martes, 30 de junio de 2020

Rafa Cervera: Porque ya no queda tiempo

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Está muy bien

Dice Rafa Cervera en la página 263 de "Porque ya no queda tiempo" que "El poder del escritor se proyecta verdaderamente cuando alguien lee y se deja empapar por esa lluvia fina; no procede del cielo pero nos limpia, porque ayuda a entender lo que sucede a nuestro alrededor, dentro de nosotros". Pues, en este caso, su poder se ha proyectado con creces sobre mi, pese a que el contenido autoficcional de la novela - aunque también podría considerarse un conjunto de relatos de posible lectura independiente, ¿por qué no? - suscitaba en mi alguna reticencia inicial dada la relación amor-odio que mantengo con el género. 

Precisamente eso que dice Rafa Cervera en la frase anterior es clave para mi en la autoficción: que la historia trascienda de lo particular a lo general, que no sea un ejercicio de puro onanismo literario de esos que me vienen a la cabeza y hasta aquí puedo leer, que decía aquella. Y aquí no importa tanto que se trate de una vida interesante o no - no creo que haga falta explicar la diferencia entre una vida interesante mal contada y una vida "normal" bien contada - como que el autor sea capaz de convertirla, de una forma u otra, en interesante.

En el caso de "Porque ya no queda tiempo", el peligro de caer en el onanismo literario se aleja al optar su autor por narrar esta autobiografía más o menos inventada a través de terceros - porque escribir sobre ellos es hablar de uno mismo - que aparecen y desaparecen a medida en que afloran recuerdos que son fotografías de un álbum aún si completar, eslabones de una cadena, vértebras de una espina dorsal. Terceros que van desde los familiares más cercanos (madre, padre, el tío Rafa "Lugosi"...), hasta persona(je)s ligados al mundo de la música - no olvidemos que Cervera es periodista musical y sus artículos pueden leerse, por ejemplo, en El País - como Lou Reed (maestro e ídolo omnipresente), Andy Warhol, David Bowie, Robin Hitchcock, Nacho Canut, Carlos Berlanga, Pablo Sycet, etc pasando por amigos de infancia, adolescencia, juventud y madurez.

A través de estos terceros Cervera emprende un recorrido vital que va desde la ternura y melancolía de las páginas iniciales hasta una cierta angustia o amargura de los textos finales, desde la valenciana calle Palomar, en una casa que es símbolo y escenario de una infancia en la España tardofranquista, hasta la también valenciana Playa del Saler, residencia actual del autor, con interludio madrileño incluido. En cuanto a los temas que se tocan en el recorrido, algo tan universal como la amistad, el amor, el sexo, la libertad, la literatura, las relaciones familiares, la soledad, el éxito, el fracaso, el miedo a la muerte, el paso del tiempo... La puta vida, en resumidas cuentas. Y siempre la la música como telón de fondo, ya sea a través de una tienda de discos, un concierto, una entrevista, etc. Todo esto hace que se produzca esa trascendencia desde individual a lo colectivo de la que hablaba. 

Además, la estructura del libro, dividido en breves capítulos que podrían ser vistos como relatos hasta cierto punto independientes - la misma independencia que pueden tener entre sí las fotos de cualquiera de esos álbumes que tenemos por casa - contribuye a la agilidad de la lectura.

Todo lo anterior hace de "Porque ya no queda tiempo" un firme candidato a figurar en las listas de "Lo mejor de 2020" y una opción más que recomendable para el largo y cálido verano que se avecina  Y si ya de fondo suenan la Velvet, Donna Summer o David Bowie, mejor que mejor.

lunes, 29 de junio de 2020

George Saunders: Felicidades, por cierto

Idioma original: inglés
Título original: Congratulations, by the way
Traducción: Javier Calvo
Año de publicación: 2014
Valoración: recomendable (con matices)

Siendo sinceros, adelantándome a los apriorismos que puedan aparecer si uno se fija en los subtextos de la cubierta y la contra cubierta, el posible lector podría pensar «ya estamos, otro libro de superación personal, etc.» Peroooooo, aquí estamos hablando de George Saunders, el que me deleitó con la magnífica obra «Lincoln en el Bardo», alguien que tiene un currículo trufado de cuentos que tratan sobre el consumismo y su absurdidad, la cultura de masas, y todo ello escrito con un estilo envuelto de una sátira mordaz y una evidente crítica sociológica. Así que, ¿podría un autor con este perfil escribir un libro de auto superación sin contenido interesante? La respuesta es evidente.

Poniéndonos en situación, este muy breve relato nace a partir del discurso que el autor impartió en una ceremonia de graduación en la universidad de Siracusa donde da cursos de escritura creativa. La transcripción del discurso fue publicada en The New York Times y obtuvo una tal acogida entre los lectores (siendo compartido en las redes más de un millón de veces) que llevó a los editores a querer publicarlo en formato libro.

En este discurso, Saunders recurre a su sentido del humor para explicar situaciones vividas en las que pudo sentir vergüenza o de las que se podría arrepentir. Y sí, son divertidas, anécdotas que arrancan una sonrisa, que en efecto seguro que hubiera deseado evitar, pero en las que la sonrisa se detiene de golpe cuando nos explica, de entre todas las situaciones, aquellas de las que realmente se arrepiente: «aquellos momentos en los que tenía delante otro ser humano que estaba sufriendo y reaccioné... con prudencia. Con reservas. Con moderación.»

Porque en este aspecto clave se centra el discurso, en intentar, como meta vital, algo tan sencillo como «ser más amables». Pero como eso sería un mensaje muy simple, aparentemente fácil de conseguir sin esfuerzo y en el que nadie debería ponerle pegas, el autor expone también el por qué nos cuesta ser más amables. Y la verdad es que, aunque hay muchas causas que apuntan a esa dificultad en ser más amables, estas se reducen básicamente a una: el egoísmo. Un egoísmo inherente al ser humano pero que, por suerte, con la edad va disminuyendo volviéndonos menos egocéntricos y más afectuosos. Porque la edad juega a favor de ello a través de sus circunstancias, pues hay quienes tienen hijos, otros pierden seres queridos, se establecen amistades y, con todo ello, modificamos el punto central en el que ubicamos nuestro universo, no sé si para desplazarlo, pero sí para ensancharlo, para incluir en él más personas y, con ello, diluir un ego que lo podría ocupar prácticamente todo.

El autor advierte que, a pesar de lo positivo que radica en querer ser mejores en todos los ámbitos, hay que tener en cuenta que «triunfar es difícil, y la necesidad de triunfar se renueva constantemente (el éxito es como una montaña que no para de crecer mientras vosotros escaláis)». Saunders se muestra contundente sobre los riesgos de intentar conseguir el éxito, pues a menudo desplaza o pospone otros aspectos de nuestra vida sin duda más importantes. Y afirma, sin tapujos, que «en todos nosotros hay una equivocación, que en realidad es una enfermedad: el egoísmo.»

Saunders escribe, en este discurso, un alegato sin paliativos a la amabilidad, a combatir el egoísmo inherente a cada uno de nosotros ahuyentándonos de aquello que lo alimenta, y centrarnos, de manera urgente y decidida, a aquello que nos haga mejores personas, alejándonos de trivialidades, y buscando ser nuestra mejor versión en los diferentes ámbitos para, de esta manera, ser más afectuosos y amables con los que nos rodean. De ahí el recomendable de mi valoración, aunque con matices evidentes: estamos hablando de un libro de sesenta y cuatro páginas impreso a simple cara que podrían ser incluso menos (hay páginas que son únicamente un párrafo) y que, aunque se vende a precio reducido, me parece un precio excesivo por un libro tan tan corto.

A pesar de este matiz, el libro es recomendable por el mensaje que transmite, creo que cada vez más necesario en la sociedad que entre todos estamos conformando. Y sí, ya sé que pensaréis que el libro puede sonar a autoayuda o a un compendio de mensajes sacados de Mr. Wonderful, pero este libro lo escribe alguien con el talento de Saunders y en él no se piden grandes cosas ni grandes sacrificios. Se pide, «tan sólo», ser más amable. Y creo, sinceramente, que es algo que no debería ser difícil de conseguir, que el beneficio es evidente, que pocas cosas nos tendrían que suponer menos sacrificio por nuestra parte si la consecuencia de tal acción es sentirnos mejor con nosotros mismos por ayudar a los demás. Así que, viendo lo que nos aporta, individual y colectivamente, ¿por qué no intentarlo?

También de George Saunders en ULAD: Lincoln en el Bardo

domingo, 28 de junio de 2020

Paul B. Preciado: Un apartamento en Urano

Idioma original: español
Año de publicación: 2019
Valoración: recomendable

Este no es un mundo perfecto. Dista mucho de serlo, es obvio, demasiadas desigualdades, demasiados prejuicios, demasiadas injusticias. En nuestras manos está dar pequeños pasos, no para que sea perfecto, que eso, aparte de imposible, sería bastante incómodo, sino algo mejor que el del día anterior.

Un ejemplo lo tenemos aquí: me encantaría que Paul B. Preciado pudiera dedicar la mayoría de este libro,  y enfocar nuestra atención, hacia los textos más genéricos y que menos relación tienen con el tema central de esta recopilación de artículos, que es ese "cruce" al que hace referencia el subtítulo del libro, la transición de  mujer a hombre que el autor experimenta y a la que la imagen de la portada, perdonad, pero la veo algo kitsch, ayuda a recrear.

Me encantaría, pero me temo que no va a ser así por un cierto tiempo.

Así que Paul B, Preciado dedica título, subtítulo y portada a esa cuestión, que aborda en esta recopilación de artículos, desde muchos puntos de vista, desde la pura cuestión práctica (la de mostrar en las fronteras de algunos países, no todos caracterizados por amplitud de miras, su documento de identidad con su foto como mujer) hasta la más íntima e intrincada cuestión psicológica (impagable el paseo por Burgos con su madre capeando el temporal de dar explicaciones sobre su hijo) pasando por el via crucis físico que entrañan decisiones tan radicales: la ingestión de hormonas, su afectación sobre estados de ánimo, los paulatinos cambios en el organismo, etc.

Lo que ocurre, espero no ser malentendido, es que Preciado llevando ese diario de ese proceso es tenso en su escritura, solemne incluso de una manera algo inexplicable, como si la decisión de sentirse confortable con su organismo solo tuviera la faceta dde un drama y no tuviera aspecto lúdico alguno, no tuviera algún resquicio de banalización. Preciado decide afrontar el proceso físico para cambiar el género que le fue asignado  al nacer y ese proceso es duro como persona, por supuesto, pero la reacción, entre el rechazo, la curiosidad morbosa y la incomprensión, del entorno, no ayuda. Aquí Preciado documenta ese proceso incluyendo desde anécdotas hasta situaciones absurdas de índole administrativa, pero en esos fragmentos, casi siempre textos de denuncia ante el obstinamiento de la sociedad en general por plantear dicotomías que podrían resumirse en normal/fuera de lo normal, contrapesa esa obvia injusticia con tesón, con insistencia en la denuncia y con contundencia en lo absurdo de estas situaciones en un mundo, queremos creer, en progresión imparable para dejar atrás esos planteamientos, esa visión binaria.
Entonces Preciado rinde esa crónica del cruce y se adscribe de lleno en la categoría literatura queer, sub-categoría ensayo. Y a este lector que aquí os transmite sus sensaciones le da cierta rabia. Porque ese es un cinturón que confina la capacidad del autor, un hombre que ha comisariado exposiciones (que fue depurado por la presencia de una polémica estatua), que es un escritor de estilo depurado y referencias de alto calado, pero al que la figura de activista de cierto colectivo simplemente le coarta y simplifica. Sus opiniones políticas, su formación, su bagaje cultural son de una lucidez y profundidad de miras incuestionable, desde luego merecedoras de que la execrable cortina de morbo que sus elecciones íntimas y personales suscitan caiga de una vez por todas. Deseo, y mucho, leer a Preciado escribiendo y polemizando sobre cualquier cosa sin verse obligado a que cierto tema se alce con preeminencia. Creo que el mundo será mejor ese día.

sábado, 27 de junio de 2020

Yasutaka Tsutsui: Lo que vio la criada

Idioma original: japonés
Título original: 家族八景 (Kazoku hakkei)
Traducción: Jesús Carlos Álvarez Crespo
Año de publicación: 1970-71 (en castellano, 2018)
Valoración: Está bien

Hace unos días hubo aquí un pequeño debate, o más bien un cruce de comentarios, sobre la literatura japonesa. Se hablaba de dos grupos de autores bien diferenciados: los grandes, los clásicos, Mishima, Tanizaki, Kawabata, y los ‘comerciales’, que alguien identificaba con Murakami y no sé quiénes más. Con mis limitados conocimientos sobre la materia, tengo la intuición de que se podría añadir un tercer grupo, autores de los que también hemos tenido algunas muestras en el blog, tipos más jóvenes y desinhibidos, con espíritu transgresor y esas cosas. Porque, oiga, los japoneses pueden ser muy solemnes y hieráticos, pero cuando les da la venada se muestran loquísimos de verdad. Y nuestro amigo Tsutsui, con ese tan canoro apellido (tenía que decirlo), me sonaba a que escribía cosas de ciencia ficción, y se presentaba con un título algo voyeur, un subtítulo sugerente (Ocho cuentos psíquicos) y una atractiva cubierta, sí, con evidentes rasgos manga. O sea, prometedor.

La expectación aumenta cuando nos enteramos de que la protagonista, una tal Nanase, es una chica joven que trabaja como criada para no levantar sospechas sobre sus poderes telepáticos (¿por qué no levantaría sospechas siendo empleada doméstica y sí, por ejemplo, trabajando como responsable de seguridad en una planta nuclear?). Los Ocho cuentos psíquicos son efectivamente relatos independientes sobre las sucesivas experiencias laborales de Nanase, aunque el libro puede también leerse como un texto único, por lo que luego diré. Los primeros cuentos nos sitúan en familias japonesas medias que resultan bastante reconocibles para quienes estamos habituados a los animes tipo Doraemon o Shin Chan. El padre es normalmente un personaje débil, dedicado enteramente a su trabajo, con escasa personalidad y más o menos dado a ciertos vicios (alcohol y mujeres, en ese orden). La madre tiene una tipología más amplia, pero casi nunca se puede calificar de normal: o es especialmente abnegada, o retraída y pasiva hasta rayar lo enfermizo, o insegura, o apabullante y lujuriosa. Los hijos que dibuja Tsutsui, si los hay, son casi siempre caprichosos, violentos, también viciosos. Bien, una mirada crítica hacia esa pequeña burguesía urbana que esconde secretos y miserias en su confortable casita.

Es lo que encuentra Nanase captando los pensamientos mezquinos de jóvenes y adultos: desprecio, disimulo y rencores escondidos tras formas apacibles y rectas costumbres. Pero poco a poco empezamos a preguntarnos por el verdadero alcance de los poderes telepáticos de la criada. Lo que pensábamos que era un arma poderosa para montar una historia sorprendente, o tal vez disparatada, se va convirtiendo en una especie de altavoz de las conciencias, algo que no difiere mucho del autor omniscente. Vamos, que Tsutsui nos podría haber contado lo mismo con una óptica completamente tradicional, y el instrumento original que esperábamos queda así un tanto diluido.

Siguen en esa línea los sucesivos relatos, con la pobre Nanase saltando de una casa a otra sin que esa interinidad tenga nada que ver con una crítica a la precariedad laboral. No van por ahí los tiros, sino que la chica va saliendo rebotada de los hogares cuando las cosas se empiezan a poner realmente feas y la situación se vuelve explosiva. Porque cada cuento va aumentando el nivel de depravación de los empleadores: en un caso es la suciedad extrema, en otro un prejubilado adicto al sexo, o un hijo con un complejo de Edipo que no cabría en un mercancías. Según las situaciones se van volviendo más insostenibles, encontramos algo de mayor interés. El personaje de Nanase parece evolucionar lentamente y pasa de simple espectadora (a veces víctima) a utilizar sus poderes para intervenir en los embrollos familiares. Y no se crean que se corta demasiado, bien sea para salir de situaciones comprometidas, o para forzar un desenlace ante nudos imposibles de desenredar.

Es a lo que me refería al principio. Aunque originariamente los ocho relatos fuesen publicados por entregas (qué cosa tan clásica, oiga), gracias a esa ligera transformación del personaje pueden leerse sin dificultad como una única narración, sin un principio ni un final precisos, pero con una progresión más o menos definida. 

El problema son quizá esos escenarios domésticos. Hay personajes bastante interesantes y otros excesivamente simples, casi caricaturescos; pero esas tramas familiares se quedan algo pobres: la adicción al sexo, casi unánime, los reproches, la hipocresía y el miedo al qué dirán, la absoluta ausencia de empatía… son estampas que se repiten con muy pequeñas variaciones de sujetos y de intensidad, y acaban transmitiendo esa sensación de buena idea desperdiciada que demasiadas veces nos dejan los libros. Y es que lo que vio la criada fue, a lo que se ve, siempre más o menos lo mismo.

También de Yasutaka Tsutsui en ULAD: El bonsai Dabadaba

viernes, 26 de junio de 2020

Edith Nesbit: El último dragón y otros cuentos

Idioma original de los cuentos: Inglés
Traducción: Xesús Fraga
Ilustraciones: Rocío Martínez
Valoración: Está bien (recomendable para niños)

El último dragón y otros cuentos, antología de la editorial Nórdica, compila cinco historietas infantiles de la prolífica escritora inglesa Edith Nesbit (1858-1954). Cinco historietas sumamente imaginativas en las que los dragones son figuras recurrentes. Cinco historietas pobladas por animalitos la mar de coloridos. A saber: «enanos piel de foca», hipopótamos que salen de cacería o cerdos «que se comportan con un gusto exquisito» y obedecen «los carteles que advierten de no pisar el césped».

Mis textos favoritos del volumen son "El dragón de fuego" y "Billy el rey", pero "El dragón de hielo", "Los salvadores del país" y "El último dragón" no les van a la zaga. Protagonizan estos relatos niños valientes y decididos, que a veces ejercen como príncipes o incluso como reyes. Algunos de los escenarios que cobijan sus aventuras brillan con luz propia. Pienso, en efecto, en un Polo Norte inédito, o en un reino rodeado por un mar de caramelo.

Estoy seguro de que estas narraciones harán las delicias de los más pequeños. Es innegable que, en determinados pasajes, pueden parecer un tanto anticuadas (a fin de cuentas, la mayoría de ellas se publicaron en 1899). Además, a veces son algo "naif"; sus personajes son planos, sus conflictos se cierran con demasiada facilidad y su tensión no siempre alcanza cotas satisfactorias. Pese a todo, debo insistir en que los niños las disfrutarán sobremanera, e incluso sacarán alguna que otra sonrisa de ternura a los adultos que las lean. 

jueves, 25 de junio de 2020

Selva Almada: Ladrilleros

Idioma: español
Año de publicación: 2013
Valoración: más que recomendable

De la magnífica generación de estupendas escritoras latinoamericanas (y, en este caso, argentinas) que este siglo XXI nos está brindando nos faltaba por reseñar en este blog alguna representante más como Selva Almada, autora, entre otros libros, de este Ladrilleros, novela corta e intensa que merece más atención que la que el hype del momento o la promoción editorial le pueden haber proporcionado.

Ladrilleros es una historia sobre la enemistad entre dos hombres, que se extiende a sus familias, en un pueblo del interior profundo de Argentina -novela, pues, y como es lógico, plagada de argentinismos y, más aún, de argot popular, aunque aviso que "ladrilleros" no es una palabra que signifique otra cosa que lo que parece: los protagonistas y rivales se dedican justamente a hacer ladrillos-; historia sobre una venganza aplazada y, sobre todo, sobre la paternidad y filiación, sobre como los pecados de los padres se transmiten a los hijos, que los purgan cometiendo los suyos propios. Novela sobre las formas de convertirse en hombre y sobre las obligaciones (supuestas) que conlleva tal condición. Sobre la rivalidad y la amistad y sobre el hambre de otros cuerpos para medirse con ellos en la pelea o en el sexo. Porque sí, sexo también hay a borbotones, a chorro, en esta novela, de una manera voraz y sin rodeos (aprovecho para comentar que las escritoras suelen contar esos momentos febriles mejor que los hombres, creo yo).

Sexo, violencia, lucha por convertirse en el macho alfa de la manada... elementos eternos que lo mismo sirven para explicar la berrea de los ciervos que un culebrón televisivo o la mayor parte de la Biblia (si me apuráis, toda)... Sólo que aquí combinados de una manera diferente (aunque recuerde de alguna forma, y salvando las distancias, a Crónica de una muerte anunciada), con una aparente modestia, quizás, porque habla de las cuitas de las clases trabajadoras y empleando un lenguaje popular. Pero ambiciosa al mismo tiempo porque con materiales tan humildes como el barro con que se hacen los ladrillos, Almada consigue construir una novela potente y expresiva, de gran calidad literaria y estructura narrativa de una complejidad apreciable. Eso sí, que nadie piense que va a aprender aquí a fabricar ladrillos, que tampoco es eso...

miércoles, 24 de junio de 2020

Danele Sarriugarte: Entrañas

Idioma original: euskera
Título original: Erraiak
Año de publicación: 2019
Traducción: Miren Iriarte
Valoración: Está bien







No podemos ir por ahí criticando lo mal que está el mercado editorial y lamentándonos de que solo se publique a las glorias de siempre y de que no haya variedad temática ni voces nuevas si luego nosotros mismos, como lectores, solo nos decantamos por esos supuestos «valores seguros». 

También es comprensible que deban existir ciertas garantías para animarnos a salir de nuestra zona de confort. Y Entrañas las tiene: éxito de público y crítica de la edición en vasco (2015) y el premio Euskadi de Plata. Si a eso le sumamos que la edición en castellano es a cargo de una de esas pequeñas editoriales (Reikiavik ediciones) con un proyecto personal y entusiasta, y un catálogo que apuesta por las historias bien contadas con independencia de los parámetros del mercado, pues ahí que voy. 

Resumen resumido: la protagonista llega a casa y encuentra la nota de despedida del que ha sido su pareja hasta ese momento. A partir de ahí inicia un proceso —intenso y calculado— de depuración emocional en el que reflexiona sobre todos aquellos factores propios y ajenos que la han conducido, no sólo al punto de ruptura, si no al mismísimo germen de la relación. 

Quien más y quien menos ha reconstruido en su cabeza (o en el papel) los hechos de una ruptura amorosa, tal como justificaba la genial Nora Ephron: «Porque si cuento la historia, domino la versión (…) Porque si cuento la historia, no me duele tanto. Porque si cuento la historia, puedo soportarla». Con esto tan solo quiero decir que la autorreflexión tras la pérdida no es algo nuevo en la literatura ni en la vida y que un argumento en el que ya sabemos de antemano que la acción no evoluciona (una pareja rompe y uno de los miembros reflexiona sobre ello), depende mucho más del CÓMO que del QUÉ para atrapar al lector. 

Entrañas explota el CÓMO mediante la voz narrativa: una narradora en primera persona que aborda su propio viaje interior con una crudeza y una desfachatez sorprendentes. La protagonista se abre en canal para superar la reciente ruptura y lo hace con una hosquedad deliberada, muy acorde con su temperamento rebelde e impulsivo pero también con honestidad, lucidez y gran capacidad de autoconocimiento: 
«A quienes fuimos diagnosticadas como chicas solo nos quedaba la posibilidad de demostrar con el mayor espanto posible el asco que nos producía aquel juego (…) porque nunca nadie había dicho ni mu sobre meter la mano en la entrepierna, y hasta que no tuvieses un novio, o, en realidad, hasta que varios novios no te tuviesen a ti y pasasen varios años, hacia los diecisiete más o menos, diría yo, nadie confesaría con voz firme que el coño podía utilizarse para algo más que para mear o para desangrarse una vez al mes» 
Esta voz cargada de ironía, desparpajo, descontento y mucha crítica social me ha recordado por momentos al canalla desorientado de Gabriel Barrios de La noche es virgen y a la reivindicativa Nati de Lectura fácil; voces muy poderosas y atractivas cuyos personajes logran seducir al lector sin despertar su empatía. La protagonista de esta novela resulta interesante, uno quiere saber más de ella, se llega a comprender en buena medida su situación pero cuesta identificarse emocionalmente con ella. Y así como en Gabriel y en Nati tal efecto era buscado, no tengo tan claro que también lo sea en este caso y eso, en mi opinión (o así ha sido en mi experiencia lectora particular), le resta empaque a la parte de crítica y de incitación a la reflexión del texto.

Es una novela que va de menos a más (el arranque contiene algún titubeo en el estilo y en alguna reflexión puntual de la protagonista) pero enseguida toma cuerpo con solidez y agilidad. La trama alterna presente con un pasado más o menos reciente, mediante capítulos no muy largos y guiando al lector con habilidad para que se sitúe ya en los primeros renglones. A ello contribuye especialmente la forma con la que se numeran los capítulos, teniendo en cuenta que «0» es el momento presente en el que la protagonista se encuentra la nota de despedida de su pareja. Al artefacto narrativo de Entrañas hay que sumarle todo un conjunto de notas al margen que puntualizan, desarrollan, aclaran y/o se regodean generando un segundo plano de lectura paralelo. 

Otro valor interesante es la capacidad evocadora en diferentes niveles: (1) la de una fase vital perfectamente reconocible en la que el inminente —y digo «inminente» porque nadie se escapa— encaje en la vida adulta genera tanta rabia, frustración y desorientación. (2) la del «momento ruptura» que todos hemos vivido alguna vez y que solo podemos explorar desde la distancia que da el paso del tiempo o por el hecho de observarlo en un tercero. (3) la de una sociedad y modo de ver el mundo de los pueblos pequeños cuyos jóvenes «salen» a estudiar y a trabajar, y viven en una particular y eterna dicotomía. (4) la del plano sensorial, es una novela en la que lo que se oye, lo que se huele, lo que se ve, lo que se toca, está muy presente y otorga una atmósfera especial a la narración. 

En resumen, Entrañas es una novela valiente que no decepciona, que se lee de una sentada y cierra de forma impecable, dejando al lector sujeto a la reflexión.

martes, 23 de junio de 2020

Slavoj Žižek: Pandemia


Idioma original: inglés
Título original: Pandemic!
Año de publicación: 2020
Traducción: Damià Alou
Valoración: interesante

Cierto dicho proclama que "Nada hay más viejo que el periódico de ayer". Sin ser tan precisos, muchas opiniones vinculadas al mundo actual inciden en la saturación informativa, en la inmediatez de los medios, en las redes sociales ya no como altavoces o megáfonos sino en elementos clave en la configuración de ese mundo global y viral (va sin segundas) que estamos creando para las generaciones venideras, mundo en el que los acontecimientos se suceden a un ritmo que obliga a las grandes mentes a pronunciarse constantemente.

Y mientras escribo esto me pregunto si Zizek no tendrá ya algo en mente sobre la cuestión de Minneapolis, la Desescalada, la Nueva Normalidad o el Primer Rebrote.

Por tanto, y con Occidente sacando pecho de forma precipitada sobre la superación de la fase más grave de la pandemia (actualización 23/6, 11:07, la OMS alerta de la rapidez de extensión de la pandemia en el continente americano) con ese mismo Occidente más pendiente de si las fases de la desescalada serán o han sido así o asá, con ese magma informativo en constante update y mutación, las opiniones de Zizek parecen ya formar parte de un período reciente pero pasado, parecen ser como el disco de Kanye West que quedaba siempre en borrador mientras las canciones no acababan de tener su versión definitiva. No quiero decir que leer esto en seis meses pierda valor, el valor sólido y fijado de la reflexión inmediata al hecho, pero es que, señores, esto de la humanidad está resultando muy complicado y el mejor sitio del mundo es mi casa hasta que no me dejan salir de ella.

Lo cual no significa que Pandemia, menudo título descriptivo, se ha matado el tío, no sea una lectura extremadamente interesante; si bien Zizek más que emitir conclusiones (cuestión que apoya el hecho de que este libro, más que apelar a bibliografía, apela a links de artículos en la red) comenta situaciones que está viviendo y les aporta una sutil perspectiva propia, fresca y audaz, quizás algo consciente de que su opinión es tenida en cuenta y dispone de la consecuente difusión y resonancia. Y no intenta dogmatizar sino mostrar sus reflexiones, poner el foco en las diversas reacciones de gobernantes, líderes, sociedades ante el espectacular suceso (no sé llamarlo de otra manera) que se ha llevado a la humanidad por delante cuando todos pensábamos que iban a ser los marcianos, un asteroide despistado o los pirados que tienen acceso al botón nuclear. Por supuesto, hay que tomarse la molestia, el pequeño receso, de leer este texto, que se publica todo lo deprisa que se puede: el café de la realidad se enfría rápidamente y nunca vamos a tener ocasión de ver tan pronto cómo fracasa y cae en el olvido todo lo que se profetiza por ahí: que si seremos más buenos, más cohesionados, con un planeta más limpio, con mayor consciencia de sociedad. Por suerte, Zizek presenta hechos y opiniones sin más sesgo que el poco menospreciable de  presentar esta y no esta otra; por suerte, se abstiene de entrar en cábalas, de dogmatizar con conclusiones solemnes, y se limita a consignar cuestiones objetivas. Pone orden en esos pensamientos y los presenta en un texto en cuya lectura es bueno y muy aconsejable invertir tiempo. Para hacerse una idea, más o menos orientarse y reflexionar, cosa que parece que ya se ha acordado unánimemente en subcontratar.

Para lo otro, para refutar y contradecir toda barbaridad que cualquiera ahora mismo se ve autorizado a expresar, ya tenemos Twitter, ¿verdad?

lunes, 22 de junio de 2020

Carlos Télez Sedano: La herida

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Entretenido

Pese a que no sea un recurso novedoso, y aquí me viene a la cabeza la magnífica El túnel, de Don Ernesto Sabato, hay que echarle valor al tema para desvelar "todo el pastel" en la primera página y jugarse toda la novela a ser capaz de mantener el interés de la misma hasta la última línea. Y es que parece menos difícil, e igual es solo una impresión mía, ojo, la tradicional estructura de la novela negra - asesinato, investigación, hallazgo del culpable (con todos sus recovecos y trucos) - que esta otra en la que sabemos de crimen y el criminal en el minuto 1 y el autor debe centrarse en la evolución de situaciones y personajes para explicar los motivos del crimen. Precisamente porque que ese conocer el desenlace condiciona la narración y porque ciertos hechos pueden, por ese motivo, resultar previsibles, lo que importa son los caminos que llevan a esos hechos, la ilación entre ambos, el ritmo de la narración, la tensión de la misma, etc.

Así que creo que la principal pregunta que debe responder una novela de este tipo sería: "¿Consigue mantener ese interés hasta el final"?. Pues, en este caso, creo que sí. Creo que "La herida" funciona.

Resumiendo brevemente, la novela es la historia de una dependencia y una obsesión, de la anulación de la voluntad, de un pasado que vuelve por puro azar (¿o tal vez no?), porque duelen más las heridas que no se ven. En ella encontraremos "sexo, droga y rock´n roll" o, más bien, mucha tensión sexual reprimida, descensos a los infiernos y mucha, mucha música (desde Roy Orbison a Chris Isaak, pasando los Yardbirds, The Verve, The Nerves... la música discotequera de los 80 o grupos más recientes como La Secta o Discípulos de Dionisos) y cine (Lost Highway, Testigo de cargo o Blow up), pero también violencia, leves toques sociales y algún que otro giro inesperado. Además, y esto es algo más "personal", la novela tiene un marcado carácter generacional al que contribuye el hecho de que el autor sea apenas un par de años mayor que yo y que hayamos crecido en pueblos separados por escasos kilómetros (tiendas de discos, bares, discotecas, estaciones de tren que, aun con el nombre cambiado (¡esa discoteca pija con nombre de reptil!), me resultan escenarios familiares.

Decía hace un par de párrafos que la novela funciona. Y lo hace por varios motivos:
  • Porque el personaje principal (y narrador de la historia) evoluciona a lo largo de la misma. No es un personaje plano, tiene sus aristas.
  • Porque los personajes secundarios cumplen su función dentro del engranaje de la trama. Puede parecer una perogrullada, pero no hay personajes que "sobren". Si acaso, y por poner algún pero, quizá los personajes femeninos podrían haber tenido un poco más de recorrido
  • Porque tiene muy buen ritmo. Un lenguaje de lo más coloquial, sin especiales adornos, y un buen manejo de los diálogos hacen que la novela se lea a toda velocidad. 
Así que, resumiendo, "La herida" es una novela negra "invertida" que no inventa nada, que no pasará a la historia de la literatura (ni creo que haga falta ni creo que su autor lo pretenda) pero que cumple perfectamente con lo que uno le puede pedir al género y a libros de este tipo. Y eso es más que suficiente.

domingo, 21 de junio de 2020

Michel Bernard: Els dos remordiments de Claude Monet

Idioma original: Francés
Título original: Deux remords de Claude Monet
Traducción (al catalán): Ferran Ràfols Gesa
Año de publicación: 2016
Valoración: Entre recomendable y está bien

Deux remords de Claude Monet es una biografía de Claude Monet, el que quizás sea el pintor impresionista por antonomasia. Ha sido laureada con dos premios literarios, el Marguerite Puhl-Demange y el Libraires en Seine. Su autor es el francés Michel Bernard, quien también ha narrado la existencia de otras personalidades históricas, como Charles Trenet o Juana de Arco.

Bernard es fiel a los hechos de la vida de Monet; a veces, incluso, los cubre atendiendo a los pormenores significativos que tantos otros pasarían por alto. Estamos, por consiguiente, ante un retrato verídico y detallista del creador. Pero esto no es lo único que ofrece Deux remords de Claude Monet.

Esta narración ha sido permeada por una prosa que rinde homenaje a la belleza, ese pilar fundamental en el arte de Monet. Esta narración, asimismo, escapa al relato lineal, desordena la acción cronológica según le conviene, logrando así un resultado expresivo. A lo que me refiero es que Deux remords de Claude Monet no es una biografía convencional. Es, en cierto modo, una novela por derecho propio, cuyo valor está más allá del mero reflejo de la vida y obra de Monet.

Y ya que menciono la obra de Monet, aprovecho para aclarar que ésta aparece en el libro, pero tanto ella como la filosofía artística del genio se presentan de forma tenue, sin llegar a gozar de la omnipresencia que un tratado les hubiera conferido. Esto, por supuesto, garantiza la comodidad del público generalista, interesado si acaso en el perfil humano del personaje, y no en los vericuetos de su exploración estética.

Por último, me gustaría comentar algo sobre la traducción al catalán de Deux remords de Claude Monet, atribuida a Ferran Ràfols Gesa. Sin ser yo un entendido en la materia, creo que abusa del vocablo «había» y derivados. Al menos, en las primeras páginas; después he dejado de notarlos, o bien porque me he habituado a ellos, o bien porque se emplean de forma menos intrusiva.

sábado, 20 de junio de 2020

Francisco Umbral: Tratado de perversiones

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1977
Valoración: Entre recomendable y Está bien

Estamos en 1976, con el inquilino ya instalado en el Valle de los Caídos, y aquella censura meapilas desalojada de su patética tarea más por la realidad social que por la legislación. Irrumpe el cine del destape y se habla de sexo, el ambiente en ese terreno es alegre, un poco adolescente, con ganas de no perder el vagón de cola del tren de la modernidad. Francisco Umbral ya es un columnista conocido, un tipo culto al que gusta dar la nota disonante, aparecer mucho en escena y provocar alguna polémica –o sea, uno de esos escritores mediáticos que tan poco me agradan. Y en ese entorno de relajación de las normas, claro está, Umbral tenía que decir algo sobre sexo.

Empieza don Paco haciendo alusión a Baudelaire y su peculiar punto de vista sobre el atractivo del cuerpo femenino, y en un par de páginas ya percibimos algo raro: Umbral habla de la mujer como si se tratase de caballos o coches de carreras, como si en ningún momento se le ocurriese que una mujer pudiese estar leyendo su libro. No es la primera vez que encontramos algo así, pero la sensación que transmite ese interés zoológico es tan intensa que, al menos en la primera parte del texto, suena a algo parecido a un micromachismo, a amigotes intelectuales reunidos en su querido Café Gijón.

Sin embargo, por muy poderosa que sea esa impresión, tampoco debe engañarnos. En mi opinión hay más intención de epatar que actitud sexista, al menos para los parámetros de la época, y el mismo Umbral defiende con vigor, sobre todo al final del libro, la necesidad de una visión femenina del mundo. Pero en fin, tampoco me interesa adentrarme en un debate que ya ha tenido –y tendrá aún más, seguro- un amplio espacio en este blog. Como en aquella frase que el propio autor madrileño puso de moda, yo he venido a hablar de ‘mi’ libro.

Como decía, Umbral se sumerge en el tema del sexo, apuntando desde perspectivas de lo más variadas: distingue entre la idealización de la mujer, que asocia con el pasado, y la ‘metaforización’ que, según él, se impone con las formas de erotismo propias del momento; se refiere a la atrofia de la ternura masculina como consecuencia del papel social atribuido al hombre; celebra el impulso que Virginia Woolf supone para lo que llama ‘nueva femineidad’, que hay que entender como la conquista de espacios de libertad; diserta sobre la figura sacralizada de la madre y la iniciación sexual con profesionales, divaga sobre la soledad del cuerpo desnudo, o aplaude una vida sexual plural como base del mestizaje social, ideológico y cultural (no sé si también racial). 

Vamos, un buen ramillete de asuntos, siempre girando en torno al erotismo como categoría objetiva, porque aquí solo se habla de sexo, de cuerpos y de actitudes. Umbral parece firmemente decidido a rehuir cualquier alusión a los sentimientos, no sé si por convicción personal o por no abandonar los vientos de modernidad en los que inscribe su ensayo. ¿Ensayo? No, propiamente. Lo que hay es una especie de brainstorming, una secuencia de ideas que revolotean sobre ese nuevo paradigma que todavía está por definir. Se diría que Umbral quiere ser el primero hacerlo, en poner nombres y fijar teorías, pero es también consciente de que no lo está haciendo del todo. Reconoce que divaga, que se contradice y que lo que expone es más bien un ejercicio dialéctico consigo mismo, y entonces no importa que el Tratado que anuncia el título no sea tal, sino que en ese proceso se vayan apuntando posibilidades, puntos de discusión, motivos para la reflexión y para nuevas digresiones. Ante esta ausencia de plan y este gusto por la dispersión, no debe extrañar lo que encontramos en el último tercio del libro: tomando pie en la distinción (que no he terminado de tener del todo clara) entre erotismo positivo y negativo, don Francisco se lanza a una extensa disertación sobre la obra de Henry Miller y Pablo Neruda. Se ve que el autor disfruta, que está plenamente en su terreno, y hace a su vez disfrutar al lector con un buen número de páginas de crítica literaria, de verdad muy interesantes… aunque hayamos perdido de vista casi del todo el asunto (teóricamente) troncal del libro.

A Umbral no le falta desde luego erudición (por ahí desfilan, entre otros muchos, Proust, Adorno, Lorca, Heidegger, Dante, Heráclito, Aleixandre) y tiene una prosa ágil y desinhibida. Sumemos a ello esa aleatoriedad en la composición, más la sinceridad de quien reconoce que está dejando fluir el pensamiento y no escribiendo un texto canónico, y el resultado transmite frescura y espontaneidad. El equilibrio me parece difícil en un tema como el que centra el libro, y opino que lo consigue plenamente: Umbral resulta riguroso pero escapa a la tentación de una solemnidad forzada para no parecer frívolo, es ligero pero no banal, razona sin dogmatismo y sin ocultar sus lagunas. 

Con todo, el libro tiene una debilidad evidente. Toda obra es producto de su tiempo, pero ésta en concreto es una respuesta inmediata a una ola pasajera, y eso no hay forma de ocultarlo casi medio siglo después. Pero aun así hay reflexiones muy aprovechables, ideas bien expuestas que no caducan y que no está mal desempolvar.

P.D. Ojo a la cubierta, que igual tenemos problemas.

También de Francisco Umbral en ULAD: Mortal y rosa

viernes, 19 de junio de 2020

Claudia Rankine: Ciudadana

Idioma original: inglés
Título original: Citizen: An American Lyric
Traducción: Raquel Vicedo
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

Muy a pesar nuestro, el racismo presente en nuestra sociedad da innumerables y constantes muestras de su existencia. Un racismo que pervive, año tras año, década tras década, generación tras generación. Y, a pesar de que el racismo es más notorio cuando los que lo practican son cuerpos y fuerzas de seguridad (precisamente aquellos cuerpos que deberían velar por la seguridad de los ciudadanos), hay múltiples casos en el día a día donde el racismo hace acto de presencia y deja huella, en ocasiones física, en otras psicológica. Tal es así, que este libro escrito en 2014 es tan o más vigente hoy, en plenas protestas en favor de #BlackLivesMatter tras el asesinato de George Floyd a manos de la policía, como cuando fue escrito, pocos años después del asesinato de Mark Duggan o del de Treyvon Martin.

Ganadora de varios premios de literatura (PEN/Open Book y el Premio PEN de Literatura, el NAACP Image Awards y el National Book Critics Circle Award de Poesía), esta obra tiene la particularidad de encajar en diferentes temáticas: crítica, poesía y narrativa, por lo que se trata de un libro un tanto peculiar estilísticamente. En él, la autora transmite, a partir de breves pinceladas cotidianas, poemas, diálogos cortos y escenas puntuales, lo que puede sentir una persona negra en Estados Unidos. Así, a través de estos pequeños detalles en apariencia, pero que contienen un mundo de ideología racista, la autora permite que seamos conscientes de cómo, en el día a día, en las pequeñas acciones más ínfimas, en los detalles que acompañan sus vidas, la sensación, la persistencia, la carga emocional que implica ser negro ocupa un lugar, de manera latente, en el interior de todos ellos.

Con esta variedad estilística que abraza diferentes formas literarias, pero donde el mensaje directo es común a todos ellos, Rankine expone la visión que se tiene de las personas negras a partir de ejemplos cotidianos, pero también de cómo se inculcan una serie de ideas a partir de características que se les atribuyen de manera tendenciosa. Así, pone el ejemplo de Hennessy Youngman quien, en unos tutoriales sobre arte, «aborda cómo convertirse en un artista negro de éxito, sugiriendo irónicamente que la furia de los negros tiene un valor comercial» y muestra a los negros como personas violentas, agresivas y, por tanto, peligrosas. Algo altamente nocivo y con evidentes consecuencias, pues, como afirma Rankine de manera clara y elocuente:
«porque los hombres no son capaces
de controlar su imaginación
los negros mueren».

Esta visión de la rabia y la fuerza atribuida a los negros es nociva y dañina porque «no es una rabia asociada a la acumulación de experiencias y luchas cotidianas contra la deshumanización que cualquier persona negra o morena vive simplemente debido al color de su piel», sino algo puramente superficial.  No es algo que tiene fundamento y origen, sino algo vacío, hueco. Algo que Rankine contrapone con el ejemplo de la rabia y la fuerza de Serena Williams, que la empujó a triunfar en un mundo blanco; un mundo del tenis donde los negros parece que no tenían cabida (o alguien no quería que la tuvieran) y pone como prueba de ello la final del open de EEUU de 2004 cuando la juez de línea actuó claramente en contra de ella (y que provocó que nunca más fuera la juez de los siguientes torneos). Algo que, con otra juez y otro motivo, se repetiría cinco años después. Y dos años después, nuevamente. Y así, se acumulan los atropellos, la opresión, los abusos, hasta explotar, quizá de forma desmesurada si se saca del contexto y se trata como algo puntual, pero no si uno se fija en el histórico acumulado de injusticias. Porque, en palabras de la autora, «el mundo se equivoca. No es posible dejar atrás el pasado. Está enterrado en ti».

Rankine explora diferentes situaciones cotidianas para poner de manifiesto las distintas ocasiones en las que un negro es víctima del racismo, ya sea en un supermercado, en una reunión, etc. porque a veces no es un ataque directo, sino simplemente una manera de tratar o dirigirse a ellos diferente, o de no dirigirse, cuando, por ejemplo, en un conmovedor párrafo, escribe:
«En el tren, la mujer que está de pie te lleva a pensar que no hay asientos vacíos. Pero, en realidad, hay uno (…) El hombre no te mira cuando te sientas porque de asientos vacíos sabe más que tú. Para él, imaginas, es como respirar, no le sorprende (…) Cuando otro pasajero deja libre su sitio y la mujer que está de pie se sienta, vuelves los ojos hacia el hombre. Está mirando por la ventanilla hacia algo que parece oscuridad».

Rankine, también expone y critica una política en las que los negros parece que tengan menos importancia y pone el caso del huracán Katrina (29 agosto 2005), uno de los más mortíferos de la historia de Estados Unidos especialmente en New Orleans, y el rápido olvido en el que cayeron sus ciudadanos cuando narra, en boca de uno de los afectados, que «nunca nos pusimos en contacto con nadie para contar nuestra historia, porque nuestra historia no ha acabado, dijo él. Si te soy sincero, en mi opinión, se olvidaron de nosotros». O también concluyendo, tristemente, «no sé lo que quería el agua. Quería mostraros que no vendría nadie». Esa es la tristeza de una sociedad que se sabe al margen, que ven que ellos no cuentan, que su vida vale menos.

Brillantes y emotivas también las palabras en memoria de Treyvon Martin donde la autora afirma que «los días de nuestra infancia juntos eran peldaños empinados que subían a una mente que se desmoronaba» para concluir con un párrafo que demuestra el magnífico estilo poético de la autora:
«En la punta de la lengua una nota tras otra es otro camino, otro amanecer donde el cielo rosáceo es el silencio inyectado en sangre del fustigado, del insomne, del afligido, del inconsciente. Esos años míos y de mis hermanos, y los de antes, los años de las travesías, de las plantaciones, de las migraciones, de las segregaciones de Jim Crow, de la pobreza, de los barrios marginados, de los perfiles raciales, de uno de cada tres, de cada dos trabajos, chico, eh chico, todos un delito grave, se acumulan en las horas de nuestras vidas de las que todos colgamos, la soga dentro, el árbol dentro, sus raíces son nuestras extremidades, la garganta rebanada y cuando abrimos la boca para hablar, flores, oh flores, no hay cielo azul, hermano, querido hermano, solo tristeza, más o menos.»

Cabe destacar el capítulo donde incluye pasajes de vídeos denominados «Situation» hechos en colaboración con John Lucas (que se pueden ver en YouTube y que recomiendo encarecidamente) donde expone, con un estilo impactante, duro, pero sumamente poético, el sentimiento que albergan tantas vidas negras, en su día a día, manteniéndolas en un constante estado de presunción de culpabilidad, sin otros cargos atribuibles más que el de la consciencia de sus opresores:
«Sabía que lo que fuera que había frente a mí estaba sucediendo y el coche de policía paró con un chirrido de frenos frente a mí como si fueran a bloquear la vía. Por todas partes había luces intermitentes, el aullido de una sirena, un estruendo prolongado. Al suelo. Al suelo ya. Entonces comprendí.
Y no eres ese tipo y aun así encajas con la descripción porque solo hay un tipo que siempre es el tipo que encaja con la descripción (…) Estás tan furioso que lloras. No puedes comportarte como una persona cuerda. Este vaivén agota a cualquiera. Nuestro vaivén te está agotando y sigues sin ser ese tipo».

En los fragmentos incluidos en la reseña se ve el estilo de Rankine, potente, contundente, honesto, intercalando párrafos que vuelan, por encima del propio texto, escritos como reflexiones que sugieren y apuntan, que expresan un estado de ánimo, un sentimiento, con imágenes. Hay apartados que rozan el ensayo, otros la poesía, otros la narrativa, porque la autora aborda el racismo desde sus distintas caras, sus diferentes formas, sus diferentes maneras en las que se expresa. Hay párrafos largos y otros cortos, como mensajes apuntalando pilares en los que desplegar el texto largo; esos párrafos más sintetizados, puntuales, directos, elocuentes, son su mejor parte, pues trasmiten un realismo y nos acercan a la realidad que penetra de manera abrupta en nuestra mente. La potencia del estilo de Rankine se condensa en pocas palabras o párrafos cortos y explota y se expande cuando llegan a la mente del lector. Su poético estilo cautiva e impacta, retumba y explosiona despertando complicidad, solidaridad y, también, rabia. Todo el libro es de gran calidad por el mensaje transmitido, pero también por su estilo, pero es en esas pinceladas de inexorable realidad donde la autora llega al lector y lo abraza y contagia de una empatía inevitable hacia su causa.

La poética expresividad de las palabras de Rankine permiten sintetizar y perfilar los mensajes para impactar nuestras consciencias y hacernos ver que el racismo tiene múltiples caras, diferentes rostros y aproximaciones y que, en cada una de ellas, hay una vida que está siendo maltratada. Por ello, este es un libro donde la crítica queda en un segundo plano, es un libro donde más que acusar quiere hacernos comprender, que en esta lucha debemos estar todos de la misma parte: contra el racismo y a favor de la igualdad. Y debemos empezar ya mismo, pues el cambio en una sociedad no es inmediato ni las injusticias cesarán de golpe porque llevan años existiendo, porque el historial es largo y persiste, porque, tal y como afirma la autora, «como si no hubiera sucedido antes y este antes no fuera parte del ahora».

jueves, 18 de junio de 2020

Hiromi Kawakami: Los amores de Nishino


Idioma original: japonés
Título original: ニシノユキヒコの恋と冒険 
Nishino Yukihiko no koi to bôken 
Año de publicación: 2003
Valoración: Está bien
        


Al final de la edición que he manejado se recogen comentarios de varias publicaciones, una de ellas dice: “Si te gusta Haruki Murakami, adorarás Los amores de Nishino” No sé si será cierto, pero conmigo se cumple. Murakami, ni fu ni fa, y lo mismo podría decir de la obra que nos ocupa. En cuanto a su autora, tengo que matizar. En primer lugar, no podría afirmar que se copie constantemente a sí misma, tal como hace el eterno candidato al Nobel, pues de ella solo he leído El cielo es azul, la tierra blanca hace ya bastantes años. En su momento, me gustó: contaba una historia sencilla y sincera, transmitía emoción con gran sobriedad narrativa y, en la fecha de su publicación, aún no tenía un gran recorrido como escritora. Aquella novela obtuvo un premio importante, luego llegaron otros, Kawakami se ha convertido en una celebridad en Japón tras haber publicado unas cuantas obras, pero es difícil saber cómo ha evolucionado ya que tardan bastante en llegar a España. Esta en concreto no se ha traducido aquí hasta 2017. El asunto amoroso sigue siendo el eje argumental, aunque en este caso parece haber un propósito más ambicioso, la acción ya no gira en torno a dos únicos personajes y, además, se propone analizar los caracteres. Tanto Nishino como sus amores se exponen a la mirada del lector. Ellas son las que hablan, y hablando se retratan a sí mismas.
Ya sabemos que la literatura oriental es elusiva en lo que aquí consideraríamos primordial, y se fija mucho en lo inanimado, logrando así un efecto poético y ralentizando de paso la acción. Eso es lo que admiro de algunos grandes autores de ese país y algo de esa tradición encuentro en Kawakami, que hace brillar ciertas escenas con su mirada delicada y sutil aunque eso no justifica una inconsistencia y un vacío de contenido evidentes.
Para empezar, su personaje central, el tal Nishino, no suscita tanto interés como para ser objeto de la mirada de todas esas personas y menos aún justifica tanto conato de enamoramiento. O ellas no han sabido explicarse o él es aburrido hasta decir basta. Y mira que hay seductores legendarios en la historia de la literatura. De ambos sexos, y muy bien caracterizados, tanto físicamente como en su forma de ser, sin olvidar la pormenorizada descripción de sus artimañas y el efecto que estas producen en sus víctimas. Aquí, en cambio, no logramos identificar al personaje más allá de su afición por las conquistas, ni estas se distinguen tanto entre sí, hablando en general, como para que resulten fácilmente reconocibles. No obstante encuentro dos rasgos de interés.
La mayoría de las rupturas tienen el mismo origen, o muy parecido: ellas son las que le dejan pero él aparece como culpable. Lo hacen por desconfianza: cuando comprenden que no juega limpio prefieren abandonar el barco antes de sufrir una traición en toda regla. Un enfoque original y muy bien justificado en todos los casos, que, por cierto, son tan parecidos entre sí que se confunden y acaban resultando algo tediosos.
También es original –y a la vez interesante y escabroso– el motivo que ha dado lugar a un comportamiento repetido durante cuarenta años y que solo averiguaremos al final. Nos lo cuenta su último amor, describiendo una de los pocos romances que se apartan de la tónica común y que encuentro bastante inverosímil, aunque en este caso puede que mi desconocimiento de la mentalidad japonesa me impida comprender sus reacciones.
De todas formas, no me hagan mucho caso. A mí, tanto las historias de amor como las de guerra, cuando no contienen otros elementos que rebajen un poco su inevitable monotonía, me aburren. No puedo evitarlo.

miércoles, 17 de junio de 2020

Lucía Lijtmaer: Ofendiditos. Sobre la criminalización de la protesta

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2019
Valoración: lectura obligada


Había un crío en mi clase de primaria (D.R.) que practicaba el conflicto indiscriminado como otros practicaban dando patadas a un balón. Una vez me llamó gilipollas sin venir a cuento y cuando yo le respondí «eso lo será tu madre», la que me lió fue de antología. Y es que —mucha atención—, el titular que acabó trascendiendo era que yo había insultado a su madre. Pero sé muy bien que si yo, con mis tiernos once años, hubiera sido capaz de darle una respuesta más madura, en plan: «no me faltes al respeto, D.R.», entonces el titular habría sido que yo me había ofendido por nada.

Al final la cosa no fue más allá porque (1) mi historial de conducta en el colegio era intachable, (2) el de D.R. no lo era tanto y sobre todo, (3) estábamos en los 80. Pero que la anécdota permaneciera en mi memoria poco tiene que ver con que D.R. fuera bajito, bocazas y mezquino, sino con las turbias convicciones que subyacían en su manera de proceder:
  1. La legitimidad de los actos no reside en el QUÉ sino en el QUIÉN. 
  2. Los que se rebelan a QUIÉN, o bien están linchándole —o a su madre, en este caso— (turba linchadora-censuradora) o bien están ejerciendo la queja y el lloriqueo sistemático (ofendiditos). 
Y como lo personal es político y además estoy convencida de que la microestructura del conflicto en el espacio cotidiano es un reflejo de las grandes estrategias de poder a través de las cuales se nos manipula a escala global, no me sorprendería en absoluto ver cualquier día a D.R. ejerciendo de Fiero Analista (*) en una de esas vergonzosas tertulias televisivas de media mañana. 

Resumen resumido: los medios informativos y las redes sociales están totalmente impregnados de un nuevo léxico que pone el foco de la polémica en cuestiones hasta ahora impensables. Linchamiento, puritanismo, políticamente correcto, libertad de expresión, caza de brujas, ofendiditos… palabras todas ellas al servicio de la deslegitimación (y criminalización) de uno de nuestros derechos fundamentales que es el de la protesta.

Lo cierto es que si yo leí Ofendiditos, sobre la criminalización de la protesta fue por su autora: Lucía Lijtmaer. Esta periodista, presentadora y cómica feminista posee una mirada inteligente y reveladora que es un faro de lucidez en medio de la bruma rancia y testosterónica. No hay más que echarle un vistazo al late night que presenta junto a Isabel Calderón —Deforme Semanal— para darse cuenta de que ahí se produce algo realmente genuino, refrescante y necesario. Y es que Lucía Lijtmaer pertenece a ese tipo de ensayistas a los que trabajar en el medio audiovisual (generalmente, internet) y la familiaridad con las redes sociales, incrementa su capacidad para tomarle adecuadamente el pulso a las cuestiones de calado con más incidencia en nuestra actualidad.

En Ofendiditos, Lucía Lijtmaer indaga en el origen y la evolución de todas esas palabras y dogmas que monopolizan el debate para poner en evidencia lo artificioso y maniqueo del significado que hoy se les otorga; en algunos casos, el diametralmente opuesto. También destapa las incoherencias y las trampas —algunas muy poco sofisticadas— en las que se ha incurrido sin pudor para confeccionar este sistema global y orquestado. Ilustra sus hallazgos con ejemplos actuales de fuera y dentro de nuestro país. Y de ese modo desactiva, desde el razonamiento y los hechos documentados, todos esos artefactos construidos como cualquier otro lema de marketing. Porque al final eso es lo que es.
«(…) lo aberrante de una anécdota histórica puede servir para determinar que un discurso es hegemónico en vez de anecdótico»
Lucía Lijtmaer anuncia su tesis en el prólogo, la desarrolla en los cuatro capítulos centrales y concluye con un epílogo. Y es en el prólogo y el epílogo donde se permite expresar abiertamente su postura mientras que en los capítulos prima un afán por exponer los hechos de un modo más aséptico. Por otra parte, Ofendiditos es un ensayo de pequeño formato en coherencia con la colección Nuevos Cuadernos Anagrama, que ofrece lo que yo llamaría «píldoras para la reflexión», algo de entrada muy interesante aunque debo aclarar que desconozco la calidad y el interés del resto de títulos. En ese marco, Ofendiditos resulta muy remarcable aunque tengo la sensación de que las limitaciones del formato le pasa cierta factura. En algunos pasajes centrales, los datos y los conceptos se concatenan con demasiada premura como para que un lector ajeno al contexto y al léxico pueda seguir el hilo del discurso sin tener que releer varias veces el mismo párrafo, y lo aséptico del tono que mencionaba antes, no juega a favor en este caso. 

Es evidente que sobre el tema de la manipulación del lenguaje a través de los medios para criminalizar el derecho a la protesta, hay mucho más que decir de lo que aquí se dice, pero de ahí lo de «píldora para la reflexión». Ofendiditos es un ensayo que abre las puertas a los grandes conceptos y a partir de ahí cada uno puede construirse su propia opinión y hacerse su propio camino. Y de ahí lo de lectura obligada. Ofendiditos es de los pocos libros que sé seguro que voy a revisitar regularmente porque sé que cada vez va a aportarme algo nuevo.

(*) El epílogo tiene como subtítulo: «El lamento del Fiero Analista»

martes, 16 de junio de 2020

César Aira: Fulgentius

Idioma: español
Año de publicación: 2020
Valoración: entre recomendable y está bien

Fabius Exelius Fulgentius es un legado imperial romano enviado al mando de los seis mil hombres de la Legión Lupina a pacificar la montañosa provincia de Panonia. Pero el verdadero motivo que lleva a este veterano general a proseguir su cursum honorum más allá de una edad adecuada para ello no es la ambición personal ni el servicio al Imperio, sino otra más íntima -aunque, paradójicamente, necesite del concurso del público para llevarla a cabo-: ver representada, en cada ciudad por donde pasa, una obra de teatro que escribió de joven y que le tiene a él mismo -es decir, a su yo futuro- como protagonista. 

Así, mientras se desarrolla la campaña de Panonia, Fulgentius puede asistir en varias ciudades -Vindobona, Carnutum, Sirmium- a representaciones de su obra, más otra que trata de montar él mismo con sus soldados durante el acantonamiento invernal, disfrutando y valorando los distintos matices de cada puesta en escena. Así como reflexiona sobre su vida y el mundo en general, a partir de los nuevos lugares y personas que va encontrando. adelanto (quizá no debería hacerlo) que pese a su apariencia de severo y eficiente prócer romano, tanto el pensamiento como el ánimo del legado Fulgentius son bastante cambiantes, y, en última instancia, uno no sabe si considerarlo un hombre cabal, un soñador o un cretino, sin más.

No conozco lo suficiente la muy extensa obra literaria de César Aira (y a ver quién) como para encuadrar esta peculiar novelita "histórica" -entrecomillo el adjetivo porque, aparte de su dudosa adscripción a un acontecimiento histórico verdadero, resulta bastante hiperbólica para ser realista-; quizás el elemento común con el resto de su obra, hasta donde yo conozco, sea el humor... En este caso, una ironía, por no decir guasa, más o menos camuflada en una corrección estilística extremada, al límite del engolamiento, pero que funciona como vector humorístico precisamente por eso. Tal ironía paree dirigida, sobre todo, hacia ese afán de transcendencia, de encontrar un sentido a la existencia, que, se supone, afecta a todos los seres humanos en algún momento de nuestras vidas, pero, sobre todo, (nos) sobreviene con más denuedo a los "señoros" al llegar a la mediana edad o,  más aún, cuando se empieza a superarla, como es el caso del protagonista de esta novela y también de su autor... Ahora bien, lo que nos viene a decir éste es que podemos mover carros y carretas para trataar de trascender, de dejar huella en este mundo, pero, por importantes que nos creamos, donde no hay mata, no hay patata, amigos...

Esto, me temo, sucede incluso en el caso de los escritores, que aspiran a dejar tras de sí una obra más o menos memorable: Aira vuelve a efectuar aquí una transposición irónica presentándonos a un autor que, al contrario de lo que suele suceder, escribe una obra idealizando su propia vida al principio de la misma, para pasarse el resto de la misma recreándose en ella, con un interés entre narcisista y masoca (supongo que habrá algún término psicológico más preciso,  que desconozco); de esta forma Fulgentius aspira a que sea su vida la que justifique su obra literaria y no al revés, como es lo habitual (también ignoro si César Aira trató de satirizar aquí la moda de la autoficción, pero , en todo caso, le salió como si...).

En fin, ya lo sé: parece mucha densidad conceptual para una novela tan breve -no llega a las 170 páginas-, porque además hay que añadir coloridas descripciones, escenas de la vida militar romana, personajes peculiares, anécdotas varias, etc. , aunque hacedme caso, si hay algún escritor capaz de embutir tanto contenido en tan exiguo continente, sin duda es éste.

Más títulos de César Aira reseñados en Un Libro Al Día: El congreso de literaturaLa villaUna novela chinaLas noches de FloresLos fantasmasPrins

lunes, 15 de junio de 2020

Xavier Marturet: Lágrimas de muerte

Idioma: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Se deja leer

Antes de nada, algo de contexto: ¿de dónde sale Lágrimas de muerte, de Xavier Marturet? Pues bien, esta novela breve es la segunda entrega de «Amenazas», serie de terror y aventuras de corte "pulp" inaugurada por el escritor Raúl Montesdeoca con La llegada. Las obras que componen dicha serie transcurren en el mismo universo y emplean personajes recurrentes. Se pueden leer de forma autónoma, aunque para apreciar los pormenores de su continuidad es preferible abordarlas todas en orden de publicación.

Ya que estamos, aclaro que «Amenazas» me parece un proyecto editorial sumamente interesante. No es único en el panorama español reciente (Pulpture también tiene uno de estas características, por ejemplo), pero promete devolvernos a esos tiempos en los que la narrativa de evasión entretenía a una audiencia ávida de historias coloridas y sin grandes pretensiones. Desgraciadamente, la calidad de los productos que lo constituyen es deficiente. Al menos, según lo que he podido comprobar con Lágrimas de muerte.

Entiendo que a una colección de estas características no hay que exigirle mucho, ojo. Pero de ahí a entregar una ficción con un argumento cliché, una estructura caótica, personajes planos, una prosa tosca y un estilo ramplón, hay un buen trecho. Quizás el apartado más conseguido de esta novela sea su ritmo. Un ritmo tan ágil como el que la trama (que transcurre en una noche) demanda. Asimismo, destacaría la solvencia puntal de determinadas escenas. Precisamente las de suspense o acción; las cuales, paradójicamente, deberían ser difíciles de escribir.

La edición de Isla de Nabumbu tampoco ayuda a redondear el conjunto, pues presenta diversos gazapos, erratas y reiteraciones intrusivas. De ella salvaría, eso sí, la magnífica ilustración de la cubierta, a cargo de Julio Rod. Es, sin lugar a dudas, una delicia visual, fabricada especialmente para los amantes del género.

Concluimos pues que Lágrimas de muerte no está mal siempre y cuando uno acuda a ella consciente de sus modestas intenciones. No innova en nada y no siempre entrega el entretenimiento que promete, pero en general es pasable en tanto que escapismo barato. Aún así, deja un regusto a potencial desperdiciado, a producto mejorable en casi todos los aspectos. Lástima. 

domingo, 14 de junio de 2020

Camilla Läckberg: Mujeres que no perdonan

Idioma original: sueco
Título original: Kvinnor utan nad
Año de publicación: 2020
Traducción: Claudia Conde
Valoración: Insultante

Territorio best seller. Sabed que lo de seller significa vendedor. Que los de la editorial, muchas gracias, me lo colocan en mi casa y que lo leo, a diferencia de otros que también me envían, y viendo su escasa extensión, casi de inmediato. Lo leo por pura curiosidad ya que la autora me suena algo aunque sea entre recuerdos nebulosos que la asocian con aquella oleada de novela negra escandinava (tramas con muertos y mucho frío, autores cuyos apellidos acababan en berg o soon, cuyos nombres llevaban esas diéresis o la cosa esa redonda en las vocales que si  no fuera tan tarde y quiero publicar esto a las doce buscaría en Wikipedia cómo se denomina). Oleada que, por cierto, me causó bastante indiferencia. Stieg Larsson (¡sson!), autor cuya obra fue espoleta de tal explosión, me parece muy sobrevalorado, y la novela de marras que escribió, la causante de todo esto, siempre me pareció convencional, el equivalente actualizado en lo tecnológico al folletín clásico donde todo nudo argumental se resuelve en una pelea o en una persecución.

Pero esto, repito, es territorio best seller y aquí imperan otras reglas. Hablar de novelas adictivas, por ejemplo, poner títulos de obviedad sonrojante, incluir sinopsis en la contraportada del libro que prácticamente convierten la lectura en un trámite que, desde luego, recomiendo, ya, ahorrarse, ya que estamos y hemos llegado a las primeras líneas de este segundo párrafo. En el que ya he tenido, por cierto, más consideración con los lectores de la que tiene Läckberg. Que tiene una carrera de éxito en el género y que ha creado, se ve, personajes de gran raigambre entre su masa lectora. Pero que usurpa de manera desconsiderada y alevosa la trama de cierta novela clásica escrita por quien ni siquiera voy a insinuar, así de descarado es el robo. Tal es el rostro que le ha echado la autora para publicar esta novelucha que se lee en una hora, se digiere en quince minutos y (salvo que hayas de reseñarla) se olvida en treinta segundos. Sí: he dicho novelucha. Ni siquiera se puede hacer una sinopsis sin que aventuremos su desarrollo, pero por intentarlo no va a quedar. Tres mujeres casadas con tres patanes. Uno la maltrata físicamente, otro la menosprecia, el tercero la engaña con una mujer más joven. Un par de veces se inserta el hashtag #MeToo para que se vea que la autora ha decidido aportar su (indigno) grano de arena. Hubiera podido, digo yo, aportar algún tipo de rigor policial, algo más de profundidad en los perfiles de los personajes, algo más de elaboración en los procesos que llevan a la resolución, obvia y visible a cientos de millas, de la novela. Pero no se trataba de eso, se trataba de aprovechar el tirón del movimiento aunque sea a costa de urdir, perdón, robar, una trama simple como el mecanismo de un chupete y presentarla en tapa dura y cobrar casi veinte euros por ella.

Así que hay que meter la mano en el bolsillo del lector y hay que insultarlo. Le dice "no puedes haberte leído esa novela cuyo planteamiento he adaptado aquí a los tiempos que corren, así que vas a pensar que soy muy original y que, wow, qué viaje". Los lectores de Läckberg no pueden haber leído xxxxxx, novela emblemática de xxxxxx. La leen a ella, a Läckberg, y ya lo tienen todo, misterio y subidón de la venganza primaria incluido. A cambio de leer dos veces #MeToo y la satisfacción de sentirse dentro de un movimiento incontestable y que no necesita el apoyo de esta tontería. No os digo nada más para no romper el finísimo hilo que lleva, insisto, de leer solamente la sinopsis de este libro a agarrar un cabreo descomunal pensando a cuánto incauto se engaña aquí de forma oportunista y cuánto dinero va a moverse mientras algún escritor digno ha de escribir las instrucciones de una batidora para sobrevivir.

Os digo que si esto es representativo de lo que escribe su autora no voy a molestarme en averiguarlo.

Os sugiero que si decidís, a pesar de mi empeño en desaconsejarlo, dar  una oportunidad a este engaño, al menos conservéis el recibo de la librería.

sábado, 13 de junio de 2020

Joseph Roth: La marcha Radetzky

Idioma original: Alemán
Título original: Radetzkymarsch
Traducción: Isabel García Adánez
Año de publicación: 1932
Valoración: Imprescindible



Creo que no me equivoco si digo que esta es una de las novelas clave de la primera mitad del siglo XX y uno de los ejemplos más acabados de novelas que reflejan el final de una época y los efectos que este tiene sobre los individuos. Y mira que buena parte de la narrativa de Joseph Roth (Musil, Zweig, etc) gira alrededor de ese tema, pero es que "La marcha Radetzky" lo tiene (casi) todo.

El punto de partida de la novela será la heroica acción de Joseph Trotta, quien casi sin quererlo salva la vida del Emperador Francisco José durante la batalla de Solferino, lo que provocará que Joseph Trotta se convierta en el barón von Trotta und Sipolje (localidad esta de la que procedían sus antepasados) y modificará para siempre el destino de la vida de su hijo Franz y su nieto Carl Joseph.

Los destinos de ambos (sobre todo el de Carl Joseph) aparecen, por tanto, entrelazados con el ocaso de la monarquía austrohúngara, el cual es narrado desde el sarcasmo y la ironía, aunque no sin pequeñas dosis de melancolía. Todo ello conjugando destinos individuales y acontecimientos históricos, contraponiendo valores "antiguos" y "nuevos", diferenciando entre realidad y apariencia.

Por una parte, estarían la omnipresente figura del Emperador y los valores que de ella aparentemente emanan: el deber, la obediencia, el sacrificio, el honor; por otra, su aplicación práctica en instituciones como la clase política o el ejército. Por ejemplo, el contraste entre el oropel de los desfiles o el papel aglutinador y ejemplar del ejército y la imagen de este como un grupo de holgazanes, bebedores y jugadores o entre las tradiciones antiguos y las nuevas costumbres es brutal.

Producto de estos contrastes y del choque entre el ideal y la realidad es el personaje central de la novela, el teniente Carl Joseph von Trotta und Sipolje. Nieto del héroe de Solferino e hijo de un jefe de distrito, recto y espartano funcionario que más parece un fantasma de otros tiempos y un reflejo decolorado del Emperador, Carl Joseph se ve empujado desde su más tierna infancia a la carrera militar. La carga, para lo bueno y para lo malo del nombre del héroe de Solferino, una relación paterno-filial basada en silencios y sobreentendidos y el peso del deber, el honor, la obediencia y la sumisión harán de Carl Joseph un ser pusilánime, un hombre "sin atributos", un instrumento en manos del infortunio.
De ahí que "La marcha Radetzky" no haya de ser considerada, al menos en exclusiva, como una novela histórica y que conserve en 2020 toda su vigencia. Porque es también una novela de corte psicológico o existencialista, sobre seres fuera de lugar que tratan de "pertenecer" de alguna manera, aunque en el fondo siempre sean incapaces de adaptarse a las nuevas situaciones o a situaciones que la Historia va poniendo en su camino.

Sea como fuere y hagamos la lectura que de la novela hagamos, "La marcha Radetzky" vuelve a dar muestra de la capacidad de penetración psicológica de Roth, de sus habilidades como narrador o contador de historias, de su maestría para entrelazar extensas descripciones (por ejemplo, las de los paisajes de su Galitzia natal) y ágiles diálogos o para dejarnos una serie de escenas memorables, como pueden ser el diálogo entre Carl Joseph y el doctor Max Demant previo al duelo en el que este último se ve inmerso, la agonía del criado del primer y segundo Trotta o las poderosas imágenes de la guerra, en las que sentimos el hambre, la sed y la violencia en carne propia. Por ponerle un pequeño pero, quizá el comienzo sea algo "lento", ya que está destinado más a una puesta en situación que otra cosa. Si lo leéis y os transmite esa sensación, no desistáis. Merecerá mucho la pena, de verdad.