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miércoles, 22 de julio de 2026

Sophie Demange: Las carniceras

Idioma original: francés

Título original: Les bouchères

Año de publicación: 2025

Traducción: Susana Prieto Mori

Valoración: se deja leer

Dos apuntes o avisos antes de comenzar la reseña en sí, para dejar las cosas claras:

1°- Voy a tratar de evitar todo espoiler sobre la trama de esta novela, pero me temo que va a ser difícil que algún lector o lectora avispado/a no adivine por donde va. No pasa nada, se puede leer el libro aún intuyendo o incluso sabiendo esta información, aunque, claro está , no es lo más idóneo. (*).

2°- ¿Me he decidido a leer esta novela atraído por su molona cubierta? Pues sí, no lo niego; ya sabéis de mi superficialidad al respecto. Aunque como dijo, no sé si Gide: "Lo más profundo de los hombres es su superficie"... Pues a veces con los libros pasa igual.

Dicho lo cual, vamos al lío... Las carniceras trata, cómo no, de unas carniceras; en concreto, Anne, que decide hacerse cargo del negocio familiar en la normanda ciudad de Ruán y para ello recluta, primero, a su compañera de formación Stacey y luego, como ayudadante, a la guineana Michèle, conformando todas ellas un trío de profesionales del despiece cárnico especialmente seductor, dentro de una profesión en general detentada por hombres (al menos en Francia, al parecer). Además, redecoran y actualizan la carnicería heredada del padre de Ann para convertirla en un local encantador, por no decir cuqui e incluso trendy, hipster o como se denomine ahora el pijerío Bobo (Bourgeois-bohème, no hablo de ningún ex-presidente del Gobierno español). La iniciativa parece ir sobre ruedas... excepto que ambas tres han sido o son víctimas de algún tipo de abuso, violencia o discriminación por parte de los hombres y esa circunstancia acaba revertiendo a sus vidas. Claro que dichos hombres no cuentan con sus destrezas en el manejo de la cuchillería utilizada en su oficio y hasta ahí puedo leer...digo, contar.

¿Qué me ha parecido Las carniceras? Pues permitidme desarrollar mis puntos de vista usando el que podríamos denominas "Método Patentado Oriol de Elaboración de Reseñas". Es deir, por una parte, veamos los aspectos positivos o que me han gustado de esta novela:

  1. la inevitable simpatía que , desde un principio, suscitan las protagonistas. Simpatía que se siente hacia ellaas a pesar de que ciertos comportamientos que llevan a cabo no son los más correctos desde diferentes puntos de vista... desde el puramente legal al ético, pasando por la seguridad alimentaria.
  2. Una recreación de la vida  diaria de un barrio tradicional francés tirando a gentrificado bastante amena y hasta divertida (por continuar con las referencias francófilas, aunque sean cinematográficas, recuerda a algunos pasajes de las películas de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro, Amélie e incluso Delicatessen).
  3. Ciertos pasajes del libro, sobre todo cuando se trata de descripciones de paisajes o de las actividades propias del oficio de las protagonistas, que destacan literariamente sobre un estilo general más tendente a la eficacia narrativa que a la floritura y no digamos ya, la brillantez.
Lo que no me ha gustado (o mucho menos) de esta novela:
  1. Que el estilo, precisamente, tienda más hacia la eficacia que a buscar una mayor calidad literaria -pese a que, ya digo que de vez en cuando esa posibilidad se vislumbra y resulta una verdadera pena que su autora no ahonde en ese sentido (cierto es que ésta es su primera novela, así que démosle algo más de tiempo para desarrollarse como escritora).
  2. Las oportunas elipsis que hace de determinados episodios de violencia. Es decir, ciertos episodios, según quienes sean la víctima y el agresor y la naturaleza de esa agresión nos las cuenta con más detenimientos que otros momentos, más sangrientos, por los que pasa con discrección y hasta asepsia.
  3. En general, el maniqueísmo que denota toda la obra y que la convierte, en cierto modo, en una "novela de tesis". Entiénd aseme: nadie (y yo tampoco, claro) siente simpatía por los acosadores sexuales, los violadores y los agresores de ningún tipo. Y el trasfondo general de la novela me parecede perlas: unas mujeres que se empoderan a través del ejercicio de un oficio tradicionalmente masculino y se enfrentan a los hombres que las causan algún mal -aunque not all men, como se encarga la propia novela de dejarnos clarinete- ; pero claro, eso es una cosa y otra es converetir a las protagonistas en adalides del empoderamiento femenino, sin tener en cuenta según qué comportamientos... Tampoco consideramos a Ed Gein o Jeffrey Dahmer (o Hannibal Lecter, por no salirnos del terreno de la ficción) como modelos de una actitud adecuada para sobreponerse a los problemas de salud mental... y, de nuevo, hasta aquí puedo contar. 
Sí, ya sé que habrá quien, dada mi condición de señoro heteropatriarcal (y cada vez más viejuno, me temo), cuestione mi opinión sobre este tema o incluso que yo tenga derecho a tener alguna. Pues bien, he de decir que, a pesar de mi condición de señoro, etc. no sólo no tengo ningún problema con las reivindicaciones feministas, multirraciales y LGTBIQA+ friendly de que hace gala esta novela (casi un festival de esa palabra que empieza por W- y que tanto pone de los nervios a nuestros queridos Albertolmos, Sotivars y a buena parte de los influencers huidos a Andorra para pagar menos impuestos), sino que me parece incluso de perlas para contrarrestar un poco la sobredosis de facherío a la que estamos sometidos, en los últimos tiempos. Ahora bien, si se hace, que se haga con un poco de rigor y criterio, y no montando una peli, no ya de buenos y malos, sino de que el fin justifica todos los medios. Porque, mes chérs amis, yo tampoco es que sea muy remilgado -de hecho, ya digo que me hubiera gustado más detallismo en determinadas escenas que podemos denominar, sin duda alguna, como escabrosas-, pero lo que no se puede hacer, insisto, es ocultar ciertos hechos mientras se resaltan otros. El maniqueísmo, insisto de nuevo, no funciona como fórmula narrativa. A no ser que se trate de El Señor de los Anillos, obviamente, que no es el caso.

(*) No sé hasta qué punto he superado este escollo o en la reseña se deja entrever, quizá demasiado, por dónde van los tiros en esta novela (metafóricos, se entiende, que aquí tiros no hay... Sólo faltaba eso). Mis disculpas si es así.

domingo, 31 de diciembre de 2023

Jesús Cañadas: Dientes rojos

Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: Muy recomendable

Hay libros (no sólo novelas, pero es más habitual que ocurra con algunas novelas) que te agarran, te muerden, se aferran a ti y no te sueltan, como la barracuda al brazo del buceador demasiado curioso o el perro de tu vecino cuando se aferra a tu pierna para... bueno, dejémoslo. El caso es que, como digo, hay libros que no te sueltan ni echándoles agua caliente o, mejor dicho, que uno es incapaz de soltar ya desde un principio y no se puede hacer otra cosa sino leerlos hasta que acaban. Sí, es cierto que existen fórmulas, trucos de escritor para conseguirlo y de eso se alimentan los escritores de best-sellers o, más aún, quienes publican libros sobre como escribir un best-seller, pero los escritores con auténtico talento, pese a que pueden utilizar todos esos trucos, en realidad no los necesitan o les salen solos, los traen ya aprendidos de serie. Esto, por supuesto, no se limita a los thrillers o, más en general, a las obras de género, como es el caso que nos ocupa, y se me ocurre un buen puñado de autores/as, no sólo de ficción, que saben cómo atrapar a los lectores y no soltarnos hasta que llegamos, exhaustos y a veces estremecidos e incluso emocionados, al final del libro. En ese grupo, a partir de ahora (y espero que sea algo que ratifiquen próximas lecturas) incluyo, sin la menor duda, a Jesús Cañadas.

Resumen resumido: en un Berlín pre-invernal, el agente de la Brigada Criminal del distrito de Neukölln Lukas Kocaj es asignado al caso de la desaparición, en preocupantes circunstancias, de Rebecca Lilienthal, una adolescente interna en un colegio católico. Su compañero es el veterano sargento Otto Ritter, alias Tenaza, una mala bestia de la antigua escuela, poco dado en contemplaciones con los sospechosos, sobre todo cuando lo son de violencia contra las mujeres. Juntos, aunque no siempre bien avenidos, tratarán de seguir la pista de la chica y de un enigmático y ominoso Rey, que parece acechar detrás de todo el asunto. Para ello tendrán que visitar el Incendio y el Hoyo, en busca de la misteriosa Zona de Fumadores, donde parece haber acabado Rebecca...

Como se ve, la novela discurre , en su primera mitad, por los caminos más o menos habituales del thriller policiaco, echando mano su autor, incluso, de algunos de los consabidos tópicos del género (poli novato frente a poli veterano, problemas personales de los mismos, etc.), aunque con la suficiente habilidad para integrarlos dentro de una historia que, por momentos, se va volviendo más extraña, hasta convertirse, ya definitivamente, en una historia de terror fantástico, aunque con el trasfondo, por desgracia más que real, de la violencia de distinta intensidad, pero inequívoca, que sufren tantas mujeres, no importa la edad... Cañadas mueve a sus personajes por un escenario inequívocamente urbano, un Berlín bastante alejado de los que suelen conocer los turistas  e incluso, en más de una ocasión, de lo que conocen los propios berlineses, de una ciudad al parecer especialmente plagada de recovecos y grietas, donde se ocultan realidades cuando menos inquietantes; sin embargo, se diría que, junto a elementos arraigados tanto en la propia religión cristiana como en la mitología clásica  (se podría decir que la novela es, en cierto modo, una traslación moderna del mito de Orfeo y Eurídice en la que ambos tuvieran un descenso al Hades y vuelta de allí, aún mucho más complicado) o la tradición de la narrativa de terror, se diría que también echa mano del imaginario propio de los cuentos tradicionales, de los hermanos Grimm, sin ir más lejos: encontramos con un caballero que trata de salvar a una princesa, con ogros y otros monstruos varios, con una bruja... (En realidad, mi teoría va un poco más allá y me atrevería a sugerir que la historia puede verse como una versión oscura y siniestra de un episodio de Hora de aventuras, con Kocaj haciendo de Finn el Humano, Ritter de Jake el Perro, Rebecca sería la Princesa Chicle y el Rey... pues el Rey Hielo, claro.

Digo que me atrevería a sugerirlo pero no me atrevo, porque si aún tengo miedo, desde que escribí que Nuestra parte de noche venía a ser una versión adulta de las aventuras de Harry Potter, de que la Reina Mariana le pida a San La Muerte que me haga algún trabajito, no voy a ahora a provocar que Jesús Cañadas contrate a unos sicarios del este de Europa para darme una paliza. Así que paz, ¿eh, Jesús, bro?. Buen rollito).

Vale, no voy a seguir por ahí, que luego se me queja el respetable y, además, quedan varias cosas importantes que decir acerca de esta novela:

1- El arco narrativo o incluso la transformación de los principales personajes. Y no sólo es que cambien, es que ya desde un principio (o de lo que parece en un principio, mejor dicho) todos ellos son más que complejos...

2-  La frecuente aparición de momentos muy violentos, tanto en el plano real como en el fantástico, llegando a extremos bastante gore... Es necesario avisar de esto porque tampoco es ésta una novela apta para espíritus y estómagos delicados. No es una violencia, empero, gratuita, porque cierta violencia es, precisamente, el tema central de la novela.

3- La creación de ambientes y personajes -no me refiero sólo a los protagonistas, que también- absolutamente fascinantes, opresivos a la par que magnéticos, espeluznantes pero verosímiles. Quien viva o visite Berlín no podrá veer ciertas partes de la ciudad de la misma forma de la misma forma ni cruzarse con sus habitantes sin preguntaarse por los secretos que esconderán, sospecho... (hay que explicar, que el autor también vive allí, al parecer).

4- Y ya acabo: lo bien que escribe Cañadas y no sólo por su innegable sentido del ritmo, con el que sabe llevarte en andas toda la novela sin que te des cuenta, sino también su dominio de todos los recursos narrativos, que sabe manejar con destreza según las necesidades de cada momento, ya se trate de una escena de acción, una descripción, un interludio erótico o una mirada de frente al horror como la que encontramos, y en más de una y de dos ocasiones, en esta estupenda novela. ¿Que es una novela de género? Sí, carajo, y ojalá fueran todas así, en intensidad, honestidad y excelencia, ya se trate de terror, género negro o novelas "de tacitas". Y ojalá alguien se decidiera a hacer una peli o una serie basada en este libro, respetando todo lo posible sus muchas cualidades porque, creedme, lo íbamos a flipar...

miércoles, 2 de febrero de 2022

Una: Una entre muchas

Idioma original: Inglés
Título original: Becoming unbecoming
Traducción: Santiago García
Año de publicación: 2015
Valoración: Imprescindible




«Dedicado a todas las otras»

Con esta dedicatoria arranca la historia de Una, protagonista de la novela y también seudónimo tras el que se resguarda la autora para relatar su traumática experiencia.

Resumen resumido: a finales de los años 70 y en el marco de los terribles sucesos perpetrados por el Destripador de Yorkshire, la pequeña Una vive su tragedia particular al sufrir una serie de abusos que no es capaz de comprender hasta años más tarde. El momento social, la falta de perspectiva de género y la estructura patriarcal imperante contribuyen al silenciamiento y estigmatización de las víctimas de agresión sexual, lo cual se refleja tanto en el microcosmos de la pequeña Una como en la realidad social en la que vive.

Una entre muchas no deja de ser un ensayo que reflexiona objetivamente alrededor de los patrones sociales que sustentan y perpetúan la violencia contra las mujeres en una de sus facetas más lesivas: la de la violencia sexual. El hilo argumental desgrana y expone cómo las agresiones no finalizan cuando el violador suelta finalmente a su presa, si no que en ese momento se abre un nuevo capítulo de agresiones: señalamiento social y revictimización por parte de los medios de comunicación, la maquinaria policial y jurídica. De ese modo Una, al igual que las víctimas (supervivientes o no) del Destripador de Yorkshire, sufrirán el aberrante escrutinio del entorno social que pondrá en duda tanto su honor como la legitimidad de su relato sobre los hechos. Actos, todos ellos, que producen y siguen siendo causa, todavía hoy, del silenciamiento de muchas víctimas. La obra no solo cavila y analiza todos estos aspectos si no que desactiva muchos de los mitos que sustentan estas violencias y las normalizan dentro de nuestro sistema cultural. No es la primera vez que en este blog hablamos de cómo la violencia hacia las mujeres se ha convertido en un ingrediente normalizado en las obras de ficción, jugando normalmente un papel bastante gratuito, casi (y vergonzosamente) ornamental.

Todo lo expuesto hasta ahora ya es motivo suficiente para abordar la lectura de esta novela gráfica, pero aún hay más. Cuando buscaba información sobre la obra y su autora, di con un artículo que decía que en la novela hay una variedad excesiva de recursos expresivos y gráficos, lo cual es un reflejo de la falta de experiencia de la autora. No puedo estar más en desacuerdo. Sí es cierto que Una entre muchas es la primera obra de este género perpetrada por su autora, que además la abordó como un trabajo de crecimiento y restauración personal sin el objetivo de que acabara siendo un producto editorial para el gran público. Pero el modo en el que se ha acabado materializando es todo un ejemplo de control narrativo y estético, así como de una gran habilidad e ingenio para abordar toda la complejidad que requiere el tema, sin caer en el morbo ni en la simplificación ni en el melodrama. 

Personalmente, agradezco mucho cuando las novelas gráficas se escapan del formato clásico de la viñeta y apuestan por experimentar con el CÓMO que mejor se ponga al servicio del QUÉ. Y aquí nos encontramos con muchísimas texturas y planteamientos ingeniosos que convierten la narración en un deleite sin caer en el pastiche. Desde mi punto de vista, el estilo es homogéneo y está bien definido; que ese estilo sea capaz de desarrollarse y transmitir con tanta delicadeza, riqueza y metáforas visuales, es algo positivo.
El título original —Becoming unbecoming— se traduciría literalmente algo así como convertirse en algo que no es adecuado. A mí me parece una crítica certera al prisma con el que nuestra sociedad valora las violencias sexuales, como simples factores que convierten a las mujeres sobre las que inciden en elementos que quedan apartados del canon social. Mujeres marcadas para siempre y, lo que es peor, responsabilizadas por ello. Imagino que a la hora de abordar la traducción, se optó por otro título aunque no exento de carga crítica.

Por tanto, lectura Imprescindible que nos acerca a un tema tan delicado y, desgraciadamente, tan de actualidad como es la violencia sexual hacia las mujeres; y especialmente por lo bien que transmite las vivencias y el sentir de su protagonista. Debería ser lectura obligatoria en todos los institutos.

lunes, 10 de agosto de 2020

Brenda Navarro: Casas vacías

Idioma: español
Año de publicación: 2018
Valoración: recomendable, pero

Se ha dicho ya un montón de veces, en este blog, en otros y en los medios "profesionales": en lo que llevamos de siglo XXI ha habido una verdadera eclosión de autoras latinoamericanas (incluyo a algunas españolas) que no sólo escriben con gran calidad desde edades bien tempranas, sino que lo hacen sin tener demasiados pelos en la lengua (o en la pluma) a la hora de tratar temas considerados como "delicados"; tanto cuando hablan o retratan escenas de sexo o violencia, hacen una cierta crítica social, o como cuando recogen los sentimientos y deseos más íntimos de sus personajes... que a veces no corresponden con lo que cabría esperar según la convención social de tiempos no tan lejanos e incluso de ahora mismo, menos aún si se trata de mujeres...

Como ocurre, sin ir más lejos, con el tema de la maternidad, otrora, y hasta hace bien poco,  considerada como el instinto más profundo, la aspiración suprema que cualquier mujer debía tener, aunque en los últimos tiempos van apareciendo libros escritos por mujeres (en su mayor parte también madres, claro) que cuestionan o al menos matizan ese (instinto tan profundo", ese pozo de los deseos que se supone o suponía debe considerarse la maternidad... En esta línea se encuentra esta novela, la primera de la mexicana Brenda Navarro, que se articula a través de las voces de dos "madres": una que puede serlo y no quiere -o sí- y otra que no puede , queriéndolo -o no-... O, para ser más precisos, una madre a la que le roban su hijo y otra que se lo roba. Entre las dos se abre, aún sin conocerse, una suerte de diálogo descarnado-a veces se diría que es un solo monólogo- sobre la maternidad, pero también la culpa, el remordimiento y la aspereza de la vida que les ha tocado en suerte o en desgracia. Monólogo a dos voces, podríamos decir, caracterizadas, en lo formal, por un excelente uso del coloquialismo, aun distinguiendo, e introduciendo así el matiz de las diferencias de clase y formación, entre el español más estándar de una de las madres y el habla más popular, repleta de modismos mexicanos, de la otra, quizás más difícil de entender, a veces, para los lectores de otros lugares, pero también llena de más plasticidad y verosimilitud (aunque quizás éste sea un prejuicio pintoresquista mío, no lo descarto). En definitiva, es ésta una novela que, por la valentía con que trata ciertos asuntos y la excelencia de la forma, sólo puedo considerar como recomendable.

Ahora bien, y aquí vienen los peros, ya digo que la novela va, principalmente, sobre las cuitas y contracuitas de la condición materna, sobre la familia, la pareja, el convivir cada cual con sus culpas y sus deseos; pero, además, la autora ha aprovechado para, en el término de una novela bastante breve -alrededor de 160 páginas-, introducir, aunque sea de pasada, un montón de cuestiones, a cada cual más espinosa: la violencia contra las mujeres, el autismo, la enfermedad mental, el incesto, los desaparecidos en su país, el racismo, la emigración a EEUU... ¡coño, si hasta en un momento determinado se habla de la ETA! -la parte que se desarrolla en España, por cierto, resulta un tanto chirriante, aunque quizás en México piensen justo lo contrario-; en fin, que son demasiados huevos para una sola cesta, me parece a mí...

Por otro lado, y reconozco que esto es una apreciación personal de este humilde reseñista, que seguramente nadie más comparta, lees a Brenda Navarro después de haber leído a ...... o ...... (rellenar aquí con los nombres de las escritoras latinoamericanas contemporáneas sin pelos en la lengua que prefiráis) y la sensación es un poco de déjá-vu... No porque su novela no sea original o esté escrita siguiendo una especie de fórmula, pero sí porque pertenece, como he mencionado al principio, a una corriente ya perfectamente reconocible y que, por tanto, deja menos lugar para la sorpresa. Quizá si hubiese leído Casas vacías hace dos o tres años, cuando fue publicada en  primer lugar (creo que en formato digital), me habría dejado un regusto diferente, pero en este ya un poco larguito 2020, y aun sintiéndolo, es lo que hay...

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Nina Bunjevac: Bezimena

Idioma original: inglés
Título original: Bezimena
Año de publicación: 2019
Traducción: Montse Meneses Vilar
Valoración: inquietante y bastante recomendable (o bastante inquietante y recomendable)

Lo reconozco: hasta donde recuerdo, puede que sea ésta la reseña más complicada, o una de las que más, a la que nme he enfrentado; la de una novela gráfica-fábula para adultos-delicia estética no poco turbadora... y peligrosa. Como la historia me parece un campo de minas y por follonero que sea uno, me gustaría sobrevivir aquí en este vuestro blog amigo, me voy a limitar a enumerar cosas que se pueden encontrar en este libro, y luego cada cual que decida si le interesa o no... o si se atreve: 

-Una diosa vengativa.
-Una sacerdotisa quejica.
-Una anciana poco paciente.
-Un niño perturbado por la sensualidad femenina.
-Unos padres amantísimos.
-Unas pesadillas mitológicas.
-Unos osos polares.
-Un ciervo perseguido por los perros.
-Un búho fisgón.

-Unas fases de la luna.
-Unos dibujos pornográficos.
-Unas paredes llenas de ojos.
-Una vulva por ventana.
-Una mansión en el bosque.
-Una carbonera recóndita
-Una escalera contra un balcón.
-Una cabaña llena de secretos.
-Un sombrero acusador.
-Unas fotos implacables.
-Una lección impartida.
-Un trazo vigoroso pero exquisito.
-Una riqueza gráfica indiscutible.
-Un prodigio de tramas, luces y sombras.
-Una historia complicada.
-Un problema para el reseñista.



Tampoco os quiero dejar así: me doy cuenta de que esta lista de elementos lo mismo podría servir para un novela basada en los cuentos de los hermanos Grimm que para una distopía ciberpunk con toques surreales; así que quizás deba explicar un poco lo del campo de minas, etc... Pues bien, la intención de esta autora serbio-canadiense (o viceversa) fue, además de llevar a cabo una curiosa inversión del mito de Artemisia y Siprestes, a quien la diosa conviritó en mujer como castigo por haber intentado violarla, realizar un inmersión en la mente, precisamente de un obseso sexual, un voyeur, acosador y, a la postre, violador -como poco-... Es decir, meternos en sus fantasías, en su distorsión de la realidad, aunque al hacerlo, también nos convirtamos en partícipes de ella, asistentes fascinados a un despliegue de un erotismo que, guste más o menos (hay un juego equívoco también en todo esto), seguro que no deja indiferente a nadie... ¿Nos hace cómplices de la perversión, por tanto, el hecho de ser lectores de la misma, y en consecuencia, también voyeurs? ¿En qué punto el juego de cajas chinas o de matrioshkas en el que aceptamos participar al ser lectores o espectadores de una ficción nos convierte también en creadores y no meros espectadores o lectores, y por ellos coresponsables de lo que leemos u observamos? ¿Y en la ficción existe alguna obligación de guardar esa responsabilidad? ¿Se trata, por ejemplo, esta obra de una apología de la violación o de todo lo contrario? ¿Somos nosotros cómplices de esa apología o precisamente todo lo contrario, al leerla? ¿Son todo esto elucubraciones absurdas, pajas mentales que se le ocurren a un reseñista cuando no sabe como acabar una reseña incómoda? Yo digo: SÍ, SIN DUDA.

Pero cuidadín, que os estaré vigilando...



Otros títulos de Nina Bunjevac reseñados en Un Libro Al Día: Patria

viernes, 13 de septiembre de 2019

Ulli Lust: Cómo traté de ser una buena persona


Idioma original: Alemán
Título original: Wie ich vershute, ein guter Mens zu sein
Año de publicación: 2018
Traducción: Lola Pérez Pablos
Valoración: Muy recomendable

Entre las casi quinientas páginas de su anterior cómic y las casi cuatrocientas de este, no se le podrá negar a la dibujante austriaca Ulli Lust (Viena, 1967) la capacidad de narrar con detalle, ritmo e interés episodios de su vida. Y eso que en este Cómo traté de ser una buena persona se refiere a sus 22 - 23 años de edad, mientras que en el volumen anterior, Hoy es el último día del resto de mi vida, se ceñía a los 17. En cualquier caso, si todas las cómics que nos pueda deparar van a ser tan enjundiosos y emocionantes como estos, que vengan los que haga falta porque las historietas de Ulli Lust son como un chuletón de buey -botella de Ribera incluida- para los carnívoros, un auténtico festín. A pesar incluso de los títulos que les pone.

Si en Hoy es el último día del resto de mi vida (2009) asistíamos al demencial viaje por la Italia de la primera mitad de los 80 de una adolescente punki -ingenua, determinada, errática- en Cómo traté de ser una buena persona nos la reencontramos cinco años después en Viena, con un hijo al que crían sus abuelos y la misma cantidad de dudas, incertidumbres y carencias que en su adolescencia. Aunque con un par de cosas muy claras. Sabe que quiere dedicarse a dibujar por encima de todo y está dispuesta a pelear para encontrar la manera de disfrutar de su condición de mujer, joven y libre. Cosa que en la Viena de aquel momento requería desde luego bastante determinación y mayor arrojo.

El libro se inicia con las estrecheces habituales de una nini que sobrevive a base de las parcas ayudas del sistema público de desempleo y con un novio más mayor y maduro, que le aporta estabilidad y ambición personal aunque nula pasión ni pulsión sexual. Como en la vida todo es cuestión de hablarlo, acuerdan en un plano teórico la opción de procurarse amantes, que rápidamente se hace carne con el inicio de una apasionada relación con un chico nigeriano, divertido, visceral, volcánico. George es el novio europeo y Kimata el novio africano. Los borrosos límites de la relación abierta a tres bandas se difuminan una y otra vez en la secuencia de episodios excitantes, placenteros, convulsos, viscerales, truculentos. Aunque lo que prevalece es una descripción, en dibujos y en palabras, del deseo, la excitación y el placer, deliciosamente maravillosa.

El dibujo de Ulli Lust combina parquedad y  detallismo y para mi gusto funciona mejor en los planos cortos que en los generales pero consigue ser una portentosa máquina de generar emociones, sensaciones, matices, detalles. Cómo apenas una minúscula línea de lápiz es capaz de transmitir incredulidad, complicidad, miedo, gratitud. El dibujo, en blanco y negro, apenas es acompañado a lo largo de toda la extensión de la narración por el contrapunto del fucsia, al igual que en Hoy es el primer día del resto de mi vida lo hacía el verde pistacho. Lo que se asoma en esta viñetas son retazos de vida, genuina y auténtica, cruda y dulce, dolorosa y placentera, cruel y única, con personajes de carne y hueso realmente complejos, audaces e imperfectos, como la propia protagonista o, por ejemplo, también su madre.

Una de las escenas más entrañables, en mi subjetivo parecer, es la que la protagonista le intenta explicar a su hijo su incapacidad para afrontar el conflicto, para enzarzarse en una pelea. Y su estrategia para escurrir el bulto, su habilidad para huir.

“-¿¿Y qué haces si no puedes huir??

-Er… Entonces tengo un problema.”

jueves, 24 de enero de 2019

James Ellroy: Mis rincones oscuros


Idioma original: inglés
Título original: My Dark Places
Año de publicación: 1996
Traducción: Hernán Sabaté
Valoración: Out of order

Nota previa: No sé si esta reseña puede considerarse llena de spoilers o incluso un puro spoiler toda ella, puesto que no se trata de un libro de ficción, sino de unas memorias, pero, en todo caso, yo aviso.

Sobre la valoración: pongamos que uno de ustedes, de vosotros, es un un chaval de diez años cuyos padres están divorciados. Pasas los días de cole con tu pelirroja mamá, a la que odias y amas, mientras que los fines de semana te vas con tu padre, que viene a ser un simpático haragán. un domingo, al volver a casa te encuentras con que la noche anterior tu madre ha sido asesinada, posiblemente antes violada y su cuerpo arrojado a una acera del barrio. te vas a vivir con tu padre a tiempo completo; acabáis en la miseria. Dedicas tu adolescencia a llamar la atención soltando a diestro y siniestro majaderías nazis y a leer novelas policíacas; te obsesionas con la historia criminal de tu ciudad, con los casos que recuerdan al asesinato de tu madre. Tu padre muere antes de que llegues a la mayoría de edad. Te conviertes en alcohólico y drogadicto, en ratero, en un merodeador nocturno, en un mirón; en un sin techo ocasional. Acabas en la cárcel una y otra vez. Con 28 años, tras pasar por un psiquiátrico, te desintoxicas y empiezas a trabajar de caddy. También a escribir; consigues ser un novelista de éxito. Cuando tienes 47 años vuelves a investigar el asesinato de tu madre junto con un ex-policía: exploráis todas las pistas que permanecen, buscáis a todos los posibles testigos, seguís todas las huellas. Revivís juntos casos no menos pavorosos, con otras mujeres asesinadas. Y luego escribes un libro que es una confesión y una búsqueda, un abrirse en canal y una reconciliación con tu pasado y con tu madre. Además, un espejo en el que se refleja toda la violencia contra las mujeres que anida en esta sociedad, todo el rencor y la codicia sexual y la ferocidad de los hombres contra ellas. Y veintidós años después un panoli que escribe en un blog lee el libro y, anonadado, no sabe como valorarlo.

Nota posterior: abstenerse de leer este libro todo escritor que se haya dedicado o pretenda dedicarse a la llamada autoficción, porque le puede dar un pasmo. Yo aviso.

Otras barbaridades de libros de James Ellroy, reseñadas en Un Libro Al Día: PerfidiaLa Dalia Negra

lunes, 16 de abril de 2018

Fannie Flagg: Tomates verdes fritos


Idioma original: inglés
Título original: Fried green tomatoes at the Whistle Stop Cafe
Año de publicación: 1987
Traducción: Víctor Pozanco Villalba
Valoración: Muy recomendable



Etiquetada en su momento —qué sorpresa— como «literatura para mujeres», esta obra candidata al Pulitzer alcanzó el éxito en nuestro país gracias a la adaptación cinematográfica de Jon Avnet en 1991. El guion, coescrito por la propia Fannie Flagg, recibió una nominación al Oscar al mejor guion adaptado.

Da igual el ñoño póster con las cuatro mujeres sonrientes o la estampa de alborotada decadencia sureña que podáis haber retenido en vuestra retina. Dejad a un lado las primeras impresiones, las etiquetas y los prejuicios porque esta novela no tiene NADA de inocente.

Resumen resumido: Evelyn Coach realiza una de sus penosas visitas a su suegra en la residencia Rose Terrace cuando conoce a la locuaz y encantadora Ninny Threadgoode, otra residente con la que traba una sincera amistad. El cariño de Ninny y su relato por entregas sobre las aventuras de los habitantes de un pueblecito llamado Whistle Stop, en el marco de la Gran Depresión, inspirarán a Evelyn para decidirse a tomar las riendas de su vida.

Se trata de una narración dentro de una narración donde buena parte del peso recae en las vivencias de los habitantes de Whistle Stop y, especialmente, las de Idgie Threadgoode y Ruth Jamison; su trama y su conflicto son los que vertebran la novela. La trama de Evelyn y Ninny tiene un papel más secundario siendo igualmente sólida e interesante. A estas dos tramas se les unen multitud de pequeñas sub tramas relacionadas con el raudal de personajes que aparecen en las narraciones de Ninny. 

Los que hayan visto la película y crean que ya lo saben todo deberían atenerse a lo siguiente: en primer lugar, la película (mucho más puritana) omite cuestiones y personajes de sumo interés al tiempo que «carameliza» los hechos con algunos detalles, en mi opinión, innecesarios. En segundo lugar, se estarán perdiendo la experiencia de leer una obra muy muy especial que engancha y satisface a partes iguales. ¿Qué tendrá Tomates verdes fritos que seduce a todo el que la lee?

1. Estrategia narrativa dinámica y bien pautada; capítulos cortos con diferentes narradores, por lo que la narración adquiere una cualidad envolvente, con muchos puntos de vista. El narrador principal, en tercera persona omnisciente, narra el pasado en Whistle Stop así como la trama presente de Evelyn y Ninny; pero cuando Ninny empieza a hablar del pasado, ella misma se convierte en narradora en primera persona dotando a su relato de emoción y cercanía. Otros recursos narrativos son el Semanario de Dot Weems u otras gacetas locales mediante las cuales vamos obteniendo información sobre los personajes y las diversas tramas y sub tramas. Las voces están muy conseguidas: Ninny es adorable sin caer en el cliché de la anciana charlatana; lo mismo sucede con Dot Weems, una cotilla de pueblo institucionalizada y alegre.

2. El humor fluye en toda la narración y genera complicidad con el lector, al tiempo que contribuye a la atmósfera luminosa que impregna hasta los momentos más dramáticos. La autora esgrime la ironía a la menor ocasión, como en este fragmento del Semanario de Dot Weems:

«El Club Teatral de Whistle Stop hizo su representación anual el viernes por la noche, y yo tengo que decir: ¡Muy bien, chicas! El título de la obra es Hamlet, del dramaturgo inglés Mr. William Shakespeare, que no es desconocido en Whistle Stop porque escribió también la obra del año pasado»

3. La galería de personajes es impresionante, un riquísimo tapiz de diversidad en el que hasta el menos decisivo para la trama está definido con sus conflictos y sus antecedentes siempre al servicio de la acción. 

4. El compromiso de la novela con cuestiones delicadas (y más en 1987) y el tratamiento naturalizado de las mismas con humor, reflexión y positivismo —que no buenismo—, y sin caer en los estereotipos:

  • El machismo y la violencia de género en todas sus escalas. El machismo cotidiano se extiende de forma natural en todo el texto:

«Hay muy buenas personas que son asesinos. (…) Sí señor. No daría un paso por ayudar a un ladrón. En cambio, un asesino lo es solo una vez, casi siempre por alguna mujer, y no reincide»

  • El racismo, también en todas sus magnitudes y como muestra de otros males menos perceptibles como el egoísmo o la falta de empatía.

«(…) al empezar los problemas en los años 60, tanto ella como la mayoría de los blancos de Birmingham se vieron sorprendidos por los acontecimientos. Y todos coincidían en lo mismo: “No son nuestros negros” los que provocan los disturbios. Lo achacaban a agitadores externos enviados desde el norte. También solían dar por sentado que sus negros “eran felices tal como estaban”. Años después, Evelyn se decía en qué habría estado pensando ella para no percatarse de lo que estaba sucediendo justo al otro lado de la ciudad»

  • El retrato de la menopausia a través del malestar de Evelyn, que incluso fantasea con el suicidio. La autora consigue que el lector deje atrás la idea simple y facilona de «aquí tenemos otra madurita depresiva».

«—Pero es que yo tengo la sensación de ser demasiado joven para pasar por eso —dijo Evelyn—. Sólo acabo de cumplir cuarenta y ocho.
—Qué va, encanto. Muchísimas mujeres lo pasan antes. Se dio un caso con una georgiana de sólo treinta y seis años, que cogió un día el coche y subió con él por la escalinata del Palacio de Justicia del condado, bajó la ventanilla y le tiró la cabeza de su madre, a quien acababa de cortársela en la cocina, a un policía, gritándole: “¡Hala, para ti!”, y volvió a bajar la escalinata con el coche. Así que, ojo, que en eso puede parar una menopausia precoz si no tienes cuidado»

  • El lesbianismo. La relación amorosa entre Idgie y Ruth es algo que la película pasa tan de puntillas que muchos espectadores ni siquiera la percibieron. Sin embargo, la novela da por hecho esa relación, sin caer en el morbo y con absoluta naturalidad, tal como se desprende del Semanario de Dot Weems: 

«Mi otra mitad regresó de la excursión de pesca organizada por el Club del Hinojo totalmente de vacío y con el trasero hecho un mapa de arañazos de ortigas. Dice que la culpa ha sido de Idgie, que le dijo que se sentase allí. Ruth dice que también Idgie tiene un mapa en el mismo sitio»

Al final del libro —anécdota muy comentada— se adjuntan varias de las recetas que Sipsey preparaba en el café de Idgie y Ruth. Resulta curioso y sobretodo oportuno por la enorme presencia de la gastronomía del sur a lo largo de toda la narración.
Así que muy recomendable porque es una novela audaz, divertida, comprometida, luminosa, emocionante y escrita y planteada con muchísima habilidad e ingenio. Casi me atrevería a decir que también la pueden leer los hombres y hasta llegar a disfrutarla y apreciarla pero, claro, qué sabré yo de etiquetas editoriales.

Ya para acabar, la edición de Tomates verdes fritos que he tenido ocasión de leer corresponde a la imagen que adjunto con la reseña. La descripción del café de Idgie y Ruth según la novela es:

«Era una pequeña construcción pintada de verde y con un toldo a franjas blancas y verdes bajo un anuncio de Coca-Cola que decía: THE WHISTLE STOP CAFÉ»

Sí, sí, no sigáis buscando el toldo o el anuncio de Coca-Cola la portada es esa como podría ser una foto del Zoo de Nueva York, otra muestra de la desidia editorial de la que ha sido objeto esta novela en nuestro país a lo que añado que Tomates verdes fritos está, a día de hoy, descatalogada. 

A veces sueño que ha sido re editada por Blackie Books...