viernes, 19 de diciembre de 2014

Izraíl Métter: La quinta esquina

Idioma original: ruso

Título original: Piatyi ugol
Traducción: Selma Ancira
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

Boria es un hombre judío, ya jubilado, que comienza a recordar su vida a raíz de encontrarse con la viuda de uno de sus amigos de la infacia. Gracias a las conversaciones que mantiene con esta mujer, el anciano nos hablará de las dificultades a las que tuvo que hacer frente por ser judío (no pudo acceder a la universidad, por ejemplo, y se vio obligado a formarse de manera autodidacta y a ganarse la vida impartiendo clases en instituciones de menor nivel que las que él consideraba que le correspondían), así como de sus relaciones amorosas (que siempre terminaron en tragedia), de sus amistades y, sobre todo, de Katia. Porque Katia fue el amor de su vida, sí, pero no protagonizó el sueño que él ansiaba. De carácter voluble y caprichoso, y tan superficial como el propio Boria, Katia se dedicó a entrar y salir de su vida cuando le convenía, tan pronto colmándolo de amor como despreciándolo por las más variadas razones. 

A través de recuerdos desordenados y de una narración entrecortada, el autor construye poco a poco la biografía de este curioso personaje (que tiene muchos puntos en común con su propia vida), al tiempo que realiza un terrible retrato de la Rusia comunista. Denuncia con esta novela la pérdida de los ideales que llevaron a los comunistas al poder y la conversión del país en una nación autárquica y gobernada por el miedo, donde la población no tiene más remedio que convertirse en cómplice de los crímenes que comete el gobierno para evitar ser castigada.

Así, tomando como título una de las torturas más habituales que realizaban los agentes del KGB (tras encerrar a un prisionero en una habitación cuadrada, lo molían a palos y le decían que no pararían hasta que no encontrara la quinta esquina de la estancia), La quinta esquina llega a nosotros como uno de los testimonios más verosímiles y desgarradores de la Rusia comunista, en la que lo único que contaba era seguir adelante, como fuera, aunque eso supusiera dejar de lado todo lo importante, todo lo que nos hace humanos, para avanzar, al final, más muertos que vivos hacia un destino tan imprevisible como descorazonador.

jueves, 18 de diciembre de 2014

John Barth: El plantador de tabaco

Idioma original: inglés
Título original: The Sot-Weed Factor
Año de publicación: 1960
Traductor: Eduardo Lago
Valoración: imprescindible... con algún matiz

Impelido por el renombre de esta novela, por las estupendas críticas y, sobre todo, por la reivindicación de este título que se hizo en un conocido blog -colega en esto de reseñar-: aquí, me decidí por fin a afrontar las casi 1200 páginas de este Plantador de tabaco (si menciono su extensión no es para colgarme medallas, sino, muy al contrario, para señalar mis deméritos como lector, al no haberme atrevido antes con el libro). La novela, además, pasa por ser una de las obras señeras de la literatura postmoderna norteamericana, cultivada en la segunda mitad del s. XX por unos cuantos autores, hoy muy considerados entre el gafapastismo hispánico (que no se ofenda nadie: yo mismo, de hecho, las uso de culo de vaso).

¿Y de qué va esta novela tan afamada? Pues se trata de las aventuras -desventuras, más bien-, del joven, virgen y bastante torpe poeta -Laureado de Maryland, nada menos- Ebenezer Cooke, que en 1694 parte de Londres para hacerse cargo de la hacienda familiar en la colonia de Maryland y, de paso, componer una ambiciosa oda en verso en honor de esas tierras. pero ya se sabe lo que ocurre con "el camino del hombre recto" -en palabras del profeta Ezequiel y del asesino Jules-, así que el laureado se verá asaetado, en su accidentado periplo, por toda clase de azares y pruebas... en especial por aquéllas que comprometen su preciada virtud, aunque también es cierto que en ocasiones será él quien trate de perderla, con singular falta de fortuna... Porque ésa es otra: la novela está plagada de escenas y situaciones salaces, cuando no claramente lúbricas, hasta el punto de que en algún momento parecen constituir el armazón de la historia (tampoco es de extrañar, si pensamos que Barth publicó este libro con treinta años, luego debió de comenzarlo mucho antes, en plena edad bullente y vigorosa). Pero no todo es lascivia o concupiscencia: la novela nos ameniza, además, con varios diálogos irónicamente filosóficos -entre el Laureado Cooke y su camaleónico preceptor Burlingame, o bien con su bastante menos cultivado criado Bertrand-; si añadimos que el tono general del libro es marcadamente jocoso, su lectura se hace mucho menos trabajosa de lo que cabría suponer... (de hecho, en muchos momentos da la sensación de que el joven Barth se lo pasó escribiéndolo aún mejor que nosotros leyéndolo).

A todo esto hay que sumar que nuestro héroe se ve envuelto en una intriga política bastante enrevesada, que toda la novela está trufada de otras historias más cortas, narradas por los personajes que el laureado se va encontrando durante sus peripecias, incluyendo la búsqueda y hallazgo -por entregas -de un manuscrito donde se cuentan las aventuras de un posible antepasado de Burlingame, junto al famoso capitán Smith (sí, el de Pocahontas)... El libro, indefectiblemente -y ésa era la idea, claro- recuerda a las clásicas novelas inglesas del s. XVIII ; también a aquéllas llamadas "filosóficas" como Cándido de Voltaire. Pero, sobre todo, a lo que recuerda esta novela es al mismísimo Quijote: Ebenezer Cooke no es sino otro letraherido iluso que, en vez de creerse un personaje de los libros de caballerías, se cree un poeta y deambula por el mundo tratando de seguir un supuesto código de honor lírico, que, de manera inevitable, choca con la crudeza de la realidad. Choque que no amortigua, sino que hace más evidente aún, su terrenal criado Bertrand, a modo de pícaro Sancho. El Laureado incluso tiene una idealizada Dulzinea en la persona de la prostituta Joan Toast, a la que vio desnuda en Londres... Blanco y en botella.

Porque en esto consiste, al parecer, el carácter postmoderno de esta obra: su condición de parodia más o menos incisiva de géneros y estilos considerados del pasado. Lo que la diferencia, por tanto, de otras novelas, contemporáneas a ésta -o un poco anteriores-, a las que en cambio no dudamos en atribuirles la etiqueta  de "novela histórica" (que yo he estado a punto de colocar a la que estoy reseñando, lo confieso. Lo mismo que esa otra, tan curiosa de "novela pornográfica arrepentida de serlo"... qué diablos, se las voy a poner, aunque me equivoque...), como las de Graves o Yourcenar es la mirada en todo momento irónica que sabemos ha concebido esta obra y con la que nosotros debemos leerla.  Mayor ironía aún puesto que, por lo visto, existió realmente en el siglo XVII un poeta llamado Ebenezer Cooke que escribió una obra en verso, de carácter satírico, llamada... pues El plantador de tabaco... Una juerga metaliteraria, vamos. Lo que yo me pregunto es: ¿sería esta novela considerada como "postmoderna" de haber sido escrita en el siglo XVII? Es de suponer que no. Ahora bien, ¿lo sería Tristram Shandy, de haber sido escrita en el XX?. Sobre tales cuestiones, puede que a alguno de nuestros avispados seguidores les venga a la memoria un célebre cuento de Borges: Pierre Menard, autor del Quijote, de su libro Ficciones, en el que este supuesto autor escribe, en el siglo XX, un nuevo Quijote, que resulta ser exactamente igual que el anterior, pero cuya lectura, al producirse en un contexto y época diferentes, cambia totalmente su significado... Ya se sabe que está todo inventado.

Y vamos por fin al delicado tema de la valoración de este libro (y pido disculpas por explayarme tanto en la reseña): aquí no puedo por menos que volver a recordar la extensión de esta novela (y su grosor y peso, me temo... no es aconsejable leerla tumbados y colocando el tocho sobre la barriga). Y ello es porque, lo queramos o no, condiciona en parte la inversión en tiempo -y dinero, para quien la adquiera- que debemos dedicar a su lectura. Pues bien, yo recomiendo a cualquiera que se decidan a realizar tal inversión, incluso en el aspecto económico -la ratio entre el desembolso efectuado y las horas de diversión proporcionadas resulta imbatible-,que lo haga, sin objeción alguna. Ahora bien, ¿es esta una obra literaria de las que consideramos "imprescindibles"? Pues aquí ya pienso que hay que hilar más fino... creo que para algunos lectores -o muchos- puede serlo, y en atención a esta circunstancia, no dudo en valorarla como tal. Ahora bien, en mi caso particular, no sé hasta que punto me resulta tan "imprescindible". Ya he escrito que en más de una ocasión me ha parecido que el autor se lo había pasado aún mejor escribiendo la novela que yo leyéndola y eso, que en principio no tiene porque resultar algo negativo -incluso muy al contrario-, a veces me ha dado la sensación de estar asistiendo a una suerte de acto onanista que ha impedido mi total satisfacción. Pero como, ya digo, no deja de ser una impresión subjetiva mía, tampoco quiero que condicione mi dictamen. Por tanto, que no haya duda... valoración: imprescindible.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Hillel Halkin: ¡Melisande! ¿Qué son los sueños?

Idioma original: inglés
Título original: Melisande! What Are Dreams?
Año de publicación: 2012
Traducción: Vanessa Casanova
Valoración: recomendable (imprescindible solo para románticos empedernidos)

Debo ser yo, la verdad: debe de ser cosa mía, que me he vuelto cínico o descreído o duro, o algo. Debe ser que he perdido la capacidad de emocionarme con las historias bonitas sin poner algún tipo de distancia. Porque a todo el mundo le ha encantado este libro, todo el mundo lo recomienda con grandes muestras de emoción, lo mismo libreros que críticos que lectores. Y a mí, pues sí, me ha gustado, sí, pero no me ha encantado, por motivos que luego explicaré.

Es verdad que ¡Melisande! ¿Qué son los sueños? es un libro bonito: es una historia de amor y amistad, un triángulo amoroso entre dos amigos, Ricky y Hoo, y una mujer, Mellie (la "Melisenda" del título) que tiene algo de Manic Pixie Dream Girl, un término polémico nacido en la crítica cinematográfica para definir a "esa criatura chispeante y superficial que existe solo en la imaginación febril de escritores y directores sensibles, para enseñar a taciturnos hombres jóvenes los infinitos misterios y aventuras de la vida." Es verdad que Melisande no es una cáscara vacía, sino que tiene su propia evolución, sueños y esperanzas, pero sigue existiendo (o eso me lo parece a mí) como objeto del amor y el deseo de los personajes masculinos.

Es innegable que la historia está bien contada, con sensibilidad, interés y una técnica bien escogida: el narrador, ya mayor, regresa a los recuerdos de su adolescencia, en que conoció a Ricky y a Mellie; narra después el proceso de colapso mental de Ricky, su acercamiento a Mellie y (la parte más bonita del libro) su larga relación y su matrimonio lleno de todas las cosas buenas y malas de la vida. Algunos pasajes (como cuando Ricky quiere deshacerse de su dinero, dólar a dólar, o cuando Hoo encuentra las notas domésticas de Mellie escondidas en medio de sus libros) son realmente memorables.

Y sin embargo la pega mayor que yo le pongo a este libro es que cada cierto tiempo cae en lo cursi, que sé que es un término y un límite difícilmente objetivable pero que también creo que es indudable que existe. Cuando Mellie cuenta un cuento de hadas y "una solitaria lágrima rueda por su mejilla", eso es para mí el epítome de lo cursi; o cuando en el día de su boda Mellie y Hoo se encuentran bajo la "lluvia lunar"; la nota que Hoo le envía a Mellie antes de casarse con ella, a muchos lectores les habrá parecido deliciosa, pero a mí también me ha parecido cursi, y bastante tópica además.


En un párrafo de La insoportable levedad del ser que me viene a la memoria a menudo, Milan Kundera define así lo kitsch:


El kitsch provoca dos lágrimas de emoción, una inmediatamente después de la otra. La primera lagrima dice: ¡Qué hermoso, los niños corren por el césped! La segunda lágrima dice: ¡Qué hermoso es estar emocionado junto con toda la humanidad al ver a los niños corriendo por el césped! Es la segunda lágrima la que convierte el kitsch en kitsch.
Si se sustituye la palabra kitsch (que entre tanto se ha pasado de moda) por la palabra "cursi", y así es como yo veo esta novela. Si entras en el juego y te emocionas con el resto de la humanidad, entonces la disfrutarás hasta el infinito y más allá. Pero si eres como yo y esos momentos particularmente empalagosos te provocan escalofríos, entonces le pondrás algún pero al bueno de Halkin. Y eso a pesar de que, como digo, me sigue pareciendo una novela bonita.

martes, 16 de diciembre de 2014

Colaboración: La niebla, tres veces de Menchu Gutiérrez

Idioma original: español
Año de publicación: 2.011
Valoración: Imprescindible

El relato corto es un género que permite fórmulas que son difíciles de manejar en la novela de mayor extensión. Y la autora de la que ahora nos ocupamos deja claro que domina los secretos del género con maestría inusual.

La niebla, tres veces reúne tres de estos relatos en un volumen que nadie debería dejar de leer.

"Viaje de estudios" abre el fuego y nos sorprende, porque estamos ante algo totalmente nuevo y desacostumbrado: una narración construida entre sombras, atmosférica, en la que parece que busquemos sin querer algo de alma escondida entre bultos que se mueven entre agujeros negros. El relato nos deja una especie de aroma, la sensación de que entre las brumas y la nieve sucia había algo ¿maravilloso? ¿aterrador? La poética de Menchu Gutiérrez es omnipresente, y el efecto del lenguaje sobre un relato sombrío parece invocar demonios antiguos. Algo me hace pensar en Francis Bacon.

Cierra el volumen "La mujer ensimismada", donde la capacidad descriptiva de la autora se convierte en arte. Descubrimos cómo la belleza del lenguaje reside más en la precisión que en el amaneramiento, que emociona más la sencillez que la grandilocuencia. Apenas encontramos un adjetivo, pero Menchu prueba que tampoco son necesarios. La peculiar estructura del relato lo aleja de una narración al uso, es un ejercicio arriesgado, innovador, que nos cautiva con una perspectiva múltiple, espejos que reflejan cosas diferentes, pero que forman parte de una misma unidad.

Y a propósito hemos dejado para el final el segundo de los relatos, "La tabla de las mareas". Pocas veces he leído algo tan turbador. Cada palabra se va clavando como un estilete, generando sólo un poco de dolor, pero una gran estupefacción.

El cuento es inquietante, y produce cierto desasosiego, por sí mismo le hace a uno sentirse incómodo; pero Menchu lo presenta en pequeñas dosis, como un veneno de acción lenta que resulta devastador. Y lo peor es que lo sabemos, lo notamos a cada línea, pero no queremos dejarlo. La descripción quirúrgica, forense, de los objetos; el ritmo, enloquecidamente regular y frío, que subraya el carácter inexorable de lo que va ocurriendo; la media distancia, el silencio perpetuo, las veladuras que se suceden sin previo aviso y se van levantando a jirones… una locura y una delicia.

Sólo por "La tabla de las mareas" el libro sería ya imprescindible. Pero si le añadimos los otros dos relatos, resulta que tenemos entre manos algo que nadie debería dejar de conocer. A pesar de todo, en el siglo XXI la Literatura existe.

Y todo esto lo decimos sin cobrar.



Firmado: Carlos Andia

lunes, 15 de diciembre de 2014

Jonathan Lethem: Chronic City

Idioma original: inglés
Título original: Chronic City
Año de publicación: 2009
Traducción: Cruz Rodríguez Juiz

Vaya: pues vista de lejos, la portada de Chronic City empieza a tomar sentido. Vaya: foto con grano, aromas warholianos, luego el tigre, cuyos colmillos vienen representados por rascacielos. Manhattan, ya sabéis. 
De cerca, esos aromas son parecidos. Un par de capítulos nos introducen en la disipada vida de Chase Insteadman, antigua figura infantil de una serie de TV cuya vida a costa de las rentas obtenidas se desarrolla en medio de la sociedad neoyorquina, en desplazamientos pendulares entre pisos millonarios de diseño, y de antros cuyos amigotes inquilinos son candidatos a la imagen de Wikipedia para Diógenes. Y Chase Insteadman dobla apuestas en una descabellada ruleta cuyo premio es el alejamiento del anonimato: si por sí solo ya es una celebridad, resulta que su novia, Janice Turnbull, astronauta, se encuentra orbitando a la deriva, alrededor de la Tierra, en una misión acompañada de cuatro rusos. Se ha perdido el control de su nave, que gravita rodeada de minas chinas, con sustanciales problemas técnicos. Desde ella, Janice le envía escritos de nostálgico romanticismo que son la sensación entre un público ávido de culebrones de la vida real. En un control médico que se autopractica, descubre que tiene un cáncer. Ahí abajo, Insteadman, muy solidario, ha sucumbido a los encantos de Oona Laszlo, extraña e intrigante empleada del mundo literario a la par que componente de una troupe de residentes en Manhattan que comparten camello, que comparten extrañas amistades, que comparten extrañas sensaciones de desarraigo, que comparten visitas al piso de Perkus Tooth, una especie de líder en la sombra.

Valoración - hasta aquí (unas 120 páginas): muy recomendable

No lo negaré: el tramo central resulta prolongado. Frente a un recorrido inicial en aceleración, que promete acontecimientos, que aventura una especie de progresivo encaje de piezas que, de repente, tanto se ralentiza que, como lectores, nos tememos que esa vaya a ser otra de esas extrañas piezas literarias cuyo mérito no estriba en su resolución redonda al uso. Porque lo que sucede deja de ser trascendente para la novela. Empieza a ser, simplemente, acumulativo. Entramos en un ciclo, los personajes empiezan a mostrar sus vínculos, empiezan a pasarles cosas, averiguamos que no todas sus relaciones son claras y transparentes.

Valoración - hasta aquí (unas 100 páginas más): recomendable

Conforme van surgiendo personajes, cada vez las circunstancias se hacen más extrañas. Llega un punto en que todo el panorama de concreción que se adivina en un inicio bastante prometedor empieza a desmoronarse (como los edificios que menciona) o a precipitarse por un pozo (como los pozos que menciona). En ese punto concreto, un lector paciente, como juro que procuro ser y consigo ser a menudo, empieza a preguntarse si en alguna página, o grupo de cinco páginas, se ha perdido algún detalle importante, alguna especie de pista que nos prepare o nos aclare lo que se produce a continuación que es - abróchense el cinturón y tengan la biodramina a mano-

Que la salud de la novia que orbita a la deriva ha entrado en un empeoramiento repentino que hace aventurar un mal desenlace. 
Que no nos queda muy claro si lo que se pasea por Manhattan y trae de cráneo a la policía es un tigre escapado del zoológico o una máquina tuneladora que se ha revelado contra su futuro.
Que Perkus Tooth ha salido huyendo tras un conato de delito para hospedarse de ocupa humano en un hotel canino.
Que Watt, el camello común a toda la troupe, confiesa que vende la misma droga bajo distintos nombres para crear entre sus clientes una expectativa de novedad.

Que, y esto es definitivo en la toma de una decisión mía que ya os vais imaginando, uno de los personajes resulta ser el creador de la web Otro Mundo Más, trasunto, imagino, de aquella cosa llamada SecondLife que tanto conmovió al mundo hace unos años y de la que tan pocos se acuerdan o, ya no digamos, usan. Sí, aquello de los avatares. Va, haced memoria.
Y que, por tanto, la prosa, buena prosa, sí, bien escrito lo que está escrito, sí,  precipita la trama por las simas de los misterios, de si acaso todo lo relatado no es un cruce entre realidades y virtualidades, de si ahora me conviene cerrar esto así y esto otro asá. Así lo solucionamos todo: lo incomprensible es que es inventado o es onírico, o es producto de la percepción bajo ciertas substancias o va, averigua dónde te perdiste, seguro que no quieres volver allí, ¿ya dejaste las miguitas de pan?

Valoración- hasta aquí (unas 120 o 130 larguísimas páginas más): estoy, ya, muy mareado

Y ya está: ¿no son casi 350 páginas suficientes? Para qué, ¿las 90 o 100 que me faltan?, ¿para precipitarme aún más hacia abajo en la valoración de algo que me pareció, al principio, un muy buen libro? ¿Para constatar que estoy de acuerdo con el varapalo que le arreó Michiko Kakutani? ¿o para ver cómo esos dos protagonistas acaban fundiéndose en uno solo, que está, el pobre, más desorientado que el protagonista de La casa de hojas cuando se pierde en el laberinto? ¿Para verificar por qué se considera en ciertos círculos a Lethem como un escritor de ciencia-ficción? O quizás para completar una reseña que ya tenía ganas de afrontar, y emplear en ella el tiempo que me ahorro en terminar esta sumamente irregular novela, la mejor, dicen, de su autor.
Acepten mis más sinceras disculpas.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Claudio Magris: El Conde y otros relatos

Idioma original: italiano
Título original: Il Conde, La portineria, Le voci, Essere già stati
Traducción: María Teresa Meneses
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

Había una vez un hombre al que llamaban el Conde, que se dedicaba a rescatar los cadáveres que aparecían flotando en el río, que era al mismo tiempo venerado por su trabajo y por la devoción que profesaba hacia aquellos que sacaba del agua, y temido por lo mal que trataba a los que aún estaban vivos. También había un hombre que, recién llegado a la vejez, decidió que no iba a comportarse como todos esperaban de él. Y se dedicó a mentir y a fingir, sólo para poder vivir como deseaba. Además, había otro hombre que se relacionaba con las mujeres que le gustaban sólo a través de los mensajes que éstas dejaban en su contestador automático, y otro que expresó en una bella letanía la hermosura de dejar este mundo y, por tanto, dejar de existir.

Éstos son, a grandes rasgos, los protagonistas y los argumentos de las cuatro narraciones que comprenden El Conde y otros relatos, excelente compilación de Claudio Magris que nos muestra al autor en un género (el relato) en el que no suele prodigarse.

A pesar de su brevedad (el libro no llega a las cien páginas), esta obra es sin duda una pequeña joya en la que todos sus personajes son perdedores, ajenos a una sociedad que los tiene en su seno pero no los acoge y que asumen su destino y el sinsentido de sus vidas con una naturalidad y una aceptación que raya lo enfermizo. Además de no luchar contra lo que les ha tocado en suerte y no intentar cambiar o mejorar su existencia, da la impresión de que no hacen otra cosa que esperar a que llegue el fin, viendo la vida pasar como quien ve llover.

Y, sin embargo, éste no es un libro triste o desolador, sino todo lo contrario. Debido a la excelente escritura de Magris, cada una de las piezas que lo conforman nos dejan un regusto esperanzador que nos demuestra que incluso en los momentos más oscuros existe un poso de belleza que, pase lo que pase, podemos y debemos disfrutar.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Emmanuel Carrère: El bigote

Idioma original: francés
Título original: La moustache
Año de publicación: 1986
Traductora: Esther Benítez
Valoración: recomendable

El bigote parte de una circunstancia simple, casi anecdótica: un hombre, en principio sin ningún rasgo característico excepcional -se diría que es el prototipo del ciudadano francés medio: joven profesional más o menos acomodado, casado, sin hijos-, salvo un negro bigote que le ha acompañado durante años, decide un día afeitárselo para darle una sorpresa a su mujer, que no le ha conocido sin él, mientras ésta hace la compra. Pero a su vuelta, su esposa parece no notar ningún cambio, aunque él desconfía, pues ella es una terca aficionada a las bromas pesadas. Pero tampoco sus amigos, con los que cenan esa noche, dicen anda sobre el cambio, ni sus compañeros de trabajo... Nuestro protagonista comienza deslizarse hacia una zona de incertidumbre, en la que las dudas y las certezas devienen intercambiables y los recuerdos se confunden con lo imaginario, y viceversa... Un lugar en el que ni siquiera existe la seguridad de la propia locura, porque... ¿y si fuesen los demás los locos?

Esta es una novela corta pero de una evidente densidad, a pesar, ya digo, de lo anecdótico, incluso banal, de su planteamiento. Como cualquiera puede suponer al leer la sinopsis, el manido adjetivo "kafkiano" es lo primero que se le viene a la cabeza al lector, aunque en la contraportada del libro también se hace referencia a otro autor cultivador de un cierto género fantástico, como es el francés Maupassant. A mí, en cambio, esta narración me ha traído el recuerdo -aunque no tenga demasiado que ver, salvo la apelación al absurdo- de La nariz un conocido cuento de Gogol, en el que su protagonista persigue a su nariz por todo San Petersburgo, igual que el de Carrère parece perseguir a su bigote por todo París.... pero aquí se acaba toda similitud, porque lo que en un relato es humor, aun con cierta acidez, en el otro deriva pronto hacia lo trágico e incluso cabe  cierta reflexión existencialista (más en el pensamiento suscitado del lector que en el propio relato, debo aclarar) sobre aquello que compone nuestra identidad y, aún más lejos, sobre lo que podemos estar seguros de que constituye la realidad que nos rodea... o no. En este sentido, esta novela también me trae a la memoria alguna película del director Christopher Nolan. Y, si alguien la ha visto, supongo que también recordará una película francesa del 2005, titulada, precisamente, La moustache, basada en esta misma historia y dirigida... pues por el propio Emmanuel Carrère. Yo no tengo el placer.

La novela en sí es del año 1986, una de las primeras publicadas por este autor, y sin embargo, hay que decir que está escrita con absoluta corrección y solvencia, incluso con brillantez en algunos pasajes. No obstante, también es cierto que hay una zona media de "calma chicha", en la que el protagonista se ve metido en un bucle recurrente entre la locura y la cordura que puede resultar algo pesada... una sensación paliada, sobre todo, por la propia brevedad de la novela, que hace que pronto superemos estas aguas quietas -que no tranquilas- para precipitarnos, llevados por una corriente inexorable, hacia el turbulento remolino final. Un remolino como el que se produce al quitar el tapón de una bañera y que arrastra, junto con la espuma y los pelos de un bigote recién afeitado, muchas de las seguridades y convenciones que nos tranquilizaban antes de comenzar a leer el libro. Porque quizá sea ésta la sensación principal que nos queda, al cerrarlo: desasosiego.

Otros libros de Emmanuel Carrère en Un Libro Al Día: El adversarioDe vidas ajenasLimónov