lunes, 31 de diciembre de 2018

Guillem López: El último sueño

Idioma: español
Año de publicación: 2018
Valoración: más que recomendable

Indagando un poco sobre este libro, pues no frecuento demasiado (o menos de lo que debería) el universo del Ci-Fi, leo que al castellonense Guillem López se le considera el autor hispano más señero dentro de este género. Bien, ya digo que no soy quién para cuestionar esta aseveración y, desde luego, lo que yo me he encontrado en esta su última novela, y también en la anterior, Arañas de Marte, me hacen pensar que es cierta, sin desdoro, claro está, para el resto de escritores que se dedican a la Ciencia-Ficción y la Fantasía.

En cualquier caso, atendiendo a lo mostrado en El último sueño, sólo cabe reconocer que Guillem López es, cuando menos, un narrador impecable, tanto en lo que se refiere a la estructura y desarrollo de la trama como a la composición de personajes y ambientes, así como al dominio de un lenguaje y un estilo que van más allá de lo meramente utilitario y eficaz para entrar a menudos en terrenos más propios de la prosa con un aliento lírico.

La historia que nos cuenta la novela bien podría encajar dentro del relato de aventuras más clásico, quizás aderezado, con ciertos tintes políticos: en una ciudad inmensa, inacabable y opresiva -llamada, de forma paradójica, Paraíso-, la élite de sacerdotes, funcionarios y comerciantes opulentos viven en el seguro y próspero zigurat central, mientras el resto de sus habitantes pululan por un dédalo interminable de barrios más o menos miserables, muchos de los cuales se encuentran además bajo el dominio de pintorescas bandas callejeras. A una de las más marginales de éstas, los Abandonados -apenas un puñado de adolescentes y críos mugrientos-llega pidiendo ayuda Kemi, una fugitiva del zigurat que parece estar en relación con las fuerzas más poderosas que gobiernan Paraíso: la casta de Jemeníes, sacerdotes que han controlado siempre a las Kas , deidades cautivas que proporcionan la energía que hace funcionar toda la ciudad, la Kamé... y cuya última representante trata de mantener dormida a toda costa el Gran sacerdote y cónsul, el muy siniestro Kébemon, con ayuda -se supone- de Nimbara, el primer ministro.

Nos encontramos con un trasfondo, por tanto, de luchas por el poder, cambios fundamentales en el modelo energético y revoluciones cuya aparente espontaneidad está controlada por poderes ocultos (no aparecen chalecos reflectantes pero bien podrían...), que buscan que todo cambie para que todo siga igual... ¿A alguien le suena algo de todo esto? Además, la estética que se sugiere bebe, sin duda, del movimiento steampunk, pero también de La naranja mecánica o de películas como Los amos de la noche (The warriors). Y por supuesto, de Gangs de Nueva York, libro y peli, cuya influencia parece evidente en esta novela utópica y trepidante. También, me parece a mí, recuerda a algunos relatos de Philip K. Dick, en las que describe sociedades férrea y cruelmente estamentada. A China Miéville, con quien sospecho se habrá comparado más de una vez a este autor. E incluso uno se acuerda de la Corte de los Milagros, de Victor Hugo...

En fin, una novela que no decepcionará (todo lo contrario) a los amantes del género fantástico pero tampoco a quien se acerque a ella en busca de un trago refrescante entre lectura de más altos vuelos (quizás sería más correcto "de más altas pretensiones"). Me parece en especial interesante, por otro lado, para el público juvenil, sin que esta novela cuente con las limitaciones que se suponen se autoimponen en muchos libros destinados al lector de estas edades. Porque, en mi opinión, El último sueño es mucho más que eso, es una novela de bastante entidad y empaque ; quien lo quiera comprobar, sólo tiene que darse una vuelta por los callejones, los cielos y cualquiera de los muchos submundos de Paraíso.

domingo, 30 de diciembre de 2018

Colaboración. Virginie Despentes: Vernon Subutex 3

Idioma original: Francés
Título original: Vernon Subutex 3
Año de publicación: 2018
Traducción: Noemí Sobregues
Valoración: Decepcionante

La trilogía Vernon Subutex, de Virginie Despentes, no es una trilogía, a pesar de la contradicción que esa frase encierra. Es, en realidad, un único libro que ha sido dividido en tres partes por, me aventuro a decir, criterios no literarios, sino (probablemente) comerciales. Pero en fin, dado que reseñé la segunda parte, cuya primera parte fue reseñada en su día por Francesc Bon, he creído conveniente hacer una no tan pequeña crítica de la tercera parte, así que vamos allá.

Si en algo estoy de acuerdo con las distintas reseñas que he encontrado sobre este libro es en que es la novela más floja de las tres, y teniendo en cuenta que ninguna de las anteriores me pareció gran cosa, me temo que eso no deja mucho lugar al optimismo. Y si en algo estoy en desacuerdo, es en que es una gran novela, y algún día habrá que hablar de lo que cuesta encontrar una crítica literaria negativa en la prensa "oficial", a diferencia de lo que ocurre con el cine, donde los críticos parecen tener mayor libertad (entren en Rotten Tomatoes y echen un ojo, por ejemplo). Quizá tenga que ver con el potencial de una y otra industria, o la estrecha relación entre las cabeceras de prensa y las grandes editoriales, pero no lo sé. Algún día.

Pasando a la novela, les hago un pequeño resumen introductorio. Vernon Subutex es un tipo entrado en años, expropietario de una tienda de discos que tuvo que cerrar, desahuciado figurada y literalmente, que a lo largo de los volúmenes anteriores ha ido juntado a su alrededor a toda una amplia caterva de personas/personajes de toda clase y condición que viven en plan comuna (cuya descripción a modo de recordatorio para el lector que vienen del anterior volumen inaugura el libro), erigiéndose en una especie de gurú-DJ gracias a mezclas electrónicas semi-hipnóticas. Hay alguna trama secundaria, pero no se crean que a pesar de las novecientas y pico páginas, hay mucho más. 

Por desgracia, Despentes arrastra muchos de los problemas que ya presentaba en el anterior volumen, incluyendo alguno más. 

Para empezar, en la mayor parte del libro, Despentes no muestra, sino que cuenta. Cualquiera que haya ojeado alguna vez un manual de escritura sabe que este es uno de los principales aspectos a cuidar. Es mejor decirle al lector que fulanito le ha escupido a un negro que decirle que fulanito es un racista o que opina que hay demasiada inmigración. Evidentemente, hay que alcanzar un equilibrio (o los libros se harían eternos y llenos de irrelevancias), pero Despentes no se acerca ni de lejos. En una abrumadora mayoría de situaciones, la autora nos dice qué piensa o cómo se siente este o aquella, lo cual hace que la narración carezca de toda fuerza.

Otro problema es el de los personajes. Con veintidós personajes en la trilogía, es difícil, yo diría que imposible, darle una voz auténtica a cada uno, pero Despentes lo consigue en muy pocos casos, y por aspectos más vinculados a la situación vital o aspecto que a la personalidad. En general, muchos de ellos aparecen como entidades intercambiables, y es prácticamente imposible decir si fulanito piensa esto o aquello, más que en ocasiones muy puntuales. Una consecuencia (o una causa) es que Despentes sigue hablando a través de ellos, sin que exista en muchos casos ("siempre" es una palabra muy grande) una mínima membrana entre la entidad ficcional y la autora. Casi siempre que aparece una opinión sobre feminismo, política, la burguesía, el proletariado, la inmigración, etc. (y toca todos los palos y desde muchos puntos de vista), tienes la certeza casi absoluta de que es algo que ella (y no el personaje) está diciendo. De hecho, hay segmentos del libro que podrían ser presentados como un ensayo, y no desentonarían lo más mínimo. En otras palabras, no hay el menor atisbo de subtexto en toda la obra; está todo a la luz, tan obvio como en una entrevista con la autora, y eso resulta decepcionante.

Decía en la anterior reseña que el ritmo de la narración es lento, y en este volumen esa velocidad es aun menor. Casi me atrevo a afirmar que hasta las últimas 100 páginas apenas sucede nada de relevancia, y los capítulos de las anteriores páginas se basan en buena parte en descripciones (a veces desde la tercera persona, a veces desde la primera) de las vidas y opiniones de los personajes. Una de las causas es quizá la enorme escasez de diálogo directo en el texto. En general, aparece como diálogo indirecto y tampoco muy abundante (y a veces, puntuado de manera harto extraña, más que experimental). Todo esto es difícil separarlo de los puntos anteriores (y es probable que se note mi incapacidad para aislar unos problemas de otros). Las opiniones se cuentan, no se muestran, y casi siempre al lector le da igual de quién esté hablando, porque gran parte de la información es estéril para la narración. Menganita puede ser una feminista de tomo y lomo, pero si ya desde el principio es claro que eso no tiene ningún impacto en la trama, que ni siquiera genera una subtrama, es difícil ver su utilidad y prestarle atención. Dicho de otra forma, sabes que hay un personaje que es una feminista, porque Despentes quiere hablar del papel del feminismo en la época actual, pero que se llame Marie o Stephania u Olga acaba siendo irrelevante.

Al igual que en el volumen anterior, acabé este libro pidiendo la hora, y la impresión que me llevé es que no era el único. Durante muchas hojas, tuve la sensación de que Despentes estaba aburrida, cansada, pero sentía la obligación de desarrollar mínimamente el montón de individuos que había metido en la trilogía y acabar de una vez por todas. Hay más cosas que señalar, como la abundancia de referencias musicales o lo forzado que parece el atentado de la sala Bataclan o la muerte de Bowie (que incomprensiblemente es uno de los hechos que se mencionan en la contraportada como reclamo), pero esta reseña ya ha quedado demasiado larga. 

Resumiendo, Despentes ha escrito tres novelas inseparables (las tramas no son independientes) con las que ha pretendido radiografiar la sociedad francesa (y occidental, en su mayor parte) actual, pero fracasa en su mayor parte al intentar hacerlo a través de una obra de ficción. La narración carece de fuerza incluso en las escenas que teóricamente se prestan más a ello, mostrando en algunos casos carencias importantes para crear la emoción necesaria en el lector, no sé si fruto del cansancio o de las capacidades de la autora. Tengo la impresión de que haber optado por un formato de ensayo habría sido un enfoque más sincero y (quizá) de mayor calidad, en el que Despentes podría haber desplegado los recursos de análisis sociológico y el conocimiento que sin duda posee (los conocimientos al menos), pero qué duda cabe que habría sido mucho menos rentable para todos.

Firmado: MBt

sábado, 29 de diciembre de 2018

Reseña + entrevista: Como si todo hubiera pasado de Iban Zaldua

Idioma original: del libro, español; de los relatos, mayoritariamente euskera
Año de publicación: 2018
Valoración: recomendable

A Iban Zaldua se deben algunos de los artículos sobre literatura vasca que más he recomendado en los últimos años: aquellos dos (este y este) en que hizo un repaso bastante exhaustivo por la literatura vasca sobre el conflicto (vasco); o este otro en el que analiza y critica (de forma minuciosa y en mi opinión, acertadísima) la novela Patria de Fernando Aramburu. Pero también se le debe un ensayo interesante y ameno sobre la literatura vasca (Ese idioma raro y poderoso), una estupenda novela humorística sobre el mismo tema (Euskaldun guztion aberria / La patria de todos los vascos), y otra novela, Si sabino viviría, también política-humorística, aunque menos lograda que la anterior. Sin embargo, donde quizás se sienta más cómodo el autor es en el relato, un género en el que ha publicado ya una docena de títulos, mayoritariamente en euskera. El último, Sekula kontatu behar ez nizkizun gauzak, ha salido este mismo año.

Pero ojo, Como si todo hubiera pasado no es la versión española de este último libro de relatos (como yo mismo pensaba antes de tenerlo entre mis manos). Es, en cambio, una autoantología temática: la reunión de todos los relatos que el autor ha dedicado al conflicto vasco o, como a él le gusta llamarlo, La Cosa. Son más de cuarenta relatos, publicados entre 1999 y 2018, con una extensión que varía entre las dos y las diez páginas, todos ellos (salvo dos, si no me equivoco) publicados originalmente en euskera y traducidos ahora al español. El libro cuenta también con un breve prólogo de Edurne Portela, que lo sitúa en el contexto del actual interés por la memoria del conflicto, pero también destaca la originalidad propia de este autor.


La mayor pega que se le puede poner a una antología monotemática como esta es que resulta, en fin, monotemática: leída de un tirón, y sin cuentos de otros temas que sirvan de distracción y alivio, la acumulación de historias sobre La Cosa puede llegar a saturar. Esta sensación, sin embargo, se ve disminuida por la variedad de perspectivas y técnicas narrativas empleadas por Iban Zaldua. Porque en sus relatos hay todo tipo de personajes: policías, terroristas, políticos, familiares de víctimas y de presos, torturadores, chivatos, y también miembros de la "sociedad civil", o sea, personas normales a las que el conflicto afectó sin que fueran agentes en él. Y también porque sus historias se cuentan en todas las formas imaginables: en primera y en tercera persona, a través de diálogos, de escenas fragmentarias, de perspectivas múltiples y entrelazadas...

De hecho, leer todos estos relatos sobre el tema vasco seguidos permite percibir algunos temas recurrentes, casi obsesivos, que se repiten como varaciones musicales (y la música, como en otras obras de Iban Zaldua, también ocupa un lugar importante en este volumen, en relatos como "Tres conciertos", "A89, La Transeuropénne" o "Nostalgias"). Así, por ejemplo, el tema de la identidad escondida (el topo, el policía de incógnito, el falso militante); el de los universos paralelos o los hilos cronológicos alternativos, que se activan o no en función de las decisiones de los personajes (como en "Línea temporal", "Lo único que cambia" o "El doctor Iriarte"), o el tema del paso del tiempo y el abandono de los ideales, que se manifiesta repetidamente a través de personajes que se reencuentran después de mucho tiempo y comprueban que sus perspectivas, sobre el conflicto vasco o sobre la vida (no) han cambiado con los años. [Comentario marginal: este es también el tema de "Karma", un relato de Aixa de la Cruz incluido en Modelos animales].

También se puede percibir, leyéndo los relatos así, todos seguidos, la evolución del autor en su relación con el tratamiento del tema: mientras que muchos de los primeros relatos son casi sketches (pequeñas escenas aisladas e independientes, casi teatrales o cinematográficas), y predomina la estética y las tramas realistas, a medida que el volumen avanza se van mezclando otros ingredientes, otros géneros literarios como el fantástico o la ciencia ficción, sobre todo. Y el humor, un humor seco y oscuro, que es uno de los rasgos más definitorios de la obra de Iban Zaldua, se va introduciendo con cada vez mayor frecuencia y claridad. Probablemente el mejor ejemplo de todo esto sea "Itinerarios", el relato que cierra el volumen, y que es personalmente mi favorito; en él nos situamos en una Donostia futura y distópica, en que se ofrecen "rutas de memoria" que recuerdan episodios del conflicto vasco a través de diversos lugares del centro histórico de la ciudad (y es difícil contar más sin destripar el cuento).

En el contexto del actual interés editorial por la memoria del conflicto vasco, Como si todo hubiera pasado se sitúa en un lugar particular. Al ser una recopilación de relatos, no propone (no puede ni quiere proponer) una visión unívoca del conflicto, ni una única perspectiva privilegiada; por ser un texto, o un conjunto de textos, cargado de distancia irónica, resulta particularmente escurridizo para quienes busquen respuestas tranquilizadoras o soluciones morales sobre la violencia y sus diversas manifestaciones. Al haber sido escritos a lo largo de un periodo extenso de tiempo, durante la actividad de ETA y después de su cese definitivo, ofrecen un panorama único de la vida durante el conflicto, y desde dentro del conflicto, así como sobre su evolución a lo largo de las últimas dos décadas. Seguramente no será un best-seller, pero sí una aportación de mucho interés para la reconstrucción de la memoria de estos años estúpidos y sangrientos.


Entrevista con Iban Zaldua

-¿Qué te llevó a reunir todos los relatos sobre La Cosa en un volumen, y en español? ¿Hay un nuevo interés en el público por el tema del conflicto vasco?
Creo que todos los que nos dedicamos al cuento tenemos una pulsión compiladora, de echar la vista atrás y reunir las mejores piezas de nuestra producción, desperdigadas por diferentes libros y revistas, o de agruparlas temáticamente, como es el caso; yo ya lo había hecho una vez en euskera, en el volumen Ipuinak. Antologia bat que publicó la editorial Erein en 2010. Creo que había una nueva ocasión de echar la vista atrás, esta vez en castellano, aprovechando que algunas de mis colecciones de relatos en euskera, como Traizioak o Itzalak, no se habían publicado nunca en español. Y, por otra parte, como apuntas, es posible que exista un interés mayor por parte del público: se están editando más novelas y obras en torno al asunto, como las de Edurne Portela o Aixa de la Cruz, y la buena e inmediata disposición de Galaxia Gutenberg a hacerse cargo del proyecto también me pareció una señal alentadora. Pero no sé si ese interés es tan profundo, o va a ser duradero. Aunque da lo mismo: esté de moda o no, yo creo que los escritores vascos vamos a seguir escribiendo, bien, regular y mal, sobre el tema. Exactamente como hemos hecho hasta ahora.

-Se ha hablado mucho de "la batalla por el relato" en el País Vasco. ¿Quizás sería mejor hablar de "los relatos", en plural? ¿Es posible llegar a un relato de consenso o solo a una constelación de relatos a veces contradictorios?
Yo creo que sería bueno llegar a un mínimo común denominador, al esqueleto de un “relato civil” más o menos unitario sobre la cuestión. Algo en lo que tendrían que colaborar las instituciones estatales y autonómicas, los distintos institutos de la memoria –oficiales y no–, la academia –a partir sobre todo de la labor de historiadores, sociólogos, documentalistas, periodistas etc.–, las principales fuerzas políticas… A nivel local se están dando pasos interesantes en ese sentido, como podrían ser las iniciativas del ayuntamiento de Rentería, o las de la Fundación Buesa. Pero que eso sea lo deseable no quiere decir que vaya a producirse; yo hay días que soy muy pesimista a ese respecto. Y pienso que, si no hemos conseguido llegar a un mínimo común denominador sobre la Guerra Civil y el franquismo, por ejemplo, ¿cómo vamos a hacerlo con este tema, que tenemos aún tan cercano?

-¿Qué papel le correspondería a la literatura en este proceso?
Yo creo que su función debería ser más bien complementaria, de ir a lo micro, a lo que la “gran historia” suele olvidar o dejar de lado, de rellenar con grises y con detalles la “versión oficial” –o las diferentes “versiones oficiales”, si no se llegara a ese mínimo consenso–, de ser la lente que nos acerque, más allá de las cifras y los fríos relatos documentas, lo que le pasó a la gente en esas épocas, en esas circunstancias. La literatura, y las artes en general, deberían ser el espacio para los “diferentes relatos”, esta vez sí que en plural.  Y el peligro de que no lleguemos al relato único-mínimo del que hablaba en mi anterior respuesta sería el de situar en el centro del debate –en el centro del combate– a la literatura o a las artes. Me da la impresión de que existe esa tentación, y que caer en ello puede ser malo para la salud de la literatura como tal.

-¿No crees que esta literatura sobre La Cosa se lee de forma muy diferente dentro y fuera del País Vasco? Pienso, por ejemplo, en la acogida de 'Patria'... ¿Desde fuera se buscan relatos más simplistas de buenos buenísimos y malos malísimos, que en Euskadi "no cuelan"? 
Supongo que es inevitable que se lea de una manera diferente aquí que fuera: en principio, aquí ha habido más "versiones oficiales" en disputa, y el grado de conocimiento sobre las vicisitudes del conflicto, aunque sólo sea a nivel periodístico, es mayor; si a eso le añadimos la experiencia vital de cada uno, y la de su entorno, ya ni te cuento. Pero, por otra parte, tampoco podemos olvidar que Patria también ha tenido éxito dentro del mismo País Vasco, que ha habido mucha gente que, siendo incluso nacionalista vasca, ha leído y le ha gustado un montón la novela. Evidentemente, ha habido gente que la ha rechazado por motivos políticos, a veces sin leerla siquiera, pero en el País Vasco también ha pasado lo contrario, eso no se puede negar. De manera que, en parte sí, el hecho de que Aramburu haya entregado una historia muy esquemática, que se adapta al "relato oficial" que más se ha vendido fuera del País Vasco, ha tenido que ver, pero no explica todo el fenómeno. Creo que otra de las claves está en el tipo de producto que es Patria: una lectura fácil, clara, comercial, o como mucho, midcult. Una novela para los que no leen habitualmente literatura: la única manera de vender tantísimo hoy en día es llegando a ese tipo de público. Porque, no nos engañemos, Martutene, de Ramon Saizarbitoria, es una obra mucho más compleja y profunda, y aborda la cuestión del conflicto vasco desde una posición mucho menos cómoda y evidente que Patria. Pero la hemos leído cuatro, tanto en español como en euskera -vale, en euskera quizá unos cuantos más, pero no tantos tampoco...-. A mí no me preocupa tanto el contenido de Patria -mucho de lo que cuenta es verdad, y duele, vaya que si duele, porque lo que ha pasado aquí, lo que hemos dejado que pasara aquí ha sido muy fuerte-, como la manera que tiene de contarlo, que es por donde yo creo que hace aguas la novela. Una manera que es, paradójicamente, una de las razones que la ha llevado a ser tan vendida, aparte de un impulso político muy determinado, claro está.


-En tus relatos hay protagonistas de todo tipo: ertzainas, terroristas, víctimas, torturadores…. ¿Es una estrategia consciente para mostrar la complejidad del conflicto? ¿No te da miedo que te llamen equidistante, que es uno de los insultos de moda?
No sé hasta qué punto se puede acusar a un cuentista de algo como “estrategia consciente”, ja ja; eso es más de novelistas, me temo. De hecho, cada relato es una novela en miniatura, y surge y se agota en sí mismo, de alguna manera: todos han aparecido en colecciones de relatos junto a otros de muy diversa índole, y sólo ahora los he “juntado” en un volumen temático; la mayoría son cuentos escritos muy en tiempo real, con mucha vocación de contemporaneidad, no hay tantos que partan de una mirada “histórica”, no sé si se me entiende. Diacrónicamente puede parecer que sí, que he intentado darle a todos los palos, pero no creo que fuera así mientras los iba escribiendo. Aunque tengo que confesar que me gusta el efecto de “novela coral” que, de alguna manera, adquiere el libro leído en su conjunto. Y que dentro de ese conjunto destacan los relatos cuyo eje vertebrador se apoya no tanto en los protagonistas directos del conflicto, sino en los testigos, en la gente que convivió con el problema y sufría sus consecuencias de una manera más indirecta. Quizá porque es la posición que está más cerca de la que yo ocupaba, pienso. Que no tiene que ver, necesariamente, con la que adopto como narrador, por otra parte. En ese sentido, no me preocupa mucho lo de la acusación de “equidistante”, porque tengo bastante clara cuál es mi postura ética y política, y, además, diría que no ha cambiado mucho en los últimos veinte o veinticinco años, quizá más. Y te puedo asegurar que no la veo para nada como equidistante. Pero mi posición como narrador sí que puede ser muy otra, sin embargo.

-A lo largo del volumen creo ver una evolución: los primeros son más esquemáticos, y también más realistas. Después se añaden o mezclan otros géneros: lo fantástico, la ciencia-ficción... ¿Por qué sentiste esa necesidad (si se puede decir así) de ir más allá del realismo?
Puede ser. Quizá al principio estuviera más envarado, y no me atreviera a abordar el tema más que desde esa especie de red de seguridad que proporciona el realismo. A mí me costó afrontar literariamente el tema, durante años ni se me ocurrió que pudiera ser un tema que pudiera abordar por medio de mis ficciones. Quizá porque estaba saturado de esa misma realidad en la vida cotidiana, en la misma militancia, y la literatura fuera para mí, precisamente, otra cosa. Pero el hecho de que obras de autores como Bernardo Atxaga, Ramon Saizarbitoria, Jokin Muñoz, Arantxa Urretabizkaia o Xabier Montoia me ayudaran a pensar sobre el tema supongo que me animó; también la necesidad de decir algo sobre el tema, y de hacerlo en euskera, que era la lengua en la que había leído todas aquellas novelas o relatos. Aunque en alguno de mis primeros relatos como “El escondite” ya es claramente fantástico, supongo que un uso más abundante de ese tipo de tramas llegó cuando me sentí más seguro escribiendo sobre el asunto, porque yo diría que mi tendencia “natural” es hacia eso, hacia el fantástico. Un fantástico, por otra parte, que no pretende ser escapista o quedarse en mero artificio: como decía Julio Cortázar, “la fantasía, lo fantástico, lo imaginable que yo amo y con lo cual he tratado de hacer mi propia obra es todo lo que en el fondo sirve para proyectar con más claridad y con más fuerza la realidad que nos rodea”. Evidentemente, no sé si lo logro en mis relatos: eso lo tendrá que decidir el lector.

-Y el humor, que es una de las características de tus obras, ¿puede ser una herramienta para afrontar la memoria del conflicto?
Creo que sí, o al menos me gustaría. El mío es un humor bastante resignado, y no todos mis cuentos hacen uso del mismo ni mucho menos; lo señalo no vaya a ser que algún lector despistado se piense que se va a encontrar con un festival de la comicidad… Pero pienso que es natural que aparezca, tanto en mi caso como en el de otros autores como Luistxo Fernandez o Juan Bas: me da la impresión de que a partir de cierto punto, y más en un conflicto que ha durado tanto como el que nos ocupa, las tramas más habituales, como la trágica y sobre todo la épica, se agotan, y dejan un espacio que la ironía o el humor pueden ocupar, al menos en parte. Soy de los que no cree que haya temas sagrados que no puedan abordarse –también– desde el humor. Siempre que el humor, como bien señalaba Edurne Portela en su ensayo El eco de los disparos, no sea un vehículo para blanquear el pasado o lograr una sonrisa fácil, satisfecha: el humor tiene que ser como la sal, tiene que escocer cuando se lo aplicas a la herida, y si gusta a todo el mundo, señal de que no ha cumplido su objetivo; el humor que a mí me interesa tiene que sentarle al menos un poquito mal a alguien. Eso implica riesgos, claro: que te pases en la apuesta y la cagues, porque la intención humorística puede ser la que sea, pero si no alcanza al receptor no hay nada que hacer. Pero es un riesgo que hay que asumir. La literatura, sin riesgo, tiene menos interés, me parece a mí.

-¿Y ahora, qué? ¿Vas a seguir explorando el tema de La Cosa, o sientes que lo has agotado con estos relatos? Y si lo sigues explorando, ¿en qué direcciones crees que lo harás?
Bueno, desde que he publicado el libro he escrito tres o cuatro relatos nuevos en torno al asunto, alguno de los cuales he llevado como bonus track a las presentaciones del libro, de manera que… No sé seguiré dándole mucho o poco al tema; antes tampoco lo hacía siempre, de hecho los de La Cosa suponían solo un porcentaje dentro de mis colecciones de cuentos… Pero, por los que he escrito estos últimos años, si siguiera haciéndolo, me da la impresión de que irían en dos direcciones. Por una parte, aunque para mí siga siendo historia presente, contemporánea, supongo que empezarán a ser más abundantes los que conlleven algún tipo de visión histórica –sin caer, espero, en las rutinas de la llamada “novela histórica”, que me suele dar un poco de repelús como género–. Y, por otra, por lo que estoy viendo en algunos de los últimos, como “Itinerario”, que es el que cierra el volumen, el tema, más que La Cosa en sí, está derivando hacia “el relato de La Cosa”, esa “batalla por el relato” sobre la que hablábamos al principio de la entrevista. Porque esto sigue, no se ha acabado de ninguna manera, aunque, por fortuna, ETA y su violencia se hayan convertido en cosa del pasado.

viernes, 28 de diciembre de 2018

ULAD A LA CARTA


Estimados y nunca suficientemente agradecidos lectores y lectoras de Un Libro Al Día: este blog, siempre a favor de la innovación y, sobre todo, la interacción con nuestros seguidores, ha decidido dar un paso adelante hacia la personalización o, si se prefiere, "customización" de las reseñas que ofrecemos. Además, esto nos permitirá avanzar hacia la optimización de recursos a la que toda web prescriptora de contenidos culturales debe aspirar, así como, por supuesto, hacia la máxima satisfacción de la necesidades y expectativas del usuario, que es nuestro principal objetivo. Así, a partir del próximo 2019, amigas y amigos de ULAD, cada cual podrá elegir el contenido de la reseña de cada día como más le guste; nosotros tan sólo propondremos el título del libro y, como mucho, el autor o autora del mismo (incluso esto también puede ser opcional).

Para ello, vamos a implementar un sistema que permita que cada lector seleccione, en una parrilla de opciones, su combinación dentro de todo un abanico de posibilidades, con el comienzo, el final y el cuerpo de la reseña que prefiera... ¡Nunca más tendrán que aguantar las invectivas contra Ray Loriga de tal reseñista ni los aburridos autores lusófonos que le gustan a este otro! Por supuesto, tampoco a los obsesionados con escritores que nunca recibirán el Nobel o ese reseñista que trata siempre de hacer  la gracia sin tener maldita la misma... ¡De aquí en adelante todas y cada una de las reseñas será exclusivamente al gusto de todos y cada uno de los lectores, de ustedes a quienes tanto queremos y debemos tanto! Y de las lectoras, claro...

El cuadro que incluimos a continuación no es, sin embargo, sino un primer escalón de este proceso en el que ambicionamos la máxima interactuación con nuestros seguidores. En breve, estará provisto de una serie de botones de comando, que hará mucho más cómoda su elección y mucho más gratificante su experiencia bloguera. Y devendrá más aún así cuando hayamos avanzado lo suficiente en el conocimiento de cada uno de ustedes, amables lectores: entonces un algoritmo se encargará de seleccionar por ustedes los ítems que prefieran -antes incluso de que ustedes lo sepan- para configurar así la reseña a la carta que se merecen y están esperando... ¡El futuro ya está aquí, amigas y amigos, recibámoslo con los brazos abiertos!



COMIENZO
CUERPO DE LA RESEÑA
FINAL
EN RARAS OCASIONES LA LITERATURA CONSIGUE UNA SIMBIOSIS PERFECTA ENTRE EL FONDO Y LA FORMA, ENTRE LA ÉTICA Y LA ESTÉTICA, QUE DA LUGAR A OBRAS TAN DESTACABLES COMO ESTE LIBRO 
PARA ELLO, SU AUTOR/A OFRECE UN DESPLIEGUE DE RECURSOS NARRATIVOS SIN PRECEDENTES, UNA VERDADERA PANOPLIA DE ARMAMENTO LITERARIO CUYO DOMINIO ESTÁ AL ALCANCE DE MUY POCOS/AS
NO SE PUEDE ESCRIBIR MEJOR, NO SE PUEDE DECIR MÁS CON MENOS. NO PUEDE DESNUDAR EL ALMA HUMANA DE FORMA MÁS DESCARNADA Y CONMOVEDORA QUE EN ESTAS MEMORABLES PÁGINAS
VALIENTE Y ARRIESGADA PROPUESTA LA QUE ENCONTRAMOS EN ESTE LIBRO; UNA MIRADA ATREVIDA Y HONESTA QUE MERECE LA PENA EXPLORAR
EN ESTE SENTIDO, DEBEMOS RECONOCER QUE TODA APUESTA LITERARIA SUPONE ASUMIR CIERTOS PELIGROS QUE AQUÍ, NO OBSTANTE, SE HAN CONSEGUIDO SORTEAR, AÚN CREANDO EVIDENTES Y CASI FATALES DESEQUILIBRIOS
EN SUMA, UNA PROPUESTA VALEROSA QUE QUIZÁ NO SEA DEL AGRADO DE TODOS LOS LECTORES/AS, PERO A QUIENES AGRADE, SIN DUDA CONSEGUIRÁ HACER SUS DELICIAS
HE AQUÍ UNA INNOVADORA EXPERIENCIA METALITERARIA Y AUTOFICCIONAL QUE,  CON TODA SEGURIDAD, PUEDE DELEITAR AL LECTOR MÁS EXIGENTE
UN LIBRO QUE TANTO BEBE DE LAS FUENTES DE LA ANTIGÜEDAD CLÁSICA COMO DE  LA CULTURA DE LA MITTELEUROPA DE ENTREGUERRAS O DEL VANGUARDISMO POSMODERNO PARA CONFIGURAR UNA VOZ ÚNICA Y UNÍVOCA
UNA DE LAS LECTURAS  FUNDAMENTALES DE NUESTRO TIEMPO, AL MENOS EN LOS REGISTROS DE LA "LITERATURA LITERARIA" Y DE LA ALTA CULTURA, EN GENERAL. LLAMADO A SER, POSIBLEMENTE, UN LIBRO DE CULTO.
NOS ENCONTRAMOS ANTE UN LIBRO CORRECTO, QUIZÁ UN TANTO RUTINARIO, QUE NO APORTA NOVEDAD ALGUNA PERO TAMPOCO DESPIERTA EL SONROJO DE LA VERGÜENZA AJENA
SE TRATA DE UNA LECTURA PLÁCIDA Y SIN SOBRESALTOS, UN TRANSCURRIR SIN SORPRESAS POR CAMINOS LARGAMENTE TRANSITADOS, POR CAMPOS DE SOBRA TRILLADOS
 AL FIN Y AL CABO, ESTE LIBRO NO PASA DE SER UNA MEDIANÍA, COMO TANTAS QUE SE PUBLICAN; UNA SEÑAL DE QUE SU AUTOR/A ESTÁ PREPARADO /A PARA MÁS IMPORTANTES LOGROS, PERO TAMBIÉN UNA ADVERTENCIA DE QUE AÚN NO LOS HA CONSEGUIDO.
HAY MOMENTOS EN LOS QUE EL LECTOR/A NO PUEDE SINO LLORAR AL PENSAR EN LOS ÁRBOLES QUE FUERON SACRIFICADOS PARA FABRICAR EL PAPEL SOBRE EL QUE SE IMPRIMIÓ TAMAÑO ENGENDRO
EN TODO CASO, DIFÍCILMENTE SE PODRÁ ENCONTRAR UN CÚMULO SEMEJANTE DE DESPROPÓSITOS, UNA ABERRACIÓN LIBRESCA DE TAN GRUESO CALIBRE, UNA PORQUERÍA COMO ESTA...
POR RESUMIR: UNA PERDIDA DE TIEMPO, DE DINERO Y DE PAPEL. UN LIBRO QUE DESHONRARÁ CUALQUIER BIBLIOTECA EN LA QUE SE ENCUENTRE, CUALQUIER LIBRERÍA... E INCLUSO CUALQUIER RETRETE EN EL QUE ACABEN SUS INFORTUNADAS HOJAS



jueves, 27 de diciembre de 2018

Bernard Bruneteau: El siglo de los genocidios


Idioma original: francés
Título original: Le siècle des génocides
Traducción: Florencia Peyrou Tubert y Hugo García Fernández 
Año de publicación: 2006
Valoración: Muy recomendable 


Wow, qué bueno, no?: calles iluminadas, cenas en familia, niños ilusionados, unos días de vacaciones, y un repaso a los más horrendos genocidios del último siglo, probablemente los más sangrientos, masivos y atroces de la historia de la Humanidad. Todo en un texto sobrio, sin regodeo ni aparataje con el que magnificar tragedias que no precisan de más escenografía, un trabajo serio, científico, concienzudo, para analizar estas pesadillas mientras suenan de fondo los villancicos.

El principio del libro se dedica a definir el concepto de genocidio. Bruneteau repasa su evolución y alteraciones hasta llegar a la definición definitiva de la Convención de 1948, que es literalmente la de un crimen «cometido con la intención de destruir, totalmente o en parte, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso». Es decir, un exterminio masivo, realizado o inducido desde el poder o sus aledaños, de un colectivo previamente definido por el propio perpretador, en función de determinadas características. Se podría añadir que la víctima es un grupo humano civil, desarmado o en condiciones de desigualdad radical con el agresor. No deja de tener su importancia la definición, porque dichas conductas constituyen un delito susceptible de ser perseguido por un Tribunal Penal Internacional. Al menos en teoría. 

Escarba el autor en los orígenes de este tipo de crímenes en lo que se refiere a la Historia más reciente y, entre otros muchos factores, encuentra una raíz poderosa en ciertas teorías que se fueron apuntando en la segunda mitad del siglo XIX. En concreto, el social-darwinismo y sus variantes, una idea con bastante arraigo que trasladaba la teoría de la evolución a la propia especie humana, concluyendo (por supuesto, muy a grandes rasgos) que, al igual que en el reino animal, existen grupos humanos, supuestamente más fuertes, destinados a sobrevivir por encima de otros, considerados inferiores, cuyas propias características les abocaban a la desaparición. Habiendo brotado semejantes tesis en plena era de las colonizaciones modernas, el panorama se presentaba diáfano: los occidentales gozaban de pleno derecho a someter, esclavizar y, en su caso, exterminar a las razas inferiores. La naturaleza misma lo dictaba.

De ahí la animalización del colectivo que se fija como objetivo, que es una característica común a todos los genocidios: la víctima no es exactamente un enemigo, un igual, sino un ser infecto, dañino y peligroso, cuya vida carece de valor, y por tanto su desaparición es un bien objetivo o, en el mejor de los casos, resulta irrelevante. La asunción de este principio explica la indiferencia absoluta de los ejecutores, a veces la meticulosidad industrial de la ejecución, otras veces la brutalidad más demencial. Todas estas ideas, debidamente cocinadas e inculcadas en la población ‘superior’, generan el estado de opinión perfecto para ponerlas en práctica.

No me detendré mucho en cada caso, analizados todo ellos por el autor con serenidad y perspectiva científica, histórica sobre todo, pero también psicológica, política y económica. El repertorio de espantos se inicia poco después de arrancar el siglo (1915), con el genocidio dirigido por el gobierno de los Jóvenes Turcos contra la población armenia, con el resultado de alrededor de millón y medio de víctimas (70% de la población), deportaciones masivas a zonas desérticas y una diáspora gigantesca que se prolonga hasta nuestros días. Cronológicamente (años 20 y 30) continúan diversas masacres cometidas en la recién constituida Unión Soviética, aunque Bruneteau reconoce que no encajan exactamente con el concepto de genocidio, al mezclarse motivaciones socioeconómicas y políticas, y su desarrollo contra distintos colectivos. No obstante, profundiza sobre todo en la hambruna, seguramente provocada, que acabó en Ucrania con una cifra indeterminada de muertes –tal vez uno o dos millones.

Evidentemente, el caso más bárbaro de toda la Historia es la aniquilación de los judíos por el régimen nazi y sus satélites. Como es un tema de sobra conocido, sólo apuntaré un par de cuestiones que el libro ilustra en torno a los cinco o seis millones de víctimas (el doble si incluimos eslavos, homosexuales, gitanos o enfermos mentales). Por una parte, la singularidad del ataque contra la comunidad judía, al perseguirse su extinción total y absoluta, sin soluciones intermedias o parciales; y por otra la mecanización del exterminio, transformando la muerte en un proceso industrial, completamente deshumanizado. También incide en otros muchos aspectos, como las circunstancias bélicas que aceleraron el proceso, o su encaje en la Lebensraum.  

Sin olvidar los episodios de limpieza étnica en la exYugoslavia, quizá las dos masacres más espeluznantes son tal vez la de la Camboya de los jemeres rojos, y la más reciente de los tutsis en Ruanda. La primera de ellas (finales de los 70), por un cierto carácter universal, es decir, la locura homicida dirigida desde una especie de esencialismo primitivo con igual furia contra enemigos políticos, minorías supuestamente rebeldes, antiguos correligionarios y clases urbanas o más o menos intelectuales (médicos, profesores, profesionales). En total, alrededor de millón y medio de asesinados, cerca de un 40% de la población total del país.

Ruanda (1994) nos deja finalmente la imagen aterradora y quizá más conocida del exterminio de los tutsis por los hutus, el delirio del machetazo, las violaciones en masa planificadas… De nuevo odios exacerbados y manipulados, con raíces en la etapa colonial y ramificaciones en grupúsculos de poder. Los números: cerca quizá de un millón de muertos, alrededor del 80% de la población tutsi.

Como decía antes, el punto de vista del libro es el de un historiador, y esto constituye su principal virtud. Naturalmente, encontramos datos y algunos detalles estremecedores, pero lo justo para ilustrar los hechos. No se trata de impresionar al lector con escenas sanguinarias de las que más o menos todos tenemos ya noticia, sino de profundizar en el fenómeno, buscar los mecanismos por los que se genera, analizar cómo influye el contexto, cómo se conducen sus instigadores. Las carnicerías son tan aterradoras que escapan a la razón, pero es necesario conocer su génesis.

Y ahí, entre la multitud de argumentos que el autor propone o recoge de una amplísima bibliografía, encontramos cosas muy inquietantes. Como que en todos los casos el fin perseguido es la construcción de una sociedad pura, ya sea por raza, cultura, religión o convicciones políticas, y no se duda en exterminar al que queda fuera del patrón. O el hecho de que quienes designan al objetivo a extirpar, quienes alientan las campañas para avivar el odio y quienes dirigen finalmente las masacres no son masas de analfabetos enloquecidos, sino individuos con formación intelectual o profesional, gente perfectamente consciente de lo que hace.

Concluye el autor que el genocidio no es un accidente histórico, ni un momentáneo regreso a antiguas épocas de barbarie, sino justamente un concepto moderno, asociado a la civilización y posible gracias a sus avances. Y se pregunta si por eso mismo el siglo XXI no será una etapa prometedora para este fenómeno.


miércoles, 26 de diciembre de 2018

Joe Hill: Cuernos


Idioma original: inglés
Título original: Horns
Año de publicación: 2010
Traducción: Laura Vidal
Valoración: recomendable, por lo menos...

¿Recordáis aquellos libros de Crea tu propia aventura que hacían las delicias de los chavales (de algunos) en la era pre-internet? Pues imaginemos por un momento que estamos leyendo/jugando con uno de ellos:

-Eres un joven escritor de cierto talento que quieres dedicarte a la literatura fantástica y de terror, pero con la buena o mala suerte de que tu padre es EL PUTO REY del género. ¿Qué haces?:

A/ Dejarlo y dedicarte a profesiones alejadas de los libros, como analista financiero, carpintero de ribera o profesor de literatura comparada.
B/ Aceptar con orgullo tu apellido y escribir novelas como Barrie (la historia de un adolescente con poderes telepáticos que se venga de sus compañeros de high-school publicando sus más oscuros secretos en el grupo de whatsapp de la clase) o Pufo, sobre un caniche endemoniado.
C/ Matar a tu padre, enterrarlo en el jardín y suplantar su personalidad, poniéndote unas gafas de culo de vaso y una astrosa gorra de béisbol.
D/ Utilizar otro apellido y escribir las novelas más originales que puedas.

Por suerte, Joe Hill escogió esta última opción y. al menos en esta su segunda novela, se atrevió con una historia que muy bien podía haber imaginado un escritor ruso del XIX o incluso del XX (mientras les dejara el padrecito Stalin)... ¿Que no? Pues me permito transcribir el primer capítulo, para que os hagáis una idea (tranquis, que es cortito):

"Ignatius Martin Perrish pasó la noche borracho y haciendo cosas terribles. A la mañana siguiente se despertó con dolor de cabeza, se llevó las manos a las sienes y palpó algo extraño: dos protuberancias huesudas y de punta afilada. Se encontraba tan mal -débil y con los ojos llorosos- que al principio no le dio mayor importancia, tenía demasiada resaca como para pensar en ello o preocuparse.

Pero mientras se tambaleaba junto al retrete se miró al espejo situado sobre el lavabo y vio que por la noche le habían salido cuernos. Dio un respingo, sorprendido y, por segunda vez en doce horas, se meó en los pies."

¿Qué, no podría ser el comienzo de un cuento de Gogol, o incluso un cuento entero de Chéjov? ¿De Bulgakov, Bábel? Bueno, da igual; el caso es que esto es lo que le ocurre al protagonista de Cuernos: de la noche a la mañana le crecen un par de ellos en la cabeza. Y no sólo eso, tales cuernos acarrean además el poder de que las demás personas de confiesen exactamente lo que están pensando y cuales son sus verdaderos deseos, así como darle a conocer los secretos más ocultos de la gente. Algo de lo más revelador sobre la naturaleza humana, pero muy duro, puesto que Ig o Iggy es considerado por muchos como el sospechoso principal de la violación de su novia Merrin... Ig, que siempre ha sido un poco lila, se transforma, pues en una especie de demonio (y sin "especie de"), lo que aprovecha para averiguar quién mató en realidad a su novia y buscar venganza. la novela pasa entonces de ser algo parecido a un sátira social -incluso una "fábula moral"- a un thriller con tintes sobrenaturales. Ahora bien, que nadie piense que se trata de un best-seller al uso, con sus cliffhangers y sus red herrings aquí y allá, con un lenguaje sencillito para no espantar a ningún lector. Vale que no es Faulkner (de acuerdo: tampoco Gogol), pero Hill maneja aquí más recursos literarios y un estilo más depurado que muchos escritores modernetes que se marcan el hype de la semana (no digamos si son españoles); ¡caramba, si hay momentos de esta novela que bien podían haber salido de la mano de Eugenides o incluso del mismísimo Raymond Carver!

Bueno, de acuerdo, tampoco me voy a flipar tanto: es cierto que este libro se puede enmarcar dentro de lo que llamamos "literatura comercial" (etiqueta que me resulta tan desconcertante como la de "novela literaria") y no pretende ser otra cosa. No obstante, resulta una novela no sólo entretenida sino de una calidad notable, tanto en lo que respecta a la estructura narrativa y al estilo, como a las sutilezas teológicas que propone  -estupendo el "sermón ante las serpientes" del capítulo 28-; al igual que posee, por qué olvidarlo, un sentido del humor bastante negro, que ayuda a quitarle solemnidad a determinados momentos de la narración, y, por ello, hacer más verosímil una historia ya de por sí nada creíble. Aunque tampoco hace falta creérselo, claro; basta con disfrutar de esta lectura y sentir un poquito de simpatía por el diablo.


martes, 25 de diciembre de 2018

Camille Paglia: Vamps & Tramps. Más allá del feminismo

Idioma original: Inglés 
Traductor: Santiago García
Año de publicación: 2001
Valoración: No sé

Camille Paglia, profesora de Humanidades en la Philadelphia University of Arts, fue catapultada al espacio mediático tras la publicación de su ensayo más académico, Sexual Personae (1990). Desde entonces, la pensadora ha sido omnipresente en la radio, la televisión y la prensa estadounidense. Sus radicales y polémicas sentencias siguen dando de qué hablar incluso a día de hoy, pues algunas de sus inquietudes están todavía vigentes.  

Pero, ¿quién es, realmente, Paglia? Depende. Para algunos es una abanderada de la libertad de expresión y de pensamiento, la altavoz de un feminismo «razonable», una heroica militante que aboga por una reforma de la Universidad. Para otros, una mera agitadora, una intelectual oportunista y deshonesta, la figura de la celebridad de pandereta por excelencia.  

¿Y si preguntamos a la propia Paglia cómo se definiría ella misma? La respuesta, me temo, es de lo más frustrante. Al menos, si nos basamos en la que podemos obtener de Vamps & Tramps, la primera obra de la autora publicada en España, descatalogada en la actualidad. Y es que en este libro misceláneo, compuesto por ensayos, entrevistas, artículos, columnas, críticas literarias, transcripciones de proyectos audiovisuales, etc..., lo más cerca que está Paglia de autodefinirse es el término vago e impreciso de «libertaria». También se considera una feminista «comprometida» y «disidente». Pero, como digo, estas palabras tan abstractas nada nos ayudan a la hora de ubicarla ideológicamente. En cambio, su forma de pensar sí que podría darnos algunas pistas al respecto. 

Las controvertidas opiniones de Paglia (sobre la pedagogía, la legalización de las drogas, la prostitución, la homosexualidad, la pornografía, etc...) suscitan reacciones muy polarizadas, como podréis imaginar. A continuación, dejad que señale algunas de las tesis que defiende en Vamps & Tramps, sin entrar en juicio de valor alguno. Por cierto, las voy a extraer de este enlace, pues Eugenio Sánchez Bravo las ha simplificado de un modo admirable: 


  1. «El excesivo proteccionismo legal logrado por el triunfo de los movimientos gays y feministas convencionales impiden el desarrollo, la eclosión, del verdadero potencial de hombres y mujeres.»
  2. «El feminismo tiende a una victimización constante de la mujer y el niño, amenazados por un patriarcado feroz. La inocencia originaria de niño y mujer tienen su fundamento filosófico en Rousseau. Frente a esto, Paglia propone otra visión del ser humano, más consciente de su perversidad, que se apoye en Freud, Darwin, Nietzsche, Sade…»
  3. «El objetivo feminista de terminar con la violencia de género reeducando o reprogramando a los hombres es una estupidez que ignora los abismos del inconsciente. Son las mujeres quienes tienen que aprender a defenderse por sí mismas. (...)»


Llegados a este punto, aclaremos algo. Los trabajos compilados en Vamps & Tramps no gravitan exclusivamente en torno a las ideas políticas de Paglia. No obstante, éstas son sin lugar a dudas las aportaciones más interesantes del volumen; además, en ocasiones Paglia las mete con calzador en textos que no necesariamente tendrían por qué incluirlas. Es por estas razones, pues, que he decidido enfocar esta reseña en las cuestiones políticas que plantea Paglia y apenas incidir en otros temas que puedan aparecer en el libro. 

Y sí, aunque hasta ahora he sido completamente neutro, ha llegado el momento de que me moje un poco. Empecemos destacando los que, a mi juicio, son aspectos positivos del discurso de Paglia:

  • Está a favor de las «metas últimas» del feminismo y la liberación gay. Para mí, esto es innegociable: dichas metas son objetivos legítimos y, sobre todo, deseables. Otra cosa es cómo alcanzarlos, claro...

  • Señala a intelectuales dogmáticos y proclives al doble rasero, ideas sobrepolitizadas, gimnasias mentales y trampas retóricas (sobre todo las de la izquierda americana)... Y temas tabú sobre los que, se quiera o no, hay que debatir. 

  • Es muy atractivo para las masas. No sólo porque la pensadora aborde temas actuales o haga alusiones frecuentes a la cultura pop, sino porque, además, lo hace alejada de la erudición plomiza.   

  • Su manera de criticar, implacable y sin concesiones, sienta como un soplo de aire fresco en un ambiente asfixiado por la corrección política. 

  • Ah, y no puedo olvidarme de la idiosincrasia pagana que emplea Paglia. Gracias a ella logra imágenes muy poderosas (en especial, literariamente hablando): la mujer como suma sacerdotisa de un jardín del edén, dueña de un poder atávico y turbador; la esfera social en tanto que circo sexual repleto de guerreros y atletas... 


Y ahora, listemos los aspectos negativos del discurso de Paglia: 

  • Tiende a caricaturizar a su oposición (llega a usar tres nombres satíricos a lo largo de Vamps & Tramps, que yo recuerde, para designarla). O a aludirla de forma condescendiente. Y claro, sé que en EEUU hay corrientes de pensamiento verdaderamente esperpénticas, pero enfocarse solamente en feministas neuróticas y victimistas, estudiantes sectarias e infantilizadas, académicos oportunistas o alejados de la realidad, activistas amargados o periodistas adoctrinados, no me parece intelectualmente honesto. 

  • A veces, Paglia se monta unos hombres de paja que ya le gustaría a los habitantes de Summerisle. Y ni siquiera cuando se centra en figuras más definidas, como Rousseau o Foucault, ataca en serio a sus argumentos.  

  • En ocasiones usa ejemplos o comparaciones de cuestionable relevancia para reforzar su punto de vista. Esto se puede percibir cuando emplea su idiosincrasia pagana para apoyar sus palabras. Como ya he adelantando, ésta es muy funcional literariamente, pero carece de solidez científica como para avalar ningún argumento. 

  • Desempolva al obsoleto psicoanálisis freudiano. Un ejemplo perfecto es cuando lo usa para aseverar que «cualquier mujer, gay o hetero, que no pueda responder a los penes o que los encuentre horrendos o risibles es que ha quedado traumatizada por alguna temprana experiencia».  ¿Y qué hay de esa vez en la que lo emplea, junto a una interpretación errónea de la novela Lolita, para impulsar su ética sexual sobre los menores de edad?  

  • Paglia parece, en algunos de sus trabajos, más preocupada en promocionar Sexual Personae que en abordar el tema que tenga entre manos. También la he notado, puntualmente, tan empeñada en causar controversia y ser rupturista que prefiere soltar cualquier frase altisonante a una reflexión más honesta pero menos poderosa. 

En definitiva, Vamps & Tramps es un muestrario excelente con el que tener una visión panorámica del pensamiento de Paglia. Sin embargo, lo recomiendo solamente a lectores desprejuiciados que sean capaces de obviar la ocasional barbaridad proclamada por la pensadora estadounidense y puedan, asimismo, extrapolar las virtudes de su discurso.

Entendámonos. La edición de este volumen, a cargo de la editorial Valdemar, es irreprochable: traducción libre de gazapos, pertinentes notas a pie de páginas, índice onomástico, algunas imágenes y un breve pero intenso prólogo redactado por Jesús Palacios. Y, como ya he dejado claro, el libro tampoco es un mal comienzo si uno quiere adentrarse en la mentalidad de Paglia. Pero hay que reconocer que, si no es el caso, se puede volver algo cargante. Su heterogeneidad conlleva una dispersión perjudicial para el discurso de la autora; por un lado, se siente poco profunda y, asimismo, reiterativa; por otro, le sobran páginas que se desvían de los temas interesantes. Porque si algo hay en Vamps & Tramps son páginas. Muchas páginas. Demasiadas.  

lunes, 24 de diciembre de 2018

Toni Morrison: El origen de los otros

Idioma original: inglés
Título original: The Origin of Others
Traducción: Carlos Mayor Ortega (versión en castellano) / Ferran Ràfols Gesa (versión en catalán)
Año de publicación: 2017
Valoración: está bien

Poco se puede decir, a estas alturas, de Toni Morrison. Ganadora del Pulitzer y del Nobel de Literatura, la autora destaca no únicamente por la calidad de sus obras, sino también por el contenido de denuncia que incluye en ellas, en un activismo constante en la lucha contra el racismo y en favor del feminismo. Esta mentalidad crítica y luchadora se transmite en su literatura, y son pilares sobre las que se sustenta su obra.

En el libro que nos ocupa, la autora se centra especialmente en hablar sobre el racismo, y prueba de ello es que el relato empieza con un prólogo de mi admirado Ta-Nehisi Coates, del que ya reseñé su grandísimo libro «Entre el mundo y yo». En el prólogo, el autor nos pone en situación, explicando el momento en el que Morrison hizo las charlas que cubre esta obra y la situación de la sociedad norteamericana en ese momento. Coates, fiel a sus ideales, ataca el racismo existente y las políticas que, no sólo no ayudan a combatirlo, sino que lo fomentan. Así menciona en el prólogo los sucesos de Ferguson, Baltimore o Chicago, y la cultura racista de la sociedad americana, históricamente existente y defendida y protegida por el poder. Este prólogo sirve como introducción a lo que Morrison explica en el libro, y es ya de por sí solo una interesante lectura.

Morrison nos habla en este libro sobre la alteridad y la diferencia entre seres humanos por causa de la raza, tratando también sobre la tendencia del ser humano a separar y juzgar a los que no pertenecen a su mismo clan, considerándolos como los otros, el enemigo, alguien a quien se debe controlar. Así se establece la raza como elemento crucial de las diferencias entre personas, que de igual manera que la riqueza, la clase y el género, todos tienen que ver con el poder y la necesidad de control. Esta parte del libro es la más destacada, pues ataca a la raíz del problema y pone de relieve una serie de cuestiones y reflexiones que son de gran interés.

Situando siempre la raza como elemento nuclear del libro, la autora también nos habla de cómo la literatura, poniendo como ejemplo «La cabaña del tío Tom», se ha encargado a lo largo de los siglos de suavizar el impacto de las violaciones en las plantaciones, dándoles una capa de romanticismo que ocultara su extrema brutalidad, así como también la tendencia de cierta literatura de infantilizar los castigos a los niños, de suavizar los abusos cometidos para que los lectores (blancos) no se alarmaran ante tales hechos. Y en este análisis sobre cómo algunos autores tratan el tema de la raza, la autora nos habla de Faulkner y Hemingway, analizando en qué clave se tendría que leer su obra. También critica la visión que se ha tenido de África a lo largo de la literatura, bajo la visión de Conrad, Bellow, Hemingway, pues se la ha denigrado convirtiéndola en un territorio donde todo estaba por hacer, como un «feto que espera el momento de nacer».

En este análisis sobre como la literatura trata las razas, la autora aprovecha para hacer una revisión de algunos de sus libros, especialmente «Paraíso», y lo que pretendía contar con ello. También habla de la historia real de Margaret Garner que la impulsó a escribir su gran libro «Beloved», añadiendo párrafos del libro para comentarlos (con gran riesgo de que el lector caiga en una lectura accidental de spoilers que estropeen la lectura de su obra más conocida). A mí parecer, esta es la parte menos interesante del libro, pues a menos que se haya leído los libros que la  autora incluye en su análisis, al lector le falta el marco de referencia a partir del cual analizar o profundizar lo que la autora expone; para un lector no conocedor de la obra de Morrison, el libro se hace cuesta arriba y pierde interés, pues la autora incide demasiado y abunda en el análisis de sus propios libros incluyendo párrafos en los que sustentar su opinión, para ampliarla y comentarla, para profundizar sobre cuál era su intención y propósito. Esta parte central y demasiado extensa, hace que el libro no avance con la fluidez de capítulos pasados y, a menos que se hayan leído los libros comentados, no aporta demasiado al conjunto.

Más interesante en su parte final, cuando habla de la globalización y sus consecuencias. Según la opinión de la autora, al idealizar el fenómeno de la globalización, no nos percatamos de cómo destruye las singularidades, como la eliminación de fronteras afecta a los territorios, como se debilitan las culturas y los territorios afectados por el fenómeno, y la migración masiva de ciudadanos.

Por todo ello, el libro está bien en una visión global, al tratar el enfoque que desde la literatura se ha dado a la raza negra, y a los abusos cometidos de manera repetida sobre ella a lo largo de la historia.  Lamentablemente se centra demasiado en la propia obra de la autora y, a menos que un tenga especial interés en profundizar sobre ella, se hace algo repetitiva e innecesaria. Aun así, el análisis literario cuando lo abre a otros autores es interesante, y ahí radica principalmente el interés del libro, en cómo la literatura ha incidido e influenciado la visión que se tiene del continente africano y también de los negros, evidencia el poder de los mensajes, en qué se transmite y cómo; en este aspecto, nos percatamos de la importancia de la literatura (en positivo y en negativo), y es que la literatura conlleva una responsabilidad, pues su influencia en la sociedad es evidente. En este aspecto se hace evidente que debemos ampliar el abanico lector a otras culturas, a otros pueblos, a otras sociedades e incluso otras lenguas, pues toda imagen de la realidad es sesgada si solo se mira desde una única perspectiva. La cultura debe romper el cristal desde el cual nos protegemos para ver, sin acercarnos demasiado, un mundo que, aunque sea diferente, es más parecido a nosotros mismos de lo que creemos, o de lo que solemos pensar.

Podéis encontrar más reseñas sobre Toni Morrison en ULAD: aquí

domingo, 23 de diciembre de 2018

Barbara Baynton: Estudios de lo salvaje

Idioma original: inglés
Título original: Bush studies
Año de publicación: 1902
Traducción: Pilar Adón
Valoración: Bastante recomendable (o más)

Un lejano vistazo a la portada de este libro va a trasladarnos una impresión equivocada. Una autora australiana de finales del XIX y principios del XX y un dibujo de lo que parecen las flores de una maceta o similar pueden sugerir un libro de relatos sobre la bucólica vida en el campo. Ahora bien, si nos acercamos hasta coger el libro en las manos, veremos que lo que creíamos unas alegres florecillas de jardín es, en realidad, un enmarañado conjunto de zarzas, cardos y flores espinosas en lo que parece una tenaz lucha por la supervivencia. Esto se asemeja mucho más a lo que hallaremos en los seis relatos que componen el libro ya que "Estudios de lo salvaje", rompiendo con las corrientes dominantes en la literatura anglosajona (y australiana) de la época, muestra con un realismo brutal las condiciones de vida, sobre todo de las mujeres, en el bush australiano. Tirando de Wikipedia, podríamos definir el bush como la región que separa la zona costera del gran desierto australiano y que se caracteriza por sus pobres suelos y su clima semidesértico. Esta región y sus habitantes, colonos llegados a Australia en el siglo XIX, fueron exaltados por la literatura de la época (ya sabéis, la lucha del hombre contra lo salvaje y desconocido, etc), pero la visión que Baynton nos ofrece es absolutamente desmitificadora.

En los relatos de "Estudios de lo salvaje" encontramos, fundamentalmente, mujeres que deben luchar no solo contra un territorio hostil, sino contra la miseria moral de unos hombres mezquinos y violentos, bestias salvajes sin escrúpulos que, al mismo tiempo que maltratan a sus mujeres, se aprovechan de ellas. No tuvo que ser cómodo leer esto para las gentes de comienzos del siglo XX.

Centrándonos en los seis relatos, quisiera destacar especialmente "La compañera de Squaker". Este es un relato especialmente brutal (dentro de la brutalidad que recorre todos ellos) en el que una mujer accidentada mientras trabaja en el campo es abandonada por todos, hombres ruines y mujeres egoístas, excepto por su perro, quien posee atributos mucho más humanos que los de los hombres. Es un relato crudísimo, plagado de violencia y con un final verdaderamente brillante. Ojo además a la presencia constante de esos animales mucho más fieles y cercanos que los propios hombres.

En "El instrumento elegido", otro de los mejores relatos del libro, volvemos a encontrar situaciones violentas y hombres mezquinos y supersticiosos. Es quizá el relato "menos clásico" en cuanto a la forma, con sus cambios de narrador y de tiempos, pero tiene una fuerza y una brutalidad vibrantes.

También quisiera destacar "Billy Skywonkie", otro relato salvaje en el que Baynton juega con maestría con el paralelismo entre el medio y las personas. Una prolongada sequía y el sacrificio de animales son metáforas perfectas para describir la miseria moral de la comunidad y la explotación sexual de las mujeres aborígenes o mestizas. Además del componente de género, Baynton añade el componente racial en este gran relato.

Ligeramente por debajo de los tres relatos indicados situaría "Una iglesia en la maleza", el relato más coral del volumen. En el se nos ofrece un retrato descarnado de una cerrada comunidad rural absolutamente alejada de cualquier clase de Arcadia. Al mismo nivel pondría "La soñadora", relato con tintes góticos que abre el volumen. En el, tras un comienzo casi bucólico, las cosas se van torciendo y su protagonista habrá de enfrentarse a sus propios miedos y temores, más peligrosos aun que un entorno hostil.

Por último, "Mano tullida", la única historia protagonizada exclusivamente por hombres, quizá sea el relato más flojo. En el, soledad, miedo y ruindad en un medio poblado de presencias casi fantasmales darán pie a una nueva historia violenta y cruel, aunque personalmente me transmite menos fuerza que los ya indicados.

En resumen, "Estudios de lo salvaje" reúne seis relatos en los que Baynton nos ofrece una versión desmitificadora de la lucha del ser humano contra los elementos en un territorio inhóspito y hostil: una visión llena de soledad, violencia y muerte narrada con un realismo brutal y algún que otro tinte gótico. Altamente recomendable.

sábado, 22 de diciembre de 2018

Steve Tesich: Karoo

Resultado de imagen de karoo novela amazonIdioma original: inglés
Título original: Karoo
Año de publicación: 1998 (En España: 2013)
Valoración: Casi imprescindible


Me dirijo a ti, lector, que empezaste esta novela hace ya tiempo y ahora duerme plácidamente en algún rincón de tu casa. Quizá no pudiste pasar de la página cien –sobre todo sabiendo que aún tenías otras seiscientas por delante– y no tienes intención de arrepentirte. No sabes cómo te comprendo, pues, lo confieso, me pasó exactamente lo mismo. Pero escucha: si tienes paciencia puede que encuentres mucho más de lo que podrías esperar con ese comienzo.

Tratándose de Steve Tesich, guionista y dramaturgo norteamericano de origen serbio, su soltura en las descripciones del mundillo está garantizada. Tampoco podía faltar el aspecto metaliterario. Mediante un protagonista que se dedica a reconstruir guiones, Tesich contrapone con brillantez la lógica y coherencia de los argumentos de ficción con el sinsentido de la vida real. Y sin embargo, puede que por haber pertenecido a la industria del espectáculo, esta su segunda y magnífica novela ha pasado desapercibida hasta que, en 2012, fue publicada con gran éxito en Francia.

Calificada a veces de humorística, aunque su humor es tan amargo y sombrío, tan cerca de lo siniestro que yo la considero más bien sarcástica, Karoo es una novela protagonizada por un cínico y narrada por él mismo, en primera persona, durante más de sus tres cuartas partes, exactamente hasta su intenso y dramático punto de inflexión. Y es que, a pesar de lo que parezca, de lo que te haya parecido a ti, lector decepcionado, en algún momento se produce un giro radical que, seguro, te pillará por sorpresa. (Que no te vas a aburrir lo garantizo, es más, a pesar de esas primeras impresiones tuyas, es probable que más adelante se te acelere el corazón durante demasiados episodios; imposible asegurar que vaya a gustarte tanto como a mí pero, desde luego, intriga no te va faltar, lo prometo.) En realidad se producen dos grandes giros: el primero aparta al argumento de su aparente atonía inicial y despliega ante nuestros ojos un horizonte que se había mantenido oculto para que centrásemos nuestra atención en la personalidad del protagonista.

Un protagonista tan egocéntrico que pone en valor hasta la mayor nimiedad que hace, piensa y siente, de ahí que necesite ir anotando mentalmente cada una de las veces que bosteza (es un decir). Para irlo situando, os diré que se le suele comparar con el Ignatius Reilly de La conjura de los necios. Y es cierto que este algo tiene en común con Saúl Karoo, aunque también influye, y mucho, el hecho de que ambas obras se publicasen póstumamente. Nuestro héroe no es más que la caricatura, despiadada y compasiva a partes iguales (aunque en principio esto parezca contradictorio), del hombre moderno –que en los años transcurridos desde que Tesich lo concibió no ha hecho otra cosa que acentuar sus rasgos– y el argumento una sátira del mundo occidental tal como era a principios de los noventa. El tedio y la visión amoralmente escéptica de quien, con poco esfuerzo por su parte, ha disfrutado de una vida cómoda se evidencian en esas páginas repletas de detalles irrelevantes, en los párrafos cortos y en apariencia desprovistos de contenido y en la sucesión de espacios en blanco que nos harán avanzar rápidamente por los monótonos días (y páginas) de quien, al sentirse por encima de todo, desprecia todo lo que existe. Pero algo sucede y le obliga a atenuar esa misantropía que dominaba su vida hasta el momento. El texto va cambiando de tono, se convierte en otra cosa. Finalmente, el drama asalta a Karoo de sopetón y le encuentra tan desprevenido que amenaza con destruirle. En una dimensión más social, incluso encontramos una premonición paródica, teléfono mediante, de lo que pueden representar las redes sociales hoy día para alguien que empieza a perder pie. En cuanto al insidioso papel de los medios entrometiéndose en la intimidad de la desgracia, la situación no ha cambiado apenas. En este último tramo ya no es nuestro Karoo –al que hemos acabado tomando cariño– quien habla, sino un narrador omnisciente que convierte el dilatado y denso capítulo final en un episodio tan transcendente y trágico como inesperado dentro del contexto. Paradójicamente, es a partir de entonces cuando el personaje modifica su escala de valores y deja de ser la representación del ser humano en una época concreta para convertirse en alguien con entidad propia, es decir, justo cuando abandona la primera persona –en una escena que recuerda el desenlace de una tragedia griega– es cuando alcanza su destino y comienza a ser él mismo, un ser humano llamado Saúl.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Jeffrey Eugenides: Las vírgenes suicidas

Idioma original: inglés
Titulo original: The Virgin Suicides
Año de publicación: 1993
Traducción: Roser Berdagué
Valoración: muy recomendable

No acabo de tener muy clara esa traducción del título. Aunque le añada épica, no sé si esa era la intención de Eugenides, y yo no sé muy bien qué opción sugeriría (¿Los suicidios de vírgenes? ¿Los suicidios vírgenes?), pero en fin, no soy un experto en estas cuestiones y el título no acaba interfiriendo.

Entrando en materia, esta es una novela particularmente difícil de reseñar sin revelar aspectos claves en su desarrollo. Más, habiendo servido de inspiración para la película homónima que sirvió de debut a Sofia Coppola (y cuya banda sonora se encargó al dúo electrónico francés Air), es posible que algunos de nuestros lectores ya sepan de qué va el tema, así que me permitiré un único y tramposo spoiler: esta novela sería casi el negativo de un libro como Tenemos que hablar de Kevin.

Y es que la temática del libro parte de un planteamiento incómodo que se desvela apenas en unos primeros párrafos: las cinco hijas adolescentes del matrimonio Lisbon se han suicidado. Primero lo ha hecho la menor, Cecilia, apenas 13 años, en un truculento primer episodio que marca el ritmo del libro, que pasa a desarrollarse como una narración ligeramente policial, como si quien se sienta a describir los hechos debe hacerlo desde una aparente pero imposible frialdad, desde una lógica ligeramente investigativa que queda neutralizada ante lo sórdida de la situación: cinco chicas sanas de una familia aparentemente normal deciden acabar con sus vidas.

Entonces esta es una novela de misterio y casi de terror. Sabemos lo que ha pasado, nos acercamos lentamente al terrible momento en que ello sucede (en todo momento parecemos estar leyendo una narración con una perspectiva de lejanía), pero no queremos llegar a él y a la vez nos preguntamos (aunque vayamos intuyéndolo) por qué va a suceder o por qué ha sucedido y qué terrible situación va a convertir ese hecho en algo lógico e inevitable. Y Eugenides es un maestro en llevarnos de la mano por ese camino inhóspito al final del cual todo el rato parece esconderse algo terrible. La clave de la novela acaba siendo ese papel extraño que se reserva el narrador, sin diálogos apenas, sin situarse en modo alguno en un espacio temporal concreto, sin una posición contundente ante los hechos, a veces parece que la novela vaya a ser un alegato y esa impresión se desvanece apenas unos párrafos más allá. Toda la narración mantiene un tono trágico, pero escéptico, como un funambulista atónito ante la tragedia pero respetuoso, casi reverente, con ese solemne matiz de la voluntariedad de la elección.

Las vírgenes suicidas no es un canto a la vida, ni una exaltación de la angustia adolescente y sus inextricables vericuetos. Tampoco una denuncia de los resortes autoritarios de la educación basada en tal o cual precepto cultural o religioso. Es un simple y fascinante tránsito por unos hechos tan aparentemente exagerados e inconcebibles como objetivamente posibles. Escrito con una contundencia severa y a ratos fría y casi cómplice, adoptando esa tonalidad pastel propia del lenguaje visual de películas como Donnie Darko o Edward Scissorhands. La de los USA de las urbanizaciones y las comunidades y las ventanas tras las que habitan realidades incomprensibles.