lunes, 19 de mayo de 2014

Jean Echenoz: Ravel

Idioma original: francés
Título original: Ravel
Año de publicación: 2007
Traducción: Javier Albiñana
Valoración: un obvio muy recomendable

Tengo una relación de amor/odio con estos escritores dados a las obras breves. Que son muy útiles, sobre todo para finalidades tan perversas como cumplir con las draconianas exigencias de un blog de reseñas diarias. Pero a la vez peligrosos: uno siempre concede su atención pensando que el tiempo invertido será escaso y que a cambio se obtendrá (supongámosle valor a este hecho) una opinión fundada sobre un autor. Lo hice hace unos años con Amélie Nothomb: me tragué cuatro de sus librillos de cientoypico páginas (solo recuerdo tres: Estupor y temblores, en el que había un jefe japonés muy estricto, Antichrista, en el que había una adolescente muy malota, y Un viaje de invierno, el que menos me repugnó, y del que sólo recuerdo que salía la Torre Eiffel en la portada). Mi conclusión es que la Nothomb no parecía ser santo de mi devoción, pero eso solamente me costó una asequible media docena de horas. Igual me da cualquier día por confirmar que aún es así.
Bien.
Jean Echenoz lo pone aún más sencillo. Después de menos de 100 páginas de 14, 124 son las que se tarda en despachar este Ravel, novelando los hechos más destacables de los últimos diez años de la vida de Maurice Ravel, insigne compositor y autor del universal Bolero.
Formidable recreación, donde se nos muestra al músico en sus diversas vertientes, todas ellas que cuadran mucho con el concepto de excentricidad tan atribuído a los genios: caprichoso, despótico y a veces desconsiderado con cierta corte de aduladores que encajaba hasta los peores desprecios como parte del paquete. Narcisista, obsesionado hasta lo enfermizo por su vestimenta y su calzado, fumador empedernido de Gauloises, evanescente, de aspecto frágil pero elegante, de salud precaria y largo historial de enfermedades desde la juventud. El cuadro soñado que nos lleva a la fascinación como lectores, a buscar si ese Frontispicio es una obra tan compleja a cinco manos sobre el piano, si ese Concierto para mano izquierda es real y es realmente así. Pues bien; si ese efecto sobre el lector cabe medirlo en suscitar interés y devorar texto no voy a poner ni una pega.
Ahora bien.
Quizás, y el ejemplo del propio Ravel como músico viene a corroborarlo, no todo en la vida es la técnica impecable y la perfección formal. Lo dije en 14 y lo digo aquí. Echenoz es mencionado como uno de los valores de la alicaída escena literaria francesa, pero no llega a los niveles de Houellebecq. Uh; yo prometi no hace mucho que no volvería a comparar a todos los escritores franceses con Houellebecq. Me pregunto, por cierto, que debe decir el cascarrabias de Houellebecq sobre Echenoz y su precisión.
Ravel es una lectura excelente, pero me temo que acaba mostrando más a Echenoz como sublime redactor que como gran creador. Con eso puede que confunda a quien me lea. Pero no es una sensación desagradable, sino una mera confirmación del perfil de su talento. Queda claro que, para concebir esta novela, se informó y profundizó en la figura de Ravel, y que el resultado de su trabajo es impecable. Pero, a veces, sentidos como la improvisación, la frescura, o cierta falta de planificación, suelen ser mucho más agradecidos.

También de Jean Echenoz en UnLibroAlDía: 14, Relámpagos, Correr, Capricho de la reina

4 comentarios:

Aida (meriendolibros) dijo...

De este autor solo he leído "Me voy", que a pesar de que prometía bastante por el tema del arte contemporáneo, la perdida de proposito y los ricos sin rumbo, me dejó bastante fría.

Aida (meriendolibros) dijo...

De este autor solo he leído "Me voy", que a pesar de que prometía bastante por el tema del arte contemporáneo, la perdida de proposito y los ricos sin rumbo, me dejó bastante fría.

Francesc Bon dijo...

Gracias, Aida, por el comentario: lo asequible de sus novelas van a hacer que vayan cayendo de poco en poco.

Robín dijo...

Quizás habría que leerlo en francés. No lo sé.