domingo, 4 de mayo de 2014

Gabriel García Márquez: Memoria de mis putas tristes

Idioma original: español

Año de publicación: 2004

Valoración: Recomendable



Esta fue la última novela publicada por Gabriel García Márquez. Parece que pronto saldrá póstumamente otra que estaba preparando. En fin, era de prever. Ya veremos si está a la altura del genio. Desde luego, la que comento hoy, a pesar de que se vendió como rosquillas, o precisamente por eso, y aunque siga siendo la obra de una privilegiada mente creadora, revela, a mi parecer, cierta decadencia.

García Márquez siempre ha escrito bien, al menos desde que consolidó y pulió su estilo, allá por los años 60, hasta convertirlo en el que todos conocemos y por el que le reconocemos escriba lo que escriba. Su nivel de exigencia y su habilidad son indiscutibles. Con 87 y con 187 años, si ello fuera posible, su prosa sería la acostumbrada. Recreando ambientes era –es– igualmente único; tampoco en ese aspecto se puede negar la marca de la casa y, de seguir vivo, sin duda perpetuaría eternamente ese talento.

Tampoco puede negársele la astucia, que se percibe por ejemplo en esta frase:
“Qué te pasó con la niña? Nada, dije sin pensarlo. ¿Te parece nada que ni siquiera la despertaste?, dijo Rosa Cabarcas. Una mujer no perdona jamás que un hombre le desprecie el estreno”
Bien. Ahora voy a ponerla en su contexto. Como casi todo el mundo sabe –ya digo que esta obra ha sido masivamente consumida– su planteamiento consiste en el peculiar antojo con el que un hombre decide celebrar su nonagésimo cumpleaños. Recurre para ello a una alcahueta amiga suya que le proporciona lo que quiere: una adolescente virgen.

Pero ¿cómo puede concebirse que la mujer no perdone que un hombre la desprecie en una situación así? ¿No está mezclando descaradamente los conceptos? ¿Es que nos hemos vuelto locos? ¿Estamos hablando de una mujer? ¿Estamos hablando de un hombre? ¿Estamos hablando de desprecio?

El escritor llevaba muchos años acariciando este proyecto, desde que leyó La casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata. Quedó tan impresionado con esta novela que, poco después, plasmó su versión de la escena ideada por el nobel japonés en el relato El avión de la bella durmiente, incluido en la recopilación Ojos de perro azul. Solo décadas más tarde, en parte, quizá, por la natural desinhibición que se produce a ciertas edades, decide volver sobre el motivo inicial y darle un tratamiento más amplio.

Imaginemos a la muchacha, enviada por sus padres –presionados a su vez por la tal Rosa así como por su propia indigencia– para satisfacer lo que el novelista, en un inconcebible alarde eufemístico, denomina “una noche de amor loco”. Y es precisamente el término amor el que, a fuerza de repetirse, deja de parecer incongruente. O eso desearía su autor. Veamos:

En su trabajo periodístico, el protagonista se muestra obsesionado con el sentimiento amoroso hasta tal punto que un superior debe aconsejarle que se modere un poco. Deja de comer, vestirse y asearse como hacen los que padecen depresión profunda. Sus conocidos no dudan de su enamoramiento y hasta le envidian. Le sobrevienen ataques de furia a causa de los celos. Empieza a notar que el amor le está, literalmente, matando (y digo yo ¿no será más bien la edad?). Pero lo que ya acaba por desencuadernar los mecanismos cerebrales del que lee es esto: “Esa pobre criatura está lela de amor por ti”.  Me apresuro a aclarar que jamás se han visto despiertos.

Aunque tampoco esconde la ironía que encierra para él la palabra. “Era Casilda Armenia, un viejo amor de tres por cinco que me había soportado como cliente asiduo desde que era una adolescente altiva.” También cuando escucha a la niña hablar en sueños y hace constar que la prefiere dormida parece insinuar al lector que no habla en serio, que el supuesto melodrama no es más que una travesura, un ingenioso guiño, y por tanto, antes que ninguna otra cosa, lo que demuestra es el completo escepticismo de alguien que está de vuelta.

Progresivamente vamos percibiendo una degradación de la muchacha que solo podemos entrever porque ocurre a espalda de todos: del narrador, del resto de los personajes y, por supuesto, del lector, que no puede ver pero intuye.


También de García Márquez: Del amor y otros demonios, El amor en los tiempos del cólera, Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quien le escriba, El otoño del patriarca, El general en su laberinto, Cien años de soledad, La hojarasca

Sobre García Márquez: El día del libro: El día de García Márquez

8 comentarios:

literafrica dijo...

El Nobel sudafricano, JM Coetzee le dedicó un análisis a fondo de su obra “Memorias de mis putas tristes”, en 2006. Por si puede interesar a alguien pongo el enlace en castellano. Gracias y saludos¡ http://edant.clarin.com/suplementos/cultura/2006/03/04/u-01151418.htm

Willie C. dijo...

Gracias por el enlace del comentario nº1.

No me gustó mucho este libro. Por no decir casi nada, aunque en la letra reconozca a García Márquez.

Montuenga dijo...

Muchas gracias, Literafrica. Muy interesante lo que cuenta Coetzee. Algunas de las conclusiones que saca me parecen discutibles. Creo que ve bastante más de lo que hay, pero eso que ve merece la pena leerlo y hasta meditarlo. He pasado un rato estupendo leyéndolo.

Willie parece que estamos de acuerdo, hasta Coetzee lo está. Los genios han de tener obras menores pues, si no hubiera otras mayores para compararlas no serían genios.

ModelsAndGirls dijo...

Leí este libro hace relativamente poco, y, aunque no sea de sus mejores obras (a mi modo de ver), su estilo es inconfundible. Es una pena que el autor nos dejara el año pasado, fue un gran referente en el panorama literario mundial.

Montuenga dijo...

Sintiendo en el alma la ausencia del ser humano GGM, creo que como escritor ya no tenía mucho que aportar. Los recursos creativos también se agotan con el tiempo y a él le han durado mucho.

Pero, vamos, es una opinión.

Montuenga dijo...

Sintiendo en el alma la ausencia del ser humano GGM, creo que como escritor ya no tenía mucho que aportar. Los recursos creativos también se agotan con el tiempo y a él le han durado mucho.

Pero, vamos, es una opinión.

Federico Escudero dijo...

Lo cierto es que fue un mal epílogo a su carrera literaria. Leí primero La casa de las bellas durmientes y el libro de Márquez me pareció un déjà vu continuo. Se puede disfrutar de su prosa sinestésica pero no de una historia de vouyerismo senil sin mucho interés.

Montuenga dijo...

Estoy de acuerdo, Federico. "Memorias" es una revisión muy superficial de "La casa". Toma todo lo malo de esta y prescinde de lo bueno.
Saludos