jueves, 4 de junio de 2026
Daniel Defoe: Roxana. La amante afortunada
jueves, 5 de diciembre de 2024
Beatriz Alcaná: Teseo en llamas
Año de publicación: 2023
Valoración: entre recomendable y está bien
Hace pocos años estuvo muy en boga en España (puede que aún lo esté) un tipo de narración dramática, tanto literaria como audiovisual, protagonizada por mujeres jóvenes, a veces dedicadas a oficios menestrales y que vivían en épocas de un pasado no demasiado lejano, como la posguerra, la Segunda República o, todo lo más, los locos (bastante menos en el caso español) años 20... A este tipo de ficción (el ejemplo más señero sería quizás El tiempo entre costuras de María Dueñas) se puede adscribir, hasta cierto punto, esta novela de Beatriz Alcaná, una escritora en alza en el fantástico. Sin embargo, otro punto a determinar es hasta dónde Teseo en llamas se puede considerar como dentro de este género.
Que juzgue cada cual: la historia nos es narrada por Berta, una joven que en 1950 se traslade a Madrid desde su pueblo para trabajar en la farmacia de su tío. Éste. Pedro Egeo, es en realidad el viudo de la tía de Berta y está casado en segundas nupcias con una mujer más joven, la fría y antipática Fedra. Tiene un hijo de su primer matrimonio, el enigmático y, en principio, ausente Román. Entre estos cuatro personajes, aunque hay alguna secundaria más, se desarrolla la trama, el laberinto de pasiones almodovariano en el que, poco a poco, se van metiendo todos ellos y al lector/a. Lo del laberinto no lo digo sólo por decir, sino porque la novela tiene la decidida intención de ser una transposición o aggiornamento -bueno, aggiornamento a hace 70 años- del mito o leyenda de Teseo, el Minotauro, Ariadna y demás personajes clásicos... También recuerda, de forma evidente, a ciertas novelas románticas del siglo XIX, ésas a las que una joven institutriz, por ejemplo, arrebolada a causa del dueño de la mansión donde ha ido a trabajar, trata de averiguar el oscuro secreto familiar que esconde. Aquí no encontramos a la clásica "loca del ático", pero casi... Todo el melodrama, que es mucho, soportado en gran medida por un componente fantástico que va dirigiendo la trama hacia su conclusión.
Ahora bien, este componente fantástico, aunque tenga una importancia innegable en la resolución de la historia, en verdad resultaría perfectamente prescindible para el desarrollo de la misma, que podría llevarse a término sin problema echando mano de cualquier otra circunstancia más mundana. Lo importante, más bien, o al menos tal es la sensación que me ha dejado a mí la lectura del libro, es la parte melodramática o incluso folletinesca. Lo cual, por supuesto, no tiene nada de malo e incluso, una vez asumido, es totalmente disfrutable, pero quizás no era lo que yo esperaba o andaba buscando, y de ahí que me costara un poco entrar en la historia. Por otro lado y teniendo en cuenta lo dicho antes, que ésta no es una novela fantástica o de terror puro y duro, creo que resulta una lectura con la que cualquiera puede pasar un buen rato, más aún si le gustan las pasiones ocultas, los personajes atormentados y los secretos inconfesables. Con el añadido de la excelente o incluso atildada prosa de Alcaná, que ayuda a ambientar la historia es esa época, sin necesidad de excesivas descripciones o explicaciones detalladas.
Por terminar, y volviendo al inicio de la reseña, se trata, por tanto, de una novela notable en su aspecto dramático pero en la que, a mi entender, la vertiente fantástica no resulta tan resaltada como cabría esperar y mucho menos la terrorífica, aunque es cierto que la autora va creando a lo largo de la historia un ambiente oscuro y claustrofóbico de lo más interesante. por lo tanto, recomendable si se tiene más o menos claro lo que se puede encontrar aquí. Y una escritora a la que habrá que prestar atención, pues promete darnos grandes momentos.
viernes, 25 de agosto de 2023
Concha Alós: Rey de gatos
Año de publicación: 1972
Valoración: recomendable
Libro de cuentos de la felizmente reivindicado Concha Alós, que data de hace más de cincuenta años (ignoro la repercusión que tuvo en su momento, pero esta reedición, a cargo de La Navaja Suiza, sí que ha tenido bastante ; positiva, se entiende). Reúne nueve relatos protagonizados e incluso narrados en primera persona por mujeres -excepto el que da título al volumen, que trata sobre un personaje masculino, y otro, Mariposas, donde la protagonista es una mujer, pero está contado en tercera persona-; de hecho, bien se podría considerar, o casi, que todos los demás cuentos están protagonizados por la misma mujer y los distintos relatos son momentos diferentes o variantes de la misma historia, relatados siempre por una hija de buena familia, de la burguesía barcelonesa o mallorquina, que se ha casado con un individuo de distinta clase social, contra el criterio de sus padres, y con el tiempo se encuentra desdeñada y engañada por su marido o pareja. Es más, dos de estos cuentos, Cosmo y La coraza, tienen literalmente los mismos personajes y uno puede considerarse como una segunda parte o, más bien, un relato inscrito dentro del otro... sólo que La coraza cuenta con un ingrediente fantástico -quizá tan sólo en la imaginación de la protagonista, pero da igual- del que carece el otro.
Aunque otros relatos, en cambio, se alejan en mayor o menor medida de estas premisas: en el ya mencionado Mariposas, la joven Pompeia Lorena convalece por un embarazo complicado, tras haber perdido a otro hijo, pero su marido parece bastante dócil, mientras que en Paraíso la protagonista sí que ha tenido amores con un forastero, si bien su familia es más bien del tipo artístico-bohemio; aunque, como en el resto de los casos, la chica tampoco parece capaz de alejarse de su influjo. Por otro lado, en el que para mí es el mejor cuento de todos, El leproso, una adolescente se siente acechada por unos perseguidores que padecen esa enfermedad, en un relato que discurre entre el terror y la angustia de la chica ante su despertar sexual.
El sexo y el deseo femenino, de hecho están muy presentes en casi todos los cuentos, de una forma sorprendente ente explícita en un libro publicado en aquella funesta época, más aún siendo escrito por una mujer. Alguno que otro incluso se puede considerar como una metáfora -o apología, más aún- de la "liberación femenina", en auge por aquellos años en todo el mundo occidental (igual en España un poco bastante menos, por mor de las condiciones políticas). En todo caso, se trataría de una liberación femenina tomando como referencia al hombre, al "macho castigador" que es infiel o desprecia a su mujer, de forma que ésta se rebela. El empoderamiento, que se dice ahora, parece, pues, más consecuencia de un desengaño que de una toma de conciencia feminista... pero como no me considero la persona más apta para disertar al respecto, lo dejo aquí.
El cuento que se sale de la corriente general, Rey de gatos, trata sobre la misantropia y la diferencia, y, como el resto, aunque de forma más evidente, guarda en su interior un componente cruel que justifica el subtítulo de esta recopilación: Narraciones antropófagas. Porque, además del punto de vista femenino ya mencionado y del elemento fantástico que aparece a menudo, la otra característica de los relatos es ese punto de crueldad o de inmisericordia que sufren -o ejercen- los personajes, incluso cuando parece evidente que la autora sentía simpatía o hasta se identificaba con ellas y ellos. Quizá porque sabía que la vida puede ser muy cruel y tampoco quería engañar a sus lectores, no sé...
También de Concha Alós y reseñado en Un Libro Al Día: Las hogueras, Los enanos
jueves, 6 de abril de 2023
Chris Kraus: La fábrica de canallas
Título original: Das kalte Blut
Año de publicación: 2017
Traducción: Isabel García Adánez
Valoración: muy recomendable
¿Se puede tener simpatía por un nazi, aunque se trate de un personaje de ficción? Si alguno fuéramos un escritor murciano de extremocentro, dedicado a llamar la atención en los medios de derechas denunciando la dictadura woke, no cabe duda que la contestación sería: "Sí, por supuesto", antes de enseñar la foto de Knut Hamsun que tendríamos sobre el escritorio. Pero para el resto de personas normales y más o menos decentes, la respuesta no es tan clara..."Hombre, un nazi-nazi, aunque sea un personaje de novela... Buf, qué difícil..." Pues más complicado resulta aún decirlo una vez leída esta novela. Porque su protagonista-narrador en primera persona, Konstantin -Koja- Solm es un alemán del Báltico y, junto a su hermano Hubert, miembro de las SS y, más concretamente, agente de la SD, su servicio de información, integrada dentro de la igualmente infame Oficina para la Defensa del Reich dirigida por el felizmente finiquitado Heydrich y. después, por el mismísimo Himmler. Pero, además, Koja Solm es un tío ocurrente, simpático y sentimental, con un temperamento y vocación artística, más que por la intolerancia política -de hecho, en ningún momento se presenta como un nazi convencido y no tiene ningún problema en tener trato amistoso hombres, ni mucho menos en mantener relaciones de...ejem, todo tipo con mujeres de razas supuestamente inferiores-; a diferencia de su hermano Hub, ha devenido nazi por las circunstancias del momento, de igual forma que luego espía para diferentes servicios secretos, traicionando a quien haga falta para su propia supervivencia y la de quien le importa de verdad. Es, en todo caso, más un pícaro que un fanático, aunque también un criminal.
Se ha comparado este libro con Las benévolas de Jonathan Littell, libro que no he leído (ni creo que vaya a hacerlo, que son 1200 paginacas, tetes...); no sé, pues, hasta que punto existen similitudes, aparte de las más obvias, entre las dos obras, pero si hay algo que distingue a sus autores: a diferencia, supongo, del norteamericano que escribe en francés, el alemán Kraus (*) no sólo originario del país responsable de todo el quilombo, sino también está afectado personalmente, por la conmoción que le supuso enterarse de que su abuelito querido había sido de las SS durante la guerra, y de ahí el germen de esta novela. No obstante, parece que el abuelo nazi debía de ser cariñoso con el nieto (igual que le ocurre a cierto escritor murciano, que tenía "un abuelo rojo y otro facha"... sólo que, visto lo visto, parece que el facha le daba más propina), porque ya digo que Kraus no presenta al personaje basado en él -aunque no únicamente- como un psicópata asesino, sino como un canalla, o medio canalla, que se amolda a lo que le va tocando vivir. Aunque claro, algo de mala conciencia sobre las tropelías que ha cometido a lo largo de su vida sí que le debe de quedar a Koja Solm, pues durante su estancia en un hospital de Múnich en 1974 -debido, en concreto, a una bala que tiene alojada en la cabeza- se dedica a contárselo todo a su infortunado compañero de habitación, un hippie llamado Basti, que alucina ante la historia, y sin necesidad de psicotrópicos (bueno, alguno que otro también hay, ejem...).
De todos modos, más que un lamento por lasa culpas de Alemania, que también, lo que aquí encontramos es una crónica histórica-familiar a lo largo de casi un siglo, un dramón incestuoso -o varios., una novela de espías que se desarrolla en diferentes épocas y escenarios, un libro de humor -sí, lo siento, pero hay mucho humor en esta novela, incluyendo humor judío-; más aún, una crónica sobre los avatares de la Alemania y el mundo de la posguerra y el papel que jugaron en ella los antiguos (?) nazis como fue el doctor Gehlen, general de contrainteligencia de la Wehrmacht y posterior director de la semioficial Org -bajo el ala de la CIA-, y su sucesor, el BND, organizaciones más llenas de nazis que los juicios de Nüremberg (y sólo un poco menos que en los congresos que se celebraban en esa ciudad durante el III Reich). Claro, que no sólo los servicios secretos occidentales hicieron la vista gorda con según que gente de turbio pasado, también el KGB, cómo no, e incluso el muy judío Mosad, con quien nuestro Koja y el resto canallas también tienen no poco trato, en algunas de las páginas, por cierto, más hilarantes del libro, merced, en gran medida, a la presencia del jefe de la inteligencia y contrainteligencia israelí, el inefable Isser Harel (oriundo también de Letonia, por cierto).
En este extenso libro (perfectamente podría haber entrado en una de nuestras Tochoweeks) cada cual puede encontrar lo que busque: quien quiera estremecerse con un relato de los horrores de la época nazi, podrá hacerlo -aunque hay que señalar que la denuncia de Kraus va más hacia lo que ocurrió después, la connivencia de los gobernantes de la RFA con los criminales de guerra), igual que quien busque el morbo erótico y sentimental o quien guste de una novela de espías a la vieja usanza, cuando no había hackers , algoritmos ni deep web o cosas por el estilo.... Quien quiera partirse de risa, lo hará, ya digo, y quien quiera llorar -o, al menos, emocionarse-, también. Lo más importante, en cualquier caso, es que todo esto, junto, conforma un PEDAZO DE NOVELÓN, un relato de resonancias bíblicas, sobre el amor, la traición, la cobardía o el valor y los vínculos que no se pueden borrar ni con sangre ni con fuego. Algo tramposo, sin duda, y tal vez inverosímil (aunque cosas más raras se han visto), pero que funcuiona de principio a fin merced, quizás a esta misma variedad , lo mismo que por una prosa de más que notable calidad y, sobre todo, a un protagonista y narrador que no puede dejar de conquistarnos y repelernos a la vez. Un canalla o medio canalla, al menos, incluso un nazi, de acuerdo -de aquella manera, eso sí-, pero que, pese a todo, no deja de concitar simpatía. Otra cosa es que, en la vida real, un tipo así debería quizás acabar colgando de una soga, no lo sé... Pero, en fin, esto es una novela, después de todo...
(*) Hay que aclarar que el autor de esta novela es un escritor y director de cine alemán, no una crítica de arte y escritora norteamericana también llamada, mira por dónde, Chris Kraus.
jueves, 30 de marzo de 2023
Graham Swift: El Domingo de las Madres
Título original: Mothering Sunday. A Romance
Año de publicación: 2016
Traducción: Jesús Zulaika
Valoración: está bastante bien
El 30 de marzo de 1924, hace 99 años, cayó en domingo, y en Inglaterra fue un exultante día primaveral, en el que se celebraba, además, el llamado "Domingo de las Madres" (aunque parece que ya para entonces era una tradición en cierto desuso), jornada que las familias pudientes daban libre al servicio -servicio que, por mor de los estragos de la I Guerra Mundial, estaba integrado principalmente por mujeres- para que pudieran visitar a sus familias. En el caso de que las tuvieran, claro, porque, si no, ese día quedaba para su libre disfrute; es lo que le ocurre a la protagonista de esta novela corta, Jane Fairchild, criada de los Niven en Beechwood, su casa de Berkshire, que es huérfana y aprovecha ese domingo libre para reunirse con su amante, el joven Paul Sheringham, único hijo sobreviviente de otra familia acomodada, amiga de los Niven y que se ha quedado solo en casa porque sus padres, junto con los Niven, han quedado para comer con los Hobday, padres de su prometida, para hablar de la inminente boda.
Recapìtulando: mientras los padres de él y los señores de ella están reunidos en un restaurante, Paul y Jane retozan en el dormitorio del muchacho, antes de que vaya -se me olvidaba este importante dato- a reunirse con su prometida, Emma, en un hotel cercano. Que es lo que hace el joven Paul cuando acaba su... momento de asueto con Jane, dejando a ésta desnuda y sola en la casa familiar.
Estos mimbres podrían ser perfectos para armar una comedia ligera, incluso un vodevil, pero Graham Swift opta en cambio por una narración intimista, profunda e incluso dramática. Una narración que se centra en esa giornata particolare, pero no únicamente, puesto que en gran medida se puede considerar como un flashback -que en ocasiones se diría más un flashforward- en el que una Jane nonagenaria y consagrada como escritora de renombre recuerda aquel significativo día de su juventud, así como otros momentos de su vida. Más aún, en la novela también hay lugar para reflexiones o, al menos, para el planteamiento de ciertas preguntas sobre la relación entre ficción y realidad y de ambas con ell lenguaje que trata de representarlos; incluso para algunas disquisiciones sobre literatura... Así como el reflejo de las diferencias de clase en aquella sociedad y los distintos roles de sus miembros, tan nítidamente establecidos en esa época ya pretérita -esperemos-, pero que nos causa no poca fascinación, a juzgar por el éxito de las novelas, películas y series donde se representan esos ámbitos separados, pero simbólicos, de los señores, ya sean de la nobleza o la burguesía, y sus criados. Por no hablar, claro, de lo que le estaba permitido a los hombres y no a las mujeres... Una organización del mundo que ya en aquel 1924 había entrado en crisis, a consecuencia, en buena medida, de la Gran Guerra, otro elemento que está presente, aun como trasfondo, en toda la historia. Entre tanto, además, también encontramos páginas de una gran sensualidad, como, por ejemplo, las del paseo que se da Jane por la desierta casa de los Sheringham o la plasmación de los cambios de la luz y el esplendor de la naturaleza aquel día de primavera.
Pues, aunque parezca harto difícil, todo eso consigue meter el señor Swift en un libro que, por si fuera poco, da toda la impresión de tratarse de un relato largo estirado para alcanzar las dimensiones de una nouvelle. Una novelita, pues, que dista de ser redonda, en mi opinión (cuando bien podría haberlo sido, quiero decir), pero que guarda suficiente encanto e interés, amén de calidad literaria, para que su lectura, sin duda, merezca la pena.
También de Graham Swift en Un Libro Al Día: Últimos tragos
miércoles, 4 de diciembre de 2019
Nina Bunjevac: Bezimena
-Un búho fisgón.
-Unos dibujos pornográficos.
-Unas paredes llenas de ojos.
-Una vulva por ventana.
-Una mansión en el bosque.
-Una carbonera recóndita
-Una escalera contra un balcón.
-Una cabaña llena de secretos.
-Un sombrero acusador.
-Unas fotos implacables.
-Una lección impartida.
-Un trazo vigoroso pero exquisito.
-Una riqueza gráfica indiscutible.
-Un prodigio de tramas, luces y sombras.
-Una historia complicada.
-Un problema para el reseñista.
jueves, 14 de marzo de 2019
Angela Carter: La juguetería mágica
Idioma original: Inglés Título original: The Magic Toyshop
Traductor: Carlos Peralta
Año de publicación: 1967
Valoración: Recomendable (con matices)
Semejante premisa puede dar a entender que estamos ante un drama de huérfanos dickensiano. No andaríamos desencaminados: ciertamente, La juguetería mágica tiene mucho de este género. Sin embargo, también se aleja del realismo imperante en ese tipo de historias para regalarnos pasajes casi fantásticos.
Por otro lado, se podría decir que La juguetería mágica es una novela gótica actualizada; una que bebe del rico imaginario de los cuentos de hadas y de los mitos clásicos. Rinde especial homenaje a la historia de Barba Azul. Y de forma más certera, debo decir, que la descafeinada El coleccionista de libros de Alice Thompson, o el superficial "remake" de Amélie Nothomb.
Con La juguetería mágica, Angela Carter expresa su admiración por E. T. A. Hoffmann. El título del libro es ya una declaración de intenciones, con sus alusiones a la figura de los autómatas. Asimismo, es innegable que esta novela se adueña del concepto de lo siniestro (el "unheimlich"), para diseñar el escenario en el que la acción transcurre y generar la atmósfera adecuada con la que cobijar los eventos narrados.
Pero no os penséis que esta es una historia de terror. Ni de lejos. Alguna escena roza el horror, no lo niego, pero, al final, no hay cadáveres ocultos tras las puertas cerradas, ni los juguetes del tío cobran vida en ningún momento. El propósito de La juguetería mágica no es asustar al lector. Si acaso, pretende mostrar la transición que experimenta Melanie hacia la edad adulta. También quiere reivindicar la necesidad de derrocar cualquier tipo de opresión.
Me parece remarcable el feminismo que supura esta historia. No me extraña que a autoras de la talla de Joyce Carol Oates o Margaret Atwood se las perciba como deudoras de la obra de Carter. Sólo en La juguetería mágica se exploran el deseo y la sexualidad femenina, amén de la liberación de la mujer. No en balde, La juguetería mágica culmina con la aniquilación del orden patriarcal.
Pero también es cierto que su mensaje es más universal, y nos anima a todos, sea cual sea nuestro sexo, a que afrontemos nuestros miedos y a que no nos dejemos subyugar por nadie. Finn se revelará destruyendo un cisne de tío Phillip. Margaret, poniéndose el vestido y el collar que le ha regalado Melanie. Y ésta última, al reconocer sus verdaderos sentimientos, abrazar su floreciente sexualidad y cortar lazos con las responsabilidades asfixiantes que suponían sus hermanos pequeños.
- La atmósfera a lo Hoffmann.
- Su ambientación. O bueno, gran parte de la misma, porque si bien es cierto que Carter describe minuciosamente la casa del tío Phillip, o el parque abandonado al que van Melanie y Finn, no dice casi nada de la tienda o el taller del juguetero.
- El villano de turno, Phillip Flower, es verdaderamente temible, pese a que su caracterización no recurre jamás a efectismos de ninguna clase.
- La potencia de las imágenes propuestas en La juguetería mágica es brutal. Incluso cuando éstas son insinuadas, o apenas entrevistas.
- La sutileza con la que esta novela aborda los temas que trata merece todos mis respetos. El despertar sexual de Melanie, por ejemplo, jamás cae en la obscenidad gratuita, ni se explica mediante lugares comunes.
- Hay que destacar el inteligente uso que Carter hace del simbolismo. La mayoría de elementos empleados en esta narración tienen su porqué. El manzano despierta reminiscencias bíblicas, y alude al paraíso y a la transgresión de Eva; el vestido de novia que usa Melanie, el mudismo y el collar de tía Margaret, los títeres de Philip, también aportan capas de significado.
- No me gusta cómo está organizado el relato. A veces, Carter salta de una escena a otra sin que el texto pueda respirar debidamente, y en esos momentos, la comprensión de lo que estamos leyendo se dificulta. Por otro lado, las oraciones que componen algunos párrafos tampoco siguen un curso orgánico.
- En las primeras páginas hay excesos barrocos que más adelante apenas vuelven a aparecer. Entiendo que la intención de Carter era contrastar las descripciones más poéticas del inicio de la narración con aquellas más apegadas a la realidad propias del final de la misma, pero la transición de un proceder a otro no me convence.
- La precisión de algunas metáforas es abrumadora, pero hay tantas a lo largo y ancho de la novela que acaban siendo cargantes. Además, no todas funcionan igual de bien.
- Tampoco todas las referencias literarias que se usan son pertinentes. Se invoca a Edgar Allan Poe o a Moby Dick, por ejemplo, sin venir a cuento. Carter estudió filología inglesa, y es por ello que las alusiones a autores clásicos (también a pintores y, en menor medida, a la cultura pop) son abundantes en esta obra.
- La imagen de la cubierta no consigue, a mi juicio, transmitir el horror latente de los cuentos de hadas (ya sabéis, esas historias aparentemente infantiles que en realidad ocultan duras lecciones de vida). Parece, más bien, querer darlo a entender superficialmente con motivos "spooky" tales como calaveras o ratones.
- Emplea la traducción deficiente con la que Minotauro publicó esta novela por primera vez, allá en 1996.
viernes, 26 de octubre de 2018
Emil Ferris: Lo que más me gusta son los monstruos

No puedo contar mucho más, porque, como se puede comprobar en el título original del libro .que no en español-, éste es el primer volumen de los (supongo yo) dos que componen la historia y no creo "spoilear"(3), sino aportar una información pertinente, si revelo que la trama o tramas no se resuelven o no todas, en éste. Trama que, por otra parte, va avanzando de dramón en dramón a los largo de las setecientas páginas, al cabo de las cuales, quieras que no, se le agarra cariño a los personajes, pues no dejan, algunos, de rebosar ternura, por lo que no me parece recomendable su lectura a personas con una sensibilidad exarcebada, que se hallen padeciendo alguna enfermedad grave o un episodio depresivo. Para todos los demás, sí, por supuesto: ¡a sufrir!
De todos modos, a sufrir lo justo, ¿eh?, pues disfrutaréis con un despliegue visual tan apabullante y fascinante, y que echa mano de estilos que van desde el clasicismo realista al expresionismo alemán, pasando por el underground de Crumb o el surrealismo chicano... Y un homenaje -y un estudio interesante- al museo de arte de Chicago y los cuadros allí expuestos, que supongo Ferris contempló muchas veces desde pequeña (es también hija de artistas). En todo caso, la maravilla gráfica es tal que nos hace perdonar incluso que nos deje en ascuas en lo más intrigante de la narración y nos haga emocionarnos con las vicisitudes de los personajes -y sobre todo, nuestra pequeña mujer-lobo-, para que ahora haya que esperar a que doña Emil vaya a comprar un cargamento de bolis BIC y se ponga a dibujar con ellos como una posesa para saber como acaba la historia. Esperemos que no tarde otros seis años en dibujarla, por favor... Al menos yo, no sé si podré aguantar ; )
lunes, 25 de junio de 2018
Federico García Lorca: Bodas de sangre / Yerma
Idioma original: castellanoAño de publicación: 1933/1934
Valoración: Imprescindibles
Y con esto queda medio maquillada una de esas cosas incomprensibles de este anárquico blog (aparte de que siga funcionando después de nueve años): la absoluta ausencia de la obra teatral del genio granadino. Así que deuda pagada… en parte.
domingo, 24 de junio de 2018
Federico García Lorca: La casa de Bernarda Alba
- La atmósfera; el encierro físico y todos los elementos que lo acompañan simbolizan y enfatizan la cerrazón emocional y psicológica.
- La simbología a partir de metáforas, detalles, contrastes, recordatorios… como la presencia continua de los colores blanco y el negro sugiriendo una pugna invisible y subyacente (paredes blancas, mantillas negras, caballo blanco, abanico negro o el vestido verde de la joven Adela —¿brote verde?— que deberá ser teñido de negro para el luto).
- Los diálogos y comentarios, lacónicos, secos… no hay disertaciones ni monólogos, solo acción pura y dura.
- El papel que desempeña Pepe el Romano, que —en lo que me parece un grandísimo acierto— no aparece físicamente en escena. El hecho de su sola existencia actúa como el revulsivo inevitable.
Bernarda: Ve con ella y ten cuidado que no se acerque al pozo.
Criada: No tengas miedo que se tire.
Bernarda: No es por eso… pero desde aquel sitio las vecinas pueden verla desde su ventana.
- Mediante la relación con sus hijas, basada en la dominación y el miedo: «Magdalena, no llores; si quieres llorar te metes debajo de la cama. ¿Me has oído?»
- Mediante la relación con su madre, María Josefa. Una mujer con un temperamento muy distinto y que no queda claro si ha enloquecido por la edad o por las privaciones a las que ha sido sometida. De los reproches de María Josefa deducimos que Bernarda ha tenido ese temperamento desde la cuna, por lo que no es consecuencia de ninguna vivencia traumática que sirva para establecer un mínimo vínculo de empatía con el lector. Bernarda nunca ha sido joven.
- La relación con la Poncia, el ama de llaves, tal vez la más compleja y que más margen de interpretación ha dado. La Poncia aporta la visión sensata que el lector necesita escuchar aunque su lealtad hacia Bernarda no esté demasiado clara. Ella es la única que puede decirle según qué cosas a la matriarca aunque tenga que pagarlo escuchando sus agrias réplicas.
- Los gestos y expresiones de Bernarda no hacen más que redundar en su dureza y en sus valores: (Refiriéndose a una de sus hijas) «Esa sale a sus tías; blandas y untuosas y que ponían ojos de carnero al piropo de cualquier barberillo (…)»
Otras obras de Federico García Lorca en ULAD: Poeta en Nueva York, Romancero gitano, Bodas de sangre / Yerma
lunes, 16 de abril de 2018
Fannie Flagg: Tomates verdes fritos
Resumen resumido: Evelyn Coach realiza una de sus penosas visitas a su suegra en la residencia Rose Terrace cuando conoce a la locuaz y encantadora Ninny Threadgoode, otra residente con la que traba una sincera amistad. El cariño de Ninny y su relato por entregas sobre las aventuras de los habitantes de un pueblecito llamado Whistle Stop, en el marco de la Gran Depresión, inspirarán a Evelyn para decidirse a tomar las riendas de su vida.
«El Club Teatral de Whistle Stop hizo su representación anual el viernes por la noche, y yo tengo que decir: ¡Muy bien, chicas! El título de la obra es Hamlet, del dramaturgo inglés Mr. William Shakespeare, que no es desconocido en Whistle Stop porque escribió también la obra del año pasado»
4. El compromiso de la novela con cuestiones delicadas (y más en 1987) y el tratamiento naturalizado de las mismas con humor, reflexión y positivismo —que no buenismo—, y sin caer en los estereotipos:
- El machismo y la violencia de género en todas sus escalas. El machismo cotidiano se extiende de forma natural en todo el texto:
«Hay muy buenas personas que son asesinos. (…) Sí señor. No daría un paso por ayudar a un ladrón. En cambio, un asesino lo es solo una vez, casi siempre por alguna mujer, y no reincide»
- El racismo, también en todas sus magnitudes y como muestra de otros males menos perceptibles como el egoísmo o la falta de empatía.
«(…) al empezar los problemas en los años 60, tanto ella como la mayoría de los blancos de Birmingham se vieron sorprendidos por los acontecimientos. Y todos coincidían en lo mismo: “No son nuestros negros” los que provocan los disturbios. Lo achacaban a agitadores externos enviados desde el norte. También solían dar por sentado que sus negros “eran felices tal como estaban”. Años después, Evelyn se decía en qué habría estado pensando ella para no percatarse de lo que estaba sucediendo justo al otro lado de la ciudad»
- El retrato de la menopausia a través del malestar de Evelyn, que incluso fantasea con el suicidio. La autora consigue que el lector deje atrás la idea simple y facilona de «aquí tenemos otra madurita depresiva».
«—Pero es que yo tengo la sensación de ser demasiado joven para pasar por eso —dijo Evelyn—. Sólo acabo de cumplir cuarenta y ocho.
—Qué va, encanto. Muchísimas mujeres lo pasan antes. Se dio un caso con una georgiana de sólo treinta y seis años, que cogió un día el coche y subió con él por la escalinata del Palacio de Justicia del condado, bajó la ventanilla y le tiró la cabeza de su madre, a quien acababa de cortársela en la cocina, a un policía, gritándole: “¡Hala, para ti!”, y volvió a bajar la escalinata con el coche. Así que, ojo, que en eso puede parar una menopausia precoz si no tienes cuidado»
- El lesbianismo. La relación amorosa entre Idgie y Ruth es algo que la película pasa tan de puntillas que muchos espectadores ni siquiera la percibieron. Sin embargo, la novela da por hecho esa relación, sin caer en el morbo y con absoluta naturalidad, tal como se desprende del Semanario de Dot Weems:
«Mi otra mitad regresó de la excursión de pesca organizada por el Club del Hinojo totalmente de vacío y con el trasero hecho un mapa de arañazos de ortigas. Dice que la culpa ha sido de Idgie, que le dijo que se sentase allí. Ruth dice que también Idgie tiene un mapa en el mismo sitio»
«Era una pequeña construcción pintada de verde y con un toldo a franjas blancas y verdes bajo un anuncio de Coca-Cola que decía: THE WHISTLE STOP CAFÉ»
A veces sueño que ha sido re editada por Blackie Books...













