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martes, 22 de abril de 2025

Ricard Ruiz Garzón: Wollstonecraft. El principi és sempre avui

Idioma original: Catalán
Año de publicación: 2025
Valoración: Está bien (sobre todo para adolescentes)

Wollstonecraft. El principi és sempre avui es una novela con tintes históricos, de aventuras, de misterio, de terror y de romance. Podríamos considerarla una biografía (convenientemente ficcionada, por supuesto), de Mary Wollstonecraft, pionera del feminismo, testigo de la Revolución Francesa y madre de Mary Shelley, a la par que un "bildungsroman" que tiene por protagonista (mal que le pese a ella, que tanto quiere relegarse a un segundo plano para enfocarse en su señora) a su sirvienta Margueritte.

De las virtudes de Wollstonecraft. El principi és sempre avui destacaría:

  • Ricard Ruiz Garzón, autor de la novela, debió documentarse profusamente para escribirla. No sólo adapta admirablemente la biografía y personalidad de Mary W. a su argumento (al igual que otro material histórico, como las pinturas de Henry Fuseli), sino que también logra plasmar convincentemente la época y los escenarios.
  • La prosa , por lo general sencilla y ágil, en determinados pasajes cumple extremadamente bien. Sólo ha habido un momento en el que ha roto mi inmersión (aunque admito que esto es un problema que tengo yo con el catalán, y es que no me parece un idioma versátil a la hora de insultar o mostrarse grosero).

En cuanto a apartados no necesariamente negativos, pero sí menos logrados, señalaría que:

  • El tono del conjunto es un tanto titubeante, pues oscila entre lo desenfadado y lo serio, lo realista y lo fantástico, lo adulto y lo juvenil.
  • Cierto aroma a literatura juvenil permea la novela (ese mensaje didáctico sobre la valía de las mujeres, ese alegato por la ayuda desinteresada, esos toques de aventura, misterio, terror y romance, el diseño de determinados personajes...). Lo cual no molesta intrínsecamente, aunque resulta algo chocante, porque ni la sinopsis ni la promoción del libro lo habían anticipado.
  • Margueritte, una huérfana de dieciséis años, es torpe hasta extremos exagerados. Entiendo que ese rasgo es deliberado, pero en ocasiones se me ha hecho muy poco creíble.
 
Sea como fuere, Wollstonecraft. El principi és sempre avui es un libro disfrutable, y creo que supondría una lectura gratificante y enriquecedora para adolescentes.


miércoles, 26 de marzo de 2025

Hermann Hesse: El juego de los abalorios

Idioma original: Alemán

Título original: Das Glasperlenspiel. Versuch einer Lebensbeschreibung des Magister Ludi Josef Knecht samt Knechts hinterlassenen Schriften

Traducción: Mariano S. Luque

Año de publicación: 1943

Valoración: Imprescindible

Este es un libro al que siempre regreso. Lo he leído cerca de diez veces y, en cada relectura, me conmueve de una manera distinta. Eso es lo asombroso de las buenas novelas de formación: podemos identificarnos con el personaje en diferentes momentos de nuestra vida y, al mismo tiempo, conservar cierta nostalgia por las etapas pasadas.

En esta novela, Hesse condensa muchas de las ideas que ya había planteado en obras anteriores: la crisis espiritual de Occidente, el misticismo oriental, el teatro mágico, el autodescubrimiento y el despertar de la conciencia. Además de ser una novela de formación, bien podría considerarse una quasi-distopía: se sitúa unos siglos en el futuro, después de una era de guerras y decadencia espiritual, la llamada “era folletinesca” (identificada con nuestro presente). En ese nuevo mundo, un reducido grupo de sabios, religiosos y científicos funda una orden, casi sectaria, destinada a conservar y a unificar los más elevados conocimientos de la humanidad, dotándolos de un marco tanto espiritual como histórico. Así nace Castalia, una sociedad aislada donde el arte y el saber humano se han cristalizado y se perpetúan mediante la repetición (por ejemplo, de piezas musicales) y la investigación de documentos antiguos. Sin embargo, no se crea nada nuevo: únicamente se estudian y se celebran las grandes obras del pasado (de aquí los 'repetidores'). Bajo ese espíritu, se concibe también el tesoro de la orden: el Juego de los Abalorios, un sistema que permite fusionar las distintas disciplinas, manipular sus principios y recrearse en sus infinitas conexiones.

El eje principal de la novela es Josef Knecht, un niño seleccionado para ser educado en una escuela de la orden. Se distingue por ser un estudiante carismático e inteligente, y progresa de forma destacada en las disciplinas académicas de rigor (matemáticas, latín, música, entre otras) hasta llegar a convertirse en un verdadero maestro del Juego. En el transcurso de su aprendizaje, además, entabla contacto con diversos personajes que le ofrecen perspectivas distintas del mundo y de la espiritualidad, como un ermitaño chino o un padre dominico. Su inusual educación y férrea disciplina lo conducen a los rangos más elevados de Castalia. A partir de ahí, y como suele suceder en las historias de Hesse, Joseph atraviesa varias crisis, experimenta descubrimientos y enfrenta dudas trascendentales que lo empujan a cuestionar no solo su lugar dentro de la orden, sino también el sentido de esta en el mundo.

Si bien la trama se desarrolla de manera fluida y atractiva, lo verdaderamente memorable en esta obra es la idea misma del Juego de los Abalorios. Hesse no ofrece descripciones exhaustivas sobre sus reglas ni detalla con precisión en qué consiste; en vez de ello, aporta indicios y compara el Juego con actividades artísticas o científicas ya conocidas. Esa indefinición resulta especialmente estimulante para la imaginación del lector, cualidad imprescindible en la buena literatura de ficción.

En el libro, el Juego de los Abalorios aparece como una sutil metáfora de la aspiración humana por encontrar un lenguaje universal que unifique todas las disciplinas del conocimiento y las artes. Hesse nos habla de una estructura casi musical que integra matemáticas, filosofía, ciencia y literatura. Los jugadores, auténticos eruditos, establecen conexiones simbólicas entre conceptos de orígenes tan dispares como la armonía de una fuga barroca y la lógica de una demostración geométrica. Esta naturaleza abstracta y dinámica del Juego lo convierte en una herramienta para trascender la mera acumulación de información, acercándose a la dimensión espiritual e intuitiva del saber. De este modo, el Juego de los Abalorios no solo refuerza la cohesión de la comunidad de Castalia, sino que encarna la búsqueda incesante de un conocimiento total que, si acaso, principalmente creado para la meditación y la contemplación pura. Es una idea realmente estimulante.

Leer El juego de los abalorios es adentrarse en una reflexión sobre el conflicto entre la búsqueda intelectual y la necesidad de involucrarse con la realidad que nos rodea. Para Hesse, el saber y la espiritualidad no son fines en sí mismos, sino medios para alcanzar un mayor entendimiento de nosotros mismos y de nuestro mundo.

Otras obras de Hermann Hesse en ULAD: El lobo esteparioDemianBajo las ruedas

sábado, 22 de marzo de 2025

Padres de libro: Crisálida de Fernando Navarro

Idioma original: Español
Año de publicación: 2025
Valoración: Recomendable

Crisálida es la primera novela de Fernando Navarro. Su éxito inmediato (creo que el primer mes de su publicación ya iba por la segunda reimpresión) me recuerda mucho al de Carcoma, de Layla Martínez. Ciertos rasgos de su factura también, en cierto modo.

Está narrada desde el punto de vista de una niña internada en un sanatorio, quien cuenta cómo su padre paranoico, alcohólico y drogadicto (apodado el Capitán) obligó a su madre, sus cuatro hermanos y ella a abandonar Granada para irse a vivir en las profundidades del bosque. Allí, el frío, el hambre, el miedo y quizá incluso cierto elemento sobrenatural llevan a toda la familia a la locura, la depravación y la violencia.

Los capítulos de Crisálida son contundentes y breves (pocos superan las tres páginas y, si no recuerdo mal, apenas tres rebasan las cinco). En todos hay, comprimida, mucha información, y aunque a ratos puede parecer que reiteran en demasía algún detalle, aportan siempre, pues logran que el argumento avance, los personajes ganen consistencia, el tono de la novela se defina y los temas barajados se desarrollen.

La prosa es magnífica. En primer lugar, porque por lo general resulta verosímil al fundirse con la edad, personalidad y registro oral de la narradora en primera persona. También porque es, como no podría ser de otra manera en una historia como esta, cruda, descarnada, feroz incluso, pero al mismo tiempo sensible, bella y lírica. A continuación adjunto un pasaje que lo demuestra (y a quienes conocemos el contexto nos impactará el doble): 

«El cielo está negro negrísimo y se llena de estrellas que se mueven como los cometas de un lado a otro. Las estrellas son luces muertas, vasos de leche cósmica derramada en un mantel, nos dijo el Capitán. / Mis hermanos son igual que eso, estrellitas, gotas, fragmentos. / Mis hermanos duermen enrollaos como gatitos. Abandonados por la madre gata que vete a saber dónde anda. Metidos en una bolsa de plástico verde lanzada al río, con el nombre de un supermercado superdescuento. Cinco animales con el pelo sucio y hambre, apretujaos los unos contra los otros pa darse con la calor en la corriente que no se detiene.» (pg. 194).

Todos los personajes de Crisálida tienen rasgos reconocibles, aunque el Capitán es probablemente el más detallado, complejo y magnético. No es de extrañar, pues, que la protagonista sienta una particular fascinación por él. A mí me ha cautivado que sea tan odioso como tragicómico, tan creíble como literario.

Hay un elemento sobrenatural en Crisálida. Al principio desdibujado, apenas una insinuación, un toque enrarecido, hostil, inquientante, lo justo para espesar el tono y la atmósfera de la historia. Pero poco a poco va cogiendo cuerpo, y aunque de vez en cuando recurre a ciertos clichés (una mujer decrépita con garras, luces que parpadean...), nunca se llega a sentir formulaico. Además, en el clímax justifica un par de las mejores escenas de todo el libro.

Las únicas pegas que le pondría a Crisálida son dos. La primera es que la novela es un pelín más larga de lo que la historia requeriría. Pese a esto, en ningún momento me aburrió ni me pareció pesada, y la antes mencionada brevedad de sus capítulos permite que la lectura sea generalmente intensa y satisfactoria. El segundo defectillo que le encuentro a la obra de Navarro es que su estilo, aunque a todas luces efectivo y expresivo, no siempre es consistente. Y es que tanto la puntuación como el habla granadina de Nada se toman de vez en cuando licencias a mi juicio arbitrarias.

Sea como fuere, Crisálida es un estupendo "bildungsroman" en el que el horror no viene de los bosques ominosos y de las criaturas que en ellos moran, sino del hombre, del padre, de aquel que supuestamente debe protegerte y acompañarte en tu crecimiento pero que hace todo lo contrario.

Ah, la edición de esta novela es exquisita, incluso para los ya de por sí elevados estándares de Impedimenta. Tapa dura, cubierta con acabados, encuadernación en cartoné... Una delicia de objeto, vamos; una bella crisálida para una historia tan terrible como hermosa, tan fascinante como perturbadora.

domingo, 5 de noviembre de 2023

Laird Koenig: La chica que vive al final del camino

Idioma original: Inglés   
Título original: The little girl at the end of the road
Traducción: Jon Bilbao 
Año de publicación: 1973
Valoración: Recomendable

Aunque La chica que vive al final del camino, de Lair Koening, es fácilmente adscribible al "thriller" de misterio o al gótico americano, también es una novela de formación y romance muy "sui generis". 

Su oscura premisa me ha recordado bastante a Matemos al tío de Rohan O'Grady: dos niños, menos indefensos de lo que uno pueda imaginar, deben hacer frente a un adulto intimidante. ¡Incluso hay un policía de por medio en ambas propuestas! Eso sí, la de Koening es más psicológica, tensa, madura y realista que la de O'Grady.

¿De qué trata? Rynn acaba de cumplir trece años y lo celebra sola en su casa de alquiler. Nadie sabe mucho de ella; sólo que proviene de Inglaterra, apenas habla, es desconfiada, da esquinazo a las visitas inoportunas y cobra cheques de viaje. Hace tiempo que su padre no se deja ver por el pueblo, y los vecinos empiezan a hacer preguntas. Un día conocerá a Mario, un niño cojo al que le gusta hacer magia. Juntos plantarán cara a Frank Hallet, un pedófilo local que, gracias a la influencia de su madre, es intocable.

Entre las muchas virtudes de La chica que vive al final del camino, destacaría las siguientes:

  • Mezcla acertadamente diversos géneros.
  • Se estructura en capítulos tan breves como adictivos. 
  • Su historia transcurre con una fluidez sorprendente, pero en todo momento sabe cuándo debe realentizar el ritmo. 
  • Koening dosifica acertadamente la información, expande el misterio, juega con las expectativas del lector, te encariña con los protagonistas y logra que ciertas escenas impacten emocionalmente. 
  • La caracterización de Rynn (madura, inteligente, calculadora, de gustos refinados, pero sin por ello dejar de ser una niña) está muy lograda. También me ha convencido su eventual desarrollo, que nos es transmitido de manera orgánica y creíble.
  • Mario, que es un poco mayor que Rynn, la complementa a la perfección, e incluso ejerce de contrapunto que cataliza su arco de crecimiento.
  • Frank Hallet consigue erigirse como un personaje siniestro y amenazante, cuya plausibilidad da miedo.   
  • Los diálogos, llenos de batallas dialécticas, ambiguedades, dobles sentidos, sarcasmo, etc..., resultan entretenidos a la par que avanzan la trama y caracterizan a los interlocutores.
  • Hay un par de escenas brillantes en lo que a tensión u horror respecta.
  • Puntadas irónicas radiografían la sociedad de la época (sobre todo su corrupción, clasismo y racismo); también las diferencias entre Inglaterra, EEUU y sus respectivos habitantes dan bastante juego al autor.
  • Su final es técnicamente abierto, en el sentido de que no insulta a la inteligencia del lector, pero al mismo tiempo cierra la novela. 

Solamente le pondría un par de pegas a La chica que vive al final del camino:

  • En determinados momentos hay que suspender la incredulidad para aceptar ciertos acontecimientos. Por ejemplo, que tanto Rynn como Mario sean tan espabilados y resolutivos, o que puedan engañar a un policía que ha demostrado ser extremadamente competente y atento.
  • El romance que presentan estas páginas me parece algo forzado.

Originalmente, Koenig concibió La chica que vive al final del camino como obra de teatro; después de su éxito literario, también la guionizó. Sin haber visto la aclamada adaptación cinematográfica, me atrevo a decir que probablemente no aporta gran cosa a quienes hayan leído la novela. Además, la película protagonizada por Martin Sheen y una jovencísima Jodie Foster toma un par de decisiones, según tengo entendido, que diluyen el malrollismo y la perversidad que emanaba su contraparte literaria.



También de Laird Koenig en ULAD: Los niños están mirando

viernes, 24 de marzo de 2023

Domènec Guansé: Una nit

Idioma original: Catalán
Año de publicación: 1935
Valoración: Entre recomendable y está bien

¡Qué lectura tan deliciosa, esta Una nit de Domènec Guansé! Dicen los expertos que se trata de una de las mejores obras del autor; una en la que cristalizan su estilo e inquietudes literarias. 

Recuerda a las novelas breves del gran Stefan Zweig en formato, estructura, extensión y motivos. También me ha hecho pensar en La sumisa de Fiódor M. Dostoievski. A fin de cuentas, y salvando las distancias, ambas son historias de amor trágicas cuyo desencadenante es la muerte de una joven, ambas hacen hincapié en la psicología de los personajes y ambas se relatan desde la óptica de un narrador no fiable y contradictorio.

En fin: ¿de qué va Una nit? A Maurici le notifican la muerte de Aurèlia, de quien estuvo (y quizá siga estando) totalmente prendado. Eso le obliga a examinar sus propios sentimientos y la relación que mantuvo con la fallecida. «Mi amor era muy puro», nos confiesa en la página 33. «Era un exceso de pureza, precisamente, aquello que lo convertía en morboso.» 

Como podréis intuir, Una nit reflexiona en torno a los riesgos de idealizar al amor o la persona objeto de nuestra devoción; gira, también, alrededor de la confusión de los sentimientos y la escasa fidelidad del recuerdo de los mismos; y explora, sobre todo, el dolor que ocasionan las vanas esperanzas, el rechazo, la pérdida, las expectativas malogradas o la lúcida aprehensión de aquellas emociones que nos vuelven frágiles.

En la primera mitad del texto prevalece la introspección. En la segunda, en cambio, abundan la acción y los diálogos, aunque en ningún momento se deja de lado la abstracción. Personalmente, creo que esta segunda mitad resuelve algunas dudas que eran más efectivas cuando ambiguas. Asimismo, aporta información que, pese a ser verosímil, bordea el culebrón.

En resumidas cuentas, merece la pena leer Una nit. La sensibilidad que supuran su prosa y sus  meditaciones es sumamente atractiva; por otro lado, es imposible no empatizar con el atribulado protagonista y la pasividad o desesperación que le atenazan.

martes, 15 de noviembre de 2022

Arturo Panero: ¿Dónde estáis?

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Está bien 

¿Dónde estáis?, de Arturo Panero, es una novela breve de terror. Va sobre un grupo de jóvenes hormonados que, en medio de sus vacaciones de verano, invocan a fuerzas preternaturales tras jugar con una ouija. Me ha parecido inferior a, por ejemplo, Mi ligue de la Ouija, de David Irons, propuesta similar editada recientemente, pero mentiría si dijera que no la he disfrutado.  

Lo que más aprecio de ¿Dónde estáis? es su honestidad. La obra de Panero quiere entretener al lector (y, a ser posible, provocarle un escalofrío), de modo que nunca abruma con un argumento enrevesado o subtextos pretenciosos.

La humildad de esta ficción, sin embargo, es también un arma de doble filo. Porque igual que le deja a uno satisfecho si es un amante incondicional del género, puede llegar a decepcionar a quienes acudan a semejante festín de adolescentes, sesiones espiritistas, presencias de ultratumba y posesiones demoníacas con demasiadas expectativas. 

Esta humildad impide, asimismo, que la novela enfatice determinadas exploraciones temáticas, que por tanto apenas se insinúan. A saber: la amistad, los amores imposibles o el abandono de la inocencia. Aunque tampoco pasa nada; ya digo que la gracia de ¿Dónde estáis? reside en que quiere entretener al lector, y no en disertar sobre la condición humana o algo por el estilo. 

Otro aspecto que, a mi juicio, debilita al conjunto es la prosa. En ocasiones se antoja abarrocada, lo cual estira innecesariamente la acción, torna atascadizo al narrador, resta credibilidad  a las voces de ciertos personajes, chirría al mezclarse con el registro coloquial, tiende a recurrir a expresiones sinonímicas redundantes y abusa de términos como «tétrico» u «ominoso». 

Volviendo a los apartados positivos de la novela: destacaría, además de su ya mencionada humildad, determinados pasajes particularmente inspirados, su misteriosa a la par que espeluznante villana, su ambientación entre castiza (pueblo de la España rural) y nostálgica (colegas, bicis, piscina, fiestas municipales, casetes...) o su final conmovedor.

Para ir terminando, reiteraré que ¿Dónde estáis? hará las delicias de los fans del terror. Eso sí, insisto en que no exijáis a esta historia que dé más de lo que promete: un enfoque canónico del subgénero, un plantel de personajes arquetípicos (el líder, el graciosete, el cobarde...) y alguna escena siniestra.

domingo, 6 de noviembre de 2022

Shirley Jackson: Hangsaman

Idioma original: Inglés
Título original: Hangsaman 
Año de publicación: 1951
Traducción: Maia Figueroa Evans
Valoración: Inquietante

¡Qué buena era Shirley Jackson! Hangsaman no es, ni de lejos, la obra que más me ha gustado de entre todas las que escribió, y aun así me parece un novelón.

Pero vamos por partes. Estamos ante un "bildungsroman" de corte experimental. Estamos, también, ante el retrato psicológico de Natalie Waite, una joven de diecisiete años. 

Jackson urde magistralmente la voz de Natalie, quien, además de una adolescente atribulada, es una de esas narradoras no fiables que la autora sabía encarnar con tanto tino. Y es que, desde el inicio, sabemos que hay algo en Natalie que no está bien. La vemos manteniendo conversaciones con un inspector de policía imaginario. Emborronando sus recuerdos. Estableciendo relaciones equívocas con un profesor de la universidad, su joven esposa y un par de alumnas. Incluso asistimos a su amistad con una tal Tony, que quizá no exista. Ah, y no olvidemos que tiene manías persecutorias. 

En fin: Hangsaman es una novela rara. No la recomiendo para iniciarse con Jackson, ya que su ritmo es algo lento, por momentos puede antojarse reiterativa y apenas desarrolla la mitad de los elementos que introduce. Sea como fuere, tampoco la descartaría, en caso de que la autora os guste. Y es que está perfectamente escrita, tiene una protagonista inolvidable, sinergias interesantes, pasajes extraordinarios (de corte onírico o directamente extraño) y un sentido del humor magnífico. Insisto: ¡qué buena era Shirley Jackson!


sábado, 9 de abril de 2022

Abdulrazak Gurnah: Paraíso

Idioma original: inglés

Título original: Paradise

Año de publicación: 1994

Valoración: Muy recomendable


Dura pero entrañable. Una delicia de novela. Les presento a Yusuf, hijo único de una familia muy humilde, que al no conocer más realidades que la suya vive una existencia apacible, excepto cuando aparece de visita el tío Aziz, un próspero mercader que acostumbra a encerrarse con el padre a hacer negocios. “Para empezar no es tu tío” le dice alguien, y es entonces cuando el chico comienza a abrir los ojos, un proceso que no acabará hasta el cierre de la novela, no porque él sea tonto, todo lo contrario, pero carece de las herramientas necesarias (a saber, una cultura básica, experiencia vital incluso cuando empieza a ser adulto, y un confidente sin pelos en la lengua que le ponga al tanto de ciertos secretos) para deducir lo que se oculta tras las apariencias y enterarse del papel que interpretan, él y los que le rodean, en su triste y precaria vida

Personalmente, dividiría el texto en tres partes. La infancia acaba, creo, mucho después de que Aziz lo arranque de sus padres y lo mantenga a su servicio, pues en ese tiempo sigue absolutamente en la inopia; con solo doce años debe subordinarse al simple de Khalil, que le lleva unos cuantos. Con el traslado a casa de Hamid, el comerciante pobre, comienza una fase de transición, adolescencia o etapa de aprendizaje, ya puede comparar ambientes y personas, oportunidad que se incrementa cuando emprende el viaje con la caravana de mercaderes, finalizado el cual todos, y el propio lector, empezamos a considerarlo un adulto. En la última fase se enfrenta con la realidad, de forma cada vez más brusca hasta llevarse la bofetada definitiva, ahí es cuando toda la idealización que arrastraba se apaga de golpe, debe alcanzar la madurez que le falta en cuestión de minutos y tomar una resolución drástica. 

Aunque escrita en tercera persona, lo que se nos traslada es su punto de vista. La primera y la última parte de la división que he establecido se centran en el personaje, en lo que piensa y siente, en cómo reacciona a los acontecimientos, en la progresiva conciencia de su situación de cautividad. La intermedia, en cambio, refleja lo que ve y escucha, podemos observar el ambiente, las personas, costumbres y mentalidades de sus compañeros de aventura, las jerarquías, las diversas incidencias, así como la mentalidad y forma de vida de las poblaciones que atraviesan, cómo tratan a los forasteros o se relacionan entre sí, incluso las asperezas del terreno y las inclemencias del clima. Como ven, cumple todos los requisitos para clasificarla como novela de aprendizaje o Bildungsroman, pero es mucho más que eso, entre otras cosas, contiene el retrato de la sociedad rural africana de la época inmediatamente anterior a las colonizaciones masivas del territorio y la recreación de una época ya irrecuperable.

“Los arrojaron de allí como si fuesen niños, sin dificultad alguna, y enterraron en vida a algunos de sus líderes. ¿No lo sabías? Solo permitieron quedarse a aquellos que convirtieron en sirvientes. Un par de escaramuzas con sus armas y el asunto de la propiedad queda resuelto. ¿Acaso esto suena como si estuvieran aquí de visita? Quieren el mundo entero, y están resueltos a tomarlo.”

Podemos ver en Yusuf la personificación de una figura bíblica: José, el penúltimo de los doce hijos de Jacob, ese al que sus hermanos vendieron a los egipcios, fue acusado injustamente, finalmente rehabilitado gracias a sus habilidades predictivas y convertido en primer ministro. ¿Recuerdan? Perdona a los hermanos, convertidos en mendigos por culpa de las plagas –vacas flacas y todo eso– y el desenlace es tan feliz como en cualquier leyenda que se precie. Pero a pesar de la coincidencia del nombre, de las insinuaciones de Aziz en uno de los momentos más duros de la expedición mencionando claramente al otro Yusuf y, sobre todo, a los peligrosos requerimientos del ama, existen muchas diferencias entre ambas historias y el desenlace –tranquilos, que no voy a adelantar nada– el desenlace, decía, es sensiblemente más realista. Como el resto de la novela, por otra parte, a pesar del pensamiento mágico que manifiestan todos. El protagonista, fundamentalmente, nos inspira ternura e inquietud, lo sentimos indefenso y estamos intranquilos por lo que pueda pasarle; sus descubrimientos son lecciones de vida. Que el que más y el que menos haya pasado por ahí a grandes rasgos no les resta valor, al contrario, es una muestra más de la agudeza y capacidad de síntesis de Gurnah. No olvidemos que se trata del último y flamante premio Nobel, al que tendré que seguir leyendo para formarme una opinión más general.


Traducción: Sofía Noguera Mendía

miércoles, 2 de marzo de 2022

Ilustres Olvidados #3: Matar a un ruiseñor de Harper Lee

Idioma original: inglés

Título original: To Kill a Mockingbird

Año de publicación: 1960

Traducción: Baldomero Porta

Valoración: bastante recomendable

Hace algún tiempo, en una de nuestras semanas temáticas, bastante similar a ésta y que dedicamos a autores notorios pero que, hasta entonces, no había sido reseñados en este benemérito blog, nuestro compañero Marc reseño el segundo libro de la emblemática escritora del Sur estadounidenses Harper LeeVe y pon un centinela, Emblemática, digo, pese a que ese libro y el que reseño yo hoy, el mucho más célebre (por mor, entre otras cosa, aunque no únicamente, de Hollywood), Matar a un ruiseñor, suponen las únicas dos novelas que llegó a publicar en toda su larga vida.

Lo cierto es que no sé si resulta muy necesaria una sinopsis de esta novela, puesto que tengo la sensación de que todo el mundo ha visto, al menos, la excelente, además de muy fiel adaptación al cine de 1962... pero, por si acaso, allá va: en Maycomb, un pueblo de Alabama similar a aquel en el que nació la autora y en los mismos años 30 en los que transcurrió su niñez, viven los hermanos Je y Scout -Jean Louise- Finch, con su padre Atticus, que les ha criado solo, desde que murió su madre, con la única ayuda de su criada negra, Calpurnia. Juanto a los niños, y su amigo Dill (personaje basado en Truman Capote, nada menos, amigo de la infancia de Harper Lee), vivimos sus juegos, asistimos a la escuela, conocemos a sus vecinos y nos preguntamos por el gran misterio de su calle: la existencia de Boo Radley, un tipo que vive recluido en su casa, sin que se le haya visto en muchos años...

Así transcurre la primera parte de la novela; en la segunda, sin abandonar los anteriores temas, aparece un cambio de circunstancias y aún de tono: Atticus Finch, que es abogado, asume la defensa de un hombre negro acusado de violar a una chica blanca. En el sur profundo de EEUU delos años 20, ya se puede cualquiera suponer los conflictos que acarrea la decisión de Atticus -quien, por otra parte, ha pasado, tanto al imaginario literario como  cinemátografico, como el paradigma de la integridad ética y profesional-; pero es más, la novela fue publicada en 1969, justo en pleno auge del movimiento a favor de los derechos civiles de los afroamericanos.... En este sentido, el "buenismo" que transmite la novela esa actitud que es considerada casi un pecado sin remisión hoy en día, cuando lo que se lleva es ser más malo que la sarna), se ve matizado por la problemática época en la que se publica,: no es una novela que trate sobre el racismo y la intolerancia en términos abstractos, desde una cómoda y segura posición "progre" (dicho esto con cierta ironía, aclaro), sino una historia pegada al momento y lugar de origen de su autora, lo que supongo le trajo más de un quebradero de cabeza, aunque también el éxito inmediato: la novela ganó el premio Pulitzer y ha sido continuamente elogiada y reeditada desde su aparición. Sin embargo, también ha recibido críticas negativas y sufrido polémicas por distintos motivos: desde ser demasiado cruda para el público juvenil -debido, sobre todo, al trasfondo de una violación-a edulcorar la realidad del racismo o , por el contrario, emplear en exceso términos racistas (la famosa n-word, sobre todo)... No sé si por estar hasta el gorro de tanta tontería o porque no tenía más que decir, el caso es que Harper Lee no volvió a publicar más libros en su vida, con la excepción del ya citado al comienzo de la reseña, que, pese a tratarse de una secuela de Matar a un ruiseñor, fue escrito con anterioridad a éste.

La novela, no obstante, no se ocupa tan sólo de los problemas raciales o la segregación en el Sur; de forma más profunda, es una reflexión sobre la justicia, sobre la convivencia entre clases sociales, sobre la integración armónica entre la individualidad y la comunidad a la que pertenece, y sobre la paternidad y la educación de los hijos. Y, sobre todo, es una novela "de crecimiento", un bildungsroman (y perdón por usar el palabro), en la que no sólo se trata la pérdida de la inocencia de la infancia, sino, más aún, la necesidad de conservar en lo posible esa inocencia en la edad adulta -y aquí la figura de Boo Radley toma un papel simbólico-; tal vez, y esta es una opinión muy personal, este carácter de novela de crecimiento, narrada además en retrospectiva por la propia Scout, juegue un tanto en contra de la novela, no por algún defecto intrínseco de ésta, sino porque desde 1960 hemos visto infinidad de novelas narradas por niños en las que nos cuentan los sinsabores y decepciones que conlleva hacerse adulto. En un sentido parecido, quizás el éxito de la película también sea una lastre para el libro, que se lee casi como una novelización del guión... (por no mencionar que es imposible imaginarse a Atticus Finch sin ponerle el rostro de Gregory peck).

Ahora bien, que estas objeciones un tanto tiquismiquis de este reseñista no arredren a nadie que se plantee leer esta novela:; bien al contrario, si lo hace se encontrará con una historia emocionante, escrita de forma deliciosa , ágil y llena de humor, y con unos personajes imborrables para quien los conozca. Un libro que es un clásico por derecho propio desde hace más de sesenta años, y que debe seguir siéndolo, pese a que los tiempos hayan cambiado... o precisamente porque igual no han cambiado tanto. 


También de Harper Lee y reseñado en Un Libro Al Día: Ve y pon un centinela

martes, 9 de noviembre de 2021

James Joyce: Retrato del artista adolescente


Idioma original: inglés

Título original: A Portrait of the Artist as a Young Man

Año de publicación: 1916

Traducción: Martin Schifino

Valoración: incómodo


Escribir una reseña sobre un libro incontestablemente clásico como este representa toda una papeleta. Entended que empiece con lo que suena casi como una excusa, pero dentro de la biografía lectora que uno intenta componer para sí mismo hay autores y novelas ineludibles y esta primera novela de Joyce (también por su modesta extensión, menos de 250 páginas) se me antojó iba a ser una de ellas. Otra cosa es que ose plasmar mi impresión y corra a refugiarme del previsible aluvión de críticas que me tildarán desde lector frívolo o apresurado hasta individuo sacrílego incapaz de descifrar las claves ocultas.

Porque he de confesar que se trata de una novela aburrida, casi mortecina, a pesar de que la inmediata impresión tras leer sus últimas páginas no sea la de haber perdido el tiempo, más bien haber superado una especie de tránsito muchas veces de muy difícil comprensión en su conjunto, aunque no pueda oponerse nada a ni uno solo de sus párrafos. Sin abusar del lirismo, sin perder en ningún momento una impecable fórmula literaria, esta narración - se dice - autobiográfica sobre los años de formación de Stephen Dedalus resulta ser una lectura difícil y pesada, llena de escollos, muchos de ellos, quiero suponer, situados con plena conciencia. Dedalus en la escuela regentada por religiosos que tendrá que abandonar, parece entenderse, cuando su familia deja de disponer de recursos para pagarla, conviviendo con sus compañeros y sufriendo los actos disciplinarios propios de tal época y tales instituciones. Sus escarceos con las mujeres y su arrepentimiento motivado por una fe católica que le oprime y ahoga. A pesar de lo cual, convenientemente empujado en la escuela, llegará a contemplar la posibilidad de ordenarse sacerdote. Y a pesar de la ebullición del artista, del creador que intercala sus textos y acicala párrafos repletos de reflexiones, algunas profundas, algunas un tanto alucinadas, esa posibilidad está a punto de tomar cuerpo, pero el artista adolescente se rebela contra ese destino fatal, no sin antes entregar un tercer capítulo que para mí ha representado la auténtica pesa en la balanza que impide que el libro me haya gustado. Decenas de páginas que parecen pasajes bíblicos y que contienen pasajes de muy difícil digestión (dedicados a procaces descripciones de los sufrimientos que el infierno tiene preparado para los pecadores) y que, pero esto es una pura conjetura, acaban representando a la perfección ese rechazo frontal. Dedalus se separa de sus educadores, se distancia, en un plano psicológico, de su familia, esquiva la fe, se aisla del mundo y se confina con su talento.

Bien: hace más de un siglo, sí, lo suficiente para que esa distancia temporal y ese mundo descrito parezcan un escalón insalvable. No digo que no haya que leer una obra así, solo que al lector contemporáneo puede costarle mucho conectar con ella.

Otras obras de James Joyce reseñadas en ULADDublinesesFinnegans WakeExiliadosUlises


lunes, 24 de mayo de 2021

Neel Doff: Días de hambre y miseria

Idioma original: Francés
Título original: Jours de famine et de détresse 
Año de publicación: 1911
Traducción: Javier Vela
Valoración: Recomendable

Días de hambre y miseria es una novela corta. La escribió la neerlandesa Neel Doof en francés, su lengua de expresión literaria. Narra la vida de una familia proletaria a finales del siglo XIX, e inicia una trilogía de visos autobiográficos protagonizada por Keetje Oldema.

La mentada Keetje tiene, al inicio de esta entrega, nueve años. Cuando volvemos la última página ha cumplido ya los diecinueve. Para entonces ha sufrido en sus propias carnes las consecuencias de la pobreza extrema, el hambre, el cansancio, la falta de higiene, la enfermedad y la precariedad laboral, amén de vejaciones de toda clase.

Su testimonio, relatado en primera persona, es muy crudo, pero en ningún momento trata de manipular emocionalmente al lector con sentimentalismo barato o victimización. Y, para colmo, tanto la prosa como la estructura narrativa del mismo contribuyen a darle una pátina de verosimilitud, volviéndolo así todavía más devastador.

Entre las múltiples virtudes de esta obra, destacaría las siguientes:

  • La contención y economía de medios con que está escrita. 
  • Su sutileza a la hora de caracterizar a los personajes y evidenciar su desarrollo (o degradación).
  • La eficacia y expresividad con que relata determinadas escenas. 
  • Su atención al detalle.
  • Aborda múltiples temas vinculados con la pobreza y las dinámicas familiares.
  • Algunas de sus reflexiones, ya circunvalen el existencialismo o la crítica social.

Resumiendo: Días de hambre y miseria (finalista del premio Goncourt de 1911, por cierto) supone todo un descubrimiento. De su autora, injustamente ninguneada en nuestro idioma, sólo se había traducido la secuela de esta primera novela, de próxima aparición en la editorial Firmamento.

jueves, 22 de abril de 2021

Gerald O’Donovan: Vocaciones

Idioma original: Inglés
Título original: Vocations
Año de publicación: 1921
Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
Valoración: Entre recomendable y está bien

Vocaciones transcurre en una pequeña ciudad irlandesa fuertemente influenciada por la religión. Narra los avatares de las hermanas Curtin, dos chicas cuyos progenitores, los dueños de una próspera tienda, usarán cada uno para sus respectivos fines. La madre quiere entregárselas a Dios y las incita a volverse monjas en el convento local. El padre, por otro lado, desea casar a una de ellas con un prometedor empleado de comercio para que su negocio perdure.

Ésta puede considerarse una novela coral, ya que el narrador omnisciente se focaliza en el punto de vista de distintos personajes. Aun así, la protagonista indiscutible de la historia es Kitty. La joven quiere «vivir», ser libre para tomar sus propias decisiones, madurar aunque sea a base de ensayo y error, pero se ve acorralada por un sistema que pretende anularla como ser humano. Afortunadamente, tiene un carácter fuerte y decidido, de modo que, al final, logrará sobreponerse a toda influencia externa y labrar su propio destino.   

El tono que empapa el relato es agridulce. Gerald O'Donovan, su autor, acepta las dificultades derivadas del mero acto de existir (aunque provengas de una familia relativamente acomodada y hayas sido criado entre algodones) y por ello empatiza con sus retoños literarios. Incluso Burke, un sacerdote arrogante, manipulador y libidinoso, merece su compasión en una conmovedora escena; imaginaos pues la ternura que le profesa a las vulnerables hermanas Curtin.

Un apartado muy conseguido del texto es el que destina a la crítica social. Vocaciones no sólo arremete contra la instumentalización de la voluntad de Dios, a la que cada uno apela según le conviene; también señala el rol pasivo y dependiente al que la sociedad de inicios del siglo XX relegaba a la mujer, los abusos que se pueden ejercer desde la autoridad (sean bienintencionados o no), las injusticias amparadas con la excusa de la clase social y el poder adquisitivo, etc... 

Asimismo, de esta novela me parecen meritorias su minuciosidad descriptiva y la densidad psicológica de que hacen gala sus personajes. En cuanto a aspectos negativos, quizá podría achacarse una cierta uniformidad al conjunto y que queden cabos sueltos más allá del radio de acción de Kitty. Sea como fuere, O’Donovan tiene una buena pluma y espero que Vocaciones no sea lo único suyo que traduzcan al español.

jueves, 25 de marzo de 2021

Felipe Hernández Cava y Antonia Santolaya: Del Trastevere al Paraíso

Idioma: español

Año de publicación: 2020

Valoración: está bien

En octubre del 2016 un periodista acude a una residencia de ancianos de las afueras de Roma en busca de una tal Valeria Stoppa. Como consecuencia,  una de las empleadas de la residencia, Paola Merli, deja su trabajo y su casa y se refugia con un viejo amigo que le puede ayudar a conseguir una nueva identidad. Porque esa mujer es en realidad  Valeria y en 1973 formó parte de un gupúsculo terrorista de extrema izquierda y participó en un asesinato; desde entonces vive huyendo, oculta tras identidades falsas. En esta novela gráfica iremos conociendo todo el proceso que llevó hasta ese punto a Valeria, una joven de clase media-baja del Trastévere romano, su formación y radicalización ideológica  -inmersa en un contexto muy particular, el de los "años de plomo" italianos, durante los 70 y 80 del siglo XX, que se considera que comenzaron con el atentado en el Banca Nazionale dell'Agricoltura de Milán, en diciembre de 1969-, así como su crecimiento como mujer. En contrapunto, encontramos la Valeria de más de sesenta años del 2016, que ha vivido en la clandestinidad la mayor parte de su vida y a la que los recuerdos no la dejan permanecer tranquila.

La novela gráfica no sólo nos explica con todo detalle los condicionantes personales -incluyendo los sexuales-, familiares y formativos de la protagonista, sino también, y es de agradecer, las peculiares y ambiguas circunstancias que vivía Italia en aquellos años de gestación del terrorismo de izquierdas. Conocemos, pues, al dedillo los factores que llevaron a Valeria a implicarse en la "lucha armada" -por supuesto, y como no podría, o no debería, ser de otro modo, en la obra encontramos una permanente condena de toda violencia política-, pero, hete aquí que cuando hemos llegado a la parte con más "chicha" de la historia, el momento de la militancia violenta, ésta se resuelve por la vía rápida, lo que contrasta con la pormenorizada explicación de todo lo que le ha llevado hasta ese momento. Y de los muchos años que pasa luego huyendo apenas sabemos nada. Este desequilibrio narrativo se puede explicar porque la historia se nos cuenta desde el recuerdo de Valeria (de hecho, el de los recuerdos o la memoria es uno de los temas de fondo de la novela), que no deja de ser algo selectivo, pero, aún así, resulta desconcertante... Algo parecido, por cisrto, ocurre con el estilo de las ilustraciones de Antonia Santolaya, que podemos considerar como de un "expresionismo naïf", abocetado y colorido, ya que en algunos momentos funciona perfectamente y en otros se adecua más o menos a lo que nos cuenta el guión,  pero que otras muchas veces se queda corto (cierto que la autora, al parecer, es más ilustradora y pintora que historietista, y eso se nota).


Lo más interesante que encontramos, aunque algo trillada, es la comparación que se hace entre estas ideologías revolucionarias y el cristianismo: constantes alusiones al concepto de "sacrificio" (que en el caso de la religión cristiana se ha sublimado de forma incruenta en la Eucaristía, o eso se supone); analogías entre la figura de sucristo y la del Ché -también la de Héctor muerto por Aquiles-; citas a pasajes de la Biblia... Un poco más de sonrojo, a estas alturas, causa la identificación entre el fanatismo de los terroristas europeos de aquellos años con los yihadistas actuales.

Es verdad que esta constante alusión a un transfondo religioso puede considerarse como un recurso narrativo, para darle un poco de subtexto al libro o, simplemente, porque el guionista ha encontrado un hilo que seguir y lo hace hasta el final... Ahora bien, el caso es que uno llega hasta ese final de esta novela gráfica y se pregunta si no se la habrán colado y lo que ha leído no es sino una obra de reivindicación del cristianismo, casi evangelizadora, de hecho... No sólo (y perdón por los posibles spoilers) algunos personajes, arrepentidos de sus actos pecaminosos pasados, sueltan mensajes más o menos religiosos como quien no quiere la cosa, sino que resulta que el único del grupo que tiene escrúpulos para participar en el atentado es, precisamente, el que tiene un pasado como militante católico. El tono curilla destaca cuando pensamos en el castigo que les espera a los hijos que osan enfrentarse a sus padres o en la frustración y zozobra que su sexualidad le trae a la protagonista y que incluso es una de las causas de que caiga en el pecado radicalismo ideológico. Y aunque no tengo ni idea de las convicciones políticas y mucho menos religiosas del guionista, Felipe Hernández Cava (de quien sólo sé que es un veterano de la historieta en España y que por edad, pertenece a esa generación de jóvenes que se radicalizaron -o no- en los años 70), me pone un poco la mosca tras la oreja que la dedicatoria del libro sea "A nuestros padres, a los que  comprendimos poco y juzgamos mucho", cuando los padres de Valeria resultan ser unos meapilas de cuidado (no empleo el término con ánimo despectivo, sino descriptivo, porque creédme que lo son); sobre todo el padre, arrepentido tras una vida de ateo anarquista y ex-partisano.

Que conste que no me molesta que alguien plasme en una obra de ficción sus inquietudes religiosas o lo que sea o de quien sean; lo que me escama, en todo caso, es la forma, no diré que sibilina, pero sí un tanto (o bastante) subrepticia como está hecho aquí. Que, además, tampoco sé si Del Trastevere al Paraíso (visto así, además, el título ya parece tener cierta intención) lo necesitaba, dado que la historia en sí ya resulta bastante potente como ficción.  Como obra edificante, ya no sé...

jueves, 31 de diciembre de 2020

Robert Seethaler: El vendedor de tabaco

Idioma original: alemán

Título original: Der Trafikant

Traducción: Ana Guelbenzu

Año de publicación: 2012

Valoración: Recomendable


Robert Seethaler es, en terminología de las editoriales, un autor bastante aclamado, especialmente en el mundo de la literatura en alemán, a raíz de la publicación de Toda una vida, que algo me dice que no tardaremos mucho en ver reseñada en este blog. Este señor es también, por lo visto, un prolífico guionista de series de televisión, y aseguraría que ese hábito de trabajar para un medio audiovisual deja su sello en su obra escrita. Diría más, creo que en algunos escritores se ha filtrado cierta dosis de lenguaje cinematográfico que da lugar a un estilo muy visual, que fácilmente traslada al lector al mundo de la imagen, de la misma forma como la tradición oral dejó huella en la obra escrita durante siglos. Pero bueno, es solo una reflexión que dejo servida a la concurrencia.

La historia que cuenta El vendedor de tabaco (que aunque no lo parezca es una traducción casi literal del título original) tiene un aroma clásico indiscutible: el jovencito Franz Huchel es enviado por su madre desde su hogar en las montañas a Viena, al cuidado de un estanquero con quien trabajará como aprendiz. Esto ocurre en los meses anteriores al Anschluss, la anexión de Austria por Hitler, y por tanto en plena efervescencia del nazismo. El escenario ofrece por tanto dos líneas narrativas claras: la del inocente chaval de pueblo que desembarca en un medio desconocido, y la histórico-política que inevitablemente terminará afectando a su experiencia.

La primera de ellas tiene las trazas de una pequeña novela de formación, eso que, con el puntito pedante, llamamos a veces bildungsroman. Franz queda admirado por lo que ve en el estanco, las labores de tabaco que el viejo Otto le enseña a distinguir, los periódicos que le obliga a leer, los clientes que va conociendo día tras día. La relación entre ambos es bastante impersonal, diríamos netamente profesional, pero aun así resulta inevitable que el estanquero deslice consejos hacia el joven pinche con un vago eco paternal, y que este a su vez acabe correspondiendo con un grado creciente de estima que se dejará ver más adelante. En ese proceso de maduración Franz tiene también una efímera y algo misteriosa aventura con una chica, descubre el sexo y los desvelos del amor, y ahí el autor introduce el personaje de Sigmund Freud, que le servirá al chico de asesor, puede que más con su sola presencia que con sus limitados consejos. La aparición de Freud es lo que podríamos llamar un cameo, bastante bien traído, que opera como nudo entre las dos líneas del relato, la personal del muchacho desorientado, y la política, con la incipiente persecución de los judíos.

En esta segunda perspectiva, la novela tiene un crescendo bastante convincente. Ante la visión en principio ingenua de Franz empezamos a asistir a los primeros episodios de la irrupción del nazismo, que se inician con anécdotas que parecen no tener un significado claro, para ir tomando forma y dibujando la tragedia que se avecina. No es que encontremos cosas muy novedosas (primero unas pintadas, clientes que dejan de comprar, luego presencia de individuos en actitud amenazante, rumores en la calle, patrullas de extremistas), pero el relato está muy bien construido, combinando los momentos de acción con las pausas para la introspección a través de los sueños de Franz y su comunicación con Freud y ocasionalmente con la madre, en definitiva, conectando el presente con aquel mundo rural y despolitizado del que procede.

En realidad, casi nada en el libro es demasiado original, como los personajes tampoco resultan especialmente ricos (todos son más o menos estereotipos, con excepción de la chica), y sin embargo el conjunto queda equilibrado, con escenarios alternativos bien dosificados para que el lector no pierda el hilo ni la narración llegue a estancarse. Todo lo cual, contado con mucho tacto, de forma sencilla y con una prosa clara y no exenta de figuras de cierta belleza, da a entender que Seethaler no es solo un autor de indudable eficacia cinematográfica, sino que tiene además un apreciable talento para escribir. Otra cosa es que le falte quizá un punto de atrevimiento, que la historia no se salga de un cierto canon narrativo (joven de pueblo aterriza en la ciudad en tiempos turbulentos), pero el trabajo funciona francamente bien y la novela se lee desde luego con agrado.

P.S.: Acabo de ver por ahí que, como parecía inevitable, hay versión en cine, de 2018 y con el gran Bruno Ganz en el papel de Freud. Al parecer las críticas no son nada buenas así que, sin haberla visto, les sigo recomendando el libro.


viernes, 18 de diciembre de 2020

Joseph von Eichendorff: Andanzas de un inútil

Idioma original: Alemán
Título original: Aus dem Leben eines Taugenichts
Traducción: Comité de Traducción Taugenit Editorial 
Año de publicación: 1826
Valoración: Recomendable (con matices)


Andanzas de un inútil es un "bildungsroman" de apenas cien páginas. Relata las aventuras de un joven al que su padre, un humilde molinero, ha expulsado de casa. Nuestro protagonista aprovechará la ocasión para ver mundo, hacer fortuna (o intentarlo, a su peculiar manera) y enamorarse. 

Andanzas de un inútil es, también, un clásico del Romanticismo. Acumula, por tanto, varios de los lugares comunes del movimiento artístico al que pertenece. Algunos de los cuales conservan la frescura y vigor originales, mientras que otros han envejecido francamente mal (por ejemplo, el comportamiento histriónico de varios personajes).

En todo caso, las cualidades de esta obra son numerosas. Por citar unas cuantas, diré que: 

  • Su prosa, elegante y delicada a la par que sorprendentemente moderna, cautiva desde el primer capítulo. 
  • Sus descripciones paisajísticas son bellísimas. 
  • Su desdibujado protagonista permite que, puntualmente, nos reflejemos en él. 
  • Alberga escenas trepidantes, llenas de suspense o acción. Asimismo, tiene otras que han sido dotadas de una hechizante textura onírica.
  • La secuencia lógica que va encadenando los acontecimientos que la componen está perfectamente construida. De hecho, en un inicio se siente excesivamente azarosa, pero el giro de tuerca del clímax (algo enrevesado, hay que admitir, pero dado su toque novelesco, aceptable) hace más verosímiles las situaciones previas, que se antojaban demasiado convenientes si su concatenación hubiera sido fortuita. 
  • Su reivindicación de la alegría de vivir, aunque algo artificial y tramposa, resulta la mar de entrañable. 

¿Qué más puedo decir? Andanzas de un inútil es un libro delicioso, una reliquia perteneciente a otros tiempos. Tiempos en los que la narrativa era más ingenua, pero que compensaban con creces este hecho dándole un acabado a sus productos que a día de hoy resulta seductoramente exótico. 

Yo he leído una recomendable edición de Taugenit, entre cuyas virtudes destacaría la magnífica cubierta, un prólogo excelente (se nota que Espido Freire lo escribe con el corazón) y una traducción impecable.

lunes, 25 de mayo de 2020

Michelle Roche Rodríguez: Malasangre

Idioma: español
Año de publicación: 2020
Valoración: recomendable si no esperas una historia de terror

Historias de vampiros, al menos desde el siglo XVIII, ha habido infinidad y con toda clase de variantes, que van desde lo sublime a lo chusco, pasando por la hormona adolescente, lo cómico, lo distópico o lo algodonosamente infantil... En esta Malasangre nos encontramos con una propuesta bastante original, al menos hasta donde yo conozco: una novela de vampirismo tropical, latinoamericana y, para más detalle, totalmente enraizada en la Historia de Venezuela, donde se desarrolla. para más concreción, la novela transcurre en la Caracas de 1921, en plena dictadura del general Juan Vicnte Gómez, cuando el país -o al menos sus dirigentes y la red familiar y clientelar tejida a su alrededor- comienza a enriquecerse gracias a la explotación , aun por parte de compañíaas extranjeras, de los fabulosos yacimientos de petróleo que se iban descubriendo en su geografía. En ese contexto, la adolescente Diana Gutiérrez, hija de un arribista llegado a la capital trass participar en la "Revolución Liberal Restauradora" (sic) que había llevado al poder al general Castro, y luego a Gómez, y de una joven de buena familia caraqueña venida a menos, descubre que ha heredado de su padre la hematofagia, una terrible sed de sangre, aunque aún no evolucionada hasta el vampirismo... de momento.

Podemos decir que la novela discurre en diferentes niveles, que se entrecuzan: por una parte, la trama o peripecia en sí misma, la historia de la joven Diana, que al dejar la niñez se ve impelida por las ambiciones familiares y las convenciones sociales a buscar marido, comportándose como una recatada señorita casadera, al tiempo que debe asumir -y controlar- su condición de hematófaga, de mujer aviesa y rendida a los instintos animales... una "malasangre", que dice su madre. Mientras que la aaspiración de Diana es abrirse a las posibilidades que ofrece a las mujeres un mundo en proceso de cambio hacia la modernidad (posibilidades entonces bastante relativas, ya lo sabemos, pero al menos diferentes del tradicional papel que tenían reservado como esposas, madres y objeto de cambio para los intereses masculinos).

Por otro lado, encontramos la trama histórico-política en la que se ve envuelta nuestra protagonista, de ella, junto con una ambientación que cabe suponer apropiada, me parece destacable la claridad con que la autora explica las coyunturas política, social y económica de la época, algo a lo que, en un principio, supongo ajena a la mayoría de lectores no venezolanos. Cierto es que quizás la atención que le presta a esta faceta de la novela haga decaer un tanto el aspecto  más "gótico" de la narración (no olvidemos que, después de todo, se trata de una historia de vampiros... perdón, de hematófagos), pero ello también le permite entroncar Malasangre, o eso creo yo, con el ya clásico subgénero latinoamericano de "novelas de dictadores", con cierta conexión, puesto que la protagonista es también una mujer que cuenta las vicisitudes de su juventud, con La fiesta del chivo, de Vargas Llosa.

A un nivel más simbólico, hay una evidente analogía, reiterada a lo largo de la novela, entre el ansia por la sangre y el deseo (llegando al desenfreno) sexual, más aún cuando el descubrimiento de ambas circunstancias le sobreviene a Diana al poco de comenzar su pubertad. Ahora bien, el vampirismo supondría un paso más allá: la asunción de su naturaleza lúbrica, incluso bestial, por parte de la persona afectada; en el caso de las mujeres, la elección de una vida "indecente", "torcida", "viciosa"... es decir, convertirse en una malasangre. De un modo más general, también se vería como tales a las mujeres que querían liberarse de las ataduras de la sociedad tradicional: las sufragistas, feministas, contestatarias... Con otro sentido simbólico, aunque de una forma menos evidente, el vampirismo también se podría considerar aquí una alusión a la extracción de la riqueza petrolífera del país por parte de los extranjeros, y de la riqueza en general por la oligarquía política y financiera, tanto la de toda la vida, el "dinero viejo", como la de los "chácharos" que medraban con los gobiernos de Castro y Gómez.

En suma, la novela toca y trata varios temas, quizá hasta en demasía para su no excesiva extensión; tal vez también, y como ya he señalado, eso vaya en detrimento de la vertiente más gótica, más propia de una historia de terror; pero aunque no sea tal, sensu stricto, sí que se puede considerar una variación interesante del género, refrescante, incluso (si es que se puede utilizar tal adjetivo, en este caso). Sobre todo, y de cualquier manera, se trata de una novela no sólo apreciable, sino recomendable, que, presumo, es además de las que dejan poso en la memoria lectora. Y que espero no sea la última de esta apreciable escritora venezolana, aunque el listón se lo ha puesto ella misma bastante alto. Aguardaremos a ver si lo supera...

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Charles Bukowski: La senda del perdedor

Idioma original: Inglés
Título original: Ham on Rye
Traducción: Jorge Berlanga
                           Ernesto Giménez-Caballero
Año de publicación: 1982
Valoración: Recomendable

Releer La senda del perdedor me deja un mejor sabor de boca que hacer lo propio con las otras cuatro novelas dedicadas al álter ego de Charles Bukowski. A fin de cuentas, esta obra es mucho más variada que el resto de entregas de la saga.

Narra la infancia, adolescencia y juventud de Henry («Hank») Chinaski. Aborda multitud de temas: la pobreza, el mito del Sueño Americano, la violencia, los abusos domésticos, la crueldad, el alcohol en tanto que válvula de escape, la sexualidad precoz y el desencanto por la vida. Como telón de fondo tenemos la Gran Depresión primero y la participación de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial después.

Llegados a este punto, querría destacar los apartados que más me han gustado de La senda del perdedor.

  • Su estilo. Es austero (salvo por algún alarde poético), pero funciona de maravilla.
  • Su humor. Ácido y mordaz a la par que fruto del nihilismo más profundo.  
  • Sus reflexiones. Para muestra, un botón: «Todo lo que necesitaba una persona era una oportunidad. Siempre había alguien controlando quién podía tener una oportunidad y quién no.»
  • El narrador. Es un "underdog" que siempre quiere tener la última palabra, pero se le cuestiona diegéticamente. 
  • El padre. Personaje muy humano retratado con sus contradicciones. Es una caricatura del norteamericano de clase baja que, según la famosa cita, se ve a sí mismo como un multimillonario temporalmente avergonzado. Pobre diablo. 
  • Ciertas escenas, bien descritas y bastante memorables.
  • Los guiños que Bukowski hace a su admirado John Fante. 

Por otro lado, me gustaría resaltar los aspectos más flojos de esta obra.

  • Su estructura un tanto deslavazada. 
  • La repetición estéril de situaciones que involucran peleas, masturbación o alcohol. 
  • Su prosa. Ya he dicho que el estilo me gusta, pero la prosa es algo burda. La transición de un párrafo a otro no siempre fluye orgánicamente. También hay frases cuya formulación no tiene sentido. Por ejemplo: «Al día siguiente (...) busqué un gran cuaderno que destinaba para las tareas del instituto. Estaba en blanco.» O: «Ya no temía en absoluto a la aguja. Además, nunca la había temido.» Aunque le daremos el beneficio de la duda a Bukowski y asumiremos que están mal traducidas.

Porque la traducción de esta edición es pésima. No sólo repite palabras innecesariamente, sino que siente un apego excesivo por el idioma original del texto. Así pues, nos obsequia constantemente con anglicismos: juramentos, interjecciones y estructuras lingüísticas propias de la jerga norteamericana.

En definitiva, La senda del perdedor es una novela recomendable, pese a no ser redonda. Sobre todo si eres un adolescente, ya que conseguirás empatizar fácilmente con su protagonista y su mensaje. Ojalá el resto de la saga de Henry Chinaski hubiera mantenido el nivel de esta primera entrega. 


 También de Charles Bukowski en ULAD: Aquí

sábado, 30 de noviembre de 2019

Maria Climent: Gina

Idioma original: catalán/castellano
Título original: Gina
Año de publicación: 2019
Valoración: recomendable

Las experiencias vitales a menudo son fuente y origen de historias noveladas. A veces se convierten en autoficción y a veces sirven únicamente de estímulo para escribir una novela donde esos apuntes biográficos son mínimos. En el libro que nos ocupa, Maria Climent, tras su paso por el mundo de la traducción y escritura de artículos en medios culturales, irrumpe en el género de la novela tomando algunas muestras de su vida y construyendo una historia que va mucho más allá de su propia experiencia. Así pues, hay algo de realidad en la historia, pero solo son breves pinceladas que permiten a la autora, en primer lugar, conocer de manera firme el terreno que pisa y, en segundo lugar, hablar sobre aquellos temas que inciden de manera evidente en la construcción de una vida.

Estructurada en tres momentos temporales diferentes, infancia, postadolescencia y madurez, en este breve libro la autora traza un marco vital de evolución y construcción personal, elaborando así un bildungsroman donde las tres partes convergen para completar un recorrido perfectamente equilibrado, respectando el orden cronológico en cada una de sus partes. De esta manera, la narración nos traslada a diferentes momentos de la vida para tratar, a partir de ellas, diferentes experiencias e inquietudes.

El inicio de la novela nos sitúa a Gina, protagonista absoluta de la historia, quien vuelve a su lugar de infancia, en un pueblo pequeño de la zona del Delta del Ebro. En ese retorno a su tierra, y recordando su época de niñez en ella, la autora muestra ya de entrada un estilo narrativo muy cercano, fácilmente identificable por cualquier lector que haya pasado una temporada en un pueblo pequeño lejos de la hiperpoblada urbe. Se nota en ese estilo tan próximo, que la autora conoce de primera mano aquello que narra, pues el retrato que hace de la gente del pueblo exuda una genuinidad y realidad casi palpable; uno se reconoce fácilmente en esas primeras páginas donde la autora, con un estilo cercano y coloquial, sitúa al lector en ese pueblo costero. En ese inicio que rememora el pasado, Gina recupera aquellos recuerdos de un pasado envuelto de añoranza, pero también de melancolía y su estancia sirve de hilo conductor para recorrer su trayecto vital.

Con un estilo próximo y honesto, la autora sabe transmitir esa ilusión de la infancia, donde todo está por descubrir y el mundo se abre ante nosotros como una sorpresa continua, pero también sabe retratar las dudas propias de esa época en la que llegamos a la mayoría de edad sin saber muy bien cómo y donde el futuro está cargado de dudas y el presente de inseguridades. Así, a lo largo de la narración, la autora sabe describir perfectamente ese tránsito que va de la infancia a la edad adulta, pasando por la postadolescencia; un trayecto vital cargado de ilusiones, temores, primeros trabajos y amores, fugaces algunos, más estables otros. Uno avanza por las páginas reviviendo a la vez su propia vida, porque el estilo con el que la autora lo cuenta es como si lo hiciera una amiga, o incluso uno mismo desde su yo de antaño.

Tal es así, que, a lo largo de la narración, se hace patente que Maria Climent se desenvuelve perfectamente en diferentes registros y prueba de ello es observar cómo su narración varía levemente a lo largo del relato, cambiando de tono, aunque manteniendo el estilo consiguiendo de esta manera adaptar la voz narrativa a la edad narrada y ese es uno de los principales logros de la autora. Así podemos ponernos fácilmente en la piel de la Gina preadolescente, pero también en la visión postadolescente a los veinte años y en su edad actual, siempre manteniendo la calidad narrativa con una elección precisa y delicada de las palabras, sin forzar el lenguaje, transmitiendo proximidad y calidez.

Pero esa calidez, acompañada de la inevitable candidez adolescente cambia totalmente de registro hacia la mitad del libro, y la historia cambia de tono cuando la vida se le tuerce y es entonces cuando la vida alegre de Gina se mueve en terrenos más tristes. Y es en esos terrenos donde, al dejar de lado la vis más cómica o alegre de la narración, la prosa de María Climent sobresale, y lo hace de manera magistral, porque es cuando la autora trata sobre la tristeza y el dolor, donde deja salir todo aquello contenido y habla desde la profundidad de quien lo siente propio, de quien en en alguna ocasión ha sufrido en sus propias carnes ese estado de abatimiento que no deja moverte ni respirar, viviendo como «vistiendo con una manta mojada» y afirmar, de manera completamente honesta, que «a la tristeza no tienes que entregarle la vida entera, solo hacerle un lugar en todos los espacios de la casa, como a uno más de la familia». La emotividad y profundidad que destila el texto genera una empatía directa con Gina, y su narración nos pone en su piel y nos hace reflexionar, no únicamente sobre lo que le ocurre, sino también a encontrar en ella aquellos episodios vividos en nuestra propia experiencia. El texto sirve como espejo, de nuestra vida y nuestros sentimientos, y el estilo en el que está narrado nos invita a una proximidad anímica que redondea un relato que se muestra real, certero y totalmente reconocible.

En esta novela cálida y sensible, la autora nos habla de la enfermedad, de ilusiones, de amor, de tristeza, de esperanza, de maternidad... y lo hace sin acercarse demasiado al drama, sino desde la vitalidad y una mirada que no causa desasosiego en el lector sino esperanza y luz al final del túnel que a menudo viene envuelta de un círculo pequeño de grandes amistades. Amistades como Franziska, que ejerce de voz de la consciencia luchadora desde su apoyo psicológico, o Elizabeth, desde su madurez vital, la voz de la experiencia que se viste de anhelo, por idolatría, por querer convertirse en alguien como ella. Con todos estos mimbres Maria Climent construye un bildungsroman que parte de la deconstrucción para su posterior recomposición. Una recomposición que atañe a una vida, pero también a uno mismo y, partiendo del desespero, inunda el relato de una esperanza obtenida a través de muchos tropiezos, pero evitando el definitivo.

Habrá quien piense que la autora arriesga poco en esta novela, pues la historia no tiene un planteamiento excesivamente innovador o rompedor, pero en este caso no le es necesario para lo que pretende explicar, pues su contundencia viene precisamente de tratar una vida corriente, como podría ser la de cualquiera de nosotros. De esta manera, la potencia de este relato reside en aquellas reflexiones que va dejando mientras avanzamos en la vida de Gina, porque más que la historia en sí, es la intensidad de la certeza en aquello que afirma, en la realidad que desborda en sus intentos de comprender una vida que no sabe cómo encajar. Y es en ese perpetuo y continuo estado de reflexión, donde el estilo de la autora rebosa de sentimiento, sin caer en ningún momento en algo lacrimógeno o sentimentaloide, sino en una sensación íntima de saber que aquello que narra es cierto, haciendo totalmente creíble ese estado de ánimo que parece desmoronarse por momentos, pero que, por las amistades o incluso por ella misma, siempre acaba encontrando un punto de agarre, no para aferrarse al presente, sino para coger impulso hacia un futuro mejor.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Dorothy Scarborough: El viento

Idioma original: Inglés
Título original: The Wind
Traducción: Sara Álvarez Pérez
Año de publicación: 1925
Valoración: Recomendable
Nivel de "spoilers" de la reseña: Alto

Publicada originalmente de forma anónima, El viento es una novela sureña de principios de siglo XX a la que hay que reivindicar. En primer lugar, porque es una mezcla de literatura gótica y "western". También porque presenta, desde un enfoque pionero, una suerte de subtexto feminista. Y, sobre todo, porque es una delicia en lo que a fondo y forma respecta. Dicho lo cual, resulta cuanto menos curioso que esta obra de Dorothy Scarborough haya permanecido inédita en España hasta ahora. 

Letty, una joven huérfana obligada a dejar su casa en Virginia, se va a vivir a Texas con su primo. Las penalidades que allí experimentará le arruinarán la infancia. Y el viento... Para Letty, el viento es lo peor. No la pobreza o la soledad. No su vulnerabilidad y su dependencia. No la angustia de saber que, por su culpa, se han enfrentado personas que se conocen desde hace mucho tiempo. No la sequía, el hambre, la arena. No un matrimonio sin amor. El viento. El viento es lo que enloquecerá a nuestra desdichada protagonista.

A mi juicio, estos son los apartados más conseguidos de El viento:

  • Sus temas y la sutileza con que han sido expuestos. 
  • La voz narrativa, capaz de acercarnos íntimamente a la protagonista de la historia sin tener que mimetizarse del todo con ella. 
  • Letty. Queda perfectamente definida su personalidad, así como la transición que experimenta tras su llegada a Texas.
  • La densidad psicológica de varios personajes. Mención especial para Letty y la mujer de su primo, Cora. 
  • Algunas de sus escenas, memorables y capaces de transmitir angustia, tensión o auténtico pavor según se tercie. 
  • Sus pertinentes contrastes. Se superponen constantemente el pasado con el presente, la dureza del paisaje y los elementos del Oeste con la plácida naturaleza de Virginia, las diferencias existentes entre los habitantes de uno y otro lugar... 
  • La crítica social que transmite. A fin de cuentas, Scarborough reprocha la dependencia a la que se condenaba al sexo femenino en su época.
  • El acertado uso del viento como antagonista, transfigurado en un «semental satánico» al que el hombre no puede vencer.
  • Sus reminiscencias a las novelas inglesas decimonónicas (tono agridulce, heroína ingenua, matrimonio prematuro, insinuación de fuerzas sobrenaturales...).

Por otro lado, mis quejas son las siguientes:

  • El desarrollo de Sourdough no me parece orgánico. Su socio se casa con la chica de la que ambos están enamorados y al principio parece que eso le afecta, ¿pero luego se le pasa? Ya puestos, este personaje se ausenta en las últimas páginas de la historia, pues Scarborough es incapaz de cerrar su conflicto. Mal, muy mal.
  • Celebro que el final de El viento sea menos previsible de lo que podría haber sido (logró darle una dimensión inesperada a Wirt Roddy, por ejemplo). Sin embargo, dejó cosas en el aire.  
  • En cuanto a esta edición de errata naturae, destacar que hay tramos en los que la traducción de Sara Álvarez Pérez se siente poco pulida. Especialmente en esos pasajes en los que hay que sobreentender quién dice o hace algo.

No creo que haga falta entrar más en materia. Sólo afirmar que, para mí, esta es una obra recomendable. Pese a sus defectillos, está escrita con una técnica incuestionable, exprime con bastante acierto sus limitados elementos (personajes, escenario y "leimotiv" narrativo) y tiene un trasfondo de crítica social bien encauzado.

El viento fue adaptada por Víctor Sjöström al cine mudo en 1928. El desenlace de la película tuvo que ser cambiado, pues el público lo consideró demasiado trágico. Sin comentarios...