viernes, 4 de septiembre de 2015

Stephen Vizinczey: Verdad y mentiras en la literatura

Idioma original: inglés
Título original: Truth and lies in literature
Año de publicación: 2001
Traducción: Pilar Giralt Gorina
Valoración: canónico

Perdonad lo excéntrico de la valoración. Pero libros como este consiguen, y bien que hacen, empequeñecer esta tarea amateur, caprichosa, sencilla y errática que es escribir en internet y sobre libros. Entonces, genuflexo (y agradecido a Álex Azkona por la recomendación) el aficionado que escribe esto que estáis leyendo piensa. Piensa cómo y de qué manera hacer justicia a un libro así, sin caer en los lugares habituales de las reseñas elogiosas, sin recurrir a las listas habituales de calificativos. ¿He escrito alguna vez boquiabierto? No, que recuerde. Pues empecemos con esa palabra. Porque esta retrospectiva de Vizinczey, escritor y crítico húngaro cuya relativa fama cabe atribuir a la novela En brazos de la mujer madura nos ofrece reseñas, artículos sobre escritores, reflexiones políticas, y, last but not least, el conjunto. Que debería ser lo que cuenta, si se trata de valorar. El conjunto es la sensación profunda que se apodera del lector sobre cómo Vizinczey acomete su función crítica. El guiño empieza en el título: Verdad - una - y mentiras - varias - en la literatura. Porque no es que esta sea una experiencia enfocada en el análisis de argumentos, sino que se extiende en todos los ámbitos alcanzables, de manera que, glups, qué complicado es declarar esto en este ámbito, quien lee queda con la sensación de que Vizinczey se impregnaba de lo que leía, absorbía y comprendía tan hasta el fondo el libro, la obra, el autor, y esa capacidad le investía de una autoridad absoluta para, luego, pertrechar esos textos que, por sí solos ya tienen valor literario, pero que tienen además ese poder de empujar a la búsqueda.
No es que Vizinczey no muestre alguna debilidad personal. Por encima de todas, su adoración por Heinrich Von Kleist, en segundo término Balzac, Stendhal, y algunas fobias no tan visibles ni en las que, con una discreción digna de elogio, se ensaña. Que yo recuerde, tilda a Kundera de inmaduro, critica el quiebro argumental de Billy Budd de Melville, y el objeto más claro de su crítica es el corporativismo de la prensa literaria de Nueva York, a la que tilda de actitudes chantajistas. Por todo lo demás, lo comentado, demostración de comprensión absoluta, de asimilación de cada obra en la que se sumerge. Capacidad de análisis brillante. Conocimiento mayestático. Descomunal cómo transmite su entusiasmo, combinando mesura, emoción, razonamiento. La cuestión, quizás, no es que uno pueda coincidir o no con lo que Vizinczey opine, sino lo estimulante que esta lectura resulta. Ya hablé de Bloom y hablé de Carrión y de Eduardo Jordà, recuerdo cada uno de esos libros como campos de minas para los pusilánimes. Cargaría con este libro, repleto de notitas marcando páginas y resaltando textos, y empezaría a encargar libros. Seguro que discreparía de muchas opiniones, seguro que diría que no es para tanto, puede que hasta llegara a conclusiones dispares o a considerar que Vizinczey se ha excedido en algún punto. Puede, incluso, que determinadas horas no sean las más adecuadas para sumirse en especulaciones sobre ciertas obras. No se trata de divertirse ni de saltar: se trata de captar el mensaje profundo que el libro desprende, la importancia de la literatura como bastión de la cultura.
Adicionalmente a las reseñas y artículos sobre literatura, el libro nos ofrece algunos ensayos de carácter más general, que entroncan en la realidad política que Vizinczey, húngaro que se exilió a EEUU en plena guerra fría, escribió sobre diversas temáticas. La Mafia, la dominación rusa, la Europa postguerra. Todos ellos, escritos de gran fuerza y valor. Más regalazos. Como si a este magnífico pastel le hiciera falta una guinda.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Roalh Dahl: Charlie y la fábrica de chocolate

Idioma original: inglés
Título original: Charlie and the Chocolate Factory
Año de publicación: 1964
Traducción:Verónica Head
Valoración: recomendable para niños y grandes

Quien se haya detenido a mirar las etiquetas de esta reseña, antes de pasar a leerla, se habrá dado cuenta de que una de las que he colocado es la de "terror". Sí, terror... ¿En una historia para niños? Bueno, no es algo tan descabellado; quien haya leído los cuentos originales recopilados y redactados por los hermanos Grimm, por ejemplo, se habrá dado cuenta de que el componente terrorífico está más que presente, para solaz de los pequeños y no digamos de sus mayores, a pesar de lo que ha hecho la industria Disney -y derivados- para edulcorar las historias. Y aun así, nunca lo han conseguido del todo... (por no hablar de productos más recientes que tratan de aprovechar la fascinación infantil por aquello que les produce sus más acedrados miedos como son las muñecas Monster High...).

Pero no, lo que me trae a la cabeza la palabra "terror" cuando pienso en la historia de Charlie y la fábrica de chocolate es, sobre todo, el miedo que me inspiraba la versión cinematográfica. No me refiero a la más reciente, dirigida por Tim Burton y protagonizada por Johnny Depp. Esa es un caramelito, créanme. La que causaba terror en mi impresionable mente infantil era la de los años 70, con Gene Wilder en el papel de Willy Wonka, que vi de pequeño en aquella tele que teníamos en blanco en negro (no sé si la película también lo es o tiene color). ¿Y por qué me causaba ese miedo? Pues quizás fueran las imágenes del niño ahogándose en el río de chocolate o aquellos inquietantes hombrecillos que trabajaban en la fábrica... no sé, pero el caso es que siempre he asociado esa película y por extensión el libro en el que está basada y el nombre de su autor, con la sensación de miedo, por no decir pavor.

También es verdad que el autor, el británico Roald Dahl, tenía fama de darle a sus relatos y novelas un toque cruel, muchas veces teñido de fina ironía que hace que sea, precisamente, muy apreciado por ello. En todo caso, ni siquiera en sus historias para niños nos ahorra la muestra de aspectos desagradables o injustos de la vida: en este libro, para empezar, el protagonista, Charlie Bucket, es un tierno infante que vive en unas condiciones terribles, casi "dickensianas", pasando hambre en una casa que se cae a pedazos junto a una familia paupérrima -aunque sorprendentemente resistente-: padre, madre y cuatro abuelitos postrados en la cama de forma permanente. Ni tele, ni videoconsola , ni siquiera un perrito al que poder darle patadas para desquitarse, de vez en cuando... y aun así, Charlie, en vez de convertirse en un delincuente en ciernes, como haría cualquiera de nosotros, es más bueno que las pesetas, un verdadero encanto, el mejor hijo y nieto que se pudiera tener...

Pese a todos los sinsabores que la vida le ha reservado, Charlie recibe un día su recompensa en forma de billete dorado que aparece en una chocolatina Wonka, y que es el pasaporte necesario para visitar la fábrica de chocolate del enigmático Willy Wonka, situada casualmente allí mismo, en su ciudad, a pocos metros de su casa, pero en la que ni él ni nadie ha entrado nunca. No es el único niño afortunado, sin embargo: otros cuatro billetes dorados acaban en manos de sendos niños, que, por constraste con nustro Charlie, parecen ser el compendio de todos los defectos que el señor Dahl veía en la infancia de su momento: avariciosos, malcriados, caprichosos, glotones, maleducados... (No me resisto a dar sus nombres, que no tienen desperdicio: Augustus Gloop, Violet Beauregarde, Veruca Salt y Mike Tevé). No es la visita a la misteriosa y maravillosa fábrica de chocolate la única recompensa, el señor Wonka también promete un premio muy especial para uno solo de ellos... aunque, quién sabe,  puede que a más de uno también le aguarden ciertos castigos acordes con sus faltas...

Y hasta aquí puedo contar, bajo pena de ser calificado como "destripador de libros" (de todas formas, sospecho que la historia es ya harto conocida). Solo decir que Dahl no ahorró imaginación a la hora de concebir las desventuras que les aguardan a los pobres (?) infantes... Vaya, parece que sí tenía cierta tendencia a la crueldad, la escritura del buen hombre...

O puede que no. La verdad es que en el fondo, el señor Dahl resulta ser un poco "primavera". Lo que intenta con este libro, por otra parte ameno y divertido, es ofrecer una fábula moralizante, para los niños, de una  ingenuidad y conservadurismo conmovedores (también es verdad que una versión alternativa, aunque más plausible, hubiese tenido más difícil su publicación): "Niños, sed buenecitos y portaos bien con vuestros mayores, o si no, recibiréis antes o después vuestro castigo... ¿No es así?". Pues no: a los buenos Charlie Buckets de este mundo les espera, en el mejor de los casos, recibir un número más o menos limitado de palos y humillaciones, tener acceso -difícil- a un trabajo precario, pagar una hipoteca incluso después de que el banco les haya embargado la casa y agachar la cabeza sin protestar demasiado o les caerá una buena multa por aplicación de alguna ley que haya sacado el gobierno de turno. Mientras que los niños maleducados, avariciosos, mandones y bordes tienen todas las papeletas para que todo les vaya de perlas y, cuando crezcan, convertirse en ministros, banqueros, estafadores de altos vuelos o directores del FMI (incluso una cosa detrás de la otra, que me han dicho que se puede...), al tiempo que les fastidian bien la vida -por no decir otra cosa- a los Charlies que se les pongan por delante. O por debajo...

¿Ven cómo sí que esta historia da mucho miedo?

Otros libros de Roald Dahl en Un Libro al Día: Relatos de lo inesperado, Cuentos en verso para niños perversos, Lady Turton

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Colaboración: Fredi de Héctor Lastra

Idioma original: español
Año de publicación: 1996
Valoración: imprescindible

Fredi es un novelón, una novelaza de algo más de 460 páginas, la última que publicó su autor. Está dividida en tres secciones que la ubican temporalmente de la manera más precisa: “De marzo a noviembre de 1961”; “De julio de 1966 a julio de 1967”; “De mayo de 1973 a enero de 1974”. Tiempos interesantes en la Argentina, según la maldición china. Los de la proscripción del peronismo, dictaduras fugaces y, finalmente, de terrorismo de estado a lo bestia durante el último gobierno de Perón, el nacimiento de la gloriosa Triple A, el antecedente más inmediato de lo que posteriormente sería su continuación y culminación, la maquinaria genocida del Proceso, la última dictadura argentina.

El protagonista, Fredi, es un lumpen que permanece en prisión por fuera de las secciones temporales explicitadas en el índice. Ha cometido gravísimos crímenes pero siempre lo agarran por delitos menores. Posee una ética personal a medio camino entre la villera y la carcelaria. Una ética que traiciona a menudo, unas veces impulsado por su inagotable, canino afán de supervivencia y superación, otras por su no menos descontrolada libido.

La novela, pues, nos muestra la vida de un hijo de puta en su doble condición de víctima y victimario, una bestia suelta en la selva en pugna con otras iguales o peores que él, como abogados o prestamistas, o depredando sin piedad a sus presas. Finalmente, se le presenta la oportunidad de integrarse en la organización de la ultraderecha peronista, un pasaporte seguro para satisfacer todas sus aspiraciones. Y toma una decisión que lo define.

En un punto no del todo reseñado, Fredi es una novela mucho más maldita que su primera creación de largo aliento, La boca de la ballena. Mientras que ésta fue prohibida y premiada en forma casi simultánea, contó con varias ediciones y secuestros, y es casi obligado mencionarla y reseñar sus desventuras editoriales en cualquier artículo que trate la literatura argentina de los ‘70, de aquélla no hay casi nada, ni siquiera olvido. Quizás porque, aparte de asfixiante, es una novela incómoda, intolerable tanto para los antiperonistas como para los peronistas.

En Fredi, como en La boca de la ballena, el sufrimiento no está monopolizado por la izquierda peronista. De hecho, en ambas novelas las escenas más perturbadoras de violencia política tienen a
anarquistas y/o comunistas como víctimas, y a fuerzas policiales y parapoliciales al servicio del peronismo como verdugos. Intolerable e inaudito. En todo caso, digno de silencio.

Fredi es una novela imprescindible en la medida que es una novela necesaria. Dedo en la llaga, dedo acusador. Fruto, como La boca de la ballena, del trabajo de años. El estilo de ambos textos parecería de escritores diferentes, pero las dos cautivan por su prosa poderosa y personalísima.

Firmado: Fernando Daniel Bruno

martes, 1 de septiembre de 2015

Patrick Modiano: El lugar de la estrella

Idioma original: francés
Título original: La Place de l'Étoile
Año de publicación: 1968
Valoración: interesante

El punto de partida: esta era la última oportunidad que le daba a Modiano: después de leer En el café de la juventud perdida y La hierba de las noches había llegado a dos conclusiones: los que dicen que Modiano siempre escribe la misma novela tienen razón; y además esa única novela de Modiano no me interesa un carajo. Cafés bohemios, mujeres misteriosas, un mundillo del hampa de lo más inofensivo, un París de tarjeta postal... No, gracias. Así que El lugar de la estrella, o mejor dicho, la Trilogía de la ocupación (que también incluye La ronda nocturna y Los paseos de circunvalación), iba a ser su última oportunidad. Si esta novela era igual que las otras, Modiano y yo habíamos terminado para siempre (como Vila-Matas y yo, por ejemplo).

Para situarnos: El lugar de la estrella es la primera novela de Modiano, publicada originalmente en 1968, cuando el autor tenía 23 años. El título es un juego de palabras entre la "Place de l'Étoile" (la plaza donde se sitúa el Arco de Triunfo) y la place de l'étoile, literalmente "el lugar de la estrella", o sea, el lugar donde los judíos debían colocarse la estrella amarilla que los identificase durante el nazismo y la ocupación de Francia. La novela fue muy bien acogida, obtuvo varios premios y el apoyo de Queneau, pero también el rechazo del padre del propio Modiano.

Primera impresión: esta novela no es como las otras novelas de Modiano que había leído: es mucho más oscura, mucho más incómoda, mucho menos autocomplaciente. Punto positivo para él.

El argumento: Raphael Schlemilovitch es un judío antisemita que vive en la Francia posterior a la Segunda Guerra Mundial, y que transita (o se imagina que transita) por diversos ambientes históricos o imaginarios de la Francia ocupada y de la posguerra. Así, se transforma en informante de la Gestapo, en el "judío oficial del Tercer Reich", en tratante de blancas, en emigrante judío a Israel, en paciente de Sigmund Freud...

Novela postraumática: El lugar de la estrella es la expresión (así lo interpreto yo) de traumas individuales y colectivos. El personaje de Schlemilovitch tiene algo del padre del propio Modiano: judío sefardita, escapó de la deportación y se dedicó después a negociar en el mercado negro, llegando a tener tratos con la Carlingue (la Gestapo francesa). Pero también tiene algo de Maurice Sachs, un escritor judío colaboracionista (a pesar de lo cual murió deportado a un campo de concentración) que aparece como personaje en la novela. Así, la vida familiar de Modiano se combina con la vida colectiva de Francia, que todavía no ha terminado de purgar las culpas por su actuación durante la Segunda Guerra Mundial, la pasividad o el colaboracionismo de una parte de su población y su antisemitismo visible desde el famoso "caso Dreyfus" (que también es una constante en la novela).

Lectura incómoda: No es esta una lectura fácil, por dos motivos, uno de técnica y otro de contenido. En cuanto a la técnica, Modiano rechaza la narración lineal, y crea un mundo narrativo en el que los saltos en el tiempo y en el espacio son constantes, y en el que la realidad y la imaginación se mezclan como en los sueños. Cuesta cogerle el hilo al texto, e incluso cuando se coge el hilo hay que seguirlo con esa lógica onírica que hace pensar, por ejemplo, en El maestro y Margarita de Bulgákov. Además, la profusión de referencias culturales y literarias francesas que hoy nos resultan desconocidas (la de Maurice Sachs, por poner un ejemplo) aleja también el texto del lector actual no francés -y sospecho que también del francés medio, que no estará tan enterado de la vida intelectual y literaria de su país a mediados del siglo pasado-.

Lectura incómoda 2: Pero El lugar de la estrella también es incómodo por su contenido: el protagonista es un judío antisemita, un antihéroe capaz de seducir mujeres inocentes y entregarlas para la trata de blancas, egoísta, mentiroso, traidor. Es, por decirlo así, la encarnación de todos los tópicos antisemitas sobre los judíos. Aunque el texto tenga un obvio objetivo hiperbólico y paródico, aun así nos removemos incómodos en la silla al ver cómo se "juega" con el nazismo, el Holocausto, el antisemitismo, la fundación del estado de Israel... El propio autor lo debió de ver así porque, según he leído, en ediciones sucesivas de la obra eliminó algunos párrafos que consideró excesivos, por ejemplo uno en que se afirmaba que "los judíos no tienen el monopolio del martirio".

Conclusión: ¿Le daré por lo tanto más oportunidades a Modiano, o hasta aquí hemos llegado, esto es todo, amigos, sayonara, baby? Pues sí, creo que se las daré. No diré que El lugar de la estrella me haya encantado porque, como digo, es una lectura incómoda por motivos diversos. Pero sí me ha parecido una novela atrevida, original, densa, compleja, que plantea cuestiones duras en una sociedad demasiado complaciente consigo misma. Quizás no me haya convencido todavía de que Modiano se mereciera el premio Nobel, pero sí se ha ganado más oportunidades.

lunes, 31 de agosto de 2015

Eduardo Halfon: Signor Hoffman

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: muy recomendable

Puede que a alguno le frustre que Halfon despache en solamente 144 páginas este Signor Hoffman. Normal. Quedarse con ganas de más. Lógico. Pero parece que con Halfon hayamos de acostumbrarnos a esa austeridad y esa concisión, aunque sea en aras de compensar sus enormes cualidades. Poner cada palabra en su sitio, sin aparatosidad. Usar frases cortas, puros brochazos, para retratar a la perfección una situación, un ambiente, una sensación. Solamente al alcance de unos pocos. Que Halfon va a ser un grande, de esos que se escriben con mayúsculas, ya dependerá de alguna otra cosa. De la promoción, claro, del boca-oreja, de alguna traducción de esas que hacen mucho ruido. De que algún día se decida a regalarnos su estrella distante o se atreva con su 2666.
Mientras tanto, ocurra ello o no, disfrutemos con sus obras de corta extensión, sobre sus propias experiencias o las de las generaciones de su familia, apreciemos esa cercanía que proclamaba Salinger, la del escritor al que quisieras telefonear en cuanto acabas su libro. Signor Hoffman visita lugares comunes con su fascinante predecesor, Monasterio. De hecho, si atendemos al color elegido por Asteroide y al argumento de alguno de los relatos, diríamos que ya vamos por el tomo tres (aunque El boxeador polaco, que no he leído, salió en otra editorial) de una serie dedicada a indagar en los orígenes de su familia, en ese abuelo que emigró, huyendo de los nazis, a Guatemala, y que no volvió, sintiéndose traicionado, a pronunciar una palabra en polaco. Un detalle poderoso, el origen judío, una referencia de peso, la mera mención a Auschwitz, un ingrediente que hay que tener cuidado en dosificar. Halfon, de momento, consigue que no se le vaya de las manos. 
Los relatos de Signor Hoffman parten de las propias experiencias de Halfon. Belice, Italia, Polonia, son algunos de los lugares en que se desarrollan. A veces le acompaña un viejo coche prestado. Visita a personas que no conoce, o se las encuentra esperándole. Viajes: si Monasterio empezaba en un aeropuerto, aquí tenemos carreteras de costa, desplazamientos. Alguien acogiéndolo, como escritor de fama en ascenso, para explicarle cómo se reconstruyeron, para no olvidarlos, campos de confinamiento de la Italia de Mussolini. O explicándole historias de Lodz, ciudad de Polonia que abandonó su abuelo. Visitando su antigua casa y sorprendiéndose de quién ahora vive en ella. Tenga enfrente a quien tenga, sea un amable anfitrión o un vigilante aduanero con celo por su trabajo, Halfon consigue del lector esa rara complicidad. Observa la realidad y escribe sobre ella. Le es más difícil no escribir, claro. Puestos a hacerlo, lo hace de la mejor manera y ahorra relleno. Evoca ese pasado, mantiene encendido el rescoldo del recuerdo al que rinde tributo, el de las decisiones familiares que han condicionado ese presente desde el que hace testimonio. El amago metaliterario está servido y, quizás con Signor Hoffman, con sus lugares comunes y sus destellos de intertextualidad, Halfon cierre este ciclo en un punto álgido, sin que haya dado muestra alguna de agotamiento, y, permitidme que me erija en portavoz, yo le agradecería, la expectativa es grande, el potencial anda ahí, le sobran las cualidades, se decida a dar el salto a la ficción abierta. Porque le podría decir que así es suficiente, podría regalar un titular tan adecuado de que da igual, que escriba sobre lo que le pasa, que la vida es literatura y la literatura es la vida. Pero creo que, en su caso, el momento de dejar de ser algo comedido y dar el paso hacia la grandeza ha llegado.

domingo, 30 de agosto de 2015

Matteo Collura: Sciascia. El Maestro de Regalpetra

Idioma original: italiano
Título original: Il maestro di Regalpetra. Vita di Leonardo Sciascia
Año de publicación: 1996
Traductora: María José Palomero
Valoración: Muy recomendable

El gran Leonardo Sciascia nació en Racalmuto, un pueblo del interior siciliano, de salinas y solfaratas, en 1921, cuando Italia estaba a punto de caer en la época fascista. Creció bajo su yugo y asistió a su declive, a la ocupación alemana y al desembarco aliado en la isla. También a las turbulencias de la posguerra y al hegemonía política de la democracia cristiana. Denunció a la Mafia que dominaba su tierra, gracias a la violencia y a su conchabeo con los mandamases de Palermo y Roma. Vivió en primera fila la confusión de los "años de plomo", las guerras mafiosas que asolaron Sicilia y el nacimiento del movimiento Anti-Mafia. Murió justo antes de que los actores políticos que se habían disputado su país durante décadas (DC, PCI, socialistas...) implosionaran a raiz del escándalo de la Tangentopolis (se libró, al menos, de tener que ver a Berlusconi de Presidente). Fue maestro, editor, concejal en Palermo, diputado nacional, amante de la cultura, tanto italiana y siciliana como europea -sobre todo, francesa y española-, erudito en literatura, lingüística, historia, amigo de escritores ilustres -Calvino, Bufalino-, discípulo de otros -Brancati-, pirandelliano, productor de su vino y su aceite, esposo, padre y abuelo, fino analista de la realidad italiana, coleccionista de grabados... y sobre todo, fue un hombre de letras, escritor de estupendas -y preclaras- novelas policíacas, cuentos bendecidos por el humor y la ironía, penetrantes ensayos; rescató también figuras y sucesos del pasado siciliano -aunque no solo siciliano- sobre los que extendió la luz de su entendimiento y su mirada llena de inteligencia y sutileza. Fue uno de los grandes de la literatura italiana, sin duda.

Matteo Collura traza aquí una biografía ejemplar, perfectamente documentada y estructurada, que recorre desde la infancia y años de formación del escritor siciliano, sus antecedentes familiares, sus amigos, etc... hasta sus últimos años, pasando por aquellos de compromiso político. Y, ante todo, sus libros, de los que hace un repaso pormenorizado y agudo, de la mano -o de la boca- del propio Sciascia. Porque la gran virtud de esta biografía es precisamente que convierte al biografiado en el guía que nos va mostrando lo que ha sido su propia vida. El autor se retira a un lado para cederle la palabra a Leonardo Sciascia, a través de su testimonio, obtenido de diversas entrevistas, libros de conversaciones (estupendo el de Fuego en el alma, con Doménico Porzio) o sus múltiples ensayos en el que nos fue legando su visión sobre numerosos asuntos, contemporáneos a él o pertenecientes a ese pasado que tanto le apasionaba (sobre todo el siglo XVIII, el Siglo de las Luces y de la Revolución francesa, el de Diderot y Voltaire...).

Tampoco se esconden aquí las polémicas que vivió este hombre de letras y de acción, que no huía de ellas, pese a su carácter eminentemente pacífico y para nada pendenciero. Pero era un hombre valiente, como ya demostró sobradamente al ser de los primeros y más decididos denunciantes de la opresión mafiosa que vivía Sicilia. Por eso, seguramente uno de sus momentos más amargos los vivió cuando, a raíz de un artículo suyo sobre el nombramiento del juez Borsellino (más tarde asesinado por la Cosa Nostra), fue acusado por los "fanáticos de la anti-mafia" de cierta connivencia, si no con tal organización, sí con su espíritu -o, cuando menos, de compartir el derrotismo interesado de sus valedores-... ¿A alguien le suena algo parecido? No, claro, en la impoluta democracia española no pasan ni han pasado nunca estas cosas... Otro momento "delicado" de su vida pública ocurrió cuando formaba parte, como diputado del Partido Radical,  de la comisión parlamentaria encargada de investigar el secuestro y asesinato de Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas. Sus sospechas y disquisiciones sobre la naturaleza de este grupo le darían -y de hecho, ya le habían dado- para más de un libro.

Una biografía ésta que es, pues, el retrato de un hombre inteligente, lúcido, irreductible en su independencia intelectual; un hombre y un escritor de una pieza que supo mantener su integridad en una época y un lugar complicados para hacerlo, que además supo escribir una buena muestra de magníficas obras, y convertirse en un referente literario y cívico de primer orden. Una muy buena biografía escrita, además, por otro siciliano amante de su tierra y que nos brinda la oportunidad de conocer mejor a ese maestro de las letras que fue Leonardo Sciascia.

sábado, 29 de agosto de 2015

Edmundo Paz Soldán: Billie Ruth

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: muy recomendable

Si me dejara llevar por la pesadísima corriente postmoderna de lo gastronómico diría que las recopilaciones de relatos actúan como menú degustación de ciertos escritores. Ya sabemos, asequibles esas lecturas espaciadas, ahora un relato corto, ahora uno más largo, no más de veinte páginas, y en unos cuantos ratitos hemos despachado una lectura y tenemos, más o menos, una idea de lo que es capaz de hacer el escritor. Pero no: hay recopilaciones de relatos que son obras únicas y que no tienen por qué ser "miniaturas" de toda la obra de su autor. 
Dicen, Paz Soldán es un escritor prolífico. También es, sorpresa, el primer escritor boliviano que se reseña en UnLibroAlDía. Un misterio, pero esperamos sugerencias. Aunque para ser el primero no está pero que nada mal. Billie Ruth recoge cerca de veinte relatos de corte contemporáneo. Nada de juegos en el tiempo, todo lo más distintos emplazamientos, y una leve línea argumental que agruparía algunos de los relatos: la presencia en las vidas de sus protagonistas de personajes alejados de la cotidianidad. 

Hijos en visitas convenidas con el juez. Enfermos en plantas de cuidados terminales. Vecinas en misión de trabajo. Maestros destinados, estudiantes becados. El componente inusual suele ser el desencadenante de tramas más exiguas o más desarrolladas (en función de la extensión del relato) y, a pesar de que los relatos iniciales podrían sugerir una cierta escora trágica o surrealista, la cuestión es que, superado el primer tercio del libro, nos damos cuenta de que todas esas tramas son perfectamente posibles. Y que lo son gracias a la enorme eficacia del escritor. Una prosa exacta, sin recargo alguno, con justificado uso puntual del localismo. Desinhibido, preciso, y sin necesidad de efectismo, Paz Soldán consigue en Billie Ruth una enorme cohesión dentro de la variedad de argumentos. Muestra contundencia tanto en el apunte de dos páginas (quede claro; esto no es microrrelato) como en desarrollos más prolongados, como la brillante historia que le da título o la brillante El croata. Demuestra actitud global tanto en estos dos como en la excelente Srebrenica y, cosa no siempre sencilla, sale victorioso en que todas las páginas dejen alguna clase de huella. Porque a veces (pocos escritores se libran de ello, y por supuesto uno es Carver), puede resultar sencillo intercalar relatos para ganar volumen y aumentar el tiempo de atención del lector. Pero aquí no sobra apenas nada, todo tiene su propia personalidad y aún así percibimos un tono coral. Habrá que probar con alguna de las novelas de Paz Soldán.