miércoles, 25 de mayo de 2016

Marcel Proust: Sodoma y Gomorra (En busca del tiempo perdido IV)


Título original: Sodome et Gomorrhe
Traducción: Consuelo Berges
Idioma original: Francés
Año de publicación: 1922
Valoración: Muy recomendable

Cada día que pasa y cada página que leo tengo más claro que por tamaño, belleza y dificultad, En busca del tiempo perdido es uno de los catorce ochomiles de la literatura. 

Y nosotros ya hemos llegado al campo IV: Sodoma y Gomorra. La aclimatación ha sido dura (no es fácil acostumbrarse al estilo de Proust, a ese no pasar nada pero que todo parezca una verdadera odisea, a esa sensibilidad, a ese amor por el detalle, a esos párrafos interminables), pero ya le hemos cogido “el punto”. Y, al contrario que en las ascensiones a monstruos como el Annapurna o el K2, cuanta más altura ganamos, menor es el esfuerzo. Sigue siendo duro, pero no notamos mal de altura ni nada parecido (solo falta de oxígeno en algún párrafo que otro). Además, la cumbre se deja entrever y todo parece más fácil.

No me voy a extender en consideraciones sobre el estilo de Marcel (sí, yo ya le llamo "mi Marcel", que después de estos meses ya tenemos confianza). Es el mismo que en los tres primeros tomos. Si has llegado hasta aquí, no encontrarás motivos para abandonar. Y si lo dejaste en el primer tomo, olvídate de intentar engancharte ahora.

Lo que sí que varía ligeramente son los temas, donde prima la sexualidad sobre otros temas ya tratados con anterioridad como las relaciones mundanas, la amistad o el arte. Sodoma y Gomorra es, hasta ahora, la más sexual de las obras de En busca del tiempo perdido. En ella Proust nos habla de la sexualidad, en general, de todo lo que la rodea (amor, deseo, celos…), y de la homosexualidad, en particular.

Ojo, por ejemplo, al comienzo de libro: en él, el protagonista es testigo, ¡mientras espera para observar como un insecto poliniza una orquídea (chupaos esa, Sigmund Freud y sus acólitos)!, del encuentro entre el barón de Charlus y Jupien, chalequero de los Guermantes. Este comienzo es una de las partes más destacables del libro, con sus reflexiones y teorías sobre el deseo y la sexualidad. Eso sí, no debemos perder de vista el contexto sociocultural en el que se escribió.

Por otra parte, al contrario que en El mundo de Guermantes, que transcurría íntegramente en París, Sodoma y Gomorra se desarrolla inicialmente en París y la "acción" se traslada después a Balbec.

Balbec, esa ciudad balneario cargada de imágenes, paisajes, luz, impresiones, que ya se nos presentó en A la sombra de las muchachas en flor y que vuelve a ser lugar de retiro para nuestro protagonista. Nada más llegar allí asistimos a otras de las páginas más bellas del libro: esas en las que recuerda su primera noche en Balbec, llena de miedos, y el consuelo que le ofreció en aquel momento su abuela, fallecida justo un año antes. La tristeza le invade con el recuerdo de su abuela. Ahora es verdaderamente consciente de su muerte. Se aísla del mundo, se niega a recibir a nadie, ni a las “élites locales” ni a Albertina, personaje fundamental en la segunda parte del libro. Pero como no hay mal que cien años dure, le veremos de nuevo asistir a reuniones sociales y a frecuentar a Albertina.

Vuelve a las reuniones sociales en Balbec (y alrededores), en las que se encontrará con personajes que son presentados, mayoritariamente, como falsos, ridículos, con conversaciones banales (atención a las páginas y páginas sobre la etimología de los nombres de pueblos y lugares). Hallaremos nobles provincianos que no le llegan a la suela de los zapatos a sus adorados Guermantes, parisinos de paso por Balbec, artistas e intelectuales de medio pelo y, sobre todo, a nuestro viejo conocido Palamedes, barón de Charlus, al que ya no se podrá ver con los mismos ojos después de los hechos que hemos presenciado en París.
Para completar el tratado sobre la sexualidad y los celos que es Sodoma y Gomorra, asistimos a las relaciones, también en cierto modo obsesivas, del barón de Charlus con el joven soldado y músico Morel, que es presentado también como un personaje ruin, mezquino, interesado. Estas relaciones son criticadas por la espalda, pero aceptadas por parte de su círculo social.

Y vuelve a Albertina, personaje maltratado a lo largo del libro, con la que mantenía unas relaciones puramente carnales en París y que continúan en Balbec. La relación pasará por diferentes estados: desde el amor carnal al deseo de casarse con ella, pasando por las dudas y los celos más enfermizos, provocados por unos comentarios acerca de la orientación sexual de Albertina hechos por algunos de personajes asiduos a las reuniones mundanas.

El libro se cierra con un comentario del protagonista a su madre diciendo que vuelve a París y que se casará con Albertina (me da la impresión que eso no va a acabar bien). Así que el muy pájaro de Marcel nos deja con la miel en los labios, deseando empezar el quinto libro.

Pero antes de pasar página, un último comentario sobre Sodoma y Gomorra que, no solo supone una continuación en el tiempo de El mundo de Guermantes, sino que tiene sus mismas virtudes y pequeños defectos. Defectos que, en mi opinión, se reducen a esas interminables reuniones mundanas que, si bien sirven para describir a los personajes, se hacen un tanto pesadas. De ahí el “muy recomendable”.


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martes, 24 de mayo de 2016

Colaboración: Viajero solitario de Jack Kerouac

Idioma original: inglés
Título original: Lonesome Traveler
Año de publicación: 1960 
Valoración: Muy recomendable 

¿Venderle el alma al Diablo? Sí, pero cara.
Y si se puede, venderle también otras cosas.
Y venderle a Dios lo que el Diablo no compre.

Vicente Luy.
Jack Kerouac siempre viajó acompañado, incluso en Viajero Solitario. Cualquiera de sus epopeyas, ya sea recorriendo la costa oeste de los Estados Unidos haciendo auto-stop, cruzando la frontera mexicana con medio kilogramo de marihuana encima, hasta viajes en barco de mala muerte, cuenta cómo su entorno se fusiona con él hasta volverse uno solo.

Poseído por una especie de claustrofobia para con el mundo, al bastión de la Generación Beat le bullía una necesidad imperante de estar en movimiento, de aventurarse. Así es como llegó a ser marinero, cronista del Lowell Sun, mozo, cosechador de algodón, empleado en las vías del ferrocarril e incluso, hastiado de su vida nocturna y de tantos excesos, durante una temporada, se convirtió en el guardabosques del Parque Nacional Monte Baker. Pero allí tampoco estaba solo: jugó al póker simulando una contienda de cuatro participantes, cantó para la naturaleza y entabló una relación con un oso que nunca vio. Su esencia siempre se mantuvo acompañada.

No es casualidad que en Viajero Solitario, el autor deje momentáneamente de lado a todos sus compañeros beatniks menos a William S. Burroughs. Ni el corrosivo Neal Cassady figura físicamente, aunque sí en espíritu. Este último se hace presente durante el cruce a México, cuando Kerouac fomenta el consumo de opiáceos y corrompe al hermano menor del guía, un campesino que goza de una vida más que tranquila y, repentinamente, se ve sumergido en los desmanes del grupo a causa de la merma de algunas sustancias. Obviando pequeños e inevitables tramos, la sabiduría inculcada por Burroughs emerge y logra que Kerouac saque a relucir su faceta más pensante y prudente, haciéndose eco de repentinos virajes de la odisea y, sobre todo, de la toma de decisiones.

Aquí, en este libro que recopila ocho jugosas historias unidas por el viaje, se hace foco en el Kerouac más personal e íntimo. Su fanatismo por los trenes devenido en obsesión; su cristianismo y el contradictorio estilo de vida que llevaba en la gran manzana; la simpleza con la que los beats se divertían sin un dólar, desglosando escenas cotidianas con un ojo despierto y atento, riéndose de la gente; hasta uno de sus viajes más peculiares con destino a Europa, con base en París y Tánger.

Dijo Miguel Grinberg, a propósito de Luis Alberto Spinetta: “periódicamente, de modo sutil y persistente, nacen en este planeta individuos predestinados a crear puntos de referencia singulares, todos ellos afinados en una única perspectiva: la evolución de nuestra atribulada especie”. Jack Kerouac ha sido uno de ellos.

Firmado: Juan Martín Nacinovich

lunes, 23 de mayo de 2016

Reseña + Entrevista. Patricio Pron: No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles


Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: muy recomendable para iniciados, bastante recomendable para público general

Como escribí en mi primera reseña de Pron, mi primer impulso de acercamiento a este escritor argentino surgió de las frecuentes menciones a Bolaño relacionadas con su obra. No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (en adelante, NDTL) es, o al menos esto ha apreciado por encima de todo el que esto escribe, un homenaje en toda regla al escritor chileno. Lo cual no ha de constituir una recriminación en modo alguno. Que novelas brillantes como ésta le tomen como referencia o inspiración solamente es un acto de justicia. 
La estructura de carrusel de testimonios de su parte central, la temática centroeuropea, el jugueteo con escritores reales e inventados, con personajes de otras novelas, la mención fugaz a aviones que escriben textos. Puntos que remiten a todo el universo contextual del chileno, pero que aportan indicios de que Patricio Pron ya anda edificando el suyo.

Pron, por eso, ha sido muy inteligente para crear ese armazón y decorarlo según su propio criterio, y ahí ya luce su propia personalidad. Un escritor inquieto, prolífico, esencia de esa multiculturalidad signo de los tiempos, escritor de títulos largos y ambiciones anchas al que, quizás, pero a esto me ayuda algo conocer su dinamismo y su profusión en las redes sociales, solo podría achacarse cierta tendencia a ese concepto endogámico del escritor para escritores, con lo que Pron restringe (saldré de dudas preguntándole) su público potencial. No sé si ello es deliberado, por eso, porque ya sabemos los tiempos en que estamos, con todo el mundo relacionado con lo editorial mirando por encima del hombro, no por superioridad, sino para copiar al vecino, colega, competidor, incluso en opiniones, en expresiones, en tonos.

El viejo recurso de la II Guerra Mundial: Pron sitúa a sus personajes en un hipotético Congreso de Escritores Fascistas Europeos que va a celebrarse en una pequeña ciudad italiana. Problema 1: estamos en la primavera del 45, y las cosas no parecen acabar de pintar bien para los partidarios del Eje. De hecho, las montañas y los bosques que rodean la ciudad son un hervidero de brigadistas y partisanos que, atentos a los movimientos del conflicto, empiezan a tomarse la justicia por su mano. Sea porque saben que van a hacerse con el poder, sea porque van a perderlo. Problema 2.: Luca Borrello, uno de los más insignes congresistas, aparece muerto al fondo de un barranco. 
En torno a este misterio no central, y desplazándose adelante y atrás y hacia los lados, Pron, teje una trama oscura donde asistimos a tres momentos (representados por las tres generaciones de varones apellidados Linden) de la historia europea: 1945, 1978 y la actualidad. Como sugiriendo que solo las ideologías coherentes y arraigadas pueden superar la barrera del tiempo, y como insinuando que las heridas tardan más en cicatrizar, si lo hacen, cuando son interiores, Pron nos lleva desde las disquisiciones sobre la coherencia del fascismo y de su hermano bastardo, el futurismo, (representados por aquellos que ya temblaban como un flan ante el advenimiento de un tiempo en que la gente no les reiría las gracias, sino que se fijaría, y mucho, en las desgracias que habían organizado) hasta el desestructurado presente. Y los escritores parecen argumentar, ahora que le ven las orejas al lobo, que todo lo suyo era una mera teoría que ha sido malinterpretada, y se entregan al perverso juego del equívoco y a lo que sea con tal de salvar un pellejo; aunque allí con ellos haya miembros de las SS y escritores alemanes con su imperioso poder organizativo. Y viendo desmoronarse su perversa utopía quieren argumentar, los escritores querrán desmarcarse, ellos no son los que llevan la pistola al cinto, todo se ha ido de las manos, los extremos se tocan, hemos sido tergiversados.

Pron alterna escenas memorables con algún interludio con exceso de carga teorizante. Quien aprecie ese espíritu aguerrido, el de huir del típico esquema de misterios que se van resolviendo, disfrutará enormemente. Lectores de otro perfil no tan bregado puede que le recriminen esos cabos sueltos dejados de forma premeditada. Eso sí, Pron es un autor cuyos movimientos tienen, siempre, una justificación.

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Y Pron es un autor que aceptó responder algunas de nuestras inquisitorias cuestiones. Sobre esta novela, sobre su obra, y sobre cualquier cosa. Lo hizo justo ayer, y aquí lo tenéis, ya.


El escritor que  respondía cuestionarios sólo mientras veía partidos de fútbol

Foto: Lisbeth Salas

¿Qué obras o autores sirvieron de influencia para la escritura de la novela?

Algunos libros se escriben con un puñado de referencias, cinco o seis autores y obras que le sirven de tradición y de marco; pero hay otros libros que, por su carácter “total”, sólo pueden ser escritos bajo la influencia de cientos, verdaderamente cientos de libros y autores, también los que hemos olvidado pero han moldeado nuestra sensibilidad y nuestra forma de ver la literatura. En “No derrames tus lágrimas […]” está la literatura futurista, por supuesto, pero también Ezra Pound, Jorge Luis Borges, Thomas Bernhard, Roberto Bolaño, Georges Perec, Julien Gracq, Marcel Duchamp, Felix Philipp Ingold. Kurt Vonnegut, Jr… Muchos, realmente muchos autores y libros: casi todos los que he leído, de una manera o de otra.


¿Cree que los libros sobre escritores (tipo "Prohibido entrar sin pantalones") son un subgénero de moda?


No, no lo creo. Más bien creo que existe la necesidad en algunos autores (y en sus lectores) de escribir y leer libros que expliquen, de ser posible, la traición a la agrafía y a la comodidad en la que incurre quien, por una razón u otra, y contra todo sentido común, decide escribir. Queremos estar allí cuando lo hace, queremos saber por qué y cómo lo hace y por qué un día deja de hacerlo, y los “libros sobre escritores” narran precisamente eso.


¿Por qué pone siempre títulos tan largos?


Al comienzo, como un gesto de rebeldía ante la obra de Ricardo Piglia, que ejerció una influencia muy importante en mí como lector y tiene títulos breves o brevísimos; al final, por la incapacidad de escribir títulos más breves.


La obra de Borrello es un ejercicio de desaparición del autor y de la literatura ¿Cree que la literatura está destinada a desaparecer?


Bueno, creo que la literatura (al menos como negocio) está haciendo unos méritos notables para desaparecer. Sin embargo, también creo que una de sus funciones principales, que podríamos denominar “función narrativa”, es parte ineludible de la esencia del ser humano y no desaparecerá, lo que no significa que vaya a permanecer en la literatura y no a mudarse a otro medio, posiblemente audiovisual. Luca Borrello lo intuye, creo, y su historia es la de quien, habiendo perdido la literatura, la recupera y luego se pierde y la pierde.


Vd, es una persona muy activa en redes sociales. Nosotros, un blog sobre literatura. ¿Cómo vamos a apañárnoslas para trascender en medios tan potentes en el día a día, pero tan volubles en el futuro? ¿Ve estos canales, en algún momento, como independientes del hecho o no de la publicación?


No creo que ninguno de nosotros pueda apañárselas de ninguna manera para trascender: de hecho, me parece evidente que todos estamos condenados al olvido, a trazar una raya en el agua y que ésta se disuelva a nuestro paso. No tiene siquiera sentido pensar en estas cosas.


Vd. forma parte de ese movimiento global de escritores que desarrollan carreras lejos de sus lugares de nacimiento ¿Se ve estableciéndose de nuevo en su país?


¿En cuál de todos ellos? (En realidad, yo siempre estoy en “mi país”, dondequiera que esté.)


Pregunta trampa (por lo panorámica) Si no sabe lo que es un informe DAFO, se lo explico. Se usa en management para valorar Debilidades Amenazas Fortalezas y Oportunidades. ¿Se ve capaz de improvisar un informe DAFO de la literatura actual?


No estoy seguro de ser o haber sido capaz, pero creo haber improvisado ese informe en un libro publicado hace dos años y que se titula (nuevamente los títulos largos) El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (Turner, 2014).



Para concluir, una segunda pregunta-trampa. Hágase esa pregunta que le gustaría que le hicieran en una entrevista perfecta. Aquella cuya respuesta lleva preparando interiormente años. Y ya que estamos, respóndala.

A menudo (mejor dicho, en todas las entrevistas) echo de menos que me pregunten “¿Por qué?”. Es decir, por qué en relación a todo y a todos. La respuesta, inevitablemente, sería o es (y aquí no soy nada imaginativo, lo siento) “¿Por qué no?”.

Y se quedó sin mencionar la intercambiabilidad.

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domingo, 22 de mayo de 2016

Berta Vias Mahou: Yo soy El Otro

Idioma: español
Año de publicación: 2015
Valoración: está bien

Hace no mucho tiempo, un servidor reseñó en este bienaventurado blog Golpes de gracia, una novela que trata sobre las figuras paralelas y la consiguiente rivalidad -aunque relativa- de dos boxeadores vascos de los años 30, Paulino Uzcudun e Isidoro Gaztañaga. Curiosamente, por esos días me enteré de la existencia de esta otra novela, Yo soy el Otro, que aborda un asunto parecido, aunque circunscrito en este caso al mundo del toreo. Y además, no sólo cuenta la historia de una rivalidad, sino que, aún más allá, la de un caso pasmoso de un doble o doppelgänger (en alemán estas cosas suenan mejor). Porque esta novela -biografía novelada, más bien- trata de las andanzas, allá por los años 60, del torero jienense José Sáez Fernández, llamado en los ruedo El Otro precisamente por parecerse, por suerte o por desgracia, como una gota de agua a otra al diestro más célebre de aquellos años, y no sólo entre los aficionados taurinos, Manuel Benítez, el Cordobés (la fotografía de la cubierta del libro lo atestigua). Sáez, más joven que el Cordobés, comenzó sus andadura de novillero cuando éste llegaba a la cúspide de su fama, por lo que, quizá mal aconsejado por un apoderado poco escrupuloso, trató de hacer carrera aprovechando el parecido y jugando de forma ambigua a la confusión.

Digamos que, no obstante las buenas hechuras del morlaco que da origen a la novela y el indudable oficio de su autora, la faena no acaba de cuajar; por seguir con el símil taurino, hay unos cuantos muletazos vistosos, pero sin continuidad y que no llegan a transmitir hondura, aunque lo intenten; la escritora no consigue llevarse la historia a sus terrenos, creo, y, a la hora de entrar a matar, no diré que pinche en hueso, pero el resultado es media estocada y descabello. Aplausos del respetable, pero sin petición de orejas ni mucho menos rabo... (para tranquilidad de los lectores más refractarios a la tauromaquia, aviso que éste no es para nada el tono de la novela; de hecho, apenas se mete en cuestiones de la lidia en sí y se desarrolla más bien en los ambientes aledaños a ésta).

He de aclarar que en absoluto se trata de que la escritura de Vías Mahou carezca de calidad; bien al contrario, la novela cae a veces en lo que podríamos llamar "un exceso de literatura"; esto es, cierta abundancia en el estilo y, sobre todo, una evidente querencia por las muchas posibilidades del léxico -y, lo que es más peligroso aún, por los sinónimos-, que enriquecen de una forma tal vez excesiva una narración cuyo cuerpo, por desgracia, no  deja de estar constituído por una serie de anécdotas más o menos resultonas: cuando el Otro conoció al "Uno" (por decirlo así); cuando se hizo pasar por él ante su peña de cierto pueblo; cuando fue en helicóptero a la plaza de toros de otro... Tan sólo en la última parte de la novela se explora con un poco más de ahínco lo que parecía ser el tema central de la historia que se nos narra: la mareante constatación de la existencia de un doppelgänger -más interesante aún, puesto que se cuenta desde el punto de vista del doble-; la reversibilidad de los conceptos de éxito y fracaso; la búsqueda de la propia identidad, más allá de lo que la Naturaleza y el ambiente parecen haber reservado para cada uno...

El resultado es como una de esas chaquetillas de torero de las que se habla en la novela: deslumbrantes, bordadas con hilos de oro y seda, recamadas con cristales brillantes, pero que mantienen la rigidez de su estructura con un relleno de cartón o borra...  Aunque, para ser justos, hay que decir que la sobrevitaminación del estilo y, sobre todo, del léxico, también conlleva una par de efectos positivos sobre la novela: por un lado, proporciona a la narración una sensorialidad  -e incluso sensualidad, en ocasiones- que le resulta de lo más adecuada; por otro, el gusto por emplear el lenguaje de la época del desarrollismo franquista permite que la ambientación de la historia cincuenta años atrás -lo que conlleva su dificultad- se consiga de una manera fácil y poco artificiosa. Por último, también hay que reconocer que quizás la autora no pudo tejer otra cosa, con los mimbres de que disponía. Pero  el lector (este lector, al menos) no puede tampoco dejar de lamentar que la novela se haya decidido por los derroteros de la fidelidad a la biografía del bueno de José Sáez, en vez de utilizarla como trampolín para una ficción más desatada que, pienso yo, le habría abierto un mayor número de posibilidades a la narración, a costa, eso sí, de tergiversar la verdad o incluso inventársela, directamente. Pero en eso está la gracia, ¿no?





sábado, 21 de mayo de 2016

Colaboración: Laia de Salvador Espriu

Idioma original: catalán
Título original: Laia. Novel·la (posteriormente: Laia. Retaule de siluetes d’arran la mar.
Finalmente: Laia. Unes esvanides ombres del nostre mar)
Año de publicación: 1932 (pero la versión definitiva es de 1968)
Valoración: imprescindible para interesados

Frente a una novela como Laia caben, básicamente, dos posturas críticas. Una, la prudente, es la que señala el caos aparente, la sutil (o sutilísima) interrelación de sus elementos para formar un fresco único, lúcido, concentrado (o concentradísimo). La otra, más imprudente pero hija del desconcierto o la desilusión, en tanto lectura salvaje, explicita la senación de pérdida de haber sentido cómo se le deshace a uno entre los dedos la historia de un personaje cuyo nombre da título a la novela y que
amenazaba cautivarnos.

Laia se nos desvanece sombríamente de entre las manos. El narrador, verdadero antagonista de la “protagonista”, se escapa de sus pasos para ponerse a tocar la puerta de todos y cada uno de sus vecinos. Y, en algún momento, se acaba lo que se daba en el punto final, uno de esos desenlaces tremebundos tan caros a los escritores de hace unos años en los cuales todo se conjura para la completa destrucción del protagonista. Castigando por supuesto e ineludiblemente su rebeldía, qué duda cabe.

Las desvanecidas siluetas de Espriu nacen, se reproducen y mueren ocupando un único tiempo ajeno de la Historia. Son todos miserables y esto iguala (!!!) al pobre y al rico, al culto y al iletrado. Laia adolece de los mismos defectos, pues, que se señala desde  la crítica de orientación más y menos marxista a gran parte de la creación literaria posmoderna: su pesimismo es otra cara del conservadorismo; sus personajes no están en la Historia ni la construyen, no son personas, son cosas con forma de sombra. Para que nos entendamos: admitiendo que si Mozart viviera ahora sería rockero, casi que podríamos aseverar que si Espriu viviera ahora escribiría Nocilla Dream.

Dejando de lado esto y lo otro, cabe destacar también que la prosa de Espriu, si a uno le gusta el modernismo catalán, le da a todo lo más deseable, precioso y preciosista. Espriu era poeta, y se nota.

Es apenas más larga que una nouvelle: en una semanita se lee, rápido y bien.

Firmado: Fernando Daniel Bruno

viernes, 20 de mayo de 2016

Leonardo Boff: El águila y la gallina

Título original: A Águia e a Galinha
Traducción: José Luis Castañeda
Idioma original: Portugués
Año de publicación: 1998
Valoración: Recomendable (para interesados en la materia)

Lo admito. No soy lector habitual de ensayos. Soy más de ficción. De utilizar la lectura como medio para evadirme, distraerme o como prefiráis.

A pesar de eso, hay temas o autores por los que siento cierta curiosidad. Uno de ellos, por ejemplo, es el famoso filósofo, teólogo y ex-sacerdote brasileño Leonardo Boff, conocido, sobre todo, por ser uno de los fundadores de la Teología de la Liberación y por el enfrentamiento que ha mantenido en las últimas décadas con la jerarquía eclesiástica encabezada por Juan Pablo II o Benedicto XVI.

En el librito (de apenas 100 páginas) que hoy reseñamos, Boff  parte de la historia del águila y la gallina que, a modo de resumen, es la siguiente:

“Un campesino encuentra a un polluelo de águila caído de su nido, herido y ciego, casi moribundo. Lo recoge y, pensando que en breve morirá, lo lleva a modo de regalo a casa de un amigo taxidermista. Éste, al ver que no muere, decide alimentar al águila que, muy poco a poco, comienza a recuperarse, aunque sin apenas moverse.
Tan lentamente se recupera que decide ponerla con las gallinas para ver si el águila se anima a vivir y a moverse, aun a riesgo de que se convierta
en gallina.
Pasan dos años y el águila recupera vista y movilidad, pero se comporta como una gallina.
Hasta que ve a una pareja de águilas sobrevolar el patio donde viven y despierta su ser-águila. El campesino se da cuenta de que el águila siempre será águila, por lo que trata de ayudarla a volar. Finalmente, tras varios intentos, consigue que desde lo alto de una montaña, a la salida del sol, el águila levante el vuelo y se dirija a los cielos”.

Esta historia, con pequeñas variaciones, fue contada por el líder ghanés (en tiempos de la colonización inglesa) James Agreey. Comparaba la situación de los pueblos colonizados con la del polluelo de águila ya que los pueblos iban interiorizando en sus mentes su situación de gallina, su “inferioridad”, su opresión, hasta considerarlo algo normal. Hasta convertirse en gallinas. Y debían liberarse, volver a su condición natural de águilas.

Boff va más allá y convierte la historia del águila y la gallina en una metáfora de la condición humana. Para ello identifica algunos elementos de la historia con momentos o situaciones de la vida, como la caída del nido con la amenaza que pesa sobre nosotros de caer del paraíso en que nos encontramos y que hace nacer en nosotros un deseo de rescate o de liberación, o la equiparación del papel del campesino que cuida y alimenta al águila con la fuerza del amor incondicional, o la visión de la pareja de águilas sobrevolando el patio con la importancia que tienen para las personas el papel de figuras ejemplares, ya sean en un círculo íntimo o a nivel global o la visión del Sol con la experiencia de lo sagrado.

Para el brasileño los seres humanos somos seres complejos, seres duales, en los que conviven las dos dimensiones, la del águila y la de la gallina, por ejemplo en las relaciones cuerpo – alma, necesidad – deseo, religión – fe o ética – moral.  

Pero los monopolizadores del tener, del saber y del poder, con el fin de convertir al ser humano en gallina, no han querido ni sabido comprender esas dualidades y esa complejidad  y nos han ofrecido una visión simplista, única y monolítica. Todo el que esté fuera de esa visión es excluido. Pero el que está dentro es solo una gallina, ya que solamente hay una visión posible contra la que (en teoría) nada puedes hacer.
 
Y, por tanto, se hace indispensable recuperar nuestra dimensión de águila, por encima de los citados monopolizadores del tener, del saber y del poder. Una vez recuperada, deberemos sintetizar las dos dimensiones (águila y gallina) con el fin de alcanzar un equilibrio “dinámico”. Solo así conseguiremos desarrollar todas nuestras potencialidades y ser, verdaderamente, libres.

P.S.: Para un lector que se acerque por vez primera al pensamiento de Leonardo Boff resulta un libro interesante. Pero quizá lectores más avezados en la materia puedan extraerle más jugo y disfrutarlo en mayor medida. O no. Who knows?

jueves, 19 de mayo de 2016

Martin Amis: La zona de interés

Idioma original: inglés
Título original: The zone of interest
Año de publicación: 2015
Traducción: Jesús Zulaika
Valoración: muy recomendable


Unas decenas de páginas antes del final de esta novela Amis nos regala una escena particularmente inquietante. Un oficial nazi tiene una idea tras comprobar que un soldado inglés, al que están torturando para que desvele quien está tras unos sabotajes, se está mostrando particularmente tenaz en su resistencia al suplicio. El oficial envía a que busquen entre las prisioneras a una "Sara guapa", con el, suponemos, cruel objetivo de ablandar al torturado apelando a su empatía ante el dolor ajeno.

Amis detiene la escena ahí. Parece que se dé cuenta de que ya ha derramado bastantes demostraciones de crueldad y tema ya franquear la última barrera, un poco reconociendo que hasta ese momento ya ha sido bastante.

Hace algunos días, esta novela surgió en cierta conversación y había gustado "con reservas". Y hay que entender y aceptar que parte de esta valoración proceda de la premisa de que, a estas alturas, la literatura sobre "lo" nazi, sobre el holocausto, etc. es un campo mucho más que trillado, incluso que, contando con los imprescindibles testimonios de primera mano como referencia pura y absoluta, cualquier hipótesis o especulación o incluso desplazamiento del contexto de gravedad es una peligrosa incursión en terrenos colindantes con su banalización.
Así que Amis, que es judío, puede ser objeto de esa puesta en duda cuando sitúa La zona de interés en un territorio poco explorado. La óptica del criminal, el lado opuesto a la víctima. Y no solamente con un personaje: todos los personajes principales de La zona de interés son, en un grado u otro, colaboradores en la organización criminal del campo de concentración. La narración presenta a las víctimas como un colectivo en el que no se destaca a nadie. Primera apuesta arriesgada. Personajes con nombres y perfiles definidos masacrando a un colectivo que Amis nos muestra de forma casi anónima.

La historia parece un triángulo amoroso. Golo Thomsen, en la treintena, sobrino de Bormann, un líder nazi (y, por tanto, aparentemente intocable) está a cargo de las cuestiones industrialmente productivas del campo. Con una actitud glacial, selecciona entre los trenes que llegan a quienes pueden ser útiles para el trabajo. Calcula plazos, rendimientos, porcentajes. Junto a su amigo militar, Boris, emplea el tiempo libre de sus ocupaciones en sus asuntos con las mujeres. Pero se encapricha de alguien equivocado. Es Hannah Doll, joven esposa de Paul Doll, comandante del campo con el que tiene dos hijas. Curioso que éste, el personaje más odioso, sea a la vez el más fiel a sus perversos principios. Paul Doll es el arquetipo de la crueldad más absoluta, pero siempre podemos prever que actuará conforme a esa condición. Por miedo a que su posición se debilite, por miedo al ridículo, por traición o por venganza, es, en lo personal y en lo público, una alimaña capaz (y en esto entorno este concepto da escalofríos) de todas las bajezas, sin mostrar sentimiento ni empatía. En el polo opuesto, Szmul, sonderkommando, colaborador con fecha de caducidad que va saliendo adelante en una mezcla inquietante de instinto de supervivencia y sentido de la oportunidad. Personajes, muchos de ellos, difíciles de olvidar, y situaciones, muchas de las descritas, que se impregnan a la memoria. 

Así que la novela de Amis es útil en esa finalidad de la rememoración constante. Dicen, algunos de sus editores habituales rechazaron publicar esta novela por su crudeza. No puedo negar que hay pasajes, como el que menciono al principio, en que el lector sensible habrá de parar, incómodo, turbado, casi molesto, a valorar cómo es posible que eso sucediera hace solo siete décadas. Pero esquivar el efectismo tratando de este tema es difícil. Casi imposible. Amis no lo ha buscado, pero tampoco lo ha evitado, y nos aporta un punto de vista diferente, pero no creo que su intención sea frivolizar. Esta novela es excelente, por mucho que sepamos cómo todo se desarrolló y cómo todo acabó, Amis no da respiro, y si este recurso es demasiado socorrido o simplemente ha intentado buscar polémica en la elección del registro y el planteamiento de la perspectiva tomada, no se me ocurre otra cosa que invitar a salir de dudas y recomendar mucho, muchísimo a cualquier lector, para que le dedique media docena de horas a su lectura. Dudo que nadie vaya a quedar indiferente.