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martes, 3 de febrero de 2015

Toni Morrison: Sula

Idioma original: inglés
Título original: Sula
Año de publicación: 1973
Traducción: Mireia Bofill Abello
Valoración: Muy recomendable

Es un pecado que no hubiese leído nada de Toni Morrison hasta ahora, a pesar de que varias personas me habían recomendado sus novelas, en especial Beloved o La canción de Salomón, ambas reseñadas en este blog. Y la primera que he leído es esta, Sula, que a juzgar por lo que he leído no es una de sus novelas más complejas, pero sí representa muy bien las preocupaciones, los puntos de vista, las técnicas y el estilo de Morrison.

La novela trata en realidad, más que de un personaje, de un espacio: el "Fondo" (Bottom en inglés) con que paradójicamente se designa a una colina poblada situada en algún lugar de Ohio, y habitada por una comunidad fundamentalmente negra, pobre y desesperanzada (un personaje principal colectivo que me hace recordar, aunque con obvias diferencias, Miguel Street de Naipaul). Uno de sus habitantes es Shadrack, ex-combatiente de la I Guerra Mundial y que ha instaurado el 3 de enero como "Día del Suicidio". También viven en el Fondo tres chicos, los Deweys, que comparten un mismo nombre y resultan indistinguibles los unos de los otros a pesar de tener un año de diferencia y diferentes padres.

Y por supuesto, también viven en él Nel y Sula, dos niñas que se convierten en las mejores amigas (en la primera parte de la novela) y que compartirán aprendizajes, experiencias y secretos. Al final de la primera parte, Nel se casa con un hombre apuesto llamado Jude y Sula desaparece de su vida durante años. Cuando Sula vuelva al Fondo volverá convertida en una mujer independiente, segura, seductora, provocando una reacción negativa del resto de sus habitantes, que la consideran una mala mujer, cuando no directamente una bruja. También la relación con Nel se transformará ahora, cuando Sula seduzca al marido de Nel y este la abandone para siempre.

Como decía, en Sula encontramos algunas de las preocupaciones esenciales que atraviesan toda la obra de Toni Morrison: la condición de los negros en Estados Unidos, y en especial de las mujeres negras en Estados Unidos, discriminadas por la sociedad y por el Estado, abandonadas y maltratadas por los hombres (blancos y negros), alejadas de la educación y condenadas a cuidar de sus hijos de la mejor o peor manera que saben. Hay en Sula capítulos de grande belleza, en especial cuando se manifiesta el pensamiento mágico de los habitantes del Fondo (no creo que se pueda hablar de "realismo mágico" en esta novela, sin embargo), pero lo que más abunda es la violencia, una violencia a veces trivial y muchas veces terrible (una madre que se quema viva mientras su hija mira, otra madre que quema vivo a su hijo drogadicto, un niño que en medio de sus juegos cae en una charca y muere ahogado...).

Todas estas historias del Fondo, Toni Morrison las cuenta con crudeza pero también con ligereza, con abundante sentido del humor: de otra forma habría quedado una novela terrible pero también mucho menos
legible. La ironía con la que se trata a los personajes hace que resulten grotescos, entrañables también por momentos, pero en cualquier caso resulta difícil que alguno nos resulte completamente simpático, ni siquiera Nel, que es el personaje "bueno" de la novela (o quizás no tanto, como le dirá Sula en un momento).

No sé si Sula es la mejor obra de Morrison (ya digo que no he leído nada más de ella), pero sin duda es una lectura muy recomendable, muy personal y ciertamente memorable.

También de Toni Morrison en ULAD: BelovedLa canción de Salomón, VolverEl origen de los otros

lunes, 24 de diciembre de 2018

Toni Morrison: El origen de los otros

Idioma original: inglés
Título original: The Origin of Others
Traducción: Carlos Mayor Ortega (versión en castellano) / Ferran Ràfols Gesa (versión en catalán)
Año de publicación: 2017
Valoración: está bien

Poco se puede decir, a estas alturas, de Toni Morrison. Ganadora del Pulitzer y del Nobel de Literatura, la autora destaca no únicamente por la calidad de sus obras, sino también por el contenido de denuncia que incluye en ellas, en un activismo constante en la lucha contra el racismo y en favor del feminismo. Esta mentalidad crítica y luchadora se transmite en su literatura, y son pilares sobre las que se sustenta su obra.

En el libro que nos ocupa, la autora se centra especialmente en hablar sobre el racismo, y prueba de ello es que el relato empieza con un prólogo de mi admirado Ta-Nehisi Coates, del que ya reseñé su grandísimo libro «Entre el mundo y yo». En el prólogo, el autor nos pone en situación, explicando el momento en el que Morrison hizo las charlas que cubre esta obra y la situación de la sociedad norteamericana en ese momento. Coates, fiel a sus ideales, ataca el racismo existente y las políticas que, no sólo no ayudan a combatirlo, sino que lo fomentan. Así menciona en el prólogo los sucesos de Ferguson, Baltimore o Chicago, y la cultura racista de la sociedad americana, históricamente existente y defendida y protegida por el poder. Este prólogo sirve como introducción a lo que Morrison explica en el libro, y es ya de por sí solo una interesante lectura.

Morrison nos habla en este libro sobre la alteridad y la diferencia entre seres humanos por causa de la raza, tratando también sobre la tendencia del ser humano a separar y juzgar a los que no pertenecen a su mismo clan, considerándolos como los otros, el enemigo, alguien a quien se debe controlar. Así se establece la raza como elemento crucial de las diferencias entre personas, que de igual manera que la riqueza, la clase y el género, todos tienen que ver con el poder y la necesidad de control. Esta parte del libro es la más destacada, pues ataca a la raíz del problema y pone de relieve una serie de cuestiones y reflexiones que son de gran interés.

Situando siempre la raza como elemento nuclear del libro, la autora también nos habla de cómo la literatura, poniendo como ejemplo «La cabaña del tío Tom», se ha encargado a lo largo de los siglos de suavizar el impacto de las violaciones en las plantaciones, dándoles una capa de romanticismo que ocultara su extrema brutalidad, así como también la tendencia de cierta literatura de infantilizar los castigos a los niños, de suavizar los abusos cometidos para que los lectores (blancos) no se alarmaran ante tales hechos. Y en este análisis sobre cómo algunos autores tratan el tema de la raza, la autora nos habla de Faulkner y Hemingway, analizando en qué clave se tendría que leer su obra. También critica la visión que se ha tenido de África a lo largo de la literatura, bajo la visión de Conrad, Bellow, Hemingway, pues se la ha denigrado convirtiéndola en un territorio donde todo estaba por hacer, como un «feto que espera el momento de nacer».

En este análisis sobre como la literatura trata las razas, la autora aprovecha para hacer una revisión de algunos de sus libros, especialmente «Paraíso», y lo que pretendía contar con ello. También habla de la historia real de Margaret Garner que la impulsó a escribir su gran libro «Beloved», añadiendo párrafos del libro para comentarlos (con gran riesgo de que el lector caiga en una lectura accidental de spoilers que estropeen la lectura de su obra más conocida). A mí parecer, esta es la parte menos interesante del libro, pues a menos que se haya leído los libros que la  autora incluye en su análisis, al lector le falta el marco de referencia a partir del cual analizar o profundizar lo que la autora expone; para un lector no conocedor de la obra de Morrison, el libro se hace cuesta arriba y pierde interés, pues la autora incide demasiado y abunda en el análisis de sus propios libros incluyendo párrafos en los que sustentar su opinión, para ampliarla y comentarla, para profundizar sobre cuál era su intención y propósito. Esta parte central y demasiado extensa, hace que el libro no avance con la fluidez de capítulos pasados y, a menos que se hayan leído los libros comentados, no aporta demasiado al conjunto.

Más interesante en su parte final, cuando habla de la globalización y sus consecuencias. Según la opinión de la autora, al idealizar el fenómeno de la globalización, no nos percatamos de cómo destruye las singularidades, como la eliminación de fronteras afecta a los territorios, como se debilitan las culturas y los territorios afectados por el fenómeno, y la migración masiva de ciudadanos.

Por todo ello, el libro está bien en una visión global, al tratar el enfoque que desde la literatura se ha dado a la raza negra, y a los abusos cometidos de manera repetida sobre ella a lo largo de la historia.  Lamentablemente se centra demasiado en la propia obra de la autora y, a menos que un tenga especial interés en profundizar sobre ella, se hace algo repetitiva e innecesaria. Aun así, el análisis literario cuando lo abre a otros autores es interesante, y ahí radica principalmente el interés del libro, en cómo la literatura ha incidido e influenciado la visión que se tiene del continente africano y también de los negros, evidencia el poder de los mensajes, en qué se transmite y cómo; en este aspecto, nos percatamos de la importancia de la literatura (en positivo y en negativo), y es que la literatura conlleva una responsabilidad, pues su influencia en la sociedad es evidente. En este aspecto se hace evidente que debemos ampliar el abanico lector a otras culturas, a otros pueblos, a otras sociedades e incluso otras lenguas, pues toda imagen de la realidad es sesgada si solo se mira desde una única perspectiva. La cultura debe romper el cristal desde el cual nos protegemos para ver, sin acercarnos demasiado, un mundo que, aunque sea diferente, es más parecido a nosotros mismos de lo que creemos, o de lo que solemos pensar.

Podéis encontrar más reseñas sobre Toni Morrison en ULAD: aquí

miércoles, 1 de enero de 2014

Toni Morrison: La canción de Salomón

Idioma original: inglés
Título original: Song of Solomon
Año de publicación: 1977
Valoración: Muy recomendable (como mínimo)





Para quien todavía no conozca a Toni Morrison, puede que esta novela –galardonada con el National Critics Awards en 1978– constituya un buen comienzo. Ya hablamos aquí de Beloved (premio Pulitzer 1988) que, probablemente, la supera en excelencia literaria, pero esta tiene la ventaja de ser menos abstrusa, de proporcionar más facilidades al lector. También dijimos que recibió el Nobel en 1993. Eso sí, hay que tener en cuenta que, como en cualquier exponente del realismo mágico –de la negritud americana en este caso–, realidad y fantasías ancestrales se combinan en un todo imposible de delimitar so pena de perder gran parte de la magia.

Decir que la acción se desarrolla en los años sesenta no es exacto del todo, más correcto sería situar en esa época el desenlace y el núcleo; pero el pasado tiene aquí un papel fundamental, e ignorarlo o confundirlo acaba desorientando a los personajes y dando lugar a imprevisibles  consecuencias. Con el territorio ocurre algo parecido: los hombres y mujeres que, cada uno a su manera, intentan sobrevivir de la mejor manera posible se han establecido en Michigan desde hace años, pero sus raíces están en otro sitio, mucho más al sur. Aquel que consiga remontarse a épocas pasadas, acercarse al lugar que habitaron sus mayores, hallará la clave de su propia idiosincrasia. Aunque abrir la caja de los truenos ha sido peligroso siempre.

Morrison es una narradora extraordinariamente eficaz. No solo por su capacidad para desplegar un argumento complejo sin dejar un cabo suelto, consigue además diseñar un conjunto de caracteres tan coherentes como contradictorios, cada uno con su parte de razón y verdad, en una confrontación continua y casi siempre soterrada que va progresando y complicándose a medida que pasa el tiempo. Y todo ello sin presentar los hechos linealmente, al contrario: abundan las idas y venidas a diferentes tramos del pasado que junto al consumado manejo de los diferentes hilos de la historia produce una sensación de complejidad que  se acerca mucho a las vivencias.

Los conflictos éticos están presentes de continuo. Por ejemplo, el apego a los bienes materiales del padre de Lechero, un rasgo que lo deshumaniza y separa de su excéntrica y vigorosa hermana Pilatos pero a la vez aporta bienestar a su familia; o el egoísmo despreocupado del propio Lechero, tan connatural a él como exento de mala intención. Pero es ese diálogo constante con la vida de ultratumba y las circunstancias que la sociedad les impone (segregación, pobreza, ignorancia, un pasado sin libertad con la consiguiente sumisión que produce) lo que está presente en cada párrafo y condiciona los actos de la gente. De la mayoría pues, como ya he dicho, algunos asumen los valores de los blancos, unos su afán de prosperidad, otros su violencia.

Relaciones familiares pero también amistad y hasta amor. Sentimientos que no se idealizan, al contrario. Cuanto mayor es la implicación emocional más propensión a destruir –mediante violencia, rencor, morbo, lo que sea– y más facilidad para hacerlo. La realidad es tan áspera como estoy dando a entender, pero quizá la salvación esté en la búsqueda, puede que la auténtica tragedia se produzca, precisamente, cuando ya no hay razón para buscar.

Todo esto quedaría desdibujado si la traducción no reprodujese en correcto castellano las sutilezas de lenguaje y pensamiento, sus resonancias misteriosas, el complejo mundo interior de Toni Morrison.


También de Toni Morrison en ULAD: Beloved, Sula, VolverEl origen de los otros, La noche de los niños

lunes, 25 de julio de 2011

Toni Morrison: Beloved

Idioma original: inglés
Título original: Beloved
Año de publicación: 1987
Valoración: Muy recomendable

Cuando el mundo real, los sueños y deseos, los ritos mágicos, la imaginación, las creencias, las habladurías se condensan en un único discurso, cuando el sufrimiento, los recuerdos dolorosos, la conciencia de la propia dignidad pisoteada nos asaltan dormidos y despiertos, cuando el pragmatismo y la crueldad más irracional se han aliado contra nosotros, no hay palabras ni sintaxis ni relato al uso que pueda contar nuestra historia.

Porque somos el negro americano que se ha convertido en mercancía si es útil y en mera basura si no lo es. Porque nuestra humillación es tan grande que el lenguaje convencional no puede explicarla. Porque cualquier experiencia: la miseria, el hambre pero sobre todo la muerte es preferible al hecho de ser cosificados. Porque hay circunstancias en que la vida no vale nada y desaparecer es preferible, con mucho, a seguir existiendo.

En momentos así, cuando todo parece haberse perdido, lo sobrenatural no nos puede amargar la existencia por mucho que lo intente poniendo en marcha todos sus artificios macabros, sino hacerla más llevadera porque nos acompaña cuando estamos solas, y corre el siglo XIX, y somos mujeres, y pobres, y para colmo negras, y puede que la desesperación nos haya hecho asesinas. Pero sobre todo somos madres. Y todo esto nos convierte en lo más bajo de los parias de este mundo.

Y si al espíritu vengativo no le basta con provocar fenómenos extraños en su antigua casa para amedrentar a sus habitantes o alguien más fuerte que ellos ha debilitado su influencia, quizá tomen apariencia humana y nos hagan compañía una temporada mostrándose amistosos y presentando un aspecto inofensivo con el único propósito de acabarnos de destruir. En ese caso, nada más que un milagro podría salvarnos del desastre. Y el milagro sólo puede venir de alguien tan enérgico, abnegado y tenaz que sea capaz de amarnos en esas circunstancias.

Esto es lo que viene a contarnos Toni Morrison, una de las mejores plumas estadounidenses que, narrando el drama de la mujer negra americana, ganó el premio Nobel en 1993, y antes el Pulitzer por esta novela (llevada a la gran pantalla en 1998 por el director Jonathan Demme con Oprah Winfrey en el papel protagonista) impregnada de realismo mágico, realidad descarnada y salvaje y un profundo conocimiento del ser humano, hasta de la ráfaga más inconfesable que cruza su mente. Una obra que podríamos considerar difícil por el dramatismo que encierra pero también porque mezcla fantasía y realidad, porque está llena de metáforas y alusiones para evitar lo más desagradable e incómodo sin dejar de mencionarlo, porque plantea los dilemas éticos más escabrosos sin tomar partido y porque alterna varios planos temporales, pero merece la pena el esfuerzo. Una obra áspera, cruel, angustiosa a veces, en la que el misterio no logra suavizar nada de lo que cuenta pero sí impregnarlo de encanto y poesía y en la que el amor es tan intenso y generoso que destruye todo lo que toca: a Halle, a Sethe, a Baby Suggs y a los hijos que engendran, aunque quizá en manos de Paul D. se convierta en un sentimiento fructífero, quizá con su nueva llegada al 124 la esperanza tenga por fin un lugar.

También de Toni Morrison en ULAD: La canción de SalomónSula, Volver, El origen de los otros, La noche de los niños 

sábado, 20 de enero de 2018

Toni Morrison: La noche de los niños

Resultado de imagen de la noche de los niños amazonIdioma original: inglés
Título original: God Help the Child
Año de publicación: 2015
Valoración: Está bien


No le hacía ninguna falta. A Toni Morrison, digo, no le hubiese hecho falta publicar esta novela. Ni siquiera escribir nada que esté, aunque sea ligeramente, por debajo de lo que ya tiene en su haber. ¿Una historia de amor? Sí, pero tan increíble, tan traído por los pelos todo. El amor pero también lo demás. Protagonistas  vulnerables en su fortaleza, o viceversa, como todos los suyos. Ambientación contemporánea para variar, nada de ecos del pasado. Un argumento que le podría haber quedado más sólido si no se multiplicasen las coincidencias. Y, sobre todo, si estas coincidencias no se refiriesen a lo innombrable. Porque se puede hablar de (casi) todo, y la clave está en ese adverbio del que, obviamente, no tengo nada que decir. Es más, si hubiese barruntado que la cuestión se abordaba aquí –y más con tanta insistencia –jamás hubiese abierto el libro.
Todo se acaba, hasta el genio de los genios. Ojo, hablo de genialidad, que no hay que confundir con el oficio, este permanece mientras se conserven las facultades intelectuales. Y oficio sigue habiendo, lógicamente. Por eso, y a pesar de tópicos como el de la belleza absoluta, de la incomprensible superficialidad, a pesar del morbo que asoma de vez en cuando, no puedo hablar mal del todo de La noche de los niños: está claro que no es lo mejor de su autora, pero hay que tener en cuenta que sus obras menores siempre estarán por encima de lo más destacable de otros.
Morrison, creadora de personalidades entrañables, nos regala a una protagonista particularmente simpática. Bride se reinventa a sí misma tras una infancia sin cariño por culpa, no de su raza, sino de la intensidad de esta. Resulta interesante observar los sinuosos caminos  que recorre la sinrazón para ejercer sobre sus víctimas el mayor de los daños posibles. Ahora resulta que la raza tiene grados. Por eso, no solo los que logran pasar desapercibidos –como ocurre en Imitación a la vida (película de 1959) o en La mancha humana de Philip Roth– también los reconocidos y reconocibles pueden avergonzarse de los otros, más oscuros que ellos. Pero la vida es tan inclemente que ¿quién podría culparles de algo así?
Bride es, además, toda una campeona. Aunque deba superar una infancia traumática y una culpa de la que no es responsable ¿cómo calificar su meteórica carrera con solo veintitrés años? ¿Cómo obtiene esa seguridad de haber llegado a la cumbre que jamás se pone en cuestión? ¿Quién es ella como personaje? Sí, está claro que se hace querer pero ¿se ha construido con la suficiente consistencia?
No sé ustedes, yo desde luego no acabo de creérmela, lo siento. Lo mismo ocurre con Booker, el otro personaje principal. Encantador, contradictorio, repleto de de matices, pero también de tópicos e incoherencias. Y es una pena, porque el resto de la nómina está muy bien desarrollado. Hasta la mítica tía Queen, a pesar de cierta idealización, sin olvidar a la desgraciada Sofía, maestra recién salida de la cárcel, ni por supuesto a la familia de Booker al completo, así como a la imperfecta –y por tanto muy creíble– madre de Bride.
Una historia de luchadores, narrada desde varios puntos de vista, tan tierna como amarga, que se lee con el mismo afecto que transmite y que nos hará plantearnos algunas cuestiones trascendentes. A quien necesite un empujón, le diré que es corta, de lectura fácil, con un final más que amable y que la emoción está asegurada si es lo que estaba buscando.


De la misma autora: Volver, La canción de Salomón, Sula, BelovedEl origen de los otros

lunes, 26 de junio de 2017

Toni Morrison: Volver

Idioma original: inglés
Título original: Home
Año de publicación: 2012
Valoración: está bien

La novela empieza de forma trepidante. La autora nos presenta de entrada, en medio de la acción, al protagonista principal, Frank Money, narrándonos su huida del manicomio donde se encontraba encerrado por causas que desconoce y que no logra recordar. Rápidamente la autora nos pone en contexto, y nos explica que hace un año que Frank ha vuelto de la guerra de Corea y que su participación en ella le ha causado no pocos traumas; las visiones y recuerdos de cadáveres y mutilaciones le siguen persiguiendo de forma habitual, y convierten su día a día en una prueba de superación, si quiere conservar la cordura. Pocas cosas tiene claras; por una parte, los recuerdos de la relación que tuvo con Lily ("alguien que conseguía borrar temporalmente esos malos recuerdos") y, por otra, la necesidad de conseguir encontrar a Cee, su hermana. La recepción de una nota donde le informan que la vida de su hermana corre peligro le insta a huir y le apremia a encontrar la casa donde vive, para sacarla de ahí. Pero la vida no es fácil para Frank; sus traumas de la guerra y el recuerdo constante de ser el único de sus amigos que han salido de ella con vida, le marcan de forma ineludible. El pasado está siempre presente, le ata psicológicamente y le devuelve a la guerra.

A partir de esa premisa, la autora retrocede en la historia para contarnos el pasado de la familia en Georgia, especialmente el de su hermana, y la difícil vida que tuvo que soportar al lado primero de sus padres, para luego pasar a vivir con un chico que la abandona a su suerte y finalmente, después de varios trabajos con un sueldo escaso, conseguir entrar en una casa para ayudar a un médico en su trato con los pacientes.

La narración se produce en dos momentos temporales diferentes, hábilmente mezclados y alternados de forma que otorgan continuidad a la historia, y es a través de esas miradas retrospectivas como vemos cómo se ha llegado a la situación actual, cómo los hechos del pasado han marcado una trayectoria con un destino a lugares no deseados, no solo físicamente sino también mentalmente, donde cada día es peor que el anterior. Hablamos de Frank y sus constantes traumas; hablamos de Cee y de cómo la prisa por abandonar ese hogar poco acogedor la llevan a buscar refugio en manos de un chico de intenciones poco claras o elogiables; hablamos de unos padres ausentes, de unos abuelos con una relación desigual, donde la indiferencia de él permitía la dureza de ella en la educación de los pequeños Frank y Cee, educados bajo las más estricta rigidez.

Narrativamente, hay cierto abuso de los monólogos interiores de Frank y sus traumas con el pasado. Se consigue el objetivo de entrar en el personaje por reiteración, aunque se percibe cierto exceso en el uso del recurso al tratarse de un libro corto; de todos modos, es comprensible la reiteración teniendo en cuenta que la necesidad de superar los recuerdos y pensamientos que le persiguen son el núcleo de esta novela que trata sobre la supervivencia, las ganas de conseguir seguir adelante y la lucha por defender a los tuyos.

Con un estilo directo, sencillo y de frases cortas, la autora nos habla de la lucha, especialmente la librada por las mujeres en un entorno hostil, poco amable para el desarrollo de sus capacidades. Nos habla de racismo en la sociedad y de familias rotas, con mentalidades que rozan la tiranía, nos habla de sentirnos protegidos y de la capacidad de combatir. También de redención, de encontrar nuestro propio lugar, y de estar al lado de las personas que sienten estima por nosotros. Habla, en fin, de la vida no siempre fácil, de las consecuencias de las decisiones tomadas, y de que en la lucha por conseguir nuestros objetivos está la propia victoria.

También de Toni Morrison en ULAD: Beloved, La canción de Salomón, SulaEl origen de los otros


lunes, 25 de septiembre de 2017

Colson Whitehead: El ferrocarril subterráneo

Idioma original: inglés
Título original: The underground railroad
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

Parece que últimamente estamos asistiendo a una revisión de la historia de América de los últimos siglos, especialmente en clave reivindicativa sobre los derechos de los afroamericanos y su historia, a juzgar por la proliferación de autores de nivel que tratan este tema. Siguiendo esta estela de autores afroamericanos llego, después de haber leído «Volver» (Toni Morrison), «Entre el mundo y yo» (Coates) o «Volver a casa» (Gyasi), a esta reciente publicación de la novela de Colson Whitehead, ganadora del National Book Award en 2016 y del Premio Pulitzer en 2017. No son pocos premios como carta de presentación.

El libro empieza situándonos rápidamente en contexto, narrándonos las raíces familiares de Cora, protagonista absoluta del libro, en las postrimerías siglo XVIII. De esta manera nos expone, en un inicio, la vida de su abuela, siendo como la de muchas esclavas: vendida y revendida, utilizada y usada para trabajar, a manos del mejor postor. Sin ánimo de libertades, ni atisbos de tan siquiera soñar con ellas. Una de las muchas desgraciadas historias del pasado de tantas familias afroamericanas, que arrastran una falta de derechos humanos de generación en generación, hasta que consiguen cambiar la historia. Cora nos cuenta como su madre huye de la plantación donde la tienen esclavizada y, siguiendo su estela, empieza a forjarse su carácter fuerte, en compañía de otras mujeres de la comunidad, creciendo como una mujer valiente y desafiante, defensora de aquello que es suyo, de lo poco que tiene.

En esta primera parte del libro (una de sus mejores partes), el autor nos mete de lleno en una comunidad de esclavos, describiéndonos la vida de sus miembros con gran detalle, definiendo perfectamente un escenario lleno de abusos y vacío de libertades. Un entorno donde los castigos corporales son habituales y donde el miedo está siempre presente en aquellos que solo han vivido bajo la opresión infringida por la tenaza de su amo. Y como ocurre en tantas ocasiones, cuando la presión ejercida es muy fuerte, hay un momento en que algo estalla: la reacción de Cora hacia uno de los amos cuando, al querer defender a un niño de una paliza, provoca que su ira se vuelva hacia ella y la someta a un castigo ejemplar. Este hecho provoca que Cora se decida a escapar de la plantación.

A partir de ahí, y para no entrar en excesivo detalle, el libro nos retrata la huida de Cora a través del ferrocarril subterráneo que hace honor al título, un ferrocarril clandestino creado y mantenido por los abolicionistas americanos. El ferrocarril que consistía en una red clandestina, toma aquí una nueva forma en la novela de Whitehead, conviertiéndolo en un ferrocarril real que permite a la protagonista moverse por diferentes estados de norteamérica. Así, su huida la lleva a distintos territorios que el autor aprovecha para narrarnos las diferentes ramificaciones del racismo existente en la época: nos habla de plantaciones de algodón y esclavitud, nos habla de las pocas libertades de los negros, nos habla del "peligro" que estos suponen para el hombre blanco quienes les ven como mano de obra, pero que, a la vez, temen que un exceso de población negra puede suponer que haya una revuelta, por ser mayores en número; nos cuenta como se intenta controlar la demografía para evitar un aumento de afroamericanos y de un racismo "normalizado" en la sociedad... nos habla, en fin, de las libertades de unos y de la opresión de los otros, de las diferencias entre razas a todos los niveles, y de los derechos, sólo existentes para aquellos que mandan. Para el resto, quedan las obligaciones.

De esta manera, el autor utiliza una historia particular, puntual, para narrar no únicamente las injusticias a las que estaban sometidos los negros sino también el porqué del mantenimiento de la esclavitud durante tanto tiempo. La esclavitud como una lucha de poderes con un telón de fondo económico, que somete, controla y ordena; el sometimiento de los negros esconde, tras una fachada de racismo, un autoconvencimiento para justificar los actos. Y con ello, el enriquecimiento, el poder, el control.

Así, esta novela ofrece una visión renovada de la lucha de los afroamericanos por sus derechos, y la decisión de combatir la esclavitud con la ayuda de aquellos que no la comparten. Un canto a favor de la lucha por la supervivencia, la libertad y el deseo de conseguir un mundo mejor (o al menos igual para todos). La solidaridad entre personas individuales, formando un colectivo para conseguir revertir una sociedad desigual e injusta, gobernada por aquellos quienes las diferencias les van siempre a favor.

La habilidad del autor radica en lograr combinar la realidad existente en la América de principios de siglo XIX con una historia de persecuciones. Hay ecos notables de obras anteriores que probablemente el autor no trata de ocultar: vemos a una Cora convertida en Anna Frank, vemos al caza recompensas Ridgeway como una reconversión de Javert de «Los miserables» de Victor Hugo. Colson Whitehead ha escrito (o deberíamos decir retratado) una historia ocurrida hace décadas, pero no tan lejana en la mentalidad de algunos opresores. Su "guionizable" historia, fácilmente transformable en película (o serie, por los tiempos que corremos) facilitan la formación en nuestra imaginación de cada una de las escenas. La habilidad descriptiva del autor lo permite, y no sería de extrañar que su adaptación fuera una realidad en un futuro cercano. Aunque el libro hubiera podido tener algo más de dureza, el autor prefiere dejar que eso caiga en la imaginación del lector. Si eso es una decisión acertada o no, dependerá de cada uno. Sí echo de menos algo más de profundidad en el retrato de los personajes, matices que nos faciliten la empatía con ellos y los haga más humanos, con sus contradicciones y dudas y algo menos planos, pues encontramos que los "buenos" son "muy buenos" y los "malos", "muy malos". Es comprensible la elección de retratarlos sin claroscuros, puesto que hablamos de un libro de denuncia, sobre el racismo. Pero aún así, echo en falta algo que me acerque a sus personajes y algo más de pluralidad (la historia de Caesar queda algo coja, y podría haberse extendido).

En cualquier caso, el libro nos brinda impactantes imágenes: la utilización de los negros para una recreación histórica a modo de atracción de feria, las escenas de Cora reconvertida en Anna Frank, y el repertorio de atrocidades y abusos cometidos contra los negros. Son escenas duras, impactantes, y que quedan en la memoria durante mucho tiempo. Y eso es bueno porque bienvenidos sean los libros que ofrecen una lectura que, más allá de la propia historia narrada, dejan un poso en el lector sobre el cual aposentar las reflexiones y evitar, en el tema racial u otras injusticias, que tales aberraciones puedan suceder de nuevo (o sigan sucediendo, mejor dicho).

También de Colson Whitehead en ULAD: El coloso de Nueva York

viernes, 9 de noviembre de 2012

Imre Kertész : Liquidación

Título original: Felszámolás
Idioma original: Húngaro
Año de publicación: 2003
Valoración: Está bien

Efectos colaterales del último Nobel: interesarme por algunos de los autores que se han hecho con el galardón en los últimos años, sobre todo cuando ya ha pasado un tiempo y todo el revuelo ha remitido. Lo hice con Coetzee y pienso hacerlo algún día con Toni Morrison, por lo que a Mo Yan le esperan unos añitos; manías que tiene uno, de ir contracorriente. Porque cuando uno repara en la frecuencia con que se ha ido a premiar oscuros escritores de países cuya tradición literaria rara vez ha accedido a los dos mercados de mayor referencia aquí (el anglosajón y el hispánico), uno acaba pensando si no se está intentando, por una parte, impartir justicia con las lenguas y literaturas más minoritarias y por otra apelar a una especie de esnobismo global para despistar lo más posible, y de paso para hacerse algo los exquisitos. Lo sé, un juicio algo a la ligera.

Liquidación fue la primera novela que Imre Kertész, escritor húngaro que fue galardonado en el 2002, publicó una vez premiado; no he leído más de él, así que no puedo pronunciarme sobre si esa condición afectó de alguna manera la calidad de su obra; sí he visto las reseñas anteriores publicadas de sus novelas en ULAD, Dossier KSin destino y Diario de la galera, y veo que todas sus respectivas valoraciones superan a la que yo le otorgo. No puedo llegar a una conclusión sobre este hecho sin leerlos, lógicamente, pero sería maliciosa, seguro. Del tipo de los autores que han obtenido importantes premios cuya repercusión altera la esencia de su obra.
Porque Liquidación me estaba gustando mucho. Dentro de su escasa ambición, la novela calaba en mí, en tres capas muy sutiles: la propia historia personal del hombre que recibe un curioso encargo de un amigo, escritor suicidado; el trasfondo del gobierno húngaro que se ha desmoronado como consecuencia de la caída del muro; y el siempre efectivo recurso dramático de la mención de los campos de concentración (pues el escritor suicidado resulta tener un número de prisionero tatuado en un emplazamiento donde sólo se lo ponían a los bebés). Y ocurre que mientras el tema del pasado comunista de Hungría está excelentemente perfilado, a través de menciones prácticamente casuales pero notables, evocando ligeramente el espíritu de películas sobre la Guerra Fría, como La vida de los otros, con eso, justo cuatro o cinco esbozos, sutiles referencias, y un par de escenas típicas de los agentes de la autoridad procurando controlar la disidencia, por el contrario, tanto la historia personal de los dos protagonistas, el escritor suicida y el amigo encomendado, como el asunto de Auschwitz (este último en unas muy confusas páginas donde el nombre del campo es mencionado hasta la saciedad, rozando peligrosamente la banalidad y cierto sentido del absurdo) no se resuelven. No llegamos a conclusión alguna sobre el juego de triángulos amorosos y traiciones entre el escritor y su círculo de amantes y amistades, ni tampoco sobre la incidencia que tiene su condición de ex-prisionero (y la condición de judía de una de las mujeres) en los hechos que se exponen. Así que, por mucho que una buena parte del libro me haya hecho disfrutar, incluso elucubrar si nos acercábamos a un efectista final, al uso de libros como El lector, de Schlink, la novela pierde fuelle, espectacularmente, al final, y traza un desenlace algo desleído que, por lo menos a mí, me ha dejado algo decepcionado.

También de Imre Kertész en Un libro al día : Dossier KSin destino y Diario de la galera

miércoles, 10 de octubre de 2012

Premio Nobel 2012: Hagan sus apuestas

Un año más ya estamos en vísperas de que se conozca el Premio Nobel de Literatura, y como siempre cada cual tiene sus favoritos. En ULAD no vamos a ser menos, así que aquí va nuestra particular quiniela (mañana sabremos si hemos acertado).

Vamos a proceder por eliminación: a la Academia Sueca le gusta repartir sus gracias con variedad (un año aquí, otro en la otra punta del globo...), así que nuestra primera apuesta, considerando que el año pasado ganó Tranströmer, es que este año el premio no será para ningún europeo, o por lo menos para ningún europeo-occidental (dejamos fuera de las apuestas, por tanto, a candidatos sólidos como McEwan, Magris, Lobo Antunes o Cees Nooteboom). Por el mismo motivo, también apostaría a que este año no va a ganar un poeta (lo siento, Adonis, otro año más que te quedas sin premio).

Don DeLillo
Seguramente, por lo tanto, volverá a ganar un narrador (novelista o cuentista), no europeo. Los estadounidenses pueden tener muchas opciones, por dos motivos: hace ya casi veinte años que ningún yankee gana el Premio Nobel (la última fue Toni Morrison en el 93), y además hay varios candidatos fuertes, con lo cual podrían premiar a uno para, simbólicamente, premiarlos a todos. Los principales favoritos estadounidenses hoy en día son Philip Roth (de quien sin embargo dicen que tiene mala prensa en la Academia Sueca), Don DeLillo, Thomas Pynchon o Cormac McCarthy, entre otros. DeLillo o Pynchon son, creo, los que más posibilidades pueden tener, porque son casi unánimemente aclamados por la crítica. Lo del Premio Nobel para Bob Dylan yo no me lo acabo de creer.

Alice Munro
Si miramos fuera de EE.UU., los académicos también tiene donde elegir: todavía en América, pero más al norte, nos encontramos a Alice Munro, cuentista canadiense que puede beneficiarse si los suecos deciden darle el premio a una mujer este año (lo que no quiere decir, ojo, que no se merezca el premio). En África el candidato más fuerte es Chinua Achebe, grandísimo narrador nigeriano, aunque también suena el nombre de Ngũgĩ wa Thiong'o; en Asia, por mucho que me duela, el nombre más repetido es el de Murakami, junto con el del chino Mo Yan. Y en Europa, pero en Europa del Este, tenemos también grandes candidatos como Ismail Kadaré, Milan Kundera o Peter Nadas, del que confieso que no he leído nada (perdón por el chiste).

Enrique Vila-Matas
¿Y los españoles, preguntará alguno? Pues se habla de los de casi siempre: Javier Marías, Enrique Vila-Matas y, algo que a mí me sorprende, Eduardo Mendoza. Pero este no va a ser el año: no solo porque como he dicho antes no creo que este año gane ningún europeo, sino porque está muy reciente el premio a Vargas Llosa, y que ganasen dos escritores hispanohablantes tan seguidos sería muy sorprendente. (Dejando aparte el hecho de que la literatura española actual no está EMHO a la altura de las más grandes de la literatura mundial, pero ese es otro asunto).

En fin, que si nos pedís uno o dos nombres, nos quedamos con DeLillo y Pynchon. Pero también es posible que la Academia Sueca nos sorprenda a todos premiando a un casi-desconocido. Mañana lo sabremos...

miércoles, 20 de octubre de 2010

Julia Leigh: Inquietud

Título original: Disquiet
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 2009
Valoración: Se deja leer
Con esta novela corta me ha pasado lo mismo que con otras tantas de autores jóvenes: como me he quedado helado tras leer su última página, he tenido que recurrir a opiniones y críticas ajenas para hacerme una idea de si mis impresiones son compartidas por más personas. Y una vez más, mi búsqueda me ha lanzado un chorretón de agua fría en mi jeta ejemplar: la australiana Julia Leigh no es que guste, es que apasiona...
Leigh, una lánguida y pálida dama de cabellos oscuros e inquietante mirada (a juzgar por las foticos de Google), escribió su primera novela, El cazador, hace nueve años amadrinada por la famosa Toni Morrison (por no sé qué historia de escritor consagrado-ayuda-a-joven, patrocinada por Rolex), y vamos, que encantó encantó encantó...La compararon con Coetzee y la propia y joven debutante confesó su admiración por Coetzee y que sí, que claro que estaba influída por él.

El libro éste no lo he leído, pero después de Inquietud, pocas ganas hay...
El argumento de Inquietud: una mujer vuelve al castillo de estilo francés de la campiña donde se crió con sus dos insoportables retoños a cuestas. Allí, aparte de su anciana mother y el servicio, está su tampoco muy normal hermano con su esposa velando el cadáver de su pobre bebecita recién nacida, al que no se les ocurre otra cosa que meter en el congelador para que se conserve...Y ya está, ¡no hay más argumento! Sólo un puñado de escenas duras y desagradables de esta gente tan rara-rara-rara en un entorno goticuno inglés y francés... Punto pelota.
Yo no veo por ninguna parte a la "gran hechicera" que la crítica ve en Leigh, la cual (esto ya me interesa más) ha dirigido este año una versión cruel y morbosilla de la Bella Durmiente (está ambientada en el mundo de la prostitución, no les digo más). A ver cuándo la estrenan...Será en plan Tim Burton, supongo, pero vamos..., si dirige como escribe, no le llegará al padre de Eduardo Manostijeras ni a la suela del zapatito...

lunes, 23 de septiembre de 2019

David Grann: Los asesinos de la luna

Idioma original: inglés
Título original: Killers of the Flower Moon
Traducción: Luis Murillo Fort
Año de publicación: 2017
Valoración: bastante recomendable

A lo largo de la historia, se han escrito grandes novelas ubicadas en el género del true crime. Novelas que van más allá de la frecuente y temida etiqueta de basada en hechos reales (que uno nunca sabe hasta qué punto se asemejan a los hechos en cuestión), pues estas describen con exactitud y meticulosidad historias de crímenes sucedidos y dejan totalmente de lado cualquier tentación de ficcionarlos. En este género nos podemos encontrar con grandes clásicos como «A sangre fría», de Truman Capote, también «El adversario», de Emmanuel Carrère, o más recientemente la novela que nos ocupa.

Pongámonos en situación: Oklahoma, 1921, territorio poblado por la tribu de los Osage, un pueblo expulsado, por parte del gobierno, de su antiguo asentamiento en Kansas y al que ubicaron en Oklahoma, territorio árido, estéril y, aparentemente, sin ninguna posibilidad de ser explotado económicamente. Pero las cosas fueron algo diferentes a las previstas y resultó que la zona donde los Osage fueron emplazados y, en consecuencia, proclamados dueños de esas tierras, era un territorio que ocultaba uno de los mayores yacimientos petrolíferos de los EUA. De esta manera, la tribu de los Osage, anteriormente pobre y maltratada, pasó a ser en poco tiempo el pueblo más rico en renta per cápita del país, gracias al dinero que cobraban de manos de las empresas prospectoras a través de acordar con ellas licencias de explotación. Y claro, ¿qué ocurre cuando una tribu menospreciada por la sociedad pasa a ser más rica que sus vecinos blancos, dominantes y supremacistas? Que surgen las envidias, los recelos, los intereses y, en este caso, también los crímenes.

Porque la novela empieza fuerte y vemos cómo, en medio de tan comprometida situación racial y económica, aparecen los cadáveres de dos acaudalados indios de treinta y pico años de edad (no hago spoilers, este hecho ocurre justo al principio). Tenemos por tanto fallecidos, con claros indicios de asesinato, tenemos conflicto racial, una patrulla ciudadana que augura de todo menos profesionalidad e imparcialidad, un sheriff que simpatiza con delincuentes, corruptos y maleantes (estamos no plena ley seca, y la elaboración y comercio de alcohol en clandestinidad era habitual y lucrativa) y un autor que sabe cómo gestionar el tempo, exponer los hechos, y mantenernos en vilo. Los ingredientes perfectos para una novela de la que no despegar la vista hasta haberla devorado.

Con este punto de partida, vemos como la sucesión de muertes de miembros de la tribu Osage empieza a ser motivo de preocupación entre sus gentes, cada vez más conscientes de las envidias que causan por su situación económica y porque, en el fondo, molestan en una zona habitada en su mayoría y gobernada por gente blanca que esgrime una pretendida superioridad racial hasta el punto en que los miembros de la tribu necesitan un tutor blanco para gestionar sus gastos. Y las autoridades tampoco parecen muy interesadas en esclarecer lo sucedido, contando además con la connivencia periodística que ayuda a aumentar un rencor y recelo hacia los Osage. Y, en todo este caso judicial y policial, aparece e interviene en la investigación de los sucesos un recién formado FBI, una organización con grandes claroscuros bajo la sombra de su creador John Edgar Hoover.

Como en todo true crime, hay que equilibrar perfectamente la aportación de información real con el ritmo de la narración y, a pesar de que en el inicio uno teme que esta sea una lectura inundada de datos, y más aun viendo la gran cantidad de anotaciones (que, con sabia decisión, se encuentran al final del libro), el autor sabe calibrar perfectamente este aporte y encontrar el equilibrio, pues parece que la principal función de proporcionar esas referencias es dar credibilidad a su relato. Porque estamos delante de un caso real y claro, hay que aportar datos e información contrastada, pero el autor es hábil en este aspecto y no abusa de ello, sino que teje una historia muy interesante, que más allá de la investigación del caso nos hace partícipes de las dificultades y vicisitudes de una pudiente tribu ubicada en medio de un territorio con mayoría blanca, con los pertinentes recelos y tiranteces entre los miembros de ambas comunidades. Además, intercalando la propia investigación de las muertes acontecidas, el autor introduce pinceladas de la historia de los Osage y las diferentes circunstancias que les llevaron a realizar numerosos éxodos (circunstancias donde el hombre blanco les expulsaba de sus tierras, básicamente). Estos fragmentos de narración son también interesantes pues nos acercan a una mirada más realista sobre lo sucedido con los nativos (algo parecido a lo que ya hizo Philipp Meyer en «El hijo») y nos alejan del habitual relato de blancos buenos e indios malos (expuesto también el «El origen de los otros», de Toni Morrison).

David Grann conduce con maestría la narración, e introduce, en paralelo al propio caso, interesantes pinceladas sobre la creación y formación del FBI, con sus evidentes luces, sombras y corruptelas. El ritmo narrativo de la novela es alto, y a medida que uno entra en la historia se ve totalmente atrapado por ese entramado de medias verdades, pistas poco fiables e información que lleva tiempo escondida bajo un manto de ocultos intereses. La información es proporcionada con destreza, de manera progresiva y sin contener demasiado un avance que uno agradecería más rápido, no por falta de ritmo sino porque la historia, en la segunda mitad del libro, te mantiene totalmente absorto y con deseos de llegar a su desenlace.

Por todo ello, este libro es un claro ejemplo de cómo mantener la tensión en una novela de true crime, nutrido de muchas referencias para evidenciar la veracidad del relato, pero sin entorpecer para nada la lectura. La historia descrita sirve, no únicamente para conocer una historia de asesinatos en plena formación del FBI de Hoover, sino para ver cómo los intereses económicos, el racismo, la parcialidad jurídica, el poder social y económico y la corrupción pueden irrumpir y dificultar la resolución de un caso de resultado muy evidente a ojos del lector.

Si mi valoración del libro no es aún más positiva, no es porque lo narrado no sean interesante, al contrario, sino porque creo que la complejidad de la trama con sus diferentes frentes abiertos demandaba un libro más extenso, que hubiera permitido, además de tratar el caso, profundizar en la corrupción y zonas turbias de los inicios del FBI que el libro apunta e insinúa, pero sin llegar a detallar de manera suficiente. Ese deseado mayor volumen de páginas hubiera contribuido a dar mayor contundencia y redondez a un libro ya de por sí interesante por lo que relata, pero también por lo que sugiere: un país donde los intereses económicos y políticos chocan directamente con la libertad y los derechos de sus habitantes.