Mostrando entradas con la etiqueta escritores e ilustradores españoles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escritores e ilustradores españoles. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de junio de 2019

Magius: El método Gemini


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable

Decía Leonardo Sciascia que la mafia es “una asociación criminal con fines de lucro ilícito que se interpone parasitariamente y con medios violentos entre la propiedad y el trabajo, entre la producción y el consumo, entre el ciudadano y el Estado”. De este asunto, el escritor siciliano sabía bastante, al igual que el napolitano Roberto Saviano, que advierte que el cine de Coppola o de Scorsese han ofrecido un relato edulcorado, abrillantado, de este tipo de criminales. ¿Qué empuja al cerebro de un dibujante murciano a meterse en el empeño de querer contar de manera fidedigna la trayectoria de un mafioso neoyokino de siglo pasado? Misterio. Por supuesto desconozco la explicación, pero desde luego reconozco que El método Gemini me ha sorprendido y me ha fascinado.

De acuerdo que el islote de Manhathan y sus aledaños sea quizás el milímetro cuadrado más mitificado del mapamundi y que sus calles, sus edificios, sus barrios, las escaleras, andenes y el plano del metro, sus avenidas, puentes y muelles formen parte de la tarjeta gráfica que llevamos incorporada. Pero que alguien que jamás ha puesto allí los pies le dedique un cómic a esas calles y a los tipos que las infestan y lo haga de manera pulcra, mordaz, veraz y atractiva a mí me resulta definitivamente meritorio. Es así en el caso de Magius, el nombre que Diego Corbalán (Murcia, 1981) tomó prestado del monje miniaturista del siglo X para firmar sus ilustraciones y cómics, género en el que se inició a través de fanzines de black metal a los que siguieron álbumes como Murcia, una corrosiva y desternillante visión de la séptima ciudad más poblada de España en la que el autor insistía en su predilección por diseccionar sociedades y grupos cerrados, secretos, sus formas y rituales y su manera de alcanzar y gestionar el poder y el dominio por la fuerza.

Con estos antecedentes, supongo que poner en el punto de mira el barrio de Canarsie, en Brooklyn, y la vida de Roy Albert deMeo (1942 / 1983) ya puede ser considerado más fácil de entender. El tipo en cuestión, para la ocasión rebautizado como Mickey DioGuardi, tuvo una exitosa trayectoria criminal; en sus inicios trabajó como banquero y a su olfato para invertir en nuevas posibilidades de negocio agregó una genuina falta de escrúpulos así como grandes dosis de crueldad y ambición para labrarse un venturoso porvenir que le llevo a ser captado y promovido por las estructuras mafioso/criminales que dominaban algunos de los sectores más lucrativos de Nueva York. El tipo en cuestión hizo carrera con la sede central de su organización radicada en un bar de su barrio, el Gemini Lounge, dedicada a todo tipo de trapicheos y delitos, como el robo, desguace y exportación de automóviles de lujo, muy en la línea que explicaba Leonardo Scaiscia. Allí puso en marcha y desarrolló hasta la excelencia el que fue conocido como método Gemini, una discreta y eficiente manera de asesinar y hacer desaparecer cadáveres, se calcula que al menos un par de centenares, gracias al aprendizaje en su adolescencia del oficio de carnicero y de la técnica para descuartizar animales.

Pero El método Gemini no cae en el error que señalaba Roberto Saviano porque transmite una sensación pegajosa e incómoda de vísceralidad, de violencia cruda y sistemática, de oportunismo sin escrúpulos y obsesión por el dominio, del lucro por sometimiento y de la ramplonería del poder, de la ostentación de la bestialidad y del orgullo por vínculo de sumisión, de lo miserable de las jerarquías autoritarias y el brillo de la ostentación hortera. Lo hace a través de un dibujo pulcro y depurado pero, especialmente, a través de la opción por los colores primarios –rojo, azul, amarillo- que confieren al relato una atmósfera algo así como delirante, alucinada. Como contrapunto, los diálogos, directos y punzantes, y el desarrollo cerrado de escenas como secuencias narrativas, van aportando matices, detalles, contexto, que dotan a la narración de ritmo, elocuencia e interés. A mí, que tampoco he puesto jamás los pies ni en la Gran Manzana ni aledaños, la novela de Genius me lo ha hecho pasar en grande.




domingo, 17 de marzo de 2019

Jesús Marchamalo & Marc Torices: Cortázar


Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable

Nunca he sido un acérrimo "cortazariano", pero la reseña a veinte manos (bueno, a decir verdad, diecinueve, que yo estuve al mismo tiempo comiendo doritos) que nos marcamos recientemente me creó alguna curiosidad por conocer más cosas del célebre autor del cuento, aparte de lo que cualquiera con cierta culturilla general podría saber (escribió Rayuela, nacido en Bélgica, vivió en Francia, enterrado en el cementerio de Montparnasse... bueno, vale, para esto último hay que ser un poco biblionecrófilo, lo admito). pero vamos, ni ganas de meterme una biografía de esas tochacas con estudios filológicos comparatistas de todas las obras de este insigne escritor y tal y cual...; por fortuna para  los holgazanes lectores inquietos como yo, vivimos en la época dorada de los tebeos para adultos gafapastas las novelas gráficas. Así que una de éstas, de título inequívoco y estupenda por lo demás, es la que hoy ocupa esta reseña.

El libro -en puridad, tampoco sería correcto llamarle "novela", aunque sí "gráfica, claro-, también es una biografía, sólo que mucho más ligera y amena que lo que suele ocurrir al uso. Pero, en general, sigue el habitual hilo temporal de nacimiento-infancia-juventud-etc... hasta el fallecimiento de Cortázar. Hilo roto, de vez en cuando, por anécdotas o peculiaridades diversas del escritor; sin llegar a calificarlos de "interludios líricos" o "poéticos", sí es cierto que estos pequeños episodios, amén de proporcionarnos una visión más completa de la personalidad y circunstancias del biografiado, aportan al conjunto un toque entrañable, a la par que fresco. La narración, en todo caso, toca todos los momentos en principio fundamentales de la vida del escritor: su niñez, con su padre ausente, el comienzo de la fascinación por los libros, sus trabajos como profesor y traductor, sus primeros escarceos literarios, el traslado a París, sus relaciones amorosas, sus viajes, el reconocimiento de su obra, su posicionamiento político a favor de la Revolución cubana... (*) Como os podéis suponer, especial ilusión me ha hecho ver reflejado el momento en el que, en 1946, el propio Borges recibió y decidió publicar en la revista Los Anales de Buenos Aires el cuento Casa tomada.


En suma, que la trayectoria, tanto vital como literaria de Julio Cortázar se ve explicada y representada a la perfección en este libro, con la fundamental ayuda, además, de un grafismo sencillo pero muy efectivo, que oscila entre cierta ingenuidad y un toque onírico de lo más adecuado. Ahora bien, por poner algún pero (que no todo va a ser néctar y pétalos de flores), he de señalar que, a pesar de esta minuciosidad de la narración y del recurso al anecdotario cortazaresco que he mencionado antes, la figura del escritor queda envuelta en un aire, no de frialdad, pero sí de cierta reserva, se le ve siempre un tanto distante, como si los autores del libro no hubiesen sido capaces de traspasar una capa protectora, una burbuja de timidez y soledad en la que se refugiase el biografiado (no descarto, por supuesto, que Cortázar fuera así de verdad, que no lo sé).

Aún así, que no lo dude nadie: esta es una lectura de lo más recomendable, que además cumple con una función importante: que te entren ganas de leer más cosas del autor de Rayuela. No es poco, eso...

(*)Hace poco leí, por cierto, un emocionante párrafo de un libro de Bioy Casares acerca del fallecimiento de Cortázar, en el que le manifestaba gran aprecio y consideraba que siempre habían sido amigos, a pesar de no compartir ideas políticas. Un gran ejemplo.


sábado, 9 de marzo de 2019

Andrés G. Leiva; Uno de esos días


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Está muy bien

La vida en el extrarradio urbano nunca ha sido un camino de rosas. Ni ahora ni hace cuarenta años. Para quien encaró la década de los 80 con el rostro lleno de espinillas y la cabeza repleta de dudas -integrando por tanto aquella generosa hornada de españolitos que irrumpió en el planeta Tierra como parte del baby boom- criarse en uno de esos barrios de bloques de viviendas clonadas (ladrillo rojo, toldos verdes, grúas, descampados y polvorientos barrizales)  la experiencia del tránsito de la infancia hacía… lo que fuese… era adolecer –o sea, carecer- de casi todo Esencialmente de experiencia y sentido común. La constatación está en el prólogo, y en las más de cien páginas que le prosiguen, de Uno de esos días, la más reciente historieta publicada de Andrés G. Leiva (Córdoba, Andalucía, 1969).

Uno de esos días nos retrotrae a un sábado cualquiera de un mes de octubre cualquier como el de 1982. Nada en especial puesto que el televisivo y apocalíptico doctor Jiménez del Oso tenía vaticinado una más de las acongojantes e irreversibles debacles planetarias, coincidiendo con la retransmisión de un Atlético de Madrid vs FC Barcelona del campeonato nacional de Liga. Y lo hace, por cierto, al recuperar el autor una pequeña caja de cartón de casa de sus padres con una serie de objetos personales que desatan la narración; la taza de Naranjito, el tubo de pegamento Imedio, el casete de Leño en directo…, en una ingeniosa puesta en escena donde al presente le corresponde el blanco y negro y al pasado el color. Una paleta cromática que es, quizás, uno de los grandes atractivos de esta novela gráfica, pues el tratamiento de acuarela presta calidez y textura al relato, con algunas viñetas especialmente memorables, como esos oscuros cielos violetas sobre el barrio, punteados por el tenue amarillo de las farolas o de alguna habitación insomne.
En aquel tiempo en que las dos superpotencias andaban empeñadas en exhibir el tamaño de sus arsenales atómicos y en el que la presencia de ovnis era de una cotidianeidad normalizada, adolecer y crecer en el extrarradio podía no ser apenas un ejercicio de coctelería hormonal  sino también una experiencia vital dominada por la indigencia emocional y sentimental, en la que el trato con los demás se reducía apenas a una mezcla de desprecio y collejas, de sentido del ridículo y de percepción absoluta del ninguneo. De esa aridez con la que se tratan hermanos, compañeros, vecinos, da buena cuenta esa viñeta de la madre, absorta en su ventana acariciando el deseo de abandonar, de huir. O la sempiterna amenaza de los del barrio de al lado; siempre hay alguien más lumpen, más rudo, más mayor, incordiando, amenazando. Uno de esos días traza el recuerdo de esos adolescentes, esas personitas frágiles y vulnerables, aisladas en su incapacidad para sobreponerse a las carencias, temores, prejuicios e ignorancias, armadas apenas con la imaginación, la curiosidad o la cabezonería. Y con el deseo, materializado aunque sea en el fugaz roce de la mano de quien te atrae. Uno de esos días.

viernes, 8 de febrero de 2019

Marta Alonso Berná: Bárbara Maravilla


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable

Una anodina oficinista transformada en arrebatador objeto de deseo para el varón más influyente que se le acerque a menos de cincuenta metros. La fortuita combinación de bebida energética más compresa con alas más interruptor de microondas en la estructura química personal de la protagonista desencadena una reacción molecular única hasta hoy en la especie humana y el sistema linfático de Bárbara Maravilla experimenta una mutagénesis de traca. Igual les recuerda al argumento de algún superhéroe con capa y flequillo o también al erotismo desatado de Milo Manara, pero el explosivo arranque mutante de la nueva novela gráfica de Marta Alonso Berná consigue mantener su onda expansiva de desparpajo, lascivia y lucidez a lo largo de las más de ciento cincuenta páginas en que se prolonga esta magnífica historieta.

Por supuesto, el argumento es completamente disparatado. Pero funciona. La trama es un continuo de giros inesperados, donde caben tiernas carantoñas y ácidos comentarios, estampas cotidianas y escenas que las personas corrientes imaginamos a los dueños de este cotarro. Bárbara Maravilla es un personaje entrañable y precioso, cotidiano y fantástico, familiar y sensual, cabal y salvaje, y es precisamente esa mejunje de sensaciones y de capas de significados y de argumentos narrativos uno de los motivos que hace de su lectura un ejercicio muy recomendable. 

En Bárbara Maravilla caben asuntos como la inagotable sed de beneficios de la industria farmacéutica, las ayudas al desarrollo para los países pobres o las organizaciones secretas en las que las grandes fortunas manejan los hilos del planeta pero también lo conveniente de que al órgano sexual femenino se le rinda el respeto que merece o de sacudirse la perspectiva paternalista o el poso colonial. 



Bárbara Maravilla es un personaje liberado y sexy pero mantiene gracias al dibujo naturalista y a los colores suaves que la envuelven una personalidad cercana, cotidiana. No se trata del prototipo de mujer híper atractiva, ceñida, brillante, misteriosa, con curvas de vértigo a la que nos tiene acostumbrado el imaginario tradicional al respecto. En su cuerpo apreciamos lorzas, su rostro es común, sus rasgos corrientes, nada excepcionales. Al contrario, ha visitado al psicólogo cada semana durante años y sus anhelos, miedos y reacciones están en la media. Y. sin embargo, las escenas más tórridas, los revolcones de deseo y frenesí, están plasmados con una sencillez y convicción sorprendentes, resultando asimismo una verdadera delicia los momentos post-orgasmo. Algunas escenas resultan memorables, como la irrupción de hordas de bebés en una sesión del Europarlamento, la entrada de la protagonista en la estancia donde se encuentran reunidos los líderes del G7 o la desesperada lucha del presidente ruso abatido por la ausencia de su amada. Y personajes secundarios como el policía Sanchidrán o el cura misionero Juan de Dios aportan a la historieta matices y perspectivas cándidos, cómplices y enriquecedores.



Marta Alonso Berná (Barcelona, 1971) se licenció en Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid y completó su formación en la Universität der Kunstë (UDK) en Berlín  y en la UIB de Palma, donde realizó un master de animación por ordenador. Ha desarrollado diversos proyectos fotográficos y en 2013 publicó Recuerdos de perrito de mierda, su primer cómic, donde con abundante ternura y humor contaba la vida y sucesos de María Fuencisla, una filósofa que enviudó trágicamente aunque nunca dejó de estar bien arropada por su incondicional grupo de amigas. Y por un caniche ineludible que siempre encuentra hueco en los cómics de la autora.

domingo, 15 de abril de 2018

Zoom: Snowhite de Ana Juan

Idioma original: español
Año de publicación: 2001
Valoración: recomendable

Hace ya tiempo, al menos una década, que en España ha proliferado la aparición de libros cuidadosamente encuadernados y, sobre todo, magníficamente ilustrados; se trata tanto de reediciones de clásicos como de obras nuevas cuyo texto puede debe ese incluso a la misma mano ilustradora (caso de Vida de las paredes, por ejemplo). Esta tendencia, que espero se haya convertido ya en algo permanente, se debe en gran medida a la labor de editoriales independientes, como Nørdica o El reino de Cordelia, aunque también se han sumado otras encuadradas en grandes grupos, como la histórica Lumen. Ahora bien, esto ocurre hoy en día , en el año 2018 (me permito un aparte: asusta pensar que estamos sólo a un año de aquél en el que se desarrolla Blade Runner... me refiero a la peli original, la buena), pero allá por el año 2001 no constituía aún una "tendencia editorial". De ahí el interés, además de por su valor intrínseco, claro está. que tiene este relato escrito e ilustrado por la archireconocida Ana Juan.

Más aún porque el relato, más propiamente esta vez, el cuento que ocupa este libro, es una reelaboración del celebérrimo Blancanieves, uno de los pilares de la tradición literaria occidental, junto con otros cuentos supuestamente infantiles, la Biblia y alguna que otra cosilla más...); reelaboraciones que al comenzar este siglo tampoco se estilaban tanto como ahora, tras la estupenda película (hoy toca cine...) El secreto de los hermanos Grimm y otras que le han ido a la zaga: Hansel y Gretel, cazadores de brujas, Maléfica o, precisamente, Blancanieves y la leyenda del cazador... Claro que la interpretación que hace Ana Juan del cuento dista bastante de la mera sofisticación escénica e indumentaria  y no digamos del steampunk que podemos encontrar en  las películas citadas; en este caso, la autora ha situado a sus personajes en una mansión de algún lugar de Inglaterra, en el período de entreguerras: Snowhite es la hija de Lord Hawthorn -el nombre tampoco parece casual-, que tras las consecutivas muertes de madre y padre, se ve a merced de la consabida y vanidosa madrastra, con su espejito, etc... Quien ordena que la joven sea abandonada en el bosque y todo lo demás... (ahora que lo pienso, supongo que no le estoy haciendo spoiler a nadie... ¿O SÍ?). 

Pero resulta que el bosque aquí no es tal, sino una metáfora para definir el mundo exterior a la mansión, a la burbuja -aunque tampoco en el mejor sentido del término- en el que hasta ese momento había vivido la joven, perdida ahora en una sociedad dura, cruel e incluso depravada, en la que Snowhite debe ganarse el pan trabajando en la taberna" Lilly & Putt", de los hermanos Dimes. Va quedando claro que esto no es una versión para niños de la historia: Ana Juan aprieta un poco más las tuercas a sus personajes y no les ahorra ni violencia -empezando por la sexual-, ni conocer la droga o las perversiones... Tampoco una sutil ironía, que se refleja en las alusiones a otras obras literariaas (el evidente Gulliver, pero también el aire dickensiano de toda la historia) o pictóricas (para empezar, el expresionismo en blanco y negro de las ilustraciones, pero también algún momento "bosquiano" a costa de los enanos Dimes).

Y aquí llegamos, por fin (ya acabo), a la parte gráfica del libro... He de decir que a mí, en principio, no me entusiasma el estilo de Ana Juan, mórbido y redondeado, aunque es cierto que sus ilustraciones suelen encerrar más contenido del que se ve a simple vista y merecen una contemplación detenida. En este caso, además, las láminas en blanco, negro y grises se ven  complementadas con pequeñas figurillas silueteadas en negro. Ilustraciones todas muy a tener en cuenta, además, porque en este libro no son un mero reflejo de lo escrito, sino que  forman parte de la narración. Ilustraciones que van desde lo humorístico a lo terrorífico, de lo costumbrista a lo irónica y morbosamente erótico... En fin, un libro que, pese a su brevedad, merece sumergirse en él y explorar algunos aspectos turbios, pero fascinantes, de los cuentos que les contamos a nuestros hijos... y sobre todo a nuestras hijas. Quizás deberíamos contarles la versión de Ana Juan, para que vayan prevenidas, no sé.






viernes, 26 de enero de 2018

3x1: Museos, Historietas Y Viceversa


A estas alturas, creo que todos convendremos en considerar al cómic -llamémosle tebeo, BD o fumetti- como una más de las artes -¿la octava, quizá?- o, cuando menos, una afortunada combinación entre dos de ellas. En todo caso, quienes sí parecen tenerlo claro son algunos de los más importantes museos del mundo; no sólo porque en ellos se programen exposiciones sobre este género (como la que ahora mismo hay en el Reina Sofía de Madrid dedicada a George Herriman, creador de Krazy Kat), sino porque algunos incluso han decidido implementar joint-ventures editoriales para optimizar la sinergia resultante de esta suerte de coworking artístico-conceptual (vale, pido perdón por la gilipollez de esta frase, pero no me he podido resistir...); es decir, en plata: que ciertos museos han comenzado a publicar cómics, de reputados autores, eso sí, relacionados precisamente con su actividad museística o alguna de las obras que en ellos se exponen.


Autor: Nicolas de Crécy
Título: Periodo glacial
Idioma original: francés
Título original: Période Glaciaire
Año de publicación: 2005
Traducción: Ana Millán
Valoración: entre recomendable y está bien


El museo pionero en esta práctica, que yo sepa, fue el del Louvre (cómo no, dada la categoría y respeto que se le concede en Francia a la Bande Dessinée), habiendo participado en esta iniciativa autores tan reconocidos como Enki Bilal o Jiro Taniguchi. O quien abrió en 2005 esta serie de coediciones de cómics relacionados con el museo: el sorprendente y exquisito Nicolas de Crécy, precisamente con este Período glacial, original historia postapocalíptica en la que un grupo de exploradores-antropólogos, ayudados por una especie de híbridos parlantes entre perro y cerdo -como el romántico Hulk-, recorren una Francia convertida en blanquisa en busca de los escasos restos de la civilización actual... ¿Hasta dónde llegarán en su pesquisa? Ya, ya lo sé; no es muy difícil de adivinar... ; )

El resultado es una obra deliciosa y con el peculiar toque lindante con lo surreal que caracteriza a este autor. Como mínimo, una propuesta interesante y recomendable, sobre todo para los amantes del cómic galo.




Autor: Étienne Davodeau
Título: El perro bizco
Idioma original: francés
Título original: Le chien qui louche
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien


El perro bizco, de Étienne Davodeau también pertenece a la serie publicada por las ediciones del Museo del Louvre en colaboración con Futuropolis, aunque en este caso el registro cambia: está ambientada en un prosaico presente y la ironía melancólica del cómic anterior se convierte en un humor mucho más evidente, casi con la tierna socarronería de las películas de Jacques Tati. Aquí el protagonista es Fabien, un vigilante del museo -muy divertida la relación que los celadores mantienen con las obras y con los visitantes que las contemplan- que debe atender a la "sugerencia" de la familia de su novia Mathilde, el irreductible clan Benion, de colgar en el mismísimo Louvre un cuadro horrendo pintado por un antepasado con ínfulas artísticas: "El perro bizco", claro... obra que hace honor a su nombre. El pobre Fabien se ve en un aprieto fácil de imaginar, hasta que recibe una ayuda inesperada, que no desvelaré. Una BD divertida y hasta tierna, aunque no deja una huella demasiado profunda, hay que reconocer...



Título: El perdón y la furia
Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: está bastante bien

Este tercer cómic, sin embargo, está editado por el Museo de Prado, pinacoteca que también se ha sumado a esta práctica editorial, pero relacionándola con exposiciones que se hacen en el Museo (habiendo sido así su primera Historieta publicada El tríptico de los encantados (una pantomima bosquiana), de Max, con motivo de la exposición que celebraba el V centenario de El Bosco). Este otro cómic, El perdón y la furia, está dedicado a José de Ribera y cuenta la historia de un artista llamado Osvaldo González,  obsesionado hasta la locura con la obra de este pintor; en concreto con el conjunto llamado Las furias, encargado por el virrey de Nápoles en 1632, y que él relaciona con el Speculum redemptionis, la Geometría Mágica y otras sesudeces de las que sin duda se han informado bien los autores del libro.  Autores que son, Altarriba y Keko, además de otra historieta, Yo, asesino que comparte con este cómic no sólo una afinidad temática, la relación entre el arte y el crimen -aunque aquí no todo es lo que parece- sino también la misma técnica gráfica, a base de violentos claroscuros, en puro blanco y negro, aderezados tan sólo por la violencia del color rojo.

Los admiradores de esta pareja de guionista-ilustrador no se verán decepcionados, pero para los que no las conozcan, quizás sea mejor empezar a leer otraas obras de Altarriba, como la ya mencionada o la excepcional El arte de volar.


En fin, no sé hasta qué punto esta y otras iniciativas semejantes conseguirán que los no aficionados al género se interesen o simplemente respeten un poco más los cómics. O consigan que quienes no suelen entrar en un museo se acerquen de vez  en cuando a uno. Pero ojalá ocurriera alguna de las dos cosas o ambas. Porque de hecho, no hay por qué elegir entre la "alta cultura" y la cultura popular: una puede disfrutarse tanto como la otra. O viceversa.


Otras obras de Antonio Altarriba y Keko reseñadas en Un libro Al Día: Yo, asesinoEl arte de volar 

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Manolo Carot & Rubén del Rincón: El boxeador

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: entre recomendable y está bien

Para un combate de boxeo, en principio hacen falta dos que peleen. Por tanto, en realidad un combate  es, como mínimo, dos combates distintos, de igual modo que una historia, la que sea, es tantas historias como personajes participan en ella  (recordemos el famoso cuento En el bosque, de Ryunosuke Akutagawa). Vale, ya lo sé: entonces, en el caso del boxeo tampoco habría sólo dos combates, sino tantos como espectadores lo contemplaran, incluido el árbitro... Pues sí, pero para lo que caracteriza este cómic que reseño hoy, no resulta demasiada práctica esa visión. Porque no se trata de un sólo cómic, sino de dos: uno frente a otro, como dos púgiles enfrentados en un cuadrilátero. O un solo cómic, puesto que es un único combate (sí, ya sé que me contradigo...).

En fin, que se decida en el ring: a su derecha, con pelo corto negro, patillorras de bandolero y mucha, pero que mucha mala leche, Rafa "Warmachine", un tipo que no sabe lo que es el miedo, y así le va. Huérfano recogido por una amiga de su padre que regenta un puticlú, busca sus límites, desdeñando incluso sus propias cualidades pugilísticas, porque donde esté un buen guantazo, que se quite la técnica...

A su izquierda, con tupé rubio y rasgos de Adonis, Héctor "el Guapo", formado para atleta olímpico, técnica perfecta, familia adinerada pero con problemas inconfesables. Ninguna derrota en su palmarés.

Dos estilos contrapuestos para dos historias contrapuestas que ya digo bien pueden ser la misma. Dos historias de aprendizaje y de rebeldía, de encontrar el propio hueco en el mundo aunque sea a costa de sacrificar lo que ya se tiene, aun  conseguido con no poco esfuerzo. Dos historias gozosas, al fin y al cabo, incluso para ambos protagonistas, pues ese combate que les enfrenta y hermana, pese al dolor y el esfuerzo, acaba por ser el momento más revelador que vivirán. Junto a ellos, una serie de secundarios en la tradición de las historias de boxeo y también, incluso, del género negro: Lau, el entrenador de vuelta de todo, que les descubre; la femme fatale; la jovencita enamorada; el amigo/rival (un Yazziz que adquiere una importancia fundamental, por otra parte)...

En cuanto a la parte gráfica, señalar que, aunque cada uno de los dibujantes se ha dedicado a uno de los protagonistas -Del Rincón a Rafa, con un estilo más rotundo, Manolo Carot a Héctor, tendiendo más a la abstracción y a cierta delicadeza-, el resultado es suficientemente homogéneo, pero sin resultar plano en absoluto, como para suponer un aliciente más a la hora de leer este cómic; sabiamente entintado en negro y rojo, sin más, obviando los fondos muy detallados -un acierto, sin duda- y dotando a las viñetas de una energía vibrante que, sin duda, merece este combate.

Ahora, a leerlo, antes de que suene la campana...








jueves, 13 de abril de 2017

Rayco Pulido: Lamia

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

En Barcelona, en plena posguerra española, se sucede una serie de enigmáticos crímenes: varios hombres son asesinados en sus propios domicilios, en ausencia de sus familias. En cambio, el marido de Laia, embarazada de siete meses y guionista de un popular consultorio radiofónico lo mismo puede estar muerto que vivo: ha desaparecido sin que nadie pueda dar con una pista al respecto, ni siquiera el detective que su esposa ha contratado, "Herr Doktor" Mauricio, por lo general exitoso gracias a su dominio d ela hipnosis, que le facilita la colaboración y sinceridad de los testigos.

Con estos componentes el autor canario Rayco Pulido va entretejiendo una historia que combina crimen, misterio, sexo, hipocresía y la cutrez (en todos los sentidos) propia de esos malhadados años en que está ambientada. También aparece aquí y con un papel de lo más significativo, otro elemento hoy en día más presente en los medios de comunicación y que por eso tal vez haya quien juzgue su presencia como oportunista: los malos tratos a las mujeres. En mi opinión, sin embargo, este supuesto oportunismo no es tal, puesto que, por un lado, es un factor que tiene no poca importancia en la trama; por otro, nunca está de más que se airee -y denuncie- la perpetración de ese maltrato, aunque sea en una obra de ficción.

Ilustrada con un vigoroso trazo en blanco y negro, aunque eso no es óbice para haga gala de una ambientación cuidada y eficaz, la trama de esta novela gráfica está resuelta de forma sorprendente y satisfactoria (bueno, según para quién), aunque tal vez parezca dejar algún que otro hilo suelto; en realidad, ello se debe al empleo de la elipsis que hace en algún momento el autor, dejando que seamos los lectores quienes intuyamos los detalles que no se nos muestran. En cualquier caso, a mí me resulta un refrescante estímulo que no se nos considere meros espectadores pasivos de la historia, sino más partícipes en ella, con la inteligencia e imaginación suficientes para rellenar los huecos, en vez de limitarnos a abrir un paquete perfectamente cerrado y atado con un lazo.

En resumen, una novela gráfica interesante y ágil cuyo mayor defecto es que se nos puede hacer demasiado corta. Una obra llena de tristeza, insania y violencia para retratar un tiempo y un país en los que sobraban las tres cosas.


miércoles, 18 de mayo de 2016

2 x 1: Santiago García & Luis Bustos : ¡García! 1 y 2

Idioma: español
Años de publicación: 2015 y 2016
Valoración: entre recomendable y está bien

Para ser exactos, esta reseña doble correspondería más bien al formato 1 x 2 (y no hablo de la quiniela), puesto que los dos volúmenes que hasta ahora se han publicado bajo el título de ¡García!, no son independientes el uno del otro, sino la primera y segunda parte de una misma aventura. Supongo que la editorial y los autores han tenido a bien hacerlo así para no publicar un cómic excesivamente "tocho" (nada que objetar por mi parte; simplemente es una advertencia a posibles lectores: hay que empezar por el 1 y luego va el 2).

La(s) historieta(s) tiene(n) por protagonista a una especie de superpoli, una mezcla de James Bond con Batman llamado... ¿a ver sí lo adivinan? ¡Exacto, García! Porque además el tipo es más español que el chocolate con churros o la lotería de Navidad... sólo que un pelín periclitado; García es un superagente del gobiernoi...pero del gobierno franquista y sus aventuras originales -dibujadas aquí de forma muy divertida por el gran Manel Fontdevila- se remontan a cincuenta años atrás, cuando el invicto Caudillo por la Gracia de Dios velaba por el destino de la patria española, ante los insidiosos ataques del bolchevismo internacional y de otros malvados menos clasificables, como el Profesor Nefarius (Neffemberg)... bueno, el Caudillo, a nivel general, porque el que se encargaba de la brega y los mamporros era el incansable García, ayudado por el fiel y joven Jaimito...¿a nadie le suenan estos personajes? ¡Ostras, Pedrín, pues claro! García es una evidente parodia de Roberto Alcázar, que hizo las delicias de la chiquillería durante los plácidos y largos años del anterior régimen político que regía en España (de todos modos, tampoco es la primera vez que se parodian estos legendarios tebeos: Ignacio Vidal-Folch y Miguel Gallardo ya lo hicieron con Roberto España y Manolín).

Tras una presunta traición, hace cosa de medio siglo, el agente García desaparece de escena y permanece hibernando en una cámara secreta construida en el subsuelo del Valle de los Caídos -cómo no-, hasta que por mor de una oscura trama (cuyos detalles no acaban de quedar claros, por cierto), despierta en la época actual y el pobre y despistado García se ve obligado a desenvolverse en un mundo para el que ni sus valores ni sus conocimientos le han preparado... Es verdad que el truquillo de enfrentar a un personaje con los pormenores de una época a la que no pertenece ya lo hemos visto infinidad de veces, sobre todo en películas y series de televisión, pero, qué cosas, sigue funcionando. Y en los dos sentidos: tan divertido resulta ver al "superhéroe" franquista desenvolverse en una fiesta de celebración de un matrimonio gay que el desarrollo de una persecución -muy bien resulta, por cierto- a bordo de... un SEAT 850, automóvil de tecnología punta, para su época.

García, además, no se encuentra solo en estas nuevas aventuras. Junto a él investiga la intrépida aunque novata reportera Antonia, que resulta ser la hija de Jaime Expósito, el otrora ayudante Jaimito y que con los años se ha convertido en una especie de regidor en la sombra de los servicios de inteligencia del Estado. No es algo que contribuya a desenredar el argumento, que se ve un tanto liado entre una oscura historia de venganza, una situación política explosiva, con secuestros de líderes, manifestaciones populistas y cruzados intereses periodísticos (por cierto, no creo que a los lectores españoles les cueste mucho identificar a personajes como la Capìtana o el extremista locutor Aquilino Barea con algunos de nuestra cotidianeidad política), amén de la intervención de enigmáticas fuerzas paramilitares... Ya digo que la cosa no queda muy clara, aunque cabe suponer que la intención de los autores es continuar con tales derroteros en entregas posteriores. Que aquí serán bien recibidas,  por supuesto...

Esta cierta confusión es quizás la mayor pega que se le puede poner a la historia, que en general resulta ágil y dibujada con energía y pericia. Por lo demás, buen cómic y estupenda idea la de recuperar en clave humorística, ciertos elementos icónicos de la cultura popular de otros tiempos no especialmente felices. Siempre que tengamos en cuenta  lo que han representado y aún representan: por ejemplo, el Valle de los Caídos puede ser una magnífica guarida para un epígono del Dr. No, pero no nos olvidemos de quién y cómo lo construyó. Y por orden de quién... que ése daba más miedito que cualquier Dr. No...



jueves, 24 de marzo de 2016

2 x 1: María Gallardo & Miguel Gallardo : María y yo - María cumple 20 años

Idioma: castellano
Año de publicación: 2007 y 2015
Valoración: recomendable

Miguel Gallardo fue en su momento uno de los progenitores del irredento y añorado Makoki, un icono de los procelosos 80. Desde entonces, Gallardo se ha dedicado a proseguir su carrera de dibujante de cómics e ilustrador en general y además, a ejercer de padre, pero en este caso de una persona de carne y hueso, su hija María. Que cuando se publicó el primero de los libros hoy reseñados, tenía once años. ¡Ah, y padecía autismo, antes de que se me olvide!

Vale, era broma: claro está que no se me iba a olvidar. Los dos libros giran, en principio, en torno a esta "peculiaridad" de María, a cómo se relaciona la niña con el resto del mundo y, sobre todo, con su padre. Ambos se refieren a épocas de vacaciones que pasan juntos, puesto que, habitualmente, él vive en Barcelona y su hija en Canarias. En María y yo el destino vacacional es, precisamente, un resort en el sur de Gran Canaria ("The Dorado Beach"), repleto de alemanes colorados como gambas y adictos al buffet libre. Días de playa -a María le encanta jugar con la arena-, piscina, actividades juntos... y tratar de establecer una comunicación entre padre e hija que no siempre resulta fácil -es decir, más allá de lo fácil o difícil que resulta la comunicación habitual entre un padre y una hija o hijo- y en la que tienen un papel inusitado los pellizcos de María, los gritos y las preguntas en bucle... También, no seamos negativos, los muy útiles pictogramas, las imprescindibles rutinas, las recurrentes listas de amigos y familia... y desde luego, el amor, la ternura y la complicidad, las herramientas más eficaces de todas.

Unos años más tarde, con película documental por medio (y muy recomendable; para interesados: aquí), la chiquilla ha crecido, claro, y ya ha pasado hasta la adolescencia, turbulenta como todas, hemos de suponer. María ya tiene 20 años y sigue pasando las vacaciones con su padre, en esta ocasión entre Barcelona y un pueblo de la Costa Brava, pues ya se han cansado de los resorts para guiris con todo incluido. las dinámicas entre padre e hija , y de ésta con el resto del mundo, han cambiado algo, pero no mucho. Siguen los gritos, los temibles pellizcos -no necesariamente a quien no le gusta-, los bucles sin fin... pero también un par de elementos que les ayudan a relacionarse entre sí y, en el caso de María, con sigo misma y sus intereses, más adultos: la música, ecléctica pero siempre absorbente y el dibujo, una actividad nueva para ella , que comparte con Miguel y crea un lazo, un hilo de unión entre ellos que parece mucho más fuerte de lo que podría pensarse a simple vista.

También están los problemas claro. las inevitables miradas de la gente, las dificultades de comunicación en algunos momentos, la eterna preocupación sobre el futuro de María... Pero la impresión que dejan los dos ¿cómics? (no son cómics, en realidad, ni historieta ni novela gráfica. Son... libros ilustrados, supongo. Libros con pocas palabras, sin embargo) es de un optimismo trabajado a conciencia, una voluntad férrea, por parte de ambos, padre e hija, de ser felices. Quizás el secreto esté, para ellos y para todos -sobre todo para los aquejados de esa otra incurable dolencia que es la paternidad, pues al fin y al cabo de eso tratan estos dos libros: del escurridizo arte de ser padre o madre e hija o hijo- radique en las palabras de la camiseta que viste María, las de un sabio chino de ignoto nombre: "Be water, my friend". Pues eso, a ser agua. Que buena falta nos hace...

miércoles, 9 de diciembre de 2015

José Pablo García: Las aventuras de Joselito

Idioma: español
Año de publicación: 2015
Valoración: recomendable


"Yo soy Joselito, 
El de la voz de oro 
Que de puerto en puerto 
Voy dejando mi cuplé "

(Joselito - canción de Kiko Veneno)*


Arriesgada propuesta comiquera (¿por qué llamarlo "novela gráfica " cuando pueden decir "cómic" o en este caso, y con toda propiedad, incluso "tebeo"? Claro que, por otra parte: o viceversa...) de José Pablo García: la biografía de uno de los ídolos de las sufridas clases populares de la España franquista, el por entonces "niño prodigio" de la canción y el cine -hablamos de los años 50- José Jiménez Fernández, Joselito, apodado "el Pequeño Ruiseñor "... Propuesta arriesgada, ya digo, no sólo por ser este personaje paradigmático de aquellos años, casi un icono -quizás a pesar suyo; en todo caso, sin que fuera su responsabilidad-, sino además porque su ajetreada vida (pasó de conocer el hambre a la fama y la fortuna; de ídolo de la canción que abarrota teatros en parís y Nueva York, a cazador para la guerrilla  angoleña; de las miserias de la cárcel a las de los platós de televisión...) ha sido pasto a menudo de los programas y publicaciones nostálgicos, sensacionalistas o del "corazón".

Fácil hubiera sido caer, creo yo, bien en la parodia descarnada, bien en la hagiografía sentimentaloide, pero el autor evita ambos extremos con elegancia e inteligencia, en primer lugar, contándonos al biografiado como lo que era: un individuo -primero  niño  y luego joven y hombre- que afronta y capotea de la mejor manera que puede (aunque no siempre fuera la mejor manera posible) las circunstancias no pocas veces bien duras que le toca vivir. Pero ello siempre desde el respeto absoluto y aún el afecto que se le tiene a una figura harto familiar (por lo visto, fue la madre de García, admiradora de Joselito, quien desde siempre le había hablado de las vicisitudes  de la vida del cantante); por decirlo de otra forma: el biógrafo es amable, pero justo con su protagonista.



En segundo lugar, el sortea el peligro del edulcoramiento kitsch por medio de una estrategia deslumbrante y no menos arriesgada que su propuesta inicial: cada uno de los episodios de la vida de Joselito se narra utilizando un estilo gráfico diferente, por lo general acorde con los vigentes en las distintas épocas en que se desarrolla la acción. Así, encontramos desde los relamidos dibujos para niño de la pacata posguerra, al estilo falsamente dinámico de Roberto Alcázar y Pedrín, el más irreverente, característico de Bruguera o La Codorniz; el minucioso del propio TBO, hasta llegar al "psicodélico" o el underground  de los 70... Por no hablar del futurista estilo a lo Rip Kirby con el que nos cuenta el encuentro del pequeño Ruiseñor  con el Papa Juan XXIII (porque esa es otra: en sus aventuras, Joselito se cruza con personajes señeros de la época: el Che Guevara, Lyndon Johnson o Frank Sinatra y Dean Martin...). De este modo, utilizando sin recato toda la ironía subyacente en el kitsch, huye precisamente de ambas, de la ironía y del kitsch.




En cualquier caso, lo importante es que José Pablo García ha sido capaz en su obra de plasmar con total acierto, sin caer en la acidez ni el ternurismo, la trayectoria vital de un personaje que no ha sido héroe ni villano, sino, como se señala en el mismo libro, tan sólo un superviviente. Seguramente, un fiel reflejo del país -e incluso del mundo- que le vieron nacer. Que ya tuvo bastante el niño, y el hombre, con eso...

No quiero finalizar la reseña sin comentar que el prólogo del libro corre a cargo de uno de los autores favoritos de este blog... o cuando menos de alguno de los que lo escribimos: el televisivo Jorge Javier Vázquez. Un aliciente más... supongo.

*(Nota: ya sé que la canción no se refiere a este Joselito, sino a otro, pero la he querido citar aquí porque me encanta y hasta me pone los pelos como escarpias... y nunca está de más recomendar a Kiko Veneno, incluso en un blog sobre libros).

miércoles, 14 de octubre de 2015

Sara Morante: La vida de las paredes

Idioma: español
Año de publicación: 2015
Valoración: recomendable y precioso


De vez en cuando, la pérfida Orden Negra que controla la Industria Editorial Internacional se apiada de los incautos lectores -o quizá no sea sino una artimaña maquiavélica para mantenernos enganchados en sus redes, no sé- y nos ofrece un regalo, alguna joya que despierte nuestro interés e incluso llegue a fascinarnos por su belleza y elegancia. Y de paso, nos haga olvidar de tantos sinsabores a lo largo del año. Uno de estos regalos es el que ha escrito e ilustrado Sara Morante, y que ha sido delicadamente editado, además. Un libro que no sólo dan ganas de leer, sino de acariciar, hojear, contemplar y hasta oler (¿que exagero? Esperad a encontraros con los preciosos estampados floridos que se representan...).

Morante, conocida ilustradora, creadora de hermosas e irónicas portadas de libros, es aquí también la autora del contenido escrito: un relato de las historias entrecruzadas, pasiones, miserias y cuitas de una serie de personajes que habitan en el mismo edificio, un señorial inmueble de pisos, en algún momento de la primera mitad del siglo XX. Personajes unidos precisamente por ese nexo que indica el título del libro: las paredes de los apartamentos,  que se revelan no como barreras separadoras, sino como una suerte de órganos vivos, membranas que permiten ver, oír,  adivinar la vida de los demás... Porque la otra circunstancia que comparten los habitantes del edificio es la soledad, ya sea impuesta o elegida, padecida o sobrellevada con mayor o menor resignación, pero que en todos los casos, domina y determina la existencia de cada personaje.  Se agradece, por cierto, la mirada indulgente de la autora hacia las debilidades y pasiones humanas, en las antípodas del frío desapego de algunos creadores hacia sus criaturas... Un relato coral que se va construyendo poco a poco, de manera solvente y en un crescendo emocionante. Acompañado, además, de una nutrida serie de ilustraciones, de una exquisitez apabullante; ilustraciones que no se limitan a recrear el relato, puesto que en más de una ocasión lo completan y matizan. Una auténtica delicia para los sentidos y la inteligencia, sin duda.


Yo no sé si libros como éste o como algunos que editan otras editoriales, de cuidada y hasta mimada factura, pueden señalar cuál es el camino de salvación para la edición en papel, en estos tiempos de ofensiva de lo digital, pero, desde luego, es uno de los caminos. Y si al final resulta no serlo, por lo menos nos habrá brindado la oportunidad de disfrutar de obras como ésta de Sara Morante, que esperemos no sea la última.

jueves, 30 de abril de 2015

Antonio Altarriba & Keko: Yo, asesino

Idioma original: español (creo)
Título original: Moi, assasssin
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

Otra cosa tal vez no, pero desde luego este libro deja bien a las claras desde su título y aún más desde su magistral primera página, de qué trata: pues de las andanzas de un asesino, claro, contadas por él mismo. No un asesino a sueldo ni un terrorista obediente a su Causa, ni un homicida "pasional" (¿os acordáis de aquel "romántico" eufemismo, en boga hasta hace no demasiado tiempo?): hablamos de un asesino psicópata, frío y sin motivos aparentes. Pero nada del típico asesino en serie que destripa a sus víctimas o deja una firma reconocible para que le trinque la policía, más pronto que tarde; nuestro asesino es "en exclusiva", como dice él, mata por puro placer y para satisfacer una inquietud estética. Es más, se toma cada uno de los asesinatos como una obra de arte diferente, como una performance con la que trasmitir un mensaje conceptual, aunque sea poco discernible y aun permanezca oculto para la mayoría de la gente. Porque el asesino protagonista, Enrique Rodríguez, es además profesor de Historia del Arte de la Universidad del País Vasco y ha desarrollado toda una tesis sobre el "arte del sufrimiento" en la que se basa su exitosa carrera académica.
Y aquí debo hacer una aclaración: aunque como lector soy bastante aficionado a la novela negra o policiaca, no es que yo tenga un especial interés en este tipo de personajes, asesinos psicópatas, de los que, por otra parte, en los últimos tiempos hemos sufrido una saturación en películas, series, novelas y hasta ensayos sesudos. Mi interés por esta novela gráfica /cómic -o  lo que se diga- viene en gran parte motivada porque la ciudad en la que se desarrolla gran parte de la historia ha sido -y aún es en buena medida-  también mi ciudad. Y es más, yo estudié en la Facultad universitaria donde da clase el asesino de la historia, hasta que fui injustamente expuls... bueno, ejem, dejémoslo. Digamos que es mi alma máter y conozco perfectamente sus pasillos y departamentos, que salen aquí plasmados. Lo que no conocí entonces, lo puedo jurar, es a ningún profesor asesino, aunque sí a más de uno al que me hubiera gustado... en fin, corramos otro estúpido velo... Bueno, para acabar el "momento Cuéntame" de hoy, explicaré que, para más regocijo, resulta que el guionista de este cómic/novela gráfica, Antonio Altarriba, también es profesor en esa misma Facultad (no de Historia del Arte, por suerte); imaginemos jocosos comentarios y el desinhibido ambiente que puede haber generado allí la publicación de este libro... Quizás previendo ciertas suspicacias -y también como una broma privada, al parecer- el dibujante Keko creó al asesino como un retrato exacto del guionista Altarriba. Lo que, por otro lado, ha resultado ser un acierto: resulta perfecto como plasmación del asesino Enrique Rodríguez, inconcebible con otro aspecto antes incluso de acabar de leer el libro.
Ya puestos, hay que hacer una especial mención al magnífico trabajo gráfico de Keko: no se trata sólo de ese estupendo dibujo en blanco y negro (y los toques de rojo, allí donde se requiere este color... adivinad dónde), minucioso para la ambientación (disfrutarán en especial quienes conozcan la ciudad de Vitoria, pero también aparecen otros escenarios: Madrid, París, Valladolid, Salamanca...) y expresionista al hora de tratar los personajes. No soy un aficionado exhaustivo de las novelas gráficas o cómics, pero su trazo me ha recordado a clásicos maestros del claroscuro como Will Eisner, Alex Toth y, sobre todo, el  Frank Miller de Sin City. O el Taxista de Martí, aparecido en la legendaria revista El Víbora. Sin olvidar que, aparte del tenebrista pero adecuado uso de luces y sombras, destaca la sabia planificación y montaje de las escenas... algunas de ellas especialmente delicadas, puesto que narran asesinatos truculentos, pero que este dibujante resuelve de forma magistral.
Al estar contada desde el punto de vista del asesino, éste nos va ilustrando a lo largo de toda la historia de las razones que justifican sus actos criminales. Al tratarse de un inteligente profesor universitario, el discurso está bien cimentado, aparte de que aparecen continuas referencias, tanto visuales como literarias, a la relación entre la violencia y el arte, comenzando  por el célebre libro de Thomas de Quincey El asesinato como una de las Bellas Artes (no aparece, sin embargo cierta referencia  de la cultura popular actual que, no por obvia, me parece menos pertinente: la del inefable personaje Hannibal Lecter. Aunque  no me refiero al dr. Lecter sujeto con el bozal o que se dedicaba a comerse el hígado de sus víctimas, sino al que, después de mostrar en una conferencia como fue el horcamiento de los Pazzi, en el siglo XV, reproduce el acto con su siguiente víctima); es más, el profesor Rodríguez no sólo considera como artísticas sus acciones, sino al asesinato gratuito como un actos verdaderamente revolucionario, a diferencia de los que matan amparándose o al servicio de una ideología -y aquí la inserción de un atentado de ETA no es mero recurso de la ambientación- o por servir a intereses espúreos, por interés personal. Nuestro asesino mata "por amor al arte" -son sus palabras- e incluso como una reivindicación de su individualidad y de sus instintos reprimidos por la sociedad y el Estado, que aceptan y fomentan ciertas formas de violencia mientras persiguen otras que escapan a su control. Incluso lo que parece insinuarnos esta historia es que el riesgo quizás no esté tanto en considerar el asesinato como un tipo de arte, sino que puede estar en considerar el arte -según qué arte, de quién y por quién- como un tipo de crimen.
Claro, que también todo este discurso puede verse como una elaboración intelectual del personaje, destinada a justificar -ante sí mismo, sobre todo- el sucumbir sin resistencia ante sus impulsos criminales. Y eso que el asesino de la historia, no es sólo una fría máquina de matar -y éste es uno de los aciertos del guión de Altarriba-, sino un tipo con sus problemas laborales, sentimentales y existenciales (casi se diría que está en plena crisis de la mediana edad). Incluso llega a parecernos una víctima él también, en este caso de las consabidas intrigas entre colegas universitarios y académicos... La empatía que él no parece sentir por los demás, acabamos sintiéndola los lectores por este asesino, que acaba por hacerse entrañable, de tan magistralmente que lo han construido los dos autores de este libro.


Nota aclaratoria: El título original está en francés porque esta novela gráfica se editó primero en Francia, aunque supongo que el idioma en el que se escribió fue el castellano. Digo supongo porque resulta que A. Altarriba es catedrático de literatura francesa, así que entra dentro de lo posible que escribiera el guión directamente en este otro idioma. Je ne sais pas.





Otros libros de Antonio Altarriba en Un libro al día: El arte de volar

miércoles, 4 de marzo de 2015

Paco Roca: El invierno del dibujante

Idioma: español
Año de publicación: 2010
Valoración: muy recomendable

¡Qué bueno es Paco Roca! No sólo dibuja maravillosamente, sino que domina a la perfección el arte narrativo y sus historias rezuman humanidad por cada una de sus viñetas. Además, sin caer nunca en la complacencia maniquea ni evitar los aspectos más "incómodos" de sus personajes; muy al contrario, los señala y comprende como el autor profundo y verdadero que es.

Bueno, podría decir que aquí acaba el panegírico, pero no es así, porque el libro-cómic-novela gráfica (en este caso nunca "tebeo" pero no por las razones que cabría suponer...) de la que hablamos hoy sólo puede merecer mis más fervientes elogios. Para empezar, el tema que trata, un hecho poco conocido (supongo que incluso dentro del mundo de la historieta), quizás anecdótico, pero que sirve de punto de partida del argumento y de metáfora de toda una época de la Historia de España, tan gris y fría como un largo invierno: en la Navidad en 1958, una serie de dibujantes, que habían abandonado la célebre editorial Bruguera (rival acérrima de TBO, de ahí lo que he puesto antes) un año y medio atrás, para editar su propia revista, Tío Vivo, vuelven al redil tras haber fracasado económicamente (en buena parte por las trabas puestas por su editorial de origen). No eran unos dibujantes cualesquiera, sino los más destacados, hasta ese momento, de Bruguera: Conti (autor de Carioco), Cifré ( del Reporter Tribulete), Escobar (Zipi y Zape, no digo más...), Giner (El inspector Dan) y Peñarroya (Gordito Relleno)... estos "monstruos" quisieron desasirse del sistema impuesto en la editorial, que les aseguraba los ingresos, pero a cambio de una producción ingente y, sobre todo, de perder sus derechos sobre los dibujos entregados. Su partida, de todas formas, posibilitó la entrada en la editorial de nuevos valores, como Raf (Sir Tim O'Theo) y, sobre todo, el apabullante Francisco Ibáñez (Mortadelo y Filemón... para empezar). A partir de este momento, sin embargo, las historietas publicadas por Bruguera perdieron buena parte del carácter crítico y corrosivo que, al parecer, tenían hasta ese momento, a pesar de la censura imperante  (en esta novela gráfica también aparecen retratados otros grandes dibujantes como "Miquel Bernet, "Jorge, autor de Doña Urraca y padre de Jordi Bernet; el inclasificable, en todos los sentidos, Vázquez o escritores de la casa como Víctor Mora, guionista de El Jabato y El capitán Trueno o Francisco González Ledesma, alias "Silver Kane" cuando firmaba novelas del oeste y escritor de género negro, ahora tan en boga, con su nombre real).

Bueno, quién haya aguantado hasta aquí, tras este rosario de nombres, habrá adivinado que para el hoy gran dibujante Paco Roca todos éstos son los héroes de su infancia (y también para mí... o más bien, son los autores de los héroes de mi infancia) y, desde luego, eso se nota en el cariño con el que los ha retratado y contado sus cuitas. Lo ha hecho sin caer tampoco en una manida confrontación entre buenos y malos: en esta historia, todos tienen sus razones para actuar como actúan, incluso algunos de los que lo hacen de manera más implacable o falta de ética. Para empezar, varios de los personajes plasmados en El invierno del dibujante, como Josep Escobar o el jefe de publicaciones, Rafael González, habían sido represaliados por el régimen franquista y bastante les había costado salir adelante... Este exquisito trato a sus protagonistas (en verdad, esta es una historia coral) se corresponde con la gran elegancia desplegada en la composición gráfica y en la puesta en escena, atenta a todos los detalles de la época (magníficos los pequeños momentos costumbristas de la vida en la calles de Barcelona que nos brinda).

Recapitulando: una joya de libro, una pequeña obra maestra sobre una parte de nuestra Historia colectiva ... y sobre los creadores de una parte de nuestra historia personal. Al menos, de la mía.

Y una última nota: precisamente hace pocos días ha fallecido Francisco González Ledesma, a los 87 años de edad. Espero que esta reseña sirva como modesto homenaje, a él y al resto de los creadores que protagonizan este estupendo libro.




También de Paco Roca en ULAD: Los surcos del azar

sábado, 24 de enero de 2015

Paco Roca: Los surcos del azar

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: Muy recomendable

Con algo de preocupación, me he dado cuenta de que en los últimos meses he reseñado en este benemérito blog varios libros pertenecientes a lo que hemos dado en llamar "literatura bélica". He escrito "preocupación" porque tal vez haya alguien que me pueda atribuir, a raíz de tal circunstancia, una ánimo militarista o belicista, y, desde luego, nada más lejos de mi intención (de hecho, creo que es algo que he dejado claro en las propias reseñas de las que hablo).

Ahora bien, como suele decirse, la falta de contradicciones es dogmatismo y yo, después de todo, fui un niño criado viendo en la tele los grandes clásicos del cine de guerra y jugando a las batallas con unos diminutos soldaditos que vendían en sobres, en los kioscos de mi infancia (tranquilos todos: el momento Yo también fui a EGB acaba aquí). Así que ruego que me perdonen mi particular momento "artúrico" (por Pérez-Reverte, no por el rey de la Tabla Redonda) y me permitan contarles que, en mi imaginario particular, yo también tengo unos héroes a los que admiro. Y no son otros que aquellos republicanos españoles que, después de haber estado combatiendo durante tres años contra el fascismo/franquismo en la guerra de España y tras pasar, en muchos casos por los campos de trabajo franceses -quien dice "trabajo", dice "concentración"-, acabaron combatiendo contra el Eje y liberando al resto de Europa del fascismo/nazismo. Aunque luego no pudieron -ni les dejaron- hacer lo mismo con su propio país.

Muchos lo hicieron encuadrados en el maquis y la Resistencia francesa, liberando departamentos enteros y ciudades de cierta importancia. Otros, alistados en los ejércitos soviético -comunistas- o norteamericano -no pocos nacionalistas vascos, por ejemplo-...  y sin olvidar nunca a los asesinados en los campos de exterminio nazis, por supuesto.  Pero en un lugar de honor de mi "mitomanía" personal están los que lucharon encuadrados en la división del general Leclerc, en la compañía del capitán Dronne, conocida como "la Nueve" y compuesta casi en su totalidad por estos republicanos españoles (donde había comunistas, socialistas y anarquistas): después de pegar tiros por el Norte de África y Normandía, fueron los primeros en entrar en el París liberado. E incluso, más tarde, en llegar al llamado "nido del Águila" de Hitler en Berchtesgaden.

En recuerdo de estos combatientes, el magnífico autor de cómics valenciano Paco Roca ha escrito y dibujado este Los surcos del azar (título tomado de un hermoso verso de Antonio Machado, a quien también se homenajea en esta historia. He puesto "autor de cómics" porque no estoy muy ducho en la reseña de este género (de hecho, me he metido en el territorio de mi compañera Izas, aquien pido disculpas desde aquí) y no sé qué parámetros hay que tener en cuenta para poder hablar de "novela gráfica", como se dice últimamente. En todo caso, creo que si algún cómic merece considerarse como tal, sin duda es éste. A destacar en el aspecto gráfico, en mi opinión, aparte del hermoso trazo abocetado de Roca, el montaje -en la mejor tradición de la narración visual- de las escenas de acción, a veces utilizando el recurso a la elipsis pero sin perder efectividad por ello; muy al contrario...

Por lo demás, el argumento que sostiene la historia no parece demasiado original: un guionista valenciano llamado Paco -qué cosas- localiza en una pequeña ciudad francesa a un antiguo combatiente de "la Nueve", un anciano bastante huraño que, sin embargo , acaba por relatarle sus recuerdos de la guerra... Sí, lo sé: yo también he leído Soldados de Salamina. Y, por suerte, Paco Roca nos ahorra todo el rollo autoficcional (aparte del personaje del guionista, claro) y tampoco se dedica a elaborar una mixtificación de una figura histórico-literaria controvertida... En esta novela gráfica, de todas formas, aparte del protagonista Miguel, del anarquista Fábregas o de la "camarada" Estrella, también se retrata a personajes reales, como los generales De Gaulle y Leclerc, el capitán Dronne o el burrianero Amado Granell, el primer soldado aliado que llegó al Hôtel de Ville parisino.

Pero que nadie piense que nos hayamos ante una suerte de "hagiografía republicana" o una apología del combatiente virtuoso: Roca no se amilana a la hora de tocar temas espinosos -también en los ejércitos aliados- como son el racismo, las tensiones ideológicas o incluso las ejecuciones, en pleno combate, de prisioneros enemigos... Cierto es que estos aspectos no suponen el aspecto primordial de la novela, pero ahí están y yo le aplaudo por ello.

En suma, una novela gráfica magnífica de uno de los mejores dibujantes de la actualidad. Y una obra que rescata, al menos para el gran público, una parte de lo que no deja de ser nuestra propia historia y que merece la pena conocer y recordar.

También de Paco Roca en ULAD: El invierno del dibujante

domingo, 29 de septiembre de 2013

Aitor Saraiba: El hijo del Legionario

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: está bien


De carácter autobiográfico, El hijo del Legionario es la primera novela gráfica de Aitor Saraiba (Talavera de la Reina, 1983), licenciado en Bellas Artes a quien siempre le ha gustado dibujar y contar historias. Saraiba se estrenó en el mundo narrativo a través de pequeñas publicaciones como Tus ídolos favoritos, Un pony muerto, El viaje más largo de mi vida o la autoedición Heavy-Metal, obras que aparecen mencionadas en El hijo del Legionario. 

Este cómic nos introduce en un hogar roto debido a las continuas disputas de los progenitores y al carácter agresivo del padre que acaba abandonándolos, con quien el narrador se muestra crítico desde un principio: un montón de gente le respeta y dicen que es "un tío de cojones" (aunque a mí a veces me ha parecido el hombre más cobarde del mundo). El narrador observa que no guarda ningún recuerdo de su padre relativo a sus primeros ocho años de vida e incide en los enfados o la ausencia de éste: ¿qué se le cuenta a un padre que no recuerdas?, ¿qué se le dice a una persona que casi no conoces?. ¿qué es un padre? [...] el recuerdo más grande que tengo de mi infancia es un vacío gigante al que he llamado "la ausencia de mi padre", indica.

La infancia es un lugar extraño. y la memoria un lugar donde se acumulan un monton de trastos viejos. [...] ... todo esto es sólo un remiendo de mis recuerdos. Y conforme remienda, la obra abandona los recuerdos iniciales de la infancia y da paso a la adolescencia, una edad hasta la que pudo pasar desapercibido y un momento vital en el que coser o jugar con muñecas empezó a verse como algo extraño e impropio entre los chicos. De ahí que el colegio se convirtiera en un infierno y que el protagonista empezara a sentirse lejos de todo y de todos. Encerrarse en la habitación, empapelarla de pósters y escuchar a tus grupos de música favoritos mientras sueñas con irte muy lejos. La búsqueda de la identidad, una pésima información sobre el sexo, la inseguridad y un padre que, en lugar de apoyarte, te pregunta con un tono despectivo tú no serás maricón, ¿verdad? 
Creo que podemos imaginar la escena. 

De manera paralela a su búsqueda de identidad, el narrador deja de hablar con su padre, y se prepara para
iniciar el vuelo. En este sentido, la universidad se convierte en una vía de escape para él, al igual que lo serán más tarde sus viajes (Manchester, México) y las personas a las que conoce en sus nuevos destinos con las que comparte el mismo lenguaje (Lorena, Sara, Joe, Gerardo).

En realidad, la historia es bastante previsible, pero el grado de sensibilidad con la que está narrada, la delicadeza que encierran algunas frases y, al fin y al cabo, el hecho de tratarse de un relato sobre la soledad, la incomprensión o la necesidad de ser amados, provocan que empaticemos con la voz narrativa y nos dejemos arrastrar por sus ilustraciones y su estética de boceto, cuaderno de viaje (en lo referente a los dibujos) o borrador inicial (en relación a la expresión lingüística).

Respecto a la estética, me gusta el modo en que Saraiba escoge un color o una gama determinada para hablar de un período concreto de su vida (por ejemplo, para hablar de la primera niñez, emplea una gama cromática más variada de la que presenta en el caso de la adolescencia, marrón, rojo, u otro tipo de pasajes difíciles como la estancia en Manchester o la muerte de Gerardo). A pesar de adoptar la estética de un diario o cuaderno de viajes, las imágenes son limpias y dinámicas. Muy poéticas en ciertos momentos.

Lo que encuentro un desacierto o, mejor dicho, no acaba de convencerme, es el hecho de que el texto presente errores ortográficos evidentes. Supongo que, al adoptar este tipo de estética del boceto, la intención a la hora de trabajar la expresión escrita era la misma (de ahí que se incluyan tachones, para transmitir esa idea de inmediatez y frescura) y por eso se incluyen este tipo de descuidos, pero a mí, como lectora, me molestan. En este sentido, las ilustraciones están más cuidadas que el manejo de la palabra y el hilo conductor entre algunos de los pasajes. De ahí que mi valoración haya sido la de un simple "está bien".

  
NOTA: en las citas se ha respetado el texto original.