el lector poco entendido en la historia del gigante asiático, es posible no llegar a comprender la novela en su totalidad, al menos desde su visión política. Y es que lo que Fugui vive es ni más ni menos que la guerra civil que enfrentó al Guomindang de Chan Kai Shek, líder nacionalista aliado de EEUU, en el que él, sin saber de qué va todo eso, se ve forzosamente enrolado, y las milicias comunistas de Mao Zedong, quienes remontaron la debilidad mostrada después de la invasión japonesa para poder hacerse con el poder en China expulsando a los nacionalistas a la isla de Taiwán, donde se mantuvieron autoproclamando China de cara a las Naciones Unidas.

Finalizada la guerra, sufre las consecuencias del Gran Paso Adelante, vive en sus carnes la fundación de acero (no olvidemos el detalle del Jefe de Equipo exclamando con alegría que podrán bombardear a Chang Kai Shek en Taiwán), las comunas alimenticias y el inicio de las grandes hambrunas que fueron consecuencia directa de estas políticas. Por último, debido a la revolución cultural, se verá mareado por una imperiosa necesidad de la juventud por condenar a los viejos jefes, tachándolos de reaccionarios. Aquí hay que felicitar a Zhang Yumou, quien en su adaptación fílmica es más feroz en su crítica, sobre todo en la escena en la que los doctores son expulsados del hospital por unas enfermeras jóvenes e inexpertas, pero fervientemente revolucionarias. No menos duras son las escenas ofrecidas por otro cineasta, Chen Kaige, en su inolvidable palma de oro en Cannes Adiós a mi concubina (1993).

Y sin embargo, aunque el contexto histórico destila una de las esencias más valiosas de la novela, no hemos de olvidar de que lo que realmente trata es de profundizar de manera llana y directa en el potencial que desprenden las pasiones humanas. La mezquindad de Fugui, atada siempre al aburrimiento de una vida fácil, le sumerge en el egoísmo más malsano y en la total alienación respecto a las relaciones humanas. No será hasta el momento en el que cae en desgracia que sabrá valorar aquel amor recibido durante años y sentirá remordimientos por su mal comportamiento. Bajar del pedestal desde donde humillaba a los demás le hace sufrir en carnes propias lo que es encontrarse en el lado pobre de la vida. No obstante, se hallará tan solo ante el inicio de una epopeya existencial que le obligará a enfrentarse de cara con lo más duro de la vida y de la muerte. Asistirá al nacimiento de nuevas vidas y a la muerte de otras. Será entonces cuando tomará autoconciencia de su propia educación emocional, reflexionando sobre sus equivocaciones a la hora de tratar a los demás, intentando, dentro de lo humanamente posible, encontrar un equilibrio entre las decisiones racionales y las emocionales, aunque esto le lleve a diversos conflictos familiares fruto de su rudeza y tradicionalismo propios de un hombre en el contexto de la época.  

¡Vivir! se vale de la narración del anciano que cuenta su historia para apelar a un torrente de emociones humanas que a la vez que nos horroriza, sobre todo en la tristeza en la que se retrata la resignación de las miserias morales, nos invita a entender ese misterioso ímpetu del que hacen sus protagonistas por luchar contra las adversidades y afrontar la vida. Y es que los sentimientos amorosos hacia su propia familia serán los lazos que unan su supervivencia, aunque también por el que llorarán sus pérdidas y desgracias.

Firmado: Luis Suñer

martes, 30 de junio de 2015

Italo Calvino: Marcovaldo

Idioma original: italiano
Tïtulo original: Marcovaldo, ovvero le stagioni in città
Año de publicación: 1963
Valoración: Muy recomendable
Traducción: Juan Ramón Masoliver

Hay pocos escritores que tengan una imaginación tan productiva y tan original como Italo Calvino, autor de maravillas como El barón rampante, El vizconde demediado o El caballero inexistente. Es también un autor al que le gusta experimentar con la forma narrativa, llevándola hasta el límite, como ocurre en Si una noche de invierno un viajero o en El castillo de los destinos cruzados. Y las dos cosas, imaginación y juego narrativo, se mezclan en esta obra, que es una auténtica delicia para el lector, tanto que da pena que se acabe.

El libro está compuesto por veinte relatos, que, como indica el subtítulo original, se organizan como una sucesión de estaciones: primavera, verano, otoño, invierno, primavera, etc., así hasta veinte. Todos los cuentos están protagonizados por Marcovaldo, un trabajador de clase baja, padre de familia y dotado de una sensibilidad especial que hace que no se encuentre a gusto en medio de la ciudad, con sus ruidos, sus rutinas, su acelerado ritmo de vida. Frente a este mundo que le desagrada, Marcovaldo busca siempre formas (reales o imaginarias) de escapar y de conectarse con la naturaleza; pero la naturaleza no parece estar muy por la labor, porque casi siempre Marcovaldo sale trasquilado de la experiencia: las setas son venenosas, las avispas pican, el conejito que intenta rescatar (para luego comérselo) está infectado de un peligroso virus.

Marcovaldo, como dice la propia introducción del libro, tiene algo de personaje cómico clásico, como Charlot o Buster Keaton: es un buen hombre, sencillo, torpón pero de buenas intenciones, al que los planes siempre se le tuercen por culpa propia o ajena. Esa es, precisamente, la estructura de todos los cuentos: planteamiento del ambiente opresivo de la ciudad, intento de escape de Marcovaldo, desenlace desgraciado para él y para su familia. La introducción del propio Calvino también compara los cuentos con tiras cómicas; al leer esto, yo me acordaba de Don Celes, que creo que solo será conocido por los lectores que sean de Bilbao, pero que también responde siempre al mismo esquema.

Y a pesar de esta estructura tan simple y tan obvia, el libro no se hace repetitivo, porque la imaginación y la sensibilidad que vuelva Calvino en cada uno de sus relatos es muy especial. Los hay más claramente humorísticos, como "Un sábado de arena, sol y sueño" o "La cura de avispas"; otros más poéticos, como "La parada equivocada" o "Humo, viento y pompas de jabón"; en algunos se llega a atisbar una cierta crítica social, como en "Luna y Gnac" o "Los hijos de Papá Noel". Lo que en todos ellos se encuentra es a Italo Calvino, en estado puro y condensado.

lunes, 29 de junio de 2015

Leonardo Sciascia: El caballero y la muerte

Idioma original: italiano
Título original: Il cavaliere e la morte
Año de publicación: 1989
Traducción: Ricardo Pochtar
Valoración: Muy recomendable

El caballero, la muerte y el diablo es posiblemente el grabado más célebre de Alberto Durero (no estoy seguro, porque en el que dedica a la visión de San Eustaquio aparece un ciervo con un crucifijo en la testuz, similar al de las botellas de Jägermeister, así que nunca se sabe...): en él aparece un ritter medieval, montado a caballo. con su armadura y su lanza; junto a él, una especie de esqueleto barbado que le muestra un reloj de arena -obviamente, la Muerte- y otro ser, entre monstruoso y grotesco, que representa al Diablo. Este grabado, amén de proporcionar el título a la novela, es el leit-motiv que recorre toda esta historia escrita por Leonardo Sciascia, la penúltima que escribió, de hecho -la última fue Una historia sencilla -, antes de morir.
De la misma forma que se enfrenta a la muerte el "caballero" protagonista de la novela: el Vice, un oficial de policía enfermo de cáncer que ha de resolver el asesinato de un importante abogado, en una ciudad italiana sin identificar (por ciertos datos, podría ser Turín). Un crimen cometido, aparentemente, por un supuesto nuevo grupo revolucionario que se hace llamar "Los hijos del 89"... aunque el caso está enturbiado por la implicación en él del Presidente, no de la República Italiana, sino de las Industrias Reunidas, alguien que parece ser incluso más poderoso... El personaje del Vice, por otro lado, no tiene nada que ver con el tópico policial; más bien resulta ser un trasunto del propio Sciscia: siciliano, exquisitamente culto y erudito, dado a la reflexión, al apunte filológico o histórico, incluso a filosofar....un personaje contado con una elegancia que se extiende a todo el texto, y por supuesto, al estilo con que está escrito. Elegancia que es marca de la casa, como ya sabrán sus lectores.
Por supuesto, El caballero y la muerte, novela a la que el autor puso el subtítulo de sotie ("tontería" en francés, pero también  farsa o sátira teatral), guarda un carácter de alegoría irónica y hasta sarcástica, en ocasiones. Recordemos que Sciascia no sólo fue un escritor siciliano que denunció los tejemanejes de la mafia de su tierra, conchabada con el poder político y económico; también ejerció como político en los años "de plomo" en que Italia se vio envuelta en la llamada" estrategia de la tensión", con grupos terroristas, tanto de la extrema derecha como de la izquierda, actuando a veces por motivaciones poco claras y con la intromisión de los servicios de inteligencia o de -otra vez-los poderes políticos y económicos (de hecho, Sciascia fue unos de los parlamentarios de la comisión encargada de dilucidar  el asesinato de Aldo Moro). De ahí que tuviera una opinión bastante desconfiada sobre lo que pudiera ocultarse detrás de este tipo de organizaciones, como ya dejó ver en una novela de 1971, El contexto.
El caballero y la muerte no es una novela policíaca redonda. No es tampoco -creo yo- la mejor novela de Sciascia: se me ocurren como obras mejor acabadas El consejo de Egipto o El día de la lechuza, por ejemplo. Y aunque aquí este escritor sí se explaya, en gran medida, sobre sus pensamientos y observaciones sutiles, no es tampoco, ni mucho menos, el único libro donde plasma todo su escepticismo humanista, su visión de la sociedad en la que le había tocado vivir. Pero sí que es, desde luego, su libro más conmovedor y emocionante, más comprensivo y compasivo. y eso, tratándose de Leonardo Sciascia, no es poco, precisamente.



Otros libros de Leonardo Sciascia en Un Libro al Día: El archivo de EgiptoMuerte del InquisidorUna historia sencillaPuertas abiertasActas relativas a la muerte de Raymond Roussell

domingo, 28 de junio de 2015

Rodolfo Walsh: Los irlandeses

Idioma: español
Año de publicación: 2007 (la recopilación)
Valoración: recomendable

Y, tras la buena experiencia del Walsh periodista de denuncia, sus relatos de ficción resultan, lógicamente, ser de un registro completamente diferente. No es que Los irlandeses me haya decepcionado. Para nada: pero no es el libro al que uno puede acudir en busca de más Operación masacre. Nada más lejos. Aquí disponemos de un estilo mucho más lírico y valioso (cuestión lógica), pero echamos de menos el plus de riesgo. Ya que los tres relatos que componen Los irlandeses, que no suman 90 páginas (aunque la edición de El Aleph nos regala un prólogo del siempre interesante Ricardo Piglia) son narrativa corta en modo clásico, con situaciones y personajes coincidentes, que se llaman cuentos como podrían llamarse capítulos extraídos de un todo más extenso.
Se trata aquí de ciertas situaciones acontecidas a un grupo de chicos (especulamos en su adolescencia) internos en un colegio irlandés en Argentina. Ciento treinta internos, todos ellos compartiendo ese origen (así que aunque sea un libro argentino los apellidos son O'Hara, Mulligan, etc.) entre los cuales un protagonista es común a los tres relatos: el Gato. No es que suceda gran cosa; básicamente estamos en 1939, con lo que las coincidencias (y el apellido del autor) nos hacen especular con un cierto tono autobiográfico. Lo que sucede es que Walsh lo cuenta de un modo primoroso, con un tono lírico (no inflamado) y un caudal de imágenes y metáforas que le aportan un cierto aspecto casi irreal. Los muchachos se retan, se pelean, se enzarzan en curiosas situaciones relacionadas con el personal del internado. Que esto no es Hogwarts ni Torres de Malory. Aquí de lo que se trata es de retratar la sensación de desamparo de los niños abandonados con la mejor de las intenciones, pero igual en una situación muy lejos ser deseable. Una temática que sirve de pretexto para una prosa deslumbrante, pero cuyo interés para el profano en la obra de Walsh puede que no sea prioritario. Los completistas en la obra del argentino que no lo hayan leído dudo que ni hayan llegado al final de esta reseña.

sábado, 27 de junio de 2015

Vern E. Smith: Los reyes del jaco

Idioma original: español
Título original: The Jones Men
Año de publicación: 1974
Traducción: Guido Sender
Valoración: muy recomendable

Menuda apuesta segura la de mencionar series de TV de culto. Quién no va a picar si se menciona The Wire en el fajín de un libro. The Wire es el aloé-vera de la cultura contemporánea. Una serie, de un ramillete reducido, de esas que llenan de rotundas afirmaciones la boca de sus incondicionales. Que si las series han superado al cine, que si Shakespeare escribiría para HBO. Que si ciertas series te hacen aprender de la vida.
Ahora bien: ironizar con ello no significa que no sea absolutamente cierto. Y, como en toda cacería de referencias e influencias que se precie, en algún lugar nos encontraríamos alguna mención a esta espléndida muestra de negra novela negra. No me hagáis explicar el chiste fácil. Los reyes del jaco ya es una declaración desde la jerga empleada para traducir su título, o la imagen empleada en su portada. Vaya con la gente de Sajalín la racha de aciertos que se está marcando. O debería decir ráfaga. Porque aquí hay armas a porrillo, de todo tipo y calibre. Y modelos de coches americanos, y peinados afro, y joyas, y muy caros (y sumamente horteras)) abrigos de piel. Ostentación a tope. Fanfarroneo. Que todo el mundo se entere del dinero que mueve el caballo. Tan setentero. Tanto, que uno lee esta novela y viaja en el tiempo. Oiría a los Temptations o a la MFSB o a Lonnie Liston Smith. O a Billie Paul. Aunque sin glamour: porque esas ratas que habitan los picaderos en edificios destartalados donde acuden los yonkies a pillar y a chutarse heroína no tienen mucho glamour. Ni la casi segura perspectiva de llevarse un tiro si uno se ve envuelto en alguno de los asuntos que los personajes de esta novela se traen entre manos. Que son ingredientes clásicos: alijos de droga, kilos, gramos, fajos de billetes, delaciones, soplos, traiciones, cambios de bando, luchas por el dominio de las esquinas, precaución en los contactos, matones,pocos escrúpulos. Veinteañeros de color que ya son veteranos de guerra con historiales delictivos. Jovencitas prostituyéndose para mantener el hábito.

"-¿Te lo cuento o te lo explico? El tío llega esta mañana montado en un Eldorado blanco y rojo caramelo, entra en el local luciendo un chaquetón de piel vuelta con cinturón a la espalda y un par de zapatos con la suela alta de dos colores que llevan los rufianes de ahora, y se dedica a invitar a parrillada a gente que ni siquiera conoce. Me parece que le va asombrosamente bien para ser un tío que se me sienta en la barra y me dice que apenas sabe leer. Las cuentas. en cambio, parece que las lleva de puta madre."

Las andanzas de los personajes que pueblan ese Detroit de 1972 en el cual nos situamos bien pronto son retratadas por Smith con conocimiento de causa, como periodista que fue en esa época y lugar. No hay duda de que muchas de esas situaciones, repletas de violencia y crueldad orquestadas con una especie de ética criminal (que da mucho miedo) tuvieron su reflejo en la vida real. Así que, intercambiando nombres y adaptando escenarios, no es extraña la menció en el fajín. Llámese Zorro o D'Angelo, llámese Flaco Williams o Stringer Bell, Mc Daniel o Barksdale. Todos esos capítulos (casi diría escenas: parece ser que, cuatro décadas tras su publicación, la novela tendrá la adaptación al cine que clama a gritos) vienen a reflejar los diversos aspectos del día a día de la vieja época de la heroína: el ritual de la dosis, la búsqueda constante del dinero para mantener el hábito. El curioso y letal sistema de jerarquías, ascenso social y dominación de las zonas de suministro. Las pugnas entre clanes compitiendo por el mercado. El curioso menosprecio hacia el usuario de la droga, curioso ejemplo de marketing inverso. Las reuniones donde todo el mundo asiste armado, las deserciones, la capilaridad de los cuerpos policiales esperando el momento de dar un buen golpe. Cruda y descarnada, con capítulos que causan impacto uno tras otro, Los reyes del jaco trasciende las limitaciones de género para imponerse como obra de culto y referencia necesaria.

viernes, 26 de junio de 2015

Henry James: La figura de la alfombra

Idioma original: inglés
Título original: The figure in the carpet
Año de publicación: 1896
Valoración: Muy recomendable

Sé que me repito más que el ajo, pero lo voy a decir otra vez: Henry James gana mucho en las distancias cortas, o sea, en sus novellas, en los que es un narrador sublime, sutil, ingenioso, que siempre deja con la imprsión de que hay un subtexto misterioso que se nos escapa. En cambio, en sus novelas largas, en particular en Los embajadores, que es la que tengo más reciente, tanta sutileza conceptual, sentimental y hasta estilística llega a ser muy cargante. Por eso, nuevas ediciones de sus obras cortas como esta son siempre bienvenidas.

La figura de la alfombra (también ha sido traducida como La figura del tapiz, si no me equivoco) es en cierto modo una variación de Los papeles de Aspern: en los dos casos se habla de la relación entre el crítico, el autor y la obra literaria, en una especie de parábola sobre el arte y la creación. En este caso el argumento gira en torno al novelista Hugh Vereker, quien le confiesa al narrador, un crítico literario, que toda su obra contiene una clave secreta, un "tesoro escondido" que hasta ahora nadie ha sabido descifrar. A partir de ese momento, tanto el narrador como su colega Corvick y su novia Gwendolen dedicarán todos sus esfuerzos a analizar cada palabra de la obra de Vereker para encontrar ese elemento secreto que lo explica todo.

Como decía, creo que La figura en la alfombra debe leerse casi como una parábola, que deja más preguntas que respuestas: una reflexión sobre el sentido de la literatura y la creación que, parece decirnos James en el ambiguo desenlace, solo tiene sentido si se integra y se identifica con la vida. El hecho de que solo una pareja de enamorados parezca destinada a resolver el misterio (así se lo explica Vereker al narrador en un momento del texto) hace que nos planteemos si, cursilerías aparte, no es ese el misterio de la vida que James cree clave para entender el mundo. También puede entreverse, claro, un ataque irónico a los críticos, que a pesar de su pedantería nunca se enteran realmente de nada, pero esa es solo una lectura bastante superficial del texto.

Como siempre en James, resulta interesante la técnica escogida para contar la historia. James es un maestro en la creación de narradores poco fiables, o de narradores testigos y no protagonistas. "Me he visto transformado en unos ojos que miran", dice el narrador en un momento. De esta técnica viene, en parte, ese margen de ambigüedad que hace tan sugerentes las obras de James: nunca podemos saber si lo que se nos cuenta es exactamente lo que pasó; si el narrador ignora cosas (como en esta novela, de forma fundamental), si las manipula, si las esconde. Ese dominio de la técnica es uno de los motivos (no el único) por el que James es considerado un maestro.

Como he dicho al principio, esta es una nueva edición y traducción de la obra de James, realizada por Enrique Murillo para Impedimenta, con una introducción de Antoni Marí. Es una obra breve, apenas 100 páginas contando los dos prólogos, lo que me lleva a hablar nuevamente de los mini-libros que se publican últimamente. Pero en fin, habrá que quedarse con lo bueno: con el placer que produce leer una obra literaria casi perfecta, en una edición cuidada.