jueves, 1 de mayo de 2014

Emmanuel Carrère: El adversario

Idioma original: francés
Título original: L'adversaire
Año de publicación: 2000
Traducción: Jaime Zulaika
Valoración: muy recomendable

¿Convierte en best-seller a un libro el hecho de leerlo a un ritmo vertiginoso? ¿Es la facilidad de lectura un mal indicio para los puristas? Si uno parte de esas preconcepciones, si se prefiere un estilo tortuoso y difícil, será mejor optar por otra lectura. También, de paso, si se tiende a evitar las novelas con un fuerte componente visual, si las historias basadas en hecho reales (y, por tanto, ligeramente adaptadas) nos despiertan cierto escepticismo, si las historias en las que el escritor se autoincluye ligeramente  en la trama acaban pareciéndonos algo impostadas.
Por mi parte, de momento, voy a dejar de usar la escala Houellebecq para juzgar la obra de cualquier escritor francés, cosa injusta para escritores dignísimos cuando Houellebecq es simplemente otro nivel.
De Carrère me quedé con las ganas de reseñar Limónov: otro compañero lo hizo aquí y suscribo cada letra de esa reseña. El tono de El adversario, obra con la que Carrère se alzó a la fama y alcanzó reconocimiento, es algo similar, con Carrère presentando también como introductor, testigo o cómplice de una especie de semblanza vital. Pero donde Limónov era simplemente la biografía de un escritor acanallado y comprometido, aquí la apuesta de Carrère es dura: Jean-Claude Romand asesinó a su familia tras una existencia donde todo estaba edificado sobre el engaño y la falsedad, impostando desde su profesión hasta los más pequeños detalles de su cotidianidad. Carrère decidió indagar sobre la vida del monstruo y especular sobre cuales habían sido los motivos que le habían llevado a acabar con la vida de sus padres, su mujer y sus dos hijos. Una cuestión muy peliaguda en un mundo dispuesto a encontrar sus demonios, su maldad absoluta, y a volcar sobre ellos el peso de la justicia, de la venganza, de las frustraciones.
Carrère plantea su obra, una especie de intento de inmersión en el crimen y en todas las circunstancias que fueron claves en que se produjera, como una especie de secuencia que cuesta abandonar una vez se entra en ella. Toma el riesgo de plantear un hecho deleznable como una especie de fin inevitable, como una etapa final cuando las etapas iniciales son la mentira constante y el engaño, a todos los niveles, con consciencia y con una planificación que estremece. Aventuro que en Francia, en su momento, su lectura ocasionaría más de un debate que, curioso, podría repetirse el año que viene cuando Romand sea puesto en libertad tras cumplir su condena.
No obstante, debo aclarar que, cosa que pocas veces suelo hacer, tuve que repetir mi lectura de las últimas páginas del libro. Escribe un brillante y aguerrido párrafo como éste:

 "Y lo peor, a la inversa, que podría sucederle, era que unas meapilas como Marie-France le tendiesen en bandeja un nuevo personaje que interpretar, el de gran pecador que expía sus pecados rezando rosarios. Para aquel género de cretinos, Martine no hubiese sido hostil al restablecimiento de la pena capital"

Tras ello, Carrère se embarca en una chocante explicación final que me deja algo incómodo, como si toda la construcción, la brillante construcción previa, quedara justificada por una especie de conclusión beata y buenista que, sin estropear el libro, que es magnifico, sí que nos deja alguna duda sobre la intención de su autor.

También de Emmanuel Carrère en ULAD: Aquí

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Magnífico como todos los libros de Carrere. En mi opinión el mejor "De vidas ajenas".

Un saludo.

Francesc Bon dijo...

Gracias por el comentario: estaré pendiente a ver si puedo leer tu recomendación.

Santi dijo...

Me leí El adversario de una sentada en un vuelo no demasiado largo, así que coincido con Francesc en cuanto a la facilidad de lectura. Es un libro que reconcilia con la lectura, sin tener una gran complejidad ni narrativa ni filosófica ni psicológica (creo que podría haber intentado ahondar más en los motivos que llevan al protagonista a llevar esa doble vida, aunque no hacerlo es una decisión perfectamente legítima. Me ha dececpcionado un poco que no jugase más con el contraste entre escritor y personaje; tal y como está sigue muy de cerca la senda de A sangre fría de Capote... Pero en fin, una muy buena lectura para disfrutar y sentir un poco de mal cuerpo al mismo tiempo.

Francesc Bon dijo...

Nada mejor para un cumpleaños que coincidir con el jefe de todo esto. Claro que sí, Santi, a tus pies.