viernes, 16 de mayo de 2014

Colaboración: Querido Diego, te abraza Quiela, de Elena Poniatowska

Idioma original: español
Año de publicación: 1978
Valoración: Muy recomendable

Lo primero, es de bien nacidos ser agradecidos, dar las gracias a este blog que puso en mis manos esta pequeña joyita que me ha permitido acercarme hasta la ahora desconocida por mí Elena Poniatowska, último Premio Cervantes, y cuya prosa es sencilla pero de una eficacia pasmosa. Porque digámoslo ya: esta novela corta de apenas 96 páginas conmueve y remueve, agita el interior, estremece y te hace empatizar con el dolor y el desamparo de Angelina Beloff, y su infinita soledad, y su amor no correspondido.

Así, de forma epistolar —imposible por momentos no pensar en Carta de una desconocida de Zweig— la autora nos va desgranando en doce cartas la pasión injustificada y destructiva de dicha artista hacia su idealizado Diego Rivera. Doce misivas enviadas de forma obsesiva, compulsiva, mecánica, sobre las aristas de la locura. Doce epístolas huérfanas de solemnidad, anémicas, siempre sin respuesta, siempre sin acuse de recibo alguno, para mayor desespero de una Angelina Beloff cada vez más desvalida e infeliz en un París de infaustos recuerdos.

Me sorprende, por cierto, haber leído que desde ciertos colectivos feministas se acusara en su día a la autora por incidir con Angelina Beloff en una figura femenina emocionalmente demasiado dependiente, débil, sumisa, autodestructiva, etc. Y me pregunto yo: ¿esas personas habrán leído acaso las Noches blancas de Dostoievski o las Cartas de amor a Mina Loy de Walter Cravan? ¿Acusarían de lo mismo a Elizabeth Smart y su escritura en primera persona de En Grand Central Station me senté y lloré? ¿No se dan cuenta de que el “Amor”, entendido como fenómeno absurdo, inexplicable y aniquilador, no entiende de géneros? No lo deben ver, no, porque en caso contrario en vez de buscar oscuras intenciones habrían recabado en la prosa de Angelina Beloff y  en sus palabras como dentelladas:

«Angelina, ¿qué no sabes que el amor no puede forzarse a través de la compasión?»
Eso, y no otra cosa, ofrece esta obra: una nouvelle epistolar dolorosa, emotiva e intensa. Y con semejante base en la realidad que de las doce cartas que la componen, la última es de la verdadera Angelina Beloff, ¡de su propio puño y letra! Uf, terrible este hecho, constatar que la realidad sucede de tal manera a la ficción novelada que no se nota el tránsito. Y terrible, casi insoportable, asomarse hoy al retrato que Diego Rivera hiciera de Angelina Beloff y sus insondables ojos tristes...



Me despido de esta reseña con unos versos de Rober Frost, quien escribió: «Para la destrucción / el hielo es poderoso / y bastaría también.». Del hielo y su poder, de eso precisamente trata esta novela. Del frío y la distancia como tortura. De la incapacidad para el desapego como vía crucis personal. Y cerrando el libro, dando un portazo que nos deja helados, inerte, suspendida e irreal como si la observáramos a través de una gasa, quedará para siempre flotando la última pregunta de Angelina Beloff mendigando una respuesta, suplicando a su amado que se dirija a ella y le diga algo, tan solo eso, limosneando patética, resignada y vencida aunque solo sea tal cosa, que le conteste sucintamente: «¿Qué opinas de mis grabados?»

Firmado: David Villar Cembellín

3 comentarios:

grumosky dijo...

No he leído este libro, pero no he podido resistirme a comentar que vaya buen criterio el de la gente de Impedimenta. Me encanta esta editorial!

Juan dijo...

Preciosa portada, como todas las de Impedimenta

Anónimo dijo...

Quince euros por noventa y seis páginas es un despropósito... vaya maneras de cuidar al lector