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miércoles, 24 de junio de 2020

Danele Sarriugarte: Entrañas

Idioma original: euskera
Título original: Erraiak
Año de publicación: 2019
Traducción: Miren Iriarte
Valoración: Está bien







No podemos ir por ahí criticando lo mal que está el mercado editorial y lamentándonos de que solo se publique a las glorias de siempre y de que no haya variedad temática ni voces nuevas si luego nosotros mismos, como lectores, solo nos decantamos por esos supuestos «valores seguros». 

También es comprensible que deban existir ciertas garantías para animarnos a salir de nuestra zona de confort. Y Entrañas las tiene: éxito de público y crítica de la edición en vasco (2015) y el premio Euskadi de Plata. Si a eso le sumamos que la edición en castellano es a cargo de una de esas pequeñas editoriales (Reikiavik ediciones) con un proyecto personal y entusiasta, y un catálogo que apuesta por las historias bien contadas con independencia de los parámetros del mercado, pues ahí que voy. 

Resumen resumido: la protagonista llega a casa y encuentra la nota de despedida del que ha sido su pareja hasta ese momento. A partir de ahí inicia un proceso —intenso y calculado— de depuración emocional en el que reflexiona sobre todos aquellos factores propios y ajenos que la han conducido, no sólo al punto de ruptura, si no al mismísimo germen de la relación. 

Quien más y quien menos ha reconstruido en su cabeza (o en el papel) los hechos de una ruptura amorosa, tal como justificaba la genial Nora Ephron: «Porque si cuento la historia, domino la versión (…) Porque si cuento la historia, no me duele tanto. Porque si cuento la historia, puedo soportarla». Con esto tan solo quiero decir que la autorreflexión tras la pérdida no es algo nuevo en la literatura ni en la vida y que un argumento en el que ya sabemos de antemano que la acción no evoluciona (una pareja rompe y uno de los miembros reflexiona sobre ello), depende mucho más del CÓMO que del QUÉ para atrapar al lector. 

Entrañas explota el CÓMO mediante la voz narrativa: una narradora en primera persona que aborda su propio viaje interior con una crudeza y una desfachatez sorprendentes. La protagonista se abre en canal para superar la reciente ruptura y lo hace con una hosquedad deliberada, muy acorde con su temperamento rebelde e impulsivo pero también con honestidad, lucidez y gran capacidad de autoconocimiento: 
«A quienes fuimos diagnosticadas como chicas solo nos quedaba la posibilidad de demostrar con el mayor espanto posible el asco que nos producía aquel juego (…) porque nunca nadie había dicho ni mu sobre meter la mano en la entrepierna, y hasta que no tuvieses un novio, o, en realidad, hasta que varios novios no te tuviesen a ti y pasasen varios años, hacia los diecisiete más o menos, diría yo, nadie confesaría con voz firme que el coño podía utilizarse para algo más que para mear o para desangrarse una vez al mes» 
Esta voz cargada de ironía, desparpajo, descontento y mucha crítica social me ha recordado por momentos al canalla desorientado de Gabriel Barrios de La noche es virgen y a la reivindicativa Nati de Lectura fácil; voces muy poderosas y atractivas cuyos personajes logran seducir al lector sin despertar su empatía. La protagonista de esta novela resulta interesante, uno quiere saber más de ella, se llega a comprender en buena medida su situación pero cuesta identificarse emocionalmente con ella. Y así como en Gabriel y en Nati tal efecto era buscado, no tengo tan claro que también lo sea en este caso y eso, en mi opinión (o así ha sido en mi experiencia lectora particular), le resta empaque a la parte de crítica y de incitación a la reflexión del texto.

Es una novela que va de menos a más (el arranque contiene algún titubeo en el estilo y en alguna reflexión puntual de la protagonista) pero enseguida toma cuerpo con solidez y agilidad. La trama alterna presente con un pasado más o menos reciente, mediante capítulos no muy largos y guiando al lector con habilidad para que se sitúe ya en los primeros renglones. A ello contribuye especialmente la forma con la que se numeran los capítulos, teniendo en cuenta que «0» es el momento presente en el que la protagonista se encuentra la nota de despedida de su pareja. Al artefacto narrativo de Entrañas hay que sumarle todo un conjunto de notas al margen que puntualizan, desarrollan, aclaran y/o se regodean generando un segundo plano de lectura paralelo. 

Otro valor interesante es la capacidad evocadora en diferentes niveles: (1) la de una fase vital perfectamente reconocible en la que el inminente —y digo «inminente» porque nadie se escapa— encaje en la vida adulta genera tanta rabia, frustración y desorientación. (2) la del «momento ruptura» que todos hemos vivido alguna vez y que solo podemos explorar desde la distancia que da el paso del tiempo o por el hecho de observarlo en un tercero. (3) la de una sociedad y modo de ver el mundo de los pueblos pequeños cuyos jóvenes «salen» a estudiar y a trabajar, y viven en una particular y eterna dicotomía. (4) la del plano sensorial, es una novela en la que lo que se oye, lo que se huele, lo que se ve, lo que se toca, está muy presente y otorga una atmósfera especial a la narración. 

En resumen, Entrañas es una novela valiente que no decepciona, que se lee de una sentada y cierra de forma impecable, dejando al lector sujeto a la reflexión.

lunes, 18 de mayo de 2020

Kristen Roupenian: Lo estás deseando

Idioma original: inglés
Título original: You Know You Want This
Año de publicación: 2019
Valoración: Está bastante bien


Permítanme que la presente ya que no ha tenido tiempo de darse a conocer, al menos aquí, en España. Kristen Roupenian, escritora de la costa este estadounidense, inició su carrera literaria gracias a un golpe de suerte: acababa de publicar un relato en prensa sobre las relaciones de poder entre sexos justo en el momento en que el Me Too provocó el impacto emocional del que todos tenemos noticia. Lo estás deseando es el primer volumen que publica, se trata de un conjunto de relatos, con las limitaciones previsibles y la temática que podía esperarse dadas las circunstancias, que supone un buen comienzo y augura una interesante trayectoria.
Aquel primer relato publicado en su día por The New Yorker se titulaba Un tipo con gatos y se incluye aquí junto con alguno más aparecido en revistas, pero la mayor parte son inéditos. Echando un vistazo a las menciones en español de la obra, encuentro que, quizá influidos por el revuelo que causó en Estados Unidos, hacen especial hincapié en su temática sexual que, efectivamente, constituye el telón de fondo en la mayoría de las trece piezas que lo componen, pero no resulta tan explícito como para calificar el conjunto de erótico, creo yo. Existe, desde luego, mucho morbo, violencia real o soterrada, obsesiones, deseo de dominación y, por supuesto, deseo sexual.
Con el primero, Chico malo, nos metemos de cabeza en ese mundo perverso. La trama de Look at your game, girl, con protagonista adolescente, avanza a base de malentendidos sin que llegue la sangre al fuego, como comprobamos con una mezcla de alivio y decepción. Peores intenciones tiene la adolescente de Sardinas en lata que, excepcionalmente, promete menos de lo que finalmente ofrece a los lectores. Destacaría también por la intensidad de su clima emocional Cicatrices y El signo de la caja de cerillas. Deseos suicidas contiene un potencial enorme bastante desaprovechado. El resto me ha parecido más anodino, incluso aquél que le dio la fama, y alguno de ellos innecesariamente largo.
El terreno en el que se mueve la autora es inquietante, las atmósferas suelen ser irrespirables, en la mayor parte de los casos se masca la tragedia, que resuelve con mayor o menor fortuna. En cuanto a la forma de narrar es siempre lineal, su redacción correcta, el ritmo bien manejado y la relación de causa-efecto clarísima, pero los personajes se parecen demasiado, sobre todo el sujeto dominante y perverso que, por cierto, no necesariamente es el varón. También es idéntico el ambiente en que se mueven los individuos, así como el tono de los relatos. Lo menos logrado es esa linealidad que mencionaba, pues no solo se limita a narrar en riguroso orden cronológico, es que no hay un solo alarde, una insistencia, una descripción, un enfoque peculiar que otorgue entidad a las historias, todo lo contrario, más bien parecen informes notariales, eso sí, casi siempre intrigantes y sin ninguna dificultad lectora.
Tratándose de una temática tan oscura, esperaba mayor oscuridad narrativa, y es que la necesaria ambigüedad de casi todos los desenlaces contrasta con la claridad de su núcleo. Además, se ven demasiado las costuras y todavía más las influencias de los grandes maestros a los que, adivinamos, pretende emular sin conseguirlo, como es lógico. A estas alturas, casi todo está ya dicho, los recursos están más que explorados desde siglos atrás y hay que hilar muy fino para destacar en ámbitos misteriosos y terroríficos. Zozobra, desasosiego, sí, ¡cómo no! ya que son bazas indispensables, pero de forma bastante contenida y, como digo y era de esperar, no demasiado original. Sin embargo, y aunque es evidente que le falta rodaje, leemos a Roupenian con el placer que provoca situarse en el incómodo terreno al que intenta –y en muchos casos consigue– trasladarnos.

miércoles, 15 de enero de 2020

David Coventry: La milla invisible

Idioma original: inglés
Título original: The Invisible Mile
Año de publicación: 2015
Traducción: Íñigo F. Lomana
Valoración: recomendable

Puesto que nuestro compañero Koldo, que es a quien correspondía, inauguró con Ruedas de fortuna las reseñas de temática ciclista en ULAD, continuaremos por esa senda... es decir, ruta, pese a que yo hace tiempo que no soy practicante de tan noble deporte, consistente en subirte los domingos por la mañana a un velociclo que puede costar lo que un coche de pequeña cilindrada, pedalear 30 ó 40 kms. hasta algún bar famoso por sus almuerzos y carajillos, y ponerte tibio, sabiendo que vas a quemar las calorías en el trayecto de vuelta... Es broma: el ciclismo es tesón, lucha, sacrificio, épica, encontrarse con uno mismo y con el mundo, y no sé cuántas cosas más... pero todas, TODAS, las podéis encontrar en esta primera novela del neozelandés David Coventry, que nos cuenta, precisamente, la primera vez que un equipo de habla inglesa, formado por australianos y neozelandeses, tomó parte en el Tour de Francia, en 1928. 

Aunque mejor debería poner "formado por australianos y neozelandés", porque en el equipo real, de cuatro corredores, tan sólo había uno de esa nacionalidad; pero Coventry se inventa a otro de su mismo país, un quinto ciclista del que no sabemos el nombre, a pesar de que se convierte en el narrador y protagonista de la novela. De su mano recorremos l'Hexagone (y de verdad, siguiendo su perímetro y sin saltos fulleros entre etapas) por sus llanuras y montañas -ay, ese Tourmalet-; sus pueblos y sus ciudades... y también sus campos de batalla, porque la Gran Guerra aún está muy presente en las cicatrices del país y el ánimo de sus gentes; también en el del protagonista de la novela, ese quinto ciclista de las antípodas que por su edad no llegó a participar en la contienda, pero no puede olvidar el efecto causado en su hermano Thomas, veterano de guerra.

Este recuerdo de la sangrienta guerra constituye, junto con la peripecia de la propia competición, una de las patas sobre las que se asienta la novela, pero también lo es la obsesión que siente el joven ciclista hacia dos enigmáticos personajes: Louvière, carismático corredor franco-argelino, y una mujer llamada Celia que sigue a la caravana del Tour por toda Francia y que entabla una relación, cuando menos peculiar, con el protagonista-narrador. Quien, por si fuera poco, también corre atormentado por otra circunstancia: la muerte, unos años antes, de su hermana Mayra, de la que no sabemos si se hace responsable a sí mismo, a su hermano o qué puñetas le pasa... Porque todas estas obsesiones y tormentos las vive el pobre chaval entre medias de una carrera de una dureza apabullante, de etapas interminables y encadenado a un artefacto con ruedas que nada tiene que ver con las modernas bicicletas de fibra de carbono y cuyas averías y pinchazos debía reparar el mismo ciclista. Una carrera que se convertía también en una batalla, contra el propio cuerpo, en un inclemente trabajo de Sísifo que en la novela adquiere casi una corporeidad de deidad antigua, juez y verdugo de los infelices mortales, de tal manera que para sobrellevar su castigo  aquellos "esforzados de la ruta" se veían obligados a tirar de cocaína, de anfetas, de éter... incluso de simple vinacho, para aguantar. Todo ello vivido con redoblado sufrimiento por nuestro prota, porque Coventry es un escritor de los, digamos, "intensitos"...

Entiéndaseme: no estoy sugiriendo que sea un mal escritor, todo lo contrario... Ojalá yo escribiera tan bien como David Coventry, con esa mencionada intensidad, seco lirismo y desgarro. Es más: ojalá todos los escritores noveles (aunque el hombre ya es talludito, por más que éste sea su primer libro) y más de uno de los nobeles escribieran tan bien como David Coventry. Sólo que, en mi opinión, la historia se enreda demasiado, se va por las ramas cual barón Cósimo de Rondó, con tanta preocupación de su cuitado protagonista, cuando en realidad lo que funciona como un tiro es la narración de la carrera en sí, una epopeya sin sentido sobre héroes que se caen por tierra, que vomitan, se desmayan, se torturan a sí mismos sin saber muy bien por qué, odian lo que están haciendo pero tampoco son capaces de bajarse de la bici y mandarlo todo al cuerno... (y por aquel entonces no había tele, así que sus esfuerzos ni siquiera servían para que los espectadores nos echáramos unascsiestas de campeonato... Qué injusta es la vida).


Los auténticos titanes de la ruta, junto a un montón de admiradores a pie.

domingo, 5 de enero de 2020

Ingrid Rojas Contreras: La fruta del borrachero


Idioma original: inglés
Título original: Fruit of the Drunken Tree
Año de publicación: 2019
Valoración: Está bastante bien



El borrachero es el árbol productor de una sustancia llamada popularmente burundanga que se caracteriza por anular la voluntad de quienes la consumen, de ahí que haya sido utilizada por algunos delincuentes para asegurarse la complicidad de sus víctimas. Fue una entrevista radiofónica a Rojas Contreras lo que despertó mi interés. Se trata de una primera novela, de inspiración autobiográfica y contenido histórico, quizá demasiado ambiciosa para empezar, ya veremos lo que le depara el futuro.
El punto de partida es autobiográfico, pero la experiencia se distorsiona tanto que puede considerarse ficción pura. Narra la trayectoria de un matrimonio y sus dos hijas a finales de los años 80 y buena parte de los 90 del siglo pasado, con el telón de fondo de los convulsos sucesos que marcaron a la sociedad colombiana de entonces: entre otros, el asesinato de un candidato presidencial, la captura y muerte del narcotraficante Pablo Escobar y los grandes desastres que produjo la actividad guerrillera a todos los efectos. Dos voces están a cargo del relato: la hija menor de la familia y la preadolescente que contratan como criada. Esta última resulta algo más creíble, pero Chula, la más explícita y locuaz y a quien conocemos con solo siete años, resulta un personaje muy forzado. Al ser ella quien debe poner al corriente al lector acaba convertida en una especie de híbrido, muy poco creíble, entre criatura alocada y alguien que discurre y está tan informado sobre las cuestiones de actualidad como un adulto. Por otra parte, muchos de los sucesos que ya forman parte de la historia la encuentran casualmente en primera fila. No obstante, como los ojos de una niña tienen un alcance limitado, apenas se nos dan explicaciones y lo que vemos es confuso y ambiguo. Recurso este que en realidad no es más que un pretexto para eludir información relevante sin que se note demasiado.
El resultado es una trama algo blandengue y previsible –que a veces recuerda a esos relatos de aventuras protagonizados por adolescentes– a pesar del enorme dramatismo de los hechos, de que se vive demasiado rápido y las vidas no tienen ningún valor. Conocemos asesinatos de niños y adultos, evasiones y capturas, secuestros reales y en grado de tentativa, territorios arrasados, un fuego cruzado presenciado por dos niños pequeños, alguien que enloquece, palizas, persecuciones, liberaciones, exilios, vivencias que causan traumas de por vida, una violación seguida de embarazo. Pero los adultos –que no resultan mucho más coherentes– viven en un mundo paralelo mientras las niñas campan a sus anchas sin demasiada justificación. Y es que ni siquiera las relaciones personales están bien reflejadas, ni se entiende por qué un árbol tan peligroso –eje central de un episodio bastante delirante– se ha plantado a propósito en una vivienda, menos aún si en ella hay menores. Es verdad que hay momentos de gran tensión dramática, que la mayoría de los personajes suscitan simpatía o rechazo, que la intriga se mantiene la mayor parte del tiempo y que puede resultar bastante entretenida, pero nada de esto convierte a La fruta del borrachero en una novela excepcional.

miércoles, 24 de julio de 2019

Imogen Hermes Gowar: La sirena y la señora Hancock


Idioma original: inglés
Título original: The Mermaid and Mrs. Hancock
Año de publicación: 2018
Traducción: Carlos Giménez Arribas
Valoración: bastante más que recomendable

¿En qué consiste la felicidad? ¿En cumplir nuestros deseos y aspiraciones? ¿En obtener el éxito económico, el reconocimiento social? ¿En vivir como nos dé la gana? ¿En querer y ser queridos? Todas estas preguntas y más están implícitas  en esta estupenda (e incluso impresionante) novela de la inglesa Imogen Hermes Gowar (ne sé si Hermes será nombre propio o apellido), una novela ambientada en el Londres de finales del siglo XVIII y escrita con un preciosismo y una maestría que, desde un principio, dejan poco lugar para la duda: cuente lo que nos cuente esta historia, queda claro que su lectura no va a ser una pérdida de tiempo.

Más aún cuando se empieza a conocer la trama y los personajes, alejándose de algunos tópicos de la novela histórica, sus protagonistas principales son dos miembros exitosos pero marginales, por diferentes razones, de la sociedad: el anodino armador de Deptford Jonah Hancock y la hermosa cortesana Angelica Neal, vuelta "a la circulación" tras una relación en exclusiva con un viejo duque. Ambos entran en contacto a través de la razón más peregrina que cabe imaginar: la aparición de una auténtica sirena, que el capitán Tysoe Jones le trae a Hancock de uno de sus viajes. La sirena cataliza toda la narración, de forma que a su alrededor se mueven no sólo Hancock y Angelica, sino alcahuetas de postín, prostitutas de variada fortuna, caballeros adinerados, criados de diferente condición, artesanos, policías, gente de alcurnia... en fin, una representación escogida pero variada de la sociedad o parte de esa sociedad inglesa de la época georgiana.

Éste, el retrato social de una época y país en la que la diferencia de clases estaba especialmente marcada es uno de los atractivos del libro. pero sin duda, podemos decir que, en esencia, se trata de una historia de amor, o del comienzo de una, muy peculiar y enrevesada, sui géneris, nada al uso de estos tiempos (quizás tampoco de aquéllos), una historia sobre lo que cabe esperar o no del amor verdadero, si es que algo así existe... Mas sobre todo -y aquí creo que el libro ganan muchos enteros- es una historia de mujeres y sobre las mujeres, pese al coprotagonismo del señor Hancock y la presencia de otros hombres en roles secundarios: desde la vieja "abadesa", la señora Chappell, a sus pupilas, como la mulata Polly Campbell; muchachas inocentes con responsabilidades de adulto como es Sukie Lippard, la sobrina de Hancock o damas de compañía de igual responsabilidad, pero para nada inocentes, como la señora Frost. Existosas cortesanas y criadas simplonas o jóvenes burguesas de aire ramplón. Un plantel de variados papeles femeninos que la autora maneja con una soltura y sensibilidad encomiable, porque esta novela, además de estar muy bien escrita, denota -incluso en sus momentos más crueles, que los hay-, una empatía y delicadeza hacia sus personajes que ya quisieran poder mostrar escritores más talluditos.

Porque esa es otra: resulta que Imogen etc... tiene algo así como treinta añitos... luego escribió la novela con veintitantos. Y ya sé que la edad del autor/a de un libro no debería ser algo que entrar a valorar, pero si lo ha hecho en los casos del desaparecido y ya añorado Camilleri o la aún en forma Joyce Carol Oates, también es justo señalarla en los casos de esta escritora o de Mónica Ojeda, creo yo. Y qué envidia que dan las dos, por cierto...

Retornando al principio de la reseña: ¿Qué es, al fin y al cabo, nuestra sirena? ¿Una metáfora de la felicidad, entonces? ¿Del amor, del matrimonio, del anhelo? ¿O lo es más bien del desamor, de la infelicidad? Habrá que leer la novela para saberlo, quizás... lo único que puede asegurar es que ésta es una auténtica delicia. Creedme.


lunes, 13 de mayo de 2019

Elisa Victoria: Vozdevieja


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2019
Valoración: Muy recomendable

Retratar la infancia y salir airoso del empeño tiene mucho mérito literario. Es el caso, desde luego, de Vozdevieja, el relato del verano del 93 que Marina Marrajo, nueve añitos, depara en primera persona a través de las doscientas cincuenta páginas de esta sorprendente novela. Marina está por supuesto desorientada, confundida y temerosa pero también es curiosa, atrevida y resulta tan divertida como inquietante y seductora. La gracia de todo esto radica –en mi opinión- en todos los ingredientes (claridad, mesura, desparpajo, verosimilitud) que Elisa Victoria (Sevilla, 1985) ha sabido aunar en su escritura para caracterizar sobre todo tres personajes que son los surcos por los que va rodando la novela; la propia protagonista además de su madre y su abuela.

Aunque pueda sonar a Perogrullo, un primer acierto radica en no caer en el error de querer construir el personaje de Marina poniéndose en la piel y expresándose  como se supone que lo haría alguien de esa edad; lo que siente y nos cuenta la protagonista tiene la dosis precisa de elaboración y sofisticación como para resultar interesante y atractivo. También su contexto. Ambientada un verano después de la celebración de la Expo en Sevilla, Marina nos va retratando a su madre, joven y soltera, enferma y luchadora, humilde y malhablada, con sus novios raros, sus vaivenes, sus recaídas y, sobre todo, su íntegra insolencia: “Me ha tocado nacer en un hogar frágil y cambiante. Lo único que permanece en mi vida es ella. Donde esté ella estará mi casa”. Quizás ese halo misterioso y ausente de la madre, con muy poca presencia directa en las páginas, sirva para proporcionarle una nueva capa de significado; ya no se trata sólo del propio personaje sino del personaje recreado con los ojos de la niña, con todos los matices que implica, como puede ser la relación que establece con sus novios.

Por su parte, la abuela de Marina tiene setenta y dos años y se nos informa que es bajita, barrigona y no se arrepiente de nada. Exhibe como no podría ser de otra manera, costumbres, hábitos y creencias firmes pero a la vez prodiga atención, cariño y complicidad en abundancia, lo que confiere a la relación con su nieta fluidez y densidad. Así se nos pinta el mundo de Marina Marrajo, frágil y entrañable, humilde pero vigoroso, lleno de estímulos y posibilidades Y decididamente femenino: “Mi herencia viene transmitida solo por mujeres, nadie más cuenta las historias familiares, nadie más toma las decisiones importantes”. Y probablemente la autora haya intuido que en definitiva los tres personajes bien podrían ser el mismo, la misma niña con diferentes edades.

En cualquier caso, Vozdevieja está envuelta en una atmósfera luminosa y sugerente. El personaje de Marina es enrevesado, tiene momentos tiernos y momentos afilados, tiene juegos con muñecas y juegos eróticos, destila ingenuidad y segrega mala baba y se sabe un angelito de Satán. Tiene, por supuesto, esa imperiosa necesidad de quemar etapas, de saltarse los obstáculos que le impiden tener a su disposición todo lo que intuye le gusta a los adultos, aunque por supuesto ya hace sus incursiones en ese territorio prohibido cuando, por ejemplo, logra agenciarse alguna revista de cómics o de contenido guarrillo. Pero lo que le confiere un ritmo, una cercanía y un atractivo tan potente, tan mágico, es, a mi entender, el sentido del humor, el humor corrosivo que desprende: “No tardes, Señor, en permitir que me apodere de la parte prohibida del diccionario. Consiente, querido Señor, que esta sierva se esté ensuciando pronto la boca”. En definitiva, una novela tan cautivadora como recomendable.

lunes, 18 de febrero de 2019

Rosa Berbel: Las niñas siempre dicen la verdad


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable

El primer libro de poemas de Rosa Berbel ha dado que hablar. Mucho. Ganador el año pasado de la XXI edición del Premio de poesía joven Antonio Carvajal, que con anterioridad se fijó en autores como Andrés Neuman, Luís Bagué Quílez o Martha Asunción Alonso, Las niñas siempre dicen la verdad ha recibido atención y parabienes en los suplementos literarios que determinan el canon literario a día de hoy en España y ha sido incluido en casi todas las listas de lo mejor que deparó la poesía en este país en el año 2018. Así que con la curiosidad desatada tuve que sobreponerme a dos obstáculos importantes a mi entender; el título y la portada. Hacerlo me ha compensado de sobras. Los versos que hay en estas páginas albergan la suficiente vida palpitando y tanta verdad contenida que el dato de la edad de la autora (Estepa, Andalucía, 1997) es apenas anécdota. 

El libro se articula en torno a una precuela, dos partes diferenciadas que acogen una docena de poemas cada una y se cierra con un poema algo más extenso que el resto. En la primera sección, que lleva por título Quemar el bosque, nos damos de bruces con una manera de encarar la vida y la relación con los demás perpleja, incómoda, instalada en el desasosiego. De estos versos se desprende una reflexión acerca del aprendizaje como tarea vital y también acerca de la familia como formato social; el hogar, el rol de la mujer, la tradición, la desesperanza, el miedo a la violencia: “¿No era esto madurar: elegir cosas / y esconder la elección a los demás?” La sensación del verano se asocia a la noción de infancia, reciente y perdida, y en este Quemar el bosque nos encontramos con imágenes, o ideas, como la de los niños muy viejos, o tan niños y tan sabios, o la de la infancia sin infancia. La infancia como un tiempo luminoso y ligero aunque también extraño e incierto: “Niña que no reconoce su cuerpo / comienza a sentir cosas algo extrañas: / hormigueo, mal carácter, un intenso dolor / en los dos pechos.”

En los versos agrupados bajo el título de Planes de futuro se hace más evidente el sentimiento de incertidumbre, de contradicción ante lo que parece que la vida va a poder deparar a quienes hoy y ahora se lanzan a por ella. El eje de la percepción se desplaza para apuntar hacia el porvenir y los versos escogidos de José EmilioPacheco para acceder a estos Planes de futuro se hacen bastante elocuentes: “Ya somos todo aquello / contra lo que luchamos a los veinte años”. Al puntito de provocación que supone traer a colación estos versos del poeta mexicano, la autora añade asimismo un toque más irónico en piezas como Manual de supervivencia para salir del nido o más sagaz, quizás, en Femme fatale con prisa, definitivamente uno de mis preferidos: “No es fácil ser mujer y ser fatale, / en los tiempos que corren / exige disciplina y certidumbres. / Hay que fumar sabiendo los peligros / de enfermedades poco fotogénicas. / Llevar medias de naylon sin carreras / durante una jornada de 10 horas.” 

Versos en los que se habla  de mantenerse bien agarrados a la vida, y seguir un camino propio aunque nos sintamos despistados, entre los pisotones de la gente, y por eso me refería al principio a verdad y vida. En el poema que cierra el libro, Sala de espera para madres impacientes, encontramos la construcción de una identidad compartida, femenina y consciente, que busca amparo, complicidad, calidez. Así que sí, me parece un libro muy recomendable porque siempre resulta de lo más apetitoso encontrarse con una voz nueva, original, cargada de interés y convicción.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Agustín Pery: Moscas



Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Está bien



Mallorca es como Sicilia sin muertos. Es una expresión que ha tenido arraigo en la prensa palmesana para referirse a la política y a la economía -al poder, en definitiva-. Hace un par de años sirvió de título a una novela del escritor al que se le atribuye la sentencia, Guillem Frontera, de la que hay disponible versión en castellano, protagonizada por un muy reconocible presidente del Gobierno autónomo (y no, no ese que le ha venido a la cabeza y que está entre rejas por lo mismo que el cuñado de Felipe VI). Damos por supuesto, entonces, que la mafia en Sicilia es poderosa y elimina a quien le molesta y que en Mallorca ni siquiera precisa ensuciarse. Probablemente, las cosas sean mucho más complejas, complicadas y confusas, pero si algo tiene el periodismo –y los periodistas- es prisa. Un buen titular e historias sencillas y directas, con una idea clara y que se entienda. Sicilia sin muertos. O, a lo sumo, con dos o tres cadáveres, como es el caso de Moscas.

Moscas se inicia con la aparición del cadáver de Antonio Basquida, una mosca cojonera leemos, redactor de El Día, envidiado por sus colegas –“porque se les adelantó, o porque simplemente tuvo los güevos de publicar lo que ellos jamás se atreverían a mandar a rotativa”- y temido por los poderosos locales, objetivo de su perspicaz puntería periodística. Moscas es la primera novela publicada de Agustín Pery (Cádiz, 1971) ahora director adjunto del diario madrileño ABC y entre 2007 y 2014 director del diario palmesano El Día del Mundo, surgido de la fusión de El Día –impulsado por los Barceló y los Matutes, quizás la facción más conservadora, que ya es decir, de los hoteleros baleares y el periodista Antonio Alemany, que también acabó en la cárcel por crear junto a Jaume Matas, ahora sí aparece, una trama corrupta con la que adjudicarse fondos públicos- con la edición local de El Mundo, la obra cumbre de Pedro J. Háganse cargo: un miembro de aquella redacción lo rebautizó como El Día del Fin del Mundo. Agustín Pery dio el relevo como director a Eduardo Inda y en la solapa de Moscas leemos que “destapó junto a su equipo varios de los escándalos más relevantes en la historia de Mallorca”. Bueno.

Desde luego, Agustín Pery debió conocer y tratar de primera mano, canapé y vino español, a muchos de los personajes que pululan travestidos, o no tanto, por las páginas de Moscas. La novela tiene ese ímpetu de querer ser fiel retrato de la sociedad isleña de este tiempo y por eso aparece un aguerrido aragonés delegado de la Agencia Tributaria que finalmente es desplazado con un inesperado cambio de destino, un fiscal jefe provincial de sonrisa beatífica que sobrevive a todos los cambios de gobierno con su proverbial capacidad de no mojarse ni en la ducha, o el gran capo de la noche palmesana que durante décadas ha manejado a su antojo diputados, concejales, policías o periodistas moviendo ingentes cantidades en efectivo, hoy en día en libertad. Pero, tan cierto como que los detalles otorgan verosimilitud a una ficción, aqui hacen chirriar a Moscas; uno no acaba de ver policías nacionales husmeando por los muy rurales bosques del monasterio de Lluc ni a los beltzas de la Ertzaintza repartiendo botes de humo por las calles de Pamplona.

Ese latiguillo tan manido acerca del periodismo -no dejes que la realidad estropee un buen titular- contiene una buena dosis de verdad y creo que se le puede aplicar también a esta ficción, pues la lastra y le resta parte de la capacidad de pegada que el autor pretende propinar al lector. Aún así, por su contundencia, brevedad y fiereza, Moscas se lee con facilidad e intensidad ya que ofrece una mirada necesaria y poco habitual a la parte trasera del decorado pseudo paradisiaco en el que millones de turistas se postran al sol cada verano. En su haber, desde luego, el despiadado retrato moral de la buena sociedad palmesana y como muestra, dos perlitas: “Ambos sonrieron. Se odiaban como solo se odia en Mallorca. Compartiendo confidencias, despellejando al tercero ausente, coincidiendo en cenas, asistiendo a los mismos actos y, siempre, saludándose tan efusivamente (…)”. O bien: “Jodidos isleños, pensó, son como los Borbones, solo follan entre ellos.”. Habrá excepciones, me digo, pensando en el suegro del en su día Duque empalmado, hoy también juzgado, condenado y encarcelado. El ex Duque, no el Otro.

viernes, 26 de octubre de 2018

Emil Ferris: Lo que más me gusta son los monstruos

Idioma original: inglés
Título original: My Favourite Thing Is Monsters, Vol.1
Año de publicación: 2017
Traducción: Montse Meneses Vilar
Valoración: Muy recomendable

Vamos al grano: ¿nos encontramos ante la "novela gráfica del año", como se han encargado de proclamar infinidad de medios, blogs e influencers comiqueros  (si es que alguien se puede considerar tal cosa), y empezando, como no, por la propia casa editorial de este libro? Pues, con sinceridad, yo no puedo afirmarlo, pero sí admitir que muy bien pudiera ser así. Porque, para empezar, visualmente este cómic/novela gráfica es espectacular... No, perdón: ESPECTACULAR.  700 páginas -¡setecientas!- dibujadas a bolígrafo -no sé si de punta fina o gorda, pero, coño: ¡a boli!-, sobre un fondo de libreta escolar o cuaderno de espiral, rayado;el motivo no es que la autora no pudiese acceder a un papel en blanco -de hecho, en realidad, sobre un papel de dibujo con ese fondo-... Esto lo comento porque también se ha hecho mucho hincapié en el "peculiar" perfil o currículum de Emil Ferris: artista norteamericana que ha publicado su primera novela gráfica a los 55 años y que a lo largo de su vida ha sobrevivido con los más diversos oficios, en ocasiones no  demasiado glamurosos: desde ilustradora médica o diseñadora de juguetes a camarera. Superando además, para dibujar esta obra, las dificultades que le causó una rara enfermedad (material perfecto para los departamentos de promoción de las editoriales, me temo (1)).

Ahora bien, el motivo de utilizar boli sobre papel de libreta rayado no se debe a una necesidad económica ni es un mero ejercicio de virtuosismo... y eso que virtuosismo hay a raudales: los retratos de mayor tamaño o los detalles arquitectónicos, por ejemplo, son impresionantes, No, la razón de haber elegido estas limitaciones técnicas estriba en que se supone que este cómic es el diario gráfico de Karen Reyes, una niña de diez años , muy aficionada al dibujo, que vive en el Uptown de Chicago a finales de los años 60 (por entonces no el mejor barrio de la ciudad, según parece)... vaya, donde pasó su infancia la propia Ferris, qué casualidad. Karen, que no es precisamente la niña más popular de su cole de monjas (2) -de hecho, sufre un bullying de manual de orientador escolar-, resulta ser,  además de una gran dibujante, una niña que rebosa imaginación y con una enorme afición por los monstruos de todo tipo, originada, con seguridad, en las revistas pulp de terror que le compra su hermano -y cuyas portadas, reproducidas por ella en el libro van marcando una suerte de capítulos-; es más durante toda la historia Karen se representa a sí misma como una niña-loba: evidentemente, una forma de protegerse y sobrellevar los sinsabores de la vida que le ha tocado. Vive con su madre y su hermano Deeze -Diego Zapata- en el sótano de un edificio con vecinos también harto peculiares, en el colegio, además del acoso ya citado, debe sufrir cada día como su mejor amiga, Missy, la ha abandonado para integrarse en el grupo de las niñas cursis, y su otra amiga, su vecina, más bien perturbada, la señora Silverberg, aparece un día muerta de un disparo. Contra la idea de un suicidio, Karen decide ponerse gabardina y sombrero de detective e investigar el posible asesinato, lo que la llevará a descubrir los secretos más turbios de las personas de su entorno...


No puedo contar mucho más, porque, como se puede comprobar en el título original del libro .que no en español-, éste es el primer volumen de los (supongo yo) dos que componen la historia y no creo "spoilear"(3), sino aportar una información pertinente, si revelo que la trama o tramas no se resuelven o no todas, en éste. Trama que, por otra parte, va avanzando de dramón en dramón a los largo de las setecientas páginas, al cabo de las cuales, quieras que no, se le agarra cariño a los personajes, pues no dejan, algunos, de rebosar ternura, por lo que no me parece recomendable su lectura a personas con una sensibilidad exarcebada, que se hallen padeciendo alguna enfermedad grave o un episodio depresivo. Para todos los demás, sí, por supuesto: ¡a sufrir!

De todos modos, a sufrir lo justo, ¿eh?, pues disfrutaréis con un despliegue visual tan apabullante y fascinante, y que echa mano de estilos que van desde el clasicismo realista al expresionismo alemán, pasando por el underground de Crumb o el surrealismo chicano... Y un homenaje -y un estudio interesante- al museo de arte de Chicago y los cuadros allí expuestos, que supongo Ferris contempló muchas veces desde pequeña (es también hija de artistas). En todo caso, la maravilla gráfica es tal que nos hace perdonar incluso que nos deje en ascuas en lo más intrigante de la narración y nos haga emocionarnos con las vicisitudes de los personajes -y sobre todo, nuestra pequeña mujer-lobo-, para que ahora haya que esperar a que doña Emil vaya a comprar un cargamento de bolis BIC y se ponga a dibujar con ellos como una posesa para saber como acaba la historia. Esperemos que no tarde otros seis años en dibujarla, por favor... Al menos yo, no sé si podré aguantar ; )


(1) Perdón por el inciso, pero al menos a mí me molesta un poco que se suela poner tanto énfasis en el camino que ha llevado a los artistas o escritores a obtener reconocimiento hacia su obra, cuando éste se sale un poco de lo establecido o habitual: porque les ha llegado a una edad tardía o muy pronto o han tenido que dedicarse a labores "proletarias". Y sí, ya sé que yo he hecho lo mismo en esta reseña, mea culpa...
(2) Gran frase de Karen: "Si tienes los mismos gustos que yo, ser católico te conviene..."
(3) Ya digo que en este caso no creo que se pueda considerar un "spoiler" o "estropeamiento", pero quien no quiera saber nada del final de este libro, mejor que no siga leyendo a partir de aquí.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Javier Ramos: El señor Gro y la hija de la viuda Stern

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Recomendable

Cada vez corremos menos riesgos a la hora de elegir nuestras lecturas, solo nos lanzamos con autores o editoriales que —a nuestro entender— son un valor seguro, y qué estrepitosas decepciones nos llevamos con algunos de esos valores seguros. Y a pesar de ello nos continuamos resistiendo a salir de nuestra zona de confort. Pero no soy quién para dar lecciones; en algo más de un año que llevo colaborando en ULAD esta solo es la segunda obra de autor desconocido que reseño y porque tiene el aval de un premio literario (cosa que ya tampoco es garantía de nada).

El Señor Gro y la hija de la viuda Stern ganó la edición del 2017 del Premio Internacional de Narrativa «Novelas Ejemplares». Se trata de una novela corta con setenta páginas rebosantes de una prosa poética, original y envolvente. 

Resumen resumido: el anciano Gro lee un libro en un banco de la plaza, todos los días el mismo libro durante años. La gente del pueblo siente curiosidad y recela, y mandan a la pequeña hija de la viuda Stern para que le sonsaque qué lectura es esa que lo mantiene tan absorto.

Esta es una de esas novelas en las que prima la atmósfera sensitiva por delante de la trama, la experiencia lectora tiene más que ver con llegar a un estado mental concreto que con la historia en sí, y por ello es difícil captar su esencia con un resumen. Porque El señor Gro y la hija de la viuda Stern conduce al lector a la esfera de las fábulas y los sueños —un poco en la línea de El Principito— para tratar cuestiones que no se pueden abarcar desde la razón o el realismo. 

¿Y qué cuestiones son esas? Pues aunque cada lector lo percibirá en función de su bagaje emocional y sus experiencias vitales, hay dos temas que toman especial relevancia: por una parte, el duelo como proceso que cada cual gestiona como buenamente puede y que tiende a aislar al individuo de su entorno y su realidad, que suele ir acompañado de culpa o tristeza o ambas, y que necesita un tiempo más o menos largo hasta que finalmente se resuelve. Por otra parte, la penalización por ser diferente, el hecho de no encajar y sufrir el aislamiento, incluso el exilio, en manos de un entorno social viciado, pequeño y endogámico. El retrato que se hace en la novela de ese pueblo o masa social, sumido en la incultura y la desidia, está muy conseguido:
«El día de la boda, se cogían de la mano como para vadear un riachuelo. La viuda Stern se dejaba felicitar por sus vecinas, que tenían en la boca un bombón pegajoso e inagotable que venía a decir, que venía a callar: ¿qué va a darle tu hija al tonto del pequeño del pescador? ¿qué va a darle tu hija, blanca como la vemos, al tonto del pequeño del pescador, si estamos hartas de verla con la falda arremangada y el culo de ese tonto entre sus piernas detrás de la tapia de la conservera? (…)»
Los hechos, palabras y pensamientos de los personajes se entrecruzan con la voz del narrador en tercera persona, sin por ello entorpecer la lectura y logrando una gran cercanía. Porque el estilo es el verdadero eje vertebrador de la obra. Las imágenes y metáforas resultan tan personales y originales que crean un mundo propio entre el narrador y el lector. No resulta sencillo elegir una sola cita puesto que las setenta páginas de la obra son una continua cita que invoca a la lectura: 
«Es muy sensato lo que dices, Gro, dijo la hija de la viuda Stern. Cincuenta años, mis pechos se me han hundido en la blusa y mi pelo es corto y es feo, y el señor Gro me llama muchacha con su voz trabajosa. Es bonito ver cómo un viejo busca una palabra y la encuentra y la dice. Se ve la palabra muy nítidamente rehuyéndole y se ve cómo suavemente la coge entre sus labios (como con las manos se saca un pájaro del nido y se le impulsa), y después la dice.»
Así que recomendable por lo personal y expresivo de la apuesta (diría que no es un tipo de obra que abunde en el mercado por lo que aún debería ser más celebrado su reconocimiento mediante premio y publicación), y porque ofrece una lectura pausada que invita a degustar cada palabra y percibir las sensaciones que produce. Una buena oportunidad para leer porque sí y no para ver qué pasa.