miércoles, 21 de mayo de 2014

Eloy Tizón: Técnicas de iluminación

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: Muy recomendable

A quien leyera, en su momento, mi reseña de Velocidad de los jardines, también de Eloy Tizón, le va a parecer que me he confundido y que estoy reseñando dos veces el mismo libro. Lo digo porque los dos son muy similares, y muchas de las cosas que voy a decir aquí ya las dije allí, y creo que es bastante inevitable, la verdad.

Técnicas de iluminación es, como Velocidad de los parques, es una recopilación de relatos con el sello inconfundible de su autor: un estilo entrecortado, poético, sugerente e ingenioso y una gran capacidad para crear atmósferas y personajes, que en algunos casos se sobreponen incluso a la idea de trama o narración propiamente dicha. Leer a Eloy Tizón es aceptar ese juego: no esperar un relato en el sentido convencional del término, sino una sucesión de sugerancias, apuntes, mundos que muchas veces parecen esconder algo que no se termina de decir del todo.

El libro está compuesto por diez relatos, algunos de los cuales resultan prácticamente imposibles de resumir, como "Fotosíntesis", el que abre el volumen. Otros incluyen un misterio, pero la clave de ese misterio se esconde más allá del texto, donde el lector no alcanza (es el caso de la caja misteriosa de "Ciudad dormitorio" o el incidente de la fiesta en "La calidad del aire"). Por último, los hay que consisten en la creación de personajes que tienen algo de perturbado y perturbador, como en "Los horarios cambiados" o "Alrededor de la boda".

La lectura de los relatos de Tizón se disfruta, por la brillantez del estilo (¿he hablado ya del estilo?) y por el sentido del humor que rezuma de sus textos. Incluso cuando no cuenta nada, da gusto cómo lo cuenta. En sus textos hay greguerías, metáforas audaces, ironía, enumeraciones caóticas, personajes grotescos, rasgos de coloquialismo que sorprenden cuando menos los esperas, humor y un toque de absurdo. Con todos estos ingredientes, raro será el lector que consiga aburrirse...


También de Eloy Tizón: Velocidad de los jardines