miércoles, 18 de julio de 2018

Slavoj Žižek: Problemas en el paraíso

Idioma original: inglés
Título original: Trouble in Paradise. From the End of History to the End of Capitalism
Traducción: Damià Alou
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable

No tengo muy claro si don Francis Fukuyama registró adecuadamente sus derechos de autor sobre el  concepto de ‘fin de la Historia’ pero si lo hizo debe ser hoy un hombre rico, porque no hay artículo, tertulia o ensayo de carácter político, sociológico o histórico en el que no se cite alguna vez. Con lo cual, al final nos acabamos convenciendo de que estamos viviendo el fin de algo, o tal vez ya el principio de otra cosa. Finkielkraut lo había apuntado por el lado cultural unos años antes, y Baudrillard le puso de inmediato el tono ácido, pero todo hacía pensar en la terminación de un ciclo, situación en la que se conoce mejor lo que parece destinado a quedar borrado que lo que se va a escribir en adelante (y cómo).

Slavoj Žižek es uno de los pensadores más conocidos que circulan por ahí en los últimos años. Filósofo, psicoanalista y no sé qué cosas más, su (relativa) popularidad proviene, claro está, de su exposición en los medios a través de artículos y entrevistas, entre ellas una muy reciente cuyo enlace dejo aquí. Pero la fama le llega principalmente porque le encanta meterse en todos los charcos. Obviamente, Žižek no escribe artículos sobre el superego o las contradicciones entre Lenin y Stalin sobre el derecho de autodeterminación, y mucho menos le preguntan por ello en las entrevistas. Sus tomas de posición giran en torno al feminismo, el islamismo radical, los vientres de alquiler o la inmigración, y ahí es donde disfruta escandalizando con alguna frase hiriente, o provocando con su barroquismo intelectual.

Porque si algo tiene el autor esloveno es afición por la actualidad, para interpretarla o buscar en ella ocasión para la reflexión o la digresión, según. De manera que, en ese contexto de fin de la Historia que decía antes, Problemas en el paraíso se situaría precisamente en el arranque de la nueva etapa que todavía no tenemos bien definida. Aunque el título se remite a una vieja comedia norteamericana, Žižek lo adopta con destreza para plantear las grietas que se observan en ese inicio de siglo que parecía abrir la etapa del bienestar y la estabilidad definitivas, con el comunismo bien enterrado y el capitalismo triunfante en todos los frentes.

La modernización se ha extendido sin freno por este mundo globalizado, y aquellas culturas que no dispusieron de un periodo de adaptación, bien lo han asumido de la forma más salvaje (Corea del Sur es el ejemplo que toma Žižek), o han desplegado un escudo protector igual de radical (el fundamentalismo islámico, al que alude en varias ocasiones). Pero ese nuevo paraíso va dejando sus cadáveres por el camino: legiones de desempleados y excluidos del sistema, regiones enteras del planeta descolgadas del proceso, y el virus del individualismo empapando la vida política y social desde todos los frentes. El ciudadano se convierte en ‘su propio capitalista’, que debe gestionar (y pagar, a veces endeudándose) las necesidades de educación o sanidad que el Estado ya no quiere atender, al tiempo que es impelido a un examen de conciencia en torno a los valores que se alzan en el horizonte: ecología (¿reciclo lo suficiente?), corrección política (¿cómo trato al desigual?), solidaridad (¿coopero con causas justas?). Traslación de lo colectivo a lo particular en todas las esferas, que conduce a desviar el foco de cuestiones globales trascendentes, y en fin a desactivar o recanalizar los movimientos emancipadores que surgen.

A estos les dedica Žižek una segunda parte de sus reflexiones. La clave está en primer lugar en distinguir con claridad quiénes de verdad avanzan para poner en entredicho el sistema, y con ello no perdernos en luchas secundarias. Y en segundo lugar, cómo continuar esos movimientos que se han caracterizado por su espontaneidad, una vez agotado el entusiasmo inicial. Insiste el autor en varios momentos en la necesidad de liderazgos que encaucen y dirijan todo ese potencial ‘emancipador’ (se diría que rehuye el término ‘revolucionario’), con lo que entronca con el clásico principio comunista del centralismo democrático, que sin duda conoce en profundidad –aunque cuesta ver que lo distinga con suficiente nitidez de los populismos, en los que ese liderazgo decisivo es consustancial, y a los que apenas presta atención.

Bueno, todo esto parece bastante sencillo y espero que más o menos coherente, pero extraer este hilo del texto que nos ocupa no es tarea tan fácil. Lo de Žižek no es un discurso lineal ni un razonamiento teórico estructurado, sino más bien un cóctel de muchos ingredientes que hay que ir diferenciando y encajando en su sitio. Como es habitual en el autor, se arremolinan múltiples referencias a películas que se supone ilustran sus reflexiones (una docena de páginas sobre una de las de Batman, ufff), chistes, digresiones de corte psicoanalítico (omnipresente Lacan), infinidad de comentarios sobre todo tipo de acontecimientos actuales (Ucrania, la ‘primavera árabe’, Grecia, el fin del apartheid), y sobre todo, afirmaciones provocadoras, paradojas y polémicas con otros pensadores, donde se ve que Žižek goza de verdad. Si a todo esto le añadimos la querencia por retorcer los argumentos hasta hacerlos irreconocibles (retórica vs. acción, por ejemplo), y la oscilación entre momentos de altura intelectual inalcanzable y otros de sencillez sorprendente (interpretación de Piketty), la sensación que transmite es de vorágine, de ruido y hasta de cierta improvisación.

La tarea del lector es seguramente completar lo que el autor no hizo: dejar reposar todo ese caudal, filtrarlo y ordenarlo para obtener sus conclusiones. Si conseguimos hacerlo así veremos que Žižek nos ha dejado sobre todo una especie de surtido de KPIs, puntos sobre los que poner la lupa, elementos sobre los que reflexionar o motivos para ver las cosas con una perspectiva distinta a la que nos quieren presentar como única.

Otras obras de Žižek en ULAD: El frágil absolutoEn defensa de la intoleranciaArte, ideología y capitalismoSobre la violencia

martes, 17 de julio de 2018

Burhan Sönmez: Istanbul Istanbul

Idioma original: turco
Título original: İstanbul İstanbul
Traducción: Pelin Doğan y Miquel Saumell (edición en catalán)
Año de publicación: 2015
Valoración: bastante recomendable

Sorprendentemente, y a pesar del prolífico mercado editorial donde cada día se publican nuevos títulos, esta novela no ha sido editada aún en castellano. Por suerte, la pequeña pero certera Edicions del Periscopi descubrió al autor y, realmente, ha sido todo un hallazgo. Entiendo que esta obra no tardará a llegar al castellano, pues creo que la editorial Minúscula tiene los derechos. No puede ser de otra manera, pues ha estado traducida a más de treinta lenguas y es sorprendente que aún no lo esté en castellano. Tocará tener algo de paciencia.

La sinopsis del libro es realmente breve: a partir de la reclusión de cuatro personajes en una prisión, el autor teje una historia en la que se mezclan las pequeñas historias cotidianas, anécdotas de la vida de los presos que no dejan de ser las de los habitantes de Estambul, y donde en cada una de ellas se nota el peso de la historia de una ciudad milenaria, que se debate en una eterna lucha entre su pasado y el presente, entre la belleza y cierta decadencia. El autor expone claramente su dualidad y la amplitud y profundidad de la misma en uno de los párrafos:

«Estambul es inmensa, decía, hay toda otra vida detrás de cada pared y otra pared detrás de cada vida. Al igual que un pozo, Estambul es honda y estrecha. Algunos se embriagan de su profundidad, otros se sienten atrapados por su estrechez.»

Así, y de la misma manera que Estambul puede ser una ciudad profunda, el desarrollo del libro lo es en horizontal, en el sentido que la historia no avanza hacia delante sino hacia los lados, hacia las vidas de los reclusos, hacia las vivencias de su gente. Es a través de ellos, que conocemos historias sobre la ciudad, historias sobre ellos, cuentos de su infancia y su vida; por medio de esas pequeñas historias, el autor nos transmite la profundidad del impacto que la ciudad causa en sus habitantes y es, a través de estas pequeñas historias, que la ciudad se forma, crece y cobra vida. Una vida compartida por cada uno de sus habitantes, un conjunto de granos de arena que dibujan el relieve de la ciudad que los acoge.

Estambul está presente en todo el libro, no en sentido descriptivo o detallando de lugares concretos, sino en un sentido casi simbólico, pues habla de su historia, de su pasado; la ciudad está presente en tanto en ella vive la gente que habla de ella, y que la admira, a pesar de hacerlo con cierto aire de melancolía, propia del embelesamiento hacia un pasado del cual parece alejarse.

El autor, a través de los cuentos que los reclusos se cuentan, nos habla de la condición humana, de plasmar sus deseos de grandeza, de cambio, de crecimiento a través de la ciudad, una ciudad que es el escenario, el laboratorio, el resultado de sus ansias de crecer; nos transmite la voluntad de no contentarse con una realidad que se le antoja insuficiente, nimia a los ojos de quien se siente creador, pues «los humanos son los únicos seres que no tienen suficiente con ellos mismos (...) Un pájaro solo es un pájaro, se reproduce y vuela. Un árbol solo reverdece y da frutos. Los humanos son diferentes, aprendieron a soñar. No pueden estar satisfechos con lo que ya existe. (...) Allí donde los humanos no forman parte de la naturaleza, son sus escultores.»

A través de esos pequeños relatos contados por los protagonistas, en el pequeño espacio de su diminuta celda, el autor nos transmite su imagen de Estambul, y nos muestra una ciudad en toda su inmensidad, una inmensidad no solo en superficie, sino también en profundidad, observándola y analizando el impacto en cada uno de aquellos ciudadanos que ven las múltiples caras de una ciudad que, en ocasiones es preciosa y eterna, y en otras es oscura y triste; esa dualidad existente y presente en todo el relato, que causa que sus habitantes quedan embelesados al mirar los cuadros que representan partes de la ciudad mientras que bajo la mirada de esos mismos ojos les causa pena y pesar cuando la ven en realidad. Así el autor transmite la dualidad de una ciudad que puede ser preciosa, y puede causar tristeza por cierta decadencia que asoma tras la realidad brindada por una comparación con su pasado. Así lo expone el autor al afirmar que «pensaban que la Estambul real era una ciudad del pasado. Esta ciudad cansada había vivido una vida plena en el pasado, había tenido un sultán glorioso, pero ahora era presa del sueño. Puede que nunca llegue a despertarse de aquel sueño tan profundo.»

Recluidos en su celda, la única ventana al mundo que les permite seguir mirando más allá de las cuatro minúsculas paredes que los encierran, antes de que un nuevo interrogatorio se los lleve, uno por uno, para someterlos a las palizas de sus celadores, son las historias que se narran unos a otros para soportar cada momento de su reclusión. Solo tienen, para protegerse de la realidad y hacer soportable la espera, esos cuentos que se narran unos a otros y, en esa mirada a la solidaridad, el autor nos brinda un canto a la tradición de los cuentos narrados de manera oral, transmitidos de persona a persona, de generación en generación, construyendo un relato cambiante que teje una realidad dinámica sobre la ciudad que los inspira y sobre la vida de las personas. La mirada de Sönmez tiene un aire melancólico, de nostalgia, como cuando uno de los protagonistas afirma que «reprende esta ciudad que se ha construido a base de cálculos en lugar de sueños». Los sueños que sus protagonistas transmiten a una ciudad viva, de futuro incierto que, con su mirada nostálgica hacia el pasado, sueña con ser de nuevo una ciudad que contenga la bella imagen que muchos aún tienen de ella.

lunes, 16 de julio de 2018

VV.AA.: Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa

Idioma original: Español
Año de publicación: 2018
Valoración: Recomendable

Llevo unos meses consumiendo literatura sórdida, como algunos de mis compañeros, preocupados por mi saludo mental y la deriva cada vez más bizarra de mis aportaciones a este humilde blog, han tenido a bien de destacar. Bueno, que sepáis que estoy bien; este viaje no me ha pasado factura. O eso pienso. En fin, que hoy os vengo a hablar sobre el que ha sido el broche de oro con el que he cerrado esta etapa de lecturas extrañas: Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa (volumen que, de ahora en adelante, llamaré Eroguro... a secas).

Pero, antes de profundizar más en la reseña, ¿qué es el "eroguro"? El palabro designa a un subgénero japonés que explora todo aquello que aúna lo erótico, lo grotesco y lo absurdo. Y sí, en esta ambigua definición caben multitud de manifestaciones. Porque si bien el "eroguro" tuvo unos inicios muy literarios, fue expandiéndose a otras disciplinas artísticas, como, por ejemplo, el cine, la ilustración o el manga.

Pero centrémonos. Eroguro... está editado por Jesús Palacios, pensador cultural al que tengo muy visto (en el buen sentido, quiero decir) gracias a su participación constante con la editorial Valdemar. El libro contiene textos del mismo Palacios, así como colaboraciones de Daniel Aguilar, Rubén Lardín, Iria Barro Vale y Germán Menéndez Flórez. También tres relatos nipones "eroguro". Y algunas ilustraciones realizadas en exclusiva para esta publicación, salidas de la mano de autores españoles. Éstas son un detalle simpático, pero lejos están de alcanzar las cotas extremas de aquello que preceden; afortunadamente, están colocadas al inicio del volumen, por lo que no desentonan demasiado.

Pues nada, ¿qué más decir de Eroguro...? Los artículos coordinados por Palacios, prolijjamente documentados, son, en general, interesantes. Quizás a alguno le haría falta abordar con algo más de profundidad el tema que trata, pero la ambición de este ensayo no es más que dar a conocer al "eroguro" en el ámbito nacional, por lo que no podemos reprochar con severidad el tratamiento superficial de algunas de sus partes. Por otro lado, los relatos japoneses que incluye Eroguro... son de agradecer, y acaban decantando a esta lectura hacia el platillo de lo agradable. Además del de lo morboso, por supuesto. Últimamente, parece que esto no puede faltar en mis lecturas. 

domingo, 15 de julio de 2018

Toine Heijmans:En el mar

Idioma original: Holandés
Título original: Op Zee
Año de publicación: 2011
Valoración: Se deja leer


En el mar describe un viaje en velero que comenzó en el puerto de Harlingen (Países Bajos), continuó bordeando las costas de Inglaterra, el mar del Norte, el Atlántico… Donald planea esa travesía como única forma de librarse del tedio  que le produce su vida de oficinista, las críticas, las traiciones. Ya en la costa danesa, recoge a su hija de siete años y juntos regresan a Holanda. Dice la contraportada: “Alejados del mundo, el viaje se anuncia idílico, y entre padre e hija surge una complicidad que nunca antes habían conocido”. Pero en un punto concreto el tiempo comienza a empeorar, surgen complicaciones increíbles y el viaje se convierte en francamente insoportable. Lo malo del asunto es que nada de esto es verdad, aunque forma parte de la narración, más tarde descubriremos que Heijmans nos estaba engañando.
Contra lo que pueda parecer dadas las pistas previas, aquí no hay lirismo, ni esmeradas descripciones, ni diálogos interesantes y muy poca profundidad psicológica. En un primer momento, nos da la impresión de estar ante un manual de supervivencia. Las frases son cortas y simples, lo que ocurre durante el recorrido, así como la relación paterno-filial, roza la banalidad y solo un fuego de artificio, completamente injustificado, consigue alejarnos del mortal aburrimiento. Pero al menos así nos vamos inquietando por momentos, comprendemos que algo anda mal y no sabemos qué puede ser, el discurso se vuelve cada vez más absurdo y las reacciones más incoherentes, tanto que empezamos a dudar de lo que se nos cuenta. Finalmente, se nos brinda un punto de vista paralelo y la línea narrativa se bifurca.
Por fortuna, el texto apenas ocupa centenar y medio de páginas con bastantes espacios en blanco, pero podría reducirse a un relato de quince o veinte para que el efecto que, se supone, debería producir en nosotros se efectúe con la contundencia deseada. Hacer trampas al lector puede ser legítimo si la verosimilitud no resulta dañada, si los trucos consiguen un efecto sorpresa, si eso contribuye a mantener la intriga, aumenta la complejidad narrativa o efectos similares. Nunca cuando el argumento es una falacia de principio a fin y el descubrimiento de lo que se esconde detrás reduce toda la trama a cenizas. En mi opinión, es un caso de tensión narrativa mal manejada, pues las explicaciones, que –solo- aparecen en las últimas páginas, están creando otro relato, completamente distinto del que hemos leído y que promete ser mucho más rico e interesante pero bastante más difícil de elaborar. Y, según parece, algunos escritores no están dispuestos a complicarse la vida. Por cierto, esta novela me ha recordado a otra que reseñé hace unos meses, y mis reproches de entonces iban por el mismo camino.
No debo desvelar nada más, solo añado que en todo ello subyace la constatación de una necesidad vital: mantener la propia mente en perfecto estado de equilibrio. De ahí que en obviedades como “Quien deja de pensar con lucidez queda a merced del mar” y otras similares se encuentre la metáfora que puede aplicarse a cualquier situación y, aunque en un principio nos pasen desapercibidas, acaban convirtiéndose en el eje de todo el asunto. 

sábado, 14 de julio de 2018

Vicent Chilet: Maradona en Humahuaca

Idioma original: español
Título completo: Maradona en Humahuaca y otros goles con historia
Año de publicación: 2018
Valoración: recomendable

Mañana acaba el Mundial, con una final que nadie había previsto (no, no vayáis de listos ahora: ¿Croacia-Francia, en serio?). Así que, para celebrarlo, hoy quiero hablaros de un libro sobre fútbol.

Aunque no, eso no es exactamente verdad. De lo que realmente quiero hablar es de la editorial que publica este libro sobre fútbol, porque cuando nace una nueva editorial, y más si es una editorial con una propuesta original como esta, vale la pena darles la bienvenida al mundo y desearles suerte. En este caso, la editorial se llama La Caja Books y su formato es diferente a todo lo que existe en el panorama literario en España: como su nombre indica, lo que producen son cajas, cajas dedicadas a un tema específico y que contiene tres libros sobre ese mismo tema. Por ahora ya han publicado dos: "La caja de la Nostalgia" (que incluye obras de Iván Repila, de Lucas Martín y de Cornier/Castellano/Meimaridis), y "La caja del fútbol", con libros de Galder Reguera, Enrique Carretero y Vicent Chilet.

Y es de este último libro, ahora sí, que quiero hablaros. Maradona en Humahuaca (y otros goles con historia), del periodista valenciano Vicent Chilet, especializado en periodismo deportivo y uno de los fundadores de la conocida revista Panenka. Como el título (y subtítulo) indican, este libro está compuesto por breves capítulos, cada uno de ellos dedicado a un gol significativo, histórico, o simplemente con un protagonista que al autor le parece suficientemente interesante. Cuidado, no se trata de una lista de "los goles más importantes de la historia del fútbol"; si alguien espera eso, se llevará un buen chasco, porque muchos de los goles que se narran no tuvieron, a efectos prácticos, una gran importancia.

¿Cuál es, entonces, la forma de seleccionar los goles? Pues por su carga emotiva, simbólica o ideológica: los goles que Maradona marcó (supuestamente) en un partido que (supuestamente) la selección de Argentina perdió contra un pequeño equipo de provincias en la preparación para el Mundial de México 1986, o los que marcó en un partido benéfico en un barrio periférico de Nápoles; el gol de Platini en la fatídica final de Heysel, o el que decidió el partido entre la RDA y la RFA, el gol que decidió el "maracanazo" o el famoso "gol de Nayim" desde el centro del campo...

En otros casos lo que importa no es tanto el gol como su autor: futbolistas comprometidos con las luchas sociales y políticas, leales a sus clubs de siempre o atrapados por el momento histórico en que vivieron: Árpád Weisz, Lucarelli, Gattuso, Matthew Le Tissier, Justin Fashanu, Panenka... Hay también capítulos en los que el fútbol se convierte en máscara o contrapeso a sucesos terribles, como en el famoso partido jugado en las trincheras en la Segunda Guerra Mundial, o el primer partido jugado en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, después de que sirviera de cárcel para "disidentes" durante la dictadura de Pinochet... Hacia el final del libro se nota quizás una cierta deriva localista: son varias las historias relacionadas con el Valencia C.F. o el Levante U.D.; por ejemplo, la única historia relacionada con el fútbol femenino se refiere a un partido que enfrenta a estos dos clubs, y nada en contra de ellos, claro, pero parece una selección un poco arbitraria.

Se trata, en fin, de pequeñas historias, de apenas cinco o seis páginas cada una, en las que se intenta ampliar el foco desde las cuatro rayas del terreno de fútbol, para mostrar la significación que este juego y sus participantes pueden tener en otros ámbitos de la vida: en las luchas políticas, en las injusticias sociales, en el devenir de la historia. En algunos casos da la impresión de que se le podría haber sacado más jugo a la anécdota, y en otros el gol acaba siendo una excusa para expresar admiración por determinado jugador (no por su destreza futbolística sino por otros asuntos). Pero, en su conjunto, este es un libro con el que se disfruta, se ríe, se aprende y se reflexiona, lo que no es poco. Claro, como pasaba con Hijos del fútbol, lo disfrutarán más los que sean aficionados a este deporte, pero aun así, creo que puede ser un libro para un público más amplio, al que le guste particularmente la historia y la política.

A la espera de que se conozcan los contenidos de las siguientes cajas ya anunciadas ("La Caja de la Bicicleta", "La Caja de Las Rebeldes", "La Caja de la Utopía" y "La Caja de los Dictadores"), vamos a disfrutar de estas de la Nostalgia y del Fútbol, y mañana, pues que gane CroacEL MEJOR.

viernes, 13 de julio de 2018

David Morrell: Primera Sangre

Idioma original: inglés
Título original: First blood
Año de publicación: 1972
Traducción: Carmen Vergara
Valoración: Recomendable

Primera sangre se publicó en 1972, fue traducida a 26 idiomas y se convirtió en lectura obligatoria en muchos institutos de los EEUU. Cuando tras diez años de idas y venidas con los derechos cinematográficos se estrenó finalmente la película (quién no ha oído hablar de Rambo: Acorralado y todas sus secuelas), la novela fue apartada de la esfera educativa y, de algún modo, también de la literaria. El estigma de «film de acción y violencia injustificada» que sobrevuela a la saga cinematográfica, contribuyó al vergonzoso olvido de esta obra notable. 

Resumen resumido: Rambo, un joven excombatiente de la guerra de Vietnam, vaga sin rumbo por las afueras de una población cuando es interceptado por su representante de la ley, el sargento Teasle. A partir de ese momento se forja entre ambos un vínculo maldito; la tensión creciente desencadenará una escalada de muertes y persecución que alcanzará dimensiones impensables.

David Morrell alumbró Primera sangre con el objetivo de «escribir una novela en la que la Guerra de Vietnam se trasladara literalmente a América» y que, por tanto, reprodujera la polarización o división que esa guerra había generado en el sentir de los ciudadanos estadounidenses. Para ello optó por cimentar su trama en la pugna entre dos perfiles antagónicos y, consecuentemente, con los planteamientos de una novela psicológica. A partir de ahí, David Morrell construye una novela con muchísima acción donde el conflicto se palpa desde las primeras páginas. Primera sangre va al grano, tanto con su estrategia narrativa como con su estilo claro y directo. Los capítulos son cortos y alternan el punto de vista entre Rambo y Teasle de manera que el lector acaba comprendiendo ambas posturas e implicándose en la acción como si la viviera en primera persona. No hay más que leer el primer párrafo:
«Se llamaba Rambo y parecía ser un muchacho cualquiera que se había detenido junto al surtidor de una estación de servicio en los suburbios de Madison, Kentucky. Tenía una barba larga y tupida, el pelo le cubría las orejas y caía muy por debajo del cuello; estaba haciendo auto-stop a un automóvil que se había acercado al surtidor. Al verlo allí, descansando el peso del cuerpo sobre una cadera, con una botella de gaseosa en una mano y el saco de dormir enrollado en el suelo junto a sus botas, resultaba difícil imaginar que el martes, el día siguiente, estaría buscándole casi toda la policía del condado de Basalt. Y con más razón, nadie hubiera podido suponer que para el jueves estaría escapándose de la Guardia Nacional de Kentucky, de la policía de seis condados y de un buen número de civiles amantes de las armas de fuego. Pero al verle andrajoso y cubierto de tierra en la estación de servicio, inmóvil junto a un surtidor, tampoco era posible adivinar qué clase de muchacho era Rambo y qué sería lo que iba a desencadenar los próximos acontecimientos»
La psicología de los dos protagonistas, sus experiencias militares previas y el momento personal que vive cada uno están perfectamente calculados para que su encuentro funcione como una auténtica bomba de relojería: 
  • Rambo: Boina Verde, condecorado con la Medalla del Honor en la Guerra de Vietnam. Logró escapar del enemigo tras ser capturado y torturado. Está socialmente desarraigado y padece un desorden de estrés post-traumático.
  • Teasle: Héroe de la Guerra de Corea, condecorado con la Cruz por Servicio Distinguido (justo la que sigue a la Medalla del Honor). Lleva años ostentando con cierto confort la máxima autoridad en la población de Madison (Kentucky) y está pasando por una crisis matrimonial.
El conflicto Rambo-Teasle es la encarnación del conflicto anarquía-autoridad y, a su vez, la representación de las dos posturas imperantes entre la población americana en relación a la Guerra de Vietnam. El duelo entre ambos personajes, mezcla lo psicológico con la estrategia militar. El aumento de tensión les obliga a replantearse cada uno sus propios valores y creencias al tiempo que se estudian mutuamente:
«Pero él (Rambo) no estaba interesado en ellos, sino en el otro hombre, en el que caminaba de un lado a otro, golpeándose el muslo con la mano. Teasle. Era imposible confundir ese cuerpo de talle corto, pecho saliente y su cabeza que sacudía a uno y otro lado como un gallo de pelea. Por supuesto. Como un gallo. Eso es lo que eres, Teasle. Un gallo»
Por tanto, recomendable porque trata con verosimilitud e inteligencia la cuestión de los combatientes que regresan trastornados de una guerra y descubren que la sociedad por la que han luchado, los ignora y los aparta. Porque es un retrato duro y certero que no cae en el dramatismo ni en la moralina y, sin embargo, logra que el lector empatice con los personajes. Porque el final, en su forma y en su fondo, me ha parecido memorable.

La imagen del encabezado de la reseña ya sugiere que la vida editorial de Primera Sangre ha sido errática y variopinta y, por supuesto, la edición en castellano está actualmente descatalogada, por lo que me las he visto y deseado para dar con un ejemplar en una biblioteca pública. Lo que no me esperaba yo era encontrarme con semejante virguería:


Y es que la editorial Bruguera sacó a finales de los setenta, la colección de pulps «Club del misterio», formada por un buen repertorio de títulos policíacos, intriga, etc… El ejemplar resulta curioso e incluso entrañable pero tengo que decir que la maquetación dificulta bastante la lectura.

En cuanto al título, diría que el original First Blood es muy acertado, incluso hay un momento en la película (versión original) en la que alguien le recrimina a Rambo algo así como «Fíjate la que has liado» y él se justifica respondiendo «They did first blood» que viene a ser «Han empezado ellos». No soy una experta en lengua inglesa ni en expresiones bélicas pero tengo la sensación de que la traducción literal al castellano, Primera sangre, resulta menos efectiva. Y de Acorralado mejor ni hablamos.

Ya para acabar, decir que David Morrell participó en todos los guiones de la saga de Rambo a pesar de que la productora se pasó el espíritu de la novela por el arco del triunfo e hizo lo que quiso con el final; pero tal vez sea la participación de Morrell lo que haya hecho de Rambo: Acorralado una película más que solvente, con un guion efectivo y de buena factura que ya quisieran muchas otras producciones con más presupuesto y pretensiones. 

Pero, como siempre, es mejor la novela.

jueves, 12 de julio de 2018

Eduardo Halfon: Biblioteca bizarra

Idioma: español
Año de publicación: 2018 (como libro)
Valoración: recomendable

He de confesar que éste es el primer "Halfon" que leo. Y también confieso (o, mejor, prometo) que no va a ser el último. De hecho, la mayor objección que le puedo poner a este librito de poco más de 100 páginas es que me ha sabido a poco.porque se trata de uno de esos libros misceláneos, una recopilación de artículos y otros textos ya publicados aquí y allá, que sirven de perfecto aperitivo, de entrante para abrir el apetito a obras más extensas y con más chicha (lo que no significa con más sabor) a las que hincarle el diente.

No son muchos los capítulos, pues ya digo que el libro no es muy extenso: seis artículos, en principio variados, pero que tienen en común, de una u otra forma, el veneno inoculado de la literatura, tanto en su vertiente lectora como, en su caso,  en la práctica de la escritura. También la memoria, la personal y la familiar, que, me parece, es uno de los motores que mueven la obra literaria de este autor; de hecho, los vericuetos de la memoria son el tema principal -incluso en su título- de uno de los "capítulos" del libro, La memoria infantil.

Los demás textos, pese a su carácter diverso, ya digo que guardan también una relación entre sí, un hilo invisible que los une y que, sin ceñirlos en exceso, sí que les otorga una cierta coherencia: Biblioteca bizarra, que da título al volumen, es un repaso, con un aire algo calviniano, a una serie de bibliotecas personales que el escritor ha conocido -o incluso de ninguna manera ha podido conocer, como ocurre con la última, La biblioteca mojada-; en algún caso la descripción se hace de las bibliotecas de escritores conocidos: reconozco que cuando leí la que dedica a la de Leonardo Sciascia -o más bien a su colección de retratos de otros escritores-, conservada en la fundación que lleva su nombre, Halfon me ganó para la causa...

Los desechables, el segundo capítulo del libro, se refiere a una reunión que tuvo este autor en una biblioteca de barrio de Bogotá con personas que vivían en la calle y trataban de sobrevivir a ésta y al infierno de la adicicón que les había llevado a ella. Halfon, boy es la rememmoranza de la gestación y nacimiento de su hijo, que el autor entrevivió con la traducción de los poemas de William Carlos Williams, lo que le da pie para una nueva reflexión sobre la creación y sus complejidades, tanto referida a la literatura como a la de la vida de una persona. En Saint-Nazaire el escritor que le sirve para llevar a cabo estas reflexiones es Chéjov, cuya correspondencia estudia mientras se encuentra en esa localidad francesa, al tiempo que contempla el mamotreto de la base alemana de submarinos de la II Guerra Mundial (esas megaestructuras nazis, siempre tan sugerentes...).

Dejando aparte la ya mencionada La memoria infantil, el último capítulo del libro es quizás el mejor de todos: un artículo publicado originalmente en inglés titulado Mejor no andar hablando demasiado, en el que Eduardo Halfon va trenzando la historia reciente de su país, Guatemala, con la suya personal y su descubrimiento tardío y abducción por parte de la literatura. un artículo que avanza con una nostálgica suavidad hasta que Halfon, que como narrador no tiene un pelo de tonto (no va con segundas), de pronto incrementa la tensión hasta terminar con un mazazo que te deja sin respiración, pero, sin dudas con ganas de leer más, mucho más , de este escritor.

Termino ya, tranquilos todos, enlazando con la referencia anterior al gran Sciascia. Porque este librito -de apabullante sobrecubierta, hay que señalar- me ha recordado a alguno de este escritor siciliano, como Negro sobre negro, en el que también se aunaban una serie de reflexiones sobre las sutilezas de la vida o sobre las circunstancias histórico.políticas de su país con otras puramente literarias, de una exquisitez y sensibilidad inigualables. Al menos, para mí como lector, inigualables hasta ahora, que he descubierto a Eduardo Halfon.


Otros títulos de Eduardo Halfon reseñados en Un Libro Al Día: MonasterioSignor HoffmanDuelo

miércoles, 11 de julio de 2018

Manuel Mujica Lainez: Sergio

Idioma original: Español
Año de publicación: 1976
Valoración: Muy recomendable

En este mundillo editorial de 2018, en el que las novedades se suceden a ritmo vertiginoso y en el que lo que hoy es el "libro de año" mañana será carne de librerías de saldo, resulta fácil de explicar y difícil de entender que la publicación, por primera vez en España, de una novela de Manuel Mujica Lainez haya pasado absolutamente desapercibida.

Ya comentamos en entradas anteriores dedicadas a obras de Manucho que, en nuestra opinión, estamos ante un autor injustamente olvidado. No ahondaremos en estériles discusiones acerca de los motivos de dicho olvido, sino que aportaremos nuestro minúsculo granito de arena para que Mujica  y sus libros puedan ser (re)descubiertos.

Este “Sergio” que hoy nos ocupa, inédito en España hasta 2018, podría ser considerada una obra “menor” dentro de la bibliografía de Mujica, siempre y cuando lo comparemos con obras de la magnitud y ambición de “Bomarzo”, “El escarabajo” o “El laberinto”, pero no por eso deja de ser sumamente interesante. Y lo es por varios motivos.

En primer lugar, se trata de un “rara avis” dentro de la obra de Mujica. Si por algo es aún recordado es por su ciclo de novelas histórico-fantásticas ("Bomarzo", "El laberinto", "El unicornio"…). Bien, este “Sergio” tiene un corte más realista, menos fantástico y está ambientado en la Argentina contemporánea. Ya simplemente por leer a un Mujica fuera de sus “registros habituales” merece mucho la pena. Eso sí, es un libro plenamente identificable con su autor y con las obsesiones de este.

Es, en segundo lugar, un libro valiente. Siempre se acusó a Mujica de ser un autor (y una persona) frívola, sofisticada en exceso y snob. Tras la lectura de “Sergio” me queda la impresión de que en esa actitud puede haber una importante dosis de pose. Lo digo porque la novela, publicada originalmente en 1976 (época más que convulsa en lo político en la Argentina), es una novela que trata abiertamente la temática homosexual. Por otro lado, hay un párrafo sorprendente, tanto por el momento político como por venir de un autor tradicionalmente al margen de estos asuntos. Es este:

“ Eran, como tantos y tantos muchachos, no solo de la Argentina, sino de América y del mundo entero, unos confundidos, unos descaminados, y por lo tanto tenían la ventaja (y eso los unía más) de compartir la certidumbre de que las cosas no podían continuar así en su pobre patria, saqueada y destruida por un puñado cuya aptitud se concretaba científicamente en el ocultismo, artísticamente en la danza y activamente en el desfalco, la malversación, el peculado, el contrabando, el pillaje y el soborno o cohecho o, por expresarlo de manera más transitada, la coima”.

Por último, se trata de una lectura en la que Mujica vuelve a dejar constancia de su magnífico manejo del lenguaje y de su vasto bagaje cultural sin caer en la pedantería, haciendo que la narración avance de forma más que fluida y entretenida para el lector.

Vale, pero... ¿de qué carajo va la novela? 

Pues "Sergio" es una novela acerca de la exploración de la propia identidad. Es, y ponedle todas la comillas que queráis, una novela de iniciación o de formación con toques de picaresca en la que se narra la infancia, adolescencia y primera juventud del bellísimo Sergio, un ser tímido, pudoroso e ingenuo. Esta belleza casi sobrenatural de la cual Sergio es apenas consciente despertará en los variopintos personajes con los que se va cruzando sentimientos tales como el deseo, la lascivia, la envidia, etc. Estos sentimientos, el propio rechazo de Sergio a su íntima verdad y su incapacidad para asumir decisiones definitivas harán que nazca en él una permanente necesidad de huida, que le llevará a un recorrido marcado por sucesivos reencuentros, azares y fatalidades. 

Es, como decía anteriormente, un libro perfectamente identificable con su autor, tanto por su estilo, siempre flirteando con el esteticismo y el decadentismo, como por los personajes generalmente mundanos y frívolos que pueblan la novela y por las obsesiones en ella presentes, encabezadas por la eterna fijación de Mujica por la belleza y sus efectos. Eso sí, este es un Mujica Lainez menos ambicioso y más ligero, más irónico, más gamberro y más grotesco. Pero absolutamente recomendable.

También de Mujica Lainez en ULAD: BomarzoEl escarabajo

martes, 10 de julio de 2018

Mary Elizabeth Braddon: El rostro en el espejo y otros relatos góticos

Idioma original: Inglés 
Traductor: María Pérez de San Román  
Año de publicación: 2018
Valoración: Recomendable  

La Biblioteca de Carfax me ha vuelto a sorprender, esta vez con una antología de terror victoriano. En El rostro en el espejo y otros relatos góticos, la editorial nos obsequia con una ilustración de cubierta espléndida, un prólogo luminoso y seis de los mejores textos de Mary Elizabeth Braddon, autora best-seller que en su época llegó a vender más que el mismísimo Charles Dickens, y que fue realmente polémica debido a su peculiar estilo de vida y a su defensa del igualitarismo. 

Veo que la mayoría enmarca las narraciones de El rostro en el espejo y otros relatos góticos dentro del subgénero terrorífico de fantasmas, y no les culpo; a fin de cuentas, muchos de los ingredientes de los que Braddon se sirve para gestar estas piezas remiten a ese tipo de historias. Por ejemplo: jóvenes hermosas que languidecen, pretendientes relegados a la friendzone, amigas de lealtad inquebrantable, eruditos escépticos, criados supersticiosos, casas embrujadas, objetos malditos o maldiciones proferidas en el último suspiro. No obstante, tengo que advertir que, pese a los clichés empleados en estos relatos, todos escapan gozosamente de lo convencional. De modo que nadie acuda a ellos (o los evite) pensando que al leerlos se va a topar con relatos de fantasmas al uso, plagados de tópicos de manual. No, no, no. Aquí se le da un enfoque distinto, menos complaciente, al subgénero. Ya veréis.

Llegados a este punto, también querría destacar los puntos negativos de estas historias. Irrisorios, vale, y condicionados por el momento histórico en que fueron escritas, pero que no he podido dejar de notar. En primer lugar, ciertos pasajes ampulosos de la prosa de Braddon. No los hay en exceso, y la mayoría de las veces están justificados: por ejemplo, cuando aparecen en cartas escritas con voluptuoso entusiasmo (me voy a poner rococó yo también, venga). Sin embargo, en un par de ocasiones encontramos estos pasajes en diálogos, de modo que las conversaciones se sienten poco naturales, forzadas. Otro punto negativo sería la previsibilidad de algunas historias. Eso no es culpa de la autora, innovadora hasta cierto punto, sino nuestra, ya que tenemos un bagaje demasiado grande, con lo cual es difícil sorprendernos...

Aclarado esto, vayamos al contenido. Empezamos con "El rostro en el espejo". Es una historia interesante, y, como todas las demás, bien escrita. En especial, debo destacar su premisa (esos protagonistas que van a la caza de espectros) y su atmósfera, ambas muy conseguidas. Va seguida de "Ella", relato que aborda el mismo elemento sobrenatural que el primero, un espejo fatalmente profético, desde un enfoque complementario, y no repetitivo. A continuación tenemos a "La sombra en la esquina". En una mansión embrujada entra a trabajar una joven, que perderá la vida debido al escepticismo de su señor y la tozudería de un criado. Luego viene "La buena lady Ducayne". El más pulp del conjunto, pues tiene incluso una reminiscencia a esos médicos sin escrúpulos que parecen salidos de las revistas de la década de los cincuenta (y que conste que no lo digo como algo negativo). Para colmo, "La buena lady Ducayne" revisita el mito del vampiro, lo cual siempre es de agradecer. "Su última aparición" cubre a una desdichada actriz de teatro, que en su inocencia se ha casado con un canalla. Menos mal que tiene a un solícito caballero que la admira, dispuesto a matar por ella. ¿O quizás no es afortunada por ello? En "El visitante de Eveline", dos primos se baten en duelo por una mujer. El ganador será atormentado por el espectro del perdedor en sus momentos de mayor felicidad. Esta narración tiene una de las mejores frases del libro: "si los hombres tuvieran el poder de vengarse a sí mismos, la tierra estaría poblada de fantasmas". ¡Flipa con la sentencia lapidaria! 

En fin, que estamos ante un libro que contiene relatos innovadores y astutos, recuperados tras un injusto olvido. Es, en definitiva, una buena oportunidad para estrenarse con su autora, o una para conocer a la magnífica editorial que la ha editado con oficio y cariño a partes iguales.

lunes, 9 de julio de 2018

Dolores Redondo: Ofrenda a la tormenta

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2014
Valoración: Decepcionante

Un poco de mainstream para variar, por qué no. Sumerjámonos en las (muy abundantes) páginas de esa 'trilogía del Baztán' (dios, cuánta trilogía hay por ahí), concretamente en su tercer volumen, y conozcamos algo de ese 'fenómeno editorial' que ha cosechado tanto éxito (400.000 ejemplares según la faja), y que ha terminado incluso en el cine -no sé si una película, o dos, o tres, yo he visto una pero no me acuerdo de nada. 

Esta autora donostiarra nos presenta una trama policial con tintes de Cuarto milenio, en el entorno del valle del Baztán, una zona del norte de Navarra en la que existe un arraigo milenario de brujería y misterios. La tradición oral ha perpetuado el mito de seres formidables como el Basajaun, y las cuevas a ambos lados de la frontera, como la muy famosa de Zugarramurdi, favorecen el aire ancestral y alimentan las leyendas de rituales y fuerzas sobrenaturales. Junto con el entorno montañoso, las brumas y la lluvia, parece un paisaje  perfecto para un relato de estas características. Por cierto, no sé si la alusión permanente a la  lluvia es un exceso involuntario de la autora o un recurso para crear un ambiente opresivo, pero a los responsables de turismo de la región no creo que les haga demasiada gracia. Pero bien, es un buen escenario.

Con los personajes ya empezamos a tener algunos problemas. Fíjense en la nómina. La inspectora Salazar, una mujer joven que, como heroína policial, seguramente gustará a cierto sector de público; pero a mí, sintiéndolo mucho, me resulta algo próximo a lo insoportable, siempre tan profundamente humana, tan intensa, tan profesional. Hasta sus errores y sus debilidades la hacen más grande. Le acompañan cinco policías, todo un ejército, que lo mismo podrían ser uno solo o catorce, porque su personalidad casi resulta intercambiable. Hay también un juez, que parece sacado de una película de acción para adolescentes, inverosímil, plastificado. Y no nos paramos ahí: tenemos otra juez francesa, dos o tres médicos o forenses, un par de psiquiatras perturbados, un misterioso policía americano que ejerce de oráculo a distancia, y la familia Salazar en pleno, sobre la que no me extenderé más para no aburrir. Y por supuesto, familias rotas por la desgracia que luego explicaré, madres enloquecidas (al menos tres o cuatro), padres insensibles. Mucha, mucha gente con perfil plano, que habla con el mismo registro y aportan mucho menos de lo que embarullan.

Y el argumento. Pues en ese oscuro y misterioso (y lluvioso) paraje del Baztán han debido de ocurrir cosas terroríficas que se han contado en los dos libros anteriores de la trilogía. Y ahora nos encontramos con un caso de muerte súbita de un bebé en el que hay cosas que parecen no encajar y que, gracias a la perspicacia de nuestros protagonistas y a algunas dosis de suerte, permite ir desentrañando toda una serie de muertes y desapariciones de niños (y algunos adultos) que van conectando con mil y una circunstancias de los múltiples personajes. La verdad es que el esqueleto (nunca mejor dicho) de la intriga tiene su punto atractivo, y cuadra bien con el entorno, pero su desarrollo narrativo resulta fallido, en buena parte por hipertrofia. Parece que hubiera algún interés en inflar desmesuradamente el globo, en convertir esa trama policial/esotérica en una cosa gigantesca, y más aún si pensamos que nos anteceden dos tomos de envergadura similar. No sé si es que hay un tipo de lector que ansía zambullirse en tochos descomunales y necesita miles de páginas para disfrutar, pero el caso es que esta historia, que en esencia podía tener su potencia, se echa a perder en la desmesura. De esta forma, es inevitable que muchos hilos terminen en tierra de nadie, y con ellos esos innumerables personajes que se supone tendrían algún papel que jugar, van apareciendo otros que no contribuyen en nada más que en alargar lo que ya estaba suficientemente planteado, y surgen subtramas (como la familiar) que más que aportar algo a la narración, acaban pareciendo un entremés. Con todo ello, el libro no coge velocidad o avanza a trompicones, sin contar con que desde bastante antes de llegar a la mitad ya hemos descubierto (es que es muy evidente) que la responsabilidad de casi todo el desaguisado recae sobre ******* 

Para que no se diga, voy a admitir que quizá conociendo los dos libros anteriores se pueda valorar algo mejor esta Ofrenda a la tormenta. Pero aún así me parece realmente flojo, un producto de consumo, con un penetrante tono hollywoodiense, dirigido a cierto tipo de público, que personalmente no me interesa casi nada. Eso sí, no dudo de que Dolores (que por algún motivo me cae simpática) se lo habrá currado bien para construir todo este andamiaje y, oiga, está claro que a nivel comercial le funciona. Así que nada, a disfrutar de los ingresos, que otros nos conformaremos con disfrutar de otras lecturas.

P.S. Hay que admitir que el booktrailer que circula por ahí es cojonudo. Qué arte tienen para hacer apetecibles cosas como ésta (y aún peores).

Las dos primeras partes de la trilogía, en ULAD: El guardián invisibleLegado en los huesos

domingo, 8 de julio de 2018

Ciudades de libro #7: Barcelona: Juan Marsé: Si te dicen que caí

Idioma original: español
Año de publicación: 1973
Valoración: muy recomendable

Mal empezamos. Esta es una semana dedicada a las ciudades de libro y desde aquí proclamo que la Barcelona que Marsé describe aquí nunca debería haber existido. Aunque sea el germen de esta Barcelona cuya alcaldesa actual se empeña en recordar su bisexualidad como si fuese una línea del CV y ciudad que bate año tras año récords de asistencia turística. Ya haya atentados o las terribles hordas independentistas se atrevan a colgar banderas y a ostentar lazos amarillos de esos que aterrorizan ancianas y no dejan dormir a honrados cabezas de familias numerosas. Si hubo algo que no debió haber pasado fue eso que amenaza de forma constante y que pesa en el ambiente de esta magnífica novela.

Marsé, en la edición de Lumen que he leído, admite que le fue difícil (pero consiguió, aunque el libro lo publicara una editorial mexicana en 1973) deshacerse de la presión censora a la hora de escribir esta novela. Que esto tuvo efectos liberadores. Obvio. Pocas páginas de esta novela hubieran superado los tijeretazos incluso de los censores tardofranquistas más proclives a la apertura. Porque Si te dicen que caí, que toma el título de una estrofa del himno falangista Cara al sol -justo ése que puede cantarse  a viva voz y a pecho descubierto sin que nada te pase - es una novela sórdida, lúgubre, lasciva de una forma insana y febril, aunque todo parta de lo que parecen ser inocentes juegos de niños con cierta tendencia a la crueldad, pronto puede uno ver que no hay inocencia aquí, que esta ha sido devastada de forma muy eficaz y sustituida por otro tipo de condiciones. Las convicciones, claro, el deseo de venganza, los dos lados de la represalia, tan permeables y tan condicionados por la necesidad de la supervivencia como ajustadora de la balanza entre convicciones y traición.

Esta novela es una maraña de historias entretejidas donde personajes con nombres y con motes vienen y van por los barrios de una Barcelona sumida en la peor de las post-guerras: la de una de las últimas ciudades grandes caídas y la de una que fue bastión y feudo del bando perdedor. El panorama es desolador y Can Compte, paraje imaginario a situar en las mediaciones de los barrios reales del Guinardó y el Carmel, los ve a todos transitar en un enjambre de confusión donde hay de todo, y siempre yendo y viniendo al grupo de críos que, creciendo en el entorno del conflicto bélico, yendo y viniendo en lugares, cines de mala muerte, patronatos religiosos, traperías, pisos en los barrios céntricos donde atienden recados a placer del bando ganador, bancos atracados para financiar una descabellada reorganización, oscuros edificios que son tapaderas para salas de tortura. En todo este panorama el lector va asumiendo los mensajes clave que lanza Marsé, todos ellos dardos envueltos en una prosa impoluta, de una carga literaria aplastante y plenamente eficaz en la entrega de sus mensajes subliminales: el bando ganador arrasa con todo y los años posteriores a su victoria son un despliegue de mecanismo de venganza y represión. Los rojos son perseguidos y aniquilados, con precisión y falta de compasión. Las rojas son objeto igual de esa crueldad, y esas mujeres, antes esposas, antes profesionales, ahora se ven abocadas a buscar medios de supervivencia como la prostitución. Ahí transita el Java y el Tetas y el Amén como transita la Fueguiña y la Rubianca y, claro, la Ramona, protagonista involuntaria y obsesión del Java. Si te dicen que caí no tiene un solo hilo narrativo. Hablamos de un pandemonium donde esos treinta años del 39 al 69 se entremezclan y hay quien conseguirá salir a flote o eso parecerá y mantendrá sus ideales, pero el destino es cruel con todos. Con los que acabado el conflicto deciden organizarse e intentar desgastar al franquismo, con quienes aceptan estoicos su condición de derrotados, con quienes optan por fundirse con el entorno.

Es obvio que Faulkner es una poderosa influencia aquí. Los cambios de sentido y de narrador son constantes, como si la voz se desplazara en un corro de niños que van aportando a una historia hasta que ésta se completa. También es constante esa sensación opresiva de quien está haciendo lo que hace por obligación o por no tener otro remedio, porque esta es una novela perturbadora y sexual en la que apenas hay encuentros sexuales. Marsé puede que eludiera la censura pero inveteró la novela de una turbia carga de deseo: puede que del deseo de quienes conviven en un entorno donde éste no ha podido desarrollarse con normalidad. En un algo forzado emparentamiento con otro clásico de la literatura catalana de post-guerra, La plaça del Diamant, esta Barcelona soleada y marítima de la actualidad es una ciudad triste, deprimida, opresiva, cenicienta en lo físico y cenicienta en lo mental. Y Marsé la debió vivir y la debió sufrir y aquí se manifiesta, entre brumas y tinieblas, con toda claridad.

sábado, 7 de julio de 2018

Ciudades de libro #6: Kyoto: El pabellón de oro, de Yukio Mishima

Idioma original: japonés
Título original: 金閣寺
Traducción: Carlos Rubio
Año de publicación: 1956
Valoración: recomendable


Cuando surgió la idea de hacer una serie sobre «Ciudades de libro» estuve más que tentado en aprovechar y reseñar algún libro de Murakami, pero claro, mi permanencia en ULAD hubiera podido ser más corta de lo esperada, a juzgar por la opinión que tienen de Haruki mis correseñistas. Así que les libro de tal carga, y también a sus detractores y sus afiladas críticas, que me consta que los hay.

Lanzo un aviso ya de entrada: si no queréis que os destripen el argumento, intentad saber lo menos posible sobre este libro (y esto incluye leer la contraportada del mismo, e incluso sobre la historia en la que se basa). Como ya sabréis, intento no explicar demasiado el argumento de los libros pues, gran parte del placer de leerlos consiste en ir descubriendo la historia a medido que uno se lanza a su lectura. Dicho esto, vamos allá.

El libro narra la vida de Mizoguchi, un joven tímido, inseguro en gran parte a causa de su tartamudez y también por la figura intimidadora de su madre, quien, tras la muerte de su padre ingresa en Kinkaku-ji («Pabellón de Oro»). El joven, quien sentía una profunda devoción por el templo y consideraba, como su padre, que «no había nada en el mundo tan bello como el Pabellón de Oro», se emociona ante tal visita y su inminente ingreso, pero su percepción decae tras verlo por primera vez. Después de haber admirado el templo e incluso soñado con él, el protagonista puede observar detenidamente la belleza del templo con toda su delicadeza, pero con cierto desánimo, pues la belleza no alcanza a la de la imagen que habitaba en su mente. Una vez internado allí, y ante el temor de que la guerra destruya por completo el templo, la imagen que tiene del pabellón en su mente, idealizada, se sobrepone a la imagen real y es capaz de percibir toda la belleza como la había imaginado en sueños, proyectando el deseo de encontrar el pabellón como el más bello del mundo a la propia realidad. La vida de Mizoguchi en el pabellón transita plácidamente hasta que ocurre un suceso en un estado casi onírico que provoca un despertar en su comportamiento, sembrando una semilla de maldad, de forma totalmente involuntaria, sin ser prácticamente consciente de ello. A partir de ahí, y tras establecer una amistad con otro joven, su carácter empieza a cambiar y se adentra en la oscuridad que habitaba, de forma adormecida, en su interior.

Con esta premisa, el libro narra la historia de una obsesión, la obsesión por un templo que bajo la concepción idealizada que de él tiene el protagonista, somete toda su vida a la relación con el templo, de manera buscada o accidental, sintiendo que en ocasiones él posee el templo y en otras que el templo lo posee a él. Y como en toda obsesión, hay sentimientos contradictorios que van primero de la incredulidad y negación a la devoción y ensalzamiento, y una obnubilación de la consciencia que queda inundada por la imagen del templo, con su presencia constante en el imaginario del joven. Así el templo posee su alma, y sabiéndose esclavo de ella sus actos no dejan sino de ser un reflejo de los sentimientos que alberga, que teme y venera, que rehúye y busca. La inseguridad queda compensada, adormecida y abatida por la idealización hacia ciertas personas, pero siempre aflora en aquellos momentos en los que se encuentra delante de la hora de la verdad, y es lastrado por ella a un pozo negro que, abalanzándose de manera intimidatoria y sobrecogedora, cubre sus instintos de huir de ella, sometiéndolo a su voluntad.

Más allá del interés que pueda suscitar el libro, creo que puede ser interesante para aquellos que planteen realizar un viaje a Kyoto, pues además de centrar el peso de la historia en el conocido templo de Kinkaku-ji, el protagonista realiza alguna excursión o menciona otros puntos de gran interés turístico de la ciudad. Así, el libro menciona también otras lugares de interés en Kyoto, como el templo Nanzen-ji (conjunto de edificios monásticos de bonita factura, especialmente su jardín seco, el acueducto y la puerta principal que con 22 metros está entre las tres más altas de Japón respecto a templos budistas, de obligada visita desde el mirador), el templo Kiyomizu (Kiyomizu-dera) y otras menciones puntuales a Ryoan-ji y su impresionante jardín seco y el pabellón de plata Jisho-jo (Ginkaku-ji).

Fuera de Kyoto, el autor también incluye referencias a interesantes lugares en Japón, como Kongo (Kongo-ji), cerca de Yasuoka y que contiene una pagoda de Hidari Jingoro (que a su vez creó la figura del gato dormido en el templo Toshogu en Nikkō (Nikkō-shi) (templo que contiene un grupo escultórico en relieve de los tres monos sabios —Mizaru (見猿), Kikazaru (聞か猿), Iwazaru (言わ猿)— significan «no ver, no oír, no decir»—, famosos últimamente por sus versiones emoji, y de visita obligada también).

En resumen, la novela cumple con creces su función de suscitar el interés necesario para querer leerla y, además, hacerlo con interés creciente hasta su momento final. Y si, de paso, su lectura me ha servido para descubrir la figura de Yukio Mishima y de paso recordar una de las ciudades más bonitas que he visitado, pues bienvenida sea. Os dejo en la reseña la fotografía que hice cuando visité el Pabellón de Oro. El tiempo no acompañó, pero la visita bien mereció la pena. Os la recomiendo.

También de Yukio Mishima en ULAD: El rumor del oleaje, Después del banquete, El sol y el acero, El marino que perdió la magia del mar  

viernes, 6 de julio de 2018

Ciudades de libro #5: Pekín: Pekín en coma, de Ma Jian

Resultado de imagen de pekin en coma amazon
Idioma original: chino
Título original: 肉之土 - Beijing Coma
Año de publicación: 2008
Valoración: Muy recomendable



¿Alguno de vosotros ha tenido ocasión de ver Johnny cogió su fusil, la gran película antibelicista de los años setenta ambientada en la Primera Guerra Mundial? Lo que quizá no sepáis es que se basa en la novela homónima de 1939 y que, curiosamente, fue dirigida por su autor, Dalton Trumbo, siendo esta la única película en su haber, años después de que Buñuel declinara el encargo y recogiendo alguna idea de este. Pues bien, Pekín en coma utiliza un armazón muy similar, aunque los hechos que relata solo tienen en común la violencia que desencadena el argumento. La angustia que subyace en el film de Trumbo se convierte aquí en sentido crítico, rebeldía y voluntad de cambiar las cosas, se localizan en tiempos y lugares muy distintos y, si no recuerdo mal, las estructura y trama de esta última son bastante más complejas (me refiero a la película, la novela original no la conozco) debido tanto a la libertad que proporcionan sus casi setecientas páginas como a la superposición de hilos narrativos y asuntos diversos. Hay que destacar la habilidad con que Ma Jian ha adaptado a sus necesidades los hilos principales haciéndolos confluir en un desenlace glorioso –aunque tristemente previsible– y el genial recurso de utilizar un narrador que conoce los hechos fundamentales del pasado y es capaz de observar el presente, si bien de forma limitada, con una independencia absoluta.
Concretando, estamos ante un novelón con todas las letras y bajo todos los puntos de vista, aunque ¡cuidado! a algunos les resultará tedioso. No les  culpo, vivir dentro de una novela no es fácil y Ma Jian nos sitúa ante la plena efervescencia de los hechos ocurridos en la plaza de Tiananmen de abril a junio de 1989. También nos introduce en la mente de un hombre en estado vegetativo y nos mantiene allí durante diez años de ficción de alta calidad. Supongo que lo mejor en estos casos es tomarse las cosas con calma y disfrutar de la novela el tiempo que sea necesario, incluso alternándola con otras lecturas. Porque merece la pena asistir a esa identificación de dos estados comatosos: el de la ciudad de Pekín (y por extensión el de toda China) y el de un estudiante llamado Dai Wei al que terminaremos amando sin condiciones si hemos sido capaces de acompañarle durante su accidentado y apasionante trayecto.
De lo dicho puede deducirse que la acción se desarrolla en dos momentos que se alternan (encabezados por frases significativas que, bien aluden al estado físico del personaje apoyándose en su condición de biólogo, bien recurren a la fantasía contenida en el Libro de las Montañas y los Mares, su lectura de referencia desde niño), a saber: el sereno y limitado presente, descrito con toda la precisión posible dadas las circunstancias y, según se intuye, completado con cierta dosis de fantasía, donde Ma Jian se desenvuelve como pez en el agua consiguiendo, por muy difícil que nos parezca a priori, una credibilidad irreprochable. Paralelamente, se nos cuentan los hechos objetivos que conocemos por la historia, pero con una cercanía y precisión difíciles de superar.
El marco histórico no se reduce a los sucesos de Tiananmen. Valiéndose del padre del narrador, nos remontamos a la salvaje represión que tuvo lugar años antes, cuando se recluyó en campos de trabajo a los disidentes del régimen sometiéndoles a toda clase de salvajadas, estigmatizando a sus familias y liberando a unos pocos supervivientes que, tras haber sido aniquilados como individuos, arrastrarán la etiqueta de derechistas que les excluirá de la vida social y les impedirá encontrar un trabajo digno.
Antes de colocarnos en primera fila de las revueltas estudiantiles, Dai Wei nos cuenta las incidencias de su vida universitaria. Con el tiempo, asistiremos a la primera etapa de las protestas que, teniendo la plaza como escenario, se produjeron entre 1986 y 1987  y, si bien no lograron gran cosa, se sofocaron con mucha menos contundencia que las generadas dos años después. Esta vez el desencadenante fue el fallecimiento de Hu Yaobang, antiguo secretario general del Partido Comunista Chino y único dirigente que apoyó a los estudiantes en las anteriores protestas. Lo que se pedía era diálogo, libertad de prensa, acabar con la corrupción y, en algunos casos, cierto giro político. A lo largo de esos dos meses, se fueron añadiendo muchos estudiantes de provincias y trabajadores que reclamaban mejores salarios.
De la mano del narrador, conocemos a los supuestos organizadores –ya que todos son ficticios– entre los que se encuentra el propio Dai Wei que desde muy pronto es nombrado jefe de seguridad de la plaza. Se nos muestra al detalle –y cuando digo detalle no me refiero a lo habitual, aquí vivimos el día a día con una minuciosidad que a muchos parecerá exasperante– sus menores movimientos, iniciativas, debates, indecisiones y, en fin, el proceso completo, huelga de hambre incluida, que concluirá con el terrorífico aplastamiento que tuvo lugar ese famoso 4 de julio, y que presenciarían las calles aledañas a la plaza, silenciado desde entonces por las autoridades chinas hasta el punto de que las generaciones nacidas a partir de esa década ignora ¿por completo? lo ocurrido. El propio novelista tuvo que exiliarse muy pronto, desde que comprendió el peligro que corría tras la publicación de su primera obra.
Junto a todo ese magnífico movimiento de masas destaca, por contraste, la monótona y resignada vida que se desarrolla en el interior del cuarto de Dai Wei. El convincente proceso psíquico de la madre, las circunstancias de una existencia tan precaria en todos los sentidos y la continua vigilancia policial no menoscaban la dignidad del personaje gracias a la introspección, los constantes toques líricos y ese simbolismo conmovedor que se concentrará en la figura del gorrión durante el largo y emotivo desenlace, cuando allá fuera todo es distinto menos la coerción ejercida por el gobierno (“El mundo en el que viví se ha transformado como harina que ha sido horneada y se ha convertido en pan. He de masticarlo muy lentamente…”) porque hemos llegado al siglo XXI y China se concentra en preparar los Juegos Olímpicos. Esas inquietantes y magistrales últimas páginas rebosan tensión y llegan a estremecer a un lector que observa cómo las dos líneas narrativas, hasta ahora paralelas aunque conectadas por el omnipresente Dai Wei, se acercan lentamente formando un arco muy suave que les permitirá confluir en un punto final común.
"Ahora sé que para llegar al alma tienes que viajar hacia atrás. Pero solo quienes están dormidos tienen tiempo de recorrer ese camino al revés. Los despiertos han de seguir avanzando a ciegas por senderos desconocidos hasta el día de su muerte…”

jueves, 5 de julio de 2018

Ciudades de libro #4 Barranquilla: Barranquilla 2132 de José Antonio Osorio Lizarazo

Idioma original: Español
Año de publicación: 1932
Valoración: Se deja leer

Los primeros nombres que me vinieron a la cabeza cuando surgió la idea de hacer una semana temática titulada “Ciudades de libro” fueron los “típicos”: París, Venecia, Nueva York, etc. Después de darle un par de vueltas, pensé que sería mejor olvidarse un poco del “eurocentrismo” y dedicar mi entrada a alguna ciudad latinomericana. La elección parecía clara: México DF o Buenos Aires, tradicionales capitales del libro en la región. Pero, casualmente, me encontré con este curioso título, “Barranquilla 2132”, y no me pude resistir a su portada, que vagamente recuerda a la del “Dookie” de Green Day, ni a su historia.

¡Y es que este fue, al parecer, uno de los primeros libros de ciencia ficción de la literatura colombiana! Pero ciencia-ficción más o menos “pura”, no de esa en la que a los niños les sale cola de puerco. Veamos...

Barranquilla, año 1932, una misteriosa explosión (como muchas otras que están ocurriendo en diferentes lugares del mundo) que provoca el derrumbe de un edificio y… ¡LA APARICIÓN DE UN ATAÚD DE PLOMO CON UN CADÁVER EN PERFECTO ESTADO DE CONSERVACIÓN EN SU INTERIOR! Bien, pues el cadáver corresponde al doctor Juan Francisco Rogers, quien en 1932 se sepultó voluntariamente como parte de un experimento extraordinario: regresar a la vida en una civilización futura. ¿Cómo? ¡¡¡Dejando una serie de instrucciones para que los médicos del futuro lo revivieran!!! Vaya, que podría ser totalmente el punto de partida de una película de la Hammer, pero NO!

Porque Osorio no crea una historia de zombis, asesinatos misteriosos, etc. La Barranquilla de 2132 es una ciudad racional y materialista en la que sentimientos e ideas han sido prácticamente eliminados y Osorio opta por una especie de “ciencia ficción moral”, al trasladar el foco de la historia a la sensación de extrañamiento que, poco a poco, va invadiendo al protagonista. De ahí que más de la mitad del libro, de apenas 130 páginas, se centre en el descubrimiento del mundo futuro por parte de Rogers y en su comparación con el de la tercera década del siglo. Será solo en la parte final cuando gane importancia la trama novelesca propiamente dicha.  

Pero el libro no me termina de convencer. En el lado positivo destacaría la comentada sensación de extrañamiento del protagonista, algunos de los “pronósticos” de Osorio, como los efectos de la superpoblación, la caída del comunismo soviético o la crítica de la democracia burguesa, y algunos de los descubrimientos de Rogers en esa Barranquilla de 2132, como los aviones movidos por energía nuclear, los trasplantes de órganos, los cambios en los usos y costumbres sociales como la simplificación del lenguaje, la plena igualdad de hombres y mujeres o la políticas de natalidad (por aquí asoma la eugenesia), los cambios políticos como la eliminación de fronteras o la prefiguración de un cierto municipalismo.

En el el lado negativo pesan, y mucho, el casi nulo desarrollo de algunos de los personajes y tramas secundarias, la escasa profundización en algunas situaciones que claramente podrían dar más de sí y una importante sensación de previsibilidad y de algo ya leído en novelas decimonónicas. También el hecho de haber leído estos últimos meses libros como “Nosotros”, “1984” o “Nueva Amazonia” no juegan precisamente a favor de “Barranquilla 2132”.

Eso sí, lo que no deja de ser este libro es un objeto de lo más curioso, testimonio de un tiempo y un lugar que suele quedar fuera de las convenciones del género. El resto, simplemente, se deja leer.

miércoles, 4 de julio de 2018

Ciudades de libro #3 Lisboa: El rinoceronte y el poeta de Miguel Barrero

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: está bien

No es sencillo escribir sobre una ciudad que adoras, sobre todo si esa ciudad no es la tuya: es demasiado fácil caer en la idealización, en la postal exótica o en el tópico turístico. Algo así pasaba en otras dos novelas reseñadas por aquí, que tenían Lisboa como escenario de la acción: La calle de los ángeles de Jon Arretxe y Tren nocturno a Lisboa de Pascal Mercier. Algo así pasa, también, aunque en menor medida, en El rinoceronte y el poeta de Miguel Barrero. De hecho, El rinoceronte y el poeta ha sido definida como una "declaración de amor a la literatura, a Pessoa, a Lisboa". Y eso está muy bien. Lo que pasa es que ese amor debe transformarse en una obra literaria que se sostenga por sí propia, independientemente de lo bonito que sea el objeto amado. Y mira que a mí me gusta Lisboa, ¿eh?


Desde el punto de vista del argumento, El rinoceronte y el poeta se basa en un misterio: el profesor Eduardo Espinosa recibe una escueta carta de un colega, especialista como él en la obra de Pessoa, invitándolo a viajar a Lisboa para una conversación importante. El motivo de esa convocatoria y lo que se desvela en esa conversación entre eruditos no lo voy a contar, para no destripar la novela; y también porque casi es lo de menos: en realidad esa trama literario-detectivesca parece una excusa para que, mientras dura la espera de Espinosa, Miguel Barrero nos cuente cosas sobre Lisboa, sobre Pessoa, sobre el primer rinoceronte que llegó a Europa, desembarcado en Lisboa el 20 de mayo de 1515, sobre Cristóbal Colón, sobre el rey Don Manuel...

No es que estas digresiones sean poco interesantes, de hecho algunas de ellas son bien curiosas, sobre todo las referidas a los rinocerontes, su llegada a Europa y su posterior representacion / mitificación. También muchas de las historias biográficas o literarias sobre Fernando Pessoa resultan atractivas, porque en general casi todo lo que tiene que ver con Fernando Pessoa resulta atractivo. En cambio, otras digresiones están más traídas por los pelos, y el que el narrador repita "recordó Espinosa", "Espinosa pensó", etc., no hace que resulten más naturales: es inevitable pensar que quien recuerda esas cosas no es el personaje, sino el narrador, o mejor, el autor.

Y en cuanto a la representación de Lisboa, aunque por una parte es coherente con la figura del protagonista (un estudioso de Pessoa que visita la ciudad durante tres días, y que por lo tanto recorre solo aquellas áreas relacionadas con el poeta), no deja de resultar llamativo que se limite a barrios y puntos centrales y turísticos: Restauradores, Baixa, Bairro Alto, Alfama, Belém, el eléctrico 28, el cementerio de Prazeres... En ningún momento se visita ni se menciona la Lisboa del día a día, en la que la gente se levanta a las 7.30 de la mañana en un apartamento que apenas puede pagar, coge un autobús hasta los topes durante cuarenta minutos y llega a tiempo de servir cafés y pasteles de nata a los turistas por un sueldo que no llega a los 600€. Y se me dirá: ¡claro, no hay ninguna obligación de hablar de eso! Y contestaré: efectivamente, obligación, en literatura, prácticamente ninguna. Pero es que la otra Lisboa, la de A Brasileira, el Martinho da Arcada y el monasterio de los Jerónimos ya está muy vista; no estaría mal, de vez en cuando, intentar algo nuevo...

Es posible que esté sonando demasiado duro con la novela, y tengo que decir que El rinoceronte y el poeta está bien (de ahí la valoración: "está bien"). De hecho, no le falta mérito al hecho de conseguir mantener una trama basada en que un personaje espera dos días para reunirse con otro, y hablar. Y además está bien escrita, en el sentido de que el estilo está evidentemente cuidado y trabajado, si bien a veces cae en barroquismos y preciosismos excesivos para mi gusto. Un ejemplo, tomado de la primera página de la novela:
Quinientos años después, en una estupenda mañana de agosto en la que el sol doraba los campos y un cielo azul llenaba de optimismo los designios de una tierra condenada, mientras viajaba a bordo de un tren que comunicaba el epicentro de la meseta castellana con la para él bellísima desembocadura del Tajo en el Atlántico, el profesor Eduardo Espinosa pensó en aquel rinoceronte y se preguntó, por primera vez, si su historia podría entretejerse de algún modo con la del poeta a cuyo estudio había dedicado la mayor parte de su vida.
Vuelvo a oír una voz (¿de quién?) que dice: pues si no te ha parecido que estas novelas retratan bien Lisboa, ¿cuáles recomiendas? Y aquí, aun corriendo el riesgo de ser tópico yo mismo, tengo que referirme a los más grandes: el Libro del desasosiego del inevitable Pessoa, El año de la muerte de Ricardo Reis de Saramago, buena parte de la obra de Lobo Antunes o de Cardoso Pires, o si nos ponemos históricos, Os Maias de Eça de Queirós... Como se ve, es muy difícil (o así lo veo yo, por lo menos) que alguien que no ha vivido un largo tiempo en una ciudad escriba un gran libro sobre ella. Por mucho cariño que se le coja a un lugar durante una estancia de semanas, días o incluso meses, llegar a comprender el alma de las ciudades, si es que eso existe, lleva mucho más tiempo...

martes, 3 de julio de 2018

Ciudades de libro #2 Marsella: Total Khéops de Jean Claude Izzo

Idioma original: Francés
Título original: Total Khéops
Año de publicación: 1995
Traducción: Matilde Sáenz
Valoración: Muy recomendable



Nunca he puesto los pies en Marsella. Aunque esta es una afirmación no del todo cierta, pues están las películas de Robert Guédiguian. Y los libros de Jean Claude Izzo. Así que mi cabeza sí ha estado en Marsella, en repetidas ocasiones, enredada en distintas tramas y acompañando a variopintos personajes. No tengo nada claro si el día que mis pies y mi cabeza coincidan en Marsella el resultado será gloria o será infierno, así que sigo tonteando por los buscadores de viajes con regularidad, sin decidirme, fantaseando con comprar los billetes para pasar unos días y sus noches por las calles y  rincones con los que Jean Claude Izzo llenó las páginas de sus contados libros, especialmente la trilogía protagonizada por Fabio Montale, que abrió este Total Khéops, prosiguió Chourmo (1996) y concluyó Soleá (1998).

Fabio Montale es un tipo a la deriva, un policía roto en una ciudad tocada, casi hundida. Ni él ni Marsella pasan por buenos momentos. En la última década del siglo pasado, los astilleros y los complejos metalúrgicos se vieron abocados al cierre y los puestos de trabajo que habían sido el imán para miles de proletarios llegados de humildes islas y riberas mediterráneas se esfumaron. El otro gran pulmón de la ciudad, los muelles por los que transitaban mercancías de casi cualquier origen y los barcos de pasajeros que enlazaban con Ajaccio y Bastia o con Palma y Argel, estaban en el punto de mira de inversores, ávidos del gran pelotazo que les supondría poder construir en estos centenares de hectáreas en primera línea. 

La urbe blanca, ocre y rosa, con fragancia a menta y albahaca, con barrios como el Panier, l’Estaque o la Capelette, donde una amalgama –el pastis provenzal-  de corsos, sardos, napolitanos, griegos, españoles (los espingouin, la contra del gabacho), magrebíes, armenios y comorenses habían encontrado un lugar donde sobrevivir, odiarse, soportarse, tolerarse y convivir, con sus acentos, comidas, canciones, prejuicios y creencias, estaba a punto de dilapidar su idiosincrasia, su genuina vitalidad; “A Marsella le había podido la tontería parisina”, al renunciar a su identidad populachera y portuaria, explica Fabio Montale, el mismo halo que envuelve a los entrañables personajes -Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin, Gérard Meylan- de Robert Guédiguian en películas como Las Nieves del Kilimanjaro, Mi padre es ingeniero, o Marie Jo y sus dos amores entre tantas otras.

Esa es la historia de Marsella. Su eternidad. Una utopía. La única utopía del mundo. Un lugar en el que cualquier persona, de cualquier color, podía bajar de un barco, o de un tren, con la maleta en la mano, sin un duro en el bolsillo y fundirse en la marea de los demás”, proclama Fabio Montale, consciente que sus prioridades como policía se ciñen a combatir la alta delincuencia y mantener el orden en las cites ouvriére, las cites del paro, los barrios del norte, donde el trapicheo, la frustración y la ira son contenidos y drenados a base de mano dura dispensada por gendarmes, hampones, mafiosos y fascistas del Frente Nacional. 

La trama de Total Khéops –el caos total que cantaban los raperos de IAM-  discurre por una espiral de crímenes en los que se enzarza el poder mafioso local para reasignar un nuevo reparto de poder y negocios y enfrenta al inspector Montale con su pasado, sus renuncias y su incapacidad para trascender su propio encantamiento. Fabio Montale, alter ego por supuesto del propio Izzo, es el narrador y protagonista, condición ésta que comparte con Marsella. Y, al igual que en las películas de Robert Guédiguian, se hace ineludible su luz, el mar, las calas y playas, las callejuelas y escalinatas, las vistas desde un balcón o una terracita, las chumberas y los pinares, las comilonas colectivas, los momentos de desesperación y la celebración de la vida como un goce irrenunciable, pese a todo. Marsella se exhibe impúdica en estas páginas no ya tan solo por los detalles minuciosos que aportan verosimilitud a la trama sino también por el encuadre que proporciona y por ser el hilo que articula la acción, violenta, despiadada y desesperada.

Desde l’Estaque a Pointe-Rouge, Jean Claude Izzo traza un retrato realista y delicado de la bahía, desde los astilleros de Fos-sur-Mer a la penitenciaría de les Baumettes, del chemin du littorel  que pasa por los muelles, como el de le Joliette donde tiene su despachito Montale a las calles peatonales y comerciales como saint Ferreol o rincones cotidianos como el puente de piedra de Fausse-Monnaie o el metálico que salva la rue d’Auberge desde el cours Lieutaud. Y además, pastis provenzal, le pone música de Paco de Lucía, BB King, Billie Holiday, Rubén Blades, Paolo Conte, Sabicas o Dizzy Gillespie.

Uno se imagina dándose un chapuzón en Les Goudes, donde vive Fabio Montale –el antepenúltimo embarcadero antes de las calas, en el levante de la bahía-, con la misma fruición que almorzando en una de las modestas mesas del restaurante de Mejean –en el poniente de la ciudad, donde transcurre La casa junto al mar, el último título estrenado de Guédiguian-, “pues en esta ciudad, pese a todo, a la gente le gusta vivir, ir de juerga. Cada día la felicidad era algo nuevo, incluso si al final de la noche la cosa se liquidaba con un severo control de identidad”, cuenta el dúo Montale&Izzo. Por eso, si por fin resuelvo sacar billetes a la ciudad blanca, ocre y rosa, estaré convenientemente advertido: “Marsella no es una ciudad para turistas. No hay nada que ver. Su belleza no se fotografía. Se comparte. Aquí hay que tomar partido. Apasionarse. Estar a favor o en contra. Estar, hasta las cachas. Y solo así lo que hay que ver se deja ver”.