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jueves, 4 de junio de 2026

Daniel Defoe: Roxana. La amante afortunada

Idioma original: inglés
Título originalRoxana: The Fortunate Mistress
Año de publicación: 1724
TraducciónTeresa Arijón
Valoración: entre recomendable y está bien

Pecado de lector: aún no he leído Robinson Crusoe y no creo que lo haga por el momento, así que mi primer acercamiento a Defoe fue a través de esta novela de cierto tamaño (unas cuatrocientas páginas), poco conocida, por lo visto, y con una traducción bastante reciente. Probablemente Coetzee, en su admiración hacia el autor, la eligió para no caer en el libro más conocido, lo cual es de elogiar.

Antes que nada, si alguno posee esta edición, recomiendo no leer el prólogo, porque destripa gran parte de la historia, más allá de sus comentarios certeros. También es cierto que ayuda al lector a la hora de encontrar el valor de esta novela, pero lo bueno de este libro es que se encuentra implícito en la trama y no es un bodoque que necesita miles de notas al pie.

El argumento es más o menos así: Roxana (aunque ese no es su nombre, solo un apodo que le ponen alrededor de la mitad del libro) es una mujer que se casa muy joven con un marido muy estúpido (podría haber sido una especie de rugbier que le encanta la cerveza) y de cierta fortuna (tienen establos y sirvientes), pero terminan arruinados por las malas decisiones del esposo. Para colmo, después de cinco hijos y de la huida de su adorable cónyuge, Roxana no tiene un peso partido al medio y se ve obligada a destinar a sus hijos a la hermana de su marido. La acompaña únicamente Amy, una sirvienta por demás devota a su señora (se pasa meses sin cobrar el sueldo por la pura compasión y amistad que la une a ella) y que probará ser determinante en la trama. A Roxana, después de mudarse, la acosa constantemente un mercader de joyas con el tema del alquiler, sin conocer del todo sus circunstancias; cuando lo hace, se apiada de ella y le ofrece un trato algo inverosímil: que sea su compañera, su amante, ya que su esposa no lo toca ni con un palo, y él procurará protegerla de todo peligro económico y social.

Así arranca la novela en sus primeras cincuenta, setenta páginas. No detallo más del argumento porque forma parte de los defectos narrativos; es decir, la repetición de historias es muy notoria. Es evidente que Defoe la escribió sobre la marcha, inventando personajes y situaciones a medida que avanzaba la trama, pero sin mucha planificación ni corrección. Hay párrafos enteros que se dedican a repetir exactamente los pensamientos de Roxana que ya había tenido en páginas anteriores, y sospecho que alguna escena es la misma solo que cambiando los nombres. También, aunque en esto no sé si culpar a Defoe, la protagonista, de repente, le entran arranques de arrepentimiento y de fustigarse por todo lo que hace y deshace para con ella y los demás. pero todo está escrito de una forma en la que me hace sospechar si esas escenas no están puestas para que el censor de turno se aliviara respecto a la moralidad de la historia.

Porque si en algo destaca el libro, es en la protagonista. Para la época debió de ser bastante novedosa la argumentación lúcida y sin fisuras de una mujer que rechaza el matrimonio porque sabe que es convertirse, como ella lo denomina, en  una sirvienta de lujo. Y cada hombre que le propone matrimonio, ya sea por motivos sinceros (pocos), por su belleza (muchos, a tal punto que empieza a dar gracia que Roxana llegue a los cincuenta y los hombres piensen que tenga veinte) o por su fortuna (que va acumulando gracias a los distintos amantes que se procura, amantes que van ascendiendo en la escala social y que no dejan de regalarle joyas y calderilla que ella ahorra e invierte mejor que la bolsa de Wall Street). Hay, además, un momento en donde Roxana mete a su criada a tener juegos sexuales con su esposo (no el primero) mientras ella los mira sin ningún empacho, y toda la escena está desarrollada de manera contundente, de las pocas veces en que se muestra la naturalidad de Defoe tratando la historia y no solo la necesidad de ganar dinero por las entregas o de atravesar el control del censor. Así, más allá de los lamentos (impostados) por sus pecados, vemos la transformación de Roxana, desde una mujer que no tenía ni para un mendrugo a una mujer cuya ambición es levantarse al rey de Inglaterra y poseer todos los títulos (pero sin casarse, pues no lo necesita). 

Recién en las últimas páginas el bucle narrativo se despeja y la historia se encamina al miedo de Roxana por que sus hijos abandonados descubran la vida que lleva su madre, una vida que, según ella, es pecaminosa, y por eso no podría aguantar la vergüenza al ser descubierta. No digo más. 

Se nota que la novela es del siglo XVIII, no tanto por la trama, que en sí es bastante disruptiva con la sociedad del momento, si no en las técnicas utilizadas: situación tras situación sin terminar de evolucionar a los personajes, explicaciones a mansalva del comportamiento de los mismos, tratados económicos que marean al lector de ahora, entre otras cosas. Pero si algo se debe destacar, es que la prosa nunca es abigarrada, y más allá de las sensiblerías extremas (llorar y emocionarse por todo), se lee con fluidez y cierto interés en los diálogos. Hay momentos en que uno piensa que, con un poco más de revisión, hubiera ganado en contundencia y accesibilidad. Pero queda como un (buen) ejemplo primerizo de la psicología de la culpa y del erotismo en una protagonista que parece ingenua y se termina revelando como una astuta de manual para sobrevivir.

Más de Daniel Defoe: Robinson Crusoe  

jueves, 5 de diciembre de 2024

Beatriz Alcaná: Teseo en llamas

Idioma: español

Año de publicación: 2023

Valoración: entre recomendable y está bien 

Hace pocos años estuvo muy en boga en España (puede que aún lo esté) un tipo de narración dramática, tanto literaria como audiovisual, protagonizada por mujeres jóvenes, a veces dedicadas a oficios menestrales y que vivían en épocas de un pasado no demasiado lejano, como la posguerra, la Segunda República o, todo lo más, los locos (bastante menos en el caso español) años 20... A este tipo de ficción (el ejemplo más señero sería quizás El tiempo entre costuras de María Dueñas) se puede adscribir, hasta cierto punto, esta novela de Beatriz Alcaná, una escritora en alza en el fantástico. Sin embargo, otro punto a determinar es hasta dónde Teseo en llamas se puede considerar como dentro de este género.

Que juzgue cada cual: la historia nos es narrada por Berta, una joven que en 1950 se traslade a Madrid desde su pueblo para trabajar en la farmacia de su tío. Éste. Pedro Egeo, es en realidad el viudo de la tía de Berta y está casado en segundas nupcias con una mujer más joven, la fría y antipática Fedra. Tiene un hijo de su primer matrimonio, el enigmático y, en principio, ausente Román. Entre estos cuatro personajes, aunque hay alguna secundaria más, se desarrolla la trama, el laberinto de pasiones almodovariano en el que, poco a poco, se van metiendo todos ellos y al lector/a. Lo del laberinto no lo digo sólo por decir, sino porque la novela tiene la decidida intención de ser una transposición o aggiornamento -bueno, aggiornamento a hace 70 años- del mito o leyenda de Teseo, el Minotauro, Ariadna y demás personajes clásicos... También recuerda, de forma evidente, a ciertas novelas románticas del siglo XIX, ésas a las que una joven institutriz, por ejemplo, arrebolada a causa del dueño de la mansión donde ha ido a trabajar, trata de averiguar el oscuro secreto familiar que esconde. Aquí no encontramos a la clásica "loca del ático", pero casi... Todo el melodrama, que es mucho, soportado en gran medida por un componente fantástico que va dirigiendo la trama hacia su conclusión. 

Ahora bien, este componente fantástico, aunque tenga una importancia innegable en la resolución de la historia, en verdad resultaría perfectamente prescindible para el desarrollo de la misma, que podría llevarse a término sin problema echando mano de cualquier otra circunstancia más mundana. Lo importante, más bien, o al menos tal es la sensación que me ha dejado a mí la lectura del libro, es la parte melodramática o incluso folletinesca. Lo cual, por supuesto, no tiene nada de malo e incluso, una vez asumido, es totalmente disfrutable, pero quizás no era lo que yo esperaba o andaba buscando, y de ahí que me costara un poco entrar en la historia. Por otro lado y teniendo en cuenta lo dicho antes, que ésta no es una novela fantástica o de terror puro y duro, creo que resulta una lectura con la que cualquiera puede pasar un buen rato, más aún si le gustan las pasiones ocultas, los personajes atormentados y  los secretos inconfesables. Con el añadido de la excelente o incluso atildada prosa de Alcaná, que ayuda a ambientar la historia es esa época, sin necesidad de excesivas descripciones o explicaciones detalladas. 

Por terminar, y volviendo al inicio de la reseña, se trata, por tanto, de una novela notable en su aspecto dramático pero en la que, a mi entender, la vertiente fantástica no resulta tan resaltada como cabría esperar y mucho menos la terrorífica, aunque es cierto que la autora va creando a lo largo de la historia un ambiente oscuro y claustrofóbico de lo más interesante. por lo tanto, recomendable si se tiene más o menos claro lo que se puede encontrar aquí. Y una escritora a la que habrá que prestar atención, pues promete darnos grandes momentos.

viernes, 25 de agosto de 2023

Concha Alós: Rey de gatos

Idioma: español

Año de publicación: 1972

Valoración: recomendable

Libro de cuentos de la felizmente reivindicado Concha Alós, que data de hace más de cincuenta años (ignoro la repercusión que tuvo en su momento, pero esta reedición, a cargo de La Navaja Suiza, sí que ha tenido bastante ; positiva, se entiende). Reúne nueve relatos protagonizados e incluso narrados en primera persona por mujeres -excepto el que da título al volumen, que trata sobre un personaje masculino, y otro, Mariposas, donde la protagonista es una mujer, pero está contado en tercera persona-; de hecho, bien se podría considerar, o casi, que todos los demás cuentos están protagonizados por la misma mujer y los distintos relatos son momentos diferentes o variantes de la misma historia, relatados siempre por una hija de buena familia, de la burguesía barcelonesa o mallorquina, que se ha casado con un individuo de distinta clase social, contra el criterio de sus padres, y con el tiempo se encuentra desdeñada y engañada por su marido o pareja. Es más, dos de estos cuentos, Cosmo y La coraza, tienen literalmente los mismos personajes y uno puede considerarse como una segunda parte o, más bien, un relato inscrito dentro del otro... sólo que La coraza cuenta con un ingrediente fantástico -quizá tan sólo en la imaginación de la protagonista,  pero da igual- del que carece el otro.

Aunque otros relatos, en cambio, se alejan en mayor o menor medida de estas premisas: en el ya mencionado Mariposas, la joven Pompeia Lorena convalece por un embarazo complicado, tras haber perdido a otro hijo, pero su marido parece bastante dócil, mientras que en Paraíso la protagonista sí que ha tenido amores con un forastero, si bien su familia es más bien del tipo artístico-bohemio; aunque, como en el resto de los casos, la chica tampoco parece capaz de alejarse de su influjo. Por otro lado, en el que para mí es el mejor cuento de todos, El leproso, una adolescente se siente acechada por unos perseguidores que padecen esa enfermedad,  en un relato que discurre entre el terror y la angustia de la chica ante su despertar sexual.

El sexo y el deseo femenino, de hecho están muy presentes en casi todos los cuentos, de una forma sorprendente ente explícita en un libro publicado en aquella funesta época, más aún siendo escrito por una mujer. Alguno que otro incluso se puede considerar como una metáfora -o apología, más aún- de la "liberación femenina", en auge por aquellos años en todo el mundo occidental (igual en España un poco bastante menos, por mor de las condiciones políticas). En todo caso, se trataría de una liberación femenina tomando como referencia al hombre, al "macho castigador" que es infiel o desprecia a su mujer, de forma que ésta se rebela. El empoderamiento, que se dice ahora, parece, pues, más consecuencia de un desengaño que de una toma de conciencia feminista... pero como no me considero la persona más apta para disertar al respecto, lo dejo aquí.

El cuento que se sale de la corriente general, Rey de gatos, trata sobre la misantropia y la diferencia, y, como el resto, aunque de forma más evidente, guarda en su interior un componente cruel que justifica el subtítulo de esta recopilación: Narraciones antropófagas. Porque, además del punto de vista femenino ya mencionado y del elemento fantástico que aparece a menudo, la otra característica de los relatos es ese punto de crueldad o de inmisericordia que sufren -o ejercen- los personajes, incluso cuando parece evidente que la autora sentía simpatía o hasta se identificaba con ellas y ellos. Quizá porque sabía que la vida puede ser muy cruel y tampoco quería engañar a sus lectores, no sé...

También de Concha Alós y reseñado en Un Libro Al Día:  Las hoguerasLos enanos

jueves, 6 de abril de 2023

Chris Kraus: La fábrica de canallas

Idioma original: alemán

Título original: Das kalte Blut

Año de publicación: 2017

Traducción: Isabel García Adánez

Valoración: muy recomendable

¿Se puede tener simpatía por un nazi, aunque se trate de un personaje de ficción? Si alguno fuéramos un escritor murciano de extremocentro, dedicado a llamar la atención en los medios de derechas denunciando la dictadura woke, no cabe duda que la contestación sería: "Sí, por supuesto", antes de enseñar la foto de Knut Hamsun que tendríamos sobre el escritorio. Pero para el resto de personas normales y más o menos decentes, la respuesta no es tan clara..."Hombre, un nazi-nazi, aunque sea un personaje de novela... Buf, qué difícil..." Pues más complicado resulta aún decirlo una vez leída esta novela. Porque su protagonista-narrador en primera persona, Konstantin -Koja- Solm es un alemán del Báltico y, junto a su hermano Hubert, miembro de las SS y, más concretamente, agente de la SD, su servicio de información, integrada dentro de la igualmente infame Oficina para la Defensa del Reich dirigida por el felizmente finiquitado Heydrich y. después, por el mismísimo Himmler. Pero, además, Koja Solm es un tío ocurrente, simpático y sentimental, con un temperamento y vocación artística, más que por la intolerancia política -de hecho, en ningún momento se presenta como un nazi convencido y no tiene ningún problema en tener trato amistoso hombres, ni mucho menos en mantener relaciones de...ejem, todo tipo con mujeres de razas supuestamente inferiores-; a diferencia de su hermano Hub, ha devenido nazi por las circunstancias del momento, de igual forma que luego espía para diferentes servicios secretos, traicionando a quien haga falta para su propia supervivencia y la de quien le importa de verdad. Es, en todo caso, más un pícaro que un fanático, aunque también un criminal.

Se ha comparado este libro con Las benévolas de Jonathan Littell, libro que no he leído (ni creo que vaya a hacerlo, que son 1200 paginacas, tetes...); no sé, pues, hasta que punto existen similitudes, aparte de las más obvias, entre las dos obras, pero si hay algo que distingue a sus autores: a diferencia, supongo, del norteamericano que escribe en francés, el alemán Kraus (*) no sólo originario del país responsable de todo el quilombo, sino también está afectado personalmente, por la conmoción que le supuso enterarse de que su abuelito querido había sido de las SS durante la guerra, y de ahí el germen de esta novela. No obstante, parece que el abuelo nazi debía de ser cariñoso con el nieto (igual que le ocurre a cierto escritor murciano, que tenía "un abuelo rojo y otro facha"... sólo que, visto lo visto, parece que el facha le daba más propina), porque ya digo que  Kraus no presenta al personaje basado en él  -aunque no únicamente- como un psicópata asesino, sino como un canalla, o medio canalla, que se amolda a lo que le va tocando vivir. Aunque claro, algo de mala conciencia sobre las tropelías que ha cometido a lo largo de su vida sí que le debe de quedar a Koja Solm, pues durante su estancia en un hospital de Múnich en 1974 -debido, en concreto, a una bala que tiene alojada en la cabeza- se dedica a contárselo todo a su infortunado compañero de habitación, un hippie llamado Basti, que alucina ante la historia, y sin necesidad de psicotrópicos (bueno, alguno que otro también hay, ejem...).

De todos modos, más que un lamento por lasa culpas de Alemania, que también, lo que aquí encontramos es una crónica histórica-familiar a lo largo de casi un siglo, un dramón incestuoso -o varios., una novela de espías que se desarrolla en diferentes épocas y escenarios, un libro de humor -sí, lo siento, pero hay mucho humor en esta novela, incluyendo humor judío-; más aún, una crónica sobre los avatares de la Alemania y el mundo de la posguerra y el papel que jugaron en ella los antiguos (?) nazis como fue el doctor Gehlen, general de contrainteligencia de la Wehrmacht y posterior director de la semioficial Org -bajo el ala de la CIA-, y su sucesor, el BND, organizaciones más llenas de nazis que los juicios de Nüremberg (y sólo un poco menos que en los congresos que se celebraban en esa ciudad durante el III Reich). Claro, que no sólo los servicios secretos occidentales hicieron la vista gorda con según que gente de turbio pasado, también el KGB, cómo no, e incluso el muy judío Mosad, con quien nuestro Koja y el resto canallas también tienen no poco trato, en algunas de las páginas, por cierto, más hilarantes del libro, merced, en gran medida, a la presencia del jefe de la inteligencia y contrainteligencia israelí, el inefable Isser Harel  (oriundo también de Letonia, por cierto).

En este extenso libro (perfectamente podría haber entrado en una de nuestras Tochoweeks) cada cual puede encontrar lo que busque: quien quiera estremecerse con un relato de los horrores de la época nazi, podrá hacerlo -aunque hay que señalar que la denuncia de Kraus va más hacia lo que ocurrió después, la connivencia de los gobernantes de la RFA con los criminales de guerra), igual que quien busque el morbo erótico y sentimental  o quien guste de una novela de espías a la vieja usanza, cuando no había hackers , algoritmos ni deep web o cosas por el estilo.... Quien quiera partirse de risa, lo hará, ya digo, y quien quiera llorar -o, al menos, emocionarse-, también. Lo más importante, en cualquier caso, es que todo esto, junto, conforma un PEDAZO DE NOVELÓN, un relato de resonancias bíblicas, sobre el amor, la traición, la cobardía o el valor y los vínculos que no se pueden borrar ni con sangre ni con fuego. Algo tramposo, sin duda, y tal vez inverosímil (aunque cosas más raras se han visto), pero que funcuiona de principio a fin merced, quizás a esta misma variedad , lo mismo que por una prosa de más que notable calidad y, sobre todo, a un protagonista y narrador que no puede dejar de conquistarnos y repelernos a la vez. Un canalla o medio canalla, al menos, incluso un nazi, de acuerdo -de aquella manera, eso sí-, pero que, pese a todo, no deja de concitar simpatía.  Otra cosa es que, en la vida real, un tipo así debería quizás acabar colgando de una soga, no lo sé... Pero, en fin, esto es una novela, después de todo...

(*) Hay que aclarar que el autor de esta novela es un escritor y director de cine alemán, no una crítica de arte y escritora norteamericana también llamada, mira por dónde, Chris Kraus.

jueves, 30 de marzo de 2023

Graham Swift: El Domingo de las Madres

Idioma original: inglés

Título original: Mothering Sunday. A Romance

Año de publicación: 2016

Traducción: Jesús Zulaika

Valoración: está bastante bien

El 30 de marzo de 1924, hace 99 años, cayó en domingo, y en Inglaterra fue un exultante día primaveral, en el que se celebraba, además, el llamado "Domingo de las Madres" (aunque parece que ya para entonces era una tradición en cierto desuso), jornada que las familias pudientes daban libre al servicio -servicio que, por mor de los estragos de la I Guerra Mundial, estaba integrado principalmente por mujeres- para que pudieran visitar a sus familias. En el caso de que las tuvieran, claro, porque, si no, ese día quedaba para su libre disfrute; es lo que le ocurre a la protagonista de esta novela corta, Jane Fairchild, criada de los Niven en Beechwood, su casa de Berkshire, que es huérfana y aprovecha ese domingo libre para reunirse con su amante, el joven Paul Sheringham, único hijo sobreviviente de otra familia acomodada, amiga de los Niven y que se ha quedado solo en casa porque sus padres, junto con los Niven, han quedado para comer con los Hobday, padres de su prometida, para hablar de la inminente boda.

Recapìtulando: mientras los padres de él y los señores de ella están reunidos en un restaurante, Paul y Jane retozan en el dormitorio del muchacho, antes de que vaya -se me olvidaba este importante dato- a reunirse con su prometida, Emma, en un hotel cercano. Que es lo que hace el joven Paul cuando acaba su... momento de asueto con Jane, dejando a ésta desnuda y sola en la casa familiar. 

Estos mimbres podrían ser perfectos para armar una comedia ligera, incluso un vodevil, pero Graham Swift opta en cambio por una narración intimista, profunda e incluso dramática. Una narración que se centra en esa giornata particolare, pero no únicamente, puesto que en gran medida se puede considerar como un flashback -que en ocasiones se diría más un flashforward- en el que una Jane nonagenaria y consagrada como escritora de renombre recuerda aquel significativo día de su juventud, así como otros momentos de su vida. Más aún, en la novela también hay lugar para reflexiones o, al menos, para el planteamiento de ciertas preguntas sobre la relación entre ficción y realidad y de ambas con ell lenguaje que trata de representarlos; incluso para algunas disquisiciones sobre literatura... Así como el reflejo de las diferencias de clase en aquella sociedad y los distintos roles de sus miembros, tan nítidamente establecidos  en esa época ya pretérita -esperemos-, pero que nos causa no poca fascinación, a juzgar por el éxito de las novelas, películas y series donde se representan esos ámbitos separados, pero simbólicos, de los señores, ya sean de la nobleza o la burguesía, y sus criados. Por no hablar, claro, de lo que le estaba permitido a los hombres y no a las mujeres... Una organización del mundo que ya en aquel 1924 había entrado en crisis, a consecuencia,  en buena medida, de la Gran Guerra, otro elemento que está presente, aun como trasfondo, en toda la historia. Entre tanto,  además, también encontramos páginas de una gran sensualidad, como, por ejemplo, las del paseo que se da Jane por la desierta casa de los Sheringham o la plasmación de los cambios de la luz y el esplendor de la naturaleza aquel día de primavera.

Pues, aunque parezca harto difícil, todo eso consigue meter el señor Swift en un libro que, por si fuera poco, da toda la impresión de tratarse de un relato largo estirado para alcanzar las dimensiones de una nouvelle. Una novelita, pues, que dista de ser redonda, en mi opinión (cuando bien podría haberlo sido, quiero decir), pero que guarda suficiente encanto e interés, amén de calidad literaria, para que su lectura, sin duda, merezca la pena.

También de Graham Swift en Un Libro Al Día: Últimos tragos

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Nina Bunjevac: Bezimena

Idioma original: inglés
Título original: Bezimena
Año de publicación: 2019
Traducción: Montse Meneses Vilar
Valoración: inquietante y bastante recomendable (o bastante inquietante y recomendable)

Lo reconozco: hasta donde recuerdo, puede que sea ésta la reseña más complicada, o una de las que más, a la que nme he enfrentado; la de una novela gráfica-fábula para adultos-delicia estética no poco turbadora... y peligrosa. Como la historia me parece un campo de minas y por follonero que sea uno, me gustaría sobrevivir aquí en este vuestro blog amigo, me voy a limitar a enumerar cosas que se pueden encontrar en este libro, y luego cada cual que decida si le interesa o no... o si se atreve: 

-Una diosa vengativa.
-Una sacerdotisa quejica.
-Una anciana poco paciente.
-Un niño perturbado por la sensualidad femenina.
-Unos padres amantísimos.
-Unas pesadillas mitológicas.
-Unos osos polares.
-Un ciervo perseguido por los perros.
-Un búho fisgón.

-Unas fases de la luna.
-Unos dibujos pornográficos.
-Unas paredes llenas de ojos.
-Una vulva por ventana.
-Una mansión en el bosque.
-Una carbonera recóndita
-Una escalera contra un balcón.
-Una cabaña llena de secretos.
-Un sombrero acusador.
-Unas fotos implacables.
-Una lección impartida.
-Un trazo vigoroso pero exquisito.
-Una riqueza gráfica indiscutible.
-Un prodigio de tramas, luces y sombras.
-Una historia complicada.
-Un problema para el reseñista.



Tampoco os quiero dejar así: me doy cuenta de que esta lista de elementos lo mismo podría servir para un novela basada en los cuentos de los hermanos Grimm que para una distopía ciberpunk con toques surreales; así que quizás deba explicar un poco lo del campo de minas, etc... Pues bien, la intención de esta autora serbio-canadiense (o viceversa) fue, además de llevar a cabo una curiosa inversión del mito de Artemisia y Siprestes, a quien la diosa conviritó en mujer como castigo por haber intentado violarla, realizar un inmersión en la mente, precisamente de un obseso sexual, un voyeur, acosador y, a la postre, violador -como poco-... Es decir, meternos en sus fantasías, en su distorsión de la realidad, aunque al hacerlo, también nos convirtamos en partícipes de ella, asistentes fascinados a un despliegue de un erotismo que, guste más o menos (hay un juego equívoco también en todo esto), seguro que no deja indiferente a nadie... ¿Nos hace cómplices de la perversión, por tanto, el hecho de ser lectores de la misma, y en consecuencia, también voyeurs? ¿En qué punto el juego de cajas chinas o de matrioshkas en el que aceptamos participar al ser lectores o espectadores de una ficción nos convierte también en creadores y no meros espectadores o lectores, y por ellos coresponsables de lo que leemos u observamos? ¿Y en la ficción existe alguna obligación de guardar esa responsabilidad? ¿Se trata, por ejemplo, esta obra de una apología de la violación o de todo lo contrario? ¿Somos nosotros cómplices de esa apología o precisamente todo lo contrario, al leerla? ¿Son todo esto elucubraciones absurdas, pajas mentales que se le ocurren a un reseñista cuando no sabe como acabar una reseña incómoda? Yo digo: SÍ, SIN DUDA.

Pero cuidadín, que os estaré vigilando...



Otros títulos de Nina Bunjevac reseñados en Un Libro Al Día: Patria

jueves, 14 de marzo de 2019

Angela Carter: La juguetería mágica

Idioma original: Inglés
Título original: The Magic Toyshop
Traductor: Carlos Peralta
Año de publicación: 1967
Valoración: Recomendable (con matices)



Melanie tiene quince años cuando sus padres fallecen. Junto a sus dos hermanos pequeños, Jonathon y Victoria, deberá abandonar una idílica casa rural para vivir con su tío Philip en el extrarradio de Londres. Él es un juguetero que domina con mano de hierro a su mujer, Margaret, una joven irlandesa muda, y a los hermanos de ésta, Finn y Francie.

Semejante premisa puede dar a entender que estamos ante un drama de huérfanos dickensiano. No andaríamos desencaminados: ciertamente, La juguetería mágica tiene mucho de este género. Sin embargo, también se aleja del realismo imperante en ese tipo de historias para regalarnos pasajes casi fantásticos.

Por otro lado, se podría decir que La juguetería mágica es una novela gótica actualizada; una que bebe del rico imaginario de los cuentos de hadas y de los mitos clásicos. Rinde especial homenaje a la historia de Barba Azul. Y de forma más certera, debo decir, que la descafeinada El coleccionista de libros de Alice Thompson, o el superficial "remake" de Amélie Nothomb.

Con La juguetería mágica, Angela Carter expresa su admiración por E. T. A. Hoffmann. El título del libro es ya una declaración de intenciones, con sus alusiones a la figura de los autómatas. Asimismo, es innegable que esta novela se adueña del concepto de lo siniestro (el "unheimlich"), para diseñar el escenario en el que la acción transcurre y generar la atmósfera adecuada con la que cobijar los eventos narrados.

Pero no os penséis que esta es una historia de terror. Ni de lejos. Alguna escena roza el horror, no lo niego, pero, al final, no hay cadáveres ocultos tras las puertas cerradas, ni los juguetes del tío cobran vida en ningún momento. El propósito de La juguetería mágica no es asustar al lector. Si acaso, pretende mostrar la transición que experimenta Melanie hacia la edad adulta. También quiere reivindicar la necesidad de derrocar cualquier tipo de opresión.

Me parece remarcable el feminismo que supura esta historia. No me extraña que a autoras de la talla de Joyce Carol Oates o Margaret Atwood se las perciba como deudoras de la obra de Carter. Sólo en La juguetería mágica se exploran el deseo y la sexualidad femenina, amén de la liberación de la mujer. No en balde, La juguetería mágica culmina con la aniquilación del orden patriarcal.

Pero también es cierto que su mensaje es más universal, y nos anima a todos, sea cual sea nuestro sexo, a que afrontemos nuestros miedos y a que no nos dejemos subyugar por nadie. Finn se revelará destruyendo un cisne de tío Phillip. Margaret, poniéndose el vestido y el collar que le ha regalado Melanie. Y ésta última, al reconocer sus verdaderos sentimientos, abrazar su floreciente sexualidad y cortar lazos con las responsabilidades asfixiantes que suponían sus hermanos pequeños. 

Llegados a este punto, pasemos a las que, para mí, son las virtudes del relato.

  • La atmósfera a lo Hoffmann. 
  • Su ambientación. O bueno, gran parte de la misma, porque si bien es cierto que Carter describe minuciosamente la casa del tío Phillip, o el parque abandonado al que van Melanie y Finn, no dice casi nada de la tienda o el taller del juguetero. 
  • El villano de turno, Phillip Flower, es verdaderamente temible, pese a que su caracterización no recurre jamás a efectismos de ninguna clase. 
  • La potencia de las imágenes propuestas en La juguetería mágica es brutal. Incluso cuando éstas son insinuadas, o apenas entrevistas. 
  • La sutileza con la que esta novela aborda los temas que trata merece todos mis respetos. El despertar sexual de Melanie, por ejemplo, jamás cae en la obscenidad gratuita, ni se explica mediante lugares comunes. 
  • Hay que destacar el inteligente uso que Carter hace del simbolismo. La mayoría de elementos empleados en esta narración tienen su porqué. El manzano despierta reminiscencias bíblicas, y alude al paraíso y a la transgresión de Eva; el vestido de novia que usa Melanie, el mudismo y el collar de tía Margaret, los títeres de Philip, también aportan capas de significado.

Hasta aquí, todo bien. Lástima que el final no esté a la altura de las circunstancias. En primer lugar, porque introduce una pieza en el juego que no había sido anticipada previamente. Encima, es abrupto, anti-climático y está regado con algunos de los peores diálogos de toda la novela. Tampoco me convence demasiado el apartado formal de La juguetería mágica. A todas luces, le falta algo de empaque.

  • No me gusta cómo está organizado el relato. A veces, Carter salta de una escena a otra sin que el texto pueda respirar debidamente, y en esos momentos, la comprensión de lo que estamos leyendo se dificulta. Por otro lado, las oraciones que componen algunos párrafos tampoco siguen un curso orgánico.
  • En las primeras páginas hay excesos barrocos que más adelante apenas vuelven a aparecer. Entiendo que la intención de Carter era contrastar las descripciones más poéticas del inicio de la narración con aquellas más apegadas a la realidad propias del final de la misma, pero la transición de un proceder a otro no me convence. 
  • La precisión de algunas metáforas es abrumadora, pero hay tantas a lo largo y ancho de la novela que acaban siendo cargantes. Además, no todas funcionan igual de bien. 
  • Tampoco todas las referencias literarias que se usan son pertinentes. Se invoca a Edgar Allan Poe o a Moby Dick, por ejemplo, sin venir a cuento. Carter estudió filología inglesa, y es por ello que las alusiones a autores clásicos (también a pintores y, en menor medida, a la cultura pop) son abundantes en esta obra. 

En cuanto a la edición de Sexto Piso, recalcar que es preciosa, pero:

  • La imagen de la cubierta no consigue, a mi juicio, transmitir el horror latente de los cuentos de hadas (ya sabéis, esas historias aparentemente infantiles que en realidad ocultan duras lecciones de vida). Parece, más bien, querer darlo a entender superficialmente con motivos "spooky" tales como calaveras o ratones. 
  • Emplea la traducción deficiente con la que Minotauro publicó esta novela por primera vez, allá en 1996. 

Resumiendo: en La juguetería mágicasegunda novela de Carter, ya se intuye que esta escritora tiene una voz muy personal, aunque todavía le falte madurarla bastante. Por lo general, este es un libro interesante. Algo indefinido, quizás, pero una lectura recomendable de todos modos, dada la originalidad de su propuesta y la solvencia de muchos de sus apartados.  

Un año después de su publicación ganó el premio John Llewellyn Rhys. También ha sido adaptado al cine y al teatro. Actualmente es considerado por muchos como una obra de culto. No es para menos: la misma autora es reivindicada a menudo desde círculos injustamente minoritarios.


viernes, 26 de octubre de 2018

Emil Ferris: Lo que más me gusta son los monstruos

Idioma original: inglés
Título original: My Favourite Thing Is Monsters, Vol.1
Año de publicación: 2017
Traducción: Montse Meneses Vilar
Valoración: Muy recomendable

Vamos al grano: ¿nos encontramos ante la "novela gráfica del año", como se han encargado de proclamar infinidad de medios, blogs e influencers comiqueros  (si es que alguien se puede considerar tal cosa), y empezando, como no, por la propia casa editorial de este libro? Pues, con sinceridad, yo no puedo afirmarlo, pero sí admitir que muy bien pudiera ser así. Porque, para empezar, visualmente este cómic/novela gráfica es espectacular... No, perdón: ESPECTACULAR.  700 páginas -¡setecientas!- dibujadas a bolígrafo -no sé si de punta fina o gorda, pero, coño: ¡a boli!-, sobre un fondo de libreta escolar o cuaderno de espiral, rayado;el motivo no es que la autora no pudiese acceder a un papel en blanco -de hecho, en realidad, sobre un papel de dibujo con ese fondo-... Esto lo comento porque también se ha hecho mucho hincapié en el "peculiar" perfil o currículum de Emil Ferris: artista norteamericana que ha publicado su primera novela gráfica a los 55 años y que a lo largo de su vida ha sobrevivido con los más diversos oficios, en ocasiones no  demasiado glamurosos: desde ilustradora médica o diseñadora de juguetes a camarera. Superando además, para dibujar esta obra, las dificultades que le causó una rara enfermedad (material perfecto para los departamentos de promoción de las editoriales, me temo (1)).

Ahora bien, el motivo de utilizar boli sobre papel de libreta rayado no se debe a una necesidad económica ni es un mero ejercicio de virtuosismo... y eso que virtuosismo hay a raudales: los retratos de mayor tamaño o los detalles arquitectónicos, por ejemplo, son impresionantes, No, la razón de haber elegido estas limitaciones técnicas estriba en que se supone que este cómic es el diario gráfico de Karen Reyes, una niña de diez años , muy aficionada al dibujo, que vive en el Uptown de Chicago a finales de los años 60 (por entonces no el mejor barrio de la ciudad, según parece)... vaya, donde pasó su infancia la propia Ferris, qué casualidad. Karen, que no es precisamente la niña más popular de su cole de monjas (2) -de hecho, sufre un bullying de manual de orientador escolar-, resulta ser,  además de una gran dibujante, una niña que rebosa imaginación y con una enorme afición por los monstruos de todo tipo, originada, con seguridad, en las revistas pulp de terror que le compra su hermano -y cuyas portadas, reproducidas por ella en el libro van marcando una suerte de capítulos-; es más durante toda la historia Karen se representa a sí misma como una niña-loba: evidentemente, una forma de protegerse y sobrellevar los sinsabores de la vida que le ha tocado. Vive con su madre y su hermano Deeze -Diego Zapata- en el sótano de un edificio con vecinos también harto peculiares, en el colegio, además del acoso ya citado, debe sufrir cada día como su mejor amiga, Missy, la ha abandonado para integrarse en el grupo de las niñas cursis, y su otra amiga, su vecina, más bien perturbada, la señora Silverberg, aparece un día muerta de un disparo. Contra la idea de un suicidio, Karen decide ponerse gabardina y sombrero de detective e investigar el posible asesinato, lo que la llevará a descubrir los secretos más turbios de las personas de su entorno...


No puedo contar mucho más, porque, como se puede comprobar en el título original del libro .que no en español-, éste es el primer volumen de los (supongo yo) dos que componen la historia y no creo "spoilear"(3), sino aportar una información pertinente, si revelo que la trama o tramas no se resuelven o no todas, en éste. Trama que, por otra parte, va avanzando de dramón en dramón a los largo de las setecientas páginas, al cabo de las cuales, quieras que no, se le agarra cariño a los personajes, pues no dejan, algunos, de rebosar ternura, por lo que no me parece recomendable su lectura a personas con una sensibilidad exarcebada, que se hallen padeciendo alguna enfermedad grave o un episodio depresivo. Para todos los demás, sí, por supuesto: ¡a sufrir!

De todos modos, a sufrir lo justo, ¿eh?, pues disfrutaréis con un despliegue visual tan apabullante y fascinante, y que echa mano de estilos que van desde el clasicismo realista al expresionismo alemán, pasando por el underground de Crumb o el surrealismo chicano... Y un homenaje -y un estudio interesante- al museo de arte de Chicago y los cuadros allí expuestos, que supongo Ferris contempló muchas veces desde pequeña (es también hija de artistas). En todo caso, la maravilla gráfica es tal que nos hace perdonar incluso que nos deje en ascuas en lo más intrigante de la narración y nos haga emocionarnos con las vicisitudes de los personajes -y sobre todo, nuestra pequeña mujer-lobo-, para que ahora haya que esperar a que doña Emil vaya a comprar un cargamento de bolis BIC y se ponga a dibujar con ellos como una posesa para saber como acaba la historia. Esperemos que no tarde otros seis años en dibujarla, por favor... Al menos yo, no sé si podré aguantar ; )


(1) Perdón por el inciso, pero al menos a mí me molesta un poco que se suela poner tanto énfasis en el camino que ha llevado a los artistas o escritores a obtener reconocimiento hacia su obra, cuando éste se sale un poco de lo establecido o habitual: porque les ha llegado a una edad tardía o muy pronto o han tenido que dedicarse a labores "proletarias". Y sí, ya sé que yo he hecho lo mismo en esta reseña, mea culpa...
(2) Gran frase de Karen: "Si tienes los mismos gustos que yo, ser católico te conviene..."
(3) Ya digo que en este caso no creo que se pueda considerar un "spoiler" o "estropeamiento", pero quien no quiera saber nada del final de este libro, mejor que no siga leyendo a partir de aquí.

lunes, 25 de junio de 2018

Federico García Lorca: Bodas de sangre / Yerma

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1933/1934
Valoración: Imprescindibles

Bodas de sangre, página 1, con la Madre y el Hijo en escena: tras diecinueve palabras de un diálogo escueto, la número veinte es ya ‘navaja’. Así que nada de prolegómenos para introducir al lector/espectador en el entorno, ni estrategias para despistar. Ni un minuto que perder: la tragedia ya asoma, sabemos que va a llegar; pero eso, lejos de atenuar la tensión, la aumenta.

Tomando pie tan solo en la palabra maldita, la madre deja brotar el rencor por la muerte de su marido y su otro hijo a manos de la familia rival, en uno de esos odios enconados, perpetuos, que pueblan los dramas rurales. Imaginamos a la madre como una mujer enlutada, reseca por el dolor pero con la mirada firme como un árbol que no puede ser derribado. El orgullo por su familia, por los hombres que perdió y por el hijo que aún conserva, le mantienen en pie y le convierten en la figura más admirable del reparto, cargando sobre sí el peso de la muerte, uno de los dos polos que hacen funcionar la obra. El Hijo anuncia su boda y de inmediato sabemos que la Novia tuvo relaciones con un tal Leonardo (el único personaje que tiene nombre), que naturalmente pertenece a la familia de los asesinos. 

Lorca no necesita de muchos parlamentos para dibujar cada personaje. Igual que el diálogo inicial, todas las intervenciones son cortantes, con un ritmo casi musical, y de una eficacia aplastante. Hasta el paisaje queda descrito con la misma economía: podemos sentir alrededor las tierras quemadas por el sol que se cobran caro el fruto que se les puede arrancar. El ambiente y el colorido recuerdan claramente al Romancero gitano publicado unos años antes. 

La boda sintetiza la evolución del estado emocional que recorre la obra. El ambiente festivo inicial se subraya con el ritual y las coplillas que cantan las vecinas, que subrayan el ambiente popular pero introducen también la chanza y la ironía y, en una función similar al coro clásico griego, guían los cambios de tono. De la poesía y los cánticos se vuelve gradualmente a la prosa, transición finísima, casi imperceptible, a través de una simple alteración de la métrica. Y ya nos adentramos en lo sombrío: la fiesta empieza a enturbiarse en torno a la Novia, que encarna el otro polo de la tragedia, el amor, la pasión que hace reventar el equilibrio.

El proceso hacia ese desenlace doloroso que desde el principio intuimos se acompaña de elementos simbólicos que hacen aún más tenebroso el tercer acto: la Luna, casi siempre tan presente en toda la obra de Lorca, la muerte misma materializada en una vieja mendiga. Porque obviamente esa pugna entre el amor y la muerte sólo puede resolverse en favor de esta última. No es ya que resurjan los viejos odios, es el cumplimiento de un destino inevitable. 

Los personajes son inmensos. El Hijo y su oponente Leonardo son brutales, simples, primitivos pero honestos. Sabiéndolo o no, son los instrumentos designados para el fin que se aproxima. La Novia, torturada por la pasión contra la que lucha, tiene también su contraste en la mujer de Leonardo, a la que por el contrario se ha impedido conocer el amor y es seguramente la más consciente del cuadro. Y, como decía al principio, la Madre, que es todo dolor y dignidad, testigo del terrible pasado y que intuye, igual que el lector, que antes o después, por uno u otro camino, volverá a correr la sangre.    

Si en Bodas de sangre la tragedia se deja ver en la vigésima palabra, en Yerma está ya en el título. Por no poder ser madre no es tampoco mujer, ni esposa, y ni siquiera merece un nombre. Yerma es su nombre, no tiene otro.

Yerma plantea otro elemento en esa disección que Lorca hace a lo largo de la ‘trilogía’ a los roles de hombre y mujer, el amor, los vínculos familiares y la muerte. En este caso lo hace a través de la perspectiva de la maternidad, aunque que no tanto como objeto de análisis en sí misma –como por ejemplo en La tía Tula, de Unamuno- sino como instrumento para presentar la posición social de la mujer. En este sentido, se puede decir que Yerma es un drama femenino, y más sutil que Bodas de sangre.

Yerma se ha casado con Juan, un campesino honrado que le quiere, y al que sólo le importan sus ovejas y vivir tranquilo. Pero Yerma sabe que su papel como mujer es darle hijos a Juan y, pasado el tiempo, los hijos no llegan. A Juan parece que le da lo mismo, pero ella tiene tan interiorizado que la maternidad es su siguiente etapa que no puede soportar la situación. Aquí tenemos de nuevo a los coros de lavanderas y vecinas que, combinando lo serio y la guasa, se encargan de caldear la situación, para la protagonista y para el espectador. Hay también personajes secundarios que aportan sus ingredientes, como la conmiseración de María, la joven que acaba de ser madre y se cuida de no provocar más dolor a Yerma. O la tenue y muy equívoca tentación que parece representar Víctor, un amigo de la infancia que aparece muy de vez en cuando sembrando la duda de una atracción no resuelta. Bueno, una vez más esos personajes grandiosos de Lorca, siempre delineados con maestría, llenos de matices.

Pero Yerma está completamente sola frente a su tragedia. Su vientre parece estar seco después de tres años, busca sin confianza remedios en viejas comadronas, ahoga el grito de su desesperación, pero no llega a rebelarse, aunque hay alguna voz que le apunta que no hay por qué resignarse a cumplir ese papel femenino de reproductora y guardesa del hogar. Pero en la conciencia de Yerma el dolor es más intelectual que emocional: no se localiza en el vacío del sentimiento maternal insatisfecho, sino en la incapacidad para desempeñar la tarea que la sociedad le encomienda. Yerma –como la Madre de Bodas de sangre- es todo dignidad, y su integridad le lleva a desechar la tentación, pero no puede evitar salir de casa porque necesita espacio, ver el mundo desde la perspectiva de persona y no del estereotipo de mujer que se le pide. La suya es una lucha interna entre el deber, que desea cumplir a toda costa, y un ansia íntima por hacer saltar las reglas. 

En fin, que aunque me haya extendido bastante más de lo habitual, todo esto y muchísimo más se podría decir de estas dos obras maestras que, junto con La casa de Bernarda Alba tan espléndidamente reseñada ayer, forman lo que habitualmente se conoce como Trilogía rural de Lorca. Sobre paisajes semejantes en los tres casos, en el centro del escenario siempre hay una descomunal figura de mujer-madre-matriarca cuya fortaleza no es obstáculo para que se ponga en cuestión se propio papel. Bernarda Alba es el mismo ojo del huracán; la Madre de Bodas de sangre es en su asimetría el corazón del conflicto; y a Yerma, en su no-maternidad, le podríamos asignar aquel famoso concepto del 'centro ausente'. Mujeres estratosféricas que llenan la escena y emocionan al lector con su sola presencia.

Y con esto queda medio maquillada una de esas cosas incomprensibles de este anárquico blog (aparte de que siga funcionando después de nueve años): la absoluta ausencia de la obra teatral del genio granadino. Así que deuda pagada… en parte.

Otras obras de Federico García Lorca en ULAD: Poeta en Nueva YorkRomancero gitanoLa casa de Bernarda Alba

domingo, 24 de junio de 2018

Federico García Lorca: La casa de Bernarda Alba

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1945
aloración: Imprescindible



El 5 de junio se cumplieron 120 años del nacimiento de uno de nuestros grandes dramaturgos y poetas: Federico García Lorca. Y como en ULAD teníamos previstas las reseñas de algunas de sus obras más relevantes, hemos decidido publicarlas correlativamente a modo de mini-monográfico. Así que abróchense los cinturones que tanto hoy como mañana nos adentramos en la visión lorquiana del fenómeno andaluz (*). 

La casa de Bernarda Alba es la última obra que nos dejó este maravilloso autor y también la que hubiera podido iniciar una nueva etapa de madurez y depuración lírica de no haber sido fusilado —por sus ideas— durante la Guerra Civil Española. La obra, cuyo subtítulo es «Drama de mujeres en los pueblos de España», es todo un ejercicio de estilo sobre el retrato certero de la sociedad rural del sur. 

Resumen resumido: Bernarda Alba y sus cinco hijas regresan del funeral del padre tras el que la matriarca impone un encierro de luto riguroso de ocho años. La petición de la mano de la hija mayor —la ya ajada Angustias— por parte del joven y atractivo Pepe el Romano actuará como un revulsivo en los anhelos y emociones reprimidas de las cinco jóvenes mujeres. 

Basándome en mi experiencia como lectora, puedo asegurar que pocas veces ochenta míseras páginas alcanzan tantísima intensidad. Un estilo sin ornamentos y un conflicto universal perfectamente definido hacen que la tensión vaya in crescendo sin dar apenas tregua. Lorca tiene el control absoluto de la narración sin dejar nada al azar; todos los elementos, absolutamente todos, contribuyen a esa tensión:

  • La atmósfera; el encierro físico y todos los elementos que lo acompañan simbolizan y enfatizan la cerrazón emocional y psicológica. 
  • La simbología a partir de metáforas, detalles, contrastes, recordatorios… como la presencia continua de los colores blanco y el negro sugiriendo una pugna invisible y subyacente (paredes blancas, mantillas negras, caballo blanco, abanico negro o el vestido verde de la joven Adela —¿brote verde?— que deberá ser teñido de negro para el luto). 
  • Los diálogos y comentarios, lacónicos, secos… no hay disertaciones ni monólogos, solo acción pura y dura. 
  • El papel que desempeña Pepe el Romano, que —en lo que me parece un grandísimo acierto— no aparece físicamente en escena. El hecho de su sola existencia actúa como el revulsivo inevitable. 

Lorca era un hombre sensible, cultivado y de mente abierta, por lo que esa mirada cruda y despiadada sobre una realidad que conoce bien no es gratuita sino que es una mirada de denuncia hacia una sociedad machista —en la que, irónicamente, las primeras machistas son las propias mujeres—, así como hacia la cerrazón mental y la hipocresía generalizada. En relación a esto último, Lorca encuadra muy bien y desde el principio el conflicto de la obra: el individuo contra la sociedad; y utiliza ese conflicto para evidenciar cómo las comunidades pequeñas, cerradas y endogámicas aprisionan la libertad de los individuos bajo la feroz mirada de una colectividad que juzga sin compasión a falta de otros esparcimientos. Todos son víctimas del sistema viciado y enfermizo al que contribuyen y ello se refleja continuamente en la obra. Uno de tantos ejemplos es la conversación fortuita, que tiene Bernarda con una criada cuando esta le dice que su madre (la senil María Josefa) se ha escapado de su habitación y está rondando por el patio: 
Bernarda: Ve con ella y ten cuidado que no se acerque al pozo.
Criada: No tengas miedo que se tire.
Bernarda: No es por eso… pero desde aquel sitio las vecinas pueden verla desde su ventana.
En esta obra coral los personajes pivotan en un sistema solar regido por Bernarda Alba. Ella está en todas partes incluso cuando no está en escena, personifica la casa y el ahogo que sienten todos los que viven en ella  (el título, que bien podría haber sido Bernarda Alba o Las hijas de Bernarda Alba, sin embargo incluye la casa como elemento imprescindible de la acción, como si fuera un reino). Bernarda ejerce un control absoluto sobre sus hijas y lo justifica como el modo de protegerlas de lo que hay ahí afuera pero en realidad es la excusa para que su nombre no resulte manchado. Sin embargo, Bernarda no tiene reparos en mal hablar de cualquiera porque se considera superior a los demás y esa soberbia será su perdición. Por más minuciosa y astuta que sea, la ceguera de su arrogancia no le permitirá darse cuenta de que la sola existencia de un Pepe el Romano puede convertir su casa en una olla a presión a punto de estallar.

Con qué pocos elementos Lorca pone ante nuestros ojos a esta madre-bestia que no muestra ninguna debilidad ni se pierde en matices (blanco o negro): 

  • Mediante la relación con sus hijas, basada en la dominación y el miedo: «Magdalena, no llores; si quieres llorar te metes debajo de la cama. ¿Me has oído?» 
  • Mediante la relación con su madre, María Josefa. Una mujer con un temperamento muy distinto y que no queda claro si ha enloquecido por la edad o por las privaciones a las que ha sido sometida. De los reproches de María Josefa deducimos que Bernarda ha tenido ese temperamento desde la cuna, por lo que no es consecuencia de ninguna vivencia traumática que sirva para establecer un mínimo vínculo de empatía con el lector. Bernarda nunca ha sido joven. 
  • La relación con la Poncia, el ama de llaves, tal vez la más compleja y que más margen de interpretación ha dado. La Poncia aporta la visión sensata que el lector necesita escuchar aunque su lealtad hacia Bernarda no esté demasiado clara. Ella es la única que puede decirle según qué cosas a la matriarca aunque tenga que pagarlo escuchando sus agrias réplicas. 
  • Los gestos y expresiones de Bernarda no hacen más que redundar en su dureza y en sus valores: (Refiriéndose a una de sus hijas) «Esa sale a sus tías; blandas y untuosas y que ponían ojos de carnero al piropo de cualquier barberillo (…)» 

Pero si el conflicto general es el individuo contra la sociedad, el conflicto particular al que se enfrenta Bernarda es el encarnado por Pepe el Romano, que simboliza la liberación física y sexual. Este conflicto adquiere una dimensión casi abstracta, la pugna entre dos fuerzas opuestas (blanco y negro) entre las que se encuentran las cinco hijas que pasan a convertirse en simples daños colaterales. 

Ya para acabar, y con el permiso de los clásicos, si Shakespeare ha sido un magnífico constructor de arquetipos contemporáneos: los amantes (Romeo y Julieta), el loco (Hamlet), el celoso (Othelo)… para el caso de la matriarca, en el sentido más universal y extremo, Bernarda Alba no hay más que una. 


(*) Algunos consideran Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba como una «trilogía trágica» y otros defienden que la trilogía no llegó a completarse y que La casa de Bernarda Alba forma parte de un ejercicio independiente al que Lorca ya insistió en calificar de drama. Los defensores de esta última postura añaden que las tres obras ilustran lo que se denomina el fenómeno andaluz, una sensibilidad autóctona que no se da con la misma intensidad en otra parte del mundo occidental.

Otras obras de Federico García Lorca en ULAD: Poeta en Nueva YorkRomancero gitanoBodas de sangre / Yerma

lunes, 16 de abril de 2018

Fannie Flagg: Tomates verdes fritos


Idioma original: inglés
Título original: Fried green tomatoes at the Whistle Stop Cafe
Año de publicación: 1987
Traducción: Víctor Pozanco Villalba
Valoración: Muy recomendable



Etiquetada en su momento —qué sorpresa— como «literatura para mujeres», esta obra candidata al Pulitzer alcanzó el éxito en nuestro país gracias a la adaptación cinematográfica de Jon Avnet en 1991. El guion, coescrito por la propia Fannie Flagg, recibió una nominación al Oscar al mejor guion adaptado.

Da igual el ñoño póster con las cuatro mujeres sonrientes o la estampa de alborotada decadencia sureña que podáis haber retenido en vuestra retina. Dejad a un lado las primeras impresiones, las etiquetas y los prejuicios porque esta novela no tiene NADA de inocente.

Resumen resumido: Evelyn Coach realiza una de sus penosas visitas a su suegra en la residencia Rose Terrace cuando conoce a la locuaz y encantadora Ninny Threadgoode, otra residente con la que traba una sincera amistad. El cariño de Ninny y su relato por entregas sobre las aventuras de los habitantes de un pueblecito llamado Whistle Stop, en el marco de la Gran Depresión, inspirarán a Evelyn para decidirse a tomar las riendas de su vida.

Se trata de una narración dentro de una narración donde buena parte del peso recae en las vivencias de los habitantes de Whistle Stop y, especialmente, las de Idgie Threadgoode y Ruth Jamison; su trama y su conflicto son los que vertebran la novela. La trama de Evelyn y Ninny tiene un papel más secundario siendo igualmente sólida e interesante. A estas dos tramas se les unen multitud de pequeñas sub tramas relacionadas con el raudal de personajes que aparecen en las narraciones de Ninny. 

Los que hayan visto la película y crean que ya lo saben todo deberían atenerse a lo siguiente: en primer lugar, la película (mucho más puritana) omite cuestiones y personajes de sumo interés al tiempo que «carameliza» los hechos con algunos detalles, en mi opinión, innecesarios. En segundo lugar, se estarán perdiendo la experiencia de leer una obra muy muy especial que engancha y satisface a partes iguales. ¿Qué tendrá Tomates verdes fritos que seduce a todo el que la lee?

1. Estrategia narrativa dinámica y bien pautada; capítulos cortos con diferentes narradores, por lo que la narración adquiere una cualidad envolvente, con muchos puntos de vista. El narrador principal, en tercera persona omnisciente, narra el pasado en Whistle Stop así como la trama presente de Evelyn y Ninny; pero cuando Ninny empieza a hablar del pasado, ella misma se convierte en narradora en primera persona dotando a su relato de emoción y cercanía. Otros recursos narrativos son el Semanario de Dot Weems u otras gacetas locales mediante las cuales vamos obteniendo información sobre los personajes y las diversas tramas y sub tramas. Las voces están muy conseguidas: Ninny es adorable sin caer en el cliché de la anciana charlatana; lo mismo sucede con Dot Weems, una cotilla de pueblo institucionalizada y alegre.

2. El humor fluye en toda la narración y genera complicidad con el lector, al tiempo que contribuye a la atmósfera luminosa que impregna hasta los momentos más dramáticos. La autora esgrime la ironía a la menor ocasión, como en este fragmento del Semanario de Dot Weems:

«El Club Teatral de Whistle Stop hizo su representación anual el viernes por la noche, y yo tengo que decir: ¡Muy bien, chicas! El título de la obra es Hamlet, del dramaturgo inglés Mr. William Shakespeare, que no es desconocido en Whistle Stop porque escribió también la obra del año pasado»

3. La galería de personajes es impresionante, un riquísimo tapiz de diversidad en el que hasta el menos decisivo para la trama está definido con sus conflictos y sus antecedentes siempre al servicio de la acción. 

4. El compromiso de la novela con cuestiones delicadas (y más en 1987) y el tratamiento naturalizado de las mismas con humor, reflexión y positivismo —que no buenismo—, y sin caer en los estereotipos:

  • El machismo y la violencia de género en todas sus escalas. El machismo cotidiano se extiende de forma natural en todo el texto:

«Hay muy buenas personas que son asesinos. (…) Sí señor. No daría un paso por ayudar a un ladrón. En cambio, un asesino lo es solo una vez, casi siempre por alguna mujer, y no reincide»

  • El racismo, también en todas sus magnitudes y como muestra de otros males menos perceptibles como el egoísmo o la falta de empatía.

«(…) al empezar los problemas en los años 60, tanto ella como la mayoría de los blancos de Birmingham se vieron sorprendidos por los acontecimientos. Y todos coincidían en lo mismo: “No son nuestros negros” los que provocan los disturbios. Lo achacaban a agitadores externos enviados desde el norte. También solían dar por sentado que sus negros “eran felices tal como estaban”. Años después, Evelyn se decía en qué habría estado pensando ella para no percatarse de lo que estaba sucediendo justo al otro lado de la ciudad»

  • El retrato de la menopausia a través del malestar de Evelyn, que incluso fantasea con el suicidio. La autora consigue que el lector deje atrás la idea simple y facilona de «aquí tenemos otra madurita depresiva».

«—Pero es que yo tengo la sensación de ser demasiado joven para pasar por eso —dijo Evelyn—. Sólo acabo de cumplir cuarenta y ocho.
—Qué va, encanto. Muchísimas mujeres lo pasan antes. Se dio un caso con una georgiana de sólo treinta y seis años, que cogió un día el coche y subió con él por la escalinata del Palacio de Justicia del condado, bajó la ventanilla y le tiró la cabeza de su madre, a quien acababa de cortársela en la cocina, a un policía, gritándole: “¡Hala, para ti!”, y volvió a bajar la escalinata con el coche. Así que, ojo, que en eso puede parar una menopausia precoz si no tienes cuidado»

  • El lesbianismo. La relación amorosa entre Idgie y Ruth es algo que la película pasa tan de puntillas que muchos espectadores ni siquiera la percibieron. Sin embargo, la novela da por hecho esa relación, sin caer en el morbo y con absoluta naturalidad, tal como se desprende del Semanario de Dot Weems: 

«Mi otra mitad regresó de la excursión de pesca organizada por el Club del Hinojo totalmente de vacío y con el trasero hecho un mapa de arañazos de ortigas. Dice que la culpa ha sido de Idgie, que le dijo que se sentase allí. Ruth dice que también Idgie tiene un mapa en el mismo sitio»

Al final del libro —anécdota muy comentada— se adjuntan varias de las recetas que Sipsey preparaba en el café de Idgie y Ruth. Resulta curioso y sobretodo oportuno por la enorme presencia de la gastronomía del sur a lo largo de toda la narración.
Así que muy recomendable porque es una novela audaz, divertida, comprometida, luminosa, emocionante y escrita y planteada con muchísima habilidad e ingenio. Casi me atrevería a decir que también la pueden leer los hombres y hasta llegar a disfrutarla y apreciarla pero, claro, qué sabré yo de etiquetas editoriales.

Ya para acabar, la edición de Tomates verdes fritos que he tenido ocasión de leer corresponde a la imagen que adjunto con la reseña. La descripción del café de Idgie y Ruth según la novela es:

«Era una pequeña construcción pintada de verde y con un toldo a franjas blancas y verdes bajo un anuncio de Coca-Cola que decía: THE WHISTLE STOP CAFÉ»

Sí, sí, no sigáis buscando el toldo o el anuncio de Coca-Cola la portada es esa como podría ser una foto del Zoo de Nueva York, otra muestra de la desidia editorial de la que ha sido objeto esta novela en nuestro país a lo que añado que Tomates verdes fritos está, a día de hoy, descatalogada. 

A veces sueño que ha sido re editada por Blackie Books...