sábado, 1 de octubre de 2016

Julian Barnes: El ruido del tiempo

Idioma original: inglés
Título original: The Noise of Time
Año de publicación: 2016
Traducción: Jaime Zulaika
Valoración: recomendable

Soy un admirador incondicional de Julian Barnes como escritor, pero he de reconocer que , en mi opinión, da lo mejor de sí cuando en sus obras sigue caminos ya transitados, en lugar d e la ficción pura y dura; puede tratarse de un ensayo sui géneris sobre la vida y obra de un escritor, como en El loro de Flaubert, la profundización en un episodio de la vida de otro, como la magnífica Arthur & George, o simplemente una recreación de escenarios y situaciones ya más que establecidas dentro de la cultura juedocristiana, como ocurre en el primer y el último relatos -divertidísimos ambos- de Una Historia del mundo en diez capítulos y medio. Conste que no estoy diciendo que Barnes no sea igual de buen escritor cuando hace uso exclusivamente de su imaginación para pergeñar otros cuentos o novelas, pero sí que los resultados me parecen más satisfactorios cuando tiene una "vía abierta", como un escalador que sube una pared de roca ya explorada.

Digo esto porque la última novela hasta la fecha de Julian Barnes,sigue eoso mismos derroteros de "vía libre o abierta", en este caso, los de una biografía novelada; sólo que en El ruido del tiempo (no me gusta demasiado el título, pero tiene su explicación) el protagonista no es otro escritor, sino un músico, el compositor ruso Dmitri Shostakóvich el más célebre, junto a Prokófiev, de la Unión Soviética y considerado, al menos en Occidente, como un artista incondicional del régimen, un símbolo del mismo. Y sin embargo, Shostakóvich se las había tenido tiesas on el poder estalinista, a partir de un artículo aparecido en el Pravda, "Bulla en vez de música", a cuenta de una ópera suya y escrito, se decía, por la mano del propio Stalin. De hecho, el libro comienza con una situación escalofriante y conmovedora: el famoso compositor pasando la noche junto al ascensor de su edificio, vestido y con una maleta, esperando a que acuda la NKVD a detenerle, para evitar así que entren en su casa y se vea implicada su familia. Un circunstancia que debía ser más habitual de lo que podemos imaginar en aquel tiempo y lugar.

La novela se articula a través de los recuerdos y reflexiones que acometen al compositor en momentos como ése, cuando se haya esperando, en diversas circunstancias - el rellano de su apartamento, pero también viajes en avión o en coche, llevado por un chófer-sin nada más que hacer, excepto dejarse llevar por los pensamientos que dedica a su vida, a su música, a su familia... pero sobre todo, a su relación con el Poder, sus diálogos -a veces de besugos- con éste y cómo afectó a su carrera y, sobre todo, a su obra musical. No es una biografía, pues, que siga un hilo cronológico convencional, aunque el buen oficio de Barnes permite que esto no sea necesario para conocer -y compadecer, en el sentido más literal del verbo- la figura de este músico. No obstante, más allá de las vicisitudes de la vida privada o incluso pública, de Shostakóvich, el tema de la novela es, como cualquiera puede suponer, la actitud que debe adoptar el artista con respecto al Poder, su relación con éste y como puede condicionar -y de hecho, lo hace- su obra y su creatividad. Y no sólo el Poder político o económico (así, con mayúsculas), sino todo lo que sucede a su alrededor en la sociedad y el momento en el que vive tal artista; ese "ruido del tiempo" al que hace referencia el título. También, claro, es una novela sobre las concesiones que se puede estar dispuesto a hacer, sobre la cobardía y la traición, empezando por la que se comete contra uno mismo.

Como es obvio, la novela no deja en muy buen lugar el sistema soviético y su obsesión por controlar y  reeducar, cuando no "purgar", si lo consideraba necesario, a los ciudadanos a los que decía servir, empezando por los artistas, que debían acomodarse a sus designios o atenerse a las consecuencias. Es evidente que aquéllas eran unas circunstancias sórdidamente trágicas y en absoluto comparables a las que regían y rigen el mundo libre capitalista, pero, en fin... al leer cómo los displicentes funcionarios soviéticos echaban en cara a Shostakóvich que su música era "formalista", "izquierdista" y que debía ser más optimista para gustar y enaltecer a las masas proletarias, no al decadente público burgués, uno no puede dejar de acordarse de los artistas occidentales, ya sean músicos, escritores, cineastas, que han visto rechazadas sus creaciones por resultar poco comerciales y no tener su lugar en el Mercado. Por suerte, aquí y ahora la divergencia no tiene como consecuencia un tiro en la nuca o que envíen al discordante al Gulag; que también es de agradecer...

La novela, corta, se lee en un suspiro incluso si el lector no está demasiado interesado en la música sinfónica del siglo XX o la Historia soviética, creo yo; en gran parte, eso es debido a la competencia, sino excelencia del autor, uno de los escritores más destacados de nuestro tiempo, también en mi humilde opinión. para muestra, un botón (en el que precisamente se habla de ese título que a mí no me había gustado pero que quizás no esté tan mal) :

   "¿Qué podía oponerse al ruido del tiempo? Sólo esa música que llevamos dentro-la música de nuestro ser que algunos transforman en auténtica música. Que, a lo largo de décadas, si es lo suficientemente fuerte y auténtica y pura para acallar el ruido del tiempo, se transforma en el susurro de la historia.
      A esto se aferraba él."


Muchos más libros de Julian Barnes reseñados:  aquí
     


viernes, 30 de septiembre de 2016

Alain-Paul Mallard: Evocación de Matthias Stimmberg

Idioma original: Español
Año de publicación: 1995
Valoración: Imprescindible

¿Es un tal Alain-Paul Mallard el nuevo enfant-terrible de las letras francesas? ¿El nuevo Houellebecq? ¿El nuevo Proust? No, no y mil veces no.

Resulta que es un poco prolífico escritor y cineasta mexicano nacido en 1970 y residente actualmente en Barcelona. Y resulta también que es el autor del mejor libro de relatos que he leído últimamente, y cuando digo últimamente me refiero a un período largo de tiempo.

Este "Evocación de Matthias Stimmberg" es un libro brevísimo, de apenas 80 páginas (ilustraciones incluidas), compuesto por diez intensos, perturbadores, profundos y densos relatos breves (microrrelatos, en ocasiones), que forman una especie de biografía ficticia, desordenada y fragmentaria de un tal Matthias Stimmberg, inexistente escritor austríaco (No os molesteis en buscarlo en la Wikipedia!) que, según el libro, vivió entre 1901 y 1979. Ojo que para dar más visos de realidad al libro, Malllard incluye una apostilla final en la que cuenta la fuente de los propios relatos.

Se trata de diez instantáneas de momentos, ya triviales, ya cruciales, de la vida de Stimmberg, pero todas ellas con un mensaje detrás. Hay en el libro relatos iniciáticos como "Perham" o "La sal", relatos sobre la crueldad o el sufrimiento como "El estudio de la esperanza", "El médico del sur", "Sísifo" o el ya citado "La sal", relatos con un toque humorístico (humor negro) como "El poeta" o "Mein Kampf", relatos con la muerte como protagonista como el mencionado "Perham"o "De mal gusto", etc. Diez relatos que admiten múltiples lecturas y que, por eso, te dejan pensando en ellos durante un tiempo.

La verdad es que, para mí, ha sido el descubrimiento del pasado verano. Toda una sorpresa.

No añadiré más. Solo espero que, si conseguís encontrar el libro, también para vosotros sea una revelación.

P.S.: Habrá alguien que piense: "Hala, ya están los buenistas de ULAD plantando imprescindibles o muy recomendables otra vez". Ya sabéis que se aceptan contarreseñas.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Ransom Riggs: El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares

Idioma original: inglés
Título original: Miss Peregrine's Home for Peculiar Children
Año de publicación: 2011
Traducción: Gemma Gallart
Valoración: se deja leer

En muy breve va a estrenarse en España la película El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares, dirigida, como no podía ser de otra forma, por el inefable Tim Burton y basada, como también suele suceder, en una novela -a estas alturas ya trilogía-, en este caso escrita por el señor Ransom Riggs y que, a pesar de estar dirigida, en un principio, al público juvenil, ha estado tropecientas semanas en la lista de libros más vendidos del New York Times (enhorabuena, Ransom).

-Ya, pero tan buena no será, si aún no ha sido reseñada en ULAD.

Pues sí pero no, amable lector de impecable lógica; hay que tener en cuenta que, a pesar de tener a pleno rendimiento a nuestra cuadra de esclavos lectores e incluso externalizar parte de la faena a precio de sweat factory filipina, no damos abasto: sencillamente no podemos reseñarlo todo, por lo que se nos escapan a veces libros estimables. No digamos los no tan estimables, como es el caso...

De acuerdo, dejémonos de chorradicas y marchando una sinopsis: Jacob Portman es un adolescente de florida que ha crecido escuchando las historias de su abuelo, un judío huido de Polonia durante la II Guerra Mundial, acerca de su estancia en un hogar para niños situado  en una isla de Gales. Historias repletas de seres fantásticos, monstruos horripilantes y aventuras sin fin...pero inventadas, es de suponer. No obstante, y tras una serie de vicisitudes,al morir su abuelo, el chaval decide viajar a la isla para conocer la verdad sobre las mismas. Allí, al cabo de más vicisitudes -que quizás se alargan un poco en exceso- Jacob encuentra el camino hacia un "bucle temporal" que le lleva al 3 de septiembre de 1940 y al anunciado desde el título Hogar de Miss Peregrine, etc...., que resulta ser una especie de escuela del profesor Xavier para jóvenes mutantes -bueno, "una especie" no: es exactamente eso-, sita en un mundo a medio camino de la tierra de Ooo (donde viven sus aventuras Jake el perro y Finn el humano) y la intemporal Punxsutawney, lugar de celebración del Día de la Marmota.

No seguiré para no chafarle a nadie el argumento antes de que vea la peli lea este libro. Sólo me permito avanzar que Jacob encuentra allí , en efecto, a una serie de amigos de lo más "peculiar", sí  -fenómenos de feria, de toda la vida-, que corren un grave peligro debido a... bueno, ya he contado demasiado. Claro, que tampoco es que importen mucho los spoilers; si bien la novela no está mal, teniendo en cuenta que parece destinada al público pubescente y, por tanto, aún menos maleado que el adulto por los lugares comunes de la ficción, para un lector más experimentado la cosa se queda un tanto escasita, y además muchos de los elementos que aparecen en el libro recuerdan a narraciones ya bien  conocidas, tanto del medio literario como el audiovisual o comiquero. Los supuestos valores que parece transmitir a la chavalería (me moría de ganas por usar este palabro), a saber: tolerancia, autoestima, aceptación de la diversidad, etc... son loables pero se transmiten sin demasiado énfasis (igual eso está bien, de todos modos); el recurso al frikismo y al género de terror no acaban de sorprender, y menos a estas alturas: ya son casi tópicos en la literatura juvenil.

Lo más interesante de la novela -y tampoco es que sea para volverse uno loco- resulta ser la inserción de tanto en cuando  de fotografías de aire viejuno, montajes cutres en algunos acasos, pero con el encanto vintage que se le supone a este tipo de cosas y que ilustran a personajes o situaciones d ela novela. Lo curioso es que parece que el autor escribió ésta a partir de aquéllas o cuando menos, se inspiró en algunas fotografías para pergeñar su historia, indagando después para dar con otras que casasen bien con la narración. por lo visto, incluso  hay también un cierto "movimiento" de fans que se visten como los niños de las fotografías, etc... pero eso ya  no creo que sorprenda a nadie en la época de las convenciones trekkies y los cosplayers.

En conclusión, una novela pasable pero perfectamente prescindible para quien tenga más de, pongamos, catorce años (y también para los que tengan menos, me temo). Quizás, al fin y al cabo, y aunque no sé si debo poner esto en un blog dedicado a los libros,  sea más aconsejable y suficiente con limitarse a ver la película. En la que, además, aparece Eva Green, con lo que al menos en algo saldremos ganando...

miércoles, 28 de septiembre de 2016

David Foster Wallace: El rey pálido

Idioma original: inglés
Título original: The pale king
Año de publicación: 2011
Traducción: Javier Calvo
Valoración:  auténtico


"Todas las posibilidades están abiertas"

Esto digo cuando, a las alturas de la página 55, comento estar leyendo este libro. Porque es muy difícil enfrentarse a una lectura así, más si empieza uno a estar familiarizado con el autor, y se tienen en cuenta los detalles que paso a intentar explicar. 
Es una novela inacabada, pues parte de una composición (la redonda cifra de 50 capítulos, más cuatro escenas adicionales para esta edición) llevada a cabo por el editor del autor y prologuista de la novela, Michael Pietsch,  en función de un montón de texto suelto hallado entre ordenador, notas, esquemas y borradores. Así que el autor no ha aportado, y ni siquiera de forma consciente, más que su materia prima, sin otorgar beneplácito a su orden y estado de finalización.
Y es la novela en la que el autor se hallaba trabajando cuando puso fin a su vida en 2008 (así que ya sabemos que llevó más de dos años organizar el texto), por lo que uno puede, como si la propia experiencia de la lectura no deparase suficiente intensidad, empeñarse en buscar esos indicios de insatisfacción con la existencia que condujeron a tan tajante decisión; uno puede especular, como se hace por ahí, sobre ese capítulo 22 de fuerte tono confesional, o sobre las propias reflexiones encubiertas, o sobre el caos inicial en que nos sume el capítulo 1, mezclando la descripción de un aterrizaje con jerga propia de contabilidad y finanzas. O sobre ese incómodo ataque a la figura de la bondad y la predisposición absoluta que es el capítulo 5, apoteosis de lo mal que se acepta el buenismo, que bien pudiera ser tomado como el texto definitivo de la ridiculización del altruismo implícita a la lógica competitiva del capitalismo.
Porque esa es una de las ideas recurrentes en esta novela. Demostrar cómo es de colosal y jerarquizado el sistema fiscal americano y a qué ignotos intereses está orientado y entregado. Cómo ha dejado de ser un servicio para pasar a ser una empresa. No nos obstinemos, por eso, en cuadrar cualquier momento o exigir la perfección. No aquí. Lo que es prácticamente seguro, por una cuestión puramente estadística, es que David Foster Wallace no habría publicado el libro tal como lo ha hecho su editor. Pero de eso a decir que esta no es una obra suya. Pues cómo no voy a valorarlo como "auténtico" Si sus 600 páginas están trufadas de sus construcciones espirales, de sus frases interminables pero sintácticamente inapelables, y de su inalcanzable nivel ¿Más pistas? El tema de esta novela (ah, hay que escribir una sinopsis) es el tedio, el aburrimiento, la rutina. Un moho que nunca duerme, un óxido que corroe y que arrastra a sus personajes ajenos y confusos. Empleados del Centro Regional de Examen de Peoria. Una instalación gris, anodina, laberíntica (la descripción de su edificio junto con la zona de aparcamiento adyacente, y cómo las diferentes zonas de ésta se completan, acapara un capítulo entero) que almacena papeles, despachos, empleados de distintos rangos con un fin común, perverso aunque sin tacha moral: inspeccionar declaraciones de la renta de particulares y empresas. Suministrar sangre al vampírico sistema fiscal americano desde una siniestra óptica empresarial. Ingresos vs costes, y lo que haya por el medio que se las apañe. Empleados que comparten esa extraña raigambre funcionarial, que tienen graves problemas dermatológicos, psicológicos, que llevan a inquietantes bebés a la oficina, que mueren en sus mesas sin que nadie se dé cuenta. Carpetas, normativas, impresos, casillas, protocolos, escalillas, rangos.

Y lo del famoso capítulo 22: no sería tan mala idea, ya que se ha hecho hasta con discursos, extraerlo de alguna manera. No por obsesión castradora; sino porque esa centena de páginas con entidad propia contiene muchos aspectos de la esencia de DFW. Su gusto (el episodio de la muerte del padre) por lo absurdo que coquetea con la estupefacción. Su descubrimiento de las miradas alternativas (el tedio como acceso al heroismo, si eso no es un oscuro homenaje a Bartleby), y sus concesiones personales (cómo repite "no sé si me explico bien").
Pocos escritores pueden comprender esta sociedad acelerada e hiperinformada y sintetizarla a base de hacer afirmaciones tan contundentes.
"La clave burocrática subyacente es la capacidad para soportar el aburrimiento. Para operar con eficiencia en un entorno que descarta todo lo que es vital y humano. Para respirar, por así decirlo, sin aire... Es la clave de la vida moderna. Si eres inmune al aburrimiento no hay literalmente nada que no puedas conseguir." 
Se puede alcanzar el final abrupto de esas 600 páginas sin llegar a decisión alguna, lo cual sería lógico y seguramente haya sido o llegue a ser un deporte de moda. O se le puede otorgar a un texto inconcluso una reseña inconclusa y decir toma coherencia y toma homenaje. Hasta podría zafarse uno de esa mínima cumplimentación y negar toda condición de obra y asirse a la fama de obseso perfeccionista para negar y negar y negar. Hasta, y esto sería muy propio, no juzgar la obra como unidad sino como partes. 
Pero no estamos para eso. El libro está ahí, alineado junto a otros concebidos, acabados y aprobados en las estanterías. En aplicación de la pura matemática del azar, uno de cada diez lectores podría empezar a leer a DFW por esta obra.
Así que la apreciación de este libro va a ser muy diferente en función de quien lo lea. El lector ocasional puede que renuncie furioso o desorientado ante el agresivo arranque. El lector experimentado, pero no iniciado sentirá curiosidad por cómo se avanza desde un punto de partida tan excéntrico. El lector ya bregado habrá de reconocer que el mencionado capítulo 5 es de una brillantez inúsita, a la altura de los mejores relatos cortos del autor, y reconocerá la naturaleza experimental de algunos otros pasajes, pero los comprenderá como contrapeso. Comprenderá hasta el capítulo 9, donde, empezando por ese confesional "Aquí el autor", el, erm "autor" se entrega a una serie de disquisiciones a veces exasperantes, a veces hilarantes, sobre la condición de la obra. Trufadas de notas que son las antítesis de la solemnidad que se le entiende a una nota al pie.
Bueno: el caso es que aquí no nos queda otra opción que ser claros. Leed este libro. Tenedlo en casa y dadle vistazos aunque sea de un par de páginas. Avanzad en él aunque parezca que sea contracorriente. Comprended esa certera frase de Eduardo Lago en la contraportada: "Parábola escalofriante del capitalismo tardío..." Ved como Foster Wallace radiografía a esa mediocre clase media baja que no ha accedido a las privilegiadas universidades de la Ivy League:
"En Philo, uno tenía que educarse independientemente de la escuela, y no gracias a ella; lo cual explica que todavía no se han movido de Philo y se dedican a venderse seguros los unos a los otros, a beber alcohol de supermercado, ver la tele y esperar el formalismo de su primer infarto"
Seguros-alcohol-supermercado-tele-formalismo-infarto.
Formalismo. Infarto.
Infarto.

O especulad si estas frases eran o no avisos de lo que se cernía
"...porque las luces fluorescentes de la sala de espera eran de color blanco grisáceo y resultaban cegadoras y no proyectaban sombra alguna, eran de esa clase de luz que te da ganas de suicidarte, y yo era incapaz de imaginarme cómo debía de ser pasar nueve horas al día bajo esa clase de luz..."
"Hasta ahora no se había planteado el suicidio ni una sola vez en la vida."  
Y, sin que ello sirva ni para confirmar ni para contradecir la valoración más o menos inteligible que nos obligamos a incluir, decir que, aunque se le haya otorgado la forma de novela, quizás El rey pálido deba ser considerado también, o más, como una especie de conjunto de relatos o hasta de escenas. La insistencia en incluir a Foster Wallace en una corriente de escritores a los que se ama o se odia (serie que empezaría por Pynchon, seguiría con DeLillo, y a la que parece que haya que añadir a Franzen), nos aboca a esa especie de dicotomía donde distintos fragmentos parecen ser literatura de alto nivel o palabrería incomprensible, dependiendo no solo de quién si no hasta de cuándo se valore. De ello ni tiene la culpa el autor, sino el desproporcionado impacto que las circunstancias de su muerte tuvieron sobre cómo se le valora. Está claro que vivimos en un mundo ávido de la designación de mitos o referentes (sobre todo en un campo tan inapelablemente respetable como las artes creativas) y que Wallace, igual que otros ejemplos dispares como Amy Winehouse o como James Gandolfini, disponía de los factores de la ecuación perfecta. Cosa que, en el fondo, no hace más que complicarlo todo.
El rey pálido, desde luego, es la última obra de la que se puede esperar que aporte unanimidad sobre la obra de DFW. De eso, al menos, estoy seguro. Bueno, quizás estoy seguro.

Mucho Foster Wallace ya en ULAD: aquí

martes, 27 de septiembre de 2016

Colaboración: El loco del bisturí de Yasmina Khadra:

Idioma original: francés
Título original: Le dingue au bistouriAño de publicación: 1990
Traducción: Wenceslao-Carlos Lozano
Valoración: Está bien

Mohamed Moulessehoul (Kenadsa, Argelia, 1955) llegó al grado de teniente en el ejército argelino, aunque su verdadera vocación era la literatura. Como en sus libros no se privaba, más bien todo lo contrario, de llamar por su nombre al nepotismo, la corrupción, la arbitrariedad impune y el pillaje de los recursos públicos en el que está instalada la élite político-militar que domina Argelia desde su independencia -una República pretoriana, se le ha denominado- optó por buscarse un pseudónimo femenino, Yasmina Khadra, para mantener un anonimato que una vez consolidado su estatus de escritor y permitirse canjear las armas por las letras, mantuvo como seña de identidad.

Debe Yasmina Khadra una buena parte de su prestigio literario a su comisario de policía Brahim Llob, protagonista de cinco novelas. Traducidas al castellano teníamos La parte del muerto (2004) y la llamada Trilogía de Argel Morituri (1997), Doble Blanco (1998) y El otoño de las quimeras (1998)- así ordenadas por la cronología en que transcurre la acción. Y ahora disponemos también de la que inició la serie y el personaje, El loco del bisturí (1990), que quizás por su condición primeriza no tenga la densa carga de hiel, desolación y amargura que supuraba el Argel de Brahim Llob. Y que se ciñe a una trama más convencional de pesquisa criminal con apenas cuatro pinceladas de color local.

Brahim Llob es un melancólico comisario de policía, huraño, bocazas y misántropo, aunque en El loco del bisturí todavía se nos presenta con grietas morales y dudas existenciales, unos rasgos que después se fueron blindando ante lo que pasó por encima a él y a su país. Que fue nada menos que toda una guerra civil (1991-2002) entre los muy sobrados de integrismo y los muy carentes de integridad y que dejó decenas y decenas de miles de muertos y un enfrentamiento desgarrador y atroz que está recogido y retratado de manera implacable en las páginas de novela negra de Yasmina Khadra.

Así que destacar de un libro que lo mejor es lo que le siguió no es precisamente un elogio, pero es que El loco del bisturí queda apenas como un aperitivo, un complemento ante la potencia de lo retratado en la Trilogía de Argel y, en mi opinión, el mejor libro de los protagonizados por Brahim Llob, que es La parte del muerto.

Musulmán y africano, Brahim Llob es un interesante contrapunto a sus colegas del Mediterráneo septentrional y europeo, como el marsellés Fabio Montale de Jean-Claude Izzo, el siciliano Salvo Montalbano de Andrea Camileri o el ateniense Kostas Jaritos de Petros Markaris, igualmente desencantados y escépticos ante su entorno y circunstancias pero todavía capaces de cierta combatividad a base de ironía y hedonismo, especialmente el gastronómico. Una actitud vital que, en el caso del argelino, acaba por dejarse atrapar por completo por la irreversibilidad del desastre colectivo y la plomiza desesperanza: “Los argelinos sólo reaccionamos en función de lo que nos ocurre, jamás en previsión de lo que pueda ocurrir”.

Firmado: Carlos Ciprés

lunes, 26 de septiembre de 2016

Reseña a cuatro manos: Don DeLillo, Cero K

Idioma original: inglés
Título original: Zero K
Traductor:  Javier Calvo
Año de publicación: 2016
Valoración: interesante / recomendable

Voz propia: Si algo puede decirse de Don DeLillo es que tiene una voz propia, un estilo propio. Sería posible leer una de sus novelas, o incluso un fragmento, y reconocer su forma de escribir. Es difícil definir en qué consiste: creo que es una forma al mismo tiempo visual y abstracta de narrar, menos interesada en los actos y los objetos que en las ideas que esos objetos y actos encarnan.

Bueno: podría recriminársele que a veces tarde demasiado en desarrollar un concepto, o que recargue algo su escritura. No me voy a quejar de eso, con la de escritores que descuidan la forma para centrarse en transmitir sus ideas con contundencia y precipitación.

La trama: Jeffrey Lockhart viaja por invitación de su padre (al que no llama padre ni papá ni papi, sino "Ross") a un complejo en medio de la nada destinado a la criogenización de los cuerpos de personas que, por la razón que sea, deciden congelarse a sí mismas para despertar muchos años después. El complejo es una mezcla de centro de alta tecnología y performance artística, y allí se encuentra Artis, la nueva pareja del padre de Jeffrey, a pocos días de ser criogenizada. Esta decisión provoca en el narrador, y también en su padre, pensamientos y sentimientos contradictorios, que deberán enfrentar junto con el resto de experiencias provocadas por aquel extraño complejo.


Aunque ese amago distópico, llevado a mayores consecuencias por escritores de género como Asimov o Philip K. Dick o simplemente usado de pretexto, como Houellebecq en La posibilidad de una isla, no deja de ser una especie de lienzo en blanco sobre el que lanzarse a una reflexión sobre la sociedad actual y sus paranoias.

Arte y literatura: Quizás Don DeLillo sea el autor que más cerca está, en sus temas y en su forma de tratarlos, de las reflexiones sobre el arte contemporáneo. Punto Omega se abre con la descripción de una instalación en el MoMA: la proyección a cámara lenta de Psicosis. En Cero K la obra de arte es el propio complejo destinado a la hibernación: un complejo en el que la propia arquitectura, la escultura (en forma de maniquís, de calaveras gigantes, etc.), el cine (con proyecciones aleatorias de hechos reales, históricos o ficticios) y la propia vida parecen adaptarse a una finalidad estética.

Pues yo opino algo parecido, pero creo que la instalación como "objeto" es un simple aderezo necesario para ejemplificar el gusto por el derroche vacío propio de los supermillonarios, como si fuera gente incapaz de ajustarse a lo necesario, que tiene que deslumbrar en todos y cada uno de los detalles posibles.

Rechazo: Hay algunos aspectos en esta novela que me producen rechazo, y que hacen que me parezca interesante, pero no necesariamente recomendable. La primera es el lenguaje abstracto y algo pedante, como de crítico artístico, con el que está escrito, y que como digo es una marca de su autor. Me cuesta decidir si ese lenguaje está vacío y solo se sirve a sí mismo, o si de hecho quiere transmitir alguna idea importante sobre la vida y la muerte.

Yo no he sentido rechazo. De hecho, me gusta ser capaz de recomendar este libro antes de entusiasmarme u odiarlo como me ha pasado con todas las novelas que he conseguido acabar de DeLillo. Me gusta que arriesgue y que, aunque en este caso la cuestión de la inmortalidad no sea precisamente un planteamiento original, provoque al lector a la reflexión, incluso al posicionamiento. llegar a considerar pros y contras. Hay tanta novela que se deglute y no deja sensación alguna que, tratándose de una historia irregular que en más de un momento (ese interludio "poético" de la mujer criogenizada) se le escapa de las manos, la de DeLillo tiene capacidad de involucrar (o embaucar) al lector.

Otro aspecto es el tipo de protagonistas que Don DeLillo frecuentemente escoge para sus obras: hombres blancos, de clase alta (altísima: el 1% del 1%), cosmopolitas y cultos, con cuyos "sufrimientos" me cuesta identificarme. El posible significado humano y humanista de la criogenización parece quedar bastante limitado si es algo a lo que solo puede acceder una elite económica, la misma que compra arte contemporáneo o que puede permitirse viajar por todo el mundo gracias a su dinero o a su pasaporte.

¡Pero al final los deja en ridículo! Los ricos que pueblan esos libros, al menos este Ross de nombre falso o el broker de divisas chalado de Cosmopolis, parecen tan aburridos y hastiados de no encontrar nada con lo que obtener una emoción que, sea un corte de pelo en el extremo de la ciudad o una apuesta descabellada por una resurrección condicionada y restringida (como un 'reseteo'), son distintas caras de la misma absurda forma de diferenciarse del resto del planeta por su excentricidad, o por su pretenciosa manía de trascender.

Firmado: Santi y Francesc

domingo, 25 de septiembre de 2016

James Ellroy: Perfidia

Idioma original: inglés
Título original: Perfidia
Año de publicación: 2014
Traducción: Carlos Milla
Valoración: Brutal y muy recomendable (o viceversa)

Pues no. Resulta que en este, por otra parte, inigualable y magnificiente blog de libros  no habíamos reseñado aún ninguno de don James Ellroy, quizás el más grande autor vivo de novela negra. Nunca. Asumo, pues, mi culpa en primer lugar y pido disculpas. El éxito y la vida muelle no pueden hacernos olvidar nuestro sagrado compromiso con los lectores; que ahora escribamos nuestras reseñas desde una lujosa mansión en una isla privada del Caribe no debe ser excusa. Así pues, amigas y amigos seguidoras y seguidores de Un Libro Al Día, aquí tienen por fin una reseña de James Ellroy, esquire de la ciudad de Nuestra Señora la Reina de Los Ángeles y doctor en asuntos sucios de toda índole:

Perfidia -el título original también es así, en castellano- es la última novela, hasta la fecha, de este escritor y la primera de lo que aspira a ser el "Segundo Cuarteto de Los Ángeles". Sus incondicionales seguidores ya lo sabrán, pero para quienes no lo sean -aún-, me explico: existe ya un "Primer Cuarteto de L. A.", que arranca con el caso de La dalia negra, en 1947. El segundo cuarteto, que comienza Perfidia, en realidad vendría a ser, en la ficción, anterior al primero, comenzando cronológicamente en 1941, por lo que ambos cuartetos, junto con la llamada "Trilogía Americana", constituirán al final (al menos tal es el objetivo) una serie de once novelas que abarcarán desde 1941 a 1972; es decir, un gran fresco de 31 años de Historia del crimen y la corrupción norteamericanas, contado con el mejor y más inclemente estilo posible hoy en día. Por supuesto, muchos de los personajes aparecen o aparecerán en ambos cuartetos e incluso en la trilogía. Amén  de los variopintos personajes reales que salen aquí o allá (y que, por cierto, no suelen ser los mejor tratados, precisamente).

¿Qué tal, resulta un poco lioso? Tranquilos, que no es para tanto. Menos aún si se empieza a leer la serie por esta Perfidia, en la que algunos de los más conspicuos personajes "ellroyanos" aparecen por primera vez (aunque, en realidad, no es la primera, sino que... vale,de acuerdo; no voy a reptir todo el rollo de nuevo). La acción de la novela transcurre en diciembre de 1941, cuando EEUU entra en la II Guerra Mundial. Un dí antes del ataque a Pearl Harbor aparecen destripados en su domicilio, en lo que parece un ritual seppuku, todos los miembros de una familia de origen japonés, los Watanabe y el Departamento de Policía de Los Ángeles se pone a investigar el posible crimen -o no crimen-, con la dificultad añadida que supone la entrada en la guerra al día siguiente y sus consecuencias directas en la ciudad: histeria antinipona, redadas en Little Tokyo, oscurecimientos para dificultas ataques enemigos, presencia de submarinos junto a la costa, conatos de revuelta... Además, como hablamos de una novela de Ellroy, las cosas no pueden ser tan simples como la investigación de un crimen, por enigmático o enrevesado que sea; aquí encontramos también policías corruptos y fascistas, políticos aún más corruptos y fascistas, criminales fascistas, espías fascistas, eugenistas fascistas, fascistas a sec... (¿¡pero bueno, en EEUU en 1941 eran todos fascistas, o qué!? Pues según parece, casi, menos Roosevelt y poco más). Vale, no es para tanto: también hay rojos quintacolumnistas, estrellas de cine de variado pelaje, bandas tong de chinos, mafiosos judíos y polis mexicanos... aunque he de reconocer que estos últimos también son bastante fascistas.

En mi opinión, lo mejor de esta novela, además de que Ellroy ha sabido dotarla de un ritmo endiablado, apabullante -casi se diría que uno la va leyendo dopado de benzedrinas, como alguno de los personajes- y del desacomplejadamente ágil dominio del estilo del que hace gala  (inteligente uso del stream of conciousness, por ejemplo, cuando le viene bien hacerlo), es que la indagación detectivesca no recae sólo en un investigador arquetípico, sino que son cuatro los protagonistas que se encargan de ello: Hideo Ashida, inteligente, minucioso y ambiguo criminólogo de origen japonés; la seductora Kay Lake, novia de un agente de policía e inquieta, quizá en demasía, por la necesidad de la aventura; William H. Parker, ambicioso y católico teniente de policía dividido entre sus escrúpulos y sus debilidades; Dudley Smith, sargento de policía irlandés y no menos católico que el anterior, pero casi absolutamente amoral. Encantador, brutal y expeditivo. Según he leído en alguna entrevista a James Ellroy, Dudley es su personaje favorito (y no me extraña, porque es un caramelo para un escritor), aunque yo diría que les trata a todos con el mismo cariño o falta del mismo... Estos cuatro personajes -y no sólo ellos, sino prácticamente todos los que aparecen en la novela-, haciendo honor al título de la misma, nos ofrecen todo un recital de traiciones, asechanzas, rivalidades y felonías de diverso tipo, aunque también, en cierto modo, guarden una cierta extraña lealtad entre ellos. Como copiosa guarnición para la historia, el autor nos ofrece todo un despliegue de violencia -mucha violencia-, sexo -bastante sexo-, alcohol -ídem- y drogas. No hay rock & roll porque en 1941 aún no se había inventado, que si no...

Por resumir la reseña de esta novela de alguna forma, recordaré que en una entrevista a un medio digital español Ellroy declaró: "Me lo he pasado de puta madre escribiendo esta mierda" (suena más fino en inglés, pero no lo es). Yo sólo puedo añadir que lo mismo que  un servidor leyéndola.

Nota: si no he valorado este libro como imprescindible, es solamente por el reparo que me produce su condición -o su pretensión- de ser una parte de un cuarteto, del que aún no sabemos el resultado global. Pero, desde luego, se trata de una novela mucho más que recomendable... Más bien está bordeando el imprescindible. Por no decir chapoteando dentro como un cochino en un lodazal.